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Lo hace con la firma espacial Celestis, que ya completa 10

viajes con restos.


A la tradicional disposición de cenizas de seres queridos en camposantos o iglesias, la
menos ortodoxa idea de preservarlas en la casa, esparcirlas en el mar, lanzarlas al
viento o depositarlas en una matera y sembrar allí un árbol que represente la vida del
ausente, ahora la Funeraria Betancur, de Medellín ofrece como morada final una
cápsula espacial o la misma luna.

'Cenizas al espacio' se llama el excéntrico servicio exequial de la empresa paisa


fundada en 1912, y que recibió este año la licencia de la compañía aeroespacial
norteamericana Celestis para sumar restos de colombianos al próximo cohete que
llevará cenizas para 'enterrar' en la superficie lunar.

El primer vuelo espacial funerario privado de Celestis fue en 1997, cuando puso en
órbita de la tierra una cápsula con 300 restos cremados, en cilindros de 44 gramos cada
uno, y en 1999 'enterró' los primeros en la luna. Ahora se ponen en lista los 'pasajeros'
del décimo viaje al espacio exterior en el primer semestre del 2011.

La peculiar idea está inspirada en la serie de televisión Viaje a las Estrellas. Los
primeros restos 'sepultados en el espacio' fueron los de su productor, Gene
Roddenberry, en 1991.

El primer colombiano en sumarse a esta carrera espacial fue un piloto paisa, cuyas
cenizas orbitan desde hace cinco años, según la Funeraria Betancur

Su gerente, William Betancur, explica que 'Cenizas al espacio' tiene tres modalidades,
todas en un cohete que alcanza velocidades variables en el espacio exterior de hasta 40
mil kilómetros por hora.

La más sencilla es que las cenizas salgan de la estratósfera y retornen en poco tiempo
y caigan en algún punto del mar, vale cinco mil dólares.

Una segunda posibilidad, que cuesta el doble, es dejar en órbita indefinidamente una
cápsula acondicionada con una cámara apuntando hacia la tierra, imagen que pueden
ver los deudos a través de una página de internet.

La última y más costosa posibilidad, 50 mil dólares, es el viaje a la luna, para el que ya
hay un primer candidato, un comerciante antioqueño de 50 años recién fallecido.

"La familia quiere enviar 6 gramos de las cenizas y el resto (unos 1,8 kilos) serán
dispuestos en un mausoleo en la ciudad. Estamos concretando el abono y el papeleo de
la visa para que asistan al lanzamiento", explica Betancur que calcula en tres mil
millones de pesos lo que valdría el viaje de todas las cenizas.

Hasta ahora la funeraria ha recibido medio centenar de llamadas de personas


interesadas en el servicio. Entre ellos está Juan Rodríguez, un visitador médico que
quiere cumplirle el sueño a su primo de 30 años, ya no de pisar con sus pies la luna,
pero sí de que sus cenizas lo logren, tras tres años de estar en la sala de su casa.

"Tengo una plata ahorrada, pedí apoyo a mi familia, pero no están de acuerdo. Me toca
reunir todo el dinero a mí, me voy a demorar más, pero igual le cumpliré el sueño a
quien fue mi mejor amigo", afirma Rodríguez.

Opiniones frente al excéntrico servicio funerario

Pero así como su familia no vio con buenos ojos este peculiar servicio exequial, para
la Iglesia católica es algo que se sale de toda lógica cuando desde la liturgia se acepta
la inhumación del cadáver u otra tradición cultural que garantice el respeto por los
restos humanos, como, por ejemplo, la momificación practicada por los egipcios o
pueblos indígenas.

"Una vez la iglesia toleró la cremación (desde 1970) se pide que se conserven las
cenizas en un lugar adecuado (columbario) porque se tiene la confianza en la vida
eterna y es una forma de conservar el recuerdo y la memoria del difunto", señala el
sacerdote Diego Uribe, profesor de teología de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Frente a la evolución de los rituales funerarios más allá de la disposición en espacios


considerados sagrados para la religión, desde la ciencia también hay explicaciones a
estas prácticas culturales.

"Pensar en enviar las cenizas al espacio parte del tipo de relación que quieran tener los
seres queridos con el difunto. Para algunos será necesario visitarlo y por eso lo
disponen en un cementerio, para otros tendrá más sentido mirar al cielo y pensar que
en la estrella que ven está su familiar que los acompaña", explica la psicóloga Diana
Peláez, subdirectora científica de la Unidad de duelo de la Funeraria San Vicente.

Con todo, el gerente de la Funeraria Betancur, ya tiene en mente otro plan exequial que
incluya disponer cenizas en algunas de las Siete Maravillas del mundo antiguo.

Pero considera inigualable tener como morada eterna el espacio sideral, aunque aclara:
"es lo mejor, pero por mí, mejor viajar a la luna completico y en vida".