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número 5, viernes 3 de febrero de 2017 L’OSSERVATORE ROMANO páginas 6/7

JUAN MANUEL DE PRADA


Mentiría si afirmase que me han sorprendido las
El arte y los católicos
execraciones y anatemas que ha recibido Silencio, la dad, que proclamaban orgullosos su odio a la expre- católico del siglo XIX había sido Charles Baudelaire, puesto, leer a Baudelaire –como Marcelino Menéndez
última película de Scorsese, desde ciertos ámbitos ca- sión sensible de la divinidad. La unión del Creador y que desde luego –apostillaba, con su habitual grace- Pelayo escribía sobre La Celestina-- «puede tener sus
tólicos. Mentiría también si dijese que me ha escan- la criatura no se detiene, para el católico, en el ser ra- jo—«no es una lectura para chicas que se alimentan peligros para quien no esté muy seguro de contem-
dalizado que, para denigrarla, se hayan empleado re- cional del hombre, sino que abraza también su ser de bocadillos y de novelas yanquis, ni para beatos, ni plar las obras de arte con amor desinteresado. Pues,
cursos torticeros, divulgando interpretaciones falsas o corporal y, por intermedio de éste, la naturaleza ma- para burgueses, ni para burros, ni para sacerdotes no cuanto más vigorosa y animada sea la representación
estrambóticas de la película. Pero mentiría igualmen- terial del universo entero. Y esta unión de Dios con advertidos, ni para hombres sin percepción artística, de la vida, más participará de los peligros inherentes
te si ocultase que, como artista, tales execraciones me el mundo material y sensible alcanza su expresión ni para la inmensa parroquia de la moralina y de la a la vida misma». Pero es ahí, precisamente ahí, en
han consternado y lastimado muy profundamente. más gloriosa en el arte, que es instrumento real e ima- ortodoxia infantil». Pero esta «moralina» y «ortodo- los «peligros inherentes a la vida misma» donde el
Pues en estas obtusas reacciones se vuelve a probar la gen visible de Dios. Rechazar el arte es quitar a la xia infantil» es lo que hoy, tristemente, se exige desde artista católico desempeña su labor. Resulta, por cier-
incomprensión que desde ciertos ámbitos católicos se encarnación divina toda realidad y constituye, como ciertos ámbitos católicos, cuando se preconiza un arte to, muy instructivo descubrir que La Celestina, obra
profesa a todo arte que no sea esquemático o doctri- escribía Solovief, una terrible «supresión del cristiani- sin conflicto, un arte de soluciones netas y triunfan- sumamente escabrosa, gozó desde el primer momento
nario, sino complejo y problemático (o sea, auténtico smo». tes. Sólo que esta «moralina» y «ortodoxia infantil», de «franquicia» entre los consultores del Santo Ofi-
arte). Fenómeno que, a mi juicio, constituye una de A esta tentación iconoclasta se suma cierta infec- lejos de ser instrumento para la evangelización, gene- cio, que la consideraron plenamente católica, pues
las pruebas más lastimosas de la decadencia de la cul- ción de raíz puritana, que al rechazar el dogma del ran repugnancia en las almas sensibles que, sintiendo aunque mostraba el mal sin recato, también retrataba
tura católica. pecado original niega la posibilidad del «drama», curiosidad por la fe, rechazan –con buen criterio—las el veneno que el mal introduce en las almas. Sería a
Que existe una franca hostilidad hacia el arte en que es el meollo constitutivo del verdadero arte. Su- soluciones fáciles. principios del siglo XIX, cuando ya la Inquisición se
ciertos ámbitos católicos es una evidencia innegable. primiendo el pecado original, se niegan las conse- Baudelaire fue condenado como «inmoral» por un había llenado –en palabras de Menéndez Pelayo-- de
También lo es, desde luego, que tal hostilidad es en cuencias del mal en la naturaleza humana; y tal nega- tribunal. Pero aquella condena no era católica, sino «jansenistas y hazañeros» (de puritanos y meapilas,
ocasiones la reacción lógica hacia un arte nihilista que ción ha dado lugar en ámbitos anticatólicos a un arte «burguesa» en el sentido más sombrío y anticatólico diríamos hoy) cuando La Celestina fue incluida en el
se regodea en el feísmo, como expresión de una épo- frívolo en el que las categorías morales se desdibujan de la palabra. Baudelaire fue condenado por el fari- Índice. Y es que aquellos «jansenistas y hazañeros»
ca que odia la Belleza y acuchilla nuestra sensibili- hasta hacerse intercambiables, o bien un arte cínico seísmo y la majadería religiosa de los gazmoños; fue ya no eran capaces de entender que el arte que retrata Enemigo» y alumbrar el conflicto que se libra en las ria Vian-- «biblioteca divina». Decía Barbey d’Aure-
en el que mal se torna fatí- condenado porque sus libros –auténticas obras de ar- las debilidades del ser humano puede ser profunda- penumbras del corazón humano. Por eso, la Iglesia villy en el prólogo de Las diabólicas que «los pinto-
dicamente invencible y se te— se atrevían adentrarse en el territorio «propiedad mente moral, infinitamente más moral que el arte no tuvo empacho en abrazar el arte de los muy pro- res de nervio pueden pintarlo todo y su pintura es
niega la capacidad del hom- del Enemigo», mostrando ese conflicto desgarrador buenista e infantilizado que nos muestra un falso
caces Plauto y Terencio, o del irreligioso Lucrecio. siempre moral cuando es trágica e inspira horror ha-
bre para combatirlo y derro- que es el meollo y la sustancia del drama. Eran, en mundo de color de rosa; un mundo sin jóvenes ricos,
fin, libros plenamente católicos; pues arte católico no sin leprosos ingratos, sin cobardes ni traidores, un Gracias a ello, hoy podemos leer a los maestros anti- cia aquello que reproduce; sólo son inmorales los im-
tarlo. Pero en el ámbito ca- guos, que los monjes de los monasterios salvaron de pasibles y los burlones». D’Aurevilly tendría que ha-
tólico esta infección purita- es el que se fuga ante el peligro, sino el que se zam- mundo sin sudores de sangre en Getsemaní.
bulle en él, a sabiendas de que esa zambullida puede Durante siglos, al arte católico fue un arte lleno de la destrucción, incorporándolos a una portentosa ber incorporado a su elenco de inmorales a los icono-
na también ha tenido conse-
cuencias funestas, dando conducirlo hasta el corazón de las tinieblas. Por su- Gracia porque supo adentrarse en el «territorio del –utilizamos la afortunada expresión de Giovanni Ma- clastas y puritanos de nuestra época.
carta de naturaleza a un ar-
te infantilizado que niega el
principio de la felix culpa y
la naturaleza dramática de El debate sobre «Silence»
la vida humana, esa «liber-
tad imperfecta» que caracte-
riza la lucha del hombre en
busca de redención. Una lu-
cha que, como nos advertía
Grandes preguntas olvidadas
Flannery O’Connor, se de-
senvuelve en un territorio otro. Y es a través de este intercambio de destino
que es en gran medida que los japoneses consiguen provocar la rendición
«propiedad del Enemigo»; de los dos misioneros. Pero aceptar renegar el
una lucha que a veces se re- cristianismo para salvar a otros de terribles tortu-
suelve en un triunfo, otras ras, para los verdaderos creyentes significa perder
en una derrota, y otras en la propia alma: ¿tiene algún sentido condenarse el
un conflicto desgarrador, alma por los demás? ¿No es este quizás el supre-
con una infinita gama de mo sacrificio que Cristo pide a los dos jesuitas? La
zonas penumbrosas que cuestión en un cierto sentido permanece abierta,
cierto catolicismo tentetieso pero de la fidelidad de Rodrigues a Jesús da
pretende negar. Pero negar testimonio el pequeño crucifijo que la mujer japo-
esas penumbras es tanto co- nesa le pone en su mano después de su muerte.
mo negar el arte; y, además, Una sepultura budista, pero en la mano la ofrenda
es también una sórdida bla- para el paraíso cristiano...
El tema de la traición y del perdón subyace en
sfemia.
todos los episodios, representado por el japonés
Leonardo Castellani se re-
cobarde y traidor que no obstante, con su insisten-
dad. Pero esta hostilidad se dirige también con fre- belaba contra esos católicos que reclaman un arte de
te petición de perdón, vuelve a llevar al jesuita Ro-
cuencia hacia obras muy estimables que, simplemen- soluciones netas, de triunfos apoteósicos, un arte sin
drigues al papel sacerdotal, y que al final tendrá
te, no incurren en el sentimentalismo pío. No se nos penumbra ni conflicto. Son católicos que quisieran
una muerte de mártir.
escapa que en esta hostilidad subyacen razones o si- asignar a Cristo «el papel de un conquistador, de un Pero la cuestión que ha intrigado más a los co-
nrazones de tipo ideológico (ya Charles Péguy nos Atila igualitario y devastador». Pero el mismo Cristo mentaristas laicos —en primer lugar al filósofo Ro-
advertía sobre los peligros de convertir la mística en probó en repetidas ocasiones el sabor del fracaso. ¿O berto Esposito— es el silencio de Dios, del cual to-
política, de envolver con coartadas religiosas nuestros acaso no fracasó con el joven rico? ¿Acaso no fracasó ma el nombre la novela y luego la película.
prejuicios ideológicos); y tampoco que cierto fariseí- con aquellos nueve leprosos que no volvieron a darle El silencio de Dios que ha estado en el centro
smo ha hallado en esta hostilidad la excusa perfecta las gracias, tras su curación? ¿Acaso no fracasó con de las reflexiones y de la experiencia de místicos y
para condenar al artista, que suele ser persona de há- Pilatos o con Judas? ¿Acaso cuando sudó sangre en filósofos, y se ha planteado como cuestión dramá-
bitos licenciosos o heterodoxos. Pero lo cierto es que Getsemaní no fue consciente de que su sacrificio iba ticamente actual después de la tragedia de la
muchas de las cúspides del arte católico fueron reali- a ser rechazado por muchos hombres? Cristo sabía Shoah. Una respuesta posible, sugerida por el filó-
zadas precisamente por artistas de hábitos licenciosos que la vida del hombre es drama; sabía que en la vi- sofo, es que este eclipse de Dios en el momento
y heterodoxos, desde Caravaggio a Pasolini, pasando da hay jóvenes ricos, leprosos ingratos, gente acomo- campesinos japoneses sugiere que es más fácil te- jo las terribles persecuciones son verdaderamente más dramático dejaría al hombre libre de decidir, y
por Lope de Vega u Oscar Wilde. Y es que la Gracia daticia o cobarde, traidores y apóstatas; y a todos los LUCETTA SCARAFFIA
ner el valor de morir —si sabemos que vamos al cristianos o han construido una religión sincrética, por consiguiente también de descubrir que no tie-
–como también nos enseñase Péguy— utiliza muchas amó, sabiendo que muchos flaquearían y vacilarían, e paraíso donde estaremos mucho mejor que en el en la cual sí creen ciegamente, pero que al final nen ningún valor las diferencias religiosas, enton-
La película de Scorsese está suscitando amplios
veces la puerta de entrada del pecado para bendecir a incluso rechazarían su Redención. Y si Cristo los mundo en el que vivimos— para quien en este poco tiene que ver con la tradición cristiana? No ces no sería un pecado la apostasía. Esta interpre-
debates, dentro y fuera del mundo católico, preci-
sus predilectos. Dios elige con frecuencia a los caídos amó, ¿por qué el arte va a ignorarlos? Ciertamente, mundo vive en situaciones de opresión y de fatiga lo sabremos nunca, pero la pregunta se cierne so- tación me deja muy perpleja: en la película de
samente por motivo de la riqueza de los temas que
y a los sucios como depositarios del arte más elevado pintar o escribir las vidas de los santos puede ser una extrema. bre toda la historia, poniendo en crisis el proyecto Scorsese la continua referencia a la pasión de Cri-
y sublime; y el rechazo a los artistas «réprobos» es en excelente motivo artístico; pero también lo es pintar o afronta. Se refiere al Japón del siglo XVII, pero
Esta pregunta abre otra: ¿existe todavía algo por de evangelización de los jesuitas desde los cimien- sto —del Getsemaní al grito de Jesús en la cruz—
el fondo rechazo a la Gracia divina. Tal rechazo ha escribir la vida de quienes no son (¡de quienes no so- también al hoy, tiempo de persecución de los
lo cual se está dispuesto a morir en nuestras socie- tos. La respuesta de Ferreira a esta pregunta es ne- sugiere sin embargo que la vía de la apostasía para
provocado una penosa decadencia del arte católico, mos!) heroicos ni impecables. Porque esas vidas con- cristianos por su fe, y propone una serie de pre-
dades? En realidad, pensamos que ya no haya na- gativa: los cristianos japoneses no son verdaderos salvar a los demás es una vía de amor parecida a la
hoy náufrago en la más absoluta irrelevancia, que a la flictivas y dramáticas pueden ayudarnos tanto o más guntas a las cuales no estábamos acostumbrados a da por lo que valga la pena dar la vida, es más, ya cristianos, toda la obra de conversión en la que del crucifijo.
vez que expulsa a artistas como Scorsese acoge obras a superarnos; porque, asomándonos a su abismo, en- responder. ni siquiera osamos plantearnos la pregunta. Pero muchos se esforzaron hasta perder la vida fue un La complejidad de la cuestión, o mejor dicho de
inanes, almibaradas, cursilonas y relamiditas, puro ar- tenderemos mejor la misericordia divina, el profundo La primera, seguramente, es la crucial: ¿tiene esta no es la única sacudida que la película procu- fracaso. Y en esto encuentra la justificación de su las cuestiones, que la película propone constituyen
te des-graciado en el más estricto sentido de la pala- amor que Cristo nos mostró, inmolándose también sentido morir por Dios? Hoy y ayer esta pregunta ra a la conciencia del espectáculo: otras son las apostasía. Pero en la raíz de la apostasía de los dos el centro de su interés y desarrollan sin duda una
bra. por nosotros. sacude lo más profundo del sentido de la fe, y el cuestiones graves que plantea la película. Una se jesuitas hay otra religión: el sufrimiento que su re- función de despertar las conciencias aletargadas.
Sin darnos cuenta, los católicos empezamos a pare- Y el verdadero arte católico tiene que asomarse a valor que damos a la vida, la cobardía y el valor, la refiere a las posibilidades de inculturación de la fe chazo acarreaba a unos campesinos inermes. Un De ahí la razón principal del interés y del deba-
cernos a aquellos herejes iconoclastas de la Antigüe- ese abismo. Castellani consideraba que el gran poeta esperanza y la desesperación. La respuesta de los cristiana: ¿los campesinos japoneses que sufren ba- cristiano es dueño de donar su vida, pero no la de te que está suscitando.