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LOS ORÍGENES DEL HOMBRE LOBO

por Ignasi Julliasch

La figura del hombre lobo parece conectar con lo más profundo


de los miedos humanos más atávicos y primigenios. Éstos surgen de
lo más hondo del hombre: ese lado acaso oscuro, enteramente psí-
quico, que no controla, y que justamente por ello le llena de pavor.
¿Qué miedo atenaza más que la sospecha cierta de que no se es (al
menos únicamente) lo que se cree ser cuando la luz del día está alta?
¿Cómo llevar la sospecha acuciante de que el mundo diurno, el
mundo consciente, puede que no sea más que un engaño tranquili-
zador que la mente humana genera para evitar el caos y la locura en
el gobierno de la persona? Resultará que ese pasillo oscuro al final
del cual hay una inquietante luz, cuyo recorrido puede estar saturado
de sorpresas y amenazas desagradables, antes que en el mundo ex-
terior se alberga ya en el oculto cerebro primario, el del reptil, lla-
mado a la autoconservación instintiva. El hombre encierra misterios
arcanos y, cuando menos, la sospecha de una dualidad, si no más ABAJO.
Representación de
psiques, que embarga su dimensión consciente. Antes de que la pá- un Chamán indio.
tina de civilización le emba-
durnara, antes de que
prestara a la dicha ciencia, y
al poder razonador una con-
fianza puede que excesiva,
antes de sumirse en un
mundo racional en el que
parece que hay respuesta
casi para todo, el hombre
hallaba solaz en la necesidad
de tener comunión con una
naturaleza frecuentemente
hostil, que quizá por ello la
sentía inmensamente supe-

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rior, una entidad divina y llena de misterios
que no comprendía, comenzando por sí
mismo. Dimensiones que etiquetamos como
propias del animismo o chamanismo, lleva-
ban a la identificación del alma humana con
la de animales, plantas, montañas, y hasta pa-
labras mágicas en planos a un tiempo físicos
y preternaturales: el primero con su preten-
sión de un cosmos enteramente vivo, donde
incluso la roca y el rayo tienen alma, la idea
de una fusión entera con el mundo que nos
envuelve, donde la ósmosis espiritual es ab-
soluta; el segundo adentrado en el más allá,
en el universo de los espíritus. En este te-
rreno, deben considerarse temas como las re-
encarnaciones y las migraciones de almas.
ARRIBA. En el hábitat europeo, con parámetros extendidos de norte a sur
Robert Louis
Stevenson en 1885. y de este a oeste, el lobo era una de las alimañas más abundantes,
ABAJO.
una criatura infernal que condicionaba y atemorizaba al hombre por
Diferentes cartes su conducta atroz cuando se movía en manadas. La poderosa cria-
de las adaptaciones
de Dr. Jekyll and tura acababa formando parte de creencias animistas y chamanísticas,
Mr. Hyde. y pasaba de leyenda a mito, a lo religioso, que ponía orden superior
a lo sentido como combate entre el bien y el mal. Cualquier des-
gracia que ocurriera en humanos o en sus rebaños, que connotara
agresividad y muerte acababa siendo atribuida a un animal de tal
fama o, andado el tiempo, a un humano que por alguna causa había

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dejado salir la bestia que llevaba en su inte-
rior y que, por ser el lobo la presencia del mal
más físicamente omnipresente, era fácil que
se le atribuyera su forma. Una bestia incapaz
de dominar las riendas de esos caballos des-
bocados arrastrando la cuádriga con que los
planóticos del Renacimiento representaban
la alegoría del gobierno de la mente, siendo
cada humano el auriga afectado. A nadie es-
capa que El Doctor Jekyll y Mr. Hyde es una
historia de hombre lobo inconfesa. Robert
Louis Stevenson tenía gran obsesión por la
dualidad humana, y su cuento se asemeja de-
masiado a infinitas narraciones anteriores y
posteriores con hombres lobos, una criatura
que con frecuencia surge de un humano que
no desea tal transformación, pero así sucede, con gran sufrimiento, ARRIBA.
Boris Karloff como
para luego, con frecuencia, padecer el azote de remordimientos, Mr. Hyde en Abbott
pena, culpabilidad y atroces depresiones. El bien y el mal, una ne- and Costello meet
Dr. Jekyll and Mr.
cesidad tan antigua como el hombre, manteniendo un combate Hyde.
eterno, desgarrador, en cada individuo. Naturalmente, esta tensión
que remite a los actos humanos, y en defini-
tiva a la esfera ética y moral, no fue desapro-
vechada por la iglesia cristiana, luego católica
y protestante, con lo que la presencia del
hombre lobo, inevitablemente conectado a
los ámbitos de la brujería, las maldiciones, las
posesiones infernales, lo demoníaco, el espi-
ritismo y tantas otros terrenos abonados por
la superstición, de la que su propio mito y le-
yenda forman parte, también halló cabida en
el campo del dogma religioso, alimentando y
dando razón de ser a la temida Inquisición. Y
así, paralelo a la quema de brujas, a algunas
de las cuales, por cierto, también se le atri-
buían transformaciones licantrópicas, el me-
dioevo alberga igualmente episodios de
hogueras con hombres creídos licántropos.
En el estudio de esos casos, desde nuestra
mente moderna, abruma la sospecha de cau-

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sas clínicas, la presencia del distinto,
que sociedades nada tolerantes des-
pachaba expeditivamente mediante el
máximo castigo, sin mayores matices
a considerar. Sin embargo, en un
plano más mítico y legendario, no
cabe duda de que las componentes de
maldición, y de sufrimiento padecido
por el afectado ante la perplejidad por
unos actos que la racionalidad no
acepta, son elementos dramática-
mente más fascinantes: el combate
entre la pulsión y la razón, la condi-
ción animal superando el ser racional
apunta al temor humano por la pér-
dida de la cordura y el dejar de ser, en
último extremo, un combate entre lo
atávico y lo civilizado, entre el reptil y
el escalón más evolucionado.
Así pues, un tema como el del
hombre lobo puede abordarse tanto
desde un plano racional que intenta
Representación de dar explicaciones lógicas, con enfoques más científicos en campos
la transformación de
Licaón.
como la antropología (lo folclórico, social, cultural), la historia (los
innumerables casos documentados a lo largo del tiempo), la medi-
cina (porfiria, rabia, hipertricosis, ergotismo), la psicología y la psi-
quiatría (serial killers, licantropía clínica), como de otro más
irracional (religión, mitología, leyendas, brujería), especulativo y li-
terario, donde la bruma señorea y no facilita una percepción diáfana
limitada al territorio de lo real y contrastado.
Ni uno ni otro extremos permiten afirman que sea sencillo y con-
cluyente el estudio de un tema como el hombre lobo, que así deviene
territorio abonado para la ficción (leyendas, literatura y cine), para
mayor goce de los proclives al ensueño, una necesidad irracional de
una buena parte de la condición humana, o más bien debiéramos con-
siderarla una condición mental de la misma.
En Europa, durante los tiempos oscuros de la Edad media, y par-
ticularmente en el entorno francés, a priori más moderno, de los si-
glos XV y XVI y XVII (un país que con su progresivo autoritarismo no
obstante pretendía, o apuntaba, hacia una sociedad de mayores

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luces), los casos de licantropía fueron
numerosos, y sus juicios, profusamente
documentados, sin embargo, la creen-
cia en el fenómeno del hombre tornado
animal es universal y tan viejo como el
ser humano. En Europa fue mayorita-
riamente el lobo o el oso por ser ani-
males muy peligrosos, con una
presencia vertiginosamente mayor que
la actual en un contexto muchísimo
más rural; no obstante, abundancia y
peligrosidad fueron extremos aplica-
bles, por cuanto toca al estudio de otros
teriomorfos o zoomorfos (los cambian-
tes de hombre a cualquier animal), al
tigre en la India, China, Japón y ciertas
partes de Asia meridional, al león, la
hiena y el leopardo en África, al jaguar
y el puma en Latinoamérica, o al oso en
Europa septentrional y Asia, entre otros animales y latitudes. ARRIBA.
Cubierta de Book of
Es interesante aportar la conclusión de Sabine Baring —autor the Werewolves
que ya en el siglo XIX adopta una postura racional y científica para
ABAJO.
explicar la licantropía partiendo de las leyendas y de los casos regis- Los Berserkers
escandinavos.
trados, aunque es evidente su deleite ante las historias que narra,
en su apreciable obra de 1865, The Book of the Werewolves. Tras su
estudio, en el ámbito escandinavo, de
los berserkers (los guerreros de Odín –
dios que en ocasiones adopta la forma
de lobo—), quienes entraban en com-
bate en estado de trance, y cuyas proe-
zas y crímenes recogen las célebres
sagas vikingas, considera que la litera-
tura de los norsemen se muestra diá-
fana en lo referente a sus
supersticiones, por comparación a la
mitología medieval, que le parece un
«río turbio», una mezcla de primigenias
tradiciones, principalmente de celtas,
teutones, escandinavos, italianos y ára-
bes. Esos berserkers entraban en com-

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bate igual que los célebres ghurkas nepa-
líes, poseídos por el demonio, en trance,
indiferentes al dolor, con una fiereza,
fuerza y habilidad demoledoras. Por en-
cima de la cota de mallas, al parecer, lle-
vaban el serkr, una piel de lobo (los
berserkers ulfheonir) o de oso que creían
les proporcionaba la fuerza y habilidades
del animal. En antiguo nórdico, oso era
ber, aunque hay quien cree que en berser-
ker la primera sílaba era por berr, que que-
ría decir desnudo, lo que ha hecho
sospechar que algunos quizá demostraban
su fiereza al combatir con el torso sin cu-
brir, teoría que no le conviene a Baring.
Sea como sea, los berserkers no sólo ate-
morizaban al enemigo, sino a la población
autóctona, de la que abusaban en todos los
sentidos, cometiendo asesinatos en algu-
nas ocasiones. Que se les viera como bes-
tias y no como humanos no debe, pues,
ARRIBA Y ABAJO. extrañar, pues para cometer sus atrocidades parece eran capaces de
Tyr alimenta al lobo
Fenrir. entrar en trance a voluntad, acaso con ayuda de brebajes alucinóge-
nos (se comenta que en ellos se introducían ciertos hongos como el

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matamoscas o el cornezuelo,
usado para el LSD en nuestros
tiempos). Para Baring, parece
probado que entre los escandi-
navos existía una forma de po-
sesión, bajo la cual se cometía lo
peor. Esa locura comprobada (el
autor informa que en la Edad
Media, en Francia, Alemania e
Inglaterra, se dan episodios pa-
recidos a la conducta de los ber-
serkers), no rebatido, a entender
suyo, por ningún corpus supers-
ticioso sino que éste aun lo re-
fuerza, hacía de las personas bajo
su influencia creerse animales y
actuar como ellos. Había zonas
en que se temía más a los ber-
serkers que a las mismísimas
manadas de lobos. Las leyendas
nórdicas sobre hombres lobo que
se derivaron y las procedentes de sus deidades, quienes frecuente- Representación del
mito de Fenrir en un
mente adoptaban en sus apariciones la figura del lobo o del oso, con manuscrito
el tiempo alcanzaron predicamento en los Balcanes. medieval.

En tiempos recientes, ha ganado preeminencia la hipótesis de


que acaso en siglos pasados se daban casos de intoxicación colectiva
por hongos que crecían al lado del centeno (el cornezuelo), lo que
podía provocar episodios tanto de gente creyéndose lobo, como de
grupos convencidos de haber visto a un licántropo de enormes pro-
porciones y fiereza, para denunciarlo a posteriori. Sin embargo, no
explicaría los teriántropos o zoántropos (aquellos que creen ser algún
tipo de animal) en regiones sin hongos alucinógenos. Asimismo, tam-
bién se ha pretendido dar explicación del comportamiento bestial
de una persona por padecer la rabia, y aún la extraña enfermedad de
la hipertricosis, con la que los afectados tienen todo el cuerpo cu-
bierto de pelo. Del mismo modo, se ha pretendido explicar al hom-
bre lobo por cierta clase de porfiria, que causaba anemia, rechazo a
la luz, desorden mental, oscurecimiento de la piel y crecimiento de
vello en la misma, además de deformaciones corporales. Tal fue el
parecer del Dr. Lee Illis en 1963.

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Hay quien prefiere diferenciar terminoló-
gicamente entre el hombre lobo de mitos y
leyendas propiamente dicho (que para los
animales en su conjunto reciben el nombre
de teriomorfos o zoomorfos), y el licántropo,
palabra para ellos asociada a la licantropía clí-
nica propiamente (teriántropos o zoántropos
para la terminología general), es decir aque-
llas personas que sufren un trastorno mental
que les convence de transformarse en lobo.
Finalmente, también está la teoría del asesino
en serie: según ésta, los asesinatos cometidos
por un hombre lobo en realidad hubieran sido
cometidos por algún perturbado homicida.
Baring habla de ello, y acaso se refuerza la
idea modernamente con la acción de unos se-
rial killers que incluyen en sus prácticas ca-
nibalismo, mutilación, y ataques por rachas.
El antropólogo Robert Eisler, en su obra Man into Wolf (1948),
reparó en que muchos nombres indoeuropeos de origen tribal y al-
gunos apellidos modernos de Europa venían a significar lobo u hom-
bre lobo, lo que atribuye al paso desde la
simple recolección silvestre a la caza, que se
efectuó de modo consciente pero con cierto
trastorno emocional que permanece en el sub-
consciente y que halló salida en las supersti-
ciones medievales en torno al licántropo.
En la Antigua Grecia, y el Báltico, se ado-
raba al lobo como deidad de gran poder aso-
ciada al Monte Olimpo y a Apolo, vinculado
a varias historias con lobos. Su hijo Mileto
había sido alimentado por lobos, y lobos fue-
ron quienes atrajeron a ciertos marinos al
monte Delfos para edificar el célebre templo
por voluntad de Apolo. Pero quizá es la figura
y leyenda del remoto rey de la Arcadia, Li-
caón (de ahí licántropo: en griego, lykhos por
lobo y anthropos por hombre), cantada por
autores como el romano Ovidio, en sus Me-
tamorfosis, Apolodoro, Pausanias o Platón en

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La República, el referente antiguo
de mayor popularidad. Nació en el
monte Liceo (Monte del lobo) de
la Arcadia, tierra infestada de
lobos, donde parte de la mitología
dice también nació y se crió Zeus.
Llevado a cabo por efebos, en el
monte Liceo se celebraba un pri-
mitivo ritual iniciático con caniba-
lismo y transformaciones en
hombres lobo por ingerir esa carne
que parece responder al mito de
Licaón; éste quiso poner en duda
la condición de dios de Zeus, y a
tal efecto le ofreció un plato que
contenía carne de un hijo propio.
Pero Zeus lo advirtió y por el atre-
vimiento le convirtió en lobo. Re-
ferido a ese ritual del monte
Liceo, se decía que el hombre
lobo tornaba a su condición natu-
ral tras nueve años de no ingerir
carne humana. Al respecto del ri-
tual, Plinio el viejo en su Historia
Natural y San Agustín en De Civi-
tate informan que el licántropo se
decidía a suerte, y su transforma-
ción no era por ingestión de carne
humana sino al cruzar a nado un
lago, con la misma condición de
no ingerir humanos en nueve años
para tornar a ser hombre. También
es célebre el capítulo LXII del Sa-
tiricón, obra de Petronio, en época
de Nerón, donde se recoge una
curiosa historia en torno a un sol-
dado que se torna lobo en noche de «clara luna», anticipándose al Varias imágenes que
representan la
cronista medieval Gervase de Tilbury (1150-1228), por lo general, y transformación de
erróneamente, considerado el primero en atribuir a la luna llena el Licaón.

poder de transformar a los hombres lobo hasta el amanecer.

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Incluso el reconocido Herodoto en el ca-
pítulo 105 del Cuarto libro de sus célebres
Nueve Libros de la Historia menciona el caso
de los neuros, un pueblo al noroeste de los
escitas, de los que éstos y griegos de la Esci-
tia le dicen que una vez al año todos ellos se
tornan lobos por unos pocos días. Sin em-
bargo, Herodoto se precipita a aclarar que no
se lo cree. Pomponius Mela, en su De Cho-
reographia, también habla de esta particula-
ridad de los neuros que, aclara, es voluntaria.
De igual modo hallamos transformación de
hombres lobos en la octava égloga de Virgilio.
En un poema de Marcelo Sidetes también se
habla de hombres que sufren tal transforma-
ción a principios de año, agravándose en fe-
brero; se retiran al cementerio de noche y
viven como perros y lobos. Y hallaríamos mu-
chos más ejemplos en este caldo grecolatino.
ARRIBA. Pero quizá un referente obligado del mundo antiguo sea el mito de la
Heródoto.
fundación de Roma. Rómulo y Remo son hijos de Marte, dios de la gue-
ABAJO.
Rómulo y Remo. rra vinculado al lobo, y de la vestal Rea Silvia, quien se deshizo de ellos

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Tíber abajo. La loba Lupina los salvó y amamantó, abundando en los rela- Grabado alemán
representando a un
tos de niños salvajes criados por lobos. Además están las fiestas de las lu- hombre lobo datado
percales, en honor a Luperco, dios que protege del lobo. en 1722. .

En la Edad media, los relatos de hombres lobos se multiplican


aún más. En la Francia del XVI, donde son llamados loup-garous (de
lupus y garou – que viene de garlos: a finales del XI significaba bestia
salvaje) quedan los registros de juicios por del canibalismo de la familia
Gandillon del Jura y del sastre de Chalons y de Roulet. También está
el caso de Gilles Garnier, el hombre lobo de Dole, acusado de la des-
aparición de trece niños en 1573: murió en la hoguera después de
confesar bajo tortura, cuando parece ser que la región estaba infes-
tada de lobos. Pero uno que se referencia en todas las antologías es el
de Jean Grenier, en el Burdeos de 1603, a quien Baring dedica un ca-
pítulo, en donde unas adolescentes primerizas, mientras cuidaban ove-
jas, aseguraron ver al joven Grenier tornado lobo, quien previamente
les había hablado de su condición gracias a una piel de lobo que un
misterioso hombre negro le dio a los diez años junto con cierto brebaje,
y de los atroces crímenes cometidos con otras pastoras, dándose el
caso de que, efectivamente, habían habido algunas trágicas desapari-
ciones en la parroquia. Los jueces lo confinaron a perpetuidad en un
monasterio, considerándole un retardado pero en modo alguno un li-
cántropo. Sin embargo, no cabe duda de que en aquel caso de clara
enfermedad mental había algo irresoluto. Mientras en Francia empe-
zaba a considerarse como tal la licantropía, Baring cita al eclesiástico
sueco Olaus Magnus, quien en aquel mismo siglo XVI escribe que en
otras partes, como en Prusia, Livonia y Lituania, seguían viendo a los
hombres lobo más destructivos que a los mismos lobos.

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La Bestia de Uno de los casos más espectaculares de Francia fue el conocido
Gévaudan.
como La Bestia de Gévaudan, una región del Midi francés que se co-
rresponde con el actual departamento de Lozère, y más concretamente
en torno a la población de Aveyron. Entre 1764 y 1767 se produjeron
no menos de 130 horrosos asesinatos por destripamiento, mutilación
y/o decapitación, mayoritariamente en mujeres y niños, claramente ele-
gidos por su vulnerabilidad, cometidos por una criatura que a ciencia
cierta jamás se supo cómo era y que alcanzó a poner en jaque la pro-
pia administración de Luis XV por lo escandaloso del suceso. Las es-
peculaciones fueron muchas, y se eliminaron grandes lobos creyendo
siempre haber solucionado el problema ilusoriamente. Se llegó a hablar
de la acción de un loup-garou, pues algunos supervivientes y testigos
así lo creyeron. Cabe decir que en Francia hubo sucesos parecidos en
siglos precedentes. El caso permanece en la memoria reciente del ci-
néfilo gracias al interesante film francés de Christophe Gans, El pacto
de los lobos (Le pacte des loups, 2001).
Existen también los kurtadam, los hombres lobo en que se conver-
tían ciertos shamanes de la Turquía central, donde el lobo era muy te-
mido; el príncipe ruso Vseslav de Polotsk, en el siglo XI, a quien la
tradición lo trata de licántropo y que se recoge en el Cantar de las hues-
tes de Ígor, al parecer, de finales del siglo XII; el caso de Peter Stumpp,

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granjero alemán del siglo
XVI, conocido como el hom-
bre-lobo de Bedburg, su-
puesto asesino en serie y
caníbal, cuyo folleto de 16
páginas publicado en Lon-
dres en 1590 era una tra-
ducción del ocultista
Montague Summers del
desaparecido original ale-
mán, que descubrió. Sum-
mers, traductor del célebre
tratado de brujería alemán, Malleus Malleficarum, del siglo XV, hizo del ARRIBA.
Fotograma de El
folleto el punto de partida de su libro de absoluta referencia The We- pacto de los lobos.
rewolf (1934), donde repasa exhaustivamente el tema de los hombres ABAJO.
lobo a través de la historia, la bibliografía, los mitos y las leyendas en Ilustración de Ivan
Bilibin sobre el
diversas zonas del globo, incluida España. Cabe citar otros dos trata- Cantar de las
dos remotos: en 1591, Wolfeshusius escribió De Lycanthropia, y en huestes de Ígor.

1596, el monje franciscano Claude Prieur, Dialogue de la Lycanthropy.


Deben tenerse en cuenta los benandanti (los buenos caminan-
tes), gente implicada en un culto de fertilidad, en el norte de Italia,
corriendo los siglos XVI y XVII, acusados por la Inquisición de he-
réticos por sus prácticas consideradas de
brujería. Aseguraban caminar en trance,
convertidos en lobos, para combatir a las
brujas. Parece que había conexión entre
estos ritos y el chamanismo del Báltico y los
eslavos. En Livonia se dio el caso concreto
que parece guardar relación, de un hombre
lobo, un tal Thiess, procesado por su bonda-
dosa licantropía en su lucha contra brujas
que intentaban perjudicar las cosechas. No
cabe duda de que las leyendas y casos se ha-
rían interminables.
Existen también visiones amables del
hombre lobo en la literatura, como en el
poema de Bisclavet, escrito por Marie de
France en el siglo XII, donde un hombre
sufre la maldición por acción de su abyecta
mujer, aunque le acompaña el buen corazón

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pues mantiene la conciencia. Thomas
Malory incluyó el poema en La Mort
d’Arthus en el siglo XV. Esa fórmula ama-
ble se repite en los cuentos de hadas ale-
manes del medioevo, los märchen, y aún
se dan casos de santos con el poder de
transformar a las gentes en lobos a modo
de castigo. Frederick Marryat escribió
The Phantom Ship (1839), donde un
lobo deviene mujer. En 1848, el año en
que fue gran éxito Varney the Vampyre,
G.W.M. Reynolds escribió Wagner the
Wehr-Wolf. Naturalmente, está Charles
Perrault y los hermanos Grimm con el
cuento de Caperucita roja, que presenta
varios aspectos oscuros en su interpreta-
ción; hay otros cuentos como Pedro y el
lobo y El lobo y las siete cabras. En 1912,
ARRIBA. el célebre escritor irlandés de historias de fantasmas Elliott O’Don-
La Mort d’Arthus.
nell publicó Werewolves. Una de las últimas novelas de referencia
ABAJO.
Caperucita Roja por
sobre el tema es Werewolf of Paris (1933), de Guy Endore. Aunque
Gustave Doré. la pretensión del artículo no es adentrarse en la contemporaneidad
de un mito que sigue vigente, buena
prueba de ello son autores como J.R.R
Tolkien en los años 50 del pasado siglo, o
como J.K. Rowling y Stephene Meyer
ahora mismo; ésta última escritora es ex-
cusa para referir ciertos vínculos del
hombre lobo con el vampiro. En la Edad
Medía y aún en la Grecia de tránsito
entre el XIX y el XX, existía la creencia de
que los hombres lobo, si no se les des-
truía, podían regresar como vampiros.
Los griegos creían que conservaban su
aspecto de lobo, y succionaban la sangre
de muertos y heridos en las batallas. Eu-
ropa del este tendió particularmente a
este tipo de asociaciones, en países como
Bulgaria, Serbia, y Eslovaquia. En Serbia,
el vulkodlak era una criatura de natura-

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leza ambigua, pues resultaba ambos, y salían de
la tumba para fornicar con la esposa. El campo
de Alemania, Polonia, y la Francia septentrional
alcanzó a creer que quienes morían en pecado
mortal regresaban como lobos sedientos de san-
gre. En Hungría y los Balcanes, creyeron que
muchos hombres lobo era brujas vampiro.
Hemos comprobado cómo la condición de
hombre lobo, aparte de los episodios de carácter
clínico, presenta una amplia gama en el universo
de la leyenda y el mito: desde la maldición por
cualquier motivo que sin o con luna llena lleva a
la transformación, hasta la más perversa transfor-
mación voluntaria, desde la permanencia como
lobo durante las noches, hasta los largos periodos
y aun la eternidad, desde sufrir la pérdida total de
la conciencia propia hasta tener aspecto de lobo
siendo interiormente humano, desde encarnar lo
más abyecto y bestial, la pura expresión del Diablo, hasta optar por Cubierta de la
primera edición de
hacer el bien. Para tornarse lobo era suficiente frotar el cuerpo con The werewolf of
ciertos ungüentos, ponerse encima una piel o apretarse un cinturón de Paris..

lobo, beber agua de lluvia en una huella de lobo, devinir adorador del
Diablo, incurrir —según creencia rusa— en la cólera del Maligno,
nacer en noche de luna llena y, en Italia, nacer en noche de viernes
con luna llena, en Alemania ser un séptimo hijo, beber agua de un río
donde lo ha hecho un lobo, comer carne de lobo o carne humana, ser
mordido por un hombre lobo, dormir en noche de viernes con la luna
llena bañando el rostro, morir asesinado en noche de luna llena, y un
largo etcétera de posibilidades supersticiosas. En Francia, haciendo
propio la expresión latina de versipellis, se había llegado a tajear al acu-
sado, y aun amputar miembros, para comprobar si bajo la epidermis
humana se ocultaba el pelo de lobo, que en el proceso de transforma-
ción se suponía salía al exterior dando la vuelta al pellejo. Capítulo
aparte es la muerte por acción de objeto argentado: no parece prove-
nir de la Antigüedad y, en lo referente a las balas de plata, obviamente
no será concebible hasta la aparición de las armas de fuego.
No cabe duda de que el cine se ha ocupado de esta criatura
desde sus mismos orígenes, y misión del presente volumen, pre-
cisamente, será hacer un exhaustivo repaso a todo lo que el mito
ha dado de si.

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MEDICINA Y LICANTROPÍA
por Lorenzo Terrasa

La ciencia ha intentado ver a los llamados hombres lobo desde


muy diversos puntos de vista. Unos desde el punto de vista pato-
lógico, atribuyéndoles una serie de característica específicas ya
sea por alteraciones físicas o trastornos psíquicos, y otros desde un
punto de vista sociológico, tema que arranca desde las más anti-
guas leyendas europeas. Aprovechemos el momento y démosles
un breve repaso...
En la Edad Media, época en la que los hombres lobo pasaron a
ser parte de las creencias populares y a integrarse en las vidas de
muchas personas, se produjeron grandes hambrunas y epidemias
que desorganizaron la vida social y estimularon a su vez la religiosi-
dad extremista, reafirmándose el valor de los inocentes y persi-
guiendo hasta la muerte a los impuros cuyos pactos con el demonio
suponían que traían la tragedia a las tierras de Dios.
El factor epidemiológico ya ha sido referido en el capítulo del
vampirismo y, en realidad, una epidemia licantrópica precedió a la
epidemia vampírica. Muchos investigadores han querido ver la rea-
lidad del hombre lobo en una epidemia de rabia, dando a entender
que los afectados por la llamada rabia furiosa serían aquellos consi-
derados popularmente como seres humanos transformados en fieras
o, en este caso particular, en lobos. Pero aunque resulte en cierto
grado una explicación atractiva (el lobo contagiando al hombre por
un mordisco) no explicaría muchos de los casos que se dieron en-
tonces, ni los prolongados periodos en los que los licántropos ac-
tuarían, ni la supervivencia de sus víctimas heridas, etc.
De la misma forma, otra enfermedad que se ha relacionado con
estos personajes ha sido la porfiria, debido a determinadas caracte-
rísticas físicas de estos enfermos. Alguno lo asocia a la variedad lla-
mada porfiria cutánea tarda, más frecuente en hombre y con cierta
asociación con el alcoholismo, donde es frecuente que la piel se

MEDICINA Y LICANTROPÍA 19
vuelva áspera y seca, oscureciendo su tono y
con un hirsutismo como reacción orgánica de-
fensiva del sol más frecuente en la frente y los
pómulos. Nosotros pensamos que en este caso
es una teoría muy traída por los pelos (y nunca
mejor dicho).
Debido a las condiciones sociales antes co-
mentadas, la gran proliferación de hombres lobo
también se ha atribuído a un fenómeno de his-
teria colectiva. Posiblemente existió un fenó-
meno de este tipo tal y como la historia nos ha
demostrado en muchos de los casos conocidos
de brujería. En este sentido es de destacar el
caso conocido como La Bestia de Gévaudan su-
cedido entre 1764 y 1767 en la región francesa
de Lozène, donde más de cien personas fueron
ARRIBA. atacadas y devoradas por un misterioso animal; frente a esta reali-
Petrus Gonsalvus.
dad se desató una ola de histeria colectiva y se achacó a un loup
ABAJO.
Antonietta
garou lo que derivó en un grave problema de orden público y el
Gonsalvus. mismo rey Luis XV tuvo que intervenir enviando a su caballería de
élite para destruir a la bestia. Pese a que finalmente se dio muerte
a un enorme animal con grandes garras y colmillos, la controversia
sobre el hombre lobo no cesó. Se han escrito diversos libros sobre
el tema e incluso se realizó en el año 2000 una
película sobre el caso titulada El Pacto de los
Lobos, interesante interpretación de su direc-
tor Christophe Gans donde con una bella esté-
tica realiza una compleja mezcla de terror,
aventuras y política.
Personajes peludos han sido con frecuencia
malinterpretados como hombres lobo, aunque
en este caso más por su morfología que por sus
características sanguinarias.
Un amplio grupo de estos los encontramos
en la historia de los llamados “fenómenos hu-
manos” y, por desgracia, asociados la mayoría
de las veces a la exhibición circense o a un co-
leccionismo arcaico y de dudoso gusto por
parte de nobles y monarquías por suerte obso-
letas. El más antiguo conocido hace referencia

20 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


a un canario nacido en 1556 llamado
Petrus Gonsalvus, que tenía todo el
cuerpo y la cara cubiertos de vello.
Por orden del rey Enrique II de Fran-
cia, se transladó a París donde tuvo
una exquisita educación y tuvo 4
hijos, todos con el mismo aspecto de
su padre. Tras una gira por Europa
de toda la familia, el duque Albretch
IV de Babiera asombrado por su as-
pecto encargó realizarle un retrato de
tamaño natural, obra que regaló pos-
teriormente al archiduque Ferdinand
del Tirol y que expuso en su Castillo
de Ambras, en Innsbruck, Austria.
Posteriormente la artista Lavinia
Fontana de Zappis realizó otro fa-
moso cuadro de su hija Antonietta.
Al ser el primer caso detallado del
que se tuvo noticia, este tipo de hi-
pertricosis universal congénita es co-
nocida como el Síndrome de Ambras –una de las llamadas RETRATO DE
Barbara Urselin.
enfermedades raras con inversión en el cromosoma 8
(p11.2q23.1)–, que curiosamente nos ofrece una imagen muy si-
milar al clásico hombre lobo cinematográfico.
Barbara Urselin fue otro famoso caso de grave hipertricosis del
que también existe testimonio gráfico. Nació en 1629 en Kemp-
ten, Alemania, y fue exhibida de muy pequeña por sus padres a
cambio de dinero como La Mujer Cubierta de Pelo (The Hairy-
Faced Woman); posteriormente se casó y su marido continuó con
este dudoso negocio recorriendo toda Europa. También se tiene
constancia pictórica del siglo XVII, obra de Stefano della Bella,
de un tal Horacio González, un hirsuto hombre lobo español que
viajó a Roma en peregrinación para rogar el milagro de un cambio
de aspecto.
Otros famosos personajes peludos fueron Adrian Jeftichejev, co-
nocido en 1873 como El Hombre Salvaje de los Bosques de Kos-
troma y que se exhibía como el fruto de las relaciones entre un oso
y una campesina, de carácter arisco y de pésimo humor agravado por
una hepatopatía debida a su aficción al vodka, así como su hijo ile-

MEDICINA Y LICANTROPÍA 21
gítimo Fedor, conocido posterior-
mente por el nombre de Theodore
Petroff y por el sobrenombre de Jo-
Jo, el Niño con Cara de Perro, El
Skye Terrier Humano o El Hombre
Caniche, y que gracias a su ingenio y
buen carácter fue muy querido por el
público y la prensa que lo visitaba en
el circo. Tras su muy llorada muerte
en 1904, el circo buscó un fenómeno
similar encontrando a Stephan Bi-
browski, conocido como Lionel, el
Hombre León, que había nacido en
1891 de padres normales; personaje
culto y divertido, falleció en 1931
tras una exitosa carrera como show-
man.
Entre 1888 y 1889, una familia
de birmanos que huyeron de su país
durante la guerra civil, hizo una gira
por Estados Unidos; el padre lla-
ARRIBA. mado Shwe-Maong, peludo como los casos anteriores, fue rega-
Stephan Bibrowski.
lado de niño al rey como curiosidad y divertimento de palacio; tras
ABAJO.
Theodore Petroff
casarse, tuvo cuatro hijas, una de ella peluda y que posteriormente
tuvo un hijo normal y una hija también peluda. Y si revisamos la li-
teratura médica, nos encontraremos ocasional-
mente con este síndrome: un hombre chino en
1937, un alemán en 1958, otra alemana en 1964,
un niño griego en 1993 y toda una familia mexi-
cana con 21 miembros afectados y que son cono-
cidos como Los Niños Lobo. Este tipo de
fenómenos han interesado poco al cine; que nos-
otros recordemos existe una película Wolf Girl: La
mujer lobo (2001) que trata de una chica hirsuta
llamada Tara Talbot (apellido que nos remite al fa-
moso hombre lobo de la Universal) que vive y tra-
baja en un circo cuyo único deseo es ser
considerada como cualquier otra chica normal.
La medicina también ha encontrado otro tipo
de hirsutismo congénito diferente al que hemos

22 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


visto; en este caso también puede afectar a
todo el cuerpo pero se asocia a un prognatismo
facial, hipertrofia gingival y alteraciones denta-
les. Este síndrome de hirsutismo con fibroma-
tosis gingival se ha asociado más a una imagen
de oso o de mono, que a un perro o a un lobo,
pero no podemos evitar introducirlo aquí por
su similitud.
Ejemplos famosos de este síndrome ha sido
el trágico caso de Julia Pastrana, una india me-
xicana que nació en 1834 en las montañas de
Sierra Madre; a los 20 años se puso a trabajar
como fenómeno profesional exhibiéndose por la
región y los EEUU. Era una mujer baja, de 137
cm de altura, con una gran hipertrofia gingival
que formaba unas grandes encías llenas de pro-
tuberancias, con la frente muy peluda y unos bi-
gotes y barba muy llamativos. Se le presentó
como El Híbrido Maravilloso o La Mujer Oso, y
muchos creyeron que era el resultado de los bes-
tiales amoríos de un humano y una osa o un
orangután. Su vida, por desgracia, estuvo rode-
ada por los poquísimos escrúpulos de su mána-
ger, que se casó con ella para poder seguir
explotando el filón de la curiosidad humana; la
dejó embarazada y llegó a vender entradas para
asistir al parto. Julia dió a luz en 1860 a un niño tan peludo como ella Imagen de Julia
Pastrana, conocida
pero, debido a lo dificultoso del alumbramiento, falleció a los tres como El híbrido
días y la madre dos días después. El marido continuó aprovechán- maravilloso o La
mujer oso.
dose de ambos y los mandó embalsamar (aunque en realidad fue un
puro trabajo de taxidermia) y siguió exhibiéndolos por el mundo. Tras
muchas peripecias las exhibiciones terminaron en 1976 cuando unos
ladrones destruyeron parcialmente sus momias; desde el año 1990
sus restos se encuentran en el Instituto de Medicina Forense Riks-
hospitalet de Oslo, donde sólo están disponibles para estudios cien-
tíficos. El director Marco Ferreri se inspiró en Julia para realizar en
1964 La donna scimmia (que aquí conocimos como Se acabó el ne-
gocio) y que interpretaron Ugo Tognazzi y Annie Girardot.
Otra caso que podríamos incluir en este grupo sería el de Krao,
una niña hirsuta con un pelo corporal negro, lacio y lustroso, con

MEDICINA Y LICANTROPÍA 23
prognatismo facial, nariz chata y orejas grandes, ágil
de movimientos y muy flexible. Al igual que otras per-
sonas de características similares fue exhibida desde
1883 por Europa y EEUU como La Mujer Simio
junto con una falsa historia familiar que la trasfor-
maba en una especie de eslabón perdido, aunque
nació en realidad en Bangkok de padres normales.
También podríamos incluir aquí el famoso caso
español de la llamada Osa de Andara, una mujer
velluda de Cantabria estudiada en 1875, descrita
con pelo crespo, de frente aplastada y estrecha,
nariz chata, pómulos prominentes y labios pareci-
dos a un hocico. Algún autor afirmó, con pocos
visos de realidad, que era una pastora llamada Joa-
quina López que huyó a las cuevas de Andara avergonzada por su
imagen; otros, por el contrario, han intentado ver en esta mujer un
resto de la raza neandertal...
Todos estos últimos casos nos llevan necesariamente a comentar
el tema del llamado Hombre Salvaje que, de alguna forma, puede re-
lacionarse con los llamados hombres lobo solitarios.
Aquí es conveniente distinguir las teorías sobre el verdadero
Hombre Salvaje de aquellas que hacen referencia a los prehumanos
supervivientes (que incluirían al neandertal o a los australopitecos,
con toda la gama de yetis del Himalaya, al almasty caucásico, al big-
foot y al sasquatch americanos, al yowie australiano, al maricoxi bra-
sileño, al hibagón japonés, al moehau neozelandés, al
agogwe africano o al toonijuk de los esquimales entre
otros muchos), y las que hacen referencia al atavismo,
por el cual reaparecen en el organismo algunos de los
caracteres de los antepasados, posiblemente debido al
retorno de un gen mutante a su forma originaria (y aquí
podríamos incluir las crónicas y leyendas de pueblos
“con cola” como la raza de los geriboku japoneses, los
kia pon chinos, los orang ekor malayos, los batak bere-
kor camboyanos, los niam niam africanos o los qweq-
wete bosquimanos; aunque recordemos de paso que
este signo de atavismo ha servido para despreciar a al-
gunos pueblos y marcarlos con la imagen de bestiali-
dad, lo que hicieron los japoneses al llamar a sí a los
ainos por vestir ropas de animales).

24 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


La imagen del Hombre Salvaje, un
ser de aspecto humano, que vive des-
nudo en cuevas o bosques y que tiene
todo el cuerpo recubierto por una es-
pesa capa de pelo, aparece en la mi-
tología de todo el mundo y
representado en una cantidad ingente
de obras gráficas. La mayoría de las
veces se les describe como personajes
solitarios, aunque también se ha ha-
blado de poblaciones enteras de estos
seres. Se les ha considerado libres de
convencionalismos, viviendo sus de-
seos libre y espontáneamente, donde
especialmente el deseo sexual se li-
bera y que nos llevaría a la clásica re-
lación entre la vellosidad corporal y el
vigor o el deseo sexual (fenómeno éste
muy relacionado con las historias de
hombres lobo) de amplia difusión en
muchas culturas.
Uno de los aspectos más curiosos del hombre salvaje lo consti- Carl Von Linneo,
el autor de
tuye el hecho de poder ser también un asilvestrado, una persona que Systema Naturae.
abandona por su propia voluntad la civilización y opta por la sole-
dad y el ascetismo (en este sentido han sido famosos algunos santos
de los primeros siglos: San Onofre, San Pafnucio, San Juan Crisós-
tomo o Santa María Magdalena...; un fenómeno similar a lo que Bu-
ñuel nos mostró en su película Simón del desierto).
Este concepto del hombre asilvestrado nos lleva necesariamente
a citar los casos de los llamados Niños Salvajes y que muchos han
relacionado con hombres animales y especialmente con los hombres
lobo. El naturalista Carl von Linneo ya describió en su Systema Na-
turae (1758) al homo sylvestris (hombres ferales u hombres salvajes),
basándose en 9 niños abandonados que sobrevivieron en la selva gra-
cias a los animales, y que caracterizaba como hirsutos, mudos y cua-
drúpedos, y a los que actualmente podríamos añadir una cierta
insensibilidad al frío o al calor, gran visión nocturna y olfato muy
desarrollado, aunque estos casos se han mostrado sexualmente in-
diferentes. Cuando el magistral escritor Rudyard Kipling (1865-
1936) publicó en su Libro de las Tierras Vírgenes (1894) las

MEDICINA Y LICANTROPÍA 25
aventuras de Mowgli, un pequeño
criado y educado por los lobos de la
India (relato que modernizaba en
cierta forma la leyenda de Rómulo y
Remo, los fundadores de Roma que
fueron amamantados por una loba), se
reabrió el debate de la existencia real
de los niños salvajes. Aquí posible-
mente deberíamos distinguir dos tipos:
los criados por animales y los que so-
brevivieron por su propia cuenta.
En el primer grupo estaría, entre
otros muchos casos, el de Rama y Ka-
mala de 1920, las famosas niñas lobo
de Midnapore en la India, que fueron
cuidadas por una camada de lobos y
que bebían, comían, gruñían y actua-
ban como sus padres adoptivos; el de
un niño sirio que fue cuidado por
lobos en 1946, o el de Ramu en 1954,
el niño lobo de Lucknow que fue
ARRIBA.
Rudyard Kipling.
abandonado por sus padres por su retraso mental y criado por una
loba. El cine poco nos ha mostrado sobre ellos si exceptuamos las
ABAJO.
Jodie Foster abundantes, deformadas y aventurescas historias del famoso perso-
en Nell. naje de Edgar Rice Burroughs que nos mostraron una falsa idea
sobre estos niños desde el cine mudo con Tarzán de los monos
(1918) hasta Greystoke (1984).
El segundo grupo, que se nos es-
capa del tema que tratamos, ha sido
mucho más versionado en el cine,
donde nos encontramos con El pe-
queño salvaje (1969) de François
Truffaut, basado en la historia de Vic-
tor, un niño de 12 años encontrado en
el siglo XVIII en los bosques france-
ses de Aveyron y que fue educado por
el médico Jean Itard; El enigma de
Kaspar Hauser (1975) de Werner
Herzog, que se hacía eco del famoso
caso del niño hallado en Nuremberg

26 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


en 1828; o más recientemente Nell obra de 1994
donde se teoriza sobre la reeducación de una niña
de estas características. Existen casos más recien-
tes que han permitido a los científicos estudiar un
fenómeno que la ciencia del renacimiento ya teori-
zaba sobre ellos y proponía incluso un ensayo con
seres vivos; estos han permitido que psicólogos y
linguistas estudiaran la situación de los niños que
han vivido abandonados por sus padres como es el
caso de Genie una niña californiana a la que su
padre encerró durante doce años negándole toda
comunicación y condenándola al silencio.
Y hemos dejado para el final lo que, a nuestro
modo de ver, es la mejor explicación médica de los
casos de hombres lobo: una enfermedad mental.
Durante el siglo XVI, diferentes actos que in-
cluían los ataques sexuales, los asesinatos y el cani-
balismo, fueron atribuidos a seres humanos capaces
de transformarse en lobos. Tanto era así, que el tér-
mino licantropía acabó relacionándose con terribles
situaciones en las que predominaba un excesivo sa-
dismo e incluso una abominable antropofagia.
La posibilidad de encontrarse frente a una en-
fermedad mental se llegó a plantear en la época de
mayor recrudecimiento de los ataques de los hom-
bres lobo. El sastre de Chalons en Francia, que fue
condenado a la hoguera en 1598, no sólo relató
unos terribles actos durante su proceso sino que in-
cluso se jactó de ellos, lo que ya podía hacer sos-
pechar que fuera en realidad un enfermo. otros
hombres lobo se llegaron a librar de la tortura y la hoguera como fue Carteles de El
pequeño salvaje de
un vagabundo débil mental llamado Jacques Roulet, que juró que François Truffaut y
sus crímenes los realizaba bajo la forma de un lobo; el tribunal debió Greystoke de Hugh
Hudson.
sospechar de una enfermedad, ya que lo internó en el hospital de
Saint Germain aux Prés. El niño licántropo de Aquitania, Jean Gre-
nier, también era un retrasado mental con apetitos caníbales, y ter-
minó sus días encerrado en el monasterio franciscano de Burdeos.
Un famoso hombre lobo en España (ya que se considera el pri-
mer asesino en serie español) fue Manuel Blanco Romasanta más
conocido como El Hombre Lobo de Allariz que confesó haber ase-

MEDICINA Y LICANTROPÍA 27
sinado, despedazado y devorado a
trece personas en los bosques de Ga-
licia entre los años 1846 y 1852; gra-
cias a los estudios de un médico
francés la reina Isabel II le conmutó
la pena capital por la cadena perpetua
terminando sus días en la cárcel. Este
caso fue llevado al cine por Pedro
Olea en El bosque del lobo (1970)
con una gran actuación de José Luis
López Vázquez, y más recientemente
en Romasanta: La caza de la bestia
(2004) de Paco Plaza.
La compulsión por la sangre que
presenta el sádico implica, muchas
veces, un impulso sexual mal dirigido,
que los convierte en asesinos volup-
tuosos que violan a sus víctimas y ter-
minan devorando su carne,
regocijándose en las mutilaciones o en
los coitos postmortem y que les lleva,
ARRIBA, ABAJO Y en ocasiones, a conservar alguna parte de sus víctimas como si fuera
PÁGINA SIGUIENTE.
Cartel e imágenes un fetiche. Estos enfermos entremezclan el placer sexual con el pla-
de Romasanta de
Paco Plaza
cer de comer, donde el deformado impulso amoroso le lleva a intro-
ducir y a asimilar en sí mismo al cuerpo amado. Cuando a este tipo
de violencia asesina fuertemente relacionada con el sadismo sexual
y el canibalismo, se asociaba además el convencimiento de que la
personalidad se transformaba en la de otros animales (especialmente
el lobo, debido a su ferocidad), los médicos comenzaron a hablar ini-
cialmente de una insania lupina o lo-
cura lobera, una psicosis lúpica o una
lupomanía. Actualmente mucha gente
prefiere hablar de la licantropía como
una enfermedad psiquiátrica, pese a
no estar incluída en el DMS-IV (la
monomanía por la cual el enfermo
cree adoptar la forma de un animal,
sin que se asocie el sadismo violento,
sexual y caníbal, sería simplemente un
zoomorfismo paranoico).

28 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


La realidad es que este tipo de en-
fermedad mental, la llamemos como
la llamemos, es de muy difícil clasifi-
cación al ser enfermos incapaces de
separar lo real de lo imaginario mien-
tras conviven temporalmente con una
violenta, feroz y supuesta transforma-
ción de la personalidad. Esto ha dado
lugar a que en la actualidad la psi-
quiatría hable de una conducta histé-
rica transitoria, una hipocondria
delirante, una psicosis alucinatoria o
simplemente de una esquizofrenia
aguda. Visto de esta forma el fenó-
meno licantrópico, sería fácil relacio-
narlo con muchos asesinos en serie
actualmente conocidos: el ruso Andrei
Chikatilo el carnicero de Rostv, el in-
glés Reginald Christie el monstruo de
Rillington Place o los americanos Albert
Fish el Maníaco de la Luna o Edward
Gein el carnicero de Plainfield.
Finalmente y para terminar, pese a tener que alargarnos un poco
Retrato de Manuel
más, nos vemos en la necesidad de citar el estudio que Sigmund Blanco Romasanta.
Freud redactó sobre el caso clínico de un joven
ruso de 27 años al que llamaba S.P., y que pu-
blicó en 1918 bajo el título Historia de una neu-
rosis infantil, generalizándose entre el mundo
médico como El hombre de los lobos o El caso
de Hombre Lobo. Desgraciadamente todo el
caso incurre en grandes falsedades; en los años
setenta se descubrió que el famoso hombre de
los lobos era Sergej Pankejeff, que seguía igual
de enfermo o más que cuando Freud lo curó, que
el famoso sueño de los lobos había sido muy li-
bremente interpretado y que el famoso psicoa-
nalista le había atribuido falsas interpretaciones
para hacer el caso más creíble... Pero esto es otra
historia que no nos aportará nada al tema, así
que lo dejaremos aquí.

MEDICINA Y LICANTROPÍA 29
En vellos se vuelven sus ropas, en patas sus brazos:
se hace lobo y conserva las huellas de su vieja forma.
La metamorfosis de Ovidio

EL LEGADO DE LICAÓN
por David Mateo

Señala Ovidio en su primer libro de Las Metamorfosis que tras


la gigantomaquia reinó en Arcadia Licaón, hijo de Pelasgo, un an-
tropófago que aderezaba sus cenas con entrañas humanas y que
por sus extravagantes gustos fue condenado por el mismísimo Zeus
a convertirse en Lobo. Antes de Ovidio, dos narradores jugaron con
la figura de Licaón en sus obras: el geógrafo Pausanias —de cuyos
escritos se obtuvieron gran cantidad de indicios para configurar la
antigua arquitectura griega— hablaba de un Rey Licaón que, tras
el sacrificio del niño Nyctimus a Zeus, fue condenado a conver-
tirse en lobo. Sin embargo, esta vez, Zeus concedió una curiosa
amnistía al inculpado: Licaón volvería a recobrar su forma original
si durante diez años se abstenía de comer carne humana. De ese
modo, obtuvimos la imagen del primer hombre lobo vegetariano
de la literatura universal.
Apolodoro, en cambio, fue más drástico en su versión del rey
ANTERIOR.
Licaón. El historiador de Atenas convierte al emperador de Ar- Ilustración de
cadia en patriarca de una prole de cincuenta vástagos, todos ellos M.S. Corley
representando
antropófagos, por supuesto. Zeus, alertado por los malos vicios a Licaón.
de la familia, descendió a la Tierra con-
vertido en vagabundo y se sentó en la
mesa del señor de Arcadia, a la diestra de
su anfitrión. Algo debió sospechar Li-
caón, que ordenó servir una cena frugal.
Pero sus hijos, más mezquinos y simples
que su padre, abrieron en canal a su her-
mano menor y sirvieron sus higadillos
mezclados con los de otros animales.
Todos nos podemos imaginar el resultado
de la velada: más hombres lobos que aña-
dir a la camada.

EL LEGADO DE LICAÓN 31
De los textos de Apolodoro y del correcami-
nos Pausanias, Ovidio entretejió su propia ver-
sión de la vida de Licaón y nos la sirvió en el
primer volumen de Las Metamorfosis.
Herodoto, en el cuarto volumen de su His-
toria, nos habla de la tribu de los neuros, una
población protobáltica de un par de milenios
antes de Cristo, que merodeó por las costas
orientales del Mar Báltico. A semejanza del rey
de Arcadia, los neuros caminaban sobre cuatro
patas durante un plazo limitado de tiempo.
Es mucho de temer que toda aquella caterva
de Neuros sean magos completos, si estamos a lo
que pos cuentan tanto los Escitas como los Grie-
gos establecidos en la Escitia, pues dicen que
ninguno hay de los Neuros que una vez al año
no se convierta en lobo por unos pocos días, vol-
viendo después a su primera figura.
Lejana quedaba todavía la idea que Robert Eisler propone en su
Man Into Wolf; An Anthropological Interpretation of Sadism, Ma-
sochism and Lycanthropy, publicado en 1948, en la que la licantro-
pía forma parte del mapa genético humano y que se transmite de
padres a hijos. Hasta ese momento, todas las leyendas ligadas al
hombre lobo, al menos en sus primeros pasos, nos hablan de expe-
riencias y ceremonias chamánicas que unen el espíritu humano con
el del lobo.
Así, las leyendas alrededor de la licantropía fueron volviéndose
más oscuras y siniestras conforme la Edad Media iba ganando te-
rreno a los civilizados tiempos de nuestros orígenes. Guerreros ber-
serkers de las sagas nórdicas que tras abandonarse al trance,
alcanzaban un grado de salvajismo primitivo más animal que humano
y que a menudo simbolizaban al oso o al mismísimo lobo (ulfhednar
o pieles de lobo). Licántropos del medievo que atacaban a niños y
rebaños, así hasta alcanzar los mitos del loup-garou en Francia, el
währ-wölffe en Germania o el lupo manaro en la renacentista Italia.
Aunque no puede considerarse literatura, una de las primeras le-
yendas lituanas sobre licántropos benignos data de 1691 y se refiere
al juicio del anciano Thiess en Jürgensburg, un hombre lobo que
aseguraba hacer frente a las brujas de la reina Skeistan en el infierno.
Era tan pura el alma de estas criaturas, según Thies, que tras su

32 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


muerte se convertían en mariposas y
subían al cielo para reunirse con sus
hacedores. De no ser por ellos, las
brujas hubieran asolado el mundo
llevándose consigo el grano, los ani-
males y el vino.
Otro de los romances medievales
que ha llegado hasta nuestros días y
que potencia la figura del licántropo
como criatura positiva es el de Bis-
clavret, recogido en los cantares de
Lais de María de Francia, en ellos se
nos narra el martirio del Conde de
Bretaña al ser transformado en lobo y
los infortunios por los que le hace
pasar su esposa con tal de casarse
con su amante.
Sea como sea, la figura del hom-
bre lobo no tarda en asociarse a la
imagen de Satán y a una incontrola-
ble hambruna por la carne humana. El celebérrimo fragmento El ARRIBA.
Frederyck Marryat.
lobo blanco de las Montañas Hartz de la novela El Barco Fantasma
ABAJO.
de Frederick Marryat y Hughes, el hombre-lobo de Sutherland Men- Portada del
zies han llegado hasta nosotros a través de antologías como Los hom- Reynolds’s
Miscellany
bres-lobo de Juan Antonio Molina Foix, publicada
por Siruela, y nos muestra la transformación que su-
frió el licántropo hasta convertirse en uno de los sím-
bolos más recurridos de la literatura gótica.
Un año después de que Varney the Vampyre hi-
ciera las delicias de los londinenses victorianos, G.
W. M. Reynolds desarrolla su propio serial para Rey-
nolds's Miscellany pero esta vez con un hombre lobo
como protagonista: Wagner the Wehr-Wolf. Corre el
año 1848 y los autores de la época combinan trage-
dia y romance, sadismo y fino erotismo; todo vale
para estimular las mentes de los lectores, que ven
como la desgraciada víctima del infortunio es seña-
lada por la marca del lobo y comienza a mutar las
noches de luna llena. El mito de la licantropía al-
canza su cenit y novelas como Hugues-le-loup

EL LEGADO DE LICAÓN 33
(1859) de Emile Erckmann y Ale-
xandre Chatrian, The Wolf Leader
(1857) de Alejandro Dumas o rela-
tos como Olalla (1887) de Robert
Louis Stevenson, The Mark of the
Beast (1890) de Rudyard Kipling o
el tardío Gabriel-Ernest (1910) de
Saki nos ofrecen una interesante
muestra de ello.
El siglo XX, entre los años 20 y
50, supone el auge de las revistas
pulp. Por Weird Tales pasan los gran-
des maestros del relato: Robert
Bloch, Seabury Quinn, HP Love-
craft, Clark Ashton Smith, CL
Moore o Robert E. Howard y el hom-
bre lobo, por supuesto, se convierte
en una estrella constante de la publi-
cación. Ejemplos son autores como
ARRIBA.
Harold Warner Munn (The Were-
Alexandre Dumas. wolf of Ponkert, The Werewolf's Daughter o los capítulos de A Lost
ABAJO. Tale of the Werewolf Clan), Robert E. Howard (Wolfhead), An-
Una portada de
Weird Tales thony Boucher (The Compleat Werewolf), Seabury Grandin Quinn
(Book of the Werewolf), Manly Wade Wellman
(The Hairy Ones Shall Dance), R. Chetwynd
Hayes (The Werewolf and the Vampire), James
Blish (There Shall Be No Darkness), Algernon
Blackwood (El Campamento del Perro) y un
larguísimo etcétera. Otros escritores de género
fantástico como J.R.R Tolkien o C. S. Lewis in-
cluyen grandes huargos en sus textos y juegan
con el concepto del hombre lobo y el espíritu
maligno. Otro de los referentes importantes de
la licantropía llegó de la mano de Boris Vian y
de la colección de relatos Le loup-garou, todos
publicados entre 1945 y 1952 y que a la postre
servirían para que el grupo musical La Unión
detallara las trágicas peripecias de Denis en su
canción Lobo Hombre en París.
Proliferan los ensayos sobre el licántropo:

34 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


The Werewolf (1933) del sacerdote Montague Sum-
mers, cuya fama deriva de su interés por el ocultismo,
Werwolves (1912) del escritor Elliott O'Donnell, es-
pecializado en apariciones y fantasmas, The Were-
wolf: in legend, fact, and art (1977) del editor inglés
Basil Copper y, más recientemente, The Beast Wi-
thin: A History of the Werewolf (1993) de Adam Dou-
glas, que representa un estudio psicológico sobre la
metamorfosis en lobo.
El pulp deja paso a una nueva forma de entender
la literatura en la que el autor prevalece sobre el con-
tenido y los nombres de escritores dedicados al gé-
nero de terror, y más concretamente a la licantropía,
florecen a partir de ese momento. Estamos hablando
de obras referenciales dentro de este subgénero como The White ARRIBA.
Montague
Wolf (1941) de Franklin Gregory, The Wolfen (1978) de Whitley Summers.
Streiber, El Ciclo del Hombre Lobo (1983) de Stephen King, El Ta-
ABAJO.
lismán (1984) del propio King y Peter Straub, la trilogía The Book of Ilustración de
the Beast de Robert Stallman compuesta por The Orphan (1980), Bernie Wrightson
para El ciclo del
The Captive (1981) y The Beast (1982), El hijo de la noche (1948) hombre lobo.

EL LEGADO DE LICAÓN 35
de Jack Williamson, The Hero as Werwolf (1975)
de Gene Wolfe, The Godforsaken (1983) de Chel-
sea Quinn Yarbro, The Dark Cry of the Moon
(1986) de Charles L. Grant, Howling Mad (1989)
del guionista de comics Peter David, la saga de no-
velas The wild (1991) de Whitley Strieber o The
nightwalker (1979) de Thomas Tessier. Pero de
entre toda esta producción, destaca el clásico de
1933: The Werewolf of Paris de Samuel Guy En-
dore, una obra cumbre que unida a clásicos como
Drácula de Stoker o Frankenstein de Shelley con-
forma el panteón de las novelas de monstruos. La
historia se ambienta en la guerra franco-prusiana,
en 1870, y en ella Aymar Galliez narra los conflic-
tos que tiene su sobrino Bertrand para sobrevivir al
caos de la guerra y a la necesidad de sangre implí-
cita a la licantropía. La novela se inspira a su vez
en The Book of were-wolves (1865), de Sabine Ba-
ring-Gould, que cuenta la vida del sargento Caillet
saqueando varios cementerios de París en 1848.
La literatura contemporánea ha traído una
reinterpretación del mito bien distinta, convir-
tiéndolo en un icono de la novela romántica para-
normal, en este campo cabe destacar los
licántropos de la saga Crepúsculo de Stephanie
Meyer, los hombres lobos de la franquicia Anita
Blake, creada por Laurell K. Hamilton (The luna-
tic cafe), o los metamórficos de la serie de Char-
laine Harris (True blood o Muerto hasta el
anochecer). También el licántropo se ha dejado
ver por las franquicias infantiles, entre ellas las
más reseñables son Harry Potter y el prisionero de
Azkaban de J. K. Rowling y la saga Memorias de
Idhún de la valenciana Laura Gallego.
En las letras patrias, se pueden contar unos
cuantos ejemplos llamativos de licantropía den-
tro del género fantástico. Pilar Pedraza juega con
la síntesis del hombre lobo en su última novela
El síndrome de Ambras, autores como Raúl Ar-
gemi, Alonso Cueto, Bernando Fernández BEF,

36 EL HOMBRE LOBO . LICÁNTROPOS EN EL CINE


José Ángel Mañas, Ismael Martínez
Biurrun, Pilar Pedraza, Santiago Ronca-
gliolo y Santiago Sequeiros dieron sus
propias versiones sobre el mito en la an-
tología Hombre lobo publicada por 451
Editores, Rafael Marín convierte al
noble Vellido Dolfos en un magnífico
ejemplar de licántropo en su obra Juglar
y Javier Negrete, retomando el clásico
de Ovidio y Las Metamorfosis, nos da
su propia versión de la cena póstuma
entre Zeus y el desgraciado Licaón en
Señores del Olimpo.
La historia del hombre lobo se ha
ido refinando a lo largo de la historia,
desde los versos inmortales de Ovidio
y Herodoto a los textos clásicos de Guy
Endore, el lobo ha tomado mil apa-
riencias diferentes: guerrero sanguina-
rio, defensor de la naturaleza,
atormentado héroe con una psique des-
doblada y maltrecha y criatura que acecha en las noches de Luna ANTERIOR.
Stephanie Meyer,
Llena en busca de jóvenes de naturaleza pura. Los más osados Pilar Pedraza y
se atreven a señalar al Rey Nabucodonosor en las escrituras de Laurell K. Hamilton.

Daniel en la Biblia como ejemplo de licántropo castigado por la ABAJO.


cólera de Dios. Lo único cierto es que la fórmula del hombre Nabucodonosor.
lobo se ha reinventado tantas veces
como el hombre ha tenido la necesidad
de comulgar con la naturaleza, con su
entorno y, sobre todo, con sus propios
miedos. La mutación del ser humano
en criatura salvaje y primigenia nos
asusta desde que el hombre tiene uso
de razón. Y aún en los tiempos de la
globalización, del gran desarrollo de-
mográfico, científico e intelectual, el
aullido del lobo deja un gélido rastro en
nuestro subconsciente que nos hace
preguntarnos cuál es nuestro verdadero
lugar en el mundo.

EL LEGADO DE LICAÓN 37