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Lourdes Martinez Historia del Arte

PARCIAL SOBRE EL NEOBARROCO Y EL ARTE INTERMEDIAL

En muchos de los estudios que existen sobre la historia, se suele denominar


a ciertos momentos como épocas y se las clasifica por un solo término
predominante, simplificando el problema que presentan estos momentos.
Omar Calabrese, en cambio, trata nuestra época actual clarificando desde el
comienzo que que la analizará desde un punto de vista particular sobre los
fenómenos a estudiar, es decir, que ve a los objetos culturales distintos entre
si como objetos de comunicación, con figuras y formas subyacentes.
Es desde este punto de vista, que Calabrese elige el término “neobarroco”
para definir nuestra contemporaneidad cultural, en vez de, el ya usado por un
largo tiempo, “postmodernidad”. Esta ultima palabra ha sido utilizada sobre
todo en el ámbito de las artes, pero en cada una de estas ramas como la
arquitectura, literatura, pintura, etc. tiene distintas definiciones, ya que con el
paso del tiempo “postmoderno” ha perdido su significado originario y se ha
convertido en el lema de actividades creativas y productivas que son muy
distintas entre si. Por lo que “neobarroco” surge como una posible etiqueta
para algunos objetos culturales de nuestro tiempo.
Cuando hablamos de barroco, en el caso de este nuevo término, nos
referimos a una actitud, cualidad general y formal del espíritu que se opone a
lo clásico (entendido como orden y formas puras) y que caracteriza a las
acciones o ideas que provocan de manera sensible el orden del sistema y lo
desestabilizan en alguna de sus partes, sometiéndolo a turbulencias. Este
disturbio del que hablamos se produce a través de “principios” o dispositivos
específicos dentro de nuestra cultura.
Uno de los primeros principios o estéticas que forma parte de esta etiqueta
“neobarroco” es la de repetición. Muchos pueden encontrar esto como una
contradicción, porque se nos suele enseñar que lo que se repite carece de
creatividad; sin embargo esta estética de repetición se basa en tres
elementos que lo convierten en “bello”: la variación organizada, el
policentrismo y la irregularidad regularizada, y el ritmo rápido. Estos tres
elementos surgen de la necesidad de no saturar al publico debido a la gran
competencia que hay en los medios, por lo que se ve en la obligación de
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cambiar las reglas de producción y de gusto para que el placer se produzca


por estas variaciones mínimas, el ritmo o el cambio de organización.
Ahora, si consideramos a la cultura como una organización espacial debemos
considerar que tienen limites y que, como consecuencia, podemos analizar
los objetos culturales a partir de su centro (sistema culturales centrados, se
basan en orden y control) o de su periferia (sistemas acentrados que se
mantienen junto a los limites), lo que resulta en otro principio del neobarroco.
Nuestra época actual es un periodo en el que prevalece el gusto por ensayar
y romper las reglas, por lo que nuestra cultura mantiene tensión con los
limites del sistema poniendo a prueba un todo a partir de las consecuencias;
o desborda estos limites, los excede en todos los niveles: como el exceso
representado en los textos, el exceso como representación, y el exceso como
fruición de una representación.
Otra de las estéticas es la del detalle y la del fragmento. En la ciencia estas
son consideradas dos formas de análisis de un objeto de conocimiento: la
primera presupone un sujeto que siguiendo un plan de acción corta una parte
del todo resaltándola, la segunda implica un hallazgo casual, sin intervención
de un sujeto y de forma inacabada. La estética del detalle es más vista en el
cine, la televisión, y videoclips pues parece casi un desafío en mostrar la
capacidad de mostrar detalles; por otro lado, la estética del fragmento ha sido
más adquirida por la poética.
Asimismo, existe un gusto por la estética que se basa en la transformación,
como lo son la de inestabilidad que vemos sobre todo en fenómenos
representados con aspectos mudable y misteriosos como las figuras de
monstruos en el cine, o la estética de metamorfosis que habla de una
transformación de aspecto, ya sea físico o mental. También podemos
encontrar placer en el desorden y el caos, el ultimo entendido desde el
campo de la física como fenómenos naturalmente muy complejos pero que
pueden llegar a describirse; sin embargo estamos en un desorden nuevo que
esta compuesto por arte que se construyen con fragmentos de cultura que
proceden de distintos pasados.
El nodo y el laberinto son otras dos figuras de la estética neobarroca que hoy
aparecen con frecuencia en modo de estructuras o figuras. Solemos
reconocer más las figuras en el arte visual, pero también funcionan como dos
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estructuras de pensamiento que pueden constituir principios matemáticos o


patrones en los campos de filosofía. Al mismo tiempo, en la actualidad el
consumo de comunicaciones de masas no solo pueden provocar un
comportamiento banal, sino también comportamientos estéticos o “consumo
productivo”, a esto es a lo que llamamos estructuras disipadoras
(denominación proveniente de la física) que se encuentran dentro de la
etiqueta “neobarroco”. Paralelamente, esta mass-media persigue el efecto de
la vaguedad, de imprecisión y de indefinición que generan una sensación de
“poco más o menos y no sé que”, que también funciona como un principio.
Todos estos mecanismos pueden aplicarse a las artes y las ciencias a través
del gusto general por la distorsión y la perversión de los sistemas de orden
vigentes. El éxito de la distorsión es debido a que la cultura actual parece
estar sometida a fuerzas que ponen en peligro los sistemas existentes; y el
de la perversión se debe a que el orden de las cosas y el discurso se han
transformado de manera que las lógicas precedentes no pueden ni siquiera
reconocer los nuevos fenómenos como propios.
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Las artes intermediales como la


poesía visual o la performance, que
originan un espacio intermedio de
encuentro en varios aspectos
(material, semiótico, cultural, etc.),
son una de las formas más clara del

barroquismo presente en nuestra cultura.


Esto se debe a que en la búsqueda o
creación de estos espacios de
encuentro, se rompen las cadenas del
orden del sistema vigente, generando el
sentimiento de “excitación” que se opone
a lo clásico, que en este caso esta representado por las ramas tradicionales
del arte consideradas “puras” como la pintura, la escultura, etc. Muchos de
los nuevos “géneros” del arte, toman uno o más de los principios de la cultura
neobarroca contemporánea que plantea Omar Calabrese: por ejemplo
“Infinity mirror room fireflies on water” (2002) Yayoi Kusama utiliza espejos,
luces led y agua en repetición y con cierto ritmo para presentar un espacio
que da la sensación de infinito, al mismo tiempo al ser una instalación, esta
obra distorsiona, es decir, presiona y pone en peligro las normas
tradicionales del sistema que dictan lo que se considera “arte”; otro ejemplo
es el de “TV Garden” (2000) de Nam June Paik que utiliza televisores que
transmiten imágenes a color colocados entre plantas de plástico de tal
manera que parecen florecer en un jardín, en esta instalación podemos decir
que se presenta una estructura disipadora, pues en lugar de interpretar los
medios televisivos como dictan las “instrucciones” el artista adquiere una
actitud diferente y convierte su consumo en uno “productivo” que le permite
presentar sus ideas sobre este tipo de medio, ya sean a favor o en contra.
Un ejemplo más especifico, y que se acerca más a la rama de la literatura, es
el de la poesía visual, en particular la de Antonio Edgardo Vigo. El proyecto
artístico de Vigo se basa en sus ideas que se oponen a las de “límite” y
“pureza” asociadas normalmente a la idea género.
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Con respecto a esto último, el artista platense no muestra interés por colocar
sus obras bajo una categoría o clasificación, ya que considera esto un modo
de “mermar” sus creaciones, es decir, quitar todas posibilidades que estas
pueden tener. Sin embargo, propone el término “COSA” como una manera de
denominar la indeterminación, que esta condicionada por los sentidos que
intervienen en la obra y al receptor de la misma. Esta palabra planteada por
el platense contiene la marca de experimentación poética que domina su
obra y, simultáneamente, se relaciona con el sujeto ya que uno de los
propósitos del término es precisamente descolocar al observador.
Entonces, este artista propone experimentos poéticos -poesía visual- que se
alejan de la linealidad de la metáfora o el ritmo formal de la estrofa que posee
al verso como unidad, ya que toman a la imagen como forma decisiva de la
poética convirtiendo a la poesía en COSA, donde el silencio y lo visual juegan
un gran papel.
Este tipo de poesía provoca al sistema vigente de literatura en el que domina
el tipo de poemas discursivos. Vigo plantea dos lineas de trabajo para esta
poesía “provocadora”: la parataxis matemática y las cosas tridimensionales.
La primera de estas lineas se caracteriza por reemplazar a la letra por el
número o bien fundirse compositivamente con ella, lo que exhibe al lenguaje
en su multiplicidad exponiendo lo poético como una combinatoria numérica
en una disposición aparentemente aleatoria de fórmulas matemáticas; en
muchas obras de este tipo, el artista suele combinar con figuras geométricas
de colores para jugar con el espacio y la falta de linealidad. La segunda linea
se trata de “cosas” que exploran el espacio, el vacío ante el cual dislocan al
espectador y lo obligan a entrar en contacto con estas obras generando una
especie de happening.
En conclusión, podemos decir que desde hace algunas décadas, nuestra
cultura se ha ido caracterizando como rompedora de esquemas naturalizados
en nuestro sistema social, y que este mismo espíritu rebelde ha dado como
resultado muchas de las practicas intermediales como lo es la poesía visual.