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'Estoy seguro de que algún día ganaré el Tour': Nairo Quintana

El ciclista cuenta cómo aprendió a lidiar con la derrota, las críticas y los
insultos.

A los 23 años Nairo Quintana fue subcampeón de un Tour de Francia.

Por: Mauricio Silva Guzmán


26 de junio 2018 , 11:20 a.m.

Nairo Alexander Quintana, 28 años, maneja su camioneta BMW X5 por las


carreteras periféricas de Tunja. Usa unos lentes oscuros con reflejos azulosos.
Acelera a fondo. Toma las curvas con relativo riesgo. En el auto vamos el
periodista y escritor inglés Matt Rendell; el hermano mayor de Nairo, Willinton
Alfredo Quintana, y yo.

Buscamos una locación para hacer las fotos para la portada de BOCAS. La idea
es conseguir un cultivo que deje ver la generosidad de su tierra. “Vamos a donde
don José que tiene trigo”, dice Willinton. “No, mejor a donde doña Rosa que allá
hay cosecha”, propone Nairo. El capo de Movistar acelera. Frena. Cambia de
ruta y de idea. Se ríe.

Encontramos la parcela apropiada en medio de un collage de verdes de la


cordillera oriental donde nació y se crio. El paisaje es dramático. Nairo posa con
aires de grandeza. Es el jefe de la tribu. Lleva un vestido azul que corta muy bien
con la hierba aceitunada que hay de fondo y con el tapete de espigas que se
extiende en el piso. Una oveja aparece y le conversa. Nairo le responde.

Terminan las fotos. Cambio de locación. El más importante ciclista colombiano de todos los tiempos –probablemente el más completo
fue “Cochise” Rodríguez y el mejor escalador fue Lucho Herrera–, está sentado en el pub Bruder, en el centro empresarial Green
Hills, a las afueras de Tunja, su tierra. Pide una cerveza. Se arrepiente. “Mejor un jugo. Aquí se me olvida que estoy
concentrado. Lo que pasa es que hacen una cerveza casera muy buena”.

Nairo calla. Para nada está ausente. Mira con profundidad.


¿Siente que desde que debutó en Europa, hasta el día de hoy, el ciclismo ha cambiado, ha evolucionado?

Muchísimo. Antes todo era muy disciplinado. O más respetuoso. O por lo menos así lo veía yo. No sé. Los corredores respetaban a
los jefes de filas.
¿Y ya no respetan hoy?
¡Nooooo! Esto se volvió una competencia feroz. Estamos viviendo una época de lucha atroz, incluso peligrosa. Ya ni siquiera dejan
ir a orinar. Todos atacan. No hay códigos. Revise usted la velocidad promedio en la que se corrió el pasado Giro. ¡Una locura! Nunca
se había corrido a esa velocidad. Fue un récord. Por eso cada vez es más difícil ganar, porque los rivales cada vez son más fuertes
y atrevidos, y cada vez aparece gente nueva con más ambición que está dispuesta a todo.

¿No será que antes usted no era una sorpresa en el pelotón y desde 2013 ya no lo dejan ni respirar?
¡Noooo! Esto es de todos contra todos. Déjeme decirle: se nos está yendo la mano y estamos corriendo a un límite insospechado
que atenta contra nosotros mismos. Nadie, solo nosotros, sabe lo que se expone físicamente en una carrera de tres semanas. Y a
ese ritmo infernal.

Ahora sí, vamos despacio. Quiero desmenuzar su impresionante carrera como profesional en Europa. Empecemos por su
debut en 2013, cuando corrió la Vuelta a Cataluña y cuando, en la tercera etapa, sorprendió a los “gallos” del momento:
Purito, Valverde, Wiggins…
Yo no tenía previsto ir a esa Vuelta a Cataluña. Finalmente vieron que podía y me llevaron. En un ataque sorpresivo dejé atrás a
“Purito” y a “Wiggins”, gané la tercera etapa y perdí el podio en el último día por tres o cuatro segundos. Ahí fue cuando, después de
terminar, en Movistar vieron que mi condición física estaba bien. Entonces, sin pensarlo, me llevaron a la Vuelta al País Vasco. Me
dijeron: “Vamos a formar un buen grupo y con ese equipo vamos a disputar la Vuelta al País Vasco”.

Y ganó… Y le ganó a Sergio Luis Henao...


Recuerdo una carrera con mucho frío, mucha lluvia, mucha nieve. Y sí, gané la etapa reina y, en la contrarreloj, que era la etapa
final, quedé segundo detrás de Tony Martin. Así gané esa carrera. ¡Con una contrarreloj, imagínese!