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En la costa sur en paracas se desarrolla un estilo propio muy policromo en cerámica y textileria, con

representaciones de personajes, animales y plantas de forma naturalista, ceramios en forma de botella con doble
pico y asa puente, lo mismo que decoración de pintura negativa.

En la sierra sur, en la zona del Cuzco tenemos los sitios de Marcavalle y Piquicallia, su cerámica es crema sobre
marrón con rojo de fondo, aquí también encontramos figurinas de ojos rasgados; hay también cerámica incisiva
ancha y profunda, punteados y motivos zoomorfos, estilísticamente está vinculada a la costa sur, especialmente
con Hacha y Erizo.

En la costa central la cultura Lima se caracteriza por su estilo interlocking; menos creativa que Moche, usa la
pintura negra, blanca y rojo brillante sobre base natural oxidada, sus diseños decorativos más comunes son las
serpientes entrelazadas, similares a las usadas en textilería.

En la costa sur, Nasca tiene un estilo eminentemente policromo usa ocho colores en diversas tonalidades sobre
fondo crema, lo escultórico pasa a segundo plano, sus formas más comunes son la botella de doble pico y asa
puente, vasos, cantaros globulares, etc., sus diseños decorativos son líneas geométricas y grandes personajes
míticos-antropomorfos, con cabeza de felino, en cada articulación de los miembros hay cabezas trofeo, en las
manos llevan azada o palo de cavar, cabeza-trofeo o frutos.

En la sierra el estilo más espectacular por su plasticidad escultórica es la cultura Recuay que usa la pintura
negativa en negro, blanco y rojo. Hay también cantaros de cuerpo biconvexo que en la parte superior tienen
escenas con figurinas pequeñas.

Otro estilo importante es Cajamarca, son famosos sus platos muy bien decorados con pinceles muy finos para
tomar diseños geométricos y cursivos.

En la sierra sur, Tiawanaco tiene un estilo de cerámica más sobrio, por la belleza de sus diseños geométricos
pintados en rojo y negro.

Domina en el estilo la presencia del personaje que aparece en la portada del Sol, son también famosos los vasos
Tiawanacoides de amplia distribución en el territorio andino.

En Ayacucho se encuentran elementos alfareros de estilo Paracas de la costa sur y de la tradición Pucara del
altiplano, en sitios como Chupas, Wichcana y Huanta; es decir pues que Ayacucho fue en este periodo receptora
de tradiciones tanto norteñas, sureñas y altiplánicas.

En el periodo Intermdio temprano Huari no es más que una aldea poco desarrollada, con mejoramiento y
ampliación de áreas agrícolas, pero bajo una influencia Nasca. Estos antecedentes modelos de Huari han llevado
a los arqueólogos a plantear que su verdadero impulso se inicia con los aportes costeños de la tradición Nasca y
altiplánica de Tiawanaco; incluso se sostienen que es muy probable la presencia en Ayacucho de colonias
Tiahuanaco muy predominantes en su estilo de cerámica; así vemos que Huari se inicia con Conchopata que
tiene una marcada influencia Nasca y que luego se amalgama con Tiawanaco en el estilo Robles Moqo

En la problemática de la cerámica del ámbito geográfico de Huari, se olvida que la costa sur influencio con fuerza
en la sierra de Ayacucho, especialmente en su cerámica, que desde el periodo Formativo refleja la influencia
Nasca, y , por tanto, Huari no hizo otra cosa que continuar con esta tradición; de aquí que en el horizonte Medio
lo Nazca, en tecnología y policromía, es totalmente indiscutible; incluso los mejores ceramios del estilo Robles
Moqo se encuentran en los cementerios de Cahuachi y Pacheco en la costa sur del Perú.

Lumbreras (1974) también sugiere colonias altiplánicas para la fase inicial en base al estilo Chaquipampa, Ocros,
Conchopata, Ayapata y Pacheco, en los cuales aparece predominatemente la divinidad de la portada del Sol de
Tiawanaco, además de que en los sitios de Checohuasi y Moradochacoy se encuentra arquitectura megalítica de
piedras finamente labradas al estilo Tiawanaco.

En la formación de lo que se llama Huari, existe un fuerte sustrato Tiawanaco-Nasca, no solo como ideología
religiosa trasmitida por el dios de la portada del Sol, representado en cerámica, tejidos y otros elementos, sino
como evidencia de la tradición altiplánica en el majeo y control de pisos ecológicos, con establecimientos de
colonias en la costa sierra y Andes Amazónicos, desde épocas muy tempranas.

El sustrato Nasca-Tiawanaco, confundido como Huari, se explica mejor como tradición altiplánica que establece
colonias en distintos lugares, no solo con el fin de obtener de otros pisos ecológicos sino también llevando una
ideología religiosa y un comportamiento social vinculado al curanderismo, tradición que se mantiene hasta hoy
entre los Kollaguayas de Bolivia.

En el Horizonte Medio es muy común la presencia de ceramios en forma de llamas, lo cual nos es otra cosa que
un reflejo de la tradición altiplánica, donde abundan estos camélidos que fueron utilizados para el transporte de
productos a largas distancias a través de la cordillera de los Andes.

En lo referente a la cerámica es bueno señalar que los estilos denominados Huari fueron identificados
inicialmente como el llamado Tiawanaco peruano y solo a partir de la década del 60 serán identificados como
Huari; esta tendencia de huarinizar lo Tiawanaco e incluso lo nascoide es algo similar al fenómeno ocurrido en el
Horizonte temprano, de chavinizar una serie de estilos regionales que en algo se parecían. Chavinoide,
tiawanacoide o huaricoide son estilos análogos y engendran los mismos problemas y errores generados por la
ligereza en la apreciación de los fenómenos que involucran ciertos parecidos que muchas veces nada tienen que
ver con filiaciones de orden económico-político, de estado o imperio.

En la época I del Horizonte medio, los denominados estilos Chaquipampa y Ocros muestran formas y diseños
iconográficos de clara afiliación Nasca, mientras que en el Conchopata y Robles Moqo, sus ejemplares más
conocidos son las grandes vasijas con el diseño del dios de los báculos de la portada del Sol de Tiawanaco. Se
incluyen también vasijas de cara gollete y formas de llamas escultóricas de filiación Tiawanaco. A ellas se agrega
la forma de un vaso negro, cuyos antecedentes están en Pucara.

En la época II hay una amalgama de estilos, pero claramente diferenciables a nivel regional: Viñaque en
Ayacucho, Atarco en Nasca y Pachacamac en la costa central, todos con fuertes ingredientes locales como el
estilo Huamanga, Nasca y Nievería.

En base a los estilos mencionados, varios arqueólogos proponen para la época II un territorio imperial que abraca
hasta Lambayeque y Cajamarca por el note y Cusco, Arequipa y Moquegua por el sur.

En la costa sur, Nasca es un área cuyo papel protagónico en lo referente a alfarería ha sido subestimado, por
revalorar algo Huari, llegando incluso huarinizarla, olvidando el papel que jugó el estilo Nasca en los estilos
llamados Chaquipampa y Robles Moqo, que juntamente con Tiawanaco se encuentran en el sitio de Pacheco y
Cahuachi.

En Arequipa, el estilo alfarero de influencia Huari, según lumbreras se llama Qoscopa, derivado del estilo
Viñaque, que extiende su área a Siguas, Ocoña y Craveli, llegando hasta cerro Baúl de Moquegua.

En la sierra sur, en el Cusco, has dos estilos alfareros muy locales, que tal vez fueron influenciados por Huari: el
estilo Lucre y el etilo Qotakalli, este último supone dio origen al estilo Kilke preinca.

En el sur, Ayacucho pudo resultar con mayores ventajas de alianza con Nasca y Tiawanaco, convirtiéndose en un
gran estado poderoso que mantuvo su hegemonía en el territorio sureño hasta la época II del Horizonte medio.
Los chancas si son más conocidos en base a datos etnohistóricos, por su gran hazaña de poner en jaque al
emergente imperio de los incas; en esta área Lumbreras ha reconocido el estilo Arcalla como perteneciente a los
chancas y Ramiro Matos describe para la misma zona cuatro estilos alfareros: el Coras, el Mantaro, el Arcalla y el
Huayllirca.

El estilo Coras es una cerámica tosca, de pasta clara, engobe blanco y decoración negra en forma geométrica,
líneas con puntos, líneas onduladas que se entrecruzan. Se encuentra distribuido en Acobamba, Huancavelica y
Angaraes, llegando hasta Huamanga y la parte norte de Jauja.

El estilo Mantaro está formado por dos componentes: el Mantaro base roja con motivos geométricos de color
negro y blanco, figuras escalonadas, modeladas, estampados, aplicados e incisos. El Mantaro base clara, de
engobe claro, sobre el cual hay diseños cursivos descuidados en dos y tres colores; estos dos componentes del
Mantaro se encuentran entre Huancayo, Jauja y Junín en el norte, y hasta Huamanga en el sur.

El estilo Huayllirca no está claramente definido, se encuentra en Angaraes, Huancavelica; sus vasijas son de
aspecto tosco, con manchas rojas en el gollete y decoración aplicada sobre un engobe blanco.

El estilo Arcalla se distingue por su decoración de líneas irregulares en rojo y negro, motivos incisos y aplicados;
su distribución se ubica entre Vinchos y Huamanga. Bonavia sostiene que el estilo Arcalla debe corresponder a la
época Inca, porque se encuentra en sitios como Caballoyuq, que es un sitio de colonización Inca, en la ceja de
selva.

En general, de acuerdo a la distribución de varios estilos en el supuesto territorio chanca y por las mismas formas
arquitectónicas y patrones de asentamiento, se puede decir que se trata de vrios grupos confederados entre los
cuales debe incluirse a los huancas; estos grupos emprendieron una campaña de conquista e el mismo momento
que los Incas trataban de dominarlos.