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ISIEC (Instituto Superior de la Iglesia Evangélica Congregacional)

Profesorado en Ciencias Sagradas

Cursado: 2do año

Cátedra: Historia de la Iglesia II

Profesor/a: Antonio Schär

Trabajo:

Resumen del capítulo 1: Causas que condujeron a la Reforma, del libro ´Los forjadores de
nuestra fe´, de Ismael Amaya

Estudiante: Maximiliano Kreick

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Los forjadores de nuestra fe, capítulo I: Causas que condujeron a la
Reforma
Sería prácticamente imposible enumerar adecuadamente todas las causas de los acontecimientos tan
complejos y variados que culminaron en la Reforma. En general, sin embargo, se podrían agrupar bajo
cuatro diferentes categorías: 1. el dogma de la iglesia, 2. prácticas populares, 3. prácticas eclesiásticas, y 4.
abusos eclesiásticos.

El dogma de la Iglesia
El aspecto más crítico de la decadencia de la iglesia medioeval sin duda tiene que ver con la transformación
de su posición doctrinal. Cuando comparamos el dogma de la iglesia de los apóstoles con el de la iglesia
medioeval notamos un cambio increíble. La mayoría de esos cambios fueron un proceso que se alargó
lentamente, en muchos casos a través de muchos siglos. Entre los elementos básicos que sufrieron los
cambios más radicales se encuentran los expuestos a continuación.

El concepto de la Iglesia

El Pentecostés que se registra en el capítulo 2 del libro de los Hechos se considera como el nacimiento
«oficial» de la iglesia cristiana. Las características principales de la iglesia del Nuevo Testamento eran (.1)
un sentido de hermandad; (2) el poder del Espíritu Santo; (3) un testimonio -Cristo muerto, resucitado, y
ascendido; y (4) la esperanza del retorno triunfante de Cristo. La segunda venida de Cristo era la esperanza
suprema de la iglesia primitiva. La iglesia del Nuevo Testamento poseía una organización muy sencilla. El
concepto que prevalecía era que la Iglesia era el cuerpo de Cristo (Efesios) y que Cristo era la Cabeza de la
Iglesia (Colosenses), y que por lo tanto la Iglesia debía mantenerse bajo la dirección divina. Pero este
concepto de la iglesia del Nuevo Testamento fue cambiando. Ya en el siglo tercero, se destaca el énfasis en
el concepto de la iglesia como institución. Se habla de los obispos como agentes especiales del Espíritu
Santo, lo cual condujo al concepto de la sucesión apostólica, y se usa analogías que ponen énfasis sobre la
iglesia como una institución. Ya en la Edad Media tenemos una superestructura eclesiástica, con un
absolutismo papal sin precedentes, y la Cabeza de la Iglesia, ya no es Cristo sino el papa.

El concepto de la salvación

En la iglesia del Nuevo Testamento, cuando se decía que alguien era salvo, significaba que esa persona
había creído en Jesucristo, se había arrepentido de sus pecados y los había confesado a Dios, y Dios la
había justificado. Es decir, que en la iglesia del Nuevo Testamento el concepto de la salvación era que la
persona era salva o justificada por gracia, por medio de la fe en los méritos de Cristo hechos en la cruz del
Calvario, y no por la justicia propia que provenía del esfuerzo por ganarse la propia salvación. La salvación
en la iglesia del Nuevo Testamento tenía también derivaciones éticas. El nuevo creyente demostraba este
cambio bautizándose públicamente como un testimonio de que renunciaba al mundo y su concupiscencia.
Pero con el correr de los siglos este concepto neotestamentario de la salvación fue cambiando
gradualmente. Ya en el siglo tercero Cipriano usa algunas analogías para referirse a la «Iglesia» que nos
muestra que para él la salvación es por medio de la institución de la Iglesia y no por medio de Cristo. Esto

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conduce más tarde al principio de que «afuera de la Iglesia no hay salvación». De este principio dependía el
poder de la excomunión, tan hábilmente usado por los papas de la Edad Media.

El perdón de los pecados

En la iglesia del Nuevo Testamento, la persona que había creído en Cristo y se había arrepentido de sus
pecados y los había confesado a Dios recibía el perdón por la gracia de Dios. Era la fe del penitente en los
méritos de Cristo hechos en la cruz del Calvario. Una vez que la persona recibía la salvación, debía
bautizarse. Pero el bautismo no era otra cosa que un acto por medio del cual el creyente daba un
testimonio público de sus intenciones de renunciar al mundo y sus deseos de unirse a la comunidad
cristiana. Hacia fines del siglo segundo y principios del tercero notamos dos cosas. La primera es la
diferencia que se establece entre los pecados «cardinales» y los demás pecados. La segunda cosa que
notamos durante este período es la enseñanza de que el bautismo tiene poder para limpiar de todo
pecado. Con el correr del tiempo se levantó la pregunta de cuándo la persona había hecho lo suficiente
para ameritar el perdón. Pronto se desarrolló el consenso de que la autoridad para esta decisión había sido
divinamente otorgada a la congregación, especialmente a aquellos miembros de la iglesia que estaban a
punto de sufrir el martirio. Con el tiempo esto condujo a muchos abusos, en lo que se considera como un
punto importante en el desarrollo de la autoridad papal. Pero puesto que muchos de los actos de
humillación y confesiones públicas no eran sinceros, lo que produjo más abusos.

El concepto de los sacramentos

La iglesia del Nuevo Testamento tenía solamente dos sacramentos: la santa cena y el bautismo. La santa
cena era simplemente un acto memorial que la iglesia celebraba en el primer día de la semana, que servía
para mantener latente la memoria de la muerte y resurrección de Cristo. El bautismo era un acto público
por medio del cual el creyente expresaba sus intenciones de abandonar el mundo con sus deseos, para ser
admitido a la comunidad cristiana y seguir a Cristo. Pero con el correr de los siglos, la iglesia
paulatinamente fue añadiendo otros sacramentos. Para fines de la Edad Media, la iglesia contaba con siete
sacramentos: la santa cena, el bautismo, la confirmación, la ordenación, el matrimonio, la extremaunción,
y la penitencia. De todos estos sacramentos los únicos dos que tenían base bíblica eran la santa cena
(eucaristía) y el bautismo. La interpretación bíblica de ambos estaba equivocada. En el caso del bautismo,
la iglesia enseñaba que el bautismo tenía el poder de limpiar de todo pecado. La santa cena dejó de ser tal
para convertirse en la eucaristía o la misa, la cual se celebra en latín, y había adquirido un nuevo significado
espiritual: la repetición simbólica del sacrificio de Cristo por los pecados. Según esto, mediante el acto de
consagración que el sacerdote hacía de los elementos, el pan y el vino se convertían en forma mágica en el
cuerpo y sangre de Cristo. Esta idea se convirtió gradualmente en el dogma de la transubstanciación.

Prácticas populares
La situación religiosa de la Edad Media se había deteriorado seriamente, también debido a ciertas prácticas
populares incorporadas como parte del dogma oficial. Las dos prácticas populares principales, a
continuación.

La mariología

Esa es la tradición equivalente a la adoración, de exaltar a la Virgen María a un estado de elevada


veneración. Los primeros indicios de exaltación de la Virgen María se remontan al siglo tercero. Esta
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actitud de excesiva veneración se convirtió más tarde en verdadera adoración de parte de las masas
populares, una práctica que la iglesia no instigó pero que tampoco hizo nada por corregir. Andando el
tiempo esta práctica llevó a la iglesia a declarar a María «la Madre de Dios», la «Reina de los Cielos», y
finalmente darle el título de «co-Redentora» juntamente con Cristo.

La intercesión de los santos

La práctica de venerar a los santos también se remonta al segundo y tercer siglos, y comenzó como respeto
por las personas que habían sufrido el martirio durante las persecuciones de los dos primeros siglos. Se
creía que estos santos eran perfectos. Esto llevó a los creyentes a invocar la intercesión de ellos en la
presencia de Dios. El respeto y la memoria de los santos llegaron a tomar la forma de verdadera
veneración. La fecha y el lugar de su martirio se consideraron sagrados, y con el tiempo el aniversario de su
muerte se comenzó a marcar en el calendario. A principios del siglo cuarto esta veneración, que hasta
entonces había sido reservada sólo para los mártires, se extendió a aquellos que, estando aún vivos,
habían defendido la fe cristiana y sufrido por ella y a aquellos que habían vivido una vida cristiana
ejemplar, o que habían sobresalido en la doctrina cristiana y la fe apostólica. Durante los primeros tres
siglos la fama de la persona o la vox populi (el testimonio popular) eran el único criterio para determinar la
santidad de una persona. Pero entre los siglos sexto y décimo el número de los muertos que recibían el
culto de los santos había aumentado tan rápidamente, y los cuentos legendarios y abusos eran tantos, que
la intervención de la autoridad eclesiástica, representada por el obispo, surgió como una medida
regulatoria. La práctica de la veneración de los santos finalmente condujo a la iglesia a la práctica de la
canonización de los mismos.

Prácticas eclesiásticas
Algunas de las prácticas eclesiásticas de la iglesia medioeval clamaban por una reforma radical. Habían
surgido algunas prácticas eclesiásticas que inspiraban la protesta de muchos cristianos sinceros. A
continuación vistas.

El absolutismo papal

Desde los primeros siglos del cristianismo los obispos habían comenzado a adquirir cierta jerarquía y a
ejercer una supremacía en la iglesia que fue en aumento con el correr de los siglos (y especialmente el
obispo de Roma). Por consiguiente, con el correr de los años los sínodos y los concilios comenzaron a mirar
al obispo de Roma como la fuente de autoridad y ortodoxia. Y esto era casi de esperarse, pues Roma era la
ciudad más grande y más importante del Imperio Romano. Durante el siglo cuarto, los dos personajes más
prominentes en Roma eran el emperador y el obispo de Roma. Pero en el año 330 el emperador
Constantino cambió la capital del Imperio Romano a Constantinopla, a la cual trasladó él su residencia. Esta
acción de Constantino no sólo debilitó a Roma políticamente sino que dejó al obispo de Roma como el
personaje más importante de esta ciudad, dando así a Roma mayor prominencia religiosa. De aquí en
adelante, en las muchas controversias en los concilios la influencia del obispo de Roma era tal que por lo
general el lado en que él estaba era el que prevalecía en las decisiones. En muchos casos los sínodos y
concilios daban a las personas afectadas por las decisiones de los mismos el derecho de apelar al obispo de
Roma, el cual tenía la autoridad de decidir sobre las resoluciones del concilio. El primer obispo de Roma
que usó el título de papa fue León I (León el Grande). Esta supremacía del obispo de Roma llega a
convertirse durante la Edad Media en un absolutismo papal sin precedentes en la historia de la iglesia.

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Alcanza su punto culminante en el siglo trece, que comienza con el pontificado de Inocente III y se cierra
con el de Bonifacio VIII. Inocente III influyó sobre el concilio que completó los sacramentos y el dogma de
la Iglesia Católica Romana, y estableció la inquisición. Durante el pontificado de Inocente III el papado
alcanzó la cumbre de su poder. Inocente aspiraba a tener absoluto control civil y eclesiástico, y estuvo más
cerca que ningún otro papa de establecer una teocracia papal de alcance universal con control absoluto
sobre el estado y la iglesia. Durante los siglos catorce y quince la jerarquía papal hacía sentir su influencia
en toda Europa.

La corrupción del clero

Por otro lado, la ineficiencia del clero en general había aumentado en proporción inversa al absolutismo y
el poder del papado. Muchos de los sacerdotes de la iglesia medioeval eran iliteratos. Debido al sistema
financiero que predominaba en la iglesia, era posible para una persona con una personalidad agresiva
ganarse la vida cómodamente ejerciendo el sacerdocio. De aquí que muchos entraran al ministerio por
intereses puramente materiales. En estos casos faltaban la vocación ministerial y un sincero deseo por
obtener la mejor educación teológica posible. Esta falta de educación entre los sacerdotes no inspiraba el
respeto de los laicos más educados, producto del Renacimiento. A todo esto se debía añadir la corrupción
moral que predominaba entre el clero, lo cual hacía difícil cumplir con el voto de celibato y abstinencia
sexual. La práctica del concubinato y la relajación moral entre los sacerdotes era cosa bien conocida.

Exceso de formalismo

La iglesia del Nuevo Testamento era una iglesia sencilla que se caracterizaba por un sentido de hermandad
entre los creyentes y un culto de adoración sencillo. El mismo consistía principalmente de la lectura de las
Escrituras, oración extemporánea, un mensaje que consistía en la declaración o interpretación de la verdad
bíblica, la Santa Cena (memorial) y la ceremonia del bautismo (bienvenida a la comunidad de fe); la iglesia
del Nuevo Testamento carecía de una estricta organización eclesiástica. Sin embargo, ya para el siglo
tercero el culto de adoración en la iglesia había tomado definitivamente una forma más ritualista. El
sermón había sido desplazado por una liturgia más elaborada de la Santa Cena. En el siglo séptimo la
eucaristía se había convertido en la parte principal del culto de adoración, ocupando la mayor parte del
mismo. Además, el sacerdote tenía que vestirse con una vestimenta especial, cada una de cuyas partes
tenía un significado espiritual. El formalismo y la ritualidad contaminaron la Iglesia cristiana.

Abusos eclesiásticos
Las causas inmediatas que provocaron la Reforma del siglo XVI fueron los abusos en las prácticas
eclesiásticas de la iglesia medioeval. Estos abusos se pueden clasificar bajo tres categorías: finanzas, cargos
eclesiásticos, y dispensaciones, que estaban relacionados entre sí. Entre los principales estaban:

Las anatas

La práctica por la cual se requería que un obispo o abad contribuyera a Roma la totalidad de las entradas durante el
primer año de ocupar su puesto. Después del primer año en muchos casos el puesto producía ganancias fabulosas.

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Las colaciones

La práctica de Roma de cambiar a los obispos y a los abades después de un tiempo a puestos que estaban
vacantes. Al ser transferido, el obispo o abad debía pagar de nuevo la anata a Roma durante el primer año
en su nuevo puesto. Con esto, la Iglesia de Roma se enriquecía rápida y circularmente.

Las preservaciones

La práctica de reservar los mejores puestos eclesiásticos (entradas monetarias) para el uso del papa, quien
enviaba un representante de sí y recibía todos los fondos que se colectaban por medio de ese puesto.

Las expectativas

La práctica de vender los cargos eclesiásticos al mejor postor antes de que quedaran vacantes. El papa se
aseguraba no sólo de las rentas anuales sino también de una gran suma por derecho a tomar el puesto.

Las dispensaciones

La práctica que tenía que ver con excepciones a violaciones de la ley canónica mediante el pago de una
cantidad de dinero a la Iglesia, que otorgaba la “licencia para pecar.”

La simonía

La práctica de la compra y venta de puestos eclesiásticos. Cuando un puesto eclesiástico quedaba vacante,
el papa fijaba un precio y la persona que pagaba el dinero o hiciera arreglos para pagarlo en abonos, era
nombrado para ese puesto, ya fuera clérigo o laico.

El nepotismo

La práctica de nombrar familiares para cargos eclesiásticos, que en muchos casos eran hereditarios.

Las recomendaciones

La práctica de pagar un impuesto anual al papado a cambio de un nombramiento provisional que rendía
algún beneficio.

El diezmo

La práctica de los obispos y sacerdotes de cobrar el diez por ciento de los frutos del campo, la mercadería,
y las obras artesanales con el propósito de sostener el clero.

El pluralismo

La práctica de ocupar más de un puesto eclesiástico simultáneamente.

El absentismo

La situación de los que practicaban el pluralismo, colectando contribuciones de puestos que ocupaban sin
estar presentes para ejercerlos.

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Las indulgencias

El abuso que causó el más grande furor fue sin duda el de la venta de indulgencias, fue lo que indujo a
Martín Lutero a lanzar su histórica protesta.

- El sacramento de la penitencia

El IV Concilio Laterano fue importante por dos cosas: una, la adopción de la transubstanciación como parte
del dogma de la iglesia, y la otra, la institución de la penitencia como uno de los siete sacramentos. El
concilio, además, adoptó una fórmula para cumplir con la clase de arrepentimiento que la persona tenía
que hacer a fin de pagar por el mal que había hecho. Consistía en cuatro puntos: (1) contrición por los
pecados, (2) confesión auricular, (3) palabras de absolución del sacerdote, y (4) penitencia. La iglesia de la
Edad Media enseñaba que el pecado involucraba culpa, y que relacionado con la culpa inevitablemente
estaba el asunto de la penitencia o castigo. El pecador arrepentido era perdonado gratuitamente de la
culpa de su pecado confesado. Sin embargo, debía cumplir con la penitencia que la iglesia, mediante el
sacerdote, le imponía. La idea era que si el pecador tenía una sincera actitud de arrepentimiento, Dios le
perdonaba su culpa, pero el sacerdote, como representante de la iglesia, debía insistir en una penitencia
severa. Si el penitente no cumplía con su penitencia en esta vida, entonces debía hacerlo en el purgatorio.

- El abuso de las indulgencias

Las penitencias que la iglesia imponía eran tan pesadas que a menudo muchos penitentes no podían
cumplir con las mismas. Esto, por supuesto, no era justo. Un cierto sentido de equidad condujo a la iglesia
a hacer algunas excepciones. Finalmente, en el siglo décimo la iglesia comenzó a enseñar que los méritos
hechos por Cristo, que eran realmente en exceso de las necesidades de la humanidad, formaban un vasto
tesoro, a los cuales se añadieron los méritos de la Virgen María y los de los santos, que por su heroísmo y
santidad de vida habían hecho más méritos que los que necesitaban para su propia salvación. Este vasto
depósito de méritos representaba una posesión preciosa. La iglesia enseñaba que podía hacer uso de este
tesoro de buenas obras y aplicar los méritos a fin de satisfacer las penitencias canónicas de los penitentes
que no podían cumplir con las mismas, vendiendo por una suma de dinero los méritos que la persona
necesitaba en sustitución de la penitencia. Esta clase de conmutación era la esencia de la indulgencia.