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1.

Contexto histórico y cultural


En la transición entre los siglos XIX y XX, en toda Europa, se
percibía una necesidad de cambios que acabaran con una sociedad
vetusta y estancada y permitieran una nueva mentalidad creativa;
germen de las vanguardias.
 
Esta inclinación por las nuevas tendencias estéticas y el progreso
de la ciencia se hace más patente en España, alejada durante el siglo
XIX de los avances de otros países como Francia, Alemania e Inglaterra.
 
Empezaron a ponerse de moda términos como decadencia,
naturalismo y simbolismo. La renovación artística y literaria parte de las
ideas filosóficas anti-positivistas e irracionalistas
de Schopenhauer, Nietzsche y de Bergson, y, unos años más tarde,
de los nuevos logros del psicoanálisis freudiano y la relatividad
de Einstein.
 
En este recorrido se encuentra el Modernismo, entendido como
una necesidad de rebelión, de ruptura con el pasado, con el siglo XIX.
 
Un giro radical se encuentra principalmente en la literatura, donde
se empezó a imponer un estilo más refinado, la expresión de una
estética centrada en el arte por el arte, una especie de acercamiento
al romanticismo, un lenguaje caracterizado por una búsqueda de la
simplicidad.
 
Históricamente, en España se difunden, a lo largo del siglo XIX,
las nuevas doctrinas políticas liberales, aunque la situación en el
medio rural apenas cambia. Por su parte, los países hispanoamericanos
se van emancipando; ahora bien, cuando llega el caso
de Cuba (favorecido por la intervención de capital estadounidense), los
políticos y periodistas españoles crean un clima triunfalista,
completamente falso, por lo que, al sobrevenir inevitablemente el
desastre, la mayoría de los burgueses españoles se quedan
desilusionados y sin saber a qué atenerse.
 
A la clase media le fallan todos los presupuestos ideológicos y
necesita de otros que los sustituyan. Así surgen los krausistas entre los
intelectuales liberales, y los socialistas (con mayor o menor tendencia
hacia el anarquismo, según las regiones y las épocas) entre el pueblo y
algunos escritores que, para abrirse paso, necesitan derrocar a las
figuras consagradas. 

2. El Modernismo
Fueron años intensos, de provincia en provincia. Abrimos sedes en
el sur y suroeste. Tuve que hacerme cargo de alguna. Por aquel
entonces, había desistido de mis intenciones literarias y me había
centrado en el periodismo. Y aunque no estaba especializado, pues en
las revistas y periódicos de la época todos valíamos para todo, me
inclinaba por las noticias literarias.
 
Así es como comencé a relacionarme con escritores, poetas y
artistas de toda España. Me convertí en un estudioso de mi realidad
literaria. Conseguía entrevistas con los más importantes, me enviaban
libros para que los reseñara en la revista.
 
En fin, en torno a 1910, y más allá, viví una de las etapas más
interesantes de mi vida.

"¿Qué es el modernismo? Difícil sería definirlo de


manera concreta, porque, ante todo, es preciso hacer
una salvedad: el modernismo no es una escuela. Podrá
haber sido una congregación, podrá haber constituido
un ejército, podrá haber tenido un credo y una bandera,
pero literariamente nunca ha sido una escuela. El
modernismo no es más que un grupo de tendencias,
unas de orden espiritual, otras de orden formal. (...) En
suma: los tres rasgos espirituales del modernismo en
arte y literatura, son: el retorno a la naturaleza,
buscando en ella la fuente de la ingenuidad y de la
sencillez; la vibración intensa de la vida contemporánea;
Imagen 2. Autor: Ernst
Ludwig Kirchner.
y un misticismo que busca la revelación artística del
Dominio público indescifrable misterio."

Quien así habla es Henríquez Ureña, en una conferencia


pronunciada en la Academia "Domingo del Monte", en el Teatro Martín,
en Santiago de Cuba, el 22 de febrero de 1916. Yo, como la mayoría de
los periodistas literarios españoles, tuve noticia de ello a través de una
publicación cubana que nos enviaban desde La Habana: "Cuba
Contemporánea. Año VI. Tomo XVIII, Habana, noviembre de 1918,
núm. 3". Esto rezaba en su portada.

En la página 14 y siguientes se reproducía el artículo del


eminente profesor, en el que daba una nueva visión del movimiento.
Me gustó su punto de vista: forma y espíritu unidos en el arte.

¿Dónde quería llegar con su reflexión?

2.1. Orígenes
 Imagen 3. Autor: Darío de Regoyos y Valdés. Dominio
público

El Modernismo hispánico tuvo dos áreas de desarrollo: América


y España.

En América tomó un rumbo predominantemente esteticista. La


poesía que se escribe es brillante, cromática y sensual, en armonía
con el temperamento exuberante de aquellas tierras.

En España tomó dos caminos fundamentales: uno también


esteticista, arraigado en el colorismo andaluz de los precursores,
Reina, Rueda, Villaespesa y Manuel Machado, reafirmado tras la
publicación del libro de Darío, Azul, en  1888, prologado por Juan
Valera; el otro, que cuajó más hondo en el ser mismo del escritor, es
el que bajo la tensión histórica del 98, se refugió en la sobriedad y
descubrimiento castellano y articuló una poesía fundamentalmente
forjada en la sencillez expresiva.

En el origen del Modernismo se integran dos tendencias artísticas


cultivadas en Francia:

 Parnasianismo, que buscaba el arte por el arte, alejado del


compromiso social y basado en la belleza formal. Su influencia fue
clave en la obra de Rubén Darío.
 Simbolismo, que se declara contrario a una literatura didáctica,
hueca y utilitarista. Es, por lo tanto, una reacción al Naturalismo
previo, una huida hacia el sentimentalismo y la espiritualidad, como
se ve en los poemas de Baudelaire, Poe, Verlaine.
El Modernismo es un movimiento literario esencialmente sincretista, asimilando los movimientos
poéticos europeos más próximos. En 1902 conseguí, con ayuda de su antiguo profesor de francés
Jesús Muruáis, que el mismísimo Don Ramón María del Valle-Inclán escribiera unas líneas sobre el
Modernismo en la revista con la que colaboraba, La ilustración española y americana.

Recordemos algunos fragmentos de su inteligente artículo:

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Pilar de la calle Elvira, Mariano Fortuny

Imagen 4. Autor: Mariano Fortuny. Dominio público

"Si en la literatura actual existe algo nuevo que pueda recibir con justicia el nombre de
«modernismo», no son, seguramente, las extravagancias gramaticales y retóricas, como creen
algunos críticos candorosos, tal vez porque esta palabra «modernismo», como todas las que son
muy repetidas, ha llegado á tener una significación tan amplia como dudosa. Por eso no creo que
huelgue fijar en cierto modo lo que ella indica ó puede indicar. La condición característica de todo
el arte moderno, y muy particularmente de la literatura, es una tendencia á refinar las sensaciones
y acrecentarlas en el número y en la intensidad. Hay poetas que sueñan con dar á sus estrofas el
ritmo de la danza, la melodía de la música y la majestad de la estatua. Teófilo Gautier, autor de la
Sinfonía en blanco mayor, afirma en el prefacio á las Flores del Mal que el estilo de Tertuliano
tiene el negro esplendor del ébano. Según Gautier, las palabras alcanzan por el sonido un valor
que los diccionarios no pueden determinar. Por el sonido, unas palabras son como diamantes,
otras fosforecen, otras flotan como una neblina. Cuando Gautier habla de Baudelaire, dice que ha
sabido recoger en sus estrofas la leve esfumación que está indecisa entre el sonido y el color;
aquellos pensamientos que semejan motivos de arabescos, y temas de frases musicales. El mismo
Baudelaire dice que su alma goza con los perfumes, como otras almas gozan con la música. Para
este poeta, los aromas, no solamente equivalen al sonido, sino también al color:

"Il est des parfums frais comme des chairs d'enfants.

Doux comme les haut bois, verts comme les prairies".

Retrato de Baudelaire, Gustave Courbet

Imagen 5. Autor: Gustavo Coubert. Dominio público

Pero si Baudelaire habla de perfumes verdes, Carducci ha llamado verde al silencio, y Gabriel
d'Annunzio ha dicho con hermoso ritmo: Canta la nota verde d´un bel limone in fiori. Hay quien
considera como extravagancias todas las imágenes de esta índole, cuando en realidad no son otra
cosa que una consecuencia lógica de la evolución progresiva de los sentidos. Hoy percibimos
gradaciones de color, gradaciones de sonido y relaciones lejanas entre las cosas que hace algunos
cientos de años no fueron seguramente percibidas por nuestros antepasados. [...] Esta analogía y
equivalencia de las sensaciones es lo que constituye el «modernismo» en literatura. Su origen
debe buscarse en el desenvolvimiento progresivo de los sentidos, que tienden á multiplicar sus
diferentes percepciones y corresponderlas entre sí formando un solo sentido, como uno solo
formaban ya para Baudelaire:

"O métamorphose mystique

De tous mes sens fondus en un!

Son haleine fait la musique,

Comme sa voix fait le parfum!"

Valle busca definir el movimiento a través de una de sus principales características, la expresión
refinada y creativa de las sensaciones. Y para ello nos trae a los poetas "sensitivos".

¿Sobre qué recurso se fundamenta este modernismo?