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LA SOCIEDAD COMO UNA TRIADA: CUERPO-ECONOMÍA, PENSAMIENTO-

CIENCIA Y SENTIMIENTO-PSICOLOGÍA

Por Carlos Valdés Martín

Presentación
La sociedad se ha entendido de manera sencilla, como conglomerado, de manera post-
sencilla como dualidad, ya sea como oposición entre individuo y sociedad, es decir
como dualidad. La unidad es monotemática y hasta aburrida, la dualidad implica un
maniqueísmo entre dos principios contrarios. Para dar el paso siguiente quizá sea viable
experimentar con la triada, el maneja directo de tres elementos contrastantes, para
integrar una estructura social, que respete tanto la oposición entre individuo y sociedad,
como la estructura en clases sociales antagónicas (pero complementarias). En lo que
sigue se ensaya un medio para considerar tres elementos constituyentes de la sociedad
sin caer en que el tercer elemento sea un simple engranaje o mediador entre los dos
elementos principales.

Objeción al posmodernismo: sin sujeto y con fronteras difusas


Pensando en el tema de la sociedad como conjunto me he preguntado cómo sería mejor
describirla. Y decidí empezar por una objeción, que consiste en esto: gran parte de la
visión posmoderna consiste en ignorar la frontera del individuo (o hasta negar por
entero su existencia, como cuando Foucault anuncia la “muerte del hombre”1) y
establecer formas sociales difusas (sin individuos concretos y finalmente también sin
una sociedad definida). Parece que en esas teorías acontece una falla (variando desde la
fisura hasta el abismo) para mantener el vínculo entre lo global-social con lo particular-
individual, la cual procede de un efecto académico (y quizá de divulgación, o hasta
sistémico) del post-estructuralismo.
Empiezo esta explicación con Marx, autor completo y complejo, pues su teoría ha sido
paradigma central de la ciencia social y él fundamenta desde “personas que producen en
sociedad”, por tanto hay la unidad entre personas y sociedad en el nivel de generación
de lo social2. Luego emerge un factor intermedio, entre la persona y su papel social, el
cual define estructuras como relaciones de producción y fuerzas productivas. Estas
estructuras poseen un valor explicativo muy importante y rebasan lo individual-
personal, por ejemplo cuando hablamos de una “crisis económica”, ya acontece un
conjunto, que no se refiere específicamente a lo actuado por tales personas. El resultado
en esa teoría marxista (más estricta) establece una balance entre la personalización y la
cosificación (la estructura-cosa no personal como el dinero), una correlación entre
personas concretas actuando (estos capitalistas y tales obreros) empotradas en una
cosificación (sus papeles forzosos en el teatro de la economía, su función capital dentro
de una clase social). Ahora bien, esto es como un enfoque dual entre las personas de
carne y hueso, junto con las estructuras operando independientemente de la voluntad (la
obligación de valorizarse del capital, los precios del mercado por la competencia, las
devaluaciones provocadas por una ley del valor-trabajo, etc.). Incluso el término de
“estructura” no resulta típico de Marx, sino de sus divulgadores y colocado en un trono
de Rey, por el “marxismo estructuralista” de Althusser en su periodo más afamado3. Sin
embargo, el marxismo es monista (de una única dimensión) bajo dos aspectos: es
1
FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas.
2
MARX y ENGELS, La ideología alemana.
materialista estricto (no hay espíritu, ni idea que sea no material) y la producción es la
base del edificio social (el resto de los temas de comunicación, cultura, psicología,
pensamiento, etc. son fenómenos secundarios “determinados en última instancia”4 por el
destino de la producción y su par de las “clases sociales” con sus intereses dominantes).
Y si revisamos la interpretación dominante del marxismo, dicho monismo conduce
hacia la desaparición del individuo concreto y también hacia un simplismo (crónico, con
pocas y felices excepciones) en la teoría social.

Después de Marx (y en parte también dentro de los marxistas) creció un enfoque de


buscar eslabones de estructuras operando más allá de las personas; una parte como
psicología (estructuras interiores moviéndonos como títeres de deseos ignorados, por
ejemplo, bajo complejos de Edipo). Esto significa que el papel del individuo se
desdibuja y existe la tendencia a definir “estructuras” de deseos, poder, comunicación,
económicas, etc. que actúan sin operación (consideración, presencia, intención, etc.) de
los individuos. Creo que es claro el esfuerzo de Foucault en el sentido de desaparecer al
sujeto (o individuo) como parte de la perspectiva teórica 5. Existen méritos en algunos
enfoques estructuralistas por cuanto están enlazando dimensiones de la realidad social o
personal y buscándoles explicación; pero cuando desaparecen en esos
(post)estructuralismos la evidente realidad que esas estructuras jamás funcionan
flotando y sin personas que las hagan o padezcan (mensajes, emisiones,
interpretaciones, deseos…), pues se pierde piso. Los post-estructuralismos facilitan una
utilidad académica de estudiar partes de la realidad humana como si fueran entidades
cerradas, pero carecen de piso al interpretar la existencia social e individual plenas.

Sin que sea esto un cuestionamiento para todos los autores, me parece que el panorama
central de la visión posmoderna de la sociedad reduce la percepción a niveles de
comunicación, psicológicos, simbólicos, y esta reducción demás sin integrar, recae en el
pluralismo (útil para investigar las partes, débil cuando nos referimos a la totalidad 6).
Esto ha implicado que exista una visión más centrada en la superficie, por ejemplo Jean
Baudrillard, pues él se centra una idea de una “costra de irrealidad” simbólica cubriendo
a la sociedad, bajo la cual perviviría una realidad ahogada e imposible de captar. Esto
aparece en El sistema de los objetos, y me parece que estaría rediciendo la densidad de
lo social al movimiento de las apariencias, a un complejo código de simbolizaciones
como la superficie de lo importante (modalidades de sociedad de consumo).

3
ALTHUSSER, Louis, La revolución teórica de Marx y Para leer El capital. Donde se esfuerza en
demostrar que la clave absoluta del edificio teórico de Marx está encerrada en el concepto de “estructura”
social.
4
Y en su intensión por convertir al marxismo en un estructuralismo purificado, Althusser coloca esa
noción como eje decisivo; por ejemplo: Para leer El capital y La revolución teórica de Marx.
5
FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas.
6
Cf. La confrontación de Sartre al pluralismo metodológico en “Cuestiones de método”, en La crítica de
la razón dialéctica.
Producción Emoción-
-Cuerpo Corazón-
-Economía Psicología

Pensamien
to –Mente
-Ciencia

Paso del edificio de la producción (Marx) a la triada economía-ciencia-psicología


En mi perspectiva personal la tesis “los individuos que producen en sociedad” sigue
siendo fundamental, pero en la actualidad no comparto un monismo7 a la manera de la
teoría de Karl Marx. Claro, ya he comentado que la idea correcta de
producción/consumo resulta más amplia que el horario de trabajo y más polifacética que
la manufactura/creación de mercancías, pero sería importante reconsiderar por completo
la teoría económica desde el punto de vista de la reconfiguración de los grupos humanos
(las clases sociales posmodernas) y su fundamento (la dualización del valor trabajo). Sin
embargo, fuera del monismo, tampoco resulta razonable que la base del edificio (la
economía) casi anule al resto del edificio, como si unos cimientos fueran habitables.
Para empezar, una gran parte de lo que producimos también resulta el “ser de las
personas”, el modo de existir de los individuos mismos, y es ahí donde crucial discutir
temas como los que has aportado el estimado Mesa Cuevas, sobre las masas y las
actitudes intelectuales. De hecho, producir a las personas resulta el imperativo más
importante del proceso de producción social, entonces corresponde con la interpretación
de fuerzas productivas productoras de sujetos8.

Que la producción/consumo sea tan importante no implica que la sociedad sea definida
en exclusiva como una fábrica, sino como una entidad humana de (auto) producción de
personas asociadas, donde observamos el flujo de generaciones con una plétora de
impulsos pero condicionados por el nivel de tecnología. Esta producción de personas
acontece en condiciones de pensamiento y emoción, las personas no somos
esencialmente estómagos, sino la unidad de nuestros cuerpos con pensamientos y
emoción. De ahí, el dualismo que proviene desde las filosofías más antiguas porque las
7
Además, también la extensión y coherencia de la teoría económico-social de Marx en base al “valor-
trabajo” refuerza al extremo la intensidad “monista” de su obra, pues una “ley económica” de
complejísimo tramado (en los tres tomos de El capital y anexo histórico de sobre las teorías de la
plusvalía, así como sus notas Grundrisse) crean un refuerzo multiplicador del monismo. Y esto no es una
intención, sino un efecto de la consistencia teórica de Marx.
8
Esta idea está presente en Marx y Engels pero casi por completo oculta en su construcción teórica. Se
observa bien en ENGELS, Friederich, El origen de la familia la propiedad privada y el Estado. Lo
retoma VERAZA URTUZUÁSTEGUI, Jorge en varios textos. Cf. VALDÉS MARTÍN, Carlos, El
concepto de nación y la crítica de la economía política de Marx y Engels.
“leyes del pensamiento y el corazón” no armonizan con las legalidades del trabajo y la
digestión. Esto implica que existe una dualidad entre las operaciones económicas
(acumulación de riqueza, avances del confort), frente a los sentimientos y pensamientos
(impulsos e interpretaciones). Por tanto, el estudio efectivo de la sociedad implica el
estudio de todas las disciplinas humanas para integrarlas, por tanto la tarea resulta
extremadamente ardua. En lo anterior, importa remarcar que hemos colocado tres ejes:
cuerpo-economía; pensamiento-ideas y sentimiento-psicología. Dicho de otra manera,
en un poético resumen de Reich, los tres pilares de la existencia son trabajo, inteligencia
y amor; por tanto, las ciencias utilizadas para comprender a la sociedad por lo menos
deben implicar la unidad de esa triada9. Resulta sencillo relacionar economía-cuerpo-
trabajo, y también ligar directamente pensamiento-ciencia-filosofía, o bien psicología-
amor-arte. Sin embargo, algunas disciplinas parecieran definirse en las regiones
intermedias como la política (leyes) y la comunicación (lenguajes), pues establecen
vínculos y relaciones diferenciadas de la triada fundamental, y además son disciplinas
indispensables para comprender al conjunto social.

La triada propuesta como las tres dimensiones (operaciones) de la sociedad implica que
la visión del edificio, tan agradable al marxismo, resulta inviable pues se define
demasiado fija y determinista sobre un único eslabón10. Quizá la visión del organismo
resulta más aproximada o adecuada a la sociedad, siempre y cuando no la convirtamos
en una entidad en exceso fija, de hecho mirar la sociedad como organismo vivo aparece
como idea desde una fase antigua, pero antes plasmada de una manera naife, por
ejemplo en el microcosmos-macrocosmos del Renacimiento o cuando los egipcios
imaginaban a su sociedad como un cuerpo donde el faraón ocupa la cabeza y el pueblo
los pies. Lo importante es respetar intelectualmente la complejidad de las interacciones
humanas y permanecer atentos a los descubrimientos de las investigaciones de las
ciencias parciales, tal como proponen los partidarios de los sistemas complejos11.

9
REICH, Wilhelm, Psicología de masas del fascismo.
10
Los propios marxistas dialécticos protestaron contra la cosificación, rebajar lo humano-social a la
dimensión de una cosa, definida en términos mecánicos o biológicos. La cuestión humana es más
compleja que el mecanismo o la vida, Cf. KOSIK, Karel, Dialéctica de lo concreto.
11
MORIN, Edgar y otros.
Ideología
-
Pensami
ento –
Cultura

Producción social, interés


y clases sociales

La posición secundaria de la política


Como se observará, en esta visión del conjunto social, la política ocupa una posición
secundaria, pero eso no implica que la política (la entera dimensión político-estatal y el
sistema legal) sea irrelevante. En otros momentos ya he planteado que el poder político
y la coacción también son esenciales para entender a las sociedades, en especial cuando
los grupos humanos padecen graves contrastes, explotación e injusticias. Visto el cuadro
general de la sociedad mi enfoque permanente es definir desde dónde se crea la vida
social, y ya luego aparecerá el lugar para la coacción (que corresponde más a la
distribución que al producir/consumir). Bajo mi tripe fundamento la pregunta sobre la
política es: ¿Qué se gana con ello? Beneficio económico por la política. ¿Qué se piensa
de ello y qué saberes implica? La ideología del poder y el contra-poder, la visión de las
luchas, el sistema pensamiento-discurso de los sistemas legales y administrativos, la
política misma como saber-ciencia. ¿Qué emoción hay en el poder? Se desea el poder o
la rebelión, existe una condena moral implícita (el desprestigio del “maquiavelismo”) y
un objetivo (la felicidad de unos y otros), los símbolos del poder ligados al sentir
(héroes y devociones nacionales). Y antes de cambiar de párrafo debo aclarar que la
política sí presenta una peculiar legalidad, su especial texto y contexto de luchas y
estrategias, de leyes y obligaciones, campos de instituciones y cambios, etc.

La posición unitaria del edificio y el equívoco sobre el marxismo mismo


En su intervención teórica Marx ha planteado una visión de la producción ampliada, su
tesis no dibuja una economía sino una figura mayor denominada la “crítica de la
economía política”, con una extensión bastante amplia12. Esa amplitud no me ha
parecido suficiente, por cuanto su argumento sociológico-dramático de la centralidad
del proletariado implica un desprecio hondo del saber y el pensamiento como factores
activos del proceso social. La economía política marxista se basa en la unidad dialéctica
de las fuerzas productivas chocando (e integradas) con las relaciones de producción13
para establecer una formación social, lo cual señala una importante aproximación al
curso de la evolución social. Sin embargo, las fuerzas productivas en su eje estratégico
son acumulación (no suma sino concreción de premisas diversas generando nuevas
entidades) de saberes aplicados, por tanto existe una peculiar dialéctica de la
aplicación del conocimiento a la producción, entonces las fuerzas productivas no
resultan en esencia una acumulación de elementos productivos. Así debemos rechazar
como falacia la acumulación matemática de capital, a modo de una ecuación de tasa de
interés acrecentando un capital creciendo en el vacío14 pues ni la existencia humana ni la
actividad social producen pura cantidad, sino objetos de producción/consumo (talleres,
mercancías) sometidos a sus legalidades de actividad/destrucción (incluso por
obsolescencia relativa o azar). Asimismo, la figura concreta de las clases sociales no se
agota en su proceso de distribución de un plus-producto, pues también implica una
definición de la ubicación del conocimiento dentro de las sociedades, y entonces no
resulta la clase dominante capitalista (ni la feudal) parasitaria (obsoleta en términos
históricos) mientras mantenga en continuo el avance las fuerzas productivas. Y
finalmente, el choque central entre fuerzas productivas y relaciones de producción de la
actualidad no se identifica con el enfrentamiento entre obreros y patrones, sino con las
confrontaciones multilaterales entre los diferentes grupos que movilizan mejores fuerzas
productivas y los sectores atrasados en fuerzas productivas15. Entonces las fracciones de
clase ascendente precisa y técnicamente son el “congnitariado” y la “cogniburguesía”
(de “cogni” como conocimiento), de tal manera que la nueva sociedad emerge de la
acumulación de conocimientos (aplicados) al seno de la actual sociedad 16. La
emergencia de la nueva sociedad (de sus capas revolucionadas cognitiva y
tecnológicamente) no resulta del efecto resorte por un evento revolucionario dramático,
como lo imaginaron Marx y sus seguidores. Los eventos específicamente
revolucionarios son ajustes del tiempo histórico, crisis por los desfases del desarrollo
desigual y combinado surgiendo en las diversas regiones del planeta, que no anulan la
superposición de tiempos históricos en cada sociedad17. Por tanto, los eventos que
12
JUANES, Jorge, Marx o la crítica de la economía política como fundamento, Ed. UAP, México, 1982.
13
MARX, Karl, Introducción de 1857 a la Contribución a la crítica de la Economía Política.
14
SAMUELSON, Paul, Economía, en ese clásico de la pedagogía económica del periodo keynesiano se
reproduce la falacia o ilusión del interés compuesto. Los pocos dólares con los cuales los colonos
compraron a los indios la isla de Manhattan, se convierten en una operación centenaria de tasa de interés,
y el resultado es que los ahorrativos indios pudieron invertir en un modesto interés bancario y al paso de
los siglos poseerían más dinero que el valor actual de la isla de Manhattan. Esa visión mecánica de la tasa
de interés se colapsa con la otra cara de la economía, mediante las periódicas crisis del sistema financiero,
cuando los documentos de la acumulación mecánica caen en bancarrota o en devaluación total.
15
TOEFFLER, Alvin, La tercera ola. Anotemos que la potencia productiva humana no se restinge
(limita) al producto, sino que se relaciona con el ser humano completo. Quienes no contribuyen con
producto-dinero pero sí aportan saber o deleite (felicidad y bienestar) incrementan las fuerzas
productivas. Por ejemplo, los vikingos no resultan un pueblo atrasado en el contexto europeo feudal, por
su cultura, en particular consideremos su literatura. Cf. Borges, Jorge Luis, Ficciones.
16
Que también la sociedad es una estratificación viva y mezclada de diversos modos temporales
(antiguos, pasados, inmediatos, presentes y hasta vanguardistas o futuristas), los cuales conviven y luchan
entre sí. Cf. SARTRE, Jean Paul, Crítica de la Razón dialéctica, Cuestiones de método.
17
TROTSKY, León, El desarrollo desigual y combinado. Pero además se debe insistir en el efecto de
continuo traslaparse de diversos tiempos históricos en cada sociedad, lo cual desmitifica a las llamadas
sociedades revolucionarias, que han configurado mezclas de modernidad y atraso. Por ejemplo el
aparecen como “revoluciones sociales” son ajustes temporales donde la irrupción del
Estado representa una pausa de freno o lateralización en el desarrollo de las fuerzas
productivas, motivado por la coincidencia de movilizaciones sociales y coyunturas
específicas (guerras, crisis mundiales), y en particular las “revoluciones socialistas”
aparecen guiadas por perspectivas ideológicas equívocas, es decir, la mistificación del
marxismo (una teoría de la liberación social delimitada) distorsionado como culto al
Estado.
Paradójicamente esta interpretación sobre las revoluciones socialistas implica una
reevaluación de la gran fuerza de las ideologías aplicadas a modo de acción social y su
figura coyuntural. La justa aspiración de millones de desheredados del mundo a lo largo
de los siglos XIX y XX ha encontrado un “callejón” sin salida para sus esperanzas, al
trastocarse una gran parte de su movimiento social en una mistificación del Estado
político, pues el aparente triunfo del marxismo (que no resultaba tal, sino su deriva en
una coyuntura y luego la reutilización bajo una ideología-culto del Estado despótico útil
para la opresión contra el proletariado) generó una situación paradójica y trágica de
sociedades en abierta contradicción entre su teoría (anhelo del gobierno democrático del
proletariado) y su práctica (la corrupta dictadura de la élite burocrática, encumbrada en
el aparato del Estado controlando el gobierno y las empresas). Esa contradicción entre
teoría marxista y práctica de la dictadura “comunista” finalmente se derrumbó al
incumplirse las expectativas de la población (en particular del proletariado como “la
clase elegida”), y al tampoco satisfacer aspiraciones de las élites “soviéticas” para
disfrutar sin restricción de sus privilegios, o lo que también son riquezas mal habidas en
principio, pero ahí están los intereses materiales más prácticos del grupo dirigente, la
alta burocracia político-económica18. Pero esa contradicción demuestra también una
eficacia de las ideas (combinadas con las estructuras sociales y de poder) para mover a
las masas y colocarlas en situaciones de transformación. Al final, una visión errónea
desemboca en un experimento histórico-social equívoco, pero demuestra que los grupos
humanos se mueven siguiendo sus ideas y son capaces de transformar sus condiciones.
Tras ese experimento histórico-social equívoco después la cuestión político-social de
fondo sigue siendo el calibre correcto de las transformaciones viables para una situación
histórica concreta.

Importancia del conocimiento en las fuerzas productivas y revaloración de la


educación y la ideología.
Una de las lagunas fundamentales del marxismo ha sido la recurrente devaluación de la
ciencia y las ideas dentro de su visión principal. También esto encierra una paradoja,
porque como teoría útil para romper un status quo injusto el marxismo intenta fundar su
prestigio en erigir el primer socialismo científico, mientras las anteriores visiones de
justicia social fueron levantadas sobre aspiraciones morales y deseos fervientes de un
mundo mejor. Esta importancia de saltar desde un pensamiento-simple hacia un
pensamiento-ciencia, se visualiza como una “cosa”, lo cual marca una hipóstasis de la
ciencia (un fetiche finalmente) y no efecto de una continua evolución (y revolución) del
pensamiento, alcanzando verdades razonables (la teoría pura) y su capacidad de hacer
(la técnica aplicada). Al desestimar el movimiento histórico del pensar para hacer de la
ciencia un fetiche, el resultado implica que el marxismo no ha sido capaz de elaborar (ni

conservadurismo burocrático. Cf. TOEFFLER, Alvin, Avances y perspectivas.


18
La mayoría de los marxistas se ha resistido a confirmar la presencia de una clase social en la burocracia
dirigente, pues eso significaría el fracaso del marxismo. La negativa a reconocer la funcionalidad de clase
opresora al grupo dirigente del Estado soviético se debe a las consecuencias desalentadoras, Cf.
TROTSKY, León, La revolución traicionada.
ha tenido interés en) una visión coherente de una dialéctica histórica del
conocimiento19, que diera cuenta del avance irregular del conocimiento a lo largo de la
historia y comprendiera su revolucionarse constante del pensar a partir del
Renacimiento. Y esto se debe a que el marxismo ha rebajado el papel del conocimiento
(la ciencia en particular) a un componente inherente al avance de las fuerzas productivas
materiales, donde el componente intelectual (los descubrimientos, la dialéctica del saber
mismo) queda sometido a flujo continuo del avance del factor económico (en particular
del capitalismo, esta sociedad a la cual está dedicado el pensamiento marxista).
Esto implica, que siendo acertado que el sostenimiento de los saberes requiere de un
entorno social adecuado, definido por el mismo Marx como una suficiencia de los
medios de intercambio para que conservar los descubrimientos locales como ejemplifica
técnica de la navegación fenicia20, pero eso no significa que el saber surja espontáneo en
el río de la producción-cosa-material. En particular, no implica que basta una clase
laboriosa para obtener un nivel de conocimientos suficientes, al contrario resulta
indispensable lograr un alto nivel de esfuerzos para mantener y acrecentar los
conocimientos, se requiere de una enorme labor educativa, tal como ya lo había
sostenido los líderes del periodo ilustrado.
Ahora bien, para sostenerse la dialéctica histórica del conocimiento ha requerido de un
peculiar esfuerzo (y logro) educativo (personas-grupal-socia), que nunca es un evento
automático. No resulta de ese modo mecánico y las corrientes educativas poseen su
propia micro-historia; donde la mejora (o variación) de los sistemas (teorías-
perspectivas-prácticas) educativos resulta crucial para comprender los periodos de
avance social (productivo-económico) acelerado.
Asimismo, la ideología siendo correlativa al resto del cuerpo social, no resulta un reflejo
automático de condiciones sociales. Desechar (es decir, desestimarlas como reflejos de
otro campo)) las ideas de las personas bajo la premisa de que no importa lo que las
personas piensan de sí mismas sino su ser, deja en suspenso el lado pensante (aunque
sea el imaginario y el deseo ideado) por tanto define una caricatura de las personas y
los grupos sociales. A manera de un estudio sobre el cuerpo-economía resultará
relativamente válido desentenderse (incluso, nunca por completo), así cuando
enfocamos la tasa de mortalidad de un periodo X, simplemente se establece una relación
entre la cantidad y la causa. En cada periodo, la sociedad asume diferente la mortandad
de una epidemia, pongamos la Edad Media y la actualidad. Descubrimos una diferencia
abismal cuando las personas medioevales asumen la Peste como una maldición divina,
pero ende la combaten con plegarias, salmos y peregrinaciones (hasta quemar falsas
brujas resultaba consistente en la movilización medieval contra la Peste). Mientras en la
actualidad, la sociedad entiende la Epidemia de influenza como una catástrofe de la
naturaleza que se combate con medidas de higiene y aislamientos siguiendo
temerosamente los dictados de la ciencia médica representada por el Estado nacional,
siguiendo recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. En ambos casos, la
enfermedad y la muerte (el caso sobre el individuo, su sombra proyectada hacia el
conjunto) están presentes, pero la acción de las personas (individuos, grupos y
sociedades) está en relación directa con el modo de pensar (hasta del decir su pensar,
19
Esto permite malentendidos marxistas tan curiosos como la Dialéctica del iluminismo de Horkhaimer y
Adorno, donde la “desantropomorfización” resulta un evento continuo casi maligno. En lugar de
comprender el multifacético y apasionante avance del pensamiento humano, coloca la loza de una
“maldición” por efecto de una supuesta alianza entre Razón y enajenación. Esto no descarta la existencia
de “estudios de caso” sobre la historia del pensamiento, pero es esfuerzo de los teóricos marxista se ha
sesgado para ordenar y hasta minimizar las concepciones del pasado para encuadrarlas en “categorías
económico-sociales” como por ejemplo THOMPSON, George, Los primeros filósofos.
20
MARX y ENGELS, La ideología alemana.
por el papel clave del sistema de comunicación); los dos lados de esta ecuación avanzan
de la mano (con sus contradicciones claro): hacer-pensar.

Esta visión del marxismo de que la ideología se forja como un espejo de las sociedades
enajenadas, resulta finalmente en un refuerzo de la enajenación; ese discurso semeja a
un impotente psicoanálisis dogmático y pesimista que se cruzara de brazos ante un
trauma infantil y declara inaccesible el pasado traumático. En realidad, la ideología
resulta un factor activo, el mismo marxismo práctico lo acepta y hasta glorifica cuando
alaba la ideología revolucionaria y eleva al nivel de heroísmo la política-educación
revolucionaria de las masas como fundamento de su política. Así, resulta un fenómeno
específico, trascendente e importantísimo la configuración concreta de las ideologías
sociales, y esto lo ha interpretado en su importancia el liberalismo (siglos XVIII y XIX)
ascendente cuando forjó y luchó por ideales más elevados para sus sociedades y el
romanticismo literario (siglo XIX), y también lo entendió el romanticismo inicial
cuando se proponía educar las sensibilidades (Goethe). El marxismo ha aceptado el
papel activo y primer orden de su propia acción de ideas, pero esa tesis se aplica a toda
la producción de ideas: toda ideología es activismo, productividad (o parálisis) social e
individual (estemos a favor o en contra, pero actúa). Por tanto, la constante
reconfiguración activa de la ideología definiendo los grandes ideales y las pequeñas
ideas (colectivos e individuales) resulta un aspecto crucial de las sociedades, pues
también modifica las tendencias en su hacer y padecer, tanto los gustos sociales y
personales como el modo de producir. En este aspecto, la producción del arte resulta
fundamental, ya sea en sus formas comerciales o en las elevadas “bellas artes”.

La ciencia social perfeccionada por la psicología


Desde la primera generación de psicoanalistas (desde 1930 en adelante) ya existen
ejemplos para redondear la ciencia social con las aportaciones de la psicología. En
particular, las debilidades (el acento monocromático en la determinación económico-
materialista) del marxismo se procuraron corregir mediante aportaciones provenientes
desde la psicología, como sucedió entre los autores del denominado “freudomarxismo”.
En particular interesan Reich, Marcuse y Fromm, quienes con enfoques distintos
intentan solventar el exceso de una visión determinista (por tanto, superficialmente
optimista) sobre el cambio de las condiciones de producción como evento definitivo
para solucionar la problemática humana. En un principio, Wilhelm Reich plantea una
especie de corrección sobre la política tradicional al considerar la relación entre el
carácter psicológico y las conductas o compulsiones políticas. Este psicólogo alemán
bajo una directriz para liberar el carácter como un mejor camino para liberar al
individuo establece una perspectiva innovadora, que recibió el repudio de los militantes
de izquierda y del fascismo21. Este padre de la sexología clínica planteó explícitamente
que no pretendía modificar la teoría marxista, sino que buscaba mejorar la actividad
política proletaria, mediante una “sex-pol”, consistente en una liberación de la psique
mediante un abordamiento directo de la sexualidad, sin embargo, resulta evidente un
cambio de enfoque y, al final de su vida, una despreocupación por la teoría marxista22.
Un aspecto interesante de la política de Reich se relaciona con la liberación del
individuo a partir de sus emociones antes de pretender un “apoderarse de las fábricas”,
esto significa que la mentalidad está en un proceso continuo de transformaciones y
sobre ese plano resulta viable actuar. Por su parte, Eric Fromm realiza un amplio

21
REICH, Wilhelm, Psicología de masas del fascismo, Ed. Paidos, y La función del orgasmo. De hecho
es un precursor clave de la “revolución sexual” y el cambio de las costumbres en ese campo.
22
REICH, Wilhelm, La función del orgasmo.
abanico de estudios donde muestra los efectos de las pasiones y las fuerzas psicológicas
en el campo social, desde la huida de la libertad hasta la formación de utopías viables, y
acordes a la “naturaleza humana”23. Un aspecto crucial en la reflexión de Fromm es que
existe una “naturaleza psíquica” humana, la cual no se delimita con suficiencia bajo el
concepto de necesidad de Marx, pues resulta indispensable comprender el corazón del
ser humano, su estructura psíquica compleja para entender las posibilidades de la
transformación social, y además una acción revolucionaria sobre la psique ya implica el
cambio social en su escala básica. Finalmente, también Herbert Marcuse establece
algunas condiciones para un concepto de sociedad liberada radical, definiéndolo en
consonancia con los preceptos emanados de la psicología freudiana (liberación del Eros,
finalizar con la moral represiva), los cuales se contraponen con la práctica de las
corrientes marxistas dominantes del siglo XX24. Esto significa, que sin una
consideración suficiente de las aportaciones de la psicología no existe una ciencia de lo
social (como una totalidad o totalización), tal cual ha pretendido serlo el marxismo
mismo al declararse “materialismo histórico”, es decir tentativa de establecer la ciencia
del devenir de la historia completa.

Ahora bien, como saber la psicología me agrada plantearla bajo su aspecto rosa del
amor, ya que existe una práctica del sentimiento, que conduce en directo hacia la
aplicación de los saberes. El campo de las emociones ofrece ya una guía y una
tendencia, cuando planteamos el amor, el cual ha sido durante milenios mostrado como
una virtud o un valor central, ya sea para la ética o para la religión, incluso como eje de
la redención humana para el cristianismo. En la interpretación de la ciencia social
resulta trascendental pues la teoría se convierte en práctica y esta definición del corazón
de las prácticas, también establece un eje de acción. Si bien, de origen el mismo Marx
está cargado con un enorme sentido moral y de una guía de acción emotiva (el
dramatismo de la redención final del proletariado) su manifestación moral no resulta
explícita, entonces aparece como una corriente implícita y por tanto casi inconsciente
(por ende, muy “ideologizable”, en el sentido de falsa conciencia, o confusa respecto de
la objetividad marxista25). Resulta preferible (y hasta indispensable) definir de manera
clara el horizonte de las emociones (emerger la conciencia) y permitir irrupción emotiva
positiva dentro del individuo y la sociedad26, tal como lo han hecho Reich, Fromm y
Marcuse. Resulta trascendente aceptar y asumir las emociones positivas capaces de
guiar la configuración continúa de las realidades sociales (la gestión y la auto-gestión);
ya el liberalismo clásico expresaba esto mediante la “libertad-igualdad-fraternidad”
como su triple consigna clásica, donde está el discurso ético y las emociones
correspondientes. En cierto sentido, las diferentes corrientes del pensamiento desde los
albores de la filosofía no divergen demasiado en las emociones aptar para guiarnos,
pero pareciera que la ciencia social deja estos temas completamente de lado, para
analizar a los individuos como mecanismo o estructuras parciales, productores de cosas
y no de relaciones íntegras (con sentido del deber ser y emotividad en cada gesto y

23
FROMM, Eric, El corazón del hombre, Ed. FCE, 2a. ed., México, 1967, La revolución de la esperanza,
El miedo a la libertad, etc.
24
MARCUSE, Herbert, El marxismo soviético, El final de la utopía, El hombre unidimensional, etc.
25
Este equívoco también se ha profundizado por la insistencia marxista en el fundamento objetivo de su
acción y su programa, de tal modo la acción (elegida y ética) parece una fatalidad histórica, porque al
proletariado “no le queda sino actuar conforme lo que ya es”. Cf. ENGELS, Friederich, Del socialismo
utópico al socialismo científico.
26
A su manera Marcuse centra el fracaso de la experiencia soviética en la permanencia de un mecanismo
inconsciente de coacción, mediante el mantenimiento de la “moral del trabajo” represiva. Cf.
MARCUSE, Herbert, El marxismo soviético.
acto). La consideración integral de las personas y su sociedad implica afrontar sus
emociones y sus pensamientos, no existen los individuos sin emoción y sin pensamiento,
nunca han funcionado las “estructuras” en un automatismo sobre el aire, sino como
efectos parciales de las complejas interacciones entre las personas.

Existencia de motivaciones y objetivos


Una parte de la ciencia social pareciera retroceder ante las motivaciones y los objetivos
de las personas, bajo la consideración de que la ciencia (en general) es objetiva (no
valorativa, austera y apegada a hechos). En cuestiones sociales el objetivismo textual no
sirve, resulta excesivo cuando ignora la presencia de: aspiraciones, valoraciones, etc. Si
bien el análisis inicia y avanza emancipado de prejuicios morales y de valor (en especial
los códigos de valor ocultos), esto no significa que el enfoque final de las ciencias
sociales exilie a las cuestiones éticas (la naturaleza valorativa humana) y las cuestiones
políticas (en cuanto una existencia en colectividad). Claro, que una sobrecarga ética,
emotiva y política incluso obstruye el análisis, pues un pensador demasiado apasionado
nubla fácilmente su cabeza. En particular me parece que Fromm ha logrado una
definición inteligente de la posición que incluye la consideración ética en la definición
psicológica, y en esto se basa en la historia de la filosofía, pues a su vez la
consideración ética ya ha sido objeto de largas interrogaciones de los filósofos27.
Finalmente, parece evidente que en términos de ética resulta inviable establecer
definiciones universales, pero sí es viable rescatar una amplia herencia intelectual para
(cuando menos) entender qué sucede con la ética. En ese aspecto, parece adecuado
ligarla directamente con este tercer aspecto de la ciencia social, vinculado a la
psicología y el amor, pues implica una actividad directa para la mejora de las personas,
que exige la participación libre y conciente de cada uno; en un sentido estricto, a nadie
se le imponen sus amores ni sus valoraciones (claro que existe la influencia, la
propaganda, la ideología pero no hay imposición simple…). El descubrimiento de la
ética es una aventura de cada persona, y en tal sentido escapa a las definiciones de una
ciencia preestablecida, pues ya implica la práctica individual e interpersonal concreta.

Las fronteras cualitativas entre las dimensiones (el saber-abordamiento en disputa


por su descifrado).
Retomando un tema de Lukács para interpretar la historia de la filosofía, él aprovecha
astutamente de la dualidad entre valor-valor de uso (siguiendo la crítica de Marx), para
establecer una dicotomía entre racionalismo (reconstrucción intelectual) y los
contenidos (la cosa en sí irrecuperable, los contenidos cualitativos dados, lo empírico no
deducible por el pensamiento), de tal modo que su reconstrucción de la filosofía genera
un eje dual. Contra esa dualidad (cantidad vs. cualidad) él rompe las lanzas de su
explicación, para plantear que únicamente el marxismo logrará un monismo para que la
racionalidad recupere la cualidad de las realidades (coordinando ambos niveles)
mediante la operación dialéctica que construya la totalidad concreta28. Bajo este
argumento se trasluce, que las cualidades implican una fuente de separación de ámbitos,
pues no resulta viable reducir un aspecto ante otro, porque es imposible remitir, por
ejemplo, el color rojo a una cifra. Y si la interpretación directa de las cualidades ya
presenta dificultades a la razón, todavía mayor resulta el desafío para domeñar los
grandes grupos de cualidades bajo la labor de la razón y reintegrarlos hacia otros
grandes conceptos. La ciencia, mediante la reproducción experimental, paso a paso ha
logrado esa remisión de grupo de fenómenos, para interconectar con éxito, por ejemplo
27
FROMM, Erick, Ética y psicoanálisis.
28
LUKACS, Georg, Historia y consciencia de clase.
la química con la biología al lograr modelos de la intervención de los ácidos nucleicos
en la construcción de las moléculas y proteínas. Pero esa conexión entre ámbitos no
resulta evidente (o sencilla de demostrar sin dejar dudar) entre las ciencias humanas
(sicología, sociología, antropología, historia, economía, etc.) pues la conexión entre los
territorios está sometida a complicadas consideraciones del “esquema de percepción”
previo y propio de cada campo29. Resultaría interesante seguir las huellas de la
autonomización de la psicología, escapándose de los esquemas previos (el pensamiento
y el temperamento vistos como las pasiones del alma30, la sensibilidad del cuerpo y el
espíritu) para engarzarse una interpretación diferenciada de psicología, ya con una
estructura conceptual específica con Freud. Sin embargo, las fronteras entre la mente
individual y los eventos colectivos resulta sutil y hasta movible, por más que se
diferencia perfectamente al individuo de las colectividades, el evento emocional
constantemente implica relaciones entre personas, ya sea como imágenes, afectos,
recuerdos, lenguaje… entonces en el extremo se asume que como el individuo es social,
entonces la única vía para comprenderlo es insertándolo o manteniéndolo dentro de una
colectividad, y en el extremo se niega la psicología como disciplina posible.

Los diferentes ejemplos de las disputas constantes entre las disciplinas humanas, con
sus invasiones de territorios y sus nuevas fronteras nos deben mostrar que la cualidad
agrupada ofrece un problema mayúsculo. Cada ciencia humana (y cada uno de sus
enfoques) resulta un intento de responder el cuestionamiento, afirmando que sus
herramientas de comprensión resultan adecuadas para comprender su objeto de estudio
(al menos como campo parcial). Al mismo, tiempo el continuo cambio de paradigmas y
la aparición de nuevos enfoques, quizá interdisciplinarios o “transdisciplinarios”
(usando un enfoque de otro campo sobre fragmentos de un supuesto territorio ajeno,
para absorberlo o reubicarlo) conduce a mostrar la dificultad de la separación misma.
En especial, la psicología pareciera una disciplina que sufre anemia cuando cae en un
enfoque aislado, pero se subleva cuando se pretende reducirla a efectos desde otros
campos (mero efecto físico, mero efecto social…). Cuando la mente se presenta
enferma, un enfoque intenta reducirla a una operación farmacobiológica, prometiendo
que unas dosis adecuadas de productos químicos puestas en pastillas resuelven la crisis
e insatisfacciones de las personas. Fuera de su utilidad contra los casos agudos, la
farmacobiología psiquiátrica nada aporta a la psicología, pues se detiene justamente en
la frontera del problema humano del sentido de la existencia, pues la mejora sobre el
“estado de ánimo” (antidepresivos, estimulantes) se detiene en la frontera de la
presencia del significado, pues ningún medicamento genera un “esquema emocional
sano” con un sentido de existencia (de objetivos propios y valores), pues eso
corresponde a la labor del individuo consciente. Sin embargo, una tendencia principal
de la psiquiatría sigue intentando reducir la mente a sus componentes bioquímicos y
resolver la salud mental mediante la intervención de estimulantes externos (desde afuera
como la mano del músico toca las teclas para crear la melodía), y se contrapone contra
otra legión de psicologías humanistas que se escandalizan en contra de la manipulación
mediante píldoras (así sea para beneficio del paciente).

En su esfuerzo de curar y hacerlo de manera rápida, la psiquiatría no se detiene a


ahondar en la diferencia entre un ánimo genérico relacionado con desórdenes
29
De ahí el intento complejo (casi barroco me atrevo a adjetivar) de FOUCAULT, Michel, en Las
palabras y las cosas, para definir un campo epistemológico de cada periodo para establecer la estructura
de los saberes (o ciencias) especializados, desde donde se establecería la modalidad del pensamiento (una
estructura sobre el pensar y sus posibilidades).
30
DESCARTES, René, Las pasiones del alma.
farmacoquímicos agudos (las sustancias operativas en el cerebro) frente a las ideas
específicas de las personas. Porque las personas no operamos mediante estados de
ánimos puros, sino mediante complejos de ideas unidos con estados de ánimo, donde las
emociones y los pensamientos se entretejen, junto con las operaciones químicas
cerebrales. En fin, las relaciones que pudieran separarse en otros ámbitos, en las
personas resultan imposibles y por ejemplo el sentimiento de enojo, los pensamientos
expresivos de ese enojo y las sustancias químicas segregadas en el cerebro durante esa
emoción están interactuando y operando en flujo y mediante subconjuntos (muchas
imágenes mentales, miles de sustancias en el cerebro). La literatura de divulgación
farmacobiológica difunde la equívoca (falsa) apariencia de que una fórmula sustancias
(un agregado de hormonas) fuera la responsable del enamoramiento, pero ese tipo de
relaciones funcionales simples (unívocas de una emoción-sustancias) nunca están
demostradas31 (por la imposibilidad de tasajear al sujeto de estudio y mantenerlo
íntegro) y finalmente resultará que cientos de sustancias operan en ese mismo proceso
bio-cerebral, pues no sucede aislado el sentimiento, sino en contacto con un cuerpo
singular-complejo y con ideas. En este mismo ejemplo, observamos que están
entrelazados los tres campos cualitativos básicos: cuerpo-economía, pensamiento-
ciencia y sentimiento-psicología. Pareciera que estamos colocados en la orilla de una
ciencia especial (psicología), pero su consideración de la materialidad del cuerpo y la
exigencia de cuantificar el fenómeno, ya implica un territorio que no corresponde a las
emociones mismas sino a su referente bioquímico. Si dejamos por completo de lado el
aspecto farmacobiológico, ¿Qué resta del territorio de la psicología? Queda una
enormidad, queda la emoción misma y sus estructuras en relación con el pensamiento,
como lenguaje de las emotividades.

La textura del universo y la sociedad: el monismo (marxista), psicología


(psicoanálisis) y un campo dualista.

La textura (y al ahondar la teoría entera) de la sociedad cambia según la percepción que


tenemos de ella, de tal manera que un monismo estricto, se diferencia de un dualismo o
una tríada constitutiva. En su superficie, el marxismo resulta ubicado en el campo
práctico utilitario, determinado en primera y última instancia, por la
producción/consumo de la vida, por tanto basado en una economía (de concepto
dilatado pues es la “crítica de la economía-política” abarcando el conjunto de la
existencia producida y no delimitada al escueto tema de monedas, mercados y
fabricaciones).
¿Cómo es la textura del campo práctico utilitario? Emerge una textura del para sí, lo que
es para los sujetos, pero armado de una legalidad material incuestionable (sometido a
leyes necesarias). Justamente porque el individuo-sujeto colocado en la práctica de la
utilidad, asume que las cosas son para sí y asume que sus propias honduras interiores
son definitivas (es el molde de la cosa externa) para asimilar la cosa exterior. El exceso
de campo práctico utilitario proyectado como ideología estalinista sobre Marx (la
variante del marxismo estalinista, convierte en necesidad y fatalidad, cualquier cuestión
humana, y la reduce a necesidades económicas de última instancia) ha reducido una
tentativa revolucionaria en un mecanicismo al servicio de una burocracia, por tanto la
31
La imposibilidad de establecer esta relación sustancia-emociones de manera definitiva en la psicología
acontece tanto por la imposibilidad de crear experimentos sencillos (unívocos, dejando los demás factores
en suspenso), la situación nunca concluyente de los casos (pues cada caso psicológico contradice a los
demás) y el método estadístico en psicología es una suma de casos sin relación definida (los casos
singulares no son concluyentes, y su suma no es reveladora). Las tendencias establecidas en encuestas son
indicativas pero no concluyentes.
ha desvirtuado por entero. Ese campo corresponde a dimensiones generales, por tanto se
conecta con la trans-historia, relacionándose con su fundamento en el trabajo (la
estructura de la producción consumo) pero con un énfasis en el lado superficial de las
cosas, porque ahí las cosas del mundo aparecen como ya dadas, sometidas a una
urgencia evidente (se necesitan como útiles) y con una frontera evidente (lo útil sirve y
lo inútil se desecha).
Y este énfasis en la evidencia de la utilidad no es ontológico (no es la trans-historia
humana misma) sino cuestión de cada sociedad (con más énfasis en el capitalismo sobre
la utilidad-comercial, en el “estatismo” estalinista sobre la utilidad-poder), y por tanto
ese énfasis en la práctica utilitaria se debe cuestionar como un efecto de superficie
(predominio de la trivialidad sobre la teoría). Desde cierta perspectiva crítica, la textura
del campo práctico utilitario se confunde con el monismo social, como si esa superficie
útil (comercial, apreciable, servicial) fuera la única dimensión. Para Marcuse esa falsa
apariencia correspondería con el mundo enajenado del humano enajenado, de su hombre
“unidimensional”32, cuando una pesada costra de fetichismo práctico utilitario se ha
convertido en la única realidad perceptible. La crítica marxista sofisticada (justamente
como la facturada por Marcuse), rompería ese falso monismo de una sociedad practico-
utilitaria para buscar un más allá, una segunda dimensión en el mundo cualitativo
(“valor de uso” según Marx más no utilitario en el sentido burdo del término33), de la
relación social encarnada por el proletariado y su utopía comunista. Sin embargo, bajo
esa doble realidad crítica del marxismo también se funda un monismo filosófico, pues
esa realidad social (construida en esa teoría) no es doble, sino unidad conceptual de un
materialismo radical, mediante un monismo materialista34.
Engels insiste en que el materialismo dialéctico es la única y verdadera solución de los
anteriores dualismo filosóficos, pues claramente el idealismo es un dualismo (materia-
idea) y no tan evidentemente, la filosofía crítica de Kant es dualista (sin solución de
continuidad por el abismo entre nóumeno y fenómeno). Quizá a Hegel no se le acusa de
dualista35, pero como filósofo de fundamento idealista claro que tiene un planteamiento
dualista, y todavía más hondo, su dialéctica se mueve siempre en base a la tríada (tesis,
antítesis y síntesis; afirmación, negación y superación; en sí, para sí, y “en sí y para sí”).
De manera particular, Lukács insiste en que todo el pensamiento emanado del campo de
la burguesía a partir de Descartes (oposición entre res cogitans y res extensa, es decir,
entre pensamiento y mundo extenso) resulta forzosamente dualista oponiendo la
reproducción racional a la materialidad cualitativa del mundo, y que ese dilema
únicamente era capaz de resolverlo con la dialéctica materialista radical mediante una
unificación completa36.

Si bien, el tema del alcance del monismo teórico manifiesta varias aristas, aquí en
particular interesa su efecto en la visión social. En el trasfondo, existe la visión
filosófica, pues si el plano más general (bien de la estructura ontológica como Platón
idea vs. mundo material o bien del campo epistemológico es dualista como Kant

32
MARCUSE, Herbert. El hombre unidimensional.
33
MARX, Karl, Contribución a la crítica de la economía política.
34
ENGELS, Friederich, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Y LUKACS. Georg,
Historia y consciencia de clase.
35
Pues esta dualidad Hegel la aborda sistemáticamente para entregar la solución de continuidad mediante
la dialéctica, la oposición entre ser-nada, espíritu-materia, etc., la resuelve mediante el movimiento, el
famoso ritmo de la superación.
36
Lukács ante Hegel critica con más finura y plantea que el problema no es tanto el dualismo (su
idealismo sistemático) sino una detención de la historia al arribar al periodo del Espíritu Absoluto, como
el presente, y ahí detener la marcha de la dialéctica. Cf. Historia y consciencia de clase.
nóumeno vs. fenómeno) entonce esa duplicación repercute en el campo social, como
sociedad jerárquica (élite aristoi vs. esclavos; griegos vs. bárbaros; etc.) o como mundo
humano dividido (en Kant el “deber ser” con un sutil abismo ante la práctica de la
sociedad, pues no se tocan). Existe una tendencia inherente de coherencia entre las
teorías, para enlazar los enfoques monistas, dualistas o pluralistas (casi indefinidos), y el
horizonte marxista arranca desde la ventaja implícita de la unicidad monista, pero eso se
puede cuestionar. ¿Existe una ventaja inherente a un único principio para unificar entera
la ciencia social? La pregunta es relevante y no todos los autores han aceptado la
unificación final y algunos que la buscan la dejan como provisional, como tema sin
resolver.

Cuando se alcanza la unificación efectiva, acontece un salto de perspectivas y hasta un


avance en la dialéctica histórica del conocimiento. Eso se ejemplifica con claridad en la
ciencia natural, por ejemplo, Newton y Einstein37. Claro que existe una exigencia del
pensamiento hacia la simplificación (con menos principios explicativos resulta mejor
una hipótesis, según la navaja de Occam), pero entre lo claro y sencillo como
preferencia y una especie de unificación final existe una distancia enorme. Asimismo
conocemos el principio de coherencia lógica, el cual exige una consistencia entre los
elementos de una teoría, pero la coherencia no es una reducción, por ejemplo, la
cuantificación permite operaciones intercambiables, pero contar o matematizar
elementos no implica resolver sus diferencias cualitativas, así el sumar colores no posee
un sentido intelectual preciso.

La equivalencia pareciera ser inmediata pues así se ha hecho: unificación en una única
teoría para todo el campo social (materialismo histórico) y una única visión del mundo
en el campo filosófico (materialismo dialéctico). Como esfuerzo la integración en un
singular cuerpo de pensamiento resulta loable, como tentativa la alabo mas no la acepto
como resultado. El resultado (el marxismo como dogma monista) implica la “síntesis
apresurada” y una tarea de formalización38, es decir, actividad de reducción de cualquier
argumento a unas premisas (pre-electas), por tanto eliminación del contenido concreto
del pensamiento, sin movimiento desde el esquema teórico hacia el contenido real y
viceversa. Entonces la unificación final en un monismo ensamblado (porque el
marxismo está integrado) recuerda el inicio histórico de la filosofía con Parménides y su
famoso poema, cuando concluye: lo que es, es, y lo que no es, no puede ser, por tanto
no existe39. El redondeo de este enfoque conduce a un callejón sin salida, pues cuando la
teoría preestablecida existe, entonces la realidad (cualquiera descrita) no pasa de ser un
“carnaval de la conciencia fetichizada”40 y por tanto una nulidad indigna de estudio.

Ya el “estilo” de la caja de herramientas mentales desplegada por la economía política


clásica inglesa posee ese estilo sobrio y casi depresivo para establecer un cuadro de
ciencia económica, que define relaciones cuantitativas al separar las diferentes
operaciones que el campo utilitario de nuestra sociedad. Esa integración de un discurso
unificador de la economía, intentando descubrir las hondas estructuras de la sociedad
capitalista es el antecedente directo del marxismo. Esa obra de economía política clásica
37
Pero existe la búsqueda de la unificación de fenómenos en leyes y sistemas como un anhelo que no
siempre se consigue, por ejemplo con el famoso dilema de la onda-partícula, en la microfísica y la
unificación total del sistema de leyes físicas.
38
SARTRE, Jean Paul, La crítica de la Razón Dialéctica.
39
THOMPSON, Los primeros filósofos.
40
Desafortunada frase de George Lukacs para definir a la vanguardia literaria del siglo XX y agriamente
rebatida por Sartre. Cf. Significación actual del realismo crítico.
describe a los seres humanos, pero sólo cuando son agentes de un objeto, ya sea
dinerario o productivo, estableciendo la contraparte humana de la utilidad. Las cosas en
la economía política clásica están perfectamente agarradas de la mano de las personas, y
las personas nunca se mueven en el vacío, sino se mueven integradas a la operación
viable de las cosas materiales. Del tramado de las operaciones entre las cosas, los
economistas descubrieron ciertas legalidades, de orientación y matemáticas, para
intentar establecer unas leyes de operación. Desde William Petty, y culminando con
Adam Smith y David Ricardo, pareciera que la economía establece una ciencia social
particular, desgajándose como pensamiento específico de la antigua crematística. Con
los clásicos ingleses emerge un pensamiento económico especializado, que marca la
operación cuantitativa y cualitativa de las cosas, encontrando regularidades, remitiendo
a una evidente utilidad. El cuadro de la economía clásica aparece tan sobrio, que para el
observador desprevenido, debe parecerle monocromático y por fuerza generador de una
existencia monista. Resulta una apariencia desprevenida, porque se descubre una
dualidad interior, de hecho Marx la resalta claramente, cuando establece el doble
aspecto de la mercancía como eje guía para comprender esa temática. La mercancía es
dual: valor (de cambio) y valor de uso. Este segundo aspecto corresponde con la
materialidad misma de la mercancía, pero queda fuera de la consideración de la
operación de capital mismo (en términos de Marx, claro) y únicamente interesa el valor
de cambio, como la característica principal, donde está el fundamento del dinero, cuya
curiosa divisa, es que únicamente importa su cantidad41. Y aunque aquí el propio Marx
(de tendencia monista) reconoce una dualidad fundamental, ese divorcio no resulta
operativo, porque el fundador del “socialismo científico”, plantea que la ley del valor
impera, por tanto, el tema del valor de uso (en enorme medida42) queda fuera de las
consideraciones de la crítica de la economía política.

Si bien, Marx declara resuelto el problema de un dualismo abierto desde la separación


entre valor de cambio y valor de uso, la dificulta de unificación se evidencia con la
psicología. La ciencia del comportamiento individual (de la mente) reintroduce la
separación económica entre el puro valor de cambio y el valor de uso de las cosas.
Mientras el valor de cambio terminará por remitirnos al comportamiento de las cifras, el
valor de uso, se mantiene dentro de la problemática de la gran variedad material y de la
correspondiente variedad humana. A despecho de muchas simplificaciones marxistas, la
mercancía (o el capital atrás de ella) no explica el modo de consumo de manera
suficiente, porque el consumir resulta en la contraparte: el sujeto asimilando el mundo.
La fabricación nos transporta hacia una cosa-mercancía (determinada económicamente
con sus precios, insumos, etc) la cual con el consumo es la persona (sujeto del consumo)
quien dispersa (o unifica) el significado (del consumo) con su propia dispersión-
unificación como existente. Entonces la configuración de la psicología como disciplina
autónoma viene a explicar esta distancia entre el producir/consumir y el vivir de la
persona. De entrada el psicoanálisis no encuentra cosas en el mundo sino mapas
pasionales donde cada “cosa” es un símbolo que remite a una formación personal y a
una distribución peculiar de la psique, con su mezcla extraña de Eros y Tanatos, con su
biografía familiar de Edipo y sus mecanismos interiores de negación de impulsos y
adaptación a realidades. Así, para el psicoanálisis en la vitrina de la tienda no se
encuentra el punto final de una larga cadena de procesos objetivos para reunirse en un
41
MARX, Karl, Manuscritos económico-filosóficos de 1844.
42
ROSDOLSKY, Roman, Génesis, estructura y método de El capital de Marx. Algunas categorías
poseen diferencia en su valor de uso, relevante para la teoría económica, como son el asalariado, el capital
fijo, el dinero metálico, etc. Sin embargo, el valor de uso en sí no es problemático y ha sido tratado como
una naturaleza inocente sometida a la costra fetiche del capital.
acto de compra-venta con el consumidor (nueva careta del productor-propietario,
personalización de las relaciones sociales de producción), sino que el encuentro ocurre
entre un apasionado-sufriente humano saturado tras su recorrido por las emociones y
movido por resortes ocultos del inconsciente, emergiendo hacia el conciente, donde el
compromiso entre el principio de realidad y su parte exterior del Yo, se debate con su
principio del deseo (afirmativo vs. tanático), y se resuelven en un único gesto. Así,
Freud extraviado al pasear por una calle de su ciudad, Viena, descubre el nombre
olvidado de un simple letrero de la calle debido a motivaciones de su infancia,
relacionadas con sus pasiones familiares, ahogadas en su inconsciente43. Entonces la
calle con su nombre no se le aparece como un producto de la arquitectura que se
consume (simple y clara cosa fabricada), sino una interrogación sobre la biografía
emotiva de la persona.

Ahora bien, a casi un siglo de distancia cabría interrogar la validez de Freud,


simplemente a partir de la dispersión de escuelas y teorías psicológicas, pero la
amplitud de la práctica psicológica y la variedad de escuelas, también indican que existe
un campo específico, no reductible a los demás campos (económicos, políticos, etc). El
argumento anterior no requiere de la validez definitiva del psicoanálisis (o de alguna
escuela en particular), sino hacia anotar la imposibilidad teórico-discursiva de unificar
(hasta el momento) el campo de lo práctico utilitario (la economía política) y del campo
emotivo (psicología) bajo un mismo sistema comprensivo. Varios autores han declarado
con fervor que sí resulta viable unirlos como intentó Reich (en su periodo militante
freudo-marxista y luego reaparece la duda44) o Sartre (durante su principal etapa
marxista-existencialista aunque con una gran reserva metodológica). Otros autores no
miran esta separación (o unificación monista) en el sentido de un escollo y así parece
comportarse Eric Fromm. En Fromm descubrimos un excelente ejemplo de quien no se
problematiza demasiado y asume un reto a desarrollar, al aceptar en paralelo, dos o más
especialidades válidas, una para el individuo (psicología), otra para la sociedad
(marxismo) y otra para el pensamiento (filosofía) bajo un esquema de adición
(reflexiva, no mecánica) de especialidades (que se mantienen como especialidades);
pero esta manera de abordar las cuestiones nos coloca (o mantiene) en una serie de
legalidades distintas: individual, económico-social, y pensante. Y esa serie de
legalidades diferentes funcionan, pues las actividades académicas siguen operando y
avanzan con estudios especializados, lo que permanece en cuestión es el nivel viable de
síntesis integradora. En el argumento de adelante, la psicología se ha dispersado en
varias corrientes (ahora Freud y su legado no ocupa un sitio tan dominante como en la
mitad del siglo XX) y las corrientes psicológicas principales mantienen la autonomía
conceptual de su objeto de estudio: la mente y la personalidad, integrando sus complejas
manifestaciones en propuestas de modelo o teoría. La ambición de la psicología sigue
siendo explicar un objeto real y evidente (la mente de las personas expresada en
comportamientos) sin recurrir a un sistema total (un materialismo histórico, un sistema
abarcando el terreno social-práctico total), por tanto sigue una senda por completo
contra-monista, su ruta al menos exige una dualidad de las teorías, oponiendo al
individuo con la sociedad y oponiendo al sistema emocional con el funcionamiento
típico el resto de la sociedad y el universo.

43
FREUD, Sigmund, Psicopatología de la vida cotidiana.
44
Sería interesante una discusión detallada de la obra de Reich, para observar esta inviabilidad de la
unificación. Y rechazo la unificación, pero acepto la colaboración de campos, más aún es indispensable
entretejer las emociones con la producción material.
Aquí debe empezar la 2ª. Parte para publicar.
Tentativas monistas con “paradoja” 1: la superestructura ideológica según el
marxismo.
Sobre el fundamento general de la producción social y los intereses de los grupos
humanos, el marxismo propone su famosa reducción de la superestructura a la base
económica y de la ideología a los intereses de cada clase social. De hecho por ahí
empieza el itinerario intelectual distintivo de Marx, con La ideología alemana ya lanza
su polémica en contra de sus contemporáneos, denominados los “jóvenes hegelianos”
(los principales eran Max Stirner y Bruno Bauer) quienes intentaban una aplicación no-
práctica de la dialéctica del filósofo clásico Hegel. Para esta visión de Marx las ideas de
las personas de cada sociedad deben ser redirigidas (o hasta reducidas) al fundamento
de la producción social que las sostiene. Por tanto para este nuevo materialismo la
simple lucha de ideas resulta un sinsentido, una esgrima en la estratósfera, cuando lo
importante ocurre en el curso de la base material, las condiciones de la producción
social y erigidas sobre tal fundamento las acciones de las clases sociales45.
Bajo tales premisas, resultaría de lo más lógico hacer una interpretación al estilo
menchevique o socialdemócrata de derecha (materialismo social mecanicista), para
sentarse a esperar que el advenimiento de una nueva sociedad emerja de manera
automática, pues esa interpretación cree que la conciencia nada aporta al movimiento
efectivo de las cosas. Sin embargo, el marxismo más ortodoxo se mueve sobre una
paradoja: la conciencia revolucionaria implantada en la clase revolucionaria, sí opera
con realidad y manifiesta capacidad de mover al mundo, causando el salto
revolucionario. Así, cualquier manifestación de conciencia es definida como ideología
(falso efecto de superficie) jalada como títere desde el fondo material (la acción práctica
de la realidad económica), pero una única manifestación de la conciencia, los efectos
del proletariado revolucionario (incluido el propio marxismo) sí poseen una sustancia y
surten efecto en la voluntad de transformar la realidad social total mediante una
revolución. Así, el discurso monista materialista manifiesta una singularidad en su
corazón: el sujeto revolucionario sí posee conciencia verdadera y su ideología no es
simple reflejo pasivo sino palanca de transformación revolucionaria. Esta paradoja (por
su singularidad, entendida como una ley que escapa de toda ley) está clara en Lukács, al
plantear la singularidad del discurso teórico marxista, opuesto a la estructura del
discurso teórico burgués. En este punto, al ofrecer una singularidad absoluta el
pensamiento marxista deja de ser estrictamente monista y distorsionarse en la paradoja
de cómo se define a sí mismo (verdad y acción a nivel absoluto, paso de la enajenación
general a la des-enajenación general).

Bajo el aspecto de las declaraciones más estrictas de Marx y sus seguidores, las ideas no
poseen una legalidad propia ni una historia, pues siendo reflejos del aspecto
45
MARX, Karl y ENGELS, Friederich, La ideología alemana, p. 3. “Totalmente al contrario de lo que
ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo.
Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre
predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y
hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone
también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida. También las
formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su
proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y ligado a condiciones materiales. La moral,
la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellos correspondan
pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo,
sino que los hombres que desarrollan su producción material y su trato material cambian también, al
cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que
determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia.” Subrayado nuestro.
fundamental van siguiendo dócilmente la historia de la producción (las fuerzas
productivas trabadas con las relaciones sociales). Sin embargo, la evidencia empírica
nos muestra una compleja historia de las ideas, en particular de las científicas y
filosóficas, las cuales debemos reconocer su íntima relación con su entorno y las
condiciones de vida de las sociedades de las cuales nacen, pero convertirlas en un
“reflejo” o “eco” de su sociedad, más pareciera facilitar una caricatura (reducción a
nada, una nihilización46) de los eventos intelectuales y su impacto en las sociedades. La
caricaturización demuestra sus extremos cuando se aplica a las ciencias de la naturaleza,
y los intérpretes burdos del marxismo divulgaban una visión-quimera de que la ciencia
natural de Occidente-capitalista debía estar equivocada por provenir de una ciencia
burguesa, pues debía existir (por decreto) una superior “ciencia socialista” (fabricada en
la URSS, por tanto motivo de propaganda en los manuales autorizados por el Estado
soviético). Entre propuestas antagónicas de ciencia social pareciera corriente la
descalificación en bloque (descartar las teorías antagónicas), pero el motor de esa
descalificación se convierte en estridente y fuera de norma cuando una perspectiva
teórica (en base a un supuesto monismo) intenta desaparece al conjunto de la ciencia
natural y la conjunto de la historia intelectual. Los seguidores burdos de Marx plantean
la condena de conjunto a la historia del pensamiento y la cultura previa47, como la
despreciable expresión de la ideología burguesa, operando la “tabla rasa” que denunció
Marx como ilusión de la revolución burguesa48.

La tendencia a empaquetar enteros a cultura y pensamiento previos (despreciados como


aspecto condenable del pensar propio del mundo burgués) también se desliza entre
algunos destacados exponentes del marxismo como Lukacs49 y Horkhaimer. En estos
últimos ejemplos, como las ideas carecen de “sustancia” o “legalidad” propias, deben
remitirse a un sustrato social (desenmascarar el mecanismo enajenado y la ideología de
la clase opresora, o una dialéctica iluminista), y como la sociedad de explotación (desde
el esclavismo hasta el capitalismo) es combatida por el marxismo, pues también
cualquier manifestación de ideas (o cualquier nivel de la superestructura) puede y debe
ser reconducido (y las más de las veces reducido a un “nihil”) a su base y condenado al
basurero de la historia.
Y sobre este desestimar sistemático de las ideas (ideologías de los otros o los
adversarios) se corresponde una sobrestimación de la teoría propia peculiar. Pocas
declaraciones sintetizan mejor esta perspectiva que una opinión de Lenin, cuando
consideró que el marxismo es “todopoderoso” porque es “exacto” y científico. Sobre
una línea de pensamiento de rigor materialista y que reduce por método las ideas a ecos
de una realidad material, se crea un apartado para plantear un sistema de ideas perfecto
y por tanto inmutable, y de acuerdo con Sartre, se establece un “idealismo marxista”.
“Idealismo” marxista por cuanto promulga ingenuamente que una teoría posee la
realidad antes de investigarla, encerrando en sus categorías-idea preestablecidas la
verdad completa de la sociedad pasada, presente y futura, por tanto no existe
investigación sino una larga ilustración de las ideas pre-concebidas, remedando a Platón

46
SARTRE, Jean Paul, El ser y la nada.
47
Burda operación que nunca hicieron Marx y Engels. Por ejemplo, el primero estudió hasta el detalle
insignificante las teorías de la economía política que le precedieron. Cf. MARX, Karl, El capital,
Grundrisse e Historia crítica de las teorías de la plusvalía.
48
MARX, Karl, El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
49
Por ejemplo Lukacs en su descalificación del conjunto de las vanguardias literarias, como el “carnaval
de la conciencia fetichizada”, en Significación actual del realismo crítico. Y en otro ejemplo, Horkhaimer
y Adorno en su Dialéctica de la ilustración, empaquetando desde el pensamiento griego hasta el fascismo
como una empresa de “desantropomorfización del pensamiento”.
con sus modelos-ideales que iluminan a la réplica real. Con esa visión es evidente que
para gran parte de los marxistas resulta innecesario investigar el mundo cambiante,
pues la comprensión entera del mundo surgió completa de la cabeza de un par de genios
fundadores (Marx y Engels) pues su “momentum” se vinculó con la irrupción de la
clase revolucionaria (sector industrial del proletariado, alias la clase obrera).

Tentativas monistas con “paradoja” 2: la episteme según Foucault (fase Las


palabras y las cosas)
Algún estructuralismo y post-estructuralismo ha aplicado una operación semejante para
reducir las ideas hacia un fundamento distinto de ellas mismas50, con la misma
tendencia “fuerte” a desestimarlas por entero. Esta perspectiva corresponde a un
enfoque de la episteme en la primera etapa de Foucault. En su visión, las épocas crean
una episteme que define las condiciones de posibilidad del pensamiento culminante o
científico (y sus semejantes, visiones para comprender su realidad, no estrictamente
científicas51). El concepto de episteme corresponde a una estructura conceptual que
obliga al pensamiento a dirigirse en cierto sentido. La obra es interesante y posee una
amplia investigación de las fuentes originales, pero su resultado estricto es inviable. Al
establecer un cinturón de seguridad de las ideas para cada época, establece una
obligación operativa de las ideas, que están marcadas por un “estilo (y hasta resultado)
de pensamiento” en cada época. Este argumento encuentra, al menos, dos objeciones
fundamentales: 1) es a posteriori, cuando pretende explicar un evento sucedido o
posterior, y 2) reduce lo pensado (la obra misma) a una referencia que obliga a pensar,
pero que no posee su propia fundamentación, sino se remite a los resultados posteriores
acumulados (en un periodo histórico, el estilo de pensamiento se agrupa con cierto
enfoque, que a la distancia resulta parecido). Claro, que ninguno de estos dos escollos
aparece de manera burda, pues el argumento de Foucault se mantiene en sutileza y
elegancia, con abundantes estudios particulares, y con un giro interesante para ligar
especialidades del pensamiento en apariencia (o hasta en efecto) desconectadas.

La instauración del “orden de las cosas” marca este tema de la episteme de Foucault
¿cómo se ordenan las cosas? Esa es una pregunta esencial y ofrece una amplia
respuesta, atravesando los siglos y las mentalidades, mostrando los modos de discursos
teóricos, científicos y literarios. Este concepto de orden (para pensar, para aprender,
para decir, para captar…) de las cosas resulta clave en la visión de Foucault. Nos indica
“El orden es, a la vez, lo que se da en las cosas como su ley interior, la red secreta según
la cual se miran en cierta forma unas otras, y lo que no existe sino a través de la reja de
una mirada, de una atención, de un lenguaje” Entonces le parece que tal orden para
relacionar las cosas y generando una percepción fabrica el signo y el medio
privilegiado, así “encapsulan” a las personas y entonces “Los códigos fundamentales de
una cultura (…) fijan de antemano para cada hombre los órdenes empíricos con los
cuales tendrá algo que ver y dentro de los que se reconocerá.”52 A Foucault le parece
que el fundamento-estructura del orden se encuentra en una región media, la cual

50
Remitir las ideas y percepciones hacia un referente distinto es una operación casi universal. Arranca
desde el mismo despertar filosófico con Platón y su caverna. De ahí vienen las “ideas” como entidades
superiores que crean los modelos para la realidad y el pensamiento. El problema es conducir al extremo
esta tendencia, que destruye el estudio mismo de las ideas. Cf. La República.
51
En este ensayo no ha tentado establecer una jerarquía entre los tipos de ideas, desde las más
consolidadas (teorías, ciencias, creencias fundamentales) hasta las más superficiales (modas,
equivocaciones, fantasías irrelevantes). El tema de esa jerarquía entre las ideas requiere de largas
explicaciones, que aquí no tiene lugar.
52
FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas, p. 5.
“entrega el orden en su ser mismo” y “existe en toda cultura, entre el uso de lo que
pudiéramos llamar los códigos ordenadores y las reflexiones sobre el orden, una
experiencia desnuda del orden y sin modos de ser”, entonces siendo ésta la zona
fundadora y al existir “anterior a las palabras, a las percepciones y los gestos” resulta
ser “más sólida, más arcaica, menos dudosa, siempre más ‘verdadera’ que las teorías
que intentan darle forma explícita”53 Este “reino medio” donde Foucault coloca la
creación espontánea del orden mental de cada época, corresponde en diferentes visiones
a la fuente de las ideas (como las condiciones materiales de la estructura social para
Marx, o bien al “espíritu de cada época” para Hegel, o bien un efecto del inconsciente
para Freud) de tal modo se erige una plataforma que entendería el porqué de los
resultados intelectuales de cada periodo. Y los resultados de teoría y de pensamiento
son la materia de la evidencia, así Foucault explica la génesis de obras relativamente
homogéneas de cada periodo. Por tanto, Foucault presenta “un estudio que se esfuerza
por reencontrar aquello a partir de lo cual han sido posibles los conocimientos o teorías;
según cuál espacio de orden se ha constituido el saber”, por tanto no le interesa el valor
racional de las teorías, ni su progreso (la evidencia de su elaboración de las posteriores
retomando a las precedentes), sino “sino sacar a luz el campo epistemológico”54 o lo que
también él llama reiteradamente descubrir “las condiciones de posibilidad”. Bajo esa
óptica no plasma una historia de la continuidad de las ideas teóricas o el progreso de su
objetividad (sucesivas reformulaciones de un tema de estudio, discrepancias entre los
autores), sino una operación por estratos, que él denomina una arqueología, para colocar
cada tiempo del pensamiento dentro de una “episteme” o condición de posibilidad.
Ciertamente, aunque en otros aspectos no resultará confrontable ni aceptable el enfoque
de Foucault, pero su visión ha dado lugar a una profundización cualitativa de cada
periodo del pensamiento, permitiendo mostrar su estructura de operación, zurciendo
lateralmente entre la formación de cada periodo, estableciendo los vínculos entre una
modalidad de biología y de filosofía, entre una gramática y una economía, entre una
geografía y una lingüística, etc. Esa posibilidad de una apreciación cualitativa genera
sus frutos en la obra de Foucault y se le debe reconocer mérito, sin embargo, no siempre
permanece fiel a su premisa, y durante diversos tramos de su texto ignora la
especificidad. Si por un momento comparamos los logros de Foucault con los de
Frances Yates55 sobre el mismo periodo, descubrimos que una historiadora sin
pretensión en su trascendencia teórica (amando la materia de estudios y bajo los
procedimientos tradicionales de historiografía) realiza descubrimientos sorprendentes al
mostrarnos una filosofía oculta dentro esos autores. Este enfoque también representaría
una refutación del método de Foucault, pues el estudio detallado del periodo demuestra
que la red-estructura no mantuvo atrapados a los pensadores pasados y obligándolos en
un sentido preciso.

Resulta curioso, Foucault con su concepto de “episteme” aplica sobre Marx, la misma
anulación típica que el marxismo ha destinado a la ideología. Para el francés la
episteme es una estructura global desde donde se define la pauta de los pensamientos,
representa un conjunto ideológico sobre el cual se establecen las investigaciones y se
crean obras intelectuales; así, su episteme es la red de pescador (o el mar donde pesca el
pescador) y las creaciones científico-literarias son los peces atrapados-producidos por
esa estructura. Para él fuera de esa estructura-episteme de posibilidades intelectuales no
existe creación posible en cada época, la función analítica de la episteme corresponde

53
FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas, p. 6.
54
FOUCAULT, Michel, Las palabras y las cosas, p. 7.
55
YATES, Frances, La filosofía oculta en la época isabelina y El iluminismo rosacruz.
con la “estructura económico-social” marxista que posibilita (o hasta produce) las
ideologías, y nada debería escapar a su influjo. Foucault considera al marxismo como
un pez nadando en el agua del “episteme” de la Era Victoriana, por tanto estima extinto
al marxismo pues ha desaparecido el agua-episteme del estilo de pensamiento propio de
la época victoriana. La vigencia de las teorías específicas desaparecería con su
episteme-productora-posibilitadora.

Esta explicación de Foucault sobre la “episteme” resulta interesante como aplicación de


un monismo discreto (sin radicalismos). En general, el francés resulta alérgico a la
totalización cerrada, pero en diversas fases aplica una búsqueda integradora que tiende
hacia el monismo. Su visión de una episteme no excluiría a ninguna época de poseer
una red-estructura; simplemente se reemplaza la “episteme” pero cada periodo mostrará
la suya, así la humanidad entera y cada persona en lo peculiar queda atrapada por esa
red del pensamiento, ese sitio desde donde se crea el orden. El enfoque es estructuralista
(o post-estructuralista si se prefiere) pero si pretendemos definir el monismo implícito,
su clave unificada señala: la estructura sobre la cultura (las mentalidades, las ideas). En
la obra posterior de Foucault, este aspecto unificador recaerá en el Poder y su red
estructural que atrapa al individuo y su mundo56. Y este resultado anuncia una paradoja
de contexto: a partir del estructuralismo y post-estructuralismo se acrecienta la
dispersión de obras teóricas sobre la sociedad-humanidad, buscando fundamentos
distintos cada una, indicando una diferencia respecto de las demás. Mientras el enfoque
de Foucault define al discurso teórico (la marioneta) como creado-operado desde afuera
(el titiritero) por una episteme. Recordando al marxismo y el punto de vista
privilegiado: el resto de la episteme han sido efectos ideológicos de la estructura pero
este nuevo discurso ahora si permite el descubrimiento de lo real-verdadero. Claro, que
cuestionado directamente sobre esta paradoja Foucault ha tenido que disminuir el
concepto de verdad, y afirma que él únicamente genera “efectos de verdad”, sin
colocarse en la egolatría de una teoría “todopoderosa”. A pesar de esa base negativa del
discurso foucaultiano, el concepto de la verdad no resulta posible erradicarlo, por lo
mismo se relativiza al extremo: “los discursos (ideológicos) no son verdaderos ni
falsos”57, mas en ellos opina Foucault se deben buscar los “efectos de verdad”. Este
desliz hacia una cautela extrema ante la viabilidad del conocer con verdad es otra de las
aristas de la paradoja del monismo intelectual, pues cuando no cae en una egolatría
(creyéndose el único discurso con Verdad) entonces desliza hasta una posición débil
(descreyéndose como ausente de verdad).

De la inviabilidad del monismo en la ciencia social a la conveniencia de utilizar tres


segmentos privilegiados.
Hemos observado repetidamente la paradoja a que nos conduce el monismo en la
ciencia social. Por otro lado, se mantienen diferentes enfoques de estudio social que
abordan al conjunto de las sociedades sin pretender una unificación tan estricta, ni una
división de ámbitos tan específica. Acorde a la sabiduría o buen sentido académico, la
absoluta mayoría de pensadores sigue la ruta de menor esfuerzo (y más segura) y
entonces se contenta con retomar las materias de estudio según un orden académico y
profesional, sumando (sin modificar el material) lo que indica el economista, el
historiador, el psicólogo, el antropólogo, el sociólogo, el lingüista, el arqueólogo, el
urbanista, el demógrafo, el psicólogo, el médico, el filósofo, etc. Mediante la suma se
establecen cuadros interesantes de conjunto, aunque la “suma estricta” no existe, pues
56
FOUCAULT, Michel, Microfísica del poder.
57
FOUCAULT, Michel, Microfísica del poder, p. 186.
cada autor elige sus conceptos clave, su armadura de ideas. Así, por ejemplo Toeffler
maneja un fundamento económico-social para definir el advenimiento de la sociedad de
la tercera ola, mediante el fundamento de una nueva tecno-estructura; entonces arma un
cuadro de conjunto y maneja una visión novedosa de conjunto pero no le interesa
“pontificar”58 sobre sus conceptos socio-histórico novedosos, le basta con presentar su
cuadro panorámico y constatar eventos nuevos y sus tendencias inherentes.

Si siguiéramos una vocación empirista-dispersora estaríamos felices y contentos con el


surgimiento indefinido de nuevas disciplinas y enfoques, pero la dispersión por sí
misma no parece conducir a ningún sitio una. En ocasiones el pensamiento avanza, hace
su aventura en esa dispersión y en otras queda atascado en callejones sin salida, pero
¿cómo cosechará sus frutos? La dispersión produce enfoques y quizá hasta
descubrimientos, también ofrece complejidades innecesarias y callejones sin salida al
pensamiento. Pareciera más conveniente enfocarse para reconocer el conjunto social:
con una triada estructural definida (y justificada) parece viable integrar las
investigaciones y, al mismo tiempo, mantener un respeto al complejo objeto de estudio
social. La agrupación de las tres áreas teóricas con una textura unificada (cuerpo-
economía, pensamiento-ciencia, sentimiento-psicología) implica integrar también
diversos campos especializados dentro de cada área, y también reconocer las complejas
interacciones entre los tres, así como mantener abierto el espacio de las disciplinas
previamente especificadas (política, lingüística, derecho, comunicación…). Por
ejemplo, la palabra es un tema de pensamiento, de lengua, de emociones, de poder y…
de economía. ¿La palabra es tema de economía? Al definir los objetivos a producir, la
palabra está en el corazón del trabajo, la estructura fundamental de toda economía. Con
la palabra, una partícula tan elemental de nuestro conocimiento (el ladrillo mismo que
usamos a cada momento) regresamos al principio y encontramos la dificultad elemental.
Cada área de conocimiento se relaciona con las demás. En el sencillo tema de la palabra
se encierra la gramática de la vida, la lógica de la economía y la retórica del
pensamiento, entonces cada pequeño punto del saber remite hacia el gran conjunto sin
agotarlo. Cada pequeño punto del saber (la sencilla palabra, unidad atómica del saber)
nos lanza como flechas de aventura intelectual, y resulta importante reconocer las
avenidas por las cuales nos envía (cuerpo-pensamiento-emoción, que es economía-
saber-querer, y esto dicho en el sentido amplio de los términos).

Al alcanzar este nivel de la exposición quizá convendría mostrar (y quizá hasta


demostrar) que la textura (y hasta la materia o sustancia propia) de cada uno de estos
campos posee su legalidad peculiar, de tal manera que imponerle las legalidades de uno
contra el otro produce tropiezos intelectuales, además de que finalmente, cada campo
requiere de una integración lateral, conectando el cuerpo-economía-materia social con
el pensamiento-ideas-lenguaje, y esto repetirlo en cada una de las tres relaciones
bilaterales, que siendo tres interconexiones parecen configurar seis según se arranque
desde diferente área (desde el cuerpo-economía al pensamiento o viceversa). En efecto,
si partimos de una relación cuerpo-economía (lo más apegado material) con el
pensamiento con facilidad somos economistas políticos desenmascarando a las ideas,
por ejemplo, cuando tenemos a un grupo de empresarios y analizamos su manera de
pensar, pareciera que importa mucho su condición económica. Pero cuando partimos
desde las ideas para determinar un comportamiento económico, fácilmente nos

58
Y como no “pontifica” no le interesa descalificar la ciencia social previa o plantear una reestructura
completa del pensamiento, ni marcar la invalidez del punto de vista de la hipotética legión de los
adversarios. En ese sentido, Toeffler es propositivo y él deja la tarea crítica para otros.
deslizamos hacia el efecto de la ideología sobre las acciones materiales, y descubrimos
que el hacer-material ha estado condicionado por una serie de creencias, así no hay
empresarios automáticos (ni el capital mismo es un real autómata59), operando una
valorización automática, sino que el perfil de las empresas de cada periodo-región y
como individualidad siguen el camino de una serie de creencias, como la “ideología
empresarial de Japón”, e incluso, resulta casi inútil explicar la formación de capitalismo
fuera de actitudes intelectuales, y en ese aspecto resulta extraordinaria la explicación de
Anderson sobre la creación del capitalismo europeo sustentada por los efectos
ideológicos culturales del Renacimiento y por tanto con una vinculación de larguísimo
plazo con la antigua Roma y Grecia, así como con sus productos ideológicos-culturales
típicos60.

Todavía además se tendrá que relacionar esa polaridad unitaria de dos elementos con
una tercera área (aunque pareciera ajena de momento), a un paso de distancia, por
ejemplo: la relación del pensamiento con las emociones se relaciona también con la
economía. Por ejemplo, la mercadotecnia es un saber útil a la economía que afecta el
estilo emocional de la sociedad mercantil-capitalista, si no se cree esto véase la
interpretación de Erich Fromm sobre una “personalidad mercantil”61 al modo de una
sobre adaptación de la psicología personal, pues el sujeto resulta compulsivo de agradar
a los demás, hasta vaciar existencia. En ese concepto, la interpretación de la psicología
integra las otras dos áreas, y no es extraño pues Fromm buscó constantemente ligar los
diversos campos para elaborar su psicología con fundamento humanista.

Tres áreas para la existencia del objeto social: cuerpo-economía, pensamiento-


ciencia y sentimiento-psicología.
Resulta indispensable, establecer que cada área posee su tipo de materia (su sustancia
propia) que se define por un tipo de naturaleza y legalidad consistentes. Esa sustancia
del área ofrece el fundamento para abordar esos temas con un mismo enfoque o quizá
hasta método. El cuerpo-economía presenta el aspecto más materialista, pues ahí está la
manifestación inmediata y la exigencia de vida o muerte. Para comprender esta área
(por ser conjunto) o dimensión (por cuanto atraviesa la existencia individual-social
entera) conviene conocer las herramientas de Marx, para definir la esfera de la
producción/consumo, el entramado del sustento de la vida material denominado
economía. Ese metabolismo de productos se complementa con el metabolismo más
básico, justo el proceso vivo del cuerpo, por tanto se observa con facilidad la
continuidad entre la configuración del sistema digestivo y la producción de alimentos
adecuados sus pautas alimenticias y requerimientos nutricionales. Los ritmos accesibles
al cuerpo se reflejan en la producción, el modo y tiempo del trabajo; dependiendo de
condiciones del cuerpo se confeccionan las herramientas (con mango, para diestros) y
las máquinas (para usar al obrero o al conjunto laboral dividido en procesos de

59
Este punto de la teoría económica de Marx es muy importante. El capital le aparece como una relación
social completamente enajenada que obliga al empresario a actuar conforme a un automatismo,
coaccionándolo para realizar las acciones tendientes a maximizar la ganancia. El capital-enajenado obliga
al capitalista-persona a actuar en determinado sentido, como valorizador del plusvalor. Cf. MARX, Karl,
El capital.
60
ANDERSON, Perry, Las transiciones de la Antigüedad al Feudalismo, y El Estado Absolutista.
61
FROMM, Erich, El miedo a la libertad, Ética y psicoanálisis..
trabajo)62. Y bastará indicar que la operación de las leyes de este campo son
particularmente materiales y materialistas, acotadas por necesidades.

La contextura del pensamiento-ciencia diverge del estilo material del cuerpo-economía.


El cuerpo se somete al ciclo de vida-muerte, pasando por el crecimiento, alimentación,
reproducción y deterioro siempre queda sometido a lo necesario. El pensamiento-
ciencia se coloca en una posición ante el mundo cualitativamente distinta, pues se divide
entre el aquí y ahora de la percepción hasta la eternidad del pensamiento plasmado (la
inmutabilidad de las ideas preestablecidas), diverge entre la percepción clara y distinta
de la cosa misma y su opuesto en la fantasía. La materia económica se acumula y la
naturaleza fluida del dinero le permite una acumulación teórica indefinida. En cambio,
el pensamiento no ofrece el aspecto principal de una acumulación cuantitativa (sucede
este agregado de manera secundaria (en el aspecto de conocimiento), a manera de
materia prima y avance, pero eso es el lado accesorio y hasta superficial), sino de un
crecimiento orgánico, una educación donde los conceptos se entrelazan y las habilidades
pensantes se consolidan. Mientras la riqueza pareciera existir cual fetiche fuera de los
sujetos, en el pensamiento resulta imposible su desenvolvimiento de manera externa
(por más que la objetivación en textos sea tan importante y ahora se pretenda erigir en
fetiche a la inteligencia artificial). Esta manera de crecer del pensamiento se asemeja
con la biología y sus patrones de progresión, pero una diferencia radical aparece cuando
el pensar altera el molde predefinido (al modo de la oruga convirtiéndose en mariposa),
pues acontece un salto cualitativo. En efecto, el avance del pensamiento sucede en
gradaciones cualitativas, más definibles por la escalera (incluso más irregular, con
subidas y bajadas; escalones mínimos, planos o enormes; meandros de bifurcación; vías
de retroceso; círculos que conducen al mismo sitio; callejones sin salida; estancamientos
seculares; brincos abruptos) de figura compleja y hasta quizá “rizomática”.
El sentimiento-psicología acontece dentro de una textura por completo diferente, pues
las emociones no corresponden con esquemas de avance globales, sino en el ciclo
estricto de una vida individual (un avanzar acotado, una escala truncada). Así, no existe
una progresión histórica de los caracteres (o personalidades o emociones), sino que el
paso de generaciones sucede en una lucha-ruptura. Para el sentimiento (y lo que
depende de este sentido de alma, tal como el lado universal de la ética) no existe (en
sentido estricto) la línea del tiempo, pues las emociones no suceden en un calendario
marcado por líneas de evolución continuas. Claro, que sí existe la “tri-temporalidad” de
cada emoción, pues el sentimiento es proyecto, línea de fuga ante una situación; sin
embargo, cada proyecto al alcanzar su punto de realizado, también planteará otro nuevo
proyecto hacia donde seguir viajando. Por ejemplo, las fenomenologías del proceso de
enamoramiento corresponden a un ciclo personal y no a una evolución por más que se
desee una “madurez” de los caracteres, lo cual también corresponde a una fase del
ciclo63.
Asimismo, una parte de lo emotivo permanece como encapsulada (atrapada), se ha
afirmado que el “id” es eterno, desconoce el sentido de Cronos, pues ese sentido
sucesivo únicamente opera en el terreno del “principio de realidad”64. Esto implica que
la textura emocional es peculiarmente contradictoria con la textura del pensamiento y la
corporal-económica, pero resulta indispensable y crucial para comprender al individuo y
a la sociedad. Sin la comprensión de la emoción, la investigación del individuo y la

62
MARX, Karl, El capital, tomo I, cap. XIII, “Maquinaria y gran industria”. CORIAT, Benjamin, El
taller y el cronómetro y El taller y el robot.
63
Por ejemplo, ALBERONI, Francesco, Amor y enamoramiento.
64
FREUD, Sigmund, Más allá del principio del placer.
sociedad resulta una ficción. De ahí, la compleja situación contradictoria del mito, la
religión y la cultura (incluso la política) opuesta al simple racionalismo y a la
productividad económica; pues en esos planos simbólicos se rompe la percepción del
fluir histórico para adentrarse en una temporalidad de eternidades65, más adecuada a la
emoción que al análisis.

Comprender los conceptos sociales exige concebir estas tres áreas del objeto social en
su legalidad contradictoria (corporal-materialista, mente-pensante y corazón-emotiva),
la cual además aparece también bajo otras caretas, como cuando consideramos la
operación sustantiva de lo político. Sin embargo, el conocimiento de lo político no se
inició como una ciencia autónoma, sino como la consideración del conjunto humano, tal
como lo muestran las explicaciones de la República de Platón y la Ética nicomaquea de
Aristóteles, cuando desarrollan su reflexión sobre el conjunto social (la polis), sin
cristalizar hacia el estudio de la política de manera autónoma66. A la par que se
reconocen las explicaciones especializadas del fenómeno político buscando su legalidad
propia (leyes, sistemas de poder, operación administrativa, configuración de Estados…),
este conjunto de “la política” también implica estudiar las dimensiones del cuerpo-
economía (el sujeto de derecho como cuerpo, etc.), del pensamiento (el discurso de las
leyes y su jerarquía) y de la emoción (la voluntad popular, la legalidad misma, la
justicia, los derechos humanos, el bienestar social, etc.). La búsqueda de una integración
de las áreas-dimensiones del conjunto individual y social, quizá permita mantener una
visión vital que respete la complejidad de los fenómenos y además facilitando
desentrañas las nuevas tendencias de nuestra turbulenta y cambiante realidad.

El hilo rojo de Ariadna o la conveniencia de ligar: economía-cuerpo, pensamiento-


mente y psicología-emoción como un vínculo evidente entre sociedad-individuo, en
relación con la enajenación-apropiación y la nueva sociedad.
Resulta válido que los diferentes estudios aborden directamente “la cosa misma” de lo
social-general mirando en directo los agregados (cuentas nacionales, tasas globales de
población, migraciones masivas, etc), pero importa mantener un vínculo para
retrotraernos hacia el individuo concreto, cuando observamos aquellos ricos análisis de
los conjuntos y sus relaciones. Empecé con una queja respecto del estructuralismo y
postestructuralismo cuando pierden su relación con la individualidad. Esta queja
pareciera repetir al Sartre del periodo marxista, cuando levantaba la bandera
existencialista para “controlar” los daños provocados por el exceso del marxismo (sobre
todo del estalinista). Ese exceso quizá resulte viable evitarlo señalando desde un inicio
el camino progresivo-regresivo, para que el estudio global no se extravíe entre la nube
de la “estructura”, en particular cuando la supuesta estructura se diseña (en la
teorización) como una entidad enajenada y enajenante, una potencia superior a los
individuos que la generan (no por su intención, buscando crear una realidad suprema,
sino en un actuar colectivo, no intencionado que produce entidades colectivas
superiores).
La enajenación del individuo respecto de la sociedad no únicamente representa un tema
político de denuncia (como en Sartre o Gorz67) o un malestar expresado en la literatura
65
ELIADE, Mircea, El mito del eterno retorno y Tratado de Historia de las religiones. CAMPBELL,
Joseph, El héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito.
66
La autonomía de lo político planteada con Maquiavelo, ha sido cuestionado como novedad histórica
desde el Renacimiento, surgiendo desde la separación social entre poder y riqueza a partir del mercado
creciente, Cf. ANDERSON, Perry, Las antinomias de Antonio Gramsci y El Estado Absolutista.
67
SARTRE, Jean Paul, El existencialismo es un humanismo, El Ser y la Nada. GORZ, André, Historia y
enajenación.
(Kafka68), pues también es un tema crucial donde se reúnen la teoría y la política social.
Retomando una amplia exposición de Mészaros, estimo que el enigma de la enajenación
es el resumen y pieza clave del crucigrama social de la modernidad69. El marxismo, en
su aspecto más humanista, representó un intento por responder a esta problemática, sin
embargo, no alcanzó a convertirse en una teoría de la apropiación de la existencia
concreta, sino que intentó n proyecto global de reapropiación por una clase oprimida-
ascendente (o revolucionaria), y ha permanecido como una visón inviable, por
cuestiones que aquí no es espacio para considerar. Aquí interesa, que el estructuralismo
mal enfocado se convierte en un complemento teórico de una situación histórico-social
de enajenación (sin que esto implique ninguna responsabilidad teórico-personal para los
autores estructuralistas) y, por tanto, representa una sintonía con una situación social de
enajenación generalizada. Conforme las cadenas de enajenación social aguda se han ido
aflojando, resulta más viable elaborar una teoría más allá del estructuralismo, que
mantenga ligadas las estructuras con la praxis de los individuos, conforme los
individuos y los grupos concretos emprenden un camino de des-enajenación, por vía de
una creciente reapropiación de su existencia. La espiral de la enajenación creciente
terminó su curva de ascenso en la mitad del siglo XX, cuando la configuración concreta
del proletariado (simple asalariado industrial) dejó de aglutinar a la masa social
principal, para dar paso a un cognitariado (unidad del trabajo con el conocimiento)
como la figura central de la reproducción social. También el capital redujo su operar en
un simple rol automático, para agregar un creciente componente de conocimiento a la
reproducción social, entonces nos adentramos en lo que Alvin Toeffler denominó la
Tercera Ola, una sociedad de servicios con una nueva figura tecnológica, donde el
problema de la miseria elemental no define el eje del problema social70, sino una
sociedad sobre-saturada de bienes de consumo y con una compleja vía de conflictos en
su movimiento de desarrollo y regresión. Entre la nueva complejidad de la sociedad
post-industrial conviene mantener clara (y cada vez más diáfana) la relación entre los
individuos, sus grupos y la sociedad global. Ya no es viable sostener que la sociedad
global generará una pauta de cambio de uni-episodio (el mono-efecto producido por la
mono-causa, imaginado como una revolución de novela), de manera autónoma o que el
Estado proveerá de una salida institucional para la sociedad entera. La compleja textura
(triádica) del individuo y la sociedad resulta más evidente en el contexto actual, y esa
textura social compleja exige múltiples repuestas complejas ante la problemática
presente y sus horizontes de cambio.

Las teorías que unilateralmente sólo consideren un lado del triángulo social-individual,
por su reducción excesiva, no darán respuestas teóricas ni soluciones prácticas
duraderas. Una teoría social que pretenda descartar por completo las necesidades
emocionales y las formaciones del deseo humano resultará anacrónica y de un
objetivismo falaz pues tratará al individuo (o al grupo) como a una entidad simplificada,
quizá atendiendo a su faceta económica o moral, pero sin la densidad de su existencia
concreta. Por ejemplo, la satisfacción fisiológica de las necesidades en el conjunto de
las economías resulta cada vez menos importante, por eso emergió como término

68
VALDÉS MARTÍN, Carlos, Revista Reflejos, Num. 14.
69
MEZSAROS, István, Teoría de la enajenación de Marx.
70
La miseria absoluta primero (siglos XVIII-XIX hasta la crisis del 1929) y luego miseria relativa (hasta
la post Segunda Guerra en el centro metropolitano, hasta el inicio del siglo XXI en las naciones de
segundo nivel, y en proceso de reducción continua). Una gran parte del mundo desarrollado se mantiene
en las fases de miseria absoluta y relativa, de ahí la enorme tensión planetaria, pero la vanguardia ha
cambiado su posición absoluta y relativa. Cf. TOEFLLER, Alvin, La tercera ola y El cambio del poder.
corriente la “sociedad de consumo”71, lo cual implica un complejo rompecabezas y
genera un haz de interrogantes sobre las tendencias “des-materializadoras” (reductoras
de la materia a su micro-expresión de apariencia o parasitarias) del sistema en su
conjunto.

71
BAUDRILLARD, Jean, El sistema de los objetos y El espejo de la producción. Sin embargo, opino que
Marx sigue teniendo razón, al partir desde la producción y no desde el consumo. Es el nivel y tipo de
producción de la sociedad capitalista avanzada el factor indispensable para comprender el creciente papel
del consumo, y aún así si se pretende reducir el tema a una “determinación en última instancia de al
producción” se caerá en un simple equivalencia, que no explica la dinámica transformadora actual.