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Extinción de dominio en América Latina

Jonathan TAPIA SANCHEZ Profesor Investigador INACIPE

En este artículo se explica la evolución de la ley de extinción de dominio en América


Latina y se exponen algunas de sus principales características. Una de los elementos
esenciales de le delincuencia organizada es el alto nivel de rentabilidad de los mercados
ilícitos que explota. La ganancia ilícita acumulada por las actividades delictivas
realizadas durante cortos periodos busca seguridad en lo que a tenencia de los fondos se
refiere, para lo que inmediatamente se inserta en la economía formal, mediante su
regularización en el pago de los impuestos federales y locales que causa una actividad
lícita, y de esta manera el capital ilícito se transforma en capital variable y constante
para financiar nuevas actividades criminales, lo que permite llevar a cabo la comisión de
delitos, pero en esta ocasión a escala ampliada.
En este ámbito, como en todos los relacionados con la economía, es necesario disponer
de un capital para llevar a cabo las conductas proscritas por el Código Penal, y por
algunas leyes especiales. Ya que sin él la actividad carece de sustento con el cual
financiar las actividades. Aún mas, la Convención de Naciones Unidas contra la
Delincuencia Organizada Transnacional ha acordado que el motoris mobilis de las
actividades delictivas de la delincuencia organizada, excepto las vinculadas al
terrorismo donde éste tiene fundamentos ideológicos, es la búsqueda de una ganancia
económica extraordinaria.
En América Latina, hasta antes de la promulgación de leyes de extinción de dominio, no
se había encontrado un mecanismo legal eficaz para contrarrestar los flujos de recursos
económicos de la esfera ilícita a la lícita de la economía. Con lo que proliferaba la
impunidad en lo que a transferencias de recursos generados por el crimen se refiere.
Así, durante el periodo comprendido entre los años setenta, ochenta y a principios de los
años noventa se produjeron una serie de sentencias condenatorias mediante las cuales se
aplicaba la pena de prisión a grandes narcotraficantes latinoamericanos sin que estas
medidas asegurasen su inactividad en la esfera productiva, ya que éstos seguían
operando desde la tranquilidad de sus celdas en el mejor de los casos, y las grandes
fortunas generadas por las actividades delictivas quedaban sin ser objeto de acción
alguna por parte del Estado, para neutralizarlas conservando su poderío.
La problemática real que se enfrentaba en esta época consistía en que los barones de la
droga seguían operando desde prisión, haciendo uso del derecho a la defensa que
establece, en la mayoría de los casos a nivel constitucional, que las comunicaciones
entre los inculpados y sus abogados defensores son inviolables, y, sobre todo,
realizando decisiones de inversión de sus recursos económicos para mantener el
dinamismo y la cohesión de sus respectivas organizaciones delictivas. Por esta razón se
asistía a una situación de ineficacia del sistema penal que no disponía de instrumentos
legales que permitiesen hacer llegar el peso de la ley a la capacidad económica de las
organizaciones delictivas. Con el señor en prisión el imperio resultaba fortalecido.
El sistema penal mostraba serias deficiencias ya que las medidas de ultima ratio
implementadas mediante la sentencia de una pena de prisión no lograba excluir del
sistema económico las actividades de los sujetos activos organizados estructuradamente
para delinquir.
La fortaleza económica seguía siendo muy fuerte, aún después de estar en prisión y el
poder de los señores de la droga se mantenía intacto ante la incapacidad de la autoridad
para decomisar sus recursos económicos, ya que éstos no estaban legalmente vinculados
a ellos por el uso de prestanombres y testaferros como medida protectora de la riqueza
acumulada mediante la comisión de delitos.
Otra dificultad que se enfrentaba antes de la promulgación de leyes de extinción de
dominio o de aplicación de bienes a favor del Estado consistía en que, en ocasiones, el
recurso económico ya había sido transformado respecto a su forma original, o se
encontraba mezclado con recursos de origen lícito, ante lo cual era necesario que el
Estado mostrara eficiencia al construir una plataforma legal que permitiese asegurar y
resolver dichos recursos a su favor, y conseguir su aplicación en la lucha contra el
crimen organizado.
La necesidad de disponer de instrumentos económicos en la lucha contra este flajelo se
hizo evidente. Ya no era suficiente que se sometiese a control penal a los sujetos
responsables de las conductas delictivas, sino que se detectó la necesidad de considerar
mecanismos legales que consideraran la problemática de los bienes de origen ilícito de
manera autónoma al proceso penal. Con procesos alternativos de presentación de
pruebas mediante los cuales se obligara a los presuntos responsables a acreditar ante la
autoridad la ilicitud en el origen de sus respectivas fortunas. Ya que los recursos se
encontraban frecuentemente a nombre de terceras personas conocidas como
prestanombres o testaferros del crimen.
De esta manera surge la Ley de extinción de dominio en Colombia, la cual se estructura
sobre la base de la hipótesis de que es necesario 1 “restringir el acceso de las
organizaciones delincuenciales a los activos y recursos financieros originados en
cualquier actividad ilícita, sea cual fuere el mecanismo a través del cual se estén
movilizando los recursos dentro el sistema económico, para lo cual se previó acelerar
los procesos de extinción del dominio tendientes a lograr su eficacia…”
Dicho instrumento considera además que “…el lavado de activos proveniente de la
venta de cocaína y heroína al exterior hace que estas organizaciones delincuenciales
tengan una fuente de poder económico que les permite enfrentar al Estado y a la
sociedad; …”
Y que, “como consecuencia de lo anterior, las empresas del crimen han multiplicado su
capacidad de agresión, por su cada vez más fuerte vinculación con otras formas de
delincuencia organizada, llegando a consolidar un poder que representa un riesgo
imprevisible e inminente que ocasiona una grave perturbación del orden público en el
territorio nacional…”
Motivo por el cual la legislación de ese país resultó hasta entonces ineficaz en
proporcionar el andamiaje legal para neutralizar el poderío económico de las
organizaciones delictivas estructuradas, por lo cual el legislador de ese país propuso la
ley de extinción de dominio sobre los bienes y recursos provenientes, directa o
indirectamente, de actividades ilícitas.
Mediante esta ley se pretende recuperar a favor del Estado los bienes productos de actos
ilícitos, así como regular los medios, competencias y procesos para llevar a cabo la
recuperación.
Es importante señalar que la extinción de dominio – comprendida como el cambio de
titularidad del derecho real de propiedad- se extiende a cualquier actividad ilícita.
Por esta razón, en México, es necesario restringir el alcance de esta ley a las actividades
de delincuencia organizada, a saber, en el caso de la Ley Federal Contra la Delincuencia
Organizada, los delitos señalados en su artículo 2,

En este contexto, el ejecutivo federal, por conducto de la Secretaría de Gobernación, ha


presentado el Proyecto de decreto por que el que se reforman diversos artículos de la
1
Considerandos del Decreto 1975 de 2002 por el cual se modifica la extinción de dominio.
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el pasado 9 de marzo, que
respecto a la extinción de dominio, en el segundo párrafo del artículo 22, señala:

“…La ley establecerá el procedimiento mediante el cual la autoridad judicial podrá


resolver la aplicación a favor del Estado de los bienes respecto de los cuales existan
datos suficientes respecto de los cuales existan datos suficientes para considerar que son
instrumento, objeto o producto de actividades de la delincuencia organizada. En ningún
caso se podrán afectar derechos de propietarios o poseedores de buena fe…”

La reforma propuesta seguro contribuirá a generar el sustento legal para decomisar los
bienes de la delincuencia organizada que actualmente se encuentran a nombre de
terceras personas y son utilizadas para financiar sus actividades delictivas, con lo que se
podría causar efectos irreversibles que permitan detener el avance del crimen
organizado en América Latina.