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EN DIOS SIEMPRE HAY ESPERANZA

El salmo 42 está envuelto en un lenguaje demasiado sombrío. El salmista está


experimentando dolor en el alma, ansiedad, llanto, burlas, se siente
abandonado, siente su corazón destrozado; parece que lo único bueno en su
vida es solo un recuerdo, si alguna vez las cosas estuvieron bien, eso no es
más que algo del pasado porque el presente parece que no brinda ningún
alivio, ninguna esperanza, y el futuro es totalmente incierto; él está
desanimado, profundamente desalentado, se siente aplastado por el peso de
los problemas; y es que, no solo hay mil cosas a su alrededor que lo están
llevando a la desesperación, sino que siente que Dios mismo está más lejos
que nunca; aún así, aún así este es un salmo increíble y único. Es cierto que
son demasiadas emociones y situaciones difíciles las que se expresan en este
salmo, tan solo 11 versículo tienen la capacidad de presentarnos la realidad
que muchas veces vivimos. Este salmo es único al menos por dos razones, en
primer lugar, no nos esconde la realidad. Estamos acostumbrados a ver a los
personajes de la Biblia como superhéroes, creemos que la Biblia nos habla
solo de hombre y mujeres que hicieron proezas. Pero eso sucede porque nos
hemos convertido en elitistas, nos gusta seleccionar aquellos pasajes,
aquellas historias increíbles que nos hacen sentir que podemos salir y vencer
toda situación; pero la realidad es que la Biblia tiene más historias de
fracasos que de victorias, La Biblia realmente está llena de hombres y
mujeres con fallas, con problemas, con dificultades, angustiadas,
desesperadas… desde el primer hombre que pisó esta tierra comenzamos a
ver el fracaso. Se nos olvida que el pueblo que Dios escogió anduvo 40 años
por un desierto a cusa de su desobediencia; el mismo Elías famoso por hacer
descender fuego del cielo, luego está escondido en una cueva deseando
morirse. De seguro todos hemos escuchado la historia de David y Goliat, pero
a lo mejor no sabemos que hay una historia de David e Isbi-benob, otro
gigante que casi mata a David de no ser porque Abisai lo defendió.
Mas bien, la Biblia está escrita para personas de carne y hueso como tú y
como yo, para personas que posiblemente se identifiquen más con las
palabras del salmo 42. Y eso no es malo, eso es bueno, al menos es bueno
para quienes tenemos que reconocer que muchas veces sufrimos ansiedad,
eso es bueno para quienes tenemos que reconocer que en tantas ocasiones
estamos angustiados, preocupados, con temor. Esto es bueno para aquellos
que, aunque sabemos que Dios está siempre a nuestro lado, aún así en
ocasiones nos sentimos solos. Pero en segundo lugar este salmo es hermoso
porque a la vez encontramos la más increíble verdad en los versículos 5 y 11,
a la mitad del salmo y al final, el salmista expresa en forma de pregunta: ¿Por
qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? Y es allí donde
viene la mejor respuesta: ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo
alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!
El problema no es sentir ansiedad, el problema no es sentir angustia,
desesperación, o cualquiera de estas emociones; no ese no es el problema.
Más bien debemos preguntarnos, cuando nos sentimos así que hacemos, a
dónde vamos, en quien ponemos nuestra esperanza. Sin importar lo que
estuviera pasando, sin importar cómo se estuviera sintiendo, el salmista solo
se repetía una y otra, y otra vez: Mi esperanza está en Dios. Mi confianza está
en Él. No importa lo que yo sienta, mi esperanza está en Él. No importa aún si
en este momento pienso que he sido abandonado, no, sigo confiando en mi
Dios, no tengo más a donde ir, y realmente no quiero ir a otro lugar; porque,
aunque en este momento vea situaciones difíciles a mi alrededor, al menos
tengo un motivo de alabanza, Dios, mi Dios, es mi Salvador. Es la gran
realidad, cuando hemos creído en Jesucristo, el verdadero superhéroe de la
biblia, el verdadero personaje central del cual trata todo este libro, cuando Él
es nuestro Salvador, entendemos que esto es algo que nada ni nadie nos
puede quitar. En palabra del apóstol Pablo: “Ni la muerte ni la vida, ni
ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones
de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno. La salvación que Cristo nos
otorgó es segura. Simplemente podemos confiar en Dios y alabarlo porque:
“Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda
la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en
Cristo Jesús nuestro Señor.
Puede ser que en este tiempo estemos experimentado alguna, varias, o todas
estas cosas que estaba experimentado el salmista, pero recordemos que
Cristo nos ha salvado. Que esta verdad sea lo que nos aliente todos los días
de nuestra vida a descansar en Dios y tener esperanza.
Padre nuestro que estás en los cielos, en esta hora te regamos en tu gracia y
misericordia que, sin importar las circunstancias, en ti siempre tengamos
esperanza. Te pedimos que nos recuerdes todos los días que tu amor es real
porque eres nuestro salvador. Que aún en medio de la ansiedad, la angustia,
la desesperación, en ti encontremos un refugio seguro y llenes de paz
nuestro corazón. Perdónanos si hemos dudado, perdónanos si te hemos
cuestionado, por favor, perdónanos si no hemos confiado; pero hoy
queremos decirte que no tenemos a donde ir, que solo en Ti está nuestra
esperanza porque sin Ti no somos nada. Que tu Espíritu nos fortalezca todos
los días por medio de Tu Palabra bendita y que Cristo sea el verdadero
motivo de nuestra alegría. Padre, que si estamos fortalecidos reconozcamos
que la fortaleza viene de Ti, o si por alguna razón estamos desanimados,
afligidos, angustiados, que seas tú levantándonos. Todo esto te pedimos por
el sacrificio de tu amado Hijo en la cruz del calvario. Amén y Amén.