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EL HOMBRE QUE SALTO DE LAS NUBES

AVENTURAS DE UN PILOTO EN LA SELVA

WELLESLEY MUIR
AGRADECIMIENTO
1
Evelyn, Gail y Gladys, mi esposa e hijas, por leer el manuscrito, corregir los errores y hacer valiosas sugerencias. Su
buena voluntad para vivir en una tienda de acampar durante cuatro meses y medio mientras colaboraba en la
supervisión de la construcción de la Base Aérea de la Misión Adventista en la selva amazónica del Perú, dando a
nuestra familia la oportunidad de ser testigos del inicio del Programa de Aviación con Clyde Peters y el Fernando
Stahl.

Clyde Peters, por compartir sus aventuras en el nombre de Dios para evangelizar a las tribus amazónicas de Perú,
y por darse un tiempo en su ocupada agenda para revisar y corregir el manuscrito.

Eleanor Peters, por toda la ayuda y apoyo dado a Clyde durante su trabajo en la selva, y por ser la madre de tres
maravillosos niños, Shelly, Alan y Linda. Cuando le preguntamos a su suegra, sobre Clyde y su matrimonio con
Eleanor, consideraba que había sido el mayor acierto de su hijo.

Alfredo y Flora Kalbermater y todo su equipo de trabajo, por su apoyo durante los trabajos realizados en la Base
Aérea de la Misión en la selva amazónica del Perú. Su dedicación al servicio de Dios fue un aporte muy valioso para
la culminación de esta historia.

Marvin y Waloma Fehrenback, Siegfried y Evelyn Nuendorff, por ser directores de las estaciones misioneras
durante los primeros años del programa de aviación adventista, y por su valiosa cooperación al revisar partes del
manuscrito que incluía sus estaciones misioneras.

James Aitken, Don Christman y Charles Case, ex presidentes de la División Sudamericana, Unión Incaica y Misión
Amazónica, por su interés en promover el Programa de Aviación con el fin de llegar a las tribus de la selva
amazónica en el Perú.

Jeannette R. Johnson, editor de adquisiciones, y Gerald Wheeler, vicepresidente de la editorial, por haber
colaborado en la publicación de este libro.

También agradezco a otras personas que leyeron el manuscrito y valiosas sugerencias: Justin Bell, Kathy Fagan,
Eileen , Rizzo, Penny Wheeler y Geraldine Wicks.

Y finalmente a todos los lectores de este libro, por apoyar generosamente a las misiones en todo el mundo. "El
espíritu misionero necesita revivir en nuestras iglesias. Cada miembro de la iglesia debería buscar la manera de
contribuir con el trabajo de Dios, en su país y en el extanjero (Testimonios para la Iglesia, vol. 6, p. 29).

Los ingresos provenientes de la venta de este libro se donarán al le Aviación en la selva amazónica del Perú, y
también servirán para continuar con los trabajos en las tribus indígenas, quienes necesitan escuchar la buena
noticia de que Jesús llegará muy pronto.
DEDICATORIA
2
En memoria de Robert Seamount, pionero de la aviación misionera, y de las tribus de la selva amazónica del Perú:

Los indígenas de la amazonia donaron más de 400,000 horas de trabajo en la construcción de 50 pistas de
aterrizaje para los aviones de la misión adventista. La mitad de este tiempo ocurrió durante los primeros cinco
meses de operación. Nadie sabe cuántos cientos de horas se han invertido para mantener estas pistas. Lo que sí es
cierto es que sin la colaboración de estas pacientes personas de la selva, el Programa de Aviación de la Misión no
sería hoy una realidad. Su trabajo de amor abrió las puertas para que los aviones de la misión pudieran traer la
Palabra de Dios.

"Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la
tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y denle Gloria, porque la hora de su
juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. (Apoc. 14:6,7).

VOCABULARIO

SNM: sobre el nivel del mar.

Capwells: dos platos metálicos provistos de bisagras, que se colocan cerca de cada hombro sobre el arnés del
paracaídas. Deben desabrocharse para liberar al paracaidista del paracaídas.

Chacra: Palabra castellan que define a una finca familiar pequeña o a un jardín grande cultivable.

Cushma: palabra campa que describe el vestido de algodón hecho a mano utilizando tanto por el hombre como
por la mujer en la selva alta amazónica. Ia diferencia radica en que el traje del hombre tiene rayas verticales de la
mujer rayas horizontales.

Machete; cuchillo largo y afilado utilizado para sacar la maleza. La mayoría de las familias tiene un machete.

Mazato: nombre campa para denominar a un trago selvático con alto alcohol.

Peque peque: palabra usada en la selva amazónica para designar a una motor interno, generalmente marca Briggs
y Stratton,con un eje largo y movible, y una hélice exterior. El sonido del motor peck, peck, peck".

Pishtaco: palabra utilizada para nombrar a un espíritu, generalmente de una persona blanca, que causa daño.

Shushupe: Nombre selvático que se le da a la víbora de tierra, la serpiente mas venenosa de la selva amazónica.

Claro en lenguaje de los paracaidistas significa encontrar el lugar ideal para que el paracaidista salte del avión.

Aguila extendida: posición de paracaidismo con las piernas extendida y los brazos abiertos. Permite que el
paracaidista mantenga una posición estable con el fin de evitar que se voltee o doble.

Yaniracocha: palabra quechua que significa Lago de las Palmas, sede de la base aérea de la misión adventista,
cerca a la ciudad de Pucallpa en la selva del Perú.

Yuca: raíz terrestre de las zonas tropicales, fibrosa, con alto contenido de almidón, alimento agradable que es
usualmente cocido y comido como papa.
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CONTENIDO

Capitulo 1 Accidente en la víspera de navidad

Capitulo 2 La línea del horizonte

Capitulo 3 Paracaidista profesional

Capitulo 4 La Amazonia, el otro lado de los Andes

Capitulo 5 ¡MiDía!

Capitulo 6 ¡Kametza!

Capitulo 7 Pishtacos y grasa para rifle

Capitulo 8 Huelguistas en Piper

Capitulo 9 El Monstruo de la medianoche

Capitulo 10 Desabrochen sus cinturones!

Capitulo 11 ¡Dios Proveerá!

Capitulo 12 Escopeta calibre doce

Capitulo 13 Después que el paracaídas se abrió

Capitulo 14 El pequeño vagón rojo

Capitulo 15 Fuego salvaje

Capitulo 16 Paracaidistas del cielo


Capítulo 1 4
ACCIDENTE EN LA VISPERA DE NAVIDAD

¡Clyde Peters está muerto!, decía con voz ronca Juan Ramírez Lazo, I el comentarista más importante del Perú,
durante las noticias 9 de la tarde. "Esta es la última tragedia relacionada con la pérdida del vuelo 508 de LANSA, que
cayó en la selva amazónica hace 12 días. Cuando se supo que la niña de 17 años de edad había sobrevivido y llegado
a la cabaña de un leñador 11 días después del accidente, el misionero norteamericano Clyde Peters saltó con su
paracaídas en el lugar del accidente en búsqueda de más sobrevivientes. Desde ese momento, no se ha sabido nada
de él y se presume que está muerto". La noticia me cayó como un rayo. ¿Cómo es posible que Clyde esté muerto?
me pregunté. "Él es el primer piloto misionero adventista de dedicación exclusiva de la Iglesia Adventista del
Séptimo Día. Volando en el Fernando Stahl, llevaba el mensaje de Dios a las tribus más remotas. Además es un
experto paracaidista, con casi 800 saltos en su registro personal".

Atormentado con preguntas sin respuestas, caminaba lentamente mientras un agudo dolor me apretaba la boca
del estómago. "¿Por qué Dios ha permitido que Clyde muera durante un intento por salvar vidas humanas? ¿Por
qué una esposa misionera como Eleanor tiene que sufrir la pérdida de su esposo? ¿Qué futuro les espera a Shelly,
Alan y Linda sin su padre?"

En la víspera de Navidad, Clyde Peters yacía en su cama, ardiendo en fiebre, debido a un contagio de Hepatitis. Sin
poder volar por más de una semana, su salud parecía complicarse. El no tenía forma de enterarse sobre los hechos
que sucedieron ese mismo día y que luego lo involucrarían en la situación más difícil que afrontaría en toda su vida.

El 24 de diciembre, antes del mediodía, Juliane Koepcke, joven i, de casi metro y medio de alto y 42 kilos de peso,
abordó el vuelo de LANSA con destino a la ciudad peruana de Pucallpa. Hija única dos científicos alemanes, recién
había culminado su secundaria en lima, Perú. Escogió el asiento de la ventana en la tercera fila, comenzando de la
parte posterior, en el lado derecho del avión. Su madre, la Marie Koepcke, ornitóloga de profesión, se sentó a su
lado.

La Dra. Marie había culminado recientemente algunas pinturas una colección de estampillas peruanas. Dejó su
trabajo artístico, en lima, asistió a la graduación de su hija y ambas, madre e hija se dirigían a su hogar, para pasar la
Navidad. El Dr. Hans Koepcke, ecologista y estudioso de la vida salvaje en el Amazonas, esperaba irse pronto con su
familia.

El avión se niveló cuando alcanzó los 24000 pies de altura (7315 m.). Juliane admiraba los andes cubiertos de
nieve, y los picos reflejando el sol de la mañana como diamantes gigantes. Volteó hacia su madre y le dijo “veo el
momento de llegar y pasar la noche de navidad contigo y papá".

"Ahora que has terminado el colegio, ¿qué es lo que deseas estudiar en la universidad?" le preguntó su madre.
"He decidido seguir tu ejemplo y estudiar biología".

Un ambiente festivo invadió el avión. Ya que el año escolar en el Perú se inicia en abril y termina en diciembre, la
mayoría de los pasajeros eran estudiantes que regresaban a sus hogares para pasar la navidad en la selva. Llevaban
regalos para sus familias. Todos hablaban y n, anticipando la alegría de reunirse con sus seres queridos una vez
culminara el vuelo.
Luego de servir el refrigerio, tres aeromozas ingresaron a la para conversar sobre la fiesta de navidad de la
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tripulación, programada para su regreso a Lima.

El avión descendió a los 18000 pies (5500 m.). Poco después de las 12 del medio día, el Capitán Carlos Forno tomó
el radio para dar el tiempo de llegada. "Se calcula llegar a Pucallpa a las 12:47pm. p.m."

Una gran nube negra se atravesó en su ruta. En ese momento el avión fue sacudido con violencia. Los tripulantes
del avión se rieron cuando dos aeromozas salieron de la cabina. La señal de "Abrocharse los cinturones" se
encendió. El Capitán Forno solicitó una reducción en la energía e informó su nivel de 18000 pies (5500 m). La
aeromoza Doris Small, quien aún se encontraba en la cabina del piloto cuando el avión se sacudía en la terrible
turbulencia gritó, "¡Regreso a mi sitio!"

¡No!, le ordenó el capitán, "quédate donde estás y ¡sujétate!"

En la parte de atrás del avión, Juliane se asió fuertemente del brazo de su madre, mientras observaba cómo
enormes gotas de lluvia caían contra la ventana. Un rayo golpeó el borde del ala. Juliane trató de calmarse cuando
vio una llama amarilla en el ala derecha. Su madre lloraba, "¡Este es el fin!". Luego se produjo una violenta
explosión en el avión.

Una ruidosa multitud esperaba en el aeropuerto de Pucallpa el vuelo 508 de LANSA programado para la 1:00 p.m.
Familiares nerviosos, ansiosos de celebrar la navidad, se preparaban para dar la bienvenida a sus parientes y
amigos. El cambio de clima por lo general ocasiona demoras en la llegada de los vuelos por lo que la gente no
mostró preocupación cuando siendo la 1:15 p.m. el vuelo aún no llegaba. Alrededor de las 2:00 p.m., circulaba el
rumor de que el vuelo había cambiado su ruta hacia Iquitos para evitar una fuerte tormenta.

Empleados de LANSA sacaron una pizarra en la cual colocaron un aviso: "Comunicado Oficial: El vuelo 508 de
LANSA informó por radio, cuando se encontraba volando sobre la ciudad de Oyón a las 12:09 p.m., que la hora
estimada de arribo a la ciudad de Pucallpa sería a las 12:47 p.m.".

El espíritu navideño en el rústico terminal se desvaneció en forma instantánea. La ansiosa espera se había
convertido en preocupación, mientras que las esposas y padres que allí aguardaban presionaban a los empleados
de LANSA con el fin de obtener mayor información. Nadie decía nada. Finalmente, agentes irritados cerraron sus
puertas y se negaron a hablar.

El alcalde de Pucallpa, con su rostro abatido, esperaba junto con los demás. "Mis dos hijas están en ese avión"
dijo. "Habíamos planeado celebrar esta noche. Ahora, si este vuelo no llega, podría convertirse en la peor navidad
en la historia de nuestra ciudad". Gente perpleja tocaba en vano las puertas de la oficina de LANSA. Finalmente, se
dirigieron hacia sus hogares, con el paso de una marcha funeral.

Esa tarde, sin saber de Juliane y del vuelo de LANSA, los hijos de Clyde Peters rodearon la cama de Clyde para orar.
Eleanor, sentada junto a su marido, los motivó a cantar villancicos. Los sonidos de "Noche de Paz" y otras de sus
canciones favoritas, invadían la tibia noche tropical. Leyeron la Palabra de Dios y hablaron sobre el regalo de Jesús,
que vino a salvar a la gente de sus pecados. Los niños oraron para que su padre se mejorara pronto.

Clyde, exhausto debido a la hepatitis, se quedó dormido. A las 7am del día 25 de diciembre, un fuerte ruido en la
puerta principal lo despertó. Eleanor condujo a David Aguilar a su habitación. "discúlpame por molestarte tan
temprano en esta mañana de Navidad" le dijo. NO hay problema" le respondió Clyde.
Los ojos de David se llenaron de lágrimas mientras hablaba: "el 508 de LANSA, con 92 pasajeros a bordo, no llegó
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el día de ayer y está reportando como perdido. El Comandante del Carpió está pidiendo ayuda de todos los aviones
para que se unan en su búsqueda".

Minutos más tarde, Stan Sorenberger llegó con mayores detalles. "Cinco misioneros bautistas estaban en ese
avión, incluyendo un adolescente de nombre Nathan Lyons".

A pesar de su débil condición luego de haber permanecido varios días en cama con hepatitis, Clyde se levantó y
comenzó a vestirse, Tengo que ayudar a encontrar ese avión" explicó a su renuente familia estoy orando por los
sobrevivientes y ellos necesitan mi ayuda". Llamando al estudiante misionero Dan Wenberg se dirigió rápidamente
hacia el hangar para inspeccionar el avión de la misión y revisar aceite y el nivel de la gasolina. "Tú sabes Dan, le
confió Clyde, Nathan un chico de 14 años está en ese avión". Tiene casi la edad de mi Alan. A ese chico le fascinan
los paracaídas, y cada vez que yo saltaba, él estaba siempre allí. Sus padres son grandes amigos y me Ayudado en
muchas oportunidades. Clyde tomó un par de paracaídas y voló hacia el aeropuerto de Pucallpa. Allí, el
Comandante del Carpio, coordinador a cargo de la búsqueda, delimitó áreas en su mapa la inspección de la zona.

Clyde, Dan y otros dos hombres en su avión, comenzaron la búsqueda de señales del accidente en la selva. Con el
paso de cada hora, se daba cuenta de que la tarea de localizar un avión perdido en la inmensa jungla sería casi
imposible. El sol ocultándose reflejaba formas a lo largo de la pista cuando aterrizaban en la Base Aérea adventista,
cansado, Clyde descendió lentamente para dirigirse a su casa.

Eleanor lo recibió con un abrazo y luego de darle de cenar, lo recostó en su cama. "Hoy leí un artículo en la revista
'Vida Feliz' sobre tratamiento para aliviar la hepatitis infecciosa" le comentó "Y quiero intentarlo". Siguiendo las
recomendaciones del artículo, colocó compresas calientes y frías sobre el área del hígado. La hidroterapia comenzó
a aliviar el malestar de Clyde.

Se quedó dormido. A la mañana siguiente, Eleanor le aplicó otro tratamiento. Antes de irse, él sonrió y le dijo:
"Eres la mejor esposa del mundo. No puedo creer que algo tan simple como agua caliente y fría pudiera hacerme
sentir mucho mejor".

Clyde continuó con la búsqueda, pero cada 4 ó 5 horas tenía que volar a su casa para que su esposa le aplicara
otro tratamiento y así poder continuar. Día a día, su salud mejoraba. "Gracias Dios Mío", oró, "pero ¿por qué aún no
podemos encontrar alguna señal del avión de LANSA?"

Luego de siete días, la Fuerza Aérea Peruana suspendió la búsqueda.

Ya que la embajada alemana en Lima quería que el Dr. Hans Koepcke diera la versión oficial de que su esposa
Marie y su hija Juliane estaban en el avión desaparecido, Clyde voló a su hacienda en la selva donde el Dr. Koepcke
conducía experimentos científicos. Peters trató de animarlo. "Hasta que no encontremos el avión, todavía hay
esperanza de encontrar sobrevivientes" le dijo.

El científico se mostró escéptico ante esta idea. "¡El avión se estrelló. Mi hija y mi esposa están muertas y punto!"

"Usted puede creer lo que más desee, pero tengo fe en que hay sobrevivientes. A pesar de que la búsqueda ha
cesado oficialmente, yo seguiré intentándolo". Clyde se despidió moviendo sus manos mientras el avión de la
misión dejaba la hacienda. Hasta ese momento nadie se imaginaba que cuatro días más tarde, el Dr. Koepcke
recibiría la mayor sorpresa de su vida.
Luego de escuchar la terrible explosión durante el vuelo en la víspera de navidad, Juliane miró que el ala derecha
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estaba desprendida del resto del avión, a unos 10000 pies de altura (3000 m.). Segundos después, ella fue
expulsada fuera del avión, aún atrapada en su asiento. Mientras rodaba, se doblaba y retorcía, cayendo a unos 220
kilómetros por hora, se preguntaba si lo que en ese momento le estaba sucediendo era un sueño o era realidad.

Más abajo, veía las copas de los árboles. Parecen coliflores, pensaba. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras el
viento soplaba, dificultando su visión. Todo se volvió negro. Cuando se despertó, estaba colgando de un lado, aún
atrapada en su asiento triple. No había señal de su madre ni de ningún otro pasajero. Miró su reloj. "Son las cuatro
de la tarde".

Luego de tres horas, el avión tuvo que soportar una violenta tormenta. Los únicos ruidos que se escuchaban eran
el croar de las ranas y de la lluvia torrencial. Milagrosamente, las ramas de aquellos inmensos árboles la dejaron
caer. Un ojo inflamado no le permitía ver. Sintió un golpe en su cabeza y vio que tenía un corte en uno de sus pies.
Además, también tenía un corte en el brazo derecho y una clavícula rota, pero a pesar de todo no sentía dolor.

Aunque logró quitarse el cinturón de seguridad del asiento y llegar al suelo, no tenía la suficiente energía para
caminar. Estaba en shock tenía sueño. Pasó la mayor parte de la noche bajo su asiento, tratando de protegerse de la
fuerte lluvia.

A la mañana siguiente, Juliane se levantó con el cantar de los pájaros. Los coposos árboles impedían el paso de los
rayos solares. Lentamente, se arrastró debajo de los asientos. Luego de dar unos pasos encontró un paquete y lo
abrió. Contenía un bizcocho de frutas y caramelo. Cuando mordió el bizcocho empapado por la lluvia, sabia horrible
y lo tiró, pero se quedó con el caramelo envuelto. Con el fin le evitar toparse con serpientes venenosas, tomó un
palo largo para abrirse paso en el suelo cubierto con vegetación. Durante el tiempo que vivió con sus padres en la
selva, aprendió no se debe tener miedo a los animales grandes, como los jaguares, i a los pequeños, como las
serpientes, arañas, insectos y los más temibles, los mosquitos infectados con malaria. Avanzando lentamente con su
palo, buscó a su madre. ¿Qué me pasa?. Se sintió mareada y decidió descansar.

¡Mamá, mamá! llamó. Nadie respondió. Luego, siguió a un enjambre de moscas que lo condujo hacia una de las
filas de asientos del avión. Las moscas zumbaban alrededor de los cuerpos inertes de tres niñas que aún estaban
sujetas con los cinturones de seguridad. Aturdida ante esta escena de muerte, continuó su camino. Luego de varias
horas de búsqueda, se quedó completamente quieta ¿Qué es eso? Escuchó el suave ruido de un pequeño arroyo y
recordó las palabras de sus padres. "Juliane, si alguna vez te pierdes en la selva, busca un río y síguelo. Este te
conducirá hacia un río más grande, los ríos son los caminos para los indígenas y para la gente dedicada a las
plantaciones. Generalmente te conducen a la civilización".

Ella recordó algunos de los peligros de viajar en las aguas de los ríos. Los ríos tienen cursos ondulantes y en
algunos casos se puede pasar horas y tan sólo avanzar unos pocos metros. Además, las b as, peces con dientes muy
filosos, atraídos por la sangre proveniente del corte en su pie, podrían deshacer su pierna en segundos, durante la
noche, millones de mosquitos infectados con Malaria en las riberas de los ríos.

Juliane llevaba zapatos blancos de taco alto cuando abordó el avión. Uno de ellos se le cayó en el momento del
accidente, cuando se despertó e la selva ella se deshizo del otro. Descalza, trató de seguir la orilla del rio, pero la
espesa vegetación de la selva le obstaculizaba su andar.

Durante la noche, mosquitos sedientos de sangre la atacaron. El escozor producto de las cientos de picaduras no
le permitían conciliar el sueño. Durante el día, los mosquitos continuaban picándola y depositando sus huevos en
las llagas abiertas de su pie y brazo.
A veces escuchaba el sonido de motores de aviones y pensaba, Están buscando el avión. Ella sabía que jamás la
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verían debido a las espesas copas de los árboles de la selva. Sin embargo, los miraba y gritaba. "¡Auxilio! ¡Socorro!.
Pronto los sonidos de aquellos motores se iban desvaneciendo. Estoy sola nuevamente, pero no debo perder las
esperanzas. Por lo menos he podido encontrar pequeños ríos con agua limpia para beber y no tengo hambre.

Al tercer día, Juliane vio que buitres volaban en círculos y dedujo que habría cuerpos en esa zona. Tropezó con el
fuselaje del avión y no encontró señales de sobrevivientes. Sofocada por el intenso calor de la selva, empezó a
tambalear. El río se hacía cada vez más amplio y a pesar del riesgo de ser devorada por las pirañas, se arriesgaba a
nadar cada vez que podía. Por la noche, trataba de dormir sobre sus ropas húmedas mientras escuchaba los sonidos
de los depredadores en búsqueda de alimento.

Finalmente, al cuarto día, comió su último caramelo y contempló la posibilidad de comer algunos batracios, pero
finalmente no lo hizo. No quería arriesgarse a comer frutas silvestres pues algunas de esas plantas eran venenosas.
Al ver gusanos arrastrándose sobre sus heridas, pensó, ¡me están devorando viva! Los huevos que las moscas
habían depositado en sus heridas comenzaban a romperse.

El río se volvía cada vez más amplio y más peligroso. Juliane nadaba con mayor frecuencia, tratando de evitar
troncos, rápidos y remolinos. Nadaba cada vez que el río se veía seguro. Su escasa energía por la falta de comida, las
noches sin dormir y el calor sofocante, le causaban gran dolor en cada paso que daba.

Al décimo día por la tarde, pudo ver una canoa oculta, amarrada a un árbol justo al frente de ella. ¡Aquí vive
alguien! quería gritar. Cojeando por el estrecho camino llegó hasta una pequeña choza de paja. ¡Hola, hola!
llamaba. A pesar de no recibir ninguna respuesta, abrió la puerta. Entró cautelosamente y halló un pequeño motor
y una lata de gasolina sobre el piso áspero de madera. ¡Es maravilloso, sí hay gente en este lugar y van a regresar
pronto¡

Mientras se recostaba en el suelo, se preguntaba, ¿Qué pasará si los dueños de esta cabaña llegan y me
encuentran dormida! Los gritos de los loros y los aullidos de los monos no la dejaron caer dormida. Al día siguiente
en la mañana se despertó ante el ruido producido por una lluvia torrencial. Su primer pensamiento fue la canoa.
Podría tomarla y navegar río abajo. Pero... ¡No, eso es robar y yo nunca he robado nada en mi vida!

Mientras esperaba dentro de la oscura choza hasta que cesara tomó una astilla de palma y cuidadosamente sacó
11 larvas de sus heridas infectadas. ¡Escucho voces! Tres hombres entraron a la cabaña escapando de la lluvia. Al
ver a la niña de cabello rubio corto, quedaron perplejos. Uno de ellos dijo, ¿Qué tenemos aquí?

Los musculosos mestizos trabajaban como madereros, pero esa vez habían salido de caza. Sabían del avión que
había caído en la selva. Con mucho cuidado, vertieron kerosén sobre sus heridas infectada y extrajeron otras 30
movedizas larvas. Pensaron que la niña debía estar hambrienta y le prepararon comida. Al principio no pudo comer
y sonriéndoles dijo, "Creo que mi estómago se ha encogido”

I cuanto la lluvia cesó, los hombres llevaron a Juliane en su canoa motorizada por el río Shebonya. Ella veía cómo
el río se iba o más ancho y más peligroso. ¿Podría haber hecho esto por mi misma? Se preguntaba mientras la
canoa descendía rápidos y esquivaba remolinos. Varias horas después, desembarcaron la canoa en el pueblo de
Tournavista.

El personal de la pequeña clínica revisó los ojos inflamados y la cara inflamada de la niña. Curaron las heridas de
sus brazos y piernas y m 41 gusanos. Luego, gestionaron su traslado en una avioneta instituto Lingüístico de Verano
en Yarinacocha, donde pudiera tratar un médico misionero americano.
Luego de caer 10000 pies (3000 m.) de un avión explosionado, la joven le 17 años de edad había caminado sola en
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la selva durante 10 día, Al onceavo día unos madereros amables la llevaron de regreso a la civilización. Una vez allí,
pidió una Biblia. ¿Porqué estoy viva? Se preguntaba. ¿Qué planes tiene Dios para conmigo? ¿Porqué ha muerto
tanta gente?

Las noticias sobre su hija llegaron hasta los oídos del Dr. Koepcke. Luego de 11 días de búsqueda, retornó a la
base. Al escuchar Juliane había logrado sobrevivir en la selva, se fue rápidamente a la base de los Lingüistas para
hacerle una visita. Encontró a la niña pesanumbrada ante la pérdida de su madre, pero contenta al poder reunirse
con su padre. Dr. Koepcke, quien cuatro días antes había declarado que no había esperanza de encontrar
sobrevivientes, abrazaba a su hija. ¿Qué piensa de una chica valiente que sobrevive al accidente en la víspera de
navidad y luego camina 10 tortuosos días en medio de la peligrosa selva? le preguntó a Clyde.

"Pienso que su hija es grandiosa Dr., y si hubo una sobreviviente, debe haber aún más, voy a hacer todo lo posible
para encontrarlos".

A las 5:30 de la mañana siguiente, Clyde voló hacia Puerto Inca con dos paracaídas en la parte posterior de su
avión. Las autoridades estaban organizando una nueva búsqueda. Un helicóptero de la Fuerza Aérea peruana
esperaba órdenes. Seguían llegando aviones y los pilotos revisaban sus mapas. Con la información proporcionada
por Juliane, rápidamente cercaron el perímetro donde se encontraría el avión siniestrado a un área de 37
kilómetros cuadrados. Los pilotos querían encontrar los restos del avión lo antes posible.

Clyde se acercó al comandante Manuel del Carpió. "Si esta niña sobrevivió al accidente, debe haber más
sobrevivientes".

El comandante asintió con la cabeza. "He estado pensando lo mismo que tú".

"Si lográramos ingresar a la selva y cortamos algunos árboles, los helicópteros podrían aterrizar. Podríamos hallar
20 ó 30 personas con vida".

El oficial movió su cabeza. "Esa tarea es imposible. No tenemos a ninguna persona preparada para saltar en la
selva".

"Yo puedo", se ofreció Clyde. "Tengo el equipo necesario en la parte posterior de mi avión".

"¿De verdad? Si ese es el caso, ¿por qué no se alista para saltar? Saltará en cuanto recibamos la confirmación del
lugar del accidente".

Clyde corrió hacia su avión, sacó su paracaídas y el resto del equipo que podría necesitar, con excepción de la
sierra de cadena. Pidió prestado una nueva sierra y prometió devolverla antes de finalizar el día. Luego pasó una
hora asegurando todos sus implementos necesarios a su equipo de paracaidismo. Habían pasado menos de dos
semanas desde su convalecencia en cama debido a la hepatitis. Luego de cargar durante 30 minutos su equipo de
92 kilos, se sintió muy cansado y se lo quitó.

Las autoridades comunicaron a los aviones de búsqueda que Peters estaba listo para saltar en cuanto localizaran
el avión perdido. Mientras esperaban, Clyde conversó con el piloto y acordaron las señales que usarían.

Un avión aterrizó y el piloto corrió hacia Clyde. "Será mejor que te apures pues acabo de localizar el avión de
LANSA. La selva lo oculta por lo que te será difícil divisarlo. Toma tu equipo y yo iré contigo en el helicóptero"
Peters pensó en correr rápidamente hacia su avión y recoger la brújula que había dejado en el asiento. "Bueno, no
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la necesitaré, cortar los árboles para que el helicóptero pueda aterrizar y regresaré a 10 para almorzar". Aseguró su
equipo de paracaidismo. Un nudo provisional sujetaba la sierra de cadena a un lado suyo hasta que el paracaídas se
abriera. Luego, desataría la sierra y dejaría caer un rollo lerda para que la sierra caiga primera que él al suelo y no lo
lastimará.

Subió al helicóptero Alouette con su sierra de cadena en la mano izquierda, una bolsa de lona en su mano derecha
y otras herramientas colgando en su cuerpo. El helicóptero despegó con una orientación de 285° . Un Hércules C-
130 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos Id hacia la zona desde Panamá, fijó el perímetro donde se encontraba
el avión perdido y sobrevoló la zona. El piloto del helicóptero seguían sus instrucciones. "Hacia la derecha, voltee
hacia la izquierda, ya lo pasó Voltee y regrese".

A pesar de la ayuda del C-130, el helicóptero dio vueltas durante 15Minutos, antes de que pudiera verse los
restos del avión bajo la a vegetación de la selva. El helicóptero subió hasta los 3000 pies (900 m.). En el segundo
intento, Clyde se preparó para saltar, pero perdió de vista el avión y pidió al piloto volver a pasar por la zona.

Al tercer intento, logró divisar los restos del avión, pero la imagen desapareció antes de que pudiera arrastrarse
hacia la puerta. Contó lentamente hasta cinco, jaló el cordón del paracaídas, el cual se abrió de un tirón. Mientras
tanto, la sierra se escabullía, cayendo como flecha en medio de la densa selva.
Capítulo 2 11
LA LINEA DEL HORIZONTE

Clyde se crió en el nordeste de Kansas y desde muy joven aprendió a trabajar. En su tiempo libre, le fascinaba
montar a pelo su caballo Jack. Jack nunca ganó condecoración alguna en las ferias del condado, pero no lo
necesitaba. Este caballo era la criatura más fiel y tranquila que una familia campestre pudiera tener. Los padres de
Clyde, Melvin y Georgianna Peters, trabajaban largas horas en su rancho de trigo de 1,500 acres para mantener a
Clyde y su hermana mayor Joyce. Una tarde de verano, Clyde se bajó de su caballo Jack y se sentó sobre un atado de
heno, mientras observaba un halcón rojo volando con la corriente. Cuando sea mayor, volaré como un halcón,
incluso podría saltar de una nube.

"¡Clyde, clyde! ¡Es hora de ordeñar!" Interrumpió sus sueños la voz de su padre.

"Ya voy papi", dijo, y se dirigió renuente hacia el granero. Las pezuñas de las vacas quebraban el cemento
conforme se dirigían hacia sus puntales. Mientras su padre ordeñaba, Clyde racionaba la avena y cebada para cada
animal.

Luego de conectarles las máquinas extractaras de leche, su padre volteó hacia su hijo y le dio una palmada
cariñosa en su hombro. "Aprecio tu ayuda hijo. Algún día tú administrarás esta finca. Las vacas serán tuyas.
Recibirás una gran herencia de 1,500 acres. Claro, tu hermana Joyce también recibirá su parte, pero tú eres quien
trabajará la finca".

El niño miró los ojos marrones de la vaca favorita de la familia y le acarició el rostro. "Eres muy afortunada, haz
comido todo ese heno y ahora te traigo el postre. ¿Cómo te gustaría tu cebada y avena?"

Clyde avanzó hacia el siguiente puntal. Mi padre quiere que me de la finca cuando sea mayor. Pero lo que yo
deseo es volar como un pájaro.

Las clases en la pequeña escuela en Edson, Kansas, tampoco le in a Clyde. Fue la Segunda Guerra Mundial y las
historias de paracaidistas que saltaban tras filas enemigas las que estimulaban su imaginación. Una tarde de
primavera, cuando regresaba a casa, Clyde libro con figuras de paracaidistas. ¡Esto es lo que quiero hacer ¡ bajó
rápidamente del autobús escolar y corrió hacia su casa,

Su madre, quien estaba ocupada en la cocina, no se percató cuando su hijo husmeaba en su armario y sacaba su
paraguas de seda negra, y abriéndolo y cerrándolo mientras corría. Va a ser un gran paracaídas. Utilizando una
escalera, subió al techo de la cocina. Con mucho cuidado miro sobre el borde del techo y tomó aire. Hay un largo
camino hasta el suelo

Mientras se arrastraba hacia el borde inferior, se decía, Nada me va a pasar. Mi paracaídas ya está abierto.
Aferrándose fuertemente del paraguas se lanzó del techo. Las gallinas con sus polluelos temerosos corrían en todas
las direcciones. De repente, el paraguas se abrió completamente y Clyde cayó como una roca, golpeándose contra
el suelo.

Cuando vio el paraguas, las varillas estaban dobladas y la tela se había desgarrado. ¡Mi padre me va a castigar!

Con las piernas lastimadas, se levantó y cojeó para esconder el hasta encontrar el momento de colocarlo en su
sitio. Una semana después, su madre descubrió el daño y llamó a su esposo. Él esperó a la hora de la cena para
hablar con su hijo, “¿Clyde sabes que pasó con el paraguas de tu madre?"
“Sí está en el armario".
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“Yo se que está allí, hijo, pero está roto. ¿Sabes algo al respecto?

“No pude evitarlo. Lo usé y... bueno... como verás, se dobló hacia a fuera y me caí encima no sé cómo
arreglarlo".tienes que dejar de saltar, de lo contrario, te vas a romper el cuello, Uno de los obreros te vio saltar del
techo de la cocina". Lo siento papá".

“Me alegra que no te hayas roto ningún hueso". Melvin Peters miro a su hijo. "Nunca más vuelvas a saltar. A pesar
de que eres tan solo un niño, te he dejado manejar el tractor. Quiero que atiendas los negocios y aprendas a
administrar esta finca".

El siguiente febrero fue un mes muy frío. Las fuertes tormentas de nieve pusieron en situación de emergencia la
finca de los Peters.

Esther Elliot, la esposa de su obrero, empezó su labor de parto. Bolas de nieve bloquearon todas las pistas a varias
millas alrededor. Ningún vehículo podía llevar a la Sra. Elliot al hospital.

Pero los fuertes vientos arrojaron la mayor parte de la nieve hacia un campo de trigo cercando a la casa, dando a
la Sra. Peters una idea. Georgianna llamó por teléfono a su primo Watson, quien administraba el aeropuerto y tenía
su propio avión. "¿Podrías volar hasta mi casa, recoger una paciente y llevarla al hospital?

"Se aproxima mal tiempo, pero si me apuro, creo que puedo hacerlo", le respondió.

Clyde vio que Watson daba vueltas sobre la finca y luego aterrizó su avión Piper Cub en el campo de trigo. El
esposo de Esther Elliot la ayudó a subir al asiento posterior para poder despegar. Llegó al hospital a tiempo para dar
a luz a un saludable bebé. ¡Wow! Vean lo que un avión puede hacer, pensó. Seré piloto y ayudaré a la gente.

Un día, la Sra. Peters encontró un cupón sobre un curso por correspondencia para estudiar la Biblia y se la mostró
a Clyde. Lo leyó y dijo, "Claro mamá, tomaré estas lecciones". Envió el cupón por correo y las lecciones comenzaron
a llegar desde Los Angeles.

Una de estas lecciones trataba sobre el cuarto mandamiento: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis
días trabajarás... mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios;... Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la
tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día;... (Ex. 20:8-11) Clyde siguió leyendo: "Y
este es el amor, que andemos según sus Mandamientos." (2 Juan 6). Llevó la lección a su madre, que se encontraba
en la cocina preparando la comida. "¿Mamá, me están preguntando qué voy a hacer para guardar el día de reposo?
¿Qué debo responderles? Ella vaciló por un minuto. "Sólo respóndeles que lo estás pensando". Los esposos
Georgianna y Melvin también lo pensaron mucho. Luego de participar en unas reuniones de evangelización en una
carpa, Clyde, de 13 años de edad, y su familia, se bautizaron en la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Goodland,
Kansas.

La nueva religión enfatizaba la educación cristiana. Clyde fue a estudiar a la academia "Campion" mientras
trabajaba en la escuela agrícola. Cada verano regresaba a casa para ayudar a sus padres. A los 16 años se compró un
auto. Luego de trabajar todo el día en la finca, manejaba hacia el aeropuerto de Goodland y lavaba aeroplanos para
ganar un dinero extra. Aprenderé a volar y surcaré los cielos, decidió.

Sin comentarlo con sus padres, Clyde invertía cada dólar que ganaba en lecciones de vuelo. Sin embargo, se dio
cuenta que no podía seguir ocultándolo por mucho tiempo y finalmente habló con su padre.
"Papá, necesito decirte que estoy tomando clases de vuelo. Quiero ser piloto".
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Melvin Peters se estremeció. "¿Qué puedo hacer con un hijo que no desea dedicarse a su finca?"

Georgianna, que estaba escuchando la conversación preguntó, "¿Cómo es posible que pienses que volar es una
carrera?"

De regreso a la academia para su último año, Clyde trabajaba tres horas dianas como monitor de los dormitorios
de chicos. Los temas religiosos le interesaban y obtuvo buenas notas en Biblia. Sin embargo, en los cursos de Inglés
e Historia, apenas obtuvo notas aprobatorias. Durante su graduación, Clyde escuchó cada palabra del mensaje dado
por H.M.S. Richards: "La Línea del Horizonte".

Semanas después de su graduación, obtuvo su propia "Línea del Horizonte" en su primer vuelo. Los campos de
trigo se extendían hacia el horizonte en todas las direcciones. Sus manos controlaban el pequeño avión amarillo.
Relajado, se recostó sobre el asiento del piloto escuchando el sonido constante del motor. Esto es lo que he estado
esperando volar como un pájaro. Pronto obtendré mi licencia de piloto. Mi trabajo será volar.
Capitulo 3 14
PARACAIDISTA PROFECIONAL

Con su licencia de piloto en el bolsillo, Clyde estaba sentado a la mesa junto con sus padres, disfrutando de la
comida casera. Su madre, una enfermera titulada, comentó "Sabes Clyde, creo que deberías ir a la Universidad. Las
personas que desean prosperar, necesitan una educación universitaria".

Al principio, Clyde quería decir que no, pero súbitamente vino una idea a su cabeza. "Hay una muy buena
Academia de Pilotos en Lincoln, Nebraska. Si eso desean que haga, lo intentaré".

Su padre aclaró, sin embargo, que tendría que trabajar y cumplir con su parte, y que ellos se encargarían de pagar
sus mensualidades. "Los demás gastos correrán por tu cuenta".

Clyde manejó hasta el Union College y se matriculó para las clases de otoño. Sin comentarlo con sus padres,
también se inscribió para recibir entrenamiento de vuelos en la Academia de Aviación de Lincoln. Obtuvo un trabajo
en la academia para ayudarse a pagar sus gastos y pagar sus cursos de aviación. Las caitas que llegaban de su casa
advertían: "No gastes mucho tiempo en volar".

Durante su segundo año de universidad, Clyde comenzó a pensar, ¡Estoy muy ocupado! Todo lo que hago es volar,
trabajar y asistir a clases. Pero no estaba tan ocupado como para no percatarse de la presencia de una chica de ojos
marrones de Montana. Entre clases hablaba con Eleanor .Un día le preguntó, ¿Te gustaría volar un día conmigo?

Ella pensó que Clyde contrataría a un piloto para que los lleve y sonrió, "Suena divertido, nunca me he subido a un
avión. Claro, vamos". En el aeropuerto, Clyde llevó a Eleanor a un Cessna que había alquilado. "¿Eres piloto?" le
preguntó.

Antes de que él le asegurara el cinturón de seguridad, Eleanor vaciló por un momento. Los dos se sumergieron en
un profundo cielo salpicado de nubes. Era un día hermoso pero el clima alteraba la tranquilidad del paseo. Aterrada
por las turbulencias de aire, Eleanor se asió fuertemente al brazo de Clyde y no lo soltó durante todo el viaje

Una nueva idea se apoderó de Clyde Peters. Eleanor Mae Larson ios me la ha enviado!. Escribió a sus padres sobre
ella. "Conocí a Eleanor Larson aquí en el Union College. Ella es diferente a todas las chicas que he conocido. Me
gustaría llevarla a casa uno de estos fines de semana". A los Peters les agradaba Eleanor, pero ya que su hijo se
encontraba en el segundo año de su carrera, no quisieron esta relación. Pero él no necesitaba su aprobación. Un
día, la pareja empezó a hablar sobre el interés de Clyde en volar

'Si te gusta volar, creo que es lo que debes hacer

“¡Gracias Eleanor! Me gustaría que mis padres me apoyaran de la misma forma".

Clyde ahorró a duras penas para comprar una avioneta en el viejo Taylor Craft y voló durante 500 horas antes de
venderla y comprar otro. Continuó asistiendo a clases pero pocas veces se daba tiempo para estudiar.

Luego de dos años en el Union, fue a su casa para trabajar durante ano en la finca de sus padres. "Dos cosas me
están destrozando" 'confesó. "Yo les quiero mucho, sé que necesitan mi ayuda pero siento que debería estar
volando. Además, Eleanor está a 700 millas de distancia, ayudando a transportar heno en la finca de su padre",

Melvin Peters vio intranquilo a su hijo. "Clyde, pareciera que quisieras emprender un viaje a Montana. Tenemos
mucho trabajo pendiente en la finca y debemos culminarlo antes que puedas marcharte, día heredarás esta finca
pero antes necesitas aprender que hay ocasiones en las que no puedes abandonar tus responsabilidades". Al final
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de aquel difícil día, Clyde llamó por teléfono a Eleanor. ido ella contestó el teléfono, sin pensarlo dos veces le dijo,
"Eleanor, te casarías conmigo?"

Ella se sonrió. ¡Clyde!, ¿Qué estás proponiéndome? Oh, oh, ella no está muy emocionada con respecto a la idea",
mientras continuaba. "Acabo de comprarte una máquina de coser nueva".

Ahora más que nunca quería reunirse con ella. Unos días después Clyde compró llantas nuevas para su viejo Ford
para partir antes del amanecer de la mañana siguiente. Llegó por la tarde. Dando un paso tras otro, se acercó y tocó
la puerta de la casa de los Larson. Eleanor abrió la puerta. El se quedó mirándola fijamente. ¿Acaso estoy viendo
visiones? ¡Eleanor, luces como un ángel!

Los Larson agradecieron a Clyde por su ayuda en la finca, a pesar de que sólo pudo quedarse unos días. "Eleanor",
le dijo un día, "¿porqué no vienes a mi casa para que conozcas a mis padres?

Manejaron hacia el sur, alejándose de Montana camino hacia Wyoming. El carburador se malogró y Clyde tuvo
que gastar $20 en repuestos. En la siguiente estación de servicios, llenaron el tanque. Luego de contar el cambio,
dijo, "Tenemos exactamente $29 centavos para llegar a la casa de mis padres".

Cuando giró la llave de encendido, el auto no arrancaba. "¡Esto es humillante!", levantó la tapa del motor y
comenzó a repararlo. "El dinero que gasté no sirvió de nada". Cuando finalmente su auto arrancó, aceleró
violentamente hasta llegar a la autopista.

Luego de haber avanzado dos millas, Clyde vio una luz roja que se reflejaba en su espejo retrovisor. La patrulla de
carreteras le indicaba que debía detenerse. Sólo tengo 29 centavos y no cubren la multa. Clyde se preocupó, Me
llevarán preso por manejar con exceso de velocidad. ¿Qué va a pensar conmigo Eleanor?

Luego recordó otra complicación - en el asiento posterior había una botella de whisky vacía. La había encontrado
en la basura y la puso en su asiento posterior para ver la reacción de sus padres una vez que llegara a su casa. En
ese momento se daba cuenta que su broma le pondría en serios problemas. Cuando el oficial se acercó a su auto,
miró en la parte trasera. "Jovencito, sígame a la estación de policía". Eleanor, ¡cómo pude ser tan ridículo! Clyde
tomó el timón. "La policía jamás me va a creer".

Ingresó a la estación policial y encaró a los oficiales. "Sé que nunca debí excederme en el límite de velocidad. Una
vez me encontraron tomando en la escuela y prometí que jamás volvería a tomar y he mantenido mi palabra. No
debería fastidiar a mis padres, pero puse esa botella de whisky en mi carro para ver su reacción".

El policía de carreteras había estado observando la forma de manejar de Clyde hasta la estación policial. "Estoy
convencido de que dice la verdad", comentó. "Además, no tiene alcohol en su aliento" añadió otro policía. "Anda a
casa, maneja con cuidado y haz todo lo posible por ayudar a tu familia".

Clyde regresó al auto. Aliviado por no estar en problemas, decidió jugarle una broma a Eleanor. Con el rostro serio
le dijo, "Me están deteniendo porque no tengo dinero para pagar la multa. Si tiene que ser debemos de tomarlo de
la mejor forma posible".

Eleanor lo miró con ternura y le habló muy suavemente. Clyde se sintío mal por haberle hecho tal broma. Pero fue
su actitud la que hizo Clyde comprobara que ella era la mujer de su vida. Afortunadamenteel tanque de gasolina
alcanzó para llegar a la finca de los Peters. La cosecha de trigo apenas había culminado cuando las campanas
anunciando matrimonio resonaban en la pequeña Iglesia Adventista Séptimo Día en Goodland. Mientras tocaban la
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marcha nupcial,

Clyde miró hacia el pasadizo: ¡Es la novia más hermosa del mundo! Eleanor se había aferrado del brazo de Clyde
cuando volaron juntos primera vez. Esta vez prometían aferrarse mutuamente durante toda ida.

A pesar de que sus padres no estaban muy contentos de que su hijo comenzara su matrimonio sin recursos
financieros, se ofrecieron ayudar a los recién casados. "Pueden vivir en la casita cercana a la nuestra, donde vivían
los obreros. Eleanor es una buena esposa para ti, Clyde, y queremos que tengan un buen comienzo en su
matrimonio. Les pagaremos por su ayuda y en el futuro esta finca será suya".

El nuevo esposo tomó otra decisión con Eleanor. "Todavía con-vo mi avión en Lincoln y no me va a servir para
nada mientras esté Kansas. He decidido venderlo".

Cuando discutió la posibilidad de comprar otro aeroplano, Eleanor, sabiendo lo importante que era para su
esposo el poder volar, le dijo, Claro, me parece que debes comprarlo".

Con el apoyo de su esposa, se prestó dinero y compró un viejo Aeroplano, luego pasó largas horas reparando el
motor y pintándolo hasta hacerlo lucir perfecto. Obtuvo gran experiencia en reparación de aviones. Luego, voló 700
horas antes de venderlo y comprar una mejor avioneta.

Luego de casi un año, nació Shelly. Al final del año siguiente, la pareja tuvo otro niño, Alan. "Eres una gran madre,
Eleanor. Para poder mantener a mi familia, no me basta con sólo volar, necesito capacitaren mecánica de aviones".

Juntos, fueron a la casa de los padres de Clyde. "Papá, aprecio lo que tú y mamá han hecho por nosotros y siento
que lo que voy a decirte los va a lastimar. Hemos decidido mudarnos a Lincoln. Si voy a ser un piloto profesional,
necesito capacitarme".

El sueño de Melvin Peters de que su hijo se encargara de la finca evaporó. "Está bien", dijo recostándose en su
vieja silla. "Si es lo deseas, no voy a detenerte"."Voy a extrañar a mis nietos" añadió Georgianna.

Clyde Peters encontró un trabajo como fumigador de cultivos para el Departamento de Agricultura de la
Universidad de Nebraska y se matriculó en la Escuela de Mecánica de Aviones en Lincoln. Su difícil experiencia al
reconstruir un aeroplano viejo y hacerlo volar, lo incentivó y lo ayudó a aprender con facilidad.

Mientras trabajaba y estudiaba, Eleanor cuidaba de su familia. Poco después de que Clyde cumpliera 23 años,
tuvieron una tercera hija, Linda. Otra boca que alimentar creaba la necesidad de obtener mayores ingresos
familiares.

Un domingo, el jefe del Club de Paracaidismo se le acercó y le dijo "Te pagaremos por transportar a los
paracaidistas".

"Hoy gané dinero por transportar paracaidistas" le dijo en la noche a Eleanor. "Mi avión es muy pequeño para
transportar paracaidistas profesionales, por lo que me están enseñando a "buscar claros" para que pueda trasladar
a los paracaidistas principiantes". "¿Qué quiere decir "buscar claros"?" le preguntó. "Debo calcular la velocidad y
dirección del viento, luego dirigir el avión hacia el lugar más apropiado para que el aprendiz de paracaidismo salte y
aterrice en el blanco".
Cada vez que alguien saltaba de su avión, Clyde pensaba, "tengo que intentarlo". Mientras que Eleanor apoyaba
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los vuelos de su esposo, el paracaidismo la asustaba. "¿Por qué el padre de tres hijos querría saltar de un avión?" le
preguntó.

Clyde se acercó a uno de los más experimentados instructores de paracaidismo del área. "Hola Shorty, crees que
podrías enseñarme a saltar. El entrenamiento se inició en ese momento. Era relativamente fácil para un joven que
se mantenía en buen estado físico.

No le comentó a Eleanor que su primer salto estaba programado para el siguiente domingo. A pesar de que
apenas podía esperar a que llegase ese día, también deseaba que el domingo nunca llegara. Sin embargo, el
domingo muy temprano por la mañana, Clyde salió de su casa y se dirigió hacia el aeropuerto.

"Este es el día que he estado esperando", le dijo emocionado a su instructor.

"Clyde, asegúrate de ir con el viento", le recomendó Shorty, "y fíjate bien dónde vas a caer". "Hay demasiado
viento para mi gusto, pero sé que lo harás bien. Has tenido la oportunidad de ver saltar a mucha gente, así que
sabes mucho más que la mayoría de principiantes".

Peters se puso de acuerdo en que un amigo suyo volara su avión.

El paracaidista profesional Shorty lo esperaría en el suelo. "Clyde, has localizado claros para muchos
paracaidistas. Ahora tienes la oportunidad de hacerlo para ti", le dijo antes que despegara el avión.

Se colocó el equipo de paracaidismo, jaló las correas de las piernas del asiento, y abrochó los anillos. Revisó que
las correas de las estuvieran aseguradas. Finalmente aseguró el paracaídas de reserva . Shorty lo observaba subir a
la parte trasera del avión mientras fichaba su propia línea estática. "Una vez que te lances del avión, la hasta cinco.
Si la línea estática no ha abierto tu paracaídas, jala el cordón de apertura. Si el paracaídas no se abre, utiliza el de
reserva".

El diminuto aeroplano daba círculos en el cielo para ganar altura mientras Clyde permanecía sentado en silencio.
"¿Porqué estoy saltando?" La velocidad del viento a nivel del suelo ya había pasado las dos millas por hora sobre un
máximo de 10 para los principiantes que saltaban por primera vez.

Al llegar a los 3,500 pies sobre el nivel de la tierra, Clyde pensó, No le he dicho ni a Eleanor ni a mis hijos. Si el
paracaídas falla, mehubiera gustado poder haberles dicho",

El piloto hizo la última aproximación sobre el blanco a la distancia exacta en la cual el paracaidista debía saltar.
Con mucha cautela, Peter se arrastró hacia el borde. Su mente se nublaba cuando miraba hacia abajo. "¿Porqué
estoy confiando mi vida a un pedazo de tela?"

Sentía como si su estómago hubiese subido hacia su garganta. Se movió a la posición de águila abierta,
manteniendo firmes sus brazos y pies para evitar girar en el aire. "¿Ya conté hasta cinco?" se preguntaba mientras
caía.

Un tirón fuerte y el paracaídas se abrió. La luz solar iluminaba la Esto es otro mundo, pensaba mientras veía las
lujosas fincas desde cielo. Me gustaría que esta paz y quietud duraran para siempre. Miró hacia abajo y pronto se
dio cuenta, el mundo real se está cercando rápidamente! El viento se había incrementado y estaba a 500 metros del
blanco. Estoy volando hacia la tierra. Echó un vistazo y divisó un cerco de alambres. ¡ Wow! ¡Mejor aterrizo en este
No, no puedo, ¡ya estoy en el otro lado!
El viento lo arrastró y lo condujo hacia una cuesta sobre una pe-a colina. ¡Boom! El golpe fue fuerte. El viento, que
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soplaba a 20 is por hora, lo sacudió, golpeando su casco contra el suelo. El paracaidas, lleno de aire como la vela de
un barco, empezó a encogerse, cuando Clyde luchaba por levantarse y correr, el viento lo empujó, cayeron de nariz
contra el suelo.

Finalmente se cogió de las cuerdas del paracaídas y éste se desplómo sobre el suelo. Con dolor en toda su cabeza,
se sentó sobre el suelo duro. "¡Hombre, esto es más difícil de lo que yo pensaba!"

Shorty corrió hacia Clyde. "¿Clyde, te encuentras bien?"

"Por supuesto. Estoy listo para saltar nuevamente".

El hombre lo miró fijamente. "No con este viento. ¡No más saltos por el día de hoy!"

Clyde esperó hasta el tercer salto para contarle a Eleanor. Decidió convertirse en un paracaidista profesional, lo
cual implicaba obtener una licencia de tipo "D". Debido a que esta licencia exigía haber efectuado 200 saltos,
incluyendo 10 desde los 18,000 pies con 45 segundos de demora, Clyde saltaba cada vez que tenía la oportunidad.
Varios jóvenes de Lincoln organizaban competencias para ver quién sería el primero en completar este
requerimiento.

Los amigos de Clyde lo alentaban. En un solo día, realizó 41 saltos. Su salto ganador lo realizó en una laguna. Se las
arregló para liberarse del paracaídas. Shorty firmó su libro de registros. Su licencia "D" le llegó por correo
proveniente del Club de Paracaidismo de los Estados Unidos, convirtiéndolo en uno de los ciento setenta y ocho
paracaidistas profesionales en todo el territorio americano.

Varias semanas después, recibió su licencia de mecánico de aviones A & E (avión y motores). Continuó ganando
dinero llevando paracaidistas en su avión y coleccionando más licencias. A pesar de que volar y saltar le parecía
excitante, soñaba en realizar algo más. "¿Hacia dónde se dirige mi vida?", se preguntaba.

Finalmente decidió hablar con su esposa Eleanor. "Si tuviera un buen trabajo, mi padre no me pediría que regrese
a la finca en Kansas. Me gustaría poder trabajar en una aerolínea o para una corporación". Por ser un piloto
notable, recibió muchas recomendaciones de la Academia de Aviación Lincoln y de la Universidad de Nebraska. Sin
embargo, cada vez que tenía alguna oportunidad de trabajo, se lo daban a otra persona pues el siempre aclaraba,
"los días sábados no realizo vuelos comerciales pues es mi día de reposo".
Capitulo 4 19
LA AMAZONIA, AL OTRO LADO DE LOS ANDES

Un sábado por la noche en el Union College, Clyde, Eleanor y sus hijos estaban sentados viendo una película sobre
la Misión en América del Sur. Se estremecían al ver cómo curaban a pacientes debido a una horrible enfermedad de
la piel llamada fuego salvaje. Un brujo campa, que era el "médico" en la selva amazónica, dio la orden de asesinar a
dos pequeñas niñas. Cuando este "médico" dio la señal, .la casa en la que estas dos niñas vivían, explotó en llamas.
Furioso, Clyde preguntó, "¿Cómo puede existir gente tan cruel?". Impresionado ante las necesidades de estas áreas
remotas, donde regía la superstición, Clyde se contactó con James J. Aitken, ¡dente de la División de América del
Sur, y se enteró que necesitaban loto misionero. Luego de consultarlo con Eleanor, decidió postular trabajo. "Mi
oportunidad es mínima, apenas tengo dos años en la ;mia, pero me encantaría poder volar en el nombre de Dios y
ayudar difundir el evangelio a las tribus indígenas", dijo a su familia. "Si es la voluntad de Dios", dijo Eleanor luego
de escuchar a su esposo "creo que él apoyará tu decisión".

Los funcionarios de la sede mundial de la Iglesia Adventista del séptimo Día revisaron el curriculum de Clyde
Peters. A sus 26 años, su record de vuelos indicaba más de 2,000 horas en helicópteros y aviones con uno y varios
motores. Tenía varias licencias para volar aviones de o varios motores, para aterrizar en tierra y mar, helicópteros
comerciales y licencia como instructor de vuelos con aviones de uno o varios motores para aterrizar en tierra y mar

Todos los días durante varias semanas, Clyde estuvo revisando su o. "No ha llegado nada de la Conferencia
General de la Iglesia Adventista" le comentaba a Eleanor. "Tengo que admitirlo. La Iglesia no está interesada en mí".

Un día, Eleanor contestó el teléfono, "Clyde, es para ti". Su esposo contestó, "Sr. Peters, mi compañía ha revisado
sus antecedentes y nos gustaría ofrecerle la posición de copiloto y mecánico de un DC-3. Redactaremos un contrato
en el que se estipule que no trabajará los días sábados y que en un plazo no mayor de dos años será promovido a
piloto".

Cuando Clyde terminó la conversación, volteó hacia su esposa: "El salario que me están ofreciendo hace que la
oferta de trabajo sea muy tentadora".

"Pero Clyde, hemos estado orando para que podamos ir a América

del Sur".

"Tienes razón. Será mejor que esperemos alguna respuesta de la Conferencia General antes de tomar una
decisión".

Finalmente, llegó una carta de la sede de la Iglesia. "¡Mira, Eleanor]." mientras abría la correspondencia. "¡Es un
llamado oficial para servir como el primer piloto misionero de dedicación exclusiva!"

"¿ Hacia dónde iremos"?

"Quieren que vuele el avión de la misión, el Femando Stahl, en la selva del Perú".

"Dios está respondiendo nuestras oraciones, Clyde, Nos está preparando para cumplir con sus deseos".

"Eleanor, seremos socios con los tres ángeles de Dios para difundir la palabra de Dios en las tribus de la selva. Me
pregunto ¿qué es lo que dirán mis padres cuando se enteren?"
En el aeropuerto de Angwin, cerca al campo de la Academia de la Unión del Pacífico, la señora Anna, de 89 años
20
de edad, estrelló una botella de jugo de naranja contra la parte delantera del avión de la misión, llamado Fernando
Stahl, en memoria de su fallecido esposo. El pastor Bill Baxter, quien había volado en su avión privado al servicio de
la misión en Montemorelos, México, ofreció una oración en su nombre.

James J. Aitken, le dio las llaves a Clyde Peters. "Ya que todavía no sabe hablar español y que nunca ha hecho un
vuelo internacional, hemos hecho las coordinaciones necesarias para que le acompañe hacia Lima, Perú el piloto
Don Weber, quien habla español.

Clyde pasó las siguientes dos semanas preparándose para su viaje de 5,000 millas. Recogió a Don Weber en San
Antonio, Texas y voló hacia Brownsville. Al amanecer del siguiente día, realizaron un vuelo de prueba y solicitaron a
la torre permiso para despegar. "Dios mío, envía a tus ángeles con el Fernando Stahl en su vuelo hacia América sur",
oró Clyde.

Las nubes bajas durante la mañana del segundo día les obligaron r a menor altitud mientras se dirigían a Veracruz,
en el Golfo de México, con el propósito de llegar a San Salvador. Antes de atravesar montañas de Tehuantepec en el
Pacífico, sobrevolaron un valle, Las nubes caían como cortinas sobre el terreno ondulante,

Sin visibilidad, Clyde viró 180°, regresó por la misma vía y aterrizó pista que antes había divisado en la selva. Seis
hombres montando caballos y portando ametralladoras, se dirigieron hacia ellos y se detuvieron frente al avión.
Clyde miró todas aquellas armas apuntandoles. " ¿Don, acaso así es la vida de un piloto misionero?"

E1 pistolero no entendía el inglés de Clyde, así que Don tomó la palabra "Somos misioneros camino al Perú. El mal
tiempo nos obligó aterrizar",

Las hombres bajaron sus armas. Los pilotos comenzaron a salir del avión y se paralizaron ante el sonido de un
helicóptero. Cuando esté aterrizó, el gobernador del estado de Veracruz descendió y dijo, Estoy aquí para pasar
unos días relajantes en mi hacienda". Señor", dijeron los misioneros, "hemos tenido mal tiempo y debido a la falta
de visibilidad, nos vimos forzados a aterrizar",

Entiendo", respondió el gobernador. "Y los invito a que pasen la noche en mi casa".

A la mañana siguiente, el gobernador pidió a uno de sus hombres que llenara el tanque de gasolina y se negó a
cobrarles. "Es un placer", servir a hombres como ustedes que arriesgan sus vidas para ayudar a la gente de América
del Sur",

“muchas gracias por toda su ayuda y generosidad", me levanté temprano en la mañana y escribí esta carta oficial
para los funcionarios mexicanos de aduanas", y le dio la carta a Clyde. entreguen esta carta al funcionario en la
frontera para que no se demoren en la inspección".

De regreso sobre cielo mexicano, Clyde dijo, "Ayer, Don, cuando a los seis hombres montando sus caballos y
portando ametralladoras, no hubiese creído que conoceríamos al gobernador y que nos trataría como reyes. Dios es
realmente bueno".

El magnífico clima hizo que el viaje hacia Managua fuera muy tranquilo. Al siguiente día, llegaron a Panamá,
famoso por su canal. , se dirigieron hacia Colombia y Ecuador para finalmente des-• sobre Lima, la capital del Perú.
la torre dirigía al Fernando Stahl hacia un lugar preferencia! Con alfombra roja, cercano al terminal principal. James
Aitkén, Presidente de la División de América del Sur; Don Christman, Presidente de la Unión Incaica, Charles Case,
Presidente de la Misión en la Selva Amazónica; un representante de la embajada de los Estados Unidos; y
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empleados de la iglesia, todos fueron a dar la bienvenida a los recién llegados y al nuevo avión.

Eleanor y los niños llegaron dos días después en una línea aérea comercial. Los administradores de la misión
pidieron a Peters que tomara lecciones de español durante tres meses en Lima.

Clyde fue a la oficina principal de Aeronáutica Civil para gestionar su licencia peruana de piloto y tramitar la
licencia de su avión. "Su licencia estará lista en aproximadamente seis meses", le dijo un oficial antes de terminar
con los papeleos. "Incluso podría tomar más tiempo". ¡Seis meses! ¿Escuché bien? ¿Quiere decir que no podré volar
durante seis meses? Clyde lucía abatido mientras se marchaba.

Por la tarde, caminó hacia su apartamento, donde estaba alojado junto con su familia. "Estaba seguro de que Dios
nos había llamado, pero estoy comenzando a dudar", le comentó a su esposa. "¿Qué pasó?"

"Los funcionarios de la oficina de Aeronáutica Civil me dijeron que el trámite de mi licencia peruana demorará seis
meses, y quién sabe cuánto tomará la licencia del avión".

Clyde se aburría de estudiar español, así que cada cierto tiempo se tomaba unos días de descanso e iba al
aeropuerto para revisar el Fernando Stahl. Notó que el aire salado por la cercanía al mar y la gran humedad habían
empezado a corroer la cubierta de aluminio del avión. Compró pintura y los administradores de la Unión acordaron
que Alfredo Kalbermater, misionero argentino, lo ayudase a retocar el avión. Alfredo hablaba español mientras
trabajaba, lo que le daba a Clyde la ventaja de aprender el idioma de una manera práctica. Limpiaron el avión,
lijaron alrededor de cada remache y pulverizaron con imprimante, para luego aplicar varias capas de pintura blanca.

Un día, Clyde le preguntó a Alfredo, "¿Te has percatado de un peruano que camina por aquí todos los días? Se
acerca a un helicóptero estacionado, enciende el motor y luego de unos minutos lo apaga y se va". "Sí, es realmente
raro".

Clyde sacó la cinta adhesiva luego de terminar la decoración beige. El hombre del helicóptero se quedó
observándolos.

"Acabo de comprar este helicóptero pero no sé como manejarlo y no tengo licencia. Lo único que sé hacer es
encender el motor".

"Me gustaría ayudarlo", le dijo Clyde, descubriendo que su nombre

era Alfonso Díaz, "pero no tengo mi licencia peruana de piloto".

"Alguna vez ha volado un helicóptero?" le preguntó en perfecto inglés.

"Claro, tengo mi licencia americana de instructor de helicópteros".

"¡No me diga!" Me encantaría que me enseñe.

"Lo siento" contestó Clyde, "pero acabo de postular para obtener mi licencia peruana y la recibiré en seis meses
por lo menos".

"¡Qué tontería!" respondió el aspirante a piloto, quien era dueño de una próspera plantación de azúcar. "Le
propongo un trato. Si consigo su licencia, ¿usted me daría clases de vuelo en mi helicóptero?
Dios no me envió a Perú para estar con los brazos cruzados, pensó Clyde. Quizás el Señor tiene un plan especial
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para mí.

"Creo que puedo ayudarle", le dijo. Sin embargo, sabía que debía tener autorización de la misión.

Alfonso se disculpó, caminó hacia un teléfono cercano y regresó a los pocos minutos. "¿Qué va a hacer a las 2:00
p.m.?" "Estaré trabajando en el avión", respondió Clyde.

"¿Podría venir conmigo a la Oficina de Aeronáutica a esa hora? Puedo recogerlo a la 1:30 p.m. para poder llegar a
tiempo".

"Claro, allí estaré".

A las 2:00 p.m. se dirigieron hacia la Oficina de Aeronáutica Civil. Los recibió la misma mujer de la anterior
oportunidad y los condujo hacia la oficina de licencias. Luego de hacer algunas gestiones, le pidieron a Clyde que
firmara la nueva licencia. Tan sólo unos días después de escuchar que le darían su licencia en un mínimo de seis
meses, Clyde guardaba su flamante licencia peruana de piloto en su billetera.

Alfonso le dio un golpe suave con el codo, "¿Cuándo empezaremos las clases?"

"Vamos a tomar la primera clase ahora mismo".

Esa noche, de regreso en el apartamento, Clyde sacó su billetera y mostró a su familia su licencia nueva. "Nuestro
Señor obra de maneras inexplicables. Ahora estoy seguro que desea que trabaje para Él en el Perú".

La misión permitió que Clyde diera clases de manejo de helicóptero y en menos de tres semanas Alfonso realizó su
primera prueba, pasó el examen escrito y calificó para obtener su licencia. Alfonso Díaz demostró ser un buen
amigo y colaborador del Programa de la aviación adventista.

El Fernando Stahl, con su nueva capa de pintura, lucía como un

I verdadero embajador de Dios. Clyde finalizó sus estudios de español.

Los líderes de la misión pidieron a su familia que se quedara en Lima mientras Clyde volaba el Fernando Stahl que
recientemente había recibido su licencia, y atravesara los Andes hacia la base aérea misionera en construcción
ubicada en Yarinacocha.

Peters revisó que todo estuviera listo para realizar su vuelo hacia los Andes. "Eleanor", le dijo, "tengo que ser muy
cuidadoso. Ningún misionero ha cruzado antes los Andes en un avión con un solo motor, y cualquier error podría
ocasionar un desastre. Tendré que ascender hasta los 5,500 metros de altura para divisar el paso más bajo en
Ticlio". En medio de su nerviosismo, se olvidó de algo muy importante.

Mientras sostenía los controles del Fernando Stahl, Clyde escuchaba el sonido constante de su poderoso motor
mientras ganaba altura. A los 4,300 metros buscó su tubo de oxígeno. Sin embargo, como sintió que respiraba bien,
continuó su ascenso. A los 5,500 metros, viró directo hacia el paso.

Que tal vista, pensó. Nunca antes había visto montañas cubiertas de nieve bajo un cielo tan azul. Los grandes
picos se elevaban hasta los 6,700 metros.

Repentinamente se sintió mareado y aturdido. "Dios Mío", oró, "¿qué me está pasando? El motor está
funcionando perfectamente, pero siento que mi cabeza va a explotar".
Buscó su tubo de oxígeno. "¡Oh, no! Mi botella de oxígeno está vacía. Debí haberla llenado y ni siquiera la revisé.
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Por favor, Dios mío, ayúdame. Revisé todo dos veces pero me olvidé de revisar lo más importante. Sin tu aliento de
vida, nunca podré lograrlo".

Peters pidió a Dios que lo ayudara. "Estoy sobre el paso, así que perdería mucho tiempo y dinero si regreso a Lima.
Ayúdame Señor para mantener la fuerza y poder respirar. Por favor, no me deje desmayar".

Sé que Dios me va a ayudar. Comenzaré a descender en pocos minutos. Los altos picos escarpados comenzaron a
desaparecer y todo se tornó verde. El Fernando Stahl descendió hasta los 4,000 metros y Clyde pudo respirar
nuevamente. "Gracias Dios mío por ayudarme a salir de esta crisis", oró.

Más adelante, al otro lado de los andes, reposaba la densa jungla amazónica, hogar de jaguares gigantes y
serpientes que podían llegar hasta los 12 metros de largo. En la selva, que abarcaba cientos de kilómetros
cuadrados, vivían alrededor de 35 tribus primitivas, muchas de las cuales no tenían ningún contacto con la
civilización. Sus habitantes no dudarían en acribillar el cuerpo de un extraño con una flecha envenenada a la mínima
provocación.

Desde los 1,500 metros, Clyde pudo divisar algunos grupos de casas de techos de paja. Este será mi hogar, pensó.
En ese lugar, Eleonor y mis hijos vivirán. Dios mediante, trabajaremos con el mismo espíritu Stahl y difundiremos la
historia sobre la vida de Jesús a todos los ares donde sea posible.

A los 1,000 metros de altura, divisó la ciudad de Pucallpa en el Ucayali, el mayor poblado del río Amazonas. Pronto
encontró Yarinacocha y una sucia pista de aterrizaje. Un hangar de 15 x 22 metros iba en construcción, así como
otras dos cabañas, una para su familia y otra para Alfredo y Flora Kalbermatter, ambos enfermeros asignados para
brindar servicios médicos y colaborar en otras actividades.

Clyde dio vueltas sobre la pista y aterrizó por primera vez el 3 de julio de 1964. El Fernando Stahl se detuvo cerca
al nuevo hangar. Los misioneros que trabajaban en la construcción de la base aérea corrieron hacia el avión.
"¡Bienvenidos, bienvenidos!" coreaban.

Clyde sonrió. "Estoy muy contento de estar aquí. Parece que tienen mucho trabajo".

"Disculpe que su casa aún no esté terminada, pero, tenemos un refrigerador a kerosene donde siempre puede
encontrar agua hervida", condujeron a Clyde hacia una pequeña choza que tenía el piso sucio. En su interior había
espacio suficiente para una estufa a kerosene y el refrigerador. "Esto es un verdadero lujo", dijo sonriendo uno de
los misioneros. "En nuestra selva el calor obliga a tomar agua constantemente, así que aquí es donde puede venir
para saciarse".

"Gracias por enseñarme", dijo Clyde, "¿pero dónde voy a dormir?"

"¿Ve la carpa sobre el borde derecho del Lago? Tiene un mosquitero en perfecto estado y un techo excelente para
que lo mantenga p durante las lluvias. Le daremos comida mientras terminamos de construir su casa y se pueda
mudar junto con su familia".

Clyde pronto descubrió que el mayor problema del Amazonas no eran los cocodrilos, grandes serpientes o
jaguares. El verdadero dílema eran unos insectos rojos. Muy pequeños que se adherían a su pierna cada vez que
caminaba a través del pasto. La hinchazón y picazón aumentaba cuando se rascaba. Millones de mosquitos
transmisores de malaria y hambrientos de sangre humana salían en enjambres a la puesta sol.
Capitulo 5 24
¡MI DÍA!

El nuevo programa de aviación de Clyde tenía una gran deuda con misioneros tales como los Stahls, Haydens,
Elicks, y los Taylor, pioneros en la gran selva amazónica. Charles Case, presidente de la Misión Adventista en la
Selva, acompañó a Peters en un vuelo de orientación para conocer a los misioneros que ayudaban a las tribus
indígenas y que colaboraban en la construcción de pistas de aterrizajes en lugares remotos de la selva. En Nevati, su
primera parada, conoció a Marvin y Waloma Fehrenback y en Unini Sigfried y Evelyn Neuendorff dirigían la misión
en ese lugar.

En cada lugar que aterrizaban, Clyde notaba que los nativos trabajaban con herramientas primitivas para derribar
los grandes árboles y así nivelar el terreno para construir o mejorar las pistas de aterrizaje. "Estas personas son
geniales, todos trabajan juntos, y mira lo que logran sin tener que utilizar las herramientas a las que estamos
acostumbrados", comentó Case.

Mientras los nativos despejaban la pista en Shahuaya, la pequeña Nilda Bautista cayó desde lo alto de la terraza
de una choza de palma. La caída de la niña desde la casa construida sobre palos para evitar las inundaciones le
causó heridas en la cabeza y el pecho y la rotura de su hombro.

El hospital más cercano quedaba en Pucallpa a cinco días navegando en canoa por el río Ucayali. Los padres,
Nativos Conivos, sabían que su hija no sobreviviría cinco días en una canoa bajo el sol intenso de la selva y de las
interminables noches de lucha contra los enjambres de mosquitos.

Durante cuatro días trabajaron con otros aldeanos construyendo la pista de aterrizaje.

Trabajaban incansablemente en un esfuerzo desesperado para culminar el proyecto. Cada árbol que derribaban
iba una nueva esperanza para que el avión de la misión pudiera

aterrizar. Clyde se dirigió hacia esta nueva misión. La pista de aterrizaje, está en buen estado. Creo que es segura
para aterrizar, se dijo a si mismo.

vueltas y finalmente aterrizó en la pista nueva. Luego, voló con la pequeña Nilda, hacia un hospital en Pucallpa en
tan sólo 50 minutos

dos semanas después de la cirugía y cuidados médicos que le dierón el hospital, Clyde la llevó a su hogar en
Shahuaya. Al ver que estaba recuperada, sus padres y los demás aldeanos se alegraron. ustedes ya nos han
recompensado por la construcción de la pista de aterrizaje", dijeron. "Queremos que el Fernando Stahl venga todos
los días

Durante las primeras semanas, Clyde pasó la mayor parte de su tiempovolando en el territorio de Nevati y Unini,
con retornos ocacionales a la base para abastecerse de gasolina y revisar su avión.

Llevaba productos a las escuelas, transportaba profesores y también vuelos con fines médicos.

todos los pobladores de la aldea de Miritiriani están muriendo a causa del sarampión. Los Campas que están
sanos han huido, dejando los enfermos, sin poder cuidarse". Peters voló inmediatamente hacia la zona llevando
antibióticos y alimentos. La mayor parte de la gente en la aldea sobrevivió.
En otra aldea donde también se había difundido la enfermedad, encontró varias casas vacías. "El único
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sobreviviente es un niño” le dijo a los Fehrenbacks mientras dejaba escapar lágrimas u rostro. "Familias enteras han
muerto. Con un solo aeroplano no puedo satisfacer todas las necesidades en toda la selva amazónica",

Tan pronto como los constructores terminaron su casa cerca al hangar en Yarinacocha, Eleanor y sus hijos llegaron
de Lima. Clyde mostró a su familia la nueva casa. "¿Les gusta estas ventanas con mallas protectoras?", preguntó.
"Mantienen a los insectos alejados de la casa y permiten que el aire circule en este caluroso y húmedo clima. Aquí
no necesitamos ventanas de vidrio".

Las ventanas son magníficas y me encanta la cocina y el refrigerador a kerosene", comentó Eleanor.

“Si, son los mismos artefactos que tenía en la cabaña de donde agua hervida cuando recién llegué a este lugar. No
hay electricidad, así que utilizaremos velas y la linterna Coleman durante la noche. Creo que colocaremos la
compra de un generador en nuestra lista de prioridades".

Para Eleanor, el hecho de ser una esposa misionera significaba ser más que un ama de casa. Ella era la secretaria
de la base, archivadora, contadora, consejera y operadora de radio, rastreando los vuelos de Clyde y recibiendo los
mensajes de emergencia. Además, ayudaba en el cuidado de pacientes que tenían emergencias médicas.
Finalmente, también enseñaba en la escuela de la iglesia, dando clases a su hija mayor Shelly y luego a Alan y Linda
cuando estuvieron listas para el colegio.

La casa de los Peters parecía un hotel. Llevando la cuenta, se dieron cuenta que en un periodo de nueve meses
habían dado cama y comida a no menos de tres invitados por noche y por lo general a 15 ó 16. "Nunca hubiésemos
podido lograrlo sin la ayuda de Consuelo, una joven peruana", explicó Eleanor. Cuando la misión albergaba a
jóvenes Campas en la propiedad de la base aérea, Consuelo se encargaba de la cocina.

"Eleanor es una verdadera misionera", dijo Clyde. "Mientras yo realizo viajes emocionantes, ella se queda en casa
y realiza todo el trabajo". Cada vez que era posible, Clyde llevaba a su familia durante los fines de semana a las
estaciones de la misión, a donde llevaban música y Eleanor enseñaba a las maestras de las escuelas de la selva. Un
día en el que Clyde no estaba en su casa, una mujer preguntó por la Sra. Peters. "Me voy al hospital", le explicó.
"¿Podría por favor prestarme 250 soles?" Eleanor sacó el dinero y se lo dio. Los 250 soles representaron una
cantidad considerable de su haber mensual.

Cuando Clyde se enteró de este préstamo, le dijo, "Eleanor, ¡eres demasiado amable! Si le prestas dinero a una de
estas personas, será una cadena y siempre te buscarán". "¿Qué vas a responder la siguiente vez que alguien te pida
dinero? Dios nos da lo que necesitamos pero tenemos tres hijos y no podemos dar dinero todo el tiempo".

"Clyde, tenía que hacerlo", respondió Eleanor. "Esa mujer necesitaba ayuda".

"Está bien, pero te lo advierto, ¡nunca volverás a ver ese dinero!" Recuperada de la cirugía, la mujer regresó a
trabajar. Un día, tocó la puerta de la casa de los Peters. Cuando Eleanor la vio, le sonrió y le entregó contando 250
soles. Le pagó el dinero completo y además, cada viernes por casi un año, la mujer agradecida le llevaba un
recipiente grande repleto de frutas tropicales como muestra de su agradecimiento. "No puedo creerlo", dijo Clyde.
"Esta gente cumple con su palabra". Creo que deberían enseñarnos algunas lecciones sobre la gratitud.

Nuevos grupos de creyentes construían pistas de aterrizaje en diferentes lugares. Peters estaba en Nevati
preparando su vuelo de regreso a su casa, cuando la enfermera Waloma Fehrenback se apresuró el avión. "Clyde,
una mujer ha venido corriendo de Aguachine, uno de nuestros grupos nuevos. Esta gente está recién aprendiendo
sobre Jesús y todavía conservan muchas supersticiones. La mujer había caminado durante 48 horas. ¡El brujo culpa
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a dos niñas por la enfermedad de un hombre y está planificando matarlas!"

"Oh, no, yo vi algo parecido en una película de la misión cuando taba en el Union College. No podemos dejar que
mueran dos niñas ícenles. Aguachine tiene una pista de aterrizaje corta y árboles al final de esta pista, pero si viajo
con una carga ligera de combustible, o que podría lograrlo". Clyde quitó el combustible de exceso se dirigió hacia la
pista de aterrizaje de Nevati en el Fernando stahl.

La aldea parece estar vacía, pensó mientras sobrevolaba a baja altitud sobre Aguachine. Generalmente cuando
vuelo, toda la gente sale corriendo. Al aterrizar, caminó por la aldea. Todo estaba en silencio, ningún signo de vida,
no se veía ningún poblador en los alrededores, finalmente, se acercó a una casa y vio que estaba llena de gente. Un
hombre hablaba español, así que Clyde le pidió que tradujera. "Quiero e toda la gente salga de sus casas", dijo
Clyde.

Cuando todos estuvieron reunidos, preguntó, "¿Quién de ustedes el brujo?"

"¡Oh!, dijo toda la gente. "El brujo huyó con su hijo cuando escuchó el sonido del avión".

"¿Dónde están las dos niñas? Y lo condujeron hacia una cabaña.

Dentro, vio a dos niñas abandonadas, a las que el brujo había goIpeado brutalmente en su afán de acabar con sus
vidas. Sus cuerpos estaban negros y azules, y una de las niñas tenía un gran corte en la cabeza, producto de un
golpe con un machete.

Unos meses antes, Waloma había examinado a un hombre que sufria de un severo caso de gusanos y lo
convenció para que se sometiera tratamiento en Nevati. El hombre supersticioso se negó. Ahora, los parásitos
también habían afectado su corazón. Consultó al brujo y éste culpó a las dos pequeñas niñas de su enfermedad.

Clyde enfrentó a los supersticiosos Campas. "¡Por favor, entiendan! as niñas no tienen ninguna relación con la
enfermedad del hombre." esperó a que el hombre culminara la traducción.

"Quisiera llevarlas a Nevati, pero con el mal estado de su pista nunca podría despegar debido al peso en el avión.
Por favor, cuiden a estas dos niñas y no dejen que el brujo les haga daño. Díganle que regresaré para buscarle".

Tres semanas después, se escuchó el rumor en Nevati que el brujo había regresado a escondidas al pueblo de
Aguachine. Clyde voló rápidamente hacia allá. Nuevamente la aldea lucía solitaria pues todos se encontraban
escondidos en sus casas. Avergonzados ante lo sucedido, le confirmaron que una de las niñas estaba muerta y que
la otra estaba herida y encerrada en una cabaña.

"Las lluvias han cesado", le dijo a los pobladores. "Su pista de aterrizaje está en mejor condición, así que me
llevaré a la niña a Nevati para que la curen".

"Las supersticiones están muy arraigadas", explicó Peters a los Fehrenbacks, mientras trasladaba a la pequeña
niña al hospital. "Sólo la palabra de Dios puede cambiar los corazones de estas personas. Agradezco a los
misioneros como ustedes por crear las escuelas misioneras, donde los nativos puedan aprender a leer y estudiar la
Biblia por ellos mismos. La Palabra de Dios transformará sus vidas".

Clyde regresaba a la base cuando Julián, un inspector de la Oficina de Aeronáutica Civil llegó por la tarde. La
licencia para operar el Fernando Stahl iba a expirar pronto y el inspector vino para averiguar las razones por las
cuales aún no la había renovado. Los Peters lo invitaron a quedarse en su casa.
Muy temprano durante la mañana siguiente, Eleanor disponía el desayuno en la cocina. Julián se estaba apenas
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levantando y Clyde trabajaba en su avión en el hangar. La Sra. Peters, que monitoreaba la radio, empezó a gritar,
"¡Clyde, hay una emergencia en Puerto Putaya!

Su esposo corrió hacia la radio. "Nuestro avión partirá inmediatamente''.

Julián salió. "Disculpe, todavía no está listo el desayuno", le dijo Clyde. "Tengo que hacer un vuelo de emergencia
a Puerto Putaya. ¿Por qué no viene conmigo?".

Al llegar a su destino, supieron que un hombre había disparado a corta distancia con una escopeta al líder de la
aldea. Julián casi se desmaya al ver la sangre emanar del abdomen del hombre, dondeel disparo le había dejado un
agujero del tamaño de una mano. Colocaron al hombre en el avión y lo llevaron de inmediato hacia el hospital de
Pucallpa para someterlo a una intervención quirúrgica que pudiera salvar su vida.

Al retorno, durante el desayuno, Julián comentó a Clyde, "Los de la oficina en Lima no tienen ningún derecho de
desactivar un programa no éste. Haré todo lo que esté a mi alcance para asegurarme que su misión aérea
continúe".

Sin embargo, Julián era presionado por los funcionarios, quienes insistían en que Clyde llevara el Fernando Stahl a
Lima para su inspección. Aun así, la Oficina de Aeronáutica Civil informó a Clyde,“Jullián ha elogiado su trabajo en la
selva. Estamos renovando su licencia

para que pueda volar su aeroplano. Por favor, olvide todos los inconvenientes causados "

Su impecable vuelo sobre los Andes dio a Clyde la esperanza de tener un buen vuelo de regreso a la base aérea de
Yarinacocha. A pesar que el Helio Courier es un aeroplano ideal para la selva, no tiene un |;n desempeño en la
altura.

Luego de subir a través de la nubosidad de la costa, observó una delgada capa de nubes que cubrían los Andes.
Debería retornar a Lima,, pero nuestro presupuesto está ajustado. Odio invertir tiempo extra en el motor, ahorraré
dinero si ahora vuelo sobre los Andes. Volaré sobre las nubes y echaré un vistazo.

Luego, sin previo aviso, el motor comenzó a fallar. ¡Oh, no!, Clyde fiiobró los controles. Nunca antes me había
pasado algo similar, regresar pero estoy seguro que ya atravesé el paso. Si regreso, re volando sobre la parte más
peligrosa de las montañas.

Inmediatamente, el avión comenzó a perder altura. Clyde trató de suavizar el vuelo pero lo único que logró fue
seguir perdiendo altura. Dios mío", oró, "si este es mi día, estoy listo, pero este es tú avión. Si es tu voluntad, por
favor, salva el avión de la misión".

El Fernando Stahl se sumergió entre las nubes mientras Clyde liobraba los instrumentos. Desesperado, trató de
mantener el rumbo lia el aeropuerto cercano de San Ramón. ¡Si continúo perdiendo altura, jamás podré llegar!

Prendió el radio y tomó el micrófono, "¡Mi día, mi día!", gritó. a cabo de atravesar Ticlio. El motor se está
deteniendo. Mi avión está cayendo!"

Repetía una y otra vez el mensaje de ayuda. "¡Voy a estrellarme contra las montañas! Además de perder altura,
las alas del avión comenzaron a congelarse. El miedo comenzó a apoderarse de Clyde cuando notó que la entrada
de aire se había congelado, causando que el indicador de la velocidad del aire dejara de funcionar. No puedo
maniobrar los instrumentos dentro de una nube y sin saber la velocidad del aire.
El avión cesó de caer. Mientras oraba, salió de en medio de la nube. Ias montañas le rodeaban completamente.
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Había descendido 700 metros.

"Gracias Dios mío. El motor ya está funcionando." Habiendo superado el paso más alto, se escabulló entre las
nubes para escapar de las montañas y dirigirse a Nevati.

Cuando aterrizó, Clyde se dirigió hacia la clínica de la misión, buscó una cama y se dejó caer. El viejo Fehrenback
entró y le preguntó, "¿Cuál es el problema? Estás terriblemente pálido". Marvin, acabo de tener un vuelo difícil".
"¡Lo siento!, cuéntame por qué".

"Debería haber volado hacia Lima, pero avancé a pesar de que las nubes cubrían los Andes. No te puedes imaginar
lo que es estar allí arriba, solo, que los motores se detengan y que el avión comience a perder altura."

"Pero Dios estaba contigo".

"Tienes razón. Le pedí al Señor que salvara el avión. Me estaba cayendo en una nube, se había formado hielo en
las alas y el indicador de la velocidad del aire se había congelado. Pensaba que iba a chocar en cualquier momento.
Ahora estoy completamente salvo y agradecido a Dios. El cuidó del Fernando Stahl y salvó mi vida".
Capitulo 6 29
¡KAMETZA!

Los Fehrenbachs trabajaban dirigiendo la misión en Nevati en rio Pachitea. Los Neuendorffs dirigían la misión en la
estación en Unini, ubicada en las afueras del río Ucayali. Entre estos dos ríos había una larga cadena de montañas
conocida como El gran pajonal, considerada una de las áreas más salvajes de la selva

El presidente de la misión, Charles Case, enviaba cartas alentando misioneros para que vayan hacia nuevas áreas y
construyan pistas de aterrizaje donde fuera necesario. Siegfried Neuendorff oraba para poder llevar el evangelio a
la peligrosa zona del Gran Pajonal. Dejó a su esposa a cargo de la estación misionera con la idea de retornar en itres
o cuatro días.

Acompañado de dos indígenas Campas comenzó a escalar las para llegar al Gran Pajonal. Al final del cuarto día
llegaron a lo. El lugar parecía abandonado. Cuando el guía Campa silbó, varios indígenas, armados con arcos y
flechas, saltaron como monos de los árboles. En ese momento hombres y mujeres con los rostros con un rojo
brillante rodearon a Siegfried y sus compañeros campas

¡El temor gobernaba en esa basta región, miedo a la revancha, los espíritus, miedo al brujo y miedo a los extraños.
Los indigenas cuando escucharon llegar al misionero, temerosos treparon los árboles. Luego miraron asustados al
"gringo" de casi dos metros . En comparación con ellos era un gigante. Finalmente comenzarón a retroceder
lentamente hacia sus chozas.

El jefe Huánuco, quien había asesinado a varios hombres, indicó a los visitantes que lo siguieran hacia la cabaña
donde vivía junto con varias esposas. Les sirvieron un plato de sopa de yuca hervida - una raíz blanca similar a la
papa - así como maíz, piña y camotes. Cuando oscureció, el intérprete Campa ayudó al misionero Neuendorff a
conducir la primera reunión cristiana.

A la mañana siguiente mientras comieron más yuca hervida durante el desayuno, Siegfried vio una mujer sentada
en el piso que comía larvas de gusano. No deseo postre, pensó.

Luego del desayuno tuvieron otra reunión. La gente se mostró emocionada y Siegfried le preguntó al jefe
Huánuco, ¿le gustaría que un profesor viniera a enseñarles sobre Dios y el cielo? ¿ Le gustaría que sus niños y niñas
aprendan a leer y escribir?

El jefe Huánuco respondió enérgicamente "Kametza "- sí envíenos un profesor.

Siegfried prometió regresar; luego siguió a sus guías Campas de regreso a Unini donde su esposa la esperaba
preocupada.

Evelyn esperaba que su esposo llegase en tres o cuatro días y ya habían pasado cinco. Siegfried, antes de llegar a
su hogar, se encontró con serpientes venenosas mientras caminaba descalzo, sin comida ni bebida y con siete kilos
menos de peso. Se perdió y en lugar de llegar a Unini arribó al pueblo de Nevati.

Clyde le rescató y le llevó de vuelta a Unini, al quinto día. Su esposa e hija apenas pudieron creer cuando les dijo,
"Tengo que regresar al Gran Pajonal. He prometido al jefe Huánuco que si ellos construyen una pista de aterrizaje
nosotros le llevaremos un profesor."
Rufino Valles y su esposa Elsa se ofrecieron como voluntarios para ser los profesores. Dos días después, Clyde
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consiguió tres hachas y cinco machetes para ayudar a construir la nueva pista. "Déjame llevarte a Oventi para que
llegues más rápido. Desde allí podrás iniciar tu excursión con todo tu equipo en un solo día."

"Fantástico", exclamo Siegfried. Luego de despedirse de su familia subió al Femando Stahl junto con el profesor y
su esposa. En minutos, llegaron hasta donde les hubiese tomado tres días de caminata. Luego de aterrizar,
Siegfried, Rufino y su esposa Elsa comenzaron el largo camino para encontrar al jefe Huánuco.

Huánuco los llevó hacia Tsioventeni. Luego de reunir a todos los pobladores, Neuendorff les explicó, "les he traído
a su profesor. Sus hijos aprenderán a leer la Palabra de Dios. Pero antes que nada necesitamos construir una pista
de aterrizaje para que el avión de nuestra misión pueda aterrizar".

"Tengo un pedido urgente. Queremos que dejen de preparar bebidas alcohólicas. Por favor prometan que ya no
beberán Mázalo, y que no tendrán fiestas en la cual se beba y se baile toda la noche. Queremos que sean felices y
que vivan para Jesús".

"Kametza" respondió Huánuco. "Haremos lo que nos pidan." Más de doscientos árboles enormes necesitaban
cortarse 'para poder nivelar el suelo. Luego de cinco días Clyde sobrevoló la zona para asegurarse de que Siegfried
había llegado a su destino. Al ver a la gente trabajando en la pista de aterrizaje, tomó inmediatamente el micrófono
para llamar a la base aérea. "Me gustaría que pudieran ver a toda la aldea fuera de sus hogares trabajando juntos.
Siegfried realmente inspira a los pobladores".

Los Campas trabajaban de sol a sol. Durante las tardes, Siegfried se reunía con ellos para contarles sobre Jesús,
quien estaba preparando un hogar en el cielo para toda la gente. Cuando llego el viernes, les explico, "no se debe
trabajar en el séptimo día. Descansaremos y dedicaremos el día a nuestro Creador".

El viernes por la tarde dejaron de trabajar temprano para que pudieran limpiar sus casas, bañarse y estar listos
para recibir el día de reposo. Siegfried y Rufino trabajaban juntos enseñando a la gente la alegría de alabar a Jesús
en su Día Santo.

Clyde voló hacia Nevati con el fin de ayudar a los Fehrenbach a vacunar a los pobladores de las áreas remotas en
las que había aparecido brotes de viruela y sarampión. Una tarde conversó con Marvin "Creo que podemos
completar el proyecto de vacunación mañana por la noche. Luego me gustaría volar hacia Tsioventeni. Siegfried ya
debería tener lista la pista y podría recogerlo".

En la mañana, Marvin, Waloma y su hijo Rick acompañaron a Clyde y terminaron la vacunación en los dos pueblos
que faltaban. Finalizada la labor regresaron a Nevati. Las hélices casi se habían detenido cuando Clyde preguntó,
"Waloma, tienes puesto tu traje de enfermera. ¿No te gustaría ir a Tsioventeni? Allá también podrías vacunar a los
pobladores".

"Claro" le respondió sin dudar. "He estado esperando la oportunidad de visitar Tsioventeni y el Gran Pajonal".

"No hay problema", pensó. "No deseo dividir a las familias pero pienso que será mejor que Marvin se quede. Yo
volé a Tsioventeni ayer. No tendremos ningún problema al aterrizar, pero todavía queda desmonte al final de la
pista y no quiero llevar mucho peso cuando despegue por primera vez en esta pista nueva".

Marvin contestó, "no hay problema Clyde, lleva a Waloma. Ella puede ayudarte a atender algunos enfermos. No
creo que tardes más de dos horas y por lo tanto no habrá mucha demora en mi cena. Además tengo que ir de todas
maneras y ésta podría ser la única oportunidad para que Waloma visite a esta gente".
Sobrevolaron cañones profundos, empinadas montañas y hermosas cataratas que poca gente podría jamás ver.
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"Hace poco, Siegfried caminó por esta área salvaje", dijo Waloma. Si ella hubiese sabido lo que luego enfrentaría
hubiese insistido en que Clyde diera una vuelta de 180° y regresara a Nevati.

Clyde sobrevolaba la nueva pista cuando Siegfried hizo una señal para que aterrizara el avión. El suelo húmedo
evitó que Clyde utilizara el freno. "¿Podremos despegar este suelo tan fofo?" preguntó Waloma. Pero la emoción de
ver cómo aquella tribu remota observaba aterrizar el avión por primera vez, borró de su mente cualquier problema
que podría surgir.

Los indígenas rodearon al avión. Tenían las caras pintadas de rojo, los cabellos de los hombres llegaban hasta sus
hombros. Tanto hombres como mujeres tenían un labio perforado, y muchos de ellos llevaban un casquillo de
calibre 45 sobresaliendo del orificio. Ellos habían recogido los casquillos cuando los cazadores atravesaron su jungla.
En el pasado llevaban un hueso atravesado en su labio inferior como adorno.

Clyde descargó las provisiones para el profesor y su esposa. "Estoy muy contento de que hayan venido", dijo
Siegfried. "He estado conviviendo y trabajando con esta gente durante siete días. En cuanto terminen con las
vacunaciones quiero que me lleven de regreso a Unini". Waloma divisó un gran fuego. "¿Qué están haciendo?
¿Quemando los matorrales de la pista de aterrizaje?".

"No, están quemando las bebidas" respondió Siegfried. "Ellos han prometido que ya no van a preparar mazato.
Ahora están quemando una especie de canoa en forma de tina que utilizaban para hacer estas bebidas alcohólicas.
Todos solían sentarse alrededor, mascar yuca, escupirla dentro de esta tina, agregar agua y finalmente dejar a que
fermente". "¿Y luego qué?" preguntó Waloma.

"Luego tenían una fiesta y todos bebían hasta la inconsciencia. Estoy sorprendido de lo rápido que el evangelio ha
cambiado a esta gente. El profesor ha estado aquí sólo unos días y ya es un poblado completamente diferente al de
hace unas semanas. Incluso ya no comen cerdos".

El gigante misionero no tuvo ningún problema en persuadir a la gente para que la enfermera los vacune. Cuando
terminó, Clyde le dijo, "Me alegro de que Siegfried no haya venido con mucho equipaje. No necesitamos peso
extra".

Abordaron el Femando Stahl. Clyde oró para que tuvieran un viaje seguro. "Espera", dijo, "estamos orando pero
no me siento cómodo con esta pista tan suave. Nos encontramos a 1,400 metros de altura. La mayoría de las pistas
de aterrizaje en las que he despegado se encuentran a menos de 300 metros sobre el nivel del mar".

¿Significa que tengo que bajarme?", le dijo Siegfried.creo que es mejor que ustedes dos se bajen. Voy a ensayar
un despegue El avión, con dos pasajeros menos, apenas pudo elevarse sobre dos montones de desmontes que se
encontraban al final de la corta pista, retornar, Clyde organizó a todos los aldeanos en grupos de trabajo Las
mujeres y los niños alisaban el suelo con sus pies descalzos o usando pequeños troncos. Los hombres eliminaban los
trozos de las que estorbaban. Cortaron un tronco enorme para añadir más distancia a la pista de aterrizaje.

luego de dos horas, Peters dijo, "Será mejor que saquemos un ; gasolina". El profesor trajo dos recipientes con
capacidad para cinco galones que se usaban para almacenar agua; drenaron la mayor cantidadde combustible
posible. Al encender el motor del avión Clyde Igó de la sucia pista y regresó con un gesto de preocupación.

'No necesitas decirlo, Clyde", dijo Waloma. "No voy a subir al avión. Tratemos de encontrar otra solución."
'La única solución es que tú y Siegfried caminen hasta Oventeni". Siegfried había seguido esa ruta en varias
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oportunidades. "Tomare siete horas llegar", dijo. "Yo no tengo ningún problema, ¿pero walona?" "¿No hay alguna
otra manera de llegar hasta allá?" 'La única manera es tomar la ruta más larga. Los indígenas han prometido
acompañarnos pero tomará varios días", Clyde, recostado en el asiento de piloto, se asomaba por la ventana.
"Volaré hacia Nevati y aviaré a Marvin sobre lo que está sucediendo. Luego te veré mañana alrededor de las 10:00
a.m. en Oventeni".

waloma se detuvo a contemplar el despegue del avión hasta que pareció en su ruta. "Mírame", dijo en tono
contemplativo. "¿Todavia tengo puesto mi traje de enfermera y así voy a caminar toda la noche? Ni siquiera traigo
puestos los zapatos. Lo único que tengo son estas sandalias".

Siegfried sonrió, "Apenas han pasado unas cuantas semanas desde que caminé por esta ruta, descalzo, y con la
idea de que iba a morir". Waloma trató de utilizar algunas ropas que Elsa le había prestado, pero todo le quedaba
muy pequeño. Se puso una cushma que le prestó rufino y guardó su uniforme en una bolsa de plástico. Elsa le dio
yuca la para el camino, oraron y los tres, Siegfried, Waloma y un campa de nombre Juan, emprendieron el camino
hacia Oventeni.

"¡Oventeni, Oventeni!, ¿Estamos yendo a Oventeni?" Este pensamiento atravesó la mente de Waloma como una
daga. "¡En ese lugar un piloto comercial encontró un cuerpo lleno de flechas que asemejaban alfileres en un
alfiletero!"

"No te preocupes", la consoló Siegfried. "Con la ayuda de nuestro guía Campa, no tendremos ningún problema.
Tal vez podríamos pasar la noche en alguna aldea".

En menos de dos horas, el sol se ocultó en el horizonte. Casi oscureció inmediatamente. Juan se detuvo
repentinamente cuando llegaron a un claro de la selva. Se podía escuchar el lento y constante sonido de los
tambores y los gritos salvajes de los indígenas. "¡Fiesta!, ¡Masato!". Juan comentó. "Ellos me obligan a beber. Yo no
bebo más. Ustedes continúen. Yo regresaré".

"¡No, no!, suplicó Siegfried. Por favor, ¡quédate con nosotros! ¿Hay alguna forma de rodear la aldea?"

"No", insistió Juan. Y arrojó el bulto que estaba cargando a los brazos de Siegfried, luego se internó en la selva y
desapareció.

"¿Y ahora que vamos a hacer?" preguntó Siegfried. "Me alegro de que Juan no quiera beber pero no pensé que
nos abandonaría".

"Continuemos", respondió Waloma. "Los indígenas deben estar bastante ebrios como para que se percaten de
nuestra presencia y con el sonido de los tambores, tampoco podrán escucharnos".

Sin prender ninguna luz, se introdujeron en la oscuridad, algunas veces resbalando y otras cayendo. Se dirigieron
cuidadosamente hacia la parte alta y rodearon el campamento Campa. "Los ángeles nos están cuidando", decía
Siegfried mientras caminaban en medio de la oscuridad. "Dios nos ve a través de esta oscuridad". Al llegar a un
poblado, el oscuro sendero se convirtió en densa vegetación. "No podemos arriesgarnos a perdernos y no encontrar
el avión" . "Mejor pasemos la noche en este lugar", sugirió Siegfried. "Tengo un colchón de aire, una sábana y un
mosquitero. Tú puedes usar mi equipo, Waloma".

"Siegfried, tú eres delgado y alto. Necesitas el colchón. Mi cushma me mantendrá caliente, así que tampoco
necesito la sábana". Infló el colchón y se tapó con la larga sábana.
Waloma se puso a una distancia moderado y se envolvió en su cushma. "Te agradezco que me hayas prestado el
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mosquitero, Siegfried". Los monótonos repiques de los tambores hacían eco a la distancia. Waloma sostenía el
mosquitero cada vez que un vampiro se arrojaba sobre su rostro. Cada hueso de su cuerpo le dolía, mientras
esperaba ansiosa la llegada de la mañana.

Los sonidos de caza que se escuchaban en la selva se desvanecían de los truenos, acompañados de luces
cegadoras. El alba lo un aguacero torrencial. Siegfried empacó rápidamente sus cosas en una bolsa de plástico, con
excepción de las provisiones, luego se sentó espalda con espalda con Waloma, sosteniendo el aire, cubierto con la
sábana, sobre sus cabezas para improvisar una carpa como protección contra la torrencial lluvia. Una hora y media
después, el diluvio se convirtió en lluvia consumos que continuar si queremos reunimos con Clyde", dijo " Siegfried
trataron de caminar con la improvisada carpa sobre ellos, pero finalmente se rindieron, exprimieron la sábana y la
guardaron, junto con el colchón, en la bolsa de Siegfried .luego de resbalar en el lodo y caer constantemente,
Waloma decidió deshacerse de las molestosas sandalias. Con los pies descalzos, los dedos de los pies se sujetaban
en el lodo y ya no se caía con tanta frecuencia, A las 10:00 de la mañana, escucharon el sonido del Fernando Stahl
volando sobre ellos y luego aterrizando en Oventeni. "Deber llegado", exclamó Waloma. ) también", dijo Siegfried.
"Aún nos quedan varios kilómetros por recorrer"Al cabo de una hora, el avión despegó. "¿Acaso Clyde nos va a
abandonar?", preguntó Waloma.

Creo que está buscándonos". Siegfried se detuvo en un claro, sacó su y la movió en el aire para llamar la atención
de Clyde. El avión o, se inclinó hacia un lado y retornó a Oventeni para esperarlos.

waloma cayó una vez más. Sentía fuertes dolores en su rodilla, no puedo continuar contigo, Siegfried. Tengo que
detenerme para ir. Cómo me gustaría que Clyde tuviese un helicóptero", •de aguardaba en el avión cuando niños
curiosos salieron dé en e la selva. Sacó su trompeta y les enseñó canciones cristianas. ti los huesos adoloridos, una
rodilla lastimada y exhausta por ? dormido, Waloma cojeó hasta el camino a Oventeni. Al divisar el ferrnando Stahl
y a Peters, Waloma exclamó, "Esta es la más hermosa escena que jamás haya visto",aun cojeando, Waloma
finalmente llegó hasta el avión. "Clyde, envió a ti y al avión de la misión para que salvaras muchas a esta
oportunidad, has salvado la mía". Subió al aeroplano y en el piso, detrás de los asientos,

siegfried y Waloma habían pasado nueve horas caminando y una n dormir para llegar hasta Oventeni. En pocos
minutos Clyde los llevó a Tsioventeni, no sin antes despedirse de la gente que había conocido el día anterior.
Aterrizaron en San Pablo para recoger a Marvin.

Pensamientos negativos se apoderaron de la mente del esposo al ver a una indígena vestida con una cushma
sentada en la parte trasera del avión. ¿Por qué has traído a una indígena y no a mi esposa? Luego pensó, ¿os
indígenas también son importantes, no debería sentirme así. "¿No reconoces a tu propia esposa?"

Marvin miró nuevamente y sonrió, luego fue a buscarla. "¿Qué haces vestida de esa manera? Estas
completamente enlodada y nunca antes había visto tu pelo tan enredado".

"No podía hacer nada con mi cabello pues no tenía peine y no había ningún lugar en Oventeni para lavarlo".

Clyde dejó a los Fehrenbachs en Nevad y voló hacia Unini acompañado de Siegfried.

Durante su corta visita a Tsioventeni, Waloma había llamado la atención de Clyde sobre Marivanchi, la esposa del
jefe de la aldea, quien tenía una terrible infección de hongos en su pierna. Antes de abandonar Nevati, Waloma le
dijo, "Clyde, creo que tengo medicamentos para tratar la pierna de esta mujer". Y le dio una pomada especial con
instrucciones para que enseñara a usarla a Marivanchi.
En su siguiente viaje al Gran Pajonal, Clyde fue acompañado de dos enfermeras. Ya habían pasado siete semanas
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desde que indígenas salvajes sorprendieron a Siegfried merodeando entre los árboles. Marivanchi no se mostró
desconfiada cuando limpiaron su pierna llena de hongos y aplicaron el medicamento. Las enfermeras dejaron la
pomada a la profesora del pueblo para que continuara con el tratamiento.

Cuando Clyde retornó unas semanas después, Marivanchi se sentó sobre un tronco señalando su pierna,
"Kametza" dijo en dialecto campa. Ya no había infección y su piel estaba clara y suave. Kametza, palabra campa,
significaba maravilloso, bueno e incluso hermoso.

Es kametza cuando la gente aprende sobre Jesús y cambia su forma de vida. Los misioneros se maravillaron ante
el cambio de Tsioventeni. Nadie bebía licor, sus adornos del cuerpo desaparecieron y se quitaron los casquillos de
pistolas de sus labios inferiores. También se quitaron la pintura roja de sus rostros y ya no mataban a más gente con
sus arcos y flechas.

Luego de aproximadamente un año, Marivanchi se convirtió en una de las primeras mujeres de ese pueblo en
ofrecer su corazón al Señor y aceptar el bautismo. Su esposo, Shawingo, jefe de Tsioventeni, había matado por lo
menos cuatro personas con su arco y flechas. El también quería ser bautizado pero prefirió esperar y primero
realizar buenas acciones.
Capitulo 7 35
PISHTACOS Y GRASA PARA RIFLE

Sobrevolando el Gran Pajonal, Clyde observaba decenas de chozas i agrupadas, generalmente en grupos de cuatro
o cinco, donde los indígenas dormían sobre matas de hojas de palma o sobre el suelo pió. Cada aldea tenía un
"médico" brujo, quien ejercía una poderosa fluencia sobre los habitantes.

Un brujo, atemorizado ante la idea de perder su poder sobre su gente, inició un rumor. "No se acerquen al avión
que vuela sobre nosotros.

no vayan a Nevati para curar sus enfermedades. Si lo hacen, los pishtacos se apoderarán de ustedes. Los meterán
en una gran olla y los hervirán Isla que se conviertan en grasa. Luego, los extranjeros, usarán esta grasa p lubricar
sus rifles y armas."

Los indígenas supersticiosos creían el cuento y se mantenían alejados | los servicios médicos que se impartían en
Nevati.

Quinchiquiri, un niño Campa de 12 años de edad, ayudaba a su padre a cortar árboles en la selva. Un día, un árbol
cayó sobre el niño, lo derribó al suelo y le perforó parte del pulmón. Su padre corrió hacia la lea y regresó con
algunos hombres y la madre del niño, juntos levantaron árbol para liberarlo. La madre se quedó horrorizada al ver
un pedazo | la rama del árbol traspasando la espalda de su hijo. La sangre brotaba ' i herida, sin embargo, no se veía
que el niño tuviera algún signo de vida.

"¡Quinchiquiri está muerto!" gritó angustiada la madre. Mientras largaban, comenzó a respirar. Los supersticiosos
padres se enfrentaban In dilema. No sabían si llevar a su hijo ensangrentado al brujo que viv ía a pocos metros del
lugar, o transportarlo durante tres días y noches por el penoso camino hacia Nevati y pedir ayuda médica cristiana.

Ellos habían visto al brujo mezclar jugo de tabaco y alcohol y rezar a los espíritus pero no sabían si podría curar
una herida de tal magnitud. A pesar de que habían escuchado los milagros que sucedían en Nevati, seguían
temiendo que los Pishtacos pudieran cocinar sus cuerpos hasta convertirlos en grasa. Pero el Espíritu Santo iluminó
sus corazones Campas y los padres llevaron a su hijo, junto con otros amigos de la aldea, por el camino hacia Nevati.
Tres días después, finalmente llegaron. Los misioneros examinaron el cuerpo y se dieron cuenta que el caso era más
grave de lo que ellos podían atender. Hicieron una llamada de emergencia a la base aérea de la misión en Pucallpa.
Clyde corrió hacia el hangar, llenó el tanque de gasolina, y una hora más tarde, ya se encontraba aterrizando en la
estación de la misión en Nevati.

Sorprendido al ver el cuerpo cubierto de sangre y suciedad, preguntó, "¿Quieren que viaje con este jovencito
hasta Pucallpa?"

La herida en la espalda del muchacho estaba llena de larvas, y un pedazo de la rama aún estaba en su cuerpo.
Vestía una cushma sucia y su cuerpo olía como el de un animal muerto. Los bordes interiores de sus párpados en
vez de ser rosados estaban completamente blancos. El muchacho indígena había perdido gran cantidad de sangre.

Sintiendo un poco de náuseas, Clyde ayudó a cargar el niño al avión y lo dejó recostado sobre el piso detrás del
asiento del piloto. Juan Ucayali, un traductor Campa, explicó a Quinchiquiri que ellos lo conducirían hacia el
hospital. "Cuando te sientas mejor, no corras a la selva. Quédate allí y nosotros te traeremos de regreso con tus
padres."
Antes de encender el motor, Clyde le pidió a Juan que oraran. Clyde se percató que la madre del niño estaba
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parada detrás de su esposo. Las esposas campas raras veces se juntan y nunca se abrazan en público. La mujer
estaba llorando. Ella había visto antes volar al Femando Stahl por el cielo, pero jamás le había visto tan cerca.

Este hecho hizo que las historias del brujo parecieran creíbles. No le han hecho ningún bien al niño, sin embargo,
le están llevando en ese artefacto. Luego se lo llevarán lejos y lo cocinarán hasta que se convierta en grasa. El brujo
tenía razón, nunca volveré a ver a mi hijo.

Vean a este pequeño niño - es casi un animal-. Las preguntas se apoderaron de la mente de Clyde. "¿Está bien lo
que estamos haciendo por tratar de salvarle la vida!".

Mientras cerraba la puerta del avión, el niño miraba a sus padres. Sus temerosos rostros estaban pintados de rojo,
al igual que los indígenas del Gran Pajonal. El padre lucía un gran manojo de plumas que colgaban sobre su espalda.
Clyde encendió el motor y se preparó para partir. Una vez funcionando el motor, el pequeño se cogió fuertemente
de la de la pierna de Clyde y no la soltó hasta llegar a Pucallpa. Durante todo el viaje, se quedó en el suelo, frotando
y sosteniendo la pierna de Clyde.

"¿Cómo puedo llevar un niño así?", se preguntó. ¿Podrán sus padres entender el significado del amor de Dios?".

Al aterrizar en la base, se dirigió hacia el hangar, apagó el motor y se detuvo. Cuando Clyde abrió la puerta, le
esperaba su pequeña hija

De 4 años, Linda. ¡Oh, No!, pensó, ¡Nuestra pequeña Linda!. Parece | le gustara jugar con niños sucios. Pueden
estar completamente os, y ella sale y juega con ellos, y todos se divierten.

Al ver al niño en el avión, sonrió, "hola, ¿como estás?" ella no sabia que el niño Campa no entendía español. Pero
Quinchiquiri también Jiro y le sonrió.

Clyde los observó, ¡Es grandioso!, este pequeño niño sabe sonreír, la niña miraba el desastre, su cuerpo despedía
un olor que nadie podía soportar pero Linda -pensó Clyde- no se fijó en ese detalle. Clyde colocó a Quinchiquiri en
una camioneta y lo condujo hacia el hospital.

El médico examinó al pequeño paciente y movió su cabeza, "no entiendo cómo este chico puede estar vivo. ¿Me
dicen que lo transportaron por tierra durante tres días?"

Peters miró directo hacia el médico. "Por favor, haga todo lo posible por salvarlo. Sería maravilloso si Dios pudiera
sanarlo para arlo de regreso a su casa."

El doctor ordenó que se le hiciera una transfusión de sangre, lo vieran el palo de su pulmón y quitaran las larvas
del hoyo de su pida. Quinchiquiri comenzó a sentirse mejor.

"Todo lo que parecería imposible que podría sucederle a una persona, le ha sucedido al niño", dijo el doctor, "y
todavía él está despierto alerta. No podemos coserlo todavía. Será mejor que la herida permanezca abierta hasta
que se cure por sí misma".

"¿No va a morir con ese hueco en la espalda? Preguntó Clyde.

"Lo máximo que podemos hacer es orar. Le daremos mucho antibiótico. También tiene una gran cantidad de
larvas, por lo que asilará más medicinas. Creo que será mejor que le lleves de regreso i casa y que su familia cuide
de él. Te daremos las medicinas para | las lleves contigo.
Clyde llevó al muchacho de regreso a la base. "Eleanor, el niño le quedará en el hospital. ¿Podrías poner una cama
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fuera de la casa,en el hangar?"

"Claro", dijo. "No hablamos Campa, así que necesitamos mantenerle dentro de la casa para poder observarlo".
"Está bien".

Los Peters no tenían muchas sábanas en buen estado, pero Eleanor tomó un par de las mejores y las puso en la
cama del niño. "Este pequeño no sabe la diferencia entre una sábana y una frazada", interrumpió su esposo. "El
nunca ha visto una sábana. ¿Cariño, crees que deberías poner en su cama nuestras mejores sábanas?".

"¡Sí!, a pesar de que no podamos comunicarnos con él, sí podemos tratarlo como un rey. Podemos hacerlo de la
misma forma en la que Jesús nos trata a nosotros".

Al escuchar a Eleanor, Clyde se sintió avergonzado. "Estoy sorprendido de que el Señor no me haya castigado. Yo
quiero dejarlo en el hangar, pero tú lo traes a la casa, le das las mejores sábanas y sé que también le darás la mejor
comida".

Los niños miraban a su madre preparar la cama para su nuevo amigo. Shelly y Alan pensaban que era excelente,
Linda pensaba que era maravilloso. Quinchiquiri sólo sonreía. En el hospital le asearon un poco, pero todavía
necesitaba tomar un baño. Los Peters le ayudaron a bañarse, evitando mojar la herida. Luego, Clyde le mostró cómo
usar el sanitario. El niño comió toda la comida que Eleanor le preparó. Le trajo jugo de naranjas con cubitos de
hielo. Dio un alarido cuando su lengua rozó el hielo ya que jamás había visto antes. Tampoco había visto antes una
cocina a kerosene, ni siquiera una antigua a mechero. Cuando Eleanor encendió un fósforo, Quinchiquiri veía cómo
la llama azul rodeaba el mechero. Ella colocó una olla con agua y en poco tiempo comenzó a hervir. Quinchiquiri
debe haber pensado, ¿Qué haría mi madre con una de estas cosas?

Esa misma tarde cuando oraban, Clyde notó un hecho que lo conmovió. Todos estaban arrodillados alrededor de
la cama que estaba cerca al comedor. Quinchiquiri dio un brinco y se arrodilló al lado de sus hijos. Clyde observó
que cuando los niños juntaron sus manos, Quinchiquiri hacía lo mismo y cuando cerraban sus ojos, él también los
cerraba.

Clyde sintió caer una lágrima sobre su rostro. "¿Puede Jesús salvar a gente primitiva? Creo que el Señor está
tratando de que sea más humilde en mi forma de pensar. Luego de orar comentó, "si los padres de este chico
hubiesen vivido en los Estados Unidos, se hubieran graduado en supervivencia en la selva".

Durante el desayuno, Eleanor untó con mermelada la tostada de Quinchiquiri y le encantó. Luego le dieron
plátanos, papaya, y otras frutas a las cuales él estaba acostumbrado a comer en su hogar. Clyde lo acompañó al
baño para verificar que hubiese aprendido a usar todo el sistema

En su hogar, el niño acostumbraba a traer agua del río en un recipiente de arcilla. Ahora podía aprender cómo
abrir el grifo y ver se iba llenando de agua el lavatorio. Clyde le dio un peine y un espejo y le enseñó como lavar su
rostro y peinar su cabello. Después i oportunidad, el niño se peinaba varias veces al día. , El muchacho se quedó en
casa de los Peters durante 10 días, tras se recuperaba, jugaba con los otros niños. A pesar de que nía del corazón de
la selva, se comportaba como un perfecto caballero. Le encantaba la comida de Eleanor y a ella le encantaba
cocinar

Debido al problema lingüístico, Clyde le pidió a un profesor Campa pasara el día en la base para que hablara con
el niño. "Ya te sientes, le dijo el profesor. "El piloto te va a llevar de regreso a casa de padres. Repentinamente, la
amplia sonrisa de Quinchiquiri se necio. Oh!, el niño quiere quedarse con nosotros el resto de su vida. No creo que
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podamos hacerlo, exclamó Clyde.

En menos de una hora, el niño había desaparecido. "No podemos permitir que le pase algo", dijo Clyde. "Ahora
está bien y necesitamos le de regreso a su aldea. Soy responsable de él y de retornarle a adres". Todas las personas
de la base le buscaron por los •.dores, pero no pudieron encontrarle. 'Dios mío, tú que sabes dónde está, por favor,
tráelo de vuelta", familia Peters.

Una hora después, Clyde miró hacia la pista de aterrizaje y vio Quinchiquiri venía del bosque con un objeto en sus
manos. Cuando el niño se acercó, Clyde notó que estaba usando la honda que tenía colgando en su cuello cuando
llegó a la base por primera vez y que ahora esbozaba la más amplia sonrisa. "¡Me alegra verte!, le dijo Clyde. "¿Qué
traes en tus manos? ¿Estás indo de persuadirnos para quedarte unos días más con nosotros?". Clyde se imaginó
toda clase de cosas mientras Quinchiquiri se acercaba a la jaula. Los niños Peters lo entendieron y abrieron la jaula,
El niño se acercó e introdujo algo. Era el pájaro más hermoso que jamás habián visto antes. Los peruanos le llaman
"siete colores".

El niño sabía que se iría pronto, así que deseaba hacer algo especial por Shelly, Alan y Linda. Había tomado su
honda y caminado durante varias horas. Hizo una bola de barro y con su honda la lanzó hacia el pájaro que volaba
en el aire sin causarle ningún daño.

"Si yo intentara hacer eso", dijo Clyde, "todavía seguiría haciendo olas de barro". El niño había atrapado al pájaro
sin romperle ni un solo hueso para obsequiárselo como muestra de agradecimiento. Tiene un corazón de oro. ¿No
te gustaría pasar toda la vida con una persona así?

Para su vuelo de retorno, el niño vistió su cushma y su honda, y llevó consigo el espejo y peine. Los Peters le
dieron algunas ropas. A pesar de que no era mucho, estaba muy feliz. Durante un mes, había podido observar gente
subiendo al avión. Ahora se acomodaba en el asiento y colocaba su cinturón de seguridad, como si hubiese volado
cientos de veces. El avión avanzó hasta el final de la pista y luego volteó para colocarse en posición de despegue.
Mientras aceleraba el motor, Clyde se preguntaba, "¿Tendrá miedo este niño?"

El rostro del muchachito esbozaba una sonrisa. Se quedó mirando por la ventana mientras sobrevolaban el río
Pachitea, miraba decenas de canoas. Dio un pequeño sobresalto al moverse el avión. "¡Kametza!". Poco después, el
Fernando Stahl aterrizaba en Nevati. Mientras el avión marchaba sobre la pista, pudieron ver a los padres de
Quinchiquiri. A pesar de que la gente intentó detenerlos, ellos corrieron hacia el avión. Quinchiquiri bajó de un
brinco y se reunió con sus padres. Luego del reencuentro, comenzaron a hablar efusivamente. Clyde no entendía lo
que decían, pero pudo escuchar palabras como Señora, Alan, Shelly, Linda y Capitán. Sabía que el niño estaba
hablando de la familia de Clyde. También asumió que estaría contando sobre los cubos de hielo, las sábanas blancas
e incluso de las tostadas, la mermelada, y también cómo su familia oraba y hablaba con Jesús todos los días.

La madre Campa no cesaba de llorar - eran lágrimas de felicidad. Los misioneros no habían hervido y convertido a
su hijo en grasa para rifle. Estaba sano y salvo. Presionó la cushma del niño y frotó su mano sobre la cicatriz de su
espalda. El agujero de su pulmón se había curado por completo.

"La historia del brujo sobre los pishtacos no puede ser cierta", dijo la mujer a Juan Ucayali. En Nevati, ella y su
esposo aprendieron que hay un Dios en el cielo que ama a los Campas y que trabaja a través de las manos de
médicos profesionales para curar a los seres humanos.

Clyde se detuvo en la estación de la misión por unos minutos. Al regresar, vio un montículo de yuca bajo el ala de
su avión. Los padres de Quinchiquiri habían hecho una especie de trato con los demás aldeanos, le explicó Juan
Ucayali. "Es un regalo de su parte como muestra de agradecimiento por lo que han hecho por su hijo. Es para usted,
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su esposa, Shelly, Alan y en especial para Linda".

Clyde miraba el presente con la boca abierta. "Dile a esta familia que hay suficiente yuca como para llenar tres
aviones similares al Ferando Stahl". Llevaré lo que pueda. El muchacho vivió con mi familia durante 30 días. No me
agradaba la idea, pero ahora comprendo, soy yo el que está recibiendo la mayor bendición".

Durante el vuelo de regreso a la base, se puso a recordar. Mi esposa e hijos no dudaron en darle lo mejor. Cuando
piense en Quinchiquiri, siempre recordaré que las personas de las cuales esperamos menos, son por lo general los
mejores candidatos para entrar en el reino de os cielos.

"Dios mío, oró, ayúdame a ser amable y siempre mostrar amor y f espeto por todos tus hijos".

Luego de realizar su vuelo de servicio, Clyde voló hacia Tsioventeni después de varias semanas. Encontró la
escuela cerrada. la nueva profesora, una joven Campa de nombre Melita, y que recibió entrenamiento en Unini,
había estado en cama por varios días pues un lía se cayó saliendo de la escuela. Sus pies y tobillos estaban
inflamados, lo que le causaba un severo dolor. Clyde decidió llevarla a Pucallpa. Un examen de rayos x mostró un
hueso roto justo debajo de su lóbulo, por lo que decidieron enyesar su pie. La joven permaneció en pasa de los
Peters. Dos semanas después, el doctor le dio de alta y Clyde la llevó de regreso a Tsioventeni.

Clyde se enteró que una epidemia de tos convulsiva había atacado en el pueblo cercano de Pauti. Rufino y su
esposa habían sido transferidos a ese lugar para abrir una nueva escuela. Será mejor que vaya ara verificar que todo
esté bien. Un gran rayo se elevó en el cielo. Cuando Clyde descendía hacia Pauti, empezó una lluvia torrencial. No
puedo aterrizar. Dio un par de vueltas y voló hacia Unini. Escuchaba el ruido del motor y de la persistente lluvia.
Luego, como si alguien le susurrara un mensaje, escuchó, "Clyde, regresa a Pauti".

"¿Me estás hablando, Dios?" La impresión fue tan grande que inclinó el avión y dio media vuelta. La fuerte lluvia
calmó ligeramente, Con mucho cuidado, dirigió su avión bajo las nubes hacia la lodosa pista de aterrizaje. Mientras
aterrizaba veía cómo el agua aún caía de las chozas de palma.

Sin aliento, Rufino corrió hacia el aeroplano. "Clyde, durante tres días hemos estado orando para que viniera el
avión. Mi esposa está enferma y temo que los niños mueran". "¡Lo siento!", respondió Peters.

"Muchos aldeanos están muy enfermos. Cuando escuchamos que venía el avión y luego que se alejaba, nuestras
esperanzas de obtener ayuda médica se desvanecieron. Luego nos arrodillamos y oramos. Aún

estábamos arrodillados cuando escuchamos regresar al avión. ¡Dios te envió de retorno!".

Su respuesta a las oraciones causó una gran impresión en el grupo de nuevos creyentes que justo estaban
aprendiendo sobre Jesús y su amor. Clyde utilizó todos los medicamentos que tenía, curando pacientes que sufrían
de severas complicaciones respiratorias debido a la tos convulsiva. Luego tuvo que irse para regresar con más
medicinas. Esa tarde en la base, le dijo a Eleanor, "Dios me pidió que hoy aterrizara en Pauti. Definitivamente Él está
guiando este programa de aviación".

Con mucha frecuencia Clyde iba a Puerto Yarina, ubicado en el río Pachitea. Cada vez que llegaba, veía un
cocodrilo enorme tomando sol en la arena. "¿Por qué no hacen algo respecto a este cocodrilo?", siempre
preguntaba a la gente.

Pero los aldeanos le respondían con una sonrisa. "No se preocupe, no le hace daño a nadie". Ellos veían la
situación con humor.
Un día, Clyde llegó diciendo, "Salgamos y matemos al cocodrilo". "No creemos que usted pueda hacerlo",
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respondió la gente. "Vamos", replicó, "les mostraré cómo cazar cocodrilos". Sacó una pistola y les mostró seis
poderosas balas. "Esta es una verdadera arma contra cocodrilos. Se encargará de aniquilar al cocodrilo. Vengan
conmigo".

Los aldeanos se reían, pero eran educados y respetuosos. "Está bien, Capitán Peters, ¿qué quiere que hagamos?"
"En primer lugar, tenemos que escabullimos en la isla", es decir tenían que mantenerse ocultos y caminar a través
del lodo y aguas poco profundas. Cuando llegaron a la playa de arena, se colocaron en posición boca abajo y
siguieron a Clyde por 300 metros de lodo y barro. Cuando llegaron a la playa de arena, tuvieron que seguir
arrastrándose ya que el área era casi plana. Clyde trataba de mantener su arma libre

de arena.

"Si nos levantamos, será el fin de la casería", les explicó.

Al llegar a una pequeña pendiente, se asomaron y vieron que el gran cocodrilo continuaba inmóvil. "Escuchen",
advirtió a los nativos, "Soy el único que tiene un arma. Sus machetes serán inútiles si el cocodrilo decide atacar".

Los indígenas se arrastraron junto a Clyde. "Miren, está justo al otro lado de esta pendiente", les susurró. A menos
de 30 metros, el reptil gigantesco reposaba como un gran tronco. Clyde y el cocodrilo se observaron. "Tengo que
hacer algo rápido", dijo para sí. "Pero no puedo dispararle desde esta posición". Se levantó y apuntó su pistola.

¡Splash!, antes de que Clyde pudiera jalar el gatillo, el cocodrilo se introdujo en el agua y desapareció. Clyde hizo
varios disparos. He traído a estos hombres hasta este lugar. Lo mínimo que puedo hacer es mucho ruido para que
se sientan emocionados. Los nativos sonreían.

Cubiertos de Iodo, caminaron de regreso a la aldea. Clyde colocó su Magnum 357 bajo el asiento del avión y se
dirigió hacia el río para lavarse. Mientras se lavaba, observó que los hombres sacudían sus cushmas. En el mundo
"civilizado", la gente no soportaría mi imprudencia. Pero estos hombres son muy pacientes y educados.

Los aldeanos actuaron complacidos durante la aventura. "Capitán, queremos que se una a nosotros para cazar
realmente un cocodrilo Salimos durante la noche", le sugirieron. Por alguna razón, Clyde nunca tuvo tiempo para
cazar con ellos.
Capitulo 8 41
HUELGUISTA EN PIPER

La misión de la selva amazónica invitó a Bob y Ellen Seamount para que ayudaran a difundir el programa. Bob,
piloto, ex miembro del cuarteto los Heraldos del Rey, dirigiría el floreciente programa aéreo. Ya que no había
ninguna casa disponible, Los Seamount se mudaron a una pieza ubicada en el hangar. Con dos, la necesidad de
adquirir otro avión se hacía evidente. Mientras los Seamount se establecían y estudiaban español, Clyde viajó a los
estados Unidos para traer el Piper Cub. "Estaré de regreso en una semana", le dijo a Bob.

Desdichadamente, la fábrica donde se encontraba el Piper comenzó una huelga durante la mañana en la cual
debía recogerle huelguistas evitaban que los aviones salgan de la fábrica. Necesitamos con urgencia el avión,

pensaba Clyde mientras decepcionad^ naba la fábrica. "¿Qué es lo que voy a hacer!" se preguntó. No tengo
tiempo que perder.

Mientras decidía que haría, se dirigió hacia la cerca Lycoming y se inscribió en un curso de reparación de motores
curso duró varios días; sin embargo, la huelga en Piper Luego, mientras caminaba por los alrededores del
aeropuerto con el mismo William T. Piper. Clyde se detuvo delante fundador de la compañía y se presentó. "Soy un
piloto misionero selva amazónica del Perú".

"Vamos hacia un lado para que pueda escuchar más so| bajo", le sugirió el Sr. Piper.

"La mayor parte de las áreas de la selva no tienen pistas aterrizaje", le explicaba Clyde, "pero utilizando aviones
pequeños hemos logrado abrir docenas de escuelas en las áreas remotas, en donde los niños nunca antes habían
tenido la oportunidad de leer y escribir. Cuando sucede alguna emergencia médica, utilizamos el avión para
transportar personal médico o llevar a los pacientes al hospital".

"Me gusta lo que haces", le comentó el anciano.

Peter continuó, "compramos el nuevo Piper Cub y he venido desde América del Sur para recogerlo. Ya estoy
esperando una semana y realmente necesito regresar para continuar con mi trabajo en la selva".

"Esta es una huelga difícil", le dijo Piper. "Podría durar mucho más tiempo, dame un número telefónico en el que
pueda ubicarte. Si puedo hacer algo por ti, te llamaré".

Más tarde, de regreso en su habitación del hotel, Clyde contestó el teléfono. "Por favor, te espero en el
aeropuerto a la primera hora de la mañana", le pidió el dueño de la compañía de aviones. "Asegúrate de traer todo
lo que necesitas".

Cuando el hombre llegó, tenía todos los papeles listos para la compra del avión. "Tu avión es un OBM 786. Te diré
exactamente dónde se encuentra. Su tanque tiene unos cuantos galones de combustible".

Regresaron a la propiedad de Piper, cerca al aeropuerto. Eran 15 acres de aviones, rodeados por una gran cerca
de extremo a extremo. La huelga continuaba en la sección de almacenamiento de la fábrica.

"Me voy a meter en un gran problema por esto", le dijo Piper. "Si quieres este avión, tienes que subirte y
conducirlo". Se detuvieron delante de una puerta grande. El dueño de la fábrica envió un mensaje para que la
abrieran, luego le entregó en sus manos las llaves del nuevo avión. "De aquí en adelante vas por tu cuenta".
Clyde pensaba diferente. No estoy solo, se dijo. Dios está conmigo. Este es el único avión que sale de esta fábrica
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desde que se inició la huelga hace más de una semana.

Luego de revisar el avión, Peters encendió el motor y lo retiró de la fila de aviones nuevos. Aumentó la potencia y
con poco combustible, en pocos segundos elevó del suelo el nuevo Super Cub y se alejó de los huelguistas
empecinados en mantener la fábrica cerrada.

Es sorprendente, pensó Clyde. El señor Piper comentó que importantes corporaciones le ofrecieron grandes
sumas de dinero para que sacaran sus aviones, pero los gerentes de la fábrica se negaron a tomar el riesgo; sin
embargo, él mismo se arriesgó a liberar un avión para que continuara el trabajo de Dios en el Perú.

Voló hacia el aeropuerto más cercano, ubicado a 20 millas de distancia, llenó el tanque y partió hacia Lincoln,
Nebraska. Sus viejos amigos le ayudaron a instalar el radio y el equipo de navegación, así como un tanque de
emergencia de 60 galones para transportar combustible adicional. Una vez que todo estuvo listo, se dirigió hacia
Perú, llegando justo a tiempo para un Congreso de Jóvenes en el campus del Colegio Unión de Ñaña.

El pequeño Piper Cub, equipado con grandes llantas de tundra, aterrizó en la finca del colegio. En una ceremonia
especial, se le dio el nombre de Ricardo Hayden, en honor a los misioneros pioneros Eider y Ricardo Hayden,
quienes se unieron a los Stahls en el trabajo misionero en la amazonia peruana en 1931.

Siguiendo con la tradición, Clyde piloteó el pequeño Ricardo Hayden sobre los Andes hacia la base de Pucallpa.
"Dios hizo un milagro", le dijo aEleanor, "Sin la amabilidad del Sr. Piper, todavía seguiría esperando el avión. Ahora
que contamos con dos aviones, Bob y yo tendremos la posibilidad de llevar el evangelio a muchas zonas nuevas".

Por esa época, las bandas de guerrilleros terroristas inspirados por el Che Guevara, invadieron la ciudad selvática
de Satipo. Destruían bancos, robaban dinero de los negocios y asesinaban a civiles. Los terroristas huyeron cuando
el presidente del Perú envió comandos para detener la violencia en esa zona.

En plena persecución, los soldados se dirigieron a Puerto Bermúdez y tomaron un bote para dirigirse río arriba
hacia la estación misionera en Nevati. El mal tiempo no permitió que Clyde con el Ricardo Hayden partiera y se
quedara en Nevati. Ese fue el día que los soldados llegaron.

Los comandos creyeron que los terroristas habían escapado hacia el Gran Pajonal y llevaron un mapa que
contenía todas las pistas de aterrizaje de la misión. El líder se acercó a Clyde. "Capitán Peters, mañana por la
mañana nos llevará hacia el Gran Pajonal. Esto no es un pedido, es una orden. ¿Me entendió?".

Clyde miró al hombre, que estaba fuertemente armado con armas automáticas y lleno de municiones. Eso es lo
último que haría. Pensó Clyde, que estaba en una situación difícil. Si llevo a estos comandos y comienzan a disparar,
algunos de nuestros nuevos creyentes podrían salir lastimados. ¿ Qué podrían pensar, sabiendo que los asesinos
eran transportados en el avión de la misión!

"Usted sabe, estoy aquí en Nevati debido al mal tiempo. No sabemos cómo estará el clima el día de mañana. Tal
vez no pueda ir a ningún lado", le comentó Clyde.

Mientras tanto, Clyde consultaba con el director de la estación. "Estaremos en problemas si no ayudamos .a estos
hombres enviados por el gobierno; sin embargo, podríamos tener problemas si lo hacemos". Ambos estuvieron de
acuerdo en que sería mejor facilitarles el transporte.

Antes de dormir, Clyde oró, "Dios, danos mal tiempo si no deseas le llevemos a estos comandos. Quiero hacer tu
voluntad".
Al amanecer, Clyde dirigió su mirada hacia el Gran Pajonal, podía ver todo el horizonte, hacia los Andes. "El cielo
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está completamente despejado", le dijo a los comandos. "Les llevaré pero por favor, tengan cuidado con las aldeas
adventistas. No queremos que nuestros hermanos salgan lastimados".

Tres hombres, portando pistolas, granadas de mano y armas automáticas, se acomodaron en la parte trasera del
avión. Clyde ya había llenado el tanque hasta su capacidad máxima. Mientras el sol salía, se dirigieron hacia el Gran
Pajonal.

Repentinamente, cuando apenas habían avanzado dos millas, el lima cambió radicalmente, y todo se cubrió con
una densa neblina.

En segundos, Peters comenzó a volar con los instrumentos. Voleo y comenzó a perder altura, sin perder la
esperanza de hallar el ca-pino de regreso a Nevati. Sin encontrar signos del río que acababan de sobrevolar, les dijo,
"es imposible volar de regreso a Nevati. Voy a volar sobre esta neblina y dirigirnos hacia Oventeni en el Gran
Pajonal". Aún dentro de la espesa nube luego de una hora de vuelo, calculó que estaban cerca de Oventeni.
Durante media hora sobrevoló en búsqueda de algún claro para aterrizar pero no encontró ninguno. "Hemos estado
volando durante una hora y media", le dijo a los soldados. "Pueden percatarse de la situación en la que nos
encontramos. En todos estos años que llevo volando, jamás había visto nubes densas que se formaran tan rápido.
Volaremos sobre el Perene. Esa zona siempre está despejada".

Volaron durante otra hora sobre un mar de nubes. Clyde ascendió hasta los 3,000 metros y todavía había niebla
espesa. Volteó hacia el hombre. "Tengo que regresar. Más adelante hay montañas muy elevadas. No podemos volar
sobre esas montañas si no podemos verlas. Iremos hacia el río Ucayali, al lado oriental de los Andes, y trataremos
de aterrizar en Unini".

Pasó otra hora y no había señales de Unini. "Debemos estar sobrevolando el Ucayali", les informó Clyde, "pero sin
señales de radio o ayuda de navegación, no puedo estar seguro".

"¡No queremos morir, Capitán Peters!, suplicaron los comandos. "Por favor, llévenos a tierra firme". El que parecía
ser un vuelo de 20 minutos en un día claro se había convertido en un vuelo de dos horas y media, con instrumentos
y sin nada de visibilidad.

"Lo mejor que podemos hacer es retornar al Perene", dijo Clyde. "Ahora es tarde y podríamos encontrar algunas
brechas". Vio hacia la parte de atrás y los tres hombres pálidos estaban agarrando sus crucifijos, persignándose y
rezando. Clyde sonrió. "¡Será mejor que recen! Este clima inusual nos ha puesto en una situación peligrosa".

Agradezco sus rezos, pensó Clyde, pero es casi cómico. Un hombre, seguro de morir, rezó en voz alta, "Dios mío,
perdóname por haber tratado mal a mi madre".

Clyde cruzó el Gran Pajonal. "Escuchen, el tanque de gasolina tiene capacidad para volar durante 4 horas y ya
hemos volado 3. Hay un pequeño poblado al nordeste de Satipo, donde realmente comienzan los Andes".

Los comandos, sentados en la parte trasera del avión, comenzaron a llorar como bebés. Clyde oraba en silencio,
"Dios mío, nuestro combustible casi se ha agotado y no sé qué hacer. He tratado de encontrar un claro donde
pueda descender y aterrizar pero no lo he logrado. Estamos peligrosamente cerca de las montañas. Es momento de
que tomes el control".

Volteando hacia los aterrorizados hombres, Clyde les dijo, "sigan orando. Dios sabe cómo dirigir este avión hacia
tierra firme".
El aire era suave, pero sin nada de visibilidad. Cinco minutos más tarde, divisaron un agujero de 60 metros de
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ancho que se abría como un gran túnel en medio de las nubes. Justo abajo se encontraba una pista de aterrizaje.
Cuando Clyde inclinó el avión, ya no pudo divisar el claro. "Dios mío, todavía necesito tu ayuda, por favor ayúdame
a aterrizar en tierra firme".

En segundos, pudo divisar el agujero, cortó la energía y puso en avión en un espiral de 90°. Los comandos gritaban
como si estuvieran fuera de sus casillas. El pequeño avión salió de las nubes y Clyde lo aterrizó suavemente sobre la
sucia pista. Los tres hombres saltaron del avión, se agacharon y besaron la tierra.

"Nos sentaremos aquí hasta que se despeje el cielo", anunció Clyde.

Los comandos tenían otra idea. "Vamos a quedarnos aquí mismo. Ya no queremos volar". Los hombres, que hasta
hace poco rezaban por salvar sus vidas, se dirigieron hacia algún bar para emborracharse hasta no poder pararse.

Clyde esperó en la pista. Dios mío, controla el clima - las nubes también le obedecen-. Ya no vamos a meternos en
problemas con el gobierno por negarnos a transportar a estos hombres y tampoco hemos aterrizado en el Gran
Pajonal, donde hubieran podido causar problemas con nuestro trabajo.

De regreso a casa cuando el clima mejoró, Clyde pensó en la necesidad de practicar sus habilidades de
paracaidista profesional.

Habló con Bob. "No he saltado durante mucho tiempo. Podría haber una emergencia en la que necesite usar mi
paracaídas. Cuando era el único piloto de la base, no podía saltar, pero ahora que estas aquí, me gustaría poder
practicar".

"Buena idea, Clyde,", le dijo Bob. "Sabes que tenemos reuniones en Nevati y Unini. Los dirigentes de la misión
podrían anunciar que

saltarás desde el avión y podría crear interés en la gente e incrementar la asistencia" .

En Nevati, Clyde saltó después de una reunión por la tarde. Los campas horrorizados ocultaban sus rostros,
seguros de que moriría al caer. Luego se rieron y saltaron cuando vieron que se abrió el paracaídas y que Clyde
flotaba en el cielo, cayendo justo en el blanco. Los pastores explicaron lo emocionante que será cuando Jesús venga
directo del cielo a la tierra en su Segunda Venida.

En Unini, Siegfried difundía la noticia de que Clyde saltaría de un avión durante sus reuniones. Los indígenas que
vivían en las aldeas lejanas caminaron durante días para llegar hasta la estación de la misión.

Ya habían pasado tres años desde que el Fernando Stahl aterrizó en el Gran Pajonal. Marivanchi, la esposa del jefe
de Tsioventeni, fue una de las primeras personas a las que Bob Seamount bautizó cuando llegó a Perú. Su esposo,
Shawingo, quería ser bautizado pero tenía dos esposas. Finalmente escogió quedarse con Marivanchi y dejó ir a la
esposa más joven. Dejó de creer en la brujería y de beber jugo de tabaco, luego oró al Dios de los cielos para que le
perdone por haber asesinado a cuatro hombres.

Shawingo guió al grupo de Tsioventeni por un camino difícil hacia las reuniones en Unini. Durante sus comidas,
pedía la bendición de sus alimentos. Cada mañana a las 6:00 a.m., los indígenas oraban, impresionando a los
misioneros con el hecho de que todos los niños de Tsioventeni sabían orar.

Una tarde, Clyde sorprendió a la multitud que se encontraba en la reunión, saltando en la pista aérea de Unini. Al
día siguiente, los hermanos se regocijaron cuando Shawingo, jefe de Tsioventeni, fue bautizado en el río Unini.
Osear, hijo del gran jefe Huanaco, también fue bautizado. El domingo, Bob Seamount voló hacia Tsioventeni y
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bautizó a otras diez personas.

Un tiempo después, el alcalde de Yurimaguas, una ciudad de la selva con más de 50,000 habitantes, planificó la
celebración del centenario y se contactó con el pastor local. "Queremos que los Adventistas participen en la
conmemoración de la fundación de nuestra ciudad. Además de tener fuegos artificiales, hemos invitado a muchas
organizaciones para que participen, y queremos que los Adventistas hagan algo espectacular".

El pedido dejó perplejo al pastor Israel Alomía. Le preguntó a su esposa, "¿Qué es lo que nuestra Iglesia podría
hacer en una celebración mundana como ésta?"

Luego, se le ocurrió una idea y envió un telegrama a la base aérea. "Queremos que Clyde salte con su paracaídas
con motivo de la celebración de Yurimaguas". Peters habló sobre esto con Seamount. Su trabajo hasta ahora se
había limitado a llegar a tribus alejadas. A pesar de que no era una actividad regular, ahora tenían la oportunidad de
hacer algo en una ciudad y dar a toda esa gente la oportunidad de escuchar acerca de los Adventistas del Séptimo
Día.

La gente venía de distintos lugares, más de 100,000 personas llenaron las calles. En las afueras del pueblo, más de
40,000 personas llenaban el estadio para ver un partido de fútbol. "Señor Peters, quisiéramos que salte en el
estadio"; dijo el alcalde.

Bob voló a 3,000 metros de altura y Clyde, con un saco con 50 kilos de harina saltó del Richard Hayden, dejando
una hermosa línea blanca en el cielo. El juego se detuvo y todos miraban hacia el cielo. Los peruanos aman su
bandera blanca y roja. A los 700 metros, Clyde jaló la cuerda y se abrió un paracaídas de color rojo y blanco
brillante. La multitud gritaba mientras Clyde flotaba sobre el campo, luego dio un giro y cayó en el medio del
estadio. Cientos de personas se dirigieron al estadio y los espectadores en las gradas corrían hacia el centro del
campo de juego. La policía no podía hacerlos retroceder. La multitud rodeó a Clyde, acercándose cada vez más
mientras él luchaba por levantarse. "Dios mío", oró, "¡sálvame de ser aplastado!"

La gran multitud que se encontraba fuera empujó las paredes del estadio y las derrumbaron como papel. ¡Esta
gente está fuera de control!, ¡Todos quieren tocarme! La emocionada muchedumbre derribó a Clyde y lo pisoteó.
Trató de levantarse nuevamente y finalmente se aferró a su paracaídas.

Mientras se dirigía a la casa del Pastor Alomía, 50,000 personas invadieron las calles en su búsqueda. Esa tarde, el
alcalde visitó la casa donde estaban alojados Peters y Seamount. "Lamento los inconvenientes de hoy", dijo,
"cientos de hombres están trabajando en el estadio para repararlo. Queremos que vuelva a saltar mañana. El
paracaídas blanco y rojo cayendo del cielo azul, fue lo más grande que jamás ha sucedido en nuestra ciudad".

Clyde accedió a saltar nuevamente, con la promesa del alcalde de un mayor control de la gente. A la mañana
siguiente, el estadio estaba completamente lleno y cientos de personas se quedaron fuera. Al llegar a los 3,000
metros de altura para realizar otro salto, Clyde comentó con Seamount, "me pregunto cómo habrá sido esta ciudad
hace 100 años".

"Probablemente tendría unos cuantos habitantes", le dijo Bob. "Lo que sí es cierto, es que no habían Adventistas.
Los misioneros como los Stahls y los Haydens todavía no habían llegado a Perú. Ahora, gracias al trabajo que ellos
iniciaron, tenemos más de 4,000 creyentes en la selva amazónica".
Clyde dejó solo a Bob en el aeroplano y saltó. Abrió su paracaídas, dejando que los rayos solares matinales
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traspasaran sus colores rojo y blanco. Desde el cielo veía horrorizado cómo se aglomeraba la descontrolada masa
de gente. La seguridad del alcalde no podía controlar. Clyde atravesó el estadio dos veces mientras la gente
aplaudía, luego dio un giro y aterrizó en la parte de afuera. La gente que se encontraba dentro derribó las paredes
de madera en su intento por alcanzarlo.

Clyde, ansioso de regresar al avión y reunirse con Bob, sostuvo el paracaídas en sus manos y huyó de la multitud
hacia el aeropuerto. El alcalde les agradeció por haber participado en la celebración. "No se preocupen por el
estadio", les dijo. "Construiremos uno mejor. En 100 años, nuestra ciudad jamás había visto saltos de
paracaidismo".
Capitulo 9 47
EL MONSTRUO DE LA MEDIANOCHE

Con una gran disposición para ayudar en cualquier momento, Alfredo Kalbermater brindó apoyo al programa de la
base aérea. Como enfermeros, él junto a su esposa Flora, trataban pacientes que llegaban al hangar en busca de
cuidados médicos. Alfredo también ayudaba a realizar el mantenimiento a los aviones de la misión. Clyde podía
llamarlo en cualquier momento, sea de día o de noche, incluso a la una de la madrugada y él se apersonaba sin
ninguna queja.

Cada vez que Alfredo llenaba el tanque de un avión, filtraba la

gasolina con una gamuza. Tanto él como las otras personas tomaban muchas precauciones para asegurarse de
que el combustible que se utilizaba en los aviones de la misión no estuviera contaminado. La base compraba este
combustible en Lima, en cilindros sellados de 55 galones, los cuales eran transportados a través de los andes en
camiones. Siempre alguien de la base iba y revisaba que los cilindros estuvieran limpios antes de llenarlos con
combustible. Luego de varios años, el proveedor ya era bastante confiable, así que no siempre se tomaba esta
precaución.

Muy temprano una mañana, Clyde subió al Ricardo Hayden y se dirigió hacia Sheshea, en la frontera con Brasil.
"Debería seguir el río", transmitió a la base, "pero puedo ahorrar mucho tiempo si corto camino por el pantano. No
interesa si tiene 3 ó 30 metros de profundidad, sé que no es un buen lugar para nadar. El motor del super Cub está
marchando en perfecto estado y si tomo el atajo ahorraremos dinero a la misión".

A la mitad de sobrevolar el pantano, el motor hizo un ruido extraño y empezó a funcionar con dificultad.
Inmediatamente Clyde revisó límenlos. Un aumento en la temperatura de los gases de escape que había un
problema con el combustible. Aceleró al máximo abrir la válvula de enriquecimiento del carburador. La temperatura
disminuía y luego se elevaba nuevamente, no nuevamente

Tomo nuevamente el radio y trató de hablar con calma. "¡Nunca había pasado por esta situación! El motor se está
deteniendo y estoy yendo hacia Amaquiría, a 22 Kilómetros de distancia, en el río Ucayaly Luego añadió calor al
carburador - otra forma de enriquecer a de combustible.

Se acercó a Amaquiría a máxima potencia y con el carburador recalentado. La temperatura de los gases se elevaba
constantemente, ¿Este motor va a apagarse! Como apenas funcionaba, Clyde apagó el se deslizó hacia la corta pista
de aterrizaje. Una vez que aterrizó Clyde salió del avión, retiró la cubierta del motor y presionó el drenaje. No había
combustible. "Esto es muy raro", le dijo a la gente que se aglomero al avión tomó la cubeta de sedimento y la malla
del filtro y lo soplo “se siente pegajoso como laca hay algo extraño en la gasolina".

“¿Podemos ayudarle?", se ofrecieron los profesores misioneros. Que las mujeres traigan todos los recipientes más
grandes que tengan, ¡ollas, peroles, calderas, en los que podamos echar la gasolina, Clyde drenó todo el
combustible de ambos tanques en los contenedores que las mujeres le trajeron. Luego de que la sustancia pegajoso
se sentó en el fondo de los recipientes, recogió todo el combustible limpio lo vertió nuevamente en los tanques del
avión y lo dejó fluir. Luego de seis horas de trabajo, recogió más de un galón de una sustancias tanques se llenaron
con gasolina, el motor encendió y funcionó normalmente. Clyde agradeció a los Shipibos de Amaquiría por dejarlea
usar sus contenedores y se dirigió directamente hacia Pucallpa. “Hoy Dios me ha ayudado", reportó por la radio.
"Estuve cerca de caer pantano y morir".
De regreso a la base, llamó a todo el personal del hangar. "Señores tenemos un problema. Debemos revisar
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nuestros cilindros de combustible". Del primer barril que revisaron se sustrajo la gasolina para llenar los tanques en
la mañana. Tenía gran cantidad de una suciedad Luego encontraron otro barril contaminado con la misma sustancia
pegajosa.

“Es sorprendente", dijo Clyde, "como esta sustancia traspasó la gamuza sin dejar huellas. De ahora en adelante,
vamos a seguir nuevas reglas para asegurarnos de no volver a comprar combustible contaminado”.

Los estados Unidos donaron a la Fuerza Área Peruana un Albatros de dos motores, un avión implementado con un
equipo electrónico muy costoso para localizar submarinos. El Perú quería usar ese avión para capacitar a los pilotos.
En vea de practicar en las aguas saladas del Pacífico, la Fuerza Aérea Peruana llevó el avión hacia Yarinacocha, cerca
de la baca aérea Adventista, para practicar ascensos y aterrizajes en aguas dulces.

Un día, Clyde de trabajaba en el hangar para completar la inspección de 100 horas en el Fernando Sthal. Mientras
apretaba una nuez, escucho un ruido proveniente del lago, “¡Urrrrrrrrrrrr!” Soltó su nuez y observó. El avión flotaba
en el agua, pero este despegaba y aterrizaba todo el tiempo, no tuvo razón para alarmarse.

“¿Debería ver que pasa?” le dijo a un trabajador. Llegó frente al hangar cuando el avión se hundía por la parte
trasera. Corrió hasta la laguna y llegó justo a tiempo para ver que el piloto y practicante salía del avión sin ningún
daño. La cabina que se encontraba casi sumergido, se llenó rápidamente de agua. El piloto al ver a Clyde le dijo,
“todo nuestro equipaje está dentro del avión”

“Tal vez para ayudarles” respondió Clyde, “Acabo de comprarme un tanque de aire, un regulador y una mascara.
No tengo ninguna experiencia como buzo, pero traeré todo mi equipo para ver que es lo que puedo hacer.”

Luego de recoger todo el equipaje de la tribulación, remolcó el albatros de regreso a la superficie, al frente de la
base área de la misión. Durante la noche, una tormenta empujo el avión de regreso al lago, hundíendolo en las
aguas de 30 metros de profundidad.

Dwight Taylor, un buceador profesional que se desempeñada como director de jóvenes de la misión de la selva
amazónica, se enteró del accidente durante una conversación por radio con Eleanor Peter. El fue a las oficina de la
fuerza Aérea de Iquitos y se ofreció como voluntario para ayudarles. Al día siguiente, tomó su equipo de buceo y se
dirigió hacia Yaniracocha.

Los Oficiales de la fuerza área vinieron desde Lima y averiguaron por los Adventista de la base para que les
ayudaran. Tenemos más de 600,000 dólares invertidos en radio y equipos de radar en el avión, y nos gustaría tener
su ayuda.

“Con Dwight podremos a prender a usar nuestro equipo en forma correcta, trataremos de hacer lo mejor que
podamos” dijo Clyde. Revisaron las luces que utilizarían bajo el agua. Finalmente Clyde, Alfredo y Dwight se
sumergieron juntos en el agua.

Al principio, se sintieron intranquilos al tratar de orientarse en la tenebrosa escena de un aeroplano que yacía en
el fondo de un lago. Sin pargo, pronto se adaptaron a las condiciones submarinas. Cada vez que emergían a la
superficie, sacaban a flote una pieza del equipo y recibían las felicitaciones de un oficial. Cuando sacaron una pieza
electrónica muy confidencial, la cara del oficial se sonrojó y dijo, " están haciendo un trabajo excelente".

Al final del día, los oficiales peruanos anunciaron, "hemos recuperado las cosas más importantes y ahora las
vamos a llevar de regreso lima. Si desean, pueden continuar con el trabajo".
Cuando terminaron de sacar todos los instrumentos de navegación el avión parecía flotar. El aire que exhalaban
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de sus máscaras de ceo se había introducido en el avión. Al día siguiente, llevaron una prensora, bombearon más
aire al interior del avión y finalmente emergió a la superficie.

Ataron el avión a una canoa con un motor a borda y lo remolcaron metros hacia el frente de la propiedad de la
base aérea. Luego de haberle trabajado durante varios días, Dwight retomó su trabajo en la sede de la misión. Clyde
tenía vuelos pendientes y Alfredo continuó sumiendo las sus funciones.

"Cuando esté en casa los fines de semana, trabajaré en el Albatros 3 recreación del sábado por la noche",
comentó Clyde a Alfredo. "Incluyeme en tus planes", le dijo Alfredo. "Te ayudaré en todo lo que pueda". Durante
varias oportunidades trabajaron los sábados por noche, luego de la puesta del sol, hasta las 11 o 12 de la noche.

"Necesitamos sacar el avión del agua para poder salvar los instrumentos de aterrizaje y el sistema hidráulico",
anunciaron los oficiales la Fuerza Aérea a su regreso.

"Antes de que podamos ayudarlos, tenemos que buscar la manera voltear el avión y ponerlo en la posición
correcta. Vamos a intentar-; todas maneras", les explicó Clyde.

Se dirigieron nuevamente hacia el lago. Con la ayuda de un torno cable sacaron el avión a la superficie sólo para
ver horrorizados se hundía nuevamente. Para mantener a flote el avión, ataron balsas salvavidas desinfladas, las
aseguraron bajo las alas, y las inflaron nuevamente pero no fue suficiente. Luego, aseguraron bidones 11 capacidad
de 55 galones bajo el avión y los inflaron con aire. Sin embargo, cada vez que creían que el Albatros flotaría, algo
malo sucedía.

Ellos tenían conocimiento de una creencia popular de los moradores del lago sobre la existencia de un enorme
monstruo que vivía en Yarinacocha. Este monstruo podía devorar una canoa llena de indígenas en un solo bocado.
Debido a esta leyenda, muchos aldeanos temían navegar por el lago durante la noche.

Finalmente Clyde sugirió, "bombeemos aire comprimido directamente dentro de las cámaras del avión". La idea
fue buena. El avión emergió a la superficie, volcando la canoa con el compresor en su interior. Para cuando
recuperaron el compresor del fondo del lago, el avión se había hundido nuevamente, así que decidieron detenerse
por esa noche.

El sábado siguiente, alrededor de la medianoche,-los hombres continuaron bombeando aire al interior de las
cámaras del avión hundido. Este comenzó a flotar. "¡Alfredo, colócate tu máscara!".

Peters nadó hacia la superficie para sacar la canoa fuera del camino. Luego de arrimar la canoa con el equipo hacia
un lado, se detuvo para mirar a su alrededor. "¡Qué hermosa noche amazónica!" La luna llena se reflejaba en la
superficie del lago como en un espejo.

Un pequepeque repleto de indígenas ebrios que regresaban de una fiesta pasaba por el lugar justo cuando el
Albatros emergía a la superficie. Los nativos se congelaron al ver salir al monstruo del lago con el agua brotando de
sus lados y parte posterior. La cola salió hacia la superficie y luego el avión volvió a hundirse en el lago. Los
indígenas estaban convencidos que el monstruo de Yarinacocha era verdadero pues ellos creyeron verlo con sus
propios ojos aquella noche de luna llena. Debido a esta experiencia, la leyenda revivió.

El Albatros se había inclinado mientras emergía a la superficie. El aire se introdujo en los diversos
compartimentos, arrojando el agua sobre los muros de contención y botando el agua hacia afuera por un tubo en la
cola. El avión volvió a hundirse con Alfredo aún en su interior. Cuando emergió, vio que Clyde estaba sentado en la
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canoa, doblado de risa.

Los hombres pasaron más sábados por la noche intentando sacar a flote el avión hasta que finalmente lo lograron.
Luego, con la ayuda de un tractor, remolcaron el avión hacia una rampa de concreto, listo para regresarlo a la
Fuerza Aérea Peruana. Sus esfuerzos hizo que recibieran reconocimientos también para los misioneros adventistas.

Durante sus frecuentes viajes a Unini, Clyde entabló una especial amistad con un niño Campa de nombre Moisés.
Este estudiante de la escuela misionera era el único que siempre encontraba primero los textos de la Biblia durante
las reuniones juveniles los sábados por la tarde. También era un chico que disfrutaba trabajar más de lo que le
correspondía.

La estación misionera en Unini queda en una ribera alta, frente a la pista aérea, al otro lado del río. Cada vez que
Clyde aterrizaba en Unini, Moisés, que cortaba el pasto de la pista con un machete, era la primera persona a quien
veía. Su cabello volaba en todas las direcciones y siempre mostraba una gran sonrisa.

Moisés podía transportar 6 ó 7 personas con su equipaje a través del río en una canoa. Tomaba un palo grande y
empujaba la canoa a lo largo de la orilla del río hasta llegar a cierto lugar apropiado. Luego, empujando la canoa
hacia la corriente, desembarcaba en la orilla opuesta en el lugar exacto del camino que conducía a la estación
misionera.

Clyde estaba maravillado por las habilidades del niño. "¿Me dejarías intentarlo?", le preguntó un día.

"Claro capitán", respondió el muchacho. Toda la aldea se acercó a mirar. Todos sonreían cuando Clyde se cayó de
la canoa. Luego de voltear la canoa más de una docena de veces, se rindió y dejó que Moisés lo transportara al otro
lado del río.

En la tarde, Clyde, de regreso a la base, escuchó un ruido en la radio. Evelyn Neuendorff lo llamaba desde Unini.
"¡Urgente!, por favor, trae de vuelta el avión inmediatamente. Una shushupie saltó y mordió a Moisés en el hombro
mientras cortaba el pasto de la pista de aterrizaje. Está sufriendo debido al terrible dolor. Su hombro, brazo y pecho
están de color negro".

El es mi niño Campa preferido, pensaba Clyde mientras escuchaba. Es un verdadero cristiano.

"Está oscureciendo", respondió. "No podemos volar por la noche, así que iré a primera hora de la mañana". Clyde
sabía que una shushupie era la serpiente más venenosa de América del Sur. Cuando una de estas serpientes clava
sus colmillos en un ser humano, la mordedura por lo general suele ser fatal.

Un médico de Loma Linda estaba de visita en la base aérea. Clyde lo llevó a Pucallpa y ambos compraron el mejor
antídoto disponible. Alfredo llenó el tanque del avión mientras Clyde acomodaba una camilla en la parte posterior
del Fernando Stahl. Unini llamó nuevamente. "Moisés está empeorando".

"Seguiremos orando", prometió Clyde. "Estoy llevando un médico y estaré allá a primera hora de la mañana".

Determinados a hacer todo lo posible por salvar la vida del niño, Clyde y el doctor abordaron el avión antes del
amanecer. "Este paciente que ha sufrido la mordedura de la serpiente es la clase de cristiano que la Iglesia
necesita", le dijo al doctor mientras recorrían el último trecho de la pista. Repentinamente, la niebla los invadió.
"No necesitamos niebla en este momento. Tengo que llevar el antídoto a Moisés".
Sin realizar ninguna consulta por radio, Clyde despegó. A los 100 metros de altura, veían cómo la niebla iba
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cubriendo la selva. No se podía ver. "No se preocupe doctor", le dijo. "Volaré exactamente al oriente del Gran
Pajonal. Allá debe haber un claro en las nubes para que podamos aterrizar en Unini".

Inmediatamente luego de despegar, Unini envió un mensaje a la base aérea. "Cancela el viaje. Moisés se ha
recuperado y está caminando. Su brazo ya no le duele". La base llamó al Fernando Stahl. Extrañamente, la radio en
el avión nunca respondió.

Clyde reconocía cada rincón y cada grieta en las montañas. Luego de una hora, dijo, "Estamos sobre Unini, pero
aún está cubierto de niebla". Volteó con destino hacia el Ucayali, disminuyó la velocidad del aeroplano y,
observando las copas de los árboles, comenzó a descender. "Gracias Dios mío", dijo suspirando cuando veía
aparecer el río Ucayali bajo la niebla.

Por otro lado en la base, la radio volvió a enviarle un mensaje. "Moisés no resistió. Se sintió bien, cancelamos el
vuelo y ahora está muerto". La base trató de comunicarse con Clyde en el Fernando Stahl pero continuaba sin
recibir respuesta.

Clyde escapó de la niebla sobre el Ucayali con destino a la boca del río Unini; luego se dirigió río arriba hacia la
estación misionera. Sin embargo, la niebla no le permitió, obligándole a hacer un giro de 180°. El doctor se sentía
mal y deseaba haberse quedado en la base.

"Si me elevo sobre la niebla, no podré bajar". Voló bajo, muy cerca del río. "El único lugar donde puedo aterrizar
es en Chicosa, río abajo de Unini. Un misionero bautista construyó una pista de aterrizaje cerca de su casa".

Haciendo una curva, Clyde se elevó un poco para descender sobre la pista de aterrizaje. Todos en la aldea
corrieron para recibir al avión. El misionero bautista pasó entre la multitud. "Mi esposa está muriendo", dijo
temblando. "Está muy enferma y hemos estado orando para que llegase el avión. Con toda esta niebla, pensábamos
que no podría venir".

"Tengo al mejor médico del país justo aquí, dijo Clyde en tono animado. "Hemos adaptado una cama en la parte
trasera del avión".

El esposo, agotado por haber estado despierto toda la noche con su esposa tan enferma, escuchaba con asombro.
"Es un milagro la forma cómo Dios responde a nuestras plegarias".

"¡ Alista a tu esposa!" El doctor la examinará y partiremos en cuanto se despeje la niebla. Tengo que hacer una
corta parada en Unini, y luego volaré directamente hacia Pucallpa".

Cuando colocaron a la mujer enferma en el avión, la niebla había subido de los 15 metros hasta los 120 metros.
Clyde voló hacia Unini. Sin haber podido recibir ningún mensaje por radio, se sintió acongojado y ll oró cuando le
contaron que Moisés había muerto.

Todo el camino hacia Pucallpa trató de buscar una explicación. "¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué Dios permitió que
este niño muriera? Tengo que creer que Dios sabe qué es lo mejor. Ciertamente Moisés estaba listo. Era un
hermoso niño cristiano. La Palabra de Dios es cierta, "Benditos los que mueren en el Señor" (Apocalipsis 14:13).

Los cuidados médicos adecuados en el hospital de Pucallpa salvaron la vida de la misionera, y luego de unos días,
Clyde la llevó de regreso a su casa. "Dos cosas sucedieron cuando su esposo oraba para que llegara el avión. La
primera, la radio del avión no funcionó cuando la base trató de cancelar mi vuelo. Luego, Dios modificó el clima
para que pudiera aterrizar en Chicosa", le contó a la mujer.
De regreso a la misión oró, "Gracias Dios por permitir que un avión de la misión de los Adventistas del Séptimo Día
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respondiera a las oraciones de un misionero".

Clyde recordó que de niño aprendió sobre Jesús cuando asistía a la pequeña iglesia bautista junto a sus padres en
Kansas. Se sintió agradecido con Dios por las oportunidades de ayudar a gente de todas las creencias.
Capitulo 10 53
¡DESABROCHE SUS CINTURONES!

Los padres de Clyde, Melvin y Georgianna Peters, llegaron al Perú para pasar unas semanas en el programa de
aviación. Melvin ha cía algunas reparaciones en la base mientras que Georgianna, enfermera titulada, ayudaba a
Kalbermater a cuidar a los pacientes que llegaban al hangar en busca de tratamiento. Bob Seamount preparó un
itinerario para que Clyde llevara a toda su familia a visitar seis aldeas del río Ucayali. Ellos organizarían reuniones y
darían atención médica.

Muy temprano una mañana de febrero, se prepararon para partir. Cuando Clyde se sentó para tomar desayuno,
su padre, que lo esperaba en la mesa, le preguntó, "cuando termines de hacer tu trabajo en este lugar, ¿crees que
podrías regresar a la finca de trigo en Kansas?" "Papá", le dijo Clyde, "tú sabes que la finca nunca me interesó".
Melvin lo miró. "Siempre tuve la esperanza de que pudieras encargarte de la finca cuando yo estuviera viejo".

"Véndela papá. Yo pertenezco a este lugar. Estoy haciendo algo que vale la pena ante los ojos del Señor, no me
interesa hacer nada más".

Cuando el resto de la familia se acercó a la mesa, Clyde trajo su Biblia. "Oremos antes de comer". Oró por el
trabajo de la misión en la selva amazónica y por Bob, quien había salido temprano en el Ricardo Hayden. Luego,
pidió que Dios protegiera a su familia durante los vuelos que realizarían a las aldeas ubicadas en el Ucayali.
Amaquiría sería su primera parada.

Luego del desayuno, comenzó a cargar el avión. Había seis chalecos salvavidas en el Fernando Stahl, pero los
ladrones se los robaron durante un viaje reciente a la base de Iquitos. Bueno, pensó Clyde haremos viajes cortos y
ya que el motor del avión está en excelentes condiciones, no los necesitaremos.

Una vez que el avión estuvo equipado, toda su familia, incluyendo su padre, madre, esposa y tres hijos, subieron
al Femando Stahl. Los Seamount, que todavía vivían en el hangar, y la esposa de Bob, Ellen, los observaban. Luego
de unos momentos, ella se acercó al avión, "¡Clyde, estás llevando mucho peso!".

"Sf', le dijo, "estamos un poco pesados, pero este avión fue construido para transportar peso".

"¡Creo que es demasiado peso!", insistía.

Clyde se fastidió ante la insistente recomendación de la Sra. Seamount y pensó, "su esposo es uno de los hombres
más educados con los que he trabajado, pero ella necesita entender que yo soy el responsable de este avión"

El poderoso Femando Stahl partió de la base sin dificultad. Clyde voló sobre el río Ucayali y aterrizó en la corta
pista de Amaquiría. Allí, instaló su equipo para realizar extracciones de dientes. La madre de Clyde y Eleanor dieron
medicamentos a un paciente con tuberculosis y ayudaron a otras personas que necesitaban tratamiento médico. El
viejo Peters instaló el proyector y el generador para utilizarlos en el programa de la tarde.

Los indígenas abarrotaron la capilla de paja durante la reunión. Clyde y su hijo mayor tocaban la trompeta
mientras que Eleanor tocaba el acordeón. Papá Peters exhibía una película. Luego, Eleanor ilustró una historia de la
Biblia con su franelógrafo. Finalmente Clyde abrió su Biblia y habló sobre la pronta venida de Jesús.
Los aldeanos proporcionaron una choza a la familia Peters para que pudieran extender sus colchones de aire y
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dormir bajo sus mosquiteros.

Una lluvia ligera empezó a caer sobre el techo de palma. Pensamientos felices invadían la mente de Clyde
mientras intentaba dormir. "Mis padres ya no se molestan conmigo por mi decisión de volar. Es maravilloso
tenerlos aquí para ayudar a mi familia a difundir el evangelio en estas áreas remotas.

Se quedó dormido mientras la lluvia caía durante casi toda la noche. Antes del desayuno, tuvieron otra reunión.
Luego de comer, cargaron el avión y se prepararon para partir al siguiente poblado. Amaquiría tiene una pista de
aterrizaje de un solo sentido. Los grandes árboles se ubican tanto en un extremo de la pista como en la ribera del
río.

Clyde, sabiendo cómo el calor y la humedad afectan la potencia del motor, se acercó lo más cerca que pudo a los
árboles. Las condiciones atmosféricas afectan la elevación de las alas y la eficiencia de las hélices, así que deseaba
abarcar el mayor tramo posible de la corta pista. El aire parecía estar calmado, con quizás 3 ó 5 kilómetros por hora
de viento de cola. Su familia agachaba sus cabezas mientras que Clyde pedía que Dios los protegiera. Antes de
añadir más potencia, preguntó, "¿Todos tienen abrochado el cinturón de seguridad?"

El clima parecía fabuloso aunque de pronto comenzó a llover. El Femando Stahl comenzó a acelerar mientras los
Peters se despedían agradecidos de los aldeanos que estaban en la pista, haciendo señales con sus manos. Algo está
terriblemente mal, pensaba Clyde mientras el avión llegaba a los 50 metros de la pista. ¡Ya no estamos ganando
velocidad y ya hemos pasado el punto en el cual no podemos retornar. Es muy tarde para detenernos!

El avión corrió hasta el final de la pista, donde la orilla generalmente desciende 12 a 15 metros hasta el borde del
río. Como el Ucayali estaba en periodo de inundaciones, el nivel del agua llegaba hasta los 60 centímetros de la
parte superior de la orilla. Las llantas patinaban como esquís sobre el agua. El avión comenzó a elevarse y luego a
hundirse como un pato en el crecido río. La suave corriente mantenía a flote troncos y deshechos. Remolinos
giraban en torno al avión.

"¡Desabrochen sus cinturones!", ordenó Clyde. Fueron las únicas palabras que dijo dentro del avión que se
hundía. Su pequeño hijo Alan de siete años y Shelly de 8 años estaban sentados en el regazo de su abuelo. Alan
sacaba la nariz mientras el agua cubría el panel de instrumentos. La parte frontal del avión se sumergió debido al
peso del motor.

Aturdidos, ninguno se quitó el cinturón de seguridad. Todos estaban de cabeza. El fangoso río los envolvió, y la
cabina se puso toda oscura. Clyde se esforzaba por liberarse del cinturón. Ni mi madre ni mi hija Linda de 5 años
saben nadar. Tengo que sacar a todos del avión.

Todos sus esfuerzos por abrir la puerta fallaron. De repente, el avión se inclinó hacia la izquierda y la puerta se
abrió, lo que permitió que el agua ingresara rápidamente. Tomó a Alan y Shelly y nadó hacia la superficie. Mi padre
está atascado en el avión, pensó Clyde. ¿Qué pasará si no logra desabrochar su cinturón!

La abuela Peters, Eleanor y la pequeña Linda estaban atrapados en el asiento posterior. Mientras el avión caía al
río, Georgianna Peters pensó, éste es el final, pero al menos nuestra familia está unida. "Dios mío, perdona mis
pecados. Quiero estar junto a mi familia cuando tú llegues". Sujetó a su nieta Linda mientras el avión se sumergía en
el río. ¿Cuánto tiempo tardará en hundirse?, se preguntaba Eleanor en ese momento.

Cuando Clyde abrió su puerta entró más agua, creando presión en el interior del avión. El lado del piloto se hundía
cada vez más en el agua, dejando a Eleanor inclinada hacia el otro lado cerca de la superficie
. Ella abrió la puerta y salió, seguida por la abuela Peters.
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A pesar de que Shelly y Alan nadaban casi todos los días en el lago de Yarinacocha, no tenían ninguna experiencia
en ríos con remolinos y rápidos. Clyde se mantuvo cerca de ellos. "Será mejor que disminuyas la velocidad y no te
desgastes", gritó Clyde.

"Allí está papá", dijo cuando miró hacia atrás. "¡Gracias a Dios que pudo salir!".

Georgianna Peters se asió de una parte del avión que se mantenía en la superficie y gritó, "¡Clyde, yo no sé
nadar!".

Se cogió fuertemente de una jarra de plástico. Melvin vio que la caja de la trompeta flotaba. "¡Georgianna,
sujétate de esa caja!". Mientras la última parte del Fernando Stahl desaparecía en el río fangoso, la abuela Peters
trataba de mantenerse a flote, sujetándose de la caja de la trompeta con un brazo y con la jarra de agua con el otro.

Eleanor miró a sus alrededores para asegurarse de que todos estuvieran bien. "¿Dónde está Linda?, ¿Dónde está
Linda?"

"La tenía conmigo en el avión, pero la perdí cuando nos hundíamos", respondió la abuela.

Segundos después, la niña emergió del agua y golpeó la barbilla de su madre. Eleanor suspiró de alivio, "gracias
Dios mío por entregarme a Linda en mis brazos".

Clyde, sujetando a los otros dos niños, luchaba por llegar hasta la orilla mientras que su padre le seguía. Eleanor
trataba de sujetar a Linda. No podré aguantar mucho tiempo, pensó. Cuando ya estaba a punto de rendirse,
encontraron el franelógrafo. Ambas se sujetaron. El tablero de madera que sostenía la franela tenía la suficiente
flotación como para mantenerlas a salvo.

Los indígenas Shipibos vieron horrorizados cuando el avión de la misión cayó en el agua. Los robustos hombres
corrieron hacia sus canoas, tomaron sus remos y se dirigieron hacia ellos. La abuela Peters observó que los hombres
se dirigían hacia ellos y que recogieron a Clyde, Alan y Shelly. Luego rescataron a su esposo. Finalmente alcanzaron
a Eleanor y Linda y las subieron a la canoa. Ya que Georgianna no sabía nadar, la corriente la alejó río abajo. La caja
de la trompeta se había llenado de agua y luchaba por mantener su rostro en la superficie. Algunas veces pasaba
cerca de corrientes lo suficientemente grandes como para devorarla. Cerraba sus ojos cuando la corriente trataba
de hundirla.

Estoy agradecida, pensó. La familia de Clyde está a salvo. También acaban de recoger a Melvin, pero yo, nunca
podré lograrlo. No podrán alcanzarme a tiempo. Soy una mujer anciana, así que no importo.

Los pensamientos desesperados invadieron su mente; sin embargo, se asía desesperadamente a su caja de
trompeta empapada y a la jarra de agua. Le dolían sus brazos. Una y otra vez trataba de voltear la jarra para que
pudiera sostenerse del asa pero fracasaba en sus intentos.

Finalmente, una canoa se le acercó. Un indígena se agachó para recogerla. Desafortunadamente, su mano resbaló
y ella se hundió en el agua. La siguiente cosa que recordó fue que estaba en la canoa, junto con la caja de la
trompeta y la jarra de agua. Repentinamente comprendió, "Dios no me dejó voltear la jarra porque no tenía tapa. Si
la hubiese puesto como quería, se hubiese llenado de agua y me hubiera hundido.
Ya que la corriente los había arrastrado un gran trecho río abajo, los rescatadores trasladaron a los Peters a una
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canoa más grande y con motor. Sintiéndose mareado, Clyde comenzó a inspeccionar el río. "No hay señales del
avión". Sintió como si un gran pedazo de su corazón se hubiese hundido en las profundidades del río con el
Fernando Stahl.

Los indígenas lamentaban lo sucedido mientras atracaban en Amaquiría. Conmocionados por lo sucedido, Clyde y
su familia, escurriendo el agua de sus ropas, caminaron hacia la pequeña iglesia de paja y se arrodillaron en el suelo
sucio. Entristecidos por la pérdida del avión, agradecieron a Dios por haberlos salvado de morir en el río.

"Dios mío te ruego que cuides del avión y nos ayudes a encontrarlo para que pueda volver a volar",oró Clyde.
Luego, disculpándose de su familia, caminó solo por la corta pista de Amaquiría. Debí haber hecho esto antes de
tratar de despegar, pensó. Dios no quería que perdiéramos el avión. Debo aprender la lección que El quiere
enseñarme. El Helio Courier puede transportar carga, pero no bajo estas condiciones.

Clyde no lo había notado pero los indígenas habían reportado una fuerte ráfaga de viento de cola justo en el
momento en que el avión despegaba. Cuando caminaba por la pista, descubrió el verdadero motivo del accidente.
En los últimos 50 metros donde el avión se suponía debía aumentar la velocidad la llanta del avión había dejado
huellas de aproximadamente 15 a 20 centímetros de profundidad en el barro.

"¿Por qué no revisé la pista?", se preguntaba.

Dios sabe que los pilotos son humanos. Clyde había aterrizado allí el día anterior y todo estaba perfecto. Sin
embargo, la crecida del río y la noche de lluvia habían deteriorado el último tramo de la pista sin que Clyde se
pudiera dar cuenta.

Clyde tomó una canoa y se dirigió río abajo hacia Caco, donde un grupo misionero tenía radio. Llamó a Bob y le
pidió que los recogiera. Bob llegó en el Ricardo Hayden. Para darle nuevamente confianza le pidió que él volara el
avión. En dos viajes llevaron a toda la familia de regreso a la base aérea.

Todas las pertenencias de la familia, incluso los cepillos de dientes yacían en el fondo del río. La pequeña Linda de
5 años buscando en la casa, encontró un cepillo de dientes viejo y lo limpió. Una y otra vez le cantaba a su muñeca,
"¿Adivina?, ¿Adivina?, mis abuelos y mi mami, Shelly, Alan y Linda, tenemos sólo un cepillo de dientes".

Al día siguiente Bob y Clyde volaron hacia Amaquiría con el equipo de buceo. Tomaron prestado un bote, remaron
y dejaron caer un ancla en medio de la corriente. Se hundió un gran trecho. Cuando finalmente llegó al fondo, la
corriente los atrapó y casi pierden el bote. Clyde se colocó su equipo de buceo y comenzó a descender por la
cuerda. Una fuerte corriente lo azotaba mientras se sujetaba desesperadamente de la cuerda. La corriente lo
hundió 6 metros y perdió su máscara de oxígeno, lo cual lo obligó a luchar por emerger a la superficie.

Al ver el peligro, Seamount le dijo, "el avión puede ser reemplazado, pero nunca podríamos reemplazarte. Por hoy
es suficiente".

Clyde estuvo de acuerdo, pero durante el vuelo de regreso a Pucallpa dijo, "nuestra familia tiene planes de tomar
vacaciones, pero vamos a cambiarlos. Cuando termine la temporada de lluvias, pasaré mis vacaciones buscando al
Femando Stahl.

Bob Seamount, director de la base, formuló una pregunta en su informe oficial: "¿El avión estaba sobrecargado?,
la respuesta es no. Había una carga un poco pesada pero dentro de los límites permitidos". Clyde quería echarse la
culpa diciendo que fue "un error del piloto".
Días más tarde, Peters recibió un telegrama firmado por Roger Wilcox, y de M. S. Nigri, presidente y secretario de
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la División Adventista de América del Sur. "AGRADECIDOS POR LAPROTECCION DE DIOS, CONTINUA NUESTRA
CONFIANZA EN EL PROGRAMA AEREO". Clyde agradeció profundamente por la actitud de los líderes de la iglesia.

Se emitió un informe sobre los tres años de servicio del Fernando Stahl que incluía lo siguiente: 4000 vuelos
(vuelos promedios de 22 ° minutos) 63 vidas rescatadas en vuelos de emergencia 21, 163 personas que recibieron
cuidados médicos 23,200 muelas extraídas

48,400 toneladas de alimentos transportados a las víctimas por las inundaciones

17,000 pasajeros - entre pastores, profesores y personal de la misión. Muchos años atrás, el pastor F.A. Stahl se
enfrentó a comentes rápidas en una balsa con guías indígenas. La balsa golpeó con un tronco sumergido y se volcó,
arrojándolo al río. Stahl fue capaz de librarse y nadar junto con sus compañeros. El avión que tenía su nombre en su
honor no corrió con la misma suerte.

Durante la época de verano y con el río a su mínimo nivel, Clyde, Alfredo y Dwith regresaron a Amaquiría. Pasaron
varios días con sus equipos de buceo recorriendo el río de extremo a extremo. Hasta la fecha, nunca se ha
encontrado ninguna pieza del avión perdido.

Sin embargo, Dios tenía un mejor plan. El pago del seguro y los fondos otorgados por el programa Quiet Hour
hicieron posible la compra del Cessna 180. La misión dedicó el nuevo avión, equipado con un Robertson de
conversión STOL para utilizarlo en pistas cortas, con el nombre de Femando Stahl II. El Fernando Stahl volvió a volar.
Capitulo 11 58
¡DIOS PROVEERÁ!

El amor que Clyde tenía por la gente le motivaba a llevar el evangelio a todas las tribus que podía; sin embargo,
tuvo que enfrentar una fuerte reacción negativa con respecto a la tribu Chayawita, una de las más pobres de la
selva amazónica. Por no usar ropa y andar errantes por la selva buscando animales, los Chayawitas se habían
ganado la reputación de sucios e ignorantes.

El presidente de la misión, Charles Case, se interesó en llegar a esta tribu nómade de casi 10,000 habitantes y
propuso el reto a su gente. Un hermano predicador, Augusto Doñez, quien se desempeñaba como carpintero en la
base de la misión, habló a Case sobre la posibilidad de ser miembro activo en la evangelización de esta gente.
"Ustedes pueden encontrar otro carpintero", dijo, "yo estoy dispuesto a ir como misionero a la tribu Chayawita".

La familia Doñez se mudó a Panán y construyó una casa en uno de los recodos del río Paranapura. Augusto no sólo
conocía la Biblia de principio a fin, sino que la ponía en práctica. Su familia amaba a Jesús y a la gente que servía.
Trataba a los Chayawitas como hermanos. Pronto, una familia Chayawita construyó su choza al otro lado del río.
Luego otra familia hizo lo mismo y muchas otras más siguieron el ejemplo. Finalmente una familia Chayawita
construyó su casa en el lado del río donde estaban los Doñez y comenzaron a usar ropas. Doñez les enseñó a
sembrar yuca, pina, arroz, palta, mango y papaya. El pensó que para que esta tribu pudiera prosperar, necesitaba
aprender el idioma del país, así que iniciaron un programa escolar en el cual los niños nativos aprendían a leer y
escribir.

"Jesús es el Creador del mundo y de todas las cosas maravillosas que encontramos en la selva", les contaba. "El
murió en la cruz para salvarnos del pecado. Nuestro Salvador es el mejor amigo que podemos tener. Muy pronto,
Jesús regresará para llevar al cielo a todas aquellas personas que lo aman y lo respetan".

Les explicó que la décima parte de todos los cultivos le pertenecían a Dios y que la gente debía retornar esta parte
a Dios como diezmo. "Dios abrirá las ventanas del cielo y los bendecirá", les dijo. "Además de este diezmo, le darán
ofrendas especiales como regalo por el trabajo que Dios realiza." La gente llevó sus productos a la escuela sabática y
a la Iglesia. Los misioneros vendieron o intercambiaron estos productos para usar el dinero y trabajar en el nombre
de Dios.

Doñez hizo que los Chayawitas construyeran una de las iglesias más bonitas de todas las estaciones misioneras en
la Amazonia sin recibir donaciones externas. Los creyentes construyeron todo, incluyendo el campanario, de
materiales que crecían en la selva.

La familia Doñez se quedó con esta gente y en cuatro años la Iglesia tuvo más de 300 miembros. Nuevos grupos se
formaban en la selva. La aldea Chayawita en Panán se convirtió en una de las más prósperas de la selva alta. Su
gente construyó una pista de aterrizaje y el Fernando Stahl y el Ricardo Hayden comenzaron a hacerles visitas
frecuentes.

Clyde planificó pasar una semana en Panán. Durante el almuerzo sabático en la casa de los Doñez, Augusto
preguntó, "¿Me podrías llevar a Balsa Puerto esta tarde? Queda a sólo 15 minutos por aire. Un grupo de Chayawitas
que viven cerca a este centro de comercialización desea aprender sobre el día de descanso".
Acompañados de un traductor volaron en el Ricardo Hayden, el cual tenía grandes llantas para aterrizar en pistas
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difíciles. "Los Chayawitas construyeron esta pista hace años, pero ningún avión ha aterrizado hasta ahora", comentó
Augusto.

Clyde dio vueltas sobre la aldea. El pasto cubría lo que parecía ser la pista. "¿Qué tan alto es el pasto?, preguntó.

"Realmente no lo sé, pero necesitamos ir donde esta gente".

"No deberíamos aterrizar en esta pista, Augusto. Será mejor que te sujetes porque podría ser peligroso. Iré
despacio y con nuestras llantas grandes podremos lograrlo".

El pequeño avión se sumergió en el pasto que tenía más de dos metros de alto. "Augusto, ¿cómo piensas que
vamos a salir de aquí?"

La ciudad tenía una gran fiesta y todos los adultos estaban ebrios. La gente corrió hacia el avión y comenzaron a
golpearlo. "Terrible", murmuró Clyde cuando vio que dos personas golpeaban el avión con palos" Por favor,
aléjense del avión", les pidió Augusto.

Pero la gente se negó a moverse. "¿Quiénes son ustedes para decirnos lo que debemos hacer?"

"Esta gente es peligrosa. Creo que fue un gran error aterrizar en este lugar", dijo Clyde.

Poco a poco, la gente regresó a la aldea y continuó bebiendo y bailando. 'Tenemos que encontrar a la familia
Chayawita", decía Augusto mientras bajaba del avión. "Creo que ellos viven al otro lado del río".

Los dos hombres y el traductor caminaron por la calle, tratando de no tropezarse con los chanchos y vacas que
vagaban libremente. "Fíjate por donde caminas Clyde para que no pises estiércol", le advirtió Augusto.

Estuvieron preguntando por la familia que buscaba Augusto. "No sabemos dónde viven", dijo alguien, "pero los
hemos visto en un bar".

En el bar cercano, les dijo un hombre, "No, ellos no están aquí. "Hay otro bar al otro lado del pueblo".

"¿Qué clase de gente estamos buscando?", preguntó Clyde. ¿Desean aprender sobre el día de reposo y están
bebiendo en un bar?"

Una vez que llegaron al otro bar, un hombre les respondió, "no están aquí. No los hemos visto hace meses".

Nuevamente en la sucia calle, se encontraron con un indígena ebrio que conocía a la familia. "Tienen que cruzar el
río, voltear hacia la derecha y caminar río arriba media hora. Allá encontrarán su choza".

"Apuesto a que es más de una hora", murmuró Clyde. "Siempre dicen que es más cerca de que realmente es".

"Probablemente tengas razón. Está oscureciendo y será mejor que sigamos avanzando".

"Augusto, no hemos comido ni bebido y ya tengo hambre".

"Si vamos a encontrar a esta gente antes de que anochezca, tienes que esperar".

"Augusto, ¿qué va a pasar con el avión?"


El sol casi se estaba ocultando cuando finalmente llegaron a la choza; después de haber caminado por más de una
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hora luego de cruzar el río, un grupo de gente estaba sentada en el piso haciendo un círculo. "Sabemos que hoy es
día de reposo pero no sabemos cómo orar", les manifestaron a los visitantes con la ayuda del traductor.

Clyde se sintió impresionado. Esta gente no estaba en el bar como nos dijeron. Ni siquiera se han aproximado
hace meses. El Espíritu Santo los ha iluminado pero no saben cómo amar a Jesús y adorarlo en su día santo.

Augusto se levantó con su Biblia y explicó que "el gran Dios del cielo y de la tierra creó el cielo y la tierra en seis
días y descansó en el séptimo. Lo bendijo. Lo hizo santo". La gente escuchaba ansiosa cada palabra. Cuando
Augusto terminó su sermón casi al final del día, la gente prometió cumplir y santificar cada día de reposo.

Esta gente está tan ansiosa, pensó Clyde. Ni siquiera mi propia religión se compara con la de estos sencillos
Chayawitas. Están ansiosos por seguir a Cristo y hacer su voluntad.

Tres horas después de la puesta del sol, se despidieron de sus nuevos amigos y comenzaron el largo camino por el
río hacia la ciudad. "Augusto, ¿dónde vamos a comer? ¡Estoy hambriento! No hay restaurantes en el pueblo y todo
es sucio. Además, estoy muy débil para caminar hasta muy lejos", le comentó Clyde.

"No te preocupes por el hambre, Clyde", le respondió el misionero. "Dios no nos va a abandonar".

Mientras esquivaban los cerdos que vagaban por las calles oscuras, un niño pequeño los llamó desde la oscuridad,
"Señores, vengan conmigo". Los condujo por una calle hasta llegar a una casa. Tocaron la puerta y una mujer los
invitó a pasar. Clyde sentía que su estómago gruñía mientras admiraba la sencilla casa. ¡Todo estaba limpio y
ordenado!

"Deben estar hambrientos", les dijo la mujer conduciéndolos hacia otra habitación.

Clyde observaba maravillado. ¡Un mantel blanco! ¡Cuchillos, tenedores y cucharas! ¡Espléndido! ¿ Todo esto aquí
en la selva! La mujer les sirvió sopa, pan, arroz, yuca, plátanos y papaya - todas las maravillas que crecían en la
Amazonia. Sólo mi esposa podría preparar una comida mejor que ésta, pensó. He estado renegando por no tener
comida y sin embargo, hemos sido invitados a un banquete. "El gobernador me envió a este lugar como la única
profesora de la escuela en este pueblo", dijo la madura mujer. "Disculpen la forma en la que estas personas actúan.
Cada vez que tienen una fiesta, la gente bebe y pierde el control".

Mientras aún comían, se escuchó un fuerte ruido en la puerta. Era el jefe de la policía, obviamente intoxicado por
el alcohol, pero que todavía podía comunicarse. "Mi esposa está muy enferma. Pisó un hueso hace un par de
semanas y se le ha infectado el pie El centro de salud local le aplicó unas inyecciones de penicilina pero su pie está
peor".

"Iremos para allá y echaremos un vistazo", le prometió Augusto.

En el camino, Clyde preguntó, "¿Dónde vamos a pasar la noche?. La profesora no tenía lugar para alojarnos y no
he visto ningún hotel".

Augusto, confiado en que Dios los ayudaría, esquivó la pregunta. Llegaron a la casa del jefe de la policía y éste los
llevó hacia el cuarto de su esposa. Con su cabello recogido, se sentó en su cama bajo el mosquitero, quejándose
levemente mientras sostenía su pierna.
Debido al intenso dolor, la mujer no había podido dormir durante varios días. Con la escasa luz que provenía de la
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lámpara de kerosene, su pie lucía terrible. Augusto le dijo a Clyde, "Salgamos un momento". Antes de salir, le
aseguraron a la mujer que regresarían.

En la calle, los tres hombres agacharon sus cabezas mientras | Augusto oraba. "Señor, esto es demasiado para
nosotros. Necesitamos tu ayuda. Danos la sabiduría para hacer lo correcto y ayudar a esta j pobre mujer".

Luego de orar, regresaron a la casa. Augusto pidió agua caliente y hielo. Clyde lo miró. "¿Dónde crees que puede
haber hielo en Balsa Puerto?

Enviaron a un niño a la casa de la maestra. Ella le dio todo el hielo que tenía en su pequeño refrigerador a
kerosene, el único en el pueblo.

Augusto comenzó el tratamiento colocando el pie infectado en agua caliente durante 6 ó 7 minutos. La mujer gritó
cuando colocaron su pie sobre el hielo. Augusto alternó el agua caliente y hielo durante 45 minutos. La herida
infectada en la planta del pie se abrió y comenzó a drenar pus. La mujer le dijo a su esposo, "Este es el primer alivio
que he tenido en varios días". Y se quedó dormida casi de inmediato.

Pasada la medianoche, Clyde y Augusto se fueron de la casa. "Envíen a alguien a buscarnos en un par de horas y le
daremos a su esposa otro tratamiento. No estoy seguro dónde pueden encontrarnos porque no sabemos dónde
vamos a pasar la noche", culminó diciendo Augusto al esposo.

El jefe de la policía, tranquilo pero no exactamente sobrio, entró en razón. "Oh", dijo, "tengo un lugar para
ustedes". Los llevó al cuartel de la policía, ordenó a unos hombres que estaban de servicio que se fueran, y les dio
camas con sábanas limpias.

"¡ Augusto!", dijo maravillado Clyde. "Estaba preocupado por tener un lugar dónde dormir y estamos aquí, con las
mejores camas del pueblo. ¡Dios no nos abandona!".

Los exhaustos hombres se quedaron dormidos. Dos horas más tarde, llegó el niño a buscarlos. "¡Capitán!, ¡Doctor!
Ya es hora de que la señora reciba otro tratamiento". Los hombres se levantaron, se fueron por las sucias calles y
cuando llegaron a la choza, encontraron que la mujer todavía dormía. Le dieron otra hidroterapia y le dijo, "Cuando
pasen dos horas, envíen a alguien a buscarme nuevamente".

A las cinco de la mañana el niño llegó una vez más y los hombres fueron y le dieron a la mujer un nuevo
tratamiento de agua caliente y fría. Cuando terminaron, Clyde y Augusto retornaron a la casa de la maestra para
tomar un delicioso desayuno. Alrededor de las ocho de la mañana retornaron para una tercera sesión de
hidroterapia. El jefe de la policía, perfectamente sobrio, les agradeció una y otra vez por lo que hicieron por su
esposa.

"He enviado a 150 personas para que corten el pasto de la pista de aterrizaje", les dijo. Clyde pasó el resto del día
extrayendo dientes mientras que Augusto visitaba a la gente. Durante la tarde, se dirigieron hacia la pista. Habían
cortado casi todo el pasto con sus machetes y lucía en perfecto estado. Casi todos fueron a la pista para verlos
partir. Augusto les pidió que inclinaran sus cabezas mientras que él oraba por todo el pueblo.

El jefe de la policía los abrazó diciendo, "mi esposa ha dormido toda la mañana y se ha levantado por primera vez
en varios días. Se lavó la cara y peinó su cabello. Ya no siente dolor. Gracias por toda su ayuda".

La gente se aglomeró en la pista pero sin tocar el avión. "Por favor, regresen y establezcan una iglesia para
nosotros", les suplicaron.
Los dos hombres cansados y su traductor subieron al avión para realizar su corto vuelo hacia Panán. "Nunca antes
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había visto algo parecido", Clyde le comentó a Augusto. "Toda la ciudad ha dado un giro de 180 grados en menos de
24 horas. Nuestro programa de aviación no serviría de mucho sin trabajadores peruanos llenos de espíritu como tú.
Ya veo porqué el trabajo de Dios en Panán ha crecido tan rápido".

Augusto Doñez, al ver el tremendo cambio de actitud de Clyde con respecto al día anterior le sonrió y le dijo, "Sólo
agradécele a Dios".

"Cuando caminábamos por el río", continuó Clyde, "creí que encontraríamos un grupo de Chayawitas ebrios. En
lugar de eso, encontramos a un grupo de personas sobrias, formando un círculo, y ansiosos de aprender cómo
adorar al Dios de los cielos. Me preocupé por mi estómago y por un lugar dónde dormir pero Dios se encargó de
todo. Tienes razón Augusto. ¡Dios nunca nos abandona!".
Capitulo 12 63
ESCOPETA CALIBRE DOCE

Otra familia de la tribu Chayawita vagaba por la selva, río arriba de Panán. El padre, a pesar de no saber sobre
Jesús o de la Biblia, por unos amigos Chayawitas que visitaron la estación de la misión en Panán supo sobre la
escuela de la misión. "Quiero que nuestro hijo asista a una escuela", le dijo a su esposa. El padre que no era
cristiano esperó la oportunidad de hablar con su hijo. "Quiero que vayas a la escuela de la misión. Ellos te van a
enseñar a leer y escribir". El padre no sabía nada sobre lecturas o escritos, pero pensaba que sería muy bueno para
su hijo que recibiera educación.

"Pero papá", replicó el niño, "No quiero ir a la escuela". "Tengo una cerbatana y tú me has enseñado cómo hacer
mis propios arcos y flechas. Puedo cazar. ¡No necesito ir a la escuela!".

Varias semanas después, la familia Chayawita se enteró de que se llevaría a cabo una reunión de campo en Panán.
El padre se dirigió a su hijo. "Marco, vayamos a la selva y construyamos una canoa nueva".

El niño sabía que su vieja canoa estaba en mal estado. Esta es mi oportunidad para aprender a construir una
canoa, pensó. Algún día construiré la mía.

"Cuando terminemos la canoa, iremos río abajo y asistiremos a la reunión de campo", continuó diciendo su padre.

El niño insistía. "¡No, no, no!"

El padre trató entonces otra táctica. "Cuando terminemos la canoa, iremos a cazar un venado. Luego iremos río
abajo hacia Panán y tendremos un gran banquete". Pero el niño porfiado insistía diciendo que no estaba interesado.

El padre paciente no se rendía. El poseía lo que muchos Chayawitas un tiro en la cabeza.

jamás habían tenido. Varios años atrás, había intercambiado algunas reliquias de la selva por una vieja escopeta
calibre doce de un solo cañón. "Marco", le dijo, "construiremos la canoa, iremos a cazar y viajaremos río abajo.
Mientras cazamos, tú podrás cargar la escopeta. Cuando encontremos un venado, te dejaré dispararle".

Los ojos del niño se iluminaron. "Me gusta la idea. Siempre he querido que me dejes usar tu arma".

Padre e hijo se internaron en la selva y encontraron un árbol de caoba grande y derecho. Estaba justo cerca a un
riachuelo donde podrían probar la canoa. Juntos, trabajaron para cortar el árbol hasta que cayera al suelo. Durante
todo el tiempo que trabajaron, el niño tenía en su mente lo que su padre le había prometido. "Me va a dejar utilizar
su escopeta". Con mucho cuidado, ahuecaron el árbol, logrando terminar una sólida canoa de caoba en pocos días.
Estaba lista, bien confeccionada, como si hubiera provenido directamente de la fábrica. El hábil padre, junto con su
hijo, realizó todo el trabajo utilizando sus primitivas herramientas.

Los indígenas Chayawitas sabían cazar animales salvajes. Los nativos empleaban la misma habilidad para cazar un
animal que los gatos para cazar un ratón. Para matar un animal con una cerbatana o con un arco y una flecha es
necesario estar cerca de la presa. Y para cazar un venado con una escopeta vieja es necesario acercarse lo más
posible.

El padre tenía sólo una bala. "Hijo, tienes solamente una oportunidad para matar el venado".

"Te estoy escuchando papá", le respondió su hijo.


"Esta peligrosa arma te puede volar en pedazos cuando dispares si no sigues mis instrucciones. Para jalar el gatillo
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con tu mano derecha, debes sostener el arma con tu mano izquierda. Debes tener mucho cuidado de estar lo más
cerca posible antes de disparar".

Partieron antes de la salida del sol y el padre le dio a su hijo el arma cargado. Descalzos y portando sólo sogas, se
dirigieron a la selva. Casi inmediatamente y pacientemente comenzaron a seguir las huellas del venado durante
toda la mañana.

Por un momento se separaron, y cuando se encontraron, el padre de Marco le señaló que regresaran. "No, quiero
disparar esta escopeta. No voy a detenerme hasta encontrar mi venado", pensó Marco.

Continuó avanzando hasta que vio el movimiento de un venado justo al frente de él. La mira del arma no
funcionaba así que sólo miró bajo el cañón. Sujetó el arma y disparó. Pensó que el arma iba a volar en pedazos pero
escuchó la caída de su presa.

Luego de correr entre los El niño se arrodilló ante el cuerpo inerte de su padre y miró la sangre. ¿Qué podía hacer?
Su gente será primitiva, sus cabellos ralos y visten sólo lianas, pero tenían corazón y se preocupaban mucho por los
integrantes de sus familias. Desconsolado, el hijo se preguntaba desesperado, "¿Por qué lo hice?. Corrió hacia el río
y regresó con agua en sus manos. Demasiado tarde, no se podía hacer nada. Su padre había muerto.

Se hizo la noche. El joven recogió la escopeta y comenzó el largo y terrible viaje transportando el cuerpo de su
padre a través de la oscuridad hacia el lugar donde padre e hijo construyeron la canoa.

Alrededor de la medianoche, Marco miró hacia el cielo. Directamente sobre él habían cuatro estrellas brillantes, la
Cruz del Sur. No sabía el significado de la cruz, así que no se sintió aliviado al verla. Luego de empujar la canoa al
agua, acomodó el cuerpo rígido de su padre en ella. Exhausto y afligido, el joven se preguntaba, ¿Qué es lo que voy
a hacer? ¿Remaré río arriba hacia donde está mi madre?

Algo dentro de él le decía, ¡Panán, Ponan, Ponan! Mi padre quería llevarme a la misión de Panán. Es fácil navegar
río abajo. Es más difícil manejar en contra de la corriente. Mientras se dirigía río abajo, no imaginaba las
consecuencias de este viaje.

El niño remó durante toda la noche, el día siguiente y la siguiente noche. La canoa, con el cuerpo
descomponiéndose, llegó a media mañana del subsiguiente día a Panán, donde se llevaba a cabo una reunión de la
misión. Un indígena vio al niño y corrió a avisarle a Augusto Doñez. Interrumpiendo la reunión, Augusto anunció
que una persona había fallecido. Todos se levantaron y corrieron hacia el río. Clyde, quien también estaba presente,
siguió a la multitud.

El padre, muerto hace dos días, lucía terrible. El muchacho también parecía muy mal. Sus ojos estaban rojos y
ensangrentados por haber estado llorando durante todo el trayecto, había podido dormir muy poco. "Este chico no
está bien", le dijo Augusto a Clyde cuando se enteró de la forma en que había muerto su padre. "Seguramente
tuvieron una pelea. El chico estaba borracho y mató a su padre".

Clyde observaba cuidadosamente cómo cristianos Chayawitas recogían el cuerpo desnudo del padre. Otro grupo
se apresuró a cavar una fosa. Augusto tomó su sierra y cortó tablas para ajustarías a la parte superior de la canoa.
Manos bondadosas envolvían el cuerpo en ropa y cuidadosamente le colocaban nuevamente en el fondo de la
canoa.
Clyde se quedó maravillado al ver cómo Augusto clavaba las tablas en la canoa como si fuera un ataúd. Los
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Chayawitas lo cargaron hacia una recién cavada tumba y le enterraron.

Augusto llevó al niño hacia su casa, le proporcionó ropas y le dio yuca cocida para comer. Marco dormía por
intervalos, atormentado por lo que había hecho.

Todos los días Augusto destinaba un tiempo específico para conversar con el chico. Clyde lo escuchaba conversar
con él a través de un traductor. "Hay un Dios en el cielo que te conoce y que te ama. El sabe todo lo sucedido con tu
padre. Está preparando un hogar para nosotros en el cielo. Va a venir por nosotros para llevarnos y estar junto a El".

El niño se sentaba, con la cara rígida, desconectado del mundo. "Estás perdiendo tu tiempo", le dijo Clyde. "Este
niño no es consciente de todo el esfuerzo que estás haciendo por ayudarle. No está interesado en lo que le dices".

Augusto sonrió y siguió hablando con el niño. "Sabes, creo que tú vas a volver a ver a tu padre".

Los ojos de Marco se abrieron y escuchó cada una de sus palabras. Se sentó como un estudiante universitario
preparándose para su examen final. "¿Quiere decir que podré decirle a mi padre que no tuve la intención de
dispararle?"

"Cuando Jesús regrese, El va a llamar a todos aquellos que le seguían. Los muertos se levantarán de sus tumbas y
veremos nuevamente a nuestras familias". En ese momento el niño comenzó a llorar. Quería escuchar más.

El niño asistió a todas las reuniones y estudió la Biblia todos los días con la ayuda de Augusto. Aprendió que Jesús
perdona los pecados, incluso los de un joven que asesinó a su padre. Clyde veía cómo el Espíritu Santo obraba, cada
día hablando al niño de lengua Chayawita.

Marco comenzó a entender que Dios había usado la trágica muerte de su padre para llevarle a la estación
misionera. Empezó a creer que la muerte del Hijo de Dios en la cruz del Calvario le permitió tener vida eterna.

Durante el último día sábado, 78 personas recibieron el bautismo. Marco, el niño que había matado a su padre
con una escopeta calibre doce, fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Aún escéptico,
Clyde preguntó, "¿Acaso este niño sabe lo suficiente para ser bautizado?"

De una cosa estaban seguros, el carácter del niño, la expresión de su rostro y sus acciones habían cambiado. Era
una nueva persona. Ya no andaba desnudo. Es más, aceptó con sinceridad los trajes de Cristo. Los trajes de Cristo
también eran para los Chayawitas. La canoa de Marco había sido enterrada junto con su padre, y los pecados de
Marco sepultados en el río Paranapura.

Al día siguiente del bautismo, los adventistas Chayawitas de la misión le dieron a Marco otra canoa. Casi no podía
esperar para realiza el largo viaje río arriba para encontrar a su familia y contarles la noticia sobre la resurrección de
Jesús y su pronta venida.

Es difícil para un Chayawita navegar río arriba y tener el coraje de vivir para Cristo. Pero Marco amaba a Jesús y
con su ayuda decidió amar a Dios y cumplir sus mandamientos. Quería que su familia aprendiera sobre la palabra de
Dios. Como resultado, se formó una nueva villa Chayawita. Construyeron una pista de aterrizaje e iniciaron una
Iglesia.

¿El padre de Marco estará en el cielo? Sólo lo sabe Dios. Es muy probable que el padre no supiera sobre Jesús
pero vivía correctamente. Hizo todo lo posible para que su hijo fuera a Panán. Su muerte permitió que su hijo
llegara a la estación misionera adventista y conociera el amor de Jesús.
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Capitulo 13 67
DESPUES QUE EL PARACAIDAS SE ABRIO

Años después, Clyde pasaba la víspera de Navidad en cama con hepatitis, recuperándose lentamente. Ala mañana
siguiente, al enterarse de que una aerolínea con 92 pasajeros a bordo había desaparecido, se levantó de su cama y
se unió al grupo de búsqueda.

La joven Juliane de 17 años de edad, única sobreviviente del accidente, caminó en la selva peruana durante 11
días. La información que proporcionó permitió que los equipos de rescate pudieran localizar el lugar del accidente.
Al doceavo día, Clyde se ofreció en un esfuerzo por encontrar más sobrevivientes como voluntario para saltar en su
paracaídas en la densa selva.

Los paracaidistas se sienten aliviados cuando sus paracaídas se abren. Para Clyde, fue su mayor tragedia. El había
saltado del helicóptero, contando hasta cinco y jalando la cuerda de su paracaídas. Desafortunadamente, el nudo
que había hecho apresuradamente para asegurar la sierra de cadena que utilizaría para abrir un espacio en la selva
para que el helicóptero pudiera aterrizar se había desatado. La sierra se precipitó al suelo y se rompió en pedazos.

"Dios mío, oro Clyde una vez que el paracaídas se abrió, sin la sierra nunca podré lograrlo. Sin la brújula jamás
encontraré el avión, me perderé. Sabes en el lío que estoy metido, por favor, ayúdame".

Se preocupó sobre la idea de aterrizar en el lugar del accidente.

"Dios, si me golpeo contra los restos del avión, podría lastimarme e incluso matarme. Tendré que aterrizar en un
árbol esponjoso". Ajustó los cordones de apertura del paracaídas y se dirigió hacia la copa de un árbol grande. "Voy
a aterrizar justo aquí. Parece algodón". Su corazón

sabía que era lo mejor para él.

Un paracaídas con 230 metros cuadrados de nilón tiene que engancharse de algo, imaginó Clyde. Sin embargo,
mientras caía entre as ramas de los árboles, el paracaídas colapso y Clyde cayó como una bala. "¡Con esta velocidad
me voy a morir!".

Juntó sus rodillas y piernas y se tapó la cara con sus manos. Las ramas de los árboles le arrancaron su reloj. De
repente, Clyde quedó colgado de su arnés a 5 metros del suelo. "Dios mío, me has salvado la vida. La forma en la
que el paracaídas se sostuvo de un árbol pequeño baje uno grande fue perfecto. De mis 800 saltos, éste ha sido el
más suave que he tenido pero, ¿cómo llego ahora al suelo?'.

Miró a su alrededor y vio un tronco de árbol de 70 centímetros de diámetro que se encontraba a 60 centímetros
al frente. "Has resuelto otro problema, Dios. No hay hormigas ni espinas venenosas". Con una maro desenganchó su
paracaídas, luego rodeó el tronco del árbol con sus nanos y piernas y se deslizó en el árbol hasta llegar al suelo.

"Dios amado, oró Clyde, este es un territorio inhóspito. No tengo la sierra de cadena, ni siquiera un machete. Me
ayudaste a bajar del árbol y si logro salir de esta selva será con tu ayuda". Encendió una ben jala para avisar al
helicóptero que estaba sano y salvo.

Ya en tierra firme, Clyde comenzó a gritar en todas las direcciones con a esperanza de encontrar respuesta de
algún sobreviviente. Luego sacó su Magnum 357 e hizo varios tiros al aire. El arma hace mucho ruido y llama la
atención de las personas. A pesar de que no esperaba que llegase la gente corriendo, sabría si hay sobrevivientes.
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"No debo estar a más de 1,500pies del lugar del accidente, calculó. Encontraré a las personas que aún estén con
vida". Se quedó quieto y escuchó. Escucho a alguien quejándose. Dejó caer su equipo y corrió hacia la dirección de
donde provenía el sonido. El hedor de la carne humana putrefacta invadía el aire.

Mientras avanzaba, miraba hacia atrás para asegurarse que no se perdiera.

Cuando llegó al lugar del sonido se dio cuenta que estaba equivocado. El gemido venía de un pequeño riachuelo
que caía sobre un pedazo de metal del avión accidentado.

Un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos daban vueltas a 3,000 metros de altura sobre su
cabeza. Peters veía que los mitres aterrizaban y luego volvían a volar. Los aviones volaban en todas las direcciones
en espera de alguna señal de Clyde. La primera bengala les indicaría que se encontraba bien. Una bengala roja
significaría que todos estaban muertos y una blanca que encontró

Sobrevivientes. Ya que había encendido la primera bengala, pensó, será mejor que no encienda otra bengala hasta
que encuentre sobrevivientes.

La idea de haber perdido la sierra de cadena perturbó sus pensamientos. "¿ Cómo voy a sobrevivir? Ni siquiera
tengo una brújula.

Clyde agachó su cabeza para recoger su equipo. Será más fácil encontrar el paracaídas si lo dejo colgando del
árbol, se dijo. Encontró el árbol pero no el paracaídas. Un momento, debo haberme confundido. ¡Este no es el
árbol!

A pesar de seguir buscando, no pudo encontrar el paracaídas ni su equipo. ¡Estoy completamente perdido! La
verdad fue dura. Bueno, continuaré buscando sobrevivientes. Ese es el motivo por el cual estoy aquí.

El helicóptero del cual había saltado se alejó. Clyde trató de seguirle. Primero, pensó que estaba en el lugar del
accidente, luego pensó que estarían buscándolo. Mientras más le seguía, más se desorientaba. La tripulación del
helicóptero no había visto la bengala que Clyde prendió ni tampoco vio los árboles cortados. Asumieron que le
había sucedido un accidente y lo reportaron como muerto.

Estoy agotado, toda mi comida está con mi equipo bajo el árbol del cual pendía mi paracaídas, se dijo a sí mismo.
Lo único que tengo es esta Magnum 357 y un cuchillo de caza. La hebilla que sostenía el asa del cuchillo se
desabrochaba constantemente por lo que Clyde tenía qu& revisarla con frecuencia para asegurarse de que no se le
hubiera caído.

El arma que había traído a Perú, la había vendido. Su nuevo dueño se la había dado prestado a Clyde cuando subía
al helicóptero. "Toma mi pistola, la puedes necesitar". Cuando quiso sacar su cuchillo para cortar maleza silvestre,
había desaparecido.

Clyde calculaba que había caminado alrededor de 20 kilómetros sin haber encontrado rastros del lugar del
accidente. La única evidencia era el constante olor a muerte. Tomó agua de un pequeño riachuelo pero luego se
preocupó pues podría haber estado contaminada con los cuerpos descompuestos.

Tampoco tenía un impermeable para la lluvia, ni siquiera un pedazo de plástico. A la puesta del sol, comenzó a
llover. Mientras trataba de construir un refugio sin la ayuda de un machete o cuchillo, se dio cuenta que la tarea era
bastante difícil. Arrancó unas hojas grandes de árboles para protegerse. En la mañana, Clyde yacía en un charco de
lodo. No fue necesario que se despertara porque nunca pudo dormir.
Durante la larga y húmeda noche, hizo una evaluación de su vida. Quería estar bien con Dios y oró, "Dios mío,
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dame más fe". Los pensamientos sobre Jesús le dieron valor. "A pesar de la situación en la que me encuentro, sé
que tú me ayudarás".

De alguna forma se sentía seguro. "Si ésta es tu voluntad, por favor, ayúdame a llegar al lugar del accidente".
Desde que supo del accidente de LANS A, Clyde no dejaba de preguntarse, "¿Cómo me sentiría si mis hijos hubiesen
estado en ese avión?".

Aproximadamente a las 4:30 de la mañana comenzó a llover suavemente. Clyde se detuvo en el lodo. Es hora de la
oración de la mañana. Cómo me gustaría tener un libro de meditaciones bíblicas. Su voz hacía eco en la selva
mientras cantaba. Luego de orar, reinició la búsqueda de sobrevivientes.

Durante la mañana, las nubes de lluvia se desvanecieron y helicópteros y aviones comenzaron a inspeccionar la
zona. A través de los espesos árboles podía ver que daban vueltas en el aire. Probablemente me están buscando,
pero si no encuentro el lugar del accidente o un claro, no pairan verme. Dudo que hayan visto la bengala que prendí
ayer. Posiblemente se quedó atrapada en las copas de los árboles.

Cuando prendió otra bengala con el fin de llamar la atención, al parecer tampoco pasó la copa de los árboles.
Luego encendió una bengala blanca pero tampoco funcionó. En un área abierta donde varios árboles habían caído,
trepó a un árbol y piensó: Quizás lo mejor que puedo hacer es sentarme aquí y esperar. Al menos la luz solar secará
mi ropa.

Ya que sólo tenía una pequeña bolsa de maní, decidió racionarla. Ya han pasado 13 días desde lo sucedido con el
vuelo LANS A y que me levanté de la cama, aún estando con hepatitis. Cada día aumenta mi energía mientras busco
el avión. ¿ Qué es lo que pasará ahora que no tengo comida?

Luego de haber caminado por la selva durante el día anterior, sumado a la noche sin dormir y haber comido sólo
maní en el desayuno, pensó: Será mejor que conserve mi energía, éste no es momento para una recaída de
hepatitis.

Luego de una hora, un helicóptero pasó cerca de Clyde para luego alejarse sin percatarse de su presencia. Se
preguntaba por qué seguían regresando. Podría sentarme aquí por el resto de mi vida y jamás me verán. Al seguir la
ruta que tomó el helicóptero, se desorientó. Creo que lo mejor será retornar al lugar donde antes estaba.

El terreno escarpado hacía que su caminar sea dificultoso. Luego de una hora y media, apenas tenía fuerzas para
subir la última pequeña cima y descansar en el tronco del árbol donde antes había estado. El sudor y su esfuerzo
por atravesar la espesa selva habían empapado sus ropas. ¡Es inútil! Mis esfuerzos no me están llevando a ningún
lado y mi fuerza se está agotando. Debería rendirme.

Sin embargo, luego de sentarse durante dos horas a observar los helicópteros y aviones que pasaban, Clyde se
sintió mejor. Debo caminar y buscar el lugar del accidente. Sabía que su esposa, sus hijos y muchos amigos estaban
orando por él. Si ellos están preocupados por mí, lo menos que puedo hacer es continuar, encontrar el lugar del
accidente y salir de aquí.

Sus esfuerzos por encontrar el avión no daban resultados. Los olores provenientes de la carne descompuesta
venía de diversas direcciones, sin embargo, él no podía encontrar ni un solo cuerpo. De repente, al fondo de un
riachuelo frente a él, Clyde vio dos motores de avión. Debo estar cerca a la parte principal del avión, concluyó. Pero
cuando buscaba en otros lados, no encontraba absolutamente nada.
Por la tarde, comenzó a llover fuerte mientras tanto Clyde se arrastraba hacia la orilla del río. Más desalentado
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que nunca, dejó su equipo, su arma y su bolsa bajo un árbol. Miró a su alrededor. Esta área está rodeada por el río,
así que la encontraré nuevamente. Luego de caminar 180 metros, encontró un árbol grande recientemente cortado.
Sólo un avión podría derribar un árbol como éste, se dijo asimismo. A pesar de buscar en todas las direcciones
posibles, no encontró nada. Y lo peor de todo, no pudo encontrar el árbol donde había dejado su bolsa y su arma. Ni
siquiera pudo encontrar el río.

¿Cómo puedo ser tan estúpido?, se preguntó. Se sentía culpable de los problemas que estaba teniendo en los
últimos dos días. Perdí la sierra porque no la até debidamente. Aterricé muy lejos del lugar del accidente. Dejé mi
equipo bajo el árbol del cual pendía el paracaídas y no lo he podido encontrar. Luego perdí mi cuchillo. Ahora perdí
mi arma y mi bolsa. También yo estoy perdido. Pronto anochecerá y no tengo un lugar dónde pasar la noche.

Completamente desorientado, Peters caminó dando tropiezos hasta llegar a un pantano. Desesperado, hizo
señales con sus manos cuando vio un helicóptero sobrevolar el área pero no fue visto. El helicóptero dio cuatro
vueltas y las cuatro veces Clyde les hizo señales. Sin esperanza, Clyde pensó: Soy sólo un punto en toda esta
inmensa selva, jamás podrán verme.

Débil y hambriento, el pantano le condujo hasta un pequeño riachuelo el cual él siguió hasta que se convirtiera en
un gran río. En una curva, descansando en la playa de arena, un cocodrilo de 4.5 metros de largo se estiraba en los
últimos rayos del sol de la tarde. A pesar de que su cara estaba volteada hacia el lado opuesto, sus ojos miraban a
Clyde. En un instante, se lanzó sobre él como una bala. Clyde saltó justo a tiempopara que el cocodrilo no lo
alcanzara.

¡ Wuau! sin aliento, se dirigió hacia Dios. "Dejé el arma bajo el árbol. Mi machete se cayó sierra. Ahora salté como
si volara en el aire cuando el e perseguía. Jesús, tú me has protegido. ¡No necesité el arma

Vistiendo sólo un traje de salto mojado, medias mojadas, un par guantes de cuero mojados, Clyde sólo tenía a
Dios como Sediento, tomó agua de un riachuelo limpio que desembocaba en el río.

Gracias Dios mío por el agua". Sabes que estoy hambriento y también necesito alimentarme. Mi condición física
no es buena y no enfrentarme a una recaída de hepatitis,

Comenzó a buscar y encontró unas raíces que sabían amargas Luego probó otra clase de pasto con raíces blancas
que parecían espaguetis. Sabían deliciosas, como lechuga. También habían hojas de palma Trató de abrirlas sin la
ayuda de su cuchillo. En su interior encontró deliciosos corazones de palma. "Dios, me estás dando la mejor comida
que podría encontrar en la selva", su estomago lleno de raíces y de corazones de palma lo hicieron o mejor. "Dios,
tú no nos abandonas", oró. No he tenido ríe a un venado o un pájaro para poder comer. Ni siquiera he tenido que
matar al cocodrilo para mantenerme vivo".

Al buscar un lugar para pasar la noche, encontró un sitio bajo un a la orilla del rio. Llovió nuevamente. Se apuró y
recolectó varias hojas para usarlas como colchón, otras para cubrirse con ellas y muchas otras más para usarlas
como almohada. Luego colocó 20 piedras almohada de hojas pensando: si este lugar resulta ser elhogar de un
cocodrilo, estaré preparado. También guardaré un palo grande conmigo.

Clyde se echó sobre su cama de hojas y colocó su traje mojado encima para mantener las hojas en su sitio. Por
primera vez desde que cayó en la selva se sentía cómodo. Desde su "acogedora cama" veía en el cielo amazónico.
Estruendos de rayos que estremecían la tierra retumbaban en la selva, seguidos de una lluvia torrencial.
Cuando la lluvia se calmó, sintió un ruido extraño a unos pasos de distancia, era un cocodrilo que venía a reclamar
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su cama. Clyde le arrojo una piedra y escuchó el chapoteo del reptil introduciéndose en el agua. Renuente de ceder
su cama, el persistente cocodrilo retornaba una y otra vez. Cada vez que Peters lanzaba una piedra, perdía más que
todas las hojas que utilizaba como sábanas se perdieron, Clyde sin protección contra el frío.

Finalmente volvió a colocarse su traje de salto, el cual no le proporcionaba el abrigo que necesitaba. Mosquitos y
otros insectos le atacaron, haciendo que su noche fuera aún más insoportable.

Clyde reflexionó sobre la situación. Yo mismo he ocasionado estos problemas y no hay forma de resolverlos. Si tan
sólo tuviera un pedazo de plástico grande, no me mojaría. En este momento pagaría cien dólares por un pedazo de
plástico. Si vendría un indígena de la selva hasta aquí, le pediría que me ayude a construir un refugio.

Su cama en la guarida del cocodrilo se había convertido en un hoyo de lodo. Cuando amaneció emprendió la
marcha. Soy más lodo que ser humano. Sin jabón, máquina de afeitar ni cepillo de dientes, buscó un lugar para
poder asearse. Mientras caminaba en el río, cuyas aguas estaban más calientes que el mismo aire, su cuerpo
congelado comenzó a calentarse.

Es hora de orar. Por cierto no estaré nada elegante. Cantó y citó partes de la Biblia y luego oró. "Gracias Dios mío
por haberme dado las fuerzas de resistir esta noche miserable. Sé también que esta máfiana me vas a dar un buen
desayuno. Ahora mismo me siento mucho mejor después de haber comido las raíces y corazones de palma la noche
anterior".

Se tomó su tiempo para tomar una decisión. "¿Debería quedarme aquí y esperar a que me rescaten o debería
seguir el río?, le preguntó a Dios.

Después de dos días de caminata no había ninguna señal de sobrevivientes. Rodó varios troncos en el río pues
pensó que podría usar alguno para flotar río abajo. Todo estaba anegado. "Dios mío, no sé qué hacer", le suplicó a
Dios. "No hay árboles para construir una balsa por esta zona y aun si los hubiera, no podría construir uno sin un
machete o alguna otra herramienta".

Divisó un tronco de buen tamaño y dijo, "voy a rodarlo hacia el río". "Si se hunde, me quedaré en este lugar
esperando a que vengan pronto a rescatarme. Si flota, iré río abajo".

Arrojó el tronco y éste flotó. "Creo que ésta es tu respuesta Dios". Arrastró el tronco y se sentó encima. Buscó un
tronco más pequeño y con la ayuda de lianas silvestres lo ató en forma de cruz con el fin de hacer que su balsa fuera
más estable. Utilizó un palo como remo, tomó su balsa y la empujó hacia la corriente. Cada 30 metros Clyde caía y
luchaba por volver a subir a su balsa. Luego de un poco más de 2 kilómetros, logró navegar sin caer con tanta
frecuencia. Remar con un palo redondo se hacía difícil cuando el río se interceptaba con un pantano. Pensó en
caminar pero finalmente no lo hizo.

Cuando descubrió que el pantano se había formado de las aguas del río Shebonya, remaba con más intensidad
para alcanzar al rio principal, donde la corriente le arrastró y le llevó río abajo. Si continuo hacia arriba, encontraré
la cabaña de los madereros que ayudaron a Juliane

En su trayecto se topó con troncos y escombros que flotaban en el agua, recibían golpes cada vez que se
tropezaba con algo. Al dar la vuelta por un meandro del río, un remolino lo sacudió y luego lo tiró al río,
enfrentándose a más rápidos.
Aproximadamente 30 centímetros de la nariz de su "canoa tronco" sobresalía en el agua, pero a Clyde le llegaba el
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agua hasta la cintura. Luego de viajar durante cinco horas y volver a caer otras 15 veces, se resfrió y comenzó a
temblar y a estremecerse, por lo que decidió a orilla para que el sol lo calentara. de haberse calentado y secado
bajo los rayos del sol, subió a su tronco para continuar su rumbo río abajo. La corriente estaba mas suave y tenía
menos rápidos y escombros flotantes. Alrededor de las dos de la tarde, escuchó un ruido que le llamó la atención
escuchó cuidadosamente, ¡Es un motor!, "Gracias Dios. ¡Qué hermosa señal !", exclamó al ver que un bote aparecía
sobre un meandro. He estado orando por esto!" Unos hombres se le acercaron y le ayudaron a subir a su bote.

Usted debe ser uno de los sobrevivientes del accidente de LANSA", le preguntaron. "No, yo soy Clyde Peters".

Oh. escuchamos que había desaparecido luego de saltar en la buscar más sobrevivientes. Informaron que había
muerto. Nos alegra haberlo encontrado!".

Esa tarde un avión voló sobre el río. Al divisar el bote, la piloto famosa aviadora a nivel mundial, acompañada de
Robert Hummerstone de la revista Life, daba vueltas en el aire y se acercó para tener mejor vista.

Sin saber que Clyde, su esposa Eleanor estaba en el avión y cuandovió el bote sus ojos se le llenaron de lágrimas.
"¡El que va en el bote es mi esposo!” exclamó. "¡Dios ha escuchado mis plegarias!".

El sol se iba ocultando lentamente tras los enormes árboles de la selva mientras el bote que transportaba a Clyde
se dirigía hacia la hebonya para iniciar el recorrido por el río Pachitea hacia Se encontraron con un bote de
velocidad que esperaba llevaría hasta Puerto Inca. Mientras oscurecía, el operador sta para evitar los troncos y
escombros que flotaban en el a su destino esa misma tarde, Clyde disfrutó de una buena comida y su primera siesta
desde que saltó en su paracaídas en el área del accidente.

Antes de la salida del sol en la mañana, subió al Fernando Stahl II y se dirigió hacia la base aérea de Yarinacocha.
"¡Llegaste a casa! ¡ Llegaste!", su ansiosa familia le daba la bienvenida. Luego de bañarse y de tomar su desayuno,
voló de regreso hacia Puerto Inca, acompañado del estudiante misionero Dan Wenberg.

Los equipos de rescate por tierra habían llegado al lugar del accidente y cortado árboles para aterrizar. Clyde y
Dan fueron invitados para volar hacia este lugar. Cuando el helicóptero aterrizó en el lugar, Clyde abrió la puerta y
sintió el olor. "Este es el mismo olor desagradable que tuve que soportar durante los tres días que pasé en la selva
luego de saltar en mi paracaídas".

Restos del avión estaban regados sobre una extensa área. Clyde observó en silencio la escena del accidente. Los
regalos de Navidad provenientes de las maletas rotas yacían esparcidas sobre el suelo. Pequeñas muñecas
envueltas en papeles brillantes, aeroplanos, carritos y toda clase de juguetes así como otros regalos - que jamás
llegarían a sus destinatarios -estaban regados en el suelo.

El avión accidentado transportaba a jóvenes adolescentes que apenas habían terminado otro año escolar. Era
gente joven llena de vida con un futuro prometedor que anhelaban pasar las fiestas navideñas con sus familias.
Nadie imaginó que éste sería su último viaje. Noventa y un personas murieron. Sólo Juliane se salvó.

Antes de salir de su casa esa mañana, el vecino de Clyde, Floyd Lyons, le describió la ropa que llevaba su hijo. El
niño había sido uno de los pasajeros del avión. Se recuperaron muchos cuerpos pero ninguno era el de Nathan.
"Dios mío, ayúdame a encontrar el cuerpo de Nathan", le pidió a Dios.

Incluso con el camino bien señalizado y habiéndose cortado varios árboles, aún era muy fácil perderse. Tomó su
brújula y se internó aproximadamente dos kilómetros. Nada. Regresó y trazó otra ruta. Tampoco encontró nada.
Una vez más regresó sobre sus pasos hacia el avión y avanzó otros dos kilómetros en otra dirección. Finalmente se
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detuvo con la idea de rendirse.

"¡Espera!". Justo al frente de Clyde yacía un cuerpo, casi todo era sólo huesos.

Llamó a Dan Wenberg. "¡Es un milagro!". Peters se detuvo al frente del esqueleto que estaba cubierto con
guiñapos de ropa. "Las ropas coincidían con las descritas por su padre. Dios nos guió para encontrarlo".

Su corazón se conmovió por sus afligidos padres, quienes espiraron todo este tiempo con la esperanza de que su
hijo fuera encontrado. Clyde tomó una bolsa de plástico y recogió los restos del de 14 años. "Me alegra saber que
Jesús puede dar vida a estos huesos y hacer que vuelvan a vivir", dijo.

Afrontando lágrimas y náuseas, Clyde y Dan recogieron los cuerpos descompuestos de otras 11 personas y los
colocaron en bolsas, de salir del lugar del accidente, buscaron el equipo que Clyde halla perdido. No encontraron
nada, así que planificaron comprar una nueva sierra de cadena para su dueño y una Magnum 357 para el hombre
que se la prestó.

El helicóptero los trasladó de regreso a Puerto Inca. Peters colocó los restos de Nathan Lyons en el avión de la
misión y luego se dirigió a la base aérea. Se sentía muy mal de entregar los restos de su hijo a su padre y madre.
"Lamento mucho que sea de esta manera", les dijo. Los padres descorazonados agradecieron a Clyde. "Estamos
agradecidos por toda la ayuda brindada por la Misión Adventista del septimo Día en estos momentos difíciles. Es un
gran alivio saber que pudieron encontrar a nuestro hijo. Por lo menos ahora podremos realizar su funeral".

"He orado por encontrar a más sobrevivientes", dijo Clyde, "pero se ha podido. Me duele el corazón por todos
aquellos niños que rieron en este trágico accidente". Sin embargo, encontró las fuerzas al saber que pronto llegaría
el día en que Jesús "Enviará sus ángeles, con gran voz de trompeta, y juntará a sus escogidos,... .desde un extremo 1
cielo hasta el otro". (Mateo 24:31).

En su siguiente vuelo a Puerto Inca, recogió a dos inspectores de Agencia Federal de Aviación. Los hombres habían
encontrado la caja negra, un registro de voz ubicado en la ala vertical de la cola del avion conectado a un micrófono
en la cabina del piloto. Desde el momento en que el piloto enciende el avión se graba todo.

El registro de la caja negra detallaba los momentos finales del vidente en la Víspera de Navidad del vuelo LANSA
508. El avión mía suficiente combustible para volar a Iquitos o simplemente esquivar tormenta hasta que pasara.

En siguientes oportunidades, Clyde compartió su experiencia tanto n colegios como en Iglesias. "Cuando pienso en
toda la gente que urió, entiendo por qué Jesús dice "Estén listos" y no "Vayan listándose"."

"Mi salto en paracaídas para poder hallar más sobrevivientes fracasó. Perdí mi sierra de cadena, el machete y el
resto del equipo.

Caminaba en círculos sin encontrar ningún sobreviviente. A pesar de todos esos problemas, renové mi fe
obligándome a ver mi condición espiritual. Necesito estar en constante comunión con mi Salvador. He tomado
muchas decisiones y oro a Jesús para que me ayude a cumplirlas".

"Oro para que Jesús siempre sea el piloto de mi vida y me ayude a cumplir con su voluntad. Así sea volando este
avión, escribiendo una carta, haciendo contactos misioneros, estudiando la Biblia, trabajando como granjero o
simplemente viviendo una vida cristiana, quiero hacer mi mayor esfuerzo, con la ayuda de Dios" .
"Cuando me encontraba allí, recogiendo huesos y cráneos rotos, me di cuenta de lo frágil que es la vida. Podría
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haber muerto cuando salté en la selva. Pero Jesús me dio la oportunidad de contribuir a apresurar su venida".
Capitulo 14 75
EL PEQUEÑO VAGON ROJO

Hoy es un día triste para nosotros", le dijo Clyde a Bob el día que regresaban a los Estados Unidos. "Te voy a
extrañar a ti y a Ellen". Diferencia de edad entre ambos era como la de un padre hacia un hijo, con la diferencia de
que habían trabajado juntos como hermanos.

De regreso en los Estados Unidos, Bob Seamount contó cómo Dios había llegado a la gente de la selva peruana
gracias a los aviones de la misión. En corto plazo, la Conferencia General comenzó a autorizar el uso de aviones en
otras partes del mundo.

Un día, le preguntaron a Bob: "¿Cuál es la forma más económica de llevar dos aviones a las misiones en África?
Bob comenzó a calcular. "Yo puedo volar el avión hacia África por menos de lo que costaría construir una caja para
embarcarlo, sin contar con otros gastos que incluirían desarmarlo, el flete en el puerto, flete marítimo y su
ensamblaje una vez que llegue a su destino".

Las propuestas de las compañías comerciales por transportar cada avión ascendían a 10,000 dólares americanos
cada uno, y el proceso tomaría varios meses. Bob aseguraba a los ejecutivos de la Conferencia General que él podría
transportar cada avión al África por 2,500 dólares cada uno. A los jefes de la iglesia les gustó la idea y le pidieron
que encontrara otro piloto experimentado para que le ayudara a cruzar los aviones por el océano Atlántico.

Con la ayuda de su radio en una sofocante tarde en la base aérea de Yarinacocha, Clyde Peters se comunicaba a
los Estados Unidos vía conferencia telefónica con Bob Seamount. Antes de salir del aire, Bob le dijo," a propósito
Clyde, ¿podrías ayudarme? Me han pedido que transporte dos aviones al África. ¿Te gustaría volar uno de ellos?".

"Eleanor, estás escuchando ¿Estarías de acuerdo en que realice este viaje?, le preguntó a su esposa.

Eleanor, con los ojos iluminados le dijo: "¿Volar sobre el Atlántico? Dudó en su respuesta. "Si quietes tomar el
riesgo, creo que está bien. Finalmente, lo harías en el nombre de Dios".

De regreso a la radio, Clyde dijo, "Eleanor acaba de darme luz verde. Es un trato, acepto con gusto volar uno de los
aviones para atravesar el Atlántico".

Los dos hombres terminaron de hacer sus planes, y los líderes de la iglesia en América del Sur aceptaron la
oportunidad de ayudar a las misiones en África y aprobaron el viaje de Clyde. Ya que no llevaba mucho equipaje, le
dijo a sus hijos: "Es la oportunidad perfecta para llevar algunos animales de la selva a los Estados Unidos".

Voló hacia Lima con dos monos, un ocelote y una caja de cartón con 10 serpientes bebés. Luego de registrarse en
el hotel, dio de comer a los animales y se acostó. Alrededor de la una de la mañana su teléfono sonaba
insistentemente. Finalmente se levantó y contestó "¡Señor Peters, sus serpientes se están escapando!", le dijo una
voz desesperada.

Clyde se tropezó al tratar de encontrar el interruptor de la luz. Miró la caja de cartón. ¡No quedaba ninguna
serpiente!. Al abrir la puerta, vio tres forasteros horrorizados que sostenían una escoba y un recogedor de basura
que estaban a su vez atados a dos largos asideros. Auna distancia de cinco metros, trataban de barrer las serpientes
y colocarlas en el recogedor.
Los huéspedes se alborotaron cuando las pequeñas serpientes comenzaron a arrastrarse hacia una de las
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habitaciones.

Se estremecieron cuando Clyde se agachó y recogió a las pequeñas e inofensivas serpientes. Luego de juntar las
10 serpientes y colocarlas en la caja, la tapó e hizo dos orificios pequeños para que pudieran respirar sin volver a
escapar. Temprano por la mañana, Clyde y sus pertenencias abordaron el vuelo a San Antonio, Texas.

Sintiendo que se quemaba por dentro, trató de disimular su ira cuando los agentes de aduanas de los Estados
Unidos le confiscaron el ocelote "Timmy", su mascota familiar durante mucho tiempo. Afortunadamente, no le
quitaron los monos ni las serpientes. Bob se encontró con Clyde e inmediatamente se fueron a preparar su vuelo
hacia África.

Temprano en la mañana del viernes, los dos nuevos aviones de la misión despegaron suavemente de un
aeropuerto en Florida y se dirigieron hacia el Caribe. Bob volaba el Cessna 185 y Clyde el Cessna 182. Cada uno
llevaba 200 galones de combustible y alrededor de 230 kilos de equipo que incluían dos balsas inflables para dos
personas

Clyde observaba las nubes de algodón flotar sobre el cielo azul del e. "Es un día hermoso", le comentó a Bob por la
radio. "El aire está muy suave". Al mirar hacia abajo, añadió, "Hay mucha agua allá abajo pero se pueden ver
algunas islas. ¿Qué sensación provocará volar sobre Atlántico sin poder ver ni una sola isla?".

Los pilotos revisaban sus sistemas de combustible con una bomba manual para mantener el tanque lleno. El
viernes por la tarde, aterrizaron en el Puerto España, en Trinidad, y se alojaron en la casa del pastor de la
Adventista. A la mañana siguiente, se dirigieron a la iglesia a ir culto a Dios, donde los 800 miembros estrecharon
sus manos cuando llegaron a la escuela sabática y luego otras 800 veces cuando finalizó la ceremonia. Con 1600
apretones de manos no pudieron sentirse más bienvenidos.

Cuando los miembros de la misión descubrieron que los dos hombres cruzarían el océano Atlántico para dejar los
aviones de la misión en África, un hombre se levantó y dijo, "Creo que deberíamos declarar este I como día de
ayuno y orar por nuestros hermanos que van a cruzar el ano, ¿Cuántos están a favor?".

Ochocientas manos se levantaron. Realmente fueron 802 porque Clyde y Bob también las levantaron. Clyde le dio
un codazo ligero al viejo piloto. "Somos bendecidos al saber que 800 hermanos y hermanas rán orando por
nosotros cuando crucemos el Atlántico". Se sintió agradecido por todo el apoyo y calidez pero en su interior sentía
un escaño, emoción similar a la que tuvo en su primer vuelo o en su primer salto en paracaídas.

El domingo volaron hacia Guyana, Suriname y a la Guyana Fran-, luego se dirigieron hacia la costa de Brasil y
aterrizaron en Belém, rea de la boca del Amazonas. A pesar del mal tiempo y un aterrizaje forzoso en Fortaleza,
llegaron a Arrecife, Brasil, a las 10 de la mañana el día martes.

De inmediato, revisaron sus motores para asegurarse de que todo estuviera bien para cruzar el océano. Clyde se
comunicó por radio con ¡Eleanor quien estaba en la base en Perú. 'Todo está bien. Estamos te-niendo un gran viaje
y los aviones se están portando muy bien". Pero la verdad era que no se sentía bien. El desconocimiento de un viaje
que significaba atravesar el Atlántico llenó su mente de preocupación.

A media tarde, terminaron de revisar los motores y de llenar de combustible los tanques hasta su máxima
capacidad. Clyde miró los aviones y movió su cabeza. Con todo el peso, el tren de aterrizaje estaba extendido y las
llantas parecían estar medio desinfladas. Ambos Cessnas I reposaban sobre la cola y la rueda delantera ni siquiera
llegaba al suelo.
Con la idea de salir con la puesta del sol, se apresuraron hacia la oficina del aeropuerto para registrar su plan de
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vuelo. El oficial miró los documentos. "¿África? ¡Los aviones con un solo motor no están permitidos cruzar el
Atlántico desde Brasil!

"¿Quiere decir que no cruzaremos el Atlántico?", preguntó Clyde inclinándose hacia delante. "Señor, éstos son
aviones nuevos. Tenemos los últimos equipos de radio, incluyendo un VHF con todas las frecuencias de ruta.
Además, llevamos balsas salvavidas en caso de emergencia y tenemos suficiente cantidad de combustible".

El oficial llamó al comandante superior de la Fuerza Aérea Brasileña. "Aquí tengo a dos hombres con aviones de
un solo motor. Dicen que tienen que cruzar el océano Atlántico esta noche".

El oficial le explicó la situación. Luego de sostener una larga conversación, les dijo a Clyde y Bob: "Lo lamento. No
aceptamos que aviones de un solo motor crucen el Atlántico. No desde Brasil".

Clyde miró a Bob. "Ya estoy cansado de volar. Hemos pasado 12 horas atravesando el Caribe, luego 10 horas hacia
Belém y otras 10 horas hacia Recife. Le costará una fortuna a la misión en África si regresamos a los Estados Unidos
y volamos desde Greenland hacia España y desde allí a África. No tenemos dinero".

"Lo sé, Clyde, pero no tenemos otra alternativa".

El oficial cerró la puerta dejando afuera a los dos hombres. "Los veré mañana. Hoy no van a ir a ningún lado".

\Estamos contra la espada y la pared!, pensó Clyde.

Se reclinó contra un muro y comenzó a orar. "Dios, estos aviones son para tu trabajo en África. Sabes nuestras
preocupaciones con respecto a este viaje pero nos has traído tan lejos. Por favor, ayúdanos para poder realizar este
viaje".

En el interior de la oficina, el teléfono comenzó a sonar. El oficial de aviación estaba a más de 30 metros de
distancia. "Señor, su teléfono está sonando", le dijo Clyde persiguiéndole. "Me encargaré el día de mañana", le
respondió. "Podría ser algo importante".

El brasileño volteó y a regañadientes regresó a la oficina. El teléfono seguía sonando. A pesar de que probó con
varias llaves antes de abrir la puerta, el teléfono persistía. Lentamente se dirigió hacia su escritorio y tiró las llaves
encima. En lugar de tomar el teléfono, caminó alrededor del escritorio.

"¿Quién llamaría luego del horario de oficina y dejaría sonar por tanto tiempo el teléfono?", Clyde respondió a
Bob. "Mientras este tipo está dando vueltas, el teléfono va a dejar de sonar".

Finalmente, el oficial levantó el teléfono. "Sí, sí, ellos todavía están conmigo. ¿Quiere hablar con ellos?"

El hombre le entregó el teléfono a Peters. "Habla el comandante general de la Fuerza Aérea Brasileña. ¿Por qué
ustedes han volado hasta Brasil para atravesar el Atlántico?", preguntó.

"Necesitamos llevar dos aviones a nuestra misión en África. No teníamos idea que Brasil tenía restricciones para
cruzar el océano con aviones de un solo motor. Si lo hubiésemos sabido, lo hubiéramos hecho por la ruta de
Greenland en Norteamérica. "No sé por qué hago esto, pero voy a hacer una excepción con ustedes.

Ya que sus aviones están equipados con botes salvavidas, equipo de radio en VHF y frecuencia en ruta, voy a
autorizar su plan de vuelo". "Nunca más regresen con un avión de un solo motor, ni piensen que van a poder viajar
desde Brasil hacia África. ¡No lo permitiremos!. Ahora déjenme hablar con el oficial".
Clyde caminó hacia el rincón donde estaba orando Seamount, "Bob, el comandante pidió hablar con el oficial de
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vuelos".

Ambos escuchaban mientras el oficial decía, "Sí, sí, está bien, sí. Es un trato, listo" y cortó. El oficial selló y firmó el
plan de vuelo y les entregó copias. "Creo que no los veré el día de mañana. Que tengan buen viaje".

Los dos pilotos se dirigieron hacia sus aviones. Clyde le dio un golpecito a Bob. "Te vi orando. Yo también estuve
orando. Para ser sinceros, he estado muy preocupado por haber hecho este viaje".

"No eres el único", admitió Seamount. "Mi mente se llenó de visiones sobre lo que podría suceder en nuestra
travesía por el Atlántico".

"Lo que ha sucedido una vez más demuestra que Dios está con nosotros", replicó Clyde. Primero el comandante
de la Fuerza Aérea de Brasil nos dice que no podemos atravesar el Atlántico en un avión con un solo motor y luego
llama fuera del horario de oficina y deja sonar y sonar el teléfono".

"Realmente Dios es bueno", respondió Bob.

"Creo que ha sido un milagro. Nadie deja sonar el teléfono durante tanto tiempo. El Espíritu Santo tenía que
trabajar la mente del hombre para que suceda esto. Y el oficial local, no quería regresar a la oficina pero lo hizo".

Con la confianza renovada, los pilotos misioneros adventistas subieron a sus aviones respectivos, encendieron los
motores y marcharon sobre la pista. Con una carga pesada de gasolina, se demoraron 8 horas en alcanzar los 8000
pies de elevación.

"Estoy contento de que vueles conmigo", le dijo por radio Bob a Clyde.

Clyde tomó el radio y le respondió, "Estoy encantado de volar contigo Bob. ¿Cómo le va al Cessna 185?".

"Perfecto. El motor está bien. Parece que voy a estar ocupado utilizando la bomba de gasolina para transferir el
combustible al tanque del ala derecha".

"Sí', Clyde continuó. "La bomba me está obligando a hacer mucho ejercicio, pero este Cessna 182 está
funcionando muy bien. El suave aire de la noche es maravilloso".

Luego de seis horas de volar en cielo despejado, Bob y Clyde ingresaron a una zona nubosa y comenzaron a volar
con los instrumentos. Estaban volando lado a lado. Luego se separaron yendo Bob unas 15 millas por delante.
Ambos pilotos trataban de mantener el rumbo correcto.

Los ojos de Clyde estaban fijos en su brújula. "Estamos en el camino. Pensó sobre las palabras de David "Lámpara
es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino' (Salm 119:105). Vivir en el Señor es como volar. Tú conducirás tu
vida pero si en algún momento sales de tu camino, será mejor que dejes que Jesús te ayude a regresar".

Mantener el avión sobrevolando sobre nubes parecía ser fácil, pero luego de 12 horas de vuelo se enfrentaron a
tormentas que se prolongaron durante seis horas. Nunca antes había visto una tormenta como ésta, pensó Clyde.
La turbulencia es terrible.

La fuerte lluvia golpeaba ambos aviones. Se mantuvieron volando constantemente a los 8000 pies. Luego
comentes ascendentes y descendentes sacudían los aviones como si fueran hojas. Clyde miraba su altímetro con
escepticismo - ¿18000 pies? De repente, el motor comenzó a detenerse. El Cessna 182 tiene un carburador con un
filtro de papel. La fuerte lluvia lo había obstruido con agua. Clyde rápidamente calentó el carburador. Para su alivio,
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el motor volvió a funcionar. Diez minutos después su altímetro marcaba 4000 pies.

Otra corriente ascendente elevó el avión hasta los 14,000 pies. El motor se detuvo seis veces. Cada vez, la
adrenalina invadía todo su cuerpo. No me voy a preocupar, decidió Clyde. Cuando el comandante de la Fuerza
Aérea de Brasil llamó al aeropuerto de Recife y dejó sonar el teléfono durante tanto tiempo, no había duda que
Dios quería que realizáramos este viaje. "La vida tiene sus turbulencias, pero si nos aferramos a Jesús, él nos
ayudará".

El sistema de full inyección del Cessna 185 permitía que el aire saliera del interior del motor, lo cual evitaba
problemas de filtro. Esto salvó a Bob de sufrir tensiones emocionales cada ciertos minutos. Ambos pilotos
continuaban revisando sus brújulas, tratando de mantener un rumbo sostenido pero el aire pesado hacia que la
tarea fuera complicada. Los rayos producían interferencias en sus audífonos cada

¡ Intentaban comunicarse por radio.

Ya habían estado volando durante 18 horas, de las cuales seis estuvieron en medio de una tormenta tropical.
Cuando finalmente salieron en medio de una tormenta, pudieron ver el inmenso azul del océano Atlántico,
samount, 55 km. más adelante, podía ver la costa de África. Estaban 65 km. fuera de curso e hicieron las
correcciones necesarias.

Bob estaba aterrizando cuando Clyde lo llamó por la radio. "He arreglado con un operador de radio de onda corta
en Nueva York para que nos haga una conferencia con las oficinas de la Conferencia General

Bob acaba de aterrizar en África", le informó a los líderes de la "Estoy sobre el tramo final de 3 km. en Monrovia,
Liberta, Dios ha dirigido ambos aviones en forma segura a través del Atlántico.

Una vez en suelo africano, Clyde salió a rastras de su avión. Bob se sentó en su avión con la puerta abierta. "En
todos mis años de vuelo i había enfrentado una tormenta como ésta", dijo Seamount. Tomaron fotos de ambos
aviones para registrar las partes del avión en las QUE LA fuerte lluvia había eliminado la pintura, dejando al
descubierto fetal en el borde de las alas, cono de la hélice, puntal y en la capota delantera.

Los cansados hombres caminaron junto con sus maletas. A medio no del hotel, Clyde se acordó que habían dejado
el avión con las |as abiertas. Regresaron y cerraron las puertas. Clyde se echó sobre el asiento trasero del taxi.
"Sabes esa premisa Bob, no debemos temer nada sobre el futuro si recordamos lo que Dios ha hecho por nosotros
en el pasado. Dios nos cuidó el día de hoy. Podemos asegurar lio hará el día de mañana".

Se enteraron que un Jet Boeing 707 que salió de Brasil a casi la misma hora que ellos, había llegado dos horas
después a la ciudad de Dakar debido a la tormenta. "Realmente estoy agradecido", dijo Clyde, ' la fe de los
miembros de la iglesia de Trinidad, que pasaron todo f a de nuestro vuelo en ayunas y orando". "Sí, y mientras
estábamos enfrentando durante seis horas la terrible turbulencia, no dejaba de pensar sobre la ayuda providencial
de nuestro plan de vuelo en Recife".

África se extendía mientras volaban. Vieron la costa de Ivory, Nigeria, Angola y la niebla proveniente de las
cataratas Victoria. Antes

llegar a Salisbury (ahora Harare en Zimbawe),

Clyde y Bob vieron desde el cielo manadas de elefantes.


En la misión de Solusi, entregaron el Cessna 185, piloteado por Bob. Juntos en el 182, se dirigieron hacia la misión
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de Malamulo. A manera de dedicatoria del nuevo avión, invitaron a Bob para que dirigiera unas palabras.

"Para mí es realmente un sueño haber traído este avión hasta Malamulo", dijo Seamount. "Cuando era niño,
soñaba con tener, más que nada en el mundo, un pequeño vagón rojo. Mis padres eran pobres, así que trabajé y
ahorré para comprarme mi vagón. Cada vez que ganaba algo de dinero, daba mi diezmo y el resto Ip colocaba en
una caja pequeña para comprarme mi vagón rojo.

Cuando ya tenía el dinero para comprarme mi vagón, un misionero visitó mi iglesia. Nos contó cómo Dios había
bendecido el trabajo en el Hospital de leprosos en Malamulo y cómo la misión de Malamulo necesitaba dinero para
ampliar su trabajo. Luego de esa reunión, me dirigí a mi casa, abrí mi caja, y llevé todo el dinero que tenía a la
iglesia. Ya no me compré mi vagón rojo pues la misión de Malamulo y el trabajo de Dios eran más importantes.
Ahora que veo su misión, sé que fue una de mis mejores inversiones. Agradezco a Dios por el privilegio de unirme a
ustedes en dedicar este nuevo avión de la misión. Deseo que sea una herramienta útil para que puedan ayudar a
muchos hijos de Dios".

"Bob", dijo Clyde mientras se preparaban para salir, "me has ayudado a entender por qué dedicaste los mejores
años de tu vida a la misión en la selva amazónica del Perú. Desde que eras niño, siempre has pensado primero en
los demás".

El vuelo con Bob llevando los aviones a través del Atlántico hacia África, incrementó la fe de Clyde en Dios.
Cuando se pagaron todas las cuentas, incluyendo los pasajes aéreos de regreso a casa, se gastó en total US$2300
por avión. Cada misión ahorró más de $7500 y recibió sus aviones más pronto que si los hubieran enviado como
carga marítima.
Capitulo 15 81
FUEGO SALVAJE

De regreso con su familia en la base aérea en el Perú, Clyde se entero que un indígena Chayawita sufría de una
peligrosa fermedad de la piel. Cuando Juan y su esposa llegaron a Panán, familia Doñez les recibió en su casa. La
condición del hombre empeoraba progresivamente.

Clyde se reunió con Juan durante su siguiente viaje a la estación era de Panán. El hombre enfermo tenía todos los
síntomas del Fuego salvaje, una de las peores enfermedades de la selva amazónica,

pequeñas erupciones cubrían todo su cuerpo causándole picazón y .duras. El hombre se rascaba las 24 horas del
día, lo cual no le aliviaba su dolor. de regreso a la base, Clyde consultó con un doctor del hospital de Yarinacocha.
"Es una enfermedad difícil", dijo, "pero creo poderte ayudarle. Me gustaría intentarlo". inmediatamente después de
llegar a Pucallpa, los Peters le transportaron al hospital para que recibiera su tratamiento. Luego de tres meses, el
médico, complacido con el progreso del paciente, se comunicó con la base aérea. "Juan ya no necesita estar más
tiempo hospitalizado. ¿Podrían tenerle en la base y que venga cada día para que reciba su tratamiento?".

Eleanor ayudó a Clyde a preparar un lugar para que Juan se quedarahangar. Al ver su nuevo hogar, el paciente
mostró una gran sonrisa.

Su piel lucía limpia y suave y ya no se rascaba más, su cuerpo ya no se rascaba más. Como se sentía bien, asistía a
los servicios sabáticos todas la semanas en la iglesia de la base aérea. Cada día caminaba hacia el hospital para
recibir su tratamiento médico.

Luego de seis semanas, el doctor le dijo, "Juan, creo que ya estás bien. Dile a los pilotos de la misión que estás
recuperado y que estás listo para regresar a tu familia".

Al llegar a Panán, Clyde mostró el paciente a Augusto Doñez. "Mira, es un hombre nuevo". La esposa de Juan lloró
de dicha al ver la piel limpia de su esposo.

Durante el tratamiento de Juan, los miembros de la iglesia local habían construido una pequeña choza para su
familia. Contento de estar en casa nuevamente, ayudó a su familia a cultivar un jardín y juntos participaron en el
estudio de la Biblia. Luego de varios meses de estudiar la Biblia, Juan y su esposa fueron bautizados en el río
Paranapura.

Semanas después en una húmeda tarde, mientras Juan estaba sentado al frente de su choza, inconscientemente
comenzó a rascarse. Su esposa observó que habían reaparecido horribles erupciones en todo el cuerpo de su
esposo. Augusto envió a un indígena hacia Balsa Puerto con instrucciones para enviar un telegrama solicitando que
viniera el avión de la misión.

Clyde no pudo creer que este hombre estuviera enfermo cuando meses atrás estaba muy bien. Le ayudó a subir al
avión. "El fuego salvaje tiene que ser la peor enfermedad que haya visto", le dijo a Augusto. Llevó a Juan de regreso
al hospital y luego perdió todo contacto con él.

Una mañana Eleanor miró a su esposo. "¿Te sientes bien Clyde?", le preguntó.
"No. Me duele la cabeza y me siento caliente". Su esposa trajo un termómetro y encontró que su temperatura era
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de 40°C. Luego de permanecer varios días con fiebre, Eleanor lo llevó al hospital. Los doctores le hicieron varias
pruebas sin poder determinar el problema.

Juan, el indígena Chayawita, internado en el mismo hospital que Clyde, parecía estar mucho mejor. Pasó varias
horas en frente del cuarto de Clyde, haciéndole señales con la mano y sonriéndole. Finalmente los doctores
diagnosticaron que Clyde tenía una recaída de fiebre tifoidea. Luego de darle las medicinas apropiadas, Clyde se
recuperó y regresó a su casa.

Mientras tanto, Juan empeoró. La viejas erupciones aparecieron nuevamente y Juan se rascaba con ambas manos
todo el día, buscando un poco de alivio. El doctor pidió a la gente de la base que recogiera a Juan. "Hemos hecho
todo lo que hemos podido", dijo. "Las fuertes dosis de cortisona que le hemos aplicado ayudaron a controlar la
enfermedad, pero los efectos secundarios han deteriorado su cuerpo. Va a morir y no puede quedarse más tiempo
en el hospital".

El personal de la base reparó la pequeña cabaña cerca al hangar para que Juan pudiera quedarse. Eleanor le
llevaba tres veces al día comida

A pesar de su dolor, él nunca dejaba de agradecerle con palabras de aprecio su generosidad.

La ocupada agenda de Clyde dando servicios a las escuelas y misiones no le daba tiempo para ir a visitar al
indígena. Una noche, alrededor de las 10 de la noche, se escuchó que alguien tocaba a la puerta. "Juan necesita
verle. Quiere que por favor vaya ahora mismo", dijo elmensajero.

'¿Por qué ahora?", preguntó Clyde. "Tengo un vuelo programado mañana en la mañana y necesito descansar".
Luego se disculpó por lo dicho, tomó su linterna y se dirigió a la cabaña de Juan,

Juan habló con dificultad, "Hermano Clyde, necesito que me perdones por todos mis errores. He sido un fastidio
en la base. Agradezco; a Ud. y a su esposa por todo lo que han hecho por mí". Clyde sintió lágrimas en sus ojos.
"¿Perdonarte?, necesito pedirte ú me perdones". Peters estaba parado frente al humilde hombre tedio de la
oscuridad. "No haz hecho nada de lo que debas pedir perón. Desearía poder hacer algo que te haga sentir mejor.
Debería ir a visitarte".

Clyde oró con el Chayawita y luego se despidió de él. Dos días después, Juan murió. El padre de Peters, que se
encontraba en la base en aquellos días, ayudó a cavar su tumba. Clyde se enteró de la muerte

cuando regresó de uno de sus viajes de la misión. "Pensé que estaba muy ocupado para pasar más tiempo con
Juan. y sin su familia, sabía que iba a morir y por eso me llamó. Quería seguro de que todos sus pecados fueran
perdonados. En mi corazón mi mente, su presencia era una molestia. No quería que estuviera a base. Pero me
alegra que hayamos podido orar juntos antes de su jerte. Tal vez no conoció todas las doctrinas, pero conocía a
Jesús". Clyde programó un viaje para avisar a la esposa de Juan sobre la rte de su esposo. "Quiero que sepa que su
esposo es la clase de hombre con la que nuestra familia le hubiera gustado pasar toda una ¡eternidad".

Un día, Clyde y Eleanor se fueron a acostarse temprano pero Clyde podía dormir.

"Clyde, ¿Por qué no duermes?"

"No estoy preocupado por nada, Eleanor, pero debería haber ido dentista durante mi último viaje a Lima. Tengo
una muela picada y me duele".
"¿Quieres que te ayude?".
83
"No, gracias. Al menos no esta noche". Se quedó en silencio por un momento.'

"Eleanor, puedes creer que durante estos diez años en la selva he extraído más de 40000 dientes".

"Sé que has extraído muchas muelas".

"Un día, una mujer se me acercó con la cara hinchada. Me asusté cuando vi su boca. Luego de sacar nueve
dientes, me dieron náuseas al ver que salía pus de las zonas de donde había extraído los dientes".

"¿Su boca finalmente se curó?"

"Luego de varias semanas volé hacia su poblado. Ella estaba bien y me pidió que le sacara otras cinco muelas. Me
he dado cuenta que a la gente le gusta esta mujer. Ella vive cerca al río, donde el azúcar, la harina y los caramelos
son parte de su dieta. Tiene severos problemas dentales".

"¿Cómo es en las áreas remotas?"

"Los indígenas de las áreas primitivas tienen los dientes como perlas pues no consumen alimentos procesados.

En la mañana, el diente de Clyde seguía doliéndole. "Eleanor", le dijo, "tengo que hacer algo. Mi muela del juicio
me duele demasiado y voy a sacármela. Déjame enseñarte cómo poner la inyección y yo mismo me sacaré la
muela".

Las manos de Eleanor temblaban cuando sostuvo la aguja hipodérmica al frente de su nariz. "No puedo creerlo,
estás realmente asustada", le dijo Clyde casi riéndose. "No debería haberte pedido que hagas esto".

Sin dejar de temblar, Eleanor introdujo la aguja en el lugar que Clyde le indicó. Pronto esa parte quedó
adormecida. Clyde miró en un espejo para asegurarse de que tuviera los fórceps en la muela correcta. Luego le dio
una vuelta y jaló el diente. Cuando lo extrajo, sintió un alivio inmediato.

Eleanor no se sentía cómoda colocando inyecciones, pero le encantaba enseñar a sus hijos y ellos no podrían
haber tenido una mejor maestra que su propia madre. Ahora era tiempo de pensar en el colegio y la universidad.
"Dios, ayúdanos a tomar la decisión correcta respecto a nuestros hijos", oró la pareja.
Capitulo 16 84
PARACAIDISTAS DEL CIELO

T ras 10 años de servicio en la selva amazónica, los Peters regresaron a los Estados Unidos, donde sus hijos
terminarían su educación. Se establecieron cerca al Union College en Lincoln, Jebraska. Shelly y Linda estudiaron
enfermería y Alan dirigía el negocio de construcciones.

Los padres de Clyde envejecieron. A pesar de que él hubiera podido administrar la finca familiar, el corazón de
Clyde todavía tenía alas. Voló para un grupo médico y realizó viajes ocasionales para la Mid-America Union y el
Union College. Además de trabajar como consultor de aviación para la División Norteamericana de la Iglesia
Adventista, también realizó varios vuelos llevando Biblias a Rusia.

Cuando se descubrió que Melvin Peters tenía cáncer a la próstata, la familia vendió la finca y él y su esposa se
mudaron a un departamento que colindaba con el de Clyde. El cáncer se expandió hasta su vejiga. Ya había
avanzado demasiado como para realizarle una intervención quirúrgica. Melvin perdió mucha sangre y lo llevaron al
hospital, donde recibió varias transfusiones de sangre.

Una tarde, el Dr. Sorenson habló brevemente con Georgianna. "Hemos hecho todo lo que hemos podido por su
esposo. Va a morir. Ya que usted es enfermera, le recomiendo que lo lleve a su casa y lo mantenga lo más cómodo
posible. Le enviaremos enfermeras a su domicilio para que la ayuden a cuidarlo".

A Melvin le encantaba que su hija Joyce y su yerno fueran a visitarlo. Le gustaba estar con Clyde y su nuera
Eleanor, pero sobre todo prefería estar con su esposa Georgianna. El apreciaba la comida saludable que su esposa
le preparaba y parecía sentirse mucho mejor.

Un día, Melvin estaba sentado en su cama cuando Clyde llegó a su casa en el helicóptero. Cuando Clyde ofreció
llevar a Joyce en el helicóptero, Melvin dijo, "¡Yo también voy!"

¿Crees que deberíamos llevar a papá?", Clyde le preguntó a Joyce. "Claro, será bueno para él". Ambos hermanos
ayudaron a su padre a subir al helicóptero y le colocaron el cinturón de seguridad. Clyde encendió el motor, las
hélices comenzaron a girar y su padre sonrió.

"Hijo, eres el mejor piloto".

"Gracias papá "Mientras volaba, recordaba cómo su padre protestaba ante la idea de su adolescente hijo de
querer ser piloto. "La aviación es una pérdida de tiempo", le decía. "Quiero que administres la finca". Pero el
conflicto sobre sus deseos de volar terminó el día que Clyde aceptó el ofrecimiento de ser el primer piloto de
dedicación exclusiva de la misión, contratado por primera vez por la Conferencia General de los Adventistas del
Séptimo Día. Su padre y madre apoyaron los proyectos de la misión en la forma que podían. Daban donaciones y
también le visitaban en la base para ayudarle con trabajo tanto en la base aérea como fuera en las estaciones
misioneras. Y nunca se lamentaron cuando el Fernando Stahl se hundió en el río en Amaquiría.

Melvin Peters disfrutó cada momento en el helicóptero dando vueltas sobre Lincoln y sobre los campos de cultivo.
Cuando ya se sintió mejor, Joyce regresó a su casa. Melvin ya no recibía transfusiones de sangre y gracias a los
medicamentos ya no sentía dolor.

Una noche, Melvin y Georgianna luego de orar como siempre lo hacían cada mañana y cada noche, se fueron a
dormir.
Georgianna se despertó a las tres de la mañana y encontró a Melvin sentado en la cama. Colocó el estetoscopio
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sobre su pecho. Su corazón latía muy lento. Alas seis, Clyde llegó a su apartamento para revisar a su padre. "Papá
no parece bien", le dijo su madre.

Clyde colocó sus manos alrededor de su padre y lo levantó. "Tal vez papá tuvo un derrame". Melvin Peters se
recostó y dio un largo y profundo respiro, el último respiro.

El alguacil llegó para certificar la muerte. Luego llamó por teléfono a Georgianna. "Le has cuidado muy bien.
Estuvo mucho tiempo en su cama y no hay ninguna herida en su cuerpo". La funeraria local preparó el cuerpo para
transportarlo hacia el mortuorio en Kansas.

El héroe de Clyde , H.M.S. Richards, fundador de la Voz de la Profecía, murió el mismo día. Las lecciones que de
joven estudió con la Voz de la Profecía cambiaron completamente el rumbo de las vidas de la familia Peters. La
difusión del evangelio a todo el mundo se convirtió en su pasión y misión.

Mientras que Clyde se apuraba alistando su avión, Eleanor llevó a su sulgla al aeropuerto, donde la funeraria
esperaba con el cuerpo. Con B lyuda de su hijo Alan, Clyde colocó con mucho cuidado el cuerffc le su padre en el
avión. Las lágrimas bañaban su rostro mientras encedía el motor. Al acelerar por la pista, el avión despegó,
llevandolo de vuelta al hogar de su juventud. Clyde no dejaba de pensar, Esteno es el último vuelo de mi padre. El
ha estado esperando que Jesús vuelva. Debo tener fe en que volveré a ver a mi padre. Cristo vendrá con uno de sus
ángeles celestiales y llevará a papá de regreso al cielo al lado de Jesús.

luego de cuatro horas de la muerte de Melvin Peters, su hijo llevaba su cuerpo hacia el mortuorio de Goodland,
Kansas. Esa misma tardc, lucieron los preparativos necesarios para que el funeral se reali-zara al día siguiente. Casi
todo el pueblo asistió. Bob Nash cantó uno de 'Himnos favoritos de Melvin, "Cuan Grande Eres Tú".

Luego de varios días de la muerte de su padre, Clyde realizó un viaje en helicóptero a Ft. Collins, Colorado. De
regreso a casa, aterrizó en el cementerio, donde estaba enterrado su padre. Tibias lágrimas caían sobres sus mejillas
mientras oraba arrodillado al lado de la tumba de su padre

“Dios mío, perdóname por todas las veces que no traté a mi padre como él lo merecía. Perdóname por no
honrarte siempre. Haz de mí el hombre que quieres que sea. Ayúdame a ser un buen padre y un buen esposo. Y
ayúdame a compartir mi fe en ti. Bendice el trabajo que se realiza en tu nombre en la selva del Perú. Ayúdame a
mantenerme listo para tu venida, la resurrección, y el vuelo a través del espacio con Je-

Cuando los Peters dejaron la base aérea amazónica, otros pilotos continuaron viajando a las tribus; sin embargo,
el terrorismo en la zona incrementaba cada vez más. Veinticinco años después de que Clyde aterrizó por primera
vez en la base aérea en la selva, las autoridades gubernamentales sometieron la selva bajo la ley marcial. Los
ataques terroristas se incrementaron, y los viajes a lugares remotos se hacían pel|igrosos.

Este hecho entristeció a Clyde y Eleanor cuando se enteraron que el último piloto que quedaba se había ido y que
se habían vendido los aviones. Sin planes para el transporte de personal, muchas iglesias y escuelas se quedaron sin
profesores ni pastores. Los Peters iban para que los indígenas no perdieran la fe en Dios. Ellos estaban seguros de
que Dios no abandonaría a sus verdaderos seguidores.

Una carta escrita por el presidente de la misión, informó, "con excepción de los niños muy pequeños para recibir
el bautismo, el cien por ciento de los habitantes de Amaquiría han sido bautizados, ahora son miembros de la
Iglesia. Extrañan las visitas de los aviones de la misión pero la aldea ha mejorado".
Un día, la guerrilla de Sendero Luminoso se dirigió hacia Amaquiría y exigió a los habitantes a unirse a ellos en su
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lucha contra el gobierno peruano. "Sus mujeres y niños pueden trabajar en las chacras cultivando coca para la
producción de cocaína". El movimiento guerrillero se valía del tráfico de drogas para ayudarse a financiar su
revolución. "Los hombres deberán llevar armas y luchar con nosotros", continuaron diciendo.

Los indígenas shipibos se resistieron, argumentaron que ellos debían servir a Dios, "Nosotros amamos a Jesús. El
no quiere que nosotros seamos asesinos. Tampoco desea que quebrantemos la ley de nuestro país involucrándonos
en el tráfico de drogas. Nosotros no podemos unirnos a su causa porque adoramos a Dios y creemos en su día de
reposo".

Furiosos, los terroristas les exigieron, "Si no se unen a nuestra causa, los mataremos". Pero arriesgando sus vidas,
los humildes cristianos amazónicos permanecieron firmes en su decisión de permanecer con Jesús.

Una noche oscura sin la luz de luna, un grupo de terroristas caminó furtivamente a través de la selva con destino
hacia Amaquiría. Querían cumplir su amenaza de matarlos. Cuando estaban por ingresar a la aldea, el sonido de
motores de aviones los asustaron.

Ellos sabían que estaba prohibido que las aerolíneas comerciales vuelen por esa zona de la selva durante la noche.
"¡Es la Fuerza Aérea del Perú!", gritó su líder. "¡Están buscándonos!".

Al mirar al cielo, vieron un gran avión, completamente iluminado, y docenas de paracaidistas con linternas
saltando sobre la selva. Al ver que hombres caían del cielo con sus paracaídas, los guerrilleros se apresuraron de
regreso a la oscuridad de la selva.

Luego de algunas semanas de espera, los terroristas regresaron en su intento por eliminar a los Adventistas que se
negaron a cooperar con ellos. Al ingresar a la aldea, vieron que una luz provenía de la iglesia de techo de paja.
Soldados armados salían de la pequeña iglesia. "¿De dónde han venido estos soldados?", se preguntaron los
terroristas. Y temerosos por sus vidas, los guerrilleros retornaron a la selva.

Aún determinados a destruir a los Shipibos creyentes, regresaron durante el día. Todos los pobladores de
Amaquiría estaban fuera del pueblo trabajando en sus chacras. Al encontrar la aldea vacía, los guerrilleros
saquearon todas las casas, tomando todo lo que consideraban I valor. Tomaron otra ruta y se dirigieron hacia una
emboscada del ejército peruano. Sólo tres terroristas de los 40 sobrevivieron en la sangrienta batalla.

Los tres hombres que escaparon regresaron a Amaquiría. Les dijeron a los aldeanos que ya habían retornado de
sus venido dos veces durante la noche para matarlos a todos. Primero, apareció en el cielo un avión con
paracaidistas que caían sobre nosotros. En nuestro segundo intento, tuvimos que huir cuando vimos soldados que
venían por nosotros con una luz brillante. Cuando regresamos el día de hoy, la aldea estaba vacía. Hemos fallado
tres veces en nuestro plan de exterminarlos. ¿Cómo consiguieron que la fuerza aérea y el ejército los protegiera?
¿Por qué justo hoy abandonaron la aldea?".

Ningún aeroplano ha volado sobre nuestra aldea con paracaidistas en medio de la noche", le contestaron los
Shipibos serenamente.

“La luz brillante provenía de una vela, y nunca han habido soldados en nuestra iglesia".

"No les estamos contando un cuento", insistieron los guerrilleros, los vimos con nuestros propios ojos".

"Si ustedes vieron paracaidistas, fueron los paracaidistas del cielo que Dios envió. Y si habían soldados, es como en
los días de Elias, (cuando Dios envió ángeles para proteger a su gente".
Un guerrillero, impresionado con la protección de Dios a los cristianos de Amaquiría, se quedó con ellos y estudió
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la Biblia. Creía que los ángeles le habían rescatado de la emboscada en la que murieron 37 terroristas. Actualmente,
es un miembro bautizado de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

El actual gobierno del Perú levantó la ley marcial y ahora es seguro viajar a la selva. Peters, ansioso de llevar el
evangelio a todas las tribus de la selva amazónica, inició el PROYECTO PERÚ. Se unió con el grupo Maranatha y
Aviación Mundial Adventista para renovar la antigua base aérea. Pusieron un nuevo techo en el hangar, repararon
los hogares de los pilotos y otras decenas de mejoras. Con la ayuda de Quiet Hour y la Iglesia Piedmont Park,
consiguieron fondos y compraron un Cessna 182 usado. Gracias a la ayuda de otras personas, Clyde reparó el motor
y restauró el avión, dejándolo como nuevo. La Convención ASI, con su base en Alburquerque, Nuevo México, dedicó
este avión a la memoria de James J. Aitken, en agosto de 1997.

Más importante aún, Peters instruyó a Alberto Marín, que se convertiría en el primer piloto misionero peruano.
Clyde pasó 100 horas entrenando a Alberto para ser un buen piloto en la selva, cualidad básica para aterrizar y
despegar en pistas cortas bajo toda clase de condiciones. Ambos volaron el James J. Aitken hacia el Perú. El
programa de aviación en la amazonia peruana continúa y cada año Clyde lleva grupos de personas al Perú para
colaborar con los proyectos de la misión.