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Filosofía Médica

José Alberto Mainetti

Q Editorial Quirón. La Plata


Filosofía Médica
Indice

Editorial
2. Presentación

Textos
3. Mitológicos

11. Antiguos

27. Medievales

36. Modernos

73. Actuales

82. Ficciones

Comentarios
88. Contextos

103. Pretextos

Guia
123. Introducción

126. La crisis de la razón médica

145. Bibliografía revisada

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TEXTOS

Presentación

Un sorpresivo reto académico ya en mis años testamentarios -la titularidad de una cátedra
de filosofía médica como nueva asignatura en el plan de estudios de la Facultad de Ciencias
Médicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP)- me motiva a componer este material
propedéutico de las relaciones entre Filosofía y Medicina, disciplinariamente profesadas como
Humanidades Médicas, Antropología Filosófica y Bioética a lo largo de mi oficial magisterio univer-
sitario, siempre inspirado por Minerva y Esculapio.
La lectura y comentario de textos constituye un fundamental ejercicio didáctico para
conjugar esas tres áreas disciplinarias, a partir de un eje histórico que preste cierta unidad de
sentido a la diversidad textual. En todo «co-mentario» o «pensar juntos» hay desde luego un
«texto» en su nuda literalidad, un «contexto» que lo ilumina y un «pretexto» como finalidad del
mismo.
Los textos y comentarios aqui reunidos han sido tomados, en su mayoría, de tres anterio-
res publicaciones del autor:
Antropología Filosófica (Quirón, La Plata 1980), Filosofía Médica (Quirón, La Plata 1980) y
Homo Infirmus (Quirón, La Plata 1990).
En el presente volumen hay entonces una primera parte a título de antología de textos
clásicos en torno a la teoría del homo infirmus. La segunda parte comprende, en primer término,
comentarios «contextuales» a guisa de introducción a los períodos históricos respectivos; y en
segundo término comentarios «pretextuales» para ejemplificar la idea descriptica que preside a
los fragmentos seleccionados.
La tercera parte de este pretendido manual es una guía para el estudio de la filosofía
médica, que incluye una introducción sinóptica a la disciplina, una reedición ligeramente modifica-
da de mi libro La crisis de la razón médica. Introducción a la filosofía de la medicina (1989), y una
bibliografía actualizada de la materia.
Plazca al lector la lectura y comentario de los textos aquí reunidos y séale útil esta guía
para explorar el fértil territorio de la filosofía médica.

José Alberto Mainetti

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TEXTOS
Mitológicos

GÉNESIS. ADÁN Y EVA tierra ni había hombre que labrase el suelo; 6


pero brotaba una fuente de la tierra, que re-
LA CREACIÓN DEL HOMBRE gaba toda la superficie de la tierra.
7 Y formó Yahvé Dios al hombre (del)
26 Después dijo Dios: «Hagamos al hom- polvo de la tierra e insufló en sus narices alien-
bre a imagen nuestra, según nuestra seme- to de vida, de modo que el hombre vino a ser
janza; y domine sobre los peces del mar y las alma viviente. 8 Y plantó Yahvé Dios un jardín
aves del cielo, sobre las bestias domésticas, y en Edén, al oriente, donde colocó al hombre
sobre toda la tierra y todo reptil que se mueve que había formado. 9 Yahvé Dios hizo brotar
sobre la tierra». 27 Y creó Dios al hombre a de la tierra toda clase de árboles de hermoso
imagen suya; a imagen de Dios lo creó; varón aspecto y (de frutos) buenos para comer, y
y mujer los creó. 28 Los bendijo Dios; y les dijo en el medio del jardín el árbol de la vida, y el
Dios: «Sed fecundos y multiplicaos, y henchid árbol del conocimiento del bien y del mal. 10
la tierra y sometedla; y dominad sobre los pe- De Edén salía un río que regaba el jardín; y
ces del mar y las aves del cielo, y sobre todos desde allí se dividía y se formaban de él cuatro
los animales que se mueven sobre la tierra». brazos. 11 El nombre del primero es Pisón, el
29 Después dijo Dios: «He aquí que Yo cual rodea toda la tierra de Havilá, donde está
os doy toda planta portadora de semilla sobre el oro. 12 El oro de aquella tierra es fino. Allí se
la superficie de toda la tierra, y todo árbol en encuentra también el bedelio y la piedra de
que hay fruto de árbol con semilla, para que ónice. 13 El nombre del segundo río es Gibón,
os sirvan de alimento. 30 Y a todos los anima- que circunda toda la tierra de Cus. 14 El tercer
les de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a río se llama Tigris, el cual corre al oriente de
todo lo que se mueve sobre la tierra, que tie- Asur. El cuarto río es el Eufrates.
ne en sí aliento de vida, les doy para alimento 15 Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre
toda hierba verde». Y así fue. 31 Vio Dios todo y lo llevó al jardín de Edén, para que lo labrara
cuanto había hecho: y he aquí que estaba muy y lo cuidase. 16 Y mandó Yahvé Dios al hom-
bien. Y hubo tarde y hubo mañana: día sexto. bre, diciendo: «De cualquier árbol del jardín
puedes comer. 17 más del árbol del conoci-
miento, del bien y del mal, no comerás; por-
DIOS SANTIFICA EL SÁBADO que el día en que comieres de él, morirás sin
remedio».
Fueron, pues, acabados el cielo y la tie-
rra con todo el ornato de ellos. 2. El día sépti-
mo terminó Dios la obra que había hecho; y CREACIÓN DE LA MUJER
descansó en el día séptimo de toda la obra
que había hecho. 3 Y bendijo Dios el séptimo 18 Entonces dijo Yahvé Dios: «No es
día y lo santificó; porque en él descansó Dios bueno que el hombre esté solo; le haré una
de toda su obra que en la creación había rea- ayuda semejante a él». 19 Formados, pues,
lizado. de la tierra todos los animales del campo y to-
das las aves del cielo, los hizo Yahvé Dios des-
filar ante el hombre para ver cómo los llamaba,
EL PARAÍSO y para que el nombre de todos los seres vi-
vientes fuese aquél que les pusiera el hombre.
4 Esta es la historia de la creación del 20 Así, pues, el hombre puso nombres a to-
cielo y de la tierra. El día en que Yahvé Dios dos los animales domésticos, y a las aves del
creó la tierra y el cielo, 5 no había aún en la cielo, y a todas las bestias del campo; mas para
tierra arbusto campestre alguno; y ninguna el hombre no encontró un ayuda semejante a
planta del campo había germinado todavía, él.
pues Yahvé Dios no había hecho llover sobre la 21 Entonces Yahvé Dios hizo caer un

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Textos: Mitológicos

profundo sueño sobre el hombre, el cual se diste por compañera me dio del árbol, y comí».
durmió; y le quitó una de las costillas y cerró 13 Dijo luego Yahvé Dios a la mujer: «¿Qué es
con carne el lugar de la misma. 22 De la costilla lo que has hecho?». Y contestó la mujer: «La
que Yahvé Dios había tomado del hombre, for- serpiente me engañó y comí».
mó una mujer y la condujo ante el hombre. 23 14 Entonces dijo Yahvé Dios a la ser-
Y dijo el hombre: «Esta vez sí es hueso de mis piente: «Por haber hecho esto, serás maldita
huesos y carne de mi carne; ésta será llamada como ninguna otra bestia doméstica o salvaje.
varona, porque del varón ha sido tomada». 24 Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás
Por eso dejará el hombre a su padre y a su todos los días de tu vida. 15 Y pondré enemis-
madre y se adherirá a su mujer, y vendrán a tad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su
ser una sola carne. 25 Estaban ambos desnu- linaje; éste te aplastará la cabeza, y tú le aplas-
dos, Adán y su mujer, más no se avergonza- tarás el calcañar».
ban. 16 Después dijo a la mujer: «Multiplica-
ré tus dolores y tus preñeces; con dolor darás
hijos a luz; te sentirás atraída por tu marido,
TENTACIÓN Y CAÍDA pero él te dominará».
17 A Adán le dijo: «Por haber escucha-
La serpiente, que era el más astuto de do la voz de tu mujer y comido del árbol del
todos los animales del campo que Yahvé Dios que Yo te había prohibido comer, será maldita
había hecho, dijo a la mujer: «¿Cómo es que la tierra por tu causa; con doloroso trabajo te
Dios ha mandado: No comáis de ningún árbol alimentarás de ella todos los días de tu vida;
del jardín?». 2 Respondió la mujer a la serpien- 18 te producirá espinas y abrojos, y comerás
te: «Podemos comer del fruto de los árboles de las hierbas del campo. 19 Con el sudor de
del jardín; 3 mas del fruto del árbol que está tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a
en el medio del jardín, ha dicho Dios: No co- la tierra; pues de ella fuiste tomado. Polvo eres
máis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis». 4 y al polvo volverás».
Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna
manera moriréis; 5 pues bien sabe Dios que el
día en que comiereis de él, se os abrirán los DESTIERRO DEL PARAÍSO
ojos y seréis como Dios, conocedores del bien
y del mal». 20 Adán puso a su mujer el nombre de
6 Y como viese la mujer que el árbol Eva, por ser ella la madre de todos los vivien-
era bueno para comida y una delicia para los tes. 21 E hizo Yahvé Dios para Adán y su mu-
ojos, y que el árbol era apetecible para alcan- jer túnicas de pieles y los vistió. 22 Y Dijo Yahvé
zar sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio Dios: «He aquí que el hombre ha venido a ser
también a su marido (que estaba) con ella, y como uno de nosotros, conocedor del bien y
él comió también. 7 Efectivamente se les abrie- del mal; ahora, pues, no vaya a extender su
ron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta mano para que tome todavía del árbol de la
de que estaban desnudos; por lo cual cosie- vida, y comiendo (de él) viva para siempre».
ron hojas de higuera y se hicieron delantales. 23 Después Yahvé Dios lo expulsó del
jardín de Edén, para que labrase la tierra de
donde había sido tomado. 24 Y habiendo ex-
CASTIGO DEL PECADO Y PROMESA DEL pulsado a Adán puso delante del jardín del
REDENTOR Edén querubines, y la fulgurante espada que
se agitaba, a fin de guardar el camino del árbol
8 Cuando oyeron el rumor de Yahvé de la vida.
Dios que se paseaba en el jardín al tiempo de
la brisa del día, Adán y su mujer se ocultaron (Sagrada Biblia)
de la vista de Yahvé Dios por entre los árboles
del jardín. 9 Yahvé Dios llamó a Adán y le dijo:
«¿Dónde estás?». 10 Este contestó: «Oí tu V. 27. Tenemos en este versículo la primera
paso por el jardín y tuve miedo, porque estoy prueba de la poesía hebrea, cuya característica es el
desnudo; por eso me escondí». 11 Mas El dijo: paralelismo de los hemistiquios. Es de notar que toda la
«¿Quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Has narración muestra cierto ritmo poético.
V. 28. Dios aparece en todo este capítulo como
comido acaso del árbol del cual te prohibí co- Rey del universo por el hecho mismo de la Creación.
mer?». 12 Respondió Adán: «La mujer que me Dentro del Reino de Dios, el hombre ocupa un lugar

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Textos: Mitológicos

preferido y es también rey, porque a él le entregó Dios de vida, madre. La misma palabra encontramos, aunque
el señorío sobre la creación visible, pero tal privilegio con una pequeña diferencia morfológica, en el nombre
se trocó en duro trabajo a causa de la caída del hombre, de Yahvé (el que es, el viviente).
por lo cual todas las cosas creadas, hasta las inanimadas,
aguardan «con ardiente anhelo» la libertad de la «servi-
dumbre de la corrupción» (Rom. 8, 19 y 21).
NOÉ O LA ALIANZA
Cap. 2. V. 1. El ornato: en hebreo sabaot (ejér-
cito). El ejército del cielo son las estrellas. El ornato de
la tierra son todas las cosas creadas en ella y todas sus Noé dispone el arca
fuerzas.
V. 4. El autor sagrado vuelve al tema de la Esta es la historia de Noé: Noé era va-
creación del hombre, la que nos narra con nuevos deta- rón justo y perfecto entre sus compañeros y
lles. siempre anduvo con Dios. Engendró tres hi-
V. 7. El sentido de este versículo es: Dios creó jos: Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba toda
el cuerpo del hombre del barro de la tierra, como el de
corrompida ante Dios y llena toda de violencia.
los animales, y le inspiró el alma, de modo que en el
hombre se juntan dos mundos, el corpóreo y el incor- Viendo, pues, Dios que todo en la tierra era
póreo o espiritual. La expresión antropomórfica insufló corrupción, pues toda carne había corrompido
en sus narices quiere expresar simbólicamente que el su camino sobre la tierra, dijo Dios a Noé: «El
alma no fue formada a manera del cuerpo, de la materia fin de toda carne ha llegado a mi presencia,
preexistente, sino creada por Dios directamente. pues está llena la tierra de violencia a causa de
V. 13. Cus o Kusch: en tiempos históricos los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra.
nombre de Etiopía. Hazte un arca de maderas resinosas, divídela
V. 22. Eva formada del costado de Adán es,
en compartimientos, y la calafateas con pez
según los Santos Padres, figura de la Iglesia, la que salió
del costado de Jesucristo. Como Eva es figura de la por dentro y por fuera. Hazla así: trescientos
Iglesia, así lo es Adán respecto de Cristo. codos de largo, cincuenta de ancho y treinta
V. 24. Este versículo atestigua la institución de alto; harás en ella un tragaluz, y a un codo
divina del matrimonio, fundamento de la sociedad hu- sobre éste acabarás el arca por arriba; la puer-
mana, cuya célula es la familia. El hombre y la mujer ta la haces a un costado; harás en ella un pri-
serán una carne, lo que implica la indisolubilidad y uni- mero, un segundo y un tercer piso. Voy a arrojar
dad del matrimonio, como lo explica Jesús en Mat. 19, sobre la tierra un diluvio de aguas que exter-
7-8.
minará toda la carne que bajo el cielo tiene
Cap. 3, V. 7. Se les abrieron los ojos, no para
adquirir nuevos y más elevados conocimientos, ni mu- hálito de vida. Cuanto hay en la tierra perece-
cho menos para ser como Dios, sino para reconocer su rá. Pero contigo haré yo mi alianza; y entrarás
propia miseria y el terrible engaño de que habían sido en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres
víctimas. Perdieron todos los dones sobrenaturales, la de tus hijos contigo. De todo viviente y de
gracia santificante, la inocencia, justicia y santidad ori- toda carne meterás en el arca parejas para que
ginales y la amistad de Dios; hasta sus dones naturales vivan contigo; macho y hembra serán. De cada
comenzaron a flaquear, despertóse la concupiscencia, especie de aves, de ganados y de reptiles ven-
la carne empezó a rebelarse contra el espíritu, y detrás
drán a ti por parejas para que conserven la
de todos los males se cernía la muerte y la corrupción de
todo el género humano. La caída de Adán tiene mucha vida. Recoge alimentos de toda clase, para que
semejanza con la del Ángel caído. Ambos sobrepasan a ti y a ellos os sirvan de comida». Hizo, pues,
sus derechos buscando en cierto modo arrebatar el Rei- Noé en todo como Dios se lo mandó.
no de Dios para sí mismos; ambos negaban la autoridad
que correspondía a Dios sólo. Mas la sublevación del Génesis, 6-7
Ángel fue definitiva e irreparable; la caída del hombre,
en cambio, será reparada por un Redentor que por su Alianza de Dios con Noé
obediencia restaurará el Reino de Dios sobre la tierra.
V. 15. La descendencia de la mujer vencerá al
demonio de la misma manera que el hombre aplasta la ...Dijo también Dios a Noé y a sus hijos:
cabeza de una serpiente. La descendencia de la mujer es, «Ved, yo voy a establecer mi alianza con voso-
en general, el género humano; más principalmente, el tros y con vuestra descendencia después de
Salvador Jesucristo, que es la Cabeza de toda la humani- vosotros; y con todo ser viviente que está con
dad (Col. 1, 15, 18). Él venció por propia virtud al vosotros, aves, ganados y fieras de la tierra,
demonio, lo que los otros hacen en virtud de Él. Contie- todos los salidos con vosotros del arca. Hago
ne, pues, este vers. el primer anuncio del futuro Reden- con vosotros pacto de no volver a exterminar
tor. Se le da por ello el nombre de «Protoevangelio». Al
a todo viviente por las aguas de un diluvio que
triunfo del Salvador va asociado su madre, la magna
Señora, que se contrapone a Eva (Lúe. 1, 26-38). destruya la tierra». Y añadió Dios: «Ved aquí la
V. 20. Eva significa literalmente: productora señal del pacto que establezco entre mí y vo-

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Textos: Mitológicos

sotros, y cuantos vivientes están con voso- un casco muy firme, o con una especie de
tros, por generaciones sempiternas: pongo mi callo espeso y una piel muy dura, desprovista
arco en las nubes, para señal de mi pacto con de sangre. Hecho esto, les señaló a cada uno
la tierra, y cuando cubriere yo de nubes la tie- su alimento, a éstos la yerba; a aquéllos, los
rra, aparecerá el arco, y me acordaré de mi frutos de los árboles; a otros las raíces ; hubo
pacto con vosotros, y con todo viviente, y con especie a la que permitió alimentarse con la
toda carne, y no volverán las aguas del diluvio carne de los demás animales; pero a ésta la
a destruir toda carne. Estará el arco en las hizo poco fecunda, y concedió en cambio una
nubes, y yo lo veré, para acordarme de mi pacto gran fecundidad a las que debían alimentarla,
eterno entre Dios y toda alma viviente y toda a fin de que ella se conservase. Pero como
carne que hay sobre la tierra». «Esta es -dijo Epimeteo no era muy prudente, no se fijó en
Dios a Noé- la señal del pacto que establezco que había distribuido todas las cualidades en-
entre mí y toda carne que está sobre la tie- tre los animales privados de razón, y que aun
rra». le quedaba la tarea de proveer al hombre. No
Génesis, 8-9 sabía qué partido tomar, cuando Prometeo lle-
gó para ver la distribución que había hecho.
Vio todos los animales perfectamente arregla-
PROMETEO Y EPIMETEO dos, pero encontró al hombre desnudo, sin
PROTAGORAS armas, sin calzado, sin tener con qué cubrirse.
Estaba ya próximo el día destinado para apare-
Hubo un tiempo en que los dioses exis- cer el hombre sobre la tierra y mostrarse a la
tían solos, y no existía ningún ser mortal. Cuando luz del sol, y Prometeo no sabía qué hacer para
el tiempo destinado a la creación se cumplió, dar al hombre los medios de conservarse. En
los dioses los formaron en las entrañas de la fin, he aquí el expediente a que recurrió: robó
tierra, mezclando la tierra, el fuego y todos los a Vulcano y a Minerva el secreto de las artes y
otros elementos que pueden combinarse con el fuego, porque sin el fuego las ciencias no
los dos primeros. Pero antes de dejarlos salir a podían poseerse y serían inútiles, y de todo
la luz, mandaron los dioses a Prometeo y a hizo un presente al hombre.
Epimeteo que los revistieran con todas las cua- He aquí de qué manera el hombre reci-
lidades convenientes, distribuyéndolas entre bió la ciencia de conservar su vida; pero no
ellos. Epimeteo suplicó a Prometeo que le per- recibió el conocimiento de la política, porque
mitiera hacer por sí solo esta distribución, a la política estaba en poder de Júpiter, y
condición, le dijo, de que tú la examinaras cuan- Prometeo no tenía aún la libertad de entrar
do yo la hubiere hecho. Prometeo consintió en el santuario del padre de los dioses, cuya
en ello; y he aquí a Epimeteo en campaña. entrada estaba defendida por guardas terri-
Distribuye a unos la fuerza sin la velocidad, y a bles. Pero, como estaba diciendo, se deslizó
otros la velocidad sin la fuerza; da armas natu- furtivamente en el taller en que Vulcano y
rales a éstos y a aquéllos se las rehusa; pero Minerva trabajaban, y habiendo robado a este
les da otros medios de conservarse y defen- dios su arte, que se ejerce por el fuego, y a
derse. A los que da cuerpos pequeños les asig- aquella diosa el suyo, se los regaló al hombre,
na las cuevas y los subterráneos para guare- y por este medio se encontró en estado de
cerse, o les da alas para buscar su salvación en proporcionarse todas las cosas necesarias para
los aires; los que hace corpulentos en su mis- la vida. Se dice que Prometeo fue después
ma magnitud tienen su defensa. Concluyó su castigado por este robo, que sólo fue hecho
distribución con la mayor igualdad que le fue para reparar la falta cometida por Epimeteo.
posible, tomando bien las medidas para que Cuando se hizo al hombre partícipe de las cua-
ninguna de estas especies pudiese ser des- lidades divinas, fue el único de todos los ani-
truida. Después de haberles dado todos los males, que, a causa del parentesco que le unía
medios de defensa para libertar a unos de la con el ser divino, se convenció de que existen
violencia de los otros, tuvo cuidado de guare- dioses, les levantó altares y les dedicó esta-
cerlos de las injurias del aire y del rigor de las tuas. En igual forma creó una lengua, articuló
estaciones. Para esto los vistió de un vello es- sonidos y dio nombres a todas las cosas, cons-
peso y una piel dura, capaz de defenderlos de truyó casas, hizo trajes, calzados, camas y sacó
los hielos del invierno y de los ardores del es- sus alimentos de la tierra. Con todos estos
tío, y que les sirve de abrigo cuando tienen auxilios los primeros hombres vivían dispersos,
necesidad de dormir, y guarneció sus pies con y no había aún ciudades. Se veían miserable-

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Textos: Mitológicos

mente devorados por las bestias, siendo en y encantadora figura de doncella semejante
todas partes mucho más débiles que ellas. Las en rostro a las diosas inmortales. Luego encar-
artes que poseían eran un medio suficiente gó a Atenea que le enseñara sus labores, a
para alimentarse, pero muy insuficiente para tejer la tela de finos encajes. A la dorada
defenderse de los animales, porque no tenían Afrodita le mandó rodear su cabeza de gracia,
aun ningún conocimiento de la política, de la irresistible sensualidad y halagos cautivadores;
que el arte de la guerra es una parte. Creye- y a Hermes, el mensajero Argifonte, le encar-
ron que era indispensable reunirse para su gó dotarle de una mente cínica y un carácter
mutua conservación, construyendo ciudades. voluble.
Pero apenas estuvieron reunidos, se causaron Dió estas órdenes y aquéllos obedecie-
los unos a los otros muchos males, porque aún ron al soberano Zeus Crónida. (Inmediatamente
no tenían ninguna idea de la política. Así es modeló de tierra el ilustre Patizambo una ima-
que se vieron precisados a separarse otra vez, gen con apariencia de casta doncella por vo-
y he aquí expuestos de nuevo al furor de las luntad del Crónida. La diosa Atenea de ojos
bestias. Júpiter, movido de compasión y te- glaucos le dio ceñidor y la engalanó. Las divi-
miendo también que la raza humana se viera nas Gracias y la augusta Persuación colocaron
exterminada, envió a Mercurio con orden de en su cuello dorados collares y las Horas de
dar a los hombres pudor y justicia, a fin de que hermosos cabellos la coronaron con flores de
construyesen ciudades y estrechasen los lazos primavera. Palas Atenea ajustó a su cuerpo
de una común amistad. todo tipo de aderezos); y el mensajero
Argifonte configuró en su pecho mentiras,
(Platón, Protágoras 320 c, ss.) palabras seductoras y un carácter voluble por
voluntad de Zeus gravisonante. Le infundió
habla el heraldo de los dioses y puso a esta
HESIODO: ANTROPOGONÍA mujer el nombre de Pandora porque todos los
MITO DE PROMETEO Y PANDORA que poseen las mansiones olímpicas le conce-
dieron un regalo, perdición para los hombres
Y es que oculto tienen los dioses el que se alimentan de pan.
sustento a los hombres; pues de otro modo Luego que remató su espinoso e irre-
fácilmente trabajarías un solo día y tendrías para sistible engaño, el Padre despachó hacia
un año sin ocuparte de nada. Al punto podrías Epimeteo al ilustre Argifonte con el regalo de
colocar el timón sobre el humo de! hogar y los dioses, rápido mensajero. Y no se cuidó
cesarían las faenas de los bueyes y de los sufri- Epimeteo de que le había advertido Prometeo
dos mulos. no aceptar jamás un regalo de manos de Zeus
Pero Zeus lo escondió irritado en su Olímpico, sino devolverlo acto seguido para que
corazón por las burlas de que le hizo objeto el nunca sobreviniera una desgracia a los morta-
astuto Prometeo; por ello entonces urdió la- les. Luego cayó en la cuenta el que lo aceptó,
mentables inquietudes para los hombres y ocul- cuando ya era desgraciado.
tó el fuego. Mas he aquí que el buen hijo de En efecto, antes vivían sobre la tierra
Jápeto lo robó al providente Zeus para bien tribus de hombres libres de males y exentas
de los hombres en el hueco de una cañaheja a de la dura fatiga y las enfermedades que aca-
escondidas de Zeus que se goza con el rayo. rrean la muerte a los hombres (...) Pero aque-
Y lleno de cólera dijóle Zeus amontonador de lla mujer, al quitar con sus manos la enorme
nubes: tapa de una jarra los dejó diseminarse y procu-
¡Japetónida conocedor de los designios ró a los hombres lamentables inquietudes.
sobre todas las cosas! Te alegras de que me Sólo permaneció allí dentro la Espera,
has robado el fuego y has conseguido enga- aprisionada entre infrangibles muros bajo los
ñar mi inteligencia, enorme desgracia para tí bordes de la jarra (por voluntad de Zeus por-
en particular y para los hombres futuros. Yo a tador de la égida y amontonador de nubes).
cambio del fuego les daré un mal con el que Mil diversas amarguras deambulan en-
todos se alegren de corazón acariciando con tre los hombres: repleta de males está la tierra
cariño su propia desgracia. y repleto el mar. Las enfermedades ya de no-
Así dijo y rompió en carcajadas el padre che van y vienen a capricho entre los hombres
de hombres y dioses; ordenó al muy ilustre acarreando penas a los mortales en silencio,
Hefesto mezclar cuanto antes tierra con agua, puesto que el providente Zeus les negó el habla.
infundirle voz y vida humana y hacer una linda Y así no es posible en ninguna parte escapar a

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Textos: Mitológicos

la voluntad de Zeus. articulada creó Zeus padre, de bronce, en nada


MITO DE LAS EDADES semejante a la de plata, nacida de los frenos,
terrible y vigorosa. Sólo les interesaban las luc-
Ahora si quieres te contaré brevemen- tuosas obras de Ares y los actos de soberbia:
te otro relato, aunque sabiendo bien —y tú no comían pan y en cambio tenían un aguerri-
grábatelo en el corazón— cómo los dioses y do corazón de metal. (Eran terribles; una gran
los hombres mortales tuvieron un mismo ori- fuerza y unas manos invencibles nacían de sus
gen. hombros sobre robustos miembros). De bron-
Al principio los Inmortales que habita- ce eran sus armas, de bronce sus casas y con
ban mansiones olímpicas crearon una dorada bronce trabajaban; no existía el negro hierro.
estirpe de hombres mortales. Existieron aque- También éstos, víctimas de sus propias manos,
llos en tiempos de Cronos, cuando reinaba en marcharon a la vasta mansión del cruento Ha-
el cielo; vivían como dioses, con el corazón li- des, en el anonimato. Se apoderó de ellos la
bre de preocupaciones, sin fatiga ni miseria; y negra muerte aunque eran tremendos, y de-
no se cernía sobre ellos la vejez despreciable, jaron la brillante luz del sol.
sino que siempre con igual vitalidad en piernas Y ya luego, desde que la tierra sepultó
y brazos, se recreaban con fiestas ajenos a todo también esta estirpe, en su lugar todavía creó
tipo de males. Morían como sumidos en un Zeus Crónida sobre el suelo fecundo otra cuarta
sueño; poseían toda clase de alegrías, y el cam- más justa y virtuosa, la estirpe divina de los
po fértil producía espontáneamente abundan- héroes que se llaman semidioses, raza que nos
tes y excelentes frutos. Ellos contentos y tran- precedió sobre la tierra sin límites.
quilos alternaban sus faenas con numerosos A unos la guerra funesta y el temible
deleites. Eran ricos en rebaños y entrañables a combate los aniquiló bien al pie de Tebas la de
los dioses bienaventurados. siete puertas, en el país cadmeo, peleando por
Y ya luego, desde que la tierra sepultó los rebaños de Edipo, o bien después de con-
esta raza, aquéllos son por voluntad de Zeus ducirles a Troya en sus naves, sobre el inmen-
demonios benignos, terrenales, protectores de so abismo del mar, a causa de Helena de her-
los mortales (que vigilan las sentencias y malas mosos cabellos. (Allí, por tanto, la muerte se
acciones yendo y viniendo envueltos en nie- apoderó de unos).
bla, por todos los rincones de la tierra) y A los otros el padre Zeus Crónida de-
dispensadores de riqueza; pues también obtu- terminó concederles vida y residencia lejos de
vieron esta prerrogativa real. los hombres, hacia los confines de la tierra.
En su lugar una segunda estirpe mu- Estos viven con un corazón exento de dolores
cho peor, de plata, crearon después los que en las Islas de los Afortunados, junto al Océa-
habitan las mansiones olímpicas, no compara- no de profundas corrientes, héroes felices a
ble a la de oro ni en aspecto ni en inteligencia. los que el campo fértil les produce frutos que
Durante cien años el niño se criaba junto a su germinan tres veces al año, dulces como la
solícita madre pasando la flor de la vida, muy miel, (lejos de los Inmortales; entre ellos reina
infantil, en su casa; y cuando ya se hacía hom- Cronos:
bre y alcanzaba la edad de la juventud, vivían Pues el propio > padre de < hombres
poco tiempo llenos de sufrimientos a causa de > y < dioses le libró, y ahora siempre > entre
su ignorancia; pues no podían apartar de en- ellos goza de respeto como < benigno. Zeus a
tre ellos una violencia desorbitada ni querían su vez > otra estirpe creó < de hombres de
dar culto a los Inmortales ni hacer sacrificios en voz articulada, los que ahora > existen sobre
los sagrados altares de los Bienaventurados, > la tierra fecunda).
como es norma para los hombres por tradi- Y luego, ya no hubiera querido estar
ción. A éstos más tarde los hundió Zeus Crónida yo entre los hombres de la quinta generación
irritado porque no daban las honras debidas a sino haber muerto antes o haber nacido des-
los dioses bienaventurados que habitan el Olim- pués; pues ahora existe una estirpe de hierro.
po. Nunca durante el día se verán libres de fatigas
Y ya luego, desde que la tierra sepultó y miserias ni dejarán de consumirse durante la
también a esta estirpe, estos genios subterrá- noche, y los dioses les procurarán ásperas in-
neos se llaman mortales bienaventurados, de quietudes; pero no obstante, también se mez-
rango inferior, pero no obstante también go- clarán alegrías con sus males.
zan de cierta consideración. Zeus destruirá igualmente esta estirpe
Otra tercera estirpe de hombres de voz de hombres de voz articulada, cuando al nacer

|| 8 ||
Textos: Mitológicos

sean de blancas sienes. El padre no se parece- vivir en la encía


rá a los hijos ni los hijos al padre; el anfitrión no que pueda destrozar la sangre del diente
apreciará a su huésped ni el amigo a su amigo y masticar la médula de la encía
y no se querrá al hermano como antes. Des- así aguantaré el cerrojo de la puerta».
preciarán a su padres apenas se hagan viejos y
les insultarán con duras palabras, cruelmente, (THOMPSON)
sin advertir la vigilancia de los dioses —no po-
drían dar el sustento a sus padres ancianos «¿Has sembrado la discordia entre padre e
aquellos (cuya justicia es la violencia—, y unos hijo?
saquearán las ciudades de los otros). Ningún ¿Has sembrado la discordia entre madre e
reconocimiento habrá para el que cumpla su hija?
palabra ni para el justo ni el honrado, sino que ¿Has sembrado la discordia entre hermano y
tendrán más consideración al malhechor y al hermano?
hombre violento. La justicia estará en la fuerza ¿Has sembrado la discordia entre amigo y
de las manos y no existirá pudor; el malvado amigo?
tratará de perjudicar al varón más virtuoso con ¿Has rehusado dejar partir al prisionero,
retorcidos discursos y además se valdrá del ju- quitar sus cadenas al encadenado?
ramento. La envidia murmuradora, gustosa del ¿Has cometido no sé qué pecado contra su
mal repugnante, acompañará a todos los hom- dios, no sé qué pecado contra su diosa?
bres miserables. ¿Has dicho «sí» por «no»?
Es entonces cuando Aidos y Némesis, ¿Has empleado falsas balanzas?
cubierto su cuerpo con blancos mantos, irán ¿Has expulsado al niño legítimo? ¿Has
desde la tierra de anchos caminos hasta el Olim- instalado al niño ilegítimo?
po para vivir entre la tribu de los Inmortales, ¿Has quitado cercas, límites, hitos?
abandonando a los hombres; a los hombres ¿Has entrado en la casa de tu prójimo?
mortales sólo les quedarán amargos sufrimien- ¿Has tenido comercio con la mujer de tu
tos y ya no existe remedio para el mal. prójimo?
¿Has expulsado de tu familia a un buen
hombre?
MEDICINA PRETÉCNICA ¿Has robado el vestido de tu prójimo?
¿Has dividido a una familia unida?
ENFERMEDAD Y PECADO ¿Te has dirigido contra tu superior?
¿Ha sido tu boca recta (pero) tu corazón
«Me ha alcanzado la impureza. Para que falso?
juzgues mi causa, para que tomes decisión ¿Has cometido crímenes, has robado, has
acerca de mí, me he posternado ante ti. Juz- hecho robar?
ga mi causa, decide sobre mí; extirpa la malig- ¿Te has ocupado de brujerías o
na enfermedad de mi cuerpo, destruye todo encantamientos?
mal en mi carne y en mis músculos. ¡Que el
mal de mi cuerpo, de mi carne y de mis mús- «Si en la cima del na, ante el surco del
culos huya de mí, y que yo pueda ver la luz!». na, hay una depresión, el hijo del hombre
morirá. Si el examen se realiza para la salud del
«Cuando Anú creó los cielos, enfermo, y en el caso normal se ven dos níru,
los cielos crearon la tierra, el enfermo...; tomará alimento y beberá agua.
la tierra creó los ríos, Si el shánu es doble, y también el níru, y están
los ríos crearon los canales, fuertemente constituidos, el enfermo morirá.
los canales crearon las marismas, Si lo mismo, le cogerá la maldición y morirá.
las marismas crearon el gusano, Si lo mismo, y el gir cae a la derecha, el enfer-
el gusano, fue, llorando, ante Shamash, mo vivirá, pero no cumplirá su deseo. Si lo mis-
(fue) junto a Ea derramando lágrimas: mo, y la cabeza de la vesícula tiene forma de
¿qué me das por alimento? x, colocada a la derecha, los Anunnaki toma-
¿qué me das para destrozar? rán posesión del enfermo y morirá.
Te daré los higos maduros y los albaricoques. Si el shánu es doble, y son visibles el
En verdad, ¿qué son estos higos secos para extremo y la base de la vesícula, y son negros,
mí, o albaricoques? los demonios tomarán posesión del enfermo y
Colócame en medio del diente, y déjame morirá.

|| 9 ||
Textos: Mitológicos

Si el examen se realiza para la salud del propios dientes.


enfermo, y a la derecha de la vesícula salen Si le ha quitado los dientes a un plebe-
dos «ramas», el enfermo en pocos días... yo, pagará un tercio de la mina de plata...
Si el shánu es doble, y en la región de Si un médico ha tratado con el cuchillo
la glándula linfática se encuentran dos «ramas» de bronce de las operaciones una herida gra-
que salen... y se las ve a la derecha, a este ve de un noble y la ha curado, o ha abierto un
enfermo le golpeará el demonio Alü; tales son absceso en el ojo de un noble y lo ha curado,
las líneas según la segunda tableta. recibirá diez ciclos de plata. Si es un plebeyo,
Si en un caso feliz el canal cístico está recibirá cinco ciclos de plata. Si es un esclavo,
aplanado, el enfermo morirá. su dueño pagará dos ciclos de plata.
Si en un caso feliz la glándula linfática Si un médico ha tratado con el cuchillo
está aplanada, el enfermo vivirá». de bronce de las operaciones una herida gra-
ve de un noble y le ha producido la muerte, o
(Medicina mesopotámica) le ha abierto un absceso en un ojo y le ha
ocasionado la pérdida de éste, se le amputarán
las manos.
CÓDIGO DE HAMMURABI Si un médico ha tratado con el cuchillo
de bronce de las operaciones una herida gra-
Si un hombre ha destruido un ojo de ve al esclavo de un hombre y le ha producido
un noble, su propio ojo será destruido. la muerte, deberá devolver esclavo por escla-
Si ha roto el hueso de un noble, su vo. Si ha abierto un absceso en un ojo de un
hueso será roto. esclavo con el cuchillo de bronce de las opera-
Si ha destruido el ojo de un plebeyo, o ciones y le ha destruido el ojo, pagará la mitad
ha roto un hueso de un plebeyo, pagará una del valor del esclavo.
mina de plata. Si un médico ha curado un hueso roto
Si ha destruido el ojo del esclavo de un o una víscera enferma de un noble, recibirá
hombre, o roto un hueso del esclavo de un cinco ciclos de plata. Si es un plebeyo, recibirá
hombre, pagará la mitad de su valor. tres ciclos de plata. Si es un esclavo, su dueño
Si un hombre le ha quitado los dientes pagará dos ciclos de plata.
a otro del mismo rango, le serán quitados sus
(Alrededor de 2200 antes de J. C.)

|| 10 ||
Textos: Antiguos

Antiguos

ANAXIMANDRO gún se decía, era de Anaxágoras, que la inte-


LA ANTROPOGENIA ligencia es la norma y la causa de todos los
seres, me ví arrastrado por esta idea; y me
136 Anaximandro afirmaba que las pareció una cosa admirable que la inteligencia
primeras criaturas vivientes habían nacido fuese la causa de todo; porque creía que, ha-
en la humedad, encerradas en caparazones biendo dispuesto la inteligencia todas las co-
recubiertas de espinas; y que a medida que su sas, precisamente estarían arregladas lo mejor
edad avanzaba, se dirigían hacia la parte más posible. Si alguno, pues, quiere saber la causa
seca, y al partirse la caparazón vivían una clase de cada cosa, por qué nace y por qué perece,
diferente de vida por corto tiempo. no tiene más que indagar la mejor manera en
137 Más adelante, dice que en un que puede existir; y me pareció que era una
comienzo el hombre nació de criaturas de di- consecuencia de este principio que lo único
ferente especie, ya que otros seres son capa- que el hombre debe averiguar es cuál es lo
ces de mantenerse a símismos desde muy pron- mejor y lo más perfecto; porque desde el mo-
to, pero sólo el hombre necesita cuidados pro- mento en que lo haya averiguado, conocerá
longados. Es por esta razón que no podría ha- necesariamente cuál es lo más malo, puesto
ber sobrevivido de ser la actual su forma origi- que no hay más que una ciencia para lo uno y
naria. para lo otro.
138 Anaximandro de Mileto concibió Pensando de esta suerte tenía el gran
la teoría que de la tierra y el agua calentadas placer de encontrarme con un maestro como
habrían surgido peces o criaturas muy seme- Anaxágoras, que me explicaría, según mis de-
jantes a peces, y en éstos se desarrollaba el seos, la causa de todas las cosas; y que, des-
hombre, en forma de embrión retenido en el pués de haberme dicho, por ejemplo, si la tie-
interior hasta su pubertad; finalmente enton- rra es plana o redonda, me explicaría la causa y
ces, las criaturas-peces explotaban y aparecían la necesidad de lo que ella es; y me diría cuál
hombres y mujeres ya capaces de alimentarse es lo mejor en el caso, y por qué esto es lo
por sí solos. mejor. Asimismo si creía que la tierra está en el
139 Las criaturas vivientes adquirían centro del mundo, esperaba que me enseña-
su existencia a partir de la humedad evapora- ría por qué es lo mejor que la tierra ocupe el
da por el sol. El hombre era originariamente centro; y luego de haber oído de él todas es-
similar a otra criatura —o sea el pez. tas explicaciones, estaba resuelto por mi parte
140 Por tanto ellos (los sirios), ver- a no ir nunca en busca de ninguna otra clase
daderamente reverenciaban al pez como un de causas. También me proponía interrogarle
ser de una raza y crianza similares. En esto en igual forma acerca del sol, de la luna y de
filosofan con más propiedad que Anaximandro, los demás astros, para conocer la razón de sus
ya que éste declara no que hombres y peces revoluciones, de sus movimientos y de todo lo
se engendran en los mismos padres, sino que que les sucede; y para saber cómo es lo mejor
originariamente los hombres fueron engendra- posible lo que cada uno de ellos hace, porque
dos dentro de peces, y que habiendo sido no debía imaginarme que, después de haber
capaces de cuidar de sí mismos, salían enton- dicho que la inteligencia los había ordenado y
ces al exterior y se afincaban en la tierra. arreglado, pudiese decirme que fuera otra la
(G. S. Kirk & J. E. Raven, The Presocratic causa de su orden y disposición que la de no
Philosophers’) ser posible cosa mejor; y me lisonjeaba de que,
después de designarme esta causa en general
y en particular, me haría conocer en qué con-
ANAXAGORAS siste el bien de cada cosa en particular y el
LA INTELIGENCIA Y LA MANO bien de todas en general. Por nada hubiera
cambiado en aquel momento mis esperanzas.
Habiendo oído leer en un libro, que se- Tomé, pues, con el más vivo interés estos li-

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Textos: Antiguos

bros y me puse a leerlos lo más pronto posible, cada uno eso que puede utilizar. Así por ejem-
para saber luego lo bueno y lo malo de todas plo, dará flautas a quien sabe servirse de ellas,
las cosas. Pero muy luego perdí toda esperan- al flautista para que toque la flauta. La natura-
za, porque tan pronto como hube adelantado leza subordina lo accesorio a lo fundamental y
un poco en mi lectura, me encontré con que dominante, y no a la inversa, lo más noble y
mi hombre no hacía intervenir para nada la in- relevante a cuanto lo es menos. Por ello, en
teligencia, que no daba ninguna razón del or- razón de lo mejor —y la naturaleza, dentro de
den de las cosas, y que en lugar de la inteli- lo posible, hace siempre lo mejor— no es el
gencia ponía el aire, el éter, el agua y otras hombre inteligente por las manos, sino manual
igualmente absurdas. Me pareció como si dije- por la inteligencia.
ra: Sócrates hace mediante la inteligencia todo
lo que hace; y que en seguida, queriendo dar (Aristóteles, Las partes de los animales, IV
razón de cada cosa que yo hago, dijera que 10, 687 a 55 ss.)
hoy, por ejemplo, estoy sentado en mi cama,
porque mi cuerpo se compone de huesos y
de nervios; que siendo los huesos duros, sóli- EL ANDRÓGINO
dos, están separados por junturas, y que los PLATÓN
nervios, pudiendo estirarse o encogerse, unen
los huesos con la carne y con la piel, que en- «Figúraseme, que hasta ahora los hom-
cierra y abraza a los unos y a los otros; que bres han ignorado enteramente el poder de
estando los huesos libres en sus articulaciones, Eros; porque si lo conociesen, le levantarían
los nervios, que pueden extenderse y enco- templos y altares magníficos, y le ofrecerían
gerse, hacen que me sea posible recoger las suntuosos sacrificios, y nada de esto se hace,
piernas como veis y que ésta es la causa de aunque sería muy conveniente; porque entre
estar yo sentado aquí y de esta manera. O todos los dioses él es el que derrama más be-
también es lo mismo que si, para explicar la neficios sobre los hombres, como que es su
causa de la conversación que tengo con voso- protector y su médico, y los cura de los males
tros, os dijese que lo era la voz, el aire, el oído que impiden al género humano llegar a la cum-
y otras cosas semejantes; y no os dijese ni una bre de la felicidad. Voy a intentar daros a co-
sola palabra de la verdadera causa, que es la nocer el poder de Eros, y queda a vuestro
de haber creído los atenienses que lo mejor cargo enseñar a los demás lo que aprendáis de
para ellos era condenarme a muerte, y que, mí. Pero es preciso comenzar por decir cuál es
por la misma razón, he creído yo que era igual- la naturaleza del hombre, y las modificaciones
mente lo mejor para mí estar sentado en esta que ha sufrido.
cama y esperar tranquilamente la pena que «En otro tiempo la naturaleza humana
me han impuesto. Porque os juro por el cielo era muy diferente de lo que es hoy. Primero
que estos nervios y estos huesos míos ha lar- había tres clases de hombres: los dos sexos
go tiempo que estarían en Megara o en Beocia, que hoy existen, y uno tercero, compuesto
si hubiera creído que era lo mejor para ellos y de estos dos, el cual ha desaparecido conser-
no hubiera estado persuadido de que era mu- vándose sólo el nombre. Este animal formaba
cho mejor y más justo permanecer aquí para una especie particular, y se llamaba andrógino,
sufrir el suplicio a que mi patria me ha conde- porque reunía el sexo masculino y el femeni-
nado, que no escapar y huir. Dar, por lo tanto, no; pero ya no existe y su nombre está en
razones semejantes me parecería muy ridícu- descrédito. En segundo lugar, todos los hom-
lo. bres tenían formas redondas, la espalda y los
costados colocados en círculo, cuatro brazos,
(Platón, Fedón, 97 B-99) cuatro piernas, dos fisonomías, unidas a un
cuello circular y perfectamente semejantes,
una sola cabeza, que reunía estos dos sem-
Anaxágoras dice, en efecto, que el blantes opuestos entre sí, dos orejas, dos ór-
hombre es el más inteligente de los seres por- ganos de la generación y todo lo demás en
que tiene manos; pero, con mayor propiedad, esta misma proporción. Marchaban rectos
es el caso de que él manifiesta las manos por como nosotros, y sin tener necesidad de vol-
ser el más inteligente. Puesto que las manos verse para tomar el camino que querían. Cuan-
son un instrumento, y la naturaleza distribuye do deseaban caminar ligero, se apoyaban su-
siempre —al modo de un hombre previsor— a cesivamente sobre sus ocho miembros, y avan-

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Textos: Antiguos

zaban con rapidez mediante un movimiento división, cada mitad hacía esfuerzos para en-
circular, como los que hacen la rueda con los contrar la otra mitad de que había sido separa-
pies al aire La diferencia, que se encuentra da; y cuando se encontraban ambas, se abra-
entre estas tres especies de hombre nace de zaban y se unían, llevadas del deseo de entrar
la que hay en sus principios. El sol produce el en su antigua unidad, con un ardor tal, que
sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna abrazadas perecían de hambre e inacción, no
el compuesto de ambos, que participa de la queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuan-
tierra y del sol. De estos principios recibieron do una de las dos mitades perecía, la que so-
su forma y su manera de moverse, que es es- brevivía buscaba otra, a la que se unía de nue-
férica. Los cuerpos eran robustos y vigorosos vo, ya fuese la mitad de una mujer entera, lo
y de corazón animoso, y por esto concibieron que ahora llamamos una mujer, ya fuese una
la atrevida idea de escalar el cielo, y combatir mitad de hombre; y de esta manera la raza iba
con los dioses, como dice Hornero de Efialtes extinguiéndose. Zeus, movido a compasión,
y de Oto11. Zeus examinó con los dioses el imagina otro expediente; pone delante los ór-
partido que debía tomarse. El negocio no ca- ganos de la generación, porque antes esta-
recía de dificultad; los dioses no querían ano- ban detrás, y se concebía y se derramaba el
nadar a los hombres, como en otro tiempo a semen no el uno en el otro, sino en la tierra
los gigantes, fulminando contra ellos sus ra- como las cigarras. Zeus puso los órganos en la
yos, porque entonces desaparecían el culto y parte anterior y de esta manera la concepción
los sacrificios que los hombres les ofrecían; pero se hace mediante la unión del hombre y la
por otra parte, no podían sufrir semejante in- mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el
solencia. En fin, después de largas reflexiones, varón se unía al varón, la saciedad los separaba
Zeus se expresó en estos términos: Creo ha- bien pronto y los restituía a sus trabajos y de-
ber encontrado un medio de conservar a los más cuidados de la vida. De aquí procede el
hombres y hacerlos más circunspectos, y con- amor que tenemos naturalmente los unos a
siste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en los otros; él nos recuerda nuestra naturaleza
dos; así se harán débiles y tendremos otra ven- primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos
taja, que será la de aumentar el número de los mitades y para restablecernos en nuestra anti-
que nos sirvan; marcharán rectos, sostenién- gua perfección. Cada uno de nosotros no es
dose en dos piernas sólo, y si luego de este más que una mitad de hombre, que ha sido
castigo conservan su impía audacia y no quie- separada de su todo como se divide una hoja
ren permanecer en reposo, los dividiré de nue- en dos. Estas mitades buscan siempre sus mi-
vo, y se verán precisados a marchar sobre un tades. Los hombres que provienen de la sepa-
sólo pie, como los que bailan sobre odres en la ración de estos seres compuestos, que se lla-
fiesta de Caco. man andróginos, aman a las mujeres; y la ma-
«Después de esta declaración, el dios yor parte de los adúlteros pertenecen a esta
hizo la separación que acababa de resolver, y la especie, así como también las mujeres que
hizo lo mismo que cuando se cortan huevos aman a los hombres y violan las leyes del hime-
para salarlos, o como cuando con un cabello neo. Pero a las mujeres que provienen de la
se los divide en dos partes iguales. En seguida separación de las mujeres primitivas, no llaman
mandó a Apolo que curase las heridas y colo- la atención los hombres y se inclinan más a las
case el semblante y la mitad del cuello del lado mujeres; a esta especie pertenecen las tribades.
donde se había hecho la separación, con el fin Del mismo modo los hombres que provienen
de que la vista de este castigo los hiciese más de la separación de los hombres primitivos,
modestos. Apolo puso el semblante del lado buscan el sexo masculino Mientras son jóve-
indicado y reuniendo los cortes de la piel sobre nes, aman a los hombres; se complacen en
lo que hoy se llama vientre, los cosió a manera dormir con ellos y estar en sus brazos; son los
de una bolsa que se cierra, no dejando más primeros entre los adolescentes y los adultos,
que una abertura en el centro, que se llama como que son de una naturaleza mucho más
ombligo. En cuanto a los otros pliegues, que varonil. Sin razón se les echa en cara que viven
eran numerosos, los pulió, y arregló el pecho sin pudor, porque no es la falta de éste, lo que
con un instrumento semejante a aquel de que les hace obrar así, sino que dotados de alma
se sirven los zapateros para suavizar la piel de fuerte, valor varonil y carácter viril, buscan a
los zapatos sobre la horma, y sólo dejó algunos sus semejantes; y lo prueba que con el tiem-
pliegues sobre el vientre y el ombligo, como po son más aptos que los demás para servir al
en recuerdo del antiguo castigo. Hecha esta Estado. Hechos hombres a su vez aman a los

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Textos: Antiguos

jóvenes, y si se casan y tienen familia no es dioses, para evitar un nuevo castigo y volver a
porque la naturaleza los incline a ello, sino por- nuestra unidad primitiva bajo los auspicios y
que la ley los obliga. Lo que prefieren es pasar dirección de Eros. Que nadie se ponga en gue-
la vida los unos con los otros en celibato. El rra con Eros, porque ponerse en guerra con él
único objeto de los hombres de ese carácter, es atraerse el odio de los dioses. Tratemos,
amen o sean amados, es reunirse a quienes se pues, de merecer la benevolencia y el favor
les asemejan. Cuando el que ama a los jóve- de este dios, y nos proporcionará la otra mitad
nes o cualquiera otro llega a encontrar su mi- de nosotros mismos, la felicidad que alcanzan
tad, la simpatía, la amistad, el amor, los une de muy pocos. Que Eriximaco no critique estas
una manera tan maravillosa, que no quieren últimas palabras, como si hicieran alusión a
en ningún concepto separarse ni por un mo- Pausanias y a Agatón, porque quizá éstos son
mento. Estos mismos hombres, que pasan toda de este pequeño número, y pertenecen am-
la vida juntos, no pueden decir lo que quieren bos a la naturaleza masculina. Sea lo que quie-
el uno del otro, porque si encuentran tanto ra, estoy seguro de que todos seremos dicho-
gusto en vivir de esta suerte, no es de creer sos, hombres y mujeres, si, gracias al amor,
que sea la causa de esto el placer de los senti- encontramos cada uno nuestra mitad, y si vol-
dos. Evidentemente su alma desea otra cosa, vemos a la unidad de nuestra naturaleza primi-
que ella no puede expresar, pero que adivina y tiva. Ahora bien, si este antiguo estado era el
da a entender. Y si cuando están el uno en mejor, necesariamente tiene que ser también
brazos del otro, Hefaístos se apareciese con mejor el que más se le aproxime en este mun-
los instrumentos de su arte y les dijese: ¡Oh, do, que es el de poseer a la persona que se
hombres! ¿Qué es lo que os exigís recíproca- ama según se desea. Si debemos alabar al dios
mente? Y si viéndoles de esta manera: «Lo que nos procura esta felicidad, alabemos a Eros,
que queréis ¿no es estar de tal manera unidos que no sólo nos sirve mucho en esta vida, pro-
que ni de día ni de noche estéis el uno sin el curándonos lo que nos conviene, sino también
otro? Si es esto le que deseáis, voy a fundirlos porque nos da poderosos motivos para espe-
y mezclarlos de tal manera, que no seréis ya rar que si cumplimos fielmente con los debe-
dos personas, sino una sola; y que mientras res para con los dioses, nos restituirá él a nues-
viváis, viváis una vida común como una sola tra primera naturaleza después de esta vida,
persona y que cuando hayáis muerto, en la curará nuestras debilidades y nos dará la felici-
muerte misma os reunáis de manera que no dad en toda su pureza. He aquí, Eriximaco, mi
seáis dos personas sino una sola. Ved ahora si discurso sobre Eros. Difiere del tuyo, pero te
es esto lo que deseáis, y si esto os puede ha- conjuro a que no te burles, para que podamos
cer completamente felices» Es bien seguro, oír los de los otros dos, porque aún no han
que si Hefaístos les dirigiera este discurso, nin- hablado Agatón y Sócrates».
guno de ellos se negaría ni respondería, que
deseaba otra cosa, persuadido de que el dios 11. Odisea, R. XI, v. 307.
acababa de expresar lo que en todos los mo- 12. Los lacedemonios invadieron la Arcadia, destruyeron
los muros de Mantinea y deportaron los habitantes a
mentos estaba en el fondo de su alma; esto cuatro o cinco puntos. Jenofonte, Hellen, v. 2.
es, el deseo de estar unido y confundido con 13. Dados que los huéspedes guardaban cada uno una
e! objeto amado, hasta no formar más que un parte en recuerdo de la hospitalidad.
solo ser con él. La causa de esto, es que nues-
tra naturaleza primitiva era una, y que éramos
un todo completo, y se da el nombre de amor EL AZAR Y LA PROVIDENCIA
al deseo y persecución de este antiguo esta- JENOFONTE
do. Primitivamente, como he dicho, nosotros
éramos uno, pero después en castigo de nues- Relataré primero la conversación que él
tra iniquidad, nos separó el dios como los arca- tuvo un día, delante mío, sobre la divinidad,
dios lo fueron por los lacedomonios12. Debe- con Aristodemo, apelado el Pequeño. El esta-
mos procurar no cometer ninguna falta contra ba enterado de que Aristodemo no hacía ni
los dioses por temor de exponernos a una se- sacrificios ni plegarias a los dioses, que jamás
gunda división, y no ser como las figuras pre- concurría a la adivinación, que mismo se burla-
sentadas de perfil en los bajorrelieves, que no ba de quienes observaban tales prácticas.
tienen más que medio semblante, o como los «Dime Aristodemo» le preguntó: ¿Hay hom-
dados cortados en dos13. Es preciso que todos bres cuyo talento admiras? —Sí, por cierto. —
nos exhortemos mutuamente a honrar a los Dame entonces sus nombres. —Admiro sobre

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Textos: Antiguos

todo Hornero en la epopeya, Melanípides en cuerpo ha sido formado de una parcela de esta
el ditarambo, Sófocles en la tragedia, Polycletos inmensa tierra, de una gota de esas vastas
en la estatuaria, Zeuxis en la pintura. —¿Cuá- aguas, de una débil parte de esos elementos
les son a tus ojos los más dignos de admira- en tan gran abundancia en el universo? ¿Crees
ción, aquellos que hacen imágenes sin razón y tú solo tener el privilegio, por un azar dichoso,
sin movimiento, o aquellos que crean seres in- un alma que no existe en ninguna otra parte,
teligentes y activos? —Aquellos que crean se- mientras que esos otros seres, infinitos, en
res animados, por Júpiter, si en todo caso es el relación a tí, en número y tamaño, serían diri-
producto de una inteligencia y no fruto del gidos con un orden admirable, donde la inteli-
azar —Pero entre las cosas de las cuales nin- gencia no entraría para nada? —No, por Júpiter;
gún signo revela el fin y aquellas cuya identi- pero no veo de aquellos los responsables, así
dad es manifiesta, ¿Donde ves la obra del azar como veo los artesanos de cuanto se hace
y la creación de la inteligencia? —Justo es atri- sobre la tierra. —Tampoco ves tu alma, que es
buir a la inteligencia lo que tiene un fin de uti- la dueña de tu cuerpo; así podrías decir, con la
lidad. —¿No te parece entonces que quien ha misma razón, que haces todo por azar y nada
hecho los hombres desde el comienzo les ha inteligentemente. —Ciertamente, Sócrates,
dado con un fin de utilidad cada uno de sus para nada desprecio la divinidad, pero la creo
órganos, los ojos, las orejas, para ver y oír lo demasiado grande para tener necesidad de mi
que puede ser visto y oído? ¿De qué nos ser- culto. —Cuanto más grande es la divinidad que
virían los olores si no tuviéramos narices? ¿Cómo se digna cuidar de ti, tanto más le debes ho-
podríamos discernir lo dulce y lo amargo, lo menajes. Entiéndelo bien, si creyera que los
agradable a la boca, si la lengua no hubiera dioses se ocupan de los hombres, no los des-
sido puesta ahí como arbitro? ¿No encuentras estimaría en modo alguno. —Y acaso tú pue-
también que sea obra de una mano previsora des dudar que efectivamente se ocupan, ellos
haber muñido el órgano tan delicado de la vis- que han dado al hombre, sólo entre todos los
ta con párpados que se abren a la necesidad y animales, esta facultad de mantenerse de pie,
se cierran durante el sueño? ¿De haber ador- que les permite alcanzar más lejos con su vis-
nado esos párpados con una criba de pesta- ta, contemplar mejor las cosas que están por
ñas para proteger el ojo contra los vientos, de encima de su cabeza, de prevenir más fácil-
haber puesto encima de los ojos las pestañas, mente los peligros. Ellos han ubicado lo más
parecidas a una gotera, para derivar el sudor alto posible los ojos, las orejas, la boca; mien-
que se desprende de la frente? Que la oreja tras que les daban pies a otros animales, sólo
reciba todos los sonidos sin jamás estar reple- para que estos pudieran cambiar de lugar, acor-
ta; que en todos los animales los dientes de- daban manos al hombre y estas manos le pro-
lanteros sean propios para cortar, los molares curan aquello que le hace más feliz que la bes-
para masticar los alimentos que seguidamente tia. Todos los animales tienen una lengua, pero
reciben; que la boca, por donde los animales sólo la nuestra es capaz, tocando las diversas
introducen en el cuerpo los alimentos que ellos partes de la boca, de articular sonidos, y por
desean, esté situada cerca de la nariz y los ella nos comunicamos unos a otros tanto cuan-
ojos, en tanto que las deyecciones, que re- to deseamos expresar... Y no le fue bastante
pugnan a los sentidos, tengan sus canales lo a Dios ocuparse del cuerpo del hombre, ya que
más alejado posible de nuestros órganos: to- el mayor de sus dones ha sido darle el alma
das estas obras de tan elevada previsión, ¿du- más perfecta. ¿Qué otro animal está dotado
das atribuirlas a una inteligencia o al azar? —No de un alma capaz de reconocer la existencia
por Júpiter; mas, desde ese punto de vista, de estos dioses que han constituido el Univer-
aquello se asemeja perfectamente a la obra so con tanta magnificencia y grandeza? ¿Qué
de un sabio obrero, amigo de todo lo que res- otro les rinde culto? ¿Qué otro puede mejor
pira. —¿Y ese deseo que él ha dado a todos prevenir el hambre, la sed, el frío, el calor, cu-
los seres de reproducirse, a las madres de nu- rar las enfermedades, desarrollar su fuerza por
trir sus hijos; ese gran amor de la vida, este el ejercicio, trabajar para el progreso de la cien-
profundo horror de la muerte que ha puesto cia, recordar lo que ha visto, escuchado y apren-
en el corazón de los niños mismos? —Sin duda dido? ¿No te resulta evidente que los hom-
es todavía la obra de un ser que quería hubie- bres viven como dioses entre los animales, su-
se animales. —Tú mismo, ¿Crees que hay en ti periores por naturaleza de su cuerpo y de su
una inteligencia? ¿Crees que nada inteligente alma? Con el cuerpo de un buey y la inteligen-
existe en otra parte, cuando sabes que tu cia de un hombre, sería imposible hacer lo que

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Textos: Antiguos

uno desearía; sin esta inteligencia las manos general de los que hacen alguna obra o activi-
no son una ventaja. Y tú que has recibido es- dad, parece que lo bueno y el bien están en la
tos dos dones tan preciados ¿no estás persua- obra, así parecerá también en el caso del hom-
dido que los dioses se ocupan de ti? ¿Qué hace bre, si hay alguna obra que le sea propia. ¿Ha-
falta pues que hagan ellos para que tú lo reco- brá algunas obras y actividades propias del car-
nozcas? —Que me adviertan, como dices que pintero y del zapatero, pero ninguna del hom-
te advierten a ti, enviándome consejos, de lo bre, sino que será éste naturalmente impro-
que debo hacer o evitar. —Pero cuando ellos ductivo? ¿O bien, así como parece que hay
hablan a los atenienses que les interrogan, ¿no alguna obra propia del ojo y de la mano y del
crees que te hablan a ti también? Y cuando pie, y en general de cada uno de los miem-
ellos envían a los griegos, a todos los hombres, bros, se atribuirá al hombre alguna función
advertencias y prodigios, ¿eres tú sólo el ex- aparte de éstas? ¿Y cuál será ésta finalmente?
ceptuado, único dejado en el olvido? ¿Piensas Porque el vivir parece también común a las plan-
que los dioses habrían puesto en el alma de los tas, y se busca lo propio. Hay que dejar de
hombres esta creencia, de que ellos pueden lado, por tanto, la vida de nutrición y la del
hacerles el bien y el mal, si ellos no tuvieran tal crecimiento. Vendría después la sensitiva, pero
poder, y que los hombres, engañados por aqué- parece que también ésta es común al caballo,
llos desde hace tantos siglos, no habrían toda- al buey y a todos los animales. Queda, por úl-
vía sentido este error? ¿No ves tú que las ins- timo, cierta vida activa propia del ente que
tituciones más antiguas y sabias, los Estados y tiene razón; y éste, por una parte, obedece a
las naciones, son también las más religiosas, la razón; por otra parte, la posee y piensa.
que los tiempos de las más grandes luces son Y como esta actividad se dice de dos
los tiempos de la mayor piedad? Aprende, maneras, hay que tomar la que es en acto,
amigo mío, que tu alma, encerrada en tu cuer- pues parece que se dice primariamente ésta.
po, lo gobierna como a ella le place. Es preciso Y si la función propia del hombre es una activi-
entonces creer también que la inteligencia que dad del alma según la razón, o no desprovista
reside en el universo dispone de todo a su de razón, y decimos por otra parte que esta
gusto. ¡Cómo, tu vista se extendería a varios función es específicamente propia del hombre
estadios y el ojo de Dios no podría abarcar todo y del hombre bueno, como el tocar la cítara es
a la vez! ¡Tu espíritu podría al mismo tiempo propio de un citarista y de un buen citarista, y
ocuparse de Atenas, de Egipto, de la Sicilia, y así en todas las cosas, añadiéndose a la obra la
la inteligencia de Dios no podría parar mientes excelencia de la virtud (pues es propio del
a todo en un instante! Del mismo modo que citarista tocar la cítara, y propio del buen citarista
sirviendo a los hombres y obligándoles, descu- tocarla bien), siendo esto así, el bien humano
bres aquellos que quieren servirte y obligarte es una actividad del alma conforme a la virtud,
a su vez, como deliberando con ellos tienes y si las virtudes son varias, conforme a la mejor
ocasión de conocer su prudencia, si del mismo y más perfecta, y además en una vida perfec-
modo ensayas servir a los dioses, en la espe- ta. Porque una golondrina no hace verano, y
ranza que te comuniquen las cosas que ellos así tampoco hace al hombre dichoso y feliz un
hacen misterio a los hombres, conocerás cuál solo día ni un tiempo breve. [...]
es la naturaleza y la grandeza de esta divini- Si la felicidad es una actividad conforme
dad, que puede a la vez todo ver, todo oír, a la virtud, es razonable que sea según la más
estar presente en todas partes y llevar sus excelente, y éste será propia de lo mejor. Sea
cuidados sobre todo lo que existe. el entendimiento u otra cosa aquello que por
naturaleza parece mandar y ser principal y po-
seer la intelección de las cosas bellas y divinas;
LA VIDA CONTEMPLATIVA sea un ente divino también él mismo, o bien lo
ARISTÓTELES más divino que hay en nosotros, su actividad
según la virtud que le es propia, será la felici-
Pero tal vez parece cierto y reconocido dad perfecta. Y ya hemos dicho que es con-
decir que la felicidad es lo mejor, y, sin embar- templativa.
go, se desearía además que se mostrara con Esto parece estar de acuerdo con lo
mayor claridad qué es. Acaso se lograría esto si que antes dijimos y con la verdad. En efecto,
se comprendiera la obra del hombre. En efec- esta actividad es la más excelente (pues tam-
to, del mismo modo que en el caso de un flau- bién lo es el entendimiento entre todo lo que
tista, de un escultor y de todo artífice, y en hay en nosotros, y las cosas que el entendi-

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Textos: Antiguos

miento conoce son las más perfectas de las mas y esto desde el primer momento de su
cognoscibles); además, es la más continua, vida —mientras que, puedo jurarlo, la tan men-
pues podemos contemplar continuamente, tada sonrisa de la infancia no es concedida a
más que hacer cualquier otra cosa. Y pensa- ningún niño menor de seis semanas. Este dé-
mos que es menester que el placer se mezcle bil alumbramiento es seguido por un período
a la felicidad; ahora bien, de las actividades de cautiverio que no padecen ni siquiera los
conforme a la virtud, es la que se realiza de animales criados en nuestro medio, pues se
acuerdo con la sabiduría; parece, por tanto, aprisionan todos los miembros del infante, de
que la Filosofía encierra placeres admirables por modo que habiendo éste exitosamente naci-
su pureza y su firmeza, y es probable que los do yace con manos y pies engrillados, lloran-
que saben, tengan una vida más agradable que do— el animal que reinará sobre todo el resto
los que buscan el saber. e inicia su vida castigado por una única falta, el
Por otra parte, la llamada suficiencia se delito de haber nacido. ¡Necia locura de aque-
encontrará principalmente en la vida llos que piensan que con tal comienzo fueron
contemplativa, pues al hombre sabio y al justo criados para una orgullosa condición!
les hacen falta, como a los demás, las cosas Su más temprana promesa de vigor y
necesarias para la vida; pero una vez provistos primer regalo del tiempo lo convierte en ani-
suficientemente de estas cosas, el justo ne- mal de cuatro patas. ¿Cuándo empieza el hom-
cesita personas con las cuales y para con las bre a hablar? ¿Cuándo a caminar? ¿Cuándo es
cuales practique la justicia, y del mismo modo su boca lo suficientemente firme para tomar
el hombre moderno o el valiente o cualquiera alimento? ¿Por cuánto tiempo late su cráneo,
de los demás, mientras que el sabio, aún aisla- señal de que es el más débil entre todos los
do, puede ejercitar la contemplación, y cuan- animales? Luego sus enfermedades y todas las
to más sabio es, más. Acaso lo haría mejor con curas inventadas contra sus dolencias, cuida-
colaboradores pero, sin embargo, es el hom- dos éstos a su vez derrotados por nuevos males.
bre más suficiente. Y parece que sólo esta ac- Agreguemos el hecho de que todas las demás
tividad se ama por sí misma, pues no tiene nin- criaturas son conscientes de su propia natura-
gún resultado fuera de la contemplación, mien- leza, algunas usando la velocidad, otras su rá-
tras que en la vida activa procuramos más o pido vuelo, otras su robustez, otras nadando,
menos algo aparte de la acción. mientras sólo el hombre nada conoce si no es
por educación —ni hablar, ni caminar, ni qué
(Etica a Nícómano, cap. VI) comer; en resumen, la única cosa que puede
hacer por instinto natural es llorar.
En consecuencia muchos ha habido
FÁBULA DEL HOMBRE que creyeron era mejor no haber nacido o
PLINIO haber sido eliminados lo antes posible. Única-
mente al hombre entre todos los seres vivien-
El primer puesto debe con justicia ser tes le ha sido dada la pesadumbre, sólo a él el
asignado al hombre, para cuyo bien la gran Na- lujo, y esto de incontables maneras en cada
turaleza parece haber creado todas las demás parte de su constitución; es el único que co-
cosas —aun cuando exija un cruel precio por noce la ambición, la avaricia, un inmensurable
sus generosos dones, haciendo difícil dictami- deseo de vida, la superstición, la ansiedad por
nar si ella ha sido más bien una madre compla- su fin terreno y aún sobre lo que pasará cuan-
ciente o más bien una áspera madrastra para do ya no exista. La vida de ninguna criatura es
el hombre. En primer lugar, sólo el hombre más precaria, ninguna tiene mayor avidez de
entre todos los animales se cubre con recur- diversiones, una más compleja timidez, una más
sos ajenos. Para el resto ella ha prodigado abri- furiosa ira. En suma, todas las demás criaturas
go de variadas formas: caparazones, corteza, vivientes pasan sus días dignamente entre los
espina, cueros, piel, cerdas, vellones, pelo, plu- de su propia especie, los vemos mantenerse
mas, escamas; hasta los troncos de los árboles unidos y erguirse firmes contra otra clase de
han sido protegidos contra el frío y el calor por animales —los feroces leones no pelean entre
su corteza, a veces doble. Pero sólo el hom- ellos, la mordedura de la serpiente no se dirige
bre en el día de su nacimiento es arrojado des- contra otras serpientes, hasta los monstruos y
nudo sobre el desnudo suelo, para prorrumpir los peces son crueles sólo contra especies di-
de inmediato en llanto y quejidos; ningún otro ferentes; mientras que para el hombre, lo ase-
entre los animales es más propenso a las lágri- guro, la mayor parte de sus males provienen

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Textos: Antiguos

de sus semejantes. hubiese constructores. Nacieron éstos cuan-


do nació el lujo; él enseñó a cortar primorosa-
mente los troncos de los árboles y a hacer
LOCURA Y SABIDURÍA correr la sierra encima de las líneas ya marca-
SÉNECA das con certera mano, «pues los hombres pri-
meros a favor de cuñas desgarraban el hendible
... Nadie se ha de gloriar sino de sus leño». Porque entonces aún no se construían
cosas propias. Alabamos la vid si carga de fruto salones para dar en ellos banquetes opíparos,
los sarmientos; si las estacas con que la sus- ni para este fin el pino y el abeto transpor-
tentan con el peso de los racimos que produ- tábanse en largas hileras de carros, haciendo
jo, se derriban hacia el suelo: ¿quién le prefe- retemblar las calles, para colgar en lo alto de
rirá una vid de la cual colgasen uvas de oro y aquellos salones artesones pesados de oro. Dos
pámpanos de oro? En la vid, la fertilidad es su horcas, una a cada parte, sostenían la cabaña;
propia virtud; de la misma manera que el hom- una enramada espesa de ramos y hojas sobre-
bre debe alabarse lo que es suyo. Tiene her- puestas en declive hacía correr las lluvias por
mosa familia y casa magnífica; siembra mucho, grandes que fuesen. Bajo estos techos habi-
acarrea mucho; nada de esto está en él mis- taron, pero seguros; la paja abrigó hombres
mo, sino cerca de él. Alaba en él lo que no se libres; bajo el mármol y el oro mora la esclavi-
le puede quitar ni se le puede dar, aquello que tud. Disiento también de Posidonio cuando dice
es propio del hombre. ¿Pregunta qué es? El que las herramientas de las artes mecánicas
alma, y en el alma, la perfecta razón. Animal fueron inventadas por los sabios. De la misma
racional es el hombre, y por ende el bien suyo manera pudiera decir que, debido a los sabios,
llega a la perfección cuando cumple aquello «entonces se inventó cazar las fieras con lazos
para que nació. ¿Qué es pues, lo que esta y engañoso cebo y cercar con canes las silves-
razón le pide? Cosa facilísima: vivir según su tres gándaras». Todo eso lo halló la sagacidad
naturaleza; pero la locura común le torna difí- humana, no la sabiduría. Disiento también en
cil. El uno al otro nos rempujamos en los vicios. que fuesen los sabios quienes descubrieron las
¿Y cómo pueden ser restituidos a la salud aque- minas de hierro y de cobre, cuando quemada
llos que nadie detiene y el pueblo impele? Ten la tierra por el incendio de los bosques hizo
salud. aflorar a la superficie las venas de los metales
... Hasta aquí estoy de acuerdo con en fusión. Estas cosas hállanlas quienes las tra-
Posidonio; ahora, que fuesen inventadas por tan. Tampoco me parece tan intrincada como
la Filosofía las artes que utilizamos en nuestra a Posidonio la cuestión acerca de cuál fue in-
vida ordinaria, no le concederé ni atribuiré esta ventado primero, el martillo o la tenaza. Una y
gloria a las artes manuales. «Ella, dice, enseñó otra cosa halló algún espíritu práctico, agudo,
a construir casas a los hombres que andaban no de mucha grandeza ni elevación; y como
dispersos y buscaban cobijo en las quiebras de esto, cualquier otro objeto que tenga que ser
las peñas o en los huecos de los árboles. Mas buscado con el cuerpo encorvado y el alma
yo no creo tampoco que la Filosofía inventase atenta al suelo. El sabio usaba de un manteni-
este encaballamiento de techados encima de miento fácil. ¿Cómo no, si aún en este siglo
techados y de ciudades pesando encima de nuestro desea vivir con la máxima sobriedad?
otras ciudades, no menos que inventase los ¿Cómo, dime por favor, puede compaginarse
viveros de peces mantenidos en clausura para la admiración por Diógenes y por Dédalo? ¿Cuál
que la gula no corriese el albur de las tempes- de los dos te parece el sabio: el que inventó la
tades, y aún en el mayor embravecimiento del sierra o aquel que habiendo visto a un mucha-
piélago tuviese el lujo de sus puestos donde cho beber agua en el cuenco de la mano que-
engordase piaras de peces de todas clases. bró inmediatamente la copa que se sacó de la
¿Qué dices? ¿Qué la Filosofía enseñó a los hom- alforja, con esta acre reprensión de sí mismo:
bres a tener llaves y cerraduras? ¿Qué otra «Cuánto tiempo, necio que soy, llevé trastos
cosa hubiera sido eso sino dar muestras de inútiles», y se arrolló dentro de una bota y
avaricia? ¿Fue la Filosofía quien suspendió es- durmió dentro de ella?. En nuestros días, ¿tie-
tos techos con grave riesgo de sus morado- nes por más sabio quien halló la traza de hacer
res? Túvose por poca cosa eso de cobijarse al brotar a gran altura el agua de azafrán pasan-
azar y dar con un refugio natural sin ningún do por tubos disimulados, de llenar o vaciar
arte ni dificultad. Créeme, aquella dichosa edad momentáneamente los canales con agua com-
discurrió antes que hubiese arquitectos y que primida, de adaptar a las salas de los festines

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Textos: Antiguos

artesonados móviles que renuevan sucesiva- liviano esfuerzo disponibles, pues la medida se
mente su aspecto, hasta el punto que se cam- acomodaba a la necesidad: nosotros, con nues-
bia de techo a cada invitado que entra; o aquel tros exquisitos artificios, hemos hecho estas
otro que a sí mismo y a los otros demuestra cosas preciosas, maravillosas, asequibles sólo
que la Naturaleza no nos impuso nada duro y con grandes y repetidos esfuerzos. La Natura-
difícil, que podemos prescindir del marmolista leza basta para lo que reclama. Apartóse de la
y del artesano, que podemos vestirnos sin ne- Naturaleza el lujo, y de día en día se excita más
cesidad del comercio de sedas, que podemos a sí mismo y crece de siglo en siglo y con su
tener todo lo necesario para nuestros usos si ingenio ayuda a los viejos. Empezó a contra-
nos contentáramos con lo que la tierra puso rias, y por fin sujetó y mandóle que estuviese
en su superficie? Si quisiera oírle el género hu- al servicio de todos sus antojos. Todas estas
mano, se persuadiría que le es tan superfluo el artes que despiertan la ciudad o la asordan tra-
cocinero como el soldado. Sabios fueron, o al bajan al servicio del cuerpo, a quien antes se
menos muy semejantes a los sabios, aquellos a le prestaba todo como a un esclavo y ahora se
quienes les preocupaba tan poco el cuidado le adereza como a dueño. Por eso es que por
del cuerpo. Las necesidades se satisfacen con un lado hay fábricas de tejidos, por otro
poco cuidado; para las delicias hay trabajo y obradores de artesanía; aquí destilerías de per-
hay afán. No echarás de menos artistas si si- fumes, allí academias donde se enseñan movi-
gues a la Naturaleza. Ella no quiso ponernos mientos lascivos del cuerpo y canciones mue-
en aprieto; ella nos armó para todo aquello lles y degeneradas. Muy lejos emigró aquella
que nos obligaba. «El frío es insoportable al moderación natural que al deseo le pone por
cuerpo desnudo» ¿Y qué? ¿Acaso las pieles límite la necesidad; ya es indicio de rusticidad y
de las fieras y otros animales no pueden de- de miseria contentarse con lo que basta.
fendernos de él a bastanza? ¿Por ventura no ... Más arriba tiene la sabiduría su mora-
hay muchas razas que cubren sus carnes con da; y es maestra, no de las manos, sino de las
cortezas de árboles? ¿Las plumas de las aves almas. ¿Quieres saber lo que ella descubrió; lo
no se tejen para con ellas hacer vestidos? Y que ella produjo? No los graciosos meneos del
aún hoy en día, una gran parte de los escitas, cuerpo ni la variedad de sones a través de la
¿no se abrigan con pieles de zorra y de ratas, trompeta y de la flauta, que recibiendo el aliento
que son blandas al tacto e impenetrables al humano, a la entrada o a la salida, lo articula
viento? «Con todo, es menester repeler el calor en voz. No las armas ni las murallas ni los instru-
del sol de estío con una sombra más espesa». mentos de guerra. Es fautora de paz y llama al
¿Y qué? ¿Por ventura la antigüedad no prepa- linaje humano a la concordia. No es artesana,
ró escondrijos en forma de cavernas para guar- vuelvo a decir, de herramientas necesarias a
darnos de las injurias del clima o para cualquie- nuestros usos ordinarios ¿Por qué le asignas
ra otra ocurrencia? ¿No tejieron cañizos de jun- tan menguada misión? Contempla en ella la
co y los embadurnaron de barro vil y cubrieron autora de la vida. Tiene ciertamente debajo
luego el techo de paja y de follaje silvestre y de su señorío las artes todas; pues ya que le
pasaron bien resguardados el invierno, mien- sirve la vida, sírvenla asimismo todo lo que la
tras la lluvia iba corriendo por el techo inclina- adorna o adereza. Demás de esto, se encami-
do? ¿Y los habitantes de las Sirtes no se reco- na a la bienaventuranza; allá conduce; hacia
gen en cuevas, porque la furia del sol demasia- allá abre sendas y veredas. Ella enseña qué
do no les deja otro abrigo asaz compacto que cosas son males y cuáles sólo lo aparentan; ella
la misma tierra, quemante y todo? No nos fue despoja de vanidad las almas; ella da dolida
la Naturaleza tan hostil que habiendo dado a grandeza; ella reprime la huera y la que es vis-
los otros animales medios fáciles de vida, sólo tosa de puro vacía; ella no deja ignorar en qué
el hombre no puede vivir sin tantos recursos y se diferencia la grandeza de la hinchazón y nos
artificios. Ninguno de estos artificios nos fue da el conocimiento de toda la Naturaleza y de
por ello exigido; nada hemos de buscar a cos- ella misma. Ella declara quiénes son los dioses y
ta de lo que sea, para prolongar la vida. A nues- cuál es su naturaleza, qué es el mundo sote-
tro alcance está todo lo que nos pertenece rraño, qué son los lares y los genios, cuál es la
por derecho de nacimiento; pero nosotros nos condición de las almas inmortales que tienen
lo hacemos todo difícil, hastiándonos de lo fá- el segundo lugar después de los dioses, en
cil. Techado, vestidos, remedios, alimentos y dónde moran, en qué se ocupan, qué pue-
todo lo que ahora se nos han hecho grandes den, qué quieren. Estas son sus indicaciones,
problemas, eran cosas obvias y gratuitas o con por las cuales nos abre un templo magnificiente

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Textos: Antiguos

de todos los dioses, cuyas verdaderas imáge- bre es un punto; la esencia del hombre, algo
nes, cuyas representaciones verdaderas mos- fluyente; sus percepciones, confusas; la com-
tró a los ojos de nuestras almas; pues para tan posición de todo su cuerpo, algo fácilmente
grandes espectáculos es otro el ojo corporal. corruptible; su alma un torbellino; su porvenir,
De aquí vuelve a los principios de las cosas, a la incierto; su fama, indecisa; en una palabra, todo
razón eterna incorporada en el todo y a la vir- cuanto forma parte del cuerpo humano es
tud seminal que da a cada cosa la forma pro- como un río; lo que integra nuestra alma es
pia. Entonces comienza sus disquisiciones en sueño y humo; la vida una guerra constante y
torno del alma, de su origen, de su sede, de una breve morada en país extranjero; el re-
su duración, del número de partes en que se cuerdo entre la posterioridad un puro olvido.
divide. Luego de lo incorpóreo pasa a lo cor- ¿Qué es, por consiguiente, lo que puede ayu-
póreo y examina su verdad y sopesa sus argu- darnos en este viaje? Sólo una cosa: la Filoso-
mentos; y, hecho esto, estudia cómo se es- fía.
clarecen los problemas de la vida y de la pala- VI, 13. Hacernos a la idea, cuando nos
bra, pues en una y otra lo falso anda mezclado encontramos frente a los manjares y alimen-
con lo verdadero. No se sustrajo, torno a de- tos más exquisitos, de que esto es el cadáver
cir, aunque así le parezca a Posidonio, el sabio de un pez y aquello otro el de un pájaro o un
de aquellas artes materiales, pero ni siquiera cerdo. Que el falerno es un poco de jugo de
les saludó. No pensara que valiese la pena de racimos y la toga pretexta los pelillos de una
ser inventado lo que no creía que había de oveja teñidos con sangre de molusco. Y de las
merecer un uso perpetuo. No tomara cosas cosas que se producen durante el ayuntamien-
que debieran dejarse. «Anacarsis, dice, inven- to de dos seres, que no son sino un frota-
tó el torno del alfarero, que dando vueltas, miento del miembro viril, y tras de cierta con-
contornea las vasijas». Después, como sea que vulsión, una secreción de mucosidad. Estas
en Hornero se halla el torno del alfarero, prefi- imágenes que alcanzan a los objetos y las atra-
rió creer apócrifos los versos de Hornero que viesan de parte a parte son, pues, de tal natu-
falsa la fábula. Mas yo no pretendo que Anacarsis raleza que hacen posible ver a los objetos como
fuese el inventor de ese utensilio, y si lo fue, son en sí mismos. Así hay que proceder en la
invención fue de un sabio ciertamente, pero vida, y allí donde los objetos se nos presentan
no en tanto que sabio, de la misma manera demasiado al alcance de nuestra credulidad,
que los sabios hacen muchas cosas, no como dejarlos al desnudo, contemplarlos en su sim-
sabios, sino como hombres.7 plicidad y desbaratar la leyenda que ha forjado
su nombre. Funestos son los vapores del en-
gaño. Cuando nos creemos embargados en pro-
LA CONCIENCIA INFELIZ blemas graves, es cuando estamos sufriendo
MARCO AURELIO el mayor engaño. Considera, por ejemplo, lo
que dice Grates acerca de Xenócrates8.
II, 2. Esto que soy yo, no es más que
una pequeña masa carnal, un pequeño soplo
de vida y una razón que me gobierna. Suelta ALCMEÓN DE CROTONA
esos libros, no te atormentes, eso no te está
permitido. Como el que va a morir, desprecia 282. Alcmeón de Crotona: otro discí-
tu carne. No es más que sangre impura, un pulo de Pitágoras. En su mayoría sus teorías
manojo de huesecillos, un velo tenue, un teji- son médicas, pero a veces también trata la
do de venas, de arterias y de nervios. Consi- filosofía natural, afirmando que «la mayoría de
dera también lo que es tu respiración: un so- las cuestiones humanas se dan en pares». Pa-
plo, que además no es siempre el mismo, a rece haber sido el primero en escribir un infor-
cada instante absorbido y devuelto. Aún te me sobre la naturaleza.
queda la razón soberana. Has de reflexionar, 284. Entre los que piensan que la per-
por lo tanto, de esta manera: eres viejo, no cepción es de lo desemejante por lo semejan-
permitas que tu razón siga esclavizada, no quie- te, Alcmeón fue el primero en definir la dife-
ras verla agitada por una pasión contraria al rencia entre hombre y animales.
interés de los hombres, como un pelele mane- Ya que el hombre, dice, difiere de los
jado por hilos invisibles, deja de llorar tu desti- otros animales en que «sólo él comprende,
no presente y de temer el venidero. mientras que el resto percibe, pero sin com-
II, 17. La duración de la vida del hom- prender», pensamiento y percepción siendo

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Textos: Antiguos

diferentes, y no iguales como sostiene nos practicantes y profesionales. Pues, entre


Empédocles. Por lo tanto, analiza cada uno de los profesionales, los hay mediocres, pero otros
los sentidos por separado... Estima que, en son muy ilustres. Y si no existiera bajo ningún
conjunto, los sentidos están de alguna mane- concepto una ciencia médica y no se hubiera
ra conectados con el cerebro; estando inca- realizado en este campo investigación ni des-
pacitados cuando aquél se mueve o cambia cubrimiento alguno, no tendría razón de ser,
de posición, pues bloquea las vías por las que sino que todos serían inexpertos y descono-
acceden las sensaciones. cedores de ella en el mismo grado, y el trata-
286. Alcmeón sostiene que el sello de miento de los enfermos se prescribiría al azar4.
la salud está dado por el «igual equilibrio» de Pero el caso es que ello no ocurre así, sino
los poderes, húmedo y seco, caliente y frío, que, del mismo modo que los profesionales de
amargo y dulce, y demás, mientras que la su- las demás artes5 se diferencian mucho unos
premacía de uno de ellos es la causa de la en- de otros, tanto en habilidad manual como in-
fermedad; pues la supremacía de cualquiera telectual, así sucede también en la medicina.
de ellos es destructiva. La enfermedad sobre- Por esta razón yo no he creído jamás que la
viene directamente a través de un exceso de medicina necesitara un nuevo postulado6, como
calor o frío, indirectamente por una alimenta- si se tratara de materias desconocidas y oscu-
ción sobreabundante o deficiente; siendo su ras acerca de las cuales es forzoso, si uno se
centro la sangre, la médula o el cerebro. Sur- propone tratar de ellas, apoyarse en un pos-
ge a veces en estos centros por causas exter- tulado, como ocurre, por ejemplo, con los fe-
nas, humedad de cualquier tipo, medio am- nómenos celestes7 o los subterráneos: fenó-
biente, agotamiento, dificultades o causas si- menos éstos que, si se intenta explicarlos o
milares. La salud, por otra parte, es la adecua- definirlos, no resulta claro si son o no así, ni
da combinación de cualidades. para el orador ni para el auditorio, pues no
287. Alcmeón parece también haber existe ningún punto de referencia en el que
sostenido acerca del alma la misma idea que apoyarse para conocerlos adecuadamente.
estos otros; puesto que dice que ella es in- II. Por el contrario, la medicina dispo-
mortal debido a su similitud con lo inmortal; y ne, desde antiguo, de todos sus medios, y se
esta cualidad la tiene porque siempre está en ha creado un principio y un método con cuya
movimiento; porque toda cosa divina están en aplicación ha realizado muchos y valiosos des-
movimiento continuo —el sol, la luz, las estre- cubrimientos a lo largo de un dilatado período
llas y todos los cielos. de tiempo. Y descubrirá los restantes si, ade-
288. Alcmeón dice que los hombres más de ser uno apto y estar al corriente de los
mueren por esta razón, de que no pueden descubrimientos, los toma como punto de par-
juntar el principio con el fin. tida para proseguir en la investigación. Y aquel
que los rechaza y desecha por ineficaces e in-
(G. S. Kirk & J. E. Raven, The Presocratic tenta redescubrirlos aplicando otros métodos
Philosophers) y otros procedimientos y pretende luego ha-
ber hecho algún nuevo descubrimiento, se ha
engañado por completo y vive en completa
SOBRE LA MEDICINA ANTIGUA ilusión: porque esto es imposible. Por qué ra-
zones es imposible intentaré demostrarlo en
I. Todos cuantos han emprendido la este tratado explicando qué es el Arte. De
tarea de hablar o escribir sobre medicina apo- tales explicaciones resultará evidente que no
yándose, como postulado, en lo caliente o lo se puede realizar descubrimiento alguno si no
frío, en lo húmedo o en lo seco, o en cualquier es con este método.
otro principio, reduciendo al máximo la raíz ori- Ahora bien, me parece muy convenien-
ginaria de las enfermedades y de la muerte en te que, al disertar sobre este Arte8, se emplee
los humanos y atribuyendo a todos los casos un lenguaje accesible a los no iniciados, pues
solamente una causa o dos1, se equivocan evi- no debe indagarse ni hablar de otra cosa que
dentemente en muchas de sus afirmaciones, no sean las dolencias que uno mismo sufre y
pero son, sobre todo, dignos de censura por- padece. Porque no es fácil que, siendo profa-
que se equivocan a propósito de un arte que nos, conozcan por sí solos sus propios males y
existe de verdad2, que todos emplean en las sepan cómo se originan y cómo cesan y por
circunstancias más importantes3 y a la que hon- qué motivos aumentan o disminuyen. Es fácil,
ran principalmente en la persona de los bue- en cambio, que comprendan los descubrimien-

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Textos: Antiguos

tos y explicaciones de otra persona, pues cada mojaron, desgranaron, molieron, cribaron,
cual, al escucharla, no hace sino recordar9 lo amasaron y cocieron e hicieron con ellos pan,
que a su vez le ha ocurrido. Ahora bien, aquel y, con cebada, una especie de masa, y tras
que no logra captarse la audición del auditorio realizar con ella muchas otras operaciones, la
ni ponerle en tal disposición de ánimo no ten- cocieron, la asaron y la mezclaron; templaron
drá éxito. Estas son, pues, las razones por las sus elementos fuertes y puros con otros más
que no hay necesidad de postulado alguno. débiles, modelándolo todo para adaptarlo a la
III. Por lo pronto, en un principio no se constitución y capacidad humanas, pues creían
habría descubierto la medicina ni se habrían que si los alimentos eran demasiado fuertes la
realizado investigaciones en este campo (pues naturaleza humana no podría digerirlos después
no se habría sentido la necesidad de ello) si a de absorberlos y que, como lógica secuela de
los enfermos les hubiera sido conveniente se- ello, se derivarían dolores, enfermedades e in-
guir el mismo género de vida, y comer lo mis- cluso la muerte; mientras que, de los que po-
mo que comen, beben y demás cosas que dían digerir, se obtendría saludable nutrición,
hacen las personas que están sanas; y si no crecimiento y salud.
hubiese habido otro remedio mejor que éste. Ahora bien, a esa búsqueda y descubri-
Pero el caso es que la necesidad misma obligó miento, ¿puede aplicársele un nombre más
a los hombres a estudiar y descubrir la medici- justo y más apropiado que el de medicina, ya
na, puesto que no convenía, como no convie- que se descubrió con vistas a la salud, salva-
ne ahora, que los enfermos tomaran los mis- ción y alimentación del hombre como sustitu-
mos alimentos que las personas sanas. Es más: tivo de aquel régimen de vida que originaba
opino, personalmente, que ya desde antiguo sufrimientos, enfermedades e incluso muerte?
no se habría llegado al descubrimiento ni del IV. Por otra parte, nada tiene de extra-
régimen de vida ni de la alimentación que ac- ño que la práctica no se considere un arte.
tualmente adopta si al hombre le hubiese con- Porque de un arte en el que nadie es profa-
venido comer y beber lo mismo que un buey o no, y del que, por el contrario, todos, hasta
un caballo, o cualquier otro animal a excepción cierto punto, son iniciados en razón de la prác-
del hombre, como, por ejemplo, los frutos de tica y necesidad, no se puede decir de nadie
la tierra, cereales, follaje, yerba, pues de eso que sea profesional. Y, con todo, no deja de
se alimentan y gracias a eso viven y crecen sin ser un gran hallazgo que ha exigido muchas
esfuerzo alguno y sin necesidad de ningún otro investigaciones y experiencias. Al menos, to-
régimen. Es más: yo creo que, al menos en un davía hoy los que dirigen los gimnasios y los
principio, el hombre utilizó este mismo tipo de ejercicios atléticos13 realizan constantemente
alimentación10, y que, a mi juicio, el actual ré- nuevos descubrimientos, intentando hallar, con
gimen ha sido descubierto y practicado tras el mismo método, lo que el hombre debe co-
mucho tiempo. En efecto, dado que sufrían mer y beber para asimilarlo mejor y, así, forta-
numerosas y terribles dolencias por causa del lecerse.
régimen violento y brutal que seguían, en ra- V. Mas examinemos lo que unánime-
zón a que se alimentaban de productos cru- mente pasa como arte médico, descubierto
dos y sin mezclar, y muy fuertes11, tales como para el tratamiento de los enfermos; arte que
hoy las experimentarían, viéndose, además, tiene un nombre y que comporta unos profe-
aquejados de crueles dolores, enfermedades sionales, y veamos si se propone los mismos
y rápida muerte (sin duda en el pasado era fines y en qué época se ha formado.
menos frecuente experimentar tales dolencias Por lo que a mí respecta, según dije al
gracias al hábito; pero aun entonces se resen- principio, creo que nadie lo hubiera estudiado
tían de ello profundamente, y era lógico que si el mismo género de vida hubiera sido apto
en su mayoría los que tenían una naturaleza tanto para enfermos como para personas sa-
débil perecieran y que, en cambio, resistieran nas. Al menos hoy en día los que no practican
los más fuertes), al igual como ahora también la medicina —los bárbaros y algunos pueblos
unos digieren una alimentación excesivamen- griegos— siguen el mismo género de vida, cuan-
te fuerte y otros, tras muchas molestias y do- do están enfermos, que las personas sanas, ya
lencias, por estas razones creo yo que tam- que buscan sólo su placer y jamás se les ocurri-
bién entonces buscaron una alimentación que ría abstenerse de nada de lo que les gusta, y
se adaptara a su propia naturaleza, y llegaron a ni se privarían de ello por nada del mundo. Por
descubrir la que hoy en día hemos adoptado12. el contrario, los que han estudiado y descu-
En consecuencia, tomaron granos de trigo, los bierto la medicina con el mismo objetivo que

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Textos: Antiguos

aquellos de los que he hablado en párrafos en sustitución de aquel régimen brutal y salva-
anteriores, me imagino que empezaron por je?14. A mí, desde luego, me parece que el
suprimir algo de la cantidad de los alimentos y principio es el mismo, y uno solo y similar el
prescribieron que, en vez de muchos, toma- descubrimiento. Pues éste se propuso supri-
ron la menor cantidad posible. Y como esto mir los alimentos que, una vez ingeridos, la na-
dió buen resultado en algunas ocasiones en turaleza humana no podía asimilar en buenas
determinados enfermos, se evidenció que les condiciones por causa de su brutalidad y fuer-
era útil, si bien no para todos, pues algunos de za; aquél, todos los que no podía asimilar el
ellos eran de tal naturaleza que no podían di- particular estado de determinada persona en
gerir ni siquiera una pequeña cantidad de ali- determinadas circunstancias. ¿En qué estriba,
mento, y como parecía que esos tales tenían pues, la diferencia entre ambas actividades, si
necesidad de algo más ligero aún, descubrie- no es que esta última comporta más facetas,
ron las sopas mezclando una pequeña canti- es más complicada y de mayor trascendencia
dad de alimentos fuertes con mucha agua y que la otra, la cual, por otra parte, por haber
sustrayendo el ardor por medio de la combina- sido la primera, marcó la pauta?
ción y la cocción. Finalmente, a aquellos que VIII. Por otra parte, si se compara el
no podían digerir ni los hervidos, se los supri- régimen de los enfermos con el de las perso-
mieron por completo, reservándoles sólo las nas sanas15, se verá que no es más perjudicial
bebidas, no sin procurar que éstas fueran bien que el de los hombres sanos comparado con
proporcionadas en las mezclas y en la canti- el de las fieras y otros animales. Sea, por ejem-
dad, y se las suministraron ni en cantidad ma- plo, un individuo afectado de una dolencia de
yor ni más concentradas ni más diluidas de lo pronóstico no grave y que tenga posibilidad
debido. de curación, pero que tampoco sea leve, sino
VI. Hay que saber también que las so- de tal índole que se resienta bastante de las
pas no convienen a determinadas personas consecuencias de un error dietético, tanto si
durante la enfermedad, sino que, al tomarlas, come carne como pan u otro alimento de los
se les agudizan visiblemente los dolores y la que se toman en estado de salud; sea, por
fiebre, y el alimento ingerido se convierte para otro lado, una persona que goza de buena
ellos, evidentemente, en fomento y desarro- salud y cuya constitución no sea ni del todo
llo de la dolencia, y, por otro lado, influye en el fuerte ni completamente débil. Pues bien, si
agotamiento y debilidad del cuerpo. Todos este individuo come algo que sienta bien a un
aquellos que, encontrándose en este caso, buey o a un caballo y lo nutre, sea arveja, ce-
tomen alimentos sólidos —ya sea pan de ce- bada u otro alimento, y éste no en gran canti-
bada, ya pan normal—, aunque lo hagan en dad, sino menos aún del que se puede tomar
pequeña cantidad, sufrirán diez veces más y tras haber ingerido otros alimentos, no correrá
de forma muy patente que si sólo toman her- menos peligro que el que no se encuentra bien
vidos, por la sencilla razón de que el alimento y ha comido, a pesar de ello, pan o pasta de
es demasiado fuerte para la condición del pa- cebada. Todo lo dicho es prueba de que el
ciente. arte de la medicina puede ser descubierto en
En cuanto a aquel a quien prueban las toda su integridad prosiguiendo su estudio con
sopas, pero no el alimento sólido, se verá mu- los mismos métodos.
cho más perjudicado si lo toma en gran canti- IX. Es cierto que, si todo fuese tan sim-
dad que si ingiere poca, y aun tomándolo en ple como se ha indicado, esto es, que todos
pequeña cantidad se resentirá de ello. Todas los alimentos fuertes en exceso son nocivos,
las causas del dolor remontan, pues, a una en tanto que son saludables y nutritivos los
misma explicación: los alimentos más fuertes débiles, tanto para el enfermo como para el
causan el máximo daño, y en la forma más pa- que goza de perfecta salud, la cuestión sería
tente, al hombre, tanto si está sano como si muy fácil de zanjar. Y, en efecto, sólo se nece-
está enfermo. sitaría un buen margen de seguridad y cargar
VII ¿En qué se distingue, pues, la in- el acento en los alimentos débiles. Pero la ver-
tención de aquel a quien llamamos médico, y dad es que no se comete una equivocación
de forma unánime, profesional, que ha descu- menor ni se daña menos al hombre si se le
bierto el régimen de vida y la alimentación apro- receta una dieta insuficiente e inferior a la ne-
piadas a los enfermos, de la de aquel hombre cesaria, pues el impulso del hambre16 ejerce
primitivo que descubrió la preparación de los gran influencia en la naturaleza humana, y pue-
alimentos que aún hoy en día todos tomamos de enflaquecer, debilitar e incluso provocar la

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Textos: Antiguos

muerte. Sin duda, la abstinencia origina mu- D, Diels-Kranz).


chos otros efectos, y si bien son distintos de
4
Sobre el calor de la salud, y por ende de la enferme-
dad, cfr. lo que dice Herófilo apud Sexto Empírico,
los que causa el hartazgo, no por ello son me- Adv. Mathem. XI, 50.
nos peligrosos. Por esta razón las cosas son 5
Durante la segunda mitad del siglo V comienzan a
mucho más complicadas y requieren, en con- multiplicarse los tratados especializados, indicio de
secuencia, la aplicación de un método estric- un cierto apogeo de las ciencias y las artes (música,
to. Hay que tender, pues, a una cierta medi- rítmica, equitación, arquitectura, poética, política,
medicina, matemáticas).
da17. Pero no se podrá hallar otra medida, ra- 6
Es decir, la medicina no necesita ningún nuevo pos-
zón o peso para alcanzar esa exactitud a no tulado, le basta la simple observación y la experien-
ser la sensación del cuerpo18. Por ello es ardua cia. Esta es la tesis que domina todo el tratado.
la tarea de profundizar en la materia hasta los 7
El estudio de los meteôro, (fenómenos celestes) es,
mínimos detalles19 de modo que sólo de tarde según Burnet (Plato’s Apology, Oxford, 1924, 76), el
objeto propio de la física jónica.
en tarde se cometan errores; yo mismo elo- 8
En el Corpus es frecuente denominar a la medicina,
giaría, por mi parte, al médico que sólo se equi- arte, y hay un opúsculo con este mismo título (Perì
voca en detalles nimios. Por desgracia, rara vez têchnês).
podemos emitir un juicio exacto. De hecho, a 9
En el texto griego el término empleado es la raíz
la mayoría de médicos les ocurre, creo yo, lo mnem- de la que deriva la palabra anamnesis (térmi-
no todavía empleado hoy en medicina) y que Platón
que a los malos pilotos20: mientras cometen tomó de la terminología hipocrática (como posible-
errores pilotando en una mar en calma, sus mente eìdos, idea).
fallos se evidencian menos; pero cuando se 10
Esto es, «crudos».
abate sobre ellos una fuerte tormenta y un 11
Literalmente «con muchas cualidades» (dynàmias):
vendaval adverso, resulta patente que han sobre este término y su significado, básico para la
medicina hipocrática, cfr. H. W. Miller, «Dynamis and
perdido la nave por culpa de su impericia e physis in On ancient Medicine» (en la revista Trans.
ignorancia. Igualmente, cuando los médicos of the Amer. Phil. Asse., 1952, 184 ss.).
malos, que son la mayoría, tratan a enfermos 12
Se ha señalado con frecuencia que este pasaje pre-
que no padecen graves afecciones y a los que, senta una sorprendente analogía de pensamiento
si se cometen con ellos los peores errores no con la llamada arqueología de Tucídides, en el libro I
de sus Historias, y se han puesto ambos pasajes en
se les causa daño serio alguno (son muchas las relación con las doctrinas sofísticas relativas a la evo-
enfermedades de este tipo, y atacan a los lución paulatina de la humanidad.
hombres con más frecuencia que las graves), 13
La importancia del régimen gimnástico en la salud
en caso de equivocarse no se ponen en evi- fue, señalada por vez primera, en el siglo v por
dencia ante los profanos. Pero en cuanto se Heródico de Selimbria, de acuerdo con Platón, Re-
pública, III, 406 a.
hallan ante un caso grave, terrible y peligroso, 14
Es un rasgo típico del espíritu helénico de la época
entonces sí que sus fallos y torpeza se ponen arcaica y clásica atribuir a una sola persona un in-
de manifiesto a los ojos de todo el mundo, vento, sin tener en cuenta lo que hoy llamaríamos
pues para unos y otros el resultado no se hace «precursores» sobre el tema, véase Kleingünther,
esperar, sino que se presenta inmediatamen- Prôtos heurêtês (Philol. Supl, XXVI, 1933).
15
Hay que observar el gran valor que tiene para el
te. autor de nuestro tratado la dietética, hasta el punto
que Joly ha podido decir que en el autor de este
tratado la medicina se limita a ser, simplemente, dieté-
Referencias tica (Le niveau de la science hippocratique, p. 158).
16
Para la expresión «impulso del hambre» algo curio-
1
Desde el punto de vista científico el método que sa, cfr. Régimen en las enfermedades agudas, cap.
ataca el autor del tratado es del todo válido, ya que 63, donde hallamos expresiones paralelas.
hoy se está de acuerdo en que no hay que multipli-
17
La idea de medida ocupa un lugar muy importante
car ni las hipótesis ni las causas (cfr. Bachelard, La en la medicina hipocrática (cfr. W. Müri, Gymnasium,
formation de l’esprit scientifique, París, 1938; R. Joly, LVII, 1950, 183).
Le niveau de la science hippocratique, París, 1966, 32
18
Deichgräber ha querido mediante una modi-
y s.). Lo que ocurre es que el principio está mal ficación del texto dar un sentido poco claro al pasa-
aplicado. je. Cfr. Laín Entralgo, La relación médico-enfermo,
2
Los comentaristas no están de acuerdo sobre el sen- Madrid, 1964, 61, donde se aportan nuevos argu-
tido de este pasaje. A nuestro juicio significa: el arte mentos en favor del texto tradicional.
médico existe, y por ende no hay que ir a la búsque-
19
En el Corpus es muy frecuente la referencia a las
da de un nuevo método. dificultades del médico y a lo arduo que es no come-
3
Si la medicina se aplicara al azar no sería ya una ter errores. La misma idea hallaremos en Galeno.
«têchnê, sino una tyche (puro azar). Para una dis-
20
La comparación médico-piloto es frecuente en la lite-
tinción filosófica de estos dos conceptos, cfr. ratura griega, y aparece sobre todo en Platón.
Aristóteles, Metafísica, A, 1, 980 b. Esta oposición
týchê/têchdê la hallamos ya en Demócrito (68 B, 197

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Textos: Antiguos

LA PESTE DE ATENAS (430 a. J. C.) No logró encontrarse ni un solo reme-


SEGÚN EL RELATO DE TUCIDIDES dio, por así decir, cuya aplicación asegurara al-
guna eficacia (pues el que mejoraba a uno
Tan pronto como se inició el verano, perjudicaba a otro). No había constitución,
los peloponesios y sus aliados, con los dos ter- fuese robusta o débil, capaz de resistir el mal;
cios de sus efectivos, invadieron, como el año con todas acababa, fuese el que fuese el régi-
anterior, el territorio del Ática. No llevaban aún men terapéutico aplicado. Lo peor de todo,
muchos días en el Ática cuando se declaró en en esa enfermedad, era el desaliento que se
Atenas la epidemia que, según se dice, había apoderaba del paciente tan pronto se daba
asolado otros muchos territorios... Los prime- cuenta de que había contraído el mal: inme-
ros brotes, según cuentan, se manifestaron diatamente entregaba su espíritu a la deses-
en Etiopía, allende Egipto; desde allí descen- peración y abandonaba más fácilmente sin in-
dió a Egipto y Libia, llegando a extenderse por tentar ni siquiera resistir; como también el he-
la mayor parte de los dominios del rey. Sobre cho de que, al cuidar a los enfermos se conta-
Atenas cayó de improviso, y, como primero giaban, y morían como ovejas. Y esto fue lo
atacó a la población del Píreo, corrió el rumor que causó mayor número de víctimas: si por
de que los peloponesios habían envenenado temor querían evitar todo contacto, enton-
las cisternas; porque a la sazón todavía no ha- ces los enfermos morían abandonados, y de
bía allí fuentes. Más tarde alcanzó la ciudad alta, esta suerte muchas casas quedaron vacías por
y allí la mortalidad fue muy elevada... falta de quien les atendiese; pero si se les acer-
El año aquel, según consenso unánime, caban, entonces sucumbían, especialmente los
había sido notablemente inmune a las enfer- que querían hacer gala de personas humanita-
medades corrientes, y si alguien había contraí- rias... Pero quienes más se compadecían de
do previamente alguna enfermedad, su dolen- los agonizantes y de los enfermos eran los que
cia acabó resolviéndose en ésta. Pero, en ge- habían sobrevivido a la enfermedad, porque
neral, las demás personas estaban completa- ellos la habían conocido, y, por lo demás, se
mente sanas, y, de pronto, sin causa aparente sentían seguros, pues no atacaba dos veces a
alguna, se veían atacadas de fiebres muy altas la misma persona, al menos con efectos fata-
localizadas en la cabeza: sus ojos enrojecían y les...
se inflamaban, y, en el interior, la garganta y la En medio de aquel infortunio, la con-
lengua al punto tomaban una apariencia centración de gente del campo a la ciudad
sanguinolenta, y exhalaban un aliento extraño contribuyó a aumentar la angustia de la pobla-
y fétido. A estos signos sucedían estornudos y ción; y los refugiados sufrieron de un modo
ronquera, y, a los pocos momentos, el dolor especial: carecían de vivienda y vivían, en ple-
descendía al pecho, acompañado de una fuer- na canícula, en chozas asfixiantes, por lo que
te tos; cuando se había fijado en el estómago, la muerte se producía en medio de una enor-
lo revolvía con todos los subsiguientes vómitos me confusión: a medida que iban pereciendo,
de bilis cuyo nombre han especificado los mé- sus cadáveres eran amontonados unos enci-
dicos. La mayoría de los pacientes sufrían asi- ma de otros, o bien se arrastraban por las ca-
mismo amagos de vómito que les causaban lles y en torno a las fuentes, agonizantes, bus-
unos espasmos violentos que en unos cesa- cando, desesperados, un poco de agua. Los
ban inmediatamente, en otros mucho más tar- templos en los que se les había instalado esta-
de. El cuerpo, por fuera, no estaba muy ca- ban repletos de cadáveres de quiénes allí mo-
liente al tacto, ni pálido, sino más bien enroje- rían, porque ante la violencia exorbitada de
cido, lívido, y cubierto por una erupción de aquel mal, los hombres, ignorando cuál sería
pequeñas ampollas y úlceras; mas por dentro su destino, empezaron a sentir un cierto me-
ardía tanto, que el enfermo no podía soportar nosprecio por la religión y la ética...
el contacto de las prendas y sábanas más fi- Pero la peste introdujo en Atenas otro
nas... En su mayoría fallecían a los siete o nue- tipo de inmoralidades aún más graves: las per-
ve días consumidos por aquel fuego interno sonas se entregaban al placer con un descaro
con todas sus fuerzas en parte intactas; y si nunca visto; y es que veían con sus propios
sobrepasaban este período, el mal bajaba al ojos los bruscos cambios de la fortuna: ricos
vientre y provocaba en él una fuerte ulceración que morían inopinadamente y personas pobres
acompañada de una diarrea persistente, a con- que de golpe entraban en posesión de la for-
secuencia de la cual sucumbían de debilidad tuna de los difuntos. De esta suerte, conside-
muchos de ellos. rando igualmente efímeras la vida y las rique-

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Textos: Antiguos

zas, creían que se imponía la necesidad de un Si algún médico de los que practican el
pronto goce y de buscar el placer sensible. arte de curar empíricamente y sin razonamien-
Nadie estaba dispuesto a sacrificarse por un tos sorprendiese a otro médico de condición
noble ideal, en su seguridad de no poder al- libre en conversación con un enfermo también
canzarlo antes de morir.. El placer inmediato y libre, sirviéndose en ella de argumentos punto
los medios de alcanzarlo: tal fue la norma ética menos que filosóficos, tomando la enferme-
de conducta que se impuso. dad desde su principio y remontándose a con-
siderar la entera naturaleza de los cuerpos,
(Historia de la Guerra del Peloponeso) pronto se reiría a carcajadas y no diría otras
palabras que las que siempre tienen a flor de
labio la mayor parte de esos pretendidos mé-
LA ASISTENCIA MÉDICA EN LA GRECIA DE dicos: Insensato, no estás curando al enfer-
PLATÓN mo; lo que en fin de cuentas haces es instruir-
le, como si él quisiera ser médico y no ponerse
Hay, pienso, médicos y servidores de bueno...
médicos, a los que indudablemente llamamos Cuando está enfermo un carpintero,
también médicos... Pueden los médicos ser, pide al médico que le dé un medicamento que
pues, ya libres, ya esclavos, y en este caso le haga vomitar la enfermedad, o que le libere
adquieren su arte según las prescripciones de de ella mediante una evacuación por abajo,
sus dueños, pero no según la naturaleza, como un cauterio o una incisión. Y si le va con las
los médicos libres por sí mismos lo aprenden y prescripciones de un largo régimen, aconse-
lo enseñan a sus discípulos... Y siendo los en- jándole que se cubra la cabeza con un gorrito
fermos en las ciudades unos libres y otros es- de lana y haga otras cosas por el estilo, pronto
clavos, a los esclavos los tratan por lo general saldrá diciendo que ni tiene tiempo para estar
los esclavos, bien corriendo de un lado para malo ni vale la pena vivir de ese modo, dedica-
otro, bien permaneciendo en sus consultorios; do a la enfermedad y sin poder ocuparse del
y ninguno de tales médicos da ni admite la trabajo que le corresponde. Y muy luego man-
menor explicación sobre la enfermedad de cada dará a paseo al médico y se pondrá a hacer su
uno de esos esclavos, sino que prescribe lo vida corriente; y entonces, una de dos: o sa-
que la práctica rutinaria le sugiere, como si es- nará y vivirá en lo sucesivo atendiendo a sus
tuviese perfectamente al tanto de todo y con cosas o, si su cuerpo no puede soportar el
la arrogancia de un tirano, y pronto salta de allí mal, morirá y quedará así libre de preocupacio-
en busca de otro esclavo enfermo, y así alivia a nes.
su dueño del cuidado de atender a tales pa-
cientes... (Las Leyes, libros IV y IX. República, libro III)

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Textos: Medievales

Medievales

SAN GREGORIO NYSSENO nen bajo su dominio.


LA DESNUDEZ HUMANA Por el contrario, por la razón que voy a
manifestar, cada uno de los animales que nos
¿Qué significa la estatura erecta del están unidos han recibido en suerte los bienes
hombre? ¿Por qué su cuerpo no tiene, para de que tenemos necesidad; nos resulta en-
proteger su vida, fuerzas naturales? De hecho tonces necesario mandarlos. Fue porque su
el hombre viene al mundo despojado de pro- cuerpo era lento y difícil de mover, que el hom-
tecciones naturales, sin armas y en la pobreza, bre sujetó y domó el caballo. Porque su cuer-
carente de todo lo necesario para satisfacer po estaba desnudo, debió el hombre vigilar las
las necesidades de su vida: aparentemente ovejas a fin de completar con el empleo de
merece más piedad que envidia. En materia sus lanas anuales lo que faltaba a nuestra na-
de armas, no tiene ni la defensa de los cuer- turaleza. Como debe hacer venir sus víveres
nos, ni las puntas de las uñas, ni cascos, ni desde lejos, ha anexado a su servicio los ani-
dientes, ni aguijón emponzoñado para dar la males de carga. Al no poder, como las bestias
muerte, órganos todos, en fin, que la mayor de los campos, nutrirse de hierba, ha domesti-
parte de los vivientes tiene sobre sí para de- cado al buey que, por sus trabajos nos hace
fenderse de las heridas; tampoco está su cuer- más fácil la vida. Teníamos la necesidad de dien-
po recubierto por una envoltura de pelos. tes y de un órgano para morder, para defen-
Pareciera sin embargo que al ser orde- dernos contra los otros animales; el perro, por
nado al gobierno de los demás seres, la natu- sus dientes que hieren y por su rapidez, pone
raleza debiera rodearlo de armas apropiadas para a nuestra disposición su mandíbula que se con-
permitirle defenderse, sin tener necesidad de vierte en una espada viviente. Más fuerte que
ayuda ajena. El león, el cerdo, el tigre, la pan- la defensa de los cuernos, más filoso que la
tera y otros animales semejantes tienen con punta de los dientes, el hierro ha sido utilizado
qué defenderse por sí mismos. El toro tiene por el hombre; no está siempre fijo a nosotros
cuernos, la liebre la rapidez, la gacela el salto y como las defensas de las bestias feroces, sino
la precisión de su mirada, otros tienen su gran que combate con nosotros en el momento
estatura, otros una trompa; los pájaros tienen que se quiera; el resto del tiempo, se lo deja
alas, la abeja el aguijón; a todos sin excepción, de lado. En lugar de tener escamas como el
la naturaleza ha dado un medio de defensa. El cocodrilo, el hombre puede hacerse de éstas
hombre en cambio, es el menos rápido de los un arma, rodeándose con ellas el cuerpo de
corredores; entre los animales corpulentos es acuerdo a sus necesidades. O bien, a falta de
el más delgado; entre los que tienen defensas escamas y con este mismo fin, trabaja el hierro
naturales, el más fácil de capturar. ¿Cómo, pues, que utiliza en la guerra, en el momento opor-
se preguntará alguien, a un ser semejante le tuno, para luego quedar en ocasión de la paz,
corresponde el primer lugar en el universo? libre de tal impedimento. Doblega a su servicio
A mi parecer, no es difícil mostrar que el ala de los pájaros, de manera que, por su
aquello que parece una deficiencia de nuestra ingeniosidad, tiene a su disposición la rapidez
naturaleza es de hecho algo que nos anima a del vuelo. Entre los animales, cría a algunos
dominar lo que está a nuestro alrededor. Su- que sirven a los cazadores, y gracias a ellos,
pongamos al hombre dotado de una fuerza tal llega a someter a los demás a sus designios. En
que su rapidez supere a la del caballo, que su particular la ingeniosidad de su arte da alas a
pie no tenga que sufrir la dureza del suelo, las flechas y, mediante el arco, vuelve a nues-
gracias a las defensas de los cascos o de las tro servicio la rapidez del pájaro. Por último, la
garras; supongamos que tenga cuernos, agui- sensibilidad de nuestros pies para la marcha los
jones y uñas; con órganos tales, no sería sino hace buscar una ayuda en los objetos que nos
una bestia feroz inabordable. No trataría, ade- están sometidos. De ahí viene que a nuestros
más, de dominar a los otros, pues ninguna pies les ajustemos el calzado.
necesidad tendría de la ayuda de los que tie-

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Textos: Medievales

SI FALLOR, SUM El niño se acostumbró de tal modo a la gacela,


SAN AGUSTÍN que cuando se retardaba, con su llanto la ha-
cía volver apresuradamente a su lado.
I- Entonces me dirigí a mí mismo y me dije: Creció el niño, en esta isla, libre de ani-
«¿Tú quién eres», y me respondí: «Un hom- males dañinos, criándose con la leche de la
bre». gacela, hasta alcanzar los dos años de edad.
[...] Grande es la virtud de la memoria y Aprendió a andar y echó los dientes.
algo que me causa horror, Dios mío: multiplici-
dad infinita y profunda. Y esto es el alma y Hayy observa las diferencias que tiene,
esto soy yo mismo. ¿Qué soy, pues, Dio mío. respecto de los demás animales, viéndose in-
¿Qué naturaleza soy? [...] Y tú, Señor Dios ferior a ellos.
mío, escucha, mira y ve, y compadécete y sá- A la vez que todo esto, él miraba a los
name: tú, en cuyos ojos estoy hecho un enig- demás animales y los veía revestidos de pelo,
ma, y ésa es mi enfermedad. de lana o de pluma; observaba su rapidez para
la carrera, su fuerza y las armas de que esta-
II- Somos y conocemos que somos y amamos ban dotados para rechazar al que los persiguie-
este ser y conocer. Pero en estas tres cosas se, corno, por ejemplo, los cuernos, los colmi-
que he dicho, ninguna falsedad semejante a la llos, los cascos, los espolones, las garras. Lue-
verdad nos perturba. Pues no las tocamos con go, contemplándose a sí mismo, veía su des-
ningún sentido corporal, como aquellas que nudez, su falta de armas, su lentitud para la
están fuera, y así las sentimos viendo sus colo- carrera, su poca fuerza respecto de los anima-
res, oyendo sus sonidos, oliendo sus olores, les que le disputaban los frutos que se los apro-
gustando sus sabores, tocando lo duro y lo piaban en contra de su voluntad y le vencían
blando; y manejamos también en el pensamien- en la lucha, sin que pudiese repelerlos ni esca-
to imágenes de esos objetos sensibles, muy par de ninguno de ellos. Veía también que a
semejantes a ellos, pero ya no corpóreas, las sus compañeros, los hijos de las gacelas, les
tenemos en la memoria y nos excitan el deseo salían cuernos que primeramente no tenían;
dé ellos; en cambio es certísimo para mí, sin que se volvían fuertes en la carrera, cuando
ninguna imaginación, engaños de ilusiones o antes eran débiles. Y en sí mismo no veía nada
fantasmagorías, que soy y conozco y amo esto. de esto; reflexionaba acerca de ello y no en-
No hay que temer en estas verdades los argu- contraba la causa. Y al no hallar en sí mismo
mentos de los académicos, que dicen: ¿Y si te ningún parecido con los animales, los juzgaba
engañas? Pues si me engaño, soy. Pues el que deformes o enfermos. Se puso a observar los
no existe, en verdad, ni engañarse puede; y esfínteres de los otros animales, y vio que es-
por esto existo si me engaño. Y puesto que taban resguardados: el anal por las colas, el
existo si me engaño, cómo puedo engañarme urinario por pelos o por cosa parecida, además
acerca de que existo, cuando es cierto que de que sus uretras estaban más ocultas que la
existo si me engaño. Y, por lo tanto, como yo, de él. Estas observaciones le afligían y ator-
el engañado, existiría, aunque me engañara, mentaban.
sin duda yo me engaño al conocer que existo.
A los siete años de edad, Hayy se viste
con hojas de los árboles y emplea varas como
ANATOMÍA Y MELANCOLÍA armas en su lucha con los animales.
ABEN TOFAIL Como su tristeza por tal causa se pro-
longase mucho tiempo y, llegando a tener cerca
Hayy es criado por la gacela y vive los de siete años, desesperase de alcanzar aque-
primeros años entre estos animales. llas cosas cuya falta le producía dolor, cogió hojas
Desde aquí coinciden los partidarios de grandes de árboles, y unas se las puso por
la segunda versión con los de la primera, res- detrás y otras por delante, e hizo con hojas de
pecto al crecimiento del niño. Dicen, de co- palmera y de esparto un cinturón que rodeó a
mún acuerdo, que la gacela que lo había reco- su cuerpo, con el cual sujetó las hojas. Pero
gido, encontró pastos abundantes y fuertes, éstas tardaron poco tiempo en marchitarse,
engordó y tuvo mucha leche, hasta el extre- secarse y caer. Siguió cogiendo otras y las co-
mo de criarlo de la mejor manera posible. Esta- locaba en capas superpuestas; quizá duraban
ba con él, sin apartarse de su lado más que algo más, pero siempre poquísimo tiempo.
cuando le obligaba la necesidad de ir a pacer. Tomó ramas de árboles como lanzones, las igua-

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Textos: Medievales

ló en sus extremos, las unió por las puntas y tes, a fin de procurarse el alimento que es
las empleaba, atacando a los más débiles y re- necesario para él y para los demás, y esta ayu-
sistiendo a los más fuertes. Entonces concibió da mutua asegura de este modo la subsisten-
cierta idea de su poder y vio que su mano cia de un número de individuos mucho más
tenía una gran superioridad sobre las garras de considerable. Lo mismo sucede con la defensa
los animales, puesto que con ella le era posible de la vida: cada hombre necesita estar soste-
cubrir sus vergüenzas y coger bastones con nido por los individuos de su especie. En efec-
los que se defendía de los seres que lo rodea- to, Dios, el Altísimo, cuando organizó a los ani-
ban, lo cual le permitía pasarse sin cola y sin males y les distribuyó las fuerzas asignó a un
armas naturales. gran número de entre ellos una parte superior
a la del hombre. El caballo, por ejemplo, es
mucho más fuerte que el hombre; y lo mismo
EL ANIMAL POLÍTICO les sucede al toro y al asno. En cuanto al león
ABENJALDÚN y al elefante, su fuerza sobrepasa prodigiosa-
mente la del hombre.
Este discurso preliminar servirá para de- Como pertenece a la naturaleza de los
mostrar que la reunión de los hombres en so- animales el estar siempre en guerra los unos
ciedad es cosa necesaria. Es lo que los filóso- con los otros, Dios ha dado a cada uno un
fos han expresado en esta máxima: «El hom- miembro destinado especialmente a rechazar
bre es por naturaleza ciudadano». Con estas a sus enemigos. En cuanto al hombre, en vez
palabras quiere decir que el hombre no sabría de esto, le ha dado la inteligencia y la mano.
prescindir de la sociedad, término que en su La mano, sometida a la inteligencia, está siem-
lenguaje viene sustituido por el de ciudad. La pre dispuesta a trabajar en las artes, y las artes
palabra civilización expresa la misma idea. He proporcionan al hombre los instrumentos que
aquí la prueba de su máxima: Dios, el Todopo- en él reemplazan a los miembros que tienen
deroso, ha creado al hombre y le ha dado una los otros animales para su defensa. Así las lan-
forma que no puede subsistir sin alimento. Qui- zas suplen a los cuernos, destinados a golpear;
so que el hombre fuera llevado a buscar este las espadas reemplazan a las garras, que sirven
alimento por un impulso innato, y por el poder para herir; los escudos hacen las veces de pie-
que él le ha dado de procurárselo. Pero la fuer- les duras y resistentes, sin hablar de los demás
za de un individuo aislado sería insuficiente para objetos cuya enumeración puede verse en el
obtener la cantidad de alimentos que requie- tratado de Galeno sobre el uso de los miem-
re, y ,no podría procurarle lo que necesita para bros. Un hombre aislado no podría resistir la
sostenerse. Admitamos en la suposición más fuerza de un solo animal, sobre todo de la es-
moderada, que el hombre obtiene trigo sufi- pecie de los carniceros, y será absolutamente
ciente para alimentarse durante un día; no po- incapaz de rechazarlo. Por otra parte, no tiene
drá utilizarlo más que después de varias mani- suficientes medios para fabricar las diversas ar-
pulaciones, porque el grano debe ser molido, mas ofensivas; de tal modo son numerosas, y
amasado y cocido. Cada una de estas opera- tanta arte y tantos utensilios se necesitan para
ciones exige utensilios, instrumentos, que no confeccionarlas. En todas estas circunstancias,
pueden construirse sin el concurso de muy di- el hombre debe recurrir necesariamente a la
versas artes, tales como la de los herreros, car- ayuda de sus semejantes, y mientras le falte
pinteros y alfareros. Supongamos incluso que su concurso, no sabrá procurarse el alimento,
el hombre se come el grano tal cual está, sin ni defender su vida. Así lo ha decidido Dios al
hacerle la menor preparación; ¡y qué!, para imponer al hombre la necesidad de comer para
conseguirlo debe entregarse a trabajos aún vivir. Los hombres tampoco sabrían defender-
más numerosos, tales como la siembra, la re- se si estuvieran desprovistos de armas; se con-
colección y la trilla, que saca el grano de la vertirían en presa de las bestias feroces; una
espiga que lo encierra. Cada una de estas ope- muerte prematura pondría término a su exis-
raciones exige instrumentos y procedimientos tencia, y se aniquilaría la especie humana. Mien-
artesanos aún más numerosos que los que de- tras exista entre los hombres la disposición de
bían ponerse en práctica en el primer caso. ayudarse mutuamente, no les faltará el alimento
Ahora bien, es imposible que un solo individuo ni las armas; es el medio por el que Dios realiza
pueda realizar todo esto en su totalidad, ni su voluntad en lo que se refiere a la conserva-
siquiera en parte. Necesita absolutamente las ción y perduración de la raza humana. Los hom-
fuerzas de un gran número de sus semejan- bres, pues, están obligados a vivir en socie-

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Textos: Medievales

dad; sin ella no podrían asegurar su existencia, zón de tener manos. Las partes vitales del cuer-
ni cumplir la voluntad de Dios, que los ha situa- po están contenidas en el tórax y abdomen y
do en el mundo para que lo pueblen y para se necesita de los miembros para la locomo-
que sean sus lugartenientes. He aquí lo que ción; en el ciervo, el perro, el caballo y anima-
constituye la civilización, objeto de la ciencia les similares, los miembros delanteros fueron
que nos ocupa. hechos patas al igual que los traseros, para
... Realizada la reunión de los hombres conseguir velocidad. En el hombre, sin embar-
en sociedad, como hemos indicado, y habien- go, los miembros delanteros se transformaron
do poblado el mundo de la especie humana, en manos; ya que aquél destinado a domesti-
se deja sentir una nueva necesidad, la de un car el caballo con su mano habilidosa, no tenía
control poderoso que los proteja a los unos necesidad de ser veloz él mismo, y en lugar de
contra los otros, porque el hombre, en tanto velocidad, era mucho más conveniente para él
que animal, se ve llevado por su naturaleza a la contar con instrumentos necesarios para to-
hostilidad y a la violencia. Las armas de que se das las artes.
sirve para rechazar los ataques de los animales Pero, ¿por qué entonces, no le fueron
brutos no bastan para defenderle contra sus dadas cuatro patas y también dos manos como
semejantes, visto que tienen a su disposición el centauro? En primer lugar, la razón sería que
todas estas armas. Hace falta, pues, absoluta- una combinación de cuerpos tan completamen-
mente, otro medio que pueda impedir estas te diferentes es imposible para la naturaleza.
mutuas agresiones. No podría hallarse este Pues no solamente hubiera tenido que combi-
moderador entre las demás especies animales, nar sus formas y colores, a la manera de los
porque están lejos de tener percepciones e pintores y escultores; hubiera sido imperioso
inspiraciones como el hombre; así es preciso mezclar también sus verdaderas substancias,
que el moderador pertenezca a la especie hu- las cuales son absolutas e incombinables. En
mana y que tenga una mano bastante firme, verdad, si el hombre y el caballo, llegaran algu-
un poder y una autoridad bastante fuertes para na vez a formar pareja (aparearse) el útero no
impedir que los unos ataquen a los otros. He podría llevar esa semilla a buen fin: si Píndaro,
aquí lo que constituye la soberanía. Por estas como poeta, acepta el mito de los centauros,
observaciones se ve que la soberanía es una debemos ser indulgentes, pero si habla como
institución particular del hombre, conforme a hombre inteligente, pretendiendo atrapar lo
su naturaleza, y de la que no sabría prescindir. que está más allá del entendimiento de los
Si hay que creer a los filósofos, se encuentra mortales comunes, debemos censurar su pre-
también entre ciertas especies animales tales tensión de sabiduría cuando se atreve a escri-
como las abejas y las langostas, entre las que bir:
se ha encontrado la existencia de una autori-
dad superior, obediencia y fidelidad a un jefe ...(Centauros)
que pertenece a su especie, pero que se dis- Que aparearon con las yeguas de
tingue por la forma y el tamaño del cuerpo. Magnesia al pie del Pelion
Mas entre los seres que difieren del hombre, la De allí nació una raza de maravilla,
cosa existe a consecuencia de su organización como las dos que le dieron vida.
primitiva y de la dirección divina, y no procede La madre le dio sus partes inferiores,
por efecto de la reflexión ni por la intención el hombre las superiores2
de procurarse una administración regular. Dios
ha dado a todos los seres una naturaleza es- Convengamos en que un asno y un
pecial; después, los ha dirigido. caballo pueden aparearse; la hembra de cual-
quiera de las dos especies puede recibir, con-
servar y perfeccionar el semen del macho de
EL TERCER LIBRO DE SOBRE LA UTILIDAD la otra especie, y el resultado será un animal
DE LAS PARTES1 (EL PIE Y LA PIERNA) híbrido. De igual forma, la hembra del lobo
GALENO puede aparearse con un perro, y la hembra
del perro no solamente con un lobo sino tam-
El hombre es el único de los animales bién con un zorro3. Pero una yegua no podría
que ha sido provisto de manos, instrumentos probablemente ni siquiera recibir el semen hu-
adecuados para un animal inteligente; de la mano dentro de la cavidad de su útero, por-
misma manera, de los animales que caminan, que sería necesario un miembro masculino más
sólo él fue creado bípedo y erecto, por la ra- largo, y en caso de que el semen fuera intro-

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Textos: Medievales

ducido sería destruido inmediatamente o en surdo, sino pasen revista a otros oficios e ima-
breve plazo. Sin embargo, sabedores de que gínenselo trabajando de herrero, o picapedre-
la musa de la poesía necesita de lo maravilloso ro, hilando, remendando o escribiendo libros.
más que de todos sus otros ornamentos, te ¿Cómo se sentaría? ¿Qué clase de regazo ten-
concedemos el derecho a cantar y a recrear dría que tener para reposar sobre él sus libros,
leyendas, pues tú, supongo, no deseas ense- y cómo manejaría todas las otras herramien-
ñar, sino asombrar, maravillar y encantar a tu tas? Pues además de todas las ventajas de que
auditorio. Pero nosotros, que nos atenemos a goza el hombre, es el único de los animales
la verdad más bien que a las leyendas, sabe- que puede sentarse sin problemas articulando
mos bien que la sustancia de un hombre está los huesos de la cadera. Este hecho se le ha
totalmente imposibilitada de mezclarse con la escapado por cierto a la mayoría de la gente;
del caballo. Y aún concediendo que este ani- creen que el hombre es el único que puede
mal, tan extraño y monstruoso pudiese ser con- andar erguido sin percibir que además es el
cebido y perfeccionado, no podría hallarse con único que se puede sentar. Ese centauro de
qué alimentar a tal criatura. ¿Debieran las par- los poetas, al menos, a quien no podríamos
tes inferiores como las del caballo, nutrirse de llamar con propiedad un hombre, sino mas bien
pasto y cebada cruda, y las partes superiores una especie de caballo-hombre, no podría sos-
de cebada cocida y alimento apropiado para el tenerse seguro sobre los huesos de la cadera,
hombre? En ese caso el animal debiera contar y aunque pudiese, sería torpe al usar sus ma-
con dos bocas, una humana y otra equina, y si nos porque en todo lo que hiciera sus patas
juzgamos por la presencia de dos pechos, pa- delanteras estarían de por medio, de la misma
recería probable que tuviera también dos co- manera que nosotros nos veríamos limitados
razones. Aun cuando estamos dispuestos a pa- teniendo dos palos de madera atados al pe-
sar por alto todos esos absurdos, y conceda- cho. Y si así equipados, debiéramos reclinar-
mos que ese hombre con patas de caballo nos en un sofá, seguramente presentaríamos
pudiese ser engendrado y llevar una vida, nada una apariencia muy extraña, que se acentua-
ganaría con esa estructura, excepto velocidad, ría si nos echáramos a dormir. Y de veras tene-
y esto no sería una ventaja en todo tiempo y mos acá otra cosa rara de este centauro, o
lugar, sino sólo en planicies parejas y suaves. Si sea, que no podría hacer ningún uso de un
alguna vez tuviera que trepar corriendo una sofá y le será imposible recostarse en el suelo
colina, o bajarla, o andar por terreno irregular, a dormir. Pues en el centauro, la conformación
o quebrado, sería más ventajoso para él poder de una parte de su cuerpo requiere una forma
contar con piernas hechas como las del hom- de reposo y el resto otra, la parte humana
bre. De esta manera el hombre es más hábil necesita una sofá y la equina necesita el suelo.
que esa monstruosidad, el centauro, para sal- Pero tal vez sería preferible para nosotros te-
tar sobre un obstáculo, trepar precipicios, y ner cuatro patas, si fueran piernas humanas y
en general, para atravesar cualquier tipo de no patas de caballo. Tal arreglo, sin embargo,
terreno peligroso. Ya quisiera yo ver a un cen- no nos ayudaría para nada en cualquier acción
tauro construir una casa o un barco, remon- y nos haría perder velocidad por añadidura. Si
tarse hasta el tope del palo mayor o desempe- no podemos usar con ventaja cuatro piernas o
ñar cualquiera de las tareas del marinero. ¡Cuan cuatro patas de caballo, menos aún tratándo-
torpe se le vería en ellas y cuan totalmente se de las de cualquier otro animal, dado que
imposibles resultarían para él la mayoría! Si es- algunos animales tienen patas más semejan-
tuviera construyendo una casa, ¿cómo trepa- tes a las del caballo, otros más semejantes a
ría las altas y angostas escaleras para alcanzar las del hombre. Más aún, si encontramos que
el tope de la pared? ¿O cómo subiría al mástil en cuatro patas nos sobran dos, sería sin duda
de un velero? ¿Podría acaso, remar, cuando más tonto, el estar provistos de seis o más.
no alcanza siquiera a sentarse bien? Y aunque Pues, generalmente hablando, si un animal está
pudiese, la presencia de sus patas delanteras destinado a hacer adecuado uso de las ma-
impedirían el desenvolvimiento de sus manos. nos, no debiera tener ningún impedimento,
Pero aún no sirviendo de marinero, tal vez ya sea natural o artificial, sobresaliendo de su
podría resultar un buen granjero. En esto, sin pecho.
embargo, sería todavía más inútil, en especial Ahora bien, dado que el caballo, la vaca,
si su tarea fuese trepar a los árboles para reco- el perro, el león y otros animales similares no
ger fruta. Y no piensen ustedes que éstas son fueron destinados a practicar un oficio deter-
las únicas situaciones en las que se le vería ab- minado, sería tan superfluo para ellos el haber

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Textos: Medievales

sido creados bípedos, como lo sería el tener SOBRE EL PRINCIPIO DE LA MEDICINA*


manos. ¿Pues qué ventaja ganarían de perma- SAN ISIDORO DE SEVILLA -632-
necer erectos sobres sus dos pies si no tuvie-
ran manos? Es mi parecer que estando así con- 1. Preguntan algunos por qué no se
formados, no solamente nada ganarían, sino incluye la medicina entre las otras artes libera-
que estarían privados asimismo de las ventajas les. La respuesta es la siguiente: porque las
que normalmente poseen, es decir, primero, artes liberales abordan en su estudio materias
la conveniencia para alimentarse; segundo, particulares, mientras la medicina abarca las de
protección de la parte anterior (ventral) del todas. En efecto, el médico debe conocer la
cuerpo, y tercero, la velocidad. Pues bien, al gramática, para poder entender y exponer lo
no tener manos, algunos animales se ven obli- que lee. 2. Lo mismo cabe decir de la retórica,
gados a llevar la comida a la boca con patas de modo que pueda delimitar con argumen-
delanteras, mientras que otros lo hacen aga- tos indiscutibles los casos que tiene entre ma-
chándose. Los carnívoros cuentan con patas nos. Otro tanto hay que afirmar de la dialécti-
divididas en dedos; los herbívoros con cascos, ca, que le permite mediante el raciocinio, pro-
ya sean macizos o huecos. Los carnívoros son fundizar en las causas que provocan las enfer-
siempre muy valientes y agresivos, y por esta medades y en los remedios aplicables para su
razón sus patas están no sólo divididas en de- curación. Necesita de la aritmética, por lo que
dos sino también provistas de garras fuertes y se refiere al número de horas que duran los
curvadas, para posibilitarles cazar su presa más ataques febriles y la periodicidad que presen-
rápido y sostenerla más fácilmente. Los herbí- tan. 3. Digamos lo mismo de la geometría, en
voros no son tan valientes como los carnívo- cuanto a la índole de las regiones y zonas en
ros. El caballo y el toro, sin embargo, desplie- las que señala qué es lo que cada uno debe
gan con frecuencia un coraje considerable, y observar. E incluso no debe ignorar la música,
de ahí que uno de ellos cuente con cascos pues muchas son las enfermedades que, como
macizos y el otro con cuernos. Pero los herbí- puede leerse en los libros, han sido tratadas
voros carentes, y sólo por ejemplo de coraje, utilizando esta disciplina: así se lee de David,
no cuentan ni con cascos macizos ni con cuer- que liberó a Saúl del espíritu inmundo sirvién-
nos para defenderse, sino sólo con cascos hue- dose de la música. También el médico
cos. Asclepíades devolvió por ella a su anterior es-
tado de salud a un enfermo atacado de locu-
ra. 4. Conocerá, en fin, también la astronomía,
Referencias por la que se examina el movimiento de los
astros y la evolución del tiempo. Pues, como
1 Calen on the usefulness of the parís of the body (De sostiene algún médico, al par de las variacio-
usu partium) Translated from the Greek with an nes que se van presentando, nuestro cuerpo
Introduction and Commentary by Margaret
Tallmadge. May Cornell University Press, New York
experimenta igualmente alteraciones. 5. De
1908, I-II. El texto transcripto fue traducido por aquí que se considere a la medicina como una
Susana M. de Ortale. segunda filosofía. Una y otra ciencia reclaman
2 Píndaro, Pythian Odes, II, 44-48 (1 15, 174-175) para sí al hombre entero; pues si por una se
Galeno no fue el primero que sintió de su incumben- sana el alma, por la otra se cura el cuerpo.
cia protestar sobre la imposibilidad de producir un
centauro; véase Lucrecio, De rerum natura, V, 878 8
1. Vesalio (1555, 176) deplora este largo párrafo so-
bre el centauro y dice que Galeno estaba «in Píndaro Notas:
irridendo magis, quam spectandis ossibus occupatis»
-más ocupado burlándose de Píndaro que en ins- * V. San Isidoro de Sevilla, "Etimologías", IV, 13 (edi-
peccionar huesos-. Para una protesta similar de Ga- ción bilingüe preparada por José Oroz Reta, Biblio-
leno contra la aceptación de la existencia literal de los teca de Autores Cristianos, Madrid, 1982)
monstruos y fenómenos preternaturales de la mito-
logía, ver su De plac. Hipp. et Plat. III, 8 (Kuhn, V,
356-359). DE LA CIENCIA DE MEDICINA
3 Tal vez un eco de Aristóteles, Hist an., VIII, 28 60721-
RAIMUNDO LULIO
8; cf. De gen. a., II, 7, 746 a 29-35.

1. Medicina es ciencia de conocer lo que


conviene para conservar la naturaleza y resta-
blecerla en lo que ser solía en el cuerpo anima-
do. Esta ciencia se basa, hijo, en tres princi-

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Textos: Medievales

pios; el primero es natural; el segundo es inna- cosas semejantes en naturaleza; la otra, cuan-
tural; el tercero es contrario a naturaleza. do curan por medio de contrarios.
2. El primer principio se divide en siete 8. Cuando la cura se practica por medio
partes: elementos, complexiones, humores, de cosas semejantes, conviene entonces que
miembros, virtudes, operaciones, espíritu. El los grados menores sean semejantes a la com-
segundo principio se divide en seis partes: res- plexión que es demasiado fuerte en su virtud,
pirar, ejercitar, esto es, trabajar y reposar, co- y en sus grados mayores le sean contrarios; y
mer y beber, dormir y velar, llenar y vaciar, esto cuando la cura se hace por contrarios, convie-
es, que a veces beba y coma uno mucho y a ne entonces que los grados menores estén
veces poco; la última es de los accidentes del primero contra los dos mayores; y esta cura
alma, esto es, alegría y tristeza. El tercer prin- practican, hijo, los médicos con las hierbas y
cipio se divide en tres partes: enfermedad, oca- con las semillas, y ordenan los cuatro grados
sión de enfermedad y accidente. que hay en las cosas medicinales.
3. Cada una de las partes antedichas se 9.Amable hijo, dos son las mezclas: la
divide en muchas partes, y de todas ellas a la una es de los cuatro humores de que es he-
vez se compone la ciencia de la Medicina. Y cho el cuerpo humano; la otra es de las cosas
puesto que, hijo, queremos manifestar breve- que están mezcladas fuera del cuerpo. Y los
mente esta ciencia diremos con la mayor bre- médicos mezclan aquéllas, para que se mez-
vedad posible algunas cosas de sus principios clen en el cuerpo y vivificar así la complexión
básicos. que necesita ayuda, por bebida o por ungüento
4. Sabe, hijo, que el cuerpo humano o emplasto o letuario, y para mortificar la que
está compuesto de los cuatro elementos; y tiene demasiada pujanza.
según guarde el equilibrio de sus propiedades, 10. Miembros son las partes del cuerpo
está el cuerpo sano, y por destemplanza está en las cuales se mezclan los humores. Y cada
enfermo; y por ello los médicos artificialmente miembro, según sea distinto del otro, ha me-
vivifican unos elementos y mortifican otros, para nester de diversa curación; y por ello conviene
que sea hecha en ellos templada virtud por la que los médicos tengan conocimiento de la
que tenga el hombre sanidad. diferencia y de las calidades de los miembros,
5. Las complexiones son cuatro, a sa- para que en cada uno sepan obrar según lo
ber: cólera, sangre, flema, melancolía. La cóle- que les conviene.
ra es del fuego, la sangre del aire, la flema del 11. Hay virtud, hijo, por todas las otras
agua, la melancolía es de la tierra. La cólera es partes, y cada parte, combinándose con otra,
cálida por el fuego y seca por la tierra; la san- tiene virtud operativa por las mezclas, por el
gre es húmeda por el aire y cálida por el fue- espíritu y por las operaciones; y por eso las
go; la flema es fría por el agua y húmeda por el virtudes de las hierbas se mezclan unas con
aire; la melancolía es seca por la tierra y fría por otras, y permanecen las substancias distintas
el agua. De donde, cuando estas complexio- unas de otras.
nes están desordenadas, entonces los médi- 12. Operaciones naturales son las que
cos procuran ordenarlas, pues, por el desor- cada elemento obra por su naturaleza y por la
den de aquéllas, el hombre está enfermo. condición del otro con el que está compuesto
6. Hijo, en cada hombre se dan las cua- y mezclado; y por ello, los médicos secundan
tro complexiones antedichas, pero en cada artificialmente la obra natural tanto como pue-
hombre predomina una más que otra; y por den; y en cuanto la actuación de algunos mé-
eso, unos son coléricos y otros sanguíneos, dicos se asemeja a la actividad natural mejor
otros flemáticos y otros melancólicos. que la de otros, son unos médicos mejores
7. De dos maneras es hecha concor- que otros.
dancia de estas cuatro complexiones. La pri- 13. El espíritu vital, hijo, es el medio
mera consiste en que la complexión predomi- por el que la potencia vegetal y la sensitiva y
nante es conservada y fortificada para que racional se ajustan, y el alma conserva la natura
tenga ordenadas bajo ella, por su virtud, las con sus poderes, recibiendo la vegetal la vir-
otras complexiones que la sirven. La segunda tud de las cosas elementales; por lo cual los
manera es cuando la complexión que domina médicos ordenan el cuerpo con medicinas, para
tan fuertemente que destruye las otras, es que el espíritu sea ordenado por todos los
disminuida y mortificada por sus contrarios. Y miembros, y éstos sirvan de ordenado instru-
por eso practican, hijo, los médicos dos curas: mento al espíritu, que es conjunción del cuer-
una, cuando curan y sanan la enfermedad por po y del alma.

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Textos: Medievales

14. Sin respirar no se podrían templar to. Y demasiado trabajo y demasiado velar
ni mezclar las complexiones, pues en el acto destruye el calor natural, porque privan de la
destruiría una a la otra; mas, puesto que por el humedad y del calor que el espíritu necesita
aliento se arroja en vapor fuera del cuerpo lo como vapor.
que es demasiado cálido o frío o húmedo o 21. Con la comida y la bebida llena el
seco, y tira y trae de fuera e introduce en el hombre los intestinos y fortifica la operación
cuerpo lo que es menester a las mezclas de las natural que perece disminuyendo el calor na-
cuatro cualidades, por ello conviene respirar a tural fortificado por replexión. Y vaciando se
la conservación natural. Y por ello, los médicos hace la expulsiva, y el calor natural, comiendo
recetan a los enfermos olores y aire conve- y bebiendo poco, consume alguna superflui-
niente, y evitan los sitios donde el aire está dad no natural.
corrompido. 22. Por los accidentes del alma es vivifi-
15. Ejercicio, hijo, es ocasión de sani- cado, hijo, el cuerpo, cuando el hombre tiene
dad; pues si trabajas en ayunas, el calor natu- gozo y satisfacción y placer; y por tristeza de
ral facilitará la digestión y fortalecerá los miem- alma y por demasiado considerar y sospecha y
bros y consumirá algún humor nocivo engen- pavor y celos e ira y otras cosas semejantes, la
drado por la indigestión, que se purgará por Naturaleza es mortificada en el cuerpo huma-
sudor y vapor. no.
16. Sin comer ni beber no podría ser 23. Amable hijo, el médico intenta cu-
sustentado el cuerpo humano, pues por la rar al enfermo; y por las señales que se mues-
comida es conservada la grosera materia y por tran en la enfermedad, busca la ocasión. Y
la bebida la sutil; y comiendo y bebiendo cosas cuando tiene conocimiento de la ocasión, cura
frías y húmedas es fortalecida la materia grose- entonces, por contradicción, la enfermedad.
ra, y consumiendo y sorbiendo cosas cálidas y 24. Los accidentes que señalan la oca-
secas se fortifica la materia sutil. sión de la enfermedad son, hijo, fiebres diver-
17. Si tú, hijo, estás enfermo y cono- sas, orina, pulso, calores, antojos de alimentos
ces que tu enfermedad proviene de frío o ca- y otras cosas semejantes; y la curación se lo-
lor o sequedad o humedad, sabe comer y be- gra, hijo, por la virtud y por los grados que hay
ber según antes se ha dicho, aumentando o en las hierbas y en las cosas de simple medici-
disminuyendo, según convenga, tu comida o na, de las que se hacen bebedizos y jarabes,
bebida, a fin de conservar la materia adecuada letuarios, ungüentos, pomadas, vomitivos y
a sanidad y mortificar la materia por la que el otras cosas a éstas semejantes.
hombre está enfermo. 25. Sangrías, dietas, vomitivos, baños y
18. Poco comer y beber engendra sutil muchas otras cosas se emplean, hijo, contra la
entendimiento y sutil materia, y da gran espa- ocasión de la enfermedad; las cuales son más
cio al espíritu vital y al aliento que se enfría del seguras que las recetas, letuarios, jarabes y las
calor; al contrario, demasiado comer y beber otras cosas compuestas de las simples medici-
produce materia espesa. ¿Y sabes por qué? nas.
Porque el calor natural no puede cocer el ali- 26. Hijo, si estás enfermo, no te con-
mento que el espíritu vital necesita para los fíes a médico que opine que calor y sequedad
miembros, a fin de que en ellos sea la virtud y puedan estar en un mismo grado en las cosas
la operación que les conviene, sin lo cual el medicinales; pues, si el calor está en el cuarto
espíritu vital no puede residir en los miembros grado, la sequedad conviene que esté en el
en toda su virtud y fuerza. tercero; y si está el calor en el tercero, convie-
19. Velar y dormir son necesarios al hom- ne estar la sequedad en el segundo; y si el
bre. ¿Y sabes por qué? Porque por el dormir el calor está en el segundo grado, conviene es-
hombre repose y por el velar se fatigue. Pues tar la sequedad en el primero; y esto es así
por el sueño recobra el espíritu el calor natu- porque el fuego es cálido por sí mismo y es
ral, cuando el cuerpo reposa, y por el velar seco por la tierra.
trabajan los hombres en obrar lo que los pode- 27. Y esto mismo se sigue, hijo, del aire
res del alma ordenan; y el calor natural es así y del fuego, puesto que el aire es húmedo por
multiplicado y conservado por la actividad del sí y es cálido por el fuego, y el agua es fría por
cuerpo calentado por su movimiento. sí y es húmeda por el aire, y la tierra es seca
20. Demasiado dormir destruye el espí- por sí y es fría por el agua. De ahí que el médi-
ritu, por cuanto priva de él el calor natural, el co que ignore los grados antedichos y tenga
cual le conviene para el trabajo y el movimien- mayor deseo de ganancia que de conocer las

|| 34 ||
Textos: Medievales

circunstancias de la enfermedad, no lucha con- na si previamente no ha cursado al menos tres


tra ésta ni obra de acuerdo con la voluntad de años de lógica. Después de este trienio co-
Dios». mience, si lo desea, a estudiar medicina. Y del
(Líber de doctrina pueril) mismo modo, que estudie cirugía, que es una
parte de la medicina, a continuación del perío-
do indicado... Transcurridos cinco años (de
REGLAMENTACIÓN DE LA TITULACIÓN estudio), no ejercerá la profesión sin haber
Y LA ENSEÑANZA MEDICAS* practicado antes durante todo el año bajo el
FEDERICO II DE SICILIA -S. XIII- consejo de un médico experto. Durante el
quinquenio citado, los maestros explicarán en
1. Teniendo en cuenta la gran pérdida las escuelas textos originales de Hipócrates y
y el daño irreparable que puede venir de la de Galeno, tanto de medicina teórica como
impericia de los médicos, disponemos que, en práctica. Para favorecer la salud, disponemos
adelante, ningún aspirante al título de médico también que no se permita ejercer a ningún
se atreva a ejercer o a curar a no ser que, tras cirujano si no presenta documentos de maes-
haber sido aprobado por un tribunal público tros que enseñen medicina, que testimonien
de maestros de Salemo, se presente con do- que ha estudiado al menos un año la parte de
cumentos testimoniales de rectitud y de sufi- la medicina relativa a las cuestiones quirúrgi-
cientes conocimientos, tanto de los maestros cas, y, sobre todo, que ha aprendido en las
como de nuestras autoridades, ante nuestra escuelas anatomía humana y que tiene buena
presencia o, si estamos ausentes del reino, ante preparación en esta parte de la medicina, sin
la presencia del que permanezca en el reino la cual no se pueden realizar operaciones con
en nuestra representación, y consiga de Nos provecho para el enfermo ni curar las heridas.
o de él licencia para ejercer la medicina. Los
que se atrevan a ejercer desde ahora en con-
tra de este edicto de Nuestra Serenidad incu- Notas:
rrirán en la pena de confiscación de bienes y
un año de cárcel. * Según la versión que aparece en: José María López
Piñero, "Medicina, historia, sociedad. Antología de
2. Como no se puede saber medicina si
clásicos médicos", Barcelona, Ariel, 1973 (3ª edición)
no se tienen antes algunos conocimientos de
lógica, disponemos que nadie estudie medici-

|| 35 ||
Textos: Modernos

Modernos

RENACIMIENTO esta mansión mundana que vemos, augustísimo


templo de la divinidad.
LA DIGNIDAD HUMANA Había embellecido la región supraceleste
PICO DELLA MIRÁNDOLA con inteligencia, avivado los etéreos globos con
almas eternas, poblado con una turba de ani-
He leído en los antiguos escritos de los males de toda especie las partes viles y
árabes, padres venerados, que Abdala el sarra- fermentantes del mundo inferior. Pero, consu-
ceno interrogado acerca de cuál era a sus ojos mada la obra, deseaba el artífice que hubiese
el espectáculo más maravilloso en esta escena alguien que comprendiera la razón de una obra
del mundo, había respondido que nada veía tan grande, amara su belleza y admirara la vas-
más espléndido que el hombre. Con esta afir- tedad inmensa. Por ello, cumplido ya todo
mación coincide aquella famosa de Hermes: (como Moisés y Timeo lo testimonian) pensó
«Gran milagro, oh Asclepio, es el hombre». por último en producir al hombre.
Sin embargo, al meditar sobre el signifi- Entre los arquetipos, sin embargo, no
cado de estas afirmaciones, no me parecieron quedaba ninguno sobre el cual modelar la nue-
del todo persuasivas las múltiples razones que va criatura, ni ninguno de los tesoros para con-
son aducidas a propósito de la grandeza hu- ceder en herencia al nuevo hijo, ni sitio alguno
mana: que el hombre, familiar de las criaturas en todo el mundo donde residiese este
superiores y soberano de las inferiores, es el contemplador del universo. Todo estaba dis-
vínculo entre ellas; que por la agudeza de los tribuido y lleno en los sumos, en los medios y
sentidos, por el poder indagador de la razón y en los ínfimos grados. Pero no hubiera sido dig-
por la luz del intelecto, es intérprete de la na- no de la potestad paterna el decaer ni aun
turaleza; que, intermediario entre el tiempo y casi exhausta, en su última creación, ni de su
la eternidad es (como dicen los persas) cópu- sabiduría el permanecer indecisa en una obra
la, y también connubio de todos los seres del necesaria por falta de proyecto, ni de su be-
mundo y, según testimonio de David, poco néfico amor que aquél que estaba destinado a
inferior a los ángeles. Cosas grandes, sin duda, elogiar la munificencia divina en los otros estu-
pero no tanto como para que el hombre rei- viese constreñido a lamentarla en sí mismo.
vindique el privilegio de una admiración ilimita- Estableció por lo tanto el óptimo artífi-
da. Porque en efecto, ¿no deberemos admi- ce que aquél a quien no podía dotar de nada
rar más a los propios ángeles y a los beatísimos propio le fuese común todo cuanto le había
coros del cielo? sido dado separadamente a los otros. Tomó
Pero, finalmente, me parece haber com- por consiguiente al hombre así construido, obra
prendido por qué es el hombre el más afortu- de naturaleza indefinida y habiéndolo puesto
nado de todos los seres animados y digno, por en el centro del mundo, le habló de esta ma-
lo tanto, de toda admiración. Y comprendí en nera:
qué consiste la suerte que le ha tocado en el «Oh Adán, no te he dado ni un lugar
orden universal, no sólo envidiable para las determinado, ni un aspecto propio, ni una pre-
bestias, sino para los astros y los espíritus rrogativa peculiar con el fin de que poseas el
ultramundanos. ¡Cosa increíble y estupenda! lugar, el aspecto y la prerrogativa que cons-
¿Y por qué no, desde el momento que preci- cientemente elijas y que de acuerdo con tu
samente en razón de ella el hombre es llama- intención obtengas y conserves. La naturaleza
do y considerado justamente un gran milagro definida de los otros seres está constreñida
y un ser animado maravilloso? por las precisas leyes por mí prescriptas. Tú,
Pero escuchad, oh padres, cual sea tal en cambio, no constreñido por estrechez al-
condición de grandeza y prestad, en vuestra guna, te la determinarás según el arbitrio a
cortesía, oído benigno a este discurso mío. cuyo poder te he consignado. Te he puesto
Ya el sumo Padre, Dios arquitecto, ha- en el centro del mundo para que más cómo-
bía construido con leyes de arcana sabiduría damente observes cuanto en él existe. No te

|| 36 ||
Textos: Modernos

he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni ta. Si hay alguien esclavo de los sentidos, ce-
inmortal, con el fin de que tú, como arbitro y gado como por Calipso por vanos espejismos
soberano artífice de tí mismo, te informases y de la fantasía y cebado por sensuales halagos,
plasmases en la obra que prefirieses. Podrás no es un hombre lo que veis, sino una bestia.
degenerar en los seres inferiores que son las Si hay un filósofo que con recta razón discier-
bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo ne todas las cosas, venéralo: es animal celes-
en las realidades superiores que son divinas». te, no terreno. Si hay un puro contemplador
¡Oh suma libertad de Dios padre, oh ignorante del cuerpo, adentrado por comple-
suma y admirable suerte del hombre al cual le to en las honduras de la mente, éste no es un
ha sido concedido el obtener lo que desee, animal terreno ni tampoco celeste; es un espí-
ser lo que quiera! ritu más augusto, revestido de carne humana.
Las bestias en el momento mismo en ¿Quién, pues, no admirará al hombre? A ese
que nacen, sacan consigo del vientre mater- hombre que no erradamente en los sagrados
no, como dice Lucilio, todo lo que tendrán textos mosaicos y cristianos es designado ya
después. Los espíritus superiores, desde un con el nombre de todo ser de carne, ya con el
principio o poco después, fueron lo que serán de toda criatura, precisamente porque se for-
eternamente. Al hombre, desde su nacimien- ja, modela y transforma a sí mismo según el
to, el Padre le confirió gérmenes de toda es- aspecto de todo ser y su ingenio según la na-
pecie y gérmenes de toda vida. Y según como turaleza de toda criatura.
cada hombre los haya cultivado, madurarán en Por esta razón el persa Euanthes, allí
él y le darán sus frutos. Y si fueran vegetales, donde expone la teología caldea escribe: «el
será planta; si sensibles, será bestia; si raciona- hombre no tiene una propia imagen nativa,
les, se elevará a animal celeste; si intelectua- sino muchas extrañas y adventicias». De aquí
les, será ángel o hijo de Dios, y, si no contento el dicho caldeo: «Enosh hu shinnujim vekammah
con la suerte de ninguna criatura, se repliega tebhaoth baal haj», esto es, el hombre es ani-
en el centro de su unidad, transformado en mal de naturaleza varia, multiforme y cambian-
un espíritu a solas con Dios en la solitaria oscu- te.
ridad del Padre, él, que fue colocado sobre Pero ¿a qué destacar todo esto? Para
todas las cosas, las sobrepujará a todas. que comprendamos, desde el momento que
¿Quién no admirará a este camaleón hemos nacido en la condición de ser lo que
nuestro? O, más bien, ¿quién admirará más queramos, que nuestro deber es cuidar de
cualquier otra cosa? No se equivoca Asclepio todo esto: que no se diga de nosotros que,
el ateniense, en razón del aspecto cambiante siendo en grado tan alto, no nos hemos dado
y en razón de una naturaleza que se transfor- cuenta de habernos vuelto semejantes a los
ma hasta a sí misma, cuando dice que en los brutos y a las estúpidas bestias de labor. Mejor
misterios el hombre era simbolizado por Proteo. que se repita acerca de nosotros el dicho del
De aquí las metamorfosis celebrada por los profeta Asaí: «Sois dioses, hijos todos del Altí-
hebreos y por los pitagóricos. También la más simo». De modo que, abusando de la indulgen-
secreta teología hebraica, en efecto, transfor- tísima liberalidad del Padre, no volvamos noci-
ma a Henoch ya en aquel ángel de la divinidad, va en vez de salubre esa libre elección que El
llamado «malakhha-shekhinah», ya, según otros nos ha concedido. Invada nuestro ánimo una
en otros espíritus divinos. Y los pitagóricos trans- sacra ambición de no saciarnos con las cosas
forman a los malvados en bestias y, de dar fe a mediocres, sino de anhelar las más altas, de
Empédocles, hasta en plantas. A imitación de esforzarnos por alcanzarlas con todas nuestras
lo cual solía repetir Mahoma y con razón: «quien energías, dado que, con quererlo, podremos.
se aleja de la ley divina acaba por volverse una
bestia». No es, en efecto, la corteza lo que (Discurso sobre la dignidad del hombre)
hace la planta, sino su naturaleza sorda e in-
sensible; no es el cuero lo que hace la bestia
de labor, sino el alma bruta y sensual; ni la for- LA CIENCIA DEL HOMBRE
ma circular del cielo, sino la recta razón, ni la BACON
separación del cuerpo hace el ángel, sino la
inteligencia espiritual. La ciencia del hombre tiene dos partes,
Por ello, si veis a alguno entregado al pues lo considera o aislado o congregado y en
vientre arrastrarse por el suelo como una ser- sociedad. Llamo a una, filosofía de la humani-
piente no es hombre ése que veis, sino plan- dad; a la otra filosofía civil. La filosofía de la

|| 37 ||
Textos: Modernos

humanidad se compone de dos partes seme- EL HOMBRE PROMETEICO


jantes a aquellas de que se compone el hom- BACON
bre; esto es de conocimientos referentes al
cuerpo y de conocimientos que se refieren al Los antiguos pensaban que la forma-
alma. Pero antes de seguir las divisiones parti- ción y la constitución del hombre era la obra
culares, constituyamos una ciencia general re- más propia de la Divinidad, la más digna de ella,
ferente a la naturaleza y al estado del hombre; y es la única que atribuyeron a la divina Provi-
un tema que merece ciertamente ser dencia; opinión que tiene por base dos verda-
independizado y formar una ciencia por sí mis- des incontestables. En primer lugar, la natura-
mo. Se compone de las cosas que son comu- leza humana (el hombre) está en parte com-
nes tanto al cuerpo como al alma; y puede puesta de un espíritu y de un entendimiento,
dividirse en dos partes, una referente a la na- que es la sede propia de la providencia (de la
turaleza indivisa del hombre, y la otra al vínculo previsión); sería absurdo e increíble suponer
y conexión entre el alma y el cuerpo; llamaré a que elementos brutos hayan podido ser el prin-
la primera, doctrina de la persona humana; a la cipio de una razón y una inteligencia; por lo
segunda, doctrina de la alianza (...). cual es menester concluir que la providencia
La doctrina de la persona humana con- del alma humana tiene como modelo, principio
sidera dos temas principales: las miserias del y fin una Providencia suprema. En segundo lu-
género humano y las prerrogativas o excelen- gar, el hombre es como el centro del mundo,
cias del mismo. Respecto a las miserias de la al menos en cuanto a las causas finales, pues si
humanidad, muchos las han lamentado elegan- el hombre pudiera ser suprimido del Universo,
te y profusamente, tanto en escritos filosófi- todo el resto no haría ya más que errar vaga-
cos como en teológicos, y es un género a la mente y flotar en el espacio sin objeto ni fin;
vez grato y saludable. Pero aquel otro tema en una palabra, para servirme de una expre-
de las prerrogativas del hombre me parece sión recibida e incluso trivial, el mundo no sería
merecer un lugar entre los desiderata (...). más que una especie de escoba deshecha y
Pero para no insistir demasiado sobre este pun- cuyas pajas se dispersarían por falta de atadu-
to, lo que quiero decir es suficientemente cla- ra. En efecto: todo parece destinado y subor-
ro, a saber que se reúnan en un volumen los dinado al hombre, pues sólo él sabe apropiár-
milagros de la naturaleza del hombre y sus po- selo todo y sacar partido de todo. Los movi-
tencias y virtudes más altas, del alma y del cuer- mientos periódicos y las revoluciones de los
po, el cual serviría de registro de los triunfos astros le sirven para distinguir y medir los tiem-
del hombre (...). pos o para determinar la situación de los luga-
En cuanto a la doctrina de la alianza o res. Los meteoros le proporcionan pronósticos
vínculo común entre el alma y el cuerpo, se para prever las estaciones, la temperatura u
divide en dos partes. Pues como en todas las otros meteoros. Los vientos le procuran una
alianzas y amistades hay inteligencia mutua y fuerza motriz para la navegación, para los mo-
servicios mutuos, la descripción de esta alianza linos y para infinidad de otras máquinas; las plan-
del alma y el cuerpo se compone de dos par- tas y los animales de todas las especies, mate-
tes, a saber: cómo estas dos cosas (alma, cuer- rias para el alojamiento y el vestido, alimentos,
po) se descubren recíprocamente y cómo ac- remedios, instrumentos v medios para facilitar,
túan uno sobre el otro: por conocimiento o abreviar y perfeccionar todos sus trabajos; en
indicación y por impresión (...). Entre las doc- una palabra, una infinidad de cosas necesarias,
trinas referentes a la alianza o a las concordan- cómodas o agradables, de suerte que todos
cias entre el alma y el cuerpo, ninguna es más los seres que lo rodean parecen olvidarse de sí
necesaria que la investigación de las sedes y mismos y trabajar sólo para él. Y no es un azar
domicilios propios que las distintas facultades que el poeta, inventor de esta ficción, añade
del alma ocupan en el cuerpo y sus órganos. que, en aquella masa destinada a formar el
hombre, Prometeo mezcló y combinó con el
(De dignitate et augmentis scientiarum, Lib. barro partículas sacadas de diferentes anima-
IV, Cap. I) les. En efecto: de todos los entes que el uni-
verso encierra en su inmensidad, no hay nin-
guno más compuesto y más heterogéneo que
el hombre. Así, no sin razón, lo calificaron los
antiguos de mundo pequeño, de microcosmos,
considerándolo como un resumen del mundo

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Textos: Modernos

entero. Aunque los químicos, que han abusa- su regocijo. Y cuéntase que ella, por compla-
do de esta palabra microcosmos, y que han cer también ese deseo de los dioses inmorta-
alterado su significación tomándola literalmen- les, rogó encarecidamente a Júpiter, su her-
te, hayan destruido toda su elegancia y toda mano y marido, que, puesto que era todopo-
su verdadera fuerza, cuando han afirmado que deroso, hiciese al punto un anfiteatro y en él
todos los minerales y todos los vegetales, o introdujera personajes como los hay en las
sustancias muy análogas, se encuentran en el comedías, para que tampoco en aquel aspec-
cuerpo humano, esta ridícula exageración no to su día natalicio, que ella quería ver sobre-
destruye en modo alguno lo que acabamos de manera celebrado, pareciese falto de algo en
decir, y no por ello es menos cierto que, de opinión de los dioses. Entonces, a un gesto
todos los cuerpos conocidos, es el más mez- imperioso de Júpiter omnipotente, único crea-
clado y el que presenta más sustancias dife- dor de todas las cosas, brotó ese universo
rentes y partes distintas; complicación a la que mundo, tan grande, tan adornado, tan vario y
es natural atribuir las propiedades y las admira- hermoso de todo punto como lo veis. Este
bles facultades de que está dotado, pues los fue el anfiteatro, en cuya parte superior, a sa-
cuerpos muy sencillos sólo tienen un pequeñí- ber: el cielo, están las moradas y asientos de
simo número de fuerzas o de propiedades, los dioses que lo contemplan y en cuya parte
cuyo efecto es rápido y seguro, porque no inferior, que muchos llaman media, puso la tie-
están compensadas por otra que puedan de- rra, esto es, la escena, a la cual saliesen los
bilitarlas y atenuarlas, como ocurre en los cuer- actores, que son los animales todos y cuales-
pos más compuestos. Pero la multitud de las quiera otras cosas. A punto ya todos los pre-
propiedades y la excelencia de las facultades parativos y levantadas las mesas del convite.
depende de la composición y de una mayor Mercurio Braubella anuncia ya que están en el
diversidad en las partes constitutivas. Sin em- escenario todos los personajes que han de
bargo, el hombre, en su origen, parece estar actuar, debidamente caracterizados. Alegres
desnudo e inerme; durante mucho tiempo no salen los espectadores y señálase a cada uno
puede valerse a sí mismo; carece de todo. Por el lugar según su dignidad. Presidía aquellos
esto Prometeo se apresuró a robar el fuego juegos lúdricos Júpiter, dictador máximo, quien
del cielo, que es tan necesario al hombre para así que vió que estaban presentes todos los
satisfacer la mayoría de sus necesidades o de dioses dió la señal para el comienzo; y porque
sus caprichos. Porque si el alma puede llamar- ningún actor hiciese lo que a él le viniese en
se la forma por excelencia, y la mano el prime- gana, señaló y fijó a la histriónica manada el
ro de todos los instrumentos, el fuego puede orden de la fiesta, sin permitirles que se apar-
considerarse como el más poderoso de todos tasen un punto del programa.
los auxilios y el más eficaz de todos los recur- Así fue que tan pronto como oyeron la
sos. voz y la señal del soberano Júpiter los que es-
taban en el escenario, salieron por su orden al
(De Sapientia Veterum, XXVI: Prometheus) proscenio y allá, con tal arte, con tal compos-
tura, tan a la manera de Roscio, representa-
ron tragedias, comedias, sátiras, mimos, atelanas
EL SER DESCARADO y otras obras semejantes que juraron los dio-
VIVES ses nunca haber visto espectáculo tan lindo y
que les diera tal contentamiento. Contentísi-
Huélgome de comenzar por juegos y ma Juno del placer y deleite de los dioses y
fábulas esta disertación mía acerca del hom- casi saltando de alegría, iba pidiendo a cada
bre, donde el mismo hombre, su protagonis- uno cómo le gustaban los juegos. Todos ex-
ta, es juego y fábula. Es fama que tras un opí- presaban unánime parecer, y que nunca ha-
paro y suculento banquete, al cual la reina Juno bían visto maravilla tal; nada más digno de ser
invitó a todos los dioses en celebridad de su visto ni más digno de Juno misma, ni del faus-
día natalicio, luego que estuvieron sin cuidado to natalicio que celebraban. No cabía en su
alguno y calentados de la buena jera y del trono de satisfecha la diosa soberana, esposa
generoso néctar que bebieron, preguntaron del dios sumo, sino que exultante y ligera, re-
a Juno si les había preparado algunos juegos corriendo los escaños de los dioses inmortales
que presenciar después del convite, porque íbales pidiendo, uno tras otro, de todos los
nada se hechase de menos en tan solemne histriones cuál era el que les contentaba más.
día y porque fuese de todo punto completo Los más sabios de los dioses dijeron no haber

|| 39 ||
Textos: Modernos

cosa más admirable que el hombre; y a su pa- a ellos se les hubiera hecho salir a escena, figu-
recer asintió el padre de los dioses con una rados en aquel admirable cómico, que muchos
inclinación de cabeza, pues con cuanta mayor afirmaban ser el fabuloso y multiforme Proteo,
atención se fijaban en sus gestos, en sus pala- hijo del Océano. Después, tras una ovación
bras, en los actos todos de su persona, mayor frenética, ya no dejaban continuar la repre-
era su pasmo. Felicitábase Júpiter a sí mismo sentación a aquel histrión genial, sino que pe-
viendo hasta tal punto ser admirado y alabado dían a Juno que, descarado de la máscara fue-
el hombre, hechura suya, por los dioses to- se admitido en los escaños con los dioses res-
dos. Los que estaban cabe él, viéndole com- tantes y que más que actor fuese espectador.
placerse tanto en el Archicómico humano, fá- Ya ella iba gozosamente a impetrarlo de su
cilmente entendieron que aquel personaje era marido, cuando, en aquel preciso instante, sale
factura suya, y mirándole con mayor ahínco y el hombre representando al mismo Júpiter
fijeza reconocieron en aquel hombre un pare- óptimo, máximo, reproduciendo con admira-
cido muy notable con Júpiter, gracias al cual, el bles e inenarrables gestos la efigie del Padre,
más boto de los dioses juzgara que había naci- pujando su cabeza por encima de la de los otros
do de Júpiter. El hombre mismo, recatado de- dioses menores, penetrando en aquella alma
trás de su máscara, pero que con frecuencia región luciente, rodeada de tinieblas, que ha-
se trasluce y casi de ella se descara, y en mu- bita Júpiter, rey de reyes y de los dioses. Así
chas ocasiones se demuestra claramente es, a que los dioses le vieron creyeron, en su mo-
ojos vistas un divino Jóveo, participante de la mentánea turbación y sorpresa, que su señor
inmortalidad del mismo Jóveo y de tal manera padre había descendido a la escena. Mas lue-
consorte de su sabiduría, de su prudencia, de go, sosegados ya, levantaban los ojos al trono
su memoria, que ya no cuesta mucho conocer de Júpiter por ver si estaba sentado allí o había
que Júpiter le otorgó aquellos dones precio- salido enmascarado para representar alguna
sos de su propio tesoro; es decir, de sí mismo. cosa. Viendo que continuaba en su trono,
Allende de esto, así como él, que es el mayor volvían los ojos al hombre y luego los levanta-
de los dioses, con su virtud lo abarca todo y lo ban a Júpiter de nuevo, pues con tal fidelidad
es todo, veían asimismo los restantes dioses y tal decoro representaba a Júpiter en su ac-
que el hombre era su pantomimo, pues de tal tuación, que ora miraban abajo, a la escena,
manera se transformaba, que mostrábase bajo ora miraban arriba hacia el asiento de Júpiter,
la figura de planta, llevando una vida sin ningu- por no alucinarse con la efigie e inequívoco
na clase de sentido; y luego, tras haberse reti- remedo del histrión. De los mismos histriones
rado un momento, volvía a la escena etólogo húbolos que juraron que aquél no era hom-
y etopeo, transfigurado en mil apariencias de bre, sino Júpiter en persona. Esos obcecados
bestias: dijeras que era furioso león airado, lobo expiaron tamaño error con penas acerbas. Pero
rapaz y voraz, embravecido jabalí, zorra ladina, todos los otros dioses, por reverencia de la
puerca barrosa y voluptuosa, medrosa liebre, imagen fiel del padre de todos, decretaron con
envidioso can, asno estúpido. Luego de haber sufragios para el hombre honores divinos e
representado toda esa fauna fiera, quitándo- impetraron del mismo Júpiter, suplicándoselo
se un rato de la vista de los espectadores, al- la misma Juno, que ese mismo hombre, que
zado el velo, tornaba a aparecer ahora ya pru- tan vivo ha representado las personas de los
dente, justo, sociable, humano, benigno, cor- dioses, y del mismo Júpiter, se sentase entre
tés: hombre, en fin; tratábase con los otros ellos. Concedió Júpiter a los dioses de buena
ciudadanos, mandaba y obedecía a su vez, gana aquello que él, por propio impulso y mu-
cuidaba con los otros de todo cuanto se refe- cho antes, había determinado otorgar al hom-
ría a las costumbres y utilidad públicas y en bre. Así fue, que llamado de la escena el hom-
todo se mostraba ciudadano urbano y compa- bre fue introducido por Mercurio en la asam-
ñero leal. blea de los dioses y declarado vencedor. Reci-
No esperaban ya los dioses que se fue- bido en el recinto augusto no por aclamación
ra a mostrar bajo nuevas formas, cuando he ni vocerío, sino con un silencio admirativo, des-
aquí que se presenta a los ojos de los dioses cubierto todo el hombre, demostró a los dio-
reformado y con la misma apariencia divina de ses inmortales que era gemela su naturaleza.
ellos, con ingenio más que humano, apoyado Esta naturaleza, encubierta por el cuerpo, tor-
todo él en una mente sapientísima. ¡Soberano na a ese animal tan vario, tan saltador, tan re-
Júpiter! ¡Qué espectáculo fue éste para ellos! vesado, tan pulpo, tan camaleón, como ha-
Primeramente maravilláronse de que también bían visto en la escena. En aquella ocasión,

|| 40 ||
Textos: Modernos

Júpiter, que fue reconocido y declarado no ya cíanse en su contemplación más que con la de
padre de los dioses, sino también de los hom- cualquier otro espectáculo y, por decirlo con
bres, congratulábase con apacible y bondado- las palabras del poeta, no les gustaba ver una
so rostro, con unos y con otros hijos suyos y sola vez, sino que les agradaba detener en él
por unos y otros hijos fue saludado y adorado los morosos ojos.
como padre, y con gusto aceptó el augusto En él reside una mente capaz de tanto
nombre común con que nosotros todavía, consejo, de tanta prudencia, de tanta razón,
usando de este grato apelativo, le llamamos tan fecunda que, de suyo, da a luz increíbles
padre de los dioses y de los hombres. He de partos. Invenciones suyas son las ciudades, las
decir que cuando Mercurio entró en las mora- casas, la utilización de los animales, de las hier-
das divinas, llevando en sus brazos los despo- bas, de las piedras, de los metales; los nom-
jos de la representación escénica, miráronlos y bres de todas las cosas, que los más sabios de
remiráronlos los dioses con el interés más vivo, los hombres admiraron como uno de sus más
admirando y adorando la sabiduría y el arte de felices hallazgos. Y luego, lo que no es hallaz-
Júpiter, puesto que los había hecho no menos go menor, la comprensión en muy contadas
bellos que útiles para la eficaz y justa repre- letras de toda aquella inmensa variedad de
sentación. sonidos de la voz humana, con las cuales se
Alta la cabeza, alcázar y aula de la divina escribieron y divulgaron tantas disciplinas, en-
mente y en ella los cinco sentidos, puestos y tre las cuales está comprendida la religión, el
compuestos así para gala como para utilidad; conocimiento y el culto del padre Júpiter y de
las orejas cerca de las sienes, ni colgantes por los restantes dioses, sus hermanos. Ésta cuali-
piel muelle ni tiesas con rigidez de hueso, sino dad, que no reside en ninguno de los otros
una a cada lado, redondeadas, de un cartílago animales, sino en éste, es una prueba de aquel
sinuoso para que puedan recibir los sonidos que deudo que tiene con los dioses. Allegúese a
vienen de una y otra parte y porque no pene- esto que de bien poco le hubieran aprovecha-
tren en la cabeza, deteniéndolos en sus am- do todos los inventos susodichos si, por añadi-
bages laberínticos, ni el polvo, ni las pajuelas, dura, no tuviese como un almacén o tesoro
ni los insectos en sus vuelos temerarios. Y en de todas estas cosas donde conservar toda
número igual también dos ojos elevados, a esta divina riqueza oculta: la memoria, pron-
manera de centinelas avisados, protegidos por tuario de todo aquello que dije. Y de estas
un tenue muro de cejas y de párpados contra dos facultades, la memoria y la mente, nacen
el mismo polvo y las mismas pajuelas y los mis- en cierto modo la previsión y la conjetura de lo
mos insectos pequeñísimos; espejos del alma por venir, centella de aquella divina ciencia sin
y la más linda porción del semblante humano y suelo que contempla todo lo futuro como en
el vestido mismo de la máscara o, mejor, la flagrante actualidad.
máscara misma, tan venusta y tan decente, Considerando los dioses estas y otras
extendida en brazos y en piernas oblongas que cosas, insatisfechos todavía, no de otra guisa
rematan en dedos, tan hermosos, tan aptos que los que contemplan en el espejo su pro-
para cualquier faena. No tengo holgura para pia imagen, gózanse con ella y no les ocasiona
seguir uno por uno todos los miembros, cosa cansancio mirarse en ella largamente, así ellos
que ya hicieron otros con explicación muy mi- también, viéndose en el hombre tan fielmen-
nuciosa. Añadiré solamente que todos son tan te reproducidos a sí mismos y a su padre
congruentes y tienen tal correspondencia en- Júpiter, contentábales mucho mirar más veces
tre sí, que si se les quita algo o se les cambia o lo que ya habían visto otras muchas, y buscan-
se les añade, toda aquella congruencia y her- do unas cosas de otras, preguntábanle cómo
mosura y toda facultad de usarlos al momento y con qué arte y con qué gesto había figurado
se pierden. No existe ingenio que pueda hallar en el proscenio las plantas, y las hierbas, y las
una mejor proporción de la persona si ya no es bestias, y al hombre, y a los dioses, y al mismo
que desee aquello que no fue hacedero. Júpiter, rey de los dioses. Habiéndoselo expues-
Así que los dioses vieron al hombre, to el hombre graciosa y elocuentemente, man-
abrazáronlo como hermano, lo juzgaron indig- dó Júpiter que de los relieves del banquete se
no de que volviese nunca más a salir a escena le sirviera ambrosía y néctar. De buena gana,
y ejerciese un infame arte lucrativo, y no se no pensando ya en espectáculos, hicieron
hartaban de besar su propia imagen y la de su merienda con él muchos de los dioses. Hasta
padre. Escrudiñaban cosa por cosa, recorrían ese punto se gozaban con el huésped frater-
todos los recovecos de su cuerpo y compla- no o, mejor, con su conciudadano, quien des-

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Textos: Modernos

pués de aquel trabajo de los juegos escénicos, ventud sujeta a un sinnúmero de fatigas, an-
refocilado con manjares celestes, vestido con cianidad llena de molestias y, por fin, la muerte
una pretexta de púrpura, como ios otros dio- inexorable. Vería también la multitud de enfer-
ses, con una corona en la cabeza adelantán- medades que acosan la vida humana, los infini-
dose para ver los espectáculos. Levantáronse tos accidentes que la amenazan, las muchas
de sus asientos en honor suyo los más de los desgracias que sobrevienen y cómo no hay
dioses, y otros, con mucho agrado, le cedían nadie que no esté rebosando hiel.
su lugar, y aun algunos tirábanle de la veste y No hablo de los males que el hombre
deteníanle en su paso porque se quedase con causa al hombre, como son, por ejemplo, la
ellos, hasta que el soberano Júpiter ordena a pobreza, la cárcel, la infamia, la vergüenza, las
Mercurio, que le conducía, que colocase entre torturas, las acechanzas, la traición, las injurias,
los dioses principales en la orquesta, los cuales los litigios, los fraudes... Pero ¡parece que in-
lo recibieron como una fina distinción. Tan le- tento contar las arenas del mar! No os voy a
jos estaban los dioses de la más alta jerarquía explicar ahora la razón de que los hombres
de hacer ascos y melindres al hombre que has- hayan merecido tales castigos, ni que Dios,
ta hacía un momento había sido histrión. Reci- encolerizado, los haya hecho nacer en tales
bido por ellos con todos los honores e invitado desventuras; pero el que medite sobre esto,
a las primeras filas, toma asiento mezclado con ¿acaso no disculpará el suicidio de las doncellas
ellos. De allí contempló los juegos, que siguie- de Mileto, aunque se compadezca de ellas?
ron con su ritmo acostumbrado, hasta que Con todo, ¿quiénes han sido principal-
retirando la luz el mismo Apolo en persona, a mente los que apelaron al suicidio como recur-
ruegos de Junio (porque los mayordomos y so contra el destino y contra el hastío de la
restantes servidores, avisados de los cocine- vida? ¿No fueron, por ventura, los devotos de
ros, anunciaban estar la cena preparada), in- la sabiduría? Sin hablar de los Diógenes, de los
trodujo la noche. Así que, encendidas las an- Jenócrates, de los Catones, de los Casios y de
torchas, las hachas, los cirios, las arañas, las los Brutos, os citaré solamente a aquel Quirón
lámparas que los astros traían, fueron admiti- que, pudiendo gozar de la inmortalidad, prefi-
dos a la cena opípara con idéntico ceremonial rió de buen grado la muerte.
que al almuerzo suculento. La misma Juno, Supongo que comprenderéis bien lo
personalmente, invitó al hombre, y el padre que sería el mundo si todos los hombres fue-
Júpiter asintió, y del asentimiento de su cabe- ran como estos sabios; muy pronto la tierra se
za se estremeció todo el Olimpo, y así como quedaría desierta y habría que echar mano a
había contemplado los espectáculos entre los una arcilla y acudir a otro alfarero como
dioses mayores, así se asentó entre ellos en el Prometeo. Por eso yo valiéndome, unas veces
convite, volviendo a tomar la máscara que poco de la ignorancia, otras de la irreflexión, algunas
antes se había sacado, pues este honor se hizo del olvido de los males, no pocas de la espe-
a la máscara misma, ya que, puesto que tan ranza de los bienes y, en ocasiones, de una
bien se había acomodado a los usos de los gota de la miel de los deleites, voy remedian-
hombres, se la consideró merecedora de la do de tal modo las innúmeras calamidades hu-
mesa de los dioses y del espléndido banquete, manas, que ningún mortal quiere dejar la vida,
y, comunicándole sensibilidad, pudiese gozar aunque se le acabe el hilo de las Parcas y haga
de la eterna alegría del convite. ya tiempo que comenzó a despedirse del mun-
do. Las mismas razones que debían conven-
cerle para no desear conservar la existencia,
LA NECEDAD HUMANA son, sin embargo las que le incitan a querer
ERASMO vivir más; ¡tanto aborrecen experimentar cual-
quier tristeza!
Las calamidades humanas remediadas Sí, gracias a mí vemos por doquier a esos
por la necedad. Favores especiales que dispensa viejos de senectud nestórea que apenas tie-
a los viejos y a las viejas. nen ya forma humana, balbucientes, chochos,
Veamos: si alguien desde una excelsa desdentados, canosos, calvos y —para pintar-
atalaya mirase en torno de sí, como hace los mejor con las palabras de Aristófanes— «sór-
Júpiter, según dicen los poetas, vería cuántas didos, encorvados, fatigosos, arrugados, sin
calamidades afligen la vida de los hombres: dientes e impotentes» pero que de tal modo
nacimiento inmundo y miserable, crianza pe- les vemos amar la vida, que hacen todo lo po-
nosa, infancia expuesta a tantos rigores, ju- sible por rejuvenecerse; y así, el uno se tiñe

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Textos: Modernos

las canas, el otro disimula la calva con una pe- que son completamente ajenos a toda educa-
luca postiza, el otro se guarnece la boca con ción y no se dejan conducir por otro guía que
dientes, que acaso pertenecieron a un cerdo; no sea la Naturaleza? ¿Quiénes más felices y
éste se muere de amor por una jovencilla y admirables que las abejas, a pesar de no tener
comete por ella más extravagancias que un iodos los sentidos? ¿Qué arquitecto puede
adolescente, y no es raro que cuando ya es- igualarlas en la construcción de edificios, o qué
tán decrépitos y con un pie en la sepultura, se filósofo ha fundado jamás una república seme-
casen con alguna jovenzuela sin dote, que hará jante?
la dicha de los otros, cosa tan común en nues- En cambio, el caballo, por tener una
tros días, que casi se la estima como un méri- inteligencia parecida a la del hombre y vivir bajo
to. su mismo techo, es también partícipe de las
Pero aún resulta mucho más divertido humanas desdichas, y así, no es raro verle re-
el ver a ciertas viejas que casi ya se caen de ventar en las carreras por el afán de no ser
viejas, y tienen tal aspecto de cadáver que vencido, o caer herido en los campos de bata-
parecen difuntas resucitadas, decir a todas lla, ganoso de triunfar y, junto con el jinete,
horas que la vida es muy dulce, estar todavía morder el polvo de la tierra. Y eso que no ha-
en celo, o sensuales como cabras, usando de blo del freno que lo contiene, ni de las espue-
la frase griega; las cuales seducen a buen pre- las que lo punzan, ni de la prisión de la cuadra,
cio a un nuevo Faón, se embadurnan constan- ni de los latigazos, palos, bridas y jinetes, ni,
temente el rostro con afeites, nunca se sepa- en fin, de todo el atalaje de la esclavitud, a la
ran del espejo, se depilan las partes secretas, que se sometió voluntariamente cuando, por
enseñan todavía sus pechos blandos y marchi- imitar a los héroes, sintió con vehemencia el
tos, solicitan con tembloroso gruñido sus ape- deseo de vengarse de sus enemigos.
titos lánguidos, beben a todas horas, se mez- ¡Oh! ¡Cuan preferible es la vida de las
clan en los bailes de las muchachas y escriben moscas y de los pájaros, que viven a su capri-
cartitas amorosas. Todo el mundo se ríe de cho y sólo obedecen al instinto de la Naturale-
ellas y las considera como lo que son: muy za, mientras pueden escapar a las asechanzas
necias; pero ellas están contentas de sí mis- del hombre! Encerrad a un pájaro en una jau-
mas, hállanse mientras tanto en sus delicias, y la, enseñadle a remedar la voz humana, y es
dichosas con mis favores, resúltales la vida una increíble cuánto pierde de su gracia natural.
pura miel. ¡Tan cierto es que las creaciones de la Natura-
Para quienes todo esto es una ridicu- leza son siempre más bellas que lo que finge el
lez, reflexionen y me digan si no vale más de- arte!
jarse llevar de esas necedades que así endul- De esta manera nunca alabaré bastan-
zan la existencia, que buscar un árbol donde te al famoso gallo de Luciano, el cual, habién-
ahorcarse, como vulgarmente se dice, pues dose transformado primero en filósofo, bajo la
tengan en cuenta que si el vulgo juzga aquella figura de Pitágoras, y luego sucesivamente en
como una deshonra vergonzosa, a mis adep- hombre, en mujer, en rey, en simple particular,
tos, los necios les importa un bledo, porque el en pez, en caballo, en rana, y creo que hasta
deshonor apenas los alcanza, o, si los alcanza, en esponja, juzgó que no había animal más
no necesitan mucho trabajo para despreciarlo. desdichado que el hombre, porque todos los
Que les caiga una piedra sobre la cabeza, eso animales se contienen dentro de los límites de
sí que es una desgracia; pero como la vergüen- su condición, y sólo el hombre es el que inten-
za, la infamia, la deshonra y las injurias, en tan- ta franquear los que le ha impuesto la Natura-
to ofenden en cuanto se tiene conciencia de leza.
ellas, claro es que cuando falta esa conciencia
no se estiman como males. ¿Qué os importa a
vosotros de que todo el mundo os silve con EL HUMANISMO MÉDICO RENACENTISTA
tal que vosotros mismos os aplaudáis? Pues PETRARCA
bien: solamente la Necedad permite hacer es- «La nueva de tu fiebre, Beatísimo Pa-
tas cosas. dre, provocó temblor en mis miembros y me
horrorizó; pero no me llames charlatán, o se-
Los animales son más felices que el hom- mejante a aquel de quien dice el Satírico:
bre llora si ha observado lágrimas en el amigo
Veamos: ¿No veis acaso que entre los anima- y si le dijera ‘tengo calor’, suda;
les de otras especies viven más dichosos los sino semejante a quien, como dice Cicerón, se

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Textos: Modernos

aterraba por la suerte del pueblo romano, en llos se mueren, se envanecen con el aconteci-
la que veía implicada también la suya. Pues mi miento, por más que sea siniestro, mientras
salud y la de muchos otros, se funda en la mezclan la tosquedad hipocrática con la finura
tuya. Por ello mi temblor no es simulado, ni me ciceroniana, y no se ufanan por los efectos de
intranquilizo por un peligro ajeno, sino por el las cosas, sino de la vacía elegancia de sus pa-
mío propio; al enfermarte tú, todos aquellos labras. Y para que tus médicos no crean in-
que de tí dependemos y en tí esperamos, vento mío estas cosas, escuchen a Plinio, a
podemos parecer sanos, pero no lo estamos. quien tuve como guía en casi todas las partes
Pero, puesto que siempre, y en especial en la de esta carta, que ha dicho sobre las medici-
actual situación conviene que sea breve la ex- nas y los médicos mucho más que cualquier
posición que de la humana boca se vierte a los otro, y con mayor verdad: 'Es claro que, aquél
oídos divinos, te hablaré postrado en espíritu y de entre estos que sea más estimado por su
con todo respeto. Sé que tu lecho está ase- charla, acabará teniendo derecho de vida o
diado por los médicos, y esta es la primera causa muerte sobre todos nosotros'. Pero ya me he
de mi temor. Pues éstos disienten deliberada- alargado más de lo que había determinado,
mente entre sí, y quien no aporta nada nuevo porque el miedo aceleró mi pluma. Para termi-
se avergüenza de haber seguido las huellas de nar, has de evitar como a un conspirador con-
otro. 'No cabe duda', como dice Plinio con ele- tra tu vida, un sicario, o un envenenador, al
gancia, 'de que todos éstos, mientras van a la médico que es estimado, no por su prudencia,
caza de la fama por medio de alguna novedad, sino por su verba. Al tal se le puede repetir
trafican con nuestras almas... y en esta única con todo derecho lo que aquel viejo a su coci-
arte sucede que se crea de inmediato a cual- nero charlatán, en la Aulularia de Plauto:
quiera que se proclame médico, cuando en
ninguna otra mentira hay mayor peligro que véte, que tu trabajo aquí es cocinar, no hablar.
en ésta; pero no lo vemos, por ser tan suave
para todos la dulzura de la propia esperanza. «Ten gran cuidado con estas cosas, y
Por lo demás, no hay ley alguna que castigue manten la esperanza y la alegría, que ayudan
esta capital incapacidad, no hay ejemplo algu- de modo admirable a la salud del cuerpo, si
no de castigo. Aprenden con peligro nuestro, deseas tu propia curación, la de todos noso-
y matando adquieren experiencia, y el médi- tros, y la de la Iglesia, enferma contigo».
co, que ha muerto a tantos hombres, goza de
la mayor impunidad'. Debes mirar como a una (Carta a Clemente VI)
formación de enemigos, Clementísimo Padre,
a esta caterva de médicos; y sírvate de infor-
mación el recuerdo de aquel triste epigrama, LOS ORÍGENES DE LA ANATOMÍA MODERNA
según el cual alquien mandó grabar en su se- VESALIO (1514-1564)
pulcro sólo lo siguiente: ‘perecí por la multitud
de médicos’. En nuestra época parece haber- (...)Había una vez tres sectas médicas
se cumplido en especial aquel vaticinio del vie- —Dogmática, Empírica y Metódica— pero sus
jo Marco Catón: 'desde el momento en el que miembros consideraban al arte en su totalidad
los griegos nos hayan traspasado su literatura, como la forma de preservar la salud y desterrar
y sobre todo sus médicos, habrán de corrom- las enfermedades. Todos los pensamientos de
perlo todo'. Pero, como ya no nos atrevemos cada secta estaban dirigidos hacia esa meta y
a vivir sin médicos, a pesar de que sin ellos para ello se empleaban tres métodos: El pri-
viven innumerables pueblos, quizás mejor y con mero era un régimen de dieta, el segundo el
más salud, entre ellos el pueblo romano en su empleo de drogas y el tercero el uso de las
época más floreciente, como lo atestigua el manos. (...) Este triple método de tratamien-
mismo Plinio, por más de seiscientos años ,en- to era igualmente familiar a los médicos de cada
tre todos elígete uno, destacado no por la elo- secta, y aquellos que usaban sus propias ma-
cuencia, sino por la ciencia y la fidelidad. Pues, nos de acuerdo a la naturaleza de la enferme-
olvidados de su profesión y atreviéndose a salir dad, no escatimaban tampoco esfuerzo al es-
de sus propios matorrales, se dirigen a los bos- tablecer la teoría de una dieta o la composi-
ques de los poetas y al campo de los oradores, ción y conocimiento de una droga.
y disputan con grandes aspavientos alrededor (...)
de los camastros de los desgraciados, como si Especialmente después de la devasta-
debieran persuadir y no curar; y mientras aqué- ción de los Godos, cuando todas las ciencias

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Textos: Modernos

antes tan florecientes y adecuadamente prac- lante de las masas ignorantes y adquieran me-
ticadas, hubieron decaído, los médicos más a nos fama y fortuna que aquellos que son esca-
la moda, primero en Italia imitando a los anti- samente médicos y merecen menos estima-
guos romanos, comenzaron a delegar en sus ción delante de la desconocedora masa de
esclavos aquellas cosas que debían ser hechas gentes. En verdad, es especialmente esta
manualmente —despreciando el uso de las pro- detestable y vulgar opinión, la que nos impide,
pias manos— y se paraban ante sus pacientes aun a nuestra edad, considerar el arte del tra-
como arquitectos. Entonces cuando, gradual- tamiento en su totalidad, limitándonos al tra-
mente, otros que practicaban la verdadera tamiento de sólo las enfermedades internas,
medicina también delegaron esas desagrada- para gran daño de la humanidad, y —si puedo
bles obligaciones —sin reducir sin embargo su hablar con franqueza— sólo en parte lucha-
dignidad ni sus honorarios— muy pronto so- mos por ser médicos.
brevino de la degeneración de la antigua me- Cuando por primera vez la entera com-
dicina, y se dejaron los métodos de cocinar y posición de las drogas fue relegada a los boti-
toda la preparación de la dieta del paciente a carios, los médicos pronto perdieron el conoci-
las enfermeras, la composición de las drogas a miento necesario de las simples medicinas, y
los boticarios y el uso de las manos a los barbe- fueron responsables de que los comercios de
ros. Y así, con el transcurso del tiempo, el arte los boticarios se vieran llenos de nombres bár-
del tratamiento ha sido tan vilmente distorsio- baros y aún de remedios falsos, y de que se
nado que algunos doctores, asumiendo el nom- perdieran tantas de las admirables composicio-
bre de médicos se han arrogado la prescrip- nes de los antiguos, muchas de las cuales to-
ción de drogas y dietas para oscuras enferme- davía nos están faltando.
dades, y han relegado el resto de la medicina Cuando los médicos pensaron que úni-
en aquellos a quienes llaman cirujanos, pero a camente les importaba la curación de las en-
quienes apenas consideran como esclavos. fermedades internas, consideraron que basta-
Desvergonzadamente se han desembarazado ba el mero conocimiento de las vísceras y des-
de la que es la rama más venerable y principal cuidaron, como carente de importancia, el de
de la medicina, aquella basada primordialmen- la estructura de los huesos y de los músculos,
te sobre la investigación de la naturaleza. (...) así como la de los nervios, venas y arterias que
Por cierto no me propongo dar prefe- se extienden por ellos. Y todavía más, cuando
rencia a un instrumento de la medicina sobre la práctica de todas las operaciones manuales
los demás, ya que el antes mencionado triple fue confiada a los barberos, no sólo olvidaron
método de tratamiento no puede ser en for- los médicos el verdadero conocimiento de las
ma alguna desunido, y pertenece en su tota- vísceras, sino que pronto desapareció la prác-
lidad a cada practicante; y para que lo emplee tica de la disección, sin duda porque los médi-
correctamente, todas las partes de la medici- cos no intentaban operar, mientras que a quie-
na han sido igualmente establecidas de mane- nes se había confiado la habilidad manual eran
ra que el éxito en la aplicación de una parte demasiado ignorantes para leer las obras de
depende del grado en que todas ellas están los maestros de la anatomía. Para esta clase
combinadas, pues es muy rara la enfermedad de personas es completamente imposible, en
que no requiera inmediatamente los tres ins- efecto, conservar un arte tan difícil que han
trumentos de tratamiento. De ahí que un plan aprendido de forma puramente mecánica. Tam-
apropiado de dieta deba ser determinado, y a bién es inevitable que esta deplorable separa-
veces hecho con drogas, y finalmente con las ción del arte de curar haya introducido en nues-
manos, para que los bisoños en este arte se tras escuelas el procedimiento ahora habitual
vean obligados —con la complacencia de los de que una persona realice la disección del
dioses— a desoír los susurros de aquellos mé- cuerpo humano y otra exponga la descripción
dicos, y como lo enseña la naturaleza, a usar de las partes. Esta última, encaramada en un
sus manos en el tratamiento, a riesgo de con- sitial como una corneja, recita con notable aire
vertir la mutilada racionalización del tratamien- de desdén noticias sobre hechos que nunca
to en una calamidad para la historia de la hu- ha visto directamente, sino que ha aprendido
manidad. Deben ser urgidos con mayor insis- de memoria en libros ajenos o lee en descrip-
tencia en este respecto, ya que vemos a sa- ciones que tiene ante los ojos. La primera tie-
bios médicos abstenerse del uso de las manos ne tan pocos conocimientos lingüísticos que
como de una plaga, para que los rabinos de la es incapaz de explicar sus disecciones a los es-
medicina no los denuncien como barberos de- tudiantes. Destroza por ello lo que debiera

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Textos: Modernos

mostrar, siguiendo las instrucciones del médi- mico es de gran importancia para la cirugía,
co, que nunca interviene en la disección y que dediqué muchos esfuerzos a indagar la estruc-
se limita a gobernar el barco con manos aje- tura del hombre. Orienté mis estudios, aca-
nas, como suele decirse. De esta forma, todo bando con las lamentables costumbres de las
se enseña mal, se pierden los días en cuestio- escuelas, de tal forma que mi enseñanza no
nes absurdas y en la confusión se ofrece a los desdijera de la tradición de los antiguos.
estudiantes menos de lo que un carnicero La indolencia de la profesión médica ha
puede enseñar al médico en su establo. No considerado una suerte que sje perdieran las
digo nada de las escuelas en las que apenas se obras de Eudemo, Herófilo, Marino, Andreas,
piensa en disecar un cuerpo humano para Lico y otras primeras figuras de la anatomía.
mostrar su estructura... No se ha conservado, en efecto, ni una sola
Mis esfuerzos nunca hubieran tenido página de los veintitantos autores que Galeno
éxito si cuando estudiaba medicina en París no cita en su segundo comentario al libro de
me hubiera enfrentado con este problema, y Hipócrates Sobre la naturaleza del hombre.
me hubiera conformado con la descuidada y Incluso apenas la mitad de los libros de anato-
superficial demostración de unos pocos órga- mía del propio Galeno se han librado de pere-
nos que algunos barberos hicieron ante mí y cer. En cuanto a sus seguidores, entre los que
mis compañeros de estudio en un par de se encuentran Oribasio, Teófilo, los árabes y
disecciones públicas. Tan descuidada estaba todos nuestros autores cuyas obras he leído,
entonces la anatomía en la ciudad en la que me perdonarán si digo que siempre que expo-
hemos visto renacer felizmente a la medicina, nen algo interesante lo han tomado de Gale-
que tras adiestrarme yo solo disecando anima- no... Se han sometido tan completamente a
les, en la tercera disección a la que pude asistir su autoridad, que no hay ningún médico que
—relativa, como allí era costumbre, casi única- declare que en los libros anatómicos de Gale-
mente a las vísceras— realicé, animado por mis no se ha encontrado nunca el más pequeño
profesores y condiscípulos, una disección más error y muchos menos pueda encontrarse aho-
completa de lo que solía hacerse. Más tarde ra. A mí, por el contrario, me consta, por ha-
realicé otra con la finalidad de mostrar los mús- ber restablecido el arte de disecar y por el
culos de la mano y una disección más correcta manejo atento de sus obras, que he depura-
de las vísceras. Pues, a excepción de los ocho do en varios pasajes —cosas de las que no ten-
músculos del abdomen, por desgracia confun- go que avergonzarme—, que Galeno nunca
didos y en desorden, nadie, a decir verdad, disecó un cuerpo humano recién fallecido. Por
me enseñó nunca ni un sólo músculo ni un otra parte, se desdice con frecuencia, corri-
solo hueso, y mucho menos la red nerviosa, giendo en sus últimos libros, cuando tenía más
venosa y arterial. experiencia, los errores que había cometido en
Posteriormente, en Lovaina, donde tuve los primeros, y defiende a veces puntos de
que volver a causa de la guerra, debido a que vista contradictorios. Todavía más: engañado
allí los médicos, durante dieciocho años, no ha- por sus monos —aunque hay que reconocer
bían ni siquiera pensado en la anatomía, y con que estudió cuerpos humanos momificados y
la intención de ayudar a los estudiantes de su preparados para estudiar los huesos—, contra-
escuela y adquirir yo más pericia en una mate- dice, a menudo equivocadamente, a los médi-
ria tan difícil como importante para toda la cos antiguos que habían aprendido disecando
medicina, expuse con mayor detención que cadáveres humanos...
en París la estructura entera del cuerpo huma- Soy consciente de que los médicos
no en un curso de disección. El resultado fue —tan diferentes en esto de los discípulos de
que ahora los profesores jóvenes de dicha es- Aristóteles— acostumbran poner el grito en el
cuela, por lo visto, dedican gran atención al cielo cuando, en más de doscientas ocasiones,
estudio de la anatomía del hombre, compren- en uno de los cursos de anatomía que doy en
diendo claramente la importancia de las mate- las escuelas, ven que Galeno no ha dado la
rias que les proporciona este conocimiento. verdadera descripción de las relaciones, usos y
Más tarde, el ilustre senado de Venecia, funciones de las partes del hombre. Muchas
el más generoso en la dotación de las ramas veces fruncen el ceño y examinan con gran
superiores del saber, me encargó durante cin- detalle la disección, decididos a defenderlo. No
co años de la enseñanza de la cirugía en la obstante, movidos por su amor a la verdad,
escuela de Padua, la más famosa de todo el abandonan poco a poco su actitud categórica
mundo. Y como el desarrollo del saber anató- y comienzan a fiarse más de la eficacia de su

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Textos: Modernos

vista y de su razón que de los escritos de Gale- cuerpo alguno y que no había mundo ni lugar
no... alguno en el que yo me encontrase, pero que
De la mejor manera que he podido, he no podía fingir por ello mismo que yo no fue-
expuesto en siete libros mis conocimientos se, sino al contrario, por lo mismo que pensa-
sobre las partes del cuerpo humano, en el mis- ba en dudar de la verdad de las otras cosas, se
mo orden que acostumbro seguir ante mi docto seguía muy cierta y evidentemente que yo era,
auditorio en esta ciudad y también en Bolonia mientras que, con sólo dejar de pensar, aun-
y en Pisa... En el primer libro he descrito la que todo lo demás que había imaginado fuese
naturaleza de todos los huesos y cartílagos verdad, no tenía ya razón alguna para creer
porque, como sostienen las demás partes y que yo era, conocí por ello que yo era una
han de ser descritos de acuerdo con ellos, es sustancia cuya esencia y naturaleza toda es
lo primero que tienen que saber los estudian- pensar, y que no necesita, para ser, de lugar
tes de anatomía. El segundo libro trata de los alguno, ni depende de cosa alguna material;
ligamentos que unen los huesos y los cartílagos de suerte que este yo, es decir, el alma, por la
y, a continuación, de los músculos que realizan cual yo soy lo que soy, es enteramente distin-
los movimientos voluntarios. El tercero se ocu- to del cuerpo y hasta más fácil de conocer
pa de la densa red venosa que lleva a los mús- que éste y, aunque el cuerpo no fuese, el alma
culos y huesos y a las otras partes la sangre no dejaría de ser cuanto es.
ordinaria por la que se nutren y, también, de la
red arterial que regula la mezcla de calor inna- (Discurso del Método, IV parte)
to y espíritu vital. El cuarto trata de las ramas
de los nervios que llevan a los músculos el espí-
ritu vital y de las del resto de los nervios. El MISERIA Y GRANDEZA DEL HOMBRE
quinto expone la estructura de los órganos de PASCAL
la nutrición mediante la comida y la bebida;
debido a la proximidad de su localización, se Porque, finalmente, ¿qué es el hombre
refiere también a los instrumentos dispuestos en la naturaleza? Una nada frente al infinito,
por el Creador Altísimo para la propagación de un todo frente a la nada, un medio entre nada
la especie. El sexto está dedicado al corazón, y todo. Infinitamente alejado de comprender
centro de la facultad vital, y las partes a él los extremos, el fin de las cosas y su principio
subordinadas. El séptimo describe la armonía le están invenciblemente ocultos en un secre-
de la estructura del cerebro y de los órganos to impenetrable, igualmente incapaz de ver la
de los sentidos, sin repetir la descripción inclui- nada de donde ha sido sacado y el infinito en
da en el libro cuarto de la red nerviosa que que se halla sumido.
parte del cerebro. ¿Qué hará, pues, sino barruntar alguna
apariencia del medio de las cosas, en una eter-
(De humanis corporis fabrica) na desesperación por no conocer ni su princi-
pio ni su fin? Todas las cosas han salido de la
nada y van llevadas hasta el infinito. ¿Quién
BARROCO podrá seguir estas sorprendentes andanzas?
El autor de estas maravillas las comprende. Nin-
EL YO PENSANTE gún otro puede hacerlo.
DESCARTES Reconozcamos, pues, nuestro alcance;
somos algo y no somos todo; lo que tenemos
Advertí luego que, queriendo yo pen- de ser nos arrebata el conocimiento de los pri-
sar, de esa suerte que todo es falso, era nece- meros principios que nacen de la nada; y lo
sario que yo, que lo pensaba, fuese alguna poco que tenemos de ser nos oculta la visión
cosa; y observando que esta verdad: «yo pien- del infinito.
so, luego soy», era tan firme y segura que las Nuestra inteligencia posee, en el orden
más extravagantes suposiciones de los escép- de las cosas inteligibles, el mismo rango que
ticos no son capaces de conmoverla, juzgué nuestro cuerpo en la extensión de la naturale-
que podía recibirla sin escrúpulo, como el pri- za.
mer principio de la filosofía que andaba bus- Condición del hombre: inconstancia,
cando. aburrimiento, inquietud.
Examiné después atentamente lo que Me dediqué mucho tiempo al estudio
yo era, y viendo que podía fingir que no tenía de las ciencias abstractas; y la poca comunica-

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Textos: Modernos

ción que se puede tener con ellas me disgus- pensante. No hace falta que el universo ente-
tó. Cuando comencé el estudio del hombre, ro se arme para aplastarlo: un vapor, una gota
he visto que estas ciencias abstractas no son de agua, bastan para matarlo. Pero, aun cuan-
propias del hombre y que me desviaba de mi do el universo le aplastara, el hombre sería to-
condición penetrando en ellas más que los davía más noble que lo que le mata, porque
otros, ignorándolas. He perdonado a los de- sabe que muere, y lo que el universo tiene de
más el conocerlas tan poco. Pero creí encon- ventaja sobre él; el universo no sabe nada de
trar, por lo menos, muchos compañeros en el eso.
estudio del hombre, pensando que es el ver-
dadero estudio que le es apropiado. Me he (Pensamientos)
equivocado; hay todavía menos gente que lo
estudie que la geometría. Se busca lo demás,
a falta de saber estudiar esto; pero ¿no es HOMO HOMINI LUPUS
también verdad que no se halla aquí la ciencia HOBBES
que el hombre debe tener, y que es mejor
para él ignorarse para ser feliz? De la condición natural del género hu-
mano, en lo que concierne a su felicidad y mi-
MISERIA.La única cosa que nos consuela de nues- seria.
tras miserias es el divertimiento, y, sin embar- La naturaleza ha hecho a los hombres
go, es la más grande de nuestras miserias. tan iguales en sus facultades corporales y men-
Porque es lo que nos impide principalmente tales que, aunque pueda encontrarse a veces
pensar en nosotros, y lo que nos hace perder- un hombre manifiestamente más fuerte de
nos insensiblemente. Sin ello nos veríamos abu- cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun
rridos, y este aburrimiento nos impulsaría a así, cuando todo se toma en cuenta en con-
buscar un medio más sólido de salir de él. Pero junto, la diferencia entre hombre y hombre
el divertimiento nos divierte y nos hace llegar no es lo bastante considerable como para que
insensiblemente a la muerte. uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio
La naturaleza del hombre se considera alguno que no pueda el otro pretender tanto
de dos maneras: una, según su fin, y enton- como él. Porque tiene fuerza suficiente para
ces es grande e incomparable; otra según su matar al más fuerte, ya sea por maquinación
multitud, como se juzga de la naturaleza del secreta o por federación con otros que se
caballo y del perro, por la multitud, viéndoles encuentran en el mismo peligro que él.
correr, «et anumun arcendi»; y entonces el Y en lo que toca a las facultades men-
hombre es abyecto y vil. He aquí las dos vías tales (dejando aparte las artes fundadas sobre
que hacen juzgar de él diversamente y que palabras, y especialmente aquella capacidad de
hacen disputar tanto a los filósofos. procedimiento por normas generales e infali-
Porque el uno niega la suposición del bles llamado ciencia, que muy pocos tienen, y
otro; el uno dice: «No he nacido para este fin; para muy pocas cosas, no siendo una facultad
porque todas sus acciones le repugnan»; el natural, nacida con nosotros, ni adquirida —
otro dice: «Se aleja de su fin cuando realiza como la prudencia— cuando buscamos alguna
estas acciones bajas». otra cosa) encuentro mayor igualdad aún en-
Es peligroso el hacer ver demasiado al tre los hombres, que en el caso de la fuerza.
hombre cuan semejante es a los animales sin Pues la prudencia no es sino experiencia, que
mostrarle su grandeza. Es también peligroso a igual tiempo se acuerda igualmente a todos
hacerle ver demasiado su grandeza sin bajeza. los hombres en aquellas cosas a que se aplican
Es más peligroso todavía dejarle que ignore lo igualmente. Lo que quizá haga de una tal igual-
uno y lo otro. Pero es muy provechoso repre- dad algo increíble no es más que una vanidosa
sentarle lo uno y lo otro. fe en la propia sabiduría, que casi todo hom-
¿Qué quimera, es, pues, el hombre? bre cree poseer en mayor grado que el vulgo;
¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué esto es, que todo otro hombre salvo él mis-
sujeto de contradicción, qué prodigio! Juez de mo, y unos pocos otros, a quienes, por causa
todas las cosas, imbécil gusano, depositario de de la fama, o por estar de acuerdo con ellos,
la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, aprueba. Pues la naturaleza de los hombres es
gloria y excrescencia del universo. tal que, aunque puedan reconocer que mu-
El hombre no es más que una caña, la chos otros son más vivos, o más elocuentes, o
más débil de la naturaleza; pero es una caña más instruidos, difícilmente creerán, sin embar-

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Textos: Modernos

go, que haya muchos más sabios que ellos mis- poder común que los mantenga tranquilos, es
mos; pues ven su propia inteligencia a mano, y lo suficiente para hacerles destruirse mutua-
la de otros hombres a distancia. Pero esto mente), en obtener de sus rivales, por daño,
prueba que los hombres son en ese punto igua- una más alta valoración; y de los otros, por el
les más bien que desiguales. Pues generalmen- ejemplo.
te no hay mejor signo de la igual distribución Así pues, encontramos tres causas prin-
de alguna cosa que el que cada hombre se cipales de riña en la naturaleza del hombre.
contente con lo que le ha tocado. Primero, competición; segundo, inseguridad;
De esta igualdad de capacidad surge la tercero, gloria.
igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros El primero hace que los hombres inva-
fines. Y, por lo tanto, si dos hombres cuales- dan por ganancia; el segundo, por seguridad;
quiera desean la misma cosa, que, sin embar- y el tercero, por reputación. Los primeros usan
go, no pueden ambos gozar, devienen enemi- de la violencia para hacerse dueños de las per-
gos; y en su camino hacia su fin (que es princi- sonas, esposas, hijos y ganado de otros hom-
palmente su propia conservación, y a veces bres; los segundos para defenderlos; los ter-
sólo su delectación) se esfuerzan mutuamen- ceros, por pequeñeces, como una palabra, una
te en destruirse o subyugarse. Y viene así a sonrisa, una opinión distinta, y cualquier otro
ocurrir que, allí donde un invasor no tiene otra signo de subvaloración, ya sea directamente
cosa que temer que el simple poder de otro de su persona, o por reflejo de su prole, sus
hombre, si alguien planta, siembra, construye, amigos, su nación, su profesión o su nombre.
o posee asiento adecuado, pueda esperarse Es por ello manifiesto que durante el tiempo
de otros que vengan probablemente prepara- en que los hombres viven sin un poder común
dos con fuerzas unidas para desposeerle y que les obligue a todos al respeto, están en
privarle no sólo del fruto de su trabajo, sino aquella condición que se llama guerra; y una
también de su vida, o libertad. Y el invasor a guerra como de todo hombre contra todo
su vez se encuentra en el mismo peligro fren- hombre. Pues la guerra no consiste sólo en
te a un tercero. batallas, o en el acto de luchar; sino en un
No hay para el hombre más forma razo- espacio de tiempo donde la voluntad de dis-
nable de guardarse de esta inseguridad mutua putar en batalla es suficientemente conocida.
que la anticipación; esto es, dominar, por fuer- Y por tanto, la noción de tiempo debe consi-
za o astucia, a tantos hombres como pueda derarse en la naturaleza de la guerra; como
hasta el punto de no ver otro poder lo bastan- está en la naturaleza del tiempo atmosférico.
te grande como para ponerle en peligro. Y no Pues así como la naturaleza del mal tiempo no
es esto más que lo que su propia conservación está en un chaparrón o dos, sino en una incli-
requiere, y lo generalmente admitido. También nación hacia la lluvia en muchos días en con-
porque habiendo algunos, que complaciéndo- junto, así la naturaleza de la guerra no consis-
se en contemplar su propio poder en los actos te en el hecho de la lucha, sino en la disposi-
de conquista, los llevan más lejos de lo que su ción conocida hacia ella, durante todo el tiem-
seguridad requeriría, si otros, que de otra ma- po en que no hay seguridad de lo contrario.
nera se contentarían con permanecer tranqui- Todo otro tiempo es paz.
los dentro de límites modestos, no incremen- Lo que puede en consecuencia atribuir-
tasen su poder por medio de la invasión, no se al tiempo de guerra, en el que todo hom-
serían capaces de subsistir largo tiempo per- bre es enemigo de todo hombre, puede igual-
maneciendo sólo a la defensiva. Y, en conse- mente atribuirse al tiempo en el que los hom-
cuencia, siendo tal aumento del dominio so- bres también viven sin otra seguridad que la
bre hombres necesario para la conservación de que les suministra su propia fuerza y su propia
un hombre, debiera serle permitido. inventiva. En tal condición no hay lugar para la
Por lo demás, los hombres no derivan industria; porque el fruto de la misma es inse-
placer alguno (sino antes bien, considerable guro. Y, por consiguiente, tampoco cultivo de
pesar) de estar juntos allí donde no hay poder la tierra; ni navegación, ni uso de los bienes
capaz de imponer respeto a todos ellos. Pues que pueden ser importados por mar, ni cons-
cada hombre se cuida de que su compañero trucción confortable; ni instrumentos para
le valore a la altura que se coloca él mismo. Y mover y remover los objetos que necesitan
ante toda señal de desprecio o subvaloración mucha fuerza; ni conocimiento de la faz de la
es natural que se esfuerce hasta donde se tierra; ni cómputo del tiempo; ni artes; ni le-
atreva (que, entre aquellos que no tienen un tras; ni sociedad; sino, lo que es peor que todo,

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Textos: Modernos

miedo continuo, y peligro de muerte violenta; cañones sobre las fronteras de sus reinos e
y para el hombre una vida solitaria, pobre, des- ininterrumpidos espías sobre sus vecinos; lo que
agradable, brutal y corta. es una postura de guerra. Pero, pues, sostie-
Puede resultar extraño para un hom- ne así la industria de sus súbditos, no se sigue
bre que no haya sopesado bien estas cosas de ello aquella miseria que acompaña a la liber-
que la naturaleza disocie de tal manera a los tad de los hombres particulares.
hombres y les haga capaces de invadirse y De esta guerra de todo hombre contra
destruirse mutuamente. Y es posible que, en todo hombre, es también consecuencia que
consecuencia, desee, no confiando en esta nada puede ser injusto. Las nociones de bien
inducción derivada de las pasiones, confirmar y mal, justicia e injusticia, no tienen allí lugar.
la misma por experiencia. Medite entonces él, Donde no hay poder común, no hay ley. Don-
que se arma y trata de ir bien acompañado de no hay ley, no hay injusticia. La fuerza y el
cuando viaja, que atranca sus puertas cuando fraude son en la guerra las dos virtudes cardi-
se va a dormir, que echa el cerrojo a sus arco- nales. La justicia y la injusticia no son facultad
nes incluso en su casa, y esto sabiendo que alguna ni del cuerpo ni de la mente. Si lo fue-
hay leyes y empleados públicos armados para ran, podrían estar en un hombre que estuvie-
vengar todo daño que se le haya hecho, ¿qué ra solo en el mundo, como sus sentidos y pa-
opinión tiene de su prójimo cuando cabalga siones. Son cualidades relativas a hombres en
armado, de sus conciudadanos cuando atran- sociedad, no en soledad. Es consecuente tam-
ca sus puertas, y de sus hijos y servidores cuan- bién con la misma condición que no haya pro-
do echa el cerrojo a sus arcones? ¿No acusa piedad, ni dominio, ni distinción entre mío y
así a la humanidad con sus acciones como lo tuyo; sino sólo aquello que todo hombre pue-
hago yo con mis palabras? Pero ninguno de da tomar; y por tanto tiempo como pueda con-
nosotros acusa por ello a la naturaleza del hom- servarlo. Y hasta aquí lo que se refiere a la
bre. Los deseos, y otras pasiones del hombre, penosa condición en la que el hombre se en-
no son en sí mismo pecado. No lo son tampo- cuentra de hecho por pura naturaleza; aun-
co las acciones que proceden de esas pasio- que con una posibilidad de salir de ella, consis-
nes, hasta que conocen una ley que las tente en parte en las pasiones, en parte en su
prohíbe. Lo que no pueden saber hasta qué razón.
leyes. Ni puede hacerse ley alguna hasta que Las pasiones que inclinan a los hombres
hayan acordado la persona que lo hará. hacia la paz son el temor a la muerte; el deseo
Puede quizás pensarse que jamás hubo de aquellas cosas que son necesarias para una
tal tiempo ni tal situación de guerra; y yo creo vida confortable; y la esperanza de obtenerlas
que nunca fue generalmente así, en todo el por su industria. Y la razón sugiere adecuados
mundo. Pero hay muchos lugares donde viven artículos de paz sobre los cuales puede llevar-
así hoy. Pues las gentes salvajes de muchos se a los hombres al acuerdo. Estos artículos
lugares de América, con la excepción del go- son aquellos que en otro sentido se llaman le-
bierno de pequeñas familias, cuya concordia yes de la naturaleza, de las que hablaré más
depende de la natural lujuria, no tienen go- en concreto en los dos siguientes capítulos.
bierno alguno; y viven hoy en día de la brutal
manera que antes he dicho. De todas mane-
ras, qué forma de vida habría allí donde no EL NACIMIENTO DE LA FISIOLOGÍA
hubiera un poder común al que temer puede MODERNA
ser percibido por la forma de vida en la que HARVEY
suelen degenerar, en una guerra civil, hom-
bres que anteriormente han vivido bajo un Se ha tratado hasta aquí de la transfu-
gobierno pacífico. sión de la sangre de las venas a las arterias y
Pero aunque nunca hubiera habido un de las vías porque pasa, y cómo es el pulso del
tiempo en el que hombres particulares estu- corazón el que la transmite y distribuye. A pro-
vieran en estado de guerra de unos contra pósito de todos estos puntos, quizá haya al-
otros, sin embargo, en todo tiempo, los reyes gunos que declaren que estaban ya antes de
y personas de autoridad soberana están, a acuerdo conmigo, sea por la autoridad de Ga-
causa de su independencia, en continuo celo, leno, sea por las razones que aducen Colombo
y en el estado y postura de gladiadores; con u otros. Pero ahora, al tratar de la cantidad y
las armas apuntando, y los ojos fijos en los origen de esa misma sangre en movimiento
demás; esto es, sus fuertes, guarniciones y (aun cuando son cuestiones muy dignas de

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Textos: Modernos

consideración), es hasta tal punto nuevo e in- do con el movimiento circular del sol, su aproxi-
audito lo que voy a decir, que no sólo temo el mación y su alejamiento.
mal que me puede venir de la envidia de algu- Lo mismo puede ocurrir verosímilmente
nos, sino granjearse la hostilidad de todos los en el cuerpo por el movimiento de la sangre:
hombres: tanta fuerza tiene en todos, como todas las partes se nutren, se calientan y cre-
una segunda naturaleza, la costumbre o la cen con la sangre más cálida, perfecta, vapo-
doctrina de que una vez se impregnó la men- rosa, espirituosa, y, por así decirlo, aumentativa;
te, fijándose en ella con profundas raíces, y y, por el contrario, en las partes la sangre se
hasta tal punto obliga a los hombres el respe- enfría, se coagula y se agota; por lo cual vuel-
to y la veneración a la antigüedad. De cual- ve al principio, a saber, al corazón, como al
quier modo que sea, alea jacta est, la suerte manantial o el hogar del cuerpo, para recupe-
está echada: pongo mi esperanza en el amor rar su perfección: allí, con su calor natural, po-
de la verdad y en la sinceridad de los espíritus deroso, férvido, que es como un tesoro de
doctos. Después de considerar muchas veces vida, recobra su fluidez, impregnándose de
y con gran atención, y de dar vueltas en mi espíritus y, por así decirlo, de bálsamo; desde
mente durante mucho tiempo a la cuestión allí se distribuye de nuevo, y todo esto depen-
de la cantidad de la sangre, fundándome ya de del movimiento y el pulso del corazón.
en experiencias de disección de seres vivos y Así el corazón es principio de vida y sol
de apertura de las arterias con toda clase de del microcosmos, de la misma manera que, pro-
investigaciones, ya en la simetría y tamaño de porcionalmente, el sol merece llamarse cora-
los ventrículos del corazón y de sus vasos de zón del mundo.
entrada y salida (puesto que la naturaleza, que
no hace nada en vano, no puede haber dado (De motu cordis...)
en vano a estos vasos un tamaño proporcio-
nalmente tan grande), ya en el mecanismo
armonioso y diligente de las válvulas y fibras y EL NUEVO CONCEPTO DE ESPECIE
de todo el resto de la estructura del corazón, MORBOSA
ya en otras consideraciones, y advirtiendo que SYDENHAM (1624-1689)
no podía darse la cantidad necesaria de jugo
de alimento ingerido para que nuestras venas Creo que la perfección de nuestro arte
no quedaran vacías, completamente exhaus- consiste en tener: 1º, una historia o descrip-
tas, y que, por otra parte, nuestras arterias ción de todas las enfermedades tan gráfica y
reventarían a consecuencia de la entrada ex- natural como sea posible; 2º, una práctica o
cesiva de sangre si una parte de ella no volvía método curativo estable y acabado con rela-
de nuevo a las arterias y al ventrículo derecho ción a aquéllas. El describir groseramente las
del corazón, empecé a pensar en mi interior si enfermedades es cosa fácil, pero escribir su
la sangre no tendría un movimiento como en historia de modo que se evite la censura lanza-
círculo, y hallé después que ese movimiento da por el esclarecidísimo Verulamio contra al-
es verdadero, y que la sangre es arrojada del gunos que así lo habían prometido es de mu-
corazón e impelida a la periferia y a todas las cho más trabajo... Del mismo modo es tam-
partes del cuerpo a través de las arterias por el bién facilísimo exponer el tratamiento de las
pulso del ventrículo izquierdo del corazón, de enfermedades según ordinariamente se acos-
la misma manera que lo es a los pulmones, a tumbra, pero hacerlo de manera que las pala-
través de la vena arteriosa, por la pulsación del bras puedan traducirse en hechos, y que los
ventrículo derecho, como se ha visto anterior- resultados correspondan a las promesas, com-
mente. prenderá que es empresa más ardua todo el
Séanos permitido llamar circular a este que considere que se hallan consignadas en
movimiento, en el sentido en que Aristóteles los autores prácticos muchas enfermedades que
dijo que el aire y la lluvia imitan el movimiento ni estos mismos escritores ni hasta ahora otro
circular de los cuerpos celestes. Así, la tierra médico alguno han podido curar.
húmeda se evapora al ser calentada por el sol, Por lo que toca a la historia de las en-
esos vapores al elevarse se condensan, y al fermedades, examinando con detención el
condensarse descienden de nuevo en forma objeto, se echará fácilmente de ver que el
de lluvia y humedecen la tierra, y así tienen escritor tiene necesidad de fijarse en muchos
lugar aquí las generaciones, el nacimiento de más detalles de lo que piensa el vulgo. De en-
las tempestades y de los meteoros, de acuer- tre ellos bastará ahora mencionar los siguien-

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Textos: Modernos

tes: y manchas menos perceptibles. Y en verdad


Conviene, en primer lugar, reducir to- que apenas pueden enumerarse los errores a
das las enfermedades a especies ciertas y de- que han dado lugar tales hipótesis fisiológicas
terminadas, enteramente con el mismo cuida- por haber asignado los escritores a las enfer-
do con que vemos que lo hacen los escritores medades, imbuidos por aquellas ideas equivo-
de Botánica en sus Fitologías. Hay, en efecto, cadas, fenómenos que jamás han tenido lugar
enfermedades que, aunque comprendidas en sino en su propio cerebro, aunque debieran
un mismo género y con una misma denomina- presentarse de ser verdadera la hipótesis que
ción, y aunque semejantes entre sí por razón daban por supuesta y confirmada. Añádase a
de algunos síntomas, difieren no obstante por esto el que, cuando por casualidad pertenece
su naturaleza, y exigen, por consiguiente, un realmente a la enfermedad que ha de descri-
tratamiento también diverso. Nadie ignora que birse algún síntoma que se aviene bien con
se da el nombre de cardo a muchas especies dicha hipótesis, le dan una importancia extraor-
de plantas; pero trataría con poca exactitud la dinaria, haciendo claramente de un ratón un
botánica el que, contentándose con hacer la conejo si consistiese en él todo el fundamen-
descripción general de esta planta en lo que to del objeto. Mientras que si no se adapta a
se distingue de los demás vegetales, olvidara la hipótesis, entonces pasan en silencio o le
los signos y caracteres propios y peculiares indican sólo ligerísimamente, si no puede
porque cada especie se diferencia de las de- sistematizarse y acomodarse de cualquier ma-
más. Enteramente, del mismo modo no cum- nera a beneficio de alguna sutileza filosófica.
ple el nosógrafo con anotar solamente los ca- Es preciso, en tercer lugar, que en la
racteres comunes de una enfermedad multi- descripción de cada enfermedad se expongan
forme. Es indudable que no todas las enfer- separadamente los fenómenos peculiares y
medades son variables igualmente, pero hay, constantes y los accidentales y adventicios, que
no obstante, muchas que, aunque tratadas con los que aparecen de diversa manera, no
por los autores bajo una misma denominación sólo según el temperamento y edad de los
y sin distinción alguna de especie, son de ín- enfermos, sino también razón del diferente mé-
dole muy diversa, como espero demostrarlo todo curativo. Sucede, en efecto, muchas
en las páginas siguientes. Sucede que la ma- veces que varía el aspecto de la enfermedad
yor parte de las distribuciones de especies se según el método curativo empleado, y algu-
fundan en algunas hipótesis basadas en fenó- nos síntomas se deben no tanto a la enferme-
menos verdaderos y, por consiguiente, tales dad cuanto al médico, hasta el punto de que
distribuciones no se acomodan tanto a la na- enfermos de una misma dolencia, pero trata-
turaleza como al ingenio y teoría filosófica del dos de distinta manera, presentan síntomas
autor. Cuan grande sea el perjuicio que la falta diversos. Por ello, si no se procede con caute-
de esmero en este punto ha producido a la la, resultará vago e incierto el juicio que se
medicina lo demuestran sobradamente nume- forme de los síntomas de la enfermedad. Paso
rosas enfermedades cuyo método curativo no por alto el que los casos raros en la práctica no
nos sería desconocido todavía si al exponer los pertenecen propiamente a la historia de las
autores, aunque con intención buenísima, ex- enfermedades, del mismo modo que en la
perimentos y observaciones médicas, no se hu- descripción de la salvia, por ejemplo, no se
bieran engañado tomando por una enferme- encuentran entre los signos distintivos de esta
dad de la misma especie otra de especie dis- planta las mordeduras de las orugas.
tinta. Y a esto mismo es también debido, a mi Finalmente, vamos a observar atenta-
juicio, el que la materia médica haya alcanzado mente las estaciones del año que favorecen
tan inmensa extensión, pero escasísimo pro- algunas dolencias en particular. Estoy dispues-
vecho. to a admitir que muchas enfermedades se dan
Conviene, asimismo, al escribir la histo- en todas las estaciones. Por otra parte, hay
ria de las enfermedades prescindir por comple- un número igual de ellas que, por algún miste-
to de cualquiera hipótesis fisiológica que pu- rioso instinto de la naturaleza, sobrevienen con
diera preocupar la inteligencia del escritor, so- las estaciones con la precisión de plantas y aves
lamente después de lo cual se anotarán diligen- de paso. A menudo me ha llamado la atención
tísimamente los fenómenos claros y naturales que esta característica de algunas enfermeda-
de las enfermedades, por pequeños que sean, des, siendo tan obvia, haya sido tan poco ob-
imitando el fino proceder de los pintores, que servada; y más aún al no haber escasez de
retratan en la misma imagen hasta los lunares observaciones curiosas sobre los planetas en

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Textos: Modernos

los cuales crecen las plantas y se reproducen LA PATOLOGÍA LABORAL


las bestias. Pero cualquiera la causa de esta RAMAZZINI (1663-1714)
ignorancia, yo formulo como regla confirmada
—que el conocimiento de las estaciones en las Relataré el incidente que me sugirió la
que ocurren las enfermedades es de igual va- idea de escribir este tratado sobre las enfer-
lor para el médico al efectuar su diagnóstico medades de los trabajadores. En esta ciudad,
que al determinar su extirpación y que estos tan densamente poblada para su tamaño, las
dos resultados son menos satisfactorios cuan- casas están muy juntas y tienen gran altura, y
do aquella observación se desconoce. se acostumbra limpiarlas cada tres años una
Estos, sin ser los únicos, son los puntos por una, así como destapar las cloacas que se
principales para considerar al trazar la historia entrecruzan por debajo de las calles. Mientras
de una enfermedad. El valor práctico de tal hacían este trabajo en casa, observé a uno de
historia está por encima de todo cálculo. En estos obreros que realizaba su tarea en aquel
este caso, las sutiles discusiones y los minucio- infierno y me fijé en que parecía muy aprensi-
sos refinamientos que atiborran los libros de vo y tenía los nervios en tensión. Me condolí
nuestra nueva escuela aun ad nauseam, no del sucio trabajo que ejecutaba y le pregunté
tienen importancia. ¿Qué camino rápido —o por qué se apuraba tanto y por qué no lo ha-
en todo caso, qué camino— hay hacia la de- cía con más lentitud, con el objeto de evitar la
tección de la causa de morbilidad que debe- fatiga que trae consigo todo trabajo forzoso.
mos combatir, o hacia las indicaciones de trata- El pobre alzó los ojos desde la caverna, me
miento que debemos descubrir, sino la percep- miró y dijo: «Nadie que no lo haya hecho pue-
ción clara y segura de síntomas peculiares? de imaginarse lo que cuesta permanecer más
Sobre cada uno de estos puntos las circuns- de cuatro horas en este sitio; es lo mismo que
tancias más insignificantes y leves tienen su quedarse ciego». Más tarde, cuando salió de
propio peso. Para variar podemos referirnos al la cueva, le examiné los ojos con cuidado y
temperamento particular de cada individuo; observé que los tenía muy irritados y oscuros.
también a la diferencia de tratamiento. A pe- Le pregunté si los obreros de su oficio usaban
sar de esto, en la producción de enfermeda- con regularidad algún remedio particular para
des la naturaleza es consistente y uniforme, esta molestia. «Sólo ese —replicó—: vuelven
hasta tal punto, que para la misma enferme- inmediatamente a sus casas, como yo lo haré
dad en diferentes personas, los síntomas son ahora, se encierran en un cuarto oscuro, per-
en su mayoría de los mismos; y el exacto fenó- manecen en él durante un día y se lavan los
meno que es dable observar en la enferme- ojos de vez en cuando con agua tibia; en esta
dad de un Sócrates, será observable en la en- forma puede aliviar algo el dolor». Entonces le
fermedad de un simplón. De la misma forma pregunté si tenía sensación de quemadura en
los caracteres universales de una planta se la garganta, molestias respiratorias o ataques
extienden a cada individuo de la especie; y de jaqueca; si el hedor lastimaba su nariz o le
quienquiera que (lo digo como ejemplo ilustra- causaba náuseas. «Nada de eso -contestó-;
dor) debiera describir exactamente el color, el en este trabajo sólo se lastiman nuestros ojos,
sabor, el olor, la forma, etc., de una única viole- ninguna otra parte. Si continúo en él, pronto
ta, encontraría que su descripción es válida, allí me volveré ciego, como les ha sucedido a
o en otra parte, para todas las violetas de esa otros». Me deseó buenos días y se marchó a
especie particular sobre la faz de la tierra. casa con las manos sobre sus ojos. Después
Por mi propia parte, pienso que hemos de esto, vi varios obreros de su mismo oficio a
vivido así, sin una historia exacta de las enfer- medio cegar o ya ciegos que pedían limosna
medades, por esta razón especial: que la ge- en las calles de la ciudad.
neralidad ha considerado que la enfermedad
no es más que un esfuerzo confuso y desor- (De morbis artificum diatriba)
denado de la naturaleza arrojada de su estado
normal y debatiéndose en vano; de manera
que han comparado los intentos de una justa ILUSTRACION
descripción con los intentos de blanquear un
pantano. EL ANIMAL DEPRAVADO
(Observaciones médicas...) ROUSSEAU

El más útil y el menos avanzado de to-

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Textos: Modernos

dos los conocimientos humanos me parece ser chando a cuatro patas, sus miradas dirigidas a
el del hombre; y me atrevo a decir que la sola la tierra y circunscritas a un horizonte de algu-
inscripción del templo de Delfos contiene un nos pasos, no marcarían a la vez el carácter y
precepto más importante que todos los grue- los límites de sus ideas. No podría elaborar so-
sos libros de los moralistas. Por tanto, veo el bre este tema otra cosa que conjeturas vagas
tema de este Discurso como una de las cues- y fantásticas. La anatomía comparada ha he-
tiones más interesantes que la filosofía pueda cho aún demasiado pocos progresos, las ob-
proponer y, por desgracia para nosotros, como servaciones de los naturalistas son aun dema-
una de las más espinosas que los filósofos pue- siado inciertas para que se pueda establecer
dan resolver; pues, ¿cómo conocer la fuente sobre tamaños fundamentos la base de un ra-
de la desigualdad entre los hombres si no se zonamiento sólido. De este modo, sin recurrir
empieza por conocerlos a ellos mismos? ¿y a los conocimientos sobrenaturales que tene-
cómo el hombre llegaría a verse tal como la mos sobre este punto y sin tomar en conside-
naturaleza lo ha formado en medio de todos ración los cambios que han debido sobrevenir
los cambios que la sucesión de los tiempos y en la conformación tanto interior como exte-
las cosas ha debido producir en su constitu- rior del hombre a medida que aplicaba sus
ción original? ¿Cómo separar lo que le perte- miembros a nuevas tareas y se alimentaba de
nece por su propio fondo y lo que las circuns- nuevos alimentos, lo supondré conformado
tancias y los progresos han añadido o cambia- desde siempre tal como lo veo hoy, caminan-
do en su estado primitivo? Semejante a la es- do con dos pies, sirviéndose de sus manos
tatua de Glauco que el tiempo, el mar y las como lo hacemos nosotros, dirigiendo su mira-
tormentas habían desfigurado de tal modo que da sobre toda la naturaleza y midiendo con la
se parecía menos a un dios que a una bestia vista la vasta extensión del cielo.
feroz, el alma humana, alterada dentro de la Al despojar a este ser de tal modo cons-
sociedad por mil causas que renacen sin cesar, tituido de todos los dones sobrenaturales que
por la adquisición de una multitud de conoci- haya podido recibir y de todas las facultades
mientos y de errores, por los cambios que afec- artificiales que sólo ha podido adquirir a través
tan a la constitución de los cuerpos y por el de un largo progreso; al considerarlo, por de-
continuo choque de las pasiones, ha cambia- cirlo con una palabra, tal como ha debido salir
do por decirlo así de apariencia hasta el punto de las manos de la naturaleza, veo un animal
de ser casi irreconocible; y si no se busca más, menos fuerte que otros, menos ágil, pero, para
en lugar de un ser operante siempre por prin- decirlo todo, organizado más ventajosamente
cipios ciertos e invariables, en lugar de esta que ninguno. Lo veo saciándose bajo una en-
celeste y majestuosa simplicidad de que le dotó cina, refrescándose en el primer arroyo, ha-
su autor, sólo se encuentra el deforme con- llando su lecho bajo el mismo árbol que le ha
traste de la pasión que cree razonar y del en- proporcionado el alimento; y, con ello, satisfe-
tendimiento delirante. chas sus necesidades.
Lo que hay de más cruel aún es que (...) Pero, aun cuando las dificultades
todos los progresos de la especie humana lo que rodean a todas estas cuestiones dejarían
alejan sin cesar de su estado primitivo; así, cuan- algún margen para la discusión de lo que res-
to más nuevos conocimientos acumulamos, pecta a esta diferencia entre el hombre y el
más nos separamos de los medios para adquirir animal, hay otra cualidad muy específica que
el más importante de todos; de este modo los distingue y que no puede ser contestada:
resulta que, en un sentido, a fuerza de estu- es la facultad de perfeccionares, facultad que,
diar el hombre que somos, nos ponemos fuera ayudada por las circunstancias, desarrolla su-
de la posibilidad de conocerlo. cesivamente todas las demás y reside entre
Por importante que sea para juzgar rec- nosotros, tanto en la especie como en cada
tamente acerca del estado natural del hom- uno de los individuos, mientras que un animal
bre el considerarlo en su origen y examinarlo, al cabo de algunos meses es lo que será toda
por decirlo así, en el primer embrión de la es- su vida y su especie al cabo de mil años en la
pecie, no seguiré su organización a través de misma que era el primer año de ese milenio.
desarrollos sucesivos; no me detendré a inves- ¿Por qué solamente el hombre puede volver-
tigar en el sistema animal lo que pudo conver- se enclenque? ¿No será acaso que retorna así
tirse en lo que hoy es. No examinaré si —como a su estado primitivo y que, mientras la bestia
piensa Aristóteles— sus uñas alargadas no se- que, al no adquirir nada no tiene nada que
rían primeramente garras ganchudas; y si mar- perder, sigue siempre con su instinto, el hom-

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Textos: Modernos

bre, perdiendo nuevamente por la vejez y otros vital. El segundo, en cambio, eleva mi valor
accidentes todo lo que su perfectibilidad le como inteligencia infinitamente por medio de
había hecho adquirir, recae de este modo más mi personalidad, en la cual la ley moral me des-
bajo que la misma bestia? Será triste para no- cubre una vida independiente de la animalidad
sotros vernos forzados a convenir que esta y aun de todo el mundo sensible, al menos en
facultad distintiva y casi ilimitada sea la fuente cuanto se puede inferir de la determinación
de todas las desdichas del hombre; que es ella conforme a un fin que recibe mi existencia por
la que le arranca a fuerza de tiempo de esa esa ley que no está limitada a condiciones y
condición originaria en la que pasaría los días límites de esta vida, sino que va a lo infinito.
tranquilos e inocentes y que es ella también la
que, haciendo nacer con los siglos sus luces y (Crítica de la razón práctica, parte II, conclusión)
sus errores, sus vicios y sus virtudes, la con-
vierte a la larga en el tirano de sí mismo y de la
naturaleza. Será horroroso verse obligado a ala- LA ANATOMÍA PATOLÓGICA
bar como a un bienhechor al primero que sugi- MORGAGNI
rió al habitante de las riberas del Orinoco el
uso de esas tablillas que ciñen las sienes de sus 27- Una doncella de veinticuatro años,
hijos y que les aseguran cuando menos una de buena constitución física, empleada con
parte de su rudeza y de su dicha original. regularidad para tareas al servicio del conven-
to, estaba atacada todos los inviernos de una
(Discursos a la Academia de Dijon) violenta tos. Una noche fue presa de fiebre,
empezó a tiritar primero y a sentir frío todo el
cuerpo y después tuvo fuerte calor. Después
HOMO NOUMENON de un intervalo de veinticuatro horas, un dolor
KANT en un costado del pecho se añadió a la fiebre,
junto con dificultad en la respiración, una tos
Dos cosas llenan el ánimo de admira- muy seca y pulso acelerado que resistía la pre-
ción y respeto, siempre nuevas y crecientes, sión de los dedos, casi hasta el mismo momen-
cuanto con más frecuencia y aplicación se ocu- to de la muerte de la paciente. Durante el
pa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre transcurso de la enfermedad, el dolor cambia-
mí y la ley moral en mí. Ambas cosas no he de ba de un lado a otro del pecho. Había opre-
buscarlas y como conjeturarlas, cual si estuvie- sión dentro del tórax. No podía recostarse so-
ran envueltas en oscuridades, en lo trascen- bre ninguno de los dos lados. En la sangre que
dente fuera de mi horizonte; ante mí las veo y se le extrajo, el suero era de color verdoso,
las enlazo inmediatamente con la conciencia había una costra polipoide por debajo de la
de mi existencia. La primera empieza en el lu- cual la otra parte era de gran dureza y negru-
gar que yo ocupo en el mundo exterior sensi- ra. Y la sangre fue extraída inmediatamente
ble y ensancha la conexión en que me en- de sobrevenir el dolor y luego una y hasta dos
cuentro con magnitud incalculable de mundos veces más, en cantidad adecuada para un cuer-
sobre mundos y mundos y sistemas de siste- po de esa naturaleza; y no sólo de los brazos
mas, en los ilimitados tiempos de su periódico sino también de los pies, en el mismo día, como
movimiento, de su comienzo y de su duración. es la costumbre aquí con respecto a las muje-
La segunda empieza en mi invisible yo, en mi res. Tampoco se omitieron otras cosas, entre
personalidad, y me expone en un mundo que todos los remedios habituales en desórdenes
tiene verdadera infinidad, pero sólo penetra- de esta índole. Sin embargo, al comienzo del
ble por el entendimiento y con el cual me re- séptimo día, falleció. Cuando hube escuchado
conozco (y, por ende, también con todos aque- este relato, dije guiándome por las apariencias
llos mundos visibles) en una conexión universal que siempre había encontrado después de esta
y necesaria, no sólo contingente, como en clase de síntomas: «Vamos, haremos disección
aquel otro. El primer espectáculo de una innu- del cadáver; encontraremos que esta será la
merable multitud de mundo aniquila, por de- causa de la enfermedad, que los pulmones
cirlo así, mi importancia como criatura animal mostrarán tener la sustancia del hígado».
que tiene que devolver al planeta (un mero En el tórax, una vez abierto por el ciru-
punto en el universo) la materia de que fue jano, no había líquido desparramado, y ningu-
hecho después de haber sido provisto (no se na conexión del tórax con la pleura excepto
sabe cómo), por un corto tiempo de fuerza en el costado izquierdo, no siendo esta ni muy

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Textos: Modernos

estrecha ni demasiado extensa. Al separar esta tra disertación destinada a proponer este mé-
conexión y presionar los pulmones, fluyó un todo, que ha resultado muy satisfactorio, por
suero turbio en considerable cantidad; pero si el cual todas las otras monjas, y especialmente
de los pulmones, como nos pareció, o si del aquellas con pulmones débiles y muy flojos, se
intersticio dejado entre el pulmón y la pleura, cuidaran de la enfermedad, pues no había duda
dentro de los límites de la conexión, era lo más para nosotros que la perineumonía no pudo
inseguro de determinar, ya que ni los pulmo- ser derrotada en las que habían muerto, por el
nes ni la pleura mostraban herida alguna en antedicho motivo.
ese lugar; pero los pulmones estaban recu-
biertos por una especie de membrana espesa (De sedibus et causis morborum)
y blancuzca, tal como la he descripto a menu-
do en estas historias, aun en donde los pulmo-
nes se encontraban completamente libres; y a LOS ORIGENES DE LA HIGIENE SOCIAL
la pleura correspondiente, justo encima de su JOHANN PETER FRANK
superficie, se adhería un sedimento rojizo, del
tipo del que queda en el agua donde se ha Debido a que cada clase social sufre las
lavado carne. En otro lugar donde no había enfermedades determinadas por su diferente
adherencia, la superficie de los pulmones se modo de vivir, el rico y el pobre tienen padeci-
hinchaba en una especie de tubérculo, el cual mientos peculiares bajo cualquier forma de
al ser cortado dejó escapar un suero blancuz- gobierno. No voy a dedicar, sin embargo mi
co, como pus. Mandamos extraer los pulmo- discurso a las enfermedades originadas por la
nes, y no sólo eran muy pesados, sino tam- inevitable ley de la disparidad social, sino a la
bién muy duros en algunas partes. Al ser consideración de las tremendas consecuencias
seccionados, mostraron tener una sustancia que para la salud pública tiene la extrema po-
densa y compacta, como la del hígado, y tal breza que oprime a la parte más numerosa y
como yo había predicho no solamente en la útil de la población...
superficie sino internamente a gran profundi- Apenas han alcanzado la adolescencia,
dad, siendo en general en otras partes de to- los hijos de la miseria son obligados por la po-
nalidad más roja, abundante en el mismo sue- breza de sus padres a realizar trabajos excesi-
ro blancuzco que aparecía en el tubérculo; de vamente penosos. Pierden en sudor los líqui-
ahí se hizo evidente que la inflamación en am- dos destinados al desarrollo de su organismo.
bos lóbulos de los pulmones, degenerada en De aquí la falta de delicadeza, simetría y per-
supuración, había sido la causa de la muerte. fección natural. De aquí la decadencia de la
Sin embargo, apenas se encontró suero en el raza humana, tan evidente en esta clase social
pericardio, ni endurecimiento polipoide en el como en los animales domésticos. Los organis-
corazón. El ventrículo izquierdo no tenía casi mos obligados a trabajar prematuros no cre-
sangre, habiendo un poco más en el derecho, cen, y pierden gracia, fuerza y prestancia. Esta
de color oscuro y nada fluida. es la razón por la que a menudo tomamos a un
28- Habiendo encontrado estas carac- muchacho campesino por un adulto, confun-
terísticas, retorné con los otros médicos al lu- didos por su cara y por la rigidez de sus miem-
gar donde nos esperaba la abadesa. «No es bros. Obligado de niño a trabajar como un
un mal extraño y desconocido, como usted hombre, su cuerpo se transforma en una masa
temía, el que se ha llevado tantas doncellas, pesada incapaz de extenderse y demasiado rí-
sino la vehemencia de uno bien conocido y gida para su edad. La necesidad no respeta
muy común. Y para convencerla de que es tampoco al sexo débil, y coloca a las mucha-
así, predije antes de la disección del cadáver, chas bajo el mismo yugo que a sus hermanos,
que los pulmones serían encontrados en el incluso a las condenadas de antemano a matri-
estado en el que realmente estaban; y hubie- monios tardíos. Ello da rigidez a sus cuerpos, y
ra sido imposible para mí decirlo sino hubiera los predispone a los partos más difíciles.
frecuentemente practicado la autopsia de El trabajo es inseparable de la vida de
aquellas muertas del mismo mal, y lo hice adre- las gentes que tienen a su cargo la noble ta-
de, para que ustedes mismas pudieran com- rea de cultivar la tierra. En sí mismo dista mu-
prender de inmediato la veracidad de mi afir- cho de ser perjudicial para la salud, y puede
mación». De esta forma, las liberé de sus te- por el contrario, robustecer el organismo y
mores, y de su opinión de que se trataba de evitarle la legión de enfermedades que la pe-
una enfermedad desconocida, estando nues- reza, las pasiones y la glotonería producen en

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Textos: Modernos

las ciudades. Cuando los campesinos pueden de enfermedad, el pobre está expuesto a nu-
disponer de alguna propiedad y disfrute de bie- merosas desgracias en cuanto sucumbe a una
nes y cuando reciben una compensación por de ellas. Estremecido por la fiebre, se aferra a
su trabajo que le permite mantener a su fami- su duro trabajo para mantener a su mujer y a
lia, la salud del pueblo florece tanto como la sus hijos hasta que su organismo se derrumba
tierra que cultiva. Todo el mundo tiene que bajo el peso de tanto miseria. Quizá llama a un
admitir por propia experiencia que la máquina médico y cuando llega implora su ayuda. La
humana se deshace en muy poco tiempo si indigencia le niega medicamentos, comida apro-
una alimentación de calidad y cantidad ade- piada y asistencia. Pasan los días y se pierde la
cuadas no sustituye lo que cada día ha consu- ocasión de salvarlo. Entra en un hospital si hay
mido el trabajo y eliminado el sudor. La pobla- alguno, pero allí está duramente separado de
ción esclava es una población caquéctica. La su familia hasta su entierro. Ha podido buscar
inanición y la enfermedad se reflejan en la cara más pronto este refugio, pero en la mayor
de toda clase trabajadora. Se reconoce a pri- parte de los hospitales existe tanto peligro de
mera vista. Cualquiera que la haya observado contagio y tan cruel abandono del enfermo
no llamará a ninguno de sus miembros hombre pobre que las cifras de mortalidad hospitalarias
libre. El término ha quedado sin sentido. son más elevadas que las generales.
Antes de que amanezca, después de
comer un poco del mismo pan sin fermentar (System einer Vollstandigen Medizinischen Polizey)
que siempre aplaca a medias su hambre, el
campesino está dispuesto para su duro traba-
jo. Con su agotado organismo labra bajo los ERASISTRATO 1 Y HARVEY 2 SOBRE EL PRO-
ardientes rayos del sol un suelo que no es suyo GRESO DE LA MEDICINA
y cultiva una viña que no le ofrece ninguna BERNARD LE BOVIER DE FONTENELLE
recompensa. Sus brazos desfallecen, su len-
gua seca se hunde en el paladar, el hambre le Erasistrato: Me enseñáis cosas maravi-
consume. El pobre desgraciado sólo puede llosas. ¡Cómo! ¿La sangre circula en el cuerpo?
esperar unos granos de arroz y unas pocas le- ¿Las venas la transportan de las extremidades
gumbres remojadas en agua... La escasez de al corazón, y sale del corazón para entrar en
alimentos y una clase de comida privada de las arterias que la retornan hacia las extremida-
valor nutritivo impiden a los ciudadanos realizar des?
esfuerzos físicos continuados y los predispone Harvey: He hecho ver tantas experien-
a adquirir cualquier tipo de enfermedades. cias sobre esto que nadie duda más al respec-
Cuando más débil es el organismo y más ago- to.
tado está, más fácilmente penetran en él los Erasistrato: Nos equivocábamos pues
contagios como en una esponja seca. De aquí completamente, nosotros los médicos de la an-
que el hambre —esterilidad de los campos en tigüedad, que creíamos que la sangre no tenía
circunstancias adversas— vaya inmediatamen- más que un movimiento muy lento del cora-
te seguida por las epidemias. Hay que atribuir- zón hacia las extremidades del cuerpo; y bien
las no tanto a la pobre calidad de los alimentos se os está reconocido por haber abolido ese
como a la fatal predisposición de los organis- viejo error.
mos a absorber los gérmenes morbosos. Los Harvey: Así lo pretendo, y aun mismo
médicos, los cirujanos, los jefes militares y los se me debe tanto más reconocimiento por ser
sacerdotes pueden vivir en la atmósfera co- yo quien ha puesto a las gentes en tren de
rrompida del enfermo, estando en íntimo con- realizar toda esa pléyade de descubrimientos
tacto con él, sin ser afligidos por el contagio que se hacen hoy día en la Anatomía. Des-
con tanta frecuencia como los ciudadanos y pués que yo hube encontrado una vez la cir-
los soldados pobres, extenuados y deprimidos... culación de la sangre, sigue el turno a quien
Únicamente puedo aludir a las enfermedades encontrará un nuevo conducto, un nuevo ca-
propias de los pobres que se originan por la nal, un nuevo reservorio. Parece como que se
falta de ropas y de calefacción ante las incle- hubiera recompuesto todo el hombre. Ved
mencias del tiempo y por una vivienda cuánto nuestra medicina moderna debe tener
mugrienta y sucia, o a las asquerosas enferme- ventajas sobre la vuestra. Os preciabais de curar
dades de la piel debidas a la ausencia de lim- el cuerpo humano, sólo que el cuerpo huma-
pieza corporal y al sudor producido por el con- no no os era conocido.
tinuo esfuerzo. Agobiado con tantas causas Erasistrato: Confieso que los modernos

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Textos: Modernos

son mejores fisiólogos que nosotros, ellos co- a poco, y en largas series de años.
nocen mejor la naturaleza; pero no son mejo- Harvey: Sería extraño que conociendo
res médicos, nosotros curábamos los enfermos mejor al hombre no se le curase mejor. En tu
tan bien como ellos los curan. Yo querría gus- sentido, ¿por qué entretenerse en perfeccio-
toso dar a todos esos modernos, y a vos en nar la ciencia del cuerpo humano? Más valdría
primer lugar, al príncipe Antiochus para curar dejar todo como está.
de su fiebre cuarta. Vos sabéis de qué manera Erasistrato: Con ello se perderían cono-
yo intervine en el caso y cómo descubrí, por cimientos enteramente agradables; pero, por
su pulso que se conmovía más de lo ordinario lo que hace a la utilidad, creo que descubrir un
ante la presencia de Stratoniza, que él estaba nuevo conducto en el cuerpo del hombre o
enamorado de esta bella reina, y que todo su una nueva estrella en el cielo es simplemente
mal provenía de la violencia que él se hacía la misma cosa. La naturaleza quiere que, cada
para ocultar su pasión. Sin embargo, hice una cierto tiempo, los hombres se sucedan los unos
cura tan difícil y tan considerable como aquella a los otros por medio de la muerte; les está
sin saber que la sangre circulaba, y creo que permitido defenderse contra ella hasta un cier-
con todo el auxilio que ese conocimiento os to punto; pero traspasado éste, ya podrán
hubiera podido dar, habríais estado sumamen- hacerse nuevos descubrimientos en anatomía
te confundido en mi lugar. No se trataba preci- y penetrar cada vez más en los secretos de la
samente de nuevos conductos, ni de nuevos estructura del cuerpo humano, que no se to-
reservorios; lo que había de importante a co- mará por tonta a la naturaleza, se morirá como
nocer en el enfermo, era el corazón. de ordinario.
Harvey: No siempre es cuestión del co-
razón y todos los enfermos no están enamora- Notas:
dos de su suegra, como Antiochus. No me cabe
duda de que, falto de saber que la sangre cir- 1. Médico griego que vivió en tiempos de los primeros
cula, habréis dejado morir a mucha gente en sucesores de Alejandro. Médico del rey Selencos
Nicator, se hizo célebre curando al príncipe
vuestras manos. Antiochus, enamorado de su suegra. Es el primero
Erasistrato: ¡Cómo! ¿Creéis muy útiles cronológicamente de los anatomistas griegos, junto
vuestros descubrimientos? a Herófilo, su contemporáneo. Pensaba que sólo las
Harvey: Seguramente. venas contenían sangre y creía las arterias destina-
Erasistrato: Contestad pues, si os pla- das a contener el espíritu, esto es el aire.
Ninguna de sus obras ha llegado hasta nosotros,
ce, a una pequeña pregunta que voy a pero Galeno lo cita frecuentemente.
haceros. ¿Por qué vemos venir aquí, todos los 2. Nacido en 1578, en Folkenston, formó parte del co-
días, tantos muertos como jamás han venido? legio de medicina de Londres y llegó a ser el médico
Harvey: ¡Oh! Si mueren es falta de ellos, oficial del rey Carlos I. Descubrió las leyes de la
no ya la de los médicos. circulación de la sangre, que no habían sido sino
entrevistas por Vesalio, Serveto y otros anatomistas.
Erasistrato: ¿Pero esta circulación de la Muerto en 1658.
sangre, estos conductos, estos canales, estos
reservorios, todo eso no cura entonces de
nada? ROMANTICISMO
Harvey: Quizá no se ha tenido todavía
ocasión de extraer alguna utilidad de cuanto LA CRIATURA DEL LENGUAJE
se ha aprendido desde hace poco, pero es HERDER
imposible que con el tiempo no se vea en ello
grandes efectos. El hombre es un ser pensante libre y
Erasistrato: A fe mía, nada cambiará. activo, cuyas potencias siguen obrando en pro-
Mirad, hay una cierta medida de conocimien- gresión: de ahí que él sea una criatura de len-
tos útiles que los hombres han poseído tem- guaje.
pranamente, a la cual nada han agregado y Considerado como animal desnudo y sin
que ellos no sobrepasarán, si la pasan. Ellos instintos, el hombre es el ser más miserable.
tienen tal obligación con la naturaleza, que les Puesto que ningún impulso ciego e innato le
ha inspirado tan prontamente lo que tenían orienta en su medio y campo de acción, le
necesidad de saber: porque estarían perdidos asegura su sustento y sus ocupaciones. Nin-
si ella hubiera confiado esa búsqueda a la lenti- gún olor ni olfato que le atraiga hacia las hier-
tud de la razón humana. Para otras cosas que bas para satisfacer su hambre. Ningún maes-
no son tan necesarias, ellas se descubren poco tro ciego y mecánico que para él construya su

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Textos: Modernos

nido. Débil y expuesto a la discordia de los ele- para sí; él está intercalado en la totalidad de la
mentos, al hambre, a todos los peligros, a las especie, él es sólo uno para la serie progresiva.
garras de los animales más fuertes, abandona-
do a mil formas de muerte, ahí está él, solitario (Abhandlung über den Ursprung der Sprache, I, p. 794 ss.)
y aislado, sin la inmediata enseñanza de su crea-
dora y sin la segura guía de la mano de ella, de
tal modo perdido por todos lados. EL PESIMISMO
Por muy vivida, empero, que se pinte SCHOPENHAUER
esta imagen no es ella la imagen del hombre
sino sólo un aspecto de su superficie, y asimis- ... La voluntad es, en las cosas, el límite
mo exhibida bajo una falsa luz. Puesto que el metafísico de toda observación en las cosas,
entendimiento y la reflexión son los dones na- más allá del cual no es posible ir. El carácter
turales de su especie, estos debieron al mismo absoluto y originario de la voluntad explica que
tiempo manifestarse junto al más débil senso- el hombre ame sobre todas las cosas una exis-
rio y todo lo lastimoso de sus deficiencias. La tencia llena de miserias, de tormentos, de do-
criatura miserable y sin instintos, que salió tan lores, de angustias y, por añadidura, de aburri-
desprotegida de las manos de la Naturaleza, miento, que si se la considera objetivamente
fue también desde el primer momento la cria- debería ser para él un objeto de horror, siendo
tura racional activa y libre, que debió ayudarse así que, por el contrario, nada teme tanto como
por sí misma y no de otra manera que como ver llegar su término, que es lo único de que
pudo hacerlo. Todas les deficiencias y necesi- puede estar seguro.
dades en cuanto animal, eran motivos impul- En conformidad, vemos a menudo un
sores para mostrarse con todas las facultades ser enfermizo, raquítico y deformado por la
como hombre. De tal modo que estas faculta- edad, la miseria y las enfermedades, implorar
des de la humanidad no fueron simplemente desde el fondo de su alma nuestra ayuda para
débiles compensaciones frente a las mayores prolongar una existencia cuyo término debiera
perfecciones del animal, las que al hombre le ser el objeto de todos sus anhelos, si el hom-
fueran negadas, como quiere nuestra moder- bre fuese guiado en este punto por un crite-
na filosofía ¡la gran protectora de los anima- rio objetivo. En vez de ello, es la voluntad cie-
les!; sino que constituyeron su propia índole ga quien lo determina bajo la forma de volun-
incomparable e inconmensurable. El centro de tad de vivir; es un impulso idéntico al que hace
gravedad, la dirección principal de sus opera- crecer la planta. Este valor de vivir puede ser
ciones anímicas, recayó para él en el entendi- comparado a una cuerda tendida sobre la es-
miento, en la reflexión humana, así como para cena del mundo y de la cual pendiesen las ma-
las abejas recayó en el libar y nidar. rionetas sostenidas por hilos invisibles, mien-
(...) Las abejas construyen en su infan- tras que sus pies sólo en apariencia tocan el
cia igual que en su edad avanzada, y así lo ha- tablado (valor objetivo de la vida). Si la cuerda
rán al fin del mundo como al comienzo de la cede, la marioneta baja; si se rompiera un día,
creación. Para el hombre rige evidentemente la marioneta caería, pues el piso no la sostiene
otra legalidad natural... Es la criatura más igno- más que en apariencia. En otros términos, la
rante cuando viene al mundo, pero enseguida relajación del valor de vivir es la hipocondría, el
será aprendiz de la Naturaleza como ningún spleen. Su agotamiento trae la inclinación al
otro animal: un día no sólo enseña a los otros suicidio, al cual se lanza el hombre por el moti-
días, sino que cada minuto del día a los siguien- vo más nimio, a veces imaginario, como si se
tes, cada pensamiento a los demás. El artificio buscase camorra a sí mismo para matarse, como
esencial a su alma es el de no aprender nada otros la buscan a otra persona; y hasta se da
para el momento presente, sino ordenar todo, el caso de matarse sin motivo alguno. (Ejem-
o bien de acuerdo con lo que ya sabía, o bien plos de esto se encuentran en Equirol, Des
enlazarlo con lo que proyecta en el futuro. maladles mentales, 1838).
Justamente por esto viene, como nin- Veamos ahora lo que sucede en la raza
gún otro animal, tan débil y pobre, tan des- humana. En ella la cuestión se complica, revis-
provisto de la enseñanza de la Naturaleza: para tiendo grave aspecto, pero el carácter princi-
que él, como animal alguno, goce de una edu- pal sigue siendo el mismo. La vida se nos reve-
cación, y que el género humano, como ningu- la también aquí, no como un goce, sino como
na especie animal, llegue a ser un todo íntima- un tema, como un deber que hay que cumplir.
mente unido. Ningún individuo humano existe Lo que en ella encontramos es también mise-

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Textos: Modernos

ria por todas partes, fatiga constante, confu- principio inmortal. No es la inteligencia, no es
sión perpetua, lucha eterna, agitación forzo- tampoco el cuerpo sobre el cual descansa
sa, los esfuerzos más extremados de cuerpo y aquélla evidentemente. Y esa cosa se mani-
de espíritu. Millones de hombres agrupados en fiesta a nuestra conciencia como voluntad.
naciones aspiran al bien común; cada individuo, Pero más allá de esta manifestación, la más
a su bien particular; pero esto no se consigue inmediata de todas, nada podemos conocer,
sino a costa de millares de víctimas. Los hom- pues no podemos penetrar más allá de la con-
bres se ven lanzados a la guerra, ya por insen- ciencia. Cuando nos preguntamos lo que pue-
satas quimeras, ya por sutilezas políticas. En- de ser esa cosa, aparte de su manifestación
tonces es preciso que la sangre corra a torren- en la conciencia, es decir, lo que es en sí abso-
tes. Cuando reina la paz, la industria y el co- lutamente, formulamos una pregunta para la
mercio prosperan, se hacen descubrimientos que no hay respuesta posible.
asombrosos, los navios surcan los mares en
todas direcciones y se recorre hasta los confi-
nes del mundo para buscar tesoros de todas LA ANATOMÍA GENERAL
clases, y las olas se tragan los hombres a milla- BICHAT
res. Todos se agitan, los unos con el pensa-
miento, los otros con la acción; el tumulto es En la naturaleza existen dos clases de
indescriptible, pero ¿cuál es el resultado final? seres, dos clases de propiedades, dos clases
Permitir que las criaturas efímeras y atormen- de ciencias. Los seres son bien orgánicos o
tadas vivan un breve instante, a lo sumo, y, en inorgánicos; las propiedades vitales o no vita-
el mejor caso, en el seno de una miseria so- les (vivientes o no vivientes); las ciencias, fisio-
portable que se convierte en el aburrimiento, lógicas o físicas. Los animales y los vegetales
y luego hacerles perpetuar su especie, para son orgánicos, mientras que lo denominamos
que ésta comience el mismo trabajo. reino mineral es inorgánico. La sensibilidad y la
La voluntad de vivir, mirada desde este contractilidad son las propiedades vitales. La
punto de vista de la desproporción entre el gravedad, la afinidad, la elasticidad y demás,
trabajo y la recompensa, nos parece una ton- representan propiedades no vitales. La fisiolo-
tería, o subjetivamente como una quimera que gía animal, la fisiología vegetal y la medicina
alucina a toda criatura y que lo lleva a consumir componen las ciencias fisiológicas. La astrono-
sus fuerzas, persiguiendo un fin que no tiene mía, la física, la química y demás, son ciencias
valor alguno. Pero después de más maduro exa- físicas.
men, veremos que se trata de un impulso cie- Características de las propiedades vita-
go, de una inclinación sin fin ni razón. les comparadas con las propiedades físicas.
Todos los filósofos se han equivocado Las leyes físicas son constantes e inva-
colocando el elemento metafísico, imperece- riables, no sujetas a aumentar o disminuir. En
dero, eterno, del hombre, en la inteligencia, ningún caso una piedra gravita hacia el centro
cuando se encuentra en la voluntad, que es de la tierra con mayor fuerza de la ordinaria;
de naturaleza completamente diversa y lo úni- en ningún caso tiene el mármol mayor elastici-
co primitivo. Según he demostrado en el se- dad, etc. Por otra parte (en el mundo orgáni-
gundo libro, la inteligencia es un fenómeno se- co) a cada momento la sensibilidad y la con-
cundario, dependiente del cerebro, con el cual tractilidad pueden cambiar, y ser mayores o
principia y se acaba. La voluntad es la condi- menores. Casi nunca son las mismas.
ción constituyente, la médula del mundo apa- De ahí deducimos que los fenómenos
rente, colocada fuera de las formas del fenó- físicos son enteramente invariables, que en
meno, incluso la del tiempo; es, por lo tanto, todos los períodos y bajo cualquier influencia
indestructible. La muerte destruye la inteligen- son siempre los mismos. Podemos consecuen-
cia, pero no lo que la produce y mantiene; la temente predecirlos, adivinarlos y calcularlos.
vida se extingue, pero el principio de la vida Una vez encontrada la fórmula, sólo necesita-
subsiste eternamente. La misma frescura y vi- mos aplicarla a cada caso. Todas las funciones
vacidad de los recuerdos de lejanos tiempos, vitales, por el contrario, sobrellevan una serie
o de los primeros años de la infancia atestigua de variaciones. Frecuentemente escapan de
que existe en nosotros algo que el tiempo no sus estados naturales, eluden cualquier tipo
puede arrastrar en su fuga, algo que no enve- de cálculo; tendría necesariamente que haber
jece, que persiste inalterable; pero no se ha- tantas fórmulas como casos a mano. Nada po-
bía acertado a explicar claramente cuál es este demos predecir ni adivinar respecto a sus fe-

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Textos: Modernos

nómenos. Sólo nos basamos en la aproxima- casi igual a la del pus y, expulsada por los bron-
ción, y a menudo con incertidumbre. quios, deja en su lugar cavidades conocidas
Por su naturaleza las propiedades vita- vulgarmente con el nombre de úlceras de pul-
les se agotan y desgastan con el tiempo. Acre- món y que nosotros designaremos con el nom-
centadas en la primera etapa de la vida, per- bre de excavaciones tuberculosas...
manecen constantes en la vida adulta, debili- Los tubérculos se acumulan al principio
tándose hasta extinguirse en la tercera etapa. en los vértices de los pulmones, salvo algunos
Se dice que Prometeo, habiendo fabricado al- casos excepcionales muy raros; es ahí, por con-
gunas estatuas de hombre, robó fuego de los siguiente, donde hay que buscarlos. Los pri-
cielos para darles vida. Este fuego es el símbo- meros signos se manifiestan ordinariamente de-
lo de las propiedades vitales; mientras arde la bajo de la clavícula.
vida se mantiene, para ser terminada al extin- Los tubérculos pequeños, separados
guirse aquél. En esencia estas propiedades unos de otros por un tejido pulmonar sano,
animan a la materia tan sólo por un tiempo no pueden ser reconocidos, pero con la ma-
determinado y de ahí que la vida tenga nece- yor frecuencia la salud es entonces todavía
sariamente límites. Las propiedades físicas, por perfecta y muy rara vez la tos que ocasiona la
el contrarío, son constantemente inherentes afección del pecho obliga al enfermo a consul-
a la materia y nunca la abandonan. Los cuer- tar al médico en esta época.
pos inertes tienen como límite de sus existen- Signos de acumulación de tubérculos
cia sólo lo que la casualidad pueda depararles. crudos o miliares. —Cuando los tubérculos
(Anatomie genérale...) miliares están acumulados en gran número en
el vértice de los pulmones, la resonancia
pectoral producida por la percusión de las cla-
LA INVENCIÓN DE LA AUSCULTACIÓN vículas se hace menor y ordinariamente des-
LAENNEC igual. Por ser, en general, el pulmón derecho
el primero y el más gravemente afectado es
Los progresos de la anatomía patológi- casi siempre la clavícula derecha la que resue-
ca han demostrado hasta la evidencia que la na menos. Esta menor resonancia se extiende
tisis pulmonar se debe al desarrollo en el pul- a veces por la parte anterosuperior del pecho
món de una especie particular de formación hasta el nivel de la cuarta costilla. Casi exclusi-
accidental, a la cual los anatomistas modernos vamente, en estos puntos la acumulación de
han aplicado especialmente el nombre de tu- los tubérculos puede dar lugar a una disminu-
bérculo, dado en otro tiempo a toda clase de ción de la resonancia. A veces, sin embargo,
tumor o protuberancia contra natura, en ge- los numerosos tubérculos desarrollados en la
neral... raíz del pulmón y en los ganglios bronquiales
La materia tuberculosa puede desarro- disminuyen esta resonancia de manera nota-
llarse en el pulmón y en los otros órganos bajo ble en el espacio interescapular.
dos formas principales: la de cuerpos aislados y Cuando este tipo existe, y también en
la de infiltraciones; cada una de estas formas o los casos en los que la percusión no indica nada,
clases presenta múltiples variedades, que de- se deja oír una broncofonía difusa, más o me-
penden principalmente de sus diversos grados nos acentuada, por debajo de la clavícula, en
de desarrollo. la fosa subespinosa y bajo la axila. No hay que
Los tubérculos aislados presentan cua- contar para nada con aquello que no tenga
tro variedades principales que designaremos con lugar más que alrededor del ángulo interno y
los nombres de tubérculos enquistados. La in- superior del omóplato, a causa de la proximi-
filtración tuberculosa presenta igualmente tres dad de los bronquios.
variedades que designaremos con los nombres Signos del reblandecimiento de los tu-
de infiltración tuberculosa informe, infiltración bérculos. —Cuando los tubérculos comienzan
tuberculosa gris e infiltración tuberculosa ama- a reblandecerse persisten los mismos signos y,
rilla. además, la tos produce de vez en vez un gor-
Cualquiera que sea la forma bajo la cual goteo, cuya materia espesa impresiona al oído
se desarrolle la materia tuberculosa, presenta en masa. Pronto se hace más líquido el gorgo-
al principio el aspecto de una materia gris y teo, más semejante a un estertor mucoso, y
semitransparente que, poco a poco, se hace la tos, que se ha hecho cavernosa, deja sentir
amarilla, opaca y muy densa. Se reblandece que se forma una excavación en el tejido del
en seguida, adquiere poco a poco una fluidez pulmón. A medida que la excavación se vacía,

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Textos: Modernos

la respiración toma carácter cavernoso e indi- ECONOMÍA Y ENFERMEDAD


ca, como la tos, la extensión creciente de la MAX VON PETTENKOFER
cavidad. La broncofonía difusa cede el sitio a
una pectoriloquia imperfecta al principio, fre- Voy a considerar ahora otros factores
cuentemente interrumpida, pero que se hace de la salud pública que he reservado para des-
evidente poco a poco. A veces, a medida que tacar el valor del alcantarillado y del abasteci-
la excavación se vacía, la resonancia del pe- miento de aguas... Incluso si no podemos re-
cho, que hasta entonces había sido oscura, se ducir nuestra tasa de mortalidad más que un 3
hace más clara... por mil, es interesante que comprobemos la
Signos de evacuación completa de la importancia de una cifra tan reducida para una
materia tuberculosa. —Cuando una excavación ciudad como Munich. En ello podemos encon-
tuberculosa está totalmente vacía, la tos y la trar algún estímulo.
respiración cavernosas indican evidentemente Recordemos la forma en la que calcula-
este estado. El estertor cavernoso no se oye mos, en la lección anterior, las pérdidas produ-
ordinariamente, y si todavía tiene lugar por ra- cidas por enfermedad. Fijamos el importe de
zón de una secreción que se produce sobre los gastos y las pérdidas por cada día de enfer-
las paredes de la excavación, no aparece más medad en 1 florín, cifra que consideramos como
que por momentos y desaparece a menudo un mínimo muy por debajo de la media. Si la
durante varias horas después de haber tasa de mortalidad de Munich desciende sola-
expectorado el enfermo. La materia aparece mente del 33 al 30 por mil, ¿cuál es el valor
muy líquida y poco abundante. En esta época, mínimo de dinero correspondiente a tal reduc-
y a menudo mucho tiempo antes, la pecto- ción? Si en la actualidad mueren anualmente
riloquia se hace totalmente perfecta. Hemos 33 de cada 1.000 habitantes, ello quiere decir
descrito ya este fenómeno, el más llamativo que fallecen 5.610 en una población total de
de todos los que pueden indicar una excava- 170.000. Si en el futuro murieran únicamente
ción de la sustancia del pulmón. Hemos dicho 30 de cada 1.000, ello significaría una mortali-
que la pectoriloquia puede ser perfecta, im- dad anual en Munich de 5.100, es decir, 510
perfecta o dudosa, que puede estar suspen- menos que ahora. De nuestra pasada expe-
dida durante algún tiempo e incluso desapare- riencia podemos concluir que, si decrece la
cer enteramente en ciertos casos... mortalidad, desciende también la morbilidad en
Ninguna observación estetoscópica ha la misma proporción. Si tuviéramos 510 muer-
sido más universalmente comprobada, tanto tes menos, tendríamos, asimismo, un descen-
en Francia como en las otras partes de Euro- so proporcional de las enfermedades. La ex-
pa, como la coincidencia constante de la periencia de muchos años en los hospitales y
pectoriloquia con las excavaciones ulcerosas del otras instituciones públicas de la ciudad indica
pulmón, y no insistiré, por consiguiente, en que la relación entre las muertes y los casos
este punto. Solamente haré una observación de enfermedad es, en Munich, al menos de
para los clínicos que no han tenido ocasión de 34 casos de enfermedad por cada muerte. Una
hacer autopsias de cadáveres y que no pue- reducción de 510 muertes representa, por
den mandarlas hacer más que a ayudantes poco tanto, un descenso de 17.340 casos de en-
prácticos; haciendo una autopsia de manera fermedad. Necesitamos ahora una cifra que
precipitada podría ocurrir a veces que no se mida la duración media de dichos caso. En los
encontrara una excavación ulcerosa que, no hospitales, según Wibmer, cada caso clínico,
obstante, existiera realmente. Esto tendría desde su admisión hasta su terminación por
fácilmente lugar, sobre todo, cuando el pul- curación o muerte, dura 18,5 días por término
món está fuertemente adherido y la excava- medio. Antes de entrar en el hospital, sin em-
ción está situada muy cerca de su superficie. bargo, la gente suele estar enferma durante
Como en este caso no se puede separar el algunos días, y después de abandonarlo es
pulmón más que arrancándolo o mediante el normal que no pueda trabajar durante otros
escalpelo, ocurre a menudo que la porción de tanto.. En consecuencia, estaremos mucho
esta víscera que contiene la excavación queda más cerca de la realidad si fijamos en 20 días la
adherida en su totalidad o casi por completo a duración media de la enfermedad en esta po-
las paredes torácicas... blación... Sobre esta base, la reducción anual
de 17.340 casos clínicos representa 346.800
(Tratado de auscultación mediata) días de enfermedad, lo que equivale al mismo
número de florines si contamos un florín diario

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Textos: Modernos

de pérdidas. tal; entonces hubiera quedado de él lo princi-


Estos 346.800 florines significan un cla- pal: el «espíritu puro». También sobre este
ro ahorro anual y pueden ser considerados punto pensamos nosotros mejor; el ser cons-
como el interés de un capital. Está justificado, ciente, el «espíritu», es considerado por noso-
por tanto, preguntarse a qué capital corres- tros precisamente como síntoma de una rela-
ponde esta reducción de la tasa de mortalidad tiva imperfección del organismo como un in-
o, dicho de otra forma, qué cantidad de dine- tentar, un tentar, un fallar; como una fatiga en
ro puede gastar la ciudad de Munich en mejo- la que se gesta inútilmente mucha fuerza ner-
rar el alcantarillado y el abastecimiento de aguas, viosa; nosotros queremos que una cosa cual-
de forma que conduzca a un descenso de la quiera pueda ser hecha de un modo perfecto
mortalidad de 33 a 30 por mil, estando justifi- hasta cuando es hecha conscientemente. El
cada la inversión por ajustarse al interés habi- «espíritu puro» es una pura majadería; si qui-
tual. Aunque en nuestra ciudad puede obte- tamos de la cuenta el sistema nervioso y los
nerse capital al 4,5% e incluso quizá a 4%, sentidos, la «envoltura mortal», erramos el
vamos a utilizar en nuestros cálculos un 5%; cálculo, y nada más.
346.800 florines capitalizados al 5 % equivalen Pues el hombre está más enfermo, más
a 6.936.000. En otras palabras, en la actuali- incierto, es más variable, más inconsecuente
dad pueden gastarse unos 7 millones de florines que ningún otro animal; de esto no hay duda:
en el alcantarillado y el abastecimiento de agua es el animal enfermo «por excelencia»; ¿de
de Munich, proporcionando esta inversión un dónde procede esto? Seguramente se ha atre-
interés ventajoso. vido a más, ha innovado más, ha desafiado y
provocado más al destino que todos los de-
(Sobre el valor de la salud para una ciudad) más animales juntos: él, el gran experimenta-
dor que experimenta en sí mismo, el insatisfe-
cho, insaciable, que lucha por el poder supre-
POSITIVISMO mo con el animal, con la Naturaleza y con los
dioses; él, indomable todavía, el ser del eterno
EL ANIMAL NO-FIJADO futuro que no encuentra ya reposo ante su
NIETZSCHE fuerza aguijoneado sin cesar por la espuela ar-
diente que el porvenir hunde en la carne del
Hemos renovado los métodos. En to- presente; él, el animal más valeroso, de san-
dos los terrenos somos ahora más modestos. gre más rica, ¿cómo no había de estar expues-
Ya no derivamos al hombre del «espíritu!, de la to a las más largas enfermedades, a las enfer-
«divinidad»; le hemos colocado entre los ani- medades más terribles de todas las que afligen
males. Para nosotros es el animal más fuerte, al animal?... El hombre ya tiene bastante; a
porque es el más astuto: consecuencia de ello veces se producen verdaderas epidemias de
es su intelectualidad. Por otra parte, nos de- esta saciedad de vivir (así, hacia 1384, en los
fendemos de una vanidad que querría hacer tiempos de la danza macabra); pero este mis-
oír su voz también aquí; aquella según la cual mo hastío, este cansancio, este desprecio de
el hombre sería la gran intención recóndita de sí mismo: todo esto desborda en él con tanta
la evolución animal. No es en modo alguno el violencia, que renace al punto de los nuevos
coronamiento de la creación; toda criatura, lazos. La negación que lanza a la vida luminosa,
junto a él, se encuentra al mismo nivel de per- como por milagro, una cantidad de afirmacio-
fección... Y al sostener esto, sostenemos aún nes más delicadas; sí, aun cuando se hiere,
demasiado; el hombre es, en un sentido relati- este espíritu destructor de sí mismo, la misma
vo, el animal peor logrado, el más enfermizo, herida es lo que le obliga a vivir...
el más peligrosamente desviado de sus instin-
tos, aunque, ciertamente, a pesar de todo
esto, es el más interesante... EL SUPERHOMBRE
En otro tiempo, en la conciencia del NIETZSCHE
hombre, en el «espíritu», se vislumbraba la prue-
ba de su alto origen, de su divinidad; para ha- Cuando Zaratustra cumplió los treinta
cer perfecto al hombre se le aconsejó que años, abandonó su patria y los lagos de su pa-
escondiese en sí los sentidos al igual que las tria y se retiró a la montaña. Allí gozaba de su
tortugas, que suspendiese sus relaciones con espíritu y de su soledad, y así vivió durante
los hombres, que depusiera la envoltura mor- diez años, sin sentir cansancio. Pero, al cabo,

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Textos: Modernos

su corazón experimentó un cambio, y una ¿Y acaso os dije yo que transformaseis en plan-


mañana en que se levantó con el alba encaróse tas o en fantasmas?
con el Sol y le dijo: Escuchad y os diré lo que es el super-
«¡Oh, tú Gran Astro! ¿Qué sería de tu hombre.
dicha si te faltasen aquellos a quienes alum- El súper hombre es el sentido de la tie-
bras?». rra. Que vuestra voluntad diga: ¡sea el super-
Diez años hace que todos los días com- hombre el sentido de la tierra!
pareces ante la boca de mi caverna; ya esta- ¡Yo os conjuro, hermanos míos, a que
rías harto de tu luz y de tu eterno girar si no permanezcáis fieles al sentido de la tierra y no
fuera por mí, por mi águila y mi serpiente. prestéis fe a los que os hablan de esperanzas
Pero nosotros te esperábamos todas las ultraterrenas! Son destiladores de veneno,
mañanas, tomábamos de ti lo que te sobraba, conscientes o inconscientes!
y te bendecíamos con gratitud. Son despreciadores de la tierra, mori-
¡Mira! Ya estoy harto de mi conciencia, bundos y envenenados, para quienes la tierra
como las abejas que se han atracado de miel; es fatigosa: ¡por eso quieren dejarla!
yo necesito manos que se extiendan hacia mí. En otro tiempo, los crímenes contra Dios
Yo quisiera hacer regalos, distribuir mercedes, eran los más grandes crímenes; pero Dios ha
hasta que los sabios entre los hombres se ale- muerto, y con él han desaparecido estos deli-
grasen otra vez de su locura y los pobres se tos. Ahora el crimen más terrible es el crimen
holgasen de nuevo con su riqueza. contra la tierra y poner por encima del sentido
Para esto tengo que descender muy de la tierra las entrañas de lo incognoscible.
abajo: igual que tú haces al caer el día, cuando Zaratustra contemplaba al pueblo y se mostra-
te ocultas tras los mares y llevas la claridad a ba extrañado. Entonces habló así:
los mismos infiernos, ¡superabundante Astro! «El hombre es una cuerda tendida en-
¡Así, pues, bendíceme, Ojo Tranquilo, que tre la bestia y el superhombre: una cuerda so-
puedes contemplar sin envidia una dicha de- bre un abismo.
masiado grande! Un paso peligroso, una parada peligro-
Bendice la copa que quiere desbordar- sa, un retroceso peligroso, un temblar peligro-
se. ¡Que el agua dorada corra de ella exten- so y un peligroso estar de pie.
diendo por todas partes su delicioso aroma. Lo más grande del hombre es que es
Mira: esta copa quiere vaciarse y un puente y no un fin en sí; lo que debemos
Zaratustra quiere volver a ser hombre». Así amar en el hombre es que es un tránsito y un
comenzó el descenso de Zaratustra. descenso.
Cuando Zaratustra llegó a la ciudad más Yo amo a aquellos que no saben vivir
próxima al bosque, halló al pueblo congregado más que para desaparecer, porque ésos son
en la plaza: había corrido la voz de que llegaba los que pasan al otro lado.
un titiritero. Ya Zaratustra habló así al pueblo: Yo amo a los grandes despreciadores,
«Yo predico al superhombre. El hombre es algo porque son los grandes veneradores y son fle-
que debe ser superado. Vosotros, ¿qué ha- chas que ansían pasar a la otra orilla.
béis hecho para superarle? Yo amo a los que no buscan tras de las
Todos los seres, hasta hoy, han produ- estrellas una razón para perecer o sacrificarse,
cido algo superior a ellos; ¡y vosotros queréis sino que se ofrecen a la tierra para que ésta,
ser el reflujo de esta marea, prefiriendo volver un día, sea del superhombre.
a la animalidad a vencer al hombre! Yo amo a los que viven para el conoci-
¿Qué es el mono para el hombre? Un miento y tratan de conocer para que algún día
motivo de risa o una dolorosa vergüenza. Pues llegue a vivir el superhombre. Y por esto quie-
eso mismo debe ser el hombre para el super- ren perecer.
hombre: un motivo de risa o de vergüenza ¡Ay! ¡El tiempo se acerca en que el hom-
afrentosa. bre ya no podrá disparar la flecha de su deseo
Habéis recorrido el camino que va des- más allá del hombre y en que el nervio de su
de el gusano al hombre, pero todavía hay en arco ya no podrá vibrar!
vosotros mucho de gusano. Yo os digo que es necesario llevar den-
En otro tiempo fuisteis monos, y ahora tro de sí mismo el caos, para poder engendrar
es el hombre más mono que cualquier mono. de sí mismo el caos, para poder engendrar una
Y el más sabio de todos vosotros no es estrella danzarina. Yo os digo: todavía se agita
más que un ser híbrido de planta y fantasma. el caos en vuestro interior.

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Textos: Modernos

¡Ay! ¡Los tiempos se acercan en que ya dencia superior en las cosas pequeñas; la per-
no podréis engendrar estrellas danzarinas! ¡Ay! fección, la madurez, la salud floreciente, la dulce
Se acercan los tiempos del hombre más des- radiación de la fuerza; trabajar como un artista
preciable, del hombre que ya no podrá des- en la obra diaria, conducir la tarea de su per-
preciarse a sí mismo. fección. Reconocer la probidad en el motivo,
¡Mirad! Yo os muestro aquí al último como corresponde al poderoso.
hombre. «El hombre algo que debe ser supera-
Los más cavilosos preguntan hoy: do»: ello depende del tiempo que se invierte
«¿Cómo se conserva el hombre?». Pero en la marcha: los griegos eran admirables, no
Zaratustra pregunta lo que es él el primero y tenían prisa. Mis precursores: Heráclito,
el único en preguntar: «¿Como será «supera- Empédocles, Spinoza, Goethe.
do» el hombre?». (Also sprach Zarathustra, Anotaciones
El superhombre me preocupa, es para póstumas, 43, 45, 55, 57).
mí la idea fija, y «no» el hombre, no el prójimo,
no el pobre, no el afligido, no el mejor.
¡Oh hermanos míos!, lo que yo puedo EL ANTROPOCENTRISMO
amar en el hombre es que es una transición, FEUERBACH
una decadencia. Y en vosotros también hay
muchas cosas que me hacen amar y esperar. Dios fue mi primer pensamiento, la Ra-
Habéis despreciado, ¡oh hombres supe- zón mi segundo, el Hombre mi tercero y últi-
riores!, y esto es lo que me hace esperar, pues mo.
los grandes despreciadores son también gran- Personalidad, egoidad, conciencia nada
des veneradores. son sin naturaleza, o sólo abstracciones vacías,
Os habéis desesperado, y esto consti- insustanciales. Mas como se comprueba y es
tuye una honra para vosotros, porque no ha- claro de suyo, la naturaleza nada es sin el cuer-
béis aprendido a rendiros, ni habéis aprendido po. El cuerpo únicamente constituye esa fuerza
las pequeñas prudencias. (...). negadora, limitante, compulsiva, contracta sin
¡Superad, hombres superiores, las pe- la cual no es pensable la personalidad. Quita a
queñas prudencias, las consideraciones para los tu personalidad su cuerpo y le quitarás su con-
granos de arena, el hormiguero de las hormi- sistencia. El cuerpo es el fundamento, el suje-
gas, el miserable contento de sí mismo, la «fe- to de la personalidad. Sólo a través del cuerpo
licidad del mayor número»! se distingue la personalidad real de la imagina-
Y desesperad antes de rendiros. Y en ria de un espectro. Qué abstractas, vagas y
verdad os amo porque no sabéis vivir hoy, ¡oh vacías personalidades seríamos de no corres-
hombres superiores! ¡Así es como... vivís me- pondemos el predicado de la impenetrabilidad,
jor! si en el mismo lugar en que estamos y en la
(Also sprach Zaratustra, parte IV, Del forma que somos, otros pudieran encontrarse
hombre superior, 3). al mismo tiempo. Sólo por medio de la exclu-
sión espacial se verifica la personalidad como
La humanidad debe situar su fin más real. Pero el cuerpo nada es sin la sangre y la
allá de sí misma, no en un mundo-error, sino carne. La sangre y la carne son la vida, y la vida
en la propia continuación de sí misma. únicamente la realidad del cuerpo.
Nuestra naturaleza es crear un ente Sólo el ser necesitado es el ser necesa-
superior a nosotros mismos. ¡Crear por encima rio. La existencia sin necesidades es existencia
de nosotros! Ese es el instinto de la acción y superflua. Lo que está libre de necesidades en
de la obra. Del mismo modo que toda volun- general, tampoco tiene ninguna necesidad de
tad supone un fin, del mismo modo el hombre existencia. Si es o no es da lo mismo, tanto
supone un ser que está presente, pero que para sí como para otro. Un ser sin menestero-
representa el fin de toda su existencia. ¡Esa es sidad es un ser sin fundamento. Sólo lo que
la libertad de toda voluntad! En el fin reside el puede sufrir merece existir. Un ser sin sufri-
amor, la veneración, la visión de lo perfecto, miento es un ser sin ser. Sólo el ser rico en
del deseo. dolor es un ser divino. Pero un ser sin sufri-
Encontrar la medida y el medio para as- miento no es otra cosa que un ser sin sensibi-
pirar al más allá de la humanidad: es preciso lidad, sin materia.
encontrar la especie de hombre más alta y más El Tú es la razón del Yo. A partir de la
vigorosa. Representar constantemente la ten- mismidad del otro, y no de la propia y limitada,

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Textos: Modernos

nos habla la verdad. El amor del otro te dice puse que quizá no había comido desde hacía
quién eres. Únicamente el amante tiene en mucho tiempo y que el ayuno los había con-
sus ojos y manos el verdadero ser del amado. vertido en auténticos animales carnívoros que
Para conocer al hombre se le debe amar. se sustentaban con su propia sangre. Resulta-
Pero la carne y la sangre son nada sin el ba muy fácil verificar mediante la experiencia
oxígeno de la diferencia sexual. La diferencia esta idea a priori o hipótesis. Di a comer hierba
sexual no es una diferencia superficial o sólo a los conejos y a las pocas horas sus orinas se
limitada a ciertas partes del cuerpo; ella es algo habían convertido en turbias y alcalinas. A con-
esencial; ella penetra hasta los tuétanos. La tinuación los dejé en ayunas y a las veinticua-
esencia del hombre es la virilidad, la de la mu- tro o treinta y seis horas a lo sumo, sus orinas
jer la feminidad (...). De allí que la personalidad habían vuelto a ser claras y muy ácidas. Dán-
nada es sin la diferencia sexual. La personali- doles hierba se convertían otra vez en alcalinas,
dad se dis-tingue esencialmente en personali- etc. Repetí esta experiencia tan penosa para
dad masculina y femenina. Donde no hay Tú, los conejos numerosas veces, siempre con el
no hay Yo; pero la distinción del Yo y Tú —la mismo resultado. Más tarde la realicé con el
condición fundamental de toda personalidad, caballo, animal hervíboro que tiene también la
de toda conciencia— es entonces más real, orina turbia y alcalina. Descubrí que el ayuno
viviente y fogosa que la diferencia de hombre producía, en seguida, como en el conejo, aci-
y mujer. El Tú entre hombre y mujer tiene una dez de la orina, con aumento relativamente
tonalidad totalmente distinta al monótono Tú elevado de urea, hasta el punto de que crista-
entre amigos. lizaba con frecuencia de forma espontánea al
El ser divino no es otro que el ser hu- enfriarse la orina. Como resultado de mis ex-
mano, o mejor: es el ser del hombre separado periencias llegué, por tanto, a una proposición
de las limitaciones del hombre individual, cor- general desconocida entonces: en ayunas to-
póreo y efectivo; es decir (el ser del hombre) dos los animales se nutren de carne, de mane-
objetivado, o sea influido y venerado como un ra que los hervíboros tienen en esas condicio-
otro ser, un ser en sí distinto del propio. nes orinas semejantes a las propias de los car-
Dios es esencialmente un ideal, un pro- nívoros.
totipo del hombre; pero el prototipo del hom- Se trata de un hecho particular muy
bre no es para sí, sino para el hombre. Su sig- sencillo que permite seguir con facilidad la tra-
nificado, sentido y fin es justamente que el yectoria del razonamiento experimental. Al
hombre llegue a ser lo que el prototipo repre- observar un fenó-meno desacostumbrado hay
senta. El prototipo es sólo la esencia futura que preguntarse siempre a qué puede deber-
del hombre personificado, representado como se o, dicho de otra forma, cuál es su causa
un ser propio. Un Dios comparte todo cuanto inmediata. Aparece entonces en la mente una
es y tiene con el hombre. respuesta o una idea que hay que someter a
la experiencia. Al observar la orina ácida de los
(Philosophische Kritiken...; conejos, me pregunté instintivamente cuál
Das Wesen des Christentum) podía ser la causa. La idea experimental con-
sistió en la relación que mi mente estableció
espontáneamente entre la acidez de la orina
LA FISIOLOGÍA EXPERIMENTAL en el conejo y el estado de ayuno, al que con-
CLAUDE BERNARD sideré como una auténtica nutrición carnívora.
De modo implícito realicé un razonamiento
Trajeron un día a mi laboratorio conejos inductivo de acuerdo con el siguiente silogis-
procedentes del mercado. Los colocaron so- mo: las orinas de los carnívoros son ácidas; por
bre una mesa en la que orinaron, y casualmen- lo tanto, son carnívoros si están en ayunas. Es
te observé que su orina era clara y ácida. Este lo que había que demostrar mediante el expe-
hecho me llamó la atención debido a que los rimento.
conejos tienen habitualmente una orina turbia Para probar que mis conejos eran com-
y alcalina por ser animales hervíboros, mientras pletamente carnívoros cuando estaban en ayu-
que los carnívoros tienen por el contrario, como nas había que efectuar una contraprueba. Era
es sabido, orinas claras y ácidas. Al observar la necesario conseguir experimentalmente un
acidez de la orina de los conejos pensé que conejo carnívoro, dándole carne como alimen-
estos animales debían estar en las circunstan- to, para ver si su orina era entonces clara, áci-
cias alimenticias propias de los carnívoros. Su- da y con un aumento relativo de urea como

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Textos: Modernos

durante el ayuno. Alimenté por ello a los co- tras o alimenticias. Este jugo, sin embargo, no
nejos con carne cocida de vaca, que comen se segrega naturalmente al exterior, como la
muy bien cuando no se les da otra cosa. La saliva o la orina, por ejemplo, ya que su órgano
previsión quedó también confirmada, ya que secretor está situado profundamente en la
los conejos tuvieron orinas claras y ácidas mien- cavidad abdominal. Fue necesario, por ello,
tras se les mantuvo este tipo de alimentación. recurrir a procedimientos experimentales para
Con el fin de completar la experiencia, quise obtener en el animal vivo líquido pancreático
asimismo comprobar, mediante la autopsia de en circunstancias fisiológicas y en suficiente
los animales, si la digestión de la carne se rea- cantidad. Fue posible entonces realizar la ex-
lizaba en el conejo de la misma manera que en periencia, es decir, verificar mi idea a priori,
un carnívoro. Comprobé, en efecto, en sus demostrando la experiencia que dicha idea era
reacciones intestinales, todos los fenómenos correcta. El jugo pancreático procedente de
de una buena digestión, estando todos los perros en circunstancias adecuadas, y también
vasos quilíferos repletos, como en los carnívo- de conejos y de otros animales, al mezclarlo
ros, de un quilo muy abundante, blanco le- con aceite o grasa fundida, los emulsionaba al
choso. No obstante, con motivo de estas au- instante de forma duradera, y más tarde los
topsias, que confirmaron mis ideas acerca de acidificaba, descomponiéndolos en ácidos
la digestión de la carne por los conejos, obser- grasos, glicerina, etc., por medio de un fer-
vé un hecho en el que yo no había pensado mento especial.
en absoluto, y que llegó a ser, como se verá,
el punto de partida de un nuevo trabajo. (Introducción al estudio de la medicina experimental)
Cuando sacrifiqué los conejos que ha-
bía alimentado con carne pude comprobar que
los quilíferos blancos y lechosos empezaban a LA MEDICINA CIENTÍFICA
ser visibles en el intestino delgado en la por- VIRCHOW
ción inferior del duodeno, unos 30 cm. por
debajo del píloro. Me llamó la atención este Cuando hablamos de medicina científi-
hecho porque en los perros los quilíferos em- ca, en esta época, es muy necesario poner-
piezan a ser visibles en una parte mucho más nos de acuerdo entre nosotros con respecto
elevada del duodeno, inmediatamente debajo al significado de las palabras. De acuerdo a
del píloro. Al examinar la cuestión con mayor nuestro punto de vista es evidente que la
detenimiento, comprobé que en el conejo esta medicina involucra al arte de curar —aunque el
peculiaridad coincidía con una inserción muy desarrollo más reciente de la medicina pueda
baja del conducto pancreático, precisamente hacer creer que esto tiene poco que ver con
al lado de donde los quilíferos comenzaban a el asunto. Solamente aquellos que consideran
contener quilo convertido en blanco y lechoso el curar como máxima meta de sus esfuerzos,
por la emulsión de las materias grasas alimenti- pueden por lo tanto ser denominados médi-
cias. cos.
La observación casual de este hecho Desde que admitimos que las enferme-
me hizo pensar que el jugo pancreático podía dades no son ni organismos autónomos,
ser muy bien la causa de la emulsión de las autosubsistentes y circunscriptos ni entidades
materias grasas y, por lo tanto, de su absor- que han forzado su entrada dentro del cuer-
ción por los vasos quilíferos. Realicé entonces po, ni parásitos enraizados en él, sino que re-
instintivamente el silogismo siguiente: el quilo presentan sólo el curso de fenómenos fisioló-
blanco se debe a la emulsión de la grasa; en el gicos bajo condiciones alteradas, desde ese en-
conejo el quilo blanco se forma a nivel del lu- tonces pues, la meta de la terapéutica ha sido
gar donde el jugo pancreático se segrega en el mantenimiento o el restablecimiento de las
el intestino; luego es el jugo pancreático el condiciones normales fisiológicas.
que emulsiona la grasa y produce el quilo blan- El logro verdadero, o para ser más pre-
co. Esto era lo que había que verificar median- ciso, la lucha para un logro verdadero de este
te la experiencia. objetivo abarca la tarea de la medicina prácti-
Ante esta idea a priori preparé inmedia- ca.
tamente una experiencia adecuada para de- La medicina científica, por su parte, tie-
terminar la realidad o el error de mi suposición. ne como objeto la investigación de esas con-
Consistía en probar directamente la acción del diciones alteradas que caracterizan el organis-
jugo pancreático sobre las materias grasas neu- mo enfermo o varios órganos afectados, la

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Textos: Modernos

identificación de anormalidades en los fenóme- maneje un conocimiento pleno y desprejuiciado


nos de la vida cuando tienen lugar bajo condi- del pasado. Cuan pocos entre los médicos de
ciones especialmente alteradas, y finalmente, hoy son capaces de ubicarse en el espíritu de
el descubrimiento de los medios para abolir esas una era que aún no sabía que los capilares son
condiciones anormales. Ello presupone por lo vasos reales con paredes definidas, que las fi-
tanto un conocimiento del curso de los fenó- bras musculares orgánicas son las que sopor-
menos vitales y de las condiciones bajo las cuales tan el movimiento hasta en las más pequeñas
ese curso es posible. Se basa entonces en la formaciones organoides del cuerpo y que la
fisiología. La medicina científica se compone de delicadeza de la red nerviosa periférica excede
dos partes integradas; la patología, que entre- las especulaciones más osadas. Sí, cuan pocos
ga, o debiera entregar, información sobre las sospechan que el período en el que todo esto
condiciones alteradas y los fenómenos fisioló- era desconocido, está sólo treinta años detrás
gicos cambiados, y la terapéutica, que indaga nuestro. Qué esfuerzo ha costado desmoro-
los medios de restaurar o mantener las condi- nar un sistema de patología humoral asegura-
ciones normales. do por mil lazos de lenguaje y levantar en su
[...] Hace justo treinta años, en abril lugar una ciencia directa basada en la expe-
de 1847, que bajo este mismo título escribí mi riencia con un concepto realista de los tejidos
primer trabajo para el primer número de estos y su significado para la patología y la terapia.
«Archivos». Ahora, al comenzar el decimosép- Qué esfuerzos debieron acometerse, que de
timo volumen, si recuerdo ese momento en- investigaciones minuciosos y siempre renova-
terrado tan lejos en el tiempo, es con el de- das, para poder introducir el principio genético
seo de que la generación más joven que co- en la patología, para establecer la historia del
mienza su contribución al progreso de la cien- des-arrollo de los procesos individuales y fijar
cia pueda mirar hacia atrás con nosotros a las cada fenómeno en su categoría, progresivo o
metas que sus mayores se fijaron hace una regresivo, activo o pasivo, nutritivo, formativo
generación y que han venido persiguiendo sin o funcional, ponerlos en su propio lugar. Y sin
flaquear desde entonces. embargo hemos tenido éxito al extraer orden
En ese entonces intentamos sacudir el del caos aparente; miles de hechos individua-
encantamiento que la filosofía, y en particular les han sido comprendidos en unas pocas le-
la filosofía de la naturaleza, habían arrojado so- yes bien establecidas y han sido hechos fácil-
bre la ciencia por un largo período. Luchamos mente accesibles al entendimiento de la ge-
contra la especulación «a priori»; rechazamos neración más joven en este orden nuevo.
sistemas, y confiamos solamente en la expe- (...)
riencia. No pasó mucho tiempo sin que se nos Éramos enemigos de la filosofía, sin
reprochara contribuir a la decadencia de la cien- duda, pero no de la filosofía en general, sino
cia, por poner una variedad interminable de sólo de la filosofía supersegura, autosatisfecha
hechos desnudos y detallados en lugar del y sabelotodo de los años cuarenta. No encon-
conocimiento ordenado y por sacrificar sin pie- tramos nuestro método —el método científi-
dad milenios de práctica en el altar de la cien- co corrientemente aceptado— sin la filosofía.
cia natural sin ofrecer al desvalido principiante Teníamos respeto no sólo por la «lógica de los
una base firme para su accionar. hechos» sino por la lógica en general; nos es-
No nos permitimos amedrentarnos ni forzábamos en adoptar la vieja lógica cuidado-
por el número ni por la estatura de nuestros samente elaborada y bien fundamentada, an-
oponentes. Inconmovibles, nos abocamos a la tes que ajustamos a las exigencias de una lógi-
investigación de problemas aislados, comple- ca autodesarrollada y nueva para cada caso
tamente confiados en que cada nuevo hecho especial. No éramos ciegos a las ventajas de la
iluminaría necesariamente campos todavía os- dialéctica. Buscábamos concepciones bien de-
curos, y en que cada paso hacia adelante au- finidas, precisión en la expresión y terminolo-
mentaría en alguna medida nuestra percep- gía correcta. Tratábamos de introducir un len-
ción de la secuencia de los sucesos naturales y guaje científico dentro de la medicina y poner
ampliaría por lo tanto nuestra visión de los pro- nuestro conocimiento recién adquirido más allá
cesos naturales. Y no nos engañamos. La me- del alcance de una distorsión desordenada, ya
dicina actual se parece tan poco a la de aque- sea por impresiones del momento, por gene-
llos tiempos, y difiere tanto de dos mil años de ralización inadecuada o por tendencia al mal
medicina tradicional, que ya se considera un uso figurativo de los conceptos.
indicio de especial erudición el que alguien (...)

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Textos: Modernos

No es hoy en día necesario escribir que la sangre y en los tejidos sanos.


la medicina científica es asimismo la mejor base Con los recursos ópticos y experimen-
para la práctica médica. Es suficiente señalar tales de que se disponía tampoco se podía ir
cuan completamente ha cambiado hasta el más lejos, y así se hubiera seguido durante
carácter externo de la práctica médica en los mucho tiempo si no hubieran aparecido, justo
últimos treinta años. Métodos científicos han entonces, nuevos métodos de investigación
sido puestos en práctica por doquier. El diag- que impusieron, de pronto, conductas com-
nóstico y el pronóstico del médico se basan en pletamente distintas, abriendo caminos hacia
la experiencia del anatomopatólogo y del fisió- horizontes más amplios en ese oscuro terre-
logo. La doctrina terapéutica se ha hecho bio- no. Con el auxilio de los sistemas de lentes
lógica y de ahí la ciencia experimental. Los con- perfeccionados y su empleo más adecuado y
ceptos de los procesos de curación no están con la colaboración del uso de los colorantes
más separados de los procesos fisiológicos re- de anilina, se consiguió observar nítidamente
guladores. Aún la práctica quirúrgica ha sido hasta las bacterias más pequeñas, pudién-
alterada en sus fundamentos, no por los doselas distinguir, en cuanto a su morfología,
empirismos de la guerra, sino de manera mu- de los otros microorganismos. Al mismo tiem-
cho más radical por medio de una terapéutica po y mediante la utilización de sustratos nutri-
teóricamente construida. tivos, líquidos o sólidos, según las exigencias,
fue posible separar los gérmenes en forma ais-
(Puntos de vista en medicina científica) lada y obtener cultivos puros, sobre los que se
pudieron determinar las propiedades particula-
res de cada una de las especies de manera
LA INVESTIGACIÓN BACTERIOLÓGICA absolutamente segura. Muy pronto se obser-
KOCH varon los resultados rendidos por estos nue-
vos recursos. Se describió una cantidad de es-
La bacteriología es una ciencia muy jo- pecies nuevas, bien caracterizadas, de micro-
ven, por lo menos en lo que se refiere a noso- organismos patógenos, y, lo que fue especial-
tros los médicos. Hasta hace unos quince años, mente importante: se demostró la relación
apenas si se sabía algo más que en el carbunco causal entre éstos y las enfermedades corres-
y en la fiebre recurrente aparecen en la san- pondientes. Como los agentes patógenos ha-
gre unas formaciones extrañas peculiares, y que llados pertenecían, todos, al grupo de las bac-
en las enfermedades por infección de las heri- terias, eso motivó la suposición de que las ver-
das existen, ocasionalmente, los llamados daderas enfermedades infecciosas debían de
vibriones. No se contaba aún con una demos- estar condicionadas, exclusivamente, por de-
tración de que estos elementos podían ser los terminadas especies bacterianas, distintas en-
causantes de aquellas enfermedades, y, con tre sí, pudiéndose abrigar, también, la espe-
excepción de unos pocos investigadores, con- ranza de que, en un tiempo que no muy leja-
siderados como extravagantes, se concebían no, podrían encontrarse los causantes especí-
tales hallazgos más bien como curiosidades que ficos de todas las otras enfermedades conta-
como supuestos productores de enfermeda- giosas.
des. Tampoco se podía pensar de manera muy Entretanto, esta esperanza no se reali-
diferente, pues no se había demostrado nun- zó, y el desarrollo ulterior de la investigación
ca que se tratase de seres independientes y bacteriológica hizo múltiples progresos inespe-
específicos para estas enfermedades. En los rados también en otros campos. Si me tuviese
líquidos en putrefacción, especialmente la san- que atener, en un principio, a los resultados
gre de animales ahogados, se habían encon- positivos de la investigación bacteriológica, ten-
trado bacterias que no se distinguían de los dría que destacar, entonces, precisamente los
bacilos del carbunco. Algunos investigadores siguientes puntos:
no querían, en absoluto, otorgarles la catego- En la actualidad, es necesario admitir
ría de seres vivientes, sino que los considera- como absolutamente demostrado que las bac-
ban como formaciones cristaloideas. Bacterias terias, así como los organismos vegetales su-
idénticas a los espirilos de la fiebre recurrente periores, constituyen especies definidas, muy
existirían en las aguas pantanosas y en el sarro difíciles, en realidad, de delimitar entre sí...
de los dientes habiéndose hallado bastantes Todas las modernas experiencias se
bacterias semejantes a los microorganismos de adecuan decididamente de la manera más es-
las enfermedades de las heridas, al parecer, en crupulosa posible a la separación de las espe-

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Textos: Modernos

cies bacterianas, debiéndose trazar los límites medades infecciosas, como el carbunco, la tu-
entre cada una de ellas en forma más bien berculosis, la erisipela, el tétano y muchas en-
estrecha que amplia. fermedades de los animales, y principalmente
Y frente a cómo se pensaba antes, tam- en casi todos aquellos transmisibles a los ani-
bién se han resuelto y simplificado notablemen- males. Y en todas ellas se hizo evidente, una
te otras incógnitas esenciales; por ejemplo, la vez más, que en todos los casos en los que es
que se refiere a la demostración de la depen- posible demostrar en una enfermedad infec-
dencia de causalidad entre las bacterias ciosa la presencia regular y exclusiva de bacte-
patógenas y las enfermedades infecciosas que rias, éstas nunca se comportan como parási-
ellas provocan. tos accidentales, sino como las bacterias reco-
La creencia de que los microorganismos nocidas ya con toda seguridad como pató-
debían de ser los responsables de estas enfer- genas. De aquí que nos sea bien justificado ya
medades, ya había sido señalada, en realidad, ahora hacer la afirmación de que, aun cuando
con bastante anticipación, por algunos investi- sólo se hayan cumplido las primeras dos condi-
gadores sobresalientes, más no había sobre ello ciones de la demostración, es decir, que, una
un consenso general, y un gran especticismo vez corroborada la existencia regular y exclusi-
fue la respuesta a los primeros descubrimien- va del parásito, está también plenamente de-
tos realizados en este campo. Pero precisa- mostrada, con ello, la relación causal entre
mente en estos casos iniciales se hizo factible parásito y enfermedad. Partiendo de esta su-
realizar, tanto más, la demostración, sobre ba- posición debemos, pues, considerar parasita-
ses incontrovertibles, de que los microrganismos rias una serie de enfermedades con las que no
hallados en una enfermedad infecciosa son, en se logró hasta ahora infectar animales de ex-
efecto, la causa de ella. Entonces, era todavía perimentación para proporcionar así el tercer
justificada la objeción de que podría tratarse paso de la demostración. Pertenecen a estas
de una coincidencia fortuita entre la enferme- enfermedades el tifus abdominal, la difteria, la
dad y los microrganismos, y de que esos últi- lepra, la fiebre recurrente y el cólera asiático.
mos no se comportaban como agentes peli- En lo que se refiere a esta última afección,
grosos, sino que serían parásitos inofensivos quisiera hacer notar, con toda insistencia a este
que hallaron, precisamente en los organismos respecto, la misión de esta enfermedad como
enfermos, las condiciones ausentes en el cuer- parasitaria. Se recurrió a todo lo imaginable para
po sano para subsistir. Muchos admitían, a de- despojar a las bacterias del cólera de su carác-
cir verdad, las propiedades patogénicas de las ter específico, pero ellas salieron airosas de
bacterias, pero creían posible que ellas se hu- todas las impugnaciones, pudiéndose actual-
biesen transformado en patógenas sólo bajo mente admitir como un hecho siempre com-
el influjo del proceso patológico a partir de probado y sólidamente establecido que cons-
otros microrganismos inofensivos presentes tituyen la causa del cólera.
casual o constantemente. Pero cuando se pudo
demostrar, primero, que el parásito es (Investigación sobre la etiología de las
detectable en cada uno de los casos de la res- enfermedades infecciosas)
pectiva enfermedad, y en circunstancias tales
que corresponden a las alteraciones patológi-
cas y al curso clínico de la enfermedad; segun- LA QUIMIOTERAPIA ETIOLOGICA
do, que nunca aparece en ninguna otra en- EHRLICH
fermedad como parásito causal y avirulento; y
tercero, que es posible aislarlo perfectamente La diferencia entre farmacotoxología y
del organismo, y que, a menudo, después de terapéutica experimental es bastante clara, ya
propagado durante bastante tiempo en forma que la primera se ocupa, principalmente de
de cultivo puro, puede provocar nuevamente estudios en animales normales, mientras la se-
la enfermedad; entonces, no pudo ser consi- gunda realiza predominantemente sus investi-
derado más como un accidente forftuito de la gaciones con animales que padecen una en-
enfermedad ni tampoco pensarse, en estos fermedad. Ambas son disciplinas fundamenta-
casos, en ninguna otra relación entre parásito les e indispensables. La anatomía normal y la
y enfermedad, sino que el primero era la causa patológica se han independizado en la actuali-
de la última. dad para beneficio de la ciencia. La misma se-
Esta demostración se aplicó, luego tam- paración es probablemente necesaria en el caso
bién, en su totalidad, a una cantidad de enfer- de la farmacología y la terapéutica experimen-

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Textos: Modernos

tal, puesto que las condiciones para una labor distintivo de las investigaciones farmacológicas.
realmente fructífera son tan diferentes en uno He clasificado los colorantes en neurotrópicos,
y otro campo que una sola persona no puede lipotrópicos y politrópicos, según donde se
dominarlos por completo. No hace falta decir acumulan en el organismo vivo, es decir, en el
que tienen el mismo origen y muchos temas sistema nervioso, el tejido adiposo, etc. Una
en común. Ambas se ocupan del problema de sustancia sólo puede producir un efecto tera-
la acción tóxica, que a su vez plantea el de la péutico determinado si posee el tipo de afini-
célula y su biología. No puedo ocultarle que, dad adecuado. Para conseguir un efecto so-
sobre todo en este contexto, la venerable bre el cerebro hay que utilizar una sustancia
farmacología está en deuda con la nueva disci- neurotrópica, mientras que para actuar sobre
plina, que ha desarrollado la teoría de que la los parásitos es necesario una parasitotrópica...
distribución desempeña un importante papel La tarea específica que la terapéutica experi-
en la acción de un medicamento durante va- mental debe acometer en primer término es
rias décadas en las que tal punto de vista era encontrar la forma de curar las enfermedades
ignorado por la farmacología y la toxicología. infecciosas provocadas experimentalmente. Es
La idea de que los medicamentos sólo cierto que la inmunización activa y pasiva, que
actúan sobre las estructuras somáticas en las debemos a Koch y Behring, es una poderosa
que se acumulan es muy antigua, remontán- arma que ha sido ya utilizada con éxito en el
dose a las primeras épocas de la medicina. No tratamiento de muchas enfermedades, y que
obstante, es un principio que carece de utili- será cada vez de mayor importancia en el fu-
dad si no es verificado y sirve de base para turo. La característica más destacada de la
ulteriores investigaciones. seroterapia es que los agentes protectores son
Me interesé por este tema cuando tra- productos somáticos que ejercen una acción
bajaba sobre colorantes vitales administrados parasitotrópica selectiva y que carecen de ac-
por inyección. Resulta fácil comprobar ción organotrópica. En este caso disponemos
macroscópica y microscópicamente la distribu- de lo que podíamos llamar «balas mágicas», que
ción de estas sustancias, que varía considera- hacen blanco en el organismo patógeno ex-
blemente de acuerdo con su estructura quí- traño al cuerpo, pero que carecen de efecto
mica. De particular interés son los hallazgos que sobre este último y sus células. Por ello es evi-
se obtienen con el azul de metileno, que po- dente que, en los casos adecuados, la admi-
see una afinidad específica por las fibras ner- nistración de sueros es superior a cualquier otra
viosas vivas. Como consecuencia de la misma, forma de tratamiento. Sabemos, sin embargo,
la distribución del colorante puede ser correc- que en una serie de enfermedades infeccio-
tamente seguida hasta las más finas ramifica- sas, especialmente las causadas por protozoos,
ciones nerviosas en un fragmento de tejido la seroterapia no es practicable o significa una
que haya sido extirpado recientemente. Lo gran pérdida de tiempo. A esta categoría per-
mismo puede realizarse en el animal vivo. Por tenecen el paludismo, las diferentes formas de
ejemplo, los parásitos que atacan la vejiga de tripanosomiasis y, probablemente, también un
la rana y que succionan allí sangre pueden te- grupo de infecciones producidas por espirilos.
ñirse inyectando a la rana. Los parásitos así ob- Todas estas enfermedades tienen que ser tra-
tenidos aparecen al microscopio como tadas con sustancias químicas, es decir, que la
gusanillos dotados de movimientos circulares y quimioterapia ha de sustituir a la seroterapia.
con los nervios y músculos coloreados de azul... Las sustancias quimioterápicas son ve-
El rojo neutro, a diferencia del azul de nenos que no solamente atacan al parásito,
metileno, tiñe los llamados gránulos en casi sino que también afectan y perjudican al orga-
todas las células del organismo, mientras que nismo. Hay agentes que ejercen al mismo tiem-
el azul de pirrol, formado por la condensación po una acción parasitotrópica y otra
de tetrametildiaminobenzofenona y pirrol, tiñe organotrópica y resulta imposible predecir el
únicamente los gránulos de un solo tipo celu- resultado de un ensayo terapéutico con ellos.
lar, tal como ha demostrado el profesor E. Por ejemplo, es sabido que cuando R. Koch
Goldmann. Cualquiera que haya visto la gran intentó curar con sublimado de mercurio ani-
belleza que caracteriza las tinciones vitales y la males infectados, encontró que las dosis más
discriminación que se consigue con ellas que- elevadas que era posible administrar carecían
da convencido, sin necesidad de otras prue- de todo efecto sobre los parásitos y mataban,
bas, de que la distribución de las sustancias en en cambio, al animal. En este caso, la actividad
los más finos elementos estructurales es el caso organotrópica era tan superior a la parasito-

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Textos: Modernos

trópica que esta última no era factible obte- tante. Deseamos atacar a los parásitos lo más
nerla in vivo. selectivamente posible. En otras palabras, de-
Para que se desarrolle con éxito la qui- seamos aprender a apuntar y a apuntar en un
mioterapia debemos buscar sustancias que sentido químico. La forma de conseguirlo es
posean una elevada afinidad y una gran po- sintetizar por medios químicos tantos deriva-
tencial letal en relación con los parásitos, pero dos como sea posible de las sustancias apro-
que tengan una baja toxicidad para el organis- piadas.
mo, de forma que resulte posible matar los
parásitos sin dañar al cuerpo de modo impor- (Investigaciones experimentales sobre
terapéutica específica)

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Textos: Actuales

Actuales

EL ANIMAL SIMBÓLICO comparada. Si conocemos la estructura ana-


CASSIRER tómica de una especie animal, estamos en
posesión de todos los datos necesarios para
El biólogo Juan von Uexkull ha escrito reconstruir un modo especial de experiencias.
un libro en el que emprende una revisión críti- Un estudio minucioso de la estructura del cuer-
ca de los principios de la biología. Según él, la po animal, del número, cualidad y distribución
biología es una ciencia natural que tiene que de los diversos órganos de los sentidos y de las
ser desarrollada con los métodos empíricos condiciones del sistema nervioso, nos propor-
usuales, los de observación y experimentación. ciona una imagen perfecta del mundo interno
Pero por otra parte el pensamiento biológico y externo del organismo. Uexkull comenzó sus
no pertenece al mismo tipo que el pensamien- investigaciones con el estudio de los organis-
to físico o químico. Uexkull es un resuelto cam- mos inferiores y las fue extendiendo poco a
peón del vitalismo y defiende el principio de la poco a todas las formas de la vida orgánica. En
autonomía de la vida. La vida es una realidad cierto sentido se niega a hablar de formas in-
última y que depende de sí misma. No puede feriores o superiores de vida .La vida es per-
ser descrita o explicada en términos de física o fecta por doquier; es la misma en los círculos
de química. Partiendo de este punto de vista más estrechos y en los más amplios. Cada or-
Uexkull desarrolla un nuevo esquema general ganismo, hasta el más ínfimo, no sólo se haya
de investigación biológica. Como filósofo es un adaptado en un sentido vago, sino enteramen-
idealista o fenomenista. Pero su fenomenismo te coordinado con su ambiente. A tenor de su
no se basa en consideraciones metafísicas o estructura anatómica posee un determinado
epistemológicas, sino que se funda, más bien, sistema receptor y un determinado sistema
en principios empíricos. Como él mismo señala, efector. El organismo no podría sobrevivir sin la
representaría una especie verdaderamente in- cooperación y equilibrio de estos dos sistemas.
genua de dogmatismo, suponer que existe una El sistema receptor, por el cual una especie
realidad absoluta de cosas que sería la misma biológica recibe los estímulos externos, y el sis-
para todos los seres vivientes. La realidad no tema efector, por el cual reacciona ante sus
es una cosa única y homogénea; se halla estímulos, se hallan siempre estrechamente
inmensamente diversificada, poseyendo tan- entrelazados. Son eslabones de una misma
tos esquemas y patrones diferentes cuantos cadena, que es descrita por Ueuxkull como cír-
diferentes organismos hay. Cada organismo es, culo funcional.
por decirlo así un ser monádico. Posee un No puedo entretenerme en una discu-
mundo propio, por lo mismo que posee una sión de los principios biológicos de Uexkull. Me
experiencia peculiar. Los fenómenos que en- he referido únicamente a sus conceptos y a
contramos en la vida de una determinada es- su terminología con el propósito de plantear
pecie biológica no son transferibles a otras es- una cuestión general. ¿Es posible emplear el
pecies. Las experiencias, y por lo tanto, las rea- esquema propuesto por Uexkull para una des-
lidades, de los organismos diferentes son in- cripción y caracterización del mundo humano?
conmensurables entre sí. «En el mundo de una Es obvio que este mundo no constituye una
mosca —dice Uexkull— encontramos sólo co- excepción de esas leyes biológicas que gobier-
sas de moscas»; «en el mundo de un erizo de nan la vida de todos los demás organismos. Sin
mar, encontramos sólo cosas de erizo de mar». embargo, en el mundo humano encontramos
Partiendo de este supuesto general, desarro- una característica nueva que parece constituir
lla Von Uexkull un esquema verdaderamente la marca distintiva de la vida humana. El círculo
ingenioso y original del mundo biológico. Pro- funcional del hombre no sólo se ha ampliado
curando evitar toda interpretación psicológi- cuantitativamente, sino que también ha sufri-
ca, sigue por entero un método objetivo o do un cambio cualitativo. El hombre, como si
behaviorista. La única clave para la vida animal dijéramos, ha descubierto un nuevo método
nos la proporcionan los hechos de la anatomía para adaptarse a su ambiente. Entre el siste-

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Textos: Actuales

ma receptor y el efector, que se encuentran figuraciones sobre las cosas».


en todas las especies animales, hallamos en el Desde el punto de vista al que acaba-
hombre, como eslabón intermedio, algo que mos de llegar podemos definir y ampliar la de-
podemos señalar como sistema simbólico. Esta finición clásica del hombre. A pesar de todos
nueva adquisición transforma la totalidad de la los esfuerzos de irracionalismo moderno, la
vida humana. Comparado con los demás ani- definición del hombre como animal racional no
males, el hombre no sólo vive en una realidad ha perdido su fuerza. La racionalidad es un ran-
más amplia, sino, por decirlo así, en una nueva go inherente a todas las actividades humanas.
dimensión de la realidad. Existe una diferencia La misma mitología no es sencillamente, una
innegable entre las reacciones orgánicas y las masa cruda de supersticiones o de grandes ilu-
respuestas humanas. En el caso primero, una siones. No es puramente caótica, pues posee
respuesta inmediata o directa sigue al estímu- una forma sistemática o conceptual. Pero, por
lo externo; en el segundo, la respuesta es otra parte, sería imposible caracterizar la es-
demorada. Es interrumpida y retardada por un tructura del mito como racional. El lenguaje ha
proceso lento y complicado de pensamiento. sido identificado a menudo con la razón o con
A primera vista, semejante demora podría pa- la verdadera fuente de la razón. Pero se echa
recer una ventaja bastante equívoca. Algunos de ver que esta definición no alcanza a cubrir
filósofos han puesto sobreaviso al hombre so- todo el campo. En ella, una parte se toma por
bre ese pretendido progreso. El hombre que el todo: pars pro toto. Porque junto al lengua-
medita dice Rousseau, «es un animal deprava- je conceptual tenemos un lenguaje emotivo;
do»; sobrepasar los límites de la vida orgánica junto al lenguaje lógico o científico tenemos el
no representa una mejora de la naturaleza hu- lenguaje de la imaginación poética. Primaria-
mana, sino su deterioro. mente el lenguaje no expresa pensamientos o
Sin embargo, ya no hay salida de esta ideas, sino sentimientos y emociones. Y tam-
reversión del orden natural. El hombre no puede poco una religión dentro de los límites de una
escapar de su propio logro: no le queda más pura razón, tal como fue concebida y desarro-
remedio que aceptar las condiciones de su pro- llada por Kant, es más que pura abstracción.
pia vida. El hombre ya ni vive solamente en un No nos suministra más que la forma ideal, la
puro universo físico, sino en un universo sim- sombra de lo que es una vida religiosa genuina
bólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión y concreta. Los grandes pensadores que defi-
constituyen partes de este universo. Forman nieron al hombre como animal racional, no eran
los diversos hilos que tejen la red simbólica, la empiristas ni trataron de proporcionar una no-
urdimbre complicada de la experiencia huma- ción empírica de la naturaleza humana. Con esta
na. Todo progreso humano en pensamiento y definición expresaban, más bien, un imperati-
en experiencia afina y refuerza esta red. El vo moral fundamental. La razón es un término
hombre no puede enfrentarse ya con la reali- verdaderamente inadecuado para abarcar las
dad de un modo inmediato, no puede verla, formas de la vida cultural humana, en toda su
como si dijéramos, cara a cara. La realidad físi- riqueza y diversidad. Pero todas estas formas
ca parece retroceder en la misma proporción son formas simbólicas. Por lo tanto, en vez de
que avanza la realidad simbólica del hombre. definir al hombre como un animal racional, lo
En lugar de tratar con las cosas mismas, el hom- definimos como un animal simbólico. De este
bre, en cierto sentido, conversa constante- modo podemos designar su diferencia especí-
mente consigo mismo. Se ha envuelto en for- fica y podemos comprender el nuevo camino
mas lingüísticas, en imágenes artísticas, en sím- abierto al hombre: el camino de la civilización.
bolos míticos o ritos religiosos, en tal forma que
no puede ver o conocer nada sino a través de (Antropología filosófica, Cap. II)
la interposición de este medio artificial. Su si-
tuación es la misma en la esfera teórica que en
la práctica. Tampoco en ésta vive el hombre EL ANIMAL ESPIRITUAL
en un mundo de crudos hechos o a tenor de MAX SCHELER
sus necesidades y deseos inmediatos. Vive, más
bien, en medio de emociones, esperanzas y En este punto surge la cuestión decisi-
temores, ilusiones y desilusiones imaginarias en va para nuestro problema. Si se concede la
medio de sus fantasías y de sus sueños. «Lo inteligencia al animal, ¿existe más que una mera
que perturba y alarma al hombre —dice Epic- diferencia de grado entre el hombre y el ani-
teto— no son las cosas sino sus opiniones y mal? ¿existe una diferencia esencial? ¿O es que

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Textos: Actuales

hay en el hombre algo completamente distin- principio y lo llamaron la razón. Nosotros prefe-
to de los grados esenciales tratados aquí y su- rimos emplear, para designar esta X, una pala-
perior a ellos, algo que convenga específi- bra más comprensiva, una palabra que com-
camente a él sólo, algo que la inteligencia y la prende el concepto de la razón, pero que, jun-
elección no agotan y ni siquiera tocan? to al pensar ideas, comprende también una
Aquí es donde los caminos se separan determinada especie de intuición: la intuición
más netamente. Los unos quieren reservar la de los fenómenos primarios o esencias, y ade-
inteligencia y la elección al hombre y negarlas más una determinada clase de actos emocio-
al animal. Afirman, pues, sin duda, una dife- nales y volitivos que aún hemos de caracteri-
rencia esencial; pero la afirman donde, a mi zar; por ejemplo, la bondad, el amor, el arre-
juicio, no existe. Los otros, en especial todos pentimiento, la veneración, etc. Esta palabra
los evolucionistas de las escuelas de Darwin y es espíritu. Y denominaremos persona al cen-
de Lamarck, niegan con Darwin, Scwalbe y tro activo en que el espíritu se manifiesta den-
también W. Köhler, que haya una última dife- tro de las esferas del ser finito, a rigurosa dife-
rencia entre el hombre y el animal, porque el rencia de todos los centros funcionales de vida,
animal posee ya inteligencia. Son, por tanto, que, considerados por dentro, se llaman tam-
partidarios en una u otra forma de la gran teo- bién centros anímicos.
ría monista sobre el hombre, designada con el
nombre de teoría del homo faber; y no cono-
cen, naturalmente, ninguna clase de ser me- ESENCIA DEL ESPÍRITU. LIBERTAD, OBJETI-
tafísico, ni metafísica alguna del hombre, esto VIDAD, CONCIENCIA DE SÍ MISMO
es, ninguna relación característica del hombre
como tal con el fondo del universo. Pero, ¿qué es este espíritu, este nue-
Por lo que a mí toca, no puedo por vo principio tan decisivo? Pocas veces se han
menos de rechazar resueltamente ambas doc- cometido tantos desafueros con una palabra
trinas. Yo sostengo que la esencia del hombre —una palabra bajo la cual sólo pocos piensan
y lo que podríamos llamar su puesto singular algo preciso—. Si colocamos en el ápice del
están muy por encima de lo que llamamos in- concepto de espíritu una función particular de
teligencia y facultad de elegir, y no podrían ser conocimiento, una clase de saber, que sólo el
alcanzados, aunque imaginásemos esa inteligen- espíritu puede dar, entonces la propiedad fun-
cia y facultad de elegir acrecentadas cuantita- damental de un ser espiritual es su indepen-
tivamente incluso hasta el infinito (entre un dencia, libertad o autonomía existencial —o la
chimpancé listo y Edison, tomando a éste sólo del centro de su existencia— frente a los lazos
como técnico, no existe más que una diferen- y la precisión de lo orgánico, de la vida, de
cia de grado, aunque ésta sea muy grande). todo lo que pertenece a la vida y por ende
Pero también sería un error representarse ese también de la inteligencia impulsiva de ésta.
quid nuevo, que hace del hombre un hombre, Semejante ser espiritual ya no está vinculado
simplemente como otro grado esencial de las a sus impulsos, ni al mundo circundante, sino
funciones y facultades pertenecientes a la es- que es «libre frente al mundo circundante»,
fera vital, otro grado que se superpondría a los está abierto al mundo, según expresión que
grados psíquicos ya recorridos —impulso afec- nos place usar. Semejante ser espiritual tiene
tivo, instinto, memoria asociativa, inteligencia mundo. Puede elevar a la dignidad de objetos
y elección— y cuyo estudio pertenecería a la los centros de resistencia y reacción de su
competencia de la psicología. No. El nuevo mundo ambiente, que también a él le son da-
principio que hace del hombre un hombre, es dos primitivamente y en que el animal se pier-
ajeno a todo lo que podemos llamar vida, en el de extático. Puede aprender en principio la
más amplio sentido, ya en el psíquico interno o manera de ser misma de estos objetos, sin la
en el vital externo. Lo que hace del hombre limitación que este mundo de objetos o su
un hombre es un principio que se opone a presencia experimenta por obra del sistema de
toda vida en general; un principio que, como los impulsos vitales y de los órganos y funcio-
tal, no puede reducirse a la «evolución natural nes sensibles en que se funda.
de la vida», sino que, si ha de ser reducido a Espíritu es, por tanto, objetividad; es la
algo, sólo puede serlo al fundamento de las posibilidad de ser determinado por la manera
cosas, o sea, al mismo fundamento de que de ser de los mismos objetos. Y diremos que
también la vida es una manifestación parcial. es sujeto o portador de espíritu aquel ser cuyo
Ya los griegos sostuvieron la existencia de tal trato con la realidad exterior se ha invertido

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Textos: Actuales

en sentido dinámicamente opuesto al del ani- HOMBRE MUNDO


mal.
En el animal, lo mismo si tiene una or- Esta conducta, una vez que existe, es
ganización superior que si la tiene inferior, toda por naturaleza susceptible de una expansión
acción, toda reacción llevada a cabo, incluso la ilimitada: hasta donde alcanza el mundo de las
inteligente, procede de un estado fisiológico cosas existentes. El hombre es, según esto, la
de su sistema nervioso, al cual están coordina- X cuya conducta puede consistir en «abrirse al
dos, en el lado psíquico, los impulsos y la per- mundo» en medida ilimitada. Para el animal,
cepción sensible. Lo que no sea interesante en cambio, no hay objetos. El animal vive ex-
para estos impulsos, no es dado; y lo que es tático en su mundo ambiente, que lleva es-
dado, es dado sólo como centro de resisten- tructurado consigo mismo adonde vaya, como
cia a sus apetitos y repulsiones. Del estado fi- el caracol de su casa. El animal no puede llevar
siológico-psíquico parte siempre el primer acto a cabo ese peculiar alejamiento y sustantivación
en el drama de toda conducta animal, en rela- que convierte un medio en su mundo; ni tam-
ción con su medio. La estructura del medio poco la transformación en objeto de los cen-
está ajustada íntegra y exactamente a su idio- tros de resistencia, definidos afectiva e
sincrasia fisiológica, e indirectamente a la impulsivamente. Yo diría que el animal está
morfológica; y además, a la estructura de sus esencialmente incrustado y sumido en la reali-
impulsos y de sus sentidos, que forman una dad vital correspondiente a sus estados orgá-
rigurosa unidad funcional. Todo lo que el ani- nicos, sin aprenderla nunca objetivamente. La
mal puede aprender y retener de su medio se objetividad es, por tanto, la categoría más for-
halla dentro de los seguros límites que rodean mal del lado lógico del espíritu. Sin duda el no
la estructura de su medio. El segundo acto, animal vive ya sumido en su medio de un modo
en el drama de la conducta animal, consiste absolutamente estático, sin anuncio retroacti-
en producir una modificación real en el medio vo de los estados propios del organismo a un
por virtud de la reacción del animal, dirigida centro interior, como el impulso afectivo de la
hacia el fin objeto del impulso. El tercero es el planta, privada de sensación, representación y
nuevo estado fisiológico-psíquico engendrado conciencia. Según vimos, el animal se ha reco-
por esta modificación. El curso de la conducta brado a sí mismo, por decirlo así, mediante la
animal tiene, pues, siempre esta forma: separación entre la sensación y el sistema mo-
tor, y mediante la continua notificación de su
ANIMAL MEDIO esquema corporal y de sus contenidos senso-
riales. El animal posee un esquema corporal;
Ahora bien, un ser dotado de espíritu pero frente al medio sigue conduciéndose
es capaz de una conducta cuyo curso tiene exácticamente, aun en los casos en que se
una forma exactamente opuesta. El primer acto conduce de un modo inteligente.
de este drama, el drama del hombre, consiste El acto espiritual, en la forma en que el
en que la conducta es motivada por la pura hombre puede realizarlo y en contraste con
manera de ser de un complejo intuitivo, eleva- este simple anuncio del esquema corporal del
do a la dignidad de objeto; y es motivada, en animal y de sus contenidos, está ligado esen-
principio, prescindiendo del estado fisiológico cialmente a una segunda dimensión y grado
del organismo humano, prescindiendo de sus del acto reflejo. Tomemos juntamente este
impulsos y de las partes externas sensibles del acto y su fin y llamemos al fin de este «recogi-
medio, que aparecen justamente en esos im- miento en sí mismo», la conciencia que el cen-
pulsos y están determinadas siempre modal- tro de los actos espirituales tiene de sí mismo
mente, esto es, ópticamente, o acústicamen- o la «conciencia de sí». El animal tiene, pues,
te, etc. El segundo acto del drama consiste conciencia, a distinción de la planta; pero no
en reprimir libremente —o sea, partiendo del tiene conciencia de sí, como ya vio Leibniz. El
centro de la persona—, un impulso, o en dar animal no se posee a sí mismo, no es dueño
rienda suelta a un impulso reprimido en un prin- de sí; y por ende tampoco tiene conciencia de
cipio. Y el tercer acto es una modificación de sí. El recogimiento, la conciencia de sí y la fa-
la objetividad de una modificación de la objeti- cultad y posibilidad de convertir en objeto la
vidad de una cosa, modificación que el hom- primitiva resistencia al impulso, forman, pues,
bre siente como valiosa en sí y definitiva. Este una sola estructura inquebrantable, que es
«hallarse abierto al mundo» tiene, pues, la si- exclusiva del hombre. Con este tornarse cons-
guiente forma: ciente de sí, con esta nueva reflexión y con-

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centración de su existencia, que hace posible túan recíprocamente unas sobre otras y en las
el espíritu, queda dada a la vez la segunda nota cuales convergen las líneas de fuerza de un
esencial del hombre: el hombre no sólo puede campo. En cambio, el impulso afectivo de la
elevar el medio a la dimensión de mundo y planta supone un centro y un medio en el que
hacer de las resistencias objetos, sino que pue- el ser vivo, relativamente libre en su desarro-
de también —y esto es lo más admirable— llo, está sumido, aunque sin anuncio retroacti-
convertir en objetiva su propia constitución fi- vo de sus diversos estados. Pero la planta po-
siológica y psíquica y cada una de sus vivencias see un «ser íntimo» y, por tanto, está anima-
psíquicas. Sólo por esto puede también mo- da. En el animal existen la sensación y la con-
delar libremente su vida. El animal oye y ve, ciencia, y, por tanto, un punto central al que
pero sin saber que oye y que ve. Para sumer- son anunciados, sus estados orgánicos; el ani-
girnos en cierto modo en el estado normal del mal está, pues, dado por segunda vez a sí mis-
animal, necesitamos pensar en ciertos extáticos mo. Ahora bien: el hombre lo está por tercera
del hombre, muy raros, como los que encon- vez en la conciencia de sí y en la facultad de
tramos en el despertar de la hipnosis, en la objetivar todos sus procesos psíquicos. La per-
ingestión de determinados tóxicos embriaga- sona, por tanto, debe ser concebida en el
dores y en el uso de ciertas técnicas que para- hombre como un centro superior a la antítesis
lizan la actividad del espíritu; por ejemplo, los del organismo y el medio.
cultos orgiásticos de toda especie. El animal Dijérase, pues, que hay una gradación
no vive sus impulsos como suyos, sino como en la cual un ser primigenio en su faena pro-
movimientos y repulsiones que parten de las gresiva de dar estructura al mundo se va
cosas mismas del medio. Incluso el hombre pri- encorvando cada vez más sobre sí mismo e
mitivo —que se halla en ciertos rasgos próximo intimando consigo mismo por grados cada vez
aún al animal— no dice: «yo detesto esta más altos y dimensiones siempre nuevas, has-
cosa», sino «esta cosa es tabú». El animal no ta comprenderse y poseerse íntegramente en
tiene una voluntad que sobreviva a los impul- el hombre.
sos y a su cambio y pueda mantener la conti-
nuidad en la mudanza de sus estados (El puesto del hombre en el cosmos, Cap. II)
psicofísicos. Un animal va siempre a parar, por
decirlo así, a una distinta cosa de la que quiere
primitivamente. Es profundo y exacto lo que LA EXISTENCIA HUMANA
dice Nietzsche: «El hombre es el animal que SARTRE
puede prometer».
De lo dicho resulta que son cuatro los Lo que tienen en común los existen-
grados esenciales en que se nos presenta todo cialismos es simplemente que consideran que
lo existente, desde el punto de vista de su ser la existencia precede a la esencia, o, si se pre-
íntimo y propio. Las cosas inorgánicas carecen fiere, que hay que partir de la subjetividad.
de todo ser íntimo y propio; carecen, por lo ¿Qué significa esto a punto fijo?
mismo, de todo centro que les pertenezca de Consideremos un objeto fabricado, por
un modo ontológico. Lo que llamamos unidad ejemplo un libro o un cortapapel. Este objeto
en este mundo de objetos, incluyendo las mo- ha sido fabricado por un artesano que se ha
léculas, átomos y electrones, depende exclu- inspirado en un concepto; se ha referido al
sivamente de nuestro poder de dividir los cuer- concepto de cortapapel, e igualmente a una
pos ralites o mentalmente. Toda unidad cor- técnica de producción previa que forma parte
pórea lo es sólo relativamente a una determi- del concepto, y que en el fondo es una rece-
nada ley de su acción sobre otros cuerpos. Un ta. Así, el cortapapel es a la vez un objeto que
ser vivo, por el contrario, es siempre un cen- se produce de cierta manera y que, por otra
tro óntico y forma siempre por sí su unidad e parte, tiene una utilidad definida, y no se pue-
individualidad tempo-espacial, que no surge por de suponer un hombre que produjera un cor-
obra y gracia de nuestra síntesis, condicionada tapapel sin saber para qué va a servir ese obje-
biológicamente. El ser vivo es una X, que se to. Diríamos entonces que en el caso del cor-
limita a sí misma. Los centros inespaciales de tapapel, la esencia —es decir, el conjunto de
fuerzas, que establecen la apariencia de la ex- recetas y de cualidades que permiten produ-
tensión en el tiempo, y que necesitamos su- cirlo y definirlo— precede a la existencia.
poner a la base de las imágenes de los cuer- (...)
pos, son centros de puntos, fuerzas que ac- Al concebir un Dios creador, este Dios

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se asimila la mayoría de las veces a un artesano comparar la elección moral con la construcción
superior (...) Así el hombre individual realiza cier- de una obra de arte. (...) Lo que hay de co-
to concepto que está en el entendimiento mún entre el arte y la moral es que, en los dos
divino. casos, tenemos creación e invención. No po-
(...) demos decir a priori lo que hay que hacer.
Porque queremos decir que el hombre
empieza por existir, es decir, que empieza por (El existencialismo es un humanismo)
ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que
es consciente de proyectarse hacia el porve-
nir. El hombre es ante todo un proyecto que PATOGENEALOGÍA DEL HOMBRE
se vive subjetivamente, en lugar de ser un MIGUEL DE UNAMUNO
musgo, una podredumbre o una coliflor; nada
existe previamente a este proyecto; nada hay Acaso las reflexiones que vengo hacien-
en el cielo inteligible, y el hombre será ante do pueden parecer a alguien de un cierto ca-
todo lo que habrá proyectado ser. No lo que rácter morboso. ¿Morboso? ¿Pero qué es eso
querrá ser. Porque lo que entendemos ordina- de la enfermedad? ¿Qué es la salud?
riamente por querer es una decisión conscien- Y acaso la enfermedad misma sea la
te, que para la mayoría de nosotros es poste- condición esencial de lo que llamamos progre-
rior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. so, y el progreso mismo una enfermedad.
Yo puedo querer adherirme a un partido, es- ¿Quién no conoce la mítica tragedia del
cribir un libro, casarme; todo esto no es más Paraíso? Vivían en él nuestros primeros padres
que la manifestación de una elección más ori- en estado de perfecta salud y de perfecta ino-
ginal, más espontánea que lo que se llama vo- cencia, y Jahwé les permitía comer del árbol
luntad. Pero si verdaderamente la existencia de la vida y había creado todo para ellos; pero
precede a la esencia, el hombre es responsa- les prohibió probar el fruto del árbol de la cien-
ble de lo que es. Así, el primer paso del exis- cia del bien y del mal. Pero ellos, tentados por
tencialismo es poner a todo hombre en pose- la serpiente, modelo de prudencia para el Cris-
sión de lo que es, y asentar sobre él la respon- to, probaron de la fruta del árbol de la ciencia
sabilidad total de su existencia. Y cuando deci- del bien y del mal, y quedaron sujetos a las
mos que el hombre es responsable de sí mis- enfermedades todas y a la que es corona y
mo, no queremos decir que el hombre es res- acabamiento de ellas, la muerte, y al trabajo y
ponsable de su estricta individualidad, sino que al progreso. Porque el progreso arranca, se-
es responsable de todos los hombres. gún esta leyenda, del pecado original. Y así
(...) fue cómo la curiosidad de la mujer, de Eva, de
Dostoievsky escribe: «Si Dios no exis- la más presa a las necesidades orgánicas y de
tiera, todo estaría permitido». Este es el pun- conservación, fue la que trajo la caída, y con la
to de partida del existencialismo. En efecto, caída la redención, la que nos puso en el cami-
todo está permitido si Dios no existe y en con- no de Dios, de llegar a El y ser en El.
secuencia el hombre está abandonado, por- ¿Queréis otra versión de nuestro ori-
que no encuentra ni en sí ni fuera de sí una gen? Sea. Según ella, no es en rigor el hom-
posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo bre sino una especie de gorila, orangután, chim-
excusas. Si en efecto la existencia precede a pancé o cosa así, hidrocéfalo o algo parecido.
la esencia, no se podrá jamás explicar por refe- Un mono antropoide tuvo una vez un hijo en-
rencia a una naturaleza humana dada y fija; fermo, desde el punto de vista estrictamente
dicho de otro modo, no hay determinismo, el animal o zoológico, enfermo, verdaderamente
hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por enfermo, y esa enfermedad resultó además
otra parte, Dios no existe, no encontramos de una flaqueza, una ventaja para la lucha por
frente a nosotros valores u órdenes que legiti- la persistencia. Acabó por p’onerse derecho el
men nuestra conducta. Así, no tenemos ni único mamífero vertical: el hombre. La posi-
detrás ni delante de nosotros, en el dominio ción erecta le libertó las manos de tener que
luminoso de los valores, jusitficaciones o excu- apoyarse en ellas para andar, y pudo oponer el
sas. Es lo que expresaré diciendo que el hom- pulgar a los otros cuatro dedos, y coger obje-
bre está condenado a ser libre (...) tos y fabricarse utensilios, y son las manos, como
(...) Sin duda, elige sin referirse a valo- es sabido grandes fraguadores de inteligencia.
res preestablecidos, pero es injusto tacharlo Y esa misma posición le puso pulmones, trá-
de capricho. Digamos más bien que hay que quea, laringe y boca en aptitud de poder arti-

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cular lenguaje, y la palabra es inteligencia. Y que es la realidad radical, en el sentido de que


esa posición, también, haciendo que la cabeza a ella tenemos que referir todas las demás, ya
pese verticalmente sobre el tronco, permitió que las demás realidades, efectivas o presun-
un mayor peso y desarrollo de aquélla, en que tas, tienen de uno u otro modo que aparecer
el pensamiento se asienta. Pero necesitando en ella.
para esto unos huesos de la pelvis más resis- La nota más trivial, pero a la vez la más
tentes y rectos que en las especies cuyo tron- importante de la vida humana, es que el hom-
co y cabeza descansan sobre las cuatro extre- bre no tiene otro remedio que estar haciendo
midades, la mujer, la autora de la caída según algo para sostenerse en la existencia. La vida
el Génesis, tuvo que dar salida en el parto a nos es dada, puesto que no nos la damos a
una cría de mayor cabeza por entre huesos nosotros mismos, sino que nos encontramos
más duros. Y Jahwé la condenó, por haber en ella de pronto y sin saber cómo. Pero la
pecado, a parir con dolor sus hijos. vida que nos es dada no nos es dada hecha,
El gorila, el chimpancé, el orangután y sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada
sus congéneres deben considerar como un cual la suya. La vida es quehacer, Y lo más gra-
pobre animal enfermo al hombre, que hasta ve de estos quehaceres en que la vida consis-
almacena sus muertos. ¿Para qué? te no es que sea preciso hacerlos, sino, en
Y esa enfermedad primera y las enfer- cieno modo lo contrario; quiero decir que nos
medades todas que se le siguen, ¿no son aca- encontramos siempre forzados a hacer algo,
so el capital elemento del progreso? La artritis, pero no forzados a hacer algo determinado,
pongamos por caso, inficiona la sangre, intro- que no nos es impuesto éste o el otro queha-
duce en ella cenizas, escurrajas de una imper- cer, como le es impuesto al astro su trayecto-
fecta combustión orgánica; pero esta impure- ria o a la piedra su gravitación. Antes que ha-
za misma, ¿no hace por ventura más excitante cer algo, tiene cada hombre que decidir, por
a esa sangre? El agua químicamente pura es su cuenta y riesgo, lo que va a hacer. Pero
impotable. Y la sangre fisiológicamente pura, esta decisión es imposible si el hombre no po-
¿no es acaso también inapta para el cerebro see algunas convicciones sobre lo que son las
del mamífero vertical, que tiene que vivir del cosas en su derredor, los otros hombres, él
pensamiento? mismo. Sólo en vista de ellas puede preferir
La historia de la Medicina, por otra par- una acción a otra, puede, en suma, vivir.
te, nos enseña que no consiste tanto el pro- ... El existir mismo no le es dado hecho
greso en expulsar de nosotros los gérmenes y regalado como a la piedra, sino que —rizan-
de las enfermedades o más bien las enferme- do el rizo que las primeras palabras de este
dades mismas, cuanto en acomodarlas a nues- artículo inicia, diremos— al encontrarse con que
tro organismo, enriqueciéndolo tal vez, en existe, al acontecerle existir, lo único que en-
macerarlas en nuestra sangre. ¿Qué otra cosa cuentra o le acontece es no tener más reme-
significan la vacunación y los sueros todos? dio que hacer algo para no dejar de existir. Eso
¿Qué otra cosa la inmunización por el transcur- muestra que el modo de ser de la vida ni si-
so del tiempo? quiera como simple existencia es ser ya, pues-
Si eso de la salud no fuera una catego- to que lo único que nos es dado y que hay
ría abstracta, algo que en rigor no se da, po- cuando hay vida humana, es tener que hacér-
dríamos decir que un hombre perfectamente sela cada cual suya. La vida es un gerundio y
sano no sería ya un hombre, sino un animal no un participio; un faciendum y no un factum.
irracional. Irracional por falta de enfermedad La vida es quehacer. La vida, en efecto, da
alguna que encendiera su razón. Y es una ver- mucho que hacer. Cuando el médico, sorpren-
dadera enfermedad, y trágica, la que nos da el dido de que Fontenelle cumpliese en plena
apetito de conocer por gusto del conocimien- salud sus cien años, le preguntaba qué sentía,
to mismo, por el deleite del probar de la fruta el centenario respondió: Rien, rien du tout...
del árbol de la ciencia del bien y del mal.1 Seulement une certaine difficulté d’étre. De-
bemos generalizar y decir que la vida no sólo a
los cien años, sino siempre, consiste en difficulté
LA TÉCNICA COMO ORTOPEDIA d'être. Su modo de ser es formalmente ser
ORTEGA Y GASSET difícil, un ser que consiste en problemática ta-
rea. Frente al ser suficiente de la substancia o
La vida humana es una realidad extra- cosa, la vida es el ser indigente, el ente que lo
ña, de la cual lo primero que conviene decir es único que tiene es, propiamente, meneste-

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res. El astro, en cambio, va, dormido como un legio de actuar en el anillo de la necesidad (que
niño en su cuna, por el carril de su órbita. los seres meramente naturales no pueden rom-
Hablemos ahora del mito que encon- per) mediante su voluntad y comenzar en sí
tramos allende la técnica: el animal que se con- mismo toda una serie fresca de fenómenos
virtió en el primer hombre habitaba, al parecer, (esta es una definición kantiana de la libertad).
en los árboles —la cosa es bastante conoci- El acto mediante el cual realiza eso, se llama
da—, era un habitante arborícola. Por eso su preferentemente acción.»
pie está formado de modo que no es adecua- Herder, al que volveré más tarde con
do para caminar sobre el suelo, sino más bien mayor detalle, dice que «ya no una máquina
para trepar. Como habitaba en los árboles, vi- infalible en las manos de la naturaleza; él mis-
vía sobre terrenos pantanosos en que abun- mo será meta y fin de la elaboración». Son
dan enfermedades epidémicas. Vamos a ima- puntos de vista de gran interés en el proble-
ginar —sólo estoy contando un mito— que esta ma del «animal no terminado», del ser que es
especie enfermó de malaria, o de otra cosa, tarea para sí mismo, pero no se desarrollaron
pero no llegó a morir. La especie quedó into- más en la filosofía de su tiempo, porque su
xicada, y esta intoxicación trajo consigo una especial postura filosófica conducía necesaria-
hipertrofia de órganos cerebrales. Esta hiper- mente a la antigua concepción del hombre
trofia acarreó, a su vez, una hiperfunción ce- como ser espiritual, que es demasiado estre-
rebral, y en ello radica todo... Pero este animal cha como para que en ella puedan entrar sin
que se convirtió en un primer hombre, ha en- más las definiciones que dimos más arriba.
contrado súbitamente una enorme riqueza de Ahora bien, esa definición del ser
figuras imaginarias en sí mismo. Estaba, natu- descripta en sus primeros lineamientos es la
ralmente, loco, lleno de fantasía, como no la que sobre todo nos permite captar la especial
había tenido ningún animal antes que él, y esto posición psíquica y morfológica del hombre. Esto
significa que frente al mundo circundante era tiene una enonne importancia. Sólo partiendo
el único que encontró, en sí, un mundo inte- de la idea de un ser práxico, no terminado,
rior. entra en campo la physis del hombre. La defi-
... ¿Qué es lo que, en definitiva, nos nición como «ser espiritual» sola no permite
ofrece esta narración, esta fábula? Este mito nunca ver claramente una conexión entre el
nos muestra la victoria de la técnica: ésta quiere estado corporal y lo que se suele llamar razón
crear un mundo nuevo para nosotros, porque o espíritu. En efecto, morfológicamente, el
el mundo originario no nos va, porque en él hombre, en contraposición a los mamíferos
hemos enfermado. El nuevo mundo de la téc- superiores, está determinado por la carencia
nica es, por tanto, como un gigantesco apara- que en cada caso hay que explicar en su sen-
to ortopédico que ustedes los técnicos quie- tido biológico exacto como no-adaptación, no-
ren crear, y toda técnica tiene esta maravillosa especialización, primitivismo, es decir: no- evo-
y —como todo en el hombre— dramática ten- lucionado; de otra manera: esencialmente ne-
dencia y cualidad de ser una fabulosa y grande gativo. Falta el revestimiento de pelo y por tanto
ortopedia.2 la protección natural contra la intemperie; fal-
tan los órganos naturales de ataque pero tam-
bién una formación corporal apropiada para la
EL SER DEFICIENTE huida; el hombre es superado por la mayoría
ARNOLD GEHLEN de los animales en la agudeza de los sentidos;
tiene una carencia, mortalmente peligrosa para
Por lo que a mí me consta, ya en la su vida, de auténticos instintos y durante toda
Alemania clásica hay un enfoque en esta di- su época de lactancia y niñez está sometido a
rección e incluso se comenzó a esbozar, pero una necesidad de protección incomparablemen-
no alcanzó su desarrollo. Es en Schiller y Herder te prolongada. Con otras palabras: dentro de
donde se encuentra esta afirmación: las condiciones naturales, originales y primiti-
«En los animales y las plantas —dice vas, hace ya mucho tiempo que se hubiera
Schiller en Über Armut und Würde— la natu- extinguido, puesto que vive en el suelo en
raleza no da meramente el destino sino que medio de los animales huidizos ligerísimos y las
ella sola lo realiza también. Pero al hombre le peligrosas fieras depredadoras.
da sólo su destino, y le deja que lo realice él La tendencia de la evolución de la na-
mismo... sólo el hombre en cuanto persona turaleza va, en efecto, en el sentido de adap-
tiene entre todos los seres conocidos el privi- tar formas orgánicamente muy especializadas

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a sus respectivos medios ambientes concre- - G. S. Kirk, J. E. Raven, The presocratic phyosophers,
tos. Es decir, aprovechar los «medios» surgi- Cambridge 1957, pp. 336-339. Trad. cast. por el au-
tor.
dos en la naturaleza con una variedad innume- - Platón, El banquete o del amor, El Ateneo, Buenos
rable, como espacios vitales para los seres vi- Aires, 1955, pp, 585-590.
vos que se adaptaron a ellos. - Jenofonte. Memorables. Les Belles Lettres, París 1960,
Las márgenes planas de las aguas tropi- pp. 50-65, Trad. cast, por el autor.
cales y las profundidades oceánicas; las desnu- - Plinio, Natural History, The Loeb Class. Lib., London
1952. Libro VII, I, 2-5, pp. 506-511. Trad. cast. por el
das pendientes de las montañas alpinas nórdi- autor.
cas y el monte bajo con claros bosquecillos son - Lucrecio, De la naturaleza de las cosas, (libro III).
medios específicos para animales especializados, En Julián Marías, La filosofía en sus textos, Labor, Bs.
sólo capaces de vivir ahí; así como la piel de los As. 1963. (I, pp. 149-151),
animales de sangre caliente lo es para los pará- - Séneca, Cartas a Lucilo (La filosofía en sus textos, I,
pp. 187 y 195-198).
sitos y así sucesivamente en innumerables ca- - Marco Aurelio, Pensamientos (La filosofía en sus tex-
sos. Por el contrario, visto morfológicamente, tos, I, pp. 208-211).
el hombre no tiene prácticamente ninguna - Gregorio de Nicea, La creación del hombre (De
especialización Consta de una serie de no-es- hominis opificio). Trad. provisoria de María Merce-
pecializaciones, que desde el punto de vista des Bergada. Centro de Estudios de Filosofía Medie-
val, Bs. As. 1968.
biológico-evolutivo aparecen como primiti- - San Agustín, La ciudad de Dios (XI, 26); Las confe-
vismos. Por ejemplo, su dentadura tiene una siones (X, 6, 10 - X, 17, 26 - X, 33-50). Biblioteca de
carencia de huecos, que es totalmente primi- Autores Cristianos II, Madrid 1946, pp. 717, 737,
tiva, y una indeterminación de estructura, que 763.
no pertenece ni a los herbívoros, ni a los carní- - Aben Tofail, El filósofo autodidacta (La filosofía en
sus textos, I, pp. 406-408).
voros; es decir, a la mandíbula de un depreda- - Abenjaldún, Prolegómenos (La filosofía en sus tex-
dor. Con respecto a los grandes monos, que tos, I, pp. 450-452).
son animales arborícolas altamente especializa- - Juan Luis Vives, Fábula del hombre, Obras Comple-
dos, con brazos super-desarrollados para tre- tas, I, pp. 538-542.
par y colgarse, que tienen pies para trepar, - Erasmo, Elogio de la locura (Capítulos XXXI a XXXIV),
pp. 101-115.
pelo por todo el cuerpo y poderosos colmillos, - Pascal, Pensamientos, Espasa-Calpe, Buenos Aires
el hombre es un ser desesperadamente in- 1940, pp. 48-49.
adaptado. Es de una medianía biológica única - Hobbes, Leviatan (Cap. XIII) Editora Nacional, Ma-
en su género (la vamos a estudiar detenida- drid 1979, pp. 222-227.
mente en la primera parte) y se resarce de - Rousseau, Discursos a la academia de Dijon, Edicio-
nes Paulinas, Madrid 1977, pp. 177-178.
esa carencia solamente mediante su capaci- - Schopenhauer, El mundo como voluntad y repre-
dad de trabajo o el don de la acción, es decir: sentación (Libro I?, Cap. XXVIII)¡
con sus manos y su inteligencia. Precisamente - La filosofía en sus textos, II, pp. 903-904.
por eso está erecto, drcum—spectans (miran- - Nietzsche, Obras Completas, Aguilar, Bs. As. 1949; El
do a su alrededor) y sus manos están libres.3 anticristo, 14 (X, pp.306-308); Genealogía de la mo-
ral, III, 13 (VIII p. 371).
- Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, Ensa-
yos, II, Aguilar, Madrid 1945.
Referencias: - Ortega y Gasset, Obras Completas, Revista de Occi-
dente, Madrid, 1946-1969; Historia como sistema;
- Hesíodo, Trabajos y días, en Obras y fragmentos, Pasado y porvenir para el hombre actual.
Credos, Madrid 1978, pp. 125-134. - Gehlen, El hombre, Sígueme, Salamanca 1980, pp.
36-38.

|| 81 || Quirón, Vol. 38 Nº1/2 - 2007


Textos: Ficciones

Ficciones

EL ERROR CLÍNICO cia en cuestión son hechas por quienes ven


G. K. CHESTERTON en el tamaño creciente de las posesiones
de ultramar un aumento en sabiduría, en
Todo libro de moderna investigación estatura y en el favor de Dios y de los hom-
social posee una estructura bastante preci- bres. Carecen los tales, sin duda, de sutile-
sa. Comienza, por regla general, con un aná- za, hasta para determinar el paralelo con el
lisis estadístico de las tablas de la población, cuerpo humano. Ni siquiera se preguntan si
de la disminución de los crímenes entre los acaso un Imperio está aumentando de altu-
congregacionistas, del aumento de la histe- ra en su juventud o si se está poniendo
ria entre los vigilantes y de otros hechos grueso en su edad madura. Pero de todos
igualmente notorios. Termina con un capí- los ejemplos del error que surge de este
tulo generalmente llamado «El Remedio». fantaseo antropológico, el peor es el que
Gracias, en gran parte, a método tan sóli- ahora señalamos: el hábito de describir
do, cuidadoso y científico, los «remedios» exhaustivamente una enfermedad social y
nunca son hallados. Porque aquel esquema luego proponerle la correspondiente droga.
de preguntas y respuestas clínicas es un Ahora bien, en caso de desarreglos físi-
desatino, el primer gran desatino de la so- cos, hablamos primero de la enfermedad, y
ciología. Se llama averiguar el mal antes de ello por una excelente razón.
encontrar la cura. Empero, cuadra a la esen- Porque a pesar de que pudiera haber
cia del hombre y a su dignidad que en ma- dudas sobre la manera en que se produjo el
terias sociales debamos procurar la cura an- trastorno, no hay dudas sobre cuál debe ser
tes de localizar el mal. el estado de normalidad. Ningún médico pro-
Semejante falacia es una de las tan- pone producir un nuevo tipo de hombre,
tas que emanan de la tendencia moderna con una nueva distribución de sus ojos o de
por las metáforas físicas o científicas. Se cree sus miembros. El hospital podrá, por necesi-
conveniente hablar del organismo social como dad, devolver un hombre a su casa con una
podría convenir referirse al León Británico. pierna de menos, pero no lo devolverá (en
Pero la Gran Bretaña no es, con propiedad, un rapto creador), con una pierna de más.
un organismo, del mismo modo que no es La ciencia médica se contenta con el cuer-
un león. En el momento en que otorgamos po humano normal, y sólo trata de restau-
a una nación la unidad y la simplicidad del rarlo.
animal, empezamos a pensar burdamente. Pero las ciencias sociales de ningún
El hecho de que un hombre sea bípedo, no modo se contentan con el alma humana
supone que cincuenta hombres sean un normal; poseen en venta toda clase de al-
ciempiés. Por obra de este razonamiento se mas de fantasía. El hombre animado por un
ha llegado al profundo absurdo de referirse ideal social dirá: «Estoy cansado de ser puri-
continuamente a las «naciones jóvenes» y tano, quiero ser pagano». O bien: «Más allá
a las «naciones moribundas» como si la na- de esta dura prueba del individualismo, per-
ción poseyera porciones fijas de vida física. cibo el paraíso luminoso del colectivismo».
Se dirá así que España ha entrado en la últi- Ahora bien, en las enfermedades corpora-
ma senectud. Del mismo modo podría decir- les no existen estas discrepancias sobre las
se que España está perdiendo la dentadu- finalidades últimas. Él paciente podrá o no
ra. O bien dirán que el Canadá debería cuanto necesitar quinina, pero ciertamente necesi-
antes producir su literatura, lo que equivale ta salud. Nadie dice: «Estoy cansado de este
a afirmar que el Canadá debería dejarse cre- dolor de cabeza, necesito un dolor de mue-
cer el bigote. Las naciones se componen las». O bien: «La única escapatoria para esta
de personas; la primera generación puede gripe es un sarampión». O acaso: «A través
ser decrépita o la diezmilésima puede resul- de esta dura prueba del catarro, percibo el
tar vigorosa. Análogas aplicaciones de la fala- paraíso luminoso del reumatismo». Pero,

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Textos: Ficciones

precisamente, todas las dificultades, en ción. A todos nos disgusta la pobreza abyecta,
nuestros problemas nacionales, provienen de pero otro asunto sería si comenzáramos a
que algunos hombres aspiran a remedios que discutir sobre la pobreza independiente y
otros hombres consideran como las peores digna. Todos desaprobamos la prostitución,
enfermedades. Presentan como estados de pero no todos aprobamos la pureza. La úni-
salud soluciones permanentes a las que ca manera de enfocar un mal social consiste
otros, irrevocablemente, llaman estados en fijar en seguida el ideal social.
morbosos. Belloc dijo una vez que no se apar- Todos advertimos enseguida la locu-
taría de la noción de propiedad más de lo ra general, pero ¿en qué consiste la cordu-
que lo haría de sus muelas. Y, sin embargo, ra general? Habría llamado a este libro «qué
para Mr. Bernard Shaw, la idea de propiedad es lo que está mal en el mundo», pero ese
no es una muela, sino un dolor de muelas. título, un tanto genérico, alude solamente
Lord Millner ha procurado sinceramente di- a un punto: lo que está mal es que no nos
fundir la eficiencia germánica, pero cualquiera preguntamos en qué consiste el bien.
de nosotros preferiríamos dar antes la bien-
venida a cualquier enfermedad proveniente
de ese país. Al doctor Saleeby le agradaría EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR
honéstamente la eugenesia; por mi parte DE LO QUE SUCEDIÓ A UN REY CON LOS
preferiría el reumatismo. PÍCAROS QUE HICIERON LA TELA.
Este es el punto esencial y culminan- JUAN MANUEL
te acerca de la moderna controversia socio-
lógica. La discrepancia no radica meramen- Una vez el conde Lucanor le dijo a
te en las dificultades, sino en la finalidad a Patronio, su consejero:
perseguir. Coincidimos sobre el mal; es so- -Patronio, un hombre me ha venido a
bre el bien lo que deberíamos tomarnos a proponer una cosa muy importante y que dice
golpes. Todos admitimos que una aristocracia me conviene mucho, pero me pide que no lo
perezosa es algo malo. Pero de ningún modo diga a ninguna persona por confianza que me
todos habríamos de admitir que una aristo- inspire, y me encarece tanto el secreto que
cracia activa es algo bueno. A todos nos dis- me asegura que si lo digo toda mi hacienda y
gusta un sacerdocio irreligioso, pero algunos de hasta mi vida estarán en peligro. Como sé que
nosotros nos enfureceríamos ante la idea de nadie os podrá decir nada sin que os deis cuenta
uno que fuera realmente religioso. Todos si es verdad o no, os ruego me digáis lo que os
se indignan si nuestro ejército es débil, aun parece esto.
la gente que se indignaría todavía más si fuera -Señor conde Lucanor —respondió
poderoso. El caso social es exactamente Patronio—, para que veáis lo que, según mi
opuesto al caso clínico. No discrepamos, parecer, os conviene más, me gustaría que su-
como los médicos sobre la índole precisa de pierais lo que sucedió a un rey con tres granu-
la enfermedad, coincidiendo al mismo tiem- jas que fueron a estafarle.
po sobre la naturaleza de la salud. Al con- El conde le preguntó qué le había pa-
trarío, todos coincidimos en que Inglaterra es sado.
malsana, pero la mitad de entre nosotros no -Señor conde Lucanor —dijo Patronio—,
veríamos en ella lo que la otra mitad llamaría tres pícaros fueron a un rey y le dijeron que
una resplandeciente salud. Los abusos públi- sabían hacer telas muy hermosas y que espe-
cos son tan visibles y pestilentes que arras- cialmente hacían una tela que sólo podía ser
tran a todas las almas generosas a una espe- vista por el que fuera hijo del padre que le
cie de ficticia unanimidad. Olvidamos que atribuían, pero que no podía verla el que no lo
mientras nos ponemos de acuerdo sobre los fuera. Al rey agradó esto mucho, esperando
abusos diferimos mucho sobre los usos. Mr. que por tal medio podría saber quiénes eran
Cadbury y yo estaríamos de acuerdo sobre hijos de los que aparecían como sus padres y
las malas tabernas. Sería precisamente acerca quiénes no, y de este modo aumentar sus bie-
de las buenas tabernas que se produciría nes, ya que los moros no heredan si no son
nuestro penoso fracas personal. verdaderamente hijos de sus padres; a los que
Sostengo, por tanto, que el método no tienen hijos los hereda el rey. Éste les dio
habitual de la sociología es totalmente ino- un salón para hacer la tela.
perante, como sería por ejemplo el disecar Dijéronle ellos que para que se viera que
la pobreza abyecta o catalogar la prostitu- no había engaño, podía encerrarlos en aquel

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Textos: Ficciones

salón hasta que la tela estuviese acabada. Esto menzó a ponderar aún más la calidad y exce-
también agradó mucho al rey, que los encerró lencia de aquella tela y a alabar a los que tales
en el salón, habiéndoles antes dado todo el cosas sabían hacer.
oro, plata, seda y dinero que necesitaban para Al día siguiente envió el rey a otro mi-
hacer la tela. nistro y sucedió lo mismo. ¿Qué más os diré?
Ellos pusieron su taller y hacían como si De esta manera y por el temor a la deshonra
se pasaran el tiempo tejiendo. A los pocos días fueron engañados el rey y los demás habitan-
fue uno de ellos a decir al rey que ya habían tes de aquel país, sin que ninguno se atreviera
empezado la tela y que estaba saliendo her- a decir que no veía la tela. Así pasó la cosa
mosísima; díjole también con qué labores y di- adelante hasta que llegó una de las mayores
bujos la fabricaban, y le pidió que la fuera a fiestas del año. Todos le dijeron al rey que debía
ver, rogándole, sin embargo, que fuese solo. vestirse de aquella tela el día de la fiesta. Los
Al rey le pareció muy bien todo ello. pícaros le trajeron el paño envuelto en una
Queriendo hacer antes la prueba con sábana, dándole a entender que se lo entre-
otro, mandó el rey a uno de sus servidores gaban, después de lo cual preguntaron al rey
para que la viese, pero sin pedirle le dijera lue- qué deseaba que le hiciesen con él. El rey les
go la verdad. Cuando el servidor habló con los dijo el traje que quería. Ellos le tomaron medi-
pícaros y oyó contar el misterio que tenía la das e hicieron como si cortaran la tela, que
tela, no se atrevió a decirle al rey que no la después coserían.
habla visto. Después mandó el rey a otro, que Cuando llegó el día de la fiesta vinieron
también aseguró haber visto la tela. Habiendo al rey con la tela cortada y cosida. Hiciéronle
oído decir a todos los que había enviado que la creer que le ponían el traje y que le alisaban
habían visto, fue el rey a verla. Cuando entró los pliegues. De este modo el rey se persuadió
en el salón vio que los tres pícaros se movían de que estaba vestido, sin atreverse a decir
como si tejieran y que le decían: «Ved esta que no veía la tela. Vestido de este modo, es
labor. Mirad esta historia. Observad el dibujo y decir, desnudo, montó a caballo para andar por
la variedad que hay en los colores.» Aunque la ciudad. Tuvo la suerte de que fuera verano,
todos estaban de acuerdo en lo que decían, la con lo que no corrió el riesgo de enfriarse. Todas
verdad es que no tejían nada. Al no ver el rey las gentes que lo miraban y que sabían que el
nada y oír, sin embargo, describir una tela que que no veía la tela era por no ser hijo de su
otros hablan visto, se tuvo por muerto, por- padre, pensando que los otros sí la veían, se
que creyó que esto le pasaba por no ser hijo guardaban muy bien de decirlo por el temor
del rey, su padre, y temió que, si lo dijera, de quedar deshonrados. Por esto todo el mun-
perdería el reino. Por lo cual empezó a alabar la do ocultaba el que creía que era su secreto.
tela y se fijó muy bien en las descripciones de Hasta que un negro, palafrenero del rey, que
los tejedores. Cuando volvió a su cámara refi- no tenía honra que conservar, se acercó y le
rió a sus cortesanos lo buena y hermosa que dijo:
era aquella tela y aun les pintó su dibujo y co- -Señor, a mí lo mismo me da que me
lores, ocultando así la sospecha que había con- tengáis por hijo del padre que creí ser tal o por
cebido. hijo de otro; por eso os digo que yo soy ciego
A los dos o tres días envió a un ministro o vos vais desnudo.
a que viera la tela. Antes de que fuese el rey El rey empezó a insultarle, diciéndole
le contó las excelencias que la tela tenía. El que por ser hijo de mala madre no veía la tela.
ministro fue, pero cuando vio a los pícaros ha- Cuando lo dijo el negro, otro que lo oyó se
cer que tejían y les oyó describir la tela y decir atrevió a repetirlo, y así lo fueron diciendo,
que el rey la había visto, pensó que él no la hasta que el rey y todos los demás perdieron
veía por no ser hijo de quien tenía por padre y el miedo a la verdad y entendieron la burla
que si los demás lo sabían quedaría deshonra- que les habían hecho. Fueron a buscar a los
do. Por eso empezó a alabar su trabajo tanto tres pícaros y no los hallaron, pues se habían
o más que el rey. ido con lo que le habían estafado al rey por
Al volver el ministro al rey, diciéndole medio de este engaño.
que la había visto y haciéndole las mayores Vos, señor conde Lucanor, pues ese
ponderaciones de la tela, se confirmó el rey hombre os pide que ocultéis a vuestros más
en su desdicha, pensando que si su ministro la leales consejeros lo que él os dice, estad se-
veía y él no, no podía dudar de que no era hijo guro de que os quiere engañar, pues debéis
del rey a quien había heredado. Entonces co- comprender que, si apenas os conoce, no tie-

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Textos: Ficciones

ne más motivos para desear vuestro provecho did; dixiéronle: «Nos avernos con griegos
que los que con vos han vivido y han recibido nuestra conbit para disputar por señas; lo
muchos beneficios de vuestra mano, y por ello que tú quisieres pit e nos dártelo hemos;
deben procurar vuestro bien y servicio. escúsanos desta lid».
El conde tuvo este consejo por bueno, 53-Vistiéronlo muy ricos paños de grand valía,
obró según él y le fue muy bien. Viendo don como si fuese doctor en la filosofía; subió
Juan que este cuento era bueno, lo hizo po- en alta cáthreda, dixo con bavoquía: «D’oy
ner en este libro y escribió unos versos que mais vengan los griegos con toda su por-
dicen así: fía».
54-Vino ai un griego, doctor muy esmerado,
Al que te aconseja encubrirte de tus amigos escogido de griegos, entre todos loado;
le es más dulce el engaño que los higos. sobió en otra cáthreda, todo el pueblo jun-
tado, e comencó sus señas, como era
tractado.
DISPUTA ENTRE GRIEGOS Y ROMANOS 55-Levantóse el griego, sosegado, de vagar, e
JUAN RUIZ mostró solo un dedo que está ceíca del
pulgar, luego se assentó en ese mismo lu-
44-Palabra es del sabio e dízela Catón, que gar. Levantóse el ribaldo, bravo, de malpa-
omne a sus coidados, que tiene en cora- gar.
zón entreponga plazeres e alegre razón, 56-Mostró luego tres dedos contra el griego
que la mucha tristeza mucho pecado pon. tendidos: el polgar con otros dos que con
45-E, porque de buen seso non puede omne él son contenidos, en manera de arpón los
reír, abré algunas burlas aquí a enxerir: otros dos encogidos; assentóse el negio,
cada que las oyerdes non querades come- catando sus vestidos.
dir, salvo en la manera del trobar e del dezir. 57-Levantóse el griego, tendió la palma llana,
46-Entiende bien mis dichos e piensa la sen- e assentóse luego con su memoria sana.
tencia, non me contesca contigo como al Levantóse el vellaco, con fantasía vana,
doctor de Grecia con el ríbald romano e su mostró puño Cerrado: de porfía avia gana.
poca sabiengia, cuando demandó Roma a 58-A todos los de Gregia dixo el sabio griego:
Grecia la ciencia. «Meresgen los romanos las leys, non gelas
47-Ansí fue que romanos las leyes non avíen, niego».
fueron las demandar a griegos que las Levantáronse todos con paz e con sosie-
teníen; respondieron los griegos que non go; grand onra ovo Roma por un vil anda-
las merescíen nin las podrían entender, pues riego.
que tan poco sabíen. 59-Preguntaron al griego qué fue lo que dixiera
48-Pero, si las querién para por ellas usar, que por señas al romano e qué le respondiera.
ante les convenié con sus sabios disputar, Diz: «Yo dixe que es un Dios; el romano
por ver si las entendrién e las merescian dixo que era uno en tres personas, e tal
levar: esta respuesta fermosa davan por se señal feziera.
escusar. 60-«Yo dixe que era todo a la su voluntad;
49-Respondieron romanos que les plazia de respondió que en su poder tenié el mun-
grado: para la disputación pusieron pleito do, e diz verdad. Desque vi que entendién
firmado; mas, porque non entedríen el e creyén la Trinidad, entendí que meresgién
lenguage non usado, que disputasen por de leyes gertenidad».
signos e por señas de letrado. 61-Preguntaron al vellaco cuál fuera su anto-
50-Pusieron día sabido todos por contender; jo; diz: «Díxome que con su dedo que me
fueron romanos en coita, non sabian qué quebrantaría el ojo; desto ove grand pesar
se fazer, porque non eran letrados nin po- e tomé grand enojo, respondíle con saña,
drían entender a los griegos doctores nin con ira e con cordojo,
al su mucho saber. 62-«que yo le quebrantaría, ante todas las
51-Estando en su coita, dixo un cibdadano que gentes, con dos dedos los ojos, con el pul-
tomasen un ribaldo, un vellaco romano, gar los dientes; díxome luego após esto
segund Dios le demostrase fazer señas con que le parase mientes, que me daría grand
la mano que tales las feziese: fueles conse- palmada en los oídos retiñientes.
jo sano. 63-«Yo le respondí que le daría una tal puña-
52-Fueron a un vellaco, muy grand e muy ar- da, que en tienpo de su vida nunca la vies

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Textos: Ficciones

vengada; desque vio que la pelea teníe mal para conseguir la beatitud eterna. Y lo que
aparejada, dexóse de amenazar do non pudo conseguir el centauro Chirón sin haber
gelo precian nada». sido regenerado por el bautismo, ¿cómo no
64-Por esto dize la pastraña de la vieja ardida: habían de merecerlo esos pingüinos después
«Non ha mala palabra, si non es a mal teni- de bautizados, si se convirtieran en semihom-
da»; verás que bien es dicha, si bien fuese bres? Por esto me atrevo a suplicar, Señor, que
entendida: entiende bien mi dicho e avrás deis a los pingüinos del anciano Mael una cabe-
dueña garrida. za y un busto humanos, a fin de que os pue-
dan alabar dignamente; y les concedáis un alma
inmortal, pero pequeña.
QUIRÓN EN «LA ISLA DE LOS PINGÜINOS» Así habló Catalina, y los padres, los doc-
ANATOLE FRANCE tores, los confesores, los pontífices, dejaron
oír un murmullo de aprobación.
Continuación de la Asamblea en el Paraíso Pero se levantó San Antonio el ermita-
ño, tendió hacia el Todopoderoso los brazos
Presentóse Santa Catalina en la Asam- arrugados y enrojecidos, y exclamó:
blea con la frente ceñida por una corona de —No hagáis tal cosa, Señor y Dios mío.
esmeraldas, zafiros y perlas; vestía un traje de En nombre de vuestro Santo Paracleto, ¡no lo
tisú de oro y llevaba al costado una rueda res- hagáis!
plandeciente. Hablaba con tal vehemencia, que su
Invitóla el Señor a que hablase, y dijo: luenga barba blanca se agitaba como un mo-
—Señor: para resolver el problema que rral vacío en el hocico de un caballo hambrien-
os dignáis someterme, no estudiaré las cos- to.
tumbres de los animales en general, ni siquiera —Señor, no hagáis tal cosa. Aves con
la de las aves en particular. Solamente haré cabeza humana ya existen. Santa Catalina no
notar a los doctores, confesores y pontífices ha imaginado nada nuevo.
reunidos en esta Asamblea, que la distinción —La imaginación reúne y amolda, no
entre el hombre y el animal no es absoluta, crea jamás —replicó secamente Santa Catali-
puesto que existen monstruos que proceden na.
a la vez del animal y del hombre; tales son las —... ¡Ya existen! —insistió San Antonio
quimeras, mitad ninfas y mitad serpientes; los sin dar oídos a razones—. Se llaman harpías, y
tres gorgones, los caprípedos, las escylas y las son los animales más incongruentes de la Crea-
sirenas que cantan en el mar tienen busto de ción. Un día que, en el desierto, me acompa-
mujer y cola de pescado. Tales son también ñó a cenar San Pablo, puse la mesa junto al
los centauros, noble raza de monstruos, uno umbral de mi cabana, bajo un viejo sicómoro.
de los cuales, no lo ignoráis, guiado por las lu- Las harpías fueron a posarse en las ramas del
ces de la razón, supo encaminarse hacia la bea- árbol, nos ensordecieron con sus gritos agu-
titud eterna; y le habréis visto algunas veces, dos y emporcaron todos los manjares. La ino-
entre nubes doradas, mostrar su pecho heroi- portunidad de estos monstruos impidióme oír
co al encabritarse. El centauro Chirón mereció las enseñanzas de San Pablo, y comimos ex-
por sus trabajos terrestres compartir la mora- crementos de ave con nuestro pan y nuestras
da de los bienaventurados; educó a Aquiles, y lechugas. ¿Cómo es posible creer, Señor, que
ese joven héroe, al salir de las manos del cen- las harpías canten dignamente vuestras alaban-
tauro, vivió dos años vestido como una virgen zas? Os aseguro que en mis tentaciones he
entre las hijas del rey Lycomedes; compartió visto muchos seres híbridos, no sólo mujeres-
sus juegos y su lecho, sin darles ocasión para culebras y mujeres-peces, sino seres compues-
que sospecharan ni un instante que no era tos con más incoherencia todavía, como hom-
una virgen como ellas. Chirón, que le había im- bres cuyo cuerpo estaba formado por una
buido tan buenas costumbres, y el emperador marmita, o una campana, o un reloj, o un apa-
Trajano, son los dos únicos justos que, obser- rador lleno de alimentos y de vajilla, y hasta
vadores de la ley natural, han obtenido la glo- por una casa con puertas y ventanas, donde
ria eterna. Y, sin embargo, Chirón sólo fue mi- se veían personas ocupadas en trabajos do-
tad hombre. mésticos. La eternidad me resultaría corta para
«Creo haber probado con este ejem- describir todos los monstruos que me asedia-
plo que basta poseer algunas partes de hom- ron en mi soledad, desde las ballenas apareja-
bre, siempre a condición de que sean nobles, das como navios hasta la lluvia de animalitos

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Textos: Ficciones

rojos, que trocaban en sangre las aguas de mi contendían con los latinos acerca de la sustan-
fuente. Pero ninguno era tan molesto como cia, de la naturaleza y de las dimensiones del
esas harpías, que abrasaron con su excremen- alma que convenía dar a los pingüinos.
to las hojas de mi hermoso sicómoro. —Confesores y pontífices —dijo el Se-
—Las harpías —advirtió Lactancio— son ñor— no imitéis los cónclaves y sínodos de la
monstruos hembras con cuerpo de ave; tie- tierra, y no traigáis a la Iglesia triunfante las
nen de mujer la cabeza y los pechos. Su indis- violencias que turban la Iglesia militante. Por-
creción, su impudicia y su obscenidad proce- que hay que decirlo: en todos los concilios
den de su naturaleza femenina, como lo ha celebrados bajo la inspiración de mi Espíritu,
demostrado el poeta Virgilio en su Eneida. Par- en Europa, en Asia y en África, los Padres hánse
ticipan de la maldición de Eva. arrancado unos a otros las barbas y los ojos. A
—No hablemos de la maldición de Eva pesar de lo cual eran todos infalibles, porque
—dijo el Señor—. La segunda Eva redimió a la yo estaba con ellos.
primera. Ya restablecido el orden, el viejo Hermas
Pablo Orosio, autor de una Historia uni- se levantó y pronunció con lentitud estas pa-
versal que Bossuet debía imitar más adelante, labras:
levantóse y suplicó al Señor: —Os reverencio, Señor, porque hicisteis
—Señor: atended mi súplica y la de An- nacer a Safira, mi madre, entre vuestro pue-
tonio. No fabriquéis más monstruos al estilo de blo, cuando el rocío del cielo refrescaba la tie-
los centauros, de las sirenas, de los faunos, rra y preparaba la cosecha de su Salvador. Os
tan gratos a los viejos compositores de fábu- reverencio, Señor, por haberme permitido ver
las, que no pueden proporcionaros ninguna con mis ojos mortales a los apóstoles de vues-
satisfacción. Esos monstruos tienen inclinacio- tro divino Hijo. Hablaré en esta ilustre Asam-
nes paganas, y su doble naturaleza no los pre- blea, porque Vos habéis querido que la verdad
dispone a las costumbres puras. salga de la boca de los humildes, y diré: con-
El suave Lactancio replicó en estos tér- vertid a los pingüinos en hombres. Es la única
minos: determinación digna de vuestra justicia y de
—El que acaba de hablar es, segura- vuestra misericordia.
mente, el mejor historiador que ha entrado Varios doctores pidieron la palabra; otros
en el Paraíso, puesto que Herodoto, la usaron sin pedirla; nadie oía y todos agita-
Thucydides, Polybio, Tito Livio, Velleius Patér- ban tumultuosamente sus palmas y sus coro-
culos, Cornelio Nepote, Suetonio, Manethon, nas.
Diodoro de Sicilia, Dion Cassius, Lampride, no El Señor, con un gesto de su diestra,
disfrutan de la presencia de Dios, y Tácito su- calmó las disputas de sus elegidos.
fre en el infierno los tormentos correspondien- —No se delibere más —dijo—; la opi-
tes a los blasfemos. Pero Pablo Orosio dista nión del anciano Hermas es la única ajustada a
mucho de conocer los cielos como ha conoci- mis designios eternos. Esas aves serán trans-
do la tierra, pues no toma en consideración a formadas en hombres. Preveo varios inconve-
los ángeles, que proceden del hombre y del nientes. Muchos de esos nuevos hombres pa-
ave, y son la pureza misma. decerán molestias de que se hubieran librado
—Nos desviamos de la cuestión —dijo en su condición de pingüinos. De seguro su
el Eterno—. ¿Por qué traer a cuento esos cen- suerte, a consecuencia del cambio, será me-
tauros, esas harpías y esos ángeles? Se trata nos envidiable de lo que fuera sin el bautismo,
de los pingüinos. sin esa incorporación a la familia de Abraham;
—Vos lo habéis dicho, Señor; se trata pero conviene que mi presencia no cohiba el
de los pingüinos —declaró el decano de los libre albedrío. Para no poner diques a la liber-
cincuenta doctores confundidos en su vida tad humana, ignoro lo que sé, obscurezco so-
mortal por la virgen de Alejandría—; y me atre- bre mis ojos los velos que serían transparentes
vo a opinar que para poner límite al escándalo para mí; en mi ceguera que todo lo ha vislum-
que trastorna los cielos, conviene, como pro- brado, me dejo sorprender por lo que tuve
pone Santa Catalina, dar a los pingüinos del previsto.
anciano Mael la mitad del cuerpo humano y un Llamó inmediatamente al arcángel Rafael y le
alma eterna proporcionada a dicha mitad. dijo:
Estas palabras levantaron en la Asam- —Ve a la tierra, advierte su error al santo va-
blea un tumulto de conversaciones particula- rón Mael, y añade que, escudado en mi Omni-
res y disputas doctorales. Los Padres griegos potencia, convierta los pingüinos en hombres.

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COMENTARIOS

1- CONTEXTOS concepción de lo humano como «enfermedad».


Primeramente la minusvalía orgánica del hom-
HOMO INFIRMUS bre, interpretada patogenéticamente como
fetalización morfológica y retardamiento vital
I (hipótesis de Bolk sobre el carácter endocrino-
La Antropología Filosófica, hija del siglo pático de la ncotenia, o naturaleza pitecoide
XX, desde su partida de nacimiento en el libro del organismo humano: nacimiento prematuro
de Max Scheler El puesto del hombre en el —fontanelas sin cerrar, escasez de pelo— y pro-
cosmos (1928), parece signada por la tesis del longada infancia); o también el proceso de
homo infirmus, del hombre qua hombre como cerebralización entendido como «principio de
ser «enfermo». «En el admirable unísono de la anulación de los órganos», formulado por
moderna antropología y de la teoría occidental Alsberg inspirándose en la «negación de la vo-
de la historia —escribe Max Scheler en 'La idea luntad de vivir» de Schopenhauer. En segun-
del hombre y la historia'— introduce por vez do lugar la incapacidad vital de la razón o el
primera una discordancia total, la cuarta de las espíritu en tanto que ficticio y malogrado su-
ideas del hombre que dominan entre noso- cedáneo del instinto, «parásito metafísico»
tros. Ante todo, he de advertir que hasta ahora antagonista y destructor de la vida. Por último
el mundo culto no ha entendido ni aceptado la historia humana, la civilización, vista como un
esta cuarta idea ni en su unidad, ni en su sen- proceso morboso de irremediable decadencia
tido, ni en su relativa justificación. Es una idea y extinción, no sólo para el hombre, sino tam-
descarriada, una idea extraña, pero que trae bién para la naturaleza orgánica, que aquel
una larga preparación histórica; es —si se quie- devasta con su técnica.
re— una idea ‘temible’ para el pensamiento y Sin duda semejante antropología (o
el sentimiento occidental que ha venido rigien- mejor «zoología» antípoda del «superhombre»
do hasta ahora. Pero esta 'idea temible' bien nietzschea-no: el hombre es «más animal que
pudiera ser verdadera. Tomemos, pues, noti- cualquier otro animar), que recoge ideas pro-
cia de ella, como conviene al filósofo». fundamente arraigadas en la mente germáni-
Como se sabe, en el citado trabajo, tras ca (Scheler registra entre sus mentores al
reseñar tres imágenes paradigmáticas del hom- mismo Nietzsche, Schopenhauer, Savigny,
bre en la cultura occidental (imago dei, animal Bachofen, Pelagyi, Daqué, Fróebenius, Tonnies,
rationale, homo sapiens), examina Max Scheler Spengler, Vaihinger), es falsa o en todo caso
aquella cuarta idea antropológica, la del «ani- exagerada. Biológicamente carece de serios
mal enfermo», defendida entonces publicís- fundamentos, metafísicamente plantea un
ticamente por Th. Lessing y L. Klages, entre dualismo insoluble entre vida y espíritu como
otros. Dicha doctrina refleja, en general, el últimos principios irreconciliables, y axiológica-
pesimismo de la guerra europea, y en particu- mente no pondera otros valores que los su-
lar es sintomática de la crisis en el conocimien- puestamente vitales. Pero aun así ella consti-
to del hombre a comienzos de siglo. Una filo- tuye un punto válido de referencia histórico-
sofía panvitalista, irracionalista y neorromántica sistemático para todo intento diagnóstico del
—en concordancia con la rebelión dionisíaca de homo infirmus.
la época contra él inveterado intelectuálismo y
ascetismo occidentales— cuestiona el lógos del II
ánthropos común a las tres imágenes antropo-
lógicas clásicas. La enfermedad como metáfora confi-
Según esta cuarta teoría, el hombre gura un leit motiv en la historia del pensamien-
constituye una criatura enferma, es el extra- to antropológico, un tópico trivial en toda des-
viado desertor de la vida universal, un camino cripción naturalista y pesimista de la conditio
inexorable de sufrimiento y de muerte. Tres humana. Así cuando tan a menudo se ha ha-
perspectivas confluyen para dar relieve a tal blado del hombre como «animal enfermo» (idea

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Comentarios

muy antigua, una de esas ideas-clave que pre- Carencia natural. La deficiencia o indi-
tenden abrir muchos cerrojos), en varios sen- gencia biológica del hombre —en contraste con
tidos analógicos se emplea el concepto de los animales, que nunca son desvalidos por na-
enfermedad, entre ellos los siguientes: a) El turaleza— constituye quizás la más antigua y
de «sufrimiento» (pathos, aegritudo), o fragi- permanente observación en la historia de la
lidad afectiva de un ser miserable = falible, im- antropología, desde el mito prometeico y la
potente o insatisfecho, b) El de «anormalidad» antropogonía de Anaximandro; asimismo, la
(nósos, morbus), o transgresión de una nor- interpretación —ya finalista, ya mecanicista o
ma, pasaje de natura a sobrenatura signado azarosa— de ese curioso fenómeno da lugar a
preternatura, desorden físico cuyo equivalen- una polémica que se remonta a los orígenes
te en simetría inversa es él desorden moral, el del pensamiento clásico y su larga descenden-
pecado (figuras míticas de Adán y Prometeo»: cia (Diógenes de Apolonia vs. Protógoras,
«ángel caído», desgraciado, y «mono ergui- Aristóteles vs. Anaxágoras, Galeno vs. Píndaro
do», desvitalizado. c) El de «negatividad - Asclepíades), atraviesa la modernidad (Herder
ontológica (meón) y «negación axiológica» vs. Kant) y se prolonga hasta nuestros días
(mal), o experiencia fenomenología radical de (Portmann vs. Gehlen). Tal es precisamente el
lo humano: «Que él hombre —dice Ricoeur— punto de partida en ‘la antropología de A.
no es inteligible sino por participación a cierta Gehlen (Der Mensch, 1940), quien define al
idea negativa de la nada, lo sabemos antes de hombre como «ser deficitario» o «defectuo-
Descartes, desde el mito platónico de Poros y so» (Mängelwesen). Morfológicamente el hom-
Penia; que el hombre sea esta negación mis- bre, a diferencia de los mamíferos superiores,
ma, lo sabemos desde Hegel a Sartre». Según se caracteriza ante todo por sus defectos o
Hegel «con la enfermedad el animal va más allá carencias, los cuales equivalen a un estado bio-
de los límites de su naturaeza; pero la enfer- lógico de inespecialización, indiferenciación, in-
medad del animal es la génesis del espíritu». adaptación o primitivismo. Carece de la pro-
Entre este sentido transferencial de la tección natural que es la pelambre, de órga-
enfermedad —que en el fondo apunta a nos específicos para la defensa o la huida, de
radicalizar el dásico dualismo antropológico— y agudeza sensorial e instintos seguros; nace in-
aquel otro estrictamente patológico o morbo- maduro y por tanto necesita de prolongado
so de la metafísica biocéntrica expuesto en cuidado durante su infancia. La pregunta es,
primer lugar, es posible describir fenomenoló- pues, de qué manera ha podido sobrevivir un
gicamente cierta infirmitas o labilitas como ser tan minusválido o naturalmente infradotado;
anthropino o categoría humana específica. El el hombre no es apto para la Naturaleza libre y
hombre como especie no está ontológi- por eso está obligado, como compensación de
camente enfermo, pero si es ontológicamente sus carencias, a construir una naturaleza artifi-
infirmus , no «afirmado» (como decía cial, justamente la cultura; el hombre es cultu-
Nietzsche): «nicht festgestelte Tier») en este ral por naturaleza. Todas las categorías
doble sentido: a) él es su interrogante, per- antropobiológicas que maneja Gehlen se deri-
manece oculto para sí mismo o sea más allá de van de aquel inicial «defecto antrópico», tales
toda «afirmación» o definición (Homo abscon- como la «carga» que significa «hacerse cargo»
ditus ), y b) está esencialmente no-fijado, de la apertura al mundo y la «descarga» nece-
irrealizado, abierto al mundo, naturalmente saria al hombre para transformar por sí mismo
expuesto y por tanto dispuesto a la enferme- los condicionamientos carenciales de su exis-
dad; en este sentido la «enfermabilidad» —la tencia en oportunidades de prolongación de
apertura del lógos al pathos, la patología— es su vida. En suma el hombre, desajustado na-
algo propio de la condición humana. (La aplica- turalmente, debe de justificarse mediante la
ción de esta idea para una antropopatología acción; animal no-terminado, se hace tarea de
filosófico-médica la hemos intentado en otro sí mismo, un ser de «cultivo».
lugar). Dicha infirmitas, en tanto que physis Excentricidad mental. Que la autocon-
del anthropos o estructura antropológica, pue- ciencia tiene que ver con la propia «falta» —la
de analizarse mediante tres topos, respectiva- desnudez humana— es un dato bíblico no
mente fundados, que ha sabido poner en evi- menos natural que revelado. Si la nuda reali-
dencia la Antropología filosófica contemporá- dad se experimenta originalmente como resis-
nea de inspiración biológica («Antropobiología»): tencia —la conciencia es conciencia de límites—, ello
«carencia natural», «excentricidad mental» y implica una «extraña» relación del sujeto con
«conflictividad cúltural». su cuerpo, de algún modo radicada en la «im-

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Comentarios

perfección» biológica de éste. Justo es plan- III


tearse dicha posibilidad cuando tantas veces
se ha subrayado el carácter «antinatural» de la «Acaso las reflexiones que vengo ha-
conciencia —la razón o el espíritu— en cuanto ciendo —se pregunta Unamuno (y con él no-
alteridad de lo real para un yo elusivo, condendo sotros) en páginas iniciales de El Sentimiento
a un fatal error de identidad y al errar desarrai- Trágico de la Vida— pueden parecer a alguien
gado en él mundo: «El alma es en verdad cosa de un cierto carácter morboso. ¿Morboso?
extranjera sobre la tierra». En la línea de inter- ¿Pero qué es eso de la enfermedad? ¿Qué es
pretación antropobiológica, H. Plessner ha pre- la salud? Y acaso la enfermedad misma sea la
cisado esta «posición excéntrica» del hombre condición esencial de lo que llamamos progre-
—un ser distanciado de sí mismo, a diferencia so, y el progreso mismo una enfermedad». La
del animal, equilibrado en su «posición céntri- tesis del homo infirmus es hoy todo menos
ca»— que radicaría en la separación entre Leib extemporánea, por cuanto verifica el aserto
y Kórper, cuerpo subjetivo y cuerpo objetivo, hegeliano de que cada filosofía es su tiempo
esto es él hecho ambiguo para el hombre de aprehendido en el pensar. La crisis del mundo
ser y a la vez tener su existencia física. La re- actual, en efecto, favorece un diagnóstico
flexión «refleja» dicha ruptura o hiatus del cuer- pesimista de la condición humana. El tragicismo
po que fuerza a la acción, un tipo de compor- de un Spengler, la melancolía de la decadencia
tamiento ajeno al animal, una lucha de «cuer- de Occidente, el fin del triunfalismo progresis-
po a cuerpo» en cuanto relación instrumental ta de la civilización industrial llega hasta noso-
que produce el mundo humano, esto es la tros con más grave acento que a principios del
cultura. La artificiosidad (artefactualidad) es el siglo. El problema ahora acuciante es aquel de
correlato esencial de un ser excéntrico, en des- la supervivencia, no ya el de las mejores condi-
equilibrio, sin lugar ni tiempo fijos, apoyado en ciones de vida, como se pensaba en tiempos
la nada, constitutivamente apátrida y existen- de Rousseau. No se trata sólo del peligro béli-
cialmente necesitado; gracias a aquélla él hom- co atómico —pues por vez primera la Humani-
bre «deviene algo», conduce su vida, busca dad convive con la efectiva posibilidad de su
coincidir consigo mismo y crea el propio, pre- autodestrucción— sino de la virtual amenaza
cario equilibrio. que encierra la dinámica expansiva del progre-
Conflictividad cultural. «El malestar en so tecnológico: destrucción del medio ambien-
la cultura» —para decirlo con un pertinente te, agotamiento de las reservas naturales,
título freudiano— consiste en el hecho de que superpoblación y consecuente conflictividad
la «segunda naturaleza» por el hombre creada social. La consigna de la hora no es entonces
para compensar las carencias de la «primera», «transformar la Naturaleza» (Bacon, Descar-
encierra el progresivo antagonismo de una y tes), sino protegerla: Terra infirma , infirma
otra. El tema de la «contracultura» es recu- species.
rrente en la historia humana, desde los cínicos Paralelamente la historia moderna de la
de la antigüedad a los hippies de la actualidad, Antropología es la «historia clínica» de una
formulando en estilo rousseauniano la utópica «antropopatía filosófica». Freud comparó el
invitación al retorno de las cuatro patas. Ese escándalo provocado por la teoría psicoanálítica
«aparato ortopédico’’ o «episomá» que es la a otros dos impactos histórico-científicos simi-
cultura, en efecto, adhiere como una túnica lares, la cosmología galileica en el siglo XVII y la
de Neso a nuestra condición, marcada por la biología darwiniana en el siglo pasado. En los
infiel fidelidad consigo misma. «La Tierra tiene tres casos, efectivamente, el hombre ha sufri-
una piel y esa piel tiene enfermedades; una do la pérdida, una tras otra, de situaciones de
de esas enfermedades se llama, por ejemplo, privilegio que le permitían conceptuarse como
el hombre» (Nietzsche). La actual antropolo- algo único en el mundo; se ha visto desposeí-
gía filosófica de la cultura (Landmann, do sucesivamente de tres ilusiones reconfor-
Rothacker) ha insistido en el conflicto como tantes: la ilusión astronómica de coincidencia
legalidad propia del dinamismo de las culturas, con el centro del universo, la ilusión biológica
conflicto que se retrotrae a la relación antitética de una filiación específica singular, la ilusión psi-
del hombre con la Naturaleza. Como todo cológica de un acceso a la plena conciencia de
«pharmakon», la cultura es jánica o ambiva- sí. No es extraño entonces, con tales «heridas
lente, actúa a la vez de medicamento y de narcisistas, que un símil médico cunda en la
tóxico sobre la condición humana. Antropología filosófica contemporánea: «cura»
existencialista, «desalienación» marxista, «te-

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Comentarios

rapéutica» analítica del lenguaje; para esta úl- ANTROPOLOGÍA MÍTICA


tima, así como hay enfermedades misteriosas
hay también preguntas misteriosas, cuya «clí- La idea del homo infirmus se remonta al
nica» es la metafísica (¿relación, acaso, entre pensamiento mítico y es patente en los mitos
el nacimiento de la clínica y el fin de la metafí- antropogénicos, historias del origen de la hu-
sica?). Prolongando el mismo espíritu, el es- manidad o de la creación del hombre. En ge-
tructuralismo anuncia la «muerte del hombre», neral, la imagen mítica del hombre representa
y la vulgarizada etología no disimula su misan- una antropología negativa y pesimista: se dice
tropía en la consideración de los «monos des- de aquél lo que no es, la bestia o el dios, y
nudos». asoma así un doble complejo de inferioridad
Si es verdad que nos hemos inventado por ambos referentes.
una naturaleza sobrenatural —algo que, en En la Grecia arcaica (Hornero) la palabra
definitiva está siempre en cuestión («la enfer- ánthropos se contrapone a theós, como los
medad natural al hombre es creerse en pose- mortales a los inmortales. Según una dudosa
sión de la verdad», dice Pascal)— el progreso etimología (no más ni menos dudosa que el
de la conciencia consiste en curar las propias intento platónico en el Cratilo de nominar al
heridas. El intento por superar el dualismo hombre como «reflexivo»), ánthropos signifi-
metafísico en el hombre —genio «patológico» ca «el que está abajo», del mismo modo que
de la Antropología— y la rehabilitación Adán es «barro» en hebreo y homo proviene
ontológica del cuerpo —el heredero metafísi- de humus para los latinos. Con el orfismo se
co del alma— son aspectos complementarios y entroniza en Grecia hacia el siglo VI a. C. la
positivos de la filosofía contemporánea solida- radicalización metafísica del pesimismo, el dua-
ria con una cultura «somatocéntrica», expre- lismo antropológico que a partir de Platón in-
sión sintomática de las urgencias vitales de fluirá toda la filosofía occidental. Según el mito
nuestro tiempo. La tesis del homo infirmus pone órfico los hombres se han originado de la ceni-
al descubierto posibles razones «naturales» por za de los Titanes, -seres mitad celestiales y
las que el hombre encuentra problemática su mitad terrenales, cuyas partes correspondien-
corporeidad y elabora multitud de ideas y creen- tes en aquéllos son el alma y el cuerpo. La vida
cias para dar cuenta de ella. Deficiencia bioló- humana es la historia de la caída y el retorno,
gica, excentricidad de la conciencia y conflitivi- la culpa y la redención del alma «prisionera del
dad cultural son tres aspectos articulados de la cuerpo».
humana infirmitas, cuyo símbolo más logrado En torno al origen del hombre la tradi-
es el vestido en cuanto éste protege, oculta y ción osciló entre dos principales versiones: a)
aparenta la nuda realidad del hombre como la idealista, que concibe la vida original como
animal terreno. El problema del cuerpo domi- «edad dorada» y las fases subsiguientes como
na la existencia humana a través de la Historia una continua «caída del estado de gracia»
y su planteamiento es fundamental para la An- (Hesíodo, la Biblia); y b) la naturalista, que ima-
tropología filosófica, cuyo objetivo es esclare- gina la existencia primitiva como un estado
cer la conditio humana. Y esta función de la bestial del que la Humanidad se ha ido alejan-
Antropología filosófica es una respuesta y un do lentamente con el proceso de la civilización
desafío al interrogante sobre el sentido y vi- (Epicuro, Lucrecio). Ambas versiones coinciden
gencia de la Filosofía en el mundo actual. Una en el mito del «paraíso perdido», pero difieren
Filosofía que por fuerza ha de ser hoy «ancilla en la manera de entender éste —como natura
hominis seu societatis» y estar pragmáticamen- o sobrenatura— y en la condición ya física
te comprometida en «asuntos públicos» (para (homo infirmus) o ya moral (homo peccator)
decirlo con el sugestivo título de una impor- del desorden contranatura.
tante revista filosófica del presente: Philosophy El tema del «paraíso perdido» es una
and Public Affairs). Curar la vida o curar de la constante etnográfica, suerte de a priori cul-
vida son alternativas igualmente válidas para la tural y arquetipo del inconsciente colectivo,
Filosofía, en otros tiempos «Cancilla Theolo- sobre cuyo origen se han formulado diversas
giae» y hoy decididamente «Cancilla Medici- hipótesis, como la experiencia prenatal de un
nae». La ciencia que buscamos, desde Aristó- estado supuestamente paradisíaco del indivi-
teles, es también «secunda philosophia» duo en el seno materno y el posterior «trau-
ma» del nacimiento, o bien la huella específica
de una catástrofe ecológica que hubiera de-
terminado más duras condiciones de vida y el

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paso obligado del nomadismo al sedentarismo. maligno, de modo que igualmente debió ser
En cualquier caso significativo es lo que Mircea aniquilado. Algunos hombres de madera per-
Eliade1 denomina «normalidad del sufrimiento» manecieron con vida; se refugiaron en los bos-
humano en toda cultura, cuya raíz metafísica ques y constituyen allí, hasta hoy, el grupo de
podría bien ser la experiencia de la realidad como los monos. Los dioses crearon, sin embargo,
resistencia y la prioridad de lo negativo en toda un hombre de pasta. Los hombres-masa eran
valoración: el paraíso es siempre el paraíso per- inteligentes, pero arteros. A pesar de ello los
dido. dioses, cansados, optaron por dejarles con vida,
En Los trabajos y los días, Hesíodo ilus- tan sólo obliterando el cerebro del hom-bre,
tra a los campesinos acerca de sus labores, jus- de modo que éste, a pesar de su inteligencia,
tificando el trabajo como un castigo merecido estuviera inclinado al error y sin poder alcanzar
por la humanidad. El problema del mal y la pe- los últimos secretos del universo».2
sadumbre de la vida encuentran aquí una ex-
plicación mítica. En un principio vivían los hom-
bres en estado paradisíaco, sin trabajos ni pe- Referencias
nas, pero el robo del fuego por Prometeo y la
intervención de Pandora, la primera mujer, aca- 1 Citado por José Lorite Mena. El animal paradójico.
rrearon al mundo la economía de la culpa. El Fundamentos de antropología filosófica. Alianza
Universidad. Madrid, 1982, p. 124.
parecido con el relato bíblico de la caída es 2 Citado por Paul L. Landsberg, Einführung in die
manifiesto, particularmente en la pareja origi- Phyosophische Anthropologie, Klostermann,
naria (Adán y Eva, Prometeo y Epimeteo) que Frankfurt, 1960, pp. 97-98.
encarna la polaridad o ambivalencia universal
del mito. Pero entre Adán y Prometeo, como
mitos antropogenésicos, está toda la diferen- ANTROPOLOGÍA ANTIGUA
cia de la mentalidad semita, personalista, con
la indoeuropea, naturalista. La significación del Por el camino del mythos al logos, con
mito de Prometeo, elaborada en el Protágoras el horizonte intelectual de la physis, la filosofía
de Platón, apunta precisamente al desamparo alcanza la definición clásica del hombre como
natural del hombre en relación a los demás vi- animal racional. Definición metafísica, en cuya
vientes, cuyo remedio precario y provisorio es virtud se vuelve él hombre un ser problemáti-
el «fuego de los dioses», o sea la cultura, fuen- co por excelencia, especie de centauro
te a su vez de nuevos males, la caja de Pandora. ontológico, conjunción de dos naturalezas,
Complementario del anterior es el mito materia y espíritu, cuerpo y alma, según los
de las edades o razas del hombre, que en términos de la tradición.
Hesíodo responde al modelo del pensamiento El problema del hombre en el pensa-
antiguo, según el cual «todas las cosas perfec- miento griego recibe un planteamiento acor-
tas preceden a las imperfectas». El axioma in- de a las características de los cinco períodos
verso, moderno o evolucionista —«el punto historiográficos conocidos (cosmológico,
de partida siempre es inferior al resultado del antropológico, ontológico, ético y religioso).
desarrollo», por ello la connotación ahora pe- En los presocráticos se halla fragmentariamente
yorativa del término primitivo— es rara avis en una antropología «fisiológica» o naturalista,
la antigua cosmología (Epicuro, Lucrecio). En atenta a la descripción del ánthropos (el
tal sentido, una/versión antípoda del mito bipedismo, la mano y la palabra, entre otros
hesiódoco de las edades es este de los incas, anthropina) y a la determinación del puesto
notable por el parentesco que establece en- del hombre en él mundo (el «microcosmos»,
tre el hombre y el mono, la caracterización de en expresión de Demócrito). Sócrates y los
lo humano por la inteligencia y la limitación de sofistas representan un giro antropocéntrico
esta última como negatividad específicamente de la filosofía, una reflexión crítico-escéptica,
humana. el primado de la autoconciencia («Conócete a
«Tres veces intentaron los dioses la ti mismo») y del humanismo («El hombre es la
creación del hombre. La primera vez lo hicie- medida de todas las cosas»). Platón y
ron de barro. Pero el hombre de barro resultó Aristóteles consuman la repartición teórica del
tan tonto e inhábil que los dioses, indignados, hombre en cuerpo y alma (dualismo antropo-
pronto le destruyeron y formaron un nuevo lógico, divisiones psicosomáticas). La filosofía
hombre de madera. También fracasó este in- helenístico-romana se consagra al oficio de la
tento. El hombre de madera fue grosero y razón como norma de vida, según las diversas

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escuelas de sabiduría (epicúrea, estoica, es- ciones de la physis —la idealista y finalista vs. la
céptica y ecléctica). La mística neoplatónica y materialista y mecanicista— con todas sus
otras doctrinas afines significan la disolución de implicancias ideológicas. Se trata de una secu-
la personalidad clásica y expresan el sentimien- lar polémica que protagonizan Diógenes de
to trágico de la antigüedad agonizante. Apolonia y Protágoras, Aristóteles y Anaxá-
El tema de la infirmitas humana es una goras, Galeno y Píndaro, entre los antiguos;
constante del pensamiento griego, donde el Herder y Kant, entre los modernos; Portman y
hombre se autocomprende por referencia a Gehlen, en nuestros días.4
su radical negatividad que intenta superar, se El pasaje de Plinio constituye un pinto-
sabe el ser del deseo o el deseo del ser, Eros, resco ejemplo del popular pesimismo
hijo de Poros y Penia, según el mito filosófico y antropológico, fundamentado en la infirmitas
magistral de Platón. Recogeremos rapsódica- natural del hombre, la que se intepreta de
mente —el imaginario no es sinfónico— dos manera claramente negativa, con motivos
topos del homo infirmus en la imagen clásica epicúreos en contra del providencialismo es-
del hombre, la animalitas y la rationalitas, la toico5, Versión ésta negativa y pesimista de la
deficiencia biológica y la «enfermedad del alma», fábula del hombre, según Esopo la siguiente:
el desorden «físico» y el «moral» de la humana Se cuenta que primero fueron creados
condición. los animales y que por regalo de los dioses re-
La primera observación —aparte la del cibieron unos armas, otros velocidad, otros alas.
mito de Prometeo— acerca de una minorválía Pero el hombre estaba allí desnudo y dijo: «Sólo
orgánica del hombre en comparación con él a mí me ha dejado sin dote». A lo que replicó
resto de los animales, pertenece a unos frag- Zeus: «Simplemente no has reparado aún en
mentos de Anaximandro, los que bien valen tu regalo, por el cual vienes a ser el más gran-
como texto fundacional de la antropología filo- de. Puesto que posees y compartes con los
sófica stricto sensu.1 Pero se trata de un to- dioses el lógos, que es más fuerte que los fuer-
pos cuya conexión de sentido estriba en la fi- tes y más veloz que los veloces». Reconoció
losofía natural antigua, donde polemizaban una así el hombre su don, se inclinó ante Zeus y le
orientación idealista o teleológica (Diógenes de agradeció.6
Apolonia, Aristóteles, Galeno) y otra materia- La razón como topos del desequilibrio o
lista o rnecanista (Demócrito, Epicuro, excentricidad humanas, el diagnóstico genéri-
Asclepíades). La primera representa el para- co de «enfermedad del alma» como símil mé-
digma «normal» del pensamiento clásico, la se- dico, la sabiduría entendida como terapéutica,
gunda un no menos autorizado paradigma «re- son rasgos característicos de la filosofía
volucionario». Según los atomistas no hay en helenístico-rómana. Siendo el hombre por
la naturaleza finalisnio —la Providencia que definión —que comparten y conllevan hasta
hipostasiarán los estoicos— sino un azar afor- sus últimas consecuencias los filósofos del Pór-
tunado y mantenido en el devenir cósmico tico y los del Jardín— el animal racional, la ra-
(prefiguración del moderno evolucionismo, con zón debería conducir naturalmente la vida hu-
sus principios de mutación genética y selec- mana. Pero esta normativa no es lo normal
ción natural). En tal contexto se inscriben qui- entre los hombres, quienes en su mayoría no
zás las visiones transformistas de Empédocles2, viven conforme a natura sino contranatura,
que reaparecen en el imaginario platónico con quiere decir patológicamente. Lo cual implíca
el mito del andrógino (origen sexual de la mi- la paradoja de que el hombre no es sano por
seria humana, condición desposeída y diaspórica naturaleza, y sí precisamente enfermo, que
del hombre). Sugestiva es la coincidencia del necesita curarse por el ejercicio dé la razón tal
naturalismo y el esplritualismo en el contemp- como propone el sabio, quien hace de la cien-
tum corporis de la filosofía clásica. De hecho, cia virtud, del conocimiento dominio de sí mis-
toda vez que se cuestiona al cuerpo como «ins- mo. ¿Por qué el hombre no es sabio por natu-
trumento natural del alma» —lapidaria defini- raleza? ¿Por qué necesita previamente hacer-
ción aristotélica— se le estigmatiza como lugar se virtuoso para poder vivir de conformidad con
de la penuria existencial, se da pie al mito órfico- la naturaleza? El modelo médico, la analogía de
pitagórico de la peregrinación de las almas, la enfermedad, la polaridad axiológica de lo nor-
como si éstas pudieran «vestirse» con diferen- mal y lo patológico, se imponen para la explica-
tes formas corpóreas.3 ción de este fenómeno en la filosofía gre-
En el pasaje de Memorables, Jenofonte corromana de la vida, tal como lo ha sabido
recoge la confrontación entre ambas concep- comprender Bernhard Groethuysen.7 De ahí la

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importancia que para las relaciones entre filo- canto de cisne del sabio antiguo ante las «nue-
sofía y medicina ofrecen esos dos bloques dog- vas ideas», que buscan para el hombre otro
máticos, irreductibles y fascinantes, que son el camino de salvación.
epicureismo y el estoicismo.8 Ambos insisten
en la condición pática del hombre (homo
paticus),en un pathos del lógos, sin aclarar Referencias
suficientemente un lógos del pathos. La en-
fermedad del alma es la pasión, su salud la 1 Cf. ‘’Anaximandro y la antropogenia», en Antropo-
eutimia, entendida como ausencia de pena logía Filosófica (Textos y Comentarios I), Quirón, La
Plata, 1980, pp. 13-14.
(aponía) e impertubalidad (ataraxia) por los 2 Cf. «Empédocles: anatomía y destino»., Quirón, 11,
epicúreos, como activa liberación respecto de 3, 1980, pp, 85-88.
las pasiones (apatía) por los estoicos. 3 Cf. Aristóteles, De Anima 407 b, esta crítica a la doc-
En el De Rerum Natura canta el poeta trina de la metempsicosis o metamorfosis, para la cual
a la gloria de Epicuro y de su concepción del el cuerpo es algo extrínseco a la persona, como un
vestido o «episoma».
mundo, el atomismo democríteo gobernado 4 Cf. «Anaxágoras: la inteligencia y la mano»; «Herder:
por el azar (clinamen) y la necesidad; inmenso la criatura del lenguaje» en Antropología Filosófica
esfuerzo estético-filosófico del poema por arran- (Textos y Comentarios I), Ed. cit. Véase también «El
car al hombre del temor religioso. Para Lucrecio, tercer libro de Galeno sobre la utilidad de las partes»,
la enfermedad del alma —el mal de ser, de vivir, Quirón, 10, 2, 1979, pp. 65-70.
5 Cf. José A. Mainetti, «La fábula del hombre», Quirón,
existencial— es el miedo a la muerte, cuya 13, 3, 19S2.
sintomatología —la melancolía— y terapéutica 6 Tomada de Michael Landmann, De Homine, Verlag
esencial —extirpar la conciencia de la muer- Karl Alber, Freiburg/München 1962, pp. 41-42.
te— describe magníficamente el final del can- 7 BernJiard Groethuysen, Antropología Filosófica,
to III. Losada, Buenos Aires, 1951,
8 Véase el hermoso libro de Jackie Pigeaud, La maladie
En Cartas a Lucillo enseña Séneca la de l’âme (Etude sur la rélation de l’âme et du corps
doctrina estoica, también una moral fundada dans la tradition médico-philosophique antique), Les
en una física (racionalismo integral), el mundo Belles Lettres, París 1981.
(cosmos) como gran organismo en el que rei-
na el orden y la necesidad absolutos
(determinismo), y dentro del cual, sin embar- ANTROPOLOGÍA MEDIEVAL
go, es posible la libertad interior del querer (la
actitud «estoica»). La locura consiste en la ig- En el pensamiento medieval se consti-
norancia de sí mismo; se es enfermo del alma tuye una antropología de fundamento religio-
cuando no se comprende que se está enfer- so y formalmente teológica que gira en torno
mo. La salud del alma no es natural sino la en- a la idea del hombre como «imagen de Dios»
fermedad superada, la curación. La sabiduría (ímago Dei). A partir del cristianismo —junto a
llega después de la locura, el alma es congéni- los otros dos grandes monoteísmos, judío y
tamente enferma. Solacium, tranquiltas animi musulmán, del mundo medieval— cambia el
son el remedio para el taedíum vitae, el dis- horizonte de intelección filosófica, cifrado en
gusto de la vida de que habla Séneca. En las la physis para los griegos, esto es el ser y el
críticas de éste a la opinión del filósofo estoico devenir, la realidad y sus apariencias, el enigma
Posidonio (siglo II a. de C.) —según el cual los del movimiento o el cambio. Para el nuevo
descubrimientos técnicos fundamentales se horizonte ontológico, al decir de Zubiri, «lo
debían a los filósofos, quienes los habrían en- asombroso no es que las cosas sean y cam-
señado a los esclavos— asoma la actitud bien, sino que lo asombroso es que haya co-
«contracultural» del sabio (que remeda la de sas: es el horizonte de la nihilidad. Las cosas
los antiguos cínicos) y el topos diagnóstico de son un reto a la nada. Es un horizonte deter-
la infirmitas en ese complicado modo humano minado por la idea de creación».1
de vivir que llamamos civilización. Con la insuficiencia ontológica de la
En el diario de Marco Aurelio, empera- omnitudo realitatis es también otra la tópica
dor de Roma de 161 a 180, transparentan el de la infirmitas humana. La historia sobrenatu-
pesimismo y la angustia, el contemptum ipsi ral (revelación bíblica vetero y neotestamentaria
propio de esa figura del espíritu que Hegel lla- como mensaje de salvación) consiste en la crea-
mó «conciencia infeliz». Tertuliano vio en los ción del mundo y del hombre por el Dios per-
Pensamientos de Marco Aurelio un «cristia- sonal, el linaje humano desde una pareja primi-
nismo espontáneo». En todo caso se trata del tiva, el estado paradisíaco, el pecado original

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que acarrea la pérdida de esa condición, la re- y semejanza en la criatura humana. El pasaje
dención por el Dios-hombre (doble naturaleza sobre la postura erecta recoge y refuerza
de Cristo) y el retorno al reino celestial en la teológicamente el paradigma teleológico de la
consumación de los tiempos. antigua cosmología, respecto del hombre un
El progreso de la autoconciencia y el lugar común transitado por Diógenes de
encumbramiento del hombre que supone esta Apolonia, los estoicos Posidonio y Panecio y el
concepción tiene por contrapartida un radical médico Galeno, quienes se esforzaban por com-
pesimismo antropológico. La caída y la culpa prender la naturaleza racional de la forma y
hereditarias son para el hombre como tal (homo función del cuerpo humano. La conexión de
destitutio) una suerte de enfermedad incura- sentido y secuencia normal que el texto esta-
ble que, como recuerda Max Scheler, la expre- blece entre los tres anthropina (el hombre
san maravillosamente el sueño de Stríndberg y como bípedo-manual-parlante) es la misma que
lapidariamente el juicio de Kant sobre la «mala propone la teoría actual de la antropogénesis.
madera» humana.2 Desde Arnobio —apologista La antropología de los Padres orientales com-
latino de la primera patrística— a Pascal, sin bina, pues, el principio personalista-espiritualis-
olvidar a Augustinus, el concepto pesimista del ta cristiano con el naturalista-objetivista grie-
hombre es un leit motiv del cristianismo.3 go, pero un resultado verdaderamente origi-
De todos modos, la idea del hombre nal no se alcanza hasta San Agustín, Jano con-
como imagen de Dios condiciona una antropo- verso, hombre antiguo todavía y ya muy me-
logía negativa —así como se habla de una «teo- dieval.5
logía negativa»— por cuanto dicha imagen re- Mihi quaestio factus sum. Tal la divisa
presenta un ens creatum, una nada frente a agustiniana de autoreflexión antropológica, el
Dios, y un ens absconditus, un «revelado en intento de entender al hombre desde sí mis-
negativo» del ser divino. «El yo, la esencia pro- mo, ese hombre interior contrapuesto al hom-
pia del hombre, dice Cassirer, no se descubre bre exterior que es una cosa más en el mun-
sino por el rodeo del yo divino».4 La personali- do. Así, antes que Descartes, da Agustín con
dad divina sería así la imagen bajo la cual el el cogito sum, pero éste es ante todo recono-
hombre se contempla a sí mismo, y tal es en cimiento existencial y no aprehensión esencial
verdad el origen de las grandes tesis de la an- en una idea clara y distinta. El problema del yo
tropología cristiana, como la libertad, la perso- —desplazamiento ahora hacia «el alma» del
nalidad, la inmortalidad del alma (no su eterni- centro de gravedad antropológico— significa
dad) o la resurrección del cuerpo. Paradigmática el yo como problema, la auténtica dimensión
al respecto es la noción de persona —de natu- de la infirmitas humana, la condición problemá-
raleza teológica y sólo por analogía aplicada al tica del hombre en el universo natural no-pro-
hombre— que tiene su origen en las disputas blemático. La autocertidumbre en la vivencia
cristológicas y trinitarias de los siglos IV y V. de la duda (si fallor sum) representa el enigma
Nuestro tema del homo infirmus quedará ilus- insondable e incomparable del alma, interiori-
trado en los dos grandes períodos, en la dad e inmanencia abierta en soliloquio hacia
patrística griega (Gregorio de Nisa) y latina (San Dios. La infirmitas agustiniana es la inquietudo
Agustín), y en la escolástica árabe (Aben Tofail, del alma en su divina búsqueda (Inquietum est
Abenjaldún) y cristiana (San Buenaventura). cor nostrum). Sobre esta experiencia funda-
Gregorio Niseno (+ 394) representa una mental se edifica una antropología teológica
cima de la especulación cristiana de los prime- con sus nociones de pecado —por el cual el
ros siglos, una cima desde la cual se divisan y hombre está enfermo, ha perdido su condi-
confunden los dos horizontes filosóficos aludi- ción natural, y ese pecado es esencialmente
dos, el natural y el sobrenatural, el cosmos grie- concupiscencia, libido, delectatio carnalis— y
go y la creatio ex nihilo. En su De hominis de gracia o curación sobrenatural en el hom-
opificio aparece, por un lado, una interpreta- bre naturalmente enfermo ( «Nasci hic in
ción platónica del relato del Génesis, distinción corpore mortali, incipere aegrotare est»). Pero
entre el hombre ideal y el empírico, Adán en el si ser hombre significa ser enfermo, la criatura
estado anterior y posterior a la caída, el de contra natura en el seno de la creación, su
plena racionalidad y el limitado por la animalidad; sentido pertenece precisamente al reino de la
y por otro lado, una visión aristotélica del cuer- historia como redención; que es el conflicto
po como instrumento del alma, conforme al entre dos ciudades, la celestial y la terrenal —
orden natural creado por Dios, y por tanto prolongación de la lucha en el individuo entre
perfecto, hecho verdaderamente a su imagen el espíritu y la carne— y el triunfo providencial

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de la ciudad de Dios, regeneración de los hom- ha creado al hombre de dos naturalezas muy
bres en una humanidad unida y transfigurada distintas entre sí, uniéndolas en una sola natu-
por la gracia. raleza y en una sola persona». (Brevil, II, 10).
El filósofo árabe español Aben Tofail Pero el credo cristiano de la creación y de la
(1100-1185) representa la escolástica del pen- resurrección impone una dualidad de los cuer-
samiento islámico, sujeta a la revelación del pos que ponga en consonancia la metafísica
Corán y nutrida de Aristóteles y el neoplatonis- platónica y la aristotélica. El hombre ha sido
mo. En su novela filosófica titulada El solitario, creado en un estado semejante al de los án-
hijo del viviente, narra la vida del protagonista, geles, sin cuerpo material ni sexo, libre de to-
nacido de la arcilla en una isla desierta y criado das las tendencias animales y ajeno a la enfer-
por una gacela. Las etapas sucesivas de esa medad y la muerte. En el estado adánico, con
vida marcan el progreso del conocimiento des- el cuerpo de gloria incorrupto e inmortal, cua-
de el mundo sensible hacia el inteligible del ser dra la definición aristotélica del alma como en-
supremo como intelecto agente, que guía al telequia o forma perfecta y natural del cuer-
intelecto pasivo o humano (doctrina corriente po, mientras que en el estado de «caída» vale
de la filosofía musulmana acerca del intelecto). la definición platónica del alma como simple mo-
El pasaje trascripto es por demás elocuente tor del cuerpo.
de una toma de conciencia del cuerpo como
topos natural de la humana infirmitas.
Otro filósofo árabe, Abenjaldún (1332- Referencias
1406), escribió una Historia Universal cuyos
Prolegómenos constituyen, a juicio de Orte- 1 Xavier Zubiri, Cinco lecciones de filosofía, Alianza
ga, «la primera filosofía de la historia», consi- Editorial, Madrid, 1980, p. 3.
2 Max Scheler, La idea del hombre y la historia, Buenos
derando que la precedente Ciudad de Dios, Aires, 1969.
de San Agustín, representa más bien una «teo- 3 Según Arnobio, dando así pie a la herejía maniquea
logía de la historia».6 El hombre es el animal contra la que tanto luchó el cristianismo primitivo,
político, social por naturaleza, que no puede no podría ser creada por Dios «esta cosa infeliz y
sobrevivir sin la sociedad, ni alimentarse ni de- miserable que se duele de ser, que detesta y llora su
condición y entiende que no ha sido creado para
fenderse sin ayuda de sus semejantes, y orga- otra cosa que para difundir el mal y perpetuar su
nizados en sociedad los hombres necesitan la miseria». Cit. en Abbagnano, Historia de la Filosofía,
autoridad que los defienda unos de otros. Montaner y Simón S.A., Barcelona 1955, t. 1, p. 207.
Abenjaldún ve el origen de la cultura en la 4 Cit. por Georges Gusdorf, Mythe et métaphysique,
necesidad de preservación que tiene una es- Flammarton, París, 1953, p. 149.
5 Los motivos fundamentales de la síntesis
pecie carenciada o mal dotada por naturaleza antropológica greco-cristiana —doble naturaleza del
como es la humana, que a diferencia de los hombre, como microcosmos (recapitulación de to-
demás animales no dispone naturalmente de dos los grados del ser) y como syndesmos (conjun-
órganos para el ataque y la defensa, condicio- ción de mortal e inmortal, terrenal y celestial)— cul-
nes indispensables a la vida. La cultura provee minan en la obra de Nemesio de Emesa (s.V). De
natura hominis, suerte de manual de Antropología
artificialmente al hombre de esos medios, pero filosófica muy difundido durante la Edad Media.
engendrando un conflicto que polariza las ten- 6 José Ortega y Casset: Abenjaldún nos revela el se-
dencias innatas de ataque y defensa en dos creto (El Espectador, VIII), Obras Completas II,
formas de vida humana, el nomadismo y el Rev. de Occ, 1963.
sedentarismo, cuyas vicisitudes determinan la 7 Véase el excelente trabajo de Ricardo Maliandi: «El
puente y la muralla», en Quirón, 4, 3, 1973, pp.
legalidad de la historia. La infirmitas biológica 113-133.
como fundamento antropológico de la conflicti-
vidad cultural, y una expresión primaria de esta
última en la dinámica de la historia universal, ANTROPOLOGÍA MODERNA
son partes del «secreto» que nos revela
Abenjaldún.7 Con el mundo moderno se abre un nue-
El dualismo antropológico, que pene- vo horizonte ontológico, formalmente antropo-
tró profundamente en la Edad Media, encuen- lógico o antropocéntrico, constituido por la sub-
tra todavía un defensor en San Buenaventu- jetividad El hombre es ahora sujeto (homo
ra, el primero de los grandes filósofos de la cogitans) frente a la realidad como objeto de
Orden Franciscana, vinculado a la tradición pla- conocimiento e instrumento de dominio téc-
tónico-agustiniana y marcado por la influencia nico. La physis de la metafísica clásica y la tras-
aristotélica que se difunde en el siglo XIII. «Dios cendencia de la teología medieval son puestas

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entre paréntesis por la especulación entendida ésta como la falta en el hombre de


gnoseológica de la modernidad. La idea de determinación natural y existencia naturalmente
Hombre domina tácitamente sobre las ideas «sobrenatural»: no es (el hombre) la bestia ni
de Mundo y de Dios, en términos de la tradi- el ángel, pero constituye un valor autónomo
ción filosófica. No por azar aparece en el Rena- cifrado en su carácter proteiforme y voluntad
cimiento la novedad filológica y conceptual de espontánea de elevarse, sin complejo de cul-
la anthropología (Otto Casmann, 1594), disci- pa o de caída originarias y sin un ideal o desti-
plina cuyo objeto es el estudio del hombre y no de salvación (como en la teología agustinia-
que siglos más tarde alcanzará su estatuto na, y cristiana en general, de la humana infirmi-
epistemológico. tas).
Pero el giro antropocéntrico y la revo- Tal es el leit motiv antropológico con-
lución copernicana acusan una nueva concien- signado en el género literario de la Oratio de
cia histórica de la infirmitas humana. A partir hominis dignitate, cuyo egregio representan-
del Renacimiento el universo ya no podrá más te fue Pico de la Mirándola.3 Luis Vives (1492-
pensarse como un todo ordenado y coheren- 1540) era reconocido por sus contemporáneos
te; la dualidad del mundo —entre las cosas y el como «anthropologo» en sentido moderno,
espíritu, los objetos y el sujeto— resulta des- estudioso de la naturaleza humana4; título bien
de entonces insuperable y el hombre se vuel- merecido por cierto con su Fábula del hombre
ve esencialmente problemático, desplazado del —«porque el hombre mismo es una fábula y
centro de un cosmos que le aseguraba un lu- un juego»— donde el ser humano está carac-
gar definido en la jerarquía inmutable de los terizado como un Proteo inasible, el mejor ac-
seres. El advenimiento de la ciencia moderna tor, capaz de transformarse en cualquier cosa
sacude con la duda radical: la realidad objetiva y desempeñar todos los papeles: el ser «des-
ya no es más garantía del sentido existencial, carado».5 Erasmo (1469-1536), el príncipe de
el sistema del mundo es indiferente a nuestras los humanistas, tiene una visión realista del
preocupaciones íntimas y destino final. Este es hombre, al que muestra en todas sus flaque-
el sentimiento que como portada del mundo zas y calamidades de la vida, pero aceptando
moderno expresa la Melancolía de Durero, o lo humano como tal, sin referencia a valores
bien el poema de John Donne cuyo sugestivo superiores o religiosos; tema típicamente
título es Una anatomía del mundo (1611).1 La erasmiano es el de las ventajas que tiene la
nueva ciencia despierta incertidumbre ontoló- pobreza del entendimiento, ¡a ignorancia, pues
gica y soledad existencial, esa «melancolía de gracias a ella vivimos: una conciencia lúcida de
la anatomía» que estudia el libro de Burton. nuestros males haría la vida intolerable (por ello
En el repliegue del hombre sobre sí mismo, en el elogio de la «locura’, que es no saberse en-
el yo pensante se irán afirmando los grandes fermo, «alienación»).
tópicos antropológicos de los tiempos moder- El giro antropocéntrico de la moderni-
nos: la dignitas hominis (Renacimiento), él dua- dad es en rigor egocéntrico, el hombre pasa a
lismo cartesiano (Barroco) y el mundo de la ocupar el centro de la filosofía, pero no como
historia o la revolución política de la razón (Ilus- calidad singular y concreta, sino como sujeto
tración). trascendental, la autocerteza que fundamen-
Desde Burckhardt es tópico señalar el ta toda verdad objetiva. Consecuencia de ello
«descubrimiento del individuo»2 y el encomio es la radicalización cartesiana del dualismo
de su dignidad en la época renacentista, una antropológico: cuerpo y alma son res extensa
exaltación naturalista y antimedieval del hom- y res cogitans, dos realidades radicalmente dis-
bre que no vacila en apoyarse en el mismo tintas, que nada guardan de común entre ellas.
paradigma de Copérnico: si la Tierra es una La unidad del hombre se pierde y la antropolo-
nueva estrella en el «cielo», ya estamos en gía se escinde en dos líneas heterogéneas de
éste y no necesitamos del de la Iglesia —había inteligibilidad, por las que transita el pensamien-
afirmado Giordano Bruno. El hombre se sabe to moderno: por un lado racionalismo-
un minúsculo fragmento del cosmos, pero tie- espiritualismo-idealismo, por el otro empirismo
ne el orgullo de ser conciente de ello. El hu- materialismo-positivismo.
manismo representa la autoafirmación del hom- «¿Qué es el hombre en la Naturaleza»?
bre en su infirmitas, la valoración de lo humano —el grito de Pascal (1632-1662) no tiene eco
dentro de sus propios límites y en virtud de la en los espacios infinitos; el ser pensante (la
aspiración por superar dichas limitaciones. La esencia cartesiana del hombre) siente el peso
dignitas de la humanitas radica en la infirmitas, de su nihilidad y miseria, y en ello descubre su

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dignidad y grandeza: la caña que piensa, este lucha contra la ignorancia y las creencias trans-
monstruo incomprensible que es el hombre va mitidas por las religiones reveladas y dogmáti-
en busca de Dios. Otro ilustre cartesiano, cas.
Malebranche (1638-1715), determina su an- Ilustrado y prerromántico, Rousseau
tropología por un dualismo extremado, un (1712-1778) tiene una visión naturalista y op-
esplritualismo radical y una constante referen- timista del hombre; éste es naturalmente bue-
cia a Dios como «lugar de los espíritus»; para no, la sociedad y la civilización son las que lo
este «Platón cristiano» el hombre es el alma, hechan a perder: «Todo está bien al salir de
intermedio entre la materia y la divinidad. manos del autor de las cosas, todo degenera
La personal experiencia de la primera entre las manos del hombre». La civilización
revolución política moderna marcó profunda- representa la «caída» y en el retorno a una
mente a Hobbes (1588-1679), «antropólogo cultura paradisíaca estaría la «salvación».
político» inspirado en el mecanicismo cartesia-
no y renovador de la vieja visión pesimista del
hombre, pues éste no es social por naturale- Referencias
za, de instinto gregario como las abejas —se-
gún enseñara Aristóteles— sino que por el 1 Citado por Kostas Papaioannou, en L’art grec,
contrario en el estado natural «el hombre es Mazenod, París, 1972, p. 19.
2 Bien sabido es que los supuestos intelectuales de tal
un lobo para el hombre» y la única ley «la gue- viraje se gestaron en la corriente nominalista y
rra de todos contra todos». En tal situación vduntarista de la Baja Edad Media. En Petrarca, el
los hombres no pueden gozar de nada y para primer humanista, es sensible una nueva actitud líri-
restablecer la paz instituyen la sociedad civil ca que encumbra al sufrimiento como vivencia privi-
por un pacto (idea del «contrato social»), con legiada de la individualidad. Véase Grothuysen, op.
cit. cap. VII.
el cual los individuos delegan parte de sus de- 3 Véase nuestra Antropología Filosófica (Textos y Co-
rechos en el Soberano, cuya misión es asegu- mentarios 1), Ed. cit. Véase también el interesante
rar la paz. Este es el fundamento del poder Diálogo de la dignidad del hombre, del español
político y la justificación del Estado totalitario y Fernán Pérez de Oliva (1494-1531), Editora Nacional
absoluto. Madrid, 1982. Se trata de una discusión literaria entre
dos amigos en torno a la condición humana, la que
La ilustración es la época de la revolu- uno denigra y el otro enaltece, enfrentándose las
ción de la razón también en el sentido político. dos concepciones tradicionales acerca del hombre,
Kant completa el giro copernicano, se ha des- la pesimista (y naturalista) y la optimista (y
plazado el centro del pensamiento desde la trascendentalista). Paradigmático resulta el equilibrio
sustancia al hombre, la filosofía crítica otorga humanista entre la dignitas hominis y la miseria
hominis, que lejos da excluirse se suponen en la
prioridad al problema del conocimiento sobre humana infirmitas.
el de la realidad. Junto a la antropología «fisio- 4 Un dato recogido por Ortega y que tomamos de
lógica» y a la «trascendental» surge con Kant Diego Gracia Guillen, «Introducción histórica al es-
una antropología «pragmática». «El conocimien- tudio de la antropología», Quirón, 1972, 3, 3, 61:83.
to fisiológico del hombre trata de investigar lo 5 Brillante observación que debemos a Emilio Estiú, en
que la naturaleza hace del hombre; él pragmá- sus reflexiones sobre Filosofía y Teatro.
tico, lo que él mismo, como ser que obra libre-
mente, hace o puede y debe hacer de sí mis-
mo». (Anthropologie, prólogo). Los ilustrados, ANTROPOLOGÍA CONTEMPORÁNEA
paladinamente los enciclopedistas, les
philosophes, insisten en la realidad histórica y La antropología del siglo XIX se consti-
social del hombre, en la idea de «Humanidad» tuye en base a la herencia kantiana repartida
como naturaleza humana universal y como va- entre el idealismo y el positivismo, en la prime-
lor ideal, y en el progreso de la civilización en ra y segunda mitad, respectivamente, de la
un concepto de la sociedad y el Estado que pasada centuria. Kant había formulado la pre-
conduce a la Revolución francesa. gunta fundamental de la filosofía «en sentido
En este contexto esgrime Voltaire su cosmopolita» —¿Qué es el hombre?— y plan-
filosofía de la historia, consistente en la lenta teado la distinción entre una antropología tras-
ascensión del espíritu humano hacia el conoci- cendental (metafísica o personal) y otra «fisio-
miento, el progreso de la razón o la luz sobre lógica» (empírica o científica). Pero Kant se li-
las tinieblas, las fuerzas oscurantistas que se mitó a escribir una «antropología de intención
resumen en la religión; la razón aparece real- pragmática» que elude formalmente ambos
mente, históricamente, como el premio en una saberes, el metafísico y el científico, y perma-

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nece indiferente a sus respectivos objetos, el la experiencia moral (Fitche), la vivencia esté-
homo noumenon y el homo phaenomenon. tica (Schelling), la realidad histórica o la totali-
Los idealistas alemanes (Fitche, dad de la vida de la conciencia (Hegel). Pero
Schelling, Hegel) construyen un sistema de sólo cuando la Vida suplanta a la Razón, en
antropología trascendental saltando por enci- cuanto forma de conocimiento y realidad me-
ma del fenómeno y la experiencia posible tafísica, el tópico del homo infirmus entendido
—límite que la filosofía crítica impone al conoci- como conflicto de dos naturalezas se desplaza
miento— hacia la realidad en sí misma, del homo sapiens al homo faber y el ser bioló-
noumenal, absoluta. El sujeto trascendental se gico define al animal metaphysicum. La razón,
convierte en un yo o sujeto absoluto (Fitche) el espíritu, asoma ahora en cuanto instrumen-
y el hombre, en tanto naturaleza y en tanto to u órgano al servicio de la vida (nueva con-
espíritu subjetivo, se transforma en un momen- cepción, pragmatista, de la verdad) y fuente
to del Espíritu absoluto (Hegel). La razón hu- de ilusión, autoengaño y enmascaramiento
mana y finita queda absorbida en la razón uni- (papel de la ideología en Marx, de la concien-
versal e infinita. cia en Freud, de la «representación» en
Los positivistas, también parcialmente Schopenhauer y Nietzsche). Cuando la géne-
fieles a Kant («Todo conocimiento es relativo, sis del espíritu puede derivarse naturalmente,
salvo el conocimiento del fenómeno» —afirma sin solución de continuidad, desde la animalidad
Comte) dan fundamento epistemológico a la (evolucionismo), el asalto a la razón se produ-
antropología científica, la que adquiere carta ce con las fuerzas dominantes de la vida
de ciudadanía con la filiación del hombre en el biológicamente entendida (la voluntad, el ape-
reino animal; a tal punto que, según Mercier, tito, la libido: poderío, nutrición y reproduc-
el saber antropológico anterior al positivismo y ción como bases instintivas de los análisis
el evolucionismo merece el nombre de antropológicos de Nietzsche, Marx y Freud,
preantropología: «Es hacia la mitad del siglo respectivamente).
XIX, en el momento en que un clima general Vida significa dolor, lucha, engaño, error;
de investigación y pensamiento posibilitaba la es la irracionalidad misma, ella escapa a todo
revolución darwiniana, cuando la reflexión so- orden o finalidad y es «muda» respecto a los
bre el hombre se convierte germinalmente en valores humanos. Caben entonces dos actitu-
antropología moderna»1. A partir de entonces, des frente a la vida, el rechazo o la acepta-
en efecto, se constituyen las diferentes an- ción. Schopenhauer representa la versión idea-
tropologías hoy vigentes: física, social, cultu- lista, pesimista y negadora de la vida como
ral, etc. voluntad de vivir. Nietzsche encarna la versión
La antropología filosófica del siglo XIX, naturalista del optimismo trágico, la exaltación
ya por la vía trascendentalista o ya por la vía de la vida y la superación del hombre, el ethos
positivista, se apoya en una metafísica monista de afirmación de la voluntad de poder.
y dinámica, la realidad entendida como unidad La concepción del mundo en Scho-
del devenir, en sentido idealista o bien mate- penhauer (1788-1860) es de un pesimismo ra-
rialista. De tal manera la antropología poscrítica dical que tiende a negar y suprimir toda la rea-
se aparta de la metafísica clásica de los dos lidad’ «El mundo es mi representación»—reza
mundos y el correspondiente dualismo alma- la primera línea de su obra capital: un punto
cuerpo, poniendo en cuestión la definición de partida kantiano para concluir antikantia-
esencial del hombre como animal racional, to- namente, pues constituye una exigencia gra-
davía válida en Kant. A partir de la Goethezeit, tuita de la razón (principio de causalidad) su-
el Sturm und Drang y el panteísmo romántico, poner un ser en sí o noúmeno que estaría más
se quiebra el orden clásico de valores susten- allá del fenómeno. Igualmente es afirmable,
tado en la prioridad jerárquica del principio ra- con Kant, la voluntad como nuestra íntima
cional o espiritual sobre el natural o animal. Una esencia, pero es otra creencia infundada una
incipiente «filosofía de la vida» (Lebensphilo- razón práctica del querer, que por el contrario
sophie) destrona a la antropología racionalista, es un simple querer vivir, carente de sentido y
ponderando subvertidamente el elemento absurdo. Una representación ilusoria, produc-
«irracional» en la naturaleza humana, a través to de una voluntad absurda, tal es la naturale-
de sus expresiones sensibles, instintivas, senti- za del universo: «Velo de Maya» para la filoso-
mentales e inconscientes. La misma sed de in- fía india, o «la vida es sueño», según han intuido
finito de los idealistas abreva en otras fuentes los poetas desde Píndaro a Calderón.
del conocimiento que la razón científica, como La vida es dolor y la voluntad de vivir es

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la causa del dolor. Este es el diagnóstico de bre en un principio extranatural, la razón, por
todo el mal inherente a la existencia: un que- el cual es isotheos, cuasi-divino. Para Nietszche,
rer vivir ciego, egoísta, absurdo, sin razón ni más profundo y representativo que el espíritu
fin, generando continuamente nuevas necesi- es el cuerpo (Leib), cuyo concepto abarca una
dades destinadas al fracaso, nuevos dolores, unidad anterior al esquema dualista cuerpo-
nuevas guerra. alma, organismo-conciencia. El soma o Leib es
El amor es una trampa de la naturaleza «la gran razón», con cuya guía debe hacerse
a fin de engendrar nueves seres para nuevos la filosofía («Am Leitfaden des Leibes»): el
sufrimientos. Entre el dolor y el hastío oscila hombre es el ser del cuerpo (así entendido).
toda la vida; de los siete días de la semana seis c) El hombre como posibilidad. El hom-
corresponden a la fatiga y a la necesidad , y el bre es ser de futuro, en devenir, no-fijado,
séptimo al aburrimiento. Ningún progreso cabe infirmus («noch nicht festgestelte Tier»), el
esperar para la humanidad, donde renacen sin eterno futurible, el «animal que puede pro-
cesar la enfermedad, el crimen, la guerra, la meter», y por ello la criatura delicada, en peli-
ferocidad de los hombres entre sí. El Estado gro, errante, enferma. El hombre está enfer-
no tiene otro sentido que limitar por la fuerza mo del hombre: humano, demasiado humano,
la injusticia natural de los hombres (en los cua- el hombre no busca más que el hombre, por
les no existen «instintos morales»). eso es un decadente y cae en él nihilismo. Tal
De tal diagnóstico se desprende la éti- es el diagnóstico que hace Nietzsche de la
ca de Schopenhauer, consistente en el recha- enfermedad que padece la sociedad occiden-
zo o renuncia del mundo. El arte es una forma tal desde sus albores, personificada en Sócrates,
de evasión y liberación, pues el placer estético «decadente típico». Al hombre le duele el
suspende temporariamente el querer vivir y hombre, el hombre sufre del hombre, está mal
permite una suerte de contemplación metafí- del hombre (humanismo). Justamente, la en-
sica, o sea la representación de la voluntad. La fermedad es la negación del hombre, que para
moral se asimila al ascetismo hindú, el único Nietszche nunca ha existido, porque éste es
remedio para el sabio es negar el mundo y la sólo el paso hacia el superhombre:
voluntad de vivir, replegarse sobre sí mismo sin «El hombre es una cuerda tendida en-
participar de la vida común, rechazando el sui- tre la bestia y el superhombre... Lo que hay
cidio simplemente porque éste implica la afir- de grande en el hombre es que él es un puen-
mación de que la vida podría tener un senti- te y no un fin».
do 2 .
Nietzsche (1844-1900) es el filósofo
original del positivismo evolucionista y el profe- Referencias
ta loco de la transmutación de los valores tra-
dicionales. Tres grandes temas de la antropo- 1 P. Mercier, Histoire de l’Anthropologie, París, 1966. Ci-
logía de Nietzsche merecen consignarse sucin- tado por Gracia Guillen, op. cit., p, 75.
2 Para una crítica ideológica de la filosofía de
tamente. 3 Schopperihauer, véase la antología de José Francis-
a) El puesto del hombre en el cosmos. co Ivars, Schopenhauer, la estética del pesimismo,
Nietzsche se ocupa de desmitificar la imagen Labor, Barcelona 1976. Incluye fragmentos del ensa-
sobrenatural y narcisista del hombre como un yo de Thomas Mann sobre Schopenhauer, primer
ser aparte en la naturaleza; el hombre no es modelo de comprensión crítica global del pensamien-
to schopenhaueriano.
creación de Dios, sino a la inversa. Dos descu- 3 Seguimos la descripción de M. Landmann, op. cit.
brimientos científicos de la modernidad —el pp. 510-532.
astronómico de Copérnico y el biológico de
Darwin— han sacudido la creencia en Dios y
con ello el lugar central del hombre en el uni- ANTROPOLOGÍA ACTUAL
verso: «El hombre es más mono que cualquier
otro mono». La antropología corno disciplina filosófi-
b) Relación alma-cuerpo. La existencia ca se ha constituido durante el presente siglo,
del hombre es enteramente terrena, el hom- en respuesta a una profunda crisis del saber
bre ha nacido para vivir en la tierra y no hay acerca del hombre hacia fines de la centuria
otro mundo para él. Luego no existe el alma pasada. Dicha crisis fue resultado del desen-
como habitante ultraterreno. La crítica alcanza cuentro entre la filosofía y la ciencia, el conoci-
a toda la antropología racionalista, que desde miento trascendental y el positivo, respecto
el dualismo platónico cifra la dignidad del hom- del hombre como objeto de estudio. Por un

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lado la filosofía contemporánea, mirando de aportación madura a la Antropología filosófica,


reojo un saber positivista que despojaba al su- disciplina así llamada desde entonces. La filoso-
jeto de los atributos que le otorgara el fía de la existencia es esencialmente antro-
racionalismo moderno, había entrado en la cri- pológica y en este campo se inscriben buena
sis de la razón y la puesta en cuestión de la parte de sus análisis, pese a una orientación
imagen clásica del hombre como animal racio- distinta a la scheleriana y a la antropología filo-
nal (Schopenhauer, Nietzsche). Por el otro la sófica stricto sensu, movimiento específico de
ciencia, dispersa en la pluralidad de aproxima- la filosofía alemana contemporánea vinculada a
ciones empíricas a la realidad humana, renun- Max Scheler (el padre de la disciplina) y repre-
ciaba a la posibilidad de un saber esencial, sentado entre otros por H. Plessner, Th. Litt,
eidético o metafísico del anthropos, privando E. Rothacker, A. Portmann, A. Gehlen y M.
de fundamento ontológico a la antropología. Landmann. Pero tampoco han faltado las críti-
Es notable el hecho de que el proble- cas en la corta existencia de esta nueva disci-
ma antropológico emerge en la historia siem- plina filosófica, cuestionada más recientemen-
pre y cuando el hombre pierde un sistema de te por el estructuralismo y el neomarxismo, de
creencias con las que afirma su existencia, esto manera tal que la «infirmitas» de la Antropolo-
es en épocas de crisis o transicionales en las gía filosófica refleja la del hombre mismo y la
concepciones del mundo. 1 Así ha ocurrido del hombre de nuestro tiempo muy particuar-
significativamente para la cultura occidental en mente. Quizá sea certero el siguiente juicio de
momentos tales como la ilustración griega un prudente autor: «Desalojada la filosofía de
(Sócratas y los sofistas), la Stoa y el helenis- sus antiguos dominios por el ímpetu juvenil de
mo, San Agustín o el temprano Renacimiento las ciencias de la naturaleza primero, de las flo-
(Bruno, Pico). La misma periodización histórica recientes ciencias humanas después, se creyó
en Antigüedad, Edad Media y Moderna, he- encontrar en el ser humano el inadmisible pro-
mos visto que representa tres distintos hori- blema filosófico de nuestro tiempo. La Antro-
zontes de instalación filosófica, como otras tan- pología filosófica es el acariciado sueño, la gran
tas tentativas del pensamiento por dar cohe- esperanza y es posible que, a la postre, la gran
rencia a la realidad y seguridad al hombre en decepción del pensamiento europeo del siglo
un orden trascendente y englobante: la XX».4
cosmología de Aristóteles, la teología de San- En este panorama no resulta extraña la
to Tomás y la historiología de Hegel son quizá irrupción de una idea del hombre que Max
los mayores exponentes de ello. Scheler registra como la cuarta en la historia
Una idea del hombre en la crisis de nues- de la cultura occidental: el «animal enfermo»
tro tiempo es el cometido de la Antropología viene a compertir con el ángel caído (imago
filosófica, disciplina problemática porque el hom- Dei), el centauro ontológico (animal rationale)
bre mismo se ha vuelto radicalmente un pro- y el simio evolucionado, perfectivamente
blema y el problema por antonomasia. «Al cabo (homo sapiens, homo faber). La novedad de
de diez mil años de historia —afirma Max esta tesis en su formulación más extremada
Scheler— es nuestra época la primera en la (Th. Lessing, L. Klages) es un irracionalismo
que el hombre se ha hecho completa, inte- que ya no ve en la razón o el espíritu el valor
gramente problemático; ya no sabe lo que es, humano por excelencia (concepción «clásica»
pero sabe que no lo sabe».2 Casi con las mis- del hombre), ni tampoco un instrumento al
mas palabras se suman Heideger y Cassirer al servicio de la vida (concepción «romántica» del
juicio de Max Scheler, señalando la paradoja de hombre). La vida y el espíritu constituyen dos
que en ningún otro tiempo como en el nues- potencias antagónicas u hostiles; la razón es
tro el hombre ha sido objeto de tantos saberes un poder extraño, ajeno a la vida, que como
y a la vez de tantas dudas, como si la abun- un parásito metafísico causa la enfermedad lla-
dancia de conocimientos no garantizara la cla- mada «hombre», cuya historia es una historia
ridad del pensamiento.3 clínica, de declinación o decadencia. Hasta qué
La Antropología filosófica nació enton- punto, según esta teoría, la enfermedad (en
ces para dar respuesta a una crisis histórica en sentido patológico) se halla inscripta en el ori-
el conocimiento del hombre, y los primeros in- gen y esencia del hombre, se ve en la antro-
tentos en ese sentido surgieron del neokan- pogénesis, pues la cerebralización y demás pro-
tismo (Cassirer) y la filosofía de la vida (Dilthey). piedades correlativas del organismo humano re-
La fenomenología, método renovador de la fi- sultarían de y en un proceso patológico, un
losofía tradicional, dio con Max Scheler una desarrollo amenazante para la vida: el hombre

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significa un animal enfermo, arrojado de su vida biológica para el modo de ser esencialmente
natural y equilibrio vital, víctima de la forma- humano.
ción parasitaria de un órgano. L. Bolk fue el Spengler (1880-1936) traspola la me-
biólogo inspirador de tal interpretación patoge- tafísica biocéntrica a la realidad histórica, cuyo
nealógica, con sus ideas sobre la fetalización objeto es la sucesión de organismos configu-
morfológica y retardamiento fisiológico del hom- rados por la civilización y la cultura, como el
bre, fenómenos atribuibles a un supuesto des- cuerpo y el alma en los individuos. Nacida de
orden endocrino.5 un impulso profundo, toda cultura tiende a fi-
La influencia de esta idea del hombre jarse en civilización, es decir a morir. La declina-
—a pesar de su excentricidad o quizá a causa ción de Occidente, relaciona todos los sínto-
de ello— ha sido grande en la antropología filo- mas de la desintegración individual y social de
sófica de nuestro tiempo. Basten para com- nuestro tiempo al período de decadencia que
probarlo algunos textos de autores que, si bien alcanzaría fatalmente toda civilización en el úl-
no comparten dicha tesis en todos sus térmi- timo siglo de su milenio. La comparación es en
nos, de uno u otro modo se han servido de todo caso sorprendente con la caída de Roma,
ella. como para colegir un sombrío porvenir de la
Unamuno (1864-1936) expresó con su civilización fáustica. Al diagnóstico de Spengler
acento personalísimo el carácter «patológico» se han sucedido otros con intención igualmen-
de la existencia, el «sentimiento trágico de la te crítica (política a veces) a la civilización occi-
vida», como el conflicto irreductible entre la dental. Según K. Lorenz la raíz del mal está en
certeza racional de la muerte y el ansia emo- el desfasaje creciente entre la naturaleza del
cional de inmortalidad, el choque violento de hombre y su cultura; en Los ocho pecados
lo racional, que es antivital, y de lo vital, que capitales de la civilización (1973) compara la
es antirracional. Por ello, ser hombre significa industrialización y urbanización galopantes, de-
ser enfermo, en el sentido también de San vorando los espacios naturales, a los tumores
Agustín, Pascal o Kierkegaard. Pero a la con- malignos que invaden y matan los organismos.
ciencia de la muerte como motor de la huma- El viejo tópico de la conflictividad natura-cultu-
nidad, adjunta Unamuno la versión negativa ra cobra un vigor inédito en las reivindicacio-
de la teoría naturalista del espíritu y la cultura, nes del «nuevo humanismo» y el moderno
o sea la relación entre la imperfección biológi- «ecologismo».
ca del hombre y sus conquistas materiales y La tesis fundamental de Gehlen (n.
espirituales, con lo cual se inscribe en la línea 1904) es que, frente a la ajustada especializa-
de la actual antropobiología. ción y seguridad instintiva del animal en su
Ortega (1883-1955), como Scheler o medio, el hombre se presenta biológicamente
Heideger, advirtió la urgencia del problema «abierto al mundo» como un «ser deficiente»
antropológico: «¿Es cosa tan clara lo que en- (Mängelwesen) por su inespecialización, inma-
tendemos por hombre? Bien sabe el lector que durez y pobreza instintiva. Para poder sobrevi-
las disputas sobre lo que el hombre es han vir tiene que compensar esa falta mediante la
sido el motor de todas las grandes guerras y acción, haciéndose a sí mismo y conduciendo
revoluciones; bien sabe que no nos hemos su vida, es decir cultivándose, creando cultu-
puesto de acuerdo. Según el Antonio de «Le ra, la cultura, cuyo sentido originario es enton-
rnariage de Fígaro», beber sin sed y hacer el ces el de sobrellevar el hombre su deficiencia
amor en todo tiempo es lo único que distin- orgánica. La conciencia, o el espíritu —así es
gue al hombre de los animales. Según Leibniz, en toda Lebensphilosophie— se comprende
es el hombre, más bien, un petit Dieu. Entre como un medio al servicio de la vida y que por
una y otra fórmula cabe un sinnúmero de ellas».6 tanto no está capacitado ni destinado para
El tema de que el hombre no es naturaleza conocer la vida misma. Esta es un hecho últi-
sino existencia, de que no es un ser acabado y mo, cuya autotrascendencia representa la cul-
compacto como otros y, por ello, se tiene que tura: «Vida, más vida y más que vida», según
ir haciendo a lo largo de su vida, es un tópico la fórmula precisa de Simmel.
ortegiano. Pero por su radicalidad vitalista y
pragmática, Ortega concede la subordinación
de la razón a la vida; el hombre piensa para Referencias
vivir y no a la inversa. Así también la cultura y la
técnica, contrariamente al vitalismo irracionalista 1 Martín Buber, Le probléme de l' homme, Aubier, Pa-
y ultrarromántico, encuentran una justificación rís, 1962.

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2 Max Scheler, Die Stellung des Menschen im Kosmos, zoológico y antropológico.


Reichl, Darmstadat 1928, p. 13. La bioética noática o ambiental significa
3 M. Heidegger, Kant und das Problem der Metaphysik,
Bonn, 1929, p. 200; E. Cassirer, An essay on man,
un nuevo peldaño moral de la humanidad, una
Yale Univ. Pres. U.S.A., 1944, p. 22. ética de la vida más allá de las relaciones entre
4 A. Pintor Ramos: ‘’La antropología filosófica, discipli- las personas. El problema del medio ambiente
na problemática», Estudios, XXIX, 0973, p. 166. -agotamiento de los medios o recursos natu-
5 L. Bolk: «La ‘humanización' del hombre», Revista de rales y deterioro del habitat natural -exige un
Occidente, T. XVII, 1927, p. 329 y ss.
6 Ortega y Gasset, Obras Completas, I, p. 100.
replanteo de las relaciones hombre-naturale-
za, cuyo progresivo desajuste histórico desem-
boca en la crisis actual. Sabemos de los princi-
2- PRETEXTOS pales problemas ecológicos globales, según la
Comisión Mundial del Medio Ambiente y su re-
NOÉ O LA ALIANZA unión en Río de Janeiro del 3 al 14 de junio de
1992: población y recursos, seguridad
En la Biblia hay dos relatos con profun- alimentaria, diversidad biológica, energía indus-
do sentido ecológico, el adánico y el noático, trial y desafío urbano.
ambos pertenecientes al Génesis. El primero La alianza postula un singular progreso,
se refiere al «pecado original» constitutivo de que es el regreso a la visión de la tierra como la
la condición humana «caída» (destitutió), esto mítica Gaia, un organismo en equilibrio para-
es la trasgresión de los límites naturales y la digmático, el concepto ecológico de un medio
pérdida del Paraíso. El segundo sigue al ante- externo que es «medio interno», y viceversa,
rior tras el capítulo de la descendencia de Adán, porque el cuerpo humano se vuelve también
y es el libro de Noé, la sobrecogedora, fasci- extracuerpo, paradigma somatológico de una
nante y tremenda historia en la que Dios pone ecología médica. El planeta es el arca en el
a juicio la creación a causa de la corrupción que experimenta la civilización, del mismo modo
humana («la tierra estaba corrompida ante Dios que la técnica construye arcas experimentales
y llena toda de violencia»). Sólo Noé encuen- o ecosistemas artificiales para el estudio de los
tra gracia a los ojos de Dios y viene a ser el desequilibrios en el sistema ecológico natural.
segundo padre de la humanidad. La vívida na- Pero la ética de la alianza o ambiental
rrativa sobre la construcción del Arca, el Dilu- no se limita a los argumentos utilitaristas con
vio Universal, la salvación de la especie huma- los instrumentos tecnocientíficos, sino que apela
na junto a las demás especies, el arco iris como a una conciencia global impulsora del proyecto
señal del pacto con el que Dios selló su prome- político planetario en el nuevo orden mundial.
sa de nunca más «maldecir a la tierra por el Dicha ética convoca a todas las dimensiones
hombre», configura en el imaginario bíblico la del pensamiento moral -desde la prudencia
escena original de la catástrofe ecológica y la aristotélica y la autonomía de los seres huma-
justificación cósmica del hombre. nos como personas hasta la solidaridad y res-
La alianza de Dios con Noé es universal ponsabilidad de la especie- e incluso replantea
y cósmica, abarca a todos los hombres y a to- las ideas metafísicas de hombre, mundo y Dios,
das las criaturas en el orden de la naturaleza. una renovada «filosofía natural».
En este sentido se distingue de otras alianzas
bíblicas, por ejemplo con Abraham y el pueblo
de Israel, o la «nueva alianza» cristiana. La pri- DE HOMINIS INFIRMITATE O LA AN-
mera alianza es por tanto ecológica, la relación TROPOLOGÍA PROMETEICA
de armonía o simbiosis con la naturaleza, pax Tomado de: La evolución. El hombre y el hu-
naturae tras bellum contra naturae. mano. Rafael Sevilla (Ed.) Instituto de Colabo-
La tradición de un diluvio que destruyó ración Científica, Tübingen, 1986.
todos los hombres, con excepción de algunos,
salvados por el favor de Dios, está muy difun- I
dida entre los pueblos antiguos, civili-zados y La Antropología filosófica en la actual
primitivos. El tema enseña que la crisis en la crisis de la humanidad (crisis de supervivencia,
relación hombre-naturaleza es una constante ecológica y nuclear) debe ser Antropología
histórica, pero que la novedad actual consiste pragmática, una teoría del hombre capaz de
en el carácter planetario de la catástrofe formular un diagnóstico y una prescripción so-
ecológica, pues la universalidad del diluvio no bre la naturaleza humana. Este símil clínico de
parece haber sido tal en el orden geográfico, la infirmitas y la cura que la gravedad de la hora

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en que vivimos impone a la Antropología filo- zo y desarmado). A continuación, el expedien-


sófica, presupone en ésta el ethos humanista te de Prometeo, el robo del fuego a Vulcano
del primado ontológico y axiológico del hom- y Minerva, provee a los hombres de las artes
bre sobre el resto de la Naturaleza. El huma- mecánicas necesarias para la supervivencia. Por
nismo es entonces el axioma ético fundamen- último, ante lo impotente de la sabiduría téc-
tal de la antropología, entendida ahora y en nica para apartar a los mortales del exterminio
primer lugar como antropodicea o justificación bélico, Zeus les dona la sabiduría moral, las vir-
del hombre y sus obras, que no deben des- tudes políticas (temor, justicia, pudor) indispen-
aparecer o bien valen la pena salvar del común sables a la humana convivencia. La visión sofista
destino a las especies biológicas. La enferme- del mito, tendiente a la justificación ética de la
dad y la dignidad del hombre, el tema natura- política, representa un equilibrio en la clásica
lista y el tema humanista se articulan necesa- figura ambivalente de Prometeo: su cara
riamente en la Antropología filosófica, hija de hesiódoca, negativa, como introductor del mal
nuestro tiempo. y la decadencia en el mundo; y su cara
La presente ponencia recoge su inspi- esquiliana, positiva, como benefactor de la
ración y su composición en sendas fuentes clá- humanidad y artífice del progreso. En resumen,
sicas: la Oratio de hominis dignitate, de Pico tres veces han necesitado loa hombres la in-
Della Mirandola y el mito de Prometeo según la tervención sobrenatural o divina, pero la últi-
versión platónica del Protágoras (321a.C). El ma significa el don de dios por excelencia y la
tópico del Discurso sobre la dignidad del hom- cualidad específicamente humana, repartida
bre, como libertad fundada en la ausencia de por igual, «democráticamente» entre aquellos.
determi-nación natural, y la circunstancia para Nuestro estudio se inscribe en la perspectiva
la que fue compuesto —un cónclave de doc- antropobiológica, aunque sin intento reduccio-
tos en favor de la concordia y la paz filosófica— nista, y se basa en la tesis del homo infirmus y
representan una inspiración del humanismo his- en la teoría del cuerpo humano o somatología.
tórico para nuestro tiempo, signado por la mi- Se trata concretamente de una antropología
santropía sistemática y el conflicto ideológico somática, primaria consideración del hombre
planetario. La actualidad de Pico (1463-94) re- como ser viviente y de su esencia en tanto
side en la concepción plástica del ser humano que organismo, mediante una triple articula-
-microcosmo, prodigioso Proteo o admirable ca- ción —somatologica, somatotécnica y somato-
maleón, cuya misión no es otra que autorrea- ética— que responde a la actual problemática
lizarse según su arbitrio- y en la voluntad de humana en el orden biológico, biotécnico y
aplicar el principio pluralista que de tal visión bioético.
deriva, a la causa de la paz entre los hombres. El hombre es el «animal enfermo»
La Oratio, considerada el manifiesto del Rena- —dijo Hegel— el «animal no fijado» (nicht
cimiento italiano, fue compuesta como motivo festgestelltes Tier) —afirmo Nietzsche— y A.
inaugural y convocante para esa disputa públi- Gehlen ha desarrollado su importante antro-
ca que, según sus designios de un acuerdo pobiología en base a la definición del hombre
fundamental de todas las expresiones ideoló- como ser deficiente, imperfecto o carenciado
gicas de la humanidad, debía celebrarse en (Mängelwesen). En nuestra comprensión, la
Roma, y que por acontecimientos políticos de infirmitas es una categoría ontológica o her-
entonces no llegó a realizarse. menéutica antes bien que un datum natural,
El viejo mito antropogenésico en nues- que describe el estatuto de la existencia o la
tra cultura, Prometeo, se presta a una lectura condición humana, a cuya luz acaso se inter-
antropológica actual y a una composición del preta aquella pretendida inadecuación biológi-
elenco intelectual mas problemático y urgen- ca o paranaturalidad de lo humano. Sin duda
te de la hora: la «naturaleza» humana, la civili- el ser del hombre implica negatividad (o finitud
zación tecnológica y la ética política. El argu- en el lenguaje tradicional), y acaso es el hom-
mento antropológico del mito consiste en la bre la negatividad misma (el ser «en no», con-
secuencia del origen de la humanidad articulada trapuesto al «en sí», conforme a Sartre), pero
en tres tiempos: indefensión natural, inven- comprender dicha negatividad solo desde un
ción de las técnicas, instauración de las nor- punto de vista biológico o natural supone al
mas. Primeramente, debido a la torpeza de menos una idea reducida (materialista) de la
Epimeteo, el hombre ha llegado tarde al re- Naturaleza, de la cual se excluye lo específica-
parto de las dotes entre los animales, quedan- mente humano y en la cual toda emergencia
do desvalido por naturaleza (desnudo, descal- aparece como «enfermedad», negación

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ontológica y axiológica: la vida como enferme- cializaciones funcionales, la genética en com-


dad de la materia, el espíritu como enferme- portamientos no programados (pobreza instin-
dad dé la vida... de donde solo hay un paso a tiva), la embriología en inmadurez y desarrollo
la visión patológica de la humanidad del hom- lento, la filogénesis en primitivismos de la orga-
bre, como el caso de Klages, por ejemplo. nización neoténica.
Tampoco es lícita la reducción del cuer- La infirmitas humana, biológicamente
po humano al plano objetivo, como puro y sim- entendida, reconoce entonces una somatoló-
ple organismo. La fenomenología y la filosofía gica, o lógica del soma articulada en doble ne-
de la existencia han revelado el carácter tras- gación, real y simbólica, ilustradas enigmática-
cendental y la dimensión metafísica del cuerpo mente por Edipo y la Esfinge: el hombre es el
subjetivo (propio o vivido, Leib), aunque han ser no-afirmado y no-afirmativo, que ha dado
solido desconsiderar la realidad material y el de consuno el (mal) paso de la bipedestación
conocimiento científico del organismo huma- y la reflexión.
no, al punto que el nuevo cogito de la encar- 2. La lógica del soma es el fundamento
nación corre parejo con cierto idealismo del de la tecnicidad, de la posibilidad y necesidad
cuerpo. Por ello resulta un correctivo eficaz la del artificio, como exclusiva del hombre que
visión antropobiológica del cuerpo humano marca una ruptura respecto de lo natural. La
como absolutamente humano, expresión de técnica, en su sentido amplio y coextensivo a
la racionalidad misma (y no la bestia en el hom- la cultura, no aparece entonces en la línea de
bre, el animal racional de la antropología clási- la evolución biológica y como coronamiento de
ca). Y además, para la nueva perspectiva la una especialización antrópica, sino en virtud de
diferencia entre el animal y el hombre aparece una forma somática indeterminada, abierta o
en la somaticidad humana como un todo (y no inespecializada. Aquella resulta de una «nega-
en una de las partes privilegiadas, como tradi- ción», como respuesta a un desafío biológico
cionalmente el cerebro). que instaura un nuevo orden, la térra infirma
En resumen, las ideas de infirmitas y de de la infirma species.
soma, aplicadas fundamentalmente en senti- La técnica, en el uso «técnico» del vo-
do biológico o naturalista, sirven para marcar la cablo -la invencion, fabricación y empleo de
«diferencia antropológica» o alteridad de lo útiles o artefactos- remite a la somatotécnica
humano respecto de lo viviente, evitando el o somaticidad artificial del hombre. Como for-
dualismo de las sustancias o la diferencia ma de conocimiento, la técnica nace de la re-
ontológica, la herida centáurica de la antropo- lación «instrumental» que el hombre mantie-
logía filosófica. ne con su propio cuerpo. En tanto que activi-
dad, supone el aprendizaje de los usos corpo-
II rales. En el sentido común dé realidad u obje-
to, representa la proyección del cuerpo hu-
1. La antigua y reiterada observación mano, su prolongación en órganos artificiales.
de que el hombre, a diferenca del animal, es La historia de la tecnología es la historia del
inadaptado a la Naturaleza y tiene que adaptar cuerpo como autocreación humana. Desde la
ésta a sí mismo construyendo un mundo pro- aparición del útil con la hominización -cuya se-
pio, ha ingresado en la fórmula antropobiológica cuencia articulan el bipedismo, la liberación de
fundamental de nuestro tiempo. la mano, el lenguaje y la cerebralización, «es-
La biología evolucionista no ve ahora en pecialidad» esta última del homo sapiens- di-
el hombre un primate perfeccionado, sino en cha historia pasa por la revolución neolítica y
extremo infradotado desde el punto de vista se prolonga hasta las formas contemporáneas
orgánico y vitalmente desvalido. El proceso de de la tecnología, cuando quizá estamos tras-
hominización, según lo reconstruye la paleon- poniendo los umbrales de una nueva era en la
tología humana, va ligado a características transformación de la Naturaleza, la «revolución
somáticas inéditas en la organización viviente biológica», con sus posibilidades de manipular
que exhiben dicho estado de indeterminación la propia naturaleza humana.
biológica (la posición erecta, la mano y la pala- 3. La somaticidad constituye asimismo
bra). el fundamento «natural» de la ética: mientras
Distintas perspectivas somatológicas el animal está adaptado a su biotopo, el hom-
confirman la natura-preternatura del hombre. bre es el ser «desajustado» que necesita «jus-
La morfología repara en carencias anatómicas tificarse», regularse por otras normas que las
(homo nudus et inermis), la fisiología en inespe- biológicas, en su caso faltantes.

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El nuevo orden de la normatividad hu- reduce al homo faber; c) la humanización del


mana, montado sobre la normalidad biológica, mundo, en virtud de un humanismo posible,
es antes bien paranatura que natura o sobre- para el cual el hombre no sea un animal ni un
natura, pero como si fuera una de éstas últi- robot, que rompa el círculo hermenéutico
mas se autolegitima. Por ello la relación entre antropológico en la era de la ciencia y la técni-
«natural» y «normal» —la ambigüedad de la ca.
Naturaleza como ser y deber ser o la experien- La función de la antropología filosófica
cia de la realidad como resistencia y fundamento será entonces antropoplástica, recreadora de
de la valoración— constituye el nudo gordiano la imagen del hombre y los valores humanos.
de la ética del cuerpo (somatoética). El ethos pigmaliónico, artístico y filantrópico,
La actual revolución biotecnológica significa un podrá quizá revelar en positivo la antropología
cambio histórico (biohistoria?) en las relacio- negativa de nuestro tiempo, y con ello poner-
nes entre bios y ethos. La posibilidad de mani- se al servicio de una ética de la vida —o de la
pular nuestra naturaleza —la ingeniería genética sobrevida—, el cometido más urgente de la
lo hará quizá radicalmente en el futuro— trans- humanidad actual.
forma el ethos del cuerpo y la vida humana,
ejemplarmente hoy la natalidad, la sexualidad
y la mortalidad (nuevos valores se asocian a la LA ANTROPOGENIA
contracepción, las tecnologías reproductivas, ANAXIMANDRO
los trasplantes de órganos, etc.).
La bioética o ética biomedica es la nue- Anaximandro de Mileto (611-546 a.C.)
va disciplina que estudia los mas recientes as- es el segundo, entre Tales y Anaxímenes, del
pectos éticos de la ciencia y la tecnología, cuyo terceto jónico que estrena la Filosofía, esto es
panorama orwelliano no ha desaparecido como la visión racional del mundo. Su obra en prosa
posibilidad en el mundo de 1984. El hombre «En torno a la naturaleza» pasa por ser el pri-
está ahora en condiciones de transformar su mer escrito filosófico en Grecia. La especula-
propia vida, y este poder pigmaliónico o ción cosmológica de Anaximandro gira sobre el
antropo-plástico apela a la responsabilidad mo- concepto de ápeiron (infinito, y también inde-
ral y a la imaginación creadora. finido = aoristo), la sustancia primordial (arkhé)
indeterminada, a partir de la cual derivan to-
III das las cosas mediante un proceso de forma-
ción y destrucción de contrarios. Los entes
La antropología prometeica refleja el todos del kósmos (orden, equilibrio de oposi-
cuadro clínico de nuestro tiempo, compuesto ciones), reza un fragmento ilustre, «según el
por una triple tópica de la humana enferme- orden del tiempo se pagan mutuamente re-
dad y dignidad, la paradójica articulación de lo paración (tísise) y justicia (diké), por la injusti-
negativo y positivo en el hombre. En primer cia (adikía) que han cometido». Así pues, para
lugar, el saber original de que el paso del bios al Anaximandro, acaso más profundo por ello que
logos implica negatividad y libertad, el desafío Tales y Anaxímenes, la esencia de las cosas no
ontológico del anthropos. En segundo lugar, reside en un elemento particular (el agua, el
el poder jánico de la cultura, creativo y des- aire o más tarde el fuego de Heráclito) sino en
tructivo, consumado por la posesión del fuego el infinito , del que todo proviene y al que
mitológico, el sol o la energía nuclear; en ter- todo vuelve (¡eterno retorno!) en virtud de la
cer lugar el deber moral de responsabilidad por adikía cósmica (¿falta moral o natural desajus-
el destino del hombre, que en buena medida te, como interpreta Zubiri?) que representa la
ha pasado ya a nuestras manos. existencia individual, separada del común prin-
Tres pronósticos sobre la humanidad se cipio. En fórmula antropomórfica, la muerte
desprenden del tríptico diagnóstico prome- redime el pecado, o cura la enfermedad, de
teico: a) El exterminio de la especie, según la haber nacido.
visión apocalíptica del irracionalismo nihilista, que No es exagerado ver en los transcriptos
entiende la iniciativa de Prometeo como un fragmentos de Anaximandro el texto alboral
aplazamiento del designio divino para la débil y de la Antropología filosófica, el primer docu-
efímera raza.de los mortales; b) la robotización mentado intento de explicar racionalmente el
de la sociedad humana, conforme a la raciona- origen del hombre, con el recurso a una inte-
lidad científica y tecnológica dominante en lección en cierto modo intermedia entre la
nuestra cultura, cuyo modelo prometeico se antropogonía mítica (Prometeo) y la antropo-

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logía naturalista, racional stricto sensu (Anaxá- turalista del mítico Prometeo. Al filósofo
goras, Diógenes de Apolonia). presocrático cabría el mérito de haber revela-
En un contexto general cosmogenético do, por primera vez de manera fisiológica, el
(desarrollo, a partir del ápeiron, de las propie- rasgo de la debilidad física —ínfirmitas— origi-
dades calido-frío, seco-húmedo, formación de nario del ánthropos, hoy sistemáticamente te-
los cuerpos celestes y la Tierra; aparición de nido en cuenta por la antropobiología (Gehlen,
los seres vivos) se inscriben estas brillantes Landman). Con ello, Anaximandro estaría en el
conjeturas biológicas y antropológicas de inicio de una línea naturalista —divergente de
Anaximandro sobre la historia natural de los otra personalista (Adán, Hesíodo)— en la re-
animales y el hombre. Las primeras criaturas presentación de la historia primitiva de la hu-
vivientes se generaron del limo (), o bien de la manidad. El hombre, y esto es lo que lo distin-
humedad (higrón), por efecto del calor solar. gue del resto de los animales, necesita para
La observación (familiar a un jónico) que pres- sobrevivir de un aya o nodriza —la cultura—
taría base a la teoría es, quizá, la de las larvas que Anaximandro imaginativamente naturaliza
que proliferan en la arena caliente a orilla del como el interior cobijante de un pez (comple-
mar. Sin duda se trata de la antiguamente con- jo de vientre del que también testimonia la
sagrada generatio aequivoca, antes bien que bíblica ballena de Joñas). Para el caso no es
de evolucionismo en sentido moderno o darwi- preciso recurrir a las tan sugestivas elaboracio-
niano. Pero hay un barrunto de las dificultades nes del espacio vivenciado de un Bachelard,
de adaptación al medio en la idea de que los un Bollnow o un Minkowsky. El mismo Charles
primitivos seres vivientes estaban protegidos Darwin, desconcertado ante el problema de
por caparazones espinosos de los cuales emer- cómo una criatura tan débil e inerme física-
gían para terminar de organizarse (¿solidifi- mente como el antepasado del hombre haya
carse?) en la sequedad de la tierra durante podido sobrevivir en la jungla salvaje, especu-
cierto tiempo. laba sobre la posibilidad de que aquel hubiera
De cualquier manera y desde un punto evolucionado originariamente en una isla. Qui-
de vista antropofilosófico, la idea interesante zás un pez que habría fallado como criatura del
del texto es aquella de la específica imperfec- agua adquirió por chance genética la capaci-
ción biológica del hombre respecto de los de- dad de sobrevivir en el aire, antes inhabitable,
más animales, en particular su inermidad o de- y mediante este inesperado aislamiento de sus
bilidad al nacer. El natural desamparo del re- enemigos pudo enseñorarse de la creación. Co-
cién nacido humano será un tópico en la litera- mentando aquella hipótesis de Darwin, Loren
tura clásica (Lucrecio, v, 222; Plutarco, Mor, Eiseley sugiere que la humanidad ha emergido
730 e; Censorino, De die natali, 4, 7) y sólo en en una isla, no en una oceánica y visible, sino
nuestros días recibirá cumplida interpretación en esa otra invisible de su cerebro, creada por
(A. Portman). Anaximandro, pensador arcai- el sonido inteligible, la isla del logos, de la pala-
co, establece una curiosa conexión entre la bra y la razón. Y en definitiva, esto es lo que
ontogenia (o embriogenia) y la filogenia, asu- habría querido significar Anaximandro con su
miendo el principio de que la especie, al igual antropogénesis.
que el individuo, ha debido comenzar por una
etapa infantil o inmadura, situación en la que
no habría podido sobrevivir de nacer como ANATOMÍA Y DESTINO
ahora cuando lo hizo por primera vez; por tan- EMPÉDOCLES
to, se ha engendrado en otras formas vivien-
tes, desarrollándose parasitariamente hasta su 422- Empédocles sostiene que las pri-
viabilidad en grandes peces, para ser alumbra- meras generaciones de animales y plantas no
do en la tierra ya capaz de alimentarse por sí estaban completas, sino que consistían de
mismo. Otra vez la importante idea del origen miembros separados sin unir entre sí; la segun-
de la vida en el mar pudo tener por base em- da, surgida del ensamblado de esos miembros,
pírica un ejemplo como el de la libélula, cuyas semejaba a criaturas oníricas; la tercera fue la
larvas viven en el agua y después sufren su generación de las formas naturales completas,
metamorfosis. y la cuarta, no provino ya de substancias como
La antropogenia de Anaximandro pue- la tierra o el agua, sino por generación, en al-
de interpretarse como antropomitológica, en gunos casos debido a la condensación de su
el sentido de una lógica del mito del hombre, alimento, en otros por la excitación provocada
concretamente en cuanto racionalización na- por la belleza femenina en la sexualidad; y las

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diversas especies de animales se diferenciaron sino cuando estaba por serlo.1


por la calidad de mezcla en cada uno. Empédocles de Agrigento (la Acragas
443- Aquí surgieron caras sin cuellos, de la Magna Grecia) floreció entre los años 490-
brazos deslizándose sin hombros, desligados, y 430 a. C. Es una de las figuras presocráticas
los ojos vagaban solos, en busca de frentes. más interesantes, tanto por su vida como por
444- Pero a medida que un elemento su obra.
divino continuaba su cruza con otro, las cosas Legendaria fue su actividad de filósofo,
sucedían cada vez que la casualidad reunía a médico, político y taumaturgo. A la vez eleático
unos con otros, y muchas otras cosas aparte y jónico por filiación filosófica, se le considera
de éstas, iban resultando constantemente. fundador de la escuela siciliana de medicina,
445- ... ovillándose al andar y con innu- una de las tres más influyentes en el Corpus
merables manos. Hippocraticum. Las doctrinas de Empédocles,
446- Muchas criaturas nacían con caras en efecto, evidencian la simbiosis entre la es-
y pechos en ambos lados, progenie de bueyes peculación de un filósofo de la naturaleza y la
con cara de hombre, mientras otros aparecían experiencia de un médico práctico, como pa-
como retoños humanos con cabeza de buey, rece que lo fue; se cuenta que logró prevenir
criaturas compuestas por partes masculinas y ciertas enfermedades epidémicas (¿fiebres
femeninas, y provistas de partes estériles. palúdicas?) cegando torrentes y marismas, o
447- Cada vez, entonces, que todo que combatió junto a Hipócrates en la «peste
resultaba como si hubiese estado sucediendo de Atenas», e incluso que habría resucitado a
con un propósito, las criaturas sobrevivían, es- una mujer. Pareja fue su fama de ferviente
tando accidentalmente armadas de la forma demócrata (aunque su genealogía y personali-
adecuada; pero cuando esto no sucedía, las dad trasuntan más bien a un aristócrata); ha-
criaturas perecían y están todavía pereciendo, bría intervenido en la disolución de la asamblea
como afirma Empédocles de su «progenie de de los Mil y rechazado el ofrecimiento de reinar
buey con cara humana». en su ciudad. Por cierto sus pretensiones eran
448- Acerqúense ahora y escuchen más altas: se proclamaba a sí mismo un dios y
cómo el fuego, al ser separado, hizo surgir los aspiraba a ser tratado como tal; recorría Sicilia
retoños de hombre y llorosas mujeres, pues vestido de púrpura, con una diadema de oro
este relato no es irrelevante ni inexacto. Prioie- sobre la cabellera al viento, seguido por una
ro saltaron de la tierra formas enteramente na- multitud de entusiastas a quienes enseñaba el
turales, compartiendo el agua y el fuego; es- camino de salvación, beatitud y verdad (se-
tos fueron impulsados por el fuego deseando gún Aristóteles fue Empédocles inventor de la
encontrar a sus iguales, sin mostrar aun a la Retórica y maestro de Gorgias). Extraña es
vista, la bella forma de los miembros ni la voz y también la muerte del filósofo, sobre la cual la
los órganos propios del hombre. Antigüedad tejió varias leyendas, entre ellas la
449- Hay una pregunta más, también, de que el cielo le arrebató durante la noche, o
que debemos hacer. Si es posible o imposible bien que se arrojara en el cráter del Etna para
que cuerpos en movimiento desordenado pue- borrar toda traza de su muerte y avalar así su
dan combinarse en algunos casos en combina- pretendido destino sobrenatural (intención que
ciones semejantes a aquellas que componen el volcán habría frustrado —según las malas len-
los cuerpos de la naturaleza, tales, quiero de- guas— eruptando una de sus sandalias de bron-
cir, como huesos y carne. Sin embargo esto es ce).
lo que Empédocles asegura que ha ocurrido Empédocles es autor de dos poemas
bajo el Amor. «Más de una cabeza», nos dice, —De la naturaleza y Purificaciones— en los que
«llegó a nacer sin cuello». expuso en versos ricos de imágenes, a la ma-
450- ... como Empédocles dijo que nera de Parménides, sus doctrinas filosóficas.
«hubo criaturas cuyas cabezas nacieron sin El primero presenta una cosmogonía materia-
cuello», estos son entonces reunidos por el lista y el segundo tiene un carácter teológico
Amor. inspirado en la tradición órfico-pitagórica. El
451- Al mismo tiempo asevera que el contraste entre ambas obras no es más llama-
mundo se encuentra ahora en el mismo perío- tivo que el de la personalidad de su autor, mezcla
do de Lucha, que anteriormente en el perío- de físico y místico que adopta la doctrina de la
do de Amor. transfiguración como propio destino: «Fui un
452- Por «período de Amor» entiende, tiempo niño y niña, arbusto y pájaro y mudo
no cuando el Amor estaba en pleno control, pez de mar». El hombre que fue pez en

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Agrigento —así reza un verso de Borges— añora inmediato se impone, apunta una vaga idea
la felicidad de la antigua morada: «De qué ho- de la evolución de las especies en sentido
nores, de qué altura de felicidad he caído para darwiniano. La Naturaleza, combinando por azar
errar aquí, por la tierra, entre los mortales». genético los elementos, habría producido ór-
El punto de partida del sistema empe- ganos aislados y especies anómalas que pere-
docleano es un intento de conciliación entre cieron, abriéndose así el camino, por selección
el monismo eleático y el pluralismo atomístico, natural, a la sobrevivencia de los individuos más
siendo su mayor logro la formulación de la teo- aptos. Empédocles, ciertamente, inicia una di-
ría de los cuatro elementos o raíces de todas rección mecanicista en la filosofía natural, que
las cosas, que agrega a las tres sustancias pri- continuarían los atomistas (Demócrito, Leucipo,
mordiales de los jónicos una cuarta, la tierra. Epicuro, Lucrecio), aunque como herencia del
(Doctrina ésta sostenida hasta el siglo XVIII, el pensamiento clásico ella tuviera mucha menor
número cuatro como símbolo de la materia, fortuna que la dirección finalista o teleológica
visible en el arte de las catedrales). El ser, como (Diógenes de Apolonia, Aristóteles, Galeno).
quería Parménides, no puede nacer ni pere- Aquella encaja, en efecto, en un molde evolu-
cer; nacimiento y muerte se explican por el cionista, es decir el devenir entendido como
mezclarse y el disolverse de los elementos, in- pasaje de lo imperfecto hacia lo perfecto, lo
destructibles y eternos, que componen todas cual es justo una inversión del paradigma anti-
las cosas, movidos por la concordia (philótés) y guo en la materia, para el cual era un axioma
la discordia (neikos) que rigen el universo, sen- que todas las cosas perfectas son anteriores a
timientos manifiestos como atracción y repul- las imperfectas. «En el pensamiento moder-
sión en la materia (noción de afinidad elemen- no, es decir, evolucionista, el hombre ocupa la
tal de los cuerpos, que retomará la química cima de una escalera cuyo pie se pierde en la
moderna). oscuridad; en el antiguo y medieval ocupa el
Amor y Odio se suceden determinando pie de una escalera cuya cima es invisible a
las fases del ciclo cósmico (macro y micro-cós- causa de la luz» (C. S. Lewis).
mico). La fase en que domina el Amor es la Sin embargo, en Empédocles subsiste
esfera, en la cual todos los elementos están el modelo antiguo bajo la especie de la trans-
perfectamente hegemonizados y homoge- migración de las almas (metemposicosis o
neizados. Pero en esta fase no hay seres sino metempsomatosis), parodia del moderno evo-
el ser divino, la mónada que goza de su pleni- lucionismo. Ambos motivos -el transformismo
tud. La acción del Odio rompe esta unidad e naturalista y la transmigración- confluyen en
introduce la separación entre los elementos, una tradición antropológica dualista racionali-
mas esta separación no es meramente zada por Platón, con la cual el cuerpo humano
destructiva, puesto que también determina la pierde su condición natural (teleológica) como
formación de las cosas tal cual son en nuestro instrumento del alma (Aristóteles), y gana un
mundo, obligando a distinguirse y recompo- estigma moral como expiación de la culpa ori-
nerse entre sí a los elementos. Alternativamen- ginaria (la mítica caída). Dentro de tal pesimis-
te, pues, el odio y el amor son causas comple- mo antropológico, para Empédocles la
mentarias del devenir cósmico. negatividad ontológica del cuerpo consiste en
El texto transcripto ofrece una mues- su destino anatómico, la existencia partes ex-
tra elocuente de las intrépidas especulaciones tra partes, pues el ser parmenídeo, según
de Empédocles en torno al origen y evolución metáfora somatoeidética, «no tiene pies, ni
de la vida, a través de las cuales apreciamos la ágiles rodillas, ni fértiles partes; más bien es
modernidad de lo arcaico. Los cuatro estadios una esfera, igual a sí mismo por todos lados».
de la evolución aparecen resumidos en el pri- Las imágenes transformistas de Empédocles
mer fragmento (Aetius V. 19,5) y explayados podrían interpretarse fenomenológicamente
en los restantes: 1) Miembros desunidos (443). como una búsqueda del cuerpo perdido del
2) Monstruos y deformidades (444-446). 3) ser o una arqueología de la conciencia somática,
Formas naturales completas, bisexuales e sometida a las fuerzas del Amor que une y el
híbridas (antecedentes del andrógino de Odio que separa. «A veces, bajo el efecto del
Aristófanes en el Simposio platónico). 4) Esta- Amor, todos los miembros que el cuerpo po-
do actual, sexuado, seccionado, en el que de see / Se reúnen en el Uno, en la cima de la
algún modo continúa esta historia natural del vida floreciente, / Pero, otras veces, dispersos
transformismo inspirado en el amor y el odio. por la malvada Discordia, / Vagan cada uno por
La ‘lectura’ moderna del texto, que de su lado, hasta las orillas extremas de la vida»

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(frag. 20). La condición por naturaleza desva- vela en estos fragmentos como fundador de
lida del hombre y su inmadurez natal —rasgos la antropología y la patología «fisiológicas», esto
ya advertidos por Anaximandro, también es las teorías racionales acerca del hombre, la
evolucionista en su antropogénesis— explica- salud y la enfermedad, posteriormente desa-
rían esas inquietantes fabulaciones (¿alucina- rrolladas de consuno por la filosofía y la medici-
ciones?) sobre el cuerpo fragmentado que hoy na griegas.
descubre el psicoanálisis como experiencia II. Según el fragmento que testimonia
psicogenética primordial. La razón es un velo Teofrastro (284), Alcmeón estableció por vez
entré dos sinrazones, la deficiencia biológica y primera la diferencia específica del hombre res-
la arbitrariedad cultural que definen al hom- pecto de los animales, y esto en el orden del
bre. Si Narciso es el mito nuclear de la psicosis conocimiento, entendido como relación de
—como Edipo lo es de la neurosis- pocas du- contraste (Anaxágoras) y no de similitud
das caben sobre la personalidad de Empédocles (Empédocles) entre sus términos, el sujeto y
y la elaboración paranoide de su sistema filosó- el objeto, la sensación y lo percibido. El hom-
fico, con sus metamorfosis oníricas esquizo- bre se distingue por su inteligencia; los anima-
frénicas y demás construcciones delirantes. les sienten, pero no entienden. A tan funda-
Freud no ocultó su simpatía por Empé- mental hallazgo especulativo se añade la con-
docles, en cuyos principios del Amor y del Odio sideración del cerebro como sede de la men-
vio preformados a Eros y Thanatos, el símbolo te, verdad apoyada en la observación (disectiva
que une y el diábolo que separa, según la sem- posiblemente) de las conexiones nerviosas
piterna ambivalencia del cuerpo. Los poetas entre los sentidos y el encéfalo, y en la hipó-
celebraron a Empédocles en el Etna, las nup- tesis de su interdependencia funcional, por
cias mortuorias del filósofo. Desde el Bosco a cuanto los trastornos cerebrales alteran la sen-
Hans Bellmer, la plástica no ha cesado de re- sibilidad. El centro de la vida psíquica se des-
producir la anatomía surrealista del inconscien- plaza desde el corazón (phren) —cardiocen-
te, fijando todas esas imágenes agresivas que trismo de la época arcaica (Homero)— al cere-
atormentan a los hombres. Y nuestro actual bro, doctrina neurocéntrica que pasará a los
código genético no parece tener más raciona- hipocráticos (por ej.: De morbo sacro) y que
lidad que esos anagramas anatómicos en los extrañamente desechará Aristóteles a favor
que Empédocles se complacía «tomando el otra vez del cardiocentrismo, cuya influencia
cuerpo a la letra». puede rastrearse hasta en el mismo Harvey.
Siempre según los doxógrafos, Alcmeón dise-
có animales, describió los nervios, a los que
Referencias llamó poroi, canales o conductos (en particular
estudió los nervios y quiasma ópticos) y distin-
1- G.S. Kirk & J.E. Raven. The Presocratic Philosophers, guió las arterias de las venas. Entre las ideas
Cambridge, 1957 alcmeónicas cuentan también la teoría mieló-
gena del semen (origen cerebral del mismo,
en contraposición a la teoría de la panespermia,
ANTROPOLOGÍA Y PATOLOGÍA u origen somático general) y una teoría neuro-
ALCMEÓN DE CROTONA vascular de la vigilia y el sueño (extensiva a la
vida y la muerte), fenómenos atribuidos al flu-
I. La literatura doxográfica vincula a jo y reflujo de la sangre cerebral. Todavía en el
Alcmeón (c. 500 a.C.) con la generación y es- año 1910, Golgi admiraba esta brillante conje-
cuela pitagórica, lo que asimismo corrobora tura de Alcmeón acerca de las relaciones en-
Aristóteles (Met A5 986 a 29) al decir de aquel tre la circulación sanguínea y la conciencia.
que «era joven cuando Pitágoras viejo». El La doctrina del alma, recogida por
breve pasaje de Diógenes Laercio (282) dis- Aristóteles (287 y 288), afirma que la inmorta-
tingue al filósofo presocrático como médico y lidad es privilegio del movimiento continuo como
«fisiólogo» cuya doctrina central consistiría en el de los cuerpos celestes, del cual el alma
el dualismo de los asuntos humanos y, por ex- humana participaría, pero no siendo el de ésta
tensión, de los fenómenos naturales, rasgos en última instancia un movimiento circular como
de filiación pitagórica pero también común al el de aquéllos, los hombres mueren por la enig-
pensamiento jónico (Anaximandro, Heráclito). mática razón expuesta: no pueden circular, unir
Aunque dudoso es adjudicarle prioridad en el punto de llegada con el de partida.
escritos «sobre la naturaleza», Alcmeón se re- III. Aecio (V, 30 I), médico bizantino

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del siglo VI d. C, es quien ha transmitido el ner que tal posibilidad se juega paradigmá-
célebre fragmento fisiológico (en sentido ticamente en los conceptos de salud y enfer-
restricto o moderno) y patológico de Alcmeón medad, cuyos orígenes estéticos pueden
(286). abundantemente avalarse: del mítico Orfeo al
En primer lugar, hay en el texto una kosmós (orden bello) pitagórico, pasando por
teoría general de la salud y la enfermedad: con- el simil medicinal de la música, llegamos a la
sistencia de la primera en el equilibrio de las concepción del Simmias platónico (Fedón, 85
potencias (¡sotonía ton dynámeón) y de la E-86 D) acerca del alma como afinamiento del
segunda en el predominio de una de ellas instrumento corpóreo.
(monarkhia). Probablemente se trata de la En segundo lugar y por último, debe-
aplicación al campo médico de la doctrina mos ver en el texto de Alcmeón, con Laín
pitagórica de la armonía, principio de concilia- Entralgo, la inaugural mentalidad fisiológica o
ción de lo discordante (Filolao). Muchas veces científica —en abierta ruptura con la tradicio-
se ha subrayado la importancia, en la historia nal (mítica, mágica o religiosa)— de los saberes
de la ciencia occidental, del descubrimiento patológicos. Allí se esboza una nosología o idea
pitagórico: el número como sustancia de las genérica de la enfermedad (no ya mancha,
cosas, la hipótesis del orden mensurable de los —impureza o pecado— sino perturbación de la
fenómenos. Sin embargo, la medicina no si- natural armonía); una nosotaxia o clasificación
guió rectamente la vía cuantitativa (atomística), general de las enfermedades (al menos la clá-
sino inversamente acaso la cualitativa (humo- sica diferenciación de una patología externa y
ralista) en su interpretación de la physis, al otra interna); y una nosogenética o doctrina
menos hasta el nacimiento de la ciencia mo- de las causas del enfermar (se distinguen la
derna. El concepto alcmeónico de isonomía causa externa, la causa próxima y la localiza-
tiende más bien a subrayar el aspecto cualita- ción lesional, es decir, las tres formas causales
tivo (seco-húmedo, etc.), o al menos la pro- del meridiano esquema patogenético de Gale-
porción simple (isonómica, igualitaria) de la cra- no: procatártica, dispositiva y sinéctica). No
sis o mezcla de los elementos del cuerpo; en cabe duda que el texto en cuestión es un
tanto que la armonía pitagórica implica una ra- almacigo de seminaria morbi, un germinal culti-
cionalidad de proporciones numéricas comple- vo de ideas científicas en patología.
jas (1/2, 2/3, 3/4). La novedad de esta última
idea estriba en la fórmula matemática de la ar-
monía musical. La naturaleza de la armonía, en Bibliografía
efecto, se revela en la música: las relaciones
musicales expresan de la manera más eviden- Laín Entralgo, Pedro, Historia Universal de la
te el principio de la armonía universal, consis- Medicina, Salvat, Madrid, 1972. (T. 2). En particular
consúltese el estudio de José S. Lasso de la Vega, Pensa-
tente en oposiciones numéricas que permiten miento presocrático y medicina, con un amplio reperto-
entrever, al decir de Heráclito, una armonía rio bibliográfico sobre la cuestión alcmeónica (por ej.
oculta más importante que la manifiesta. sobre el concepto de isonomía y la polémica de G. Vlastos
Pitágoras demostró que la altura de los soni- y V. Ehrenberg al respecto).
dos depende de la longitud de las cuerdas en
vibración, gracias al experimento muy simple
de una cuerda tendida sobre una caja de re- EL HOMBRE Y SU FÁBULA
sonancia, con un caballete móvil permitiendo PLINIO
dividir la cuerda en longitudes diversas y obte-
ner así los diferentes sonidos. De cualquier En el II Congreso Nacional de Filosofía
manera, la resonancia musical del concepto de (Buenos Aires, Noviembre de 1980) presenté
isonomía puede ofrecerse como alternativa a una comunicación con el título de Homo infirmus
la socorrida metáfora política en los orígenes en la cual intentaba caracterizar como infirmitas
de la cosmología antigua, esto es, la transposi- la condición o la existencia del hombre
ción mental del orden de la polis al de la physis, biológicamente considerada. Desde entonces
ya entendida democrática o aristocráti- no he abandonado el tema ni éste me ha aban-
camente. Para una mentalidad que, como la donado a mí. Particularmente en la pesquisa
presocrática, intenta liberarse de antropomor- de una antropología histórica he logrado re-
fismos, la estética representa acaso una vía unir muy diversos textos que abonan la tesis
intermedia frente a la polarización antropo- del homo infirmus, una idea que desde el pen-
cosmocentrista, y no sería aventurado soste- samiento mítico y los presocráticos es cons-

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tante en la reflexión antropológica. A título de pido vuelo, otras su robustez, otras nadando,
ejemplo propongo ahora el comentario de un mientras sólo el hombre nada conoce si no es
pasaje de Plinio (Historia Natural, Libro Vil, I, 2- por educación —ni hablar, ni caminar, ni qué
5) que ilustra pintorescamente la fábula del comer; en resumen, la única cosa que puede
hombre como «animal enfermo», versión na- hacer por instinto natural es llorar.
turalista de un tradicional pesimismo En consecuencia muchos ha habido
antropológico. que creyeron era mejor no haber nacido o
He aquí el texto en cuestión, por mí haber sido eliminados lo antes posible. Única-
traducido: mente al hombre entre todos los seres vivien-
«El primer puesto debe con justicia ser tes le ha sido dada la pesadumbre, sólo a él el
asignado al hombre, para cuyo bien la gran Na- lujo, y esto de incontables maneras en cada
turaleza parece haber creado todas las demás parte de su constitución; es el único que co-
cosas —aún cuando exija un cruel precio por noce la ambición, la avaricia, un inmensurable
sus generosos dones, haciendo difícil dictami- deseo de vida, la superstición, la ansiedad por
nar si ella ha sido más bien uan madre compla- su fin terreno y aún sobre lo que pasará cuan-
ciente o más bien una áspera madrastra para do ya no exista. La vida de ninguna criatura es
el hombre. En primer lugar, sólo el hombre en- más precaria, ninguna tiene mayor avidez de
tre todos los animales se cubre con recursos diversiones, una más compleja timidez, una más
ajenos. Para el resto ella ha prodigado abrigo furiosa ira. En suma, todas las demás criaturas
de variadas formas: caparazones, corteza, es- vivientes pasan sus días dignamente entre los
pina, cueros, piel, cerdas, vellones, pelo, plu- de su propia especie, los vemos mantenerse
mas, escamas; hasta los troncos de los árboles unidos y erguirse firmes contra otra clase de
han sido protegidos contra el frío y el calor por animales —los feroces leones no pelean entre
su corteza, a veces doble. Pero sólo el hom- ellos, la mordedura de la serpiente no se dirige
bre en el día de su nacimiento es arrojado des- contra otras serpientes, hasta los monstruos y
nudo sobre el desnudo suelo, para prorrumpir los peces son crueles sólo contra especies di-
de inmediato en llanto y quejidos; ningún otro ferentes; mientras que para el hombre, lo ase-
entre los animales es más propenso a las lágri- guro, la mayor parte de sus males provienen
mas y esto desde el primer momento de su de sus semejantes».
vida —mientras que, puedo jurarlo, la tan men- Hagamos del texto un comentario ce-
tada sonrisa de la infancia no es concedida a ñido al «pretexto», esto es enseñar la origina-
ningún niño menor de seis semanas. Este dé- lidad y actualidad del mismo como un espejo
bil alumbramiento es seguido por un período lejano para la imagen del hombre que hoy se
de cautiverio que no padecen ni siquiera los desprende de la Biología. En el pasaje de Plinió
animales criados en nuestro medio, pues se reconocemos la figura de una fábula: composi-
aprisionan todos lo miembros del infante, de ción literaria en la cual el lógos, la palabra, es
modo que habiendo éste exitosamente naci- común al hortibre y los animales; se describen
do yace con manos y pies engrillados, lloran- por analogía situaciones entre ellos intercam-
do— el animal que reinará sobre todo el resto biables; se extrae alegóricamente una morale-
e inicia su vida castigado por una única falta, el ja en uno u otro sentido.
delito de haber nacido. iNecia locura la de aque- El texto de Plinio se inscribe en el con-
llos que piensan que con tal comienzo fueron texto de la filosofía natural antigua, en la cual
criados para una orgullosa condición!. se enfrentaban una dirección espiritualista o
Su más temprana promesa de vigor y teleológica (Diógenés de Apolonia, Aristóteles,
primer regalo del tiempo lo convierte en ani- Galeno) y otra materialista o mecanicista
mal de cuatro patas. ¿Cuándo empieza el hom- (Empédocles, Demócrito, Epicu-ro). Sin duda
bre a hablar? ¿Cuándo a caminar? ¿Cuándo es la visión finalista de la physis constituía el para-
su boca lo suficientemente firme para tomar digma «normal» del pensamiento antiguo, exa-
alimento? ¿Por cuánto tiempo late su cráneo, gerado por el providencial ismo estoico, al cual
señal de que es el más débil entre todos los cautamente cuestiona nuestro autor a propó-
animales? Luego sus enfermedades y todas las sito del hombre, cuyo puesto extraordinario
curas inventadas contra sus dolencias, cuida- en la naturaleza no estaría exento de radical
dos estos a su vez derrotados por nuevos males. negatividad. Según los atomistas no hay en la
Agreguemos el hecho de que todas las demás naturaleza finalismo, sino un azar dichoso, al
criaturas son conscientes de su propia natura- que luego se acopla la selección natural. Ya
leza, algunas usando la velocidad, otras su rá- Empédocles con sus visiones transformistas afir-

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Comentarios

maba que los seres vivos se han producido por nuevo orden, cultural y simbólico, articulado
combinaciones fortuitas, que pudieron originar, por el lenguaje. Contrariamente a la teoría clá-
por ejemplo, bovinos de rostro humano, si bien sica que hípostasiaba lo humano situándolo en
más tarde las combinaciones inadaptadas ha- el apogeo de la evolución biológica, se consi-
brían perecido. dera hoy que el homo sapiens no es faber de
La tradición materialista heredada de modo innato, reconociéndose así una antigua
Epicuro y Lucrecio alcanza en nuestros días su y profunda intuición del pensamiento evolu-
más alto nivel científico con la teoría moderna cionista: la ley biogenética de la recapitulación
de la evolución (neodarwinismo), una síntesis que concibe la ontogénesis como repetición
de conocimientos genéticos y del principio abreviada y rápida de la filogénesis (En este
darwiniano de la selección natural. La evolu- sentido hay un fragmento de Anaxi-mandro
ción es un proceso consistente de dos esta- que con justicia puede considerarse el texto
dios o episodios: 1) la mutación —un proceso auroral de la antropología filosófica). La falta
aleatorio— es la fuente de las variaciones he- de especialización orgánica y la ausencia de un
reditarias; 2) la selección natural —un proceso comportamiento genéticamente programado
determmístico— es responsable del carácter que Bolk, por ejemplo, abribuía a un proceso
adaptativo de los organismos. El azar y la ne- de «retardamiento» o fetalización pitecoide del
cesidad, la casualidad y el determinismo están hombre determinan la preponderancia de la
estrechamente imbricados y explicar el meca- cultura sobre la naturaleza en nuestra espe-
nismo general de la evolución biológica, cuyo cie: al alumbramiento prematuro y al ritmo len-
bricolaje se manifiesta en las imperfecciones to del desarrollo corresponde un largo período
estructurales y funcionales de los seres vivos, de adaptación cultural al medio.
imperfecciones insospechadas para la teoría de Por naturaleza, pues, por su origen
la creación u orden divino. carenciado —continúa y concluye el texto de
Desde la perspectiva materialista o Punió— la vida humana está condenada a la
neomaterialista es lícito acusar al hombre como pesadumbre y a la nostalgia del paraíso perdi-
mal nacido o desnaturalizado, por su desven- do. Mientras que el animal parece feliz, nada
taja respecto del animal. La desnudez humana necesita más allá de la satisfacción de sus ins-
simboliza esa indigente condición, dramatizada tintos, el hombre es un ser desgraciado, se
en los die natali mediante una triple articula- crea constantemente nuevas necesidades y
ción: imperfección biológica (carencias o defi- jamás está satisfecho, de nada tiene bastan-
ciencias orgánicas), excentricidad mental (con- te. Sólo él, que sepamos, toma conciencia de
ciencia de aquella imperfección, expresada en su finitud y mortalidad, y es esclavo del cuida-
el llanto) y conflictividad cultural (ambivalencia do por lo que no puede en absoluto alcanzar.
de la técnica como aparato ortopédico o cuer- Se ha inventado una naturaleza sobrenatural y
po artificial). Prometeo, Adán y el Segismundo vive en un total error de identidad que lleva a
de Calderón representan estas tres variables la autodestrucción. Así una característica de la
de la misantropía, esos tres momentos en el especie humana, extraña al reino animal, es la
miserere de la humana conditio. A la inmadu- agresión intraespecífica: el hombre es el único
rez natal sigue un lento desarrollo (chronica animal que mata sistemáti-camente, de modo
infirmitas) y un forzado aprendizaje hasta al- organizado y masivamente, a individuos de su
canzar el hombre la naturaleza que le es pro- propia especie.
pia, como criatura bipedestante, locuaz y El moderno estudio comparado del com-
manidiestra. portamiento animal y humano (la llamada
La vieja y repetida observación de la Etologia), como en tiempos de Esopo o de La
minusvalía orgánica del hombre comparado con Fontaine —pero ahora con la información del
el animal, constituye para la moderna código genético— subraya los pecados capita-
antropobiología la «diferencia antropológica», les de la humanidad civilizada en contraste con
la clave del anthropos} el insterticio natura-cul- el paraíso de la naturaleza, y busca en el mun-
tura. El hombre está biológicamente caracteri- do animal el paradigma perdido como remedio
zado por algo negativo, la falta de adaptación de nuestros males. Precisamente un tema cen-
natural al medio en lo que se refiere a instintos tral de la Etología -el tema en la era atómica-
específicos, armas agresivas y defensivas. El es la agresión. Se trata de un instinto de com-
estado de indeterminación biológica, la bate del animal y del hombre dirigido contra
inespecialización orgánica, representa el sus propios congéneres, diferente de la lucha
Rubicón antrópico, el desafío a instaurar un entre el predador y su presa. En tanto instinti-

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vo, es un comportamiento innato, irreversible, en sí mismos considerados ambos cuentan dis-


autónomo y espontáneo, que cumple diver- posiciones positivas, aún cuando contrarias. Por
sas funciones en la conservación de la espe- otra parte, toda superación pone en juego una
cie: ligada a la defensa del territorio permite negatividad, y describir el plus de la actividad
distribuir el alimento, como rivalidad sexual ase- humana (del espíritu) sobre la base de la ne-
gura la selección por la reproducción de los gación biológica es como poner el carro delan-
más fuertes, etc.; en general, sirve al mante- te del caballo. La reducción del cuerpo huma-
nimiento del orden y la jerarquía. Pero el ins- no a realidad puramente biológica y negativa
tinto agresivo no conduce en el mundo animal implica en cierto modo una recaída en el dua-
a la destrucción de una especie, pues esto lo lismo y en el invertebrado comtemptum
previene un comportamiento ritualizado, un corporís, el menosprecio del cuerpo corno lu-
sistema de mensajes incruentos que asegura gar común de la penuria existencial. Un gran
la coexistencia pacífica. La cuestión es si el mérito de la filosofía contemporánea ha con-
hombre (¿bestia de presa, animal rapaz y ma- sistido, inversamente, en incorporar el cuerpo
tador por instinto?) puede aprender esta lec- a la subjetividad trascendental.
ción, dominar su característica agresividad y so- El tercer motivo tiene carácter ético-
brevivir pese a sus impulsos autodestructivos. político y connotación de crítica ideológica. La
En conclusión: el texto de Plinio nos ha comparación entre el comportamiento animal
servido de pretexto para una caricatura de la y humano —nos referimos a la Etologia repre-
imagen del hombre que hoy parece despren- sentada por las investigaciones de K. Lorenz, y
derse de la Biología. Y como tal caricatura de- más aún la «nueva síntesis» de la Sociobio-
nuncia la actual tendencia a la bíologización de logía— no puede pasar por alto el hecho de
la antropología filosófica (biologismo o que la sociedad humana representa un siste-
reducciónismo biológico). La ciencia alimenta ma de orden distinto al natural, que no debe
ahora la fábula del hombre con la autoridad reducirse a leyes biológicas como tampoco acla-
que otrora la Teología, el homo infirmus reem- rarse sin relación a su origen y condicio-
plaza al homo peccator, el «mono desnudo» al namientos naturales. Particularmente improce-
«ángel caído», el pesimismo antropológico cam- dente es extraer una moral de la biología, to-
bia de signo pero conserva su herencia. Para mar como norma a la naturaleza científica ana-
plantear una discusión, señalaré tres puntos lizada, lo cual se presta a justificaciones políti-
críticos del argumento articulado en el Comen- cas reaccionarias. Si el hombre, gracias preci-
tario textual. samente a su indeterminación biológica, es el
El primero, de orden metafísico, relati- liberado de la creación, mal podría conformar-
vo al evolucionismo en su pretendida función se a un sistema social que niegue su libertad
de mito o historia del origen. La construcción imitando un supuesto orden natural.
materialista del azar y la necesidad (aludimos al En resumen, el hombre y su fábula, la
título del celebro libro de J. Monod) no es ni fábula del hombre, representa el gran desafío
más ni menos hipotética que su antípoda espi- para la Antropología Filosófica, pues la «fun-
ritualista de la creación y la finalidad ¿Es el ción fabuladora» es propia del ser que necesi-
mundo accidente de la materia u obra del pen- ta comprenderse desde lo otro que sí mismo,
samiento? No está demostrado que el azar ya por encima o bien por debajo de su situa-
(nombre de nuestra ignorancia) y las leyes de ción: un ser de razón en busca de la razón de
la naturaleza constituyan el único verdadero ser.
principio de la evolución. Desde la Biología se
extrapola un discurso totalizante (ideología cien-
tífica) que renueva la vieja concepción natura- EL PIE Y LA PIERNA
lista del mundo tal como es, el único posible. GALENO
El segundo aspecto crítico, si se quiere
de carácter fenomenológico, concierne al es- El texto transcripto contiene la
tatuto de la negatividad antropológica invoca- mitológica polémica de Galeno con Píndaro en
da como deficiencia biológica: el hombre, ser torno al centauro, forma híbrida que el poeta
deficiente o defectuoso según la antro- había juzgado acaso preferible para el hombre,
pobiología (A. Gehlen). Tal deficiencia es en cosa que el médico rechaza en virtud de no
primer lugar relativa, surge por comparación menos pintorescas razones. Ajustaremos en
entre el hombre y el animal, el uno carece de unos pocos puntos nuestro comentario a este
lo que el otro posee y recíprocamente, pues célebre pasaje.

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Según una antigua tradición, que se naturaleza, concebida ésta como principio te-
remonta a la antropogonía mítica (Prometeo), leológico que en todos los órdenes actúa del
el hombre sería por naturaleza un animal des- modo más conveniente. La naturaleza es sa-
valido, desnudo y desamparado, inepto para la bia, y sabio es el hombre que puede compren-
vida mientras no haya recibido del Cielo el fue- derla (de ahí el radical optimismo gnoseológico
go y las demás artes. Pero también clásica es y el método deductivo y esencialista de Gale-
la apreciación opuesta, que ve en el hombre no). En un ser viviente, sus partes son los ór-
el ser viviente mejor protegido y apto para la ganos de sus potencias naturales, y el cuerpo
existencia, tal como afirma decididamente como un todo es el instrumento natural del
Aristóteles: «Los que dicen que el hombre no alma. «Llamo ογανον una parte del animal que
está bien constituido y que es el menos favo- es la causa de una acción completa, como el
recido de los animales (porque, se dice, está ojo es de la visión, la lengua del habla, y las
descalzo, va desnudo y no tiene armas para piernas del caminar. La utilidad de las partes
combatir), están en el error. Pues los otros depende del alma». Estructura y función se
animales no tienen más que un solo medio de identifican para Galeno, la distinción de ambas
defensa y no les es posible trocarlo por otro, sólo será introducida en morfología por Vesalio,
sino que están forzados, por decirlo así, a con- base de la moderna separación entre anato-
servar su calzado para dormir y para hacer cual- mía y fisiología. El argumento teleológico per-
quier cosa, y no pueden quitarse jamás la ar- mite en cualquier caso descubrir las formas en
madura que les rodea el cuerpo, ni cambiar el términos funcionales, pues la contextura de
arma que les tocó en suerte. El hombre, por todo cuerpo viviente es la más adecuada a sus
el contrario, posee muchos medios de defen- funciones. «En todos los seres vivos el cuerpo
sa, y siempre le es hacedero cambiarlos e in- se adapta a las costumbres y facultades del
cluso tener el arma que quiere y cuando quie- alma. El caballo, que es un animal por naturale-
ra. Porque la mano se convierte en garra, zar- za veloz, soberbio y generoso, dispone de fuer-
pa, cuerno, o lanza o espada o cualquier otra tes cascos para sus pies, de crines espléndi-
arma o herramienta. Puede hacer todo esto, das, de patas ágiles y fuertes. El león, animoso
porque es capaz de asirlo todo y de sostenerlo y feroz, tiene los dientes y uñas que convie-
todo» (Las partes de los animales, IV, 10, 687 nen a su propia naturaleza». Aquel principio
a ...). Siguiendo a Aristóteles, Galeno critica finalista lleva a Galeno a conclusiones por mo-
las concepciones antifinalistas de quienes mentos risueñas, como cuando explica los «ins-
—como los secuaces de Epicuro y los Ascle- trumentos» de la nutrición: «¿Por qué está el
píades— juzgaban caprichosa la Naturaleza y estómago rodeado por el hígado? ¿Es en or-
pretendían que el cuerpo humano ha sido he- den a que el hígado pueda calentarlo y éste a
cho «sin objeto y sin la intervención de arte su turno calentar la comida? Ésta es por cierto
alguna». La discusión de Galeno con Píndaro, la razón de por qué está estrechamente abra-
en consecuencia, es un eco de la mantenida zado por los lóbulos del hígado, como por de-
por Diógenes de Apolonia y Protágoras, o dos». Y otro ejemplo del mismo estilo es el
Aristóteles versus Anaxágoras acerca de la re- siguiente, referido a la conveniencia de que la
lación entre la inteligencia y la mano, retomada pared abdominal no esté conformada por hue-
entre los modernos por Kant y Herder, y pro- sos, como es el caso de las otras dos cavida-
longada hasta nuestros días en la crítica de des, el tórax y el cráneo: «Si los hubiera, en
Portmann a la concepción antropobiológica de primer lugar las mujeres no podrían concebir;
Gehlen relativa al hombre como ser defectuo- luego tampoco podríamos comer lo suficiente
so o minusválido (Mängelwesen). de una vez para satifacernos, y el comer ten-
De usu partíum (Sobre la utilidad de las dría que ser un proceso continuo como la res-
partes), obra de la madurez de Galeno y mo- piración. Ahora bien, necesitar continua respi-
numento de la concepción funcional de la Ana- ración no es de ningún modo impropio para un
tomía, es más un tratado filosófico o de teolo- animal que vive en el aire, pero si necesitára-
gía natural que estrictamente biomédico, un mos comida en la misma forma, estaríamos te-
canto vitalista a la sabiduría del artífice del cuer- rriblemente desprovistos de filosofía y de las
po humano, tendiente a demostrar la perfec- Musas y no tendríamos ocio para las mejores
ción con que el Creador o la Naturaleza ha plas- cosas de la vida».
mado el organismo del hombre en todos sus Así pues, lejos de constituir una excep-
detalles. Fiel a su mentalidad griega, para Gale- ción al orden natural, el cuerpo humano es la
no el horizonte último de inteligibilidad es la imagen perfecta de la naturaleza propia del

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hombre, cuyas dos exclusivas son la razón y las tivo de la anatomía galénica, según lo ha seña-
manos. «Al hombre, que es un animal sapien- lado Laín Entralgo, comienza con el estudio de
te y el único divino sobre la tierra, la naturaleza la mano y el brazo, y continúa con la siguiente
le dio por toda arma defensiva las manos, ins- serie: pie y pierna; órganos internos ordena-
trumento necesario para todas las artes y para dos según las tres cavidades principales, abdo-
todas idóneo, no menos para las de la paz que minal, torácica y craneal (hígado, corazón y
para las de la guerra». Aludiendo a la imagen cerebro son, respectivamente, sedes de la fa-
aristotélica del alma al nacer como una tabla cultad natural, vital y psíquica o animal); cu-
de cera en la que nada hay escrito, Galeno bierta osteomuscular de la cabeza y el tronco;
admite que el hombre nace desvalido somática partes genitales; venas, arterias y nervios de
y mentalmente. «El hombre al nacer tiene un todo el cuerpo. Tal la idea descriptiva que pre-
cuerpo desprovisto de armas y un alma caren- side los 17 libros del De usu partíum, a lo largo
te de habilidades (atekhnías)». Pero justamen- de más de 1.300 páginas en la edición de Kühn.
te a esa situación pone remedio la naturaleza Como vemos, el segundo momento de ese
específicamente humana. «El hombre ha reci- esquema descriptivo lo constituye el pie y la
bido las manos y la razón para compensar la pierna, es decir las partes del cuerpo humano
desnudez de su cuerpo y la carencia de habili- que hacen a la posición erecta, otra exclusiva
dades de su alma. Utilizando sus manos y su del hombre, pues «él es el único entre los se-
razón protege su cuerpo y dota su alma de res que caminan que goza de carácter erecto
todas las habilidades». La humana no es, pues, y vertical para tener manos». Una vez más re-
una especie enferma o desvalida, y para com- curre Galeno al consabido argumento teleoló-
probarlo utiliza Galeno argumentos parecidos a gico, el pie y la pierna están constituidos de
los ya expuestos por Aristóteles. «De seguro forma tal que hacen posible la bipedestación
entonces, el hombre no está desnudo, inde- para servir al instrumento racional que son las
fenso, vulnerable o descalzo, sino que, en manos. «Todas las funciones que emplea la
cuanto lo desee, puede conseguir una coraza mano en el ejercicio de las artes requieren es-
de hierro (instrumento más difícil de dañar que tas dos posiciones; porque algunas las hace-
cualquier clase de piel), y sandalias, armas y mos parados y otras sentados, pero nadie hace
vestimentas de todo tipo están a su disposi- nada yaciendo supino o prono». El elogio del
ción. En realidad, la coraza no es su única pro- pie y la pierna, hechos a medida para el animal
tección, ya que también cuenta con casa, to- racional, lleva a Galeno a su discusión con
rres y murallas. Si hubiese nacido con un cuer- Píndaro, esto es a descalificar el centauro, no
no o algún otro implemento de defensa sir- sólo por su natural imposibilidad, como ya pen-
viéndole en las manos no podría usarlas para saba Lucrecio, sino también por su humana in-
construir una torre o una casa, o para hacer conveniencia, como lo prueban estas páginas
una lanza, una coraza y otra cosa similar. Con que irritaban al espíritu moderno de Vesalio,
estas manos suyas, el hombre se hila una capa pero que aún alientan con deleite la reflexión
y entreteje redes de pescar, de cazar y de antropológica contemporánea, desde que
atrapar pájaros, de manera que es amo no sólo Darwin nos emparentara con el mono. «Si el
de los animales que pueblan la tierra, sino tam- ser del cual procede el hombre —escribe
bién de aquellos en el mar y el aire. Así es la Teilhard de Chardin— no hubiera sido bípedo,
mano del hombre como instrumento de de- sus manos no se hubieran encontrado libres a
fensa. Pero siendo al mismo tiempo un animal tiempo para descargar las mandíbulas de la fun-
pacífico y social, con sus manos redacta sus ción prensil, y por consiguiente no se habría
leyes, erige altares y estatuas a los dioses, cons- relajado la espesa faja de músculos maxilares
truye barcos, flautas, liras, cuchillos, atizadores, que aprisionaban el cráneo. Gracias a la
y todos los demás instrumentos de las artes, y bipedestación liberadora de la mano ha podido
deja a la posteridad sus comentarios escritos a desarrollarse el cerebro y gracias a ello, al mis-
las especulaciones de los antiguos. Aún ahora, mo tiempo, los ojos, aproximándose sobre el
gracias a los escritos anotados por la mano, es rostro reducido, pudieron converger y fijar lo
posible todavía mantener una conversación con que las manos cogían, colectaban y en todo
Platón, Aristóteles, Hipócrates y los otros An- sentido presentaban ¡el gesto mismo, exterio-
tiguos». rizado, de la reflexión!» ( Le phénoméne
El hombre es pues, para Galeno, el ser humane, 1955).
que se caracteriza por el uso racional (= natu-
ral) de sus manos. De allí que el orden descrip-

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Referencias No hay que olvidar, por supuesto, la precaria


condición de la medicina de la época, librada al
- Brun, Jean, La mano y el espíritu, F.C.E.. México 1975. charlatanismo y la curandería, situación contra
- García Ballester, L, Galeno Guadarrama, Madrid 1972. la que reaccionan diversos autores, ninguno
- Lain Entralgo, P., Historia de la Medicina, Salvat, Barce-
lona, 1978.
quizá tan positiva y coloridamente como
Giovanni d’Arezzo. La famosa Invectiva y la no
menos famosa Carta de Petrarca a Clemente
LA DISPUTA DE LA ARTES EN EL VI —magnífica pieza literaria esta última que
QUATTROCENTO ITALIANO Argerami ha tenido el acierto de vertir entera
en el presente trabajo—, atizaron las pasiones
Con la disputa de la artes en el quattro- que dieron lugar a la disputa de las artes. Y
cento italiano —en lo esencial una polémica ésta tuvo, por otra parte, como molde argu-
entre médicos y abogados en torno a la digni- mental los supuestos escolásticos de la tradi-
dad de las respectivas disciplinas— la medicina ción aristotélico-tomista respecto a la dignidad
irrumpe estridentemente en el humanismo de las ciencias: la jerarquía del objeto y la exac-
renacentista. Aunque por su determinación titud del método, requisitos que a la postre
histórica la disputa pertenece obviamente al reuniría favorablemente el conocimiento espe-
pasado, ella no ha perdido interés actual en culativo y «honorable», antes bien que el co-
virtud de su sentido filosófico: definición de la nocimiento práctico y «laudable». Sin embar-
medicina como un humanismo en conflicto go, en los fundamentos de la apologética mé-
entre «dos culturas» tradicionalmente opues- dica frente al derecho, tal como en la encen-
tas, la «técnica» y la «humanística». dida defensa que con iguales argumentos de
Emilio Estiú, en un estudio1 al que con la pintura vis a vis de la poesía lleva a cabo
justicia hace referencia Argerami a través de Leonardo, no es difícil advertir los gérmenes
su clara y documentada exposición del tema, del espíritu moderno, del cual médicos y pin-
señala certeramente los términos en que se tores serían en el caso representantes típicos.
planteó la célebre polémica del siglo XV: el El aspecto positivo del pleito resulta, pues,
contexto sociológico de la protesta y los su- evidente si adoptamos la posición de los galenos
puestos intelectuales de la argumentación. ante la argumentación tradicional esgrimida por
Motivo de la disputa fue el reclamo por parte los juristas. Estos sostenían, invocando la au-
de los médicos —los primeros en sacudir al res- toridad de Aristóteles y otros testimonios más
pecto el yugo tradicional—, de prestigiar so- dudosos, la superioridad «científica» del dere-
cialmente su profesión asimilándola a aquellas cho respecto a la medicina, en cuanto a su
actividades liberales que, como la de los juris- objeto y a su método. Por la naturaleza formal
tas —subordinadas a las cuestiones seculares del objeto, en primer lugar, pues el derecho
de la filosofía, la teología, la ética y la política- civil se refiere al «homo sanabilis secundum
eran consideradas honorables y, por tanto, ad- animan, qui nobilior est homine sanabilis
mitidos su cultores sin resistencia en los estra- secundum corpus»2 . El hombre, en efecto,
tos superiores de la sociedad. Durante el me- constituye un compuesto de alma y cuerpo;
dioevo el arte de curar se incluía entre las «ar- el cuerpo es sólo una parte y la más vil. La
tes mecánicas» y su ejercicio no se distinguía medicina cura el cuerpo, la política el alma, y
particularmente del resto de ocupaciones ser- así cuanto más noble y digna de consideración
viles, prácticas o artesanales, a las que corres- es el alma respecto del cuerpo, tanto mayor
pondía una condición social inferior. Pero a par- honor se debe a la política que a la medicina. Y
tir del surgimiento de las Universidades en la esto asimismo, en razón de la jerarquía del bien
Baja Edad Media, la medicina ingresa gradual- defendido, moral y universal en el derecho,
mente al recinto de la ciencia teórica o espe- natural e individual en la medicina; ésta «consi-
culativa, y los médicos («doctores») no tarda- dera y busca la salud, que es un bien de natu-
rán en exigir la consideración social que tal sa- raleza, útil por cierto y placentero, pero que
ber merecía. De aquí entonces que Petrarca, no puede decirse ni moral ni inmoral»3; y ade-
quien había experimentado íntimamente el fra- más Aristóteles (Eth. Nic. A. 13, 1102 a, 7)
caso de la medicina de aquel tiempo, destilara había juzgado el bien político y legal más noble
veneno contra los médicos que pretendían que el médico en cuanto éste atiende sólo al
salirse de su oficio servil, de «mecánicos» y interés del individuo y aquél, en cambio, con-
cuidadores de la «máquina corporal», invadien- curre a un interés común y más general. Por lo
do el campo de las letras y las humanidades. cual es tanto mayor la competencia o «praes-

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tantia» del arte jurídico que el del médico, sien- po y del alma, que ciertamente son más no-
do únicamente fin propio e intrínseco de éste bles»7. También en necesidad o prestancia el
el curar, y no la producción y conservación de arte médico aventaja al jurídico, pues para los
la salud (no teniendo necesidad del médico el hombres buenos y virtuosos no hacen falta las
sano sino el enfermo, como dice la Escritura): leyes, mientras que todos ellos por igual nece-
«la salud, en efecto, es don de Dios y obra de sitan de la socorredora medicina privilegiada
la naturaleza a la que el médico ayuda; ella no entre las artes más útiles que concurren a re-
puede, entonces, atribuirse al arte y a la cien- mediar la fragilidad humana, al punto que des-
cia médica sino accidentalmente»4. Y en lo que de el pecado original, tras la guerra contra los
hace al método, por último, también es de sentidos viene en importancia «humores et
destacar la excelencia de la facultad jurídica, membra contrarüs [...] . Et sic in ordine
que procede de la moral y establece a priori lo scientiarum post theologiam medicina est se-
normas a las cuales debe ajustarse la conducta cunda»8. Pero la excelencia ejemplar de la
humana en orden a la vida del espíritu. Cuanto medicina reside, sin duda, en su método basa-
se refiere al deber, efectivamente, implica un do en la experiencia y el razonamiento, carac-
acto moral humano guiado por normas de per- teres del auténtico conocimiento científico,
fecta racionalidad (Cicerón), para cuyo conoci- cuyo principio no se apoya en la autoridad de
miento «no tenemos necesidad de escrutar los hombres sino, como será decisivo desde
los huesos, los nervios, los cartílagos, las ve- Galileo, en el libro de la naturaleza con su len-
nas, las arterias, el interior del cuerpo y todo guaje matemático, el ideal indiscutible de toda
aquello que la naturaleza ha alejado de la vista ciencia.
bajo el púdico velo de la piel; no tenemos ne- Inmediata derivación histórica de la dis-
cesidad de disolver los miembros en una ansio- puta de las artes fue el auge del prestigio so-
sa y minuciosa sección que ningún hombre pue- cial del médico y su vuelco decisivo hacia la
de ver sino con grandísimo horror. Nosotros, investigación científico-natural, abriendo así la
por el contrario, indagamos el alma y sus po- medicina el camino del mundo moderno. Pero
tencias, las virtudes y las pasiones, no para sa- un eco de la doctoral polémica es, afortunada-
ber, sino para aplicarse consecuentemente a mente, todavía audible entre nosotros porque
las obras virtuosas [...]. No se puede parango- el arte de curar, inspirador en el humanismo
nar en cuanto a refinamiento y humanidad renacentista de las ciencias de la naturaleza, lo
vuestra doctrina con la de las leyes»5. es también en el humanismo de nuestro tiem-
Fácil resultaba a los médicos redargüir po con respecto a las ciencias del hombre. Lo
tal argumentación manteniendo su originario permanente es el hecho de que lo que hoy
equívoco. Supera la medicina al derecho por nos empeñamos los médicos en recuperar y
su objeto, pues el cuerpo humano es lo natu- proyectar hacia nuevos horizontes —el hom-
ral, aquello inmutable e inmodificable por la bre sano y enfermo— estaba sobreentendido
voluntad de los hombres: «medicina est de en la intención de nuestros colegas y ocasio-
naturalíbus et leges de voluntarüs»6. El funda- nales adversarios del quattrocento. Podemos,
mento de la medicina está en la naturaleza pues, para concluir dar confiadamente la pala-
universal y necesaria, obra de Dios, mientras bra a uno de estos últimos, Coluccio Salutati,
que el fundamento del derecho es la costum- quien hizo honor, mal que le pesara, a su ape-
bre particular y mudadiza, propia de la opinión llido. Discutía nuestro autor si debe relegarse
humana. De lo que se sigue, además, la priori- la medicina, como pretendía Petrarca apoyán-
dad del bien defendido por la medicina. «Las dose en Platón y Vírgilio, entre las artes mecá-
pasiones, por decirlo así, y las propiedades y nicas, lo que hoy llamaríamos las técnicas. Por-
accidentes del sujeto hombre en torno al cual que más allá de la clásica disputa acerca del
se empeña esta ciencia (Derecho) son, como objeto y del método que harían la supuesta
ya se ha dicho, ansias de casa, de tierras, de dignidad de las ciencias, está la razón funda-
dinero, de riquezas, de todos aquellos bienes, mental por la que la medicina es verdadera-
en suma, que fueron obtenidos no para la sim- mente digna de toda consideración y respeto:
ple existencia sino para bienestar del hombre «Si bien algunos aproximan la medicina a las
y como extrínsecos a él. Las disposiciones del artes mecánicas, ella tiene todavía un legado
cuerpo, en cambio, acerca de las cuales en- indisoluble con las letras y las ciencias liberales.
tiende la medicina, son internas y esenciales al Estoy de acuerdo con nuestro Petrarca en que
hombre. Se trata, en efecto, de la complexión, llamamos al médico para ser curados y no para
la composición y la unidad de la salud del cuer- ser persuadidos, y que para las curas se re-

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quieren medicinas y no palabras. Pero no por carnó un racionalismo escéptico que como re-
esto ha de creerse que convenga alejar a los ceta personal le dio inmejorable resultado, ya
médicos de aquello que es propio del hombre que alcanzó el centenario. Una celebre anéc-
y en él característico entre tos demás anima- dota lo pinta de cuerpo entero. Poco tiempo
les [...]. No se debe todavía afirmar que la antes de morir, preguntado por su médico acer-
medicina es un arte mudo y, por decirlo así, sin ca de lo que sentía, se limitó a contestar: «Ríen,
lengua»9. rien du tout... Seulement une certaine
difficulté á étre».
Fue una personalidad tan discutida como
Referencias los méritos de su obra, un jardín de Epicuro
donde vegetan algunas especies interesantes
1- Emilio Estiú, «Leonardo y la dignidad de la pintura», como este «trébol de cuatro hojas» que aquí
en Del arte a la historia en la filosofía moderna, Uni- trasplantamos. Las obras de Fontenelle fueron
versidad Nacional de La Plata, 1962.
2- Giovanne D’Arezzo, De Medicinae et Legum
editadas por Michel Brunet en 1742.
praestantia, en E. Garin: La disputa delle arti nel Este diálogo imaginario entre Erasistrato
quattrocento, Firenze 1947, p. 111. y Harvey muestra claramente el contraste de
3- Coluccio Salutati, De nobilitatem legum et medicinae, las mentalidades científicas antigua y moderna
en E. Garin, op. cit., página 101. en el campo de la medicina. El descubrimiento
4- Ibidem, p. 3 1.
5- Ibidem, p. 37.
de Harvey de la circulación de la sangre consti-
6- Giovanni Baldi Da Faenza, Disputatio an medicina sit tuye el punto de inflexión de ambos paradigmas
legibus politicis praeferenda, en E. Gárin, op. cit., p. «fisiológicos», antiguo y moderno. A partir de
19. entonces la visión del cuerpo como «órgano»
7- Giovanni D‘Arezzo, op. cit., ed. cit., p. 87. del alma —según la herencia clásica, aristotélico-
8- Giovanni Baldi Da Faenza, op. cit., ed. cit., p, 20.
9- Coluccio Salutati, op. cit., ed. cit., p. 285. También en
galénica— cederá terreno al modelo de la «má-
el De Verecundia defiende Salutati, contra Petrarca y quina», inspirado en la filosofía cartesiana. Sien-
comentando el famoso pasaje de Virgilio (Eneida, do para esta última «más fácil de conocer el
XII, 3991-3: «Aquél, para prolongar la vida del pa- cuerpo que el alma», cosa que confirmará el
dre moribundo, prefirió estudiar las virtudes y el uso desarrollo de la anatomía posvesaliana, un pri-
de las hierbas, y sin gloria ocuparse de las artes
silenciosas»), la venerable tradición hipocrática, pues
mer punto en todo caso está acordado: «Los
fue Hipócrates «quien, a la luz de múltiples razones, modernos son mejores fisiólogos que nosotros
devolvió la voz a la muda medicina». La defensa de —concede Erasistrato—, ellos conocen mejor
la retórica en medicina estaría al menos justificada la naturaleza». Pero esto no implica que sean
por el valor terapéutico de la palabra, la psicoterapia mejores médicos en cuanto a la atención de
verbal, que el sofista Gorgias propugnaba en su
Encomio de Helena. Y, en verdad, nada es tan hu-
los enfermos: el caso Antiochus ilustra una sa-
mano como el discurso terapéutico. gaz comprensión «psicosomática» del homo
patiens, para la cual es indiferente el conoci-
miento pretendidamente científico de los mo-
SOBRE EL PROGRESO DE LA MEDICINA dernos. Otra cuestión, finalmente, es la de dis-
BERNARD LE BOVIER DE FONTENELLE cernir el alcance terapéutico, la aplicación prác-
tica de la nueva ciencia; para el moderno opti-
Bernard le Bovier de Fontenelle nació mismo progresista, no hay en principio reparos
en Rouen el 11 de febrero de 1657 y murió al programa de eliminar todas las enfermeda-
en París el 9 de enero de 1757. Ejerció por des, incluso la última; para la antigua resignada
corto tiempo la profesión de abogado y luego aceptación de la condición humana, la Natura-
se consagró a las letras, incorporándose a la leza dispone sabiamente de ciertos límites in-
Academia de Francia en 1691, de la que fue franqueables a la osadía de los mortales. La
secretario perpetuo y consumado historiador. lección de la historia de la medicina es la de su
Dialogues de morís data de 1683 y Dígression propia historia clínica, tan enferma y enfermante
sur les andens et les modernes de 1688, tex- como siempre.
to en el cual Fontenelle toma partido, junto a
Perrault, en la querella de los antiguos y los
modernos, a favor de estos últimos. KNOCK O LA MEDICALIZACIÓN DE LA VIDA
Espíritu biográficamente repartido en JULES ROMAINS
mitades barroca e ilustrada de la historia euro-
pea, precursor del enciclopedismo y del libre El uso corriente del término «medica-
pensamiento, Fontenelle «el indiferente» en- lización» denota la influencia de la medicina en

|| 119 || Quirón, Vol. 38 Nº1/2 - 2007


Comentarios

casi todos los aspectos de la vida cotidiana, y plo, vale entonces recordar algunas de las ideas
connota una apreciación crítica por los efectos centrales de Knock, comenzando por aquélla
negativos, paradojales o indeseables, de tal fe- que había sostenido como tesis de doctorado
nómeno. En realidad, la medicina siempre ha en medicina:
ejercido un poder normalizador o de control
social —básicamente por los conceptos de sa- Sí, treinta y dos páginas en octavo:
lud y enfermedad, normal y patológico— esta- Sobre los pretendidos estados de sa-
bleciendo un orden normativo rival de la reli- lud, con este epígrafe que atribuyo a
gión y el derecho, que ha venido incremen- Claude Bernard: «La gente sana son en-
tándose desde la modernidad con la conquista fermos que se ignoran» (P-31).
de un auténtico estatuto científico, profesio-
nal y político.1 Pero otra historia comienza con No por azar la tesis de Knock se atribu-
el modelo sanitario dominante tras la Segunda ye a Claude Bernard, el primero en dar por
Guerra Mundial, cuando la medicalización tierra con la concepción ontológica de la en-
deviene el equivalente de una «cultura de la fermedad, mediante una definición fisiológica
salud = bienestar», claramente visible en la y cuantitativa de la salud.4
sociedad posmoderna. La vocación médica es en el fondo vo-
La crisis del estado benefactor en la luntad de poder, que la medicina comparte con
década del 70 aparejó el tiempo de reflexión la política, la economía y la iglesia. Afirma Knock:
sobre los límites de la medicina, incluso más allá
de la economía: se cuestiona la supuesta rela- Decididamente, no hay de verdadero
ción proporcional entre consumo y producción más que la medicina; puede ser tam-
de salud, pero también el alcance de los con- bién la política, las finanzas y el
ceptos médicos como criterios de moralidad sacerdocio, que no he ensayado toda-
(en cuanto a la conducta responsable y el es- vía, (p. 38)
tilo de vida, particularmente), del mismo modo
que se denuncia la mala salud ¡atrogénica o La nueva práctica de Knock se basa en
expropiación del cuerpo por la institución mé- la redefinición de los conceptos de salud y en-
dica, la cual con su función normativa y fermedad, y por ello sostiene:
normalizadora dice qué cosa está bien y qué
cosa está mal en términos de salud y enferme- ‘Caer enfermo’, vieja noción ya insoste-
dad, normal y patológico. De hecho, la medica- nible frente a los datos de la ciencia
lización del lenguaje es la mejor expresión del actual. La salud no es más que un nom-
poder que tiene el discurso médico.2 bre, al que no habría inconveniente al-
La medicalización de la vida se encuen- guno en borrar de nuestro vocabulario.
tra dramática, tragicómicamente representa- Por mi parte, no conozco sino gente
da en Knock o el triunfo de la medicina, la pie- más o menos afectada por enfermeda-
za teatral de Jules Romains.3 Se trata de una des más o menos numerosas, de evo-
auténtica profecía en un testimonio literario lución más o menos rápida... (p. 80).
de 1923, cuyo argumento es un caso paradó-
jico y extremo de fanatismo profesional, que La escena siguiente toca la cuestión
en una rústica comarca del sur francés logra moral que plantea Parpalaid cuando Knock le
un éxito completo. Knock, estudiante crónico enseña los resultados de su proselitismo pro-
recientemente graduado, viene a suceder al fesional sobre un ‘mapa de la penetración mé-
veterano doctor Parpalaid en el cantón Saint dica’ en la región.5
Maurice, donde en pocos meses transforma la
magra clientela tradicional de atrasados y ava- El doctor: ¿Pero no es que en vuestro
ros campesinos, renuentes a la atención de la método, el interés del enfermo está un
salud, en una población consumidora de servi- poco subordinado al interés del médi-
cios médicos, con un gran sanatorio-hotel como co?
principal atractivo y actividad económica de la Knock: Dr. Parpalaid, no olvide que hay
región. un interés superior a esos dos: aquél
La lectura y comentario del texto es un de la medicina. Yo me ocupo sólo de
grato ejercicio de comprensión del triunfo de ése (...) Usted me da un cantón pobla-
la medicina o de la cultura de la salud en el do de algunos miles de individuos neu-
mundo real que nos toca vivir. A título de ejem- tros, indeterminados. Mi rol es determi-

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Comentarios

narlos, llevarlos a la existencia médica. positiva con ésta existencial de la naturaleza


Los meto en la cama y miro lo que va a humana. Pero la medicina imaginaria de Knock
poder salir de allí: un tuberculoso, un deviene peligrosamente real con el presente
neurópata, un arterioescleroso, lo que mito tecnológico de un arte de curar las mis-
se quiera, pero alguien ¡Buen Dios! ¡Al- mas situaciones-límite de la condición humana,
guien! Nada me disgusta más que ese como el sufrimiento, la senectud y la muerte.
ser ni carne ni pescado que usted llama Knock es un drama clave para el análisis del
un hombre sano. poder de la medicina. Puede arrojar una nue-
va luz sobre la cuestión bioética y sobre la ge-
Este diálogo culmina con el culto de la nealogía de la moral médica.
medicalización comunitaria, cuando Knock se
dirige al fondo del escenario para contemplar
desde una ventana el cantón de Saint Maurice, Referencias
en una actitud propia de dueño y señor.6
1 Cf. Mainetti, José A., Ética Médica. Introducción his-
Es un paisaje salvaje, apenas humano, tórica, Cap. VII «La medicina moderna», pp. 57-69.
La Plata, Quirón 1989.
aquél que usted contemplaba. Hoy se 2 Cf. Mainetti, José A. La crisis de la razón médica.
lo restituyo todo impregnado de medi- Introducción a la filosofía de la medicina, Cap. I «La
cina, animado y recorrido por el fuego crisis de la medicina», pp. 9-20. La Plata, Quirón
subterráneo de nuestro arte (...) En 1988.
doscientas cincuenta de esas casas hay 3 Jules Romains es el seudónimo de Louis Farigoule,
novelista y autor dramático francés, que escribió
doscientas cincuenta habitaciones don- entre otras Les hommes de bonne volonté, en vein-
de alguien confiesa la medicina, doscien- tisiete tomos y murió en París en 1972, a la edad de 87
tas cincuenta camas donde un cuerpo años. Knock ou le triomphe de la médecine, fue
extendido testimonia que la vida tiene dedicada a Louis Jouvet, quien la representó por
un sentido y, gracias a mí, un sentido primera vez en la Comedie des Champs Elysées, el 15
de diciembre de 1923. La sátira tiene una referencia
médico (...) Piense usted que, en algu- autobiográfica -J. R. la había escrito por despecho al
nos instantes, van a dar las diez, que ser reprobado en un examen y tener que abando-
para todos mis enfermos las diez es la nar la carrera de medicina- y su interpretación como
segunda toma de temperatura rectal, comedia se debe principalmente a L. Jouvet, quien la
y que, en algunos instantes, doscien- representó caricaturescamente y la llevó incluso al
cine, pero cabe una visión dramática de la misma
tos cincuenta termómetros van a pe- como la de Tiegher, influida por la filosofía pirandeliana
netrar a la vez... (p. 138/s) de la dualidad entre vida y forma, convertida en
dualidad entre salud y enfermedad.
Si hacemos referencia a la ideología 4 Cf. Mainetti, José A., «El dilema del diagnóstico»,
unanimista de Jules Romains7, Knock es la ilus- Quirón 15(1):6, 1984.
3 Cf. Sciascia, Leonardo, «La medicalización de la vida»,
tración acabada de la figura del «animador», en Vuelta, 21-24, julio 1987, donde se relata el avance
aquél que sacude de la indolencia a todo un arrollador de la medicalización en poblaciones de
grupo. En este caso un «unánime» con ideas Italia meridional, confirmando la profecía de Jules
fanáticas e ilusorias lleva a todo un pueblo a Romains.
descubrir que «los sanos son enfermos que se 6 «Por sí misma la consulta no me interesa sino a me-
dias: es un arte un poco rudimentario, una suerte de
ignoran» y les enseña a vivir en función del pesca con red. Pero el tratamiento es la piscicultura»
temor de la enfermedad y de la muerte. Al -viene de decir Knock, con lo cual anuncia la even-
final un Knock hipocondríaco convence al mis- tual desaparición del médico en el sistema, cuando
mo Dr. Parpalaid de estar enfermo. El triunfo ya no es alguien que descubre la enfermedad, le da
de la medicina es el fin de sus protagonistas. un nombre y la cura, sino que es sólo quien firma la
receta. Como dice Sciascia en el artículo citado, el
La comedia de Jules Romains represen- triunfo de la medicina se transforma en la degrada-
ta una auténtica profecía del poder médico y ción burocrática del médico. Otros dos temas de la
de la medicalización de la vida hoy. El poder medicalización que se abordan en la moderna bioética
médico se funda sobre la vulnerabilidad del y están muy bien señalados en el pasaje transcripto,
enfermo. La falta de escrúpulos de Knock con- son los de la sociedad de los enfermos y de la com-
petencia de diversos bienes sociales con el de la sa-
siste en convertir la infirmitas, que es una ca- lud.
tegoría ontológica del hombre, en enferme- 7 A una experiencia personal como revelación, J. R.
dad, esto es en una categoría nosológica de la dio el nombre de unanimismo, entendiendo por tal
medicina. Confunde así, estratégicamente, la algo próximo al concepto de una alma colectiva de
dimensión científica con la metafísica, aquella los hombres. Esto fue lo que teorizó en un libro de

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Comentarios

1908: La vie unánime. Según esta teoría, el hombre sin iniciativa; son necesarios los «animadores» para
forma parte de una colectividad, de un «unánime» transformarlo en un grupo enérgico. Estos
(por ejemplo, una ciudad, un país, una iglesia, un animadores pueden lanzar ideas fecundas en la mu-
partido político). Este grupo tiene un alma común, y chedumbre, pero también ideas ilusorias y peligro-
sus representantes mantienen relaciones múltiples y sas. Esto es lo que sucede con el Dr. Knock.
sutiles. Pero el grupo es preferentemente indolente y

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GUÍA
INTRODUCCIÓN

La Guía que proponemos para el estu- lógico en las tres primeras decadas, el antropo-
dio de la filosofía médica abarca cuatro pers- lógico del 30 al 60, y el bioético desde los 70,
pectivas convergentes: la histórica, la sistemá- que habría eclipsado los dos anteriores6.
tica, la crítica y la paradigmática. B- La perspectiva sistemática argumen-
A- La perspectiva histórica pasa los rela- ta que así como la filosofía tradicionalmente
ciones entre filosofía y medicina desde su mis- suele dividirse en tres ramas —desde los estoi-
ma cuna en la Grecia antigua. Ambas discipli- cos «física, lógica y ética», modernamente me-
nas son señaladamente griegas en el espíritu y tafísica, gnoseología y moral— así también la
la letra, y comparten la dual condición de sa- filosofía de la medicina en el amplio sentido se
ber y de sabiduría, de teoría y forma de vida, la divide en tres subdisciplinas: antropología mé-
una referida al alma y la otra referida al cuerpo, dica, epistemología médica y ética médica. Este
conforme a una tópica analogía de la paideia estatuto filosófico integral de la medicina es
clásica. Pero este vínculo sustantivo de Minerva negado por quienes reducen la filosofía de la
y Esculapio no es ajeno a tensiones entre am- medicina a la filosofía de la ciencia en general7.
bos, como se manifiesta ya en el Corpus Hippo- Sin embargo, la complejidad del con-
craticum una divergencia empirista vs. raciona- cepto médico exige la antedicha tridimensio-
lista, pragmática vs. especulativa entre médi- nalidad ontológica, epistemológica y axiológica
cos y filósofos1. de la filosofía médica. Pero esta no se limita a
En cualquier caso, de Grecia hasta hoy recortar dede la filosofía sobre la medicina una
puede seguirse el rastro de encuentros y ontología regional (el hombre), un saber parti-
desencuentros entre ambas disciplinas, y así cular (el juicio clínico) y una ética intrínseca (el
celebrar su connubio romantico con la Natur- cuidado). La tradicional asociación filosofía-me-
philosophie, altos momentos de vida y muerte dicina estuvo ordenada por las conjuntivas y,
de la filosofía de la medicina, en espera de la en, de (filosofía y medicina, filosofía en medici-
resurrección con la bioética en las últimas na y filosofía de la medicina). El sintagma «filo-
decadas del siglo XX. Efectivamente, la bioética sofía médica» apunta a algo mas ambicioso,
es hija (tiene nombre de mujer) inédita de un una simbiosis de ambas disciplinas, donde «mé-
matrimonio de conveniencia entre Minerva y dica» adjetive el sustantivo «filosofía».
Esculapio, más alla de su tradicional amorío. Se La idea de filosofía médica en el sentido
trata de la constelación del giro aplicado de la terapéutico de la condición humana es con-
filosofía y la emergencia reflexiva de la medici- sustancial a la filosofía clásica, particularmente
na, la primera afectada a los asuntos publicos2 en la formula de Epicuro y su «tetrapharmakon»
y la segunda problematizada por su misma in- como sinopsis de terapia filosófica: «Vana es la
tervención en la vida humana. De un lado la palabra del filósofo que no remedia ninguna
filosofía recibió de la medicina un estímulo se- dolencia humana»8. La tradición moral del he-
mejante al que le dió la teología en la Edad lenismo, en primer lugar los estoicos, hizo tópi-
Media3 —al menos «le salvó la vida a la ética»4— ca la analogía médica, salud y eudaimonía (feli-
y del otro lado la medicina recibio de la filosofía cidad), la cura del alma y la virtud, la «terapia
el nuevo orden revolucionario de la «tercera del deseo»9. En el plano existencial, con fideli-
cultura»5. dad etimológica, medicina es meditación y me-
El surgimiento de la filosofía médica ditación medicina, que avala la formula si medi-
como nueva disciplina en los ultimos años obe- tas medicas, si medicas meditas.
dece al imperativo de repensar la medicina a La filosofía médica adquiere hoy con la
partir del sismo (y cisma) moral del discurso bioética inusitada actualidad, no sólo en el pla-
bioético respecto de la tradición hipocrática. no existencial, el hombre individual, sino en el
En este sentido es significativa la reconstruc- plano global, la humanidad en su conjunto.
ción posbioética de la reflexión teórica sobre la Bioética, «la ciencia de la supervivencia», «el
medicina en el siglo XX, que describe tres pe- puente hacia el futuro», epitomiza la «tercera
ríodos o momentos constitutivos: el epistemo- cultura» frente al Brave New World de la era

|| 123 ||
La crisis de la razón médica

tecnocientífica, tan cargada de promesas como na, bajo la influencia de la entonces naciente
de amenazas para el porvenir humano y plane- antropología filosófica (Max Scheler, 1927, El
tario. La disciplina necesaria hoy día es bio-éti- puesto del hombre en el cosmos). La «intro-
ca, ética de la vida y vida de la ética, ducción del sujeto» (V. Weizsäcker y la escue-
medicalización de la vida y de la ética, ambas la de Heidelberg) es ahora la consigna de una
en crisis, la primera sometida a la revolución mentalidad antropológica que recupera al pa-
biotecnológica y la catastrofe ecológica, la ciente como persona, la subjetividad auténti-
sagunda desprovista de un punto de vista ca y concreta, dimensionada en el modelo bio-
moral común. No es extraña pues la emergen- psico-social de salud y enfermedad.
cia de la filosofía terapéutica, el cuidado del La tercera etapa crítica del modelo
homo infirmus como existencia y como espe- médico positivista se desarrolla desde la déca-
cie, terra infirma et infirma species. da del 70 en los EE.UU. y es el turno de la
C- La perspectiva crítica cuestiona la ética rebautizada bioética como disciplina aca-
concepción positivista de la medicina, construída démica y movimiento social que revoluciona la
durante el siglo XIX y definida como modelo tradición moral hipocrática. Puntualmente la
biomédico a partir de la epistemología de T. S. novedad bioética en medicina consiste en la
Kuhn, que introduce la noción de paradigma y introducción del sujeto moral, el agente racio-
describe la sucesiones historicas de un para- nal y libre en las decisiones clínicas y sanitarias.
digma dominante por otro en términos de El sujeto moral involucra la tríada paciente, pro-
«cambio de paradigma», transformaciones ace- fesional y sociedad, con los respectivos princi-
leradas y radicales del saber conforme a la teo- pios morales de autonomia, beneficencia/no-
ría de las "revoluciones científicas"10. maleficencia y justicia. En cualquier caso la
La crisis del modelo médico positivista medicina se revela como disciplina normativa,
presenta las ya referidas tres etapas de la filo- no sólo lógos y páthos sino primariamente
sofía de la medicina en la última centuria (episte- éthos de la vida (biológica, biopática y bioética).
mológica, antropológica y ética), que pueden La introducción del sujeto clínico, pato-
articularse dialécticamente como una crítica de lógico y moral en medicina puede considerarse
la razón médica: la crítica de la razón clínica, la un triunfo sobre la seudometafísica del
crítica de la razón patológica y la crítica de la ontologismo nosológico —reificación de la en-
razón terapéutica. Se trata en definitiva de las fermedad como ente, esencia y principio, en
tres introducciones del sujeto en medicina: el sus tres respectivas variantes: realismo nosoló-
sujeto epistemológico, el sujeto patológico y gico (species morborum), sustancialismo noso-
el sujeto moral, respectivamente. lógico (ens morbi) y maniqueísmo nosológico
La primera etapa crítica del estatuto de (contranatura pathologicae). Si bien la medici-
la medicina científico-natural comienza hacía na como teoría, técnica y praxis necesita de
1870 en Alemania, Francia y Polonia, en un los conceptos de salud y enfermedad como
intento por reinterpretar la medicina como arte fundamento de su objetividad, operatividad y
y ciencia de particulares, operativa y pragmáti- normatividad propias o específicas, esos con-
ca, cuyo eje es la clínica, la relación médico- ceptos no deben ser hipostasiados en un sta-
paciente, y su expresión reaccionaria «la cien- tus ontológico que oculte la realidad del suje-
cia de los médicos mata su humanidad» to clínico, patológico y moral revelado en la
(Shweniger, 1906). Se trata de una ruptura crítica de la razón médica.12
con el paradigma moderno de la clínica y el D- La perspectiva paradigmática se re-
concepto de specie morbosa, pues no hay fiere al hecho de que la bioética ha venido a
enfermedades sino enfermos, estos son indivi- consumar un nuevo paradigma de la medicina,
duos inefables y aquellas son construcciones el paradigma humanista o bioético respecto del
conceptuales del ejercicio diagnóstico y el pro- paradigma positivista o biológico, de construc-
pósito terapéutico definitorio de la medicina.11 ción científica e incluso científico-social (el lla-
Esta es entonces la etapa de la introducción mado modelo bio-psico-social). El giro del lógos
del sujeto epistemológico en medicina, la sub- al éthos marca entonces la incorporación de
jetividad del conocimiento clínico, que involucra los valores en las decisiones clínicas y sanita-
al médico, al paciente y a la ciencia misma. rias. El positivismo entronizó la concepción de
La segunda etapa crítica del modelo la ciencia en general, y de la medicina en par-
médico positivista, entre 1930 y 1960, parti- ticular, basada en los hechos, los simples he-
cularmente en Alemania y Holanda, correspon- chos referidos a un saber puro, neutro en va-
de a la concepción antropológica de la medici- lores, más allá del bien y del mal. Esta visión ya

|| 124 ||
La crisis de la razón médica

no es vigente en nuestro tiempo, que entien- entonces este libro a los docentes y dicentes
de infundada la pretensión de neutralidad de la cátedra de Filosofía Médica, y a todos
axiológica de la ciencia, pues como toda activi- cuantos me acompañan en mi última navega-
dad humana ella no esta libre (value-free), sino ción académica
impregnada de los mismos (value-laden). La
medicina es un terreno fértil en el juego de los
valores fundamentales, origen de multiples Referencias
conflictos que nos emplazan permanentemente
a elecciones difíciles.13 1. Sobre la medicina antigua: «Ciertos médicos y sa-
La teoremática del paradigma bioético bios sostienen que no es posible que conozca la
medicina quien no conoce lo que es el hombre, y
tiene por hipótesis epistemológica el que es ese punto precisamente lo que debe estudiar
normativismo de los conceptos de salud y en- el que se propone tratar debidamente a los enfer-
fermedad y la inversión de su sentido tradicio- mos... Pero yo opino que todo cuanto se ha dicho o
nal, vale decir que salud equivale a «natural» y escrito, sea por filósofos o por médicos, acerca de la
enfermedad a «contranatural». La tesis naturaleza interesa menos a las medicina que a la
literatura» (En La Medicina Hipocrática, colección
antropológica de base es la teoría del homo «Clásicos de la medicina», C.S.I.C., Madrid,1476, p.
infirmus como metáfora, metafísica y metateoría 205)
del ser del hombre. La demostración axiológica 2. Véase mi artículo «Filósofos al hospital: los comités
construye un nuevo orden médico, más aproxi- de ética» (Quirón, 1984, 15:2/4, 5-8), que lleva de
mado a la realidad y más útil para lidiar con las epígrafe esta cita de R. Frondizzi: «Me gustaría escri-
bir alguna vez una obra de filosofía partiendo de
anomalias del actual sistema, desde el trilema realidades bien concretas: la sentencia de un juez,
de la salud a los malestares del estamento una huelga, el diagnóstico de un médico, el naci-
hipocrático hoy día, cuando se abre hacía la miento o muerte de una persona u otro hecho cual-
sociedad civil la deliberación sobre sus propios quiera del mundo de todos los días».
valores en orden a fijar prioridades y hacer jus- 3. Pellegrino, E., Thomasma, D., A Philosophical Basics
of Medical Practice, Oxford Unversity Press. New
ticia. York/Oxford, 1981.
4. Toulmin, S., 1981. «How Medicine Saved the Life of
Ethics». Hastings Center Report 11 (6):31-39.
CODA 5. Mainetti, J. A., «El paradigma bioético en medicina»,
en El Orden Bioético, Quirón, 2006, 37:1/2, 7-19.
6. Henk ten Have, «Las transformaciones de la medici-
Casi veinte años después reedito aquí na», en Quirón, 1996, 27:4, 52-69.
La crisis de la razón médica. Introducción a la 7. Caplan, A. L., 1992, «Does the Philosophy of Medici-
filosofía de la medicina, mi primer libro de la ne Evist?» Theoretical Medicine, 13, 67-77.
madurez. Entonces estuvo dedicado «a los 8. «Los dioses no existen, y si existen no se ocupan de
dióscuros de mi autoría», mi padre y mi maes- nosotros. La muerte no es nada para el viviente,
porque mientras estamos ella no está y cuando ella
tro, y representaba un tributo a mis colabora- está ya no estamos. El mal es apariencia. El bien es
dores de nuestra escuela de humanidades posible».
médicas. Hoy los dióscuros ya no estan con 9. Véase el bello libro de Marta Nussbaum La terapia del
nosotros y la escuela tampoco es tal cual fue- deseo, trad. esp. Paidos, Barcelona, 2003.
ra. 10. Kuhn, T. S., La estructura de las revoluciones
cientificas, trad. esp., FCE, México, 1971.
Pero justamente por esto escribo, por- 11. Töpfer, F., Wiesing, U., «The medical theory of Richard
que escribir es siempre un ejercicio autobio- Koch». Medicine, Health Care and Philosophy, 2005.
gráfico para reparar la vida dañada, reconstruir 8:207-219.
nuestra esencial vulnerabilidad. Y esta recons- 12. Mainetti, J. A., La Crisis de la Razón Médica. Quirón,
trucción se torna regeneración en la enseñan- La Plata, 1989.
13. Mainetti, J. A., «Paradigma bioético de la medicina»,
za-aprendizaje que asegura la continuidad de en El Orden Bioético. Quirón 2006, 37:1/2, 7-19.
la experiencia entre las generaciones. Dedico

|| 125 ||
La crisis de la razón médica

LA CRISIS DE LA RAZÓN MÉDICA


INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA MEDICINA

INDICE

Capitulo I. La crisis de la razón médica

1) ¿Hay una «crisis de la medicina»? Historia clínica de la medicina 133


actual.

2) La crisis de la razón o la razón de la crisis. El cambio de paradig- 134


ma médico.

3) El rostro jánico de la medicina oficial. Modelos reduccionista, 134


secesionista e integralista de la racionalidad médica. La crisis
como cisma en el orden patológico, clínico y terapéutico.

Capitulo II. La crisis de la razón patológica

1) La crisis en los conceptos de salud y enfermedad. La defini- 136


ción de la OMS y sus implicaciones.

2) La patología como problema antropológico. El modelo bio- 137


psico-social de salud y enfermedad.

3) Hacía una antropología médica. Homo infirmus. 138

Capitulo III. La crisis de la razón clínica

1) La crisis en las realidades del enfermo y la enfermedad. Onto- 140


logía y meontología médicas.

2) La clínica como problema epistemológico. Planteamientos 142


nosológico y gnoseológico.

3) Hacía una epistemología médica. Homo clinicus. 143

Capitulo IV. La crisis de la razón terapéutica

1) La crisis en los valores técnicos y humanos. Bios y ethos de la 146


deontología médica.

2) La terapéutica como problema moral. La disciplina bioética. 147

3) Hacía una ética médica. Homo medens. 148

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La crisis de la razón médica

I. La crisis de la medicina profesión de médico—, y una organización pú-


blica —la sanidad o sistema de salud—. Tam-
1) ¿Hay una «crisis de la medicina»? bién las instituciones médicas responden a tal
Historia clínica de la medicina actual. esquema, instituciones académicas (Facultades,
Sociedades científicas), profesionales (Colegios
La pregunta inicial plantea el concepto y Agremiaciones) y políticas (Ministerios y or-
de «crisis de la medicina» como «crisis de la ganismos internacionales). El mundo de la me-
razón médica», o «cambio de paradigma» en dicina es precisamente un orden, una razón,
el sentido de Th. Kuhn1. Se toma, pues, dis- cuyo examen crítico debe atender diversas rea-
tancia de aquella expresión tópica en el movi- lidades interdependientes.
miento de la «antimedicina» y la literatura de La historia clínica de la medicina actual
la crisis, que han puesto en tela de juicio la —el relato de sus males o malestar— podría
eficacia de la medicina moderna2. Sin subesti- cumplirse según ese orden señalado, científi-
mar los argumentos de esa corriente, la cues- co, profesional y social. Apuntaríamos así di-
tión de la «crisis» pasa fundamentalmente por versos síntomas de un desorden sistémico —la
otro plano, el de la ambigüedad o paradoja de medicina «enferma»— que requiere de un nue-
la presente medicina, su «poderío y fragilidad»3, vo modelo teórico para encarar la crisis. Por el
al par el progreso científico-tecnológico y la lado de los saberes médicos, un reduccionismo
deshumanización. No habría entonces de for- biológico y la dicotomía de «dos culturas», cien-
ma inequívoca una crisis de la medicina, pero sí tífica y humanística. Del costado profesional, el
justamente una crisis de la razón médica como especialismo, el tecnologismo y el colectivis-
diagnóstico de tan ambivalente y paradójica mo, en alguna medida responsables de que el
situación. rol médico haya declinado su tradicional sabi-
El concepto de crisis se apoya en una duría, arte y virtud, y se formule la pregunta
reveladora etimología y filología. La acepción de si la medicina como actividad es hoy cien-
original del término proviene del griego como cia, arte y moral, o acaso más bien industria,
sustantivo verbal de krinein, que significa dis- comercio y política. En cuanto a la organiza-
tinguir, discernir, decidir, separar. Crisis es juicio ción de la salud o sistema sanitario, sus falencias
o separación, semántica implícita en la palabra se vuelven cada vez más sensibles por inefica-
alemana Urteil, el juicio, o sea la partición origi- cia en el control de cierta morbilidad (enfer-
naria del sujeto y el predicado en la proposi- medades crónicas de la civilización), por la in-
ción4. En sentido moderno y objetivo, crisis justicia distributiva de las prestaciones médi-
pasa a ser desajuste, desequilibrio o ruptura cas, por la explosión de costos en la economía
en un proceso de la realidad. Ambas direccio- política de la sanidad7.
nes, la subjetiva y la objetiva del término crisis, El diagnóstico general de esta situación
se encuentran en la primera acepción, médi- puede etiquetarse «deshumanización», me-
ca, que registra el diccionario de nuestra len- noscabo de cualidades humanas, medicina
gua5. Los días críticos (krismoi), en la literatura «desalmada», despersonalizada, que ha olvida-
hipocrática, son aquellos que juzgan la enfer- do al hombre como su objetivo, al sujeto como
medad, que sentencian y determinan un giro su objeto propio. La insatisfacción con la medi-
pronóstico decisivo de la evolución mórbida. cina actual, aun cuando ésta funcione y se
«Crisis de la razón médica» es, pues, una frase realice de la mejor manera, es la crisis de un
en cierto modo pleonástica, que se refiere a la modelo médico, la conciencia de los límites de
condición crítica —en el doble sentido señala- la racionalidad científica y tecnológica en el
do— de la medicina actual, es decir su «cam- campo de la salud. Por ello se ha iniciado en las
bio de paradigma». últimas décadas la «revolución conservadora»
El concepto de razón médica define el de un nuevo modelo médico pragmático, que
estatuto de la medicina como teoría, técnica y confirma ex juvantibus el diagnóstico de crisis
praxis: un saber qué, un saber cómo y un de- de la razón médica: formación humanística en
ber ser. Se trata, grosso modo, de la tradicio- las escuelas de medicina (incorporación de las
nal caracterización médica de ciencia, arte y humanidades y ciencias sociomédicas), figura
sacerdocio. La misma palabra medicina 6, a un profesional protagónica del médico generalista
lado su acepción vulgar de «medicamento» o (medicina familiar o de comunidad), sistema
«remedio», engloba esos tres órdenes distin- comunitario basado en la prevención de la en-
tos: un conjunto de saberes —las llamadas fermedad y promoción de la salud (primer ni-
ciencias médicas-, una actividad profesional -la vel de la pirámide asistencial).

|| 127 ||
La crisis de la razón médica

2) La crisis de la razón o la razón de la crisis. una mentalidad neokantiana en el estatuto


El cambio de paradigma médico. epistemológico de aquélla, esto es, una visión
cientifico-cultural complementaria de la cientí-
La crisis de la razón médica debe inscri- fico-natural10. El siguiente punto de inflexión
birse en el contexto de una crisis de la razón en el modelo biomédico se produce con la
genérica, a su vez razón de la crisis de la huma- Segunda Guerra Mundial, tras la que surge jus-
nidad actual. Sin ánimo de incursionar por el tamente una «organización mundial de la sa-
análisis filosófico de la racionalidad humana, lud» y el modelo sanitario propio del «Estado
conviene advertir que el mismo es uno de los de bienestar»11. Por último, la crisis económica
grandes temas de nuestro tiempo8. La ciencia de los años 70 ha puesto al descubierto las
moderna, y la civilización tecnológica universal falencias de dicho modelo, por el cual la salud
como su consecuencia, es hija de una razón pasó de ser bien de producción a ser bien de
reducida a la lógica y a la metodología de un consumo, con el efecto paradójico de que una
modelo hipotético deductivo de explicación de mayor atención médica no lleva necesariamente
la realidad. Dicha racionalidad es lógicamente a mejor sanidad12.
consistente y operativamente eficaz, pero hoy La crisis en la presente medicina ten-
se revela como una forma restringida de ra- dría, pues, su razón histórica en esas tres trans-
zón, que ha puesto al hombre en la encrucija- formaciones, de características predominante-
da de su destino histórico y porvenir biológico, mente académica la primera, sociopolítica la
en la crisis planetaria de supervivencia ecológica segunda, y económica la tercera. La situación
y nuclear estratégica. Los limites y peligros de actual es de creciente crítica al modelo biomé-
la ciencia y la tecnología son ahora más sensi- dico y la concepción positivista de la medicina,
bles que nunca, y concebir una razón humana en un clima de incertidumbre sobre las expec-
amplia y comprensiva, tanto en su uso teórico tativas de vida y salud del hombre como espe-
como práctico, que incluya como parte de ella cie. No se trata tan sólo de la crisis de la antime-
la razón científico-técnica, constituye el gran dicina o de la medicina, ni de la por algunos
desafío —«bioético» in extremis— del tiempo anunciada muerte de ésta13, sino de la crisis
que vivimos. mundial de la salud por la amenaza ecológico-
La mentada crisis de la medicina es un nuclear que nos ha recordado recientemente
reflejo, particularmente deslumbrante, del des- el accidente de Chernobil, y por tantos otros
engaño con la razón heredada, positivista e pecados capitales de la humanidad civilizada14.
ingenuamente optimista en el progreso. La «Salud para todos en el año 2000» es un eslo-
medicina, que por su condición instrumental y gan que ya no merece la mínima credibilidad.
finalidad práctica incuestionable, se enroló de- Parece hoy entonces completarse, a
cididamente en el positivismo, comienza a sentir fortiori, un cambio del paradigma biomédico,
la debilidad de un modelo que ya no colma sus en todo caso su transformación o reformu-
expectativas. Paradójicamente, en el momen- lación a favor de una racionalidad humanística,
to en que la ciencia y la técnica médicas de- hermenéutica y normativa.
muestran su mayor penetración y poderío, la
medicina in toto se cuestiona y autocritica, y
en esa atmósfera de escepticismo fermenta el 3) El rostro jánico de la medicina oficial.
posible cambio de paradigma. «Crisis», «razón», Modelos reduccionista, secesionista e integra-
«racionalidad» son términos hoy frecuentes del lista de la racionalidad médica.
metalenguaje médico, expresiones acaso de La crisis como cisma en el orden patológico,
un giro copernicano —prima facie kantiano— clínico y terapéutico.
de la teoria de la medicina9.
La historia crítica de la medicina actual Por ser la medicina, en feliz expresión
—la de nuestro siglo, que ha iniciado y acaso de E. Pellegrino, «la más humana de las cien-
completado un cambio de paradigma— puede cias y la más científica de las humanidades»15
resumirse en tres momentos especialmente no se ajusta a ella un «cambio de paradigma»
significativos. El primero ocurre en los años in- en el sentido estricto que tiene ese concepto
mediatamente posteriores a la Primera Guerra en las ciencias naturales, esto es, una revolu-
Mundial, cuando por primera vez se registra en ción del conocimiento que desplaza un ante-
la letra la «crisis de la medicina», un movimien- rior esquema explicativo para una región de la
to de la literatura médica alemana que propo- realidad. En las ciencias humanas la introduc-
nía la reforma de la medicina oficial e introducía ción de un nuevo paradigma raramente es a

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La crisis de la razón médica

tal punto revolucionario, estableciéndose un en los conceptos de salud y enfermedad, que


conflicto de interpretaciones que arrojan di- han dejado de ser simétricos, unívocos y neu-
versas perspectivas sobre un campo complejo trales. Segundo, la crisis en las realidades del
y ambiguo. Para la medicina, por virtud de su enfermo y la enfermedad, la realidad individual
híbrido estatuto científico-humanístico, la figu- de uno y la realidad específica de otra, y los
ra paradigmática se resuelve en una ambiva- modos del conocimiento de ambas entidades.
lencia y confrontación de teorías explicativas y Tercero, la crisis en los valores técnicos y hu-
comprensivas16. manos, o la diferencia entre los medios y los
El rostro jánico de la medicina —simbo- fines en un nuevo sentido de la praxis médica.
lizado por la constelación de Sagitario en su De colofón en el presente capítulo,
origen y naturaleza—17 se percibe según los palabras de Laín Entralgo: «Como diría José
rasgos más acentuados que constituyen su ac- Alberto Mainetti, vivimos en la crisis de la razón
tualidad: cientificidad, tecnificación y socializa- médica que hemos heredado. Pues bien, es-
ción18. Dos modelos de raciónalidad médica tamos debatiéndonos con el prólogo de esa
—el uno positivista y dominante, el otro hu- crisis. Todavía no hemos salido de ahí. Pero
manista y complementario— se perfilan en el ese debatirnos evidentemente tiene que es-
orden de la patología, la clínica y la terapéuti- tar ordenado por una visión de esa realidad,
ca, esto es, respectivamente, la razón médica histórica, conceptual, intelectual, filosófica,
teórica, técnica y práctica, o, dicho según la ética, por tanto según lo que empiezan a mos-
vieja metafísica, la causa médica formal, eficien- trar a todos los médicos las humanidades mé-
te y final. dicas»21.
Ambos modelos representan el anver-
so y reverso, las dos caras de la medicina ac-
tual. Por un lado la patología molecularizada, la Referencias
clínica robotizada o computarizada, la terapéuti-
ca normatizada o la sociedad medicalizada. Por 1. Th. S. Kuhn, La estructura de las revoluciones cien-
el otro introducción del sujeto y ecologización tíficas, trad. esp., México, F.C.E., 1971.
2. Entre las críticas más notables de los últimos años en
de la patología —«Hay enfermedades la sociedad occidental, figuran las de I. Illich (Némesis
moleculares, pero no moléculas enfermas»19 médicale. París, Seuil, 1975, hay trad. esp.) e I.
sentenció Pauling, quien acuñó la expresión Kennedy ( The Unmasking of Medicine, London,
«patología molecular»—, introducción de la Allen and Unwin, 1981). Una réplica importante al
intersubjetividad clínica —por más formalizada primero es el libro de D.F. Horrobin Medical Hubris
(Churchill Livingston, Edinburgh, 1978). Más fre-
que sea la relación médico-paciente, nunca se cuente es la elaboración ideológica de estos plantea-
reduce a una simbiosis con la computadora— mientos y de las tesis centrales de la «antimedicina»,
e introducción del agente moral en la decisión como la iatrogénesís, la medicalización y el
terapéutica, cuyo orden normativo se debe profesionalismo (cf. como ejemplo, J.C. García, «Me-
justificar desde el punto de vista ético. dicina y Sociedad. Las corrientes de pensamiento en
el campo de la salud», Educación Médica y Salud,
Ante esa polaridad o ambivalencia de la OPS, vol. 17, N° 4, 1983).
presente medicina —que refleja la del hombre 3. Título del libro de J. Hamburger, La puissance et la
mismo en cuerpo y alma— surge un conflicto fragilité, París, Flammarion, 1972. Con su natural op-
de paradigmas que se deja resumir en las tres timismo antropológico e histórico, Laín Entralgo titu-
siguientes posiciones dialécticas: tesis o la «La medicina actual: poderío y perplejidad», a la
sexta y última parte de su Historia de la Medicina
reduccionismo, antítesis o secesionismo, y sín- (Barcelona, Salvat, 1978).
tesis o integralismo, según se tome como úni- 4. Leibniz, Wolff, Hegel y Husserl, entre otros filósofos
co válido el modelo «positivista», o se excluya germanos, han reparado en esta reveladora etimo-
a éste desde el modelo «humanista», o se in- logía.
tente la conciliación entre ambos. Para la me- 5. «Mutación considerable que acaece en una enfer-
medad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el
dicina oficial la primera posición representaría la enfermo.»
ortodoxia, la segunda es apostasía (ejemplos 6. Cf. P. Laín Entralgo, Antropología médica, Barcelo-
antimedicina y antipsiquiatría) y la tercera he- na, Salvat, 1984; p. 27.
rejía o heterodoxia (caso medicina psicoso- 7. Cf., por ejemplo, M. Foucault, «¿Crisis de un modelo
mática)20. de la medicina?», en Revista Centroamericana de
Ciencias de la Salud, N° 3, 1977 (Costa Rica). Suges-
La condición de posibilidad de una ra- tiva es la «historia del cuerpo» que traza Foucault
cionalidad médica holística es justamente com- —nacimiento de las modernas «somatocracias» que
prender la crisis como cisma en el orden pato- reemplazan las antiguas teocracias— y aguda su vi-
lógico, clínico y terapéutico. Primero, la crisis sión de la crisis actual de la medicina: revolución

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La crisis de la razón médica

biológica y bioética (¿pigmalionismo?), medicalización II. La crisis de la razón patológica


indefinida, economía política de la salud.
8. Cf., por ejemplo, E. Pucciarelli, «Los avatares de la
razón», en Escritos de filosofía (Buenos Aires), 1980,
1) La crisis en los conceptos
N° 6. Sobre la crisis de la racionalidad científico- de salud y enfermedad.
tecnológica, véase J. Ladriére, El reto de la raciona- La definición de la OMS y sus implicaciones.
lidad (trad. esp., Salamanca, Sígueme1977) y K.O.
Apel, «El problema de una teoría filosófica de los «Menos que a cualquier persona con-
tipos de racionalidad» (Estudios éticos, trad. esp.,
Barcelona, Alfa, 1986).
cierne al médico lo que significa en general sano
9. Cf. el número de The journal of Medicine and y enfermo» —afirma K. Jaspers en su Psicopato-
Philosophy 11 (1986): «Rationality and Medicine». logía General 1. Es verdad que siempre hay un
10. En el contexto de una crisis de fundamentos de la abismo entre el uso prerreflexivo u operativo
ciencia en general —recuérdese la Krisis de Husserl— de nuestros conceptos y la definición a ellos
surge una literatura alemana de la crisis de la medici- adecuada. Pero hoy en las categorías funda-
na en las primeras décadas del siglo XX, por ejemplo
el libro de B. Aschner, Krise der Medizin (Suttgart,
mentales de la medicina —salud y enferme-
1928). Cf. E.M. Klasen, Die Diskussion über eine dad— se ha producido una crisis de orden teó-
«Krise» der Medizin in Deutschland zwischen 1925 rico tanto como pragmático2. En somero exa-
und 1935 (Thesis), Mainz: Universität, Medizin hist. men lógico-formal, dichos conceptos han de-
institut, 1984. jado de ser simétricos, unívocos y neutrales 3.
11. La crisis del 29 dio origen al nacimiento del modelo
sanitario que a partir de la Segunda Guerra Mundial
Al comprenderse ahora la salud en un sentido
es propio del neocapítalismo, la sociedad de consu- positivo y no como mera ausencia de enfer-
mo o el Estado benefactor, con los cambios que medad, ha cambiado la relación tradicionalmen-
apareja en la profesión y atención médicas la cre- te antitética entre una y otra, la de contrarios
ciente especialización y hospitalización. Cf. D. Gracia u opuestos situados en los extremos de un
Guillén, Medicina Social, Enciclopedia Madrid,Labor,
1984.
mismo género, como el blanco y el negro. Por
12. Cf. ibíd., la crisis del Estado de bienestar en la década otra parte, si bien sano y enfermo se predican
del 70, y el nuevo modelo sanitario desde entonces de ordinario analógicamente, al punto que
imperante. Hoy la racionalidad médica pasa inevita- Aristóteles los utiliza como ejemplos de la
blemente por la racionalización de los recursos para analogia entis 4, cuando hoy se aplican de modo
la salud en los países industrializados: en los EE.UU.,
el 11% del producto nacional se destina a ese sector,
técnico en una dimensión psicológica y otra
donde la moderna «bioética» cuestiona el «impera- social desaparece el sentido propio u originario
tivo tecnológico» de la asistencia médica. de esa analogía, el carácter biológico y como
13. J. Attali, El orden caníbal. Vida y muerte de la medi- tal unívoco de ambos conceptos. Finalmente,
cina, trad. esp., Barcelona, Planeta, 1981. el análisis contemporáneo de los conceptos de
14. K. Lorenz, Los ocho pecados mortales de la humani-
dad civilizada, trad. esp., Barcelona, Plaza & Janés,
salud y enfermedad desemboca en la disputa
1975. de su naturaleza descriptiva-explicativa o bien
15. E. Pellegrino, Humanism and the Physician, Knoxville, evaluativa-prescriptiva, es decir si aquéllos son
The University of Tennessee Press, 1981, pp. 16-37. establecidos con objetividad cientítica o por
16. Cf. E. Gatens-Robinson, «Clinical judgement and the apelación a normas y valores, a partir de la
rationality of the human sciences», The journal of
Medicine and Philosophy 11 (1986), pp. 167-178.
polaridad axiológica bueno-malo y su relativismo
17. «El centauro Quirón, maestro de Esculapio, en quien cultural5.
el encuentro de dos naturalezas puede considerarse Asimetría, multivocidad y normatividad
como constelación que influyó en la medicina al na- son notas que apuntan al fondo antropológico
cer tanta oposición de doctrinas». B. J. Feijóo, de los conceptos de salud y enfermedad. Una
Theatro Crítico Universal, tomo I, discurso «Medici-
na», Madrid, 1727.
teoría de éstos puramente científico-natural,
18. P. Laín Entralgo, La medicina actual, Madrid, Semi- como funciones biológicas, resulta entonces
narios y Ediciones, S.A., 1973. inadecuada o incompleta6. Y si se pretende ir
19. Cit. por P. Laín Entralgo, «Carta abierta a Heinrich más allá de una convención operativa —salud
Schipperges», Asclepio XXXVI, 1984, p. 36. y enfermedad son lo que los médicos «tratan»
20. Cf. G. L. Engel, «The Need for a New Medical Model:
A Challenge for Biomedicine», en Concepts of Health
o consideran tales— es preciso introducir la di-
and Disease, ed. by A. Caplan, H.T. Enegelhardt, J.J. mensión subjetiva y cultural de lo normal y lo
McCartney. Massachusetts, Addison-Wesley, 1981. patológico. A dicha estructura alude la consa-
21. P. Laín Entralgo, «El diagnóstico como problema». bida distinción terminológica anglosajona en-
Conferencia en la Facultad de Ciencias Médicas de la tre illness (dolencia) y disease (enfermedad),
Universidad Nacional de La Plata (La Plata, 6 de junio
de 1985).
vertientes vivencial y objetiva, respectivamen-
te, de la patología humana. Por otra parte, los
nombres clásicos de la enfermedad —infirmitas,

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La crisis de la razón médica

pathos, nosos— guardan las raíces semánticas médica como iatrogenia en el orden clínico,
de tres vivencias fundamentales: incapacidad, social y cultural. La salud se ha vuelto muy
sufrimiento y mal («Triae haec in omni morbo delicada para confiarse sóIo a manos de los
gravia sunt; metus mortis, dolor corporis, médicos, los hospitales son lugares peligrosos
intermissio voluptatum», Séneca, Epist. mor. para la vida, el «cuerpo iatrogénico»10 alimen-
LXXVIII). La enfermedad como experiencia tie- ta una quimera que conspira contra la existen-
ne siempre —ceteris paribus— una valencia ne- cia auténtica y lleva a una crisis de la salud y la
gativa; un disvalor, en suma, define los «he- moral públicas, ejemplificada por la epidemia
chos» patológicos7. del SIDA.
La revolución en los conceptos de sa-
lud y enfermedad reviste carácter político y
sociocultural. La fórmula de la OMS, en 1946, 2) La patología como problema antropológico.
señala históricamente ese cambio conceptual. El modelo biopsicosocial de salud y enferme-
Por primera vez se postula de la salud una vi- dad.
sión normativa («La salud es un estado de com- «Son las enfermedades las que han lle-
pleto bienestar»), pluridimensional («físico, vado hacia la fisiología; y no es la fisiología, sino
men-tal y social») y positiva («y no sólo ausen- la patología y la clínica, las que hicieron comen-
cia de enfermedad»). Definición revolucionaria zar la medicina. La razón es que el bienestar, a
y programática, pero también desmesurada y, decir verdad, no es sentido, porque es simple-
como tantas veces se ha dicho, tautológica y mente conciencia de vivir» —reza un texto de
hasta falsa (salud no es igual a bienestar), hu- Kant comentado por G. Canguilhem11. A pesar
manamente utópica (la perfección no existe) de la OMS, la salud se comprende originaria-
y clínicamente inoperante (indeterminación de mente desde la enfermedad, en términos de
la enfermedad). La fórmula de la OMS parece- padecimiento, limitación y daño. La enferme-
ría consagrar la tesis del doctor Knock sobre dad es ante todo un problema humano, «pro-
«el triunfo de la medicina», con sus hoy múlti- blema» en el sentido etimológico de aquello
ples y agudas expresiones de pesimismo hígido: con que se tropieza en el camino. Pero la pa-
«La salud es un estado raro que no es, sin tología —la ciencia de la enfermedad— no es,
embargo, patológico»; «la salud es un estado no ha sido de suyo un problema antropológico,
precario que no presagia nada bueno»; «las cuestionamiento teórico del hombre sub specíe
gentes sanas son enfermos que se ignoran»; pathologicae. En un texto del Corpus Híppocra-
«la humanidad se divide en la clase de los en- ticum despunta la rivalidad, mantenida luego a
fermos y en la de los que no se hacen estu- lo largo de la historia, entre médicos empíricos
dios»; «sano es un sujeto insuficientemente y especulativos (diríamos «humanistas» y «po-
explorado». sitivistas») acerca de si el arte médico es o no
La definición de salud como bienestar es posible sin saber lo que es el hombre12. De
se da en el contexto del modelo de organiza- hecho el saber patológico se ha constituido a
ción sanitaria dominante a partir de la Segun- expensas de una reduccíón antropológica como
da Guerra Mundial. La salud se vuelve preocu- biología comparada, y a favor de una ontología
pación de los Estados, no ya sólo como pro- de la enfermedad que oculta su realidad hu-
ductora de trabajo, sino como objeto de con- mana13. Tal es el logro de la ingente patología
sumo, de la mayor estima en la escala de valo- del Siglo XIX, según sus tres grandes mentali-
res del siglo XX. El concepto positivo de salud dades: anatomoclínica, fisiopatológica y
significa también su carácter artificial, como etiopatológica.
producto del arte médico antes bien que como Precedida por la «rebelión del sujeto»
don natural, objeto de derechos y obligacio- (Laín Entralgo), en el orden clínico (auge de
nes, prescriptiva desde el estilo de vida perso- los modos neuróticos de enfermar) y en el or-
nal al medio ambiente. den social (derecho a la atención médica), la
La cultura de la salud sufre la crisis del «introducción del sujeto» (von Weizsäcker),
Estado de bienestar en la década del 70, obli- la consideración de la realidad individual y per-
gando a una redefinición de aquélla como vida sonal del enfermo es rasgo sobresaliente de la
social y económicamente productiva8. Gastos patología del siglo XX14. La historia de la men-
crecientes en la salud pública parecen llevar la talidad antropopatológica recorre la introduc-
humanidad a una situación que preveía Goethe, ción del sujeto patológico —el enfermo o su-
en la cual cada hombre será enfermero de otro jeto de la enfermedad— en sus dimensiones
hombre9. Por otra parte, arrecia la némesis biológica, psicológica y social. Primeramente,

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La crisis de la razón médica

desde la biomedicina misma, las mentalidades canismo» de la conversión —significación del


heredopatológica, biotipopatológica y biopato- síntoma para el oído histórico al histérico por
lógica ponen de relieve la individualización de Freud— diversos modelos teóricos concurren
la patología (raza, constitución, especie), re- en la aproximación psicosomática a la patología
valorizando la causa dispositiva o proegúmena general: la personalidad específica (Flanders
del galenismo. La introducción de la subjetivi- Durban), el conflicto psicodinámico (Franz
dad stricto sensu y la personalización de la pa- Alexander), la represión bifásica (A.
tología es obra de Freud y de la mentalidad Mitscherlich), el pensamiento operativo (P.
psicoanalítica aplicada a la medicina interna Marty et alia) y otros tantos17. Por su parte, la
(medicina psicosomática y antropológica). La medicina antropológica inspirada en v.
visión sociológica de la enfermedad, proclama- Weizsäcker rescata el sentido existencial de la
da por Virchow e introducida formalmente por enfermedad somática, su comprensión biográ-
A. Grotjahn (Soziopathologie, 1912) comple- fica y valoración espiritual18. Finalmente es
ta el cuadro de humanización de la patología develada la realidad social de la enfermedad, a
en el siglo XX, coincidiendo la relevancia del partir de los propios modelos psicosomáticos
sujeto social y la creciente socialización de la (Sociosomática, de H. Schaffer), a través del
medicina. método epidemiológico —que muestra clara-
La antropologización de la patología se mente la configuración mórbida multifactorial
concreta hoy con la propuesta del modelo y la incidencia en ésta de las variables socioló-
biopsicosocial de salud y enfermedad15. Un gicas (clase, familia, medio ambiente, trabajo)—
modelo es un sistema de significados que sirve y como categoría general del modo de vivir en
para ver, interpretar y comprender un dominio el orden ecológico e individual. La sociología
de la realidad. Necesitamos de un nuevo mo- de la salud, de la profesión médica, y de las
delo de enfermedad, no definido exclusiva- instituciones asistenciales son tres grandes ca-
mente por parámetros somáticos, sino que pítulos de la actual Sociología médica (Talcott
abarque también la dimensión psicosocial. Apre- Parsons, E. Freidson, R. Coe, D. Armstrong y
ciamos el escotoma, acaso la hemianopsia del otros).
llamado modelo biomédico o científico-natural, Como intento por integrar el saber de
que deja de lado tantos problemas psicológi- las ciencias naturales y de las ciencias del hom-
cos y sociales de la patología humana actual bre, el modelo biopsicosocial es relevante para
(drogadicción, desviación mental, embarazo no la teoría y la práctica de una medicina antro-
deseado, alcoholismo, tabaquismo, homosexua- pológica, y humana en el pleno sentido de la
lidad, cosmetopatías, conducta criminal, etc.). humanitas. No son pocos, por cierto, los pro-
Sin duda vivimos una crisis patológica o de blemas conceptuales y operativos del nuevo
patomorfosis histórica que desafía al pensa- modelo, pero invita a buscar en otro lugar que
miento médico, polarizado entre un modelo el convencional la clave de la salud y la enfer-
conservador o reduccionista y otro radical u medad19.
holístico de salud y enfermedad. El modelo
biomédico o naturalista entiende la enferme-
dad como categoria orgánica, de etiología es- 3) Hacia una antropología médica.
pecífica, técnicamente tratable, ajena a la vo- Homo infirmus.
luntad del sujeto y de valor negativo desde el
punto de vista social o estándar16. El modelo La crisis de la razón patológica pone al
psicosocial o normativista cuestiona todas esas descubierto los presupuestos de la medicina
características y acentúa la enfermedad como sobre la naturaleza humana. Tras los concep-
conducta humana en el plano de la vida perso- tos de salud-enfermedad y el problema espe-
nal y en la escala ecológica específica. cífico de la patología, surgen las clásicas cate-
El problema conceptual básico del nue- gorías y dicotomías antropológicas: el cuerpo y
vo modelo es la «unidualidad» (¿unitrinidad?) la mente, la naturaleza y la cultura, el sujeto y
del hombre, o la superación del dualismo car- el objeto. ¿Qué es el hombre? Esta pregunta
tesiano, con su idea del cuerpo como una no se la formula hoy menos el médico que el
máquina y de la enfermedad como una pieza filósofo o el teólogo. La exigencia es pues de
fallida. «El misterioso salto de la mente en el una antropología como saber básico o discipli-
cuerpo» (F. Deutsch) y el «sentido de la en- na fundamental de la medicina, «un conoci-
fermedad» son los blancos de la medicina miento del hombre en tanto que sano, enfer-
psicosomática y antropológica. Desde el «me- mable, enfermo, sanable y mortal, porque es-

|| 132 ||
La crisis de la razón médica

tos cinco son los aspectos de la existencia hu- del hombre corno «ser enfermo», con distin-
mana con que el médico tiene que habér- tos sentidos y matices, representa una cons-
selas»20. Hoy en día la denominación antropo- tante del pensamiento antropológico, desde
logía médica tiende, pars pro toto, a identifi- el mito a la reflexión actual; su atractivo es
carse con la medical anthropology anglosajona, pues indudable para una teoría de la realidad
la antropología cultural médica (o antropología humana específicamente médica, sub specie
médica cultural). Pero la antropología médica pathologicae. La antropología filosófica atual,
que se busca como fundamento de la patolo- desde un fondo común de pesimismo antropo-
gía general es la antropología filosófico-médica lógico, ofrece abundantes argumentos para la
(o antropología médica filosófica), una teoría tesis del homo infirmus —particularmente en
científica y filosófica del hombre en cuanto sano visión vitalista, existencialista y antropobioló-
y enfermo, la que tampoco debe confundirse gica—, con los que se puede elaborar una an-
con la llamada medicina antropológica, o prác- tropología patológica como sistema de antro-
tica médica integradora y comprensiva del hom- pinos que fundamentan la dimensión biológi-
bre según, por ejemplo, el modelo descrito ca, mental y cultural de la enfermedad huma-
como biopsicosocial. na 23. El hombre es el «animal enfermo»
Dejando atrás sus orígenes románticos (Hegel), el «animal no-fijado» (Nietzsche) y A.
en la Naturphilosophie 21, la antropología médi- Gehlen ha desarrollado su importante antropo-
ca nace y se desarrolla con la antropología fi- biología en base a la definición del hombre como
losófica como nueva disciplina de la filosofía en ser deficiente, imperfecto o carenciado
el siglo XX. El mismo año en que Max Scheler (Mangelwesen). En nuestra comprensión, la
publica la obra fundacional de la antropología infirmitas es una categoría ontológica o her-
filosófica —El puesto del hombre en el cos- menéutica antes bien que un datum natural,
mos, 1927—, V. v. Weizsäcker, el Max Scheler que describe el estatuto de la existencia o la
de la antropología médica, escribe su artículo condición humana, a cuya luz acaso se inter-
«Uber medizinische Antropologie», y al año si- preta aquella pretendida inadecuación biológi-
guiente aparece el primer libro con ese título, ca o paranaturalidad de lo humano.
un colectivo dirigido por 0. Schwarz. Desde Así pues, más allá o más acá de una
entonces son numerosos los trabajos que han supuesta fecundidad antropopatológica, la idea
ido constituyendo el proyecto de la antropo- del homo infirmus será una metáfora de alcan-
logía médica, al influjo más o menos directo de ce metafísico si puede relacionar la realidad
las diversas corrientes de la antropología filosó- concreta de la enfermedad con el modo de
fica, en síntesis a medias cronológica las siguien- ser del hombre, si en simetría reflexiva la en-
tes fundamentales: 1°) neokantismo y filoso- fermedad revela la condición humana tanto
fía de la vida (los dos movimientos iniciales de como ésta explica la posibilidad de aquélla. En
la filosofía contemporánea, que a través de la este sentido la enfermedad sería «el estar del
escuela de Baden y la obra de Dilthey inspiran ser del hombre», cuidando establecer la dife-
a V. Weizsäcker y 0. Schwarz); 2°) fenome- rencia óntico-ontológica entre la enfermedad
nología y filosofía de la existencia (expresión como categoría nosológica y la infirmitas como
cimera en K. Jaspers, aplicación directa de la categoría antropológica o metafísica. Aquí pa-
analítica heideggeriana a la psiquiatría en L. rece estar el nudo de la cuestión —ontológica,
Binswanger y M. Boss); 3°) antropobiología gnoseológica y axiológica— de la programática
(sistema antropofilosófico de A. Gehlen, utili- antropología médica.
zado por el internista berlinés A. Jores); 4°) La medicina no es una ciencia que aspi-
antropología dialéctica (F. Kosik, H. Steussloff re a ver el hombre sub specie aeternitatis. El
y E. Gniostko, C. Castilla del Pino); 5°) antro- hombre como enfermo, el hombre en tanto
pología teológica (Fr. v. Gebsattel); 6°) antro- que patológico es el objeto del cuidado médi-
pología científico-metafísica (P. Laín Entralgo, co. La medicina lleva consigo una especial an-
D. Gracia Guillén). A esta lista habría que incor- tropología, el estudio del logos del hombre
porar los desarrollos iatrofilosóficos de la abierto al pathos, la patología, por tanto no
philosophy of mind anglosajona (en torno al en términos neutros de ideales humanos, sino
problema mente-cerebro, particularmente) y ante todo y fundamentalmente en términos
de la epistemología y el estructuralismo fran- límites, de sufrimiento, incapacidad y muerte.
ceses (G.Canguilhem, M. Foucault). Lo positivo, lo verdaderamente humano, es la
Homo infirmus es una idea-guía para la negación de la negación, la negación de las
antropología filosófica y médica22. La definición limitaciones que son la negación de objetivos

|| 133 ||
La crisis de la razón médica

humanos particulares, pero que son también 13. J. A. Mainetti, «La estructura antropológica de la
la oportunidad de una trascendencia que pres- enfermedad» Cuadernos del Instituto de Humanida-
des Médicas, 1, La Plata, Quirón, 1973, pp. 11-17.
ta a la finitud sentido.24 14. Sigo el esclarecedor y amplio magisterio de Laín
Entralgo sobre el tema, y en especial su artículo
«Subjetualidad, Subjetividad y Enfermedad», en
Referencias Realitas III-IV, Madrid, Sociedad de Estudios y Pu-
blicaciones1979, pp. 45-78.
1. K. Jaspers , General Psychopathology , Chicago, 15. Cf. G. L. Engel, «The Need for a New Medical Model»,
University of Chicago Press, 1963 (trad. al inglés), p. en Concepts of Health and Disease, op. cit., pp. 589-
780. 605.
2. Téngase presente la polémica sobre la «enfermedad 16. Cf. R.M. Veatch, «The Medical Model: Its Nature and
mental», categoría político-represiva en la Unión Problems», en Concepts of Health and Disease, op.
Soviética, mito e ideología para algunos psiquiatras cit., pp. 523-544.
norteamericanos. 17. Cf. F. Lolas Stepke, La perspectiva psicosomática en
3. J. A. Mainetti, «Temas actuales de la filosofía médi- medicina, Santiago de Chile, Ed. Universitaria, 1984.
ca», Quirón 1970, 1, 2, 77: 118. Sobre las diversas etapas en la constitución de la
4. Aristóteles, Metafísica IV, 2: «El ente se dice en mu- medicina psicosomática y antropológica, recuérdese
chos sentidos, pero siempre respecto de uno, y res- de P. Laín Entralgo, Enfermedad y Pecado, Salvat,
pecto de una cierta naturaleza, y no por homonimia, Barcelona, 1961.
sino del mismo modo que llamamos saludable a todo 18. Cf. S. Spinsanti «Verso una medicina antropologica»
lo que se refiere a la salud.» Recordemos que tam- Quirón, 1987, 18, 3 (en prensa). Spinsanti destaca
bién Aristóteles, como Platón, utilizan la analogía dos ejemplos recientes de medicina antropológica
médica en tema moral: «bueno» se predica como en la línea Weizsäkeriana: Dieter Beck, La malattia
«sano» de manera descriptiva. Véase de R. M. Hare, come antoguarigione (trad. italiana del original ale-
«Health», Journal of Medical Ethics 1986, 12, 174- mán Krankheit als Selbsteilung), Assisi, Cittadella
181. Editrice, 1985; y nuestro compatriota Luis A. Chiozza,
5. Cf. A. Caplan, H. Engelhardt, J. Mc Cartney, editors. ¿Por qué enfermamos? La historia que se oculta en
Concepts of Health and Disease, Massachusetts, el cuerpo. Alianza Editorial, Madrid, 1987.
Addison Wesley Publishing Company, 1981. 19. En su trabajo arriba citado, saca Spinsanti la morale-
6. Cf. W. Miller Brown, «On defining ‘Disease’ «, The ja epistemológico-médica del conocido cuento del
Journal of Medicine and Philosophy 1985, 10, 4, 311- borracho que de noche en la calle ha extraviado la
328. llave de su casa y la busca a la luz de un farol. Pre-
7. Cf. R. Maliandi, «El sentido axiológico en los concep- guntado por un pasante sobre si está seguro de
tos de salud y enfermedad», Quirón 1970, 1, 2, 103: haber perdido allí la llave, contesta negativamente,
107. Maliandi aplica fecundamente a nuestro tema la pero insistiendo en su búsqueda limitada a lo visible.
teoría de la «negación axiológica», del filósofo fran- 20. P. Laín Entralgo, Antropología Médica, op. cit., p. 31.
cés Raymond Polin: toda valoración es, en primera 21. Sobre la constitucíón histórica de la Antropología
instancia, una negación del dato real; el valor de la médica, véase D. Gracia Guillén «Antropología mé-
salud se experimenta desde la enfermedad como lí- dica», en Historia Universal de la Medicina, Barcelo-
mite y contravalor. na, Salvat, 1978, T. 7, pp. 113-119.
8. Véanse en este sentido las declaraciones de la OMS 22. J. A. Mainetti, Homo infirmus, , La Plata, Quirón1981.
en la conferencia internacional de Alma-Alta (URSS, 23. J. A. Mainetti, «El problema del cuerpo y la antropo-
1978). logía patológica», Quirón, 1979, 10, 3, pp. 63-78.
9. Citado por P. Laín Entralgo, Antropología Médica, 24. J. A. Mainetti, «Embodiment, Pathology and Diag-
Barcelona, Salvat, 1984, p. 453. La fábula de Stevenson nosis» en Ethics of Diagnosis, Philosophy and Medi-
«El enfermo y el bombero» plantea en otros térmi- cine Series, Reidel Pub. Co. (en prensa). Agradezco
nos la paradoja del cuidado de la enfermedad. al Prof. H. T. Engelhardt la formulación de esta idea
10. Sobre el «cuerpo iatrogénico» y la «quimera de la de la antropología médica como sub specie patholo-
salud» (health = wholeness, la palabra inglesa signi- gicae, y de la ética médica que se desprende de la
fica filológicamente «plenitud») ha lanzado reciente- finitud de la condición humana.
mente sus dardos antimedicina el autor de Némesis
Médica (Cf. I. Illich, «A plea for Body history: Twelve
years after Medical Nemesis», Sci. Teach. Soc. vol. 6, III. La crisis de la razón clínica.
1986, pp. 19-22.
11. G. Canguilhem, Le normal et le pathologique, París,
1) La crisis en las realidades del enfermo y la
P.U.F. 1966, p. 171.
12. Sobre la medicina antigua: «Ciertos médicos y sa- enfermedad. Ontología y meontología médi-
bios sostienen que no es posible que conozca la cas.
medicina quien no conoce lo que es el hombre- y
que es este punto precisamente lo que debe estudiar ¿Hay enfermedades o hay enfermos?
el que se propone tratar debidamente a los enfer- La pregunta acerca del status ontológico de la
mos... Pero yo opino que todo cuanto se ha dicho o
escrito, sea por filósofos o por médicos, acerca de la
enfermedad concierne al triple estatuto —teó-
naturaleza interesa menos a la medicina que a la lite- rico, técnico y práctico— de la medicina, es
ratura» (En La Medicina Hipocrática, colección Clá- decir, respectivamente, a los fundamentos de
sicos de la Medicina, Madrid, CSIC, 1976, p. 205). la objetividad, operatividad y normatividad mé-

|| 134 ||
La crisis de la razón médica

dicas. «No hay enfermedades, sino enfermos», co, técnico y práctico es, respectivamente, la
reza una fórmula de sentido común que no crisis del ontologismo patológico, clínico y te-
garantiza el buen sentido clínico. Evidentemen- rapéutico, y la correspondiente introducción
te, el modo de haber o conocer enfermeda- del sujeto real, epistemológico y ético en la
des y enfermos no es el mismo, pero esta dis- medicina. Del segundo término se trata ahora
tinción significa hoy más bien una «crisis» o históricamente, esto es del contraste entre
separación entre las realidades de unas y otros, interpretaciones realistas, conceptualistas y
y los respectivos métodos de conocimiento. nominalistas de las nosografías y nosotaxias
A lo largo de la historia de la medicina, médicas.
ontología y meontología (o antiontología) riva- El paradigma moderno de la clínica nace
lizan como paradigmas en la concepción de la bajo la estrella del realismo nosológico en la
enfermedad. El ontologismo nosológico —«on- medicina nosográfica emprirista de Sydenham
tologismo» es un término en la historiografía (1624-1689)3. Con método nosográfico des-
médica algo distinto a su acepción filosófica— criptivo y nosotáxico notativo surge un nuevo
consiste en la reificación de la enfermedad como concepto, empirista, de la especie morbosa,
ente, esencia o principio independientes de la atenido a constelaciones de signos y síntomas,
salud1. Por la forma cabe así distinguir un frente a la antigua concepción galénica, sus-
ontologismo patológico (que ve en la enfer- tancial o racionalista, fundada en «hipótesis fi-
medad una realidad individual o sustantiva), un siológicas» o explicaciones causales y teóricas
ontologismo clínico (para el que las enferme- sobre el origen de los fenómenos morbosos.
dades son entia o species morborum, entida- Describiendo el «cuadro» clínico como el pin-
des nosológicas o realidades específicas), y un tor pinta sus retratos y ordenando las enfer-
ontologismo terapéutico o normativo(según el medades al modo de los botánicos, es posible
cual la enfermedad es contranatura, estado una historia natural de especies morbosas con-
cualitativamente opuesto al normal de la sa- cretas y definibles. Tal paradigma metodológíco
lud). Respectivos ejemplos son el ens morbi se funda en la regularidad de la naturaleza,
de Paracelso, la nosologia methodica de «que no procede en la producción de las en-
François Boissier de Sauvages (1707-1776), y fermedades menos metódicamente que en la
la demonología del medicine-man 2. producción de las plantas y de los animales»4.
Desde las escuelas de Cnido y de Cos Algunos seguidores de Sydenham se embar-
se registra con las señaladas variantes la dispu- caron en el realismo de las esencias nosográficas
ta entre «ontologistas» y «fisiologistas» (o o entidades nosológicas con criterios puramen-
«antiontologistas») de la enfermedad. Pero un te descriptivos5, pero en definitiva el paradig-
ontologismo metódico, antes bien que orto- ma moderno de la species morbosa se edifica
doxo o fundamentalista, es inherente al para- sobre los criterios anatomoclínicos, fisio y
digma científico-natural de la medicina moder- etiopatológicos que dan consistencia material
na, bajo tres formas o figuras: el sustancialismo a la forma específica o botánica y amplían el
u organicismo (las enfermedades son entida- frondoso jardín de las especies cultivadas en la
des anatomoclínicas, procesos fisiopatológicos actual patología.
o agentes bacteriológicos); el conceptualismo Contra el realismo nosológico ha milita-
o cuasi realismo (presunta existencia de espe- do siempre en la historia de la medicina clínica
cies morbosas al modo de especies naturales, el nominalismo nosológico, transplantándose al
botánicas y zoológicas); el dualismo y materia- status ontológico de las enfermedades la dis-
lismo (reducción naturalista del fenómeno pa- puta escolástica acerca del problema de los
tológico, negación de las enfermedades men- universales. «No hay enfermedades, sino en-
tales o del «espíritu»). fermos», dicen los nominalistas tomando a la
La estructuración ontológica de la en- letra la sentencia tópica. Las enfermedades,
fermedad se constituyó así en el fundamental claro está, no son cosas u objetos naturales
obstáculo epistemológico para la antropología de percepción, aún cuando la referencia a es-
médica y la introducción del sujeto en la medi- pecies morbosas o entidades nosológicas su-
cina. Visualizar al enfermo más allá o más acá giere su existencia in rebus Naturae o como
de la enfermedad significó el resquebrajamiento universales ante rem. De no ser cosas o espe-
de la ontología nosológica, un paso revolucio- cies naturales, ¿serán aquellas palabras —flatus
nario de la concepción ontológica a la concep- vocis—, o pensamientos, referencias genera-
ción antropológica de la enfermedad humana. les a modos típicos de enfermar, según una vía
La crisis de la razón médica en el orden teóri- media conceptualista? Estas preguntas se for-

|| 135 ||
La crisis de la razón médica

mulan en la mente del nosólogo ante el pro- seología, que ha tomado de ejemplo el princi-
blema de la individuatio morbis o realidad de la pio de indeterminación de Heisemberg en la
enfermedad humana concreta. ¿Qué consis- microfísica —el observador modifica lo obser-
tencia real o conceptual posee la especie mor- vado—, o el círculo figural de von Weizsäcker
bosa? ¿Es verdad que el enfermo es un caso en la realidad viviente8.
de la enfermedad o, por el contrario, ésta una El ideal de la medicina orientada por la
casuística de aquél?6. ciencia natural positivista fue copiar la relación
La ruptura con el paradigma moderno médico-paciente sobre la relación sujeto-obje-
de la clínica comienza, justamente, por la revi- to del conocimiento. Este «dualismo epistemo-
sión del concepto de especie morbosa, desde lógico»9 es sensible a partir del método anato-
una perspectiva prima facíe nominalista y, no moclínico que, según lo señala Foucault, cam-
por azar, proveniente de la cultura anglosajona7. bió el status epistémico del paciente, elimina-
Desde Richard Koch (Die artzliche Diagnose, do como sujeto cognoscente y reducido a la
1917) y Knud Faber (Nosography in Modern evidencia objetiva consumada en la «autop-
Internal Medicine, 1923) a Alvan Feinstein sia»10. Por el contrario, la medicina clínica ac-
(Clinical Judgement, 1967), W. Wieland tual reintroduce el sujeto epistemológico, al
(Diagnose, Ueberlegungen zur Medizin Theorie, paciente autoconciente e intérprete de sí mis-
1975) y H. Wulff (Rational Diagnosis and mo, y al médico representante del discurso cien-
Treatment, 1981), la idea central de éstos y tífico y hermeneuta de la existencia humana.
otros tantos autores de la escuela clínica críti- Se abandona la epistemología que trata de
ca del diagnóstico y la noción clave tradicional borrar toda influencia del sujeto congnoscente
de éste —la species morbosa— parece resu- sobre el objeto conocido, para la cual el prime-
mirse en la tesis de que sólo son reales los ro es el médico y el segundo el paciente. La
enfermos y que las enfermedades son crea- clínica se orienta ahora hacia el enfermo antes
ciones artificiales de los médicos, construccio- bien que hacia la enfermedad, y en esta últi-
nes conceptuales, operativas y pragmáticas, ma distingue lo pático y lo patológico, illness y
de naturaleza relativa y no sustantiva. No ha- disease, sin subordinar lo subjetivo a lo objeti-
bría un sustrato de cada enfermedad, confor- vo. La introducción del sujeto clínico puede
me al clásico esquema de sujeto (sustancia) y describirse fenomenológicamente como corre-
predicado (accidente). Clínicamente la enfer- lato noemático-noético, o bien plantearse como
medad es un modelo de explicación de un pro- problemática nosológica-gnoseológica y duali-
blema humano, y como tal también, a la pos- dad metodológica explicativa-interpretativa de
tre, un modelo de comprensión o hermenéu- la inferencia diagnóstica.
tica del modo humano de vivir. Por este cami- En primer término, el cambio de la rea-
no se ha consolidado la introducción del suje- lidad clínica desde la especie morbosa al sujeto
to clínico o epistemológico en la medicina de enfermo obedece a tres principales noveda-
nuestros días. Y es este un paso reflexivo ul- des del juicio diagnóstico: a) la patología
terior a la introducción del sujeto patológico molecular como substratum (¿ens morbi?) o
proclamado por la antropología médica y la ciencia básica que relativiza los tradicionales
medicina antropológica, el sujeto del pathos criterios anatómicos, fisiológicos y etiológicos,
según el modelo biopsicosocial de la enferme- exigiendo una nueva nosografía al clinical
dad. pathologist; b) la tecnología informática como
análisis factorial y estadístico que rompe con
los esquemas taxonómicos clásicos, ordenan-
2) La clínica como problema epistemológico. do de manera distinta las «unidades morbo-
Planteamientos nosológico y gnoseológico. sas» o modos de enfermar11; c) la praxis social
del diagnóstico como referencia a valores
El diagnóstico es habitualmente el pro- culturalmente dependientes (los conceptos de
blema concreto del conocimiento médico, pero enfermedad), que impone nuevas instancias
ahora lo es también conceptualmente, como normativas respecto de las hipocráticas en el
epistemología del juicio clínico. La revisión del proceso de decisión terapéutica. Son tres ra-
presupuesto de que toda enfermedad indivi- zones —de naturaleza respectivamente teóri-
dual se realiza como especie morbosa ha reve- ca, técnica y práctica— contra el sistema
lado otro presupuesto del saber clínico: la sis- pretendidamente científico de entidades
temática separación entre sujeto cognoscente nosológicas que orientan los libros de clínica12.
y objeto conocido, superada por la actual gno- Las enfermedades resultan ser constructos

|| 136 ||
La crisis de la razón médica

conceptuales, operativos y pragmáticos, mo- fermedad como sólo desorden biológico. El


delos de explicación de procesos multifactoriales primero es un ser de razón, reflexivo, y la se-
y multidimensionales (de componentes gené- gunda un modo de vivir de aquel específico.
ticos, fisiológicos, psicológicos y sociales), re- La decisión terapéutica, además, no se deriva
gularidades probabilísticas o estadísticas, etique- espontáneamente de prescripciones científicas,
tas normatizadoras de la conducta humana in- fundadas en observaciones y teorías biológi-
dividual y social. En cualquier caso, se abando- cas, sino del compromiso entre personas que
na el objetivo de una taxonomía nosológica intervienen simpáticamente; de allí el compo-
según el modelo natural, zoológico y botáni- nente interpretativo del razonamiento médi-
co; la clínica médica no está para catalogar en- co, desde la simple comunicación intersubjetiva
fermedades sub specie aeternitatis, sino para a las teorías hermenéuticas filosóficas y
solucionar «problemas clínicos», cuyo espec- psicoanalíticas.
tro es hoy más amplio del que tradicionalmen- En tal sentido es revolucionaria la aper-
te ha tratado la medicina13. tura de la medicina al mundo de la vida que
La introducción del sujeto episte- impulsa la bioética, como racionalidad práctica
mológico tiene además un segundo término, advertida de la falacia naturalista, pasaje del
noético, gnoseológico y metodológico. Si la ser al deber ser, o de los hechos a los valores,
meta del conocimiento clínico no es ya la es- en las decisiones médicas. La mentalidad
pecie morbosa —cuya realidad y objetividad humanística está ahora más comprometida que
científica han sido puestas en tela de juicio—, nunca en el orden médico, combinatorio de
sino el individuo enfermo, éste se definirá últi- diferentes tipos de racionalidad, y el papel de
mamente como sujeto, realidad inobjetivable las humanidades resulta de importancia crecien-
o personal: individuum est ineffabile, insonda- te en el estatuto epistemológico de la medici-
ble la subjetividad y la diagnosis interminable. na.
Por ello el juicio clínico no se limita al conoci-
miento científico-natural, descriptivo y explica-
tivo, objetivador del cómo y por qué de los 3) Hacia una epistemología médica.
fenómenos; aquél apela también a la compren- Homo clinicus.
sión intersubjetiva y conexión de sentido de
los mismos fenómenos. Y a la inferencia diagnós- Los precedentes planteamientos meta-
tica tradicional y actualmente informática, ha- clínicos son gérmenes de la actual espistemo-
brá que sumar la inferencia interpretativa o logía médica. Ejemplarmente, la crisis del para-
hermenéutica, «trabajo del pensamiento que digma nosológico tradicional se inscribe en el
consiste en descifrar el sentido oculto en el horizonte de la nueva filosofía de la ciencia.
aparente, en explicitar los niveles de significa- Las enfermedades han dejado de verse como
ción implicados en la significación literal» meros objetos naturales que existirían prior e
(Ricoeur)14. independientemente de su aislamiento y no-
De esta manera entra en vigencia un minación por los médicos. Despunta una con-
tercer paradigma del diagnóstico en la historia cepción cultural de la enfermedad que signifi-
de la medicina (Laín Entralgo), una intelección ca introducción del sujeto clínico o epistemo-
de la realidad desde lo imaginario, cuya guía lógico respecto del punto de vista positivista,
clínica general puede prestar la fenomenología para el cual los hechos objetivos son simples
del cuerpo humano. La antropología médica y hechos objetivos, desprovistos de constituyen-
la medicina antropológica cuentan con una nue- tes subjetivos o sociales. Ahora se afirma la
va visión y un nuevo método para interpretar construcción social de la realidad clínica, quiere
y explorar la realidad clínica, más allá de la clási- decir que las enfermedades reflejan presupues-
ca concepción y metodología científico-natu- tos y cometidos culturales, que los hechos
ral, e integradora de esta última. Sin duda cons- médicos son tanto creados como descubier-
tituye todo un desafío asumir concretamente tos, conforme al carácter histórica y cultural-
en el ejercicio de la clínica la nueva razón o el mente condicionado de todo conocimiento.
nuevo paradigma. Pero la experiencia vulgar La creencia tradicional de que la medi-
misma apunta en ese sentido, porque el en- cina configura un saber autónomo y asocial,
tendimiento empático o intersubjetivo es de elevado status científico e inobjetable efi-
coextensivo a la relación médico-paciente, cacia, se ha cuestionado por distintos lados y
donde se muestra insuficiente la consideración de tal manera que una verdadera rebelión del
del hombre como mero organismo y de la en- sujeto epistemológico acompaña la introduc-

|| 137 ||
La crisis de la razón médica

ción de éste en la medicina como en la ciencia néutica puede proporcionarla la somatología o


en general15. Frente a la orientación fisicista teoría científica y filosófica del cuerpo huma-
tradicional de la filosofía de la ciencia —las cien- no. La idea fundacional de esta disciplina se
cias físico-matemátícas como modelo de encuentra en Husserl18, cuya visión fenomeno-
cientificidad— la nueva filosofía de la ciencia se lóglca es la más original aportación contempo-
ha caracterizado por su orientación humanista ránea a la filosofía del cuerpo, también desa-
o giro hístoricista en los países anglosajones rrollada ésta desde las perspectivas analítica y
hacia 1960, por obra de Popper, Kuhn, Lakatos dialéctica, con sus diversas aplicaciones a la
y Feyerabend entre otros. La parodia kantiana medicina. En el pórtico de la somatología mé-
de Lakatos sintetiza estas nuevas relaciones dica habrá que anotar una historia del cuerpo,
entre filosofía e historia de la ciencia: «La Filo- un modelo disciplinario y una semiología somá-
sofía de la ciencia sin la Historia de la ciencia es tica general.19
vacía; la Historia de la ciencia sin la Filosofía de La reconstrucción histórica de la teoría
la ciencia es ciega». científica del cuerpo humano, a través de los
Un ilustre ejemplo de tales relaciones y ojos de la actual fenomenología y filosofía del
sus presupuestos en el campo de la medicina cuerpo, permite distinguir seis sucesivas ideas
es el trabajo pionero de Ludwig Fleck o paradigmas somatológicos: 1. La idea simbo-
Entstehung und Entwicklung einer wissens- lista del cuerpo en las culturas primitivas y ar-
chafthicher Tatsache (1935), que Th. Kuhn caicas. 2. La idea instrumentalista del cuerpo
menciona como antecedente de sus propias en la cultura clásica. 3. La idea mecanicista del
ideas en el prefacio de The Structure of cuerpo en la cultura moderna. 4. La idea vitalis-
Scientific Revolutions16. Fleck anticipa, efecti- ta del cuerpo en la cultura contemporánea (Ro-
vamente, una visión holística del progreso cien- manticismo). 5. La idea naturalista del cuerpo
tífico en la que se acentúa la interdependen- en la cultura contemporánea (Positivismo). 6.
cia entre hechos y teorías y el contexto cultu- La idea subjetivista del cuerpo en la cultura
ral. El caso de la historia de la sífilis como enti- actual.20
dad clínica muestra de qué manera los hechos Entre los presupuestos intelectuales de
son siempre dependientes de la naturaleza la somatología como disciplina, se destaca el
colectiva de la investigación (Denkkollektiv) y iatrocentrismo somatológico, la aparición del
del estilo de pensamiento (Denkstil) de la co- cuerpo sub specie pathologicae y en el domi-
munidad científica. El caso estudiado de la sífi- nio de la medicina. Pero curiosamente falta en
lis es paradigmático de las variaciones históri- ésta una somatología general o teoría sistemá-
cas y culturales en la conceptualización de las tica del cuerpo, pues al organismo lo estudia
enfermedades y la existencia de «estilos pato- un conjunto de disciplinas biológicas bajo el
lógicos». aspecto de la forma (macro y microscópica), la
La medicina es un terreno fértil y aún función y el desarrollo (individual y específico).
inexplorado para la nueva epistemología, pues Con Laín Entralgo, distinguimos cuatro discipli-
en aquélla se combinan el conocimiento cien- nas somáticas básicas —eidología, estequiología,
tífico y la praxis social, acentuándose la inter- genética y dinámica— a las que hoy es preciso
conexión entre los hechos y los valores en un sumar en igual carácter la psicología y la socio-
creciente proceso de medicalización. La medi- logía del cuerpo2l.
cina —la ciencia médica, la profesión médica, la El estudio de los lenguajes del cuerpo
salud pública— puede aportar sus propios constituye el objetivo de la hermenéutica clí-
«ejemplares» a una nueva «matriz disciplina- nica. Tal somatosemiología comprende la in-
ria» (ambas son expresiones kuhnianas) de la vestigación de códigos corporales de carácter
filosofía de la ciencia. Internamente, además, «natural» y más o menos «artificial». Entre los
la medicina necesita de una metateoría inte- primeros suele distinguirse la Fisiognómica (mor-
gradora de las dos posiciones tradicionales en fología del carácter), la Patognómica (cinética
la filosofía de la ciencia, positivismo y herme- de las emociones) y la Simbólica (metáforas
néutica. Esta última, con su raíz en las humani- del cuerpo). Los códigos somáticos «artificia-
dades y su énfasis en la comprensión interpre- les» han dado origen a tres nuevas disciplinas:
tativa del investigador, juzgada oficialmente in- la Kinésica, estudio de gestos y mímica; la
compatible con la ciencia natural, tendrá que Proxémica, estudio del espacio corporal; y la
ser aceptada y asumida en el nuevo paradig- Prosódica, estudio de las entonaciones y varia-
ma médico17. ciones expresivas de la voz22.
La base para una ciencia clínica herme-

|| 138 ||
La crisis de la razón médica

Referencias reformular a la hasta entonces proverbial en la clíni-


ca «¿Qué tiene usted?»: Michel Foucault. El naci-
1. José A. Mainetti, «De la concepción ontológica a la miento de la clínica, trad. esp., México, Siglo XXI,
concepción antropológica de la enfermedad y la muer- 1966, p. 14.
te», en Quirón 1970, 1, 3, pp. 77-85. 11. Contrariamente a lo que suele creerse, el computa-
2. Es útil la distinción de tres formas de ontologismo dor hace pensar, es la razón técnica fundamental en
nosológico, porque difícilmente ellas coinciden en la crítica del juicio clínico, tal como la entiende la
un mismo autor. Así Sydenham, por ejemplo, es un escuela clínica crítica de los años 60 en Gran Bretaña,
realista de las esencias, pero no un ontologista al que ve la ciencia médica bajo nueva luz, con crite-
modo de Jahn o Van Helmont: ens vere subsistens in rios de racionalidad fundados en la significación es-
corpore. Parecidas precisiones hacen falta para en- tadística antes bien que en la teoría biológica subya-
tender el ontologismo nosológico de Virchow o cente. Henrik P. Wulff es representante de esa es-
Broussais, y la clasificación more botanica de las en- cuela crítica del realismo filosófico de los clínicos, Cf.
fermedades de Lineo o Cullen. Por otra parte, el H.R. Wulff «Rational Diagnosis and Treatment», en
ontologismo aquí llamado normativo es común a The Journal of Medicine and Philosophy 11 (1986),
toda nosología «prefisiológica» en el sentido de an- 123-134.
terior a Claude Bernard, quien intenta la reducción 12. «Cuando William Osler publicó su libro The Principles
de la patología a la fisiología, de lo anormal a varia- and Practices of Medicine en 1891, en la medicina
ciones meramente cuantitativas (y no ya cualitati- clínica predominaba el concepto de la enfermedad
vas) de las funciones orgánicas. Véanse sobre el par- como una serie de entidades patológicas diferencia-
ticular los clásicos textos de M. Foucault y G. das...» —leemos en el Prólogo del moderno manual
Canguilhem. Medicina Interna, dirigido por Jay H. Stein, ed. esp.
3. Cf. Pedro Laín Entralgo, El diagnóstico médico, Bar- Buenos Aires, Salvat Editor, 1983.
celona, Salvat, 1982. Un actualizado estudio sobre la 13. «En tal forma, la medicina encara con igual propie-
historia de la medicina nosográfica Sydenhamiana dad como problemas clínicos, la hepatitis viral, la
reconstruida según la filosofía de la ciencia de Thomas esquizofrenia, los dolores de muelas o el parto, la
S. Kuhn, se encuentra en Miguel Angel Sánchez fecundidad no querida y la esterilidad no deseada,
González, La presencia de la medicina en la obra de tanto como dificultades tales como la apendicitis» H.
John Locke. Tesis doctoral. Madrid, Universidad Tristram Engelhardt, op. cit., p. 33. La historia clínica
Complutense, 1987. «orientada por problemas» responde a tal modelo.
4. «( ... ) Y el exacto fenómeno que es dable observar 14. P. Ricoeur, De I’Interprétation. Essai sur Freud. París
en la enfermedad de un Sócrates, será observable 1965.
en la enfermedad de un simplón» — continúa 15. Cf. P. Wright and A. Treacher (eds.) The Problem of
remedando un conocido pasaje de Aristóteles. Medical Knowledge. Examining the Social Construc-
Sydenham, T., Observationes medicae circa tion of Medicine. Edinburgh, University Press 1982.
morborum acutorum historiam et curationem , 16. El libro de Fleck ha sido reeditado en versión inglesa
London, G. Kettilby, 1976. con prólogo del mismo Th.S. Kuhn: Ludwik Fleck,
5. Inter alia, François Boissier de Sauvages (1707-1767), Genesis and Development of a Scientific Fact, Edited
Carl von Linnaeus (1707-1778) y William Cullen (1710- by Thaddeus J. Trenn and Robert K. Merten,
1790). Translated by Fred Bradley and Thaddeus J. Trenn.
6. Véase un clásico planteamiento de estas cuestiones Chicago,The University of Chicago Press, 1979. Hay
en F. G. Crookshank, «La importancia de una teoría también una reciente versión española del libro de
de los signos y una crítica del lenguaje en el estudio Fleck.
de la medicina», en el libro de C. K. Ogden y I. A. 17. Cf. G. Lakoff y M. Johnson, Metaphors we live by.
Richards, El significado del significado, trad. esp., Chicago, The University of Chicago Press, 1980. Se
Paidós, Buenos Aires 1954. Y del mismo autor otro trata de un libro importante como propuesta de una
agudo tratamiento del tema en su introducción a la vía media a las dos alternativas gnoseológicas de
History of Medicine de Ch. G. Cumston, London, nuestra cultura, los mitos del objetivismo y el
Dawson of Pall Mall, 1968. subjetivismo, la tradición clásica y la romántica, el
7. Cf. H. Tristram Engelhardt, Jr. «Clinical Problems modelo de la ciencia y el del arte; la metáfora se
and the Concept of Disease», en L. Nordenfelt and revela como una síntesis experiencial, que une razón
B.1.B. Lindahl (eds.), Health, Disease, and Causal e imaginación, es una racionalidad imaginativa.
Explanations in Medicine , D. Reidel Publishing 18. E. Husserl, Ideen zu ciner reinen Phänomenologie
Company 1983, 27-41. Sería incorrecto pensar estos und Phänomenologischen Philosophie. Drittes Buch,
desarrollos como un simple triunfo del nominalismo Martinus Nijhoff, Haag 1952: «Die Wissenchaft vom
sobre el realismo nosológicos, pues en rigor se trata Leibe: Somatologie» 7-10.
de la asunción dialéctica de ambos, como del 19. J. A. Mainetti, Realidad, fenómeno y misterio del cuer-
racionalismo y el empirismo, el naturalismo y el con- po humano, La Plata, Quirón, 1972.
vencionalismo en nosología: ni reducir a etiqueta ni 20. Estas «seis ideas para una historia del cuerpo» cons-
sublimar en entidades la realidad clínica. tituyen un proyecto en desarrollo del Programa de
8. Cf. P. Laín, Entralgo, «El diagnóstico como proble- Investigaciones en Humanidades Médicas (PIHUME).
ma». Conferencia en la Facultad de Ciencias Médi- Véase «Parerga y Paralipómena de Humanidades
cas de la UNLP (La Plata, 6 de junio de 1985). Médicas», Quirón, 1985: 16, 1.
9. Mark Sullivan, «In What Sense is contemporary 21. P. Laín Entralgo, Historia de la Medicina, Barcelona,
medicine dualistic?», Culture , Medicine and Salvat, 1978.
Psychiatry 10 (1986), 331-350. 22. P. Guiraud, Le langage du corps. París, P.U.F., 1980.
10. La pregunta « ¿Dónde le duele a usted?» viene a

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La crisis de la razón médica

IV. La crisis de la razón terapéutica. manipulación de la vida con el progreso cientí-


fico-tecnológico y la secularización de la moral
1) La crisis en los valores técnicos y humanos con la sociedad democrática. Tales transfor-
Bios y ethos de la deontología médica. maciones se aceleran a partir de fines de la
década del sesenta y durante la del setenta,
No es casual que en un moderno ma- período en el que aparece la propuesta bioética
nual de ética aparezca un ejemplo como el si- y, en general, la injerencia (interdicto por el
guiente: positivismo) del discurso moral en la ciencia.3
«Decir que Smith está enfermo con una La revolución gira en tres círculos de ideas, inter-
enfermedad incurable puede ser un hecho dependientes como raíces históricas: la crisis
empírico, empíricamente verificable, y cualquier ecológica, la era de la biología y la medicalización
médico estaría conforme en que esto es cier- de la vida.
to. Pero ello no aclara la cuestión de si el mé- A la posible autoaniquilación como vo-
dico debería o no mantener a Smith vivo el luntad de poder nuclear, la humanidad actual
mayor tiempo posible, cualesquiera que fue- suma el no menos dramático ecocidio en el
ran sus sufrimientos, o si debería o no darle la contexto de una crisis planetaria. El deterioro
ligera dosis excesiva de morfina que le liberaría del medio ambiente por la industrialización pone
de su tortura, o si, simplemente, debería pro- en descubierto el hecho de que la Naturaleza
porcionarle unos fuertes sedantes que alivia- es limitada y vulnerable, y la vida humana de-
ran en parte sus dolores a cambio de debilitar pendiente del equilibrio de la biosfera amena-
su corazón, acortando así su vida. Todas éstas zada. Es preciso, entonces, replantearse la re-
son preguntas morales».1 lación de dominio y explotación del hombre
Este texto ilustra el contexto de lo que sobre la Naturaleza establecida por la ciencia
cabe llamar la medicalización de la ética y la moderna y sus conquistas tecnológicas4. Se
moralización de la medicina, urgida la primera quiebra la utopía del progreso indefinido y otra
por aplicaciones vitales y comprometida la se- vez está Prometeo encadenado; se pone en
gunda por dilemas morales, simbiosis que en duda la neutralidad de la ciencia y se denuncia
nuestros días ha dado nacimiento a la bioética su vinculación con el poder.5 Ante el desafío
como nuevo dominio de la filosofía práctica. El planteado por la crisis ecológica hay que pre-
divorcio entre hechos y valores, ser y deber guntarse cómo debemos vivir, al menos para
ser —o, si se quiere, entre valores técnicos y sobrevivir, pues la preservación de la especie
valores humanos— es síntoma de una «crisis» se torna objetivo prioritario. La propuesta re-
de la razón médica práctica que lleva a la intro- sulta una «macroética planetaria» o una «éti-
ducción del sujeto moral, esto es, el agente ca de la responsabilidad», cuya dificultad de
racional y libre, en la «prescripción» terapéuti- fundamentación no es menor a la necesidad
ca. La pericia y la ética profesionales van jun- de su aplicación en la era tecnológica, de crisis
tas en la tradición hipocrática, donde el juicio «bioética», a la vez vital y normativa.6
clínico es un juicio de valor tanto como un Paradójicamente, mientras la reacción
enunciado fáctico: «Un buen médico es tam- ecologista propicia un neonaturalismo frente a
bién un buen envenenador», dice Platón, dis- la civilización tecnolátrica que degrada el pla-
tinguiendo el uso evaluativo y el descriptivo neta, el saber biológico se aventura en un
del término «bueno», pero apelando a la uni- voluntarismo pigmaliónico que lleva al hombre
dad del sentido técnico y moral en la virtud a las fuentes de la vida y pone en sus manos la
médica. Para la ética médica tradicional, fun- evolución de las especies, con lo cual la revolu-
dada en normas «fisiológicas» o naturales como ción biológica se proyecta como revolución
salud y enfermedad, ser y deber ser están ra- cultural desafiante de la crisis planetaria7. La
cionalmente relacionados y no hay dicotomía biohistoria o posibilidad transformadora de la
entre hechos y valores. La moderna «falacia naturaleza humana ha comenzado ya, y no es
naturalista» y el actual intento por superarla preciso anticipar lo que será nuestra especie o
han llegado recientemente a la medicina.2 la que de ésta descienda dentro de equis años,
En cualquier caso, una auténtica revo- para advertir el ethos antropoplástico que alien-
lución ideológica se instala sobre el terreno ta las intervenciones biomédicas en los nuevos
médico-moral, cuando ha perdido vigencia el modos de nacer, reproducirse y morir. Como
viejo código deontológico hipocrático —uno de Teseo en el laberinto, el ingenio humano en el
los sistemas éticos más universales y perma- laboratorio requiere un hilo de Ariadna, un or-
nentes— y la «bioética» asume disciplinaria- den bionómico o sentido bioético con que sor-
mente el desafío que plantean de consuno la

|| 140 ||
La crisis de la razón médica

tear al minotauro. El incremento en los costos de la aten-


La medicina es hoy la medida del hom- ción de la salud —en gran medida originados
bre, la instancia normalizadora del individuo y la por el «imperativo tecnológico» de la medicina
sociedad dominante en nuestra cultura. El triun- moderna (v. g., terapia intensiva) y el abuso
fo de la medicina o la medicalización de la vida, de la seguridad social para un consumo que
el proceso por el cual caen dentro de la órbita «no tiene precio»— ha llevado al análisis de la
médica todas las dimensiones de la existencia política sanitaria desde sus fundamentos y con-
humana, se generaliza con la socialización de la secuencias morales. La legitimación de tal polí-
atención de la salud a partir del modelo sanita- tica apela al principio de justicia y equidad en la
rio de la segunda posguerra8. Pero la crisis de macro y micro asignación de recursos, enta-
ese modelo y de la cultura de la salud como blándose un debate entre las concepciones
bienestar es sensible desde los primeros años igualitarias, redistribucionistas y liberales del
setenta: el consumo de salud no engendra orden social, como respuestas a la común exi-
salud sino lo contrario, se denuncia la iatro- gencia de «racionalizar» el sistema sanitario, en
génesis clínica y los riesgos asociados a la medi- el cual ejemplarmente compiten un modelo
cina como institución social y cultural. Junto al curativo y otro preventivo de la medicina.
debate sobre los «límites de la medicina»9 Pero además de costosas, las tecnolo-
—literatura que cuestiona sustancialmente la gías biomédicas resultan eventualmente ambi-
eficacia de las inversiones en atención médica guas en su poderío e inciertas en su novedad,
para mejorar la salud— cunde la rebelión civil por lo que su sentido debe redefinirse desde
frente al abuso del poder médico: demanda el punto de vista ético. La prolongación artifi-
judicial por responsabilidad profesional o cial de la vida a cualquier costo, por ejemplo,
malpraxis, movimiento por los derechos de los constituye un relativo fracaso cuando las per-
pacientes (a la igualdad y calidad de la aten- sonas ven sus vidas mantenidas bajo circuns-
ción médica, al consentimiento informado, a la tancias en las que no desean vivir. La repro-
confidencialidad de la información, a la acepta- ducción asistida, en el otro extremo, descon-
ción o rechazo del tratamiento, etc.). cierta como desafío al orden jurídico estableci-
do para la maternidad y paternidad. En conse-
cuencia, se amplía el espectro de la atención
2) La terapéutica como problema moral. de la salud —que incluye desde el consejo
La disciplina bioética. genético a la cirugía cosmética—, y los fines
de la medicina —tradicionalmente reparadora
La introducción del sujeto moral en y cada vez más modeladora de la naturaleza
medicina desde la perspectiva bioética signifi- humana— se someten al análisis de beneficios.
ca el fin de la deontología tradicional, o sea la En la democracia liberal o sociedad
pretensión de encerrar en códigos profesiona- pluralista, que renueva sus valores individuales
les un sistema normativo autónomo y definiti- y sociales (sobre la calidad y sentido de la vida,
vo. La ética médica se ha democratizado, ella la justicia social, etc.) y tolera la divergencia en
es ahora, utilizando expresiones kantianas, materia moral, la relación médico-enfermo ya
«opinión pública razonante» y «comunidad ju- no cuenta con una moralidad socialmente es-
rídica de ciudadanos del mundo». tablecida y compartida, de modo que la auto-
La medicina en su triple dimensión cien- ridad no se deposita sino en la libre decisión de
tífica, profesional y asistencial se ha transfor- los individuos. El ocaso del paternalismo y la
mado en una gran institución social que juega creciente participación del paciente en las de-
un rol paradigmático en el cambio tecnológico cisiones plasman nuevos modelos de relación
y axiológico de nuestra cultura. La bioética es terapéutica que apelan al principio de autono-
la conciencia de tal transformación y la respues- mía, el cual no sólo es doctrina moral sino tam-
ta de la racionalidad práctica a los problemas bién requerimiento legal (consentimiento in-
políticos, económicos, sociales y, en definitiva, formado) en países como EE.UU.11
morales que plantea la atención de la salud. Estos tres núcleos conflictivos del
En este marco cabe distinguir tres grandes ins- concernimiento público por la medicina han
tancias configuradoras del debate público con dado especial fermento a la disciplina llamada
lenguaje bioético: apelación a la justicia en la bioética o ética biomédica y definida como «el
atención de la salud, apelación al beneficio en estudio sistemático de la conducta humana en
las intervenciones biomédicas, apelación a la el área de las ciencias de la vida y la atención
autonomía en la relación terapéutica.10 de la salud, en tanto que dicha conducta es

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La crisis de la razón médica

examinada a la luz de los principios y valores empírico, inductivo o intuitivo. Y por el costa-
morales»12. En el estatuto teórico de la bioética do pragmático está la competencia por el do-
hay que anotar que se trata de un campo minio de la bioética entre los profesionales de
interdisciplinario, entre las ciencias biomédicas la salud y los bioeticistas, una nueva figura es-
y la atención de la salud, por un lado, y la re- tos últimos de especialista en la asistencia mé-
flexión moral desde las perspectivas filosófica, dica, tan difícil de comprender fuera de los
religiosa y jurídica, por el otro. También es con- EE.UU.15
veniente establecer como principio de demar-
cación la existencia de tres niveles en el cam-
po disciplinario, correlativos a esos tres círculos 3) Hacia una ética médica.
de ideas en los que, según vimos, se mueve la Homo medens.
revolución bioética: el nivel de la macrobioética
(ética planetaria, ambiental o ecológica y de la Al cabo de veinte años la bioética ha
investigación biomédica); el nivel de la meso- adquirido gran interés intelectual e importan-
bioética (ética de la intervención biotécnica cia práctica en sus principales capítulos (inves-
sobre la vida humana, desde el nacimiento a la tigación biomédica, profesiones de la salud,
muerte, del aborto a la eutanasia); el nivel de política sanitaria). El «concepto» bioético se
la microbioética (ética médica stricto sensu, de ha desarrollado en su extensión como ética
la relación terapéutica y la atención de la sa- comparada y en su intensión como estatuto
lud). Presupuestos y consecuencias morales teórico y metodológico. Efectivamente, la éti-
parecen ser diferentes según las dimensiones ca biomédica más que federal es ahora inter-
específica, civil y profesional de la ética13. nacional, atenta a las diversidades culturales
El modelo estándar de la bioética nor- en los aspectos descriptivos, normativos y
teamericana es un sistema de argumentación metaéticos de la disciplina. Ésta se enriquece
moral con cuatro planos —teorías éticas (utili- al comparar críticamente las aproximaciones a
tarismo de Bentham, imperativo categórico los problemas ético biomédicos en distintos
kantiano, teoría contractual de la justicia en países, como por ejemplo la atención tan rele-
Rawls, teoría aristotélica de la virtud), princi- vante a la autonomía del paciente en USA, o
pios morales (beneficencia, autonomía, justi- la maternidad surrogante en Inglaterra. Si bien
cia, virtud), reglas deontológicas (derechos y no hay en nuestro mundo barreras científico-
obligaciones de respeto y benevolencia) y ca- tecnológicas, y fenómenos como el nacimien-
sos clínicos (susceptibles de análisis como dile- to, la enfermedad y la muerte son universales,
mas morales o conflictos de valores). el bioethos difiere según el topos terráqueo16.
En tanto que ética normativa aplicada Por otra parte hay indicios de que comienza
al área biomédica, la bioética constituye un so- una nueva etapa en la historia de la bioética,
fisticado instrumento para dirimir controversias de mayor concernimiento por la fundamen-
morales sobre intereses y valores vitales. Ella tación y metodología del campo, y de
ha servido de lingua franca en el debate moral paradigmas alternativos al estándar disciplina-
secular y pluralista, preocupada por establecer rio: concepciones axiológicas y caracterológicas
un mínimo concepto de la moralidad y un per- de la normatividad, metodologías sin caricatu-
suasivo procedimiento de decisión. Pero aun ra de «ingeniería moral», praxis más orientada
dejando de lado la crítica ideológica o «genea- al ethos profesional.17
logía» de una moral made in USA —la «bioética» La introducción del sujeto moral en
es sospechosa de reduccionismo biológico y medicina parece cumplir así un proceso dialéc-
hedonista de la moralidad— se han comproba- tico que va de la deontología tradicional a la
do algunas limitaciones del modelo bioético ética (analítica) en medicina y de ésta a una
estándar, que ha dominado en los últimos quin- ética médica integradora18. Es sensible el ac-
ce años y al parecer hoy se encuentra en revi- tual conflicto entre dos orientaciones de la ética
sión14. Desde el punto de vista conceptual, la médica: una que hace a ésta dependiente de
limitación consiste en la dicotomía de la filoso- la bioética y otra que la hace dependiente de
fía moral en teorías consecuencialistas y deonto- la ética profesional. Sucede que cuando a fi-
lógicas, sin atender otros lenguajes normati- nes de la década del sesenta se produce el
vos como el de los valores y el de la virtud. boom de los problemas médico-morales, quie-
Desde el ángulo metodológico, es evidente el nes estaban mejor capacitados para asumirlos
formalismo, deductivismo o casuismo del mo- eran los filósofos y teólogos, en cuyas faculta-
delo, que descuida el razonamiento moral más des se enseñaba ética. Pero como siempre a

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La crisis de la razón médica

lo largo de su historia, la medicina termina por restaurativo, para devenir un arte biogenético
«fagocitar» un cuerpo extraño convirtiéndolo transformador o remodelador de la naturaleza
en materia propia. Y esto ha ocurrido con la humana: trasplantes, fertilización in vitro, clona-
bioética. La reacción al «asalto de la ética mé- ción o ingeniería genética borran el límite cien-
dica sobre los valores médicos»19 no se hizo cia-ficción. Aquí recae la mayor gravedad mo-
demasiado esperar, y tampoco se demoró el ral, pues el interrogante se desplaza del qué
cuestionamiento al filósofo como experto en debemos hacer al cómo debemos ser. ¿Existe
la disciplina.20 El conflicto entre «filósofos» y la naturaleza humana? ¿Puede el hombre aban-
«médicos» por el dominio de la bioética en USA donar el paradigma natural como límite y nor-
se resuelve distinguiendo los correspondien- ma?.
tes objetivos teóricos y niveles de enseñanza, La ambivalencia del artificio y las corres-
el básico y el clínico. pondientes filosofías pesimista y optimista de
Como resultado de este proceso la éti- la técnica disputan el pronóstico de la humani-
ca médica ha ganado, a nuestro juicio, identi- dad. Para algunos, la actual «crisis bioética» es
dad conceptual y operativa. Ella es una parte, el término del camino recorrido desde el adáni-
la práctica o moral, de la filosofía de la medici- co destierro del paraíso o del prometeico robo
na, cuyo estatuto pide hoy con parejos méri- del fuego, que equivalen como transgresión
tos una antropología y una epistemología mé- del orden natural. Para otros, dicha crisis es el
dicas. La ética médica, por lo demás, es prag- despuntar de un nuevo desafío a la conciencia
máticamente ética clínica, intento por superar moral por parte de la inteligencia técnica, de-
la crisis de la razón médica práctica, esto es, el safío y respuesta compensadora que desde el
divorcio entre hechos y valores, ser y deber fuego a la energía nuclear modulan el proceso
ser, aunando la dimensión científico-técnica y de la civilización. Pero si efectivamente vivimos
la axiológico-moral del juicio clínico, utilizando en la revolución, ésta no se apoya en predeter-
el lenguaje a la vez descriptivo y normativo de minismos de signo positivo o negativo, sino que
la «prescripción» terapéutica21. apela a la libertad, creatividad y responsabili-
Homo medens, el hombre médico, dad del hombre como autor de las contradic-
remediador y remodelador de su propia natu- ciones de su existencia, bajo la condición
raleza, verdadero Pigmalión en la encrucijada centáurica de la naturaleza y el artificio. La
de una revolución biológica. Tal la idea bioética exigirá el methodus medendi: reparo
antropológica y cultural que se desprende de en la negación de la anomalía sin invocar un
una reflexión filosófica sobre la bioética o ética modelo humano positivo, e intervención de
biomédica. bricolage, antes bien que demiúrgica, en el
Dos viejos mitos antropoplásticos cobran arcano evolutivo de la vida.
realidad y sentido por distintos caminos de la
moderna tecnología. Uno es el Gólem, la le-
yenda judeocabalística del hombre creado por Referencias
artes mágicas al conjuro del nombre secreto
de Dios, que informa la cibernética y la crea- 1. John Hospers, La conducta humana (trad. esp.)
ción de inteligencia artificial. Recordamos a Madrid, Tecnos, 1979.
2. Cf. Diego Gracia Guillén, «La bioética, una nueva
Borges: Si (como el griego afirma en el Cratilo)/ disciplina académica», Jano, 26 de junio - 2 de julio
El nombre es arquetipo de la cosa,/En las le- 1987, vol. XXXIII N’ 781, p.310: «Lo curioso es que
tras de rosa está la rosal Y todo el Nilo en la este movimiento pluralista y democrático que se ins-
palabra Nilo22. Otro es el homúnculo, tradición taló en la vida civil de las sociedades occidentales
alquimista de la vida humana producida en la- hace ya siglos, no ha llegado a la medicina hasta
boratorio, que fecunda la biogenética y la re- estos últimos años» —comenta Gracia considerando
el desarrollo de la ética unido al de la democracia y
volución reproductiva. Goethe lo prefiguró: los derechos humanos, y la bioética como un pro-
¡Nace! Con la masa agitada/La convicción se ducto típico de la cultura norteamericana, que a la
vuelve más evidente:/ Lo que se honraba como libertad en el orden religioso y político suma ahora el
el misterio supremo de la Naturaleza/ Nosotros moral.
intentamos experimentarlo racionalmente,/ Y 3. Anne Fagot Largeault, en L’homme bioéthique (Pa-
rís, Maloine, 1985), registra entre los acontecimientos
lo que antes se dejaba organizar, / Nosotros lo que marcan dicho período la revolución cultural china
hacemos cristalizar.23 (1966), la revuelta juvenil euro-americana (1968), el
La ciencia médica se mueve en la fron- arribo del hombre a la luna y el primer trasplante de
tera de un territorio inexplorado que va más corazón (1969), la crisis económica (1973) y la drás-
allá del arte de curar en el sentido tradicional o tica reducción del presupuesto científico.

|| 143 ||
La crisis de la razón médica

4. Como es sabido, de la crisis ecológica se tuvo princi- de la vida otra cuestión, cambios en la moral modifi-
pal noticia por las publicaciones del «Club de Roma», can la relación médico-enfermo, cambios en la escala
que siguieron a la aparición del libro de Meadows y el gasto de la atención de la salud comprometen la
The Limits of Growth (1972). distribución de recursos.
5. La Escuela de Frankfurt, en particular Jürgen 12. Encyclopedia of Bioethics, W.T. Reich (ed.), New
Habermas (La técnica y la ciencia como ideología, York, Free Press-Macmillan, 1978.
Frankfurt 1968), ha analizado esta función ideológi- 13. Cf. José A. Mainetti, «La fundamentación de la ética
ca de la ciencia y la tecnología como legitimación del biomédica», en Introducción a la bioética, op. cit.
orden político. pp. 7-14.
6. Cf. Hans Jonas, Das Prinzip Verantwortung. Versuch 14. Ibidem.
einer Ethik für die technologische Zivilisation 15. Cf. «The Bioethicist as Missionary», Editorial IME,
(Frankfurt a.M., 1979), y Karl Otto Apel, Estudios Bulletin N’ 13, abril 1986.
éticos (trad. esp., Alfa, Barcelona, 1986), en especial 16. Cf. José A. Mainetti, «A Bioethical View from Latin
el capítulo «Necesidad, dificultad y posibilidad de America», en H.T. Engelhardt, Jr., and John Collins
una fundarnentación filosófica de la ética en la época Harvey Bioethics and Developing Countries:
de la ciencia». Reconsidering Some Western Assumptíon. The
7. Cf. José A. Mainetti, «La revolución de Pigmalión», Netherlands, D. Reidel Publ. Co., 1988.
en Introducción a la bioética, La Plata, Quirón, 1987. 17. Cf., Inter alia, Laurence B.McCullough, «Methodo-
8. En un trabajo inédito, titulado «Knock o la cultura logical Concerns in Bioethics», The Journal of Medi-
de la salud», expongo cómo se ha cumplido históri- cine and Pliilosophy, vol. 11 Nº 1, febrero 1986;
camente la profética tesis de Jules Romains sobre el John J. Haldane, «Medical Ethics - and alternative
«triunfo de la medicina». approach», The journal of Medical Ethics 1986, 12,
9. Véase el capítulo «La crisis en la medicina». Un rigu- 145-150; Earl E. Shelp, ed., «Virtue and Medicine:
roso enfoque filosófico sobre la medicalización es el Explorations in the Character of Medicine», Ph. &
capítulo «The Languages of Medicalization», en el Med. Series, vol. 17 D. Reidel Pub. Co.
libro de H.T. Engelhardt The Foundations of Bioethics, 18. Cf. «Clinical Ethics», Theoretical Medicine, vol. 7, No
New York, Oxford, 1986. 1, febrero 1986.
10 Cf. Baruch A. Brody - H. Tristram Engelhardt, Jr. 19. Collen D. Clements and Roger C. Sider, «Medical
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