You are on page 1of 144

Este libro no podrá ser reproducido,

ni total ni parcialmente,
sin el previo permiso
escrito del editor.
Todos los derechos reservados.

Diseño y maquetación: Pol-Art: www.pol-art.blogspot.com


Foto Portada: Tina Manresa
Colaboradores: Carlos Saez, Alejandro Diez, Mariano Serraino,
Marina Pastor Parada, Cristina Espí.

Primera edición: Marzo de 2011


Depósito legal: PM 203-2011
Printed in Spain - Impreso en España

Página web del libro: www.cuandocomenceavolar.com


facebook: cuando comence a volar
Cuando comencé a volar

“Soy un faro en el río


y comando mi emoción”

A mi madre, mi padre, mi hermano,


y todos los seres que fueron, son y serán
parte de mi Vida.
“Cuando comencé a volar”
PRÓLOGO

Buenos aires. Nostalgia. Cafetín. Lunfardo posmoderno. Fútbol


en césped de cemento. Amores de plazoletas. Eternas amistades.
Familia laberíntica. Racing club de los milagros. Un tufillo gris
abrigando la ciudad aún bajo el más temible de los estíos. Como
al mate la bombilla, válvula de escape, un pasaje. Pasaje a la madre
patria o a la malparida patria. Viaje a uno o varios lugares. Al fin,
lejanías, para potenciar la cercanía.

Añorar lo que se fue, ser lo que se es, esperar al que vendrá.

Pablo encarna el sueño de una generación victima de un espíri-


tu de época maldito, hastiada de exigir un futuro, hambrienta de
concreción de anhelos y proclive a la búsqueda de sus fantasías.
Es por ello que su manuscrito resulta una especie de autobiografía
generacional, donde cada uno descubre a través de sus páginas, al
que quiso ser o desea ser. Es una suerte de invitación a compren-
der las búsquedas existenciales cualquiera sea la finalidad que se
persiga.

El relato cargado de impresiones, anécdotas y emociones, deviene


en una entrañable cronología itinerante y personalisima en la que
las miserias y virtudes del autor, se exponen de una manera visce-
ral tal su forma de vivir y sentir.

Por ello “Cuando comencé a volar”, es un gran telegrama sujeto a


un principio... y de infinito final.

Mariano Serraino.

-7-
INTRODUCCIÓN

Desde el momento que comenzó a dar vueltas por mi cabeza la


posibilidad de viajar por el viejo continente, tuve que ponerme
manos a la obra en solucionar un par de cuestiones. Una de ellas,
juntar todos los históricos papeles de mi viejo y míos (partida de
nacimiento, partida literal, documentos, etc…), y así poderme sa-
car la doble ciudadanía, y dado el caso, poder venir tranquilo a
España sabiendo que iba a ser un europeo más.
Una mañana, emprendí camino muy ilusionado hacia la embaja-
da Española, que por lo que sabía desde el quilombo grandísimo
que hubo en mi país en el 2001, siempre estaba bien concurrida
por compatriotas queriendo meter los “pelpa”, y cruzar el gran
charco como yo.

La embajada estaba ubicada en el barrio porteño de “La Recole-


ta”, bastante lejos de casa, por lo cual, me había despertado rela-
tivamente temprano. Luego de hacer una serie de combinaciones
bondi-tren-subte-bondi, llegué.

¿Como resultó? Infartante. ¡Me topé con una cola interminable!


Gente instalada en carpas desde la noche, ¡y noches anteriores!,
gente durmiendo en la vereda; gente desesperada gritando a ver
si podía conseguir los papeles por un bis-abuelo español; gente,
gente y más gente. El pobre guardia civil que custodiaba la entrada
de la embajada no daba a basto.
Vaya desilusión. Y yo que aspiraba a realizar el tramite hoy! Que
inocente soy a veces.

En una de mis tantas vueltas alrededor de mi mismo, vi unas chi-


cas sentadas en la vereda al costado de la gigantesca fila tomando

-9-
mate, me acerqué y me animé a pedirles uno:

- Me dás un matecito al menos?


- Claro nene, tomate uno, es amargo eh?
- Más amarga que esta cola seguro que no...
- Y si viste, esta dura la mano para tramitar los papeles, hay que venir con
paciencia, remató.

Por el momento, la ilusión de ser europeo se estaba quedando


diminuta.
Preguntado a diferentes personas, me comentaban todo tipo de
consejos e historias. Que había que conseguir número para que te
atendieran, que el otro era la tercera vez que venia y que no conse-
guía ese bendito número, que sólo se repartían ochenta números
por día, que daban turno recién para dentro de dos años; Incluso
el que tenía en la mano la lista con todos los papeles que hacían
falta para poder tramitar la ciudadanía. Eran como diez. Yo solo
tenía cuatro.
A España la veía más lejos que nunca.

Durante los momentos que permanecí a los alrededores y “casi”


dentro de la Embajada Española, (digo casi porque al final de mi
primera excursión prácticamente no había podido entrar), me de-
tuve por unos instantes a observar a la gente. Noté todo tipo de
expresiones y sentimientos.
Pude percatar que algunas de las personas que estaban allí, pare-
cían estar desesperadas por irse del país. Otras no lo estaban tanto,
pero se preguntaban entre ellas, con mucha curiosidad, como seria
la vida lejos de nuestro país, lejos de su casa.
Observé a otro hombre, también un poco nervioso, gritando
y queriendo averiguar a toda costa si es que tendría alguna
posibilidad de tramitar su doble ciudadanía al tener un bis-

- 10 -
abuelo español...
Pero creo que lo más duro de todo es que había muchas personas,
muchas, aspirando a abandonar nuestro querido, pero tan desga-
rrado país. Y muchos jóvenes, que quizás no era tanta la desespera-
ción por escaparse o poder sobrevivir en otro país, sino más bien la
curiosidad por saber como sería la vida en otro sitio que no fuera
Argentina. Yo estaba entre ellos.

Volví resignado a casa. Había pedido un día en el trabajo para


conseguir absolutamente nada, más que desilusionarme un buen
rato, hasta con el mate amargo que me dieron aquellas chicas…
amargo de verdad la concha de la lora. Hablando del laburo, creo
que a mi jefe nunca lo había extrañado tanto, hubiese preferido
verle treintaicuatro veces la cara durante toda la mañana, incluso
que me pegara un par de gritos, a llevarme semejante desilusión.
Aún así, no perdía la esperanza. Por dentro sabía que tenía que
haber alguna otra forma más rápida para conseguir la bendita ciu-
dadanía.

Comencé a pensar…
Un domingo de Abril, esos típicos domingos con resaca insopor-
table de niño de 22 años, seguía pensando..., o al menos, inten-
tando pensar.
Ente otras cosas, hacía ya un par de meses que había terminado
la “Facu”. En el trabajo mantenía el mismo horario que cuando
estudiaba, de 8.00 a 13.30, aunque a veces me quedaba hasta por
las tardes también. Pero a mí, este trabajo, se me hacía cada vez
más pesado. La relación con mi jefe era de dos días buenos y tres
malos. Horrible. Cada vez más, y sobre todo en esos días, mi alma
pedía Europa a gritos.

- 11 -
Tenía muchas ganas de crecer, de volar, de hacerme un poco más
grande. Yo no quería escaparme de Argentina. Amo Argentina.
Solo quería irme a un lugar diferente. Lejos. Sin tener la como-
didad de tener a mamá y a papá al lado siempre que los necesite.
Tenía ganas de pelearla completamente solo! Me preguntaba a mi
mismo:
- ¿Que habrá más allá de Argentina?
Y cuanto más tiempo pasaba, más me mataba esta pregunta.

Cada vez que hablaba con mi vieja del tema era un griterío. No
quería saber nada con que me fuera.
Era muy duro. Y a mi vieja la amo. La amo y me ama profunda-
mente, pero no era capaz de entenderme. Es una mujer increíble,
que luchó mucho en la vida y siempre termino conquistando sus
deseos. Pero lamentablemente el fervoroso deseo que tenía de que
siguiera a su lado no podía ni quería que fuera posible.
Recuerdo también que ese domingo hablamos bastante con mi
hermano, él me entendía y me apoyaba un poco más. Es decir,
no me daba ni dos meses sólo en España, pero contaba con su
apoyo. Y entre anécdotas y risas, recordamos que el verano ante-
rior, habíamos conocido unas rosarinas en Mar del Plata, súper
macanudas. Mi hermano se hizo muy amigo de una de ellas, hasta
había ido a verla a Rosario un par de veces y todo. Y en una vuelta
por ahí, le pareció ver un Consulado Español en la ciudad, justo
detrás del gran Monumento a la Bandera ubicado en el corazón de
la capital santafesina.
Marchó entonces un pedido entre tantos que le hice a mi herma-
no en la vida:

- “Mañana mismo comunicate con la rosarina y rescatame datos


por favor”, le dije.

- 12 -
Especulaciones afortunadamente positivas, la “querida” amiga ro-
sarina nos confirmó que si había un consulado español en Rosario
y que podíamos tramitar allí mismo la ciudadanía, solo había un
problemita: había que ser ciudadano rosarino.
Pero nuestra amiga ya nos los estaba resolviendo. Le dijo a mi her-
mano que nos fueramos un fin de semana para allá, que el lunes
siguiente hacieramos el cambio de domicilio con la dirección de
su casa, acusando que íbamos a vivir a Rosario por temas labora-
les. Ella nos facilitaba un recibo de luz y de gas y su madre sería
nuestra tía. Luego de ese tramite, volando para el consulado espa-
ñol rosarino. Si el plan salía bien, iba a ser increíble. Un maratón
total.
Desbordando positividad y entusiasmo, con mí hermano ya can-
tábamos:

Cerca, Rosario siempre estuvo cerca


tu vida siempre estuvo cerca
y esto es verdad...
Vida, tu vida fue una hermosa vida
tu vida transformó la mía y esto es verdad...
Y la vida como viene va
no hay merienda si no hay capitán. (...)
Volar, volar, volar, volar, volar
como es Alberto volar al más allá...
Tira, la soga de tu cuello tira
la soga de mi cuello tira y esto es verdad...
Y eran los tiempos de la primavera
dejaste tu sonrisa en ella y esto es verdad
y la vida como viene va
no hay merienda si no hay capitán...

Cerca. Fito Páez.

- 13 -
La semana siguiente, hice buena letra en el trabajo, me rompí el
culo vamos. Se venía otro “mangazo” a mi jefe. Un lunes más.
Le hablé el jueves, el viejo tenía un carácter de mierda, cuando
estaba cruzado era lo peor, pero cuando estaba de buenas, tenía
bastante profundidad y hablábamos de muchas cosas: de fútbol,
de política, de religión, de la “facultad de la vida”, como siempre
me decía. Había veces que le daba tanto por hablar que se olvidaba
que tenía que seguir laburando y pasaba más de una hora en su
oficina ¡Yo chocho! Además hablaba y decía las cosas de una forma
que no me aburría en absoluto.
Cayéndome gotitas de sudor debajo de los brazos, el jueves antes
de irme, vino el mangazo nomás. Al principio lo tomó un poco
mal, como diciendo:

- “Otro día más nene…?”

Pero luego de mi chamullo porteño, me lo dió. Rosario sí estaba


cerca.
Nos fuimos con mi hermano después de almorzar la pasta exquisi-
ta de mi querida madre de cada domingo.
Si al final me iba, ¡como iba a extrañar esos ravioles de ricota con
tuco!

Fito Páez amenizó todo el trazo de la ruta 9. Nuestra llegada fue


aparejada con la huida del sol dominguero en Rosario... y qué
Domingo llegamos! Clásico del fútbol argentino por excelencia:
Newells Old Boys - Rosario Central.
Y yo pensaba que lo había visto todo en el fútbol...
Cenamos pizza & birra en un bar con pantalla gigante, rodeados
por cientos de “leprosos y canallas”, que distinguían hasta con el
olfato que poco teníamos que ver con la ciudad. La historia de por-
teños y provincianos, propias de idiosincrasias de nunca acabar.

- 14 -
He sido testigo de un fanatismo futbolero casi rabioso, donde el
orgullo de la ciudad estaba en juego. Y hasta aquí llego, porque
ejemplificar con palabras sería pecar contra lo indescriptible de
ese frenesí pasional que los argentinos llevamos tan adentro.

Decidimos continuar con nuestro plan primario, por lo que nos


dirigimos a la casa de la amiga de mi hermano. Su madre nos ano-
tició sobre su ausencia. Sin embargo, había pactado ya todo lo per-
tinente al primer trámite: El cambio de domicilio. Agradecimos a
la señora como lo haríamos ante un santo luego del cumplimiento
de una promesa y decidimos irnos a dormir temprano. El lunes
seria un día realmente agitado.
Dormimos en el Alfa 145, (Alfa Romeo que había tenido que com-
prar obligadamente mi hermano en la época del corralito) así nos
ahorraríamos el hotel.

Antes de intentar dormir, intercambiamos unas palabras con mi


querido hermano, fué algo más o menos asi:

- Che leito, que te parece mi idea de viajar?


- Esta bien boludo, si te sentís confiado y tenes seguro lo que vas a hacer
me parece bien.
- Creo que nunca estuve tan seguro de algo en mi vida. Me siento con confian-
za. Quiero viajar un buen tiempo. Quiero conocer lugares. Quiero volar.
- (Leo se ríe un poco) Pero que pensas vos? Quedarte ahí para siempre o lo
haces un tiempo y volver para acá?
- Ah que se yo, obvio que volveré. Usare mi pasaje de avión ida y vuelta de
eso estate seguro, pero ahora no me pidas fecha exacta de regreso porque
no tengo las mas remota idea. No se como me sentiré. No se como me las
arreglare. Voy a la aventura total.
Vos por las dudas reza un par de padres nuestros por las noches antes de
dormir para que Dios me haga volver sano, a salvo y entero…

- 15 -
Hubo un par de risas más de los dos, luego silencio y nos queda-
mos dormidos.
Nos despertamos un poco duros por las (po-po-po) “pocas posturas
posibles” que tomamos para dormir, alrededor de las seis y media de
la mañana.
Nos dirigimos hacia el registro civil para hacernos “rosarinos”, que
abría sus puertas a las 7.30 a.m. Antes del deseado trámite, mereci-
do café con leche con medialunas de por medio para los dos. Con
las caras de porteños medio-dormidos de mi hermano y mía, con-
vengamos que los que nos atendieron nos miraban un poco con
sospecha y otro poco con intriga. Pero pudimos hacer el trámite
sin sobresaltos.

Luego, fuimos hacia el consulado, casi temblando, ahí ya pensa-


ban que éramos asesinos prófugos o delincuentes extraditados.
Recuerdo la cara del tipo de gafas: Nariz respingada, ojos de hal-
cón caza-porteños avivados. Y sus gestos, su forma de expresarse
y hacernos cuestionamientos. De verdad parecía que había sido
entrenado para detectar mentiras! Luego de toda la película men-
tal que me hice del pobre empleado municipal, nos llenó de pre-
guntas, muchas preguntas, más preguntas...! y tuvo que existir una
que nos complicara el plan.
Faltaba no sé qué papel de qué nacimiento de qué año de qué ser
querido... Y mi mente otra vez en acción: “Ser querido… ser queri-
do que quizás no lo queríamos! O no lo conocíamos, pero acá en
Argentina es así… se le dice ser querido a cualquier familiar por
más remoto contacto o no, que tenga uno con el…”

- “Pero sólo les falta eso..., Vuelvan con ese papel, y ya puedo poner su
ciudadanía en tramite”, replicó. (Claro… si total ya éramos rosarinos
residentes, ja)

- 16 -
Nos fuimos contentos a medias con mi hermano, que ya me estaba
aclarando que para traer ese papel iba a tener que venir solito en
autobús.
Y mi hermano se regocijaba recordándome lo de “volar” en el pro-
fundo dialogo de la noche anterior en el coche…

- ¿No querías volar boludo? Volá dale, volá de vuelta a Rosario… pero
solito y en colectivo, jeje.

Diez días después, tuve que ir solo nomás. A mi jefe ya no le podía


pedir más días, por lo que tuve que pasar un siniestro parte de
enfermo.
Ya Fito no tocaba de fondo. Pero mi ilusión de volar se estaba ha-
ciendo un poquito más grande.
Me atendió el mismo chabón de gafas, sí sí, del que me había he-
cho la película mental, resultó un capo total.
Le pregunté varias veces si estaba todo en orden y si no faltaba
nada... Estaba todo OK. Creo que le dije gracias 17 veces.
Antes de tomarme el autobús para volver a Baires, me fui al Monu-
mento de la Bandera, a sacarme un par de: “placas para el recuerdo”,
como bien llamo yo a las fotos en momentos y lugares importan-
tes. No sabía si iba a volver por allí. Ni cuándo. ¡Además tenía que
ir practicando poses! Si mi ilusión seguía creciendo a pasos firmes,
en un puñado de meses me iba a ir a Europa!

- ¡Con todo lo que habrá para fotografiar por allá...!


pensaba.

Pasaron unas cuantas semanas, y al fin nos llegó la notificación


de que nuestra partida literal de nacimiento española, ya estaba
donde primeramente me había desilusionado, en la embajada Es-
pañola de La Recoleta.

- 17 -
Nos la enviaron para Buenos Aires, luego que nosotros apenas
pasados 15 días del épico viaje a Rosario, llamamos al consulado
rosarino y notificamos que la “empresa en la que trabajábamos”, nos
habían trasladado de vuelta a Buenos Aires. Una señorita muy
agradable me dijo por teléfono:

- No se preocupe señor, apenas tengamos su ciudadanía terminada se la


enviaremos al Consulado Español de Buenos Aires.
- ¡Magnifico!, muchas gracias y disculpe las molestias ocasionadas,
repliqué.

Luego de intentar hacerme el serio con la señorita, colgué el telé-


fono y comencé a saltar de alegría como un desaforado.
Al día siguiente, corté temprano en el laburo. Me fui sin comer a
tomar el colectivo que me llevaba hasta allí. Creo que era el 10, o
el 22, no lo recuerdo muy bien. En la avenida Mitre, cerca de la
sede de mí amado equipo de fútbol: La Academia Racing Club de
Avellaneda.
Ya con nuestra partida de nacimiento española entre mis manos,
fui todo feliz a buscar a mi hermano al trabajo. El trabajaba en un
gran edificio por el bajo Buenos Aires con unas vistas impresio-
nantes al “Río de la Plata” desde su oficina.
Nomás saliendo de la puerta de entrada, el loco de “yo”, ya estaba
gritando:

- “¡Somos europeos papá!” (Siempre fui un bocazas lengua larga)


- “Calláte pendejo te voy a matar”, fue lo que recibí de su parte...
Pero entre risas.

Y no quedaban ahí los trámites, recién comenzaban., pero en ver-


dad que ya habíamos dado un paso muy importante.
Ahora le tocaba el turno al pasaporte español. En el mismo lugar.

- 18 -
Consulado Español en La Recoleta. Capital Federal. Buenos Ai-
res. Argentina.
Para hacer este trámite, también había que sacar número, pero
recuerdo que solo tenía nueve personas por delante, y que pude
hacer el trámite en menos de una hora. ¡Una ganga!
Y claro, todavía estaba aquella cola infernal para comenzar o ave-
riguar por el trámite de la doble ciudadanía, e incluso se la veia
más grande en comparación a la comentada primeramente. Por
dentro me sentía todo un privilegiado. Aunque a veces pienso que
la suerte no existe, hay que ir por ella. En una radio que escuchaba
siempre en casa, recuerdo que muchas veces el locutor solía decir:

- “El que busca encuentra. No pierdas la esperanza”.

Y ahí estaba yo, en el consulado español (¡que ya parecía mi segun-


da casa!), buscando mi suerte, buscando mi destino.
Y sí, mi esperanza de conocer Europa se hacía cada vez más gran-
de.
Paralelamente a mis voladores sentimientos, durante las semanas
siguientes en el trabajo, la relación con mi jefe era cada vez más
tensa.
Recuerdo el último día, discutimos sobre un trabajo varias veces
la misma mañana. El, con su declarada y arrogante soberbia como
bien lo caracterizaba, y yo con mi as de espadas escondido en la
manga siguiéndole la corriente. Me reclamaba un error que en ver-
dad había sido de él y yo tenía el boceto del trabajo en cuestión,
escrito por el, donde lo demostraba muy claramente.
Antes de irme, le pedí si podíamos hablar en privado. Cerré la
puerta…, le puse el boceto encima de la mesa realmente con poca
delicadeza, agarré una birome de color roja, le remarqué bien fuer-
te “la cagada” que en verdad se la había mandado él, y ¡le canté las
mil y una!. Nos estuvimos machacando aproximadamente durante

- 19 -
15 minutos, terminando a los gritos, y obviamente, echándome de
la oficina.
Salí por la puerta. Todo el mundo estaba alerta, mudos, mirándo-
me como me marchaba casi emocionándome. El tenía sus moti-
vos, con razón. Y yo los míos.
Era un momento duro, a pesar de todo, a pesar de que por dentro
era lo que quería, cerraba una puerta muy grande de mi vida, que
había durado casi dos años y medio.
Pero también estaba seguro que estaba por abrirse otra, y todavía
más grande.
Se podrán imaginar, luego de trabajar durante dos años y medio
en una empresa, en la cual la verdad siempre se pagó muy bien, iba
a recibir un dinero interesante, una buena indemnización. Recibí
casi 6.000 pesos argentinos. En mi país era buen dinero, pero sa-
bía que divididos en la moneda europea, no lo era tanto. Solo me
alcanzaría para el pasaje en avión ida y vuelta, y bancárme un par
de meses en el que seguramente sería mi destino: Madrid.

Con la que todavía seguía discutiendo bastante era con mi vieja.


Ella aún no quería saber nada con que me marchara. No podía
entenderlo, a diferencia mía, que si comprendía su sentimiento
de malestar.
Ella sufrió mucho de pequeña, con mis “nonos”, sus padres. Emi-
graron de Italia muy jóvenes, casi sin querer. Casi no. Creo que
no querían. Y mi mamá mamó durante toda su infancia todo el
desarraigo y la tristeza que sentía mi nona al estar tan lejos de su
querida, idolatrada y amada Italia. Todo parecía estar muy presen-
te para ella. Pensaba que se le volvía a repetir la historia.
Pero esta vez era diferente. Era sólo mi elección. Mi elección de
volar y crecer un poco por mi propia cuenta.
Creo que no lo entendió hasta que un día llegue con el billete de
avión entre mis manos y se lo mostré casi gritando, diciéndole:

- 20 -
- ¡Mamá!, ¡me voy, me voy!, ¿lo podés entender???”

Fue duro hacerlo así, pero creo que era de la única manera en que
podía comprenderlo.
Tres días estuvo sin hablarme. Y tardó un par de días más en ter-
minar de aflojar y mostrarme su apoyo. Fue un lindo momento.
Muy importante. Fundamental para mí. Era de las pocas personas
que me faltaba por mostrar su apoyo, ¡y que persona! Nada más ni
nada menos que mi madre.
Recuerdo cuando saqué el billete en una agencia de viajes en Quil-
mes, situada en una calle paralela a la peatonal Rivadavia. Era un 5
de Agosto, justo a unos metros de donde trabajaba en una tienda
de ropa el hermano de mi viejo amigo Hernán, Ariel Gimenez. Me
acerqué y le dije muy eufórico:

- “Ninja, me voy a España!”.

Hablamos un buen rato con Ariel: de sueños, de proyectos y de


mujeres, y terminó la conversación mostrándome su apoyo incon-
dicional deseándome mucha suerte.

- Pablito, yo siempre quise hacer lo que estás por hacer vos. Nunca tuve los
huevos ni la mosca para hacerlo. Aprovechalo man!
- Así lo haré. Gracias Ari!

Y al fin, luego de poco más de un mes a pura fiesta y despedidas


por todas partes dentro de la provincia de Buenos Aires, se acerca-
ba el momento crucial.
Luego de tantas idas y venidas, desembarcaría en Madrid…, Espa-
ña…, ¡Europa!
Fue un 17 de Septiembre, tres autos repletos de personas fueron a
despedirme. Núnca me había sentido tan importante!

- 21 -
Creo que eran en total unos 13 (¡qué número!), entre padres, her-
mano, tíos y amigos. Madre mía que sacrilegio. Me dieron varias
cartas para que me machaque emocionalmente aún más durante
el vuelo. Los abrazos que me di en esos momentos habrán sido de
los más sentidos de mi vida. Las miradas y las lágrimas con mi
vieja, no me las olvidaré nunca.

Era muy paradójico lo que sentía. Sentía tanto dolor por dejar
aquellas personas que amaba (y que todavía amo) y tanta la seguri-
dad con la que daba cada paso hacia adelante hasta dejar de verlos,
que aún hoy, no sé de dónde me salió.
Hoy, luego de más de seis años en Europa, todavía pienso y me
pregunto de donde me salió tanta confianza y tanta seguridad para
dejar aquello.
A veces lo pienso, y si tuviera que hacer algo similar en este mo-
mento, me resultaría imposible.
A la única conclusión que llegué hasta el día de hoy, es que esos
son momentos que te va proporcionando la vida, donde sólo tú
tienes la elección, los escoges o los dejas. Yo escogí este camino. El
camino cuando comencé a volar.

- 22 -
CARTAS en el TIEMPO:
Pol:

Aprovecha esta oportunidad que te da la Vida para crecer


como tipo y decidir que queres para tu vida
personal y profesional.
Extraña lo justo y necesario. Acá todo va a seguir igual.
Todos los que te quieren van a seguir estando y no notarás
la diferencia cuando vuelvas.
No pierdas nunca la noción de lo que estas haciendo.
Digo, si querés probá lo que quieras,
pero no olvides que acá, los que te queremos,
te esperamos con muchas ansias y te queremos ver bien,
sano por sobre todas las cosas.
Te quiero mucho hermano.
Como dice Millenium,… “Lo Mejor esta por Venir”

Leo. 19 de Septiembre de 2003.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Pablo Andrés, querido hijo:

¡Te quise tener! ¡Te quiero! ¡Te querré!


En este camino que vas a recorrer que siempre Dios te bendiga.
Te voy a querer por siempre y por toda la vida.

Mamá. 19 de Septiembre de 2003.

- 23 -
Pablo:

(…) Lo más importante es el deseo que siento que


–sea como sea- seas feliz.
En España, en Italia, en Suecia o en el Marítimo.
Que la vida te sonría cada instante, y te deje probarla,
cada día, un poco mejor.
Que tus sueños se hagan realidad, que comprendas que la
distancia es un tema geográfico a secas,
y que la cercanía es un concepto afectivo.
Siempre están cerca los seres queridos (…)
Que todo esta por hacerse, todo por inventarse,
todo por re-crearse.
Que ser buena persona es solo la piedra fundamental,
y que es largo el camino por recorrer.
Que la buena estrella te guíe, ahora y siempre.

Con todo mi cariño.


Claudio Pescio. 13 de septiembre de 2003.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Coci:

Bueno pablo, te deseo toda la suerte del mundo


en tu viaje, en tu vida en general,
en lo económico, y en lo afectivo también.
Que consigas un re-trabajo; una re-mina; que aprendas a manejar
y te compres una moto
(Harley Davinson) si se puede,

- 24 -
y un autito de ultima, por si llueve.
Que vengas a visitarnos (con euros), y no va en joda. Ja.
Mandale saludos a todas las chicas de parte mía, deciles
que en cualquier momento me aparezco.
Pasala bien, disfruta todo y aprovechá!
Tenés una oportunidad muy grande que muchos quisieran tener.
No seas maricón y no vuelvas al toque!!!
Aprovecho para decirte que sos un buen y gran chabón,
es más, un buen y gran amigo.
Te quiero un montón,
y sabido que podes contar conmigo para lo que sea.

Beso, abrazo y mucha suerte.


Hernán Gimenez. 16 de Septiembre de 2003.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Pablo:

Que difícil es despedirse. Ya arrugue y tiré varias hojas,


parece que a uno se le escapan todas las palabras,
que todo es triste y gris...
Pero después pienso que quizás ponerme triste
sea un síntoma de egoísmo, mejor, alegrarme por vos (…)
Cuando ya me estaba maquinando con el ultimo abrazo
y la ultima mirada, me acuerdo que en menos de un año
estas de vuelta, pero carajo! Perdón, joder!,
Con cuanta más experiencia en esa mochila que se llama vida.
Prefiero no darte ningún consejo, ya que siempre actuas con una
curiosa mezcla de corazón y cabeza, envidiable para mí,

- 25 -
que te permite ser un tipo exitoso.
Porque siempre emprendiste proyectos que a mí
se me van en palabras y a otros les llevaría la vida realizarlos.
Quisiste escribir, e hiciste “Vientos del Sur”;
Quisiste estudiar, y te recibiste de lo que mas te gusta hacer: dise-
ñar; Quisiste pintar camisetas, e invetantaste SHUDRA.
En fin, quisiste e hiciste, y si eso no es ser exitoso,
que alguien me explique lo que es. (…)
Pablito, espero que esta sea la primera de una larga
y continua cadena de mails y epístolas
que nos harán hacer sentir mas cerca. (…) Por estas y muchas
otras cosas que me guardo para mi,
te voy a extrañar muchísimo, va a ser difícil, pero cada euro
que mandes va a resultar mas fácil la espera...(je je)
Me despido, sin antes decirte algo que espero decirte
mas seguido cuando vuelvas, te quiero mucho.

Abrazo grande.
El Pendejou Maxi. 18 de Septiembre de 2003.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Pablito:

Que puedo decirte que no te haya dicho en todo este tiempo


que nos conocemos. Que te quiero es mas que sabido...
y que te voy a extrañar, ni te cuento…
Tengo que confesarte que sos de las personas más sensibles
que la vida me dio la posibilidad de conocer.
Te mereces conseguir todo aquello que te propongas (…)

- 26 -
Dejáte llevar! Un corazón tan noble como el tuyo va a saber
guiarte, y no va a permitir que sufras (…)
Se Feliz! En tu nuevo trabajo, en tu vida diaria, en tus tiempos
libres, con tus nuevos afectos.
Se feliz cada momento de tu vida!
Cuidate! Cuidate mucho, cuida ese cuerpito,
cuida la cabecita, y por sobre todas las cosas cuida ese corazón
tan noble que tenés, no dejes que nadie te lo rompa! (…)
Amigo de siempre, disfruta esta nueva oportunidad que te
da la vida tanto a nivel personal como profesional.
Y no te olvides al despertar cada mañana, que aquí en Argentina
hay una persona que te adora y que va a extrañarte mucho.

Te quiero mucho! Mucha Suerte! Hasta pronto!


Analia Cuevas. 16 de Septiembre de 2003.

- 27 -
CAPITULO I:
PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID
“18 DE SEPTIEMBRE. Arribo a MADRID.
Aeropuerto de BARAJAS. “

Ya estaba en Madrid. No lo podía creer. Sentía mucha ansiedad


por pisar esta tierra y ya lo había hecho. En realidad, mi cabeza
nunca se imaginó tanta tranquilidad. Estaba muy tranquilo, de-
masiado creo! No tenía ni la más remota idea donde iba a estar
dentro de 24 horas! A pesar de ello, y de otras preguntas existen-
ciales que me hacia a mi mismo, mantenía la tranquilidad. El viaje
estuvo bien, solo que mi compañero de abordo era un españolito
bastante poco amigable. Quise entrar en dialogo con el susodicho
unas 4 veces... hasta que me resigné y bajé los brazos. Solo conse-
guía monosílabos de su parte y en ninguna ocasión ni una mísera
inicialización a una sonrisa! Lo llevaba claro, si quería hablar con
alguien, a pasearme por el gigantesco Boeing 737.
Luego de un par de caminatas por el avión, había llegado la hora
de la cena. Volví para el asiento, y al final, opté por quedarme ahí
tranquilito, beberme unas buenas botellitas de vino tinto, y echar-
me a dormir para que estas más de 11 horas que quedaban por
delante, pasen lo más rápido posible.
Así fue! Luego de la tercera y definitiva botellita, y entre medio de
ellas la pregunta técnica de la azafata:

- ¿Señor, le hará bien beber tanto?, a lo que arremetí audazmente:


- “No se crea que me gusta mucho el vino eh, mas bien lo hago para que-
darme dormido y que pase el tiempo lo más rápido posible”.
Una media-sonrisa de su parte me bastó.

Me dormí unos buenos pares de horas, luego vi por tercera vez


“Un detective suelto en el Kinder” con Arnold Terminator (no me pi-

- 29 -
das que escriba su apellido por favor); y luego una buena cantidad
de lagrimas al leer todas las cartas que me habían dejado mis seres
queridos.

¡Como son! Me quieren o me odian? Me preguntaba a mi mismo.


Que manera de llorar. No exagero si digo que pensé en acercarme
al piloto y decirle que pegara la vuelta!

Entre pitos y flautas, un ratito después, el comandante ya le avisa-


ba a su tripulación (entre ellos yo, ja!) que en media hora aterriza-
ríamos en Barajas.
Me había tocado el asiento del lado de la ventanilla, y en ese mo-
mento consumé mi venganza! Observe que el antipático de mi
compañero de vuelo quería mirar por “mi ventanilla”. Ja, pensaba,
ni medio centímetro le dejé para que pudiera observar como nos
acercábamos a tierra firme.
En esos instantes en los que me preocupaba por no dejar ni medio
centímetro libre de mi ventanilla para el amargo de mi compañero
de vuelo, comencé a preguntarme varias cosas, solo veía sierras y
tierra sin viviendas, o era que todavía estábamos lejos y no se veía
casi nada? Lo que sea, yo sabia que España, aún siendo siete veces
mas pequeña que Argentina, tenia un par de millones de habi-
tantes mas que nosotros… Y donde los meten? me preguntaba de
vuelta…, al ver tanta tierra libre de todo habitante.
Pasaban los minutos, y no deducía nada de mis dilemas territoria-
les por habitante, por lo que opté por relajarme y tratar de que no
se me explotaran las orejas en el momento del aterrizaje.
¡Tierra Firme! ¡Tierra Firme! Aplausos. Pude observar en varias
caras una especie de “pánico curado”, al sentirse en tierra firme.
¡Pedazo de Aeropuerto! Posee 3 terminales! Más una cuarta que la
estan terminando.
En el trayecto que hice desde que bajé del avión hasta la recogida

- 30 -
de maletas me cruce con mas personas de todo tipo, raza y color
que en el resto de mi vida! Arabes, chinos, africanos, negros, mu-
latos, ecuatorianos, yanquis. Para todos los gustos había. Y yo era
uno más de ellos claro.
Luego de la recogida de maletas, me acerqué a un teléfono público
y llamé a Manuel, un viejo compadre de mi tío Carlos, para que
me fuera a buscar. Él era uno de mis pocos contactos, por no decir
el único, en la capital española. Un par de meses antes, en Buenos
Aires, me había comentado la posibilidad de hacer una revista
sobre medicinas alternativas, ayurveda y tratamientos naturales.
Pero la verdad es que, a esa posibilidad, la veía llena de nubes (y
bastante negras), así que me lo tomaba con pinzas.
Al fin y al cabo llegó al aeropuerto, acompañado de su mujer y su
hijo, todos muy simpáticos y súper agradables conmigo. Fuimos
a tomar el metro…, y qué metro! Me preguntaba si todos en la
ciudad serían así, con aire condicionado, televisión y más lujillos
que alborotaban mi visual. Luego de hacer una serie de combina-
ciones, bastante largas por cierto, y comprobar que no todos los
metros en la ciudad eran igual de modernos como el que te lleva-
ba al aeropuerto, llegamos a la parada donde debíamos bajarnos,
bajo el nombre de “Iglesia”. En esta zona de Madrid, Manuel tenía
una supuesta oficina propia donde podríamos hacer la supuesta
revista. Salí de la boca del túnel y comprobé lo que pensaba, a
unos pocos metros se encontraba una gran iglesia, de la cual nun-
ca supe el nombre. Pegamos la vuelta en la esquina y entramos a
un edificio muy antiguo, pero muy antiguo! Olía a antiguo total!
En el ascensor, solo cabían dos personas. Fuimos hasta el cuarto
piso en dos viajes de dos en dos y entramos a la oficina, un poco
más moderna por dentro. Cuando percaté la presencia de una
computadora encima de un pequeño escritorio le pregunté a Ma-
nuel si tenía Internet para mandar un par de mensajes a Buenos
Aires. Me respondió afirmativamente y pude intercambiar unas

- 31 -
palabras con Leo, mi hermano, y avisarle que había llegado “vivito
y coleando”.
Manuel me dijo que por el momento podía dejar todas mis cosas
ahí, hasta que consiguiese un lugar donde quedarme. Agradecido,
me cambié y emprendí camino hacia la “city”, con la idea de co-
menzar a recorrerla.
Mapita de metro en mano, avanzaba al compás de absurdas pre-
guntas (marcando intencionalmente mi acento argento, je) a
cualquier coqueta madrileña que se cruzara en mi camino; y de
repente llegué llegué a la siempre bien ponderada parada de metro
“Sol”. Era todo aquello que se habían encargado de describirme
minuciosamente: ubicada en el centro de la ciudad, eje del plane-
ta Madrid, por donde todos pasan. Impresionante. Al momento
de ascender por las escaleras de salida del metro, se me desorbi-
taban los ojos de la desesperación por observar cada uno de los
habitantes de ese mundo nunca antes visto. Jamás había tenido la
oportunidad de decir con tanta certeza, mientras acompañaba el
andar de cientos tantos iguales y tantos distintos a mi, que ese era
un universo cosmopolita. Y que eso ocurría delante mío, lo cual
me hacia participe. El ruido, los aromas, los andares, las siluetas y
los lugares llamaban a mi vista sin cesar. Había sido perdidamente
seducido por una capital europea. El cruce de peatones parecía
que no terminaba nunca, lleno de negocios, bares y gente yendo
“de tapas”, como bien dicen por aquí. No sabía por donde comen-
zar o seguir mi camino, ¡no me quería perder nada! Aquel era un
ambiente fascinante.
¡Estaba en Madrid... joder!
Era todo alegría. Y velocidad. De repente me encontré caminando
con prisa, como si estuviera apurado! Apurado de que? Me tran-
quilice un poco y bajé unos cambios, pero acá de verdad parece
que la gente siempre llega tarde donde tiene que ir.
De primera, cámara en mano, a sacarme una de las tantas placas

- 32 -
para el recuerdo que tendré a lo largo de este viaje: Famoso Cartel
con luces de neón de “Tio Pepe” (marca de vinos española) enci-
ma de un antiguo edificio de fondo, sonrisa de argentino, brazos
abiertos, y click!
Otro lugar descubierto por mis ojos el primer día fue “Plaza Ma-
yor”, un lugar con mucha historia lleno de restaurantes, bares y
negocios de productos típicos españoles. Todo el suelo de la plaza
es como el de esos típicos barrios porteños, como San Telmo o
Palermo Viejo, de adoquines. También en muchas de sus pare-
des, sobre todo en el edificio de “La Casa de la Panadería”, hay
varias pinturas que la decoran. La antigua e histórica plaza posee
nueve entradas, o mejor dicho “nueve arcos”, de los cuales el más
conocido es el “Arco de Cuchilleros”, del cual me moría de ganas
el porque de su nombre. Entrando a diferentes tiendas típicas,
un hombre me contó que antiguamente allí se encontraban los
talleres del gremio de cuchilleros, los cuales suministraban sus artí-
culos al gremio de los carniceros. El hombre pareció alegrarle que
un joven como yo se molestara o tuviera curiosidad por la historia
del sitio. Se largó a hablar y no podía parar! De todas las fechas,
anécdotas e historias que me fue enumerando a lo largo de la his-
tórica charla, me dijo que visitara un restaurante que se encontra-
ba a escasos metros de allí, “Sobrino del Botín”. Según me dijo, es
el restaurante más antiguo del mundo, fundando allá por el año
1725. El buen hombre continuaba con su inspiración hasta que
tuve que cortarlo en seco acusando que me estaban esperando.
Luego de agradecerle el curso intensivo sobre “El Arco de cuchille-
ros”, salí por la gran portasa del negocio de filatelia que era de su
propiedad, para seguir deambulando por la mística plaza.
En aquel sitio solo percataba buena energía, tanto de otros turistas
como yo, como de los madrileños, hasta de los vagabundos que
estaban dando vuelta pidiendo alguna que otra monedilla.
Esa misma noche, había un inglés (o no inglés) tocando esas bala-

- 33 -
das años 80, a veces empalagosas, que nunca pasan de moda. Pero
como aquel era un momento tan mágico para mi, en el que solo
podía sentir felicidad, ganas e ilusión, creo que cualquier cosa que
estuviera tocando el capo este, me hubiese gustado. Así que como
otros “vagamundos”, decidí sentarme en el piso y melancoliquiar*
un poco. (*palabra inventada por el autor)
Luego de disfrutar un buen rato al capo de las baladas y eternizar
con mi cámara fotografica cada rincón de la plaza que me parecie-
ra bonito, fuí a comer uno de esos famosos bocadillos de jamón
serrano y queso, que tanto me recomendaban en Baires, ¿Dónde?
En el “Museo del Jamón”. Cuando ví uno de estos, verdaderamen-
te “Museos”, por primera vez, quedé flasheado. Tiene cientos y
cientos de jamones colgados por todo el local:

¿¡Cuántos patas de chanchos colgadas hay acá!?, me preguntaba.

El suelo estaba muy sucio, repleto de servilletas usadas por los


comensales que visitan el lugar, que deben ser miles al dia. Y toda
de gente come de pié, ¡no hay sillas! Luego descubrí que tenía un
primer piso y ahí si tiene un pequeño comedor con mesas y sillas.
Pero igual pensaba:

- “Acá la onda debe ser comer paradito”

Tratando de adentrarme un poquito en las costumbres madrile-


ñas, me acerqué a la barra, ya con mucha hambre y sincerándome
in extremis, casi cayéndome una línea de salivita desde mi boca,
pedí una “caña”, ¡la primera en España!; y uno de serrano y queso.
De inmediato corroboré que lo del hambre era cierto. El Bocata
quedo fulminado en menos de dos minutos (¡y era grande eh!).
Luego de la rápida muerte del bocata y sacar un par mas de “placas
para el recuerdo” a los pobres cientos de patas de los chanchos

- 34 -
colgadas del techo, decidí ir a por la noche, tratando de que fuera
lo más económica posible, ya que el bocata liquidado y la caña me
había salido casi ¡20 pesos! (4€ y algo), y sabía que hasta no me
acostumbrase al euro, iba a sufrir un poco en cada compra.

Caminando y dando vueltas por la noche madrileña, me topé con


un barcito irlandés, tipo “Kilkenny”, en una de las callejuelas típi-
cas de adoquines que cruzaban la Plaza Mayor. Dudaba en entrar,
porque sabía que me iban a “clavar” con los euros. Dudaba… hasta
que una rubia platinada me sacó todas las dudas (menos una…) y
con su dedo índice me hizo la señal de que entrara. Si, Si! Con su
dedo índice! Esa imagen tan sensual que imaginamos los hombres
en nuestros sueños!
Según lo que le entendí, era de Londres (dígase “London”, en
ingles, ja). Lo que no tuve que esforzarme en entender fue que
se trataba de una rubia divina, extremadamente simpática, o sim-
plemente con un par de copas de más encima (lo más factible).
Imagináte a Pablo hablando en inglés, improvisando a morir (si
me hubiera escuchando Miss Lucía -maestra de inglés del autor
en 6to grado- ¡se hubiese puesto a llorar como una condenada¡).
La guapa en cuestión, estaba con otra pandilla formada por gente
de todos lados, que me dieron una buena bienvenida y enseguida
al notar mi acento comenzaron a hablar y a preguntarme sobre
fútbol, Maradona y los tangos de Gardel.
Por ser la primera noche en Madrid no estaba nada mal, ya estaba
sacando teléfonos a todos los colegas que se me cruzaban: mexica-
nos, escoceses y por qué no, inglesas. Necesitaba contactos.
Pasaban las horas, las guinnes y los cubatas, y ya siendo las tres
de la mañana, el bar irlandés cerraba. Luego de las quejas inútiles
mías y la de mis nuevos amigos hacia el dueño, que primeramente
se reía al vernos pedirle casi desesperadamente que siguiera abier-
to un ratito más, a los pocos minutos se puso serio y nos dijo:

- 35 -
- “Muchachos, Afuera”.

De ahí, con toda la pandilla de galácticos internacionales que me


había hecho, nos fuimos hacia otro boliche, llamado Dreams, un
poco más latino, por no decir que se parecía a “Eros” (discoteca
argentina que frecuentaba en autor en Argentina)
Entonces, tuve la posibilidad de demostrar mis cualidades de bai-
lanta. Luego de un par de cubatas más y movimientos de cade-
ra, así se fue extinguiendo la noche. Me despedí de mis nuevos
“colegas”, intercambiando mas teléfonos para “quedar” los días
siguientes. Eran las 6.30 de la mañana, casi de día y el presupuesto
analizado para el “Día 1”, ya se había acabado. Es más, lo había
superado con creces. Digamos que, de toda la plata que me había
traído, en sola una noche casi me había fundido un cuarto del
total! confirmando más que nunca el pensamiento que tenían en
la peli “La sociedad de los poetas muertos”:

- “Carpediem, vive el momento, disfruta la vida”.

Caminando me topé con una plazoleta de bancos blancos que me


parecieron muy cómodos... Casi demasiado (basta decir que hasta
pensé en dedicarme al hipismo, vivir en la calle y evitar pagar un
Hostal que me va a consumir en euros mis pobrecitos pesos a una
velocidad de casi 4 a 1).
Por cuatro horas quedé prácticamente desmayado en el banco
blanco hasta que me despertaron los horripilantes rayos de sol del
nuevo día (cuando uno duerme en un banco te puedo asegurar
que son horripilantes).
Luego de estirarme varias veces y un par de sonidos en mi cuello,
fui a desayunar a un cafeto de por ahí: un café con leche en vaso
de vidrio con unos churros raros, al menos para mí, bien alarga-
dos y con forma ovalada (mal pensados abstenerse). ¡¡Estaban muy

- 36 -
buenos!! Cabe acotar que los ricos churros duraron menos que los
escasos 2 minutos del bocata de la noche anterior.

Como ven, ya comencé a escribir esta aventura, mí aventura. Quién


sabe hasta cuándo durará, solo espero que haya muchos café con
leche con churros de por medio, y algo no menos importante, que
la sigamos compartiendo juntos.
Los llevo conmigo, donde sea que vaya.

20 de SEPTIEMBRE
Tercer Día en MADRID.

Madrid parece una ciudad que no para nunca. Y no solo por los
turistas, los mismos madrileños se la arman bastante bien. Parece
que están todo el día de fiesta! Tapas al mediodía, tapas a la no-
che, tapas después de trabajar! Esto de tapear creo que me gustará
mucho.
Ayer fue un día muy agitado. Por la mañana, luego de los churros,
fui al Museo del Prado y al Museo Reina Sofía, a llenarme con un
poco de arte. Lo único “poco” que tuve fue tiempo, para recorrer-
se estos museos bien y a fondo necesitas al menos un día pa cada
uno. El primero lo recorrí completamente todo (o al menos eso
es lo que pensaba). Posee más de ocho mil quinientas pinturas;
Unos cinco mil dibujos y otros tantos de miles de grabados, mo-
nedas y medallas. Cuando me entere de estas cifras reales, luego,
dudé un poquito si me lo había recorrido “enterito”. Es que llega
un momento, al menos a mi me pasa, que te desbordas de tanta
información que estas adquiriendo, principalmente visual y ya no
distinguís nada, entonces la vista pide un poco de descanso, o sea,
caña y tapa.
Mente en blanco y respiro visual, al compás de tapa y caña claro,

- 37 -
partí para el Reina Sofía.. Estos dos grandes y famosos museos es-
tán muy cerca el uno del otro, solo los separa un par de calles.
Una vez dentro del Reina, museo nacional español de arte del si-
glo XX, atravesé la segunda sala con la esperanza de encontrar un
somier en la tercera. Caminaba bamboleándome con la cámara
de fotos en mano y los ojos completamente achinados, creo que
varios españoles me confundieron con un turista de raza amarilla,
“Pa Bli Chin”, me llegaron a decir, de igual manera que me llama-
ba la mitad de mi familia en Argentina cuando era un mocoso.
Sin embargo, bastó mirar una primer obra, para que un palpitar
desenfrenado me invadiera. Cobré real dimensión de estar frente
al arte de aquellos genios que marcaron mi camino, a los cuales es-
tudie con devoción. Un abanico de sensaciones se presentaba ante
cada pintura. Allí recordé cuando las observe por vez primera en
libros, diapositivas o copias que las homenajeaban. Dedique toda
mi atención a cada una. Estar frente al “Guernica”, detenerme a
contemplar cada rostro, cada color; ha sido único.
Podría nombrar a cada uno de esos artistas cuyo arte ha modifica-
do al y a mi mundo; pero deseo detenerme en dos particularmen-
te. Salvador Dalí, por la cercanía respecto de la idolatría de mi
madre hacia su arte; Y Picasso, del cual si aún no lo saben, herede
su nombre.
Las agujas del reloj me marcaron el momento de la partida. “El
Palacio de Velazquez” aguardaba por mi.

Como no, hay una anécdota que me veo obligado a contar duran-
te mis visita a los museos.
Estaba recorriendo el Prado, sacando fotos a todo lo que me pare-
cía bonito y conocido. Luego de varios flashes que rebotaban con-
tra las gigantescas obras, se me acercó una señora y un monstruo
de dos metros el cual me dijo muy claramente: “un flash más y te
saco afuera”, ¡y la señora me llego a llamar terrorista!. Vale la pena

- 38 -
aclarar, a mi favor, que no había visto ningún cartel que informara
que no podían hacerse “placas para el recuerdo” ni fotografías. O
al menos no lo había visto. Agaché la cabecita y seguí contemplan-
do el arte con la camarita en el bolsillo.
Es que uno cuando es rebelde, es rebelde. Hasta cuando lo hace
sin querer.

26 de SEPTIEMBRE
¿Yo español?

Es viernes, estoy por cumplir mi primera semana en Madrid, y ya


ha pasado de todo.
Para empezar, ya se me esta pegado la forma de hablar española…
los “¿has comido?” “He comprado”, “he…”, “he… lo que sea”, son
frases comunes en mis comentarios! Además, de pronto ya he co-
menzado a putear con “Joder”, “Coñ*s”, o me “suda la …”; y los
“bolud*s” y “pelotud*s” se me van volviendo a mi tierra madre an-
tes de lo previsto. Si me escucharan mis amigos... me desterrarían
de vuelta, seguro.
Como les decía, recién voy a cumplir mi primera semana por Ma-
drid y he recorrido, he conocido, he salido, he chamullado, he, he,
he! y hasta ¡he trabajado! El Martes conseguí un laburito en una
especie de restaurante-bocateria llamado “101 Montaditos”
Aquí tuve mi primer contacto con los denominados trabajos de
“hosteleria”, los cuales ya en Argentina, me había comentado mu-
cha gente que no me seria difícil encontrar alguno en la capital
española.
De entrada nomás, me disfrazaron! Camisa blanca a rayas azules,
corbata roja y delantal azul oscuro encima. El primer día me veía
un poco payaso, pero ya al segundo día le iba agarrando gustito.
Terminaba el día laboral y le pedí a una compañera que me sacara

- 39 -
una foto para enviarle a mi vieja lo bien que me quedaba la ropa
de trabajo!
El tercer día de “curro” me hizo pensar mucho: durante la maña-
na me habían respondido por e-mail dos agencias de diseño para
tener una entrevista por la tarde, obviamente debido a mi nueva
profesión de camarero, respondí que no iba a poder asistir y si
podía concurrir a la misma al día siguiente por la mañana. Nunca
me respondieron.
Además, apenas llegué al Restaurante, la encargada me mando a
la cocina!

- Pablo, hoy te toca la cocina, vas a comenzar a preparar nuestros monta-


ditos, me dijo.
- Buenisimo, me gusta! Respondí un tanto irónico.

Como resulto? Caotico.


Había cien combinaciones y gustos diferentes para los puñeteros
montaditos! Que queso con chorizo, que chistorra con salsa, que
jamón y pimiento, que serrano y tomate, que mahones y oliva, y
que su…. agggggghhh!
Miraba las “neveras”, y antes de hacer algo, ya estaba agobiado! La
encargada me había dicho que el primer tiempo solo iba a estar en
sala, que era lo que quería, juntando platitos, vasos y manteniendo
el orden, pero lo que no sabía que el “primer tiempo” solo iba a
ser de tres días! Además ya me había perdido esas entrevistas de
diseño y posiblemente podrían seguir saliendo más en la semana.
Al día siguiente, cuarto y definitivo día, llegué mas temprano, fui
a encarar a mi fugaz jefa, y le conté un poco la situación:

- Bueno, quería decirte que no voy a poder seguir, acabo de llegar y todo
va ocurriendo muy de prisa, mi verdadera profesión es la de diseño grafico,
y estos días que estuve trabajando aquí me perdí unas entrevistas en unas

- 40 -
agencias,… Y no es que no me guste el trabajo… pero…
- Tranquilo Pablo, (me interrumpió en el momento perfecto porque se me
acababa el chamullo) no hay problema, pásate mañana que te liquido
estos días que has trabajado, pero hoy trabajas verdad?
- Si si tranqui, hoy me quedo y lo doy todo!
- Vale, quedamos así entonces.

Por suerte se lo tomó bárbaro! Al día siguiente estaba clavado a


la hora señalada para cobrar mis primeros euros en España! 120
euritos por 4 días de trabajo! No estaba nada mal eh! Casi 500
pesos argentos! Pero enseguida recordé que con los pobres pesos
no hacia nada acá, y que seguir haciendo esa cuenta de poco me
serviría. Nos intercambiamos las gracias, nos despedimos y hasta
me deseó suerte para que consiguiera algo de mi verdadera profe-
sión lo más pronto posible.

28 DE SEPTIEMBRE
Ché, en Madrid hay de todo.

Visitando lugares típicos por Madrid donde sabía frecuentaban


argentinos perdidos por la vida como yo, me enteré que los miér-
coles por la noche organizaban “Fiestas Argentinas”, en la sala As-
saig. La chica que atendía en la cafetería, que vendía alfajores y
todo tipo de productos argentos, descubrió la sonrisa dibujada en
mi cara al ver las tarjetas de la fiesta que tenían una foto de “Car-
litos Bala” como estandarte, y me dijo:

-“Tóma, -me dijo-, son dos copas free, y hay Fernet Branca”.

¡Con lo que me preocupaba yo en Buenos Aires pensando donde


iba a encontrar Fernet Branca en Madrid! Una gran boludes.

- 41 -
Luego de decirle varias veces gracias y sentir que aún faltaba algo
agregué:

- “Bueno, si vas a la fiesta te invito a bailar un cuarteto cordobés. Y gra-


cias otra vez”. Esta vez, la sonrisa fue entera.

Y llegó la noche del miércoles. Ya saliendo de la parada de metro


“Martínez”, me crucé con dos compatriotas que iban hacia allí.
Fuimos juntos para la fiesta y la pasamos buenísimo. Había pasado
poco tiempo desde mi llegada: apenas una semana. Pero escuchar
cuarteto, y tomar Fernet acá en Madrid no dejaba de ser algo muy
especial. Y ni contarles lo que hicimos todos cuando pasaban can-
ciones como “GigiGi” o “De Música Ligera”; abrazándonos todos
como si fuéramos amigos de toda la vida. Vaya anécdotas que ya
me estaba armando.
Como buenos argentos, junto a otros, terminamos la noche discu-
tiendo de fútbol y política despidiéndonos hasta la otra.
Volví para casa, bue, que casa? Para el hostal donde paraba esa no-
che: “Hostal Asturias”, dos estrellitas. 35 euros la noche. Lo más
barato y parecido a un hotel que encontré, bien ubicado sobre la
avenida La Castellana y a tan solo 200 metros de la famosa Estación
Atocha.
Pero por suerte, esa sería la última noche. Para suerte mía y la de
mis bolsillos, mi tío Carlos, otra vez en escena, me envió un e-mail
avisando que tenía un amigo en Madrid que me ofrecía su casa
para quedarme al menos hasta finales de Octubre. Bárbaro!. Me
contó que su casa quedaba a dos calles de la parada de metro “Pa-
los de la Frontera”, cerca del barrio bohemio de Lavapiés.
Valijas en mano, a la mañana siguiente medio resacoso, a parar un
taxi por la avenida La Castellana y allá me mandé.
El “tachero” un fenómeno. No tengo muy claras las cosas que me
dijo, estaba un poco nervioso en ese momento, me iba a caer en la

- 42 -
casa de este chabon que no había visto en toda mi vida, pero creo
que me dijo algo como:

- ¿Argentino?
- Si...
- Bienvenido hermano...”
Sin palabras.

Ya en “Palos de la Frontera”, agarré la dirección de Sergio anotada


en un pequeño papelito muy arrugado, y me mandé. Repito, yo en
mi vida había visto a este muchacho, y me iba a caer en su casa con
mis mega-valijas años 70. Vaya cara me dio Dios.
Una vez en su casa, Sergio me dió la grata bienvenida y me la ense-
ñó con muchas ganas. No era muy amplia, pero el sofá si era muy
cómodo, más comparándolo con los bancos blancos de la primera
noche.
Me di cuenta la buena onda de mi nuevo compañero de piso y supe
enseguida que no me iba a costar mucho entrar en confianza.
Sergio venia de un momento delicado, había estado internado por
problemas de salud, durante un mes y medio. Estaba muy flaco y
tenía que cuidarse bastante con las comidas. En esos momentos
estaba cobrando el paro, que es la ayuda y/o el dinero que te de-
vuelve el gobierno cuando no estas trabajando. Pero a pesar de su
delicada situación, no perdía el humor.
Cuando le pregunté por el dinero que tenía que darle por parar
en su casa me dijo:

- “Tranquilo, hoy por ti, mañana por mi. No tienes que darme nada”. Un
fenómeno!

Eso si, tenía un solo defecto… era “cuervo” (Hincha del club de
futbol San Lorenzo de Almagro)

- 43 -
1 de OCTUBRE
Chueca.

Ya super acomodado en la casa de Sergio, y deambulando cada día


con más confianza por los barrios y calles madrileñas, estos días
“he conocido” unos sitios bastante peculiares.

Me mandé una tarde-noche para Chueca. Sabía por comentarios,


que era el barrio gay de Madrid (y Europa) por excelencia. Un
lugar con muy buena onda (y seguro con muchas otras cosas más
que no sabía si queria conocerlas).
Ya saliendo por la escalera del metro, (con un poco de miedo para
decir verdad), justo desemboqué en la plaza principal, “Plaza de
Chueca”, llena de gente. Enseguida percaté que aquí cohabitaban
todo tipo de culturas, sub-culturas y tribus urbanas de la ciudad.
Enseguida me crucé con una “drag queen”, de pelucón rosa, y un
vendedor ambulante chino con su cargamento de arroz tres deli-
cias y bocadillos que andá a saber con que están hechos.
En las calles de este peculiar sitio se mezclan todas las razas y op-
ciones sexuales con toda la naturalidad del mundo!
Aquí puedes caminar con la ropa mas extravagante y nadie te va
a mirar mal! (por ende, estoy tranquilo) Los skaters, raperos y al-
ternativos también se han apuntado al que parece más original y
desvergonzado barrio de Madrid.
Me senté a tomar un cafecito en el Burger-Cafetería, al parecer
uno de los sitios mas famosos de por aquí, agarré un periódico
de dentro y comencé a hacerme el lector con la cabeza bien gacha
claro, no quería cruzarme miradas peligrosas ni comprometedoras
con nadie por el momento.
Bueno, cada tanto me animaba y levantaba la cabeza para echar
una ojeada al ambiente. Aquí se mezclan obreros de la construc-
ción, transexuales, abuelitas, gays, mamás, emigrantes, turistas y

- 44 -
mafiosos vestidos de negro. Pero cada uno a su rollo disfrutando
de una caña o bien de un cafecito como yo.
Esto fue más o menos un atardecer por el barrio de Chueca,
Madrid.

Y antes de irme a dormir, le pegué un “tubazo” a mi amigo del


alma, Carlitos, hoy es el primer cumpleaños suyo que no pasamos
juntos en mucho tiempo. Un abrazo fiera.

5 de OCTUBRE
El Rastro.

Manuel me había tirado un par de datos interesantes cuando ha-


bía llegado, pero con toda la emoción que tenía encima, los había
echado al olvido completamente.
Con ayuda de Internet, trataba de ir recordándolos. Y uno de los
sitios recomendados era un gran mercadillo, que solo funciona los
domingos y festivos: “El Rastro”.
Llegó el domingo y me mandé con mucha ilusión. Los mercadillos
y las ferias artesanales siempre me gustaron mucho. Inclusive en
algunas oportunidades, en mi adolescencia rebelde sin causa, tuve
mi puestito de camisetas pintadas a mano, en la gran feria de Re-
coleta y otras tantas veces en la feria de la Plata.
Como buen curioso, me preguntaba de donde provenía el nombre
del mercadillo, y al parecer, en esta parte de Madrid se mataban
las reces, que al ser arrastradas de un lugar a otro del matadero,
dejaban el “rastro” de sangre. De ahí quedó el nombre del gran
mercado.
Era verdad que parecía interminable, recorre dos grandes vías, la
calle de “Toledo” y la de “Embajadores”, formando una especie de
triángulo.

- 45 -
En sus puestos podés econtrarte cualquier cosa: desde bellas an-
tigüedades, componentes electrónicos, pasando por cosas de se-
gunda mano, hasta mascotas y pájaros. Pero no, no había ningún
puesto de camisetas pintadas mano!

- ¡Me pongo a pintar camisetas! ¡Vuelve Shudra! ¡Y a Europa!

Me acerque a un puestito y le pregunte a un señor que “parecía”


amable, si era muy difícil conseguir un puestito en el mercado…

- Hace cuanto tiempo estás en Madrid, chaval?


- Hace unos cuantos días...
- Tienes que tener al menos una antigüedad de 10 años residiendo en Ma-
drid, pásate en una década y me preguntas de nuevo.

No hace falta que les cuente como me quedó la cara.


A pesar de la fugaz ilusión con que vuelva mi marca de camisetas
pintadas a mano en Europa, no perdía el humor ni la felicidad de
poder estar recorriendo aquel mercadillo.
Consejo de un viajero en potencia: Si quieres encontrar lo más
raro, lo más curioso o antiguo que no puedes conseguir en ningún
sitio, y por la época en la que vivimos, puedes pegarte una vuelta
por aquí. Seguro lo encontrarás.

7 de OCTUBRE
Se que algún día lo leerás.

Ya ha pasado más de una quincena desde mi desembarco al viejo


continente y realmente cada día que pasa cuesta más agarrar el
cuadernillo y contarte todo lo que me va ocurriendo; pero me lo
propuse y quiero hacerlo. Por ahí, alguna amiga me dijo si no será

- 46 -
un acto de cabezonería de un buen taurino? Lo que sea. Quiero
hacerlo. Siempre me han reprochado que mis proyectos terminen
en nada (opinión que no comparto, claro). Existen personajes muy
allegados a mi en el querido Barrio Marítimo, que a día de hoy me
preguntan cuál es la resolución del último crucigrama de Vientos
del Sur (revista editada por el autor en 1998), o también acerca de
la misteriosa aparición -y desaparición- de una empresa de cami-
setas artesanales pintadas a mano llamada SHUDRA (marca de
camisetas pintadas a mano por el autor), que nunca terminó de
afianzarse en el mercado. A pesar de las reiteradas críticas (prin-
cipalmente cómicas) sigo en pie. Y ahora con una propuesta más
que compleja: “¡CUANDO COMENCE A VOLAR!”, que será
(es) un rejunte de todas mis vivencias a lo largo de este viaje que
me llevará y me traerá por donde quiera esta vida.

10 de OCTUBRE
El Retiro.

Esta última semana han pasado varias cosas. Puedo contarles que
estuve visitando “El Retiro”: un parque de Madrid muy muy gran-
de, lleno de paseos y lagos que cuenta a la vez con dos Palacios de
arte. Uno es “El Palacio de Cristal”, (lo nombra Sabina en una
canción) del que no voy a darles demasiados detalles acerca de las
obras expuestas en ese tiempo. Solo voy a decirles que se trataba
de “Arte Moderno”.
Bueno… que coño! mejor les cuento. No me puedo guardar esto.
Resulta que entré y realmente no veía nada de arte… no veía nin-
gún cuadro, no veía esculturas…, no veía tapices…, en realidad no
veía absolutamente nada. Hasta que tomé fuerzas y decidí acercar-
me a un stand donde estaban unas recepcionistas y antes de come-
ter un error de ignorante-picapiedras-turístico, volví a mirar todo

- 47 -
a mí alrededor detallada y minuciosamente. No tuve más remedio
que preguntar:

- “¿Qué es esto?”
- “Es una exposición de Arte Moderno”, me respondió así como un
poco ofendida la señorita.

Me volví a girar, analicé nuevamente lo que me rodeaba, y enton-


ces respiré profundamente! Resultó ser que el par rectángulos de
cristal medianamente grandes que se estaban llenado con simple y
cristalina ¡¡AGUA!!… ¡eran en sí la exposición de arte moderno!.
Sabrás lo mucho que me afectó la obra y cómo me sentí profunda-
mente tocado por la sensibilidad del artista.

- “¡¡Aaaaahhh...!!, Vale!”, le dije...


(De a poco, como les dije, me voy españolizando)
- “Arte Moderno..., bueno, hasta luego.” Rematé.

Lamentablemente las puertas de “El Palacio de Velásquez” estaban


cerradas de par en par. El cielo empezaba a oscurecer sobre el par-
que cuando sorpresivamente distinguí que por detrás se acercaban
conversando unas damas, una de las cuales se esmeraba por mar-
car la inconfundible y simpática tonada cordobesa (de las nuestras,
del fernet y el cuarteto, claro).
Toda la osadía demostrada al acercarme, la malgaste entre la torpe-
za y timidez al momento de entablar dialogo. La mire y le pregunte
como si fuera una extraterrestre:

- “¿Sos cordobesa?”. Cabe destacar que para quienes seguramente


se mofen de este “chamuyo”, que esa pregunta fue un canto a la
originalidad del momento. (Nota de aclaración: Aun hoy tengo
contacto cibernético con la cordobesa del palacio de cristal)

- 48 -
Larga y tendida conversación de por medio, me narró su estadía
en Madrid. Unas viejas amigas tan argentinas como desde hace
tiempo madrileñas, habían sido el motivo de su visita.
Mientras tanto yo le comentaba la intención de instalarme por unas
largas temporadas en la Madre Patria. Ella solo atinó a decir:

- ¡No me quedo acá ni loca!

Le prometí que cuando volviera iría a visitarla. Además de siem-


pre ser un lanzado, y teniendo en cuenta la pregunta hecha al
conocerla, tal proposición fue todo un atrevimiento por mi parte.
Intercambiamos nuestros e-mails, y nos deseamos suerte.

13 de OCTUBRE
Estirando los Euros.

Mi vida laboral sigue en espera. Estoy bastante ansioso en ese senti-


do. Tuve un par de entrevistas, pero la verdad parece que estoy pin-
tado! Lamentablemente, los laburos de diseño los veo lejos. Está
complicado el tema. Además para que mentirme, ¡no sé nada de
lo que pensaba que sabía mucho! Acá piden saber cada programa
que apenas… ¡los conozco de nombre! Sí sobran las posibilidades
de trabajar de vendedor, camarero, o en la obra, laburos que no
son lo soñado, pero creo que son las únicas alternativas reales de
trabajo que me darán de comer el próximo tiempo. Igual, todavía
sigo estirando los euros que me quedan. No son muchos, pero los
estiro al máximo. Tengo que tener cuidado con esto, el otro día
quería estirar tanto un billete de 20 que casi lo rompo.

Ayer por la noche pude comunicarme con Carmucha, hermana


de mi abuela Antonia, la madre de mi viejo. La sentí muy amable,

- 49 -
una divina total la verdad. Me dijo que cuando quisiera ir para
allá, me estaría esperando toda la familia gallega con los brazos
abiertos. También hable con Milagros, su hija, y me dijo que ven-
dría para Madrid los próximos días por temas laborales, así que ya
nos conoceríamos la semana siguiente.
Volviendo desde el locutorio de unas colombianas muy guapas que
quedaba a la vuelta de la esquina de casa, me encontré con unos
vecinos: Begoña y Juan. Viven justo enfrente de nuestro portal,
pero nunca se había dado para intercambiar palabras, hasta ayer.
Me iba a tomar unos mates a casa y enseguida se me ocurrió invi-
tarlos, que encantados aceptaron. Habían visto alguna vez gente
“argenta” o “charrúa” tomando mate por las plazas y les causaba
mucha intriga.
Con mates dulces de por medio, (les di de probar mate amargo y
sus caritas me bastaron para saber que no) ella contaba que estaba
estudiando pediatría, y le quedaba poco para recibirse, además de
ser guapísima (eso no me lo contó, lo vi solito.)
El está estudiando diseño de interiores, algo muy relacionado a
lo que yo estudié, pero realmente en ese momento decidí que me
interesaba mucho más fervorosamente la pediatría.
Seguía cebándoles matecito dulce y como dicen aquí: “fliparon en
colores” con el mate.

- “es como una especie de María que se chupa”, me dijo ella.


A lo que no pude conmigo y dije…
- “seee, maríaaa...” (Poniendo un poco la cara de Homero Simpson
al decir: “cerveza”)

Igualmente no quiero hacerme muchas ilusiones con ellos (en rea-


lidad con ella) ya que me queda poco tiempo en lo de Sergio; el
contrato vence y tenemos que buscarnos casa nueva. Si es que sigo
con él, que me encantaría. Pero por lo que estuve viendo en los

- 50 -
periódicos, los precios de los alquileres cerca del centro no están
nada económicos.

Estoy un poco preocupado con ese tema, ya que todavía no con-


sigo trabajo y el dinero aquí parece que vuela (en Argentina se
evapora antes de que le pongamos las manos encima…)
- ¡Qué personaje versátil resulta ser el vil metal!.
Esta semana es clave con respecto a mi futuro!
Quiero abarcar todas las posibilidades, hablando con todos mis
contactos.

Hoy llamé a una prima de mi madre, Sonia, que está en Málaga;


llamé nuevamente a mi familia en Galicia; llamé a una amiga de
una amiga mía de Baires, que estaba en Alicante... llamé… llamé…
(Llama que Llama... La La Llama que Llama!!!)
Pero todavía no decido qué hacer con mi vida. Mi idea es quedar-
me en Madrid, pero como dice la canción...“Depende”:

“Que el blanco sea blanco,


y que el negro sea negro,
que uno y uno sean dos porque exactos son los números,
depende, depende ¿de qué depende?
de según como se mire, todo depende

Depende. Jarabe de Palo.

- 51 -
15 de OCTUBRE
El Comercial Argentino. El Leganés Argentino.

Recordando más experiencias en Madrid, el trabajo vino, sí, pero


tampoco este iba a durar demasiado. ¿El puesto? Comercial calle-
jero para “Amena Telefonía”. Junté fuerzas y me mande a probar,
había que facturar algo como sea. El laburo consistía en ir a deter-
minados barrios de Madrid, callejero en mano, e ir tocando timbre
casa por casa, tratando de convencer al posible futuro cliente, que
nuestra empresa era mejor que la que tenían en casa (seguramente,
Telefónica). Madre mía, con lo que me cuesta hablar. O sea, me
considero una persona habladora, pero para vender, mmm.
Recordaba unas de mis primeras experiencias laborales: “Rincón
Club”, en Quilmes (Buenos Aires, Argentina), tratando de ven-
derles vacaciones de tiempos compartidos a la gente. Nunca an-
tes en la vida me habían echo mentir tanto, inclusive, había echo
un curso en Puerto Madero para estar capacitado para mentirle a
la gente y convencerla, y también auto-convencerme, de vender a
toda costa los servicios fantasmas que daba la empresa… A.M.P.,
me decían, “Actitud Mental Positiva”. Con eso si me quedé, era
una de las pocas cosas sanas que me habían enseñado. Aquí lo
podría poner en práctica: “vender, vender, vender, voy a vender,
voy a vender, voy a vender”… fff, ya me estaba agobiando antes de
comenzar.
El primer día salí con el que iba a ser mi maestro, como no, Ar-
gentino. Gastón se llamaba. ¡Una parla! Los dos primeros días le
acompañe a hacer su recorrido, terrible el chabón, las señoras le
cerraban la puerta en la cara, él insistía, y algunas hasta le abrieron
de vuelta y terminaron adquiriendo lo que teníamos que vender.
Un fenomeno. Y yo le decía:

- “nene, vos le vendés unas gafas de leer hasta un ciego!”

- 52 -
Y el loco se reía claro.
Duraría una semanita completa en este laburo, el AMP me resul-
taba imposible mantenerlo durante 2 horas seguidas. Por suerte,
me pagaron los viáticos y me tiraron un par de euros por las pocas
pero satisfactorias ventas conseguidas.
Vino el finde tranquilizador, con un par de eurillos mas en el “yo-
bolsi”, seguí haciendo de las mías por Madrid.
Te cuento…

El sábado fui a ver al “Leganés”, equipo de fútbol de segunda cate-


goría en España donde actúan todos jugadores argentinos.
Fui con Yanina, la flaca amiga que me hice en la fiesta argentina, y
un par de colegas suyos que estaban de vacaciones, mitad argentos
mitad mexicanos, una onda terrible hice con ellos. Primero nos
invitó a cenar con la familia unas pizzas que se había “mandado”
la vieja, y luego fuimos hacia el estadio.
Estar en ese estadio fue un verdadero espectáculo. Éramos todos
argentinos cantando nuestras canciones típicas de cancha… pero
en España. Los verdaderos hinchas españoles del “Lega” no sabían
si mirar el partido o mirarnos a nosotros y toda la fiesta que nos
estábamos armando en la “grada”.
Prodigioso. ¿El resultado? 1 a 1. Pero recuerdo que el arbitro (cole-
giado), nos “bombeó” bastante. Te podrás imaginar que con toda
la pandilla argenta nos acordamos muy “gratamente” de toda su
familia... Primas, abuelos, nietos, hermana..., no se salvó nadie!
La noche del sábado recién comenzaba y Yani, con mucha más
experiencia que nosotros en la noche madrileña, nos llevó por la
zona del Bernabeu, por el estadio del “Real Madrid”. Era una zona
bastante poblada de baretos y boliches. Entramos a uno que estaba
que rebalsaba, tomamos unas birras y decidimos abandonarlo,
porque no se podía estar. Y la mayoría de bares estaba de igual
manera.

- 53 -
No nos decidíamos dónde ir y terminamos volviendo a la casa de
Yani para jugar al truco... Noche para el olvido.
También estando afuera, de viaje y en un nuevo mundo… existen
esas noches. No todo son inglesas, mates con una hermosa futura
pediatra, o cordobesas en Palacios de Cristal…
Al día siguiente, donde sí la pasé muy bien, fue donde me llevaron
unas chicas que también conocí en la fiesta argentina del miérco-
les anterior. Nos cruzamos en el “Oso” de la estación Sol (típico
punto de encuentro en el centro centro de Madrid) y me invitaron
a tomar unas copas. Como yo tengo el “si” taaaaan difícil, hacia
allá fuimos. Primero me llevaron a un restaurante turco, donde
se encontraron con otro cordobés de los nuestros (acá también
tienen una provincia que se llama Córdoba, pero las chicas de acá
no hablan tan lindo como las de nuestras tierras) y una madrileña.
Era una coloradita bastante interesante. Pintaba linda la tarde-
noche en la capital española.
Como chico nuevo del grupete, comenzaron con el ping-pong de
preguntas y respuestas el cual respondía con mucho gusto. Luego
tomo la posta de la charla Bea, que nos contaba que vivía en un
lugar súper guapo, al sur de Granada. ¡Sólo a un par de pasos de
Mediterráneo! ¡¡Sí!! ¡Del Mediterráneo!
Mientras tanto recordaba que lo más cerca que había tenido en mi
vida a este famoso mar, había sido allá en el barrio, escuchando
una vieja cinta de Serrat que le había robado a mi viejo con el fin
de grabar otra cosa encima…

“Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino,


tengo alma de marinero... Qué le voy a hacer si yo…
Nací en el Mediterráneo.”

Mediterráneo, Joan Manuel Serrat.

- 54 -
Muy amable ella (y un par de cosas más) nos invitó a ir un finde
cuando quisiéramos. Había tenido la suerte de alquilar una casa
grande, con terraza y a un muy buen precio, se ve que los precios
por Andalucía poco tienen que ver con los de Madrid.
La noche se iba apagando y los nuevos colegas que me estaba ha-
ciendo les estaba pintando el sueño, a todos, excepto a Bea y a mi.
Me acerqué picaramente a ella haciendome el tímido. Me senté a
su lado y le pregunté:

- Todavía me faltan lugares por conocer de Madrid, ¿me acompañas a dar


una vuelta?”.
Otra sonrisa dibujada en su cara me bastó.
Si al final lo del diseño no resulta de ninguna manera, pienso se-
riamente en recibirme de: “Coleccionista de Sonrisas”. Ja.

Me llevó por la famosa “Gran Vía”, superpoblada de teatros y ci-


nes, y que por momentos la observaba cuidadosamente, y me re-
cordaba a nuestra avenida Corrientes en plena city porteña, por la
Puerta de Alcalá, y otra canción venia a mi mente…! Y comencé a
cantar..:

- “…Ahí está.., Ahí está…, ahí está…, viendo pasar el tiempo… La Puerta
de Alcalá...” Madre mía… (Estén seguros que cuando trataba de
entonar no sumé nada de puntos con ella.)

En fin, la noche volaba, ya casi las cuatro de la mañana, decidimos


irnos a dormir… cada uno a su camita.
Al despedirnos, me dijo que le caía muy bien (algo mutuo) y me
recordó lo de la invitación mediterránea. Que si bien los otros chi-
cos no podían venir por trabajo, yo podía ir si quisiera.
Sin promesas prematuras, nos dimos un lindo abrazo y nos diji-
mos hasta pronto.

- 55 -
Todo esto del Mediterráneo, verdaderamente me hacía mucha ilu-
sión. Además, la veo especial a ella… me gusta y estoy casi seguro
de que próximo fin de semana, si me animaba, al fin por fin en
fin, iba a conocer el mediterráneo! Y claro, conocerla más a ella.
Volviendo para casa, contemplando las calles madrileñas, práctica-
mente vacías a esa hora de la madrugada, y una sonrisa dibujada
en mi cara, comencé a pensar e imaginarme varias cosas. Entre
ellas, que esto de viajar solo creo me esta ayudando a conocerme
mucho mas a mi mismo. Esto nunca me había pasado. Lo de cono-
cer a una chica, que me invite a su casa la primera vez que la veo,
y al toque emocionarme y mandarme para allá. Me pregunto si no
será un poco apresurado todo. Lo complicado es que me sale así,
esta emoción de comenzar algo importante con alguien lo tengo a
flor de piel. Y lo complicado también es que no se si estará bien o
estará mal. Soy una persona que se deja llevar fácilmente por sus
sentimientos. El corazón me manda. Allá vamos. No puedo parar.

20 de OCTUBRE
Sergio, eternamente agradecido.

Estos días nos pusimos en campaña con Sergio en buscar un nue-


vo hogar. Yo le había dicho igualmente que no estaba seguro de lo
que iba a hacer, si seguir en Madrid, o ir a Galicia, o ir a Andalucía
con Bea. A lo que arremetió:
- Tio, tu si que sabes! Llegaste hace un mes y ya tenes 3 opciones
por toda España para ir a vivir, dame la formula!
- Ja, Ja. Me salio.

No quise decir mucho más, porque no estaba seguro si me lo decía


de buena onda, o medio irónico.
Cuando acepté la realidad en la que estaba inmerso, en cuanto la

- 56 -
posibilidad de alquilar un departamento con Sergio en Madrid,
una noche que volvimos a casa resignados, luego de enterarnos
todo lo que nos pedían los caseros para alquilarnos un piso. Una
vieja nos pedía el mes corriente, y ¡tres meses de depósito!; Otra
nos pedía un mes menos de depósito, pero contrato laboral de los
dos, cuando el estaba en el paro y yo viviendo de mis esporádicos
laburos. Luego de cenar unas salchichas con arroz tres delicias, y la
inevitable resignación de los dos, le dije:

- Sergio, creo que no voy a seguir en Madrid, con la plata que tengo no me
alcanza ni para alquilar un colchón (exagere un poco).
- Tranqui, yo estoy casi igual, al final terminaré compartiendo piso con
alguien, sino de última tengo un amigo argento que me bancará en su casa
hasta que me reacomode laboralmente.

Por suerte y como siempre, Sergio se lo tomó bárbaro y me deseó


mucha suerte.
Finalmente, decidí por ir hacia el sur. Recapitulando:
Primero voy para la casa de Bea (esta madrileña interesante, bue-
na onda y que me “molaba un mogollón” – versión española del
criollo “la quería partir como a un queso”… mmm bastante más
sutil que eso en realidad… “molar” sustituye gustar y “mogollón”
mucho).
Y luego del finde con ella, me voy para Galicia a conocer la gran
familia gallega, que hacia rato me reclamaba, y las raíces de mi
querido viejo.

- 57 -
CAPITULO II
BEA, El Primer Amor en España.
27 de OCTUBRE de 2003

La verdad es que el destino se está portando demasiado bien


conmigo. Algo bien habré hecho… solo me pregunto ¿qué habrá
sido?!!! (¡Me encantaría hacerlo 100 veces más!).
Ya estoy en Granada. Y con Bea.
Para ser preciso, debo decir que estoy en el sur de la provincia, en
“La Herradura”, un pueblo encerrado entre dos montañas que
entran en el mediterráneo como gigantes y forman unas vistas im-
presionantes.
Todo el camino, desde que salí de Madrid fue alucinante. Como
otras veces, no sabía para dónde mirar…
Recordaba esas películas que tienen esos lugares increíbles y decís,
“Madre Mía..., ¿dónde quedará eso?”. Bueno, el punto de esta his-
toria es que yo ¡andaba por esos lugares!, casi inalcanzables y tantas
noches soñados

El autobús debía dejarme en Almuñécar, el lugar céntrico más


cercano a donde tenía que llegar, la famosa Herradura, que por lo
que iba deduciendo, estaba situada en la costa tropical granadina.
Luego me enteré también que “ese lugar céntrico” es una provin-
cia, que pertenece a la misma Granada, la cual pensaba que era
una provincia de España. Provincia dentro de otra provincia? Me
preguntaba… Dios! A veces me cuesta.
El viaje fue largo. Casi cinco horas. Pero realmente placentero.
Hasta me crucé con la renombrada Sierra Nevada que, como bien
dice su nombre, esta nevada los 365 días del año. Seguía sumando
paisajes hermosos a mi memoria visual.
Lo más extraño de toda esta recopilación de fotos que tengo en
mis ojos para la “National Geographic” es que llega el momento

- 59 -
en que uno comienza a dejar de sorprenderse por estos terribles y
hermosos lugares. ¡¡Qué bicho raro somos!!
A veces, durante el viaje, perdía la noción de lo que veía por la
ventana… me olvidaba que no!, ¡Que no estaba haciendo “Correo
Central-Barrio Marítimo”! en el autobús rápido que sale del cora-
zón de Buenos Aires, y que me deja solo a unas pocas cuadras de
mi casa. ¡¡Estaba recorriendo el mundo joder!!
A veces hay que pellizcarse para despertar.

De cualquier manera, cuando llegué a la estación de autobuses de


Almuñécar, ya bien despierto, apenas bajé escuché hablar… ¡¡A
dos argentinos!! Hablaban de que uno de ellos volvía luego de 2
años y uufff, me pregunté, “¿cuándo regresaré yo?”. Desconté por
completo y sabia que me iba a resultar completamente imposible
estar 2 años lejos de casa. Pero al menos un añito lo iba a inten-
tar…
En fin, tenía que seguir mi camino. Ahora debía tomarme otro
autobús, hasta la casa de Bea, en La Herradura.
Una vez arriba del “bondi”, me dí cuenta que lo paisajes imposi-
bles no terminaban. Es más, eran aún más hermosos.
Igual Bea me había dicho que este viaje era solo de 15 minutos. Y
así fue. Cuando el chófer gritó “¡La herradura!”, abajo se ha dicho.
Ahí estaba ella, esperándome con “Iscis”, su perrita blanca con
manchas marrones.
Enseguida sentí que comenzaría algo importante en mi vida; qué
se yo... su forma de mirarme, lo que sentí y creo también lo que
sintió ella.
Luego de un par de abrazos bien sentidos sin decir palabra:

- “Hola”, disparé.
- “Hola”, respondió ella… “¿Vamos a casa?” remató (me).

- 60 -
Y allí fuimos. ¡Vaya lugar! Está a 40 metros del Mediterráneo, tan
cerca que desde dentro de su casa se puede contemplar y hasta
escuchar el ruido que provocan las olas.
Enseguida se dio cuenta de lo increíble que era para mí estar tan
cerca de este mar y me llevó a la playa. Parecía un nene! ¡casi
reconozco que hasta tenía ganas de ponerme a construir castillos
de arena! Pero mi repentina infantilidad estaba bien justificada.
¡me encontraba frente al mismísimo Mediterráneo! Esa canción
de Joan Manuel que tantas veces canté desde chiquito en el stéreo
del auto de papá... Ese mar que contemplaba en mi libro de estu-
dios de Ciencias Sociales, que veía tan pero tan lejos... ¡¡¡Estaba en
el mediterráneo carajo!!!

- “Así que con que este es el Mediterráneo…”


Bea no entendía nada.

En fin, luego de un buen paseo por la playa fuimos a conocer el


restaurante donde trabaja. Un lugar espectacular.
El “resta” está en el extremo de una de las montañas que forman
“La Herradura”. La terraza de fuera, esta al ladito del mar, y me
cuentan que los atardeceres de colores rojos y naranjas no parecen
reales.
Por cierto, también el padre de ella trabaja allí (la ley). Pero “la-
mentablemente”, en esos momentos no se encontraba.

Una vez entrada la noche, fuimos a cenar a casa y a hablar un poco


de nuestras vidas, hay mucho de qué charlar… y es tan fácil cuando
hay: ¡¡¡mo-ti-va-ción!!!

No la pasó nada bien en la vida, más bien la peleó siempre. Hace


apenas un par de años perdió a su vieja y todo se le hizo cuesta
arriba, “todos los días la extraño” me dijo… Hay veces que te quedas

- 61 -
sin palabras. Y no hacen falta más palabras.
De todas formas, la veo feliz a ella, detrás de esa nostalgia, está con-
tenta por el lugar dónde vive y todas las cosas que ha logrado.
Yo le dije que tengo pensado irme en unos días para Málaga a vi-
sitar a mi prima Sonia y luego para Galicia, ya que toda la familia
por parte de mi viejo me está reclamando.

- Solamente te quedarás este fin de semana? Disparó.


- Ah…., ehh… bueno, tenia pensado hacer ese recorrido... que no se si será
demasiado ir de sur a norte y de norte a sur pero bueno… eh… de todas
formas, siempre puedo volver… no?
- Aquí puedes volver siempre y te puedes quedar todo el tiempo que quieras.
Remató (me) por segunda vez en tan poco tiempo.

Y otra vez me quedaba sin palabras.

Realmente estoy inseguro de qué es hacer lo correcto en este mo-


mento. Ya comienzo a tener sentimientos por Bea y por otro lado
aún estoy revolucionado y no sé si estoy preparado para comenzar
una relación; más aún: convivir con alguien.

El punto es que si empiezo una relación con ella, no va a ser yo en


Madrid o en Galicia y ella aquí. Eso no existe. Tendría que que-
darme con ella e intentar trabajar por aquí. Realmente tengo una
invasión de nuevas pero hermosas incertidumbres.
Al fin y al cabo, pasamos hermosas noches con Bea escuchando las
olas del mediterráneo… y un par de cosas más claro. Hubo mucha
piel con ella. A veces no se si no podía o no quería dormirme, y si
lo hacia, lo hacía con una sonrisa dibujada de oreja a oreja en mi
cara. Estaba “flasheando”.
El oro & el moro, la chancha & los veinte, el pan & la torta, se-
dentario & nómade... yo lo quiero todo.

- 62 -
Algunas cosas nunca cambian.

Me siento tan libre viajando por España... tan libre como nunca
en mi vida. A todo esto la única pregunta válida es: Pablo... Pa-
blito... querido... hermano... loco... ¿Estás dispuesto a renunciar
a esta nueva libertad que recién descubrís? ¿Qué quiero? ¡¡Ahh!!
¡¡Me mata esta angustia!! Creo que necesito un baño... mejor me
voy a por un Mediterráneo... ¡qué stress!

Ya no puedo seguir escribiendo.

- 63 -
CAPITULO III
1 de NOVIEMBRE
Málaga.

Conclusiones existenciales aparte, pasé el fin de semana largo con


Bea (en realidad hasta que no consiga un trabajo decente los findes
para mi son todos largos) y partí en autobús hacia Málaga, donde
me esperaba Sonia, prima de mi vieja. Al final, ¡tengo familia por
todas partes de España!

Llegué a la estación para tomarme un tren que se dirigía hacia el


norte de la provincia (Destino Cártama). Luego de un par de fotos
delante del cartel que decía “Málaga”, para evidenciar el momen-
to, un bocata de jamón serrano fue el último y fugaz testigo de mi
paso por la estación. Ya con el alma feliz emprendí viaje hacia el
pueblo de mi prima (¡sí! “el alma feliz”... ¡Qué buen jamón tiene
España!).

¡Qué poco parecido es este tren al de Constitución-Ranelagh!


Nada de ventanas sin vidrios ni de ventanas sin ventanas; el suelo
está limpio; los asientos se ven en una pieza; la velocidad del tren,
que es mayor que la de muchos autos; el poco ruido que hace… y
sus vagones con las vías... me sentí ya no en otro país, sino en otro
mundo.
Aunque por momentos pensaba lo que daría por que apareciese
algún vendedor de cuatro alfajores triples al precio de dos, o qui-
zás también alguno vendiendo súper-panchos (perritos calientes),
pero bueno, como decía antes, todo no se puede en la vida.
Por fuera del tren todo era campo y pequeños pueblos, estaba atar-
deciendo y el cielo muy nublado, y yo tenía los ojos abiertísimos
como “animé japonés”, para no pasarme de estación. ¿¡Quién me
sacaba de ahí sino!?

- 65 -
Una de las cosas más “locas” de Europa es que parece que cada
150 km. te cruzas a un país distinto, al menos es lo que me pasa
con España. Con un lenguaje distinto o una forma de hablar total-
mente diferente... Imagináte si me dormía y aparecía en República
Checa. Con lo que ya me cuesta el inglés! el checo... mmm…

Pues resultó ser la cuarta estación. Al bajar sentí un...

- “¡¡Pablito!!”,
“Joder con el pablito”, pensé... peso casi 90 kilos….je. Pequeño bebé de
mamut.
- “¡¡Qué hacés prima!!” Repliqué con mucha alegría y mucha “tranquili-
dad”.

Una divina total Sonia. Ella se vino con el marido y sus nenes:
Aye y Eze, hace un año aproximadamente. Y al parecer lo están
llevando bastante bien esto de estar lejos de su tierra. Fuimos para
su casa, que resultó ser muy acogedora. Además los nenes me reci-
bieron como si fuera un hermanito más, el mayor claro. Me sentía
muy bien, como en casa.
Al día siguiente, con Sonia, fuimos a recorrer un poco el Centro
de Málaga. Estuvimos en La Plaza Mayor, (parece que todas las
grandes ciudades de España poseen una) y también recorrimos
toda la costanera. Las playas de la ciudad, como la Malagueta, La
Misericordia, o El Pedrelagejo, son muy bonitas. Además, están
separadas del tráfico urbano por estupendos paseos marítimos que
las convierten en auténticos remansos de paz y tranquilidad.
Para no variar mucho, con Sonia, también tapeamos por ahi para
matar el hambre, y entre pinchos de tortilla de patatas y tablitas
de quesos, se nos venía la noche encima. Comencé a ver mucha
gente disfrazada por la calle, y enseguida recordé que era 31 de Oc-
tubre: ¡¡Halloween!!, y todo el mundo se estaba preparando para

- 66 -
la marcha nocturna. Había mucho ambiente de fiesta: Dráculas,
vampiros, vampiresas, monstruos… Sonia me dijo que si quería
me podía quedar y que luego vendría a buscarme. Pero no, estaba
más solo que el Buda en su meditación mas profunda, y por aho-
ra me conformaba con seguir conociendo. Ya habrá tiempo para
más fiestas… además, por la tarde cuando íbamos para su casa,
paramos en un bar y me presentó un par de colegas suyos “cha-
rrúas” (uruguayos), los cuales me prometieron llevarme de copas
el sábado por Torremolinos, así que decidí esperar al día sagrado
para salir.

3 de NOVIEMBRE
De marcha por Andalucía.

“¡Que noche la de anoche!” ¡Gloriosa!. Comenzó tranqui, pero


a medida que fueron pasando los minutos y las horas fue yendo
mejor la cosa.
Me encontré en el bar con el amigo “celeste” de Sonia, Fabio, y de
ahí partimos para su departamento, en pleno centro de Málaga,
donde comparte con otros dos compatriotas suyos (creo que en
toda España debe haber más uruguayos que en todo Uruguay).
Ahí nomás, “nos sacudimos” un par de aperitivos para ir ponién-
donos a tono.
Emprendimos entonces viaje hacia Torremolinos que, por cierto,
estaba bastante tranquilo. Al no ser temporada alta, la mayoría de
los sitios estaban cerrados; tanto baretos como restaurantes. Paso
en falso. De ahí decidimos ir para Fuengirola, la ciudad donde
sabía que paraba el hermano y el primo de una vieja amiga y com-
pañera de estudios, Analía.
En fin, llegamos y ya observábamos que había mucho más movi-
miento de gente que en el primer sitio visitado; eso sí, lleno pero

- 67 -
lleno de ingleses. Es más... había más de éstos que españoles.
Entramos a un bareto irlandés, de esos que me gustan a mí y con
mis compañeros charrúas nos tomamos unas Guinness para co-
menzar (seguíamos comenzando... ¡je!). Salí un momento afuera
para contemplar el paisaje nocturno... bah, las lindas chicas que
pasaban, y no va que: ¡aparece caminando el primo de Analía,
Marcos!.
Él no me vió, entonces comencé a caminar detrás de él y dije:

- “¡¡Aguante Bera carajo!!” (y me salió bien de adentro).


Se dió vuelta y no lo podía creer el “chabón”.

En realidad solo nos habíamos cruzado en los cumpleaños de su


prima y en algún partidito de fútbol, por lo que nuestra relación
era solo de “hola y adios”. Pero en España todo se transforma: nos
dimos un gran abrazo como si fuéramos amigos de toda la vida
y esto pasa así... ¡no miento! Hay que vivirlo, pero créeme que
se siente de esta forma. Encontrarse o escuchar argentinos por
la calle ya era especial para mí, imagináte de mi propio pueblo...
bueh, sin palabras. Me dijo que se iba a un bolichito medio latino
que estaba cerca de ahí, y que había fernet y cuarteto: mucho que
pensar no había.
Bailamos cuarteto hasta que “las velas ardieron” (me encanta decir
eso) con Marcos y los celestes.
Demostré una vez más en España mis cualidades bailanteras con
unas andaluzas muy simpáticas, que habrán “flipao” conmigo.
Solo digamos que yo estaba un poco acelerado (solo un poco).
Cerraba el lugar y decidimos ir todos juntos hacia otro sitio, un
poco más alejado, que no recuerdo el nombre.
Bah, en realidad no recuerdo el nombre de ninguno, pero si me
acuerdo que estaba al aire libre, que daba a la playa y que la cerveza
estaba muy barata. Así seguimos entonando la noche, estuvimos

- 68 -
una horita más y ya estaba amaneciendo...
Nos miramos y tuvimos el mismo pensamiento...

- “Marquitos... ¡Noche para el recuerdo...!”

9 de NOVIEMBRE
Los domingos siempre son iguales.

Está atardeciendo y hace un rato nomás acabo de hablar con la


familia. Hoy es el cumpleaños de mi abuela y además de con ella,
aproveché para hablar con mi hermano, mi viejo y mis primas.
También hablé con mis amigos Carlitos, Ariel y Javier que estaban
por hacer un asadito. A veces duele no poder estar ahí. Tengo que
aprender de una buena vez que no se puede todo en la vida!
Aún así, pienso que los domingos son los días más nostálgicos; es
más, creo que los domingos son domingos en cualquier lugar del
mundo.... siempre terminan siendo para mí los días en los que
más se extraña.

Me imagino que a todos los argentos que estamos lejos de casa, les
debe pasar algo similar a lo que me pasa a mí. Los domingos, co-
mer con la familia, ya sea la pasta de la vieja o el asado del viejo, ir
a la cancha a ver y a sufrir con mi querida Academia Racing Club.
O también, los días que Racing jugaba lejos, o no tenía plata para
ir a verlo, ir a tomar mate, con facturas de por medio claro, con
mis amigos a Plaza Francia en la Recoleta, dando un buen paseo
por la gran feria artesanal que suele haber instalada allí cada fin
de semana.
Igualmente a veces pienso... ¿no será todo parte del efecto resaca?
Sea lo que sea, hay que seguir remando.

- 69 -
11 de NOVIEMBRE
Paseo por Marbella.

Ayer Lunes, vino desde La Herradura a visitarme Bea y se quedó


un par de días conmigo. Aprovechó la baja que tiene en el trabajo
por una pequeña fisura en su muñeca que le impide laburar con
normalidad.
El primer día de su estadía nos fuimos de excursión a conocer
Marbella.
Como resultó? Precioso, claro. Me acuerdo que de chiquito, cuan-
do escuchaba “Marbella”, me sonaba tan mágico y tan lejos al mis-
mo tiempo. Resulta que ahora estaba recorriéndola por su paseo
marítimo, superpoblado de negocios y grandes palmeras. Nos la
caminamos toda: desde Puerto Banus (uno de los puertos “más
pijos” de toda España), yendo por la costa, hasta el Casco Antiguo,
que por sus callejuelas se sentía ese mismo olor que había senti-
do en los otros sitios históricos recorridos. Todo muy lindo, pero
también todo para gente que tiene muy mucho pero mucho... ¡di-
nero!. Para colmo de males, yo había dejado mi billetera en lo de
Sonia, y solo contaba con 1,50 €, así que te podrás imaginar. En
un lugar como Marbella, con suerte me alcanzaría para comprar-
me un vaso de agua de mar... Por suerte para mí, Bea me dijo que
no me preocupara, que esta vez invitaba ella.

Paseando por Marbella con 1,50 €, me di cuenta que en verdad ni


una postal recordatoria para mi vieja podía comprar.
Al mediodía fuimos a comer a un restaurante frente la playa y para
variar un poco, había una mesa con 3 argentinos, esta vez hablan-
do de negocios. Acá, en España, nos sacamos la ficha enseguida...
nos miramos y uno de ellos me disparó:

- “´tamo´ en todos lados...”

- 70 -
Estuvimos hablando un buen rato y me pasaron un par de datos
de laburo por si volvía por allí.
Luego del almuerzo-merienda con Bea, seguimos caminando un
rato por el paseo marítimo y así nos fue alcanzando la noche, que
la decidimos pasar en el Albergue Estudiantil de la ciudad, dándo-
le uso por primera vez a mi tarjeta de “Hostelling International”.
Solo 16€ euros los dos, con desayuno incluido. ¡Ganga y adentro!
(ganga que pagó Bea, claro).
Entramos a la habitación y percatamos enseguida que las camas
eran pequeñas, además de individuales. Decidimos tirar los col-
chones al suelo, juntarlos, y pasar así la noche. Qué noche… la
verdad se me hizo un poco larga. No se porque, o si, me comencé a
comer la cabeza con muchas cosas… si estaba haciendo lo correcto
con ella, estaba paseando por España con poco dinero la verdad, y
lo bolsillos comenzaban a escasear, también sentía tener un futuro
cercano bastante incierto, un montón de cosas, un montón de co-
sas que llevaron, ya entrada la noche, a conocer una nueva palabra
en España: “Gatillaso”, que feo sonó cuando lo escuché de su boca
por favor. Si, a la hora de la verdad, en la intimidad de la noche,
con Bea, y en Marbella, el compañero me dejó plantado.

- No pasa nada, tranquilo, un “gatillaso” le pasa a cualquiera. Ya me pasó


antes no te preocupes.
- (Silencio) Mucho silencio.

Se acercó a la ventana, la abrió un poco para que corriera el aire, y


se encendió un cigarro. Camel fumaba.
Con lo que me gustaban a mi las “marquillas” de Camel, pensar
que las coleccionaba cuando era un pendejo. En ese momento,
odiaba al puto camello más que a nada en el mundo.
Yo seguía recostado en la cama. Me coloqué en posición fetal, mi-
rándola.

- 71 -
El cigarro se terminó por consumir (para mi fue el cigarro más
largo de la historia), y se vino a la cama. Movió las sabanas hacia
abajo, colocó su cabeza sobre mi pecho y a los cinco o siete minu-
tos, se quedó dormida. Por unos instantes, me invadió una gran
sensación de alegría y tranquilidad, de saber que la había cagado
en una noche que pintaba mágica, su buena actitud rozó mi alma
hasta el punto de caerme un par de lágrimas, que terminaron por
desvanecerse en su larga melena colorada.

Al día siguiente, trataba de ser natural, como si nada hubiera pa-


sado, pero me costaba la verdad. Había pasado, o mejor dicho, no
había pasado algo que tendría que haber pasado.
Al menos, ella si mantenía el humor, o lo disimulaba super bien, y
ayudó a que me sientiera mejor. Y claro, me seguía cautivando.
Bajamos al comedor del Hostal, nos comimos unas tostadas bas-
tante importantes y emprendimos la vuelta; ella hacia La Herra-
dura y yo hacia lo de mi prima, donde me pienso quedar hasta el
fin de semana, para luego volver a lo de Bea, quedarme allí dos
días y luego de una vez por todas, colmar las expectativas de mi
familia gallega, (y mías también, obviamente) de conocernos.
La despedida estuvo bien, primero la acompañe yo a que tomara
el bus de vuelta a La Herradura, había uno a Málaga antes que el
de ella, pero sentía que yo tenia que despedirla a ella primero, y
luego partir yo.

- Nos vemos a la vuelta, tiré.


- Si, nos vemos a la vuelta Pablo, y no te comas la cabeza porfa, estaré en
casa esperándote con Iscis.
- Gracias guapa, gracias. Con un gran abrazo de por medio, de esos
bien sentidos.

- 72 -
13 de NOVIEMBRE
¿Junto o no junto limones?

Luego de la bonita excursión por Marbella (bonita a medias) y otra


vez en Málaga, pasé por el bar de Fabio, quien me comentó que
me puede conseguir un laburito para la semana siguiente: juntar
limones en el campo. Son 6 horitas por día y pagan 30 euros. No
está mal, (te juro!, no es que me escape del trabajo, pero las cosas
salen asi!) pero ya quedé con mi Tía Carmucha, hermana de mi
abuela, que la semana que viene nos vamos a ver seguro. Los días
no me cierran.

15 de NOVIEMBRE
Más Reencuentros.

Al fin, pasó mi estadía en Málaga, además ya vuelve el marido de


Sonia, que estába de viaje en Argentina por temas familiares. Ellos
están bastante ajustados en la casa, por lo que tomé la decisión de
volver a La Herradura.
Hay otro gran motivo -no menos importante- que me motivó a
irme también... otro reencuentro con Bea. Ha pasado tan poco
tiempo y llevamos ya tantos reencuentros. Es raro, pero también
muy especial. Y este reencuentro tenia que ser especial, y mucho
mejor que el ultimo! pero eso no cambia el hecho de que no con-
sigo trabajo por donde vive, quizás sólo en la obra o de camarero
en algún sitio, pero tampoco será fácil porque la temporada ha
terminado y mucho trabajo no hay realmente.
Estaba preparando el bolso para ir a tomarme el tren hasta Má-
laga, y vuelve la divina de mi prima del trabajo, antes de tiempo,
para acompañarme ella misma hasta la ciudad. Gracias Sonia!

- 73 -
17 de NOVIEMBRE
Tiempo de Decisiones.

De vuelta en la Herradura, fui hasta casa de Bea y la invité a tomer


una cafecito con leche.

- Hoy toca que te invite yo eh!


- Ok, estoy de acuerdo. Recalcó.

Hablamos largo y tendido. Le pregunté cuando termine mi estadía


en Galicia, en dos semanas, si me podía quedar con ella un tiempo
importante, e intentar comenzar algo en serio. Es un paso impor-
tante, sobre todo para mí. Yo nunca conviví con nadie más que
con mis viejos, mi hermano… y Pepa (mi perrita). Ella sí convivió
un par de veces, y en una de esas con un argentino! Y el final con
él no había resultado demasiado positivo.

- Yo te digo la verdad Bea, esta sería mi primera experiencia de vi-


vir con alguien, en pareja, pero trataré de estar a la altura y hacerlo
lo mejor posible, además que me hace mucha ilusión… y tu me
gustas mucho, que creo es lo mas importante.
- Esta vez el silencio fue de su parte.

Pero luego me sacudió con un:

- Vale, a mi también tu me gustas mucho y podemos intentarlo si quieres.


- Buenisimo! Y se vino otro abrazo de oso.

Ella me esta dando mucho ya, no quiero cagarla, espero de verdad


estar a la altura.
Encima... ¡no para de sumar puntos! Estaba rebuscando entres sus
cd´s y había unos cuantos de “The Doors”. La “coloradita” resul-

- 74 -
tó ser archifanática del grupo del que tantas veces nos propinó su
musica a mis amigos y a mi en nuestras largas reuniones caseras
nocturnas, cuando no teniamos dinero para salir.
Si estuviesen por aquí… ¡la que armaríamos!
Soñar no cuesta nada... (Confirmadísimo)

Mientras escribía estas líneas, recuerdo que de fondo sonaba


algo:

“Let´s swim to the moon, let´s climb through the tide.


penetrate the evenin´. That the city sleeps to hide.
Let´s swim out tonight, love.
It´s our turn to try.
Parked beside the ocean. On our moonlight drive”

“Nademos hasta la luna, subamos a través de la marea.


Penetremos la noche, en que la ciudad duerme para ocultarse.
Nademos esta noche, amor.
Es nuestra ocasión de intentarlo.
Aparcados junto al océano, en nuestro paso a la luz de la luna”

Moonlight Drive
Jim Morrison, The Doors.

- 75 -
CAPITULO IV
20 de NOVIEMBRE
LA TIERRA DE MI VIEJO.

Pasaron los días con Bea (por si no te conté antes… Bea… viene de
Beatriz), y las noches claro, que gracias a Dios estuvieron perfectas!
La primera noche costó un poco al principio, estaba un poco ner-
vioso, quería darle tanto! Pero luego todo surgió con naturalidad,
las comidas de cabeza se habían quedado en Marbella por suerte.
En la mañana que salía el bus, me acompañó hasta la parada, y
tanto su voz como la mía comenzaron a quebrarse un poco mien-
tras el Chofer llamaba, con su cantito andaluz tan singular, a que
los pasajeros vayamos subiendo al autocar. Era el mismo simpático
chofer que me trajo la primera vez. Luego de una despedida con
un prometido pronto regreso, abrazo de oso de por medio claro,
volví para Madrid.

Otra vez aquel bello camino, pero, como esta vez me resultaba
conocido, aproveché para dormir durante casi todo el viaje, ya que
había tenido una noche larga, dulce y placentera.

Una vez en el medio de España, en la ciudad del KM 0, me reen-


contré con Sergio, quien me había guardado unos trastos, y tam-
bién con Tebo, un viejo amigo de mi hermano que paraba por
Madrid hace tres años. Con ellos salimos a tomar algo por la no-
che madrileña. Estuvimos de cañas y tapas ahí por el centro, pero
en realidad no teníamos muchas ganas de llegar “hasta las tantas”.
Además, habían salido la noche anterior a la ya comentada y fa-
mosa “Fiesta Argentina”, y todavía les giraba el efecto de todo el
Fernet que se habían tomado.
Así que decidimos izar bandera blanca e irnos pronto a descan-
sar.

- 77 -
Y me olvidaba de algo no menos importante; yo no estaba para
gastos nocturnos. Me quedaban solo unos pocos euros y un billete
de 100 dólares que estiraba a más no poder. Además todavía me
faltaba comprar el billete de autobús para Pontevedra, que le cal-
culaba serían unos 40 euros.
En Galicia, además de conocer a mi familia, me tendré que poner
a hacer lo que sea: juntar limones…, trabajar en las bateas…, ir a
buscar percebes…, sino, tendré que volver a La Herradura a dedo.
Mañana me espera un arduo camino para recorrer. Solo en un día
y medio habré recorrido desde el “Mediterráneo”, hasta las “Rías
Baixas”, al norte de España. No cualquiera. Empiezo a sentir mi
hippismo al 100 %. Todo esto de “Surfear la Ola”…. ¡Qué bien se
siente!

22 de NOVIEMBRE
El Árbol Genealógico Gallego.

Antes de comenzar a volar por el mundo (qué bien suena eso por
dios), mi querida abuela Antonia, me dio una clase sobre la fami-
lia “galega”.
Yo quería desenredar las ramas de un árbol genealógico que nunca
tuve claro; enterarme de quién era quién y no caer sin saber nada
de nada. ¿Cómo resultó? ¡Eran como mil...!
Así que decidí apuntármelo por escrito y –debo reconocerme el
mérito- sirvió bastante.
Al llegar a Pontevedra, fueron a buscarme mi primo Guillermo,
el hijo de mi tía Carmucha, y mi tío Jose, cuñado de mi abuela, a
los cuales reconocí inmediatamente. Junto a ellos, vino Cristina,
nieta de Jose, y Paulita, la hija de Guillermo, dos galleguiñas muy
guapas.
El caso era que estábamos en la estación de autobuses, el reloj ya

- 78 -
marcaba las 11 de la noche, hacia mucho frío y la lluvia se empeci-
naba en completar mi pack turístico de bienvenida. Así que –con
buena cara al mal tiempo- nos fuimos rápidamente hacia “Villa-
nova de Arousa”, municipio vanagloriado repetidas veces por mi
padre.
Llegamos a la Casa de mi tía Carmucha, que ya me estaba prepa-
rando unos huevos fritos con patatas. Una reina total. Ella estuvo
en Argentina a finales de los ´80, hacía ya casi 15 años, y solo
guardaba imágenes borrosas en mi memoria. También esa noche
me reencontré con mi otra tía, Elisa, la mujer de Jose, a quien
conocí el verano pasado en el casamiento de mi primo Daniel, en
Argentina. Eramos unos ocho, sentados en la gran mesa que tiene
Tia Carmucha en su salón, todos mirándome como comía! Y yo
con el hambre que tenia! Había que disimular un poco haciéndo-
me el fino.
Mañana será el día para seguir conociendo toda la familia, ahora
ya se me viene a la cama encima. Hay que descansar.

24 de NOVIEMBRE
Recorriendo tierras Galegas.

Bueno, realmente no me imaginaba tanta, pero tanta familia...


¡No doy a basto!
Por la mañana, luego del chocolate calentito con galletas maria,
salí con mi tía Carmucha a recorrer el pueblo y tengo familia casi
por todos los rincones del pueblo! ¡Me cuenta todo! Este esto,
aquel lo otro, este era, aquel fue... Y la gente me trata muy bien.
Enseguida se percatan que no soy del lugar, y cuando mi tía se da
cuenta, comenta en gallego, toda orgullosa:

- “Meu sobriño de Argentina, neto de miña herman Antonia”

- 79 -
… Ahhh… ¿para qué? Todas, ¡pero todas! las señoras vienen a be-
sarme y a abrazarme como si fuera… ¿mi viejo…? ¡Y qué bien que
les sale!
Me hacen sentir como si fuera un gallego más.
Me preguntan siempre por mi padre y mis tías. Creo que respondí
la misma pregunta más de 20 veces a lo largo de todo el día, pero
cada vez la respondía con sumo placer.
¡¡¡Estoy caminando por el pueblo donde se crió mi viejo!!! Esto si
que es fuerte.
Es tanta la sangre que me une con estas tierras que cada día me voy
conociendo más… Voy entendiendo que soy un poco de Charly
y un poco de Joaquin; un poco de Fito y otro poco de Joan Ma-
nuel.
A lo largo de mi estadía en Galicia, tuve la suerte de conocerla en
varias y siempre hermosas versiones… Déjame que te cuente:

LA CAPILLA DE LA LANZADA

Luego de la recorrida casi interminable por todas las casas de mis


familiares (y eso que todavía faltaban) un “nuevo” primo mío, Ma-
nolito, hijo de mi tía Elisa, me llevó a recorrer un poco los alrede-
dores. Anduvimos por varios sitios, pero me quedé con un lugar
que siempre querré volver cuando ande por tierras gallegas: “La
Capilla de la Lanzada”. Se trata, por lo que veía, y por lo que me
contaba mi primo, de una pequeña y sencilla capilla, al parecer
construida sobre otra más vieja, durante el románico tardío del
siglo XII.
Está ubicada en el extremo de un acantilado que da al Atlántico
con unas vistas espectaculares. En ese momento permanecía cerra-
da, pero ya con las vistas que tenía me sentía más que satisfecho.
Solo atiné a comentarle a mi primo:

- 80 -
- “Si me caso algún día, quiero que sea en esta capilla”.

No se por qué se me rió… ¡si no me conoce! ¿Cómo se dio cuenta?


Estará el gen liberal en la sangre?
De cualquier manera, no me creyó.

VILLAGARCIA DE AROUSA

Es la ciudad mas cercana al pueblo de mi viejo, y también por


lo que escuché, “La meca de la cocaína de España”, pero por lo
pronto solo conocí a unos primos macanudísimos, que viven por
estas tierras, Pepe y Pili. Dos grandes. Generosidad al por mayor.
No estaba acostumbrado a recibirla a raudales. Hasta un día me
llevaron de compras! Recorriendo el centro de Villagarcia, entra-
mos a un “Zara Home” y Pepe me dijo:

- Pablo, Cóje lo que quieras. . A lo que respondí:


- Nou, pepe, no no…. A lo que me dijo:
- Coje lo que quieras hombre, tómalo como regalo de tu visita.
- Nou, no, no puedo aceptarlo…
- Que Cojas lo que quieras hombre! A lo que termine diciendo:
- “Bueno, vale…”.
No more words. Bueno si, muchisimas gracias Pepe y Pili.

SANTIAGO DE COMPOSTELA

Luego de seguir visitando sitios, llegó el día de conocer Santia-


go de Compostela. Por ende: cámara en mano y filosofía oriental
para sacarme todas las fotos posibles con la catedral famosa en el
mundo entero.
Creo que entre mi cámara y la de mi primo Guillermo, que fue
quién me llevó, sacamos más de 40 fotos. Obligadamente pasea-

- 81 -
mos por el monumental casco antiguo de la ciudad.
Todo lo que es el “Centro” de Santiago, es denominado “Casco
Antiguo”, que por lo que me contaba mi primo, hace varios siglos
atrás, toda esta zona estaba delimitada por una muralla, hoy des-
aparecida.
Luego anduvimos también por sus “ruas” principales: “Do Fran-
co, Vilar y Rua Nova”, que son todas paralelas entre si y desembo-
can en las grandes plazas catedráticas del Obradorio, Das Praterías
y Da Quintana. Hacíamos caminos en forma de “S”, ¡no quería
perderme nada!.

- “¡Aquí se respira historia!”,

le comentaba a mi primo, que disfrutaba viendo mi cara de felici-


dad al contemplar aquellos sitios.
También están en plena organización, ya que el año entrante, es
el Año Santo Xacobeo, así que de todo y mucho por todos lados.
Guapísimo. Inolvidable.

VIGO

Mi prima Manolita, hermana de Pili, con su marido, viven en la


ciudad de la cual lo único que sabia era que había un equipo de
fútbol que se llamaba Celta (de Vigo).
Me la hicieron recorrer enterita. Caminando por la “Rúa das Os-
treiras”, me mostraron algunos de los edificios, plazas y monu-
mentos más significativos de la ciudad. Lo mas guapo fue cuando
subimos a una montaña de la cual no recuerdo su nombre, para
contemplar la Ría de Vigo, según mi primo, las más guapa de to-
das las Rías Baixas. Me dijo también que es la más larga de todas
las Rías, unos treinta y tres kilómetros. Hombre, como buen vi-
guense, no cabían otros comentarios.

- 82 -
A´ CORUÑA

Otro día por Galicia, recuerdo que me desperté bastante tempra-


no y me fui solito y valiente en tren a conocer La Coruña. El viaje
estuvo muy bien, con paisajes llenos de varios tipos de verde, mon-
tañas y casas de campo que parecían superpuestas en el horizonte
por un genial pintor.
Una vez en la estación, seguí los pasos de mi llegada a Málaga:

1. Buscar cartel de “La Coruña”;


2. Darle la cámara a un gallego para que me saque una foto con el
cartel detrás;
3. Remate verborrágico Made in Pablito:
- “¡Eternizáme el momento!”.

A carcajadas el gallego me eternizó el momento, pero la foto salió


movidísima...
No se puede ser siempre simpático!
Una vez por las calles de La Coruña, me pregunté existencialmen-
te… ¿Y ahora, dónde voy? ¿Qué hago? ¿Qué quiero? En fin, las pregun-
tas de toda la vida… pero esta vez con respuestas mucho más fáciles
y divertidas.
Realmente era muy escasa la información que tenía del sitio. Solo
sabía que tenía mar y que el estadio del equipo de fútbol/balom-
pié de la ciudad “El Deportivo La Coruña”, se llamaba “Riazor”.
Comencé a caminar siguiendo los carteles que decían “praia”,
siempre voy hacia la mar.
Bocadillo efímero entre camino que me había preparado mi Tia
Carmucha la noche anterior, me encontré otra vez con el Atlán-
tico Norte y… ¿Qué más? ¡¡¡El estadio de “El Dépor” al lado!!! ¡Ja!
Sin querer, maté dos pájaros de un buen tiro.
Como buen aficionado al fútbol, me acerqué al estadio para sa-

- 83 -
carme unas fotos desde adentro. Nunca pude entrar. Ese día jus-
tamente había partido de la “Champions League”, y el control de
los accesos al estadio era total. Sin embargo di vuelta y visualicé
otra posible entrada…
Me mandé con la decisión de quien salió a “comprar un chori”
y quiere volver a ver el partido, hice 4 pasos… a lo que vino el
quinto, sexto y definitorio paso séptimo. Ya veía la luz al final del
pasillo pero con ese paso se me aparecieron 3 de los monstruos
que protegían las entradas…

- “¿A dónde vas chaval?”, vociferaron los animalotes.


- “¡Solo una foto! ¡Una foto por dentro que me voy mañana!”, contesté.

Por el precio de uno, recibí tres “NO” rotundos… ¡Un negoción!


En realidad solo me quería llevar algo del estadio y seguramente
esta anécdota es mejor que la foto que tenía en mente.
Además, luego conseguí una foto gigante que había del estadio en
una de sus tiendas alrededor. Photoshop y ya…
Luego caminé un poco el paseo marítimo, fotografié para el re-
cuerdo y emprendí vuelta a casa de la tía, que se me venia, una vez
mas, la noche y la cama encima.

- 84 -
28 de NOVIEMBRE
El olor a hogar es único.

De vuelta en Villanova de Arousa, al día siguiente, fui a almorzar


con mi tío Paco (aquí son todos tíos para mí). El tío Paco es el
hermano mayor de mi Abuelo Luis, tiene 92 años y los lleva de
maravilla. Está casado con Emilia, otra dulce por dónde la mires.
Era increíble estar ahí y además… ¿sabés una cosa? En su casa
sentía el mismo olor que hay en casa de mis abuelos. Idéntico. El
olor a hogar es único.
Y ahora, recién vuelvo de casa de mi otro tío, Avelino, también her-
mano de mi abuela Antonia. Un personaje. Su casa esta bordean-
do la Ria de Arousa, el siempre trabajó en la mar, con las bateas.
Tiene un ojo de cristal hace más de 50 años. Siendo un chabalin,
lo perdió jugando con unos amigos. Pero tiene un humor…!, que
contagia. Fui a comer dos veces con el a su casa y siempre salgo con
dolor de panza. Por todo lo que me río; por todo lo que me hace
comer (si no como, se ofende), y por todo lo que me hace beber.
Me hace entrarle al “ribeiro” y al “albariño” como loco. Lo cual,
para ser sinceros, no me supone demasiado sacrificio.
Y su mujer, Rosa, que buena persona!, y que paciencia debe de te-
ner para aguantar al tio toda la vida. Estaba lavándome las manos
en el baño antes de sentarme en la mesa para comer, entra por
detrás, y me pone ¡50 €! en el bolsillo de la camisa:

- “tómate un heladito sobriño”, me dijo.


Pasmado me quedé...

Toda mi familia Gallega me trató de maravilla. Tendría que es-


cribir solo un libro para ellos y así nombrarlos a todos. Fue una
suerte inmensa haber estado por donde vivió gran parte de su
infancia mi padre.

- 85 -
Acerca de eso te puedo contar que nunca me había sentido tan
cerca de él como en estos días.
Supongo que la paradoja es que nunca estuvimos tan lejos uno
del otro.

30 de NOVIEMBRE
A torearla con Bea.

Es tiempo de volver. Tal como le había prometido a Bea. Han


pasado unos 15 días durante los que pude pensar mejor las co-
sas y tomar la decisión de volver y quedarme en Andalucía, más
precisamente en La Herradura. Con ella. Me quedaré allí para
comenzar algo que siento va a ser muy importante y trascendental
en mi vida.

- 86 -
CAPITULO V
2 de DICIEMBRE
Viviendo en la Herradura.

Con Bea nos seguimos conociendo. Las noches a su lado y con


el sonido que producen las olas del Mediterráneo de fondo están
siendo mágicas. Pero no todo es amor en la vida, ni tampoco se
puede vivir de él, como bien dice uno de los temas de Calama-
ro. Todavía no he conseguido trabajo y lamentablemente está un
poco complicado conseguirlo.
Ella tampoco está muy bien en el suyo, ya que su jefe tiene bastan-
tes problemas con su padre y todo también repercute en ella. Y en
mí. Además, estoy re-contra-confirmando lo de mis incertidum-
bres y/o escasa experiencia acerca de las convivencias.
En fin ¿para qué mentir? Son tiempos duros.
Pero por suerte hay otro factor positivo el estar viviendo por aquí.
Los “víveres” son mucho más económicos que en Madrid. Y los
bares también. Los días que Bea no cena en casa por el curro, me
habitué a un barcito por las noches para ir a cenar: Me tomo dos
cañas, la cuales me salen 1€ cada una, y me ponen dos pedazos de
tapas que flipo. Con dos euritos ceno cada noche.
Ir de tapas y cañas por aquí en Granada es milagroso para mi.
El “tapeo” es una fórmula sabia de probar de todo, o casi todo, y
no por gula, sino por curiosidad culinaria.
En la variedad está el gusto, acá se pide sin recato, las tapas están
para eso, por que cuando se pide: “...una de...”, es por que luego
habrá “...otra de...”. Un Gustazo.

El otro día, tomando un cafecito con Bea en un bar sobre el paseo


marítimo, y - de paso cañazo- también preguntando por el encarga-
do para pedirle trabajo, un hombre que estaba sentado en la barra
tomando una caña se ve que nos escuchó, o quizás habrá visto mi

- 87 -
cara de necesidad casi angustiosa? No lo sabré nunca. En fin, que
se nos acercó y precisamente… ¡nos ofreció trabajo!
Nos dijo que necesitaba una persona para su “chiringuito” ubica-
do a unos pocos metros de allí, sobre la playa de La Herradura. Le
dije que el que estaba buscando era yo, y que tenía disponibilidad
inmediata. Cuando quería podía comenzar. Y así fue.
Tuve la prueba de fuego el último fin de semana (que fue puente
aquí) para ver qué tal. ¡Yo en mi vida había llevado una bandeja!
pero esta vez debía de hacerlo lo mejor posible, ya que el dinero se
me acababa y… ¡¡Tenía que comer!!
Pasó el finde de prueba y me sentí bastante cómodo, sobre todo
a la hora de intercambiar palabras con los comensales, me encan-
taba darles charla y ganarme las propinas. Lo que no me gustaba
demasiado era cuando acababa el dia y tenia que reponer las cá-
maras. Tenia que bajar al sotano, y subir cargado con las cajas de
gaseosas y birras, y la escalera era muy empinada, una verdadera
mierda, que me dejaba la espalda bastante dolorida al terminar
la jornada laboral. De todas formas, intentaba parecer encantado
con el fascinante nuevo curro poniendo cara de feliz todo el rato,
aún en esos malditos momentos que subia y bajaba la puñetera
escalera. Tenia que mostrarle al jefe lo buen currante que era, para
ganarme el puesto como sea.
Llegado el domingo por la noche, el jefe me llamó y me dijo:

- “Pablo, gracias por todo, te veo con ganas pero ahora no tengo el tiempo
necesario para enseñarte”. Me mató.

Acusó que venían las fiestas, que iba a entrar mucha gente y que
ante mi falta de experiencia, “voy a tener que perder mucho tiem-
po contigo”. Imagínate la desilusión. Igualmente me pagó esos 3
días y entonces sí: otra vez de patitas a la calle. Por el momento
zafo, pero solo de momento. Como ves, estaba difícil para mí.

- 88 -
9 de DICIEMBRE
Familia Desocupada.

La última novedad es que hoy Bea también terminó por abando-


nar su trabajo. Digo “también” porque hace un par de días lo
hizo su padre, y de mala manera. Conclusión: Estamos los tres
sin trabajo en pleno Diciembre. ¡Qué lindas fiestas se nos vienen
encima!
Hoy estoy gris… ya no quiero escribir.

14 de DICIEMBRE
Ya no estoy para colarme en los trenes.

Se vienen las fiestas y más allá del mal presente económico estoy
casi desesperado por ir a Galicia a pasar al menos una fiesta con
mi familia gallega. Hay un solo detalle a tener en cuenta: tengo el
dinero de los pasajes de tren para Bea y para mi, pero solo de ida.

Además de estar contando todas las moneditas, hablando con mi


novia, (¡ah! Por si no la presenté… ¡Bea es mi novia!), tomamos
la decisión de pasar la Noche Buena aquí con su familia, en La
Herradura, y luego -el 29- subir a Galicia y pasar el año nuevo con
la mía, ya que tuvimos la suerte de encontrar unos billetes de tren
bastante económicos!. Allá iremos.

Anteriormente hice un llamado pertinente a mi familia gallega,


por si no habría inconveniente en ir acompañado de mi querida
coloradita made in Madrid. Obviamente me dijeron que no había
problema y que estarían encantados de nuestra compañía.

- 89 -
26 de DICIEMBRE
Noche Buena Mediterránea.

¡Y pasó Noche Buena!


¡La pasé mucho mejor de lo que imaginaba! Fueron las primeras
fiestas en España, lejos de casa, pero la verdad es que Bea y su
familia me hicieron sentir uno más en todo momento. Comimos
cerdo, pollo y todo tipo de pescados y mariscos. La noche fue casi
completa, solo que después de brindar faltó el “Mantecol” y el
budín “Terrabusi sin frutas”. Es muy loco pensar qué hacía y dónde
estaba exactamente hace un año… qué rápido puede cambiar todo.
Ahora que recuerdo, por estas fechas del año pasado, estaba un
poco amargado, por alguna rubia que me había pegado fuerte en
corazón, y que cada tanto todavía daba vueltas por mi cabeza, y
porque había suspendido la última materia en la Facu que faltaba
para recibirme. En fin, son fechas especiales que hay que tratar de
pasarla lo mejor posible.
En la madrugada española, antes de irnos a dormir, llamé a Argen-
tina para hablar con los míos; ¡tenía que estar presente! Esta vez,
fue gracias a Telefónica.
Hablé con media Argentina... Toda la familia, mis amigos y demás
seres queridos. No dejaba de ser un tanto extraño todo lo que sen-
tía. Eran fechas especiales y las primeras tan lejos de casa.

2 de ENERO
Año Nuevo en Tierras Gallegas.

Viajamos para Galicia el 30 de diciembre, desde Madrid, pasando


la noche en el tren. Tenía unas literas bastante aceptables. Una vez
en Pontevedra, nuevamente nos fue a buscar mi primo Guillermo,
esta vez solo.

- 90 -
La Noche Vieja la pasamos con mi tía Carmucha, en la casa de su
hija, Milagros, junto a toda la familia gallega por parte de mi abue-
la. Mariscos hasta explotar durante toda la noche.
Con mi prima Milagritos, hija de Milagros, y su marido, Jose, fui-
mos a dar una vuelta por la noche gallega. Anduvimos principal-
mente por Sanxenxo, pegamos unos bailoteos en un lugar muy co-
pado y cuando nos agarró la morriña, los primos nos llevaron a Bea
y a mi a comer chocolate caliente con churros a las 4:30 de la maña-
na, que es algo típico en la noche vieja de España. Buenísimo!
Y la primera noche del 2004 terminó más dulce que nunca.

Al día siguiente. Mediodía resacoso del primero de enero, fuimos


a hacer presencia a la otra familia, la de mi abuelo, los Caamaño,
que siempre almorzaban todos juntos esa fecha.
Más comida hasta explotar nuevamente.
¡Qué bien comen las españoles madre mía!
Encima si no comes se enojan, entonces hay que agachar la cabeza
y darle a la mandíbula porque sino está todo mal.
No se crean que me cuesta mucho igual eh… Ante todo soy aman-
te de la buena comida. ¡Y qué buena estaba esta!

Luego de recuperarnos de toda la comilona que nos habíamos


pegado con Bea (ella también es de buen comer), durante los días si-
guientes, tuvimos la suerte de poder hacer unos paseitos por Galicia.
Tuve mi segunda visita a la Catedral de Santiago, ahora sí en año
santo, y pudimos ver como llegaban peregrinos de todas partes del
mundo, luego de hacer el célebre “Camino de Santiago”.
Con Bea matamos un “rollito” de fotos de veinticuatro para eter-
nizar la santa visita. Ahora me había tocado a mi ser el guía turís-
tico y lo hacia con mucho placer, y también con aires de grandeza,
luego de los acertados comentarios y datos aportados que me ha-
bía facilitado mi primo Guillermo, durante la primera visita. Todo

- 91 -
un sabio crack.
Cabe recordar también los acertados dulces regalos económicos
de mis tías-abuelas, los cuales me ayudaros a subsistir el tiempo
que se venía encima.

7 de ENERO
Hasta Luego, Galicia.

Nuestra estadía por tierra gallega se termina. Mañana salimos de


vuelta para “La Herradura” donde nos espera la familia de Bea
para hablar de muchas cosas, entre ellas una importante: ¿qué ha-
cer y dónde ir?.
Por lo que nos dicen por teléfono la familia de Bea y unos amigos,
en La Herradura “la mano” está más que complicada, bastante
más de lo que podríamos haber imaginado. Hay poco trabajo,
tenemos que pensar bien qué hacer y tampoco contamos con
mucho tiempo.

20 de ENERO
Nace una Esperanza.

Hace poco que regresamos a Andalucía y por suerte ya surgió una


nueva alternativa a La Herradura: marcharnos a la isla de Mallorca.
Falta relativamente poco tiempo para que comience la nueva tem-
porada allí y al parecer hay mucho trabajo.
Los padres de Bea, encontraron en una agencia de viajes amiga un
ofertón para ir allá siete días, así desconectan un poco del pueblo,
y de paso cañazo ver “qué onda” y analizar como esta el mercado
laboral por la isla. Estos días estuve preparando currículums de
toda la familia para que los suegros puedan ir ya repartiendo en
posibles futuros “nuevos curros” en la isla balear.
¡Nace una nueva esperanza!

- 92 -
1 de FEBRERO
¿Mallorca es el Futuro?

Hace dos días que lo padres de Bea regresaron de la isla muy sa-
tisfechos e ilusionados con la experiencia. Han traído los diferen-
tes periódicos del día Domingo de la isla: “El Diario de Mallorca”,
“Ultima Hora”, “Balears”; y para que la alegría fuera mayor, la parte
de clasificados tiene más de cuatro hojas ofreciendo todo tipo de
empleos.
La semana pasada cuando los padres de Bea se marchaban para la
isla, les imprimí 20 currículums para ellos, y 10 para mi, para que
repartieran en cualquier imprenta, grafica o agencia de publicidad
que se cruzaran por el camino. Y no va que, hoy llamaron por te-
léfono a Bea preguntando por Pablo…
¡Era de una imprenta de Mallorca, en la que mis suegros habían
dejado mi currículum, donde necesitaban un diseñador!!
Podrás imaginar mi sonrisa…

Solo hay un problemita: el dueño de la imprenta es inglés y mi


inglés no está lo suficientemente explotado como para no tener
problemas en la comunicación.
Digamos que mi inglés es como un “diamante en bruto”… aunque
le podemos sacar aquello de diamante y queda mejor.

En fin, mis ganas le ganan a cualquier problema de comunicación


así que la semana siguiente tengo una entrevista con él. Ya nos
entenderemos con señales de humo, Código Morse, jugando al
Pictionary o de última que pague un traductor y ya, ¡¡que bien que
lo valgo!!.

De cualquier manera, tenemos que ir volando a Mallorca.


(En todo sentido).

- 93 -
CAPITULO VI
12 de FEBRERO
PALMA de MALLORCA: “El Corazón del Mediterráneo”.

Mallorca es la isla más grande del archipiélago balear, conforma-


do también por Menorca, Ibiza y Formentera. Estos “pedazos de
tierra! Se encuentran en el medio del Mediterráneo! Sí, creéme!
Escuché por ahí que a la isla le llaman “Isla de la Calma”, pero
yo la he revautizado como el “Corazón del Mediterráneo”. Me
encanta renombrar o revautizar a la gente o a las cosas, lo sabías?
Seguro que a ti te llamo de alguna manera que nadie más te llama.
Soy así, que le voy a hacer!
El Paseo Marítimo de Palma parece que no termina nunca. Mar
por todo. Palmeras. Ilusión. Esperanza. ¡Mucha esperanza!. Son
las primeras palabras que me salen así como sueltas, de lo que
estoy sintiendo desde que llegue a esta isla.
Caminaba y caminaba los primeros días por Palma y no dejaba de
“flipar”. Iba a vivir en una isla, ¡en medio del mar Mediterráneo!.
La verdad, nunca me lo hubiese imaginado.
Los primeros días con Bea paramos en un hostal por el Arenal, un
sitio de playas ubicado hacia el sur de la ciudad. Los dueños eran
alemanes. Por esa zona, todos parecían alemanes la verdad.
Los carteles de comidas con palabras con dieciocho letras no po-
dían ser más que de alemanes. Pero por suerte no íbamos a tener
que esforzarnos mucho en entender carteles imposibles ni que es-
tar mucho tiempo por aquella zona.
Las planes previstos se iban encaminando poco a poco.
Luego de un par de días en el hostal germano, conseguimos una
casa! Fue a través de una de estas inmobiliarias que te la buscan y
se quedan con una comisión. Pero valió la pena totalmente.
El ansiado hogar se encuentra en la población “Es Coll d´Rabassa”,
que me moría de ganas de saber que significaba en castellano!

- 95 -
Uno de los primeros días por el barrio, yendo a la panadería a com-
prar pan, y como siempre sacando picardía poco vergonzosa de mis
bolsillos, le pregunte a un señor:

- “discúlpeme, recién llego a la isla, me podría decir que significa “Es Coll
d´Rabassa”?
- “El cuello del Conejo”, me disparó el tío. Me quede boquiabierto.

Cuando volví a casa con la barra pan, le conté a la familia la pro-


ductiva charla con el mallorquín, y tras unos segundos de silencio,
se largaron a reír! ¿¡Me tomó el pelo el viejo!? Aún hoy no he
descubierto y no se si existe una traducción exacta al castellano de
donde estaba situado mi primer hogar en la isla.
En fin, no era un barrio que desparramaba glamour ni mucho
menos, tampoco está frente al mar, pero sí tenemos al gigante de
Carrefour enfrente… ¡Nada de ir a comer afuera!

Ayer tuve la entrevista con el inglés de la imprenta. El tío tiene


montado un chiringo tremendo, muy bien instalado con máqui-
nas gigantes y súper modernas. Tiene clientes muy importantes
dentro del Puerto de Palma, gente de mucho mucho dinero. Tra-
baja con los catálogos de barcos y maquinaria para la náutica. Con
el tema de la comunicación creo que anduve bastante bien, diga-
mos que mejor de lo que esperaba. Además, la noche anterior me
tiré hablando un buen rato con Leo por teléfono (mi vieja logró
con mi hermano lo que no pudo conmigo, estudiar bien el inglés)
y me tiró un par de frases y traducciones importantes. Le mostré
mi carpeta con mis trabajos y pareció gustarle mucho. Solo hay
un poquito de incertidumbre ya que cuando me iba me dijo que
tenía otra entrevista pendiente, y que el puesto estaba ahí, entre
esa persona y yo. Hay que esperar. Quedó en llamarme.

- 96 -
17 de FEBRERO
A Remar Otra Vez.

Esperé, esperé y esperé… pasaban las horas, se evaporaron los


días y el jodido inglés (bueh, el jodido era yo) ¡No me llamó nún-
ca!, hasta que opté por llamarle.

El Sir. me atendió en persona y me dijo que finalmente tomó al


otro candidato, bla, bla… que mi trabajo era muy bueno, bla, bla…
hasta mejor que el de esta otra persona, pero que la comunicación,
bla, bla… más en nuestro trabajo, es muy importante y que con la
otra persona la lleva a la perfección, bla, es inglés y además diseña-
dor, bla, bla & blashit!!
Pablo descartado, Pablo “Out”, mordiéndome los dientes solo ati-
né a decir políticamente: “Vale, cualquier cosa me llamas”. Otra
vez a buscar laburo. Otra esperanza fallida.

23 de FEBRERO
Momentos Duros.

No estoy ligando en el trabajo y todo esto trae problemas con Bea,


discusiones y demás conflictos. Ella consiguió trabajo en un hotel
y yo sigo en la calle. Claro, ella tiene mucha experiencia como
camarera y en la hostelería: ¡más de 5 años! Mientras que yo, solo
hice unas cuantas veces mi cama… y cuando mi vieja me lo pedía.

Estoy bastante mal. Es un momento jodido, el más difícil desde mi


llegada a España. Siento un vacío muy grande por dentro. Parece
que todo se me queda en la puerta, no consigo estabilizarme. Ya
estoy un poco cansado de esta situación. Bea me dió y me ayudó
mucho. Me siento en deuda. No quiero defraudarla.

- 97 -
Tengo que seguir adelante.
Además del duro presente, el otro día me llamó mi vieja y me dijo
que se casaba! En principio, me había prometido que iba a esperar
a que yo este por Buenos Aires para hacerlo, pero no se porque
temas, tuvo que adelantarse.
Por todo esto, hoy no me pidas que escriba más.

27 de FEBRERO
A Veces duele.

¡Y se casó mi querida madre nomás! Joder…, y yo tan lejos.


Durante el día hablé tres veces con ella, le recordaba que estaba
continuamente en mi pensamiento y en mi corazón, y que espe-
raba que sea muy feliz. Y si, se derramaba alguna que otra lágrima
por mi mejilla. Eran lágrimas nuevas para mi. Dolían. Creo era
un cúmulo de cosas no muy positivas que me estaban sucediendo.
Pero también era consciente y sabía que en ese momento dolerían,
pero al final me harían crecer mucho.

Lo de mi vieja me hizo revolver la cabeza todo el día.


El tiempo pasa, mejor dicho, vuela… o el tiempo no para, me can-
ta hoy la canción al oído, como a “todo aquel que a veces extraña
estar donde estaba y ya no está más”.
Hace medio año que me fui de casa, hace medio año que llegué a
España. Me suena increíble. Sé que a otros también les sonará de
la misma forma. Pero es la verdad joder. A veces me pongo a pen-
sar y no lo puedo creer. Antes del viaje, me hablaban y recibía todo
tipo de comentarios. Muchos decían que volvería pronto, que no
iba a durar mucho solo, que no me la iba a aguantar. Y mira, sigo
vivito y coleando. Aunque a veces duela.

- 98 -
CAPITULO VII
29 de FEBRERO
PORT de POLLENÇA.

Con el padre de Bea, seguíamos buscando trabajo y recorriendo


lugares de la isla. Ayer, nos recorrimos practicamente la isla de S a
N, desde Palma, pasando por Inca, una ciudad en el centro de la
isla que es famosa por sus zapatos y sus abrigos de piel, hasta llegar
a un sitio que me sonaba de algo: “Puerto Pollença”.

En unas de nuestras tantas vueltas por la parte que parecía mas


céntrica del Puerto, conocimos un tipo encargado de una cadena
de supermercados y restaurantes que nos prometió, en un futuro
no muy lejano, trabajo a todos. Nos comentó que a mediados del
mes próximo (Marzo), más tardar para semana santa, podría ofre-
cernos diferentes trabajos. El tema es que Puerto Pollença estaba
lejos de nuestra casa palmesana, a unos 65 km. Conclusión: había
que mudarse nuevamente. Si este buen hombre nos daban curro a
todos, Puerto Pollença parecía ser el verdadero futuro.

Al día siguiente, fuimos nuevamente con el padre de Bea al des-


tino en cuestión y comenzamos a recorrerlo principalmente para
buscar departamentos que tengan carteles de “Se alquila”. Colec-
cionamos unos cuantos y manos a llamar. Otra vez la suerte de
nuestro lado: encontramos rápidamente un piso de un particular,
era bastante grande y estaba solo a 100 metros de la bahía del
Puerto, y un locutorio de unos ecuatorianos debajo para llamar a
mi vieja siempre que haga falta. Genial.
Me transmitía algo especial este lugar, al menos fueron las pri-
meras sensaciones que sentí. No sé como explicarlo. Como si en
otra vida ya hubiese vivido ahí o algo por el estilo. Los aromas, las
primeras miradas con la gente, las vistas, el mar, las montañas. No

- 99 -
sé, presentía que podía ser el sitio que buscaba.
Puerto Pollença, aquí estoy.

8 de MARZO.
Carrito con revistas de muebles por Palma.

Tanto repartir currículums tenía que dar sus frutos en algún mo-
mento. ¡¡Salió un trabajo para Pablo!! Es para repartir publicidad
en la calle para el Hipercentro del Hogar: “Ikea”, que vendría a ser
una especie de “Easy” para los argentos.
Pero siempre tiene que pasar algo…
El trabajo era en Palma y nos acabábamos de mudar al Puerto hace
menos de una semana. Pero de todas formas, en autobús, a dedo,
volando, tenia que hacerlo sí o sí.
Son solo siete días de trabajo pateándome la calle. Ya no hay para
elegir ni hacerme el exquisito diseñador gráfico, así que, buenas
zapatillas y a trabajar en la “lleca”.

17 de MARZO
La Vuelta de un grande.

El lunes en el autobús, me encontré charlando con un uruguayo,


Gustavo, quien me comentó que los miércoles se juntaban a jugar
al “futbito” un grupo de argentinos y uruguayos, y se montan una
especie de clásico rioplatense.
Llegó el miércoles y mi presencia no se hizo esperar. No conocía a
nadie, entonces me acerqué al arquero y le pregunté:

- “¿qué onda negro?”


- ¿Sos Argento o uruguayo?

- 100 -
- Argentino...
- “quedate acá, de mi lado. Esto es un clásico papá, a muerte”, me res-
pondió sin vueltas.

¿Como resultó? Terrible. Mi actuación, contando que no jugaba


casi hace medio año fue más que aceptable. Además incluyó un
par de goles y asistencias milimétricas. El “Olé” me hubiese puesto
un 7,75. Envidias de cualquier Zidane.
Redondee ”la nit” cuando terminaba el partido y Bea me estaba es-
perando con Iscis para ir a cenar a casa. ¡Golazo de media cancha!

El curro y la buena experiencia de Ikea terminó. A mi grupo de


“comerciales profesionales de folleteria”, nos tocó un coordinador
bastante macanudo. No nos hacía problemas por nada. Nos decía:

- “Mientras repartan la publicidad por las calles que le indiqué a cada uno
y vuelvan con el carrito vacío, no pasa nada. Eso si, les ruego que no me
tiren los folletos a la basura por favor, sino me crujen!”

A ustedes no les puedo mentir, no es que haya tirado folletos a la


basura, pero en cada finca quizás dejaba un par de folletos de más,
de lo que realmente tocaba. Y una vuelta me paré a hacer una
caña porque me moría de sed. Bueno, en realidad con uno de mis
compañeros fueron en total cuatro. ¡Hacía calor!

Mientras la publicidad en la calle, que Palma, que Pollença, que


Argentina vs. Uruguay, que Bea esperándome, mientras todo esto,
y mientras vivo también mis dilemas de extranjero extraviado por
la vida, aquí, en la isla, se está por producir un hecho que revolu-
cionará el mercado de la construcción! Te contaré de qué se trata
en el próximo día que agarre el cuadernillo.

- 101 -
26 de MARZO
Pico & Pala.

Continuando con mi particular zaga de sucesos inauditos, el Lu-


nes pasado comencé a trabajar en la obra. ¡¡Si!! ¡Como lees! “Pablo
en la obra”, con pico y pala. Finalmente… Pablo Picapiedras ¡¡jeje!!
¡Malísimo!
No quedó otra: la chapuza de Ikea había terminado con esas posi-
bilidades de seguir que nunca se concretan y tuve que comenzar a
darle a la pala.

Hay una anécdota que me veo obligado a compartirla con vos. En


una de mis tantas vueltas por el Puerto pidiendo laburo a la gente,
me tiraron el dato de que en una empresa constructora estaban
reclutando personal. Me mandé valiente hacia allá, y tras atender
a unos obreros, me acerqué al que parecía jefe y le pregunté por si
había trabajo para “un argentino”. Enseguida el jefe de obra me pre-
guntó por mi experiencia, a lo cual respondí muy audazmente:

- “Le digo la verdad, la única vez que agarré una pala fue cuando hacía
castillos de arena con mi hermano en la playa, pero dada mi situación
económica actual, tengo que currar y darlo todo en lo que sea”.

Creo que le caí tan simpático al tío este que por eso me tomó.
¡¡Era una experiencia brutal para mí!! ¡Qué momentos pasé!. Bue-
no, como cualquier cagón como yo. Los primeros días fueron real-
mente pasmosos. Parecía que el tiempo no pasaba, no, ¡no pasaba!.
Creo que llegué a mirar el reloj veinte o treinta veces por hora!, y
luego, lo peor; cuando me llamaban para repartir el cemento que
traía el “cubilote”; el tan odiado, despreciado y temido “cubilote”.
Me bajaban con la grúa desde 60 metros de altura, ese monstruo
repleto de una tonelada de mezcla para repartir en la zona indica-

- 102 -
da por el suelo. ¡Madre mía sácame de aquí!
Nunca imploré tantos padres nuestros en mi vida… El otro día has-
ta terminé hablando con Krishna… voy probando con diferentes
religiones a ver que pasa.

Por suerte para mí, no va a durar mucho el curro de la obra, ya me


llamaron de una Gasolinera que queda por Alcudia, pueblo limítro-
fe del puerto, y me dijeron que entre la primera y la segunda semana
de Abril (falta prácticamente nada), comienzo a trabajar allí.
Así que me queda poco de pico y pala… Sino me aplasta el apesto-
so cubilote de una buena vez… ¡en pocos días me salgo de acá!

Hablando de amor, con Bea estamos bien, tenemos nuestros días


mas o menos buenos, creo como cualquier pareja, pero unas de las
cosas más importantes que estaban pendientes era la estabilidad
económica, y gracias a Dios a Krishna o aquien sea, la estábamos
consiguiendo. Es más, ya habíamos comenzado a buscar casa para
irnos a vivir juntos, solos, porque la convivencia con los padres se
hacía cada vez más pesada y queríamos irnos cuanto antes. No es
que sean malos, pero es diferente vivir con tu novia y los padres
a vivir con tu novia sola. Hay una diferencia importante. Y para
ellos seguro que también. Estamos en la búsqueda.
Espero que se dé pronto.

6 de ABRIL
Casa Nueva, Vida Nueva.

Día feliz si los hay para Bea y para mí: ¡nos fuimos a vivir solos!
¡¡Fuimos liberados!! Es una casona, a 100 metros del mar, y a la
vuelta del hotel mas grande del puerto, “Pollença Park”, esta un
poco alejado del centro del Puerto, pero es solo para nosotros.

- 103 -
Tiene 3 habitaciones, no se para que tanto pero bueno, entre el
precio de ésta y otra más pequeña era casi minúsculo. Vamos, has-
ta Iscis tiene su propia habitación. A lo grande.

Nuestro casero, Julián, nos dejó pagar el mes por adelantado el


mes que viene y el otro en dos veces. La verdad se portó bárbaro
con nosotros. De yapa, por si fuera poco, la casa tiene piscina co-
munitaria, más no podemos pedir.

Y si de curro se trata, en la “Gaso” de Alcudia comencé los pri-


meros días de Abril. El trabajo es muy sencillo. Solo consiste en
reponer lo que se va vendiendo, cobrarle a la gente (es autoservi-
cio) y no mucho más. La Gaso está ubicada sobre la vieja carretera
Palma-Acludia, y desde que inauguraron el año anterior una au-
topista que pasa justo detrás, el tráfico es bastante escaso. Estoy
yendo en la bicicleta que me dejó un colega argento. Son 8 km,
saliendo del puerto bordeando permanentemente la Bahía de Po-
llença. Hay días que son duros en la bici, cuando la bahía se abre y
sale al mar abierto, en muchas ocasiones se levanta un viento muy
fuerte (también con tormentas), y cuando lo tengo en contra, voy
putiando al viento a dos por hora. Las piernas me quedan fulmi-
nadas. Cuando me encuentro putiando al viento, luego me cago
de risa unos segundos, pero al rato vuelvo a putiarlo. Es insoporta-
ble. Pero no todo lo que me pasa es malo en este recorrido.
Los días despejados, cuando entro a las 6 de la mañana, me acom-
pañan por la carretera unos amaneceres preciosos. Los más lindos
que pude ver en la vida.
Había veces, cuando iba sobrado de tiempo, (seguro también por-
que no hacía acto de presencia el puñetero viento), apoyaba la
bicicleta en unas rocas al costado del camino, y me tiraba varios
minutos a ver como aparecía el sol sobre el mar. Me quedaba hip-
notizado. Me sentía súper feliz y agradecido de poder estar presen-

- 104 -
ciando aquellos amaneceres.
Ya están grabados en mi memoria.

Y ya lo cantaban Marilina y Sandra… De ahí me sonaba Puerto de


Pollença.

“Me nació este amor, sin que me diera cuenta yo..


Tal vez el miedo no dejó que apareciera...
Y creció este amor, alimentándose en el sol,
de los amaneceres... de Puerto Pollença...”

De Puerto Pollença:
por Marilina Ross & Sandra Mihanovich.

Pasaban los dias felices como empleado de gasolinera, y resultó


que hubo una baja en el personal de la gasolinera del puerto, una
chica estaba embarazada a punto de parir, y me ofrecieron si a par-
tir de la semana siguiente me querría trasladár allí, lo cual tenía su
lado positivo y su lado negativo… Lo bueno es que está más cerca
de casa, con la bici en 5 minutos llego, o bien ir caminando por el
paseo marítimo, lo que me llevará no más de 10 o 12 minutos. Lo
malo (o no tan positivo) es que es 4 veces más grande y -obviamen-
te- hay mucho más curro que en la otra de Alcudia. ¡Pero vamos,
soy feliz!
Además, hablando con los jefes, llegamos al acuerdo de que co-
menzaré a trabajar en el turno nocturno: de 22.00 a 6.00 de la ma-
tina, que dentro de todo es el más tranquilo de todos, y también el
turno que está mejor pagado, por el plus de nocturnidad. Eso sí, a
entrarle al café como loco porque sino, hasta que no me acostum-
bre al horario, voy a quedarme dormido sobre la mesa del minis-
hop. Sólo espero que por las noches... la soledad no desespere.

- 105 -
18 de MAYO
Primer cumple en España.

Bueno, hacia rato que no “cogía” (uy como estoy...!) el “boli” y el


cuadernillo para contarles como va todo por acá, pero este es un
buen momento. Han sucedido muchas cosas, entre ellas que ayer
fue mi cumpleaños número 24, y el primero lejos de Argentina.
Gracias a Bea y a todos los e-mails y llamaditas que recibí, la pasé
estupendamente. A decir verdad casi no noté la diferencia. La “co-
loradita” no dejó que me levantase hasta tarde, cuando me trajo el
desayuno a la cama: café con leche bien calentita, como me gusta
a mí, un croissant y una ensaimada mallorquina (¡con lo que me
gusta desayunar todo lagañoso en la cama!) y todavía falta que te
cuente el mejor regalo…
En la mesa del comedor, me había dejado con un gran moño rojo
un Fernet Branca, ¡¡¡BRANCA!!! Nada de “Capri”, “Bittone” y
esas marcas truchas que me hacían tomar mis amigos en el barrio
(no es indirecta) ¡Era BRANCA CARAJO! ¡Ja! Y no era demasia-
do fácil encontrarlo por aquí. Mejores regalos, imposible.
Vale la pena acotar, para salvaguardia de mis queridos amigos, que
ellos nunca me forzaban a tomar Fernet barato, lo único a lo que
si me forzaban era a que… no me lo “encanutara”.

Pasaban los minutos y los momentos del día de mi anoversario


número 24, y se iban poniendo cada vez mejor, porque durante
la tarde fuimos a pasear a Formentor, una estrecha península si-
tuada en el extremo norte de Mallorca, con unas playas de arenas
claras y de hermosa agua cristalina. Está situada nada más ni nada
menos sobre una cima de 390 m por encima del nivel del mar. El
lugar es precioso, ya que conjuga el mar y la montaña, dibujando a
los ojos espléndidas vistas. Es un sitio obligado para el turista que
viene a la isla. El camino para llegar hasta allí es increíble. Fuimos

- 106 -
en autobús, subiendo y bajando montañas, andando siempre al lado
de precipicios. Cuando llegamos, me vi obligado a darle la mano al
“colectivero”, y decirle:

- “Macho, hay que tener huevos para andar con este bicho de cuatro rue-
das por este camino ehh…”
- “sabe lo que pasa, ya lo hice tantas veces que es como si manejara en el
patio de mi casa”, me respondió el fenómeno.

Luego del sensacional día veraniego, y entrada la noche, tocaba


que le invitara a cenar a mi querida coloradita.
Quise hacerme el campeón, a esas alturas mi cuenta bancaria esta-
ba estable y bastante productiva por lo que le dije:
- Vamos a cenar donde tu quieras y lo que quieras.
“Iru” se llamaba el Restaurante que escogió. Y la cuenta final para
dos, fue la jamás antes gastada por un hombre de Barrio Marítimo
en Mallorca: 114 euracos! ¿Me llamaran de los Premios Guinnes?
Solo de IVA hubo casi 20€. Eso si, nos deleitamos con una sabro-
sisima Langosta y un Albariño para homenajear a mis tíos gallegos
que nunca olvidaré. Un cumple para el recuerdo.

3 de JUNIO
Explota Puerto de Pollença.

Ahora entiendo cuando la gente me decía: “espera que venga junio y


vas a ver lo que es esto”.
Junio es sorprendente. La cantidad de gente, todos los hoteles lle-
nos, las terrazas de los restaurantes también a pleno. En su mayo-
ría son ingleses, alemanes, escoceses y de demás países nórdicos.
Viven un horario bastante diferente al nuestro: ¡los tíos almuerzan

- 107 -
a las 10.30 de la matina y cenan a las 6 p.m.! Y siempre les es-
tán entrando a la comida chatarra, huevos fritos, bacon (panceta
nuestra, dígase ´béicon´), patatas fritas, hamburguesas… ¡Esa es la
base de su alimentación! Y así están las mujeres, no es posible ima-
ginarse demasiada firmeza. Paradojicamente hasta que se casan,
muchas se asemejan a las famosas muñecas “Barby”, aunque la
flacidez o el plástico son moneda corriente, todo está más o menos
en su lugar por la bendita juventud. Más tarde se ponen a tener hi-
jos y le siguen entrando a esta comida… Crónica de una catástrofe
anunciada… se les va la cadera a Formentor… Incontrolable.

10 de JUNIO
Las noches en la gasolinera.

Con las noches de bohemia e ilusión, seguía cumpliendo mis guar-


dias nocturnas en la gasolinera Cepsa, que son bastante tranquilas
por cierto. Arranco a las 22.00, junto al máximo movimiento noc-
turno hasta las 00.30, momento en que todo se calma y sigo piano
piano trabajando hasta las 6 de la mañana. Lo único que puede
alterar esta calma “chicha” es algún que otro borracho que viene
en busca de su preciado vinito tinto.
Es extraño saber que el éxito de la noche de tanta gente pasa a
depender de mí. Porque ahora y gracias a una reciente ley, no se
puede vender alcohol desde la medianoche, pero tengo cierta for-
ma de pensar y analizar las situaciones, que me causa más de un
dilema. Estuve muchas veces del lado del “buscador-desesperado-
de-alcohol-nocturno-para-salvar-la-noche”, como para olvidar lo
que se siente que el odiado y despreciado quioskero de turno no
te largue una litrona. Así que me he convertido de a poco en un
justiciero contra la ley seca. ¡No, no me llevo propinas! ¡¡Me han
ofrecido propinas de hasta 50 € por una botella de 15!! Pero no,

- 108 -
amigos… este es un movimiento revolucionario sin fines de lucro.
¡¡Vamos carajo!!
Poniéndonos serios otra vez, hoy vino a visitarme Bea. Salió tem-
prano del restaurante donde trabaja y me dió la agradable sorpre-
sa… Con ella estamos ahí, un día bien, otro mal, un rato bien,
otro mal. Es que yo sabia (y no sabia) que iba a ser duro. A mi con-
vivencia con Pepa, (mi perrita) no podía sacarle demasiado jugo
experimental de convivencia con mujeres. En fin, había que seguir
luchando.
Dejando un poco de lado las convivencias, ya falta media hora para
que termine mi turno de pernocte y todavía no me acostumbro al
horario. Hay veces -como hoy- que me da una modorra increíble,
pero siempre trato de estar haciendo algo, así no me quedo grogui.
Ahora, para variar lo que no varío nunca, estoy escuchando un poco
de nuestro rock nacional:

“Agua…, cayendo del cielo... Agua…,


con furia y sin freno...
Lava todos mis recuerdos...
Dame en tus hojas la bendición...”

Agua. Los Piojos.

“Agua” de los Piojos, que la escucho, la escucho y no me canso


nunca de escuchar. Es un CD que me regaló “el que me dejaba
solo frente a los arqueros en el coope y en ducilo...”, Arielito, un
amigazo de aquellos que se extrañan mucho. Recuerdos… Aunque
ahora que lo pienso bien, creo que no me lo regaló, seguramente
se lo arrebaté del auto un día después de uno de los últimos duros
y disputados partidos que me ganó, acusándole:

“este cd pide Europa a gritos”, je.

- 109 -
CAPITULO VIII
6 de JUNIO
Momentos duros.

Volviendo a hablar del amor, con Beita las cosas van de mal en
peor. Tuvimos unas peleas muy fuertes, honestamente, la mayoría
por cagadas mías. Está todo fatal. Además, los dos somos muy
apasionados, o nos amamos o nos matamos, y esto me estoy dando
cuenta que no está nada bien, no lleva a ningún lado. Es como si
no hubiera un punto intermedio para lograr el equilibrio.
La verdad es un desastre.

20 de JUNIO
El Fin con Bea.

Como te terminé preludiando en el párrafo anterior, pasó lo que


debía pasar… la relación con Bea terminó, llegó a su fin.
Se veía venir porque, aunque no lo reconocía en el momento, cada
día que pasaba, pensábamos más y más diferente uno del otro y a
esto hay que sumarle peleas y discusiones constantes, que nos hi-
cieron muy mal y terminaron por desgastarlo todo, tanto nuestro
respeto como nuestro amor.
La verdad que estoy pasando un momento bastante triste.
No tengo muchas ganas de escribir lo que me esta tocando vivir.
Además, no quiero que esto se transforme en una novela de amor,
y más allá de que lo fuera, no es algo de lo que quiera acordarme
ni escribir en estos días. Sé que me costará un poco salir de esta
situación: otra vez arrancar, otra vez buscar un lugar nuevo donde
vivir. Otra vez todo.
Resulta que en la tarde ayer, salí de casa y me lleve mi juego de
llaves y sin querer, las llaves de ella. Antes habíamos discutido bas-

- 111 -
tante fuerte, y encima por una pelotudes. En el momento que
saía de casa, Bea se estaba duchando. La dejé encerrada. La dejé
encerrada sin querer! Nuestras llaves eran prácticamente iguales y
no tenían ningún llavero que las diferenciara. Había guardado las
mías en el bolsillo trasero del pantalón, y me lleve las de ella que
estaban colocadas en la puerta. Tuvo que llamar al padre desde su
móvil para que la ayudara a bajar por el balcón colgada de unas sa-
banas para poder ir a trabajar. Ellos pensaron que lo había hecho
a proposito.
Esa noche libraba y me quedé despierto en el balcón tomando un
fernet-cola esperando a Bea que volviera de trabajar para una vez
más, tratar de hablar y hacer las paces. Yo aún no sabía nada de lo
que había ocurrido.
Al rato cayeron los dos, sobre las doce y media de la noche, Bea
con el padre. Ya me había parecido desde arriba que bajaban del
auto un poco nerviosos. El padre entró en casa y… ¡me agarró
del cuello y me puso contra la pared! diciéndome que dejara esa
misma noche a su hija, que me marchara de la casa, porque sino me
mataba por todo el daño y por todo el mal que le estaba haciendo.
Comenzamos a gritar, le pedía explicaciones. Bea comenzó a gritar:

- “hijo de puta me dejaste encerrada a proposito, eres lo peor, me quieres


joder la vida!

No quiero dramatizar, pero créeme que fue el momento más tenso


que me tocó vivir en la vida. El padre continuaba amenazándome
y, en cierta forma, echándome en cara todo lo que me habían
ayudado, para luego actuar de esta forma. No me dejaban que
largara palabra. No me creían cuando les decía que no había sido
queriendo! que en que cabeza cabía que iba a dejar encerrada a su
hija! No me creían. Nada.
El padre una vez más tomo el mando de la conversación, ya un

- 112 -
poco más tranquilo y me dijo:

- “Mira chaval, esta noche Bea duerme en mi casa, mañana por la ma-
ñana no quiero que quede ni un calcetín tuyo. Quiero que te borres para
siempre. Olvídanos.”

Y se fueron. Yo todavía temblaba, de miedo y también un poco


de impotencia, por no poder demostrar que estaban equivocados.
Agaché la cabeza, fui para a la habitación y comencé a hacer las
maletas lo más rápido posible para largarme esa misma noche.
Antes, bajé a llamar desde un teléfono público que estaba en la es-
quina de casa a Gustavo, un colega cordobés que lo conocía de la
gaso, a ver si me podía bancar en su casa hasta que encontrara un
nuevo lugar donde vivir. No conocía a más nadie quien le pudiera
pedir una “gauchada” así.

Dicen que después de algo malo, siempre viene algo bueno.


Otro tipo argento que me vió medio bajoneado en la gasolinera,
me preguntó que me pasaba, le conté que me había separado a lo
cual acotó:

- “papá, que no se acaba el mundo en una mina, dale para delante!”

Y así tendrá que ser… la aventura europea tiene que continuar,


desaventuras del corazón aparte, mi aventura y mi vida tiene que
continuar.

- 113 -
CAPITULO IX
26 de JUNIO
Olvidando penas en IBIZA.

Por suerte, Gustavo me bancó unos días en su casa, y me dijo que


me podía quedar hasta que encontrara algo lindo para vivir. Otro
fenomeno.

La semana pasada me tocó un finde libre en la gasolinera, por


lo que con Gustavo y otro cordobés amigo suyo, llamado Carlos,
decidimos hacernos un viajecito, que sobretodo a mi me vendría
muy bien para olvidar penas. ¿El destino? ¡Ibiza!

Vaya lugar Ibiza, ¡i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e! Sobretodo la gente, ¡la gen-


te! Ahí cada uno va a su bola, nadie te va a mirar mal ni a decirte
nada, nadie se fija como vas vestido, cada uno hace la suya como
quiere. Te vas a encontrar a gente de toda clase, color, raza, pelo,
religión…y sexo (heterosexuales, gays, lesbianas, hermafroditas, y
demás distinciones que desconocía hasta antes de ayer) Perdón,
ahora que recuerdo, me había cruzado con algunas distinciones
de estas en mi excursión a “Chueca”, durante mi primeros días en
Madrid.
Eso sí, en Privilege (dicen que es la discoteca más grande del mun-
do) me clavaron la cerveza más cara de mi vida: ¡doce euracos!
(12€) por una “San Miguel” de 250 cl. ¡250 cl.! Menos que una
miserable latita. Bueno, también creo que habrá sido la birra más
disfrutada de mi vida. La estiré a más no poder. Ni aliento a cerve-
za le quedó a la botella luego de las últimas gotas.
La pasamos a lo grande con los cordobeses. Imagínate: salimos de
Mallorca en barco a las 7.00 de la mañana, llegamos a la isla de los
hippies a eso de las 8:30 con aproximadamente 30 grados, y la fies-
ta a la que íbamos ¡¡¡comenzaba a las 10 de la matina!!! Y les puedo

- 115 -
asegurar, la discoteca estaba repleta de gente. Me la pasé bailando
todo el día, casi sin parar. Casi no, no paré.
Tipo doce y media, Gustavo me llama y me dice que le acompañe
al baño, me enfadé un poco, porque estaba bailando con una chi-
ca súper simpática y súper guapa! Me insistió hasta que al final me
resigné y le dije a la bombona esa que luego la seguiríamos.
Fuimos al baño y se comenzó a reír, había otro tío también, pei-
nándose frente al espejo. Gustavo esperó a que este se fuera y en-
tonces me dijo:

- Abrí la boca.
- Que? Le digo yo.
- Abrí la boca, culiao! que te voy a dar un regalito para que, si ahora
bailas, vas a baliar cuatro veces más dentro de 15, 20 minutos cuando te
comience a subir…
- Que coño me vas a meter en la boca boludo? No me voy a morir no?
- Si si, te voy a dar algo para que te mueras culiao, dale que vas a flipar
con esto
- Pero que es?
- Cristal, para volar bien alto, no me habías dicho que tu libro se iba a
llamar “Cuando comencé a volar”, pues con esto que te voy a dar vas a
volar bien alto dale, yo te cuido luego tranquilo. Tragáte esto y durante un
par de horas solo tomá agua, no lo mezcles con alcohol ok?
- Ok.

Y la verdad que sí, volé alto. Fué mi primera experiencia con las
drogas. Sabia que lo que me metía no tenia que abusar de él, ni en
ese momento ni nunca. Por suerte mis viejos en ese sentido siem-
pre me llevaron por un muy buen camino y siempre me dieron
buenos consejos. Pero como venia de vivir un momento de mierda
y me estaba desinhibiendo a más no poder, me lo permití, y no
me arrepiento para nada. Eso sí, la boca comenzó a hincharse.

- 116 -
Yo por naturaleza ya tengo los labios bastante carnosos, pues de
tanto morderme por el colocón, se me habían inflado aún más los
labios. Estaban gigantes.
Luego de estar de “subidón” durante mas de cuatro horas y bailan-
do sin parar, fuimos a sentarnos a una mesita, a tomar una sangría
con las ultimas monedas que nos quedaban.
Trás la sabrosa refrescada, quedaba hora y media para ir hacia el
puerto y tomar el barco de vuelta para Palma. Y le dije a Gustavo:

- Vamos a terminar la tarde bailando, no?


- Dale culiao dale..., vamos “pa llá”.

Hay otra anécdota publicable.


Creo que a un escocés le caía muy en gracia (sí, sí, un escoses!) no
me sacó la mirada de encima en todo el día, y cuando volvimos a
la gran pista del baile, se me acercó con toda la furia. ¡Un Escosés!
¡Esta gente que usa polleras a cuadros!. Bueno, tampoco fue tan
pesado, se acercó a donde estábamos nosotros y me tiró un par de
piropos en inglés, o al menos eso me parecía.
Me decía qué bien que bailaba…, que era el mejor de todos…, ¡qué
lindo culo tenía! y todas esas cosas… Los cordobeses se cagaban
de risa, y te podrás imaginar a Pablo respondiéndole como un
gentleman:

- ”For this moment, I like only womans”, “pero si algún día cambio de
hábitos, te vendré a buscar (mmmm...)”

La verdad que, esto ultimo, ya no recuerdo en que idioma se lo


dije. En fin, esto fue más o menos mi primera experiencia por
Ibiza.

- 117 -
CAPITULO X
Pablo y el Camello.

De vuelta a la isla, recuperándome aún de la marcha portentosa de


Ibiza (ya los labios habían vuelto a su normalidad), volvieron los
sobresaltos a mi vida.
Esta vez, poco tuvieron que ver con el amor. Pasaron un par de no-
ches de lo más correctas en mi momentánea vivienda, con Gusta-
vo casi no coincidíamos en casa, como yo trabajaba por las noches
y el por el dia, teníamos escasos cruces.
Una noche volví a casa super despabilado de la Gaso, no logra-
badormirme, había tenido laburo durante toda la noche casi sin
cesar. Eran casi las 8.00 de la mañana y yo solo daba vueltas por
la cama. Estaba con la puerta cerrada y en una de mis reiteradas
vueltas por la cama siento que tocan el timbre.
Una, dos, tres veces y de manera constante emitiendo un sonido
bastante largo y molesto, más aún que yo no podía pegar ojo. Casi
me decido por ponerme de pie, cambiarme e ir a ver quien es, y
siento que Gustavo abre la puerta y comienza a discutir con el tío
que estaba afuera.
Yo permanecí dentro de la habitación, acercando mi oreja a la
puerta para escuchar que pasaba y si Gustavo en algún momento
necesitara mi ayuda.
Fui escuchando la discusión y pasó algo que no me lo hubiera
imaginado nunca. El tío que estaba desesperado afuera gritando le
estaba pidiendo a Gustavo… drogas, le estaba pidiendo cocaína.
Le pedía de forma desesperada, le pedía que le diera, que en ese
momento no tenia un duro (no tenía un mango) pero que después
se lo daría. Gustavo solo negaba y le pedía que se fuera, que si no
tenia pasta para pagarle que se marchara. Y yo descubrí, (mejor
tarde que nunca), tal vez por mi inocencia, que Gustavo vendia
merca. Era, como dicen aquí, un “camello”.

- 119 -
Estaba viviendo con un narco.
Casi las piernas comenzaron a temblarme. La discusión se prolon-
gó poco más, al fin el tío se cansó de pedir y viendo que no obtenía
ningún resultado ni ablandar a Gustavo, terminó marchándose.
Yo me metí en la cama, imaginándome en la situación que estaba
metido y preguntándome mil quinientas cosas, entre ellas: ¿Si ve-
nía la policía y descubría a Gustavo quien era y a que se dedicaba,
yo vivía con él y estaba en el medio? Mamita, pensaba, me tengo
que salir corriendo de aquí.
Por suerte, al rato de descubrir el verdadero laburo de mi compa-
ñero de piso, pude dormirme.
Apenas despertarme, pasada la una del mediodía, fuí a dar vueltas
por el puerto a ver si encontraba algún lugar nuevo para vivir. Yo
no podía pagarme un piso solo, además a esa altura de la tem-
porada, era prácticamente imposible encontrar algo, estaba todo
ocupado.

Por la avenida Joan XXIII, la principal del puerto, me crucé con


otro argento, que me hacia compañía y se tomaba una birrita con-
migo de vez en cuando en la gaso. Adolfo estaba sin papeles, le
quedaba solo un mes de visado y encima estaba sin laburo, no lo
aceptaban por ningún lado. Intercambiando penas los dos, me
comentó que los primeros 15 días él había vivido con un matrimo-
nio ecuatoriano que le había alquilado una habitación, y me dijo
que quizás la tendrían libre. Me pasó el teléfono del quizás salva-
dor contacto y llamé. Me atendió la mujer, de nombre Griselda,
muy macanuda. Le pregunté directamente si tenía alguna habita-
ción disponible y para fortuna de mi ser y de mi tranquilidad, me
respondió afirmativamente, y que la podría pasar a ver esa misma
tarde. Por si fuera poco, la casa estaba en la misma Avenida, en
frente y a pocos metros de la Gasolinera!

- 120 -
29 de JUNIO
La Nueva Vida Mallorquina.

Mi vida seguía en Puerto Pollença, y cada vez, me iba cautivando


más y más con todos sus encantos. Tuve que enfrentarme a la
nueva mudanza que me esperaba. Al finál se confirmó mi nueva
experiencia “convivencial”: compartiré piso con un matrimonio
ecuatoriano, “Rómulo y Griselda”. Por suerte, no son tan raros
como sus nombres.
Mañana mismo me salgo de la casa Gustavo, que se ha portado
realmente bien conmigo, y me ha echado una mano grandísima al
permitirme vivir en su casa estos días en que el desamor me dejó
de patitas en la calle, pero que al conocer su verdadero oficio,
sentía que me tenia que ir “pitando” cuanto antes de su compro-
metida morada.

30 de JUNIO
El curriculum que nunca llegó.

¡Tengo novedades! Luego de terminar la terrible mudanza –siem-


pre son de lo más estresante de la vida- fuí volando a revelar las
fotos que había sacado en Ibiza y también a hacer unas impresio-
nes a color en una de las pocas imprentas del puerto (que también
había sido uno de los primeros lugares donde había ido a buscar
trabajo recién llegado).
El dueño, Nadal, mallorquín mallorquín, justo estaba haciendo
una carta para un restaurante y como buen diseñador curioso, me
acerqué para hacerle un comentario de lo que estaba haciendo. De
entrada no me miró muy bien, pero después de unos segundos de
silencio, me preguntó si era diseñador: Obviamente le respondí
afirmativo, y agregué que a principios de Marzo me había acercado

- 121 -
a dejar un currículum, y justamente él no estaba, había otro chaval.
¡Resultó ser que el chaval no se lo dió nunca! Y hacía solamente dos
meses que había tomado a otro diseñador… ¡Me quería matar!
Le dije que cualquier cosa, me iba encontrar por las noches en la
gasolinera, y quedó así la cosa.
Bueno, el caso es que anoche estaba en la gaso escuchando la Ber-
suit: “la cola pa cá que se mueve, la cola pa llá que se va”, de pronto…
¡¡veo que el mallorquín de la imprenta es el siguiente en la fila!!
Me dijo que estaba buscando un diseñador, ya que el que tenía no
le convencía demasiado, lo que en porteño seria: “lo quería echar
al carajo”. Al grano, me preguntó si me interesaba el puesto…
¡¡No lo podía creer!!

Yo le dije… ¿¿¿¿¿¿¡¡¡cómoooo!!!??????? ¡¡Ya le digo que me interesa!!

El 15 de Julio terminaba mi contrato en la gasolinera, me propuso


que a partir de la semana siguiente, podía ir por las tardes un rato
para ir enterándome cómo se trabaja y cómo funciona todo.
¡¡Al fin voy a trabajar de diseñador!! ¡¡y en España!! Ya decían por
ahí… después de algo malo viene algo bueno.
Igualmente también estoy pensando mucho en mi vuelta a Ar-
gentina: la tengo para mediados de Septiembre y con este nuevo
(hermoso) trabajo, se va a complicar bastante… Tengo que esperar
a ver como transcurren las cosas… ¡Paciencia nene! ¡Paciencia!
Mientras tanto, la vida social sigue en aumento, conociendo más
gente y haciéndome cada vez de nuevos amigos. Remontándome a
los días en que paseaba a Iscis, la perrita de Bea, por el paseo marí-
timo, unos chicos siempre estaban jugando al beach voley. De ellos
solo conocía a Gustavo, “El turco”, un porteñazo total, hincha de
Atlanta, que jugaba conmigo los jueves por la noche al futbito en
los clásicos rioplanteses.
Un día me quedé a mirar como jugaban hasta que uno de ellos me

- 122 -
preguntó si quería jugar…

- “Bueno”, dije yo. Y no me fui nunca.

Así que como imaginarás, mi vida social incluye con frecuencia


memorables tardecitas de voley playero previo a ir a mi trabajo en
la gaso, en la que ya tenia las horas contadas.
Recordando los últimos días en la gaso, a veces me visitaba por ahí
Alejandro, otro argentino que está de paso por la isla y que tiene
pensado recorrer bastante Europa.
El también comenzó a ir al Voley, donde nos reunimos todas las
tardes y nos la pasamos a lo grande. Mi nivel en este deporte no es
del todo bueno, pero como buen argento, me sacrifico.
Y hay una anécdota. Resulta que el abuelo de Ale, era mallorquin
y medio hermano de uno de los abuelos de dos de los colegas
que poco a poco iba conociendo mas y mas en el voley: Coloma y
Alfonso, hermanos pollensines. Y así, entre chistes y chistes, entre
charlas y charlas, una tarde de voley comenzando a hablar de nues-
tras raices, descubrieron que ¡¡eran primos!! ¡¡Alta emoción!! Si has-
ta parecía aquel programa argentino... “Gente que busca Gente”.

13 de JULIO
Rememorando Ibiza en el Puerto.

El último sábado que trabajé en la gasolinera, fué bastante mo-


vidito. Desde que entré a las 22.00 horas, no había parado hasta
pasada la media noche. Mucha gente poniendo gasolina y muchos
otros, a los que se les había cerrado el super, comprando bebida
para hacer el famoso “botellón” por la noche.
Cuando se calmó un poco el trabajo, hice un par de cajas y guar-
dé dinero en la caja fuerte, cuando de pronto aparecen cantando

- 123 -
“Qué viva España” un par de chavales a comprar más alcohol.
Iban bastante alegres, pero se mantenian cuerdos, o al menos lo di-
simulaban bastante bien. Se quedaron un buen rato haciendome
compañia y charlando sobre fútbol. Al rato, les estaba invitando a
beber unas cervezas.

- “Estas las invita Cepsa”, les tiré.

Los pibes eran de Zaragoza, y ese también era su ultimo sábado en


la isla, en el cual estaban dispuestos a todo. La charla con ellos fué
a más, a tal punto que en un momento uno de ellos me tira:

- Oye tío, porque no cierras un rato el Tinglao (la gaso) y te vienes a bailar
un rato con nosotros a “Chivas”?
- Noo, jaja, estás loco? Estoy solo! No puedo cerrar acá... no puedo.
- Entendemos, entendemos... decía el otro.
Y se fueron como llegaron, cantando.

A partir de ahi, la noche estuvo super tranquila y el tiempo pasaba


demasiado lento, entre las dos y las cuatro de la mañana, parecia
que habian pasado diez horas.
A las 04.15 aproximadamente, luego de meditarlo junto a otras
dos latitas de “Amstel” y haber hecho todo el trabajo nocturno
pertinente, me mandé “to´valiente” a “Chivas” a mover un poco
el esqueleto. Si, cerré la gasolinera, colocando el tipico cartelito en
la puerta: “regreso en 15 minutos”. Cuando entré, los de Zaragoza
flipaban. Ya a esas horas estaban borrachísimos. Bailamos y nos
reimos un buen rato junto a unas guiris que estaban dando vueltas
por ahi, y volví al curro un poco más traspirado, más alegre que
cuando me fui, y faltando solo 40 minutos para que termine mi
turno. Los 15 minutos más largos de la historia. ¡Era mi despedida!
Y no hacen falta mas detalles. Vaya inconsciencia. Vaya anécdota.

- 124 -
CAPITULO XI
20 de JULIO
Diseño & Nuevos Amiguetes

Este ultimo tiempo tiré un poco al olvido mi cuadernillo-anecdo-


tario. Aquí en la isla hay tantas cosas para hacer en verano, que
al final sólo te da tiempo de hacer la mitad: Playa, excursiones,
beach-voley, futbito, cenitas… Muy buena vida. Como verás, lo
realmente bien.
Pero lo más importante es que estoy y sigo muy bien, y a esta altura,
la gasolinera es parte de la historia. Estoy haciendo horario com-
pleto en la imprenta con mi jefe Nadal ¡¡trabajando de diseñador
carajo!! No me puedo quejar en absoluto; estar en un lugar como
en el que estoy, trabajando de lo mío y encima librando sábado y
domingo. Creo que más no se puede pedir.
La mayoría de los inmigrantes, trabajan en la obra o en la hoste-
lería, que es donde se gana más dinero, pero prácticamente solo
pueden hacer eso. Vida social casi nula. Solamente a tomar un par
de cañas luego de medianoche cuando terminan en sus trabajos.
Cuando me cruzo a argentos o charrúas y les cuento donde trabajo
y lo que gano, todos se quedan asombrados y me dicen:

- ”uyyyy… como la robás flaco!”

La verdad reconozco que he tenido suerte, pero también sabrás


que me la he buscado. Hace solo 4 meses estaba repartiendo pu-
blicidad en la calle; luego trabajando con pico y pala en la obra;
después le tocó el turno a la gasolinera de Alcúdia, más tarde a la
del Puerto y únicamente luego de rodar por todos esos sitios, caí
aquí, en la imprenta. He ido de menor a mayor, sin escalas. Siem-
pre recuerdo una poesía de Amado Nervo que me hacían estudiar
en el cole, había una parte que alegaba:

- 125 -
- “El hombre es el arquitecto de su propio destino”.
Pues en eso estamos.

Mientras tanto, yo me sigo haciendo de nuevos colegas. Además


de los ya nombrados, fueron apareciendo otros. Ana y Davide,
dos “tanos” hermanos divinos; Patrick, alemán; Sando y Lee, dos
coreanos medio catalanes súper simpáticos, y Muna: una france-
sa muy especial que habla varios idiomas y dependiendo de con
quién habla, ella habla de tal o cual forma, con tal o cual acento y
palabras. Así que, cuando habla conmigo... ¡parece argentina! Es
más, apenas la conocí le pregunte de forma muy porteña de que
parte era de Buenos Aires! Increíble. Estudia el calendario maya,
las nueve lunas y todas esas cosas de las cuales no tengo mucha in-
formación. Cuando me conoció, me dijo: “Vos sos así, tienes esto
y sos los otro”. Me quedé con la boca abierta. Había acertado en
todo. Solo con verme un par de veces, decirle fecha y año de cuan-
do nací, me describió tal cual era, tanto las cosas buenas como las
negativas. Quedé asombrado.
Ella estaba de paso por aqui, y antes de despedirnos, me regaló una
hoja escrita por ella, con un par de frases dedicadas a mi persona.
Hay una que me gustó tanto..., que deseo compartirla contigo, y
que también es parte del comienzo de este libro:

“Soy un faro en el río del olvido


y comando mi emoción”

Muna Sai.

- 126 -
CAPITULO XII
FIESTAS PATRONALES en POLLENÇA
1 de AGOSTO.

MOROS y CRISTIANOS

Pollença celebra estos días las Fiestas de “La Patrona”, una cele-
bración cívico-religiosa de origen muy antiguo. Los cañonazos, los
cohetes y el repique de campanas inician el programa de fiestas,
que se prolongará hasta el 2 de agosto, día de la “Mare de Déu dels
Àngels”.
Pero el acto central de las fiestas y lo que todos esperamos, es el
simulacro de Moros y Cristianos, que se hace el día de la Patrona,
para conmemorar la batalla de los “pollencins” contra 1.500 mo-
ros encabezados por el corsario Dragut, que tuvo lugar el 30 de
mayo de 1550.

Según me cuentan, Pollença recibió ese día el ataque corsario más


importante que nunca había sufrido. La batalla se ganó gracias a la
ayuda del valiente “Joan Mas”, que salió a la calle Major, alertó del
peligro y encabezó el combate heroico contra los adversarios.
Todos mis amigos mallorquines made in pollença, Alfonso,
Juanfe, Domingo, Aleix y otros más, participan vistiéndose algu-
nos de moros y otros de cristianos, al igual que todo el pueblo.
Durante la celebración, he visto a más de un moro o cristiano
que no era mallorquín, así que, si sigo aquí el año que viene y me
siento con confianza, me transformaré en un cristiano más. ¿O
mejor moro?

- 127 -
12 de AGOSTO.
La Dorada y la Negra son las Culpables.

Y el tiempo no para, claro. No todo son fiestas por aquí. Sigo


“currando” en la imprenta, por suerte cada día mejor y con más
confianza. Hacía un buen rato que no me sentaba enfrente de un
ordenador a diseñar (más de un año) y más enfrente de una Mac.
Pero por suerte va bien.

Sigo también conociendo más profundamente a mis amigos, so-


bre todo a los italianos: David, alias “Daviche”, un personaje de
aquellos..., él intenta todo el tiempo enseñarme su idioma y yo el
mío, nos reímos mucho. Y su hermana, Ana, “La Tana”, como la
rebauticé. Además de ser divina, hace una pasta para chuparse los
dedos.
Ayer justamente con la Tana nos fuimos de excursión en bici hasta
la Cala San Vicente. Esta cala se encuentra saliendo del Puerto en
dirección Pollença, tomando una carretera a mano derecha muy
guapa, rodeada de montañas, almendros y bellos paisajes. Estuvo
buena la excursión. Yo hacía rato que no andaba en bici y la pan-
cita que estoy echando trabajando sentadito frente al ordenador la
siento cada vez más. Hay que cortar un poco con las Guinness y
con las Heineken de cada noche.
Definitivamente son las culpables.
¡Pregunta al margen! ¡Pregunta al margen! ¿Quién dijo que el alco-
hol “fija” las grasas...?
¡¡Esto ya tiene vida propia!!

Con respecto de la vuelta a Argentina, me vengo maquinando hace


ya una semana larga. Esto de volver o no volver… Mañana sí o sí
tengo que hablar con mi jefe, porque si al final me decido por ir a
mi querido país, quiero estar por lo menos 15 días con los míos.

- 128 -
17 de AGOSTO.
Volver o no volver, esa es la cuestión.

Sobreactuando melodramáticamente un poco con mi jefe, (otra


vez en escena mis gotitas de sudor, acribillando mis brazos, pero
ya un poco más maduras) le dije que estaba encantado de trabajar
ahí, pero que si no usaba el billete de vuelta esa fecha lo iba a per-
der para siempre. Y obviamente, no lo quería perder.
¡¡Me dijo que no había problema!! Que me vaya 15, 17 días y que
luego vuelva con las pilas cargadas…Un capo total Nadal. Le estaré
siempre agradecido.
Suerte la mia, que durante el primer año lejos de casa, pude cru-
zarme con varios “capos” por mi camino.

¡¡VUELVO!! Luego de tantas idas y venidas, que voy que me que-


do, vuelvo a casa loco! ¡¡Qué emoción!! Este mes creo que va a ser
interminable. Empieza la cuenta regresiva.
Hice los números y me di cuenta que regreso a casa luego de exac-
tamente 361 días. ¿¿Quién diría ehh?? Tanto tiempo lejos. La ver-
dad no puedo creer que haya pasado tanto pero tanto tiempo.
Tengo una sonrisa pegada a la cara que no me la saca nadie. Soy
pura emoción.

27 de AGOSTO.
Un poco de Bati, otro poco de Raúl.

Mientras ando con la cabeza un poco en Buenos Aires y otro poco


en Mallorca, acá la vida sigue y la sigo pasando gloriosamente. Con
los chicos que jugamos al futbito, hace una semana comenzamos
un torneo en el “Polisportiu” del Puerto. Nosotros representamos
al restaurante indio “Doner Kebab”, y justamente ayer ganamos

- 129 -
el partido que teníamos que ganar para pasar a la segunda ronda.
Fue contra otros conocidos míos, la mayoría charrúas. Un sober-
bio 5 a 4 con dos anotaciones del delantero argentino (yo).
¡Si sigo así me van a pedir que juegue para España en el próximo
mundial! ¡Guay Argentina que me lleva España! (en mi barrio me
prohibirían la entrada para siempre)
La emoción del fútbol no iba a durar demasiado. Esta semana
jugamos los cuartos de final y quedamos eliminados en un partido
increíble: 2-3. Y chau sueño mundialista. Con Alfonso fuimos a
llorarle a la Tana que estaba trabajando donde lo hizo durante
toda la temporada veraniega, en el Hostal “París”. Nos consoló
hasta que se enojó y nos echó.
Ya pensamos en la revancha que nos tomaremos el año próximo.
Habrá una pretemporada a base de Guinness y Kebabs aún más
fuerte que este año.

2 de SEPTIEMBRE
Se evapora el Verano.

El verano se está terminando. Cada vez veo menos gente por las ca-
lles, cada vez siento menos olor a crema solar que invade el paseo
marítimo del puerto procedente de los guiris. Pero el tiempo sigue
estando bastante bien. Así que los partiditos de beach-voley con
los atardeceres anaranjados del “Port” aún no se terminan.
También hay mañanas en las que antes de ir a trabajar, voy a nadar
un poco al mar, con el agua terriblemente tibiecita y por supuesto,
libre de tiburones. Hermosa. Me ayuda a espabilarme un poco y
también a devolver mis pies a la tierra, ¡aunque este en el agua!
porque con todo el tema de la vuelta, mi cabeza está revolucionada
y me estuve mandando un par de “cagadillas” en el laburo. El otro
día tenía que imprimir 10 hojas e imprimí 30; Ayer hice unas tar-

- 130 -
jetas e hice 200 copias. Había escrito mal el apellido del tío. Ufff…
Los “Joderr…” y los “Me cago en deu…” de mi jefe vienen sonando
bastante seguido. Ya no quiero escucharlos más.
Es que estoy revolucionado! Tengo que darme tiempo y reflexio-
nar sobre todo lo que pueda llegar a suceder y/o sentir cuando
vuelva. Creo que será un “subidón” muy grande. Pero para éste
subidón estén seguros que no hará falta ningún tipo de “efectos
especiales”.
Tengo que prepararme.

8 de SEPTIEMBRE
Diseñando a Oscuras.

El otro día hubo gran fiesta gran, el cumpleaños de Aleix, el chico


que trabajó en el “O`haras” este verano (nuestro pub de cada no-
che); además de ser compañero de emociones, voley y distribuidor
de cerveza gratuita cuando su jefe no lo ve.
El caso es que hizo la fiesta en su casa, en Pollença. Con Alfo y La
Tana le regalamos un almanaque con todas las fotos de las que fué
partícipe este verano. Nos fuimos de ilegales a la imprenta a las
2.00 de la mañana y estuvimos hasta las cuatro largas bien largas
haciéndolo. Si mi jefe se entera… mmm… me parece que me que-
do bastante más que 15 días en Argentina.
Pero la verdad que valió la pena, el cumple estuvo barbaro, bailan-
do, bebiendo y terminando todos medio borrachos en la piscina.
Cabe acotar que el chapuzón fué fundamental, ya que era Domin-
go, se estaba haciendo tarde y al día siguiente había que laburar.
Finde para el recuerdo.

- 131 -
CAPITULO XIII & ULTIMO
14 de SEPTIEMBRE
REGRESO a CASA.

Estamos a 14 de Septiembre… ¡ha llegado el momento! El mo-


mento de volver a casa. ¡todo llega! Creo que hoy no voy a poder
pegar ojo en toda la noche. Pero por otro lado mejor, así el duro
viaje de doce horas que me espera hasta Baires me lo puedo pasar
descansando. ¡Reservando energías para los reencuentros que me
esperan por allá!
Ahora me voy al O`haras y con unas Guinnes de por medio, me
despediré de algunos de mis amigos. Con Ana y Daviche, pasará
un tiempo indeterminado sin verlos, ya que pronto también vuel-
ven para su tierra y va a resultar bastante triste esto de decirles
adiós porque hicimos una gran amistad.
Y con otros será solo un “hasta luego”, ya que se quedarán aquí
durante todo el invierno, trabajando y porque no, continuando
con los placeres que te otorga esta isla.

Septiembre siguió creciendo y los días comenzaban a acortarse


cada vez más. Una tarde de voley donde un pedazo de tormenta
dijo presente y nosotros seguíamos firmes jugando bajo el tremen-
do aguacero, disparé una frase que quedará para la prosperidad:

- ¡Que el verano no se terminé nunca papá!.

Mis amigos no podían parar de reírse y seguimos jugando hasta


cuando comenzamos a temblar de frío. Momento propicio para
volver casa.

- 133 -
15 de SEPTIEMBRE de 2004
El Viaje.

Hoy es Miércoles 15 de Septiembre, “El día del la vuelta”, y como


les había anticipado en el párrafo anterior, anoche no dormí nada,
desveladísimo.
Aproveche la mañana para ir al paseo marítimo del puerto, super-
poblado de negocios, para adquirir un par más de postales que
evidencien aún más el lugar donde estaba viviendo, y algún que
otro regalito más para llevar.
También me mandé para la plaza principal, donde cada Miérco-
les en el Puerto tenemos mercadillo. Andaba con ganas de hacer-
me otra vez las trenzas en el pelo, todo el cabello estirado hacia
atrás entrenzado. Te cuento: duele un poquito cuando la negrita
te pone la mano encima, pero una vez que crece, te acostumbras.
Ya me las había hecho cuando me separé de Bea –interpretaciones
psicológicas aparte- para cambiar un poco el look. Como gustó en
su momento, decidí hacérmelas otra vez. Quería que me las hicie-
ra la misma negrita, pero no la encontré por ningún lado.
Terminé de hacérmelas quizás con alguna prima suya, y me crucé
con dos argentinos: Marcelo y Marcos, que trabajan en un restau-
rante llamado “Tiberi”, repleto de argentinos (solo decirte que en
uno de los carteles del local dice: “Carnes Buenísimas”)

- “Me voy a Argentina”, les tiré.


- “Que culo loco!!”, Respondieron a coro.

La tierra se extraña y el patriotismo es un talento que se enaltece


con la distancia.
Antes de partir para el aeropuerto, fuí a despedirme como buen
“empleado del mes”, de mi jefe Nadal a la imprenta. Me dijo que
disfrutara y que volviera con las pilas cargadas (me reiteró eso… me

- 134 -
parece que se me vienen pilas de trabajo cuando regrese).

Anteriormente me había despedido también de mis compañeros


de piso “Ro” y “Gri” (ya había confianza) deseándome suerte en
la vuelta a casa.
Quedé con Alfonso y La Tana para que me llevaran al aeropuerto.
La entrañable Tana amagaba con irse y al final siempre se quedaba
tres días más, una idola. Llovía a cantaros y me la pasé intentando-
de que no se me mojaran las valijas llenas de regalos que llevaba
a casa. Al ratito, llegaron los colegas y las subí al auto. Lo primero
que les escuché decir en ese momento y a coro nuevamente, fue:

- “¡¡¡Otra vez las trenzas tío!!!”.


- ¡Y bueno… no puedo conmigo!

Luego de la última despedida con ellos (hubo varias más por la no-
che anterior) tomé el primer vuelo que me llevó a donde comencé
esta historia: Madrid. También tenía la misma ansiedad del co-
mienzo. El vuelo estuvo bárbaro, a pesar de que mis oídos sufren
un poco en cada despegue y en cada aterrizaje, pasó rapidísimo.
Por otro lado me había agarrado un sueño muy profundo antes de
despegar y dormí toda la hora y cuarto que duró el vuelo.

Desde Barajas, acabo de hablar con mi vieja, mi viejo y mi herma-


no, solo faltó hablar con Pepa. Con la infaltable y siempre presen-
te Pepa. Estoy súper emocionado. No veo la hora de llegar a casa.
¡Ya! ¡Ya!

- 135 -
18 de SEPTIEMBRE
Volví a Casa. Al barrio. La Familia. Los amigos.

Que viaje tan largo! Di varias vueltas alrededor de otro gigante,


casi idéntico al que me llevo a Madrid; sin embargo no sentía el
paso del tiempo, es más, pasaba el tiempo igual de rápido que
cuando trabajaba con el puñetero “cubilote” en la obra. Te podrás
imaginar…
Afortunadamente, en una de esas interminables vueltas en el
avión, conocí a Valeria, una platense muy macanuda, que se veía
tan ansiosa y desvelada como lo estaba yo. Instantáneamente en-
tablamos profundas y amenas conversaciones, típicas de dos inmi-
grantes en potencia. Ella estaba en Italia, en el sur de Milano, tra-
bajando también de diseñadora y noviando con un “Tano” desde
hacia dos años.
Nos agradecimos mutuamente la buena compañía; intercambiar-
nos nuestros teléfonos y prometimos un futuro encuentro, cuando
el azar me acercara a la “ciudad de las diagonales”.
Al retornar a mi asiento, aguardé por veinte interminables minu-
tos, la redentora voz del genio a los comandos del avión, que me
depositaria en casa. Todo fue adrenalina al escuchar: “En quince
minutos aterrizaremos en Ezeiza, Buenos Aires, Argentina”.
Un puñado de emociones comenzaron a apoderarse de mis sen-
tidos.
Al aeropuerto fueron a buscarme mi viejo Luis con mis dos tías,
Isabel y Marisa: los gallegos… ¡Vamo´ caraiyo!
Pero pasó algo tan común como extraño para al que le sucede: nos
desencontramos.
El gallego -mi viejo- suponía que volvía por Iberia, cuando la em-
presa en la que volaba era Aerolíneas Argentinas. Habían estado
esperándome desde las seis de la matina en otro sector del Aero-
puerto.

- 136 -
Al momento de salir -vencido por la ansiedad, fui uno de los pri-
meros-, hallé un hall repleto de seres queridos aguardando con
brazos extendidos y sonrisas a punto de estallar a vaya uno a saber
cuantos, que regresaban de España o desde cualquier otra parte
del mundo. Mi vista no divisaba a ninguno de los míos y me in-
vadió un sentimiento de tristeza. Igualmente atravesé el Hall rién-
dome, pensado que tal vez estaban escondidos por ahí, buscando
sorprenderme. Sin embargo mi sonrisa poco a poco fue convir-
tiéndose en “puchero”.

- “Joder. Vuelvo después de un año, ¿y no viene a buscarme nadie…?”. Me


preguntaba desconsolado.

Luego de esperar casi una hora, llamé desde el telefono público al


móvil de mi hermano (mejor dicho: “celular”, porque se me viene
una de cargadas encima...) diciéndole que nadie había venido a
buscarme. Lo único que logré fue que se cague de risa diciéndo-
me:

-“Pendejo volvéte a España que acá no te queremos, ja ja…”

Entonces decidí dirigirme al otro sector del aeropuerto, en bús-


queda de comprobar si por casualidad estaban allí esperándome.
Y así fue. Me vio mi tía madrina Isabel, “¿Pablito?” me disparó,
no entendía mucho lo que llevaba en la cabeza… Eran las trenzas,
claro.
Luego vi a mi viejo, a mi querido viejo, con el pelo más blanco y
con una gran sonrisa dibujada en su cara; y por último a mi tía
Marisa.
Una vez que le terminé de recriminar cien veces a mi viejo por el
inesperado desencuentro, emprendimos el camino para casa. An-
tes de llegar pasamos a dejar a mi tía Isabel, donde junto a mi tío

- 137 -
Jesús y mis primas Elisa y Ali compartimos mates y abrazos.
El reencuentro con mi vieja fue conmovedor. Al abrir la puerta los
dos ya estábamos llorando; nos fundimos en un abrazo intermina-
ble que recordaré por siempre.
Luego vinieron los amigos, los vecinos y en un rato hará lo propio
el resto de la familia.
Me espera un gran asado en la casa de mis tíos.
Gracias a Dios y a la Virgen me encuentro perfectamente bien físi-
ca y espiritualmente, tal como me reclamaba mí querido hermano
en su carta de despedida.
El calor de toda mi gente hizo de mi vuelta un momento pleno de
felicidad. El amor de los míos, el tiempo, los aromas, los espacios,
las miradas y las risas se mantenían intactas; como si despertara de
una larga noche de calido sueño. He imaginado mil veces como
sería este regreso y he comprobado, que la distancia no apaga amor
ni sentimiento alguno.
Hay quienes aseguran que cuando un hombre se distancia de su
medio ambiente natural, al volver no encontrará nada igual ha
como lo ha dejado. Sin embargo, ese vaticinio poco tiene que ver
con mi experiencia. Prácticamente no percibo la diferencia en ab-
solutamente nada.
A decir verdad, si noto algo diferente. El diferente soy yo; el Pablo
de siempre, pero con diploma de inmigrante.

Mi amigo Claudio, en una de las tantas cartas que me escribieron


cuando me marché, ya lo preludiaba entre sus palabras de despedi-
da: “La distancia es un tema geográfico a secas, los seres queridos
siempre están cerca”. Y así es. Los que te quieren y aprecian de
verdad estarán siempre. Mas allá del tiempo y de la distancia.

A mi me lo hicieron sentir de esta forma.

- 138 -
Esto fue “Cuando comencé a volar”, de:
Pablo Caamaño Cistaro

pablocaaman@gmail.com
Página web del libro: www.cuandocomenceavolar.com
facebook: cuando comence a volar