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David Luzuriaga, M.Div.

Sermon  •  Submitted 9 years ago


Luke 10:25–37
servicio
El buen samaritano
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Ve y haz tú lo mismo.

Pasaje:                 Lucas 10:25-37 (El Buen Samaritano)

Enseñanza:         Dios nos llama a involucrarnos en el trabajo de ÉL. No


debemos ser indiferentes ante la necesidad que el mundo tiene de Cristo y de
otras cosas. El llamado de hoy es a seguir haciendo lo que el Samaritano
inició.

Proposición:       Observaciones al mensaje de Cristo cuando nos animó a


“mostrar misericordia” para con el prójimo.

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v. 25.

Era de esperar que los rabies discutan asuntos teológicos en público, y la


pregunta que este escriba (Interprete de la Ley – Abogado) hizo, fue una de las
que regularmente debatían los Judíos.  Fue una buena pregunta, hecha con
una mala motivación, ya que el escriba esperaba tentar a nuestro Señor. De
todas maneras, Jesús sorprendió al escriba.

v. 26.

Nuestro Señor le colocó al escriba en medio de la ley, no porque la ley nos


salva (Gal. 2:16,21;  3:21), sino porque la ley nos muestra que necesitamos ser
salvos. No puede haber una conversión real sin convicción, y la ley es lo que
Dios usa, para dar convicción a los pecadores de su posición delante de Dios.
Romanos 3:20.

·         ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante
de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

v.27.

El escriba dio la respuesta correcta.

·         Pero él no la tomaba en serio en su vida práctica, y tampoco admitía su


propia falta de amor por Dios y por su prójimo.

·         Así qué, en lugar de ponerse por completo en las manos de Dios para
ser justificado, él trató de escurrirse y salir del paso, usando la vieja táctica de
“defina sus palabras”, ¿Qué quiere decir con “prójimo”?, ¿quién es mi prójimo?

Jesús no dijo que esta historia era una parábola, así que muy probablemente
fue un hecho real del cual muchos quizás ya habían comentado.
·         Para Jesús, decir una historia donde hacía ver a
los Judíos como malaspersonas y a los Samaritanos como buenos, podía
haber sido peligroso o contraproducente.

·         Quizás sus oidores puedan pensar: “Lo hizo de nuevo”.  “Todos
sabemos que nunca puede ocurrir algo así”.  Así que posiblemente algunos de
los que le estaban escuchando, incluido el escriba, sabían que cosa semejante
efectivamente había sucedido.  De todas maneras, la historia muy realista.

·         El camino desde Jerusalén a Jericó era peligroso.  Siendo que los
trabajadores del templo (comerciantes) lo usaban mucho, uno pensaría que los
Judíos o los Romanos, habrían tomado las medidas para que sea más seguro.

·         La mayoría de nosotros podría pensar unas cuantas excusas para el


sacerdote o el levita, ya que ignoraron a la víctima (quizás nosotros mismos las
usemos a diario). 

o   El sacerdote debió haber estado sirviendo a Dios en el templo toda la


semana y estaría ansioso por llegar a casa.

o   Quizás los bandidos aun estarían por ahí asechando y usando a la víctima
como carnada para atrapar a otro más.

o   Así que ¿para qué pasar riesgos innecesarios?   A demás, no era culpa del
sacerdote que a aquel hombre le hayan atacado.

o   Aquel camino era muy transitado, así que seguramente alguien más podía
compadecerse de aquella víctima.  Así el sacerdote le dejó el cachito al levita,
y luego el levita hizo lo que el sacerdote hizo, nada. 

o   Ese es el poder que nos deja el mal ejemplo de un hombre religioso.

Al usar a un samaritano como héroe, Jesús desarmó a los Judíos, Porque los
Judíos y Samaritanos eran enemigos (Juan 4:9;  8:48).
·         No fue un Judío ayudando a un Samaritano, sino un Samaritano
ayudando a un Judío,

·         Y quien fue ignorado por sus otros compañeros Judíos.

·         El Samaritano amó a aquellos que le odiaban,

o   puso en riesgo su propia vida,

o   gastó su propio dinero (dos días de salario para un trabajador),

o   nunca fue públicamente recompensado u honrado, hasta donde se sabe.

Lo que el Samaritano hizo nos ayuda a entender mejor lo que significa “usar
de misericordia” (10:37), y también ilustra el ministerio de Jesucristo.

·         El samaritano se identificó con las necesidades del extraño y tuvo


compasión de él.

·         No hubo una razón lógica por la que el samaritano cambió sus planes y
gastó su dinero, solo para ayudar a un “enemigo” en necesidad,

·         pero la misericordia no necesita razones.

·         Siendo un experto en la ley, el escriba seguramente sabía lo que Dios


requería de su gente para mostrar misericordia, aún a los extraños y a los
enemigos (Ex. 23:4-5; Lev. 19:33-34; Mic. 6:8).

o   Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a


llevárselo. 5Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le
dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.

o   Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de


ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

Vea como tan sabiamente Jesús “le dio vuelta la tortilla” al escriba.
·         Tratando de evadir responsabilidad, el hombre preguntó: ¿Quién es mi
prójimo?

·         Pero Jesús preguntó: “Cuál de estos tres te parece que fue prójimo
de la víctima?. (v.36).

·         La gran pregunta aquí es: ¿a quién le puedo ser prójimo?,

o   ¿qué me va a pasar a mí si le ayudo?

·         y esto no tiene nada que ver con geografía, ciudadanía o raza.

·         Cuando sea que alguien nos necesite, podemos ser su prójimo, y como
Jesucristo, mostrar misericordia.

El escriba quiso discutir sobre: “prójimo” en una forma general, pero Jesús le


forzó a considerar a un hombre específico en una necesidad específica.

·         Qué fácil es para nosotros hablar de un caso hipotético, y fallar en


ayudar a resolver problemas concretos.

·         Podemos discutir temas como “pobreza” y “oportunidades de trabajo”,


pero:

o   nunca haber alimentado a un hambriento personalmente,

o   ayudar a alguien a encontrar trabajo

o   simplemente haber hecho del día de alguien más, un hermoso día.

Por supuesto que el escriba, quiso hacer de aquel asunto algo complejo y
filosófico, pero Jesús lo hizo simple y práctico.

·         ÉL lo cambió de “deber” a “amor”

·         de “debatir” a “hacer”.


Para estar seguro, Jesús no estaba condenando las discusiones o los
debates; ÉL solo nos está advirtiendo que no usemos estas cosas como
excusas para no hacer nada. Los comités no son siempre cometidos. Vaya y
cumpla con su cometido.

En una ocasión, D.L. Moody asistió a una convención en Indianápolis.  Moody


pidió a uno de los cantantes que se reuniera con él en una esquina a cierta
hora.  Cuando se reunieron, Moody le pidió al cantante que se subiera en una
banca de aquella esquina y que comience a cantar. No tardó mucho tiempo en
reunirse un gran número de personas.  Moody habló brevemente a los
transeúntes y luego les invitó a que le siguieran a un auditorio cercano.  Luego
de unos minutos el auditorio estuvo lleno, y el evangelista empezó a predicar el
evangelio a aquella gente hambrienta espiritualmente.

Cuando los delegados de la convención empezaron a llegar al auditorio, Moody


paró de predicar y dijo: “ahora debemos terminar, que los hermanos están aquí
para un debate sobre – Cómo alcanzar a los perdidos”…

Podemos leer este pasaje y hacer hincapié en “el alto costo del cuidado”, pero
es más costoso no tener cuidado.

·         El sacerdote y el levita perdieron más por su negligencia, que el


samaritano con su preocupación.

·         Ellos perdieron la oportunidad de ser mejores hombres y buenos


mayordomos de lo que Dios les había dado.

·         Ellos pudieron haber sido una buena influencia en un mundo malo,


pero ellos eligieron ser de mala influencia.

·         El acto de misericordia del samaritano, ha inspirado a grandes


ministerios de cuidado, caridad y misericordia, en todo el mundo.

·         Nunca se diga que tal ministerio es una pérdida de tiempo.  Dios vela,
porque ningún acto de servicio amoroso en el nombre de Cristo, se pierda. 
CONCLUSION:

Todo depende desde el punto de vista con el que se mire:

·         Para los ladrones, el viajero judío fue una víctima de quien sacar
provecho, por eso lo atacaron.

·         Para el sacerdote y el levita, el viajero fue una molestia que evitar, por
eso lo ignoraron.

·         Pero para el samaritano, el viajero fue el prójimo a quien amar y a quien
ayudar, así que cuidó de él.

·          – ¿Qué fue lo que dijo Jesús al escriba, interprete de la ley?, y es lo


mismo que nos dice a nosotros hoy: “Anda y sigue haciendo de la misma
manera” (literal).

Gálatas 6:10:

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a


los de la familia de la fe

La historia del Buen Samaritano en Lucas 10 es tan representativa, que su


personaje principal se encuentra registrado en los diccionarios. Sin
embargo, en la parábola hay más de lo que nuestra interpretación común
sugiere. 

Debemos recordar que la historia en sí era una respuesta a la pregunta:


“¿Quién es mi prójimo?” Si bien la parábola tiene que ver con la ayuda a los
maltratados, los indefensos y los olvidados, Jesús quiso enseñarnos más:
cómo reconocer los múltiples rostros de nuestro “prójimo”. 
Él estaba ilustrando lo que era su amor, y diciendo que todos debían amar
de la misma forma a los demás —no solo a aquellos que amamos por
naturaleza, o que pensamos que merecen nuestra ayuda. He aquí algunos
ejemplos de quien puede ser su prójimo:

Alguien que no me respete o no me entienda. Ya se trate de una persona o


de un grupo al que podemos etiquetar como “enemigo”, la parábola de
Jesús enseña que usted está llamado a amar a quienes le aborrecen.
Los escritores de los Evangelios nos recuerdan constantemente que los
judíos odiaban a los samaritanos, a quienes veían como inferiores en
cuanto a origen racial, creencias religiosas, y política. 

Por otro lado, el resentimiento de los samaritanos contra los judíos era
profundo: se sentían completamente malinterpretados y perseguidos. Pero
el héroe de esta historia eligió el amor. Entre las personas a las que Dios
nos llama a extender la mano están las que nos han juzgado mal, y también
a las que nosotros pudimos haber juzgado antes. Nos guste o no, esas
personas son nuestros “prójimos”.

Alguien a quien no conozca, y de quien no sea responsable. En teoría, la


mayoría de los cristianos sabemos que Dios “amó de tal manera al
mundo” (Jn 3.16), y que no tiene ningún favoritismo (Ro 2.11), pero en la
práctica tenemos la opinión de que debemos ocuparnos solo de nosotros
mismos.

Es muy natural que enfoquemos nuestro amor en quienes nos


corresponden con el mismo sentimiento. Sin embargo, la parábola de Jesús
desafió la creencia judía, de que lo que había que hacer (como el pueblo
elegido de Dios) era poner primero a los de su propia clase.
El samaritano no tenía ninguna razón lógica para cuidar del hombre herido.
El judío era un extraño y un enemigo, y probablemente nunca habría
actuado de la misma manera con él. Pero es que el amor de Jesús siempre
está más allá de toda lógica.

Alguien a quien no resulte oportuno amar. De cierta manera la compasión


del samaritano arruinó sus planes personales. No solo se detuvo a ayudar,
sino que también dio lo que necesitaba, a alguien que probablemente no
sobreviviría. El viaje desde el camino de Jericó hasta la posada más
cercana era largo y agotador a pie, por no decir peligroso.

Luego, una vez en la posada, no echó sobre alguien más a la persona del
“problema” para volver a ocuparse de sus asuntos. En vez de eso, ayudó al
hombre herido, cuidando de él lo mejor que podía, corriendo con los gastos,
al punto de que se quedó sin dinero y tuvo que prometer al propietario de la
posada que después le pagaría todo lo demás.

¿Ayuda usted a los necesitados solamente cuando eso no le causa ninguna


molestia? ¿Tiene usted algunas condiciones en cuanto a quien ayudará o
no? Aunque es cierto lo que dice el refrán popular: “No se puede salvar a
todo el mundo”, nunca debemos permitir que eso enmudezca la voz del
Espíritu Santo. 

Si Él nos está diciendo que respondamos a una necesidad que pudiera no


ser oportuna, lo más sabio es seguir su dirección y dejarle las
consecuencias a Él. Es entonces cuando nos sentiremos facultados para
dar aunque no haya ninguna garantía de los resultados que nos gustaría
ver.

Alguien que no pueda darme las gracias ni pagarme. Es propio de la


naturaleza humana querer recibir crédito por el bien que hacemos, sobre
todo si hemos hecho algún tipo de sacrificio. Aun como creyentes, podemos
sentirnos tentados a afirmar que estamos “dando gloria a Dios”, cuando lo
que realmente queremos es la gratificación del reconocimiento por nuestros
esfuerzos. O bien, podemos sentir que nuestro resentimiento es justificado,
cuando la persona que ayudamos parece desagradecida o no responde
como nosotros creemos que es correcto.

El samaritano sabía que el hombre que estaba medio muerto no era capaz
de expresar agradecimiento ni de devolver la ayuda que había recibido.
Cuando llegara el momento de su recuperación, el desconocido que lo
ayudó se habría marchado hace tiempo. En Mateo 6.1-4, Jesús explica
cómo debemos tratar a los necesitados. Nos enseña que debemos dar a los
demás en secreto, intencionalmente, y sin pregonar lo que hemos hecho
para recibir elogios. Descubriremos que nos dará más alegría poder
demostrar amor, dando nuestro tiempo, energías y recursos, sin
condiciones.

Alguien por quien valga la pena arriesgarme, aunque tenga mis temores. En
el último discurso que pronunció Martin Luther King, relató su propia
experiencia por el antiguo camino de Jericó. Cuando vio el traicionero y
sinuoso camino, se dio cuenta de cuán preocupados debieron haber estado
el sacerdote y el levita de Lucas 10 en cuanto a su propia seguridad, al ver
al hombre moribundo. El Dr. King concluyó que, más allá de su temor de
volverse ceremonialmente impuros, ellos pueden muy bien haberse sentido
preocupados de que hubieran ladrones cerca, o de que el hombre lo
estuviera atrayendo a una trampa.

El Dr. King vio lo fácil que es hacernos la misma pregunta: Si me detengo a


ayudar, ¿qué me pasará a mí? “Pero luego”, dijo, “vino el Buen
Samaritano, y éste puso la pregunta al revés: ‘Si no me detengo a ayudar a
este hombre, ¿qué le pasará a él?’’’ En esencia, lo que Jesús quiere es que
invirtamos la pregunta, para que podamos poner a otros antes que a
nosotros mismos.

Alguien que es amado y valorado por Dios, a pesar de mis prejuicios. Los
líderes religiosos solo vieron a un hombre indigno, que podía trastocar sus
vidas o causarles daño. Mientras que el samaritano vio a otro ser humano
que merecía ser tratado con dignidad. Es evidente que el samaritano
reconoció al hombre como un individuo con un futuro, no simplemente
alguien definido por su situación presente.

Alguien a quien tengo los medios para demostrarle amor. No siempre es


fácil amar a alguien en la misma medida que nos amamos a nosotros
mismos. Por el contrario, eso exige la decisión de reconocer la verdad
acerca de cómo Dios ve a esa persona, y nuestra voluntad de actuar. Pero
la parábola de Jesús revela dos cosas maravillosas que brotan de esta
decisión a veces dolorosa.

En primer lugar, aunque usted tenga reservas, Él le ha preparado para que


sea sus manos y sus pies, y por tanto, le dará lo que quiere que usted dé.
En segundo lugar, la persona que Él ha puesto en su camino tiene algo que
darle a usted: la oportunidad de crecer espiritualmente. 

Si el Señor le dirige a alguien que tiene una necesidad, lo más probable es


que Él también tenga la intención de utilizar a esa persona en su vida. Solo
tiene que mantener sus ojos y sus oídos abiertos para recibir de esa
persona cualquier cosa con la que el Señor quiera bendecirle. Porque, al fin
y al cabo, usted también es el prójimo de alguien.
Jesús en palabras claras 
Diez maneras de amar a nuestro prójimo

Lucas 6.27-38

El amor a la manera de Cristo es totalmente contracultural, y exige una


manera de pensar que es ajena a la de este mundo. La verdad es que no
podemos hacer lo que Jesús nos enseña a hacer, sin su gracia obrando en
nosotros. “Si amáis a lo que os aman, ¿qué mérito tenéis?”, pregunta.
“Porque también los pecadores aman a los que los aman” (v. 32). Esta
concisa enseñanza del Sermón del monte nos dice cómo ser radicalmente
diferentes del mundo.

Amen a sus enemigos (v. 27).


Bendigan a quienes les maltraten (v. 28).
No reclamen sus derechos (v. 29).
Den a todos los que les pidan (v. 30).
Traten a todos de la misma manera que les gustaría ser tratados (v. 31).
Hagan bien a quienes no han hecho nada por ustedes, y a quienes no les
devuelvan nada (v. 33).
Compartan generosamente lo que tienen, sin esperar nada a cambio (vv.
34, 35).
Sean misericordiosos con las personas ingratas, aun con las perversas (v.
36).
No juzguen ni condenen a nadie, aunque la persona lo merezca (v. 37).
Reconozcan la bendición inmensa que es dar sin reservas (v. 38).

El buen samaritano
TEXTO: Lucas 10:25-37 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole,
fue movido a misericordia.
ORACIÓN: Señor... Tantos a mi lado sufren, otros pasan necesidad y a veces estoy ciego,
abre mis ojos para que pueda extender mi mano de amor al caído.
INTRODUCCIÓN: Esta parábola única en el evangelio de Lucas, se origina por la pregunta de
un intérprete de la ley, seguramente fariseo, su afán más que aprender, era probar a Jesús;
éste intérprete muy conocedor de las Escrituras, solo quería molestarle. Pero Jesús, Maestro
por excelencia, transforma la interrogación en una gran enseñanza que hasta hoy es
admirable.

1- MAESTRO... ¿Qué haré para heredar la vida eterna?

Quizás esta pregunta del intérprete fuera real, no había respuestas claras de la salvación; no
había iglesia, ni se había derramado el don del Espíritu Santo, Cristo no había muerto en la
cruz; no se tenía un amplio conocimiento de la gracia de Dios; hasta ese momento, los
hombres morían en la esperanza de un redentor sujetos a servidumbre por el temor de la
muerte, He.2:14-15. Seguramente por esto Jesús sacó tiempo para hablarle. Las preguntas
necias, son como flores en la vida de los sabios. A otros, El Señor no les contestó y a algunos
les retrucó con otra pregunta, pero a éste le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees? y Él
respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus
fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Bien has respondido, haz esto y
vivirás, pero él queriendo justificarse respondió: ¿Quién es mi prójimo?

2- COMIENZA LA HISTORIA DEL BUEN SAMARITANO

Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones. Jerusalén significa


fundada en paz, y Jericó, lugar fragante. Dos nombres hermosos por sus significados; pero el
problema consistía en el camino entre éstas ciudades: Me recuerda que cerca de aquí hay
una villa de emergencia, por la que al pasar, pueden darte por lo general dos o tres puñaladas
de ventaja; así era de peligroso éste camino. 

Este pobre hombre cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole se
fueron dejándole medio muerto. Una situación que aunque parezca increíble, se está haciendo
una realidad en nuestros días. A veces no conviene escuchar o ver ésta clase de noticias,
pues altera y pone nerviosos a muchos. En los días que vivimos, más que nunca, debemos
confiar en El Señor pues los que le aman, no tendrán falta de ningún bien, y todavía nuestro
Dios es escudo y fortaleza para sus hijos.

3- LO VIERON TRES PERSONAJES...

A éste hombre despojado, herido y casi muerto, se le acercaron tres hombres curiosos.

A- UN SACERDOTE: Quién viéndole, pasó de largo: Este sacerdote que venía de Jerusalén,
quizás del altar o del templo, seguramente de la familia de Aarón y de la tribu de Leví, cuyo
ministerio lo habría heredado por sucesión como muchos otros, santurrones, llenos de letras y
puro uniforme. Por lo que se ve a través de la historia contada por Jesús, estaba muy lejos de
extender su mano al caído. ¿En que estaría fundada la fe de este sacerdote? ¿Sacerdote de
Dios? o ¿De la conveniencia?

B- UN LEVITA: Así mismo un levita, llegando cerca y viéndole, pasó de largo. Otro come-
santos de la misma familia del sacerdote anterior; ¡Qué ambiente el de aquellos días verdad!
Seguramente en el templo, todo, fuera del templo, nada. Me recuerda a muchos que en la
iglesia son tan santos y afuera tan malas personas; dicen buenas palabras a Dios en sus
oraciones, luego su boca es una letrina con los de afuera. No hagas tú lo mismo, res-peta a
Dios y a tú prójimo.
C- UN SAMARITANO: De la ciudad de Samaria, que significa atalaya-miradero. Este hombre
pasando cerca de él, y viéndole fue movido a misericordia. Sabemos que los samaritanos y
judíos no se daban entre sí, no había tratos entre ellos; por lo que presumo, éste hombre
despojado y herido no sería judío, sino gentil. De allí, es que el sacerdote y el levita le tuvieron
por nada. Este sacerdote y levita son figuras de la ley y los profetas, que por más que
quisieron ayudar al hombre, con su actitud, más lo alejaron de Dios. Y acercándose, vendó
sus heridas, echándole aceite y vino, y poniéndole sobre su cabalgadura, lo llevó al mesón y
cuidó de él, sin dudas ésta parábola, habla de Jesús mismo; Él es el buen samaritano y el
herido y maltratado es figura de cada uno de nosotros por la consecuencia del pecado.

4- JESÚS... ES EL BUEN SAMARITANO

Sin dudas ésta parábola, hablaba de Jesús mismo; Él es el buen samaritano o no? ¿Acaso
alguien se parece a Él? los hombres encargados de ministrar al pueblo el mensaje y de recibir
del pueblo y darlo a Dios, nada hicieron. Pero éste buen samaritano, sin conocerle, sin poder
esperar algo de éste despojado, se acercó a vendar sus heridas, ¿Acaso no se acercó Cristo
a tu vida cuando estabas maltratado y alejado de Dios? ¿No vendó Cristo tus heridas? ¿No te
puso aceite y vino? ¿Figuras del Espíritu Santo y sangre derramada? ¿No pasaste por la
cabalgadura de la cruz y luego te llevó al mesón, que es figura del trono de Dios? Y como si
esto fuera poco ¿No estamos escondidos en El y Él en Dios? ¡Cuánto le debemos! Jesús vino
a cumplir con la ley y los profetas (sacerdotes y levitas) pero vino a superar a ambos por el
camino de la misericordia y el amor, porque lo que no hicieron ellos (ambos) Él lo consiguió y
a través de Él, el hombre es salvo, Gloria a Dios.

5- CUÍDAMELE... CUANDO REGRESE TE LO PAGARE

Este buen samaritano, sacó dos denarios, que representaban el sueldo de dos días de trabajo
¿Lo darías tú por uno que no conoces? Pagándole al mesonero. No fue gratis nuestra
salvación; alguien tuvo que pagar, y éste pago fue un gran precio que Dios aceptó;
representan también estos dos denarios, sacrificio y sangre pagando por una vida
¡Cuídamele! Es una responsabilidad dada a la Iglesia del Señor, y a cada uno de nosotros, yo
debo cuidar de vos, y vos debes cuidar de mí.

Extiende tu mano de amor hacia el que necesita, no tires salvavidas de plomo, lo que hagas
de más yo te lo pagaré.

Este samaritano tenía buen crédito en el mesón, no pierdas tu crédito, el crédito habla de
confianza y buen testimonio; si lo pierdes ante los hombres no es tan grave como perderlo
ante Dios. Jesús tiene un buen crédito en el trono de Dios, y ésa cuenta está abierta a nuestro
favor; ahora El te invita, Pedid y se os dará, porque todo aquel que pide recibe, disfruta de la
generosidad del Señor, porque Dios juntamente con Él nos da todas las cosas en abundancia.
¡Aleluya!

CONCLUSIÓN: Un soldado, pidió al sargento permiso, para ir a buscar a su compañero que


no había regresado a la base; el permiso fue denegado, sin embargo el soldado
desobedeciendo fue de todos modos y al cabo de unos días, regresó con el compañero
muerto; esto hizo enojar mucho a su superior... Te dije que estaba muerto y ahora vos estás
herido, pero el soldado respondió: Cuando lo encontré aún estaba con vida y me dijo: Yo
sabía que vendrías por mí.

Jesús le dijo al preguntón, ¿Quién te parece que fue el prójimo de éstos tres? ¿Sacerdote -
levita- samaritano? Y él respondió: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le
respondió: ¡Vé tú y haz lo mismo!
Dios te bendiga 

El Buen Samaritano, más importante de lo


que imaginamos

¿Quién es el buen samaritano?


Alguien mucho más importante de lo que habíamos
supuesto
(Gerald L. Finneman)

El relato de Cristo acerca del buen samaritano ilustra la


gloriosa realización lograda por el Salvador en su
sacrificio. Hizo algo fantástico por "todos los hombres",
una justificación que es universal en su efecto. También
los no cristianos deberían estar agradecidos por cuanto
Él hizo. La historia registrada en Lucas 10:25-37 nos
cuenta cómo un doctor de la ley quiso justificarse a sí
mismo, y cómo un despreciado samaritano salvó a un
hombre medio muerto. Quizá nunca hayas gustado el
delicioso regalo contenido en el envoltorio de esa bien
conocida historia.

Nuestra tendencia natural es la de identificarnos con el


buen samaritano.
Éste ayudó a alguien que "cayó en manos de ladrones,
que lo despojaron, lo hirieron, y se fueron, dejándolo
medio muerto". El buen samaritano "vendó sus heridas,
y les echó aceite y vino. Y poniéndolo sobre su
cabalgadura, lo llevó al mesón y lo cuidó". Hasta pagó
un anticipo por todos los cuidados adicionales de la
desamparada víctima. ¡Ciertamente, nos gustaría haber
hecho todas esas buenas obras!

Pero Jesús ve las cosas de forma diferente.


Él es el buen samaritano, y nosotros el hombre herido y
despojado. Observa lo que sucedió:

El hombre fue: 
• despojado de sus ropas 
• herido y dejado medio muerto 
• robado 
• dejado inconsciente de su condición 

Ve lo que hizo el samaritano: 


• vino 
• lo vio 
• se compadeció de él 
• no le hizo ningún reproche por estar en esa condición 

Sin el consentimiento del hombre herido: 


• se acercó 
• echó aceite y vino en sus heridas 
• vendó sus heridas 
• lo puso sobre su cabalgadura 
• lo llevó al mesón 
• lo cuidó durante toda la noche 
• hizo provisión de dinero y de cuidado 
• pagó el coste 
• dejó un depósito en su favor 
• hizo provisión para sus necesidades futuras 

Más tarde, ¡el hombre herido habría podido rehusar todo


lo que se había hecho por él, y rechazar al samaritano!

Consideremos ahora la aplicación de esa historia:

Adán (y con él toda la raza humana): 


• fue despojado de sus vestiduras 
• fue herido, magullado y golpeado 
• fue dejado medio muerto 
• fue robado 
• fue dejado inconsciente de su verdadera condición 

Entonces, Jesús: 
• vino 
• nos vio 
• tuvo compasión de nosotros 
• no nos reprochó nuestra condición 
• no nos presentó primeramente la ley 

Sin que se lo pidiéramos, y sin pedir nuestro


consentimiento: 
• se acercó 
• administró la salvación, no solamente hizo provisión 
• curó nuestras heridas con aceite y vino 
• vendó nuestras heridas 
• nos cuidó durante toda nuestra noche 
• hizo provisión para nuestras necesidades 
• nos puso bajo el cuidado de la iglesia 
• pagó todas nuestras deudas 
• hizo un depósito para nuestras futuras necesidades 

Podemos rechazar toda la bondad de Cristo y su "don


gratuito" de la justificación por "todos los hombres", junto
con todo lo que nos ha dado. ¡Podemos elegir
perdernos! 

Cuando estudiaba y reflexionaba sobre esa historia, me


impresionó comprobar que es una ilustración del
glorioso acto de Cristo, realizado en beneficio de "todos
los hombres". Todo cuanto hizo por nosotros, fue hecho
sin nuestro consentimiento, y todo lo que hizo, lo hizo
por el bien de la totalidad de la raza humana. Pablo dice
claramente:

"Ni el don gratuito es como con el pecado de aquel


hombre. Porque a la verdad el juicio vino por un pecado
para condenación, pero la gracia vino de muchos delitos
para justificación… Así como por el delito de uno vino la
condenación a todos los hombres, así también por la
justicia de uno sólo, vino a todos los hombres la
justificación que da vida" (Rom. 5:16,18).

Pero, ¿estaba entendiendo correctamente la historia


del buen samaritano? 

Mi corazón se conmovió al ver la aplicación, pero ¿era


verdadera? Quizá pueda el lector comprender la
emoción que sentí al descubrir posteriormente el
siguiente relato inspirado. Sí, Jesús mismo es el héroe
de esa historia.

"En la parábola del buen samaritano, Jesús presentó su


propio amor y carácter. La vida de Cristo estaba llena de
actos de amor hacia el perdido y errante" (E. White,
Signs of the Times, 23 julio 1894). Ver también El
Deseado, p. 464 y 465.

Y al seguir leyendo, encontré más. El pobre hombre


herido es una ilustración de la raza humana perdida:

"El pecador está representado en el hombre magullado,


herido y despojado de sus bienes. La familia humana, la
raza perdida, está ilustrada en aquel sufriente,
despojado de sus vestiduras, ensangrentado y
destituido" (Id.).

Es especialmente interesante comprobar que los


samaritanos mencionados en Juan 4:40-42,
comprendieron el significado legal y universal de la
justificación, en el plan de la salvación. Después que la
mujer samaritana tuviese aquel encuentro con el
Salvador junto al pozo de Jacob, se fue a contar a sus
amigos su fascinante experiencia. Su testimonio los
conmovió de tal manera, que quisieron saber más, e
invitaron a Jesús a venir a enseñarles. Jesús así lo hizo,
durante dos días. Creyeron aún muchos más, y dijeron a
la mujer: "Ya no creemos sólo por tu palabra, sino
porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que
en verdad éste es el Salvador del mundo" (Juan 4:42).

El fundamento de la justificación por la fe, y del


movimiento adventista. 

Este constituye el fundamento del mensaje de la


justificación por la fe. Hay solamente una justificación,
que es legal, histórica. Cristo es "Salvador de todos los
hombres". Cuando decimos que esta justificación es
objetiva, queremos decir que tiene existencia real
propia, externa e independiente de la experiencia
subjetiva en el corazón del creyente. Al creer esa verdad
histórica, la recibimos y experimentamos
subjetivamente, mediante la justicia imputada e
impartida de Cristo. Es una respuesta de gratitud del
corazón, una apreciación de Dios por habernos dado a
su Hijo. Cristo murió por nosotros, haciéndose nosotros.

Este mensaje es también fundamental en la purificación


del santuario. Tanto la lluvia temprana como la tardía
están íntimamente relacionadas con el mensaje de la
justificación por la fe. La purificación, el refrigerio de la
lluvia tardía, trae con él el borramiento del pecado. Eso
es lo que resistieron y rechazaron en Minneapolis
nuestros hermanos, en 1888.

Los samaritanos tenían la idea correcta. 

La única forma en la que pudieron saber que Jesús es


"el Salvador del mundo", es porque Él mismo se lo
enseñara. Eso es lo que el mismo Jesús quiso enseñar
a su pueblo, pero ellos rehusaron creerlo. En la era de
1888, Cristo habló nuevamente a su pueblo, pero una
vez más rehusaron creerle.
¿Le creeremos hoy tú y yo?

Solicitamos se otorgue el crédito absoluto al creador


del presente documento Gerald L. Finneman

TITULO ORIGINAL: ¿QUIEN ERA EL BUEN


SAMARITANO? por Gerald L. Finneman