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Actos Morales

Los actos morales son actos humanos,


voluntarios, que podemos elegir realizar o no,
y que podemos valorar según las normas y
criterios morales que hayamos asumido
previamente. Ante la posibilidad de elegir, el
primer elemento de estos actos que se nos
muestra es la existencia de un motivo para los
mismos. El motivo es la causa directa de la
realización del acto, la respuesta a la pregunta
'¿por qué?'. Además, este tipo de actos tiene
un fin, esto es, la representación o
anticipación mental del resultado que se
pretende alcanzar con la acción. El fin se
hallaría respondiendo a la pregunta '¿para
qué?' Pero la finalidad que se pretende conseguir con cualquiera de estos
actos ha de conseguirse de algún modo. Cuando hablamos de los pasos que
hay que seguir necesariamente para completar el acto moral, para conseguir
el fin propuesto, estamos hablando de los medios. Estos se hallan
respondiendo a la pregunta '¿cómo?' El elemento que completa la estructura
de los actos morales es el resultado efectivo de los mismos, sus
consecuencias.

Podemos distinguir entre motivos conscientes y motivos inconscientes. Los


primeros los pensamos antes de que nos hagan actuar. De los segundos no
tenemos esta representación previa a la actuación: pueden ser derivados del
hábito, del capricho o de la misma biología del ser humano, pero también
pueden ser aquellos que no nos atrevemos a reconocer ni ante nosotros
mismos, y que ocultamos tras de otros más dignos que los justifican -a
veces, por envidia o celos, atacamos a otras personas, y lo hacemos
convencidos de que éstas actúan mal y deben ser reprendidas-.
Contrariamente a lo que pudiera parecer, la inconsciencia de los motivos no
anula totalmente el carácter moral de un acto humano.

Aunque a veces puedan confundirse, los motivos y los fines no son lo mismo.
El fin de una acción es la representación anticipada de sus consecuencias, lo
que se pretende conseguir con dicha acción. En este sentido, es un elemento
fundamental para la valoración moral de la misma. Dependiendo de que la
finalidad de nuestros actos, nuestra intención, sea buena o mala, así serán
también los mismos.

Etimología
Cuando se dice que un acto humano tiene un valor moral, se está implicando
que este valor moral puede ser de signo positivo o de signo negativo.
Trabajar, por ejemplo, tiene valor moral positivo, pero asesinar tiene un valor
moral negativo. Normalmente hemos designado al valor moral negativo
como "inmoral", pero esta palabra, en su etimología, indica mas bien un
desligamiento del valor moral y los únicos actos que están desligados de los
valores morales son los actos del hombre, pero estos ya han sido calificados
como "amorales".

Nombre: María Peña 2 “D” “Quibie”


Los actos del hombre son aquellos que no tienen significado moral, los que
no podemos elegir -respirar, hacer la digestión y cosas por el estilo-. Los
actos humanos son aquellos que podemos o no escoger. Pues bien, actos
propiamente morales son sólo estos últimos.

Origen
La palabra «moral» tiene su origen en el término latino mores, cuyo
significado es ‘costumbre’. Moralis (< latín mos = griego ‘costumbre’). Por lo
tanto «moral» no acarrea por sí el concepto de malo o de bueno. Son,
entonces, las costumbres las que son virtuosas o perniciosas. La moral
comenzó a ser enseñada en forma de preceptos prácticos, las Máximas de
los siete sabios de Grecia, los Versos dorados (y otros) de los poetas de
Grecia o bien en forma de apólogos y alegorías hasta que revistió carácter
científico en las escuelas de Grecia y Roma.

Ocupa importante lugar en las enseñanzas de Pitágoras, Sócrates, Platón,


Aristóteles, Epicuro y, sobre todo, entre los estoicos (Cicerón, Séneca,
Epicteto, Marco Aurelio, etc.). Los neoplatónicos se inspiraron en Platón y los
estoicos cayeron en el misticismo. Los modernos han profundizado y
completado las teorías de los antiguos.

Importancia
Los criterios de la valoración moral.- La atención que se dirige
privilegiadamente al aspecto subjetivo del acto no debe hacer olvidar la
importancia que tiene el dato objetivo. De lo contrario, se corre el riesgo de
caer en una moral de la “pura intención”, que prescinde de la densidad real
de la acción. Es verdad que, en último análisis, la moralidad es la que
pertenece a la interioridad del sujeto y que él expresa, con mayor o menor
acierto, en sus actos. Pero no por eso hay, que ignorar la importancia
decisiva de la accion, que tiene por sí misma repercusiones, positivas o
negativas. sobre uno mismo, sobre los demás y sobre el mundo. Esto quiere
decir que el acto, en su contenido material, no es de suyo indiferente.

La actitud interior y el comportamiento externo son juntamente datos


constitutivos de la moralidad, la cual es entonces el fruto de la intersección
de la intencionalidad con la eficacia histórica. La primacía que se concede a
la actitud (buena o mala) no anula la exigencia de verificación del
comportamiento (recto o erróneo). Por otra parte. hay que reconocer que la
entidad de la materia sobre la que recae la opción es también normalmente
decisiva en orden a la determinación de la actitud subjetiva. Cuando la
acción es en sí misma más comprometedora hay que suponer generalmente
que debe existir un mayor compromiso en el sujeto.

Nombre: María Peña 2 “D” “Quibie”