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DEI VERBUM CAPÍTULO II

TRANSMISIÓN DE LA

REVELACIÓN DIVINA

LOS APÓSTOLES Y SUS SUCESORES,


TRANSMISORES
DEL EVANGELIO
La transmisión
de la
Revelación Divina
¿Cómo llega hasta nosotros hoy la revelación de Dios?

¿Dónde la encontramos?

¿Quién la transmite?

¿Quién la enseña e interpreta?


“Dios quiso que todo lo que había revelado
para la salvación de todos los pueblos se
conservara por siempre íntegro y fuera
transmitido a todas las generaciones” (DV.7)
 El inicio está en paralelo con DV. 2: “Quiso
Dios revelarse…”. LA TRADICIÓN SE
VINCULA A LA REVELACIÓN.
 Aparecen como complementarios los dos
polos de la TRADICIÓN:

CONSERVACIÓN  DEPÓSITO  FIDELIDAD

TRANSMISIÓN  DINÁMICO  ACTUALIDAD


Este es el sentido del término parádosis en el
Nuevo Testamento.
1 Cor 11,2: Los felicito porque siempre se
acuerdan de mí y guardan las tradiciones tal
como yo se las he transmitido.
1 Cor 11,23: Lo que yo recibí del Señor, y a mi
vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor
Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el
pan…
1 Cor 15,3: Les he trasmitido en primer lugar, lo
que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros
pecados, conforme a la Escritura.
Jesús Resucitado mandó a los Apóstoles que predicaran el
evangelio a todos los hombres (cf. Mt 28,19-20).
Este mandato de Jesús de transmisión o Tradición
Apostólica fue cumplido de dos formas:

*Por tradición oral: “Los apóstoles, con


su predicación, sus ejemplos, sus instituciones,
transmitieron de palabra lo que habían aprendido
de las obras y palabras de Cristo y lo que el
Espíritu Santo les enseñó” (DV nº 7).

*Por tradición escrita: “Los


mismos apóstoles y otros de su generación
pusieron por escrito el mensaje de la salvación
inspirados por el Espíritu Santo” (D.V. nº 7).
“Esta Tradición con la Escritura
de ambos Testamentos son el
espejo en que la Iglesia
peregrina contempla a Dios, de
quien todo lo recibe, hasta el
día en que llegue a verlo cara a
cara, como Él es (1 Jn 3,2)”
(DV 7)
TRADICIÓN APOSTÓLICA
Y
TRADICIÓN ECLESIAL

TRADICIÓN PASIVA
Y
TRADICIÓN ACTIVA

MISIÓN DE MARÍA COMO MADRE: RECEPTORA Y


TRANSMISORA DE LA VIDA, DE JESÚS

MISIÓN DE LA IGLESIA: RECEPTORA Y TRANSMISORA DE


LA VIDA, DE CRISTO QUE HABITA EN ELLA
Lo que transmitieron los Apóstoles
comprende todo lo necesario para que el
Pueblo de Dios viva santamente y
aumente su fe.

La Iglesia, en su doctrina, en su vida


y en su culto perpetúa y transmite a
todas las generaciones todo lo que
ella es, todo lo que cree.

Por tanto,
el sujeto de la Tradición
es la Iglesia.
LUMEN FIDEI CAP. 3. TRANSMITO
LO QUE HE RECIBIDO (cf. 1 Co 15,3)
38. La transmisión de la fe, que brilla para
todos los hombres en todo lugar, pasa también
por las coordenadas temporales, de generación
en generación.

Puesto que la fe nace de un encuentro que se


produce en la historia e ilumina el camino a lo
largo del tiempo, tiene necesidad de
transmitirse a través de los siglos. Y mediante
una cadena ininterrumpida de testimonios llega
a nosotros el rostro de Jesús.
LUMEN FIDEI CAP. 3. TRANSMITO
LO QUE HE RECIBIDO (cf. 1 Co 15,3)

¿Cómo es posible esto?

¿Cómo podemos estar


seguros de llegar al
«verdadero Jesús »
a través de los siglos?
Si el hombre fuese un individuo aislado, si partiésemos
solamente del « yo » individual, que busca en sí mismo la
seguridad del conocimiento, esta certeza sería imposible.
No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época
tan distante de la mía.
Pero ésta no es la única manera que tiene el hombre de
conocer. La persona vive siempre en relación. Proviene de
otros, pertenece a otros, su vida se ensancha en el encuentro
con otros. Incluso el conocimiento de sí, la misma
autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros que nos
han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han
dado la vida y el nombre.
El lenguaje mismo, las palabras con que interpretamos nuestra
vida y nuestra realidad, nos llega a través de otros, guardado
en la memoria viva de otros.
El conocimiento de uno mismo sólo es posible cuando
participamos en una memoria más grande.
Lo mismo sucede con la fe, que lleva a su plenitud el
modo humano de comprender.
El pasado de la fe, aquel acto de amor de Jesús,
que ha hecho germinar en el mundo una vida nueva, nos
llega en la memoria de otros, de testigos, conservado vivo
en aquel sujeto único de memoria que es la Iglesia.
La Iglesia es una Madre que nos enseña a hablar el
lenguaje de la fe. San Juan, en su Evangelio, ha insistido
en este aspecto, uniendo fe y memoria, y asociando
ambas a la acción del Espíritu Santo que, como dice
Jesús, « os irá recordando todo » (Jn 14,26).
El Amor, que es el Espíritu y que mora en la Iglesia,
mantiene unidos entre sí todos los tiempos y nos hace
contemporáneos de Jesús, convirtiéndose en el guía de
nuestro camino de fe.
40. La Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos
el contenido de su memoria.
¿Cómo hacerlo de manera que nada se pierda
y, más bien, todo se profundice cada vez más en el
patrimonio de la fe?
Mediante la tradición apostólica, conservada en
la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, tenemos
un contacto vivo con la memoria fundante.
Como afirma el Concilio ecuménico Vaticano II,
« lo que los Apóstoles transmitieron comprende todo
lo necesario para una vida santa y para una fe
creciente del Pueblo de Dios; así la Iglesia con su
enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a
todas las edades lo que es y lo que cree »
En efecto, la fe necesita un ámbito en el que se
pueda testimoniar y comunicar, un ámbito adecuado y
proporcionado a lo que se comunica.
Para transmitir un contenido meramente doctrinal,
una idea, quizás sería suficiente un libro, o la
reproducción de un mensaje oral.
Pero lo que se comunica en la Iglesia,
lo que se transmite en su Tradición viva,
es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios
vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el
corazón, implicando su mente, su voluntad y su
afectividad, abriéndola a relaciones vivas en la
comunión con Dios y con los otros.
Para transmitir esta riqueza hay un medio particular,
que pone en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu,
interioridad y relaciones.
Este medio son los sacramentos, celebrados en la
liturgia de la Iglesia. En ellos se comunica una
memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de
la vida, asociada a todos los sentidos; implican a la
persona, como miembro de un sujeto vivo, de un tejido
de relaciones comunitarias.
La fe tiene una estructura sacramental. El despertar
de la fe pasa por el despertar de un nuevo sentido
sacramental de la vida del hombre y de la existencia
cristiana, en el que lo visible y material está abierto al
misterio de lo eterno.
41. La transmisión de la fe se realiza en primer lugar
mediante el bautismo. En el bautismo el hombre
recibe también una doctrina que profesar y una forma
concreta de vivir, que implica a toda la persona y la
pone en el camino del bien.
Es transferido a un ámbito nuevo, colocado en un
nuevo ambiente, con una forma nueva de actuar en
común, en la Iglesia.
El bautismo nos recuerda así que la fe no es obra de
un individuo aislado, no es un acto que el hombre
pueda realizar contando sólo con sus fuerzas, sino
que tiene que ser recibida, entrando en la comunión
eclesial que transmite el don de Dios: nadie se bautiza
a sí mismo, igual que nadie nace por su cuenta.
Hemos sido bautizados.
44. La naturaleza sacramental de la fe alcanza su
máxima expresión en la eucaristía, que es el precioso
alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente
realmente con el acto supremo de amor, el don de sí
mismo, que genera vida.
En la eucaristía confluyen los dos ejes por los que
discurre el camino de la fe.
Por una parte, el eje de la historia: la eucaristía es un
acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el
pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección,
muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la
plenitud final.
Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva
del mundo visible al invisible. En la eucaristía
aprendemos a ver la profundidad de la realidad.
45. En la celebración de los sacramentos, la
Iglesia transmite su memoria, en particular
mediante la profesión de fe.
Ésta no consiste sólo en asentir a un conjunto de
verdades abstractas.
Antes bien, en la confesión de fe, toda la vida se
pone en camino hacia la comunión plena con el
Dios vivo.
Podemos decir que en el Credo el creyente es
invitado a entrar en el misterio que profesa y a
dejarse transformar por lo que profesa.
46. Otros dos elementos son esenciales en la
transmisión fiel de la memoria de la Iglesia.
En primer lugar, la oración del Señor, el
Padrenuestro. En ella, el cristiano aprende a
compartir la misma experiencia espiritual de
Cristo y comienza a ver con los ojos de Cristo.
A partir de aquel que es luz de luz, del Hijo
Unigénito del Padre, también nosotros
conocemos a Dios y podemos encender en los
demás el deseo de acercarse a él.
La conexión entre la fe y el decálogo.
La fe se presenta como un camino, una vía a
recorrer, que se abre en el encuentro con el Dios
vivo. A la luz de la fe, de la confianza total en el
Dios Salvador, el decálogo adquiere su verdad
más profunda, contenida en las palabras que
introducen los diez mandamientos « Yo soy el Señor,
tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto » (Ex 20,2).
El decálogo no es un conjunto de preceptos
negativos, sino indicaciones concretas para salir del
desierto del « yo » autorreferencial, cerrado en sí
mismo, y entrar en diálogo con Dios, dejándose
abrazar por su misericordia para ser portador de su
misericordia.
Los cuatro elementos que
contienen el tesoro de memoria
que la Iglesia transmite:

1. la confesión de fe,

2. la celebración de los sacramentos,

3. el camino del decálogo,

4. la oración.
ÍNDICE DEL CATIC
PRIMERA PARTE: LA PROFESIÓN DE LA FE

SEGUNDA PARTE: LA CELEBRACIÓN DEL

MISTERIO CRISTIANO

TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO

CUARTA PARTE: LA ORACIÓN CRISTIANA


La catequesis de la Iglesia se ha organizado en torno a
ellos, incluido el Catecismo, instrumento fundamental
para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica
el contenido completo de la fe, « todo lo que ella es,
todo lo que cree »
En DV no se da una definición
conceptual de la Tradición, se la
describe de un modo nuevo y vivo.
"La Constitución Dei Verbum nos
presenta una Tradición viva. Es de
notar la insistencia en la vida" dice
L. Alonso Schökel
La Iglesia transmite lo que ella misma
cree y vive.
Carácter sacramental de la Revelación (DV. 2)
(obras y palabras, facta et verba)


Carácter sacramental de la Tradición (DV. 8)
(enseñanza, vida, culto)

La fijación por escrito de la predicación apostólica ("la


predicación apostólica, que está expuesta de un modo
especial en los libros inspirados“ D.V. nº 8) no
transforma a la Escritura en algo muerto, sino que
sigue siendo vivo.

Alonso Schökel: "la Tradición transmite la Revelación,


en primer lugar, transmitiendo la Escritura; lo que es
una realidad viva, hecha y nunca acabada".
Esta Tradición Apostólica, progresa en la
Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo:
puesto que va creciendo en la comprensión de
las palabras e instituciones (tam rerum quam
verborum ) transmitidas
 por la contemplación y el estudio de los
creyentes, que las meditan en su corazón
(cf. Lc., 2, 19 y 51),
 por la percepción íntima que experimentan
de las cosas espirituales (comprender
internamente los misterios que viven),
 por el anuncio de aquellos que con la
sucesión del episcopado recibieron el carisma
cierto de la verdad.
LA TRADICIÓN PROGRESA
¿Progreso objetivo, de contenidos? NO

Progreso gnoseológico, subjetivo, de


comprensión de la Revelación Divina: SÍ

Permite explicitar lo implícito.

Los Padres de la Iglesia no son la Tradición


PERO "testifican la presencia vivificante de
esta Tradición“ (en su propio tiempo).
Papa Juan Pablo II en carta apostólica "Ecclesia Dei"
en forma de "motu proprio" decía:
“La raíz de este acto cismático se puede individuar en
una imperfecta y contradictoria noción de Tradición:
imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta
el carácter vivo de la Tradición, que - como enseña
claramente el Concilio Vaticano II - arranca
originariamente de los Apóstolos, "va progresando en
la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo (DV 8).

Pero es sobre todo contradictoria una noción de


Tradición que se oponga al Magisterio universal de la
Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al
Colegio de los Obispos.
Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los
lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo,
en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio
de la unidad en su Iglesia (nº 4)".
Relación entRe tRadición
y Escritura
1. Teoría de las dos fuentes:
Escritura y Tradición son dos fuentes de la
Revelación distintas e independientes.

2. Teoría de la suficiencia de la Escritura:


según la cual toda la revelación nos llega a
través de la Escritura y la Tradición,
pero atribuyendo a la Escritura una
suficiencia material y a la Tradición una función
de interpretación
1. Teoría de la suficiencia relativa de la Escritura:
La fuente única es la Revelación
y de ella manan la Escritura y la Tradición,
íntimamente vinculadas entre sí:

“La Sagrada Tradición y la Sagrada


Escritura están íntimamente unidas y
compenetradas.
Porque, procediendo ambas de la misma
fuente divina, se funden en cierto modo
y tienden a un mismo fin" (DV nº 9).
"La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura
constituyen un solo depósito sagrado de la
palabra de Dios, confiado a la Iglesia". (DV. 10)

No toca el tema de la suficiencia o no de


la Escritura, más bien rechaza el
principio de la "sola Scriptura":

“La Iglesia no obtiene su certeza acerca de todas las


verdades reveladas solamente de la Sagrada
Escritura. Por lo cual, se han de recibir y venerar
ambas con un mismo espíritu de piedad“ (DV.
9).
A toda la Iglesia, fieles y pastores, ha
sido confiado este depósito para que:
lo crea,
lo viva,
lo conserve
y lo transmita.
PERO "el encargo de interpretar
auténticamente la palabra de Dios escrita o
transmitida ha sido confiado únicamente al
Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad
se ejerce en nombre de Jesucristo" (DV nº
10).
El Magisterio es una realidad que
pertenece a la Iglesia y por tanto recibe
el depósito de la Palabra de Dios,
depende absolutamente del mismo y
está al servicio del mismo.
Y sirve a la Palabra de Dios

“en cuanto que por mandato divino y con la


asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la
guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y
de este único depósito de la fe saca lo que
propone que se debe creer como divinamente
revelado“ (DV. 10).
La SAGRADA ESCRITURA es la palabra de
Dios, en cuanto escrita por inspiración del
Espíritu Santo.

La TRADICIÓN recibe la Palabra de Dios y la


transmite íntegra a los sucesores de los
apóstoles para que ellos, iluminados por el
Espíritu de la verdad, la conserven, la
expongan y la difundan fielmente en su
predicación (DV 9).
“La TRADICIÓN y la ESCRITURA constituyen un
sólo depósito sagrado de la palabra de Dios
confiado a la IGLESIA” (DV 10).

Por esto la IGLESIA no saca exclusivamente de la


ESCRITURA sino también de la TRADICIÓN la
certeza acerca de todo lo revelado (Ej. Dogmas
marianos).
Además, la TRADICIÓN da a conocer a la IGLESIA la
lista integral (canon) de los libros que componen la
SAGRADA ESCRITURA
EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA, por su
parte, no está por encima de la Palabra de
Dios, sino a su servicio pues tiene el oficio de
interpretar auténticamente esta palabra de
Dios, oral o escrita. Por ello, para enseñar
puramente lo transmitido, con la ayuda del
Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo
custodia celosamente, lo explica fielmente y
lo propone como revelado por Dios para ser
creído.
LOS DOGMAS son aquellas verdades
reveladas por Dios, y por tanto contenidas en
la S. Escritura y la Tradición, declaradas y
definidas como tales solemnemente por el
Magisterio de la Iglesia (Concilios
Ecuménicos y el Papa cuando habla “ex
cathedra”).
La Revelación de Dios para nosotros hoy
la encontramos en la Escritura,
que nos llega en la Tradición,
que fue confiada en depósito a la Iglesia.

Hay tres realidades inseparables:

SAGRADA
ESCRITURA

TRADICIÓN

IGLESIA
(MAGISTERIO)
LA CASA
DE LA
PALABRA

LA IGLESIA
Los católicos leemos e interpretamos la Biblia en la
Iglesia, porque es en la Iglesia dónde se transmite la
enseñanza de los apóstoles.
No podemos separar ni oponer Biblia e Iglesia,
ni Biblia y Tradición.
Tenemos como argumento el desarrollo histórico de los
acontecimientos pues primero fue la predicación de
Jesús; luego su recepción y transmisión oral;
y finalmente la puesta por escrito (años 60-110).
Por tanto los evangelios son una tradición puesta por
escrito. Nacieron en la Iglesia y dentro de ella los
leemos. Nacieron como expresión escrita de la fe de la
Iglesia.
Verbum Domini n º 7:
“La Palabra de Dios se transmite en la Tradición viva
de la Iglesia.
La Sagrada Escritura, el Antiguo y el Nuevo
Testamento, es la Palabra de Dios atestiguada y
divinamente inspirada.
Todo esto nos ayuda a entender por qué en la
Iglesia se venera tanto la Sagrada Escritura,
aunque la fe cristiana no es una «religión del
Libro»: el cristianismo es la «religión de la Palabra
de Dios», no de «una palabra escrita y muda, sino
del Verbo encarnado y vivo».
Por consiguiente, la Escritura ha de ser proclamada,
escuchada, leída, acogida y vivida como Palabra de Dios, en
el seno de la Tradición apostólica, de la que no se puede
separar" (remite a DV nº 10).