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SALMO 11

El salmo 11 es un salmo de David y viene de un período de gran peligro en su vida, que aparentemente se
relaciona con la época en que estuvo en la corte de Saúl, la cual es descrita en 1Sam.6:20-42

El tema es la confianza en Dios. Y Spurgeon le pone por título a este salmo: «Cántico del Amigo Firme y
Fiel» Porque ante el consejo de otros de que huyera a otro lugar y que permaneciera allí escondido durante
un tiempo hasta que las cosas se mostraran más favorable, David prefiere quedarse y confiar en Dios.

Aunque la situación era muy grave y el peligro era eminente, es muy posible que en ese momento, su huida
podía ser achacada a un incumplimiento de su deber respecto al rey o a una prueba de cobardía personal. Por
lo que antes de huir y herir su conciencia, David prefiere enfrentar la tentación, confiar en la omnisciencia y
la justicia de Dios, y quedarse. Por eso, Spurgeon le llama a este salmo «Cántico del Amigo Firme y Fiel»

El salmo puede ser dividido en dos partes:


Vs. 1-3 La tentación.
Vs. 4-7 la respuesta de fe.

I. LA TENTACIÓN
¿Cuál es la tentación aquí para David?
Rta: Que tome el camino de la conveniencia. El consejo de sus amigos, posiblemente bien intencionados, es
que tomara el camino de la conveniencia, que escapara al monte donde había abundancia de escondrijos. Por
eso David dice en el V1… ¿Cómo decís a mi alma que escape al monte cual ave?

El verbo “escapar” en hebreo, da la idea de un pájaro escapando a toda velocidad del nido, es una huida sin
destino pero rápida hacia el monte. Y el monte es el refugio o el asilo natural de las aves acosadas. Aunque
un pájaro puede hacer su nido en el templo como dice el Sal.84,4 el monte le ofrece espacio donde volar con
seguridad.

Y el consejo que le dan sus amigos es ese: “Piérdete rápidamente para el monte donde puedas encontrar un
buen refugio” y la razón está en el vs 2 “Porque he aquí, los malos tienden el arco, disponen sus saetas
sobre la cuerda, para asaetear en oculto a los rectos de corazón.”

Un grupo de hombres malos estaban preparados para acabar con la vida de David, por lo que el consejo de
sus amigos es: que huyera: “El arco es tensado, y la flecha es colocada en la cuerda, por tanto, huye, huye,
pájaro indefenso; tu seguridad está en la huida; huye, porque tus enemigos van a enviar sus dardos a tu
corazón; ¡apresúrate, porque pronto van a destruirte!”

Y David parece haber sentido la fuerza del consejo en su propia alma; pero, con todo, no quiere ceder, sino
que se atreve a resistir el peligro antes que herir su conciencia y exhibir desconfianza en el Señor su Dios.

Pero además de eso, estas personas le dan un segundo argumento a David. V3 “Si fueren destruidos los
fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?” En otras palabras: Si la violencia injusta sacude los cimientos
del orden social, si los fundamentos de la ley de Dios fueren trastornados o tirados hacia abajo por los
hombres malos, ¿Qué ha de hacer el justo? ¿Qué puedes hacer tú David que no sea huir ante una situación
como esta?

Y ante ese argumento, muy probablemente a David le temblaron sus piernas. Porque El «puede» del justo es
un «puede» limitado, confinado a la regla de la Palabra de Dios.

El justo no puede hacer muchas cosas, porque como dice 2ª Corintios 13:8 no podemos hacer nada contra la
verdad, sino para la verdad. Como dice un siervo del pasado: “El malvado puede hacerlo todo; su
conciencia es tan ancha que ni es conciencia, le permite hacerlo todo, por ilegitimo que sea: matar,
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envenenar, lo que sea, por todos los medios, en todo tiempo, en cualquier lugar, a todo aquel que se
interpone entre él y la consecución de sus deseos.”
Pero no pasa así con los justos; éstos tienen una regla por la cual han de obrar, que ni pueden, ni deben, ni
se atreven a quebrantar. Por tanto, si un justo tuviera la seguridad de que el quebrantar uno de los
mandamientos de Dios puede restaurar la religión decaída y volver las cosas a su estado previo; sus manos,
su cabeza y su corazón estarían maniatados; no puede hacer nada, porque caería sobre él la condenación
justa que dice: «Hagamos males para que vengan bienes» (Romanos 3:8); Thomas Fuller.

De manera que ante una situación así, de injusticia social y de peligro, ¿qué puede hacer el justo que no sea
huir?

Debemos decir que no hay ningún problema con huir ante una situación así. De hecho, para determinados
momentos, el evangelio recomienda la fuga (Mt 10,23) “Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la
otra.” De esa conducta nos da ejemplo en su vida Jesús, y la historia de la misma iglesia.

El problema con la huida está, cuando la misma implica desobedecer a Dios, deshonrar su nombre y herir
nuestras conciencias. Por eso es que David dice a partir del v4… y esto nos lleva al segundo punto:

II. LA RESPUESTA DE FE.


V4 “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; sus ojos ven, sus párpados
examinan a los hijos de los hombres.”

Algunos traducen en vez de párpados: pupilas. Aunque dice un siervo del pasado, que: “A Dios le bastan
los parpados para conocer los asuntos humanos” Sin embargo, dice Jer 32:19 que los ojos de Dios “están
abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y
según el fruto de sus obras.”

Los ojos de Dios están bien abiertos contemplando los pensamientos, las intenciones, las palabras y las
acciones de los hombres. Los malvados se esconden en la sombra, los ojos de Dios miran y ven. Y David
confía en eso. Confía en el gobierno soberano de Dios desde su trono, confía en la omnisciencia de Dios,
confía en su justicia, por eso dice en el v5 “Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la
violencia, su alma los aborrece.”

1. Dios prueba la sinceridad de nuestra fe, como fue el ejemplo de Abraham en Gén. 22:1–12 (Sacrificio de
Isaac).
2. Dios prueba nuestra fe para aumentarla, como fue el caso de Job 13:15
3. Dios prueba nuestra fe para afirmarla como dice 1 Ped. 1:7 “…para que sometida a prueba vuestra fe,
mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en
alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,”
4. Dios prueba nuestra fe para que produzca fruto como dice Juan 15:2.
5. Dios prueba nuestra fe para testificar a otros (2 Cor. 11:23–28; Fil. 1:12).

Sin embargo, al malo, al hombre violento, dice el salmo, que Dios lo aborrece. Y noten que ese
aborrecimiento tendrá consecuencias desastrosas sobre ellos. V6 “Sobre los malos hará llover
calamidades; fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.”

El cáliz o copa es una figura en las Escrituras de suerte o de destino y el fuego y el azufre es una figura de
pena conclusiva. No es como la vara que cuenta los golpes y respeta la vida. El fuego y el azufre son figuras
de castigo eterno. Una gota del infierno es terrible, pero ¿qué será una copa llena de tormento? Y ese es el
fin de los malos.

Pero David no solamente confía en el gobierno soberano de Dios desde su trono, en su omnisciencia, en su
justicia, sino también, en su recompensa. V7 “Porque Jehová es justo, y ama la justicia; el hombre recto
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mirará su rostro.” Es decir, será aceptado favorablemente delante de su presencia y contemplará todas sus
perfecciones.

CONCLUSIÓN.
1. Cristo es la roca, el refugio y el cimiento del cristiano. En ningún otro lugar del mundo nosotros podremos
encontrar un refugio como él. Por tanto, cuidémonos de no cambiar nuestra fe y esperanza en ese refugio
pensando que huyendo hacia otros montes encontraremos la seguridad y la tranquilidad que solo él puede
dar. Y eso es una de las cosas que afirma David en este Salmo: Mi tranquilidad y seguridad nunca estará en
la huida a otros montes, sino en mi Dios.

2. Ante situaciones calamitosas, de peligro y subsistencia, deberíamos huir a otro lugar siempre y cuando la
misma no implique desobedecer a Dios, deshonrar su nombre y herir nuestras conciencias.
Recordemos lo que Pablo nos advierte en 1Tim. 1:5-6; 18-19 Por algunos no procurar tener un corazón
limpio, una buena conciencia y una fe no fingida, naufragaron en sus vidas.

3. Ante una situación difícil de este tipo en la que Dios no nos da la posibilidad de escapar, deberíamos
ayunar, orar y confiar en el gobierno soberano de Dios, en su omnisciencia, en su justicia, y en su
recompensa.