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Seiner Exzellenz dem Botschafter

der Bundesrepublik Deutschland, Viktor Elbling.


Avenida Horacio 1506,
Col. Los Morales Sección Alameda 11530,
Delegación Miguel Hidalgo,
Ciudad de México, CDMX

Mexiko-Stadt, den 28. März 2018

Sehr geehrter Herr Botschafter,

erlauben Sie uns bitte, uns an Sie zu wenden. Als in Mexiko lebende katalanische und
mexikanische Staatsbüger sowie Staatsbürger anderer Nationalitäten haben wir die
jüngsten Ereignisse in unserem Land mit großer Sorge verfolgt. In Zeiten, in denen die Werte
und Grundlagen der europäischen Einigung, Garantie für die Wahrung der Menschenwürde,
Freiheit, Demokratie, Gleichberechtigung, des Rechtstaates, sowie die Einhaltung der
Menschenrechte, in Mitleidenschaft gezogen werden.

Wie Sie sicherlich wissen, erfährt die katalanische Gesellschaft gerade einen schwerwiegenden
demokratischen Rückfall, der eine Verletzung der Grundfreiheiten sowohl unserer politischen
Vertreter, als auch der Bürger zur Folge hat. Das spanische Königreich versucht mittels
strafrechtlicher Verfolgung eine übergreifende und auf Vielfalt gründende Bürger- bzw.
Volksbewegung niederzuschlagen, die es bislang nicht an den Wahlurnen zu besiegen vermochte.
Es erstrebt die Zerschlagung unserer festen Entschlossenheit, einen friedlichen und demokratischen
Weg zur Lösung des Konflikts zu finden. In jeglichen gereiften Demokratien, wie die Ihres Landes,
sind es die Bürger, die die Grundlagen der politischen Souveränität bilden und ihre legitimen
Bestrebungen nach sozialem Wandel zum Ausdruck bringen, sodass die politischen Mechanismen,
und nicht die Gerichte, die Rahmenbedingungen für den Wandel schrittweise schaffen.

En 2010, a raíz de la polémica sentencia del Tribunal Constitucional español en la cual se mutilaba
el consensuado Estatuto de Autonomía de Catalunya de 2003, se dejaba claro que pese a su revisión
y aprobación a través de las vías legislativas que garantiza la Constitución –Parlament autonómico,
Congreso y Senado del estado– la expresión popular y democrática de toda Catalunya podía ser des-
autorizada, invalidada y desdeñada irrespetuosamente.
Desde ese momento detonador, el apoyo social a la independencia ha ido incrementándose expo-
nencialmente pasando del 17.9% a ser del 47.5% en apenas siete años (teniendo en cuenta los resul-
tados electorales catalanes del 2010 y del año pasado), cuando todos y cada uno de los intentos de
diálogo entre el gobierno autonómico de la Generalitat de Catalunya y el Gobierno central han fra-
casado estrepitosamente. Los llamados desde Barcelona a una sensibilización con las demandas ca-
talanas acerca de una mayor soberanía autonómica en materia competencial y financiera fueron
sis-temáticamente rechazados sin entablar negociación alguna. Poco a poco, las directrices del
poder han ido cerrando un cerco opresivo que manipula e instrumentaliza la justicia y los medios
de comu-nicación al servicio de la criminalización de la protesta y la disidencia política, mientras las
calles de pueblos y ciudades se colman con la decepción y el hartazgo por este embate cruento y
autoritario que abona el terreno para la ruptura democrática con el régimen monárquico al no
vislumbrarse otra alternativa realista.
La mayoría de la población en Catalunya ha expresado reiteradamente a través de las urnas su
apuesta por el derecho a decidir cómo resolver su futuro sin la intermediación de un Estado que no
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sabe escuchar ni quiere, que imposibilita la reforma constitucional en aras de un mejor encaje de la
minoría catalana, que impide por la fuerza el desarrollo de las aspiraciones legítimas de su pueblo,
que boicotea sus instituciones y que castiga lesivamente el crecimiento de su economía con inversio-
nes siempre insuficientes. A partir de 2010, el clamor de las aspiraciones del soberanismo catalán
se ha materializado en un sinnúmero de actividades reivindicativas y el crecimiento del
asociacionismo cívico, tal y como demuestran las multitudinarias e históricas manifestaciones que
se realizan por todo el país, la aparición de asambleas en cada barrio y en cada pueblo, así como el
fomento del debate abierto y crítico en todos los espacios públicos. En cada cita electoral se ha
demostrado el avance de este movimiento, que ha sabido reunir a un enorme número de
ciudadanos sin importar su origen, su lengua o su condición, porque lo que nos une es un proyecto
común, solidario e inclu-yente, porque queremos construir un porvenir tan transversal y plural como
diversa es la gente en Catalunya, para que todos puedan vivir en una libertad sin coacciones
imperialistas ni fascistas, de forma pacífica y democrática en convivencia con todos los pueblos del
mundo.
Tras las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015, el independentismo eligió como can-
didato de consenso para ser el 130º presidente de la Generalitat de Catalunya a Carles Puigdemont,
cuyo firme compromiso era el de convocar a toda ciudadanía en un referéndum vinculante sobre la
autodeterminación del país. El Gobierno central y la judicatura lo consideraron ilegal y fue declarado
anticonstitucional, llevando a cabo una represión brutal contra la ciudadanía que tan solo defendía
la expresión de su voto libre y pacíficamente. La violencia policial del 1 de octubre de 2017 se trans-
mitió a través de distintos medios de comunicación por todo el mundo, pero sería negada de manera
vergonzosa por los miembros del Gobierno central cuestionados y también por la mayor parte de la
prensa, radio y televisión generalista española. Ni en los estamentos de poder ni en sus medios
afines hubo un resquicio de crítica o de perplejidad ante el atropello que había sufrido la ciudadanía
cuando protegió las urnas, literalmente, con su cuerpo y su alma.
La represalia y el escarmiento continúan hasta el día de hoy, en tanto que altos funcionarios del
Partido Popular han despojado a Cataluña de su autogobierno, ocupando los departamentos de la
Generalitat como regentes de la situación. Decenas de representantes políticos y de asociaciones
cívicas están condenados por rebelión, o en el exilio para evitar 30 años de cárcel; hay cientos de
alcaldes imputados en la misma causa, mientras que twitteros, músicos, actores, titiriteros, artistas,
periodistas, humoristas, moneros, clowns y hasta mecánicos de coches y hosteleros han sido censu-
rados en la esfera pública o acusados por la justicia española por “delito de odio”, “enaltecimiento
del terrorismo” o “injurias a la Corona”. Este es el triste panorama en que se encuentra el “Estado
de maltrecho” español, demasiado apegado al rancio sabor de símbolos y tradiciones dictatoriales
cuya herencia parece indeleble.
En las últimas elecciones autonómicas del 21 de diciembre de 2017 el independentismo se
sobrepuso a la represión orquestada por el Gobierno central para lavar su imagen y volvió a revalidar
la mayoría parlamentaria contra todos los pronósticos. Pero el intento de investir al presidente de
la Generalitat se ha topado con la injerencia incesante del estamento judicial, negando los plenos
derechos políti-cos a las tres candidaturas propuestas, lo que conlleva un enquistamiento de la
situación, la inesta-bilidad económica y el malestar de la ciudadanía. Con ello se pretende,
paradójicamente, la desacti-vación del movimiento contestatario y que se regrese a una normalidad
imposible, razonamiento que como resultante sólo generaría una sumisión y una humillación del
todo inaceptables porque no re-suelve la raíz del problema. De esta manera se quiere arbitrar por
la vía judicial el conflicto sin tener en cuenta las esperanzas de cambio social y político, por mucho
que se diga que el independentismo 3
ha sido decapitado y aniquilado, como recogen unas declaraciones de la vicepresidenta del
Gobierno español durante la reciente campaña electoral catalana, expresiones que consideramos
que serían un escándalo en cualquier democracia.
Este viernes 23 de marzo el juez español activó la euroorden de arresto contra los políticos indepen-
dentistas que están en el exilio, entre los que se encuentra el presidente de la Generalitat Carles
Puigdemont, que ha sido detenido en territorio alemán cuando se dirigía a su residencia de Bruselas
el domingo pasado.
Es por eso que apelamos a su Embajada para que extienda al gobierno que sirve nuestra profunda
preocupación por la situación en Catalunya. Al mismo tiempo, le pedimos que haga lo posible para
que las autoridades de su país reconozcan la falta de sustento legal y los defectos de procedimiento
judicial en los cargos condenatorios por rebelión que la justicia española torticeramente quiere
impu-tar a los presos y exiliados independentistas catalanes. De ninguna manera pudieran ser
acusados cabalmente de este delito, dado que cualquier ordenamiento legal, el español inclusive,
precisa la necesidad de un ejercicio premeditado y deliberado de la violencia que, a todas luces y
sin retorcer interesadamente la realidad, no puede declararse como manifiestos efectivamente en
ninguno de los casos recogidos por la justicia del régimen monárquico.
La posible extradición del Presidente Carles Puigdemont sólo generará más animadversión en Cata-
lunya y empeorará la situación. Siempre hemos repetido lo mismo y creemos necesario seguir insis-
tiendo en que la cuestión del independentismo catalán es política, y nunca podrá atajarse ni resol-
verse pacíficamente si se sigue tratando como una cuestión meramente judicial.
También pedimos voluntad de solucionar el problema catalán a las instancias europeas, con las que
usted puede tener una comunicación directa, porque hace ya tiempo que el conflicto que padece el
movimiento democrático de Catalunya no puede ser considerado solamente un asunto interno de
España. La represión y la intransigencia descarnada y procaz del nacionalismo español contra la vo-
luntad del soberanismo catalán socava y debilita los principios en que se fundó la Unión Europea,
por lo que los ciudadanos que la conforman no pueden volver la mirada hacia otro lado soslayando
el resquebrajamiento del estado de derecho en el reino de Felipe VI.
Se lo agradeceremos cordialmente. Comité de Defensa de la República en México
Atentamente, Candidatura d’Unitat Popular en México
Assemblea Nacional Catalana