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Opinión

La provocación y transgresión del poder


Por Juan Huaylupo Alcázar - 21 octubre, 2019

En los últimos meses Costa Rica ha visto, no sin indiferencia, las provocaciones y violaciones estatales
contra los salarios, las pensiones, los aumentos tributarios a los trabajadores, la judicialización de las
protestas sociales, la liquidación de las conquistas reivindicativas de las organizaciones laborales,
mientras quedan inmunes e impunes empresarios transgresores de leyes y políticos corruptos, con la
complacencia y complicidad gubernamental. Además de estas acciones también se preparan nuevas leyes
contra la ciudadanía y en beneficio de empresas globales.

Por agresiones menores contra el pueblo se protesta y lucha en otras sociedades latinoamericanas. La
colusión gubernamental y empresarial han tomado por asalto el aparato estatal para destruir la
institucionalidad pública y privatizarla, la traición de las componendas entre partidos políticos,
especialmente en el ámbito legislativo y con representantes en el seno del gabinete, están liquidando la
democracia costarricense.

La crisis política actual no es ocasionada por la protesta ciudadana, es propiciada por la prepotencia del
poder liberal, que provoca y abusa de nuestro histórico civilismo. Hoy, se transgrede flagrante e
intencionalmente la Constitución de la República, violentando la centenaria autonomía universitaria a
través del condicionamiento ilegal e ilegítimo de la composición de los presupuestos de las universidades
públicas. Estas instituciones universitarias han recurrido a la Sala Constitucional, pero no sabemos cuáles
ni cuándo serán sus decisiones, dado que sus vaivenes han contribuido al caos jurídico en que nos
encontramos.

Afectar a las universidades, es atentar contra la esperanza de miles de jóvenes que anhelan estudiar,
conocer y estar mejor preparados para un mundo laboral incierto y una sociedad en permanente cambio.
Las universidades públicas garantizan con cupos, becas, alimentación, transporte y habitación, la
posibilidad de miles de estudiantes de aportar al desarrollo nacional.

La calidad de vida alcanzada por la ciudadanía, en nuestros días no es monopolio de la acción estatal, es
también fruto del esfuerzo de las familias y la contribución que efectúan las universidades públicas y sus
programas de docencia, investigación y acción social. Las universidades públicas generan conocimiento,
educan a los jóvenes y contribuyen al desarrollo de las comunidades y regiones de nuestro país,
coadyuvando al acceso a una vida con mejores condiciones para todos. Vivimos un liberalismo rastrero,
que ha privatizado la política.
El poder no es ninguna ficción, es una fuerza concreta intencionada con propósitos específicos que tiene
impactos en la sociedad, la economía y la política, pero no es una facultad omnipotente, es una relación
social, que emana del mandato colectivo de la sociedad.

El poder que se desarraiga de su sociedad y atenta contra la situación y condición de vida, intereses y
derechos, es un poder totalitario. Ese poder que usurpa la voluntad del pueblo, que subordina a los
órganos legislativo y judicial, y que controla los medios de prensa, es una tiranía contra el pueblo, lo
público y lo nacional. El poder formal, amparado en una espuria legalidad, no crea legitimidad ni otorga
facultad alguna para transgredir los derechos ciudadanos e institucionales.

Hoy los universitarios efectúan una marcha de protesta, como medio de oposición ante los incesantes
abusos de los poderes del Estado, no solo contra las universidades públicas, también contra las acciones
que empobrecen, liquidan la política y la institucionalidad pública.

(*) Juan Huaylupo Alcázar, es catedrático en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de


Costa Rica.