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UNIVERSIDAD NACIONAL

DE SAN AGUSTÍN DE AREQUIPA


FACULTAD DE CIENCIAS HISTÓRICO-SOCIALES
ESCUELA PROFESIONAL DE HISTORIA

CURSO: Seminario II
TEMA: ENSAYO SOBRE EL LIBRO “COLONIALISMO EN
RUINAS. LIMA FRENTE AL TERREMOTO Y TSUNAMI DE 1746”

ALUMNO: Alejandro Zenteno Zeballos

AREQUIPA – PERÚ
2018
ENSAYO SOBRE EL LIBRO COLONIALISMO EN RUINAS. LIMA
FRENTE AL TERREMOTO Y TSUNAMI DE 1746

Son pocos los libros que me han dejado pensando en el futuro, este es uno de ellos.
Colonialismo en ruinas. Lima frente al terremoto y tsunami de 1746, publicado en el
2012, y escrito por Charles Walker; a mi parecer es un espléndido libro que gira en
torno a cómo la sociedad limeña, de ese entonces, reaccionó frente al dantesco desastre
natural. El porqué de dicho reconocimiento es simple.

Walker, en casi trescientas páginas retrata de una forma muy acertada diversos puntos
como lo son; la sociedad limeña del siglo XVIII, las penurias que tuvieron que pasar, el
pensamiento que esta tenía en torno a los desastres, los escenarios devastadores después
del terremoto y tsunami, los levantamientos indígenas, la discriminación, el obsesivo
control hacia las mujeres, la estructura y malestar social, el actuar de las diversas
autoridades tanto gubernamentales como eclesiásticas, entre otros temas. La relación
que realiza de todos estos tópicos con los desastres naturales es muy interesante ya que
al finalizar de toda la obra llega a una conclusión, y es que muchos de los anteriores
aspectos siguen persistiendo en la sociedad limeña – y peruana – del siglo XXI.
Asimismo, el autor tiene un lenguaje fácil de entender, lo cual le permite llegar no solo
a un público científico sino también a un público en general.

El libro consta de ocho capítulos – nueve si contásemos el epílogo – en los cuales, el


escritor se va a encargar de un breve y brillante análisis de la sociedad limeña en la
mitad del siglo XVIII en torno a las catástrofes acaecidas un 28 de octubre de 1746 a las
10:30 de la noche. Se calcula que el terremoto habría alcanzado entre 8.0 y 8.6 en la
escala de Richter. En esos tiempos quien estaba a cargo del Virreinato era José Antonio
Manso de Velasco, el futuro Conde de Superunda, quien apenas asumiendo el cargo de
virrey tuviese que lidiar con las consecuencias de los desastres naturales.

Cabe resaltar que técnicamente ya han pasado 272 años de tales acontecimientos y una
de las preguntas que me planteó el libro es: ¿Estamos preparados para un desastre
natural de tal magnitud? Muchas personas dirán que sí y muchas más personas dirán que
no. Es una pregunta que no tiene – en mi percepción – una solución. No podemos evitar
los desastres naturales, pero lo que sí podemos hacer es preverlos. Para que de esta
manera no existan – sería lo más ideal – victimas mortales de ningún tipo.
Uno de los puntos importantes que menciona el autor es la acentuada estratificación
social que existía en la época colonial en la sociedad limeña. Básicamente existían tres
grupos sociales los cuales eran; – de forma general – españoles, indios y africanos.
Como hemos podido ver, Lima era – y es – una ciudad muy diversa. Internamente, en
las mismas clases sociales había diferencias y discriminaciones. A modo de ejemplo; en
la clase social indígena, esta se dividía en nobleza y comunes. Es interesante ver que la
nobleza indígena de Lima era mal vista por la de Cuzco. Podemos ver así, cómo dicha
estratificación que parece simple, es a la vez complicada.

Para la clasificación racial, los españoles crearon un sistema en el cual la identidad


colectiva se basara en el linaje y religión. Para los mediados del siglo XVIII, Lima
poseía aproximadamente 60 000 habitantes, mientras que el Puerto del Callao, 6 000.
Dicha clasificación era necesaria debido a la creciente complejidad en la población
limeña, para mantener los códigos sociales, el orden y “mantener a raya” a las demás
clases multiétnicas que no fuesen españolas.

Otra forma de diferenciación de las clases sociales limeñas tenemos a las


construcciones. La distribución y materiales utilizados en las casas son muy
interesantes, encontramos que las casas de las clases altas se encontraban alrededor de la
Plaza Mayor, al igual que muchas de las instituciones gubernamentales y templos
pertenecientes a las diferentes órdenes que existían. Pero, en cuanto a los materiales
vemos que la piedra se traía desde Panamá y Arica, la madera desde Guayaquil,
Nicaragua y Chile (da a entender que dichos materiales eran difíciles de conseguir y que
solo las clases altas podían emplearlos). Asimismo, muchas de las casas – algunas de
clases alta y sobre todo las de clase baja – tenían como principales materiales el adobe o
quincha, debido a la facilidad y proximidad con la que se podían conseguir.
Presenciamos entonces la existencia de una diferencia social, pero una igualdad al
momento de utilizar barro y caña.

Terremotos anteriores como los de 1560, 1655 y 1687, habrían dejado en la memoria
social limeña un terror absoluto hacia estos movimientos telúricos y no es para menos.
El terremoto y posterior tsunami, destruirían gran parte de la ciudad y casi todo el
puerto chalaco. Se dice que de las sesenta y ocho edificaciones limeñas, cuarenta y
cinco fueron destruidas, y la Ciudad de los Reyes pasó a convertirse en una llena de
caos, confusión, olores repulsivos, estruendos, confusión, malestar y tristeza.
Se calcula que hubo – incluyendo las víctimas del Callao – entre 16 000 y 18 000
víctimas mortales aproximadamente. Este número se hubiese elevado a 50 000 si es que
el terremoto hubiese sido dos horas después, a las 12:30 de la noche, ya que para esas
horas muchos estaban durmiendo.

La imagen era desoladora, una de las ciudades más importantes de las colonias
españolas había sido arrasada por un desastre natural. Tan terrible fue la escena, que se
realizaron algunos actos considerados sacrílegos como lo son los entierros masivos.
Consistían en realizar agujeros en campos abiertos y enterrar por lo menos 30 cuerpos.

La figura del virrey, José Antonio Manso de Velasco, fue fundamental para la
reconstrucción de la capital del virreinato del Perú. Si bien es cierto, en todo el tiempo
de la reconstrucción y reforma urbana; fue duramente criticado y acusado de actos de
corrupción. Principalmente sería el arzobispo Barroeta quien sería su acérrimo crítico y
quien – paradójicamente – lo cuidaría cuando este se retire de su cargo como virrey. Las
primeras acciones de Manso de Velasco fueron; examinar los daños a caballo, abastecer
a los habitantes limeños y del Callao de comida y agua con la reparación de molinos y
acequias, colgar a los saqueadores, ayudar a los heridos y personas que aún se
encontraban en los escombros. Pero entre estas acciones, el virrey vio una oportunidad,
la de quitarle poder a las clases altas y a la Iglesia. Esto no sería una tarea fácil, pues la
crisis económica que se vivía ralentizaba las reformas que el virrey quería imponer.

Existían dos preocupaciones, con las que tenía que lidiar el virrey. Una interna, que era
el caos y descontento social que se vivía en consecuencia del terremoto. Tanto por parte
de las clases altas, la Iglesia y las clases bajas. La segunda vendría a ser una
preocupación ejercida por problemas como el continuo hostigamiento inglés y el
levantamiento de Juan Santos Atahualpa. De igual manera otro factor fue la insistencia
por parte de España de pedir más dinero a las colonias para sustentar la guerra contra
Inglaterra, que cada vez la “desangraba más y más”.

En una ocasión se llegó a hablar sobre, si pudiese hacer un traslado; pero esta idea fue
rechazada por muchas personas. Entre la causas de tal rechazo, encontramos que no
había dinero para la construcción de una nueva ciudad, las edificaciones que fuesen
abandonadas servirían de alojo para vagabundos y ladrones y que Manso de Velasco no
tenía el permiso para hacer tal cosa. Fue entonces que se ordenó la reconstrucción de la
ciudad encargada a Louis Godin quien, junto con el virrey, tratarían de quitarles poder a
la Iglesia y las clases altas con las diversas reformas urbanas. Pese a los esfuerzos de
ambas figuras, no pudieron realizar su cometido. Si bien es cierto, reconstruyeron la
ciudad y aplacaron en gran medida el gran malestar social; quitarles poder a ambos
sectores fue más difícil de lo esperado.

Asimismo, el virrey buscaba la reducción de edificaciones eclesiásticas; lo cual generó


divisiones entre los sectores limeños más conservadores y adeptos al virrey. A mi
parecer el número de conventos era muy elevado. Sin contar los diversos templos,
existían diez beaterios para mujeres, veintiséis conventos para hombres y catorce para
mujeres. La Iglesia poseía aproximadamente el 75% de propiedades urbanas (colegios,
hospitales, capellanías, cofradías, entre otras). La Iglesia, también dominaba el
escenario auditivo y temporal, se encargaba de hacer sonar campanas y realizaba ritos,
funerales, misas entre otras ceremonias religiosas. Manso de Velasco creía que las
actitudes irregulares del clero tenían que ser corregidas por el bien de todos.

Otro aspecto interesante que es motivo de constantes menciones en el libro, es la


vestimenta indecente que utilizaban las diversas clases sociales de Lima. Si bien es
cierto, también se cuestionaba la vestimenta de los hombres, fue la de la mujer a la que
se trató de censurar y corregir de cualquier modo. Muchos de los viajeros veían en
Lima, una ciudad pecadora y echaban la culpa principalmente a las clases populares y a
las tapadas, mujeres cuya principal característica en cuanto a vestimenta, era la
utilización de saya y manto tapándose solo un ojo. La ostentación era más importante
que la seguridad. Para el control de la vestimenta de las mujeres, se impusieron diversas
penas a las mujeres que mostrasen brazos, piernas o tuviesen algún escote. Para la
mayoría de la población limeña, el terremoto era el aviso de algo peor; la Ira Divina.

A muchos extranjeros no les gustaba la relativa autonomía de las mujeres y los esclavos.
Creían que gracias a este libertinaje y ostentación la Ciudad de los Reyes, había sufrido
dicho desastre natural. Un fraile franciscano, llamado Mariano Badía, creía que muchas
de las mujeres que murieron con las piernas rotas fue por llevarlas descubiertas. Creía
que el desastre era justificable.

Una de las consecuencias del terremoto fue la agitación de las clases populares. Las
continuas injusticias, elevación de impuestos y tributo, prohibición al ingreso del clero y
división interna de las misma estorbaba alguna acción colectiva. Esto a su vez generó
una desconfianza en torno a los indios y sobre todo a los esclavos. Es por esa razón que
las clases medias como los criollos, que también sufrían la discriminación de los
españoles en menor medida, nunca apoyaban los levantamientos – generalmente –
indígenas. Con el terremoto, se dio la anulación temporal de los códigos sociales y
disciplinarios de la ciudad. De igual manera, había debilitado la “aparente” fortaleza del
dominio hispano; fortaleza que en gran medida era la debilidad de las clases bajas.

Debido a los factores indicados, se dieron diversos levantamientos indígenas como el de


Cercado y Huarochirí (1750), el cabecilla en ambos levantamientos fue Jiménez Inca. El
principal miedo del virrey era la unificación de dichos levantamientos con el
levantamiento de Juan Santos Atahualpa. La envidia, la discriminación, el desdén hacia
los españoles y la nostalgia por los incas eran los principales motores de los
levantamientos.

En conclusión, el libro refleja muchos aspectos de la sociedad limeña del siglo XVIII
que aún perduran. Y nos volvemos a plantear la pregunta que nos hicimos al comienzo,
¿Estamos preparados para un desastre natural de tal magnitud? Han pasado casi tres
siglos de aquel terremoto que pudo destruir por completo la capital del Virreinato del
Perú. ¿Hemos aprendido algo? Si bien es cierto, en la actualidad, la idea de que los
desastres naturales son una consecuencia del comportamiento de una sociedad
determinada ha disminuido; muchas de las celebraciones y aspectos barrocos persisten.
El libro es menester de lectura, pues aparte de que el tema es muy interesante y
apasionante, es muy importante tener una conciencia de lo que son y pueden hacer los
desastres naturales.