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LAS TRES RELIGIONES CELESTES Y EL MEDITERRÁNEO

LUIS SÁNCHEZ DE MOVELLÁN DE LA RIVA/

Entre las tres religiones celestes hay muchos puntos de convergencia que en la práctica
social no se han tenido injustamente en cuenta. Hay muchas razones para considerarlo
así, pero sobre todo el hecho de que las tres religiones nacieron en lugares tan cercanos
que se han estado disputando desde siempre la hegemonía cultural e incluso política en
el Mediterráneo. La religión ha constituido el rasgo de identidad más significativo de las
tres civilizaciones, siendo además la razón predominante de los conflictos que han
convertido al Mediterráneo en una de las áreas más calientes del planeta.

Las tres religiones monoteístas, más que convertir a esta región en lugar natural de
encuentro entre ellas, es decir, en el área del planeta más abierta al diálogo intercultural,
han hecho de ella una región caracterizada por una fuerte inestabilidad política y por
conflictos ideológicos irresolubles. Esta conflictividad es en parte el producto de una
continua discrepancia histórica; pero, ante todo, es el resultado de un empleo agresivo
de la religión que han utilizado muchos regímenes políticos con ansias de poder.

Ninguna de las tres religiones es en principio 'tolerante' o 'intolerante'; es el contexto


político el que empuja a una religión a cerrarse hacia lo 'diferente', hasta el punto de
hacer inevitable la lucha contra el infiel. Los contenidos políticos con trasfondo
religioso aparecen lejanos y a veces incomprensibles para la sociedad europea. Ésta,
organizada desde hace siglos sobre la base de los valores de la tolerancia religiosa y el
pluralismo cultural, se siente extraña a tales conflictos. Y eso explica también por qué
Europa en el pasado ha asistido indiferente e impotente a las divisiones que se fueron
registrando en el Mediterráneo en nombre de la religión, preocupada, sobre todo, en
evitar que generaran repercusiones sobre la tranquilidad social de los países europeos.

Europa, sin embargo, parece cada vez más consciente del hecho de que su seguridad
depende en buena medida del tipo de equilibrio político que se pueda establecer en el
área mediterránea, sobre todo, teniendo presente primero la solución que se dé a la
cuestión palestina e incluso al conflicto libanés. Es decir, Europa depende de que el
Mediterráneo deje de ser el epicentro de la conflictividad internacional y pueda
convertirse, en cambio, en un lugar de asimilación cultural, en un punto de referencia en
el que participen las tres civilizaciones mundiales. Se trata, no sólo, de desactivar los
conflictos religiosos suscribiendo acuerdos 'regionales' de derechos, sino, sobre todo,
organizando formas de cooperación según el modelo predominante en los círculos
euromediterráneos definido ya desde 1995 en la Conferencia de Barcelona, y que hasta
ahora ha permanecido casi inoperante. Las tres religiones monoteístas podrían unir a
muchos pueblos de la región en la creencia común de un Dios único, en un común
proyecto de cooperación cultural; en lugar de operar como un formidable instrumento
político de división podrían facilitar el diálogo entre las civilizaciones, creando así las
condiciones para desarrollar una conciencia mediterránea anclada firmemente en los
valores de la persona humana y en el respeto de las diferentes identidades culturales. Sin
embargo, es esta una cuestión política que depende de la disposición de los diferentes
regímenes políticos a abrirse a la asimilación cultural de otros 'mundos' y de no hacer de
esto una cuestión teológica. Europa podría, no obstante, empeñarse con más persuasión
en constituir políticamente el punto de referencia predilecto de este espacio; podría
encabezar el Occidente plenamente implicado en las políticas de desarrollo que se
emprenden en la región. Con esa actitud podría experimentarse en el Mediterráneo
alguna forma de global governance de tipo regional, de modo que la tradicional pugna
entre áreas más ricas y áreas menos desarrolladas ceda aquí el paso a formas de
cooperación de las que sea excluida cualquier forma de colonialismo cultural de los
países del Norte respecto a los del Sur.

Una vez concluida la edad del bipolarismo, basada sobre la insuperable disparidad del
status internacional entre las grandes, medianas y pequeñas potencias, y, una vez que se
razona en términos de necesidades y deberes de la Comunidad internacional, organizada
bajo el principio de igualdad de sus miembros, debería ser más fácil argumentar acerca
de una región mediterránea que hace depender de ella misma las bases de la convivencia
entre los Estados que la forman. Se trata de afrontar las viejas y las nuevas situaciones
que han hecho efímera la paz en esta región.

Hebraísmo, islamismo y catolicismo han jugado un importante papel en la tarea de


emancipación de los pueblos, las etnias y las nacionalidades en los últimos sesenta años.
Pero hoy en día ese papel parece ser más importante. En un mundo dividido por
opuestas visiones del hombre y de sus necesidades, las religiones celestes pueden
constituir un elemento decisivo para imponer el antropocentrismo allí donde la
realización del Estado de Derecho tenga que superar pruebas costosas. Hace falta partir
de esta ventaja para emplear todos los recursos, políticos y materiales, que Europa
posee, en el empeño de promover un diálogo con los países de las riberas del
Mediterráneo sin basarse en formas más o menos explícitas de colonialismo cultural, ni
en una aproximación rígidamente relativista a los problemas de la 'diversidad étnica', y
que sopese los valores y los inconvenientes en un mismo plano.

Se trataría, dada la globalizada realidad del mundo, de definir los posibles caracteres de
una común civilización mediterránea, de organizar el diálogo entre diversas culturas
sobre la base de reglas compartidas y comunes, en fin, de "civilizar" la globalización.
Humanismo cristiano, humanismo islámico y humanismo hebreo podrían encontrarse en
la sola cultura de los derechos humanos que construye la base del diálogo político,
económico, social y cultural. Hebraísmo, islamismo y catolicismo han jugado un
importante papel en la tarea de emancipación de los pueblos, las étnias y las
nacionalidades en los últimos sesenta años

LA RELIGIÓN COMO FACTOR GEOPOLÍTICO EN EL ESPACIO


MEDITERRÁNEO

El poderoso ascenso de los chiitas en Irán desde 1979, la crisis en Argelia desde1992, el
avance de los judíos ortodoxos en el paisaje político de Israel (como lo muestran los
resultados del último escrutinio del 17 de mayo de 1999) y la crisis de Kósovo (marzo-
mayo 1999) son factores que han puesto en primer plano "lo religioso" como factor
geopolítico. En el Islam sunita aparecen dos grandes corrientes: una corriente integrista,
minoritaria, que tiene en mira la toma del poder mediante la violencia (Argelia) y una
corriente fundamentalista que adopta una estrategia de "volver a islamizar el conjunto
de la sociedad a partir de abajo", en los usos y costumbres, la cultura y los
comportamientos.

El chiismo del Irán, que en los años 80 se presentaba como una poderosa fuerza de
oposición ahora, con el nuevo presidente iraní, aparece más fundamentalista y moderno
(1) que revolucionario, inclusive si la "cintura chiita del golfo arabe-persa" continúa
suscitando múltiples inquietudes en los países árabes petroleros y en las cancillerías
occidentales (importantes minorías chiitas viven en los emiratos del Golfo Pérsico y en
la costa oriental de Arabia Saudita).

A pesar del trabajo ecuménico, iniciado por el Papa Juan XXIII, para superar las
divisiones históricas, la religión cristiana experimenta también turbulencias en sus
puntos de conflicto tradicionales: entre católicos y protestantes (Irlanda), entre latinos y
ortodoxos (en ex-Yugoslavia).

El Judaísmo se encuentra, asimismo, escindido en múltiples tendencias. En Israel, el


debate sobre la definición del carácter judío, la "judeidad", continúa haciendo furor.
Aún no existe el matrimonio civil y los judíos ortodoxos ocupan un lugar importante en
la escena israelí.

Ya se puede, a partir de estas observaciones, proponer una tesis:

Las tres religiones monoteístas experimentan una mutación importante que las impulsa
a organizar en la sociedad "espacios re-cristianizados" "re-islamizados" (2) o "re-
judaizados" así como a conseguir el reconocimiento de estos espacios por sus
respectivos Estados. En el caso del cristianismo romano, el único que disponede un jefe
espiritual y de una jerarquía, se trata ante todo de defender los valores cristianos
amenazados por el avance de los progresos científicos y de las ideas materialistas en las
sociedades, especialmente las occidentales.

El retorno de lo religioso no quiere decir, sin embargo, guerra de religión entre las tres
religiones monoteístas, sino simplemente la utilización de la religión para la realización
de un "hombre nuevo" (born-again, moslem, jew or christian) o comofactor de
movilización, de oposición, de legitimación, inclusive de "reconstrucción"de
identidades nacionales heridas, agredidas o debilitadas.

Tal instrumentalización funciona tanto mejor cuando se sustenta en una historia


mediterránea plagada de conflictos de todo tipo, en los que frecuentemente la religión
ha sido el estandarte de los combatientes.

Con el objetivo de ilustrar esta tesis, les propongo realizar un viajecito en el tiempo y el
espacio mediterráneos desde las cruzadas (1099) hasta la creación del Estadode Israel,
"el Estado de los judíos", en 1948 y el resurgimiento del islamismo militante con la
revolución de 1979 en Irán.

Primera parte: la historia: el acontecimiento y el mito.

1/ Una sorprendente coincidencia histórica: los cruzados en Jerusalén el 15 de julio de


1099.

Hace 900 años, el 15 de julio de 1099, los cruzados cristianos tomaron por
asaltoJerusalén. La Guerra Santa desencadenada por instigación del Papa Urbano II en
la prédica de Clermont, el 27 de noviembre de 1095, culminaba con una horrible
matanza en la ciudad tres veces santa. Tres cronistas cristianos que participaron
efectivamente en el asalto (3) hablan de "la carnicería imposible de describir" puesto
que "la sangre de los innumerables muertos subía casi arriba de los zapatos". Incluso si
la cifra de 100.000 muertos indicada por un cronista musulmán, Sibt AI-Jawzi(1186-
1256) (4), es evidentemente exagerada, lo cierto es que los "soldados deDios" actuaron
despiadadamente: los musulmanes, los judíos y los cristianos "heréticos" (porque no
eran latinos fueron ejecutados al filo de la espada).

La continuación es conocida: un reino latino se instauró en Palestina. Ocho cruzadas


oficiales se sucedieron. Participaron señores, reyes y emperadores. El reino latino fue
destruido la primera vez por Saladino, tras el fracaso de Hittin el 4 de julio de 1187, y la
segunda y última vez por los Mamelucos de Egipto, en 1290-1291. Así terminó la
epopeya trágica de las cruzadas que duró 192 años. Pero apenas había sido
desmantelado el reino franco, los Estados musulmanes de Oriente se encontraron
amenazados por invasores venidos del este: los mongoles,que tomaron Bagdad,
destruyeron la dinastía abasida en 1258 y entraron en Damasco en 1299.

Tras este breve recuerdo histórico, es conveniente destacar algunos elementos de


reflexión:

1) Las Cruzadas fueron, sobre todo, iniciativas de la Iglesia. Fueron los Papas quienes
llamaron a las Cruzadas, bien durante un concilio, bien con la promulgación de una bula
de cruzada. Es evidente que hubo desbordamientos (cruzadas populares) o excesos de
celo en algunos monarcas europeos (incluso excomulgados, como fue el caso de
Federico II), pero, en general, la conquista de Oriente fue llevada a cabo oficialmente
"por la causa de la Iglesia". Al llamara la cruzada, los papas buscaban reafirmar su
autoridad frente a los emperadores germánicos y quizá hasta hacer reconocer la
primacía romana al conjunto de los cristianos orientales.

2) Muchos reyes europeos tomaron parte en las cruzadas. Aunque esto no autoriza a
afirmar que las cruzadas cimentaran la unidad de Occidente. Al contrario, el desarrollo
de las cruzadas, la elección de los itinerarios y las rivalidades surgidas en Oriente entre
los señores de Occidente demuestran hasta la saciedad que la liberación de la tumba de
Cristo no era más que una cuestión menor y que lo que contaba para muchos cruzados
era independizarse económicamente y asegurarse una hegemonía comercial. Las luchas
intestinas entre los príncipes de Antioquía, Trípoli y Acre atestiguan perfectamente la
falta de unidad y de cohesión. Así, escribe Máxime Rodinson: "Las Cruzadas son un
buen ejemplo de actos políticos con motivación ideológica en el ámbito social y
colectivo, aunque no individual la iniciativa de las expediciones se toma en fechas
determinadas y enfunción de proyectos, planes y cálculos que obedecen a factores
extrarreligiosos" (5).

3) Los intercambios comerciales entre las dos orillas del Mediterráneo no datan de las
cruzadas. Pero no cabe ninguna duda de que las ciudades marítimas de Italia obtuvieron
un gran provecho del transporte de cruzados, peregrinos y productos alimenticios. Los
genoveses, venecianos y pisanos, en particular, constituyeron establecimientos
autónomos en las ciudades conquistadas e incluso llegaron a obtener concesión de hasta
un tercio sobre dichas ciudades (6). Barrios italianos se establecieron así en las ciudades
de Oriente, beneficiándose muchas veces de un estatuto de extraterritorialidad.

4) Jerusalén fue un objetivo sustitutorio de Constantinopla, ya que era más movilizador.


Los cristianos de Oriente no pedían a Europa que viniera en su ayuda. De hecho,
tuvieron que sufrir abundantes matanzas y saqueos cometidos por los cruzados. Esto
vale tanto para los cristianos de Bizancio, considerados como "cismáticos" por la Iglesia
latina, como para los cristianos orientales, considerados como heréticos. Todos los
historiadores de las cruzadas han, relatado con detalle los abusos cometidos por los
cruzados para con los cristianos autóctonos.

5) Las "cruzadas" prueban la manipulación, con fines políticos, de las nociones de


guerra santa y justa. Las atrocidades cometidas por los cruzados con judíos,griegos,
jacobitas y, más aún, musulmanes, ya suscitaron en su tiempo la oposición de religiosos,
poetas y teóricos políticos que cuestionaban el poder temporal de la Iglesia.

6) Iniciadas para defender al emperador bizantino amenazado por los selyúcidas, las
cruzadas fueron en conjunto contrarias a los intereses del Imperio
Bizantino.Constantinopla no sólo fue a menudo saqueada, sino que allí se instaló un
reino latino en 1204. "Políticamente, las cruzadas del Siglo XII -escribe C. Morrison-
no son más que la manifestación de la hostilidad de los latinos hacia el Imperio, y su
objetivo religioso, una fachada" (7). Por otro lado, durante mucho tiempo las cruzadas
han crispado las relaciones entre católicos y ortodoxos.

7) El fervor religioso de los cruzados abocó en intolerancia hacia todo lo ajeno al ideal
de cristiandad. Así, los cristianos impusieron la apostasía o la muerte a las comunidades
judías de Europa Central y Alemania.

8) Los fines de la cruzada, tal como aparecen tanto en las obras literarias como en las
crónicas, son muy claras: la liberación del Santo Sepulcro y la conquista de la tierra a
los infieles. Pero las causas de la salida en cruzada son de otra índole. En principio, la
expansión demográfica que provocó la agitación social y el movimiento de las
poblaciones; "la clase caballeresca apenas puede contener aquienes pretenden
derechos sobre las tierras" (8). George Duby añade: "En los linajes nobles no se casa
más que a un solo hijo y el resto son lanzados a la aventura. Se convierten en
desarraigados, proclives a las aventuras militares. Hay toda una masa de jóvenes
solteros en busca de fortuna que constituye el potencial de agresión occidental en esos
momentos. Las cruzadas dirigirán hacia Tierra Santa los entusiasmos saqueadores y
las ansias de salvación eterna" (9). El Papa Urbano II, en su discurso de Clermont,
utiliza ese mismo argumento: "Esta tierra apenas puede alimentar a sus habitantes, por
eso cuando agotáis vuestros recursos os lanzáis a continuas guerras" (10).

Además, los años que precedieron al llamado a las cruzadas habían sido muy difíciles.
Las inundaciones y las epidemias de peste de 1094 habían sido seguidas por la sequía y
el hambre de 1095 y las invasiones bárbaras y las incursiones de los vikingos habían
hecho la vida del campesinado dura y poco segura.

Se aprecia pues que, más que la devoción cristiana o el ideal de sacrificio, fue el interés
de los jóvenes señores de hacerse de un feudo, o la preocupación del pueblo por escapar
de la miseria, lo que los puso camino a Jerusalén.

9) Las cruzadas descubrieron una sociedad musulmana medieval mucho más tolerante
de lo que se pensaba en Occidente. No sólo esta sociedad no imponía la conversión a
"las gentes del Libro", sino que judíos y cristianos podían practicar su culto con toda
libertad siempre que reconocieran la autoridad establecida. Las cruzadas vinieron a
perturbar este "hecho consumado" haciendo sospechar que las comunidades cristianas
estaban en connivencia con sus correligionarios venidos de Ultramar (11). Así es como
se puede decir que las cruzadas empeoraron la situación de los cristianos de Oriente y
perjudicaron, en el Oriente latino y durante los siglos posteriores, las relaciones entre
griegos y latinos, entre melkitas y latinos.

10) Paradójicamente, las cruzadas no permitieron, contrariamente a una idea muy


extendida pero falsa, cimentar la unidad de la Umma musulmana. Si es exagerado
afirmar, como hace Bernard Lewis que "el mundo musulmán mostró una notable
indiferencia respecto a la llegada y conquistas de los cruzados e incluso a la pérdida
de Jerusalén" (12), no deja de ser cierto que sus rivalidades internas (como en el caso
de los ayubíes de Damasco y El Cairo) y sus luchas fratricidas facilitaron la tarea de los
invasores, que establecieron una serie de principados feudales en Edesa, Antioquía,
Trípoli y, finalmente, Jerusalén. Si seconsidera la actitud del Islam durante todo este
período, hay que constatar que se manifestó "ni masivamente unido en la respuesta, ni
siquiera perfectamente unánime en la hostilidad" (13). El peso de la guerra cayó
enteramente sobre Egipto y, sobre todo, Siria (14), que, a su vez, no cesaban de hacerse
la guerra, lo que facilitó las victorias francas y la implantación del reino latino. No fue
hasta que el mameluco Bailares consiguió unificar los dos países que la reconquista se
encontró al alcance de la mano.

11) Dos siglos en tierras del Islam hubieran podido llevar a los cruzados a conocer
mejor este mundo y su religión. Bastante paradójicamente, de entre todos los monarcas,
fue Federico II, el emperador germánico, quien mejor conocía la cultura islámica y la
lengua árabe; pero este conocimiento lo había adquirido en Sicilia, y no en Palestina.
Respecto a los "caballeros francos" hay que decir que nunca ocuparon ninguno de los
grandes centros culturales de Oriente (como Bagdad, Damasco, Alejandría o El Cairo) y
cuando ocupaban una localidad con una cierta tradición cultural, destruían las
bibliotecas y obligaban a los sabios a la emigración (15).

12)Las cruzadas demostraron hasta qué punto Palestina era el "territorio sagrado de la
conciencia europea". Tierra mítica, "santuario de Dios", galvanizaba a las
muchedumbres y movilizaba a los príncipes. Situada en el corazón de Oriente,se
convirtió en objeto de codicia. Rara vez en la historia, una geografía tan exigua ha visto
desfilar tantos peregrinos, caballeros y testas coronadas. Durante dos siglos, Palestina
estuvo íntimamente implicada en la historia de Europa, pero siempre consiguió escapar
a una dependencia exclusiva de los franj. Y así, la presencia franca en Oriente, nacida
de una victoria militar no pudo sobrevivir a una derrota militar.

13)Las cruzadas sobreviven hasta nuestros días en el imaginario colectivo de unos y


otros. Cuando se desencadenó, la cruzada era "el estandarte ideológico bajo el que los
hombres morían y bajo el que se podía contar que siempre los hombres morirían" (16).
Hoy, sobrevive como mito político.

14)En efecto, las cruzadas han causado un inmenso traumatismo a los árabes y a los
musulmanes, trauma cuyos efectos devastadores en el imaginario colectivopermanecen
hasta hoy. Este recuerdo es tan vivo que todo acto hostil de parte de Occidente es visto a
través del prisma deformante de las "invasiones francas". Es así como después de haber
herido al Papa, el 13 de mayo de 1981,el turco Mehemet Ali Agca explica en una carta:
"He decidido matar a JuanPablo II, comandante supremo de los cruzados". Inclusive la
creación del Estado de Israel en tierra palestina en 1948 es frecuentemente asociada con
el establecimiento del reino de los cruzados. Asimismo, la guerra desencadenada contra
Irak en 1991 por una coalición de 28 Estados encabezada por losEstados Unidos ha sido
frecuentemente descrita por los iraquíes como una nueva cruzada (17).

Más cerca de nosotros, en Argelia, los Padres Blancos asesinados en 1994


probablemente por el G.I.A., son calificados de "cruzados".

Evidentemente las cruzadas continúan ejerciendo una influencia tan insidiosa--sobre los
árabes y musulmanes que se puede temer, como señala Amin Maalouf, que "la ruptura
entre estos dos mundos (Occidente y Oriente) parte de las cruzadas, sentidas por los
árabes como una violación, aún el día de hoy" (18).

2/ El Islam en España (desde 711) y la caída de Granada 1492

1992 ha sido el año de España: de las Olimpiadas de Barcelona y de la Exposición


Universal. Cinco siglos después de la conquista de América y de la reconquista del
último emirato musulmán de Granada (1492), España deseaba conmemorar, a su
manera, el doble acontecimiento. Si el vínculo entre la conquista y la reconquista no
puede ser establecido de manera categórica, no cabe duda de que la caída de Granada ha
marcado un viraje histórico en las relaciones Occidente -Mundo musulmán. Se trató esta
vez de la revancha del Occidente católico contra los musulmanes: Europa mediterránea
dejó de ser musulmana, excepto en Bosnia, Kósovo, Albania.

Los Reyes Católicos Fernando e Isabel pusieron fin a una experiencia de cohabitación
religiosa inédita en la que los árabes llamaron "Djazirat AI-Andalus". Es cierto que la
conquista musulmana en España en 711 no se realizó sin derramar sangre pero,
globalmente, los "Omeyas de Occidente" supieron construir un reino fundado en la
tolerancia. El Islam andaluz admitía la existencia de las otras dos religiones
monoteístas, cristianismo y judaísmo, garantizando la coexistencia bajo la condición del
respeto a la religión hegemónica. He ahí el sentido de la tolerancia en tierras del Islam.

Maxime Rodinson da dos razones: una teórica y otra práctica (19). La primera se basa
en las condiciones históricas de la formación del Islam. Cuando nació el Islam, el siglo
VII en Arabia, no existía un Estado sino tribus en competencia, de modo que cuando el
profeta inició su "comunidad religiosa" constituyó al mismo tiempo e embrión de un
Estado con sus adeptos, soldados y jueces. Desde el principio el Islam se confundió con
el poder, con el Estado. En esta comunidad religiosa-Estado, judíos y cristianos no eran
considerados como "competidores" sino como representantes de las religiones reveladas
de las que el profeta Mahoma había extraído lo esencial de su enseñanza. De allí deriva
ese estatus relativamente privilegiado de "protegidos". Se trataba de una "tolerancia de
principio".
Hay igualmente una justificación práctica de la "tolerancia musulmana". En efecto,
cuando en el año 632 comenzaron sus conquistas, los musulmanes eran con frecuencia
minoritarios en los territorios conquistados; no pudiendo convertir n iasimilar a todos,
necesitaban tanto a cristianos como judíos. Se trataba de una tolerancia de oportunidad.

Las condiciones de formación histórica del cristianismo son totalmente diferentes y


permiten comprender la relación del cristianismo a la alteridad y, en consecuencia, la
relación del cristianismo primero con la alteridad musulmana y luego con las
disidencias ortodoxas y protestantes.

En efecto, el advenimiento del cristianismo se produjo en el marco del imperio romano


ya constituido. Los primeros cristianos debieron adoptar una estrategia de supervivencia
para escapar de la persecución. No debían provocar a los poderes constituidos
"garantizándoles que no iban a competir contra ellos" siguiendo el principio de dar al
Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. De este modo los cristianos,
tolerados, aumentaron en número. Pero desde el principio,como dice el tunecino
Mohamed Charfi, "la Iglesia se constituyó paralelamente al Estado y sin vínculo con
él" (20). La religión se convierte en la ideología del "imperio cristiano" recién en el año
312, luego de la conversión del emperador Constantino, quien tomó el título de
"Emperador por la gracia de Dios". Hasta el Siglo de las Luces y prácticamente hasta
la revolución francesa de 1789, la monarquía constituía un Estado de derecho divino. La
democracia no ha podido echar raíces durables y verdaderas en Europa sino mediante la
afirmación y la aplicación de la neutralidad del Estado en materia religiosa.

Pero antes de que esta transformación se produzca se han sucedido el cisma (1054)
entre la parte occidental de la cristiandad, dirigida por Roma, y la parte oriental, dirigida
por Constantinopla; la inquisición española y la salida definitiva de los moriscos (1610)
y la guerra de los cien años entre católicos y protestantes.

3/ 1453 : Constantinopla- Estambul

En el mismo momento en que, al oeste, los reyes católicos retomaban la ventaja sobre
los emiratos musulmanes de España con la caída de Córdoba (1236),Valencia (1238) y
Sevilla (1248), al este, en Asia Menor, el imperio de Bizancio era agredido por nuevos
conquistadores de origen turco-mongol: los Seljoukides. Esta dinastía, cuyo nombre
deriva del de su fundador Seldjouk, venía de Asia Central. Suprimer soberano, Toghrul
Beg, después de haber conquistado el Irán, se convirtió al Islam Sunita, se instaló en
Bagdad donde el califa abasida Kaïem le otorga el título de sultán. A partir de su base
"iraquí" los Seljoukides conquistaron Armenia, Siria y Palestina (donde entraron en
1077) y casi toda Anatolia estableciendo un nuevo sultanato: el de Rourn, que
significaba romano. Por lo demás, fue para contener esta amenaza que el emperador de
Bizancio, Alexis Commene, pidió ayuda al Papa Urbano II. Pero en vez de enviar un
ejército "cristiano" para salvar Bizancio "la hereje" (desde 1054), el Papa organizó una
cruzada para liberar "Jerusalén". Mientras que los Señores fraccionaban en feudos el
Oriente, los Seldjoukids consolidaban su control en Asia Menor. En mayo de 1453 (39
años antes de la caída del emirato musulmán de Granada), Mehemet II entró en
Constantinopla. Tras la victoria de los turcos sobre los serbios en las batallas de Kósovo
(Junio de 1389 y octubre de 1448) quedó despejado el camino para el avance de los
turcos hasta Viena.

De modo que cuando Granada era "reconquistada" por los Reyes Católicos, los turcos,
recientemente convertidos al Islam, ya se habían instalado en Estambul. La historia nos
presenta detalles impresionantes: la mezquita de Córdoba transformada en catedral
desde la toma de la ciudad mientras que la iglesia Hagia Sophia, o Santa Sofía, fue
transformada en mezquita mientras Mehemet II concedía "I'aman" (la seguridad) a los
fugitivos e invitaba a los griegos a elegir un patriarca como jefe de su comunidad,
impidiendo de esta manera el despoblamiento de su metrópoli.

A partir de la caída de Constantinopla el imperio otomano domina el espacio


mediterráneo. Desde 1517 es un hecho la dominación del Islam turco sobre el Islam
árabe. En adelante es en Estambul y no en Damasco, Bagdad o El Cairo (ciudades de
califas) que se decide la suerte del Oriente y del mediterráneo. Pero ya en 1535 Solimán
el Magnífico se encuentra casi obligado a firmar con Francisco I un tratado de
capitulación que concede privilegios particulares a los comerciantes franceses y
posteriormente a los europeos. Las relaciones económicas y militares pasan
progresivamente a favorecer a las potencias europeas. En 1798 Napoleón organiza una
gran expedición a Egipto y luego a Palestina, donde será derrotado por una coalición
anglo-turca. La integridad del imperio otomano se preserva pero no por mucho tiempo.
Las revueltas que agitan los Balcanes (fin del siglo XVIII) y la gran rebelión griega de
1821 constituyen las primeras grietas del edificio imperial otomano. Cuando los
egipcios acuden en ayuda de Estambul para reprimir la rebelión griega (1824), la Rusia
de Nicolás I declara la guerra al imperio otomano (28 de abril del mismo año) mientras
que las armadas inglesa y francesa destruyen la flota turco-egipcia en Navarin el 20 de
octubre de 1827. Empero, los rusos no declararon la guerra a Turquía por solidaridad
ortodoxa sino por preservar los intereses geo-estratégicos de su país en el anunciado
reparto de los restos del imperio otomano.

Para oponerse al expansionismo europeo y para contener el derrumbe del imperio, los
otomanos van a recurrir a los sentimientos religiosos de los musulmanes de modo de,
por una parte, movilizar el apoyo de los musulmanes árabes y, por la otra, legitimar su
presencia en los territorios árabes.

Esfuerzo inútil, ya que en 1832 el virrey de Egipto, Mohammad Ali, súbdito del Sultán,
se rebela contra su amo y envía a su hijo Ibrahim Pacha a conquistar Palestina y Siria.
Esta vez las potencias europeas se ponen de lado del imperio para impedir la
emancipación de los árabes conminando a Egipto, según la Convención de Londres del
15 de julio de 1840, a restituir Palestina y Siria al imperio otomano. Es así como
Europa, que había apoyado la independencia de Grecia y de los Estados balcánicos,
decide salvaguardar al imperio otomano en el Oriente árabe e impedir su
desmembramiento.

En realidad, Europa tenía otra intención: la repartición del Oriente árabe y del Magreb
en ventaja suya. Este es el período colonial iniciado por Ia ocupación de Argelia por
Francia a partir de 1830 y de Aden por Inglaterra desde 1839. A partir de ese momento
el mundo árabe es "balcanizado" y dividido por la potencias en colonias, protectorados
y mandatos. Esta vez, empero, los amos extranjeros ya no son musulmanes, como eran
los turcos, sino potencias cristianas. Por lo tanto, la colonización es percibida por los
pueblos árabes como una doble agresión: a su territorio y al Islam. Es entonces que, en
un primer momento, árabes y musulmanes recurren al Islam para resistir y oponerse al
colonialismo.

El retorno al Islam preconizado por el iraní AI-Afghani (nacido en 1837), el egipcio


Mohammad Abdou (1849-1905), Rachid Rida (1865-1935) y el sirio AI-Kawakibi
(1854-1902) se propone el objetivo de movilizar a los pueblos conquistados contra las
potencias europeas y de impulsar un movimiento de resistencia nacional conciliando
Islam y modernidad.

A la pregunta: ¿Por qué la decadencia árabe?, los primeros reformistas árabes


responden: porque el Islam ha sido traicionado por el despotismo turco. A la pregunta:
¿cómo lograr el despertar del Oriente? responden: por la vía de un retorno al Islam
auténtico, a las fuentes, a los fundamentos, pero a un Islam reconciliado con la ciencia.

Es así como, en los tiempos modernos, el Islam árabe se encuentra con el Occidente
conquistador (la expedición de Napoleón a Egipto y Palestina en 1798-1799) y con la
expansión colonial (Argelia). El mundo musulmán, sobre todo árabe, descubre
bruscamente su debilidad: Europa lo ha superado en potencia, economía, ciencia y
organización socio-política. Trata entonces de descubrir el secreto de "su propia
debilidad" y no las razones de la superioridad europea, pues Europa es percibida ante
todo como un adversario, en tanto que "potencia dominante", y no como "un modelo de
modernidad". Esta visión va a sesgar las perspectivas, ya que desde el principio los
musulmanes van a pensar el fenómeno de modernidad no en términos de ruptura sino de
reencuentro con su pasado, no en términos de progreso sino de renacimiento, en
términos pues finalmente míticos (21).

En el crepúsculo del siglo XX, la problemática de la relación del mundo árabe con su
pasado permanece actual. Las interrogantes formuladas a fines del siglo XIX se
plantean hoy en día: ¿cómo renacer? ¿qué rol corresponde a la religión? ¿cuál
modernidad? ¿cómo resistir a la aplanadora de la globalización sin anquilosarse y,
consiguientemente, perecer?

4/ El año próximo en Jerusalén: del sionismo (1897) al Estado de Israel(1948)

Mediante las referencias históricas precedentes, he procurado demostrar que las dos
grandes religiones monoteístas nacidas en el espacio mediterráneo han experimentado,
por razones históricas diferentes, episodios de violencia y de guerras "santas" y
"justas". Cruzadas y Djihad han marcado la historia mediterránea por siglos.

El judaísmo no ha escapado a esta glorificación de la guerra justa. Cuántas guerras


crueles no han ocurrido en nombre de Yahvé. Citemos el libro de Josué: "Cuando Israel
terminó de matar a todos los habitantes de Hay en los campos y desiertos donde los
habían perseguido y que todos, hasta el último, cayeron al filo de la espada, todo Israel
volvió a Hay y ejecutó a toda la población. El total de muertos ese día fue de doce mil,
pobladores todos de Hay".

Con la expansión del imperio romano, el exilio de los judíos y su dispersión por todo el
perímetro mediterráneo y la oposición de la Iglesia contra ellos manifestada durante
siglos, el antijudaísmo y, luego, el antisemitismo se constituyeron prácticamente en la
regla. Perseguidos y expulsados, los judíos encontraron refugio en tierras del Islam.
Cécile Morrison relata que los cruzados prohibieron a los judíos instalarse en Jerusalén
donde "solamente Saladino, al recuperar la ciudad en 1187, les permitirá retornar"
(22). Asimismo, frente a la inquisición los judíos se refugiaron a menudo en el espacio
musulmán.

La relación de la cristiandad y del Occidente con el judaísmo es bastante conocida.


Basta mencionar la inquisición (siglos XV y XVI), los pogroms de Polonia (1881-
1882), el caso Dreyfus (1896) o la indescriptible tragedia del Holocausto (segunda
guerra mundial) para demostrar cuán problemática ha sido frecuentemente la presencia
judía en la Europa cristiana.

De allí se deduce que:

1) En el mismo momento en que el Occidente ostentaba su herencia, judeocristiana",


cometía o dejaba cometer las peores atrocidades contra los judíos.

2) Los judíos mismos, en particular los dirigentes sionistas, toman como pretexto la
persecución para fundar el movimiento sionista bajo la orientación de Théodore Herzl
(23), buscar apoyos occidentales (Declaración Balfour, 1917; mandato británico, 1922-
1948; resolución de división de Palestina, 1947) y utilizar el sentimiento de culpa del
Occidente después de la Shoah a fin de establecer el Estado de Israel en la "tierra de los
ancestros" provocando una gran tragedia: elexilio de las dos terceras partes de la
población palestina.
La manipulación de la religión y de la historia es manifiesta en la creación del Estado de
Israel. Hoy la mayoría de Ios gobiernos árabes lo reconocen, algunos han firmado
acuerdos de paz con Israel, otros se disponen a hacerlo. Pero a nivel popular el
resentimiento continúa siendo muy fuerte, ya que muchos árabes y musulmanes
perciben el Estado de Israel como una "nueva cruzada" y no pueden comprender la
fascinación de los occidentales por Israel y la relación singular existente entre éste y
aquéllos, que permite frecuentemente a Israel beneficiarse de un status excepcional, de
una presunción de inocencia que lo pone por encima de las normas del derecho
internacional.

5/ 1979: El islamismo: el segundo retorno a los mitos fundamentales.

No se puede fijar la fecha del resurgimiento islamista contemporáneo. No cabe duda, sin
embargo, que desde hace 25 años el islamismo ha tomado un nuevo vigor debido a los
siguientes elementos: la derrota árabe de 1967, la desaparición de Nasser en 1970 y el
eclipse de Egipto como "core state", la petrodolarización del sistema árabe y el
desplazamiento de su centro de gravedad política hacia los países conservadores del
golfo, los acuerdos de Camp David (1979), la revolución iraní (1979), la invasión
soviética de Afganistán (1979), la guerra Irán-Irak (1980-88), la invasión israelí del sur
del Líbano (1982) y la agravación de la situación económica en todos los países árabes
no petroleros a partir del contragolpe petrolero de 1985-86, la descomposición del
sistema soviético a partir de 1989, la segunda guerra del golfo (1991) y, de manera
general, la explosión de las tecnologías de la información y de la globalización
económica.

De esta manera, el islamismo se ha desarrollado en un contexto que puede calificarse de


las esperanzas defraudadas; pues no solamente han sido reducidos a polvo los sueños de
la unidad árabe y de la liberación de Palestina (con la derrota árabe de 1967 y la
ocupación israelí desde entonces), sino inclusive han estallado en pedazos los sueños de
una victoria sobre los regímenes autoritarios y sobre la pobreza y la explotación.

El retorno al Islam se convierte entonces en una forma obsesiva de la identidad


traicionada, desgarrada, agredida, una especie de tendencia a referir toda acción
presente o futura a un antecedente histórico, autóctono, mitificado, engalanado.
Además, esta ansia de arraigamiento se encuentra amplificada por el cuestionamiento de
las grandes ideologías universalistas (marxistas, sobre todo) y la erosión de la ideología
pan árabe.

Segunda parte: enseñanzas

Tras este largo viaje a través del tiempo y del espacio mediterráneos, es necesario
extraer algunas enseñanzas:
1/ Historia Pendular

Hace 14 siglos que la historia del mediterráneo sigue un movimiento pendular: todos los
imperios han pasado por las mismas etapas: expansión, apogeo y decadencia. Durante
cerca de siete siglos esta historia ha estado marcada por la expansión del Islam árabe
(636-1492). Eso no impidió a los cruzados establecer principados en Oriente e inclusive
un reino latino en Palestina (1100-1290). Durante este prolongado período, más allá de
los hechos bélicos, se han desarrollado mestizaje humano e hibridación recíproca.

El imperio otomano surge sobre los escombros del imperio árabe, inicialmente con la
ocupación del espacio bizantino en Asia Menor y posteriormente con la derrota de los
Serbios en Kósovo (1389), la toma de Constantinopla (1453) y la de Jerusalén (1515).

Las potencias occidentales toman la posta del imperio otomano, primero mediante la
penetración económica (período de las capitulaciones) y enseguida por la intervención
militar (la colonización). En 1917 desaparece dicho imperio. El espacio mediterráneo,
árabe sobre todo, va a ser fragmentado en zonas de influencia entre las potencias
europeas dominantes. Por la Declaración Balfour (noviembre de 1917), Inglaterra
impulsa el establecimiento de un núcleo judío en Palestina que en 1948 se convertirá en
el Estado de Israel.

El Occidente se mantiene hoy política, económica y militarmente hegemónico en el


espacio mediterráneo, suscitando en el mundo árabe-musulmán una doble
representación: fascinación y rechazo. Tomado a la vez como blanco de Ios ataques y
como modelo a seguir, Occidente repugna y atrae. Repudiado porque se presenta
"seguro de sí mismo y dominante" pero atractivo debido a la magnitud de sus triunfos y
de sus proezas. Esta dualidad de rechazo/atracción produce una extraña patología: una
tendencia a imitar al Occidente, sin moderación, ya tomarlo como el modelo (de
desarrollo de referencia, a pesar de las frecuentes críticas de que es objeto.

2) La función instrumental de la historia y de la religión

Jean Cocteau acostumbraba decir: "el mito es superior a la historia". En efecto, la


lectura que todos los pueblos realizan de su historia es frecuentemente instrumental en
el sentido de que, a partir de una representación embellecida de sí, se trata de poner por
delante el genio nacional, las imágenes movilizadoras,los héroes conquistadores, no
solamente para dar un sentido a los eventos contemporáneos sino también,
lamentablemente, para oponerse al Otro.

En el movimiento pendular de la historia mediterránea, la religión ha servido con


frecuencia de estandarte para galvanizar las energías (nociones de guerra santa y de
guerra justa), movilizar a los hombres y legitimar la expansión (nociones de la
propagación de la fe y de la civilización). Es el caso tanto del cristianismo (conquista de
las Américas y extensión de la colonización) como del Islam (expansión islámica de los
primeros siglos) y del judaísmo ( "restablecimiento"del Estado de Israel y colonización
actual, llamada "retorno de Judea y Samaria" ).

Así la religión, tanto como la historia, tiene una función instrumental de movilización y
de legitimación apoyándose en oposiciones destructivas: Pueblo Elegido/Goyim,
fieles/infieles y "fuera de la Iglesia no hay salvación". Pero en realidad la "violencia
religiosa" ha sido desencadenada más por las divisiones internas de cada gran religión
monoteísta que por las existentes entrelas religiones. En su estudio empírico sobre las
causas de las guerras entre1820-1949, L.F. Richardson (24) llega a las siguientes
conclusiones:

a) Las diferencias religiosas aparecen como causas de guerra en un conflicto de cada


seis y se encuentran en el trasfondo de uno de cada tres.

b) Los países cristianos han combatido entre ellos más que los musulmanes o los de
culturas confuciana o budista, y las dos guerras mundiales de este siglo se han
desencadenado en el seno del espacio "cristiano".

c) Ha habido más guerras entre cristianos y musulmanes que entre cristianos y adeptos
de otras religiones.

d) La cohabitación religiosa ha sido pacífica cada vez que una religión ha sido
dominante y que las religiones minoritarias se han adaptado a tal hecho.

3) La religión en tanto que factor geopolítico

Largo tiempo eclipsadas por "mesianismos sin Mesías", especialmente la ideología


marxista, las religiones retornan recientemente un rol de actores de las relaciones
internacionales. El catolicismo romano (particularmente con el actual Papa Juan Pablo
II), el chiismo iraní (desde Komeini), el judaísmo israelí (sobretodo a partir del ingreso
a la escena de los partidos religiosos como el Shass), han desarrollado durante el último
cuarto de siglo aspiraciones innegables que van en el sentido de una recristianización,
de una reislamización y de una rejudaización, en síntesis: un retorno a una religión
purificada.Esta búsqueda de retorno a los fundamentos es un factor geopolítico en la
medida en que se trata de la visión que tiene una religión de su lugar en la escena
internacional. Pero hay un verdadero encuentro de lo religioso y de lo geopolítico en
otros dos niveles:

a) en las referencias constantes a las identidades religiosas por parte de los actores
geopolíticos;

b) en la fusión de la identidad religiosa con la identidad nacional (25).

Examinemos el primer aspecto que remite al tema de la instrumentalización de la


religión y del sentimiento religioso por los Estados, no solamente en su política interior
sino en la exterior. La historia mediterránea presenta abundantes ejemplos de este tipo
de instrumentalización: la ortodoxia utilizada por los zares en su expansión hacia los
Balcanes y el Oriente, la defensa de los "maronitas libaneses" y de los cristianos de
Oriente por Francia, largo tiempo llamada "la hija mayor de la Iglesia", la explotación
de la solidaridad judía para motivar a la diáspora judía a apoyar a Israel, considerado
hogar de la renovación hebrea, la utilización del sentimiento religioso musulmán para
movilizar a las opiniones públicas en favor del sostén de las minorías musulmanas en
todo el mundo.
El segundo aspecto me parece ejercer un impacto geopolítico más importante puesto
que se trata de la fusión de la identidad religiosa y de la identidad nacional. François
Thual lo ha ilustrado brillantemente en su libro titulado"Géopolitique du chiisme" (26)
en el que demuestra el encuentro entre esta forma particular del Islam, la de los chiitas,
y la conciencia nacional iraní, así como la importancia de esta conexión -connivencia,
diría yo- en el comportamiento internacional de Irán.

En las crisis balcánicas actuales, la referencia permanente a la ortodoxia (Grecia, Serbia,


Bulgaria, Rumania, URSS) proporciona igualmente una clave. Basta observar las
reacciones de Grecia frente a la reciente guerra de Kósovo para comprender la
importancia de la referencia religiosa. Según el helenista Jacques Lacarriere, ser griego
hoy día es ser ortodoxo ya que la ortodoxia, en tiempos de crisis sobre todo, se
convierte en "el punto de convergencia absoluto" y agrega "algunos griegos que
conozco no se han repuesto jamás de la caída de Constantinopla" (27). Los serbios, por
su parte, consideran que la cristiandad está en deuda con ellos puesto que anteriormente
la han defendido contra los otomanos. Christine de Montelos subraya que "ellos
sufren... como sus hermanos rusos, el traumatismo de la debacle comunista y a fortiori
de guerra, las tradiciones religiosas reaparecen, marcan los juicios y las mentalidades"
(28). Al mismo tiempo aparecen los fantasmas respecto al retorno de Turquía en los
Balcanes a través de lo que los serbios llaman la "Transversal verde" que se estaría
instaurando en esa región partiendo de Turquía para alcanzar las minorías turcas de
Tracia griega y búlgara, luego las minorías albanesa y turca de la República de
Macedonia, los albaneses de Albania y de Kósovo, los musulmanes serbios de Sandjak,
para finalmente culminar en Bosnia. Y para contrarrestar esta fantasmagórica "media
luna islámica", los ambientes serbios han tratado de construir otro mito: la pan-
ortodoxia (29).

Hoy los Balcanes nos presentan el caso más ejemplar, no son nuevas guerras de religión
entre católicos, ortodoxos y musulmanes, sino más bien, como afirman Lorot y Thual,
"conflictos en que nacionalismos irredentistas chocan entre sí en nombre de referencias
culturales y religiosas" (30). El Papa Juan Pablo II no ha dicho otra cosa durante su
viaje a Zagreb, en setiembre de 1994: no es posible, según él, atribuir a la religión los
fenómenos de las intolerancias nacionalistas. Por lo demás, es importante observar que
durante toda la última crisis de Kósovo las dos Iglesias, católica y ortodoxa, así como
las autoridades religiosas musulmanas han adoptado posiciones bastante cercanas.

La utilización de la religión está presente en el marco del conflicto árabe-israelí que no


se trata de ninguna manera, como creen algunos ingenuos, de una guerra de religión,
sino de dos nacionalismos que se disputan el mismo territorio en nombre de la "Tierra
prometida".

Sobrevalorar el rol geopolítico del factor religioso resulta pues erróneo, pero tampoco se
lo puede subvalorar, especialmente cuando minorías religiosas se encuentran
concentradas en regiones sensibles desde un punto de vista geopolítico. Los kurdos
iraquíes y los chiitas árabes del Golfo están sobre todo presentes en las regiones
petroleras, los chiitas libaneses en la frontera de Israel. Este azar de la implantación
geográfica de las minorías religiosas acrecienta su impacto geopolítico.

La geopolítica no debe pues considerar las religiones monolíticamente ya que a menudo


nos encontramos frente a múltiples cismas, escisiones, ritos y escuelas en el seno de una
misma religión. A este respecto, un análisis que se dedicara, por ejemplo, a hacer la
"geopolítica del Islam" a mi modo de ver carece absolutamente de sentido, puesto que
los contextos islámicos son variados.

4) Los imaginarios recíprocos

Catorce siglos de "rozamiento" permanente entre Europa y el espacio árabe-musulmano


podían dejar de suscitar representaciones de sí y del otro en el imaginario colectivo,
fundadas -a nivel popular- en torno a "la idea consciente o inconsciente de que el
extranjero es el enemigo" (31).

Comencemos con el ejemplo de Europa. Es evidente que después de 14 siglos el árabe y


el musulmán atormentan la mirada de los europeos y que con frecuencia Europa se ha
identificado por oposición al mundo árabe-musulmán. ¿Cómo explicar tal condensación
de hostilidad? Claude Liauzu sugiere una respuesta: el Oriente es "la diferencia más
cercana" (32) al Occidente europeo y desde hace 14 siglos europeos y musulmanes son
"adversarios íntimos" ya que no se odia a quienes nos son totalmente extranjeros (33).
El francés Pierre Chaunu Io subraya con claridad: "Si tenemos conflictos con los árabes
es porque nos encontramos dentro del mismo sistema de valores. Finalmente, las
relaciones son más fáciles con los budistas ya que se encuentran en otro planeta y,
seguramente, la verdadera frontera se ubica donde ellos están" (34).

Diferencia cercana, el Oriente árabe-musulmán aparece como "el extranjero más


íntimo". "El otro que es uno mismo" como dicen los españoles. Tanto por sus
intercambios cuanto por sus fantasmas y sus temores recíprocos, Europa y el espacio
árabe-musulmán están indisolublemente ligados. Pero después del fin del "Imperio del
Mal", el Oriente surge como un espectro: da miedo por su número (tienen demasiados
hijos), por la inmigración (el retorno de los moros escriben ciertos periódicos
españoles), por el peligro "de islamización de Europa" (predican los partidos de
extrema derecha), por la violencia que se vive en los países del sud-este mediterráneo.
Europa dominante y satisfecha se complace en estimular el temor.

Si el Oriente árabe-musulmán interpela, inquieta, obsesiona, da miedo enEuropa y en


general en Occidente, éste a su vez es objeto de representaciones deformantes y
estereotipadas en el espacio árabe-musulmán. Los momentos simbólicos de la
construcción del imaginario árabe-musulmán respecto a Europa son conocidos: las
cruzadas, la expedición de Napoleón a Egipto y Palestina, la "balcanización" del mundo
árabe, Palestina y la creación del Estado de Israel, la guerra de Suez (1956), la de
Argelia (1956-1962), la segunda guerra delGolfo (1991), la inmigración magrebí a
Europa.

Todos estos hechos y acontecimientos han contribuido en el pasado y todavía en la


actualidad a dar forma a la representación colectiva que tiene el mundo árabe-musulmán
de Occidente y ante todo de Europa. Para completar el cuadro habría que añadir los
efectos devastadores del tratamiento de la situación de Bosnia por parte de Europa en el
imaginario árabe-musulmán, las prácticas económicas y financieras occidentales y sin
duda el temor que suscita entre algunos musulmanes una globalización de la economía y
de la información que aparece ante ellos como una "aplanadora" que aplasta su
identidad y amenaza una cierta concepción de "su religión".
De lo anterior se deduce claramente que la relación cultural entre las dos riberas del
Mediterráneo está marcada por innumerables representaciones negativas tenaces y
peligrosas. Cada parte desentierra en los "recintos de la memoria" los hechos que
demonizan al Otro y autoglorifican el Sí. Lo que es pernicioso en toda representación
colectiva es el fantasma de la conspiración, la teoría del complot. Ya que además de que
oculta el juego de los actores y de los Estados locales, podría conducir a un
endurecimiento doctrinal, una crispación irreversible de las posiciones, inclusive a una
Cruzada y un Djihad perpetuos, lo que no favorece a nadie en momentos en que se trata
de instaurar un partenariado euro-mediterráneo

5) Choque de culturas

Lo que me parece más pernicioso en las representaciones colectivas, alimentadas por la


escuela, los medios de comunicación y las ideologías dominantes es que proceden
mediante una división arbitraria del espacio mediterráneo con una línea de demarcación
que partiría del estrecho de Gibraltar, rodearía Sicilia, pasaría bajo Malta y Chipre, el
Mar Egeo y Grecia, luego rodearía Albania y Kósovo por abajo antes de remontar hacia
Trieste.

Tal "línea fronteriza" constituye un insulto a Fernand Braudel y a todos quienes


sostienen que el espacio euro-mediterráneo es un solo espacio, matriz de hibridación y
de intercambios.

El peligro que entrañan las representaciones colectivas y las teorías falsamente eruditas
sobre el "choque de civilizaciones" no radica solamente en que contribuyen a reforzar
esas ficciones que son "Oriente-Occidente" y las escisiones traumáticas como "lslam-
Occidente" sino también en que postulan que son "espacios monolíticos" e
irreconciliables (35).

Esto es históricamente falso y cultural y políticamente peligroso. Es verdad que


geográficamente existen un Occidente y un Oriente. Pero uno es siempre el Occidente o
el Oriente de alguien: todo depende de hacia dónde se vuelve la mirada y de dónde es
que uno mira. Por lo demás, dentro del mundo árabe existe un Machrek (Oriente: allí
donde el sol se levanta) y un Magreb(Occidente: allí donde el sol se oculta). Pero, desde
el punto de vista cultural, estas nociones carecen prácticamente de sentido puesto que
"las culturas se encuentran sumamente imbricadas, sus trayectorias son demasiado
híbridas e interdependientes como para que se las pueda separar de manera radical en
dos bloques cuya oposición es de naturaleza esencialmente ideológica" (36).

No existe pues un Occidente ni un Oriente, cada uno de los cuales constituiría un bloque
monolítico detentando una mirada unívoca sobre sí mismo y sobre los otros. Pensar el
Occidente o el mundo árabe-musulmán como una unidad significa abrir la puerta a las
"retóricas acusadoras" o de "autojustificación", que son sumamente peligrosas, y
postular que las diferencias que se observan aquí y allá constituirían fronteras
infranqueables enclaustrando espacios cerrados condenados a la incomunicación. Nada
en la historia del Mediterráneo permite corroborar tal postulado.

La oposición entre "Ellos y Nosotros" forma parte del mantenimiento de una identidad
nacional. Cuando en cierta prensa de los países occidentales se leen titulares como "el
Islam está en marcha", "lslam-Occidente: la confrontación", "la islamización de
Europa" es imposible no recordar las viejas expresiones alarmistas: "los rusos están
ante nuestras puertas" o "la invasión económica del Sudeste asiático". Decir eso,
subraya Edward Saïd en su notable libro "Desintellectuels et du Pouvoir" (37), "no es
solamente dar cuenta de la experiencia de un estado de alarma colectivo, sino es
también consolidar nuestra identidad como agredidos en situación de peligro". Esta es
la razón por la que el artículo de Samuel Huntington sobre "el choque de civilizaciones"
ha disfrutado de una inmensa circulación (38) en los diferentes ambientes intelectuales
periodísticos, intelectuales y militares. Es verdad que, en general, las tesis de Samuel
Huntington han sido refutadas debido a sus simplificaciones, a su demarcación
sumamente grosera de las fronteras culturales y al llamado, apenas disimulado, que hace
el autor a una reacción del Occidente para resistir al Islam, particularmente, y a su
aliado natural: el confucianismo (39). Esta refutación no ha impedido que las tesis de S.
Huntington hayan sido enormemente utilizadas para definir las nuevas concepciones
estratégicas para enfrentar al Islam en particular y al Sur en general (40).

De esta manera el Islam reemplazaría al comunismo en el rol de espantapájaros,


probando así por oposición la excelencia del modelo occidental. El resultado es la
intolerancia y el temor en lugar del conocimiento y de la coexistencia. Es reductor, y
política y moralmente peligroso, describir mediante unos cuantos clichés el mundo del
Islam constituido por mil millones de personas, decenas de países de trayectorias
históricas diferenciadas y una docena de lenguas. Presentado a menudo cual "un arco
de crisis" que va de Marruecos a Indonesia, "el mundo del Islam" aparece como un
aguafiestas, un mundo a vigilar, a domar, a domesticar. Pero en esta situación es
reconfortante comprobar que acontecimientos recientes han infligido un desmentido
categórico a las tesis de S. Huntington.

En efecto, si se sigue el razonamiento de S. Huntington en un conflicto como el de la


ex-Yugoslavia, los occidentales (católicos y protestantes) habrían debido ponerse del
lado de los croatas, los rusos ortodoxos del de los serbios y el mundo islámico y sus
aliados confucianistas del de los bosnios o kosovares. Ahora bien, no solamente las
potencias occidentales han intervenido en favor de un pueblo mayoritariamente
musulmán contra un país mayoritariamente cristiano, sino sobre todo, en el último
conflicto del Kósovo, las opiniones musulmanas de los países árabes han hecho
prevalecer netamente su desconfianza hacia los Estados Unidos y la OTAN sobre la
solidaridad religiosa, mientras que la posición de Rusia ha estado ante todo
"determinada por sus frustraciones de ex-superpotencia y por la lógica del equilibrio
diplomático más que por la solidaridad eslava u ortodoxa" (41).

6) El islamismo: retomo a la religión o manipulación de lo religioso

El choque brutal con la Europa potente y conquistadora desde el siglo XIX ha


trastocado el pensamiento y las sociedades árabe-musulmanas. Ello ha producido dos
dinámicas contradictorias (42):

Una occidentalización de los sistemas político-administrativos, la endogenización del


modelo estatal-nacional occidental y una vasta secularización de las sociedades.

Una religión profundamente anclada en el imaginario popular.


Ahora bien, en un contexto marcado por la crisis económica, por el autoritarismo de los
Estados y por la ausencia o la debilidad de los canales normales de oposición (partidos
políticos, sindicatos, movimiento asociativo autónomo), ineluctablemente y demasiado
a menudo la oposición social y política se apropia del lenguaje religioso para
legitimarse frente a las masas y provocar una dinámica de movilización. Así se llega a
reproducir la confusión entre lo político y lo religioso en sociedades que han sido, sin
embargo, ampliamente penetradas por la secularización.

Desde este punto de vista, el integrismo no constituye un "retorno a la religión" sino


una manipulación de lo religioso. Para comprenderlo es conveniente haceruna precisión
metodológica. Como todas las religiones, el Islam se encuentra sometido a
condicionamientos históricos y sociológicos; por ello es científicamente aberrante
separarlo de tales condicionamientos y divorciarlo de las sociedades que lo producen o
reproducen. Mohammad Arkoun tiene absolutamente razón cuando se yergue
vigorosamente contra tal separación arbitraria del Islam en tanto que religión,
pensamiento y cultura aislado de las sociedades en tanto que estructuras complejas.
Asimismo toda la literatura acerca del predominio de lo religioso sobre lo político
corresponde a un discurso más ideológico que científico. En realidad, históricamente, lo
político ha dominado lo religioso y no al revés (43). Todos los Estados han manipulado
o manipulan, en diversos grados, la religión tras objetivos que no tienen nada que ver
con las creencias. Los papas y los reyes cristianos han manipulado la religión cristiana
para justificar a veces las cruzadas, a veces la expansión colonial. Hoy en día Israel
manipula la religión para justificar su implantación en el corazón del mundo árabe y la
colonización judía en Cisjordania, Gaza y sobre la meseta de Golán. Ayer los Estados
Unidos utilizaban a los "voluntarios musulmanes" para enfrentar a los soviéticos en
Afganistán. Los Estados árabes no constituyen la excepción: utilizan el Islam en su
estrategia de controlo de supervivencia. Los islamistas, por su parte, se sirven del
discurso religioso para cambiar el poder constituido o acceder a él.

De hecho, los islamistas y los anti-islamistas están de acuerdo en asignar al Islam


funciones nuevas, no religiosas:

1) Refugio de la identidad de sociedades desestructuradas por una modernidad sin


control, pervertida y traicionada que B. Ghalioun califica como "Iumpen modernité"
(44).

2) Instrumento de movilización y palanca de oposición para fuerzas sociales que


solamente pueden expresarse en los espacios protegidos de las mezquitas.

3) Trampolín para todos quienes quieren tomar el poder.

Es evidente que tales funciones no tienen nada de religioso. Ellas son de orden político
y religioso. Por consiguiente, debe recurrirse a las ciencias sociales para comprender lo
que acontece en Argelia o en otros lugares y no a un pretendido "esencialismo
islámico", es decir a una religión supuesta inmutable y desconectada de su contexto
histórico (45). Por ello Bernard Botiveau y Jocelyne Césari tienen razón al intitular su
libro "Géopolitique des islams", en plural, para destacar que las políticas de los Estados-
actores musulmanes se inscriben en el tiempo y el espacio y corresponden a lógicas
políticas diversas, que no tienen nada que ver con una visión esencialista de las culturas
que definiría belicosas y violentas a unas (Islam: ¿religión de la espada?) y pacíficas a
otras (Cristianismo: ¿religión de la paz?) (46).

El temor en Europa constituye un prisma peligroso para aprehender las realidades del
mundo árabe-musulmán, puesto que "deforma la mirada" (47) dirigida hacia los
musulmanes exteriores (Ios países musulmanes) y los musulmanes interiores (los
inmigrados) bajo el pretexto de que detentan cuatro diferencias: son musulmanes; son
árabes, beréberes o turcos; son subdesarrollados y son numerosos. Y, además, son
vecinos. Ello no solamente desvirtúa la mirada sino también deforma la concepción que
tiene Europa de la seguridad, en la que las nociones de "administración policíaca" y de
cordón sanitario frecuentemente se imponen sobre el enfoque colectivo, global, no
militar de la seguridad.

Conclusión

De 1945 a 1989 el status estratégico del espacio mediterráneo se definió globalmente en


el marco de un orden militar internacional bipolar, el que se concretizó por una
presencia militar permanente de las dos superpotencias mediante armadas o bases
instaladas en los países ribereños. Durante este período el mundo bipolar llegó más o
menos a estabilizarse por medio de Ia disuasión nuclear recíproca y el pensamiento
geoestratégico dominante asimiló completamente la seguridad al poder militar.

Desde 1989 todo se ha trastocado: el orden bipolar desaparece y con él sus ex-enemigos
característicos. Pero el fin del equilibrio bipolar abre un imprevisible período de
incertidumbre caracterizado por el estallido de conflictos interétnicos (particularmente
en ex-Yugoslavia), el recrudecimiento de integrismos religiosos (enArgelia e Israel), a
la vez que se agudizan los problemas económicos y sociales en el espacio mediterráneo.
Este, anteriormente atravesado por la oposición Este-Oeste lo está en adelante por la
contradicción Norte-Sur. El eclipse de la primera oposición hace aparecer la segunda
con mucha fuerza. En el norte se empieza a hablar de la "amenaza del Sur" poniendo en
pie de igualdad verdaderas amenazas, riesgos reales y simples problemas: inmigración,
tráfico de droga, islamismo, armas de destrucción masiva.

En esta nueva percepción de las "amenazas" el extremismo religioso, musulmán sobre


todo, ocupa un lugar central, suscitando en el Norte un clima cultural cargado de
desconfianza y de temor. En este clima la cuestión de las migraciones intra-
mediterráneas reviste un carácter eminentemente geopolítico. Pero por más que el
integrismo islámico suscite mayores titulares que la China en la prensa occidental, no
detenta similar peso político, geoestratégico o económico. Al contrario, lo que expresa
es más bien un fracaso.

Ahora bien, lo que he tratado de demostrar en este texto es que el extremismo religioso,
sea cristiano, judío o musulmán, traduce más la manipulación de la religión que un
retorno a lo religioso y que es producto de un contexto histórico particular. Así el
partido ortodoxo sefardita israelí, el Shass, ha nacido a comienzosde los años 80
reclutando sus adeptos en los ambientes judíos orientales, tradicionalistas, socialmente
marginalizados, en un universo en el que la fuerza tradicional (el partido laborista) se
confundía con el establishment ashknaze y favorecido. En el caso de los países árabes y
musulmanes, el islamismo es vástago de una época marcada por la crisis económica y el
autoritarismo de los regímenes. Es pues sobre estos dos aspectos que se deberían centrar
todos los esfuerzos si se quiere garantizar la seguridad de todos los que habitan los
bordes del Mediterráneo. Más desarrollo, más democracia, estos son los principales
componentes de una seguridad mediterránea fundada en las convergencias culturales y
no en el choquede culturas.

Desde este punto de vista, el Mediterráneo, podrá constituir un vínculo y no un límite:


es decir, podrá ser la prolongación de Europa hacia el Sur y el Este y, a la vez, la
prolongación de los mundos árabe y turco hacia el Norte (48). El prejuicio que define
Europa por la tradición judeocristiana conduce a la exclusión de los albaneses,
kosovares, bosnios y turcos. Prejuicio que se basa, por lo demás, en tres negaciones u
ocultamientos:

1) En primer lugar, desconoce la misma historia de Europa, ya que la filosofía y la


ciencia musulmanas han cumplido un rol capital en el desarrollo de dicha historia.

2) En segundo lugar, este prejuicio ignora inclusive la naturaleza de la


herenciaespiritual occidental: la herencia bíblica no ha engendrado dos sino tres
tradiciones religiosas: la judía, la cristiana y la islámica.

3) Finalmente, tal prejuicio está sustentado en un desconocimiento del Islam en sus


variantes árabe, turca, iraní, mas también asiática y africana.

Para garantizar una seguridad integral y no militarizada del Mediterráneo, la acción


decisiva debe ejercerse en el incremento de las oportunidades de intercambio cultural, el
progreso económico y la calidad de las instituciones. El diálogo interreligioso no puede
aportar una contribución si no va acompañado por una enseñanza de la historia
comparada de las religiones de una auténtica hermenéutica que es "el arte del
cuestionamiento" (49) y de una superación de los dogmatismos para aprehender al Otro,
no como un adversario religioso, sino como un colaborador en la construcción de la paz.

Las Diez

Los Israelitas Plagas


De
Egipto

(Palestina) Diluvio
Universal
PUEBLOS DE LA MESOPOTAMIA: SUMERIOS ACADIOS
AMORREOS FENICIOS PERSAS

Hacia mediados del milenio seguido a de C., en una época de incesantes


movimientos de pueblos, ciertos grupos semitas, originarlos del desierto arábigo,
llegaron al Eúfrates medio. Cerca del 1350 a.C. avanzaron hacia el oeste en
dirección a Palestina. En el siglo XII a C. formaron reinos en zonas cercanas al mar
Mediterráneo, Entre estos grupos semitas se destacaron los fenicios y los hebreos.
Aunque con características propias, ambos pueblos, al ser vecinos de civilizo clones
tan importantes como las de Mesopotamia y Egipto, recibieron muchos elementos
culturales de estas regiones. Costumbres, artes, ideas, posaron de un lugar a otro y
de un pueblo al otro. Sufrieron también el impacto de circunstancias externas
amenazantes, pero lograron desarrollarse sin excesivos sobresaltos antes de la
formación de los grandes imperios asirlo, neobabilónico y persa.

Los hebreos: “el pueblo de Yahvé” Los


hebreos se asentaron en la zona de
Palestina, al Sur de Fenicia. Esta zona
está delimitada:

al Oeste: por el mar Mediterráneo;

al Este: por el río Jordán y el mar


Muerto;

al Norte: parlas montañas del Líbano;

al Sur: parlo península del Sinaí.

Es un territorio menos fértil que


Egipto y Mesopotamia, pero presenta
llanuras aptas para el pastoreo y el
cultivo, parlo que será codiciado
parlas vecinos del desierto. También
pondrán sus oías allí poderosos renos por estar en una posición estratégica, lugar o
punto de contacto, adonde llegaban caravanas de diferentes lugares.

Esta región se llamo primitivamente el país del Canaán debido a que sus primitivos
pobladores fueron os cananeos pueblo también de origen semita, que se asentó allí
hacia el 3000 a.C. Posteriormente llegaron tribus de origen ario, los filisteos
quienes denominaron a la zona Philístina, nombre del cual derivó la palabra
Palestina y los hebreos, singular pueblo, que no formó un poderoso Estado o un
imperio, pero que sorteando avatares mantuvo su vigencia hasta la actualidad. Es
el único pueblo de la antigüedad que sobrevivió hasta hoy gracias a los lazos de
unión que originó su religión.

Evolución histórica y política


Antecedentes del pueblo
hebreo. Los patriarcas: Los
antiguos hebreos partieron
originariamente desde Arabia
y llegaron a la Mesopotamia.
Estaban organizados en
pequeños grupos familiares o
“clanes”, dirigidos por el más
anciano de sus miembros, al
que llamaban ‘patriarca’,
quien además administraba
justicia, dirigía los actos de
guerra y realizaba tareas de
sacerdote. Según la
tradición, uno de estos
patriarcas, Abraham, fue
elegido por su dios, Yahvé o
Jehová, para sellar un ‘pacto
de alianza”: Yahvé le ordenó
dirigirse a Cannán, tierra que
prometió a él y a sus
sucesores, si cumplían con
sus designios. Abraham entonces obedeció, se puso en marcho con su clan y se
estableció en Palestina.

Con su nieto, Jacob o Israel, los hebreos comenzaron a llamarse a sí mismos hilos
de Israel” o israelitas” nombre que significa los que son fuertes con Dios”. Muchos
hebreos emigraron a Egipto cuando ese país estaba en poder de los hicsos. AL
provocar La dinastía XVIII tebana La expulsión de los hicsos de Egipto, se generó
un clima de fervor nacionalista. Cambió la situación de los hebreos asentados allí,
fueron perseguidos y tratados prácticamente como esclavos. Surgió entonces entre
Los hebreos la figura de Moisés, quien convenció a su pueblo para huir de Egipto y
dirigirse hacia la tierra prometida”. Se inició así el éxodo de los hebreos.

Según la Biblia, Moisés recibió al cruzar la península del Sinaí, en una revelación de
Jehová, las leyes” para el gobierno de la comunidad, conocidas como el Decálogo o
las Tablas de los Diez Mandamientos. Aquí la alianza de Dios y Abraham se renovó:
Yahvé protegería a los hebreos en su camino a la nueva patria y el pueblo se
comprometía a reconocerlo como único dios y cumplir con las "leyes”. El símbolo de
este acuerdo era el Arco de la Alianza que
contenía las Tablas. Al llegar a Palestina,
Moisés murió a la vista de la tierra
prometida”. Esta fue conquistada por Josué,
su sucesor. En el curso del siglo XII a C. los
hebreos tuvieron algunos enfrentamientos
con los cananeos.

En cuanto a la organización política continuaron por mucho tiempo divididos en 12


tribus, sin conformar un solo Estado. El vínculo primordial entre ellos era el
religioso. En momentos difíciles cuando eran atacados por enemigos, las tribus
aceptaban eventualmente a un único jefe, llamado juez. Este era casi siempre un
caudillo que unía a varias tribus bajo su autoridad durante el tiempo que durara el
peligro. Entre ellos se destacaron Gedeon, Sanson y Samuel.

Creación del Estado hebreo: Los reyes


Rey Salomón

A fines del siglo Xl a C. estas uniones temporales frente al peligro se transformaron


en una unión permanente con la creación del reino de Israel. Los hebreos
organizaron un solo Estados nació la monarquía.

Era una circunstancia propicia para ello. En el plano internacional era una época de
florecimiento de pequeños reinos independientes los grandes imperios antiguos
habían decaído y todavía no había surgido el temible poder de los asirios. En el
plano interno, era un buen momento para unirse y derrotar a los filisteos con
quienes se disputaban la zona.

El primer rey de los hebreos fue Saúl. Su sucesor David conquisto Jerusalén
(antigua ciudad cananea) y la convirtió en la capital del reino. Posteriormente
sometió a los filisteos y extendió los dominios de Israel hasta el mar Rolo.

Los hebreos consideraron a esta época como la más feliz. Su hilo y sucesor
Salomón alcanzo fama por darle prestigio e importancia al cumplimiento de la
justicia. También intensificó el comercio aprovechando que el territorio estaba
ubicado en un cruce de rutas comerciales. Fue una época prospero. Saloman,
incluso, organizo una flota para comerciar por el mar Rojo. Parte de las riquezas se
aplicaron a la construcción del palacio y del templo de Yahvé en Jerusalén.
Templo de Salomón

El cisma. Los dos reinos

A la muerte de Salomón cerca de 926 a C. se desencadenó una fuerte rivalidad


entre las 12 tribus que conformaban el pueblo hebreo lo que determino la división
del reino en dos estados diferentes:

a) Las diez tribus del Norte formaron el reino de Israel mas vasto y más fuerte, con
capital en Samaria;

b) Las dos tribus del Sur formaron el reino de Judá con capital en Jerusalén.

Como consecuencia de este cisma o esta división hubo una decadencia económica y
religiosa. Económica porque ya no tuvieron el monopolio de las rutas de la región, y
religiosa porque comenzaron a adorar, sobre todo en el reino del Norte, a otros
dioses y asimilaron también costumbres religiosas de otros pueblos como los
cananeos. Como reacción ante esta situación surgieron los profetas, en defensa de
la doctrina de Jehová. Según la Sagrada Escritura profeta es aquel que habla por
Dios y como intérprete de Dios.

El exilio. La pérdida de la independencia política

La división y las luchas internas provocaron debilidad en los dos reinos justo en el
momento en que resurgían nuevamente poderosos imperios en el Cercano

Oriente. Por lo tanto se vieron imposibilitados de mantener su independencia En eL


722 a.C. los asirios invadieron el reino de Israel y lo conquistaron, en el 587 a.C.,
Judá cayó en poder del imperio neobabilónico de Nabucodonosor II, quien
transportó a los israelitas cautivos a Babilonia. El cautiverio en Babilonia señala la
decadencia de la organización política de los he-oreos. Como contrapartida
constituirá un periodo de elevación religiosa. Los judíos se mantendrán unidos por
sus tradiciones yahvistas. En esta época surgieron con nuevo vigor los profetas,
que reavivaron la fe de los israelitas. Entre ellos, Ezequiel y Daniel anunciaban que
tras el sufrimiento vendría la recompensa con la llegada del Mesías, el Hilo de Dios”
que los libertaría.

El retorno a Palestina. La comunidad religiosa

Cuando Ciro el Grande rey de los persas conquistó el imperio neobabilonico en el


539 a.C. autorizó a los hebreos retornar a Palestina. Si bien los persas les
permitieron reorganizarse como comunidad religiosa, de acuerdo con su política de
respeto a las creencias de los sometidos a su poder les prohibieron erigirse, en
cambio como un Estado político independiente. De esta forma sufrieron distintas
dominaciones: de la persa pasaran a la griega y luego a la romana.

La diáspora

En el año 70 d.C. OS romanos destruyeron a ierusalen y expulsaron a os israelitas,


quienes se disgregaron por todo el Mediterráneo. Comenzó así la diáspora” es decir
la dispersión de os judíos por el mundo. La historia de los hebreos en Palestina
había terminado por el momento, ella dejaría de ser su patria por mucho tiempo
Pero la comunidad hebrea sobrevivirá manteniendo intactas sus creencias y
costumbres, gracias a su fe y a la alianza con su Dios, Yahvé.

Economía: una tierra puente Establecidos en Palestina, los hebreos se dedicaron a


la agricultura y a la ganadería. Los cultivos característicos fueron el olivo y la vid,
aunque también obtuvieron legumbres como habas y en telas. El pastoreo de
ovejas, asnos, bueyes, cabras, caballos y camellos acompañaba la actividad
agrícola. También trabajaron la cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de
ano y lino. Pero su más importante actividad económica fue el comercio: esto se
debió a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente; por
ejemplo, un lugar de tránsito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto.

Los hebreos: exportaban: aceite y vino; importaban: metales (cobre de Chipre,


hierro de Anatolia, oro de Arabia), marfil y especias.

La sociedad La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión.


El núcleo de la sociedad hebrea era la familia. Esta ero patriarcal. El padre
representaba la máxima autoridad. Existían también los esclavos, que se obtenían
por compra o por ser prisioneros de guerra; no se los trataba con crueldad
Letras y artes La religión dominó todos los aspectos de la cultura hebrea. La
prohibición de representar a la divinidad desalentó la creatividad en escultura y
pintura. Como contrapartida, Fa religión estimuló el desarrollo de la literatura: el
esfuerzo de generaciones para la redacción y la transmisión de los textos, las
creencias y tradiciones religiosas. El resultado fue la Biblia. La palabra Biblia” deriva
del griego (Biblia libros, e indica el libro por excelencia Fenicia”. También se
denomino Sagradas Escrituras: Sagradas” porque se creen inspiradas en Dios y
contienen la revelación de éste a los hombres, y “Escrituras” porque su origen es
variado, de distintas épocas y diferentes autores.

Estos escritos redactados por os hebreos constituyen el Antiguo Testamento o Biblia


hebrea. En ellos se habla de la historia, las costumbres, las creencias, los
pensamientos éticos y morales del pueblo israelita. Posteriormente, los cristianos le
anexaron el Nuevo Testamento, donde aparece la llegada de Cristo, su vida y los
orígenes del cristianismo.

El núcleo original de la Biblia fue el Pentateuco, conjunto de los cinco primeros


libros del Antiguo Testamento: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el
Deuteronomio. El Génesis relata la creación del mundo, los orígenes del pueblo
hebreo con Abraham hasta el establecimiento en Egipto. El resto de los libros se
refieren, entre otros temas, a Moisés, comentan la huida de Egipto, el peregrinar
por el desierto y la llegada a la tierra prometida.

Los llamados Escritos Históricos de Josué, Jueces, Samuel, Reyes y Crónicas narran
los hechos históricos desde el asentamiento en Palestina, relatan la actuación de los
jueces, la formación del Estado, los momentos salientes de cada monarquía.

Los Escritos Proféticos comentan la división del reino en Israel y Judá, y su caída en
manos de opresores extranjeros. Contienen los presagios de los profetas que
anuncian el castigo y la resurrección de las ruinas.

Los Escritos Poéticos contienen salmos o himnos para ser cantados y plegarias.

Los Escritos Sapienciales reúnen consejos de sabiduría y preceptos de carácter


moral. La música también fue cultivada por los hebreos. Samuel fundó una escuela
de músicos. Durante los gobiernos de David y Salomón, este arte llegó a su
esplendor considerándose una profesión de gran prestigio.

(Ver JERUSALEN, LA CIUDAD SANTA)


La religión: un monoteísmo ético

La religión, razón misma de ser deL pueblo hebreo, tu- ‘va como característica
principal el monoteísmo. Israel tiene un solo dios: Yahvé o Jehová. Esta es la
primera gran diferencia con el resto de las religiones del Cercano Oriente, que eran
politeístas. Su dios es justo, sumamente bueno y clemente. No puede ser
representado, es inmaterial. No toma por esto características antropomórficas ni se
identifica con las fuerzas de la naturaleza, como los dioses de otras religiones de la
antigüedad.

El hombre queda con respecto a Jehová en una posición inferior. Dios lo hizo a su
imagen , inmortal, pero ha pecado, por ello ha sido condenado al trabajo y a la
muerte. Concepto inverso al de las religiones mesopotámicas, donde el hombre
nace mortal. El anuncio de la llegada de un Mesías en las épocas de crisis es otra
particularidad de la religión hebrea. Vislumbro un futuro feliz, en donde el bien y la
justicia reinen en la Tierra.

De esta forma, el mesianismo señala un punto de transición a la predicación


cristiana. La religión de los israelitas tuvo también un matiz moral o ético. Yahvé le
exige a su pueblo el cumplimiento de una moralidad. Dicto, en primer lugar, Las
obligaciones del creyente para con su dios ("ser el único dios”, “no representarlo”),
y luego, las obligaciones de los hombres entre sí "no cometer asesinato ni
adulterio” ,“honrar al padre y a la madre”, etc.).

Por último, debemos citar una característica primordial de la religión hebrea: el


profundo vínculo de Dios con la historia de su pueblo. En otras religiones, el
accionar de los dioses se realizaba fuera de los tiempos históricos. En la religión de
los hebreos, Dios está presente en la historia de su pueblo y les manifiesta o les
revela a sus creyentes el modo correcto de actuar. Se comunica con ellos a través
de sus elegidos como Abraham y Moisés, por intermedio de los cuales los guía” en
el transcurso de la historia.

En síntesis: La religión hebrea, monoteísmo de contenido moral y profundo vínculo


con la historia de su pueblo, fue la primera religión “sin fronteras”, lo que la
convirtió en vínculo permanente entre sus creyentes y en razón de ser para su
supervivencia como pueblo.

Su Legado: La primera fe monoteísta, origen de las tres grandes religiones


actuales: cristianismo, judaísmo y islamismo. El Antiguo Testamento.