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Informe sobre la Resolución 52 / 2011, de 14 de enero,

del Directos Gerente del Servicio Navarro de Salud –


Osasunbidea.

Recientemente se ha comunicado por el C.O.F. de Navarra la


Resolución 52 / 2011, de 14 de enero, del Director Gerente del
Servicio Navarro de Salud por la que se establece la
improcedencia de financiación de recetas procedentes (sic) de
pacientes residentes en otra Comunidades Autónomas excepto en
supuestos de pacientes desplazados o transeúntes.
Y al hilo de ello se me pregunta mi opinión profesional (en
Derecho) al respecto.
Pues bien, leído su contenido y estudiada adecuadamente, he de
manifestar que la resolución me parece muy bien, siempre que con
ello no se quiera responsabilizar al farmacéutico de los efectos
de una dispensación a favor de quien no tenga la cualidad de
desplazado o transeúnte. Me explico:
Como es bien sabido, la Constitución garantiza el derecho a la
intimidad personal (art.18.1) a la par que reconoce el derecho
de los españoles a circular por el territorio nacional (art.19).

Partiendo de lo anterior y al hilo de ello, debe recordarse:


1º.- Que el domicilio de cualquier persona física tiene la
consideración de “dato de carácter personal” a lo efectos
previstos en la Ley de Protección de Datos (Ley Orgánica 15 /
1999, de 13 de diciembre) por lo que un ciudadano (el
farmacéutico lo es) no tiene derecho alguno de preguntar a otro
cual es su domicilio.
2º.- Por lo mismo: si un ciudadano pregunta a otro cual es su
domicilio, éste (el interpelado) no tiene obligación de
responder pues le asiste un derecho a “no” responder acerca de
ello y, es más: si se solicita el domicilio a un ciudadano hay
que interesar el consentimiento de éste apercibiéndole del
objeto de la pregunta, de las consecuencias que pueda tener
facilitar esa información, de los derechos de acceso,
rectificación, cancelación, etc.…. En fin, se refiere a ello la
Ley de Protección de Datos y creo que es suficientemente
conocido.
3º.- Derivado de lo anterior (inexistencia de deber alguno de
manifestar el domicilio en aras a la salvaguarda del derecho a
la intimidad) pero mas cercano al derecho a la libertad de
circulación por todo el territorio está el derecho de todo
ciudadano a no manifestar el porqué está en un determinado
sitio, en un determinado momento o, en lo que aquí nos ocupa, si
es desplazado, transeúnte o residente. “Estoy aquí porqué me da
la gana y porque tengo derecho de circular por todo el
territorio nacional… y no tengo que darle a Ud. (particular)
ninguna explicación…”.
Así mismo, el art. 43 de la Constitución reconoce el derecho de
protección a la salud. Y derivado de ello,
1º.- El art. 1.2 de la Ley General de Sanidad señala que son
titulares del derecho a la protección de la salud y a la
atención sanitaria todos los españoles… que tengan establecida
su residencia en el territorio nacional.
Y en desarrollo de ese derecho, el art. 10.14 de la Ley General
de Sanidad establece el derecho de todos a obtener los
medicamentos y productos sanitarios que se consideren necesarios
para promover, conservar o restablecer su salud, en los términos
que reglamentariamente se establezcan por la Administración del
Estado, sin olvidar que también les asiste un derecho a elegir
el médico y los demás sanitarios titulados (art. 10.13) y, entre
estos últimos, habríamos de incluir al farmacéutico.
Para la mejor atención de ese derecho, el art. 44 crea el
Sistema Nacional de Salud donde se integran todas las
estructuras y servicios públicos existentes en territorio
nacional al servicio de la salud. Es decir: el “sistema nacional
de salud” es una unidad que integra todos los recursos
sanitarios públicos en un dispositivo único (art. 36.c).
2º.- En aras a reforzar ese derecho constitucional (protección a
la salud), se aprueba y publica la Ley de Garantías y uso
racional de los medicamentos y productos sanitarios de 26 de
julio de 2006 que para garantizar un uso racional de los
medicamentos de uso humano, establece un documento cual es la
“receta médica” que asegure (se dice en el art. 77.1) la
instauración de un tratamiento por instrucción de un médico o un
odontólogo, que son los únicos profesionales con facultad para
ordenar la prescripción de medicamentos.
Con ello surge la obligación del farmacéutico de dispensar con
receta los medicamentos que lo requieran (art. 77.2) pero con
una particularidad: que la receta médica es válida en todo el
territorio nacional (art. 77.3).
3º.- Y directamente derivado de lo anterior, los farmacéuticos,
en las oficinas de farmacia, son responsables de la dispensación
de medicamentos a los ciudadanos (art. 84.1) por lo que “las
oficinas de farmacia vienen obligadas a dispensar los
medicamentos que se les demanden tanto por los particulares como
por el Sistema Nacional de Salud…” (art. 84.3).

Lógicamente, ello conlleva que la negativa a dispensar


medicamentos o productos sanitarios sin causa justificada, venga
tipificado como infracción grave en el art. 101.b)15ª de la Ley
de garantías y uso racional del medicamento. También lo recoge
nuestra Ley Foral de Atención Farmacéutica en el art. 47.4.l)
con otra particularidad de esta propia ley: su art. 10 establece
que “los ciudadanos tendrán derecho… a) A la libre elección de
oficina de farmacia…”.

Y esta Ley Foral si bien regula la atención farmacéutica en el


ámbito territorial de la Comunidad Foral, lo que de ningún modo
puede afectar es a los derechos de quien merece la condición de
ciudadano, por lo que no se refiere al “ciudadano navarro”
(propiamente), sino a todo ciudadano (habitante como sujeto de
derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el
gobierno del país).

La lectura que la Resolución 52 / 2011, de 14 de enero, hace del


art. 4 de la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de
Salud está tergiversada, pues el derecho de los ciudadanos a
recibir asistencia sanitaria no está reconocido específicamente
en la citada norma pues, como se señala expresamente en la
propia Exposición de Motivos, ese derecho esta recogido en el
art. 43 de la Constitución, por lo que la Ley de Cohesión y
Calidad lo que hace es establecer, ante las diversas
competencias que en la materia tienen las comunidades autónomas,
unas acciones de coordinación y cooperación inter-administrativa
como medio para asegurar el derecho a la salud. Lo dice también
de forma expresa la exposición de motivos.

Y dentro de ese ámbito normativo (no dirigido al ciudadano sino


a las administraciones), el art. 4 dice lo siguiente:
“En los términos de esta Ley, los ciudadanos tendrán los
siguientes derechos en el conjunto del Sistema Nacional de
Salud:
A) A disponer de una segunda opinión facultativa sobre su
proceso, en los términos previstos en el artículo 28.1 .
b) A recibir asistencia sanitaria en su Comunidad Autónoma de
residencia en un tiempo máximo, en los términos del artículo 25.
c) A recibir, por parte del servicio de salud de la Comunidad
Autónoma en la que se encuentre desplazado, la asistencia
sanitaria del catálogo de prestaciones del Sistema Nacional de
Salud que pudiera requerir, en las mismas condiciones e
idénticas garantías que los ciudadanos residentes en esa
Comunidad Autónoma.
Y el art. 25, abundando en lo anterior, dice lo siguiente:
Artículo 25. Garantías de tiempo
1. En el seno del Consejo Interterritorial se acordarán los
criterios marco para garantizar un tiempo máximo de acceso a las
prestaciones del Sistema Nacional de Salud, que se aprobarán
mediante Real Decreto. Las Comunidades Autónomas definirán los
tiempos máximos de acceso a su cartera de servicios dentro de
dicho marco.
2. Quedan excluidas de la garantía a la que se refiere el
apartado anterior las intervenciones quirúrgicas de trasplantes
de órganos y tejidos, cuya realización dependerá de la
disponibilidad de órganos, así como la atención sanitaria ante
situaciones de catástrofe.

Es más: con independencia de mi conocida opinión de que el


“Acuerdo Marco de condiciones de concertación de las oficinas de
farmacia” suscrito en su día en Navarra se encuentra extinguido
(pura y simplemente, tanto la normativa europea, como la
estatal, como la foral, en materia de contratos con la
administración o contratos públicos, prohíben que un “acuerdo-
marco” como forma de contratación tenga una duración superior a
cuatro años), lo cierto es que hacer pechar las consecuencia de
una dispensación a favor de un “no transeúnte” o “no desplazado”
(situaciones ambas que, además, carecen de definición legal
conocida) a los titulares de una oficina de farmacia supondría
un fragante incumplimiento de dicho Acuerdo que, obviamente, ni
traspasa al farmacéutico obligaciones de “identificación de
situaciones” (por denominarlas de algún modo) que en todo caso
quedan fuera de las posibilidad de “investigación” de dicho
profesional, ni limita el derecho de los ciudadanos para acudir
a la oficina de farmacia que resulte de su conveniencia para
obtener del Sistema Nacional de Salud (¡no lo olvidemos!) la
prestación farmacéutica.

Soy consciente de que puede existir un problema al respecto de


cooperación y/o compensación inter-autonómica (de lo cual hay
muchos ejemplos, en muchas materias), pero ese mal entendimiento
y escasa cooperación existente dentro de nuestro “estado de las
autonomías” es un problema que rebasa a las posibilidades de los
ciudadanos (aquí estoy incluyendo al farmacéutico titular de
oficina de farmacia) y que deberá ser resuelta por los
responsables de las mismas.
Sin más que añadir y sin perjuicio de cualquier otra
opinión mejor fundada en derecho, recibid un cordial
saludo.