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He estado pensando en las inmensas dificultades que nos esperan, de manera especial con el
nuevo gobierno democrático que se deberá instalar en enero de 2013, y llegado a la conclusión
de que la situación será tan compleja, dificultosa y desafiante que no se puede dejar el destino
sólo en manos de aquellos que los encuestadores colocan en sus preguntas. Es por ello, para
acentuar el carácter pedagógico de mis propuestas y dar un mayor alcance a las mismas, que he
sostenido en las redes sociales que debo ser considerado precandidato a la presidencia de la
república.

Las encuestas reflejan que el régimen es vulnerable, pero es el candidato ³ninguno de los
anteriores´ el que mayor votación obtiene, mostrado de manera fehaciente que el país quiere un
outsider, una cara nueva para sustituir a Chávez en la presidencia. Aparte de esta tendencia
irrefutable es menester advertirles a mis compatriotas que esto no es un juego de niños ni lo será,
que aquí no se trata simplemente de ir de manera alegre a elegir un aspirante en unas primarias,
ganar las elecciones y luego tomar posesión del gobierno. En primer lugar hay que ganar, en
segundo lugar ver si se entrega el poder o si se hará necesario apelar a un cobro compulsivo y, en
tercer lugar, enfrentar la realidad que sospechamos tétrica en cuanto la situación del Estado y
específicamente en cuanto a las finanzas públicas.
Ya he manifestado algunas ideas de gobierno en torno a educación, política económica
internacional y reformulación del Estado, pero, para iniciar esta conversación con mis
conciudadanos, me permito hacerme varias preguntas, tales como si se permitirá el
establecimiento de comisiones de enlace o si se procederá a un saqueo como se hizo en la
entrega de las gobernaciones y alcaldías que perdieron. Luego, auditar, conocer el verdadero
estado de la Hacienda Pública puede convertirse en un laberinto. Recuerdo que cuando Luis
Herrera Campins tomó posesión de la presidencia, a pesar de entregarle el poder otro gobierno
democrático, se tardó varios meses en medir el alcance de la situación económica para luego
concluir que recibía un país hipotecado. Pueden imaginarse cómo será la situación dramática que
implica recibir el poder de este gobierno.
He dicho que podemos encontrar tal inexistencia de recursos que no haya para pagar a los
empleados públicos o para cubrir otros gastos ordinarios. El nuevo gobierno va a ser sometido a
exigencias sociales mayúsculas, estará en la obligación de crear empleo y de correr al
salvamento en materia de salud y seguridad, al mismo tiempo que deberá reducir el gasto
público, evitar la caída de la moneda y enfrentar la inflación. Una situación de alto conflicto. He
dicho que, aparte de un Ministro de Cordiplán y otro de Finanzas, se deberá proceder a nombrar
una Comisión Económica Asesora de la Presidencia con los mejores talentos disponibles para
enfrentar los retos puntuales a los que la anomalía de recibir un gobierno de 14 años de duración
nos someterá. Los economistas pondrán las respuestas a la emergencia, pero la decisión final es
la del político, esto es, de quien ejerza la primera magistratura. Se requerirá un pragmatismo a
toda prueba para sortear el desafío, pero también una voluntad muy recia. El único proyecto
económico posible de intentar ahora, desconociendo la realidad y arriesgándonos a encontrar
cifras falsas, es el de prepararnos para el schock, estabilizar los indicadores macroeconómicos,
devolver la confianza, restituir la seguridad jurídica y proceder como un buen padre de familia.
Una vez logrados estos objetivos, podrá el nuevo gobierno desarrollar su propia política
económica que he dicho debe abandonar el paradigma del crecimiento para sustituirlo por el de
desarrollo humano, por el de desarrollo sustentable.
Antes de entrar en la segunda fase, que tendrá la inmediatez que los tiempos requieran, será
necesario enfrentar serios problemas de gobernabilidad provenientes de la estructura misma del
Estado y de una frondosa legislación heredada. Es decir, en el mismo primer año será necesario
llamar a una Asamblea Constituyente para la cual tengo varias ideas. La primera es establecer la
elección del vicepresidente con la del presidente: no podemos seguir en esta variación continua y
caprichosa de nombres. Luego, hay que restituir el Senado. De joven me inclinaba por el
parlamento unicameral, pero la experiencia me indica que es necesario un equilibrio que serviría,
además, de refuerzo invalorable a la descentralización. Los métodos para hacer respetar la
representación proporcional de las minorías están todos inventados.
Otra cosa que es cierta es que la división político-territorial de la república no responde a ningún
criterio de desarrollo y menos a hechos históricos relevantes. Antes de entrar en un conflicto con
los estados prefiero instituir mecanismos compensatorios, tales como la creación de cinco
Consejos Regionales de Desarrollo (Centro, Oriente, Andes, Llanos, Centrooccidente y
posiblemente un sexto específico para el Zulia) integrado por los gobernadores y alcaldes.
Igualmente creo necesario eliminar los Consejos Legislativos Estadales y su sustitución por una
Asamblea de Alcaldes que cumpliría las funciones hoy atribuidas a esos entes, tales como la
aprobación del presupuesto, el control político, la aprobación de leyes locales y todas aquellas
que las constituciones regionales establecen. Nadie mejor que los alcaldes para pelear por una
distribución presupuestaria equitativa que haría bajar el poder al ente local. Esas reformas tienen
que incluirse en el texto constitucional, aparte de que deberá procederse de inmediato a liberar
los poderes actualmente secuestrados y con cuya permanencia será muy difícil el ejercicio del
gobierno. Así como con un conjunto de leyes que deberán ser revisadas cuidadosamente.
Al fin y al cabo una Constituyente será independiente y estas y otras propuestas deberán
balancearse con absoluta independencia de criterio. Lo importante es atenazar la posibilidad de
gobernar real y efectivamente y para ello hay que tener claro que nos enfrentaremos a la
situación más conflictiva y difícil imaginable. Aún así, ya he expuesto en las redes sociales mis
planteamientos sobre educación, política económica internacional y política militar las que
seguiré explayando desde ahora en adelante en mis artículos. Abordaré, por supuesto, el tema de
la inseguridad, del desempleo, de la salud y de mi concepción general de país, como cada asunto
en concreto.
No ha sido fácil llegar a poner mi nombre en este torneo indeterminado. He dicho que no tengo
ni recursos ni medios para enfrentarla, pero si 70 mil voluntarios responden afirmativamente
inscribiré mi nombre en las primarias que se realizarán a finales de este año o a comienzo del
próximo. De lo contrario, al menos quedarán las más de las 100 propuestas que formularé al país
y que pasarán a ser de todos los hombres y mujeres que encuentren en ellas factibilidad y sueño.

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Comencé mis planteamientos al país advirtiéndole sobre las graves dificultades de la transición.
Si bien el cuadro económico nos llamará a alarma y a previsiones drásticas, el nuevo gobierno
democrático deberá dar señales inmediatas de su camino en la globalidad de lo que será su
propósito y esencia. Es por ello que he dicho que debe declarar de inmediato la emergencia
educativa.

Considero que el decreto de emergencia deberá incluir la revisión total del sistema, un aumento
general de salarios a los educadores y un compromiso claro de cursos inmediatos e intensivos de
actualización y modernización. Ya tengo visualizados esos cursos y quien los dirigiría. Ello
incluye el uso masivo de la tecnología y el cumplimiento al cien por ciento de una computadora
en manos de cada niño o joven escolarizado, programa ya iniciado por el presente gobierno.
Es, por supuesto, complicada la revisión total de los pensa, pero menos lo es adaptar el cuerpo
educativo a las nuevas realidades y paradigmas del siglo XXI. Las disponibilidades financieras
podrán imponer etapas en el reconocimiento salarial a nuestros educadores, pero se debe cumplir
bajo el principio de que todos nos adaptamos a una enseñanza que exceda al caletre o a la
memorización para convertirse en un proceso de formación de hombres y mujeres. Para ello
tenemos la capacidad de magníficos profesionales que delinearán un proyecto educativo que nos
permita avanzar aceleradamente hacia una sociedad del conocimiento y hacia una educación para
la vida.
La educación está íntimamente ligada a la cuestión social. Hay elementos de especial atención
como la deserción escolar o simplemente el no registro de un niño en una escuela, problemas
ligados a violencia doméstica o a la pobreza extrema. No puede haber un plan educativo sin
equipos asistentes en lo psicológico, en la atención a la familia de donde proviene el alumno y en
el suministro de una alimentación balanceada. El Ministerio de Educación deberá ser un ente
completo y complejo, uno de variadas especificaciones en su actuar.
Mención especial merece la educación universitaria. Entre los puntos esenciales de la deuda
social está el atraso ya eterno en el cumplimiento de las obligaciones para con las universidades.
Creo que puede establecerse un lapso de dos años como propósito para cancelarla, pero las
universidades deben saber que, sin imposiciones de ningún tipo y en la absoluta libertad de la
academia, deben avanzar hacia un proceso de reformas. Las universidades no pueden seguir
como están. Debemos convertirlas en instituciones de primera. Entre todos debemos señalarnos
un período no superior al de un período constitucional en busca de un nivel académico que las
sitúe entre las primeras 500 del mundo, al lado de las universidades chilenas y mexicanas que
han alcanzado ese rango.
La educación, entonces, debe ser mostrada como la prioridad del nuevo gobierno democrático.
No podremos replanificar sin la declaratoria de emergencia. Tenemos personal de sobra para
intentarlo, como podremos perfectamente enviar al exterior el personal que se lo merezca a
estudiar los sistemas que han tenido éxito en el mundo y traer personal extranjero de alta
significancia a participar en los cursos de actualización y empuje hacia adelante.


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Uno de los más grandes errores del presente régimen fue, por circunstancias políticas muy mal
medidas, voltear la atención del país hacia Brasil y dar la espalda al camino andino. Con absoluta
propiedad nuestra vía hacia la integración es el proceso ya viejo hoy llamado Comunidad Andina
de Naciones. El primer paso en esta materia deberá ser retirar nuestro retiro ±valga la reiteración-
de la CAN. El segundo, obviamente nuestro ingreso al MERCOSUR, el que sería aprobado sin
contratiempos por tratarse de un gobierno democrático el que lo solicita. Discutir aranceles,
hacer lista de productos, establecer excepciones, es un trabajo que podemos llamar fastidioso,
pero indispensable en un proceso de integración. Mi propuesta es que una vez que estemos en
ambas de organizaciones de integración nuestro país se convierta en un puente efectivo de
conjunción de ambas en procura de un mercado común que concrete, al fin, los anhelos
integracionistas.

Las relaciones con Colombia deben ser privilegiadas. Es inútil abundar en las razones, pero debo
añadir un elemento: Venezuela debe salir hacia el Pacífico en procura de una vocación asiática.
Casi el mismo día que reclamaba esta acción como urgente el Presidente Santos habló de la
construcción de un gran ferrocarril que otorgaría a Venezuela esa condición. Deberá procederse a
los estudios preliminares con urgencia y pensar en el puerto sobre la costa colombiana tal vez
como un producto conjunto. Entre Colombia y Venezuela se ha conversado mucho y las ideas se
quedan en el papel. Esa salida hacia otro océano de nuestro país tendrá, sin lugar a dudas, mucha
oferta de financiamiento, de manera especial en los hambrientos países asiáticos que corren
rápidamente en búsqueda de nuevos posicionamientos parea sus economías.
Ese ferrocarril, así lo ha dicho el presidente Santos, podría ser considerado una alternativa al
mismísimo Canal de Panamá. Pero hay otro proyecto que tiene siglos en la especulación, ya
pensado por los Padres Libertadores, y es de la integración fluvial del continente. Algunos
estudios han sido hechos, pero está claro que podremos construir la red de carreteras de agua
conectando nuestros ríos y convirtiéndolos en la más espectacular autopista para que nuestros
productos viajen en todos los sentidos. Ese es un desafío Que hay que asumir. Lo deberá asumir
el nuevo gobierno democrático.
Finalmente me parece que en este campo hemos privilegiado relaciones hacia Europa no siempre
satisfactorias. Insisto en que tenemos delante las Antillas Neerlandesas, cada una ahora con un
estatuto especial, pero que, en mi opinión, son la vía correcta para nuestro acercamiento, para
nuestra aproximación comercial con la Unión Europea.
Emergencia educativa y rápido proceso de entendimiento con los pueblos de América. Lo
propongo.

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La inseguridad ataca en casi todo el mundo, aunque en Venezuela, por razones generales y
específicas, seamos el escenario de una multiplicación delictiva que nos coloca entre los países
más peligrosos del mundo. El hecho criminal ha cambiado en la medida que el escenario global
lo ha hecho. La criminología ha mirado al delito como algo imposible de erradicar en su
totalidad, desde las concepciones antropológicas y fisonomistas hasta las sociológicas o
ecológicas.
El mundo contemporáneo presenta complejidades, por lo que las Naciones Unidas aprobó en
2000 el Protocolo de la Convención contra el Crimen Transnacional Organizado para enfrentar el
delito de tráfico de personas. Lo que queremos hacer resaltar es que el asunto del delito no en
simple y que está enmarañado en las relaciones sociales y políticas, hasta el punto que los más
actualizados teóricos del delito atacan conceptualmente el problema de la criminalidad como
empresa. El hampa tiene capacidad económica fuerte. Pero dejando atrás la teoría podemos
concluir que existe el crimen organizado y el crimen ordinario. En Venezuela tenemos ambos.
El organizado generalmente ronda en torno al negocio de la droga, implica una organización y
una jerarquía, usa la violencia y corrompe a los organismos encargados de combatirla. Quiero
señalar entonces que el delincuente ordinario actúa en infinidad de ocasiones como consumidor,
en estado de drogadicción, como víctima final del negocio empresarial de los estupefacientes.
Combatir este cáncer ha requerido de una intervención transnacional, dado que las
ramificaciones son tales que ningún país puede por sí solo enfrentarlo. Esta es una de las causas
fundamentales del crimen desatado que vivimos en Venezuela. Somos un país de tráfico, como
lo demuestran los continuos señalamientos de la prensa nacional e internacional que reseñan la
captura de alijos en países incluso lejanos y transportados por medios venezolanos. Cabe
preguntarse entonces hasta donde llega nuestra efectividad y nuestra colaboración internacional
en el combate a este tráfico ilícito.

El segundo grave problema es el de la posesión ilegal de armas en una gruesa parte de la


población, el que también se deriva de un tráfico ilegal muchas veces vinculado al de las drogas.
Sin una operación de desarme efectiva, sin una restricción fuerte a la permisología para el porte
de armas y sin labores de inteligencia que detecten las procedencias y las fuentes, será imposible
erradicar el delito violento, el que infinidad de casos no tiene necesidad de ella, pero que la
ejecuta en un ritual de drogadicción o de desprecio absoluto a la vida. Las mafias organizadas
penetran toda estructura a su alcance.
En Venezuela tenemos un ingrediente político: desde el régimen se ha sembrado el odio social y
se ha llegado, incluso, a intolerables justificaciones. El hampa entre nosotros bien podría ser
considerada como instrumento de siembra de miedo.
Damos por sentado que el combate se debe dar con policías y jueces honestos, formados e
incorruptibles, presunción que en este país no podemos adoptar, pero aún teniéndolos son de
hecho sometidos a presiones intolerables. Aparece el sicariato, el encargo al delincuente menor
de la ejecución de la violencia mortal. Incluso llega a hablarse de ³empresas´ de sicarios, una
exigencia de organización y jerarquía adoptada del delito transnacional. La complejidad es tal
que no basta con crear policías: hacen falta los premios continuos a los funcionarios del orden,
una intensa labor de inteligencia que lleve a comprar infiltrados en las organizaciones criminales
y una determinación absoluta de que los bienes de todo criminal apresado deben ser expropiados
de inmediato, seguramente para la creación de un fondo en beneficio de los afectados y de los
policías actuantes. Es obvio que no podrá darse efectividad al combate con tribunales que violan
todos los lapsos procesales.

Dedicar todos los recursos necesarios al combate contra la inseguridad es una exigencia
manifiesta u obvia, pero no basta. En buena parte, los anuncios en este sentido no son más que
reacciones frente al clamor de la gente y muestra de una ausencia de política criminal con visión
de Estado. En Venezuela tenemos otro problema, el de las cárceles, con hacinamiento y fuerte
³educación especializada´ en delinquir. Se arrastra este asunto desde hace muchos años sin que
ningún gobierne encuentre la manera de resolverlo y de enfrentarlo. Por supuesto que la
corrupción también llega a las cárceles, como vemos en los intercambios de disparos entre
internos, en el consumo de droga o hasta en la dirección de delitos desde su interior. La
desesperación ante el vencimiento de los lapsos procesales hace disparar la paciencia de los
hacinados, lo que parece hacer necesario la constitución inicial de tribunales penales especiales
para hacerle respetar sus derechos a los reclusos. Más aún, ya parece necesaria la formación de
un cuerpo especial para dedicarse a la vigilancia de las cárceles y retirar a la Guardia Nacional de
estos menesteres.

La delincuencia, ya casi parece una obviedad decirlo, se combate con educación, salud, empleo,
con una determinación de acabar con la discriminación y la exclusión, por lo que toda lucha
contra el delito y la inseguridad va inserta también en el programa de lucha contra la pobreza.
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Hay que prevenir, como primera política, y en ella deben participar todas las instituciones y de
manera especial la ciudadanía. Si en este país todas las denuncias se formulasen nuestros índices
delictivos se dispararían, pero no se denuncia porque no se tiene ninguna confianza en las fuerzas
del orden, porque los ciudadanos o no son atendidos o lo son mal y porque la respuesta ante la
denuncia es una sin consecuencias.

Hay que prestar atención a todos los aspectos de la vida en la lucha contra el delito. Diversos
organismos de la Organización de las Naciones Unidas han insistido sobre esto y puesto a la
disposición todo el asesoramiento y asistencia que han recopilado desde la teoría criminalística y
desde la experiencia. Hay que pedir esa asistencia.

Pero hay muchas cosas que se pueden adelantar. Debemos admitir que tenemos tribunales
penales insuficientes, retraso procesal, cárceles como escuela del crimen, pero en la labor
preventiva se pueden determinar factores como escasez de alumbrado público, puntos ciegos,
drogas, armas, hábitos delincuenciales del secuestro y muchos más. La labor de inteligencia es
vital: si se sabe donde están los delincuentes se sabe dónde irlos a buscar. Ya a esta hora debería
estar trazado un mapa de los sitios donde el hampa se ceba.

Muchos funcionarios hacen hincapié en patrullas, motos y bicicletas para los agentes y eso está
muy bien, pero debe regresarse al policía de punto, al que conoce su pedazo de ciudad, está
familiarizado con los vecinos, se ha ganado su confianza, anda caminando su zona. Aquí hay que
aplicar el principio de impunidad cero que comenzó a implementarse en el Metro de Nueva York
y redujo considerablemente los índices delictivos de esa metrópolis. Hay que hacer redadas de
localización de delincuentes como forma represiva. Hay que instrumentalizar un plan de choque.
Hay que formar criminólogos, dado que en este país cualquiera es el director de una cárcel e
incorporarlos en todos los niveles, incluso el local. Un criminólogo es aquel que se dedica al
estudio de la delincuencia desde su propia disciplina, pero una que contempla la sociología, la
psicología, el derecho y la antropología. Con ellos, y bajo una exhaustiva investigación, otros
organismos del estado pueden coadyuvar porque me permito recordar cómo se ha establecido
que muchos barrios peligrosos de América Latina la falta de alcantarillado, de energía eléctrica y
de gas, por citar sólo estos servicios, eran causas fundamentales del crecimiento delictivo. Por
supuesto que entre esas causas el desempleo juvenil tenía prioridad.

Son apenas ideas, no puedo saberlo todo, pero a la hora de convocar a los expertos el político
debe saber de que se le está hablando. Van estas ideas para una lucha contra la inseguridad, una
que debe ser de todos. Lo propongo.
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Los esfuerzos de la Campaña del Milenio de las Naciones Unidas establecen para 2015 objetivos
ambiciosos como la reducción drástica de las personas que sufren hambre, la de las personas
cuyos ingresos son inferiores a un dólar diario y el empleo productivo y trabajo digno para todos,
incluyendo mujeres y jóvenes. He allí los propósitos de la Cumbre del Milenio, objetivos en los
que se ha avanzado, no sin variantes en diversas partes del planeta.

Mucho se ha discutido sobre el concepto mismo de pobreza, uno especialmente centrado en lo


económico, pero con implicaciones políticas y sociológicas. Ser pobre es tener la imposibilidad
de acceso a la satisfacción de las necesidades físicas y psíquicas básicas. Ello incluye
alimentación, vivienda, educación, salud y agua potable, uno de los problemas de este milenio.
Se agregan especificaciones como segregación social y exclusión. Los objetivos del Desarrollo
del Milenio han trazado planes y coordinaciones, manejo de los recursos, programas realistas,
maximización de la eficacia del gasto público.

Es evidente que la lucha contra la pobreza requiere un enfoque integral pues no podemos
limitarla a la falta de ingresos sino ubicarla en la falta de oportunidades, de seguridad y
participación en las decisiones. Tiene, además, implicaciones de comercio internacional y de
alivio de la deuda. En lo específico venezolano creemos que debemos acelerar ese combate
desde dos ángulos prioritarios: centrarlo en la mujer y en los programas microfinancieros y de
desarrollo local, lo que debemos enmarcar en una Ley General de Desarrollo Social. Debemos
crear un Comité Técnico de Medición de la Pobreza para ir controlando los avances o retrocesos
y un cuerpo político que maneje los programas con la más absoluta prioridad del Estado. Bien
puede oírse a los organismos internacionales o aprovechar recursos por ellos puestos al servicio
del Plan del Milenio, pero Venezuela debe especificar programas, unos que deben estar muy
lejos de cualquier intento de manipulación política.
Soy enemigo de crear ministerios y creo que habrá que eliminar unos cuantos, pero en el caso
específico estoy inclinado a la creación del Ministerio de Lucha contra la Pobreza, no sólo para
poner el énfasis en un programa prioritario del Estado sino para que tenga la fuerza política de
coordinar dependencias, pues habrá que apelar a todas las centrales, pero también a las
regionales y a las locales. Hay que implicar a todos los grados del poder, pues pienso que lo que
debemos adelantar es una focalización. Esto es, censo por barrio o localidad de las habilidades
que puedan ser objeto de organización productiva y la recurrencia inmediata al microcrédito.
Creo que este programa debe centrarse en las mujeres. Hablo de proyectos de todo tipo, de una
imaginación alimentada por los funcionarios que realicen las investigaciones y de un sistema de
préstamos tales como los implementados de manera más que exitosa por el Banco de los Pobres
de Bangladesh y que mereció a su titular el Premio Nobel de Economía. Hablo de las zonas
urbanas y reconozco las diferencias con los programas a implementar en las rurales, pero hay
suficientes experiencias para desarrollar planes. El Estado da infraestructura, desde caminos
hasta servicios de salud, pero debe ser la gente, con toda la asistencia necesaria, la que vaya a la
capacitación y empleo cooperativo para el fomento de los recursos naturales y hasta el
establecimiento de casas-escuelas para niños de estas zonas marginadas.

Propongo trazar un Programa Nacional de Solidaridad para involucrar no sólo a la empresa


privada sino a la población toda, como para aprovechar oportunidades de empleo y capacitación
voluntaria e implementar un método de trabajo comunitario entendible por la gente que muestre
solidaridad. No se trata de asistencia, se trata de ayuda estructural y además condicionada: para
hacerse beneficiario se pone como condición la asistencia de los niños a la escuela. Es mi
principio general: todo el que quiere reivindicaciones deberá pagarlas con su superación
personal.
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Mucho se habla de la pequeña y mediana empresa, pero nadie se refiere a la microempresa que
creo una de las armas claves para enfrentar el tema. Y la prioridad en este campo deben ser las
mujeres. Cuando hablo de mujeres es obvio que estoy pensando en los niños. Debemos ir hacia
el análisis socioeconómico de región por región, de zona por zona, de barrio por barrio y una
cosa sumamente importante: la identificación de los patrones culturales y el consecuencial estilo
de vida imperante en cada sitio, la determinación de programas sobre esos sitios con pobreza
absoluta o pobreza relativa, la especificación sobre pobreza educativa y la pobreza de servicios y
la pobreza de seguridad social. Vacunación, contaminación, limpieza urbana, nutrición,
evaluación de antecedentes de enfermedades, evaluación de criminalidad. La lucha contra la
pobreza es compleja y requiere como he dicho, de un organismo específico. Entre nosotros,
quien ha dedicado más tiempo y esfuerzo al estudio ha sido Luis Pedro España y su equipo de
investigación. Sus aportes deberán ser tomados muy en cuenta.

Hay que partir del desarrollo humano y ello incluye libertad política, económica y social que
conlleve al respeto por sí mismo y la consecuencial conversión en actores de su propio destino,
del de la comunidad a la cual se pertenece y de la nación toda. En algunas ciudades de Colombia
podría haber sonado como estrambótico la colocación de bibliotecas en las zonas más pobres,
con sus computadoras y su acceso al mundo de hoy, pero dio resultado. El desarrollo humano es
aprendizaje. Aquí se trata de fomentar la movilidad social ascendente y la introducción de
educación y cultura es una fuerza impulsora del desarrollo. Es más, deben considerarse ambas
como derechos humanos. Hay que incentivar a la comunidad como punto de partida, como
generadora de acción, en consecuencia debe tener poder de decisión. La autogestión comunitaria
implica organización hacia su propio desarrollo. Ya basta de esperarlo todo, es menester
incentivarlos a usar todo lo que tiene, desde su grado educativo hasta sus habilidades, desde su
capacidad de organización hasta la seguridad de que sus acciones harán de la ciudad una
incluyente.

Un político tiene las ideas generales. Los expertos las interpretan y las llevan a planes
específicos. Estas son maneras de luchar contra la pobreza. Lo propongo.
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Universalmente se reconoce la Seguridad Social como un derecho humano de acceso al menos a


una protección básica para satisfacer estados de necesidad. Es una política a ejecutar por el
Estado y a ser llevada hasta los más necesitados. La expresión Seguridad Social ya fue usada por
Bolívar en el Discurso de Angostura. El Departamento de Seguridad Social de la Oficina
Internacional del Trabajo (OIT), Ginebra, en conjunto con el Centro Internacional de Formación
de la OIT, con sede en Turín y la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), en
Ginebra, publicaron en 1991 un interesante documento titulado " Administración de la seguridad
social". De este documento se transcribe: â/
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â. La Seguridad Social Integral tiene como fin proteger a los habitantes de la
República de las contingencias de enfermedades y accidentes, sean o no de trabajo, cesantía,
desempleo, maternidad, incapacidad temporal y parcial, invalidez, vejez, nupcialidad, muerte,
sobrevivencia y cualquier otro riesgo que pueda ser objeto de previsión social, así como de las
cargas derivadas de la vida familiar y las necesidades de vivienda, recreación que tiene todo ser
humano.
El sistema debe estar organizado en subsistemas y dirigido por el Ministerio del Trabajo. Debe
estar en subsistemas tales como pensiones, salud, paro forzoso y capacitación laboral, de
vivienda y política habitacional y de recreación, entre otros. En el 2002 salió publicada en gaceta
Oficial el nuevo régimen de seguridad social de Venezuela, la llamada LOSS. Asegura un
régimen más incluyente y de aplicación universal, pero no se aplica, está en una especie de
Vacatio Legis, situación inadmisible. Muy bien podemos partir de ese texto que es ley de la
república, oír observaciones y lanzarnos a su implementación con todas las fuerzas del Estado.
En este campo, inclusive más que en otros, asistimos a una desconcertante ausencia de voluntad
política.

No obstante, se nos vienen a la mente algunas acciones mientras se edifica la seguridad social. El
primer pensamiento es para nuestros grandes médicos que lucharon contra epidemias y las
hicieron desaparecer y, el segundo, para una ausencia notable de estadísticas que nos permitan
establecer programas sobre epidemias que reaparecen y en el marco de una política de
prevención de enfermedades.
Uno de ellos debe ser el establecimiento inmediato de un programa de acceso de los no
asegurados a los sistemas de salud y medicinas gratuitas y el establecimiento de un sistema de
atención médica a domicilio que corra conjuntamente con el proyecto ³Barrio Adentro´. Hay que
regresar a la regionalización de la salud permitiendo a los entes regionales y locales la
administración de los hospitales y centro de prestación de servicios todo enmarcado dentro del
Plan Nacional de Salud. Como hablaba de las estadísticas hay que marchar hacia ellas para
determinar los recursos existentes, humanos y materiales, y garantizar una atención primaria con
claros conceptos en transiciones epidemiológicas, continuidad de la atención y evaluación de
tecnologías sanitarias. No dejo de incluir una reorganización administrativa, una logística y
proyectos realizables de atención integral y de reformas e intervenciones en el sistema de salud
público.
La regionalización debe permitir el incremento de la capacidad operativa de los sistemas, la
descentralización administrativa y, sobre todo, la participación de la comunidad en la solución de
sus propios problemas de salud. Se ha tratado, demagógicamente, de enfrentar dos supuestos
tipos de médicos, se ha permitido el cierre de numerosos centros de Barrio Adentro y se ha
olvidado el mantenimiento de hospitales públicos y de suministro de insumos. La única respuesta
posible es el de la eficiencia, el de organizar mecanismos de mantenimiento y de una certera
política de adquisiciones y distribución de medicamentos.
Al parecer en este país venezolano no es que las estadísticas no estén en registros de
computadora, pues parece que en muchos casos ni en el papel. Se me dice que no hay catastro
actualizado, que no se cuenta con registro eficiente de insumos y menos con sistemas que
permitan detectar en tiempo real focos epidemiológicos y calcular la expansión.
Un asunto que hay que tomar muy en cuenta es el de docencia. En primer lugar hay que
involucrar a las universidades en el desarrollo del Plan Nacional de Salud y una cuidadosa
evaluación de los egresados de algunas instituciones sobre las cuales caben dudas razonables. De
esta manera cualquier designación en direcciones o subdirecciones de centros de salud deberá ser
hecha por concurso.
Otro asunto prioritario es el aumento de la calidad del servicio prestado lo que se puede lograr
mediante una estrategia adecuada a cada nivel de complejidad y obtener así indicadores en cada
sitio de prevención, de hospitalización y de intervención sanitaria. Hemos hablado de la
participación comunitaria por lo que debe haber programas de calidad participativa. Sugerimos,
así mismo, la descentralización de las compras, para evitar corrupción o pérdida de material, la
cual debe estar sometida a fiscalización.

En definitiva, para quienes no somos expertos en esta área compleja de la salud, nos cabe
plantear que lo que queremos es hacer de la atención sanitaria un valor de cohesión social.
Hemos hablado de descentralización de la salud para lo cual deben tener injerencia los cinco
polos de desarrollo regional planteados en nuestro primer texto programático, con unas bases y
coordinación general, por lo que planteamos la creación de un Consejo de coordinación del
Sistema Nacional de Salud presidido por el Ministro de Salud, con representaciones de las
regiones y de los sectores empresarial y sindical.
Creemos, además, que es obligación legislar sobre los productos farmacéuticos para evaluar y
autorizar medicamentos y productos sanitarios en general. Es menester una fijación convenida de
precios. Ante las emergencias constantes de solicitudes que vemos en las redes sociales es
absolutamente imprescindible la creación de un depósito estratégico de medicamentos y
productos necesarios para casos extremos y, sobre todo, para emergencias y catástrofes naturales.
Son algunas ideas generales. Como siempre lo digo, el político tiene el concepto general de lo
que quiere y los equipos de gobierno se encargan de implementar sus ideas. Cuando logremos
que la población se sienta satisfecha del servicio público de salud habremos establecido una base
fuerte a la cohesión social. Lo propongo.

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Las cumbres sobre la salud del planeta giran en torno al calentamiento global y a las
responsabilidades de los Estados. Se especula sobre los resultados, generalmente magros, y se
aplazan las decisiones hasta la próxima cumbre.

Más allá de ellas es necesario que cada país genere un movimiento social destinado a proteger
los recursos naturales y a adaptarse al cambio climático. Lo hemos vivido en Venezuela con las
lluvias repentinas y hasta con el cambio de la temperatura.
Ese proceso de concientización debe abarcar muchas cosas, desde la electricidad y el agua
potable hasta la violencia contra las mujeres. Lo que quiero significar es que el primer programa
en materia ambiental es el de la concientización, uno que excede a los parámetros donde se le ha
pretendido restringir para llegar hasta el uso del agua y de su ahorro, de la conciencia de los
químicos contaminantes, del uso del transporte masivo en sustitución del auto privado, hasta el
aprendizaje en la clasificación de desperdicios y del reciclaje.
Las agresiones contra el medio ambiente, la conservación de los espacios naturales y todos los
elementos vinculados a este tema ya no son desconocidos por la generalidad de los ciudadanos.
Las advertencias del ecologismo han logrado que la información llegue a ellos, pero ha faltado la
instrumentación legal y técnica para la práctica de una política racional en la materia. Es más, ha
faltado la conciencia de que la cuestión ecológica puede convertirse en una centralidad
estratégica de fuerzas de emancipación social. Por una razón muy sencilla: exagerada o no,
catastrofista o no, la denuncia ecológica ha mostrado, por ejemplo, la ruptura de una concepción
lineal de la historia, del mito del progreso en ascenso indetenible y de la concepción del hombre
como un individuo abstracto.
Ahora los programas de los partidos suelen incluir propuestas ecológicas, generalmente como
una vulgar adaptación a la moda. Es precisamente esto lo que ha llevado a la aparición de los
partidos ³verdes´ ya con fuerza política propia en varios países europeos, más el agregado de la
insurgencia en Colombia que llegó hasta disputar la presidencia de la república. Los
movimientos ³verdes´ plantean así cambios económicos-políticos para salvar al planeta, pero
más allá de la constitución o no de partidos, más allá de que algunos políticos tradicionales
asuman el nombre para buscar una salida a la opresión y exclusión a la que los someten los
partidos tradicionales, es menester platearse en serio entre nosotros un programa de preservación
del ambiente.
Hay que admitir que una política ecologista debe concebirse en un marco económico y en una
concepción de la diversidad biológica inseparable de la diversidad humana. Es menester ubicar
esta lucha en la concepción que se tiene del país y en la organización socio-política-cultural que
se pretende para él. Concepciones como una economía que favorezca los empleos ³verdes´ y una
apuesta decidida por las energías renovables, son indispensables, por lo que necesariamente hay
que abordar el tema de la contaminación de nuestras ciudades y de una política destinada a su
humanización.

El problema es de alta complejidad y debe incluir también la contaminación tanto en el agua


como en el suelo como en el aire, la pérdida de capa fértil, la extinción de especies, la
deforestación, la desertización, y las específicamente relacionadas con la salud humana, como
olores, enfermedades crónicas, incapacidad laboral, y por supuesto las relacionadas con el
mundo animal.

En Venezuela encontramos pocos textos legales sobre la materia, entre los cuales dos decretos
presidenciales de 1990. El primero destinado a proteger lo que queda de las reservas forestales,
autorizando el desalojo o reubicación de los ocupantes de tales reservas y de lotes boscosos y el
del 5 de marzo del mismo año que prohíbe la realización de actividades contrarias a los fines de
su creación en reservas forestales y lotes boscosos. Antes, en 1976, el decreto 1569 se prohibía el
pago de indemnizaciones por desalojo de las reservas forestales. Más atrás tenemos la Ley
Orgánica del Ambiente, de 1966 que establece una serie de parámetros generales en cuanto a
señalar que la degradación ambiental será penada. La Ley Forestal de Suelo y Aguas y su
reglamento también de 1966 destinada a la protección de los bosques. Existe la Ley Penal del
Ambiente de 1992, así como la Ley para la Ordenación del Territorio de 1983.

El Ministerio del Ambiente deberá convocar a una comisión de los más reputados ambientalistas
venezolanos, con participación de asesoría extranjera, para revisar, estudiar y actualizar toda
nuestra legislación en la materia. Deberá conformarse la Oficina de Evaluación de Impacto
Ambiental. Ya existe el decreto 1257 de 1996 sobre evaluación de actividades susceptibles de
degradar el ambiente y se cubren actividades como minería, hidrocarburos, agroindustrias,
camaroneras, disposición de desechos y otros, pero nos parece que no tiene la organización que
proponemos. En medio de una burocracia lenta y pesada que se convierte en obstáculo al
desarrollo de cualquier proyecto con permisología la más de las veces absurdas es menester no
agregar otra, sino una expedita y clara. Además, agreguemos deducciones impositivas a
inversiones destinadas a la protección del medio ambiente o que las incluyan.

Hay que incorporar las medidas de conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable,
es decir, uno centrado sobre el hombre y no meramente sobre el crecimiento económico, uno
sobre la erradicación de la pobreza y la obtención de la satisfacción de las necesidades básicas.
Nos encontramos de nuevo con la educación, no sólo mediante intensivas campañas de
concientización, sino también mediante el fortalecimiento de la investigación científica y
tecnológica en materias ambientales.

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Hay que incluir la deshumanización de las ciudades dentro del tema ecológico porque llega hasta
la concepción de la salud y al malestar social. Nuestras ciudades están fragmentadas,
contaminadas y agresivas, unas donde se pasan horas para llegar al trabajo y devolverse a casa.

Hay barreras físicas, simbólicas y psicológicas, desniveles socio-económicos. La educación


reaparece como búsqueda de armonía, de tolerancia, de justicia social y de solidaridad. Hay que
recurrir a la práctica de la ciudad como entidad educadora en lucha compartida entre organismos
nacionales y locales en la difusión de valores y de ideas para el cuidado de los espacios comunes,
el respeto, el comportamiento de los conductores, la lucha contra las drogas y la conservación.
He dicho anteriormente que los más pobres contaminan más porque no tienen como evitarlo y
para su sobrevivencia deben afectar en manera creciente bienes primordiales.

La ciudad debe ser considerada como un ecosistema. Los aspectos culturales son un prerrequisito
para enfrentar la tarea de humanización. El retardo injustificado e intencional de la elección de
concejales es entre nosotros una muestra de perversión contra el Municipio en aras de un
proyecto de reorganización territorial inaplicable. Hasta el Parque del Este, el maravilloso
pulmón de Caracas, ha sido intervenido por causas políticas, como lo es la eliminación de una de
las carabelas de Colón para sustituirlo por un proyecto que terminó en un inmenso hueco que
ahora rellenan porque existen ³otras prioridades´. Hay que unificar, sin olvidar variantes, las
ordenanzas de protección ambiental y crear un Tribunal de Faltas Ambientales.

Enfrentar la situación de las zonas de ³ranchos´ será uno de los asuntos más complejos, pero la
experiencia existente en otras naciones del mundo bien puede colocarnos en el camino correcto.
Si partimos de la ciudad como eco-sistema la enfrentaremos, como todo lo de la ciudad en
general, esto es, mirando los recursos vivificantes, la estructura física y la estructura social, la
participación comunitaria.

Hay serios problemas de urbanismo. Nuestras ciudades han crecido anárquicamente, no se han
construido vías internas en muchos años y capaces de absorber el pesado tráfico, pero tampoco
se ha establecido un sistema de transporte colectivo que incentive al abandono diario del uso del
automóvil particular. Los urbanistas tendrán que trabajar duro y las inversiones milmillonarias
deberán llegar. Se dice fácil, pero la tarea de humanizar nuestras asfixiantes ciudades constituye
un reto de inmensas proporciones, uno que incluye reformas urbanas, vialidad, pero también
educación y cultura. El rompimiento de las barreras, el encuentro en los espacios adecuados para
el compartir, el acceso a los medios comunes de desahogo y lo que algunos urbanistas han
llamado ³el espacio para la vida entre edificios´ requerirá del mayor esfuerzo.

Es así, como expresamos algunas ideas sobre el ambiente. Como siempre, el político tiene ideas
de lo que sueña ver realizado. Las materializarán los equipos de gobierno aptos y capaces. Lo
propongo.

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El ciclo del petróleo terminará. El mundo requiere energía, pero las exigencias
medioambientales, de costos y de geoestrategia llevan a la búsqueda de alternativas. No sabemos
cuántos años le quedan al petróleo en su preeminencia, pero sí que Venezuela es un petroestado
y que deberíamos prepararnos para cuando este oro negro ya no valga el interés ni los dólares.

Vivimos en la dependencia de los precios petroleros. Gastamos más de la cuenta cuando suben,
tratamos de ahorrar en fondos especiales cuyo destino es diluido no se sabe cómo, importamos a
manos llenas en una desaforada economía de puertos, nos endeudamos en lo externo y en lo
interno.

La historia de como el período democrático ±y lo cito simplemente para contrastar con este-
enfrentó el tema petrolero es conocido, creación de la OPEP, creación de CVP, término de las
concesiones, internacionalización y nacionalización, sólo por mencionar algunos picos de este
gráfico. Se tomaron, igualmente, medidas sobre el gas natural y se legisló abundantemente sobre
bienes afectos a reversión, sobre reserva al Estado del mercado interno. PDVSA era admirada en
el mundo, la política estaba fuera de sus puertas, se reinvertía en ella para mantener la
producción. CITGO fue adquirida en 100 por ciento, así como la mitad de VEBA OEL, vendida
la segunda y con el propósito de salir rápidamente de la primera, en un proceso que he llamado
de venta de activos para evitar posibles sanciones económicas ante un zarpazo definitivo a la
institucionalidad democrática.

Con el llamado paro petrolero fueron echados a la calles casi 20 mil funcionarios de nuestra
empresa, se rompió lo que ellos habían denominado ³meritocracia´ y se sumió en serios
problemas a la industria. Hoy podemos decir que PDVSA ha perdido capacidad de producción y
de refinación, se ha entrado en un proceso extraño de canje petrolero por vaquillas y otros
elementos, se usa el petróleo como arma política de penetración revolucionaria y se subsidia a
numerosos países que, atraidos por el olor a dólares, aceptan incluirse en el proyecto ³socialista´
del actual gobierno.

Las estadísticas de producción señaladas por el gobierno no coinciden con las mencionadas por
la OPEP ni por ningún organismo o publicación independiente que siga el negocio petrolero en
el mundo. El personal empleado por PDVSA ha subido escandalosamente, convirtíendose en
fuente de empleo burocrático. En efecto, ahora se senala en unos 97.591 empleados contra unos
69 mil existentes para el momento de la intervención grotesca despidiendo personal altamente
calificado en cadena de TV y con un pito. Es decir, antes se producían 48 barriles por persona
empleada, ahora 23 barriles por persona empleada.

Numerosas demandas cursan contra PDVSA con la amenaza de que los arbitrajes puedan
costarnos ingentes sumas. PDVSA es inauditable y costará un largo esfuerzo volverla a su
condición de productora de petróleo, a su eficiencia administrativa. Está pendiente hacerle
justicia a los miles de compatriotas despedidos que hoy sirven en el exterior o que se quedaron
dedicados a actividades muy distintas de aquellas para las cuales se formaron.

En el terreno de las decisiones políticas hay que separar de inmediato las funciones de Ministro
de Minas y de Presidente de PDVSA. En este terreno es obvio, también, que no se pueden
formular programas para un período de gobierno sino un plan que abarque un largo espacio de
tiempo, sujeto a las correcciones necesarias sí, pero de largo aliento, por lo que deberá contar con
un consenso básico. PDVSA necesitará una reorientación urgente para que se dedique a ser
operador del negocio petrolero y energético, despojándola de inmediato de otras atribuciones y
misiones con las que nada tiene que ver. Esas otras actividades, que deben mantenerse, deben ir a
los organismos específicos del Estado, por ejemplo los destinados al combate a la pobreza. Su
reorganización debe ir hacia la creación de subdivisiones específicas. Hay que hacer una revisión
muy cuidadosa de los convenios de suministro y de exploración de la Faja del Orinoco. PDVSA
debe cotizar en la bolsa un bajo porcentaje de sus acciones. Y un planteamiento clave: es ahora
cuando debemos alzar nuestra producción todo lo que podamos, por las condiciones del mercado
y el proceso indetenible de sustitución de fuentes de energía. Deberemos fomentar la preparación
de ingenieros, geólogos y químicos, además del rescate de nuestra gran riqueza humana en el
área. En el plano ético debemos rescatar al Rómulo Betancourt de ³Venezuela, política y
petróleo´ porque allí había un sueño, uno adaptable a este tiempo, pero bajo su ímpetu y visión
transformadora.

Es menester una revisión cuidadosa de la estatización a que fueron sometidas, especialmente en


el Zulia, numerosas empresas privadas prestadoras de servicio a la industria petrolera, porque
con ello se cortó la iniciativa particular y se sometió a sus trabajadores a una situación irregular.
Es necesario revitalizar la industria del gas y la petroquímica. La seguridad jurídica es esencial
no sólo en el negocio petrolero sino en cualquier posibilidad de recepción de inversión extranjera
que en otro texto señalé como condicionada a la transferencia tecnológica.

Responsablemente estimo que, si bien no se necesitan dotes adivinatorias para saber el estado en
que el nuevo gobierno democrático encontrará a PDVSA, es temprano para emitir una opinión
tajante de liquidarla y proceder a la construcción de un nueve ente petrolero. Seguramente
PDVSA, o la nueva empresa, deberá ser de menor tamaño y con mayores alianzas con las
universidades, centros de investigación y de enseñanza y a la infraestructura industrial nacional,
tal como lo ha propuesto sabiamente ³Gente del petróleo´. Hay que pensar también en la
posibilidad de abrir sus acciones a la gente común, al venezolano que es realmente el dueño de la
riqueza petrolera, con limitaciones por supuesto, para evitar una privatización que rechazamos de
plano y tal como sucede con Ecopetrol y Petrobras.
He hablado de que enfrentamos la transición más difícil de nuestra historia y ello incluye,
obviamente, a la industria petrolera. Habrá que garantizar de entrada la despolitización, el
nombramiento de una nueva directiva de la Casa Matriz sujeta a calidad y competencia y dejarle
a ella, sin interferencias, la designación directiva en sus diferentes categorías. Tal como también
lo propone ³Gente del petróleo´ se hará esencial un acuerdo con los sindicatos petroleros, una
garantía a socios, contratistas y proveedores de continuidad, aunque ello no obvie la detección de
eventuales compromisos dañinos a los intereses nacionales. Hay que extender una invitación
abierta a todos nuestros técnicos, geólogos e ingenieros, hoy desperdigados por 21 países, a un
regreso que seguramente será imposible de atender por buena parte de ellos, ya que habrán
adquirido compromisos irrenunciables, pero puedan regresar o no hay que otorgarle los
beneficios de ley que le fueron negados arbitrariamente por este régimen. Igualmente debe
garantizarse a los trabajadores incorporados después del 2002 que no habrá represalias políticas
de ningún tipo y que sólo basta la competencia y calificación para mantenerse trabajando por el
país desde el negocio petrolero.

Ciertamente la nueva directiva de PDVSA deberá tomar medidas técnicas y previsiones para
garantizar la continuidad de las operaciones. Eso estará garantizado por la idoneidad y la
presteza ejecutiva de los designados. La tarea será difícil y compleja, una que equivaldrá en la
práctica a una renacionalización del petróleo. Lo propongo.

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El proyecto del presente régimen está contenido en el llamado ³Ê   

 
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   . Precisamente en el 2013 deberá tomar posesión el
nuevo gobierno democrático y deberá establecer lo que comúnmente se ha denominado ³Plan de
la Nación´. Allí deberán estar los conceptos claves de un proyecto de país. Por la complejidad
del tema lo abordaré en un texto que publicaré como un folleto separado. Hasta ahora he
desarrollado ideas para un plan de gobierno, pero hay que enmarcarlo en el concepto general del
país que se quiere y para eso hay que fijar los grandes lineamientos. Lo haré y lo propondré

teodulolopezm@yahoo.com