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29/VI/2008 – 29/VI/2009

GUIÓN: Antonio Rodríguez Carmona


MONTAJE: Antonio García Polo
MUSICA: J. S. Bach
I. ASPECTOS HISTÓRICOS

1. Los gálatas.

Los gálatas son celtas llegados a


Asia Menor en el s. III a.C. y que
se establecieron en la actual
zona de Ankara (antes Ancira),
capital de Turquía. En el año 25
a.C. el territorio de los gálatas
pasó a dominio de Roma, que lo
convirtieron en provincia,
añadiéndole otros territorios.
Las iglesias a las que se dirige
Pablo están situadas en la región
natural de Galacia, no en los
territorios añadidos.
2. Origen de las comunidades
cristianas de Galacia.

Fueron creadas por Pablo con


ocasión de una enfermedad que le
obligó a quedarse una temporada en
este territorio durante su segundo
viaje (Gál 4,13s; Hch 16,6s). Años
más tarde, en su tercer viaje
camino de Éfeso, las visitó de
nuevo posiblemente para organizar
la colecta en favor de los pobres
de Jerusalén (Hch 18,23; 1 Cor
16,1)

* No se habla de una comunidad situada en un lugar concreto, sino de


varias esparcidas en la región natural de Galacia.
* Todos los miembros de la comunidad eran gentiles, pues Pablo les
recuerda su pasado en el paganismo (4,8; 5,3; 6,12s). Acogieron
gustosamente el evangelio (1,6.8s; 3,1; 4,6.9.13s.19), recibieron el
bautismo y Dios los bendijo con abundantes dones espirituales (3,5).
3. Motivo de la carta.

* Pablo acababa de hacer una visita


a las comunidades en el viaje que le
condujo a Éfeso hacia el año 54 y
las dejó en una situación buena.
Pero muy poco después visitó estas
comunidades una contramisión de
judeocristianos que los han
perturbado seriamente, los "han
hechizado" con su predicación (3,1),
hasta el punto de que han
transtornado a los "insensatos"
gálatas (1,7; 5,10) y están a punto
de dejar el evangelio auténtico
(1,6; 5,7s), aunque todavía no se ha
consumado la separación y hay
esperanzas de ganarlos de nuevo
(5,10a).
* ¿Quienes son los misioneros extraños? Según los datos de la carta
son judeocristianos que defienden puntos de vista judaizantes junto
con otras prácticas supersticiosas tomadas de la angeleología. Así
exigen que los gálatas se circunciden para salvarse (5,26s.6.12;
6,12s) y además que den un culto especial a los ángeles durante
determinados días, culto que, para Pablo, implica una vuelta a un
estado semejante al paganismo. Además desacreditan a Pablo y
niegan su autoridad, presentándolo como un enviado de los apóstoles
de Jerusalén que no es fiel a los que le envían, enseñando cosas
diferentes y no exigiendo la circuncisión.

4. Fecha de la carta

La carta refleja sorpresa por parte de Pablo al recibir las noticias


de lo que sucede en Galacia. Posiblemente estaría recién llegado a
Éfeso, hacia el año 54.
La carta está dirigida a todas las comunidades de
5. Contenido. Galacia, por lo que tiene carácter de carta encíclica.

La respuesta de Pablo consta de tres grandes núcleos:

* apologético personal: defiende su apostolado y predicación, que


vienen directamente de Cristo resucitado y ha sido aprobado por
las “columnas de Jerusalén”; con ello defiende su doctrina y su
comportamiento concreto.

* Doctrinal: el hombre se salva solamente por la fe en Cristo, no por


observar las leyes de Moisés ni por dar culto a ángeles, observando
un calendario especial. Ambas cosas no son más que formas de
esclavitud. .

* Exhortación a vivir la libertad cristiana. Cristo nos ha hecho hijos


de Dios, libres, y hay que vivir la libertad cristiana con todas sus
implicaciones, evitando tanto el legalismo como la anarquía y
rechazo de leyes. Es libertad para amar. Sin libertad no hay amor
II. UN VISTAZO A LA CARTA

I. Introducción (1,1-5)

a) Remitentes y destinatarios (1,1-2)


b) Bendición (1,3-5)

II. Cuerpo (1,6-6,10)

A. Primera parte (1,6-2,21) Apología personal


1. Desconcierto ante la situación de la
comunidad: (1,6-10)
2. Pablo, enviado de Dios, no de los
apóstoles de Jerusalén (1,11-2,21)
B. Segunda parte (3,1-5,12) El hombre se salva
solamente por la fe en Cristo
* Experiencia de los gálatas (3,1-5)
* Midrás de Abraham:
1. La bendición de Abraham desciende sobre los
creyentes (3,6-14)
2. La herencia de Abraham está vinculada a Cristo
(3,15-29)
3. Situación de los herederos antes y después del
envío de Cristo (4,1-11)
Paréntesis: Recuerdo de la relación anterior
entre el apóstol y los gálatas (4,12-20)
4. La enseñanza de la misma ley: Abraham y sus
dos hijos (4,21-31)
Conclusión: Sólo hay una disyuntiva: o Cristo o
circuncisión (5,1-12)
C. Tercera parte (5,13-6,10) Exhortación al uso
correcto de la libertad

1. El principio fundamental: libres para amar, ni


legalismo ni anarquía (5,13-15)
2. Aclaración: cooperar con el Espíritu luchando
contra la carne (5,16-24)
3. Aplicación a la vida comunitaria: libres para el
servicio en la comunidad (5,26-6,10)

III. Epílogo (6,11-18)


III. LEYENDO LA CARTA

I. Introducción (1,1-5) en la que Pablo acentúa su carácter de


apóstol de Cristo, el único salvador

Pablo, apóstol, no de parte de


los hombres ni por mediación
de hombre alguno, sino por
Jesucristo y Dios Padre, que
le resucitó de entre los
muertos... (1,1).
II. Cuerpo (1,6-6,10)

A. Primera parte (1,6-2,21):

1. Desconcierto ante la situación de la comunidad: la verdad del


evangelio está gravemente amenazada en Galacia (1,6-10):

Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia


de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio, - no que haya
otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren
deformar el Evangelio de Cristo... (1,6s)
2. Dios revela a Pablo el Evangelio y lo envía para darlo a
conocer (1,11-2,21).

a) Afirmación del origen divino de su mensaje y apostolado


(1,11-12)

Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado


por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni
aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo
(1,11-12).
b) Prueba (1,13-2,21)

i) No puede venir de hombres, pues antes de su conversión era


perseguidor de los cristianos; después de su conversión sólo
fue a visitar a Cefas (Pedro) a los tres años (1,13-24):

Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el


Judaísmo cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de
Dios y la devastaba...Mas, cuando Aquel que me separó
desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a
bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre
los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la
sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles
anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente
volví a Damasco. Luego, de allí a tres años, subí a
Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días
en su compañía... (1,13.15-18)
ii) En la asamblea de Jerusalén su predicación fue reconocida por las
columnas de Jerusalén. Unos y otros actúan en comunión (2,1-10)

Luego, al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con


Bernabé, llevando conmigo también a Tito... y les expuse el Evangelio
que proclamo entre los gentiles - tomando aparte a los notables -
para saber si corría o había corrido en vano. Pues bien, ni siquiera
Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a
circuncidarse.... Y de parte de los que eran tenidos por notables...
reconociendo que me había sido confiada la evangelización de los
incircuncisos, al igual que a Pedro la de los circuncisos...y
reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas
y Juan... nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a
Bernabé: nosotros nos iríamos a los gentiles y ellos a los circuncisos;
sólo que nosotros debíamos tener presentes a los pobres, cosa que
he procurado cumplir con todo esmero. (2,1-6.9-10)
iii) Tuvo que corregir fraternalmente a Pedro por su conducta
ambigua (2,11-21)

Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque
era digno de reprensión. Pues antes que llegaran algunos del grupo de
Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos
llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos... Pero
en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio,
dije a Cefas en presencia de todos: « Si tú, siendo judío, vives como gentil y
no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar? » (2, 11-12.14)

Y añade Pablo una bonita reflexión:

Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de


todo, conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley
sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo
Jesús...En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios:
con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en
mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios
que me amó y se entregó a sí mismo por mí (2,15-16.19-20)
B. Segunda parte (3,1-5,12):

* Contiene una larga reflexión teológica para dejar claro que la


salvación es un regalo de Dios, que se recibe gratuitamente por
medio de la fe. Después de una introducción en que apela a la
experiencia de los gálatas, desarrolla el midrás de Abraham.

* Introducción apelando a la experiencia de los gálatas: han


recibido el Espíritu Santo gratuitamente por la fe, no lo han
comprado a base de cumplir leyes (3.1-5)

¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos


fue presentado Jesucristo crucificado? Quiero saber de vosotros
una sola cosa: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por la
fe en la predicación?...

* El midrás de Abraham (3,6-4,31)

Un midrás es la presentación de una doctrina o un hecho a base de


citas bíblicas
En este texto emplea una lógica lejana de nuestra forma de
discurrir y por ello no fácil de entender. Veremos primero (1) qué
quiere enseñar Pablo, y (2) después cómo lo dice.

(1) Qué enseña Pablo.

+ Hay dos formas de conseguir algo, por regalo o comprándolo. El


hombre consigue la amistad con Dios y la salvación gratuitamente
creyendo en Cristo, no comprándola a base de cumplir leyes, en
concreto, con todo lo mandado en la Ley de Moisés.

+ Las leyes son buenas, pero de por sí sólo indican lo que tenemos
que hacer, sin que den las fuerzas necesarias para hacerlo. El
hombre, con sus propias fuerzas y sin la gracia de Cristo,
debilitado radicalmente por el pecado, se encuentra impotente
para obedecer estos mandamientos. En esta situación de debilidad,
imponer más leyes solo sirve para que el hombre las desobedezca y
experimente más profundamente su debilidad. La fuerza para
cumplirlos la da Dios por medio de Cristo. No basta saber leyes, es
necesaria la gracia de Dios.
+ Los que igualan la Ley de Moisés a Cristo la están absolutizando
y atribuyéndole una fuerza que no tiene. En este caso sólo sirve
para experimentar la debilidad propia y la necesidad de la gracia
que Dios ha prometido y se ha cumplido en Cristo. Esto quiere
decir que no se puede conseguir la salvación a base de cumplir
leyes, pues no es ésta la finalidad de las mismas.

+ Esto vale para el AT y la Ley de Moisés, que de por sí es bueno,


pero incompleto e imperfecto. Es sólo una promesa con normas
para vivir durante el tiempo de la espera, que cuando llega el
cumplimiento, pierde todo su valor. Si me prometen
incondicionalmente una cantidad, la promesa como tal es
importante para mí mientras no se ha cumplido, pero cuando se
cumple, deja de tener valor. Lo importante es lo cumplido, la
cantidad recibida. La promesa queda como recuerdo para dejar
clara la fidelidad del que la hizo.
+ Dios prometió gratuitamente bendecir a Abraham y sus
descendientes. El contenido de la promesa-bendición era Cristo,
que por medio de su Espíritu, nos hace hijos de Dios, libres para
amar. El medio para recibirla es la fe. Todo el AT está ordenado
a ayudar a la espera de Cristo, el cumplimiento. Una vez que ha
llegado Cristo, la promesa ya no tiene valor. Realmente sin Cristo
el AT es una realidad que aprisiona, Cristo da la bendición
prometida y libera. No tiene sentido obligar a los gentiles
bautizados a observar la Ley de Moisés. Es hacerles entrar de
nuevo en la cárcel.

+ Son hijos de Abraham los que imitan su fe, los creyentes. La


bendición prometida es Cristo que nos envía su Espíritu en el
bautismo y nos hace hijos de Dios y libres para amar.
(2) Cómo lo enseña:

Presentando sucesivamente diferentes aspectos de esta


enseñanza:

1. La bendición de Abraham desciende sobre los creyentes


(3,6-14)

* Los creyentes son hijos de Abraham y son bendecidos en


él (3,6-9). Por la fe gratuitamente Abraham fue justificado
y hecho amigo de Dios, y además Dios le hizo la promesa de
bendecir a todos sus descendientes, que son los creyentes:
Abraham creyó en Dios y le fue reputado como justicia.
Tened, pues, entendido que los que viven de la fe, ésos
son los hijos de Abraham. La Escritura, previendo que
Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con
antelación a Abraham esta buena nueva: En ti serán
bendecidas todas las naciones. Así pues, los que viven de
la fe son bendecidos con Abraham el creyente.
* Al contrario, los que se empeñan en conseguir la salvación a base
de cumplir leyes, sin la gracia de Cristo, no consiguen nada y se
encuentran bajo la maldición (3,10-12)

Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en


maldición. Pues dice la Escritura: Maldito todo el que no se
mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el
libro de la Ley. Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa
evidente, pues el justo vivirá por la fe; pero la ley no procede de
la fe, sino que quien practique sus preceptos, vivirá por ellos
(3,10-12).

* En Cristo ha venido a los creyentes la bendición de Abraham,


que es el Espíritu Santo (3,13-14)

Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él


mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito
todo el que está colgado de un madero, a fin de que llegara a
los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la
fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa (13-14).
2. La herencia de Abraham está vinculada a Cristo (3,15-29)

* La descendencia de Abraham en quien se cumple la promesa es


Cristo:

Pues bien, las


promesas fueron
dirigidas a Abraham y
a su descendencia. No
dice: « y a los
descendientes »,
como si fueran
muchos, sino a uno
solo, a tu
descendencia, es
decir, a Cristo (3,16).
* Finalidad de la Ley de Moisés no es anular la promesa, pues
está a su servicio. Eran normas que manifestaban la voluntad
de Dios y ayudaban a recibir la promesa. La experiencia hizo
ver que sin la gracia de Cristo era imposible este
cumplimiento. De esta forma las normas manifestaban la
situación de debilidad radical en que vivía el hombre:

Hermanos, voy a explicarme al modo humano: aun entre los


hombres, nadie anula ni añade nada a un testamento hecho en
regla... Y digo yo: Un testamento ya hecho por Dios en debida
forma, no puede ser anulado por la ley, que llega 430 años más
tarde, de tal modo que la promesa quede anulada... Entonces,
¿para qué la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones hasta
que llegase la descendencia, a quien iba destinada la promesa...
Según eso, ¿la ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ningún
modo! Si de hecho se nos hubiera otorgado una ley capaz de
vivificar, en ese caso la justicia vendría realmente de la ley. Pero, de
hecho, la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la
Promesa fuera otorgada a los creyentes mediante la fe en
Jesucristo (3,15.17.19-22).
* Consecuencia de esto es que el hombre sin Cristo vivía en una
esclavitud, situación afirmada por la misma Escritura. Esto ha
terminado con la fe en Cristo y el bautismo, por lo que nos
incorporamos a Cristo-descendencia y somos herederos de la
promesa, hijos de Dios, todos uno en Cristo y libres:

Y así, antes de que llegara la fe, estábamos encerrados bajo la vigilancia de la ley, en
espera de la fe que debía manifestarse. De manera que la ley ha sido nuestro pedagogo
hasta Cristo, para ser justificados por la fe. Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos
bajo el pedagogo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto,
todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni
esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si
sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa. (3,23-29)
3. Situación de los herederos antes y después del envío de Cristo
(4,1-11)

* Antes de Cristo:

Pues yo digo: Mientras el


heredero es menor de edad,
en nada se diferencia de un
esclavo, con ser dueño de
todo; sino que está bajo
tutores y administradores
hasta el tiempo fijado por el
padre. De igual manera,
también nosotros, cuando
éramos menores de edad,
vivíamos como esclavos bajo
los elementos del mundo
(4,1-3).
* Después del envío de Cristo, hemos recibido el Espíritu Santo,
somos libres, hijos de Dios en el Hijo y coherederos con él.

Pero, al llegar la plenitud


de los tiempos, envió Dios
a su Hijo, nacido de mujer,
nacido bajo la ley, para
rescatar a los que se
hallaban bajo la ley, y para
que recibiéramos la
filiación adoptiva. La
prueba de que sois hijos
es que Dios ha enviado a
nuestros corazones el
Espíritu de su Hijo que
clama: ¡Abbá, Padre! De
modo que ya no eres
esclavo, sino hijo; y si hijo,
también heredero por
voluntad de Dios (4,4-7)
+ Por ello dar culto a los ángeles como necesario para la salvación
es volver a la esclavitud de antes de la conversión cuando daban
culto supersticioso a los planetas observando los días señalados
por un calendario:

Pero en otro tiempo, cuando no


conocíais a Dios, servíais a los que
en realidad no son dioses. Mas,
ahora que habéis conocido a Dios, o
mejor, que él os ha conocido, ¿cómo
retornáis a esos elementos sin
fuerza ni valor, a los cuales queréis
volver a servir de nuevo? Andáis
observando los días, los meses, las
estaciones, los años. Me hacéis
temer no haya sido en vano todo mi
afán por vosotros (4,8-11).
* Paréntesis: Recuerdo de la relación anterior
entre el apóstol y los gálatas (4,12-20)

Os ruego que os hagáis como yo, pues yo


me hice como vosotros. Ningún agravio
me hicisteis. Pero bien sabéis que una
enfermedad me dio ocasión para
evangelizaros por primera vez; y, no
obstante la prueba que suponía para
vosotros mi cuerpo, no me mostrasteis
desprecio ni repulsa, sino que me
recibisteis como a un ángel de Dios: como
a Cristo Jesús. ¿Dónde están ahora los
parabienes que os dabais?...

¿Es que me he vuelto enemigo vuestro diciéndoos la verdad?... ¡hijos


míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo
formado en vosotros. Quisiera hallarme ahora en medio de vosotros
para poder acomodar el tono de mi voz, pues no sé cómo habérmelas
con vosotros (4,12-15.16-19.20).
4. La enseñanza de la misma ley. Final del Midrás (4,21-31)

* Termina el midrás comparando a los judíos y


judaizantes, que absolutizan el AT, con los hijos de
Agar, que engendró hijos para la esclavitud, y a los
cristianos con Sara, madre de los hijos libres. Igual que
entonces el hijo de la esclava, Ismael, persiguió a Isaac,
el hijo de la promesa, ahora los judaizantes persiguen a
los cristianos:

Pues dice la Escritura que Abraham


tuvo dos hijos: uno de la esclava y
otro de la libre... Hay en ello una
alegoría: estas mujeres representan
dos alianzas; la primera, la del monte
Sinaí, madre de los esclavos, es Agar...
Pero la Jerusalén de arriba es libre;
ésa es nuestra madre...Y vosotros,
hermanos, a la manera de Isaac, sois
hijos de la Promesa. Pero, así como
entonces el nacido según la naturaleza
perseguía al nacido según el espíritu,
así también ahora (4,22.24.26.28-29).
Conclusión: Sólo hay una disyuntiva: o Cristo o circuncisión (5,1-12)

* La vocación cristiana es servir a Dios como hijos libres. Defender


esa libertad:

Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os


dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud (5,1).

* No vale Cristo y circuncisión a la vez, pues eso significa que


Cristo no da la salvación plena y que necesita una ayuda por parte
de la Ley de Moisés. No se pueden considerar a Cristo y la Ley
como dos absolutos a la vez, o uno u otra. Además, si se opta por la
Ley, hay que optar por toda la Ley, sin excluir lo que no guste.

Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os dejáis circuncidar, Cristo no


os aprovechará nada. Y testifico de nuevo a todo hombre que se
circuncida que queda obligado a practicar toda la Ley. Habéis
roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os
habéis apartado de la gracia. Pues a nosotros nos mueve el
Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia
(5,2-5).
* Lo único esencial es Cristo, que exige la fe que se traduce en
obras de amor.

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la


incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa
por la caridad (5,6).

* Los judaizantes habían dicho a los gálatas que Pablo en otros


lugares había predicado la circuncisión como necesaria para
salvarse y que con ellos no lo había hecho para evitar rechazos.
Pablo responde que esto es absurdo y que es rechazado y
perseguido precisamente por no imponer la circuncisión.(5,7-12)

En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por


qué soy todavía perseguido? ¡Pues se acabó ya el escándalo de
la cruz! (5,11)
C. TERCERA PARTE (5,13-6,10): La libertad cristiana

1. Principio fundamental. Libertad para amar (5,13-15):

* El cristiano ha sido llamado a la libertad, puesto que la vida


cristiana es amar y sin libertad no hay amor auténtico:
Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad
(5,13a).

* Pero esta libertad está amenazada no solo por el legalismo que


absolutiza la ley sino también por el antinomismo o rechazo de
toda ley y autoridad. Es libertad para amar no para la anarquía.
No toméis esa libertad pretexto para la carne; antes al
contrario, servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la
ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo (5,13b-14).

* Por ello hay que evitar usar la libertad para instaurar la ley de
la selva:
Pero si mutuamente os mordéis y devoráis, mirad que
acabaréis por consumiros unos a otros (5,15)
2. Aclaración del principio fundamental (5,16-24)

La libertad cristiana implica una lucha en el interior de la persona


para secundar los impulsos del Espíritu y no los de la carne-
debilidad humana, inclinada al mal.

* Principio: Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis


satisfacción a las apetencias de la carne (5,16)

* Explicación: son dos dinamismos contrarios, que se excluyen:

Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el


espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí
antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais. Pero, si
sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley (5,17-18).
* Para evitar engaños, fijarse en los frutos. Los de la carne son:

Ahora bien, las obras de la carne son conocidas:


fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería,
odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones,
disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas
semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os
previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el
Reino de Dios (5,19-21))

+ El fruto del Espíritu:

En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz,


paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre,
dominio de sí; contra tales cosas no hay ley (5,22-23).

* Conclusión:

Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne


con sus pasiones y sus apetencias.(5,24).
3. Aplicaciones de la libertad cristiana a la vida comunitaria (5,26-6,10)

* Principio: Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el


Espíritu (5,25)

*Aplicaciones a varios casos:

+ Contra la vanidad: no nos volvamos vanidosos, provocándonos y


envidiándonos mutuamente (5,26).

+ Acoger al hermano pecador: Hermanos, aun cuando alguno


incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con
espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú
puedes ser tentado (6,1).
+ Ayudarse mutuamente a llevar las cargas:

Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley


de Cristo. Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se
engaña a sí mismo. Examine cada cual su propia conducta y
entonces tendrá en sí solo, y no en otros, motivo para glorificarse,
pues cada uno tiene que llevar su propia carga (6,2-5).

+ Compartir con el catequista: Que el discípulo haga partícipe en


toda suerte de bienes al que le instruye en la Palabra (6,6).

+ No engañarse: sembrar amor en libertad:


No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno
siembre, eso cosechará: el que siembre en su carne, de la
carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del
espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el
bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no
desfallecemos. Así que, mientras tengamos oportunidad,
hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros
hermanos en la fe (6,7-10).
III. EPÍLOGO (6,11-18)

* Pablo toma la pluma de su secretario (a pesar de que sabe que


tiene una letra fea) , escribe personalmente y subraya algunas de
las ideas expuestas: Mirad con qué letras tan grandes os escribo
de mi propio puño (6,11).

En primer lugar alude a los adversarios: los que quieren gloriarse


en la carne , ésos os fuerzan a circuncidaros sólo para no ser
perseguidos por la cruz de Cristo. Pues ni siquiera esos mismos que
se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para
gloriarse en vuestra carne (6,12-13).

* Por oposición, Pablo expone su motivo de gloria: cuanto a mí, no


quiera Dios que me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para
el mundo (6,14).
+ Explicación: esta cruz es lo único decisivo, de tal forma que ya no
es nada la circuncisión o la incircuncisión sino la nueva creación,
resultado de la cruz. Esto es fundamental para Pablo y por ello
bendice a los que aceptan esta regla y a todo el Israel de Dios,
dondequiera que esté.

Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino


la creación nueva. Y para todos los que se sometan a esta regla,
paz y misericordia, lo mismo que para el Israel de Dios (6,15-16)

+ Última petición (6,17): que nadie le procure disgustos en el futuro,


porque es un esclavo de Jesucristo: lleva los estigmas de Jesús. En
las religiones paganas las marcas de fuego por las que una persona
pertenecía como esclavo a un santuario; para Pablo estas marcas son
las cicatrices de todo lo que ha sufrido por Jesucristo. Que estas
señales lo protejan de más fatigas y más miseria que se le quieran
infligir.

+ Bendición final: Hermanos, que la gracia de nuestro Señor


Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén (6,18).