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Después de un breve espacio en silencio que el juez aprovechó para deliberar, los

ánimos en la sala estaban tensos, avivados y expectantes. El futuro próximo y lejano de


un pequeño dependía de modo muy especial de que lo que suceda en esa sesión.

La madre del menor se frotaba las manos con nerviosismo, pues esperaba que la justicia
actúe a su favor, y a favor de su hijo, para que el hombre que decidió ignorar su
responsabilidad de manutención se viera obligado por la ley a cumplir con su deber.

Finalmente, todos estaban atentos a las palabras de quien presidía la audiencia. El fallo
fue emitido a favor del demandante, y el demandado debió hacerse cargo de los gastos
básicos del infante, incluyendo vestuario y educación. La ley defendió los derechos
fundamentales de un niño, y la mujer, agradecida, miró al cielo como bendiciendo ese
día, en el que la vida de su hijo empezó a ser un poco mejor. Y todo fue gracias a
Miguel.

No es para menos, él fue quien se colocó frente al caso desde el principio, hizo todos los
trámites necesarios, asesoró a la mujer para instaurar su demanda, y protegió hasta las
últimas instancias los intereses de su defendida.

Miguel es uno de los miles de abogados que egresan cada año de las universidades en
todo el país con el propósito de preservar la justicia y la igualdad. Y él empezó a hacerlo
en el consultorio jurídico de su alma máter, atendiendo personas que necesitaban
amparo de la ley en múltiples maneras.

- Mientras estuve en el consultorio –explica él –yo ejercí en tres líneas específicas del
derecho: el civil, el público y el laboral, y atendí, a lo largo de ese tiempo, quince o
dieciséis casos.

Uno de esos casos fue el de la inasistencia alimentaria. Es un proceso que Miguel


recuerda con cariño, pues la satisfacción que le generó lograr que las necesidades de ese
menor fueran garantizadas, y protegidas por la ley, superó con creces la fatiga generada
por los trámites, a veces tediosos, que conllevan los estatutos. Con todo, y muy a pesar
de lo gratificante que le resulta su labor, Miguel admite que muchas veces, el trabajo de
un abogado es una ruleta llena de complicaciones porque cada proceso, dependiendo de
la línea en que se trabaje, requiere un paso a paso único, con documentos particulares, y
ordenamientos especiales.
- Para el caso de la demanda por alimentos, por ejemplo, lo primero que hicimos tras
instaurar debidamente la demanda fue notificar a la parte demandada, y contar con su
asistencia. El demandado tuvo que recibir dos notificaciones, pues no se presentó a la
primera.

Miguel aclara que en caso de no presentarse nunca, la Policía debe intervenir, además
de usar el recurso del emplazamiento, es decir, publicar a través de los medios de
comunicación de todo tipo, sobre todo la prensa y la radio, que el juzgado necesita a esa
persona en particular.

- Cuando están reunidas las dos partes -continúa -un juez preside la conciliación, que
procura un acuerdo sin intervención del aparato judicial. Sin embargo, no logramos
dicho acuerdo. Así que tuvimos que proceder a la audiencia inicial.

Todo caso requiere un material probatorio, y el lugar ideal para mostrar dichas pruebas
es justamente la audiencia inicial. En ese espacio, la parte demandante explica no solo
cuánto tiempo ha estado el menor sin recibir alimentación apropiada, a través de
documentos, testimonios juramentados y evidencias gráficas como fotografías, sino que
el demandado no ha cumplido con su responsabilidad jurídica de proveer al menor de
los elementos que sus derechos fundamentales requieren.

-El juez determina si el demandado debe adeudar el monto que estableció el Instituto
Colombiano de Bienestar Familiar o el comisario de Familia al momento de la
separación de los padres -finaliza Miguel -si queda exento de dicha responsabilidad, o
si debe responder, aunque con un monto menor, y el veredicto de esa audiencia se emite
en una nueva audiencia, la de instrucción y juzgamiento.

Aunque no es legalmente titulado todavía, Miguel ya sabe cómo funciona el sistema


judicial; quizá no tanto como él mismo quisiera, pero lo suficiente. Eso se debió a que
tuvo la suerte de acompañar durante varios años a un abogado de renombre y
experiencia, lo que además le facilitó la entrada al campo laboral.

-La oferta de abogados es enorme –manifiesta con asombro –es muy difícil acceder a un
trabajo estable. Muchas veces se litiga de forma externa, es verdad, pero lo mejor es
encontrar un apoyo como el que tuve yo. Además, en estos casos –afirma con seguridad
–es donde hay que mostrar que uno es excelente.
Si un abogado ha logrado entrar al no tan amplio círculo de experiencia y, debe ser
confesado, contactos e influencias, el camino no se facilita ni un poco. Los
requerimientos son complejos, las ofertas económicas indebidas abundan por montón,
sobre todo aquellas que tratan de torcer la ley en beneficio propio, y los representados
no siempre son agradecidos.

- A mí nunca me han ofrecido, ni he ofrecido coimas o sobornos –aclara Miguel- pero


en los juzgados corren enormemente los rumores sobre abogados que reciben y ofrecen
dineros para hacer que los procesos fluyan más rápido, y para que los procesos fallen
aceleradamente. Es difícil no moverse a través de esos ambientes porque incluso los
representados desean cosas que la ley no estipula.

En una ocasión, Miguel representó a un hombre que deseaba demandar al Estado


colombiano por un perjuicio causado por la Fuerza Pública en su propiedad. El fallo
salió a su favor, y recibió una letra por ochocientos mil pesos. El abogado recuerda con
sorpresa que ante la sentencia, el cliente no solo no se alegró, sino que desmeritó las
acciones de su representante, y se quejó hasta el final con la poca cantidad que en su
opinión personal recibió.

-Esas son conductas que como abogado no puedo evitar –asevera Miguel – pero que
tampoco deben afectarme. Yo me acojo a lo que diga la ley, y a lo que estipule el
manual de ética profesional.

Actualmente, Miguel ejerce en la Electrificadora del Huila, en la que realizará el año


correspondiente a la judicatura exigida como requisito de grado, y muy pronto, espera
él, se graduará para dedicarse al sector del derecho público.

- Reconozco que trabajar con el Estado es muy pesado, pero me llama la atención –dice
–el sector público tiene muchísimas ramas, muy diversas, y se requiere conocerlas a
fondo para ejercer en ellas. Por ahora –afirma sonriendo –aprenderé de mi judicatura
para crecer como profesional.

En la empresa de energía, Miguel es el encargado de recuperar la cartera castigada de


energía. En términos más sencillos, reconoce cuáles son los puntos donde hay
extracción ilegal y desregulada de fluido eléctrico, y notifica a los usuarios
correspondientes acerca del desperfecto, acompañando siempre esa notificación de
procesos administrativos remitidos a inspecciones de policía.
- Primero se inicia con una querella ante la Policía Nacional -revela Miguel. Y si el
usuario no coopera, se instaura un proceso en la Fiscalía para recuperar el fluido que fue
desviado, y se generan consecuencias de tipo económico, multas de acuerdo a la energía
que fue extraída de modo ilegal.

Miguel no solo está encargado de ayudar a la compañía a poner orden en la energía que
consumen los usuarios. También acopia y tramita los reclamos de personas que por
causa de variaciones de voltaje y fallos en las redes tuvieron accidentes o daños en sus
electrodomésticos, para que la electrificadora responda efectivamente ante estos
percances.

Y a pesar de que no se encarga de los grandes procesos jurídicos que una organización
tan grande encara, pues abogados externos de altísima experiencia se responsabilizan de
ellos, Miguel siente que está aportando al cometido del sistema jurídico, crear una
Colombia más justa.

Él no se desentiende de la importancia de la rectitud en su profesión, tiene claro que el


derecho es una profesión que defiende la justicia, y que en un mundo de desigualdad, es
necesario un sistema que proteja los intereses de la comunidad, y vele por sus
necesidades.

- Eso es lo que me gusta de mi profesión –concluye Miguel –lo más satisfactorio es que
día a día ayudo a la comunidad. Ejercer esta bonita profesión me ayuda no solo a crecer
como persona, sino a comprender las necesidades de la gente, y eso es algo que me
motiva completamente.

Otra cosa que lo motiva es poder representar algo más que a un individuo, o una
compañía. Miguel ve en el derecho la oportunidad de poder pensar en nombre del
pueblo, en aquellas cosas que aquejan seriamente a los más necesitados, de poder, un
paso y un caso a la vez, hablar en nombre de la ley.