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Muñoz-Pedreros A & J Yáñez (2003) Impactos ambientales por el uso de la leña. En: E. Burschel, A. Hernández & M Lobos.

La Leña una fuente de energía renovable para Chile: 95-109. Editorial Universitaria. 107 pp.

CAPÍTULO 6
Aspectos ambientales de la leña
ANDRÉS MUÑoz 1 o & JOSÉ YÁÑEZ 1 1

I . INTRODUCCIÓN

La crisis petrolera de los años setenta -aparte de la repercusión en los procesos


de desarrollo de los países latinoamericanos- puso en evidencia no solamente 10
finito y crecientemente costoso de los recursos naturales no renovables, sino
también el hecho de que la energía es un elemento crucial en el desarrollo (FAO
1987). Ya que las estrategias de desarrollo de América Latina se basan en la
explotación de sus recursos naturales, se corre el riesgo de que se agoten los no
renovables de mejor calidad y se deterioren los renovables por sobreexplotación.
Se debe tener en consideración, 10 estratégicamente útil de proveerse de energía
renovable como la leña, pero explotándola sustentablemente y con tecnología
de avanzada (FAO 1987).
La escasez de leña es considerada un problema ambiental de primera mag-
nitud en los países subdesarrollados. En América Latina el 60% de la población
depende de ella como fuente de energía. De estos 260 millones de personas
que habitan zonas rurales pobres, unos 25 millones sufren de escasez aguda de
abastecimiento, otros 190 millones padecen déficit creciente, y sólo 45 millo-
nes cuentan con abastecimiento adecuado. El Banco Interamericano de Desa-
rrollo estima un consumo de 350 a 700 kg/año per cápita, lo que implica una
deforestación alarmante (BID 1992).
El consumo dendroenergético de los bosques es uno de los motivos de su
destrucción. Se estima que entre el año 1980 y 2000 la cubierta forestal de los
países subdesarrollados disminuyó en un 40%; en cambio, en los países desarro-
llados la disminución fue sólo de un 0,5%. (The Global 2000, 1981). El aumen-
to de la deforestación en los países subdesarrollados agudizará los procesos de
erosión, agotamiento de los acuíferos subterráneos, inundaciones,
embancamiento de ríos, alteración de presas hidroeléctricas, obras de riego, etc.
En este trabajo se documenta el consumo de leña en Chile y sus
implicancias en el estado de conservación de los bosques nativos, con especial
referencia al sur del país.

10 Médico Veterinario, Magister en Ecologia y Doctor en Ciencias Ambientales,

II Biólogo, M.Cs.,

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2. LA DEFORESTACIÓN DEL PAISAJE CHILENO

La deforestación no es una actividad nueva, se remonta al neolítico (transición


caza-agricultura). Desde esa época el hombre, valiéndose de hachas de piedra o
simplemente quemando, desmonta considerables áreas para sembrar sus semi-
llas (Iverson, 1975). Los bosques se consideran recursos naturales renovables;
sin embargo, la historia nos muestra un proceso de deforestación prácticamente
irreversible (Bifani, 1981), que lejos de disminuir, aumenta dramáticamente
cada año. Se deforesta para crear nuevas áreas de cultivo (expansión horizontal
de la agricultura); explotar especies económicamente valiosas; explotar
yacimientos mineros; expandir las zonas urbanas; expandir obras viales (caminos,
carreteras, ferrocarril, aeropuertos); usar leña como fuente de energía "barata".
En Chile el proceso de deforestación puede dividirse (modificado de Arrnesto et
al, 1994) en varíos períodos: precolombino, colonízación, preindustríal e industrial.

2.1. Período precolombino


Se extiende desde la época postglacial hasta la llegada de los colonizadores
españoles. El período indígena, desde los 10.000 A.P. hasta el siglo XVI, parece
no haber generado impactos ambientales relevantes en los bosques existentes.
La capacidad para talar árboles estuvo acotada por la carencia de instrumentos
de metal para estos efectos. Aparentemente, gran parte del territorio del actual
Chile estuvo cubierto de bosques densos, al menos desde los 36° Sur (Armesto,
et al, 1994). Este período tuvo una población relativamente alta, cercana al
millón de habitantes entre Aconcagua y Chiloé.
Las perturbaciones antrópicas de los ecosistemas chilenos se han puesto en
evidencia desde la prehistoria (Miller, 1986). Los aborígenes perturbaban con
cierta intensidad los ecosistemas (Dillehay, 1984; Miller, 1986), pero sus impac-
tos sobre la vegetación estaban restringidos al uso de la madera como leña, espe-
cialmente a la recolección de ramas caídas para construir botes, flechas y postes.

2.2. Período de colonización


Se extiende desde el 1500 al 1900. El deterioro de la vegetación se intensifica
progresivamente a partir de la colonización española (Vitale, 1983). Aquí se
inició la extracción intensiva de madera para construcción y leña, así como la
quema para ampliar la frontera agrícola. Entre el siglo xv y hasta avanzado el
siglo XIX, la colonización se restringió entre Santiago y Concepción, más ciuda-
des aisladas como Valdivia, Calbuco, etcétera.
El proceso de deterioro del bosque nativo se intensificó fuertemente en el
siglo pasado, con la deforestación de las zonas sur y centro-sur, con el objeto de
nutrir las necesidades internas de la economía del país (Donoso, 1983). Este
período tiene dos características básicas: competencia por espacio y uso ocasio-
nal del bosque para la actividad minera. Estas actividades determinaron la des-

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trucción masiva e irracional de los bosques por los colonos alemanes en
Llanquihue y Valdivia, los agricultores del Maule y los colonos criollos en La
Araucanía, lo que motivó tal alarma, ya en esas épocas, que se dictaron normas
legales de protección cuyos primeros textos se remontan a la Colonia.

2.3. Período preindustrial


Abarca de 1900 a 1950. Este período se caracteriza por el desarrollo de las
capacidades para el uso de la madera aserrada, el uso del "floreo" (aprovecha-
miento de sólo la madera y árboles de gran valor), y la ocupación y explotación
ilegal de las reservas forestales del Estado. En la década del cuarenta se pronos-
tica la primera crisis en el abastecimiento futuro de madera (Donoso, 1983). El
estado contrata a la Misión Haig (norteamericana), quienes con el apoyo de
CORFO emiten un dramático informe en 1944, que cuantifica la irracional
explotación realizada y confirma la fuerte vocación forestal de Chile.

2.4. Periodo industrial


Se extiende desde 1950 a la época actual. Se caracteriza por la sustitución del
bosque nativo (que entra en una "latencia" relativa) por el bosque artificial,
como proveedor de madera; paralelamente se consolida el sistema de áreas pro-
tegidas bajo el control de CONAF que rescata lo más representativo de las
formaciones naturales a lo largo de todo el país; finalmente la industria forestal
crece, se moderniza y pasa a ser la primera actividad fabril del país.
Por otro lado, los incendios forestales destruyen más de 40 mil há anuales
de vegetación nativa, en gran medida matorrales y bosques degradados. Los
incendios destruyen al año una cantidad de madera cuatro veces superior a la
que se industrializa en todos los aserraderos del país. Antes de la época colonial
se estima que existían unos 30 millones de ha de bosque nativo. Hoy persisten
unos 7,5 millones, incluyendo los renovales (Schmidt & Lara, 1985; Armesto et
al, 1994) (estas cifran son de 1985 y con seguridad la existencia actual sea
menor). En menos de 200 años han desaparecido los bosques más diversos y
con más especies endémicas de Chile (Armesto et al, 1992).

3. LA LEÑA COMO RECURSO ENERGÉTICO

El rol de la energía es vital en cualquier comunidad humana. El tipo de energía


empleada, su cantidad y forma, condiciona en gran medida las condiciones de
vida de los habitantes.
La leña, pese a no ser un recurso energético de gran calidad (Tabla 22 y 23)
es ampliamente usada en los países subdesarrollados, y Chile no escapa a esa
realidad ya que unas 960 mil familias utilizan leña en sus hogares, para cocción
de alimentos y calefacción. En realidad existe una relación directa entre el con-
sumo de energía y producto geográfico bruto de un país (Ear!, 1975).

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Esta relación es inversa respecto al consumo de leña (FAO, 1981). En el
contexto del subdesarrollo latinoamericano, los consumos de leña son distintos.
Según la posición ecológica, se ha estimado que las necesidades de leña para la
zona cálida (cuenca amazónica y del Orinoco tropical y sub-tropical) es de
0,55 a 0,9 m 3 Ihab/año; para la zona templada (cuencas altas del Amazonas,
Orinoco y el Plata, Cordillera de los Andes hasta 1.800 m de altura) 0,70 a 1,2
m 3 /hab/año; y la zona fría (altos de los Andes, Sur de Chile y Argentina) 0,95 a
1,60 m 3 /hab/año. (FAO, 1983, 1987).
TABLAW 22
Equivalencias energéticas (subinl 1982)

Recurso energético Unidad


específica Tce Tep Gj Teal
Leña (seca) 1 ton 0,543 0,38 15,90 0,0038

Leña (30% humedad) 1 ton 0,357 0,25 10,46 0,0025

Petróleo crudo ] ton 1,428 1,00 41,84 0,0100


----------

Fue! oil 1 ton 1,500 1.05 43.93 0,0105

Gas licuado 1 ton 1,685 1,18 49,37 0,0118

Ter = tonelada equivalente a carbón; Tep= tonelada equivalente a petróleo; Gj= gigajulio, Tcal= tf'racaloria

TABLA N° 23
Poder calorífico de algunos comhustibles

COMBUST1BLE Kcal/kilo
Madera seca (promedio) 4.750
1vIadcra seca pino Insigne 4.500
Madera seca eucaliptos 4.600
Madera seca ciprés 5.000
Carbón de leña (promedio) 7.400
Carbón mineral 7.200
Kerosene 11.1 no
Gas licuado 11.800
Petróleo crudo 10.800

En Chile, por el precio de los diversos combustibles (comparados en términos


de un kilowattlhora) se puede considerar que la leña, en la peor de las situacio-
nes de precio, es una alternativa promisoria; no sólo en calefacción de ambien-
tes, sino que en la generación de energía de ciertas áreas de la industria (véase a
De la Jara, 1987). En los países desarrollados la leña tiene una incidencia baja;
sin embargo, en Chile, aún es una opción energética relevante, siendo el segun-
do insumo energético nacional (18%) después del petróleo (44%). En los países
subdesarrollados la leña es la principal alternativa energética (35%), en cambio
en los desarrollados es sólo un 3% (Serrano, 1992a).

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Según estudios realizados por e! Instituto Forestal (INFOR 1994), que cuantifi-
can e! consumo total nacional de la IV a la XII región, el consumo de leña es de 9,4
millones de ton. Esta cifra incluye desechos forestales e industriales y carbón vege-
tal. De este total, 6,9 millones de ton corresponden a leña propiamente tal (74%),
lo que representa una corta de 10 millones de metros sólidos en pie, equivalente a
48.000 há anuales. De este valor, e! 61 % corresponde a bosque nativo

4. CONSU:VIO DE LEÑA EN CHILE

4.1. Histórico
La leña se ha consumido desde los primeros asentamientos humanos en Chile
(véase Nuñez, 1974;Dillehay;1984, Sánchez & Inostroza; 1985, Vivar; 1987).
El consumo de leña posthispánico comenzó en e! norte. La penetración
española por la región desértica generó un fuerte consumo dendroenergético
de algarrobo, tamarugo y molle (Cunill, 1971). Cuando e! balance de leña fue
negativo los "cateadores de leña" desenterraban troncos secos de! subsuelo. En
las zonas esteparias de los valles transversales (Norte Chico) la recolección por
parte de los nuevos asentamientos españoles destruyó la vegetación de chañar,
molle y algarrobo. Esta recolección intensa comenzó en e! siglo XVII y se acen-
túo a partir de 1730 (Cunill, 1971). La actividad minera de la zona aumentó las
necesidades de leña. Posteriormente, hacia 1788, de Andacollo a Illape! e! con-
sumo de leña disminuyó muy drásticamente la cubierta de jarilla, algarrobilla y
algarrobo. La leña en las estancias no tenía más costo que e! echar los árboles
abajo. Ya en 1746, escaseando la leña accesible, el corregidor de Copiapó reco-
mendó el trueque de cobre y brea por madera de Chi10é. En la zona central el
desarrollo de Santiago y Va1paraíso en el siglo XVI y de unas cuarenta ciudades
y pueblos en e! siglo XVIII, hizo que se consumieran grandes cantidades de leña,
que destruyeron gran parte de las formaciones vegetales nativas (Cunill, 1971).
Las especies más usadas, ya sea como leña o carbón vegetal, son e! espino (Aca-
cia caven) y el romerillo (Baccharis rosmarinifolium).

4.2. Doméstico urbano


En muchos países los procesos de desarrollo económico han llevado a la migra-
ción de la gente del campo a las ciudades, conservando sus costumbres típica-
mente rurales, como e! consumo de leña (FAO, 1987).
El consumo residencial (urbano y rural) representa el 59°/r, del total consu-
mido en Chile. El sector urbano quema e!35% de este consumo residencial. En
el consumo residencial existen dos tipos: las familias que compran la leña y que
viven en la periferia, y las familias que recolectan el combustible para quemarlo
abiertamente en fogones y braseros.
El consumo doméstico urbano crece hacia e! sur, y es diferente a nivel co-
munal. Por ejemplo, en la comuna de Temuco, con una población urbana de

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210.587, consume 613.398 ton/año de leña; y su población rural, compuesta
por 32.974 personas, consume 84.743 ton/año de leña (Meza, 1994).Al ver los
consumos per cápita no se aprecian diferencias importantes. De! mismo modo
que poblaciones rurales de comunas precordilleranas como Cunco (con tempe-
raturas promedio más bajas) tienen un consumo de leña más bajo que zonas
rurales costeras como Imperial (Tabla 24).

TABLA N° 24
Consumo per cápita de leña en tres comunas de la Provincia de Cautín

COMUNA SECTOR UBICACION CONSUMO ANUAL


PER CAPITA(m))
CUNCO Urbano Precordillera 2,43
Rural Precordillera 2,93
TEMUCO Urbano Depresión intermedia 2,90
Rural Depresión intermedia 2,57
IMPERIAL Urbano Costera 2,36
Rural Costera 4,56

En un estudio realizado en la ciudad de Valdivia (Murúa et al., 1993) se estable-


ció que e! 76 % de los habitantes prefieren e! uso de leña, consumiendo cada
familia 12,2 m 3 al año. Considerando la población total de la ciudad de Valdi-
via, estimaron un consumo de 300 mil m 3 al año, concentrándose en los estratos
socioeconómicos medios y bajos de la población. Los artefactos más empleados
son las cocinas económicas y las salamandras. Todos los encuestados señalaron
que cada año es más difícil obtener leña, y que existe vinculación con e! deterioro
de los bosques nativos, por lo que aceptarían sustituir la leña de madera nativa
por leña proveniente de bosques dendroenergéticos.

4.3. Rural
En la mayoría de los casos los campesinos sólo cuentan con leña para cocinar y
calefaccionarse. Ante situaciones de escasez, el habitante rural debe decidir en-
tre invertir sus escasos recursos para comprar leña o disponer de su tiempo y
fuerza de trabajo para recorrer largas distancias en su búsqueda (FAO, 1987).
En Chile, del consumo residencial el sector rural consume el 65%. Con
intensidades variables de norte a sur del país, en todas las áreas rurales se consu-
me leña. El 90% de las familias rurales la usa y el 60% de ellas la emplea a fuego
abierto, perdiéndose e! 85% o más de! poder energético (Serrano, 1992a). En
los sectores rurales e! consumo de leña tiende a aumentar de norte a sur, y
también aumenta con los niveles de pobreza. La leña está asociada con la po-
breza, ya que su importancia disminuye con e! aumento de ingresos (véase
Díaz et al., 1984). En los estratos más altos, si bien aumenta e! consumo de
energía final, esta se hace mediante equipos más eficientes.

100
4.4. Proyecciones
Se estableció que el consumo de leña ha aumentado en Chile. Actual-
mente se consumen 0,71 ton por habitante al año; cifra que supera 1,7
veces la registrada en 1975, y 1,3 veces la registrada en 1985. Por lo
tanto, el consumo ha aumentado durante los últimos 17 años a razón de
un 3,2% anual (INFOR, 1994).
El consumo de leña en el país es creciente. En 1990 se consumieron 5
millones de toneladas de leña con fines energéticos, con un incremento
del 193% respecto a 1970. En 1993 se consumieron 6 millones 900 mil.
El sector industrial y minero incrementó el consumo en un 287%, y el
sector comercial público y residencial en 164% (Serrano 1992a). De se-
guir este nivel de consumo se espera para el año 2.000 un consumo cer-
cano a los 7 millones de toneladas.

5. IMPACTOS AMBIENTALES POR EL CONSUMO DE LEÑA

5. l. Deterioro del bosque nativo


Cada año se extraen unas 5 millones 600 mil toneladas de leña desde bos-
ques nativos. Del volumen total explotado del bosque nativo (vale decir
unos 6.500.000) un 11 % es para usos tradicionales, un 12% para astillas y
un 77% para leña (opinión de la Corporación de la Madera). Según el Plan
de Acción Forestal - Chile (PAF-FAO como pers.), estas cifras estarían sub-
estimadas, siendo mucho mayor el consumo de leña, en particular el de
uso industrial. De hecho, la Corporación de la Madera pareciera sobresti-
mar el porcentaje de corta de bosque nativo dedicado a la leña. De todos
modos, el uso dendroenergético impacta fuertemente los bosques nativos,
especialmente del sur de Chile. Se puede afirmar que la leña es el princi-
pal destino actual del bosque nativo.
Este impacto sobre el bosque nativo es importante en la zona sur, ya que
desde la V a la VII región el consumo de leña se concentra en eucaliptos. Pero
los matorrales nativos son consumidos desde la IV a la VII región, especial-
mente en los sectores rurales (INFOR,1994).
En la provincia de Osomo el uso doméstico de leña alcanzó en 1986 los
11.322 m 3 , de los cuales el 53% proviene de bosques amenazados de la
cordillera de la costa (Sáez, 1988). El uso industrial llegó a los 82.617 m 3
(19% proveniente de la misma zona costera).
Si se considera que una há de bosque talado produce (en la X Región) en
promedio 750 m 3, Murúa et al., (1993) infirieron que para abastecer las necesi-
dades de leña de la ciudad de Valdivia (120.000 habitantes) se requieren unas
400 há de bosque cada año (véase en la Tabla 25 el consumo por tipo de madera
y estratos socioeconómicos). La leña más consumida en Valdivia es el ulmo
(47% de las preferencias). La leña blanca proviene del huelle (roble) y otras

101
especies que reúnen el otro 50% de 10 consumido (y que tienen menor precio).
En las encuestas aplicadas por Murúa et al. (1993), se revela que el 60% de las
personas no sabe de donde proviene la leña que compra e identifica dos tipos:
leña roja y leña blanca. En realidad en la leña roja, que supuestamente es sólo
ulmo, se comercializa tineo, olivillo y arrayán, mientras que en la blanca se
incluye roble, coihue, pitra y canelo, entre otras (véase la Tabla 25).
Desde el punto de vista conservacionista, ninguna especie consumida tiene
problemas. Sin embargo, el ulmo es un árbol que forma parte importante de los
bosques de olivillo y de los de coihue-ulmo. Ambas asociaciones boscosas pros-
peran en las cordilleras, entre 50 y 500 m de altitud. Muchos de estos bosques
han sido desarticulados y destruidos para obtener leña y madera, y en su lugar
hoy existen matorrales secundarios, praderas antropogénicas y plantaciones de
pino insigne (Ramírez et al., 1992). De esta manera, el ulmo estará destinado a la
extinción si se continúa con esta extracción selectiva. De paso, la desaparición del
ulmo pondría en peligro toda la actividad apícola de la X Región, ya que el ulmo
es el árbol melifero más importante de la zona (Hoffmann, 1982).

TABLA N'25
Consumo doméstico de leña en la ciudad de Valdivia (1992)

ESTRATO SOCIAL TIPO DE LEÑA (en ha) TOTAL


BLANCA UI.MO
Alto 5,5 18,2 23,7
Medio 130,0 96,6 226,6
Bajo 125,7 22,9 148,6
TOTAL 261,2 137,7 398,9

Si se tiene en cuenta que en la X Región existen cuatro ciudades con similar


número de habitantes que Valdivia, se puede estimar que el consumo anual
urbano y doméstico de leña es del orden del 1.200.000 m J . Si se agrega el
consumo rural, que se considera un 25% mayor que el urbano (1.500.000 m 3),
la cifra de consumo doméstíco total en la X Región se eleva a 2.700.000 m J
anuales. Finalmente sumado al consumo industrial (unos 2.500.000 m 3), tenemos
un consumo de 7.000 há anuales de bosque nativo, sólo en la X Región (Murúa
eta1.1993).

5.2. Deterioro del recurso suelo


En términos generales, las zonas con balance de leña negativo coinciden con
ecosistemas frágiles con tendencia a su deterioro. Esto genera un círculo vicioso,
ya que al impactarse negativamente el sistema, disminuye la leña accesible,
agravando aún más la disponibilidad de leña, afectando la calidad de vida de los
usuarios, los que comienzan a sobreexplotar el recurso, generando, en la mayo-
ría de los casos, procesos erosivos de importancia creciente.

102
Desde la región del Maule al norte existe un grave riesgo de degradación de
toda el área cubierta por el bosque esclerófilo y de matorrales. La creciente
presión por leña y carbón, con la consiguiente sobre explotación del recurso,
impedirá la regeneración de la vegetación favoreciendo la generación de proce-
sos erosivos y posteriores zonas de desertificación en la zona (De la Jara, 1987).

5.3. Derroche energético


La leña consumida en una simple fogata o cocina de tres piedras, tiene una
eficiencia de no más de un 5%. La eficiencia de los sistemas de combustión de
la leña (cocinas económicas, salamandras, etc.) es bajísima, con una pérdida de
hasta un 70% (Sáez, 1986). Según la Comisión de Energía (citado por De la
Jara, 1987), la eficiencia en las estufas llamadas salamandras es en promedio
25%. En la cocina a leña de cuatro platos la eficiencia es de un 40%, sin embar-
go si se excluye el calor de calefacción y se emplean sólo dos de los cuatro
platos disponibles la eficiencia baja a un 14%. Tablas 26 y 27

TABLAW 26
Eficiencia calórica en estufas del tipo salamandra

ABERTURA SALIDA CONTENIDO DE INGRESO EFICIENCIA


DE GASES (%) HUMEDAD [%) DE AIRE EN%
100 12 Libre 17
100 12 Forzado 37
50 12 Libre 14
50 12 Forzado 54

TABLAW 27
Eficiencia calórica en cocinas a leña
-----

TlRAJE (%) % ABERTURA EFICIENCIA [%) TOTAL


SALIDA GASES como calefacción como cocina

100 100 9 26 35
50 100 13 32 45
100 50 11 27 38
50 50 16 29 45

5.4. Deterioro de la calidad de vida de los habitantes rurales


En zonas con balance negativo de leña se produce un incremento en las horas
invertidas por la familia en recolectarla. Esto ya ocurre en diversas proporcio-
nes en muchos puntos del país. Se distraen horas laborales que repercuten en
los niveles de ingreso del núcleo familiar y, por otro lado, incrementan el núme-
ro de horas dedicadas a tareas pesadas, muchas veces absorbidas por niños y
adultos de la tercera edad.

103
1\

I s.s. Contaminación atmosférica


El consumo de leña genera contaminación por partículas, que en Santiago llega
a12%, aumentando al doble en los meses de invierno. En ciertas áreas represen-
ta el 15% de la emisión de material particulado respirable (véase la Tabla 28).

TABLA N'28
Emisiones de los principales contaminantes provenientes de la quema de leña (Sen su Intec, 1992)

EQUIPO PTS CO He no met NOX HAP Benzo


ton/ano ton/ano ton/ano ton/año kg/año kg/año
Calderas (pino) 162,0 1.836,0 162,0 54.0 389,7 333.0
Calderas (eucaliptus) 332,4 2.953,7 370,7 68,3 3.637,1 1.598,5
Hornos panado Continuo 166,0 1.510,5 129,6 32,0 1.271,6 558,9
Hornos panado Chileno 26,5 26,5 13,6 87,7 47,6
Otros Hornos 110.9 1.008,5 86,5 21,4 849,0 373,0
Otros equipos 35,8 170,6 65,7 7,1 264,7 37,2
Sub total eq. lndust 833,6 7.479,3 841,0 196,4 6.499,8 2.948,2
Estufa Doble Cámara 89,6 625,8 171,5 1S, 1 772,0 171,5
Salamandras 85,7 321,7 73,6 17,7 952,9 52,4
Chimeneas 310,9 3,4 37,5 1.667,1 449,5
Fogones 570,2 6,2 68,7 3.507,2 824,4
Braseros 238,2 2,6 28,7 1.277,2 344,4
Otros equipos 222,1 2,7 26,8 1.190,9 321,1
Subtotal eq. Resid. 1.516.7 947,5 260,0 194,5 9.367,3 2.163,3
TOTAL 2.350,3 8.426,8 1.101,0 390,9 15.867,1 5.111,5

PTS= Partículas totales en suspenóóo, CO= Monóxido de carbono, He no met.= Hidrocarburos no metálicos,
:"JOX= Oxidas de nitrógeno, HAP= Hidrocarburos aromáticos polinucleares, Benzo"" Hidrocarhuros tipo benzo

5.6. Contaminación a nivel doméstico


Los pobladores que utilizan leña en sus hogares a modo de quema abierta están
expuestos a humos y gases tóxicos. Cada kilo de leña consumida produce 2,4
gramos de partículas; 6,7 gramos de orgánicos condensables; 1,9 NOX (óxidos de
nitrógeno); 22 gramos de CO y 0,03 1 gramos de materia orgánica policíc1ica.

6. ALTERNATIVAS DE MITIGACI6N

El consumo de leña es inviable a los niveles actuales, por su baja sustentabilidad.


Esto no significa que su uso sea inapropiado. Por el contrario, es una muy buena
alternativa si se observan criterios de manejo racional insertos en una política
dendroenergética nacional.
Los objetivos de una política pueden ser a dos niveles: a) el primero destina-
do a resolver las necesidades de la población rural pobre con balance negativo de
leña, y b) el segundo a considerar la leña como alternativa energética a los hidro-
carburos, transformándola en mercaderia valorizada (véase De la Jara, 1987).

104
En este trabajo se proponen medidas operativas destinadas especialmente a
mitigar los impactos negativos del uso dendroenergético del bosque nativo. Es-
tas opciones, en cierta medida, ya han comenzado a implementarse y/o
explorarse, aunque en forma puntual y no masiva.

6.1. Manejo dendroenergético racional del bosque nativo


Para la extracción de leña no se cumple con las exigencias mínimas de preparar
un plan de manejo que garantice una explotación sostenida. Una política
dendroenergética debiera regular el uso general de los bosques para estos fines,
estableciendo normas claras y precisas.

6.2. Comercialización
La transformación de la leña de un producto de libre alcance a un bien econó-
mico, es uno de los grandes objetivos de una política dendroenergética. Para
esto de debe normalizar el peso y medida. En la zona centro sur y norte se
comercializa por peso o trozos, y en la zona sur por m 3 • Además, existe
desprotección del consumidor respecto al grado de humedad y origen de la
especie arbórea comercializada.
La comercialización se practica, casi siempre, en condiciones desventajosas para
el usuario. Así, se vende leña (zona centro sur) por peso; de este modo se vende leña
con más de un 45% de humedad, comprando el usuario 310 gramos de agua y 690
gramos de leña. El secado se puede efectuar con sencillas técnicas de apilamiento.

6.3. Aprovechamiento racional de desechos


Si se usaran los desechos forestales e industriales se podría aliviar la presión sobre
los bosques nativos. Estimaciones del Instituto Forestal indican que un 90°¡(, de
los desechos generados (5,2 millones de m 3) de la corta de rollizos para uso
industrial, y un 60% del millón de m 3 que queda como desecho del proceso de
aserrío, podrían sustituir un 40% del consumo anual de rollizo para leña en Chile.
De este modo, se podría rebajar en 5 millones de m 3 la corta de madera rolliza
para leña. Así se podrían salvar unas 27 mil há de bosques.

6.4. Restricción del consumo


A partir de febrero de 1992 comenzó a regir en Santiago una normativa que
prohíbe el ingreso y venta de leña en todas las comunas de Santiago con un
grado de humedad superior al 25%, y la exigencia que la leña dimensionada
para chimeneas y salamandras vaya sesgada en dos de sus caras.

6.5. Mejoramiento tecnológico de los equipos


Con circulación forzada, abertura reducida y leña seca a 12% de humedad, la
eficiencia aumenta en un 54% en estufas y a un 45% en cocinas. Se ha ido

105
restringiendo cada vez más e! uso de artefactos ineficientes alimentados con
leña, exigiendo el uso de artefactos con eficiencia de combustión sobre el 50%,
que posean control de aire y recirculación de gases, es decir, más de una cámara
para la combustión. Esta tecnología se conoce en Europa del Norte hace más de
medio siglo, pero hace muy poco tiempo que ha llegado a Chile.
Los más eficientes de estos aparatos tienen cámaras de combustión secundarias,
donde se queman e! hidrógeno y el monóxido de carbono liberados por la combus-
tión de la leña, con lo que se obtiene una disminución de la contaminación y un
aumento del valor total de la energía obtenida. En este tipo de equipos para mante-
ner calefaccionado un ambiente de 100 m 3 se requiere 1 kg de leña por hora.
Es claro que estufas de combustión lenta no son, por ahora, una opción para
los sectores rurales/urbanos pobres, porque e! equipo es de alto precio y requie-
re de leña seca y dimensionada. Sin embargo, se pueden desarrollar tecnologías
que se adapten no sólo a su hábitat, sino a sus niveles de ingreso y condicionantes
culturales (véase Serrano, 1992b).
A nivel industrial se pretende exigir e! uso de precipitado res ciclotrónicos
para retener las partículas.

6.6. Sustitución energética


El consumo de leña industrial debe terminar. A modo de ejemplo las industrias
y panaderías que usan leña deberán sustituir esta fuente de energía, ya que el
Decreto Supremo N° 4 (1992) indica que a partir de! 1 de enero de 1997,
como fuente grupal, tendrán que emitir una cantidad inferior a 56 miligramos
por metro cúbico de sólidos.
En los sectores rurales existen diversas alternativas, según la zona. En la
localidad de Villa Seca en la IV Región, el Instituto de Nutrición y Tecnología de
los Alimentos (rNTA) de la Universidad de Chile, en conjunto con una ONG, han
llevado adelante desde 1992 un programa de energía solar para sustituir la leña.
Decenas de cocinas parabólicas y hornos de! mismo tipo han demostrado la
viabilidad de esta iniciativa. Esta localidad estaba obligada a recorrer 5 a JO
kilómetros diarios para proveerse de leña. El tiempo libre generado ha mejora-
do la comunicación del pueblo y la propia autoestima, al emprender una solu-
ción comunitaria de un problema.
En la VII, IX Y X regíones, por otro lado, se ha comenzado a comercializar un
producto elaborado con desechos de los aserraderos: las briquetas. Este aserrín
compactado, gran parte del cual es aserrín de árboles exóticos (pino insigne y
eucaliptos), posee un alto poder calorífico y simultáneamente libera de aserrín a la
industria de la madera (considerado antes un desecho contaminante). Aun cuando el
precio actual es aún más alto que la leña, se espera que su popularización y aumento
de las empresas productoras de briquetas hagan bajar su precio. A nivel familiar esta
alternativa es atractiva, ya que se evita e! tener que disponer de una bodega para
almacenar la leña, ya que la briqueta puede comprarse en forma semanal o mensual,
según un calendario acordado entre e! consumidor y la comercializadora.

106
6.7. Plantaciones dendroenergéticas
Es importante desviar la presión extractiva sobre el bosque nativo, por esto el tema
de las plantaciones dendroenergéticas es de gran importancia. Por motivos
socioeconómicos y culturales no es posible prescindir, en el corto plazo, de la leña.
Pero sí del uso de las maderas nativas. En este sentido se puede actuar a dos niveles:
plantaciones dendroenergéticas a escala comercial ya escala familiar-rural.
Existen zonas de Chile como el Norte Chico y la Zona Central, donde la
leña representa el 95°,ÍJ de la energía disponible. En estas zonas la silvicultura
dendroenergética es de gran prioridad.
La silvicultura familiar, en el contexto del desarrollo forestal participativo,
cuenta con tres factores: suministro de combustible, alimento e ingresos (Arnold,
1991). En Chile los bosquetes familiares han tenido buena aceptación. En la 1
Región desde 1992 existe un proyecto de este estilo que involucra nueve co-
munidades agrícolas de la zona. En la IV Región la silvicultura familiar que
maneja un bosquete, se asocia con un horno y cocina de barro de diseño
dendroenergético eficiente, que ha dado buenos resultados (Torres, 1994). Estas
iniciativas disminuyen las horas de recolección y libera horas de trabajo para
otras actividades. Por otro lado, la silvicultura energética, con rotaciones cortas
de no más de 10 años, puede contribuir a la recuperación de suelos degradados
y a la protección o la producción de bienes adicionales, tales como cercos vivos,
madera para la agricultura, etc. (De la Jara, 1987).

6.8. Capacitación e investigación en dendroenergía


Para diseñar e implementar una política dendroenergética eficiente se requieren
profesionales capacitados en estos tópicos. De este modo, es de gran importancia
incluir estos temas en los flujos curriculares de carreras como Técnico Forestal y
Agrícola, Ingenieros Forestales y Agronomía. También son necesarios cursos de
adiestramiento intensivo y actualización para diversos profesionales, empleados y
operarios del sector silvoagropecuario, así como de agricultores y campesinos.

6.9. Programa de educación ambiental


La importancia de la dendroenergía y las consecuencias negativas de la
deforestación no son sentidas por la comunidad como prioritarias, a menos que
la degradación sea tal que se haya alcanzado una gravedad, muchas veces irre-
versible (véase FAO, 1987; Murúa et al., 1993). De este modo, un programa de
educación ambiental amplio, que abarque a los actores claves en las comunida-
des (profesores rurales, organizaciones campesinas, asociaciones de agriculto-
res, organizaciones ciudadanas, etc.), será vital para asegurar el éxito de una
política dendroenergética. Por otro lado, contribuye a incorporar elementos de
cultura forestal que contribuye al asentamiento de una ética ambiental.

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