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Computación cuántica: así funciona lo que

probablemente sea el futuro de la tecnología

Aplicativos futuros

La primera pregunta que se nos debería ocurrir cuando hablemos de


computación cuántica es: ¿por qué? ¿Qué clase de pensamientos
malvados tenían en la cabeza los pioneros de este campo? ¿No les
bastaba con la informática tradicional.

Pues lo cierto es que no. A los físicos no les bastaba. Uno de los
primeros "momentos de lucidez" es la charla de Richard Feynman en
1982, en la que explicaba cómo era imposible simular sistemas cuánticos
en ordenadores tradicionales.

La razón es que estos sistemas son muy complejos. Y no complejos por


la teoría que tienen detrás (que también) sino por el número de estados
posibles que pueden tener.

Ejemplo:

Supongamos que queramos simular el movimiento de las bolas en una


mesa de billar en un ordenador. Para cada bola, tenemos que guardar
dos cantidades: cuánto se mueve a lo largo y cuánto a lo ancho. Dos
números por cada "elemento del sistema".

Frase:

Hay tantos estados posibles en un sistema cuántico que es


impracticable simularlos con un ordenador tradicional.
Necesitamos más.
Ahora bien, ¿qué pasa si nuestras bolas de billar son "bolas cuánticas"
(sea lo que sea eso)? Si sólo tenemos una es fácil: tenemos que guardar
cuánto se mueve a lo largo y cuánto a lo ancho. La cosa se complica si
tenemos dos bolas. Para la primera, tenemos que guardar cuánto se
mueve en esas dos direcciones, pero además cuánto se mueve a lo largo
y a lo ancho con respecto a la segunda bola(luego veremos por qué).
Cuatro medidas. Si añadimos una bola más al sistema, necesitaremos
saber las dos direcciones con respecto a la tercera bola, y además
cuánto se mueve a lo larcho y ancho con respecto al movimiento conjunto
de la segunda y tercera bola. Un lío.

Por suerte, ese lío está matemáticamente bien definido. Es un lío


exponencial. Si tenemos n bolas, necesitaremos 2nmedidas por cada una.
Y esto tiene consecuencias importantes.

Si tenemos nuestra mesa de billar normal con 2.000 bolas y añadimos


una más, necesitaremos guardar dos medidas más. Con nuestra mesa de
billar cuántica, si tenemos 2.000 bolas y añadimos una más,
necesitamos el doble de medidas. Si en la mesa clásica nos quedamos
sin capacidad, nos ponemos el gorro de fabricante de móvil y ponemos
una CPU más y otro GB de RAM (por ejemplo) y listos. Si en la mesa
cuántica nos quedamos sin capacidad para simular, tenemos que doblar
nuestra capacidad de proceso. Ya podéis imaginaros que, en la práctica,
es irrealizable hacer simulaciones cuánticas con un número grande de
partículas en un ordenador clásico.