Sie sind auf Seite 1von 14

Volumen 39,espacios,…

Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, Nº 2, 2007. Páginas 221-234
221
Chungara, Revista de Antropología Chilena

LOS GRUPOS NÓMADES DE LA PATAGONIA Y EL CHACO


EN EL SIGLO XVIII: IDENTIDADES, ESPACIOS,
MOVIMIENTOS Y RECURSOS ECONÓMICOS ANTE
LA SITUACIÓN DE CONTACTO.
UNA REFLEXIÓN COMPARATIVA
NOMADIC GROUPS OF THE PATAGONIA AND CHACO REGIONS
IN THE XVIII CENTURY: IDENTITIES, SPACES, MOVEMENTS
AND ECONOMIC RESOURCES IN THE FACE OF EUROPEAN CONTACT.
A COMPARATIVE REFLECTION
Lidia R. Nacuzzi 1

Se propone en este trabajo una reflexión comparativa acerca de los grupos indígenas de Pampa-Patagonia norte y los del Chaco
austral oriental y los cambios que, para el siglo XVIII, habían introducido en sus formas tradicionales de intercambios, movili-
dad, adquisición de recursos económicos y explotación de recursos naturales, como consecuencia del contacto con europeos.
Esto aportará nuevos datos para la región patagónica y, para el Chaco austral, planteará en otros términos algunas cuestiones
sobre las cuales el debate parece clausurado, como son la identificación de grupos étnicos, el papel de los bienes europeos en su
economía y la verdadera dimensión del nomadismo.
Palabras claves: Pampa-Patagonia, Chaco, relaciones interétnicas, frontera.

This paper proposes a comparative consideration of the indigenous groups of Pampa-Patagonia and southern Chaco. By the
XVIII century said groups introduced changes in their traditional ways of trading, mobility, acquisition of economic resources
and exploitation of natural resources, due to European contact. This approach not only provides new data on the Patagonian
and southern Chaco regions, it also allows review of issues on which debate seems to have ended, such us: ethnic group
identification, the role of European goods in the economy and the true dimension of nomadism.
Key words: Pampa, Patagonia, Chaco, interethnic relationships, frontier.

En la historia de la “conquista y colonización tal) el establecimiento de pueblos de reducción.


del nuevo mundo”, en el extremo sur del conti- En ambos casos, también se había incrementado,
nente, el siglo XVIII fue un período destacable de manera pacífica o violenta, el contacto con los
por varios aspectos. Por un lado, la Corona espa- españoles e hispanocriollos y sus pueblos y ciuda-
ñola implementó nuevas políticas para fortalecer des. Los pueblos indígenas que no habían podido
su autoridad, lograr un mayor control económico ser sometidos al control del estado colonial hasta
y social, incrementar sus ingresos y ejercer una ese momento, debido precisamente a su condición
defensa más eficaz de sus fronteras. Por el otro, de nómades, para el siglo XVIII se habían relacio-
en el mundo indígena se vieron plasmados y for- nado exitosamente con las colonias españolas y
talecidos una serie de cambios que devinieron en –ampliando su radio de acción– con más pueblos
profundas transformaciones económicas, primero indígenas, habían reformulado sus circuitos econó-
y espaciales y políticas más tarde. Entre las cues- micos en razón de estas nuevas relaciones interét-
tiones que sirvieron como disparadoras de estos nicas, incorporando nuevos bienes y replanteando
cambios, se encuentran (en regiones como Pam- sus pautas de movilidad, los espacios que ocupa-
pa-Patagonia) el control de una buena cantidad de ban y la obtención de recursos económicos.
cabezas de ganado caballar y vacuno y (en otras y El escenario de estos cambios fue un ámbito
sumado a lo anterior, como el Chaco austral orien- de frontera, aunque no necesariamente se trató de

1 CONICET/Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras. Puán 480. 1406 Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
lidianacuzzi@yahoo.com.ar

Recibido: agosto 2006. Aceptado: agosto 2007.


222 Lidia R. Nacuzzi

situaciones desarrolladas de cara a una “línea de tizajes” que van más allá de lo biológico (Gruzins-
frontera” o una “franja fronteriza”. Como vere- ki 1999). Rescato también la opinión de Quijada
mos, predominaron las relaciones con lo que pre- (2002:290), de enfocar a la aculturación “como jue-
fiero denominar enclaves fronterizos, ya fuera que go de espejos”, queriendo indicar que funcionó bi-
se tratara de instalaciones explícitamente defensi- direccionalmente: “tanto indios como blancos in-
vas como el Fuerte del Río Negro en el norte de corporaron elementos de la otra sociedad” o “formas
Patagonia o pueblos de reducción a cargo de la culturales ajenas que les eran convenientes” aun-
Compañía de Jesús en el litoral del río Paraná. que persistiera la desconfianza mutua.
Estos enclaves tenían la característica de no parti- Se realizan aquí algunas reflexiones de carác-
cipar de una línea de frontera en avance y prote- ter comparativo sobre poblaciones nativas de dos
giendo a una región poblada más o menos densa- regiones vecinas pero que no han merecido aún
mente por criollos, mestizos, indios y milicianos. un estudio de este tipo. Los grupos indígenas del
Eran, en cambio, lugares totalmente aislados norte de la Patagonia y la Pampa, como los del
–como el caso del fuerte mencionado– o pueblos Chaco austral oriental, desarrollaron espacios de
de indios que habían sido creados –como fue el acción y comunicación con los europeos, incor-
caso de las misiones– para proteger a una inci- poraron bienes de la otra sociedad, entrecruzaron
piente ciudad cercana del avance de otros indíge- sus prácticas e improvisaron formas de actuar e
nas de la región. De cualquier manera, estaban en intervenir en diversas esferas de la vida social y
una situación diferente que la que se daba en fron- política. En el oriente del Chaco austral, los jesui-
teras como la del sur de Buenos Aires o la del oc- tas establecieron a partir de 1743 varias reduccio-
cidente del Chaco. nes de indios mocovíes o abipones bajo la juris-
También en este último caso (lugares aislados dicción de las ciudades de Santa Fe o de Asunción.
o pueblos de reducción creados como cordón de- Por otra parte, los funcionarios españoles, teme-
fensivo), el contacto no se dio únicamente provo- rosos de posibles desembarcos ingleses, enviaron
cado desde y por el grupo colonizador. Los gru- expediciones a la costa patagónica para establecer
pos indígenas fueron protagonistas muy activos: allí cuatro fuertes, de los cuales el de Nuestra Se-
adoptaron y/o adaptaron diversos bienes, negocia- ñora del Carmen fundado en 1779 por Francisco
ron, intercambiaron, brindaron y exigieron servi- de Viedma fue el único que prosperó. Antes del
cios a “los blancos” en una relación bastante igua- contacto estos grupos eran muy semejantes en cier-
litaria, lo que los transformó en protagonistas no tos aspectos y las estrategias que adoptaron tras el
secundarios de ese contacto. Los pueblos de los contacto se ven también muy parecidas. A estos
que se trata no estuvieron en una continua situa- tópicos siempre se hizo referencia de manera ge-
ción de conflicto. Aun los reducidos –como vere- neral. Creemos que un repaso de los mismos con
mos– desarrollaron una manera de vivir en esa el ánimo de compararlos puede iluminar de ma-
condición que se adaptaba a sus pautas anteriores nera diferente temas y problemas que por muy
y les permitía flexibilizar la inmovilidad que hu- conocidos –o tal vez sólo por muy mencionados–
biera supuesto la vida en un pueblo de reducción. parecen no requerir más análisis.
El concepto de contacto, en sus acepciones “di-
recto” o “indirecto”, acuñado por Wachtel (1978) El Escenario y sus Habitantes
fue retomado luego por diversos autores, para lle-
gar a la propuesta de Pratt (1997:26) quien habla El Chaco es una región con vegetación de
de “zona de contacto”. En esas zonas tienen un pa- bosques abiertos y estepas y, sobre las márgenes
pel destacado las dimensiones “interactivas y de de los ríos, vegetación típica de la selva subtropi-
improvisación” de los encuentros coloniales, con cal; los grupos indígenas supieron aprovechar la
una “trabazón de prácticas” dentro de relaciones vegetación exuberante para refugiarse, aunque
asimétricas en “insuperable conflicto” (en esta úl- también recorrían las extensas llanuras semide-
tima apreciación difiero con la autora). Esas im- sérticas y ocupaban los bosques abiertos y los mon-
provisaciones dieron lugar a la concepción de un tes, que prometían mejores recursos para la caza,
espacio común de acción y comunicación entre in- la pesca y la recolección. Tenían una gran varie-
dígenas y europeos en el sentido de lo que White dad de animales silvestres disponibles para la caza,
(1991) ha definido como middle ground, o a “mes- de los que aprovechaban mayormente: ciervos,
Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, espacios,… 223

tigres, jabalíes, yacarés, puercoespines; también bas regiones se reconoce la bipartición que señala
había variedad de peces y especies vegetales apro- a grupos nómades por un lado, como los tehuel-
vechables para diversos usos. ches, abipones, tobas y mocovíes y, por el otro, a
La región pampeano patagónica es predomi- grupos más sedentarios y con prácticas agrícolas
nantemente mucho más árida y seca, con relieve como los mapuches, lules y vilelas.
de mesetas y vegetación de monte; cuando apare- Entre los especialistas que se han dedicado al
cen ojos de agua, se conforman “mallines” en al- Chaco, hay algunos que prefieren usar un nombre
gunos puntos de las extensas planicies (espacios menos específico aún, como “los chaqueños”, en
acotados con abundante agua y pastos muy tier- oposición a “la sociedad hispano-criolla” y defi-
nos); sólo en la región vecina a la Cordillera hay nirlos por esa misma oposición (Santamaría 2000;
bosques y terrenos más fértiles que permitieron entre otros), sobre todo porque se han referido a
algunos cultivos. El guanaco y el ñandú eran las cuestiones económicas, donde la adscripción
únicas presas grandes disponibles para la caza y étnica parece no pesar tanto.
las especies vegetales eran escasas aunque apro- En las regiones propuestas se pasó de la men-
vechadas intensivamente por los indios como ali- cionada enumeración de una gran cantidad de nom-
mento, materia prima y tinturas. bres étnicos –aunque con escasas diferencias for-
En ambas regiones los estudios de la etnogra- males entre unos y otros a la hora de describir a
fía clásica (me refiero a los que se realizaron has- los grupos– a evitar mencionar esas subdivisiones
ta la década de 1980) identificaron a numerosos en trabajos más recientes que se ocupaban de as-
grupos étnicos, aunque muchas veces esa preci- pectos económicos, políticos, ceremoniales o so-
sión era sólo nominal, puesto que a la hora de des- ciales. Aunque es un panorama farragoso y las
cribir las características de estos grupos, se lo ha- fuentes son elusivas, todavía estamos en deuda con
cía bajo un rótulo amplio: “los pueblos del Chaco” el estudio de las identidades étnicas y los proce-
(Susnik 1971, 1981) o “los patagones” (Canals sos de etnogénesis y reconfiguración étnica que
Frau 1973). Hubo, sin embargo, alguna diferencia impulsó el contacto con los europeos. Además,
provocada por el desarrollo de las investigaciones entre los estudios más recientes, el perfil de nó-
etnográficas, el contexto académico en que se pro- mades de los grupos y el tipo de bienes de la so-
dujeron esos trabajos y las disputas entre investi- ciedad blanca que incorporaron predeterminaron
gadores (aspectos que fueron estudiados en deta- algunas explicaciones que habrá que explorar más
lle para Pampa-Patagonia, ver Nacuzzi 2002, profundamente en trabajos futuros. Por otra parte,
2005). En Patagonia los diferentes nombres ten- en los estudios sobre Patagonia y por lo menos
dieron a englobarse bajo dos rótulos dominantes: hasta la década de 1980, hubo una tendencia a
“tehuelches” o “patagones” y “mapuches” o “arau- considerar datos que brindaban fuentes de diver-
canos” (Casamiquela 1985; Escalada 1949; entre sos períodos y lugares como válidos para descri-
otros). En el Chaco se mantuvieron las numerosas bir a “los tehuelches” o “los araucanos” de cual-
designaciones desde la primera clasificación de quier momento del período de contacto y de
Kersten (1968) realizada en 1905: abipones, mo- cualquier lugar del extenso paisaje patagónico.
covíes, tobas, mbayás y payaguás –de una familia Parece que esa tendencia sigue utilizándose para
lingüística– y lules y vilelas –de otra–, con algu- estudiar la economía indígena del extenso “gran
nos agregados según los autores (Canals Frau Chaco argentino” (Paz 2003) con fuentes tanto
1973; Saeger 2000; Susnik 1971; entre otros). Es- jesuíticas como de la “pacificación” militar del
tos son los rótulos en los que la mayoría de los Chaco (1884-1885).
autores coincide, aunque falta un estudio de cómo El caso de los tehuelches del norte de la Pata-
pasaron de un autor a otro que pueda identificar gonia fue estudiado hace ya unos años (Nacuzzi
las copias acríticas y/o las argumentaciones que 1998), mostrando cómo los rótulos usados por los
podrían encerrar, como en Pampa y Patagonia, primeros exploradores y viajeros (tehuelches, au-
solapadas e inútiles disputas por mantener ciertos cas y pampas) fueron adaptándose y convirtiéndo-
rótulos. Según esa bibliografía, mocovíes y abi- se en nombres étnicos que no conllevaban en casi
pones habrían pertenecido a la familia lingüística ningún caso un reconocimiento de identidad por
Guaycurú y muchas veces, bajo ese rótulo, apare- parte de los grupos, además de otros temas como
cen descripciones que no los diferencian. En am- los territorios de cada grupo, sus movimientos
224 Lidia R. Nacuzzi

y relaciones interétnicas. También para algunos de torno al requerimiento de las colonias. Esto no
los grupos que habitaron el Chaco austral dispo- hubiera sido posible sin la incorporación previa
nemos ahora de trabajos más pormenorizados: en del caballo a sus vidas, tema que trataremos en
recientes investigaciones se ha comenzado a estu- detalle más adelante.
diar a los denominados abipones (Lucaioli 2005) Entre los tehuelches, los del norte disponían
y mocovíes (Nesis 2005), con fuentes predomi- de una mayor cantidad de caballos que les permi-
nantemente jesuíticas (Dobrizhoffer 1968-1969 y tían movilizarse con mucha facilidad hasta los cam-
Paucke 1943-1944, respectivamente). En minucio- pos del sur de Buenos Aires o hacia la región cor-
sos análisis de las fuentes y una importante com- dillerana (Boschín y Nacuzzi 1979). Esto no quiere
pulsa de la bibliografía disponible estas autoras decir que hayan ampliado los territorios que con-
no han encontrado que los nombres mencionados sideraban como propios; éstos se mantuvieron en
para el Chaco se refirieran a autoadscripciones de espacios acotados e identificados con los nombres
los grupos, aunque pueden describir que se habría de sus caciques. Así, por ejemplo, en la “Tierra de
tratado de identidades impuestas (Nacuzzi 1998) las Manzanas” estaba la gente del cacique Chuli-
o procesos de construcción e interdigitación (Boc- laquin, en las cercanías de la desembocadura del
cara 2000) que llevaron a que –dado que los otros río Negro los del cacique Negro, en el río Colora-
los designaban así– ellos se reconocieran a sí mis- do el cacique Uzel, en las sierras de la Ventana el
mos como abipones y mocovíes, fenómeno que cacique Calpisqui, en las Salinas los caciques Al-
ocurrió también con los pampas y aucas del norte caluan y Katruen, etc. (Nacuzzi 1998:159-162).
de la Patagonia. Para los abipones y mocovíes no tenemos tal
grado de detalle sobre los espacios de cada caci-
Los Grupos, sus Territorios y sus que. Sin embargo, la información sobre estos gru-
Movimientos pos permite reconstruir un probable ciclo anual y,
de esa forma, reforzar los indicios de la existencia
Los tehuelches ocupaban la región patagóni- de tales movimientos entre los de Patagonia (Na-
ca desde el extremo sur hasta, por lo menos, el río cuzzi 1991), región para la cual teníamos datos so-
Colorado al norte, donde comenzaba las región en bre estos ítems recién para el siglo posterior, brin-
la que se habían instalado los aucas o mapuches: dados por el viajero G. Musters (1979). Lucaioli y
la pampa, a la que algunos autores (Sánchez La- Nesis (2005) afirman que “La movilidad espacial
brador 1936) han considerado acertadamente como y territorial permitía a los grupos indígenas el des-
una “tierra franca” a donde muchos grupos indí- pliegue de un determinado tipo de producción así
genas de diferentes regiones concurrían para inter- como también la activación de un ciclo ritual anual
cambiar bienes. Aucas (o mapuches) y pampas […] brindando oportunidades para el estableci-
eran rótulos que se confundían habitualmente en miento de alianzas, matrimonios, enfrentamientos
la nomenclatura de los europeos de los primeros y celebraciones”. Además, sabemos que los mo-
contactos. Los abipones se encontraban en la zona covíes delimitaban muy bien los parajes de sus
del Chaco delimitada al suroeste por el río Sala- campamentos base con altos mojones donde col-
do, al norte por el río Bermejo y al este por los gaban las cabezas de sus enemigos (Nesis 2005) y
ríos Paraná y Paraguay, concentrándose mayor- que, tanto ellos como los abipones, tenían una
mente en la zona austral cercana a las ciudades de amplia movilidad gracias al caballo que usaban en
Santa Fe y Corrientes. Los mocovíes estaban en partidas de caza, malones (apropiación violenta de
el extremo sur de esta región, compartiendo sus ganado) y viajes de intercambio, funcionando –en
territorios con los abipones (Figura 1). estos aspectos– de manera similar a los grupos de
Estos grupos reformularon sus circuitos eco- Patagonia (Lucaioli 2005; Nesis 2005).
nómicos haciéndolos más extensos y/o modificán- Para ambos grupos los accidentes geográfi-
dolos para obtener bienes ofrecidos o requeridos cos importantes, como ríos anchos y caudalosos,
por otros grupos (ya fueran indios o españoles), lo actuaban como límites si no infranqueables, por
que implicó modificar sus pautas de movilidad que, lo menos de vecinos “no amigos”. Esos ríos eran,
en general, estaban adaptadas a espacios más cor- entonces, demarcaciones territoriales entre grupos
tos y eran estacionales. En el siglo XVIII se alar- étnicos y/o parcialidades: el río Bermejo, el Sala-
garon las distancias y comenzaron a funcionar en do, el Paraná en el Chaco (Lucaioli 2005; Nesis
Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, espacios,… 225

Figura 1. Ubicación de los grupos étnicos mencionados.


Location of the ethnic groups.
226 Lidia R. Nacuzzi

2005); los ríos Colorado y Chubut en Patagonia volumen que alcanzaba para confeccionar la ves-
(Nacuzzi 1998). De todas maneras, estos ríos de- timenta de la gente que habitaba en la reducción.
limitaban amplias regiones por las que era posible Otra novedad introducida en las reducciones fue
que los grupos se desplazaran. Esas posibilidades la cría de ovejas y las actividades que conllevaba
de desplazamiento contribuyeron para que, tanto su explotación: las mujeres aprendieron a esqui-
a los grupos del Chaco como a los de Patagonia, lar, hilar, teñir y tejer mantas o alfombras que pu-
la literatura tradicional les atribuyera extensos te- dieron enviarse a mercados como el de Asunción
rritorios como ámbito habitual donde se estable- en un número considerable de piezas (Paucke
cían aleatoriamente, lo cual estuvo asociado, tam- 1943). La atención de los rebaños debió implicar
bién, al prejuicio de “grupos errantes” que una reducción en las pautas de movilidad del gru-
“vagaban en busca de la caza” para sustentarse. po, aunque la caza y la recolección continuaron
Hay dos supuestos fuertemente arraigados en la siendo importantes actividades complementarias
literatura etnográfica: (1) que los grupos cazado- (Nesis 2005).
res recolectores limitaban sus actividades econó- Entre tehuelches y abipones, en cambio, la
micas a la subsistencia (Susnik 1981; Vignati adopción de bienes europeos estuvo más centrada
1941), y (2) que sus movimientos estaban condi- en el ganado vacuno y caballar que no requería
cionados por el medio ambiente: “ocuparon las disminuir la movilidad de los grupos. En realidad,
comarcas preferidas por los avestruces o guana- ellos acentuaron sus desplazamientos para obte-
cos” (Escalada 1949:11), “se verían ‘forzados’ a ner y trasladar ganado aunque a veces ese ganado
una constante movilidad que les permitiría un les era proporcionado en el fuerte o en la misión a
mejor aprovechamiento de los recursos de la re- cambio de protección implícita o explícita. Pero
gión” (Paz 2003:378). Esto no era tan simple. la mayor cantidad de ese ganado era obtenida en
Se ha discutido ampliamente la cuestión del expediciones de saqueo o sangrientos malones
nomadismo y los prejuicios que se enlazan al con- sobre los pueblos de la región de Buenos Aires o
cepto de “pueblo nómade” para los tehuelches de Asunción (Lucaioli 2005; Nacuzzi 1998; entre
Patagonia (Nacuzzi 1991): (1) que son exclusiva- otros. Nacuzzi (1991) pudo identificar entre los
mente cazadores (lo que oscurece otras activida- tehuelches del siglo XIX distintos tipos de “para-
des económicas muy importantes para el grupo, deros” que también parecen encontrarse entre abi-
como la recolección de especies vegetales y su pones y mocovíes del siglo XVIII, sustentando,
procesamiento para almacenar harinas, por ejem- como ya expresamos, el supuesto de una larga tra-
plo), (2) que son “salvajes”, por no practicar la dición en las formas de uso del espacio: (a) el cam-
agricultura ni formar pueblos y (3) que no progra- pamento base, asentamiento que duraba varios
man sus movimientos ni sus vidas, ni tienen un meses y donde muchas veces quedaban las muje-
“estilo de vida civilizado”. Debemos recordar que res, los ancianos y los niños mientras los hombres
los grupos de Patagonia nunca pudieron ser redu- salían en partidas de caza o de comercio de dura-
cidos y los del Chaco, aun viviendo en pueblos de ción variable (Dobrizhoffer 1969:17; Musters
reducción, no cumplían con el ideal de autoabas- 1979:303; Schmid 1964:28); (b) los asentamien-
tecimiento por medio de la agricultura como su- tos próximos en áreas de aprovisionamiento, en
cedía en los pueblos guaraníes, “las misiones” por las que abundaba algún tipo de presa de caza (como
antonomasia. Unos y otros siguieron siendo con- el guanaco) o de frutos recolectables; estas áreas
siderados como “no civilizados” por los misione- se visitaban en la temporada adecuada, por cuatro
ros y la literatura etnográfica. Sin embargo, los o cinco días consecutivos sólo por hombres entre
pueblos mocovíes adoptaron prácticas agrícolas y los de Patagonia y por todo el grupo familiar entre
hortícolas, sembrando trigo y cuidando árboles los grupos del Chaco (Dobrizhoffer 1969:223;
frutales; aunque es posible que estas novedades Paucke 1943:180; Schmid 1964:30); (c) los asen-
se hayan visto deslucidas porque los misioneros tamientos transitorios donde permanecían un día o
tenían que compensar a los grupos que participa- una noche cuando los traslados eran largos y rápi-
ban de la cosecha con un permiso para salir a ca- dos, por motivos comerciales o por movimientos
zar por el mismo tiempo que les hubiera deman- estacionales (Dobrizhoffer 1968:120; Viedma
dado esa actividad (Nesis 2005). Entre estos grupos 1972:922-933); (d) los grandes asentamientos múl-
también se menciona el cultivo de algodón en un tiples (en el sentido de reunir grupos étnicos que se
Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, espacios,… 227

identificaban como diferentes o, por lo menos, res- (Lee y De Vore 1968) y en la de 1980 han introdu-
pondían a diferentes caciques), con gran cantidad cido el concepto de “intensificación”. Se habla de
de unidades familiares que se reunían durante la intensificación, por ejemplo, cuando se produce
primavera o el verano, por motivos económicos o un mayor conocimiento del ciclo vital de las es-
políticos, preferentemente en territorios de con- pecies o se manipulan los recursos de modo que
tacto entre unos grupos y otros (Musters aumente su rentabilidad. Algunos autores definen
1979:222). Entre los grupos abipones no fue posi- el proceso de intensificación como un aumento del
ble hallar estos indicios antes del período reduc- trabajo o la introducción de alguna tecnología ca-
cional (Lucaioli 2005); los encuentros para esta- paz de acrecentar la producción más allá de las
blecer alianzas o realizar intercambio de bienes necesidades básicas de subsistencia (Zvelebil
que se mencionan después de instaladas las reduc- 1986, citado por González 2005). Para el caso de
ciones no permiten suponer, según la autora, que los grupos mocovíes, ya antes de su establecimien-
fueran una práctica previa resignificada. Entre los to en reducciones, durante los primeros años del
mocovíes, Nesis (2005) encuentra que el desplie- siglo XVIII encontramos indicios que dan cuenta
gue de actividades rituales que congregaba a una de un proceso de intensificación: preparación de
gran cantidad de grupos al mismo tiempo en la diversos alimentos secos como charque (carne sa-
primavera, sí podía dar lugar a este tipo de asenta- lada y secada al sol), langostas tostadas y frutas
miento. desecadas para su almacenaje y harinas de diver-
Los ciclos anuales que se pueden identificar sos frutos como la algarroba, según relata Paucke
en los grupos del Chaco con algo más de seguri- (1944:239-241). Además, contaban con elabora-
dad permiten considerar en su real dimensión al- dos sistemas de almacenaje y transporte construi-
gunos indicios que se presentan para Patagonia. dos con maderas, fibras vegetales y cueros. Por lo
Reuniendo los datos de ambas regiones, podemos tanto, deberíamos pensar que estos grupos habían
afirmar que los ciclos anuales de movilidad les desarrollado diferentes estrategias para hacer frente
permitían explotar diferentes recursos: en el in- a posibles situaciones de escasez.
vierno se dispersaban en grupos pequeños de sólo Para los grupos tehuelches y abipones, es po-
unas 50 personas y se dedicaban a la caza en terri- sible reconstruir el alto grado de previsibilidad que
torios separados para no perturbarse, y en prima- tenían sus movimientos a través de rutas conoci-
vera y verano se reunían 200 o más unidades fa- das, buscando paraderos que identificaban con
miliares (aproximadamente 2.000 personas para nombres propios, anticipando su presencia en de-
el caso de Patagonia) en espacios acordados pre- terminadas regiones con mucha antelación y pla-
viamente; allí intercambiaban bienes, se dedica- neando la obtención de determinados recursos eco-
ban a la recolección de algunos vegetales o frutos nómicos, saqueos e intercambios que fueron el eje
y al consumo en conjunto de las bebidas que obte- de su economía (y se intensificaron notablemente
nían de ellos o resolvían cuestiones políticas y con la incorporación del caballo) o acciones gue-
sociales, como alianzas o matrimonios. rreras, pactos y alianzas en el plano político (Na-
En cuanto a la relación de la condición de cuzzi 1991; Nacuzzi y Pérez de Micou 1994). El
nómades de estos grupos con la fórmula caza-sal- nomadismo puede ser visto, entonces, como una
vajismo-falta de previsión, es un planteo que per- estrategia económica que buscaba maximizar las
duró en la bibliografía etnográfica de Patagonia posibilidades económicas y no estaba restringido
hasta la década de 1980. Pero, para el Chaco, aún a las actividades de caza (Lucaioli 2005).
hoy algunos autores mencionan una ausencia de Hay aun otro supuesto en alguno de los auto-
planificación (Santamaría 1999:181) en un medio res que se han ocupado de las poblaciones históri-
ambiente con escaso potencial económico que no cas del Chaco recientemente. La explotación del
permitiría la reunión de grupos por períodos pro- medio ambiente por parte de los grupos nativos
longados (Saeger 2000:8). Estas concepciones res- sería no intensiva y, por lo tanto, “armónica” en
ponden a un modelo de nomadismo que ha sido oposición a la explotación intensiva que impuso
profundamente replanteado, principalmente des- la sociedad blanca, por lo que se define la situa-
de la arqueología. Desde fines de la década de ción como de “lógicas contrapuestas” (Paz
1960, los arqueólogos han reformulado la noción 2003:379). Parece haberse dado más bien una com-
del nomadismo entre los cazadores recolectores plementariedad en cuanto a la explotación e inter-
228 Lidia R. Nacuzzi

cambio de recursos económicos en la que los in- esta planta era autóctona para la región y podían
dígenas habrían ocupado el lugar de abastecedo- acceder a ella con relativa facilidad). El jaguar
res de ganado, cueros, plumas, miel –entre otros (como el guanaco nonato) tenía una notable de-
productos– en amplias redes comerciales que co- manda en las ciudades que bordeaban el espacio
nectaban diferentes puntos de la economía colo- indígena de abipones y mocovíes. Tanto, que sus
nial entre sí, a través de los espacios chaqueño y pieles (que integraban el precio de la novia) se
pampeano-patagónico. comenzaron a utilizar para el intercambio y en el
precio de la novia comenzaron a aparecer caba-
La Adopción de Bienes Exóticos llos (Lucaioli 2005; Nesis 2005).
Hasta aquí se ha descrito un intercambio que
Defino el concepto de complementariedad podríamos llamar espontáneo. Cuando los moco-
como la posibilidad que algunos de los grupos te- víes y abipones fueron reducidos en pueblos, de-
nían de acceder a bienes que no producían por sí sarrollaron nuevas prácticas económicas. Algunas
mismos a cambio de otros más accesibles o que estuvieron relacionadas con la subsistencia y otras
podían producir con excedente. Muchas veces se con el intercambio comercial que desarrollaban en
daba una tercerización: grupos que obtenían –por las ciudades aledañas. De hecho, las reducciones
intercambio– bienes que no producían, pero no lo facilitaron la comercialización de algunos produc-
hacían para consumirlos o utilizarlos, sino para tos (ganado en pie, cueros, miel, plumas) a la vez
entregarlos a otros grupos que los demandaban. que permitieron el desarrollo de nuevas activida-
Con el ingreso de bienes exóticos a los circuitos des comerciales y productivas, como ya hemos
económicos indígenas, estas acciones de intercam- mencionado (la cría de ovejas, el cultivo de trigo
bio y tercerización aumentaron notablemente, y algodón, etc.). Para la región pampeana, Man-
aparte de que había aparecido un nuevo sujeto en drini (1985) ha descrito el “ciclo del toldo” y el
la demanda: la sociedad colonial. Veamos algu- “ciclo del ganado” que abastecían la economía
nos ejemplos. doméstica y la del intercambio, respectivamente,
Los indios del norte de la Patagonia les ven- y dan por supuesto la generación de un excedente
dían a los españoles del Fuerte del Río Negro ga- en la producción. Para el Chaco, Saeger (2000)
nado vacuno y caballar robado en los campos de menciona un mercado local y otro regional que se
Buenos Aires. Recibían a cambio: harina, tabaco, amplió ante las demandas de la sociedad hispano-
aguardiente, bayeta, sombreros, yerba mate. Es- criolla. A su vez, Paz (2003), contradiciéndose en
tos mismos indios recibían en Valdivia frenos, cu- cuanto a su postulado de una economía restringi-
chillos y lanzas a cambio de ponchos que, a su da por las condiciones ambientales mencionado
vez, obtenían de otros grupos, los aucas o mapu- más arriba, sostiene que los grupos del Chaco par-
ches de la Pampa. Además, por caballos y cueros ticipaban de amplias redes comerciales gracias a
de guanaco podían obtener piñones y ovejas que que el aprovechamiento de los recursos cubría sus
criaban grupos más sedentarios como los pehuen- necesidades de subsistencia y generaba un exce-
ches de Neuquén. Los grupos tehuelches de más dente.
al sur les entregaban cueros de guanaco (muchas Especial atención merece el caballo que hizo
veces de guanaco nonato) a cambio del preciado posible para ambos grupos indígenas una mayor
caballo que, entre ellos, usaban muy pocos perso- movilidad, más facilidad para la caza de animales
najes (Nacuzzi 2000). El intercambio entre dife- y la realización de malones y un efímero mejora-
rentes grupos indígenas era de un volumen consi- miento de la vida cotidiana. También les habría
derable en el norte de la Patagonia y vemos que permitido desarrollar una fuerte resistencia frente
algunos de estos cazadores no dudaban en sacrifi- a las presiones coloniales (Schindler 1985).
car hembras preñadas para responder a la deman- La literatura antropológica norteamericana
da de las ciudades, puesto que allí eran finalmente acuñó la expresión horse complex que se genera-
entregados los cueros de guanaco nonato (Nacuzzi lizó para describir la adopción del caballo y un
1998, 2000). complejo de rasgos asociados por parte de los ca-
Los indios del Chaco entregaban a los misio- zadores recolectores de diferentes áreas del mun-
neros jesuitas caballos a cambio de agujas, cuchi- do. Palermo (1986) criticó la aplicación de este
llos, anzuelos, tabaco, pan y yerba mate (aunque modelo –que sirvió para explicar una transforma-
Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, espacios,… 229

ción total de la cultura– a los cazadores recolecto- conocían antes de adquirir esa facilidad en sus
res del extremo sur americano. Señaló tres moti- desplazamientos, lo que les debe haber permitido
vos que habían facilitado la importación del con- establecer nuevas relaciones interétnicas. Poseer
cepto: el desconocimiento de los rasgos caballos era también una señal de prestigio y el
orgánicamente asociados a la vida ecuestre, el des- mejor ejemplo es que entre los del sur de Patago-
conocimiento de los contextos económicos espe- nia –donde los caballos escaseaban– estos anima-
cíficos que acompañaron la adopción del caballo les estaban reservados para los caciques (Viedma
en los diferentes grupos y la falta de una discu- 1972). La carne de yeguas se consumía al princi-
sión acerca de la pertinencia de describir un “com- pio en ceremonias que se realizaban por el ingre-
plejo ecuestre” para la región sudamericana. Aho- so a la pubertad de las jóvenes o por la celebra-
ra estamos avanzando notablemente en el estudio ción de matrimonios, aunque luego su ingesta
de los dos primeros ítems. podría haber sido más generalizada. Ante la de-
En cuanto a los rasgos asociados a la adop- manda de cueros de guanaco por los mercados
ción el caballo, podemos mencionar, por ejemplo, coloniales, el cuero de caballo lo reemplazó en la
las ventajas que adquirieron los grupos en la mo- confección de la vivienda, al tiempo que apare-
vilidad y en los desplazamientos. Pudieron reco- cieron riendas, lazos, cinchas y “botas” confec-
rrer áreas mucho más extensas en tiempos más cionadas con cuero de caballo, más otras manu-
cortos y trasladar un volumen considerable de bie- facturas como los estribos y la montura de madera
nes para el intercambio. Estos aspectos están bien o las cunas de caña para transportar a los niños a
documentados para los siglos XVIII y XIX en el caballo (Musters 1979:239-240, 243, 245). Esta
norte de Patagonia, donde el caballo les permitió gran cantidad de nuevas manufacturas relaciona-
desplazamientos tan amplios como los que reali- das con el uso del caballo fueron, sin dudas, las
zaban desde regiones muy cercanas a la Cordille- que pesaron en la bibliografía clásica para alentar
ra hasta los campos de Buenos Aires (Nacuzzi la mención de un “complejo ecuestre”, aunque los
1998). Entre los grupos del sur de Patagonia, los mismos cronistas que describen estas novedades
caballos eran menos numerosos, pero ellos tam- mencionan, por ejemplo, que debajo de la montura
bién realizaban incursiones desde San Julián, por de madera se usaba una piel de guanaco o un pon-
ejemplo, hasta Buenos Aires y su rica zona de ga- cho (es decir, un elemento que formaba parte de su
nado cimarrón (Nacuzzi 1991; Viedma 1972). Los ajuar ancestral o uno que debían adquirir entre gru-
bienes requeridos por las colonias españolas –so- pos que tejían, como los aucas o mapuches).
bre todo cueros– eran cargados y trasladados a ca- Para los grupos del Chaco, algunos autores
ballo. En los movimientos realizados por un nú- sostienen que “la introducción del caballo promo-
mero considerable de individuos para trasladar un vió la formación de conjuntos culturalmente se-
campamento, por ejemplo, el caballo servía para mejantes” (Braunstein 1983:21) y otros, que de-
cargar la vivienda desarmada y todos los enseres sarrollaron una “cultura del caballo” similar a la
domésticos y, a la vez, la caravana de mujeres y de los indios de las planicies de Norteamérica o a
caballos cargados participaban del cerco que faci- la de los mapuches de Chile (Saeger 2000:7). Por
litaba a los cazadores, también montados, ence- un lado, los grupos que adoptaron el caballo en
rrar a las presas de caza (Musters 1979:130-131). América del Sur no conformaron conjuntos cultu-
Además del incremento en el número de presas ralmente semejantes, como veremos al comparar
cazadas, el caballo posibilitaba realizar malones y a los de Patagonia con los del Chaco; tal vez lo
saqueos sorpresivos para conseguir más caballos que les dio un aire de familia es que ambos grupos
o ganado vacuno (Cartas y Diarios inéditos va- eran cazadores recolectores en el momento en que
rios, citados por Nacuzzi 1998:142-158) y, quizás el caballo llegó a sus vidas. En cuanto a los indios
lo más importante entre los grupos del norte de de las planicies norteamericanas, ellos se pueden
Patagonia, arrear ese ganado por rutas muy cono- comparar más estrechamente con los de Patago-
cidas hacia grupos intermediarios que estaban cer- nia que con los del Chaco. Además, estos últimos
canos a la Cordillera (Cartas y Diarios inéditos sólo compartían con los mapuches –hablando de
varios, citados por Nacuzzi 1998:151-154). Estas rasgos asociados al caballo– la práctica de reali-
actividades tal vez los pusieron en contacto con zar malones o acciones guerreras. En estas consi-
grupos –indígenas, españoles o criollos– que no deraciones quizás pese demasiado la descripción
230 Lidia R. Nacuzzi

de estos grupos como poseedores de un fuerte gonia, la demanda de pieles de guanaco nonato
“ethos guerrero” (Saeger 2000; Susnik 1981). hizo que estos grupos –tradicionalmente cazado-
Entonces, ¿qué rasgos se asociaron a la adop- res que deberían cuidar a las hembras preñadas–
ción del caballo entre los grupos del Chaco en el olvidaran cuidados elementales para la preserva-
siglo XVIII? En principio, la caza no se vio favo- ción de la reproducción de los animales que les
recida, dadas las características ecológicas del ám- servían de sustento y, para los especialistas, que-
bito chaqueño: las áreas pantanosas y la densidad daran oscurecidas ciertas menciones que podrían
de la vegetación dificultaron la caza a caballo, pero hacer pensar en los primeros pasos hacia la do-
habría facilitado el transporte de las presas y la mesticación, como el uso de guanacos pequeños
realización de saqueos y malones (Schindler 1985), como señuelo para la caza (Boschín y Nacuzzi
como también una movilidad más amplia y el es- 1979, Nacuzzi 1998). Estos problemas ecológicos
tablecimiento de tratos comerciales con diferen- –y económicos– requieren estudios más especia-
tes grupos indígenas o criollos (Nesis 2005). Como lizados e interdisciplinarios.
entre los grupos de Patagonia, algunos incorpora- En cuanto a los contextos económicos que
ron el caballo sólo como animal de carga porque acompañaron la adopción del caballo, podemos
era un bien escaso, y otros pudieron usarlo para diferenciar algunas situaciones. Entre los grupos
otras actividades económicas y de la vida social cazadores recolectores de Patagonia, que nunca
(Schindler 1985). También los grupos mocovíes y estuvieron reducidos, el caballo fue muy impor-
abipones se insertaron en el mercado colonial co- tante en su economía. Ellos estaban habituados a
merciando caballos y vacas (Lucaioli 2005; Nesis movilizarse por su hábitat para explotar más pro-
2005); para estos grupos, los autores destacan el vechosamente los recursos económicos disponi-
fuerte entrelazamiento entre la adopción del ca- bles y, en un principio, el caballo les permitió
ballo, el ganado vacuno y el hierro (Lucaioli 2005), mejorar esa movilidad. Un segundo paso sería el
una ventaja para la caza proporcionada por el ca- de la preponderancia de la caza –que resultaba tan
ballo y el hierro (Saeger 2000) y un aumento en el provechosa– y el abandono de otras actividades
consumo de carne por la incorporación del gana- que requerían más tiempo y proporcionaban me-
do vacuno en detrimento de los recursos obteni- nos beneficios, como la recolección. Un tercer paso
dos por recolección (Lucaioli 2005). Este fenó- sería el cambio de las actividades tradicionales
meno ocurrió también entre los grupos del sur de –incluida la caza– para dedicarse a proveer a los
Patagonia: ellos no consumían vacas pero incre- mercados coloniales de los bienes que ellos re-
mentaron la obtención de carne de guanaco y, apa- querían, obteniendo esos bienes de otros grupos,
rentemente, dejaron de elaborar harinas (Boschín indígenas o no. Pudo haber una división de tareas
y Nacuzzi 1979). Otra cuestión similar es la fuer- entre diferentes grupos. Como lo ha señalado
te demanda desde el mercado hispanocriollo de Moore (1987), los cheyenne de las praderas nor-
pieles (de jaguar en el caso del Chaco y de guana- teamericanas orientaban las actividades económi-
co en Patagonia). Entre los mocovíes, las pieles cas de tres de sus bandas a la obtención de pieles
de jaguar integraban tradicionalmente el precio de de castor, la de caballos y la producción de pren-
la novia y fueron remplazadas por caballos para das de vestir. Esto puede equipararse con las acti-
responder a la demanda externa y porque los ca- vidades que realizaban los grupos cercanos al Fuer-
ballos estaban disponibles en número considera- te del Carmen a fines del siglo XVIII: los aucas
ble (Nesis 2005). En el caso de los abipones, las proveían ponchos y productos agrícolas, los pam-
fuentes directamente informan que el precio de la pas ofrecían ganado y los más lejanos tehuelches,
novia estaba compuesto por caballos, vestidos de pieles de guanaco (Nacuzzi 1998).
lana, lanzas con punta de hierro y otros bienes Con la adopción del caballo abipones y mo-
exóticos (Lucaioli 2005). El guanaco y el jaguar, covíes ampliaron sus circuitos de desplazamiento
entonces, sufrieron una matanza indiscriminada. (Lucaioli 2005). Esto les permitió incorporar el
Para el Chaco, algunos autores mencionan que ganado vacuno a su dieta y el hierro a sus bienes.
hacia el siglo XVIII se quebró el equilibrio ecoló- El hecho de disponer con seguridad de una canti-
gico (Saeger 2000) o que especies como el ciervo dad de cabezas de ganado vacuno y caballar pe-
habrían llegado a su casi total extinción como con- riódicamente debe haber sido un factor de peso
secuencia de la intensificación de la caza para el para que se avinieran a la vida en pueblos de re-
abastecimiento colonial (Susnik 1973). Para Pata- ducción (Saeger 1985, 2000), aunque el hecho de
Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, espacios,… 231

vivir en reducciones no les impidió participar tam- para asegurar la protección de la ciudad vecina y
bién de saqueos y malones para conseguir gana- el abastecimiento de la reducción, manteniendo los
do. Nesis (2005) plantea que, siendo la reducción niveles de conflicto bélico interétnico razonable-
una prestación defensiva para la ciudad que esta- mente controlados. En el caso del Fuerte del Car-
ba más cercana, hubo un condicionamiento sobre men de la costa patagónica, la protección por par-
el tipo de adoctrinamiento posible para estos in- te de los indios vecinos se traducía en el
dios, puesto que era necesario conservar sus hábi- aprovisionamiento de cabezas de ganado que ase-
tos guerreros. Aunque también la presencia de los guraba la subsistencia de los españoles; aunque
misioneros y las continuas quejas de las ciudades también es posible que la presencia de caciques
vecinas por las violentas incursiones, deben haber amigos acampando cerca de fuerte lo hayan pre-
jugado un papel moderador. De todas maneras, en servado de ataques de otros caciques u otros gru-
el ámbito de la reducción los jesuitas alentaron la pos indígenas (Nacuzzi 1998:223).
incorporación de nuevas prácticas económicas (y La interpretación que hacen Lucaioli y Nesis
ellas acrecentaron la inserción de estos grupos en (2005) acerca de la disminución de las partidas de
el mercado) tales como la cría de ovejas y el uso caza y sus motivos se contrapone a la afirmación
de su lana para realizar mantas (Lucaioli 2005; de Santamaría (1999, 2000), para quien la inser-
Nesis 2005). Otras prácticas nuevas como el cul- ción en el Chaco del ganado vacuno y ovino pro-
tivo del trigo y el algodón entre los mocovíes (Ne- vocó un desplazamiento de la fauna autóctona a
sis 2005) o tradicionales como la recolección de zonas más alejadas y un descenso en las activida-
miel y la pesca entre los abipones (Lucaioli 2005) des de caza tradicionales y en el uso de la carne de
parecen haberse mantenido para cubrir las necesi- animales salvajes como alimento. La explicación
dades internas de los pueblos reducidos. más sencilla es la que proponen Lucaioli y Nesis
Habría que analizar con más profundidad si (2005): estos grupos comenzaron a tener un acce-
esta función defensiva de los pueblos de reduc- so más fácil a otros bienes que garantizaban la
ción no condicionaba la cantidad de ganado que subsistencia y a los jesuitas les interesaba dismi-
estos grupos “podían” conseguir y si ese ganado nuir las salidas en partidas de caza.
no era sólo el necesario para poder mantener sus La apropiación violenta de ganado –el malón–
actividades y/o proveerse de un nuevo número ocurría cuando no se cumplían las entregas por
acotado de cabezas de ganado que les permitiera parte de los misioneros o de las ciudades de Santa
retroalimentar su propio circuito de saqueo-defen- Fe o Asunción. Los motivos de la realización de
sa-intercambio/abastecimiento de la reducción. malones en la frontera sur de Buenos Aires pare-
Lucaioli y Nesis (2005) afirman que el ganado que cen no estar tan bien identificados, aunque habría
entregaban las ciudades o los jesuitas funcionaba que tener en cuenta la hipótesis de Crivelli Mon-
como señuelo para mantenerlos reducidos y dis- tero (1991) en el sentido que estos ataques podían
minuir las partidas de caza, esos animales eran estar forzando acuerdos de paz en los que siempre
preferiblemente vacas. En cuanto a los caballos, se establecían raciones que incluían bienes muy
Paucke (misionero entre los mocovíes) disponía preciados para los grupos que pactaban el acuer-
de muchos de ellos y Dobrizhoffer (misionero en- do. En el caso de la frontera de Santa Fe, los acuer-
tre los abipones) se quejaba por su escasez. Si pen- dos fueron previos al establecimiento de la reduc-
samos que los mocovíes habían resultado más re- ción y los vecinos se comprometieron a entregar
ceptivos a las nuevas pautas económicas que les una cantidad de cabezas de ganado por mes ante
proponía la vida en reducción puesto que tejían el compromiso de los indios de dejar de realizar
en un volumen que les permitía participar en el malones en las estancias vecinas (Nesis 2005).
mercado y practicaban la agricultura de trigo y Aunque siempre tendremos que tener en cuenta la
algodón (Nesis 2005) y los abipones, en cambio, misma demanda del fuerte (en Patagonia) o de las
criaban ovejas pero no producían para el mercado ciudades (en el litoral del Paraná) como motivo
y descuidaban continuamente sus cultivos (Lucaio- para esta apropiación violenta de animales en otras
li 2005), podría ser factible mi hipótesis de que la jurisdicciones; el circuito de apropiación y co-
entrega de ganado era manipulada de alguna for- mercialización se retroalimentaba constantemen-
ma –por los misioneros o por los agentes del esta- te (Palermo 1991). Las autoridades coloniales vie-
do colonial– de manera que resultara un “premio” ron con constante preocupación el hecho de que
para los grupos más dóciles, o que sólo alcanzara tanto los vecinos de las ciudades vecinas a las re-
232 Lidia R. Nacuzzi

ducciones como los pobladores de los fuertes re- pos indígenas actuaron como aparato de defensa de
cibieran y consumieran el ganado robado. Esos in- ciertas ciudades ante los ataques de otros grupos
tercambios ventajosos para algunos, significaban indígenas, por lo que a cada ciudad le convenía (en
el aumento de las hostilidades y amenazas para desmedro de otras) que eventualmente permanecie-
otros poblados españoles. ran moviéndose por el espacio chaqueño y abando-
El malón también constituía una forma de naran periódicamente los pueblos de reducción. Los
debilitamiento del otro, ya que combinaba las ne- misioneros alentaron entre los grupos indígenas cier-
cesidades económicas con las aptitudes y el pode- tas pautas económicas que suponían una forma de
río bélico. Según Boccara (1998:275), el malón vida más “civilizada”, tales como la cría de anima-
como una forma de guerra posible se cristalizó en les y la agricultura, aunque les otorgaban permiso
un complejo económico-bélico que puede enten- para continuar cazando. Con esto, les brindaban
derse en dos dimensiones: como forma institucio- además la posibilidad de ir a aprovisionarse de ca-
nalizada de abastecimiento e intercambio y como ballos y vacas en jurisdicciones de ciudades veci-
una manera de mantenimiento de la autonomía nas y obtenían un reaseguro defensivo ante posi-
política de los grupos indígenas frente a las pre- bles incursiones sobre la ciudad que protegían. En
siones coloniales. Patagonia, el Superintendente del Fuerte del Car-
Durante los malones, los grupos indígenas men estableció una fluida relación con los caciques
obtenían ganado, armas y cautivos. La circulación que se fueron presentando y lo aprovisionaban de
de cautivos y su fuerza de trabajo era otro de los ganado a cambio de otros bienes muy apreciados
beneficios del malón. Muchos cautivos se incor- por los indígenas, lo que constituía una defensa
poraron a la vida entre los indios, aunque lo hicie- implícita a los tan temidos ataques.
ron con estatus diferentes. En el sur, los cautivos Estos pueblos nómades habían ampliado con-
llegaron a adquirir lugares importantes en la so- siderablemente los territorios que visitaban gra-
ciedad indígena: en el caso de las mujeres, a tra- cias a la incorporación del caballo y se habían re-
vés del casamiento con caciques o personajes de lacionado exitosamente con otros pueblos
prestigio; en el de los varones, oficiando de len- indígenas, con los que intercambiaban una amplia
guaraces, secretarios, etc. En cambio, entre los variedad de bienes. También sostuvieron una re-
mocovíes del Chaco los cautivos estaban segrega- lación casi armoniosa con algunas colonias y en-
dos del resto del grupo, junto con otros mocovíes claves españoles y, como queda claro con los ejem-
que alguna vez habían sido cautivos de los espa- plos de los grupos de Patagonia, habían
ñoles y no existía el casamiento con mujeres cau- reformulado sus circuitos de movilidad en razón
tivas (Nesis 2005). Entre los abipones, los hom- de estas nuevas relaciones.
bres cautivos –españoles o de otros grupos étnicos– La incorporación de nuevos bienes incluyó,
podían adquirir prestigio y transformarse en líde- además de caballos y vacas, hierro, armas, tabaco,
res y casarse con alguna mujer respetable del gru- azúcar, harina, telas y mantas tejidas, ponchos, pro-
po indígena; para las mujeres cautivas era imposi- ductos agrícolas y objetos de prestigio como som-
ble tanto el casamiento como el cambio de estatus breros y bastones de mando. Las nuevas relaciones
(Lucaioli 2005). interétnicas también implicaron una reformulación
de los espacios que ocupaban: la reducción fue un
Consideraciones Finales espacio acotado, no elegido libremente, pero al cual
entraban y salían con bastante autonomía y porque
En el siglo XVIII había pueblos del extremo les resultaba conveniente. El fuerte atrajo a diver-
sur de América que no habían sido sometidos aún sos grupos a acampar en sus inmediaciones porque
al control del estado colonial y esto se debió, fun- los intercambios que se podían negociar en él re-
damentalmente, a su condición de nómades. Tan- sultaban convenientes. Ambas situaciones señalan
to en el norte de Patagonia como en el sur del nuevos espacios en un paisaje muy conocido o, por
Chaco, los grupos indígenas conservaron gran par- lo menos, espacios utilizados de manera diferente,
te de su autonomía. Ello dependió, en parte, de o compartidos con los blancos.
sus aptitudes y estrategias grupales y, en gran par- La obtención de recursos económicos también
te también, de las necesidades de la población blan- fue reformulada a partir de los requerimientos de
ca. Sobre todo en el Chaco, las reducciones de gru- los nuevos vecinos, fueran españoles o indígenas.
Los grupos nómades de la Patagonia y el Chaco en el siglo XVIII: identidades, espacios,… 233

Cueros, pieles, mantas y plumas comenzaron a ser tercambios, desplazamientos, información, obten-
obtenidos con excedente para el intercambio. Nue- ción y traslado de bienes, malones, cautivos, ar-
vos bienes comenzaron a ser requeridos para cu- mas, ganado.
brir la demanda de otros grupos, como los cueros Esta reflexión comparativa aporta en sí mis-
de guanaco que los pampas y aucas obtenían de ma nuevos datos para tener en cuenta en futuros
los tehuelches para poder ofrecer en Buenos Ai- estudios de las regiones tratadas y, sobre todo, para
res. Esto implicó, por parte de casi todos los gru- algunos ítems que continúan siendo problemáti-
pos, una readaptación de las pautas económicas cos, tales como la identificación de grupos étni-
previas para estar en condiciones de ofrecer los cos, el papel de los bienes europeos en su econo-
bienes que les demandaba el mercado (colonial o mía y la verdadera dimensión del nomadismo. En
indígena). En este sentido, el malón fue una im- el futuro, deberíamos incorporar a esta reflexión
portante empresa económica que les proporciona- otros aspectos de la vida social y política de estos
ba caballos, vacas, armas y cautivos. grupos y abarcar en ella a otros cazadores reco-
Los grupos indígenas fueron intermediarios lectores del mundo.
siempre requeridos por la sociedad blanca (desde
las reducciones o desde un puesto fronterizo como Agradecimientos: La primera versión de este
el fuerte). Ellos presentaban a otros grupos, trans- trabajo fue una conferencia en el Centro de Estu-
mitían información, describían el territorio. Tam- dios Históricos de Madrid (CSIC), en junio de
bién se destacaron como negociadores de ayudas 2005. Agradezco a los evaluadores del mismo las
económicas y políticas, de acuerdos de paz, de valiosas sugerencias propuestas. Proyectos de in-
devolución de cautivos. Finalmente, brindaron y vestigación financiados por el Consejo Nacional
exigieron servicios. El más destacado, el de de- de Investigaciones Científicas y Técnicas (PIP
fensa de pueblos y estancias a cambio del ganado 5567) y la Universidad de Buenos Aires (UBACyT
que les permitía retroalimentar el circuito de in- F 016).

Referencias Citadas

Boccara, G. Dobrizhoffer, M.
1998 Guerre et Ethnogenése Mapuche dans le Chili Colo- 1968 Historia de los Abipones II. Universidad Nacional del
nial. L’ Harmattan, París. Nordeste, Resistencia.
2000 Antropología diacrónica. Dinámicas culturales, pro- 1969 Historia de los Abipones III. Universidad Nacional
cesos históricos y poder político. En Lógica Mestiza en del Nordeste, Resistencia.
América, editado por G. Boccara y S. Galindo, pp. 21-59. Escalada, F.
Instituto de Estudios Indígenas, Universidad de La Fron- 1949 El Complejo “Tehuelche”. Estudios de Etnografía
tera, Temuco. Patagónica. Coni, Buenos Aires.
Boschín, M. y L. Nacuzzi González, M.I.
1979 Ensayo metodológico para la reconstrucción etnohis- 2005 Arqueología de Alfareros, Cazadores y Pescadores
tórica. Su aplicación a la comprensión del modelo tehuel- Pampeanos. Sociedad Argentina de Antropología, Bue-
che meridional. Serie Monográfica 4. Colegio de Gradua- nos Aires.
dos en Antropología, Buenos Aires. Gruzinski, S.
Braunstein, J. 1999 La Pensée Métisse. Fayard, París.
1983 Algunos Rasgos de la Organización Social de los Kersten, L.
Indígenas del Gran Chaco. Facultad de Filosofía y Le- 1968 Las Tribus Indígenas del Gran Chaco hasta Fines del
tras, Buenos Aires. Siglo XVIII. Universidad Nacional del Nordeste, Resis-
Canals Frau, S. tencia.
1973 Poblaciones Indígenas de la Argentina: su Origen - Lee, R. e I. De Vore, editores
su Pasado - su Presente. Editorial Sudamericana, Buenos 1968 Man the Hunter. Aldine, Chicago.
Aires. Lucaioli, C.
Casamiquela, R. 2005 Los Grupos Abipones hacia Mediados del Siglo XVIII.
1985 Bosquejo de una Etnología de la Provincia de Río Sociedad Argentina de Antropología, Buenos Aires.
Negro. Fundación Ameghino, Viedma. Lucaioli, C. y F. Nesis
Crivelli Montero, E. 2005 El ganado de los grupos abipones y mocoví en el
1991 Malones: ¿saqueo o estrategia? El objetivo de las in- marco de las reducciones jesuitas (1743-1767). Andes, en
vasiones de 1780 y 1783 a la frontera de Buenos Aires. prensa.
Todo es Historia 283:6-32.
234 Lidia R. Nacuzzi

Mandrini, R. Pratt, M.
1985 La sociedad indígena de las pampas en el siglo XIX. 1997 Ojos Imperiales. Literatura de Viajes y Transcultu-
En Antropología, compilado por M. Lischetti, pp. 205-230. ración. Universidad Nacional de Quilmes, Bernal.
EUDEBA, Buenos Aires. Quijada, M.
Moore, J. 2002 A modo de epílogo. En Funcionarios, Diplomáticos,
1987 The Cheyenne Nation. A Social and Demographic Guerreros. Miradas hacia el Otro en las Fronteras de
History. University of Nebraska Press, Lincoln/Londres. Pampa y Patagonia (Siglos XVIII y XIX), compilado por
Musters, G. L. Nacuzzi, pp. 287-293. Sociedad Argentina de Antro-
1979 Vida entre los Patagones. Solar-Hachette, Buenos pología, Buenos Aires.
Aires. Saeger, J.
Nacuzzi, L. 1985 Another view of de mission as a frontier institution:
1991 La cuestión del nomadismo entre los tehuelches. the guaycuruan reductions of Santa fe, 1743-1810. The
Memoria Americana 1:103-134. Hispanic American Historical Review 65:493-517.
1998 Identidades Impuestas. Tehuelches, Aucas y Pampas 2000 The Chaco Mission Frontier. The Guaycuruan Expe-
en el Norte de la Patagonia. Sociedad Argentina de An- rience. The University of Arizona Press, Tucson.
tropología, Buenos Aires. Sánchez Labrador, J.
2000 El papel de los contactos intergrupales en el abaste- 1936 Los Indios Pampas-Puelches-Patagones. Viau y Zona,
cimiento de recursos en Patagonia, siglo XVIII. Arqueo- Buenos Aires.
logía 10:121-134. Santamaría, D.
2002 Los grupos, los nombres, los territorios y los blan- 1999 Población y economía interna de las poblaciones abo-
cos: historia de algunos nombres étnicos. En Coloniza- rígenes del Chaco en el siglo XVIII. Andes 9:173-195.
ción, Resistencia y Mestizaje en las Américas, editado por 2000 La sociedad indígena. En Nueva Historia de la Na-
G. Boccara, pp. 259-289. Abya-Yala/IFEA, Quito/Lima. ción Argentina II. Planeta, Buenos Aires.
2005 El queso y los gusanos en el extremo sur de América. Schindler, H.
Grupos étnicos, disputas académicas y un juicio por re- 1985 Equestrian and not equestrian Indians of the Gran
gistro de marca. Revista de Indias LXV (234):427-452. Chaco during de colonial period. Indiana 10:451-464.
Nacuzzi, L. y C. Pérez de Micou Schmid, T.
1994 Rutas indígenas y obtención de recursos económicos 1964 Misionando por Patagonia Austral. Academia Nacio-
en Patagonia. Memoria Americana 3:91-103. nal de la Historia, Buenos Aires.
Nesis, F. Susnik, B.
2005 Los Grupos Mocoví en el Siglo XVIII. Sociedad Ar- 1971 Dimensiones migratorias y pautas culturales de los
gentina de Antropología, Buenos Aires. pueblos del Gran Chaco y su periferia (enfoque etnológi-
Palermo, M.A. co). Suplemento Antropológico 7 (1):85-107.
1986 Reflexiones sobre el llamado “complejo ecuestre” en 1981 Etnohistoria de los Chaqueños (1650-1910). En Los
la Argentina. Runa XVI:157-178. aborígenes del Paraguay. Museo Etnográfico “Andrés
1991 La compleja integración hispano-indígena del sur Barbero”, Asunción.
argentino chileno durante el período colonial. América Viedma, A.
Indígena LI (1):153-192. 1972 Diario y Descripción de la costa meridional del sur
Paucke, F. llamada vulgarmente patagónica. En Colección Pedro de
1943 Hacia Allá y para Acá. Una Estadía entre los Indios Angelis VIII B, pp. 845-963. Plus Ultra, Buenos Aires.
Mocobíes, 1749-1767 II. Universidad Nacional de Tucu- Vignati, M.
mán, Tucumán. 1941 Contribución a la etnobotánica indígena: el “pan” de
1944 Hacia Allá y para Acá. Una Estadía entre los Indios los Patagones protohistóricos. Notas del Museo de La
Mocobíes, 1749-1767 III. Universidad Nacional de Tu- Plata 6, Antropología 23:321-336.
cumán, Tucumán. Wachtel, N.
Paz, C. 1978 La aculturación. En Hacer la Historia I, editado por
2003 “Cómo es su costumbre hacer casi cada año …”. Al- J. Le Goff, J. y P. Nora, pp. 135-156. Laia, Barcelona.
gunas consideraciones sobre las actividades económicas White, R.
de los pueblos del Gran Chaco argentino, Siglo XVIII. 1991 The Middle Ground: Indians, Empires and Republics
En Las Fronteras Hispanocriollas del Mundo Indígena in the Great Lakes Region, 1650-1815. Cambridge Uni-
Latinoamericano en los Siglos XVI-XIX, compilado por versity Press, Cambridge.
R. Mandrini y C. Paz, pp. 377-405. CEHIR/UNS/Institu-
to de Estudios Histórico Sociales, Tandil.