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TEOLOGIA DEL
NUEVO
TESTAMENTO
Rudolf
Bultmann

SIGUEME

U
~
RUDOLF BULTMANN

Nace en 1884. Fue profesor en Marburgo


desde 1921 hasta 1951 . Se asoció con K.
Barth y otros contra la vieja teología liberal
de Harnack. Trabajó especialmente en estu-
dios sobre el Nuevo Testamento siguiendo
una línea de crítica histórico-literaria. Intentó
comprender el cristianismo desde dentro, in-
terpretándolo como una posibilidad radical
del hombre. Murió en 1976. Es uno delos es-
crituristas más importantes de la teología
protestante.
OBRAS:

Creer y comprender, 1974; Historia y escato-


fogia, 1974; Das Evangefium des Johannes,
1941; Jesucristo y mitofogia, 1970; Historia
de fa tradición sinóptica, 2000.

EDICIONES SíGUEME
Tiene el lector en sus manos uno de los libros Biblioteca
más representativos e influyentes de la literatu-
ra teológica del siglo XX. En ningún otro lugar de Estudios
se han encontrado y fecundado con fuerza se- Bíblicos
mejante exégesis bíblica, comprensión herme-
néutica y formulación sistemática del nuevo
testamento. Durante más de veinte años, esta
teología ha dominado la visión teológica neo-
testamentaria. Nadie en este tiempo se ha atre-
vido a replicar con eficiencia mediante la ela-
boración de un trabajo semejante. Bultmann ha
impresionado a todos los teólogos, incluso ca-
tólicos, y también al hombre contemporáneo
porque ha buscado la comprensión del men-
saje de los textos haciendo posible entender
el cristianismo como una posibilidad radical
del hombre.
Durante muchos años, la obra de Bultmann, a
pesar de sus limitaciónes, seguirá ofreciendo
un punto de referencia obligado para investiga-
dores, exegetas, pensadores y, ¡ojalá!, la gente
de la calle.

ISBN: 84-30 1-0833 -5

9 788430 108336
RUDOLF BULTMANN

Nace en 1884. Fue profesor en Marburgo


desde 1921 hasta 1951 . Se asoció con K.
Barth y otros contra la vieja teología liberal
de Harnack. Trabajó especialmente en estu-
dios sobre el Nuevo Testamento siguiendo
una línea de crítica histórico-literaria. Intentó
comprender el cristianismo desde dentro, in-
terpretándolo como una posibilidad radical
del hombre. Murió en 1976. Es uno delos es-
crituristas más importantes de la teología
protestante.
OBRAS:

Creer y comprender, 1974; Historia y escato-


fogia, 1974; Das Evangefium des Johannes,
1941; Jesucristo y mitofogia, 1970; Historia
de fa tradición sinóptica, 2000.

EDICIONES SíGUEME
TEOLOGÍA DEL NUEVO TESTAMENTO
TEOLOGÍA DEL NUEVO
TESTAMENTO
BIBUOTECA DE ESTUDIOS BÍBUCOS

32
RUDOLF BULTMANN

EDICIONES SIGUEME
SALAMANCA
1981
CONTENIDO

XABIER PIKAZA: Presentación de la edición castellana. . . . . . . . . . . . . 11


Tabla de abreviaturas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35

1. PRESUPUESTOS Y MOTIVOS DE LA TEOLOGIA NEOTES-


TAMENTARIA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37

1. LA PREDICACIÓN DE JESÚS . 39
§ 1. La predicación escatológica . 41
§ 2. La explicación de la exigencia de Dios . 49
§ 3. La idea que Jesús tiene de Dios . 60
§ 4. La cuestión de la autoconciencia mesiánica de
Jesús . 64

2. EL KERIGMA DE LA COMUNIDAD PRIMITivA . 73


§ 5. El problema de las relaciones entre la predi-
Digitalizado por Nalandaster (Gracias!!) cación de la comunidad primitiva y la de
Jesús . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74
Limpiado y mejorado por eltropical § 6. La comunidad primitiva como comunidad
escatológica 79
§ 7. La significación de Jesús para la fe de la
comunidad primitiva 86
§ 8. Comienzos de la formación de formas ecle-
siásticas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98
Título otiginal: Thcologie des Neuen Testarnents 3. EL KERlGMA DE LA COMUNIDAD HELENÍSTICA ANTES Y EN
Tradujo: Víctor A. Martíncz de Lapera
TIEMPO DE PABLO . 109
© J. c. B. Mohr (Paul Siebeck). Tübingen 1958
© Ediciones Síguerne, S A.. 1980 § 9. La predicación acerca de Dios y de su juicio,
Apartado 332 - Salamanca (España) de Jesucristo el juez y salvador y la exigencia
ISBN: 84-301-0833-5
de la fe '" " ., . 111
Depósito legal: S. 128-1981
Prmted in Spain § 10. La conciencia de iglesia y la relación con el
EUROPA Artes Gráficas. Sánchez Llevot, 1. Salamanca mundo . 139
8 Contemdo Contenido 9

§ 11. La relación con el judaísmo y el problema 3. LA FE . 372


del AT .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156
§ 35. La estructura de la nío r«; . 373
§ 12. Kyrios e Hijo de Dios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 170
§ 36. La vida en la rrío ru; . 383
§ 13. Los sacramentos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183
§ 37. La mor«; como acontecimiento escatológico . 389
§ 14. El Espíritu ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 206
§ 15. Motivos gnósticos 217 4. LA LIBERTAD . 390
§ 38. La libertad de pecado y el caminar en
n. LA TEOLOGIA DE PABLO Y DE JUAN . 237
Espíritu . 391
4. LA TEOLOGÍA DE PABLO . 239 § 39. La libertad de la ley y la postura frente a los
§ 16. La posición histórica de Pablo . 240 hombres . 401

A) EL HOMBRE ANTES DE LA REVELACIÓN DE FE . 244 § 40. La libertad frente a la muerte . 407

1. Los CONCEPTOS ANTROPOLÓGICOS . 245 5. LA TEOLOGÍA DEL EVANGELIO Y DE LAS CARTAS DE JUAN . 417

§ 17. El concepto orojlU . 246 § 41. El lugar histórico de Juan . 418


§ 18. 'Pux.tí, 1tVEUjlU y srotí . 257 A) EL DUALISMO DE JUAN . 430
§ 19. Noüc y OUVEÍOr¡OlC; . 265
§ 42. Mundo y hombre . 430
§ 20. Knpéíu . 274
§ 43. El determinismo de Juan . 436
2. CARNE, PECADO Y MUNDO . 281
§ 44. La perversión de la creación en mundo . 441
§ 21. Creación y hombre . 281
§ 22. El concepto oáp~ . 286 B) EL JUICIO DEL MUNDO . 448
§ 23. Carne y pecado . 293 § 45. El envío del Hijo . 448
§ 24. Pecado y muerte . 300 § 46. El escándalo del ó A.óyoC; oáp~ EytVE'tO . 456
§ 25. La universalidad del pecado . 304 § 47. La revelación de la Oó~u . 466
§ 26. El concepto KÓOjlOC; . 309 § 48. La revelación como la Palabra . 477
§ 27. La ley .. 314
C) LA FE.. .. .. .. .. .. 487
B) EL HOMBRE BAJO LA FE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 325
§ 49. La fe como el escuchar la Palabra. . . . . . . . . . 488
1. LAJUSTICIA DE DIOS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 325
§ 50. La fe como existencia escatológica. . . . . . . . . 492
§ 28. El concepto de OIKUlOOÚVr¡ . . . . . . . . . . . . . . . 326
§ 29. La presencia de la OIKUIOOÚvr¡ . . . . . . . . . . . . . 330 III. LA EVOLUCION HACIA LA IGLESIA ANTIGUA. . . . . . . . . 513
§ 30. La OIKUlOOÚVr¡ como justicia de Di,2s . . . . . . . 335
6. NACIMIENTO y PRIMER DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN
§ 31. La reconciliación .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 342
ECLESIÁSTICA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 515
2. LA GRACIA 344
§ 51. Comunidad escatológica y organización ecle-
§ 32. La X.áplC; como acontecimiento. . . . . . . . . . . . 344 siástica 516
§ 33. Muerte y resurrección de Cristo como acon- § 52. Los oficios eclesiásticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 521
tecimiento salvífico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 349 § 53. La transformación de la autocomprensión de
§ 34. La palabra, la iglesia, los sacramentos. . . . . . 364 la iglesia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 533
10 Contenido

7. EL DESARROLLO DE LA DOCTRINA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 543


§ 54. Paradosis y tradición histórica . . . . . . . . . . . . 543
§ 55. El problema de la recta doctrina y el na-
cimiento del canon neotestamentario . . . . . . 553
§ 56. Motivos y tipos .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 568
§ 57. Teología y cosmología . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 571 PRESENTACION DE LA EDICION CASTELLANA
§ 58. Cristología y soteriología . . . . . . . . . . . . . . . . . 581
8. EL PROBLEMADE LA CONDUCTA CRISTIANA 631
Tiene el lector en sus manos uno de los libros más representati-
§ 59. La comprensión del imperativo.. .. .. 631 vos e influyentes de la literatura teológica del siglo XX. En ningún
§ 60. El contenido de la exigencia y la postura otro lugar se han encontrado y fecundado con fuerza semejante exé-
frente a los diversos ámbitos de la vida . . . . . 646 gesis crítica, comprensión hermenéutica y formulación sistemática
§ 61. La disciplina. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 660 del NT. Quien sepa ya qué es teología, quien conozca a Bultmann y
distinga los estratos del NT vaya directamente al texto de la obra.
EpÍLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 667 No tendrá necesidad de introducciones. Quien esté menos seguro
Indice gnégo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 685 en todos esos campos puede acompañarnos. Pretendemos ir marcan-
Indice de citas bíblicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 689 do los hitos de-un camino que nos sirva de ayuda en la lectura de R.
Indice de referencias patrísticas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 721 Bultmann.
Indice de materias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 731 Indicamos ya al principio que esta obra no es ninguna especie de
Indice de autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 739 aerolito que ha caído inesperado de los cielos. Le preceden otras
muchas teologías del NT que a lo largo de un esfuerzo que ya dura
siglo y medio han conseguido abrir un tipo de camino en la gran
selva de visiones exegéticas. Así lo ha señalado el mismo Bultmann
en la nota final o epilegómena que se halla recogida en este libro.
Al enfrentarnos con las teologías del NT advertimos que con ellas
acontece lo mismo que A. Schweitzer señaló respecto de las vidas de
Jesús: son muy hermosas, están llenas del encanto de los nuevos
tiempos, pero acaban revelándose impotentes a la hora de llevarnos
hasta el Cristo; en cada una de ellas se refleja el ideal del propio
autor o de su escuela; así tenemos unJesús idealista, liberal, román-
tico, revolucionario o moralista 1.
Apliquemos el esquema a las teologías del NT. Situándonos en
la época prebultmanniana (anterior al 1948-1953), podemos distin-
guir entre ellas cuatro tipos fundamentales. 1. Hay una perspectiva
idealista, qUI1 representan los discípulos de Hegel y de forma espe-
cial F. Chr. Baur, Vorlesungen über neutestamentlichen Theologie,
Leipzig 1864: el NT refleja el momento culminante de la autoexpli-
cación del Espíritu que, expresándose enJesús de forma suprema, se

1. Cf. A. Schweitzer, Geschichte der Lebenjesu-Forschung e1906; 2 1913),


München 1966 (con introducción de]. M. Robinson).
12 Presentactán de la edzczón castellana Presentactán de la edzczón castellana 13

despliega en la iglesia primitiva en un proceso dialéctico de tesis- de riqueza hermenéutica. Sabemos que no existe el hecho en sí, ni
antítesis-síntesis, personificado en Pedro-Pablo-Lucas. 2. Hay una la verdad desnuda, separable del proceso de búsqueda del hombre
perspectzo« ltberal o moralista, reflejada en los autores más cercanos que la acepta y que la estudia. Como documento privilegiado de
a la línea neokantiana; según ellos, Jesús es ante todo el promotor una experiencia primigenia, el NT puede y debe ser leído a partir
de un ideal de fidelidad ética y apertura hacia Dios que se desvela de diversas perspectivas. Todas son valiosas, si respetan y actualizan
como Padre providente. La vida de Jesús, reconstruible a partir de la el impulso más profundo de los textos. Eso no supone que ellas sean
crítica histórico-literaria, constituye el centro de la teología del NI. indiferentemente iguales. Nada de eso. La validez de cada teología
Así lo supone, de forma clásica, H. J. Holtzrnann, Lehrbuch der dependerá del lugar epistemológico y de la capacidad crítica del
neutestamentltchen Tbeologie 1-11, Tübingen 1897. 3. Diversa es la autor. En las páginas que siguen tenemos el gusto de presentar una
línea de la Escuela de la btstona de las reltgsones, iniciada en torno de las perspectivas privilegiadas de la interpretación del NT: nadie
a W. Wrede. En ella el cristianismo aparece, antes que nada, como como Bultmann ha sabido unir lectura crítica, lucidez hermenéutica
un fenómeno de sincretismo religioso en el que deben distinguirse y opción de fe ante el texto de la Biblia. Para hacer más accesible la
tres etapas: a) Jesús, predicador judío de gran fuerza, cuyo mérito lectura de su libro trataremos: 1. de Bultmann; 2. de su teología del
consiste en haber unificado anuncio escatológico y urgencia moralis- NT; 3. de la problemática abierta por su obra.
ta; b) la comunidad de cristianos palestinos que sigue su ejemplo y
le espera, llamándole mesías apocalíptico; c) sólo cuando arraiga en
un campo helenista, bajo el influjo de diversos factores ambientales, 1. Rudolf Bultmann
este movimiento se convierte en religión: aJesús se le concibe como
Por formación y por oficio (es exegeta), Bultmann (1884-1976)
Señor divino a quien sus fieles veneran en el culto. Clásico de esta
ha sido primordialmente un científico, especializado en el campo de
perspectiva es W. Bousset, Kyrzos Cbnstos, Góttingen 1913. 4. la crítica literaria del NT y de manera particular en los sinópticos y
Vtene, en fin, la línea que podríamos llamar dogmáttca que, desde Juan 3. También le ha interesado el problema de la historia: sólo
el campo católico o protestante, intenta ajustar la teología del NT a sobre el fondo de la historia religiosa y cultural de su contorno
los cauces de interpretación o de vivencia de su propia iglesia. Se puede interpretarse el NT; por eso las estudia con cuidado 4. Sin
logra así una indudable coherencia sistemática pero se pierde la in- embargo, por encima de este trabajo de crítica histórico-literaria, si-
mediatez bíblica. Citemos como ejemplo a F. Büchsel, Die Theolo- guiendo a los grandes maestros de finales del siglo XIX, Bultmann
gte des NT, Gütersloh 1935 y P. Feine, Tbeologie des NT, Leipzig ha querido ser un pensador: intenta comprender el cristianismo des-
1910 entre los protestantes; a F. C. Ceuppens, Theologia Bibltca 1- de dentro, interpretándolo como una posibilidad radical del
IV, Roma 1949-1950, J. Bonsirven, Théologie du NT, Paris 1951 hombre; para eso estudia la filosofía de griegos y alemanes, espe-
(Madnd 1968) y M. Meinertz, Tbeologte des NT, Bonn 1950 cialmente en la línea que va de Kant a Heidegger. Lógicamente, su
(Madrid 1966) entre los católicos 2.
obra ha terminado siendo una hermenéutica: busca la comprensión
Reconociendo esa multiplicidad de perspectivas, preguntamos del mensaje de los textos, para hacerlos transparentes ante el
¿puede escribirse todavía una teología del NT? ¿no estaremos con- hombre contemporáneo j.
denados a perdernos una y otra vez en direcciones arbitrarias, subje-
tivas? ¡De ninguna forma! El hecho de que han sido escritas y de-
ben escribirse diversas teologías del NT no es indicio de fracaso sino 3 Su obra clave en esta perspectiva es Geschichte der synopttscbe» Tradzuon,
Gottlngen 1921, con ella ha de Citarse Das Evangeltum des johannes, Gotungen
1941, vienen finalmente una sene de artículos recogidos en el volumen de Exegeuca
2 Para una clasificación y estudio de las teologías del NT cf B S Childs, Aufsatze zur Erforschung des NT, Tubrngen 1967
Btbltcal theology m mm, Philadelphra 1970, L Goppelt, Tbeoiogie des NTI, Got- 4 Obra crucial en esta línea es Das Urcbrzstentum tm Rahmen der anttken Relt-
ungen 1975, 19-51, P Grech-G Segalla, Metodologta per uno studtO del/a teologta gtonen, Zunch 1962 También hay que citar sus trabajos sobre el trasfondo rehgioso
del NT, Tormo 1978, 7-21, W G Kummel, Das NT Gescbtcbte der Erforschung de Jn en Exegettca, 10-35, 55-104, 124-197, 230-254
setner Probleme, Frerburg 1970, 147 s 310 s 466 s, E Lohse, Teología del NT, 5 Estudran el problema herrnenéuuco una parte considerable de los trabajos re-
Madnd 1978, 13-21, O Merk, Btblzsche Theologte des NT m threr Anfagszeu, Mar. cogidos en Glauben und Verstehen (= GV) I·IV, Tubmgen 1933-1965 La drscusión
burg 1973, S Nell1, La tnterpretacton del NT, Barcelona 1976; R Schnackenburg, que ha provocado su programa desmnologrzador está recogida en Kerygma und
Neutessamentisch« Tbeologze, Munchen 1965, 25-43 (Bilbao 1973) Mythos I·IV, Hamburg 1948-1967
14 Presentación de la edición castellana
Presentacián de la edición castellana 15

Para entender mejor esa doble perspectiva, intentaremos fijar la


evolución de Bultmann. El comienzo de su obra está marcado por la Lo que podemos llamar el plano crítico de estudio históri~o­
herencia de los grandes liberales de finales del XIX: Ritschl, Herr- literario ha permanecido inalterado. Sólo cambia el plano sUI?~nor
donde, a partir de ese momento, habrá que distinguir con mudez
mann, Harnack. Con ellos piensa que el hombre se halla abierto al
dos estratos. 1. Hay un nivel cristiano-protestante. Partiendo de K.
infinito de una idea moral de plenitud en la que Dios y el mundo
Barth, Bultmann reasume y reformula la visión luterana de san
vienen a encontrarse: la religión se identifica con la búsqueda del
Pablo, condensada en la justificación por la fe. Esto lo afirmamos con
soplo divino que está al fon?o de los hombres. S~gún es?, religió~ y vigor. Frente a todos los que intentan implicar su nombre con los ras-
filosofía se identifican; se diluye la transcendencia de DIOS y el cns- gos de una disolución del cristianismo, debemos indicar -por el
tianisrno queda convertido en testimonio de la hondura extático-
contrario- que R. Bultmann representa, en nuestro siglo, uno de los
religiosa o de la capacidad moral de los humanos 6.
intentos más austeros y profundos de recuperación cristiana. Desd.e
Pues bien, en un momento determinado, al comienzo de los
ese cambio, toda su labor teológica ha empezado a ser una apologéti-
años veinte, Bultmann -ya famoso por su labor exegética, cf,
ca protestante: lo que intenta es conseguir que el mensaje de la justi-
Gescbtcbte der synoptischen Traaition, Gottingen 1921- se solida-
ficación y de la fe se vuelva audible para. el hombre dela edad c~n­
riza abiertamente con el movimiento dialéctico de K. Barth y de su temporánea. No quiere resolver el rrusteno de la fe m disolverla; solo
grupo 7. Eso ha implicado un cambio radical en su visión del cris- busca hacerla comprensible. 2. Al lado de eso emerge un estrato
tianismo, cambio que se puede condensar en estos tres momentos. filosófico-exzstencial. La fe cristiana sólo se hace audible allí donde,
a) Hasta entonces, Dios era una especie de símbolo que expresa la guardando su poder de gratuidad y transcendencia, ella se inserta en
apertura indefinida de los hombres. Desde ahora se vendrá a la pregunta de un hombre que está abierto y que no puede respon-
mostrar como la pura transcendencia: aquel que ~ie?e de sí mismo derse por sí mismo. El moralista neokantiano de finales del XIX era
como absoluta gratuidad, ser que 1?"unca pue?e objetivarse. ~) Hasta incapaz de fe: se juzgaba suficiente, poderoso para dar una respuesta
entonces, Jesús aparecía como un simple testigo de la moralidad, un a sus problemas. En contra de eso, Bultmann ha encontrado que el
evocador de potencias religiosas de los hombres. Desde ahora se des- hombre de una línea existencial, cercana a Heidegger, resulta capaz
vela como encarnación de la paradoja cristiana, es aquel hombre de fe: desde su misma situación paradójica de apertura y de impoten-
donde la gratuidad liberadora y justificante de Dios se hace patente. cia puede escuchar la palabra de gracia de un Dios que le libera de sí
c) Hasta entonces.. el hombre se .mostraba c?mo un ser capaz d.e mismo, dirigiéndole al futuro de su vida abierta.
conseguir su plenitud por el camino de la .busqueda moral o relI; Con esto hemos citado ya los planos de trabajo en que se mueve
giosa. Desde ahora. se desC1.~bre com? un slmpl.: pecador q~e esta R. Bultmann: crítica histórico-literaria, apertura filosófica, acepta-
aplastado bajo un SIgno de rmpotencra, frustración y muerte . ción creyente del Dios de Jesucristo. Cada uno de ellos guarda un es-
pacio de autonomía relativa y se puede analizar de alguna forma tam-
6 En este pnrner período Bultmann pubhca una sene de trabajos muy srgrufi- bién por separado. Pero sólo uniéndose los tres conforman l? q~e
canvos Ethuche und mysttscbe Reiigzon tm Urchnstentum Chrrsthche Welt 34 podríamos llamar el triángulo cristiano: a) par.tiendo de la hI?tona
(1920) 725-731 738-743, Gott m der Natur Ibid 36 (1922) 489-491 513-514 533-
534, Rehgto» und Kultur Ibrd 36 (1922) 417-421 435-539450-453, Rehgto» und
(paradójica) de Jesús, reflejada en los. texto? bíblicos, b) que me ínter-
Sozudisni«: Soziahstische Monatsheft 28 (1922) 442-447 Algunos de estos trabajos pelan, incidiendo en mi apertura existencial, c) se vuelve presente la
han sido publicados por] Moltmann, Anfange der dtalekttschen Tbeologse l-lI, palabra de Dios como poder de gratuidad salvadora. De ello hablare-
Munchen 1963 Sobre este período cf F W Sncht, Die Bedeutung W Herrmanns mos brevemente en lo que sigue. .
fur dte Theoiogze R Bultmanns, Berhn 1965 Sobre el proceso completo de Bult- a) Plano critico. Decíamos qu:e Bultmann ha e~pez~do SIendo
mann cf W Schrnrthals, Die Tbeologte R Bultmanns, Tubmgen 1967
7 Cf Die Itberale Tbeologte und dze Jungste theologtsche Bewegung (1924), un investigador, un crítico de la literatura y de la historia, En ~ste
en GV 1, 1-25 d campo, su trabajo resulta neutralmente científico: sabe que, al nivel
8 La nueva visrón de 01OS, de Cnsto y la existencra que suponen los trabajos e en que se mueve, la ciencia es a~soluta; p<?r e.so. acepta a9uel.modelo
Bultmann a partir de 1924 se refleja en Das Problem etner tbeoiogtscben Exegese des de búsqueda que abrieron los gnegos al pnncipro de la historia de oc-
NT Zwischen den Zeiten 3 (1925) 334-359, Die Frage der dtalekttschen Tbeologte
Ibid 4 (1926) 40-60, Welchen Smn hat es, von Gott zu reden, en GV 1,26-37, Karl cidente. No teme a la verdad, nunca le asusta llegar hasta el final en
Bartb, Die Auferstehung der Toien, en GV 1, 38-64, Zur Frage der Cbnssologte, en el enfoque de los temas. Su gesto de honradez sigue siendo aquí mo-
(,V 1, 85-113 délico.
16 Presentaaon de la edtctón castellana Presentactón de la edtctón castellana 17

D~sde el pu~t? .de vista literario, Bultmann ha destacado por su neal. En contra del proceso ascendente de una evolución hegeliana,
capacidad de análisis formal. Pocos han llegado a precisar con su ri- a través de los momentos de tesis-antítesis-síntesis, nuestro autor
~or los planos de surgimiento y maduración de las tradiciones sinóp- presupone que el NT es una especie de línea parabólica: va subien-
ucas. Su Historia de la tradtctón smoptica (1921) sigue siendo do hasta alcanzar su altura plena en Pablo y Juan; luego desciende
todavía un libro necesario, casi normativo. Quizá resulte excesiva- en los autores posteriores 11.
mente crítico en la atribución de los textos a Jesús; quizá acentúe b) Plano filosófico. Bultmann no es filósofo. Sin embargo, su
demasiado la capacidad creadora de la comunidad, prescindiendo interés por comprender el texto de la Biblia y la exigencia de
del trasfondo semítico de ciertas palabras evangélicas. Pues bien, a centrarlo sobre el fondo de la búsqueda del hombre le convierten en
pesar de todo ~S?' y pasados y'a cincuenta años, sus planteamientos, pensador de la existencia. Como hemos indicado, en su visión se
enfoques y divisiones SIguen siendo Imprescindibles. Menos llamati- han distinguido dos etapas. La primera, dentro de la línea neokan-
vo, aunque igualmente im~ortante, ha sido su comentario a Juan tiana, identifica religión con camino del hombre que se hace en
(Das Ev. desJohannes, Gottingen 1941) donde distingue redacción, apertura al infinito. En ese plano se sitúan una serie de trabajos pro-
glosas y fuentes 9. piamente filosóficos acerca de la naturaleza, la cultura, religión 12.
. Ampliando esa pers.pecti.va, Bultmann construye la crítica litera- En la etapa posterior quiebra ese esquema moralista-religioso. A
na desde un contexto histórico: sólo allí donde se fijan sus rnomen- Bultmann le parece que el hombre es incapaz de autosalvarse: des-
tos de evolución genética, sólo allí donde se encuadran sobre un cubre su pequeñez pero no puede superarla; vislumbra su pecado y
fondo de comprensión general, se pueden entender los textos del no es capaz de transcenderlo. Para ajustar esa perspectiva y situar al
NT. En esta perspectiva, Bultmann resulta menos creador: acepta hombre ante la posible revelación de Dios, Bultmann se sirve de la
de manera básica y con pocos retoques críticos la concepción de la analítica existencial del primer Heidegger 13.
Escuela de la historia de las religiones, reflejada en W. Bousset, Debemos precisar con más cuidado el sentido de ese plantea-
Kyrzos Chrzstos, 1913. A su juicio, el cristianismo primitivo fue un miento existencial. A lo largo de una correspondencia a veces hi-
pr?~eso: surge de Jesús, pn?feta israelita del amor a Dios y de su riente y también en sus trabajos publicados, Barth reprocha a Bult-
JUlClO; se expande e?- los primeros creyentes palestinos que, funda- mann su nueva «servidumbre filosófica»: después de haber intuido
dos en la resurrección de su maestro, le esperan como hijo del la transcendencia radical de Jesucristo corre el riesgo de negarla otra
homb.re o mes~as del juicio apocalíptico; culmina en los creyentes vez, introduciéndola en esquemas puramente antropológicos 14.
helenistas que rnterpretan la fe en Jesús resucitado como expresión Bultmann responde afirmando que no se trata de diluir la revela-
de una «vida escatológica»: por la gracia de Dios, expresada en la ción sino de comprenderla; no se trata de negar la gratuidad de la
c~z de Jesucristo, aquellos mismos que -externamente- viven la justificación de Dios en Cristo sino de hacerla realidad actual para
exrstencia de caída y de pecado son en el fondo realidad distinta' vi- los hombres. Sólo entiende a Dios el que descubre su actuación en
ven ya la gracia de Dios, en la apertura hacia un futuro de vida que su propia existencia. De esta manera, el lugar donde la palabra de
no acaba 10. Dios (teología), revelada en Jesús (cristología), se vuelve real y
Desde ese plano crítico ha de verse nuestra obra, como intento comprensible para el hombre es su existencia transformada
de comprensión global, histórico-literaria, del NT. Todo en ella se (antropología) .
sitúa dentro de un esquema de historia, en el trasfondo de una
línea de .explanación y de apertura que va desde Jesús hasta los últi-
mos testigos de la antigua iglesia. Sin embargo, ya desde aquí tene- 11 La dehnuración de ese proceso constituye uno de los remas fundamentales
mos que anotar que la evolución que presupone Bultmann no es li- de la exégesis postenor, cf F Hahn, Cbnstologiscbe Hobeusntei, Gottmgen 1966,
R H Fuller, Fundamentos de la cnstologia neotestamentarta, Madrid 1979
12 Son básicamente los trabajos citados en la nota 6 de este prólogo Sobre este
tema cf mi estudio Naturaleza, cultura, reiigion En torno al Joven Bultmann Estu-
9 Para valorar el mflujo de Bulrmann en esre campo puede consulrarse cual- dIOS 33 (1977) 35·61
qUler trabajo sobre «histona de las formas» Cf H Zrmmerrnann, Los métodos 13 Sobre roda esta evolución cf mi trabajo Exégesis y jilosofia El pensamiento
hlstónco eritreos en el NT, Madrid 1969 de R Bultmann y O Cullmann, Madrid 1972, 99-244
10 9 Ese esquema histónco preside la elaboración de la Gescbichte der syn Tra- 14 Cf K Barrh-R Bulrmann, Bnefwechsel1922 1966, Zunch 1971, K Barth,
duion, 1980, 348 s Cf Das Urcbrtstentum, Munchen 1969, 163 s R Bultmann Etn Versucb thn zu verstehen, Zunch 1952 (Madrid 1971)
18 Presentación de la ed¡c¡ón castellana
Presentación de la ed¡c¡ón castellana 19
Para hablar de Dios y de Jesús es necesario hablar del hombre,
esto es, de aquello que Dios hace en su existencia. Para aclarar ese es incapaz de liberarle de sí mismo; por encima de las obras emerge
nivel, Bultmann apela, como dijimos, a la analítica del primer al!!;o distinto, el descubrimiento de la gracia de Dios y la realización
Heidegger. No lo hace de manera servilista, No le sigue en los de- abierta de la vida 16.
sarrollos concretos. Apenas le cita. Ambos pensadores trabajaron En este plano antropológico se entiende aquello que podríamos
juntos: juntos descubrieron la concordancia que existe entre ~l llamar antiguo testamento. Para Bultmann, el AT de la historia y
hombre en pecado de Pablo y aquello que implica una existenCla de los libros santos de Israel carece de importancia salvadora; más
inauténtica. Para Bultmann eso basta. Desde aquí traza los rasgos que testimonio de palabra positiva de Dios resulta signo de impo-
de su enfoque antropológico 15. tencia antropológica 17. Por eso, el verdadero AT es la existencia de
El hombre es según Bultmann un ser zlimitado. Busca constan- los hombres, impotente por sí misma y, sin embargo, abierta a la
temente su plenitud y es incapaz de conseguirla por ninguno de palabra de la gracia, angustiada en su vacío y, sin embargo, capaz
los campos de la ciencia y de la historia: todos terminan encerrán- de recibir la llamada transformante de la salvación.
dole en sí mismo. Por eso es un caído, ser que permanece en la e) Plano teológico. Las reflexiones anteriores ya han trazado el
impotencia de sí mismo: cada vez que intenta hallar su realidad tema. Un pensador como Heidegger puede bosquejar los elementos
por medio de sus fuerzas se destruye; cada vez que quiere hacerse principales de la vida del hombre (caído) por medio de un estudio
un absoluto pierde su sentido. Pues bien, ese hombre, ilimitado de análisis filosófico. Bultmann piensa que esos elementos se des-
en su apertura y caído en su realidad concreta, resulta sin embargo cubren mejor utilizando un método teológico. Ciertamente, la
capaz de deciszón: puede recibir una llamada de gracia que conce- teología no trata directamente del hombre caído sino de su libera-
da sentido a su búsqueda y le capacite para salir de su caída. Se- ción y gracia en Cristo; sin embargo, la grandeza y gracia del
hombre liberado sólo se desvela sobre el fondo de pecado, de caída
gún esto, el mismo ser humano que resulta incapaz de liberarse y muerte del hombre de este mundo. Entre pecado y gracia, ser
por sí mismo puede ser gratuitamente liberado y realizado por el caído y ser justificado, no hay relación de complementariedad sino
Dios de Jesucristo. de enfrentamiento dialéctico. Esos momentos no se pueden compa-
Desde esa perspectiva existencial se entiende nuestra Teología rar con los dos pisos de un mismo edificio sino con los aspectos
del NT Ni la predicación de Jesús, ni el kerigma de la iglesia, ni contrapuestos de una realidad donde no existe término medio: sólo
los desarrollos de Pablo o Juan se ocupan del valor del mundo, de superando el plano de pecado del hombre sobre el mundo hay sal-
las obras del hombre o de la historia. Lo que a ellos les importa es vación de Dios en Cristo.
la realización existencial: la posibilidad de superar el estado de Desde aquí se entiende el hecho de que, en la línea dialéctica
caída (angustia de la vida) para abrirse desde el mismo presente barthiana, Bultmann haya definido el cristianismo como paradoja.
hacia el futuro de una vida en gracia y en confianza. Esta misma Propia del catolicismo sería la analogía: entre la realidad de la crea-
concentración existencial, determinada por el fondo filosófico, su- ción y el ser de Dios en Cristo existe una especie de paralelismo,
pone tres grandes consecuencias de carácter antiobjetivista. 1. Hay una referencia de apertura, implicación o complementariedad; la
una desmundanizaczón: no importa el cambio cósmico; externa- gracia no destruye la naturaleza sino que la perfecciona. En contra
mente todo sigue idéntico; sólo al fondo del hombre se ha encen- de eso, desde la tradición luterana, Bultmann acentúa la paradoja.
dido la llamada de gracia que le libra del mundo y le permite ser Por un lado se halla Dios: inobjetivable , transcendente, inesperado;
él mismo, en la confianza. 2. Hay una deshzstorizaczón: el proceso diferente de todo, siempre lejos. Por otro están los hombres, meti-
cultural y político de los hombres no ofrece salidas salvadoras; más dos en el mundo, sometidos al hacerse y perecer; abiertos al camino
o menos perfectas en su realización, todas las culturas dejan que el y sin embargo siempre destruidos. Pues bien, por una paradoja de
hombre siga caído sobre el mundo. 3. Hay finalmente una desmo-
ralizaczón (o deslegalización): todo lo que el hombre pueda hacer 16 Recogemos básicamente las observaciones expuestas en Exégests y filosofia,
231-241 Para un juicio más extenso de los presupuestos con los que opera R Bult-
mann cf J Floskowskr, La teología de la fe en Bultmann, Madnd 1973; P. Ricoeur ,
Préface a Bultmann, en Le confltt des mterprésasions, Pans 1969, 373-392.
17 cr Die Bedeutung des AY fur den chnstltchen Glauben, en GV 1, 313-
15 Es profundo el interés filosófico en muchos de los trabajos recogidos en GV
[·IV Cf Hzstory and eschatology, Edinburgh 1957 (Madnd 1974) 336
20 Presentación de la edición castellana Presentación de la edición castellana 21

gracia que no puede razonarse en modo alguno, la transcendencia de En esta perspectiva se sitúa y se comprende la Teología del NT,
Dios se hace presente, como llamada de salvaciót,J- -superación del programáticamente unitario y exegética?lente c.?herente de in-
mundo, transcendimiento de la ley y apertura hacia el futuro- en el terpretación del NT a la luz de la paradoja de Jes~~ y de la herme-
hombre Jesucristo. néutica existencial. Desde el punto de VIsta geneuco, el lugar de
En esta paradoja consiste para Bultmann la verdad y novedad del arranque está en la paradoja. de Jesús: sólo en función de .ella se en-
cristianismo. Las rehgiones mitzcas introducen a Dios en los aconteci- tiende el surgimiento de la iglesia ..Sin et?barg?, en sentido estruc.
mientos o signos objetivos de este mundo, destruyendo así su trasncen- turante, lo primero es la interpretación existencial: cuando se llega a
dencia. El humamsmo reltgtoso de los Itberales le identifica con el ám-
Juan y Pablo, testigos ~r~migenios d: la te?logía ~el NT, lo que im-
bito de apertura del hombre. Sólo el cristianismo, centrado en lapara-
porta es ante todo su visión de la eXIste~~Ia, el t.IP? d~ hombre que
dOJa del Cristo, deja que Dios sea transcendente y el hombre puramen- deriva de su forma de entender y de VIVlf el cnsnarusmo.
te humano, confesando la unidad de ambos en el Cristo. De esta for-
ma, en el centro de la misma vida humana (objetivamente inalterada)
se proclama y se realiza la palabra salvadora como transcendirniento in- 2. La teología del NT
terior, liberación respecto del mundo y apertura a la esperanza.
Al interpretar el cristianismo como paradoja, Bultmann retoma la Una vez que hemos expuesto en general la problemática de
intuición fundamental de la Reforma: la justificación por la fe, más Bultmann trataremos de su obra Teología del NT, Tübingen 1948-
allá de todas las mediaciones eclesiales y de todos los esfuerzos mora- 1953. Hacia ella han ido todas nuestras reflexiones. Propiamente
listas. Frente al optimismo neokantiano precedente, ha exalt~do ~í hablando, según Bultmann, el. NT sól? ?frece teología en Pablo y
una forma pesimista de ente!1der al hombre, al mundo y a lahistoria. Juan, esto es, allí donde el kengma cns~Iano se ela~o~a de mane~a
Todo lo que existe en esta nerra es sl~no de pecado: las aCClot,J-es del consecuente en función de una perspectrva antropológica. La predi-
individuo y las estructuras de la sociedad (aunque sea eclesial), la cación de Jesús y el mensaje de la comunidad (primitiva y helenista)
transformación cósmica y el progreso cultural. Todo es una cárcel y no constituyen sólo un presupuesto necesario. Lo que vendrá J.11ás tard.e
existe más salida que la búsqueda interior. Sólo en el lugar de la deci- (sinópticos y Hechos, Ef, Col, pastorales, Heb, Ap, .IgnacIo y Polt-
sión existencial, asumida por fe y vivida más allá del mundo, se hace carpo, Didajé, H~rmas, Be!nab~, 1 Clement~) ~onstltuye .una espe-
audible la llamada deJesús, emerge la paradoja cristiana 18. cie de consecuencra, el tesumoruo de su surgmuento eclesial donde,
Ahora se vuelve absolutamente claro el doble aspecto del intento al lado de la novedad salvadora de Pablo y Juan, se han mezclado
bultmanniano. En sentido positivo, su obra implica un programa de elementos de una recaída legalizante, eclesial, historicista. Roto el
hermenéutica existencial; Dios se revela en el hecho de Cristo, no en principio de la autoridad eclesial,. que. es el principio d;l canon d:l
el cómo (el Wle) de su vida concreta sino en el mismo acontecimiento NT, y disminuido el valor de la historia concreta de Jesus y el sentí-
paradójico (el Dass) de su entrega gratificante en favor de los
do de la tradición sinóptica, Bultmann se ha centrado en Pablo y
hombres. A ese Dios de Cristo se le entiende y se le vive solamente
Juan como expresión privilegiada del ke~igma, ~o~o canon dentr/o
allí donde la vida cobra nuevo fundamento. En sentido negativo, eso del canon. En las reflexiones que siguen indicaremos brevi-
supone una exigencia de desmaoiogizacio». La figura de Cristo esta- simamente el contenido y presupuestos de cada una de esas partes
ba unida a muchos signos de carácter biológico o cósmico (nacimien- de su obra.
to virginal, resurrección física, destrucción del mundo, ángeles, de- a) Primera parte. Presul!u~s!Os. La pre~icación de Jesús y el k~­
monios ... ). Todo eso debe. superarse. Entre Dios.y el.h?m~re sólo rigma de la comunidad (primitiva y helenista) no forman todavía
queda Jesucristo, como realidad humana y revelación divina 9. teología, pues no ofrecen un discurso elabor~do y consecl;le~te de .la
paradoja cristiana, interpretada en perspectIva antropológica (e~Is­
18 Cf G Hasenhult, Der Glaubensvol/zug Eme Begegnung mlt R Bultmann tencial). Todo eso resulta un dato previo. es un punto de partida
aus katholzschen Glaubensverstandnzs, Essen 1963
19 De la rmpresionante brblrografía que ya existe sobre el tema CItaremos sólo
que tendrá que ser desarrollado.
algunos trabajos editados en castellano R Marlé, Bultmann y la mtepretactón del Por lo que toca a Jesús el tema es claro. Su palabra pertenece
NT, BIlbao 1970, A Salas, Mito y desmitificación en el NT, Madnd 1971, A todavía al campo del AT: Jesús es un judío que en la línea de l~s
Vogtle, Reueisctán y mito, Barcelona 1965 grandes profetas de Israel, allí donde culmina el proceso apocalípti-
Presentacuin de la edIcIón castellana Presentacton de la eataon castellana 23

LO, proclama la llegada inrrunente del remo de DlO~ como JUlClO y b) Segunda parte Teologías del NT Los elementos funda-
salvación para los hombres Dos son los aspectos que rmplica su mentales del cristrarusmo ya están dados en el plano precedente
mensaje La gratuidad de la venida de DlOS que es SIempre anuncio escatológico de Jesús, kengma de la rglesia que interpreta a
sorprendente y que desborda todos los plantearruenros y esperanzas Jesús como Juez-Salvador escatológico que vendrá (cornunrdad pa-
de los hombres, y la exrgencia de una decisión antropológica, de Iestina) o como Señor presente en la VIda de los suyos (helenistas)
un cambro radical, de una apertura que desborda los gestos A parur de eso se elabora la teología propiamente drcha ella no
moralistas 20 aporta datos nuevos, ru siquiera modela el sentido de los datos pnn-
Este es el mensaje de Jesús Bultmann lo ofrece de manera cipales SImplemente se hrruta a replantear urutanamente, desde
fuertemente condensada, subrayando su trasfondo escatológico- una perspectiva de coherencia antropológica, el sentido del mensaje
exrstencial, como rndicación de la nueva posibrlrdad de existencra cnstIano
gratuitamente abierta para el hombre Esto es lo que Importa la Estnctarnente hablando, el NT sólo ofrece dos teologías la de
palabra La vida de Jesús carece de importancra salvadora Pues Juan y la de Pablo Ambas denvan de rglesias helenistas En el con-
bren, después de condenado y muerto, en el centro de la expenen texto de la comunidad pnrruuva de Palestma, determinada por la
era pascual, Jesús aparece ante sus dtscípulos como expresión de la mmmencia de la parusía, no hubo lugar para una reflexión teológi-
presencia de DlOS es más que un simple mensajero, es el sentido y ca Allí sólo floreció la conversión y la esperanza Pero en el mo-
la verdad del remo En este momento, cuando la palabra del mento en que el mensaje de Jesús se formula en térmmos helenis-
anuncie de Jesús aparece hgada a su persona, cuando el mismo Je- tas, como portador de VIda escatológica en el mismo presente de es-
sús muerto y resucitado se convierte en palabra de lrberación y de te mundo, se hace ya posible (y necesaria) la teología Así lo
jusncra de DlOS para los hombres, surge el cnstianrsmo 21 comprendieron Juan y Pablo Ellos son los representantes ongmanos
De esta forma se pasa del anuncro de Jesús al kengrna de la co- y canÓnICOS de la formulación del cnsnarusmo
murudad Todavía no hay teología como reflexión sistemánca, pe- Bultmann se ha fijado especialmente en Pablo El estudio de sus
ro hay una palabra de Irberación cnsuana y un grupo de seguido- cartas ocupa casr una tercera parte de su obra y ofrece alguna de las
res que la visrbrhzan y transmiten Siguiendo a W Bousset, Bult- págmas teológicamente más logradas de los últimos decenios Pero
mann distmgue dos comunidades la pnmera se mantiene en Pa- no es el desarrollo de conjunto nr el valor de los análisis aislados lo
Iestma, en torno a Pedro y a los doce Ella SItúa la palabra y el que ahora nos Importa Buscamos el trasfondo, el método y sentido
mensaje de Jesús en un trasfondo de esperanza apocalíptrca y se del trabajo de Bultmann sobre Pablo Ciertamente, al fondo se
considera a sí misma como la comunidad de los últimos tiempos halla el hecho de Jesús como presencia de DIOS para los hombres Se
que, siendo fiel a su maestro, espera su llegada salvadora como trata, sm embargo, de un hecho que no puede objeuvarse, SItuado
Juez-HIJo del hombre que le libra de la lucha de este mundo Sólo en el trasfondo de un esquema general o de un proceso de histona
cuando el mensaje de Jesús rompe los marcos del Judaísmo palesti- salvadora Pablo se ha centrado solamente en la paradoja de Jesús,
no y se formula en árnbrto helenista (o judeo-helerusra) puede en su cruz como expresión y lugar de la graCla salvadora de DIOS pa-
hablarse ya de crrstiamsmo unrversal Jesús deja de ser profeta del ra los hombres Por eso, Bultmann interpreta toda su obra en una
pasado que vendrá al final a realizar su JUIClO y se convierte en el perspectiva antropológrca En la pnmera parte estudia al hombre
Señor que transfigura desde dentro la exrstencra de sus fieles El ante la fe su ser es carne, es mundo y es pecado, en perspectiva que
presente deja de ser tiempo vacío y se convierte en función escato- recuerda a la de Heidegger en Ser y tiempo, pues bien, aquellos
lógica envuelta externamente en el pecado de este mundo, la VIda rmsrnos rasgos que reflejan su condicrón de caída, VIStoS en profun-
de los fieles de Jesús se vuelve VIda hberada, abierta a DlOS, didad y a parur de la revelación de Jesús, se convierten en pOSIbIlI-
transfigurada 22 dad ontológica de salvación y constituyen el lugar en el que DIOS
puede ejercer su presencia transformante Por eso, en la segunda
20 Obra clasica de Bultmann sobre el tema esJesus La desmtsologizaaon del
NT Buenos Alfes 1968 9 152
21 Cf ¡btd 136 152 Juan y Pablo imphca una visten no mrtologica del misteno Cf Neues Testament
22 Todo el intento teologico de Bultmann se centra en esto el kengma Cfls und Mythologte en Kerygma und Mythos 1 15 53 [esus Cbnst and mythology
nano desplegado en las comunidades helerustas e Interpretado teologicamente por New York 1958 (Barcelona 1970)
Presentacion de la eaictá» castellana
Presentaaon de la edIcIón castellana 25

parte, ~ultmann trata del ser del hombre baJo la fe: la posibilidad
ontológica de apertura del hombre se ha convertido en realidad ón- una visión antropológica. Según eso, sólo existen dos lugares donde
tica de salvación, precisada como presencia de la justicia de Dios a el cristianismo antiguo ha logrado reflejarse plenamente y con pure-
través de la muerte y resurrección de Jesucristo. Esa salvación no es za: Juan y Pablo. Lo demás no es teología en un sentido estricto; es
algo que está atrás, en el pasado de una historia progresiva. No es un mtento de institucionalización eclesial en el que, para conservar
tampoco algo futuro que se espera. La salvación es el acontecimien- elementos del kerigma de Jesús, se reintroducen motivos del AT Yse
t~ de la cruz que se actualiza en la palabra de la predicación, irrum- adaptan estructuras sociológicas más o menos dependientes del con-
pIendo. s~bre el hombre, liberándole de su pasado y capacitándole to~no; .es una ref?rmulación doctrinal donde, al lado de aspectos pri-
para exrstir de una manera nueva (en gratuidad y en esperanza). Por mrgeruos del kengma deJesús, se reintroducen elementos de carácter
la ~ondura de sus presupuestos existenciales, por la sobriedad cristo- diferente.
lógica y fuerza antropológica, Pablo es para Bultmann el gran teólo- En este apartado incluye Bultmann gran parte del NT, con la ex-
go del NT 23. cepción -es evidente- deJn y Pablo. El problema cronológico pasa
Junto a Pablo se halla Juan. También aquí el mensaje de Jesús a segundo plano. Algunos escritos que se estudian en esta tercera par-
se ~a formulado de una forma consecuente, en perspectiva antropo- te resultan históricamente anteriores aJuan (por ejemplo los sinópti-
lógica, La novedad está en que Juan, prescindiendo ahora de su car- cos). Sin embargo, teológicamente hablando serían posteriores: pier-
ta (1 Jn), ha elaborado su postura de manera consecuente, en forma deJ.11a l.impide~ originaria del kerigma y suscitan lo que después será
?e evangelio o presentación sistemática de Jesús. Eso no significa un la iglesia católica co~~ lugar donde el mensaje de jesús se institu-
Intento de recuperación de los acontecimientos de la vida de Jesús, cionaliza de forma cúltico-legalista dentro de la historia, Esta opción
ordenándolos en un conjunto de historia salvadora. Por el contrario, de Bultmann implica dos consecuencias que resultan decisivas. Está
Juan se ha situado en el c~ntro radical de la paradoja cristiana. Fren- por un lado la dzsoluczón del canon. Sabemos que la iglesia antigua,
te al.gnostlClsm?, que diluye la figura de Jesús en el plano de la en un proceso que comienza en el siglo II y termina básicamente en el
eternidad de DlOS o de la necesidad del pensamiento, él es un I1I, ha reconocido como expresión auténtica de su fe una serie de
hombre concreto de la historia. Pero en contra de toda la tendencia libros, pretendidarnente apostólicos, que reciben el nombre de NT.
historicista, al hablar de Jesús sólo interesa su función reveladora. En ellos se refleja, en formas a veces no del todo coincidentes, la fe de
Este es el tema de todo el evangelio: a partir de diferentes fuentes Jesucristo. Sin rechazar del todo esa decisión eclesial, Bultmann la
anteriores, utilizando un claro fondo gnóstico, Juan ha presentado a devalúa de manera muy intensa. Estrictamente hablando, el verdade-
Jesús como palabra radical de Dios que posibilita la realización de la ro N! se contiene en Juan y Pablo. Lo demás es simple preparación,
existencia. Por eso, en la línea de lo que hemos señalado en Pablo, no. fiJ.a?a en do~um~ntos conservados (predicación de Jesús, kerigma
el entramad? del .e~a~gelio acaba siendo de sentido antropológico: pnmmvo de la iglesia) o consecuencia en parte deformada del mensa-
s~bre una VIda dividida, de manera casi gnóstica, entre luz y ti- je ~ntiguo (resto del NT, escritos de Ignacio, Policarpo, Bernabé, Di-
nieblas, verdad y mentira, la revelación de Dios en Cristo ha aconte- dajé, Hermas, 1 Clemente ... ). De aquí deriva una profunda deva-
cido y acontece como juicio que libera al hombre de la esclavitud luaczón eclesial. De una forma radicalmente consecuente, dentro de
del mundo y le permite vivir la libertad escatológica 24. una línea que se está haciendo clásica en el protestantismo 25, Bult-
.c) . Tercera part«. Hacia el naczmzento de la igiesia. Conforme a mann piensa que dentro del NT hay una serie de escritos que, al no
lo indicado, no existe teología propiamente dicha sino allí donde el conservar la fuerza primitiva deJuan y Pablo, tienden a lo que será la
kerigma de la iglesia helenista se formula radicalmente a partir de estru~tura eclesial y dogmática del catolicismo (¡-Frühkatholizismusf).
Es evidente que esos escritos no pueden ser igualmente normativos
para u.na teología del NT: no responden al principio básico de la jus-
23 Para situar el estudio de Bultmann sobre Pablo cf K H Rengstorf, Das tificación por la fe; por eso han de ser teológica y eclesialmente mar-
Pau/usbl/d tn der neueren Forschung (1904 1961), Darrnstadt 1969 Para el trasfon- ginados. Esto es lo que Bultmann hace en la tercera parte de su obra.
do antropológrco , en perspectiva disunta cf R Jewett, Paui's anthrop%gzca/ terms,
Leiden 1971
24 Además de los trabajos ya CItados sobre Juan en nota 3 debemos CItar Die
drez ]ohannesbrzefe, Gottmgen 1967 Para un encuadre bibhográfico E Malatesta 25 Ha vuelto a plantear el tema con fuerza S Schulz, Die Mztte der Scbnf»,
St [obn's gospel, 1920-1965, Roma 1967 ' Berlm 1976, a su JUICIO, 17 de los 27 escritos del NI son ya tesnrnoruo del «catohcrs-
mo pnrmtrvo»
26 Presentación de la edición castellana Presentación de la edición castellana 27

Siguiendo. una imagen ya esbozada, se puede afirmar que la parábola NT ha de trazarse de una forma diferente. El mismo Bultmann de-
~el mensaJ~ deJesús, su paradoja radical, empieza a declinar. La igle-
be prep~rarnos para ello: sólo conociéndole podemos superar sus
sra no ha sido capaz de mantenerse en la altura de los grandes teólo- perspectivas y supuestos.
gos (Pablo, Juan); se eclesializa, historifica, legaliza. En ~I plano de la. crftica histórico-literaria se han producido ya
Precisemos ese juicio. Dejando de lado ciertos aspectos de conser-
una serie de acontecrmientos cruciales que obligan a replantear el
v.ación'y profund!zación, puede afirmarse que todo el final de la igle-
trasfondo en que se asienta el trabajo de Bultmann. Viene, ante to-
sia antigua. reflejado en los escritos del NT (fuera deJuan y Pablo) y
do, el redescubrimient? delJesús histórico, tanto en el aspecto lite-
en los otros documentos de aquel tiempo es una especie de inmensa
rano como en el teológico. Sabemos de Jesús bastante más de lo que
recaída: un~ mezcla o s~ncretism.o en el que ciertos elementos primiti-
Bultma~n presentía; mejor dicho, lo sabemos de otra forma, en otra
vos se pervierten ~l unirse con ideas y estructuras que provienen de
perspe~tlva. Frente a la acentuación casi exclusiva de la palabra del
Israel y el pagarusmo. Surge así un eclesialismo: en contra de R.
~ens~Je (teología kerigrnática), descubrimos la importancia de la
Sohm, Bul~mann sabe que la institución eclesial resulta de algún mo-
historia y gesto de Jesús, su actitud ante Israel, su fidelidad ante la
d? nec.:sarIa; pen? ~ña~e que, al pasar al primer plano de la admi-
muerte, el mismo acontecimiento pascual. .. ; todo ello ha de ser si-
lllstraCl<?n y el mllllste~lO de la palabra, ella se vuelve peligrosa: el
evangelio queda sometido a una jerarquía, fijado en unos sacramen- t1!a?o en el centro de la teología del NT, de manera mucho más de-
cidida de lo que supone Bultmann 26. Viene después el desarrollo de
t~s. Hay u.na ~tjtorizac!on allí donde se devalúa el mensaje escatoló-
grco de la justrcia de DlOS en el ahora del creyente: se fijan los hechos la historia de la iglesia. De manera genialmente simplista, siguien-
do a W. Bousset, Bultmann suponía que existe una línea que lleva
de Jesús en un pasado, se arrincona la parusía del Señor para el futuro
desde Jesús y por la iglesia palestina hasta las comunidades helenis-
yen e! ce~tro queda, como tiempo salvador, el camino y la existencia
tas; esa lí~~a culmina en Juan y Pablo, en una especie de sincretis-
de la iglesia. Todo eso conduce, finalmente, a un neo-Iegalismo: allí
mo definitivo donde elementos cristianos se han unido con un tras-
donde la iglesia ocupa el primer plano, dentro de unas estructuras de
f?nd~ gn.óst!c? (o semignóstico); después viene la recaída de la cato-
vida s~Clal, se :ruelv.e nec~sario acentuar la exigencia de las obras; la
salvación de DlOS viene ligada nuevamente al tipo de actividad del lización rnciprente ~e la iglesia antigua. Pues bien, hoy sabemos
q~e .ese proceso ha sidomucho más complejo. Hay desde el princi-
hon;bre. Est?s son, ~ir~d~s en form3; general, los planos de esa gran
pio iglesias, pe!specti.vas, caminos diferentes. Lo que a todos une no
recalda. eclesial del cnsnarusrno, reflejada en formas muy diversas en
e~~ una determ~nada interpretación existencial sino la misma confe-
los escrrtos del NT (pa~torales, Co~, Ef,.sinóptiocos, Heb, Ap) y en los
primeros .autores cnsuanos de la iglesia (Didajé, Ignacio). sron de Jesucnsto. Por eso, el hecho de absolutizar una visión de
Jua~ y Pablo ~ontradice a la misma historia de la iglesia y sólo se
sostiene ~ parnr de presupuestos teológicos (luteranos, existenciales)
. 3. ¿Más allá de Bultmann? Conclusiones del t:>~OplO Bultmann 27. Desde aquí se vuelve inadmisible la deva-
Tales son los elementos fundamentales de la Teología del NT de IZ!aczon bultmanniana de los sinópticos. Es inadmisible por dos mo-
R. Bultmann. Durante más de 20 años ella ha dominado la visión tlV~s: 1. porque ellos reflejan una tradición de la historia-palabra de
teol?gic~ del NT. Nadie en ese tiempo se ha atrevido a replicar con
Jesus que resulta necesana dentro de la iglesia; 2. porque ellos de-
efiCl:n.C1a, elabora~d<? un trabajo semejante por su fuerza crítico- sarrollan en su plano redaccional una teología casi tan elaborada,
teolog.lca aunque distinto en perspectiva. Por su capacidad exegética profunda y compleja como pueda serlo la de Juan y Pablo. Así lo es-
y su vlgor~filosófi~o-hermenéutic~, Bultmann ha impresionado a to-
dos los teologos, incluso los católicos,
26. Plan;ea con fuerza el tema E. Kasernann, El problema de jesús histórico, en
Pues bien, pienso que ahora el tiempo está cambiando. Durante Ensayos exegettcos, Salamanca 1978, 160-189. Cf. A new quest 01 the historicalJe-
muchos años, la obra de Bultmann seguirá ofreciendo un punto de sus, London 1971.
referencia obligado para investigadores, exegetas, pensadores. Por . 27. En este plano resultan iluminadores los trabajos de M. Hengel, El hilo de
DIOS, Salamanca 1978; Christologie und neutestamentliche Cbronologie. en NT und
eso ~os parece que la traducción española resulta absolutamente ne- Gescbicbte (Festschr. O. Cullmann), Tübingen 1972, 43-67. Cf. también, 1. Gop-
cesar!a, aunque lle~ue, J?or desgracia, un poco tarde. Sólo ahora pele, Die .apostoltsche und nacbapostoiiscbe Zeit Gottingen 1966' F. C. Grant An
empieza a descubnrse, S10 embargo, que la próxima teología del insroductio» to the NT thought, New York 1950; R. Grant, A historical intro'duc-
tton to the NT, Glasgow 1974; C. F. D. Maule, The birth oftbe NT, London 1966.
28 Presentacton de la edtctón castellana Presentaaán de la edtctón castellana 29

tán mostrando los nuevos trabajos escntos desde la «hrstona de la re- VIda del creyente se ha tendido, a través de la predrcación, un puen-
dacción» 28 Convertir a los sinópticos en apéndice teológico del NT te de inmedratez grauficante que hbera al hombre del mundo y le
resulta Improcedente mtroduce en el campo de la gratuidad y esperanza escatológica
Tambtén se han transformado los supuestos filosóficos La con- Pues bien, en contra de esa perspectiva que juzgamos bellamente
cepción exrstencial de Bultmann ha servido para destacar de una extremista, apoyándonos en elementos que pudieran ser aceptados
manera rmpresionante CIertos rasgos de Juan y Pablo En ese aspecto por la tradición luterana, queremos presentar un trasfondo diferente
su obra seguirá siendo valiosa aun cuando cambien las maneras de de interpretación teológica del NT Lo pnmero que nosotros desta-
enfocar todo el problema Pero el acento filosófico ha mudado, de camos es la importanaa de la medtactón eclestai Hemos recrbido el
tal forma que nadie asume ya del todo la VISIón del hombre que ha canon del NT de manos de la iglesta Por eso, en contra de todo re-
supuesto Bultmann Estamos asisnendo a lo que podríamos llamar duccrorusrno selectrvo que sólo acepte a]uan y Pablo, pensamos que
recuperacrón VIOlenta de aquellos aspectos que habían SIdo más SIS- es preCISO subrayar la unidad de todo el NT, aceptándolo y vrvién-
ternáncamente srlenciados por el pensamiento exrstencial el valor dolo en aquel contexto hermenéunco que forma el conjunto de la
de la comumdad Frente al mdrviduahsmo antenor, centrado en la rglesra Después VIene la opción cnstológica El enseno de untdad
autenncrdad y decisrón personal, se ha puesto de relieve la necesi- del NT no es un dato antropológico (jusnficacrón por la fe) sino un
dad de acentuar los rasgos de la VIda mterhurnana sólo allí donde rrusteno kengmánco el anuncio de la presencra de DIOS en]esucns-
se alcance transparencia SOCIal, en ámbito de mutua mnmrdad y de to Este cambio de acento me parece absolutamente necesano, aun
justicia, puede hablarse del hombre verdadero la tmportancta de la en perspecnva antropológica sólo a partir de la presencia de DIOS
bzstona Bultmann sólo valoraba la hrstoncidad, aquella decisión es- en ]esucnsto puede comprenderse lo que imphca el ser del hombre
catológica en que DIOS, a través de su palabra, me libera del proceso Finalmente, eso nos lleva a una serie de consecuencias prácticas que
del mundo y me srtúa en apertura de esperanza Pues bien, en deberían ser curdadosamente matizadas el redescubnmiento de la
contra de eso, el pensamiento actual ha destacado la necesidad de histona salvadora y su drstmción respecto de la histona apocalíptrca
reconquistar la dirnensrón histónca del hombre en un proceso que, judía, la revalorización de la actrvidad cnsuana, la recreación de la
abierto a la transcendencra, nene sin embargo un valor de salvación Inurgia De todo eso no podemos hablar aquí pues lleva derna-
De aquí denva la exrgencia de revalorizar el sentuio de la ley Será siado lejos
una ley drsunta de aquella que buscaban los judíos, se fundará en la Todo lo anterior supone que la perspectiva críuco-filosófico-
jusuficación en la fe, por]esucnsto Pero será una ley una exigencra teológica en que Bultmann se movía se ha tornado diferente Eso
de transformación humana, la urgencia de crear sobre el mundo un implrca que su teología del NT, SIendo todavía insusunnble, deberá
orden de JUStICIa-amOr que exprese la verdad de ]esucnsto 29 ser pronto reformulada No para olvidarla smo para superarla y
51 es disunra la base crluca y distmto el trasfondo filosófico, transcenderla En ese campo ya se han dado algunos pasos que pue-
pensamos que tambtén tendrá que ser dtstmta la vtstón teoiágtca den ser sigrufrcanvos En la línea del rrusmo R Bultmann, ha escnto
EVIdentemente, aquí nos movemos sobre un campo mucho más H Conzelmann un compendio de teología del NT (Grundnss der
compleja, que está determinado por las mismas opciones eclesiales Tbeologie des NT, Munchen 1967), su valor está en la clan dad
(catohcismo, protestantrsrno, ortodoxia) Debo afirmar, una vez expresiva, su novedad en la mclusión de un apartado en que se es-
más, que Bultmann se halla motivado, en su rrusrna formulación tudia el kerrgrna y teología de los sinópucos Totalmente distinta es
exegética, por su VISIón radicalmente luterana de la jusnficación la VISIón que ofrecen] ]eremIas, Neutestamentltche Tbeologte 1
por la fe, más allá de todas las mediacrones hrstóricas, las znstancias Dte Verkundtgung [esu, Gutersloh 1971 (Salamanca 1974) y H G
eclesrales, las exigencras prácticas Entre la paradoja de Jesús y la Kurnmel, Tbeologte des NT nach semen Haaptzeugen, Gotungen
1969, el pnmero se centra en las palabras de Jesús, considerándolas
28 Una pnmera perspectiva del rnetodo de la histona de la redaccron en ] como punto de referencia deCISIVO dentro del canon y teología de la
Rohde Die redakttonsgeschtcht/tche Methode Hamburg 1966 S Schulz Die Stun rglesia, relegando así la perspectrva postpascual, el segundo parece
de der Botschaft Hamburg 1970 SItuar a Jesús en el rrusmo nivel que a Pablo y]uan, rompiendo así
29 Ese nuevo trasfondo filosofico se ha dejado sentir en la elaboracion de toda
la teologia postbultmanruana Como ejemplo podemos citar los nombres de Molt la novedad pascual de la iglesia En el punto de unión entre doctn-
mann Pannenberg y Metz na eclesial, exégesis bíblrca y reflexión teológica se encuentra el
Presentaczón de la edzczón castellana
Presentaczón de la edzczón castellana 31

excelente manual de E. Lohse, Grundnss der neutestamenltchen


Theologte, Stuttgart 1975 (Madrid 1978). Su esbozo puede abrir ca- do, el mensaje de Jesús, lo mismo que los acontecimientos funda-
mino a trabajos ulteriores, más documentados y extendidos, que lle- mentales de la iglesia (experiencia pascual, pentecostés ... ) no consti-
nen el vacío que se ha creado con los cambios que acabamos de tuyen objeto explícito de la teología del NT, son sus presupuestos.
indicar 30. En contra de aquello que supone Jeremias, no se puede (ni se debe)
La nueva teología del NT tendrá que responder a dos preguntas fijar neutralmente la palabra histórica de Jesús y declararla funda-
preliminares: qué es el NT. Se trata de saber si el NT constituye un mento normativo de la vida de la iglesia. Trátese, por tanto, de je-
sús, de su vida y su palabra, en un contexto neutralmente histórico;
documento desgajable de la vida de la iglesia, documento en el que pero que ello sea un punto de partida, una presentación del proble-
puede llevarse hasta el extremo una corriente o un autor a costa de ma. Sólo en un segundo momento, a partir de la experiencia ecle-
los otros (como hace Bultmann con Pablo y Juan). O si el NT es el sial y de la reflexión teológica, cada uno de los autores del NT recu-
testimonio de una iglesia que se encuentra reflejada en la rnultipli- pera en contexto postpascual la historia de Jesús y la interpreta en
cidad de esos textos, de tal manera que ellos sólo pueden entender- una determinada forma teológica. Por eso, propiamente hablando,
se desde el fondo de la confesión y vida de la iglesia. Si se acepta es- no tenemos un evangelio de Jesús distinto y desligable del evangelio
te segundo esquema la interpretación del NT resultará más unitaria, de Pablo, Lucas o Mateo. Tenemos más bien el único evangelio de
más católica y, yo pienso, más científica. Juzgo que el testimonio de Jesús, el Cristo, interpretado y formulado a partir de las diversas for-
unidad eclesial está más cerca de la intención del NT que el exclusi- mas eclesiales de Mt, Mc, Lc, Pablo ... No se diluye la historia de ]e-
vismo de la justificación por la fe a la que apela Bultmann. Qué es sús, se la sitúa en el contexto de la vida de la iglesia, en el contexto
la teología. Bultmann supone que sólo hay teología explícita allí de los diversos paradigmas interpretativos de los libros y autores del
donde el kerigma se interpreta en un contexto antropológico (Pablo NT.
y Juan). Pienso que eso es extremista. También hay teología allí
donde la fe se e~resa de otros modos, más ligados a la vida de Jesús
o al desarrollo d la historia (Me, Mt, Le y Hech ... ). Con esto podemos conclzar. Empezábamos esta nota diciendo:
Antes de ela orar la teología del NT es necesario plantear tam- «quien sepa ya qué es teología, quien conozca a Bultmann y distin-
bién otra pregu ta: ¿hay una teología de Jesús, independiente de ga los estratos del NT ... pase directamente al texto de la obra».
aquella que presentan los sinópticos, Pablo, Juan? Pienso que no. Nuestras reflexiones han sido pensadas para aquellos que están me-
En este contexto debo dar razón a Bultmann, al menos en princi- nos seguros respecto a todo eso. Pues bien, no tengo la certeza de
pio: no es posible elaborar una teología explícita de Jesús. Yeso no haber cumplido mi intención. Sólo he de añadir a los lectores: «y
porque haya sido un judío (Bultmann) o porque su mensaje resulte ahora, ¡vayan a la obra!». Se trata de un libro que resulta absoluta-
desconocido. La razón es mucho más profunda: el Jesús prepascual, mente clave para obtener una visión actual del cristianismo. El solo
cerrado en sí mismo, no es todavía evangelio de la vida de Dios para puede ayudar más que cien pequeños comentarios. Repetimos, sin
los hombres. Antes de la pascua no puede darse teología cristiana embargo, que se trata de un libro limitado. Es Itmttado en plano
de Jesús. Después de la pascua ya no hay una sino varias teologías critico: los problemas siguen pendientes, la exégesis no ha dado (ni
de Jesús, el Cristo, todas ellas válidas, todas concordantes en el fon- dará) su palabra decisiva; por tanto, no se tome como dogma de fe
do aunque distintas en la forma. Por eso, en lo que afecta a este lo que aquí se está ofreciendo. Es Itmttado en plano hermenéuttco:
problema, yo propongo la siguiente solución: propiamente hablan- Bultmann utiliza la clave existencial yeso le ayuda a comprender
muy bien algunas páginas de Pablo o Juan; pero el uso mismo de la
clave le impide ser clarividente en los sinópticos o aquellos docu-
30 EVIdentemente, aquí no podemos valorar todas las teologías del NT que se mentos que presentan en concreto la vida de la iglesia (su organiza-
han escnto después de Bultmann A modo de indrcación CItaremos las que nos pare- ción, historia, forma de actuar). Es Itmttado en plano teológico:
cen más importantes M Garc1a Cordero, Teología de la Biblia I-IlI, Madrid 1972, L Bultmann se sitúa en campo luterano y con el fervor de un neófito
Goppelt, Tbeologie des NT I-II, Gottmgen 1976-1978, A M Hunter. Introductng
new testament theology, London 1957, S Ne¡]l,jesus through many eyes Introduc pretende interpretarlo todo en perspectiva individualista, fiducial,
tton to the theology 01 the NT, Phrladelphia 1976, A Rrchardson , An tntroductton escatológICa; desde ese mismo presupuesto devalúa tradiciones ecle-
to the theology 01 the NT, London 1958, K H Schelkle, Tbeologte des NT I-IV, siales, juzga libros enteros, arrincona perspectivas. Sépalo ver así el
Dusse1dorf 1968-1976 (Barcelona, 1975 s )
32 Presentación de la edición castellana

lector católico. Agradezca a Bultmann su erudición, su poder ac-


tualizar a Juan y Pablo, su capacidad evocadora, su entusiasmo por
el Cristo presente en el kerigma de la iglesia; pero no le pida más;
para enfocar otros aspectos de su vida de creyente vaya al centro de
su iglesia y desde allí relea y redescubra el NT.
Llegados aquí preguntamos: entonces ¿para qué leer a Bult-
mann desde un campo católico, si es que ya sabemos que su visión
es limitada? Tenemos que leerlo porque, dentro de sus mismas li- PREFACIO
mitaciones, nos enseña a descubrir aspectos y riquezas que hasta
ahora nadie había señalado con su misma claridad y con su fuerza.
Tenemos que leerlo pues la fe sólo se vive en un proceso de purifica-
ción y búsqueda, con la ayuda de aquellos que señalan direcciones
en medio del camino. Finalmente, tenemos que leerlo porque so- Este libro permanece en sus elementos esenciales semejante a su
mos «católicos», esto es, universales; porque en el diálogo interecle- forma antigua. Se han añadido algunas indicaciones complementa-
sial debemos ayudarnos mutuamente a comprender y vivir el evan- rias, entre las que se hallan las tomadas de los textos hallados en las
gelio. Quisiera añadir que sólo habremos aprendido a leer a Bult- cuevas de! mar Muerto. Estos textos testimonian la existencia de una
mann de verdad cuando sepamos integrar su verdad en el contexto secta judía, quizás los esenios, a la que, de acuerdo con el lugar
de nuestra celebración litúrgica, de nuestro compromiso práctico. donde se encontraron los restos más importantes, la llamo simple-
Estoy convencido de que entonces no sólo entenderemos lo más va- mente la secta de Qumrán. El descubrimiento de estos textos no me
lioso de Bultmann sino que podremos superarlo, no por contraposi- ha obligado a realizar profundas modificaciones en mi presentación.
ción sino por integración de su verdad en el contexto de la verdad y Con frecuencia se ha sobrevalorado su significación para la interpre-
vida universal de una iglesia que desde los caminos de su diversidad tación del NT. Confirman lo que investigadores como W. Bousset
tiende a la unión definitiva que se gesta en el Espíritu del Cristo. habían uzsto hace ya mucho tiempo: que la imagen del judaísmo
del tiempo de Jesús no era en absoluto tan simple como se despren-
XABIER PIKAZA de de los textos de los rabinos. También los escritos apocnfos, como
Salamanca 1981 los libros de Henoch y los Testamentos de los patriarcas y el escrito
de la secta de Damasco, que pertenece a los escritos de Qumrán.
Cada uno de los paralelos en concreto entre e! NT Y los textos de
Qumrán no prueban relación de dependencia, sino que representan
formaciones análogas dentro del movido judaísmo de aquellos tiem-
POJ. La analogía más significativa sería e! hecho de que la comuni-
dad primitiva cristiana, al igual que la secta de Qumrán, se ven a sí
mismas como el verdadero Israel del fin de los tiempos. Este hecho
no prueba, sin embargo, en absoluto, dependencia alguna entre
ambas comunidades. También otros (exactos o dudosos) paralelos
en la organización de la comunidad representan únicamente forma-
ciones análogas.
Se han completado abundantemente las referencias bibliográfi-
cas. Para llevar a cabo tal trabajo he contado con la ayuda desintere-
sada de mi colega y sucesor W. G. Kümmel, a quien estoy profun-
damente agradecido.

Marburg, mayo 1958


PREFACIO A LA 5. a EDICION TABLA DE ABREVIATURAS

¡\ !,ol Apología de Justino.


W. Bauer, Worterbuch W. Bauer, Gn'echisch-deutsches Worterbuch zu
Permanece sin cambios el texto de las anteriores ediciones. Uni- den Schnften des Neuen Testaments und der
cemente, se hicieron precisas algunas variaciones y añadiduras en la übngen urchnstlichen Literatur, Berlin 51958
lista de bibliografía. No se pudo alcanzar una exhaustiva anotación
(=1%3)
de la literatura que ha aparecido desde la anterior edición, ni tam-
poco lo hemos pretendido. Sólo ocasionalmente hemos aludido a 1 Clem I Carta de Clemente
los artículos de los léxicos, como ThWB, RAC, ya que en la mayoría 2 Clern II Carta de Clemente
de los caSOJ se sobreentiende que para orientación es preciso em- I)ial justino, Diálogo con Trijón
plear/os. Sólo en algunoJ lugareJ concretos hemos hecho algunaJ Didajé
Did
correcciones, muy breves, o añadiduras al texto. No fue poxible una
l.v'I'heol Evengalische Theologie (Munich)
completa discusión de otras opiniones. Hacer/o habría requerido
cambiar el carácter del libro. II<lb. z. NT Handbuch zum NT, ed. H. Lietzmann
También en esta ocasión estoy obligado a agradecer cordialmen- l lrrrn mand Pastor de Hermas, mandata
te a mi colega y sucesor W. G. Kümmel JU amistosa ayuda. l krrn sim Pastor de Hermas, simtlitudines
l k-rrn vis Pastor de Hermas, visiones
Marburg, marzo 1965
I~II Ef Ignacio, Carta a la comunidad de Efeso
RUDOLf BULTMANN I~II Mg Ignacio, Carta a la comunidad de Magnesia
I~II TI' Ignacio, Carta a la comunidad de Tralles
I~II Rom Ignacio, Carta a la comunidad de Roma
1~11 Phld Ignacio, Carta a la comunidad de Filadelfia
1~11 Esm Ignacio, Carta a la comunidad de Esmirna
I~II PoI Ignacio, Carta a Policarpo
1< ; Inscriptiones Graecae, 1913
J111. Journal of Biblical Literature (University of Mon-
tana, USA)
Joum. of Re!. The Journal of Religion (University of Chicago
Press, USA)
K"I' Pe Kerigma Petri (fragmentos de un escrito del siglo
I1)
MySal Mysten'um Salutis, Madrid
36 Tabla de abreviaturas

NTS New Testament Studies (Londres)


Q La hipotética segunda fuente (Quelle) de Mateo y
Lucas
RAC Reallextkon jür Antike und Christentum, ed. Th.
Kluser, 1941
RechScRel Recherches de Science Religieuse (París)
RGG Die Reltgion in Geschichte und Gegenwart, ed.
K. Galling, 31957
RHPhRel Revue d'Histoire et de Philosophie Religieuses
(París)
SA Sitzungsbericht der ... Akademie der Wissenschaf-
ten, philosophische-historische Klasse
SelT Selecciones de Teología (San Cugat del Vallés)
SM Sacramentum Mundi, Barcelona
StTh Studia Theologica (Oslo)
Str.-B. Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud
und Midrasch, ed. H. 1. Strack-P. Billerbeck,
31954
ThBI Theologische Blatter, 1922-1942
ThLZ Theologische Literaturzeitung (Stuttgart)
ThR Theologische Rundschau (Tubinga), 1897s; NF
1929s
ThStKr Theologische Studien und Kritiken, 1828-1942
ThWB Theologisches Worterbuch zum Neuen Testa-
ment, ed. G. Kittel-G. Friedrich, 1933 s
ThZ Theologische Zeitschrift (Basilea)
ZKG Zeitschrift für Kirchengeschichte (Stuttgart)
ZNW Zeitschrift für die neutestarnenliche Wissenschaft
und die Kunde der alteren Kirche (Berlín)
ZsysTh Zeitschrift für systematische Theologie
ZthK Zeitschrift für Theologie und Kirche (Tubinga)
1
Presupuestos y motivos de la
teología neotestamentaria
1
LA PREDICACION DE JESUS

A. Schweitzer, Geschichte der Leben-jesu-Forschung, 61951; Ad. Jülicher, Die Reli-


gion ]esu und die Anfange des Christentums bis zum Nicaenum (Die Kultur der Ge-
genwart 1, 4), 21922; W. Bousset, [esus (Religionsgeschichtl. Volksb. 1, 2/3), 41922;
P. Wernle, [esus, 21916; W. Heitmüller , [esus, 1913; A. Schlatter , Die Geschichte
des Christus, 21923; R. Bultmann, ]esus (Die Unsterblichen 1), 41964; K.
Bornhauser, Das Wirken des Christus durch Taten und Worte, 21924; K. 1.
Schmidt,]esus Christus (RGG 2III, 110-151); Arth. C. Headlam,]esus Christ in his·
tory and fatth, 1925; F. C. Burkitt, ]esus Christ, 1932; M. Goguel, La vie de ]ésus,
1932; T. W. Manson, The teaching of[esus, 1935; M. Dibelius, ]esus (Samml.
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Grundmann,]esus der Galilaerund das]udentum, 1940; R. Mayer, Der Propbet aus
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Manson, Bist du, der da kommen soll?, 1952; O. A. Piper, Das Problem des Lebens
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fer, [esus, Gestalt und Gescbicbte, 1957; W. Grundmann, Die Geschichte [esu
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1965; A. Strobe1, Die modeme]esusforschung, 21968; N. Perrin, Rediscovering the
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1970; E. Fuchs, [esus. Wort und Tat. Vorlesungen zum Neuen Testament, 1971; F.
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Kümrnel , Ein ]ahrzent Jesusforschung 1965-1975: ThR NF 40 (1975) 289 s; E.
Schillebeeckx,]esus, die Geschichte von etnem Lebenden, 1975; N. Perrin,]esus and
the language of the kingdom, 1976; M. Green (ed.), The truth of God incarnate,
40 La predicación de Jesús La predicación escatológica 41

1977; B. Gerhardsson , Die Anfiinge der Eoangelientradition. 1977; C. F. D. Moule , partir del kerigma de la comunidad primitiva, por tanto, comienza
The ongin of cbristology, 1977; U. B. Müller, Vision und Botscbaft. Erwiigungen zur la reflexión teológica, comienza la teología del NT. Naturalmente
prophetúchen Struktur der Verkündigung jesu: ZTK 74 (1977) 416-448; H. Stoeve- pertenece a sus presupuestos históricos la aparición de Jesús y su
sandt , De histonscbe jezus en de Christus-oereondiging: Kerk en Theologie 28 predicación. En este sentido debe ser incluida la predicación de Je-
(1977) 12·19; D. F. Srrauss, The Cbrist offal!h and thejesus ofthe bistory, 1977; sús en la presentación de la teología de! NT
A. Fuchs. Probleme der Forscbung, 1978; W. G. Kümmel.jesusforschung sett 1965:
2.Fuente para la predicación de Jesús son los evangelios sinóp-
TR 43 (1978) 105·161; R. Latourelle , L'accés ¡¡ jésus par les évangiles, 1978; W.
1iros. Para su empleo histórico vale la llamada teoría de las dos
Trilling. Die Botscbaft [esu, 1978;]. D. G. Dunn, Unity and diversity in the NT,
fuentes, es decir, Mc (que nos ha llegado a nosotros en una redac-
1979.
e Ión posterior) es una de las fuentes para Mt y Le; la otra, una colee-
O Cullrnann, Cristologia del NT. 1965; X. Léon-Dufour , Los evangelios y la bis-
rión de dichos de Jesús (Q). En los sinópticos se nos impone la tarea
tona de [esús. 1966;]. Bourke, El jesús de la historia y el Cristo del kengma: Conei-
de ir separando continuamente entre tradición antigua, producto de
lium 11 (1966) 29-50; W. Trilling,jesús y los problemas de su bistoriciaad, 1970;]. R.
la comunidad y redacción evangélica. No podemos dar en esta pre-
Geiselmann, jesús el Cristo, 1971; E. Kasemann , Eljesús histánco y el Cristo de la fe:
serllarión un análisis crítico; puede encontrarse en mi libro Historia
SelT 42 (1972) 87-104; R. E. Brown,jesús Dios y hombre, 1973; O. Cullmann,jesús y
de la tradición sinóptica, ') 1980 l. En adelante citamos los lugares de
los revolucionarios de su tiempo, 1973; M. Hengel, jesús y la violenciá reoolucionaria,
Me sin la añadidura de «par» allí donde los paralelos de Mt y Le no
1973;]. Blank, jesús de Nazaret, Historia y mensaje, 1973;]. I. González Faus, La hu-
representan una tradición independiente; se añade a los lugares de
manzdadnueva, 1974; Ch. H. Dodd, Elfundadordelcnstianzsmo, 1974; W. Pannen-
Mt y Le un «par» cuando se trata de tradición que Mt y Le han to-
berg, Fundamentos de cristologia, 1974; C. Tresrnontant, La doctrina de Yesúa de Na-
zaret, 1975; H. Braun, jesús. El hombre de Nazaret y su tiempo, 1975; O. González
mado de la fuente (Q). Incluso esto debe ser designado por «par».
de Cardedal. jesús de Nazaret, 1975; J. )eremias, Teología del FT. Jl~77; K. H.
Schelkle , Teología del NT. 1977; H. Küng, Ser cristiano, 21978; K. Reinhard, Nuevos
caminos de la cnstologia actual: SelT 68 (1978) 261-267; G. Bornkamm,jesús de Na- § 1. LA PREDICACIÓN ESCATOLÓGICA
zaret, 21978; E.Kasemann, Ensayos exegéticas, 1978; M. Herranz Marco, Los eoange-
lIOS y la critica bistánca, 1978; Che Duquoc, Crissologia. J1979; J. jeremias, Palabras
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süs, 419~0; W. Kasper, jesús el Cristo, ·JÍ980;). )eremias, Abba; El mensaje central
religiones: W. Bousset , Die Religion deJjudentums in der spiithellenzst. Zeu, 31926;
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loXY and etbics in Ihe teaching ofjesuJ.'1950; W. G. Kümrnel, Verheúsung und
Er(üllunx, '1956; E. Grasser , Das Problem der Parusieverzogerung. in den synop).
Prenotandos Evanxelú:n und in der ApUJtelxeschichte, 21960; B. Rigaux, Le seconde venue de jé-
\lIJ. en La uenue du Messze, 1962, 183 s; E. Lundsuom, Tbe kingdom of God in the

1. La predicación de Jesús pertenece a los presupuestos de la pi


teachinx o( je!uJ, 1\>,6);,I\!.]!,rrill. [he iingdRrn Cod in the teiUhing ,9.[Jesús,
teología de! NT y no constituye una parte de ésta, En efecto, 1%3: G. L. Ladd, Jesus ~nd th~ kinxdom. The eschatology ofblphealrealúm, 1964;
la teología de! NT consiste en e! despliegue de las ideas en las que A. St robel , Ke~~~a und Ap;;<tdy'P'tik, 1967; H. Flender, Die Botscbaft [esu von' der
la fe cristiana se asegura a sí misma acerca de su objeto, de su fun- Ilerrrchaft Goues, 1968; H. Flender, Die Botschaft jesu von der Herrscbaft Gottes,
damento y de sus consecuencias. La fe cristiana comienza a existir en 1968: G. Klein, Releh Gottes ais biblúher Zentralbegnff EvTh 30 (1970) 642-670:
el momento en e! que existe un kerigrna, es decir, un kerigma que W Schmnhals, [esus Cbristus In der Verkündtgunx der Kircbe. 1972; R. H. Hiers,
anuncia a Jesucristo como la acción salvífica escatológica de Dios. rs; hútoncal[esus amlthe kinxdom of God, 1973: H. Wenz, Tbeologie des Reicbes
Este kerigrna es en realidad Jesucristo e! Crucificado y Resucitado. (;otteJ. Ha¡ .'leh jesus geirrir, 1975; N. Perrin, [csus and the languaxe of the kinx'
Esto comenzó a suceder por primera vez en e! kerigma de la primiti- d om. 1976: A. Feuillet , Le regn« de Dieu el les miracles de jésus d'apres les éuang>
va comunidad, no ya en la predicación del Jesús histórico, aun
cuando la comunidad haya introducido en la relación sobre la predi-
cación de Jesús, con frecuencia, motivos de su propio kerigma. A l. R. Bultmann. Die Gcscbicbte der svnoptischen Tradition, "1980.
42 La predtcacuin de Jesús
La preaicacion escasolágtca 43

les synopnques EV 87 (1977) 655-669, R Schnackenburg (ed ), Die Kircbe des An-
fangs, 1977, D Zeller, Prophetiscbes Wmen um dte Zukunft m synopttschenjesus- peranza que no aguarda la salvación de un cambio maravilloso del
worten TPh 52 (1977) 258-271, A Feuiller , Le caractére pUrement reltgteux et unt- eón hIStÓf((O, de la situación socral o polítrca, S1l10 de una latástrofe
versel du régne de Dteu d'apres les évangtles synopttques Drvrrutas 22 (1978) 153- cósrmca que pondrá fm total al actual decurso del mundo. Presu-
175, H Merklein, Die Gottesherrschaft als HandlungspnnZtp Untersuchung zur puesto de esta esperanza es la VISIón pesrrrusta-duahsta de la corrup.
Ethtkjesu, 1978, H Weder, Die Gietcbrusse jesu als Metaphem Tradittons und re ción satán« a de todo el uruverso. Esta concepción encuentra su
daktlOnsgeschtchtltche Analysen und lnterpretattonen, 1978, G Strecker, Eschaton expresión en la doc trrna especial de los dOJ eones en los que está dr-
und Hzstone, 1979, R Nordsieck, Reicb Gottes Hoffnung der Welt, 1980 vrdido el curso del mundo: el VIeJO eón se encamina hacia su frn yel
R Schnackenburg, Remo y remado de Dios, 1970,] ]eremtas, Las parábolas de nuevo rrrurnprrá bajo sobresaltos y angustias. DJOs ha determmado
jesús, 1970, L Cerfaux, jesús en los orígenes de la tradzaá», 1970,] jerenuas, In el curso del viejo mundo señalando sus períodos y cuando llegue el
terpretaaon de las parábolas, 1971, Fr Mussner, El mensaje de las parábolas de je día señalado por él, tendrá lugar el jurero del mundo, que será realr-
süs, 1971, L Cerfaux, Mensaje de las parábolas, 1972,] Hargreaves, Las parábolas zado por él o por su representante, el «hijo del hombre», que Viene
del eoangelto, 1973, R Schnackenburg, Teología del NT, 1973, Ch H Dodd, Las sobre las nubes del crelo. Los muertos resucitarán y tanto las al-
parábolas del remo, 1974, W Pannenberg, Teología y remo de DlOS, 1974, L M e rones buenas como las malas recibirán su recompensa. La salvación
Armendánz, El remo de DlOS, centro del mensaje y de la vtda de jesús Sal Ter 64 de los piadosos consisurá no en una plétora esplendorosa de brenes
(1976) 363-370,] jeremras, Teología del NT, 31977, K H Schelkle, Teología del nac tonales, smo en una exuberancia paradisíaca. En el contexto de
NT, 1977,] jererruas. Abba El mensaje central del NT, 1980, L Coenen-E esta esperanza se halla la predrcación de Jesú~. CIertamente faltan
Beyreuther-H Bierenhard, Dicaonano teolágtco del NT, 1980 en ella todas las doctas y fantásncas especulaciones de la~
ajJowlíplzWI. Jesús no vuelve su mirada, como aquéllos, halla atrás
a los ya transe urndos períodos del mundo 111 establece cák ulo algu-
1. El concepto dominante de la predicación de Jesús es la idea no a( en a de cuándo tendrá lugar el frn del mundo; él no llama la
de la realeza dtvma de «remo de DZOJ» (l3uatAEÍu 1"OU Bsoü). El anun- arene Ión sobre señales en la naturaleza o en la historra de los
cia su inmediata, ya inminente, irrupción, que ya ahora se siente. pueblos de las que puede descifrarse la fecha del fmal de los uern-
La realeza divina es un concepto escatológico. Significa el gobierno po~. Renuncia, por otra parte, a toda descnpción del jurero, de la
de Dios que pone fin al actual curso del mundo, que aniquila todo resurreu rón de los muertos y de la futura bienaventuranza. Todo
lo que se opone a Dios, todo lo satánico bajo cuyo mando se debate queda en un segundo plano ante la Idea de que Dios remará enton-
ahora el mundo y con ello, poniendo fin a toda estrechez y a todo (es Tan sólo enconrrarnos en su predrcacrón algunos rasgos deseo-
sufrimiento, trae la salvación al pueblo de Dios, que aguarda el nectados, proveruentes de la presentación del futuro que ofrec e la
cumplimiento de las predicciones de los profetas. La venida de la apO( alíptn a
soberanía divina es un acontecimiento maravilloso que acontece sin Apenas SI se habla de la opostción de éste y de aquel eón. Los
la intervención del hombre; Dios actúa únicamente. lugares que hablan de «los hIJOS de este mundo» (uíoí 1"OU UIWVOC;
Con tal anuncio se halla Jesús en el contexto hZJtórico de la ex- 1"OlJ1"OlJ) (Le 16, 8, 20, 34 s), y los que hablan de la recompensa a
pectacion Judía del final y del futuro. Ciertamente es claro que no la fidehdad en el eón venidero (Me 10, 30) son secundarros
está influido por la concepción, viva aún en ciertos grupos del QUIzás sea auténtica tradu rón el empleo de «al final del mundo»
pueblo judío, de la esperanza nacional, que entiende el tiempo de (alJV1EAEta 1"OU uIWVOC;) (Mt 13, 49), ciertamente secundano en la
salvación que Dios aporta como un restablecimiento de lo antiguo, exphcac ión de la comparación (Mt 1 J, 39 s: 24, 3). «Este momen-
entendido a la luz del ideal prometido a la casa de David. Jesús no to» (KUtpOC; OlJ1"OC;) , en senudo de «presente» que se halla delanre
habla ni una palabra acerca del mesías-rey que pulverizará a los ene- del final escatológn o, es orrginal en Le 12, 56, seLUndano, en
migos del pueblo; ninguna palabra acerca de la soberanía de Israel . ambro en M( 10, 30, en contraposición a «SIglo venIdero»
sobre la tierra, de la reunión de las doce tribus ni de la dicha en el (epxó¡.tEvOC; nuov]
rico país, bendecido por la paz. Por el contrario, el anuncio de Jesús Es crertaruenre claro que Jesús tiene la convrccrón de que duem-
está en el contexto de la esperanza de otros grupos, de la que nos da po de e~te mundo ha transcurndo ya Prueba esta afirmauón el corn-
testimonio, sobre todo, la literatura apocalíptica. Se trata de una es- pendio de su predu acrón que encontramos en Me 1, 15: «El uempo
se ha cumplido y el remo de DIOS está cerca» (1tE1tAÍ]pÚYCUt Ó KUtpbC;
44 La predicación de Jesús La predicación escatológica 45

xni fíyytKEV TÍ /3aatA-EÍa roü SWi). Jesús está convencido de que el ac- de Dios no viene de tal manera que el hombre pueda calcularlo; y
tual curso del mundo se encuentra bajo la soberanía de Satán y de sus no se puede decir tampoco: «¡mira aquí o allí! Porque he aquí que
demonios, cuyo plazo ha transcurrido ya (Le 10, 18). El espera la ve· el reino de Dios está (de golpe) en medio de vosotros» (Le 17, 21).
nida del «Hijo del hombre» como juez y como portador de la salva- «Se os dice: ¡mira aquí o allá! ¡No vayáis detrás! Pues como el rayo
•ión (Mc 8, 38; Mt 24, 27 par. 37 par. 44 par.; [Mt 10, 23; 19, 28]; brilla e ilumina de un punto al otro del cielo, así será con el hijo del
L 12, 8 s f =o Mt 10, 32 s]: 17, 30?)2. Espera la resurrección de los hombre en su día» (Le 17, 23 s).
muertos (Mc 12, 18-27) Yel juicio (Le 11, 31 s par.). El comparte la El pueblo está ciego para captar los verdaderos signos del tiem-
idea del fuego del infierno al que son arrojados los condenados (Mc po; puede entender las señales del cielo, de las nubes y del viento,
9, 43-48; Mt 10, 28). Para la bienaventuranza de los justos emplea la cuándo vendrá la lluvia o hará calor, ¿por qué no puede entender
simple designación de «vida» (swlÍ) (Mc 9, 43-45). Es cierto que habla las señales del ahora? (Lc 12, 54-56). Cuando la higuera produce
de la comida celestial en compañía de Abrahán, de Isaac y de jacob brotes y se cubre de hojas, se sabe: el verano se aproxima; así se de-
(Mr 8, 11) Ytambién de la esperanza de volver a beber el vino en el be reconocer, a partir de las señales del tiempo, que el final está a la
reino de Dios (Me 14, 25); pero él dice también: «cuando resuciten puerta (Mc 13, 28 s).
de entre los muertos ni pedirán ni serán pedidos en matrimonio, sino Pero, ¿qué son las señales del tiempo? ¡El mismo! ¡SU aparición
que serán romo los ángeles del cielo» (Mc -{2, 25).
y su actuación, su predicación!
2. Podemos decir ciertamente que Jesús toma la imagen Los ciegos ven y los lisiados caminan,
apocalíptica del futuro, pero reduciéndola fuertemente. Lo nuevo y los leprosos se tornan limpios y los sordos oyen,
los muertos resucitan y resuena el anuncio de salvación para los pobres
propio es, sin embargo, la seguridad con la que él dice: «¡Ahora ha
(Mt 11, 5 par).
llegado e! tiempo! E! reino de Dios irrumpe. ¡Ha !!ef!,ado elfina!!».
Este es el sentido que encierran las palabras: Podríamos preguntarnos si estas palabras expresan la certeza, tan
sólo, de que el anuncio profético de salvación está a punto de con-
iSalve a los ojos que ven lo que vosotros veis! vertirse en realidad (Is 35, 5 s; 29, 18 s; 61, 1) o si Jesús piensa que
Porque yo os digo:
su realización está ya en marcha en sus propias acciones milagrosas.
Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron.
Lo más probable es lo último. Porque Jesús rechaza la exigencia que
Quisreron oír lo que vosotros oís
y no lo oyeron (Le 10. 23s par.).
se le formula de legitimarse mediante una «señal del cielo» (Mc 8,
11 s); por el contrario, él ve la irrupción del reino de Dios en el
Ahora no es el tiempo de lamentos ni de ayunos; ahora es el hecho de que, en virtud de la fuerza de Dios que lo llena, comienza
tiempo de la alegría romo en el tiempo de las bodas (Me 2, 18 s). a arrojar los demonios, a los que él, al igual que sus contemporá-
Por ello proclama él ahora a los que esperan: «[Salvación a neos, atribuye innumerables enfermedades: «si yo arrojo por medio
voso t ros I »: del dedo de Dios los demonios, es que ha llegado a vosotros el reino
¡Salva<lón a vosotros, pobres, pues vuestro es el reino de Dios!
de Dios» (Le 11, 20 par). «Nadie puede entrar en la casa de uno que
¡Salva, ión a vosotros los que tenéis hambre porque seréis saciados! está armado para saquearla si antes no ha maniatado al armado»
¡Salva,ióll a vosotr.» que llorárs porque reiréis! (L, 6, 20s). (Mc 3, 27). Se ve, pues, que si él desposee a Satán de un botín, se
debe a que ha venido uno que es más fuerte que Satán.
La soberanía de Satán se desmorona; porque «yo vi a Satán caer Todo esto no significa que el reino de Dios está ya presente; sí
romo un rayo del cielo» (Le 10, 18). indica que está irrumpiendo. El hombre no puede forzar el curso de
Ciertamente existen signos de !()J tiempos, pero no de la clase de los acontecimientos marcado por Dios ni -como los fariseos
lo~ que intentaba descubrir la fantasía apocalíptica. Porque «el reino pensaban- mediante la estricta observancia de los mandamientos
ni por medio de penitencias, ni -como pensaban los zelotes-
arrojando a los romanos mediante la fuerza de las armas. Porque «el
2. Entre paréntesis se encuentran presuntas formaciones de la lOmunidad o pa- reino de los cielos es semejante a uno que siembra semilla en el
labra, redactadas por el evangelista; Le 17, 30 es, quizá, original. campo. El duerme durante la noche y vigila durante el día y la se-
46 La preatcacton de Jesus La predlcaclOn escatotogtca 47

nulla brota y crece y él no sabe cómo Por sí nusrna produce la tierra = «el remo de los cielos es semejante» en las llamadas parábolas
su fruto prrmero tallo, después espiga y por último, trigo maduro del rezno de Mt (13, 4445, 18, 23, 20, 1, 22, 2, 25, 1) no dile
en la espiga Cuando el fruto está maduro, entonces envía él a los que la magnitud mencionada en la parábola deba ser comparada
segadores porque la cosecha ha llegado» (Me 4, 26-29) con el lema de DIOS, S1l10 quc la parábola enseña de alguna mane-
De esta parábola de la simiente que crece por si misma no es ta la verdad que afecta al remo de DIOS, pOI ejemplo, que el remo
lu rto conc luir -en ella el punto culminante es «por sí de DIos exige ~a( rrhc ros de los hombres, porque cuando se dice en
mlsma»-que el reino de DIOS es una rnagrutud que crece en el Mt 13, 45 «el remo de los cielos se asemeja a un comerciante» es
tiempo por el contrarro se presupone que su venida es un mtlagro • laro que ti cornerc rante no es un modelo del remo de DIOS, srno
mdependienre totalmente de la actuación humana Tan mtlagroso que su actuacron es modelo de la conducta que exige el remo de
corno el crecer y madurar la srrruente, que acontece sin que el DIOS Por lo dernas, la formula mtroductona se debe, en muchas
hombre lo entienda m Intervenga Está lejos de Jesús y de sus con- ocasiones al menos, a la reda« Ión del evangelista, falta en el para-
temporaneos pensar el crecirruento de la strruente como un proceso lelo de l c (14, 16), de Mt 22, 2 Y no se encuentra en absoluto en
natural de desarrollo Se hale claro el sentido de la parábola SI tene- las parabolas peculiares de u J
mos en cuenta una parábola semejante transrruuda en 1 Cle 23, que
Intenta poner de relieve la segundad de que tendrá lugar el JUICIO ) lodo lo que el hombre puede hacer en relación con la
drvrno «¡Oh, vosotros, necios' Comparaos con un árbol, por irrupc Ión del remo de DIOS es mantenerse preparado o prepararse
ejemplo, con una viña Primero se despoja de la hojas vrejas, des- Ahora es el uempo de la deasion y la llamada de Jesús es la Ila
pues despuntan los nuevos tallos, después las hojas, luego florece y, mada a la decwón La «rema del SUD> V1l10 una vez para escuchar
al frn, el fruto Luego tenemos el fruto maduro, la uva sazonada la sabiduría de Salomón, los ruruvrtas hrcieron perutencra corno
Vosotros veis qué pronto llega el fruto a madurar En verdad, rápida respuesta a la predicacrón de Jonás «¡Mitad aquí hay uno que es
y repentinamente se realizará la decrsión de DIOS » mayor que Salomón' ¡Aquí hay uno que es más que Jonás'» (Le
Tarnpoco las parábolas del grano de mostaza y de la levadura 11, 3s par) «OHhoso qUIen no se escandaliza en mí» (Mt 11, 6
(Me 4, 30-)2 o Mt 13, 31 s par) hablan de un proceso paulatino del par)
«remo de DIOS» dentro de la historra Su poznte es la contraposrción En el fondo es él mismo en ru persona la «señal del tiempo»
de la pequeñez de sus corruenzos y de la magnitud que alcanza al Con todo, el Jesús hrstónco de los srnópticos no exige el reconou-
final, no qUIeren enseñar sobre el proceso que va de pnncrpio a fin rruento, la «fe» en su persona como el Jesús Juaneo El no se
1 anto el corruenzo corno la consumar.rón del remo de DIOS son rru- proclama corno el «mesías», es decrr, el rey del tiempo de la salva-
lagrosos y milagroso es el acontecrmiento que mtroduce la consuma- (IOn, sino que apunta, más bren, al «hIJO del hombre» que vendrá,
uón Por corruenzo deberíamos entender la aparrción y actuación de corno a otro disnnto de él El en su persona significa la exigencia
Jesus SI las parábolas hablasen en concreto de comienzo y consuma- de la de~lllón, en la medrda en que su llamada es la última pa-
uón del remo de DIOS Pero esto es, naturalmente, mcierto Las pa- labra de DIOS antes del fm y corno tal llama a tomar una decisión
rabolas afines en el Pastor de Hermas (mand V, 1, 5s, XI, 20s) de Ahora es la última hora, ahora sólo vale sí o no Ahora es cuando
la gota de ajenjo que torna amargo un cubo de miel y de la piedra se pregunta SI uno quiere a DIOS y su remo o al mundo y sus
de graruzo cuya caída puede causar gran dolor, tienen un senudo bienes, la decisión debe ser radical «Nadie que pone su mano
totalmente diferente, aquélla debe mostrar cómo el eJerCIcIO en la sobre el arado y mita atrás emergerá para el remo de DIOS» (Lc 9,
pacrencia es anulado por una recaída en la Ita, ésta pretende tlustrar 62) «Síguerne y deja que los muertos entierren a los muertos» (Mt
el poder del espintu drvmo Sería posible que las parábolas del gra- 8, 22 par) «QUIen viene a mí y no odia a su padre y madre, mu-
no de mostaza y de la levadura trataran ongrnanarnenre de un jer e hIJOS, hermanos y hermanas, me.luso a sí mismo, no puede
hombre y qursiesen adoctrinarlo, sea amonesrando, sea consolando,
de la grandeza a la que se puede llegar aun partiendo de comienzos
msrgruficanres 3 Para la mrerpretacron de las para bolas en general comparar Ad julicher
De Igual manera que en estas parábolas, la fórmula Introducto- Die Gietcbntsreden )esu l 21899 11 21910 R Bultmann Die Geschtcbte der
na OIlOW eonv = «es semejante» o CÍJlloló>9T] tl /3aatAew twv oupavwv svnopttschen Tradttton )1980 179222 (alli se encuentra mas brbhografra) ] ]ere
mias Las paraba/as de )esus 1971 W Michaehs Die Gietchnisse )esu 1956
48 La preatcacuin de Jesús La expltcactón de la exigencia de DIos 49

ser mi dIScípulü>~ (~ 14, 26 par). «Quien no lleva su cruz y me sigue SI tu mano te sirve de tentación , I córtala I
no puede ser mr discípulo» (Lc 14, 27 par o Me 8, 34). Es mejor para ti entrar mutilado en la VIda que tener que u al infierno pose-
El mismo se ha mamfestado desligado de los familiares: «quien yendo las dos manos
hace la voluntad del Padre, éste es rru hermano y hermana y madre» SI tu OJO te quiere tentar, I arráncatelo I
(M~ 3, 3'». De esta manera ha arrancado por medio de su palabra a Es mejor para ti entrar poseyendo sólo un oJO en el remo de DIOS, que ser
legiones de personas de su patria y de su oficio, gentes que le seguían arrojado al Infierno poseyendo los dos ojos (Mc 9, 43 47, Mt 5, 29 s)
por sus correrías como dtscípulos (Me 1, 16-20; 2, 14). Entre tanto,
Esta renuncia al mundo, esta «desmundanrzacrón» no es algo así
no ha fundado él una orden o una secta, y no digamos nada de una
como una ascesis, sino la disposición moral para la exigencia de
«iglesia», m ha estimulado a todos a abandonar casa y famiha.
DlOS. Porque lo que en el plano positivo corresponde a esta renun-
Las palabras acerca de la construcción de la «Iglesia» (ÉKKA-T¡aía) cia y en lo que consiste esta disposición para el remo de DlOS es el
(Mt 16, 18), así como Mt 16, 17-19 han sido formadas tardíamente cumphmrento de la voluntad de DlOS, tal como Jesús la puso clara-
por la comunidad 4 mente de manifiesto en su lucha contra el Iegahsmo judío .
.Todos son interpelados a tomar una decisión, a definirse dónde
quieren colgar su corazón: si de DlOS o de los bienes del mundo.
«No acumuléis tesoros sobre la tierra ... Porque donde está tu tesoro
allí está también tu corazón» (Mt 6, 19-21 par). «Nadie puede servir § 2. LA EXPLICACIÓN DE LA EXIGENCIA DE DIOS
a~ dos señores» (Mt 6, 24 par). ¡Cuán peligrosa es la riqueza' «Más
fácilmente puede un camello pasar por el ojo de una aguja que un Además de la brbliografía correspondiente a § 1, cf E Gnmrn, Die Ethtk [esu,
neo en el reino de DlOS» (Mc 10, 25). La mayoría de las personas es- 21917, E Klosterrnann , [esu 5tellung zum AT, 1904, Fr K Karner, Der Vergel
tán atenazadas por los bienes y cuidados terrenos y cuando tienen tungsgedanke tn der Ethtk [esu, 1927 H Wlndlsch, Der Smn der Bergpredtgt,
21937, E Lohmeyer, Kultus und Eoangeltur», 1942 Para la ética Judía, además de
que tomar una decisión fracasan, como lo pone de manifiesto la pa-
W Bousset (§ 1) G F Moore, Judatsm m the firrt centunes 01 the chnstia» era 1-11,
rábola del banquete de bodas (Le 14, 1)-24 par). Es útil poner en
1927, R Sander, Furcht und Liebe tnz palas: Judentum, 1939, G Bornkarnrn, Der
claro lo que el hombre desea, de qué prestaciones es capaz, cómo
Lohngedanke tm NT Ev Theol (1946) 143-166, Fr C Grant, The teachmg ofjesus
deben ser reunidos los medios previamente para construir una torre and the ftrst century [eunsb etbtcs (The study 01 the Btbie today and tomorrow,
o.para emprender una campaña militar (Le 14, 28-32). Pero es pre- 1947, 298313), A N Wdder, Eschatology and'ethtcs m the teachmg 01 [esus,
CISO estar dispuesto a cualquier sacrificio por el reino de Dios, a se- 219';0, H Braun, 5pat;udtsch harettscher undfruhchmtltcher Radtkaltsmus 11, 1957,
mejanza del labrador que encuentra un tesoro y vende todo para W Pesch, Der Lohngedanke m der Lebre jesu, 1955, H K McArrhur. The unders
poder comprarlo, o como el mercader que vende todo para adquirir tandmg 01 the sermon on the mount, 1960, J Dupont, Les béatttudes l, 21958, 11,
una perla preciosa (Mt 13, 44.46). 1969, IlI, 1973, L Goppelt, Cbristologie und Ethtk, 1968, P Nol1, Jesus und das
Gesetz, 1968, E Lohse-Chr Burchard-B Schal1er, Der Rufjesu und ate Antwort der
Gememde, 1970, H D Wendland, Ethtk des Neurn Testaments, 1970, V P Fur-
4 Cf Die Geschtcht der synop Tr, 9147-150 277 s , Theol Bl 20 (1941) 265- rush , The love command m the NT, 1972, H Hubner, Das Gesetz m der synop
279 Sobre la discusión del problema, informa Insuperablemente O Linton, Das uscben Traduion, 1973, A Nissen, Gott und der Nachste tm anttéen Judentum,
Problem der Urlurcbe m der neueren Forschung, 1932 A parnr de esa fecha, cf R N 1974, C Dietzfelbinger , Die Anttthesen der Bergpredigt, 197';, P Hoffmann-V
F!ew, Jesus and hts church, 1938, J B Bernardin, Tbe church m the NT Anglrcan
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Theol Rev 21 (1939) 153-170, F C Grant, The nature oftbe church (Ibid 190-2q4),
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50 La predicación de Jesús La explicación de la exigencia de Dios 51

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Dupont, Introaucctán a las bienaventuranzas: SelT 68 (1978) 323-329. judío se manifiesta en lo siguiente: nunca una ley jurídica, como
tampoco una exigencia moral, puede comprender, encerrar, todas
1. La predicación de Jesús como interpretación de la voluntad, las situaciones posibles de una vida individual; por su naturaleza
de la exigencia de Dios, es una gran protesta contra ellegalismo quedan muchos casos libres, para los que no existe precepto alguno.
judío, es decir, contra una piedad que encuentra detallada en la ley Con ello, empero, queda no solamente un espacio para cualquier
escrita y en la tradición que interpreta la voluntad de Dios y se es- capricho o pasión, sino también -y esto es, de nuevo, característico
fuerza con conseguir, mediante el penoso cumplimiento de las del judaísmo- para prestaciones que están por encima de lo obliga-
prescripciones de la ley, la complacencia divina. Aquí no se distin- torio. Fundamentalmente puede el hombre realizarse a sí mismo
gue ni entre religión y moralidad ni entre los mandamientos del bajo una exigencia legal de sus obligaciones que valen como aporta-
culto de Dios y las exigencias de la ética y las prescripciones del de- ciones individuales del obrar o del renunciar, y le queda espacio pa-
recho, que encuentra allí su expresión característica, ya que los escri- ra prestaciones de libre disposición. De esta manera se formó dentro
bas de la ley son, al mismo tiempo, teólogos, educadores del pueblo del judaísmo la visión de las «buenas obras» que van más allá del
o juristas. La ley prescribe lo que la religión y la moralidad exigen y cumplimiento exigido por la ley (como limosna, obras de amor de
por otra parte, el derecho civil y el derecho penal tienen el valor de diversos tipos, ayuno voluntario y semejantes) que fundamentan los
ley divina. La consecuencia no es sólo que muchas prescripciones le- méritos en el sentido propio y que, en consecuencia, pueden reparar
gales que han perdido el sentido que en un tiempo tuvieron perma- las transgresiones. Por ello se ve claro que la Idea de obediencia no
nezcan aún en vigor, continúen teniendo una aplicabilidad median- ha sido pensada radicalmente,
te una interpretación artificial; no sólo que deban deducirse leyes
que respondan a las nuevas circunstancias del presente mediante ar- 2. Sobre este trasfondo, la predicación que Jesús hace de la vo-
tificiosas deducciones a partir de las leyes antiguas. La consecuencia luntad del Padre aparece como una gran protesta. En ella se renueva
es también que continúen en vigor un número de prescripciones ri- la protesta de los grandes profetas del AT contra la adoración cúltica
tuales y cultuales como exigencia de Dios o como exigencias morales de su tiempo bajo condiciones diversas. Así como aquéllos habían
y que ensombrecen en muchas ocasiones las auténticas exigencias puesto frente a la piedad popular cúltica el derecho y la justicia co-
del bien. La consecuencia es, sobre todo, que el motivo degenera en mo exigencia del culto, así exige Jesús frente a la obediencia pura-
acción moral. No sólo en la medida en que la idea de recompensa se mente formal, que continúa considerando como lo más importante
convierte en motivo, sino también -y esto es lo característico del el cumplimiento de las prescripciones rituales, la auténtica, la radi-
judaísmo- en cuanto que la obediencia que el hombre debe a Dios cal obediencia. El no subraya, como los profetas, la exigencia del
y al bien se convierte en algo puramente formal; es decir, se con- derecho y la justicia, ya que esta predicación, decisiva en un tiempo
vierte en el cumplimiento de la letra; se obedece a un mandamiento para la vida del pueblo, ha perdido su sentido ahora que apenas
porque está mandado, pero no se pregunta el porqué, por el senti- existe una auténtica vida popular. Ha quedado en el judaísmo, co-
do que tiene la exigencia. Y aunque varios escribas han protestado mo resultado de la actuación profética, la codificación del derecho,
contra el hecho de que valga la idea de recompensa como motivo de que ahora no sirve en primera línea a la regulación de la vida del
la obediencia y exigido la obediencia del corazón que cumple el pueblo, sino que regula las relaciones del individuo con Dios. Por
precepto no sólo por miedo, sino por amor a Dios, sin embargo, la otra parte, se eleva la protesta de Jesús contra el hecho de que las re-
obediencia no puede ser radical, verdadera obediencia mientras el laciones para con Dios son entendidas como unas relaciones
hombre obedezca únicamente por estar mandado y por tanto, haría jurídicas. Dios exige obediencia radical, prete?de al hombre ~ntero,
cualquier otra cosa si es que esa otra cosa estuviese mandada o. no Partiendo de aquí se sobreentiende para Jesus que DlOS eXIge del
haría algo si es que estuviese mandado dejar de hacerlo,. La obedIe~­ hombre que éste obre el bien, que es la exigencia moral de la exi-
cia radical es solamente posible cuando el hombre entiende la eXI- gencia de Dios. En est~ sentido, reli.gión y ~oralidad forman para él
gencia y la acepta por sí mismo. Y únicamente de tal obediencia una unidad. Pero la exigencia de DlOS ha SIdo depurada de todas las
tiene sentido decir que cuando ella existe el cumplimiento de las prescripciones cúlticas y rituales, de manera que, junto a la morali-
52 La predicación de Jesús
La explicación de la exigencia de Dios 53
dad permanece libre la relación, religiosamente pura, a Dios en 1
que el hombre ocupa solamente el papel del mendigo, del que reci~ cional de la obediencia. Del contexto de su predicación moral se
be, del que espera y confía. desprende que Jesús entendió de una manera radical la idea de la
Las antítesis del «sermón de la montaña» (Mt 5, 21-48) enfren_ obediencia.
tan el derecho a la voluntad de Dios: «habéis oído que se dijo a los El hombre debe ser como un niño, que tiene siempre la disponi-
antiguos ... Pero yo os digo ... ». Su sentido es el siguiente: Dios bilidad de dejar que le regalen, y que no conoce el recurso al de-
reclama al hombre no sólo en la medida en que la actuación puede recho ni a los méritos (Mt 10, 15). Los soberbios, que se fundamen-
ser formulada (es la única posibilidad que el derecho contempla) co- tan en sus méritos, son para Dios una abominación (Le 16, 15) Yel
mo si la voluntad personal del hombre quedara libre desde esa línea fariseo, orgulloso de su virtud, debe ser colocado detrás del publica-
para adelante. No sólo el homicidio, el adulterio, el perjurio, obje_ no consciente de su culpa (Lc 18, 9-14). De igual manera rechaza
tos que pueden ser regulados por la ley, están prohibidos por Dios Jesús ellegalismo, los méritos y el salario: Dios paga al operario que
sino también la ira, las palabras de censura, los malos deseos y el ha comenzado a trabajar en la última hora lo mismo que al que ha
espíritu mentiroso (Mt 5, 21 s.27 s.33-37). Lo que a Dios interesa trabajado durante todo el día (Mt 20, 1-15). De la misma manera
en primer lugar no es el qué de la acción, la materia, lo constatabl e rechaza ver en la desgracia que le haya acaecido a uno el castigo que
sino, en primer lugar, el cómo, la voluntad del hombre. Así corno le ha sobrevenido por sus pecados especiales; nadie es mejor que
las leyes sobre el homicidio, adulterio y perjurio reciben una radica- otro (Lc 13, 1-5).
lización en este sentido, así se entienden otros mandamientos, que Naturalmente, sabe Jesús que Dios recompensa la obediencia
en otro tiempo tenían la finalidad de poner una barrera al libertina_ fiel; detrás de la exigencia está la promesa, y respecto de su lucha
je, como concesiones que acotan un espacio de lo permitido, desde contra la concepción de recompensa hay que decir que él promete
un punto de vista que nada tiene que ver con la voluntad de Dios: salario precisamente a aquéllos que son obedientes no necesa-
la prescripción del divorcio, el ius talionis, la limitación del amor riamente por el salario. Sin embargo, sus expresiones no están libres
solamente a los «próximos» (Mt 5, 31s.38-41.43-48). Dios exige la de contradicciones cuando él emplea la idea de recompensa oca-
voluntad completa del hombre y desconoce toda rebaja. sionalmente como motivación de la exigencia, trátese de la alusión
al salario celestial (Mt 6, 19s par; Mc 10, 21 Yotros lugares), trátese
¿Pueden recogerse uvas de los espinos o higos de la zarza? de la amenaza con el fuego del infierno (Mt 10, 28 par; Mc 9, 42.47
Cada árbol se reconocerá por sus frutos; un árbol bueno no puede dar frutos Yotros). Con todo, se resuelve esta contradicción teniendo en cuen-
malos (Lc 6,43; Mt 7, 16.18). ta que el motivo del salario es tan sólo la expresión primitiva para
El ojo es la luz del cuerpo. indicar que el hombre en su actuación va tras su propio ser, tras sí
Si tu ojo está brillante, todo tu cuerpo estará iluminado. mismo, tras lo que él todavía no es pero debe ser. Alcanzar esto es
Pero si tu ojo no deja pasar la luz, también el motivo legítimo de su actuación moral y de su auténtica
todo tu cuerpo se encontrará en tinieblas (Mt 6, 22s par). obediencia. Mientras que él va haciéndose dueño de la paradójica
verdad, para llegar a ser él mismo, debe entregarse a la exigencia
El hombre que es requerido en toda su integridad no tiene del bien, a la exigencia de Dios, o, lo que es igual, que en tal entre-
ninguna libertad frente a Dios; él tiene que rendir cuentas, como ga se gana él a sí mismo. Esta verdad paradójica enseña el dicho:
lo enseña la parábola de los que recibieron en depósito los talentos
Quien quiera ganar su vida la perderá
(Mt 25, 14-30 par), el total de su vida. No puede tener pretensión
y quien quiera perderla la ganará (Lc 17, 33).
alguna frente a Dios, sino que se asemeja al esclavo que única-
mente puede y debe hacer su obligación (Le 17, 7-10).
Esta parábola tiene su paralelo en la palabra del precristiano rabí Este dicho ha sido transmitido por Mc y por Q. En Mc 8, 35 se
Antígono de Sacho: «no seáis como los siervos que sirven al señor ha añadido a «quien quiera perderla», «por mi causa y del evange-
bajo la condición de percibir un salario; sed, más bien, como siervos lio». En el paralelo correspondiente (Mt 16, 25 Y Le 9, 24) se lee
que sirven a su señor sin la condición de percibir un salario» (Pirke únicamente: «por mi causa» y con toda seguridad que ellos han
Aboth, 1, 3). Jesús y el rabino coinciden totalmente en lo incondi- leído únicamente esto en el texto de Mc que tuvieron a su dispo-
sición. Por ello ha añadido también Mt 10, 39 en el paralelo Q a
54 La predicación de Jesús La explicación de la exigencia de Dios 55

Le 17, 33 el «por mi causa». También Jn conoció el dicho y, por más pequeñas de la ley y dicen expresamente que Jesús no ha veni-
cierto, sin añadidura alguna, de manera que testifica que la forma do para disolver la ley sino para cumplirla (Mt 5, 17-19). Respecto
de Le 17, 33 es la original. Se da este testimonio cuando dice: de otras palabras de Jesús y teniendo presente la conducta de Jesús
«quien ama su vida, la pierde y quien odia su vida en este mundo, es imposible que sea una palabra auténtica; se trata, más bien, de
la conserva para la eterna» (jn 12, 25). Aquí añade él por su cuenta: una formación de la comunidad en el tiempo de la lucha posterior.
«en este mundo» y «para la vida eterna». Pero es, sin embargo, claro, que esta postura conservadora no habría
sido posible si Jesús hubiese puesto en tela de juicio la validez del
3. Partiendo de todo esto, ¿cómo hay que juzgar la postura de AT. Su autoridad es para él tan cierta como para los escribas, y, en
Jesús frente al AY? Sin que él discuta su autoridad, distingue contraposición a ellos, se sabe él a sí mismo en condiciones de en-
críticamente entre las exigencias del AT. Ciertamente ha permitido tender y emplear el AT. Ciertamente que tampoco ha luchado
Moisés el divorcio, pero «únicamente por condescendencia a la dure- contra los usos piadosos del judaísmo, contra la limosna, la oración,
za de vuestro corazón». La auténtica voluntad de Dios no es ésta en ni contra el ayuno, I?ero sí ha protestado de que hayan sido puestos
absoluto; él quiere, por el contrario, la indisolubilidad del matri- al servicio de la vanidad personal y de que, de esta manera, se ha-
monio (Mc 10, 2-9). yan convertido en mentira (Mt 6, 1-4.5-8.16-18).
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos! que pagáis el diezmo de la La respuesta a la pregunta sobre el ayuno de Mc 2, 19 no recha-
menta, del aneto y del comino y descuidáis lo más importante de la za absolutamente el ayuno, sino que afirma que en la irrupción del
ley: el derecho, la misericordia y la fidelidad. Se debería hacer esto tiempo de la alegría de los días mesiánicos no tendrá ningún senti-
y no dejar aquello. [Vosotros, CIegos conductores que coláis el mos- do el aspecto de lamento del ayuno (el cual, por tanto, en cuanto
quito y os tragáis el camello!» (Mt 23, 23s). Si las palabras «esto ayuno, no es puesto en tel~ de ju.icio). El s.entido original del re-
deberíais hacer y no dejar aquello» son verdaderamente una parte miendo nuevo sobre el vestido VIeJO y del V1ll0 nuevo en los odres
original de la amenaza (faltan en el paralelo de Le 11, 42 y en el viejos (Mc 2, 21s) no es discernible con seguridad. Quizás puede
Codo D), muestran que está muy lejos de Jesús el enredarse en una pensarse que en los tiempos mesiánicos han perdido todo su sentido
polémica reformadora contra la ley veterotestamentaria. Pero en los ritos de luto.
cualquier caso, muestran estos versículos una evidente y soberana Falta totalmente en las palabras de Jesús cualquier tipo de polé-
postura frente al AT, ~na postura que distingu~ crítica.t?e~te entre mica contra el culto del templo. Este había perdido ya en el tiempo
lo importante y lo no Importante, entre lo esencial y lo indiferente. de Jesús esencialmente su sentido original, porque el judaísmo
Esto se constata en el resto de los dichos de Jesús que se refieren al había dejado de ser una religión cúltica para convertirse en una reli-
AT. gión de observancia. Se realizó con fidelidad el culto del templo y
De hecho, Dios ha dicho en el AT lo que él ha querido. Quien
en la grandes fiestas habría revivido de nuevo la auténtica piedad
pregunte por la voluntad de Dios será conducido a las exigencias
morales del AT, como el rico que pregunta: «¿qué debo hacer para cultual. Pero en general se realizaba el servicio del templo con sus
heredar la vida eterna?» o el escriba con su pregunta acerca de cuál sacrificios como acto de obediencia, ya que solamente estaba exigido
una vez en la ley. La sinagoga, con su interpretación de la ley que
es el mandamiento mayor (Mc 10, 17-19; 12, 28-34). Naturalmente
determina la vida diaria, había empujado a un segundo plano el
el rico debe escuchar inmediatamente que el pretendido cumpli-
servicio del templo; los escribas se habían convertido para el pueblo
miento de los mandamientos del que se gloría es pura pretensión, en las autoridades en lugar de los sacerdotes. De esta manera ha su-
ya que no es capaz de entregarlo todo, ya que no puede ser radical- perado el judaísmo, conducido por los escribas y por la sinagoga, si~
mente obediente. derrumbamiento, la caída del templo. Mt 5, 23s presupone la parn-
El comportamiento de la comunidad, que permaneció fiel a la cipación en el culto del templo como evidente. Podría tratrarse de
ley del AT y que por ello entró en confli~to con Pablo, prueba que
Jesús no discutió polémic.amente la autondad del AT. Ella ha com- una palabra auténtica de Jesús, mient~as que Mt 17, 24-27 es un.a
pendiado su punto. de vista -sea contra Pablo, sea frente a otros leyenda posterior, pero que prueba, sm embargo, que lay>mum-
misioneros helenísticos-e- en las palabras que ha puesto en la boca dad cristiana pagaba el impuesto del templo, así como noncras con-
de Jesús; palabras que hablan de la intransigencia hasta de las letras servadas en Hech muestran que la comunidad tenía lugares de
reunión en el distrito del templo.
56 La predzcactán de Jesús La exphcactán de la exigencia de Dtos 57

De hecho, Jesús introdujo un aire de libertad en la legislación enemigos (Mt 5, 43-48). La pregunta «¿cuántas veces debo perdonar
del AT en la medida en que ésta comprende prescripciones cúlticas a mi hermano cuando peca contra mí? ¿siete veces?» contiene la res-
y rituales. Al igual que él se proyecta más allá del precepto del sába- puesta: «yo te digo: no siete veces, sino setenta veces siete» (Mt 18,
do, de manera semejante se dirige su polémica contra el ritualismo 21s par).
legal que apunta a conseguir una corrección externa de ejecución La exigencia del amor no necesita formulación alguna; el
que puede darse la mano con una voluntad impura. En este contex- ejemplo del samaritano misericordioso muestra que el hombre
to cita él al profeta (Is 29, 13): puede y debe saber lo que tiene que hacer cuando el prójimo nece-
Este pueblo me honra con los labios,
sita de su ayuda. En el «como a ti mismo» se contiene la ilimitación
pero su corazón está lejos de mí así como el sentido y dirección de la actuación del amor.
En vano me honran con sus doctrrnas de los mandarmenrrs de los hombres La renuncia a cualquier concretización del mandamiento del
(Mc 7, 6 s) amor por medio de normas individualizadas muestra que la predica-
IAy de vosotros, escnbas y fanseos, hrpócntas' ción que Jesús hace de la voluntad de Dios no se asemeja a ninguna
Limprárs por fuera la copa y el plato, ética de las conocidas en este mundo. Más bien debemos definirla
pero por dentro estáis llenos de rapiña y arnbicrón como ética escatológzca en cuanto que mira a un futuro no intra-
¡Ay de vosotros, escnbas y fanseos'
mundano que deba ser reglamentado según planes o diseños para
Parecéis sepulcros blanqueados que parecen muy bellos por fuera, pero por
dentro están llenos de esqueletos y de Impureza una ordenación de la vida humana, sino que adoctrina al hombre
lOS hacéis los Justos delante de la gente y por dentro estáis llenos de lupocre-
únicamente en el ahora del encuentro con el prójimo. Es una ética
sía y de rmpiedad' (Mt 23, 25-28) que hace al individuo inmediatamente responsable ante Dios, en la
medida en que supera la exigencia del derecho ordenador de la co-
¡Cómo se puede dar limosna, desaprovechar la oración y el ayu- munidad humana y exige de cada uno la renuncia a su derecho.
no con la única finalidad de parecer grandes ante la gente! (Mt
6, 1-4.5s.16-18). ¿Cómo puede uno dejar de cumplir el manda- 5. Partiendo de aquí se hace inteligible la unzdad de la predi-
miento de amar a los padres con la excusa de declarar más impor- caczón escatológica y moral de Jesús; o, como puede decirse: entre
tante el mandamiento del culto? (Mc 7, 9-13). Las leyes de la pure- Jesús como profeta que anuncia la irrupción del reino de DIOS y co-
za no tienen sentido, porque «no hay nada que penetra en el mo rabí que interpreta la ley de Dios.
hombre que pueda mancharle, sino que lo que mancha es lo que Se entenderá falsamente esta unidad si se concibe el reino de
sale del hombre» (Me 7, 15). «Se hizo el sábado para el hombre y no Dios como una magnitud espiritual o histórica, como el reino
el hombre para el sábado» (Mc 2, 27). Y aunque tal conocimiento de Dios en el alma o en la historia que se realiza como la exigencia
despunta aquí y allí en los escribas, Jesús fue quien primero sacó las del bien y que se actúa en el dominio moral del carácter o en el or-
consecuencias con la pregunta: «¿puede uno en sábado obrar el bien den moral de la comunidad. En tal caso no sólo quedaría sin haber
o el mal? ¿salvar una vida o matar?» (Mc 3, 4). sido explicado el concepto de reino de Dios, sino que habría sido,
además, mal entendido el sentido de la exigencia que no apunta ni
4. ¿Qué es lo positivo de la voluntad de Dios? La exigencia del a la formación del carácter ni a la configuración de la sociedad hu-
amor. El mandamiento: «debes amar a tu prójimo como a ti mis- mana.
mo» forma, como segundo, una unidad con el primero: «debes Tampoco se trata de que, bajo la impresión de una tensión entre
amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con la predicación escatológica y moral de Jesús neguemos una de las
todas tus fuerzas» (Mc 12, 28-34). No existe ninguna obediencia res- dos al Jesús histórico y la consideremos como formación posterior de
pecto de Dios que no deba ser puesta a prueba en el encuentro la comunidad. No puede decirse que Jesús haya sido únicamente un
concreto con el prójimo, tal como Lucas (10, 29-37) aclara cuando, maestro moral que ha enseñado «una mejor justicia» y que fue la co-
hablando del supremo mandamiento de Jesús, narra el ejemplo del munidad quien puso en sus labios el mensaje escatológico de la
«samaritano misericordioso». irrupción del reino de Dios. Porque es fácil entender que el origen
Las exigencias del amor superan cualquier exigencia legal; no co- de la comunidad descansa en la certeza del fin que irrumpe y no
nocen fronteras ni limitaciones; tienen valor, incluso, frente a los que esta certeza haya sido el producto de una comunidad. Más bien
58 La predicación de Jesús La explicación de la exigencia de Dios 59

pone de manifiesto la tradición que en la comunidad creció una dan la salvación son los mismos que los misericordiosos, los limpios
enorme preocupación a causa de la no comparecencia del esperado de corazón y los pacíficos (Mt 5, 3-9). Quien quiere el reino de Dios
reino de Dios, tal como lo demuestran palabras puestas en boca de quiere también cumplir el mandamiento del amor; su voluntad,
Jesús (Lc 12, 35-38; Mc 13, 31.33-37). Por encima de todo muestra cuando él cumple aquello sabiendo que es una condición, no está
el movimiento que Jesús ha provocado y su crucifixión por el procu- orientada, en el fondo, hacia otra cosa para cuya consecución única-
rador romano, que él se presentó como profeta mesiánico. Tampoco mente obedece. Existe, por tanto, una relación interna: ambas, tan-
puede juzgarse su predicación escatológica como auténtica histórica- to la exigencia escatológica como la moral, ilustran al hombre sobre
mente y juzgar su predicación como formación secundaria de la co- su estar presente delante de Dios, sobre la presencia de Dios; le ha-
munidad; porque, aparte de que resultaría ininteligible cómo la co- cen verse en su ahora como en la hora de la decisión a favor de
munidad habría reducido a aquél a quien ella tenía por mesías a la Dios.
categoría de rabí, la escrupulosa fidelidad a la ley de la comunidad
muestra que no han podido nacer de ella las palabras radicales sobre
la ley y sobre su observancia. 6. Así la predicación de Jesús, a la vista de la constitución fác-
La unidad de la predicación escatológica y moral se da si enten- tica de los líderes del pueblo y de gran multitud del pueblo mismo,
demos el cumplimiento de la voluntad de Dios corno la condición a la vista de la paralización de la piedad en el ritualismo, a la vista
para poder tomar parte en el reino de Dios. Debemos cuidarnos de de la insensatez y del amor al mundo y a sí mismo, se convierte en
no entender la palabra «condición» en un sentido externo, sinónimo una llamada de condena y de invitación a la penitencia.
de una prestación exigida arbitrariamente, en cuyo lugar podría ha-
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos! ... (Mt 23, 1s par; Me 12, 38s).
ber sido exigida otra; como una condición, por tanto, que no está ¡Ay de vosotros, ricos, porque vosotros habéis recibido vuestra recompensa!
en conexión interna con el don para cuya recepción supone ella el ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados, porque vosotros pasaréis ham-
presupuesto; algo así como si la interpretación que Jesús hace de- bre!
biera ser entendida como una «ética interina», como si sus imperati- ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque os lamentaréis y lloraréis!
vos debieran ser vistos como mandamientos de excepción que tu- (Le 6, 24-26).
vieran valor únicamente para ese corto espacio de tiempo anterior al
fin del mundo. Por el contrario, es absolutamente claro que estos «El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha aproximado.
imperativos han sido pensados, en sentido radical, como exigencias ¡Haced penitencial». Esto dice, compendiado, el grito de Jesús (Mc
absolutas que tienen un valor independientemente de la situación 1, 15). Pero «esta generación» de los contemporáneos es «adúltera
temporal. Nunca vienen motivadas ni las exigencias del «sermón de y pecadora» (Mc 8, 38; Mt 12, 39). Dicen «sí» a la exigencia de
la montaña» ni las palabras de lucha contra la moral legalista por la Dios y después no hacen lo que él exige (Mt .21, 28-?1). No
alusión a la amenaza del fin del mundo. Justamente el saber acerca quieren «hacer penitencia», convertirse de los caminos equivocados
de la validez absoluta de la exigencia divina fundamenta el juicio (Le 11, 31 s par); por ello vendrá el juicio sobre los pecadores (Le
radical sobre «esta generación mala y adúltera» (Mt 12, 39 par; Mc 13, 1-5) Y se cumplirán todas las maldiciones (Mt 23, 34-36 par),
8, 38), que está madura para el juicio divino, el juicio, por tanto, especialmente sobre Jerusalén (Mt 23, 37-39 par) y ~obre su
del que se habla en la predicación escatológica. Por tanto, es claro templo: no quedará piedra sobre piedra (Mc 13, 2). l!01camente
que el cumplimiento de la voluntad de Dios es, en el sentido ex- los despreciados, los publicanos, los pecadores, las prost1tu~as están
puesto, la condición para tomar parte en la salvación del reino de dispuestos a hacer penitencia; Jesús se sabe enviado en. pr~~er lu-
Dios, lo que no significa otra cosa sino la recta preparación, la gar a ellos y no a los «justos» (Mc 2, 17); lo~ que al prmcIplO han
auténtica y recta voluntad para ello. La salvación venidera es el reino dicho «no» se convierten (Mt 21, 28-31) YDlOS expenmenta mayor
de Dios que exige la decisión del hombre a favor de Dios contra to- alegría a causa de un pecador que se convierte que por nov.enta y
dos los lazos mundanos. Por ello está preparado únicamente aquel nueve justos (Le 15, 1-10). Para aquell~s que esperan el remo de
que se decide en el momento concreto a favor de la exigencia de Dios en el auténtico sentido, los hambnentos y los que se lamen-
Dios, exigencia que se hace presente en el prójimo. Aquellos que en tan, para aquellos que se saben pobres, vale la promesa de salva-
la consciencia de su pobreza, lamentándose y hambrientos, aguar- ción (Le 6, 20 s; Mt 5, 3-6).
60 La predicación de Jesús La idea que Jesús tiene de Dios 61

claro que Jesús espera la irrupción del reino de Dios como un


§ 3. LA IDEA QUEJESÚS TIENE DE DIOS acontecimiento milagroso que da nueva forma al mundo; de la
misma opinión fueron el judaísmo y, más tarde, la comunidad de
Jesús. En ningún lugar encontramos una polémica o una corrección
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Sparks, The doctrine of the divine fatherhood in the gospels (Studies in the gospels, soberanía de Dios y tan libre de ataduras su voluntad, que frente a
essays in memory of R. H. Ligbtfoot. 1957,241-262); H. Schürmann, Das herme- ella el mundo se derrumba y parece encontrarse al límite de su
neutische Hauptprobleen der Verkündigung [esus, en Festg. Karl Rahner I, 1964, existencia. La conciencia de que la relación del hombre respecto de
579-607; R. Schafer,jesus und der Gottesglaube, 1970;). Becker, Das Gottesbzldje- Dios decide sobre su destino y de que el tiempo de su decisión es-
su und die iilteste Auslegung von Ostern. enjesus Christus in Historie und Theolo- tá limitado en el tiempo, hace pensar también que está presente
gie, 1975, 105-126; G. Lohfink, Gott in der Verkündigung jesu, en M. Hengel-R. para el mundo la hora de la decisión. La palabra que el profeta
Reinhardt (ed.), Heute von Gott reden, 1977, 50-65; W. Pannenberg, Der Gottes- pronuncia con la conciencia de haber recibido el encargo de Dios
gedanke und der Glaube [esu: Universiras 32 (1977) 1255-1260; Chr. Duquoc, Le de pronunciarla aparece como la última palabra por medio de la
Dieu de jésus et la crtse de Dieu ti notre époque: LumVie 134 (1977) 115-128: A.
cual Dios llama a la decisión definitiva.
Schenker, Golt als Vater, Sohne Gottes: FreibZPhTh 25 (1978) 3-55.
Lo mismo ocurre con Jesús. La certeza de conocer la insobor-
G. Ebeling, La esencia de la fe cristiana, 1974; S. Vergés, Dios reveladopor Cris-
nable voluntad de Dios que exige lo bueno por parte del hombre
to, 21976; P. León Moreno, El Dios de jesús. Apuntes para una teología de la reli-
ineludiblemente y cuya predicación o anuncio coloca al hombre
gión, en Varios, jesucristo en la historiay en la fe, 1977; R. Schnackenburg-). Lange-
ante el sí o no, ante la salvación o el juicio, le confiere la concien-
G. Lohfink, ¿Quién fue jesús?, 1977;). Jeremias, Teología del NT, 31977, 80-87;).
cia de encontrarse en el final del tiempo. Su predicación ha creci-
Jeremias, Abha. El mensaje central del NT, 1980; H. Urs van Balthasar, Fides Cbris-
do no del desmoronamiento o de la nostalgia del más allá, sino de
ti, en Ensayos teológzcos Il, 51-96.
su saber de la nulidad del mundo y de la corrupción del hombre
ante Dios y del conocimiento de la voluntad de Dios. Lo decisivo
en la predicación escatológica es el concepto, vivo de Dios y la inte-
1. Si entendemos la unidad de la predicación escatológica y ligencia que ella contiene de la existencia humana, no la fe en la
moral de Jesús, hemos encontrad.o la respues.ta a la pre~unta acerca inminencia temporal del fin del mundo.
del sentido auténtico del mensaje escatológico, es decir, a la pre-
gunta respecto de la idea de Dios involucrada en dicha predicación.
Porque ante el hecho de que la predicación de la irrupción del reino 2. Dios es para Jesús el creador, en el sentido de la tradición
de Dios no se ha cumplido, de que, por tanto, la esperanza de Jesús veterotestamentaria, el que gobierna el mundo con su cuidado, el
del final próximo del viejo mundo se ha demostrado como un enga- que alimenta a los animales y ornamenta las flores, aquél sin cuya
ño, surge la pregunta de si no era una fantasía el concepto que él voluntad ningún retoño cae al suelo muerto, el que ha contado to-
tenía de Dios. dos los cabellos de nuestra cabeza (Mt 6, 25-34 par; 10, 29s par).
A menudo se pretende huir de la pregunta diciendo que Jesús Toda preocupación y toda prisa por procurarse bienes para asegurar
entendió la presencia del reino de Dios en su pers<?n!l~ y en los se- la vida carecen de sentido; son, incluso, impiedad. El hombre se
guidores que se reunieron en torno a él. Pero tal op1UlOn no .cuenta
con el apoyo de palabra alguna de Jesús y contradice el sentld.o del halla a merced de la voluntad del creador; no puede ni aumentar su
concepto «reino de Dios» (~amA.Eía 'tOU sEDu) j. Por el contrario , es estatura ni teñir de blanco o de negro ni siquiera un solo pelo de su
cabeza (Mt 6, 27 par; 5, 36). Si piensa haberse labrado una seguri-
dad mediante los bienes que ha conseguido y poder disfrutar de
5. Tampoco por Le 17, 21. Sobre el sentido de esta palabra, cf. supra. tranquilidad, ha olvidado que esta noche puede morir (Le 12,
La rdea que Jesús tiene de Dios 63
62 La predicacr6n de Jesús

sús a la penitenci: abre el ca;nino y nadie necesita largas oraciones


16-20). Se exige, pues, del hombre tanto confianza en Dios como como era ca~actenst~co en el Judaísmo. El publicano que no osa le-
conciencia de su dependencia. v~ntar sus oJ~s al cielo y ql;le ~olpea su pecho y dice: «¡Dios, ten
En este punto no se distingue fundamentalmente la idea que Je- piedad de/11?I, pecador!» es justificado (Le 18, 9-14). El hijo «perdi-
sús tiene de Dios de la del AT ni de la del judaismo. En la piedad do» ~ICe unicamente: «Pad~~, pequé c.onrra ~l cielo y contra ti; no
del judaísmo no. se debilitó la fuerza de la fe en la creación que fue soy dIgno de ser llamado hIJO tuyo» e inmediatamente le inunda la
SIempre mantenida fuertemente en la teología y en su credo. Dios bondad l2aterna (Le 15, 11-32). Dios abomina a los soberbios y a los
ha sido desplazado a la lejanía como el rey del más allá celeste y autosufiClentes (L~ 16, 15; 18, ?-14); pero Dios se alegra por un pe-
apenas si se puede rastrear su actuación en el presente. Para Jesús cador que se convierte arrepentido (Le 15, 1-10). Ahora bien única-
Dios es de nuevo un Dios de la proximidad. El es el poder presente, mente se recibe el perdón cuando el corazón se hace bueno como
que como señor y padr~ compendia todo, limitando y exigiendo.
enseña la parábola ~el sie~o ~in entrañas (Mt 18, 23-35; cE. Lc 7,
Esto encuentra su expresión en la fórmula de la oración. Frente a las
4.7) y solamen5e qUle.n esta dispuesto a perdonar puede pedir se-
fórmulas de oración del judaísmo, magníficas, patéticas, a menudo
namente perdon a D10S (Mt 6, 12.14s). El perdón de Dios hace al
bonitas litúrgicamente, a menudo también recargadas, como por
hombre nuevo y quien quiere ser nuevo lo recibe.
ej.emplo en el cas? de la oración de las 18 bendiciones que el judío
piadoso debe recitar tres veces al día: «¡Dios de Abrahán, Dios de
3. Jesús no habla, a diferencia de los antiguos profetas, de la
Isaac, Dios de Jacob! ¡Dios altísimo, fundador de cielo y tierra!
¡Nuestro escudo y escudo de nuestros padres!» 6, la sencilla fórmula revelación ?e Dio~ ~n. la hi~toria del pl;leblo y de los pueblos, y si
«¡Padre!» -lo mismo puede decirse de todo el «padrenuestro»- se alude al D10S del }Ulc~O venidero, no piensa, como aquéllos, en las
distingue, por su concisa parquedad, de las oraciones judías (Mt 6, catás~rofes de !a hIstona. del mundo como tampoco se realiza para él
9-13; Lc 11, 2-4). Dios está cerca: él escucha las oraciones que le lle- el. remo de D10S en la .mstauraClón de un poderoso y esplendente
gan y las entiende como el padre entiende los ruegos de su hijo (Mt reIn~ ?e Israel. ,Su predicación, a diferencia de la de los profetas, no
7, 7-11 par; cf. Le 11, 5-8; 18, 1-5). se dirige en primer lugar al pueblo como un todo sino al indivi-
Trasladado a la proximidad, Dios es presentado, sin embargo, duo. El juicio s.e realizará no so~re los pueblos, sino ~obre cada uno,
que debe rendir cuentas ante D1OS; y la salvación futura hará dicho-
como el que exige, cuya voluntad debe ser buscada en primer lugar
so al individuo. Juicio y salvación son acontecimientos escatológicos
no en las letras de la ley ni en la interpretación de los escribas. La
en sentido estricto, es decir, acontecimientos que no ponen fin en
distancia producida por la ley y por la tradición ha sido eliminada y
absoluto al curso del mundo ni de la historia.
el.mseguro preguntar por lo que está permitido y lo que está prohi-
bido ha terminado. El hombre experimenta inmediatamente en su En este s~nti~o el concepto CJ.ue Jes~s tiene de Dios es puesto
situación, en el ~ncuentro con el prójimo, lo que Dios quiere de él. fuera de la historia y. el ~ombre VI.Sto bajo este concepto de Dios es
De este modo D10S se encuentra delante de cada uno también como puesto fuera de la historia: es decir, que la relación de Dios con el
juez y el hombre se si.ente resp~nsable. «Pero yo en cambio os digo: hombre queda fuera de las ataduras de la historia del mundo. Este
por cada palabra mnecesana que los hombres pronuncian es el caso, más ~ me~lOs, ya en el judaísmo, no así en la profética ve-
deben rendir cuentas en el día del juicio» (Mt 12, 36). «No temáis a ~erotestamentana; sin embargo, en contraposición al judaísmo, la
aquellos que pueden matar el cuerpo pero no pueden matar el al- iaea de Jesús acerca de Dios es histonzada radicalmente. Para el
ma. Temed más bien, a quien puede perder el cuerpo y el alma en judaísmo 9ueda Dios en la lejanía, como el Dios que reina en el
el infierno» (Mt 10, 28 par). cielo, gobierna el mundo mediante los ángeles, su contacto con los
Pero el Dios del juicio y de la exigencia es también el Dios del hombres se establece por medio del libro de la ley. Para el judaísmo
perdón: quien se convierte a él puede estar seguro de su bondad queda ~l hombre fuera de la historia en cuanto que queda fuera de
que perdona. Los escribas cierran el reino de Dios a los hombres los líml~es del mundo J?or medio del rito y encuentra su seguridad
mediante su legalismo (Mt 23, 13 par); justamente la llamada de Je- en medio de la comunidad pura ritualmente. La comunidad judía
constr~ye su desarrollo. artificialmente por medio del Iegalisrno. Pa-
ra jesús, por el contrano, el hombre es desmundanizado por medio
6. Cf. especialmente 4 Esdr 8, 20 s. de la locución de Dios que le alcanza directamente, que le arranca
La cuestzón de la autoconctencta mesuintca de Jesús 65
64 La predzcaczón de Jesús

mann, Der Menschensohn, 1896, A Meyer, Jesu Muttersprache, 1896, 91-100 140-
de cualquier tipo de segundad y le coloca frente al fin. y Dios es
149, G Dalman, Worte Jesu, 21, 191-219 383-397, P Frebig, Der Menschensohn,
desmundanizado en cuanto que se entiende su actuación como un
1901, J Wellhausen, Emleztung m dze drez ersten Evangelzen, 31967, 123-130, W
obrar escatológico; él saca al hombre de sus ataduras mundanas y lo
coloca directamente delante de sus ojos. La deshistorrzación o des- Bousset, Kyrzos Chrzstos, 31967, 5-13, C H Kraelmg, Anthropos and son 01 man,
mundanización tanto de Dios como del hombre debe ser entendi- 1927, J jerermas, Erlosung und Erloser tnz Urchrzstentum, 1929, E Stauffer, Memas
da, pues, dialécucamente; Justamente el DlOS que se encuentra más oder Menschensohn? Nov Test 1 (1956) 81 s, Ph Vielhauer , Gottesrezch und
allá de la histona del mundo encuentra al hombre en su propia his- Menschensohn m der Verkundzgung Jesu (FestschrI G Dehn, 1957, 51-79), E Sch-
tona, en el cada día, en su don y en su exigencra: se confronta al weizer , Der Menschensohn ZNW 50 (1959) 185-209, H E Todt, Der Menschen
hombre situado fuera de la histona, es decir, pnvado de segundad, sohn m der synopt Uberheferung, 1959, F Hahn, Cbnstologiscbe Hobeusutel,
con el encuentro concreto con el prójimo, en el que él adquiere ver- 1963, W Kramer, Chnstos, Kynos, Gottessohn, 1963, Ph Vlelhauer,Jesus und der
daderamente carácter histónco Menschensohn ZThK 60 (1963) 133-177, I H Marshall, The synoptzc Son 01 man
saymgs m recent dtscusston NTS 12 (1965-1966) 327-351, G Haufe, Das
Menschensohn Problem m der gegenwartzgen wlSSenschaftlzchen Diseussion EvTh
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§ 4. LA CUESTION DE LA AUTOCONCIENCIA MESIANICA DE JESÚS Lmdeskog, Das Ratsel des Menschensohns StTh 22 (1968) 149-174, C Colpe, Der
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det BuL 13 (1972) 184-207, K Berger, Zum Problem der MemanztatJesu ZThK 71 es igual, que lo esperaba como el venidero «hijo del hombre». En
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Chrzstus m Htstorze und Theologze, 1975,87-104, W B Tatum, The orzgzn olJesus rr;mva comumdad ue?e s~ fundame~1to en la autoconcienCla de Je-
Memah JBL 96 (1977) 523-535, L Goppelt, Theologze des NT, 1978
sus, que, por tanto, el mlsmo penso realmente ser el mesías o lo
También la indICada en § 1, espeCIalmente R Otto, Rezch Gottes und Menschen
que es igual, el hijo del hombre. Sin embargo, pesan sobre ~sta
sohn (cf R Bultmann, ThR 9 [1937] 1-35) EspeCIal a «hIJO de! hombre» H Lletz
La cuestión de la autoconciencia mesiánica de Jesús 67
66 La predicación de Jesús

Por lo demás, la tradición sinóptica no deja ninguna duda de


opinión cOJ.1siderables dificultades. Concuerda completamente con que la vida y actuación de Jesús, medidas con las ideas tradicionales
los evangelios; pero podemos preguntarnos si la comunidad no ha
que corrían acerca del mesías, no eran mesiánicas, y Pablo, como los
c?nfigurado ~~ fe en l~ mesianidad de Jesús a partir de los mate- otros, no la entendió como mesiánica, como lo prueba el canto a
r~~les tr~sm1t1dos. Es Importante que para la discusión de la cues-
Cristo citado por él en Flp 2, 6-11, donde se habla de la vida de Je-
non clarifiquemos el hecho de siJesús se ha sabido a sí mismo como sús como de la vida de un puro hombre, sin esplendor mesiánico.
~es~a~ o hijo del hombre. Si esto fuera así se comprobaría un hecho Lo mismo ocurre en Rom 1, 4 donde Pablo emplea claramente una
histórico, pero no probaría ningún artículo de fe. Por el contrario f~rmula tradiciona~ y Hech 2, 36 en el que la más primitiva comu-
el reconocimiento de Jesús como aquél en quien la palabra de Dios nidad data la rnesianidad de Jesús a partir de su resurrección. De
sale al encuentro del hombre de una manera decisiva, démosle el hecho ~<m~sías» es la designación del soberano escatológico; la pa-
~tulo de mesías o el de hijo del hombre o designémoslo como el se- labra significa «el ungido» y expresa lo mismo que «rey»7. Sin em-
~~r, e~ U? 'puro a~to d; fe, independiente de la respuesta de la cues- bargo, Je~ús no se presentó como rey, sino como profeta y rabí, co-
tion histórica de si jesús se consideró a sí mismo como el mesías. Só-
mo exo~Clsta, podríamos añadir. Nada del poder y esplendor que
lo el h1stor.1ador puede responder a esta pregunta, en la medida en
que es posible dar una respuesta; y la fe como decisión personal no caractenzan al mesías según la concepción judía se realizó en la vida
puede depender de su trabajo. de Jesús, ni siquiera en sus exorcismos y acciones de fuerza. Cierta-
. Se apunta co~o r:rgumentación histórica que la fe de la comu- mente que los milagros son según la fe judía la caracterización del
nidad en la mesianidad de Jesús (prescindamos de la distinción tit:mpo mesiánico, pero el mesías no es presentado como obrador de
e.ntre los conceptos «mesías» e «hijo del hombre» ya que ambos de- ~dagros. Incluso en ~l caso de que se diga, partiendo de lo que Je-
slg~an ~l portador de l~ salvaci~'>n esca~ológic~) sería ininteligible si
~us dice acerca del «hIJO de hombre», que Jesús no ha imaginado ba-
J~sus mismo no se hubiese sabido mesías y SlO que se hubiese ma-
JO el concepto del mesías al rey davídico, sino, más bien, la figura
c~leste del Juez y del salvador del que habla la apocalíptica, no cam-
nifestado ~omo tal al meno.s frente a los discípulos. Pero la pre-
bian las cosas, porque Jesús no se presentó como juez del mundo ni
~nta es SI este argument? t~ene peso. Porque sería igualmente po-
sible que la fe en la mesianidad de Jesús hubiese surgido de la fe como salvador sobrenatural.
en su resurrección. La escena de la confesión de la mesianidad por
2. ¿Ha ~emodeladoJesús el concepto de mesías tradicional, co-
parte d.e Pedro (Me 8, 27-30) no ofrece ninguna contraprueba; al
mo suele decirse a menudo? ¿lo ha espiritualizado en el sentido de
contrar1? Porque es una retroproyección de una historia de pascua
que él ejerció su oficio soberano mediante su palabra? Esto podría
en la vida de Jesús realizada por Marcos, exactamente lo mismo
enseñarlo únicamente la tradición. Pero ¿dónde)o dice? ¿dónde se
que l.a transfiguración de Jesús (Mc 9, 2-8). Es leyenda el relato del encuentran palabras polémicas de Jesús contra el concepto corriente
bautismo de Jesús (Mc 1, 9-11), aunque es cierto que ha empal- de mesías? Se encuentra tan poco como la escasa o nula crítica a la
mado la leyenda ~l hecho histórico del bautismo de Jesús por
concepción judía del reino de Dios.
Juan:.. La. c<:n~agra~lón de Jesús como mesías se cuenta no por un A lo sumo, podría aducirse la perícopa acerca de la pregunta
interes histórico, SlOO por interés de la fe. Proviene del tiempo en
sobre el. hijo de David de Mc 12,35-37, en la que parece subyacer
el. que se conte~pla~a ya la vida de Jesús como mesiánica,
mientras que la historia de la transfiguración, como historia origi- una crítica a la concepción del mesías como hijo de David: el mesías
nal de la resurrección, data su mesianidad a partir del momento no es hijo de David porque este mismo le ha llamado su señor. En
de la resurrección. Es leyenda. la historia de la tentación (Mc 1, 12 cualquier caso, esto no supone una remodelación del concepto de
s; Mt 4, 1-11 par) que reflexiona sobre la clase de mesianidad de mesías ~n el sentido de que una vida como profeta y como maestro
Jesús, es decir, para ver en qué clase de mesías se cree. Está sea equivalente a mesiánica; de una «espiritualización» no se habla
coloreada de leyen~a la entrada de Jesús en Jerusalén (Mc 11, 1- en absoluto. Por el contrario, se dice que el rango y dignidad del
10) Yla leyenda esta presente en muchos puntos de la narración de
l~ pasión de Jesús; porque para la comunidad que adoraba al cru- 7. Cf. la circunlocución por medio de l3a01l.Eú~ de Mc 15, 2.9.18.26.32;]n 1,
cificado ~omo mesías se hizo muy pronto indudable que él había 49; Sal Sal (salmos de Salomón) 17, 23. Cf. P. Volz, Die Eschatologie der jüdischen
sido crucificado como mesías. Gemeinde tsn neutestamentl. Zeitalter, 1934, 173 s; W. Staerk, Soter 1, 1933, 48 s.
68 La predicación de Jesús La cuestión de la autoconciencia mesiánica de Jesús 69

mesías quedan muy por bajo si se le ve como hijo de David. ¿Qué nida. Fue el apologista Justino, en el siglo Il, quien comenzó a
es, pues, el concepto poco claro de mesías, criticado a partir del con- hablar de «primera» (xpórn) y «segunda venida» (Ssurápn
cepto de hijo de David? Podría ser el concepto apocalíptico del «hijo 1tapou<Jía) (Dial 14, 8; 40, 4) Y de «nueva venida» (1táA.lV
del hombre» celeste, y no sería imposible que tal crítica hubiese na- nupoootc) (Dial 118, 2). ¿Cómo habría pensado Jesús respecto de
cido en Jesús o en la comunidad primitiva. Pero en tal caso sería la re/ación entre su retorno como hijo del hombre y su actuación
ciertamente muy difícil de entender que se hubiese impuesto en la histórica actual? Debería haber contado con que en el momento
comunidad la idea de que Jesús era el hijo de David (cf. las inmediatamente anterior al fin, un momento antes de la irrupción
genealogías de Jesús: Mt 1,1 s; Le 3,23 s; Rom 1, 3 y las relaciones del reino de Dios, habría sido arrebatado de la tierra y llevado al
de los tratamientos de Jesús como hijo de David en Mc 10, 47; Mt cielo para venir, después, desde allí sobre las nubes del cielo para
9, 27). ¿D oscila como concepto contrapuesto al título «hijo de ejecutar su oficio peculiar. Pero ¿cómo habría concebido su aleja-
Dios»? Este únicamente podría ser pensado en el sentido del cris- miento de la tierra? ¿como rapto milagroso? En sus palabras no se
tianismo helenístico para designar el origen sobrenatural, porque en encuentra huella alguna de tan fantástica concepción. ¿Cómo
sentido judea-cristiano es, al igual que «mesías», equivalente a la marcha a través de la muerte natural? Tampoco dicen nada de esto
denominación de rey (Mc 14, 61; Lc 1, 32; 4, 41) 8. Tendríamos que sus palabras. ¿Por medio de una muerte violenta, pues? Pero,
decir en tal caso que la perícopa ha tenido su origen en la comuni- ¿podría él contar como segura con una tal cosa como presupondría
dad helenística. Caso de que el sentido de Me 12, 35-37 fuese que la conciencia de ser elevado a la dignidad del venidero hijo del
el mesías es, al mismo tiempo, hijo de David e hijo del hombre hombre? Ciertamente, sus anuncios de la pasión (Mc 8, 31; 9, 31;
(Schniewind), entonces la perícopa no tendría significación alguna 10, 33 s; Mc 10, 45; 14, 21.41) predicen su muerte como predesti-
para la pregunta sobre el carácter mesiánico de la vida de Jesús. De nada por Dios. Pero ¿puede existir duda alguna de que se trata de
manera distinta piensan O. Cullmann, E. Lohmeyer, R. P. Gagg 9 . vaticinia ex eventu? Aparte de que no hablan en absoluto de su
parusía, los anuncios de la parusía (Mc 8, 38; 13, 26 s; 14, 62; Mt
3. Si no podemos hablar de una reinterpretación y «espirituali- 24, 27.37.39.44 par) no hablan del morir y resucitar del «hijo del
zación» del concepto «mesías» como equivalente a rey del tiempo de hombre». Es claro, los anuncios de la parusía y los de la muerte y
la salvación, nos queda únicamente la información con frecuencia resurrección no tienen originariamente ninguna relación entre sí;
mencionada de que Jesús era consciente de que estaba destinado a ser es decir, en las palabras que hablan de la venida del «hijo del
el futuro mesías; su idea mesiánica habría sido «futurista». A este res- hombre» no se piensa en absoluto, que este «hijo del hombre» esté
pecto podemos aducir tan sólo las palabras de Jesús en las que él ya presente en persona y que deba ser alejado por medio de la
habla del hijo del hombre que viene (Mc 8, 38; Le 12, 8 s par; Mt 24, muerte para poder venir de nuevo del cielo.
27.37.44 par; Le 11, 30?). Ciertamente que habla en estos textos en Obsérvese qué abruptamente sigue al anuncio de la pasión y
tercera persona sobre el hijo del hombre sin identificarse a sí mismo resurrección de Mc 8, 31 el anuncio de la parusía de Mc 8, 38. En
con él. No plantea cuestión alguna el que los evangelistas -al igual Mc 9, 1.11-13 se presupone únicamente la parusía (v. 12b es una
que la comunidad que transmitió esas palabras- hayan hecho la interpolación según Mt 17, 12b), mientras que la historia de la
identificación. ¿Se puede afirmar lo mismo en cuanto aJesús? transfiguración (9, 2-10) que el evangelista ha colocado entre estos
En cualquier caso la tradición sinóptica no contiene palabra al- versículos que originariamente se pertenecen, contiene solamente
guna en la que Jesús haya dicho que él retornaría en un futuro pró- la idea de resurrección. Mt 17, 12b pone por primera vez el moti-
ximo. El término «venida» (rtupouotn), que designa la venida del hi- vo del «hijo del hombre» doliente en el contexto de las palabras
jo del hombre, se entendió, es su sentido correcto, ya en el tiempo que reflexionan sobre la parusía; de igual manera combina Le 17,
de la primitiva comunidad cristiana no como retorno, sino como ve- 25 el tema de la pasión con el anuncio de la parusía (cf. Le 17, 23-
25 Y Mt 24, 26-27). Se trata de una combinación totalmente se-
cundaria.
8. Cf. W. Staerk, Soter l, 1933, 89. Ademas está fuera de toda duda que los anuncios de la parusía
9. Cf. O. Cullmann, Cristologíadel NT, 1965; E. Lohmeyet, Gottesknecht und son más antiguos que los de la pasión y de la resurrección; Q conoce
Davidssohn, 21953,74 s; R. P. Gagg,jesus und die Daotdsohnfrage: ThZ 7 (1951)
18-30. solamente aquéllos y no éstos. Estos serían totalmente creaciones de
70 La predzcactón de Jesús La cuesstán de la autoconaencta mesuintca de Jesús 71

la comunidad helenística, en la que no fue entendrdo en su sentido En Mt 8, 17 sirve Is 53, 4 mcluso como anuncio no del siervo de
ongmal el título «hIJO del hombre», mientras que los anuncios de la DlOS dohente, S100 del mesías que cura los enfermos Sólo a partir
parusía son antiguos y ciertamente palabras de Jesús de Hech 8,32 s, 1 Pe 2,22-25, Heb 9,28 aparece el srervo de DlOS
Las expresiones smápttcas sobre el «htjo del hombre» se drviden doliente de Is 53 con segundad y clandad en la tnterpretatto cbns
en tres bloques Hablan 1 del que VIene, 2 del que padece y resu- ttana Esta pudiera ser anterior a Pablo y encontrarse tras Rom 4,
crta, 3 del «hIJO del hombre» que actúa ahora El tercer grupo debe 25, una palabra CItada ciertamente por Pablo No se puede decir SI
su exrstencia (Mc 2, 10 28, Mt 8, 20 par, 11, 19 par, 12, 32 par) a en «según las Escnturas» (KUtU tUe; ypuq>ae;) de 1 Cor 15, 3 se prensa
una mala mtehgencra de la traducción al gnego En arameo, «hIJO en Is 53 Es sigruficatrvo que Pablo no apunte en lugar alguno la fi-
del hombre» no era, en absoluto, título mesráruco, S100 que tenía el gura del SIervo de DlOS Claramente, en los anuncios de la pasión de
sentido de «hombre» o de «yo» Por tanto, debemos descartar este los S1OÓptlCOS no se piensa en Is 53 SI hubiesen pensado en él epor
grupo El segundo grupo contiene los vattctnta ex eventu que faltan qué no encontraríamos referencia alguna? Más tarde VIenen 1 Clern
aún en Q Urucamente el pnmer grupo conuene la tradrción más 16, 3-14, Ber 5, 2 La sinagoga, en la medida en que ha entendido
antigua Las expresiones que pertenecen a él hablan en tercera per- Is 53 en sentido mesiáruco, ha aplicado el sufnrruento y la muerte
sona No es necesano que tomemos en cuenta aquí el matenal se- del SIervo de DlOS no al mesías, S100 al pueblo (o a otra cosa) 11 Re-
cundano que es propro de Mt y de Le Es sigruficanvo que para los crentemente han defendido la Idea de que Jesús se supo el SIervo de
evangelistas postenores se pierde el sentido onginal del título e «hi- DlOS de Isaías especialmente Bieneck, Cullmann y J jerermas 12, S10
JO del hombre» pasa a significar muy a menudo una autodenomma- que haya ganado fuerza de convrcción E Lohmeyer 13, prensa que
ción de Jesús, de manera que Mt puede suplir un «hIJO del hombre» la designación «SIervo de DlOS» se aphcó en los círculos de la piedad
de la tradición por un «yo» (10, 32 s contra Lc 12, 8 s, cf Mc 8, 38, galilea a Jesús y que después configuró toda la tradrción evangélica
comparar Mt 16, 21 con Mc 9, 31, Mt 5, 11 con Lc 6, 22) Y al revés, Su concreuzacrón de las relaciones entre «SIervo de DlOS» e «hIJO del
un «yo» por «hIJO del hombre» (16, 13 contra Mc 8, 27) hombre» es fantasía pura
Entre los anunctos de la pasIón se acuña de nuevo el concepto
Judío de mesías-hno del hombre, o mejor, se le ennquece con pro- 4 Pronto no pudo concebirse -al menos en los círculos del
piedades, ya que el Judaísmo desconocía la Idea de un mesías o hIJO cnsnanrsmo helenísuco en los que los S1OÓptlCOS se configuraron-
del hombre que padeciese, que munese y resucitase Pero esta que la VIda de Jesús no fuera mesiánrca Apareció como evidente
nueva acuñación del concepto no ha sido llevada a cabo por Jesús, que Jesucnsto, hIJO de DlOS, se hubiese manifestado como tal ya
S100 por la comunidad ex eventu Se Intenta, naturalmente, colocar en su actuación terrena y por ello fue colocada la narracIón evan
dentro del mundo de Jesús la Idea del hIJO del hombre doliente su- géllca de su actuacIón a la luz de la fe mesuintca La contradic-
poniendo que Jesús se supo a sí rrusmo como el «siervo de DlOS» del crón existente entre esta concepción y el matenal de la tradicrón
Deuterorsaías, que sufre y muere por los pecadores y que ha fundí- se pone de manifiesto en la teoría del secreto mesuintco que con-
do las Imágenes de «hIJO del hombre» y de «SIervo de DlOS» en la fiere su carácter peculrar al evangelio de Marcos Jesús actuó como
Imagen úmca del «hIJO de DlOS» que sufre, muere y resucita En mesías pero su mesiarudad debía permanecer oculta hasta su re-
contra hablan ya los insalvables reparos existentes contra la histoncr- surrección (Mc 9, 9) Les Impone silencio a los demomos que lo
dad de los anuncios de la pasión Añadamos que las palabras trans- reconocen, se manda guardar silencio también después de otros
mmdas que nos VIenen de Jesús no contienen huella alguna de que milagros, así como después de la confesión mesiámca de Pedro
él se haya sabido el «SIervo de DlOS» de Is 53 lO (8, 30) y después de la transfiguración (9, 9) De Igual manera
La mterpretaaor: meszdmca de 1s 53 se encuentra por vez pnme- SIrve a la teoría del secreto la no mtehgencia de los discípulos los
ra en la comumdad cnsnana La histona de la pasión, contada a la drscípulos reciben ciertamente revelación secreta pero no la en-
luz de la prueba del anuncio , muestra la mfluencia del Sal 21 y 68,
especialmente, y en Lc 22, 37, por pnmera vez, la acción de Is 53
11 Cf P Seidelm ZNW 35 (1936) 194231
12 Cf) Bieneck Sohn Gottes als Chnstusbezelchnung der Synoptlker 1951
10 H W Wolff querría aportar esta prueba subsrdiana en su drsertacron de O Cullmann Cnstologta del NT 1965 ) jerermas ThWB V 1933 709 713
Halle [essja 53 1m Urcbnstentum 31952 Apenas SI ha tenido exito 13 Cf E Lohmeyer Gottesknecht und Dausdssoh» 21953
72 La predtcaaón de Jesús

tienden. Naturalmente que no se puede presentar sin contradicción,


si se pone en su auténtica significación, la teoría del secreto de W.
Wrede, de manera que con derecho se ha caracterizado al evangelio
de Marcos con la paradójica designación de libro de la «epifanía
secreta» (Dibelius).
El intento de entender el secreto mesiánico no como teoría del
2
evangelista, sino como historia (Schniewind) fracasa porque tiene su EL KERIGMA DE LA COMUNIDAD PRIMITIVA
Sztz en las frases redaccionales del evangelista y no en la tradición
antigua. Esta opinión presupondría que Jesús, por una parte, ha es-
piritualizado la visión de la actuación del mesías (aunque su ac-
tuación presente debiera valer ya como algo mesiánico-secreto); por C Welzsacker, Das apostoltscbe Zettaiser der chnstlzchen Ktrcbe, 31901, E von
otra parte, que él se hubiese sabido como el «hijo del hombre» cuyo Dobschurz, Probleme des apostl Zeztalters, 1904, P Wernle, DIe Anfange unserer
secreto debería ser revelado tan sólo en su retorno. Pero en contra Reltgton, 21904, R Knopf, Das nachapostol. Zeualter, 1905, Ad juhcher, cf
surgen la dificultades mencionadas de atribuir aJesús la concepción bibhografía del cap 1, F ] Foakes jackson-Krrsopp Lake, The Begmnzngs of cbns-
de que él era el futuro «hijo del hombre». tlamty l-V, 1920-1933, W Bousset, Kynos Cbnstos, 31967,] Welss, Das Urcbns-
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74 El kengma de la comuntdad pnmtttva La predtcactón de la comuntdad y la de }esus 75

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Teniendo en cuenta que Hech ofrece un cuadro incompleto, y
Studten zum NT und zum hellemstzschen judentum, 1970, J Grulka , [esus
coloreado por la leyenda de la comunidad primitiva, podemos tra-
Chmtus nach fruhen Zeugntssen des Glaubens, 1970, A Vogtle, Das Evangeltum
zar un cuadro histórico, en la medida de lo posible, únicamente por
und dIe Eoangelten, 1971, J Ernst, Die Anftnge der Cbnstologie, 1972, H
el camino de la reconstrucción. Como fuentes SIrven: 1. la tradición
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empleada por el autor de Hech en la medida en que podemos fi-
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jarla por medio de un análisis de los Hech, 2. indicaciones que en-
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contramos en las cartas paulinas; 3. la tradición sinóptica; ésta fue
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en primer lugar recogida en la pnmrtiva comunidad y naturalmente
fesus TrThZ 82 (1973) 193-205, F Wagner, Systematzsch tbeologisci» Erwagun
también seleccionada y, en parte, configurada, de manera que de-
gen zur neuen Frage nach dem btstonscben [esus KuD 19 (1973) 287 304, K
berán hacerse patentes en ella los motIVOS que tuvieron actualidad
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dentro de la pnrrutiva comunidad.
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76 El kerigma de la comunidad primitiva la predicación de la comunidad y la de Jesús 77

miento de jesús. El nacimiento del cristianismo primttiuo, 1979; B. Gerhardsson, luntad de Dios con provocante claridad. Y en la medida en que el
Prehistoria de los evangelios, 1980. anuncio de la salvación puede llamarse evangelio -sucede de hecho
que el profeta y maestro es al mismo tiempo, mesías- fundamenta
la supremacía del evangelio sobre la ley; esto se reconocerá poco a
1. La comunidad primitiva, como la tradición sinóptica lo de- poco cada vez con mayor claridad. Pero la mesianidad de Jesús no
muestra, recibió primero la predicación de Jesús y luego llevó ella queda fundamentada por el hecho de que él sea profeta y maestro.
adelante esa predicación. Yen la medida en que ella ha hecho esto, Porque aunque su predicación, con todo su radicalismo, apunt.e
Jesús es para ella el maestro y el profeta. Pero él es para ella más: él tantísimo contra ellegalismo judío, su contenido no es otra cosa SI-
es, al mismo tiempo, el Mesías; y de esta manera ella le anuncia -y no auténtica fe en el Dios del judaísmo veterotestarnentario, radica-
esto es lo decisivo- al mismo tiempo. El, portador antes del men- lizada en el sentido de la predicación de los grandes profetas. Y
saje, entra ahora a formar parte del mismo mensaje, es su contenido aunque llegue a la individualización de la relación con Dios colo-
esencial; de anunciador se ha convertido en anunciado. Pero, ¿en cando inmediatamente ante Dios no al pueblo, sino al individuo y
qué sentido? ¡Esta es la pregunta decisiva! viendo la salvación escatológica no en el futuro del pueblo, sino en
Es claro en primer lugar que cuando se anuncia a Jesús como el reino de Dios, todavía no encontramos en ella otra cosa sino la re-
mesías, se le anuncia como el mesías que ha de venir; es decir, como alización de las tendencias que comporta la predicación de los gran-
el hijo del hombre. No se espera su retorno como mesías, sino su des profetas. Por más radicalmente que hayan sido concebidos los
venida como mesías. Ello quiere decir que para la comunidad pri- conceptos «Dios», «mundo», «ley», «gracia», «penitencia» y «perdón»
mitiva la actividad que él ha desarrollado sobre la tierra no es consi- no representan nada nuevo en la predicación deJesús frente al.AT y
derada como actuación mesiánica (cf. § 4, 3 y 4). al judaísmo. Y su interpretación crítica de la ley se encuentra Igual-
Pero esto significa que el anuncio que se hace de Jesús como mente, a pesar de todo su radicalismo, dentro de la discusión de los
mesías (o hijo del hombre) se mantiene absolutamente dentro de escribas, así como su predicación escatológica dentro de la
los límites de la esperanza judía escatológica. Cuando Dios resucita apocalíptica judía. Unicamente así hay que entender ~l que en
a Jesús de Nazaret, al maestro y profeta a quien los romanos han Pablo y Juan la enseñanza del Jesús histórico no juegue ningún pa-
crucificado, y lo hace mesías, cuando lo exalta a hijo del hombre pel, o casi ninguno, mientras, por otra parte, el judaísmo moderno
que vendrá sobre las nubes del cielo para celebrar juicio y traer la puede honrar sin reparos a Jesús como maestro 1.
salvación del reino de Dios, se delinea con precisión el mito indeter-
minado de la figura del mesías y se convierte en algo concreto; el 3. La significación mesiánica que Jesús tiene para la. comuni-
mito ha sido transportado a un hombre históricamente concreto. La dad primitiva no se basa tampoco en que él sea entendido como
consecuencia será que la fuerza de la seguridad ha crecido incon- personalidad que aparece detrás de su doctrina con una fuerza
mensurablemente. Pero con ello, ni se ha configurado de nuevo impresionante, ni en el hecho de que la piedad,. la obedien~ia que
desde sus cimientos el cuadro del futuro, ni ha sido entendida de él exige, estén vivientes en él de tal manera que Induzca fascinando
forma nueva la relación con Dios; porque ésta no está fundada a su «seguimiento» a aquellos que están abiertos a su acción. ~n est.e
todavía por la relación a la persona de Jesús, sino que media en un sentido, la comunidad primitiva se encuentra lejos de concebir su rr
sentido externo si Jesús no es nada más que el juez y portador de a la cruz como la acción de aquel que se entrega heroicamente a
salvación esperado por el judaísmo. Sería únicamente, por decirlo causa de ella. La comunidad no mira el poder de su personalidad,
de alguna manera, el garante de que en un futuro se cumplirán to- por fantástico y grande que haya sido, tampoco el secreto de su ser,
dos los deseos soñados. en el que habría vivido la figura «numinosa». Aunque él haya ac-
tuado como obrador de milagros, como exorcista, impresionando,
como «numinoso», las frases que dicen o aluden a tales aspectos per-
2. A los sueños de deseos se les puso una barrera en cuanto
tenecen a la redacción de los evangelistas y no son tradición antigua:
que Jesús había sido el anunciador de la radical exigencia de Dios y
permaneció como tal en la predicación de la comunidad. Para el có-
mo de su mesianidad no podía ser indiferente que quien es el 1. Cf. G. Lindeskog, Die jesusfrage im neuzeitlichen judentum, 1938; M. Bu-
mesías interprete al mismo tiempo, como profeta y maestro, la vo- ber, Zwei Glaubensweisen, 1950.
78 El kerigma de la comunidad primitzva
La comunidad primitiva como comunidad escatológica 79

en el kerigma de la comunidad no juega todo esto papel alguno.


hizo con los padres, lo que realizó con el pueblo como un todo, tal
Ella anunció a Jesús como al profeta y maestro y, además, co~.o al
como se dice expresamente, por ejemplo, en la liturgia de la pascua.
hijo del hombre que vendría; pero no como al «hombre d1V1ll0»
(8E10<; avi¡p) del mundo helenístico, el cual era, ciertamente, una fi- Respecto de Jesús nunca s~ habla n~ en la com~nidad primitiva ni
gura numinosa. Tan sólo cuando creció la leyen~:!: sobre el suelo en el NT como de una acción de DlOS por medio de la cual, como
helenístico fue equiparado Jesús con el «hombre d1V1ll0». El mundo por medio de Abrahán, Moisés o David, ha agraciado al pueb~?
judío vet~rotest~entar~o.ni. conoce hér~es en el senti~o del m~ndo ¡Naturalmente! Porque la significación de Jesús como mesí~-h1JO
griego, m bomines religiost en el sentido del helenismo. AS1, lo del hombre descansa no en lo que él ha hecho en el pasado, S1ll0 e~
mismo para el kerigma de Pablo como para el de Juan, como en ge- lo que se espera de él para el futuro. Como esta esperan~a .se reali-
zará por medio del drama final escatológico, este ac<?nteClm1en~0 no
neral para el NT, la person~li.dad de Jesús no ~iene sil~ni!i~ación al-
guna. Es cierto que la tradición de la comunidad pnmrtrva no ha será nunca un pasado al que se mirará en retrospectiva agradecida y
con confianza creadora, como sucede con el paso del mar Rojo, sino
conservado ni siquiera de manera inconsciente una imagen de su
que será la última acción de Dios por medio de la cual pone él fin a
personalidad; cada intento de reconstruirla queda en un juego de
la historia.
fantasía subjetiva.
5. Es claro que para Pablo, y de manera más radical aún para
4. Se sobreentiende de por sí que la comunidad primitiva no Juan, Jesús, y en conc~eto su venida, su:cruz y su re~u~recciór: o exal-
ha reflexionado sobre la individualidad de la posición histórica y ac- tación, tienen el sentido de aconteczmzento escatologzco. ¿Como e~­
tuación de aquél cuya venida como «hijo del hombre» pondrá fin a tán las cosas respecto de la comunidad primit~va, para la que ~l s~ntI­
toda la historia del mundo. Tampoco se fundamenta la fe de la co- do de la mesianidad es ciertamente escatológico, pero la mesianidad
munidad en él como mesías en que ella entienda su aparición histó- es algo que comienza a existir en el futuro? Si la significación que Je-
rica en el sentido en que el AT y el judaísmo hablan de las personas sús tiene para la comunidad primitiva se agotase en que ella lo espera
y de los acontecimientos ~i~~óricos com?/ de acciones graciosas de como al hijo del hombre que ha de venir, enton~es serí:!: el.launa s~c~a
Dios. Se entiende su apancion y actuacion no como un acontecr-
judía y no podríamos designarla como comunidad ~nstIana'. NI SI-
miento decisivo para la historia de Israel, a diferencia de lo que su-
quiera aun teniendo en consideración que ella.anuncia al crucificado
cedió con la llamada a Moisés, la salida de Egipto y la entrega de la
como resucitado. Porque, al menos en la medida en que la resurrec-
ley en el Sinaí o como la aparición de reyes y profetas. .
ción no tiene otro sentido que el ser la prueba para la exaltación del
Podría parecer que hay puntos de contacto cuando, en el sentido
crucificado a «hijo del hombre», no ha sido entendida aún como un
de la dogmática judía acerca del mesías, se pone en paralelo al
acontecimiento que hace saltar en pedazos la escatología judía. Y que
mesías Jesús y al «primer salvador» Moisés On 6, 3.1 s.49 ~; .Hech 3,
la comunidad primitiva estuvo en peligro de permanecer secta judía
22) o cuando se compara la situación de la comunidad cnsnana con
lo demuestra la lucha de Pablo contra la manera de entender que ella
la de Israel cuando se encontraba en el desierto (1 Cor 10, 1-11; tenía de la situación creada por la venida, muerte y resurrección de
Heb 3, 7-11) o cuando el mesías-hijo del hombre es considerado co- Jesús. Sin embargo, si es verdad qu;e la comunidad primitiva ha. de-
mo davídico. Pero si dejamos aparte las últimas id~as, .se trata de sarrollado explícitamente pocc~ u~a llltehgenc~a ?e la persona e. histo-
reflexiones teológicas que difícilmente pueden ser atribuidas a la co- ria de Jesús como el acontecmuento ~sca~olog~c? en el sentido de
munidad primitiva y en cualquier caso han sido testimoniadas pos- Pablo, por contrapartida lo ha entendido 11?phc1tame/nte. yen gran
teriormente. Pero, sobre todo, no se trata de poner en paralelo per- medida en ese sentido cuando se ha entendido ella a SI misma como
sonas y acontecimientos históricos; se trata, más bien, de int~r~retar la comunidad escatológica.
la historia veterotestamentaria como un esbozo del aconrecuruento
del tiempo escatológico. .., ./
Aquellas personas y acontecimientos r~Clben su significación de § 6. LA COMUNIDAD PRIMITIVA COMO COMUNIDAD ESCATOLÓGICA
su actuación sobre la historia popular, y ~le~e~ un sentido -como
actos de revelación o de gracia- para el individuo gracras a su per- Cf. bibliografía a § 1, 3. N. A. Dahl, Das Valk Gattes, 1941; G. ]ohnston, The
tenencia histórica al pueblo. Dios ha hecho con cada uno lo que church In the NT, 1943; H. von Campenhausen, Kircblicbes Amt und getstltcbe
80 El kengma de la comunzdad pnmltlva La comunzdad pnmltlVa como comunzdad escatoiágtca 81

Vol/machI, 1953 (cap 1) Para el apartado 3, cf O Cullmann, Die Tauflehre des Dios, se sentarán sobre doce tronos para gobernar a las doce tribus
NT, 1948,) Schneider, Die Taufe tm NT, 1952, N A Dahl, The ongm of bap- de Israel (Mt 19, 28; Lc 22, 29 s). Cuanto menos probable es que
ttsm Norsk Teol Trdsskr 56 (1955) 36-52 Para el apartado 4,) jeremras, Die Jesús haya llamado a los doce, tanto más característicos son ellos de
Abendmahlsworte [esu, 41967, E Schwerzer, Das Herrenmahl tm NT ThLZ (1954) la conciencia escatológica de la comunidad; porque ellos son los
577-592, E Fuchs, Das Urcbnstltche Sakramentsverstandms, 1958, W Schrage, «doce» no como «apóstoles», sino como los gobernantes escatoló-
Ekklesta und Synagoge Zum Ursprung des urcbnstlicben Kircbenbegnffs ZThK 60 gicos 2.
(1963), A B du Toit, Der Aspekt der Freude tm urcbnstltcbe» Abendmahl, 1965,
H Braun, Qumran und das NT, 1966, B Sandvik , Das Kommen des Herrn betm 2. Tesumoruo a favor de la conciencia escatológica es, además,
Abendmahl trn NT, 1970, K Aland, Zur Vorgescbzcbte der cbrtstitcben Taufe, en el hecho de que los discípulos de Jesús se trasladaron inmediata-
NT und Gescbtchie, 1972, 1-14, M Hengel, Etgentum und Reicbtue» m der fruhen mente después de los encuentros pascuales que tuvieron lugar en
Kircbe, 1973, P V Dlas, Kircbe In der Scbnf: und tm 2 Jahrhundert, 1974, K Galilea a Jerusalén, a la que constituyeron como el punto central
Berger, Volksversammlung und Gememde Gottes Zu den Anfangen der cbrtstltchen del reino de Dios venidero; aquí esperó la comunidad el cumpli-
Verwendung van Ekklesta ZThK 73 (1976) 167-207, G Lohfrnk, Der Ursprung der miento de las promesas. Son prueba, además y sobre todo, las de-
chmtltchen Taufe ThQ 156 (1976) 35-54, K Kertelge (ed ), Das ktrchltche Amt tm nominaciones de la comunidad y de sus miembros, las cuales nos
NT, 1977, D L Norbie, NT church organtzatton, 1977, R Pesch , Wte Jesus das son comunicadas por Pablo. Al entenderse los discípulos como «co-
Abendmahl htelt Der Grund der Euchanstte, 1977, R Schnackenburg (ed ), Die munidad» se apropian LOn ello el título de la comunidad de Dios
Kircbe des Anfangs, 1977, T G Stylianopoulos, Htstoncal and escbatologtcai as- del AT, delnV"-;1li? (easamblea de Yahvé»). Este título designa,
pects ofthe Itfe ofthe church according to the NT. GrOrthThR 22 (1977) 181-214; por una parte, a Isr~el como el pueblo de Dios y se había convertido
M Quesnel, Aux sources des sacrements, 1977,) Blank, Bmdung und Pretbeu, Das ya, por otra, en escatológico, ya que el judaísmo espera la reunión
Verhaltms der nacbapostoltscben Kircbe zu Jesus van Nazaretb, en Bzbe] und Kzrcbe, del Israel disperso en la actualidad, la manifestación de la comuni-
1978, 19-22, G Theissen , Studten zur Soztologse des Urcbrzstentums, 1979, A M dad oculta en la actualidad, manifestación que se espera para el fi-
Rrtter (ed ), Kengma und Lagos, 1979 nal de los tiempos. En el hecho de designarse la comunidad primiti-
D M Stanley, La tglesia apostóltca en el NT, 1968, P Tourlleux, La tglesta en va a sí misma Justamente como «comunidad», más en concreto, co-
las Escrituras, 1969,) Auer, Los sacramentos de la iglesia, 1972, I Volpr, Los prime- mo la «comunidad de Dios», dice que las esperanzas de los
ros testigos, 1973, E Schweizer-A Díez Macho, La iglesia prtmttiua, medto ambten- apocalfucos se han realizado en ella. De acuerdo con ello sus
te, orgentzacto» y culto, 1974, H Kung, La tglesta, 41975,) Delorme (ed ), El mt- miembros llevan el título escatológico de «los elegidos» y «los san-
ntsterto y los mmzstenos en la tglesta, 1975,) Ramos-Regidor. El sacramento de la tos».
pettnencta, 1975,) ) Hernández Alonso, La nueva creaaán, 1976, M jrménez-P. Para la discusión acerca de qué palabra aramea está detrás de la
Bonhomrne, Los documentos de Qumrán, 1976, A Antón, La tglesia de Cristo, palabra EKKA.llaía (easamblea») del NT gnego, cf. la literatura
1977, Ph Perkins, Carácter mtstonero de la tglesta en el NT Concilrum 134 (1978) mencionada en § 1, 3 3 • Schmidt pretende que la palabra no ha si-
9-17,) )eremlas, La últtma cena Palabras de Jesús, 1980 do ¡.{~O~ (hebreo: ;Q~), sino ¡.{~II¡'.),::J(hebreo:no)!l) Su tesis es difícil
de ser mantenida. En cuanto JI contenido, la palabra EKKA.llaía
1. Tanto Pablo como la tradición sinóptica ponen de manifies- (roñ Bsoü) (easamblea de DlOS») corresponde a (;'111'-) ;np En los
to que la comunidad primitiva se entendió a sí misma como la co- LXX encontramos que la palabra «l!Uc,» es traducida por EKKA.llaía.
munzdad de los tiempos finales. En la palabra que la comunidad Es, srn embargo, significativo que no aparece EKKA.llaía cuando
pone en boca de Jesús en Mt 16, 18 s, se define a los discípulos de
Jesús como la «comunidad», cuyo conductor posee las llaves del
cielo, la cual es, por tanto, semejante al vestíbulo del reino de Dios 2 Sobre la cuestión de SI los «doce» tienen alguna analogía en los textos de
que está por aparecer; ella no sucumbirá ante las fuerzas del infra- Qumrán, cf B Rercke, ThZ 10 (1954) 107 s En contra H Braun, Spat¡ud haret
und fruhchmtl Radtkaltsmus 1, 1957, 19 Con todo, existe una analogía entre la
mundo, cuyos ataques contra la comunidad de Dios pertenecen a secta de Qumrán y la pnmrnva comunidad cnsuana, ambas se consideran a sí mIS-
los acontecimientos del tiempo final. Es ella el «pequeño rebaño» al mas como el verdadero Israel del final de los tiempos
que Dios regalará la soberanía (Le 12, 32). Su representación se en- 3 Añádase especialmente L Rost, Die Vorstufen van Ktrcbe und Synagoge
cuentra en los «doce», los cuales, cuando haya aparecido el reino de tm AT, 1938 Del problema lexicográfico se ha preocupado especialrnenre K L
Schrmdt, Festgabe f A Deissmann, 1927, 258-319
82 El kertgma de la comuntdad prtmttlva La comuntdad prtmtttva como comuntdad escatolágtca 83

se trata de un 7ilP pagano. Todo esto es claro sobre todo en Dt (lo bautizados (Rom 6, 3; 1 Cor 12, 13). Pudiera también haber sucedido
que era significativo a causa del paralelismo entre la comunidad que el bautismo no hubiese tenido ningún otro sentido que el que
cristiana y la comunidad sinaítica) y en los salmos, significativos pa- tenía el de Juan Bautista, bautismo que Jesús y sus primeros discípulos
ra la autoconciencia de la comunidad cristiana. En los LXX nunca se mismos habían recibido; es decir, que el bautismo era un baño de pu-
traduce iln por EKKA.; más bien traduce a iliy -no siempre aun- rificación unido a la penitencia que preparaba al reino de Dios venide-
que sí de forma mayoritaria- la palabra ouva"f(l}"f'IÍ, con la que se ro; se trataba, por t,nto, de un rito de iniciación de la comunidad esca-
traduce también ocasionalmente la palabra 7ilP. También en Sir pa- tológica, semejante al bautismo judío de los prosélitos, que era un ba-
rece estar la palabra EKKA. por 7ilP, nunca por iliY. En Sal Sal se ño de purificación que, acompañado de la circuncisión, hacía al bauti-
distingue entre EKKA. y ouva"f(l}"f'IÍ claramente. 'EKKAT]oía designa a zado miembro de la comunidad israelita. Se distinguía de éste en que
Israel (como pueblo de Dios) y ouva"f(l}'YlÍ a las comunidades particu- el bautismo cristiano hacía miembro de la comunidad escatológica;
lares (de ahí que se emplee en plural), mientras que EKKAT]oía apa- sobre todo, se distinguía en que el de los prosélitos limpiaba de la im-
rece siempre en singular. Filón emplea para la reunión del Sinaí y pureza ritual, mientras que el cristiano y el de Juan, cada uno en su
para el il1il~-7ilP de Dt 23, 1 s únicamente EKKA., y ouva"fCü"f'IÍ sólo medida, cuyos presupuestos son la confesión de los pecados y la peni-
para las smagogas-edificio. tencia, promete manifiestamente la remisión de la culpa por el pecado.
Para los títulos: U"ftOt (esantos») y EKAEK1:oí (<<escogidos»), véase Pues el et<;; Ü<pE<HV lÍ¡.tapn&v(epara perdón de los pecados») que caracte-
especialmente Kümrnel (§ 1, 3). No es imposible que los miembros riza, según Me 1, 4, al bautismo de Juan podría haber valido ya desde
de la comunidad se llamasen «pobres»; esta denominación aparece el principio como bautismo cristiano (cf. Hech 2, 38). En la medida en
corno sinónimo de «piadosos» ya en los salmos. Así se llama tam- que se pensó que tal purificación era actuada por medio de un baño de
bién en los Sal Sal a los piadosos, que son quienes conforman el inmersión, el bautismo tuvo ya en la comunidad primitiva (como el
Israel auténtico, los «pobres». Y según Orígenes (c. Celso 2, 1 [1, bautismo de Juan) carácter sacramental; está, por tanto, completo co-
126, 19]) Y Epif. 30, 17, 2 (1, 356, 2) los judea-cristianos se llaman mo sacramento escatológico que hace miembro de la comunidad santa
D~ ~ ; ~:llX. Este título caracterizaría a la comunidad primitiva también del tiempo final. No podemos decir cuándo nació la concepción de
como el «Israel de Dios» y en esa medida sería escatológico. Pero es que el bautismo pone al bautizado en una relación sacramental con la
inseguro que se emplease el título ya en la comunidad primitiva; persona de Jesús en cuanto «hijo del hombre», lo convierte en posesión
puede decirse, al menos, que no se puede deducir de Gál 2, 10 de él y lo coloca bajo la protección de su «nombre». Si Pablo presupone
(uóvov 1:&V 7t1:CüX&v '(va ¡.tVT]¡.tOVEÚCü¡.tEV: «sólo que debíamos tener que fue bautizado et<;; 1:0 óvouu 1:0U Xpt01:0U (een el nombre de
presentes a los pobres»), como piensan K. Hall, H. Lietzrnann, E. Cristo») (1 Cor 1, 13) debería estar aludiendo a la costumbre de las co-
Lohmeyer entre otros. Esto se ve claro teniendo en cuenta Rom 15, munidades helenístico-cristianas. Pero quizás se atribuyó ya pronto
26, donde 7t1:CüXOl 1:&V lÍ"fíCüV, (epobres de entre los santos») muestra una virtualidad de exorcismo al bautismo (¿en virtud de la mención
que 7t1:Cüxoí (epobres») son únicamente una parte de la comunidad y del nombre de Jesucristo?). Es dudoso desde cuándo se le atribuyó el
que, por tanto, 7t1:CüXó<;; (eindigente») tiene sentido sociológico y no efecto positivo de conferir el «Espíritu». Posiblemente nació esta con-
es un término religioso 4. cepción en el cristianismo helenístico.
La analogía existente entre el bautismo de la primitiva comuni-
3. Sin duda que debemos entender también en este sentido el dad y el bautismo judío de prosélitos no implica que aquél haya deri-
kau./tsmo. Debería tenerse como seguro que se realizó desde el prin- vado de éste; si tal fuera la situación supondría que solamente se ad-
cipro en la comunidad primitiva como merecimiento para ser recibi- ministrase a los paganos. Contamos con testimonios seguros del
do en ella, ya que Pablo presupone que todos los cristianos han sido bautismo de los prosélitos tan sólo a partir del final del siglo I cris-
tiano; podría ciertamente ser más antiguo, pero no poseemos pruebas
4 Acerca de S1 los esenios -o los miembros de la secta de Qumrán- se dieron de ello. De cualquier manera no debemos buscar en él el origen del
la denommacrón de «pobres», cf K Elhger, Studten zum Habakuk Kommentar vom bautismo cristiano, sino en el bautismo de Juan j.
Toten Meer, 1953, 86 s 220-222 277, H Braun, Spat¡ud -haret undfruhchmtl Ra
dtka/tsmus 1, 1957 Acerca de la comunidad de bienes en la pnm1f1Va comunidad y
en los textos de Qumrán, cf Sh E Johnson, ZAW 66 (1954) 110 Y Tbe scrolls and 5 La mejor onentación sobre este problema se encuentra en J Thomas, La
the NT, 1957, 131 Cf también la brbliografía correspondiente a § 8 mouvement bapttste en Palesttne et Syne, 1935, 356-391
84 El kerigma de la comunidad primitiva La comunidad primitiva como comunidad escatológica 85

4. También las comidas tenidas en común (el «romper el pan») dajé dentro de la comunidad. Se realizan milagros en virtud de la
adquieren su carácter por medio de la conciencia escatológica de la fuerza de este Espíritu (Mt 10, 8; Mc 6, 13; Hech 11, 28; 21, 10 s),
comunidad. De acuerdo con la tradición contenida en Hech 2, 42- tal como para Pablo es evidente (1 Cor 12, 9.28 s). En el momento
47 reinaba en estas reuniones en las que se tenían estos banquetes de la persecución, el Espíritu da la palabra justa ante el tribunal (Mt
«júbilo» (ayuA.A.íucnc;). Podría significar la euforia de la alegría 10, 19; Mc 13, 11). Podemos dudar de que aparezcan ya las mani-
escatológica 6. Y podríamos hacernos una idea de cómo era la ce- festaciones externas del Espíritu en éxtasis y glosolalias que más tar-
lebración partiendo de las oraciones de la mesa que nos ha transmi- de jugarán un papel importante en la comunidad helenística (1 Cor
tido Didajé 9 y 10, aun cuando es cierto, al mismo tiempo, que no 14). La legendaria narración de pentecostés muestra (Hech 2, 1-13),
sabemos si, y en qué medida, vienen estas oraciones de la comuni- como denuncia el v. 13, que ha sido construida sobre el relato de
dad primitiva 7. Como son oraciones judías de la mesa reelaboradas tales acontecimientos 10.
desde un punto de vista cristiano -son, por tanto, claramente de
origen o provienen de la tradición judeo-cristiana- podrían valer 6. Sin duda ninguna que en la comunidad primitiva se prac-
como características de las «oraciones» (npo<Jeuxuí) mencionadas en ticó la prueba de la profecía tomada del AT, bien sea por motivos
Hech 2. 42. Ellas ponen de manifiesto cómo llenaba a la comuni- de edificación, o por motivos misioneros o, sobre todo, apologéti-
dad la euforia escatológica en tales banquetes. Junto a la acción de cos. Pero las predicciones del AT valen como tales para el final de
gracias por los dones que nos han sido regalados en Jesús (aquí se los tiempos; la certeza de su realización y de la continuación de su
encuentran en la formulación giros específicamente helenísticos) se realización en la actualidad presupone, a su vez, la conciencia esca-
encuentra el contenido principal de la oración: la súplica para que tológica de la comunidad. Encontramos formulado claramente el
llegue la plenitud escatológica: «Acuérdate, Señor, de tu comuni- principio de la prueba de la profecía en 1 Cor 10, 11 (cf. el 01'
dad! ¡Sálvala de todo mal y perfecciónala en tu amor! ¡Condúcela,
nlluc; «por nosotros» de 1 Cor 9, 10 Y Rom 15, 4). Naturalmente
reunida de los cuatro vientos, santificada, a tu reino que tú has pre-
que nosotros no podemos saber qué frases, dentro de las siempre
parado para ella!... ¡Que venga el Señor 8 y desaparezca el mundo!»
crecientes pruebas de profecías, provienen de la comunidad primi-
(Didajé 10, 5 s) 9.
tiva. La «tradición» (nupáoocnc;), citada en 1 Cor 15, 3 s, pone al
5. Así como Jesús siente la irrupción del tiempo final al ver có- descubierto por KUtU tUC; ypu<páC; (esegún las Escrituras»)
mo los demonios se retiran ante el Espíritu que actúa en él (Mc 3, -fórmula que no se encuentra en otra parte alguna de Pablo- la
prueba de la profecía para los tiempos anteriores a Pablo; y la tra-
28 s; Mt 12, 28?; cf. Lc 11, 20), así como para Pablo el «Espíritu»
dición sinóptica pone de manifiesto que tempranamente se comen-
(nvsñuu) que actúa en la comunidad es las «primicias» (anuPXTt)
zó a entender la persona y actuación de Jesús, o al menos su pa-
(Rom 8, 23), las «arras» (appupó>v) (2 Cor 1, 22; 5, 5) de la consu-
mación que se encuentra ya a la puerta, de la misma manera sabe la sión, a la luz del cumplimiento de las profecías.
primitiva comunidad que le ha sido dado el Espíritu, el don del fin
de los tiempos, que según la opinión judía se ha retirado desde los 7. La fe en la presencia inmediata del final domina también
últimos profetas de Israel, pero cuya entrada en escena ha sido pro- la misión de la comunidad primitiva; se pone de manifiesto, de
metida para el final de los tiempos. Empujados por ese Espíritu sur- nuevo, en las palabras de misión que son puestas en boca de Jesús.
gen de nuevo los profetas, como lo constata Hech 11, 28; 21, 9.10 s Los emisarios deben recorrer presurosos el país para llamar a Israel
y cuya presencia se presupone como evidente por Pablo y por la Di- a penitencia (Mt 10, especialmente v. 7.9 s); no habrán terminado
con todos los pueblos de Israel antes de que venga el «hijo del
hombre» (Mt 10, 23).
6. Cf. ThWB 1, 19 s.
7. Cf. M. Dibelius, ZNW 37 (1938) 32-41, o Botsehaft und Gesehiehte, u,
1956, 117-127.
8. En lugar de 1Í J(Ó.pl~ debe leerse así según el texto copto.
9. Sobre el paralelismo de los banquetes de la comunidad primitiva y los de la 10. Se sugiere la sospecha de que la frase de la fuente original que el autor
secta del Qumrán, cf. K. G. Kuhn, Ev. Theol. (1950-1951) 508-527 Y The scrolls del cap. 4 de Hech ha reelaborado en 4, 31 diría originalmente: xnt blA.1Ícr8T]crav
and the NT, 1957,65-93; O. Cullmann, JBL 64 (1955) 215. állaVtE~ toO áyíou nvsúuurot; xul eA.lÍA.ouv 'YA.(Í)crcrat~; cf. 10, 45 s.
86 El kerigma de la comunidad pnmttzva La stgnificactón de Jesús para la fe de la comunzdad 87

8. Fin~lmente, Q testimonia tal fe (colección de palabras del O. Cullmann, Cmtología del NT, 1965; F. Mussner, La resurrecaon de Jesús,
Seño! q~e tiene su origen en la comunidad primitiva). Les precede la 1971, E. Ruckstuhl-]. Pfammatter, La resurrecaán de [esucnsto El hecho. La fe,
predicación escatológica del Bautista: vienen a continuación las 1972; W Marxsen, La resurreccuin de Jesús de Nazaret, 1974, W Pannenberg, La fe
bienaventuranzas cargadas de conciencia escatológica; forman el final de los apóstoles, 1974,]. Pikaza, Los orígenes de Jesús, 1976, K H Schelkle,
palabras que 'hablan de parusía. Teología del NT Il, 1977, H Kung, Ser crtsttano, 1977, X Léon-Dufour, Resurrec-
aón de Jesús y mensaje pascual, 31978, M. Hengel, El Hijo de Dios, 1978; W Marx-
sen, La resurreccuin de Jesús como problema htstónco y teológtco, 1979; R. Fuller,
§ 7. LA SIGNIFICACiÓN DE JESÚS PARA LA FE DE LA COMUNIDAD PRIMITIVA Fundamentos de la cmtología neotestamentana, 1979, B de Solages, Cristo ha resu-
atado, 1979; H. Haag, De la anngua a la nueva pascua, 1980.
Cf. brbhografía del cap 2, especialmente W. Bousset, Kynos Cbnstos, y la del § 5
Además W Staerk, Soter 1, 1933; P. Volz, Die Eschatoiogte der Júdtschen Gemem-
de, 1934;) Bieneck, Sohn Gottes als Chmtusbezetchnung der Synopttker, 1951, O 1. La comunidad primitiva se presenta a la consideración de la
Cullmann, Cmtología del NT, 1965; E Schweizer, Erntedngung und Erhohung bet historia de las religiones como una secta escatológica dentro del
Jesus und semen Nachfolgern, 1955; H. Riesenfeld, Tbe mtthologtcal background of judaísmo. Se distingue de las demás sectas y orientaciones no sólo
NT chmtology (The background of the NT and tts eschatology, 1956, 81-95). Cf., en que ella espera como hijo del hombre venidero a Jesús de Naza-
además, la brbhografía mencionada en § 5, W. Marxsen-G Delling-H. G Geyer, Die ret crucificado, sino, sobre todo, en que ella se sabe a sí misma co-
Bedeutung der Auferstehungsbotschaft fúr den Glauben, 1966, F W Beare, Saymgs mo la llamada y elegida comunidad del final de los tiempos. Si ella
ofthe nsen [esus m the synopttc traduton, an mqutry tnto tbezr ongtn and stgntfican-
3.?uncia a jesús como el mesías-hijo del hombre no significa esto,
ce, en Cbnsttan htstory and mterpretatton, 1967, 161-181, E. Brandenburger, Die
srn embargo, que se añada a la tradición del AT ni a la predicación
Auferstehung der Glaubenden als bzstonscbes und tbeologtscbes Problem. WuD 9
de jesús un plus, algo nuevo. Por el contrario, el kerigma sobre je-
(1967) 16-33; G Dellmg , Die Bedeutung der Auferstehung[esa für den Glauben an
sús como mesías es lo primario y fundamental que confiere a todo el
[esus Chnstus, en Id , Studten zum NT und zum hellemsttschen Judentum, 1970,
resto -a la antigua tradición y a la predicación de jesús- su carác-
347-370, C F. Evans, Resurrectzon and the NT, 1970; G. Kegel, AuferstehungJesu
ter. Todo lo antiguo aparece bajo una nueva luz; ello sucede desde
Auferstehung der Tosen, 1970; G. Fnednch, Die Bedeutung der Auferweckung [es« la fe pascual en la resurreccion de Jesús y sobre la base de esta fe.
nach Aussagen des NT ThZ 27 (1971) 305-324; H. M. Teeple, The btstoncai begtn- Pero si la persona y actuación de Jesús aparecen a la luz de la fe pas-
mngs ofthe resurrectzon fatth, en Studtes m NT andearly cbnsne» Jttera/ure, 1972; L cual, ello pone de manifiesto que su significación no descansa ni en
Rupperr, Jesus als der letdende Gerecbte? Der Weg [esu tm Lzcbte emes alt- und la doctrina que él ha traído, ni en una modificación de la idea de
zunschentestameniicben Mottvs, 1972, M Hengel, Cbrtstologte und neutesta- mesías. Significa, más bien, que la misma venida de Jesús era el
mentltche Cbronoiogie. Zu etner Aporte m der Gescbtcbte des Urchnstentums, en NT acontecimiento decisivo, por medio del cual Dios ha llamado a su
und Gescbicbte. Htstomches Geschehen undDeutung tm NT, 1972,43-67, R. Pesch, iglesia o comunidad; esta llamada misma era ya un acontecimiento
Zar Entstehung des Glaubens an dte AuferstehungJesu: ThQ 153 (1973) 201-228; D. escatológico. Sí, el contenido auténtico de la fe pascual es que Dios
W Palmer, Tbe resurrectton ofjesus and the mtssion oftbe church, en Reconctltatton ha constituido mesías al profeta y maestro, jesús de Nazaret.
and bope, 1974,205-223; A. Vogtle-R. Pesch, Wte kam es zum Osterglauben?, 1975,
) Becker, Auferstehung der Toten in Urchmtentum, 1976, E. Arens, The HA00N- 2. Otra pregunta distinta es en qué medida se hizo explícita
saymgs m the synoptzc tradtttOn, 1976; 1. Scheffczyk, Auferstehung als Grund des en la comunidad primitiva esta conciencia de que la venida de je-
Glaubens, en Id., Schwerpunkte des Glaubens, 1977,280-305;]. M. Faux, La foz du sús era el acontecimiento decisivo escatológico. Frases tales como las
NT, 1977; E Lohse, Emuna und Ptstts. Júdtsches und urchn~tltches Verstandms des de Pablo cuando dice que al llegar la plenitud de los tiempos Dios
Glaubens: ZNW 68 (1977) 147-163;]. Kremer, Die Ostereoangeizen Gescbicbten und e~v~ó a su hijo (Gál 4, 4), que en virtud de la muerte de Jesús lo
Geschzchte, 1977; R. Kakuschke (ed ), Auferstehung. Tod und Leben, 1978; A. Fuchs «VIeJO» ha pasado y que todo fue nuevo 2 Cor 5, 17, están muy le-
(ed.), Probleme der Forschung, 1978, H.]. Klirnkert (ed.), Tod undJensettstm Glauben jos de la comunidad primitiva a causa de sus consecuencias porque
der Voleer, 1978; E )üngel, Paulus und [esus, 51979, H. von Campenhausen, entonces el tiempo de la ley ha pasado, la ley está liquidada.
Urcbnstltcbes und Altktrchltches, 1979; H Riesenfeld, Umté et dtverstté dans le NT, Quizás sea una exageración decir que la comunidad tenía concien-
1979 (original sueco); H. Iassiat, Jeunesse de I'égltse La fot au 2' stecle, 1979. cia de que había ya acontecido la irrupción del nuevo eón (Kürn-
88 El kerigma de la comuntdad primitiva La significación de Jesús para la fe de la comunidad 89

mel). Como pone de manifiesto la tradición sinóptica, la espera del enviado (Mc 9, 37; Mt 10, 40); quien le rechaza, rechaza a quien le
acontecimiento final, dramático, ya inmediato, domina la concien- ha «enviado» (Le 10, 16). Otras palabras emparentadas con éstas
cia de la comunidad primitiva y todavía no han sido reconocidos aparecen en otros contextos 11. La palabra de Le 13, 34 s dice cómo
claramente como acontecimientos escatológicos la persona y ac- su envío significa el destino para Jerusalén; originariamente era una
tuación de Jesús ni su primera venida. Sólo se halla presente este re- profecía judía que trataba de la «sabiduría»; quizás fue citada por
conocimiento, de manera implícita, en la autoconciencia escatológi- Jesús en alguna ocasión, pero ciertamente la comunidad la ha colo-
ca de la comunidad y apuntan tan sólo los comienzos del cado en su boca y la ha entendido de manera nueva: él es quien, en
despliegue, sometido a titubeos. vano, quería reunir a los «hijos» de Jesuralén, pero debe abandonar
Que el conocimiento implícito está presente se ve en que, como el empeño.
para Jesús, para la comunidad lo decisivo no era el qué de la predi-
cación. El había exigido la decisión a favor de su persona como por- 3. La decisión que hicieron a favor de la «misión» de Jesús sus
tador de la palabra de Dios (§ 1, 3); la comunidad ha tomado ya es- «discípulos» mediante su «seguimiento» debió ser renovada de una
ta decisión. La llamada de Jesús a tomar una decisión implica una manera nueva y radical como consecuencia de la crucifixión de Je-
cristología que ciertamente no es una construcción especulativa acer- sús. La cruz planteaba de nuevo, en cierto sentido, la cuestión de la
ca de un ser celeste ni tampoco la construcción de una conciencia de decisión; porque cuanto menos ponía en tela de juicio el contenido
un mesías, sino que es una explicación a la respuesta sobre la pre- de la predicación, tanto más cuestionaba el hecho, su legitimación,
gunta o cuestión de la decisión, de la obediencia que reconoce en él la afirmación de que él era el mensajero de Dios con la última, deci-
la revelación de Dios. Tal cristología se hizo explícita en la comuni- siva palabra. La comunidad tuvo que superar el escándalo de la cruz
dad en la medida en que ella entiende a Jesús como aquél a quien y lo hizo en la fe pascual.
Dios ha hecho mesías por medio de la resurrección y en la medida Cómo se nevó a cabo esta decisión en concreto, cómo nació la fe
en que ella lo espera como al «hijo del hombre» que va a venir. Por- pascual en cada uno de los «discípulos» ha quedado oscu!ecid? en la
que justamente ahí se pone de manifiesto que ella ha entendido el tradición por culpa de la leyenda y, por otra parte, no nene impor-
envío por parte de Dios como la acción decisiva. En el hecho de es- tancia alguna. Mc 14, 28; 16, 7 dejan patente que los «discípulos»
perarle como al que viene, se entiende a sí misma como la comuni- de Jesús huyeron a Galilea después que Jesús fue apresado y que
dad de los tiempos finales convocada por él. De hecho, prescindien- aquí fue Pedro el primero que vio al Resucitado, lo que queda con-
do de en qué medida lo ha visto claro, lo viejo ha pasado y el mun- firmado por 1 Cor 15, 5. Una huella de esto se contiene en Le 24,
do se ha hecho nuevo. 34 y vuelve sobre ello Lc 22, 31 s 12. Este acontecimiento fundamen-
En la tradición sinóptica se pone de manifiesto el hecho de que tal se refleja en las narraciones de la confesión del mesías por Pedro
la actuación de Jesús fue vista como el acontecimiento decisivo, al (Mc 8, 27-29), de la transfiguración (Mc 9, 2-8) (cf, § 4, 1) Yde la
menos en una serie de palabras del Señor que hablan de su venida o pesca de Pedro (Le 5, 1-11), así como en las palabras de Pedro como
de su ser enviado. Difícilmente (al menos en su mayoría) son pa- roca (Mt 16, 17-19) (§ 1, 3). Son leyenda las historias de la tumba
labras que tienen su origen en el Señor; son más bien producto de vacía, de las que Pablo no sabe aún nada. Según 1 Cor 15, 5-8,
la comunidad; yen la medida en que han nacido ya en la comuni- donde Pablo enumera las apariciones del Resucitado tal como la
dad palestinense (lo que no es reconocible en todos los casos) testi- «tradición» (nnpúóootc) las ofrece, la resurrección significa, al mis-
monian cómo compendian como un todo, retrospectivamente, la mo tiempo, la exaltación; tan sólo más tarde fue interpretada como
aparición de Jesús y su significación, justamente como «envío» divi- una vuelta temporal a la vida sobre la tierra, de donde creció la his-
no por medio del cual la comunidad ha sido llamada, ha sido deter- toria de la ascensión (Lc 24, 50-53; Hech 1, 3-11). Las apariciones
minado su destino y sus problemas decididos. El ha venido para lla- del Resucitado no se habrían limitado a Galilea, sino que, después
mar no a los justos, sino a los pecadores (Mc 2, 17). El fue «enviado»
a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mt 15. 24). El «vino» a
arrojar fuego sobre la tierra (Lc 12, 49). Su «venida» no significa 11. Cf. para las Icb-Worten, cf. R. Bultmann. Die Gesch. d. synopt, Trad.,
paz, sino espada (Mt 10, 34-36 par), es decir, la hora de la decisión 91980, 161~176.
12. Cf. R. Bultmann, Die Geschichte der synoptischen Tradition, 91980,
y de la separación escatológica. Quien le recibe recibe a quien le ha 120 s. 278 s.
90 El kertgma de la comumdad prtmltlva La slgmficaclón de Jesús para la fe de la comumdad 91

de la vuelta de los drscípulos a Jerusalén, tendrían lugar también nuestros pecados» (úm;p 't&V állapn&v lÍIlÚlV)' En tal caso la muerte
allí (Lucas nos cuenta únicamente éstas) No podemos saber cómo de Jesús habría sido concebida ya por la comunidad pnmitrva co-
se reparten entre Galilea y Jerusalén las apanciones que cuenta 1 mo expiación 14 A favor hablan dos lugares de Pablo, los cuales
Cor 15, 5-8 y es una pura suposicrón que la aparición a los 500 conservan visrblernente la formulación rradicronal y quizás (al me-
hermanos (1 Cor 15, 6) se idenufica con el acontecimrento de nos parcialmente) cita Una de estas frases es Rom 3, 24 s, de la
pentecostés 13 que deben ser desmontados como añadiduras únicamente los guas
La fe pascual exrgía una comprensián tal de la cruz que superase específicamente pauhnos OtKalOúllEvm (Scopsuv 'tU au'tou xúpm)
el escándalo de la rnaldicrón que caía sobre el crucificado, según Ota 'tf¡<; anOAmp(Í)<JECO<; 'tf¡<; ev Xpt<J'téj> '111<JOU, av npoéüsro Ó 8EO<;
JUlClO Judío (cf Gál 3, 13), que lo transformara, la cruz debía tener lAa<J'tlÍPlOv (Sin ní<J'tEco<;) ev 'téj> au'tou nuirrtt d<; EVOEt~tv 'tf¡<;
su srgruficación en el contexto del acontecmuento salvífica No Sucmooúvnr; núroü Ota rnv núpE<Jtv 't&V npoy¡;yovó'tcov
puede verse con claridad en qué medida tal comprensión fue de- állap'tlllla'tcov ev 'tU avoxu roñ 8EDU (<<Justlficados [por el don de su
sarrollada en la pnmitrva comunidad La prueba escrrturistrca que gracia] en virtud de la redención realizada en Cnsto Jesús, a quien
presenta la pasión y muerte de Jesús como cumplirruento del desrg- DlOS exhibró como instrumento de propicracrón [mediante la fe]
ruo drvino, a la manera de Lc 24, 26 s, pudiera ser característrca de por su propia sangre para mostrar su justicra, pasando por alto los
un estadio de la reflexión de la comunidad pnrrutrva OUXt rnñru pecados cometidos en el uernpo de la paciencia de DlOS») La :le-
EOEt na8E'ív rov Xptoróv Kat d<JEA8E'íV d<; rnv OO~llV cúroü; Kat signación de Cnsto como «mstrumento de propiciacion»
aP~ÚIlEVO<; ano Mcouoéox; xnt ano nav'tcov 't&V npoq>ll't&V Smpunveu- (lAa<J'tlÍPlOv) se encuentra dentro de Pablo únicamente en este lu-
<JEV au'tol<;EV na<Jat<; 'ta'í<; ypaq>a'í<; ru nspt suuroü (<« no era necesano gar En otras partes, Pablo no suele hablar tampoco (excepto en
que el Cnsto padeciera eso y entrase así en su glona? Y empezando Rom 5, 9 y, de nuevo srguiendo la tradicrón, en 1 Cor 10, 16, 11,
por MOISés y connnuando por todos los profetas, les explicó lo que 25 27, en referencia con la cena) del lltlla de Cnsto, sino de
había sobre él en todas las Escnturas») Ciertamente que el choque <J'tllUP0<; (ecruz») Finalmente, es extraña en el resto de sus escritos,
de la cruz habría sido marginado únicamente en senndo negatrvo la concepción, presente aquí, de la OtKlllO<JUVT\ (<<JuStlCla») drvma
en tanto estuviera colocado solamente bajo el «es preciso» (oE'í) drvi- que exige una reparación por los pecados cometidos Nos encontra-
no y su sentido POSltlVO no habría sido puesto claramente de relieve mos, pues, al parecer, frente a una frase de la tradrción, cuyo on-
Con todo en la superación del «escándalo» (<JKúvoaAov) se habría gen quizás puede ser arnbuido a la comunidad pnmitrva Lo mrs-
conseguido poner de marufiesto que en la cruz de Cnsto se rorn- mo acontece con Rom 4, 25, una frase que en su forma (paralehs-
pieron las medidas del JUlClO Judío y las concepciones humanas del mo smtéuco de miembros) da la impresrón de ser una crta Quizás
esplendor mesráruco, de esta manera se contiene implícrtamente en ha sido formulada esta palabra en consonancia con Is 53 y en tal
el reconocirruento del Crucificado como mesías una nueva mtehgen- caso sería probable que se hubiese visto ya en este texto, en el
era de la persona ante DlOS tiempo de la comunidad pnmmva, un anuncio de la pasión de Je-
Pero podemos decir todavía algo más De la «tradrción» (napúoo- sús aun cuando tal descubnmrento no hubiese tenrdo lugar en los
oic) que a Pablo le llega, (arranca de la pnmrtrva comunidad el «se- pn:neros tiempos de la comunidad pnmltlva (cf § 4, 3)
gún las Escrituras» (Ka'ta 'ta<; ypaq>ú<;) solamente, o también el «por El que la muerte de Jesús fuese interpretada como expiación no
es, de suyo, una concepción lejana del pensamiento Judío, ya que
en éste existe la idea de la fuerza expratona de los padecimientos
13 Sobre esta cuestión, comparar la nueva lneratura L Brun, Die Aufer de los Justos, al menos de los mártires 15 Ciertamente que la idea
stehung Cbnsti zn der urchnstl Uberlzeferung, 1925 S Vernon McCasland The re
surrectzon of]esus, 1932 M Goguel, Le foz ii la résurrectzon de ]ésus dans le cbns
ttantsme pnmztzf, 1933 K Lake, The begznnzngs of chrzstzanzty V (1933) 7 16, E
Hirsch Die Auferstehungsgeschzchten und der chrzstl Glaube 1940 W Grund 14 O Cullmann, Petrus, 1952 69 72 piensa que esta concepción arranca de
mann ZNW 39 (1940) 110-121 P Althaus, Dze Wahrhezt des kzrchl Os Pedro
terglaubens, 21941, W M1ChaelIs Dze Erscheznungen des Auferstandenen, 1943, H 15 Cf H L Strack P Blllerbeck Kommentar zum Neuen Testament aus
von Campenhausen Der Ablauf der Ostererezgnzsse und das leere Grab SA Talmud und Mzdrasch n, 31961, 275 s 279 282, W Bousset, Dze Rel des]udent,
Heldelb Phll HIS KI (1952) 4, K H Rengstorf, Dze Auferstehung ]esu, 1952, H 3198 s, G F Moore, ]udazsm 1, 547 549, E SJoberg Gott und dze Sunder zm pa
Grass, Ostergeschehen und Osterbenchte, 41970 last ]udentum, 1939, 174 s 222
92 El kerigma de la comunidad primitiva La significación de Jesús para la fe de la comunidad 93

de un mesías que sufre (por los pecadores) es totalmente extraña al dos» y «cargados» (Mt 11, 28 s) podría I?ro.v~nir de un. viejo escri-
judaísmo en el tiempo de Jesús 16. to de sabiduría; quizás ha sido ya la pnrruuva comunidad l~ que
ha puesto en labios de Jesús esta palabra. Cierta~ente provienen
4. Cuando la comunidad espera al profeta y maestro como al de la comunidad las palabras en las que el Resucitado entrega a
hijo del hombre que viene y da una nueva interpretación a la ac- Pedro, como gesto real, la dirección de la comunid~d, a la que él
tuación terrena de Jesús a la luz de la fe pascual, gana su figura define como su comunidad (Mt 16, 17-19); lo rrusmo podemos
también una fuerza que determina el presente. El futuro portador decir de la promesa a los «doce» en la que les dice que un día se
de la salvación y soberano ejerce ya ahora, en cierta manera, desde convertirán en los gobernantes de las doce tribus de Israel (Mt
el cielo, al que ha sido exaltado, su función real. Si reunimos sus 19, 28; Le 22, 28-30). Se entiende fácilmente que las nor~as de
palabras, nos damos cuenta de que sucede esto no sólo a causa del disciplina de la comunidad, que fueron haciéndose n~cesanas e.?
contenido de su enseñanza, sino porque son palabras del rey futuro. el trascurso del tiempo, reciban el valor como proveOlentes de el
Según la concepción rabínica se presentará el mesías, cuando apa- (Mt 18, 15-18). Parece, incluso, que la comunidad ?a trans~orma­
rezca, también como maestro de la torá 17. La comunidad posee ya do ya una palabra judía que habla de la presencla~ de DlOS en
la interpretación de la ley hecha por Jesús; cuando él dice: «¡pero yo medio de dos que se esfuerzan por entender la tora en la frase:
os digo!», ella le escucha como mesías. En sus palabras poseemos ya «donde dos o más están unidos en mi nombre, allí estoy yo en
la sabiduría y conocimiento que según la creencia de los medio de ellos» (Mt 18, 20). Tampoco podemos ex~luir que se
apocalípticos regalará el mesías 18. De tal convicción nacen nuevas emplease el nombre de Jesús e.n recuerdo a .las expulsiones de de-
palabras del Señor, palabras que deben pronunciar una sentencia en monios como medio para realizar los exorcismos y para otras ac-
cuestiones de litigio, como: «no penséis que yo he venido a abolir ciones milagrosas. Si Mc 9, 38-40 (que ciertamente ha~ría. ~altado
la ley o los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimien- en el Marcos primitivo) viene de la tradición de la pr.lI~J.1tIva co-
to» (Mt 5, 17-19). «Yo he sido enviado únicamente a las ovejas per- munidad, sería un testimonio de lo que estamos diciendo; lo
didas de la casa de Israel» (Mt 15, 24). Palabras que testimonian mismo vale para Hech 3, 6.
que todo lo que ahora se experimenta como destino o se entiende
como tarea viene de él o está mandado por él. «No penséis que he 5. Los títulos que la comunidad ha aplicado a Jesús para
venido a traer paz a la tierra; he venido a traer la espada... » (Mt 10, describir su significación y dignidad han sido t.omados de la tr~di­
34-36 par). «No temas, pequeño rebaño, porque el Padre ha decidi- ción de la fe judía mesiánica, la cual reúne, ciertamente, motivos
do daros a vosotros la soberanía» (Le 12, 32). El es quien envía a los de origen diverso. Todos estos títu.los tiene~ en com~n que, aun-
mensajeros quienes deben llevar al país la proclamación de la proxi- que su sentido originario haya. podIdo s~r diverso, desl~nan ~l .~or­
midad del reino de Dios (Mc 6, 7 s; Mt 9, 37 s par). Los profetas tador escatológico de la salvación. Es evidente que Jesus recibió el
hablan en su nombre: «mirad que yo os envío a VOsotros como ove- viejo título de «mesías» (= rey ungido) tal como lo prueba no so-
jas entre lobos» (Mt 10, 16 par). «Mirad que yo os he dado todo po- lamente la tradición sinóptica, sino que también Pablo lo presupo-
der sobre las serpientes y escorpiones, de manera que cuando cami- ne claramente. Sólo partiendo de esta base pudo crecer en el hele-
néis sobre ellos no os hagan daño» (Le 10, 19). En este sentido en- nismo cristiano el doble nombre «Cristo Jesús» (Tnooü; XPt(JtÓ~) 19.
contramos ya ejemplos en la apocalíptica donde se nos dice que los Según el testimonio de la. tradición sinóptic~. ciertamente el
profetas cristianos hablan en nombre del Exaltado (cf Ap 3, 20; 16, título imperante en la comunidad fue el de «hz¡o del hombre»,
15). La «llamada del salvador» que promete descanso a los «cansa- que proviene de la esperanza apocalíptica, con ~l que. se alude a
un ser supraterreno, preexistente, que descenderá del CIelO ~l final
de los tiempos para juzgar y traer la salvación (cE. § .1), mlent~as
16. Cf. G. Dalman, Der leidende und der sterbende Messias der Synagoge,
1888; W. Staerk, Soter 1, 1933, 78-84; H. 1. Strack-P. Billerbeck, o. e. 1, 273-299; que el título de «mesías» provi~ne de la esperat;lza nacional, desig-
G. F. Moore, o. e., 551 s. De otra manera piensan]. Jeremias, [esus als Weltvollen- na al rey (de la estirpe de David), del que se piensa que es un pu-
der. 1930; E. Lohse, Miirtyrer und Gottesknecht, 21963.
17. P. Seidelin, ZNW 35 (1936) 194 s; P. Volz, Die Escbatologie der jüd. Ge-
meinde, 1934, 218. 19. O. Cullmann, Cristología del NT, 1965, 26-66, piensa poder probar como
18. Cf. P. Volz, o. c. una de las cristologías más antiguas aquella que designa a Jesús como «profeta».
94 El kerigma de la comunidad primitiva La significación de Jesús para la fe de la comuntdad 95

ro hombre, aunque a menudo se piense que su aparición yac- sobrenatural engendrado por Dios, sino que era sencillamente un
tuación será introducida y conducida por la intervención sobrenatu- título real. A pesar de que los lugares de los sinópticos en los que
ral de Dios. se nombra a Jesús hijo de Dios sean secundarios y de origen
Proveniente de la tradición nacional y, en cuanto a contenido, helenístico o hayan sido formulados por los evangelistas, sin em-
sinónimo de «mesías» es el título de «hijo de David», Parece que és- bargo, la narración de la transfiguración, con su «éste es mi hijo
te no jugó dentro de la comunidad un gran papel, ya que aparece amado» (oóróc gemv ó oíóc uou ó o.YU1tlltÓ<;) (Mc 9, 7), proviene de
relativamente muy rara vez en la tradición sinóptica (en Q falta to- una tradición antigua. Si es originariamente una historia pascual (§
talmente). Por otra parte, Pablo debería haberlo encontrado ya co- 4, 1) podría probar, juntamente con Rom 1, 3, que la comunidad
mo corriente. Para el mismo Pablo carece este título de significa- primitiva designó a Jesús como hijo de Dios, en lo que se convirtió
ción, pero hace referencia a él en Rom 1, 3 y, por cierto, en una fra- por medio de la resurrección. Pero ciertamente ella no tuvo al Je-
se que se apoya en una fórmula que le ha sido transmitida a él. El sús terreno por hijo de Dios, a diferencia de lo que pensó más tar-
quiere presentarse a la comunidad romana, para él desconocida, co- de la comunidad helenística. La leyenda del nacimiento de Jesús
mo apóstol que representa la doctrina verdadera mediante ese de una virgen es desconocida aún para la comunidad al igual que
título. La fórmula, desligada de la construcción paulina de la frase y para. Pablo.
de las añadiduras paulinas, podría haber sonado así: En la apocalipsis de 4 Esd y de Bar Sir se encuentra el título
(Tnooí«; XPtcrTÓ~) Ó u¡o~ TOU 9wu, mesiánico de siervo de Dios, que no tiene otro sentido sino el de
Ó YEVÓ¡.tEVO~ ÉK cr1tÉp¡.to.TO~ ~uuío, «mesías» o «hijo de Dios». Proviene del AT, donde son llamados
Ó Óptcr9E\~ u¡o~ 9wu Év OUVá¡.tEt É~ itvo.crTácrE(O~ VEKp&V. con tal título los preferidos, los piadosos honrados por Dios con al-
(jesucristo) el hijo de Dios, guna tarea especial, como Abrahán, Moisés y los profetas al igual
nacido del linaje de David, que los reyes. El título va ligado, de manera especial, a David, pa-
constituido hijo de Dios en poder por su resurrección de los muertos 20.
ra. quien se convirtió en tradicional; aparece también en este senti-
No podemos decir si, yen qué medida, provienen de la comuni- do en Le 1, 69; Hech 4, 25; Did 9, 2 (aquí juntamente con la
dad los dos árboles genealógicos, diferentes entre sí, de Mt 1, 1-17 Y misma designación de Jesús). Es, pues, fácilmente comprensible
Le 3, 23-38, los cuales tienen por cometido probar la descendencia que también el Mesías, como de la estirpe de David, recibiese este
davídica de Jesús. Si Mc 12, 35-37 proviene de la comunidad primiti- título. En una descripción más detallada del «siervo de Dios» me-
va, quizás podría indicar que incluso dentro de ella se criticó la apli- siánico podría haber influido ocasionalmente el deutero-Isaías;
cación de este título aJesús (§ 4, 2). En cualquier caso es cierto que el ciertamente no el siervo de Dios de Is 53 que padece vicariamente
título se impuso enseguida dentro de la comunidad y que desapareció por los pecadores, ya que la exégesis judía entendió en él al
muy pronto. pueblo de Israel. Tampoco el siervo de Dios de la apocalíptica es
Designa al rey mesiánico también el título hijo de Dios del que una figura doliente, sino que representa al soberano mesiánico y al
da igualmente testimonio Rom 1, 3 como de un título ya tradicional juez. Sería posible, sin embargo, la influencia de Is 42, 1 s, o de
antes de Pablo. Es inseguro y se discute si ya en el judaísmo se Is 49, 1 s, ya que la dignidad que se atribuye al siervo de Dios en
empleó «hijo de Dios» como título mesiánico. No está comprobado 42, 6 y 49, 6 de ser «luz de los pueblos» se aplica en el HenEt
como tal. Sin embargo, debemos admitirlo como posible, ya que el (libro apócrifo de Henok [etiópico]) al «hijo del hombre»; se ha
Sal 2, que designa al rey con la fórmula de adopción antigua oriental convertido, por tanto, en algo característico mesiánico. El cris-
de «hijo de Dios», al igual que en la comunidad cristiana, fue in- tianismo primitivo ha tomado el nombre. Si esto sucedió ya con la
terpretado ya en el judaísmo mesiánicamente. Es claro, sin embargo, comunidad primitiva no lo sabemos, ya que él no aparece en la
que este título no pudo tener ni en el judaísmo ni en la comunidad tradición sinóptica; únicamente Mt 12, 18 s lo ha incluido en una
cristiana el sentido mitológico que tuvo después en el cristianismo reflexión sobre una cita (Is 42, 1 s). Se encuentra, además, en
helenístico en el sentido de que no designaba al mesías como a un ser Hech 3, 13.26; 4,27.30, en los dos últimos lugares dentro de una
oración de la comunidad; además, en las oraciones de bendición
20. También 2 Tim 2, 8 provendría de una fórmula antigua; cf. H. Windisch, de la comida (Did 9, 2 s; 10, 2 s) y en la oración de la comunidad
ZNW 34 (1935) 213-216. romana de 1 ele 59, 2 s. En cualquier caso, parece haber sido
96 El kerigma de la comunidad primitiva La significación de Jesús para la fe de la comunidad 97

recibido pronto dentro del tesoro del vocabulario litúrgico de la .En su libro .Galllea y jerusalén ha desarrollado E. Lohmeyer la
comunidad 21 tesrs, .que a partir de entonces ha expuesto en otras investigaciones y
especialmente en su c<?mentano a Marcos, de que, propiamente,
Las cartas paulinas muestran que Jesús fue designado en la comu-
hubo sobr~ sue.lo palestinense dos comunidades primitivas o, al me-
nidad helenística como KÚPlO<; (eseñor») y que se le rindió culto. Des-
nos: dos dIreccI~)Oes características: la galilea y la jerosolimitana. Pe-
de la obra de W. Bousset, Kyrios Christos, se discute si ya la comuni-
cu~~ar de la galilea o de la línea galilea es la visión de Jesús como
dad primitiva designó aJesús como «el Señor» y si le llamaba por tal
«hIJO del hombre»; de la jerosolimitana, la de Jesús como «mesías»;
nombre. Quizás Bousset, que lo ha negado enérgicamene, tenga ra-
pero de la comunidad galilea proviene también el título KÚPlO<; (ese-
zón. En cualquier caso, aunque hubiese llamado aJesús señor, no le
ñor»), Será acertado que en la comunidad palestina hubo diversas
rindió culto. El culto del kyrios nació en suelo helenístico.
El judaísmo nunca designó al mesías como «señor». En el lenguaje tendencias, pero difícil que hayan existido desde el comienzo; se
judío es impensable el empleo absoluto de «el señor». Cuando se habrían for~ad~ lentamente. Es qui~ás también cierto que después
emplea el término aplicándolo a Dios hay siempre una concretización de las expenencias pascuales de Galilea no todos los seguidores de
al lado; se dice: «el señor del cielo y de la tierra», «nuestro señor» y Jesús volviesen a Jerusalén y que haya existido, junto a la comuni-
expresiones semejantes. Aplicándoselo aJesús sería posible, a lo su- dad de Jerusalén, otra comunidad en Galilea aun cuando ésta
mo, un «nuestro señor». El estrato más antiguo de la tradición sinóp- difícilmente h~bría tenido la significación que iohmeyer le atribu-
tica no habla de Jesús como «el Señor»; en Q jamás aparece el título; ye. De cualquier manera, Pablo cuenta únicamente con la de Jeru-
en Mc únicamente en la historia legendaria de 11, 3, mientras que, y salén, en cuyo vértice se encontraban ya los doce, hasta que el her-
es característico, Le emplea a menudo en la narración el absoluto ó mano ~el Señor, Santiago, se hizo con la dirección; todos provenían
KÚPlO<; (<<el Señor»). La expresión KÚPtE que aparece también en la tra- de Galilea y representaban la tradición de Galilea. En cualquier ca-
dición antigua no prueba nada, porque es únicamente la traducción so, aparece como imposible que los dos títulos «mesías» e «hijo del
de la fórmula de tratamiento aramea que emplea el discípulo para di- hombre» sean la expresión de dos concepciones distintas deJesús y,
rigirse al maestro. Se intercambian como formas de tratamiento para por tanto, entenderlas como dos marcas distintivas de dos comuni-
dirigirse a Jesús las expresiones «mi señor - nuestro señor», como en dades o direcciones diversas. Ambas designan de igual manera al
Mc y Mt KÚptE (<<señor») y puBBí (<<maestro»). La invocación escatológi- portador. escatológico .de la salvación y el antiguo título de mesías,
en un tIer;npo expresión de la esperanza nacional israelita, no se
ca unpñ aSa (IU~ K!l7t= «nuestro señor ¡ven!»), que se encuentra en
mantuvo SIempre dentro de ~ste marco estrecho de significación, si-
1 Cor 16, 22, proviene ciertamente, de la comunidad primitiva, pero
no que pudo ser trasladado, Igualmente, al portador de la salvación
no es una prueba que demuestre que Jesús fue llamado señor, porque
celeste que 1:1: apocalíptica esperaba, así como la salvación que éste
pudo esta invocación haber sido empleada para llamar a Dios y haber
trae no necesita desprenderse de los rasgos nacionales. En las pará-
sido referida más tarde aJesús (cf. Ap 22, 20). Y aunque en el cris-
bolas de Henok el etíope alternan «hijo del hombre» y «mesías» co-
tianismo helenístico se hiciese corriente el empleo de oí bnKUA.Oú/JE-
mo títulos de la misma figura; en 4 Esd sucede lo mismo' en este
VOl TO óvouu TOU xupíou JÍ/JO:>v'1. Xpt<JTOU (elos que invocan el nombre
último aparece taJI.l:bién el título «siervo de Dios» y se le aplica
de nuestro señor Jesucristo») para designar a los cristianos (1 Cor 1, 2;
expre~amente a~ «hIJO del. hombre» (13,32.37.52) mientras que en
Hech 9, 14.21; 22, 16; 2 Tim 2,22) esto no significa nada para la co-
Bar SIr el «Mesías» es designado como «siervo de Dios». Por lo de-
munidad primitiva 22.
más, en Bar Sir se describe continuamente al mesías como el porta-
dor sobrenatural de la salvación del que habla la apocalíptica, sin
21. Cf. W. Bousset , Kyrios Cbristos, 31967, 56 s; W. Staerk , Soter 1, 24 s. 77 s; que lleve el título de hijo del hombre. De igual manera, tampoco
A. von Harnaek, Die Bezeichnung ]esu als «Knecht Gastes» und ihre Geschichte in
der alten Kirche, 1926, 28; P. Seidelin, ZNW (1936) 230 s; O. Cullmann,
Cristología del NT, 1965,67-101; E. Haenehen, Die Apostelgeschichte, 17 1977, 169;
]esus, 1928 (aquí se apunta también bibliografía extranjera); W. W. Graf Baudissin,
J. )eremias, ThWB V, 680-713. Kyrios als Gottesname im ]udentum und seine Stellung in der Religionsgeschichte 1-
22. Para esta cuestión cf., además de W. Bousset , Kynos Cbristos, P. Wernle,
]esus und Paulus: ZThK 25 (1915) 1-29; P. Althaus, Unser Herr ]esus: NKZ (1915) IV, 1929; E. von Dobschütz , K\ÍplO~ 'Inooüq: ZNW 30 (1931) 97-123; E. Lohrneyer,
439-457.513-545; W. Heitmüller,]esus und Paulus: ZThK 25 (1915) 156-179; W. Gottesknecht und Daoidssob», 21953; O. Cullmann, Cristología del NT, 227-270;
E. Schweizer, ef. en § 5.
Bousset,]esus der Herr, 1916; W. Foerster. Herr ist ]esus, 1924; E. Lohmeyer , Kynos
98 El kengma de la comunzdad primarua Comienzos de la formaaon de formas eclestásttcas 99

en la tradición sinóptica encontramos rasgos que permitan decir que Bornkamm, El NT Y la historia del crtsttantsmo prtmtitoo, 1975, M jrménez-F
las diversas designaciones «mesías» e «hijo del hombre» sean expre- Bonhomme, Los documentos de Qumrán, 1976, Ph Perkins, Carácter misionero de
sión de concepciones diversas sobre la persona de Jesús y es total- la zglesta en el NT Concihum 134 (1978) 9-17, M Legido, La iglesia del Señor,
mente claro que Pablo, que no emplea el título apocalíptico de hijo 1978, R Fuller, Fundamentos de la cnstologia neotestamentana, 1979, G Theissen,
del hombre, usa el Xpio rór; (en la medida en que en él no es Soctologia del moutmtento de Jesús El nactmtento del crtsttantsmo pnmztzvo, 1979,
nombre propio, SlOO título) no en el sentido de la esperanza na- J Jeremlas, La últzma cena Palabras de Jesús, 1980
cional, SlOO en el de la apocalíptica.
1. ¿Qué consecuencias sacó la comunidad de su conciencia es-
catológica para su comportamiento práctico, cotidiano, o, al menos,
§ 8. COMIENZOS DE LA FORMAClON DE FORMAS ECLESIÁSnCAS
para su comportamiento frente al Judaísmo, frente a sus institu-
Además de la bibliografía del cap 2, cf Fl V Filson, The separatton ofchmtzanzty
ciones y sus representantes? ¿en qué medida ha visto toda la reali-
from Judazsm Anghc Theol Rev 21 (1939) 171-185, L Brun-A Fndnchsen, dad de su VIda a la luz del acontecimiento escatológico?
Paulus und d,e Urgememde, 1921, W Bauer, Der Wortgottesdzenst der altesten Evidentemente que no piensa la comunidad escatológica ser una
Cbnsten, 1930, J M Nielen, Gebet und Gottesdzenst zm NT, 1937, E Lohmeyer, nueva comunidad de religión y no se Izmzta a ser una nueva relzgzón
Kultus und Evangelzum, 1942, O Cullmann, Urchmtentum und Gottesdzenst, frente al judaísmo. Ella permanece fiel al tiempo yal culto. Según
31956, E Troeltsch, Die Sozzal/ehren der chmtlzchen Kircben und Gruppen, 1912, Hech 2, 46, cuida de reunirse en el distrito del templo; según Mt 5,
R H Lightfoot, Localzty and doctnne m the gospels, 1938, G Delhng, Der Gottes 23 s, permaneció fiel a los usos sacrificiales, al igual que Jesús no
dtens: zm NT, 1952 Sobre la relación entre las ordenanzas de la comunidad pnrruu- había polemizado contra el culto del templo (§ 2, 3). Y así como la
va y la orgaruzación de la comunidad de la secta de Qumrán, cf B Rercke ThZ 10 leyenda de Mt 17, 24-27 demuestra que la comunidad, a pesar de sa-
(1954) 95-112, o en The scrol/s and the NT, 1957, 143-156, J Daruélou THPhRel berse distinta de la VIeja comunidad judía, pagaba los impuestos del
35 (1955) 104-116, O Cullmann JBL 64 (1955) 213-226 templo, así ponen de manifiesto Mc 13,9 y Mt 10, 17 que ella se sabe
H von Campenhausen, Ktrcbltcbes Amt und gezstlzche Vol/macht m den ersten sometida a la legrslación jurídica sinagogal. Como comunidad de los
drez Jahrhunderten, 61963, J Roloff, Apostolat Verkundzgung Kircbe, 1965, F tiempos finales se sabe a sí misma como el verdadero Israel, para
Hahn, Das Verstandnts der Mzsszon zm NT, 21965, H Conzelmann, Chmtus zm quien las promesas del AT encuentran ahora su cumplimiento (§ 6,
Gottesdzenst der neutestamentlzchen Zett Pasroraltheologie 55 (1966) 355-365, G 6), como la meta de la historia de salvación del pueblo de Israel.
Schille, Anfltnge der Kircbe Erwagungen zur apostoltschen Fruhgeschlchte, 1966, Pero justamente ahí se presenta el problema: ¿en qué medida fue
H Kasung , Die Anfltnge der urchmtllche Mzsszon, 1969, F Hahn, Der urchnstltche el verdadero Israel realmente entendido como magnitud escatológi-
Gottesdzenst, 1970, R Schnackenburg, Lukas als Zeuge verschzedener Gemein ca? ¿en qué medida se entendió como una selección del pueblo histó-
destrukturen BuL 12 (1971) 232-247, M Hengel, Die Ursprunge der chmtlzchen
nco? ¿en qué medida es el sujeto de la historia de salvación, Israel,
Mzsslon NTS 18 (1971-1972) 15-38, K Kertelge , Gememde und Amt zm NT, 1972,
como lo hace Pablo, entendido -de acuerdo con la significación
M Hengel, ZwzschenJesus und Paulus Die Hellentsten, die Szeben und Stephanus
ZThK 72 (1975) 151-206,J Beutler, Glaube und Instuutton tnz NT TPh 52 (1977)
suya- como una magnitud escatológica? ¿en qué medida como
1-22, J Panagopoulos (ed ), Propbettc uocatton m the NT and today, 1977, J pueblo histórico-empírico? ¿presclOdirá la comunidad primitiva de la
Blank, Kircbe und Staat tm Urchmtentum, en G Denzler (ed ), Kircbe und Staat idea de pueblo elegido, lo cual era una característica únicamente del
auf Dzstanz, 1977, 9-28, K Kertelge (ed ), Das kzrchlzche Amt tm NT, 1977, J pueblo histórico? ¿en qué sentido se recogerá la conciencia histórica
Coppens, L'eucbansue des temps apostoltques ETL 53 (1977) 192-201, D L Nor- del AT?
bre, NT church organzzatzon, 1977, W Ernst (ed ), Dzenst der Vermzttlung, 1977,
H Schurmann, Onentterungen am NT, 1978, E Bammel-C K Barret-W D Da- 2. La cuestión es aguda como la pregunta sobre la valzdez de la
vies, Donum gentzlzczum, 1978, M Delcor (ed ), Qumran Sa plété, sa théologze et ley. ¿Continúa obligando la ley del AT a los miembros de la comu-
son mzlteu, 1978, G Theissen, Studzen zur Soztologte des Urcbnstentums, 1979, E rudad escatológica? ¿es también la obediencia a la ley la condición
P Sanders, Normattue selfdefinztzon m Judazsm and Chmtzanzty, 1980 para tomar parte en la salvación escatológica? Parece que a esta
O Cullmann, Del evangelzo a la formación de la teología cnsttana, 1972, E cuestión no se ha dado hasta ahora una respuesta clara; es más, pa-
Schwerzer-A Diez Macho, La iglesta pnmltlva, medzo ambzente, organzzaczón y cut rece que hasta el presente no se ha planteado claramente la cues-
to, 1974, J Delorme (ed ), El mintsterto y/os mmtstertos según e/ NT, 1975, G tión. En la práctica debió de existir una relativa libertad frente a las
100 El kerigma de la comunidad primitiva Comienzos de la formación de formas eclesiásticas 101

exigencias cúltico-rituales de la ley. Porque ¿se podían conservar las boca de Jesús: «no andéis los caminos que conducen a los gentiles y
palabras críticas y polémicas de Jesús contra el legalismo judío sin no piséis ciudad alguna de los samaritanos. ¡Id, más bien, a las ove-
orientarse por ellas? ¿se podían transmitir sus palabras contra los cál- jas perdidas de la casa de Israel!» (Mt 10, 5 s) pone de manifiesto
culos de salario y la soberbia de los puros desde el punto de vista legal que en la primitiva comunidad había al menos una corriente que
y al mismo tiempo poner como condición para participar en la salva- rechazaba totalmente la misión entre los gentiles, así como Mt 10,
ción méritos legales? Ciertamente que no se hizo explícita en la co- 23 presupone un anuncio solamente para los judíos. Quizás se
munidad primitiva la disyuntiva descubierta por Pablo: obras de la dieron en este punto opiniones diferentes, quizás se dio un de-
ley o fe. Más bien muestra el comportamiento de la comunidad pri- sarrollo. En cualquier caso las historias legendarias del centurión de
mitiva frente a Pablo y frente al cristianismo helenístico que no había Cafarnaún (Mt 8, 5-10) y de la sirofenicia (Mc 7, 24-30), ambas son
logrado liberarse de la ley. Quizás tuvo lugar una marcha atrás e hi- variación del mismo motivo, enseñan, por una parte, que ya muy
cieron presa poco a poco el miedo y la fidelidad a la ley, tal como pronto fueron admitidos gentiles en la comunidad de salvación y,
ocurrió más tarde de una manera total en las sectas judeo-cristianas. por otra, que esto sucedió a título de excepción y a regañadientes.
Esto se debería, en parte, a la influencia personal del hermano del Se- Lo mismo se deja translucir en la tradición reelaborada de Hech 10,
ñor, Santiago, y, en parte, sería una reacción contra la crítica a la ley y 1 s, del centurión Cornelio de Cesarea. Pero, sobre todo, muestran
al culto, crítica que se levantó en la comunidad helenística. Cundió el la Carta a los gálatas y la tradición que subyace en Hech 15, que se
pánico ante las consecuencias que se sacaron dentro del helenismo y exigió a los gentiles que querían unirse a la comunidad escatológica
nació entonces la famosa frase puesta en boca de Jesús: «no penséis de salvación la aceptación de la ley y, sobre todo, la circuncisión. Es-
que he venido a anular la ley o los profetas. No he venido a quitar si- to significa que condición para participar de la salvación era la per-
no a cumplir. Porque os digo verdaderamente: hasta que el cielo y la tenencia al pueblo judío como magnitud empírico-histórica. Justa-
tierra no desaparezcan, no debe perderse ni una jota ni una tilde de mente en este punto se produjo conflicto primero en Jerusalén,
la ley... » (Mt 5, 17 s). Y será considerado como el más pequeño dentro de la comunidad entre los seguidores de Jesús más antiguos y
dentro del reino de Dios quien deje de cumplir el mandamiento más los judeo-cristianos helenísticos y luego, entre la comunidad primi-
pequeño (5, 19). En estos casosse tiene presente manifiestamnte a los tiva y Pablo.
helenistas y quizás se apunta contra el mismo Pablo. Los judíos helenísticos que retornaron a Jerusalén y que tenían
La inseguridad y falta de claridad se dio porque con la cuestión allí su propia sinagoga (Hech 6, 9), tuvieron desde el principio una
de la ley y del camino de salvación va mezclada otra cuestión. Por- postura más libre frente a la ley. Es probable que cuando éstos se
que la ley no era solamente camino de salvación y su cumplimiento unieron a la comunidad cristiana, se hizo patente, dentro de sus
no tenía solamente el carácter de una prestación por la que se círculos, la crítica a la ley y al culto del templo, tal como se dice
conseguía un mérito. Era, sobre todo, el don de Dios que confirió al expresamente de Esteban, que pertenecía a ellos (Hech 6, 11.13 s).
pueblo elegido el rango y la dignidad que tenía. La historia de sal- Parece que detrás de la narración de la elección de los «siete
vación era la historia del pueblo de Israel, la comunidad escatológi- hombres» (Hech 6, 1 s) se esconde el conflicto al que se había llega-
ca era el verdadero Israel. Por tanto el cumplimiento de la leyera do en la comunidad de Jerusalén. Porque aquellos «siete» no fueron
condición para participar en la salvación así como era condición para «diáconos», sino, como su nombre pone de manifiesto, representan-
formar parte del pueblo de Israel. Se ve, pues, claro que la comuni- tes de la corriente helenística, Lo que se cuenta, primero de Esteban
dad primitiva permaneció fiel a esta condición. Por mucho que haya y más tarde de Felipe, dice claramente que su oficio no era el servi-
querido (al menos en los comienzos) tener un comportamiento cio de las mesas, sino que fueron anunciadores de la palabra, La
crítico frente al legalismo judío bajo la influencia de las palabras del aparición de estos cristianos helenistas provocó el enojo de la comu-
Señor y por más que haya roto con las ideas acerca del mérito vigen- nidad de Jerusalén, la cual, al parecer, no se orientaba contra la
tes entre los judíos, ella se mantuvo fiel a la ley como a una vieja comunidad primitiva cristiana, pero en la que fueron sacrifica-
característica del pueblo elegido al que sentía representar conscien- dos los helenistas. Esteban fue apedreado, sus compañeros de opi-
temente. nión fueron expulsados; con ellos había quedado resuelto el proble-
En principio se pone de manifiesto que en Jerusalén no se con- ma, al menos al principio, para la comunidad primitiva, Pero el
cibió como tarea la misión de los gentiles. La palabra puesta en problema se presentó pronto nuevamente cuando, en parte como
102 E/ kengma de /a comumdad pnmttlVa Comienzos de ia formacio» de formas eciesiásticas 103

consecuencia de la misión de los expulsados, se formaron nuevas co- zas, ya que la comunidad no sólo se reúne en el ámbito del templo,
munidades helenísticas, para las que no se puso como condición pa- sino también en casas particulares (Hech 2, 46). Faltan las noticias
ra su ingreso y participación de la salvación mesiánica la aceptación de si se reunían todos los componentes de la comunidad o única-
de la ley ni, sobre todo, la circuncisión 23. mente individuos pertenecientes a ella. Si tenemos en cuenta el cre-
En la discusión mantenida con Pablo y Bernabé en el conciito de cimiento de la comunidad y, sobre todo, la admisión de miembros
Jerusalén, de la que informa Gál 2, 1-10 24, reconoció finalmente la helenísticos, podemos pensar que habrían sido reuniones de grupos.
comunidad primitiva el derecho que tenían los cristianos que venían Se sobreentiende que en estas reuniones se identificaban mu-
del paganismo a verse libres de la ley. Pero, al parecer, los cris- tuamente por medio de la lectura de la Escritura y de su interpreta-
tianos de la gentilidad no fueron reconocidos como ocupando una ción y que tratarían de grabar en su memoria las palabras de Jesús.
igualdad absoluta de derechos de donde nace que en Antioquía, y No es Imposible que la comunidad primitiva hubiese organizado su
quizás también en otros lugares, surjan nuevos conflictos a causa de propio culto sinagoga!, ya que existían en Jerusalén varias sinagogas
la comunidad de mesa en las comunidades mixtas (Gál 2, 11 s). para los diversos grupos del judaísmo; con todo, de esto no sabemos
Con el fin de mediar en la discusión se tomaron medidas en Jerusa- nada.
lén, las cuales exigían de los cristianos de la gentilidad ciertas conce- Un punto de arranque para el proceso de las formas propias de
siones. Es el llamado decreto apostólico (Hech 21, 25)2). culto fue, naturalmente, el bautIsmo (§ 6, 3) y, sobre todo, las co-
En su monografía Apostel undJünger (1921), R. Schütz intentó mIdas comumtanas (§ 6, 4), pero se trata justamente de un punto
probar que el cristianismo helenístico, libre frente a la ley, fue el de arranque. Aun cuando ciertamente podamos llamar a estas comi-
primer peldaño, en concreto el de la comunidad de Galilea, das también celebraciones de la comunidad, se trata no de celebra-
Samaría y de la Decápolis, nacidas de la predicación de Jesús, ciones propiamente cultuales, si exceptuamos el sacramento de la
mientras que la comunidad de Jerusalén, fiel a la ley, se formó más «cena del Señor», tal como fueron celebradas en las comunidades
tardíamente. Esta opinión, basada en un cuestionable análisis litera- paulmas o helenísticas y cuya liturgia conocemos nosotros por medio
rio de Hech, no tiene consistencia 26. de Mc y de Pablo. Del hecho de que sean llamadas «fracción del
pan» (Hech 2, 42.46) se desprende que externamente fueron asimi-
3. Naturalmente también en otros aspectos fue frenado en la ladas a las comidas judías que comenzaban con el acto de la fracción
comunidad primitiva el desarrollo del concepto de IgleSIa por la ata- del pan y la bendición que lo acompañaba. También los relatos CClS-
dura a la comunidad judía. La iglesia como comunidad escatológica tianos (Mc 6, 41; 14, 22; Lc 24, 30; Did 9, 3; 14, 1) ponen de ma-
no ha encontrado todavía ninguna expresión que le corresponda a nifiesto que la fracción del pan y la bendición son inseparables. Na-
ella en un culto propio, ya que la comunidad no se ha desligado turalmente que podían beber también vino si disponían de él, pero
aún del culto del templo; están presentes únicamente los comien- esta bebida no tenía Significación cúltica; de lo contrario, no podría
llamarse a la comida simplemente «fracción del pan». Sin duda que
23 Una conexión entre los «helenistas» y la secta de Qumrán -dlfícrlmente hay que buscar el origen de estas ce1ebraciones de comidas en la co-
sostemble- sospecha O Cullmann, JBL 74 (1955), 220-224, o en The scrolls and munidad de mesa que en un tiempo habían compartido Jesús y sus
the NT, 25-30, 19ualmente en Les manuscrtts de la mer Marte, 1957,61-74 discípulos; en ellas no hay una relación especial a la última cena de
24 En Hech 15 encontramos un mforrne paralelo, pero la fuente que yace en la Jesús; encontramos por primera vez esta relación en la «cena del Se-
base hablaba de otra reumón y de otra redacción de la conclusión, en concreto de
aquélla cuyo resultado era el llamado decreto apostólico
ñor» de la comunidad helenística 27.
25 Cf la nota anrerror
26 Del «problema del cnsuamsrno helenístico dentro de la pnrrutrva cornuru-
dad de Jerusalén. trata W Grundmann, ZNW (1939) 45-73, sobre la base de una 27 Para la drsunción de las dos formas de la cena, la de la comunidad pnmltlva
equivocada drsnncrón de fuentes Su rraramrenro no convence Sobre las diversas palesnncnse y de la pauhna-helenísnca, cf H Lierzrnann, Messe und Herrenmahl,
comentes y posturas de Santiago, Pedro y Pablo en la discusión. cf H Lietzmann, 1926, O Cullmann, La stgnificatton de la samte cene dans le cbrtsttantsme prtmttt],
Zuiet Nottzen zu Paulus Sttzungsberzcht d Preuss, Ak d Wzss., Phtl Hist KI , 1936 Sobre las cuestiones que afectan a la cena del Señor y su discusión en la litera-
1930, VIII, E Hirsch, Paulus und Petrus ZNW 29 (1930) 63-76, G Krttel , Dte tura más reciente ha tratado con detalle y competencia E Lohmeyer en discusión
Stellung des jakobus zu judentum und Hetdencbnstensum ZNW 30 (1931) 145- crftica , Th R 9 (1937) 168-227, 273-312, 10 (1938) 81-90 Tamblén él drsnngue los
157, W Grundmann, Die Apostel zunscben jerusalem und Anttocbia ZNW 39 dos tipos, pero cree encontrarlos ya en la pnrrunva cornurudad y quiere drvrdirlos en
(1940) 110-137 las dos drreccrones que él cree poder encontrar aquí la «fraccrón del pan» sería la tra-
104 El kengma de la comunidad prtmttto« Comienzos de la formación de formas eclesiásticas 105

4. La dirección de la comumdad estaba en manos de los «doce» ciadores de la palabra y guardianes de la tradición. Toda vez que la
en un principio; con todo, no se trata de una dirección auténtica- comunidad se sabe fundada como sociedad o congregación no por
mente colegial, en cuya implantación en un principio nadie pensó, las personas que ella comprende, sino por una acción de Dios, nece-
llevados como estaban por la esperanza de la próxima llegada del sita, al igual que la comunidad judía del AT, de la tradición, en la
fin. Los «doce», como futuros príncipes de las doce tribus de Israel que se conserva y actualiza la historia fundante. Esta tradición es se-
(§ 6, 1; 7,4), no son tanto una institución cuanto una representa- cundariamente la tradición de la predicación de Jesús, pero prima-
ción de la comunidad del final de los tiempos como el verdadero riamente es la transmisión del kerigrna específicamente cristiano,
Israel. En la práctica actuaron ellos dentro y fuera de la comunidad aquélla únicamente en el marco de ésta. La historia legendaria de la
como anunciadores de la palabra y entregados al peregrinaje mi- elección para completar el colegio de los doce expresa con exactitud
sionero abandonaron, temporal o totalmente (como Pedro), Jerusa- el contenido de la cuestión. «Conviene, pues, que de entre los
lén. En un principio la autoridad dominante fue Pedro, como po- hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor
nen de manifiesto Mt 16, 17-19; Le 22, 31 s y el papel que juega vivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que
Pedro tanto en la tradición sinóptica como en Pablo. Junto a él nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de
deberían haber alcanzado pronto un papel dirigente importante su resurrección» (Hech 1, 21 s). Y 1 Cor 15, 3-7, así como 11, 23,
Juan el Zebedeo y el hermano del Señor, Santzago; Pablo define a muestran que se formó un kerigma en el que se fijó la tradición del
los tres como «columnas» (CHUA.Ol) (Gál 2, 9; cf. 1, 18 s). Cuando acontecimiento salvífico. La cuestión cargada de significado para el
Pedro abandonó Jerusalén y Juan (quizás en el año 44) fue ajusti- futuro es si, y cómo, la palabra de la tradición es entendida como el
ciado con su hermano Santiago, quedó el hermano del Señor, San- factor constituyente de la iglesia.
tiago, como la autoridad reconocida (Hech 12, 17; 21, 18). La tradición exige continuidad, por tanto sucesión, que no necesi-
Una auténtica dirección colegial son los ancianos, los cuales ta ser institucionalizada ni comunicada sacramentalmente. También
fueron escogidos, según el modelo judío, ya relativamente pronto, en Pablo (cf. 1 Cor 12, 28) Y todavía en Ef 4, 11 s, la sucesión es libre;
no sabemos cuándo. Los encontramos por primera vez en el trozo de es decir, no ha sido reglamentada institucionalmente, sino dejada a
la «fuente» que nos conserva Hech 11, 30 Y 21, 18 los menciona la libre actuación del Espíritu. En primer lugar es llamado el apóstol
junto a Santiago. Quizás podamos atribuir a la redacción del autor «porque él ha visto al Señor, es decir, al Resucitado» (1 Cor 9, 1); des-
el que nos presente en Hech 15 (al igual que en 16, 4) a los «apósto- pués es legitimado mediante su epyov, su obra misionera (1 Cor 9, 1);
les y ancianos» como dirigentes de la comunidad. Quizás tuvo San- ello significa al mismo tiempo: lo caracterizan «paciencia perfecta en
tiago la presidencia en el colegio de los ancianos. los sufrimientos, y también señales, prodigios y milagros» (2 Cor 12,
La cuestión decisiva es la siguiente: ¿cuál es la znstztución zdónea 12; cf. 1 Tes 1, 5; 1 Cor 2,4 s; Rom 15, 19; Heb 2,4). En las cartas
para la dirección de la comunidad escatológica? Sin duda ninguna pastorales comienza a aparecer la idea de la sucesión apostólica como
que ésta solamente puede fundamentarse en el anuncio de la pa- una institución, la costumbre de la ordenación mediante la imposi-
labra, como para Pablo es claro que Dios con su «reconciliación» ha ción de las manos. Difícilmente podemos encontrar un indicio en la
fundado al mismo tiempo el «ministerio de la reconciliación» comunidad primitiva de reducción del concepto «apóstol» al de «do-
(ótnxovín 'ii¡; Ku,uA.A.uyii¡;) y la «palabra de reconciliación» (A.óyO¡; ce». Porque ciertamente que el concepto de apóstol está determinado
,ii¡; KU,uA.A.uyii¡;) (2 Cor 5, 18 s). Esta 8taKovíu y este A.óyO¡; eran en por la tradición y por tanto por el encargo divino y la legitimación,
el principio dentro de la comunidad primitiva cosa de los «doce», pero aún no ha sido limitado a un numerus clausus; porque Pablo
naturalmente no en el sentido de que ellos fuesen los futuros doce llama a todos los misioneros UnÓCHOA.Ol (1 Cor 9,5; Rom 16,7; 2 Cor
príncipes del tiempo de la salvación, sino porque ellos eran anun- 11, 5.13; 12, 11 s) y encontramos el mismo lenguaje en Hech 14,
4.14; Did 11, 4_6 28 •

drcrón «galilea», mientras que sería peculiar de la línea «Jerosolimitana» la cena del
Señor, la cual se considera como fundada en la última cena de Jesús y en la que el 28. K Hall ha afirmado en su artículo Der klrchenbegnff des Paulus tn setnem
punto central lo constituye el recuerdo de la muerte de Jesús. Lohmeyer ha de- Verhaltms zur Urgemetnde que en la comunidad pnrruuva el apostolado era ya una
sarrollado esta concepción también en Journ of Brbl. LVI/III (1937) 217-252. Cf institucrón reglamentada y, en concreto, limitada a los doce Acertadamente han
también E. Schweizer, Das Herrenmahl rm NT: ThLZ 79 (1954) 577-592. opinado lo contrario W Mundle, ZNW 22 (1923) 20-42, W. G. Kummel, cf tam-
106 El kengma de la comunidad pnmltlVa Comienzos de la formaetón de formas eclesiástIcas 107

En un principio, la idea de la tradición y de la sucesión en- la comunidad. La perícopa de Mc 2, 5b-1O, que fue incrustada en la
cuentra una expresión característica en el hecho de que jerusalén antigua narración milagrosa de 2, 1-12, que trata del poder pleno
funciona como centro del conjunto de la comunidad y, al parecer, de Jesús para perdonar los pecados podría haber tenido su origen en
no sólo dentro de la conciencia de la primitiva comunidad. Lo testi- la comunidad primitiva, con lo que ella prueba su derecho a perdo-
monian tanto Pablo como el autor de Hech. Pablo pone todo su nar pecados, desde el momento que se lo atribuye aJesús; su legiti-
empeño en que las comunidades cristianas venidas del paganismo, a mación es su fuerza de curar milagrosamente ll.
las que, por tanto, no les dice nada tal idea, mantengan la conexión No puede ser considerado como reglamentación jurídica de la
con Jerusalén. y desde este punto de vista es de gran significación la iglesia que los apóstoles misioneros tengan derecho a recibir comida
ordenanza del concilio de Jerusalén que dispone que los cristianos y alojamiento de parte de la comunidad (1 Cor 9, 1 s), lo que se ha-
venidos del paganismo deben aportar dinero para los pobres de Je- ce derivar de una palabra del Señor (1 Cor 9, 14; Mt 10, 10 par);
rusalén (Gál 2, 10). 1 Cor 16, 1-4; 2 Cor 8-9; Rom 15, 25-28 ponen corresponde a un uso judío y no se limita a los apóstoles, como
de manifiesto cómo se preocupó Pablo por esta colecta. Porque la muestra Gál 6, 6.
colecta no tenía solamente el sentido de un acto de misericordia, si- Se entiende de por sí que en una comunidad escatológica que
no el de acto de fe en la medida en que ésta documenta la conexión espera el final próximo de este mundo no se creasen formas de vida
con la historia de la salvación. No es ni un acto de caridad respecto económica de la comunidad. Lo que, a partir de Hech 2, 45; 4, 34s,
de los círculos de los carismáticos y ascetas de Jerusalén 29, ni es tam- se describe a veces como comunidad de bienes es, en realidad, la vi-
poco un impuesto eclesiástico (K. Holl). Cuando se atribuye en viente comunidad de amor. No se puede hablar de un comunismo
Hech a la comunidad de Jerusalén la facultad jurídica de inspec- en sentido propio; ya que faltan un programa social y una organiza-
cionar todas las comunidades cristianas, nos encontramos ante algo ción de la producción.
legendario. Bernabé, que según Hech 11, 22, fue enviado de Jeru- Si bien es verdad que por una parte existen solamente motivos o
salén a la comunidad de Antioquía, no fue, en el informe de la comienzos de todas las formas institucionales que dan a la comuni-
fuente que sirve de base a Hech 11, 22, un inspector jerosolimitano, dad escatológica en el mundo histórico su configuración definida,
sino que perteneció a los helenistas que fundaron la comunidad en por otra parte, se ha evitado el peligro de concebir a la iglesia como
Antioquía cuando ellos (como cristianos helenistas: cf. Hech 4, 36) una institución salvífica en virtud de sus instituciones y sacramen-
fueron expulsados de Jerusalén lO. tos. En cuanto comunidad escatológica es ella ciertamente el
cumplimientode las promesas, pero, al mismo tiempo, es la que es-
5. Naturalmente que la vzda intracomunztaria, con número pera el futuro.
creciente de miembros, a medida que el tiempo avanzaba, necesita- Las cuestiones, que crecen respecto del futuro, son las siguien-
ba una cierta regulación o reglamentación que no podía ser dejada tes: ¿cómo se abrirá paso el carácter escatológico-transcendente de la
en cada caso en manos del colegio de ancianos. De todo esto apenas comunidad frente a las ataduras al pueblo judío sin que se rompa la
s~ dejan entrever algo las fuentes. Mt 16, 19; 18, 18 pone de mani- conexión con la historia de la salvación? ¿cómo encontrará su plas-
fiesto que primero se encontró en las manos de Pedro y luego en las mación la idea de la tradición y de la sucesión? ¿permanecerá la Pa-
de la comunidad -lo que es igual que decir en las manos de los labra como el factor constituyente? y ¿qué instituciones serán crea-
ancianos- el poder de «atar y desatar», es decir, un poder discipli- das, por medio de las cuales reciban una reglamentación la tradición
nar, y Mt 18, 15-17 da normas para los casos de conflicto dentro de y la vida de la comunidad? ¿cómo debe concebirse en todo esto la
relación de la comunidad respecto a la persona de Jesús?
Se da la primera respuesta en la concepción paulina de la libero
brén F Kattenbusch, Die Vorzugsste//ung des Petrus und der Charakter der
Urgememde tn [erusalem Festgabe ¡lir Karf MM/er, 1922, 322-351, cf también la tad frente a la ley, en la Suncovíu (eservicio»), en el A.óyo~ Tfí~ xu-
brbhografía del § 6 YJ Daruélou, RHPhRel. 35 (1955) 110-113 Además puede ver- mA.A.aYfí~ (<<palabra de reconciliación»), en el concepto de orollU
se la bibliografía sobre apostolado en § 52 XptOTOi) (<<cuerpo de Cristo») y en el f;V XptCl1:é!'> (een Cristo»).
29 E Peterson, RGG 3lII, 464.
30 Contra la afirmación de Holl de una pretensión jurídica por parte de la co-
ruurudad de Jerusalén pata inspeccionar y mandar sobre las comunrdades posteriores.
cf. Kumme1, o. c., 9.25.53 s, nota 85 31 Cf Die Gescbi: d stnop Trad, 12 s
3
EL KERIGMA DE LA COMUNIDAD HELENISTICA
ANTES y EN TIEMPO DE PABLO

Además de la brbhografía de! cap 2, cf W Bauer, Rechtglaubzgkezt und Keizerei


zm altesten Chnstentum, 21964, B H Streeter, The rtse 01 chnstzanzty (Tbe
Cambrzdge anctent hzstory II), 1936, M Gogue!, L 'égltse prtmtttue, 1947 Hay que
tener en cuenta, naturalmente, también los apartados correspondientes en la presen-
tación de la histona de la iglesia antigua, W e van Unruk , Das Urchrzstentum m
setner hellenzstzschen Umwelt, 1969, M Henge!, Die Begegnung von ]udentum und
Hellenzsmus m Paiasttna der vorchrzstlzchen Zeu, en Verborum uerttas, 1970, 329-
348, 1 H Marshall, Palestznzan and hellenzstzc chnstzanzty NTS 19 (1972) 271-287,
M Henge!,]udentum und Hellenzsmus, 21973, H Holstern , L'expénence de I'évan-
gzle La communauté crayante au 1" stécle, 1975, U B Muller, Zur fruhchnstlzchen
Theologzegeschzchte ]udenchrzstentum und Paulznzsmus m Kletnasten an der Wen-
de vom ersten zum zwezten ]ahrhundert nach Chnstus, 1976, E Lohse, Umwelt des
NT, 31977, R Schnackenburg-) Ernst-) Wanke (ed ), Dze Kircbe des Anlangs,
1977, H Schher, Grundzuge etner paulznzschen Tbeologte, 1978, R F Hock, The
soczal context 01 Paul's mznzstry, 1979,) Kremer (ed ), Les Actes des apótres Tradi-
ttons, rédactzon, théologze, 1979
) Holzner, El mundo de san Pablo, 1965, G Bornkamm, El NTy la bsstona del
cnsttantsmo prtmuno, 1975, O Kuss, San Pablo La aportaczón del apóstol a la
teología de la tglesta prtrntttua, 1975, G Bornkarnm, Pablo de Tarso, 1979, cf
bibhografía antenor

Prenotandos

1. Presupuesto histórico para la teología paulina no es simple-


mente el kerigma de la primitiva comunidad; más bien lo es el de la
comunidad helenística, a través del cual Pablo recibió aquél. Su
teología presupone ya un cierto desarrollo de la comunidad primiti-
va que tuvo lugar después que el mensaje cristiano había ya trascen-
dido las fronteras del judaísmo palestiniano y habían crecido comu-
nidades de cristianos helenistas, judíos y cristianos venidos de la
gentilidad. La tarea inmediata que nos aguarda es, por tanto, dise-
ñar un cuadro del cristianismo helenístico prepaulino.
110 El kerzgma de la comuntdad helenística La predicación y la exigencia de la fe 111

Pero el cnsttantsmo prepaulzno helenístzco no fue desde el pnn- aquellas que nos ofrecen un tipo de cnstiarusmo helenístico no
apio una magnztud unztana, sino que se diferenció rápidamente se- paulrno , como Heb, Bernabé, 1 Clem, Sant y Kerigma de Pedro.
gún que actuaran las influencias de la sinagoga o de las religiones También aquí tomamos en consideración aquellas expresiones que
paganas e incluso las corrientes gnósticas. Por ello no podemos to- tienen el carácter de fórmulas, frases de carácter generalmente reco-
mar en consideración cada una de sus formas como presupuesto de nocido. Allí donde tales concuerdan con expresiones correspondien-
la teología paulina y, por tanto, no se agota toda su significación en tes y frases de Pablo son no solamente testigos de otros tipos de cris-
ser escalones previos para Pablo. Continuó viviendo paralelamente a tiandad anteriores o paralelos a Pablo sino que testimonian también
Pablo y se desarrolló parte bajo la influencia paulina, parte por ca- un kerigma cristiano común, en el que concuerdan y coinciden to-
minos propios. Sus tipos diversos individuales se despliegan y en- das las formas. Confirmando, podemos añadir la concordancia de
cuentran, en parte, su representación significativa como -sin tales frases con motivos de la propaganda judeo-helenfstica, de la
influencia paulma- en la teología de Juan, o, bajo la actuación de que fue no sólo rival, sino heredera, la misión cristiana. Dan testi-
Pablo, en Ignacio de Antioquía. monio de ello 1 Clem, el Pastor de Hermas y Sant.
Debemos dar aquí un cuadro del cristianismo prepaulino y para-
lelo a Pablo con la mayor amplitud posible. Tendremos en cuenta
también el tiempo posterior a Pablo cuando se trate de diseñar mo- § 9. LA PREDICACIÓN ACERCA DE DIOS y DE SUJUICIO. DEJESUCRISTO ELJUEZ
tivos teológicos de los que comencemos a encontrar testimonios en y SALVADOR Y LA EXIGENCIA DE LA FE
las fuentes de tiempos posteriores (podría suceder), incluso que co-
menzaron a tener una influencia después, pero que estaban ya pre- A van Harnack, Die MtsstOn und Ausbrettung des Chnstentums tn den ersten dret
sentes en la situación que se creó con la entrada del cristianismo en ]ahrhunderten 1, 41924, 104-114, K Axenfeld, Dre Judtsche Propaganda als
el mundo helenístico y en la problemática que nació de ello. Debe- Vor/aufen» und Wegberettenn der urchnstl MtsstOn, en MtsStOnswtssenschaftltch
mos poner de relieve todo el campo de condtciones y poszbzltdades Studten (Festschnft f G Warneck), 1904, 1-102, A Oepke, Die Mtsstonspredtgt
sobre el que brotan independientes y significativas concepciones des Apostels Paulus, 1920, E Norden, Agnostos Theos, 1913, M Dibelrus, Paulus
teológicas y del que crecen poco a poco las creaciones teológicas y auf dem Areopag (Sttzungsbencht d Hetdelb Akad d WtsS, Phtl -btst KI, 1938,
eclesiales de la iglesia. 39, nota 2), 1939, o en Auftatze zur Apostelgeschtchte, 51968, 29-70, W Schrrud ,
Die Rede des Apostels Paulus vor den Pbuosopben und Areopagtten tn Athen Phi-
2. Para la presentaczón del cnsttamsmo prepaulzno y paralelo a lologus 95 (1942) 79-120, C H Dodd, The apostoizc preachtng and tts develop
él apenas si disponemos de testimonios directos: las llamadas cartas ments, 21963, H Hommel, Neue Forschungen zur Areopagrede Act 17 ZNW 46
católicas nacen todas en tiempo posterior. Tenemos que presentar el (1955) 145-178, B Gartner, The Areopagus speecb and naturai reoelanon; 1955, W
cuadro, esencialmente, mediante la reconstrucción. ¿De qué medios Nauck, Die Tradztton und Komposaion der Areopagrede ZThK 53 (1956) 11-52
debemos servirnos? Están a nuestra disposición: 1. algunos datos, Hay que mencionar aquí también todas las mvesugaciones realizadas por A Seeberg,
muy pocos, de Hech que se han conservado en la fuente que se las cuales muestran los rnatenaies de la predicación misionera que han cnsrahzado
emplea en los capítulos 6-8 y 11, 19-30 (¿antioquena?); 2. conclu- poco a poco en fórmulas tradicionales, de las cuales, finalmente, surgió la confesión
stones retrospecttoas de las cartas de Pablo. Naturalmente se ofrece de fe (en diferentes formas) Como reparo, el hecho de que Seeberg coloca, equivo-
como material primero lo que Pablo mismo designa como nupúóo- cadamente, un catecismo , en alguna medida ya formulado definmvamenre, en el co-
me; (etradición»), como 1 Cor 11, 23 s; 15, 1 s; en cada uno de los mienzo Leídas desde el punto de vista de la historia de la tradicrón, uenen gran va-
casos tendremos que preguntarnos la antigüedad de tal 1tapácSome;. lar estas invesngaciones que ponen de relieve también la conexión de la predicacrón
Además deberían ser tenidos como tradición aquellas frases y térmi- cnsnana con la tradicrón Judía Der Katecbtsmus der Urcbrzsienbeu; 1903, Das Evan-
nos que tienen para Pablo el carácter de evidentes y de reconoci- geltum Chnsti, 1905, Die betden Wege und das Aposteldekret, 1906, Die Dtdache
miento general, que no introduce él, que los prueba y defiende; des ]udentums und dte Urchnstenheu, 1908, Cbnst: Person und Werk nach der
por ejemplo: el título honorífico de «Cristo», frases escatológicas, el Lebre setner ]unger, 1910 Importante para la historia de la tradición también O
empleo del AT y el método de su interpretación, declaraciones Cullmann, Die ersten Cbnst! Glaubensbekenntntsse, 1943 Para el apartado 5 J
sobre los sacramentos y similares. Finalmente, tenemos: 3. concite- Schruewind , Euangelzon Lref 1-2 (1927) 31, E Molland, Das paultntsche Euange-
stones el. retrcspectiua de otras fuentes posteriores, sobre todo de lton, 1934, M Dibehus, Pormgescbtcbte des Evangeltums, 31959, 14-34, Ad Schlat-
112 El kerrgma de la comunidad heienistzca La preatcacton y la exigencia de la fe 113

ter, Der Glaube 1m NT, 41927, R Gyllenberg, Ptstts (en sueco), 1922, R Asting, Les había precedido la predicación monoteística de la misiá»
Die Verkundlgung des Wortes m Urchnstentum, 1939, M Pohlenz, Paulus und die judía. Ya en la Irteratura de los últimos tiempos del AT comienza la
Stoa ZNW 42 (1949) 69-104, R Bultmann, ThWB VI, 174-213, H Conze!mann, polémica contra las religiones paganas y la crítica al culto de muchos
Die Mltte der 2elt, 61977, 191-197 dioses y a la forma de culto, al menos, a su representación en imá-
P -E Langevm , Le Sergneur Jésus selon un texte prépaultmen 1 Tes 1, 910 genes, Esto se ve en la redacción de la segunda mitad del libro de
Sciences Ecclesiasuques 17 (1965) 263-282 473-512, Id , Jésus Selgneur et I'eschato Isaías y en el libro de Daniel así como en la narración del Bel Y del
logie, 1967, W Popkes, Chnstus tradltus, 1967, N Brox, Die Pastoralbrtefe, 41969, dragón introducida en él en la versión de los LXX; otro tanto se ve
D Luhrmann, Eptp haneia, en Traditton und Glaube (Festg fur K. G Kuhn), 1971, en la carta apócrifa de Jeremías y, sobre todo, en la Sabiduría de Sa-
185-199, C Bussmann , Themen der paultntscbe» MlJJlOnspredlgt auf dem Hin lomón. Esta muestra, al mismo tiempo, cómo el judaísmo
tergrund der spat;udlsch hellemstlschen MlsslOnsllteratur, 1971, Neues Testament helenísuco, en su crítica de la gentilidad, tomó tanto la crítica mis-
und Gescbtchte (O Cullmann zum 70 Geburtstag), 1972, 91-104, R Schnacken- ma desarrollada en la ilustración helenística contra el ingenuo
burg, Das Evangellum tm Verstandms des altesten Evangeltsten, en Onentzerung an politeísmo y contra sus cultos como positivamente ideas de la reli-
[esus, 1973, 309-324, U Wllckens, Die MWlOnsreden der Apostelgeschlchte, 11974, giosidad helenístico-filosófica: el gobierno de Dios sobre el mundo
U B Muller, Propbezte und Predsgt trn NT, 1975, G Srrecker, Das Eoangeiiem ]« por medro de la «sabiduría» es presentado según la analogía de la
sus Cbnstt, en Jesus Chnstus m Histone und Tbeologte (Festscbnft f H Conzel- concepción estoica de la 8tOíKl1(Jt~ (egobierno») del xóouoc (emun-
mann), 1975, 503-548, P Vrelhauer, Gescbtcbte der urchnstltchen Ltteratur Etn- do») por medio del nvsüun (eespiritu»). Cuando 4 Mac 1, 13 coloca
lettung m das NT, die Apokryphen und die apostoltscben Vaier, 1975, R Schnac- la historia de los mártires bajo el tema si UUtOKPÚtffiP EatlV t&v
kenburg (ed ), Die Kircbe des Anfangs, 1977, K Kerre!ge (ed ), Das klrchltche Amt rru8&v 6 AOYla uóc (esi la razón es dueña de los sentimientos»), está
tm NT, 1977, P Grech, Le linee portantt del NT m funzzone dell'annunclO, en G empleando una frase estoica. Sobre todo Filón puso toda la tradi-
Zevrnr (ed ), Incontro con la Blbbla, 1978, 241-253, E Barnrnel-C K Barret-W D ción filosófica griega al servicio de la propaganda judía.
Davies (ed ), Donum Genttliaum, 1978, E E Ellts (ed j, Prophecy and herme En este proceso quedará oscurecido o modificado repetidas veces
neutics m early chrtsiiemt», 1978, Pagantsme, Judazsme, cbrtsttantsme Influences et el concepto de Dios judío por la idea de Dios de la tradición filosó-
affiontements dans le monde anttque Mélanges offerts ¿¡ Marcel Simon, 1978, A M fica gnega que está marcada por la idea de las leyes cósmicas. Se to-
Rrtter (ed ), Kerygma und Logos (Fest f C Andresen), 1979, D J Harnngron, ma la teología natural de la estoa con sus pruebas de Dios; junta-
God's peopie m Cbnst, 1980 mente se toma la propiedad de npóvoiu (eprevisrón») de DlOS en los
D M Stanley, La Iglesia apostólica en el NT, 1968, D Ramos, Testimonio de los acontecimientos mundanos y la prueba de la teodicea divina. La exi-
primeros crtsttanos, 1969, F Asensio, Horizonte misiona! a lo largo del antiguo y gencia de Dios será desarrollada como una ley racional de las cos-
NT, 1973, Ch H Dodd, La predicación apostoltca y sus desarrollos, 1974, T W tumbres; el concepto de virtud (úperú), extraño al AT, y la concep-
Manson, Cristo en la teología de Pablo y Juan, 1975, G Bornkamm, El NT Y la bis- ción de un sistema de virtudes ocupan un puesto y con ello también
tona del crtstiantsmo prtmtttoo. 1975, J Daruélou , La catequesis en los primeros la idea de la educación y de los métodos de la educación.
siglos, 1975, W Pannenberg, La fe de los apóstoles, 1975, R Scheifler , Así nacieron Todo esto se continúa en la predicación misionera de la misión
los eoangelios, 1976, R Fuller, Fundamentos de la cnstología neotestamentana, cristiana, SI bien es verdad que al principio se toman únicamente
1979 Ver las teologías de! NT y cnsrologías CItadas anteriormente motivos sueltos y con modificaciones características.

2. Podemos caracterizar en sus rasgos fundamentales la pred>


1. La predIcacIón cristtana de la mzsión en el mundo pagano caaon de la mwón cnsttana beienisttca y el lenguaje que confirió su
no podía ser simplemente el kerigma cristológico; debió, por el cuño a la fe de la comunidad de la siguiente manera:
contrario, comenzar por el anunczo del DtOS iimco. Porque no es so- El mundo del paganismo es considerado como hundido en
lamente concepción dominante en los judíos y judea-cristianos que ayvOlu (eerror») y rrAÚVl1 (eexrravío»).
el Dios único verdadero es desconocido a los paganos y que la reli- Pablo, que en 1 Tes 4, 5 dice, empleando la característica del
gión pagana es politeísta e idolátrica, sino que, de hecho, la misión AT para hablar de los gentiles como «que no conocen a Dios» ('ra J.l1]
cristiana alcanzó al principio aquellas capas sociales en las que el dMm tOV Bsóv) (Ier 10, 25; Sal 78, 6), dice en Gá14, 8 s, hablando
politeísmo era aún una fuerza viva. de los cristianos de Galacia venidos del paganismo: UAA,a rórs usv
114 El kerigma de la comunidad helenística La predicación y la exigencia de la fe 115

OUK dM"CEe; BEOV E.OOUA,EÚ(Hl't"E "COte; <púaEt 1J,i] oúow 8eote;' vuv 8E yvóv- E.7tíYVffime; (econocimiento») y E.7tlytvWaKEtv (econocer») también en
"CEe; 8EÓV... (epero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, Col 1, 6; Tit 1, 1; 2 Pe 1, 3; 2, 20 s; 2 Clem 3, 1; Ker Pe 3; Herm
servíais a los que en realidad no son dioses. Mas ahora que conocéis sim IX, 18, 1. Según 1 Clem 59, 2, Dios ha llamado a la comuni-
a Dios»... ). Hech 17, 30 habla del tiempo precristiano como de dad U7tO uyvffiaíae; de; E.7tíyvffiatv M~Tle; óvóunroc uúroü (ede la igno-
XPÓVOl "Cfíe; uyvoíae; (etiernpos de la ignorancia»), como en el discurso rancia al conocimiento de la gloria de su nombres). Todo esto
del Areópago empalma con la inscripción del altar al uyvwa"CC[) BEe'¡) corresponde al lenguaje empleado por el judaísmo helenístico l.
(<<Dios desconocido») (17, 23). Ef 4, 18 caracteriza a los e8vTI (<<genti- Dentro de este contexto UA,i¡8Em (<<verdad») es la recta doctrina,
les») como E.aKO't"ffilJ,évOl "CU omvoí<;t OV"CEe;, U7tTlA,A,o"CptffilJ,évOl "Cfíe; ~ffifíe; la fe recta en contraposición a la ayvom y a la 7tA,ÚVT\, de manera que
roñ Bsoü Oto. "Ci]v ayvOlav "Ci]v oúouv E.V au"COte; (esurnergidos en las ti- Pablo puede definir su actividad apostólica como ouváproou; "Cfíe;
nieblas, excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en uA,TlBeíae; (emanifestación de la verdad») (2 Cor 4, 2), lo que, en
ellos») y en 1 Pe 1, 14 se exhorta a comportarse de una manera dig- cuanto a contenido, equivale a decir que Dios extiende por medio
na: 1J,i] auaXTllJ,a't"l~óIJ,EVOl "Cate; 7tPÓ"CEPOV E.V "CU uyvoí<;t ÚIJ,WV E.7tl8ulJ,íme; de él oalJ,i] "Cfíe; yvwaEffie; aumu (<<el olor de su conocimiento») (2 Cor
(eno os amoldéis a las apetencias de antes, del tiempo de vuestra ig- 2, 14). La fe cristiana se llama en 1 Pe 1, 22 Ú7taKoi] "Cfíe; uA,Tl8eíae;
norancia»). Los "EA,A,TlVEe; son descritos como uyvoí<;t <PEPÓIJ,EVOl Ka! (eobediencia a la verdad») (cf. Gál 5, 7). La predicación del evange-
1J,i] E.7tla"CÚIJ,EVOl "COV BEÓV (<<llevados por la ignorancia y desconocedo- lio puede ser denominada Myoe; "Cfíe; uA,TlBeíae; (epalabra de verdad»)
res de Dios») en Ker Pe 2 (Tlárpou Ki¡puYlJ,a [= predicación misione- (2 Cor 6,7; Col 1, 5; Ef 1, 13 Yotros). También esto corresponde al
ra de Pedro]); y de sus pecados pasados se dice en el mismo. sitio, 3: lenguaje empleado por el judaísmo helenístico 2.
óou E.V uyvoí<;t r«; ÚIJ,WV E.7tOíTlaEV 1J,i] dome; aa<pwe; "COV BEÓV (etodo lo
que cada uno de vosotros hicisteis no conociendo verdaderamente a 1 Tes 1, 9 deja entrever que Pablo comenzó su predicación mi-
Dios»). (Tales expresiones son típicas y continuarán siendo transmi- sionera con el anuncio del Dios único; en ella recuerda a los tesalo-
tidas en herencia). Para los apologistas, cf. Justino, Apología 1, 12, nicenses: 7tWe; E.7tEawél/la"CE 7tpOe; "COV 0EOV U7tO "CWV EiOWA,ffiV
11; Arístides 17, 3; Atenágoras 28. OOUA,EÚEtv BEe'¡) ~WV't"l Ka! UA,TlBtve'¡) (ecórno os convertisteis a Dios tras
Igualmente se habla de la 7tlcáVT\ (eerror») de los gentiles en Rom haber abandonado los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero»);
1, 27; 2 Pe 2, 18; 2 Clem 1, 7; los cristianos venidos de la gentili- igualmente el recuerdo al culto rendido en otro tiempo de los
dad eran en otro tiempo 7tA,aVWIJ,EVOl (eerrantes») (Tit 3, 3) o roe; ñorovc dOffiA,a (eídolos mudos») (1 Cor 12, 2), o de los eúcst 1J,i]
7tpójja"Ca 7tAaVWIJ,EVot (ecomo ovejas errantes») (1 Pe 2, 25; cf. Heb OV"CEe; usoí (eque en realidad no son dioses») (Gál 4, 8). 1 Cor 8, 4-6
5, 2). Con todo, quizás, los mencionados aquí como UYVOOUV"CEe; Ka! pone de manifiesto cómo la fe monoteísta es característica y rica en
7tA,aVWIJ,EVOl (<<ignorantes y errantes») no sean los gentiles en cuanto consecuencias para toda la comunidad; la conciencia n ouoev ó

tales, sino los pecadores en general. EiOffiA,OV E.V KÓalJ,C[) Ka! O"Ct ouoEle; BEOe; ei 1J,i] de; (ede que el ídolo no
Aceptar la fe cristiana se expresa, por tanto, como «reconocer a es nada en el mundo y no hay más que un único Dios») conduce al
Dios» o «la verdad». «fuerte» a una conducta insensata respecto de las comidas cultuales
Encontramos ytvWaKEtv (róv) BEÓV (econocer [al Dios») empleado paganas.
para hablar de la conversión a la fe cristiana en Pablo (Gál 4, 9) y Tal predicación del monoteísmo no es, naturalmente, específica
también, por ejemplo en 1 Clem 59, 3; 2 Clem 17, 1 (cf. 3, 1); de Pablo. Con ello continúa él la propaganda del judaísmo
Comparaciones de Hermas IX, 18, 1 s. Con especial agrado se helenístico y a partir de sus escritos puede uno hacerse una idea de
emplea en este sentido E.7tíyvffime; (econocimiento») y E.7tlytvWaKEtV la predicación misionera de la comunidad primitiva, de la que no
(econocer»). El objeto en estos casos no es siempre Dios, sino que poseemos las fuentes primeras.
como en las Comparaciones (Herm IX, 18, 1 s) es más frecuente-
Cf. Ps. Aristeas 132 s: 1tpOÜlllíli&I!;& yiIp (6 VOIWeéTT]~ 1Í~oov) 1tpOOTüV 1tÚVTWV, on uóvoc ó
mente la uAi¡8Eta («verdad»). Hacerse cristiano se dice: de; E.7tíyvffimv
e&Ó~ ton KulliliI 1tÚVTWV 1Í Mvu~\~ uiJTOU 'Iluv&piI yíV&TUI (<<indicará, pues, [el legislador
uA,TlBeíae; E.ABEtV (<<llegar al conocimiento de la verdad) (1 Tim 2, 4) o
A,ajjEtV "Ci]v E.7tíyvffiatv "Cfíe; uA,Tl8eíae; (erecibir el pleno conocimiento
de la verdad») (Hech 10, 26) o E.7tlytvWaKEtv "Ci]v UA,i¡BEtaV (econo- 1. Cf. ThWB t, 706, 22 s.
cer plenamente la verdad»). Se encuentran en este mismo sentido 2. Cf. ThWB i, 244, 32 s.
116 El kengma de la comunidad helenística La predicación y la extgencta de la fe 117

nuestro] en pnmer lugar que hay un solo DIOS y que todas las cosas manifiestan su otras partes 6 Esto, que proviene Igualmente de la tradición veterotestamentana Judía
poder») DIOS ve todo lo que sucede sobre la tierra como el Juez y nada permanece (nI>\! ,'u"l! ",,), se encuentra también naturalmente solo o en otras relaciones cf 1Jn 5,
oculto para él (viene a connnuacrón una polémica sobre el pohteísmo y una apología 20 Ap 6, 10 Yotros 7 En 1 Tes 1,9 va umdo a ~rov (evrvrente»), también atributo del
de la ley) Filón Cierra su exphcación sobre la hrsrona de la creación con la siguiente AT (-n "'), que Pablo emplea también en 2 Cor 6, 16, 1 Trm 3, 15, Hech 14, 15, Heb
conclusión MOisés enseña cinco cosas con la historta de la creación 1 ort ~on ro 3,12,9 14,10,31,12,22, 19n Phld 1, 2 2 Clem 20,1, Herm VIS n, 3, 2, III, 7, 2,
9Eiov KUl ÚllUPXEI (eque existe lo divmo y gobicrna»), 2 5n 9EO~ EÍ~ ton (eque srm VI, 2, 2, en contraposición a esto los dioses de los paganos son llamados vsxpoí
DIOS es uno»), 3 5't1 YEvr¡lO~ Ó KÓO¡lO~ (eque el mundo ha sido creado»), 4 n E¡~ ó («muertos») 2 Clem 3 1, cf Sab 15, 17
Eon Ó KÓO~O~ (eque el mundo es uno»), 5 ort KUlllpOVOEi lOÜ KOO~Oll o 9EO~ (eque
DIOS cuida del mundo») (De opifiao mundt 170-172) El ser de 010S se descnbe a menudo como el del creador con expre-
srones del AT «Tú eres quien ha hecho el cielo y la tierra y el mar y to-
De manera semejante hablan los misroneros contemporáneos y do lo que hay en ellos» se dice empleando un lenguaje plenamente 11-
postenores a Pablo. Ejemplo de ello son los discursos que el autor túrgico en la oración de Hech 4, 24, lo mismo que en el discurso de 14,
de Hech pone en boca de Pablo en Listra y Atenas (Hech 14, 15- 15, en el que en el v 17 se conunúa la descnpción de la creación.
17, 17, 23-30) Entre los elementos básicos del comienzo del cns- Igualmente en Ap 10, 6; 14,7, más exuberante Herm vis 1,3,4. Más
uarusrno está la rtío tu; Enl 8EÓV (efe en 01OS») según Heb 6, 1 (cf. brevemente oü ÉK'ttaUe; 'tu náv'tu (etú creaste todas las cosas») Ap 4,
1 Pe 1, 21). 11, 01d 10, 3, Ef 3,9 donde 010S es caractenzado como el creador de
'tu rtúvtu xríor«; (etodas las cosas»), o como el ~(¡)oyovwv 'tu náv'tu
En consonancia con ello se dice en Herm mand 1 (donde se ha reelaborado la tradr- (eque da vida a todas las cosas») 1 Ttrn 6, 13, o con una expresión fuer-
crón Judía) llProlOv nuvrcov ll\O'tEl)OOV, 5't1 d~ scrw Ó 9EO~ Ó 'tu lllÍv'tU xrior«; KUl KU- te: Ó ~(¡)OnOlWV roí«; VEKpOUe; KUl KUAWV 'tu ~il óvru Óle; óvru (eque da la
rupttouc; KUl 1l01T]OU~ EK lOÜ ~T] OVlO~ EÍ~ ró EíVUI, 'tu mivru xwprov, uovoc OE áXWpT]lO~ vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean») Rom
óív ll\O'tEl)OOV OUV Ull'tro KUl <j)013T]9T]n nutov (een pnmer lugar creerás que hay un solo 4, 17 (cf. Herm mand 1 y Herm sirn V, 5, 2; VI, 4) Se subraya la crea-
DIOS que ha creado todas las cosas e hizo que pasasen del no ser al ser, encierra en sí ción de la nada, de acuerdo con la tradicrón judeo-helenística, también
todas las cosas srn estar contenido en nmguna Creed pues, en él y ternedle») Según en Herm VIS 1, 1, 6; mand 1, 1, 2; 2 Clem 1, 8.
Ker Pe 3 envía Jesús a los discípulos EUUyyE)"louo9Ul toix xutn 'tT]V O¡KOll~Évr¡V
áv9pw1l0ll~ YlVWOKEIV n EÍ~ 9EO~ tonv {ea anunciar a todos los hombres que conozcan
ó
Cf además la descnpción detallada del deambular creador de DIOS en 1 Clem 20, 59,
que sólo hay un DIOs»)y de Igual manera suena la llamada YlVWOKE'tE OUV ón E¡~ 9EO~ 3,60, 1 A la designación de DIOS como Kno'tT]~ (ecreador») se une con agrado la de
llu'tT]P (epadre»} 1 Clem 19, 2, 62, 2 Ynaturalmente se encuentra nurnp también solo
EO'tlV, oc ápXT]v rtuvtuiv E1l01T]OEV, KUl 'tÉAOll~ E~OllOíuv hwv (econoccd, pues, que sólo
o en conexión con otras expresIOnes 1 Cor 8,6, Ef 3, 14 s, 4, 6, Dld 1, 5, 1 Clem 23,
hay un DIOS que hizo el comienzo de todas las cosas y tiene el poder de poner fir»)
1, 29, 1, 2 Clem 14, 1, 19n Rom, umdo con OT]~lOllPYO~ 1 Clem 35, 3 (también en
Ejemplos más lejanos son 2 Clem 1, 4 s, Anst Apol 15, 3, Ps Clem hom 15, 11
1 Clem 20,11,26,1,33,2,59,2) En lugar de nurnp entra nuvroxpé.nop como atribu-
A Seeberg ha recogido textos sobre la enseñanza acerca de DIOS 3
Se toman fórmulas, expresiones hechas, de la teología explicativa Judía del AT o to Mart poi 19, 2 (como más tarde en el símbolo romano Yjerosolimnano), se añade a
9EO~ (1 Clem proem, 2, 3, 32,4,62,2, Poi Flp) o a I\E01l0'tT]~ (Did 10, 3), como atribu-
del helerusmo , entran a formar parte de nuevas conexiones o nacen nuevas expre-
siones El ó'n EÍ~ scrw Ó 9EO~ (<<que DIOS es uno») de Ftlón se encuentra en Herm to del Booxnuo de DIOS aparece en 1 Clem 8,5, de su üvoun, 1 Clern 60, 4, Herm VIS
mand 1 y Ker Pe 2 s (cf supra), Sant 2, 19, 19n Mg 8, 2 Y parecido en Rom 3, 30, III, 3, 5 Ycomo independrente o aposición a 9EO~ en Ap 1, 8,4,8,11,17 (9 veces) A
1 Cor 8,6, Ef 4,6, 1 Tim 2, 5, 1 Clem 46,6 4 Un atributo permanente de DIOS es menudo se encuentran características participrales como Ó K'tIOU~ (eel que creó») (cf
uovoc (eúnrco») ya comente en el AT y Judaísmo y que se encuentra también en la supra), ó 1l01T]OU~ (eel que hizo») (Did 1, 2, 1 Clem 7, 3, 14, 3, Bern 16, 1), ó llMou~
anuguedad gnega j, cf 1 Tim 1, 17,6, 15 s y las doxologías de Rom 16, 27 Jds 25 (eel que modeló») (1 Clem 38, 3, Bern 19, 2) 8
Va unido de manera especial con áAT]91V0~ (everdadero») Jn 17, 3 1 Clem 43, 6 y en

6 Cf H Lretzmann, ZNW 21 (1922) 6 s


7 Cf ThWB l, 250, 14 s
3 Cf A Seeberg, Die Dtdache des ]udentums, 11-23, cf también O Cull- 8 Sobre éstas y parecidas designaciones de DIOS como creador, cf W Bousset,
mann, Die ersten dre¡ cbnst! Glaubensbekenntmsse, 1943 Kynos Cbnstos, 3291 s, H Lretzrnann , ZNW 21 (1921) 6 s Sobre las designaciones
4 Cf E Peterson, Eí~ ElEO~, 1926, H Lietzrnann, ZNW 21 (1922) 6 s Judías que se corresponden con éstas W Bousset, Die Religto» des]udentums, 21926,
5 Cf R Bultmann, Das Evangeltum des ]ohannes, 204, nota 2 359s375s
118 El kerigma de la comunidad helenística La predicación y la exigencia de la fe 119

Junto a éstas, sirven fórmulas helenísticas (estoicas) para descri- bre como la ~; un ser introducido en el entramado cósmico. Que
bir la acción creadora de Dios y su soberanía sobre el mundo. Se esto no sucedió solamente en 1 CIem lo ponen de manifiesto Sant
alaba a Dios O'tt i:~ uu'toD Kulot' ulJ'toD Kul dC; uu'tov 'tu náv'tu (epor- 3, 7; 19n Ef 1, 1; Tr 1, 1 (con la antítesis: Kun'1. xpfiotv - KU'tU
que de él, por él y para él todas las cosas») (Rom 11, 36); i:~ oó 'tU rpúmv [«según hábito - según natura»]), Bern 10, 7; 2 Pe 1,4, inclu-
náv'tu xul 'ÍlIlEtC; dc; uu'tóv (<<de él todas las cosas y nosotros para él») so c~n. el ~mple<: t:'u ... yÉVTla6E 6EíuC; xoworvot oóoso»; (epara que ...
(1 Cor 8, 6); oí OV 'tu rtúvru Kulot' oú 'tU náv'tu (epor quien es todo os hicierais participes de la naturaleza divina»). Pablo ha tomado
y para quien es todo») (Heb 2, 10); ó i:nlnáv'tmv Kulotu náv'tmv Kul también otros conceptos extraños al AT, sacándolos de la tradición
i:v numv (eque está sobre todos, por todos y en todos») (Ef 4, 6), de la filosofía popular, tales como ouvetónou; (econciencia») (Rom 2,
donde hay que entender las fórmulas cosmológicas también en sen- 1\ 1 Cor 8, 7), .'tu Ku6lÍKOV'ta (<<el deber») (Rom 1, 28) Y UPE'tlÍ
tido eclesiológico. Otra fórmula que debe expresar al mismo tiempo (evirtud») en sentido de «virtud» (Flp 4, 8), de las que hay testimo-
la inmanencia y la transcendencia de Dios es náv'tu xmprov, IlÓVOC; 8E nios también fuera de Pablo, como en Past, Heb, 1 Pe, Hech, 1
UXWPll''COC; (bv (<<contiene todas las cosas y él no es contenido») (Herm Clern, 19n, Did 4, 14; Bern 19, 12; UPE'tlÍ: 2 Clem 10, 1; Herm
mand 1, 1) o o... UXWPlltOC; OC; 'tu náv'tu xmpd (Ker Pe 2), que en- ~and 1, 2; VI, 2, 3 y otros; KU'tU o nupu ró Ku6fiKOV (do conve-
cuentra variaciones en el judaísmo helenístico 9. niente»): 1 qem 3, 4; 41, 3; Ku6TlKónmc; (econvenientemenres): 1
Pablo en Rom 1, 19 s toma la «teología natural» de la estoa con Clem 1, 3; Igualmente 'tU uV1ÍKonu (<<lo conveniente»): Did 16, 2;
su prueba de Dios: la razón humana saca del mundo visible al crea- 1 .Clem. 35, 5; 45, 1; 62, 1; Bern 17, 1. El lenguaje cristiano se apro-
dor invisible, de las obras al autor de las obras; en una amplitud pIa rápidamente de la manera helenística de describir a Dios via ne-
mayor aún es empleada por el autor de los Hech en el discurso que f5.ationis; esto se ve en el uso de los adjetivos formados con «a» priva-
pone en labios de Pablo en el Areópago (17, 23 s): la ordenación de uva, tales como Uópu'toc; (einvisible») (Rom 1, 20; Col 1, 15 s; 1
las épocas y de la zonas de la tierra prueba el gobierno de Dios Tim 1, 17; Heb 11, 27; 19n Mg 3, 2; Herm vis 1, 3,4; III, 3, 5; 2
sobre el mundo. Con exactitud describe 1 Clern 20, siguiendo el Clem 20,5) y 1iq>6up'toc; (einmcrtal») (Rom 1, 23; 1 Tim 1, 17). En
modelo estoico del gobierno divino del mundo (Stoíxno«; «gobier- 19? ~o! 3, 2 encontramos reunidos: lixpovoc; (eaternporals), uópu'toc;
no»), que se hace manifiesto en el curso del mundo de acuerdo con (eínvisible»), UljIll).,áq>ll'tOC; (eintocable»), y unu6lÍC; (eindemne»); en
las leyes que lo rigen. Como prueba a favor de la resurrección de los Ker Pe 2 encontramos la descripción detallada del ser de Dios: ó
muertos emplea 1 Clern 24, 5 el concepto de n.póvotu UóPUtOC; OC; 'tu núvru ópQ., UXWPll'tOC; oc; 'tU náv'tu XmPEt, uVf;moEi]c;
(eprovidencia») divina, ausente en el NT, porque éste no se interesa oú 'tU nuv'tu i:mOÉE'tat Kul Ot' OV sorw' uKu'tá).,lln'toC;, MvuoC;,
por la naturaleza sino por la historia y porque, en consecuencia, en ~q>~u'ptOc;, unoíll'toc; OC; 'tU rtúvtn i:nOíTlaEv AóYC? ouvállEmc; uU'toD (<<el
lugar del concepto «previsión» se emplea el de «detetminación» divi- invisible q~e ve todo,. que contie~e t?do, no necesitado de quien
na: rrpovrvoxrxerv, npoopíl;EW (eproveer, predestinar») y similares (cf. todo necesita y por qUIen todo es: indisoluble, eterno, inmortal, no
Rom 8, 29 s). Pero así como había tomado el judaísmo helenístico hecho y que hizo todo con la palabra de su fuerza»). De todos ellos
el concepto de npóvoin, así lo tomó también rápidamente el cris- encontramos UXWPTltOC; (sinmenso») también en Herm mand 1 1
tianismo y no podemos saber si esto aconteció ya antes o en el tiem- mientras que uVEmoElÍC; toma un motivo característico gri~go~
po de Pablo. Como primer testimonio después de 1 Clem encontra- helenístico que luego ha sido variado en Hech 17, 25; 1 Clem 52, 1
mos Herm vis 1, 3, 4, donde el concepto npóvoin se encuentra en Yfinalmente en la apologética. En todo ello el judaísmo helenístico
conexión con conceptos veterotestamentarios que describen la acción había realizado labor de precursor.
de Dios. Pablo mismo ha tomado ya el concepto de q>úmc; (1 Cor Finalmente debemos apuntar que ya en el discurso del Areópago
11, 14), añádanse los empleos de nupu o KU'tU eúciv (Rom 1, 26; de Hech 17, 28 s se ha tomado la idea del parentesco existente entre el
11, 24), en los que se documenta la inteligencia estoica del horn- hombre y Dios y que ha sido expresada incluso mediante una cita
expr?sa del poeta estoico Aratos y que el atributo griego divino
IlUKUPtoC; (ebienaventurado») se encuentra ya en 1 Tim 1, 11; 6, 15.
9. Los paralelos helenísticos a esto en H. Lietzmann a Rom 11, 36 Yen M. Di-
belius a Col 1, 16 s en H. Lietzmann (ed.), Handbuch zum NTy en E. Norden, Ag- 3. Según la concepción judía existe una relación causal entre el
nostos Theos, 1914, 240-250. 347 s; cf. M. Dibelius a Herm mand 1, 1 en el volu-
men suplementario a Handbuch zum NT. politeísmo e idolatTia paganos y la caída del mundo pagano en el
120 El kerigma de la comumdad helenística La predicación y la exigencia de la fe 121

pecado y en el vicio. También Pablo ha aceptado esta concepción; que la penitencia que prepara el camino. hacia la salvación puede
en Rom 1, 24-32 aparece el vicio pagano como consecuencia o casti- ser designada ella misma como d?n d~ DlOS; tal co~o lO?lCa Hech
go divino por el primer pecado de la idolatría. Por ello se entiende 11, 18: apa Kai 'toie; &eVEOlV ó eEOe; 't'l~ ueruvoicv E~~ ~W'lV &bWKEV
sin esfuerzo que para la concepción primitiva cristiana la vida paga- (<<rambién a los gentiles les ha dado DlOS la conversión que lleva a
na es un andar en pecados, vida que es descrita en el catálogo de vi- la vida») (cf. 5, 31); 1 Clem 7, 4, donde se habla de la sangre de
cios, tal como ya el judaísmo helenístico los había tomado de la pa- Cristo: xavrt 'tQ> KÓO~Ql usruvoínc xápw Ú1tlÍVEYKEV (<<a todo el
rénesis ética del helenismo (Rom 1, 29-31; 1 Cor 6,9 s; Gál 5, 19- mundo trajo la gracia de la conversión») (cf. 8, 5) y Bern 16, 9
21; Col 3, 5.8; Ef 4, 31; 5, 3 s; 1 Tim 1,9 s; 1 Clern 35, 5; Poi Flp donde se dice de Dios: usrúvoinv blbOUe; ~~iv (enos das la conver-
2,2; 4,3). Así como Pablo en Rom 6, 17 s; 1 Cor 6,9-11 presenta sión») (cf. PoI Flp 11,4; Herm sim VIII, 6, 1 s). En seg~?do lu-
el entonces y el ahora de los cristianos venidos del paganismo como gar, del hecho de que y~ mu~ pror:to se discutirá la posibilidad d.e
la contraposición o el tiempo del pecado y de la justicia, así nace una repetición de la perutencra. Mientras que e~ Heb 6, 4-6 se di-
muy pronto en la primitiva predicación cristiana un esquema en el ce que es imposible, el Past~)f de Hermas :.e siente ~la!llado me-
que se encuentran variaciones de esta contraposición del entonces y diante una revelación a predicar una vez mas y por última vez la
del ahora (Col 1, 21 s; 3, 5 s; Ef 2,1 s.l1 s; Tit 3,3 s; 1 Pe 1,14 s; penitencia a la comunidad cristiana. .
2, 25; 2 Clem 1, 6 s). Pero la llamada a la penitencia se funda en qu~ Dzos.e~ ~rea­
La llamada a la fe en el único Dios verdadero es por tanto al dar es al mismo tiempo el Juez; y ciertamente realiza el J~lClO no
mismo tiempo la llamada a la penitencia (usrúvotu). En el comien- (o en cualquier caso, sólo y princip.almente) so?ie ~l desuno del
zo cristiano se hallan unidas la 1tícme; t1ti eEÓV (efe en Dios») y la pecador -una idea que ya era comente en el judaísmo y no era
usrnvotc U1tO VEKp&V epywv (earrepentimienro de las obras extraña en la gentilidad- sino que ten~rá lugar sobre el mundo
muertas»), es decir, la penitencia o la conversión de las obras peca- entero. La predicación cristiana de un p~os verdadero e~:. por tan-
doras (Heb 6, 1). De acuerdo con esto, el autor de Hech pone en la- to al mismo tiempo anunczo escatolágico, la predicación .de un
bios de Pablo ante Agripa: U1tlÍYYEAAOV usruvoetv Kai E1tlo'tpÉq>Ew ju;úo universal inminente. Si bien es verdad ~:lue ésta coincide ~o­
E1ti 'tOV eEÓV... (<<he predicado quese convirtieran y se volvieran a talmente con la apocalíptica judía (en el Ju~aísmo helenístico
Dios») (26, 20). También Ap 9, 20 s pone de manifiesto cómo la había pasado este motivo a un segundo plano) .SlO embargo, ~u pe-
«conversión» a Dios y la penitencia forman una unidad (cf. 16, culiaridad estriba por una parte en que anuncia e.l JUlClO u~lve~:.al
9.11). La conclusión específicamente cristiana del discurso del Areó- como algo ya inminente y en que pone ~n c~ne~ón l~ reallz.aC!~n
pago comienza con la frase: 'toue; ~EV oúv xpóvoue; 'tfíe; uyvoíae; del juicio o la liberación de la sentencia anlqudatona del JU1C10
lJ1tEPlbWV ó eEO; 'tá VUV U1tayyÉAAEI 'toie; UVepÓ>1tote; 1tuV'tae; 1taV'taxou con la persona de Jesús. . .
uetuvoeiv (epasando por alto los tiempos de la ignorancia, Dios Hech 17, 31 pone de manifiesto cómo la ll~a~~ a la pentt~n~la
anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben y el anuncio del juicio escatológico y la predicación monoteisuca
convertirse») (Hech 17, 30) y en consideración a su misión se carac- forman una unidad; en este pasaje se fundamenta la llamada a la
teriza el Pablo de Hech como bla~ap'tupÓ~EVOe;... 'tl]V Eie; eEOV penitencia después del anuncio del Dios único: K~e6tl &O't'l?E~
usrúvomv (erestimoniandc la conversión a Dioss) (20, 21). En Pablo ~~Épav tv ti ~ÉAAEl KpíVEW rñv OiKOU~ÉV'1V tv. blKUlOOUV1] tv UVOPI,Ql
mismo el concepto de usrüvoin juega únicamente un papel decre- mploEv (<<porque ha fijado el día e~ que va a Juzgar al mundo segun
ciente (Rom 2, 4; 2 Cor 12, 21; 2 Cor 7,9 s se refiere a la peniten- justicia por el hombre que ha desunado»). 19u~me~te pone d~ ma-
cia de los ya cristianos), lo que más tarde encontrará su explicación. nifiesto 1 Tes 1, 9 s la interrelación de la predicación monoteísta y
En el resto aparece la usrévoic como exigencia fundamental, tal co- la escatológica: 1t&e; t1tEo'tpÉlVa'tE 1tpOe; 'tOV eEOV U1tO 't&V E,iocbAwv
mo se ve, además de en los lugares citados, en Ign Ef 10, 1 y espe- bOUAEÚEW eEQ> ~&Vtl Ka! UA'leWQ>, Ka! uva~ÉVEW tOV uíóv aU'toií tK
cialmente en Kg Pe 3: Doa tv uyvoí~ 'tIe; ú~&v t1tOí'lOEV ~l] ElbWe; 't&V oupav&v, OV i'lYElPEV EK VEKp&V, 'I1']oo(j~ 't~v PU6~EVOV TtJ.1éie; EK
oaq>&e; 'tOV eEOV, tav E1tlyvoue; ~E'tavolÍ01J, 1táv'ta aimp Uq>Eei¡oE'tal 'ta 'tfíe; opyfte; 'tfíe; tPxo~ÉV'1e; (<<cóm~ os co~ve~lstels a Dios, tras haber
úuuprúunru (etodo cuanto alguien de vosotros obró en la ignorancia abandonado los ídolos, para servlr. al OlaS Vl~O y verd~~ero y esperar
no conociendo verdaderamente a Dios, si conociendo se convierte, a su hijo que ha de verur de los cielos, a .qUlen resueno de entre los
le será perdonados). Esto proviene de dos hechos. Por una parte de muertos, Jesús que nos salva de la rra venideras]. Pertenece a los ele-
122 El kerigma de la comunidad helenística La predicación y la exigencia de la fe 123

mentas del cristianismo según Heb 6, 2, además de la usrúvoin y de por todo el cristianismo. A Dios se le llama <;1 KP~1:lÍe; (<<juez») (S~nt
la nícr1:le; Eni 8eóv (además del bautismo y de la imposi~ión de las 4, 12; 5,9; Heb 12, 23), el oíKmOe; KpnlÍe; (<<Juez justo») (Herm Slm
manos) la doctrina de la clvúcr1:llcrte; vsxpórv (<<resurrec~Ión de los VI, 3, 6). (Sobre Cristo como juez, cf. infra). Se habla de su KpíVElV
muertos») y del Kpí,la aicóvlOV (<<juicio eterno»). Se considera como (ejuzgar») (Rom 2,16; 3,6; Hech 17, 31; Heb 10, 30; Bern 4,12) o
característico también Heb 11, 6: mcr1:eucrm yap OEi 1:0V npocrEPXÓ¡LE- de KpíveoSm (eser juzgado») por él (2 Tes 2, 12; S~nt 2, 12; 5, 9;
VOY SE& cm ecrnv Kai 1:oie; EK~ll1:0UcrlV alJ1:0V ¡LlcrSanOOÓ1:lle; yíVe1:a1 1 Clem 13, 2; 2 Clem 18, 1); de su xpíou; (esentencia») (2 Tes 1, 5;
(<<el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a 1 Tim 5,24; Heb 9,27; 10,27; Sant 2,13; 5, 12;Jds 6,2; 2 Pe 2,
los que le buscan»). Y cuando Herm mand 1 tras el xpórrov n~v1:wv 4.9; 3, 7; Ap 14, 7; 18, 10; Ign sim 6, 1; PoI Flp 7, 1; B~rn 1, 6),
nícr1:EUcrov on de; Ecr1:IV Ó SEÓe;... (eante todo, cree que DlOS es de la ¡LÉAAouoa (spróxima») o enEPX0¡LÉVll xpíou; (esentencia presen-
uno ... »), continúa: nícr1:Eucrov OÚV alJ1:éj'l Kai «Jolllí6ll1:1 aU1:óv, te») (2 Clem 18, 2; Herm vis III, 9, 5), del xpíuo; (ejuicio») como
«Jo13llSEie; OE EYKpÚ1:Eucrm (<<cree, pues, en él y térnele, temiendo serás
evento escatológico del juicio (1 Pe 4, 17), se habla del Kpí¡J.a 1:0U
dueño de ti mismos}, contiene allí la alusión al juez.
SWU (ejuicio de Dios») (Rom 2, 2 s) del xpíun ¡LÉAAOV o aicóvlOV
No es preciso poner de manifiesto cómo recorre todo el ;NT la pre-
(<<juicio inminente o eterno») (Hech ~4, 25;.~e? 6, 2). S~ ~abla del
dicaczon del juicio inminente. Unicament.e en el evangelio y en las
xpíuo. también como de la sentencia del JUIClO escatológico o de
cartas de Juan encierra circunstancias especiales: pero el hecho de que
condenación (Gál 5,10; Sant 3, l;Jds 4; 2 Pe 2,3; Ap 17, 1; 18,
aquí haya encontrado una peculiar interpretación nueva prueba sólo
20; 1 Clem 21, 1; Ign Ef 11, 1), Y en este sentido de ¡LÉA.A.oV1:a
cuán arraigadamente se había introducido en la estructura del pensa- (<<juicios inminentes») (1 Clem 28, 1).
miento cristianismo. La presentación tradicional, en concreto como la Apoyándose en la expresión veterotestamentari~ del «~í~ ~e
idea del juicio universal inminente entendido como ~n violento dra- Yahvé» se habla de diversas maneras del lÍllÉpa (edía») del JUICIO;
ma escatológico, aparece tanto en Pablo como en la literatura deute- es el lÍ¡LÉpa ópyf¡r:; Kal UnOKUA.Ú\llEWr:; OtKalOKpwíar:; 1:0U SEOU (edía
ropaulina, en Hech como en I-,Ieb y Sant, conformada en cuadros de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios») (Rom 2,
impresionantes en Ap y defendida de toda duda en 2 Pe. plgno de 5; también en Ap 6, 17) o lÍ¡LÉpa xpíoso»; (edía del juicios) (2 Pe
tenerse en cuenta y característico para ver el us~ fr~~uenuslmo qu.e 2, 9; 3, 7; Bern 19, 10; 21, 6; 2 Clem 16, 3; 17, 6) o lÍllÉpa, BV
Pablo hace de tal anuncio en el marco de la predicación a la comuni-
'ti xptvei Ó SEÓr:; (<<día en el que Dios juzga») (Rom 2, 16) o tam-
dad cristiana es el que él no se avengüenza de hablar del juicio según
bién simplemente, según JI 3, 4, el «día de Dios» (Hech 2, 20; 2
las obras (1 Cor 3, 13-15; 4,5; 2 Cor 5, la; Rom 2,5 s; 14, 10; p~r el
Pe 3, 10.12; sobre el ñuépo 1:0U xupíov 'Incoñ Xp. [«día del señor
contrario Rom 2, 16 glosa), lo cual se encuentra, al menos en aparten-
Jesucristo»] (cf, infra) o lÍ ¡leyáA.T] lÍ¡lÉpa roñ Seou WU nav1:OKpáw-
cia, en contradicción con su doctrina de la justificación sólo por la fe.
poc (eel gran día de Dios todopoderoso») (Ap 16, 14) o final-
Así recorre todo el NT la exhortación a estar preparados, la adverten-
mente eKeíVT] lÍ lÍ¡LÉpa (eaquel día») (2 Tes 1, 10; 2 Tim 1, 12.18;
cia a no caer en la tibieza. Porque ó KUtpOe; cruvEcr1:UA¡LÉVOe; ecr1:ív (<<el
4, 8), lÍ ¡LEyáAll lÍ¡LÉpa (<<el gran día») Uds 6; cf. Ap 6, 17; Bern
tiempo es corto»), es decir, el espacio de tiempo que resta para que
6, 4) Y en forma breve lÍ lÍllÉpa (<<el día») (1 Cor 3, 13; 1 Tes 5,
llegue el fin es muy corto (1 Cor 7, 29); lÍ vil!; npoÉKO\lleV, lÍ eSE lÍ¡LÉpu
iíntKEV (<<la noche está avanzada, el día se avecinas) (Rom 13, 12; cf. 4; Heb 10, 25; Bern 7, 9). En lugar de lÍ¡LÉpa se habla también
Heb 10, 25; Sant 5, 8); xúvrcov OE 1:0 1:ÉAOe; iíntKev (<<el fin de todas de ropa 1:fie; xptcsox; (<<la hora de la sentencia») (Ap 14, 7), u ropa
las cosas está cercano») (1 Pe 4, 7); ó KatpOe; EnÚe; (<<el tiempo está cer- Bspíout (ehora de segar») (Ap 14, 15) o EoXá1:ll ropa (eúltima ho-
ca») (Ap 1, 3; 22, 10; cf. Ign Ef 11, 1). Todo depende de permanecer ra») (1 Jn 2, 18).
perseverando ewe; 1:ÉAOUe; (ehasta el fin») (1 Cor 1, 8), permanecer fiel Al igual que puede hablarse de ñuépu ópyf¡e; (<<día de cólera»),
¡LÉXpt (o üXpt) 1:ÉAOUr:; (ehasta el fina1»)(Heb 3, 6.14; 6, 11; Ap 2, 26), puede designarse el juicio escatológico simplemente como óPYlÍ
(ecólera») (Rom 5, 9), EPXO¡LÉVT] (epresente») o ¡LÉA.A.ouoa oPYlÍ
ev
ou yap W<pEAlÍcrEt U¡Liie; 6 niir:; xPóvoe; Ti;e; ní01:EWe; U¡J.G:lv, eav ¡Li) 1:éj'l
(<<inminente cólera») (1 Tes 1, 10; Ign Ef 11, 1), la ópyi¡ 1:0U SEDU
EOXá1:ql Kmpéj'l 1:EA.EtWSf¡1:E (eno nos será útil todo el tiempo de nuestra
(ecólera de Dios») (Col 3, 6; Ef 5, 6; Ap 19, 15; cf, Ap 11, 18;
fe si no perseveramos hasta el final») (Did 16, 2). . 14, 10; 16, 19).
El uso de la misma terminología en todos los. estratos e incluso
En las exhortaciones a estar preparados vuelven una y otra vez
en detalles pone de manifiesto que se trata de Ideas compartidas
las frases simbólicas de YPllYOPElv (evelar») (1 Tes 5, 6; 1 Cor 16, 13;
El kerigma de la comunidad helenística La predicación y la exigencia de la fe 125
124

Col 4, 2; 1 Pe 5, 8; Hech 20, 31; Ap 3,2 s; 16, 15; Did 16, 1; Ign de Pablo para quien es evidente que la uváo'tUOte; VEKpWV (ere-
Pol L, 3; cf, Bern 4, 13) o EYEpefívUl (<<levantarse») (Rom 13, 11) o surrección de los muertos») es un elemento fundamental de la fe
EyEÍPEW (intransitivo: Ef 5, 14) Y de Vnq¡EtV (<<ser sobrio») (1 Tes 5, cristiana; si éste d~saparece se ha aniquilado el kerigma y la fe (1
6.8; 1 Pe 1,13; 4, 7; 5, 8; Ign PoI 2, 3; PoI Flp 7,2; 2 Clem 13,1) ~or 15, 12-34) Y ciertamente que para sus oyentes corintios es tan
e igualmente la imagen de KA.É1t1"T\<; (dadrón») para dar forma a la increíble este anuncio que él tiene que probarlo. También dentro
insospechada llegada del «día» (1 Tes 5,2; Ap 3, 3; 16, 15; 2 Pe 3, de la comunidad de Tesalónica este trozo de su predicación, que él
10). A esto hay que añadir algunas expresiones tradicionales de la no puede pasar por alto en su misión allí, no tiene efecto alguno,
esperanza del AT o de la apocalíptica judía. Digno de señalarse en de manera que tiene que asegurar de nuevo a la comunidad sobre la
este sentido es que el concepto de ~UOtAEÍU 1"oD ewD (ereino de resurr~cción (1 Tes 4, 13-18). Detalladamente prueba 1 Clem 24-26
Dios») se emplea raramente. Pablo lo emplea únicamente en Rom la realidad de la resurrección y es siempre un presupuesto allí donde
14, 17; 1 Cor 4, 20; 6, 9 s; 15, 50; Gál 5, 21; (1 Tes 2, 12); de se hable del juicio, aunque no se la mencione expresamente.
ellas, 1 Cor 6, 9 s; 15, 20; Gál 5, 21 son con seguridad tradiciona-
les, frases más o menos fijamente acuñadas, que Pablo cita o expli- . 4. Dios es el juez del mundo, al igual que es su creador. Oca-
ca; quizás también Rom 14, 17; 1 Cor 4, 20. Debemos añadir a la sionalmente se subraya esta dependencia o conexión interna que ya
literatura deuteropaulina: 2 Tes 1, 5; Col 4, 11; Ef 5, 5. Además, está apuntada en el judaísmo (4 Esd 5, 56; 6, 6), así en Ker Pe 2:
en el resto del NT: Hech 1, 3; 8, 12; 14, 22; 19, 8; 20, 25; 28, ywcboKE1"E oúv 01"t Ele; eEÓ<; 8onv, De; uPXl]v 1tÚV1"rov E1toíT\OEV, KUi.
23.31; (Sant 2, 5). Acerca de la ~UOtAEÍU de Cristo, combinada en 1"ÉAOUe; E~ouoíuv i\'Xrov (ereconoced, pues, que hay un solo Dios, el
Ef 5, 5 con la de Dios, cf. infra. También en las oraciones de la co- cual hizo el comienzo de todas las cosas y tiene poder para termi-
mida: Did 9, 4; 10, 5; además (y ciertamente a menudo en citas) narlas»).
1 Clem 42, 3; 2 Clem (5, 5; 6, 9); 9, 6; 11, 7; 12, 1 s: Bern 21, 1;
Ign Ef 16, 1; Phld 3, 3; PoI Flp 2, 3; 5, 3; Herm sim IX, 12, 3 s; CE. también Ker Pe 3: los apóstoles deben predicar 01! El<; 8EÓ<; tCHlV (sque hay un
13, 2; 15, 2 s; 16, 2 s; 20, 2 s; 29, 2. En la esfera helenística es Dios»), al mismo tiempo que anuncian la J.IÉHoVlll, onro<; oí UKOÚOUV1E<; xnl
~uplantado este concepto por el de ~ron (cdrovioc) (<<vida [eterna]»), mOTEúouVTE<; Oro8WOlV, oí ot J.Il] mOTEúouVTE<; UKOÚOUVTE<; J.IUPTUPlÍOroOlV, OUK tXOVTE<;
Junto al cual se emplea también el de uq¡eupoíu (<<inmortalidad») en UnoA.oyíav ElnEIV' OUK "KOÚOUJ.lEV «do inminente ... los que escuchen y crean vivirán;
Rom 2,7; 1 Cor 15, 42.50.53 s; Ef 6,24; 2 Tim 1,10; Ign Ef 17,1; los que escuchen y no crean testimoniarán y no podrán excusarse diciendo: no es-
Mag 6, 2; Phld 9, 2; PoI 2, 3; 2 Clem 14, 5; 20, 5. cuchamos»). El creador es. al mismo tiempo, el juez, como declara 1 Clem 20-23; al
La predicación de la resurrección de los muertos es inseparable tema del gobierno que Dios tiene del mundo con su consiguiente parénesis se une el
de la del juicio de Dios, porque también los muertos serán llamados tema escatológico de la resurrección de los muertos con su correspondiente parénesis,
a rendir cuentas de sus acciones pasadas. Según Heb 6, 2 se hallan cap. 24-28.
estrechamente ligados en los momentos iniciales de la fe cristiana el
xpíuu ukovtov (ejuicio eterno») y la uVó'01"UOt<; VEKpWV (ercsurrección Así, Pablo nombra a Dios juez del mundo: 1 Tes 3, 13; Rom
de muertos»). Negar la aVó'muOt<; es negar, al mismo tiempo, la 3,5; 14, 10; en otros lugares: 1 Pe 1, 17; Sant 4, 12; 5,4; Ap 11,
xpío«; (PoI Flp 7, 1; 2 Clem 9, 1). El autor de Hech percibe clara- 17 s; ~O, 11. s. Pero et;! este punto entra el ~otivo cristo lógico en
mente lo nuevo, lo inaudito de tal predicación para los oídos paga- el kengma: Junto a DlOS o en el lugar de DlOS aparece Jesucristo
nos cuando cuenta que la predicación de Pablo en Atenas provocó como juez del mundo; él sustituye en cierta medida a Dios en esta
una interpretación equivocada on 1"OV 'Incoñv KUt 1"l]V 'Avéoruotv tarea, tal como formula Hech 17, 31: KUeón 8mT\OEV T¡~Épuv EV Ú
EUT\YYEAi~E1"O (eporque anunciaba aJesús y la Resurrección») (17,18) ~ÉAAEt KpíVEW 1"l]v OiKouIlÉVT\V EV OlKUtoOÚV1J EV UVOpt el> WptOEV
Y cuando nos cuenta cómo inmediatamente después los oyentes in- (~<porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justi-
terrumpen el discurso de Pablo cuando éste comienza a hablar de la era por el hombre que ha destinado»). A veces el pensamiento no
resurrección: uKoúounEe; OE UVÓ,o'tUOW VEKPWV, oí ~EV hAEÚU~OV, ol consigue una conciliación de ideas. En Pablo se encuentran inme-
o~# El1tUV' UKOUOÓ~Eeó' cou 1tEPt roúrou KUt 1tó'AW (<<al oír la resurrec- diatamente juntas expresiones que hablan de Dios como juez y de
Cl.on de muertos unos se burlaron y otros dijeron: sobre esto ya te Cristo como juez del mundo (1 Tes 2, 19; 1 Cor 4, 5); así, Pablo
oiremos otra vez») (17, 32). Lo mismo se desprende de los escritos puede hablar tanto de ~fí~u (etribunal») de Dios como de ~fí~U
La predIcacIón y la eXIgencIa de la fe 127
126 El kerzgma de la comunidad helenístIca

La figura de Cristo como juez escatológico y salvador responde .a


1"OU XptCHOU (etribunal de Cristo»)(2 Cor 5, 10). También Cristo es lla-
la figura del «hijo del hombre» de la apocalíptica judía y de la pn-
mado 8íKUtO¡; KPUlÍ¡; (<<juez justo») (2 Tim 4,8); él juzgará (Bern 5, 7;
mitiva comunidad palestinense (§ 5, 1); por ello el títul? ~io~ 1"OU
15, 5); habla, en lugar de la Bum"-Eíu (ereino») de Dios de la Bum,,-du
uv8pffi1tou (ehijo del hombre») se pierde en. el cnStia~1sI?o
de Cristo (Col 1, 13; 2 Tim 4, 1.18; 2 Pe 1, 11; 1 Clem 50, 9; Bern 4, helenístico y dentro del NT (excepto enJn donde tiene una signifi-
13?; 7, 11; 8, 5 s; Pablo lo presupone en 1 Cor 15, 24). Tampoco aguí cación especral) tan sólo se encuentra en Hech 7, 56 (Ap 1, 13; 14,
se reflexiona para una conciliación de ideas; una combinación sencilla 14 no contiene empleo alguno del título). Así puede contraponerse
aparece en Ef 5, 5: EV 1"i] Bum"-EÍg 'tOU XPt01"OU Kui8.wu (sen el remo de la expresión uio¡; 'tOU uv8pffi1tou (<<hijo?el hom.bre») en ~ern. 12,}~;
Cristo y de Dios). Poco a poco irá imponiéndose la idea de que la tarea Ign Ef 20, 2 al título uio¡; 1"OU 8wu (ehijo de DlOS») para indicar uru-
de juzgar le compete a Cristo. Como ya Rom 14, 9 dice: Ei¡; 1"OU1"O yup camente la humanidad de Jesús. También el título Ó Xpt01"Ó¡; se va
Xpt01"O¡; U1tÉ8UVEV Kui g~nOEV 'ívu Kui VEKp&V Kui ~ffiv1"wV KUptEÚOTJ
perdiendo poco a poco y XPt01"Ó~ se; c~nvierte ~n nombre propio, .así
(<<porque Cristo murió y resucitó para ser señor de vivosy rnuertos») de
como XPt01"Ó¡; más tarde en el cnsnarusmo latino no se trad~c~, sm?
donde nace la fórmula: Cristo es ~Énwv KpíVEtV ~&V1"U¡; Kui VEKPOÚ¡;
que se introduce como suena.. Como títu~o, ~ ~pt01"Ó¡; er~}mnteh­
(<<el que ha de venir a juzgar a vivos y muertos») (2 Tim 4,. 1; Bern ~, gible para el mundo helenístico y una hipotética traducción de su
2), E'tOí~w¡; gXWV KpíVEtV ~&V1". KuiVEKp. (eestá pronto para Juzgar a V1-
contenido por ó Bam"-EÚ¡; (<<rey») no llegó a darse porque BUm"-EÚ¡;
vos y muertos») (1 Pe 4, 5), el (Í)ptoIlÉVO¡; lJ1tO 'tOU 8wu KPt1"i]¡; ~ffiv1"wV no tenía significación alguna soteriológica; la predicación habría
KuiVEKp&V (econstituido por Dios juez de vivosy muertos») (PoI Flp 2, sembrado la confusión al dar pie para creer que se trataba de un
1; 2 Clem 1, 1); hasta la frase en el símbolo romano: Ü8EV gPXE1"Ut
programa político (Bam"-EÚ¡;: oro si~. I1I, 562; V, 108).
KpivUt ~&V1"U¡; xui VEKPOÚ¡; (ede donde vendrá a juzgar a vivos y muer- Xpt01"Ó¡; será empleado con particular agrado como nombre pro-
tos»).
pio especialmente en la composición 'Incoüc Xpt01"Ó¡;. Como título
Cristo, por tanto, pertenece al kerigma escatológico, pero no sólo
se encuentra relativamente a menudo en Hech (junto a '1. Xp.),
como juez, sino también como el Salvador de aquellos que pertenecen
igualmente en Ap, Jn, 1 y 2 Jn. También en (Col y) Ef, ~onde cier-
a la comunidad de los creyentes. Esta predicación forma una unidad
tamente es a veces difícd de decidir si con «Cnsto» se piensa en el
-según 1 Tes 1, 9 s- con el anuncio del Dios único; los tesalonicenses título. Pablo lo emplea raramente como título. Es peculiar en él
se han convertido para servir al «Diosvivo y verdadero» (cf. supra 2) Kui Xptcrót; 'Incoüc, junto al cual emplea más raramente «'1. Xp.». En
UVUIlÉVEtV 1"OV uíov U\>1"OU EK 1"&V oúpnvórv, av iíYEtPEV EK 1"&V VEKp&V ambas cornbmaciones Cristo es nombre propio, como lo pone de
'Inooüv 1"OV PUÓIlEVOV lÍIlU¡; EK 1"fi¡; opyfi¡; 1"fi¡; EPXOIlÉvn¡; (<<y esperar a su manifiesto el frecuente ó KÚPtO¡; lÍ~&v '1. Xp.: para Pablo no es
Hijo que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de ~ntre los muertos
y nos salva de la cólera venidera»). Y cuando Pablo dice en Flp 3, 20:
lÍ~&v yup 1"0 1tO,,-Í1"EUllu EV oúpnvoü; lJ1tÚPXEt, El:, 00 Kui oorrñpn
U1tEK8EXÓ~E8a icúotov 'Incoüv XPt01"ÓV (<<pero nosotros somos ciudada- aOH'lP (así aún en el NT en las Pastorales, Le 1. 47,Jds 25), por otra parte, el empleo
del lenguaje helenístico en donde tanto los dioses de los rrustenos como los de la salva-
nos del cielo, de donde esperamos como salvador al señor Jesucristo»), ción y los soberanos que recibieron honores divmos llevaron tal título Cf W Bousset,
encontramos aquí con toda seguridad el recuerdo de una frase común Kynos Cbnstos, 3240-246, donde se menciona también una nca literatura a este res-
cristiana, ya que el giro es singular en Pablo toda vez qu~ en el rest? de pecto, y M Dibehus, excurso a Tim 1, 10 (Handbuch z NT, 21931,60-63) O Cull-
su obra no emplea el título de OW1"lÍP (esalvador») aplicado a Cristo. mann ha subrayado urulateralmente en Cmtología del NT, 276-283, la tradicrón del
AT Clara o probablemente aparece el título en sentido escarológrco en Flp 3, 20, Tit
Pablo evoca expresamente la tradición cuando describe en 1 Tes 4, 15- 2, 13, Hech 5, 31, 13, 23 Tesumoruan a favor de la esperanza en la rrupouOlu «<venI-
18 la aparición escatológicade Cristo para salvaciónde los creyentes. La da») de Cnsto 1 Cor 15, 23,1 Tes 2, 19,3,13,4,15,5,23, también 2 Tes 2,1 8, Sant
esperanza de la 1tapouoía (evenida») o Emq>úVEta (emanifestación») ~el 5,7 s (donde sin embargo orrgmanamente se piensa en la rrupouo;u de DIOS), 2 Pe 1:
OW1"lÍP CristoJesús es con toda seguridad una parte de la esperanza cns- 16 3 4 En el mismo sentido hablan de su ErrllpávelU (ernarufestación») 2 Tes 2,8 (aquí
combinada Tii E1tI(jlUVeu¡: Tii~ nupouotnr; UUWÜ' «la marufestación de su veruda»), 1 Trrn
tiana (Tit 2, 13), de manera que OW1"lÍP se convierte en un título aplica- 6, 14,2 Tim 4, 18, Tlt 2,13,2 Clern 12, 1, 17,4, mientras la Errllpuvelu del OOlT'lP
do a Cristo a manera de fórmula 10. aparece en 2 TIm 1, 10, así como su nupoootn en 19n Phld 9,2 empleada para hablar
de la aparición histónca de Jesús Para E1tI<jJuvelu, ver E Pax, EnI<1>ANElA, 1955 Cf la
designacrón de Cnsto como i¡ EA.1tI~ i¡~(j)v (enuestra esperanza») de 1 TIm 1, 1, sobre
10 Ciertamente que en el empleo del título oomip Intervienen también otras ello, M Dibelrus en Handbuch z NT
mfluencias por una parte, la tradición del AT en la que se descnbe a DIOS como
128 El kerigma de la comunidad helenística La predicación y la exigencia de la fe 129

christos, sino kyrios el título de Jesús. El paulino Christos Iesous se Solamente en otro círculo de ideas, que es determinante en Ig-
mantiene junto al normal '1. Xp. en la literatura que depende de nacio y Pablo, existe una interna dependencia causal entre la re-
Pablo hasta el símbolo romano. surrección de Cristo y la resurrección general de los muertos (cf. §
En contraposición al «hijo del hombre» de la apocalíptica y en 15, 4 c). Muchas veces, por ejemplo en los discursos de Hech, no se
acuerdo con el «hijo del hombre» de la comunidad primitiva, el habla de ello y la resurrección de Cristo es vista esencialmente como
juez escatológico y salvador Jesucristo no es otro sino el crucificado su legitimación (17,31). Con todo, en la designación de Cristo co-
Jesús de Nazaret, a quien Dios resucitó de entre los muertos y a mo apX:llyoe; ,fíe; sffifíe; (ejefe que lleva a la vida») (3, 15; 5, 31) se
quien introdujo en su función escatológica. Desde un principio per- alude a la significación que su resurrección encierra para los
tenece por tanto al kerigma de la comunidad helenística el anuncio creyentes 11. Así, podemos asumir continuamente la idea -tal como
de la resurrección de jesús como lo pone de manifiesto expresamen- la encontramos casi formulada en 1 Pe 1, 3.21- de que nuestra es-
te la nupáoome; (etradición») de 1 Cor 15, 1 s, siendo indiferente si peranza está fundamentada en la resurrección de Cristo, que el Re-
y en qué medida su formulación arranca de la comunidad primitiva. sucitado (así Ap 1, 18) tiene las llaves de la muerte y del Hades que
Concuerda con ello el que Pablo, cuando habla en 1 Tes 1, 9 s de la él mediante su muerte y resurrección ha aniquilado (Heb 2, 14 s;
espera de Cristo como el salvador que viene, lo caracterice expresa- Bern 5, 6 s). Según 1 Clem 24, 1, Dios con la resurrección de Cris-
mente como óv TtYEtPEV (o 8EOe;) EK ,&v VEKp&V (<<a quien [Dios] re- to, ha comenzado la resurrección de los muertos, sin que esté pre-
sucitó de los muertos»). Y según Hech 17, 31, Dios ha probado que sente la idea de 1 Cor 15, 20 s. También Pablo puede conformarse a
Cristo ha sido designado juez del mundo mediante el hecho de ha- veces con el simple: así como ... así: así como Dios ha resucitado a
cerlo resucitar de los muertos (cf. 1 Clem 42, 3: de los apóstoles: Cristo así también nos resucitará a nosotros (1 Cor 6, 14; 2 Cor 4,
nA.Epo<¡Jopr¡8ÉV'tEe; Ota ,fíe; úvuornoeo»; roü xupíou Tt).l. '1. Xp. [«plena- 14), sin detenerse a demostrar la conexión interna.
mente convencidos de la resurrección de nuestro señor Jesucristo»]. Según la concepción más antigua, la resurrección coincide con la
«Dios lo resucitó de entre los muertos» es una frase que muy pronto exaltación a la realeza divina (§ 7, 3); esta concepción se mantiene
estuvo más o menos fijamente formulada en la confesión de fe. Por- dominante en Pablo y en su tiempo. Pero, se haya pensado que la
que sin duda Pablo está refiriendo en Rom 10, 9 una fórmula de exaltación se identifica con la resurrección o sea algo que le sigue
confesión: (como por ejemplo Le 24, 36 s; Bern 15, 9; Ign Sm 3), en cualquier
caso, forma una unidad estrechísima con la resurrección; y así como
011 Eav Ó~OAOyi¡cr1]~ EV 1ll> oróuurí oou KÚPIOV 'Inooúv la fe en la resurrección cristaliza en frases que tienen carácter de fór-
Ka! 1tlcr'cúcr1]~ EV ,íj KapcSíq; oou, 011 8co~ nuróv iíyclpcV EK VcKPWV, crw8i]cr1] mula, así también la certeza de la exaltación. Dios ha exaltado aJe-
Porque si confiesas con tu boca que Jesús es Señor sucristo (Flp 2, 9 s; Hec 2, 33; 5, 30 s; cf. Jn 3, 14; 12, 32.34) y está
y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de los muertos, serás salvo. sentado a «la derecha de Dios» (Rom 8, 34; Col 3, 1; Ef 1, 20; 1 Pe
3,22; Hech 2,33; 7, 55 s; Heb 1, 3.13; 8, 1; 10, 12; 12,2; cf. 1
y de acuerdo con esto exhorta 2 Tim 2, 8: ).lVT¡).lÓVElJE 'Incoüv Clem 36, 5; Bern 12, 10; PoI Flp 2, 1), como, finalmente, le llama
Xpioróv Eyr¡YEP).lÉVOV EK VEKp&V, EK onÉp).lU,oe; ~utJlo KU,a ro el símbolo romano Ku8i¡).lEVOV EV OE~tq. roü nurpóc (esentado a la de-
EUUyyÉA.tÓV (<<acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos, recha del Padre»).
descendiente de David, según mi evangelio»). Igualmente es objeto Que fue aducida una prueba a favor de la resurrección en parte
de fe en PoI Flp 12, 2 «nuestro señor Jesucristo y su Padre quien le recurriendo al testigo ocular, en parte por medio de la Escritura del
ha resucitado de entre los muertos». La fe cristiana es la níone; (fe) AT, lo demuestra, en cuanto a lo primero, 1 Cor 15, 5 s y Hech 1,
en la EVÉPYEtu ,ou 8eou roñ EyEÍpuv,oe; uU,ÓV (Xptoróv) EK VEKp&V 22; 2, 32; 3, 15; 10, 40 s; para lo segundo el KU,a ,ae; YPu<¡Jáe; (ese-
(eacción de Dios que le resucitó [a Cristo] de entre los muertos») gún las Escrituras») de 1 Cor 15,4; Le 24,27; Hech 2,30 s; 13,34 s.
(Col 2, 12; Ef 1, 20) Y o EYEípue; uúróv EV VEKp&V: «el que le resucitó Se sobreentiende que la predicación que anunciaba al Resucita-
de entre los muertos» se convierte en fórmula como atributo de do de alguna manera debía hablar también deljesús terreno y de su
Dios (además de Col 2, 12, Ef 1, 20; Gál 1, 1; 1 Pe 1, 21; Rom 8,
11; 1 Cor 6,14; 2 Cor 4, 14; cf. también Ign Tr 9,2; Sm 7,1; PoI
Flp 1, 2; 2, 2 s). 11. Cf. H. Conzelmann, Die Mztte der Zeit, 61977, 178 s.
La predicación y la exigencia de la fe 131
130 El kerigma de la comunidad helenística

tradición de la vida de Jesús que sirvieran de demostración. Hech


muerte. Que el Resucitado y Exaltado fue caracterizado por su hu-
10, 37 s; 13, ~3-25, afirman que la actividad de Cristo empalmó
manidad anterior como hzjo de David lo muestran Rom 1, 3 s: 2
con la del Bautista. Se alude a las actuaciones milagrosas de Jesús en
Tim 2, 8, ambas frases de la tradición en forma de fórmulas (§ 7,
2, 22; 10, 38 s. La expresión ón o KÚPWC; 'Incoü; EV tij VUKtt Ú
5); Par~ el mun?o paga':l0 esta característica no podía causar impre-
sion m tener significación; para Ignacio es ciertamente corriente 7tupEoíooto (eque el señor Jesús en la noche en que fue entregado»)
todavía.(Ef 18,2; 20, 2; Tr 9, 1; Rom 7,3; Sm 1, 1), pero en el res- (1 Cor 11, 23) pone de manifiesto que la narración de la historia de
°
to se pierde. En Bern 12, 1 se protesta incluso contra la filiación
davídica de Jesús (§ 7, 5). Tanto más impresionante y significativo
la pasión fue retocada con algunos detalles que presuponen una
pr~via orientación sobre los acontecimientos de aquella noche. Lo
fue que el Resucitado era quien antes había muerto y había sido mIs~o muestra la f':ler:~ión de ~ilato de Hech 3, 13; 13, 28; Y se
crucificado. También aquí se formaron de nuevo rápidamente testifica por la descripción de Cristo Jesús como roü IlUptllPTtOUVtOC;
E7tt IloVtíOll IltA.~tOll :T]V KUA.T].V OIlOA.oyíuv (eque ante Pilato, rindió
expresiones con carácter de fórmula, como lo demuestra de nuevo la
tan.solemne testimonio») (1 TIm 6, 13). También Ignacio menciona
7tu~áooatC; («tradición») de 1 Cor 15, 4, así como la descripción de
a Pilato (Tr 9, 1; Srn 1, 2; Mg 11, 1) en conexión con la pasión (y
Cristo de Rom 4, 25: OC; 7tupEM6r¡ Ola ta 7tUPU7tt<ÍJIlUtU flll&V KUt resurrección) de Jesús y la tradición avanza hasta el rov E7tí Ilovríou
flyÉp6r¡ Ota tT]V OtKU~ü)atV lÍll&V (equien fue entregado por nuestros J"!tA.átOll otallPC?6Év:ru KUt ta<pÉVtU (ecrucificado y sepultado en
pecados y fue resucitado para nuestra justificación»), un frase que tiempo de Poncio Pilato») del símbolo romano 12.
ciertamente le había sido transmitida a Pablo (§ 7, 3).
A~ igual que para la comunidad primitiva (§ 7, 3), es difícil
Especialmente en Ignacio se subraya a menudo la interrelación
ta~bIén para la misión helenístico-cristiana y para su comunidad
del 7tá60C; (~sufrimiento») y de la aváotuatC; (eresurrección»] de Cris-
decir en qué medida se reflexionó sobre la muerte de Cristo teológi-
to. Ambo~ J.untos pertenecen según Ef 20, 1 a la ohcovouíc, al plan
camente, en qué medida se le adscribió una significación salvífica.
salvífico divino. A ambos juntos mira según Phld intr. (8, 2; Sm 7,
2; 12, 2) la fe (cf. también PoI Flp 9, 2). A ambos complementa, En los inicios la misión se basaba en motivos y conceptos teológicos
según Mg 11, 1, la yÉvvr¡atC; (<<nacimiento»); según Phld 9, 2, la 7tU- procedentes de la tradición judía veterotestamentaria; con todo, se
pouoín (evenida»), haráfol pre~entes tambiép concepciones y conceptos que provienen
~el smcretismo helenístico y, a veces, de las religiones de los miste-
Esto mismo ponen de manifiesto los vaticinios puestos en boca
de Je:ús. por Mc (así. como por Mt y Le) que remiten la predicación nos. De ellos .deberemos hablar más tarde (§ 13 y 15); en primer lu-
g~ debemos rntentar esbozar, en la medida de lo posible, la forma-
helenística al anuncio hecho por Jesús, los cuales hablan en forma
esquemática de la muerte (o de 7tupuo06f¡vut, «el ser entregado», ción de ideas marcadas por la tradición judía veterotestamentaria
como 1 Cor 11, 23) de Jesús y de su resurrección después de «tres acerca de la muerte de Jesús.
días» (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 33 s). Hay en ellos igualmente un es- La significación de la muerte de Jesús como expiación por los pe-
quema del kerigma cristológico, viéndose, especialmente en el ter- cados, que debemos s.upon~r presente ya en la comunidad primitiva
cero, una construcción más detallada de cómo pudo haber sido (§ 7, 3), fue una realidad SlO duda alguna en la misión helenístico-
configurado el esquema de la predicación. Podemos hacernos una cristiana; esta concepción se expresa en numerosas frases y fórmulas
en las que se afirma que la pasión y muerte de Cristo sucedió Ú7tEP
idea bastante concreta de cómo fue la predicación en la realidad
ÚIl&V (epor vosotros») (o 7tOA.A.&v: «todos», t&v áuupnéóv: «por los
partiendo de los discursos, igualmente esquemáticos, de Hech (2,
pecados» o semejantes) 13. Tales frases y fórmulas se encuentran dis-
1~-36; 3, 12-26; 5,)0-32; 10, 34-43; 13, 16-41), en los cuales el
persas a~ l~ largo de todo el NT y de la liferatura que deriva de él
eje ce':ltral es el kerigma de la muerte y resurrección (y exaltación)
(faltan unicamente en Hech, Sant, Jds, 2 Pe, Did, 2 Clem y Her-
de Cristo, sostenido por pruebas de Escritura y fundamento a su
vez para la llamada a la penitencia. Se alude al papel escatológico
de Jesús como promesa en 10, 42 mediante su caracterización co-
12. Para la reconstrucción de! kerigma cristológico, d. M Dibe!ius, Die Form-
mo ÓlptaIlÉVOC; KpltT]C; ~Ó>Vtü)v KUt VEKp&V (econstituido juez de vi- gescbicbte des Evangellums, 61971, 14-25; C. H. Dodd, The apostolic preaehing and
vos y muertos»). tts develapments, 21963 y O. Cullmann, Die ersten ehristl. Glaubensbekenntnisse
Se ve también en los discursos de Hech cómo el esquema en ca- 1943. '
sos concretos pudo ser configurado tomando algunos rasgos de la 13. Recopilación de las fórmulas en]. ]eremias, ThWB V, 707, A. 435.
La predicación y la exigencia de la fe 133
132 El kerigma de la comunidad helenística

parece ser característica la idea de reconczliación: Rom 5, 10 s; 2 Cor


mas); por ello se hace visible. que no se. trata de ,una .i~ea especí- 5, 18 s; Col 1, 20 YEf 2, 16 son variaciones. Que ~e t!ata de [a co-
ficamente paulina, sino más bien de una idea com.un C~ist1ana, don-
munidad, que ha sido fundada mediante el sacrificio de Cmt?,
de el l>1tÉp (<<por») adquirió una base sólida en la liturgia de la cena.
aparece -si hacemos caso omiso de la significación como sacrificio
A este círculo de ideas pertenecen las frases en las que se habla
de alianza- expresamente en Tit 2, 14; 1 Pe 2, 9; 1 C1em 64, don-
expresamente de la muerte de Cristo como sacrificio o de su sangre
de se habla de «pueblo de propiedad» o en Heb 2, 17; 7, 27; 13,
derramada por nosotros, o donde se describe l~ mu~:te de Jesús co- 12; Bern 7, 5; 14,6, donde se habla de pueblo (Aaó~); de EKKAllaía
mo medio para el perdón de los pecados, de liberación de los ~eca­
(iglesia) hablan Ef 5, 25 s; Hech 20, 28. Aparece la misma idea en
dos, de santificación o de purificación y semejante~. De la mism.a otras expresiones: Ap 1, 5 s; 5, 9 s (cf. 1 Pe 2, 9).
tradición arranca la significación de la muerte de Cristo como sacn-
Así como fueron creciendo del kerigma, continuamente y cada
ficio de alianza o de pascua. En éste se ve más claramente que en
vez con mayor precisión y fijeza, fórmulas que sucesivamente ~rista­
otros casos que la muerte de Cristo fue vista primaria~ente en su
lizaron en símbolos, de la misma manera se desarrolló, a partir del
significación para la comunidad, para el «pue~l~, de DlOS», no para
mismo kerigma, la forma literana de evangelio, de la que para no-
el individuo, lo cual es característico de la tradición veterotestamen-
sotros el testimonio más antiguo es el evangelio de Marcos. Pueden
taria presente aquí. ' . . citarse las siguientes etapas en el nacimiento del «evangelio»: 1. El
Para la designación de la muerte de Cristo como sacrificio
punto central es el kerigma de la muerte y resurrec~ión de Je~ús, ?e
(Bucín, npootpopú y similares), ver Ef 5,2; Heb 7,27; 9, 26.28; 10,
manera que se ha dicho rectamente que los evangelios son «hIs~onas
10.12; Bern 7, 3 Yotros; como sacrificio pascual, 1 Cor 5, 7; como
de la pasión con una introducción detallada» 14. 2. El breve kerigrna
sacrificio de alianza fuera de los textos de la última cena, Heb 13,
de la pasión y la pascua requería una simbolización, como 1 Cor 11,
20. De la sangre de' Cristo tratan, además de los textos de la última
23-26; 15, 3-7 muestran, e igualmente una integración dentro del
cena y de los que hacen referencia a ella: Rom 3, 25; 5, 9; Col 1,
plan salvífico; de ahí igualmente el relat~ sobre el Bal;ltist~ con:o
20; Ef 1,7; 2, 13; 1 Pe 1, 2.19; Hech 20,28; Heb 9, 11 s; 10, 19 configuración por medio de pruebas proféticas. 3. Los misterros cns-
s.29; 13, 12.20; Ap 1, 5; 5,9; 7,14; 12, 11; 19, 13; 1Jn 1, 7; ~~ 6- tianos debían ser fundamentados en la vida de Jesús como KÚptO~ a
8; 1 C1em 7, 4; 12, 7; 21, 6; 49! 6; especialmente de la «asperston»
(óovnouóc) con la sangre de Cristo 1 Pe 1, 2; Heb 9, 13; 10, 22;
quien se le rinde culto. 4. Era inevit~ble tambié~ una simbolizac~ó~
de la actuación de Jesús ya que su Vida, entendida como algo d1V1-
12, 24; Bern 5, 1 (cf. 8, 1. 3). (Los pasajes de Ignacio tienen otr? c~­
no, probaba su autoridad, como Hech 2, 22; 10: 38 s po~en de ma-
rácter). La idea de «expiación» se expresa co~ ~All:~ti¡PtOV (esacrificio
nifiesto. A partir de aquí ~e comprende la c~leCC1ó.n d~ mIlag!o~ y su
propiciatorio») (Rom 3, 25), íAaal!Ó~ (epropiciación») (1 Jn 2, 2; 4, inclusión en los «evangelios». 5. A tales simbolizaciones SIrvieron
10), íM.aKEaellt (epropiciar») (Heb 2, 17). Que P?r la muerte de también los apotegmas, es decir, las narraciones cortas cuyo núcleo
Cristo hay remisión de los pecados hablan, por ejemplo, Rom 3,
es una palabra de Jesús, y que en parte relatan también milagros,
25s' Ef 1, 7; la formulación de las palabras del cáliz en Mt 26, 28;
como Mc 3, 1-6.22-30. Estas arrastran otras tras de sí y los apoteg-
Heb 9, 11 s; Bern 5, 1; 8, 3. El concepto de liberación (U1tOAútpül-
mas en cuanto tal son, a su vez, motivo para introducir más pa-
oic, AÚtpülcn~ o formulaciones verbales) se encuentra en Rom 3, 24;
labras del Señor. 6. Que las palabras del Señor -cuya tradición en
1 Cor 1,30; Col 1, 14; Ef 1,7; Heb 9,12.15; 1 C1em 12, 7; Mc io,
principio estaba separada del kerigma cristológico- fuesen ent~an­
45; 1 Tim 2,6; Ap 1, 5; Tit 2, 14; 1 Pe 1, 18 s; Bern 14, 5 s. Igual-
do más y más en el «evangelio» (en Mc .aún de manera .t~r;l1da,
mente el concepto de rescate (1 Cor 6,20; 7, 23;. Gál 3, 13; 4,.5; mientras Mt y Lc hacen una unidad del kerigma y de la tradición de
Ap 5, 9; 14, 3 s; 2 Pe 2, 1). De las diversas expresiones sobre laJus-
los lógza) se basa en que frente o junto a la predicación misionera
tijicación pertenecen a este contexto Rom 3, 24 s; 1 Cor .6, 11 (¡cE.
1, 3D!); Herm vis m, 9, 1. Característico del círculo de ~deas en el
que predomina la concepción de sacrificio son las expresiones sobre
14. M. Kahler, Der sog. histor. [esus und der geschichtl. bibl. Christus, ed. por
la santijicación: 1 Cor 6, 11 (jcf. 1, 30!); Ef 5, 25 s; Heb 2, 11; 9, E. Wolf 1953,60, 1. Cf. Ad. Schlatter , Der Glaube im NT, 41927,477: «Para cada
13 s; 10, 10.29; 13, 12; 1 Clem 59,3; Bern 5, 1; 8, 1; Herm vis m, evangelista el evangelio era el relato del camino de Jesús a la cruz»; cf. también J.
9, 1). Igualmente las que hablan sobre lapunficación: Heb 1, 3; 9, Schniewind, ThR NF 2 (1930) 179-188 Ycomparar DIe Gescbicbte d. synopt. Trad.,
9395-400.
13 s; Tit 2, 14; Ef 5, 25 s; 1Jn 1, 7.9; Herm sim V, 6, 2. Para Pablo
La predicación y la exigencia de la fe 135
134 El kerigma de la comunidad helenística

E~a:YYÉAtoV es determinado mediante un genitivo objetivo (por


fue ganando cada .vez más peso la predicación de la comunidad y
que para la comunidad creyente la figura de Jesús como oloá<JKUAO~ ejemplo: 'tfí~ l3umAEíu~ [«del reino»]: Mt 4,23; 9, 35 o 'tOU Xpl<J'tOU
(emaesrro») fue adquiriendo cada día mayor significación. 7. Final- [«de Cristo»]: Rom 15, 19; 1 Cor 9, 12 YEUUYYEAí~E<JSm por medio
mente debió parecer fundamentada en la vida de Jesús no solamen- d~ un acus~tivo de objeto (por ejemplo: 'tllv l3umAEíuv 'tOU SEOU [«el
te la parénesis, sino incluso la reglamentación de la comunidad (cf. remo de DIOS»]: Le 4,43; 'tOV 'Incoüv [«a Jesús»] y similares: Hech
1Cor7, 10;9, 14)Jj. 5, 42; 8, 35; Gál 1, 15; 'tllv nírrnv [«la fe»]: Gál 1, 23).
No podemos decir con absoluta seguridad si el empleo absoluto
5. Como designación técnica para el anuncio cristiano aparece es anterror a Pablo o no. Al parecer no proviene de la primitiva comu-
en el helenismo cristiano el sustantivo EuuyyÉAtoV (<<buena nueva») y nidad, ya que el sustantivo EUUyyÉAtoV, que falta totalmente en Q, se
para la actividad del predicador el verbo EUUYYEAí~f.(JSm (<<anunciar encuentra en Mc solamente en formaciones secundarias, en Mt en
la buena nueva»), en voz media, a veces en pasiva, tanto con objeto parte siguiendo a Me, en parte en formaciones propias; en Lc falta,
personal como con objeto de cosa. Con todo el sustantivo puede ser pero en Hech lo encontramos dos veces. Se encuentra en sentido téc-
empleado también como nombre de acción. El sentido de nico, por tanto empleado en sentido absoluto, en Me 1, 15; 8, 35;
EUUyyÉAtoV o de EUUYYEAí~E<JSm es sencillamente «mensaje», «anun- 10,29; 13, 10; 14,9; Mt 26,13; Hech 15, 7. Se emplea una vez en
cio» o «anunciar», «predicar». El sentido etimológico «buena nueva» pasiva el verbo EUUYYEAí~E<JSm en Q (Mt 11, 5 = Le 7, 22) siguiendo a
o «anunciar cosas buenas» ha desaparecido ya en los LXX (yen Fi- Is 61, 1,. falta en Mc y Mt, pero se encuentra con frecuencia en Lc y
lón), aunque ocasionalmente puede aparecer de nuevo. Si es preciso Hech; ciertamente en sentido técnico tan sólo en Le 9, 6; (20, 1);
subrayar que se trata de un buena noticia, entonces se añade al ver- Hech 8,25.40; 14,7.21; 16, 10. Fuera de los sinópticos, de Hech, y
bo EUUYYEAí~E<JSm como objeto un ayuSá o algo semejante (por de Pablo se encuentra el sentido técnico únicamente en la literatura
ejemplo: 1 Re 1,42; Is 52, 7 Ydespués Rom 10, 15). Por ello puede deuteropaulina (2 Tes, Col, Ef, Pastorales); el EUUYYEAí~E<JSm en 1 Pe
emplearse también el verbo EUUYYEAí~f.(JSm allí donde no se trata de 1, 12; 4, 6; Heb 4, 2.6. Con frecuencia se añade (especialmente en
buen anuncio (Le 3, 18; Hech 14, 15; Ap 10, 7; 14,6). Los objetos Pablo) el genitivo subjetivo o de autor 'tOU SEOU; fuera de Lc falta
de cosa muestran también (o el genitivo como objeto de EUUyyÉAtoV) EUUyyÉAtoV totalmente en ]n, Pastorales, Sant.Tds, 2 Pe, Ap (aquí so-
cuando acompañan a EUUYYEAí~E<JSm que en ellos se presupone úni- lamente la palabra en otro sentido 14, 6); EUUYYEAí~f.(JSm falta en Mt
camente la significación de «anunciar» (por ejemplo: EUUYY. rov y Mc; enJn, Heb, Sant, Jds, 2 Pe, Ap. En la literatura posterior falta
Myov o róv Myov 'tOU xupíou: «anunciar la palabra» [o: la palabra el sustantivo y el verbo en Herm; el sustantivo se encuentra empleado
del Señor]): Hech 8, 4; 15, 35; ya veces se emplea EUUYYEAí~E<JSm en sentido absoluto en Did 8,2; 11,3; 15,3 s; 1 Clem 47,2; 2 Clem
ro EUUyyÉAtoV (eanunciar el evangelio») como sinónimo de KT\PÚ<J- 8,5; Bern 5, 9; Ign Phld 5,1 s; 8, 2 (texto inseguro); 9, 2; Sm 5,1; 7,
<JElV, KU'tUyyÉAAElV, AUAE1V o OlUIlUP'túpE<JSm ro EUUyyÉAtoV y corres- 2; el verbo con infinitivo como complemento 1 Clem 42, 3, con acu-
pondientemente ro EUUyyÉAtoV como sinónimo de ró KIÍPUYIlU y ó sativo de objeto, Bern 8, 3, abs. 1 Clem 42, 1 (pas.), en media, Bern
Myo~.
14,9 (cita de Is 61, 1); PoI. Flp 6, 3.
En sentido estricto EUUyyÉAtoV y EUUYYEAí~E<JSm son términos téc- Siguiendo una línea totalmente paralela se ha desarrollado el
nicos solamente cuando son empleados en sentido absoluto, es de- uso técnico de KllPUYIlU (KT\PÚ<J<JElV) (<<proclama»). KT\PÚ<J<JElV
cir, sin indicación de un objeto, para designar el mensaje cristiano (eprcclamar»), que puede llevar como objeto también a 'tllv
concreto en cuanto a su contenido. Este uso, ya presente en Pablo y l3umAEÍuv (<<el reino») (Le 9, 2; Hech 20, 25; 28, 31) o róv XPl<J'tÓV
totalmente corriente después de él, carece de toda analogía en el AT (ea Cristo») y similares (Hech 8, 5; 9, 20; 1 Cor 1, 23; 2 Cor 4, 5),
yen el judaísmo, así como en el helenismo pagano; por ello la opi- se emplea en sentido absoluto con significación técnica en Mc 3, 14;
nión muy extendida de que EuuyyÉAtoV había sido término sacral del Hech 10, 42; Rom 10, 14 s; 1 Cor 9, 27; 1 Clem 42, 4; Bern 8, 3;
culto al César no puede mantenerse. Parece que el uso en sentido Herm sim IX, 16, 5; 25, 2; KIÍPUYIlU tiene en la espúrea conclusión
absoluto comenzó a desarrollarse poco a poco, aunque con relativa de Rom 16, 25 el genitivo de objeto 'IT\<JOU XPl<J'tOU, de manera se-
rapidez, dentro del cristianismo helenístico. En muchos casos mejante Herm ~im IX, 15, 4: 'tOU uíoñ SEOU; (edel hijo de Dios»); se
emplea en sentido absoluto en 1 Cor 1, 21; 2, 4; 15, 14; 2 Tim 4,
17; Tit 1, 3; Herm sim VIII, 3, 2; IX, 16, 5. Algo parecido suce-
15. Cf. H. Conzelmann, Die Mitte der Zeit, 151 s.
La predicación y la exigencia de la fe 137
136 El kerigma de la comunidad helenística

1:OU uíoñ 1:0U Bsoñ (<<en el nombre del hijo de Dios») (1Jn 5, 13).Justa-
de con ó Aóyo<; (<<la palabra»). Se le determina con frecuencia me-
mente el desarrollo de esta expresión m01:EÚElV (1tíon<;) d<; (o
diante el genitivo objetivo tal como 1:f¡<; I3U<HAEíu<; (<<del reino») (Mt
m01:EÚElV y moru; con genitivo objetivo), que es extraño tanto. en. el
13, 19), 1:f¡<; OC01:TlPíu<; (ede salvación») (Hech 13, 26), 1:f¡<; Xó'Pl1:0<;
griego como en el AT (LXX), es significativo; y es igual~ente sl.gmfi-
(ede gracia») (Hech 20, 32), 1:0U O'l".o:up?~U (ede la cruz») (1 Cor _1, cativo que enseguida comienza a ser empleada en sentido técnico de
18), 1:f¡<; KU1:UAAUyf¡<; (<<de reconciliación») (2 C;or 5, 19), 'l"TI<;
manera absoluta m01:EÚElV (nto nc). Flto ru; puede ser empleada con
uATl8eíu<; (ede la verdad») (Col 1, 5); Ef 1, 13; 2 Tlm 2, 15; cf. PoI complemento o en sentido absoluto y designa tanto el acto de fe co-
Flp 3, 2; UATl8Eíu<; (ede verdad») de S~nt 1, 18 sin artículo podría ser mo el llegar a ser creyente (Glaubigwerden: 1 Tes 1, 8; Hech 20,21)
genitivo cualitativo como l,cof¡<; (ede vlda~) de Flp 2, .16.. ~ero, final- o el ser creyente (Glaubigsein: 1 Cor 2,5; Did 16, 2, Bern 4, ~) o la
mente, también el absoluto ó Aóyo<; designa la predicación o anun- actitud del creyente (Glaubigkeit: Rom 14, 1; 1 Tes 1, 3). E Igual-
cio cristiano: 1 Tes 1, 6; Gál 6,6; Flp 1, 14 (v. 1); Col 4, 3; 1 Pe 2, mente significa m01:EÚElV (m01:EUoUl) ora el hacerse creyente (Rom 10,
8· 3 1· Hech 6,4; 8,4; 10, 36; 11, 19; 14,25; 16,6.32; 17, 11; 14; Hech 18, 8), ora el ser creyente, especialmente en pasiva, de ma-
B~r~ 9: 3; 14,5; 19, 10; PoI Flp 7,2; Herm vis III, 7, 3. E.n.la nera que oí m01:EÚOV1:EC; u oí m01:EÚOUV1:E<; puede suplir a la expresión
mayoría de los casos 1:OU 8eou (<<de Dios») se añade como geruuvo
«los cristianos» (2 Tes 1, 10; Herm sim IX, 19, 1 s). Finalmente Ttíon<;
subjetivo o de autor.
-que designa en primer lugar la fides qua creditur- puede tener
La aceptación del mensaje se llama/e, ntoru; o m01:EÚElV (<<creer»).
también la significación de fides quae creditur (Rom 10, 8; Hech .6,
En Rorn 10 14-17 encontramos una caracterización detallada de la
7); la Ttíon<; es sencillamente el cristianismo (1 Tim 4, 1..6) Y «cns~
Ttí01:1<; corno aceptación del kerigma; objeto de la fe es el kerigma (1
tiano» se dice KU1:U KOlVl1V nío nv (esegún la fe cornún») (Tu 1, 4). SI
Cor 1, 21; Herm sim VIII, 3, 2), el EUUyyÉAlOV (Mc 1,15; Hech 15, 7;
exceptuamos este último peldaño del desarrollo, todas las posibilida-
1 Cor 15, 2), el IJ,UP1:ÚpIOV (etestimonio») (2 Tes 1,10; lJn 5, 10), el
des del empleo de este vocabulario se han formado ya antes ~e Pab~o
AÓYO<; (Hech 4, 4; Ef 1, 13; Bern 9, 3; cf. 16, 9: ó Aóyo<; UU1:O~ 1:f¡.<;
y paralelamente a él. Sólo a. partir del tr~sf~ndo.de l~ terminología
TtíO'l"ECOC;), la UKOi¡ '" «predicación» (Rom 10, 16;Jn 12,.38). La sigru-
misionera se destaca con claridad la peculiar inteligencia de la fe que
ficación de este acto de creyente aceptación del anuncio que hace al Pablo tiene.
creyente miembro de la comunidad, ha hec.ho que el co.ncept? de fe Con todo, el concepto de fe, aparte de Pablo, ha experimentado
adquiriera una significación que n.o tenía m en el AT m en mngu1!a en el cristianismo primitivo una ampliación y un enriquecimiento.
de las religiones antiguas. Por pnmera vez s~cede.9ue con el. cns- Esto puede explicarse en principio fácilmente si tenemos en cuenta
tianismo se convierte el concepto de «fe» en designación predominan-
que m01:EÚEIV puede tener también la significación de «confia.r»y que
te de la relación del hombre respecto de Dios; la fe es como la postura este sentido empalma fácilmente con el sentido de la rerminología
que domina la vida del piadoso. Todo esto ~a. sido preparado tant? misionera. Así como Ttí01:1<; y TtETtoíSTI<H<; (econfianza») (Ef 3, 12;
por la misión del judaísmo como por la~ religiones paganas que hi- 1 Clem 26, 1; 35, 2) se combinan, así TtETt0l8Évu~ (econfiar») entra ,en
cieron propaganda en el mundo helenistico; porque fue a ~artlr de la lugar de m01:EÚElV (1 Clem 58, 1; 60, 1; Herm sim IX, 18, 5); 1 Cor
misión cuando nació el concepto de fe como el convertirse a una 2, 9; Flp 3, 4 s ponen de manifiesto el parentesco existente er:tre m?-
nueva religión anunciada, mientras que en ~l A\ así como en todas 1:EÚElV y TtETt0l8Évul. Todo ello equivale a decir que ~n la relac.lón cns-
las antiguas religiones populares era una evidencia el culto o adora-
tiana repecto de Dios, de~ignada mediante. Ttíon<;? tiene una mfl~~?­
ción de la divinidad (o divinidades) del pueblo.
cia la concepción de DIOS que se mantiene VIva en la tradZclOn
De acuerdo con la peculiaridad del mensaje de la «:ll~un~dad
veterotestamentaria-judía, la cual ha sido expresada con los verbos
primitiva, Ttí01:1<; (m01:EÚElV) (<<fe [creer]~) dentro del cnsnarusmo
,,~~, nl2#, nl;!Q, n~i7; así nos encontramos con que la traducción nor-
primitivo significa: 1. La fe en un solo !?IOS (1 !es 1, 8 s~ Heb 6, .1;
mal de 1'01<\1 es m01:EÚElV (para los otros verbos la mayoría de las veces
11 6; Herm mand I, 1); 2. Fe en la acción salvífica de DIOS en Cris-
es TtETt0l8ÉVUl), al menos para n12~; todo ello nos habla de una roncep-
to'(1 Cor 15, 11; Rom 4, 24), sea que el contenido de tal fe venga
ción de Dios que se caracteriza por una relación de confianza, de es-
formulado mediante una frase (órt: Rorn 10, 9; 1 Tes 4, 14; Jn 20,
peranza así como de fidelidad o de obediencia. . . .
31), sea que se emplee una expresión abreviada tal como m01:EÚElV
De manera especialmente clara Heb 11 pone de ~amfteslo la n-
Ei<; XplO1:0V 'ITloOUV (ecreer en Jesucristo») (Gál 2, 16), Ei<; 1:0V KÚPIOV
queza de matices que contiene el concepto níoru; bajo estas influen-
(<<en el Señor») (Hech 14, 23; Herm mand IV, 3, 3), d<; 1:0 (¡VOIJ,U
138 El kerzgma de la comumdad beienisnca La conctencta de tgiesia y la reiaaá» con el mundo 139

eras, Si bien es cierto que en v. 3 y especialmente en v. 6 es claro el ¿en qué medida la fe escatológica supera a la fantasía mitológica?
sentido de la te.rminologí~ misionera de rrícrtc, también lo es que ¿se limita a ser un puro esperar un acontecimiento venidero, o el
en general domina el sentido de 1tíO'tl~ como confianza y esperanza presente será entendido también a la luz del evento escatológico?
(especialmente ~. 9 s.l1.13.17), p~ro de cuaI9U1e~ forma siempre ¿en qué medida se mantendrá firme la escatología si se desvanece
Junto a ellos están presentc:~ el sentido de obediencia y fidelidad (v. la espera del final cercano o incluso desaparece? Más aún, ¿queda-
5.7.8.24 s.30 s.33). También en otros lugares aparece el sentido de rá reducida la significación de Cristo al papel del futuro juez y li-
confianza (por ejemplo: Rom 4, 17-20; 1 Clem 26, 1; 35, 2; 2 Clern berador? ¿de qué manera se entenderá la reflexión teológica sobre
11, 1) o el de esperanza (1 Pe cf. 1, 5-9.21; 1 Clem 12, 7; Bern 4, su muerte y su resurrección? ¿tendremos que considerar las propo-
8), de fidelidad (2 Tim 4, 7; 1 Pe 5.9; Ap 2, 13; 13, 10) Yde obe- siciones teológicas como pura especulación y se convertirá con ello
diencia, que Pablo subraya especialmente, pero que también apare- la «fe en él» en pura fe en dogmas? ¿cómo evolucionará la idea de
ce en otros escrrros cuando usan mo rsóew como sinónimo de la fe y cómo guiará la reflexión teológica?
1teí6eollm (econfiar») (Hech 17, 4; 28, 24) Yen la designación de la
falta de fe como o.1tel8elv (edesconfiar») (Hech 14, 2; 19, 9; 1 Pe 2,
8; 3, 1; Jn 3, 36). § 10. LA CONCIENCIA DE IGLESIA Y LA RELACiÓN CON EL MUNDO
¿Designa también 1tíO'tl~ (morsóerv) una relación personal con
la persona de Cristo o únicamente una relación respecto de Dios
en virtud de la acción de Dios en Cristo? De cualquier forma, la Brbhografía a 1 y 2 cf § 1, 3, especialmente N A Dahl, Das Volk Gottes, 21963
expresión morsóetv sk; UlJ'tÓV (ecreer en él») no indica todavía una A 2 especialmente E Grafe, Das Urchnstentum und das AT, 1907, O Michel ,
relación personal con Cristo, ya que esta expresión es la abre- Paulus und setn« B¡be/, 1929, E E Elhs, Paul's use of the o/d testament, 1957 A
viación de: 1t\O'tEÚElV más una frase cm (por ejemplo: cm ó llEO~ 3 Y 4 H Jacoby, Neutestamentl Ethzk, 1889, E von Dobschurz, Die urchrtsti
UlJ'tOV fíYElPEV &K VEKp&V [«que Dios le resucitó de entre los muer- Gememden, 1902, Id , Probleme der apostl Zeualters, 1904, M Dibehus, Exk zu
tos»]: Rom 10, 9). Y así como en el AT (en LXX) nunca se descri- Herm stm 11 5, en Erganzungsband zum Hdb z NT IV, 555 s , G Johnston, o
be la relación con Dios con 1t\O'tEÚElV sic, sucede por el contrario c , L Brun, Der k¡rchl¡che Emhe¡tsgedanke zm Urchnstentum ZsysrTh 14 (1937)
que hay expresiones de los LXX que indican la relación con Dios, 86 s , H Prersker, Das Ethos des Urchmtentums, 21943, CI T Craig, The one
por ejemplo: 1t\O'tEÚElV con dativo y 1ttO'tEÚElV &1tí con dativo; casi church m the Itght of the NT, 1946, 1 H Marshall, The cha/lenge of NT etbtcs,
en ningún lugar para designar las relaciones con Cristo (con dativo 1946, M Gogue!, L'égltse pnmzt¡ve, 1947, A M Hunter, Dze Fmbett des NT,
solamente en Jn en el sentido de creer en él [en sus palabras]; (mí 1952, 42-66, G johnston, The church and Israel contmuzty and d¡scontmuzty m
con dativo: 1 Tim 1, 16). Encontramos rara vez el 1tW'tEÚEW ¿1tí y the NT doctrme of the church Journ of Rehg 34 (1954) 26-36, J Schnerder, Die
acusativo, lo que en otras partes puede expresar también la rela- Gememde nach dem NT, 31955, E Grasser, Der Glaube ¡m Hebraerlmef, 1965,
ción con Dios, aplicado a la relación con Cristo (Hech 9, 42; 11, D Georgr, Die Geschzchte der Kollekte des Paulus fur }erusalem, 1965, C Dietz-
17; 16, 31; 22, 19), Y singular es el xío-nv ex,elV npo~ 'tOV KÚPWV fe!bmger, Hez/sgeschzchte be¡ Paulus", 1965, U Luz, Der alte und der neue Bund
'lT\oODV (erener fe en el señor Jesús») (Flm 5). La respuesta a la bez Paulus und tm Hebraerbnef EvTh 27 (1967) 318-336, H von Campenhausen,
pregunta inicial puede ser ésta: al principio es extraña a la predica- Dze Entstehung der cbnstitcben Btbei, 1968, R J MacKe!vey, Tbe new temple
ción primera la idea de la fe como una relación personal con la The church m NT, 1969, P Vrelhauer, Paulus und das AT, en Stud¡en zur
persona de Jesús; S1 pronto se llegó a esta concepción nueva de re- Geschzchte und Theologze der Reformatzon, 1969, 33-62, F Hesse , Abschzed von
lación personal, es porque se dieron rnouvos nuevos. der Hezlsgeschzchte, 1971, G Klem, Btbel und Heiisgeschtchte, Die Fragwurd¡gkezt
Las preguntas que surgen al analizar la panorámica sobre la pre- etner Idee ZNW 62 (1971) 1-47, G Klmzrng, Die Umdeutung des Kultus m der
dicación del Dios único y de su juicio, de Jesucristo como juez y Ir- Qumrangememde und tm NT, 1971, P Tachau, Eznst und}etzt zm NT, 1972, W
berador, son las siguientes: ¿tendrá la fe en Dios el carácter de una Eltester, Israel ¡m lukamschen Werk und dIe Nazarethpenkope, en }esus m Naza
ilustrada concepción del mundo, o será Dios entendido como el po- reth, 1972,76-147, V P Furrush , The love command m the NT, 1972, M Black,
der que determina la existencia humana, la fuerza que domina la The cbnstologtcai use of the OT m NT NTS 18 (1971-1972) 1-14, J Hamz, Ekkle
voluntad del hombre? Parece que la predicación escatológica se sta, 1972, K Kerrelge, Gememde und Amt tm NT, 1972, O MIChe!, Zum Thema
inclina por el segundo sentido; sin embargo debemos preguntarnos: Paulus und setne Bzbe/, en Wort Gottes m der Zeit, 1973, 114-126, T Holtz , Zur
140 El kerzgma de la comuntdad helenísttca La conciencia de tglesta y la reiacton con el mundo 141

Interpretatto» des AT 1m NT ThLZ 99 (1974) 19-32, W G Kumrnel, Hetls- adquiriendo así el carácter de una doctrina científica de la natura-
gescbtchte tsn NP, en NT und Kircbe (fur R Schnackenburg), 1974, K Nieder- leza, o bien, como en el Carmen saeculare de Horacio o en la
wimrner , Askese und Mystenum, 1975, J T Sanders, Ethlcs tn the NT, 1975, J cuarta Egloga de Virgilio, que canta el nacimiento del futuro sal-
Hawz (ed ), Ktrc/re tlll Werden, 1976, E Osborn, Etnteal pttttern.r m ettrl, enm- vador del mundo, sirviendo como cuadro poético para un cambio
ttan thought, 1976, E Grasser, Acta Forschung sett 1960 ThR NF 41 (1976) 259- histórico-político.
290273-287, A M Ritter (ed), Alte Kircbe, 1977, K Kertelge (ed ), Das ~unque la pre~icación escatológica. del cristianismo primitivo
Ktrehltehe Amt tm NT, 1977,] Blank, Kircb« und Stttat tm Urcbrzstentum, en G pudiese ser entendida como el anuncio de un cambio cósmico
Oenzler (ed ), Kircbe un Staa: auf Distanz, 1977, 9-28, J ]etvell, God's Cbns: and sin embargo, no existían las condiciones necesarias para tal
hts peopie, 1977, R Schnackenburg (ed ), Die Kircbe des Anfangs, 1977, W Ernst co.mprensión en la medida en que, según la concepción primitiva
(ed), Diess: der Vermtttlung, 1977, G Srrecker, Strukturen einer neutesta- cnstiana, el tnmtnente aconteaouenio esoaoiágico era el acto fi-
menltchen Ethtk ZTK 75 (1978) 117-146, E E Elhs, Pbropbec» and bermeneutics nal de una historia salvífica, de la historia del pueblo escogido,
tn early chmttamty, 1978, E E Ellis, How the NT uses the old, en 1 H Marshall del «verdadero Israel», en la medida en que todo ello era el
(ed ), NT mterpref¿tttOn, 1978, 199-219, E Lohse, Dte Entstehung des NT, 31979, cumplimiento de las promesas al pueblo escogido. ¿Cómo podía
G Strecker, Eschaton und Htstone, 1979, G Theissen , Studlen zur Sozsologte des <l!raIg~ e~ las comunidades helenísticas la conciencia que la igle-
Urcbnstentums, 1979, O R Cartlrdge-D L Oungan, Documents for the study of SIa prirrutrva tenía de ser la comunidad escatológica de los últi-
the gospels, 1980 mos tiempos, para la que se cumplen ahora las promesas la con-
P Tena, La palabra «ekklesta» Estudio hlstórtcO teológtco (Colectánea san Pa- ciencia de ser el «verdadero Israel»? '
etano VI), R Schnackenburg, La tgiesta en el NT, 1965, Id , Existencia cnstzana se- Se plantea aquí una pregunta decisiva, la cuestión del con-
gún el NT, 1971, O Cullmann, Le fe, el culto en Itt tglefttt prtmttttJtt, 1971, Id , cepto de iglesia. la salvación anunciada en el mensaje cristiano
Del eoangelzo a la [ormacton de la teología cnsttana, 1972, C SpICq, Teología mo- ¿significa únicamente la salvación del individuo, la liberación de
ral del NT, 1970-1973, J Canunat , La tglesta del pentecostés, 1973, P Faynel, La las almas individuales del pecado, del sufrimiento y de la muer-
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histona de la saiuacton, 1974, H Kung, La IgleSia, 4 1975; E Kasemann, Ensayos en el que cada individuo se halla formando parte? El hecho de
exegéticos, 1978, J Ratzmger, Escatología, 1979, P V Olas, Historia de los dog- que para la misión primitiva cristiana lo segundo es evidente
mas Ec/estologia. 1979, W D Davies, Aproxtmactones al NT, 1979, L Rubio, El marca una diferencia esencial respecto de la propaganda de otras
mtsterto de Cristo en la htstona de la saloacui», 4 1980 religiones orientales de liberación y, desde el punto de vista his-
tórico, tenemos ahí un motivo esencial de la superioridad de ella
sobre aquéllas. En el cristianismo cada individuo se encuentra
1. La predicación escatológica de los misioneros cristianos era dentro de la comunidad y todas las comunidades particulares
algo que sonaba extraño al menos para gran parte de los oyentes JUntas for~an .una comunidad. Ciertamente que el motivo pri-
paganos del mundo de habla griega; sobre todo, el anuncio de la mero o pnmano de la mutua pertenencia no es del orden de la
resurrección de los muertos. El relato de Hech 17, 18.32 lo pone nece~~d3:d práctica. de ~rgan.ización; más bien la organización
de manifiesto cuando los atenienses oyen hablar de la uváCl't"uClt<; eclesiástica ha nacido pnmanamente de la conciencia de que la
(<<resurrección») y se escandal.izan. De igual manera 1 Tes 4, 13 s: comunidad total existe antes que las comunidades particulares.
1 Cor 15 muestran lo nuevo y también lo escandaloso de tal predi- Es síntoma de ello el lenguaje que se emplea: EKKAT]Clíu significa
cación. Sucedía, al mismo uernpo , que la predicación de un drama e~ primer lugar .no la comunidad particular, sino el «pueblo de
escatológico inmrnente , de un cambio cósmico universal no era pa- DIOS», la comunidad de elegidos de los últimos tiempos, y esto
ra muchos oyentes algo fundamentalmente nuevo e inaudito. Tales no solamente dentro de la comunidad primitiva, sino también
concepciones escatológicas, venidas de oriente, habían penetrado en el cristi~ismo h~lenístico. Y cuando aquí, pronto se designa
hacía mucho tiempo en el mundo helenístico. Cierto que habían a la comunidad particular con el nombre de EKKAT]Clíu y se habla
sido despojadas ampliamente de su ropaje mitológico original, en plural de EKKAT]Clíat, sin embargo en todo ello está la concep-
bien sea como en la doctrina estoica de los períodos del mundo ción de que en la comunidad particular aparece la comunidad
con la EK1tÚPWClt<; (<<incendio») al final de cada uno de los períodos y única.
142 El eerigm« de la comunidad helenística La conciencia de iglesia y la relación con el mundo 143

Pablo sigue el empleo normal del lenguaje helenístico cuando usa Bajo este punto de vista, la disposición del concilio de Jerusalén
EKKA.T]oía refiriéndose ora a la comunidad universal, ora a las comuni- (Gál 2, 10) de que las comunidades cristianas venidas del paganis-
dades particulares. Siguiendo el empleo del AT Yde la comunidad mo deben entregar bienes para los pobres de Jerusalén debe ser con-
primitiva, llama a la comunidad universal EKKA.T]oía 'tOU 6EOU (1 Cor siderada, desde el punto de vista histórico, casi como la disposición
10,32; 11,22; 15,9; Gál I, 13). También simplemente lÍ EKKA.T]oía más importante del concilio; porque el peligro de que se perdiese la
puede designar a la comunidad universal (1 Cor 12, 28; Flp 3,6). En unidad de las comunidades era mayor que el de que las comunida-
Hechos encontramos con seguridad el singular EKKA.T]oía para la co- des cristianas de la gentilidad aceptasen la obligatoriedad de la ley
munidad universal únicamente en 9, 31; quizás también en 20, 28 veterotestamentaria. De ahí, por tanto, también el celo de Pablo
(roü icupíou); es corriente el singular tanto en Col como en Ef yen 1 por las colectas de los cristianos de la gentilidad en favor de Jerusa-
Tim 3, 5.16, en Did (en las oraciones a Dios: lÍ EKKA.. oou 9,4; 10, 5; lén (1 Cor 16, 1-4; 2 Cor 8, 9; Rom 15, 26 s.31).
además 11, 11), en Herm (lÍ áyía EKKA.. oou se. 't. 6EOU, vis 1, 1,6; 3,
4; además: sim VIII, 6, 4; IX, 13, 1; 18,2 s (r. Bsoñ) hipostatizada en 2. El que se formase y desarrollase tan pronto, de hecho, en
una figura mítica: vis 11,4, 1; III, 3, 3; IV, 1,3; 2, 2; sim IX, 1, 1 s). el cristianismo helenístico una conciencia de iglesia debemos agra-
Se encuentra también en Bern 7, 11; 2 Clem 2, 1; 14, 1-4 Yen Ign, decerlo no únicamente a los esfuerzos de Pablo, sino al hecho de
quien califica a la EKKA.. ora como uyía (santa), ora como de Dios (Tr que las comunidades helenísticas nacieron, en parte, de las comu-
2, 3), o de Jesucristo (Ef 5, 1) o de Dios y de Cristo (Phld pr.; Sm nidades sinagogales helenísticas y, sobre todo, se debió a que -lo
pr.), pero también habla de la EKKA.T]oía sin añadidura alguna (Ef 17, fueran de hecho o no- les fueron transmitidos los libros del AT
1; Phld 9, 1); se encuentra en él por primera vez lÍ Ka60A.tKi¡ como libros santos. A pesar de que la influencia del AT no fue
EKKA.T]oía (eiglesia católica universal») (Sm 8, 2). igual en todas las comunidades, sin embargo podemos decir que
Se pone claramente de manifiesto que las comunidades particu- ruvo su parte activa en todas. La literatura epistolar del NT pone
lares son una manifestación de la comunidad universal en las expre- de manifiesto que -excepto en las cartas de Juan- existe en toda
siones que se encuentran muchas veces en los saludos de entrada: 'tu ella una familiaridad de los lehores con el AT como algo asumido,
EKKA.T]oí~ (roñ 6EOU) 'tu OU01] EV... (<<la iglesia [de Dios] que está familiaridad que puede, ciertamente, ser muy variada. Lo mismo
en ... »). En lugar de: a la comunidad de Dios que está en ... (1 Cor se comprueba en los padres apostólicos, de los cuales únicamente
1, 2; 2 Cor 1, 1; Ign Ef; Mg; Tr; Phld) puede decirse también: 'tu Ignacio demuestra poco interés por el AT. Quizás existieron pron-
EKKA.. 't. 6EOU 'tu nupoucoúon ... (da iglesia de Dios que habita... ») to florilegios, es decir: colecciones de citas del AT para cada uno
(1 Clem pr.; PoI Flp pr.). de los puntos concretos de la enseñanza, tal como lo prueba la
La concepción de la prioridad de la iglesia universal respecto coincidencia de muchas citas en los diversos escritos. Escritos
de las iglesias particulares se pone de manifiesto de nuevo en la concretos, tales como Heb y Bernabé están dedicados casi por
equiparación de la EKKA.T]oía con el OWIJ.a Xptoroñ (ecuerpo de completo a la exégesis del AT.
Cristo») que comprende a todos los creyentes, tal como ha sido Si bien es verdad que existe una diferencia entre considerar al
apuntado por Pablo en 1 Cor 12, expresamente después en Col AT como un libro de oráculos empleado como prueba de unas pre-
1, 18.24; Ef 1, 22 s; 5, 23 s; 2 Clem 2, 1, pero especialmente en dicciones o como un código de doctrina moral o de ejemplos mora-
la especulación nacida ya tempranamente sobre la preexistencia lizantes o, finalmente, como documento en el que se contiene la
de la EKKA.T]oía, la cual, por tanto, precede a todas sus realiza- historia de la salvación, sin embargo, los diversos motivos actúan
ciones históricas Ef 5, 32; 2 Clem 14; Herm vis 11, 4, 1 (cf. 1, 1, juntos creando en la comunidad cristiana una conciencia de solidari-
6; 3, 4). dad con Israel y con su historia. Abrahán es también el padre de los
Esta conciencia de iglesia está presente tanto tras los esfuerzos, creyentes venidos de la gentilidad (Rom 4,1.12; 9, 7 s; Gá13, 7.29;
reconocidos tanto por Pablo como por Hech, de la primitiva co- Sant 2,21; 1 Clem 31, 2; Bern 13, 7; cf. Heb 2, 16; 6, 13), y las co-
munidad de Jerusalén por ejercer una especie de supervisión sobre munidades cristianas esparcidas por el mundo son el pueblo de las
las comunidades cristianas provenientes del paganismo, como tras «doce tribus en la diáspora» (Sant 1, 1; cf. 1 Pe 1, 1; Did 9, 4; 10,
los esfuerzos de Pablo mismo por conectar con Jerusalén a las co- 5; 1 Clem 59, 2). Son el «Israel de Dios» (Gál6, 16), la «raza elegi-
munidades venidas del paganismo y por fortalecer tal conexión. da» y «pueblo de su propiedad» (1 Pe 2, 9), EKA.OyfíC; uépoc (1 Clem
144 El kerigma de la comunidad helenística La conciencia de la iglesia y la relación con el mundo 145

29, 1), son la verdadera nsptrouú (ecircuncisión») (Flp 3, 3). Se en- ción divina mediante la bendición y el castigo, pero sin embargo
tiende así que los testigos de la fe del AT sean los ejemplos modé- nunca se realizó la elección, a no ser en excepciones tales como
licos (Heb 11); deben mirar a los piadosos del AT (úrsvtorousv slc: Abrahán, el fuerte en la fe (Rom 4; Heb 11, 8 s), David, en quien
«miraremos fijamente a ... ») (1 Clem 9, 1); los cristianos deben te- Dios tuvo sus complacencias (Hech 13, 22) Y en quien hablaba el
nerlos por compañeros (KOA-A-T\8w¡.tEV: «estamos unidos») (1 Clem Espíritu santo (Hech 1, 16; Rom 4, 6), los profetas y los piadosos,
31, 1; 46, 4). Job es el ejemplo de paciencia y de piedad (Sant 5, que sirven ahora a la comunidad como ejemplos. Pero Israel como
11; 1 Clem 17, 3), Lot y la prostituta de Rahab son ejemplo de conjunto ha sido rechazado a causa de su desobediencia e increduli-
hospitalidad (1 Clem 11 s), Abrahán y David modelos de humil- dad y sobre todo a causa de haber rechazado aJesús. La comunidad
dad (1 Clem 17 s). Cuando 1 Clem 55 ingenuamente coloca junto cristiana es el verdadero pueblo de Dios (cf. Mc 12, 1-11).
a los modelos del AT también a otras figuras tomadas de la histo- Pero esta contraposición al Israel histórico, la ruptura escatoló-
ria pagana, vemos en qué medida se ha apropiado ya la comuni- gica de la historia, no significa una dis-continuidad de la historia
dad la historia veterotestamentaria. Pero, igualmente ofrece el AT de la salvación, sino precisamente su continuidad. La elección del
ejemplos de desobediencia e incredulidad de la generación del de- pueblo de Dios, que aguardaba su cumplimiento, se convierte en
sierto (1 Cor 10, 6 s; Heb 3, 7 s), de los celos de Caín, de Esaú y realidad precisamente ahora en la comunidad cristiana, que, en
de otros (1 Clem 4; d. Heb 12, 16). Ciertamente vale este princi- contraposición al '!opai]A- Ka'rU oúpxn (<<Israel según la carne»)
pio: «Todo lo que fue escrito en otros tiempos (AT), fue escrito (1 Cor 10, 18) es el '!opai]A- roñ 8wu (elsrael de Dios») (Gál 6,
para nuestro adoctrinamiento, a fin de que nosotros, mediante la 16), cuyos miembros son los verdaderos hijos de Abrahán (cf.
paciencia y el consuelo de la Escritura tengamos esperanza» (Rom supra y Rom 9, 7 s; Gál 4, 22 s), con los cuales ha pactado Dios
15,4; cf. 1 Cor 10, 11; también Rom 4, 23 s; 1 Cor 9,9 s; 2 Tim la nueva alianza (2 Cor 3, 6 s; Heb 8, 6 s; cf. infra). Ya en el AT
3, 16). había sido anunciado de antemano el rechazo del Israel histórico
La tradición homilética de la sinagoga continúa teniendo una -tal como lo prueba la Escritura- y había sido anunciada la
influencia en el adoctrinamiento y en las exhortaciones de tal natu- nueva alianza. El culto del antiguo Israel había sido nada más que
raleza y aparecen pronto en el cristianismo primitivo también dos una representación simbólica del acontecimiento salvífica cristiano
formas típicas de predicación, que se encuentran ya en el judaísmo: (Heb 7, 10).
1. panorámicas sobre la historia del pueblo de Dios, que ponen de La dialéctica de esta relación de la comunidad cristiana con el
manifiesto la teología divina de tal historia. En el NT encontramos Israel histórico aparece expresada tanto en el concepto de la nueva
en el discurso de Esteban (Hech 7, 2-47) un ejemplo de ello, así co- alianza como en el empleo del concepto A-Uóe;. La palabra A-UÓe;,
mo en el discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia: Hech 13, 17-25 empleada raramente en la literatura posterior a Homero, se convir-
(41); 2. copilación de ejemplos en torno a una palabra guía toma- tió en los LXX en designación característica de Israel en contraposi-
dos de la historia. A tal género pertenece Heb 11; más breve: Jds 5- ción a i:8vT\ (egentes») (así también Le 2, 32; Hech 15, 14; 26,
7; contiene muchos ejemplos de esta clase 1 Clem (4-6; 7-8; 17.23). Designaba a Israel en el doble sentido, todavía indiferen-
9-10.11-12; 51, 3-5). ciado, del pueblo histórico, que era al mismo tiempo el pueblo es-
La relación de la comunidad con la historia de Israel es algo cogido de Dios. La comunidad cristiana se apropia tal denomina-
auténticamente dialéctico, ya que el proceso o paso desde los aconte- ción, en la que permanece como válida únicamente la segunda sig-
cimientos de Israel hasta el presente no son una historia continuada, nificación.
sino que el acontecimiento escatológico de Cristo supone un corte. La Las características del lenguaje que se emplea en los LXX apare-
comunidad escatológica no es por tanto simplemente la continuadora cen de nuevo en el lenguaje cristiano: A-UÓe; (epueblo») solo, en sen-
y heredera del Israel empírico-histórico, sino heredera también del tido técnico (Heb 2, 17; 13, 12; Herm sim V, 6, 2 s), el frecuente ó
Israel ideal, del pueblo de Dios, meta a cuya realización había sido A-UOe; roñ Bsoñ (<<el pueblo de Dios») (o en conexión con ¡.tOU, oou o
llamado el Israel histórico, aunque no se había dado una realización uihoue;, [«mío, tuyo o suyo»]: Heb 4, 9; 10, 30; Ap 18,4; 1 Clem
de hecho. Ciertamente era Israel el pueblo escogido, pero la elección 59,4; Herm sim V, 5, 3 o UlJ'tOU = r. uíoñ r. Bsoñ [«suyo = del hijo
se cernía sobre y por delante de él como destino y promesa. La elec- de Dios»]: Herm sim IX, 18,4), el A-UOe; liytoe; (epueblo santo») (se-
ción de Israel determinó su historia como consecuencia de la conduc- gún Dt 7, 6; Bern 14, 6; cf. i:8voe; liyta [«raza santa»] 1 Pe 2, 9), el
146 El kengma de la comuntdad helenísttca La conctencza de tglesta y la relactón con el mundo 147

A-ube; xepioúcioq (epueblo escogido») (según Ex 19, 5; Tit 2, 14; 1 Herm sim VIII, 1, 1; IX, 14, 5), o los aytot (esanros»] (Rom 8, 27;
Clem 64; cf. A-ube; de; 7tEpmoíT¡otv [«en propiedad»] 1 Pe 2,9); A-ube; 1 Cor 6, 2; Heb 6, 10; 1 Clem 56, 1; Bern 19, 10) a menudo en com-
KA-T¡POVOllíue; (epueblo de la herencias) (Bern 14, 4). Expresiones co- binación con KA-T¡'tOl aytOl (ellamados santos») (Rom 1, 7; 1 Cor 1, 2),
mo soovrct uoi de; A-UÓV (eserán mi pueblo») (siguiendo aJer 38, 33; yconorros(cf. Ap 17,14; 1 Clempr.;Jds 1).
Heb 31, 32; Heb 8, 10; cf. Ap 21, 3; Hech 18, 10), A-ul3Eiv... A-ubv Esta exc!us1Vzdad es en primer lugar contra o frente a cualquzer
'té¡> DVÓIlU'tt uu'tOu (etomar... pueblo para su nombre») (Hech 15, culto no cristiano. Ya que esto es algo evidente no aparece men-
cionado. El o ... o ... se halla formulado en 2 Cor 6, 14; 7, 1; 1 Cor
14), f:'tOlIlÚ~EW f:uu'té¡> A-UÓV (<<procurarse un pueblo») (Bern 3, 6; 5,
10, 1-22 17 lucha contra la EIOWA-OA-U'tpíu (eidolatrías) entendida co-
7; 14, 6). El anuncio profético de Os 1, 10; 2, 23 (Heb 2, 1.25) de
mo participación en el culto pagano. En otras partes se menciona la
no-pueblo que debe ser convertido en pueblo ha sido aplicado en
Rom 9, 25; 1 Pe 2, 10 a los cristianos venidos de la gentilidad; dOWA-oA-u'tpíu (o: dowA-oA-ú'tpT¡e;) únicamente junto a otros vicios con
igualmente en 1 Pe 2, 9 la promesa de Ex 19, 5 s. los que nada tienen que ver los cristianos (1 Cor 5, 10 s; 6, 9; Gál 5,
La idea de la nueva alianza, basada en el sacrificio de la muerte 20; 1 Pe 4, 3; Ap 21, 8; 22, 15; Did 3, 4; 5, 1; Bern 20, 1); ella
de Cristo, ha SIdo concebida evidentemente antes de Pablo, tal co- pertecene al 7tUpEA-T¡A-UeWe; xpóvoe; (stiempo presenre») (1 Pe 4, 3;
mo aparece en las palabras de la liturgia de la cena del Señor, que él Bern 16, 7; 2 Clem 17, 1), y es característico que -como ocurre en
recibió (1 Cor 11, 25). Esta idea, ya testimoniada, de que la concep- el judaísmo-:-: se ha cambiado la significación del concepto y se apli-
ción del evento escatológico está orientada a la comunidad concebi- ca a otros VICIOS (Col 3, 5; Ef 5, 5). Es cierto que hubo corazones
da como pueblo de Dios es para Pablo tan importante (2 Cor 3, 6 s; pusiláni~es. que de~lararon co~o prohibido incluso probar carne
Gál 4, 24) como lo es para el autor de Heb (8, 6; 9, 15; 12, 24), que ?a.b~~ SIdo ofrec~da a los dioses (Ap 2, 14.20; Did 6, 3) y esta
quien en 8, 10 s cita con todo detalle la promesa, válida para el prohibición es el pnmer precepto del llamado decreto apostólico
A-uóe; de Dios, de la nueva alianza deJer 38,31 s (Heb 31,30 s) 16. (Hech 15, 20.29; 21, 25). Pero tal mandamiento no logró imponer-
La idea de la alianza juega un papel importantísimo en Bern; se y ~ab~o ~ que trat~ ~sta cuestión en 1 Cor 10, 23; 11, 1, dice que,
ciertamente en una sorprendente modificación, en la medida en e~ J?nncIplO, el partrcipar de los dowMeU'tov (eidolocitos») está per-
que el autor afirma que Israel en el fondo no tuvo jamás una mitido.
alianza con Yahvé ya que aquél por su idolatría había imposibili- 9ueda prohibido -como ya en el judaísmo- cualquier tipo de
tado desde un principio la alianza que le había sido ofrecida en el magia q>UPIlUKEíu (Gál 5, 20; Ap 21, 8; 22, 15; Did 2,2; 5, 1; Bern
Sinaí (4, 6-8; 14, 1 s). El no habla, por tanto, de «nueva» alianza, 20, 1) o IlUYEíu (Did y Bern); a la magia pertenecen las llamadas a
sino únicamente de la única alianza (13 y 14), que no tuvo validez los de~onios, que, según la opinión judea-cristiana primitiva, son,
ciertamente para el 7tp<1l'tOe; A-UÓe; (eprimer pueblo») (13, 1), sino en realidad, los seres venerados en la dOWA-oA-u'tpEÍu (eidolatría)
para la comunidad cristiana como A-ube; KUWÓe; (epueblo nuevo») (1 Cor 10, 20 s; Bern 16, 7).
(5,7; 7, 5).
4. Lo exclusivo de la iglesia es, sobre todo, la separaczón del
3. La conciencia de iglesia contiene la conciencia de excluszvz- mundo entendzdo como la esfera de la zmpureza moral y delpecado.
dad y delzmztaczón frente al mundo, que se documenta en primer La comunidad es el templo santo de Dios, separada de todo lo mun-
lugar en el hecho de que los atributos de la comunidad escatológr- dano y pecador (1 Cor 3, 16 s; 2 Cor 6, 16; Ef 2, 21 s; Ign Ef 9, 1;
ca (§ 6, 2) se los apropió el cristianismo helenístico. Los creyentes
son llamados EKA-EKtoí (eelegidos») (Rom 8, 33; 2 Tim 2, 10; 1 Pe
17 L~ conrradrccrón existente respecto de 1 Cor 8, 7 s, según la cual se prohíbe la
1, 1; 2, 4) o KA-T¡'toí (ellamados») (Rom 1, 6; 1 Cor 1, 24; Jds 1; parncrpacion en las comidas cultuales paganas únicamente por consrderación a los «dé-
Bern 4, 13) o KEKA.llIlÉVOl (einvitados») (Heb 9, 15; 1 Clem 65, 2; brles», se aclara por el hecho de que 1 Cor 10, 1-22 provIene de la carta precanóruca de
Pablo a los connnos mencionada en 1 Cor 5, 9 Al parecer. Pablo había oído que
miembros de la comunidad parncipaban en comidas cultuales paganas y presuponía
16 Los «esenios» del Escnto de Damasco se descnben a sí mismos como la co- que se pensaría que tal parucipacrón era una veneración de las drvimdades paganas
murudad de la «nueva alianza », CIertamente con la conciencia de ser la comUnidad Lo~ encart~dos respondían que tal presupuesto era falso y que ellos, que poseían la
de los ülnmos tiempos Sm duda nmguna tenemos aquí un paralelo de la autocon- yv<om~ tenían tales EÍOOA.ll por mexistentes y que, en consecuencra, podrían participar
ciencia de la comunidad pnmitrva cnstiana tranquilamente en tales corrudas Pablo responde a esto con 8, 1-13, 10, 23, 11, 1
148 El eerigm« de la comunidad helenística La conciencia de Iglesia y la relación con el mundo 149

Mg 7, 2), es la OtKOe; 1tVEUJ,.tU'tlKÓe; (ecasa espiritual») de Dios (1 Pe 2, K-:t1;;óJ,.tEVOt: «hemos sido hechos nuevos, creados de raíz»). O como
5; cf. 1 Tim 3, 15; Heb 3, 6; 10, 21; Herm sim IX, 13,9; 14, 1). dice 1 Pe 1, 23: avuYEyeVVT\J,.tlÍvOt (ehemos nacido de nuevo»).
En realidad, la comunidad escatológica no pertenece ya al mundo Cuando 1 Pe llama a Dios uvuyeVVlÍoue; lÍJ,.tí'ie; de; EA1tíou 1;;roouv
perecedero. Sus miembros no tienen aquí patria alguna; su 1toAín:u- (eaquel que. nos re~ngendró a la esperanza viva») (1 Pe 1, 3), se po-
J,.tU (ederecho de ciudadanía») se encuentra en el cielo (Flp 3, 20), su ne de manifiesto Justamente esa paradoja: nosotros somos lo que
1tÓAte; es la futura (Heb 13, 14). Aquí, en este mundo, se en- somos en la esperanza. Porque ésta es la otra cara de la situación
cuentran ellos en el extranjero, como peregrinos. cristiana: a pesar de que por una parte puede emplearse el indicati-
Los cristianos están en este mundo E1tt ~ÉVT\e; (ecomo extranjeros»), vo del ser santificado y purificado, sin embargo, mientras se mueve
como Herm sim I, 1 detalla ampliamente. Son 1tupe1tíoTlJ,.tOt (extran- en este mundo se halla bajo el imperativo. Si por una parte se en-
jeros, huéspedes de paso, 1 Pe 1, 1; 2, 11), 1tÚPOtKOt (no ciudadanos cuentr<1; separado de ~u pasado y de su entorno, por la otra, debe
de pleno derecho 1 Pe 1, 17; 2, 11; 2 Clem 5, 1; más tarde Dióg 5, 5; tratar SIempre de realizar de nuevo esta separación. Se exhorta a los
6, 8, quien trata el tema con todo detalle en el cap. 5). De ahí que puros y a los santificados: KueupíoffiJ,.tev tuu'tOue; a1tO 1tUv"Coe; J,.tOAUO-
pueda una comunidad local ser designada como 1tUPOtKOUOU (eresi- uoñ OUpKOe; KUt 1tVEÚJ,.tU"COe; E1tt"CeAouV'tee; áytffiOÚVT\V EV q>ól3ffi 8wú
diendo en el extranjero») en su lugar particular (1 Clem pr.; PoI Flp (epurifiquémonos de toda mancha de la carne y del espítiru, consu-
pr.). El motivo fundamental de Heb puede compendiarse en: «el mando la santificación en el temor de Dios») (2 Cor 7, 1). Vale la
pueblo de Dios peregrino» (así E. Kasernann en el libro que lleva el recomendación- de no modelar la vida de acuerdo con las concupis-
mismo título); temáticamente se aborda en Heb 3, 7; 4, 13 cuando se cencias de los tiempos en que eran paganos (1 Pe 1, 14), J,.tTlKÉn ns-
compara a la comunidad cristiana con Israel que peregrina hacia la pmurslv Ku8ú:>e; KUt "Ca eeVTI (eno viváis ya como viven los gentiles»)
tierra prometida. De otra manera se la compara también con la si- (Ef 4, 17), sino «sed santos» y «llevad una existencia en el temor de
tuación de Israel: cuando se designa a la comunidad como encontrán- Dios en el tiempo de vuestro peregrinar» (1 Pe 1, 15-17). Dios
dose en la diáspora (Sant 1, 1; 1 Pe 1, 1). quiere la santificación; a ella nos ha llamado (áytaoJ,.toe; [esantifica-
Así tiene valor el «ceñirse la cintura» para caminar (1 Pe 1, 13; ción»] 1 Tes 4, 3.7). Sigue valiendo lo de «mantenerse incontami-
PoI Flp 2, 1). La paradoja de la situación cristiana, tal como Pablo la nado del mundo» (Sant 1, 27; 2 Pe 3, 14). Igualmente tiene su va-
caracteriza como la situación entre un «ya» y un «todavía no» (Flp 3, lor «conservar el bautismo pura e inmaculadamente» (2 Clem 6, 9;
12-14), encuentra su expresión en tales fórmulas. Pablo, empero, ha cf. 7, 6; 8, 6). Lo que se ha puesto como principio hay que reali-
empleado una fórmula breve, en la que se describe todo lo que zarlo en la práctica: vsxpóoure oúv "Ca J,.tÉATI "Ca É1tt "Cf¡e; yije; ...
otros expresan en una gran variedad de frases. a1teKOUOÚJ,.teVOt "COV 1tUAUtOV aV8pffi1tOV OUV "CUte; 1tpú~eatv UIJ'tou Kul
Porque, por una parte, la conciencia escatológica eclesial se sabe ÉvouoúJ,.tevOt "COV vÉOV "COV o.VUKUtvOúJ,.tevov... (emortificad vuestros
separada del mundo, de «este eón», de su propio pasado o de su en- miembros terrenos ... despojaos del hombre viejo con sus obras y
torno. Los cristianos han sido santificados y purificados (§ 9, 4), ya revestíos del hombre nuevo, que se ha renovado ... ») (Col 3, 5.9 s)
que Cristo ha obrado KUeUptOJ,.toe; "Crov áJ,.tup"Ctrov (da purificación de o: U1tOeÉoeUt úJ,.tí'ie; KU"Co. "CT]V nporépuv o.vuo"Cpoq>T]V róv 1tUAUtOV
los pecados») (Heb 1, 3). Por medio del bautismo cada individuo ha aVepffi1tOV ... o.vuvwuoeat BE "Cé!> 1tveúJ,.tu'tl 'tOU vooc úJ,.trov KUl. Év8úou-
quedado purificado (Ef 5, 26); es el baño del renacimiento y de la OeUt "CÓV KOtVOV áVepffi1tOV "COV KU"Co. Oeóv K'tlOeÉV'tU ... (ea despoja-
renovación obrada por el Espíritu santo: Aompov 1tUAtyyevEoíue; KUt ros, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo ... , a reno-
o.VuKUtv<boeffie; nvsúuuroc; áyíou (ebaño de regeneración y de renova- var el espíritu de vuestra mente y a revestiros del hombre nuevo
ción del Espíritu santo») (Tit 3, 5). Así como para Pablo el aconteci- creado según Dios ... ») (Ef 4, 22-24). Los que son nueva creatura
miento salvífico es una nueva acción creadora y el cristiano es una deben recordar: o.VUK"Cíouo8e tuu"Coue; Év 1tío"Cet (Ign Tr 8, 1). Los
nueva creatura (2 Cor 5, 17), así significa para Bernabé el cumpli- que han sido llamados de las tinieblas a la luz (1 Pe 2, 9) deben:
miento de la promesa: tOOU 1tOtro "Ca eoxu"Cu roe; tú 1tpro"Cu (ehe aquí «despojarse de las obras de las tinieblas y vestir las armas de la luz»
que hago las cosas últimas como las primeras»), es decir, una nueva (Rom 13, 12 s; 1 Tes 5, 4 s). En medio de una generación corrom-
creación, que Dios nos ha renovado mediante el perdón de los peca- pida y equivocada deben brillar los cristianos sin mancha y con ful-
dos (úvcxuwíouc) y nos creó de nuevo: tOe oúv lÍJ,.tde; áVU1tl;1tAÚO- gor (Flp 2, 15) Y destacarse de los paganos por su buena conducta
J,.teeu (6, 11.13 s; cf. 16, 8: EyevóJ,.tEeU xmvot 1tÚAtv E~ upxf¡e; (1 Pe 2, 12). Se trata de salir de la «bodega» hacia Cristo, es decir,
El kerigma de /a comunidad helenística La conciencia de iglesia y /a re/ación con el mundo 151
150

del mundo hacia Cristo (Heb 13, 13). Se nos dice: KataAEí'llaVtEe; zas, si bien es verdad que ya desde un principio es grande la descon-
ti]v nnpoucíuv tOU KÓCJ¡tOU tOÚtOlJ norúorousv ro 8ÉAr¡¡tU totí fianza existente contra la riqueza (1 Tim 6,6-10; Heb 13, 5; Sant 5,
KaAÉCJaVtOe; 1Í¡tue; Kat ¡ti] qJ013r¡8W¡tEV E~EA8Eiv EK roü KÓCJ¡tOlJ tOÚtOlJ 1-6 Y especialmente Herm).
(<<abandonando la residencia en este mundo cumplamos la voluntad Naturalmente que la fuerza de tales exhortaciones se fortalece
de quien nos llamó y no temamos salir de este mundo») (2 Clem 5 mediante la alusión al final ya inmediato de este mundo (por
1), Yesto significa: óoíox; xul Ó1Kaí(¡)e; uvaCJtpÉqJw8ar Kat ta KOCJ¡tlK: ejemplo: Rom 13, 11 s; 1 Tes 5, 1 s; 1 Pe 1, 5 s; 4,7; Heb 10, 25 s;
a ruütu roe; uAAótpra TtYElCJ8Ul Kat ¡ti] f:7tl8lJ¡tEiv autwv (eandar en jus- Did 16; Bern 21,3; Ign Ef 11, 1; PoI 3,2; Herm vis II, 3,4). Pablo
ticia y considerar las cosas mundanas como tierra enemiga y no ten- espera vivir la parusía de Cristo en compañía de muchos de sus con-
gamos deseo de ellas») (2 Clem 5, 6; para UAAótPlOV, cf. Ign Rom temporáneos (1 Tes 4, 17: 1Í¡tEle; oí ~WVtEe;, oí 7tEP1AEt1tÓ¡tEVOl [«no-
pr.; Herm sim I, 3, 11). El eón futuro y el presente son enemigos, sotros los que vivimos, los que quedamos»]) (cf. 1 Cor 15, 51) y na-
por tanto, óEi 1Í¡tuC; tOÚt<¡) u7tota~a¡tÉvoue; EKEív<¡) XPUCJ8Ul (edebe- turalmente no ha sido sólo él quien ha pensado así. Sin embargo, a
mos renunciar a éste, querer aquél») (2 Clem 6, 3-5). medida que el tiempo va pasando se hace más evidente que la
No es extraño que en la esfera del helenismo se emplease ya parusía no llega y se siente la necesidad de fortalecer todo lo refe-
muy pronto la ascesis como medio para separarse del mundo, ya rente a ella mediante la exhortación a la paciencia (Sant 5, 7 s; Heb
que el helenismo conoce un movimiento ascético de este tipo. Na- 10, 36 s), incluso se siente la necesidad de combatir la duda (2 Pe 3;
turalmente que aún no nos encontramos dentro de la ascesis cuando 1 Clem 23; 2 Clem 11 s). Será necesario advertir no sentirse como
se pone la prohibición de no comer carne consagrada a los dioses fíór¡ ÓEÓ1KUlffi¡tÉVOl Ivu ¡tlÍ7tOtE E7taVa7tauó¡tEvOl roe; KAr¡tOt
E7tlKa8u7tvroCJffi¡tEV tale; <Í¡taptíUle; 1Í¡twv (eya justificados, para que
(Hech 15,20.29; 21, 25; 1 Cor 8-10; Ap 2, 14.20), ni tampoco un
no descansemos como llamados y durmamos en nuestros pecados»)
ayuno que debe fortalecer la oración (Hech 13, 3; 14, 23; 1 Cor 7,
(Bern 4, 9s.13). No resuenan ya las exhortaciones a ypr¡YOPElV (evigi-
5; Did 1, 3), o que debe preparar para la recepción de la revelación
lar») y V1ÍqJElV (eser sobrios») (§ 9, 3).
(Hech 13, 2; Herm vis II, 2, 1; III, 1, 2) o el ayuno regular dos días
de la semana (Did 8, 1). Ciertamente que Did 6, 3 combina la En la medida en que muchos se ven envueltos en M8r¡ tOU
prohibición de comer carne consagrada a los dioses con la continen- Ka8aplCJ¡toi) tWV 7táAUl uüroü <Í¡tapnwv (<<el olvido de la purificación
cia ascética. Ascética de alimentos en principio'(abstención de carne de sus pecados pasados») (1 Pe 1, 9), en esa medida crece el tono de
y de vino) se encuentra en la UCJ8EVEiC; (Rom 14) que Pablo trata con la exhortación a la realización del ser cristiano: Ka8apíCJatE XElpae;,
tolerancia. No está claro en qué medida las exigencias de abstención <Í¡taptffiAOí, Kat <ÍyvíCJatE Kapóíae;, ó(nllUXOl (epurificaos, pecadores,
condenadas por Col 2, 16 s son verdaderamente ascesis y no puros las manos; limpiad los corazones, hombres irresolutos») (Sant 4, 8).
mandamientos rituales inocuos. Encontramos, en primer lugar, el Y mientras que Heb 6, 4 s advierte: UÓÚvatOV oo. roü; oo.
caso de los falsos doctores a los que combate 1 Tim 4, 3 (cf. Tit 1, 7tapa7tECJóVtae; 7táAlV uvaKalVí~ElV de; usrúvoinv (ees imposible ...
15), los cuales propagaban también la ascesis sexual. La ascesis se- que quienes ... cayeron, se renueven otra vez mediante la peniten-
xual es incluso para Pablo un ideal (1 Cor 7, 7). En las aludidas pa- cia»), 1 Jn L, 7.9 exhorta a la confesión constante de los pecados con
labras de Did 6, 2 se recomienda claramente y se piensa lo mismo la alusión a la sangre de Cristo que nos purifica. Mientras que para'
de la enigmática frase de Did 11, 11. En cualquier caso, el ideal de 1 Y 2 Clem es evidente que la penitencia acompaña siempre a la vi-
la castidad según Ap 14, 1-5; 1 Clem 38, 2; 48, 5; Ign PoI 5, 2 da cristiana, según Herm, Dios ha abierto ahora una última oportu-
tiene un gran prestigio y 2 Clem 12; 14, 3 hace propaganda a favor. nidad, nueva y última, para hacer penitencia y por tanto la posibili-
dad de una nueva uvaKaívffiCJle; o uvavÉffiCJle; (erenovación») (vis III,
Ya en 1 Cor 7, 25.36 s se presupone una forma especial de ascesis
8, 9; 13, 2; cf. vis III, 12, 3; sim VIII, 6, 3; 14, 3). Así resuena de
sexual: aquel matrimonio espiritual en el que viven juntos ascesis y nuevo la exhortación: Ka8áplCJóv cou ti]v Kapóíav U7tO 7táVtffiV ¡tE-
virginidad 18. Un cuadro sugestivo de esto nos ofrece Herm sim IX, tuiouúrrov tOU aíwvoe; tOÚtOU (epurifica tu corazón de todas las vani-
11. En un principio no se hace hincapié en la renuncia a las rique- dades de este siglo») (mand IX, 4; sim V, 3, 6; cf. vis III, 8, 11;
mand IX, 7; XII, 3, 4; 6, 5; sim VII, 2; VIII, 11, 3).
18. Así también J.J. von AUmen, Marzs et femmes, 1951, 14. De manera di- Se crean formas estereotipadas de exhortación. Los dioses de los
ver~a,naturalmente, W. G. Kümme1, Neutest, StudienfürR.ud. Bultmann, 21957, paganos son uárutot (evanos») (Hech 14, 15 siguiendo el lenguaje
quien es de la opinión de que en 1 Cor 7, 36-38 se trata de una pareja matrimonial.
La conciencia de la iglesia y la relación con el mundo 153
152 El kerigma de la comunidad helenística

de los LXX); la uvuO'tpOQJ1í (econducta») pagana es una uuruín (eva- 1táal1e; Ém8u¡..Líue; 1tOVl1PUe; (ede todas estas cosas, de toda apetencia
nidad») (1 Pe 1, 18); su m:pmu'tEtV (ecaminar») es un caminar ev ¡..LU-
mala») (Herm vis I, 2,4; cf. III, 8, 4; mand XI, 8; XII, 1, 3; 2, 2),
de las epyu roñ 8tU~óA.oU (<<obras del diablo») (mand VII, 3 yen re-
rmórrrn («en vanidad») (Ef 4, 17; cf. Rom 1, 21); su eStávotu
ferencia con vicios particulares: Herm mand II, 4; III, 5; IV, 1, 3.9;
(emente») está oscurecida lJno 't&v E1tt8u¡..Lt&v 't&V unruíorv (<<por las V, 1, 7; 2, 8; IX, 12).
concupiscencias de las vanidades») (2 Clem 19, 2); de la misma ma- Así como Pablo en Rom 13, 12 exhorta: ano8Éa8Ut epyu roü
nera sirve el concepto uúrrnov como característica del mundo o de oxóroix (edespojémonos ... de las obras de las tinieblas»), así se dice
mundanidad. 1 Clem exhorta a la renuncia a las KEVU1. KU1. uúruun en Col 3, 8: VUVl. eSE anó8Ea8E KU1. lJ¡..LEte; 'tu 1táv'tu (emas ahora de-
<pPOV'tíeSEe; (epreocupaciones vacías y vanas») (7,2) Y a la untrnunovín sechad también vosotros todo esto») (viene a continuación un catá-
(etrabajo vano») (9, 1). PoI Flp exhorta a la renuncia a la uurmórnc logo de vicios); de forma semejante en Ef 4, 22 (cf. supra). CE. ade-
't&v noA.A.&v (evanidad de todos») (7, 2) Y a la KEVl1 ¡..Lu'tutoA.oyíu más Ef 4,25; 1 Pe 2,1; Sant 1, 21; Heb 12,1; 1 Clem 13,1; 57, 2;
(evacía vanilocuencia») (2, 1). Bern grita: <PÚYffi¡..LEV ano náal1e; 2 Clem 1, 6.
uurmórnrot; (ehuyamos de toda vanidad») (4, 10). Herm habla de El correlativo positivo a ano8éa8ut («despojarse») es en Rom 13,
bnflu¡..Líu uurnín (<<concupiscencia vana») o de E1tt8u¡..LíUt uúruun 'tOU 12 evOtíaua8Ut (erevestirse») de las «armas de la luz» (Cl1tA.U 'tOU
ui&voe; 'tOÚ'tOU (econcupiscencias vanas de este siglo») (mand XI, 8; corróc), una imagen expresiva que aparece también en Ef 6, 11.14;
XII, 6,5) y exige la purificación de las ¡..Lu'tUt(Í)¡..Lu'tu roü ui&voe; 'tOÚ'tOU 1 Tes 5, 8 Y como metáfora real Col 3, 12. Del evOtíaua8Ut (ereves-
(evanidades de este siglo») (mand IX, 4; sim V, 3, 6). tirse») del hombre nuevo en contraposición al a1tEKOtíEa8Ut del viejo
Así como el caminar de los paganos es un caminar en bn8u¡..LíUt habla Col 3, 8 s, en combinación con la metáfora de a1to8éa8Ut
(<<concupiscencias») (Rom 1, 24; Tit 3, 3; 1 Pe 1, 14) asíla Em8u¡..LíUt se (edespojarse»), mientras que Ef 4, 22-24 mezcla ambas expresiones.
convierte en marca distintiva del mundo; los paganos son llamados Especialmente querido es (ya empleado en el AT y en el judaísmo)
KOa¡..LtKUí (emundanos») (Tit 2, 12; 2 Clem 17,3) o oupxucuí (ecarna- el metafórico evOtíEa8Ut (erevestirse»] de Hermas, por ejemplo:
les») (1 Pe 2,11; cf. Gál5, 16.24; Ef 2,3) o ouoxucnt KU1. ocounruccí mand I, 2: U1tO~UA.ete; nñonv novnpíuv ano aEUU'tOí) KUl. evOtíal]
(ecarnales y corpóreos») (Did 1, 4). 1Jn 2, 16 s compendia a los dos: 1tuauv apE'tl1v eStKUtoaúvne; (earroja todo mal de ti y revístete de toda
nuv ró EV 't<'9 Kóa¡..LqJ, f¡ E1tt8u¡..Líu 'tile; oupxót; ... EK 'tOU Kóa¡..LOU Ea'tív. virtud de justicia»); cf. además vis IV, 1, 8; mand II, 3 s; V, 2, 8;
KUl. Ó KÓa¡..LOe; nupáYE'tUt KU1.f¡ Em8u¡..Líu uu'tOU (etodo lo que hay en el IX, 7.10; X, 3, 1.4; XI, 4; XII, 1, 1; 2,4; sim VI, 1, 2.4; 5, 3;
mundo, la concupiscencia de la carne ... viene del mundo. El mundo VIII, 9, 1; IX, 29, 3. Igualmente también Ign PoI 1, 2.
y sus concupiscencias pasan»). Si bien es verdad que los cristianos pueden ser caracterizados co-
La preocupación es pariente de la avaricia. Así como Pablo advierte mo a1to<puyóV'tEe; 'tile; é» KÓa¡..LqJ ev em8u¡..Líg <p8opue;, U1to<puyóvn:e; 'tU
de ¡..LEpt¡..LVUV 'tU roü KÓa¡..LOU (1 Cor 7, 32-34), así 1 Clem 7, 2 advierte uiéouuru roñ KÓa¡..LOU (2 Pe 1,4; 2, 20), con todo, una y otra vez se
de las KEVU1. KUl. ¡..Lá'tUtUt <PPOV'tíeSEe; (evacías y vanas preocupaciones»). exhorta a <PEÚYEtV (ehuir»), Objeto de la maldición son la deSffiA.O-
Las preocupaciones enredan en ~tffi'ttKU npáy¡..Lu'tu (easuntos A.u'tpíu (eidolatrfa») (1 Cor 10, 14), la nopvstu (efornicación») (1 Cor
mundanos») (Herm vis III, 11, 3; mand V, 2, 2), o ~tffi'ttKu1.1tpáSEte; 6, 18), el vicio de la avaricia (1 Tim 6, 11), las vaorrspucot em8u¡..Líut
(enegocios mundanos») (Herm vis I, 3, 1), en las 1tpuY¡..Lu'tEÍUt 'tou (eapetencias juveniles») (2 Tim 2, 22), toda clase de vicios (1 Clem
ui&voe; 'tOÚ'tOU (eocupaciones de este siglo») (Herm mand X, 1, 4; 30, 1), la uaÉ~EtU (eimpiedad») (2 Clem 10, 1). Con valor equiva-
cf. vis III, 6, 5; sim VIII, 8, 1 s: IX, 20, 1 s), y contra ellas van las lente suelen emplearse a1toA.Eí1tEtV (eabandonar») (1 Clem 7, 2; 9, 1;
exhortaciones de Hermas, libro que es totalmente una predicación 28, 1; PoI Flp 2, 1; 7, 1) Y Ku'tUA.EÍnEtV (edejar de lado») (2 Clem 5,
de penitencia contra la secularización del cristianismo. 1; 10, 1).
También la postura frente al mundo es descrita en expresiones Nacen otros dos tipos de predicación cristiana (cf. supra) en los
estereotipadas. Un término muy usado es anéXEa8Ut (ealejarse, que se describe la novedad del ser cristiano en contraposición al pa-
huir»): ano xopvéu«; (ede la fornicación») (1 Tes 4, 3), a1to 1tUv'toe; sado mundano según el esquema «entonces» - «ahora»: 1. entonces
deSoue; novnpoü (ede todo género de mal») (1 Tes 5, 22), 't&V estaba el plan (el plan de la salvación) oculto; ahora se ha manifes-
aUpKtK&V Elttflu¡..Lt&v (ede las apetencias carnales») (1 Pe 2, 11; cf, tado. El motivo se encuentra en primer lugar en 1 Cor 2, 7 s, des-
Did 1, 4), náal1e; aeStKíue; (ede toda injusticia») (PoI Flp 2,2); o, se- pués en Col 1, 26 s; Ef 3,4 s; 9 s; suena en 2 Tim 1, 9 s; Tit 1, 2 s;
gún un catálogo de vicios PoI Flp 5, 3: ano 1táV'tffiV roútrov; ano
La conciencia de sglesta y la relaaá» con el mundo 155
154 El kerzgma de la comuntdad beienisuc«

está devaluada, aun cuando es verdad que uno y otro conciben el


SIrve para la parénesis en 1 Pe 1, 20 Y entreteje la doxología de «espíntu», que es la contraposición a lo sensrble, de manera diversa
Rom 16, 25 (no paulma) 19 2 En otro tiempo, gentiles hundidos Mouvos de ambos géneros pueden fundamentar una ascesis que di-
en la oscundad y en el VICIO, ahora, ilurnmados y punficados por fiere fundamentalmente de la desmundanrzación escatológica (cf
DIOS Este m?tIvo ha SIdo preformado en Pablo Rom 6, 17 s, 7, 5 supra 4) Así como ya en Pablo el motivo ascético se combina de
s, 11,~ 30, Gál 4, 3 s, especialmente 1 Cor 6, 9 s en conexión con una forma peculiar con el rnotrvo escatológico (especialmente 1 Cor
el catalogo de ViCIOS Se encuentra también en Col 3, 5 s, Tit 3, 3
7), así también en Hermas, cuando, por ejemplo en SIm V, 7, 1
s, cf 1 Pe 4, 3 s, sin catálogo de VICIOS en Ef 2, 1 s 11 s, 1 Pe 2,
exhorta rnv OUPKU oou ruurnv <puA.uom; Ku8upuv Km UlltUV'tOV
25 En 2 Clem puede verse cómo este esquema se desarrolló en la
(eguarda esta tu carne pura e mcontammada») o en 2 Clem que
predicacrón del momento 20
exhorta Igualmente rnoncurs rnv OUPKU ÚYVllV KUt rnv O<ppuyibu
(el bautismo) ao1ttA.OV (eguardad la carne santa y el sello [bautismo]
5 La conciencra de iglesia y la conciencra de separación escato-
sin mancha») (8,46) y es sorprendente que presenta Ideas poco cla-
lógica podemos designarlas como un dualtsmo es el dualismo esca-
tológico de la tradicrón Judía A pesar de que se halle contenido en ras sobre la EYKpu'tetU (<<contmenCla») que se ejerce frente a la oup~
ella el motivo cosmológico de la espera de la gran catástrofe cósmica (14, 3-5, 15, 1) Sobre todo en Ignacio esta influencia es clara Pero
del fin de los tiempos, sin embargo, no hay en ello un interés espe- de ello hablaremos más tarde
culanvo por la cosmología Surge, con todo, la pregunta de SI se Podríamos decir que entre la conctencta de tgiesia, que incluye la
mantendrá la pureza del rnotrvo escatológico y de SI no ocuparán su conciencra de su separación del mundo y la conciencia de los gnóstt
lugar especulaciones cosmológicas Toda vez que a la conciencia es- cos, que presenta una comunidad aunada por una rrustenosa uru-
dad, pero extraña frente al mundo, existe una cierta analogía Y de
catológica corresponde una postura negativa frente al mundo, la
hecho, como veremos más tarde, la conciencia de unidad eclesial
postura de u1tqeoSat (ealejarse»), de <peuyetv (ehuir»), surge de
que presenta el evangelio de Juan ha estado mfluenciada por la gno-
nuevo la pregunta de SI esta separación escatológica respecto al mun- SIS, también Heb pone de manifiesto cómo puede unrrse la
do se entenderá como una desrnundaruzación posrtrva o SI es pura comprensión de la existencra cnsuana que existe en lo eclesial-
postura negativa frente al mundo, nacida de la esperanza de que escatológrco y en lo gnóstico (§ 15) Sin embargo, falta en la gnosis
quien ahora huye del mundo será abundantemente compensado por lo específico de la concrencia eclesial ambas se disnnguen entre sí
su renuncra con los bienes futuros celestiales En la srtuación concre- por el conocmuento que tienen acerca de la solrdandad con la histo-
ta existia para el cnsnarusmo prrmmvo la posrbihdad de que la con- na del pueblo de DIOS y por su ligazón con el documento de la hIS-
ciencia escatológica de la separación del mundo se mezclase con tona de la salvación, el AT En este punto existe, naturalmente, una
otros motrvos fundantes de una postura negativa frente al mundo o analogía con las comunidades smagogales, por lo demás, la concren-
que incluso éstos desplazasen a aquél Pudieron haber mfluido tdeas era eclesial-escarológrca es algo totalmente nuevo en el helenismo
estoicas y pudieron ser fácilmente punto de contacto su lucha contra Naturalmente que habrá un cambio en la rnedrda en que se pasa de
la E1ttSUlltU (econcupiscencia»}, y su exhortación a u1teJ(eoSm (erenun-
la conciencra de ser el 'lo PUllA. 'tOU Bsoü (dsrael de DIOS»), el A.UOC;
ciar») y a UA.A.o'tptU lÍyeioSm (etener como inúul»), la última expre-
'tOU Seou (epueblo de DIOS»), al concepto de verse como el rprrov
sión, al menos en cuanto térrnino, pone de relieve la mfluencra
vsvoc; (erercera raza»), frente a los gnegos (paganos) y frente a los
estoica 21 Además pudieron mfluir también motzvos del dualzsmo
Judíos Encontramos la expresión por pnmera vez en Ker Pe 2 ru
gnásttco, mcluso en conexión con los estotcos, ya que tanto para el
yup 'EA.A.llVÚ>V KUt 'Iouóuuov 1tuA.mu, lÍlleic; be oí KUtv&C; núrov (se
gnOStIClSmO como para la estoa la esfera de la carne y de los sentidos
rov Bsóv) rpmo yevet csüouevoi Xpio nuvot (dos gnegos y Judíos per-
tenecen al pasado, nosotros, los cnstianos, veneramos ahora a él res
decir, a DIOS] de una manere nueva») Pero aquí rpmo vsvst sigrufica
19 Para este tipo cf R Bultmann Comect Neotest XI (Fetschr f A la manera de dar culto a DIOS y no significa, como más tarde, la
Pndncbsen), 1947 10 12
20 Respecto a los dos npos mencionados y de otros cf N A Dahl Neutest cnstiandad 22 La srgurente cuestión es cómo se resolverá el proble-
Studten f R Bultmann 21957 39
21 Cf M Dibehus Erganzungsbd zum Hdb z NT zu Herm stm 1 1 Sim 1 22 Cf A von Harnack MIsswn u Ausbreltung 1 3238 267
ha Sido escnto dentro del estilo de la dratnba CIOICO estoica
La retaaán con el Judaísmo y el problema del AT 157
156 El kengma de la comunzdad helenística
Rad, Teología del AY, 4 1978 , ) Quasten, Patrología, 31978, G Theissen,
ma, que surge de la conciencia de ser la comunidad cnstiana el Soctologia del movlmzento de Jesús, 1979
verdadero Israel, de la relación con el judaísmo y cómo será enten-
dida la autoridad del antiguo testamento. 1. La reiacion con el judaísmo significa para el cristianismo
helenístico en primer lugar su relación con la forma de crtsttantsmo
judío tal como lo vivió la comunidad primitiva en Palestina. Por-
que ésta no se había desligado del judaísmo (§ 8, 1) Y no había
§ 11. LA RELAC1ÓN CON EL JUDAÍSMO Y EL PROBLEMA DEL AT
cortado el lazo que unía a la comunidad escatológica con el pueblo
judío. Para ella era un principio evidente que si un no judío
Cf brblrografía a § 8 Y a § 8, 2 Aparte de esto R Knopf, Das naehapostolzsehe
quería pertenecer a la comunidad debía circuncidarse y colocarse
Zeaaiier, 1905, 346-369, H Wenschkewltz, Die Sptntualtsterung' der Kultus-
bajo la ley, es decir, que tenía que hacerse judío (§ 8, 2). En
begrtffe Tempel, Pnester und Opfer tm NY, 1932, ) Klevinghaus, Die theol
contraposición a todo esto surgió de la misión de los judeo-
Stellung der Apostol Vater zur alttest Offenbarung, 1948, Th F Torrance, The
cristianos dentro del helenismo un cristianismo formado por gente
doctnne of graee in the apostolic fathers, 1948, Ph H Menoud, L'éghse natssante
venida del paganismo a quienes no se les exigía la circuncisión y
et le judazsm, 1952, L Goppelt, Chnstentum und judentum zm 1 und 2. jahrh ,
1954, H ) Schoeps, Urgememde, judenehnstentum, Gnosts, 1956, K H
que no se les obligaba a la ley. Este judea-cristianismo libre de la
Rengstorf-S Kortzfleisch (ed ), Kircbe und Synagoge, 1968, K Wengst, Traduion
ley, representado por Bernabé y por Pablo, consiguió su reconoci-
und Tbeologie des Barnabasbrtefes, 1971, F M Young, Temple cult and law tn miento en el concilio de Jerusalén. No hay necesidad de decir aquí
early ehnstzanzty A study tn the reiationsbep between jews and Cbrtsttans tn the que, a pesar de ello, celosos del judaísmo cristiano a favor de la
early centunes NTS 19 (1972) 325-338, M Hengel, judentum und Hellenismus, ley, los llamados judaizantes, hicieron propaganda a favor de la ley
1973, P E Lapide, Die Rabbz von Nazareth Wandlungen des Judzsehen [esusbii- entre las comunidades cristianas formadas por venidos de la genti-
des, 1974, P Vrelhauer, Geschzchte der urcbrzstitcben Lueratur, 1975, W P lidad y que se introdujeron, incluso, en el territorio reservado a la
Eckert-H H Hennx (ed ), jesu jude Setn als Zugang zum judentum, 1975, R misión de Pablo, tal como lo manifiesta la Carta a los gálatas y
Hamcrton-Kelly-R Scroggs (ed ), [esos, Greeks and Cbnsttans, 1976, K Stendahl, apunta la Carta a los de Filipo; no tenemos necesidad de insistir
Paul among the jews and genttles and other essays, 1976, D E Gowan, Bridge más en esto porque para el desarrollo histórico del cristianismo pri-
between the testaments, 1976, T Stylianopoulos, justzn martyr and the mosatc mitivo y para la configuración de su teología, ha quedado reduci-
law, 1976, H Zrmmermann, Das Bekenntnzs der Hoffnung Traduton und Redak do a puro episodio, cuya única significación reside en que obligó a
tton zm Hebraerbrtef, 1977, P E Hughes, A commentary on the epzstle to the Pablo a una discusión teológica, discusión que nos ha conservado
Hebreuis, 1977, F Manns, Essazs sur le Judéo Cbrzsttamsme, 1977, L Cmllo-M en la Carta a los gálatas 23.
Frémaux, Évangtle de Barnabé, 1977, E E Ellis, Propbecy and berrneneutics tn De manera algo distinta se presentaba la cuestión acerca de
early chnstzanzty, 1978, E Bammel-C K Barret-W D Davies (ed ), Donum gen las relaciones con el judaísmo en otras comunidades helenísticas
ttlzczum, 1978, M Mees, Die Hobepnester-Tbeologie des Hebraerbriefes tm en las cuales la comunidad cristiana había nacido de las comuni-
Verglezch mtt dem Ersten Clemensbnef. BZ 22 (1978) 115-124, H Conzelmann, dades sinagogales, por ejemplo, en la comunidad de Roma y pre-
Geschzchte des Urcbnstentums, 4 1978 , F Mussner, Traktat uber die Juden, 1979, sumiblemente en otras más. Aquí la necesIdad de una drscuslón
E P Sanders, Normattse self definztzon tn judazsm and Chnstzanzty, 1980, D ) con el judaísmo surge de por sí, como lo pone de manifiesto la
Harnngton, God's people zn Cbnst, 1980 carta de Pablo a los romanos; Pablo no polemiza con los «ju-
A Santos Otero, Los euangelzos epácnfos, 31963, G Srrathmann, La epístola a daizantes» ni discute por la intromisión de misioneros enemigos,
los hebreos, 1971, M Simon, El judaísmo y el crtsttantsmo antiguo, 1972, C A como en la Carta a los gálatas, que quisiesen obligar a los cris-
RIJk, Hacia una teología cnsnana del judaísmo, 1973, A Díez Macho, El medio tianos de Roma a la aceptación de la circuncisión, sino que aquí
ambiente judío en el que nace el cnsttantsmo, en E Schweizer-A Díez Macho, La
iglesia prtmtttua, medro ambzente, organzzaczón y culto, 1974, 83-150, G Yermes,
jesús el judío, 1977, A Antón, La tglesta de Cristo El Israel de la tneja y de la 23 W Schmnhals, ZNW 47 (1956) 25-67 defiende con motivos dignos CIerta-
nueva altanza, 1977, O Kuss, Carta a los hebreos y Cartas católtcas, 1977, M mente de mención la tesis de que los «heréticos» en Galacia no eran judarzantes, SI-
Hengel, El HZJo de Dios, 1978, F ). Schierse, Carta a los hebreos, 1978, G van no gnósticos judeo-cnsuanos
La relación con el judaísmo y el problema del AT 159
158 El kerigma de la comunidad helenística
za totalmente el AT y constituye la forma extrema de las posibili-
desarrolla desde un punto totalmente teorético el principio de la fe dades que vamos a considerar y justamente por ello viene men-
cristiana en antítesis al principio de la religión de la ley de los cionada aquí en primer lugar.
judíos. Tal discusión con el judaísmo no necesitó, en absoluto, na- Aquí se distingue entre el Dios del AT, el creador del mundo
cer de una situación de lucha práctica, sino que era la consecuencia y dador de la ley, y el Dios de la fe cristiana, el Dios liberador, de
inevitable de la profundización de la fe cristiana sobre su esencia y quien Cristo es revelador. Incluso en este punto son posibles
rasgos fundamentales. De tal autorreflexión teológica dan testimo- muchas diferenciaciones según que el Dios del AT sea presentado
nio, sobre todo, la Carta a los hebreos y la Carta de Bernabé. como un dios subordinado al Dios altísimo, como realizando las
La cuestión surgió del simple hecho de que el cristianismo intenciones de éste, naturalmente de un poder limitado, al igual
helenístico había aceptado el AT y había reconocido su autori- que en su sabiduría y bondad, o que se le represente como enemi-
dad, pero, al mismo tiempo, negaba la validez de la ley del AT go del Dios supremo, como un ser que tiene poder en sí mismo y
para los cristianos. ¿Cómo había que fundamentar tal discusión? que no obedece, es decir, que es considerado como Satán mismo.
¿cómo debía ser interpretada la ley, que, en cualquier caso, era El AT con su leyes por tanto, de acuerdo con esta doble concep-
una parte esencial del libro de la revelación? ción, o el anuncio anticuado de un dios subordinado o una ley sa-
tánica. En cualquiera de los casos no tiene valor alguno para el
2. La conducta de libertad frente a la ley observada por el cristiano. Partiendo de tales concepciones puede sacarse la conse-
cristianismo helenístico no es, en absoluto, solamente el resultado cuencia de una ética de sentido libertino, aunque ésta no es la
de la lucha de Pablo contra los «judaizantes» y su fundamenta- únic~ posibilidad, pues hay lugar también aquí para una ética de
ción de la libertad frente a la ley no fue la única que existió ni ascesis.
se convirtió en la única. Junto a la solución del problema que él b) La Carta de Bernabé. Este escrito, que no podemos datar
encontró, existieron otras posibilidades que, de hecho, se realiza- con seguridad, en cualquier caso después del año 70 y antes del 140
ron en la práctica. Una visión panorámica de estas posibilidades pero muy probablemente escrito después del año 100, trata temáti-
nos lleva más allá de los tiempos de Pablo y debemos hacerlo. camente el problema del AT y quiere enseñar su recta comprensión,
Porque es claro que todas estas posibilidades venían dadas ya en que en principio se ha hecho asequible a la fe cristiana, o, lo que es
principio por la situación histórica; la exigua información que las lo mismo, a su YVW<JlC;. Porque los judíos lo han malentendido total-
fuentes nos ofrecen no nos permite contestar con toda precisión y mente, tal es la tesis del autor: áYYEAOC; 1tOVllPOC; E(Jóqlt~EV au'toúc;
amplitud cómo y cuándo fueron llevadas a la práctica y no sólo (<<el ángel malo les instruía») (9, 4; cf. 10, 9). Israel nunca ha tenido
es posible, sino probable, que ideas testimoniadas más tarde hu- una alianza con Dios; porque cuando Moisés bajó del Sinaí con la
biesen estado influyendo ya en el tiempo anterior a Pablo y en tablas de la ley y vio que el pueblo había caído en la idolatría, des-
su tiempo. Para poder conocer claramente y apreciar el sentido y pedazó las tablas «y entonces se aniquiló la alianza a fin de que
significación de la doctrina paulina sobre la leyes preciso trazar fuera sellada en nuestros corazones la alianza del amado, Jesús, en
antes una panorámica. Los tipos principales de posibilidad son los la esperanza de nuestra fe en él» (4,6-8; cf. 13-14). ¿Cómo hay que
siguientes: entender ahora el AT? Alegóricamente; ciertamente pueden en-
a) La gnosis radical. La gnosis no es, en principio, un fenóme- contrarse en él: 1. enseñanzas morales; como tales deben ser enten-
no intracristiano o intraeclesial que podría ser caracterizado como didos los mandamientos cúlticos y rituales. La circuncisión significa
una teología cristiana especulativa bajo la influencia de la tradición la circuncisión del corazón (cap. 9); los animales impuros que no es
filosófica griega, algo así como una «aguda helenización» de la fe lícito comer, significan los hombres malos, cuya compañía debemos
cristiana, tal como fue considerada por Harnack. Tiene sus raíces en evitar (cap. 10). El AT contiene: 2. anuncios de Cristo y de la salva-
una piedad de liberación dualística que penetró desde el oriente pa- ción cristiana (cap. 5-8). En leyes cúlticas así como en las narraciones
gano, y que, vista como un todo, se presenta como paralelo o con- del AT (por ejemplo los 318 criados de Abrahán) (9,8) encuentra el
currente, rival, de la religión cristiana. Ambos movimientos, el cris- autor anunciada la cruz de Cristo; lee, partiendo de los textos anti-
tiano y el gnóstico, se han influido mutuamente en muchísimas guos, el anuncio contenido en el evangelio (8, 3), el retorno de
ocasiones y de ello volveremos a hablar. En cualquier caso, existió Cristo (7, 9), la futura realeza de los creyentes (6, 16 s).
muy pronto una gnosis cristiana, la cual, en su forma radical, recha-
160 El kerigma de la comunidad helenística La relación con el judaísmo y el problema del AT 161

La pregunta específica sobre la ley como camino de salvación, d) La primera Carta de Clemente. Fue escrita en el año 95 ó
es decir, la pregunta sobre el legalismo, sobre las buenas obras co- 96 por la comunidad de Roma a la de Corinto. No parece existir
mo condición para participar en la salvación, no ha sido tratada proble!J.1a para el autor; por el contrario, acepta de manera total-
por el autor. En lugar de las leyes del AT están las OtKatID¡..La'tll ~e~te lllge~ua el AT como libro cristiano. Para él, que las leyes
xupíou (<<exigencias legales del Señor») (2, 1; 10, 11; 21, 1); el cúlticas y ntuales del AT no tengan validez para el presente se
KatvOe; VÓ¡..LOe; 'tal> xupíou 1Í¡..LWV '1. Xpio roü (ela nueva ley de nuestro sobreentiende de por sí. Como fundamentación de ello presenta
señor Jesucristo») (2, 6), el cual es caracterizado como ñvsu ~úyou ocasionalmente la Idea helenística: anpooosi]e; ... Ó osonó't1)e; únó.p-
UVó.YK1)e; ffiv (eexiste sin yugo de coacción»), lo cual se entiende en X,St 'tWV Unó.V'tO)v· oMi;v oMsvoe; x'PlÍ~St si ¡..Li] ro e~0¡..LoA.oysio8at
el sentido de que él no exige uv8pomonoí1)'toe; npoctpopú (<<aporta- aU'té¡> (52, 1). Sin embargo, el autor está firmemente convencido
ción humanas) alguna. ~e que la~ leye~ cúlticas fueron en otro tiempo una ordenación vá-
c) La Carta a tos hebreos. Para su autor, el AT, entendido co- lida de DlOS. SIrven como analogía para la ordenación cristiana de
mo un todo, es el anuncio de Cristo y de su obra. Cristo mismo la comunidad (cap. 40-41). No existe para él ninguna necesidad
de alegorizar y solamente una vez emplea este método, cuando
habla en el AT (2, 12 s; Sal 22, 23; ls 8, 17 s; 10, 5-7; Sal 40, 7-
explica la significación de la cinta roja que la prostituta Rahab
9); Moisés es una pre-representación de Cristo como motor; EV QAC()
empleó como señal para los israelitas, colgándola de la casa, in-
'té¡> O'íKC() ainol> (efiel en toda su casa») (3, 1-6), en Melquisedec co- terpretándola como la sangre de Cristo (12, 7 s). La yvwme; pecu-
mo el sumo sacerdote (7, 1-10). Pero el interés principal del autor liar de esta carta consiste en (40, 1; 41, 4) el arte de hacer el AT
se centra en la interpretación del culto del AT. Comparte con Ber- útil para la edificación práctica de la comunidad. Es el libro que
nabé el método de interpretación alegórica; pero, a diferencia de debe servir de ejemplo ético para los cristianos, el libro que con-
aquél, para éste es innegable que en un tiempo las leyes del AT tiene los npoo'táY¡..La'ta (eórdenes») y OtKatID¡..La'ta (edecretos») del
tuvieron un valor literal, sentido literal del que han sido despoja- xúpioc; (o que nos han sido dados por Dios: 2, 8; 58, 2 Y otros),
das por Cristo. «Queda abrogada la ordenación precedente, por ra- los únoosíY¡..La'ta «<ejemplos») e unóypa¡..L¡..LOt («modelos») que los
zón de su ineficacia e inutilidad» (7, 18). ¿Por qué, pues, fue da- cristianos tienen que imitar.
da la ley del AT, que era ya desde el principio débil e inútil? En esta tarea el autor ha conocido Rom y 1 Cor. Pero él no
Contenía «la sombra de los bienes futuros, no la esencia de la cosa siente el problema paulino de la ley. Al igual que Pablo (Rom 4,
misma» (10, 1); se constituye, presagiando lo que tendrá su reali- 7) cita el Sal 32, 1 s: umcúptot, drv u<pÉ81)aav ni uVO¡..Líat K'tA..
zación plena en Cristo. «Porque la ley coloca hombres como sumos (ebienaventurados aquéllos cuyas maldades fueron perdonadas»)
sacerdotes, apresados todos ellos por la debilidad; la palabra del (50, 6 s); pero la pregunta de Pablo: ó ¡..LUKaptO¡..LOe; oúroc; en! 'tTtV
(divino) juramento, que vino después de la ley, coloca al Hijo úni- nspt'to¡..Li]v f\ Ka! eni 'ti]v uKpoBuo'tíav (<<¿esta dicha recae sólo sobre
co perfecto para toda la eternidad» (7, 28). La sangre sacrificada de los circuncisos o también sobre los incircuncisos?», queda lejos de
Cristo realiza lo que no podía realizar la sangre de los sacrificios él. Para él no existe diferencia entre el AT y el evangelio, mucho
del antiguo testamento (9, 15-28). menos oposición. La nía'tte; es para él una virtud entre otras, espe-
En vano preguntaríamos al autor, que se alegra de su interpreta- cialmente como la hospitalidad: OUl mcrrv Kai <PtA.o~svíav (epor la
ción, el porqué de toda esta pre-representación de la obra de salva- fe y la hospitalidad») le fue concedido a Abrahán un hijo en la an-
ción de Cristo que nadie podía entender en los tiempos anteriores a cianidad y la prostituta Rahab fue salvada (10, 7; 12, 1).
Cristo. El ha reflexionado tan poco como Bernabé sobre el auténtico e) Ptolomaios a Piara. Es una carta escrita por el discípulo de
problema dellegalismo. No habla de los mandamientos éticos del Valentín, quien actuó en Roma en los años 140-160, a una dama a
AT; pero subraya repetidas veces que los cristianos deben defender- quien trataba de adoctrinar sobre la recta comprensión de la ley
se mucho más que los judíos de toda napó.Baotl; (eprcvaricación») y del AT. Según él, ésta se divide en tres partes: 1. la entrega de la
nupo.xoú (edesobediencia»), ya que ellos se verán sometidos a un ley por parte de Dios; 2. la ley dada por Moisés, a la que pertene-
juicio mucho más duro que aquéllos (2, 2 s; 10, 28 s; 12, 25). ce, por ejemplo, la del divorcio, el cual no está permitido según la
Característico para ver que el autor mismo habla en términos legales ley verdadera de Dios, pero que Moisés ha permitido, como dice
es el hecho de que rechaza la posibilidad de una penitencia repetida Mt 19, 6 s, a causa de la dureza de corazón de los hombres; 3. los
(6, 4 s).
La relación con el judaísmo y el problema del AY 163
162 El kerigma de la comunidad helenística
la expiación (40, 1 s); las doce campanillas que ornamentan al sumo
decretos de los antiguos, los cuales, como dice Mt 15, 3 s, ani- sacerdote significan los 12 apóstoles (42, 1); la circuncisión carnal es
quilan la ley de Dios por medio de sus propias «tradiciones» (nu- una prefiguración de la UA.Tl8wTt nept'tol1lÍ, ílv nepte'tl1lÍ8T1l1ev ano 'tf1e;
puóóosic). También: Ó oúl1nUe; EKetVOe; VÓI10e; Ó El1neptex'ól1evOe; 'tij nA.ÚVTle; xut novnoíuc (everdadera circuncisión que consiste en evitar
Mroücéox; nev'tu'teÚX((l OU npoe; EVÓe; ttvoc; vsvouoüémtui (etodo el el error y la fornicación») y que los cristianos han recibido en el
conjunto de aquella ley contenida en el Pentateuco de Moisés no bautismo (41,4; 43, 2; 92,4). 3. la ley cúltica y ceremonial en su sen-
ha sido legislado para uno solo»). Pero también ro EV uépoc, Ó tido original y todavía válida para Israel o para los judíos. Fue dada
UU'tOU 'too Bsoü VÓI10e;, eStUlpet'tUl de; tpfn rwú (euna parte, la ley de por Dios a los judíos, parte de; onusiov (ecomo señal»), en concreto
Dios, se divide en tres»), a saber: 1. la pura, perfecta ley moral, para separar a este pueblo del conjunto de los otros y para preservarlo
que Jesús no abolió, sino que la ha cumplido, el decálogo; 2. la de la idolatría (16,2; 19,6; 23, 5), pero en parte le fue dada para su
ley en la que hay mezcla de mal, como la ley del talión, que Jesús disciplina y para exhortación diaria, ya que el pueblo era díscolo y de-
ha derogado; 3. la ley ceremonial, de la que Jesús ha puesto al sobediente (18, 2: eSto. 'tue; úvouío«; úl1ffiv KUt 'tTtV OKATlPOKUpeSíuv
descubierto su sentido espiritual, al que se llega por medio de la [«por vuestra indisciplina y dureza de corazón»]; cf. 22, 11; 43, 1; 20,
alegoría y que exige no un comportamiento ritual, sino moral. Na- 1: Ivn KUt EV 'tffi Eo8íewxut mvstv xoo O<p8UAl1ffiv hTl'te rov Osóv [«para
turalmente que el Dios que ha dado esta triple ley no es el Dios que cuando comáis y bebáis tengáis ante vuestros ojos a Dios»]; cf.
supremo, sino un ser que se encuentra entre él y Satanás, el cual 92,4). Naturalmente que la ley entendida en este sentido ha sido de-
no es 'tÉA.etOe; (eperfecto»), pero que sí debe ser llamado eSíKUtOe; rogada para los cristianos (cf. por ejemplo 43, 1).
(<<justo»). Se ve por tanto que tampoco Justino ha atacado el problema de la
En esta gnosis mesurada encontramos propiamente crítica de ley. También él cita (141, 2) el Sal 32, 2: I1UKÚptOe;, c!> oú I1Tt AoyíOTl-
contenido y crítica histórica. La crítica en cuanto al contenido no rut xúpiot; úuuprtnv (edichoso aquél a quien el Señor no imputa su
se orienta por el evangelio, sino por el ideal de una ética espiritual pecado») y lo comenta: roüro eSÉ EO'tlV, oe; usrnvoúout; tnt rou;
y tampoco aquí surge la cuestión del camino de salvación o el ál1up'tlÍl1um 'tffiv nupunrcouúrcov napu 'too 8goo AÚPlJ u(/lemv (ees de-
problema del legalismo. cir: el que se arrepintió de las faltas y violaciones recibirá perdón de
f) Justino. En su diálogo con el judío Trifón trata el apologis- Dios»), una exégesis que no va más allá de la concepción
ta Justino (cap. 100-165) la pregunta sobre el AT de una manera veterotestamentaria-judía.
que se ha convertido en visión típica eclesial. También él divide la
ley veterotestamentaria en tres partes, que se distinguen en cuanto 3. Si tenemos en cuenta la panorámica de estas posibilidades y
a contenido y no, como en el caso de Ptolomaios, en cuanto a con- añadimos lo que suele decirse normalmente en la literatura del cris-
tenido e historia: 1. la ley eterna moral: 'tu eócsi KuM KUt euoepf1 tianismo primitivo, nos da lo siguiente:
KUt eSíKUlU (ebella por naturaleza, piadosa y justas), o: 'tu Ku8ÓA.o\) a) La ley del AT ha perdido su valor en la medida yen cuanto
KUt cúosi KUt UiCÓVlU KUAÚ (da que es buena en su totalidad por su exigencia ,úual. No es el culto sacrificial el que procura la gracia de
naturaleza y por su actualidad») (45, 3 s), o 'tu uet KUt eSt' OAO\) Dios y los mandamientos de pureza no limpian. El método corriente
eSíKUlU (<<la que es justa siempre en todo») lo que es reconocido co- para sacar algún provecho de la ley cúltica y ritual es la alegoría, la
mo tal tv nuvrt yÉvet uv8pcónffiv (een toda raza humanas) (93, 1 s: cual interpreta esta ley en parte como revestimiento de la ley moral
cf. también 67, 10). Esta ley moral no ha sido derogada por Cris- (Bernabé, Ptolomeo y Justino), en parte como rredicción de Cristo
to, el KUWOe; v0I108É'tTIe; (<<nuevo legislador») (14, 3; 18, 3); él mis- (Bernabé, Justino). Una interpretación especia la constituye Heb,
mo es designado Ó KUWOe; VÓI10e; KUt f¡ KUlvi] eSW.8lÍKTI (da nueva ley que entiende el culto del AT como OKtU 'tffiv l1eAA.óv'tffiv aya8ffiv
y la nueva alianza»); pero ha compendiado todo su contenido en (esombra de los bienes futuros»). Varía incluso la concepción de la
el doble mandamiento de amor al prójimo y a Dios (93). 2. las significación de la ley para los tiempos pasados, aunque no tanto, co-
profecías referentes a Cristo contenidas en la ley «apuntan al miste- mo en la gnosis, como para negar su origen divino. Si bien los judíos,
rio de Cristo» (de; uuo rúptov 'too Xptotoü) (44, 2) que hay que po- según Bern, nunca entendieron la ley, sin embargo, según Heb, 1
ner en primer plano mediante la alegoría. Así, con el cordero pas- Clem y justino, ciertamente que en otro tiempo estuvo en la plenitud
cual se alude, naturalmente, a Cristo, cuyas dos nupouoím (eveni- de su vigencia y valor.
das») están representadas por los dos machos cabríos de la fiesta de
164 El kerigma de la comunidad helenística La relación con el judaísmo y el problema del AT 165

Pero la cuestión es si esa abolición hay que entenderla única- Dios por medio del sacrificio. Tomadas en sí mismas no son
mente como la derogación de un culto y rito antiguo o si hay específicamente cristianas, ya que el concepto de ofrenda espiritual
que entenderla como la liquidación total del culto y del rito co- es conocido por el AT y por el judaísmo, el cual, al menos después
mo camino de salvación. Ciertamente que esta cuestión no ha si- de la destrucción del templo de Jerusalén y de su culto, había de-
do planteada claramente en ninguna parte; pero es claro, sin em- sarrollado partiendo de los orígenes antiguos la «teoría de la equiva-
bargo, que en todas partes, y de manera especial en Heb, ha si- lencia», según la cual, sobre todo la oración y hacer el bien suplen al
do desmontada la. concepción de que la gracia de Dios puede y sacrificio. Tanto en el paganismo como en el judaísmo helenístico es
debe ser conseguida mediante los sacrificios ofrecidos por los corriente la idea de la espiritualización del culto. Los estoicos, y des-
hombres y, lo cual va implícito, que la comunidad no necesita de pués de ellos Filón, dicen que el hombre, y especialmente su alma,
personas de una cualidad especial, tales como sacerdotes, para es un templo de Dios; Hermas dice que la divinidad debe ser
mediar entre ellos y Dios. El sacrificio de Cristo ha hecho de una honrada tanto por medio de oraciones de alabanza como por medio
vez para siempre que la gracia opere y él es el sumo sacerdote de de A.OytKU1. BU<JíUt (esacrificios espirituales») (Corp. Herm. 1, 31;
la comunidad (Heb 2, 17; 3, 1; 4, 14; 5, 1 s; 7, 1 s; 1 Clem 36, XIII, 18 s.21).
1; 61, 3; 64; Ign Phld 9, 1; PoI Flp 12, 2). La comunidad mis- ¿Todavía se mantiene firmemente este punto de partida de un
ma es «sacerdocio santo, real» (1 Pe 2, 5.9; Ap 1, 6; 5, 10); ella servicio divino acultual? ¿no ocurre, por el contrario, que la venera-
ofrece a Dios 1tVEUIlU'ttKUt; BU<JíUt; (esacrificios espirituales») (1 Pe ción de Jesucristo como xúptor; adquiere carácter cultual? ¿no son
2, 5), y cada individuo es invitado a 1tUPU<JTf¡<J(ll 'tu <JÓlIlU'tU acaso desde un principio el bautismo y la cena del Señor acciones de
UlllÚV Ouoínv ~lÚ<JUV áyíuv 'ti¡l BI::i¡l, Tf\V A.OytKj¡V A.U'tpl::íuv UlllÚV la comunidad que tienen carácter cultual? ¿no va a extenderse la
(eque presentéis vuestros cuerpos como víctima viviente, santa, formación de este carácter cultual reportando consecuencias muy
agradable a Dios, tal ha de ser vuestro culto espiritual») (Rom importantes? (§ 12-13). Otro punto de arranque posible se halla en
12, 1). Preocuparse de las viudas y de los huérfanos en sus nece- la formación de una ordenación de la comunidad cristiana. La
sidades y mantenerse incontaminado del mundo es considerado exhortación de 1 Clem 40,42: rtúvtu 'tlÍ~l::t xoistv OCPl::ÍA.OIlI::V (edebe-
como BpT]<JKl::ÍU KuBupu KU1. allíuv'tot; 1tupa 'ti¡l BI::i¡l KU1. nurpí (sla mos hacer todo ordenadamente») se basa en la ordenación cultual
religión pura e intachable ante Dios Padre») (Sant 1, 27). El del AT, la cual prohíbe «realizar el sacrificio y el culto divino ('tÚt; rs
sacrificio verdadero es la alabanza a Dios que ofrece la comuni- npoooooú; KU1. A.l::noupyíut;) al azar y con desorden, sino en los
dad de los que confiesan su nombre y, además, las buenas ac- tiempos y en las horas reglamentadas». Por tanto, continúa tenien-
ciones y la compasión (Heb 13, 15 s; cf. Just Dial 117, 2). Por do vigencia: «cada uno de nosotros ... debe agradar a Dios en ellu-
consiguiente, la comunidad no necesita lugar alguno para celebrar gar donde se encuentra con buena conciencia, no transgrediendo el
el culto; ella misma es el templo de Dios (§ 10, 4). De igual orden establecido de su servicio cultual ('tíit; A.l::noupyíut; uúroñ); es
manera puede ser designado cada individuo como templo de decir, haciéndolo con dignidad (EV <J1::1l vórrrn): Aquí se prepara la
Dios en el que habita el Espíritu santo o Dios mismo, templo formación de una ordenación cultual específica más definitiva que
que el individuo debe mantener limpio mediante su conducta en la exhortación de Pablo cuando dice que en la reunión de la co-
moral (1 Cor 6, 19; Bern 4, 11: YI::VÓllll::Bu 1tVEUIlU"ttKoí, YI::VÓllll::Bu munidad todo debe realizarse l::u<J'XT]IlÓVffit; KU1. KU'tU 'tú~tv (<<con de-
vcoc 'tÉA.l::tot; 'ti¡l BI::i¡l [«nos hemos convertido en espirituales, en coro y orden») (1 Cor 14,40), pues en 1 Clem se trata de la autori-
templo perfecto de Dios»]; Ign Ef 15, 3). Desde el punto de vis- dad de los E1tí<JK01tOl y btÚKOVOl, es decir, de los dirigentes oficiales
ta del contenido no hay diferencia alguna entre ya sea que se de- de culto cristiano. Surge, por tanto, la pregunta: ¿se desarrollará de
signe al <JlÚIlU (ecuerpo») (1 Cor 6, 19) o al Kupoíu (ecorazón») nuevo en la comunidad cristiana el oficio del sacerdocio?
(Bern 6, 15; 16, 7-10) o incluso a la <JlÍP~ (ecarne») (2 Clem 9, b) El AY en su totalidad tiene, en general, la vigencia de ser el
3; Ign Phld 7, 2) como el vnóc (etemplo»): el sentido es siempre libro de la predicción, del anuncio que en parte ha sido ya realizado
el mismo: mediante la imagen se intenta subrayar la exigencia de en Cristo y en parte se halla en camino de su realización. El método
la adoración de Dios en espíritu y la limpieza moral. de interpretar en este sentido el AT, es decir, por medio de la in-
Estas ideas so~.;specífi~~ente cristianas en la medida en que terpretación alegórica, es en todas partes el mismo; no se trata de al-
son la contraposrcion positiva del rechazo de una adoración de go específicamente cristiano, sino de algo que ha sido tomado del
La relación con el judaísmo y el problema del AT 167

166 El kerigma de la comunida'd helenística


mente, sino mediante los encuentros históricos. Porque para el
AT, Dios no es la ley universal que se abre al pensamiento o a la
judaísmo, sobre todo del helenístico, el cual, a su vez, lo tomó del investigación, sino el Dios que se revela en el curso de la historia.
helenismo griego, donde, especialmente en la stoa, fue desarrolla- La posesión del AT va a ser, por tanto, un contrapeso a las ideas
do como método para interpretar la mitología y la poesía antigua, de la «teología natural» que se van a infiltrar inmediatamente (§ 9,
como en el caso de Homero. En nuestro contexto no tiene impor- 2). La idea de que Dios se revela en lo que hace, se mantendrá
tancia alguna si el sentido alegórico es el único sentido del texto o gracias al AT y a partir de aquí se dará también la posibilidad de
si es el más profundo coexistiendo con el sentido que encierran las entender la persona de Jesús y la cruz. Porque a partir de aquí
palabras. Igualmente puede quedar fuera de nuestra consideración puede y debe ser entendido lo que es un acontecimiento escatoló-
la distinción entre alegoría y tipología (la primera es el arte de en- gico, si éste no quiere quedarse únicamente en acontecimiento
contrar predicciones en el vocabulario de la Escritura, e incluso ver- mítico. En la medida en que anuncio y cumplimiento, aunque sea
dades más profundas; a la segunda compete encontrar la interpre- en una forma primitiva, encierran el saber de un sentido que
tación de las personas, de acontecimientos o de instituciones como transciende el acontecimiento histórico y que es meta de la histo-
prefiguraciones proféticas). En cambio es decisiva la pregunta sobre ria, están con ello realizando un servicio, están contribuyendo a
si la significación del AT para la comunidad cristiana se agota en que la comunidad conserve la conciencia de ser la comunidad esca-
el hecho de ser un libro de oráculos. En la medida en que el AT tológica, llamada en el tiempo, pero que transciende la historia.
es entendido así, constituye para la comunidad un medio, enton- Pero esto significa al mismo tiempo: con la posesión del AT la
ces poderoso, de polémica y de apologética en la lucha y en la cap- iglesia se halla confrontada ya desde el principio con el problema:
tación de judíos y de paganos y con ello, al mismo tiempo, un
medio para robustecer la conciencia de su propia seguridad. Pero, razón y revelación.
¿no se desplaza con ello el auténtico fundamento para la fuerza c) En la medida en que el AY contiene mandamientos mora-
del mensaje evangélico y para la propia seguridad, cuando entra les y en cuanto tales son leídos con la ayuda de la alegoría, su
una fe basada en la letra en lugar de la auténtica fe que entiende autoridad permanece, si exceptuamos la gnosis radical, en indiscu-
la palabra de la gracia de Dios que se dirige a la conciencia y a la tible vigencia. En este sentido las palabras del Señor transmitidas
evidencia, a las que alcanza en virtud de su transcendencia interna con autoridad a la comunidad refuerzan su vigencia y, al mismo
y no en virtud de pruebas racionales? tiempo, dan a las variadas prescripciones del AT un sentido uni-
¿O va a jugar la prueba profética un papel históricamente ine- forme, posibilitando su inteligencia a partir del mandamiento
vitable y peligroso, pero en cualquier caso secundario, y la verda- principal del amor (Rom 13, 8-10; Gál 5, 14 hasta Just Dial 93,
dera significación del AT para la comunidad cristiana consistirá en cf. supra 2 s). Ciertamente se pudo llegar también a una combina-
conservar viva en ella la conciencia de ser la comunidad escatológi- ción de los mandamientos morales del AT Yde las palabras del Se-
ca, la meta hacia la que Dios conduce la historia? Nos encontra- ñor con las exigencias de la ética griega, especialmente con la es-
mos de nuevo frente al concepto de iglesia (§ 10, 1): ¿se entenderá toica y con la moral burguesa del helenismo. Porque ciertamente
a sí misma la iglesia como la comunidad que es constituida me- hay paganos que cumplen cpúact 'tu roñ vóuou (da ley natural») tal
diante la incorporación de individuos sobre la base del conoci- como su conciencia les dicta, llevan ro epyov roñ vóuou ypumDv BV
miento común de verdades generales y de metas prácticas pareci- 'tUte; xupóíuu; uu't&v (eescrita en sus corazones la realidad de la
das? ¿o se entenderá como «pueblo de Dios» que ha sido «llama- ley») (Rom 2, 14 s). De esta manera irrumpe ya en fecha temprana
do» mediante la acción de Dios en Cristo? Para el cristianismo sur- en la parénesis cristiana el concepto griego de apE'ti¡ (wirtud») (Flp
gido del paganismo el peligro de entenderse como una secta judía 4, 8; 2 Pe 1, 5; 2 Clem 10, 1; Herm mand I, 2; VI, 2, 3; XII, 3,
no será grande; sí, en cambio, el entenderse simplemente como 1; sim VI, 1, 4; VIII, 10, 3; cf. también § 9, 2). Al igual que ya
una «nueva religión», diferente de los paganos y de los judíos; co- Pablo -y no fue el primero en hacerlo, como lo pone de mani-
mo nueva religión que se basa en un progreso en el conocimiento fiesto el helenismo judío- tomó el catálogo de virtudes y de vi-
de Dios. Este peligro puede ser evitado mediante la posesión del cios, de igual manera asumió la literatura deuteropaulina el es-
AT, ya que éste enseña una noción de Dios según la cual Dios ac- quema helenístico-estoico de las tablas de deberes domésticos y a
túa con los hombres en la historia y el hombre se posesiona de Dios menudo se expone en las Pastorales el ideal de la vida cristiana si-
y de su propio ser no mediante conocimientos que fluctúan libre-
La relación con el Judaísmo y el problema del AT 169
168 El kengma de la comunidad helenística
sión de los pecados cometidos antes del bautismo, de manera que
guiendo el ideal burgués de la honradez existente en el mundo en adelante el bautizado se halla a merced de sus propias obras?
griego como se ve en los términos usados en las inscripciones funera- (Heb 6, 4-6). El problema de los pecados cometidos después del
rias y honoríficas. bautismo se hará agudo y fundamentalmente no será resuelto
A pesar de todo, el concepto de apsTlí no se convierte en idea do- cuando Herm piensa que, apoyado en una revelación divina puede
minante dentro de la parénesis cristiana. Ello significa al mismo anunciar la posibilidad de una segunda penitencia, la cual, inape-
tiempo: el concepto del ideal no determina la ética cristiana. Más lablemente, será la última. Ciertamente que las voces de Heb y de
bien permanece como determinante la idea de que lo bueno es la exi- Herm son solitarias. Para Pablo, y en general para los primeros
gencia de Dios, la idea de que el hombre es responsable delante de tiempos, no se plantea el problema a causa de que juzgan inmi-
Dios y de que debe rendir cuentas de sus acciones ante el tribunal de nente la irrupción del final de los tiempos; pero cuando el proble-
Dios. Naturalmente que el AT no es la primera fundamentación de ma se hizo patente, se impuso en general la opinión según la cual
esta concepción, pero sí ha sido conservada siempre viva gracias a él, la gracia que se hizo efectiva en Cristo continúa actuando y que,
de manera que la posesión del AT es un contrapeso tanto para la por tanto, los cristianos, cuando cometen una transgresión pueden
teología natural como para la moral natural. La ética permanece co- e incluso deben ser llamados contznuamente a la penitencia (así en
mo ley divina. La conversión de los paganos a la fe cristiana significa Ap, 1 Y 2 Clem, en Ignacio y Justino; cf. 2 Tim 2, 25; 2 Pe 3, 9;
para ellos ciertamente una liberación de la «idolatría», pero no una li- Did 10, 6; 15, 3). Aun cuando la confianza cristiana en que le se-
beración de la exigencia divina; ésta se ve fortalecida, por el contra- rá dada la gracia de Dios en virtud de Cristo sea incomparable-
rio, en gran medida. mente más segura que la confianza veterotestamentaria-judía en la
Esto suscita la pregunta: ¿cómo debe ser entendida la relación actuación de la penitencia, sin embargo, esto no significa todavía
existente entre la voluntad divina que exige y la gracia divina? Esta una diferencia fundamental respecto del AT y del judaísmo,
gracia es el contenido del anuncio evangélico. Justamente la posesión mientras la relación de la exigencia de Dios o la obediente ac-
del AT debía representar un peligro y favorecer la concepción de que tuación del bien no haya sido definida de nuevo respecto a la gra-
la obediencia a la exigencia divina de buenas obras debía ser entendi- cia de Dios. ¿Viene la gracia salvadora de Dios a ayudar, comple-
da como la condición para la participación en la salvación, de que la tando la acción humana? o por el contrario, ¿se halla fundamenta-
acción buena debía ser entendida como una obra meritoria. Cuando da la actuación humana del bien en una gracia previa? El proble-
se nombra a la exigencia divina como VÓIlO¡; EA.su8spíu¡; (<<ley de liber- ma puede ser también formulado como el de la relación entre la
tad») (Sant 1, 25; 2, 12), como KUtVO¡; VÓIlO¡; 'tQU xuotou (<<nueva ley acción del hombre, la cual consigue la complacencia de Dios, y
del Señor») (Bern 2, 6) o como 8tKutcOllu'tu (edecretos»)y 1tPOO'tÚYIlU- entre su fe, la cual aprehende la gracia de Dios. ¿Será entendida la
'tu xuptou (<<órdenes del Señor») (1 Clem 2, 8; 58, 2; Bern 2, 1; 10, fe, la cual acepta el evangelio y conduce al ingreso en la comuni-
11; 21, 1) no cambia fundamentalmente nada respecto dellegalismo dad, únicamente como el primer acto de la conducta cristiana o
judío, si esta KUtVO¡; VÓIlO¡; (eley nueva»), estos «decretos» (Sucuuouu- como la postura que domina toda la vida del cristiano? ¿permane-
'tu) y npoo'túYIlU'tU (emandatos») tienen el carácter de camino de sal- ce la fe presente únicamente como conocimiento del objeto de la
vación. Cristo aparece como un segundo Moisés cuando es llamado fe, como el saber, sobre todo, la existencia de un único Dios, de
KUtVO¡; vouoüémc (enuevo legislador») (Iust Dial 14, 3; 18, 3), o manera que el conocimiento pueda ser separado del amor (1 Cor
cuando él mismo es llamado VÓIlO¡; KUt /...óyO¡; (Ker Pe 1), VÓIlO¡; Bsoñ 8, 1 s; 13, 2) o pueda decirse: «también los demonios creen y
(dey de Dios») (Herm sim VIII, 3, 2), Ó KUtVO¡; VÓIlO¡; KUtT¡ KUtVT¡ tiemblan»? (Sant 2, 19). Así podemos preguntar: ¿«de qué le sirve
8tu8i¡Kl1 (da ley nueva y la nueva alianza») (lust ~.ial 11,4). Cierta- a uno que diga tener fe si no tiene obras? ¿puede acaso salvarlo la
mente, ¿no está mucho más cargada de responsabilidad y se ha hecho fe»? (Sant 2, 14). ¿O puede decirse de Abrahán que él no fue jus-
mucho más peligrosa la situación de los cristianos que la .d~ l.os piado- tificado solamente por la fe, sino que lo fue porque su fe había si-
sos del AT y del judaísmo? ¿no les aguarda a ellos un JUlCIO mucho do antes completada con sus obras? (Sant 2, 21 s). ¿O es que se da
más duro por el hecho de haber recibido la gracia de Dios? (Heb 2, 2 la fundamentación de una nueva obediencia en virtud del regalo
s; 10,28 s; 12,25). . de la gracia, de manera que fe y gracia son los poderes que deter-
¿ Qué significa, por tanto, la gracia? ¿en qué consiste la salvación minan toda la vida? La respuesta a esta pregunta es doble: por una
que nos ha sido regalada en Cristo? ¿quizás únicamente en la remi-
170 El kerzgma de la comumdad belenisttca Kyrzos e Hijo de Dios 171

parte Pablo responde diciéndonos su doctrina de que la j~st~fica­ 1. Se sobreentiende de por sí que las comunidades cristianas
ción viene únicamente de la fe¡.la otra respuesta es el nactrruento en el mundo helenístico, a las que se unieron los bautizados, tenían
de la institución eclesiástica de la penitencia. El problema: agusti- sus reuniones cultual es y sus celebraciones y no solamente en la me-
nismo y pelagianismo se hallan ya presentes en el comienzo del dida en que las comunidades surgieron de las comunidades sinago-
cristianismo. gales, sino también cuando se trataba de comunidades mayorita-
riamente paganas o de comunidades cristianas compuestas total-
mente de antiguos paganos. ¿En qué medida debemos designar a
tales reuniones y celebraciones como cultuales en sentido estricto? Si
§ 12. KYRIOS E HIJO DE DIOS el culto es una obra humana que influye en Dios sobre todo por
medio del sacrificio, aunque también por medio de otras acciones, a
fin de que él se apiade de la comunidad y haga patente su actuación
BIbliografía Cf especialmente W Bousset, Kynos Cbnstos Además'] Welss, en ella, si es además una acción que se realiza en los predetermina-
Cbnstus. Die Anfange des Dogmas, 1909, M Drbelius. Cbrtstologte des Urcbns- dos tiempos sagrados, en el recinto sagrado y de acuerdo con unas
tentums, en RGG 21 Para i- cf § 8 W Bauer,] M NIelen, O Cullmann, reglas sagradas o ritos, si es una acción, finalmente, realizada por
Delling Además R Knopf, Das Nacbapostoltscbe Zeitalter, 1905, 222-252, A personas que poseen una cualidad especial, mediante sacerdotes,
Duhm, Gottesdtenst trn altesten Cbrzstentum, 1928 Para 2 cf § 7, 5 (cf tamo podemos decir claramente que las reunzones y celebraciones de la
brén § 4) Además E von d Goltz, Das Cebet m der altesten Cbnstenbeit, comunzdad cristiana onginanament« no pueden ser deszgnaaas co-
1901, A Klawek, Das Cebet zu [esus, 1921, G Harder, Paulus und das Cebet, mo cultuales. Esto es así porque en aquel tiempo no había en el ser-
1936 Para 3 G P Wetter, Der Sohn Gotees, 1916, L Breler, ElEIOE ANHP 1, vicio divino cristiano ni sacrificio ni sacerdote y no se hallaba ligado
1935, 134-140, W L Knox, The 'dtvme hero' chnstology m the NT Harv a un recinto sagrado ni a unos tiempos (§ 11, 3 a). A semejanza de
Theol Rev 41 (1948) 229-249, M Dibehus, Exk zu Kol 1, 17, en Handb z lo que acontecía en el servicio divino sinagogal, sucedería también
NT, 31953, 10-12, E Schweizer , Erntedngung und Erhohung bez [esus und en las comunidades rrusroneras en un principio, que la palabra
semen Nachfolgern, 1955, 86-88, S Schulz, Maranatha und Kynos [esus ZNW tendría la parte más importante, tanto la palabra de la predicación,
53 (1962) 125-144, P Wulfing von Marnz-G Fohrer-E Schwerzer-E Lohse-W que podía ser pronunciada por qUien tenía dotes para ello y se
Schneemelcher, art uióc, uío8EOIU, en ThW IX, 1969, 334-403, H Boers, Jesus sentía llamado a ello, como la palabra de la oración y del canto, sea
and the chrtsttan fatth ]BL 89 (1970) 450-456, P Pokorny, Der Cottessohn, individual, sea de la comunidad entera. En muchas comurudades
1971, M Hengel, Cbrtstologte und neutestamentltche Cbronologte, en NT und habría consistido la predicación en la interpretación de las palabras
Gescbtcbte (O Cullmann zum 70 Ceburstag), 1972, 43-67, K Wengst, Cbnsto de la Escritura y, al menos, en las comunidades que surgieron de las
logiscbe Formeln und Lieder des Urchnstentums, 1972, R Staats, Die Sonntag comunidades sinagogales, la lectura pública de un trozo del AT
nacbgottesdienste der chrtstltchen Fruhzets ZNW 66 (1975) 242-263, 1 H habría constituido una parte del servicio divino de la comunidad.
Marshall, The ongtns of NT chnstology, 1976, C F D Moule, The ongm of No podemos suponer que sucediera esto en todas las comunidades
chnstology, 1977, B A Demarest, Jesus Cbrtst the God man, 1978,] A Fnz- ya que en un principio para muchas comunidades no fue posible
myer, [esus the Lord Chicago Studies 17 (1978) 75·104, R Kearns, Vorfragen apoyarse en la posesión, al menos completa, del AT. Pero en lugar
zur Cbnstoiogie. 1978, B M Nolan, The royal Son of God, 1979, R Kearns, del AT o junto a él entraron, ciertamente pronto y en todas partes,
Vorfragen zur Chnstologte Il, 1980 escritos apostólicos y evangelios, a lo que hay que añadir las apoca-
L Sabounn, Los nombres y títulos de Cristo, 1965, O Cullmann, Crzstoiogta lipsis judías reelaboradas desde un punto de vista cristiano.
del NT, 1965,] Oberstemer, art Señor, en] B Bauer, Dtcctonano de teología La lectura (y ciertamente del AT) está atestigada expresamente
bíbltca, 1967, 632-649, H Renard-P Grelot, art HtJo de DIOS, en X Léon Du- en 1 Tim 4, 13; 2 Clem 19, 1, indirectamente Mc 13, 14 o Mt 24,
four, Vocabulario de teología bíbltca, 1973, 387-390, G Yermes, Jesús el Judío, 15. La lectura de escntos apostólicos en 1 Tes 5, 27; Col 4, 16; Ap
1977, M Hengel, El Hijo de DIOS, 1978, R H Fuller, Los fundamentos de la 1, 3. Según Justino Apol 1,67,3 se leen "tU unollVllllovEúllum 1:(UV
cnstoiogia neotestamentarta, 1979, L Coenen-E Beyreuther-H Bierenhard, Dicct- UnO<J1:ÓA,ffiV (elos recuerdos de los apóstoles») (es decir, los evange-
nano teoiágtco del NT, 1980, véanse las cnstologías en castellano CItadas anterior- lios) o f\ "tu <JtlY'Ypállllum 'tWV npoqlTl"tWV (dos escritos de los profe-
mente tas»).
172 El kerigma de la comunidad helenística Kyrios e Hijo de Dios 173

Si bien es verdad que los servicios divinos cristianos en cuanto con qué rapidez adquirieron una forma litúrgica fija oraciones y
servicio de la palabra junto a los servicios sinagogales constituyen cantos en las comunidades de origen pagano o su inclusión en una
un fenómeno peculiar dentro del mundo helenístico, sin embargo, reglamentación cultual; se pondrá de manifiesto que en cualquier
no puede decirse que en ellos haya desaparecido totalmente lo cúl- caso esto acaeció muy pronto. Además, incluso la oración libre o el
tic?; ha sido tan sólo fuertemente re.ducido. Naturalmente el sacri- canto de un individuo en el marco de una celebración comunitaria
ficio falta en su totalidad y en los tiempos apostólicos y postapos- adquirió pronto un carácter especial, cúltico. Y aunque la joven
tólicos la cena del Señor no fue entendida en absoluto como sacri- comunidad cristiana no conoce ningún lugar sagrado ni tiempo
ficio, ya que la designación de la eucaristía como Buoíu sagrado alguno, sin embargo, motivos de orden puramente prácti-
(esacrificio») (Did 14, 1) o como o&pu (sdon») (1 Clem 44, 4) de- co exigieron la elección de lugares concretos y de tiempos fijos; la
be ser entendida metafóricamente. Igualmente falta en las historia del domingo ilustra cómo maduró poco a poco respecto de
reuniones de la comunidad el sacerdote; según Did 7 Y Just Apol estos tiempos el sentido «sagrado» del culto.
61 el bautismo no es administrado por una persona especialmente De 1 Cor 16, 2 (cf. Hech 20, 7) no puede deducirse con segu-
cualificada. Pero si el sentido de la acción cúltica es conseguir la ridad si Pablo conoce ya el domingo como día de la celebración
presencia de la divinidad para la comunidad que celebra, entonces cultual de la comunidad. En cualquier caso, el domingo se convir-
tenemos que reconocer que también en el culto cristiano se realiza tió pronto en tal día; si el domingo como tal es llamado «día del
este sentido y que la acción de la comunidad en la que Dios está ,Señor» (KUPlUKi¡ f¡!J.Épu) (Ap 1, 10; Did 14, 1; Ign Mg 9, 1), Ysi el
presente debe ser designada como culto, aunque exista la diferen- vidente (Ap 1, 10) recibe su revelación en este día, todo ello pone
cia de que la acción cultual en la comunidad cristiana no trae por de manifiesto que él atribuye a este día una cualidad especial,
primera vez a la divinidad, sino que se apoya en su presencia. Ella incluso aun cuando su elección como óyOáT] f¡!J.Épu (edía octavo»)
se halla presente en el «Espíritu» por el que la comunidad se sabe (Bern 15, 9), como sucede con la elección del día de ayuno cris-
llevada, del que se saben llenos sus predicadores (cf. 1 Cor 14, 25 tiano (Did 8, 1), hubiese encontrado originariamente su funda-
Y § 14). Pero ella se halla también presente en la palabra de la mentación únicamente en la oposición al uso judío. Su distinción
Escritura que acaba de ser leída. se fundamenta, al igual que sucede en los actos cultuales, en la
La exhortación de Did 4, 1: roñ AUAoí)V'tÓe; OOl rov 'J..óyov roü historia de la salvación: es el día en que Jesús úvéorn eK V¡;Kp&V
8EOí) !J.vT]o8i¡o1] VUK'tOe; KUl f¡!J.Épue;, runioeu; 01; UlJ'tOV me; KÚPlOV KUl q>aV¡;pc.o8¡;le; aVÉ!3T] de; oúpuvoúc (eresucitó de entre los muertos,
(erecuerda noche y día a quien te predica la palabra de Dios; lo se manifestó y subió a los cielos») (Bern 15, 9; Ign Mg 9, 1). En el
tendrás como señor») contiene la fundamentación característica: transcurso del tiempo se trasladan a este día los mandamientos del
óüsv yap f¡ «uptórru; AUAd'tUl, eK¡;i xúpiót; eo'tlV (epues de ahí AT referentes al sábado; de esta manera el domingo se ha conver-
emana la autoridad; allí está el Señor»). Si pertenece esta frase tido totalmente en día «sagrado».
(lo que difícilmente puede ponerse en duda) al «catecismo» judío
que ha sido reelaborado en Did 2-6, ello pone de manifiesto có- 2. Se sobreentiende que la divinidad, cuya presencia se cree y
mo también el servicio de la sinagoga tenía indudablemente un experimenta en las reuniones de la comunidad y a la que se diri-
carácter cúltico. Se pone de manifiesto también este carácter cúl- gen en sus oraciones, es el único Dios verdadero al que los paga-
tico en el hecho de que el sacar del armario el rollo de la torá nos se han convertido de los ídolos; esto se pone de manifiesto
para la lectura y el volver a meterlo en el armario eran actos li- igualmente por medio de las oraciones y doxologías (Ap 4, 8.11;
túrgicos. En el rollo de la torá se halla presente corporeizado el 7, 12; 11, 17 s; 15, 3 s; 19, 1 s.7 s), al igual que por la gran ora-
numen. ción de la comunidad (1 Clem 59-61). Pero como en Ap 5, 13; 7,
Por otra parte no debe tomarse en sentido demasiado restringi- 10 suena la oración de alabanza a Dios y al «cordero», y como en
do el concepto de acción cúltica. Esta no se halla limitada o redu- 11, 15; 12, 10 son alabados Dios y ó XP10'tOe; uu'toí) (esu Cristo»),
cida al sacrificio y a las acciones rituales, sino que comprende tam- así dice la fórmula final de 1 Clem 61, 3: OOl e~0!J.oAoyoú!J.¡;8u Ola
bién la recitación de textos sagrados, ante todo de oraciones y la roü apXl¡;pÉc.oe; KUl npoorúrou 't&V lJIUX&V f¡!J.&V '1. Xpicroü, 01' 06
ejecución de cantos, en una palabra, todo aquello que nosotros lla- OOl f¡ Oá~u (ete confesamos por medio del sacerdote y guía de
mamos liturgia. Ciertamente que nosotros no podemos decir ahora nuestras almas, Jesucristo, por quien a ti la gloria»). Es decir, tam-
174 El kerigma de la comunidad helenística Kyrios e Hijo de Dios 175

bién Cristo se ha convertido en una figura a la que se da culto y como se pone de manifiesto en el frecuente ó xópioc Ttl!mv '1. Xp.
que está presente en el culto y esto es lo verdaderamente caracte- (ermestro señor Jesucristo») y en el Xp. '1. Ó xóptór; I!OU (<<Cristo
rístico de la comunidad escatológica. Porque según Flp 2, 10 s, el Jesús mi señor») (Flp 3, 8) (cE. Rom 14, 4; Ef 6, 9). La explica-
acontecimiento salvífico realizado en Cristo tiene ya la meta: Ivn EV ción al hecho de que en el NT se emplee tan a menudo xúpioc
OVÓI!Utl 'I'r¡OOU 1tUV yóvu Kál!WU E1toupuvícov KU! E1ttYEírov KU! KU- sin añadir el nombre propio no debe ser buscada en la suposición
'tux60vícov, KU! 1tUOU YAG:mou E~OI!OAOyi¡Or¡'tUt éht xúotor; '1. Xpto- de que el nombre propio se sobreentiende de por sí, sino que
'toe; de; Oó~uv 6EOU nnrpór; (epara que al nombre de Jesús toda ro- además de esta suposición hay que tener en cuenta que justa-
dilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos y toda len- mente en ello ha influido el lenguaje empleado por los LXX, co-
gua confiese que Cristo Jesús es señor para gloria de Dios Padre»). mo ha influido también en el hecho de que Cristo no es sola-
Esto es lo característico de la comunidad escatológica del cristianis- mente el xóou»; de los que le honran (de la comunidad), sino
mo helenístico; porque en ella acontece por primera vez que la fi- también el xúptor; rtúvrrov (eseñor de todos») (Rom 10, 12), el se-
gura de Jesucristo no es sólo la del liberador escatológico, sino ñor de todas las potestades cósmicas (Flp 2, 11), el rtuvtor; 'tOU
también la figura del «Señor» a quien se le rinde culto (§ 7). En KÓcrl!OU xÚptOe; (eseñor de todo el universo») (Bern 5, 5), igual-
lugar del título «hijo del hombre», que encierra la nota de mortali- mente ha influido en la expresión Ó xúpior; 'tfíe; Oó~r¡e; (<<el señor
dad, y de «cristo» (= rey mesiánico), entra en las comunidades de la gloria») (1 Cor 2, 8).
helenísticas el título xúpu»; (<<señor»). Que no fue Pablo quien aplicó a Cristo por primera vez el
Es muy probable que el título xúptot; en su aplicación a Jesús título de xóptoc, sino que ya antes de él era frecuente el empleo
provenga de los LXX, en los que sirve normalmente para traducir en las comunidades helenísticas se desprende no solamente de la
el término hebreo de ;'1;'1. Viceversa, la designación de Jesús como naturalidad con la que él emplea el título, sino que se desprende
xúpioc, posibilitó el que se aplicasen a él las expresiones de los también de observaciones concretas. El canto a Cristo de Flp 2, 6-
LXX. Pero ciertamente por medio de este proceso ganó la figura 11 no ha sido compuesto por Pablo para este contexto, sino que es
de Jesús en contenido y entidad (cf. por ejemplo la referencia de Is una cita que él toma de otra parte, como E. Lohmeyer ha proba-
45, 23 a Cristo [Flp 2, 11]; de Is 40, 13: 1 Cor 2, 16; de Jer 9, 22 do. Está fuera de duda que Pablo en Rom 10, 9 alude a una fór-
s: 2 Cor 10, 17; de Ex 34, 34: 2 Cor 3, 16). La transferencia del mula de confesión común a todos los cristianos cuando escribe EUV
título xúptot; a Jesús no debe ser entendida (en cualquier caso no ÓI!OAoyi¡oue; EV 'té!> cróucrí OOU KÚPIOV 'Inooüv (esi confiesas con tu
primariamente) como antítesis frente a su empleo en el culto del boca que Jesús es el Señor ... »). Justamente ésta es por tanto la
soberano, aun cuando se haya derivado de éste el adjetivo confesión característicamente cristiana: xúpux; 'Inooíx; (Xpioróc) tal
KUpWKÓe;. Más bien la designación de Cristo como KÚplOe; deriva como aparece de nuevo en 1 Cor 12, 3 como criterio para el discer-
del lenguaje religioso del helenismo, más en concreto, del helenis- nimiento de espíritus. Y cuando Pablo en 2 Cor 4, 5 asegura: «no
mo oriental, donde xúptc«; representa la forma griega de la desig- nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como señor»
nación típica de Dios como «señor», extendido en Egipto, en Asia y con ello quiere presentar sus credenciales de que es un apóstol
Menor y especialmente en Siria, que con toda probabilidad es la verdadero, se aclara que justamente esto constituye el mensaje cris-
tierra donde nació la fórmula absoluta de ó xúpie«; (<<el Señor»). tiano: anunciar a Cristo como el xúptoc. Así también la fórmula
Este origen del título KÚplOe; se pone claramente de manifiesto en que proviene de JI 2, 32 (LXX): oí E1ttKUAOÚI!EVOt 'to OVOI!U 't'OU
la contraposición de de; xúpiot; '1. Xpiorót; (eun señor Jesucristo») xupiou ('1. Xp.) (dos que invocan el nombre del señor
frente a xóptot 1toA.A.oí (<<muchos señores») de 1 Cor 8, 5 s. Kúptoc [lesucrisro]»), y que deja translucir claramente el carácter cultual
en este empleo (como siempre excepto en los LXX) es apelativo y del título xúpioc, se ha convertido ya en tiempo anterior a Pablo
precisa, por tanto, para que se sepa de qué divinidad se habla, del en una designación de los cristianos (1 Cor 1, 2; 2 Tim 2, 22;
complemento mediante el nombre propio (cuando éste no se Hech 9, 14.21; 22, 16). Cuando Sant 2, 7 (de nuevo empleando
sobreentiende por el contexto); en el cristianismo, por tanto, '1. una fórmula veterotestamentario-judía) habla del KUAOV OVOI!U (<<el
Xptoróc xúou»; designa a Cristo pero no primariamente en su divi- hermoso nombre») como del E1ttKAr¡6tv Eq>' ÚI!Ue;, no puede referir-
na majestad y poder, sino en su relación respecto de quien habla se con el OVOI!U a nadie más que al xúpio«; ('1. Xp.), tal como acon-
(corresponde a la designación de OOUAOe; de aquel que da culto) tal tece en Herm sim VIII, 6, 4: ro OVOI!U 'tOU xupíou ro E1ttKAr¡6tv E1t'
176 El kengma de la comunzdad helenistica Kyrzos e HIJo de DIOS 177

uu'tOÚe; (<<el n~~bre del. Señor que ha sido invocado sobre ellos») o mi espíritu con el poder de Jesús señor nuestro»). Esta frase tiene
cuando los cnstranos (sim VIII, 1, 1) son denominados: e1t1KEKAr¡- la misma significación tanto si empalmamos ev 'té!> ov, roñ KUp. '1.
I1ÉVOl 'té!> (v. 1. ev) óvóunri xupiou (econsagrados al nombre del Se- (<<en el nombre del señor Jesús») con auvux6. lÍl1. (ereunidos no-
ñor»), o en sim IX, 14, 3: e1t1KUAOÚI1EVOl 'té!> óvóurm uU'tou (econ- sotros») como SI lo hacemos con ei nupuóoñvoi 'tOV 'tOlOU'tOV 'tID en-
sagrados a su nombre»). Estas fórmulas prueban claramente el senti- 'tUv~ (~<entregar a éste a Satanás») que viene a continuació~. En
do cúltico del título xúpioc; el e1t1KAr¡6f¡vm acontece aparentemente cualquier caso debe hacerse activa en la comunidad la MVUI11e;
(<<fuerza») del xúpioc mediante su invocación. Idéntica concepción
en el bautismo, igualm~nte el primer e1t1KUAEte;6m (einvocar»)
se desprende de la historia legendaria de Hech 1, 24: el xúpioc de-
(Hech 22, 16), pero se repite constantemente en las celebraciones de
be indicar por medio de la suerte al hombre justo que debe ocu-
la comunidad. Finalmente: el saludo de entrada de las cartas pauli-
nas es probablemente una fórmula litúrgica que Pablo toma: Xáple; par el lugar dejado vacante por el fracasado Judas dentro del cole-
Úl1tv KUt elpnvn U1tO 6eou 1tu'tpoe; lÍl1IDV KUt icuptou '1. Xpicroü (egra- gio de los doce.
cia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del señor Je- Al contexto de la invocación del óvoun (enombre») de Cristo
sucristo») 24. Se comprende, pues, que Hech 13, 2 designe al culto 1 Cor 5, .3-5 per~enece su empleo en los exorcismos y en general
cnsnano como un AEl'tOUpyEtv 'té!> KUpíCV (se. '1. Xp.) (eservir al Señor en la.s acciones milagrosas. QUIZás se empleó ya en la primitiva co-
[es decir: Jesucristo D. mumdad el nombre de Jesús como medio para llevar a cabo los
Ciertamente que el e1t1KuAEta6m (einvocar») al xúpioc no habría exorcismos (§ 7, 4); en cualquier caso sucedió tal cosa en el cris-
consistido en oraciones litúrgicas dirigidas directamente a Cristo. En tianismo helenístico como lo demuestra la historia de los conjura-
cuanto nosotros podemos ver, tales oraciones son dirigidas general- dores judíos, los cuales, según Hech 19, 13-17, querían apro-
mente sólo a Dios; difícilmente puede encontrarse en J n 14, 14 un vecharse de la fuerza del óvouu 'tOU xupíou 'Inooñ «<nombre del se-
test.imonio a favor de una oración de la comunidad dirigida aJesús. ñor Jesús»). Debe ser tenido en cuenta además el versículo redac-
Unicamente Hechos de los apóstoles apócrifos testifican para el cional de Lc 10, 17, donde se dice que los setenta, cuando vuelven
tiempo primero de la iglesia oraciones litúrgicas dirigidas a Cristo. a Jesús, le anun~ian: 'tu ÓUWÓV1U únorúooerm lÍl1tv sv 'té!> OVóI1U'tí
El e1t1KUAEta6m al xúpior; habría consistido, más bien, en confesarle oou .(<<los der,nonIOs se nos someten en tu nombre»). En este mismo
yen doxologías como 2 Tim 4, 18; 1 Clem 20, 12; 50, 7, Y tal como sentido ha SIdo configurada en Mt 7, 22 una tradición anterior (Le
sucede en Ap 5, 9 s.12, doxologías ofrecidas al «cordero». Además, 13, 26 s): oó 'té!> aé!> óvóurrn ... ÓmI1ÓV1U e~El3áAOI1EV KUt 'tID aID
en invocaciones individuales con apariencia de fórmula, tal como el óvóunrt ÓUVáI1Ele; 1tOAAUe; e1tOlT'¡aUI1EV (<<¿no ... expulsamos derno-
nIOS en tu nombre ... y en tu nombre hicimos muchos milagros?»).
maranatha referido a Cristo (§ 7,5), que aparece en Ap 22, 20 co-
Todo esto es co~ocido por el autor de Hech (Hech 3, 16; 4, 7.10;
mo: EPXOU KÚplE 'Incoü (<<¡ven señor Jesús!»)2'. O en los deseos de
16, ~8). Se c:udaba mucho que las fórmulas empleadas en los
gracia, tal como son empleados en los finales de las cartas, los cuales
exorcismos denvasen del material litúrgico y Justino pone de mani-
desean para el lector la xáple; roü xopíou '1. Xpicroü (egracia del se-
fiesto que esto vale también para el empleo del óvoun de Cristo en
ñor Jesucristo») (Gál 6, 18; Flp 4, 23; 1 Cor 16, 23; Ap 22, 21; 1
los exorcismos, cuando informa: KU'tU yup roñ óvóunroc UU'tou
Clem 65, 2). Aparte de esto, se habría invocado al xúpioc en casos
roúrou roñ uíoñ roü 6eou KUt 1tPül'tO'tÓKOU 1táar¡e; xrtoso»; KUt Ó1U
concretos para que él interviniera con su fuerza milagrosa.
Ejemplo característico de ello es 1 Cor 5, 3-5, cuando Pablo exi- 1tup6Évou vsvvnüévror; KUt 1tu6r¡'tou YEVOI1Évou uv6pól1tou KUt oruu-
ge que el impío, que tiene que ser separado, debe ser entregado a pül6Év'toe; e1tt Ilovríou I11Aá'tou ... KUt u1to6uvóv'toe; KUt úvuorüvrot;
Satanás. Debe suceder esto: ev 'té!> óvóurrn roü xupíou 'Incoü eK VEKpIDV KUt uvul3áV'toe; de; oúpuvóv 1tUV Óml1ÓVlOV e~OpKl~ÓI1EVOV
auvux6ÉV'tülV ÚI1IDV KUt toü el10u 1tVEÚI1U'tOe; oüv 'tí] ÓUVál1E1 roñ VIKU't~l KUt ú1to'táaaE'tm (<<pues en el nombre de éste que es hijo
xupíou lÍl1IDV 'Inooü (een nombre del señor Jesús, reunidos vosotros y de DIOS y primogénito de toda criatura, nacido de Virgen y hecho
hombre doliente y crucificado bajo Poncio Pilato ... muerto, resuci-
tado de entre los muertos y subido al cielo, todo demonio conjura-
24 E Lohmeyer, ZNW 26 (1927) 162 s ha mostrado esto poniendo al descu- do en ese nombre será vencido y obedecerá») (Dial 85, 2, cf. 30,
bierto la drferencra existente entre la fórmula y el lenguaje empleado por Pablo 3; 49, 8; 76, 6; 121, 3; 131, 5). Aquí se ve cómo las frases de la
25 La oración de la comida, Drd 10, 6, tesnrnorua la tradicrón copta del texto confesión litúrgica han servido para el exorcismo. Y cuando Justi-
t)"lló:rw Ó xuptor; (en lugar de xapt~), la cual es, quizás, ongmal
El kerigma de la comunidad helenística Kyrios e Hijo de Dios 179
178

del KÚPlOe" figura que es venerada en el culto; correspondiente-


no constata: roe, KUt EK roúrou rtñcn <pUVEPOV slvm O'tl Ó nu'ti¡p
mente KÚPlOe, designa el rango y la función de aquel que según su
UlJ'tOU roouúrnv EOffiKEV UtJ'tep MVU~lV, mo'tE KUt 'ta OUl~ÓV1U ser es uioe, roñ Bsoü,
úno'túoaEo8Ul 'tep óvóurrn UtJ'tou KUt 'tij roü YEVO~¿Vou nú8oue, uu'tou
Si es verdad que se comenzó en la comunidad helenística cris-
ohcovouín (ede aquí, pues, resultará evidente. a toda persona que tiana a aplicar a Cristo el título de KÚPlOe" fue la misión de l~.s
su Padre le dio un poder tal que los demonios se someten en su judea-cristianos helenísticos quienes propagaron el título de hz¡o
nombre y a su gobierno en virtud de su pasión»), se ve que esto
de Dios, pues ya la comunidad primitiva había ll~ado a Jes~~ así
tiene validez ya en los tiempos anteriores a él.
(§ 7, 5). Pero, naturalmente, el título, que designaba ~)flgma­
Pero sobre todo, el E7ttKUA.Eio8Ul (einvocar») al KÚPlOe, tiene su
riamente al rey mesiánico, adquiere ahora un nuevo sentido que
lugar en la liturgia por el hecho de que las oraciones y ala~~nzas
era evidente para los oyentes paganos. Designa ahora la naturaleza
a Dios deben ser dichas «en su nombre» (Ef 5, 20; cf. también 3,
divina de Cristo, en virtud de la cual se distingue de la esfera hu-
21; Jn 14, 13; 15, 16; 16, 24.26) o deben ser ofrecidas a Dios
mana; afirma que Cristo es de origen divino y que está lleno de la
«por medio de él»; porque como Pablo dice claramente: 01' uu'tOu Súvnu«; (efuerza») divina.
'tO a~i¡v 'tep 8Eep npoe, 8ó~uv Ot' 1Í~rov (xdecimos por él :amén' a la
Dos hechos ponen de manifiesto que era éste el sentido evi-
gloria de Dios») (2 Cor 1, 20). Así resuena «por medio de él» el
dente que tenía el título dentro del helenismo. Nos encontramos,
agradecimiento a Dios (Rom 1, 8; 7, 25; Col 3, 17) o la adora-
por una parte, con el hecho de que para la concel?ción cristiano-
ción (Did 9, 4; 1 Clem 58, 2; 61, 3; 64; 65, 2). También deriva
helenística el acontecimiento salvífico consiste precisamente en el
del vocabulario litúrgico la fórmula que se encuentra en las cartas
suceso paradójico de que una figura, que por naturaleza es divina,
de Ignacio: aonú~o~Ul EV óvóurrn '1. Xpto roü (eos saludo [beso]
aparece como hombre y sufre las vicisitudes humanas (cf. el canto
en nombre de Jesucristo») (Ign Rom 9, 3; Sm 12, 2) Y quizás a Cristo citado por Pablo en Flp 2, 6-11), de manera que lo que
también nUpUKUA.Eiv Ota 'tOU óvóunroc roñ «upíou 1Í~. '1. Xpicroñ para la comunidad primitiva era un OKÚVOUA.OV (eescándalo»), para
(<<conjurar por el nombre de nuestro señor Jesucristo») (1 C~r 1, el cristianismo helenístico era ciertamente un uuo rúpiov
10; Rom 15, 30; cf. 2 Cor 10, 1). Cuando se pronuncia el (emisterio»), el XP1<J'tOe, nu811'toe" pero deja de ser OKÚVOUA.OV. En
nombre del KÚPlOe, todos los seres deben adorarle para gloria de segundo lugar nos encontramos con que e.nseguida sur~e el probl~­
Dios (Flp 2, 10 s). . ma de en qué términos puede ser concebida la humanidad del h.l-
Es de pensar que hayan sido dirigidas directamente a Cristo jo de Dios y nos encontramos también (justamente por la para?oja
oraciones fuera de la liturgia en la vida personal. Pablo personal- del acontecimiento salvífica) con que la verdad de la humanidad
mente ha invocado al Señor (2 Cor 12, 8) Y le pide la salud de la de Cristo debe ser defendida contra las falsas doctrinas gnósticas.
comunidad (1 Tes 3, 12; así también 2 Tes 3, 3.5.16, donde en el Si por una parte la designación «hijo de Dios» sirve para distinguir
lugar paralelo de 1 Tes 3, 11; 5, 23 s está Dios). a Cristo del Dios único y para expresar una relación de subordina-
ción, sirve también por la otra, y esto es lo esencial, para afirmar
3. Lo que hemos dicho respecto del nombre KÚPlOe, vale tam- su divinidad. No hay, pues, por qué extrañarse cuando 2 Clem 1,
bién para el otro nombre que se aplica a Cristo: él es el uíot; 'tOU 1 comienza: oüro»; od i¡~ue, opovelv nspt '1. XplO'tOU cóe, nsoi Bsoñ
8eou (<<hijo de Dios»). Si de acuerdo con Flp 2, 11 el ~lOmbre (easi debéis opinar acerca de Jesucristo lo mismo que de Dios»); ya
KÚPlOe, significa la coronación de su obra de salv~Clón, el antes Heb 1, 1-14 había puesto de relieve la preeminencia de Cris-
OlcHpopü:m;pov OVOI.tu (snombre más distinguido») que Dl~S regala to sobre los ángeles y había definido a Cristo como anuúyuo~u 'tfíe,
al Exaltado y que lo coloca sobre todos los ángeles es, sin duda M~l1e, (roñ 8eou) KUt x'UPUK'ti¡p 'tfíe, únoo'túoEffie, UlJ'tOU (eresplandor
ninguna, de acuerdo con Heb 1, 4, el nombre de hijo; así se dice de su gloria [de Dios] e impronta de su esencia») (1, 3). .
en Herm sim IX, 14, 5: ro óvoun 'tOU uíoü roü Bsoü ~¿yu E<Ht KUt El NT se muestra todavía muy reservado respecto de la desig-
ax,cópl1'tov KUt 'tOV KÓO~OV OA.OV BUO'tÚ~El (<<el nombre del hijo de Ilación de Cristo como ~EÓe,. Si exceptuamos Jn 1, 1, dc:nde se lla-
Dios es grande, incomprensible y sobrelleva al universo entero»). ma 8EÓe, al Lagos preexistente y Jn 20, 28, donde Tomas honta. al
Por ello se encuentran en las fórmulas de exorcismo ambos Resucitado: ó KÚP1Óe, uou KUt ó 8EÓe, uou (<<el Señor mío y el DlOS
nombres (cf. supra). Se pertenecen mutuamente en la medida en mío»), se llama a Cristo 8EÓe, únicamente en 2 Tes 1, 12; Tit 2,
que utoe, toñ 8EOU (ehijo de Dios») designa el ser divino, propiedad
Kynos e HIJo de DIos 181
180 El kertgma de la comunidad belenisttca

tiro (§ 15) está emparentada con tales figuras cuyo ongen debe
13, 2 Pe 1, 1 26 Ignacio, por el contrario, habla de Cnsto llamán-
buscarse en las antiguas drvirudades de la vegetación -sea cual
dolo 6wc; con gran naturalidad (Tr 7, 1, Sm 1, 1, 10, 1), ordma-
fuera la relación histónca-> en la medida en que en esa figura ha
namente dice (Xpw,OC;) Ó 6wC; f¡¡.L&v (<<[ Cnsto] nuestro DlOS») (Ef
dejado su huella de una manera especialmente enfática aquella pa-
15, 3, 18, 2, Rom 3, 3, PoI 8, 3) Justamente las expresiones SI-
radoja de la encarnación de un ser drvmo (una drvimdad-lujo) y de
guientes ponen de relieve que él es consciente de la paradoja EV
su destino humano
oupxt YEVO¡.LEVOC; 6wc; (<<DlOS hecho carne») (Ef 7, 2), 6wC; La concepcuin que los crtsttanos vemdos del pagamsmo tienen
uv6pO)1tlvO)C; q>aVEPOU¡.LEVOC; (<<DlOS manifestándose como hombres) de Cnsto como uloc roñ 6wi) (ehijo de DlOS») se deferencta según
(Ef 19, 3), habla de Ut¡.LU 6wi) (esangre de DlOS») (Ef 1, 1), de la rradicrón que haya Jugado un papel determinante en ella Los
1tu60C; roü 6EOi) ¡.LOU (esufnrruenro de rru DIOS») (Rom 6, 3), de evangelios SlfiÓptICOS ponen de manifiesto en sus líneas esenciales
ap,oc; 6wi), o Eanv aup~'1 Xpioroü (epan de DlOS, que es la car- el pnmer ttpO en la medida en que ellos presentan al hIJO de DlOS
ne de jesucnsto») (Rom 7, 3) revelando su E~oumu (eporestad») drvma mediante sus milagros
No es en absoluto sorprendente que el anuncto de Cnsto como Nos encontramos aquí frente a una manera de representación que
uloc roü Bsoü (<<hIJO de DlOS») haya SIdo entendido en este sentido, podía también ser tomada del pensamiento de la tradición Judía
la figura del /;t;O de Dios era famthar a la concepctán heienistica, en cuanto que, sigurendo la analogía de los profetas y de David,
donde se encuentran diversas manzaciones Por un lado como he-
atribuía la OUVU¡UC; (efuerza») drvma en la vida del 6EtOC; UVT]P
rencia de la tradición gnega, que aplica a los hombres la Idea rru-
(xhombre drvino») al espíntu drvino
rológica de la concepción por medro de DlOS, se trata entonces de
En esta línea se mueve el evangelio de Marcos, según él, Jesús
hombres que por sus acciones heroicas, por sus aportaciones espin-
~( convierte en hIJO de DlOS por medio del Espítrru que le es dado
tuales o por sus obras de beneficencia, superan a los hombres vul-
cn el bautismo La misma concepción se refleja con toda clandad
gares El tiempo helenístico conoció una sene de tales 6EtOt UVOpEC;
en la forma occidental del texto de Le 3, 22, según el cual la voz
(ehombres drvmos») que pretendían ser uíot 6wi) (<<hIJOS de DIOS»)
drvma dice uíoc ¡.LOU El ou, erO) onuspov YEyévvllKU os (etú eres rru
o que fueron tenidos por tales y que, en parte, fueron venerados
hIJO, hoy te he engendrado») En esta línea de pensamiento
como tales En estos casos rara vez se subraya la paradoja de la ma-
mfesración de lo drvino en figura humana, esto no representaba en nombra Hech 2, 22 a Jesús como un UVT]P U1tOOEOEIY¡.LévoC; U1tO roñ
(koi) OUVá¡.LEm xm rspuot KUt onustoic, OtC; E1totllaEv 01' cúroü Ó
absoluto problema alguno para el pensamiento común gnego, to-
da vez que para ellos el espínru del hombre era algo drvino El in- OEÓC; (ehombre acreditado por DIOS con milagros, prodigios y se-
ñales que DlOS obró por medro de él») Al parecer, también la
terés no radica, por tanto, en el hecho paradójico de la humanidad
concepción rrutológica de que el hIJO de DlOS es engendrado por la
del hIJO de DlOS, sine en la PlOC; (evida») del huo de DIOS marcada
drvmidad, conocida no solamente por la tradición gnega, sino
por fenómenos cansrnáucos y por acciones r.?dagrosas Por otro l~­
también por la babilóruca y sobre todo por la leyenda real egipcra,
do, encontramos la concepción de la filración drvina que se habla
donde es muy comente, ha SIdo tomada por el helenismo Judío en
extendido en el helenismo oriental como herencia de la antigua
Egipto y ha SIdo aplicada a los pradosos del AT No es, por tanto,
mitología oriental la concepción de drvmrdades-hijos, q~e tenían
de extrañar que despuntara muy pronto en el cnstrarusmo
derecho a recibir veneración cultual y a las que se atribuyó una sig-
helenístico la leyenda del nacrmiento virgmal de Jesús, concebido
mficación sotenológica De tales drvimdades, a las que se rendía
culto en los mistenos, contaba el mito que habían padecido el des
°
por el1tVEi)¡.LU ÜYlOV (<<Espímu santo») (Mt 1, 20) por la OUVU¡.LtC;
úuncrou (efuerza de lo alto») (Le 1, 35) El hecho de que Pablo no
tino mortal humano, pero que habían resucrtado de nuevo de Ja
la conociese no quiere decir que no pudiese ser conocida y hallarse
muerte Pero Justamente en el destino de estas drvirudades, segun
la fe de sus veneradores, se fundaba la salvación de la que parnci- extendida ya antes de él en otros círculos Dentro del NT en-
paban aquellos que revrvían en la irucración misténca la muert<;. y contramos este pnmer trpo únicamente dentro de Mt y de Le y la
resurrección de la drvinidad La figura del salvador del rnito gnos- concepción que les es típica del uíoc Bsoñ (<<hIJO de DlOS») se VlO
aventajada por el segundo tipo, según el cual jesucnsto es el hIJO
de DlOS preexistente hecho hombre Esta concepción es para Pablo
26 Difícilmente podemos refenr la doxologia de Rom 9 5 a jesus en Jn 1 (como para Juan) evidente y el canto a Cnsto prepaulino prueba
18 Y en 1 Tirn 3 16 aBÓ'; es lectura secundaría
Los sacramentos 183
182 El kerigma de la comunidad helenística

Después de Pablo encontramos este sentido principalmente en Col


(Flp 2, 6-11) que Pablo no ha. sido el. p.rimero en i~t!?ducir tal 1 15 s donde Cristo es caracterizado como dKÓ)V 'tOU 6EOU roü
concepción dentro del pens~lIl1ento cnsuan<? Esta vision. c<?rres- l'L~pá'to~ (eimagen de Dios invisible»), como npcoróroxoc náalle;
ponde también a la c~ncepC1ón de la paradoja del acont<;C1miento xrtoso»; (eprimogénito de toda la creación»), on EV uU't0 EK'tía611
salvífico; todo el énfasis se pone en el hecho de la humanidad y en 'tu náV'tu ... KUi. 'tu rrrrvtu EV uU't0 ouvécmxsv (eporque en él
el destino humano del hijo de Dios hecho hombre y nos encontra- fueron creadas todas las cosas. . . y todo tiene en él su
mos, entonces, con el hecho de que esta concepción, según la cual consistencia»). También Ef conoce esta especulación, pero lleva a
Jesús se ha mostrado en su vida terrena como hijo de ~io~yor me- cabo el proceso, ya comenzado en Col, de pasar de lo cosmológico
dio de sus milagros y la antenor se hallan en contradicción como a lo eclesiológico (1, 20 s). Además de Jn 1, 1, Heb 1, 3 pone de
lo pone de relieve Flp 2, 6-11. Para Pablo es también esta manera manifiesto que Cristo fue visto como una figura cósmica, en cuan-
de pensar totalmente extraña. to que era hijo de Dios incluso fuera de Pablo y de su escuela. En
Pero ambas cristologías llegaron a fundirse dentro del cristianis- Heb 1, 3 es presentado como q>ép<ov 'tu náv'tu 't0 p1Í~un 'tfíe;
mo helenístico formando una unidad cargada de tensión. Han sido c5uvá~E:<oe; UU'tOU (ellevandc todo con la palabra de su poder») des-
mantenidos los evangelios sinópticos con la imagen del hijo de pués de haber sido llamado Unuúyua~u 'tfíe; M~lle; (roñ 6EOU). KUi.
Dios que obra milagros. En Ignacio, la virginidad de María, su XUPUK'tT1P 'tfíe; únoa'táaE:<oe; UU'tOU (<<resplandor de su glona e
alumbramiento y la 6ávu'toe; 'tOU xupíou (emuerte del Señor») for- impronta de su esencia») con lo que se parafrasea el concepto de
man los tres ~U(H1ÍPtU Kpuuyf¡e; (emisterios más llamativos») (Ef 19, dKÓJV (eimagen»). De igual manera Herm quien en sim IX, 12, 2
1; cf. Sm 1, 1), a pesar, justamente, de que él en los demás luga- dice: Ó ~i:v uíoe; roñ 6EOi) náalle; icrtcso»; UU'tOU npovsvéo-rspóc óriv,
res subraya la paradoja de la cristología de la preexistencia (cf. ma'tE: aú~l3ouAov uúróv vsvéoürn 't0 nnrpt 'tf¡e; xrtoso»; UU'tOi) (eel
supra). hijo de Dios ha precedido a toda la creación hasta el punto de
Hay que señalar, sin embargo, un tercer tipo de la figura del convertirse para el Padre en símbolo de su creación») donde late,
hijo de Dios. La divinidad del hijo en el mito gnóstico encierra naturalmente, Prov 8, 27 s. Se hace patente, sobre todo, la fun-
muchas veces no sólo significación soteriológica, sino también cos- ción cosmológica del hijo de Dios en sim IX, 14, 5: 't0 óvoun roñ
mológica; más aún, ésta ocupará el primer lugar y encontrará un uloñ roü 6EOi) ~éyu Ea'ti xut UXÓJPll'tOV Kui rov xócuov OAOV
desarrollo independiente en las mitologías y en las especulaciones l3ua'tá~E:t. si oúv nflau 1Í xrío«; c5tu roü uíoü (roñ 8EOi) l3ua'tá~E:'tat
filosóficas de las religiones, tal como sucede en Filón, cuyo Aóyoe; (egrande es el nombre del hijo de Dios e inmenso y sustenta al
cósmico es el «hijo» de Dios; de manera parecida en los escritos de universo entero. Si pues, toda la creación es sostenida por el hijo
Hermas. Una figura paralela es la imagen cósmica de la de Dios ... »).
«sabiduría», que se ha introducido ya en la literatura sapiencial del
AT y también en el judaísmo, especialmente en el helenístico, y se
ha convertido en objeto de especulación. Esta especulación sobre el
lagos y 'sobre la sabiduría penetraron muy temprano en el cris- § 13. Los SACRAMENTOS
tianismo helenístico. Ya en 1 Cor 8, 6 aparece Cristo como aquél
c5t' oí) 'tU náv'tu lWi. 1Í~Eie; c5t' uihou (epor quien son todas las cosas K. Prürnm, Le mystere dans la BiNe, en Suppl. au Dictionnaire de la Bibie YI, 1,
y nosotros por él»); en esta fórmula encontramos unidas la función 173-225. 1: R. Knopf, Das nachapostolische Zeitalter, 271-290; E. Fuchs, Das
cosmológica y la soteriológica de Cristo. No podemos decir si fue urchristliche Sakramentsverstiindnis, 1958; G. von der Leeuw, Sakramentales Den-
Pablo el primero que atribuyó a Cristo la función cósmica de inter- ken, 1959; W. Heitmüller, 1m Namen Jesu, 1903; Id., Taufe und Abendmahl im
mediario en la creación. Si tenemos en cuenta la naturalidad con Urchristentum, 1911; J. Leipoldt, Die urchristl. Taufe im Lichte der Religions-
la que habla de ello, quizás podríamos deducir que no se en- geschichte, 1928; R. Reitzenstein, Die Vorgeschichte der christl. Taufe, 1929; J.
contraba solo en tal postura. Lo mismo podríamos decir partiendo Thornas, Le mouvement baptiste en Palestine et Syrie, 1935; E. Stauffer, Taufe im
de la naturalidad con la que describe a Cristo en 2 Cor 4, 4 como Urchristentum, en RGG 2y, 1002-1010; M. S. Enslin, Christian beginnings, 1938,
dKÓ)V roü 6EOU (eimagen de Dios»); este concepto pertenece en 186-200; H. G. Marsh, The origin and significance of the NT baptism, 1941; P.
concreto al contexto de la especulación cosmológica del hijo de Lundberg, La typologie baptismale dans /'ancienne église, 1942; Fr. Leenhardt, Le
Dios y aparece así en Filón y en la literatura hermética y gnóstica.
Los sacramentos 185
184 El kertgma de la comunzdad helenistica

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baptéme cbrétten, son ortgtn, sa Slgnzficatzon, 1946, O Cullmann , Die Tauflehre
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Greg 55 (1978) 12-52,) jeremras, La últzma cena Palabras de Jesús, 1980
Taufe etn Sakrament?, 1951,) Schneider. Die Taafe tm NT, 1952, A Benoit, Le
baptéme chrétten au second siécie, 1953 2 Lretzmann , Cullmann, Lohmeyer, cf
supra § 8, 3 Además R Knopf, oc, 253-271, W Heurnuller, cf supra, M Go-
1. En el culto de la comunidad se halla presente el KÚPtoC;
guel, L'eucbartstte des ongines aJustm martyr, 1910, A ) B Higgms, The Lord's
'Inooüc Xpicróc. El individuo entra en la comunidad por el
supper m the NT, 1952 3 G Bornkamm, Herrenmahl und Kircbe bez Paulus
bautIsmo y entra también en relación con el xúpioc. Con toda pro-
ZThK 53 (1956) 312-349, E Schweizcr, Abendmahl 1, en RGG 1, 365-73, W
babilidad el bautismo fue practicado en la primitiva comunidad
Bieder. Die Verhezssung der Taufe tm NT, 1966, F Hahn , Die alttestamentlzchen como rito de micración a la comunidad escatológica, como baño
Motzve m der urcbnstltcben Abendmahlsuberlzeferung EvTh 27 (1967) 337-374, G sacramental que limpia de la culpa de los pecados (§ 6, 3) Y así
R Beasley-Murray, Die cbnstitche Taufe, 1968, A Bntlmger, Das Abendmahl tm fue llevado por la misión a las comunidades helenísncas. Es eVI-
NT und m der fruhen Ktrcbe, 1969, B Klappert, art Herrenmabl, en ThBL zum dente que el bautismo es la conataon zndlspensable para entrar en
NTIl/1, 1969,667-678,) D G Dunn , Baptzsm m the Holy Spmt, 1970,) Roloff, la comUnidad y para participar de la salvación; esto se pone de
Hez/ als Gememscbaft, en P Cornehl-H E Bahr (ed ), Gottesdzenst und Offenlzch manifiesto, al menos indirectamente, en Hech 4, 12: Kat OUK Eonv
kezt, 1970,88-117, B Sandvik, Das Kommen des Herrn bezm Abendmahl tm NT, f:V ÜA.A.OJ OUOEVt lÍ crorsptn, ouol; yap óvouú EO'ttV srsoov uno róv
1970, W Schenk, Die Emhezt van Wartverkundzgung und Herrenmabl m den oúpnvóv ro OEOOIlÉVOV f:V uv6pcbnmc; EV Q> oE1 ooüñvm lÍlli'iC; (se. 1\ ro
urcbnstlichen Gememdeversammlungen, en Theologzsche Versuche Il, 1970, 65-94, óvoun '1. Xptoroíi) (eporque no hay salvación en mngún otro, ni
H Schurrnann, Ursprung und Gestalt, 1970, K Aland, Taufe und Kmdertaufe, hay bajo el CIelo otro nombre dado a los hombres por el que no-
1971, H von Campenhausen, Taufen aufden Namen jesa? VIgChnst 25 (1971) 1- sotros debamos salvarnos [sólo el nombre de ]esucnsto]»), mcluso
16, E Dinkler , Die Taufaussagen des NT, en Zu Karl Barths Lehre von der Taufe,
aun cuando no se hubiese pensado aquí en el Nombre que se pro-
1971,60-153, R Feneberg, Chnstlzche Passafeter und Abendmahl, 1971, H Patsch,
nuncia en el bautismo. Según Did 9, 5 y]ust Ap 66, 1 nadie que
Abendmahl und hzstonscher [esus, 1972, H Schurmann, Das Wezterleben der Sache no haya recibrdo el bautismo puede tomar parte en la celebración
[esu zm nachosterlzchen Herrenmabl BZ NF 16 (1972) 1-23, G Barth, Zwez ver de la eucaristía y según Herm sim IX, 12, 4 s nadie entrará en el
nachlasszgte Gestcbtspunete zum Verstandnts der Taufe zm NT ZThK 70 (1973) reino de DlOS si no «ha recibido el nombre del hIjO de DlOS» , es
137-161, L Goppelt, Der euchanstzsche Gottesdzenst nach dem NT Erbe und decir, si no ha sido bautizado. Incluso de acuerdo con Herm sim
Auftrag 49 (1973) 435-4'17, F Hahn, Zum Stand der Erforschung der urchnstlzchen IX, 16, los justos del AT tan sólo después de haber sido bautiza-
Herrenmahls EvTh 35 (1975) 553 563, F Lang, Abendmahl und Bundesgedanke dos pueden tomar parte en la salvación; con este fin han predicado
zm NT EvTh 35 (1975) 538-544, H Feld, Das Verstandms des Abendmahls, 1976, los apóstoles y los maestros después de su muerte en el mundo
K H Sche!kle, Das Herrenmahl, en Rechtfertzgung (F fur E Kasemann), 1976, lOfraterreno y han bautizado.
385-402,) Baumgartner, Das Sakrament der Taufe, 1976, H Breif-M Seltz (ed ), Por lo que respecta al rzto del bautIsmo, normalmente fue rea-
Taufe, 1976, R )ohanny-W Rordorf-M Metzger, L 'euchanstze des premzers chré lIzado como baño en el que el bautizando desaparecía totalmente
tzens, 1976, M Quesne!, Aux sources des sacrements, 1977, D Dye, Vze chrétzenne debajo de las aguas y, si era posible, se realIzaba en agua corrien-
et sacrement dans I'hzstozre de I'églzse, 1977, W Pannenberg, Dze Problematzk der te, tal como se apunta en Hech 8, 36; Heb 10, 22; Bern 11, 11 Y
Abendmahlslehre aus evangelzscher Szcht, en Ethzk und Ekkleszologze, 1977, 293- como se dice expresamente en Dld 7, 1-3. Según esta última obra,
315, R ) Daly, The ongms of the chnstzan dactnne of sacnfice, 1977, M Huber, basta en caso de necesidad, con que sea rociada con agua tres veces
Taufe m der Euchartstzefezer, 1978, R Pesch, Das Abendmahl undJesu Todesvers la cabeza del bautizando. El bautIzante lOvoca sobre el bautizando
tandms, 1978, Th Schnelder, Zezchen der Nahe Gottes, 1979
Los sacramentos 187
186 El kerigma de la comunidad helenística

el nombre del KÚPtüC; '1. Xpto tóc (<<Señor Jesucristo»), más tarde los no tenemos ninguna otra información precisa sobre el acto ritual
nombres del Padre, del Hijo y el Espíritu santo (el primer testimo- de la ifnposición de las manos, acto que, según Heb 6, 2; Hech
nio lo encontramos en Dis. 7, 1.3; Just Apol 61, 3.11.13; además 19, 5 s (cf. 8, 1?) pertenecía albautismo; con todo es de pensar
de en Mat 28, 19 donde quizás se da una interpolación posterior). que éste habría SIdo, desde el prrncipro, una parte del rito ordina-
De la fórmula B6.1ttí~EtV dc; ro óvouu (ebautizar en el nombre») se rio, que habría acompañado a la mención del óvoun. Parece que
desprende que el óvoun fue invocado sobre el bautizando (lo testi- debería pensarse que evidenremenre el bautismo sólo fue imparti-
monia indirectamente 1 Cor 1, 13.15; directamente: Hech 8, 16; do a los adultos 28. El bautizante no poseía cualidad sobresaliente
19, 5; Did 9,5; Herm sim III, 7, 3; en lugar de Eic;: EV: Hech 10, alguna (§ 12, 1); únicamente, según Ign Sm 8, 2, no habría esta-
do permitido bautizar 'XwpiC; roñ E7ttOKÓ1tOU (esino sólo al obispo»).
48, E1tí Le 24, 47; Hech 2, 38; además de estos lugares, que hablan
Diversos motivos, que aparecen a veces juntos, a veces inde-
únicamente del óvoun del KÚPtüC; deben ser tenidas en cuenta las
pendientes, determinan el sentido del bautismo. En cualquier caso
anteriormente mencionadas fórmulas trinitarias); lo confirma tam-
es un sacramento, es decir, una acción que por medios naturales
bién la fórmula ró óvoun ro E7ttKAT\Of:V Eep' ú~ac; o E1t' autOÚC; (eel
obra efectos sobrenaturales, en la mayoría de los casos mediante el
Ü;ombre invocado sobre nosotros») (esobre ellos») (Sant 2, 7; Herm
sim VIII, 6, 4); expresamente habla de ello Just Apol 61, 11. Son empleo de palabras pronunciadas que acompañan a la acción y
equivalentes también las expresiones Aa~BávEtV (etornar») o eoostv que por el simple hecho de ser pronunciadas según el texto
ró óvoun (<<llevar el nombre») (Herm sim IX, 12,4.8; 13,2.7 o IX, prescrito ponen en marcha tales poderes; es más, la acción sacra-
14, 5; 15, 2). El bautizando, por su parte, dice la confesión KÚPtüC; mental puede limitarse también totalmente a decir una palabra o
'1. Xpto rót; (eseñor Jesucristo») y pertece con ello a los una fórmula. El sacramento se basa en el presupuesto de que,
bnKuAOÚj.leVol ro OVOI.tU roñ xupío (<<que invocan el nombre del Se- dentro de determinadas condiciones, poderes sobrenaturales
ñor») (§ 12, 2)- ¿inmediatamente antes o después del baño bautis- pueden estar ligados a objetos mundanos-naturales y a palabras
mal? Si la ó~oAoyía (econfesión») de 1 Tim 6, 12, que ha sido pro- pronunciadas como portadoras e intermediarias de tales poderes
nunciada por muchos, es la confesión bautismal, debemos pensar sobrenaturales. Si se cumplen las condiciones (si se pronuncia, por
que tenía lugar antes del bautismo. Cuadraría perfectamente tam- ejemplo, correctamente la fórmula y con ello se «santifica» la mate-
bién el que la pregunta y su respuesta precediesen al acto del ria, es decir, se le carga de fuerza sobrenatural) y se realiza la ac-
bautismo. Se trata de la pregunta que O. Cullmann 27 quiere dedu- ción según el rito prescrito, las fuerzas sobrenaturales se ponen en
cir de Hech 8, 36; 10,47; 11, 17; Mt 3, 14; del evangelio ebionita funcionamiento y la acción, qu~ sin esta condición sería algo pura-
contenido en Epifanio 30, 31; se trataría, en concreto, de la pregun- mente mundano y natural, equivalente a un baño o a una comida
ta: tí KWA.úEt (equé impide»); y la contestación: E~¡;OttV (ese puede») e~ ella misma una celebración so~renat.ur~l. que obra un milagro:
o OU&f:V KWA.úEt (enada impide»). La escasez de fuentes nos impide SI bien es verdad que en los estadios pnmitrvos de la historia de la
precisar si estas fórmulas rituales se formaron en época temprana o religión apen~ si puede hacerse. distinción entre magia y acción
no. Según Just Apol 61, 2 precede en cualquier caso al bautismo la sacramental, SlO embargo, a medida que avanza la historia la dis-
promesa del bautizando de que Btoí)v OÜtWC; Oúvao6m (epuede vivir tinción es cada vez mayor según sean las condiciones que deben
así») (en concreto, vivir de acuerdo con la doctrina recibida). Si bien cumplir aquéllos para quienes el sacramento tiene que obrar -si
en los tiempos primeros el bautismo estuvo a menudo unido inme- se tr~~a únicamente ~: una preparación corporal o se presupone
diatamente a la conversión que tenía lugar bajo la impresión de la también una preparacion del alma- y según qué fuerzas sobrena-
predicación misionera (tal como se entrevé, por ejemplo, en Hech turales deban ser puestas en funcionamiento: si se trata solamente
2, 41; 8, 12; 16, 33; 18, 8), sin embargo, más tarde precedió el de aquellas que posibilitan únicamente un aumento de la capaci-
bautismo una enseñanza, tal como se presupone en Heb 6, 2; Did dad física o de las que estimulan la vida espiritual; en el último
7, 1; Just Apo161, 2; 65,1. No sabemos desde cuándo al bautismo caso crece, naturalmente, la paradoja del sacramento: ¿cómo
precede un ayuno, de uno o de dos días, mencionado por Dis 7 4, pueden estar ligadas fuerzas espirituales a elementos materiales co-
Just Apol 61, 2 (aquí se menciona también la oración). Igualme~t~
28. De opinión contraria es J. Jeremias, Hat die alteste Christenheit die Kin-
27. Cf. O. Cullmann, Urchristentum und Gottesdtenst, 79-88. dertaufe geübt?, 1938.
Los sacramentos 189
188 El kerigma de la comunidad helenística
É1tEp<Í:l"t11~a
de; 8EÓV (eno consiste en quitar la suciedad del cuerpo,
sino en pedir a Dios una buena conciencia»), es decir, el baño
mo portadores de ellas? Finalmente, ¿puede el sacramento volatili-
zarse en símbolo y, en lugar de la actuación milagrosa, entrar en bautismal no es una purificación exterior, sino que crea (mediante
funcionamiento una actuación psicológica? la limpieza de los pecados) la posibilidad de invocar a Dios con la
Se ve con toda claridad que para el cristianismo primitivo el conciencia de purificación (cf. Heb 9, 14; 10, 2.22). Lo mismo en
sacramento en ningún caso es un símbolo, sino una celebración la literatura que apenas proviene de Pablo y en la que de ninguna
que obra milagrosamente; en cuanto al sacramento de la eucaristía manera tiene contacto con él. El bautismo se confiere de; ñoeow
ú~ap"ttmv (epara perdón de los pecados») (Hech 2, 38), de manera
aparece esto de la manera más sorprendente en 1 Cor 11, 29 s (cf.
que Saulo-Pablo recibe el encargo: nvaa"tae; BÚ1t"ttaut Kai U1tó"Aou-
infra) , para el bautismo en 1 Cor 15, 29. Cuando se da el caso,
cm "tae; úunprír«; cou, EmKa"AEaÚ~EvOe; "to óvouo uu"tolí (devántate,
como aconteció en Corinto, de que uno se deja bautizar en favor
de los muertos, con lo que pretende hacer operativas en ellos las recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre»)
fuerzas sobrenaturales que dan los sacramentos, no hay entonces (Hech 22, 16). Los cristianos tienen que tener, según Heb 10, 22
distinción alguna entre el sacramento y una acción de magia. Se óspuvncuévot "tae; Kapoíae; U1tO aUVEtoi¡aEOJe; 1tOV11PUe; Kat
sobreentiende que esta práctica no fue introducida por Pablo ni "AE"Aoua~évOt ró am~a üoa"tt Ka8aP0 (epurificados los corazones de
por otros misioneros judea-cristianos; e igualmente se entiende conciencia mala y lavados los cuerpos con agua pura»), donde úni-
que esta práctica, realizada durante largo tiempo por las sectas camente por razones retóricas de paralelismo se ha aislado am~a
gnósticas, fue rechazada por la iglesia. Pero es significativo que (ecuerpo») de xnpéín (ecorazón»); porque es evidente que
Pablo mencione este uso sin acompañarlo de una crítica; la con- "AE"Aolía8ut (ebañarse») no queda limitado a am~a, sino que vale
cepción que está en la base de este uso es justamente la concep- también para xupóím. La Ka8apta~0e; "tmv 1tú"Aut ú~ap"ttmv (<<purifi-
ción que Pablo tiene, como lo es en general (si exceptuamos a Jn) cación de pecados pasados») de 2 Pe 1, 9 es, naturalmente, la pu-
la de toda la iglesia primitiva. rificación recibida en el bautismo. Según Bern 11, 11 Ka"tUBaívo-
Como efecto del bautismo se espera, esto se corresponde con su ~EV de; ro üOOJP yé~OV"tEe; ú~ap"ttmv Kai PÚ1tOU, Kai uvaBaívo~Ev
xapzooopoüvtsc EV "tU Kapoíq. róv eóüov Kat "ti¡v E"A1tíoa sk; róv '111-
origen, en primer lugar la purificación de tos pecados y en concreto,
como se dice muchas veces expresamente (2 Pe 1, 9; Herm mand ooüv EV "ti¡) nvsúuun EXOV"tEe; (edescendemos al agua cargados de
IV, 3, 1; Just Ap 61, 10), de los pecados cometidos en el pasado. pecados y surgimos fructificando en el corazón el temor y la espe-
No hay ninguna duda de que Pablo está pensando en la purifica- ranza en Jesús, llevándolos en el Espíritu»); y de acuerdo con 16,8
ción por medio del bautismo cuando en 1 Cor 6, 11 después de s, por el üosc«; "tmv ú~ap"ttmv (eperdón de los pecados»), recibido
hablar de la empecatada vida pasada de los paganos, continúa: n"A- en el bautismo, nos convertimos en templo de Dios. «Cuando des-
"Aa ú1tE"Aoúaua8E, nUú 'Í¡Ytúa811"tE, n"A"Aú EOtKut<Í:l811"tE EV "t0 OVÓI.W."tt cendimos al agua», dice Herm mand IV, 3, 1, «recibimos el per-
roü xupíou '1. Xpicroü KUt EV "tm nvsúuurt "tolí 8eolí 'Í¡~mv (epero fuis- dón de nuestros pecados anteriores» (cf. Just Apol 61, 10).
teis .lavados, santi~c:'ldos, justificado~ en el nombre del señor Je- El nombrar el óvouuroü xuptou va unido al baño bautismal pu-
sucnsto y en el Espíritu de nuestro DiOS»). Los tres verbos describen rificatorio. Con ello entra, junto al primero, un segundo motivo
el baño purificatorio sacramental; aquí no se emplea el verbo Ot- del que no se puede decir con seguridad cuándo fue unido al pri-
KutOJ8f¡vut (<<ser justificado») en el sentido específicamente paulino mero (§ 6, 3). Toda vez que aquí la invocación del óvoun no es,
de la doctrina de la justificación, sino que equivale a úytaa8f¡vat como en la iglesia posterior, una epiciesis que invoca la fuerza de
(<<ser santificado»),. en el -cru ido común cristiano de borrar los peca- Cristo para que entre en el agua y le confiera la capacidad de puri-
dos (§ 9, ,4). Pasajes Rar.d~ I()~ pon.e~ de manifiesto que Pablo pre- ficary de santificar, sino que aquí se pronuncia el óvouu sobre el
senta aquí la concepcion cornun cnsuana acerca del bautismo. En la bautizando y le confiere su fuerza; nos encontramos con que la ci-
literatura deuteropaulina tales pasajes incluyen: Ef 5, 26, donde se tada invocación, en el fondo, es un sacramento independiente que
describe el sentido de la obra salvadora de Cristo: Ivu atl"ti¡v (se. "ti¡v concurre con el baño bautismal. En cambio, toda vez que el efecto
EKK"A11~íav) úYtúal) ~a80:píaae; :0 ~oU"tP0 "tolí üou"toe; EV pi¡~u"tt (epa- de ambos coincide de alguna manera, se entiende fácilmente su
ra sa~:lt1ficarla [a la Iglesia1purificándola mediante el baño del agua mutu~ vinculación. Al parecer, en un principio el sentido de la in-
en virtud de la palabra») o 1 Pe 3, 21, donde se presenta el bautis- vocación del óvoun es sellar al bautizando como propiedad del
mo como ou cnpxoc C/.1tÓ8Eme; PÚ1tOU, n"A"Aa aUVEtoi¡aEOJe; nyu8f¡e;
Los sacramentos 191

190 El kerigma de la comunidad helenística


A diferencia del baño bautismal, que como purificación tiene el
sentido negativo de eliminar los pecados del pasado, el nombrar el
KÚpWe; y el de colocarlo bajo su protección. Esto mismo prueba la óvoun tiene un doble efecto: asegura su eficacia en el sentido nega-
designación del bautismo como a<ppayíe; (esello»), que Pablo, al pa- tivo en cuanto que, por medio de su fuerza para exorcizar (cf.
recer, presupone. supra) expulsa los malos espíritus (que son considerados como los
No hay duda de que la afirmación que se hace en 2 Cor 1, 22: él causantes en gran medida de los pecados) y la asegura también en
Kal a<ppaYtaÚIlEVOe; lÍllue; xut ooile; rov uppaBrova roü rtvsúuuroq EV su aspecto positivo en cuanto que coloca al bautizado bajo la protec-
'tuie; Kapoíme; lÍllrov (enos marcó con su sello y nos dio en arras el ción del KÚpWe; y le defiende en el futuro de la influencia de los de-
Espíritu en nuestros corazones»), se refiere al bautismo. Aun en el monios; ello significa que le protege contra el pecado y también
caso de que Pablo no presuponga para el bautismo la designación contra otros males. Esta concepción aparece con toda claridad en
de o<ppayíe; (<<sello»), sin embargo, está en cualquier caso en la base Col 1, 13 s, donde se alude probablemente al bautismo: Dios
la concepción que ha llevado a tal designación. Lo mismo sucede tppúaa'to lÍllue; EK 'tñe; E~ouaíae; 'tOU oxórouc Kal uerécrnoev de; 'ti]v
con Ef 1, 13: EV <l> (se. 't(? EUUYYEA-ícp) KUl mcraóouvrsc Ea<ppayía811'tE BaCltA-Eíav 'tOU UlOU 'tñe; uyúnlle; uúroü, EV <l> gXOIlEV 'ti]v unoA-ú'tpOJCltV,
'tro nvsúurrt; 'tñe; tnaYYEA-iue; 't(? áyicp (<<en él (evangelio1 habéis 'ti]v Ü<pECltV 'trov állapnrov (enos libró del poder de las tinieblas y nos
creído; fuisteis sellados con el Espítiru santo de la promesa») y en 4, trasladó al reino del hijo de su amor, en quien tenemos la reden-
30: ro nveüuu ro üywv 'tOU 8eou, EV <l> Ea<ppayia811'tE de; lÍllÉpav ción, el perdón de los pecados»). De igual manera Bern 16, 7 s: en
unOA-u'tpÓloEOJe; (<<Espíritu santo de Dios, con el que fuisteis .sellados otro tiempo era nuestro corazón una OtKOe; omllovíOJv (ecasa de de-
para el día de la redención»). En 2 Clem 7, 6; 8, 6; Herm sim VIII, monios»); en virtud del óvouu del KÚpWe; se ha convertido en un
6, 3; IX, 16, 3-7; 17, 4; 31, 1 es totalmente corriente la designación templo en el que habita Dios. Cuadra perfectamente dentro de esta
del bautismo como a<ppayie; (eselk»), y, concretamente en Hermas concepción el que pronto se haya unido al bautismo un ayuno (cf.
es totalmente claro que el bautismo es llamado a<ppayie; porque él supra) porque el ayuno es un medio para expulsar los demonios
coloca al bautizando bajo el óvoun; la expresión: 'ti]v a<ppuyiou (por ejemplo Mc 9, 29 v. 1).
A-ullBúVEtv (erecibir el sello») (sim VIII, 6, 3; IX, 16, 3; 17, 4) Una influencia positiva del bautismo y que tiene una gran sig-
equivale a: ro óvoun A-allBúVEtv (erecibir el nombre») (cf. supra). nificación para el futuro se encuentra en el hecho de que el bautis-
Quizás ya antes de Pablo fue designada la confirmación como mo confiere el don del Espíritu santo. También esto es concepción
«sello» en el judaísmo (cf. Rom 4, 11, donde, sin embargo, a<ppuyie; común del cristianismo, presupuesta por Pablo, quien se basa en
podría ser simplemente una metáfora para «con~rmación»; lo. mis- ella como en algo que es evidente (1 Cor 12, 13; 2 Cor 1, 22);
mo en Bern 9, 6); contamos con pruebas en tiempos postenores. igualmente Ef 1, 13; 4, 30 (cf. supra). Según Tit 3, 5 el bautismo
También en los misterios era Cl<ppayie; un término para el rito de ini- es un A-ompov oo. uvaKatvÓlaEOJe; nvsúuutoc áyíou (ebaño de rege-
ciación. Peto aun en el caso de que el vocabulario cristiano pudiese neración del Espíritu santo»), es decir, un baño de renovación
haber sufrido la influencia de los misterios, con todo, el sentido que obrado por el Espíritu santo. En el bautismo se recibe el Espíritu
está en la base del término no se extinguió. W. Heitmüller 29, ha santo (Hech 2, 38; cf. 9, 17 s), y justamente ahí ve la comunidad
puesto de manifiesto que Cl<ppuyie; tanto en el vocabulario profano la diferencia característica respecto del bautismo de Juan (Hech 19,
como en el sacramental designa la señal de propiedad y de protec- l-ó: cf. Mc 1, 8). Agua y Espítiru obran, según el texto de Jn 3,
ción y que el papel de tal signo lo realiza el óvoun. E. Dinkler 30, ha .,. el renacer. Idéntica concepción presupone Bern 11, 9-11 Y
demostrado que es probable que en el judaísmo existiese un signum I k-rrn sim IX, 13 desarrolla en una amplia alegoría que es condi-
crucis como sello, que incluiría penitencia, esclavitud y protección 1 11In para la salvación el ser revestido por las doce vírgenes con sus
escatológica. Esta marca escatológica fue tomada por el crist.ianismo runicas, que forman la torre de la iglesia y que reciben la significa-
e historizada en la expresión ornopoc XPtCl'tOU (ecruz de Cristo») 31. 111111 de üyta nvsúuuru, de OUVÚIlEte; 'tOU UlOU 'tOU 8eou (efuerzas del
hIJO de Dios»).
Tan sólo en apariencia constituyen una excepción Hech 8, 14-
29. Cf. W. Heitmüller , Neutest. Studten f G. Heinrici, 1914, 40-59. I 1; 10, 44-48. En este último lugar la recepción del Espíritu santo
30. CL E. Dinkler, Neuiest. Studten f R. Bultmann, 21957, 110-129. IIlr(cde al bautismo. La finalidad real que pretenden ambos lugares
31. Cf. E. Dinkler , Zur Gescbicbte des Kreuzsymbols: ZThK 48 (1951) 148-
172; Id., Kreuzeszeichen und Kreuz: Jahrb. für Antike und Christenturn 5 (1962)
93-112.
192 El kerigma de la comunidad helenística Los sacramentos 193

es enseñar la inseparabilidad del bautismo y de la recepcion del do es hacer partícipe al mystos del destino de la divinidad del cul-
Espíritu santo. Un bautismo que no confiera el don del Espíritu to, la cual ha sufrido la muerte y ha sido de nuevo devuelta a la
santo no es un bautismo auténtico y debe, por tanto, ser completa- vida, como Attis, Adonis y Osiris 32.
do con la recepción del Espíritu santo (8, 14-17). La donación del Esta interpretación, que pone en relación, lo que anteriormen-
Espíritu por Dios significa que al agraciado debe serIe conferido el te no se daba, al bautismo con el acontecimiento salvífico, es clara-
bautismo (10, 44-48). mente secundario. En realidad la ceremonia del bautismo en ma-
La donación del Espíritu es un tercer motivo, reconocible en nera alguna podía servir ni como dramatización ni como reproduc-
el hecho de que se halla ligado a la importante acción ritual de ción de los acontecimientos de la muerte y de la resurrección de
la imposición de las manos; así, al menos, en Hech 8, 17; 19, 6 Jesús. Así como Jesús no había muerto ahogado, así tampoco, se-
Y es de suponer que ya desde el principio, tan pronto como la gún la concepción luterana, se concibió al bautismo en el cris-
donación del Espíritu estuvo ligada al baño bautismal. Cierta- tianismo primitivo como un «ahogarse el viejo Adán». Tal in-
mente que no sabemos cuándo comenzaron a ser las cosas así, terpretación pudo afianzarse únicamente por el hecho de que el
con todo difícilmente habría sido ya en la primera comunidad (§ bautismo era el sacramento de la iniciación cristiana y fue explica-
6, 3), porque allí donde imperaba la tradición judía, el baño de do como tal siguiendo la concepción helenística. Tal interpretación
agua del bautismo era concebido única o casi únicamente en su es extraña al pensamiento veterotestamenrario-judío, ya que éste
sentido negativo, es decir, como purificación. En cualquier caso no conoce celebraciones cúlticas que se basen en el destino de la
para Heb 6, 2 la doctrina del bautismo y de la imposición de divinidad y que la celebración los actualice, sino tan sólo aquellas
manos pertenecen al depósito de lo transmitido. Según su sentido que tienen su fundamento en la historia del pueblo. Entender el
la donación del Espíritu (mediante la imposición de las manos) destino de Jesús como fundante del culto y explicar el culto como
está más próxima al nombramiento del OVOIlU que a la purifica- la celebración por la que el celebrante entra en comunión sacra-
ción por medio del baño de agua y quizás estaban ya ambas uni- mental con la divinidad cúltica, de manera que el destino de
das desde un principio. Cuadraría perfectamente con ello el que aquélla tenga también valor para él, es la idea helenística de los
en Ef 1, 13; 4, 30 se presente el marcar con la señal como mar- misterios.
car mediante el Espíritu; para la conciencia del autor, por tanto, A ello responde el que el efecto del bautismo entendido de es-
la mención del OVOIlU (= marcar con el sello) y la donación del t~ manera no se vea en la purificación de los pecados, en la protec-
Espíritu serían como dos caras de una misma realidad. En efecto ción del KÚptO<; Yen la donación del Espíritu, sino en la superación
la expulsión de los demonios y el revestimiento del Espíritu son de la muerte y en el premio de la vida. Ciertamente que Pablo en-
correlativos, e igualmente se atribuye poder para exorcizar tanto a cuentra dificultades en Rom 6, 2 s para empalmar esta idea con la
la mención del OVOIlU, como a la imposición de las manos. Natu- libertad del pecado; lo lleva a cabo enseñando a entender el futuro
ralmente que en la conciencia general no han sido distinguidos EYEp8fjvat (<<resucitar»), garantizado por el bautismo, como algo ya
los motivos que obran entrelazados, por ello pueden ir ligados presente que va realizándose en el comportamiento moral (cf.
también el perdón de los pecados y la mención del nombre: mira). Pero lo artificioso de esta manera de entender se pone de
aepEcnv cq.lupnffiv AuBEiv 8u'1 "CaD OVÓIlUW<; ulJ1:oD (eperdonar los manifiesto en el v. 4: oUVE"CÚepr¡IlEV OUV UlJ1:é¡'> 8u'1 "CoD BU1t't"íOIlU"CO<;
pecados mediante su nombre») (Hech 10, 43), donde el óvouu se d<; "COV 8ávu"Cov, lVU wonEp l'¡yÉp8r¡ Xpto tót; EK vsxpérv ... OÜ1"(o<; Kui
usa a parte potiori para el bautismo. lÍIlEi:<; y la frase no termina como era de esperar: EK VEKpffiv
Además de la triple interpretación del sacramento del bautismo EYEP8ffillEV sino: EV xnwórrrn sillfj<; nEpmu"C1ÍoillIlEV. Pero la funda-
como purificación, como marcar con el sello por medio del OVOIlU Y mentación añadida en el v. 5 muestra claramente el sentido al que
como donación del Espíritu, hay que añadir una significativa cuarta Pablo apela: El yap oúueurot YEYÓVUIlEV "Cé¡'> ÓIlOtWIlUn "CaD 8uvá"Cou
interpretación: el bautismo nos hace participar en la muerte y en la
resurrección de Cristo. Esta interpretación tiene su origen indu-
dablemente en la comunidad helenística, la cual entiende el sacra-
mento de iniciación que le ha sido transmitido según la analogía de 32. H Braun, Libertas cbrtsttana (Festscbr. f Delekat), 1957, 23-28, trata de
manera instructiva sobre la analogía del sacramento cristiano y la de los misterios,
los sacramentos de iniciación de las religiones mistéricas, cuyo senti- así como de las diferencias.
194 El kengma de la comunidad helenística
Los sacramentos 195

UlHolí, 6),),0. KUl Tfi¡; uVUO'táOEW¡; soóusün (esi nos hemos hecho
contrario surge de nuevo la idea originaria de los misterios en 2
una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, tam- Tim 2, 11 (sin embargo, sin mención expresa del bautismo): Ei
bién lo seremos por la resurrección»). Idéntica relación existe entre yo.p ouvunsüévousv, KUl oU~itOOIlEV (<<si conmorimos también con-
los v. 6 y 8. viviremos»). De manera semejante en la explicación de la alegoría
De Rom 6, 2 s se desprende, por tanto, claramente que no fue de la torre Herm sim IX, 16, 2: UVáYKr¡V ... dxov 01' üOUTO~
Pablo el primero en dar interpretación mistérica al bautismo, sino UVUl3fiVUl, Ivu ~wo1totr¡SffiCltv. OUK ftOúVUVTO yáp liA.A.w~ dOEA.SE1V d~
que ya antes de él era corriente en las comunidades helenísticas, Ti¡V I3UCltA.Eíuv roñ Swo, sí Ili¡ 'tnv VÉKPWOtv U1tÉSEVTO 'tfí~ ~wfi~
tal como podría significar el 11 UYVOEltE (<<¿o ignoráis?») del v. 3. Se ulHffiv (Tfi~ 1tPOTÉPU~) (eprincipio ... tenían que ascender pasando
desprende esto en primer lugar del hecho de que Pablo, para ha- por el agua para convertirse en vivientes. Era imposible toda otra
cer comprensible que el origen del nuevo comportamiento moral entrada en el reino de Dios sino experimentando la muerte de la
se fundamenta en el bautismo, no empalma con el sentido del vida anterior»); nos hallamos frente a una referencia tanto más cla-
bautismo como donación del Espíritu, que es lo que esperaríamos, ra a la interpretación tradicional del bautismo cuanto que la idea
si tenemos en cuenta, por ejemplo: Rom 8, 11 s; Gál 5, 25. Por el mistérica no aparece en Hermas en ninguna otra parte. La difusión
contrario, empalma simplemente con la interpretación mistérica del pensamiento mistérico se desprende también de alusiones tan
que él presupone. La significación que es propia de Pablo en cuan- cortas como la interpolación de Jn 19, 34b.35: de la herida del
to al bautismo es ciertamente otra: es la de que, hay en ella una Crucificado manó (sangre y) agua. El sentido es patente: el sacra-
influencia del pensamiento gnóstico, el bautizado ha pasado a for- mento (de la cena del Señor y) del bautismo ha sido fundado en
mar parte del offillU Xpicroü (ecuerpo de Cristo») (1 Cor 12, 13; la muerte de Jesús. La misma idea se encuentra en la frase de Ign
Gál 3, 27 s), de lo que hablaremos más tarde. Finalmente, esto se Ef 18, 2: ... O~ gyEVVitSr¡ Kal tI3U1tTíoSr¡, lVu 't0 1táSEI TO Gowp
pone de manifiesto en 1 Cor 15, 29, porque ¿qué otro sentido J(uSupíOl]. Habla a favor de la interpretación del bautismo en la
podría tener el bautismo vicario, con el que Pablo se encontró, en línea de los misterios el hecho de que se describa como efecto tam-
favor de los muertos sino éste: hacer partícipes también a los bién el renacimiento, lenguaje que tiene su paralelo en los miste-
muertos de la vida creada por la resurrección de Cristo? rios. El bautismo es, según Tit 3, 5 un A.OUTPOV 1tUA.IYYEVEOíu~
A la idea paulina de que la vida en la que uno participa por (ebaño de renacimiento»). Esta es también la concepción del texto
medio del bautismo es algo que actúa ya en el presente, le sigue de Jn 3, 3 s, que habla de avwSEV YEvvr¡SfivUt B~ üOaTO~ KUl
7tVEÚIlUTO~ (<<nacer de arriba del agua y del Espíritu»), es decir, del
su escuela: Col 2, 12 s diciendo que el perdón de los pecados y el
bautismo. Aquí resuena una palabra apócrifa del Señor que apare-
verse libre de las potencias malignas se fundamenta en estar ouv- fC' citada en Just Ap 61, 4: av Iln uvaYEvvr¡8ijTE, OU Iln dOÉA.Sr¡TE Ei~
Tuq¡fivUl uu't0 (se. 't0 Xplo't0) BV 't0 I3U1t'tíollun (<<sepultados con él 'Ci¡v l3aCltA.EÍuv TOG Bsoü (esi no renacéis, no entraréis en el reino de
[Cristo] en el bautismos), de donde se sigue en 2, 16 s la libertad Dios»); debe tenerse en cuenta que Justino cita la palabra para
respecto de cualquier constitución ritual o cúltica: si u7tESávE'tE OUV fundamentar la concepción del bautismo como uvuyÉvvr¡Clt~ (61, 3;
XploT0 U1tO 'tffiv o'totXEíwv TOO KÓOI..LOU, Tí ffi¡; ~ffiV'tE¡; EV KÓOIlQl ooy- M, 1). Así los cristianos son, según Just Dial 138, 2: (TO YÉvo~) TO
IlUTí~EOSE (esi habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo t'tVllYEVVr¡S¿V U1t' aUToG (sc. TOG Xp.) 01' ÜOUTO~ KUl 1tíOTEW~ Kal
¿por qué sujetaros como si vivieseis en el mundo?») (2, 20). Se ve ~ÚA.OU (<<[la raza] renacida por él [Cristo] por medio del agua, la fe
c?mo se entretejen aquí los diversos motivos. Más estrechamente yel madero»). Resuena de nuevo esta terminología cuando 1 Pe 1,
ligado a Rom 6, 2 s se encuentra Col 3, 1 s: si oúv ouvr¡yÉpSr¡TE T0 ,i describe a Dios como aquel que uvaYEvvitoa~ ftlla~ d~ sA.1tíoa
XPlOT0, 'tu livw ~r¡TE1:TE ... U1tESávEn: yup ... (esi habéis resucitado '(1)(lUV 01' uVUO'táOEW~ '1. XplOTOG BK vsxpróv (<<nos ha reengendra-
«;>0 Cristo, buscad las cosas de arriba ... porque habéis muerto ... »). do a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo»).
Similar es el empleo de la terminología del misterio del bautismo Así pueden los cristianos ser designados como avaYEYEvvr¡J.lÉVOI OUI(
en Ef 2, 5 s donde la concepción ha quedado totalmente desdibu- ~I\ o nopüc q¡SapTfi~ (ereengendrados de un germen no
jada: sí, se habla de OUV~W01totE1V 't0 XploT0 (<<nos vivificó junta- r orruptible») (1, 23), donde, al igual que para Pablo, descansa la
mente con Cristo») y de OUVEYEípEtV (econresucitar»), pero no se Iundarnentación del comportamiento moral. En Pablo falta la
habla más de morir con Cristo; se subraya, más bien, el slvrn terminología pero el mismo pensamiento está presente en: El TI~ BV
VEKPOU¡; roü; 7tUPU7tTWIlUOtV (eestar muerto a los errores»). Por el
El kerigma de la comunidad helenística Los sacramentos 197
196

Xpt(J'té!>, KlHvi] xríc«; (<<el que está en Cristo es una nueva criatura») de los pecados han sid? combinados en Bern 6, 11; 16, 18; Just
(2 Cor 5, 17), I?orque el slvm EV XptCJ'té!> (eestar en Cristo») viene co- Apol 66, 1; Y Just Dial 39, 2 vuelve a poner en conexión el
mo consecuencia del l3u7t'!t(J6i'ivlH de; Xpicróv (eestar bautizado en q>.ffi't~~e(J6lH con el óvoun y lo une a la donación del Espíritu. Rena-
Cristos) (Gál 3, 27; Rom 6, 3; cf. 1 Cor 12, 13). De manera equiva- cinuento y donación del Espíritu se encuentran unidos en Tit 3, 5;
lente habla Bern 6, 11: E7tl:t OUV UVUKlHYÍ(JUe; T¡¡.tiie; EV 'tij aq>É(Jet 'tWV J n 3, 5; de manera correspondiente, a las fuerzas celestes que se-
á¡.tup'ttwV (es decir, por el bautismo) E7toíTl(Jev T¡¡.ttie; ÚAAOV 'tÚ7tOV, me; gún Heb 6, 4 s confiere el sacramento del bautismo, pertenece en
7tlHoíffiV EXew 'tTtV IjIUxlÍv (cf. 1 Pe 2, 2), me; üv OTt ávu7tA.á(J(JoV'toe; primer lugar el Espíritu.
uinou T¡¡.ttie;. Igualmente 16, 8: Aul3óv'tee; 'ti¡v úq>e(Jw 'tWV á¡.tup'!twv Lo decisivo que ha acontecido con la interpretación mistérica
KUt EA7tí(Juv'tee; E7tt 'to óvouu Eyevó¡.te6a xoivot, 7táAW E~ upxi'ie; del bautismo es que el sacramento de la iniciación cristiana ad-
K'tt~ó¡.tevm (erecibiendo el perdón de los pecados y esperando en su quiere de esta manera una referencia a la muerte y resurrección de
nombre nos hemos convertido en nuevos, recreados de nuevo de Jesús que originariamente no tenía. Lo que Ign por medio de
raíz»). Idéntico sentido tiene también la designación del bautismo aquel lva 'té!> 7tú6et ro uótop Ku6upí(J1] (epara que con el sufrimiento
como qxortouó ; (eiluminación») o como el hecho de q>ffi'tí~e(J6lH se purifique el agua») expresa con una brevedad enigmática, lo ha
(eiluminar»). Encontramos por primera vez el término mistérico q>ffi- desarrollado más detalladamente Bern 11: se pertenecen mu-
riouóc; como denominación expresa del bautismo en Just Ap 61, 12 tuamente ro ü8ffiP (= bautismo) y cruupóc (ecruz»). Del Sal 1, 3-
(el verbo en 61, 12 s; 65, 1; Dial 39, 2: qxor. Ota roü óvóuuroc roñ D deduce el autor: 7tWe; ro ü8ffiP KUt 'tOV ornupov E7tt 'to uU'to Cópt-
Xpicroü [«iluminación mediante el nombre de Cristo»]) (122, 1 s; (lEV (DlOS) roúro yap AÉyet' uuxúptot, Ol E7tt 'tOV oruupóv EA7tí(JUV'tEC;
K~'tÉI3T1~JUV eic; ro ü8ffiP (easí como delimitó el agua y la cruz, así
123, 2). Justino lo interpreta como un q>ffi'tí~e(J6lH 'tTtV otávmav (<<ilu-
minar la mentes) (de manera semejante Dial 39, 2), mientras que el d!.ce: dichosos los que confiando en la cruz descendieron al agua»).
Crertamente que con ello se corría el peligro de construir la exis-
término originariamente no habla de «iluminación» del Espíritu, si.
tencia cristiana totalmente sobre la magia sacramental helenística,
no de la transformación en un ser divino, q>wc; = ~ffilÍ. Como
en lugar de entenderla como escatológica. Pero, por otra parte, se
muestra Heb 6,4, el término en este sentido fue tomado muy pron-
daba también la posibilidad, vista por Pablo, de interpretarla co-
to por el cristianismo. Los éí.7ta~ q>ffi'!t(J6Év'tec; (eiluminados una
vez»), de los que se habla aquí, no pueden ser otros, si tenemos en rno determinada por la muerte y resurrección de Cristo, de enten-
cuenta el contexto, que los bautizados; la característica: der el sacramento, por tanto, como una actualización en el mo-
y~u(Ja¡.tÉvouc; oo. ouvú¡.tete; 'te ¡.tÉAAOV'tOC; uiwvoc; (ea los que han expe-
mento presente del acontecimiento salvífico.
nmentado... las fuerzas del siglo venideros) muestra que
q>ffi'!t(J6iivlH (eser iluminados) es la p1enificación mediante las fuerzas 2. Además del sacramento de iniciación, que es el bautismo,
divinas. Igualmente se llama a los bautizados 10, 32 los q>ffi'!t(J6ÉV'tec; el cristianismo helenístico conoce otro sacramento, el de la cena
(eiluminados»). Queda en la duda si la expresión metafórica de Ef dl'¡ Señor, cuya celebración repite regularmente la comunidad.
1, 18; 3, 9; 2 Tim 1, 10 arranca de la terminología bautismal. Pablo llama a la cena KUptaKOV oe1:7tvov (ecena del Señor»)
Naturalmente que con la interpretación mistérica del bautismo (1 Cor 11, 20); pero la designación más frecuente fue euxapt(J'tía
han !ido combinadas las otras intrepretaciones. Cuando se pone en que se encuentra en Did, en Ignacio y Justino, con lo que se alude
('11 un principio, como Did pone claramente de manifiesto a las
relación el efecto del bautismo entendido como purificación de los
pecados en 1 Pe 3, 21 con la uVú(J'tUotC; '1. Xptoroü (eresurrccción de oraciones que se pronuncian en la celebración de la comida', pero
Jesucristo»), por consiguiente, con el destino de la divinidad cúltica, más tarde designa toda la celebración sacramental. Ign conoce,
encontramos que dos significaciones se han fundido. Una vez es- además, el nombre de uYÚ7tTl (Sm 8, 2; Rom 7, 3? uyu7tiiv
I«amar»] Sm 7, 1 = tener una comida de amor), que se encuentra
tablecida la relación del baño del bautismo con la muerte de Jesús,
1arnbién en jds 12. Si KA.áote; roñ ñprou (efracción del pan») (Hech
para uno que se moviese dentro del pensamiento de la tradición
2, 42). o K~~~et~ 't~v ñprov (Hech 2, 46; 20, 7.11) fue alguna vez
Judía no se hacía difícil entender la muerte de Cristo como sacrificio
la designación tecnica de la cena del Señor queda en el terreno de
(§ 9, 4) Ypodía ponerse fácilmente en conexión la idea de la asper- la duda. Naturalmente que en la medida en que ésta era una co-
sión .con la sangre de Cr~sto con la idea del baño purificativo del mida se podía, en referencia a ella, hablar de KAá~ew 'tOV úpwv
bautismo, tal como sucedió en Heb 10, 22. Renacimiento y perdón
]98 El kerigma de la comunidad helenística Los sacramentos ]99

(epartir el pan») (en este sentido: 1 Cor 10, 16; Did 14, 1) sin Por lo demás, sabemos que se permitió participar en la eucaristía
que esta expresión como tal designase la comida sacramental; de únicamente a los bautizados (Did 9, 5; Just Ap 66, 1). Según Did
suyo, designa únicamente la comida (por ejemplo Hech 27, 35). 14, a la celebración precede una confesión de los pecados y nadie
No podemos determinar con absoluta precisión cuántas veces se puede tomar parte si vive reñido con su hermano. La celebración de
celebraba la cena del Señor ni en qué relación se encontraban las la comida iba acompañada de oraciones (Did 9 s; Just Ap 65,3; 67,
celebraciones de comidas con el culto de la palabra. Según Did 2; Dial 41, 1).
14, 1 el conjunto de la comunidad celebraba la eucaristía Ku,il Las palabras litúrgicas que convierten la cena del Señor en sacra-
KUptaKT¡V xupíou (ecada día del Señor»): sin embargo, habría ha- mento han sido transmitidas por Pablo y por Marcos coincidiendo
bido, además de éstas, otras celebraciones de banquetes en en lo esencial; Mateo y Lucas dependen de Marcos; Lucas también
círculos más reducidos. Debe permanecer en el terreno de la du- de Pablo.
da si la comida del «primer día de la semana» (Hech 20, 7) es la Al parecer, el texto de 1 Cor 11, 23-25 ha sido retocado en rela-
cena del Señor; de la celebración del «octavo día» como del día ción al de Me 14, 22-24. En Marcos chocan entre sí, en las palabras
de la resurrección del Señor habla Bern 15, 9 sin mencionar la sobre el cáliz, los atributos añadidos a ,6 ui¡tá ¡tOU (emi sangre»): ,fí¡;
eucaristía. Según Just Ap 65 tiene lugar una eucaristía a conti- btu6l'¡KE¡; (sde la alianza») y ,6 EKXUVVÓ¡tEVOV (ederramada»), pero
nuación de la celebración del bautismo, y, según Ap 67 celebra choca de manera especial ,fí¡; olU6l'¡KE¡; con uou y se revela, por tanto,
toda la comunidad la eucaristía (entonces ya no es una comida como añadidura secundaria. El texto de Pablo ha suprimido en las
cf. infra) a continuación del culto de la palabra en el ,OÜ 1ÍA.ío~ palabras sobre el cáliz EKXUVVÓ¡tEVOV K-rA.. y las ha suplido añadiendo
AEYO¡tÉVIl 1Í¡tÉpu (ellamado .día del sol'»). No hay duda de que a las palabras sobre el pan ,6 Ú1tEP ú¡twv (epor vosotros»); evita el cho-
Plinio en su carta a Trajano (ep. X, 96, 7), cuando habla del que entre (ro ui¡tá) uou y olU6l'¡Kll¡; mediante la formulación: roüro
c~lto de los cristia~os ~ cuando informa de las comidas que TO 1tOTl'¡pIOV 1Í KUlvT¡ olU6l'¡KT] Eo,iv BV ,<1> E:¡t<1> uluun (eesta copa es la
tienen lugar stato die, piensa en el domingo. nueva alianza en mi sangre»). El texto de Lucas (22, 14-20), transmi-
Durante el tiempo en que la eucaristía fue una verdadera co- tido con diversas variantes y que es muy discutido, no debería recibir
mida (cf. infra).. tuvo lugar únicamente por la tarde, a lo que alu- en forma alguna la calificación de tradición independiente.
de ya la expresión (KUpIU KOV) OEt1tVOV (ecena»); no sabemos si esto La liturgia contiene tres motivos: 1. la significación propiamente
tenía lugar en conexión con un servicio de la palabra. En la medi- sacramental de la acción, que viene expresada en el doble roñró EO-
da e.n.que las comunidades han nacido de la sinagoga o siguen su nv (eesto es»), con lo que se ofrece a gustar el pan y el vino como
tradición, tendrían lugar en cualquier caso los servicios cultuales de carne y sangre de Jesús; 2. el ,fí¡; olu6l'¡KT]¡; (ede la alianza»), con lo
la palabra por la mañana, mientras que la eucaristía fue celebrada que se presenta la muerte de Jesús como el sacrificio de la (nueva)
por la tarde (Plínio: rursusque coeundi ad capiendum ctbum) 33. alianza; 3. el E:KXUVVÓ¡tEVOV Ú1tEP 1tOAAWV( «derramada por todos») de
I?e seguro q~e habrían imperado diversos usos según lugares y Mc 14, 24 o el Ú1tÉp ú¡twv (epor vosotros») de 1 Cor 11, 24, que pre-
nempos; y asr como no podemos afirmar en absoluto que la pa- senta la muerte como sacrificio expiatorio por los pecados, como ha
la?ra y la comida se celebraron siempre y en todo lugar separados, entendido rectamente Mt 26, 28 por medio de la añadidura Ei¡;
<1;"1 tampoco podemos decir que la celebración del banquete fue üoeow lÍ¡tupnwv (epara remisión de los pecados»). Difícilmente
SIempre y en todas partes «fundamento y meta de toda reunión» puede existir duda acerca de que la primera significación o presenta-
(Cullmann). Apoyándonos en Just Ap 67 es seguro únicamente ción es la original, ya que la acción es, ante todo y sobre todo, una
que en ~l ~culto dominjcal se cot?~inab~ e.l anuncio de la palabra y comida. El ,fí¡; Olu6l'¡Kll¡; desde un punto de vista lingüístico se ca-
la eucarisna, pero aqur la eucansua es urucamenre una celebración racteriza ya como añadidura y también BKXUVVÓ¡tEVOV Ú1tEP 1tOUWV o
litúrgica, ha dejado de ser una comida verdadera. Ú1tEP ú¡twv y representan una interpretación secundaria; las palabras
originales litúrgicas son únicamente:
10UtÓ so nv ro oro¡Lá ¡LOO

33. Quizás la celebración matinal de. la que Plinio dice que tiene lugar ante roüró so nv rooIué ¡LOO
lucem no es el servzcro de la palabra, sino la celebración del bautismo; cf. H. esto es mi cuerpo
Lietzrnann , Geschichtl. Studien für Albert Hauck, 1916, 34-38. esto es mi sangre.
200 El kerigma de la comunidad helenística Los sacramentos 201

Así lo encontramos en Just Ap 66, 3, introducido únicamente roü) (<< ...unión con su sangre [de Cristo]» y para quien, en Sm 7, 11a
por roüro 1tOlEl'tE dC; 'tT¡v uvállVllClív 1l0U (ehaced esto en recuerdo Eu)(,apw'tía es la ClUp~ roü ccorñpoc lÍllrov (da carne de nuestro Salva-
mío»). El elemento primario del texto debe ser, por tanto, las pa- dor»), e~ Ef 2?, 2 preci,sa totalmente en este sentido lo que es el pan
eucansuco: oupuuxov a8avaClíac;, óvrtóotoc; roü 1lT¡ u1t08avElv, UAAU
labras que explican la acción,
~fív ev '1. XPlCl't0 OlU 7WV,ÓC; (medicina de inmortalidad, antídoto
¿Cuál es, pues, el sentido original de la acción? Si los celebran-
tes, por medio de la degustación del pan y del vino, ingieren el contra la muerte). Yen el mismo sentido dice Just Ap 66,2 que los
elementos de la eucaristía, mediante la fuerza de la oración se con-
cuerpo y la sangre de Jesús, la idea fundamental es la de comunión
sacramental, la comunión de los celebrantes con el xúpioc; Está, vierten en carne y sangre y que, por medio de este alimento: atila Kai
pues, f~samente planteada la pregunta de si se participa en el cuer- ClápKEC; Ka'tU IlE'ta~oAT¡v rpéqiovrm lÍllrov, es decir, nos trasformamos
l:'11 esencia sobrenatural.
po crucificado de Jesús o en el cuerpo pneumático del Exaltado. El
cuerpo-Sót;o del Exaltado es idéntico al cuerpo muerto en la cruz, Al igual que el bautismo, también la cena del Señor ha sido en-
La idea sacramental es que el cuerpo muerto de la divinidad cúltica rendida en el cristianismo helenístico como sacramento en el sentido
es, al mismo tiempo, el cuerpo lleno de poder. Esto se pone de ma- de, los misterios, La idea de la comunión operada por medio de la co-
nifiesto en la advertencia de 1 Cor 11, 27: quien toma el cuerpo y la mida sacramental no es una idea mistérica específica, pero estuvo
sangre sacramental del Señor indignamente, se hace a sí mismo cul- muy extendida en los primitivos y antiguos misterios, En los miste-
pable de su propia muerte, En Rom 7, 4 se dice: Ka1 ÚIlElC; rios, por otra parte, juega un papel importante; en ellos se trata de la
E8avanÍl811'tE 't0 VÓIlC? OtU roü orouuror; roñ Xpt<HOlJ (equedasteis comunión c<;>o una divinidad que ha muerto y que ha vuelto de
muertos a la ley por el cuerpo de Cristo»); este Clrolla es el cuerpo nuevo a la VIda, en cuyo destino participa el celebrante mediante la
muerto de Cristo, que, en cuanto tal (en virtud de la resurrección) co~ida sacrame~tal, tal como sabemos de los misterios de Attis y de
es, al mismo tiempo, el poderoso cuerpo-óóz,«. Mithra, Pablo mismo muestra que d sacramento de la cena del Señor
También 1 Cor 10, 16 pone de manifiesto que la comunión se halla dentro de este contexto; lo pone de manifiesto no sólo por-
sacramental es el sentido auténtico de la comida del Señor: 'to que llama a la cena del Señor ,párrE~a xuoíou (smesa del Señor»), con
rtorúpiov 't'iíc; EUAoyíac; a EUAOYOlJIlEV, OÚ)(,l xoworvtc ECl't1V roü atlla'toc; lo que está empleando una designación helenística de las comidas
roü Xptoroü; róv lip'tOv óv KAroIlEV, oU)(,l xorvmvín roü orouuroc 'tOlJ ('~Iticas (1 Cor 10, 21) (Lietzmann), sino, sobre todo, por la manera
('~mo contrapone el xorúptov y 'tpá1tE~a xnpíou a las comidas sacrifi-
XPtCl'tOlJ ECl'ttV; (<<el cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso
comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es co- viales paganas: al igual que éstas hacen a los que participan xotvcovot
munión con el cuerpo de Cristo?»), La pregunta retórica muestra ,COV Smuovícov (esclidarios con los demonios»), la cena del Señor obra
claramente que Pablo presupone que para el lector es así. El v. 17 fa xoivervín (ecomunión») con el KÓpWC;. Y Justino califica la comida
confirma esto por medio de una expresión rípicarnente paulina: sacramental de los mystos que participan en los misterios de Mithra,
«porque es un pan, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo, en la que se ofrece, después de haberlos bendecido, pan y vino con
porque todos nosotros participamos de un cuerpo», es decir, por agua, ~omo burda imit~ción demoníaca de la eucaristía (Ap 66, 4).
medio de la comunión sacramental, los participantes se ligan en un Al Igual que el bautismo, también la cena del Señor, siguiendo la
Clrolla. No debemos entender este Clrolla en sentido figurado, sino lIlan,era de pensar de los misterios, ha sido puesta en relación con el
que con este término se está apuntando al Clrolla Xpioroü, Única- destino ?el KÓPtoC; coI?o su base fundante; y de una manera especial
mente puede fundamentarse la unidad de la comunidad que ce- en relación con I~ última cet:a de Jesús con sus discípulos, Esto afir-
lebra en la unidad del pan, si es que el pan (como ya ha dico el v. rilan las palabras introductorias de 1 Cor 11, 23: «El señorJesús, en la
16) es el cuerpo de Cristo, noche en que iba a ser entregado ... ». Y en este sentido ha configura-
Idéntica opinión se expresa en Jn 6, 51b-58 (trozo que es se- (1,) Marcos la narración de la última cena en forma de un relato cúltico
('1 iológico al reelaborar la liturgia eucarística partiendo de una
cundario); además se expresa, al mismo tiempo, cuál es la eficacia
del sacramento para quien participa en él: quien come la carne descripción antigua que refería la última cena deJesús como comida
(Cláp~ en lugar de Clrolla como en Ign y Just) y bebe la sangre de pascual. En el fondo, mediante la puesta en relación de la comida
Jesús, consigue con ello la vida, Ign, que en Phld 4, 1 define el (lIlt,ual, con la última cena de Jesús como su institución auténtica, se
rtorúpiov («cáliz») como dC; EVCOCltV 'tOlJ atlla'toc; núroü (se. '1. Xpio- rndica la muerte del KÓPWC;; porque, cuerpo y sangre deJesús, repar-
Los sacramentos 203
202 El kerigma de la comunidad helenística

tiana en lugar del sacrificio propiamente dicho. También Ignacio


tid~s por él er: esta comida, son naturalmente (como lo confirman
emplea la terminología sacrificial cuando habla, al exhortar a la co-
las mterpretaClone.s secundarias), en anticipación misteriosa, cuerpo
munidad a la unidad bajo el obispo, del Bixnno rúptov (altar o lugar
y sangre del Crucificado, del Sacrificado. Esto se ve claramente en
del altar), en cuyo ámbito se reparte el «pan de Dios» (Ef 5, 2) o del
Pablo, en las frases que él ha añadido alCor 11, 26: ÓOÚKtC; yap
~V Buotno'rúpiov que únicamente puede darse en la comunidad
Eay Eo8ÍTp:E "COY ñprov "COU"COY KUl "CO nO"ClÍpwy nívrrre, "COY 8úyu"Cov
(Phld 4). 1 Clem prepar~ en otra forma el desarrollo cuando presen-
"COU ~~píou KU"C?-!'.YÉA-A-E"CE (ecada vez que coméis este pan y bebéis es-
ta a los encargados oficiales del culto cristiano en analogía con los
te c~liz, anunCl~ls la muerte del Señor»). El concibe, por tanto, la
comida eucarística como un OpCÓIlEYOY, al estilo de los 8pCÓllEYU de sacer~otes del AT (40). Justino (Dial 41, 3; 117, 1) llama a la
los misterios: la celebración es la representación de la muerte del eucanstía expresamente un sacrificio; no queda claro, sin embargo,
~Ú~WC;. Es característico que Ignacio no mencione, en absoluto, la qué es lo sacrificado; la concretización tendrá lugar en un estadio
última cena de Jesús; para él la auténtica institución de la eucaristía posterior del desarrollo.
tiene lugar en la pasión de Cristo. Otro desarroll<;>; presupuest? del anterior, tiene lugar ya muy
Es fácilmente comprensible que la comida sacramental tuviera pronto: la separacton de la comida sacramental de una comida en el
tan:bién otra~ interpretaciones. Esta iba acompañada de muchas y sentiao propio de la palabra. 1 Cor 11 pone de manifiesto que ori-
vana~as oraciones y en ellas, por medio de la palabra, podía
gmanamente la cena del Señor se celebraba dentro del marco de
ampliarse la KU"CUyyÉA-A-EW "COY 8úvu"COY "COU xupíou (eproclamación una comida v~rdadera que servía para saciar a los participantes o, al
meno~, c<;mstltuía ésta el encuadre de aquélla; Did testifica esta
de la muerte del Señor») que se había realizado en la acción sagra-
combinación de otra manera (cf. infra). Pero 1 Cor 11 nos dice tam-
da. No es ~e ex~rañar 9ue tales interpretaciones hayan sido admiti-
bi~n que esto dio o~igen a malos entendidos de manera que Pablo
das en la liturgia. La interpretación de la muerte de Cristo como
eX.lge que debe realizarse en casa la comida que tiene por finalidad
sacrificio de alianza y de expiación era corriente (§ 9, 4). En Jn 6, alimentarse antes de tener la celebración sacramental (v. 21.34). No
51b: únep "Cfic; "COU KÓOIlOU ~ú}fic; (epor la vida del mundos), Ign Sm sabemos con qué rapidez se impuso en las diversas comarcas o re-
7, 1: ~a oúp~ eucarística de Jesús únep "CG:>Y állupnG:>Y TlIlG:>Y nu8ouou giones la separación de ambas comidas; de cualquier forma en los
(~sufnendo por nuestros pecados») y Just Dial 41, 1, se ve que fá-
(i~mpos de Just~~o la separación es completa y la eucaristía ~e com-
Cllm?nte se habitl;laron a estas ideas. Si las añadiduras "Cfic; bina con el servtcro de la palabra (cf. supra). Desde luego que conti-
8ta8'llK'llC; .(«de la alianza») y "CO (EKXUVVÓIlEYOV) únÉp (<<[derramada] nuaron celebrándose en las comunidades comidas comunitarias a las
por») de~lvan de la tradición judía, las frases de 1 Cor 11, 24 s,
que se l~s continl;ló dando el título de ayúnll; servían para fomentar
que ~o .tlenen pa.ralelo en Marcos, tienen su origen en la esfera de
las relaciones sociales y la beneficencia.
los cnstianos venidos del paganismo, en concreto, el doble: "COU"CO
El. tes~ig? más antiguo de la cena del Señor es Pablo; pero él no
nOtEi'tE dc; "CT)v EIlTJY aYÚIlY'llOW (ehaced esto en recuerdo rnío»). Al
la ha instituido, como tampoco el bautismo, sino que, más bien, los
parecer provienen del hecho de que la cena del Señor fue concebi-
da también según la analogía de las conmemoraciones helenísticas ha encontrado en el cristianismo helenístico.
en cuyos documentos de fundación se contienen las fórmul~ . Cuando en 1 Cor 11, 23 introduce las palabras litúrgicas me-
respe~tivas 34. También según Just Dial 41, 4 se celebra la
diante la frase EYro yap nupÉA-ul3ov ano WU «upíou (epues yo recibí
del Señor. .. »), no se está refiriendo con ello, tal como se ha enten-
eucanstía ~tC; aYÚIlvr¡ot~ "COU nú8ouc; (een recuerdo de la pasión»).
djd~ ~uchas veces, a una revelación personal del KÚPWC;, sino a la
«De estas ideas ha surgido la así llamada anamnesis de las liturgias
tradición que ha llegado hasta él, la cual deriva del KÚpWC;. La
más antiguas» (Lietzmann).
l,omparación de 1 Cor 1.1, 23-25 con Mc 14, 22-24 pone de mani-
En el transcurso del tiempo la eucaristía ha sido concebida como
f resto que el texto paulino es la redacción suavizada de otro texto
sacrific~·o . .Cua~?o Did 14,.1 la llama Buoíu se da todavía a esta pa-
más antiguo y el análisis de las frases litúrgicas revela que éstas pre-
labra significación metafórica o se designa a la eucaristía por medio
sup~nen un desarrollo en el que han llegado a unirse los diversos
de esa palabra como acción cúltica que entra en la comunidad cris- motrvos. El hecho de que hablen de una xowoivíu (ecomunión»)
Ion el cuerpo y la sangre del KÚPWC; pone de manifiesto que Pablo
encontró ya las palabras litúrgicas. ¿Pudo Pablo, para quien oúp~ y
34. Cf. H. Lietzmann a 1 Cor 11, 21 s en Handbuch zum NT.
204 El kengma de la comuntdad helenístIca Los sacramentos 205

uíuu están separadas de l3amAEla 'tOU 8eou (1 Cor 15, 50), haber mente como medu: de saioacto», concepción que equivale a la que
creado este texto? En 1 Cor 10, 16 habla de la cornuruón sacramen- Ignacio nene de la eucanstía como <pap~aKOV a8avaata<; (emedicma
tal como de algo evidente para los cnsttanos el «nosotros» de estas de mmortalidad»), equivalente también a la oprruón de las reh-
frases es probablemente el mismo de Rom 6, 2 s giones misténcas helenísucas, o si conunuará siendo la autorrepre-
Pero (ha creado el cnstiamssno beienisttco la comida sacramental sentación de la comunidad escatológrca para qUIen la salvación está
de la communto, o se trata, al igual de lo que aconteció con el ya presente como en una antrcrpación del futuro
bautismo explicado a la manera de los rrustenos, de una interpreta- Pero también, en la medida en que la saiuacton tiene utgencta
ción de una costumbre tradicional, en concreto de la comida frater- como actualzzada en el culto, es preciso preguntarse cómo debe ser
na que prov1ene de la comunidad pnnunva? (§ 6, 4 y § 8, 3) No entendIda esa actualIzaCIón (Está presente en el culto el mundo
podemos responder con segundad a esta pregunta Sería, S10 embar- del más allá como un bren que se vrve y se disfruta del que uno se
go, comprensible que aquellas comidas que no eran propiamente apropia por medio del entbusiasmos y toda clase de fenómenos
celebraciones cúlucas, S100 expresión y lazo de la comunidad en el pneumáticos? (§ 14) Esto srgrufica al nusmo tiempo ¿cómo se re
sentido de la tradición del Judaísmo e mcluso del Jesús histónco, gula la reiaaon entre culto y escatología? (permanecerá vrva la es-
hubiesen sido configuradas por el cnsnarusmo helenisnco como ce- peranza de lo venidero Sl Cnsto es venerado como el KUPlO':; pre-
lebracrones sacramentales Quizás haya sido esto lo probable En sente? o (paltdecerá y pasará de esta manera la esperanza escatoló-
cualquier caso debemos pensar que el proceso podría haber sido d1S- grca a un segundo plano? (se aplazará el fin del mundo a un futu-
unto en unos lugares y en otros Parece desprenderse de D1d que ro indetermmado y con ello se reducirá la esperanza del futuro a
también en el cnstiarusmo helenísuco habrían continuado celebrán- una a8avama (<<mmortaltdad») indrvrdual? (o se unpondrá la con-
dose aquellas comidas comunitanas sin que hubiesen pasado a ser la cepción del culto como la forma apropiada de representar la trans-
cena sacramental del Señor cendencra escatológrca de la comunidad? (en la concepción de que
En D1d 9-10 tenemos la imagen de una celebración de una co- la comunidad de culto es también una demostración del JUIClO de
mida totalmente relacionada con la tradición Judía (§ 6, 4) en la DlOS sobre el mundo, tal como Pablo lo concibe? (1 Cor 14, 21
que falta toda referencia a la muerte de Jesús y en la que no se s 23 s) (o en la manera de que el culto cuestiona a los asistentes
habla en absoluto de la commumo sacramental Ciertamente que como hombres terrenos y alude a lo que ellos no son todavía y
hay que entender las palabras de 10, 6 como una transíción a la que, sin embargo, son ya sub specze del acontecirmento escatológi-
eucanstía sacramental, cuya hturgia no precisaba ser comunicada co y que ellos tienen que representar en su VIda para ser, como
por ser suficientemente conocida por todos Pero es totalmente claro Pablo lo ha formulado, W.:; qlü)(J'tfjPE<; EV xoouco (ecomo antorchas
que fueron combinadas dos celebraciones secundanamente, celebra- en el mundo»)? (Flp 2, 15)
Clones que eran de disunta naturaleza La celebración que se presu- Pero esto contiene, a su vez, una pregunta ¿en qué reiacio» se
pone en los cap 9 y 10 habría existido en un prmcipio S10 mezcla encuentran el culto y la VIda diana? (se encuentra el culto, y con
alguna y de ella habría recibrdo la cena del Señor en pnncipro el ello la «rehgión», como un paréntesis, como algo ocasional dentro
título de eucanstía, cosa que es extraña como designación de la cena de la vida profana? (se entiende como una segundad para la vida de
del Señor 35 después de la muerte y sin relación alguna al presente? (o se en-
cuentra el hombre entero determinado por el culto en su coudiaru-
3 De los hechos presentados en los § 12-13 surgen una sene dad presente? (y esto en el senudo de que la manera de V1V1r su V1-
de preguntas para el futuro En pnmer lugar la pregunta ya plan- da está determinada por reglas ascéticas o rituales? (cf § 10, 4) (o
teada en § 11, 3a de SI se desarrollará de nuevo en la comumdad su manera de comportarse en la vida está también determinada po-
cnsttana un culto sacnfiaai y un sacerdoao Pero con ello se plantea sitrvamente por el culto en el sentrdo de que la comunidad, al igual
tarnbrén la pregunta SI el culto /legará a ser considerado umlateral- que el mdrvrduo, son considerados como templo de DlOS y de su
Espíntu y esto hay que hacerlo vrsible por medio del cornportamren-
to moral, de manera que la VIda entera se convierta en servicio d1V1-
35 CE para Dld 9 10 M Dibehus ZNW 37 (1938) 3241 o Botscbaft und
no, en «culto» o en «sacnficro»? (§ 10,4, 11, 3a) Pronto volverán a
Gescbzcbte II 1956 117 127 surgir preguntas semejantes
El Espint» 207
206 El kengma de la comunidad helenisttca
hecho realidad por medio del acontecimiento salvífica realizado en
Cristo, el TeVEUIlU puede ser considerado tanto como don de Dios co-
§ 14. EL ESPÍRITU mo de Cristo y por consiguiente, puede hablarse tanto de TeVEUIlU
Xpicroü (<<Espíritu de Cristo») como de TeVEUIlU xupíou (<<Espíritu del
P Volz , Der Getst Gottes und dIe verwandten Erschetnungen 1m AY und 1m an- Señor»). Por lo que respecta al concepto TeVEUIlU, la visión funda-
scbltessenden ]udentum, 1910, H Gunkel , DIe Wlrkungen des Hetl. Geistes nach mental es ciertamente unitaria. Se concibió a menudo equivocada.
der populare« Anschauung der apostoltschen Zett und der Lebre des Apostels mente como consecuencia de la traducción de «espíritu». Ilvsüun no
Paulus, 31909, H Wemel, DIe Wlrkungen des Gezstes und der Getster m nacbapos- significa «espíritu» en el sentido de la concepción greco-platónica e
tal Zettalter bIs auf Irenaus, 1899, Fr Buchsel, Der Getst Gottes 1m NY, 1926, M idealista; no significa espíritu en contraposición a atollu como porta-
Dibehus, Exkurs zu Herm mand V; 2, 7, en Erganzungsbd zum Handb z NT IV, dar de la vida sensitiva o en contraposición a naturaleza. «Espíritu»,
517-519, C K Barrett, The Holy Spmt and the gospel traattton, 1947, E Seh- en este sentido, como sujeto de la vida «esprritual» se llama en
werzcr, Gegenwart des Getstes und eschatolog Hoffnung be: Zaraibustra, spat¡ud griego \/IUJoí (ealma») o voíx; o AóyoC;. Más bien, TeVEUIlU es la admi-
Gruppe», Gnostieer» und den Zeugen des NT, 1956.482-508, Id , ThWB VI, 394· rable fuerza divina que está en absoluta oposición a lo humano, tal
450, E Kamlah, art Getst, en ThBL zum NT I, 1967, 479-487, H Conzelmann, como se expresa, por ejemplo, cuando Pablo niega que los corintios
art Xuípro, Xúprouu, en ThW IX, 1973. 393-397, G Dautzenberg, Urcbnsthcbe sean nvsuurrtucoí (eespirituales») y les pregunta a la vista de su con-
Propbette, 1975,] Dillow, Speakmg m tongues, 1975,] D G Dunn, ]esus and ducta: OUK aV8pffiTeoí eatE (<<¿no sois hombres?») (1 Cor 3, 1-4), o
the Spmt, 1975, M E Isaacs, The concept 01 Spms, 1976, M Ramsey, Holy Sptnt, cuando Ign Ef 5, 1 caractenza su familiaridad (auvi¡8EtU) con el obis-
A blbllcal study, 1977, R Laurenun-P Beauchamp-] Greisch-R Sublon-] Wolms- po de Efeso como OUK av8pomívr¡, a').,),a TeVEUllunKi¡ (<<no humana, si-
ki , L'Espnt saint, 1978, T Marsh , The Holy Spmt m early chrtstian teacbmg IrThQ no espintual»). Muchas veces se designa la esfera de lo humano, para
45 (1978) 101-116, M A Chevalher, Souffle de Dleu Le samt Espnt dans le NT, describir su oposición al TeVEUIlU (<<espíritu»), como aáp~ (<<carne»),
1978, Y M -] Congar,]e crots en l'Espnt satnt I, 1979, H Schlier , Der Geis: und lenguaje que no es propio de Pablo, pero que ha recibido una
dIe Kirche, 1980 Impronta especial de él y sobre el que no es necesario presentar más
L Martínez, El Espírztu santo, 31955, H Muhlen, El acontectmiento Cristo como
detalles ahora. Se verán manifestaciones del Espíritu en los sucesos
obra del Bspiruu santo, en MySal III/2, 1969, 529-560, M Schmaus, Espintt; santo,
extraordinarios, en las fuerzas ocultas o misteriosas que acontecen en
en SM Il , 1972, 814-826, H Muhlen, El Espira« santo en la iglesia, 1974, B de
la conducta de un hombre y que no pueden ser explicadas teniendo
Margene, Los cansmas otorgados a la tglesta por el Espintz: santo, don de Dzos Est
Tnn 9 (1975) 401-424, A Hamman , El Espiru« santo en la vIda de la iglesta durante
en cuenta únicamente las fuerzas y capacidades humanas. Lo que
los tres primeros SIglos Est'Tnn 9 (1975) 273-292, L Arugas, El Espírztu santo en la
constituye, por tanto, el concepto de TeVEUIlU es: lo admIrable y, en
escatología paulma según la teología protestante, 1975, C K Barret, El Espintu san- concreto, en la medtda en que esto acontece en la esfera de la vIda
to en la sradzctá» stnopttca, 1978, E Schwcizer, e Qué es el Espíntu santo? Ensayo de humana, en lo que los hombres hacen o se les hace. Se atribuirán al
teología bíblIca Concihum 148 (1979) 159-169, Id , El Espírztu santo, 1980, L TeVEUIlU acciones milagrosas, fenómenos físicos anómalos, pero tarn-
Coenen-E Beyreuther-H Bietenhard, Dtcctonarto teolágtco del NT, 1980 bién deslumbrantes conocimientos y acciones de heroísmo y de fuer-
za moral; éstos son considerados como pneumáticos no porque sean
1. Todos los cristianos reciben en el bautismo el Espíritu (§ 13, fenómenos de la vida «espiritual» o moral, sino en cuanto que son
1); éste se muestra como viviente en las celebraciones cultuales de la admirables.
comunidad (§ 12, 1). ¿Qué se entiende bajo la palabra Espíritu? Tales fenómenos son llamados TevEUIlUnKú (eespirituales») (1 Cor
¿En qué manera determina la existencia cristiana? Ni el concepto de 12, 1?; 14, 1) o xupíallUtU (<<carismas») (Rom 12, 6; 1 Cor 12,
TeVEUIlU (<<Espíritu») ni el de la posesión del TeVEUIlU por el individuo 4.9.28.30 s; 1 Tim 4, 14; 2 Tim 1, 6; 1 Pe 4, 10; 1 Clem 38, 1; Ign
son homogéneos totalmente. Sm pr.; 2, 2). Dones específicos son el AóyoC; aO<¡Jíuc; (epalabra de
La diversidad de termmología no significa diversidad alguna en sabiduría») y el AóyoC; yvó)aEffiC; (epalabra de conocimiento») (1 Cor
cuanto al contenido. Se piensa lo mismo bien sea que se hable de 12, 8); ambos podrían estar compendiados en XÚPtallU (ecarisma»)
aytoV TeVEUIlU (sobre .la base del veterotestamentario-judío v,"pi) de Otouxi¡ (de OtOáaKEtV) (eenseñanza») (de [«enseñar»]) (Rom 12, 7;
tl~.,) o que ~e hable ~lmplemente de TeVEUIlU.? de tO TeVEUIlU (roü) 1 Cor 12, 28 s; 14, 26; cf. Hech 6, 10). La Teíanc; mencionada en 1
8EDU (<<Espíntu de DlOS»). Ya que la donación del TeVEUIlU se ha Cor 12, 9 es ciertamente la fe capaz de hacer milagros (cf. 1 Cor 13,
208 El kerigma de la comunidad helenística El Espíritu 209

2). Apenas podemos distinguirla con precisión de los xupíOllUtU te en templo escatológico de Dios (16, 5 s). La irrupción del Espíritu
IUllÚtWV (ecarismas de curaciones») (1 Cor 12, 9.28.30) Y EVEPYlÍllu- en el día de pentecostés es el cumplimiento de la profecía de Joel
tu &tvÚllEWV (epoder de milagros») (1 Cor 12, 10; cE. 12, 28 s; Gál anunciada para el final de los tiempos (Hech 2, 16 s). Y para 1 Pe
3, 5; cf, Rom 15, 18; Heb 2, 4; Hech 6, 8); de hecho, generalmen- 1, 3 s es evidente que el ÚYtUOllOe; 7tVEÚllU"COe; (eacción santificadora
te, no se puede hacer una distinción clara entre los dones afines. Se del Espíritu») (1, 2) convierte a los santificados en aspirantes cualifi-
menciona con frecuencia el XÚPtOllU de npoqmtsín (eprofecía») (Rom cados a la salvación escatológica que aparecerá en breve.
12, 6; 1 Cor 12, 10.28 s; 13, 2.8 s; 14, 5s; 1 Tes 5, 20; Hech 19, 6; Frente a todo esto, las dlferenáas en la forma de concebir signi-
cf. el Ap como un todo; 19n Phld 7). Apenas podemos decir cuál es fican relativamente poco; pero en ellas aparece, como se verá, un
la relación entre A-óyoe; yvrooEwe; respecto de la cmoKúAU\llte; (erevela- contenido importante.
ción») (1 Cor 14, 6). Por la comunidad de Corinto era especialmen- Siguiendo esquemas de pensar animisticos se representa al
te apreciado y tenido en alto valor por Pablo el XÚPtOllU de las 7tVEUllU como a un agente independiente, como a una fuerza perso-
YAroOOIlt, el extático «hablar lenguas» (1 Cor 12, 10.28.30; 14, nal que como un demonio se acerca al hombre y puede tomar pose-
18.26; Hech 19, 6; ¿se piensa en 1 Tes 5, 19 en el 7tVEUllU que no sión de él y capacitarle para llevar a cabo manifestaciones de poder.
debe ser extinguido?), que encuentra su complemento en la Siguiendo formas de pensar dinamísticas, por el contrario, aparece
tPllTlVEíu YAWOOroV (einterpreración de lenguas») (1 Cor 12, 10.30). el pneuma como una fuerza impersonal que hace al hombre seme-
Finalmente menciona Pablo el XÚPtOllU de &tÚKptate; 7tVEUllÚtWV jante a un jluidum. Una y otra manera de pensar han podido dejar
(ediscemimiento de espírirus») (1 Cor 12, 10). Estos dones, a cuya su huella aquí y allí ocasionalmente; pero, en general, no se hace
enumeración se limita Pablo en 1 Cor 12, 7-10, son los que común- énfasis alguno en ello y pueden ambas maneras de pensar seguir ca-
mente todos aceptan como tales. A ellos pertenecen también las minos opuestos, incluso en el mismo autor.
oraciones dichas en el «Espíritu» (1 Cor 14, 14 s; Ef 6, 18?; Jds 20; La forma animistica de concebir se halla presente, por
Mart PoI 7, 2 s) y los cantos cantados en el «Espíritu» (\IIUAlloí, üu- ejemplo en Rom 8, 16; 1 Cor 2, 10-16; 14, 14; igualmente en
VOl, 4>&uí [«salmos, himnos, cantos»] 1 Cor 14, 15.26; Col 3, 16; Ef Hech 5, 32; 10, 19; 16, 6 s; 20, 23; 19n Phld 7, 1 s; y también,
5, 18 s); mientras que es también típicamente paulino el contar aunque desdibujada por la metáfora, en Jn 14, 26; 15, 26; 16,
entre los xupío uu tu: llv"CtA1Í \IIEte; (easistencia»), KU13EPV'JÍ OEte; (<<gobier- 8.13-15. Se pone de manifiesto también en el hecho de que
no, dirección») (1 Cor 12, 28), &tUKovíu (<<servicio») y actividades se- puede hablarse en plural de 7tVEÚllUtIl que actúan en el individuo
mejantes. Es, por el contrario, común a todo el cristianismo la opi- (~ Cor 14, 12.32; especialmente en Mandata de Hermas); o tarn-
nión de que en las decisiones importantes el «Espíritu» conduce al bién cuando (como ya en el AT) se habla de un 7tVEÚllU que
hombre (Hech 13, 2.4; 16, 6 s; cf. Gál 2, 2) Ycuando Pablo habla tiene una eficacia especial (así el 7tVEUllU KUtIlVú!;¡;We; [«espíriru de
del estado célibe como un carisma especial (1 Cor 7, 7), se mueve compunción»]; Rom 11, 8 según Is 29, 10; 7tV¡;UllU 7tPUUtTltOe;
también dentro de la concepción general cristiana. [«espíritu de mansedumbre»] 1 Cor 4, 21; cf. 2 Cor 4, 13; Gál 6,
Existe unanimidad en pensar que el don del 7tVEUllU es un bien 1; Ef 1, 17; 2 Tim 1, 7; Ap 19, 10). Muchas veces ha desapareci-
escatológico, que su actuación en la comunidad es un acontecimien- do totalmente la representación concreta originaria y se ha con-
to escatológico. Así había entendido la primera comunidad el vertido en una pura forma de hablar (como en 1 Cor 4, 21; Gál
Espíritu (§ 6, 5) y también el cristianismo helenístico. Cuando 6, 1). La forma dinamística es la ordinaria y aparece un poco por
Pablo da el nombre de 117tuPx1Í (eprimicias») (Rom 8, 23), o de todas partes cuando se habla de 8tMvIlt (edar» o 8oef¡vllt (eser
llppu13rov (earras») (2 Cor 1, 22; 5, 5) de futura gloria al nvsüuu (Ef dado») o de 8wp¡;ú (edon»), también de I;Kxuef¡VIlt (<<ser derrama-
1, 13 s va en la misma línea), no hace otra cosa sino expresar una do»), de I;7ttXOPTlYEtV (<<suministrar») del 7tV¡;UllU y de expresiones
convicción común. Según Heb 6, 4 s, los bautizados, que han parti- semejantes (Rom 5, 5; 2 Cor 1, 22; 5, 5; 1 Tes 4, 8; Hech 2,
cipado del Espíritu santo, «han gustado ya las fuerzas del futuro 38; 10, 45; Heb 6, 4; Tit 3, 6; Hech 2, 17 s; 10, 45; 1 Clem 2,
eón». Quizás piensa Bern 1, 7 en lo mismo cuando dice que Dios 2; 46, 6; Bern 1, 3; Gál 3, 5; Flp 1, 19). Huellas claras de esta
nos ha dado a «degustar las cosas futuras» (trov llEAA-óVtWV &oue; concepción se encuentran en Rom 8, 11 Y también cuando
117tupxa.e;). Es claro, en cualquier caso, que también para Bern la 7tV¡;UllU úywv se une a realidades tales como ooqnn, nío nc, xupú
plenitud del Espíritu que inunda a la comunidad (1, 2 s) la convier- (esabiduría, fe, gozo») (Hech 6, 3.5; 11, 24; 13, 52); sobre todo,
El Espíritu 211
210 El kerigma de la comunidad helenística

cua~do. 1tVEUI.Hl y cSúVUI.·nc; (eespíritu») y (epoder») forman una bién la otra concepción ya que admite el fenómeno del éxtasis; en
él, la fuerza divina eleva al hombre sacándole de la esfera de lo
endíadis (1 Cor 2, 4; 1 Tes 1, 5; Le 1, 17), Y también cuando se
terreno P?r unos momentos. Sin embargo, el pneumático típico
habla de la cSúVUIUe; (roñ áyíou) 1tVEÚIW'tOe; (<<el poder del Espíritu
del helenismo es el SEioe; áVlÍp (ehombre divino»), quien posee un
santo») (Rom 15,13.19; Ign Sm 13,1; cf, Herm sim IX, 1,2: EVOU-
ser superior al de los mortales corrientes, que está lleno de una
vUIl?>8fivUl Ola .'tOU 1tVEÚIlU'toe; [«estar revestidos por el Espíritu»)).
fuerza divina mis~eriosa que le capacita para conocimientos mara-
Casi puede decirse que 1tVEUIlU y Súvnuu; son sinónimos' así cuando
villosos y para acciones admirables. Normalmente no se llama a es-
Herm sim IX, 13, 2 dice üYtU 1tVEÚIlU't(l enseguida une iuvállEle; 'tOU
ta fuer~a 1tVEUIlU, sino óúvcuu; (también xáple;); pero el contenido
uio~ 'tOU SEOU (epoderes del hijo de Dios»). Es también muy signifi-
es el mismo que cuando el cristianismo primitivo habla de 1tVEUIlU
catrvo que Heb 7, 16 no contraponga a KU'ta vóuov EV'tOAfíe; (entendido en sentido dinarnístico).
oupxívq'; (esegún la ley de la norma carnal») el concepto
1tVEUIlU't1KÓe;, tal como sería de esperar teniendo en cuenta la contra- . 2. La di,:er~idad de tales motivos explica ciertas inconsisten-
posición normal de oáp1; y 1tVEUIlU, sino que se diga: KU'ta cSúVUIl1V eras o cont~a~ICC!OneS en la I1!anera de concebir al Espíritu presen-
~ffifíe; UKu'tuAú'tou (esegún el poder de la vida indestructible»). Así
tes en el cnsuanrsmo helenístico. Por una parte, reina la convicción
como óúvnu«; y Oó1;u pueden significar lo mismo (compárese Rom
de que todos los cristianos han recibido en el bautismo el Espíritu
6, 4 con 1 Cor?, ~4), así tambén 1tYEUIlU y Oó1;u se hallan emparen-
tados cuando significan la fuerza vital celeste; el CHOIlU 1tVEUIlU'ttKÓV y que por él se han convertido en un nuevo ser (§ 13, 1). Esta po-
(1 Cor 15, ~4) es el 00:> 11 U'tfíe; 0ó1;11e; (scuerpo de gloria») (Flp 3, 21); sesión del Espíritu, que, por así decir, se halla latente de ordina-
la r:surrecClón del oO:>IlU 1tVEUIlU'tlKÓV ~s un EYEípEOSUl EV Oó1;u Y EV rio, puede manifestarse en acciones maravillosas (Gál 3, 5); para
OUVUIlEl (een glon~») y (epoder» [resucitarl) (1 Cor 15, 43). Las di- Pablo es, sobre todo, la fuerza para una conducta moral. Pero éste
ve~sas lecturas posibles de 1 Pe 4, 14 ilustran muy bien el parentesco es un pensamiento particular suyo; la concepción extendida por to-
e:c!ste~t~ e~tre los conceptos 1tVEUIlU, cSúVUllle; Y Oó1;u. La significa- das partes es, al parecer, la que para Pablo mismo es evidente: la
Clan ~lOomma de 1tVEUIlU't1KÓV y XáplOIlU pone de manifiesto que posesión del Espíritu es la posesión de la fuerza vital divina que
también x~Pte; y 1tVEUIlU pueden ser sinónimos o que la xápte; puede confiere la seguridad de superar la muerte, la certeza de la re-
surrecct~ó,! y de la vid,a eterna (Rom 8, 10 s; cf, también Gál 6, 8).
ser concebida como una Súvuu«; pneumática. Se ve en 1 Cor 15, 10;
El Espíritu da la Vida (2 Cor 3, 6); es un 1tVEUIlU ~(OO1tOlOUV
2 Cor 12, 9; muy claramente en Hech 6, 8, donde 1tA"Plle; xápnoe;
(<<Espítiru vivificant~») (1 Cor 15, 45;]n 6,63) o 'tfie; ~ffifie; (Rom 8,
KU! /O.uváIlEffie; equivale a 1tA.1íPl1e; oo. 1tVEÚIlU'tOe; áyíou (dleno ... del
Espíritu santo») (6, 5). Así también Ign Mg 8, 2: EIl1tVEÓIlEV01 Ú1tO
2). El cuerpo resucitado es un 00:> 11 U 1tVEUIlU't1KÓV (ecuerpo espiri-
tual») (1 Cor 15, 44). La O¡UKovíu 'tOU 8uvá't'Ou (<<servicio de muer-
'tfie; Xápt'toe; uú'tOU (<<inspirados por su gracia»); Rom pr.; Pol T, 2
te») se opone a la otaKovíu 'tOU 1tVEÚIlU'tOe; (eservicio del Espíritu»)
(cf, Mart PoI 7, 3).
(2 Cor 3, 7). El «ser sellado» por el Espíritu asegura la salvación fu-
Ambos modos de hablar no son extraños al AT, sin embargo
tura (Ef 1, 13 s; 4, 30), cuya U1tuPXIÍ (<<primicia») o appu13cóv
debemos considerar al primero como característico del pensamiento (earras») es el mismo. Espíritu (cf. supra; también Heb 6,4 s). Did
vete~ot~stamentario. Debemos decir lo mismo respecto a otra dife-
10, 3 agradece a DlOS el que haya dado a la comunidad en la
renCl~Clón que alcanza, en cierto sentido, la misma amplitud que
eucaristía: ?tYEUIlU't1Ki]~ 'tpoq>i]~ KU! noróv KU! ~ffii]V ukoviov (eali-
la pnmera. El Espíritu puede ser presentado con aquella fuerza mento espiritual, bebida y Vida eterna»). Quien ha recibido el
que se apropia del hombre en situaciones especiales y momentos o
Espíritu e? el bautismo, según Bern 11, 11, está seguro de la vida
que {e e! dada e!1 .e,stas circunstancias, que produce una situación
transitona o posibilita actuaciones especiales, o como una fuerza eterna; e incluso 2 CleI? 14, 5 formula la idea de la siguiente ma-
que se le concede al hombre de forma permanente, que entra cier- n~ra: la. carne parucrpa de la ~ffiIÍ y de la uq>8upoíu
tamente en acción en ocasiones concretas y confiere a su vida ente- (<<mmortalIdad») si el Espíritu está unido a ella (a la carne). El án-
ra un carácter especial y a su ser una cualidad sobrenatural. La pri- gel de la r;>enitencia de Hermas fundamenta su promesa de la rea-
mera manera de concebir es característica del AT y del judaísmo; lez.a cel:stIal en ~o~p~ñ!a del Hij~ ~e I?ios en las palabras: EK yap
la segunda (se encuentra aquí sólo en embrión) es, en cambio, 'tOU 1tVEUIlU'tOe; UU'tOU EAU13E'tE (erecibisteis de su Espíritu») (sim IX
característica del mundo helenístico, quien, a su vez, conoce tam- 24, 4). '
El Espíritu 213
212 El kerigma de la comunidad helenística

Relacionad~ con esta concepción se halla la idea de que no so-


. En otras partes, sin embargo, la posesión común del Espíritu se
lamente hay d,versos dones del Espíritu (usptouot [«distribuciones»]
Ignora en muchos aspectos. En primer lugar se habla a menudo de
del üytoV .1tVEU~a [Espíritu santo] Heb 2, 4), sino también la de
que.hay personas que son portadoras del Espíritu de una manera es-
que son dlferen~es en cuanto. a su valor; concepción que Pablo su-
peclal, qu~ son nvsuuutucot (sespirituales») o que se tienen por tales.
pone como cornen~e en Corinto (1 Cor 12 y 14), que él mismo
Pablo distingue en la comunidad, en oposición a la afirmación de
comp~rte.~uando diseña, por decirlo así, en 1 Cor 12, 28 una je-
que todos han recibido el Espíritu por el bautismo, 1tVEU~a'ttKOí y IjIU-
rarquizacron de los dones del Espíritu y cuando exhorta: ST\AOU'tE
XtKoí o onpxucoí (eespirituales») y (enaturales») o (ecarnales») (1 Cor
cS.E 'tU xapío~a'ta 'tu ~EÍsova (ebuscad los carismas mejores [supe-
2, 13; 3, 3). Igualmente distingue a los nveuuurucoí de la comunidad
riores]»). En el fondo hay aquí una contradicción con la idea de
de aquellos otros cristianos qu~ se dejan arrastrar por el pecado y que,
que se les confiere el Espíritu a todos los cristianos en el bautismo.
por. tanto , ~o pu~den ser consld~r~dos como 1tVEU~a'ttKOí (Gá16, 1).
Ya que obra lo más decisivo al convertir a los cristianos en nuevas
Quiere decir lo mismo cuando distingue a los 'tÉAEtot (eperfectos») del
criaturas; la otra concepción, por el contrario, habla del Espíritu
resto (Flp 3, 15); según 1 Cor 2, 6 (cf. 2, 13 s) los 'tÉAEtot son idénticos
c~~o de aquell~ fuerza maravillosa que capacita para acciones in-
a los nvsuuurucoí. La opinión, pues, de que, en cuanto 1tVEU~a'ttKOí
dividuales especialmente sobresalientes y contempla su acción co-
son unas personas extraordinarias no es propia de Pablo, prescindien-
mo ~vEU~a:tKÚ o xapío~a'ta, de manera que Pablo tiene motivo
do de que él atribuya o no esta dignidad a la misma persona a la que en crertas circunstanctas para subrayar el origen unitario de los di-
otros. y~ se la re«:lllo~en. Esta habría sido la concepción, sobre todo, versos dones (1 Cor 12, 4 s).
de cnst!anos con 1Oc~1Oación gnóstica (§ 15); en cualquier caso, estaba . El 1tVEU~a ~o solamente se diferencia en los dones particulares,
extendida. Porq.ue SI ~ablo puede decir: Elr«; cSOKEt 1tpoqllínlC; elvoi ft S100 que manifiesta su actividad también en momentos concretos.
1tVE,u~a'ttKÓC; (~<SI alguien se cr~e profeta o espiritual») (1 Cor 14, 37) Se derrama el Espíritu sobre una persona en momentos concretos
esta presuponiendo un lenguaje del que se sigue que quien tiene don (Hech 4, 8.31; 13, 9) o está lleno del Espíritu (Hech 7, 55), o es
de lenguas (tan sólo puede tratarse de éste en el contexto) es el1tVEU-
arreba~:do p.or el Esp~ritu (vívsoüm BV nvsóurrn) (Ap 1, 10; 4, 2).
ucrucóc por antonomasia, como si ignorara que también la profecía
T~blen se Ignora la Idea de la posesión del Espíritu por todos los
es un don del nveüuu,
cnsnanos, de manera que se puede hablar de la misma manera de
Debemos preguntarnos si no aparece en tal inconsistencia una
los judíos piadosos ~Lc 1, 41; del Bautista, Le 1, 15; de Jesús mis-
dife!encia en l~ visión de .10 que es el nveñuo, Ciertamente que el
mo, Lc 4, O'. L~ mismo vale para la fórmula AaAEtV (1tPOOEÚXE06m
1tVEU~a no ha sido entendido como la fuerza que determina al cris-
[«hablar»] y similares) BV .1tVEú~a'tt o nvsúunrt (een el Espíritu») (1
tiano en cuanto tal si dentro de la comunidad hay individuos que,
Cor 12, 3; 14, 2.14 s; Did 11, 7), con lo que no se piensa en ab-
en cuanto 1tVEU~a'ttKOí, pueden ser distinguidos del resto. Ya vere-
soluto en un lenguaje humano, sino en un hablar bajo la posesión
mos cómo hay que entender esto. Más en consonancia con la con-
momentánea del Espíritu.
cepción de que todos los cristianos tienen el Espíritu se halla la idea
Finalmente, resalta el que -tampoco en consonancia con la
de que se pued~ poseer el Espíritu en diversa medida y en diverso
visión bautismal- junto a la concepción ordinaria de que el
grado de intensidad. Cuando personas concretas son caracterizadas
Espíritu es el origen de los fenómenos cristianos extraordinarios
co~o ~AlÍPEtc; nvsóuntoc Kal o oeíc e; (dlenos de espíritu y
pueda entrar también la otra opinión: que un esfuerzo o un~
sabidurías) ? .como 1tAlÍPEtc; rtíorsox; xut nveóuuroc úyíou (ellenos de
conducta adecuada del hombre obra la donación del Espíritu o
fe y del Espíritu santo») (Hech 6, 3.5; 11,24) no se quiere decir otra
una donación especial, que al menos puede aumentarla o robus-
cosa, sino que éstas han sido dotadas con el Espíritu de una manera
tecerla. Esto se halla presente ya en el ST\AOUV ... xapío~a'ta ...
más rica y ~ás profunda. Bern 1, 2 s muestra cómo se compagina 1tVEU~anKú (ebuscad ... c~ismas... espirituales») (1 Cor 12, 31;
esta concepción con la de la grac.ia.del bautismo;. el autor se alegra 14, 1) Y en la exhortación: ST\'tEt'tE íva 1tEptOOEÚT\'tE (eprocurad
?e que los lectores hayan recibido (por medio del bautismo) abl:lndar») (1 Cor 14, 12) o ST\AOU'tE ró 1tPO<jlT\'tEÚEtV (ebuscad pro-
suouro'; cSWPEUc; 1tVEu~a'ttKiíc; XÚptc; (oü'twc;) o'tt 6.AT\6&c; 13M1tw BV fetizar») (1 Cor 14, 39). Así exhorta Bern 4, 11: YEvÓl~E6a 1tVEU-
Ú~tv. BKKEXU~Évov ~~o 'tOU 1tAouoíou xupíou 1tVEU~a B<jl' ú~UC; (<<la
uurucoí .0<seamos ,espirituales») en contraposi~ión a la paradójica
gracia del don espiritual de manera que veo difundido abundan-
exhortación de Gál 5, 25, mientras que 2 Tim 1, 6 más sobria-
temente ... el Espíritu del Señor entre vosotros»).
214 El kerigma de la comumdad helenística El Espírttu 215

mente invita: o.vu~w7tupeiv ,0 ')(áPICJJ.1U ,00 Bsoñ (ere recomiendo rea- don del Espíritu, al menos cuando desborda los límites de lo
vives el carisma de Dios»), donde se piensa ciertamente en el don corriente: la palabra que enseña, que da sabiduría y conocimiento,
especial del Espíritu del ministerio doctrinal. El medio para conse- así como la profecía, que desvela el misterio del acontecimiento fu-
guir una donación especial del Espíritu es, según 1 Cor 14, 13, la turo y revela también lo que s~ oculta en el corazón; oraciones y
oración. Preparación para la revelación por medio del pneuma es en cantos y, sobre todo, la glosolalia extática. En todo ello se ve claro
Hech 13, 2 el ayuno, lo que está de acuerdo con la visión tradicional que el criterio según el cual se juzga que las manifestaciones son do-
judía. Una postura ascética es, según 2 Clern 14, 4 condición para nesdel Espíritu no es el comportamiento cristiano, sino lo extraordí-
recibir el Espíritu. Por el contrario, la comunidad de Corinto, gra- ~arlO de su manifestación, los fenómenos psíquicos que la acampa-
cias a su comportamiento modélico, informa 1 Clern 2, 2, ha expe- n~n o la Co!?-dlC1onan. SIn duda que siempre se presupone un conte-
nmentado una 7tA.lÍPT\<; nvsúuuroc áyíou EK')(um<; (eplena efusión del nido apropiado en tales exteriorizaciones entusiásticas, excepto en
Espíritu santo»), aquellas que son absolutamente ininteligibles, pero no es esto lo
que permite que aparezcan como nvsuurrtucú o ')(upíoJ.1U'U' Debe-
3. En la inconsistencia, incluso en la contradicción de cada una mos pensar que el espacio entre lo inteligible, lo significativo en
de las concepciones se refleja, con todo, un significativo contenido, cuamo. al contenido y el éxtasis ininteligible y fútil en cuanto a su
de manera que puede decirse que tal inconsistencia corresponde jus- contenido es grande. La oración puede moverse entre los extremos
tamente a la realidad. que forman la alocución consciente y clara de entender y el balbu-
La concepción de que todos los cristianos en el bautismo reciben c~o glosolálico (1 Cor 14, 14 s); puede ser un suspiro que no con-
el Espíritu no se apoya en la idea de que cada uno de los bautizados tiene palabra alguna (Rom 9, 26) o gritar en éxtasis ¡Abba! (Rom 8,
tenga vivencias pneumáticas o anirnísticas, aun cuando ocasional- 15; Gál 4, 6).
mente haya podido suceder así. Más bien, arranca, en el fondo, de Pero la actuación del 7tveUJ.1U se extiende más allá del círculo de
que el Espíritu le ha sido dado a la comunidad, en la que el indivi- estos fenómenos, que pertenecen, al menos primariamente, a la
duo es admitido por el bautismo. Por esto se habla con gusto del asamblea cultual. Su poder se pone de manifiesto en todas las
Espíritu donado a la comunidad o de los dones del Espíritu que ac- prestaciones extraordinarias y en actuaciones sobresalientes. En pri-
túan en ella (1 Cor 1, 4 s; 1 Clem 2, 2; Bern 1, 2 s; cf. Herm rnand mer lugar en la misión que el Espíritu dirige (Hech 13, 2.4; 16, 6
XI, 14). Quien engaña a la comunidad engaña al Espíritu santo s) y el apóstol (1 Cor 12, 28) se legitima como portador del
(Hech 5, 3), y lo que la comunidad, mediante la dirección del Espíritu obrando milagros (2 Cor 12, 12; cf. Rom 15, 18 s; 1 Cor
Espíritu, decide o anuncia es, al mismo tiempo, anuncio del 2,4; 1 Tes 1, 5; 1 Pe 1, 12; Heb 2, 4; 1 Clem 42, 3). La profecía
Espíritu (Hech 13, 2; 15, 28). Para la comunidad primitiva no y la doctrina no sólo hacen su aparición en el culto de manera rno,
existía aquí problema alguno; pero para la comunidad helenística mentánea como dones de un individuo, sino que pueden ser pose.
surge la pregunta de ~~mo se realiza la participación en el Espíritu sión permanente de una persona concreta (para ambos dones: cf. 1
por parte de cada individuo. ¿TIenen ellos el Espíntu solamente en Cor 12, 28; Ef 4, 11; Hech 13, 1; Did 11-13; para los profetas:
la fe, es decir, en la convicción de que, en principio de una manera Ap 22, 9; He~m mand Xl; para los maestr?s: Sant 3, 1; Bern 1, 8;
oculta, no son ya seres terrenos y que, gracias al Espíritu que habita 4, 9; Herm VIS m, 5, 1; mand IV, 3, 1; SIm IX, 15, 4; 16, 5; 25,
en ellos, no perecerán con el mundo y que participarán del mundo 2). Pero así como a cualquier miembro de la comunidad le pueden
que aparecerá después y de su realeza en figura transformada, en un ser regalados los dones de profecía y de doctrina, así también la
CJWJ.1u 7tVeUJ.1UnKóv? ¿que en caso de morir antes de la parusía del fuerza para realizar acciones extraordinarias, curaciones de enfer-
xúpioc serán resucitados de entre los muertos? o ¿experimentan ya medades y otros mtlagros (1 Cor 12, 8 s.28 s). Si Pablo cuenta
ahora la posesión del Espíritu? ¿actúa ya ahora en ellos su fuerza vi- también entre los dones el servicio y la dirección y diversas mane-
vificadora? ras de ayuda, lo hace por cuenta propia. Otra cosa distinta es
Es convencimiento general cristiano que este último es el caso y cuando, más tarde, los encargados de la comunidad son considera.
es cOflprensible que se experimenten las actuaciones del Espíritu dos como portadores del Espíritu (por medio de la imposición de
sobre todo en el servicio divino del culto, en el que la comunidad las manos). Es también característico de Pablo el que ponga en re,
escatológica se hace presente. Todo lo que se le da, lo entiende como lación la conducta moral con el nvsüu«: fuera de Pablo y del circu,
216 El kengma de la comumdad helenístzca Motzvos gnóstzcos 217

lo de su influencia, la conducta moral se coloca unilateralmente ba- fundada y gar~ntizad~ por el.don del Espíritu surgen los peligros
jo el imperativo. Dignos de ser tenidos en cuenta son los comenta- p.ara la comunidad. SI.se considera la actuación del Espíritu en ac-
rios de Herm sim IX, 13, donde las «vírgenes», que construyen la Clones de fuerza especiales como señal inequívoca de la donación
torre de la iglesia (IX, 2 s) y que, según 15, 2 s son las virtudes, son del Espíritu, nace la amenaza de entender la existencia cristiana co-
explicadas como üyux 1tVEÚI!U'tU o como OUVÚI!Et<; 'tOU uíoü 'tOU 8wu mo la de un 8Eio<; ávi¡p (ehombre divino») en el sentido del helenis-
(epoderes del hijo de Dios»). Con todo, no hay ninguna fundamen- mo y ~a historia salvífica escatológ~ca deriva al terreno de una leyen-
tación seria de la conducta moral sobre el Espíritu; todavía menos da edificante; peligro que se manifiesta ya en el NT Yque presenta
en los Mandatos de Hermas, en los que el concepto de fuerzas todas sus consecuencias en los apócrifos hechos de los apóstoles. Con
buenas como 1tVEÚI!Uta que habitan en el hombre sólo de manera ell? crece, al mismo tiempo, la arrogancia de los pneumáticos, como
precaria están unidas con la concepción cristiana del üywv 1tVEUI!U deja entrever la exhortación de 1 Cor 12. Si, por el contrario, se ve
(<<Espíritu santo»). lo pe~uliar de la existencia en las vivencias subjetivas y, en cense-
Visto en conjunto, aparece una doble concepctán de 1tVEUI!U. Es- cuencra, se ve la actuación del 1tVEUI!U en la realidad de vivencias
tá, por una parte, la de la fuerza conferida en el bautismo, que hace psíquicas, nacerá entonces un pneumatismo individualista, que cier-
a uno cristiano; que lo saca fuera, ya ahora, del mundo que perece y tamente puede manifestarse también en acciones de poder, cuyo
lo «sella» para el mundo que viene. El 1tVEUI!U, por otra parte, es punto culminante, sin embargo, es el éxtasis. Entonces no será en-
una fuerza que le es regalada al cristiano ocasionalmente y que le tendido por más tiempo el 1tVEUI!U como el don entregado a la co-
capacita para hacer obras extraordinarias. Si se toma en serio que el munidad ni tampoco como á1tuPxTÍ (eprimicia») ni como áppul3rov
Espíritu que ha sido regalado en el bautismo determina verdadera- (earras-). Más bien, la desmundanización escatológica será interpre-
mente la existencia cristiana y no solamente en el sentido de que «se tada en el sentido de la mística. Sobre todo 1 Cor 12-14 y 2 Cor
cree» que su posesión garantiza la resurrección o una vida eterna, en muestran que existieron tales peligros. El sentido de este peligro se
cuanto al contenido, -antes de que un pensador como Pablo ve en la pregunta expuesta a Pablo al parecer en Corinto acerca de
afronte el problema- se llega a expresiones Inconszstentes y contra- wál es el criterio en virtud del cual pueden distinguirse los éxtasis
dzctorzas. Porque las frases que presentan al Espíritu como aquella demoníacos de los divinos (1 Cor 12, 2 s). El éxtasis, por tanto no es
fuerza que se da ocasionalmente y que produce manifestaciones un fenómeno de sentido univalente.
extraordinarias, quieren entenderlo como la fuerza que determina la
existencia cristiana. En esta contradicción se pone de relieve que el
bautizado, que como tal pertenece al mundo futuro, no es, en su
§ 15. MOTIVOS GNÓSTICOS
ser actual provisorio, el que tiene que ser y que es también sub spe-
cte Dei, y que, al mismo tiempo, su pertenencia a lo venidero de-
termina su existencia actual. Y en la contradicción de que por una W Bousset, Hauptprobleme der Gnosts, 1907, P Wendland, Die he//enzstzsch
parte el1tVEUI!U es en el cristiano el origen de una nueva conducta y romtscbe Ku/tur m tbren Beztehungen zu ]udentum und Chnstentum, en Handb z
posibilidad y que por otra parte, su conducta le cualifica para una NI' 1, 2, 31912, 163-187, R Reuzenstein, t»: he//enzstuehen Mystenenreltgtonen,
donación siempre nueva del Espíritu y que él tiene que esforzarse I¡ ')27, H Jonas, Gnosss und spatanttker Getst 1, 31964, Id , Tbe Gnosttc re/tgtan,
por conseguir los dones pneumáticos, se pone de manifiesto que el (')58, H Schlier, Re/tgtangesehteht/ Untersuehungen zu den 19nattusbnelen, 1929,
poder del 1tVEUI!U no es una fuerza que obra mágica o mecánica- Id , Chnstus und dte Kircbe tm Epheserbnef, 1939, Id , Der Menseh tm Gnosttzts
mente, sino que exige y presupone una transformación de la volun- fIIUS, en Bestnnung aufdas NT, 1964, 97-111, E Kasemann, Letb und Letb Cbnsu,
tad, aunque bien es verdad que, solamente Pablo comprende el pa- I')B, Id , Das wandernde Gottesvo/k, 1930, H Bartsch, Gnosnscbes Gut und Ge-
radójico estado de los hechos (Gál 5, 25). fIIt'tndetradtttan bet 19nattus von Antiocbte», 1940, W Bauer, Reehtg/aubtgkett
Surge todavía la pregunta de cómo se desarrollará la zntelzgencia ""ti Ketzerei tm altesten Chnstentum, 1934, C H Krae1mg, Anthropos and Son 01
de una existencia fundada y sostenida por el poder diuzno escatoló- IIMn, 1927, F C Burkrtt, Chureh and gnosts, 1932, E Haenchen, Gab (!J eme
gico del 1tVEUI!U. Es la pregunta de la delimitación y separación del I'""hnst/tehe Gnosis? ZThK 49 (1952) 316-349, H J Schoeps, Urgememde, ]u-
mundo y la del dualismo escatológico (§ 10, 4-5). En la medida en '¡,.,nhnstentum, Gnosis, 1956, R P Casey, Gnosts, gnosttas»: and NT, en Tbe
que se cree y se vive esta separación y esta oposición al mundo como /',ukground 01 the NI' and tts escbatoiogy (Festscbnf I C H Dodd), 1956, 52-80;
218 El kengma de la comunzdad helenística Motivos gnásttcos 219

G Strecker, Das judenchnstentum tn den Pseudoklementtnen, 1958, G Quispel-R da fue desarrollada la comprensión del mensaje cristiano en el cris-
M Wilson-H ]onas, Gnosttctsm and the NT, en] P Hyatt (ed ), The Btble tn mo- tianismo helenístico por medio de conceptos gnósticos.
dern scboiarsbtp, 1966, 252-293, U Bianchi (ed ), Le onglm delta gnosttctsmo, Es imposible que se dé tal proceso sin que haya influencias en
1967, R Haardt, DIe Gnosts, 1967, P Pokorny, Der Ursprung der Gnosis, 1967, R
el contenido. Así como el desarrollo del culto del Kyrzos llevó al
M WIlson, Gnosis und NT, 1968, K Rudolph, Gnosts und Gnosttztsmus ThR NF
cristianismo helenístico a un proceso stncretista, lo mismo ocurrió
34 (1969) 121-175 181-231 258-361, 36 (1971) 1-6189-124, 37 (1972) 289-360, 38 con el desarrollo de la doctrina de la redención bajo influencia
(1973) 1-25, W Eltester (ed ), Chnstestum und Gnosis. 1969, L Schottroff, Der g~óstica. No fue algo uniforme en los diferentes estratos y lugares;
Glaubende und die letndllche Welt, 1970, R Bergrnerer, Quelten oorcbnstiscber y Junto a la influencia de la gnosis está también su repulsa pero a
Gnosis/, en Tradtzton und Glaube (Fest I K G Kuhn), 1971, 200-220, K -W
veces se mezclan cristianismo y gnosis. Visto en conjunto, uno está
Troger, Mystenenglaube und Gnosts tn Corpus Hermettcum XIII, 1971, K Prumm,
tentado a presentar el cristianismo helenístico como una estructura
Gnosts an der Wurzel des Cbnstentums>, 1972, K M Fischer , Tendenz und Ab
sincretista, pero esto es imposible porque no es un conglomerado
stcbt des Epbeserbnefes, 1973, K -W Troger, Gnosis und NT, 1973, G QUISpel,
hecho de materiales heterogéneos, sino que, a pesar del posible
Gnostzc studtes, 1974·1975, K Rudolph (ed ), Gnosis und Gnostzzzsmus, 1975, G
sincretismo, mantiene en concreto desde su origen, el motivo de
Ludemann, Untersuchungen zur stmontantscben Gnosis, 1975, Proceedtngs 01 the una comprensión independiente de Dios, del mundo y del
mtemationai coltoquzum on gnosttctsm Stockholm, august 20-25, 1977, B Aland- hombre. La pregunta es si se impondrá este motivo y S1 configura-
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jonas) , 1978, K Koschorke, DIe Polemie der Gnosttker gegen das klrchllche Chns simplemente la situación problemática y los interrogantes que sur-
tentum, 1978, B Layton, The Gnosttc treattse on resurrectton fron: Nag Hammadl, gen de ella.
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E Pagels, Los euangeitos gnóstIcos, 1980 mitología sincretista, sino, más bien, en una -respecto del mun-
do antiguo- nueva inteligencia del hombre y del mundo, de la
que la mitología es únicamente su expresión. Si para el hombre
Prenotando antiguo el mundo había sido el hogar -para el AT el mundo
como creación de Dios, para la antigüedad griega el cosmos habi-
Desd~ el punto de vista histórico era necesario que el evangelio tado por la divinidad-tanto en la gnosis como en el cristianis-
de un PlOS ver~a~ero y d~ J.e~ús.el n:esías-hijo del hombre, que el mo se hace consciente por primera vez la diferencta fundamental
mensaje escat<:>l?glCo del JU1~lO inmrnente y de la salvación, que extstente entre el ser humano y todos los demás seres mundanos
fueron transmitidos en un pnmer tiempo en el lenguaje conceptual y, por tanto, se ha convertido el mundo en algo extraño para el
del AT y de la tradición judía, fuesen traducidos, dentro del mun- yo del hombre (§ 10, 4), incluso en cárcel dentro de la gnosis.
do hel~nístico, a unos conceptos que les fuesen familiares a los que Esta piensa de manera tan radical que le parece extraña y enemi-
lo habitaban. Ya he~os expuesto en el § 12 cómo pasó el hijo del ga la vida de los propios sentidos, de las pasiones, por las cuales
hombre, cuya parusia se esperaba, a ser el KÚP\O~ venerado en el el hombre se halla preso en el mundo; se oponen a lo verdadera-
culto. Para poder expresar de manera convincente para los oyentes mente propio del hombre de manera hostil, de manera que el
helenísticos la .s1gnificació~ escatológica de Jesús y con ello, sobre hombre no puede realizar en este mundo su verdadero ser, para
todo, el mensaje escatológico y el dualismo escatológico que va uni- el que este mundo es una cárcel en la que se halla encadenado
do a. ello '. l~ gnosis y su mito ofrecían unos medios de conceptuali- su y.o auténti':,o -emparen~ado con el mundo de la luz y que
dad mtehg~ble. Por ello comenzó desde entonces a aparecer aquí y desciende de el- por medio de las potencias demoníacas de las
allí la gnosis (§ 10, 5; 11., 2a.e; .12.. 3; 14,2) Y se hizo preciso seña- tinieblas.
lar el parentesco del kengma cnstrano con ella y la oposición exis- . El saber acerca del origen celeste del yo -sería equivocado de-
tente. Debemos exponer ahora de manera coherente en qué medio m: «del alma»; porque la gnosis griega distingue el auténtico yo,
220 El kerigma de la comunidad helenística Motivos gnósticos 221

la chispa luminosa que proviene del mundo divino, cuyo ser es final, que ya ha comenzado ahora, cuando son liberadas. Se cuenta
nvsüuo, de la ",ux'lÍ como el ropaje que le ha sido colocado al yo (co- de manera diferente en las diversas variantes del mito el comienzo
mo también el a&llo.) por las potencias demoníacas para apresarlo, del drama, el acontecimiento trágico del comienzo de los tiempos;
de la ",ux'lÍ como la fuerza vital mundana de los sentidos, de las pa- pero el pensamiento fundamental es el mismo: las potencias
siones y de las apetencias, el saber acerca de la situación de sentirnos demoníacas se apoderan de una figura luminosa que proviene del
extranjeros en el mundo y del origen celeste del yo y acerca del ca- mundo celeste, bien sea que este ser luminoso es tentado por su neo
mino para liberarse de este mundo; esto es el conocimiento decisi- cedad, bien sea que fue superado en la lucha. Los «yo» individuales
vo, la yv&otC;, de la que el movimiento gnóstico toma su nombre. de los pneumáticos no son otra cosa sino partes, fragmentos, de
Se regala la liberación al «gnóstico» que haya conseguido llegar al aquella figura luminosa, que constiruyen, por tanto, en su totalidad
conocimiento de su yo, de su patria celeste y del camino que condu- esta figura -quizás como «hombre primigenio»- y para cuya libe-
ce a ella, cuando el yo se separa en la muerte del cuerpo y del alma ración total deben ser liberados y «reunidos». Toda vez que el mun-
y asciende, liberado, al mundo de la luz celeste. do de las potencias demoníacas debe desplomarse si se le priva de
Este conocimiento confiere al gnóstico la conciencia de su supe- las chispas luminosas, los demonios vigilan celosamente e intentan
rioridad sobre el mundo. Aquél en quien está viva la chispa de la adormecer a los «yo» celestes mediante el ruido y la embriaguez de
luz celeste es el pneumático, quien mira con desprecio a aquéllos en este mundo; intentan emborracharlos y hacerlos caer en el sueño a
los que no está viva la chispa de la luz y son puramente "'UX,tKÓC;, fin de que ellos olviden su patria celestial.
oupxucóc, Ü"'tKOC; 36. El, que se sabe ya liberado por la YV&otC;, de- La liberación proviene del mundo celeste. Enviada por el Dios
muestra esta libertad o por medio de la ascesis o por medio del li- altísimo desciende de nuevo una figura luminosa [el hijo del
bertinismo y quizás también por una combinación peculiar de am- altísimo, su imagen (dKÓ>V) l del mundo de la luz y trae la gnosis.
bos. Puede degustar ya ahora, mediante meditación profunda, que Despierta a las chispas luminosas que han caído en el sueño o en la
desemboca en el éxtasis, la felicidad del mundo de la luz al que irá embriaguez y hace que vuelvan a acordarse de su patria celeste. Les
después de la muerte y puede demostrar la fuerza del xveouo que adoctrina sobre su superioridad respecto del mundo y sobre la con-
habita en él mediante acciones milagrosas. ducta que deben adoptar frente al mundo. Instituye los sacramentos
Pero la historia del yo individual se integra dentro de la historia por medio de los cuales ellas pueden purificarse y pueden recuperar
del cosmos entero. El yo individual es solamente una chispa del te- la fuerza luminosa perdida o debilitada; de esta manera experimen-
soro de la luz, mantenida prisionera por las potencias demoníacas tan un «renacimiento». Les adoctrina sobre el viaje al cielo que
imperantes en el mundo, en el mundo de la oscuridad; su libera- tendrá lugar después de la muerte y les comunica la fórmula me-
ción es únicamente una parte del proceso de liberación de todas las diante la cual pueden pasar con seguridad las estaciones de este
chispas de la luz que se hallan presas, las cuales están ligadas entre viaje y eludir los guardianes demoníacos que vigilan en las esferas si-
sí por una relación (auyyÉvEto.) esencial y por su origen. La derales. Toda vez que él les precede, va preparándoles el camino,
escatología individualista, es decir, la doctrina de la liberación del que es.también para él, el liberador, la liberación. Porque él no ha
yo individual en la muerte yen su viaje al cielo, se halla dentro del aparecido aquí, sobre la tierra en figura divina, sino revestido de ser
contexto de una escatología cósmica, es decir, la doctrina de la libe- t~rreno, para, de esta manera, evitar ser descubierto por los derno-
ración de todas las chispas luminosas y su ascenso al mundo de la Olas. El ha tomado, por tanto, sobre sí las fatigas y sufrimientos de
luz; después de su liberación, este mundo de abajo, mezcla de luz y la existencia terrena y debe sufrir desprecio y persecución hasta que
de oscuridad, se sumerge de nuevo en el caos original de la oscuri- se despida y sea elevado al mundo de la luz.
dad y las potencias mundanas que dominan en el mundo son juzga- Una pregunta secundaria, a la que no vamos a dar contestación
das. aquí, es la de cómo fue configurándose la religión gnóstica en cada
El mito gnóstico describe el drama cósmico en el que se dio el uno de los grupos y comunidades, cómo fueron formándose y de-
encadenamiento de las chispas luminosas, drama que encuentra su sarrollándose aquí y allí doctrinas y ritos. Tenemos poca informa-
ción ac~rca de las comunidades gnósticas, sobre todo, de los tiern-
36. La división tripartita de los hombres en pneumáticos, psíquicos e hylicos
pos pnmeros. En cualquier caso, el movimiento gnóstico se ha
(sárkikos) es secundaria en la gnosis eclesiástica. concretizado en varias sectas bautismales en la región del Jordán y
222 El kengma de la comunzdad helenística Mottvos gnósticos 223

ha incluido en su ámbito también círculos judíos. Al parecer, distinguir al liberador del hombre Jesús histórico y tiene que afirmar
entró en contacto con muchos cultos locales del oriente próximo y que aquél (en el bautismo) transitoriamente se ha unido con éste pa-
se fundió con ellos en forma de comunidades mistéricas, en un ra abandonarlo de nuevo antes de la pasión.
proceso sincretista, en el que, por ejemplo, fue identificado el li- La lucha contra los gnósticos consiste en parte en simples adver-
berador con Attis, dios frigio mistérico. De manera parecida se tencias frente a las «búsquedas vanas» (ucoput srrníoEtC;), a «luchas ver-
introdujo también el movimiento dentro de las comunidades cris- bales» (A-oYOjlUXíUt), a «mitos» (uüüoi) y «genealogías» (YEVEUA-OyíUt),
tianas, o comunidades gnósticas tomaron motivos cristianos. Pero frente a «antítesis del conocimiento engañoso» (uvn8ÉoEt¡; 't'r¡¡; IJIW-
la influencia de la gnosis va más allá del círculo de grupos reli- ócovúuou YV(Í)OEffi¡;) (1 Tim 1, 4; 4, 7; 6, 4.20; 2 Tim 2, 23; 4, 4; Tit 1,
giosos específicos; sus ideas permanecieron activas también en la 14; 3,9). También Hermas sim VIII, 6, 5; IX, 19,2 s; 22, 1 s comba-
especulación de la filosofía de la religión helenística hasta el neo- te a los maestros gnósticos aunque de una manera muy suave. Pero,
platonismo, al igual que en el filósofo de la religión judía, Filón por otra parte, encontramos enérgicas polémicas y discusiones y rein-
de Alejandría. terpretación de frases típicamente gnósticas. Al parecer la comunidad
cristiana encontró la primera opovrc ión en la escatología y en la
2. En la medida en que la predicación cristiana ha permane- cristología. Ya 1 Cor 15 es una gran polémica contra la corriente
cido fiel a la tradición del AT Y del judaísmo, así como a la tradi- gnóstica de Corinto que afirma: óvdcruou; eK VEKpWV OUK gonv (<<no
ción de la comunidad primitiva, se ponen enseguida de manifiesto hay resurrección de muertos»), Ciertamente que Pablo entiende
decisivas oposiciones a la gnosis. Siguiendo la línea de aquella tra- equivocadamente a los adversarios cuando presupone en ellos la idea
dición, la predicación se mantuvo firme en la realidad de que el de que todo se acaba con la muerte (15, 19.32). Naturalmente que
mundo es la creación del único Dios verdadero, de que, por tanto, no era éste el caso, como lo pone de manifiesto ya el uso del bautismo
el Dios de la creación y el de la liberación es uno. Con ello tene- con sentido vicario (15, 29). Ellos negaban únicamente el sentido
mos, al mismo tiempo, una oposición en la antropología. En efec- realístico de la tradición judía y de la primera comunidad cristiana
to, para la concepción genuina cristiana, el hombre, con su cuerpo acerca de la doctrina de la resurrección 17. Esta concepción podía to-
y su alma, es criatura de Dios y no puede pensarse que además de mar la forma: UVÚO't'UOlV gOll YEYovÉVUt (eresurrección ya acaecida»),
su ser cuerpo animado haya en el hombre, como su ser propio, es decir, la doctrina acerca de la resurrección podía ser espiritualizada
una chispa de luz, preexistente y divina. En principio, por tanto, (2 Tim 2, lS; cf. sin embargo, tambiénJn 5, 24 s y Ef 5, 14).
no se puede hablar de una separación entre los que son portadores La prueba detallada que se aduce en 1 Clem 23-26 a favor de la
en su interior de las chispas luminosas, los pneumáticos, que resurrección no ha sido motivada por la enemistad gnóstica, así co-
empleando terminología gnóstica son <púoEt OffiSÓjlEVot y los mo tampoco se pretende combatir la duda de la parusía en 2 Pe 3,
'lIUXtKoí o OUPKtKOí, a los que les falta el yo celeste, aun cuando, al 1-10, sino que es una respuesta a la duda general. Por el contrario,
mismo tiempo,. puede ser aceptada esta distinción gnós~i~~ en otro hay maestros gnósticos, que, según Poi Flp 7, 1, niegan la uváo't'U-
contexto (cf. mfra). A lo dicho se añade una oposicron en la ou; (<<resurrección») y el xpíou; (<<juicio»); 2 Clem 9, 1 piensa tam-
escatología, pues el kerigma cristiano desconoce la idea del viaje al bién en ellos cuando advierte: KUt jli¡ A-EYÉ't'ffi n¡; ÍljlWV, on uíhll ft
cielo del yo en virtud de la gnosis y los sacramentos; en el cris- oap~ OU xpívetrn oMie úvíorrrmt (enadie de vosotros diga que esta
tianismo esto sucede como consecuencia de la resurrección de los carne no es juzgada o resucitada»). También la dura advertencia
muertos y del juicio. Con todo, Juan representa una posición pe- acerca de la seguridad de la parusía, 2 Clem 10-12, ha sido motiva-
culiar en este punto y la concepción cristiana de la recepción de los da por la gnosis. Lo mismo testimonian más tarde Just Ap 1, 26, 4;
justos en el cielo y la de la bienaventuranza celestial ha sido en ge- Dial SO, 4; Iren 1, 23, 5; 11, 31, 2.
neral fuertemente influenciada por el gnosticismo. Las diferencias Defienden contra los gnósticos la verdadera humanidad de Cristo
se hacen manifiestas en la cristología, ya que la gnosis no puede 1 Jn 2, 22; 4, 2.15; 5, 1.5-S; 2 Jn 7. Parece que 1 Jn 5, 6 se di-
aceptar la humanidad real de Jesús. Esta es únicamente un ropaje
para el preexistente ser celeste y cuando la gnosis se aproxima a la
tradición cristiana tiene que decir, si hace alguna concesión, que la 37. Parece que Pablo. entre tanto mejor adoctrinado, combare en 2 Cor 5, 1-5
la concepción gnóstica de que el yo del hombre será liberado del cuerpo en la muerte
carne y la sangre de Jesús tienen la apariencia de cuerpo, tiene que (y del alma) y que ascenderá en estado de «desnudez» al mundo celeste.
Motivos gnósticos 225
224 El kerigma de la comunidad helenística
el autor de Hech 20, 29 pone en labios de Pablo: EyO> olón on
rige especialmente contra la frase gnóstica que afirma que el libera- ElaEAE~aov'tUl.IlE'ta.'ti¡v a~l~ívuou AÚKOl ~apEi~ d~ Úllii~ ... (esé que
dor.9ue se unió a Jesús en el bautismo se separó de él antes de la despu~s ¿e mi partida se Introducirán entre vosotros lobos crueles»)
pasten. De manera semejante lucha Ignacio contra la cristología y connnua en el v. 30: Kal f;~ ÚIlWV alJ'tWV avaa'tlÍaov'tat avopE~ Aa-
gnóstica, en la que se dice que Cristo tuvo solamente un cuerpo AOGV'tE~ Stsorpnuuávn 'to~ anoaniiv roí»; llaeTl'ta~ ómoco tall'tWV (<<y
~parente (Ef7, 2; 18-20; Mg 11; Tr 9 s; Sm 1-3.7); igualmente Po- que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán
licarpo (Poi Flp 7, 1). cosas perversas ~para arrastrar a los discípulos detrás de sí-). Para
Parece, en cambio, que al principio se puso menos de manifies- Pablo, los apostoles que han desencadenado un movimiento
to~la oposición en cuanto a la doctrina acerca de Dios y de la crea-
pneumático-gnóstico en Corinto, son, ciertamente, intrusos, pero
c1o.n, .10 que más tarde, en la lucha contra los herejes, es el punto n? en todas las comunidades cristianas en general, sino en su cornu-
principal, Quizás la explicación se encuentre en que al principio,
nidad, sobre la cual tiene él competencia por haberla fundado. Es
probablememe, se introdujo en las comunidades cristianas por me-
totalment~ claro que ellos fueron considerados como cristianos por
dIO de un judaísmo sincretista, en una forma, por tanto, en la que
la comunidad, cuando Pablo los califica de servidores de Satanás
no aparece esta oposición. Quizás haya contribuido también a ello
«disfrazados de apóstoles de Cristo» (IlE'taaXTlllanSÓIlEvOl d~
e.l que el juicio gnóstico acerca del mundo, entendido como en rea- anoa'tóAoll~ Xpio roü) (2 Cor 11, 13). Ellos predican a Cristo; natu-
lidad es, no se diferencia mucho del cristiano; ambos piensan que el ralmente que, según Pablo «un Cristo distinto» (aAAo~ 'Incoüc, av
mundo está dominado por Satanás y «está sumergido en el mal» (EV O~K .EKTl~Ú~aIlEv (l}, 4). En las comunidades de Efeso, Pérgamo y
't0 n~vr¡pé!> KEt'tat) (1]n 5, 19). Ciertamente que se arguye contra las Tiatira VIven, o vlvla~, los falsos maestros combatidos por Ap 2 y, al
doctrinas gnósticas que hacen emanar de manera escalonada el parecer, eran reconocidos como maestros, como apóstoles y profetas,
m~nd<: i~ferior de la tiniebla del mundo de la luz en 1 Jn 1, 5: Ó al menos, por una parte de la comunidad.
eEO~ <pw~ so'nv xnt oxoríc EV au'té!> OUK scrw oúósuín (<<Dios es luz y
Naturalmente 9ue la gnosis fue propagada también por maes-
e~ él no hay oscuridad alguna»). Es oscuro, a causa de la formula-
tros ambulant~s, Igual que el cristianismo, y contra tales falsos
CIO? puramente alusiva, Jds 8-11; parece que se polemiza contra los
n:aestros que vle~en de fuera a la comunidad quiere poner en guar-
g~OStICOS en torno al mundo de los ángeles entendido como un
dia 2 Jn 10 y Dld 11, 2. En 1 Jn 2, 19 se dice de los gnósticos E~
remo de fuerzas enemigas (que ha sido superado por los gnósticos).
Se combate en Ap 2, 2.6.14-16.20-24 a cristianos con tendencias lÍllwv E~fíAeav, aAA' OUK tíaav E~ lÍIlWV' d yap E~ lÍllwv tíaav,
ueusvúxetouv üv IlEO' lÍllwv (esalieron de entre nosotros, pero no
gnósticas, incluidos en los «nicolaítas» y la opinión de la profetisa
eran de los nuestros; si hubiesen sido habrían permanecido entre
<1ezabel», qu~ se identifica con ellos. Quizás se alude a especula-
c~o~es teogónicas y cosmogónicas cuando éstos se atribuyen el cono-
nosotros»). En Calosas existe la misma postura frente a los falsos
cirruento (yvWOl~) de las profundidades de Satanás (~áeTl roñ maes.tros y la polémica de las Pastorales muestra claramente que la
orrruvñ). En cualquier caso, 1 Tim 4, 3-5; Tit 1, 14 s se dirigen
gnosis era un fenómeno intraeclesial. Los gnósticos son personas que
contra la concepción dualística del mundo sostenida por la gnosis y han «perdido» la fe (1 Tim 4, 1; cf. 1,6; 6, 21; 2 Tim 2, 18; 3, 8);
contra las normas ascéticas derivadas de ella. no son paganos, sino «herejes» (uipetucot) (Tit 3, 10; cf. 2 Pe 2, 1).
Las cartas de Ignacio y las de Policarpo muestran lo mismo: la falsa
3. Debemos tomar buena nota de que la gnosis no fue comba- doctrina es traída a la comunidad por los maestros ambulantes y se
tida como si fuese una religión extraña, pagana, en la que se hallan advierte a las comunidades para que no reciban a tales maestros (Sm
en peligro de caer los cristianos. Se la tiene, más bien, en cuenta en 4, 1; cf. Mg 11). Pero son maestros cristianos y tienen representan-
cuanto que es un fenómeno intracristiano. Es igualmente claro que tes en muchas comunidades.
los combatidos gnósticos no consideran, en absoluto, a las comuni- Está claro: el cristianismo helenístico se halla en medio de la vo-
dades cristianas como campo de misión a las que deban convertir rágine del proceso sincretista; lo que es genuinamente cristiano se
halla en lucha contra otros motivos; la ortodoxia no existe al princi-
del cristianismo a la gnosis. Piensan, más bien, que son cristianos y
que enseñan una doctrina cristiana y así son considerados también pIO, se va formando.
por las comunidades. Naturalmente que los representantes de la tra- Probablemente, la gnosis al principio penetró en la mayoría de
dición antigua considerarán a los apóstoles gnósticos como intrusos y los casos en las comunidades cristianas a través de un judaísmo
El kerigma de la comunidad helenística Motivos gnósticos 227
226

helenístico elaborado por el sincretismo mismo. Los pneumáticos tradici?n del AT se había mantenido la fe en la creación del mundo
por DlOS, se daba, con todo, una cierta inconsistencia. Y si la difi-
gnósticos combatidos por Pablo en Corinto son de origen judío (2
cultad se aclara en parte en la apocalíptica al atribuir a la caída de
Cor 11, 22). No es totalmente seguro si los falsos maestros de Calo-
Adán -todavía extraña para el AT-la maldición sobre la humani-
sas pr~:)Vienen también de un judaísmo sincretista (cf. Col 2, 11.14 Y ?ad adamita y sobre «este eón», justamente ahí se encuentra una
especialmente 2, 16). Es, con todo, probable que en las Pastorales influencia de las ideas gnósticas.
se t:ata de una gnosis judeo-cristi~na (1 Tim 1, 7; Tit 1,10.14). Ig- Tales puntos de vista debieron continuar desarrollándose en el
nacio lucha en Mg 8-11 contra el Judaísmo ('loue5a'io!!Óe;) y toda vez cristianismo helenístico bajo la influencia gnóstica. Esto es total-
qu~, al parecer, el representante de él es idéntico al enemigo com-
mente claro ya en Pablo; lo que no podemos determinar con toda
bando en sus cartas, debe tratarse de una gnosis judea-cristiana. Es,
p:ecisión es gué p~rte ~rae ya él de su tradición judía y en qué me-
pues, doblemente comprensible que pudiese aparecer la gnosis no
dida la gnosrs ha influido en él después.
como una fe pagana, sino como una forma de cristianismo.
Cl:lando se llama a Satán el SEbe; roü uiffivoe; tOÚtOU (<<Dios de
este siglos) (2 Cor 4, 4) o elüpxCüv roü KÓO!!OU roúrou (eprincipe
4. ¿De qué manera ha influido en el pensamiento cristiano el
pensamiento gnóstico, su mito y sus conceptos y ha contribuido al de est~ mun?o~) On 12, .31; 14, 30; 16, 11) nos hallamos frente a
lenguaje gnosuco; lo mismo ocurre cuando se dice de Satán ó
desarrollo del lenguaje teológico cristiano?
üpxCüv tTi e; f;~ouoíue; roü aÉpoe; (eprincipe del poder del aires) (Ef 2,
a) En primer lugar en el desarrollo conceptual del dualismo es- 2) o ó üPXCüv roü aiffivoe; roúrou (<<el príncipe de este siglo») (Ign Ef
catológico, en cuanto que éste, de tener la dimensión de un aconte-
19, 1). Tanto según el nombre como según la significación, los
cimiento salvífico ha pasado a ser pensamiento cosmológico; mejor,
en cuanto que el pensamiento cosmológico fue desarrollado más ÜpxOV'tEe; roñ uiffivoe; tOÚtOU son quienes han llevado a la cruz al
consecuentemente, pues en la escatología judía la esperanza del fu- xúptoc tTie; 0ó~T]e; (<<Señor de la gloria») (1 Cor 2, 6.8). Se men-
turo había ya adquirido dimensión cósmica bajo la influencia de la cionan figuras de la mitología gnóstica, justamente aquellos pode-
mitología iraní y babilónica, que fue para la gnosis la fuente del res demoníacos del mundo, en las expresiones: ÜyrEA.ot, apxuí,
E~ouoíat, e5uvá.!!Ete; (eángeles, príncipes, principados, potestades»)
pensamiento mitológico. De esta influencia deriva la distinción
(Rom 8, 38 s; 1 Cor 15, 24.26; Col 1, 16; 2, 10.15; Ef 1, 21; 3,
desconocida por el AT, entre tqt1 O?íy y "r.tl o~íY (nkov OÚtOe; [«sigl~ 10; 6, 12; 1 Pe 3, 22) y, al menos de alguna manera, se alude a
presente»] y !!ÉA.A.CüV [«futuro»]). Las potencias que amenazan en el ellos en 1toA.A.oi SEOi ~ai KÚP~ot (emuchos dioses y señores») de 1
presen~e a Israel ~on ú~icamente. en primer plano, los pueblos Cor 8, 4., ~on concebidos, al igual que en la gnosis, esencialmente
extranjeros o los rmpenos mundiales; tras ellos están potencias como espintus estelares y se les llama, en cuanto tales, «elementos
demoníacas, está Satanás. En esta línea, el tiempo de la salvación del .lll:undo» (ototXEia roü KÓO¡I.OU) (Gál 4, 3.9; cf. Col 2, 8.20),
vendrá no por convulsiones históricas (como todavía en Deutero- que ng:n .el transcu:so y la división de los tiempos (Gál 4, 10).
isaías, a pesar de todas sus maravillas), sino por medio de una ca- So~ .gnosncos también los KOO!!OKpá.tOpEe; roü oKÓtOUe; tOÚtOU
tástrofe. cósmica, y la resurrección de los muertos y el juicio universal (editigentes del mundo de esta tiniebla») y los 1tVEU!!UttKU tTie;
pr?ducltán el cambio. El juicio universal aparece como acto forense, xovnpír«; EV roú; E1toupavíote; (eespirituales de la maldad en el fir-
mientras que en el AT es concebido como realizándose en un acon-
~amento»), es decir: en la región de la atmósfera, la esfera infe-
tecimiento histórico (excepto en Dan donde aparecen por primera
rror del firmamento (Ef 6, 12).
vez, como en el trozo más tardío de Is 24-27, las ideas de la
Si exceptuamos la~ figuras mitológicas, la terminología -en la
esc~:ología,cós~ica). La figura del rey davídico del tiempo de la sal-
que se expresa el dualismo-s- pone de manifiesto la influencia gnós-
vacion habla ~ld~ desplazada más o menos por la figura del hijo del uca sobre todo en Jn cuyo lenguaje está dominado por la antítesis:
homb!e, entendida como el juez que viene del cielo y que trae la
q>ffie; - oxortu (duz - tiniebla»). Pero también el resto del NT cono-
s~~vaClón,(§ 7, 5). E~ la co,ncepción popular del tiempo de la salva-
ce el binomio antagónico: q>ffie; - OKÓtOe; (Rom 13, 12; 1 Tes 5, 4 s;
ClO~ hablan palidecido ~as o menos los colores del ideal político
nacional, Se habí~ extendido la opinión que juzgaba el mundo pre- 2 Cor [6, 14]; Col 1, 12 s; Ef 5,8 s; 6, 12; 1 Pe 2,9; cf. 1 Clem 36,
sente como espacio nefasto de Satán y de sus legiones demoníacas 2; 2 ~lem. 1, 4; ~ern 14, 5 s; 18, 1; Ign Rom 6,2; phld 2, 1). Hay
todo lo cual era desconocido para el AT. Si como consecuencia de la que incluir también aquí el empleo de aA.lÍSElU (everdad») con su
228 El kerigma de la comunidad helenística Motivos gnósticos 229

opuesto \lfElí8o~ (ementira») para designar la realidad verdadera (di- En esta línea es gnóstica la terminología de la parénesis cuando
vina) en contraposición a la realidad aparente de lo terreno, un dice -en conexión con los conceptos de luz y tinieblas- que los
empleo que, de nuevo, deja su huella en Jn; a veces también hombres se hallan sumergidos en el sueño y en la borrachera, que
UA116wó~ (everdaderoe) aparece no sólo enJn sino también en Heb deben ser despertados y concientizados (Rom 13, 11-13; 1 Tes 5, 4-
(8, 2; 9, 24). En idéntico sentido emplea Heb btoupúvtO~ (<<celeste») 6; 1 Cor 15, 34; 16, 13; Col 4, 2; Ef 5, 14; 2 Tim 2, 26; 4, 5; 1 Pe
(8, 5; 9, 24) en oposición a lo terreno como oxíu (esombra») (8, 5; 1, 13; 5,8; Ign Srn 9, 1; PolI, 3; 2, 3; 2 Clem 13, 1; el epPllyopEiv
10, 1; cf. Col 2, 17) Y a KO<J~lKÓV (emundano») (9, 1). [«velar»l ciertamente también ya en la tradición judea-cristiana: Mc
b) Se esconde mitología gnóstica detrás de la frase, en la que 13, 35; Ap 3, 2 s; Did 16, 1). El canto (fragmento) de Ef 5, 14 ma-
hay alusiones y por ello se hace difícil de descifrar en detalle, de la nifiesta en su conjunto lenguaje gnóstico:
caída de la creacion Rom 8, 20 s. Según ella, la creación 'tlj EYElPE Ó Ka8EÚOWV
uurmórrrn Ú1tE'túYll (efue sometida a la vanidad»), y ha sucumbido Ka! uváota EK tiilv vsxoov,
a la 80UAEíu 'tTie; ep6opa.e; (eservidumbre de la destrucción») y aguar- Ka! E711qlaÚOEI 001 Ó XPIOtÓ~
da con suspiros la liberación. Rom 5, 12 s interpreta en sentido to- Despierta tú que duermes
talmente gnóstico la caída de Adán, que ha traído el (pecado y) la y levántate de entre los muertos
muerte a la humanidad; 1 Cor 15, 21.44-49 es la certeza de que la y te iluminará Cristo.
humanidad adamítica deriva de la innata cualidad de Adán como
\lfUXlKÓ~ (epsiquico») y XOlKÓe; (eterreno») deducida sin tener en c) Pero, sobre todo, sirvieron los conceptos gnósticos para acla-
cuenta para nada su caída. La oposición \lfUXlKÓ~ - nvsuuc nxóc rar el acontecimiento salvífico. Según ellos, el liberador aparece co-
(para designar a dos clases fundamentalmente diferentes de perso- mo una figura cósmica, como el ser divino preexistente, el hijo del
nas) oposición que no puede entenderse partiendo del lenguaje Padre (§ 12, 3), que descendió del cielo y tomó figura humana, que
griego ni del lenguaje del AT, sino únicamente partiendo de la subió al cielo después de su actuación en la tierra y que alcanzó la
antropología gnóstica, es una señal especialmente significativa que soberanía sobre las potencias espirituales. Así le alaba el ya citado
prueba que ya la antropología de Pablo ha sido configurada bajo canto a Cristo prepaulino de Flp 2,6-11. En 2 Cor 8,9 hay también
la influencia de la gnosis (1 Cor 2, 14 s; 15, 44-46; Sant 3, 15; Jds una leve alusión al mito. La idea gnóstica de que el ropaje terrenal
19). Hay también mentalidad gnóstica cuando en Jn 8, 44 la ene- de Cristo le servía para ocultarse, como consecuencia de lo cual no le
mistad de incrédulo contra Jesús se hace derivar del diablo como reconocieron los soberanos del mundo -ya que si lo hubiesen cono-
del embustero primero. Dentro de una línea plenamente gnóstica, cido no hubiesen provocado su propia ruina mediante la
aquellos que descienden «del diablo» (EK roü 8lal3óAou) Un 8, 44; crucifrxión- se esconde tras 1 Cor 2, 8. Veremos más adelante có-
1 Jn 3, 8), o «del mal» (EK roü 1tOV11Polí) (1 Jn 3, 12), «de abajo» mo el mito gnóstico del liberador, en el que se habla de la encarna-
(Ev 'tlÚV KÚ't<.o) Un 8, 23), «del mundo» (Ev roü KÓ<JlJ,OU Un 8, 23 Y ción del preexistente y de su exaltación, por medio de la cual él pre-
otros lugares), «de la tierra» (EK 'tTie; YTie;) Un 3, 21), son contrasta- para a los suyos el camino hacia el mundo de la luz, presta el len-
dos con los que son «de Dios» (EK 'tolí 6EOlí) Un 7, 17; 8,47), «de guaje conceptual a la cristología de Juan.
la verdad» (tK 'tTie; uA116Eíae;) Un 18, 37), «de arriba» (tK 'tlÚV iiv<.o Ef 4, 8-10 habla del descenso y ascenso del liberador. El
Un 8, 23), descendientes o que han sido engendrados por Dios Ku'tUl3aívEw de; 'tu KU'tCÓ'tf:pu uépn 'tTie; YTie; (ebajar a las regiones infe-
(1 Jn 2, 29; 3, 9; 4, 7; 5, 1). riores de la tierra») no significa la ida al infierno, sino que, de
La mitología gnóstica sirve, por tanto, para caracterizar la si- acuerdo con el uVUI3UíVEW (eascender») significa el viaje del Preexis-
tuación del hombre en el mundo como una vida que por su origen tente a la tierra. El autor (v. 8) encuentra en el Sal 69, 19 que el
está condenada a perecer, que ha sido entregada a la soberanía de Preexistente, mediante su ascensión al cielo, ha vencido a las poten-
las potencias demoníacas. Pablo se atreve incluso, en contradicción cias espirituales enemigas: uval3ue; de; Ü\lfOe; UXlJ,UACÓ'tEU<JEV
a su concepción corriente de que la ley proviene de Dios (Rom 7, aiXlJ,~A<.o<Jíav (esubiendo a la altura llevó cautivos»). También Col 2,
12.14), a hacer suya la frase gnóstica -en su polémica contra el 15 dice que el Exaltado ha adquirido la soberanía sobre el reino de
legalismo judío- de que ha sido dada, más bien, por potencias los poderes cósmicos: «El (Dios) desarmó a las fuerzas y potestades
angélicas subordinadas (Gál 3, 19). al triunfar sobre ellas en Cristo». Así, en 1 Pe 3, 22 la ascensión de
230 El kerigma de la comunidad helenística Motivos gnósticos 231

Cristo al cielo es, al mismo tiempo, el sometimiento de los pode- OC; B(jlUVEPlÓ9r¡ BV oupxí,
res demoníacos que reinan en el mundo; y 1 Pe 3, 19 s, donde, BOIKmlÓ9r¡ BV nvsúuuri,
según el sentido original 38, se habla tan poco como en Ef 4, 9 del 6:><p9r¡ ayyÉA.OIC; ...
UVEA.1Í/.up9r¡ BV .sót,1).
descenso a los infiernos, sigue el mito gnóstico, según el cual, la
El ha sido manifestado en la carne
cárcel de los muertos no se halla en el interior de la tierra, sino en
justificado en el Espíritu
la región de los aires, donde las potencias de los astros o del firma- visto de los ángeles ...
mento los retienen prisioneros. El acontecimiento cósmico se halla levantado a la gloria.
aludido muy brevemente en Jn 12, 31: VUV xpíou; EO'ttV 'tOU KÓO-
IlOU roúrou, VUV Ó liPXffiV 'tOU KÓOllOU roúrou EKf3AT]Gi]oE'tUl (eahora Ign Ef 19 expone ampliamente lo que aquí tan sólo se apunta;
es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será encontramos de nuevo el tema del engaño del «príncipe de este
echado fuera») (cf. 16, 10 s). Jesús pronuncia estas palabras cuando siglo» (lipXffiV roñ ui&vo~ roúrou). Para él permanecieron ocultos los
se dispone a ir a la pasión y para Juan no significan otra cosa sino rpín IlU<Jti]PlU KpuUYfí~: la virginidad de María, su alumbramiento y
su ú\lfffiGfívUl (eser exaltado») (12, 32) Y oo~UOGfíVUl (eser glorifica- la muerte del KÚPto~, a la que sigue la gloriosa manifestación ante
do») (12, 28). los «eones» (nombre que se da en la terminología gnóstica a las po-
Todo el cosmos, E1tOUPÚVlU, E1tíYElU y KU'tUXGóVtU debe rendir ho- tencias cósmicas) de la triunfante ascensión, un drama cuya meta fi-
nor al Exaltado (Flp 2, 10 s). De esta manera Dios ha puesto fin al nal está constituida por la aniquilación de «reino antiguo» (1tUAUlU
caos producido por la caída original y por medio de él «ha reconci- f3UOlAEíu) de los «eones» y de su «príncipe» (lipXffiV). Ignacio ha con-
liado todas las cosas», como dice el canto que está en la base de Col cebido la «pasión» (1túGo~) de Cristo y su «cruz» (oruupóc), parte si-
1, 20 Y que el autor con su propia redacción ha acomodado lo más guiendo ideas gnósticas, parte combatiéndolas.
fielmente posible a la tradición cristiana. La dpi]vT] (epaz») cósmica, d) Para los creyentes la victoria cósmica de Cristo significa la li-
otorgada por la obra de la salvación es todavía más radicalmente cris- beración de las potencias demoníacas que dominan el mundo, del
tianizada en Ef 2, 14 s, e interpreta la «pared medianera del baluar- pecado y, sobre todo, de la muerte, de manera que se hace ahora
te» (IlEOÓ'tOlXOV 'tOU lPPUYIlOU), que, según el mito gnóstico, separa el comprensible aquella frase: UVÚ<JtUOlV iíOT] yeyOVÉVUl (eresurrección
mundo terreno del mundo celeste, tanto hablando de la enemistad ya acaecida»). Para poner esto de relieve se le sacará provecho con
que existe entre judíos y paganos (v. 14), como aplicándolo a la ene- agrado a la idea gnóstica de que el liberador, mediante su ascensión,
mistad que reina entre Dios y el hombre (v. 16). También Heb sigue ha trazado el camino al mundo celeste por entre las esferas de las po-
el mito gnóstico del liberdor: el Preexistente, que se describe aquí tencias espirituales. El Exaltado atraerá a los suyos hacia sí On 12, 32);
según la idea gnóstica de EÍKcOV como U1tUÚYUOIlU 'tfí~ 8ó~T]~ KUt xu- él mismo es el «camino» (óóóc) On 14, 6). Heb expresa la misma idea
PUK'tT¡p 'tfí~ Ú1tOO'tÚOEffi~ UU'tOU (sc. 'tOU GEDu) (sresplandor de su glo- mediante el concepto UPXT]Yó~ (<<conductor») (2, 10; 12, 2; cf. Hech
ria e impronta de su esencia») (1, 3), se ha humillado al hacerse 3, 15; 5, 31; 2 Clem 20, 5). Cristo es quien conduce al cielo; él es al
hombre (2, 9) para ser exaltado después por encima de los ángeles; mismo tiempo, en cuanto 'tEAEl(úGEÍ~ (<<santificado» 2, 10; 5, 9), el rs-
1, 5 habla de la entronización del Exaltado. Aquí, sin embargo, la AElffi'ti]~ (<<consumador») para los suyos (12,2). Se da aquí el hecho de
descripción ha sido modificada en el sentido de la escatología judeo- que Heb ha cambiado la significación de la idea gnóstica del ascenso
cristiana en cuanto que el sometimiento del cosmos entero queda del yo a la KU'tÚ1tUUOl~ (<<lugar de reposo») celeste transportándola a la
aplazado al último día (1,6; 2, 8). Contienen también el mito las si- idea del peregrinaje del pueblo de Dios sobre la tierra a la patria ce-
guientes frases del canto de 1 Tim 3, 16: lestial (3, 7; 4, 11).
De tal manera ha empleado Heb la doctrina gnóstica de la
oUyyÉVEtU, el parentesco entre el liberador y los liberados en virtud
38. En la base de 1 Pe 3, 18-22 (de la misma manera que en Col 1, 15-20) hay del origen celeste de ambos, que los liberados son hermanos del libe-
un canto a Cristo. El autor de 1 Pe -lo revela 4, 6- ha entendido el v. 19 como re- radar (2, 11 s.17); ciertamente que pueden ser llamados también sus
ferido al descenso a los infiernos. De esto trata más tarde Ign Mg 9, 3; Herm sim IX, hijos porque él tiene la prioridad. En idéndico sentido, en Pablo el
16,5-7. En cuanto al tema del descenso a los infiernos: CE. B. Reicke, The dzsobe-
dient sptrits and chrzstzan baptism, 1946; W. Bieder, Dze Varste//ung van der Exaltado es el npcoróroxoc EV 1tOAA01~ UOEAlP01~ (<<primogénito entre
Ho//enfahrt Jesu Cbnstt, 1949. muchos hermanos») (Rom 8,29). Pablo expresa, sobre todo, la signi-
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ficación de Cnsto como liberador cuando, poniendo en paralelo a tendido el cosmos bajo el concepto ao:>J..LCl cuya cabeza (KE<pUAT\) es
Cnsto con el pnrner hombre (caído), llama a Cnsto gaxu'roc; AouJ..L Cnsto, pero el autor ha entendido el aO:>J..Lu como rglesra (&KKAT\CJtCl)
(esegundo Adán») Así como la humanidad adamita se ha VIsto so- (mediante la añadidura del V 18, luego V 24), con lo que da a
metida a la muerte a causa de Adán, así también esta misma huma- &KKAT\CJtU -totalmente dentro de la línea gnóstica-e- el carácter de
mdad adamita se ha VIsto marcada por Cnsto , y, por consiguiente, una entidad cósmica
por el «Espíntu» (1tvEfíJ..LU) y por la «VIda» (~WT\) en la medrda en que Lo mismo podemos aprecrar en Ef Aquí, sm embargo, se ha
los miembros de esa humanidad creen en él Con ello, Pablo no sa- empleado, para descnbir la relación de Cristo a la &KKAT\CJtU, no sólo
ca, ciertamente, la consecuencra gnóstica de la tT\V avuatuCJtv T\OT\ el concepto de KE<PUAT\, smo también la Idea gnósuca que se refleja
YEYOVEVUl (<<resurrecClón ya acaecida») sino que pone, más bren, en en la expresión la &KKAT\CJtCl es la nOVIa o esposa de Cnsto (5, 25 s,
un pnmer plano la pnrnitrva esperanza de la resurrección realista especialmente V 29-32) 40
contra los cormtros de tendencias gnósticas. pero con ello se ve en- Aun cuando aquí no se hable de la Idea, que está muy cercana a
vuelto en la dificultad de tener que crear un concepto paradójico de esto, de la prcextstencta de la &KKAT\CJtU -qUlzás mcluso se polerru-
la ~WT\, de una vida que está ya presente y que, sin embargo, se dará za contra ello en el &yw OE AEYW (<<pero yo digo») del V 32- sm em-
por primera vez en el futuro (Rom 5, cf mfra) Juan abandona, bargo, el autor de 2 Clem ha sacado esta consecuencia y habla de la
ciertamente, la pnnutrva escatología realísnca de la parusía futura, 1tPWtT\ 1tVEUJ..LUtlKT\ &KKAT\CJtU (epnmera iglesia espintual»), que fue
de la resurrección y del JUlClO final J) creada antes que el sol y la luna y se manifestó «al fmal de los días»
La concepción gnósuca de la preexistencta de las almas (o dicho Ella es el «cuerpo de Cristo» (aO:>J..Lu Xpto roñ) (14, 1 s)
de manera gnóstica de la preexrstencta de los «yo» humanos) y la En Herm VIS II, 4, 1, donde aparece la iglesra con aspecto de an-
Idea unida a ella de ouost aW~OJ..LEVot, es decir, la Idea de que la 11- eraria es, Igualmente, preexistente 1tUVtWV 1tPWtT\ &KtlaST\ KUt OUl
beración se fundamenta en el parentesco entre el Iiberador y los 11- tClUtT\V o KoaJ..L0C; KUtT\pttaST\ (due creada en pnmer lugar y el
berados, antenor a la decisrón de la fe, ha sido totalmente abando- mundo restaurado por ella») En cambio no está presente el concepto
nada en las comunidades cnsnanas Vuelve a aparecer, sin embargo, gnóstlco c¡ ue hemos VISto reflejado en Ef 5, 25 s, el concepto de aO:>J..Lu
en Jn cuando se considera a los creyentes como los (tOtot) del Lagos resuena unicamente cuando se descnbe la unidad de la rglesra me-
encarnado, a los que él llama hacia sí y que escuchan y conocen su diante la expresión EV 1tVEUJ..LCl KUt sv aO:>J..LU (<<un espíntu y un
voz (In 10) porque «son de la verdad» (18, 37) cuerpo») (sim IX, 13,5,7, cf 17,5, 18,4) Es un motrvo gnóstico
e) Heb une el pensamiento gnóstzco de la unzdad, en la que se llamar a las vírgenes que construyen la torre de la iglesia áyta 1tVEUJ..LU-
hallan unidos todos los pneumaticos que se han marginado del tu y OUVUJ..LEtC; tOUuíoü tOUSEDU (sim IX, 13, 2), también el número de
mundo (§ 10, 5) con el motivo, provemente de la tradrción la vírgenes (VIS III, 8 SIete, sim IX, 12s doce) y la descnpcrón de la
veterotestamentano-judia, del pueblo de DlOS (excepto 3, 7, 4, 11, torre dejan entrever el sentido, onginanamente cosmológico, de esta
cf 13, 12-14) Pablo, por el contrario, expone la unidad rntenor presentación 41 En las oscuras exposiciones eclesiológrcas y cnstológr-
que une a los creyentes entre sí y con el liberador mediante el con- cas de Hermas no se aprecian mfluencras gnósticas de mayor entidad
cepto gnósuco de «cuerpo de Cnsto» «J())J..LU Xpio-roñ (Rom 12, 4 s También en Ignacio ha rnfluido el mito cósmico en su concepto
1 Cor 12, 12-27, también 1 Cor 6, 15-17), Y determina con ello de la rglesia Ella es el ao:>J..Lu de Cnsto (Sm 1, 2), él es su KE<PUAT\ (Tr
muy esencialmente la formaczón del concepto de zglesza 11, 2), los cnsuanos son los miembros de Cnsto (Ef 4,2, Tr 11, 2)
BaJO la sugerencia de Pablo, pero, al mismo uernpo, bajo la Así como en el mito gnóstico el acontecimrento salvífico alcanza su
mfluencia de la tradrción gnóstica, los autores de Col y de Ef han cumbre cuando son reunidas todas las chispas dispersas y se consigue
sacado fruto a este pensamiento En Col en concreto es especial- la urudad en la figura de luz del pnmer hombre, así, para Ignacio,
mente claro el carácter origmalmente rrutológico o cosmológico del
concepto de aO:>J..Lu El autor ha empleado en 1, 15-20 un himno
que canta, en pnmer lugar el rango cósmico de Cnsto y ha en- 40 Difrcrlmente se halla en la base de 2 Cor 11 2 ya tal concepcion alli donde
se ve a la comunidad de Connto bajo la Imagen de la novia de Cnsto Mas bien Ap 19
7 21 2 con todo esto es dudoso
39 La redaccion cclcsiasuca ha corregido de nuevo la escatologra realista en Jn 41 Cf Kasemann Letb und Letb Cbnstt 85 s M Dibehus Exk zu VtS JI 4 1
sobre ello cf mfra III 2 4 stm' V 6 7 en Erganzungsbd z Handb z NTIV 451s 459s 572 575
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