Sie sind auf Seite 1von 3

Capacite a sus santos

por George Mallone


2 COMENTARIOS
El estilo de su liderazgo puede ser el factor más importante en el desarrollo de
nuevos obreros en su ministerio.

Carlos me llamó y me pidió: «Pastor, tengo un amigo en el hospital.


¿Podría visitarlo para llevarle la palabra de Dios?» Yo soy el primero en creer que un
ministerio hospitalario debe ser parte de las actividades de la congregación local, pero en
esta ocasión particular respondí: «Carlos, mi función como pastor es capacitarte para la
obra del ministerio, no cumplirla yo en tu lugar. ¿Por qué no visitas tú a tu amigo y le
presentas la palabra del Señor? Luego me puedes compartir tu experiencia de manera que
yo pueda ayudarte a seguir creciendo en este servicio».

La tarea de capacitar a otros exige esfuerzo y perseverancia Como usted se podrá imaginar,
luego de cortar la llamada, me asaltaron las dudas. «¿Habré sido muy duro con Carlos?» —
me pregunté. «¿Será que simplemente estoy optando por el camino del menor esfuerzo?».
Pero después de meditar por unos minutos arribé a esta conclusión: La capacitación de
los santos para la obra del ministerio es mi principal función. Desempeñar yo el trabajo del
ministerio es el camino más sencillo, pero mi compromiso de capacitar al pueblo de Dios
me insta a soportar situaciones por las que algunos se sentirán incómodos. El amor hacia
ellos, sin embargo, me moverá a insistirles a que aprendan a efectuar el trabajo del
ministerio, así cada uno acabará ocupando su lugar correspondiente en el cuerpo de Cristo.
Seguramente, esta es una de las razones que movieron a Jesús a desafiar a los Doce a que
ellos mismos dieran de comer a los cinco mil.

La tarea de capacitar a otros exige esfuerzo y perseverancia. Quisiera sugerir que el proceso
comenzará cuando nosotros, los pastores, estemos dispuestos a rediseñar el trabajo de
llevar adelante nuestro ministerio.

Redefina su función
Comience a evaluar su función como líder. Según Efesios 4 la tarea primordial de apóstoles,
profetas, evangelistas, pastores y maestros es capacitar a los santos para la obra del
ministerio, no llevar adelante ellos mismos esa tarea. Muchos pastores creen
teológicamente en el concepto del sacerdocio universal del creyente, pero, en la práctica,
viven como si solamente ellos fueran los llamados y capacitados para el ministerio. Hasta su
lenguaje delata su perspectiva, pues hablan de un llamado «al ministerio de tiempo
completo».

No es suficiente con que usted tenga en claro su función. Debe proclamarlo públicamente,
enseñando a las personas a las que sirve que su tarea primordial es formarlos. Además,
afirme el valor de los dones y las capacidades observadas en sus discípulos. Demuéstreles
que usted realmente cree en la riqueza del cuerpo de Cristo, manifestada en cada miembro.

Diseñe estructuras apropiadas


Si usted no crea las estructuras necesarias para que las personas puedan experimentar y
ejercitar sus dones, sus enseñanzas al respecto no fructificarán. Más bien, les dará motivos
para sentirse frustradas, pues no encontrarán el espacio para utilizar sus dones. Por
ejemplo, no surgirán otros predicadores en la congregación si usted insiste en ser el único
que comparte la Palabra con ellos. Muchos domingos no predico, permanezco en la reunión
para que otros hermanos de la congregación me ministren con la Palabra. Es una de las
maneras en que demuestro mi convicción de que, entre nosotros, existen muchos
predicadores.

Conozca sus prioridades


Las prioridades en el ministerio pocas veces se refieren a elegir entre lo bueno y lo malo. En
la mayoría de los casos giran entorno a escoger lo mejor entre muchas opciones buenas. En
el caso que compartí al inicio de este artículo, hubiera sido bueno que yo visitara a la
persona hospitalizada; pero la posibilidad de capacitar a otro para esa obra era una opción
aún mejor que la primera.

Para ordenar sus prioridades usted debe anticiparse a las consecuencias de sus propias
acciones y decisiones. Para ello pregúntese en cada circunstancia si el camino escogido es el
que producirá mayor fruto para el ministerio. En cada situación me resulta útil plantearme
las siguientes preguntas: • ¿Hay alguien en mi grupo que realice mejor esta tarea que yo? •
¿Es esta una oportunidad para capacitar a otros? • ¿Esta actividad encaja bien con los
objetivos y las metas que me he propuesto para el ministerio?

Delegue con fe
Confiar en otros para que desarrollen un proyecto siempre procede de una actitud de fe.
Muchas veces queremos convencernos de que no les delegamos responsabilidades a las
personas porque ellas no están listas para cargar con ellas. Con frecuencia, sin embargo, el
problema no radica en la incapacidad de ellos sino en los temores de nuestros propios
corazones. Para confiar en otros usted deberá enfrentar estos temores. Si no ha trabajado
nada para capacitar a los demás quizás sus temores estén bien fundados; no obstante, si ha
invertido en sus vidas confíe en que su esfuerzo no ha sido en vano.

Busque su reemplazo
Es muy fácil trabajar de tal manera que usted y yo nos volvamos indispensables para la
continuidad del ministerio: simplemente necesitamos centrar todas las decisiones y
actividades en nuestra propia persona. El problema se verá cuando usted salga de ese
ministerio, por el motivo que sea, pues toda la estructura se desmoronará, porque ya no
está la persona que la sostenía.

El ministro sabio comienza a trabajar, desde el primer día, para aquel momento en el que
otros lo sucederán. De esta manera asegurará que la transición generada por su salida sea lo
más manejable posible. Lejos de socavar su propio ministerio, preparar a su sucesor le
abrirá puertas para que avance a nuevos y mayores desafíos en el servicio a Cristo, pues al
que ha sido fiel en lo poco se le encargarán asuntos mayores.

Celebre la diversidad
A medida que sus discípulos se vayan afianzando en el servicio aproveche cada situación
para animarlos y reconocer, en público, su aporte al ministerio. Esta es una de las maneras
más claras para que usted revele su convicción de la riqueza de la diversidad de dones que
existen en el Cuerpo. Además del impacto de este proceder en la congregación, se genera
también ánimo y confianza en el corazón de las personas que usted capacita, pues ellas
comprueban que su aprobación y apoyo es genuino. Aun cuando las personas fracasen en
sus intentos de ejercitar sus dones, jamás olvide que su tarea consiste en edificar y levantar,
no en destruir ni humillar.

Descentralice actividades
Uno de los elementos que inhiben el crecimiento de los individuos es la tendencia, en la
iglesia moderna, de centrar sus actividades y programas en un solo edificio, el salón donde
se reúnen. Para muchas personas esto implica un obstáculo porque sus compromisos y
horarios no les permiten desarrollar un ministerio en ese lugar. No obstante, sí disponen de
tiempo y voluntad para trabajar en otros proyectos fuera de ese ámbito, como servir en sus
propios barrios o lugares de trabajo.

Para que ellos puedan crecer hacia estos objetivos es importante que usted, como líder,
ayude a la congregación a entender que el ministerio es fruto de la acción de los hijos de
Dios, ya sea reunidos como cuerpo, o dispersos por los diferentes lugares donde llevan
adelante su vida cotidiana. De esta manera podrán surgir gran diversidad de ministerios
que no necesariamente requieren de la estructura centralizada de la iglesia.

Conclusión: Las actitudes y convicciones que sustentan su propio ministerio pueden


contribuir más al levantamiento de nuevos líderes que las acciones directas en el servicio.
La capacitación de los santos comienza a ser parte de la realidad de nuestros ministerios
cuando creemos, en nuestros corazones, que ella es el eje central de nuestra vocación de
liderazgo. ¡Todo lo demás fluye de esta convicción!

Preguntas para estudiar el texto en grupo

1. El autor de este artículo es pastor. ¿Cómo define él su función principal dentro de la


Iglesia?
2. Identifique los pasos prácticos que él ha tomado para ministrar según esa función.
3. ¿Cuáles obstáculos identifica en su trabajo de liberar el potencial que posee cada
creyente?
4. ¿Por qué la capacitación de los santos debe comenzar primeramente con una convicción
que se gesta en el corazón del pastor o líder?
5. ¿Qué pasos prácticos puede tomar usted para anticiparse a las consecuencias de sus
acciones en el ministerio? ¿Por qué resulta de vital importancia este ejercicio?
Se adaptó de «Developing an Eager Church». © Christianity Today, 1997. Todos los derechos reservados. Los derechos de la
traducción pertenecen a Desarrollo Cristiano Internacional, ©2010. Se publicó en Apuntes Pastorales XXVII-6, edición de julio –
agosto de 2010.