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ANTINOMIA

Rama del Derecho: Filosofía del Derecho. Descriptor: General.

Palabras Claves: Antinomia, Interpretación del Derecho.

Fuentes de Información: Doctrina y Jurisprudencia. Fecha: 27/02/2018.

Contenido

RESUMEN ...................................................................................................................................1

DOCTRINA .................................................................................................................................2
Plenitud Hermenéutica del Derecho y las Antinomias .........................................2

JURISPRUDENCIA ....................................................................................................................2
1. Sobre la Presencia de Antinomia ..........................................................................2
2. Condiciones para la Existencia de la Antinomia ..............................................7
3. Resolución de la Antinomia en Materia Penal .................................................9
4. Resolución de la Antinomia en Materia Civil ................................................. 13
5. Antinomia Entre Normas de Diferente Rango ............................................... 16
6. Concurrencia de la Antinomia ............................................................................ 16

RESUMEN

El presente informe de investigación recopila doctrina y jurisprudencia sobre las


Antinomias, considerando el criterio externado por el autor Jorge Enrique Romero
Pérez y por los Tribunales de Justicia analizando las diversas ramas del derecho.

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DOCTRINA

Plenitud Hermenéutica del Derecho y las Antinomias

[Romero Pérez, J.E.]i

“En este tema de la plenitud hermética del derecho, también es relevante mencionar
el aspecto de las antinomias jurídicas. Estas se refieren a las incongruencias o
contradicciones reales o aparentes de las normas que componen el sistema jurídico.
Estas incongruencias o contradicciones, deberán ser resueltas, con el fin de hacer
prevalecer esa plenitud hermética del derecho. Por ello, la forma de resolver estas
antinomias, es aplicando una determinada norma y dejando la otra que se supone
contradice o es incongruente con aquella que el intérprete selecciona como válida y
aplicable.”

JURISPRUDENCIA

1. Sobre la Presencia de Antinomia

[Sala Tercera]ii
Voto de mayoría:

“III. Se declara con lugar el motivo interpuesto. Como punto de partida en el presente
análisis, tiene por establecida esta Sala de Casación Penal, que el Tribunal de Apelación
de Sentencia Penal Juvenil del II Circuito Judicial de San José, declaró inadmisible el
recurso de apelación presentado por la representación fiscal, por considerar que el
mismo fue presentado de forma extemporánea. Para fundamentar su resolución, el ad
quem procede a establecer que: “ B) resolución del caso concreto . La Ley de
Notificaciones Judiciales , aplicable también a la materia penal juvenil, por disposición
expresa de su numeral 1 , establece lo siguiente “Se tendrá por notificada la parte o la
tercera persona interesada que, sin haber recibido notificación formal alguna, o
recibida de manera irregular, se apersone al proceso, independientemente de la
naturaleza de su gestión. (...). Si se pide la nulidad, la parte deberá realizar el acto
procesal correspondiente dentro del plazo legal, que se computará en la forma
indicada. La eficacia de este acto quedará sujeta al resultado de la nulidad. (...)“. A la
luz de la citada norma, la notificación de la sentencia de sobreseimiento que ahora se
recurre, debe tenerse por efectuada el día 29 de julio de 2016, día en que la
licenciada Melisa Quirós Rodríguez, en su condición de Fiscal, se apersonó al proceso
e interpuso incidencias de nulidad, tanto ante este Tribunal como ante el Juzgado

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Penal Juvenil a quo, oportunidad en la que incluso se manifestó plenamente
conocedora del contenido de la resolución impugnada, tal y como se indicó supra. En
tal hipótesis, el plazo para recurrir venció el 23 de agosto de 2016, porque su cómputo
inició al día siguiente hábil de que se tuvo por notificada la resolución recurrida, esto
es, a partir del primero de agosto de 2016. El recurso de apelación que se conoce, fue
presentado el 14 de septiembre de 2016 (acta de folio 442), cuando ya sobradamente
había transcurrido el plazo para hacerlo, por lo que la resolución impugnada habla
adquirido firmeza, al no haber sido oportunamente recurrida (artículo 148 del Código
Procesal Penal). Asilas cosas, se declara inadmisible, por extemporáneo, el recurso de
apelación.” ( cfr. f. 447 vto., el resaltado y subrayado no pertenece al original.) Por lo
que en criterio del ad quem, la normativa que resultaba viable para proceder a realizar
el respectivo cómputo del plazo recursivo, debía de ponderarse a tenor de lo
preceptuado por la Ley de Notificaciones Judiciales N0. 8687; en el sentido de que aún
y cuando el Ministerio Público no había sido notificado de la resolución que se
pretendía apelar (res: 71-2016, de las 14:10 horas, del 20 de abril de 2016, dictada por
el Juzgado Penal Juvenil de Liberia.) el hecho de que se presentara en despachos y que
se procediera a interponer una solicitud de actividad procesal defectuosa por esa
circunstancia, automáticamente la parte quedó debidamente notificada y el plazo de
notificación para recurrir ante el Tribunal de Apelación inició. Aún y cuando, visualiza
esta Sala, el mismo Juzgado Penal Juvenil del I Circuito Judicial de Guanacaste,
mediante resolución motivada procedió a declarar con lugar su gestión y procedió a
ordenar la notificación inmediata y que en un plazo no mayor a las veinticuatro horas,
a todas las partes intervinientes, con la finalidad de subsanar el defecto apuntado por
la representación fiscal (en ese sentido ver resolución de las 08:00 horas del 6 de
setiembre de 2016, cfr. f. 431 a 433.) Ahora bien, en lo que respecta a la normativa
contradictoria traída a colación, tenemos que en lo referente al debido cómputo del
plazo recursivo, el Código Procesal Penal indica en su artículo 167 lo siguiente: “ Regla
general: Los plazos individuales correrán desde que comienza el día siguiente a aquel
en que se efectuó la notificación al interesado; los plazos comunes, desde el día
siguiente a la última notificación que se practique. […].” (el resaltado no pertenece al
original). Por consiguiente, se establece que el respectivo cómputo de un plazo
recursivo, da inicio una vez sean notificadas debidamente y de forma individual, cada
una de las partes intervinientes en el proceso penal. Por su parte, el artículo 438 del
Código Procesal Penal, indica que: “Condiciones de interposición : los recursos se
interpondrán en las condiciones de tiempo y forma que se determinan en este Código,
con indicación específica de los puntos impugnados de la resolución…”. De ahí, nace el
respectivo reproche traído a colación por parte de Ministerio Público ante esta Sala de
Casación Penal. En el entendido, de que el Tribunal de Apelación Penal Juvenil,
procedió a aplicar la normativa de carácter general, como lo es la Ley de Notificaciones
y Citaciones Judiciales, en detrimento de la normativa especializada que rige la materia
procesal penal, tanto en la jurisdicción penal juvenil como de adultos. Sobre los

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precedentes contradictorios reseñados, tiene por establecida esta Cámara que en lo
que respecta a la legislación aplicable en materia de notificaciones, el tema ya fue
planteado y resuelto por la jurisprudencia de esta Sala, refiriéndose a la entonces
norma reglamentaria (que hoy tiene carácter de ley, como se verá adelante, pero sin
que ello afecte el resultado), en el voto 1019, de las 8:35 horas del 9 de septiembre del
2005, cuando señaló: “Ahora bien, en cuanto al tema principal, cual es el del momento
a partir del cual deben contarse los tres días hábiles dentro de los cuales puede
gestionarse alguna adición o aclaración de un fallo, debe decirse que es cierto que el
Reglamento para el uso de fax como medio de notificación en los despachos judiciales,
dispone en su artículo 3 que las resoluciones judiciales se tendrán por notificadas el día
hábil siguiente a aquel en que se hizo la transmisión. Pero resulta que ese Reglamento
es, en primer lugar, una disposición emitida por Corte Plena, por lo que su rango
normativo es inferior a la ley. Además, constituye una implementación de la Ley Nº
7637, de notificaciones, citaciones y otras formas de comunicaciones judiciales. Esta ley
de 1996 está referida al entonces vigente Código de Procedimientos Penales de 1973,
que fue el reformado por la misma. El 1 de enero de 1998 entró en vigencia el Código
Procesal Penal hoy vigente, el cual contiene una disposición expresa en materia de
notificaciones por fax (artículo 160), la cual difiere de la incluida en el indicado
Reglamento. El Código Procesal Penal, texto bajo cuya égida se tramitó la causa que
aquí interesa, establece que los plazos corren a partir del envío de la comunicación.
Por tratarse de una ley (que es de rango superior al indicado texto normativo emitido
por Corte Plena) y por referirse de manera especial y expresa a las notificaciones por
fax en el proceso penal, lo que rige esta materia es el artículo 160 del Código Procesal
Penal y no el Reglamento para el uso de fax como medio de notificación en los
despachos judiciales”. (El resaltado no pertenece al original). Reseña jurisprudencial,
que no encuentra mayor variación con la posterior emisión de la Ley de Notificaciones
Judiciales (n° 8687), del 4 de diciembre del 2008, esto por cuanto, a pesar de la
novedad de esa Ley respecto al Código Procesal Penal vigente, se aprecia nuevamente
que la misma tiene un origen y naturaleza de carácter general, que no aplica a las
materias regidas por normas específicas, como es el caso de la legislación procesal
penal, tanto para la materia de adultos como para la jurisdicción penal juvenil. De
manera que, continúa siendo un precepto general, que no predomina sobre las reglas
especiales del procedimiento penal. En este sentido, es importante indicar que el tema
en discusión, ya ha sido motivo de conocimiento por parte de la Corte Plena, donde se
procedió a establecer que la Ley de Notificaciones y Citaciones Judiciales N° 8687, es
de carácter general y por ende en los procedimientos seguidos en la jurisdicción penal,
prevalecía la normativa especial, entendiéndose esta por las regulaciones expresas
sobre la materia establecida en el propio Código Procesal Penal. Circunstancia que es
referenciada en la resolución de esta Sala N° 2011-0682, de las 09:58 horas, del 3 de
junio de 2011, que en lo que respecta infiere: “[…] Precisamente, esa misma discusión
fue sostenida a nivel de la Corte Plena, en la sesión número 06, del día 7 de marzo del

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2011, en la que a gestión de un litigante, se aclaró cuál es el régimen de notificación
que siguen las diversas áreas de la Administración de Justicia y, particularmente, de las
Salas. Después de debatir el asunto, en el artículo XXV de dicha sesión, se tomó el
acuerdo de que el artículo 38 de la Ley de Notificaciones Judiciales (ley n° 8687), se
aplica a la Sala Primera y Sala Segunda, de la Corte Suprema de Justicia, no así ala Sala
Tercera, que, como ya se explicó arriba, se rige por una normativa especial (la procesal
penal), la cual prevalece sobre la general contenida en la Ley de Notificaciones
Judiciales […].” Otro aspecto importante a reseñar, en lo que deviene a la posición
externada por esta Sala de Casación Penal, relativa a la aplicación de la legislación
especial sobre la general, en otras palabras la aplicación debida de las reglas de
notificación establecidas en el Código Procesal Penal sobre lo preceptuado en la Ley de
Notificaciones, lo es la consulta de constitucionalidad a la que fue sometida la
Jurisprudencia de esta Cámara relativa al tema en cuestión, donde la Sala
Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, en la resolución 2013-1554, de las
14:30 horas, del 30 de enero de 2013, indicó: “[...] Inadmisibilidad de la acción en
razón del objeto. El caso que se somete a consideración de esta Sala no involucra
problema de constitucionalidad alguno. Se trata de determinar qué norma resulta
aplicable para el cómputo de los plazos, una vez efectuada la notificación de una
resolución; si el Código Procesal Penal o la Ley de Notificaciones. La jurisprudencia que
se impugna señala que la normativa aplicable es el Código Procesal Penal por ser una
ley de naturaleza especial y el accionante estima que debe ser la Ley de
Notificaciones. No corresponde a esta Jurisdicción establecer cuál es la normativa
aplicable, sino a los tribunales ordinarios que deben interpretar y aplicar las normas
legales correspondientes al resolver los casos que se someten a su conocimiento. El
cómputo de los plazos en los diferentes procesos y la determinación del momento a
partir del cual deben empezar a contarse, son elementos que deben ser definidos por el
legislador y corresponde al aplicador de la norma interpretar cómo deben
contabilizarse, claro está, con las limitaciones derivadas del respeto a los principios,
derechos y garantías fundamentales de las partes en el proceso. En consecuencia, se
rechaza de plano la acción […]” (El resaltado es suplido). Por consiguiente el criterio
jurisprudencial sostenido por parte de esta Sala de Casación Penal, en cuanto a que la
especialidad de la norma prevalece sobre la generalidad, es acorde con los principios
generales del derecho. La existencia de una antinomia normativa conlleva a un
supuesto en el cual dos normas pertenecientes a un mismo ordenamiento jurídico,
llegan a concurrir tanto en el ámbito temporal y espacial; como ocurre en el presente
caso, con el tema de las notificaciones y el respectivo cómputo del plazo recursivo, al
tener una regulación específica en el Código Procesal Penal y simultáneamente
coexistir normativa general del tema en la Ley de Notificaciones Judiciales. Esta
circunstancia particular, tiende a reproducir en el ordenamiento jurídico consecuencias
incompatibles entre sí en ciertos supuestos fácticos. Por consiguiente, se debe recurrir
a la interpretación jurídica, con la finalidad de evitar o eliminar la antinomia existente.

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En este entendido, se deben visualizar los criterios hermenéuticos aplicables para el
caso y desde una perspectiva básica y unificadora del derecho, se deben considerar
varios criterios que darían solución a la disyuntiva existente. En este entendido,
tenemos el criterio jerárquico (ley superior sobre ley inferior), este supuesto implica la
colisión de normas provenientes de fuentes de diverso orden jerárquico, y se puede
considerar que la norma de rango inferior va a ostentar una condición de
subordinación y, por lo tanto, debe ceder ante la de rango superior; asimismo
encontramos el criterio cronológico (ley posterior sobre ley anterior), en el supuesto
de hecho de que se está en frente de dos normas de igual rango jerárquico, en el cual
la norma creada con posterioridad en el tiempo, debe considerarse sobre la más
antigua, y finalmente, podemos valorar el criterio de especialidad (ley especial sobre
ley general), el supuesto de hecho y la eventual antinomia, nace ante la existencia de
dos normas, de igual rango jerárquico, que son incompatibles entre sí, con la
característica de que una de ellas es de tipo general y la otra tiene una connotación
especial sobre una materia afín, donde la solución indica que debe prevalecer el
criterio de la especialidad de la materia. Dicha posición se sustenta en que la ley
especial contiene expresamente una parte de la materia regida por la que es de mayor
amplitud. Para efectos del presente tema en cuestión, es importante indicar que el
criterio de especialidad debe entenderse como la solución a la disyuntiva planteada, ya
que nos encontramos ante el supuesto de normas de igual jerarquía, en el cual el
operador jurídico debe optar por la aplicación de la normativa especial frente a la
general. Siendo que la norma que tiene una connotación de regular disposiciones
jurídicas de carácter especial dentro del ordenamiento jurídico, constituye una
excepción respecto de lo dispuesto por la otra disposición de alcance más general. Por
lo tanto, la normativa establecida en el Código Procesal Penal, es una normativa de
carácter especial para la materia penal, por consiguiente, su aplicación se sobrepone a
la regulación general establecida en la Ley de Notificaciones y Citaciones Judiciales. A
lo anterior se debe de adicionar que de acuerdo a lo consignado en el ordinal 9 de la
Ley de Justicia Penal Juvenil, en todo aquello que no se encuentre regulado de manera
expresa en esa ley, deberá aplicarse supletoriamente la legislación penal y el Código
Procesal Penal, como es el caso específico del tema traído a colación en la presente
resolución, donde se establece en los Capítulos V y VI del Código de marras, la
normativa vigente para efectos de tenerse por acreditadas debidamente las
respectivas notificaciones; así como la forma en que se debe de computar
correctamente el plazo recursivo respectivo. En el presente caso, nos encontramos
ante una resolución judicial que declara una actividad procesal defectuosa de carácter
absoluto, por cuanto, no se notificó a ninguna de las partes intervinientes la resolución
que dictamina el respectivo sobreseimiento definitivo (ver resolución de las 08:00
horas del 6 de setiembre de 2016, cfr. f. 431 a 433.). En el conocimiento jurisdiccional
de la actividad procesal defectuosa planteada por la representación fiscal, se llegó a
considerar que la omisión de notificar al Ministerio Público y al resto de las partes

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intervinientes, constituyó un vicio de carácter absoluto, por cuanto se limitó el debido
ejercicio de la acción penal, así como su participación en el procedimiento. Razón por
la cual, se procedió al tenor de lo preceptuado en los artículos 155 y 156 del Código
Procesal Penal, con la subsanación del vicio incoado y se ordena la notificación
inmediata de la resolución 71-2016, de las 14:10 horas, del 20 de abril de 2016, dictada
por el Juzgado Penal Juvenil de Liberia, sentencia que pretendía impugnar la
representación del Ministerio Público ante el Tribunal de Apelación de Sentencia Penal
Juvenil. Por consiguiente, en aplicación de los referenciados lineamientos
jurisprudenciales de esta Sala de Casación Penal y en concordancia de lo preceptuado
en el artículo 167 del Código Procesal Penal, el plazo recursivo de la resolución que
dictaminó el sobreseimiento definitivo, inició su có mputo a partir de la notificación de
la misma y no como erróneamente lo consideró el Tribunal de Apelación. En
consecuencia, se unifica el criterio jurisprudencial expuesto por la Sala de Casación
Penal y el Tribunal de Apelaciones de Sentencia Penal Juvenil del Segundo Circuito
Judicial de San José, y se establece que en la materia penal, en lo relativo a las
notificaciones y cómputo del plazo recursivo, éstas son regidas por las normas
preceptuadas en el Código Procesal Penal, al ser ésta una legislación de carácter
especial, sobre la normativa de carácter general regulada en la Ley de Notificaciones y
Citaciones Judiciales. En vista de las razones expuestas, se declara la ineficacia de la
resolución N° 2016-0413 de las 14:25 horas, del 25 de octubre de 2016, dictaminada
por el Tribunal de Apelación Penal Juvenil del II Circuito Judicial de San José; y se
ordena el respectivo reenvío, para que con una integración distinta, se proceda con el
conocimiento del recurso de apelación presentado por la representación fiscal.
Notifíquese. ”

2. Condiciones para la Existencia de la Antinomia

[Tribunal de Apelación de Sentencia Penal, II Circuito Judicial de San José]iii


Voto de mayoría

“I. Mediante resolución dictada en forma oral a las 15:10 minutos del 4 de diciembre
de 2015 (archivo digital (13000327069PE-04122015031300-EVMU), el Juzgado Penal
de Hacienda y de la Función Pública del II Circuito Judicial de San José , se declaró
incompetente para conocer de este asunto y ordenó remitir los autos al Juzgado Penal
del I Circuito de San José, indicando que en la especie convergen el delito de Abuso de
Autoridad, y además , el delito de lesiones g raves, en concurso ideal , atribuidas como
realizadas en el mismo acto. En aplicación de la jurisprudencia del Tribunal de
Apelaciones, en la que se determinó que ante la concurrencia de dos figuras delictivas,
se conocerá en la jurisdicción del delito más grave, independientemente de la
especialidad de la jurisdicción por el delito menos grave. Se declaró la incompetencia
jurisdiccional, debido al hecho de que en esa sede se conoce de los delitos funcionales,

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en el tanto no coexista con otro delito de mayor gravedad, siendo ésta la situación, el
competente resultaría ser el despacho de la localidad donde se cometió el delito más
grave.

II. Por su parte, el Juzgado Penal del I Circuito de San José, mediante resolución de las
11:13 minutos del veinte de enero de 2016, planteó conflicto de competencia,
aduciendo que el despacho competente para conocer de la presente causa, resulta ser
el Juzgado del Segundo Circuito Judicial, pese a la reiterada jurisprudencia del Tribunal
de Apelaciones , que ha consider ado que el competente para conocer ante un
concurrencia delictiva, es la jurisdicción donde se cometió el deli t o más grave. Siendo
que el Juez Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, sostuvo en su resolución
que la ley general y anterior, debe privar sobre la l ey especial y posterior , criterio con
el que discrepa el recurrente . La plataforma fáctica estableció que el funcionario
cometió el delito de lesiones graves, en el ejercicio de sus funciones. De forma que la
norma que debe prevalecer debe ser la especial y no la general establecida el artículo
51 del Código Procesal Penal. Por lo que considera que estamos ante una antinomia
jurídica. Ya que las normas pertenecen al mismo ordenamiento jurídico, y el sujeto
destinatario es el mismo y se aplican en un territorio idéntico, en tiempo idéntico y
para una misma situación procesal. Existen criterios desarrollados para la solución de
antinomias jurídicas, siendo la cronología normativa, la jerarquía normativa y el de la
especialidad. Siendo que en éste caso debe operar la ley especial. La ley de Creación de
la Jurisdicción Penal de Hacienda y de la Función Pública, rigió el 17 de mayo de 2003,
por lo que es posterior a la promulgación del Código Procesal Penal que regula el
juzgamiento de cierto tipo de delitos. Debe de imperar la competencia del Tribunal
especializado frente al Tribunal de la Jurisdicción Ordinaria. Ello además, apegado al
espíritu del legislador, pues al momento en que se promulga el Código Procesal Penal
no existía la posibilidad de esta antinomia, pues simplemente la Ley 8725 no existía, y
por tanto la solución del artículo 51 inciso a) no revestía mayor complejidad, pero ante
la creación de esa jurisdicción especializada, se otorgó competencia exclusiva para el
juzgamiento de esos delitos precisamente a ésta, otorgando una mayor garantía el que
dichos ilícitos sean conocidos por una jurisdicción especializada en la materia, por lo
que no resulta lógico que ante casos donde se realiza adicionalmente un delito más
grave, sean tramitadas conocidos en la jurisdicción ordinaria. Por lo que se solicitó se
resuelva el conflicto de competencia, declarando al Juzgado del Segundo Circuito
Judicial el competente para continuar conociendo de la presente causa.

III. Esta Cámara ha sostenido con anterioridad que la mención de la conducta de un


funcionario público dentro de un tipo penal no implica la resolución automática del
asunto a la Jurisdicción Penal de Hacienda y de la Función Pública, sino que hay que
valorar el bien jurídico tutelado por la norma, para determinar si se dirige a la
protección absoluta o al menos prioritaria de los deberes de la función pública.
Revisados los autos, así como lo expuesto por el Juzgado Penal de Hacienda y de la

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Función Pública y el Juzgado Penal del I Circuito Judicial de San José, nos encontramos
ante la concurrencia de dos figuras delictivas, el abuso de autoridad y las lesiones
graves, que son acusadas como ejecutadas, con ocasión del cargo. Conforme al marco
fáctico acusado, (visible a folio 226 y sgtes), se tiene que el 7 de diciembre de 2012, el
ofendido [Nombre 001] caminaba por el costado sur del Parque María Auxiliadora,
Barrio Don Bosco, cuando dos personas desconocidas intentaron arrebatarle su celular
por lo que avanzó rápidamente en dirección hacia el este, y después de conversar con
tres jóvenes a quienes les explicó lo que le había sucedido, aparecieron el imputado
Greivin Fernández Mora y su compañera de trabajo Mariana González Flores, oficiales
del Organismo de Investigación Judicial, los que se encontraba realizando un operativo
encubierto en dicho sector, y se abalanzaron contra el ofendido forcejeando con éste,
al soltarse, corre para huir y a unos 25 metros aproximadamente, el imputado Greivin
Fernández Mora actuando en ejercicio de sus funciones, disparó en dos ocasiones,
siendo que uno de los disparos impactó al ofendido [Nombre 001] en la parte dorsal.
Desde esta perspectiva, se estaría ante la realización de un delito mientras la persona
ejercía las funciones propias de su cargo. Actuaciones que se acusan haber sido
realizadas mediante un concurso ideal, ante lo cual, lo procedente es que la presente
causa sea conocida en aplicación de la ley especial que así lo determina. Se declara al
Juzgado de Hacienda y de la Función Pública competente para que continúen con el
conocimiento de la presente causa, autoridad a la que se le remite expediente.”

3. Resolución de la Antinomia en Materia Penal

[Tribunal de Apelación de Sentencia Penal, II Circuito Judicial de San José]iv


Voto de mayoría

“IV. Los reclamos resultan inatendibles. Así, examinado ambos alegatos de


impugnación, puede advertirse que se centra el tema de discusión en la técnica
empleada por la juzgadora de juicio, para dosificar la sanción penal y el fundamento
que empleó para ello, de ahí que ambos reclamos se resolverán en forma conjunta.
Primeramente, puede señalarse que uno de los alegatos de apelación está dirigido a
cuestionar la pena por la que se optó, en cuanto se aduce que el fallo no consideró las
circunstancias personales del imputado para la imposición de la sanción, y las
disposiciones internacionales que, en orden al principio pro libertatis, le hacían
merecedor al encartado de una sanción en su extremo mínimo. Sobre el tema, debe
recapitularse que el principio Pro Homine , del cual deriva el principio aludido por el
recurrente como inaplicado, está dispuesto en el artículo 29 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), como un criterio
hermenéutico que informa todo el esquema internacional de los derechos humanos,
en virtud del cual el operador judicial, como en nuestro caso, debe optar siempre por
la solución que privilegie el reconocimiento y garantía de los derechos protegidos en

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pro de la dignidad humana, para lo cual puede efectuar una interpretación más
extensiva y, en caso de antinomia, acudir a la norma más amplia en cuanto a la
protección del derecho, mientras que ante distintas opciones interpretativas, deberá
elegir aquella que favorezca la garantía del derecho o la libertad del procesado.
También dicho principio informa que, inversamente, se debe acudir a la norma o
interpretación más restringida, cuando se trate de establecer límites permanentes al
ejercicio de los derechos o suspender, en forma extraordinaria e injustificada, aquellos.
Claro está, sin soslayar que tal interpretación debe efectuarse dentro del sistema de
justicia penal que, como Estados suscriptores, se ha optado por tener, y estrictamente
ceñida a las justas exigencias de una sociedad democrática que tenga en cuenta el
equilibrio entre los distintos intereses en juego, y la necesidad de preservar el objeto y
fin dispuestos en procura de la dignidad humana. Así lo ha interpretado también la
jurisprudencia internacional al resolver: " La Convención tiene un fin que es la
protección internacional de los derechos esenciales del hombre […]. Corresponde, por lo
tanto, a esta Corte garantizar la protección internacional que establece la Convención,
dentro de la integridad del sistema pactado por los Estados. En consecuencia, el
equilibrio de la interpretación se obtiene orientándola en el sentido más favorable al
destinatario de la protección internacional, siempre que ello no implique una alteración
del sistema” (Cfr. Corte Interamericana de Derechos Humanos, resolución del 13 de
noviembre de 1981, párrafo 19, Asunto Viviana Gallardo y otras, El resaltado es
suplido). Consecuentemente, el principio pro libertatis como derivado del principio pro
homine, no significa que el Tribunal sentenciador siempre deba recurrir a la imposición
de la pena mínima cuando declara culpable a una persona, con el afán de lograr el fin
esencialmente resocializador que tiene la sanción penal (Artículo 10.3 del Pacto
Internacional de los Derechos Civiles y Políticos y artículo 51 del Código Penal), sino
que deberá, en todos los casos, realizar una dosificación de la consecuencia jurídica en
equilibrio con los restantes fines de la pena. Para ello, deberá tener como norte la
imposición de una sanción que permita la rehabilitación del condenado, pero sin
olvidar la naturaleza y trascendencia del ilícito cometido en cuanto al grado de
afectación del bien jurídico tutelado, a las circunstancias particulares que rodean el
hecho, condiciones personales del sujeto y los factores atenuantes o agravantes de la
conducta. Cada uno de esos aspectos debe ser analizado por el juzgador, lo mismo que
el otorgamiento o denegatoria de beneficios. En el caso concreto, y contrario a lo
alegado por el quejoso, el a quo sí valoró las condiciones personales del imputado, y
las ponderó en apego al fin resocializador de la pena y al principio pro libertatis, pero,
como debe ser, sin obviar los fines de prevención general positiva, que buscan
reafirmar normas y principios que regulan la convivencia social y la obtención de la
justicia, y que como tales, también tienen raigambre constitucional, por cuanto toda
acción privada que dañe la moral o el orden público, o que perjudique a terceros, está
dentro del alcance de la acción de la ley, por lo que recurriendo a éstas, todos han de
encontrar reparación para los daños que hayan recibido en su persona, propiedad o

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intereses morales, debiendo hacérseles justicia pronta, cumplida, sin denegación y en
estricta conformidad con las leyes, lo que implica, indudablemente, que a una persona
se le pueda hacer sufrir una pena por delito, cuasidelito o falta, siempre que haya sido
sancionado por ley anterior y en virtud de sentencia firme dictada por autoridad
competente, previa oportunidad concedida al indiciado para ejercitar su defensa y
mediante la necesaria demostración de culpabilidad (Artículo 28, 39 y 41 de la
Constitución Política). Sobre estos aspectos se justificó en sentencia: " Dentro de esta
construcción jurídica y en atención a los fines de prevención especial positiva y
prevención general positiva, propios de un Estado Democrático de Derecho, como el
que nos rige, donde se persigue por una parte la rehabilitación del condenado, pero
también la sanción punitiva [...], el juzgador tiene también delimitada su esfera de
acción dentro del proceso, de tal manera que, aun cuando se encuentre dotado de un
poder discrecional en la aplicación de las penas en sus márgenes mínimos y máximos,
su actuar no puede ser arbitrario, sujetándose a los límites que la misma ley le impone,
propiamente los contenidos en el numeral 71 del Código Penal. El delito de ESTAFA
MENOR se encuentra previsto y sancionado con una pena que va de los dos meses a los
tres años de prisión. Para imponer la pena a Solano Olivas, el tribunal toma en cuenta
que se trata de una persona en edad productiva, casado, con hijos y que tiene su hoja
de antecedentes penales limpia. Pero no puede dejar de tomar en cuenta el tribunal
que el daño producido por JOHNNY ALBERTO SOLANO RIVAS es muy alto y su acción
delictiva es sumamente grave y reprochable" (Cfr. folio 231 a 232). No cabe duda
entonces, que la juzgadora de juicio si motivó adecuadamente el porqué las
condiciones personales del imputado, no limitaban el aumentar el extremo mínimo de
la sanción, ya que debía tomarse en consideración, entre otros la magnitud del daño
ocasionado. Aunado a lo anterior, también el a quo advirtió que para imponer un año
de prisión por cada uno de los delitos de estafa en perjuicio de [Nombre 001],
[Nombre 004] y [Nombre 003], y un año y seis meses de prisión por el delito de estafa
en perjuicio de [Nombre 002], se debía considerar, conforme al artículo 71 del Código
Penal, los aspectos objetivos y subjetivos del hecho punible, identificados en la
utilización de un ardid ligado a una necesidad tan básica para los seres humanos como
el de vivienda, y que impidió a las víctimas salirse del engaño ante el deseo de lograr la
estabilidad residencial y económica de sus familias, y desarrollar ese sentido de
pertenencia, tranquilidad y libertad que le otorga un sitio donde vivir o, como en el
caso del ofendido [Nombre 004], el emprender un pequeño negocio con que ayudarse
a subsistir junto a su familia. Necesidades que, como relataron las víctimas, fueron de
las que se aprovechó el justiciable para inducirlos y mantenerlos en error, permitiendo
el desprendimiento económico a favor del encartado. Sumado a ello, también se
valoró la importancia de la lesión al bien jurídico tutelado y las condiciones personales
de las víctimas, en la medida que influyeron en la comisión del delito, indicándose en
sentencia que: "La acción delictiva del imputado no solo se tradujo en la decapitación
del proyecto de vida que tenían los ofendidos, también produjo serias afectaciones

11
emocionales, económicas y familiares en todos y cada uno de ellos, que informaron en
debate que cuando se esfumó su sueño de tener un crédito para vivienda, tuvieron
roces con sus parejas y sus familias, que se sintieron defraudados y que esta situación
les produjo afectaciones emocionales. Es que las víctimas en este caso, son personas
sencillas, humildes, de escasos recursos y en su mayoría de baja escolaridad, con una
enorme necesidad de contar con vivienda, circunstancias de las que se aprovechó el
acusado para finalmente tratarlos con prepotencia y altanería, ante la insistencia de
los ofendidos para que les tramitara el crédito para el cual le habían entregado su
dinero [...] Se trata de personas humildes y trabajadoras y que cada uno de ellos relató
al tribunal lo mucho que les cuesta ganarse el dinero y lo mucho que les costó y lo
mucho que les afectó el engaño que les profiriera el acusado [...] En el caso de don
[Nombre 001] que es precisamente el esposo de doña [Nombre 003], entregó el dinero
al acusado confiado en poder concretar un proyecto de vivienda junto con su esposa,
pero al no lograrlo tuvo que posponer su carrera en sistemas por un año pues no la
podía pagar dado que que tomó parte del dinero destinado a su carrera para
entregárselo al acusado confiado en que pronto lo recuperaría una vez que le fuera
concedido y entregado el crédito. [...] en el caso del ofendido [Nombre 004], lo que el
señor pretendía era hacer crecer el negocio que había montado con su esposa, una
venta de ropa americana y pañalería y por ello, acudió al imputado para obtener un
crédito e inyectarle capital al negocio, algo que nunca pudo darse pues todo se trató de
un engaño. El ofendido tuvo serios problemas con su pareja pues lo que quiso que fuera
una bonita sorpresa se convirtió en algo muy desagradable para ellos y su esposa
perdió toda credibilidad en él. Paralelo a ello, el ofendido perdió su trabajo y tuvo que
dedicarse a vender arroz con leche y pinto para poder sostener a su familia y pagar la
deuda que tenía..."

(Cfr. folio 232 a 234). Finalmente, en el caso de [Nombre 002], se justificó que debía
aumentarse la pena un poco más, en razón de que el justiciable le hizo incurrir en
deudas por montos elevados, en un momento en que su hijo se encontraba muy
enfermo y tuvo que dejar de trabajar, lo que maximizó el daño perpetrado. Sin omitir
que, el justiciable para lograr el beneficio patrimonial antijurídico y, a sabiendas de que
la víctima no tenía dinero en efectivo, la hizo incurrir en créditos comerciales que
conocía no podrían ser horados por la situación económica de ella. Es decir, el
endilgado no sólo causó un perjuicio económico, sino que empeoró la situación
desventajosa en la que se encontraba [Nombre 002] y ello, sin duda alguna, merece un
reproche mayor con respecto a los otros eventos acreditados. Todo lo expuesto
demuestra que el fallo recurrido no adolece del vicio de falta de fundamentación o
errada motivación de la sanción penal, como se acusó por el impugnante, de ahí que se
rechace este reclamo.”

12
4. Resolución de la Antinomia en Materia Civil

[Tribunal Contencioso Administrativo, Sección II]v


Voto de mayoría

“b) Consideraciones sobre los requisitos y alcances del poder especial judicial: Sobre
el punto y a manera de muestra representativa de la Jurisprudencia podemos reseñar
la siguiente sentencia:

III. Como lo indicamos en el voto n.º 65-10, de las 11:30 horas del 12 de enero de
2010, el Código Civil regula el contrato de mandato en el título VIII, de su Libro IV,
titulado “De los contratos y cuasi-contratos, y de los delitos y cuasidelitos como causa
de obligaciones civiles”. Ese apartado se divide, a su vez, en seis capítulos: el primero
se ocupa de las “Disposiciones generales”, el segundo de la “Administración del
mandato y obligaciones del mandatario”, el tercero de las “Obligaciones del
mandante”, el cuarto “De la terminación del mandato”, el quinto “Del mandato
judicial” y el sexto de la “Gestión de negocios”. Los preceptos que conforman ese título
se complementan con lo estipulado en el numeral 118 del Código Procesal Civil, a cuyo
tenor “No será necesario que el poder de quien represente a otro en proceso conste en
testimonio de escritura pública, pues podrá hacerse en papel simple, con tal de que
esté firmado por el otorgante, o si no supiere escribir o estuviere impedido para
hacerlo, por una persona a ruego; en ambos casos debidamente autenticado por un
abogado, que no sea aquél (sic) a quien se otorga el poder.” Como se observa, esa
disposición no lo define. El Código Civil tampoco contiene alguna que se refiera en
forma específica al poder especial judicial. Por eso, con la finalidad de deteminar su
contenido deben tenerse en cuenta las disposiciones generales sobre el mandato,
extrajudicial o judicial, contenidas en los ordinales 1251 a 1260 ibídem. En virtud de
ellas, tal contrato se clasifica tanto por la extensión de su objeto o contenido como por
la forma o modo de exteriorizar la voluntad negocial. De acuerdo con el primer
criterio, se distinguen cuatro tipos o clases de mandatos representativos: el
generalísimo (artículos 1253 y 1254 ibídem), el general (artículo 1255 ibídem), el
especial (artículo 1256 ibídem) y el especialísimo. Los dos primeros se subdividen, a su
vez, en generalísimos o generales para todos, alguno o algunos negocios concretos. Si
lo que se atiende es el segundo criterio, ese negocio jurídico puede ser formal ad
probatoniem (caso del general o generalísimo y del especial para un acto o contrato
con efectos registrales, previstos, por su orden, en los artículos 1251 y 1256 ibídem) o
consensual o no formal, en atención al principio general de libertad de las formas que
rige en materia civil y, en particular, en relación con este contrato (párrafo primero del
citado artículo 1251 ibídem). Desde esta perspectiva, antes que a su objeto o
contenido, la figura del mandato judicial (sin calificativos) responde a la decisión
legislativa de clarificar lo relacionado con la forma requerida para su validez y eficacia

13
procesal. Así las cosas, para desentrañar el sentido y alcances del ordinal 118 del
Código Procesal Civil es preciso acudir no solo a la analogía, sino a diversos
instrumentos hermenéuticos y, en especial, explorar, conforme lo estipula el 10 del
Código Civil, el objetivo (ratio) o fin propuesto y supuesto, respecto del cual ese
precepto tiene naturaleza instrumental —método teleológico o finalista— y
confrontarlo y concordarlo con el resto de los que, en particular, conforman la figura
genérica del mandato —método institucional— y, en general, con todo el
ordenamiento jurídico —método sistemático—, toda vez que no se le puede concebir
como un compartimento estanco y aislado pues se encuentra conectado y coordinado
con otros, de forma explícita o implícita y, finalmente, la consideración de la realidad
socio-económica e histórica a la cual se ha de aplicar, que es, por definición, variable y
mutable dado su enorme dinamismo —método histórico-evolutivo — (ver, al respecto,
el voto de la Sala Constitucional n.º 3481-03, de las 14:03 horas del 2 de mayo de 2003,
reiterado, entre otros, en los n.os 2003-14299, de las 12:40 horas del 5 de diciembre de
2003; 2004-6674, de las 9:13 horas del 18 de junio de 2004; 2007-1125, de las 15:02
horas del 30 de enero; 2007-2296, de las 16:46 horas del 20 de febrero; 13902-2007,
de las 15:24 horas del 3 de octubre, los tres de 2007; 2008-13424, de las 9:31 horas del
2 de septiembre de 2008; 2009-315, de las 15:23 horas del 14 de enero; 2009-1328, de
las 12:50 horas del 30 de enero; 2009-7010, de las 16:47 horas del 30 de abril; 2009-
10553, de las 14:54 horas del 1° de julio; 2009-15194, de las 10:53 horas del 25 de
septiembre, los últimos de 2009 y 2010-4806, de las 14:50 horas del 10 de marzo de
2010). La conjunción de esos diversos instrumentos hermenéuticos permite sostener,
además, que, en razón del menor grado de representación que supone y de su
vinculación con el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva, los requisitos
formales a los que ha de ajustarse el mandato especial judicial son menores cuando se
le compara con cualquiera de los otros tipos reconocidos por la legislación vigente.-

IV.- Como consecuencia de lo indicado, aunque, por su forma de exteriorización,


pertenezca al mismo género que el mandato general judicial, cuyo objeto es regulado
en los numerales 1289 y 1290 —sus términos son muy parecidos a los utilizados en el
1253 y el 1254— del Código Civil , por su contenido, el comúnmente denominado
poder especial judicial es, antes que todo, uno de carácter especial. Por eso, debe
cumplir con las exigencias de fondo propias de este; es decir que, aun cuando tenga
plena validez y eficacia procesal si se otorga “(…) en papel simple, con tal de que esté
firmado por el otorgante, o si no supiere escribir o estuviere impedido para hacerlo, por
una persona a ruego; en ambos casos debidamente autenticado por un abogado, que
no sea aquél a quien se otorga el poder.” (Artículo 118 del Código Procesal Civil), ha de
ajustarse a los requerimientos que derivan de lo previsto en el primer párrafo del
artículo 1256 ibídem: “El poder especial para determinado acto jurídico judicial y
extrajudicial, solo facultará al mandatario para los actos especificados en el mandato,
sin poder extenderse ni siquiera a los que se consideren consecuencia natural de los

14
que el apoderado esté encargado de ejecutar.” Tan aplicable es a la figura en cuestión
que ese precepto menciona en forma expresa la posibilidad de recurrir al mandato
especial para gestionar judicialmente a nombre de otro, con independencia de que
también se autorice al mandatario para la ejecución de actos extrajudiciales, nada de
lo cual contraría lo dispuesto en el referido 118 del Código Procesal Civil. En todo caso,
de presentarse alguna antinomia, prevalecería el primero pues su texto actual debe
entenderse promulgado en fecha más reciente gracias a lo previsto en el 178 del
Código Notarial , Ley N.º 7764 de 17 de abril de 1998. A diferencia del poder general
judicial, el especial judicial es, entonces, un negocio jurídico dirigido exclusivamente a
permitir al o a la representante la realización, en nombre de su poderdante, de actos
procesales en el o los procesos concretos, según las especificaciones contenidas en él.
En síntesis, la forma de su otorgamiento está regulada en el 118 del Código Procesal
Civil, pero, en lo sustancial, ha de ajustarse a lo estipulado en el 1256 y el 1257 del
Código Civil. Alberto BRENES CÓRDOBA [ Tratado de los contratos, San José: Editorial
Juricentro, primera edición revisada y actualizada por Gerardo Trejos y Marina
Ramírez, 1985, p. 224] lo puntualiza de la siguiente manera: “Se denomina 'mandato
judicial', el que tiene por objeto facultar al mandatario para que intervenga en los
negocios judiciales en que activa o pasivamente esté interesado el mandante. (…).
Según la extensión del poder, el mandato es general o particular. El primero confiere
amplias facultades para el manejo de todos los negocios (sic) del poderdante; el
segundo, aunque comprende también amplias atribuciones, pues son las mismas que
las del mandato general, se limitan al negocio o negocios que expresamente se
mencionan en el poder.” En similar sentido, en el voto n.º 412, de las 8:40 horas del 12
de diciembre de 1995, la Sección Primera del Tribunal Segundo Civil señaló con acierto
que, “El artículo 1289 del Código Civil, establece las facultades de un mandatario
judicial y aunque se refiere "a todos los negocios del mandatario" lo que hace pensar
que dichas facultades solo las tiene un apoderado general judicial, es lo cierto y así
debe interpretarse, que cuando el poder lo es para un proceso, dicho mandatario
tiene las facultades que le confiere dicha norma. Así, se establece que el mandatario
puede apersonarse como actor o como demandado, seguir el proceso en sus diversas
instancias, usar todos los recursos ordinarios y extraordinarios, transigir, comprometer
en árbitros o arbitradores, recibir dinero y dar el correspondiente recibo, otorgar y
cancelar las escrituras que el negocio o negocios exijan, renunciar cualquier trámite y
hacer todo lo que el dueño haría si él mismo estuviese, para llevar a término los
negocios.” (negrita suplida. Sentencia: 01110 Expediente: 11-000359-0919-FA Fecha:
05/10/2011 Hora: 12:56:00 p.m. Emitido por: Tribunal de Familia) […].”

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5. Antinomia Entre Normas de Diferente Rango

[Sala Constitucional]vi
Voto de mayoría

1. Lo dispuesto en los artículos 705 y 706 del Código Procesal Civil se refiere a las
formalidades que se deben seguir para la autorización de sentencias, laudos
extranjeros, o incluso la práctica de una prueba de un tribunal extranjero; sin embargo,
con la simplificación de los trámites, así como el objetivo de dar asistencia judicial
internacional en un acto procesal específico, se denota una posible confusión entre lo
que pretende solventar el Tratado Internacional de lo que es el poder jurisdiccional del
Estado, cuya última expresión es la cosa juzgada material. Al tratarse de actos de
instrucción, y no de la resolución de fondo de los procesos, como la evacuación de la
prueba, ese acto procesal no involucraría aspectos relacionados directamente con el
fin último del poder jurisdiccional, sino que se trataría de supuestos o efectos
indirectos de ese poder que por extensión conocen otros tribunales. Por el principio de
la fuerza normativa de los tratados internacionales en nuestro Estado, éstos
desplazarían cualquier antinomia entre un convenio y la legislación nacional. Así, se
ven modificadas por la superior jerarquía normativa, que a pesar de los puntos
señalados por el informe de la Corte Suprema de Justicia, después se aclara con la
intervención de los magistrados Rivas Loaíciga, Solís Zelaya, y Lopez González, en la
Sesión No. 19 del 9 de octubre de 2014 de la Comisión Permanente Especial de
Relaciones Internacionales y Comercio Exterior, donde se expresa la conveniencia del
proyecto de Ley de aprobación de la Adhesión al Convenio de marras. Incluso se
mantiene, en lo que se refiere a la eliminación de la autenticación o lo que podría ser
lo mismo -como sucede en otros tratados con el paso por las cancillerías, autenticación
de firmas de funcionarios, entre otros-. La tendencia va hacía la eliminación de estas
formalidades, el aprovechamiento de los recursos tecnológicos, entre otros; a pesar de
que el Convenio de marras data de hace más de cuarenta años.

6. Concurrencia de la Antinomia

[Sala Primera]vii
Voto de mayoría

“VI. SOBRE EL VICIO DE ILEGALIDAD DEL REGLAMENTO PARA PROCESOS DE


SUBVALORACIÓN DE PUESTOS EN EL INS POR VIOLACIÓN DIRECTA DE LAS
DISPOSICIONES DE LA CONVENCIÓN COLECTIVA DE TRABAJO. […] Planteadas de esa
forma las cosas por las partes, este Tribunal, de una lectura del Artículo 59 inciso a) de
la Convención Colectiva bajo análisis, en aplicación de los principios de lógica,
razonabilidad y sana administración de los recursos públicos, así como otras
disposiciones del ordenamiento jurídico, como lo es el artículo 167 del CT, no puede

16
desprender de la norma, como sí lo hace la accionante, que la Administración, en caso
de una reasignación por descenso, se encuentre vedada de modificar el salario y la
categoría, de un trabajador que ocupe el puesto sometido a este proceso, únicamente
si se es [sic] de su interés aceptarlo. El enunciado en el que fundamenta sus
apreciaciones la parte actora, debe entenderse en el contexto de la norma, relacionada
con los principios antes dichos, el artículo 167 del CT, así como el mismo reglamento
que pretende impugnar. En tal sentido, el inciso a) del artículo 59 permite a la entidad
demandada reasignar puestos, ya sea ascendiéndolos o descendiéndolos de grado. Si
opta por el descenso, resulta obvio que no puede hacerlo de forma inmediata, como lo
indica la norma, sino, mediante un procedimiento, en el que el Jefe de la Dirección,
Departamento, o el mismo trabajador pueden hacer la solicitud. Éste último puede
hacerse representar por el sindicato de la entidad demandada. No se puede perder de
vista, que un cuerpo normativo, por más acabado que sea, es improbable que pueda
prever todas las situaciones posibles; en tal sentido, el trámite de la reasignación de un
puesto en descenso, no puede limitarse a la existencia de un mutuo acuerdo entre la
entidad demandada y el funcionario, pues resulta lógico pensar que puede ocurrir otra
situación, en la que el trabajador no esté de acuerdo con la reasignación, con el rebajo
del salario, ni la indemnización que corresponda, que es el caso que pretende regular el
Reglamento que se cuestiona, en los artículos 6, 7 y 8 llenando este vacío normativo,
que a juicio del Tribunal no resulta ilegal, al complementar la normativa, regulando un
aspecto no contemplado dentro del cuerpo de normas en cuestión. Es menester
destacar que el Reglamento regula la indemnización al trabajador, si ocurre una
situación de esta naturaleza, con lo que se reconoce un resarcimiento, producto de la
subvaloración, que se ajusta a la legalidad. La reasignación de puestos obedece a
circunstancias objetivas o hechos que se presentan en el devenir de las relaciones
laborales, es posible que ocurran modificaciones sustanciales de los deberes y las
responsabilidades; si esto sucede, lo lógico es que exista una adecuación real y efectiva
de la situación fáctica con el puesto. Bajo la óptica que plantea la accionante, carecería
de sentido práctico efectuar la reasignación en descenso, ya que si el trabajador no la
acepta, la entidad demandada se encuentra obligada a mantener la situación en el
tiempo, pese al cambio sustancial en deberes y responsabilidades, que ameritan
subvalorar el puesto. En esa perspectiva, la potestad del ente demandado se
trasladaría al trabajador, por la cual se vería afectada la efectividad de esa
reasignación. La interpretación de la segunda parte del inciso a) del artículo 59 de la
Convención Colectiva, en la línea que sostiene la accionante, resulta contraria al interés
público, al resguardo de los fondos públicos, así como a los principios de lógica,
razonabilidad, eficiencia y sana administración de los recursos públicos. Lo anterior en
virtud de que la consecuencia de una situación de esta naturaleza, sería que el
trabajador mantenga de manera indefinida en el tiempo un salario y categoría que no
le corresponden, pese a la existencia de una modificación sustancial de sus deberes y
responsabilidades, cuando en realidad su categoría y salario deberían ajustarse a los

17
cambios. Esto resulta contrario a la vez, con lo que dispone el artículo 167 del CT. Sobre
el principio de razonabilidad, la Sala Constitucional, desde su jurisprudencia inicial
indicó lo siguiente: "El principio de razonabilidad viene a exigir a las leyes un contenido
razonable. Lo razonable se opone a lo arbitrario, y remite a una pauta de justicia, con
lo que la que se completa el principio de legalidad -que es de forma- para componer
uno solo.” (Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, sentencia n.º 3834-92,
en ese mismo sentido sentencia 001179-F-S1-2011, de las 9:30 horas del 22 de
setiembre del 2011, de la Sala Primera). Con base en la cita anterior, resultan
inadmisibles las interpretaciones contrarias a principios básicos de lógica y
razonabilidad. Por otro lado, técnicamente una antinomia jurídica se da cuando en un
mismo cuerpo legal dos disposiciones se contradicen (ver Brenes Córdoba, Alberto,
Tratado de las Personas, Vol. I, pág. 101), lo que a juicio del Tribunal no ocurre, ya que
se trata de dos cuerpos normativos distintos, como se dijo con anterioridad, el
Reglamento complementa la normativa de la Convención, mas no la contradice, pues
regula situaciones no contempladas en ésta, que resultan necesarios, pues en el
trámite de una reasignación descendente puede darse el caso en el que el trabajador
no le interesa llegar a un acuerdo. El Reglamento Autónomo del INS no afecta derechos
subjetivos, pues reconoce la indemnización del trabajador, en el caso de que tenga que
llevar a cabo el ajuste del puesto. […]” (lo resaltado es del original). Esta Sala, por las
razones que se expondrán de seguido, no comparte lo expuesto por las personas
juzgadoras.

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de utilizar el material indicado.

18
i
ROMERO PÉREZ, Jorge Enrique (Enero-Abril 2014). Notas sobre la Interpretación Jurídica. en
Revista de Ciencias Jurídicas N0 133 (pp. 79-102). San José, Costa Rica. Pp 92.

ii
SALA TERCERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Sentencia 173 de las nueve horas con un
minuto del veintidós de marzo de dos mil diecisiete. Expediente: 16-000014-1306-PJ. (Materia
Penal Juvenil).

iii
TRIBUNAL DE APELACIÓN DE SENTENCIA PENAL SEGUNDO CIRCUITO JUDICIAL DE SAN JOSÉ.
Sentencia 223 de las diez horas con cincuenta y cinco minutos del quince de febrero de dos mil
dieciséis. Expediente: 13-000327-0619-PE.

iv
TRIBUNAL DE APELACIÓN DE SENTENCIA PENAL SEGUNDO CIRCUITO JUDICIAL DE SAN JOSÉ.
Sentencia 146 de las ocho horas con quince minutos del veintisiete de enero de dos mil
dieciséis. Expediente: 13-001270-0042-PE.

v
TRIBUNAL CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO, SECCIÓN SEGUNDA. Sentencia 104 de las ocho
horas con cuarenta y cinco minutos del treinta de septiembre de dos mil quince. Expediente:
07-000442-0163-CA.

vi
SALA CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Sentencia 10317 de las catorce
horas con cincuenta minutos del catorce de julio de dos mil quince. Expediente: 15-009007-
0007-CO.

vii
SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Sentencia 1537 de las catorce horas con
cinco minutos del cuatro de diciembre de dos mil catorce. Expediente: 11-005370-1027-CA.

19