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La receta de masa de pizza casera es bien sencilla, se trata de una masa ligera de pan

enriquecida con aceite de oliva, que debe hornearse a alta temperatura. Aquí os
explicamos el secreto para conseguir una masa perfecta, similar a la que se elabora en
las pizzerías.

En Italia la pizza se suele comer en restaurantes donde se elabora de forma tradicional


en hornos de leña especiales, donde el “pizzaiolo” se encarga de elaborarlas. Es un plato
de origen napolitano, según parece, y las primeras pizzas eran unas tortas de pan apenas
aromatizadas con hierbas y aceite. Poco a poco se han ido añadiendo ingredientes,
tomate, queso, embutidos, etc. y se ha ido popularizando durante el siglo pasado por
toda Italia y el resto del mundo.

Ingredientes para 2 pizzas medianas.

200 gr. agua, 300 gr. harina (mejor si es harina de fuerza), ½ cucharadita de sal, 1 sobre
de levadura seca de panadería (ó 20 gr. levadura fresca), 15 gr. aceite de oliva virgen
extra, semolina (opcional).

Elaboración.

Para hacer la masa, primero mezclamos la harina con la sal y la levadura granulada en
un recipiente amplio. Haz un volcán en el centro y añade el agua templada, en torno a
37º, y el aceite de oliva.

Remueve bien con un tenedor hasta que quede una masa lisa que se desprenda de las
paredes del cuenco. Pasa a una mesa enharinada ligeramente, o mejor espolvoreada con
semolina (sémola de trigo de molido muy fino).

Procede al amasado, para que la masa quede elástica y suba bien. Para ello aplasta y
estira la masa con la base de la mano derecha, dobla la masa por la mitad y presiona de
nuevo con la base de las dos manos. Repite el proceso de forma continuada durante
cinco minutos.

Durante el trabajo se espolvorea de vez en cuando un poco de harina o semolina en la


mesa de trabajo y en las manos, para que no se pegue mucho, pero siempre en pequeñas
cantidades para no endurecer mucho la masa.
Para que quede muy elástica hay que proceder al refinado de la masa. Para refinarla
aplasta y retuerce la masa, girándola y dando forma alargada sobre la mesa. Une los
extremos y amasa con los puños hasta fusionar el conjunto. Repite el proceso de
amasado y estirado durante 5-10 minutos.

Pasa la masa, que debe quedar lisa y elástica, a un cuenco amplio ligeramente aceitado.
Cubre con film transparente o con un trapo limpio y deja fermentar en sitio cálido
durante 30-40 minutos, o hasta que doble su volumen. En invierno puede tardar más
tiempo, según la temperatura ambiente.

Una vez fermentada, pasa a la mesa enharinada y aplasta la masa con los puños
suavemente para eliminar el exceso de gas formado en el interior. Corta en dos o tres
porciones y estira la masa con rodillo sobre la mesa, hasta que quede fina, máximo
unos 3-4 mm. de grosor, dependiendo del resultado final que busquemos.

Si nos gustan pizzas muy finas y crujientes, deja reposar la masa en una bandeja de
horno espolvoreada de semolina durante 10 minutos, cubre con los ingredientes
deseados (tomate en rodajas o triturado, mozzarella, anchoas, aceitunas, etc.), riega con
un hilo de aceite de oliva virgen y hornea a horno muy fuerte, 250º-290º unos 10
minutos, o hasta que quede crujiente y dorada.

Si queremos una pizza de masa más gruesa y esponjosa, dejemos fermentar de nuevo el
disco de masa durante 35-40 minutos, hasta que suba lo suficiente. Cubrimos con los
ingredientes y horneamos a 220º unos 20 minutos.

Espero que con esta receta de masa de pizza obtengáis resultados de pizzería
profesional. De todos modos, para aclarar algunos puntos relativos a los ingredientes,
fermentación y horneado podéis leer nuestros consejos para una masa de pizza perfecta.