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Hacia la Verdadera Integración

H. Galván

Los últimos años (y en especial los últimos meses) han sido de reflujo y de cambio en
la correlación de fuerzas de la política latinoamericana; tras el "break down" que
significó la caída de los sandinistas y del muro, nuevos paradigmas, ideas y prácticas
se hacen posibles en la redefinición del continente.

El llamado giro a la izquierda, como algunos le han calificado, no es más que la


expresión de que importantes sectores de la población del continente se han
convertido en sujetos de poder y están influyendo en las decisiones políticas de la
región, expresando sus intereses y aspiraciones. Al ser franjas mayoritarias y
populares, sectores históricamente excluidos, su intereses reflejan de manera muy
acertada, lo que llamamos "intereses nacionales" de nuestros países.

Por primera vez en las últimas dos o tres décadas, América Latina vuelve a definir,
desde sí misma, su rumbo. Pero la redefinición del destino latinoamericanista (no
aislado del contexto global) es un proceso complejo, en donde las corrientes políticas
latinoamericanas se entrecruzan, contradicen y se mantienen en constante
interrelación.

La nueva situación del continente proviene de numerosas crisis, desde la crisis


estructural de inicios de los 80's, hasta la crisis del modelo neoliberal de vísperas, que
ha conducido a la crisis política y social de inicios de siglo y que pone en juego la
"gobernabilidad" en la democracia burguesa que se ha configurado con el paso del
tiempo.

La redefinición de rumbo, caracterizado por un cambio en el discurso, en las políticas


publicas, en la visión de los Estados y con cambios sociales diferenciados en los
países, se enfrenta a los grandes intereses del capital transnacional, profundamente
afincado en todos los países del hemisferio.

Se estrella también con los intereses de las oligarquías locales, con su conformación
histórica (desvinculada a los intereses nacionales), su superestructura y, sobretodo,
con los diseños políticos y económicos que estos poderes fácticos han ido
construyendo e imponiendo en la región.

Pero las fuerzas que dirigen este nuevo contexto político latinoamericano, o pujan por
el poder en los demás países, no son homogéneas, provienen de estratos sociales
diferentes, de procesos históricos disímiles y por lo tanto tienen intereses y visiones
heterogéneas. Las respuestas de cada sector político gobernante ante los reclamos
populares, y sus compromisos sociales, varían.

Los cambios en el paradigma, y los cambios en la correlación de fuerza política, requieren


así, formas de integración diferentes a las actuales y/o adaptadas a la nueva situación.
Precisamente, las nuevas estrategias políticas aparecen justo cuando las estructuras de
integración latinoamericanas como el MERCOSUR y la Comunidad Andina de Naciones
(CAN), entran en crisis, y se consolida a la par el avance de la agenda estadounidense
en los esquemas bilaterales impuestos a los países políticamente rezagados,
complicando aun más el escenario regional y limitando la capacidad de influencia en el
escenario multilateral de las negociaciones internacionales de comercio. .

La ALADI : el marco general


La Asociación Latinoamericana de Integración, el mayor grupo latinoamericano de
integración formado por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador,
México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, representando en conjunto 20 millones
de kilómetros, fue constituida tras el Tratado de Montevideo 1980, marco jurídico
constitutivo que establece los principios generales de la organización.

La ALADI cuyo objetivo es la creación de un área de preferencias económicas en la


región, con el objetivo final de lograr un mercado común latinoamericano, avanzó
horizontalmente hasta concretizar tres mecanismos de integración: el MERCOSUR, el
Grupo de los Tres y la Comunidad Andina de Naciones.

Pero la organización se ha quedado corta para propiciar la integración hemisférica. Los


intereses de las burguesías nacionales y las imposiciones externas, han impedido
avanzar en el logro de objetivos de integración económica y social. El esquema no ha
podido dar respuesta a las necesidades de la región, los cambios políticos, el nuevo
contexto internacional, ha producido que al menos dos, de estos tres mecanismos
concretos de integración, estén heridos de muerte. La ALADI, al parecer terminará sus
días como un organismo rezagado y de corte decorativo en el concierto de las
organizaciones internacionales.

MERCOSUR: Se transforma y adapta o muere

El Mercado Común Suramericano, el más importante de los mecanismos de


integración bajo la ALADI , y el proyecto más ambicioso levantado por naciones
sudamericanas, sufre en estos momentos una aguda crisis estructural.

Amenazado por el ALCA, el avance de los bilaterales con EUA y envuelto en la defensa
de las posiciones del Sur en el seno del Sistema Multilateral del Comercio, el
MERCOSUR se debate entre los cuestionamientos y críticas de los países más
pequeños como Uruguay y Paraguay hacia los países grandes, y los reclamos sociales
y populares de inclusión y cambios de las políticas neoliberales predominantes.

En su proceso de integración, el bloque no ha podido avanzar en la consolidación de


un mercado común, ni en la unión aduanera, limitándose incluso el comercio, por la
existencia de listas de excepción.

El conflicto entre Uruguay y Argentina por la instalación de una planta procesadora de


celulosa de capitales extranjeros (papeleras), ha sido un problema, que llegando a
dirimirse en los tribunales internacionales, ha profundizado los cuestionamientos de
Uruguay al sistema, amenazando con explorar caminos como el bilateral con EUA.
La imposibilidad de que dicha crisis se resuelva a lo interno del Bloque, y la
exploración de formas de integración propias y/o extra bloques, constituyen una
verdadera amenaza que puede conducir al estancamiento y desaparición del
MERCOSUR.
Y es qué el no reconocimiento apropiado de las asimetrías existentes entre sus socios
ha degenerado en muchos obstáculos para el proceso de integración del bloque. Las
asimetrías en la estrategia han beneficiado a los socios grandes, favoreciendo muy
poco a las pequeñas economías que han debido homogeneizar su tratamiento
arancelario y sus normas al comercio.

Y es que el MERCOSUR ha sido, hasta la actualidad, un simple acuerdo comercial de


lógica neoliberal. Las corporaciones y Estados más fuertes han explotado a las
economías más pequeñas y a sus trabajadores. Los contratos de Petrobrás sobre el
gas Boliviano, y el tratamiento de Argentina sobre la hidroeléctrica binacional Yacyretá
con Paraguay, son solo simples ejemplos de este proceso.

En la actualidad, los obstáculos del pasado se potencian con las necesidades, intereses
y reclamos de los sectores sociales políticamente activos en Latinoamérica, que
buscan en la integración, en el comercio, la respuesta a las necesidades de los países
del continente.

De esta manera, el mecanismo de integración debe incluir en sus debates un conjunto


de aspectos que se vienen desarrollando en los espacios de intercambio regional de
las distintas redes y articulaciones en los temas: Empleo, Agua, Medio Ambiente,
Energía, Economía Social, Hábitat, Soberanía Alimentaria, Agricultura Familiar,
Derechos Humanos, Salud, Educación y Género, entre otros.

Adaptarse a los cambios políticos y de paradigma, que se están dando en el


continente, tras el ascenso de presidentes populares, es la clave para la supervivencia
del MERCOSUR, redefinido y al servicio de los pueblos del hemisferio.

Y hay esperanzas.
A Pocos meses de la derrota de la estrategia del ALCA en Mar del Plata, en Córdoba, a
fines de julio de 2006, la imagen de los presidentes del MERCOSUR, con la flamante
incorporación de Venezuela y el " Acuerdo de Complementación Económica" firmado
con Cuba, oxigena la perspectiva del bloque

El escenario político planteado durante esos días con la reunión de los presidentes,
junto a la incorporación de Venezuela como miembro pleno y a la presencia de Fidel
Castro, reafirmaron el proceso abierto por el MERCOSUR para su transformación y
adaptación al nuevo contexto internacional.

Entre las nuevas medidas adoptadas por el bloque se encuentran:

El Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM), "un avance


significativo en el tratamiento de asimetrías, la promoción de la cohesión social y el
fortalecimiento del proceso de integración". Al cual se comprometieron poner en
macha en 2006

La Propuesta Argentina "de crear un Banco de Desarrollo del MERCOSUR para


financiar proyectos de infraestructura y consolidar una estrategia financiera para la
región".
"Beneplácito por la incorporación de Uruguay, Paraguay y Bolivia al proyecto de
interconexión gasífera Gran Gasoducto del Sur, así como por todas aquellas iniciativas
que buscan consolidar la red de gasoductos Sur-Sur, y que servirán como plataforma
para la integración energética, política y social de la región".

"Continuar trabajando para dar cumplimiento al objetivo de que el Parlamento del


MERCOSUR sea instalado antes del 31 de diciembre de 2006"

"Continuar coordinando y armonizando políticas que garanticen la protección del


ambiente y los recursos naturales en la región"

"Prioridad de definir una Agenda Social Integral y Productiva, orientada a desarrollar


iniciativas y políticas activas, para reducir el déficit social, promover el desarrollo
humano integral y la integración productiva" . Concretizándose esa agenda en un Plan
Estratégico de Acción Social para identificar medidas destinadas a impulsar la inclusión
social y asegurar condiciones de vida mas dignas para nuestros pueblos

"Avanzar hacia la integración productiva regional con desarrollo social con énfasis en
la promoción de emprendimientos productivos regionales que incluyan redes
integradas especialmente por PYMES y Cooperativas. A estos fines, se instruye a los
Ministros de las áreas vinculadas a la producción a definir las pautas que conformarán
el Plan de Desarrollo e Integración Productiva Regional".

Acordaron "la creación del Instituto Social del MERCOSUR y el establecimiento de un


Grupo de Alto Nivel para el diseño del Instituto MERCOSUR para la capacitación de los
Funcionarios de las Administraciones Públicas"

"Celebraron la consolidación del Programa Somos MERCOSUR y enfatizaron que la


participación social es central para profundizar el proceso de integración.

Es obviamente un sensible cambio de discurso y de visión en un bloque renovado. Sin


embargo, de la concretización de medidas que lo transformen estructuralmente,
depende su supervivencia, y que se convierta en un instrumento para la plena
integración de los pueblos del sur y un referente para otras latitudes, de no ser así,
tendrá el destino de sus sistemas hermanados como la CAN.

Las negociaciones bilaterales: un escollo para la integración.

Desde el empantanamiento en las negociaciones multilaterales y especialmente las del


ALCA, los Estados Unidos, dirigido por la casta ultra conservadora, ha decidido ofrecer
tratados bilaterales con los países del hemisferio más cercanos a su política y a su
influencia. El marco de las negociaciones iniciadas ha sido el NAFTA, en el cual se han
inspirado procesos de negociación, adhesión, firma y ratificación de los tratados
comerciales bilaterales acordados con Centroamérica, los países andinos y Chile.

Los acuerdos de libre comercio con EEUU, que avanzan la agenda del país del norte,
no se remiten a simples acuerdos de libre comercio de mercancías, apuntan a
consolidar modelos de desarrollo basados en la extracción de recursos naturales,
homogeneizando así la legislación del hemisferio sobre aspectos tan sensibles como
inversión, propiedad intelectual, servicios, solución de diferencias, etc.

Excluyen aspectos tan importantes como el de los subsidios y las barreras no


arancelarias al comercio, que son hoy por hoy, la principal fuente de distorsión al
comercio. Excluyen aspectos como la migración, y la movilidad del factor trabajo.
Asimismo no se avanza en la liberalización de servicios que requieren la movilidad de
las personas físicas, interés de los países subdesarrollados.
Las nuevas normativas relacionadas con la propiedad intelectual, tienen efectos
perjudiciales sobre la salud (en los patentes, etc), la cultura, la educación y la
transferencia tecnológica. Las normas sobre contratación gubernamental, abren el
sistema de compras públicas de los países latinoamericanos a empresas
norteamericanas, y restringen su utilización como política de desarrollo.

Pero el efecto de la negociación de ámbito bilateral tiene su mayor efecto sobre las
perspectivas de la integración regional. Esquemas de integración que tenían décadas
desarrollando proceso que condujeran a la integración económica, como la Comunidad
Andina de Naciones (CAN) y el Grupo de los Tres, se ven hoy impactados
sensiblemente por la negociación bilateral con los Estados Unidos.

El caso de la CAN es ilustrativo, después de décadas de mantener una organización


regional, otorgando preferencias comerciales a los países miembros, tres de sus seis
miembros (Perú, Colombia y Ecuador) deciden iniciar negociaciones bilaterales con
EEUU en las cuales otorgarían mayores preferencias al país del norte que a sus viejos
socios. Un esquema de integración caracterizado por este comportamiento no tiene
futuro. Venezuela decidió formalmente apartarse del Bloque y apostar por
MERCOSUR, por considerar que la CAN no tiene futuro, la crisis de la Comunidad
parece replegarla finalmente a un organismo decorativo en el proceso de integración
del continente.

Estos gobiernos prefirieron un modelo de economía orientado al mercado externo,


ataron sus políticas internas a las normas negociadas en los TLCs. Homogeneizaron su
marco regulador y limitaron en mucho la capacidad de los Estados para implementar
políticas de desarrollo.

Otro aspecto es la capacidad de influir en los procesos de negociación multilaterales,


donde los países de América Latina deben defender posiciones fuertes. El hecho de
haber firmado TLCs con Estados Unidos, a pesar de estar amparada en la excepción a
la cláusula de NMF, debilita las posiciones defensivas de los países latinoamericanos.
La Unión Europea con sus Acuerdos de Asociación Económica que intenta firmar con la
región, ha dejado esto muy en claro.

Finalmente, y ya de carácter más geopolítico, la negociación bilateral puede socavar


las negociaciones multilaterales y la integración, no sólo porque debilita los bloques y
sus capacidades de influencia, sino también porque una vez el proceso bilateral
avanza y conquista los mercados estratégicos, avanzando en la agenda y los intereses
norteamericanos y/o europeos en la región, difícilmente existen motivaciones reales
para impulsar las negociaciones multilaterales, cuando la mayor parte de los países ya
han aceptado las condiciones en el ámbito bilateral.
Hacia la Integración

La última reunión en Córdoba del MERCOSUR, con la incorporación plena de Venezuela


y el acuerdo con Cuba, así como la incorporación de Bolivia al ALBA (Alternativa
Bolivariana de las Américas) supone un hito para nueva situación política del
continente.

La nacionalización de los hidrocarburos y la renegociación de los precios con Argentina


dispuestos entre Evo y Kirchner dan el preámbulo para la configuración de nuevas
relaciones intraregionales. Los países de la región tienen referentes concretos de que
las relaciones entre los países no necesariamente perjudiciales para algunos.

Pertocaribe, como una organización para asegurar la coordinación de las políticas de


energía, su uso eficiente, la cooperación tecnológica, la capacitación, el desarrollo de
infraestructura energética, así como el aprovechamiento de fuentes alternas de
energía, es un ejemplo concreto de que la integración energética es posible y
necesaria.

El Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), iniciativa del gobierno boliviano,


concebido como un acuerdo que ve al comercio como un medio para beneficiar a las
sociedades y que rompe con los paradigmas neoliberales que han dominado el
espectro de las relaciones comerciales del mundo, es otro ejemplo concreto de la
bandera de integración que a penas se levanta. Complementariedad, cooperación,
trato especial y diferenciado, desarrollo humano, bienestar?, son nuevas categorías
que se empiezan a incluir en la perspectiva.

La historia de América Latina ha demostrado que la atomización y la desintegración


(influida ahora por la negociación bilateral) conducen a la debilidad y al subdesarrollo;
s ó lo beneficia al poder transnacional y a las oligarquías criollas. La integración
regional es uno de los elementos claves para apuntalar el desarrollo económico de
nuestros países.

Avanzar juntos hacia procesos de industrialización compartida, complementando


procesos productivos y aprovechando las ventajas de nuestros países, es la clave para
la modernización y para dejar atrás la historia de enclaves primarios de los países
centrales.

La integración latinoamericana, no sólo desde el punto de vista económico, sino desde


lo social, lo cultural, lo energético, lo político, lo militar, etc, que hoy vuelve a tener
vigencia, es la clave para iniciar el despegue de los países del hemisferio.

¡El futuro del continente parece ser prometedor, pese a los rezagos!