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El narrador

Como ya sabes el narrador es la voz que cuenta el relato. En este material, te


ayudaremos a distinguir distintos tipos de narradores, según el grado de conocimiento que
tienen sobre los hechos que narran y dependiendo de si participan o no en la historia.

1. Lee las características de los siguientes tipos de narrador:

Narradores fuera de la historia


Narrador Posee un conocimiento absoluto sobre el mundo interior de los
omnisciente personajes (sus motivaciones, pensamientos y sentimientos). Además,
conoce el presente, el pasado y el futuro de la historia. Como no
participa en ella, suele utilizar la tercera persona gramatical para narrar.
Narrador de Su conocimiento de la historia es limitado. Solo relata lo que puede
conocimiento observar y escuchar, y no conoce la interioridad de los personajes.
relativo Como no participa de la historia, suele narrar en tercera persona.

Narradores dentro de la historia


Narrador Relata su propia historia, de la cual es el personaje principal. Por esto,
protagonista narra en primera persona. Tiene un conocimiento limitado de los
hechos, pues solo puede relatar lo que ve y escucha. Sin embargo,
puede dar cuenta de sus emociones y pensamientos.
Narrador Participa del relato que cuenta, pero no es el personaje principal. Su
testigo conocimiento de la historia es limitado, por lo cual solo relata los
hechos que puede observar y escuchar.

2. Lee los siguientes fragmentos e identifica el tipo de narrador de cada uno. Justifica tus
respuestas mencionando las marcas textuales que te ayudaron en la clasificación.

a)
Acabamos de salir de la última reunión de hoy. Nos pasamos el día en reuniones; es una
especie de enfermedad que no sé si podré soportar. Escribo desde mi saco de dormir, en la
sala 6 del segundo piso. Aquí es más tranquilo que abajo, donde la mayoría duerme hacinada
en la Sala 2, entre la “cocina” y la “enfermería”. Es decir, entre las salas que decidieron
servirían para preparar la comida (bastante seca y mala a estas alturas) y para curar a los
enfermos y heridos (que no ha habido ninguno).
En estos tres días de toma el colegio ha cambiado y los alumnos también. Están las sillas
amontonadas afuera, las mesas pegadas a las ventanas, sacos de dormir en el suelo. Y
aunque la mayoría anda todavía de uniforme, se ven distintos, o yo los veo distintos.

Lola Larra, Al sur de la Alameda. Diario de una toma. Santiago de Chile: Ediciones Ekaré Sur, 2014
(fragmento).

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b)
Pedro Pascual deja el pescante. No quiere abandonar al caballito; pero el monte es
achaparrado y apenas cabe él, en cuclillas. El animal humilde, obediente a una orden no
pronunciada, se queda en la huella con el chaparrón en los lomos.
Entonces sucede. El rayo se desgarra como una llamarada blanca y prende en el alpataco de
ramas curvas que daban amparo al hombre. Pedro Pascual alcanza a gritar, mientras se
achicharra. Ruido hace, de achicharrarse.
El caballo, a unos metros, relincha de pavor, ciego de luz, y se desemboca a la noche con el
lastre del carro y el pasto que le hunde las ruedas en la arena y en el agua, pero no lo frena.
Clarea en el bajo, mas no en los ojos del animal.
Ha huido toda la noche. Afloja el paso, somnoliento y vencido, y se detiene.

Antonio di Benedetto, “Caballo en el salitral” (fragmento).

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c)
Él recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró
a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren
se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban
razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada
y le sonrió.
—¿Te sientes mejor? —preguntó él.
—Me siento muy bien —dijo ella—. No me pasa nada. Me siento muy bien.

Ernest Hemingway. “Colinas blancas como elefantes” (fragmento).

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d)
Creo que la primera noche en que fui a la casa de Gatsby yo era uno de los pocos huéspedes
que sí habían sido invitados. A la gente no la invitaban..., iba. Se subían a automóviles que los
transportaban hasta Long Island y, sin saber ni cómo ni cuándo, terminaban ante su puerta.
Una vez allí, eran presentados a Gatsby por alguien que lo conociera y después de esto se
seguían comportando de acuerdo a reglas de urbanidad adecuadas a un parque de
diversiones. A menudo llegaban y se marchaban sin siquiera haber visto a Gatsby; venían en
pos de una fiesta con una simplicidad de corazón que era su propia boleta de entrada.
A mí sí me había invitado. Un chofer con un uniforme color azul aguamarina cruzó el césped de
mi casa muy temprano aquel sábado, portando una nota sorprendente por lo formal, de parte
de su patrón: el honor sería solo suyo, decía, si yo asistía a su “fiestecita” aquella noche. Me
había visto varias veces y había tenido la intención de visitarme mucho antes, pero una
especial combinación de circunstancias lo había hecho imposible; firmada: Jay Gatsby, con
ampulosa caligrafía.
F. Scott Fitzgerald. El gran Gatsby (fragmento).

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3. Lee el siguiente texto. Identifica el tipo de narrador que tiene y reescribe el fragmento
utilizando otro tipo.

Yo estaba en la fila de registro detrás de una anciana holandesa que demoró casi una hora
discutiendo el peso de sus once maletas. Empezaba a aburrirme cuando vi la aparición
instantánea que me dejó sin aliento, así que no supe cómo terminó el altercado, hasta que la
empleada me bajó de las nubes con un reproche por mi distracción. A modo de disculpa le
pregunté si creía en los amores a primera vista. “Claro que sí”, me dijo. “Los imposibles son los
otros”. Siguió con la vista fija en la pantalla de la computadora, y me preguntó qué asiento
prefería […].

Gabriel García Márquez, “El avión de la bella durmiente” (fragmento).

Tipo de narrador: _____________________________________________________________

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4. Lee el siguiente texto y completa el recuadro.

Hoy fui a la casa de una joven que se llama Irene. Cuando la visita terminó me encontré con
una nueva calidad de misterio. Siempre pensé que el misterio era negro. Hoy me encontré con
un misterio blanco. Este se diferenciaba del otro en que el otro tentaba a destruirlo y este no
tentaba a nada: uno se encontraba envuelto en él y no le importaba nada más.
En el primer momento Irene es la persona que con más gusto pondríamos de ejemplo como
simpáticamente normal: es muy sana, franca y expresiva; sobre cualquier cosa dice lo que diría
un ejemplar de ser humano, pero sin ninguna insensatez ni ningún interés más intenso del que
requiere el asunto; dice palabras de más como cuando una persona se desborda, y de menos
como cuando se retrae; cuando se ríe o llora parece muy saludable y así sucesivamente. Y sin
embargo, en su misma espontaneidad está el misterio blanco.

Felisberto Hernández, “La casa de Irene” (fragmento).

Narrador
¿Fuera o dentro de la
historia?

¿Presenta sus ideas y


sentimientos?

¿Qué sabe con respecto


a los personajes?

Tipo de narrador