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2.

Aportaciones desde los modelos teóricos al estudio de la etiología de los trastornos


mentales
2.1. Aportaciones desde los modelos biologicistas

En las ciencias de la salud y, más concretamente, en el estudio de la etiología de los

trastornos, se tiende a establecer una taxonomía que, aceptada en mayor grado, desde las

diferentes perspectivas teóricas, sí que se hace en la inmensa mayoría de manuales de

Psicopatología.

Esta distinción se hace entre los factores biológicos, también denominados en

algunos textos bases biológicas, y los factores psicosociales, tanto individuales como

sociales.

Con un estado de ánimo optimista, más basado en un deseo de lograr delimitar “la

causa” de los trastornos mentales que en la evidencia científica, los factores biológicos

también se denominan causales, en tanto que los factores psicosociales son denominados

motivos.

Obviamente, entre los efectos psicosociales hay que tener en cuenta los relativos a

variables individuales o ambientales. Eso, si consideramos que muchas de las variables

individuales se relacionan necesariamente con aspectos “somáticos” (genética, procesos

fisiológicos, etc.), establece un encabalgamiento difícilmente eludible entre los factores

biológicos y los psicosociales.

El modelo bologista ha realizado importantes aportaciones al estudio de la etiología

de los trastornos psicopatológicos desde distintas áreas de estudio. Entre las mas destacadas

tenemos las siguientes:


Ciencia Objetivos Hallazgos
Genética Estudiar la Hallazgos El desarrollo de los trabajos sobre el
trasmisión de los genoma humano abre la puerta a hallazgos
rasgos hereditarios potenciales relacionados con la etiopatogenia. Los
hallazgos realizados hasta la fecha se han basado,
en gran parte, en el estudio de predisposiciones
hereditarias para diferentes tipos de trastornos.
Neurofisiología y El objetivo de la Entre las aportaciones más relevantes estaría la
neuroanatomía neurofisiología y de configuración del “mapa cerebral”, con las
la neuroanatomía es implicaciones que para la localización de los
el estudio de la trastornos psicopatológicos éste puede tener.
organización y Algunas de las localizaciones más características
funcionamiento son las siguientes: Hipotálamo como regulador de
cerebral. las emociones y su expresión. Sistema límbico
implicado en la memoria, afectos y motivación,
así como en la conciencia de las emociones.
Sistema reticular ascendente como modulador de
la actividad cortical (sueño-vigilia). Lóbulo
prefontal como modulador de funciones
superiores.
Neuroquímica Su objetivo es el Entre las aportaciones más notables a la
estudio del etiopatogenia, estarían los diferentes trabajos
funcionamiento sobre los efectos de una mayor o menor presencia
químico cerebral. y actividad de determinados neurotransmisores en
trastornos como la esquizofrenia o la depresión.
Psicofarmacologí Objetivo basado en Estudiando el efecto de determinados
a el estudio de la medicamentos, se han postulado algunas
acción “causas”. Así, por ejemplo, si un medicamento
farmacológica de los inhibe la absorción de serotonina y eso mejora la
fármacos depresión, se puede considerar que unos niveles
psicótropos. bajos de serotonina en el espacio sináptico son un
factor determinante de la depresión.
Anatomía Tiene como objetivo Aunque se han hecho muchos estudios en
patológica el estudio de cerebros de enfermos mentales, no parecen
lesiones haberse obtenido resultados concluyentes.
microscópicas y
macroscópicas
Neuropsicología Trata de establecer El estudio de las alteraciones a diferentes niveles
las relaciones entre y de distinta naturaleza de los procesos
los procesos psicológicos básicos puede ayudar a “localizar”
psicológicos básicos las áreas del cerebro que pueden relacionarse con
y las diferentes áreas determinados trastornos (tiene un papel muy
del cerebro importante la labor de los neuropsicólogos, tanto
implicadas en un ámbito de evaluación como de
intervención).
Sin duda, el modelo biologista ha hecho importantes contribuciones al estudio de la

etiología de diferentes trastornos mentales. Es posible que en la era del genoma humano

estos resultados puedan llegar a ser más concluyentes de lo que son ahora. Pero también es

cierto que hay pocos biologicistas que lleguen al reduccionismo de pensar que desde ese

modelo se pueden identificar todos los factores que influyen en la enfermedad mental.

De ese modo, hay que considerar que la etiología de los trastornos psicopatológicos

tiene una base exclusivamente orgánica chocaría frontalmente con la realidad del hecho de

que aún se ignoran las causas biológicas de todos ellos (a excepción de los trastornos

exógenos).

Otro aspecto que refutaría la idea de una base estrictamente biológica sería la propia

realidad clínica, en la que muchas veces el profesional “ve” la asociación entre la presencia

o exacerbación de un trastorno y una determinada situación ambiental.

Por ejemplo, es muy habitual que entre pacientes esquizofrénicos se produzcan

descompensaciones ante situaciones de crisis en sus entornos inmediatos: muertes,

separaciones, problemas legales, etc. Pero también hay que tener en cuenta el efecto que

sobre el estado del paciente puede tener el hecho de que ante situaciones como las

mencionadas deje de tomar la medicación como fruto de la desestructuración de su entorno

más cercano.

 En etiología de los trastornos mentales se tiende a separar los factores

biológicos de los psicosociales.


 Desde el modelo biologicista se han hecho importantes aportaciones al

estudio de la etiología, básicamente de trastornos como la esquizofrenia y la

depresión.

 El modelo biologicista no puede explicar por sí mismo “por qué” se produce

el trastorno mental.
2.3. Aportaciones desde los modelos cognitivoconductuales

Al hablar de la etiología de los trastornos mentales desde la perspectiva

cognitivoconductual, tenemos serias limitaciones por la propia naturaleza del modelo.

No hay un modelo cognitivoconductual único para explicar la etiopatogenia de los

trastornos mentales.

Si nos centramos exclusivamente en el modelo conductual, ya no podemos

establecer una mala relación entre los estímulos del ambiente y las respuestas del sujeto.

Así, y a diferencia del psicoanálisis, la Psicopatología se describiría más dependiente de

respuestas inadecuadas ante el ambiente que ligadas a conflictos internos.

No obstante, desde sus orígenes, el modelo conductista ha ido evolucionando y hoy

día los modelos cognitivoconductuales ofrecen hipótesis razonadas y razonables, de modo

que hay gran cantidad de terapeutas que trabajan siguiendo los presupuestos del modelo

cognitivoconductual.

En relación con la etiopatogenia de los diferentes cuadros, los modelos

cognitivoconductuales se basan en una serie de premisas (A. Bados, 2000).

Los factores orgánicos y genéticos no son ignorados, sino previstos como

limitaciones estructurales sobre las que operan los factores de aprendizaje. Estos últimos,

por diferentes mecanismos de refuerzo, inciden sobre la conducta.

Se infiere que la mayor parte de conductas consideradas inadecuadas (y que según

su frecuencia, intensidad y duración pueden constituir un trastorno psicopatológico) se

adquieren, se mantienen y cambian según los mismos principios de las conductas


adecuadas. Es decir, ambas conductas se inscriben en la historia del aprendizaje de cada

persona, incluyendo los condicionamientos clásicos y operantes, el modelaje, la transmisión

de información y los procesos cognitivos implicados en ellos.

Pese a lo que acabamos de decir, desde los modelos conductuales se postula que no

todas las conductas consideradas patológicas y que pueden formar parte de trastornos

psicóticos, autistas, maniacodepresivos, etc., son fruto del aprendizaje. En esos casos, el

modelo conductual considera que el modelo no puede ofrecer ni una explicación ni un

paradigma de intervención suficiente.

Este reconocimiento de incapacidad para tratar determinados tipos de cuadros sobre

los que se apunta que pueden tener unos importantes correlatos biológicos es un aspecto

muy positivo, ya que tan importante es que un modelo pueda explicar la etiología, en este

caso, de determinados trastornos, como que sepa reconocer su incapacidad para explicar su

etiología. Respecto a los trastornos como los mencionados, cuando ya se ha reducido su

sintomatología más aguda, el modelo cognitivo-conductual tiene una gran utilidad

terapéutica.

Imaginemos un joven en un centro por un brote psicótico. El joven presenta

alucinaciones auditivas, se muestra aislado e inhibido y reacciona de forma desairada ante

cualquier tipo e intento de aproximación por parte del personal del centro. En un primer

momento, la administración de neurolépticos está indicada para reducir su agitación. Puede

ser que en pocos días el joven se pueda mostrar colaborador ante un programa de

intervención para mejorar sus habilidades sociales y dotarlo de más autonomía y seguridad

en sus relaciones personales (posiblemente contribuyamos a prevenir recaídas).


Pese a lo que hemos apuntado hasta ahora sobre las limitaciones que el modelo

cognitivoconductual parece tener para establecer, desde su teoría, la etiología de los

trastornos mentales, hay una teoría de la personalidad desarrollada

desde 1957 por Albert Ellis que ofrece un modelo completo para explicar la aparición de

Psicopatología.

Para trabajar la contribución a la etiopatogenia desde los modelos

cognitivoconductuales, nos basaremos en una de las teorías más elaboradas desde este

modelo. Nos referimos a la teoría racional emotiva de Ellis, también denominada teoría

ABC.

2.3.1. Teoría de la Psicopatología desde el modelo racional de Albert Ellis

Albert Ellis nació en 1913. Pese a haberse iniciado en el estudio del psicoanálisis,

encaminó gradualmente sus pasos hacia la creación de una teoría de la personalidad que,

pese a su aparente simplicidad, ha tenido y tiene un gran impacto tanto en el ámbito de

investigación como en el del trabajo aplicado.

Su teoría se denomina habitualmente teoría ABC , donde A serían los

acontecimientos activadores, B las creencias y pensamientos del individuo y C las

consecuencias de éstos en la realidad inmediata.

De la inadecuación del conjunto de creencias (B) es de donde proviene la mayoría

de los problemas mentales, y por ello Ellis, durante el trabajo terapéutico, enfrentaba al

cliente con estas distorsiones, con sus pensamientos irracionales sobre él y su entorno.
Fijémonos en que, en la mayor parte de los modelos, se parte del supuesto de que

son los acontecimientos externos lo que, de forma más o menos directa, pueden incidir en

la aparición o mantenimiento de un trastorno. Es decir, las consecuencias están

directamente relacionadas con los “estímulos” y con las variables ambientales.

En el caso de la teoría de Ellis, la interpretación que hacemos de los

acontecimientos es la variable que puede contribuir a provocar un trastorno. En el caso de

la teoría de Ellis, el modelo clásico del conductismo E-R se ve transformado en E-O-R, en

el que la variable “organismo”, interpretada por Ellis como las creencias (la B de su

modelo), juega un papel muy importante y, en algunos casos, definitivo en la presencia o no

del trastorno.

Así, según el conjunto de creencias, moduladas éstas durante la historia vital de

aprendizajes, una persona puede vivir un acontecimiento determinado (A) de forma muy

diferente a las demás personas de su entorno. Como vive e interpreta el acontecimiento de

manera diferente, también su respuesta (C) será diferente.

De este modo, para Ellis el modelo ABC puede explicar gran parte de los problemas

psicopatológicos, partiendo del hecho de que determinadas personas tienen un sistema de

creencias poco adecuadas para enfrentarse a acontecimientos de la vida cotidiana. Estas

personas ofrecerían respuestas inadecuadas que, si se repitiesen con la suficiente

frecuencia, intensidad y duración, pueden ser consideradas un trastorno.

Pero ¿cuáles son las creencias irracionales que “filtrando” la percepción del

acontecimiento (A) pueden influir en la acción o en la consecuencia de ésta para el sujeto?


Ellis considera que, entre los pensamientos irracionales más comunes, están los

siguientes:

 La confusión entre deseos y necesidades. Determinadas personas tienden a hacer

una necesidad de lo que en su origen es un deseo. La no satisfacción de un deseo es

asumible, pero la no satisfacción de una “necesidad” se puede vivir con mucha

ansiedad.

 La creencia de que no podemos “soportar” determinados aspectos de la vida,

cuando en realidad la mayor parte de las situaciones de la vida no son “soportables”

o “insoportables” por sí mismas, sino por nuestra actitud ante ellas.

 Que hemos de ser queridos y respetados por todas las personas con las que

convivimos o trabajamos.

 Que la felicidad o no de las personas viene determinada “desde fuera” y que

nosotros no tenemos capacidad de modificar las situaciones que nos hacen felices o

infelices.

 Que es terrible cuando las cosas no suceden como deseamos.

 Que nuestra valía como persona viene determinada por nuestros éxitos o fracasos, o

por rasgos como la inteligencia, el atractivo físico o la capacidad para los negocios.

Las creencias irracionales que van asociadas a actitudes disfuncionales tienen una

serie de elementos en común. Las más relevantes son:

 Rigidez e inflexibilidad, con formulaciones como “tendría que...” o “he de...”.

 Absolutistas, rotundas y excluyentes, con formulaciones como “es imprescindible

que...”, “si no lo logro ahora, jamás seré...”, etc.


Obviamente, todos sabemos que, en determinadas situaciones críticas de la vida,

puede ser adecuado mantenerse en un estado de tensión elevado, como elemento motivador

para alcanzar un objetivo (conseguir una meta, perseverar en el esfuerzo, lograr un título,

etc.). Ahora bien, el problema surge cuando las creencias irracionales se generalizan en

diversas facetas y aspectos de la vida, y se acaba jugando una “final” cada día. Como se

diría en argot deportivo, “el desgaste acaba pasando factura”.

Una situación patológica o, al menos, que puede predisponer a sufrir un trastorno

mental, se daría con el siguiente proceso:

Un acontecimiento A, una vez “filtrado” y elaborado según las creencias irracionales de

una persona, da lugar a una consecuencia negativa.

 A su vez, esta consecuencia negativa actúa como acontecimiento (A) que, a la vez,

se vuelve a “filtrar”, dando lugar a una consecuencia negativa acaso de orden

mayor.

 El proceso seguiría hasta que se cortase la retroalimentación en el trabajo

terapéutico.

Una de las aportaciones en la etiología más optimistas es, precisamente, la de Ellis.

Así, a diferencia de lo que sucede en modelos como el biológico y el psicoanalítico, en el

caso del modelo cognitivo-conductual la persona puede “modular” su respuesta, hacer un

esfuerzo consciente para neutralizar las creencias e ideas irracionales y enfrentarse a la vida

de otro modo. En el caso de los modelos psicoanalíticos y biológicos, la persona tiene

menos capacidad de influir sobre su entorno, ya que internamente está predispuesta (sea por

su dotación genética o por sus primeros años de vida) a sufrir o no un trastorno.


Enfoque cognitivo-conductual

Este enfoque, conocido también como modificación de conducta cognitiva, viene

ejemplificado por las investigaciones publicadas en la revista Cognitive Therapy and

Research y engloba, en realidad, diferentes posiciones entre las que se cuentan las de Beck,

Ellis y Meichenbaum.

Las distintas posiciones comparten los siguientes supuestos básicos:

– Énfasis del papel de las cogniciones en la explicación del comportamiento

humano. Dentro de las cogniciones pueden considerarse los productos (pensamientos,

imágenes), los procesos (atención, percepción, interpretación, retención, recuperación,

inferencia, razonamiento, generalización) y las estructuras cognitivas (creencias, valores).

– Se considera que no son los acontecimientos per se los responsables de la

conducta y las emociones, sino las expectativas e interpretaciones de dichos

acontecimientos y las creencias relacionadas con los mismos.

– La tarea del terapeuta es la de evaluar los fenómenos cognitivos

desadaptativos y después organizar experiencias de aprendizaje que alteren

las cogniciones y los patrones afectivos y conductuales con los que estas

correlacionan.

– Finalmente, se emplean también los procedimientos ligados a los otros

enfoques conductuales con la finalidad de conseguir un cambio cognitivo y

conductual.
Meichenbaum y Cameron (1982) han observado que las diferencias entre las

distintas posiciones son al menos tan acusadas como las similitudes. Así, afirman que hay

diferencias en :

 los fundamentos teóricos,

 los aspectos cognitivos enfatizados,

 los procedimientos de intervención propuestos,

 la justificación del tratamiento ofrecida a los clientes,

 el estilo de intervención, y

 el énfasis puesto en el empleo de técnicas conductuales.

Volviendo a las similitudes, el enfoque cognitivo-conductual subraya la importancia

de los factores cognitivos en el desarrollo, mantenimiento y modificación de la conducta.

Percepciones, interpretaciones, expectativas, atribuciones, imágenes, autodeclaraciones,

creencias, supuestos implícitos sobre el mundo, estrategias cognitivas de resolución de

problemas, etc. son considerados los mediadores básicos de los problemas del cliente y los

determinantes del cambio terapéutico.

Los factores cognitivos no son directamente observables, pero la metodología

científica de este enfoque exige que estén ligados a eventos públicamente observables

(antecedentes y consecuentes) y que estén definidos de una manera precisa para poder ser

sometidos a prueba sin ambigüedades.

En cuanto a los procedimientos cognitivo-conductuales específicos pueden

considerarse los siguientes: entrenamiento auto instruccional, reestructuración cognitiva

(verbal y mediante experimentos conductuales), resolución de problemas.”


A. Bados. “Esquema de los presupuestos generales de la perspectiva cognitivo-

conductual”

 No hay un único modelo cognitivoconductual que explique la etiología de

los trastornos mentales.

 Una de las teorías cognitivas con mayor implantación, y que ofrece una

aproximación a la etiología de los trastornos, es la de A. Ellis.

 La retroalimentación entre acontecimientos y consecuencias negativas

interpretadas ante creencias irracionales (B) puede originar la aparición de

trastornos.

2.4. Aportaciones desde el modelo sistémico

Según Feixas y Miró (1993), una de las características más relevantes de los

modelos sistémicos es el hincapié que hacen en la importancia del papel de los

sistemas sociales e interpersonales. Así, la comprensión de la conducta de un

miembro de un sistema de relación determinado, como puede ser la familia, no está

completa si no se tienen en cuenta todos los vínculos y relaciones que éste mantiene

con todos y cada uno de los miembros del grupo, por separado y con el grupo total.

Para Feixas y Miró (1993), un sistema es “un conjunto de elementos dinámicamente

estructurados, cuya totalidad genera unas propiedades que, en parte, son

independientes de las que tienen sus elementos por separado”. 2.4.1. Características

de los modelos sistémicos Un sistema, por ejemplo, el familiar, tiene una serie de

propiedades que, según su naturaleza, pueden estar en la base del inicio o del

mantenimiento de diferentes tipos de trastorno. 279