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TheodorWAdorno .

1res-estudios
sobre Flegel

taurus

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TRES ESTUDIOS SOBRE HEGEL

ENSAYISTAS - 61
(r

OT RAS OBRAS DEL AUTOR


THEODOR W. ADORNO
pu b licadas p or
TAURUS EDICION ES

Sociulo ¡¡ictl (en co la bo r ación co n Max Hcr kheirne r).


l-a id c% g la com o lenguaje.

EN PR EP ARACION:
Crit icas de la t alÓn literaria.
Dialéctica negativa.
Teor/a estilicd.
Tum inologia filos ó fica.
TRES ESTUDIOS
SOBRE HEGEL
Ve rsió n espa ño la d e
VICTOR SANOU Z DE ZAVAlA

0700787918
• (

Título o rigina l: Drei Studien zu Hegel


0 1963, S UHRUM P Ver la g, Frank fu r t "m Main.
(El texto Aspekte der hegeb ch en Philosop hic, O 1957,
SU H RKAMP Ve rlag , Frankfurt am Maill.)

Prim er a edi ci ón : junio de 1%9 Dedicado a


Segunda ed ició n : ener o de 1974
KARL H SINZ HAAG

10 1970, TAURUS EDICIONES, S. A.


Plaza del Ma rq ué s de Sa lama nca, 7. MADRlIl·6
I SBN: 84-306-Hl61-8
Depósito lega l: M. 37.666-1973
PR IN TE D IN SPAlN
NOTA LIMINAR

. Al llegar el momento de reed itar lo s Aspec tos de la


filosofia de Hegel, el autor quiso com ple tar lal t rabajo
con el opú sculo que había publicado mient ras ta nto
ace rca de la sustancia ex perien cial hegeliana; pe ro la
analogía con la sent enci a tres homincs fuclunt colle-
glu m, o sed, tr es opúscu los hacen 1111 libro (aunqu e sea
bre ve), le ha m ovido a pasa r m ás ad elan t e. De ah í que,
de acu erdo con un plan lar go t iem po abrigad o, haya
puesto por escrito ciertas consideraciones sobre los pro-
blem as de la comprensión de Hegel que proced en del
t raba jo d esa rrollado en el S emi/tarjo de Filosofía d e la
Universidad, en Fr ancj or t ; d esde trace m uch os afios se
ha n ocupado allí repetidament e de lIegel Has: Horkhei-
m er y el au tor, y había que re ferirse a lo en con trado
en la docencia. (E n cua nt o a la unidad del pensamiento
fi losófico de ambos responsabl es d e las in t erpretacio-
nes pro pu estas, hemos creí do posible prescind ir de in-
d icaciones concretas. ¡
Subrayemos , co n 'objeto d e ev itar d esengaños, que
«S k o t e ínc s» no pretende algo as í COIllO efec t uar el mis-
m o la aclaración pendiente de los principotes textos he-
gelianos: form ulam os, si m plement e, WUH reflexio n es de
principio relativa s a tal tarea, aconse jando, a lo SW llO,
sobre cómo puede lograr se la com prensiá u, pero sin
que nad ie se encuentre dispensado del esfuerzo po r

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concretar en los textos tales reflexiones. No se trata, ADVERTENCIA
pues, de facilitar la lectura, sino de evitar que se mal-
gaste la extraordinaria fatiga que sigue exigiendo H~
get. Por lo demás, habría que trasladar a las orienta-
ciones sobre cómo habría de leérselo lo que él recuerda
respecto de la teoría del conocimiento: que solo cabe
tener éxito cuando se consuma una interpretación sin-
gular llevada hasta el fin; pero de es(e modo transgredi-
ríamos los limites de la propedéutica que el autor debe-
ría imponerse. Acaso disculpe-a éste de 'las manifiestas
insuficienéias que lo desazonan el haberse detenido pre-
cisamente donde habría que empezar. . Citamos los escritos de Hegel de acuerdo con la nueva edi-
El conjunto tiene la intención de preparar un con- ción del jubileo, preparada por Hermann Glockner, Stuttgart
[Frommannj, a partir de 1927. [En esta ed ición española damos
cepto modificado de ta dialéctica.
además la referencia, sie mpre que es pos ible, a la última ed í-
cíen critica correspondiente a cada tomo de las «obras com-
pletas» citadas por el autor (ediciones que no sólo son prefe-
r ibles in trí nsecam en te, sino por la facilidad de consulta y
adquisición); a lo que añadimos las traducciones castellanas más
aceptables, con tal de que sean versiones directas. ] Empicare-
mos las siguientes abreviaturas:

WW 1. Aufsiit;.e aus dem kr:itischen Journal der Philosophie


(und andere Schriften aus der rensener Zeit) Ledo crtt.
parcial, de G. Lasson: Erste Druckschriiten, Leipzig,
Meiner (ephllosophísche Bíblíotbek», 62), 1928; de ella
se han reimpreso sueltos, en 1962, los opúsculos Ditte-
renz der Fichte'schen und Schelling'schen Systems der
Philosophie, Hamburgo, Meiner (<< Ph . B.», 62 a), y Glau-
sen und Wissen, Hamburgo, Meiner (<<Ph. B.», 62b)].
WW 2. Phiinomenologie des Geisles Led o cr ft., de J. Hoffmeister
6.' ed., reimpr.}, Hamburgo, Meiner ( "Ph. B.», 114),
1962; verso casto de W. Roces: Fenomenología del es-
píritu, México, F.C.E., 1966] .
WW 3. Philosophische Propadeutik Ledo crú. (con otros tra-
ba jos), de Hoffmeister: Nürnberger Schriften, Leipzig,
Meincr, ("Ph. B.», 165), 1938].

WW 4. Wissenschaft der Logik , 1. Tell Ledo cnt., de Lasson

10 11
(re tm pr.j, H am b urg o. Mciner , l . I (_ Ph. B._, 56), 1967, W\'I/ 16. Vo rles rmgen ü ber d ie Philosophie der R eligion, 2 Bd .
Y lo JI ( _Ph. B._, 51), 1966; verso ca sto de A. y R. Mon·
WW 17. Vor feslln gen über di e Gesch ich te der Phíloso phie, 1.
do lfo : Ciencia de la lógica, 2 t., Buenos Aires , Hachen e,
Bd. red. crn. de la s lecciones introductori as, al cuida do
tt . 1 Y 11, 1956] .
de lIoff m eist er y F. Nicolin : E inleitllng in di e Ges-
ww s. Wissel1schaft der Logik , 2. TeH red. cnt., como WW 4, chic h le der Phílo soph ie, 3,' ed., H amburgo , Mcincr
t. JI: verso cas t., como WW 4, 1. II]. ( e Ph . B.", 1(6) , 1959 (de la que existe ver sión caer . por
E. Terrón ; I n troducción a la his tor ia de la í i íosoíía,
WW 7. Gru ndlin ien d er Ph ilosophie des R ec h ts led o crtt., de Bu enos Air es , AguiJ'lr, 1956); ver so cast . (de WW 11) de
H offm ei ster , lI a m bu rgo, Mcincr ,( _Ph. B ._, 124 a), W. Roces ; Lecciones sobre la historio. d e la filosoNa,
retm p r., 19621. México, F.e .E., 1955, t. r j.

WW 11. S ystem der Ph iiosop hie, I. Teíl. WW 18. Vo rlesu llgen ü ber d ie Gescllichte der Ph itoso phie, 2, Bd .
t vers. cas t. com o WW 17, 1. II J.
WW 9. Svet em der Phil osoph ie, I I. TeH.
WW 19. V orleSlln/iell ilber di e Gesch ich te der Phiíosophie, 3. Bd.
WW 10. S}'stem der Phílosopníe. III. Teil. [ vers o cas t . com o WW 17, l. lI J.
[ E n es tos t re s volú menes de la ed ició n de Gloc kner
se encierra, a umen ta da co n muchas ea d ic lo nes» pro-
ced entes d e apuntes de clase y algo a lte ra da por los
editores pó stumos , la última ed ición (1 830 ) de la
E nciclo pedia p ublicad a e n vida de Hegel, de la c ua l
e xiste la ed . crtt. de F. Nicolin y O. Póggeler, E,,·
Zyklo piidi e der phi/osophis chen wíssens cnot ten im
C ru ndr isse (1830), 6.' ed ., H ambur go, Meín er (_Ph .
B.", 33), 1959; hay ver soca sto de la ed. de 1830, tra d . por
E. Ovejero y Mau ry : E nciclo ped ia de ras cie ncias ti-
Ios óttcas, 3 t, Madrid , V . Su árez, 1917-8.]

'ww ti. V o rk sun gen üb er die Philoso phie der Gesch ich te l ed o
cr tr. de las lecc iones in tro d ucto r ias , al cu idado de
Hoffm eist er : Die V ernu n ft in d er Gesc hich te, S.' cd .
{r eimpr.), H ambu rgc, Meiner (_Ph . B.•, 171 a ), ]966;
verso c as t . (de WW 11) de J . Oa o s : Lecciones sobre la
f ilosof ía de la h istoria universal, Mad r id , Rev. de
Occ., 2 t., 3.' ed., 1953, y tamb ién en Buenos Aires ,
Anaco nda, 1946].

WW 12. V o rlesrm gen ü ber die Aesth eti Jc , l . Bd . [verso ca sto de


és te y los si guien tes tomos (WW 13 y WW 14), po r
F. Giner de los Ríos : Es tét ica, 2 l., Madrid , V. Su á-
rez, 1908J•

•ww 15. Vo rle ~ lI n gen liI/er die Phílo sop hie der Rel igim l, 1. Bd .

12 13
,I

AS PEC T OS

Una ocasión cronológica como el 125 aniversario de


la muerte de Hegel podria induci r a lo que se lla ma un a
apreciación crítica. Pero es te concepto se ha vuel to in-

I
sufri ble ( su pu esto que, por lo demás, haya servido de
algo en otro t iempo): anuncia, por parte de qui en po-
se a la c uestionab le di ch a de vivir después y esté ob li-
gado por su profesión a ocu pa rse de aquel so bre el que
haya de habla r, la desvergonzada pretensión d e señalar
so be rana men te al difunto su puesto y. de es te modo,
colocarse en cierto se nti do po r enci ma de él; y en la
abominable pregunta de qué significan para el presen te
Kant y, ahora, Hegel (ya el llam ado renacimien to hege-
liano comenzó hace med io siglo con un lib ro de Be ne-
dettc Cro ee que se compr ome tía a desenredar lo vivo
y lo m uerto de H egel) resuena sem ej a n te p resunción.
No se lanza, en ca mbio. la pregunta in ve rsa . la de qué
significa el p resen te a n te Hegel: si. po r ejem plo, la ra-
zón a que, tras los tiempos de la suya, la absolu ta . nos
figuramos haber llegad o no se encu ent ra. en realidad.
su mamente rezagada t ras aqué lla y se h a acomodado
a l mero ente, cu ya ca rga la razón hege lian a queda po-
ner en mov imien to va lién dose de la q ue impera en el
ente m ismo. Todas la s apreciacion es cr ít icas cae n ba jo
el juicio expresado en el pró logo de la Feno meno íogí a

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del espíritu, juicio que se ap lica a la s que son única- lis ta todavía mayor y, sobre todo, en una persona co n
me nte sobre las cosas , porque no es tán en las cosas ; una agu da mira da h ist órica : las ca las de Hegel en los
ante todo, les falta la seriedad y obliga toried ad de la conte nido s. que osaron llegar has ta la írreconcí tía b ítí-
filo sofía de Hegel. dado qu e siguen ejerci tando a su dad de las co ntradicciones de la soc iedad burguesa, no
respecto lo q ue él. despectivamente-y con todo d ere- se pueden separar, com o de u n gravos o añadido. de la
cho de serlo-e, llam ó un a filoso fía de punt o de vis ta . espe cu lación (cuyo concep to vu lgar no tie ne nada que
Si no se qu iere rebota r de él con. las p rimeras palabras ver con el hegeliano ); por el contra rio . la es pecu lación
q ue se digan , es prec iso. por in suficientemen te Que se fuc lo que las mad uró . y pi erden su sustanci a en cuant o
haga. co mparecer ante la pretensión de verdad de su se las concibe co mo merame nte empíricas. La doctrina
filosofía, en luga r de parlot ear meramente de ella des- de que lo a prio ri es ta mb ién a posterior í (doc t rina qu e
de ar ri ba y. por co ns iguie nte, por debaj o de ella . en Fichte era programática y qu e solo con Hegel pasa a
De igual modo Que otros sis temas especulativos con- la efecti vidad ) no es n inguna a udaz flor retórica, sino
cluso s, ap ro vecha ta l filosofía la du dosa- ventaja de no el nervio vita l hegeliano: inspira tanto la critica de la
ten er que admitir crít ica alguna: t oda la Que se d irija cmplrt e tes taru da como la del apriorismo est ático.
a los detalle s será parcial. marrará el to do . qu e, de to- y donde Hegel dej a hablar al material opera el p ensa-
dos modos, la tiene en cue nta; m as, a la inv ersa, crit i- m iento de la ident idad de su jeto y ob je to en el «csp í-
car el t od o como todo sería a bstract o, «sin mediación» , ri tu ». ident idad origin aria que se escinde y se reúne de
y de jaría de lad o el motivo fu ndamental de la filosofía nu evo: s i no fuese así, el co nte n ido d el sist ema, de una
hegeliana: que no ca be dest ila rl a de ninguna «se nte n- r iqueza tan inagotab le, se rí a, o mero ap ilamiento de
cía », de ni ngún principio general, y sólo se acredita datos y prc filosófíco . o simp lemente do gmáti co y sin
como to talidad , en la conc reta co mp lexión de todos sus es trictez . Ric hard Kroner se ha revuelto con razón co n-
momen tos. Por lo que ú nicame nte honra rá a Hegel Ira la ma ne ra de describir la hist oria del ideal ismo ale-
quien, sin dejarse intimidar por el pavor an te la en re- mán como si fu ese un p rogreso rectil íneo desd e Schel-
dosidad poco m enos Que mitológica de un proced er crf- lin g a Hegel: an t es bi en , éste se defen dió del momento
ticc que aquella tot alida d parece volver fal so en tod os dogmático de la filosofla scheIlingu iana r ecu rriend o al
los casos , en vez de otorgarl e o denegarle. fav orable impulso gn oseo lógico fichtiano e incluso kantiano ; así,
o d esfavorablemen te , mé ritos. persiga el todo tras del la di námica de la Fenom enología del espíritu comienza
cual él mismo iba. sie ndo gnoseológica , para después, sin duda (co mo ya
Difícilmente habrá pen sa miento teoré t ico algu no de se es boza en la In troducción ), hacer salta r las posici o-
ci er to aliento qu e. sin ha ber atesora do en sí la filosofía nes de u na teorí a del co noc imiento ais lada-o, en el
hegelian a, pueda hoy hacer jus ticia a la expe riencia de lenguaje hegel iano, abst rac ta-o La plenitud de lo con-
la co nciencia; y, verdaderamente, no de la concie nci a cre to, que en Hegel que da interpretada p or el pensa-
sola, sino de la viva y corporal de los homb res. Pero no m iento y al cu al, a su vez. nu tre, no cor responde tanto,
se ha de explicar t al cosa con el escu álido ap ert;u d e pue s, a su ta lante realista cuan to a su mo do de efectuar
que el ideali st a abs olu to se habría conver tido en u n rea- la anamncs¡s, la inmer sión del esp íri tu en sí mismo (o,

• 16 17
2
con las palabras de Hegel, al ent r ar en sí y re cogerse de los momentos pa rci al es, que en cada ins tante re m i-
en sí del ser). Si, p ara salvar el con tenido material de te n fu era de sí mi smos y brotan, disociándo se unos de
la filosofía hegeliana frente a la sup uestamente anti- otros ; no es nada que estuviese más allá de ellos. A es to
cuada y arbitraria esp ecu lación, quisiéramos planch ar es a lo que apunta la catego rí a de to talidad, qve es
s u ide alis m o, no nos qu edaría entre las mano s otr a incompatib le co n to da inclina ción armoniz adora (po r
cosa que posi tivism o, una sosa his tor ia es piritual; pero mucho que el Hege l tardío la haya abr igado subjetiva-
lo que él pensó ti ene incluso u n rango enteramen te dis- me nte); y su p en samien t o crítico ha alcanzado de igu al
t in t o que el del embutir en t otali dades (ant e la s que las modo a la constatación de lo desvin cu lado co mo al pri n-
cie nci as p art iculares cierran los ojos): su s istema no cipio de continuidad: en el conjunto complejo no hay
es u na organi zación de asilo científico, como tampoco un p aso contin uo, sino un vue lco; el proceso no trans-
u n conglomerado de ob servaciones geniales . Y cuando curre por aproximaci6n de los di versos momentos , sino
se estu dia su ob ra le parece a uno, en ocasiones, que mediante un salto. Mas si bien la modern a t eoría de la
el progre so que el esp íritu se imagina hab er efectuado forma, en la int erp ret ació n d ada po r Max Sch eler, pro-
a pa r tir de la muerte de Hegel y contra él, tanto mer- testa vivam en te co nt ra el sub jetivismo gno-seo lógíco
ced a u na me to do logía clara como gracias a una empi- tradicional e in terpreta co mo algo ya determinado y
r íe invu lnerab le, es una peculiar regresión; mientras estruc turado el mat erial sensorial, el estado en que se
que a los filósofos que creen conservar al go de su he- da n los fe nómenos (que para el conjun to de la tradi-
ren cia se les escapa la m ayor parle de aque l concreto ció n kantiana quedab a descalificado, caótico) , Hegel ha -
contenido sobre el que se puso a prueba antes que nadie bía hech o hi ncapié con tod a en ergía en tal deter min a-
el pensamien to hegeliano. ción de l ob jeto, sin por ello convertir en un ído lo la
Acordémonos , p or ejemplo, de la teorí a de la forma certidumbre se nsorial (con cuya crítica com ienza la Fe-
[Gestalt] amp lia da que con Kohler, pri meram en te, se nomenotogta del espíritu), como tampoco ninguna in-
ha convertido en u na es pec ie de filosofía. Hegel reco- tuición int ele ctu al : just am ent e a t ravés de l idealismo
noció la preeminenci a de l todo con respecto a sus p ar- absoluto, que no deja que nada se quede fuera del su-
tes, finitas, insufi cient es y contradictorias cua nd o se las jet o dilatado has ta 10 infi nit o, sino qu e mete a la fuerza
con fro nta con él; pero ni d erivó un a metafísica de l pri n- todo de nt r o del circuito de la in manen cia , se resuelve
cipio abst racto de la t ot alidad, ni glorificó al t odo en la oposición entre la conciencia contcridora de for ma
cu anto tal en nombre de la «bue na forma»: de igual y de se ntido y la me ra materia. En Hegel se encuentra
mo do que no independizó las partes frente al to do, exp lícitament e toda la crítica post erior del llamado foro
como ele mento s suyos , sabía pe rfectamente el crítico m alismc, tanto de la teoría del conocimiento co mo de
del Romanticismo que el t odo s610 se reali za a través la ética, por más que no por ello-eomo antes que _él
de las p artes, únicamen te a t ravé s de la desgar r adura , de Schelling y ac tu almente la ontología exis tencial-e-sal ta-
la distanciac ión , de la reflexión ; en resumen, de todo 10 se de un b ri nco a lo supuestamente concreto: la expan-
que es anatema pa ra la teoría de la forma. Su t odo sión sin límites que en él encontramos desde el sujeto
es, en definitiva , solamente el dec hado y quin taesencia al esp íri tu absolu to ti ene como con secu encia que se

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presente f ácticamente, como momento inherente a este id ea lismo absoluto no desdeña t emerari amente los lí-
espíritu, no únicamente el sujeto, sino asimismo el ob- mites de la po sibilidad de l conocimiento, sino que bus-
jet o, y reivindicando íntegramente su propio ser; por ca las pa la br as con que decir que en todo conocim iento
lo cu al la mism a tan admirada riqueza de materiales que propiamente 10 sea se encuentran ín sitas, sin más,
de Hegel es función del pe ns am ient o esp eculativo, y él las indicaciones 'n ecesarias para ser pagad o por la ver-
fue el primero que con tribuyó a que éste no siguiese dad, y que el conocimien to, para serlo y no una simple
me ramente hablando sobre los in strumento s del cono- duplicación del su jeto, ha de ser más que me ramente
cimiento, sino que dijese lo esencial ace rc a de sus ob - subj etiv o, ha de ser una objetividad análoga a la razón
jeto s esenciales (n o obstante que no suspendiese jamás objetiva de Pla tón (cuya herencia se impregna en Hegel
la au torreflexión cr it ica de la conciencia), En la medida químicamente con la subjetiva filoso fía trascendent al.
en qu e cabe hablar de un re ali sm o en Hegel, estriba en Hablando he gelianarnente-y, a la vez, mediante una
el impulso de su ideali smo, no le es het erogéneo; ten- interpretación q ue lo refleja un a vez má s y 10 alt era
dencialm ente, el idealism o hegeliano se saca fu era de centralme nt e- p odría decirse que en él la con strucción
sí mismo. del sujeto a bsoluto ha ce justi cia a una objetividad irre-
En modo algu no cabe despachar como una petulan- s oluble en su bjetividad. Paradójicamente, es el idea lis-
cia de l concept o al que se hubiese dado suelta preci- mo absoluto quien emancipa el método al qu e en la
sa me nte la máxima agudeza idealista de su pensamien- Introducción de la Fenomenolo gía se le llama el «mero
to, esto es , la construcción del sujeto-objeto. Ya en mi ra r»; y es él sólo el qu e ca pa cit a a Hegel para pensar
Kant lo que con s tituía la fue nte secreta de en ergía era a par tir de la cosa qu e sea y para respons ab ilizarse algo
la idea de que el mundo dividido en su jeto y obj eto así como pasivamen te de su prop io cont enido, pues to
(en el que, algo así como prisioneros de nuestra propia que, por vir tud del sis tema , se ve llevada a su iden tidad
constit ución , solo no s las hab emos con fenómenos) no con el sujeto absoluto; las cosas m ismas hablan en una
es lo últ im o que hay; a lo cual añade Hegel al go nada ' fi los ofía que se hace fu erte en proba r que es una y la
kantiano: que al captar nosotro s conceptualmente el misma cosa con ellas. Por muc ho que el Hegel fichtiano
recinto y lím ites fij ados a la sub jetividad , al con te m- haya su brayado el p ensamiento de la «pos ición», del
plar ést a com o «mera» 'sub jeti vidad , hemos traspuesto en gendrar po r el espíri tu, y por en teram ente activa y
ya sus límites. Y Hegel, que en muchos respecto s es un
Kan t que se ha encon trado a sí mi smo, se ve llevado
«deja r en su sp en so » y «quedar en sus pen so», r espectivamen te ,
p or ello a conclu ir que, de acu erdo con su propia idea, ya qu e, por u na par te , es tas expre siones reflejan ba st ante bien
el conocim ien to-si es que h ay semejante cos a-es co- el matiz de ope ración con cosas físic as que p oseen estos verbos
no cimiento to ta l, que todo juicio unilateral alude por alemanes y, por otr a, no es aconsejable r eserv arlos para t ra-
su simple forma a lo abstracto, y qu e no descansará du cir o tr os verbos de es te id ioma (fr ente a lo que sucede con
«su per ar », «sublimar s-e-Ad orno em plea sublimie ren en esta mis-
hasta quedar en su sp enso [aufgehoben] * en ello. El
ma obra-e-o «ca ncelar ). «Suspe n der. que da así libr e, est o es, al
margen del t érm lno técnico que he mos forjado para corres-
* Tr ad ucimos siemp re au íhcben y autgehob en w erden p or p on der a esta compl eja voz alem an a. (N. del T.)

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prácticamente qu e ha ya pensa do su co ncepto de des- del sist em a hegeliano; in telección q ue le otorga supe-
a rrollo , no m enos pasivamente , sin embargo, se enc ue n- r ior idad sob re e l ejercicio de la cie nci a qu e. a l mi smo
tra a la vez a nte lo det erminado : compr enderlo no s ig- tiem po que se enfurece co ntra el sujeto. ex per ime nta
nifica ot ra cosa qu e obedecer a su prop io co ncepto. En un a r egres ión a l r egist ro precientífico de hecho s. datos
la feno m eno log ía husserlia na la doct r ina de la rec ep- fá ct icos y opiniones sueltos, o sea, de lo subjetivo m ás
tividad espontánea desempeña cie rto papel; también vano y fortuito. Por m uy sin reservas qu e se entregue
esta doctrina es hegeliana de punta a cabo, s i bien en Hegel a la determinación de su objeto, est o es , p ro pia-
é l no está limita da a un tipo determinado de actos de m ente, a la dinámica obj etiva de la soc iedad, se halla
la conciencia. sino q ue se despli ega po r to do s los nive- radica lm ent e inmune, en vir tud de su concepció n de la
les de la subjetividad ta n lo co m o los de la o bjetividad : relación e xis ten te entre su jet o y o bjeto (c oncepción que
Hege l se inclina por doquie r a nte la esencia prop ia del es su ficien te en todo co nocim iento de hechos ), fr ente
obj et o. por doqui e r le es renovadame nre in m e dia to, a la tentación de a ce ptar ac rít ica m en te la fa chada : no
pero precisamente ta l subo r dina ción a la discip lina de la e n vano ha pasado a enco nt rars e en medio m ismo de
cos a exige el m áximo es fuerzo del co nce p to; y t r iunfa la lógic a la dialéctica de la esencia y el fenómeno ; cos a
en el instante en qu e las intenciones del sujeto se ex t in- de qu e con viene aco rdarse en una situa ción en la qu e
gan en el objeto. La crít ica de Hegel acier ta en el va cío los admin is tradores de la dialé ctica en su versión ma-
centro a la estática descomposición de l conocimiento terialista-esa cháchara d e pe ns a mientos oficia les en el
en suj eto y objet o, qu e a la lógica de la ciencia hoy bl oque orient al- la han degr adado a irreflexiva teo r ía
acep t ada le parece cosa obv ia, y a aquella teo ría resi- de simple copia ; pues la di a léct ica , una vez limpia del
d ual de la ve rda d según la cua l es objetivo lo que reste fe rmento c r ít ico, se prest a tanto a l dogm atism o como
una vez q ue se hayan ta chado los lla m ados fac to res e n otro tiempo lo hi zo la inmedia tez de la intuició n
subjet ivos; y las acierta ta nto m ás m ortalmente cua nto inte lectua l schelli nguia na, co ntra la que se enderezó e l
qu e no opone a ellas nin guna irra cional un idad d e su- fil o de la p olémic a d e Hegel. E st e había h echo j ust icia
jeto y objeto. s ino qu e mantie ne los mom en tos de 10 a la c rí tica de Kan t a l criticar, a su vez, e l d ua lismo
subj eti vo y lo objetivo , q ue en cada caso se di stinguen kantiano de fo rma y co nte n ido y a l a rrastrar a una d i-
ent re sí, y, con todo, los concibe como resultado de námica las rígidas determinaciones dife renciales de
una mediación recíproca. Y e l darse cuenta d e que en Ka nt y-de ac uerdo c on la int erpretación d e H egel-
los dominios de las llama das c ien cias socia les (y do nd e- as im is mo de Fichte, mas s in sa c ri fica r. por e llo . la in-
quiera q ue e l objet o m ismo experi mente la me di a ción d isolu bilida d de los mo m entos a una cha ta ide ntida d
del «espíri tus) se logra qu e los co noc im ientos sea n fruc- inmediata; en su idealism o, la razón se co nvierte en
tíferos no excluyendo el su je to, sino en virtud de su critica (en un sentido que cri tica reiteradamente a Kant)
sup rem o em peño. m er ced a todas sus inervaciones y a l h acerse negat iva , m o vilizadora de la es tática de los
experiencias. es te caer e n la cue n ta que se a rranca a momentos, q ue , sin embargo, se conservan como tale s:
viva fuerza , gracias a la re flexió n sobre sí, a las ci en- la re flexión atraviesa de t al m anera todos los po lo s qu e
cias sociales q ue se re sisten a él, proviene de l co njunt o Kant hab ía co ntrapue sto en tre sí (la for ma y el cante-

22 23
n ido , la na tu ra leza y el esp íri tu , la teoría y la praxis, la esencia de la filosofía hegeli ana) a ningún p rincipio
lib ertad y la ne cesidad, la cos a en sí y el fenó meno) metódi co ni ontológico que la caract erizase de manera
que n ing una de es tas determinaciones queda parada, a semejante a co mo lo hacen la do ct rina de las id eas al
modo de al go úl timo; y cada una de ellas requiere p or Platón intermedio o la mo nadología a Leibniz: dialéc-
sí mi sm a exac tame n te aquel otro momento que en Kant _ tic a no qui ere decir un mero p roceder del es píritu me -
se le contra poní a ...Q.e ah í que en Hegel mediación no dian te el cual se sus t ra jese éste a su objeto (ocu rre en
quiera jamás deci r, com o se figura esa mala in teli gen- él literalmente 10 con trari o, una confr ontaci ón p er ma -
cia que no ha podido ser má s fat al y que p roce de de nen te del ob jeto con su pro pio conce pt o ), co mo t am po-
Kierkegaard, al go intermedio entre unos extre mos, sino co u na visión en cuyo esquema hubiese que com primir
que acontece a t ravés de los extre m os y en ellos mis- la realidad; la dialéctica es tan poco aficionada a la
mo s: .t al es el asp ecto ' radical de Hegel, que es incom- definición aislada como ap t a pa ra encaja r a su vez en
patible con to do m od eran ti smo . Pu es, según él mu es- una, cualquier a q ue sea: es un im pertérrito afana rse
tra, lo que la filosofía tradicional esp era ha cer crista- po r obligar a qu e se empare je n una conciencia de la
lizar en unas ent idades ont ológic as fundamentales no ra zón crítica de s í misma y la experienc ia crítica de
so n idea s coloca das en forma di scret a unas fr en te a los ob jetos. El concep to científico de verificación es na-
otras, sino qu e cada una de ellas exige su opuesta, y el
tu ra l de aquel rei no de concep tos rí gid os y sep arados
proceso es la relación de todas ent re sí. Mas de esta
-c-com c los de t eoría y expe r ienc ia- al que Hegel decla-
forma se altera tan profundamen t e el sentido de la
ró la gue rra ; pe ro si quisi éramos , justamente, pedirle
ontología que parece ocio so ap licarlo-según querrían
su veri ficación a aquell a doctrina de la dia léc t ica, pre-
h acer actualmente varios int érp ret es de Hegel-a una
cisamente t al doctri na, a la que la ignoran ci a suele de s-
llamada es t ructura fundament al cuya ese ncia consiste
p ach ar com o cam isa de fuerza de los conceptos, se ha
precisamente en no serl o, en no se r ~ ;WXÚ l l E 'II) 'I ; de
la m isma manera que, en el sentido de Kan t, no es veri ficado en las f ases históricas más rec ien tes en u na
posible ningún mundo, ningún constítu tum sin las con- m edida que const ituye un dict amen s obre la t ent ati va
di ciones sub jetivas de la razón, de lo constitu ens, la de ajustarse a la s circun st ancias prescindiendo de la
auto rreflexió n hegeliana del idealismo aña de que tam- supuesta arb it rariedad de tal construcción [e spe culati-
poco ca be ningún constituens, no cabe n ningunas con- va] : Hit ler, de acuerdo con su propia ideología y como
dicion es generadoras del espíritu que no hayan sido alguacil to lerado de otros intere ses más fuertes, salió
ab straídas de su jetos fácti cos y, p or lo t anto, en último dispu esto a extermina r el bolchevis mo, mient ra s que
tér mino, a su vez, de al go no m eramente sub jetivo, de l su guerra ha p roye ctado sobre Europa la gigan tesca
«mu ndo»; pues, merced a la in sistente respuest a que se sombra del mundo eslavo, mundo del que Hegel ya de-
le ha bía ven ido dando, Hegel perdió con fianza en el cía, lleno de p resentimientos, qu e no ha bía entrado aú n
fatal legado de la metafísica tradicional, en la p regunta en la hi st oria ; pe ro lo qu e le facu ltó a Hegel para ello
po r u n último p rincipio. no fu e ningu na mirada históric a p rofética, sino esa
Por ello no se puede comp arar la dialéct ica (quinta- energía construc tiva que penet ra en lo que h aya sin

24 2S
por eso renu ncia r a sí mi sma en cuanto razón , cri tica la que la totalidad del sistema carece de unidad es.
y concienci a de la posibilidad. pecutat íva... Su filosoffa es cultivo de la forma en sí
No ob stante todo esto, au n cuando la dia léc tica hace ü a razón se sintetiza en sí mism a. es sín tesis del con .
patente la imposibili dad de reducir el mun do a un polo cepto y la realidad) y. sobre todo. u na p resentación
subj etivo fijad o. y pe rsigue met ódicamente la negación más conse cuente de la filosofía kantiana s a. El acuerdo
y p roducción alte rn ativas de los momentos s ubjetivos y co n Fichte llega todavía má s allá: - La filosofía fichtíana
obje tivos , la filosofí a de Hegel, por ser una ñlo so ñ a del posee la gran ven ta ja e importa ncia de haber sen tado
espírit u , se af erró al idealism o; mas sólo la doctrina que la filosofía ti ene que ser u na ciencia que proceda
(in herente a tal idealism o) de la iden tidad del sujeto de un solo axioma supremo, del cual se deri ven necesa-
y el obj eto, la cual, por su pura forma, va a parar siem- r iamente to das las det ermlrracíones : sil grandeza es la
pre a la p reem inencia del suje to, le otorgó aquella fuer- un idad de l principio y el intento d e desarrollar a par.
za de lo to tal que llevó a cabo el t rabajo negativo, la tír de él, en forma científicamente consecu en te, todo
flui difi caci ón de los concep tos ai slad os , la re flexión de dich o, de cons t ru ir todo el mundos s, Poc as cos as po-
lo inmedi ato y, luego, el dej ar otra vez en su spenso la drfan revelar más pregnantem ente que estas palabras
refle xión . En su H istoria de la filosofía se encuen t ran la relaci ón de Hegel con el idealismo. llen a en sí mi sma
las fonnulaciones más drásticas al res pecto, según las de con tradicciones : p ues lo que constituye el conteni-
cu ales no solamente es la filoso fla fichtiana la perfec- do de la filosofía hegeliana es que no ca be expresar la
ción y acabamiento de la ka ntiana (como el mismo verdad (e n Hegel, el sistema) como si fuese semejante
Fich te hab ía as egurado siempre), sino que llega Hegel axioma. como un principio originario, sino que sería
a decir que no h ay «fu era de la de éste y la de Sch elli ng la totalidad dinámica de todas las proposiciones que
ninguna filosofí a» 1: lo mi smo que Fichte, p ret endió se engen dren un as a otras en virtud de su cont radic-
sobrepujar en idealismo a Kan t diso lviendo el momen - ción; ahora bien, ta l cosa es exactamente lo op uesto al ¡
to no propio de la conciencia, el mo me nto dado de la in tento fich tiano de extraer el mu ndo de la p ura id en-
realidad, en una po sición del suj eto infinito. Y, fr ente tidad, del suj eto ab soluto. de un a p osición ori ginaria.
al carácter radicalmente quebradizo del sistema ka n- Pese a lo cual , Hegel admite enfá ticamen te como válido
tiano. en careció--e incluso ac rece nté-e-la su perior co n- el postulado de Fichte del sistema deductivo; sólo que
secuencia de sus seguidores: no le choc ó qu e las quie- él otorga a este segundo ax ioma un peso infinitame nte
bras ka ntianas bosquejasen jus tamente aquel momento mayor que el concedido en la propia T eoría de la cien-
de n o ide ntidad que, de acu erdo con su propia mane- cia [de Fichte] : no in siste-en el lenguaj e hegeliano-
ra de ver las cosas, aco mpaña inevitablem ente a la filo- en la eforma abso luta •• qu e Fichte habla asid o y que
sofía d e la identidad, sino que, por el co nt rario, juzga la realidad debería encerrar en sí. sino que se con struye
a Fichte del siguiente modo : «Píchte dejó en sus penso la realidad mi sma al cap tar con el pensamiento la con-
esta falta , la descuidada inco nsecuencia ka ntiana por
, Hegel, WW 19, pá g. 613 Iv. ces t., pág . 462].
1 Hegel, WW 19, pá g. 611 tv. cas t., pá gs. 460-1]. • Id., pág. 615 Iv. cast., pág. 464].

26 21
traposición entre el contenido y la forma y- si se quie- con el espírit u mi smo), éste se erige en algo ontológi-
re-al des plegarse a p artir de la for ma m isma el con- cem ente ú lt imo, aunque comprenda juntamente la fa la-
tenido op uesto a ella. E n la decisión de no tolerar lí- cia qu e en ello ya ce (la de l a priori abstracto) y se es-
mite a lguno y de liqu idar todo residuo de determína- fuerce por alejar esta su propia t esis general. En la
ción diferenci adora , Hegel dio litera lmente cien vueltas ob jetividad de la dialéctica h egeli ana, que echa ab aj o
al idealismo fich tiano; p or lo cual precisamente p ier- todo me ro sub jet ivismo, se "encier ra algo de la volun-"
den los aislados axiomas de Fie ht e su significación de tad del sujeto de saltar sobre la propia sombra : el
remate. Heg el sabía perfectamente la insuficiencia de sujeto-ob jeto de Hegel es un sujeto. Lo cual exp lica
un axioma abstracto, situ ado más all á de la dialéctica, una con t ra dicción que no est á re sue lt a, p ese a la propia
de l cual debiera seguirse todo; y lo que se ti en e ya en exigencia hegelia na de consecuencia omnilateral, la de
Fichte, pero no se de sarrolla todavía, lo convierte en que la dialéct ica del sujeto-ob jet o, desprovis ta como
motor del filosofar: la consecu en cia qu e procede del está de todo concepto supremo abstracto, constituya
axioma niega éste y, a la vez , qu ebranta su preeminen el todo y, s in embargo, se realice como vida del es pí-
cia absolu t a; de ahí que Hegel se viese obligado tanto ritu absoluto: la qui ntaesencia de lo co ndicionado se-
~ en la F enom enología ) a empezar partiendo del sujeto ría lo in con dicionado. Y n o en último término se apoya
y captar a la vista del au tomovimiento de éste to dos aquí eso que flota en la filosofía h egeliana y que el lo
los contenidos conc ret os, como, a la inversa (en la Lo- mismccst é en el ai re , su escándalopermanenÚ;: el-que
gíca), a instituir con el ser el movimien to de l pe nsa- el no mb re de su concep to especula ti vo supremo, inclu-
m iento. Cuando se la entiende debidamente, la elección so el de 12....ab s olu,~o , _de )()_. !'!1:l-~u"e! ~o sin más califica-
de l punto de partida, de Jo que en cada momento sea ciones, sea literalmente el no mbre de aquello, lo que
lo p ri m ero , es indiferent e para la filosofía hege liana: está flotando. Pero el esc ándalo hegeliano no se ha de
ésta no rec onoce semejante elemento primero como s i atribuir a ninguna falta de claridad ni confusión, sino
fuese un principio fijo que permaneciese inalt erada - que constituye el precio que ha de pagar Hegel p or la
me nte igual a sí mismo en el avanzar del p ensamiento. cons ecuencia ab solu ta (la cu al choca con las bar reras
ASÍ, pues, Hege l de ja muy a la zag a, de este modo, to da de l pe nsar consecuente sin po der quitarlas de en me-
la metafísica tradicional y el concepto pre-es peculativo dio). En lo mal compu esto y achacoso de la dialéctica
del idealismo; pe ro , con todo, no ab andona este ú lti- hege liana se encuentra est a su máxim a verdad, la de su
mo: la ab soluta estric tez y clausura del cu rso del p en- imposibilidad-por mucho qu e ella, la teodicea de la
samiento , a la que, con ,Fiehte, aspira (frente a Ka nt), autoconcíe ncía-c-, carezca de au to con cienc ia de t al cosa.
ha es tat uido ya, por serlo, la prioridad del espíritu, por Mas con ello se ofrece Hegel a la crítica del idealis-
mas que en cada nivel t an to el su jeto se determ ine mo, a u na crítica inman en t e, como r eclamab a él de
en cuanto ob jeto como, viceversa, éste se de termine en toda crí tica : su crecida le alcanzó a él mismo. Richard
cuanto sujeto. Mas al atreverse a probar el es p íri tu que Kroner ha cara cterizado la relación entre Hegel y Fich-
observe que todo lo que hay es co nmensurable con el te con palabra s que, po r lo demás, en cier to modo con-
l ago s, con las determinaciones intelectuales (por serl o vienen ya a est e úl ti mo: «E l yo, en cuanto que med ia n-

28 29
\
te la reflexión se con traponga a todo lo demás, no se sola men te respecto de su a plicación , sino asimism o e n
di st ingue de lo demá s: en cua nto tal correspond e más cuanto a su p r opio origen); y la refl exión ka n tia na que-
bien a lo contrapue sto, a las leyes impuest as, a los co n- dó interrumpida en este punto, a testiguando la irreduc-
tenidos mentales, a los mo mentos de su actividad » 4. tibilidad de lo fác t ico al espírit u, el c ruce de los d iver-
La respuest a del id eali smo ale mán a est a intelección sos momentos. Fichte no llego a decid irse acerca de
del cond ici ona miento del yo (adquirida de nuevo traba- eIJo: I~n zó s in contem p lac iones so bre Ka nt la dis ti n-
josa men te por la filosofía de la re flexi ón en su pe rfec- ción e ntre el sujeto t rasce nd enta l y el empí rico, e in-
cionamiento ci entífico moderno) cons iste-e-dic ho tosca- tentó, po r mo r de la irrecon cili abilidad de a m bos, arran-
m ente- e n la distinción fichtiana entre indi viduo y car el principio del yo a la facticidad, justifi cando de
su jeto, y, e n definitiva, en la kantia na entre el yo como esta suerte el ideali smo e n aquella ab solu tcz que luego
sustrato de la p sicología empíri ca y el yo p ienso tras- se convir t ió en el m edio en que había de vivir el s iste-
cende ntal: el súj e!º-.!!r:tJ !o ~SL como decía Husse rl, u n ma de Hegel. Así pu so en lib ertad el radicalis mo fich-
trozo _del mundo, y, afectado como está él mi smo por tiano lo que se a lbergaba en la semioscuridad de la
larel a rívídad , no b ast a pa ra fundamenta rIo a bsoluto; fenomenología trascende nt al. pero. con t ra s u voluntad ,
Jo cua l supo ne ya que, como »cons tituuun» ka ntiano. también salió a luz el carácter discu tible de su propio
es preciso elucidarlo primeramente mediante la filoso- sujeto ab soluto: él mi smo dijo de és te que era una
fía trasc endentalv Frente a esto, el yo pi en so , la pura abstracción s (cosa qu e se han guardado cu idado sísima-
id entidad (pura en el e nfático sentido ka ntian o ), se mente de lla ma rle todos los idealist as tardíos, y, entre
toma como algo ind ependiente de toda fa ct icida d espa- ellos , cier ta me nte, los ontólogos). Si n embargo , el _yo
cioternporal: sólo en ton ces se de ja resolve r s in residuo p uro » ha de oca sionar aq uello de lo cua l se lo a bst rae,
en su concepto tod o lo exis te n te. Ka nt, sin em ba r go, no que, a su vez, le oca sion ará en la m edi da e n que sin
llego a efectua r este paso: del m ismo modo que, po r se mejante abstracci ón es simplemente imposib le pen-
un lado, las formas ca tegoriales de l yo pienso re qu ie- sar su propio concep to ; pues no cabe independ izar
ren un contenido que les corresponda y que no proven-
ga de ellas mismas, pa ra po s ib ilita r la verda d (o se a, el " Cf ., por ejem plo, J. G. Fich te : E rste Einleitull g in die
conocimiento de la naturaleza), por el otro se respeta n Wiss ellschaf ts leh re, en WW (re im pre sión de la edi ción co mp le ta
el yo piens o mismo y las formas categortates ka nti anas publicada por J. H. Fich te ). 1 [§ 3], pág s. 425-6, y Zw t?Íte EiJl-
leitung in di e Wisseru ch aft sl elrre, loe. cit . [§ 6 J, págs. 477-8
como una esp ecte de d atos; así, pues, en el _pa ra nos-
(en cuan to a ediciones más rec ien tes, se en cuen tran es to s pa-
otros » que Kant emplea una y otra vez sin reflexionar sajes en las AusgewahIu Werke in sech s Blin den (reimpres ión
sobre él, con ens im ismada in genuid ad, se recono ce la de la ed. de F. Medicus, de 1911 ), Darmst ad t, wt ssen sch arrü-
referenci a de las fo rmas categorlales prec isamente a lo che B., 1962, t. l JI , págs. 9-10 Y 6 1-2, }" en el cómodo volu men
exist ente aludido, a sa ber , a los homb res (referencia no sue lto Brsi e un d zweite Ein leitu ng.... Hambur go, Meiner (.Ph.
B.•, 239). 2." ed., 1967 (que también rep rod uce la cd. de Medi-
ces), páas. 12-3 y 63-5; vers o casto de J . Gaos : Prim era y s egunda
• Rich ard Krone r : VV.'l K ant bis He.gel. Tüb íogcn , 1924. t . H , introducció n a la Teor ía de la Cienc¡,i, Mad r id . Rev. de o cc..
pá g. 279. 1934, pá gs. 15·7 y 104-6].

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\
absolu tame nte el re su ltado de la ab s tracción r esp ecto
I nada que no se haya tom ado de es ta y so la especi e (por
de aq uello de lo qu e se lo haya extraído ; como el ab s- la cua l lo que se dijese del género habría d e entenderse
tracto ha de seguir . siend o ap licable a lo su bsu mido siempre, con todo, como dich o exclusivament e de és ta);
bajo él. com o la vuel ta a trás tiene que ser posible, siem- mient ras que, en caso de que para formar el géne ro se
p re se conserv ará a la vez en él, en cierto sen tido, la hubiese p rescindido sin autorización de algo propio de
cualidad de aque llo de donde haya sido ab straído, au n- tal especie, ta l vez preci samente p or ello se habría deja-
que sea en u na generalidad superi or. Por co nsigui ente, do en susp ens o la condici ón de posibilidad de las res-
si la fo rmación del concep to de sujeto t ra scendent al se tantes propi edades, hipostasiad a s en géne ro » 6, Pero
sob repone totalm en te a la conciencia indi vidual. sim- ta mb ién en Hegel-y, ciertamen te, no por desaliño lin-
plemente es paciotem pora l, de la que fue obtenido, no gü ístico-se loman de la experiencia de sí mi smo de l
cabe re dimir ya tal concep to; de lo cont ra rio, él mi smo, sujeto finito las expresio nes más enfáticas, co mo esp trt-
que ha demolido todos los fetiches, se volverla o tro tu y au toconciencia: tam poco pu ede él cortar los hi los
más. Mas los filósofos especu lativos a parti r de Ftcht e en tre el es pírit u ab soluto y la pe r sona e~pírica, Si _el:
no se dieron cue nta de ta l cosa: Fich te h ipostasió el yo abso lu to. fichtiano y hegeliano, en cuanto abs tracción
yo así abs traído, :y Hegel permaneció siemp re pris ione - del empirico, ll~~ra -;- eJiminar-ta~ -radicalmente el ~·
ro suyo en este as pec to; ambos p asaron por alto que contenido peculiar de éste que ya no fuese, en defini ti--
la exp res ión yo, ta nt o la pura y t ra scendental como la va, aque llo de lo que se lo ha ab straído (o sea, u n yo),
emp írica e inmediata, ha de des ign ar u na co ncie ncia. que se deshiciese to talm ente de la facticidad que ac om-
Ya Schopenheuer, fren te a Kan t, in sisti ó en ello, dando p aña a este concepto , ya no ser ía aquel se r del espíritu
un giro ant ropológic o-ma terialis ta a su polémi ca : la ra- cabe si , a que lla patria del conocim iento (de la cual ú ni-
zón pu ra kantiana eno se ha tomados, por 10 m enos en ca mente, por otra parte, depende la preem inencia de
la filosofía moral. «corno una facu lt ad cognoscitiva del la su bjetividad en los grandes sis temas idea lista s): un
homb re, que es lo ún ico qu e, sin embargo, es, sino que yo qu~ ya _~~}l!-e~_e en ningún sentido yo, es to es , que
se la ha hipost asiado , sin au torización algu na para ello se pasase sin . hece r referencia algu na _!,__ I ~_concienci a _
y convirtiéndose en el más pern icio so de los ejemplos individuali zada y, por ello, necesariam ente, a la p ersona
y p reced ent es (para docu mentar lo cual puede va ler es paciotemporal, sería u n sinsentido, q ue no sólo flo-
nuest ro dep lorable período filosófico p resent e ): y en t re- taría libremente de acá p ara allá y ser ta tan indeter-
tant o, es ta formu lación de la moral co mo algo no pa ra minabl e co mo Hegel se lo re prochaba a l concept o op ues-
hombres como ta les, sino pa ra to do s los seres racion a- to, al ser , sino que ya no habría man era de ap re hende rlo
les en cuanto tales, es p ara Kant u na co sa es encial y como yo, o sea , como en m ed iación con resp ecto a la
noción favorit a ta n estab lecida que no se cans a de re- concíencía. E! análisis del sujeto ab s olu t ~t ~ .:.n :..q~e-
petirla en toda oca sión. Con tra lo cual digo qu e no
estamos au tor izados nu nca a formular un género que
• Arthur Schopenha uer-: «Pre ischrift über Gru ndlage der Mo-
nos es té dudo en una ú nica especle , y en cuyo concep- ra l», Siímaich e Werke, ed. de Paul Dcussen, Munich, 1911, 111,
to, po r cons lgulen rc, no se pueda in clui r ab solu tamente pá g. 601.

32 33
,
cl:moc~r la_irre solub ilidad de un mome nto empí rico, no soc ial. Es to se reconoció por primera vez en los manus-
Idéntíco., en J o_que las doc tr inas del suje to absolu to , critos filosóllco-económicos del joven Marx, descubier-
los. sis temas idea lis tas de la iden tidad, no osaban reco- tos en 1932: «La grandeza de la fenome nología he gelía-
nocc=.t:._c_omo irresolub le. En esta medida, la filosofía de na y de su resulta do. la dialéctica, la negatividad como
Hegel es falsa de acuerdo con la sentencia dicta da por p ri ncipio motor y engendra dor, co nsi s te ... en que capta
su propio conce p to. Pero entonces, ¿cómo es . con todo, la ese ncia de l trabajo y concibe a los homb res objeti-
verdadera? vos, verdaderos por ser hombres reales , como re sultado
Para responder a esto es preciso descifrar lo q ue do- d e su propio trabaj o . '. El momento de universa lidad
m ina toda la filosof ía hegelían a, sin de jarse deten er en del ac t ivo s uje to t ra scendental fre nt e al meramente em-
ningún momen to: el es píri tu . No se lo ha ce contrastar pí ri co, aislado y co nti ngente, no es u na simple q uime ra ,
absolu tamente con algo no es piri tual, material. no es co mo ta mpoco lo es la validez d e las p ropos¡{¡on es ló-
originariamen te esfera algun a de ob jetos pa rti cu lares gicas fr ente al decu rs o fáctico de los actos mentales
(la de las post eriores ciencias del espíritu): más bie n indivi duales singu lares; por el con tra ri o, tal u niversali-
sería inconfinado y absoluto, y p or ello Hegel, co mo dad es la expresión al mismo tiem po exa cta y-c-tenic n-
hered ero de la razón p rá ctica kantiana . lo llama lib re . do en cue nta la tesis general idealista-oculta a sus
Ma s, de acu erdo con la defini ción de la Enciclo ped ia, propios ojos de la esen cia socia l del trabajo; untversa-
es «ese ncia lmen te activo , producen te» 1, de igu al modo lidad que se convierte en t ra b ajo , en general, sólo en
qu e ya la razón práctica ka ntiana se diferenciaba esen- cua nto éste es algo para otro, algo con mensurab le co n
cial me n te de la teórica en que creaba su «objeto", el otros, en cuan to salida de lo fortuit o de l suje to sing u-
acto; y el mom en to kantian o de la espontane idad. que lar. Segú n ya decía la Pol ítica de Aristóteles , Ia subsís-
en la unid ad sint ética de la apercepción se aúna com- tencia de los suje tos depen de del t ra bajo de los demás
pletamente con la identidad cons ti tu tiva (el concepto no menos que dep en de la socieda d del obrar de los in-
de Kant__de l yo pienso era la fónnula de la indiferencia dividuos singul are s; y con la rem isión del momento ge-
ent re la espontaneidad engendradora y la iden tidad ló- nerativo de l espíritu a u n sujeto absoluto, en luga r de
gica ), se convit;.rte con Hegel en total, totalidad en la a la pers ona singular ind ividu al que en ca da caso t ra -
que se hace princip io del ser no menos q ue del pen sar. baje, se define el t rab ajo como organizado, social: s u
Pero como Hegel deja d e contrapo ner el enge ndrar y propia «raciona lidad», la ordenación de las funciones.
el actuar, en cuanto ob ra s meramen te subjeti vas . a la es una relación social.
ma teria, y los busca en los objetos co ncreto s, en la rea- La traducción del concepto hege liano de espí ri tu en
lidad objetiva , se traslada a lo más espeso de l secreto trabajo soc ial desencadena el reproch e de socíotogís-
que se oculta t ra s la apercepción sint ética, y alza a ésta mo, que confun diría la génesis y el efecto de la filoso-
por enci ma de u na mera hipós tasis arbitraria del co n-
I Ka r l Marx.: Die Frílhschriiten, ed . de Siegfri ed Lands hu t,
cepto ab stract o; lo cual no es otra cosa qu e el t ra bajo
S tuttgart, 1953, pág. 296 [vers o cast o de F. Rubio Uoren te en :
Manuscritos: econom ía y filoso/la, Ma drid. Alianza Edit., 1968,
' Hegel, WW 11). pág. 305. págs . 189·90].

35
/
ña de Hege l con su contenido. I n dudab lemente, era él, qu e no ha bria de re fundirse en u na ident idad l0 ; y no
como Kant, un analis ta trascendental; y podría demos- debería to lerársele a Hegel .t ínmanenternente, la absolu-
trarse hasta en los detalles que, como crítico de éste, tez del espíri tu (cosa que, al me nos, atestigua su p ro pia
trató de hacer jus ticia a sus intenciones pasando más filosofía en cuanto que no encuentra lo absoluto en
allá de la Critica de la raz6n pura, del mismo modo que ningún otro lugar que en la totalidad de la discord ia,
ya la Teoría de la ciencia de Fichte había forzado el en la unidad con lo otro de uno ). Pero, recíprocamente,
concepto kan tiano de lo puro. Las categorías hegelia- la sociedad, por su parte , no es un mero ser ahí exis-
nas, sobre todo el espírit u , caen en los dominios de tente , un mero hecho; pues sólo para un pen sam iento
los constituyentes trascendentales, en tanto que la so- rabiosamente antitético, abstracto-en el sentido hege-
ciedad, la complexión funcional de las personas em - liano de la palabra-, sería la relación entre espíritu y
píricas, sería en Hegel-hab la ndo ka ntianamente-un sociedad la lógico-trascendental que hoy entre el cons-
títuens y el constitutum: a la sociedad le incumbe hasta
constitutum, un trozo de eso existente que en la gran
lo que Hegel reserva al espíritu f rente a todos los mo-
Lógica" (en la doctrina de lo ab solu tamen te inc on-
mentos singulares, aislados, de la em pirie; momentos
dicionado y de la exis tencia como devenida 9), a su
que la sociedad hace aparecer por su propia mediación ,
vez, se despliega a partir de lo absolu to , que sería es-
que se constituyen a través de ella simplemente como
píritu. Por lo tanto, la interpretación del espíritu como
para cualquier idealista sucede con las cosas con res-
sociedad parece una IH't"d.~r;to"l<; ere 1j),)..fJ l É',lfJ<; , incom-
pecto al espíritu, y, verdaderame nte, antes de todo influ-
patible con el sentido de la filosofía hegeliana ya sólo
jo particula r de la sociedad sobre los fenómenos: ésta
por faltar a la máxima de la crítica inmanente y por se manifiesta en ellos como-para Hegel- lo hace la
intentar la captura de l contenido veritativo de la filoso- esencia. La sociedad es concepto tan esencialmente
fía h egeliana en algo exterior a ella, en algo que és ta como loes el.espíritu; _~n_eila;~en__ cuaiiio .:uiiidad _de.Jos ~
habría derivado en su p ro pia estructura como cosa con- sujetos que mediante__ surrabajc reproducen .Ia.vída de .;
dicionada o fijada. Desde luego, la crítica explícita de la es pecie; se convierte el espíritu en obj etivo, en fnde -,
Hegel podría hacer patente que no consigue efec tuar pendiente de _toda refle~ión·Y_~n_algº_qu_~ _pr.~s,~inde de
semejante dedu cción : la expresión lingüísti ca existen- 1_~ _~l:I_~!id_a~~~.. _ ~sp2d~E.~~ d~ _ 12~ pr9~us~_~~_ ?~I, t rabajo
cia, que necesariamente es algo co nceptual, queda con- Y .4e los t rabaj ador es; y el p rincipio de la equivale~ci~­
fundida con lo que designa, con algo no conceptual, de l trabajo social cambia a la sociedad-en el sentido
burgués modemo-en algo abstracto y máximamente
* Como es sabido, suele llamarse «gran lógica» de Hegel a la real: cabalmente lo que Hegel enseña de l concepto en -
publicada por él como libro independiente (Wissenschaft del fático del concepto. rºr ..~HQ!.....-c_ª.9~ uno de los pasos de l
Logik: Ciencia de la lógica), frente a las partes que tratan de p'eQ§~Ljr9pitl~!L9.ºº-Jf1 ~º~!~~aª"., .y-~i~~;:;'~o;;-· capad: -
ella en su Enzyklopiidie der phi tosophischen Wissenschaft en
(Enciclopedia de las ciencias filosóficas), (N. del T.) taría 1?ara d<:jarla clava~a como ta l, com~E~ "cosa más
' Hegel, WW 4, págs. 588 ss. red. crít., t. 11, págs. 94 ss.:
v. cast. t. 11, págs. 115 ss. »veese, a este respecto, el texto: parte final de «Skoteínos•.

36 37
entre ,l a s ~os a s . En cu an to a lo que permit e al dialéctico por ser aque llo me dia nte lo cual los ho mb res , ante
Hegel re sguardar al con cepto de esp íri tu de contamina - todo, formarían algo frent e a ellos. La primada del
ció n con el iactum bruturn y, de est e mod o, sublimar logos ha sido siemp re una p ar te de Ia moral del tra-
y justificar en el espfritu la bru talidad de lo fá ctico, bajo . La manera de comportarse el pen sami ento como
es cosa secunda ria. La experien cia (incon scie nt e de sí tal. indiferente a lo que tenga como contenido, es po-
misma) de l trab aj o social ab stracto se transfigura pa ra lém ica con la naturaleza hech a habitual e interiori zada,
el suje to que re flexiona sob re ella: el trabajo se con- una int ervención. no un mero recibir; por ello , cuando
vierte para él en su fo rma de reflexión, en un puro ac to se habla de pens ami en to se hab la con jun ta men te de
de l espíritu. en su productiva unidad. ya que n o puede un material, de l cua l el pensamiento se sab e sep arado,
haber nada fu era de él: pero el factum bru tum, qu e se para di sponerlo como hace el trab aj o con su materia
desva nece en el concepto total de esp ír itu , re gr esa a él prima. Así, pues, a todo pen sar le está asoc iado ese mo-
como co acción lógica, a la cual no puede su straerse lo mento de esfuerzo violento (reflejo en las n ecesid ad es
particular, com o tam poco puede hacerl o el in dividuo vit ales) que caracteriza el t rabaj o : las fatigas y el es-
particu lar a la contrainte soc jale. Só lo que tal bru tali- fuerzo del concepto no son nada me ta fórico .
d ad de la coacción da lugar a una apariencia de recon- E l Hegel de la Fenom enología. para el cual la con-
ciliaci ón en la doctrina de la identidad restaurada. ciencia del espíritu en cuanto actividad viviente y su
Ya con anterioridad a Hegel, las expresiones me- identidad con el suje to social real eran a lgo menos des-
diante las cuales se define el espíritu en los sis tema s medra do que para el Hegel tardío, reconoció el espíri tu
ide alistas como un p ro ducir or iginario se tom aron , sin espontáneo co mo trabajo (si no en la teoría, por la
excepció n, de la esfe ra del tra bajo; mientras que no es fuerza del lengu aj e) : el camino de la conciencia na tu-
posible encontrar otras porque lo que se mient a con ral ha cia la ide nt idad de l saber absolu to seria también,
sí ntes is t rascendental no pue de desp ren derse. ten ien do por su par te, trabajo ; y present a la re lación que el es- ,\
en cue nta su pro p io senti do, de la relación con el tra- piritu mantiene con el estado de cosas siguiendo el mo- ....
bajo. la actividad sis tem ática regulada de la raz ón hace delo de un acontecer soc ial, precisamente el de u n pro-
virar el trabajo hacia el inter io r; y el peso y la coacción ceso de trabajo: ~ El saber que h ay prim er~mente, _o
de l dirigido hacia el exterior se t ransmiten como legad o esp íri tu inmediato, es lo ca re nt e de_esp íri tu , Ia co ncien-
al esfuerzo de re flejar y modelar que hace el conoci- cia sensorial ; _.y para convertirse __en _ aut én t~c.0_ saber,
m ien to en torno al «objeto.., adem ás de nec esitarse de o sea , para engendrar el ele mento de la ciencia qu e es :;
n uevo en el progresivo dominio de la naturaleza. Ya la su mi smo concepto pu ro, ha de t rab ajar a lo largo _de .......
antigua d istinción ent re se ns ibilida d y razón es indicio u n dilatado camino s 11. Lo cual no es, en modo algu no.
de que és ta, en oposició n a lo m eramente dado por algo figurad o: si el es píri tu ha de ser real, antes h a de
aqu élla , hace algo así como un obsequ io, sin contrapar- serl o su trabajo. Mas el et ra be]o del concep to. hege-
ti da : lo sensorialmen te dado seria co mo los frutos del liano no es u n laxo eufem is mo de la act ividad del sa-
ca mpo, en tanto qu e las operaciones de la razón d epen-
derían de l cap ric ho, podrían acontecer o no r ealiza rse . II Hegel, WW 2, pág. 30 red. alto pág . 26; v, cest., pá¡. 21].

39
bio: Hegel pinta siempre a la vez ésta, en cuanto 610- (desde luego. a sa biendas ). Pero el idealismo yerra al
sofía-y no grat uitamen te-, como eccn temp tadora»: t roca r la totalidad del trabajo en su se r en sí, al sub li-
pues aquello en 10 que trabaja el filósofo no será p ro- mar su principi o en metañ stco, en actus purus del es -
p iamente sino en otorgar la palabra a lo activo en la píritu, y al t ra nsfigurar tendencialmente lo creado en
cosa mi sm a. a lo que, en cuanto trabajo socia l, tiene ca da caso por los hombres, eso pere cedero y limitado
form a objetiva frente a los hombres y, sin em bargo , juntamente con el t ra bajo mi smo (q ue es su pena), en
sigue siendo trabajo de ellos: ..El movimiento por el algo ete rno y ju sto. Si no s est uviese permitido es pecu-
que la conciencia inesencial t rat a de alcanzar es te ser lar sob re la especulación hegeliana, podríamo s conje-
un a-leem os en un pa saje posterior de la Fename no- turar que en la dilatación del es píri tu a totalidad se
logiar-es a su vez triple, de acuerdo con las t ri ples encuentra, cabeza abajo, el conocimiento de que el es-
relaciones que habrá de sos tene r con su más allá co n- píritu no es nin gún principio aislado, ninguna s us ta n-
figu ra do : primeramente como conciencia pura, después cia eutosuñcíente, sino u n momento del trabajo socia l,
co mo es encia singular que guarda relaciones de ape ten- el que es tá separa do de l corporal. Mas el t rabajo COl'·
cia y t rabaj o para con la realidad, y, en tercer lu gar, poral se ve re mitido, necesari am ente. a lo que él m ismo
corno co ncie ncia de s u ser para sfa u, no es. a la naturaleza, sin cuyo con cepto es tan impo-
La interpretación de Hegel ha in sistido con razón sible fo rmar un a no ción del trabajo (y, en último tér-
en que ca da un o de los movimientos principales que en mino, de su forma re flexiva. el espíritu ) co mo lo es
su filosofí a se d istinguen ent re sí seria, a la vez , el todo ; formarlo de ella sin éste: a mbos encuentran a una la
mas es to vale también, ciertamente, para el concep to di ferencia y la . m~~~~ión- mut ua. La critica -de Marx
de t rabajo como rel aciones con la re alidad, ya que éso al "Prog rama de Got ha" mi enta tanto más exactamente
tas, en cu anto dialéctica del suje to-objeto. son. en suma, cierta sit uación real p rofundamente hundida en la filo-
dialéctica. En cu anto a la vinculación de los con cept os se ña hegeliana cuanto que no pretendía se r UDa po-
de ap etencia y de trabajo, tan central, desliga a este lémica cont ra Hegel; todo ello gir a en torno de la cele-
último de la mera analogía con la abstracta actividad brada sen te ncia seg ún la cual ..el trabajo es la fuen te
del espíritu abstracto ; pues , en su sentido íntegro, el de toda riqueza y de toda cultura », a la cual opone
t rabaj o está vincul ado en acto a la apetencia. a la que Ma rx lo siguie n te : _El t ra ba jo no es la fuente de tod a
niega una vez más : satisface las n ecesidades de los riqueza: la naturaleza no es menor fuente de valores
hombres a todos los nivel es, los auxilia en su desam- de uso (en los que consiste, ciertamente, la riqueza fác-
paro , Jes reproduce la vida y les in spira resignació n tica) que el trabajo, el cu al. por su par te, es un a fu erza
para ello. Incluso en su forma in telectual, el t rabaj o de la naturaleza, la fuerza human a de trabajo. Tal frase
sigue siend o un brazo que se ha alarg ado para aportar se en cuentra en todas las ca rtillas infantiles, y tiene
subsistencias , el principio de dominio de la naturaleza, r azón en la medida en q ue se sobree ntienda q ue el tra-
si b ien independizado y luego distanciado de si mi sm o baj o avanza con los obje tos y medios correspondientes;
pero un programa socialis ta no ha de permitir seme-
jantes locucione s burguesas, por no hablar de las con- I
11 Hegel, WW 2, pág. 171 [ed. crí t., pág. 162; v. cast., pág. 131]. [,

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diciones únicamente bajo las cuales tiene n se ntido; y mu ch o qu e en la reflexión de ca da j uicio pa rt icula r en-
en tanto el hombre desde un pr incipio se compor te cue n tren su merecido.
como dueño pa ra con la na tural eza, la fuente prime ra Descontando el capit ulo sobre el se ñor y el escla vo,
d e todos los medios y ob jetos de t raba jo, la t rate como es asombroso qu e la esenci a de l espírit u productivo
perteneciente a sí, su trabajo será fuente de valores de h egelian o sa lte a la vista con la ma yor fu erza en la doc-
u so y, por consiguiente . de ri qu eza. Los bu r gueses tie- trina de la Fenom enología del espíritu a ce rca de ela
nen excelentes razones p ara atribuir a su gu sto al tra- r eligión natural», en cuyo tercer escalón adquiere por
ba jo u na fu erza c readora so brenatural ; pu es justamen- p rimera vez lo es piri tual un contenido religioso como
te del cond iciona m iento del t ra bajo por la na tu ral eza «prod ucto del trabaj o hu mano e u: . EI espirit u se ma-
se s igue que el se r humano que no pose a ninguna otra nifiest a aqu í, pues, como el a rtesano y su ob rar, median-
propiedad má s q ue su fu e rza de trabajo tiene que ser , te el cual se produce a s í mi smo como objeto; pero no
en tod as las circunst ancias sociales y cult u rales, esclavo ha cap tado a ún su p ensamiento. es un t rabajar inst in-
de los demás hombres, los que se hayan hecho propie-- t ivo. como las abejas const ruye n las celdas.. . Los c r is-
t ari os de la s condiciones ob jetivas d e trab ajo . lJ . De tales de las pirámides y los obeliscos ... son los trabaj os
ahí qu e H egel no pueda a ni ngún precio asentir a la de es te a r tesano de la forma ri gurosa. 15. Puesto que
se paración entre el trab aj o corporal y el intelectual , y Hegel no contr ap one sim plemente la idolatría a la rel i-
que n o descifre el esp íri tu como asp ecto ai slado de l gió n, a modo de estadio t osco o degenerado, sino qu e
trab aj o, sino que, volátilm en te, a la inversa, t enga a lo defin e como momento necesa ri o de la formación del
és te por un momento del espíri tu , eligien do en cier to espírit u religioso y, por ello (e n el sentido de la di al éc-
modo co mo máxima la figura retór ica P'!..rs pro toto. ti ca del su jeto-obj eto d e la Fenom enología), d el conte-
Mas cua ndo seJ o desprende de lo que no es idént ico a nido religioso e n si y. e n último té rmin o. de lo abs o-
él mismo. el trabajo se vuelve ideología; y los que dí s- lu to, el t rabajo human o queda asumido, en su forma
ponen del trab aj o de los demás le a trib uyen u na d ig- materi al cósica, en las de termina ciones esenci ales del
nid ad en sí, la absolutez y origina ri edad alud idas , jus- es piritu en cuanto absoluto. Ba staba sólo algo de muY
t ament e porque es só lo algo para ot ros: la m et aflsic a poca m onte-cía rememoración del momento na tural
del t rabaj o y la apropiación del t raba jo ajeno so n com- del trabajo, a la vez re sultado de mediación y, s in em-
plementarias. E st as relaci on es sociales dictan la falacia bargo, indisoluble-para que la d ialéctica hegelian a se
a H egel , el enmascaramien to de l su jeto como sujeto- hu biese lla mado a s í misma por su nom bre.
objeto, el re nega r __ dejo no idé ntico en lo total , por Aun cua ndo. con la se paración e nt re el t rabaj o cor-
- - -
- "
~-·l
poral y el intelectual , éste, el más leve de los dos, se
» Kar l Man: : ..Krit ik des Got hae r Programms e, en Kar l rese rva los p rivilegi os (pe se a todas las aseveraciones
Man: un d Fri ed rich En¡ els : Ausgewahlte Schrilten , St uttgart, en cont rario), e n el p r oceso intelectual . en esa imagen
1953, 11 [al com ienzo de la ..Cri tica del progra m a .. ,-] , pág. 11
[vers o cast., ..Crí tica dc l p ro llr am a de Gctha », en K. Marx y
F. Engels : Obras escosidCls en dos tomo s, Moscú, Ed . en Len- "Cf. Kro ner," op. cit., 11, págs. 404-5.
gua s Bxtr., s . a., t. I1, pág. 10]. " Hegel, WW 2, pág. 531 re d . crtt., pág. 486; v. cast., pág. 405].

42 43
del ac tuar fís ico con seguida por medio de la imagina- jo. Sólo el se r a u toconsci ente de tod o esto podría haber
ci ón, reap arece monitoriamente una y otra vez tal se- llevado a la dial éctica h egeliana más allá d e sí misma;
p a ración : el espíritu no puede de senlazarse jamás e n- pero tal a u toconci encia ha hecho que se le desvanezca
te rament e de sus relaciones para con la naturaleza que semejante cosa, p ues de serlo se pronunciarfa ese nom-
ha de dominar; pues para dominarla, las obedece, e ín- bre que la tien e he chizada. Puesto que de nada se sab e
clu so su or gull osa soberanía se compra con grandes sino de lo que pasa a través de l trabajo, éste se con-
fatiga s 16, Ma s la m etafísica del espíri tu , que hace a éste vierte. a tuertas y a derechas. en algo a bsoluto, de des-
al go absoluto (por se r la de su propio t rabajo in con s- dicha en dicha; y por ello aquel todo que es una parte
ciente), es la afirmaci ón de su ca u tivida d. el intento ocupa forzosa, inevitablemente el puesto de Ia verdad
del esp íri tu que se hace a s í mism o ob jeto de reflexi ón en la ciencia de la conciencia que se revela. pu es Ja
por reínt erpreta r como bendició n y justifica r la rrial- ab solutizaci ón del trabajo es la de las relaciones de
di ci ón a que se pli ega, al d ifundirla. Tal es. ante t od o, cjese: u na _ ~-.ll_m ~nidad lib re de trab aj o estaría libre de
lo que permite incriminar de ideológica la filosofía he- dominación. _.EL e§pm~.u_~~__esto, n\i"s sin permitirse -
geliana: la exégesis , peraltada hasta lo in conmensura- saberlo; y__talesJa miseria . toda dela ..fiJo...§-ºfí~. _P.e~ro el
ble, d e la loa burguesa del trabajo; y los so bri os rasgo s paso a cuy o través el trabajo se a lza si n más a princi-
realistas de H egel encuentran asilo, precisamen te , en p io metafísico no es otro qu e una eliminación con se-
es te exalt ado paraje del sist ema id eali st a. lo absoluto cuente de ese «material» a qu e todo trabajo se sien te
que tan r uidosamente se proclama al fina l de la Peno- liga do. que le se ña la a él mi smo sus límites, que le
m eno íogia: Sin embargo. incluso esta mendaz identifica- recuerda lo inferior y relativiza s u sob eranía. Con todo
ción de l trabajo con lo ab so luto t iene sus razones ati- lo cuaJ hace juegos m alaba res la teor ía de ! conocimien-
nadas: el m undo , en t an to forme u n sistem a, lo hará to mientras lo dado p ro du zca la ilusión de engendrado
justamente a través de la cerrada universalidad del por el esp íritu mism o : ha de desvan ecerse el hecho de
trabajo social, el cual es, de hecho, la mediación radi- que también el espíritu se encu en tre bajo la coacci ón
ca l; y, de igual modo que lo era entre el hombre y la del tra ba jo e inclus o sea tra bajo; y la gran filosofía,
naturaleza, lo se rá dentro del esp ír it u p ~ra si, que no literalmen te, int r odu ce de modo subre p ti cio el dechado
tolera nada fu era y respeta la memoria de lo que hubie- de la coacción como si fuese la libertad. Pero se verá
se fuera . Así, pu es, no habrá nada en el mundo que desmentida, porque no se puede lograr la r edu cci ón de
no se le aparezca al hombre e xcl usiva men te a través lo exis ten te al espíri tu , y porque-como sa bía el mi s-
del t rabajo social: incluso la pura natural eza, en la mo H egel-es preci so aban do na r la po stura gn ose oló-
medida en que el t rabaj o carezca de poderío alguno gica cuan do se la ll eva hasta el fin (m as su verdad con-
sob re ell a . qu eda de terminada precisamen te por él. s i- sís t e en que nadie es capaz de salir del mundo cons-
quiera sea merced a su nega tiva relación con el traba- tituido a t ravés del trabajo para pasar a otro que fu ese
inmediato). Sólo puede ejercerse la c ri tica de la id en-
" Cf. Max Horkheimer y Theodor W. Adorno : Diale ktik du
tificación del espíritu con el trabaj o confrontando su
AufkUirung, Amsterdam, 1947, pág. 38. concepto filosófico con lo que propiamente efectúe, no

44 45
recurriendo a algo positivamente trascendente, del gé- bio, depende en todos sus momentos de las condicio-
nero que sea. nes sociales de la producción y hace realidad así, de
El espíritu no ha llevado a cabo semejante cosa. Es hecho, Ia .p ~e<:~.i~~~cia_d el_todo s ob r~a s partes; ~ on
sabido que ~U:9~.¡;:.!=Plº---de,..sist~I)2¡h_ en su vigorosa ver- IQ_ que_la _d esesperada impotencia de t odo - iñdividuo
sión hegeliana (que, ciertamente, no corresponde al con- si_ryf: E.oy_p~~_verifica~a desaforada n?~.ió~ hege.!i<l~a
cepto de sistema deductivo de las ciencias positivas), de sistema. tlncluso el culto del elaborar, de la produc-
._.,-- - - ~

s e ha de e~!~I!.C:!~ ~_ g.rgánicarn.~_nte, como un crecer y_ha- ci ón, no es sola mente ideología del hombre dom inador
ber. crecido uno dentro de otro todos los momentos de la naturaleza, ilimitadamente acti vo-o automáti-
parci.al~s. _~e un todo, por virtud de éste; en el que cada co-,- : en él queda sedimentado que la relación univer-
uno de_~!!º ~ s_e encontraría y.~ ín sJ!o. Tal concepto de sal de cambio, en la que todo cuanto hay es un ser
sistema implica una identidad de sujeto y objeto des- para ot r o, se halla dominada por quienes disponen
plegada hasta en cerrar todo en sí, ha sta lo absoluto; acerca de la producción social; y de es te modo se ve-
y la verdad del sistema choca con semejante identidad. nera filosóficamente semejante dom inación. Justamente
(Ahor a bien: ésta, la -reconciliación .perfecta a través del la producción arras tra consigo el ser para otro, que es
espíri tu en medio de un mundo real de antagonismos, el título legal de la existencia de todas las mercancías;
es una mera aseveración, y la anticipación filosófica de e incluso el mundo, en el que no hay nada por mor de
la r econciliación atenta contra la reconciliación real, sí mismo, es a la vez el mundo del producir desenca-
pues aparta lo qu e la contradiga, sea est o lo que sea, denado, olvidado de su destino humano. Este olvido de
como algo propio de la exist encia corrompida e indigno sí mi sma de la producción, el insaciable y destructivo
de la filosofía. Pero un sistema sin lagunas y una recon- principio de expan sión de la soci edad de cambio, se
ciliación llevada a cab o en su perfección no son lo mis- refleja en la metafísica hegeliana: ésta describe-pero
mo, sino, incluso, lo cont rario : la unidad del sis te ma no en perspectivas históricas, sin o esenci alment e- lo
J p r oviene de un poderío no r cconcñíadoz Así, el mundo que el mundo auténticamente es, sin por ello ponerse
que el sistema hegeliano había concebido se ha acre- en los ojos una venda con la pregunta por la autentl-
ditado com o sistema, en sentido lit~~al,,< .~ saber: el de cidu9-';
una . sociedad_radicalmente..socializada)!__ ~.ó l.(L~hº ra , al La sociedad bu rguesa es una totalidad antagonísti-
cabqde__cie nto veinticinco años, y lo ha he cho sat áni- ca: _se mantiene viva únicamente merced a sus a ntaga.: .
camente. (Entre las hazañas más grandiosas de Hegel nísmo s, Y. no puede suaviza rlos. En la obra hegeliana
se cuenta que extrajese del conc ept o el carácter siste- de peor reputación por su tendencia re stauradora, su
mático de la soci edad much o antes de que és te pudiese apología de lo existente y su culto del E stado, la Filoso-
im ponerse en el á mbit o de la propia experiencia hege- fía del der ech o, se for mula tal cosa sin rodeos. Mas
lia na, en Alemania , que s e h abí a quedado m uy retrasa- precisamente de la conciencia del carácter antegonís-
da e n cuan to a desarrollo burgu és.) El mundo que está ti eo de la totalidad cab e de rivar las exce ntricid ades de
trab ado en u n todo mediante la «producción», median- Hegel, esos provocadores pasajes respon sables de que
t e el trabajo social confor me a la s relaciones d e cam- varios pensadores importantes del mundo occidental,

46 47
---~-

1
1 como Veb len, Dewey y hasta Santayana, lo pusieran en serva, por lo pronto. lo general que es tá con tenido e n
el mismo mont ón con el im pe ri ali smo alemán y con el la singula ri dad de la sociedad burguesa, a modo de or-
fasci smo; p or lo cual no h a de b agatelizarse la idolatría den y organización ext erior qu e sirva de protección y
hege liana del Estado, ni tratarla como una mera abe- segu ri dad a las masas fre nte a finalidades e inte reses
rración empírica y una adición si n importancia: su pa rticulares (puest o qu e consis te e n lo general menta-
origen está en haberse percatado de que las contradtc- do ), de l mi smo modo que se cu ida, como di rección s u-
cio nes de la socie da d burguesa no pueden s uavizarse perior de los intereses (§ 246) que van más all á de tal
por su propio mo vimiento. St\n decisivos al r especto soc iedad. ~8; así, pues, ha de a paciguar lo que por otra
pasaj es como éste: «As! sale a luz que, con todo su parte no ha b ría qu e apacigu ar . La filosofía polftica de
exceso de riquezas. la sociedad burguesa no es suficien- H egel es un golpe de fue rza necesario: golpe de fuerza
temente r ica (o sea, no posee una cantidad suficiente porque de t iene a la dialéctica en nombre de un prin-
de su pec uliar caudal ) p ara poner remedio al exceso cipio qu e le corres pond ía a la propia cr it ica hegeliana
de pobreza y a la fonnación d el populacho .. . Merced de 10 abst rac to , e incluso lo ha ce porqu e- según al
a es ta su propia dialéctica, la sociedad burguesa se menos da a entende r-no tien e su pues to, en mo do a l-
verá lle vada más al lá de s í (por lo pronto, es ta soc ie- guno, más allá de l juego socia l de fuerzas: «l os inte-
dad concreta), para buscar fu era de eIJa mi sma , e n reses sociales particulares, qu e decl inan e n la sociedad
otros pueblos q ue le vayan a la zaga e n cuanto a los burguesa y se encuentran fu era de lo gene ral del Est a-
recursos de qu e ella tiene profusión, o, más en general, do, qu e es en sí y para si, se admini stran p or las corpo-
en cuan to a industria, e tc., consumidores y, de es te raciones m uni cipales y de los de má s oficios y profes io-
modo, les necesa ri os medios de vida. 11. E l libre juego ne s, as í como por sus a utoridades, jefes, ad ministra-
de las fuerzas de la sociedad capit al is ta , cuy a teorta dores y ot ros cargos se mejantes. Mas en la medida en
económica liberal había aceptado Hegel, de sconoce toda que tales asuntos, de que és tos s e ocupa n, cons t it uyen
medicina para el hecho de que con la riqueza socia l por una parle la propied ad privada e intereses de estas
crezca la pobreza (el epa upe r tsmo s, de acuerdo con la esferas particulares, y, desde este lado, su autoridad
a nticuada terminol ogía de H egel ), y menos aún podía descan sa e n la confia nza de sus colegas y conciudada-
im aginarse él u n inc re m ento tal de la p roducción que no s, mientras que, por otra p arte , es tos grupos tienen
el aserto de que la sociedad no es suficien te men te rica que q ueda r subo rd inados a los superiores intereses del
e n b ienes se convierta en una burla. Por lo demá s, invo- E stado, para la p rovisión de tales p ues tos te ndrá lu ga r,
ca desesperada ment e al E stado como instancia situada en general, una m ezcla de elección común por los inte-
más allá de tal juego d e fuerzas; el p a rágrafo 249 se resados y de rati ficación y disposición superiores» " .
refiere explíci ta men te al pasaje que ha salido inmedia- Pero el golpe de fuerza e ra necesa rio, ya que, en ot r o
tamente a ntes, el si tuado e n la ex trema avanzada, y su caso, el principio di al éc tico se sacaría de lo existente
comienzo dice así: . EI cu idado po lid aco r ealiza y con-
" Hege l, WW 7. págs. 322-3.
" Hegel, WW 7, págs. 319-20. " I d., pág . 3%.

48 49
,
sobrepasándolo, y de est e modo habría negado la tesis clan que hay en la cosa y, de es te modo, la fu erza de
de la identidad absoluta (que sólo en cuanto realizada la teoría, me rced a la cu al és ta se vuelve con t ra sí
es absoluta : tal es el corazón de la filosofía hegeliana). misma. De modo que si la filosofía hege liana fraca sa
En ninguna parte se acerca t anto la filosofía de Hegel m edida con el cri terio m ás alt o, el propio, se acredita
a s u propio substrato, la sociedad, como allí donde a la vez por él: la no identidad de lo antagoníst ico, con
desatina a su respecto; m as, en realidad, es esencial- la que ch oca y que sólo a du ras pe na s consi gue do b le-
m ente n egativa: es una crítica, Heg el, al convertir la gar com pleta mente, es la de ese todo qu e no es verdad ,
filosofía trascendental de la Crítica de la razón pu ra sin o fal sedad, oposición a bs olu ta a la justicia; pero
en crítica del ente mismo (justam ente en virtud de su precisame n te esta no identidad adopta en la realidad
tesis de la iden tidad de la raz ón con el ente), va más la forma de la identidad, el ca rá cte r de cla usurador
allá _de _toda _pl?~itiv.!,!,!~_ L denuncia-eL~undo (cuy a, omnicomp rensivo sobre el qu e no imp eraría ningún ter-
teodicea constituye su propio progra ma) ta~t; en su cer ele mento reconciliado r ; y se me jante ciega identidad
integridad y coherencia com o en su coherencia cu lpo- es la esencia de la ideología, de la ap ariencia social-
sa , en la que todo lo existente merece perecer. Aho ra me n te necesari a. Ahora bien: és ta ún icamente p od ría
bien: la fa lsa pretensión de qu e el mundo es , sin em- desvan ecerse pasando por la cont ra dicción de venida
bargo, buen o, cont iene en sí otra, es ta legítima: la de absoluta (no merced a mit igarla en lo absoluto), y tal
que habría qu e ha cer bueno y reconciliar el mundo vez sería así cap az un día de encontrar aq uell a recon-
re al y fá ctico no m erame nte en la idea que se le opone, ciliación que Hegel tuvo que simular- p ues se le oc ul-
sino corporalmente; y si bien , en de finitiva , el sistema t aba su p osibilidad real-o La filosofí a hegeliana quiere
hegeli ano p asa a ser un error merced a su p ropia co n- se r negativa en todos sus mo mentos particulares ; m as
se cuen cia, ello no sent en cia tanto a Hegel-según que- cuando, cont ra su inten ción, se convierte también en
rría la just icia por su propia mano de las ciencias po - su con junto en ne gativa, rec on oce de esta s uer te la
sitivas-cuanto a la r ealidad. El burlón «tan to p eor negat ividad de su obj et o; y al sa lir a luz irresistibl e-
para los he chos» se moviliza tan a ut omát icam ente co n- m en te, al final , la no identidad de su jeto y objeto, al
tra Hegel porque dice la sangrien ta verdad sob re los
desvanecerse en la ne gatividad ab soluta, deja atrás lo
hechos; pues él no los calcó meramente, sino que, gra-
que hab ía promet ido y se convier t e en verdad eramente
cias a hab erlos en gendrado con el pensamiento, los con-
id én tica a su embrollado objeto; p ero la ces ación del
cep t uó y cr-itic ó: su negatividad los hace s iemp re al go
movimiento, lo absoluto, no significa tampo co en és te
distinto de lo que simpleme nte son y de lo que sost ie-
otra cosa, en último t érmino, que la vida r econciliada,
n en se r. Mas el principio de l dev enir de la re alida d ,
la de Jos impulsos satisfech os , que no s iente ya priva-
.segun el cu al ésta es más qu e su po sitívidad, y que es
el mot or idealista central de H egel, es al mismo 'tiempo ción al guna y no sabe del trabajo (a l cua l ú nicam ente;
ant iide alis ta: es la críti ca de la realidad p or el su je to sin embargo, debe la re conciliación ). Por consiguient e, \
(de esa realidad que el idealismo ha ce equivaler a l su- la verdad de Hegel no tiene su puesto fue ra de l sis te-
j et o a bs olu to ), a saber : la conciencia de la con tra dic- m a, sino que se adhiere a él tan to como la falsedad,

50 51
pues és ta no es ot ra que la del sistem a de la soc iedad , diación de l devenir otro que si mismo .. lO; de m an era
qu e forma el sustrat o de su filosofía . que la diferencia ent re el se r co mo s ujeto y el que se
E l giro obj eti vo que tomó en Hegel el ide ali smo, es crib e con y griega (en tiempo de Hegel todavía orto-
as í como la restituci ón de la metaf ísica espec ulati va gráfica , hoy arcaica) afecta a la totalidad. Como es
(d es truida por el crit icismo), qu e res tau ró inclus o con- sab ido , y en opos ición a aquel partir de la co nciencia
ce ptos co mo el del ser y qu iso sa lvar ha sta la prueb a subj etiva , la Lógica de sp liega las categorías de l pensar
ontológica de la exis tencia de Dios, todo ello ha alen- mismo en su objetividad. empe zando por el co nce p to
tad o a recl amar a Hegel para la onto logía exis te ncia l; del ser ; es te com ienzo , sin emba rgo, no sirve de fun -
de lo cua l el tes timonio más conoci do (si bien no el dam ent o a ninguna prima phiíosophia, pues el ser hege-
primero, en modo a lguno) es la interpret ación heidegge- lian o es lo op ues to a una entidad origi naria ; y Hegel
riana d e la "Introducción " a la Fenom enología que apa- no abo na al co ncepto de ser . como u na hon ra primi -
rece en las Senda s perdidas. Esta s reivindicacio nes nos tiva, la inmediatez (la apa rie nci a de que el ser esté
preorde nado lógica y gené tica mente a tod a re flexión , a
permiten en tera rnos de qu e la ontologia exi st enci al oye
toda esc is ión entre su je to y obj eto) , sino que se la li-
hoy de mala gana que se h ab le de su afinidad co n el
quida : es-se lee inmediatamente al co mienzo de la
idealism o t ra scen dent al, al cual se figura ven cer merc ed
parte de la Lógica que lleva por título la pa lab ra ser-
a su pateti smo acerca de l ser. Pero mientra s que lo
19_.. i nm c4ialqjn~~te_nnj':l a_~0 . 21; mas_inclus o tal inme:
que act ualmente pa sa co n el nombre de pregunta po r
dlat ez, a la que se aferra la ontología exist encial. se
el ser hall a un sit io en el sistema he geliano, como con~ierte para Hegel, q ue calaba a fon do la medi atez
mom en to suyo, és te deniega al ser preci samente esa d~ se~ejante' Cosa inmed iata, y en vir tud de su inde-
absolutez, ese estar an tepues to a todo pensar y tod o termina ción, en un argumento co n tra la d ignidad del
concepto de que espe ra incautarse la más reci ent e re . ser, en s u negatividad , simpleme n te, en motivo para
s urrec ción de la metafísica : la teo ría hegeli ana del se r, dar a9u~t paso _d..!.~!é~ ~ ico_ q~~qL! ip_a ra el ser a la nad a:
debido a ha be r definid o és te co mo un momento reflejo «E n su ind eterminada __ inmediatez sólo es igu al a sí
y crit icado, eseací at me n te negativo, de la dialéctica, es mi smo... es _la . pura indetermina ción _y__cl _pu ro vacío .
incompatible co n su teo logización con temporánea ; y No hay nada que intuir en él, si es que pued e hablarse
apenas hay punto en que su filosofía sea más actual aq ui de intuición ; o bien es únicam ent e es a mi sma In-
qu e d ond e desmonta el conc ep to de ser. Ya la defini- tuición p ura y vacía . Tampoco hay en él nad a de qué
ción del ser qu e se enc uent ra al comien zo de la Feno- pen sar, o bien es tan sólo ese pen sar vacío. E l ser, lo
m enología dice exactame n te lo contrario de lo que ho y Inm edi ato indeterminado, es, de hech o , nada , y ni más
qu iere sugerir tal palabra : ..La substancia vivien te es ni menos que nada » 22. Semejante vacío, sin embargo,
ad em ás el ser, el cual ú nic amente es en verdad su jeto
(o bi en--cosa que quiere decir lo mismo-el cua l ú ni- · WW 2, pág. 23 [ed . crtt., pág. 20; v, cast., pá gs. 15-6].
camen te es en verdad rea l) en la medi da en que sea " WW 4, pág. 87 Ied. cnt., t. 1, pá g. 66; v. cust., t. 1, pág. 10n
el movimiento de l ponerse a sí mi sm o, o sea, la me- n Id., pá gs. 87-8 [ed . erlt ., t. 1, pá gs . 66·7; v. cus t., loe. cit.] .

52 53
,

no es ta n to una cualidad ontológi ca del se r cua nto un a durant e añ os más q ue la pu nta de su nariz '.i dice in t e-
car encia d e l pens amiento filosófico que termina en el ri ormente en sí am, am; am , o b ien no dice ab soluta-
s er ; p ues «Si exp resamos el ser como predicado de lo ment e nad a) , Y es ta so r da y va cía conciencia es, enten-
a bsoluto-esc ri be el H egel de la madurez en la Bn ci- dida como conciencia, el se r- 25. Hegel oyó la invoca-
cíopedia-c, ello no s proporciona su primera definición: ci ón al ser con ri gid ez m an íaca como fo rmalis ta ma-
lo a bsolu to es el ser ; y ésta es la que (e n el pe nsarnie n- traqueo de UII molinillo de oraciones , y supo lo que
to) es enteramente inicial, má s abs tracta e insufi cien- actualmente ha quedado falseado y perdido, pese a tod a
te» 2.1. La última herencia de la intuición hu sserlian a , la par la de lo conc ret o (pr eci same nt e en y po r la magia
qu e en trega ba originar iamente, celeb ra hayal concep to de la concreción indeterminada, que carece de todo
de ser como lo arrobado lejos de toda cosifica ción , conte n ido salvo su propia a ura): qu e Ia filosofía no
co mo la inmediatez a bsoluta; mas Hegel no sólo lo debe buscar su obj eto en los supremo s conc eptos uni-
ca ló con la mirada como in intuitivo en vir t ud de ta les versal es, por mor de su s pretendidas e te rn idad y no
indeter mi nación y va cío, sino com o u n concepto qu e se ca ducidad, que lu ego se avergüe nza n de su propia con-
olvida de que lo es, y se t ap uj a de inmedia tez pura : cept ua lidad universal. Como de spués de él únicamente
e n cie rt o mod o , el más cósíco de tod os...Con el ser en lo ha hecho, e n realidad, el Nie tzsc he de El ocaso de
cuanto aquello simpl e e inmediato queda olvidado .. . los ído los, rechazó la equipa ración del contenido filo-
el recuerdo de q ue es resu ltado de una abstracción to- sófico y de la verdad con las abstracciones sup re mas,
tal y, ya por ello mi sm o, n egativid ad abs tracta, na da .. 24, y co locó la ver dad precisament e en aque llas de termi-
se dic e en un p asaj e post erior de la Lógica; y en un as nacion es con la s cuales la met afí sica t radicion al era
fr ases de es ta obra que se aguzan especí ficame nte con- dem asiado re finada para mancharse l ~ s manos ; y el
tra Jacobi p ued e verse que con lo an t erior, sin embar- idealismo se trasciende a sí mismo con Hegel no en
go, no se dramatizaba un ele vado lance en qu e jugasen último t érmino co n est a intención, que ob ra del modo
pa labras or iginarias, sino que ] 0. crí t ica del se r quiere má s grandi oso en la trabad a refe rencia de la s e ta pas
decir, e n realidad, c ritica de todo u so enfá t ico de es te de la conciencia a las etapas sociohis tóricas en la Feno-
concepto: «Con es ta pureza tot almen te ab stracta de la m enología del espíritu. Lo que hoy (como invoc aci ón
co ntinuidad, es decir, indete rmin aci ón y vaciedad d el de las p alabras or igmarias, como ..saga ..) pretend e que
imaginar, es indiferente que llamemos a esta a bst rae. se alza por encima de la dialé cti ca , la a bs tracción, se
ción espacio o bien intuir puro , pe nsar p uro : todo es convierte just amente así e n presa suya , la cual se hin-
lo mi smo, lo qu e el indio denomina Bra hm a (cu ando cha a en te e n y pa ra s í, y se hu nde de es te modo a
ext er iorme nte inmóvil, e igu almente qui eto en cu an to totalmente carente de con te nido, a t autolo gía , a ser,
a sensación , im aginación , fan tasía , deseos, et c., no m ira que no d ice na da sino sola me nte , una y otra vez, ser.
A partir de Husserl. los filósofos conte mporáneos
al WW 8. pago 204 red. crít . de ta E nzy klop(id ie, pá g. lllS;
v. cast o de la E llcicloped ia, t . J, pág. 159]. del se r se opo ne n al ideali sm o. En ellos se exp resa , en
"' \ V\Y 4, pá g. 110 l edo crt t., t. 1, pág s . 85-6; v , cas t., t. 1,
págs. 128·9}. :lO WW 4, pág. 107 red. crn., t. 1, pág. 8.1: v. cast., t. 1, p::\gs . 125-6) .

54 55
r

realid ad , la sit uación ir revoca ble de la concienc ia his. de la filosofía de :tlegeLPara~I J ¡L'lí:rd a dJlo _ e s_n i ngu~_
tórica, hasta el punto de que regis tran que a partir de nª----silJl~le relación ent re ~l.-l!!~cio y~l~jeto,_I!i!lg(ln
la mera inma ne ncia sub jetiva, la concie ncia. puede d es- predica do del pensar-subjet ivo, s ino__que __h <LºLeleva rs~
plega rs e o seguirse algo que no es; pero han hiposta- porenclmadeeüo , inclu so como unee n sí --y.para ~si !~
siado así el resu ltado supremo de la abs tracción sub je- y el saber de la verd ad no es, __a 2us oj~_, inf~rior_a.! .
t ivo-con ceptual. el ser , y de est a sue r te, sin percatarse de 10 absolut o.jpues a eso tiende su cr-ítica ~del.5!it~c~s­
de ello . han que dado cog idos e n el idealism o. t a nto en m-;;- que e s~inde inconciliadorarnente la sub je t ividad del
lo qu e se refie re a postura teórica como e n su acti t ud ser. en .sf e n u n pasaje ci tado por Kroner se dice que
hacia la sociedad. Nada hay que los haga convic tos de tal criticismo h a «ot org ado una recta conciencia a la
ta l cosa más co ntu ndent emente que la espec ulación de l fal ta de cie ncia dc lo eterno y di vino . al asegurar la que
arch tldealis ta Hegel: s i bien los r est aurad ores de la ha de mostrado que n o se puede sabe r nada de es to
on tología se s ien te n de acuerdo con él, come ya suce- úl timo ... No hay nada que sea mejor recibido por la
d ía leja na mente (a saber: e n lo que se refie re a la supe rficialida d del sa ber y del carácter, nad a que com-
conce pción de conjunt o de la metafísica occide ntal, a prenda t an de b ue n grado como esta doc t ri na de la
la que pos teríormeme es peran escapar) e n el temprano carencia de sa be r , merced a la cual, justamente, d icha
escrito he idegge r ian o sobre un a p ret endida obra de superfici alidad e insipidez se prese nta como la met a y
Duns Seoto, con Hegel, de hecho. un máximo de idea- result ado de todo esfuerzo intelectual» v . Se me jante
lismo ha rá que se trasc ienda la me ra subjetividad y enfática idea d e la verdad da un nt:ntís al su bje tivis-
que se ro mpa el cegador circulo de la inmanencia filo- mo, cuya asidua preocupación po r si la verd ad es sufi-
sófica . (También e n Hegel-por a plicar un a e xp res ión cie n temente verdade ra te rmin a e n la supresión de la
de Emil Las k a algo más genc ral-apun ta el ideali smo ver da d mi sm a ; pues el con tení dodeconcícncía que se
por encima de sí m ísm o. j Sin embargo, t ras la co inci- despliega__en verdad no _es _me ramente ver da d p ara eL
dencia fonna l con el impu lso on tológico se esconde n cognoscente, aunque_~ éste ~a_ el su jeto trasce ndcntau ,
diferencias cuya sutil eza mira al todo. Así, la id ea que la _id.~a de la ()bjt:.tivi!l3'd., de_la verdad robust ece la ca-
con Hegel propiamcnte se vu elve contra el idcalismo zón de l su je to ( le ha de se r posible, y s ufici ~~ tc ) e n
tradicio nal no es la de l se r, sino la de la verda d: «Lo ta nto q~~- los inte ntos act uales de evas ión del subj eti-
que sostiene la filosofía . en general, es que la forma del vismo están ligados a la difamación del_~uj e to . Mas la
pens a r es la abs olu ta, y que la verdad se manifi est a en idea hegelia na . por ser de1a razón, se dife rencia de
ella como es en s í y para sb 26; de manera que el carác- la restauración del concepto absolu to de ser e n qu e en
te r ab soluto del es p ír itu , contrapuesto a todo lo mera- sí es debida a una m ediación ; para H egel, en efecto,
mente finit o, se ría garante de la a bsolutez de la ver dad, la ve r dad en sí no es el «se r» : precisamen te en éste se
que se s us t raer ía a l me ro opinar. a tod a inte nción y oculta la ab stracción. el mod o de com pact a rse del s u-
todo «hec ho de conciencia . subjeti vo: tal es la ci ma je to que fabri ca nominalísticamente sus conceptos. Con

lO WW 8, pá g. 91. 'I WW 8, pág . 35.

56 57
todo. en la idea hegeli an a de la verdad se encarece e l tradicion a l de adec uación del pen samient o al estado de
momen to subje t ivo, el de la relat ividad . debido a pe r- co sa s: la verdad ya no se deja capt ura r como cua lidad
ca ta rse és te de si m ismo: en lo verdadero está conte- de los juicios. En Hegel. ciertamente, verdad quiere
nido el p en samiento en el que. sin embargo, él n o bro- decir, de modo semejante a la definición tradicional,
ta . _por lo cua l. cuando la re flexión queda excl uida de pero en secreta oposición a ella. «precisamente coinci-
lo verdadero y no se la ca p ta co mo m omen to positivo de nci a del concepto co n su r ealida d .. 31. y co nsiste een
de lo ab solu to, se de scon oce a la razón » 28. Acaso nada la co inci de ncia del obje to consigo mismo , ... con su
pued a deci r má s acerca de la ese ncia del p en samien to concepto » 32; ahora b ien : como ni ngún ju icio finito al-
dialéctico que el que la autocon ciencia del momento canza jamás ta l coinci dencia, el concepto de verdad
subj etivo que hay en la verdad, la re flexión sob re la queda arrancado a la lógica pred icativa y trasladado
r eflexión, ha ya de ;econcilia rse con la in justi cia que por en tero a la dial éctica. pues- dice H egel-habría
la apront adora subjetividad irroga a la verd ad en s í. al ..que deja r de lado la op inión segú n la cua l la verdad
mera men te figurársela y dar por verdade ro lo qu e no tendrí a qu e ser algo palpable. 33. La cri tica de la se pa-
lo es en ab soluto; y si la di aléctica ideali st a se vuelve ra ció n rígi da de los mom entos del j uicio hace que la
contra el idea lismo. ello es porque su propio principio, verdad, en cuanto ap re hendida como mero re su ltado ,
que es preci samente la exalt ación de su pretensión idea- se t ra sfunda en el proceso , y destruye la apari encia de
lis ta. es , al mi smo tiempo, anti-idealísta. La dialéctica que la verdad en general pudiera ser un aju starse la
es un proceso no men os bajo el aspecto de l ser en sí conciencia a algo singular sit uado fren te a ella: «Lo
d e la verda d que baj o el de ac tividad de la co ncienc ia. verda de ro y lo falso se encue ntran ent re esos pen sa-
p ues el proceso es la verdad mis ma; cosa que hace mien tos det ermina dos a los que se tiene. inmóv iles . por
r esaltar Hegel mediante giros siempre nu evos: «Ie ver- ent ida de s p ropias que se ma nt uvies en, fijas y ais ladas.
da d es su mo vimiento en ella misma, mientras qu e u na allá y otra acullá, sin comu nidad con las otras. 1

l'
aque l método--el m atemático-es el conoci mien to ex- Mas es preciso soste ner , po r el con trario, que la verdad
teri or a la materia » 29; tal movimien to se des liga del no es una mon ed a acuñada qu e pudiese darse termi- I
sujeto pen sante. ya que «todo depende de ap re hende r nada. y embolarse de igu al modo ; ni hay lo fa lso .. .
y exp resar lo verdadero no co mo sustancia , sino igua l- Sa ber falsame nte algo quiere decir que el saber se
mente como sujeto .. 30. Mas pues to que en tod o juicio halla en desigualdad con su sustancia; sólo que p rec io
aislado la co sa de qu e se trate se confronta co n su samente esta desigualdad es. en gene ral , el di s tinguir ,
concepto, y puesto que, debido a ello , todo ju icio finito el momento esen cial: pues a partir de ta l di stinción
aislado se desvanece, por fala z. la actividad subjetiva surge su igualdad, y es ta igua ldad devenida es la ver-
de la re flexión t ra slada la verdad más allá de l concepto dad. Pero no es ella verdad como si la desigu aldad se

" WW 2, pá g. 25 [ed. crtt., pág. 21; v. cas t., pág . 21]. " WW 10, pág. 17.
,. Id., p ág. 46 red. crü., pág. 40; v. cast., pág. 33]. " ww 8, pág. 372.
.. Id. , pá g. 22 [c d. crtt., pág. 19; v, cast., pág. 15] . " WW 4, pá g. 46 [ed. cr Jt., t . J, pá g. 31; v, ca st., t. 1, pá g. 66] .

58 59
expulsase lejos, al modo de la escoria con re sp ecto al cabe retrotraer al sujeto y que las gnoseo logías idealis-
metal, ni tampoco como la herramienta se deja lejos tas trad icionales creían poder desaten der co mo una
de la vasija terminada, sino que la de sigualdad se en- mera x. La ver dad se desprende, entonces, de su subje-
cu entra inmediatamente presente en lo verdadero mis- tividad : pues to que n ingún juicio subj eti vo puede ser
mo como ta l en cuanto lo negativo, lo m ismo e >. De verdadero y, sin embargo, todos tienen que que rer
es te m od o rompe con la doctrina de la verdad como se rlo la verdad t ra sciende hasta el en sí. Con todo , en
adaequat ío rei arque cogita tíonis, que el conjunto de cua nto eso que p asa as í al otro lado, ni mera me n te
la filosofía moderna re cita devota y rep ite maquinal- ..desvelada. n i tampo co meramente «puesta», es tam-
mente: gracias a la dialéctica, ese procede r del nom l- bién incompati ble co n lo que p regu nta la ontología :
nalismo consecuente despertado a la conciencia de sí la verdad hegeliana ni está ya en el tiempo, como lo
m ismo que somete a prueba con su cosa correspondíen- es taba la nom inalis ta, ni , a la m anera ontológica , se
te todo concept o y lo convence así de su insuficiencia, ha lla por en ci ma de él, sino que para Hegel el ti empo
hace cent ellear una idea p latónica de la verdad ; p ero es u n mo mento de ella mi sma. La . ,verdad , como proce-
no sos tiene tal idea como si tuese inmedi atam ente in- so, es un "atravesar todos los momentos» que se opo ne
tuitiva, evide nte, sino que la espera justam ente de a la «p ropos ición lib re de co ntradicción » y, en cuanto
aquella insist en cia del labo rar del pensamiento que t ra - tal, posee u n núcleo temporal; cosa que liquida aque lla
dicion al ment e se detien e en la crítica del p lato nis mo; hipóst asis de la abs tracción y de l concep to igu al a sí
pues también la razón filosófica tiene su ard id . Y la mismo que domina la filosofía tradi cional. Aun cuando
verdad pasa por sí misma a u na idea objetiva, ya irre- el mov imiento h egeliano del concepto ha resucitado en
du ctible nominalíst icamente. só lo merced a que la exi- cierto sentido el pla tonismo, éste ha quedado a la vez
genci a de verd ad deja t ranquilam ente que se proteste curado, sin em bargo, de su es tá tica, de su h eren cia míti-
la pretensió n de verdad de tod o juicio limitado (y, po r ca, y ha as u mido en sí toda la espontane idad de la con-
ello, fal az), merced a que la adaequ atio subjetiva q ueda cie ncia liberada . Mas si bien, en ú ltimo término, Hegel
negada gracias a la autorreflexión. Así, pues, Hegel in- sigue adhiriéndose, pese a todo, a la tesis de la iden tidad
te rpreta una y ot ra vez el movimiento en que ha de y, co n ella, a l idealism o, la cr ítica de és te, que desde
co ns ist ir la verdad co mo «movimiento propio», que es- ha ce muc ho se ha vuelto nada costosa y que en otros
taria tan mo tivado por las circunstancias del juici o tiempos tenfa ante todo qu e arrancar a viva fu erza el po-
como por la sí ntesis menta l; y que el sujeto no de ba derío incont ras tab le al idealis mo hegelia no , ha de reco r-
co ntentarse con el mero ajuste de sus juicio s a las cir- darnos precisam en te (en una hor a del espírit u de és te
cunstancias obed ece a qu e el ju icio n o es una simple - m uy diferentemente a como suce día hace cien años-
actividad s ubj etiva y a que la verdad , por su pa rte, no es tá encadenado por el co nformismo) un mom ento de
es una mera cualidad de l juicio, sino q ue en ella se la verdad de aque lla tesis de la identidad : si- hab lando
impone sie mpre. a la vez, lo que, sin ser aislab le, no kantianamente-e-no hubiera padecido algu no entre el
suje to y el objeto, si ambos se enco nt rasen separa~ os ,
" WW 2, p ágs. 39-9 red . cnt., p ágs . 33-4; v, cas t., pág. 27]. ab solutam en te opuestos y sin med iación (co mo qu iere

60 61
el positivismo desatado), no solamente no habría ver- que la fe inmediata, haría frente a la refl ex ión; pero,
dad alguna, sino tampoco ninguna razón y ningún pen-
Jo m ism o que hace Kant en las t res Críticas, también
samiento; pues un pensar que h ubiese extirpado com-
él retiene r es ueltamente a la razón como algo uno,
pletamente su im pul so mimético, un tipo de ilustración
como razón, ratio, pensar; e incluso el movimiento que
que no lleve a cabo la autorreflexión (que forma el
habr ía de lleva r más allá de todas las determinaciones
contenido del sis tema hegeliano y mienta la semejanza
finitas de l pensar es movimiento autocrttíco de éste,
entre la cosa y el pen samien to ), desembocaría en des-
varío. El pensar absolutamente limp io de alusiones (en pues el con cepto especulativo no es ni un int ui r m una
oposición perfecta a la filosofía de la identidad), aquel «intuición ca tegorial». Cabe dudar de la estrictez de la
que rechaza toda participación de l sujeto, todo «ama. ' t en ta tiva he geliana de salvación, frente a Kant, de la
mento», todo antropomorfismo en el objeto, es la con- prueba ontológica de la existencia de Dios; pero 10 qu e
ciencia d el esquizofrénico; y su ob jetividad t ri un fa en le mov ió a ello no fue una voluntad de oscurecimiento
un narcisismo de lirante. E l especulativo conce p to hege- d e la razón, sino, por el cont rar io, la utó pica esperanza
liano salva la mimesis gracia s a que el es p íri tu para de que el bloque constituido por los «límites de la po -
mi entes en sí mismo: la verdad no es ada equatio, sino s ibilidad de la experi encia » no sería lo ú ltimo, de qu e,
afinidad, y, m er ced a Hegel, est e t ener presente la ra- p ese a todo, se sa ldrí a b ien (como en la esce na fina l de l
zón su ese ncia mim ética sa le a luz con el id eali smo Faust o) y de que, con toda su debilidad, su condicio-
moribundo en ca lid ad de sus derechos hum anos. namiento y su negatividad, el espíritu se asemejaría a
Es to es lo que pe rmite la obj eción según la cua l la verdad y, por ello , valdría para conocerla. Si en otro
Hegel, el realist a p latónico e id ealista absoluto, se ha - tiempo se recalcó, con razón, la de sm esura de la do c-
brfa entregado con la hipóstasis del espír it u al fetichis- t r ina hegeliana del esp íritu absoluto, hoy que todos
mo del concepto no menos que hoy se hace en nombre
(y má s que na die los secretamente idealistas) difaman
de l ser. De todos modos , el juicio que insis te en seme-
al ideali smo se ha ce paten t e un saluda ble correctivo
jante parecido es , a su vez, abstracto: por mucho que
en la noción del carácte r absoluto del espíritu; y lo que
el pensar abstracto y el se r abstracto sean una y la
misma cosa (como se d ice en los comienzos de la filo- sentencia la paralizante resignación de la conciencia
sofía occidental en un versículo-por lo demás, con tro- ac tual es que está siempre di spuesta a reforzar una
vertido-del poema de Pa rménides), los papeles desem- vez más con su p ropia debilidad la degradación que
peñados por el concept o ontológico de ser y por el he- se le in flige con el exceso de poderío del ci ego se r e xis -
geliano de razón son di stintos, si b ien ambas categorías tente [Dasein]: «E n la llamada demostración ontoló-
participan de la dinámica histórica. Teniendo en cuenta gica de la existencia de Dios se encuentra la mi sma con-
su crí tic a del refl exionar finito y limitado, se ha in te n - versión de l concepto absoluto en el ser que en la época
tado-incluso por Kroner-encuadrar a Hegel entre los moderna hizo sali r a luz la hondura de la id ea , pero
irracionalistas, y cabe apelar al respecto a algunas de- que en la contemporánea se ha dado por cosa in con-
claraciones suyas, como la de que la especulación, igual cebible; y en virtud de lo cual, pues to que la verdad

62 63
sólo es la un idad del co ncepto y del se r ex istente, se tiempo a agazaparse bajo los podero sos y a ada ptarse
ha desistido del conoci mien to de la verdad »e. nuevam en te a s us n ecesidad es que puede arrebatarles
Aun cua ndo la razón hegelian a se opone a se r me . el poder de las manos-según div ulga la dia léctica del
rament e sub jetiva y nega tiva , aunque oficia rep etida. se ño río y la servidumbre, en la Fenomenologia-:-, Es
mente de portavoz de lo contrapuest o a tal razón sub- sabido que Hegel, a lo largo de toda su vida, incluso
jetiva e in clu so en cu entra gus tosamente la razón en lo cuando pretendidamente era el filósofo político prusia-
irraciona l, Hegel -n o reduci rá a ob ediencia al que p ro- no, no renunció a lo suabo , y los informes que tenemos
teste ha ciendo meramen te qv c le se pa bien , co mo si sobre él toman nota una y otra vez. atónitos, de la
fu ese cos a p ro pia, lo heterónom o y ena jenado; ni ta m- asombrosa se nc illez en la forma de ser de aquel escr i-
poco me ramente lo ad octrina rá sobre que de nad a s ir- tor excepcionalmente d ifícil: guardaba impertu rba ble-
ve dar coces cont ra el agu ijón; sino que supo ra st rea r men te fidelidad a su origen, lo cual es condici ón de u n
ha sta lo más int imo que el des t ino de l hom bre en ge- yo robus to y de tod a elevación del pe nsamien to . Cierta-
neral sólo pued e rea liza rse a t ravés de aque llo qu e está ment e, ta mbién de sempeña en ello un p ap el un mo-
ena jenado, sólo algo así como a tra vés de l exceso de mento no resuelt o de fa lsa po siti vidad; pues fijaba lo
pode r del mundo so bre el su jeto: de be a propiarse los ya da do , dentro de lo cua l se encon t raba de una vez
po deres qu e le son ene migos , en cierto mo do int rodu - y para sie mp re, como quien creyese re forz ar su dign i-
cirse en ello s de con trabando. Heg el dio ent rada en la dad anunciando con gestos o pa labras que es una pero
filos ofía al ardid de la razón para hacer p lausible que sana de procedencia humilde, Pero tal inge nuidad de
la razón ob je tiva, la rea lización efectiva de la lib ertad, quien nad a tenía de ingenuo, y a la qu e corresponde
sa lga con bien merced a las ciegas e ir raciona les pa - en el sis tema la reconstrucción de la inmedia tez a todos
sione s de los ind ividuos hi st óricos; concepción q ue de- sus n iveles , da testimon io, un a vez más , de una astucia
lata algo del núcleo expe riencia! de su pen samiento : genial, especialme nt e frente al sordamente pé rfido re-
es tá lleno d e ard ide s, y espera que sea suy a la vic toria proche de artificioso y arcbísut ll qu e desde enton ces
so bre el incontrast able poderio del mundo (hast a el se viene repitiendo incansablemen te con tra tod o pen-
fondo del cual ca la si n hacerse ilu siones), ya que tal sa mie nto di aléctico; y en la ingenuidad de l pensa r que
poderío se vue lve contra él mi smo, hasta t ra n sfor marl o se halla t an próximo a su ob jeto como si lo tratase de
d e un vue lco en otro. En la conversación con Goet he tú a tú , salv ó-e-dic ho co n las pal ab ra s de Horkheimer-
qu e nos ha transmitido Ec kerman n, en la que se quitó é l, por lo d emás, ta n adult o Hege l un a par te de su in-
la .care ta como en mu y poco s lugares, defini ó Hegel la fancia , el valor de tener debilidad, que le inspira a és ta
dialéc tica como el es pírit u de con trad icción organiza. ingen io para que, pese a todo, acabe por vencer a la
do; con lo cua l mient a a la vez, y no en último término, ma yor dureza.
ese tipo de ardid (al go as í co mo una gr an diosa gra má- In du dablemen te, tamb ién bajo este as pect o la filo-
tica parda campesina) que ha apren did o durante ta nto sofía hegeli ana (acaso más dialéctica de lo que é l mis-
mo se figuraba ) se en cuen tra colocada sobre el lilo de
" WW 7, págs. 387·8. la navaja; pues, por poco que quiera h ab er «desis tido

64 65
5
del conocimien to de la verdad », es innegab le s u ten- espíri tu absoluto) como lo general al m ism o ti em po :
den cia a la resign ación: querría ju stifica r lo exist en te la razón de cada individuo singu lar, por la que comlen-
llam án dolo incl uso raciona l, y de sha cerse de la refle- za el mo vimiento hegeliano del co ncepto en la dialéc-
xión q ue se eriza co nt ra semej ante co sa mediante la tica de la certeza sens ib le. es ya siempre poten cialmen -
con side ració n que insiste en lo complica do que es el te, aun cuando ella no lo sepa, la razón de la esp ecie.
mundo y extrae de ello la sab ia conclusión de qu e Todo lo cual es tamb ién verdad con re s pecto a la, por
no es posib le tran sfonnarlo. Si hay un pasaje en qu e se 10 demás, falaz doctrina de l idealismo que coge la con-
p re sente aburgu esado Hegel. éste es; no obsranre lo ciencia trascen dental. que es u na ab stracc ión a partir
cual, sería algo su ba lterno administrar ju sticia inclu so de la individualidad , y. pese a que re mite genética y
a est e re spe cto, pues lo más discut ible-y también, por lógicam ente a ésta, la instala como algo en sí y sus tan-
ello, lo más d ifundi do-de sus doct ri nas, eso de qu e la cial. E l j énico carácter de la filosofía de Hegel se ma-
rea lidad seria ra cio na l, no era mera mente apologét ico , nifiest a ante todo en la ca tegoría de lo ind ividu al; él
sino que la razón se encu ent ra en él form ando cons te- comp rendió ta n p erfectamente como su a ntípod a Sch o-_
lación con la liberta d : la razón y la liberta d serian un p enhau er el mom ento de aparien cia qu e hayen la indi- _
sin sent ido un a sin la ot ra . Lo rea l únicamen te pued e vidu alización , la obstinación con que cada cual se em-
se r ten ido por racional en cu anto que sea t ransparent e pefi~ · e-n lo que meramente sea , la est reche z y parti cu-
a [a idea de la libertad , es to es, a la autodeterminación lari smo del interé s del individuo ; pero , no ob st an te
real de la humanidad ; y qu ien escamotee de Hegel es ta todo ello , no expropi ó a la ob je tividad o esencia de su
he re ncia de la Ilust ración, y proclame airadament e que referencia al ind ividuo y a lo in med iato : lo gene ral es
su lógica propiam en te no tien e na da que ver con la siemp re. al m ismo tiempo , lo particular, y es to, lo ge-
cons trucción raciona l del mu ndo, lo fal sea . I nclu so all í neral. La dialéctica, al despieza r esta relación . hace j us-
donde. más tarde, defiende lo posit ivo, lo que e n su ticia al cam po social de fuerza s, en el que todo lo in-
j uventud había atacado (esto es . lo qu e hay ), a pela a di vidu al se encuentra ya de antema no socialme nte
la razón, que co ncibe lo q ue merament e h aya como p reformado, pero en el que nada se rea liza sino a través
algo que es más que el m ero haberlo , que lo co nci be Y
d~los individuos; y_ las...Eatego!:!as dJE.....rarticula.r ~~-_
bajo el aspe cto de la au toconciencia y de la nu to libe- neral, de individu o y de soc iedad han de darse por bu!"
ración de los hom bres; p ues Jo mismo que el idealismo nas tan poco como las de suje to y _obje to , _de_igt!al for-
absoluto no puede desp ren derse de su origen subjetivo ma qu e no ha de interpreta rse el p ro ceso ent re ~
en la razón del ind ivid ue singu la r, que se au todefiende y otra cosa com o si aconteciese ent re dos polos inmu-
a sf mi sma. ta mpoco pued e hacerlo su conce pto de ra - tables: sólo en la conc reci ón h ist órica se tiene que for-
zón ob jetiva (ya en la filosofía kantiana de la h is toria mar la participación de amb os momentos, lo que e n
la aut od efensa p asa de un vuelco , en virtud de su p ro- definitivasen. Sin embargo, aunque en la con st rucción
pio mov imie nto, a obj etivida d, a «human ida d », a una de la filosofía hegeli ana se acentúa con el m áximo de
socieda d j usta ). Cosa que es lo único que indujo a He. fuerza lo gen eral y, en último término , lo ins titucional
gel u definir la razón subj etiva (mome nto necesario del frente a la caducidad de lo su stancial del individuo, en

66 67
todo ello ha bla algo más que el acuerdo con el decurso an tinomia de lo general y lo particu lar en la sociedad
del mundo, algo más que el módico consuelo acerca de burguesa; pero al formularla sin con templaciones la
la caducidad de la existencia de que es precisamente hace más perspicua de lo que nunca lo había sido, y la
caduca, y nada más: mientras que la filosofía de Hegel critica incluso al de fenderla: puesto que la liber tad ha-
saca la más acabada consec uencia de l subjetivismo bur- bría de ser la de los individuos singulares reales, des-
gués, o sea, concib e propiamente la to talida d de l mun- precia su apariencia, el indiv iduo, que s e porta en m e-
do como un producto de trabajo-si se quiere, como dio de la falta general de liber t ad com o si f uese ya
me rcancía-,-, l~va_ él a cabo al mismo t iempo la más libre y general. El saber que la razón únicamente t iene
inci siva crítica de la su bje tividad, que excede amplia- esperanzas de realizarse, de conv ertirse en una reali dad
mente a la d iscriminación fich tia na ent~-~uj~t~-- e in d i- racional, cuando señala el punto de apoyo de l cual ha-
vid uo; pues Hegel, por su parte, desarrolla el no yo, b rí a que desquiciar la antiquísima carga del mito, es te
que en aq uél era algo pues to abstractamente, 10 somete saber igual a a la con fianza hegeliana de que a la razón
a la dialéctica y lo convierte de modo concreto (esto es , tcor étíca le sería posible ta l cosa ; en cuanto a tal ca rga,
no general, sino con la determinaci ón Íntegra de su con- es el mero ente, que se abroquela, en último tér mi no,
tenido) en la limit ación del sujeto. Y mient ras que Rei- en el indi viduo ; y el punto de apoyo es su razón toma-
ne- sin duda alguna, no el m enos entendedor de sus da como la de l ente m ismo. La apologética y la resig-
oyentes-capta preponderantemente en la doctrina he- nación hegelianas constituyen la máscara d e per sonaj e
gelia na un ha cer va ler la individualidad, en innumera- burgués que se ha puesto la utopía para no ser reco-
bles estratos de l sistema se encuentra és ta tratada con nocida inmedi at am ent e y sorprendida, para no perma-
verdadero menosprecio; mas ello refleja 'la ambigüedad ne cer en la impotencia.
de la socie dad burguesa, qu e en Hegel, frent e a la indi- E s posib le que en la postura que toma la filos ofía
vidualidad, logra verdaderamen te llegar a au t oconc ien- de H egel con respecto a la moral (p ostura que forma
cia : a esta sociedad, el se r humano en cuanto p roduc- un m omento de la crítica que él efectúa d e la categoría
tor libre de ataduras le parece autónomo, heredero del de individualidad) se p aten ti ce al máximo lo poco que
legislador divino , virtualmente todopoderoso; pero, al se ago ta en el concepto de lo bur gués. Fue él, cier ta-
mismo tiempo, el in dividuo singu la r (que en ella es, en mente, el primero que, en la Fenomenología, dijo exp re-
verdad, mero agente del proceso social de prod ucción sa~nte que la desgarradu ra en tre el yo y el mundo

y cuyas necesidades propias quedan en cier to modo atraviesa además el m ismo yo, . qu e- dic.ho c o~ la s Pe-
perfiladas en común a lo largo de tal proceso) resulta labras de Kroner 36_s e con ti núa en el interior de l indi-
ser, por tanto, algo totalmente impotente y an ulado. viduo y escinde su querer y su obrar de ac uerdo con
Hegel, en contradicción no resuelta con el éntasis hu- su ".~acionalidad ob jetiva o subjetiva:" tempranament e
manístico, prescrib ía exp líci ta e implícitamente a los supo él que el in di viduo m ismo es t anto algo que fun-
h omb res que se sometieran, en cuanto ejecutores de cio na socialmente, algo deter minado por la «cosa» (a
un trabajo soc ialmente necesario, a un a necesidad
extra ña a ellos; con lo cual encarna tcoréucamen te la l. Kroner, op. cit., H. pág. 386.

68 69
r

sa ber : su trab ajo), como una en tid ad pa ra sí mi sma, te a lo que aparece en la Critica de la razón pr áctica
con inclin aci ones, in ter eses y disp osiciones especi fica s, bajo el nombre de h uma nídad-c-: y de es ta suer te tras-
y que es tos dos momentos apun tan diversamen te. Mas ciende Hegel la separación burguesa en t re el ethos
po r ello, la ac tuación pu rament e m oral , en la qu e el como algo que, sin duda, obliga in condicionalmente,
in d ividuo se figur a poseer se to ta l y ent eramente a s í per o q ue es exclu sivam en te válido para el su je to, y la
m ismo y darse a s í mismo la norma , se vuelve ambi- objetiv idad de la sociedad, que prel endidamente se ri a
gua, U D autoenga ño: y la modern a psicolog ía a nal ítica . sólo em píric a. Ta l es una de la s más grand iosa s pers-
a l reconocer que lo q ue el ser humano singu la r pie nsa pect ivas de la medi ación hegeliana e ntre el a prior i y el
de sí mismo es en gran medida aperíencíal. mera era- a- posteriori. I nespe rada es también la mordacid ad de
cíonalizaci én », ha acom pa ñado a una pa rte de la es- es ta forma de e xpresarse: • Puesto que la moralidad
peculación hege liana. Hegel derivó el tráns ito de la es, e n gene ral, imperfect a, está fuera de lu gar, y sólo
a u toconci enci a mo ral pura a la h ipocresía ( qu e lu ego tiene un fundamento ar bi trar io, la desi gnación de u n
se convierte comp leta men te, con Nietzsche, en el punto individ uo como inmoral ; por lo c ua l el juicio de la
c ritico de pe netración de la filoso fía> del momento de experiencia no t iene otro sen tido ni cont enido que el
su fa lsedad obje tiva; y si bien , sin duda, h ay formula- de que a algu nos no les debe ca er en su er te la bienaven-
ciones qu e históricamente forman un todo con la cri- t uranza en sí y para si: o se a, es envidia que adopta
tica poskantiana-digamos, sc hille ri ana-de la rigur osa las apari encias de la moralida d; m ientras que la razón
ética de Ka nt (así. la que enc ont ra mos en la Fenome- po r la que otros de bería n t ener pa rte en la lla mada fe-
nología ac erca de l «dur o coraz ón » que r ecla ma insis- licidad es la buena amist ad , que permit e y de sea para
tentemen te la pu reza de l ma ndamien to del deber), p re- ellos y pa ra sí mismo t al gracia, es deci r, tal azars " ,
lu di a n ya . a l mi sm o tiempo. la doctrina nietzscheana Ningún mero burgués hubiera hablado así : pues en la
del resentimien to, de la moral como evenga nzae . La glorifica ción burguesa de lo exis te nt e se encuen tra in-
afirmación hegeliana de que no ha y na da moralmente duida s iem p re, además, la ilu s ión de que el individuo,
real no es n ingún mero momento de l paso a s u doc- el puro ente para sí, por ser lo que el s uje te se mues-
trina de la e ticida d objet iva, s ino que en ella irrum pe tra ne cesariamente a sí m ismo en lo exis te nte, sería
ya el reconocimiento de que lo moral en mod o algu no dueño del b ien ; ilu sión que H ege l ha echa do por tier ra.
se en tiende a s i mism o , de que la concie ncia moral no Su c rítica de la sociedad es ir reconciliable con aque lla
es ni nguna ga rantía de actua r con justicia y de que la apología de la soci ed ad qu e , para mant e nerse e n su
pu ra autoinmersió n del yo en lo que ha ya qu e h ace r propia in just icia pa ra con la vida, necesita de la id eolo-
o qu e no h acer se e nreda en absurdo s y fa tuidades. gía moral de l individuo singu la r y de su desdén por la
H egel co ntinúa cierto impulso .de la Il u st ración radi- felicidad.
cal: no contra pone el bien a la vida em pírica a modo Una vez que se mi ra a través del cliché de la bur-
de princip io ab stracto, de idea suficiente en sí mi sma, guesldad de Hegel se deja de ceder a la suges ti ón de
s ino que 10 vinc ula, de ac uerdo con su pr op ia sustan-
cia , a la formación de un a totalidad justa-c-preci sa me n- " Hegel, WW 2, pág. 479 [ed. crt t., pág. 440; v. cas t., pág . 3651.
,
70 71
Sch op en hauer (y, luego, de Kierkegaard) , que despa - qu ien lite ralmente se r edu ce a cr ue les ceniza s. Y su
charon a su persona como conformis ta e in significante, burguesa in significancia es el in conmen su rable esfuer-
y no en últ imo lugar extrajero n de ah í el veredicto emí- zo. marcado con la propia imposibilida d, por pensar lo
tido cont ra su filosofí a. Para honra suya , Hegel no fue incondicionado y llevarl o a buen término (impo sibili-
un pen sad or existenc ia l (en el sentido inaugurado po r da d q ue la filosofía he geliana refleja en si co mo dech a-
Kierkegaa rd y hoy pervertido a fra se pagada de si mis- do de la negatividad mi sma); frente a lo cual es suma-
ma ); y el hecho de que no le sien te bien la más recien- me nte comed ida la ape lación a la au ten ticidad , el riesgo
te-y, entre tan to. ya raída-versión del cu lto de la y las sit uaciones límite. Si verdaderamente se ti ene ne-
per sonalidad no le degr ada a profesor m etido en su cesidad en la filosofía del sujeto pensant e. tal vez sin
docen cia. b ien sit ua do e indiferente a los dolore s de ese elemen to que hoy circul a b ajo la ma rca de fábrica
los homb res, tal y co mo con negros co lores le pinta- de lo exís te ncia rí o no es posible lograr ningu na ca la en
ron , co n tan to éxito en la posteri dad, Kierkegaa rd y la ob je ti vidad de la cosa misma , entonces semejante
Schop enhau er ; cosa que sucedió t ra s de que este ú lt i- momen to no se legitima allí do nde afec ta es ta rlo, sino
mo hubiese mos tra do pe rsonalm en te frente a Hegel in- donde, p or virtud de la di sciplina qu e le im po ne la
fin it amen te menos human idad y largueza que el ancia . cosa. rompe su au toafirm ación y se extingue en ella ;
no, que le confirió la habilitación [doc en te u niveraita- tal es la vía seguida po r Hegel co mo apenas nad ie la
rla] , pese a que, en u na insensata disputa habida en el ha seguido. Pero en el mi smo in stante en que el mo-
co loq uio, presumió arroganteme nte frente al filósofo de m en to existencial se sos tie ne a si m ismo co mo funda-
sólido y co mpete nte inves tigador cien tffico-na tural. La men to d e la verdad, se co nvierte en me nti ra; y también
crítica hegeliana aventa jó a esa noc ión de exis te ncia reza co n ella el odio de Hegel a q uienes otorgan el de-
( que pre tende ten er los triu nfos con t ra él) mu cho an - re cho de la entera verdad a la in media tez de su expe-
tes de que la exis te ncia, el ser humano filosofante y su ri enci a.
au ten ticidad se ufan asen y. de spués, incluso se es table- Es incomparabl e la plen itud expe riencia l de que en
ciese n académ icame nte. Como la me ra persona empirt- él se alimenta el pensam iento : experiencia que qu eda
ca del que p iense se qu eda a trá s con resp ecto a l pod e- acu ñada en el pen samiento mismo. pero nunca como
río y la obj etividad del pensamien to por él pe nsado. mera materia. como «material» o incluso co mo ejemplo
cu alquiera que sea és te , la p retensión de verdad de u n y comprobación exterior : el pen samiento abst ra ct o se
p en sam iento no es su acomodación por copia al q ue re transforma a través de 10 expe rimen tado en algo
p ien se. ni un a mísera repetición de lo qu e simplemente vivo. y la mera m ateria igu almente, merced al impulso
sea; sino que semejante pretención se ac re dita en aqueo del pen sar (como podr ía demostrarse sob re cu alqu ier
110 que excede del encogimie nto en el mero estarse ext s- frase d e la Fenomenologia del es pí ritu], Lo que-en la
tie ndo ( Dasein ], aquello en lo cual el ser human o aís- mayoría de los casos, muy injustam ente- se celebra en
lado, para salir con bien, se desprende de sí mismo ; los artistas, la sublimación, le fue dado, en realidad ,
desprendimento de q ue dan m uest ra los ap asionados a él; pues, verdaderamente, su blimó la vida en dest e-
ad emanes de Hegel, la faz, hundida de tan to pensar, de llos multicolores, en la re capitulación en el esp íritu.

72 73
Mas en modo alguno ha d e imaginarse la sublimación menta con trompetas el propio énfasis) . E l des tino de
h egeliana como si fue se una y la mi sma cosa con la aqu ella vida es taba ad herido a] conten ido de su filoso-
profundización íntima: su doctrina del desprendimien- fía; ninguna se ha ab ismado más en la riqueza, n ingu- -
to , lo mi smo que la critica de la subjetividad para sí na se ha m anten ido tan im perturbablem en te en medio
y ciega, «fa tua » (crítica q ue lleva a cabo coinci dien do de la expe riencia, a la qu e se confió sin reservas; e in-
con Goethe, y que se sale fu era del ideali sm o), es cosa cluso los hitos d e su fraca so est án acuñados por la
contrapues ta a la pro fu nd ización ínt ima , d e la que in- verdad mi sma.
clu so su persona ap en as muestra hue llas. El ser hum a-
no Heg el absor b ió dentro de si en el espírit u-como
el sujeto de su doctrina- am bos, el s uje to y el obje to :
la vida de su espírit u fu e en si de nu evo toda la vida ;
de ahí qu e s u retracción de la vida no deba confun-
dirse con la id eología de la ab stención de l sabi o. E n
cu anto espíritu sublimado, la persona resuen a con lo
exte rior, lo vivo y co rpora l, lo mism o que un a gran
música; y la filosofía de Hegel su su rra ; como con su
oyent e y crítico Kierkegaard, podría hablarse de u n
cu erpo espirit ua l. Su promet ida , la baronesa Marí a v en
Tucher, le tomó a ma l que añadiese en u na carta que
ell a ha bía esc r ito a la hermana de Hegel las pa labras :
_Es to te hará ver lo feli z que puedo ser con ella du-
r ant e tod o el r es to de m i exis tencia, y lo feliz que ya
me hace--en la medida en que la felicid ad ent re en el
de s tino de m i vida- haber alcanzado semej ante amo r ,
que jam ás pod ía habe r espe rado en este mundo" ~; es-
las privad as pa labras son lodo el anti privado Hegel ;
y el pe nsamiento qu e al ber gan se reviste posteriormen-
te en el Zaratru stra con una forma p oé tica : _¿Pers igo,
acaso , la felicidad ? Yo persi go m i obra . (mas la seque-
dad y sobriedad, casi comerciales, en que con Heg el se
desinfla de tod o énfas is 10 supre mo co nfiere a l pensa -
miento u na dignidad que és te pierde en cuanto inst ru -

JO Kun o Fischer : Hegels Lebe" , Werke und Lch re, Heidelberg ,


1901, 1.' parte, pág. 87.

74 75
LA SUSTANCIA EXPERIENCIAL

Acerca de algunos modelos de la experiencia espi-


ritual es preciso ocuparse de cómo ésta motiva objeti-
vamente (no, por ej emplo, biográfica o psicológicamen-
t e) la filosofía hegeliana y con stituye su sustancia veri-
tativa. Mas el concepto de experiencia p ermanece de
est e modo todavía en el aire: sólo la representación
puede conc re ta rl o. Tal concep t o no apunta a ninguna
«exp er iencia originaria» fenom enológica, ni tampoco
- como hace la interp retación de Hegel de las S endas
perdidas heideggerianas-a lo ontológico, a la «pal ab ra
del ser», al «se r del ente» 1: de acuerdo con la propia
do ctrina h egeliana, del avance del pensamiento no ca-
bría destilar nada de sem ejant es cos as; nunca hubie-
ra admitido su pensamiento la pretensión heideggeriana
de que «el [ ... ] objeto que en cada caso, en la historia
de su formación, surge ante la concie ncia no es na da
que sea verdadero, que sea ente, sino la ver dad de lo
verdadero, el ser del ente, el aparecer de lo ap arecí en-
te» 2, ni lo hubiese bauti zad o nu nca, ad emás, con el
nombre de exp eriencia; sino que, para Hegel, lo que

'Mar tin Heidegger: Holzwcg e, Frankfurt del Main [Klostcr-


mann], 1950, pág. 166 [vers o casto de J. Rovira Arrne n gol : S endas
perdidas, Buenos Aires, Losada, 1960, pág. 151].
, [d., pá g. 170 [v. cast., pág. 155].

77
1/

en ca da ca so se ten ga y a que se re fiera la experiencia en la b iografía de H egel de los mot ivos teol ógicos o so-
es la moviente contradicci ón de tal verdad ab solut a. ciopclít icc s, ni nuestro in terés afe cta a qu ien. co mo él,
Nada se sa be ..qu e no es té en la experíencía » ' . lu ego ha ya Llegado subj etiva me nte a esta o aq uella do c trina ,
tampoco aquel ser en el qu e la ontología existenci al s ino-con espírit u hegeli a no-a la p res ión de lo objet i-
malcoloca el fu nda mento de lo qu e es y es expe r imen- va me nte a pa reclen te que se refl ej ó y te m pló e n su filo-
tado: e n H egel. el ser y el fun damento son ede te r rni- sofía . También dej aremos de lado lo que ha q uedado
naci on es reflexivas.., ca tegorí as insepa ra bles del s ujeto . codificado como efec to hist órico s uyo, es to es, la con-
como en Ka nt; y la supos ición de la expe r iencia co mo ce pción del conce p to de evolu ció n y su vin culación co n
u n modo del se r, como algo p resubjet ivamente eacon- la estática metafísica p roce~ ente de Plat ón. e incluso
t ecído e o «d es pe jado .. es, s im ple mente, in compa ti ble de Ari s tó teles. así como t odo lo que ha pa sado a las
con la fonna en qu e Hegel a prehe nde la experi encia ci encias pa rticula res; por lo tanto, va mo s a p reguntar
-como ernovlmiento dia léc tico que la conci encia efec . po r lo qu e su filosofía exprese como ta l: qué es lo que
túa en si mi sma. tanto en su sabe r como en su objet o. ten drá- y no en último t érm ino-e-su su bsta ncia q ue la
h ast a el pun to de que el nu evo ob jeto verdadero brote hace no agotars e e n resultados de ciencia s p a r ucu-
ante ella a partir de él . 4• la res.
Per o tampoco nos referi mos a obser vaciones aisla- Pa rece q ue ya es t iempo de pla ntea r un recurso a
das em p íri cas que en la filosofía de H egel s e ela bora- ello ; la t radi ción (por lo menos la de l idea lismo alemán
sen sintéticame nte (la sus tanc ia expe rienc ial de la filo-. poskantia no , que e ncontró su for ma má s expresiva en
seña hegeli a na no está temá t ica mente e n ella); sino Hegel) ha quedado desco lorida, y la te r mi nologfa, ab-
que lo en te nd ido toca más b ien a lo que él lla ma, en sor ta y lejanfsima d esde m uc hos puntos de vista. En
la Int roducción a su «Sis tema d e filosofía » ", la _po s- conj un to. la actitu d hegeliana se mant iene e n di rección
tura del pe nsam iento con respecto a la obj et ividad .., t ransve rsal al programa de asunción inmed iat a de lo
esto es, la de l suyo propio. Intenta remos traducir a llamado dado como base in conmovib le del concctm len-
u na pos ible expe rienci a ac tual lo que se le a bri ó ese n- to: programa qu e. ya desd e los dí as de Hegel, se ha
cialme nte. lo que vio en el mundo; s i bien ello má s acá . vuelto ca si obvio no mera me nte para el po sit ivis mo .
de las ca te gorí as t radicion al es de la filosofía (incluso de s ino ta mbién para sus a uté nt icos ene m igos, como Berg-
la he gelia na) y de su c ri t ica ; no entramos a cons idera r son y Hus serl. Cuanto me no s sufra n la inmediat ez hu .
la con troversia sobre la p r iori dad hist óri co-espir it ua l mana los om nipresentes mecanismos de mediación del
inte rcambio. tanto m ás se apresura rá u na com p lacie n te
' Hegel, WW 2, pág. 613 [ed. cr tt., pág. 558; v. ca s t., pá g. 468J. filosofía a asevera r que posee en lo in medi at o el funda-
• Id ., pá g. 78 (cd . crí t., pág. 73; v. cas t., pá g. 581. mento de la s cosas; y este espíritu ha triunfado sobre
• Recu érdese q ue Hegel no escribió la «obra» titulada SiMe· la es pec ulaci ón, tanto en las ciencias costeas como e n
m a de fil osofía , sino el compendio Enciclopedia de las cie'lcias sus adversarios. Pero n o se trata de que haya n ca m bia.
filos óf icas, con c l cual y los apunt es de diversos cursos sob re
tem as t ra tad os en tal «enciclopedia » redactaron los dis cípu los do los es t ilos de pensar o las moda s filosófica s (como
el libro a q ue alude Adorno. (N . del T.) aca so im aginen los enfoques es te uza nte s y ps lcolog i-

78 79
zantes de la hist oria de la filosofía) ; por el con trari o, ter pre tar ívas del mundo como construir la experi encia
el b ien cult ural, em pujado po r una p resión y una nece- en el movimiento del espíritu . Y p ara to marle la pal a-
s idad: la pre sió n del sentido crítico y la necesidad ya- bra a su filosofía ba s ta, po co men os que sin preocupar-
cente en la tendencia evolut iva de una sociedad que se p or su lugar en la h is toria d e la filosofía, h acerla
cada Vt."7. ha honra do menos la prognosis hegel iana se- que vuelva sobre su núcleo experiencial, que debe ser
gú n la cual sería esp íritu a bs olu to , se ría racional. Hasta una y la m isma co sa que su es píritu (él mism o ide nti-
los p ensamientos firmemente acuñados poseen una hi s- fica la experiencia co n la dialécti ca en un pasaj e-tam-
toria de s u verdad, y carecen de supervivenci a : no per- bién ci tado por Heidegger-de la «I nt ro ducción. a la
manecen en sí indife re n tes frente a lo que les suceda ; Fenomenología S) . Pero si, frente a esto, se p ro testa di-
ahora bien : la filosofía de Hegel (y todo pensar d ial éc- cie ndo q ue asf se escogen de an te mano ca tegorí as y doc-
tico) se d oble ga hoy a la para doja de qu e está anti- trinas ais ladas, sin ace ptar de u na vez un sist ema co n-
cua da con respecto a la ciencia y, a la vez, es más ac- cl uido (que, sin embargo, segú n él, se ría lo ú nico qu e
tua l que nunca frente a ella ; y el qu e la co ncienci a decidiría sobre to do lo ais lado y s ingula r), su propia
actual de Hegel- no pa se de se r u n renacimien to aca- intenci ón pone una vez má s a cubierto t al cosa: el sis-
démico, antic uado hace ya largo tiempo , o que ca p te tema no es nada que se excogíte abst ractamente pri-
una sus t anci a veritativa que se nos de be depende de mero, no es ningún es quema omn ícomprenslvo. sino el
que carguemos co n tal para doja, y no la tapemos con cent ro de fu erzas que actúa, la tente, en los momento s
una «vuelt a a . o con una se pa rac ión en tre ove jas y ca- singu la res; y ést os , por sí mismos, por su movimiento
brito s en el in terior de la filosofía hegeliana . Si no se y su te ndencia, salen disparado s a formar un tod o, qu e
qu iere conservar (con ba s tante menos q ue con toda el no es nada fuera de sus det erminaciones particu la res.
alma) Jo qu e se alaba como su sen tido de la realidad Por lo demás, de sde luego, no hay ninguna ga ra ntía de
yaguar, s in embargo, su filosoffa , no se t iene otra op- que la reducción a exper iencias haya de confir mar aque-
ción que referir incluso los m omentos suyos que hoy lla iden tidad de los op uestos que en u n mi smo punto
no s resultan ext ra ños a las experiencias que encierra for ma el supuesto previo y el result ad o del método he-
és ta , por muy cerradas que estén bajo s iete llaves, y geliano: tal vez la re ducción p ierda la vida ante la pre-
au n que su verdad se hall e oculta. ten si ón de identidad .
De es te mo do no entregaremos a Hege l al empiris- No se deb e sile nciar la dificultad específica del co-
mo, sino que seremos fieles a su prop ia filosofía : man- m ien zo. En las es cu elas de t radición human a, que lo
ten dremos el deside r átum de la crí tica inmanente, que emp lea n enfát icamente, el co nce p to de experie ncia ha
se cuenta en tre las piezas cen tra les de su método. Pues hecho de l carácter de inmediatez incluso u n crit erio, a
la filosofía hegeli ana reivindica encontrarse por enci- sab er , de inmediatez al sujeto : con «expe ri enci a» debe-
ma de la oposición en tre racionalismo y empirismo, lo t ia llam arse lo que esté inmedi at ament e ahf, dado in-
mismo que so bre tod as las oposiciones rígidas de la mediatamente, algo así como puros añ adidos del pen-
t radi ción filosó fica; rei vindica, por consig uien te, tanto
hab erse adueñado del espíri tu en sus experi encias in- ' Cf. el texto, pá gs. 24-25.

80 81

sa miento y, por ello. infalible. Pe ro la filoso fía hege- men tales cualidades de la inmediatez se p resentan siem-
liana desafia a este concep to de inm edi atez y. con él, p re co mo ya ea tegorialmente prefonnadas, po r lo cual
al tan difundido de expe rie nc ia: ..Frecuentemente tie- no es posible separa r limpiame nte co mo «ca pas. los
nen los hombres por supe r ior a lo inmediato. y se figu- momentos sensible y categoria l. «La em pine no es un
ra u no como dependient e lo medi ado ; mas el concep to mero observar. oír. sentir. etc.; no es percibi r lo singu-
tiene ambas caras: es mediación merced a deja r en la r. sino que estriba esencialmente en en contrar espe-
sus penso , e igualmente s ucede con la inm ediatez» 6; cies. lo general y leyes ; y al hacer que sa lga todo es to
seg ún él. no ha y nada ent re el cielo y la tierra que no a luz concuerd a con el fondo del concepto »', La ciencia
est é «m ediado », y que, por lo tanto, no encierre en su m od ern a ha da do alcance a esta antipositivist a inte-
determinación de lo que me ra men te sea la reflexión de lección de Hegel en la medida en que la teoría de la
su mero estarse ahí ex istiendo, un momen to espir itual: form a ha h echo paten te que no se da n ingún «esto-
«... la mi sm a inmediatez es tá esencialmen te mediada s 7. se ns ible a islado y sin cualificar. sino qu e siemp re se
Si bien la filosofía kan tian a (que Hegel pres upone en encu ent ra ya estruct urado; pero es ta teoría no ha sacu-
tod a polémica) in ten tó despoj ar a todo co noci m ie nto d ido la primacía de l dato fác tico. n i la fe en su preemi -
válido de tes Iorm as del es p ír itu , en cua nt o cons ti tu- nencia co n re specto a los añadidos subjetivo s. y ha
tivo s suyos, Hegel. para so rtear la separación de Kant armonizado de esta sue rte el conoc imien to : de igu al
entre fonna y conte nido, interpretó todo ente como manera que para el positivismo do dado era inmediato,
algo al m ismo tiem po siem pre esp iritual; y no es el para ella es inmediata s u uni dad con la forma , es una
más insig nifica nte de sus hall azgos gnoseo lógico s e l de especie de cosa en si en medio de la inma nencia de la
qu e incluso los momen tos en los qu e el co nocimiento concie ncia; y la teoría de la form a concede sólo de
se figu ra po seer lo que p ara él es ú ltimo e irreductible modo acc ide ntal, vali éndose de distincion es como la de
son tamb ién siemp re, a su vez, producto s de la abs trac- las buen as y ma las forma s (que, por su parte, caen de n.
ción y, por ello, del «espíritu ». Aclaremos sim plemen te, tro del conc epto ya de an temano sancionado de forma ),
al resp ect o, que. por ejemplo. las llamadas impresio- que la forma y el dato-que la antigua epis temología
nes sensoriales. a las que la an tigua te oría del co nocí- hab ía distinguido en bruto-e-dejan una vez má s de re-
mien to re trotraía todo sabe r , so n. po r s u parte, mera s cu brirse sin so lució n de ,co nti nuida d . Mas Hegel se ha-
construcciones, que no se dan puramente co mo tales b ía eleva do muy po r enci ma de todo es to ya en la Feno--
en la concien cia viva; de modo que. por ej emplo. no se menología del espíritu, al demoler la tesis de la mera
percibe ningún rojo aislado (a partir de l cual se com- inmediatez como fundamento del conocimiento y echar
pusiera n luego las llamadas sín tesis superiores) fu era abajo el concepto empirista de experiencia (si n glorifi-
de las co nd icion es del laborator io, p reparadas y extra- car. con todo, lo dado como algo dotad o de sen tido ).
ñas al co noc imien to vivo : aque llas supuesta me nte ele- Es caracter íst ico de su métod o que haya med ido a la
inmed iatez con su propia medida, y que haya mostrado
• Hegel, WW 9, pág. 58.
' WW 15, pág. 174. • WW 19, pág. 283 [v, cnst., pág. 219].

82 83
que no es tal; la crit ica en principio (no sim pleme nte
pued e tratars e con Hegel y fren te a él altera profun-
de modo atomí stico-mecánico), puesto que lleva ya
damente el concepto u s ual de experiencia.
siempre en sí misma algo distint o de ella, la subj etivi- Donde mayor dificultad ofrece apode rarse d e la sus -
dad, sin la cual, en último término, no esta rí a «dada» , tancia experiencial es allí donde la filosofía hegeliana
y que no es ya, en cuanto ta l, una obj etividad: «E l se hace a sí misma apartarse de quienes aclam an a la
p ri ncip io de la exp erie ncia con ti ene la p recisión, infini- experien cia como principio. I ndudab leme nte, como es
tam en te importante, de que para asumir y dar por bue- sabido, Hegel acentúa con la máxi ma energía el mo-
no un contenido tiene que estar cabe él 'el ser humano mento de no yo que hay en el espíritu ; pero impugna r
m ismo; más p recisamente, qu e encuentra dicho conte- que haya sido idealista es, sin duda, una p rerrogativa
n ido en unidad y aunado con la certeza de sí mismo » 9. de las artes interpretativas que siguen la máxima de
Sin embargo, con ello no sacrifica Hegel el concepto de hacer hablar por boca de ganso dondequiera que ven
inmediatez (si así no fu ese, su propia idea de la expe- el albur de aprovechar propagandí sticamen te la autc ri-
riencia perdería todo sentido razonabl e): «La inmedia- dad de un gran no mbre; artes que tienen que rebaj ar
tez del saber no solamente no excluye su mediación, a irrelevan cia aque lla frase según la cual la verdad se-
sino que están entre sí tan vin culadas que el saber in. r ía esencialmente sujeto 12 (que, en definiti va, no de ja -
m ediato es incluso producto y r esultado del medi a- rí a nin guna differen tia spe cíi ica que en cont rar tras ella
do » JO; as í, pues, es tan dif ícil hablar de la mediación en el sis tema hegeli ano ). Más bien habría que buscar
sin algo inmediato com o, a la inversa, enc on t rar a lgo la sustancia experie ncial de l propio idealismo de He-
inmediato que no es té mediado. Pero él no cont rapone gel, que comparte el idealismo con el con jun to del mo-
rígidame n te po r más tiempo ambos momento s: se pro- vimiento de los sis temas poskantianos de Alem ania , en
ducen y reprod ucen recíp rocamen te, se forman de nue- especial con Fich te y Sche lling. Pero este pe río do-aca-
vo a cada nivel y únicamente en la unidad de l todo se so bajo la tenaz suges ti ón de Dilthe y-se constriñe
desvanecen, reconciliados . «Mas la misma lógica, y tod a siempre demasiado es trechamente a la pe rs pectiva d e
la filosofía, es ej emplo del hecho de sem ejante conocer , los pe ns ado res singul ares y de sus diferencias; en re a-
que no avanza ni en una inmediatez ni en una media. lidad, en los de cen ios que van desde la Teo ría d e la
ci ón unilaterales » JI ; sin embargo, de esta forma parece ciencia hasta la muerte de Hegel, el ide alis mo era un
movimien to no tanto est ri ctam ente individuado cu an-
que el p ropósito de hacer que la filosofía hegeliana
to colecti vo : de acue r do con la term inología hege liana ,
vuelva sob re las experiencias está juzgado, a su vez, por
un éter de p ensamien tos; y és tos ni se ataban con ex-
el veredicto que ella lan za al en carecer al máximo el
clusividad a u n sis tema u otro, ni los individuos singu-
criti cismo kantiano; pues la única expe riencia de que
lar es los ar ticulaban siempre plenamente. (I ncl uso tras
la desunión de Schelling y Heg el se encuen t ran en amo
• WW 8, pág. SO. b e s-e-en Las edades del mundo de aquél y en la Feno-
IOId., pá¡. 182.
1I Id., pá g. 181.

«cr., po r ejemplo, WW 8, § 2IJA, pá gs . 423-4.


84
85
menologio de és te-form ulaci ones y se ri es com p le tas a lo absoluto; mas en cua nto parte que ti ene otras
de pensam ientos cuyo a u to r no es más fáci l de Iden u- fuera de ella , es a lgo limitad o. que sólo es m erced a
fica r q ue lo era e n su j uventud.) Lo cual. por lo de- la s otras; ai sla da e n su confina mien to es insufi cient e.
más. permit e también deshacerse de varias dificult ad es; y sólo t iene se nti do y significado en vi r tud de su uni6n
p ues aquellos escritores n o operaban con con ceptos ñ - con el tod o. Por lo cual no se puede hablar de concep-
jades, como cie rta filosofía po sterior, qu e hast a ha ele- tos ais lados y por si. de cono cimientos ai slados. como
gido como dechado aquella ciericia a la que se resistió si fu esen un saber. Cabe que ha ya un con junto de co-
la gene ración idea list a: en el clima de acuerdo col ee- nacimientos e mp íricos ai slados, que, e n cuanto sa be r
tivo era pos ible dar a conocer las p rop ias opiniones de la experi encia, m ue s tren su just ificaci ón en és ta .
incluso cuando no se ha b ía logrado da rl es un cuño in- o sea. e n la identida d del concepto y el se r, del su jeto
dividua l exac to y totalme nt e perspicuo; y acaso j usta- y el objeto; mas p reci samente por ello no cons tituyen
mente la preocupaci6n por la exac titu d haya sido con- un sa be r científico, ya que ta l justi ficación reposa e n
traproducente, ya que al producir la pr op ia mente la un a identidad limit ada y re la tiva, y n i se legiti man
lesionaba, pues se sab ía uno de acuerdo en punto a como p ar tes ne cesari as de un con ju nt o de conocimien-
ella . La sustancia expe r iencial del idealismo no col ncl- tos organizados e n la conciencia, ni se reconoce en
de sin más , en m odo algu no , con sus po siciones gnoseo- ellos, medi ante una esp ecu lación, la referencia a lo ab-
lógico-metafísic as. E l énfasis conferido a la palab ra «es- scl utc» IJ . Hast a el id ealismo total de Hegel posee ac-
pfrftu e, que aca bó por ha cerla sosp echosa de hybris, t ua lida d en cuanto crítica d el tejemane je. científico tan
se volvió contra los primeros sfntomas de aque l ti po im pe rant e hoy como ent on ces (a ct ua lidad frent e a otra
de ciencia que a partir de e ntonces empuña el pode r cosa , no e n s í) : el im pulso-tan ciego como siem pre-
incluso donde su propio objeto debería ser el espíritu ; por ensalzar el espír it u saca fue rzas de la resi stencia
impulso que p uede rasrrea rse has ta en pasajes como cont ra el sa be r muer to, contra la concie ncia cosificada,
aque l del tra ba jo sobre La d iferencia [en t re los sis te- que Hegel, a la vez, di solvi6 y, en su in evitabifidad , sal-
mas filosó ficos d e Fichte y de S che lling ]: . Sólo en la vó fr en te al romantici smo. Así, pu es, la experienci a del
medida en que la refle xi6n se re fiera a lo ab soluto será idealismo alemán p oskan tia no reacciona con tra la Iimi-
razón, y su acto, un sa ber ; p ero en virtud de tal refe- t ación provincian a, contra el con te nto en la división
rirse olvida su obra, queda ndo sólo la referencia. que del t rabajo den t ro de sec tore s de la vida prefijados de
es la única realida d del conocim iento; por consigu iente . u na vez para siem p re y .en el interior del conocimien to
no hay ninguna verdad de la reflexió n aisl ada, del pen- orga nizad o; y po r ello poseen peso filos ófico escri tos
sa r puro, s ino la de su a niqui lam iento. Mas lo a bsolu to , aparente mente periféricos y prácticos. como el Plan ra-
pue s to que )0 p ro duce en el filosofa r la reflexión para zonado [para la cr eación de u n establecimien to de en-
la concienc ia, se convierte m erced a ello en una tota- señan.;:.a su perior] fichtia no y la l ruroduccion a los estll·
lidad ob jeti va, en un t od o del saber , en una organiza- dio s académ icos sc he llinguian a . El san to y se ña de la
ción de conocimientos. En tal orga nizació n, cada parte
es, a la vez, el todo, ya qu e cons iste en la r efer encia " WW 1. p ágs. 54-5 [ Differ enz .., cd. cit.• págs. 20-1].

86 87
infinitud, por eje mplo, que a todos ello s les tluía Oc xión analiza la teoría tradicional del conocí mento. y
la pluma con fac ilidad (a diferencia de Kant), adquiere verla com o una apariencia: no sólo deb e su portador
color prim eramente de cara a lo q ue para ellos era la a la soc iedad la exis tenc ia y la reproducción d c la vida,
miseria de lo finito , d el in terés propio endurecido y de sino que todo aquello merced a lo cu al se cons tituye
la test aruda minucia del co nocimiento en que aqué l se como un ser específicamen te cognoscente (y, por lo tan-
re fleja; mas a partir de en tonces, la parla de la tota- to, tambi én la un iversalidad lógica , que impera en todo
lidad , p rivada de s u se ntido po lémico, es solame nte su pensar ) tiene siem pre una ese ncia social--como en
ideología ami-intelec tual, mientras que en el ama necer o tro tiem po documentó la escue la durkhcimiana- . E l
del idealismo la critica de lo particul ar tenía muy o tra indivi duo, que en virtud de lo q ue le ha ya de es tar d ado
d igni dad (dado que en la subde sa rro lla da Alem an ia no in medi at am ente se ti ene a sí mismo por el títu lo legal
había llegado a formars e como un tod o, en absoluto , la de la verd ad . obe de ce a la cegadora co mplexión de una
sociedad burguesa): en la es fera teór ica , el idealismo sociedad que necesariamente se de sconoc e a sí mi sm a
significaba pe rc atarse de que la suma de los sabe res COns ide rándose individualista; y lo que cree que es pri-
singu lares ais lados no constituye un todo, y de que lo m ero, e irrefutablemen te absoluto. está der ivado de
mejor del conoc imien to, en cu an to poten cial humano, ella , y es secundario, hasta en todos su s datos singu
se escapa por entre las mallas de la división del t ra - lares sen sibles: cE l individue, ta l y como aparece en
bajo (el goethia no eSó lc fa lta el lazo esp iritual.. ext ra e es te mundo d c lo coti diano y prosai co, no ... es ac ti vo
y resu me sen tenciosame nte la suma de todo ello) . · En por su propia totalidad, ni por sí mi smo , sino que es
otro tiem po , el id eali smo fue con tra el pasante Wagner co mprens ible po r lo otro s 14. El p recio d e dem encia que
[d el Faust o de Goethe ]; ma s una vez que lo heredaron ha de pagar aquella cegadora complexión es que la sa-
sus igual es, se descubri ó com o particula ridad (q ue He- lida de la pura inmed iatez del ceso que hay ah í.., de
gel había vis to ya pe ne trante ment e en Eichte, por lo lo su puesta mente más seguro, no alcanza a s upe ra r la
men os). E n la sociedad tota l la to talidad se co nvierte azarosidad de la persona singu la r q ue en cada caso es
en el m al radical; cosa que, ne ces itada de una unión lo que fu ese¿ o sea , el solipsis mo: que-por decirlo con
p rogresiva, resu en a en Hegel en su búsqued a de una la fr ase de Schopenhauer-quizá pued a cu ra r el solip-
reconci liación- pero la totalidad interrumpirá esta t ra s sism o, pe ro no re futar lo. Mas el pensa r que conciba
haber alcanzado aque lla realidad que Hegel an tici pó como implícitamente sociales tanto al ser humano sin-
ent us iás tica mente en el conc epto. gu lar en cuanto zoon poluikon como las ca teg orías de
Sin em ba rgo, para darse cue nta del motivo de la la conciencia subje tiva no se seguirá aferra ndo a un
crítica de la cie ncia (el de qu e lo más cerc ano, lo inme- concep to de experiencia qu e, aunque sea cont ra su vo-
diatamen te cierto para el suj eto singu lar d e cada caso, luntad, hipostasía al individuo: el avance de la expe·
no es f un damen to de la verdad, no es absolutamente r iencia h ast a llegar a conciencia de su in te rdepe nden-
cie rto y seg uro, ni «inme diat n») no se necesita en modo cia con la de todos corrige retroact ivamcnte su inser-
algun o el concepto espe cu lativo; p ues cabe p en etrar
en la ca ndencia personal del individuo, cuya comple- "ww 12, p ág . 207.

88 89
ción en la meram en te ind ividual. La filosofía h egeliana bien qu e la que la historia oficial de la filosoffa señala
advirtió tal cosa: su cri tica de la in mediatez da cu en ta com o ta l: más importante, inclu so, que la au toc rí ü ca
de que aquello a lo que se confía la co nciencia ingenua de la Ilustración, la expresa asunción del sujeto con-
co mo inmediato, como lo más ce rcano a ella , es tan creto y del mundo hist óri co y la di manización de l filo-
esca sam en te inmedi ato y primero como propied ad de sofar. La filosofía teóri ca, cuando menos, habia ap li-
todos; mas Hegel des truye inclu so la mitología de lo ca do con Kant su ca non a las ciencias positivas, la
pri mero : ..Lo qu e es en si, lo inmedia to, abs tracto y co mprobación de su valide z (o sea, la pregunta sob re
gene ra l, lo qu e toda vía no ha progresado, constituye el cómo es posible el co nocimiento científico) ; mas ahora ,
co mienzo ; lo más concreto y rico es lo tard ío, mien - puest a toda la armadura de la au torre flexión de la teo-
tras q ue lo primero es lo má s p ob re en de te rmín acío- n a de la cien cia, se vuelve, sin embargo, a expresar de
nes e u. Bajo el as pec to de semejan te desmit ologizaciÓn mod o que ob ligue expresamente lo q ue se di visa como
se co nvie rte la filosofía hegeliana en la f órmula de la cen tral en la realidad, pero que se esc apa a t ravés de
general ob ligación de no ser ingen uo (temprana res - la red de las ciencia s p articula res; y lo que motiva
puest a a una situación del mundo que teje incesante- aquella convers ión de l filosof ar hacia el con tenido no
mente su p rop io velo ): " . _. de h echo, el pe nsar es esen- es ninguna mayor riqu eza de m ateria l, sino el mod erno
cialmente la negaci ón de eso qu e e stada inm ed iatamen - clima de Hegel (fr ente a Kant e inclu so Fichte). Pero
te an te nosotros » 1_. Como su anti pod a Schopenhauer, él impu lsó la filosofí a a una elaboració n intelectual-
Hegel querría desgarrar el velo, y de ahí su polém ica mente cons ecuente de las experiencias de la realidad
contra la d octrina kantiana de la incognoscibilidad de no gracía s a un inquebrantable pe n sar en ello sin pa-
la co sa en si " ; ta l es, sin duda, uno d e los moti vos rar (ya fu ese ingen uo-realist a, ya lo que se sue le llamar
más hon dos de su filosofía, por má s qu e ocu lto pa ra vulgarmente una es pecu lac ión desenfrenada), sino que,
ella misma. merced a una autorreflexión crí tica incluso de la filo-
La región del pe ns ar a que a sí aludimo s se d istin- sofía crítico-ilus trada y de l método de la ciencia, llevó
gue de Kan t y del conjun to del siglo XVII I (com o ya a la filosofía a percata rse de conte nidos esen ciales, en
sucedía, po r lo' dem ás, con Fichte ) por virtud de una lugar de limit arse a una comprobación propedéutica
nueva nece sida d de expresión: el pensamie nto mayor de posibilidades epi stemológicas: ejercitado como es-
de edad qu iere esc r ib ir la his toria del esp íri tu (co sa taba en la cien cia , y co n sus medios, t ras pasó los con-
q ue hasta entonces hacía de mod o meramen te incons- fines de u na ciencia sólo consigna do ra y or denado ra,
cien te), quiere con ver tirs e en eco de las h oras que le que aspiraba a aco mo da r m ateriales y había dom inado
hayan tocado; ta l es la dif ere nci a en t re el idealismo hasta llegar él (y de nuevo tras él, cu ando el pen sa-
alemán (Hege l espe cialmen te) y la Il u stración, má s mient o perdió la inconmen surable ten sión de su au to-
rreflexión ). Su filosofía es al mismo ti emp o de la ra zón
" WW 17, pág. 69 tv . cast., págs. 42·3].
y antipositiva; se opone a la mera teoría del conoci-
" WW 8, pá g. 57. miento al ha cer p atente que las formas que según ella
v e r. WW 19, pá g. 606 rv. cas t., pág s. 457-8]. cons ti tuye n és te dependen del conteni do del conoc í-

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miento tanto como a la inversa: «Pero , en gen eral, no j ustifica r. Hegel responde a ello que la fonna y el con-
h ay m ateria sin fo rma, n i forma sin materia. La ma- ten ido están esencialme n te mediados el un o por el
teria y la forma se enge ndran recíp roca me nte» 11; para ot ro; cosa que qu iere decir, sin em b argo, que una mera
proba r lo cual se sirve a su vez, sin embargo, de un a doctrina formal del conocimiento como la qu e p ro yc( ta
gno seología más consecuente. Pues si bien és ta , en cuan- la gnoseología se deja en suspenso a sí m isma, no es
to doctrina de la azarosidad e Impenet rabilidad del con- posible, y que la filosofía, para alcanzar la obligatorie-
tenido y de la inevitabi lidad de las formas, pone un dad que acaricia la teoría del con ocimiento, ti ene que
foso entre aquél y ésta, él la in ten sifica hasta la eviden- h acer sa ltar ésta ; asf, pues, el filoso far que atiende al
cia de algo que a ella no le incumbe extraer: que la contenido queda ocasionado merced jus tamente a la
conciencia que traza límites, co n ta l t razar trascien de autorreflexión del filosofa r fo rmal, que hab fa ahuyen-
necesariamen te lo as í limitado-e-para Hegel es ca nó nica ta do y p rohibido el d e contenido como meramente d og-
la sentencia goe t hiana de que to do lo perfecto en su mático. Con este paso al con tenido se ob tiene la casa-
géne ro ap unta fuera y por encima de su género ( pues ción del divorcio de l a priori y la empirie, que se había
tiene con Gocthe mucho más en común de lo que la con servado en to da al t ra dición p latónico-aristotélica
superficial dif erencia entre las doctrina s del protofe- hasta Kant y sólo con Fichte habia empezado a poner-
nómeno y del sem oviente abso luto pe rm ite sospechar). se en duda: «Lo em pí rico, aprehendi do en su sí ntes is,
Kant h ab ía "amarrado . la filosofía a los juicios sin- es el concepto especulativo . 19; con lo que la filosofía
téticos a pr iori: en cierto modo había reunido en ellos exige el derecho y acepta el deber de recurrir a los
lo que qued ó de la antigua m etafísi ca tras la crit ica momentos materiales, que brotan del proceso vital real
de la razón. Mas ta les juicios es tá n at ravesados por d e los hombre s socializados (y ello en cuanto mamen -
una profunda con tradicción : si f uesen a priori en sen- los ese nciales. no meramente azarosos). La metafí sica
tido kantiano estricto, carecerían de todo cont en ido, fal samente resucitada en nu estros días, que censura tal
serían for ma s en acto, proposicio nes puramente lógi- cosa como un hundirse en la m era fac ticidad y se arro-
cas, tautologías , en las que el conocimiento no añadiría ga la p rotección de l ser del ente frent e a es te últi-
nada nu evo a si mi sm o, nada de lo otro; pero si fues en mo, queda en lo deci sivo a la zaga de Hegel, por mucho
sin téticos (y, por tanto y en se rio, co noc im ientos, no q ue se tome a sí misma como progresada con respecto
una mera autoduplicación del suj eto) precisarían aquel al idealismo de és te ; pues ese Hegel al que de abs t rac-
contenido que Kant queda p roscribir de su esfera por to se reprend e p or su idealismo, fren te a la concreció n
azaroso y meramente empírico. y teniendo en cuenta de las esc uelas fenom enológicas, antropológicas y onto-
la rad ical fisura entre ellos, se vue lve un enigma có mo lógicas, ha in t roducido en los pensamientos filosóficos
en tonces se en cu entran, en gen eral, y se aj u sta n uno infini tamente más de lo concreto que tales tende ncias;
a otro la forma y el co n tenido : qué le s ucede a aquel pero, ciertamente, no porque el sen tido de la realidad
conocimiento, cu ya validez, sin embargo, quería Kant y la visión h ist érica de su fan tasía especulativa se equi-

" WW 3, p ág. 125. " ww 18, pág. 341 [v. cast., pág. 252].

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librasen , sino en virtu d del arranque de su filosofía (y impulso, frent e a la resignación de la época p resent e,
podría decirse que debido al carácte r exp erie ncial de se basa la verdadera actualidad de Hegel. Mas el extre-
la especulación m isma). La filosofía-e-exige Hegel-de- mo idealista, de acuerdo con cuya medida juzga el He-
bería esta r en terada de «que su conte nido es la reali- gel temprano-e-análogamente a como ha ce HOlderlin-
da d; y llamamos experiencia a la conci en cia más pró xí- al espíritu comprom etido a ser «ú til» y, po r elle, des-
roa a ta l cont en ido» 1(1; no se quie re dej ar ame drentar, leal a sí mismo, posee sus imp lic aciones materi alist as
ni abandona r la esperanza de pe rcatarse de aquel todo (que se esfuman cuando ta l idealismo extremo pacta
de la r eali dad y de su sus ta nci a que el establecim ien to con 10 que post eriormente se ha llamado re alis mo,
científico le alt era en nombre de result ados váli do s, in . cuando el es píri tu se acomoda; si bien, indudablemen-
vulnerables e inatacables. Hegel vislumbró lo regresivo te, habría que demostrarle con muc ha evidencia qu e
y despótico qu e hay en la humildad kantiana, y se re- no le ca bía realizars e de ot ro modo que a t ra vés de
be ló contra la conocida frase en la qu e la Ilustración una acomodación). Hege l se acerca tanto más al ma-
de Kan t se congraci a co n el oscuran tis mo (<<AsÍ, pues, terialismo social cuanto más lejos lleva el idealismo,
tendría yo qu e dejar en suspens o el saber, con objeto inclus o el gno seológico , cu anto más se empeña, con tra
de h acer sitio para la fe; y el dogmatismo de la meta- Kant, en concebir los obje tos a partir de su interiori-
física, es to es , el prejuicio de ava nzar en ella sin crí- dad ; y la confianza de l espíritu de que él mi smo seria
ti ca de la razón pura, es la verdadera fu ente de toda el mundo «en sí» no es sólo una aldeana ilusión de
fal ta de fe que com b ata a la moralidad, que se rá siem- omnipoten cia : se alimenta de la experiencia de que,
p re, desde lue go, muy dogm ática » 21); su antitesis a ella en definitiva, no exist e na da fu era de lo producido por
r eza así : «La oculta esencia del universo no ti ene en hombres, nada definitivamen te independiente del tra-
si fu erza alguna que p ueda ofrec er resi s ten cia al de- bajo social (pues la naturaleza aparentemente intacta
nuedo del saber ; tiene qu e abrirse ante él, poniéndole por él se define como tal merced al trabajo, y está , de
ante la vista, para que las goce, sus riquezas y hondu- este modo, mediada por él; conex iones qu e son pate n-
ras » 22. En seme ja nte s formulaciones se dila ta el precoz tes, por eje mplo, en el problema de los llamados espa-
énfas is burgués de Bacon a uno de una humanidad ma. cio s no cap italis tas , ya qu e és tos los ne cesitan p ar a
yor de ed ad (el de que, con todo, se llegará ); y en este hacer va ler el cap ita l). La pretensión leibnizian a de
construir el mundo a p artir d e un principio interno,
qu e Kant había re chazado com o met afísica do gmática,
:lO WW 8, pág. 47.

" Irnrnanuel Kan t: K ríük der reinen í/ ernunjt, «Prólogo de


re ap arece en Hegel, pues, en forma de su opuesto : el
la segunda edición », ci tado por la edición Insel, s. a., pág. 24 ente se aproxim a al producto del trabajo, sin que, po r
lcorrespondc a la pá g. B XXX ; en la versión cas tellana üncom - lo demás, perezca en él el momento n at ural; p ero cuan-
pleta ) de M. Carera Morente (Crítica d e la razón pura, 2 t. Ma. do, al hacer el total, ent ra todo, en definitiva, en el
drid, V. Su érez, 1928), t. I, pág. 48; en la de B. del Perojo y
sujeto en cuanto espíritu absolu to (co mo suce de con
J. Revira Annengol (Id. , Buenos Aires, Losada, 1961), t. I,
pág. 139]. Hegel ), el idealismo se dej a en suspenso a sí mismo al
:l2 Hegel, WW 8, pág . 36. hacerlo , dado que no sobrevive ninguna diferencia en

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la que cup iese cap tar al s ujeto como alg o di stinto, como postre, uno y lo mismo. Nunca se a lej a m ás en la su-
su jeto: u na vez que, en lo abs olu to, el obj eto es su je- pe rficie la filosofía h egeliana del conc ep to predialé ctic o
t o, deja aquél de ser inferior con respecto a ést e. (En de exp eriencia que en est e punto: lo que re cae en el
su ápice, la iden tidad se convi erte en agente de lo no esp lri tu le cae en su erte, en lugar d e di sponerlo sim-
idéntico.) Por inf ranqueablemente que se trazaran en plemente él , ya que ello, a su vez, no se ria otra cosa
la filosofía hegeliana las front eras que pro híben da r ta l que espírit u. Pero ni s iqu iera est a an tiem pírica ci ma
paso en forma m an ifiesta, su propia sus tancia es , sin de ta l filosofía apunta al vado: mi enta la diferencia
embargo, igu al de inevitable ; y el hegelismo de lzquicr- en tre la cosa m isma, el objeto del con oc imie nto , y su
da no co nst ituyó un desa rrollo his tó rico-espiritual por mero vaciado científico , con el que no puede conte n-
enci ma y más aJlá de Hegel que 10 malentendiese y des- tarse la ciencia autocrítica: c ólo que, indudab lemente,
figu rase. sino, con fidel idad a la dial éc tic a, una parte el co nce pto no permite que se salte por enci ma de su
de la a utoc oncie ncia de su filosoffa-parte qu e ésta te- ese nci a a bs t ract íva y clasi ficatoria, se pa ra dora y arbi-
nía que denegarse pa ra segu ir siendo filosofia. traria; y Hegel odiaba es pecialme nte-y con ra zón-
Por ello es men es ter no de shacerse ap re suradamen- los in tent os de h ace r tal co sa (sobre to do , de Sche lling),
te ni s iqui era del fermento idealista hegeliano, como si pues delataban de qué se trataba princi pa lm en te: del
fuese una desmesura : éste extrae su fuerza de lo que sue ño de la verdad de la cosa mi sma dándose en una
el llamado sen tido com ún p recien tífico p ercibe en la intuición in telect ual (que no se halla por enci ma del
ci encia. y sob re lo cual ést a res ba la, demasiado satis- conc ep to, sino bajo él, y que just am ente al u surp ar su
fecha de sí m isma. Pu es, con objet o de poder operar ob je tivid ad re trocede y cae de nuevo a la sub je t ividad
con concep tos sobri os y cl aros, de los que se ufana , la del mero op inar). Apen as hay nad a fr en te a lo cual sea
cie ncia los estatuye inmóviles, y juzga luego sin ten er má s se ns ible el pensa mie nto filosófico qu e fr ente a lo
en co nside ración que la vida de la cosa m entada po r m ás próximo a él, 10 que le co mpro mete escondiendo
el conc epto no se agota haci en do que éste quede fijad o. la diferen cia qu e m ira al tod o en un matiz ina precia-
E n cambio, la protesta del espírit u aú n no ac abado b le; de ahí que Hegel enseñase q ue es p reciso tanto
por la ciencia co nt ra las determinaciones co nce p tuales es tat uir en forma fija, more scíe nsíi íco, los significados
practicables y las meras definiciones verbales, así com o de los conce ptos (de modo que siga n siendo, en gene-
la exigencia de no manejar los co nceptos como s¡ fue- ral, conceptos ) como «move r tos .., va ri arl os de ac uerdo
sen fich as, sino-e-como lo quiere su nombre---concebir con lo que m an de el ob jeto, para no desfigura rlos; y se
en ellos lo qu e propiamente sea la co sa y lo que con- espe ra de la dia léctica que desarrolle es te postulado,
t enga en sí en cuant o a momento s ese nci ales y en modo el cual, sin desarrollar, sería meramente pa ra dó jico.
algu no mutuamente concorda nt es, nos en t regan el ca- Dialéctica no qu iere decir est ar d ispuest o a sus t ituir el
non de aquel idealismo hegeliano-al que se ha re- significado de u n concept o p or otro , sub re pti cio (a lo
prendido por disparatadamente soberano-que quiere qu e sí se llega en su p arodia lo m ism o que en su pe-
poner en claro enteramente la cosa va lién dos e de su trificación do gmática ), ni- como se so spe cha de la I ó-
concepto, ya que cosa y concept o serían, al fin y a la gica hegeliana-a tachar el principio de cont radicción ;

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sino que la cont radicción mis ma , la existe nte entre el a se r temática, refleja , la relación-e-de que no se había
conce p to fijado y el mov ido , se vuelve agente de l filo- hecho ca rgo Kant-entre ambas, ent re la co nciencia fi -

sofar. Al quedar fijo el concepto y confrontarse su sig- losófica , cri t icante, y la criticada , la conocedo ra inme-
nificado con lo aprehendido bajo él, en su identidad diatamen te de ob jetos; con lo cual la conciencia como
con la co sa se muest ra que la form a lógica de la defini- objete , como algo qu e ha de aprehen derse filosófica-
ción exige a la vez la no identidad, es to es, que el con- mente, se co nvierte en algo finito. limit ado e ins uficien-
cepto y la cosa no sea n uno y lo mi smo; jus ta me nte te, tal y como ya la hab ía conc ebido tendencialmente
por ello tiene que variar el concepto que se ma ntenga Ka nt (el cual, por mo r de tal finitud , prohibió redon-
fiel a su prop io significado; y, siguiendo lo mandado dear exuberanteme nte la concien cia en mundos in te-
po r ella misma, la filosofía que cons idere el concep to ligibles). La lim itaci ón kantiana de la conciencia a cien-
como algo más eleva do q ue un mero instrumento del tíficamente judicatlva, sin más, reap arece con Hegel
en tend imien to tiene que abandona r la defin ición , que como su negatividad. como algo ma lo y que a su vez
tien de a paralizarla allí. Así , pues. el movimi en to del hay que criticar; y a la inversa, aq uella conciencia que
concepto no es manipulación sofís tica algu na que I~ pen et ra en la finitud de la conci encia. la subjetividad
imp usiera desde el ext erior signi ficados camb iantes . contemplado ra, que es la que, en definitiva, «po ne» al
sino la omnipresente concien cia, vivificadora de todo sujeto contemplado, justament e por ello ha de ponerse
gen uino co nocimiento, de la unidad y. sin embargo , a sí misma como infi nita y-según la int ención de He-
ine vitable diferencia entre el concepto y aquello que gel-en u na filosofía aca ba da ha de most ra rse en su
haya de exp resar; y puest o que la filosof ía no desist e infinitud , como es píri tu a bsolu to (en el que se desva-
de tal un idad , ha de re spo nsabilizarse de esta dif:- n ezca la d ifere ncia entre sujeto y objeto , po r no haber
ren cia. nada fu era de él) , De to dos modos, por cuestiona ble
No obstan te to da la auto rreflexión , empero, las ex- que sea es ta preten sión , incluso la reflexión de la refle-
presiones re flexión y filosofía re flexiva, así co mo sus xión, la re dup licación de la conciencia filosófica no es
sinón imas, tienen fre cu entemente en Hegel un tono es- ningún mero juego de u n pe ns amiento desatado y algo
ti mati vo; con todo, su crí tica de la re flexión (en la que así como privad o de su materia, sino co sa muy certe-
no perdonó ni siquiera a Fic hte ) era , a su vez, re flexión, ra ; pues a l acordarse la conciencia, medi ante la autorre-
como se mu estra crasamente en aquella escisión de l ñextcn, de lo que le falta de la re alidad, de lo que mu-
concepto de suje to que tan d rás ticamente les di stingue tila con su s co nceptos ordena tori os y arruina con su s
a él y a sus predecesores especulativo-idealistas de datos procedentes de la azarosidad de lo cercano, el
Kant. Con es te último, la filosofía había efec tuado una pensar cientí fico se topa en Hegel con lo que la ciencia
crítica de la razón : se ha bfa aplicado a la concien cia, mecánico-causal dej a que acontezca en cuanto nat ural-
en cua nt o cond ición del conocimie nto, una conciencia men te imperante en la natura leza En lo cua l no era
científica en cie r to mod o ingenua, u n exa men de acuer- Hegel ta n disti nto d e Bergson , qu ien , lo mi smo que él,
do con las reglas de la lógica (según los uso s lingüí sti- con los medios p roporcionad os por un anális is gnaseo-
cos de hoy, de la «fenom enologla »): mas en Hegel pa!¡a lógico de scub rió la in suficiencia de la cien cia miope y

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cosificadora, su inconveni encia para con lo real (mien- como s i fuese verdad in tangible e irreductible es ya
t ras que la cie nci a no refleja gu sta de recusa r co mo p r od l;lc( o de cierto apresta r, al go secu ndario y deriva-
me'tafísica la conciencia de se mej an te ínconven íenc ía ). do. No es la ú lt ima ta re a de la conciencia filosófica la
Desd e lu ego, con Ber gson el esp íritu ci entí fico lleva a de fluidifi car de nuevo lo vertido en la cien cia, merced
cabo la cr it ica de s í mi sm o s in preocuparse por la con- al a utoconoc imien to de ésta. y retrove rte rlo en aquello
tradicción de semej an te autoc rníca , por lo cual él pudo 'de lo cual lo había alejado ella. En cuanto a la propia
se r a la vez gnoseológi co e irraciona h s ta : su filosofía objetividad de ésta. es meramente sub jeti va , por lo
no supe ró la re lación entre ambos aspect os. Mas en lo cual la ob jeció n deHegel cont ra el trabajo sin re flexió n
que resp ec ta al cie n años anterior Hegel: él sa bía que del entendimient o es igualmente razonab le que la co-
t od a crítica de la co nci enci a cc síficadcr a, fragmenta- rrecci ón que le hace . En él est á ya perfectamente d es-
dora y enajenadora que m eramente la h aga contr ast ar , arrollad a la crític a de ese p ositivista tejemaneje cien-
desde fue ra, con otra fu ente d e conoci mientos perma- tífico que hoy se presenta a s í mismo cad a vez m ás en
nece im pote nt e, y que u na conc epción de la ratio que todo el mundo como la única forma legftima de co no-
brote de ésta tiene que suc u mb ir de nuevo, s in salva- cim iento: mucho a ntes de que hubiera llegado t an le-
ció n, a sus p rop ios cri te ri os; por ello Hegel h izo de Ja jos , Hegel lo diagnosticó tal y como hoy se manifies ta
contradi cción mism a entre el es píri tu cientifico y la en in nu me rables in vest igaciones vacías y obt usa s, est o
crítica de la ci encia , qu e se entreabre en Be rgso n, el es, como un id ad de la cosificación (o sea, u na ob jetivi-
motor del filosofar. Sólo mediante la reflexión a punta dad más fa laz , más exte rior a la cesa mi sma y--en el
el pensar reflexivo fuera y por encima de sí mi sm o; lenguaje hegeliano-e-más a bstracta ) y d e u na ingenui-
y la contradicción, p ro hibida por la lógica, se convie r te dad que confunde el vaciado del mundo. los hec hos y
en órgano del pensar, en la verdad de l lagos. los nú meros, con su. p or qu é.
La crí tica hegeliana de la cie ncia, cuyo nombre se H egel exp resó, en el lengua je de la teoría de l cono -
reitera siem pre en él enfátic amente, no qui er e re stau- cimi ento y el de la met afí sica especulativa (extrapolado
rar apolo gét icamente la m et afísica prekantian a fr ente a partir de aq uél), qu e la sociedad cosificada y raciona-
al pensar científico, que cada vez le arrebata más obje- lizada de la é poca bur guesa. en la qu e se ha consu mado
tos y doc trinas, si no que ob j et a, fren te a la cie ncia ra- La razón q ue se ense ñorea de la na tu ral eza, podría con-
cional , algo racional de punta a cabo: que ella , que se vertirse e n dign a de los se res human os, no mediante
imagina ser la fue n te legal de la verdad, p repara y ade- u na regresión a es tad ios más a ntigu os, a nte r iores a la
reza los objetos, por mor de sus propios concep t os oro división del t rabaj o y más irracionales, sino ap lica ndo-
denatorios, de su no cont radicción y pract ica bilidad se a si misma su racion a lidad ; d icho con otras paLa-
inmanent es. hasta que encajen en las d isciplinas insti- bras, c ua ndo, sa nando de las marcas de la s in razón. se
tu cional es, «posít ívas• . Y lo que m otiva el concep to perca te de s u propia razón . pero también de las hu e-
hegeliano de cosificación es que la cie ncia se cuide m e- llas de lo racional que ha y en lo irracion al. (Mie ntras
no s de la vid a de la s cosas que de su com pa tibilidad tanto, sc ha vue lto patente el aspect o de sin razón en
con sus propias regla s de juego; pues lo qu e procede las cons ec uencias de la r acionalidad moderna, qu e am e-

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n aza n con una cat ást rofe universal. ) Experienci a hege- de. doblega r al pr in cipio de contradic ción cualqu ier
lia na a. Ia qu e el sc bopenhaue r tano R ichard Wagner dio cosa con qu e se t ropiece el pensa mi ento, y éste mismo:
una fórmula esquilea : la herida cie rra sólo con el dar- y e n est e punto, sob re tod o, se recelará en él, qu e quería
do q ue la hir iese. La concie ncia de Hegel padec ió , como abando na rse al mo vimi ento de la co sa mi sm a y curar
nin guna concie ncia filosófica an ter ior, con la d is ta ncia- al pensa mi ento de su a r bit ra r ieda d. un momento a rbi -
ción e nt re s uje to y ob jeto, en tre la conciencia y la rea- t rari o, de dogma tis mo antiguo (puest o qu e, de hecho ,
Iidad ; pe ro su filosofía tuvo fue rzas pa ra no hu ir en la filosofía espec u la tiva. a partir de Salo man Mai mon,
reti rada a nte ta l pa decimiento. a la quime ra de la mera recurrió en muc has cosas al raciona lismo p reka ntia no ).
inmed ia tez de mundo y s uje to; y no de j ó que la ex tra- No ba sta para desvirtua r esta sospecha q ue Hegel expu·
viase el que la sin razón de una razón meramen te par- s iese las más tajantes objecione s a l m at raqueante es-
t icu la r (a sa be r : la que s irva a unos in tereses puramen- quema de la triplicidad de tesi s, ant ítesis y s íntesis
t e part icu la res ) se derrita sólo merced a realizarse la en c ua nt o meramente met ód ico, ni que en el Prólo go de
ve rd ad de l tod o; cosa que cuenta en fa vo r de su re ñe- la Fenomenología se diga que mien tras siga siendo es-
xl ón de la reflexión más que los gestos ir racion ali st as quema y. por tan to, m eramente se 10 est ampe desde
a qu e se de jó inducir Hegel de vez en cuando, cuando fuera a los ob je tos es u na ema r tingala s P que se apren-
t rataba de sesp eradamente de sa lvar la ve rd ad de u na de velozm ente; y di fícilment e se contentará tampoco
socie dad qu e ya se había vuelto falsa. La autorreflexión na die con que p rincip io aislado alguno (ya sea el de la
he gel ia na del su je to en la conciencia filosófica es , e n mediación, el del devenir , el de contradicción o el de
ve rdad, la conciencia crítica de sí mism a de la socie- la dialéctica mi sma ) sea en cuanto principio, d esligado
dad . e n el mome nto de alborear. de tod o y ab soluto, lla ve de la verdad , ni con que ésta
El mo tivo de la con tradicci ón y, con él, el de una cons ista únicamente en la unión d e uno s mo mentos
sociedad que se a bala nza sobre el su je to dura, ajena . que b roten, disocián dose, cada u no del otro: todo ello
brutalm en te (motivo con el que H egel aven ta ja a Ber g- pod rían se r meras aseveracione s. La sospe cha fr ente a
son, el metafísico del fluir ), pasa . en gene ral, por se r la d ia léc tic a (la de que a su vez sea--con palab ras de
el p r incipio globa l de su filosofía ; y el mé todo dialéc- Hegel-un lema sentado a islada , «ab st ra c ta me nte») se
tico lleva su nom bre po r razón de él. Pe ro ello, just a- ve hoy co nfirmada por la perversión a dogma está tico-
mente, fomenta la t raducción a la expe riencia es piri- lite ral su frida en el cam po orie nta l, bajo la ho rrible
tual de que hab la : m uy fácilmente mana de él un modo a b revia tura de Diamat [dialek tische Materialismus, ma-
de cons ide ra r puramen t e h istórico-filosófico que su bs u- te ri ali smo dia léctico] , p or la versión ma terialis ta de la
me los niveles de l esp ír itu bajo sumos conceptos ro- d ialéctica (del pensar di námico 7:a-c ' i ~fJlt ~v) , deri varla
tundos, convir t iéndo los en rúbricas; con lo que se re- de la he geliana : la apelación a s us in au gurado res de gra-
baj a la d ia léc tica a u na conce pción elegib le del m undo, dados a clásico s impid e, como siem pre, toda con side ra-
como la que la filosofía c r ít ica apor tad a po r Hegel ha- ción a te nida a las cosas t ildá ndola de de sviación obje-
bía herid o mortalmen te. Asimi smo es inevitable que se
pregun te de dónde saca p ropiament e Hegel el derech o v cr. WW 2, págs . 47-8 ledo crt e., págs. 42·3; v. ces t., pág. 35l

102 103
tivista, y el movim ien to h egeliano de l concepto queda la m era forma de la cópula, tod a la verdad, y ninguno
congelado en el D íamat en una con fes ión de fe. Por el la alcanza; y de ahí que p ara Hegel los límites kantia-
cont rari o, cad a vez tiene más en común con la exp c- nos del co nocimien to se conviertan en el principio de
riencia motivadora de la dialéctica lo que , largo ti empo su progreso : "Cada cosa es lo que es únicamen te en
después de Hegel, expresó Niet zsche en la frase: «Nada sus límites y por ellos ; por lo cual no se deben mirar
se p resent a en la reali dad que corresponda rigurosa- los límites como me ramente exteriores al ser exi stente,
mente a la lógica» 24; pero Hegel no lo proclamó sim- sino que, antes bien, ellos atraviesan la totalidad de
plemente, sino que llegó a ello a p artir de una crí tica éste» 25. Launiversalidad de la negación no es ninguna
inmanen te de la lógica y de sus formas: demostró qu e panacea m etafísica ante la qu e hubieran de abrirse to-
el concepto, el juicio y el raciocinio, in strumentos inevi- da s las puertas. sino únicamente la consecuencia de
tables para, en general, cerciorarse de un ente, van a aquella crit ica del conoci miento que acabó con las pa-
parar en todos los casos a u na con tradicción co n éste , naceas, de sarro llada hasta convertirse en autoconcien-
y que, ateniéndose a una idea enfática de la verdad. cia; con otras palabras, la filosofía hegelian a es en un
todos los j uicios , conceptos y raciocinios singulares son sentido emine n te filosofía crítica, y el exame n a que
fal sos. De este modo, Kant, el ene migo mortal del pen- some te sus conc eptos (empezando por el ser ) acumula
sar merament e «rap sód ica», absolutiza dor de det ermi- siem pre en ella, al mis mo tiempo. lo que se le puede
naciones singu lares azarosas y ai sladas, se encontró a obj etar esp ecíficamente. De todas las tergiversacion es
sí mi smo en He gel , su crítico. Es te combate la do ct rina de Hegel debidas a la intelectualidad escasa de molle-
kantiana de los límites del conocim iento, y, sin embar- ra, la más indigente es la de que la dialéctica, sin hacer
go, la respeta : de ella proced e la teoría de la diferencia distinción alguna, tendría que admitir todo o no admi-
entre suj eto y objeto que se manifestaría en to da d e- ti r nada; pues si con Kant la critica lo es de la razón,
terminación singu lar; diferencia que lu ego se movería con Hegel. que critica a su vez el divorcio kantiano de
má s allá de sí misma- mirando su propia corrección- la ra zón y la realidad, la crít ica de aquélla se vuelve,
ha cia un conocimiento m ás ajus tado . Por cons igu iente, a la vez, de 10 re al: la insuficiencia de todas las deter-
la justificación del primado de la ne gación en la filos o- minaciones singu lares ai slad as es siemp re, al mi smo
fía hegeli an a sería que los límites del conocimiento a tiempo, insuficiencia también de la realidad particular
que lleva su autoconsideración crítica no son nada exte- aprehendida por ta les determinaciones. Aun cuando el
rior a él, nada a lo cu al estu viese conde nado de for ma sis te ma acaba por hacer equivalentes entre sí la razón
m eram ente heterónoma, sino que son inherentes a to- y la realidad, el sujeto y el obj eto, la dialéctica, en vil"
dos sus m omentos. Pues todo conocimien to-no sólo el tud de la confro n tación de cua lquier realidad con su
que se avent ura en lo infinito-quiere mentar, ya por propio concepto, con su pr opia ra cionalidad, vuelve la
punta polémica contra la sinrazón de l mero ser exis-
:>l Fricdrich Nietzsche: «Aus del' Zeit der Morgenrüthe und
tente, de la sit uación natural que se está perennizand o:
del' Irolichen Wissen sch aft 1880-1882», Gesammelte Werke, ed i-
ción Musarion, 1. XI. Mun ích, 1924. pág. 22. 1$ Hegel. WW 8, pág. 220.

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la realida d se le desemboza como cons agrada a la muer- de la concie ncia inmedia ta del ser humano sin gular,
te en cuant o que no sea e nteramente racional, mie ntras lleva a cabo (en la Fenomenología del esp íritu¡ su me-
es té irreconciliad a. Y con el concep to de la nega ción diación a to do lo lar go del movim iento hi stór ico d el
de terminad a, con el que aventaja H egel a aquell a frase ente-con el que se ve llevado po r encima y más allá
de Nietzsche y a to do írracíona llsmo, no sólo se revuel- de toda mera metafísic a de l ser-o Mas una vez que se
ve contra los con cep tos supremos abstract os (también ha dado sue lt a a la ccncretización de la filosofía, no
contra el de la negación mi sma), sino qu e la negación es po sible interrumpirla excu sán dose con su m endaz
intervie ne al mi sm o tiem p o en aquella realidad en la di gnidad: «La pusilani midad del pen samiento abs t rac-
que adquiere por p r imera vez sustancia el concep to que t o cons iste en asustarse, a est ilo monástico, de la pre-
se cr it ica a sí mismo, en la socie dad: ' entie nde que «En sencia sen sorial; y la abstracción moderna es así de
Jo que se re fiere al sa be r in mediato de Dio s, de lo jus to delicadamente distinguida frente al mom en t o de dicha
y lo ét ico », todo ello «estaría e nteramente condiciona p resen cia» 27. Aque lla concreció n p ermite a Hegel im-
do a través de la m ediación qu e se llama desarrollo, pregna r comp le tam ente la id ea de tot alidad, que prove-
educación y fo r mación» 26. nía del sistema id ealista, con la de contradicción : la
La contradicción dialéctica , donde se la ha experi- teoría ló gico-metafísica de la totalidad como dechado
mentado es en la sociedad ; la pr opia cons t rucció n he- de cont radicci ones dic e-descifra-que la sociedad no
gelia na de un a filosofía de la identidad fomenta su ca p- es tá meramente cr uzada y alterada por contradiccio-
tación tanto a parti r del objeto como del su jet o; y en nes y despropcrcíona tídadcs. y qu e no se convierte en
ta l cont radicción cristaliza, incluso, un concep t o de ex- totalidad por ser un todo recompuesto, sino en virtud
periencia qu e apunta fu era y por encima de l id ealismo de sus con tradicci ones. La socialización de la sociedad,
ab soluto: el de' la totalidad antagonís tica. Lo mis mo su unión a lo que verdad eramente-y vinculado a He-
qu e el principio de la mediación universal (frente a la gel- se par ece más a un sistema que a un organismo,
inmediatez del mero suj eto ) se basa en que la objeti- ha resultado, hasta hoy, del principio de dominación
vidad del proceso soci al antecede a la azarosidad del (e incluso de división), y se con tinúa t ra ns miti endo :
su j eto singu lar hast a en t odas las ca tegorías del pen- la sociedad se ha conservado con vid a, se ha continu a-
sa r , se llega a la con ce pción met afísica del todo re- do reproduciendo y ha de sa rrollad o sus fu erzas única-
conciliado-de lo qu e es dechado de todas la s cont ra- mente a t ravés de la escis ión en los in tereses, m u tu a-
dicciones- apoyándose en el modelo de la sociedad m ente opuest os, de quienes di sponen y de quienes pro-
escindid a y, sin embargo, una (verdaderame nte, mo delo ducen; y Hegel preservó la mirada de todo sentim en-
de la so ciedad); pues Hegel n o se da por satisfecho con talismo, todo romanticismo y todo es tanc a mient o del
el conce p to general de una realidad antagonística, por pe n sa mie nto y la realidad en niveles pasados: o bien
ejemplo, con la noción de la po laridad or igina r ia del la totalidad se encu entra consigo misma reconciliándo-
ser: antes bien , en su salida crí tica de lo más cercano, se (esto es, elimina la p ropia contradíctoriedad salven-

" Hegel, WW 8, pág. 173. ,., WW 16, pág. 309.

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tanda sus contradicciones). co n lo q ue d ejaría de se r era, se det uvo ante ta l límite, porque no vio más allá
totalidad. o la antigua fal sedad continúa has ta dar en de él ninguna fuerza históri ca real: no pudo dominar
ca tás trofe. (El co njunto d e la socied ad, en cuanto co n- la cont ra dicción entre su d ialéctica y su experiencia, y
tradic to rio, se saca fuera de sí mísmo.) El princip io aque l critico para con lo a firma tivo únicamente dis imu-
goethi ano-m efistofélico segú n el cual tod o lo que nac e ló 'tal contradicción .
merece sucumbir dice. en el caso de Hegel, que la ani- El nervio de la d ialéctica en cu an to mé todo es la
quilación de cada mie mbro individual vendría impues- negación determinada, y se basa en la experiencia de
ta a la ley del todo por la d esmembración misma, por la impot encia de la crítica mientras se mantenga en lo
la particularidad: . E I ind ividuo para si no correspcn- gene ra l (por ejemplo, mientras despache a l objeto c rt-
de a s u conc ep to; y esta limitación de su ser existente ticado subs umiéndolo d esde arriba ba jo un concepto,
es origen de su finitud y de su ocaso- A Asf, pues. el como mero representante suyo ): só lo es fmctifero el
individuo, en cuanto separa do, es culpable fren te a la pe nsamiento crítico que desata la fuerza alma cenada
justicia, fren te a la paz (que es taría libre de la presió n en su prop io ob je to, y la desata al m ismo tiempo a su
de l todo); mas puest o qu e los seres humanos individua- favor (haciéndo le encontrarse consigo mismo) y en con-
les quedan entregados a la lim itación, la ne cedad y la t ra suya (al recordarle que aún no es él mismo). Hegel
n~dería cuando no ati en den ca da un o más que a su n otó la es teri lid ad d e todo el llam ado t rabajo espir i-
propio p rovech o, y puest o que u na sociedad que sólo tua l que sabe man ejarse en la esfera de lo general sin
quede unida y viva m erced al momento univer sal de l ensuciarse con 10 específico . pero no se lam entó de
provecho particular se es trella com pletam ente co nt ra ella, sino qu e la volvió crítico-p roduc ti va; pues la dia-
la con secue ncia de sus motivos, tod o eJ10 no so n ma - léc tica expresa que el pe nsamiento filosó fico no es tá
neras metafóricas de hablar dialéc ticamente correspon- en su propia casa donde la tradición lo as en tara, do nde
dientes a en unciados simples sobre la realidad: su for- h a prosperado demasiado fácilmen te, en cierto mod o
mulación no coquetea meramente---como más tarde se insati sfecho con la du reza y la re sistencia del ente. sino
dice en un famoso pasa je de Marx--con Hege l, sino qu e que propiamente ha comenzado ju stamente allí don de
en cierto modo re traduce la filoso fía hegeliana a aque- ha abi erto a viva fuerza 10 que al pensar tradicional
llo que él había p roye ctado en el len guaje de lo abso- le parecía opaco, impenetrable. mera individuación.
luto. Y el que Hegel. medi ante una brusca ab solutiza- (A esto se refie re la proposici ón d ialéctica de que • ... lo
ció" de una categoría (la de Estado), intenumpiese en real es , simplemen te, una identidad de lo universal y
la Filosofía del derecho semejan tes pensamientos, como lo particular. 19.) Sin embargo, este desp lazamiento no
si la d ialéctica se hor ro ri zase de sí mism a. es t ri ba en hará qu e la filosofía, en cuanto r esultado de sus es-
que su expe rie ncia se cerc ioró del límite de la socie- fu erzos, involu cione a comprobación de un ser existen-
dad bu rguesa que yace dentro de su propia ten den cia. te desvinculado y, al fin y a la pos tre. otra vez a un
y en que él, sin embargo, como ideali st a burgués que positivismo. Cier tamente, en la divi nización de l decha-

,. WW 8, p ág. 423. " WW 1, pág. 527.

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do d e lo que hay impe ra sec re tament e en Hegel un se enciende al contacto de lo s ext remos . El co ncep to
impulso positi vist a; pero la fuerza que excluye del co- hegeliano de dialéctica rec ibe j ustame nte s u tem pe ra -
noc imie n to al individ uo singular determi na do es sie m- tura específi ca y se d ist ingue de tri vialidades de filo-
p re la de la insuficiencia de su mera sing ula ridad: lo sofía de la vida co mo las de Dilthey merced al brío
qu e hay es siempre más qu e ello mismo ; y en la me- del movimiento a través de ext remos : el de sarrollo
d ida en q ue el tod o act úe en el microcosm os del indio como d iscontinuidad. Pero es ta última brota de la ex-
viduo singular podrá habla rse con razón de una repo- periencia de la sociedad antagonís tica . no de un esq ue-
sición de Leibniz en Heg el. po r decididamente que se ma mental meramente inventado: la historia de la edad
enf re n te és te. por lo demás. co n el caráct er abstracto del mundo irre conciliada no puede ser una de desarro-
de la m ónada . Por exp lica r esto valiéndose de una expe- llo armón ico (lo ún ico q ue ella hace al respecto es
rien cia esp iritual no refleja: todo el que no qui era en- ideología, que nie ga s u carácter a ntagonls tico ); y las
volver una cosa con categor ías , sino conocer la a ella cont radicciones, qu e constit uye n su verdad era y única
mi sma, tendrá , sin duda, que ent regarse premeditada- on to logía, so n al mismo tiempo la ley forma l de esa
mente a ella sin reservas. a l descubierto ; pe ro só lo hist oria que, a s u vez. progresa excl us iva me nte en la
logrará tal cosa cuando en él mi smo (en cuan to teo r ía) contradicción y con Indecib les dolores. Hegel h abía d i.
aguarde ya el potencial para aquel sabe r que se actua- cho d e ella que era un ara >, de modo que, pese a todo
lizará a l hundirse en el objeto; y así es como describe su optimismo hi st óri co tantísimas veces sacado a la
la dialéctica hegeliana , con autoconciencia filosófica , la luz (y a l que Sch openhauer llamó infame) , la fibra de
vía de todo pensamiento productivo, que no se limite la filoso fía h egeliana-la concie ncia de q ue todo en te,
a calcar o a repeti r (por lo dem ás, le permanece oculta al encon trars e a sí mismo, se dej a a la vez en suspenso
a ese mi smo pen samiento; y cas i le gustaria a uno creer, y perece-no se enc ue nt ra, en modo alguno, tan lej os
con Hegel. que le tiene que estar oculta para q ue pu e- del schopenhaueríano pen samient o d el uno como d ice
da ser productivo). Pero no es una teoría inducida ni la hi storia oficial de la filosofía, repitiendo las invecti vas'
un a de la que hubiera que sac a r cons ecue ncias deduc- de Schopenhauer.
tivamen te. Lo que suele choca r más al lect or ingenuo La doctrina hegeliana segú n la cual sólo como ..ne-
de la Fenom enología del espíritu, la impetuosidad de gaci ón determinada s llega el pen sami ento a algo que
los rel ámpagos que sa lt an entre las idea s es peculativas convenga con la gravedad de su ob jeto, se puso, indu-
más elevad as y la experienci a p olítica ac tua l de la Re- dablement e, en luga r de disp arar sin tardanza por en-
volución fr a ncesa y de los tiempos napoleónicos, es lo ci ma de él, al serv icio del aspecto ap ologético , de la
p ropiamente dialéctico ; p ues refiere en cada caso en sí jus tifica ción del en te: pues el pensamien to que sólo
mismo el concep to universal, y el aconcep tu al 'tci ~ a 'ti . llega a convertirse en verdad al asumir en teramente en
(como acaso ya hacía Aris tóteles con la :t"ptil'n¡ ')~:Jia ) , a
opues to , en una especie de explosión perm anente que
· cr. WW 11 , pág. 49; ed, cnr. (Die V ernunf t ...J. pág. 80
(v. cas t., t. I , p ág. 64 (ed . de la Rev. de Occ.) . y pág. 6() (ed. de
• Que p odrl a tr adu cirse por «esto (que h ay aquí )». (N . del T.) Anaconda)).

110 111
sí lo que se le oponga sucu mbe siemp re , asimismo , a am ericano de los últimos años cuarenta o de los cin-
la tent ación d e exp lica r, justame nte por ello , lo m ism o cuen ta , y no del decenio sigu iente a la p rimera gue-
que se le oponga como pensamiento. idea o verdad . rra ... Ahora bien : podría decirse que tal es la legiti ma
Georg Luk ács h a cita do incl uso recientement e 31 aquella libertad de la creación , y q ue el requ isito de veraci-
teoría de Hegel no sólo par a dü amar la literatura que dad cron ológica no p asa de ser subalterno. incIuso
se aparte de la r ealidad emp írica , sin o, yendo más allá cuando se trate de acribia en la pintura de seres hu-
de ello, para refrescar de nu evo un a de las tesis hege- manos. Pero dudo que esto posea verdaderam en te toda
lian as más d iscutibles, la d e la racionalida d de lo real. la fu erza de un argumento que se quiera imponer co mo
De acuerdo con la d istinció n entre la pos ib ilidad ab s- ob~io: pues si la ob ra se t raslada a mil no vecien tos
tracta y la real, sólo seria p rop iam ent e posible lo que veíntltamos, tras la pri mera guerra, y no t ra s la se-
haya llegado a sucede r realmente; filosof ía, ésta , que gunda, hay excelente s razones para ello (l a má s sólida
ma rcha un ida a los bat allones má s fu er tes, ya qu e se es que no podríamos im aginarn os hoy una existencia
apropia la sentencia d ictada p or un a realidad que en- como la de la señor a van Tüm mler ; y en un es trato
ti erra bajo sí una y otra vez lo que podría ser de ot ro más profundo desempeña un papel, sin duda, el empe-
modo. Sin embargo, to mar partido precisam ente ' con ño por di st anciar lo cercano, por trasponerlo en pa-
respecto a eso no es hacerlo en virtud de me ros sen- sado: en aquel pasado con cuya especial pátina tiene
timientos; pues una oc upación in sistente con Hegel en- ta m bién que ver Krull " ). En cu alquier caso, sin em-
seña que en su filosofl a--como, por lo dem ás, en toda bargo, semejan te t ransposición de fechas conlleva un a
que lo sea grande-no se puede escoger lo qu e a u no especie d e compromiso, en forma parecid a a como su-
se le aco mode y rechazar lo que le sea enfad os o; y es cede con el primer compás de un a ob ra musical. de
es ta somb ría necesidad, no idea l de comp let ud alguno , cuyo d eside r átum ya no se desem baraz a uno hast a lle-
lo que engendra la seriedad y susrancíalídd d de la pre- gar el úJlimo so nido . que p rod uce el equilib rio: no me
·tensión sis tem ática de Hegel : su verdad se h inca en refiero a un comprom iso de fidelidad exterior al «color
el escándalo, no en lo p lau sible. De ahí que salvar a de épocas, sino al de que las imág ene s conju ra das po r
Hegel- y no es re novación. sino mera sa lvación, lo que la obra de arte brillen también como imágenes hi st óri-
es deb ido co n respecto a él-quiera decir present arse ca s (compromiso, desde luego. qu e sólo difícilmen te
a su filosofía allí donde duela más, arrebata rle la ver- pued e quedar dispensado po r motivos es t étt co-ínma-
dad allí donde sea manífiesta su falsed ad. Citemos lo Dentes de aquel otro, exterior). Asf, pues, supues to que
que sigue de un a ca rta sobre la tardía novela corta de no me equivoque . se lropieza co n la paradój ica sit ua-
Thoma s Mann Los engañados. de 1954: «Si no me eq ui- ción de que el conjuro de tales imágenes-o sea, lo
voco, la figu ra de Kcn ti en e to dos los signos de un propiamente mágico de l ob jete artístico-se logra tan-
to más perfectamente cua nto más au tén ticas sea n las
••ef. Gerg Luk ács : Wjller den m issverstan denell Realismus,
Hamburgo, 1958; y sobre es te punto, Thecd or W. Adorno : eEr-
presste Versohnunge, en Noten zur Lit eratur 1/ , Frunkfur t • Personaje cent ra l de la novela de Mann que lleva su nom-
[Su hrk amp}, 1961 , págs. 152 ss. bre. (N. del r.)

112 11l
8
realidades; y cas i podría creerse que la pe ne t ración de la filosofía de Hegel en las que-como e n la filosofía
s ubjetiva no cont rasta s im plemente con el requisito de de la historia y, especialmente, en el «Pró logos de la
realismo, como querrían hace m os creer nues tras for- Filosofía del d erecho-parece dar razón , resignada o
mación cultural e historia (requisito que e n cier to sen- ta imada mente, a la realidad y se mofa de los reforma-
tido resue na a través de toda la oeuvre de Thomas dores del mundo . Por lo demá s, so n los elementos más
Mann), sino que se alcanzarla t ant o mejor la es piri tu a- reaccionarios de Hegel, en mod o algu no los lib eral-pro-
lización , el mundo de la imago, cuanto con mayor pre- gresivos, los qu e han prep arado el t er reno a la p oste-
cisión se atuviese uno a lo hi stórico, incluso en los t ipos r ior critica socialista del u top ismo abstracto (para lue-
humanos. Di por primera vez en estas ext raviadas re- go, indudab lemente, proporcion a r una vez más, en la
flexion es con Proust , q ue en esta región reacciona ba hi st oria del socialismo, prete xtos para re novadas repre-
con la exactitud propia d e su idi osin crasia; y con Los siones, cuyo ejem plo más drá st ico es la difa mación,
engañado s me han importunado de nuevo. En es te in s- actualmente sólita en el ca mpo oriental, de todo pensa-
tante se me ocurre q ue mediante esa especie de preci- miento que se eleve sob re la testa ru da inmediatez que
sión habría que exp iar algo de l p ecado que labora en all í se persigue ba jo el concept o de praxis>. Só lo que no
toda ficció n artística : como si tuviera qu e curarse de debería ca r gársele a Hegel con la culpa cua ndo se mal-
sí mis ma a t ra vés de l medio de la fant así a e xact as v. empleen sus motivos p a ra ec harle un capote ideol ó-
Algo se mejante se oc ulta tr as de aque l teorema de He- gico al horror ininterrum pido ; p ue s la ver dad d ialéc-
gel; ahora b ien: en la obra de arte, que se diferencia t ica se expone a semejante malempleo : es de esencia
de t odo lo meramen te exis te nte po r virtud de su ley frági l.
formal, el cumplimie nto de ésta, la propia esenc ia li- Sin e mbargo , no debe negarse la fa lsedad de la jus-
dad , la «posibilldad » e n sen tido enfático, depende de tificación por Hege l del e nte, f re nte a la cual se rebeló
la medida de realidad que lleve e n s í, por refund ida e n s u t iempo la izquierda hegeliana y que e n el ínterin
y e n variadas configuraciones que lo haga; y también ha c recido hasta el absurdo. La doctrina de la raciona-
el pensamiento, q ue mantiene contra la realidad la po- Iidad de lo real parece op on e rse a la e xpe ri encia de la
sibilida d supe rada una y otra vez, meramente la retie ne re~lidad ( e in cluso a la de su lla mada te ndencia gene-
cuando enti ende a la posibilidad, desde el punto de ral) más que ninguna otra de sus doctrinas; sin em-
vista de su realización , como de la realidad: como aque- ba rgo, es una y la misma cosa que el idealismo hege-
llo confonne a lo cual la posibilidad misma, por débil- liano. Pues una filosofía en la que, como resultado de
mente que sea, extiende s us tentáculos, y no como un s u movimiento y del de su conjunto, se disue lva t odo
«hubie ra s ido tan he rmoso s, cuyo so nido se hace a n ti- en el espír itu, y que, por lo tanto, a nuncie en lo gra nde
cipadamente al fracaso . aquella id entidad entre su jeto y objeto c uya no iden-
Ta l es la sus t ancia verttatíva misma de las regiones t idad en lo singular es su inspiradora, se meja nte filo-
sofía tomará partida apologéticamente por el ente , qu e,
.. Theodor W. Adorno : ",Aus einen Brief ü ber die 'Betroeene' desde luego, ha de ser uno y lo mismo que el espíritu.
an Thomas Mann-, en Ak.¡;ente, 1955, fascículo J, págs. 284 ss. Pero al queda r de smentida por la realidad la tesis de

114 as
la ra cionali dad de lo real, la concepción de la filosofía est ipula u na co ncordancia sin fisuras del co nocim iento
de la iden ti dad se derrumba filosóficamente: de igual (que tiene algo de fantasmagorí a m ülcaj: y a partó con
modo que la diferencia entre suj eto y objeto ha st a el el pensam iento la diferencia entre 10 condicionado y lo
mo mento no ha quedado allanada en la experiencia de a bsoluto, o torgando a aquello la a pariencia de incon-
la realidad, tampoco se la puede borrar en la teoría. dicionado (con 10 cual, en definitiva , trató contra todo \
Mas s i b ien, fr en te a la tens ión del es p íritu, que en la derecho a la experiencia de que se aliment aba). Mas
concepción de 10 rea l jamás se muest ra más poderoso la fu erza cog nosci tiva de su filosofía desapa rece junta-
qu e con Hegel, la h ist oria de la filosofía t ra s él se nos me nte con los dere ch os de la experi encia en ella ; y la
presenta co mo d ebilitamiento y re si gnación de la fuer- pretensión de hacer sa ltar lo particular valié ndose de l
za conci pien te y constructiva , el proceso que con ello todo se co nvierte en ilegítima, puesto que seme jante
se ha producido es irreversib le; y no deb en hacerse los todo, a su vez, no es--como lo quiere la famosa fr ase
cargos únicamente a u na falta de ali en to espiri tual y de la Fenomenotogia-us: verdad (ya que la ac titud afir-
de memoria, ni a una ingenuidad por desdicha resu ci- mativa y cierta de si misma con respec to a dic ho todo,
tada: en é l obra, de mod o perfecta y a te r ra dora me n te como s i lo tuv iera uno segu ro, es fictici a ).
hegeli ano, algo de la lógica d e la cosa misma. Con He- No es posible s uavizar esta critica, pero ni siqu iera
gel se acred ita, as í, aquel filosofema segú n el cual a 10 ella debería proceder sumariamente con Hegel: hasta
q ue su cumbe se le ha ce s u propia j usticia (co mo pe n- cuando hiere en el rost ro a la expe riencia (incluso la
sador protoburgu és [ u r bürgerlicher] está su jeto a la que motiva su propia filosofía ), sc le oye hablar a clla
protourbana [urbürgerlicher] sent encia d e Ana ximan- en él. Pu es, por m ás qu e aque l su jeto-o bjeto hacia el
dro ): la razón se vuelve impotente para concebir lo que se desarrolla su filosofía no sea siste ma alguno del
real no meramente debido a su propia impotencia, sino es píri t u a bs olu to reconciliado, el espíritu experiencia
porque lo real no es la razón . El proceso ent re Kant el mundo co mo s is te ma ; nombre que acierta co n la
y Hegel, en el qu e las argumentacion es contunde nt es inexorable re unión en un todo dc todos los momentos
tenían la últ ima palabra, no ha te rminado a ún (acaso y actos parciales d e la sociedad burguesa, merced. al
porque lo cont unde nte, el supremo pod er te de la mis- princip io del interc ambio, co n más exactitud qu e otros
ma estrict ez lógica , es una fa lsedad fr ente a las fisuras más ir racional es, co mo el de vida, pe se a que ést e co n-
kantianas); en efecto, a unque Hege l merced a su crí- venga mejor a la irracionalidad del mundo, a su írre-
tica de Kant, amplió grandiosa ment e la filosofía crític a eonc ilia bilidad con los intereses racional es de una hu-
por encima del campo formal. a una co n ello escamo- manidad consciente de si misma . Só lo que la razón de
teó, al hacerlo, el momento crítico sup remo: la crítica tal reunión en una t otalidad es, a s u vez, sinrazón, la
de la totalidad , de lo infinilo da do como término de to talidad de lo negativo; y «el t od o es lo falso», no so--
tod o; as í, pues, a partó de delant e autocrá ticamente lamente porque la misma tesis de la totalidad es la
aquel b loque-irresoluble para la conciencia---cuya ex- falsed ad, el principio de dominación infl ad o hast a con-
pe riencia fue la más profunda que tuvo la filosofía tras- ver t irl o en absolu to: la idea de u na positividad que
cen de ntal kantian a, b loq ue gracias a cuyas fisu ras se crea subyugar todo lo que se le oponga gracias a la

116 117
prep oten te coercson del espír itu concipient e des figu ra,
SKOTEINOS '
volviéndola de la ot ra ma no. la experienc ia de la pre-
potente coe rción ínsi ta en tod o en te por virtud de su O CÓMO HABRIA DE LEERSE
reunión bajo el Poder. Tal es la verdad que hay en la
fal sedad hegeliana ; y la fu erza del todo que ella movi-
liza no es una mera fantasia del espíritu, sino la de
aque l cegador conjunto en el que todo lo singu lar per- Nada tengo sino un susu rro.
RUDOLF B ORC H ARDT.
manece sujeto. Pero la filosofía, al de terminar, co ntra
Hegel, la negatividad del todo, cu mp le por últ ima vez
el pos tu lado de la negación determ ina da (q ue se ria la
posición); y el destello que da a co nocer en tod os s us Las resist encias qu e las grandes ob ras sis temáticas
mome n tos a l todo como lo fal so no es otro que el de de Hegel, especia lme nte la Ciencia de la lógica, opone n
la u topía , la de la verdad to tal, qu e tod avía seria lo a la comp re nsión son cua litativamente distin tas de las
primero a reali zar. que acompa ña n a ot ros tex to s ma lfamados. Pues la t ao
rea no co ns is te simplem ente en h acer se con u n signi-
ficad o que sin lugar a dudas se en cuen tre en el texto,
va liéndose de una ate nción exacta a éste y de cierto
esfue rzo m en tal, sino que en m uchos pasaj es el sen -
tido mismo es incier to, y hast a e l mom ento ni ngún arte
hermen éutica lo ha es tableci do incu esn ona blemente (si n
lo cua l no existen filología hegeliana ni critica text ua l
suficie nte alguna). Por lo demás, las ti ra das de Se ho-
pen hau er con tra tal supues to galimatías, con toda su
mezquindad y rencor. y siqu iera fuese negativament e,
den otaban (como el nido frente a los nuevos [ e invi si-
bies) vestidos del rey ) una rel ación con la cuesti ón ,
ante la que se echaban a un lad o el re sp eto educado
y el miedo a ponerse en ridfculo. En el terreno de la
gra n filosoffa, Hegel es , ciertam ent e, el único co n el
cua l de vez en cuando no se sabe, ni se puede averiguar
d e forma concluyente, de qué se es tá hablando, en de-
fin itiva, y co n el cual no está garantizada ni siquiera

* Adjet ivo grieg o qu e sign ifica <oscuro . ten ebr oso, inin tcligi-
b le». IN. del T. )

118 11 9
la posibilidad de se mejan te averiguación. Mencionemos dim iento razonador , que es el mediodía de la vida. pue-
sólo. entre los casos de principio. la di ferencia entre den encontrarse ambos » 1, Sólo la fanta sía ingeniosa y
las categorías de razón o fundamento y de causalidad precisa de un participante apasionado en un se mina ri o
que aparece en el libro seg undo de la gran Lógica; y h ará que se encienda s in violencia la lu z de la última
como detalle, veamos un par de proposiciones de l p ri- frase (que rivaliza con la prosa más expuesta de H ñl-
mer capítulo d e es te mismo libro: «E l devenir de la de..Iin , procedente de aquello s mi smos a ños): la de que
esencia. su movimiento re flejador, es . por lo tanto. el la «noche de la me ra reflexión » es la noche para la me ra
movimiento de la nada a la nada, Y. por' ello, a sí mis- reflexión, mientras qu e la vida , a la qu e se vinc ula con
m a: el tra nsit o o devenir se deja en sus pe nso en ~u el m edi od ía, es la espe cu lación; pues el concepto hege-
propio t ran sitar. pues lo otro, lo que deviene en se me- lian o de és ta no s ignifica otra cosa (una vez despojado
jante t rá nsito. no es el no se r de un ser. sino la na da de su reve s t imiento terminológico) que la vida de nue-
de una nada ; y es to, se r la negación de una nada , es vo, const ruida haci a ad entro l ; y a llí se herman an una
lo que const ituye el ser. El ser existe sola mente e n con o tra la filoso fía es pec utatíva (i ncl u so la de Scho-
cuanto mov imiento de la nada a la nada. por lo c ua l penhauer) y la música. Es te lug a r se hace in te r pre ta b le
es la esencia : mas ésta no ti ene en sí tal movimi ento, conoc iendo el registro com ple to hegeli a no . e n especial
sino que es. en cuanto el aparecer absoluto mi sm o, la la construcción concep tual del capítu lo, pero no pa r-
pura negatividad. que no tiene nada fuera de ella a lo tiendo únicamente del texto de l párrafo; y a quien se
cual nega r, sino que ú nicamente niega a su m ismo ne- enca rnice con ést e y lu ego. dese nga ñado , rehúse ocu-
gat ivo. q ue sólo existe e n est e negar» t. Pero ya en el pa rse de Hegel. por se r tan a bisal. difícilmente po drá
Hegel te m prano hay algo a nálogo, incluso e n el tra bajo contesté rs e te con mucho más que lo e nderezado a lo
sobre Lo. diferencia ... • qu e es so bremanera t ra nspa ren- universa l, de cuya insuficienc ia re p ro chaba Hegel mi s-
te como programa; pues el fina l de la secci ón sob re las mo en aque l t rabajo al entendi m iento me ramente rene-
relaciones e ntre la es pe cula ción y el sentido com ún jador . Pero no hay que deslizarse por e nci ma de los
re za asl: _Si bi en al se n tido común sólo se le aparece pasaj es en los que queda e n el ai re, indccisamente, de
el lado a niqu ilador de la especulación , ta l aniquilar no qu é se tra te. sino que hab ri a que deriva r s u estructura
se le a pa rece e n toda s u extensión : s i pud iera a prehen- de la s us ta ncia de la filosofia hegel ia na ; pues a ella va
der ésta no tomaria a aquélla por su adversaria. ya que asociado el carácter de eso que es té en el aire. de acuer-
la es peculación . en su sup re ma síntesis de lo cons cie n- d o con la doc trina de que no es posible asir la verdad
t e y lo inconscien te. exige también la an iquilación de en ninguna tes is s ingu la r, en ningún enunciado po sltt-
la conciencia misma. y la razón hunde así su re flejar la va limitado. La fonna he geli ana concuerda con tal inten-
id ent idad absoluta . su saber y a s i misma e n su propio ción : nada puede e ntende rse aislado. tod o únicamen te
abismo ; y e n tal noc he de la me ra reflexión y del ente n- en conjunto (con el dolor que. una vez más. el conjunto

'Hegel, WW 4, pág . 493 red . cr tt.. t. 11, p ágs. 134; v. cast o t. 11, • WW 1, p ág. 60 [Dif f ere'l Z..., ed . cír., p ág. 251.
pág. 22]. ' ef.
el texto, pág. 74.

120 121
,
(

ti ene únicamente e n sus mo mentos si ngulares) ; dupli- su resultado ha n de se r (la cons trucció n de l su jeto-
cida d de la dial éct ica que, verda deramen te , se le escap a ob je to , aq ue l mos trar que la ver dad es ese ncialmen te
a la expos ició n lite raria , ya que ésta es n ecesariamen te su je to ); y las ca tegor ías del se r se r ía n ya e n sí lo que
finita, e n cua nto que den ote un ívocamente algo unívo- la doc tr ina del concepto, como su en y para sí, acaba
co ; y po r eso es menes ter concederle en Hegel ta nta po r desc ubrir. En el ..Sis tema » (la gran Enciclopedia )
venta ja. ( E l hec ho de que. por princip io. no p ueda ha- se expresa es to con la má xima fra nqueza : - La finitud
ce r efect iva de un golpe la unid ad del todo y de sus del fin co ns iste en que. en su realizaci ón , el ma teri al
pa rt es se convie r te en s u flaqueza.) Si bien se convenc e u tilizado para ello co mo medio sólo se le subs ume y se
de su p ropia inad ecuación con respecto a la ñlosoñ a le adec úa ex teriormente. Ahora b ien: de h ec ho. el ob-
hegelia na a toda frase ind~vidual de ésta. la forma ex- jeto en sí es el concepto, y puest o que aqué l. como fin.
pre sa este hec ho al no ser capaz de cap tar de mod o p le- se realiza en ést e. este últ imo es sólo Ja m a nifestación
namen te adec uado co ntenido algu no-en caso contra- de su propio in t eri or ; y la ob jetividad es . por lo tanto,
rio se verí a lib re de la miseria y fali bilidad de lo s con- algo así como una cáscara bajo la que el concepto ya-
ceptos q ue di ga su con tenido-; por lo cual la compren- cena oculto. En 10 finito no podemos presenciar ni ver
sión de H egel se fragmenta en momentos mutuamente si verdaderamente se alcanza el fin; en c ua nto al cum-
medi ados y qu e, sin embargo, se contradi cen. H egel se plimiento del fin infinito, únicamente es preci so de jar
resiste a quien no esté fam iliarizado con su inten ción en sus penso el engaño de que no se haya cumplid o aún:
total . qu e ha de Infer tr se. ante todo , de su c ri t ica de la el bien. el bien a bsoluto. se cons uma etername nte e n
filosofía pasa da y d e la de su propia época: ha de te- el mundo, y el resultado es que se cu m p le ya en y para
nerse presente, por p rovisionalmente que sea , tras d e sí, s in que necesite esperarno s a noso tros. Mas es te e n-
qué a nde en cada caso, y algo as¡ como desencapotarlo gaño es aquello en lo cual vivimos y. al mismo t iem po ,
hacia a trás. Hegel exige objetivamente, y no sólo pa ra lo único que actú a, en lo que es t riba el interés de l mun-
qu e el lec tor se ha bitúe a la cuestión. va rias lect uras; do : en s u pr oceso. la idea mi sma se vuelve es te enga-
mas. indudable me nt e, s i centramos todo en est o, se lo ño . opone otra cosa y su acción con s ist e e n de jar el
puede fal sea r un a vez más: entonces se p roduce con engaño en s usp enso: la ve rdad sólo brot a de este e rror.
facil idad lo que hast a la fec ha h a sido m ás perjudi cia l y en ello se enc ue n tra la recon ci liaci ón con el erro r y
pa ra la inte rpre taci ón, es to es, una conci encia vacía del con la finitud . El se r otra cosa o error. en cua nto pue s-
sis te ma; la c ua l es incompatible con que fr ente a sus to en suspe ns o, es, a su vez, un mo mento necesario de
momen tos no se forme ningún su mo concepto a bs trac- la ver dad, que sólo existe al volverse en s u prop io re-
to, sino que sólo pasan do por sus mo mentos concre tos su ltado » 4. Esto sir ve pa ra con trapear aque l puro entre-
se alca nce su verdad . garse a la cosa y sus mom entos al que s e confía la
Ha y algo esencial en H egel mi sm o que indu ce a com- «In tr odu cci ón » de la Fenomenol ogía: el com por tamien-
p ren derl e in suficientemen te , de un punto sumo haci a to no será tan con cret o como ésta querría, pues los
abajo; p ues, de acuerdo con su propia do ctrina. t od o
paso dial éc tico presu pon e ya, de hech o. lo que el todo y • Hegel WW 8, § 212, Adición , pá g. 422.

122 123
mo men tos aislados sólo llevan más allá y por enci ma sabedo r de sí m ismo y real. siend o la obje tivació n de
de sí mismos porque se ha meditad o de an temano en sí mis mo, el m ovim iento a t ravés de la forma de su s
la identidad del sujeto y del objeto; y la primacía ab s- mo men tos. De ahí qu e sea : A) el espí ritu in medi ata
tracta del todo quebranta una y otra vez la pe rtinen cia o natu ra lmente ético, la familia ; es ta substancialid ad
de los análisis singu lares. Sin emb argo, la mayoría de llega a la pérdida de su un idad . a la desavenencia y al
los co me nta ri os (inclu so el de McTagga rt S) falla n. al pun to de vista re ja üvízan te, con lo que es ; B ) la socie-
aba ndona rse a tal primado : toman la inten ción po r el dad burguesa (un enlace de miem bros en cuanto indi-
hecho y la orie ntación ent re las tenden cias directivas víduos singulare s aut ón om os, en una gene ra lida d, por
d el pensa miento por su rectitu d ; co n lo que se ría su- ende . fo rmal), la cual, me rce d a s us necesidades, alar-
perflua la ejecució n. Hegel mi smo no es tá Ubre , en denamíento jurídico como medi o de obtene r la seguri-
modo alguno, de tod a culpa por lo que se re fiere a tal dad de las personas y de la p ropi edad y a un orden
insuficiente procede r : sigue .la línea de mínima resis- exte r ior co n vis tas a sus intere ses par ticulares y comu-
tencia. pues sie mpre es más fáci l enco nt ra r el ca mino nes, que es el Estado exterio r; C ) se recoge y re ú ne en
en un pen sar como si fuese sobre u n mapa que perse- el fin y la rea lidad de lo universal substancial y d e la
guir su acierto en lo llevado a ca bo ; así. pues, a vece s vida p úbli camente cons agrada a ello: en la Constitu-
"dor mita el mis mo Hegel, se contenta con ind icaciones ción .. ' . (En lo que se re fiere al contenido, la configura-
formales, co n tesis de que algo es de tal modo, cuando ción del moment o d inámi co-dialéctico y el co nservado r-
lo que h abría que hacer sería hac erl o efectivo. Entre afirmativo debería co ndicionar-y no só lo en la Filoso-
las tarea s de una in terpreta ción debida. no ~ la menor t ía d el Derecho--aquel exceden te de rí gid a universali-
ni la más simple la de separar tales pasaj es de aq ue llos dad que ha y en todo lo devini ente y particular tanto
otros en los que realme nte se haya meditado. Induda- como ella es tá co ndicionada p or él; pues la lógica de
b lemente. comparado con Ka nt. en Hegel di sm inuyen Hege l no es meramente su m et afísi ca, sino as im ismo su
los eleme n tos es quem áticos; pero es fr ecuente que el política.) E l ar te de leerle te ndría que señala r cuándo
sistema ha ga marchar el programa de la pura co nte m- int roduce a lgo nuev o y con co ntenido y cuá ndo sigue
plación en un brillante desfile (co sa q ue era inevitable : anda ndo una máquina que no qu iere serlo y no debe r ía
S! no. ~ I todo se hubiera embro llad o sin es peranza ). segu ir haciéndolo. En tod o instan te habría qu e ten er
Oca sionalment e, y para oc ulta rlo , Hegel se afana con en cuen ta dos máximas aparen tement e incom patibles:
una ped ant eria q ue le va muy poco a quien juzga des- la de una inme rs ión minucio sa y la de u na distancia
pectivame n te sobre definiciones verbales y co sa s seme - má s libre; p ara 10 cual no fa lta ayu da , pues lo que el
jantes; así, en el trán sito de la sociedad burgu esa al sen tido común se imagina ser desva r íos es de liviano
E stado, según la Filosofía de l Derecho. leemos: «El momento en Hegel (inclus o para aqué l ); y a partir de
concepto de es ta idea exis te sólo como espír it u , como ello el sen tido común pued e ap roxima r se a él, con tal
de qu e no se lo impida el odio (qu e, por lo demá s, He-
t Cf, J. E. M. McTaggar t: A Com m en tary on lJegel's Logic,
Cambridge, 1931. ' Hegel, WW 7, § 157, págs. 236-7 red . crtt., p ágs. 148-91 ·

124 125
ge l mi smo d iagnosticó en el trabajo sobre La dii eren- se tratan m ás a fondo los cartes ia no s conce p tos de la
cía... 7 c o mo a lgo in nato en tal sentidol . Asf. hasta los cl ari da d y di stinción (q ue todavía en Ka n t va n empa-
ca pit u la s críptico s proporciona n frases-como la s que r ejados) : «I nclus o m uc hí simas perso nas no pe rciben
se e nc ue nt ra n e n la elucidació n de la a parie ncia-que en toda su vida na da suficien tem ente b ien pa ra pode r
e xp resan de modo com p lementa rio que e stá m entan do em it ir u n juicio cie r to so br e ello; p ues el conocimiento
pol émicamente el ide alism o su b jetivo y el Ien omenis - t perc ept ío¡ s ob r e el que pueda a sen ta r un juici o cie r to
mo : «la apa ri en cia » sería «e l fenómeno del escep ticis- e indubit abl e no só lo se requier e que s ea c la ro , s ino
m o; y t ambi én e s el aparec er fenoménico del idealismo también di stin to. Llamo cla ro a l q ue le sea pre se nte y
aque lla inmedia tez q ue no e s nada ni cosa a lguna. n i, ma n ifie s to a un espíri tu atento, de igua l m anera q ue
e n ge neral, un se r in d iferente que se halla se fuera de decimos que vemos clarame n te las cosa s q ue. es ta nd o
su det erminación y r efe r enci a a l su jet o .. .• l . p re se ntes a lojo q ue mi ra . lo muevan lo basta nt e fuerte
/Q"ui e n se re tra iga an te las co nsidera cio nes efect úa- y m anifies tamente ; y d isti nto a l que, s u pon ie nd o que
{- d a s por He gel sobre su co nce pción to ta l, y sus ti tuya sea cla ro. es té ta n se pa ra d o de to dos los demás y sea
la transpar encia de lo s ing ular por la det erminación tan p reci so ( seiu nCla el praeci sa ) q ue no e ncierre e n
del va lor de pos ici ón del det alle e n . e l sis te m a. habrá sí nada sino 10 que sea claro » 9. Ma s estas [ ra ses . cuya
r enunciado a e nte nder e strictam ent e, habrá ca pitula do : fe rtilidad hi stórica ha sid o extrema . no son gnoseolo-
He gel no t endrí a que ser en te nd ido es t r ic ta m ente. Allí gic am ente tan aprob lem áticas, en m od o a lgu no, co mo
dond e se lo rechaza e xpre sa mente-ante todo e n e l querría el se n tido co m ún . tanto ho y como ento nces :
posit ivismo-apenas se lo a bor da hoy; y en lu ga r de Descartes la s presenta co mo e s t ipulacio ne s te r mino ló-
ejercer una c r it ica se lo apa rta como ca r ente de sen- gica s {ecla ram voc o ilIam .. . pe rception em -). defmien do
t ido (expresió n que es una fo rma más e lega nte del ano la clarid a d y la di s tin ción con el fin de lograr un entc n-
ti guo r eproche de la fa lta de claridad): no valdr ía la d imi ento ; pero queda por re solve r q ue los conoci m ie n-
pena de desperd icia r e l ti empo en quien no sea capaz tos co mo tal es, de ac ue rdo con su pro pia índole , sa tis-
de expresar in equívocamente lo que quier a decir. Este
co ncep to de 'claridad , de manera parecida a l ansia de • Desca rt es : Die Prínzipicn der Philasophie, tr. y notas de
definiciones ver bal es, ha sobrevivido a la filo sofía en Artur Bu chen au, Hamb ur go, 1955; l.' par te, pág. 15 Cedo cr tt. de
la que su rgió e n otro ti empo, y se ha in dependizado la obra original (Princip io philosophiae¡ en la e dición co mpleta.
preparada por Adam y Tarmcry - Oeu vres de Descartes. 11 vots.,
de ella; mas a hora se lo retra slada de la s ciencias par-
París, le Cerf, 1897-1909 ( reím p r., 1951), t. VIII. 1905. p ágs. 21-2;
l icula r e s, que lo conser va n dogmáticament e, a la filo- puede verse la versión francesa ant igua, co rregida po r el mismo
so fía, que había hecho reflexión c ri t ica sobre él desde Desca rtes y que p resen ta a lgunas variant es con r espec to al text o
hace la rgo t iempo y q ue, por e llo. no lo complacía sin la tin o , en la có moda ed . de A. Bridoux: Desca rtes: O~uvre5 el
co nd icio nes . E n los Principia ( ph iloso phiae] es donde tettres, Par ís, GdUim drd ( _Bib l. de la Pléia de a), 1952. páS. 591;
vera, cas to en la trad. de M. de la Revilla de las Obtds filosófi-
cas de Descartes, Madrid y París, S. a., t. J, pág. 183, Y en la
1 WW 1. págs. S().7 (Diff ere"".... . ed. cit.• pág. 2Z] . de J. Izquierdo y Moya de Los principios de la filosu/fa, Ma·
I WW 4. pág. 488 (ed. crít., t. 11. pág. 9; v, cast., t. 11. pág. 17]. drld, Reus, 1925, pág. 44].

126 127
fagan o no a mbos cri te ri os (y ello, ciertamente, en ob- che de que jus tame nte al t ra ta r de la clari dad s e con-
se quio del mét od o) l0. La doctrina cartesiana se aho r ra tente Descartes con una m er a metáf or a (<<siCUb), que
la fen omenologia d e los actos cognoscitivos mismo s, necesa riamente ha de apar ta rse d e lo qu e ti ene que ex-
como s i hubiese qu e ma nej arlos de igual modo que una plicar y que, por consiguiente. se rá tod o men os clara:
axiomática matem át ica, sin te ner en cuenta su est ruc- él tuvo que ext raer el id eal de cl arid ad de la ce r teza
tura propia ; pero es te idea l matemático de termina a m- se ns ib le, a la que alude al hab lar del ojo ; mas, según
bas no r mas metodológicas incluso e n cua n to a su co n- es perfectamen te sa bido, su subs trato , el mundo se n-
tenido ; pu es Desearles no sa be e xp licarlas de otro modo s ib lc-espacial, es en Desc artes id é ntic o al objeto de la
que med iante una com pa ración con el mundo sensible geomet rí a, desnudo de toda dinámica, cuya insufi cien-
(. sie u t ea cia re a nobis vide ri dicim us, quae, oculo cia quedó madura merced a la doctri na lci bniziana de
in tue nt¡ praescnria, sa tis fortiter et aperte illum mo- u n cont inuo in finitesimal desde las nocione s oscuras Y
ven t a) 11. Ahora b ien : no pued e darse por bueno el he- confusa s hast a las cla ras; doct rina que Kan t adop tó
.. Toda historia filosófica de la claridad debería reflexionar frent e a Descartes: «La claridad no es. como di cen
sobre el hecho de que, de acuerdo con su origen, ésta era atri- los lógicos, la conciencia de u na represent ación (Var-
buto de la Deidad intuida y de su modo de aparecerse, el aura st ellzm g ) , ya que incluso en diversas representaciones
luminosa de la mística cristiana y judía; mas con la incesante oscuras ha de hallarse cierto grado de conciencia, que,
secularización se conviert e en algo metodológico, en el modo
sin em barg o, no basta para la evocació n : pu es caren tes
de conocimiento exaltado a absoluto; conocimiento al que bas-
tan sus reglas de juego, con independencia de dónde proceda de tod a conciencia no podríamos hacer diferencia algu-
ese ideal y a dónde vaya, e incluso del contenido : la claridad na al enlazar represen taci ones oscuras, cosa q ue. con
es la forma hipostasiada de una conciencia subjetiva suficiente tod o, somos capaces de h acer con Jos rasgos ca racte-
de alll:o en general. Pero se vuelve un fetiche para la concien-
rísticos de varios conceptos (como los de j ust ici a y
cia: su adecuación a los objetos les suprime a estos mismos,
finalmente, el sentido trascendente; la filosof!a ha de ser ünjce- equidad, y del m ú sic o cuando, impro visan do , toca s i-
mente, entonces, un -estoraarse por claridades últimas. , y la multán eamente varías notas); sino que es clara un a
palabra . I1ustración. habria de estampillar con su santo y seña re presentación cuya conciencia baste para t en e r con-
semejante evolución (indudablemente, su depotenciación va unt- ci encia de su diferencia con ot ras »: así, pues , ca rtesia-
da al hecho de que en el interin se haya extinguido el recuerdo
del modelo de claridad, la luz. Que su patetismo, con todo, si- namente s ería «dts ünta», sin que, pese a ello, quede
gue presuponiendo). El modernismo, paradójico empate de acti- ga rant izada su verdad, como sucedía en el DisCOllrs de
tud romántica y positivismo, como mirando hacia atrás ha la methoáe. y Kant con tinúa diciendo : «E n caso de
dado una fórmula del doble carácter de la claridad; pues un
que es to baste para la diferenciación , pero no para la
lema de Jacobsen reza asi : . La luz sobre los campos: tal es lo
que queremoe.s Y cuando Husserl maneja los eníveíes de cla- conciencia de la diferencia, habrá qu e lla ma r oscu ra
rtdade, está utilizando involuntariamente una metáfora tomada a la re presen tación . Así, pues, hay infinitos grados de
del tesoro del templo del modernismo, de la esfera sacra
profana.
u Descartes : Oeuv res red. de Adam y Tannery], t. JII: «Prtn- fragmento de la cita anterior de Descartes, cuya traducción, por
cipia philosuphiue». Par ís, 1905; pars prima, págs. 21-2 [es un consiguiente, aparece en el texto correspondiente a la nota 9].

128 129
,
/( '
\
conciencia , h ast a su extinción» 12: a él no se le ocurrió, el su je to se está quieto como una cá mara colocada so- _
como tampoco se le h abía ocurrido a Leibniz, desva- bre un trípode, s ino que, en virtud de su referencia a
lorizar todos esos grados salvo el supremo e ideal; pero un objeto que se mueve en sí, también él se mueve
éste es el que maneja el con cept o cientifico de conoci- (que es una de las doctrinas ce ntrales de la Fenome-
miento, como si fuese un en sí a nuestra disposición nología). Frente a est o, el modesto r equis it o de la cla-
en todo tiempo y a voluntad, y como si no se hubiese ridad y distinción se vuelve cabeza abajo; pues en me-
patentizado co mo hipóstasis en la era po stcarteslanc. dio de la dialéctica las categorías t radi cional es no per-
El id eal de claridad creerá cap az de conocimiento-e-ra- man ecen rígidamente intactas, sino que aquélla atra-
cionalísticarncnte, en sentido histórico de la palabra- vies a cada una de ell as y transforma su complexión
a lo que aderece su objeto a priori, como si hu biese inter na .
de ser es tático-matemático; pero la nor ma de claridad Pes e a lo cual , la praxis de l conocimiento, con la
t iene c omp l e t~_ va l ~ez _sQl() en caso _de suponerse que p rimitiva discrím'__nación entre claro y no claro, se afe-
aquel objeto mismo se a, a su vez, de tal género que le rra a un escantillón que solo conviene a un sujeto y un
p:, ~ita al sujeto para r mi entes fiJa me nte .en~~l, _~omo objeto estático ~; cosa que hace, ciertamente, llevada
suc:~de con la mirada y las figuras geométricas; y al de su diligente celo por el tejemaneje de las ciencias
sos tener est o en general se decide de antemano sobre particulares (dominado por la división del trabajo), que
el objeto, al cual, sin em ba r go, habría de acomodarse se proponen sin reflexión sus objetos y es fer as de ellos
el conocimiento (si --se entiende -del modo más sencillo y tipifican do gmáticamente la relación que ha de tener
~.!!:,!aeq ,!:atiQ e s~o l ás ti~y_c:~r.:t..e sian~ ) . Así, pues, só lo con ello s el conocimie nto. La claridad y la dis tinción
puede exigirse cl aridad a _ todo conocimiento c_2.~J:~1 de tienen como modelo una cósica con ciencia de co sas; y
que se conve nga en que la s cosas están p uras de toda de he cho, Descartes, enteramente dentro del esp ír itu de
dinámica-q u e: las s·ustrajese a la mirada u nívocamente su sistema, ha bla de la cosa de m an era ingenuo-realista
atenazadora; mas el d esider átum: de claridad se hace en un estudio a nterior de l ideal de claridad: «y habien-
doblemente cuestionable en cuanto se descubre el con- do observado que en esto de pienso, lu ego existo no
secue nte pensamiento de que aqu ello sobre lo que filo- hay nada en absoluto qu e me asegure qu e digo la ver-
sofa no sólo pa sa por el cognoscente como en un vehícu- dad, sa lvo el ver muy claramente qu e p ara p en sar es
lo, sino que se mueve en sí mismo, y qu e de es e modo m enester existir, juzgué que podía toma r como regla
se de sprende de la última semejanza con la res ext ensa general la de que todas la s cosas que con cebimos muy
cartesiana, con lo extenso es p acialmente; y correlativa- cIara y distintamente s on verdade ras, si bien hay algu-
mente con esta in telección se forma la de que tampoco nas di ficultades para percatarnos correcta mente de cuá-
le s son la s que concebimos distintamente » » . En la
" Kant : K ritik der reinen Vernunft, ed. de Raimund Schmidt,
2.· ed., Leipzig [Meiner ( <<Ph. B.», 37 a )], 1944 [hay relm pr. en " Descartes : Discours de la m éthode, t r. de Lüder Gabe ,
Hamburgo, a partir de 19571, pág. 398 b [nota ; cor responde a Hamburgo. Meiner, 1960; 4.' parte, pág. 55 [ed. de Adam y Tan-
B 415; vers o casto de Morente, t. 11, pá g. 289; id. de Perojo- nery, t. VIII, pág . 33; e d. de Bridoux, pág . 14B; vers o cast. : Dis-
Rovira Anm:n gol, t. 11, pág. 125]. curso del m ét odo, del que hay varias ed iciones ; la mejor es la

130 131
dificull ad q ue adv ie rte Descartes (la de percatarnos mero req uisito formal , sino una parte de la sus tancia
correctame n te de qué es lo que conceb imos CaD dís ün- t ra s de la que va la filosofía: es paradój ico este re qu í-
ció n) se ha ce sen t ir débilmen te el recuerdo de que en sito porque el lenguaje se malp re nde al proceso_d e _la
los ac tos cognosciti vos de l sujeto los objetos no se so- cosificación. En efecto : ya la sola forma de la cópu la,
met en sin más a tal pretensión; pues de otro modo, el _es_ , sigue de cerca a esa intención d e espetar cuya
su claridad y dist inción , su s atri bu tos verítat ívos, no correcció n le incumbiría a la filosofía ; y todo len guaje
podrían causar de nuevo dificu lt ades. Mas una vez que filosófico, en cuanto que va cont ra el lengu aje, traza
se concede que la claridad y la distinción no son me- desde la lín ea de partida s u p ropia imposibilidad . M~!
ro s carac teres de l esta do de co sa s dado, ni son ellas hab ría que contesta r _aJa aplazadora _actitud ~eg ú n la
mismas n ingún dato, no pued e segu ir juzgándose acer- cual el requis ito d e cla ridad no es válido al ins ta nte ni
ca de la d ign idad de los conoc imien tos de acuerdo con para lo ai slado, sino q ue volvería a su terreno a través
lo clara y unívoca, d istintamente que se p rese nt e ca da de l tod o (como el sist emático Hegel pod ía aún esperar,
uno de ellos ; y en cuanto la conciencia no se conciba sin, por lo demás, cump lir en teramente su p rom esa).
a sí mi sm a como fijada cósicamen te, como-por as í Verdad erame nte, la filosofía re húye aquel requisi to, si
decirlo-fotografiable, se cae n ecesariamen te en con- bien co n u na negación determinad a ; y ti ene que hacer
tradicción con la am bi ción cartesian a: la concienci a és ta cosa suya ín_cluso en la exposición : de ci r conc re-
cos ificada hace que los ob je tos se conge len en u n en tamente qué es lo que no puede decir, e intentar pon er
si, de sue r te que se en cuen tre n disponib les en cuanto en claro hasta los con fines inmanentes de la claridad .
para otro (para la ciencia y la praxis). Sin dud a, no Es mej or qu e hable de que decepci ona la expecta tiva
cabe desatender groseramen te al requisito de cla rida d de que en ca da ins ta nte d iese pleno cumplimien to a
si es que la filoso fía no ha de suc~mbir a la confusión todo concepto y tod a p roposición que emp lee, a q ue,
y des truir su propia posibilidad: 10 que hab ría de sal- conmocionada po r el éxito de las ciencias pa rticu la res,
var de él es la nece sidad de que la expresión acier te

lome pres ta da de ellas una norma ante la cual ha de
exa ctamente con la co sa expre sada inclu so cu ando ést a cae r en bancarrota (pues la filosoffa liene q"!.~~P!l~e
se encuen tre en co nflicto con el _~pecto _usual d e las de lo q~n.9.. t iene un p ues lo en u~orden preestableci -
co sas dadas claramen te. Con lo que también en eso cho- do de pen samiento s y obj etos--como se imaginaba la
caria la filosofía con una paradoja: la de expresar cla- ingen u idad del racionali smo-n..i-~_de cc!p}!.r~e de él
ra men te, no lo difícil, sino lo no claro y n o limpiamen te ~o mo si ru c:_~ s~ sis tema de coorde~adas). En la nor-
deli mitado de la co sificación, de ta l modo que resulten ma de la claridad se pa rapeta el antiguo realismo de
d ibu jados co n distinción m áxima los mome nto s qu e se cop ia de la critica del co noc im iento, sin p reocupa rse
le esca pen al rayo visual que mira fijamente, o qu e por sus propios efectos: sólo él per mite la cree ncia de
s~ , en general, inaccesibles. Pero es to no es ningú n que, sin d udas e incont rover tib lemente, cab ria obtener
una imagen de cua lquier objeto. Sin embargo, la filo-
bilin güe de la Univ ersidad de Puerto Rico (Madrid, Rev . de so fía tiene que reflexion ar sobre la obje ti vida d, la de-
Occ., 1954), pág. 33]. terminación y el cumpli miento tant o como sobre el len -

132 133
gua je y sus relaciones con las cosas; y en tanto se Raras veces se ha trazado teorí a alguna de la c lari-
esfuerce perman entement e por escapar a la cos ifica- da d filosófica 15: en vez de ello se emplea su co nce pto
ción de la conciencia y de las cuestiones, no podrá asen- como si fuese obvio; y con Hegel no se atrevió a hacer-
tir dócilmente a las reglas de juego de la conciencia se temática en ning ún lugar : a lo sumo, e contrario,
cos ifica da sin borrarse a sí m isma (por p oco que, por como donde defiende a Heráclito: «La oscuridad de
lo demás, para no degenerar en b albuceo, ose dej ar esta filos ofía reside principalmente en qu e en ella se
sim plemente d e t om ar en co nsideración tales reglas ). expresa u n pen samient o profu ndo , especula tivo; y éste
La se n te ncia de Wittgens tein «Acerca de lo que no se es siempre difícil y oscuro p ara el entendim iento (mien-
puede hablar es preciso callarse» 14, en la que repercute t ras qu e la matemática carece t otal m en t e de dificul-
el extremo del positivismo con el porte de la autenti- tad): el concepto, la idea , le es con traria al entendi-
cidad reverencial-autoritari a, y que ejerce, por ello, una
es pe cie de sugesti ón de masa s intelectual, es t otalmen- "Ciertamente, quien primero lo hizo fue la especulación me-
te ant ifilosófica: cabe definir la filoso fía-si es que es tañsica de Alfred North Whit eh ead en su libro Adven tures of
Ideas (Nu eva Yor k, 1932 [r eed iciún en rustica, Cambridge ,
posible hacerlo de algú n mo do-como el esfuerzo p or C. Univ. P ress , 1964}). Sólo podrí a h aber clari dad y d istinci ón
deci r algo de eso acerca de lo qu e no se puede hablar , cuando se suponga al «sujeto» r ígidamente idéntico con el
por cont ri buir a exp re sar lo no idén tico, a un cua ndo la «cognoscente», y al «obje to» con lo «conocido»: «No topic has
expre sión, sin embargo, siempre identifique. Hegel in- suítere á more from this tendcncv of philosophers /han their
account 01 /he obícct-sub iec t structure of experíence. In the
t en t ó hacerlo; y como jamás puede decírselo in med ia-
ií ret p lace, this structure has been. identiíied witñ the bare
tam ente, puesto que to do lo inmediato es falaz (y, por retation. 01 knO'wer to known. Th is su bject is the k nowen, t he
lo tanto, en la exp resión necesariamente no es claro), lo
dice en forma mediata inca nsablemente-no en úl timo
término a pel a por ello a la to talida d, por problemática
qu e sea-o La filosofía que, en no mb re de una capci os a
obiect is the known. Th us, w íth thís interpreta /ion, the ob ject-
sulriect retat íon is the known-knowcr rdatlan. J/ /hen follows
th at the more clearly any íns tunce 01 this reEation s fands out for
discrimi na/ion, file more safely w e can utitize ít ior the in terpre-
\
fa/ion al/he status of experience in the universe 01 things, Hence
lógica formal mate matizada a la que se acostu mbra, Descartes' appea l to clari/y and. assunctness» l eNo ha habido
reniega a priori de su prop io concep to, se enc uentra tema que haya padecido tanto po r efecto de esta tendencia de los
con que la razón misma supri me virtualm ent e lo que filósofos como su versión de la estruc tura objeto-subjetiva de la
ella quería (a lo cual es constitutivamente inhe rente la experienc ia . En pri mer lu gar, se ha ident ificado tal estructura
con las m eras re laciones de cognoscente a conocido: este sujeto
imposibilida d P0(i la cual Wittgens tein y sus segu ido-
es el cognoscente, el obje to es lo conocido . Así, p ues, con esta
res han he ch o un ta bú de la razón re fe re nte a la filo- in terpret ación , las relaciones entre objeto y sujeto son las que
soffa). hay en tre conocido y cognosce n te; de lo cual se sigue que cuan-
to m ás claramente se des taque ante la discrimi nación un ejem-
"Ludwig Wittgenstein: T rac/ atus [ogico-philosophic us , 7: en plo cual qu iera de ta les re laci ones , con tant a mayor seguridad
Sc hrifte n , Frankfurt , 1960, pág. 83 [ed . orig., Nueva Yo r k/Len- podre mos ut ilizarlo para interpretar la con dición de que goce
dres, Humanities Press/Rout ledge (muc has reímpr. a p art ir de la experiencia en cI universo de las cosas; y de ah í la ape la-
1922), p ágs. 188-9; verso ca st. de E. Tiern o Galván, Madr id, Rev. ción cartesiana a la claridad y distinción» (pág. 225; reed. cír.,
de Dcc., 1957, pág. 191} . p ág . 177)].

134 135
mie nte s-e-fren te a lo que sucede con la razón-, «éste esencias exactas " y el que sean o no cimen ta b les ab o
M

no puede aprehenderla s 16. La s tdeas de Husserl se ocu- solu tamente todas las esenci as aprehendibles en una
pan de es te desidenuum, si bien no conforme a su intuición real (y, con ello, asimis mo todos los compo-
letra textual, sino a su sentido : indudablemente , el nentes escnclales)» 20. En el parágrafo sigu ient e dis tin-
concepto que allí aparece de exactitud 118 de equipa- gue las ciencias descri ptivas d e la s exact as, y juzga así
rarse con el tradici on al de cl aridad. Husserl lo reserva sobre aquéllas: «L a vagu edad de los conc e ptos , o sea ,
para las mu ltiplicidades matemáticas defin idas " , y pre- la ci rcunst ancia de que posean esfe ras de ap licaci ón
gunta si se debería o podría cons tituir su propio mé to- flu idas, no es una mancha que haya que plantarles en-
do fenomenológico al modo de una - geome t rta de la ci ma: pues para la esfera cognoscit iva 'a la que sirve n
vivencia » 1': ..¿H emo s de buscar también aquí un siste- . son aquéllos s implemente in el udi bles, es to es, son los
ma axiomát ico definito y construir sobre él t eorí as de- ú nicos que en ella es tá n justificados. Cuando de lo que
ductivas h 19; pero en la r espuest a va má s allá de seme- se trata es de da r una expresión conceptua l ad ecuada
jante método: se da cu en ta de que no es posible juz- a unos es tados de cos as intuibl es , y hacerl o en sus ca-
ga r metodológicamente acerca de la posibilidad de ex- racteres ese nciales in t uiti vamente dados, ello q uie re de-
traer teorías deductivas de un sis t ema d efinito de axio- ci r precisa mente que se los tome tal y como se den;
mas, sino únicamente basándose en su cont eni do; lo mas no se dan de otro modo que como fluyen tes, y las
cual e ntra e n tange ncia con la lla mad a e xact itud e n la esencias tipicas ú nicament e pueden a prehenderse e n
fo rmación de conceptos (que, según él, es una condi- ellos med iante una intuición esencial que analice inm e-
ció n de toda teoría de ductiva): és ta no sería, «en modo diata mente. La más pe rfecta geome trí a y su d ominio
alguno, cosa de nue stro lib re albedrío y del arte lógica , p rác tico más perfecto no pueden serv ir al investigad or
sin o que, en 10 q ue respecta a los presunto s conceptos natural d escriptivo p recisamen te para d ar e xp res ión (e n
axiom áticos (que, pese a ello, habrán de ser compro- concep tos geo métr icos e xac tos) a lo que él exp resa de
bables en una intuición di recta ), presupon e la exac ti- fonna tan llan a, comprens ible y enteramen te adec uada
tud d e las esencias mismas aprehendid a s. Mas d epende con la s p ala bras ganc hudo, corvo, lent icul a r , umbelifor-
totalmente de la índole p ro pia del campo de esencias me, e tc.: conce ptos s in tac ha , que son esencia lmente
que sea ha s ta qué punt o cabrá e nc ontrar en él unas ( no p or cas u alidad ) inex ac tos y, por ello, también no
ma t emáticos» l l . !-o ~._concep tos filosó ficos se diferen -
lO Hegel, WW 17, pág, 348 [v. cesr., p ág. 261].
cian, pues, de los exac tos p or se rñuye ntes , .en_vir tu!,J.
" Cf. Edmund H usserl: I deen w eincr rein en Phiinom cllolo- de la Indole de aque llo sob re lo qu~er§3 n . _ Es to dic ta .
rie u nd phiirwmclWlogi.schen Philosop h ie [Entes Buch] , H alle, a la vez, Jos confines d e la intelección lograda por
1922, (§ 72] , pág. 136 red. cnt. en la serie «Husserñana-, t . 111. Husser] : se contenta con la di syunción en tre lo fijo y
La Haya , Nijhoff, 1950, pág s. 167-8; vers o casto d e Gaos : [d eas ~fl uyen te (disyunción d e filosofí a reflexi va), en tanto
reÚJtillf1S a una f enomenologúl. p ur a y una í ít osot ía íenomeno to-
gica , 2.° ed., México, 1962, págs. 162-3J.
" Td., pá g. 133 [ § 72; ed. crn., pág. 165; v. c ast., pá g. 160]. Husserl ; Ideen zu dller reinen Plliinomcllologie...
20

v tc, p áa:. 137 [ § 73; ed. crtt., pág. 168; v. cest., p ág. 164J. "Id., p ág .. 138 [§ 74; c d . crtt., pág. 170; v. ctt., pág. 165}.

136 137
que la di al éctica hes eliana define ambas como mediada 10 verdadero, si lo es. en ca mbio, de 10 falso. Pero s i
__en si cada un a de ellas por la otra; mas lo qu e se con- el veredicto de Hegel (de que filosóficament e no es ver-
cede al lógico Husserl-que. por Jo demás, une su voz dadera ~ ninguna proposición ai slada ) conserva su fue r-
al coro de quienes reprende n como a un n iño de escue- za hasta sobre él mi smo. toda frase de este tipo mos-
\ la a Hegel por su crí tica de l principio de cont ra d ic- trada, ade más, su insuficien cia : ~geliana me n te po drfa
ción-es ci ertamente válido para Hegel m ismo, el cual . decirse-aunque. desd e lu ego , si n hacer caso de su pro- k
con mu cha mayor energía que Husserl. que ría forma r pi a praxis lingüis tica-que la falta de cla ridad qu e in -
Jos concep tos de tal modo que en ellos se manifest ara cansa blemente se le cens ura no es una mera debilidad,
la vida de la cosa .mí sme, y no s iguiendo el abstracto sino asimismomotor para rectifica r la no verdad de lo
ideal cognoscit ivo de cla ridad. c1nm~rso entera me nte particular. que se declara como no claridad de lo s in- I
en la cosa , parecía de splegarla sólo a partir de ella y gu iar y ai slado. --J
por mor de ella , escasa mente po r su propia in spi ración Lo p rimero de t od o. un lenguaje filosófico da r ía sa-
y p or ca usa de los oyentes; no obs ta nte lo cual, surg ía t isf acción a la necesidad que insist e en la com prensi-
sólo de él, y una preocupación casi p aternal po r la cl a- bilidad, sin confu ndirla_con la _~ la rid a d . El lengua je.
ridad mitigaba aque lla rígida se ri edad. que hubie ra po- en cua nto expresi ón d e la cu estión. de la cosa que sea,
dido arredrar a nte la recepción de t an a rd uos pen sa- no se agota en la com unicación, en el transmitir a otros;
m ientes » Z2 . pe r o ta mpoco es s im p lemente-y eso lo sa bía H egel-
\ Mientras qu e el requisito de claridad se co mp lica independiente de la comunicación, ya que de otro mod o
Iingülst ica mente, pues el lenguaje no tol era, e n reali- escaparía a t od a crítica end erezada a su s relaciones co n
dad, que las palabras mi smas la posean (y también en la cosa, y se degradaría a pre ten sión a rbit raria: el le ~
es te as pe c to con verge su ideal con el matemático ), la guaje co mo expresión de la cosa y como co mu nicación
claridad Iingüis tica, a la vez, hasta tal punto depend e es tán entret ejid os mutuamente. La facultad de nombrar
de la actitud del pensar con respecto a la objetividad la cosa misma se ha formado bajo la coacción de tra ns-
que, en gene ral, sólo se puede decir claramente y sin mitirla , y co nserva es ta coacción tan to como . a la in-
residuo lo que sea verdadero; pue s no s ólo pende toda versa, no podría comunicar nada que ella mi sma, inde-
la t ranspare ncia de la expresi ón de la relaci ón exis te n te pe nd ientemente de otras conside raciones. no tuv iese
ent re ella y el es tado de cosas que se rep resente. s ino como in te nción propia; y se mejante d ialéctica aconte-
asi mi smo de que el juicio sea acer tado (o si ést e es in- ce en su propio medio. no es an te todo ni ngún pecado
fundado o cons t ituye una conclusión errónea, se ob stru- original de un afán social. desdeñador del hom bre. que
ye a s i mi smo una formulación exacta; y en la medida vigi lara para qu e no se pensase nada que no fuese co-
en que no posea enteramente la cosa, se rá vago frent e municable. Asi, pues. ni el pro ceder lin güís tic o más ín-
a ella): el lenguaje m ismo, que no es ín dice alguno de t egro pue de apartar el antagonismo del en si y el para
otro; pe ro mientras que en la poesía acaso se imponga
'" Vorstudien jiir Leben und Kunst, e d. del Dr. H. G. Hotho, descolla ndo del text o, la filosofla está obligada a eng lo-
St ut tgurt y Tübingen, 1835, pág. 386. barlo; cosa qu e se ve dificu lta da por efecto de u na

138 139
hora hi stórica en la que la comun icación dict ad a po r fue siempre una escuela preparatoria en ta l dirección);
el mercado-es sintomática la sustitución de la teoría y los esfuerzos del sensorio lingüí stico por logr ar preg-
de l lenguaj e por la de la comunicación-pesa'" de tal nancía son a este respecto mucho mayo res que los me -
modo sobre el lengu aje que éste, p ara re sisti r a la con- cánicos por sujeta rse a defin icion es ya decretadas (p or
fo rmi dad de lo que en el positivismo se llam a «el len- .mucho que se imagine, quien se :hace-escl~lvo de las
guaje ordinario», ti ene forzosamente que de rogar la propias palabras se ve aliviado, en luga r de agravado,
comunicación-será preferible que sea incomprensible h acién dolas r esb alar ante las .cosas ). Con todo, semc-
a que desfigure la cosa mediante una comunicación que ja n te pr~~eder e~ in satisfactorio : p~es la ~~. p~l~b ras~
impide comulgar en ella- o ~~r()Jas fatigas lingüí sticas los idiomas empíricos n o son nombres puros, sino siem-
d~l._ teórico..t ropiezan con u na frontera que ti en en que pre, as imismo, Béoet *, productos de la conciencia sub-
respetar si es que no han de convertirse en sab otaje je ti va y, por su parte, en cuanto tales, semejantes a
de sí m isma-s ta nto- me~ced a la fidelidad ~omo a la de fin icione s; y quien sa lt a por encima de es to, al arran-
infidelidad: el mome nto _d~. universalidad de l len guaj e, carlas a la r elatividad de la est ipulación las dej ará a
~s!..~e l cual éste ~~ seria posib le, atenta ineluctableme n- me rce,d de una segunda re lativida d, de un res iduo de
te contra la p lena determinación cósica de lo particu- arbitrariedad de lo que cap ellas haya que pensarse
lar (a lo cual quiere determinar ); y su correctivo son (contra lo cual el len guaj e filosófico no posee otro re.
los esfu erzos, por disimulados qu e sean , en pro de la . medio que el de emplear con discreción las palabras
comprensibilidad, que cons tit uye el po lo op uesto a la que habrían de zozobrar si se las usase literalmente
P.!:ir!l objetividad 1i ngüística~nica~(:Il ~~ en .la _tensión como nombres, de ta l su er te que gracias a su valor
en treambos florece la verdad de la e.l'.pr esión ; te nsión p osicional se aminore aquella arbitrariedad). Así, pues,
que , sin em bargo , no es una so la cosa con la vaga y la configur<l:~l.,ón li n~ í s tica_ L~J?:~mi rad a maníac~en.
brutal orden de clar idad (que por 10 regular acaba en te tensa sobre la palabra singular que ella requiera se
que debe decirse lo que de todo s modos ya se diga , y completan: jun tas disuelv~_n _ el intermedio compren-
de jar de decirse lo que sea de otra manera y só lo de derse mutuamente, esa viscosa capa entre la cosa y la I
otra forma haya de decirse): el p recepto de clari dad comprensión. Y un proceder lingü ísti co correcto podría J?
- de claridad sin interrupción, aquí y ahora , inmed ia- compararse..al modoen que ap r enc:Ic __un._em igrante un
ta mente-pide en vano al lenguaj e algo que éste , en !~loma._c:x tra ño : es p osib le que, impacien temen te, so-
general, n o pu ede concede r en la inmedi atez de su s m eti do a presión , op ere menos con el dic cionario que
palabras y frases , sino ú nicamente con su configura- lea cuanto le caiga en las manos; numerosas p alabras
ción, y de un mo do bastante fragme ntario. }\~.ej or_sería s~ ~~!~!-:!lrán así C:!l _~L~ont exto , pero estarán ro deadas
otro procede r: el de que, evitando cuidadosamente las !arg~_tie'!1PO:. po..~ .~n .Ealo de inde terminaci ón, .~)ncIus o
defi'ñiCioñes._verbales en cuanto meras . es tipulaciones, padecerán con fus iones cómicas, has.ta que, merce d a la
configurase los .conceptos con la máxim a fid elidad p o- ri queza de com binaciones en qu e hayan aparecido, se
~ib!~ sob re lo que di gan en la lengua: virtualmente, en .
cuanto nom bres (la reciente fenomenología «material» * Instituciones . u ordenaciones. (N. del T.)

140 141
descifren totalmente (e incluso mejor de lo que p er- pa sajes de la Lógica de Hegel, quien no advierta con
mltlrfa el dic cionario, en el que ya la elección de sín ó- lo que ha acertado (aunque sea de manera no perf ec-
nimos ad olece de todas las limitaciones y la indiferen- tamente articulada ), compre nderá tan poco como el que
ciación Iingüist ica del lexíc égrafo). se ex tasie an te Jo mera me nte aproximado del se nt í-
Es verosímil que la razón de que los textos de He- m ie!1 lo filosó fico . Los fan áticos de la claridad querrían
gel sean tan recalcit ra ntes sea , y no en ú lt imo término, extinguir aq ue l súbito relampagu eo : la filos ofía habria
la de que él, llevado de una confianz a excesiva en el de p agar de mo do con tan te, sin demora, y la partici-
espíri t u ob jetivo , creyó que se podía pasar sin seme- p ación en ella se tasa ría en un ba lance que siga el mo-
jante impacto de lo ext ra ño, qu e pod ía decir lo inde - de lo de u n gas to de trabajo , que ha de tene r s u re mu -
cible de la fo rma que hablaba. Sin embargo, los ele- neraci ón equ ivalen te ; pero elJa es la pro test a con tra el
mentos que co ncu rren en é l, s us conceptos, juicios y pr incipio de equivalencia, }' de ah í q ue no sea burguesa
raciocin ios, no se vuelven incompren sibles: únicamen- incluso eo cu anto bu rgu esa . E l que la exija equ ivale n-
te que apun tan por encima y más allá de sí mismos, tes ( << ¿por qué tendría yo que inter esarme por eso ?»)
son-ya de acu erd o con s u pro pia idea- tan esca sa- se engaña rá en cua nto a su elemen to vita l, el ri tmo de
mente cu mp lib les en cua nto a islados co mo, por lo de- la co nt in uida d y la int ermiten cia de la experie nci a es-
más, las piezas integra ntes del lengu aje extrafilosófico, pi ri tual.
que únicamente sabe n d e sí mismas. Bajo es te aspecto, La precisión de la filosofía en cua nto co nfigu rac ión
la tarea d e comprender la filosofía, y, en esp ecial, la de mamen los es cualitativamente di s tinta de la univo-
hegeliana, sería la de comprender algo que tendría que cid ad de uno cualquiera de ellos incluso en la con fígu-
se r objeto d e un protesto por parte de la solita norma raci ón , ya qu e és ta, a su vez, es más que la quintaesen-
de claridad ; me ditar en lo men tado inclu so cuando no cia de sus mom entos y otra co sa que ella ; p ues conste-
quepa re p resentars e clare et distincte lo que implique , lación no es sis tema: no se a lJan a , no asimila tod o a
Visto, pues, de sd e la cienci a, en la misma racionalidad ella, si no que uno proyecta luz sob re el o t ro , y las figu-
filo sófica se encuentra ínsito, como momento suyo, algo ras qu e los momentos singu lares form an juntos son
que es irraciona l, y a la filosofía le comp ete abs or ber unos signos precisos y determinados y un escrito legi-
tal mo mento sin por eJlo pactar con el írr aciona lísmo: ble. Todo es to se encuen t ra en Hegel. cuya manera de
en cuanto al método d ialéctico, es, en suma, el inten to expon er se co mporta soberana-indife re nteme nte para
de de spach ar tal propuest a al quedar libre del anatema co n el len gua je, sin llegar a a rt icu la rse y, en cualquier
del pe re ntorio instante y desplegarse en una impulso ra caso, sin haber penetrado apenas en el qu irnísm o de su
estr uct ura intelectual. La experiencia filosófica no puc- propia forma lingüísti ca, a la que, con su confianza en
de pre scindir, en el horizonte de la vaguedad más in - la realidad , demasiado simp le, le fa lta la agudeza de la
deleb le, d e la evide ncia ejemplar, del «es to es así»: aut ocon ciencia critica que la dialéctica introdujo en el
tampoco ha de quedarse parada en tal punto, pero a len guaj e juntamen te con la re flexión de" s u necesaria
quien , en definitiva, no se le encien da s úb itamen te se- inadecu aci ón. Esto es fata l, ya que sus formulacio nes,
mejante evidencia en la lect u ra de algunos grávido s que ni quieren ni pueden ser conclu yen tes, suenan fr e-

142 143
cu en tem ent e, sin em bargo, com o si así fu esen : el len- Historia [de la filoso fía ) de Oberwcg la rep ite 23. Cier-
gu aje de Hegel posee un ademá n doct rinal, mo tivado tament e, está cuajado de ocasiones para tal objeción:
po r la p re pondera ncia de la presentación oral sobre el así, al principi o de la lógica subjetiva leem os: eEs no
texto escrito; y la vaguedad. inde lebl e en la dialéctica, menos im posible declarar inmedi atamente cuál sea la
se convier te con él en un defecto, pues to que no me z- n atu raleza del concep to que se ntar inmedi atamente el
cló co n ella ningú n contraveneno, mien tra s que, de he- concep to de cualquier otro obje to ... Mas, aun cu ando
cho, al ace ntuar y-fina lmente-alab ar todo ti po de ob- no solame n te haya que consídera r el co ncepto como
jetivaciones, su filosofía, de ord ina ri o, no es p arca en un su pues to subjetivo p revio, sino como fundamento
ellas. Lo qu e más le hubiese gu stado hubier a sido escri- ab soluto. ello no pued e serl o, sin em ba rgo, más que
bi r al mod o filosófico t radicion al sin recoger en el len- con tal de que se h aya vuelto fundam ento. Lo inme-
guaj e la dif erencia con re specto a la teoría tradicional diato ab st ra ct o es, cie rtamente, algo p ri m ero: pero este
(d éficit con el que ha de conta r un intérprete leal); y abst ra ct o es más b ien , sin emb argo, algo mediado, a
habria que hace r co n él lo qu e Hegel descuidaba: dar cuyo res pecto hay qu e buscar ante tod o un fundamen-
to, si es qu e hem os de ap re hender lo en su verdad. De
Jugar a l máximo p osibl e de pregnan cia, con objeto de
ahí qu e es te último tenga que ser. indudablem en te , algo
sacar a luz la estri ctez del mov imien to dialécti co que
inmedi ato, pe ro de tal sue rte que se hay a vuelt o inme-
no se contenta con l~ pregnancte . Ciertam ente. a nadi e
diato al dej ar en sus pe nso la mediaci ón» 14; incuestio-
menos qu e a Hegel le co nviene la, por lo dem ás, p ro- nablemen te, las dos veces se emp lea de un modo dife-
blemática nor ma de la filologia de hacer que se desta- r ente el concep to de co ncep to : una, enfá ticamen te,
qu e el sen tido a que subjetivam en te se refiri ese el como ..funda men to ab sol u to ». o sea, obje tivamente, en
autor; pues ~u m ét od o, qu e es indisolub le de la cues- el sen tid o de la cosa mi sma , que esencialmente seri a
tión entre mim os, quiere dejar a ésta que se m ue va, no esp íri tu ; pero los conceptos no sólo tendrían que ser
d esarrollar consideraciones propias; y de ahí que sus es o, sino, al mismo tiem po, el «supu esto subje tivo p re-
textos no hayan adqui ri do forma total ment e (co sa que vio», lo co ns t r uido, baj o lo cual subs umida el pensar
seria necesariam ente decir que es tuviesen individua- lo airo q ue sí. La terminología es desco nc er ta nte, ya
dos), ya que su medi o es piri tual no es del géne ro que qu e incluso en el seg u ndo caso no se emplea--como
se hubie ra podido esperar como algo obvio al cabo de era de esperar-el p lural, sino el singu lar (sin duda,
los dento cin cu en ta años transcurridos: dan al otro el porque forma tan por principio parte de l co nc ep to h e-
geliano del concep to el que sea re su ltado de u na sín te-
p ie p ara que lo siga . le da n la entrada, casi como en
sis subjetiva que el que exp res e el en sf de la cosa ).
mú sica . Se mejante apriórica comunicación se co nvierte
A d iferen cia de lo que s ucede con ot ros mu chos equf-
luego, en la gra n L ógica, en ferm en to de un texto no
comunica tivo, y lo vuelve hermético. DCt. Fr ied rich Uberweg : Grnndríss der Geschic ñte der Ph i-
La objeción má s difund ida con tra la sup uesta falta /osoph ie, I V. refun dici ón de T. K. Oester re ích, Be rlJn, 1923,
pág. 87.
de claridad de Hege l es la de los equívoco s ( incluso la ,. Hegel , WW 5. pá g. 5 Ie d. crtt., pág. 213; v. cast., pá g. 249].

144 145
10
vocos hegelianos, la com p re n sión se facilita merced a d e un nominalismo in qu ebra ntab le : le s" concep tos no
que en el cap ítulo e nel concepto en gene ral. se ha cen deben se r s ino índ ices de los rasgos unitarios de u na '
temáticas las di fe re ncias entre a m bos conce ptos de l p luralidad; y cuanto más subjetivamente se los ac uñe
concepto: pero He gel ofrece la justificación de este tanto menos deberá uno agitarse por ello s como si, por
equívoco un par de páginas m ás adelante, do nde de s- el cont ra r io, se tuviera una revelación de algo-e-que ,
aITOlIa la unidad de a mbos concep tos del conce pto: por lo dem ás, les se r ía ex te r ior, me rame nte cons truí-
eMe limito aqu í a . u na ob serva ci ón que puede se rvir do--:. E l se ntido com ún raciona liza esto di ciendo q ue'l \
para co m pre nder los conceptos que he desar ro llado el desacato de la definición des truye el orde n del peno V'
y pa ra faci litar el orie ntarse de nt ro de ellos. El con- sa r: y el pro testo contra tal desacato surte efec tos ta n
cepto , con tal de que haya creci do has ta un a exist encia indefectiblem ente po rque se basa e n u na concepción
qu e sea, a su vez, lib re, no es otra cosa que el yo o la qu e no quiere sabe r del obje to nada merced a lo c ual
autoconciencia pura. Ciertamente, t engo concep tos , y cup iera desmentir 10 que le h aya e ndos ado el espíritu
esto quiere decir concep tos determinados; pero el yo sub jeti vo; concep ción que se obstina vigorosamente
es el conce p to puro m ismo, que en cua nto concep- contra la expe r ie nci a (que q uiere dej ar que ha ble la
to ha llegado a se r exis tente...• lS, Así, pues, el conce pto cosa mi sma ), ta l vez sospechando que a nte aq uélla su
ob jet ivo-según, Hegel , el de la cosa misma-que haya p ropio concepto de verdad , a parentemen te In corrupr í-
c recido hasta la existe nci a, se convie r te en ente e n s i ble, se verla obliga do a confesa r su fal acia . E l no mina-
y, de acue rdo con la tesis gene ral de l s is tema hegelia- lismo pe r te nece a la roca ur ba na primigen ia, y en las
no , es sim u ltá neamen te , a su vez, subjetividad; en lo fa ses y naciones más distintas se asocia a la con soli -
cual coincide finalmente el lado nominali sta de l co n- dación de la sit uació n ciudadan a, cuya ambiva lencia la
ce pto, e n c uant o formado sub jet ivamente, con el reatis- lleva é l hincada ; pues contri bu ye a libe ra r la concie ncia
ta , el del concep to como se r en sí (que deberá mos- de la a u to ridad del conc ep to (que se habia esta b lec ido
!
trarse co mo su jeto. como yo, en el curso de las media- como un iversalidad previa) al dese ncantarlo a mera
ciones de la lógica mi sm a) . Es ta es t ructura es proto- a bre via tura de las particu la ri dad es descubi er tas por é l.
Ilpiea del ca rácte r subalt e rno de la objeci ón con tra los Pero semejante Ilus tración es s iem pre, al mi s mo t iem-
equívocos: allí donde Hegel es formalmen te culpable po, lo opuesto a ell a, o sea, u na hipóst asis de lo par-
de ello s, se tra ta , en la mayoría de los casos , de alu sio- ticular, hasta el punto de que la clase burgue sa estimu-
ne s con un con te nido, para explica r que dos momen tos la al nominali smo a recel a r co mo de una mera ilusión
distinguidos entre s i sean tan diferentes como relativos de cua n to pudiera es tor ba r al ind ividuo ai slado e n su
a una sola cosa. Pero la ob jeción trascende nte a H egel pu rsuit 01 tiappine ss», en la ba tida ir reflexiva e n po s
apenas r oza es to : as ient a el p r incipio de identidad de del propio pro vecho de ca da cua l; y no de bería de ba-
que los t érminos han de mantenerse fijos e n el s ign ifica- ber nada general, nada q ue a r ranque a lo particu la r
do 'que se les haya conferi do deñnítoríamente. Se trata la s a n teoje ra s, la creenci a de que su azarcs idad es su

"Hegel, WW S, pá¡¡;s. 13·4 [ed. crtt., pág. 220; v. cast., pág. 257]. "Persecución d e la felicidad. ( N . del T.)

146 147
ley. c¿Y el concep to, qué es ? : el ade mán expresa siem- Sin embargo, Hegel no declaro sim pleme nte nulo el
pre, a la vez, qu e el individuo singular tiene qu e ganar principio de iden tidad, sino que lo res tringió : a su
dinero, y que eso es más imp or tante que todo lo demás. modo, lo tuvo simu ltáneamente en muc ho y en nada.
E n caso d e que el concepto fu ese tan aut ónomo que no Pues, en d efinitiva, gracias a ta l principio, es to es , al
se agota se en los pormenores de que se co mpone, el compara r la vida de la cosa expre sada en el concepto
burgués principio de ind ivid uaci 6n se ve da sac u dido con el sign ificado anteriormente fijado y al de volver
hast a lo má s profundo; pero se lo defiende tan to más protes tado el an tigu o, po r no válido, se cons t ituye el
mali ciosam ente cu anto que él mismo es una apariencia otro sign ificado. Ahora bien: Hegel pued e ma neja r los
(puest o que a través de los int ere ses individuales se términos de la misma manera que el len guaj e no filo- \
realiza esa gene ralidad malv ad a que tenden cialmente s ófico, sin vacilar, lo hace co n m uch as de sus pa labras
sepulta una vez más bajo sí ta les intereses), apariencia y clases de palab ra s, o sea, ocasiona lmente (si bien en
a la que se aferran convulsiva mente, ya que de otro ellas permanecen con stantes muc hos est ratos signi fica-
modo n i podrian co nti nuar, inco ntrovertidos, los cega- ti vos, ot ro s los reciben del co ntexto ); y el lenguaj e filo-
dos, n i creer en la meta física de su clo que en es te s6 fico se forma sobre el ingen uo en cuanto que, escép-
caso es m íos, de la santidad de la posesi6n , simp le- tico f rente al cien tífico, fluidifica , merced a s u trabazón,
m en te. Bajo este aspecto, la in dividuali dad es el su jeto la ri gidez de los sis temas de definiciones de és te. En
co nvertido en posesión para si mis mo: el nominalismo Hegel, eq uívocida des ocasionales de es ta índole sobre-
anti-ideológico es as imis mo , desde el comienzo, ideolo- vienen a expresiones tales como la tan profusamente
gía ; y la lógica de Hegel quería usar de esta dialéctica empleada de «Inmedía tamcn re- : cua n do quiere decir
valié ndose de sus m edi os (que no son transparentes que la mediación se en cuen tra en la cosa mi sma, no
sob re la sociedad) , con el res iduo ideológico de que entre varias cosas, apli ca fr ecu en temente «inmediato »
así se le transfiguraría al lib eral en alg o positivo la ge- a 10 mediado, de modo que el que una categor ía sea
neralidad que impera en el individuo singular y por inmediatamen te su opuesta quiere decir algo equiva-
encima de él. Sólo un giro ideológico semejante per- len te a que en sí m isma sea también su op uesta (en
mitió a Hegel neutralizar en d ialéctica lógica la dialéc- lu gar de serl o por referencia a algo exte rior a ella).
tica social de 10 genera l y lo particular: el concepto, Así : «Por lo tanto , la re lación excluyente es un pone r
que en él h abría de ser, co n todo, la realidad misma, lo positivo como excluyen te de lo ot ro, de modo que
sigue sien do concep to m erced a proclamarselc reali- este poner es inmed iatamente el poner lo otro que ello,
da d; pero, co mo su cede en Platón, para Hegel la me- lo qu e lo excluya. Tal es la absoluta con t ra dicción de
dida de l concep to es la exigencia de la co sa misma, no lo posit ivo, que, sin emba rgo, es in mediatam ente la
la organización definitoria del suje to , y por ello su s- absoluta cont radicción de lo nega tivo; y el po ner am-
pende la identidad del concep to como criterio de la bos es una reflexión ... _ 216; segú n esto, la mediación mi s-
verdad ; pero ello degrada a mera equivocidad la va- ma es inmediata, dado que lo p ues to y med iado no es
riación de los significados de los conceptos por mor
de su propia sus tancia. ,. WW 4, p ág. 536 [e d. crn . pág. 220; v. cas t.. pág. 257].

148 149
nada di st in to de lo primario, ya qu e esto mi smo se ría que Hei degger y, po r ello , no tan culpablemente como
algo pues to; y d e modo se meja nte, pe ro a ú n más e ra- él. Ya en la Fenomenología hace Hegel juego s malaba-
semente. se dice en una not a: «Es importantísimo ad- res, por eje m plo, con «recor da r »: e,.. Puest o que su
vertir la in me diat a id entidad de la forma tal y co mo perfeccio ne-e-la del espí r it u- ..consist e en sa be r pe r-
aquí la hem os puesto. incluso s in el movimi ento de la fectamente 10 que es, su subst ancia, est e sa ber es su
cosa mi sma, tan lleno de con tenid o; id entidad que apa- en tra r en s í, en el qu e a ban dona su se r exis te nte y e n-
rece en la cosa según ésta se halla en s u comienzo : liega su figura al recorda r. Con el entrar e n si se hun-
así, el pur o ser es inmed ia t amen te la nada ... ~ n. ( el n- de en la no che de su a u tocon cie ncia, pero en ella se
mediatamente e sue na aqu í a m era paradoj a; pero lo conse rva su desaparecido ser existe n te , y és te-el an te-
qu e se mienta es que la nada no es ninguna ca te goría rior, pe r o renacido a partir del sa be r-ces el nu e vo se r
que se le a ña di era al puro ser desde el ex te ri or , s ino en la existe ncia, un nu evo mundo y figura esp iri tua l;
que éste, en cuanto lo absolutamente indet erminad o, y en él, t an sin qu e nada le em pe zca, ha de empezar
no es nad a en sí mi sm o.) Un análisis te rminológico de- des de el principio, e n su inmediat ez, y ha de crece r de
tenido del le nguaje hegeliano podría registrar en su in - nu evo desde él como si todo lo p recedente se hubiera
tegrid ad tales equivocas y, segú n es de presumir, disi- pe rdido para él y no le hubiese e nse ña do nada la expe-
p a r los; mas también tendría que ocuparse de palabras riencia de los espíri tus an teriores. Pero lo re-cord ado
a r tificiales [en alem án], como reflexión (que, sigu iendo se conserva, y es el hon dón cordial y, de hecho, la for-
una distinción corrie n te en el idealismo po st kantiano. ma super ior de la su bs ta ncia; por lo tanto, c ua ndo este
a barca el uso finito y limitado del en te ndimiento y, espíri tu empieza de nuevo de sde el principio su forma-
al go más gene ro sa men te, el con junto de la acti t ud cien- ció n , que pa rece provenir únicamente de si, donde co-
tífico-po siti vista), y lu ego-en la s lin eas maestras de mi enza es , a la vez, a un nivel superi or . 21. La equivo-
la Ciencia de la lógica-, as im ismo, de las ..dete rmina- cidad funci onal más t ri llada es la de "deja r en sus-
ciones de la reflexión », o sea, de la reflexión crít ica de penso»; pero se p uede observar esa técn ica e n casos
la doctrina de las ca tegorí as ob jeti vamente primera, más su tiles, en juegos de palab ras ocultos (y perpetra
cuasi aristotélica (a la que, a su vez , conve ncerá más algu no s. en especial, con el concepto de la nada ). Tal es
tarde de apariencialidad y conducirá al concep to enfá - figu ras del lenguaje no pretenden que se las tome lit e-
tico del conc ep to). O bien las cquivocidades pueden ser ralmente, sino en forma irónica, co mo t ra vesuras: H e-
tales con toda seriedad, pueden ser artificios filosóficos gel conduce sin p est a ñear al len gu aj e a través del len-
merced a los cuales q uiera realiza rse lin güisticamente gua je de la vana presunción de un sent ido pagado d e
la dialéctica del pensa miento: en ocasiones, con una s i mi smo : y en tales pasajes la función de l lenguaje no
tendencia algo vio lenta (y que an ticipa a H eidegger ) es apologét ica, sino cri tic a, ya que desautoriza al ju icio
a independizar el estado de cosas lin gü isti co fren te al finito, que e n su particu larida d, objetiv a men te y sin
mentado ; a un que. desde luego. con menos insistencia poder nada en cont ra de ello, se com por ta como si go-

21 WW 4, págs. 686-7 [ed. crít ., t . n, pág. 153; v. cast., pág. 183]. " WW 2, púg . 619 [cd. erH., págs. 563-4; v. cast., pág. 4731.

150 151
zase de verdad absoluta. La equivocidad quiere demos- minologfa t radicional y su historia , cont ra su propia
trar con medios lógicos la inadecuación de la lógica voluntad; y de él se alimentan los equívoco s de Hegel,
estática para la cosa mediada en sí , qu e deviene como aunque en él se at rofie de cuando en cu ando el mo-
ente; y la convers ión de la lógica cont ra sí misma es mento de la di stinción en benefi cio de u na igualdad
la sal dialéctica de tales equívocos. En cuanto a la con - indiscriminada.
cepción corriente del equ ívoco , no ha de aceptársela Pese a tales ne gligencias, en los escrit os hegelianos
como tal, sin el menor reparo . En efe cto: el análisis hay espa rcida s declaraciones super1at ivizadoras acerca
semántico que los equivocas di secan es una condición del lenguaj e: «para el esp íri tu» sería la «expresión más
necesaria-si bien en modo alguno suficiente-para ren- perfecta» 29, y aun «el poder supremo entr e los seres
dir cue ntas lingüí sticas de la filosofía; en realidad, quien humanos» JO; tampoco la L ógica se apar ta al respec to:
no haya separado ya, por ejemplo, los significados in- al ocuparse del «elem ento de la comunica ción», dic e
manente y-correlativamente-trascenden te del té rm í- que «en lo gen eral, el agua de sempeña la función de
no del ca so, el significado lógico (el que un examen tal medio; en lo espiritual- en cuan to que tenga asien-
se qued e o no dentro de los presupuestos del teorema to en ello algo análogo a tal relación-hay que consi-
que le corresp on da ), el gnose ológico (si es que el pen- derar de es te modo el signo en gene ral y, más espe cí-
samiento proviene de la inman encia de la conciencia. ficam ente, el lenguaj e» 31; y de la misma tendencia es
de la llamad a complexión de lo dado en el interior del ya la do ct rina de la Fenome nología según la cu al el
sujeto) y el metafísico (acerca de si el conocimien to se len guaj e pe rtenece al nivel de la cu lt ura, en el que «la
detiene en los confines de la expe rien cia posible) no singularidad qu e es para sí de la autoconciencia entra
puede entenderla. Mas la elección de una misma pala- como tal en la existencia, d e sue r te que es para atto » 32,
bra pa ra distintos l ÉVY¡ no es fortuita ni siquiera en De acuerdo con esto, parece ser que He gel-cosa ba s-
la terminología cor riente : así, el sign ificad o gnoseol ó- tante sorp renden te- no admit ió a l lengu aje (al que ha-
gico y el me tafísico penden unidos del t rascen de nte, bí a as ign ado su sitio en el lib ro tercero de la Lógica)
pues lo que gnoseol ógicam ente sería ab solutamen te en la esfera del esp íri t u obj etivo, sino que ese ncialmen-
t rasce ndente (la cosa en sí kantiana), est o es , lo no te lo con sideró como «me dio » o «para otro», como po r-
identificable en la llamada corriente de la con ciencia, tad or de contenidos sub jetivos de conciencia , en lugar
sería asimis mo metafísicamente t rascenden te- si bien de como expresión de la ide a. (No faltan por nin gu na
Hegel p eralta es ta re lación a la tesis de que la lógica parte rasgos nominalistas a su siste ma, que se aguza
y la m eta física son uno y lo m ismo- , Ya en la lógica co nt ra la u sual dicotomí a, se ve obligad o a absorber
predialé cti ca los equívocos no encubr en dife rencias ab- h asta lo qu e l~ es cont ra rio y cuyo tenor está en pugna
soluta s, sino que atestiguan la unidad de lo dif erente;
y su esclarecimiento re qu iere ta nto que se caiga en la ,.ww 10, § 411, Nota. pág. 246 [ed. crít. de la Enl.;;klo plidie,
cue nta de tal unidad como qu e se marque lo diferen- pág. 343; v. casto de la E nc iclopedia, t . lII , pág. 79].
lO WW 3, pág. 211.
cial. La filosofía di aléctica , pues, proporcionó au tocon- l' WW 5, págs. 202-3 [ed. crtt., pág. 379; v. cast., pág. 431)].
ciencia a un es tado de cos as que se impone en la ter- J2 WW 2, pág. 390 [ed. crtt., pág. 362; v. cast., pág. 3001.

152 153
con la infructuosa tentativa de retrotraer simplemente dio p or satisfecho menospreciando la expresión líugüís-
la crí tica a la autonomía del concepto.) Hegel, en la tica, no esc rib ió profesoralmente sin preocuparse por
medida en que prestaba atención al lenguaje (y es harto la exp resión (cosa que sólo adquirió carta de natura-
chocante que aquel contemporáneo de Humboldt se leza en la época de la decadencia de las universidades) ,
p reocupase po r él tan poco), prefería más bien consi- sino que, siquiera fues e inconscientemente, elevó a
derarlo como medio de comunicación-dicho con los principio estilístico su escé ptica relación con el lengua-
conceptos actuale s-que como aquella aparición de la je, inclinada a desligarse de compromisos. A ello le
verdad que el lenguaje, lo mismo que el ar te, debería obligó cierta aporía: él desconfiaba de la exp resión des-
haber sido para él; con lo cual armoniza su aversión pótica, en cierto modo brutal, y, sin embargo, la es-
a las formulaciones ar tificiosas e insistentes, y emite peculativa esencia de su propia filosofía, sobremanera
un juicio poco ami stoso sobre el «espiri t ualísim o len- di stanciada del senti do común del lenguaje cotidiano,
guaje» ~3 del esp íritu enaje nado de sí, de la mera cul- lo arrastró a una forma lingüística específica; y su so-
tura. Así han reaccionado siempre lo s alem anes frente lución fu e, a su poco vis tosa manera, comp letame nte
a Voltaire y Diderot. E n Hegel se encuentra ya al ace- radical: en vez de entregar se él mismo-ya que desde-
cho el r encor académico fren te a una autorreflexión ña ba la palabra construida en todos su s detalles-al
lingüística que se aleja demasiado de la mediocre com- lengua je de la cult ura, a la jerga filosófica de todo el
p re ns ión mutua; y su indife ren cia estilfstica nos hace mundo, en cuanto algo ya dado de antemano y parlo-
presente lo fatalment e que está dispuesto, gracias a teante, desafió paradójicamente el principio de la fije-
la reflexión de la reflexión, a hacer causa comú n con la za, sin el cual, en general, n o existe nada lingüístico.
-~~nci~~cia precríticay, · ~:cias a su falta de ingenui-
dad, a corr ob orar a los ingenuos en su complacencia;
mas es difícil que deseara una oposición en t re el pen-
samiento y la comprensión mutua, en la que se conden-
--.
De igu al modo que hoy se habla de an timateria, los
textos hegelianos son antitextos: mientras que el extre-
-- - ---
/ mo de ab stracción que los mejores de ellos consiguen
y reclaman involucra u na tens ión máxima del pensar
sase su propia experi encia lingüística o su falta de ella . que se libera de la inmediatez del suje to que tenga la
Su praxis lingüística obedece a una noción levemente exp eriencia, sus libros, ver daderamente, no son tale s,
arc aica de primacía de la palabra hablada sob re la es- sino conferencias recogidas en apuntes , una mera re so-
cri ta, como la que fácilmente abriga quien se apegue nancia múltiple, que incluso impresa qui ere segui r si n
ob stinadamente a su dialecto (la tan f recuentemente comp rometerse; y exce nt ricidades como la de que edi-
reiterada observación-que, en último término, procede ta se sólo la p arte má s pequeña de su obra, que la con-
de Ho rkheimer-de que únicamente entenderá re cta- figuración principal-e incluso más circunstanciada-
mente a Hegel quien sepa el su abc no es ningún m ero del con junto del sistema sólo se encu entre en cuader-
apercu sobre peculiaridades lingüísticas, sin o qu e des- nos de cla se de oyentes o bajo la for ma d e un bo rrador
cribe el ad emán verbal hegeliano mismo ); y él no se manuscrito, tales ra sgos son inherentes a su filosofía .
Durante toda su vida fu e Hegel ari stotélico en querer
" WW 2, pág. 405 red . 'crí t., pág. 375; v. cas t., pág. 311 ]. reducir todos los fenómenos a su forma; y así procedió

154 155
ha sta con lo azaroso de las lecciones univers itari as: sus vial idades . Pero él t enía que conjurar los pensamien-
textos son la idea platónica correspondiente a ellas. En t os más p ode ro sos desde los ú lt imos fundamentos de
cuan to a que un pensar de pretensió n t an desmesurada la s cosas, y si habían de ejercer una influencia viva, te-
haya desdeñado transmitirse él m ismo e n fo nna pre- nían que engendrarse en él mismo otra vez, en un pre-
ci sa y definitiva, ú nicamente pue de exp licarse teniendo sente siem p re vivo, por más que d urante años los hubie-
en cuenta s u ideal de exposición (l a negación de és ta ); ra p ensado y reelaborado y volviese a hacerlo s ie m p re
a l mi smo tiempo, e n lo encrespado de un di scurso más de nuevo s 3L-e1 conferenciante se rebelaba cont ra el
habl ado que escri to. incluso el;) las partes más expue s- e ndurecido en sí del lengu aj e, y por ello se rompía la
tas, hay que bu sca r un correc tivo contra aquella hyb ris ca beza contra el suyo propio-c. Un monumento conme-
de lo concl usivo y terminante en la ob ra de Hegel de morativo de esta inte nción es el com ienzo del primer
la que ya en vida suya hubo quejas (porte que e n modo ca pít ulo del primer libro de la Lógica, ese ..E l ser, el
alguno es propio únicamente de la s partes del s istema puro se r, sin ninguna d et erminaci ón ulterior» 35, a naco-
q ue sólo ex is te n e n forma de notas mnemotéc nicas y luto que con astucia igual a la h egeli ana trata de za-
qu e él no pub licó, o solamente en resumen, sino que, fa rse de la necesidad d e que la ..inmediatez índe te r mi-
más bi en. se reforzó manifies ta mente con el correr de nadas reciba ya a su vez una det erminación- siquie ra
los años) . En ca so de n ecesidad pue de aún conside rarse revestida con la forma de una frase p redica tiva tal
la Fenomenotogia como un libro ; pe ro la gran Lógica como ..el ser es el concepto más general, sin n inguna
no 10 consiente ya , y su lectura nos recue r da la des- det erminaci ón ulte r íor s-c-, con la cual el enunciado se
cripción que hace H. G. Hotho del docente H egel e n contradiría a sí mismo; pero si a se mejante juego de
su s t iempos be rline ses: ..Se sentaba abatida y mel an có- 'm an os op usiéramos que el puro nom b re no pued e en-
Iica mente, recogido dentro de sí con la cabeza inclina- t enderse, en se n tido estricto (por no ha bla r , en ab so-
da, y pasa ba las hojas, rebuscando en los grandes cua- luto, de su contradicción, puesto que sólo pueden con-
dernos en foli o ade lan te y a t rás, arriba y abajo, s in tradecirse enunciados, y no meros concept os ), él podría
cesar de hablar; la constante carraspera y las toses asentir p ícaramente a ello : la objeci ón ha dado motivo
perturbaban la más m ín ima fluidez del di scurso, todas ya para la p ri mera antítesis de la p r imera tesis, y de-
las frases se queda ba n allí paradas, ai s ladas, y las sa- clara ella m isma, pues , que el ser no es nada . Con se-
caba afuera penosamente, fragme ntadas y en p leno mej a nt es sofismas, sin embargo, no sólo hace el tonto
desorden ; cada palabra y cada s ílaba se desprendían u na filosofí a de la identidad que ya e n las primeras pa-
de .mala gan a , para luego recibir u n énfasis asom bro - lab ras quie re a t od a costa-aun la más suave de pur o
samente exage rado en el metálico sonido del abierto raída-e-quedarse con la últim a, pues a l fina l habría de
dial ecto sua bo, como si cada una fue se 10 má s impor- tener razón, sino que la protesta de la dialéc tica con-
ta nte ... Una oratoria que fluya suavemente presupone
qu e se haya acaba do interior y exteriormente con su
,. Vorstudi en tür Leben und Kun st, ed. ci t., págs. 384-5.
obj eto, y la destreza formal p er mite deslizarse ver bo - " Hegcl, WW 4, pág. 87 [ed. cr-ít., t. 1, pág. 66; v. cast., t. 1,
se mente del modo más placenter o en tre "semis " y tri- pág. 107] .

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t ra el len gua je no puede hacerse pública de ningún otro da s, sus citan esta sospecha ); pero aca so era tan pro-
mod o que en él mi sm o ; de ahí que siga est ando conde- fundo el impu lso hostil al len guaje de un pen sar qu e
nado a u na im potent e p aradoxia, y que haga de su ne- percibía el límite d e cualquie r cosa singu lar determi-
ces id ad virtud. n ad a como si fue se d el lengu aje qu e el est ilista Hegel
La descripción de Hotho ex t rae calas que llegan has - sacrificó la preeminencia de la objetivación (preem i-
ta el cent ro de la fo rm a lit eraria he geliana. Es ta se nencia que, en cuanto al co n ten ido , sostu vo és ta en el
opone ás pe ra men te a la máxima de Nietzsche po r la conj unto de su oeuvre) . Asi , pues. quien habi a reñe xio-
cua l só lo podría esc ri birse sobre aq ue llo con lo que se nad o sobre to da re flexión no reflexion ó sob re el len-
haya acabado , lo que haya uno deja do t ras de si: dado guaje. sino q ue en él se movió co n un a desd icha qu e
que la sustancia de s u filosofía es el proceso, quema es incompa tible con lo que dijo, ya que sus escritos
exp resarse co mo proceso en stat us nascendi pennane n- son el in tento de asemejarse inmed iat amente en la ex-
te, como negación de l exponer como si fu ese algo coa- posici ón a su sus tancia : su carácter significati vo re t ro-
gu lad o, lo cual sólo corresp ondería a lo exp ues to en cede t ra s de un carácter mimético t ra s de una espec ie
caso de qu e est o mi sm o es tuviese coagulado. Las pu- de escritura ges ticulatoria o de gráfi cos o curvas curio-
blicacion es de Hegel son-e-con u na comparación ana- sa me nte dispareja con las imp onent es preten sion es de
crónica- más bien films del pensamiento que textos; la raz ón que Hegel heredó de Kant y de la Ilus tra ción.
pero del mi sm o modo que el ojo no adiestrado no pu e- Aná logamente, los dialectos- hasta el sua bo. co n su in-
de nunca re tene r de tall es de una pe lícula como de una t ra ducib le «ha no » *-son repositorios de ges tos, a los
imagen fija , así sucede con sus esc ritos; ahí hay que que se desacostumbran los idioma s principales; y el
bu scar lo específicame nte proh ibitivo que ti en en , y pre- romanticismo, al que el Hegel maduro trató d esdeño-
cisamente en este punto se qued a Hegel retra sado con sarn ente, pe ro que era el fer mento de su propia cspccu -
re specto a su conten ido dialécti co, que precisaría, en lación, podía vengars e de él a l apoderarse de s u len-
virtud de la más sencilla cons ecu encia, una exposició n guaje como suyo p ropio en lo q ue se re fiere a su ton o
an titéti ca co n respecto a él (lingüísticamente , los mo- popular. E l es tilo de Hegel , q ue afluye en una ab s tracta
men tos singulares tendrían qu e destacarse tan tajan te- co rriente, adquiere , de modo semejan te a lo que s ucede
men te, tendrían que expresa rse con ta l responsabilidad , con los ab st ractos de HOlderlin, un a calidad musica l
qu e el proceso menta l su bjetivo y su anto jo los ab an - que le fa lta al-má s sobr io-e-del romántico Sc helli ng;
donasen) . Si, por el con trar io , la exposición se as imila ha y ocasiones en que se revela así . por eje mplo, en el
sin resi st encia algu na a la es t ructur a del movimi ento, uso de partículas antitéticas, como _pe ro », pa ra fines
el precio que la critica del concep to esp ecul ativo tiene de me ro en lace: «Pues to que en lo ab soluto la form a
que pagar a la lógica t radicional de éste se m edirá con es sólo la senc illa identidad cons igo, lo ab soluto no
un ra sero dema siado baj o ; y Hegel no ha sido jus to a l es tá determinado, ya que la de terminación es una dife-
respecto . Pos iblemente haya de inculparse, en con jun-
to , a fa lta de sens ibilidad para la región del lenguaje * Exclam ación que generalmente se emit e en circ unstancias
(y varias co sas de su es té tica, materialme nte muy cru- en las que en nuestro id ioma podría decirse : . y qué.• (N . del r.)

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rencia de for m a, que por lo pro n to vale como tal. Pero sienta m al a la mism a ese nci a dialéct ica ): debe desli-
dad o que a l m ismo t iempo contiene, en gen era l, tod a zar se, dejarse lleva r por la corriente, sin fo rzar a per-
diferencia y determinación d e forma, o bien , ya que manencia a lo momen táne o (en otro caso lo altera ría,
a su vez es la forma y refl exión a b soluta, tam b ién ha pese a su mayor fidelidad y merced a ella ); y por otra
de a parecer en ello la d iferencia del contenido . Pero lo par te, sin embargo, ha de forma rse u n proceso de lu pa
a bsoluto m ismo es la identidad a bs oluta , y ésta es su tempora l intel ect ual, ha de dila ta rse de ta l modo el
det erminaci ón , a l qued ar en sus pens o en ello toda mu l- l empo de los pasajes nebulosos que és tos no se vapo-
tip licidad de Jos entes en sí y del mundo fenom én ico , ri cen, sino que se dejen cap ta r por la vista en cu anto
o de la to tal idad interi or y exterior» lb. Ciertamen te, el ag ita dos. {Difíci lm ente pod rán participar jamás ambos
estilo de Hegel va en contra del ent endimiento filosófico p rocesos del mismo acto de lectu ra , q ue ten d rá, preci-
acostumbrado; no obstante lo cual, gra cias a sus flaque- sa me nte, q ue di vidirse en sus elemen tos op ues to s, co mo
zas, prepara otro: hay que leer a Hegel mientras, aco m- la m isma s ust anc ia [ de lo leído] .) En cierto sent ido, la
pañá n dolas, de scribe las cu rva s del movimie nto espiri - for mulación de Ma rx de que la filosofía pasa a se r
t ual y-por as í dccirlo---acompaña con el oído especu- historia 3l caracteriza ya a Hegel: dad o que co n él la
la tivo a los pensamientos, como si fu esen notas ; y si es filo sofía se convierte en con temp lar y describ ir el mo-
que, en resumen , la filosofía se alfa con el arte (en la vim iento del concepto, la Penomenoíogia d el espiritu
medida en que quisiera salvar dent ro del medio del esboza ya virtualmen te su hi st oriografia ; Hegel in tenia
concepto la mimesis 17 supri mida por éste), Hegel se algo a sí como modelar a toda pri sa la exposició n de
compo r ta al re specto como Alejan dro co n el nudo gor-
dia na : de po ten ci a los concep tos singul ares, los mani- " • .. La filosofía a u tónoma p ierde , con la exposición de la
pula co mo si fuesen im ágenes no imaginativas de lo r eali dad, su mín imo existe ncia l; y en su IUIl a r e nt ra, a 10 sumo,
un conjunto de resul ta do s untversalístmc s, q ue cabe a bstraer
que ent iendan ; cosa que se deca nta en la frase goeth ia-
de la observa ción del de sarrollo his tó rico de los s e TCS hu ma-
na sob re el absurdo de la filosofía del espiri to a bsol ut o nos. Pcro es tas ;¡.bs tracciones, por sí mismas, di vorc iadas de la
(aque llo co n lo que q uiere sobrepasar al concep to la his to ria real , ca rece n en teramen te de va lor : sólo pueden servtr
empu ja s iempre de nuevo, en los det all es, b ajo él). Mas para fac Uitar la o rdenación del m ateri al hi stórico y seña la r el
só lo hace h ono r a Hegel el lector que, en lugar de me- o rden de s ucesión de sus d iversos estratos ...• (Ma rx· Engels : Die
deul sche l deologie, Berl ín, 1953, p ágs . 23-4 [vers . cas r. : La ideo-
rament e ano ta r en co ntra suya tan incuestion ab les de-
logía alemana, Mon tevideo , Pueblos Un ido s, 1959, p ágs . :z6.7J) .
bilida des , se perca ta del impu lso que hay en ellas y Hay una varian te t extual m ás ace nt ua da: - sótc sabemos de u na
co mpre nde po r qué esto o aq uello t iene que ser incom- ú nica ciencia, la cienc ia de la his t or ia. La historia p ued e d ivi-
pren sib le, con lo que hast a eso comprende. dirse, mi rada de sde dos la dos, en historia de la na tu ra leza y de
Hegel es pera del lect or dos cosas (y ello qu e no le la hu ma nidad; sin embargo , n o hay que divor ciar esto s dos
la dos: mien tras existan seres humano s, la hi s toria de la na tu -
.. WW 4, pá ll. 665 [cd . crít., t. 11, p ágs . 158-9; v . cas t. , t. 11, raleza y la de los homb res se condicionarán mu tua men te , de
p ágs. 190-1]. un o a o tro Jada » (Deu tsche ldeoto gie, en la edic ión MEGA, t. V,
" Cf, Max Hc r kh eim er y The odoe W. Adorno : Dialek tik der l . secc ión , Ber lín, 1932, p ág. 567 [e st a var Iant e falta en la
Auf ktarimg, ed . clt., págs. 311 55. ed . cest. cit ada, qu e suprime el apar ato cr ürcc textua tj ).

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ac uerdo co n ella, filosofar como si se es cribiera hi s to- y a la que, cierta me nte, hay q ue atenerse, es a l mismo
ria y se cons iguiera a viva fu erza, me rced a l mod o de ti empo muy es clarecedora ; pu es cabe mos t ra r qu e una
pen sar, la un idad de lo sis temá tico y lo his tó rico con - di sp osición lega l esté perfectam en te fundada en cíe r-
cebida en la d ialéctica . Desd e es ta pe rspectiva, lo que ta s ci rc uns tancias y en unas instituciones jurídicas
de darte le falta a la filosofla he gelia na se ria conse- exis ten tes y sea consecuente con ellas. siendo en y por
cuencia de la dimensión hi st órica qu e se adentra en si, no obsta nte ello, injusta e irrazonab le; como sucede
ella: en la exp osi ción se ocu lta la huella de un elemen- con el conjunto de disposiciones del derech o p rivado
to em pírico, inconme ns u ra ble con el co nce pt o ; r por rom ano, que se sigu en de mod o enterame n te cense-
no pod er ést e penetrarlo en teramente es tan fantasmal cue nte de ins titucio nes ta les como la pa tria pot es tad
frente a la norma de cíart é (la cual, originariamente y el matrimonio ro manos. Pero, aun siendo las d isposi -
exp lici ta, se tom a luego prestada , sin acordarse de ello, cio nes lega les asimismo j us tas y razonables. es ent era-
del ideal ta nto de toda em p iri e como as im ismo de sis- men te u na cosa mostra r q ue sólo pueden verdadera -
temas his tó ricos opues tos ). Mientra s que Hegel se ve mente acontecer merced al concepto y o tra exponer lo
arrastrado a la integración de l mo mento hi s tórico en hi stóri co de su ap arición , las circunstancias, cas os, ne-
el mom ento lógico, y viceversa, esta tentativa se transo ces idades y sucesos que h ayan con ducido a es ta tu ir las.
forma, sin embargo, en crítica de su prop io sis tema : A ta l mostración y con ocim iento p ragmático a p artir
éste ti ene que hacer declaración de la irreductibilidad de cau sa s hi stó ri cas próxim as o remotas se lo llama
concep t ual del concepto hi stórico en sí mismo (p ues, fr ecu entemente explicar, o, mejor aún , comprende r ;
pese a to do , según los criteri os lógico-sistem áticos, lo pu es se opina que merced a este mostrar lo históri co
h ist óri co perturb a co mo u n de scolorido remien do ); He- se realiza todo-o, más b ien , lo ese nc ial de-cuanto es
gel vio es to perfecta men te en la Filosofía del Derecho. únicamente me nester para co mpre nde r co ncep tualmen-
co n lo cual desautorizó u na de su s intenciones cent ra - te la ley o la institución j uridica; mient ras que , ant es
les y optó por la tradicional separación de lo his tórico bien, lo verdaderamente ese ncial. el concep to de la
y lo sis temático : . EI observar la aparición y desar rollo cosa, no llega a mentarse siquiera con todo ello _".
en el tiempo de las disposiciones legales (em pe ño pu ra- En Jo aconceptual que resiste al mo vim iento he ge-
ment e hi stórico ), así co mo el conoc imien to de sus co n- lian o del co ncep to. la no ide ntida d se le sobrepone; y
secuenc ias razonabl es, que brota d e su co mparación lo que a l fina l habría de ser la verdad que se sos tie ne
con la s relaciones jurídicas preexistentes, tiene su mé- fr ente a l sis tema de la identidad se con vierte en est e
rito y s u apreciación en su propia esfera. pero es aj eno mismo en manch a suya. en lo inexponible. Los lec tores
a toda relación con la consideración filosófica ; a sabe r: de Hegel han re accionado siempre alérgi ca mente con-
en cuanto que el desarrollo a pa rtir de fu nda mentos tra ello, pues aquel libera l restaurado r atenta contra
hi stóricos no se confunde co n el desarrollo sob re el u n tabú burgués: lo presentado debería estar acabado
conc ep to, y la explicación y justificación históricas no y concluso, enteramente de acuerdo co n lo acosturn-
pueden ampliarse a la acepción de un a justificación v é-
Jida en y por sí. Es ta diferencia, que es impor tantí sima lO Hegel, WW 7, § 3, Nota, págs. 434 [ed. cr tt., págs. ll-3}.

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brndc en el intercambio de mercancías, en el que el dad de los op ue stos zs ": .como s i se t ra tase de que esa
clien te ins is te en que lo que se le sumin istre por un «cabeza especulativa .. qu e tan to se Invoca (maravillada
precio to ta l incorpore tam bién el cuanto comp leto de o despectiva men te actuara subjet iva me nte dando ci er-
t ra baj o cuyo equ iva lent e pagu e él ; y s i queda algo por ta clase de pe cu lia res salt os con objeto de lleva r a cabo
hacer al respecto, se s iente def ra udado. A SÍ, pu es, se lo que Hegel a tribuye al conce pto m is mo; como si la
le ano ta en co nt ra s uya, como si no hubiese derrochad o es pecu lación fuese una facu lt ad esoté rica , y no la a uto-
suficient e sudor. el t rabajo y esfu erzo del concep to , que med ición de la reflexión, hos ti lmente hermanada a ella
la filosoffa de Hegel no espe ra meramente de st. sino (como ya ocu r ría en Kant co n la razó n y el ente nd i-
del lector (en u n se ntido qu e excede cualitativamente miento). Ciertame nt e, entre los sup uestos previo s para
de la recepción con una medida por encima de tod o leer rectament e a Hegel, el primero es el de deshacerse
lo usual ); y el ta bú llega hasta alcanzar la no r ma pccu- de semejantes cost umbres, tan arraigadas. a las q ue
lia r de la idiosincrasia del mercado segú n la cual se desmi ente el conteni do de la filosofía hegeliana ; y no
bo rre en el producto la huella de lo human o, y sea un sirve de nada t ratar agi tadamen te d e za farse, como el
puro en si; d e modo que el carácter de fe tic he de la califa y el gran vis ir que se ac uerdan en vano de la
mercanc ía no es mero vel o, sino imperativo. y se recba- pal ab ra nuuabor; pue s el cambio súbi to enseñado po r
za con asco el trabaj o cuajado que permita advert ir Hegel de las de terminaciones finitas en infinit as ni es
que lo es de h om bres: su olor humano del at a a l va lor una situación fá ctic a de la co nciencia subjet iva ni re-
como re lac i ón en tre sujetos en lugar de ser algo ad he rí- qu iere acto alguno especi al : a lo que alude es a una
do a las cosa s. según es tá registrado. (La prop iedad, crítica filosófica de la filosofía tan racional co mo es ta
categoría bajo la que subsu me la soc ie dad burguesa m isma; y el único desider átum sub jeti vo es el de no
incluso sus bien es intelectuales, no es nada a bsoluto; obstinarse . sin o--como con Kant y Fichte-darse cuen-
ma s si se hace visible ta l cosa, pa rece que se peca con- ta de las moti vaciones, sin qu e, po r lo demás, necesite
tra lo más sa nto.) Los ci ent íficos mo n tan fáci lm en te en acep ta r creyen temen te quien sea capa z de ello el mo-
cólera ante teoremas o pensa m iento s q ue no p uedan vimient o del conc ept o como u na rea lidad sui gene ris,
aún llevarse co ns igo, como perfectament e dem ost ra - Pero solamente logra remos p reserva r de la di vaga-
do s; y la desazón a nte ese carác te r concep tua l que no ción estos d esid erata de la lectura de Hegel cuando los
es extrínseco a la filosofía hegelian a se racionaliza lue- co mpletemos con la insis tencia más tenaz en el deta-
go en la mali gna aseveración de que lo incri minado, a lle: és ta pu ed e genéticamen te ir por delante. y sólo alH
su vez, no efec tuaría aquello co n vistas a lo cual retie- d onde fr aca se ca tegórica mente po drá ju st ificarse una
ne a los ot ro s. Asi sucede en el conocido infor me sobre for ma de entra r en relación el lect or d inámica men te
Hegel de l canc ille r de la Universidad de Tübingen Gus- distanciada. Ahora bien : jus tamen te la falta ind iscuti-
tav Rümelin, en el que pregunta con b arata vena ir ó-
nica: «¿Lo enti endes, pues? ¿Se mueve en ti el con- s Gustav Rümclin : Reden und Aufsa1ze, Tübingen, 1875, pági-
cep to, po r sí y sin tu int ervenci ón ? ¿Se camb ia s úb i- nas 48-9, apud Friedrich Ijberwcg: Gnmdriss der Geschichte der
t am ente en s u opues to y brota de ahí la su pe rior uni- Ph it osoph ie, ed . cit., pág. 77.

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da de discriminación entre conceptos y reflexiones, la y en forma correlativa : "La determineidad de la idea y
fa lta de pla sticidad, induce a la micrología, de suerte el decurso com pleto de aquélla han const ituido el ob]e-
que, en ocas iones, incluso al legendario benévolo lecto r to de la ciencia lógica , decurso de l cua l ha surgido in-
de principios del siglo XIX tiene que haberle da do vuel- cluso la idea ab so luta para si; pero ésta se ha mos-
las po r la cabe za como una rueda de m olin o: apenas tra do, por sí, de l sigu ien te modo: que la de termineida d
se hace hincapié j am ás en la sep ara ción entre la apli- no es figura d e un contenido, sino forma sin más, y que
cación de categorías al todo y su significa do es pec ífico la idea. en co ns ecuenci a . es la idea universal sin más.. 44.
y lim itado allf mis mo; la idea m isma sign ifica. por una Final mente, utiliza ambas cosas en el mi smo contexto
parte, lo absolu to. el sujeto-objeto; mas, por otra par- a rgu menta tivo: «En efec to: la idea, al ponerse como
te, en cuan to su aparición fenoménica espiri tua l ha de unidad absoluta del concepto puro y de su realidad
se r, de nuevo, otra cosa que la to ta lidad objetiva . Am- (con lo que se recoge en la inmediatez del se r ), se en-
ba s cosas aparecen en la lógica subjetiva: la idea es cuentra en cua nto totalidad en esta forma , la natura-
allí, reiteradamente, sujeto-obj eto : c... únicamente la leza. Pero esta determin ación no es un ser devenido
idea ab soluta es ser, vida impe r ecedera, verdad que y un tránsit o. lo mismo que, segú n lo a rriba d icho, el
se sabe a sí mi sma y toda la verdad.. 41; o bien: cPero concepto subj etivo, en su totalidad, se co nvierte en
la idea no sólo tiene el senti do, más gene ral, de ver- objetividad y asimismo la finali dad subje tiva se con-
dadero ser, de unidad del co ncep to y la realidad, sino vierte en vida: la idea pura, en la qu e la d etermine ida d
el más determínadc de concepto subjetivo y de ob je- o rea lidad del concepto se eleva incluso a con cepto, es
tividad .. 42. En cambio, en ese mismo tercer libro la más bien libe ra ción ab soluta , para la cua l ya no hay
di stingue Hegel, por otra parte, de la totalidad objeri- ninguna determinación inmediata que no esté igu al-
va : cLa idea se no s ha rnc s tradc como el concepto li- m ente p uesta y sea concepto; y de ahí qu e en es ta li-
berado u na vez más de la inmed iatez en la que se halla bertad no tenga lugar ningún tránsito, y que el simp le
sumido el objeto, liberado para su subjetividad; co n- ser (al que se determ ina la idea) siga siendo perfec ta-
ce pto q ue se d iferencia de su ob jetividad, la cual, sin me n te transparente y sea en su determinación el con-
embargo, es tá igu alm en te determinada por él, y só lo cepto qu e sigue estando cabe sí mismo. Asf. pues , el
tien e su s ubs tancialidad en aq ue l concep to ... Mas es tránsit o ha de entenderse más b ien de ta l mod o que la
preciso comp render es to más puntualizadame nte. El idea se po nga en libe rtad a sí misma, ab solutame nte
concept o, al a lcanzar verdadera mente su realidad, es segura de sí y descansando en si-". Lo mismo que la
aquel juicio ab solu to cuyo sujeto , por ser la unid ad exist enci a co rrompida se exime en Hegel de lo real
negativa que se refiere a sí misma, se distingu e de su que ha de existir raciona lmente, la idea, p ese a tod o,
objetividad y es el ser en y para sí de ésta, pero que pe rmanece ine vitabl em ent e ta n zr;t~ ¡ ~ " de la realidad
esencialmente se refiere a ella a través de sí mismo» 43;
"Hegel, WW 5, pá¡ . 328 [ed. crí t., pág. 484; v. cast., p ág. 559]. " WW 5, pág. 329 re d. crJt., p ág . 485; v. cnst., pá¡¡;. 561].
vL á., pá¡j". 240 red . crít., pág. 410; v. ca st., p ág. 475]. " Id., págs. 352-3 ledo crí t., pág. 505; v. cas t., pág . 583] .
"Id., pá¡:s. 2~1 le d o crtt., pág. 411; v. cast., ¡bid. ]. , * Separada, ais lada. (N. det T.)

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como ést a es ta mb ién exis te nci a corrompida; y tales la reali za. por 10 cual su resu ltado qued a ine rme fre n te
inc ond icio nidade s se encue ntran, cabalmente , esparci- cualquier ob jeción : «Es te últim o yo mi smo de la vo-
das por los textos principale s de Hegel. La t are a con- lu ntad es ta tal es, en esta s u abstracción. u na s ingu la-
sis te, p ues, en la d isyu nción de lo especifico y lo más ridad simp le y, por ello. inmed ia ta ; con lo cual, en su
unive rsal (lo que no acontece hic et nunc) , pues a mbos mismo concep to se halla la detcrminación de la natu-
se ensamblan en las figuras del lengu aje fa voritas de ra lida d ; de ahí que el mona rca qued e destinado csen-
Hegel. E l q uerfa rech aza r el p eligro de huida a lo ge- cia lme nte a la dign idad de mon a rca e n cua nto es te in-
d ividuo (abstrayendo de todos los demás conte nidos},
,,
neral al co ntesta r. en u n té. a una estética dam a qu e
le pregu ntó qué debería pensarse de tal o cua l cosa: y es te individuo d e u n mod o in med iatam en te natural,
eso mis mo . Pero la p regunta no era ta n insen sata co mo en vir tud del na cimiento natu ral. E ste t ráns ito del con-
parece por la forma de despach arla : la Megera podrfa cep to de la pura a u todeterminació n a la inmediatez
haber observado que la co ncie nci a vacía (o sea. el he- d el se r y. po r ello. a la na turalid ad. es d e naturaleza
cho de funcionar en cad a caso un párrafo dentro d e un purament e especulativa. y su co nocímíento correspon-
nexo lógico ) u surpa el puest o del funcionario m ismo . de, por lo tanto. a la filosofía lógica . Por lo demás, es
del cual exclus ivamente de pende el que . en genera l, se en conjunto el mis mo t rá nsit o--en cuanto se conoce la
llegue a establecer tal nexo ; mas lo que habría de pe n- naturaleza del querer, en general, y el proceso---de t ra s-
sarse de ello ofrece una pretensión fal sa. dado que ladar u n con ten ido de la subjetiv idad (como finalidad
anuncia una mera incomprensió n y espera la salva- represen tada) a la existencia (v. § 8). Pero la fo r ma
ción de explicaciones ilu st rativas. que yerran (en cuan- p ecu liar de la idea y del trá nsito de que aq uí no s ocu-
to ilu st rat ivas ); en cambio. quiere deci r. con tod a razón . pamos cons is te en el cambio súbit o e inmediato de la
que ha de efec tuarse todo análisis singul ar. y que es pura a u tod eter mi nación del querer (del s imp le conce p-
pre ciso co nsegu ir la lect ura de estados de co sas aclara- to mis mo) en un ..es te. y se r existente na t ural. s in que
do s. en los que se haya acertado y que se estén transfor- haya mediación de un conte nido particu lar-(u na fina-
mando ( no me ra s co ns tan tes orientadora s). Asf. el fallo lid ad de la acción)-... Adición *. S i bien se sost iene
más fr ecuente de las Interpre taciones de Hegel es qu e a menudo co nt ra los mo narcas que gracias a ellos de-
el anális is no se lleva a cabo acompañando al co nte- pende de la casualidad có mo le vaya al Es tado. p ues
nido. s ino que ún icamente se parafrasea el t exto; luego el monarca podría estar mal fo r mado. de sue r te que
se mej ante exégesis ma ntíen e principal ment e con la acaso no fuese idóneo para ase nta rse en su cús pide . y
cuestió n una re lación igual a la que, según la agudeza qu e es absurdo que haya de exist ir se me jante s it ua ción
de Sche ler. exis te entre el po ste indicador de ruta y la má s que otras más ra zonables, aquí es preci samen te
ruta recorrida. Hegel mi smo no llevó a término mu o nula y sin valor la prcsuposición de que depe nda de
chas veces la efectua ción. sino que la su stit uyó po r
p erifrásti cas declaracion es de su propósito; en la Fil o-
• Como ya hemos indicado . en las «a dlcíones - refundie ron
sofía d el Der ech o, por ejemplo, pretende hacerse la los discíp ulos apunt es diversos dc clase, en oca siones pro ceden-
deducción esp ecu lativa d e la mo na rquía, pero no se tes de épocas separadas entre sí por decenios. (N . del r .)

[68 169
la pccu Ja ridad de l cará c ter. Pues en una organizaci ón díentemente . La preeminencia de la obje tivida d co n
a cabada, se tra ta sólo de la cú spide de un deci dir fo r- resp ecto al con junt o querido de pen sa mi entos, la de
m a l, y só lo se necesit a co m o monarca u na per so na que la s cir cun st ancias det ermin ad as q ue h ayan de t en erse
d iga ..sí- y ponga el punto sob re la i, ya qu e la c ús pide e n cuenta , const ituye en la filosofía hegeliana incluso
ha de se r tal que lo im por tante no sea la peculi aridad una in st ancia (r ente a ésta ; y cua ndo e n el interio r de
de l ca r ác ter: y lo q ue le q ueda a l m onarca e n esta úl- un párrafo se dibuje su problema com o a lgo d elimit ado
tima deci sió n es cosa que reca e e n la part icu laridad de y sue lto (puede sospecharse q ue el se creto de l m étodo
la que no ca be que dependa . Ciertamente, puede ha ber fi losófico es que com prender u n prob lem a y ha berl o
s ituaciones en las qu e sólo en tre e n j uego t a l particu- resuello es propiamente una so la cosa ), q ue dará asi-
la ri dad. pero en tonces el E stado no estará com pleta- mi smo acl ar a da la inten ción de Hegel, ya sea q ue 10
men te formado. o no b ien construido: en una mona r- pensado crtpttcamente por é l se desvele de p o r sí, ya
q uía bien o rdena da. ú nicamente a la ley le co rres ponde q ue sus co ns ide r a ciones se a rticule n m er ced a 10 q ue
el lado ob jet ivo, al cual el monarca s610 h a de agre- ellas mi smas descuid aran.
gar el subjet ivo "yo qu iero" "'. Ahora b ien : o este ", yo La ta r ea de su mer girse ponnenorizadamen te exige
qu iero » a rrastra rá co ns igo, em pero, toda la m ala casua- que se medite sobre la estructura del interior de los
lidad q ue H egel impu gna, o el monarca es realmente text os hegelianos. Ta l estructura no es e l usual de sarro-
u na p er sona q ue dice amén, y super flua. Sin em bargo , llo progresivo en línea r ecta de los pensamientos, co m o
es tas debili dades encie r ran muchas veces las in dica cio- tampoco una sucesió n de análisis yux tapuestos en fo nna
nes d eci siva s pa ra com pre nderl as; y la fid elidad inm a- di sc reta y sufici en tes en sí; e incluso la comparación
ne nte a la intenci ón exige. en casos mej o res que el con un tej ido-que en ocasiones p rovoca-es inexacta.
to rpe m ente ideológico de la Filosofía del Derech o, que ya q ue sustrae el momento dinámico (s in e mba rgo, es
para e n te nder e l texto lo co m ple te mos o lo re basemos. ca racte rí s tica su fusión co n el es tá tico ). Los sobrecar-
Po r e llo no sirve de nada meditar p rofundamente so bre gados ca pítu los hegelia nos se n iegan a hace r d ist inción
form ulaciones a isla das críp ticas ni entra r e n co ntro- e nt re e l a nális is de conceptos o «acla raci ón » y la sín-
versias, frecue nt emente ind iri m ibl es, so bre lo que haya tesis com o avance a al go nuevo, q ue no esté contenido
qu erido decir: es p referib le dej ar a l descubier to la in - e n e l concepto m ismo; lo cua l perturba la orien tación
te nción ; y a par tir de su conocim ien to hay q ue recon s- acerca de dónde se ha ya de tenido un o. «Ya a l e m pe-
trul r los hechos (que Hegel ti ene casi siem p re p r ese n- za r se interrumpió. lu chó un poco, come nz ó d e nuevo,
tes , incl uso cua ndo su propi a for mulación r e bo t a so- se de tuvo otra vez , siguió hablando y pen sando; a l pa-
br e ellos). Pu es m ás im portante que 10 que quisi era é l recer, la palabra justa se le habfa ido definitivamente,
decir es aquello so bre 10 que hab la: a p a r tir del p ro- hast a que, po r fin, dio con ella: pare cí a normal y era,
grama hay que r ecstab lec er el esta do de cos as y e l sin em bar go, inimitablemente apropia da, insólita y,
problem a, y luego hay que meditarlo a fondo indcp cn- pese a e llo, la única cer ter a. Siempr e parecía que ha -
bfa de seguir 10 m ás auténtico, y, no ob s tante, habfa
.. W\V 7, § 280, con la Ad ición, pá gs. 387 ss . [ed. crrt., pág. 247l. pasado com p let am en te in advertido nada m ás haberlo

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pronunciado. Cu an do se ca pta ba un cl aro significado po co aficionado qu e fuese Hegel a esta f orma lógica
de una fras e es peraba uno ansiosamente continuar precisamente y a la identidad ab strac t a del concepto;
ava nza ndo; pero en vano : el pensamiento, en lugar de pero el movimiento mental, la entrada de lo nuevo,
m overse hacia adelante, giraba incesant em ente , con pa- añade-nada kantianamente-algo al concepto del su-
lab ras análogas, en tor no al mi smo punto. Pero si la jeto gramatical: lo nuevo es 10 antiguo, y m erced a la
atención, desfallecida, se desviaba, esparciéndose un exp lic ación de los conceptos (o sea, gracias a lo que,
poco, y vol vía repentinamente a la confe rencia, sobresal- según la lógic a y la t eoría del conocimien to tradicio-
tada, al cabo de algunos minutos, se encon trab a como nales, efectúan los juicios analíticos) se hace evidente
testi go, ar ran cada de t od o contexto : pues suave y cir- en el concept o mismo, sin afectar a su extens ión , lo
cu nspec tame nte, avanzando a través de esla bone s inter- ot ro y no idéntico a él como implicado por su se nt ido.
medios a pare nteme n te insignific antes, cualquier colma- Heg el da vu eltas y vu elt as al concept o hasta que pro-
do p ensamiento se h abía ci rcu ns cri to a un aspecto uni- po rcione lo que es má s qu e él (se malogra en cuanto se
lateral, se había escindido en distinciones y enredado empeña en sí mi smo, mientras qu e, en cambio, sólo
en contr adicciones, cuya vic tori osa solu ción era lo úni- la catás t rofe de tal emp eñ arse oca siona el movimiento
co con fuerza suficie n te pa ra obligar a 10 má s reacio que en sí le vu elve otro); en cuant o al modelo de es ta
a re unirse, por fin, de nuevo . Y de este modo , reasu- estructura men tal, está con stituido por la ma ne ra de
miendo cuidadosame nte una y otra vez lo primero, para manejar la proposición idé nt ica, A ::::: A, que ya se bos-
desarrollar a par ti r de ello, p ro fund amente transforma- queja en el trabajo sobre La diferencia..., y que luego
do , lo último (más de sav enido y, sin embargo, sie mpre se lleva a té rmino enérgic ame nte en la Lógica. (La no
m ás abundantement e reconciliado), se entrelazaba, se identidad de sus miembros forma p ar te de l sen ti do de
agolpaba y se r pe n teab a incesantemente hacia adelante un juicio idéntico p uro, ya que en un juicio singular
el más asombroso torrente de pensamientos, t an pron- sól~ puede espe cificarse, en general, la igualdad de lo
to desmembrando co mo re sumiendo ampliamente, a desigual-a no ser qu e se haya de desatender la pre-
vece s vacilando o ar ra st ra ndo a empellones » 47 ; y, to- t ensión inmanente de la forma judica ti va, esto es , que
mándose algunas libertades, podría sos tenerse que, t an- hay a algo que sea es to o aq uello-.) Numerosas re fle-
to en el sistema he geliano mismo como en aquella con- xiones hegelianas están organizadas análogame nte, y es
ferencia, los juicios analíticos y los sint éticos no se preciso haberse uno puest o en claro antes acerca de su
mantienen separados tan estrict amente com o según el modo para no sumirse una y otra vez en la conf us ión;
ab eced ario de Kant. Así, pues, t ambién en este caso pues, de acu erdo con su mí croest ructu ra y su forma
compone Hegel una reposición-mediada por la sub je- literaria, el p en samiento de Hegel era ya lo que Ben ja-
t ividad-del ra cionalism o p rekantíano, en esp ecial del min ha llamado una dialéctica en estado estaci onario,
Ieibniziano, cosa que modela la exposición : ésta posee comparab le a lo que p ercibe el ojo en las gotas de
t endencialmente la forma de un juicio analítico, por agua que empiezan a p ulular bajo el microscopio (sólo
que no es tá delimitado con firmeza objetiva aquello so-
"Vors tudien für Leben und Kunst, ed. cit ., págs. 386-7. bre 10 qu e cae esa testaruda y exorcizadora m ira da ,

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sino algo así co mo deshilachado por los márgen es). Uno tot al : fuerza retroactiva, La difundida idea d e la di -
de los pasajes más famosos del prólogo de la Fenome- námica del pen sar hegeli an o (la de que el movi miento
nología dela ta a lgo de tal es tructura del interior : tila de l co ncep to no seria nada más que el progreso de uno
aparición fenomén ica es el nacer y perecer, que. a su a otro en vir tud de la med iación in terna del u no ) es,
vez, no nace y perece , sino q ue es en sí. y que co ns ti- por lo me nos. unilateral ; pue s en cuanto que la re fle-
tuye la realidad y el movimiento de la vida de la ver- xión de ca da concepto, unida, po r lo regular, a la re-
dad . Lo verdadero. pues , es el delirio báquico, con el fl exión de la re flexión, hace saltar el concepto demos -
que ningún m iembro deja de embriagarse; y puesto que trando su discrepancia. el mo vimiento de éste afecta
cada uno de ellos, "a l apartarse , se descompone igual ta mbién al estadio del q ue se desprende; con lo que el
de inmedi atament e. es igualmente la quiet ud tra nspa- prog re sivo avanc e es crítica permanente de lo p rece-
rente y simple. Cierta me nte. en el tribunal de aq uel dente. y semejante movimiento se com pleta con e l rn o -
movimiento no sa len airosas las formas singu la res del vimi ento q ue progresa sinté ticamente. Así, pues, en la
esp íritu, como ta mpoco los p en samientos d etermin a- dialéctica d e la id en tidad no só lo llega co mo forma su-
do s, pero son mom en tos tan positivos y necesarios p rem a a la identidad de lo no idént ico, al A = B o jui-
como negativos y pasaj eros. En el todo del mov im ien to cio sinté tico, sino que se reconoce la su stancia prop ia
aprehendido como quietud, lo que se dist ingue en é l de és te como mo mento necesario ya en el juicio analí-
y da lugar a un ser exis te nte pa rticular se conse rva ti co, A = A; y, a la inversa, en la equ iparación de lo no
como lo que re cu erda y cuyo ser es el saber de sí mis- idén tico se conserva la simple iden tidad form al de l
mo, lo mismo que és te es, igua l de inmed iatamen te, el A = A. Como correspo nde a ello, la exposición da en
ser en la exist en cia .. 41. Es indudab le que en es te y en varias ocasiones un salto a trás: lo q ue de acuerdo con
otros lugares análogos de la Lógica ~ qued a excep tuado el sim p le esquema de la triplicidad seria lo nuevo. se
de la totalidad el es tado estaciona rio. lo mismo q ue en desemboza como el concep to de partida, iluminado po r
la sen tencia goe thia na sobre todo apremio como q uie- otra parte y modificado, de l movimiento singu la r dia-
tud eterna; pero, de igual modo que sucede con cua l- léctico de que en ca da ca so se hable. Documentémoslo,
quier aspecto del todo, también és te es a la vez en He- com o algo querido por el mismo Hegel, co n la «au to-
gel aspecto de todo individuo singular, y acaso su det erminación. de la esencia hacia el fundamentos, del
ubicu idad le impidió dar cuenta de él-estaba dem a- lib ro segundo de la Lógica: «Dado que a partir de la
siado cerca para ello. y se le ocultó como una pa rte determinación, en cuanto lo primero e in mediato, se
de la inmediatez írreñextona da . . avanza hacia el fundamen to (po r la naturaleza misma
Tal es t ru ctura del in terior posee. sin em bargo, una de la determinaci ón, que suc umbe po r sí, yéndose al
consecue nci a de gran alcance incl uso pa ra la conexión fondo o fundame nto). és te es , por lo pronto , algo de-
terminado merced a aquello primero. Só lo que este
.. Hegel, WW 2, págs. 44-5 red. crtt., pág. 39; v. cas t ., pág. 32J.
determinar, por una parte. es. en cua nto dejar en sus -
.. Compárese WW 4, págs. 66s.6 Cedo crtt., t. 11, págs. 159-60;
v, cu., t. 11, pág. 191], con WW S, pág. 212 [ed. crü., pág. 386; p en so el determinar , la iden tidad de la esencia- úni-
v, cas t., págs. 447-8J. camente que restaurada, purificada o re velad a-e, la

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cu al es e n si la determinación de la reflexión ; por otra mediaci ón, lo simp le cuan do se dej a en sus pens o la di -
parte. en c uant o deter m inació n, este mo vimiento ne- ferencia , lo po sitivo si se deja e n sus pens o lo negativo ,
gador es a n te lod o el poner de aquella d eter míneidad y el concepto, que s e realiza a tra vés del ser otro y al
de la reflexión que p arece se r inmedia ta , p ero que so- dej ar en su spenso es ta realidad .. . reest ablece su sim-
lamen te está pu est a por la re flexión del fu ndamento ple referencia a sí. De a h i que es te resultado sea la
(reflexión que se excluye a si mi sma ) y, en con secuen- verdad ... [pe ro] no es posible co mp re nde r ... que lo
cia, como algo pu es to, o dejado e n suspenso. Por lo ta n- tercero sea inmedia tez y mediación , o la unid ad de
to, la esencia, al de te rmina rse como fundamento, sólo a m bos. ya que no es un te rce r ele me nto en reposo, sino
proced e a partir de sí...• 50. E n la lógica subjetiva , por jus ta mente tal unidad, qu e se es un movimiento y u na
otra parte, Hegel define (de man era gene ra l y un poco ac tividad m edi adores consigo mi smos. - ... Ahora bien :
formali s ta ) el «te rce r mi em bro. del esquema de tres es te resultado , en cua nto el todo que ha pa sad o a s i
com pases como el primero , mod ificado, d el movim ien- e id én tico con sigo, se de vuelve a sí m ismo la forma
to s ing ula r d ia léctic o de que se es t é tratando: cEn es te de la inmedia tez; con Jo cual él mismo es ahora ta l
pu nto de inflexión del método r etrocede sob re sí m is- y como lo hubiera determinado lo que comienza.... SI.
mo, a la vez , el curso de l conocer, E sta negatividad es , La música de tipo b eet hoven íano . de acuerdo con cuyo
en cuanto contradicción que se deja en suspenso a s i ideal la rep osici ón (e sto es, el retomo evocado r de com-
m isma, el restableci miento de la prim era inmedia te z, p lejos previamente expuestos ) quiere ser resu ltado de
de la sim ple unive rsalidad : pues es inmedi ato lo otro la ejecución y, por tanto, d e la dialéc t ica , nos present a
que lo ot ro , lo negativo de lo negativo, lo positivo, id é n- un análogo al respecto, qu e excede de la mera a na logfa ;
tico y u niversal . En el curso com pleto, esta segu nda pues tam bién la m úsica ricam en te organizad a ti ene que
inmedi atez es-si es que, en último término, quere- o írse multidi mensio nalm ente, a la vez haci a adela nte
mos con ta r- lo te rce ro para con lo p rimario inmedia to y hacia a trás. Tal es lo que requie re su principio de
y lo med iado ; pe ro tambié n es lo t ercero co n respecto organiza ción temporal : el tiempo se ha de es t ructu ra r
a lo negativo prima rio o fo rmal, y con respec to a la merced a la distinción e nt re lo conoc ido y lo no co-
nega tividad abso lu ta (o lo nega tivo segundo ); mas pu es- noc ido, e ntre lo ya pasado y lo nue vo ; y el mismo avan-
to que aq uello primera mente negativo es ya u n se gu n- za r t iene como cond ición u na conciencia q ue re troceda;
do término, lo conta do como terc e ro pu ede con ta rse pues para ente rarse de una fr ase com p leta es p reciso
también como cuarto, y po drí a mos adop tar, en lu gar ten er a la vista e n todo in stante, retrospectiva men te.
de la fo r ma a bs tracta de la triplicidad, un a cuad rupli- lo que le haya preced ido: los pasajes s ingula res han
ci clad: de es t a ma nera , lo negativo o difere ncia se cuen- de en te nderse como co nsecue nci as suyas, ha y qu e dar-
t a co mo una dua lida d. - ... Viéndolo m ás de ce rca: lo se cue nta de l se ntido de las r epetici ones di screpantes
t ercero es lo inm edi ato, pero de jando en sus pe nso la y es menest er que lo que se vuel va a manifest ar sea
percibido no mera mente como correspon dencia arqui-
'" WW 4, pág. 552 [ed. erít., t . 11, págs. 63-4; v. ces t., t . n,
pá g. 80]. " WW S, págs. 343 ss . le d ocr ít ., págs. 497·9; v, ces t., p álls. 574-6] .

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ra
tect ónica, sino como algo llegado a se r en virtud de un flexion ar del id eal de la cie ncia), En H egel , el elem ento
imperativo. Acaso ayude a comprender tanto esta ana- exp res ivo re presenta la experiencia: lo que propiamen-
logia como lo más p ro fu ndo de Hegel el qu e la ap re hen- te querría salir a lu z, pero que no p uede hacerlo-en
s ión de la totalidad como la identidad mediada en sí cua nto lo exi ja la necesidad-de otro modo que a tra-
po r la no identidad transfiera a lo filosófico una ley for- vés d e un medio concep tual, que primariamente es lo
mal artística; transferencia que, a su vez , está filosó- op uesto a ella. Imperativo de expresión que en mod o
ficamente moti vada. Pues el idealismo absoluto estaba alguno lo es (y menos que co n nadie, con H egel) de
tan poco dispuesta a tolerar nada ajeno y ext er ior a su visión sub jeti va d el mundo, sino que él mi smo es tá de-
propia ley como la te leología dinámica del a rte con- t ermina do objetivamente (y esto es a plic able, e n tod a
temporáneo, especialme nte de la m úsica clásica ; y s i filosofía explíci ta, a la verdad qu e se ma nifiesta hist ó-
bien el H egel de la madu re z proscribió la intuición in - ricamente), E n la vida ult e rior de las obras filosóficas
telec tual sc helli nguiana como una ilusión al m is mo - el desp liegue de su sus ta ncía-c-, lo que expresan se
ti empo aconce p tual y mecánica, la fo r ma de la filoso- lib e ra gradualmente de lo que hubieren meramente
ña hegeliana se encuentra, e n ca m bio, incom parabl e- pe ns ado ; pero en la filosofía da señales de vida pri me-
mente más p róxim a a las obras de arte que la de ro que todo, com o si fu ese su momento sub jetivo, [u s-
Sche lli ng, el cual quen a cons t ruir el mundo s iguie n- t amente la objetividad del conte nido cxp eríen cía l, qu e,
do el modelo de la obra a r tís tica. E l arte, e n cuan to en cu an to hi st oriografía inconsciente, de l es píri tu, ob -
que se destaca de la em pir ie, requiere constitutivamente se rva cuidadosa men t e lo que su bje tiva men te se qu isie-
algo ind isoluble, no idé nti co: sólo es arte con lo que, ra decir: y por ello se fortalece precisamente con
a su vez, no lo sea; y esto se tran smite al duali smo de aquella ac t ividad mental que acaba por exti nguirse en
la filosofia de Schelli ng (que éste no liquidó nu nca ), e l conte nido experiencial pate nte. (Las lla madas e xpe-
cuyo concep to de verdad es tá to mado del a rte; pe ro si riencias filosófic as fun damentales o incluso originarias,
és te no es una idea sepa rada de la filosofía, que la guíe que querrían exp licarse inmediata men te como tales sin
a modo de mod elo, si la filosofía como tal quiere lle- desp rende rse de sí con vis ta s a la meditación, no pasan
var a cabo lo que en el a rte, en cua nto aparien cia, no de impotentes inervaciones: la experi encia subjetiva es
puede hacerse , la t otalidad filosófica será, jus tamente sólo la cáscara de la filosófica , que se oculta bajo ell a
por ello, estética, escenario de la a pariencia de la id en- y luego la t ira.) Tod a la filosofí a de H egel es un único
tidad a bsolu ta (escenario que en el a rte es inocuo m te n- esfue rzo por traducir la experi encia es p ir it ua l en con-
t ras és te se ponga como apariencia y no como razón ceptos; y el inc reme nto de los aparatos mentales, qu e
realizada). t an gu s tosamente .se le ce ns ura como mecanismo coac-
Lo mi s mo que en la s obras de arte reina una t en sión t ivo , correspo nde prop orci on alm ente al ímpetu de la
e ntre la exp resión y la const rucción , así sucede en He- exper iencia a la que hay que imponer se. E s posible que
gel en tre el elemento expresivo y el argumenta ti vo (co sa ha st a en la Penorne no íog ía creyese H egel que cabía
de la que, de sde luego, sabe más ad ecuada me nte t od a descri birla se nci lla mente ; pe ro la experiencia es pi r itual
filo sofía que no s e contente con una imitación sin re- no pue de expresa rse de ningún ot ro mo do que re fleján

178 179
,

dose en su mediación: se la p ien sa activamente. E n menología de Husserl y de su escuela, se p resentó en


cuanto a la indiferencia en tre es ta expe rienci a expre- una declaración metódic a. E l proced er de su pensa-
sada y el medio de los pensamientos, es cosa qu e no mi ento es paradójico: es cierto que se m antiene extre-
ca be alcanzar; y lo que de false dad hay en la filosofía mosamente dentro del medio de l concept o (dicho de
hegeliana se man ifiesta justame nte en qu e imagina rea- acuerdo con la jerarquía ~e la lógica c xtcnsíonal: en
lizable tal indiferencia merced a un esfu erzo conceptu al el nivel de abstracción má s alto), pero en se ntido pro-
sufici en te; de ahí las innumerables gr ietas en tre lo ex- pio no argum en t a, como si quisiese econom izar así los
perimentado y el concepto. Hay que leer a Hegel a re- avías ob jetivos del pensamiento con respecto a aquell a
dropelo también porque lleva a su núcleo experienc ia! expe ri enci a, que, p or lo demás, es espiritual e incluso
toda op eración lógic a, por formalment e que se presen- pe nsamiento. El pro grama del puro co nte mp lar , de la
te; y lo que en el lector equivale a tal exp eriencia es in troducción a la Fenomenología, po see en las obras
la imaginación: en ca so de que qui era me ramente con s- principales mayor peso de 10 que le cree cap az la con-
t at ar lo que deba lee rse en un pasaje, o incluso da r cien cia filosófica ing enua : puesto que, según su con-
caza a la quimera de descubrir lo que el autor haya cepción , t odos los fenóm eno s están en sí espiritual-
querido deci r, se le volatilizará la sustancia por cu ya mente me diados (y, en el se n tido de la Lógica, entre
cert id umbre filosófica da de m~no todo: nadie puede sus categorí as se encuentran también los fenó me nos,
sacar de la lectura de Hegel más de lo qu e él pusiera. eso que se nos a parec e dado y en tal medida mediado,
E l proceso de la comprensión es la autocor rección pro - como destella ya en un lugar de la deducción kantia-
gresiva de tal proyección m erced a compararl a con lo na 52), no es menes ter el pen sar p ara ap re hende rl os ,
que se encuentre escrito; y la cuestión mi sma con tie ne, sino aq uel com po r tamie nto para el cual la fen om en o-
como ley forma l, la expectativa de una fanta sía p ro-
ductiva en el lector , qu e ti ene que inve nt ar, a partir » , ... Sólo son re glas p ara un entend imi en to toda cuya ca-
p acidad cons ista en pe nsar, esto es , en el m anejo, la sí n tesis
de la experiencia propia, lo que haya podido qued ar
de lo múltip le qu e le está dado ul terior mente en la intuición ,
reg is trado en punt o a ésta (la comprensión ti ene que pa ra llevarlo a la unidad de la epo rcepcton: el cual, así , p ues, no
enganchar se justamente en las gr ietas ent re la expe- cono ce abs olu ta m ente nada por si, sino q ue únicame nte enlaza
ri en cia y el concep to). Cuando los conc ep tos se autono- u ordena la materi a para el conoci m ien to . la in tu ición, qu e le
mizan en conjunto de apara tos-y sólo una locura en- tien e qu e es tar da da merced a los o bjetos . Pero ta n imposib le
es señalar un fun damento ulter ior de ta pecu liaridad de nues-
tusiástica podrí a ab solver a Hegel de que de vez en
tro entendim iento de que solamente efec t úe a prio ri la u nidad
cuando desdeñe su p ropio cano n- hay que restituir- de la apercepcíón po r me diación de las ca teg orías, y precisa-
los a la experiencia espiritual qu e los mo tivara, y ha- m ente merced a tal tipo y número de ell as, como de por qué
ce rl os tan vivos como ellos quisieran e inevitable mente p oseemo s justamen te es tas funciones pa r a juzgar, y ninguna
no pued en se rlo. Por otra parte, en Hegel, la primada ot r a, o de por qué el tiem po y el esp acio son las ú ni cas formas
de n ues tra p osible intuición» (Kant ; K ri tik de r reinen v emun tt ,
de esta experiencia afe cta incluso a la forma concep-
ed . cit., pá gs. 158b-9 b [corresponden a B 145-6: v. cas t o (trad. de
tual: él, al que se acu sa de panlogismo, se an t icipó a Morcn t e), t. 1, pá gs. 261-2, y (trad. de Peroj o-Re vira Arrnengol)
una t endencia qu e sólo cien años de spués, en la fe no- t. 1, pá g. 261].

180 181
logta de un s iglo despué s encont ró el t ér mino de r ecep - to rela jado ; y su consumaci ón de pe nde de que se con-
tivid ad es po ntáne a; y al su jet o pensante ha brá que ex i- siga el re lajamiento (en es to se diferencia nota blemen-
mi rlo de l pen sa r. ya qu e se encu en tra a sí mi smo de t e de Kant y de Fichte, como. po r lo de más, también
nuevo en el ob jeto pe nsado (sólo habrí a qu e saca rlo del in tuici onismo, al que a tacó en Sch elling). Com o
de den t ro de és te, y tendrí a qu e identificarse allf}, I n- tod as las dico tomías es tá ticas, t ambi én q uebra ntó la de
dep endien tem ente de cómo resi sta a la crítica tal intui- tes is y argu mentación; pero no sucede en él que. co mo
ción, s u prop io p roc ed er se ri ge por ella ; por lo cual ocurre much as veces en filosofía , la argume nt ación sea
ún icam en te cabe ente nderlo cu ando no se leen los aná - algo subs id iari o y que cu piese elu dir en cua n to se haya
lisis singu lares como a rgu me n taciones, sino co mo des- infiltrado la tes is: éstas (de la s qu e Hegel se bu r ló Ha-
cri pc iones de «Imph cacíones de sent ido " (s ólo que no llándolas «sentencí as ») son tan escasas co mo las argu-
co nside ra éstas, lo mis mo que la escuela husserliana, ment aciones; y una co sa es siempre virtua lmente la
co mo significa dos fijo s y unidades ideales. invariantes, ot ra: la argumentación . un predicar lo qu e sea una
sino co mo dotadas en sí de movim iento). Hegel de scon- cosa. y, po r lo tanto. tesis; y ésta. u na s lntesis [udíca-
fía p rofundamente de las argumentaciones, y con ra- fiva, o sea, una argumenta ción .
zón ; pues aquel dia léc t ico supo primariamente lo q ue El relajame intc de la co ncienci a como modo de
po s te ri or men te volvió a de scubrir Simrn el: que lo que compor ta mient o no quiere decir que se rec hacen las
se qu eda en argumentat ivo se expone siempre, por ello , asociaciones, sino abrir el en tendim iento a ellas : Hegel
a la re fu tación ; y de ahí que a Hegel le defraudara ne- sólo puede leer se asocia tivamente. Hay que inten tar ad-
cesariamente la b úsqued a de la argume n tación. I ncluso mi tir. en efec to . todas las posibilidad es de lo mentado,
la p regunta por el por qu é, que el lect or a cuer po lim- todas las referencias a otras cosa s que le salt en a u no
pio se sien te frecuentemen t e obligado a diri gi r a las a la vista; pues el efecto y funci ón de la fant as ía pro-
trans iciones e inferencias hegeli anas cuando se le figu- ductiva n o reside en últi mo tér mi no en ello (por lo
ran abie r ta s o tras pos ibilidades que las ventiladas por menos una parte de la energía sin la que es tan impo-
él. es ina decua da : la intención global esboza las cons- sible leer como sin relajamient o se emplea rá en sac u-
tantes o rientado ras, pero lo qu e se dic e del fenómeno dir aquella a u tomat izada di sciplina que ex ige la pura
se saca de él (o. al menos, así debería ser ); y hay cate- concent ración en el objeto y q ue. po r ello. fácilment e
ga rfas. como la de nexo fu ndamentante, q ue no han de lo marra ). Po r lo demás. el pensamiento as ocia tivo tie-
supone rse, sino que cae n dentro d e la mism a dial écti ca ne en Hegel el [u ndam eruum in re: su concepción de
h egeliana de la esenci a. Si la tarea an te la que Hegel la verdad co mo una verd ad qu e se va haci endo, así
se encuentra no es la de unas m arch as forzadas inte- como la a bsor ción de la emp lrie en la vida del concep-
lect ual es. casi hab ría que llamarl a op uesta a és ta: el to , pasa n p or enci ma del divorci o de los sect ores filo-
ideal es un pensar no argumen tativo. Su filosofía, qu e, sóficos de lo sistemá tico y lo h ist óri co, pe se a las de-
por ser u na de la iden ti dad su prc mament e distendida, claraci one s en contrar io de la Filosofia del Derecho.
pide la máxima t en sión del pensamiento . es dial éctica Y, como se sabe , el subst rato de su filos ofía. el esp írí-
hasta el p unto de moverse en el medio de l pe."sami en- tu , no ha de ser un pensamiento subj et ivo y ap artado ,

182 183
sino real. con lo que su mov imi ento ha de ser la h is- y mientra s tanto, la interpretación históri co-filosófica
toria real; no obstan te lo cual. ni siquiera los último s hab rá de esforzarse por log rar la misma liberali dad
ca pítulos de la Fenom enología estrujan brutalmente qu e la sis temát ica.
una contra la otra, con u n ritmo incomparab le, la cie n- Por lo demás , las asoc iaciones hi st óricas no so n las
cia de la experie nc ia de la co nducta y la de la historia única s que se le adh iere n a Hegel. Men cio nemos, al
hu ma na : ambas esferas osc ila n al entrar en conta cto. men os, otra d imensión: la de q ue s u d inámica es a su
E n la Lógica, en ca mbio, co nforme a su tem át ica e, in- vez, u na vez más, la exis tente ent re los eleme n tos di-
dudabl em ente, bajo la presi ón de la consolida ción del námicos y los fijo s (cosa qu e la divor cia ir rc concilia -
último Hegel, la . historia externa qu eda ab sorbida por blerncnte de ese fluir de filosofía de la vida en el qu e,
la h istori cidad interna de la do ctrina de las ca tegorías ; po rej emplo, se macero el método diltheyano). Habría
pero és ta- po r lo menos-apenas olvida j amás la hi sto- que seg uir en detalle las consec uencias que ello tiene
ria esp irit ua l en sent ido es t ricto : cuan do la Lógica se sob re la es tr uc tu ra. E n med io del semoviente conce p to
separa de o tra s post uras sob re la mi sma cuest ión, remi- se sos tie ne u na invarian cia mu cho mayor de la espe ra-
te, sin excepcio nes , a las tes is de la t radición his tórico- da po r quien se imagine el concep to mi smo de dialéc-
f ilosóf ica (en gene ral, es aconsejable, en los pá rra fos tica demasiado adi aléct icamente : la co nce pc ión de la
oscu ro s, ex trapo lar ta les remision es) . Conviene hacer identidad en el todo, la del sujeto-objeto , requiere un a
refere ncia a textos hegeli anos primerizos, co mo el tra- teor la ca tego rial tanto como se la niega en d etalle; y
bajo sob re Lo. diferencia... o la lógica de J en a; pues pese a toda la ri queza de lo que Marx , con una met á-
ellos fo rmulan p rog ra má ticame nte lo que la Lógica fora mu sical, llamó grotes ca melodí a de las rosas 53, el
quer ría re sca ta r, y se pe rmi ten to davía las ind icacio- número de los mo tivos hegelianos es finit o . Una ta rea
nes hi st óri co-filos óficas que más tarde se silencian en urgente, por paradóji ca que sea, es la de es tablecer un
beneficio del ideal del movimi ento de l con cepto . I ndu- catálogo de los invariantes hegelianos y hacer que sal-
dablem ente, también sobre es ta etapa hegeli ana cae ga a luz su relación con lo dotado de mo vimiento; tarea
una sombra de ambigüed ad, pues, lo mi smo que las que sería ú til para las cues tiones mism as no menos que
co ns ide raciones sistemá tica s recib en el impu lso de las co mo apo yo pedagógico (si bien sólo teni endo concien-
his tóricas, és tas se encu en tran guiadas por aquéllas: cia integra de la unilaterali dad que, según Hegel , es la
rara vez acaban en el filosofema al que aludan, y se falacia mi sma ). La lectu ra tiene q ue hacer, de la nece-
orient an má s por el interés objetivo que po r la llamada sidad de l perturb ador sonsone te de que Richard wag-
confrontación con unos lib ro s. Ya en el escr ito sob re ner, análogamente, se quejó en lo que se refiere al cla-
Lo. difere ncia ..., por eje mplo, se duda en ocasiones so- sicismo musical, la virtud de la dedica ción ; así, en los
bre qué va dir igido contra Reinhold , qué contra Fichte pasaj es más difíciles, y conoc iendo los invariant es que
y qué lo esta ba ya co nt ra Sch ellin g, CU)'O pun to de vis- Hegel en modo a lguno dejó al descu bierto , sino que
ta era lo que oficia lmente defen dí a, aunque en su fuero acaso cont ra su voluntad es tán h incados en su ob ra ,
in terno lo tu viese superado; pregun tas qu e serían reso-
lubl es por la filología h egeli an a, si es que la hubiera; " Marx: Die Fríih schr íit cn , cd. ci t. , pág. 7.

184 185
será bue no que asociemos (a lo cual se recuesta siem-
p re el exame n singu lar) . pues es frecuente que un a
comparación del motivo general co n el texto partlcu-
ga a és ta much o más profundam ente d e Jo que a seve-
ra ; y su ide al de reconstrucción no es absolutame nte
distinto de l cienti fico (lo cual es. en tre las co n tradiccio-
nes de la dialéc tica de Hegel que él mi sm o no allana.
l
lar nos proporcione el sen tido: la nada ortodoxa oj ea-
da al todo. sin la cual no se acaba con él, otorga a acaso la de mayores consecu encias) : provoca el mé to-
Hege l el resgua rdo para que . a su vez, pueda proceder do experimenta l. que. por lo demás. sólo recomendaban
no ortodoxamente. Mas si bien no cabe pensar en él los puros nominalistas-y leerle experimenta ndo signí-
-como tampoco en el pensamiento libre. en suma- fica med ir lo con su propia medida.
faltándole un elemento lúdico. al que se deben las aso- Pero es to quiere decir nada m enos que nin gun a lee-
ciaciones . ésta s son meros momentos parciales, y su tura de Hegel que pretenda hacerle justicia p uede dejar
polo opues to es el texto . La segunda etapa de la ded ]- de critica rlo. Y. en general, es falsa la n oción (sacada
cací ón seria, si es que se la ensaya sob re és te: elim í- de las convenciones pedagógicas y de los prej uicios
nen se las asociaciones que se le .resistan , y consérvese autorita rios ) de que la critica se construiría, a modo
lo que condiga con él y esclarezca los detalles. Pero el de segu ndo est ra to, sobre la compre ns ión: la filosof ía
criterio de las asociaciones es , además de esta fer fili- mi sma se consum a en la permanente di syunción de lo
dad, el de que sean compatib les, no meramente co n lo verdadero y lo fal so; y el compre n der es su consuma-
que allí se encuentre, sino, ant e todo, as imismo con ción conjunta, por lo cual será también siempre un a
el conjunto. Leer a Hege l seria, de acu erdo con esto, crítica virtual de lo que haya de comprenderse en cuan-
un proceso de experime ntación: una vez qu e se oc u- to al llevarlo hasta el sumo final se obtenga otro juicio
rra n las posibles interpretaciones . hacer un a propuest a que el que hubiera de comprenderse. (No será nunca
y con trasta rla co n el texto y con lo ya interpre tado (el el peo r lector quien provea a l libro de glosas margl-
pensamiento. que necesa riame nt e se aleja de lo di cho. nales despectivas .) Es innecesario negar el pe ligro pe-
tien e que recogerse de nuevo en ello) . Un pensador dagógico de que los es tudia ntes caigan en parloteos
contemporáneo que. p ese a su positivismo. se encuen- y decir lindezas. colocándose cómoclo-narc isisticamen te
tra más cercano a Hegel de lo que lo están sus p resun- por encima de la cuesti ón; pero eso no tiene nad a qu e
to s puntos de vista resp ect ivos . John Dewey, ha llama- ver con la situaci6n de hecho gnoseológica, y al p ro-
do expe rí mentalísmo a su propia filosofía ; y al lector fesor le compete poner a cu bierto de ello el een tram-
de Hegel le convie ne algo de su actitu d, pues ta l empi- has» del com prender y de la crít ica. y de que degenere
rismo de seg undo gra do sacaría a la superficie del ni- en vacuida d pretenciosa (eentrambos» que en lo que
vel ac tu al del despli egue hi stórico de Hegel el momen- resp ecta a Hegel h a de exigirse en especia l medida).
to positivist a lat ente que su propia filoso ña, p ese a Las indicaciones sobre cómo habrfa de leérs elo son ne-
todas las invectiva s con tra el pensar r eflexivo intimi- cesa riamente inmanentes: qui ere n con tribuir a la ex-
da do , alb erga en su obsti nada insis tencia sobre lo que tracción de la su stancia objetiva de los textos, en lugar
existe . Quien, buscando la quintaesen cia de l espírit u , de filosofar sobre su filosoffa desd e fu era (n o de otro
equivoca la medida de la sit uación de la s cos as, se p lie- modo se llega al contacto con las cuestiones) . La obje-

186 187
r cien de que carece de punto de vista, es moluscoso y manifiesta en el s istema, de acuerdo con su p ropia ley,
relativista no tiene por qué amedrentar al proceder como e r ro r, como no resuelto en otro sentido (el de
inman ente: los pensamientos que t ienen confianza en lo no domeñado), como su fa ls edad; y no puede com-
la propia objetividad deberían entrega rse al obje to en prenderse nada fals o. De este modo, el sistema ha ce
el que se sumer ja n (a unque sea, a su vez, un pensa- saltar lo incomprensible: con toda su insistencia e n la
miento ) con un va banque, s in reservas mentales; tal negatividad, la di scordia y la no identidad, Hegel, ver-
es la cuot a de riesgo por no ser sis temas. E n ca m b ie , daderamente, sólo sabe de su dimensión por mor de la
la cr ít ic a trasce nd ente elude de antemano la exper ien- identidad, únicamente como ins trumentos de ella. Se
cia de lo que sea de otro mo do que su propia concien- hace fuertement e h incapié en las no identidades, pero
cia : es ella, no la inmanente, la que se aferra a ese no se las reconoce, justamente por su extrema carga
punto de vista con tra cuya ri gidez y ar bitra riedad se especulativa: como en un gigantesco sis tema de c rédi-
vu elv e igu al mente la filosofía; y ya e n su mera forma
t o, cada individuo singula r estaría en deuda con otro
sim pa t iza con la autoridad, ant es de que se ha ya expre-
(no idéntico), pero el todo, sin embargo , es taría libre
sado siquiera con tenido alguno, pues la forma m isma
de deudas, idéntico. De esta manera perpetra la dia-
tiene s u momento de contenido. E l giro «yo, como... » ,
léct ica idealis ta su razonamiento mendaz: dic e . patéti-
del qu e gustan colga rse todas la s tendencias, desde el
Diamat al protestantismo, es sint omático de tal cosa ; camente «no iden tidad », y habría de de finirla por mor
y quien juzga de lo exp uesto (ya sea a rte o filosofía ) de ella m isma, como lo heterogéneo; pero la dialéctica,
de acuerdo con supues tos p revios que no t en gan cur so al definirla, se figura estar ya segu ra acerca de la no
en ello se com po r ta reaccíon aríament e. aun cua ndo identidad y de la identidad ab solu ta. E s cierto que lo
jure sobre cons ignas progresiv as. Por el cont rari o, la no idéntic o y desconocido se convierte en idéntico mer-
reiv indicación que el movimiento inma ne nte hegelia no ced al conocer, y lo no conce p tu al, en concepto de lo
hace de ser la verdad no es postura alguna ; y por ello no idéntico, merced al concebir; pese a ello, lo no idén-
llevará más allá de su pura in man encia ( aun cuan do tico m ismo no se vue lve concepto en vir tu d de tal refle-
ésta , por su parte, comience también deli mitando un xión, sino que sigue siendo su sustancia, di stinta .de
punto de vista). Qu ien por tales razones se conf íe a ello: del movimiento lógico del concept o no se puede
H egel se verá conducido al umbral en el que ha de
pasar a la existencia. Según H egel , es menester con s ti-
aclararse su pretensió n de verdad : se convertir á en
tutivamente lo no idéntico para que tengan lugar con-
cr ítico suyo, al seguirlo; pues, bajo el aspecto de la
ceptos y la identidad, 10 mismo que, a la inversa, se
compre ns ión , lo incom prensible de H egel es la llaga del
p en sa mi en to mism o de la iden tidad . Su di alé ctica fi - requiere el concepto para hacerse con sciente de algo
losofía para en una di aléctica de la cua l ella misma no concep tual y no idéntico ; s,610 que atenta contra su
n o puede dar cuenta al guna, y cuya solución sobrepasa propio concepto de dia léctica-que habr-ía qu e def en-
su omn ipotencia (su prom esa sale bien falazmente). der en contra suya-al no atentar contra él, s ino fu sio-
Mas la verdad de lo irresol ub lemente no idé ntico se narlo en una suprema unidad lib re de contradicción

188 189
,
(summum ius summa iniuria ] "; pues, al dejarlo en PROCEDENcrA DE LOS TEXTOS
suspenso, la reciprocidad involuciona a unilateralidad,
y desde aquélla no cabe tampoco saltar a 10 no idén-
tico: de otro modo, la dialéctica perdería su intelección
de la mediación universal. Pero el momento de no esfu-
mabilidad ínsito en ella no permite hacerla desapareo
cer (salvo que se ejecute un número m ünchhau scn ia-
no ); lo que la contraría es la sustancia veritativa que
antes que nada habria que ganar para ella, y únicarnen-
te se volvería acorde cuando, movida por su propia
consecuencia, abandonase el acuerdo. Hay que enten-
Los ..Aspectos» proceden del discurso conmemorativo pro-
der a Hegel nada menos qu e por esto.
nunciado por el autor el 14 de noviembre de 1956, en la Unlver-
sidad Libre de Berlín, con ocas ión del 125 an iversario de la
muerte de Hegel. El trabajo preparatorio alcanzó una extensión
excesiva para poderlo dominar en el discurso, de mo do que el
autor se vio obligado a elegir para aquella ocasión berlinesa
un comp lejo de motivos-desde luego, centrales-y ocuparse
de o tros en una conferencia transmitida por la Radiodifus ión
del terr-itorio de Hesse; sin embargo, como los elementos se
concibieron formando un todo, los ha reunido luego, con cier-
tos complementos esenc iales, en un opúsculo.
"El con tenido experiencíal» es una versión, as imismo muy
ampliada, de una conferencia oficial del autor en la sesión del
25 de octubre de 1958 de la Heget-Geseílscha tt alema na , en
Frankfurt; poco después la repitió, en francés, en la Sor bería .
Este trabaj o se encuentra impres o en el Archiv fiir Philosophie,
1959, tomo 9, fascículo 1-2.
«Skoteínos», escrito durante el invierno de 1962.(i3, no se
había publicado.
Dado que las tres partes complementarias quedaron fijadas
literariamente con cierta independencia unas de otras, determt-
nades motivo s aparecen repetida mente; pero siempre bajo una
perspectiva cambiante.
Tengo que dar las gracias de to do corazó n a los ayudantes
del Seminario filosófico de Frankfurt, en especial al profesor
Hermann Schw eppenhauser, al Dr. Alfred Schmídt, a Werner
"Es el clásico aforismo del Derecho romano, que podría tra- Bccker y a Herbert Schnadelbach.
ducirse, acas o, por «La aplicaci ón al máximo del Derec ho, lesio-
na al máximo los de rechos.» (N. del T .)

190 191
(1

INDICE

Non. LIMINAR 9
ADVERTENCIA •••" ,. ... ••• 11

TRES EST UDIOS SOB RE HEGEL

A SPECTOS . 15
l~ SUSTANCIA EXN: R W ~C1 M " . 77
S k OTEI N OS, o CóM O HA8 R!¡\ mi l EIORSC 11'

Procedencia de los textos 191

193

ESTF. Ll IIR O SIl TER/. II NO DI! nl PR l lol lR ¡:L


O, " 17 00 DICIE ~ IIRI! DE 1973, l/T l u nNDO
PAPEl. Ilf\ T ORRM HOS I t:NC II , S. A_,
EN CL OS"S - ORCO YIlN, S. c..
M AR Jl S-F../: PUr!, 5.
W",DRIP-29
Dífídlmcmc hanr á pensamiento reor é.
tiro ---ha escrito el propio Adorno---
que, sin ha ber atesorado en si la filoso
ti a hegeliana pueda hoy ha~..,r i",ticia a
la cxpcrk nca (1;;: la conciencia; y verda-
d eramente, no de la concie ncia sola sino
de la viva y cor por al d e los hombres.
Este es u no de los vari os mo tivos que
él slIbraya naru pro bar {si es n..cesario
proharlo} 1.1 permanencia cid pensamien-
to hegelia no . Ad orn o nn ha prele nd id"
con este enfren tamie n to con T1t'~el ni pon ·
rificar en torno a u n (il' ISt,fo dd pasado
ni tr ata r de situarl'; en u n p resent e a l
que no per«-"".:d<), es decir, po r usar
su.< pab,hras, .. no parlotear meramente
acerc.i d e Su fl1osofía, d esde arri ba y, por
cons iguiente, po r de ba jo d e ella.., sino
comparecer ante la pretensión d e verd ad
d e -su Iilosoífa. Ant es que en juiei.ar. per-
seguir el todo tras el que: 51: eocam -na
el propio H~I. En persecución de esta
recogida de la verdad hege lian.1 llega
Adorno a cs rablccce los inva riante'< hin-
cados en Sil obra, da-~ifiea ndo 'los pa"<l-
jcs más dilícik'S por su l .... uivocid ad.. por
su. relativa amhi gü.....la<1 y po r el sUl,l
sent ido de la idea de inrncdia rea.

De este c'mil< ~" de relacio nes se d<


p rende n las estruct uras fundame nta l
del pe nsamkOlo he¡:dhtn o. raz ón mar'
de la fertilidad <k 5(1 JLtlé<:licó\.

• Theodor \'í/. Adorn o se ha ocupad


JI" Ikgd en trI" ocasiones: la primee¡
en 1956 con mOLivo <I d ciento vein ticir
en aniversari o d e la muer te de l fi!Ó';of(

El discurso p rep ara do para tal ocasión


rebasó sus limites cons muyendo un V Cf '
dadero libro qu e se complela aq uí con
,k", estudios poste riores: .. n <nnlc-nido
experiencial.. y .. Skoteinos...