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WILKINSON, RICHARD; PICKETT, KATE. (2009) Desigualdad. Un análisis de la


(in)felicidad colectiva. Ed. Turner

Article · December 2009


DOI: 10.17345/rio3.163-165 · Source: DOAJ

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1 author:

Oana Matu
Universitat Rovira i Virgili
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Revista de Libros

zo). Dicho debate, afirma, se dibuja como las mujeres en las sociedades patriarcales
una de las grandes discusiones políticas no sólo tienen una dimensión económica,
del s. xxi, al continuar con las estrategias sino multidimensional (en autoras como
vindicativas de paridad que tienen como Nancy Fraser o Iris Young). Según las
objetivo cambiar la estructura profunda defensoras de las políticas paritarias, para
de poder entre los géneros subyacente en conseguir la igualdad se requiere una ra-
las democracias liberales, y que sitúa a las dicalización de los conceptos de ciudada-
mujeres en una situación de permanente nía y de democracia. La identidad política
discriminación. No es un problema técni- feminista debe ser entendida instrumen-
co (no se acaba en la necesidad de aplicar talmente como el fundamento de la lucha
las cuotas paritarias de mujeres en las ins- sin el enquistamiento de las identidades
tituciones de representación del Estado), esencialistas, y su constitución revertirá
sino que es un problema político, una en una ampliación de los mismos concep-
cuestión elemental de justicia, que trata tos de democracia y ciudadanía, en su re-
de romper con la división sexual del tra- conocimiento de las mujeres como sujetos
bajo; en resumen, un instrumento políti- autónomos, críticos y reflexivos.
co que socava la realidad estructural del
patriarcado. Para ilustrar su pensamiento Estela Rodríguez García
hace un recorrido por las expertas espa-
ñolas que recuperan esa tradición igua-
litarista, como Celia Amorós o Amelia
Valcárcel, que continúan la tarea de exi-
gir coherencia epistemológica y política
a las sociedades democráticas, en la línea Desigualdad. Un análisis de la
genealógica de Olympe de Gouges, Mary (in)felicidad colectiva
Wollstonecraft o Clara Campoamor. Esta Richard Wilkinson, Kate Pickett
tradición se separa, al menos conceptual- Editorial Turner, 2009
mente, de las otras tradiciones surgidas
más tarde, de carácter más esencialista Libertad, igualdad, fraternidad. Parece
de las identidades, como el feminismo de ser que el lema idealista de la Revolución
la diferencia (desde Luce Irigaray a la Li- Francesa sigue atormentando a la socie-
brería de Milán) o las que incorporan las dad del siglo xxi sin perder su carácter
políticas deconstructivas o posmodernas utópico.
en el reconocimiento de que el paradig- El libro del ex profesor de epidemio-
ma distributivo es un punto de partida, logía social de la Universidad de Not-
pero silencia el lenguaje y los símbolos tingham, en colaboración con la epide-
que median las interacciones sociales y mióloga de la Universidad de York, juega
que no reconocen que la explotación de con una compilación de textos, estadísti-

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cas e índices, y saca a luz los principales madres adolescentes y bandas delincuen-
efectos de la desigualdad de la renta. tes, son también las más afectadas por la
La idea central de este trabajo es que violencia, la desconfianza, el estrés, el ra-
la desigualdad es la dueña de todos los cismo y, en definitiva, por la desigualdad.
males de la sociedad; de esta manera, los Según las estadísticas que citan, el esta-
autores anotan que el principal interés de tus social es determinante como variable
la vida cotidiana es el económico, suma- predictora de la cosmovisión que tiene el
mente individualista, por lo que se pone individuo, de modo que, cuanto más alta
menos énfasis en la salud, las relaciones es la escala social, más confianza tiene
sociales o el estado psicológico del indivi- uno en sí mismo. También el estatuto de
duo. Si antes las necesidades básicas eran la mujer en la sociedad, su puesto de tra-
suficientes para una persona, hoy se tiene bajo o sus estudios se ven afectados por
mucho más y, aun así, no es suficiente. La la desigualdad. Las mujeres de los países
metáfora que utilizan es muy explícita: nórdicos, por ejemplo, tienen un estatuto
«Si se tiene hambre, una barra de pan lo superior a las demás, ya que viven en paí-
es todo; pero cuando estamos saciados ses más igualitarios.
una barra más o menos no supone ningu- Incluso dentro de las cárceles se pue-
na diferencia sustantiva e, incluso, puede den ver más personas de color que blan-
convertirse en un estorbo si se pone ran- cas; las condenas son más fuertes para las
cia». minorías étnicas y religiosas que para los
Los países que se han analizado (di- nacionales, y la mayoría de los presos pro-
versos países de la Unión Europea y va- vienen de sociedades pobres y desiguales.
rios estados de Estados Unidos) preten- En una palabra, parafraseando a los au-
den encajar con un modelo aplicable a tores, las sociedades desiguales lo tienen
todas las sociedades pseudodemocráticas todo «disfuncional».
de nuestro presente. Al observar que las ¿Qué medidas se deben adoptar a la
enfermedades que antes eran considera- vista de esta situación? El libro critica
das de ricos afectan hoy a todas las capas suavemente las medidas de los gobiernos,
sociales, debido al incremento de la ca- que considera superficiales: «Hay que en-
lidad de vida, Wilkinson y Pickett con- señar a los pobres que sean más sensatos»,
cluyen que las enfermedades y la tasa de dicen con ironía. «La diferencia está entre
mortalidad dependen de la desigualdad. destinar el dinero público a remediar los
Argumentan que la desigualdad no se da daños o a prevenirlos». ¿Entonces?
únicamente entre países diferentes, sino Las opciones giran en torno a la eco-
que también dentro de un mismo país nomía sostenible y al medio ambiente
existen niveles de vida muy distintos. Así, que favorece la calidad de vida, ayuda a
las zonas periféricas, pobres, abundantes reducir la contaminación, evita el calen-
en jóvenes que han dejado los estudios, tamiento global y disminuye el consu-

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mismo. Wilkinson y Pickett citan como


ejemplo el modelo de Japón, donde se ob-
serva una diferencia muy pequeña entre
los ingresos brutos y netos, lo que favo-
rece el estado igualitario. Subrayan que la
educación para todos los niños minimiza
el riesgo de que se vuelvan criminales y
que la creación de sindicatos ayudaría a la
protección de los trabajadores.
La idea de la propiedad participada que
proponen consiste en la participación, el
control y la distribución de los beneficios;
y en este sentido aportan el ejemplo de
una empresa donde la mayoría de las ac-
ciones esté controlada por los propios em-
pleados, de modo que sean ellos quienes
establezcan de común acuerdo los suel-
dos, así como un salario límite máximo.
De esta manera, se fomenta la igualdad,
la emancipación del asalariado, el control
democrático de las diferencias salariales y
«la redistribución de la riqueza de la ren-
ta». Apoyan las iniciativas que animan a
que todos participen por un mundo me-
jor, de modo que, colaborando, podamos
reconstruir el planeta y nuestro modo de
pensar.
Sin duda, las propuestas de Wilkinson
y Pickett recuerdan a las idealistas liber-
tad, igualdad y fraternidad, antitéticas a la
idea actual de que los seres humanos son
individualistas y de que todas sus accio-
nes están relacionadas con el yo, y no con
la comunidad de la que forman parte.

Oana Matu

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