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Escuela para padres

Al apoyar a los hijos, ¿cuál es el límite?

Jorge y Norah Zuloaga

En un estudio de campo realizado entre papás, se les preguntó qué pensaban con
relación al apoyo que como padres deberían dar a sus hijos.

Un elevado porcentaje respondió que los padres tienen la obligación de apoyar a


sus hijos. Sin embargo, al preguntar sobre el tipo de apoyo que conviene darles,
las respuestas se enfocaron más a proporcionar recursos económicos -pago de
colegiaturas, clases extra, libros, etc.-, que a dedicar tiempo y esfuerzo a convivir y
a dialogar con ellos, conocer sus inquietudes, orientarlos, aclarar sus dudas e
intercambiar puntos de vista cuando tienen que tomar decisiones.

¿Padres o proveedores?
Existen elementos y evidencias que demuestran que muchos papás están
limitando su papel al de proveedores de sus hijos, especialmente cuando llegan a
los niveles de preparatoria y universidad.

Esa mentalidad, sumada a la dinámica de la vida actual, hace que los hogares se
conviertan en hoteles, a donde los hijos llegan a dormir y, en ocasiones, a comer.
Los habitantes de la casa entran y salen a diferentes horas y, en muchos casos,
rara vez se encuentran, lo que limita las posibilidades de interacción y de diálogo.

En esas condiciones los hijos se mueven carentes de contacto y guía por parte de
sus padres y los padres simplemente dejan que la vida siga, pues consideran que
a esas edades los hijos pueden manejarse solos.

Convencidos de lo anterior, muchos papás se desentienden de su responsabilidad


de mantenerse en contacto continuo y estrecho con los hijos, de estar al tanto de
sus actividades, de escucharlos, de reflexionar junto con ellos, de dialogar e
incluso de confrontar con ellos algunas situaciones para ayudarles a tomar
decisiones inteligentes y a que puedan dar rumbo a sus vidas con una visión de
largo plazo y no sólo basándose en la emoción del momento.

Comunicarse con los hijos: la clave


Hay papás que han manifestado -literalmente- que “le tienen miedo a sus hijos”,
pues no saben cómo van a reaccionar si tratan de comunicarse con ellos. Por ello,
muchos prefieren mantenerse al margen y reducir al mínimo el contacto con los
hijos, en lugar de analizar el por qué de ese miedo para buscar un cambio que
aporte soluciones.

Los adolescentes son personas en proceso de desarrollo que requieren de


orientación, apoyo y seguimiento. Si bien es sano que vayan adquiriendo

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independencia y que tomen decisiones por su cuenta, pues eso les ayuda a seguir
madurando, también es cierto que la independencia y la libertad de acción tienen
que irse ejerciendo gradualmente, conforme vayan demostrando su capacidad
para actuar con responsabilidad.

¿Qué tan acelerado o lento debe ser ese proceso? Todos los papás que tienen
dos o más hijos saben perfectamente que no hay dos hijos iguales: cada uno es
diferente, especial, único e irrepetible. Entonces, si estamos convencidos de ello,
¿por qué queremos encontrar fórmulas o recetas que puedan aplicarse a todos los
hijos por igual?

Los padres deben estar conscientes de la necesidad que tienen sus hijos de guía
y apoyo; deben mantenerse en contacto con cada uno de sus hijos para descubrir
cuánto seguimiento requieren, de acuerdo con sus características particulares. No
obstante las diferencias, hay que tener presente que el contacto y la comunicación
con cada hijo es vital y que el imponer límites es necesario; pero si los padres
establecen límites no razonables, los hijos harán también demandas no
razonables.

“Gerente” de la familia
Recientemente, el grupo Gallup* realizó una investigación que se enfocó a analizar
los resultados de más de un millón de encuestas aplicadas entre empleados y
trabajadores de varios cientos de empresas.

Los hallazgos permitieron demostrar, con datos estadísticos, algo que se intuía,
pero que no se había probado de manera contundente: que los trabajadores más
satisfechos con su trabajo eran quienes obtenían mejores resultados; esos
mismos trabajadores consideraban que contaban con los mejores recursos para
desarrollar su actividad con calidad y responsabilidad.

Lo interesante del estudio fue que otros trabajadores, que contaban exactamente
con los mismos recursos, opinaban en forma totalmente diferente: los que tenían
peores resultados, opinaban que no contaban con los recursos necesarios para
realizar bien su trabajo.

¿A que se debían esas diferencias de percepción? El estudio llegó a encontrar la


respuesta: la evaluación que los trabajadores hacían de los medios con los que
contaban, dependía de cómo realizaba su trabajo el gerente.

Los gerentes que hablaban a menudo con los trabajadores, que señalaban con
claridad lo que esperaban de cada uno de ellos, que los hacían sentirse
apreciados, que los felicitaban por sus logros y les señalaban oportunamente sus
áreas de oportunidad, lograban un desempeño extraordinario de su gente.

Por el contrario, los gerentes que no daban importancia a ese tipo de acciones,
obtenían resultados insatisfactorios, aún cuando su personal contara con todas las
herramientas y los recursos necesarios para hacer bien su trabajo.

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En esta investigación salió a relucir un aspecto humano fundamental: los seres
humanos necesitamos ser tomados en cuenta, queremos sentirnos apreciados,
nos alegramos cuando las personas con las que nos relacionamos reconocen
nuestros logros, especialmente si tienen cierto grado de autoridad sobre nosotros.
Asimismo, nos sentimos apoyados cuando, de manera objetiva, se nos indica en
qué podemos mejorar y se nos guía para lograrlo.

Si la diferencia en los resultados reside en la manera de “ser gerente”, ¿no será


también importante la manera de “ser papás”, cuando se quiere ayudar a los hijos
a lograr resultados extraordinarios?

Es importante…
Si se tiene un auténtico interés en apoyar a los hijos, vale la pena tomar en cuenta
lo siguiente:

Los hijos necesitan apoyo. Los adolescentes son personas en proceso de


desarrollo, que requieren de orientación, apoyo y seguimiento. Todavía en los
niveles de preparatoria y universidad, los hijos necesitan de orientación,
especialmente de sus padres.
Hay que evitar permitir que la vida simplemente transcurra, que “las cosas
sucedan”. Es fácil dejarse llevar por la actual corriente de activismo y no hacer un
esfuerzo para mantenerse en comunicación e intercambio de opiniones con los
hijos. Mantener vivas las relaciones entre padres e hijos y promover la
comunicación es difícil, pero vale la pena.
El apoyo no debe limitarse a lo material. Cuando los padres descubren que su
papel se ha limitado a ser proveedores de sus hijos deben ponerse en acción:
deben proponerse dedicar tiempo a convivir y dialogar con ellos, a conocer sus
inquietudes, a orientarlos, a aclarar dudas y a intercambiar puntos de vista cuando
los hijos tienen que tomar decisiones.
El tipo e intensidad del apoyo debe individualizarse. Es necesario mantenerse
cerca de cada hijo para descubrir cuánto seguimiento requiere de acuerdo con su
forma de ser y sus características particulares.
Hay que tener presentes los elementos “básicos” de toda relación. En la
relación padre-hijo es básico tomar a los hijos en cuenta, hacerlos sentirse
apreciados, reconocer sus logros, señalarles de manera objetiva en qué pueden
mejorar y guiarlos para que puedan lograr ese mejoramiento.
* El Grupo Gallup es una de las organizaciones más importantes a nivel mundial, para la
realización de todo tipo de encuestas. En México, ha dirigido algunas de las encuestas de salida
durante las elecciones.

Jorge Zuloaga Chávez obtuvo el título profesional de Licenciado en Sociología y en Economía en


la Universidad de Monterrey. Estudió Maestría en Administración en el Tecnológico de Monterrey y
Maestría en Desarrollo Organizacional en la Universidad de Pepperdine, en Estados Unidos.
Actualmente es consultor de empresas.

Norah Zuloaga estudió la licenciatura en Educación en la Escuela Normal Labastida, de Monterrey,


N. L., y cursó un diplomado en Desarrollo Familiar. Actualmente ofrece consultoría familiar.