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Del Diario de Teresa y Sylvia

Poemas

Juan Eduardo Díaz


1
© Del Diario de Teresa y Sylvia
Juan Eduardo Díaz
Derechos Reservados
juaneduardodiazc@gmail.com
www.juaneduardodiaz.blogspot.com

Inscripción Nº 153.441
I.S.B.N. 978-956-8142-37-1
Primera Edición Diciembre 2005
Versión Digital Corregida Febrero 2011
Diseñado y Editado por Cantriac

PRINTED IN VALPARAÍSO, CHILE / IMPRESO EN VALPARAÍSO, CHILE

2
JULIO

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TENGO MIEDO
SÁBADO 9 DE JULIO

Este invierno que me inventé


fue para quedarme por unos días
con mi sola imagen de cruz a fecha,
no detener dialogo con naturaleza alguna
ni semejante ser
que pruebe verte y encontrarte en mis ojos.

Pasado el azar de dos septenarios


prolongué este ejercicio por un mes,
al descubrir que podría soportar más tiempo
me decidí por cinco
otras treintenas.

Hoy no puedo hacer callejuelas, las sombras


de los albatros
me anhelan como cóndores
circulan en el aire, me asustan.
Me hacen recordar mis diez edades y los veranos
en la playa grande de Las Cruces.

Estoy tendida de espalda


la arena caliente me quema
entonces miro al sol
hasta encandilarme, como poseída
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por un rayo cegador.
La sombra de un puñado de gaviotas me libra
al fin de ese contemplativo estado.

Tengo miedo hasta de asomarme por la ventana.


Tengo miedo de todo.
El rincón preferido pertenece a las mareas
en la paciencia de las arañas
junto a las yermas de lo que subsistió en el hastío,
fatigado por el ritmo de los relojes;
esos que ni siquiera me reconocen, y yo me pierdo
de cómo llamarles, cercanos
al modo de mis parientes.

Entonces eres ahí


junto a la ropa que conserva tu aroma
mordiendo la nicotina y el sudor, y tras la puerta
donde el sol
llega temiendo a la sombra, que avanza
como un caracol monótono.

Tengo frío de aquí dentro, bajo las costillas.


Tengo manchas en todo el cuerpo, la piel suave
y un sexo débil,
obsequió de la represión de dios, por nacer hembra.

6
CÓMO SE LLAMA
SÁBADO 16 DE JULIO

Tengo algo aquí, no sé


cómo se llama esta parte.
Justo atrás de mi rodilla
me hace cojear de versos, de original
de sentido, me hace cojear hasta de mujer.

Yo no sé, cómo se llama esta parte.


Me hace doler hasta el cuello, bajo de la oreja.
Me asusta el ritual callejero
de encontrarme con mi reflejo
pero las polarizadas vitrinas me sonríen
con la simpatía de un bolero
rancio de vino.

No sé, cómo se llama esta parte, aquí


bajo el mentón
donde me tocas, donde me gustas.
Y me haces promesas de horizonte
de espalda desnuda
de tu mano entre las dos.

Yo no sé, cómo es que se llama esta parte.


Tanto me duele cuando no estás
la misma que sólo recuerdo cuando me miras
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y donde te alcanzo y te duermes.
Porque tu boca lleva mi ropa interior empapada
y un estúpido sortilegio en los labios.

No lo sé, cómo es que se llama este lugar


donde pusiste tu dedo,
donde clavaste a modo de zarpa y como a sorbo egoísta
tu beso.
Y si me dijeras que no lo sabes, te creería.
Si cogieras nombres al azar
con la letra eme al comienzo
también lo haría,
aunque no dijeras nada, nunca dejes de mirarme.

Tengo algo aquí, no sé, cómo se llamó esto.

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ÚLTIMA DESOLACIÓN
SÁBADO 23 DE JULIO

Las he descubierto
sus cientos de ojos me acosan
son capaces de punzar mi piel, traspasan mi blusa
fisuran mi aliento.
Son esas de bienvenida al día que llegué a esto
y que susurra como un calabozo.

La humedad de fondo marino corrió


a pasos de niñas fantasmas
me abrazan y dan inquietas
una bienvenida de aires.
Demasiado tiempo, demasiado.

Cada rincón enmarañado de la astucia de hilos


una puerta de metal en nuevas ruinas
un abrir que usurpa el chillar de la reclusión
el orgullo escurre por la aldaba severa
arrebatada del infierno, como un secreto.

A un costado como ropa sucia


tendidas todas las miradas.
La autora de la luz que no condena nada
confía en sus gruesos barrotes de acero

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—el abandono es evidente.

A mi izquierda el closet alberga olores


de longevas prendas colgadas en los muros.

Por la tarde susurran castigadoras oraciones


como sudando fémina
la enardecida secreción de la anciana.
Penélope de veintiocho noches
mecida en la metáfora de las moscas
y la carne aterida en la candidez
del ronroneo felino
capaz de alentaran a curiosos y hurgueteantes
por el marco vomita sangre y sombras.

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CUARENTA Y OCHO HORAS
SÁBADO 30 DE JULIO

Atravesaste mis costillas.


Trabajo con la hostil belleza, ya lo dije
aunque fuiste capaz de tomarlas y mostrármelas sin el asco
de las doce,
a tu manera y como es todo en lo frágil, a tu manera.
—Éstos son tus huesos, eres fantasma —decías frente al
espejo.
Anhelo de lo que no has de ser.

Soy como una pequeña


he descubierto una caja en lo secreto
por el trasero patio de la memoria
la envuelve un papel rosa y cinta amarilla.
Mis primeras manchitas de sangre en el algodón.
No me atrevo a abrirla, no nos pertenece.
Nunca fueron para mí las lunas llenas.

Me robaste preciosa el carnaval


el romance en medio de la fiesta del sepelio, sin embargo
hago ofrenda de tu obsequio
temblor de cuarenta y ocho horas.
Te quiero de espalda desnuda y cuando te marchas
y me haces llorar.

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UNA DE OTRA

Hay una energía que mana como cascada invertida


por las paredes, la decoración
por las copas dormidas
en la bandeja es el champagne como a noche despejada.
El silencio es poseído en un camastro a toda desinhibición.
La culpa es del sol filtrándose por la ventana
es una fogosidad que arranca del catre
chillidos secos y sordos.
El inevitable descontrol se limita a un contacto de pieles
resultado del estallido ineludible de recuerdos.

La una baja lentamente desde los hombros


hasta la cintura de la otra.
Consorte de danza.
Se vuelve sobre su espalda.
Casi diez años juntas.
El mismo escenario, los mismos pasos de memoria.

Un salto al vacío desde el aire,


caída libre
ambas
se reciben oportunamente correspondiéndose
a cinco metros del piso.

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Giros.
La otra alcanza el rostro de la una y ésta
la vuelve a asir de la cintura
la alza al aire y le quita el espacio a una mariposa.
Figura del ángel.
La otra se desliza delicadamente
por la finísima espalda
de la bailarina, de pie
forman unidas una masa compacta.
Manos en los costados.
Ambas se giran para existir justo en medio
su propio escenario, descubriéndose en sus pupilas.

La una atrae a su cuerpo a la otra


encoje el batir de sus ojos para sentir ese primer beso
que le estalla en la nuca, crispándola
obligándola a buscar, cual ciega ladrona
la boca de su primer amor.

Alcanza sus caderas, la ciñe contra su cuerpo para sentirla


de verdad.
Su siniestra se desplaza por la calma espalda
mientras desliza su diestra por el postrero,
bajo el jeans gastado
y la porfía de sentirla a suaves roces en el delgado calce.
El agitado respiro alardea por el aire del lugar
todos los rincones a baja luz, hasta enmudecerse
y tocar el mullido hilar de la alfombra.

La una da libre voluntad a sus manos


que se retuercen serpenteantes

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por entre una blusa alígera en desaparecer.
Así, la otra se gira de memoria.
Atrás sus manos destraban el botón
empeño de bajar y traspasar la barrera telúrica
ubicación para ahora sentirla a la zaga.

La una, con sus dedos pellizca alternadamente


los pezones de la efervescente muchacha
la pericia de la mano ajena se desliza por el torso
hasta el pantalón,
dibuja círculos y se introduce más al sur.
El mayor de sus secuaces
en agilizada prestancia la hirviente humedad.
Arranca cortos clamores, intercalados con hilos de
suspiros,
suaves golpes de corriente que estremecen la delgada
figura.
La otra se vuelve y de rodillas no trepida en bajar los jeans
la precisa delicadeza
desbarrancarse (en caída libre)
del ombligo desciende a todo descontrol, la lengua
a filo de cuchillo, hasta el sabor
y la suavidad inexplorada de su ingle.

14
AGOSTO

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16
IMAGINARIA
SÁBADO 6 DE AGOSTO

Como a la arrastra el espectro de la muchachita bella


y su amiga de juegos.
No fue para siempre como nos dijeron
—promesa del mismo sexo—

Esa marca que aparece en la piel


es mentira que desaparecen los besos.
Hermana hermosa no es broma el miedo al infierno.
Yo visité la cándida soberbia que mora en habitaciones
vaciadas de parejas
sin nombre sin apellido
sin fecha ni lugar de nacimiento.
Donde ellas siempre llevaban tu aroma
tu calce y un ligero silencio cerca de la boca
donde siempre te encontré
llorando, sobre todas esas camas
aún tibias,
aún desordenadas.

En rebeldía es tu otra que no hace nada más


que esperarme en la ventana.

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RETAZOS
SÁBADO 13 DE AGOSTO

Porque es absolutamente necesario hacerlo


porque si nada más
porque debiste creerme cuando lo prometí.
Éstos son nuestros momentos
te los devuelvo
con todo el amor que puede soportar un reencuentro.
Éste es nuestro diario
sin edades vividas, sin cumpleaños ciertos
sin tiempo ni pie de páginas.
Sin lanzamientos ni citas
ni beso de despedida
Si botella al mar, sin tu mano en mi boca
y sin tocarnos.

Entre líneas verás pasar una a una las estaciones


en tu piel ya no sentirás la tibieza repetida
de crueles soñolencias
esas que susurran mi nombre
junto al tuyo y bajo la almohada.

Porque tú y yo somos hembras y es malo serlo


es terrible de vez en cuando llorar porque sí
y tomarte de la cintura

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y besarte en los labios.

Estos son los retazos


porque nunca supe decirte las cosas.
Porque en estos melancólicos ojos alguna vez te miraste.
Esta mi desmallada voz susurró tu nombre
ahora mi heroica y ferrosa alma, insufrible al dolor
se dobla a seguir queriéndote
aunque sea esta la vez final
y nunca más lo vuelvas a oír
del resquicio de mis labios.

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UNO DE ESTOS DÍAS
SÁBADO 20 DE AGOSTO

Tuve la idea de encontrar tu melancólica figura


abrías la pesadez de una puerta
en lo que llamabas mi casa,
con los ojos llorosos, cansada de los huesos
el terror en plena declaración romántica
que rozaba tu rostro con un perdóname
asustadizo en la mirada y la sangre
brotando de tu cuello.
Alguna vez me lo susurraste al oído.

Cuántas veces más he de morir por ti mañana


y pasado mañana, cuántas veces
has de esperar que ocurra algo
o simplemente que la lluvia se deje caer por tu soberbia
por tu porfía ferrosa de querer ser feliz contigo misma.
Uno de estos días… uno de estos días
me quedaré contigo para siempre.
Como quien amenaza saltar al vacío
como quien se adueña del mañana y del pasado mañana.

Estos días no me pertenecen


debes salvar mi miedo a todas las cosas
a eso que una vez dormida me dijiste ¿recuerdas?.

20
PORQUE ENVIDIO
SÁBADO 27 DE AGOSTO

Es que justo este espacio siendo mi morada


no me pertenece
dónde me dejaste, tendida de espalda al sol.
Que no sé por qué me duele, no sé.
Me inquieta el sortilegio que deja en el suelo
la flor del aromo
atroz evocación cancina que se me crea a solas
como una compañera con dedos de cuchillos
que ni siquiera me duelen en la piel.

Una, dos, tres, cuantas veces fuesen, porque sí


porque la rabia se hace hasta las venas
tan cansada con la treintena
que cargo gustosa
en la etérea morada que no poseo.

Aunque fuese de mi propia carne que hierve


a mansedumbre rumiante
en la fila de la muerte
por ese golpe que conozco de memoria
porque no es una, ni dos
sino las tres, cuatro, cinco.
Todas las veces que hoy se me vienen a la cabeza.

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Horrible nostalgia de querer estar en plena desolación.

Basta por hoy, todo el mundo tras la puerta de mi casa.


Ya es tiempo de sentarme a escribir en silencio
mal acostumbrada de esa memoria ajena
sólo porque envidio la mal destinada sombra
bajo la tibieza de esos odiosos estados de coma
heredados en la gratitud de la insoportable monja
que en penumbras se oculta bajo mi piel.

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TAN DE ELLA

—Me prometo que no te amaré —le dije


y a fuerza de rocío en la boca me dejó un beso.
—Trabajo con la belleza —repetía como siempre.
Luego se marchó.

Mientras gustábamos de brebajes carmines


quieta descubrió su piel
tomé inciensos y velas
vegetales en una esquina sin nombre de la habitación
de mi boca alcanzó el cigarrillo y a medio desvestir
se paseó felina por sobre la alfombra.
—me encantan las velas —insinuó cuando encendía un
cerillo.
Dio luz a los pequeños cirios que distribuyó discretamente
por los rincones.
Por mi parte acosé las cortinas
para que ningún rayo
de luz lograra filtrarse, para que nada interrumpiera.

La calle afuera marcando las tres de la tarde


un minuto después creamos la noche pulcra.
Me quitó la blusa, y a medio desvestir le di un beso
generoso en hierbas

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nuestras sombras ingeniadas por las veladoras cimbraron
de una envidia petulante los muros.
Puse música —algo suave, sugirió ella.
Sus manos saneas en mi espalda.
Sus labios se abalanzaron sobre mi cuello.
Despacio llegó hasta el horizonte de mi estambre.
Ahora su palma abierta diluyéndose liquida
por mi torso hasta colarse entre mi corsé.
Pronta el resto de sus manos estacionaron en mi vientre
dibujando trazos circulares, al momento que mordía
la redondez de mi oreja.
Con un millón de índices escribió en secreto te deseo.
Yo apreté a dientes mis labios y a antojo vencí a mis
sentidos.
Se posó frente a mí, coló una de sus rodillas
por entre mis piernas y un beso me invitó a tenderme
sobre la alfombra.
Con una mano quitó mi corsé
e inició el festín en la prudencia de todas sus manos.
Toda ojos cerrados.
Sin dejar el vaivén se montó en mí, trazó con su dedo
una línea que comenzaba desde la juntura de sus labios,
continuaba por su largo cuello y descendía hasta quedarse
unos segundos en la sima de sus pecho
continuando por el centro de su torso mármol de Venus.
Ya hecha alas sus manos iniciaban caricias sacadas de mis
costillas, de mi cintura
arrebatada del horizonte una misma tarde, como hoy.
Una remontaba el vuelo hasta sus pechos, mientras la otra,
a ras de piel planeaba hacia el sur tibio de su sexo.
Ahí, poco a poco lograba hacerse humedad

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gemidos
sacando chispas de los cirios
que no soportaban más el fuego
con la piedad de un funeral, con la paciencia de un espejo,
tan de ella, tan de mí…

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26
SEPTIEMBRE

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ME RESISTO
SÁBADO 3 DE SEPTIEMBRE

Lo peor es que me encanta ese sufrimiento


de buscarte entre las estrellas
de hurguetear en las sonrisas que se cruzan por la calle
de robar a golpes de rayos de sol
tus miradas ocultas en la gente:
el paseante solitario de las tardes
la muchachita del quiosco de diarios
y tus labios en su boca.

A mares torcidos uno a uno los días de este invierno


donde la niebla se lleva a los depresivos
atados con cadenas por las vértebras
Y yo me resisto a eso, porque tú misma me enseñaste
que mejor es quemarse los ojos a perrera
que pensar en aquello

Aunque pase el tiempo y ahorquen los hábitos.


Pero tú ya lo sabías, la flor del aromo de agosto
se adelantó dos meses y me da una pena.
Porque siempre tuviste razón
porque alguna vez lloramos juntas de alegría.
Con esta misma lluvia en el rostro.

La vetusta melodía de los quince asegura la mentira


de las flores de plástico
y es entonces cuando de esta humedad emerges
con mi propio maquillaje y mis temores de niña.
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Porque siempre lo supiste
yo nunca sería capaz de hacerte sufrir
no sería tan capaz de hacerlo como tú.

30
PROMESA
SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE

Yo me había visto en una tarde incisiva


con la fotografía de mi giganta
como un trote cascabeleante gastado en los extremos
del tiempo
con las esquinas dobladas a cuello de camisas
y sin corbatas
pero sin tus marcas en la garganta.

Tu cabellera peinada de muchachito con medias y corsé


desafiando mi rouge de mujercita pálida.
Esos jueguitos de cortejarnos en secreto.

Yo me había visto ganándome despacio tu mano


en mi cara y tú
de angélica colgando en las paredes
sin quitarme los ojos de encima.

Yo había conocido la soberbia borrasca loca de Lucrecia


Borgia
y les temí a los gusanos a la tierra
a la normalidad de todos los días
tan feroces que me asustaba siquiera recordar tu nombre.

Yo me había atrevido a escribir tus iniciales en todos los


paraderos
en el frío que poseen los vidrios de los autobuses
y en las alas papel de diario del fotógrafo fantasma.
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Yo una vez me prometí nunca más verte llorar por mis
ojos
aunque se nublen de aguantarme
aunque te vuelvas un atisbo inmóvil
y no quede más frente a mí que tu silueta.

32
TE INVENTO
SÁBADO 17 DE SEPTIEMBRE

Para qué me quedo contigo


si te bastó con mirar más allá del mar
y tan allá que perdiste mi figura.

Tan cerca estuvo que no sentiste mi aroma


esa fragancia torpe de muchachita de quince, veinte
o cuantos necesitaste asumiera para ti
esa carrera que sin querer me aleja.

Yo no sé… dónde mi boca se hizo muda


no sé dónde dejaste de mirar mis ojos.
Te lo he dicho vidita: son mis labios los que mienten
no como te miro, no como te invento, no como te toco.

Porque en secreto lloverá para ti este fin de invierno


o si quieres no habrá tardes en ventolera
ni flores de papel.
No habrá fotografías ni dibujos en la carne
no estará mi llanto de rímel
no estará mi ropa, no estarás tú.

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CAMPO FLORIDO
SÁBADO 24 DE SEPTIEMBRE

¿Qué es lo que necesito para tenerte cerca de nuevo?


Aunque no me hayas olvidado
con la historia pegada en la razón
con banderas de otro color o todos los colores
que quisiste.
Para eso vives, aunque te niegues
aunque insistas que yo te imagino.
Porque me confundes con esas palabritas que ni yo misma
diría
como tú en todos los espejos que guardan tu ser
con mi sonrisa.

La capacidad que tienes de lamentarte cuando te quedas


sola
y me untas la piel de lirios y arañuelas.
Tu destino junto al mío es la tolerancia que se pierde
en tu aromático aire de niña y hembra
esta sombra de las dos en la pared
vestidas de afiches, de recitales, de calendarios.

El capullo floral estimulado en esos periodos de oscura


primavera.
Te abres y despliegas pétalos policromos atrayendo al
néctar
los insectos que te invento con formas de letras.
Polinizada la flor, tus pétalos se marchitan

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y caen sobre la corola de mi sexo
como un final de película romántica
en el silencio intensamente fragante de los lilos.

Entonces, el arbusto de mi cuerpo te recibe


sin anuncios ni vientos
ni la brizna de mi respirar
es capaz de pasar por este campo florido
y terriblemente desolado.

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TANTO TIEMPO

No sirvo para sentirme tan bien junto a ti


mi desolación es celoso varón
mis personalidades le temen a la gente
a los muchachos, a las chicas.

Mis voces no me pertenecen


las he robado al amanecer entre mis propias sabanas
entre mis muslos.
Tengo años de no cambiar mis ropajes
porque me asusta olvidarme de los nombres
de los rostros, de la ambrosía labial
la suavidad pulposa.

Los besos han huido con la fragancia espumante y


temprana
por eso cada día salgo desnuda a la calle
con los rastros sangrantes
(a flor de vello) de quienes alguna vez me amaron
—a veces más de una, a veces más.

Cartas con letras que jamás alcanzo a leer


hechas en un par de hojas hurañas de álamo triste.
Tengo mala memoria

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me repite a menudo una voz escondida bajo mi
cama
la otra de momentos me canta a coro desde el
diván.
La decoración rosa de la pequeña
que usaba mi ropa
se desgasta con el ritmo de las fotografías.

Esas ganas que me vienen a veces de tenderme en el suelo


y llorar a rebana-ojos
como el amor tan de hombres que se me viene encima
y se me va a pesar de mi sollozo
tan de hembra
en tantas notas como tantas mañanas tiene mi calendario
sobre todo los sábados
hace ya tanto tiempo.

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38
OCTUBRE

39
40
PARA MORIR
SÁBADO 1 DE OCTUBRE

Ese puñado de coincidencias como una nota de mensaje


telefónico.
Dónde recogiste al pasar mi nombre hecho colillas de
cigarrillos, hecho manchas de rouge en el vaso
hecho a manos y bocas.
Y es que me ves en todas partes, siempre lo dijiste.

¿En qué formas te encuentras ahora?


¿cómo te vuelvo a imaginar?
¿Será a caso que escondiste tu alma entre la ropa regada
por el suelo?
¿Podrás entonces reunir mis huesos
las cenizas de ambas esparcidas por descuido?

Mi oficio obliga a encontrarme con tu ausencia


acompañarme de la mano trémula
vaciarme por completa de los cajones y respirar la brizna
de papeles manoseados.
La veleta insolente que dejó de rabiar cuando ya no
volviste.

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A pies descalzos soy tu otra en la ventana y el frío es una
gota que se desbarranca por el vidrio.
Todo esto para que logres recibirme
aunque sea un poquito, aunque sea por las tardes
y a veces en los amaneceres desatados
a la ventolera cruel del frío
que se quedó en tu nombre para acariciarme
para llorar por ti en mi honor
para morir por ambas todas las noches.

42
EL HERMOSO JUEGO
SÁBADO 8 DE OCTUBRE

Para llorar sobre ella


es que la conservé todos estos años
desnuda como un poema
veloz y fugaz como una sombra en medio de la ciénaga.

Como quien no posee espada sabiendo que al filo de una


perecerá.
Y es que la luz matinal de mi camastro porque es mío
es que lo obsequio a quien me plazca
del mismo modo mi corazón.

La invernal noche que llega inadvertida a cierta hora


en que se vuelve al cerco metálico
cuando se cree que todo ha de pasar.

La escena perfecta
donde Cloto es capaz de jugar con la madeja
de su propia vida
siniestra niña que hace temblar la humanidad toda
en el hermoso juego de las tijeras.

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SOBREDOSIS
SÁBADO 24 DE DICIEMBRE 1921

Porque el veronal roba a las rosas


roba a los dioses y a las doncellas
para ofrendarse la vida y los arrecifes
a la muerte del sol dibujado en costras.
El vagabundo no sacia su hambre mendigando respeto
el asesino no gana el infierno produciendo destierros
la madre no engendra nada sin sacrificar su lecho
sublimación del sexo

Ángel lamentable
cada vez que extiende sus alas
prolonga la sombra en un tiempo de guerra.
No es acaso que arrebata las espinas
de floridos engendros
alcanza a veces las barbas de aquellos
dioses, o manoseado de mujercitas,
obsequiándolas a remembranza
al desparrama rimel, blanquecino
o el negrísimo escrito en el azul de los labios.

El padre disfrazado de arcángel la noche de pascuas


donde no es capaz de esconder su propia sombra
y los pasos de sus pequeñas muertas antes del parto.
44
Dime qué amas mujer sino la sombra del hombre
negligencia rosa que no te hace a los rayos del sol.
Disuelve el pedestal en que te has puesto
con él todos tus títulos todas tus camas
todas tus tierras
todas esas tus vidas.

45
TERESA YA NO

Teresa ya no llora tendida en su cama


aguarda quieta como una fotografía.
Cual Penélope a la espera de su amada
se pasea fantasmal por la calle
pero nadie la ve
nadie la toca, nadie la siente suspirar
sollozar en los fríos días de invierno
y cruzarse entre las parejas
dejando un silencio atroz en la espalda.

Teresa ya no escribe cuentos


ni poemas
no realiza rituales por las mañanas
ni por las tardes
no le teme a Satanás que la miraba pasearse
desnuda en el patio de su casa,
nunca creyó en Dios
ni en su sombra proyectada como una herencia.

Teresa cambió su nombre y se inventó el de Sylvia


relegó su nostalgia al recuerdo y lo olvidó todo.
Teresa cosió sus parpados y a la gloria

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de un nunca más en la vida cortó su lengua.
Teresa no leyó a Alejandra Pizarnik
ni besó a Anaïs.
Teresa ya no escribe cartas de amor.
Teresa ya no lee
ya no habla.
Teresa ya no escribe.

47
“Soy Ángeles, Anaïs, Juana, Antolina, Rosa, Edelmira Nin
y Culmell. Tengo doce años y soy bastante alta para mi
edad, todo el mundo lo dice. Soy delgada, tengo los pies
grandes y las manos también, con los dedos largos, que
suelo crispar por nerviosismo. Tengo la cara muy pálida,
unos grandes ojos castaños, perdidos, y temo que revelen
mis insensatos pensamientos. La boca grande, me río muy
mal, y sonrío regular. Cuando me enfado, hago una mueca
con los labios”

Anaïs Nin (1903-1977)

48
"Morir, después de haber sentido todo y no ser nada...".

Teresa Wilms Montt (1893-1921)

49
Índice
Julio
Tengo miedo 5
Cómo se llama 7
Última desolación 9
Cuarenta y ocho horas 11
Una de otra 12

Agosto
Imaginaria 17
Retazos 18
Uno de estos días 20
Porque envidio 21
Tan de ella 23

Septiembre
Me resisto 29
Promesa 31
Te invento 33
Campo florido 34
Tanto tiempo 36

Octubre
Para morir 41
El hermoso juego 43
Sobredosis 44
Teresa ya no 46

50
51

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