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Investigaciones en construcción

Paramilitarismo, cultura y subjetividad


en Bogotá (2000-2006)
Investigaciones en construcción

Paramilitarismo, cultura y subjetividad


en Bogotá (2000-2006)

Investigadores:
Daniel Álvarez - Edwin Cruz
Alexander Díaz - Gabriel Moreno - Jaime Wilches

Asesoría:
Leopoldo Múnera

Grupo de Investigación:
Teoría Política Contemporánea
TEOPOCO
Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia

Investigaciones en construcción / Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales.
Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico-Sociales Gerardo Molina (UNIJUS) - No. 22 (2009)- . - Bogotá: Universidad
Nacional de Colombia
v.

Irregular

ISSN: 1900-5057

1. Derecho y sociedad - Publicaciones seriadas 2. Ciencias políticas - Publicaciones seriadas 3. Ciencias sociales - Publicaciones
seriadas

CDD-21 340.115 / 2009

Investigaciones en construcción
Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)
Número 22

© Daniel Álvarez - Edwin Cruz - Alexander Díaz - Gabriel Moreno - Jaime Wilches
Asesoría: Leopoldo Múnera

© Universidad Nacional de Colombia,
Sede Bogotá

© Grupo de Investigación:
Teoría Política Contemporánea - TEOPOCO

Primera edición, 2009

ISSN: 1900-5075

Universidad Nacional de Colombia


Sede Bogotá
Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales
Departamento de Ciencia Política
Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico-Sociales
Gerardo Molina - UNIJUS

Arte de carátula:
Oscar Javier Arcos Orozco - Diseñador Gráfico

Diagramación:
Doris Andrade B.

Impresión:
Digiprint Editores E.U.
Calle 63Bis Nº 70-49 - Tel.: 251 70 60
Contenido

Introducción.................................................................................................................................... 9

Capítulo I. Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción


de subjetividad.................................................................................................................................. 11
Edwin Cruz / Alexander Díaz / Gabriel Moreno
Introducción......................................................................................................................................... 11
1. Concepciones sobre paramilitarismo en el caso colombiano......................................................... 12
2. Límites y potencialidades en la explicación del fenómeno............................................................. 14
3. Elementos que contribuyen a la reproducción del paramilitarismo en la ciudad:
el dispositivo de subjetivación................................................................................................................ 16
4. La incursión del paramilitarismo organizado en Bogotá................................................................. 20
4.1 Imperativos estratégicos......................................................................................................... 23
4.2 Transición organizativa y búsqueda de rentas......................................................................... 24
5. Impacto en la producción de subjetividad...................................................................................... 26
5.1 En el nivel molecular............................................................................................................... 27
5.2 En el nivel molar...................................................................................................................... 28
Conclusión............................................................................................................................................ 31
Referencias bibliográficas..................................................................................................................... 33

Capítulo II. Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción


del ciudadano(a) en Bogotá (2000-2006): reflexiones de una relación ambigua, pero
armónica ........................................................................................................................................... 37
Daniel Álvarez / Jaime Wilches
Introducción......................................................................................................................................... 37
1. La cultura ciudadana… cuando la moral y la ley van bien, pero la cultura va mal ......................... 35
2. Los supuestos… no elaborados....................................................................................................... 40
3. Prácticas culturales del buen ciudadano - Prácticas culturales del paramilitarismo . .................... 41
3.1. ¿Qué?… ¿Cultura?................................................................................................................... 45
3.2. El miedo de ayer, la inseguridad de hoy y la incertidumbre del futuro................................... 47
4. Algunas herramientas psicológicas para interpretar nuestros ethos cultural................................. 52
5. Una explicación posible.................................................................................................................. 56
5.1. Personalidad autoritaria: cemento para la construcción de culturas armónicas,
pero ambiguas............................................................................................................................. 57
Referencias Bibliográficas.................................................................................................................... 61
Avance de investigación:

Paramilitarismo, cultura y subjetividad


en Bogotá (2000-2006)
Introducción

En los últimos años el paramilitarismo ha adquirido tigación, sino mas bien contribuir al diálogo de
especial relevancia, ya sea por la visibilidad de sus perspectivas en la cual tenga incidencia el papel
acciones armadas o por su impacto en la organiza- del paramilitarismo en la degradación del conflicto
ción social, política, económica y cultural del país. De armado en Colombia, pero articulado a la nece-
ahí que el estudio de sus métodos y prácticas se haya sidad e importancia de analizar su influencia en
convertido en uno de los temas centrales de investi- contextos no necesariamente relacionados con las
gación de distintas disciplinas de las ciencias sociales. prácticas bélicas, los contextos rurales, la respon-
sabilidad estatal, el repudio moral y la sociedad
Entre las perspectivas posibles para analizar el víctima y/o ajena.
fenómeno paramilitar en Colombia, esta investiga-
ción decidió abordar la relacionada con el impacto El equipo de trabajo de esta investigación entiende
de este actor armado en la configuración social y que el objetivo propuesto no ha terminado. Esta
cultural de Bogotá, durante el período 2000-2006. investigación es parte de un proceso en el que por
distintos caminos hay un interés por seguir apor-
A su vez, esta perspectiva se aborda desde dos tando perspectivas en el estudio de esta problemá-
variables, la primera, está centrada en las prácticas tica, dinamizando la retroalimentación y evitando
sociales y la producción de subjetividad que hacen caer en la soledad de un monólogo.
posible la expansión territorial y la persistencia en
el tiempo del paramilitarismo, más allá de su accio- En la apertura de este proceso y la visibilización
nar violento; la segunda, enfocada en la forma de su primer resultado, queremos agradecer la
como las prácticas culturales del paramilitarismo gestión logística y el apoyo financiero del Insti-
no se han visto confrontadas por las prácticas cul- tuto de Investigaciones Jurídico-Sociales - Unijus,
turales que desde el ámbito legal han sido imple- en la publicación y difusión del texto que aquí se
mentadas por las políticas de cultura ciudadana. presenta y que hace parte del proyecto institucio-
nal Semilleros de Investigación. De igual manera,
En el estudio de estas dos variables, el punto de agradecemos al Grupo de Investigación en Teo-
convergencia es que tantos las prácticas sociales ría Política Contemporánea - Teopoco, quien nos
como las culturales en la capital del país, a pesar aceptó como integrantes y nos brindó el espacio
de no soportar la intensidad de los métodos béli- académico para hacer parte de las discusiones
cos, la ausencia de instituciones estatales y la ame- teóricas, que sin duda se convirtieron en herra-
naza poderosa de un grupo subversivo (como en mientas a tener en cuenta en la preparación del
efecto sucedió en muchas regiones del país), no texto.
estuvieron, ni están (y si persisten en el tiempo)
no estarán exentas de la influencia y asimilación de Por último, nuestra voz de gratitud al profesor Leo-
no todas, pero sí determinantes formas de orden poldo Munera, quien creyó en el proyecto y con
social, cultural, política y económica predicadas dedicación estuvo siempre presente para sugerir
desde el paramilitarismo. ideas y argumentos, que sin duda fueron fructífe-
ros y que con este trabajo, esperamos retribuyan
Con esta propuesta de trabajo, el objetivo no en algo su esfuerzo y constancia por apoyar los tra-
reside en mostrar la excepcionalidad de esta inves- bajos realizados por estudiantes.
Capítulo I
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006):
una aproximación a la producción de subjetividad

Los mercenarios no son peligrosos,


quieren vivir para disfrutar lo que les pagan.
Los que sí son peligrosos son los fanáticos.
Fidel Castro1

Edwin Cruz / Alexander Díaz / Gabriel Moreno

Introducción Este trabajo pretende ofrecer nuevos elementos


para responder ese interrogante, estudiando cómo
El estudio del paramilitarismo en Colombia se ha el paramilitarismo se inserta en los procesos de
enfocado en las experiencias rurales y en sus diná- producción de subjetividad y, por esta vía, cómo
micas como actor productor de violencia. Pese a las organizaciones y prácticas paramilitares cons-
las relaciones que este fenómeno ha tenido con los truyen una “legitimidad”, que es lo que finalmente
ámbitos urbanos, se lo ha visto como una proble- permite la reproducción del fenómeno. Para tal
mática preponderantemente rural. De igual forma, efecto toma como objeto de estudio la incursión
las explicaciones del fenómeno se han centrado en de organizaciones paramilitares en Bogotá. Esto
las implicaciones del ejercicio de la violencia física. por dos razones: primero, al tomar la capital de la
Como consecuencia, se han presentado dificulta- República pretende identificar dinámicas asociadas
des para explicar la persistencia y expansión de al fenómeno paramilitar no necesariamente redu-
este fenómeno en la realidad colombiana. cidas a su accionar violento, como las que priman
en otros lugares donde este tipo de organizaciones
hacen presencia desplegando al máximo el ejer-
¿Qué explica la expansión y persistencia del fenó-
cicio de la violencia física. Segundo, porque per-
meno paramilitar en Colombia? Ni la existencia de
mite observar las dinámicas en que se fundamenta
la insurgencia y el conflicto armado, ni la existencia la expansión e incursión del paramilitarismo, la
de una economía ilegal en expansión por los recur- manera como el desarrollo de este fenómeno se
sos del narcotráfico, ni el dominio gamonalista alimenta de elementos de la realidad preexistentes
que caracteriza el ejercicio de la política en el país, y las formas como influye en la producción de la
pueden explicar por sí solos la expansión y persis- subjetividad ciudadana.
tencia de este fenómeno en Colombia. Estos ele-
mentos funcionan como causas necesarias, pero El trabajo plantea que, más allá de su accionar vio-
no suficientes. lento, el fenómeno del paramilitarismo se alimenta

1
Ver Looking for Fidel de Oliver Stone, 2004.
[12] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

–instrumentaliza, aprovecha– una serie de ele- vigilantismo y las rondas campesinas, entre otros.
mentos presentes en la realidad social para hacer En el caso colombiano el fenómeno del paramilita-
factible su expansión y persistencia en el tiempo. rismo ha tomado muchas de estas formas, que se
Simultáneamente, en el intento por conseguir el presentan también en la actualidad, a menudo con
dominio territorial y poblacional, genera otra serie vínculos orgánicos entre sí. Esta situación ha ser-
de elementos que se insertan en los procesos de vido como terreno fértil para la conceptualización
producción de la subjetividad de los ciudadanos. del fenómeno, planteando al mismo tiempo una
La producción de subjetividad es un aspecto nece- serie de problemas en relación con la especificidad
sario para la consecución de ese dominio, basado y la capacidad analítica del término.
en la imposición o en la “legitimación” forzada.
Por tanto, es un elemento ineludible en la explica- Es posible distinguir por lo menos tres orientacio-
ción de la expansión y persistencia del fenómeno nes en cuanto a las conceptualizaciones de este
paramilitar. fenómeno: el paramilitarismo como instrumento,
como actor y como un fenómeno sociopolítico más
Para desarrollar este argumento el trabajo parte amplio:
de revisar las conceptualizaciones sobre parami-
litarismo en Colombia señalando sus límites para A) La mayor parte de la literatura se ha centrado
explicar la expansión y persistencia del fenómeno; en el carácter instrumental del paramilitarismo.
en seguida identifica someramente los elementos Aquí se ubican quienes lo conciben como un
de la realidad social que aunque preceden la incur- instrumento de contrainsurgencia estatal o de
sión del paramilitarismo en la ciudad contribuyen guerra sucia, en connivencia con sectores de la
con su reproducción; luego explica la incursión del criminalidad organizada, particularmente del
paramilitarismo en Bogotá resaltando las implica- narcotráfico2. Esta perspectiva fue predomi-
ciones que ello tiene en los procesos de produc- nante en el análisis del fenómeno en los años
ción de la subjetividad de los ciudadanos. ochenta, dado que existía una legislación, la
Ley 48 de 1968, que permitía la organización
1. Concepciones sobre paramilitarismo de grupos de autodefensa en coordinación
con las Fuerzas Armadas, pero entró en cues-
en el caso colombiano tionamiento luego de que las organizaciones
El paramilitarismo no se reduce a la formación de paramilitares del Magdalena Medio fueran
ejércitos irregulares como los que se han conocido instrumentalizadas por organizaciones de
en Colombia con el caso de las Autodefensas Uni- narcotraficantes.
das de Colombia (AUC). La literatura especializada
en el tema (Kalyvas y Arjona, 2005; Cano, 2001) B) Otras perspectivas han conceptualizado el para-
acude al término “paramilitarismo” para designar militarismo considerándolo como un “actor”.
una diversidad de fenómenos entre los que pue- En este caso, los grupos u organizaciones para-
den destacarse los escuadrones de la muerte, el militares son concebidos como “irregulares de

2
Para Medina Gallego (1990: 17) los paramilitares “son formas parainstitucionales de violencia, promovidas, organi-
zadas y protegidas por los mismos organismos del Estado y financiados por los gremios económicos”. Sin embargo,
establece una distinción entre el paramilitarismo y el narcoparamilitarismo para dar cuenta del devenir del fenómeno
en los ochenta: “El fin con el que fueron creados los grupos paramilitares ha sufrido una desviación que comienza a
causarle más daño al Estado y a la sociedad que el ‘beneficio’ que le produce. El fenómeno ha sido usurpado por el
narcotráfico, y le ha dado una orientación distinta. Es importante, hacer claridad entonces, entre un paramilitarismo
de carácter estructural, articulado a la Doctrina de Seguridad Nacional y cuya expresión ha dado en denominarse
‘Guerra Sucia’ y un narcoparamilitarismo, cuya finalidad no es el anticomunismo, que sólo se constituye en un pre-
texto, para desalojar, asesinar y justificar todo tipo de acción que desarrolle la industria del narcotráfico, incremente
su producción y ganancias y le dé mayor seguridad a sus inversiones” (Medina, 1990: 253). Esta senda es seguida,
con algunos matices por: Palacio y Rojas, 1990; Uprimny y Vargas, 1990; Medina y Téllez (1994).
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [13]

Estado”3, para hacer énfasis en su ambigüedad ha sido estudiado desde la perspectiva de los
en relación con el Estado; como “empresarios “señores de la Guerra”. El paramilitarismo se
de la coerción”4, para resaltar sus fines políti- concibe como un fenómeno donde convergen
cos a pesar de sus fines económicos; o incluso, diversos actores e intereses desde una lógica
como actor autónomo del Estado5. Esta pers- de organización mafiosa en forma de red que,
pectiva coincide con el ánimo de las Autode- luego de fortalecerse en el campo como seño-
fensas Unidas de Colombia (AUC), organización res de la guerra, pretende infiltrar las institucio-
fundada en abril de 1997 bajo hegemonía de las nes de gobierno de las ciudades para regular
Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá transacciones ilegales6. Estas perspectivas han
(ACCU), de Carlos Castaño, por presentarse dejado de lado el carácter contrainsurgente
como un actor autónomo, como un ejército con del paramilitarismo, para ubicarlo en iniciativas
estatutos, emblemas, uniformes y un proyecto de acumulación privada. Finalmente, en esta
político (Castaño, 1999). misma perspectiva que ve el paramilitarismo
C) Una tercera perspectiva hace énfasis en el carác- como un fenómeno sociopolítico más amplio
ter difuso o “complejo” del paramilitarismo en que el simple accionar violento, pero enfati-
Colombia. Más que etiquetar los actores inmer- zando su carácter contrainsurgente, es conce-
sos se propone identificar las intersecciones bido como una lógica que envuelve la socie-
entre distintos fenómenos de violencia organi- dad alrededor de la complicidad de sectores
zada que convergen en el fenómeno paramili- significativos de la sociedad en un propósito
tar (Garzón, 2005). En esta línea, el fenómeno contrainsurgente7.

3
Fernando Cubides definía los grupos paramilitares como “irregulares de Estado”: “Organizaciones extralegales que
han tomado la ley en sus propias manos y en su lucha contra la guerrilla, replicando paso a paso sus métodos, toman
como blanco preferencial las redes de apoyo, los auxiliadores o simpatizantes, en aquellas regiones donde la guerrilla
se ha implantado en forma reciente, comenzando por aquellas en donde lo abrupto de su implantación ha producido
reacciones crecientes” (Cubides, 1998: 70-71).
4
Para Mauricio Romero (2003: 17), el concepto de empresario de la coerción “hace referencia al individuo espe-
cializado en administración, despliegue y uso de la violencia organizada, la cual ofrece como mercancía a cambio
de dinero u otro tipo de valores... Esto no quiere decir que la ganancia económica sea el fin de estos portadores
de violencia organizada... Esa ganancia es, más bien, un medio para unos objetivos más amplios. En el caso de los
paramilitares y las autodefensas en Colombia, esos objetivos han sido la restauración y en algunos casos una nueva
definición de regímenes políticos locales y regionales amenazados por las políticas de paz del gobierno central”.
5
Tron Ljodal (2002: 301) define el concepto de lo paramilitar de la siguiente manera:“Por paramilitar se entiende
cualquier grupo u organización armada de carácter irregular que aparece al margen del Estado, pero no opuesto a
él, que reivindica un derecho privado a defender alguna definición del statu quo, pero con un mínimo de autonomía
e independencia frente al Estado… Además de ser obligatoria la existencia del Estado, también supone la existencia
de una oposición armada al Estado (regular o irregular) o una situación de amenaza al statu quo que dicen defender
estos grupos. De esa manera el paramilitarismo se constituye en un fenómeno de violencia distinto tanto de lo esta-
tal como de lo contraestatal y con la potencialidad de convertirse en un tercer actor político y militar independiente
en el marco de un conflicto armado interno”.
6
…nos referimos a la existencia de señores de la guerra cuando la coerción y protección en una sociedad por parte
de facciones armadas al servicio de intereses individuales y patrimonialistas, es superior a la capacidad del Estado
democrático de ejercer un grado mínimo de monopolio de la violencia, y al ser las facciones armadas la principal
herramienta de coerción, extracción de recursos y protección del orden social en una comunidad es posible concluir
que se constituyen en su Estado en la práctica (Duncan, 2006b: 30). Ver Duncan (2005, 2006a).
7
Vilma Franco propone los conceptos de “complejo contrainsurgente” y “mercenarismo corporativo” para analizar
el paramilitarismo desde una perspectiva no estado-céntrica, sino centrada en las relaciones sociales. El primero
surge como respuesta a situaciones de amenaza al orden político estatal de carácter secesionista e insurgente y su
carácter complejo implica que involucra más dimensiones además de la militar. En su formulación participan además
de actores estatales, grupos de interés y elite política, y además de la integridad institucional busca preservar la con-
tinuidad del poder político y la preservación de la hegemonía. El mercenarismo corporativo es el componente militar
del complejo contrainsurgente y se distingue del paramilitarismo porque no depende exclusivamente del aparato
[14] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

2. Límites y potencialidades seguridad o la participación en actividades econó-


en la explicación del fenómeno micas ilegales, entre otros.

Si el paramilitarismo se conceptualiza como un ins- Tampoco es posible desligar por completo las
trumento de violencia ilegal al servicio del Estado, organizaciones paramilitares de las orientaciones
se pierden de vista dinámicas importantes en las del Estado afirmando que estas han cuestionado
que la violencia ejercida por grupos u organizacio- el “monopolio legítimo de la violencia” (Rangel,
nes paramilitares contraría los intereses del Estado 2005a). Entre otras razones, porque como lo
o de sectores del mismo. Por ejemplo, cuando las muestra Franco (2002), en muchas ocasiones las
organizaciones paramilitares establecen alianzas organizaciones paramilitares actúan como una
con el crimen organizado. “descentralización” en el ejercicio de la violen-
cia o un “contrato por servicios” que termina por
Sin embargo, no se puede descartar del todo la garantizar el orden y las relaciones de domina-
perspectiva instrumental del paramilitarismo en ción en las que se sustenta el Estado. Además, las
tanto que las relaciones de las organizaciones para- relaciones entre el paramilitarismo y el Estado no
militares con el Estado no se reducen a la dicoto- deben reducirse al vínculo orgánico, sino que pue-
mía subordinación/autonomía (Gutiérrez y Barón, den establecerse a nivel de la defensa de intere-
2006). Por el contrario, estas relaciones varían de ses comunes, o por lo menos a largo plazo comu-
acuerdo a contextos específicos y de acuerdo a los nes, como el sostenimiento de la dominación de
sectores del Estado que se ven involucrados8. En una clase hegemónica o de un orden establecido
algunos contextos el Estado alienta la formación de determinado10.
organizaciones paramilitares9, mientras en otros
casos las organizaciones paramilitares tienen otras Por otra parte, si se asumen acríticamente o se con-
motivaciones de origen, tales como la provisión de funden las conceptualizaciones del paramilitarismo

estatal, comprende la participación de sectores corporativos privados, por lo que además de la preservación del
poder estatal asume el resguardo de actividades económicas legales e ilegales. El complejo contrainsurgente tiene
más dimensiones además de la militar en el ámbito de la legalidad, tales como las medidas de excepción y las accio-
nes comunicacionales destinadas a mantener la legitimidad, que permean la sociedad con prácticas y valores como
el militarismo y la propaganda contrainsurgente entre otros. Su reproducción depende, más que de la existencia de
la insurgencia, de la complicidad de sectores significativos de la sociedad, que perciben amenazado el orden social y
comparten un mismo enemigo con el mercenario. Ver Franco, (2002).
8
Ver al respecto Mann (1997), quien presenta su teoría del Estado como “teoría del embrollo”, para designar las múl-
tiples formas en que el poder social cristaliza en las instituciones estatales, las autonomías parciales de partes del
aparato estatal y la discontinuidad en el accionar de los Estados, entre otros.
9
Al revisar las trayectorias de los jefes paramilitares recién desmovilizados, ha quedado claro que muchos de ellos
provenían de la iniciativa estatal de crear Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Rural “Convivir”. Salvatore Mancuso
formó en 1995 una convivir en Montería que se denominó “Horizonte”. Valencia (2007: 21-22) incluso sugiere que
hubo un acuerdo entre líderes paramilitares para distribuir su trabajo en los frentes legal e ilegal. Esta dinámica, que
pone en evidencia el carácter contrainsurgente de las organizaciones paramilitares pese a sus vínculos con el nar-
cotráfico, el crimen organizado o su poder en lo local, ha sido soslayada en las interpretaciones más aceptadas del
fenómeno. Ver por ejemplo Duncan (2006b) y Ramírez (2005).
10
Quienes se empeñan en mostrar el carácter autónomo del paramilitarismo en relación con el Estado parten de una
lectura weberiana que reduce el entendimiento del Estado al monopolio de la violencia. En esa perspectiva conciben
que el vínculo entre Estado y paramilitarismo es orgánico o no es. Duncan (2006b: 30) va más allá al afirmar que los
“señores de la guerra” se constituyen en “Estados” locales o regionales en la práctica, en la medida que regulan el
orden social. De ese modo, no sólo reduce el entendimiento del Estado al monopolio legítimo de la violencia, sino al
aparato estatal central. Una lectura rigurosa de Weber muestra que el atributo de autoridad del Estado es exclusivo,
aunque puedan haber grados variables en que esa autoridad se ejerce (Mason, 2002). Otras perspectivas para el
entendimiento del Estado permiten sostener que los paramilitares pese a su degradación mafiosa o delincuencial
cumplen un propósito contrainsurgente, en la medida que contribuyen al mantenimiento de las relaciones en que se
soporta el dominio estatal o la “forma” Estado. Ver Moncayo (2004).
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [15]

como fenómeno sociopolítico amplio, ya se trate sustenta el Estado, sin reducirlo necesariamente a
de los conceptos de mafia o señores de la guerra, instrumento de coerción al servicio o bajo la orien-
se corre el riesgo de perder de vista su especifici- tación del Estado.
dad y la capacidad analítica del fenómeno, es decir,
su carácter contrainsurgente. Como lo han adver- Finalmente, estas tres formas de conceptualizar
tido las perspectivas que asumen esa conceptua- el paramilitarismo se han centrado en las tácticas,
lización, en el caso colombiano las organizaciones estrategias y modos de organización para el ejerci-
paramilitares se han mezclado confusamente con cio de la violencia física. El problema de la expan-
organizaciones mafiosas y narcotraficantes, hasta sión geográfica y de la persistencia en el tiempo de
tal punto que resulta casi imposible tratar de deve- estas organizaciones se ha explicado en función de
lar sus intereses (participación política, acumula- la coerción, ya sea para salvaguardar intereses eco-
ción ilegal, lucha contrainsurgente, etc.). Si a estos nómicos, por ejemplo la expansión a zonas cocale-
fenómenos de violencia relacionados con formas ras, o políticos, como el desplazamiento de frentes
de acción mafiosa se les designa como paramili- guerrilleros o el dominio gamonalista de determi-
tarismo, este último término pierde la capacidad nadas localidades. Sin embargo, hay un conjunto
explicativa que tendría si se asumieran las con- de elementos que explican la expansión y persis-
ceptualizaciones que ven al paramilitarismo como tencia de estas organizaciones más allá del ejerci-
instrumento o como actor. No obstante, no puede cio de la violencia física.
negarse el carácter contrainsurgente, en el sentido
de preservación del statu quo que tienen todos Vilma Franco (2002) llama la atención sobre ese
estos fenómenos. conjunto de elementos. En su perspectiva la exis-
tencia de la insurgencia es un factor necesario pero
En suma, se requiere un concepto de paramilita- no suficiente para la existencia y la reproducción
rismo que conserve su capacidad explicativa, pero de las organizaciones paramilitares, o como ella
que al mismo tiempo pueda utilizarse en el análisis las denomina del “mercenarismo corporativo”. La
de las dinámicas contemporáneas del fenómeno, expansión y persistencia del paramilitarismo invo-
caracterizadas por su mezcla con el crimen organi- lucra otros elementos además de lo militar, es decir,
zado, el narcotráfico y con formas de acción mafio- del ejercicio de la violencia física estrictamente. En
sas, sin confundirlo analíticamente con ellas. En su lectura, involucra elementos legales que contri-
este sentido, para los fines de este trabajo se puede buyen abierta o soterradamente con la reproduc-
definir operativamente el fenómeno del paramili- ción del fenómeno, como las medidas de excep-
tarismo como un ejercicio de violencia organizada ción, pero también elementos culturales, como las
de origen privado que refuerza la coerción ejercida acciones comunicacionales destinadas a legitimar
por el Estado11. Tal definición plantea una relación prácticas de violencia, la explotación en beneficio
necesaria entre la violencia paramilitar y el mante- de esa legitimación de valores y prácticas como
nimiento de la dominación y el orden en el que se el militarismo, el armamentismo, la propaganda

11
Kalyvas y Arjona (2005: 29) definen los paramilitares como “grupos armados que están directa o indirectamente con
el Estado y sus agentes locales, conformados por el Estado o tolerados por este, pero que se encuentran por fuera
de su estructura formal”. La composición y el tamaño de las organizaciones paramilitares varían según la interacción
de las variables de tamaño y territorio; la formación de grupos paramilitares está asociada a los procesos de cons-
trucción del Estado según las características de la amenaza que enfrenta el Estado y los recursos con que cuenta para
enfrentarlas, ello les permite distinguir entre vigilantes, escuadrones de la muerte, milicias de autodefensa local o
guardianes y ejércitos paramilitares que surgen para salvaguardar el monopolio de la fuerza estatal a través de una
lógica de outsourcing. En la misma línea, Ignacio Cano (2001) argumenta que la diferencia entre ejército, policía,
paramilitares y escuadrones de la muerte radica en su grado de formalidad, en tanto que todos están asociados al
Estado o a los grupos sociales dominantes. Ejército y policía son fuerzas regulares encargadas de la salvaguarda de
la soberanía y el orden interno respectivamente. Paramilitares y escuadrones de la muerte son irregulares y pueden
ser distinguidos entre sí por su grado de formalidad.
[16] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

contrainsurgente, las percepciones de inseguridad, más allá del ejercicio de la coerción, lo que se hace
miedo y amenaza al orden social, entre otros. necesario identificar para comprender la manera
como este fenómeno incide en la producción de la
En síntesis, la reproducción social del fenómeno subjetividad en la ciudad. Estos elementos pueden
paramilitar no se explica únicamente por el ejercicio ser preexistentes o producirse como consecuencia
de la violencia física, sino también por su impacto de la emergencia o incursión del fenómeno para-
simbólico y la legitimidad que consiguen este tipo militar en un ámbito social determinado. En el
de prácticas. Las organizaciones paramilitares consi- caso de Bogotá se intentará identificar los elemen-
guen su expansión geográfica y su persistencia en el tos preexistentes en que se apoya la incursión12 de
tiempo por la vía del miedo y la “legitimación” tácita las organizaciones paramilitares, así como los que
(muchas veces conseguida por la fuerza) o explícita, se producen, intencionalmente o no, como conse-
de las poblaciones donde se asientan. En este sen- cuencia de su accionar.
tido, se puede afirmar que la expansión y persisten-
cia del paramilitarismo se inserta necesariamente Son elementos diversos, sociales, culturales o eco-
en los procesos de producción de subjetividad. En nómicos que se mezclan con un sentido determi-
otros términos, la producción de subjetividad es un nado en el desarrollo del paramilitarismo (intere-
factor que contribuye a la reproducción del fenó- ses económicos y políticos, impactos simbólicos de
meno paramilitar. No obstante, la producción de la violencia, culturas políticas autoritarias –milita-
subjetividad no se reduce al ámbito de lo cultural o ristas, armamentistas, contra o antiinsurgentes–,
de los imaginarios y mentalidades, sino que articula criminalidad, violencia cotidiana, etc.), asegurando
otra serie de elementos de la realidad social. en últimas la “legitimación” abierta o soterrada
(forzada) del dominio por parte de la población y
3. Elementos que contribuyen a la su reproducción y persistencia en el tiempo. Estos
reproducción del paramilitarismo en elementos configuran un dispositivo de produc-
la ciudad: el dispositivo de subjetivación ción de subjetividad, en el que intervienen ele-
mentos del paramilitarismo, sin que entre unos y
Son ese conjunto de elementos que aseguran la otros puedan establecerse con facilidad relaciones
reproducción del fenómeno del paramilitarismo de causalidad simple13.

12
Es importante señalar que ninguno de estos elementos explica ni pretende erigirse como explicativo del surgimiento
del fenómeno paramilitar. Mucho menos en el caso bogotano, donde de lo que se trata es de la incursión de este
fenómeno. Es decir, el fenómeno no se originó en la Ciudad, se trasladó de otras zonas del país a la capital. Gonzá-
lez, Bolívar y Vázquez (2002: 62) distinguen tres fases en la implantación del fenómeno: incursión, consolidación y
legitimación.
13
El concepto de dispositivo sintetiza gran parte de la obra de Michel Foucault, ya que si su trabajo pasó por distintas
etapas y temáticas, es este concepto el que permite una conjunción de las tres grandes temáticas que Foucault dis-
tingue en su trabajo (saber, poder y subjetividad). De acuerdo con Foucault (1985: 128), un dispositivo “comprende
discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas,
enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas… El dispositivo es la red que puede estable-
cerse entre estos elementos”. Un dispositivo es, en primer lugar, una máquina para hacer ver y para hacer hablar, y
por lo tanto para no dejar ver y no dejar hablar; en segundo lugar, una forma de ejercer el poder, líneas de fuerzas
inmanentes a todo tipo de relación social que con sus técnicas (la separación de los cuerpos, la suma de fuerzas,
la vigilancia jerárquica, continua y funcional, etc.) “rectifican” las curvas anteriores; en tercer lugar, los dispositivos
generan una verdad, constituyen un saber (la estadística, la sexología, en general la ciencias humanas, etc.). Empero,
no es una concepción sistemática o estructural, en ella no hay principio constitutivo o programación a priori, es solo
indeterminación y diferencia. Para Deleuze (1990: 155) “es una especie de ovillo o madeja, un conjunto multilineal.
Está compuesto de líneas de diferente naturaleza y esas líneas del dispositivo no abarcan ni rodean sistemas cada
uno de los cuales sería homogéneo por su cuenta (el objeto, el sujeto, el lenguaje), sino que siguen direcciones dife-
rentes, forman procesos siempre en desequilibrio y esas líneas tanto se acercan unas a otras como se alejan unas de
otras”. Sobre la producción de subjetividad ver también Guattari (1997).
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [17]

El dispositivo de subjetivación paramilitar esta- social y un factor de regulación de las relaciones


blece lo que es visible y admisible en el lugar donde sociales14.
se ejerce su poder, construye verdades, normas de
comportamiento y convenciones sociales que con- En los estudios sobre la violencia en la ciudad (Niño
siguen ciertos grados de aceptación, o explota los et al., 1998) hay una fuerte tendencia a restringir
existentes, todos los cuales no se reducen al ejer- la producción de la subjetividad al ámbito cultural,
cicio de la violencia física. Empero, este dispositivo concibiéndola como el entramado de imaginarios
no es el único que determina los procesos de pro- que determinan la relación de los ciudadanos entre
ducción de subjetividad en la ciudad. Allí conver- sí y con el entorno urbano. Sin embargo, las dinámi-
gen distintas lógicas y dispositivos que persiguen cas en que se produce la subjetividad están relacio-
fines distintos. En la producción de subjetividad del nadas con elementos económicos políticos y socia-
ciudadano en Bogotá, el dispositivo más relevante les, aunque esta relación no se produzca de una
está configurado por las políticas de seguridad y manera causal. Es por ello necesario previamente
convivencia ciudadana implementadas por las dis- identificar estos elementos que siendo preexisten-
tintas administraciones desde fines de los 90s. tes a la incursión del paramilitarismo en la ciudad,
se entretejen en el desarrollo de este fenómeno.
El sujeto de las políticas de seguridad y convivencia
ciudadana se encuadra en marcos discursivos cla- En las zonas de la Capital donde las organizaciones
ramente civilistas y legales, el “buen ciudadano”, paramilitares hacen presencia15 subsisten una serie
que aunque implicado en tareas de seguridad y de fenómenos y de problemáticas sociales que en
vigilancia cada vez más extensas a las funciones cierta forma “facilitan” la incursión del paramilita-
tradicionalmente consideradas en las democra- rismo y su posterior reproducción. Algunas porque
cias liberales, no es asimilable a las del discurso indirectamente potencian el accionar paramilitar,
contrainsurgente de los grupos paramilitares, a otras porque son instrumentalizadas o aprovecha-
sus vías indiferentes a los marcos legales y a su das por estas organizaciones para llevar a cabo sus
búsqueda de la supremacía física sobre el cuerpo fines. Para explicar la incursión de las organizacio-
de su victima, “castigándolo”, convirtiéndose en nes paramilitares en Bogotá es necesario identificar
el ente regulador y decisor, en el soberano de un los elementos institucionales, sociales, económi-
determinado territorio por lo visible y ejemplari- cos y culturales que aunque preexisten a la insta-
zante de sus castigos. Sin embargo, encuentran un lación de estas organizaciones en la ciudad, llegan
lugar común en tanto que ambas lógicas acuden al a potenciar su accionar imbricándose de múltiples
miedo, al ciudadano temeroso, en este caso ya no maneras. Las problemáticas de violencia urbana
solo al conflicto armado, a los grupos guerrilleros y cobran preponderancia en cuanto alimentan de
sus milicias, sino principalmente a la delincuencia diversas formas la violencia paramilitar, pero no
común haciendo de la (in)seguridad la prioridad son las únicas16.

14
El segundo capítulo de esta investigación estudia la relación entre ambos fenómenos.
15
Como se detalla más adelante, en Bogotá hicieron presencia el Frente Capital al mando de Miguel Arroyabe –jefe
del Bloque Centauros–, compuesto por cerca de 400 hombres, en Restrepo, Kennedy, Puente Aranda, Ferias, 7 de
agosto, Bosa y Cazucá, por una parte, y el Bloque República con 120 hombres al mando de Martín Llanos –jefe de
las ACC– que opera en Suba, Los Mártires, Germania y Usme. En principio las estructuras paramilitares se ubica-
ron en zonas suburbanas y marginales, para desde allí desplegar su accionar delictivo hacia zonas comerciales e
industriales.
16
Para el caso de Medellín, Alonso, Giraldo y Sierra (2007) muestran cómo se imbrican diversas formas de violencia
urbana organizada (las autodefensas urbanas provenientes de las milicias populares, el narcotráfico, las bandas y
combos y las autodefensas contrainsurgentes) en competencia por monopolizar la violencia y cómo se convierten en
nodos de una red que finalmente es hegemonizada por el Bloque Cacique Nutibara para extraer rentas por medios
criminales y desarrollar una estrategia de control social en la ciudad.
[18] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

Las zonas donde hace presencia el paramilitarismo contextos puede favorecer, por acción u omisión
en Bogotá, desde donde dirige sus operaciones, de las autoridades públicas, el establecimiento de
son preponderantemente marginales y suburba- las organizaciones paramilitares. El Estado ha pro-
nas, caracterizadas por procesos de poblamiento al movido en muchos casos prácticas de violencia
margen de la planeación urbana. Esta situación en paramilitar como la llamada “limpieza social” (Sala-
gran parte es producto de situaciones de desplaza- zar, 2002). Por otro lado, los paramilitares tratan
mientos poblacionales del campo a la ciudad, con- de cooptar por diversas formas las organizaciones
secuencia de la violencia o de la crisis económica, comunales y comunitarias una vez que se han esta-
que caracteriza el poblamiento de la capital (VVAA, blecido, sobre todo allí donde la violencia juega un
1999). En estas zonas subsisten problemas de défi- papel preponderante en la regulación de las rela-
cit de institucionalización del aparato estatal. La ciones sociales19. Por lo tanto, ambas situaciones,
presencia del Estado es precaria incluso en cuanto la “debilidad del Estado” y la densidad organizativa
a provisión de seguridad, y mayor en la provisión de de la sociedad civil pueden ser aprovechados por
otro tipo de servicios como el acceso a la justicia, las organizaciones paramilitares cuando intentan
educación, vivienda e incluso transporte. Si bien incursionar en la ciudad. Sin embargo, las articula-
esta situación puede explicar en muchos casos los ciones con uno u otro dependen de factores con-
problemas de violencia urbana, no se puede perder textuales concretos, principalmente del papel que
de vista que simultáneamente ha generado el desa- juegan la violencia y los mecanismos coercitivos en
rrollo de todo tipo de organizaciones autoidentifi- la regulación de las relaciones sociales y en las for-
cadas como “comunidad” (Perea, 2006) que buscan mas de participación política.
por medio de mecanismos autogestionarios satisfa-
cer las necesidades que el Estado no les provee17. De otra parte, las zonas donde se asienta el para-
militarismo en la ciudad, desde donde dirige sus
Ambas situaciones son proclives a la incursión de operaciones, se caracterizan por problemas de
las organizaciones paramilitares en la ciudad. La violencia urbana como la delincuencia común, la
“debilidad del Estado”18 no explica por completo la delincuencia organizada y el pandillismo20. Estas
reproducción del paramilitarismo, pero en ciertos problemáticas de violencia se relacionan con pro-

17
Por ejemplo Moreno (2000, 174), al estudiar el caso del barrio “Los Comuneros” señala que la “comunidad” desa-
rrolló vías de autogestión en la solución de sus conflictos, seguridad y justicia: “Las necesidades reales de los pobla-
dores de los Comuneros, los han obligado a generar diferentes mecanismos para potenciar su autoorganización y
garantizar su supervivencia. Es así que frente a amenazas concretas producen soluciones autogestionarias. En este
marco existe una producción del Derecho Comunitario que se refleja en la creación de normas de convivencia y la
existencia de instancias y procedimientos internos muy flexibles para solucionar sus conflictos, que se caracterizan
por su incipientes y por lo tanto permeables a la jurisdicción oficial”.
18
Los estudios sobre el paramilitarismo en Colombia han enfatizado en la débil institucionalización o falta de presencia
del Estado como uno de los factores que favorece el origen y la expansión de este fenómeno en diversas regiones
del país. Este planteamiento ha sido defendido profusamente por lo investigadores del CINEP. Ver González, Bolívar y
Vázquez (2002: 59-75) y Torres (2004). No obstante, no puede desconocerse el papel activo del Estado en el desarrollo
del paramilitarismo en otros casos. Por ello es necesario analizar la situación del Estado en contextos concretos, donde
sus posiciones pueden tornarse ambiguas. Por otro lado, el argumento de la “debilidad del Estado” se fundamenta
en una noción monolítica del Estado reduciendo esta condición a la pérdida o carencia del monopolio de la violencia
legítima; no obstante, esa “debilidad” puede hacer referencia a otro conjunto de situaciones como desarticulación
administrativa, corrupción o crisis de legitimidad, que pueden producirse en sectores o ramas del Estado que es nece-
sario especificar en el análisis. Por tanto, aunque se recurra a esta terminología para dar cuenta de ese vasto conjunto
de situaciones, reconocemos que la afirmación “debilidad del Estado” es muy poco útil en términos analíticos.
19
Como se muestra más adelante, las organizaciones paramilitares acuden a la violencia para tratar de cooptar las
organizaciones sociales donde estas tienen arraigo, o en otros casos ofrecen sus servicios de “seguridad”, o subordi-
nan las empresas comunitarias existentes, con el fin de ganarse el favor de estas organizaciones.
20
Sánchez (2004: 29) menciona las tres expresiones más relevantes de la violencia urbana en las últimas décadas del
siglo XX: A principios de los noventa registra el impacto del narcoterrorismo y el sicariato en ciudades como Medellín
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [19]

blemas de tipo socioeconómico como el desem- que se constituyen en el público de este tipo de
pleo, la pobreza, la exclusión y la falta de oportu- violencias. Hechos como el tratamiento de los
nidades para la población joven, pero también con cuerpos de las victimas por parte de los victima-
cuestiones de tipo cultural, como el debilitamiento rios (Blair, 2005: 48-55), las masacres, la limpieza
de los vínculos sociales, familiares y el recurso a la social, los asesinatos selectivos, buscan propagar
violencia en la regulación de las relaciones sociales entre los ciudadanos el miedo y una sensación de
(Sánchez, 2004, 31). desamparo e inseguridad.

Estos problemas de violencia también confluyen En los sectores de clase media y alta se busca una
en la reproducción del fenómeno del paramilita- separación de los otros sectores, y el miedo reina
rismo en la ciudad en la medida que, como ha sido entorno a estos por su permanente contacto con
ampliamente documentado en el caso colombiano, la criminalidad. Medidas como los encierros de
uno de los elementos más eficaces en la expansión los conjuntos y viviendas, sumados a la acelerada
y reproducción de este fenómeno es la articulación participación de grupos de vigilancia, difunden aún
con todo tipo de economías ilegales21, reguladas más los imaginarios de inseguridad (Niño, 1998:
predominantemente por medio de la violencia. Los 61-63). Esto se articula al fenómeno paramilitar
grupos paramilitares que incursionan en la ciudad en la medida que al acrecentarse los miedos y los
aprovechan estas problemáticas de violencia coop- imaginarios sobre violencia contra los ciudada-
tando las redes de delincuencia común y organi- nos, algunos sectores perciben como necesarias
zada así como las pandillas juveniles22. También medidas sin importar su carácter legal o ilegal para
explotan las dificultades económicas de las pobla- mejorar la seguridad, que son explotados de una
ciones presentándose como una vía de ascenso u otra forma por las organizaciones paramilitares
social o simplemente como una forma de empleo. que incursionan en el ámbito urbano.

Finalmente, en la ciudad, no sólo en las zonas Además, las organizaciones paramilitares acuden
donde se instalan las organizaciones paramilita- a formas de violencia con impacto simbólico que
res, subsisten imaginarios de miedo e inseguridad explotan los imaginarios de miedo preexistentes,
derivados de las prácticas y los efectos simbólicos tales como las amenazas públicas –en volantes, gra-
de la violencia urbana (Blair, 2005: 86). La lucha fitis, por ejemplo– y la “limpieza social”, entre otros.
por el dominio territorial entre las organizaciones Desde las desapariciones de “vagos” o “delincuen-
delincuenciales y la limpieza social que desarrollan tes” en carros sospechosos que deambulan en los
sectores del Estado, se desenvuelven preponde- barrios populares de las ciudades, dejando sólo el
rantemente en el terreno de lo simbólico. Buscan rumor, hasta los rituales de la masacre con lista en
generar un impacto indirecto en los ciudadanos mano en la plaza pública están destinados a conse-

y Cali ligado al accionar de los carteles del narcotráfico. Simultáneamente se produce la implantación de las “milicias
populares” en comunidades barriales como Ciudad Bolívar en Bogotá, las Comunas Nororientales de Medellín, el
Distrito de Aguablanca en Cali, e incluso en ciudades intermedias como Barrancabermeja ligadas en la mayoría de
los casos al accionar de las guerrillas. También menciona entre las modalidades de violencia urbana que afectan las
ciudades colombianas la denominada “limpieza social”. El estudio más completo sobre pandillas en Bogotá es el de
Ramos (2005).
21
Las dinámicas económicas del paramilitarismo en Colombia han sido estudiadas en un nivel “molar”, resaltando la
apropiación territorial por parte de narcotraficantes (Reyes, 1997) y, más recientemente, sus vínculos con toda clase
de negocios legales e ilegales (Richani, 2003; Medina, 2005), y con las formas de acumulación contemporáneas del
“capitalismo criminal” (Estrada, 2008). Sus dinámicas “moleculares”, en pueblos y ciudades sólo han empezado a
estudiarse recientemente, cuando las grandes organizaciones paramilitares adoptan formas de acción y organización
mafiosa penetrando en las ciudades y confundiéndose con el crimen organizado (Duncan, 2005, 2006a).
22
Ramos, 2005: 94, sostiene que las relaciones entre paramilitares y pandillas pueden resultar armónicas en zonas
donde ambos se proponen desplazar células o milicias guerrilleras, pero resultan conflictivas donde no tienen un
enemigo común, en tanto que se disputan el domino territorial.
[20] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

guir dominación por la vía del miedo, a manera de guerra de guerrillas a una guerra de movimientos”
escarmiento23. (Pécaut, 2003: 40).

Los elementos institucionales, sociales, económi- Hasta cierto punto se podría afirmar que hay una
cos y culturales reseñados no operan como causas contradicción entre los objetivos de la insurgencia
de la incursión del paramilitarismo en la ciudad. y los medios que emplea para alcanzarlos. Con-
Son elementos que preexisten a la llegada de los cretamente, en establecer como fin la revolución
paramilitares pero que luego se insertan de diver- desde el campo en un país altamente urbanizado.
sas maneras al accionar paramilitar; en esa medida Además, el sesgo militarista de las guerrillas revela
se articulan en los procesos de producción de las dificultades que han tenido para articular un dis-
subjetividad que el desarrollo de este fenómeno curso que consiga la legitimidad y la representación
implica. Empero, la incursión del paramilitarismo en diversos sectores de la sociedad colombiana, y
en Bogotá también debe explicarse teniendo en entre ellos principalmente los sectores urbanos.
cuenta el contexto nacional de conflicto armado y
el devenir de las organizaciones paramilitares. La presencia de los actores armados del conflicto
en los espacios urbanos ha sido bastante irregu-
4. La incursión del paramilitarismo lar24. Si bien las principales manifestaciones del
fenómeno del paramilitarismo durante la década
organizado en Bogotá de los ochenta, tales como los magnicidios, los
El conflicto armado colombiano se ha caracteri- asesinatos selectivos o el “narcoterrorismo”, tuvie-
zado por tener un carácter marcadamente rural. En ron lugar en las ciudades, las dinámicas de orga-
esa medida sus manifestaciones muy raras veces nización y expansión del paramilitarismo se han
han amenazado seriamente el sistema económico dirigido principalmente al campo. De hecho, uno
o el Estado. Empero, se han desarrollado relevan- de los principales argumentos de los paramilitares
tes dinámicas de las guerrillas en los ámbitos urba- y quienes los apoyan consiste en decir que han
nos, como los del Movimiento 19 de Abril (M-19), reemplazado al Estado allí donde se encontraba
la Autodefensa Obrera (ADO) y las diversas expe- ausente en el enfrentamiento con la insurgencia
riencias de Milicias Populares, donde se destacan (Bolívar, 2005).
las del Ejército Popular de Liberación (EPL) (Gar-
cía, 1992: Cap. 4). Sin embargo, las guerrillas sólo La presencia de organizaciones guerrilleras en
consiguieron constituirse en una amenaza para la Bogotá puede rastrearse durante toda la década
supervivencia del Estado colombiano entre 1995 y de los ochenta, principalmente el accionar del
1998, cuando a través de una serie de operaciones M-19. La presencia de las FARC puede rastrearse
como los ataques de las Fuerzas Armadas Revolu- desde 1982, cuando en su VII Conferencia plantean
cionarias de Colombia (FARC) a las bases militares la necesidad de incursionar en las ciudades, para
de Las Delicias (31-08-96), Patascoy (21-12-97), La adelantar labores de inteligencia y operaciones
Uribe y Miraflores (3-08-98) (Romero, 1998: 44) y logísticas, especialmente. Posteriormente, durante
el denominado “cerco a Bogotá”, “llegan a dar la el gobierno de Andrés Pastrana y luego de termi-
impresión de estar en condiciones de pasar de la nados los diálogos de paz, las FARC han tenido una

23
En este sentido, se puede comprender que la táctica privilegiada de las AUC en su “lucha contrainsurgente” haya sido
la masacre contra lo que ellos consideraban bases civiles de la guerrilla, antes que los combates propiamente dichos.
Ver Cubides (1999).
24
Particularmente la marginalidad de Bogotá respecto del conflicto armado puede explicarse por el “cómodo impasse”
entre la insurgencia y el Estado en un momento dado del conflicto armado en el que para ninguna de las partes
resultaba beneficioso ponerle fin. Paradójicamente, es el paramilitarismo el que incrementa los costos del conflicto,
en términos económicos y de vidas humanas, y el que introduce desequilibrios en el “sistema de guerra” (Richani,
2003).
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [21]

presencia más marcada en especial llevando a cabo “limpieza social” asociados a la “mano negra” de
operaciones militares. las fuerzas de seguridad del Estado25. No obstante,
la incursión del paramilitarismo organizado, es
En la ciudad operan el Frente Urbano Oscar Fer- decir, de las AUC, es mucho más reciente, puede
nando Rueda del ELN y la Red Urbana Antonio ubicarse desde fines del 2000. El paramilitarismo
Nariño de las FARC. Ambos han tratado de incur- organizado ha recurrido a formas de acción que
sionar en sectores populares y marginales de la re-actualizan las prácticas de la limpieza social y su
ciudad, aunque sus intervenciones a menudo se impacto simbólico.
agotan en el establecimiento de un orden autorita-
rio y les resulta difícil la consecución de legitimidad La incursión del paramilitarismo en Bogotá coincide
entre la población (Ramos, 2004: 178). con, y hasta cierto punto se explica por, el declive
de la experiencia de organización de las AUC26. Su
Para la insurgencia y el paramilitarismo, Bogotá es comienzo puede marcarse con la primera renun-
un espacio de relevancia tanto en términos estra- cia de Carlos Castaño a la jefatura única en julio de
tégicos como en cuestiones de táctica. Controlar 2001, tras argumentar a favor de un sometimiento
ciertos sectores de la ciudad les permite acceder a la justicia estadounidense. El intento de integrar
a corredores viales fundamentales para el control una organización paramilitar nacional se frustró
de otras zonas del país, pero también les permite por el ingreso de grupos de narcotraficantes que
mejorar las condiciones de logística en todo tipo se constituyeron en una fracción hegemónica a
de operaciones y la consecución de recursos (rutas su interior. Simultáneamente, en este período la
de narcotráfico, lavado de dineros, crimen organi- relación con el Estado se caracteriza por el reco-
zado, etc.). nocimiento implícito y explícito de la organización
paramilitar como un “actor político”.
En cuanto al paramilitarismo, cabe resaltar que
en la ciudad se han presentado, desde los 1970s, Con las negociaciones de paz durante el gobierno
prácticas paramilitares como los fenómenos de Uribe, ha salido a la luz pública la tendencia hacia

25
Esta modalidad de violencia posee elementos que le permiten ser definida como un fenómeno paramilitar.
Entre estos elementos se encuentran las concepciones morales, justificaciones y motivaciones de los que la ejer-
cen, así como la privatización de las funciones coercitivas y la presunta participación de miembros y agentes del
Estado. Podemos caracterizar esta modalidad de violencia en tres elementos: El primer rasgo es que la llamada
limpieza social es un fenómeno fundamentalmente urbano; además se trata de una práctica sistemática dirigida
contra un espectro específico de personas que tienen en común, entre otros aspectos, su pertenencia a secto-
res sociales marginados y el asumir comportamientos rechazados por los agresores; y por último, los promotores
de la “limpieza social” maximizan en sus victimas las cualidades o comportamientos que los pobladores rechazan
(Rojas, 1996: 23).
26
Las AUC representan un intento por centralizar las diversas estructuras paramilitares del país, una vez desaparecidos
los carteles del narcotráfico, desde 1993, pero que se consolida entre 1997 y 2001. Las AUC, desde junio de 1997,
emprendieron una serie de acciones orientadas a obtener el reconocimiento político del gobierno, entre ellas el
secuestro de Piedad Córdoba, la intensificación de las masacres a comienzos de 1999 ante los acercamientos entre
las FARC y el gobierno de Pastrana, y el Acuerdo del Nudo de Paramillo, firmado por las AUC, representantes del
Consejo Nacional de Paz y miembros de la sociedad civil el 26 de julio de 1998, donde se comprometían a excluir la
población civil del conflicto armado, y que significó un reconocimiento implícito del estatus político a los paramilita-
res. Posteriormente, las AUC se convirtieron en el principal obstáculo para el proceso de paz tanto con las FARC, las
cuales suspendieron diálogos en enero de 1999 y noviembre de 2000 exigiéndole al gobierno el desmonte de estas
estructuras, como con el ELN, pues las movilizaciones de los paramilitares evitaron el despeje de cinco municipios
entre Bolívar y Antioquia, donde se llevaría a cabo la Convención Nacional (Gutiérrez, 2004). En marzo de 2000 Cas-
taño, el jefe máximo de las AUC, apareció por primera vez en televisión en una entrevista en horario triple A, para
declararse defensor de la clase media. Ello empezó a disminuir su impopularidad. Durante el gobierno de Pastrana,
los paramilitares crecieron como nunca antes, en una dinámica que los llevó, según datos del Ministerio de Defensa,
de tener 3800 integrantes en 1997 a 8150 en el 2000 (Ministerio de Defensa Nacional, 2000: 10).
[22] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

la compra de frentes o franquicias de las AUC que según ellos están ligados al narcotráfico y, por
desde el 2001. Los narcotraficantes, principales su parte, los grupos que no negocian dicen que
compradores de estas franquicias, tras la desarti- los que negocian son narcotraficantes que buscan
culación de los grandes carteles encontraron refu- “legalizarse”30. Como se muestra más adelante,
gio en el campo y se vincularon con las estructuras esta “guerra interna” alcanzó proporciones alar-
paramilitares ya consolidadas, subordinándose a mantes en Bogotá. Finalmente, las estructuras de
los jefes paramilitares o llegando posteriormente las AUC terminan desmovilizándose o reestruc-
a tornarse dominantes en ellas (Duncan, 2006a). turándose como organizaciones de delincuencia
En septiembre de 2002 se desata una disputa en organizada según el caso.
el interior de las AUC en relación con el tema del
narcotráfico27. Ello llevó a la posterior renuncia de Los grupos de paramilitares al principio hicieron
Castaño a la jefatura política, quien a continuación presencia en barrios populares y marginales de
desapareció28. A partir de allí, la negociación con el Bogotá caracterizados por la urbanización ilegal
gobierno cambió de tono y se tornaron principales e invasiones, con problemáticas de ausencia de
temas como la extradición29. infraestructura (bienes, servicios, espacio público,
vivienda, transporte, seguridad), ubicados en las
En forma simultánea con los diálogos de paz, se zonas receptoras de población desplazada por la
desarrolla una guerra entre distintas facciones de violencia o por la crisis económica31. Más tarde,
las autodefensas, en la cual los grupos que nego- sus redes se desplazaron hacia sectores céntricos
cian con el gobierno pretenden desarticular a los y comerciales de la ciudad32.

27
Ver los comunicados de Carlos Castaño rechazando la financiación con recursos del narcotráfico y la respuesta de
algunos de sus copartidarios reproducidos en Patiño, Otty y Jiménez Alvaro (2002: 358-371).
28
Ver “Pacto de sangre“, en Semana 1147, abril 23-mayo 4 de 2004. Castaño desapareció a fines de abril de 2004.
Días antes el juez Baltasar Garzón había ordenado su captura por apoyar organizaciones narcotraficantes. En junio
de 2006 otro paramilitar, Jesús Ignacio Roldán alias “Monoleche”, guió al Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI)
de la Fiscalía hasta una fosa donde presuntamente se encontraban los restos de Castaño y afirmó que había sido
asesinado por orden de Vicente Castaño, para evitar su entrega a EEUU y una posible delación de los demás jefes. La
Fiscalía General de la Nación, afirmó que los restos eran de Carlos Castaño. Sin embargo, “en abril de 2007, la Corte
Suprema de Justicia informó que las pruebas realizadas por la Fiscalía no eran concluyentes y en consecuencia con-
denó, como reo ausente, a Carlos Castaño Gil a 20 años de prisión por la masacre de 49 campesinos en el Municipio
de Mapiripán, Meta, en 1997” Comisión Colombiana de Juristas (2008: 40).
29
Ver “Paras publican agenda de negociación”, en El Tiempo, 27 de mayo de 2004, pp. 1-7.
30
La confrontación armada se da entre las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC) y el Bloque Centauros de las
AUC que operan en la región de los llanos, por una parte, y entre el Bloque Cacique Nutibara de “Don Berna” y el
Bloque Metro al mando de Rodrigo Franco o “Doblecero”, por otra. Los enfrentamientos culminan con la desapa-
rición del Bloque Metro y el posterior asesinato de su comandante Rodrigo Franco quien con anterioridad había
acusado a “Don Berna”, jefe del bloque Cacique Nutibara, de su posible asesinato y a quien además calificaba de
cabeza del narcotráfico en las AUC. Ver: “Rendición masiva en guerra para”, en El Tiempo, Bogotá, 18 agosto de 2003,
pp. 1-2. “Don Berna, el exterminador de las AUC”, en El Tiempo, Bogotá, domingo 28 septiembre de 2003, pp. 1 y
1-2. “Rodrigo Franco o Doblecero, jefe del Bloque Metro reconoció que la estructura militar que lideraba dejó de
existir después de los combates contra AUC en octubre”. “¿Dónde está Doblecero?”, en El Tiempo, Bogotá sábado 3
enero de 2004, pp. 1-4. “Don Berna dio orden de matarlo”, en Revista Semana, Bogotá, No. 1148, mayo 3 al 10 de
2004, p. 56.
31
“Cinturones de miseria repletos de desocupados, sobre todo población joven, expulsada del mercado laboral y
expuesta a los pocos mercados mediocres que garantiza una supervivencia mediocre: la economía de subsistencia,
el rebusque delictivo o las organizaciones criminales. Estas barriadas viven empantanadas en el no futuro que sirvió
de campo roturado al narcotráfico y ahora a las organizaciones ‘subversivas’ de izquierda y derecha. Es la pobreza
donde el fenómeno se ha vuelto escandaloso y amenazante”. En: “Las otras comunas”, en El Tiempo, Bogotá, 24 de
noviembre de 2002, pp. 1-16.
32
“Paras no dejan Sanandresito”, en El Tiempo, viernes 7 de octubre de 2005, pp. 1-11.
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [23]

En el estudio de la incursión paramilitar en Bogotá trearse a un nivel micro o molecular, a través de las
pueden establecerse dos dinámicas: En primer formas como la subjetividad se ve modelada como
lugar, la presencia paramilitar puede explicarse consecuencia de las acciones violentas y la imposi-
como un resultado de la correlación de fuerzas del ción de su orden en distintos sectores de la Ciudad
conflicto armado a nivel nacional. En este caso, desde donde las organizaciones paramilitares des-
el establecimiento de grupos de paramilitares se pliegan sus acciones.
explicaría en función de las necesidades estratégi-
cas de las AUC, en especial, la necesidad de con- 4.1 Imperativos estratégicos
trolar el flujo de recursos hacia la zona de disten-
sión en el 2000; posteriormente, y siguiendo esta Según informaciones de prensa, en entrevistas a
misma dinámica, el afianzamiento de los grupos Carlos Castaño, las AUC hacen presencia en Bogotá
paramilitares se explicaría por el debilitamiento desde finales del año 2000. En enero de 2001,
de las estructuras de la insurgencia, de las FARC Castaño previene sobre la llegada de un frente de
principalmente, que operaban en Cundinamarca paramilitares compuesto por hombres de diferen-
y Bogotá, como consecuencia de los planes imple- tes fuerzas de las AUC. En ese momento las AUC se
mentados por las Fuerzas Armadas en el marco de encuentran en una campaña de oposición a los diá-
la política de seguridad democrática del gobierno logos entre las guerrillas y el gobierno Pastrana. De
Uribe33. ahí que su incursión en Bogotá es presentada con
el objetivo de limitar la salida de material de guerra
En segundo lugar, la presencia y expansión de los y provisiones de Bogotá hacia la zona de distensión
paramilitares sobre Bogotá se explica por la tran- donde el gobierno y las FARC habían instalado las
sición organizativa que afrontan las AUC en este mesas de negociación34.
período, marcada por la conversión o degradación
hacia estructuras mafiosas que expanden sus ten- Inicialmente entra en operación el Frente Capital,
táculos a las ciudades en busca de recursos econó- al mando de “Miguel Arroyabe”, con el objetivo
micos y el control de actividades económicas lega- de copar las vías de comunicación de las FARC,
les e ilegales de todo tipo (Duncan, 2005). En esta haciendo presencia en barrios populares donde
dinámica se inscriben las pugnas entre estructuras presuntamente operan milicias urbanas de la gue-
en el interior de las AUC por el control de zonas rrilla, principalmente al suroccidente y suroriente
estratégicas de la capital. de la capital, en las localidades de Ciudad Bolívar,
Bosa, Kennedy y el sector de Cazucá en el muni-
Ambas dinámicas inciden en la producción de la cipio de Soacha. De acuerdo con Bernardo Pérez
subjetividad en la Ciudad. En el primer caso los (2006: 354)
impactos pueden ubicarse más en un nivel macro
o molar, en cuanto la presencia de las AUC refuerza el establecimiento permanente del frente capital
los imaginarios de inseguridad y miedo en la ciudad, en Bogotá a fines del año 2000 fue paralelo a la
particularmente en cuanto difunde una percepción consolidación de las operaciones de contención
de cercanía con el conflicto armado. En el segundo que adelantaban las Fuerzas Militares en torno a
caso, el impacto sobre la subjetividad puede ras- la zona desmilitarizada del Caguán.

33
Los grupos paramilitares presentaron una gran expansión en la primera administración de Uribe (2002-2006) y en
plena negociación con el gobierno. En un balance a dos años del gobierno Alfredo Rangel (2005b: 53) afirmaba:
“Si bien hay unas conversaciones en curso, hay que señalar también que estos grupos paramilitares jamás habían
estado tan fuertes como lo están en este momento. Han tenido un proceso sostenido de crecimiento durante los
últimos años, es el único de hecho grupo irregular que ha estado creciendo durante los dos años de la administración
actual”.
34
“Paras de Bogotá se irían al Llano”, en El Tiempo, miércoles 14 de agosto de 2004, pp. 1-5.
[24] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

Lo anterior permite afirmar que la posterior conso- en la imposición de un orden fundamentado en


lidación del accionar paramilitar en la ciudad estuvo el miedo, similar al que implementan en las zonas
en buena parte soportada en el debilitamiento de rurales donde las estructuras paramilitares domi-
las estructuras de las guerrillas, en especial de las nan. Si en un principio se presentaron como pro-
FARC, que operan en Bogotá y sus alrededores, veedores o garantes de la seguridad, eliminando
como consecuencia de la ofensiva militar al final ladronzuelos de barrio, indigentes, pandilleros o
del gobierno Pastrana y de la implementación de desplazando las milicias de la guerrilla, cuando
planes militares en el marco de la política de segu- consiguieron el dominio territorial, su persistencia
ridad democrática en el gobierno Uribe. Estas ini- se asentó en la capacidad de generar miedo en los
ciativas permiten un fortalecimiento de las AUC en espacios de la ciudad donde hacen presencia. De
Bogotá paralelo al debilitamiento de los frentes 51, ahí los altos grados de violencia que tuvieron que
52 y 53 de las FARC que operan en Cundinamarca implementar.
(Pérez, 2006).
Todo ello se vio reforzado por la ausencia u omi-
Al comienzo el accionar de los paramilitares se sión de las autoridades estatales, que llegó hasta el
orienta a disputar el control del territorio a las punto de que los organismos encargados no logra-
estructuras de las guerrillas, para posteriormente ban ingresar a ciertas zonas para hacer los levanta-
imponer su propio orden. En esa medida, ejecu- mientos de los cadáveres38. La situación sólo salió a
tan acciones de “limpieza social”, reclutamiento la luz pública en el 2004. En mayo, la Defensoría del
de jóvenes desempleados35, cooptación de bandas Pueblo declaró una alerta temprana para Cazucá y
y pandillas locales así como de los denominados Ciudad Bolívar por enfrentamientos entre paramili-
“sindicatos de seguridad” –empresas ilegales de tares39. La “limpieza social” en Cazucá había dejado
vigilancia privada–36, e incluso intentan cooptar por 847 personas muertas en el primer semestre40, y
la vía de la coerción organizaciones sociales, juntas en Ciudad Bolívar se habían presentado 36 muer-
de acción comunal y autoridades locales, espe- tes selectivas entre enero y febrero, ediles amena-
cialmente ediles. Una vez conseguido el dominio zados y presencia de encapuchados identificados
territorial, el establecimiento del orden se sustenta como “paras”41.
en la regulación de las economías legales e ilegales
locales –especialmente comercio y transporte– con 4.2 Transición organizativa y búsqueda
base en la coerción. Esto sólo pudo conseguirse en de rentas
ciertas zonas de la capital, principalmente en la
localidad de Ciudad Bolívar y el sector de Cazucá La segunda dinámica de incursión del paramilita-
en Soacha37. rismo en Bogotá está relacionada con la transición
y desintegración de las AUC y su transformación en
En esas zonas hubo un desmedido uso de la vio- estructuras de carácter mafioso.
lencia tanto en enfrentamientos entre parami-
litares y milicias como en contra de la población En ese contexto, partimos de las consideraciones
civil. El control sobre la población estuvo basado de Duncan (2005), quien sostiene que se abrió un

35
“Las oficinas de reclutamiento de Martín Llanos en Bogotá”, en El Tiempo, lunes 18 de octubre de 2004, pp. 1-3.
36
“El ‘Conejo’ de la Vigilancia Privada”, en El Tiempo, septiembre 7 de 2003, “Multas para la Vigilancia Pirata”, en El
Tiempo, septiembre 12 de 2003.
37
“Garzón ‘blindará’ a Ciudad Bolívar”, en El Tiempo, lunes 11 de abril de 2005, pp. 1-3., “El caso de Cazucá”, en El
Tiempo, lunes 11 de abril de 2005, pp. 1-3.
38
“La pena de muerte regía en Cazucá”, en El Tiempo, 7 de noviembre de 2004, pp. 1-5.
39
“Seguridad. Alerta en Ciudad Bolívar”, en El Tiempo, 12 de mayo de 2004, pp. 1-2.
40
“Reaparecen grupos de limpieza”, en El Tiempo, viernes 20 de agosto de 2004, pp. 1-12.
41
“¿Qué hay tras la alerta en Ciudad Bolivar?”, en El Tiempo, 16 de mayo de 2004, pp. 2-9.
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [25]

nuevo frente de acción para las autodefensas en Restrepo, Kennedy, Puente Aranda, Ferias, 7 de
el dominio de diversas actividades estratégicas en agosto, Bosa y Cazucá, por una parte, y el Bloque
las grandes ciudades. Esto implica un cambio fun- República con 120 hombres al mando de Martín
damental en tanto que la organización y las formas Llanos –jefe de las Autodefensas Campesinas del
de acción de los “señores de la guerra” rurales Casanare (ACC)– que opera en Suba, Los Mártires,
cambian para adoptar forma de “redes mafiosas” Germania y Usme43.
con el objetivo de infiltrar las ciudades en activi-
dades como la regulación de transacciones cri- El enfrentamiento salió a la luz pública en octubre
minales, de actividades legales y de instituciones de 2003, a raíz de un atentado con carro bomba en
gubernamentales. La infiltración empieza en acti- Sanandresito44. Este se produjo por la agudización
vidades ilegales mediante la cooptación de redes de la “guerra” entre Martín Llanos y Arroyabe en
criminales: inicialmente se eliminan delincuentes Cundinamarca, aunque desde el 2002 se habían
de baja reputación para crear una sensación de registrado acciones de violencia en Corabastos,
seguridad y luego se pasa a una regulación de la Carvajal, Puente Aranda, Sanandresito de la 38, y
criminalidad hasta lograr el monopolio de ciertos San Rafael (Pérez, 2006: 362).
delitos, cobrando “impuestos” a las comunidades
para ofrecer seguridad, al tiempo que se entregan La disputa se explicaba por el control de las deno-
“franquicias” a grupos de delincuentes; quienes no minadas “Oficinas de cobro” que se extendían en
pagan o no aceptan adherirse a la organización son puntos de la ciudad como Corabastos, Sanandresito
eliminados. de la 38, 7 de agosto, y Restrepo45. Aunque estos
dispositivos existían antes de la incursión del para-
Si bien inicialmente la acción de las estructuras militarismo organizado en la ciudad, constituyen la
paramilitares en Bogotá se orientó a desplazar mejor evidencia del devenir mafioso de parte de
o aniquilar las células de las milicias guerrilleras, las estructuras de las AUC, no sólo por el enfren-
desde mediados del 2002 se presenta una pugnaci- tamiento que tuvieron entre sí, sino en la medida
dad entre dos estructuras de las AUC por el control que están destinadas a proteger a sus clientes de la
de diversas zonas de la ciudad, articulado a la regu- inseguridad que ellos mismos producen.
lación de circuitos económicos legales e ilegales.
Esta “guerra interna” es un residuo del enfrenta- En una entrevista, uno de los cabecillas, Miguel
miento que sostienen en otras regiones del país las Arroyabe, explica el funcionamiento de las “ofici-
Autodefensas Campesinas del Casanare y el Bloque nas de cobro” de la siguiente manera:
Centauros42.
El bloque centauros hace presencia ocasional por
Las estructuras enfrentadas son el Frente Capital al conducto del Frente Kapital (sic) en dicha zona
mando de Miguel Arroyabe –jefe del Bloque Cen- [Sanandresito] y en muchas zonas de Bogotá.
tauros–, con 400 hombres, que hace presencia en Su accionar en el tema de los cobros es mediar

42
“No dejaremos que ‘Macaco’ haga en Bogotá lo que ‘Don Berna hizo en Medellín’”, en El Tiempo, domingo 17 de
abril de 2005, pp. 1-8.
43
“¿Ciudad perdida? La Defensoría alerta sobre el crecimiento del paramilitarismo en zonas como Ciudad Bolívar,
donde las Auc reclutan gente por 600.000 pesos mensuales”, en Cambio, No 562, 5 al 12 de abril de 2004, pp.
28-30.
44
“La Bomba era pa’ los ‘pajaros’”, en El Tiempo, octubre 10 de 2003.
45
“Estas oficinas son organizaciones criminales conformadas por personas que han pasado por grupos paramilitares,
carteles de las drogas, filas subversivas y la delincuencia común. Empezaron con delincuentes sin ninguna espe-
cialización en el hampa y servían principalmente para amenazar a aquellas personas que no querían pagar deudas
de negocios ilícitos. Luego pasaron a tener expertos en sicariato, secuestros y extorsiones”. “Bandas pescan en río
revuelto”, en El Tiempo, lunes 12 de septiembre de 2005, pp. 1-5, “La ciudad no será teatro de guerra”, en El Tiempo,
martes 30 de marzo de 2004, pp. 1-15, “Definen ‘blindaje’ para Bogotá”, en El Tiempo, lunes 29 de marzo de 2004.
[26] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

en el arreglo de situaciones complejas donde de los sectores de la ciudad donde las organizacio-
es común que las partes (por la naturaleza del nes paramilitares consiguieron un amplio dominio
origen de sus negocios) terminen en verdaderas del territorio, la población y sus actividades econó-
batallas campales46. micas; y en segundo lugar, el impacto de sus accio-
nes y de su presencia en los demás sectores de la
En agosto de 2004 se produce la desmovilización ciudad.
del Bloque Centauros de Miguel Arroyabe con, pre-
suntamente, 350 hombres47. Al mismo tiempo cesa En ambos casos el principal impacto es la produc-
la “guerra” entre Llanos y Arroyabe, quien es asesi- ción de un imaginario de miedo e inseguridad entre
nado por otro grupo paramilitar en septiembre de los pobladores de la ciudad. El miedo y la seguridad
2004. Ello da pie a la desarticulación por parte de son dos caras de la misma moneda y dos situacio-
las autoridades de los reductos del Frente Capital, nes inmanentes la una a la otra. Si no hay miedo no
en parte por informaciones producto de los enfren- hay sensación de inseguridad y viceversa. De ahí
tamientos internos (Pérez, 2006: 367). Si bien ello que este imaginario puede “legitimar” el accionar
implica que la presencia paramilitar, entendida paramilitar en algunos sectores en la medida que
como la presencia de las AUC, llegó a su fin, no se se sientan protegidos. Sin embargo, los mecanis-
puede decir lo mismo respecto a los mecanismos de mos y las experiencias por las que se produce son
control implementados por estos grupos, al legado distintos.
que han dejado en las redes del crimen organizado
que continuaron optando por presentarse como En el primer nivel, molecular, la producción de sub-
paramilitares pese a no tener ninguna caracterís- jetividad de los ciudadanos bajo el dominio para-
tica de contrainsurgencia, al retorno de prácticas militar es muy similar al de las zonas rurales donde
de paramilitarismo como la limpieza social ampa- estas organizaciones han dominado y, por tanto,
rada en –presuntamente– nuevas organizaciones se basa en un ejercicio desmedido de la violencia
paramilitares48, y a su impacto en la producción de con el fin de producir miedo en situaciones concre-
subjetividad en la ciudad. tas. En el segundo nivel, molar, el impacto es más
indirecto, no proviene de la experiencia directa con
5. Impacto en la producción la violencia paramilitar, sino de un imaginario de
miedo o percepción de inseguridad producto de la
de subjetividad
información de los medios de comunicación y de la
El impacto concreto de la incursión del paramilita- comunicación por otros canales, como los rumores
rismo organizado en la producción de subjetividad o la comunicación de oídas, sobre la cercanía del
en la ciudad puede ubicarse en dos niveles. En pri- conflicto armado, del que los pobladores de la ciu-
mer lugar, en el territorio, en las vivencias directas dad se habían sentido ajenos.

46
“Acabamos con fortín de las FARC en Sanandresito: Arroyabe”, en El Tiempo, 9 marzo de 2004, pp. 1-4.
47
“Paras de Bogotá se irían al Llano”, en El Tiempo, miércoles 14 de agosto de 2004, pp. 1-5.
48
La desmovilización o desarticulación de las estructuras paramilitares abrió la posibilidad para que se presentaran al
menos tres tipos de situaciones en la Ciudad: primero, los reductos de organizaciones paramilitares no desmoviliza-
dos ni desarticulados optaron por dejar de presentarse como tales pero continuaron ejerciendo el control sobre los
recursos que habían conseguido de forma ilícita y las transacciones ilegales. Entre ellos se ubicaron predominante-
mente mandos medios para quienes no habían beneficios como los de los cabecillas, pero que tampoco se sentían
atraídos por el salario básico que se ofreció por un tiempo a los desmovilizados rasos. Segundo, la criminalidad
organizada en algunos casos optó por presentarse como parte de una estructura paramilitar o un nuevo grupo para-
militar, con el fin de tener mayor eficacia en el ejercicio de la violencia simbólica necesario para sus labores delictivas.
Finalmente, la desmovilización dejó abierta la puerta para el ingreso en escena de la “mano negra” del Estado, que
ahora podría apoyar sus labores de contrainsurgencia, entre ellos la limpieza social, en la existencia de estructuras
paramilitares “ajenas a” o autónomas de las Fuerzas Armadas o bandas criminales emergentes. Sobre el panorama
posterior a las desmovilizaciones ver ICG (2007) y CNRR (2007).
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [27]

5.1 En el nivel molecular ron a este tipo de prácticas. Como comenta Pérez
Como se ha venido afirmando, hay una serie de (2006: 365) “en algunas ocasiones se exhibieron
elementos que preexisten a la incursión del para- cadáveres descuartizados en sitios de tránsito obli-
militarismo en Bogotá, pero que las organizacio- gado de pobladores locales”. En el segundo caso, la
nes paramilitares re-actualizan para llevar a cabo amenaza busca desterrar de un determinado espa-
sus fines, los cuales impactan en los procesos de cio a quien personifica determinados conceptos
producción de subjetividad. Los grupos de para- abstractos como la delincuencia, la drogadicción, la
militares que llegaron a Bogotá a finales del 2000 marginalidad o la resistencia al orden social vigente,
desde otras zonas del país recurrieron a la “lim- o finalmente, busca confinar a los portadores de
pieza social” como forma de conseguir su incursión dichas identidades a determinadas zonas, tal como
y legitimación en la ciudad49. Esta práctica es una en su época fue la famosa “Calle del Cartucho” y
prueba fehaciente de que a pesar de su orienta- hoy es el sector de “Cinco huecos”.
ción mafiosa, y en permanente tensión con esta,
las organizaciones paramilitares conservaron una Como puede verse, estas dos fuentes de “limpieza
orientación contrainsurgente, en la medida que social” se refuerzan y se actualizan una a la otra,
la “limpieza social” se funda en la eliminación de llegando a constituirse una serie de prejuicios y
sujetos construidos mediante estereotipos como estereotipos tanto de personas como de lugares.
corruptores del orden social, que provocan miedo, Esta forma de violencia refuerza los imaginarios
de allí su carácter legitimante. de miedo e inseguridad en la medida que los
factores, sectores y niveles de miedo en Bogotá
En Ciudad Bolívar y Cazucá proliferaron acciones están directamente relacionados con las perso-
de “limpieza social”50. Los promotores y ejecutores nas o lugares que se identifican con la delincuen-
de esta modalidad de violencia tienen la intencio- cia común, o con los que la gente cree son una
nalidad de disciplinar, desplazar o confinar a sus potencial amenaza directa, cotidiana. Empero, esa
víctimas so pena de muerte (Rojas, 1996: 23). En percepción varía, al igual que las posibles reac-
el primer caso se trata, a partir de un asesinato o ciones, de acuerdo al “posicionamiento” (econó-
una masacre, ejemplificar lo que le puede suceder a mico, cultural, social, de género, etc.) del que lo
un sujeto o grupo de sujetos, construido a partir de siente o percibe. De acuerdo con el estudio de
estereotipos como corruptor del “cuerpo social”, si Niño (Niño et al, 1998: 107-130) sobre las reaccio-
no modifica su comportamiento, con el fin de sen- nes posibles al miedo, aunque cabe la posibilidad
tar un precedente de escarmiento para los demás. de una estrategia de enfrentamiento y medidas
Para conseguir el dominio territorial y poblacional y como las de salir armado, o recurrir a seguridad
su legitimación en Bogotá los paramilitares recurrie- privada, es claro que la tendencia que prima es

49
Esta modalidad de acción paramilitar se presenta en Colombia desde finales de los setentas, teniendo su periodo
de mayor auge a lo largo de los ochenta y un descenso en la última década. En este periodo empieza a extenderse
el hallazgo de personas asesinadas con las mismas características a lo largo de las principales ciudades de Colombia
(Medellín, Cali, Bucaramanga, Bogotá, etc.) y la aparición de amenazas y de mensajes atribuyéndose este tipo de
crímenes, en los cuales justificaban su accionar en ir en contra de los “indeseables” y “malandros”, en ser una lucha
contra la delincuencia. Con el aumento del número de lo que pasó a denominarse “escuadrones de la muerte”, se
fue ampliando el espectro de víctimas de “indigentes”, “jíbaros”, “gamines”, “ñeros” y personas con antecedentes
penales de los primeros casos a abarcar personas que eran reconocidas como homosexuales, dementes y recogedo-
res de papel. Frente a esta extensión del fenómeno (territorial, número de organizaciones y de víctimas) en los años
siguientes “…fueron cada vez más escasas las manifestaciones de rechazo, así como los pronunciamientos y acciones
para que cesara, llegándose incluso a una situación de creciente aceptación social” (Rojas, 1996: 22). En lo que a
Bogotá se refiere este fenómeno hace su aparición en noviembre de 1980 con el hallazgo reiterado de cadáveres
de personas (presuntos delincuentes) con las manos atadas y baleados en la cabeza en la vía al cerro de Guadalupe
(salida al vecino municipio de Choachí) y en años posteriores de personas en similares circunstancias y características
en el botadero de Doña Juana.
50
“Acusaciones por Masacre”, en El Tiempo, octubre 17 de 2003.
[28] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

la de tomar una estrategia que consiste en evitar un imaginario del miedo que, entre otras cosas,
las posibles situaciones, personas o lugares que prolonga en los imaginarios de los habitantes de
puedan provocar miedo, ello contribuye a este- la ciudad los efectos de la “limpieza social”. Dicha
reotipar determinados sectores de la sociedad y percepción de inseguridad y miedo tiene como
determinados lugares. Los promotores de la “lim- fuente la vivencia de la ciudad, pero por otro lado
pieza social” buscan conseguir su aprobación y “…la imagen construida a partir del relato, la que
legitimidad, al usar el miedo vivido e imaginado pasa de boca en boca, la que se hereda, y la que
por un gran sector de la sociedad y los estereoti- se consume a través de medios masivos de comu-
pos, que unos y otros comparten, sobre las iden- nicación” (Niño, 1998: 77). En tal medida, pueden
tidades rechazadas. Así mismo, este imaginario entenderse las dinámicas de miedo desplegadas
de miedo sirve como un factor legitimante de las por las organizaciones paramilitares en sus locali-
prácticas de “limpieza social” y, en el caso del para- dades de dominio: los rumores expresados con la
militarismo organizado, de su dominio sobre las figura de “un camioncito de noche que se lleva a los
poblaciones. muchachos”; los enfrentamientos armados: según
un poblador de una zona de la ciudad con presen-
El dominio de los paramilitares en las localida- cia paramilitar “para la policía estas balaceras son
des anteriormente referidas incluyó acciones que esporádicas. Para los habitantes ya se volvieron
podrían comprenderse como una reactualización parte de su cotidianidad”52; así como la prolifera-
de la “limpieza social”, como los grafittis con decla- ción de las denuncias de pequeños comerciantes
raciones de objetivos militares a jóvenes “marigua- por extorsiones de grupos de “seguridad”53.
neros, sapos y guerrilleros”, asesinatos de líderes de
organizaciones de desplazados, desapariciones de 5.2 En el nivel molar
líderes comunitarios51, y las amenazas de muerte
hechas en público por grupos de encapuchados La incursión del paramilitarismo en Bogotá coin-
identificados como paramilitares. Estas acciones cide con una modificación sustancial en las per-
estaban subordinadas tanto al intento por con- cepciones del conflicto armado por parte de los
seguir la legitimidad de los pobladores al proveer pobladores de la ciudad54. Este es un hecho que
“seguridad”, como a la violencia desplegada con- incide en gran medida en la producción de subjeti-
tra todo aquello que se interpusiera en su afán por vidad ciudadana en la capital dado que refuerza los
conseguir el dominio territorial. En ambos casos se imaginarios de miedo e inseguridad que regulan
trató de generar miedo en los barrios y localidades las relaciones entre ciudadanos. Un estudio de la
donde consiguieron mayor dominio. manera como el conflicto armado influye en la pro-
ducción de la subjetividad por la vía del cambio en
Así pues, la principal consecuencia de este tipo las percepciones excede este trabajo. Sin embargo,
de violencia para la formación de la subjetividad es necesario señalar los aspectos más importantes
del ciudadano en Bogotá ha sido la formación de de este fenómeno.

51
“El reciclaje para”, en Cambio, 12 al 18 de junio de 2006, pp. 20-26.
52
“El miedo ronda en Cazucá”, en El Tiempo, 7 de marzo de 2004, pp. 2-8.
53
“Quien Está Extorsionando”, en El Tiempo, septiembre 5 de 2003.
54
Vélez Ramírez (2000:12) sugería este análisis en el año 2000: “…los cambios que en los dos últimos años se han
producido en las dinámicas bélicas objetivas muy significativos por cierto, no pueden oscurecer las mutaciones que
se han venido presentando en las percepciones urbanas del fenómeno. Si en los años anteriores había percibido el
conflicto armado como una forma más de violencia, desde hace apenas un año la Ciudad, al recibir en sus primeras
calles de entrada los coletazos del fenómeno, ha empezado a pensar, sentir y percibir que existía la guerra, que
durante más de 30 años había sido una tozuda y persistente realidad en los campos del país. Entonces, sobre todo
las clases medias urbanas, que de manera tan significativa habían contribuido a la elección final de Pastrana, se vol-
vieron contra el presidente”.
Paramilitarismo en Bogotá (2000-2006): una aproximación a la producción de subjetividad [29]

El cambio en la percepción del conflicto por parte promovida por los medios de comunicación como
de los pobladores de las ciudades hace parte de una “entrega del país a las FARC”56.
una dinámica de sensibilización de ciertos sectores
de las ciudades frente a la escalada del conflicto Sin embargo, los cambios más profundos se regis-
armado que se presenta en el gobierno Samper tran con el desplazamiento de acciones violentas
(1994-1998). Los orígenes de esa sensibilización hacia la ciudad. Para el caso de Bogotá, la refe-
y ese cambio en la percepción pueden rastrearse rencia obligada es el atentado al Club El Nogal en
desde el “Mandato ciudadano por la paz” en 1997 febrero de 2003, pero igualmente las acciones de
y la marcha para decirle “¡No más!” a la violencia los grupos paramilitares anteriormente reseñadas.
en 1999. Aunque estos hechos puedan haber cons- Estos hechos van configurando un cambio de per-
tituido estrategias para orientar la opinión pública cepción en el que los habitantes de Bogotá empie-
por sectores sociales particulares y sectores del zan a percibirse amenazados por las dinámicas
gobierno, lograron movilizar sectores considera- propias del conflicto armado en la medida que per-
bles de la Ciudad. ciben que los está tocando directamente, cuando
previamente la ciudad se había percibido como un
En el “Mandato ciudadano por la Paz”, en octubre espacio ajeno a la guerra.
de 1997, cerca de diez millones de ciudadanos se
expresaron en las urnas por una salida negociada Estudiar con rigor esta dinámica, que desborda
del conflicto (Leal, 1999: 3). La movilización más esta investigación, implica analizar además cómo
importante de la población civil a favor de la paz ha sido la recepción del discurso de los paramilita-
se produjo el 24 de octubre de 1999, se denominó res y sus justificaciones para entrar en la guerra57.
¡No más! y tuvo por objeto exigir el cese al fuego. En segundo lugar, la recepción que ha tenido el
Fue una movilización de millones de colombianos discurso gubernamental de la “seguridad demo-
en varias ciudades55. crática” en las dos administraciones de Uribe
(2002-2006 y 2006-2010), el cual también contri-
Así mismo, el cambio de percepción en la ciudad buyó a producir una percepción de cercanía del
respecto al conflicto armado puede rastrearse en conflicto armado en la ciudad. Y finalmente, cómo
la apreciación negativa que generó la zona desmi- estas lógicas producen un tipo particular de ciuda-
litarizada del Caguán, en medio de las negociacio- dano, temeroso de su prójimo, preocupado por la
nes de paz con el gobierno Pastrana (1998-2002), seguridad y capaz de legitimar abiertamente pro-
en sectores urbanos altos, que fue ampliamente yectos contrainsurgentes.

55
“¿Y ahora qué?”, en Semana 912, octubre 25 a noviembre 1 de 1999.
56
Cabe recordar que, durante las negociaciones de paz, el tema del despeje y el manejo de éste por parte de las FARC,
ante la ausencia de acuerdos claros para ello, se convirtió muy pronto en el punto de discordia del proceso de nego-
ciación. Las FARC habían pasado de pedir el despeje del municipio de la Uribe en 1995 a pedir el despeje de 5 muni-
cipios (Pécaut, 1999: 209). Por ello, el despeje fue interpretado por algunos sectores como una entrega por pedazos
del país a la guerrilla. Empero, para algunos analistas “lo único que hizo Pastrana fue formalizarles su presencia
histórica de poder en la zona de Caquetanía, situación preexistente a la táctica de despeje con fines de distensión”
(Vélez, 2000:24). El cambio en las percepciones del conflicto armado en las ciudades fue tan profundo que para otros,
“el proceso y el despeje no lo creó Pastrana sino que se lo exigió la sociedad civil” (García-Peña, 2002: 68).
57
Ver Estrada (2001) y Bolívar (2005).
Conclusión

Las conceptualizaciones que del paramilitarismo Simultáneamente en estas zonas se ha desarro-


se han hecho en el caso colombiano, ya lo tomen llado tejido social o “comunidad”, representado
como instrumento, actor, o fenómeno sociopolí- en las asociaciones de ciudadanos que buscan
tico se caracterizan por restringir su explicación satisfacer, de manera autogestionaria en muchos
al ámbito de la organización y producción de la casos, las necesidades que el Estado no satisface.
violencia física, dejando de lado sus impactos Sin embargo, tanto la ambigüedad –por no decir
simbólicos y la forma como esa violencia consigue “debilidad”– del Estado como el nivel de organi-
una aceptación, forzada o no. En suma, la forma zación de la sociedad civil, pueden ser aprovecha-
como el ejercicio de la violencia contribuye en la das por los grupos paramilitares para conseguir el
producción de la subjetividad. Esto ha limitado dominio del territorio, por vía de la suplantación
tales conceptualizaciones a la hora de respon- del Estado en labores como la seguridad o por la
der por las razones que explican la persistencia vía de la cooptación violenta de las organizaciones
de fenómenos de violencia organizada como el sociales. Asimismo, las organizaciones paramilita-
paramilitarismo. res aprovechan los imaginarios de miedo e insegu-
ridad en la ciudad y los re-actualizan en prácticas
Reflexionando sobre el caso de Bogotá entre el como la limpieza social y la cooptación de redes
2000 y el 2006, este trabajo intentó identificar los criminales.
aspectos que explican la reproducción del para-
militarismo, su expansión y persistencia en el Por otro lado, la incursión de las organizaciones
tiempo, más allá del ejercicio de la violencia física. paramilitares en Bogotá se explicó atendiendo al
En la ciudad se encuentran problemáticas socia- contexto del conflicto armado a nivel nacional y a
les, económicas, institucionales y culturales que la situación de transición organizacional o degrada-
preexistían a la incursión del paramilitarismo pero ción de las AUC. En este sentido, la expansión de los
que luego de su llegada a la ciudad se imbricaron paramilitares sobre Bogotá se explicó en función
en su desarrollo. Principalmente, se identificaron de los imperativos estratégicos de esa organización
dinámicas de marginalización de poblaciones, que en la parte final del gobierno de Pastrana, donde
en parte se deben al déficit de planeación urbana se pretendió cerrar la movilidad de las FARC desde
producto de las situaciones de violencia del resto y hacia la zona de distensión. Pero la incursión de
del país que han incidido en el poblamiento de los paramilitares en Bogotá también se explica por
la capital en sus zonas suburbanas. Si bien en el enfrentamiento entre facciones de las AUC en
muchas de estas zonas se presentan carencias de su búsqueda de rentas y en su intento por mono-
servicios (educación, salud, transporte, espacio polizar la regulación de transacciones ilegales en la
público, seguridad, etc.) que el Estado no provee, ciudad.
la ausencia del Estado no es suficiente para expli-
car la instalación de grupos paramilitares. Máxime Todo ello tuvo diversos impactos en la produc-
cuando el Estado ha desplegado la violencia para- ción de subjetividad en la ciudad. El trabajo señaló
militar, en muchos casos bajo la modalidad de someramente dos: la modificación en las percep-
limpieza social. Además, el paramilitarismo puede ciones de los pobladores de la ciudad en relación
asentarse en estas zonas por acción u omisión de con el conflicto armado y las derivadas del desplie-
las autoridades estatales. gue de la violencia paramilitar en contextos socia-
[32] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

les concretos. La percepción de los ciudadanos del ha sido descuidado. El caso bogotano se muestra
conflicto armado colombiano ha variado, de una limitado para ahondar en la explicación de estos
percepción de aislamiento que restringía el con- procesos, dado el carácter “transitorio” de la pre-
flicto al campo, al espacio de lo rural, a una percep- sencia paramilitar en la ciudad y dado que, como
ción que siente los brotes de violencia ahora en las se ha intentado explicar, el paramilitarismo no con-
ciudades, lo cual refuerza los imaginarios de miedo siguió construir un orden social similar al logrado
e inseguridad en la ciudad. Además, las organiza- en otras regiones. En Bogotá la presencia parami-
ciones paramilitares ahondan en prácticas de vio- litar se produce en un momento de desagregación
lencia preexistentes en la ciudad como la limpieza de las AUC y de transformación de sus estructuras
social e instauran su dominio territorial apelando hacia fenómenos de crimen organizado y prácticas
al imaginario del miedo. En suma, la influencia del mafiosas. Sin embargo, el estudio del caso bogo-
paramilitarismo en los procesos de producción tano también ha mostrado que hay una serie de
de subjetividad es un factor que puede explicar la elementos que se articulan al desarrollo del fenó-
expansión y persistencia de este fenómeno. meno paramilitar no siempre vinculados con el
ejercicio de la violencia estrictamente.
Todo ello sugiere la necesidad de contemplar para
la explicación de los fenómenos de violencia orga- El caso de Bogotá permite identificar la manera
nizada la manera como esta se reproduce en diver- como la producción de subjetividad ligada al ejer-
sos contextos sociales y cómo los impactos que cicio de la violencia paramilitar puede asegurar la
genera se insertan en los procesos de producción persistencia y expansión del fenómeno. Por eso
de subjetividad para regular las relaciones socia- es relevante profundizar en el estudio de casos de
les. La imposición de un orden local y del dominio más amplitud y más largo aliento. El caso de Bogotá
territorial pasa necesariamente por procesos de es sui generis en la medida que el paramilitarismo
producción de subjetividad que, como se ha visto además de persistir durante muy pocos años, no
en Bogotá con los imaginarios de miedo e insegu- comportó las mismas características que tiene en
ridad, son aprovechados por los paramilitares para otros lugares donde se ha insertado. En parte ello
la consecución de la legitimidad, la aceptación for- puede explicar la hibridación con otras formas de
zada o la imposición. violencia como el crimen organizado, la mafia e
incluso el pandillismo, así como el marcado recurso
Las acciones de violencia de las organizaciones hacia las acciones violentas con impacto simbólico.
paramilitares tienen un impacto en los procesos No obstante, ello no es óbice para pasar por alto
de producción de subjetividad que podría explicar las dinámicas de producción de subjetividad en las
su expansión y persistencia en el tiempo, pero que que se inserta el fenómeno.
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Capítulo II
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales
en la construcción del ciudadano(a) en Bogotá (2000-2006):
reflexiones de una relación ambigua, pero armónica

Daniel Álvarez / Jaime Wilches

Introducción El tercer punto de análisis, plantea la connivencia


entre la cultura paramilitar-cultura del buen ciuda-
Este capítulo elabora una aproximación crítica a dano, en la medida que la primera ocupa los espa-
la connivencia entre el proyecto cultural del para- cios privados de la sociedad, mientras la segunda
militarismo y el proyecto cultural del buen ciuda- juzga y sanciona los comportamientos públicos.
dano, implantado desde la administración Mockus
y con algunas modificaciones en las administracio- La cuarta y quinta parte del texto, explican como
nes de Enrique Peñalosa y Luís Eduardo Garzón en puede influir la personalidad autoritaria y la
Bogotá. influencia psicológica como elementos que expli-
can el porqué la lógica cultural del paramilitarismo
El texto se divide en cinco secciones; en la primera y la lógica cultural del buen ciudadano pueden con-
se reseñan los postulados teóricos de la política del vivir de manera armónica, sin afectar la estructura
buen ciudadano, propuestas por Antanas Mockus; social, ni la producción de subjetividad.
en la segunda parte se cuestionan los supuestos de
la propuesta mockusiana de armonización entre 1. La cultura ciudadana… cuando la moral
ley, moral y cultura, al enfocarse en una simple
desaprobación cultural del comportamiento ilegal,
y la ley van bien, pero la cultura va mal
dejando al margen la pregunta sobre el enraiza- Es indudable que a partir de las administraciones
miento de las prácticas ilegales como factor cons- de Antanas Mockus y la continuidad que en mate-
tituyente y no marginal de la cultura ciudadana en ria de políticas de cultura y seguridad ciudadana
Bogotá. siguieron Enrique Peñalosa y Luís Eduardo Garzón1,

1
Para entender la importancia que para el gobierno sucesor de la primera administración de Antanas Mockus (Peña-
losa) y el sucesor de la segunda administración (Garzón), el analista León Valencia destaca como la seguridad dejó de
ser un problema únicamente de la derecha. Valencia afirma: Mockus estableció la relación entre cultura ciudadana y
seguridad y desplegó una creatividad asombrosa para sembrar en el imaginario de la gente la idea de que la vida es
sagrada. Peñalosa trabajó la relación entre espacio público y seguridad y logró dotar a la ciudad de lugares amables
que inhiben la ocurrencia del delito. A Garzón le ha tocado la difícil tarea de crear un vínculo entre la cohesión social,
la lucha contra la pobreza y la seguridad. Si al final de su gobierno logra forjar esta ecuación, la política colombiana
se habrá enriquecido de modo especial. En los últimos años se ha desdeñado la idea de que una parte de la violencia
política y de la violencia común tiene su origen en la marginalidad y en la pobreza en la que viven millones de colom-
bianos. Si el alcalde Garzón logra demostrar que los programas de inclusión social y la mitigación de manifestaciones
extremas de pobreza tienen incidencia directa en la mejoría de la seguridad, una nueva forma de gobernar se abrirá
camino. Ver VALENCIA, León. “Una izquierda responsable de la seguridad”. Artículo tomado de la página Web www.
polodemocratico.org.co (consultado el 15 de junio de 2007).
[38] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

se ha venido proyectando de manera gradual tamiento de un conjunto de normas estableci-


un modelo de transformación social en Bogotá, das para los ciudadanos. Se hace hincapié en
incluso con proyección internacional (Pizano, 2003: la regulación cultural de las interacciones entre
13-15). desconocidos y entre los ciudadanos y las auto-
ridades, en particular en espacios públicos y de
Aunque es posible encontrar otros promotores movilización y en el funcionamiento de la ciu-
de esta iniciativa, es con Antanas Mockus donde dad. Mirando este enfoque desde el concepto de
el proyecto de cultura ciudadana adquiere signifi- ciudadanía, puede verse que se toma como eje
cativos grados de visibilidad. Su plan de gobierno central lo relativo al cumplimiento, voluntario o
tiene antecedentes en gran parte de sus artículos y no, de normas, lo que supone que la ciudadanía
ponencias, que tienen un importante referente de es sujeción a la ley y a la moral, responsabilidad
reflexión cuando en 1994 plantea la categoría de social y obediencia debida. En otras palabras,
anfibios culturales, como aquel sujeto que se desen- el ciudadano es considerado ante todo sujeto
vuelve solventemente en diversos contextos y al cumplidor de deberes. Esta perspectiva hace del
mismo tiempo posibilita una comunicación fértil ciudadano un súbdito del Estado que: 1) adecua
entre ellos y transporta fragmentos de verdad (o sus comportamientos a las normas estableci-
de moralidad) de un contexto a otro, es decir, un das en la ciudad que el gobernante debe hacer
sujeto que convive - vive en la legalidad, pero viola cumplir; y 2) propugna para que otras personas,
sus principios, obedece las normas culturales, pero aún desconocidas, también las acaten. Si el ciu-
solo aquellas que favorecen sus intereses2. dadano cumple las normas voluntariamente,
no por coacción o temor, puede ser asunto tan-
Durante sus dos administraciones Mockus muestra gencial en el propósito del gobernante. Lo que
cierto nivel de coherencia entre sus planteamien- prima, en último término, es que los compor-
tos teóricos y el programa de cultura ciudadana tamientos se ajusten a la ley y que, en conse-
implementado, lo cual se ve reflejado en el alto cuencia, exista congruencia entre ley y cultura.
nivel de producción en lo que respecta a documen- Pero también que esta lógica de la coherencia
tos y cartillas que explican de manera detallada cobije a la moral, pues es ésta la que ratifica en
los principios de la cultura del buen ciudadano y la la subjetividad la bondad de los actos y la norma
necesidad de convivir3, cumpliendo las reglas. Pero (Mockus, 2003: 31).
si hemos hablado de cultura ciudadana se debe
citar de manera textual el objetivo de esta política, Mockus entiende el divorcio que existe entre las
que es planteada como: normas legales y las normas sociales, con lo que
se propone dentro de su administración buscar un
…El concepto de cultura ciudadana es ante todo mecanismo que pudiera articular el cumplimiento
una noción que busca la regulación propia del de normas legales, pero también de normas socia-
comportamiento entre personas para el aca- les en un marco de respeto y tolerancia. En un texto

2
Mockus, Antanas. Anfibios Culturales: Divorcio entre ley, moral y cultura. En Revista Análisis Político, N.21. Bogotá:
Instituto de Estudios políticos y Relaciones Internacionales, IEPRI, 1994. pp. 37 – 48. En esta misma revista y en
cartillas de la Alcaldía Mayor de Bogotá, Mockus muestra interés constante por el tema, apoyado y sustentado en
los planteamientos de John Elster. No se hacen explícitos los planteamientos de Jhon Elster, ya que el objetivo no es
hacer un análisis riguroso de la teoría de las normas sociales y los modelos conductistas, sino observar la incidencia
de la propuesta de Mockus en la formulación de las políticas de Cultura Ciudadana.
3
La creación del Observatorio de Cultura en Bogotá y los últimos detalles para la creación del libro Blanco de la Segu-
ridad en Bogotá pueden mostrarse como dos expresiones representativas del interés por otorgarle un manejo de
primer orden a los asuntos de convivencia y seguridad ciudadana. Al respecto puede consultarse una completa guía
bibliográfica de temas de cultura ciudadana en la página Web www.observatoriodeculturaenbogota.gov.co y docu-
mentos relacionados con el tema de la seguridad en www.libroblancodelaseguridad.co
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [39]

escrito al finalizar el período de su Alcaldía (2003), dos teóricos. El primero, los juegos de lenguaje de
Mockus señala: Ludwig Wittgenstein, pertinente para entender lo
que significa seguir reglas; 2. La acción comunicativa
Convivir implica acatar normas compartidas y habermasiana como una acción orientada a lograr
generar y respetar acuerdos. Implica también acuerdos, 3. Complementariedad entre acuerdos
tolerancia y confianza. Además, las relaciones con reglas formales e informales desde el punto de
entre estos elementos de la convivencia son vista económico, de acuerdo a Douglas North, 4.
fuertes. Para comenzar esta investigación, la Investigaciones sobre la forma como la Convivencia
convivencia se asoció a un modelo reproductivo, es el saber y poder negociar y 5. El dilema del prisio-
donde cumplimiento y confianza produce más nero4, teoría que se preocupa por entender los pro-
cumplimiento y más confianza, así produce con- blemas de la cooperación y la competencia cuando
vivencia. Cumplimiento de normas, no sólo lega- los agentes racionales no tienen información com-
les sino también sociales, y tolerancia configuran pleta sobre la acción del otro (comúnmente desco-
convivencia y generan confianza. En realidad, la nocido o perteneciente a un sistema cultural dife-
convivencia combina reglas y acuerdos explícita- rente al mío) (Mockus, 2003: 17-19).
mente establecidos. Por ejemplo, la celebración
y el cumplimiento de acuerdos se suele apoyar Planteadas las preocupaciones teóricas, Mockus
de hecho en reglas formales e informales, lega- piensa que el problema de la sociedad radica en la
les y culturales o morales (Mockus, 2003: 13). ausencia de confianza entre instituciones y socie-
dad, pues mientras las primeras suelen conocer
La cita anterior permite demostrar, por lo menos de muy poco de las normas sociales, desconociendo
manera tangencial, que Mockus no busca que las sus dinámicas e imponiendo ordenes jurídicos arbi-
personas se rijan únicamente por normas jurídicas, trarios; la sociedad incurre en la mayor parte de las
mas bien, lo que propone es acercar la legalidad veces en la aprobación de comportamientos ilega-
al cumplimiento o aceptación cotidiana de normas les, con la posterior justificación, de estar obede-
sociales y culturales, que deben buscar en princi- ciendo a su norma cultural o a su moral personal.
pio generar acuerdos que garanticen convivencia Al hallar Mockus esta condición de desconfianza
y tolerancia por parte del conjunto social. Según entre instituciones y sociedad, encuentra que en
Mockus, el incumplimiento de las reglas genera esta divergencia penetran prácticas ilegales, gene-
desconfianza y mala voluntad (Mockus, 2003: 15), radoras de violencia e intolerancia. Esta situación lo
con lo que pretende producir confianza en el esta- lleva a proponer la necesidad de fortalecer acuer-
blecimiento y acuerdo de normas sociales, que si dos entre normas legales, culturales y morales en
bien deben tener en cuenta el contexto de la lega- pro de neutralizar los comportamientos que ponen
lidad, no deben condicionarse de manera exclusiva en peligro la convivencia ciudadana:
a las formalidades del orden jurídico.
En términos generales, buscamos fortalecer la
Con el fin de fortalecer sus argumentos, Mockus regulación cultural, la desaprobación o el reco-
pretende demostrar la importancia de la armoniza- nocimiento, y exigimos que esa regulación será
ción entre ley, moral y cultura basado en 6 postula- armónica con las regulaciones legal y moral de las

4
El dilema del prisionero es una situación hipotética que muestra dos ladrones capturados por la policía y enviados a
celdas diferentes. Los policías con el fin de poder acusarlos, le piden a cada prisionero que delate a su compañero,
obteniendo como recompensa la libertad. El prisionero no sabe que hacer, pues no tiene información precisa sobre
la acción que tomará su compañero. La policía aprovechará esta situación para intentar que los dos confiesen y así
hacer que los dos pierdan. El argumento de los teóricos que han trabajado este dilema es que lo mejor sería que
los prisioneros tuvieran información de cada uno, para que así ninguno hablará y cada uno mantenga un nivel de
ganancia, es decir, la ausencia de cooperación y la constante incertidumbre es producto de la falta de comunicación
que hay entre agentes racionales. Para complementar esta explicación, ver KEOHANE, Robert. La elección racional y
las explicaciones funcionales. En Después de la Hegemonía. pp. 94 - 96.
[40] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

personas. Más que corregir convicciones, cree- jes formales tienen gran éxito en la implementa-
mos que se deben fortalecer y corregir hábitos, ción de políticas cuando se afirma:
para lo cual nos basamos en la teoría de que la
gente está moralmente bien educada, pero que Si hacemos un balance de lo que han sido estos
en sus hábitos y en sus juegos –al involucrarse años de la propuesta de cultura ciudadana, es
con otros sujetos– se sale de sus convicciones indudable que la ciudad registra, con aprecio y
morales. Esto quiere decir, en pocas palabras orgullo, los diversos cambios que sólo podrán
que de ley y moral estamos bien, pero de regu- mantenerse en la medida que los residentes en
lación cultural –en la coherencia entre nuestros Bogotá los interioricemos y continuemos desa-
comportamientos e ideales– aún estamos muy rrollándolos con un grado de autorregulación
mal (Mockus, 2003: 16). cada vez mayor, en un compromiso por el pro-
greso de nuestra capital….
Aunque no es propósito de este trabajo comprobar
empíricamente el éxito de esta política, encontra- Apreciados lectores de esta cartilla: los invitamos
mos indicadores (la discusión sobre la validez de los a la autorregulación y a la regulación colectiva. A
indicadores es otro ámbito de profunda reflexión) celebrar comportamientos ciudadanos adecua-
que demuestran que los planteamientos teóricos dos, remarcándolos con los signos del lenguaje
llevados a la práctica, vía ejecución de un Plan de de la cultura ciudadana, para que continuemos
Gobierno, generaron una profunda transformación este proceso que ha hecho de Bogotá un ejem-
en aspectos como la infraestructura, los conflictos plo para el mundo (Mockus, 2003: 44-45).
familiares, las riñas callejeras y la aceptación de
normas cívicas, como pasar la calle por la cebra, no Elaborando un panorama general de los plantea-
manejar en estado de embriaguez, etc. mientos de Mockus y algunas de sus prácticas
gubernamentales, nos preguntamos ahora, ¿qué
A pesar de que las estadísticas no sean una fuente implicaciones culturales y sociales tiene la política
del todo fiable como para concluir que las políticas del buen ciudadano en la producción de subjeti-
gubernamentales de Mockus han sido interioriza- vidad? Esta pregunta nos invita a dos reflexiones
das en las prácticas culturales de los bogotanos, críticas.
no se puede desconocer el impacto social de estas
políticas en la producción de subjetividad del ciu- 2. Los supuestos… no elaborados
dadano. El trabajo de Eliana Garzón plantea la rela-
ción entre la teoría del lenguaje en Bernstein y la Cuando Mockus plantea que de ley y moral esta-
convivencia ciudadana en Bogotá. Para la autora, mos bien, pero de cultura todavía mal deja profun-
Bernstein observa la política de cultura ciudadana das inquietudes sobre los argumentos que utiliza
como una forma de cambiar las estructuras de sig- para llegar a tal conclusión. Mockus considera que
nificado vía modelos pedagógicos, que trascienden ha faltado confianza y acuerdos, es decir, no repara
del aula de clases y se ubican en la cotidianeidad en las prácticas políticas institucionales y sociales.
de los comportamientos sociales (Garzón, 2002: 6- En su interés por no entrar en discusión con las
25; 32-33). regulaciones culturales y morales, Mockus con-
sidera que toda regulación cultural o legal puede
En la parte final, la autora presenta como anexo llegar a acuerdos siempre y cuando no aprueben
un cuadro que sintetiza las acciones y los mensajes comportamientos ilegales.
más destacados en la implementación de la polí-
tica de cultura ciudadana y que buscan a través de Al decir “comportamientos ilegales”, se esta par-
un modelo comunicativo generar símbolos explíci- tiendo ya de la definición de lo que es legal para
tos, que por vías diferentes al lenguaje verbal, le el orden jurídico, siendo en últimas el interés de
indiquen al ciudadano la importancia de cumplir la política del buen ciudadano tratar de articular a
normas. Pareciera que estos mensajes aferrados al éste, con el respeto de una ley, que se cree ya fun-
impacto de los símbolos y de la ruptura de lengua- damentada, elaborada y aceptada.
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [41]

No se entiende tampoco como Mockus en el Pero, ¿qué pasa cuando la cultura no sólo valida
grueso de su planteamiento, considera la desvia- comportamientos ilegales, sino que en sus raíces
ción moral como una justificación permanente a la comportan prácticas que promueven a través de
violación de acuerdos culturales y legales. ¿Acaso formas represivas y simbólicas un determinado
la moral no juega permanentemente con la cultura orden social, moral –e incluso legítimo (desde
y muchos de los incumplimientos, pero también su propia perspectiva)?, ¿Acaso será posible una
muchos de los acuerdos culturales son generados armonización con una cultura ilegal en sus raíces?,
gracias a los motivaciones racionales y/o pasiona- o ¿será que de forma implícita se está dando dicha
les de los agentes sociales?, ¿Acaso la moral es la armonización?
única causante de la violación legal, o no será que
aparte de una simple falta de información, el orden Esta inquietud conecta la preocupación central de
jurídico-legal ha producido ambiguas formas de este capítulo del texto, ya que se pregunta si las
comportamiento moral y cultural? prácticas culturales del paramilitarismo en Bogotá
son tan solo una “validación de comportamientos
En síntesis hay grandes dudas de la dicotomía ley ilegales”, o formas de vivir y pensar insertadas en
y moral bien –cultura mal, pues se parte del pre- un conjunto social, que las asimila y las intenta
supuesto de que las reglas jurídicas y morales no armonizar con las reglas institucionales. Para resol-
deben modificar las raíces de sus prácticas sociales, ver estas inquietudes, profundas e inacabadas en
sino que deben intentar celebrar acuerdos que des- sus respuestas, pero apasionantes de analizar, se
aprueben la ilegalidad e influyan en la cultura de los deben explicar y comprender dos ejes que fun-
individuos (ligeramente desviada) como garantía de damentan la hipótesis de trabajo presentada en
su cumplimiento. ¿Cómo explicar o argumentar los la introducción. El primer eje pretende entender
fundamentos teórico-prácticos de estas dudas? los rasgos distintivos de la cultura paramilitar en
Bogotá y el segundo, mostrar la forma como la cul-
Encontrando coherencia en Mockus cuando reitera
una vez más que convivir es dejarse regular por tura del buen ciudadano está enfocada al cumpli-
ley, moral y cultura, sin validar comportamientos miento y obediencia de males menores o “pública-
ilegales (Mockus, 2003: 22), se parte del supuesto mente aceptados”, mientras la cultura paramilitar
de que hay comportamientos que aprueba la cul- maneja en lo privado aspectos fundamentales de
tura y que están por fuera de los órdenes legales. la vida social de los bogotanos y posiblemente de
Prueba de esta inferencia la encontramos cuando otros sectores urbanos en el país.
en la inauguración del Observatorio de Cultura en
Bogotá en 1995, Mockus sostiene: 3. Prácticas culturales del buen
¿Cómo se puede describir de manera muy sin- ciudadano - Prácticas culturales del
tética la situación que encontramos con enorme paramilitarismo:
frecuencia en nuestra ciudad? Podría decir que
Así mismo, la guerra es la mirada que fascina
con gran frecuencia es aceptable realizar com-
portamientos jurídicamente ilegítimos, inválidos,
en su espectáculo o que ante el horror instala en
prohibidos. El hecho de que las barreras cultura- una parálisis silente, como cuadro que mira el
les no sean más exigentes que las barreras jurí- sujeto y lo deja como puro objeto; es incluso la
dicas hace que haya una serie de islotes donde mirada que trágicamente ciega a quienes guar-
el comportamiento ilegal es un comportamiento dan la distancia respecto de la guerra para enun-
culturalmente aceptado y donde existen incluso ciarse ajenos en la indiferencia, que sin embargo,
mecanismos para reproducir el comportamiento tolerando su existencia, los hace cómplices en su
ilegal (Mockus, 1998: 23). condescendencia 5.

5
Castro, María Clemencia. El teatro de la Guerra: una puesta en escena del sujeto. En Revista Desde el Jardín de Freud.
Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Número 5, 2005. p. 304. María Clemencia Castro cita en este apartado a
Enzo Traverso en el texto “La historia desgarrada”. Barcelona: Herder, 2001. p. 18.
[42] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

En el grueso de la bibliografía sobre paramilita- manera muy superficial por las políticas de segu-
rismo, las líneas de investigación han girado en ridad ciudadana tanto de las administraciones
torno a sus expresiones regionales, sus métodos Mockus, como las de sus sucesores6, y es que el
represivos y su papel en el conflicto armado. Cómo problema no radica en la legalidad y en los proble-
se ha venido planteando, el interés de este capítulo mas de su implementación o desobediencia por
gira en la necesidad de poner también la mirada en parte de los ciudadanos. No decimos que es el ver-
las lógicas culturales del paramilitarismo, su adap- dadero problema, pero si creemos es una arista de
tación a contextos como el bogotano y la no nece- análisis que debería ser estudiada, y es que la lega-
saria invocación de una presencia física y armada, lidad convive de manera “armónica” con las prác-
para estudiar su fenómeno. ticas culturales ilegales, propiedad no exclusiva,
pero si de carácter sintomático del paramilitarismo
A pesar del llamado a mirar de manera dialógica en Bogotá. Al respecto el documento señala:
la mirada cultural frente a la expresión bélica y
política de los paramilitares, no se puede decir Hoy en día, por ejemplo, cualquier bogotano
que no han existido esfuerzos investigativos por que vaya de compras a sitios tan populares
encontrar dichas manifestaciones culturales. En el como el Sanandresito o Corabastos, inconscien-
caso de Bogotá, el grupo de Reflexión sobre políti- temente estará interactuando con los actores
cas de seguridad ciudadana ha intentado llamar la del conflicto. El dueño del local que le vendió un
atención sobre las características particulares del electrodoméstico o los víveres de la familia es
paramilitarismo en Bogotá, cuestionando la visión casi seguro que paga un porcentaje de la venta
unilateral de la mayoría de los ciudadanos en ver por la protección que prestan los actores arma-
que hay amenazas cuando el conflicto armado se dos. Pero además, paga por otros servicios que
expresa con violencia: prestan las redes de extorsión de autodefensas
y guerrillas, que sobrepasan lo criminal y se
En Bogotá sus habitantes solo sienten que extienden a aspectos más complejos de la orga-
la guerra toca a sus puertas cuando suceden nización de estos mercados. Ellos evitan la espe-
atentados como la bomba en el Club el Nogal o culación al fijar los precios entre proveedores y
cuando hay que pagar el impuesto al patrimo- vendedores, inyectan capital mediante testafe-
nio para financiar alguna ofensiva militar, pero rros y sistemas informales de créditos, obligan
pocos se dan cuenta de la forma como nuevos a cumplir los contratos y a pagar las deudas, por
actores comienzan a organizar aspectos trascen- sólo mencionar unas cuantas funciones (Policy
dentales de la vida en sociedad (Policy Paper - Paper - FESCOL, mayo 2006: 1).
FESCOL, mayo 2006: 1).
La única objeción que se tiene frente al plantea-
Este estudio cuestiona de manera implícita dos miento del Grupo investigativo de FESCOL, es que
puntos fundamentales que han sido tratados de así como el paramilitarismo no puede interpretarse

6
Aunque el caso de estudio es 2000-2006 y se ha hecho especial énfasis en los planteamientos de Mockus, el cual es
el visible promotor de este cambio político y social en la ciudad, también entendemos que con la administración del
alcalde Luís Eduardo Garzón, el concepto de seguridad fue ampliado desde una perspectiva social. Aún así entendemos
que esto no ha redundado en un cambio significativo de la presencia de las prácticas culturales del paramilitarismo
en las dinámicas sociales de Bogotá. Al respecto recomendamos: Grupo de Reflexión sobre políticas de seguridad
Ciudadana en Bogotá. Política de Seguridad Ciudadana en Bogotá. Policy Paper. Bogotá: FESCOL, Agosto de 2005. “La
presente administración distrital es un gobierno de naturaleza política diferente, que asume el compromiso de avanzar
hacia un nuevo modelo de seguridad, inspirado en la dignidad de las personas como principal eje de trabajo y su eje, y
su objeto, consiste en garantizar la vida, libertad, dignidad, patrimonio y tranquilidad de la ciudadanía”(p.2). A pesar de
lo planteado, el modelo del buen ciudadano pensado por Mockus y seguido aunque con algunos cambios por Garzón
presenta problemas y ambigüedades en definir que se entiende por seguridad desde el Estado y las personas, cuando
el problema es que la seguridad es una preocupación tanto para la administración distrital como para el proyecto
paramilitar.
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [43]

únicamente como una alianza entre élites con tradicionales no contaban con suficiente poder
fines represivos, tampoco puede pensarse que sus para tener certidumbre de un cobro reiterado
expresiones se presentan de manera singular en en el largo plazo, no les importaba que la fija-
sectores populares. En otro policy paper, se insiste ción de un monto excesivo quebrara los nego-
desde la perspectiva de Diego Gambetta que el cios de la zona (Policy Paper - FESCOL, mayo
control paramilitar se da únicamente en sectores 2006: 3-4).
marginales (Policy Paper - FESCOL, octubre 2006:
1-2), lo cual es un síntoma equívoco que hace Pensar que la sociedad ignora estos procesos es
pensar en justificaciones que terminan dándole la subestimar demasiado su racionalidad y creer que
razón a expresiones proteccionistas y corporativis- por el hecho de que las bandas delictivas (que
tas que garantizan protección, orden y seguridad. como plantea el Policy Paper están muy lejos de
Si en otras zonas de Bogotá no se ven paramilitares ser los ejércitos constituidos a nivel regional)7 se
como suelen verse en barrios marginales, ventas encuentren en barrios marginales, no somos cóm-
ambulantes y negocios ilegales como las drogas, plices o partícipes silentes de formas de vivir y
esto no es indicio de que unas zonas son más tran- pensar, que como las del paramilitarismo, han per-
quilas y pacíficas que otras, pues: meado no todas, pero si gran parte de las estruc-
turas sociales.
También existen actividades legales como ten-
deros y comerciantes que son extorsionados En este punto, sin dejar a un lado el sesgo de los
sistemáticamente por grupos paramilitares. A “barrios marginales” y de un ”capitalismo irracio-
diferencia de las antiguas bandas extorsivas que nal” (entonces como se explica el cobro racional a
existían en la capital, los paramilitares impusie- comerciantes legales)8 plantea el grupo de FESCOL
ron un cobro periódico. Además, la motivación que hay indicios de una sociedad fraccionada que
del cobro de una suma de dinero no pasaba simultáneamente vive con dos sistemas de organi-
solamente por la no agresión contra los moro- zación social, por un lado, una fuerte presencia ins-
sos sino por la protección contra otros crimina- titucional y por otra con una presencia paramilitar,
les, se justificaba su pago como una ‘cuota de no necesariamente bélica, aspecto que es recono-
protección’. Por ser la extorsión sistemática y cido por este grupo, cuando explica los procesos
crónica, la fijación de la cantidad exigida a los de legalización por parte de capitales ilegales del
propietarios de negocios legales está dada por paramilitarismo y los límites que tiene pensar en
un monto racional de acuerdo a sus ganancias. la desmovilización como parte acabada del fenó-
Mientras que las redes criminales extorsionistas meno. El argumento es el siguiente:

7
Al caracterizar la expresión del paramilitarismo en Bogotá, el Policy Paper Nº 3 señala: Este control dista de parecerse
a las situaciones de dominio absoluto de la sociedad que sucede en otras regiones de Colombia, donde incluso sus
ejércitos uniformados vigilan el orden local a plena luz del día. Se trata más bien de un control de corte mafioso,
en que estructuras armadas vinculadas a grupos de autodefensas fuera de Bogotá, y recientemente autónomas de
estos grupos, cobran un porcentaje de los excedentes de las transacciones económicas y las comunidades marginales
que protegen (p. 2). Pese a su pretexto contrainsurgente, en concreto contra los avances de las redes urbanas de las
FARC, lo cierto fue que su entrada se centró principalmente en el control de determinadas actividades muy lucrativas
y de comunidades marginales, que además de constituir corredores estratégicos para la guerra, eran valiosas por su
potencial de votos y de apropiación de terrenos baldíos. El líder inicial de la iniciativa de las autodefensas fue Miguel
Arroyave, que logró «pacificar» las oficinas de asesinos a sueldo en los Sanandresitos y Corabastos, en el sentido de
subordinarlas al control de su organización criminal. Se evitó así la constante disputa entre bandas criminales que
además de llamar la atención de las autoridades, iba en contra de la rentabilidad de las actividades lícitas e ilícitas
que controlaban (p. 3).
8
Cuando se duda del supuesto del “capitalismo irracional” es porque el negocio del narcotráfico y el mantenimiento de
sistemas de protección a comerciantes demuestran que la estructura capitalista puede seguir funcionando en su más
elevado nivel de racionalidad competitiva, sin que esto signifique que estos grupos ejerzan una suerte de represión o
legitimación ante empresarios, comerciantes y otro tipo de actores dedicados a actividades económicas legales.
[44] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

Así como va el proceso con las AUC ni está sir- enfrentamientos y acciones ofensivas por parte
viendo para fortalecer el Estado, ni tampoco de los nuevos grupos armados, que tengan como
para favorecer la gobernabilidad, mucho menos propósito contrarrestar la presencia de la guerri-
para que el Estado se encuentre hoy más cerca lla (Calderón, 2006: 3).
que en 2002 de recuperar el monopolio de las
armas. De allí la falla estructural de la estrategia La aclaración se hace con el fin de resaltar que la
de negociación del gobierno: su convicción que reflexión que se ha intentado tejer en estas pági-
la retirada de los paramilitares significaba el final nas, pretende demostrar como las prácticas cultu-
de las estructuras sociales que demandaban rales del paramilitarismo, si bien no son caracte-
aparatos de coerción privada, cuando en reali- rísticas únicas en Bogotá, ni en Colombia, para el
dad la sociedad misma se había adecuado a un caso que nos preocupa, permite plantear la forma
orden afín a formas de regulación distintas a las como se moldea a través de un sistema económico-
del Estado democrático. Luego del desmonte de represivo una estructura que se articula a compor-
los grandes ejércitos, quedará un vacío de poder tamientos culturales autoritarios y personalistas.
a la espera de alguna fuerza capaz, como las
anteriores autodefensas, de gobernar en regio- Esto no solo significa la aprobación o desaprobación
nes estructuralmente pobres, rezagadas, poco de un comportamiento ilegal, sino la aceptación vía
adecuadas a producir en un contexto de capita- amenaza-reconocimiento de una práctica cultural.
lismo racional, y habituadas a formas elemen- La forma como el paramilitarismo se inserta en
tales del Estado y a un sistema de leyes basado estructuras mafiosas no repercute únicamente en
en los valores y prácticas locales (Policy Paper, un fin económico, sino que al posicionarse, impacta
octubre 2006: 7). sobre dos lógicas que conviven simultáneamente
entre la legalidad-ilegalidad. Por un lado, las lógi-
Como se había planteado en párrafos anteriores, cas culturales del paramilitarismo y por el otro las
las prácticas de control social de los paramilitares lógicas culturales del buen ciudadano.
no se presentan únicamente en Bogotá, sino que
hacen parte de una estrategia de adaptación a un Un ejemplo puede clarificar el argumento del
contexto enmarcado por un proceso de desmovi- párrafo anterior. Por un lado, la cultura del buen
lización y una visibilización del accionar paramili- ciudadano predica la armonización de reglas cultu-
tar y sus trayectorias históricas. De acuerdo a esta rales y articuladas a las normas legales, es decir, un
línea argumentativa se expresa: ciudadano debe aprender a pasar los puentes pea-
tonales9, así su estructura cultural o su moral, le
A diferencia del pasado, el origen de la mayo- hayan enseñado a ser más “vivo” si se pasa entre los
ría de las nuevas organizaciones armadas no se carros. Al implantar este tipo de comportamientos,
enmarca en la búsqueda de un objetivo polí- la cultura del buen ciudadano se enfoca a generar
tico contrainsurgente. Su interés principal está cumplimiento de las reglas en el espacio público,
más asociado con el negocio del narcotráfico y o someterse a la vergüenza pública, vía sanción
el control de cultivos, laboratorios y rutas para pedagógica (zanahoria) o represiva (garrote).
el desarrollo del mismo, además de la sustrac-
ción de todo tipo de rentas ilícitas producto No parece existir la misma efectividad cuando
de la extorsión, cobro por seguridad, hurto de la cultura del buen ciudadano intenta penetrar
combustible, etc. No obstante, esta situación en prácticas culturales dominadas por los acto-
no excluye la posibilidad de que se presenten res armados. En este espacio la armonización no

9
El trabajo de Eliana Rojas (2002: 27) presenta un resumen de acciones y mensajes básicos de la cultura ciudadana.
El trabajo de Manuel Vallejo referencia las prioridades de la política de cultura ciudadana: 1) Procesos pedagógicos
(pasar la cebra), 2) creación de nuevas representaciones de la ciudad (apropiación los espacios urbanos) y 3) mejoras
en la relación entre funcionarios y los ciudadanos (Vallejo, 1998: 170-172).
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [45]

parece darse en los términos propuestos por Moc- ples fragmentan la problemática social e impi-
kus. La armonización parece entenderse como la den toda articulación que la englobe y por esa
capacidad de cumplir los acuerdos institucionales vía hace imposible toda controversia fundamen-
que se proyectan para el espacio público, cum- tal. Todos y cada uno de los intereses individua-
pliendo por acción u omisión los acuerdos cultura- les o de grupo son legítimos. No hay intereses
les implícitos que crean las formas de estructura y de conjunto y, por ende, no puede haber pre-
orden social planteadas desde las lógicas culturales ocupaciones o pretensiones sobre las relaciones
del paramilitarismo. estructurales (Moncayo: 2004: 254).

En las zonas donde existe presencia paramilitar A las expresiones de inseguridad y miedo, como
como Ciudad Bolívar, Altos de Cazucá y los San lugares comunes con los cuales se busca justificar
andresitos (Pérez, 2006: 358-365) hay un control los modelos de seguridad y convivencia ciudada-
represivo–simbólico de los habitantes de esas nos volveremos más adelante. Por lo pronto, plan-
zonas; esos mismos habitantes pueden ser los que teamos la siguiente pregunta ¿todos somos para-
al salir de los territorios donde habitan, pasen los militares o legitimadores del paramilitarismo?... el
puentes peatonales, cedan la silla en el bus a muje- asunto no se limita a una afirmación condenatoria
res embarazadas, etc. Al sistematizar en estadísti- ni a una negativa permisiva. Lo que se quiere resal-
cas estos comportamientos, se podrá asegurar que tar es la manera como se concibe la producción
la Cultura del Buen Ciudadano se ha interiorizado… de subjetividad ciudadana con dos marcos cultu-
aunque no importa con que otras reglas culturales rales lógicas culturales del paramilitarismo-lógicas
convivan. culturales del buen ciudadano, que conviven de
manera paralela en un sistema que ataca el mal
Por su parte, las zonas donde no hay presencia menor, pero que es permisivo ante las faltas lega-
paramilitar, miran con cierto desdén la presencia les mayores.
física de estos grupos en lugares periféricos y creen
adoptar un comportamiento más cívico adoptando 3.1. ¿Qué?… ¿Cultura?
formas legales de protección y seguridad, que no
buscan solucionar o ser alternativo a la concep- Al fin y al cabo ambos somos
ción de orden y seguridad de los paramilitares. Lo parte de la misma hipocresía.
que importa es que exista un contrato que garan- Michael Corleone - El Padrino
tice mi seguridad personal y comunitaria, neutrali-
zando para mi círculo geográfico el acercamiento Explicar los comportamientos de una ciudadanía
de expresiones legalmente inaceptables, así esto tan compleja como la bogotana nos puede remi-
implique la expansión de estos actores armados en tir a generalizaciones arbitrarias, que en este caso
otras zonas territoriales. De esta manera se defien- intentaremos evitar, con la caracterización de algu-
den concepciones comunitarias de seguridad que nas tendencias que nos permitan explicar y com-
no afectan en gran medida la constitución de redes prender porque la cultura del buen ciudadano, si
paramilitares, lo cual evita toda controversia fun- bien ha significado un desarrollo social para Bogotá,
damental. Nunca deja de ser sugerente la tesis de suele pasar por alto la connivencia con una fuerte
Víctor Moncayo cuando en el contexto de los pro- presencia de los actores armados, y para el caso de
cesos de la globalización, pero con una aplicación estudio específico: los paramilitares.
interesante para este caso plantea:
En un sentido diferente a este texto, pero con algu-
Por su misma naturaleza, la participación no nos planteamientos que pueden aplicarse para
interpela el conjunto de la comunidad, sino a los lo que se pretende argumentar, Francisco Gutié-
individuos aislados o agrupados alrededor de rrez trabaja las dinámicas por las que se mueve
identidades diversas. Estos aislacionismos, loca- el comportamiento cultural de los bogotanos. El
lismos, micromundos e identificaciones múlti- autor comienza su análisis poniendo en cuestión el
[46] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

hecho de que la existencia de instituciones demo- tores estructurales: Por esa razón no se puede
cráticas es un efecto causal de un comportamiento reducir el paramilitarismo en Bogotá como un
regido por las normas legales. Gutiérrez dice que la agente excepcional o marginal que hace parte
gente cree vivir en una democracia, y dentro de las de las causas estructurales del conflicto armado
instituciones, pero que dentro del contrato tiene en Colombia.
muchas justificaciones para violarlo. Las institucio-
nes actúan, pero no crean mecanismos regulado- 3. Otros dieron inicio al problema: Una expresión
res (Gutiérrez, 1998: 215-218). que en Bogotá, a pesar de los esfuerzos de
muchos investigadores por demostrar lo con-
Pareciera que el argumento de Gutiérrez va en la trario, sigue cayendo en el imaginario de ser
línea de Mockus cuando intenta articular las des- una ciudad ajena o indiferente a las dinámicas
viaciones entre las prácticas cotidianas y la obe- del conflicto armado en el país.
diencia de las reglas; sin embargo, va más allá en
su argumento y plantea que en Bogotá suelen 4. Hablo como si el tema no existiera: La cultura
plantearse cuatro justificaciones para no cumplir del buen ciudadano habla de las prácticas ilega-
los acuerdos: 1. Si los demás son iguales, el país les, como si estas fueran una isla independiente
es igual, 2. No hubo agente, el agente es imperso- que carecen de un marco jurídico y no como
nal, con lo cual se le da exacerbada importancia a una estructura permisiva que ha dialogado
los factores estructurales., 3 Otros dieron inicio al con la legalidad, sin necesidad de irrumpir sus
problema, 4. Hablo sobre algo como si el tema no órdenes ni poner en cuestión sus fundamentos
existiera (Gutiérrez, 1998: 185-188). ideológicos10.

El anterior planteamiento nos permite ubicar algu- Al ser característica la tendencia de dos lógicas cul-
nos rasgos distintivos de la connivencia entre las turales que conviven simultáneamente, estamos
lógicas culturales del paramilitarismo y del buen ante la presencia de una dinámica social que regula
ciudadano, que detallamos a continuación: comportamientos públicos y los juzga de acuerdo a
pactos acordados para una mejor convivencia, pero
1. Si los demás son iguales, el país es igual: O cam- no hay la misma capacidad reguladora, consensual
biando la frase, Bogotá es la expresión en micro y coercitiva en el momento de actuar sobre las
del país, lo que sugiere que en la capital se pre- lógicas culturales del paramilitarismo. Adoptando
senta una presencia física-violenta del paramili- las categorías de Gutiérrez, estamos ante Institu-
tarismo con interiorizaciones discursivas o justi- ciones de lo recto y lo torcido donde:
ficaciones permisivas por parte de los que dicen
no sufrir los efectos directos del fenómeno o los …las infracciones pequeñas se castigan, a veces
que se limitan a condenarlo. con gran severidad, Sin embargo, después de
un punto de inflexión, a medida que se van vol-
2. No hubo agente, el agente es impersonal, con lo viendo más y más graves las faltas escapan al
cual se le da exacerbada importancia a los fac- régimen disciplinario; los infractores adquieren

10
No deja de ser llamativo la defensa que los paramilitares han tenido de la democracia. Al respecto Carlos Castaño
planteaba en el Estatuto de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Artículo 6: a) El finalismo de nuestro
accionar paramilitar siempre se ha enmarcado dentro del interés en pro del mantenimiento democrático, b) Nunca
se atentará contra el patrimonio nacional, ni contra las instituciones del estado, ni contra las estructuras económicas
legalmente establecidas (p. 11). También encontramos una posición frente a actos ilegales como la corrupción política
…las enormes defraudaciones al erario, el incumplimiento sistemático de los mandatarios con los programas de desa-
rrollo social y el permanente fraude en la administración de negocios y gestiones públicas, son manifestaciones corrup-
tas que lesionan tanto o más la nación como las expresiones de violencia originadas en el conflicto político armado. No
es posible asumir una actitud pasiva frente a semejantes agresiones y desafíos. La solución política negociada debe y
tiene que eliminar de la vida nacional la corrupción como elemento generador de la violencia (Castaño, 2002: 231).
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [47]

el suficiente poder para intimidar a los que van a un concepto de seguridad centrado en las personas
decidir la sanción. Esto nos liga a un tema recu- (Mockus, 2002: 1), lo cual tuvo avances en la admi-
rrente: lo que hemos llamado “racionalidad del nistración de Luís Eduardo Garzón (2003-2007).
neurasténico”... Es un tipo de racionalidad que
consiste en intimidar a los débiles y dejarse inti- Desde hace diez años (aproximadamente) numero-
midar por los fuertes (Gutiérrez, 1998: 210). Muy sos informes de la seguridad ciudadana en Bogotá,
interesante es que estos agentes y actos torci- presentan indicadores en acciones como hurtos,
dos (como llaman en ciertos círculos de nuestras homicidios, suicidio, riñas callejeras, entre otros
ciudades al que defecciona de un compromiso o eventos de naturaleza conflictiva11. El alto número
alterna maliciosamente la ley) deban adaptarse de estadísticas y cifras que pretenden mostrar el
a un mundo social en el que en todo caso funcio- éxito o fracaso en la ejecución de las políticas de
nan y tienen importancia la ley, el derecho y la seguridad, demuestran que mas que una forma de
democracia (Gutiérrez, 1998: 214). dominio institucional, se convierte en una práctica
gubernamental de necesaria aplicación para el
Las tesis de Gutiérrez lanzan complejos cuestio- control de la población.
namientos a la manera como es concebida e inte-
riorizada la política cultural del buen ciudadano, Las estadísticas y los estudios de cultura urbana
ubicando de facto el problema como una ligera cumplen un papel primordial en el sentido de pro-
desviación de las instituciones estatales y de los ducir la agenda de problemas que deben ser con-
sistemas culturales, sin poner en la perspectiva de siderados, administrando las condiciones estructu-
análisis la influencia que ha tenido la adaptación rales y subjetivas de la sociedad. Con la capacidad
de una concepción de orden autoritario de la polí- de contar, sistematizar y cuantificar, el gobierno
tica, una estructura mafiosa de la economía y una administra las acciones del individuo. Así la técnica
producción cultural de sujetos con capacidad de estadística de los gobiernos señalada por Foucault
vivir sin mayores alteraciones en dos sistemas que en la perspectiva de seguridad hace que
por sus fines y medios no pueden (o no deberían)
convivir. Lo propio del gobierno será (sea)12 entonces
localizar las “diferencias” de estatus, ingresos,
Si a esta connivencia, le agregamos justificaciones formación, garantías sociales, etcétera, y de
como el miedo, la inseguridad y categorías analí- hacer jugar eficazmente las desigualdades unas
ticas como la “Institucionalización del paramili- contra otras (Lazzarato, 2006: 13).
tarismo” y “La Cultura Mafiosa”, entramos en un
terreno que implica retos teóricos y empíricos en Con una práctica gubernamental que tiene herra-
su profundización, pero que se dejan enmarcados mientas estadísticas sofisticadas a la mano, la
con el fin de generar futuras reflexiones. pregunta se dirige hacia la concepción de miedo
e inseguridad que se intentan combatir. Una res-
3.2. El miedo de ayer, la inseguridad de hoy puesta posible, aunque no muy alentadora la tene-
y la incertidumbre del futuro mos con Armando Silva cuando plantea:

Si algo ha caracterizado las políticas de cultura ciu- Una segunda característica (de la postciudad)
dadana relacionadas con el tema de la convivencia tiene que ver con la seguridad, de quien tiene
y la seguridad, ha sido el esfuerzo por pasar de un miedo a ser asaltado; son ciudades, de tal pul-
concepto de seguridad centrado en los Estados, a critud que no creo que exista en sí el miedo,

11
En este sentido la producción estadística de la Secretaría de Seguridad y Convivencia en la administración de Luís
Eduardo Garzón decidió publicar cada tres meses informes sobre la situación de seguridad en Bogotá (antes se
hacían de manera semestral).
12
El paréntesis es de los autores.
[48] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

ese miedo. Existe una función mucho más per- de comunidad se convierte en una suerte de
versa asociada a la seguridad, las nuevas segre- zona maniquea en donde lo que es extraño o
gaciones urbanas. Me parece que es un tema desconocido es “malo”, “dañino” o “nocivo”….
muy importante, como a través de pensar en la En segundo lugar, la comunidad en su afán de
segregación, lo que debe ser una sociedad lim- vigilancia se puede arrojar derechos que no le
pia higiénica, esta segregando (Silva, 1997: 35). corresponden, como limitar el acceso al espacio
público o proscribir personas de ciertas zonas
El fenómeno de limpieza higiénica al que se refiere por su condición social o étnica (Ruiz, 2006:
Silva, no hace solo referencia a un momento de 14-15).
limpieza social desde la lógica paramilitar, sino
también a un fenómeno en el que se pretende La carga semántica de grupos como el G-10 nos
una especie de purificación de todo problema que ubica ante el dilema del modelo de seguridad ciu-
ponga en peligro o en vergüenza nuestra posición dadano que está pensado para Bogotá, pues en el
en lo público. Por esa razón la cultura urbana, la fondo, el problema no radicaría en que existan gru-
seguridad y la convivencia, se tiende a asociar con pos que creen mecanismos de autodefensa contra
el miedo y la incertidumbre del ciudadano (a), sus- los delincuentes, sino que el problema es el uso
tentadas básicamente en el robo de cosas mate- de la represión, sin la preexistencia de un acuerdo
riales, maltratos psicológicos o en su extremo la estatal. En ese sentido, Mockus afirma:
muerte; indicadores que son inevitables cuantifi-
car, pero que en el caso de Bogotá constituyen una “…que la gente ayude a defenderse haciendo lo
muy peculiar forma de implementación de políticas que la constitución recomienda en el capítulo
de cultura ciudadana, lo cual termina siendo fun- de deberes ciudadanos”. Obviamente esa ayuda
cional a los mismos mecanismos proteccionistas y requiere una alta integración entre ciudada-
personalistas del orden y la cultura autoritaria. nos y fuerza pública. Pero esa integración debe
lograrse respetando la especialidad, las compe-
El caso del Grupo G-10 en Bogotá, constituido tencias de unos y de otros. En este contexto, el
como una red de frentes de seguridad local, que arma es la marca más visible de la diferencia de
mensualmente rinde informes sobre los actos competencias. “Zapatero a tus zapatos” es un
delictivos del barrio, o los pactos de seguridad principio básico de la seguridad contemporánea.
con la Asociación Bancaria, el Gremio de Taxistas, Las comunicaciones y los dispositivos de vigilan-
los Comerciantes del sector LGBT y la Cámara de cia electrónica como cámaras son instrumentos
Comercio de Bogotá13, permiten ver como estas de seguridad pasiva en los cuales los ciudada-
alianzas se justifican en la necesidad de una pro- nos podemos colaborar con la fuerza pública de
tección comunitaria y la búsqueda de alternati- manera pacífica y en concordancia con nuestros
vas para sus problemas de seguridad, a través de deberes ciudadanos 14.
marcos legales, aspecto que para Juan Carlos Ruiz
es necesario delimitar con mucho cuidado, pues No se niega que la seguridad sea una preocupa-
se puede presentar la situación que se describe a ción legal y legítima de la ciudadanía, lo que se
continuación: pretende poner en cuestión, es la forma como el
miedo y su uso político construyen modelos de
Habría que definir con claridad que se entiende seguridad comunitarios y muy poco diferenciables
por comunidad y cuales serían sus funciones (a excepción del binomio legalidad-ilegalidad) con
en la prevención del delito. A veces la noción las lógicas de orden, y autoridad predicadas por el

13
Los objetivos, documentos e historia de estos acuerdos se pueden consultar en la página Web www.suivd.gov.co
(consultado el 30 de junio de 2007).
14
Mockus, Antanas. Seguridad y convivencia ciudadana: Una pedagogía del Estado de Derecho. Bogotá: Alcaldía Mayor,
2003. http://www.bogotá.gov.co/Seguridad%20y%20Convivencia%20Ciudadana.doc (consultado el 17 de mayo de
2007).
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [49]

paramilitarismo, que claramente se manifiestan razón como un asunto de sujeción negativa a un


por medio de la violencia, pero que en términos pacto social; sin negar con esto que el miedo y la
gramscianos constituyen valores hegemónicos que seguridad no sean parte de la naturaleza humana.
a través de lógicas culturales y simbólicas se esta- El planteamiento de Spinoza se dirige a una con-
blecen y se adaptan a las condiciones estructurales cepción libertaria, en la cual el hombre, que hace
y subjetivas de los contextos sociales15. parte del Estado, encuentre en este una forma de
vivir de la mejor manera, sin necesidad de pensar
A pesar de que Bogotá se conciba con una ciudad en la potencialidad constante de que exista un con-
con múltiples miedos, en la cual todos viven en un flicto (Bodei, 1991: 91).
estado de constante incertidumbre (Niño, 2002:
191), esta no es una característica que diferencia Este debate filosófico y someramente tratado, se
a Bogotá de otras ciudades del país y del mundo; trae a colación con el fin de indagar acerca de las
mas bien es el retrato de la naturalización del razones por las cuales dentro de la concepción de
principio hobbessiano, que en palabras sintéticas miedo y seguridad ciudadana, se plantea un modelo
construye el contrato social por miedo a la muerte de seguridad que administra estadísticamente
violenta, formando un binomio inseparable entre hechos que preocupan a la ciudadanía (el hurto
razón y miedo, donde razón es impotente sin de carros, homicidios, atracos a mano armada), en
miedo y miedo ciego sin el cálculo racional (Bodei, especial, en las zonas donde no hay presencia física
1991: 84). de paramilitares y donde comúnmente se confluye
hacia un espacio público. La reducción de los indi-
El problema no es que la gente tenga miedo o se cadores de violencia común crean la percepción de
sienta insegura (Es obvio que alguien que camine que en el período 1995-200316, aunque con algu-
por un espacio geográfico desconocido, deba sen- nas limitaciones y objetivos por alcanzar, Bogotá ha
tirse atemorizado; parece casi también irrebatible alcanzado mayores niveles de seguridad (Llorente,
que cualquier ciudadano tome medidas para su 2003: 3-6, 11).
protección cuando fue víctima de algún atraco). El
problema radica en qué tipo de modelos sociales Al presentarse el miedo y la incertidumbre en zonas
se han pensado para construir un miedo que con- de donde proviene el crimen (estigmatizado, a un
duzca al establecimiento de acuerdos sociales que problema de la periferia), se construyen modelos
pretenden ser inmunes a las acciones delincuen- de seguridad, que reproducen desde la lógica legal
ciales o las formas represivas de grupos ilegales un orden autoritario de la sociedad. Es así como la
de protección privada, pero que a la final termina convivencia armónica entre lógicas culturales del
reproduciendo bajo la armadura legal, formas auto- buen ciudadano y lógicas paramilitares, en la pers-
ritarias, excluyentes y personalistas de defensa de pectiva de seguridad, comportan en relación a las
la seguridad. prácticas del buen ciudadano, la configuración de
un espacio público fragmentado, protegido ahora
Baruch Spinoza, uno de los críticos más lucidos de por frentes de seguridad local, que buscan una
Hobbes, cuestiona la concepción del miedo y la seguridad preventiva de acciones violentas.

15
En este sentido es preciso aclarar que Gramsci no deja de lado los factores coercitivos como agentes dinamizadores
de la construcción de valores hegemónicos en la sociedad. Al respecto Carnoy, haciendo un análisis de Gramsci dice:
El desarrollo burgués no se logra únicamente mediante el desarrollo de las fuerzas de producción, sino mediante la
hegemonía en la arena de la conciencia. El Estado participa en esta extensión, no solamente en la aplicación coer-
citiva del poder económico burgués. Sin poder (control) en el campo de la lucha de la conciencia, afirma Gramsci,
la burguesía tratara de volver al aparato coercitivo del Estado como instrumento clásico de dominación. De otra
manera, las fuerzas coercitivas quedan en el trasfondo, actuando como sistema de aplicación y amenaza, pero no de
coerción abierta (Carnoy, 1993: 100).
16
Este es el período trabajado por María Victoria Llorente.
[50] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

El problema es omitir las manifestaciones cultura- LJP fue el resultado de acuerdos políticos entre
les del paramilitarismo, las cuales no se insertan congresistas que habían resultado electos gra-
únicamente vía uso de la violencia, sino que tam- cias al apoyo del paramilitarismo y miembros de
bién han penetrado e interiorizado la personalidad estos grupos que prometían volver a apoyarles
y la dimensión psicológica del ciudadano (a) de la en próximas elecciones, personas que se dedi-
capital. En otras palabras, Ingrid Bolívar nos ayuda caron a garantizar la impunidad de sus crímenes
a mirar desde Norbert Elías como: y el no esclarecimiento de la verdad (Henao;
Mejía, 2008: 243).
Es preciso decir que los hábitos de pensamiento
que nos inducen a creer que la violencia sería Los planteamientos del libro respecto al impacto de
una amenaza para la construcción de los sujetos la LJP en la democracia, tienen un problema en la
o incluso aquellos en que se afirma que la vio- formulación de la pregunta, pues al indagarse por
lencia es una vía para tal constitución, tienden el impacto de la –Institucionalización del paramili-
a olvidar las diferentes formas en que los hom- tarismo– se asume en el desarrollo del trabajo la
bres se han autoexperimentado (Bolívar, 2003: idea de un fenómeno que llega a afectar los para-
270). digmas de la cultura, la democracia y la ciudadanía
(cualquiera sea su enfoque –tradicional, liberal o
Se puede concluir, en el análisis hasta aquí desa- marxista).
rrollado, que esta política de seguridad y conviven-
cia ciudadana se encuentra a la vanguardia de las De ser cierta la anterior tesis, entonces, ¿es con-
prácticas de vigilancia de masas y control de espa- secuente afirmar que la LJP es la culminación del
cios que se extienden en nuestras sociedades, al proceso político de captura del Estado por parte
exteriorizar la función de vigilar y controlar de las de los líderes de los paramilitares? o ¿es necesario
instituciones que tradicionalmente le correspon- reconsiderar que, si bien no se puede negar que la
día, e interiorizándola en los sujetos con la excusa LJP es el producto de pactos entre grupos políticos
de ser un actor social que debe cumplir con los (no todos repudiados socialmente), esto no es con-
acuerdos establecidos entre instituciones legales y dición suficiente y necesaria para señalarla como el
normas culturales. “factor” que impacta la democracia, la ciudadanía
y la cultura política?
Pero, ¿qué sucede con los acuerdos que provienen
de prácticas ilegales, pero pueden llegar a ser legí- Si se resuelve la primera pregunta de manera afir-
timos?, ¿es un problema que solamente debería mativa, se estarían desconociendo los demás pro-
preocupar a las instituciones? o ¿es un asunto que cesos políticos que, pese a estar inscritos en la
ameritaría un mínimo proceso de reflexión social? legalidad y sin beneficiar directamente los intere-
ses paramilitares, han impactado negativamente
Al respecto, el Grupo de Cultura Política, Institu- las instituciones estatales; y los procesos ilegales
ciones y Globalización de la Universidad Nacional que, sin buscar la cooptación del Estado, regulan la
de Colombia publicó un libro acerca de cómo el vida cotidiana de la ciudadanía, la cultura política y
paramilitarismo, en especial la Ley de Justicia y Paz la democracia.
(LJP), impacta la Cultura Política, la Democracia y
la Ciudadanía. Una de sus tesis gira alrededor de la Por esa razón, sería válido hacer otra pregunta, la
aprobación de la LJP: cual no se remita de manera exclusiva a determinar
el paramilitarismo como el culpable de la degrada-
La democracia fue la más afectada, no sólo por ción de valores democráticos y ciudadanos, sino
el duro golpe que se le asestó a la legitimidad de que se atenga mirar las recepciones y construccio-
las instituciones, incapaz de hacerle justicia a las nes propias que desde ciudades como Bogotá, han
deliberaciones y comunicaciones que venían de tendido a sentirse ajenas al conflicto. La pregunta
parte de la sociedad civil, sino porque la misma que proponemos es:
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [51]

¿Qué impactos ha tenido la cultura política, la rios culturales para denominar lo bueno y lo malo,
ciudadanía y la democracia sobre la Ley de Jus- lo justo y lo injusto, en la perspectiva de Luis Jorge
ticia y Paz? Garay podría tener alternativas siempre y cuando
sea:
Lo mismo sucede con la categoría “Cultura Mafiosa”,
que suena con frecuencia en columnas de opinión Un tema de moral pública, no de moralismo. Me
y estudios recientes sobre la cultura política. Inves- refiero a un sistema de comportamientos socia-
tigaciones como las de Gustavo Duncan han puesto les aceptables. Por ejemplo, en un régimen de
en evidencia las relaciones y diferencias del para- derecho esta moral está regida por la igualdad,
militarismo con el narcotráfico y las redes mafiosas los principios y valores democráticos. Tenemos
urbanas. Esto no significa, empero, que el parami- ámbitos del Estado donde hay prácticas mafio-
litarismo, el narcotráfico y la mafia sean fenóme- sas que están en riesgo de que se profundicen.
nos idénticos (Duncan, 2005). El problema reside El gran reto no es retroceder. Lo que hay que
en que el status como actor político de los para- hacer es recomponer socialmente. Hay nuevas
militares está imbricado con el narcotráfico, lo que formas del quehacer público que siguen vivas,
hace difícil diferenciar las fronteras de sus acciones mientras no las cambiemos son inviables los
criminales y políticas (aún cuando sean ilegales). cambios.
Andrés López aclara en una ponencia que:
El debate está abierto, pues hay interesantes
No significa esto que Colombia tendrá que acep- esfuerzos por realizar un análisis crítico del para-
tar el poder político fáctico de los narcotrafican- militarismo, pero que al dar por sentado que la
tes en tanto que el país siga siendo un centro democracia, la cultura y la ciudadanía han sido
de producción y tráfico de drogas ilegales. No. valores contamidados, omiten que éstos han sido
El problema de este país es que los narcopara- débiles antes, durante y después del surgimiento
militares se han convertido en el poder político de concepciones de autodefensa.
fáctico en regiones muy extensas del territorio
nacional, en alianza con las élites locales (López, En una ciudad como Bogotá (o Medellín y Cali)
2008). donde los accesos a educación, justicia, vivienda,
salud y cultura si bien no son los ideales, son los
Al hablar de “Cultura Mafiosa”, se piensa en com- mejores en cobertura y calidad de Colombia, el
portamientos inyectados de manera impositiva a la paramilitarismo, igual, no ha tenido problemas
sociedad y en zonas periféricas, negando a su vez, para permear las estructuras institucionales y los
la capacidad de adaptación de los paramilitares, sujetos sociales, logrando el sometimiento de las
con gran ventaja frente a las instituciones estatales zonas azotadas por la pobreza, pero generando la
o grupos guerrilleros a la hora de comprender las indiferencia legitimadora de sectores que se supo-
situaciones coyunturales del país y adaptarse a sus nen tienen algunas bases para construir proyectos
mecanismos de gestión y organización. que apunten al fortalecimiento del trinomio demo-
cracia, cultura y ciudadanía. Una preocupación cer-
Esto implica un gran poder de coerción a través de cana parece tener Cubides cuando indica:
la represión, pero también de la comunicación y la
regulación cultural diferenciando, pero no exclu- Por todo ello es que tiene mucho de fariseo el
yendo status económicos y geográficos, realizando tono sensacionalista, de novedad absoluta o de
conexión con las necesidades sociales, para apro- hallazgo de última hora que le han dado varios
vecharse de ellas y generar autoridad, reputación medios al tema de “la paramilitarización del
y liderazgo, aunque esto signifique una lucha cruel país”: no sin cierta perplejidad en un comienzo
por la supervivencia. No obstante, la capacidad de y tras derrochar una buena cantidad de ener-
adaptación, el protagonismo constante en la cons- gías en una actitud nominalista, en una suerte
trucción de la realidad y la definición de los crite- de orgía semántica (“¿Qué nombre le pondre-
[52] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

mos? “) a partir de las evidencias accesibles, la Un proceso que reivindica una vez más la necesi-
investigación social la ha venido registrando, las dad de propiciar diálogos constructivos entre la
bases de datos que se han venido construyendo ciencia política, la economía, la psicología y demás
la señalan con nitidez; así mismo la propia inves- perspectivas interesadas en nutrir la propuesta de
tigación social encendió las alertas acerca de una ética civil que sin ponerle etiqueta de parami-
los diversos nexos locales, regionales y naciona- litar a cualquier expresión social, logré reconocer
les y las redes más o menos tácitas con las que que es un actor que al margen de la ley ha sido
los paramilitares han contado, y sobre el papel parte de nuestro ethos cultural.
fundamental del narcotráfico en su expansión
(Cubides, 2005: 91).
4. Algunas herramientas psicológicas
En síntesis, profundizar las expresiones que por para interpretar nuestros ethos
miedo o afinidad han nutrido al paramilitarismo cultural
o que por valentía y resistencia han tratado de
evitar su alimentación, implica estudiar los ethos En esta sección, se intentará complementar la pro-
culturales de la sociedad colombiana con sus puesta de análisis a través de algunas categorías
elementos diferenciales, pero también con sus y herramientas analíticas propias de la psicología
rasgos comunes, para entender las condiciones social, sin apartarnos de la óptica de Adorno cuando
que permiten su asentamiento, permisividad o afirma que si bien la comprensión psicosocial es
rechazo. fundamental para el estudio de la personalidad y
el autoritarismo, esta comprensión será más com-
Por esa razón es necesario articular los problemas pleta si atiende a otras disciplinas de las ciencias
teórico-prácticos que tienen la enajenación social, sociales. Si bien el uso de categorías y herramientas
la solución banalizada de acabar el paramilitarismo de la psicología social se puede hacer de manera
con el desmonte de algunas estructuras organiza- imprudente y/o superficial, por la naturaleza de
tivas, o la implementación de políticas ciudada- la investigación, creemos importante señalar qué
nas que cubren una interesante, pero insuficiente se entiende por psicología social y como se puede
esfera pública, al estudio y reconocimiento del aplicar a este caso, al menos de manera parcial y
poder de adaptación de sus líderes, y las retroa- complementaria:
limentaciones que ha recibido por parte de los
centros urbanos. La propuesta de Sergio de Subiría En realidad, la psicología social analiza y explica
al reflexionar sobre nuestro ethos cultural es inge- los fenómenos que son simultáneamente psico-
nua, pero no irrealizable si se establecen metas de lógicos y sociales. Este es el caso de las comuni-
corto, mediano y largo plazo: caciones de masas, del lenguaje, de las influen-
cias que ejercemos los unos sobre los otros, de
Quisiéramos sostener la tesis de que la cons- las imágenes y signos en general, de las repre-
trucción de una ética civil, en Colombia, sólo es sentaciones sociales que compartimos y así
posible relacionando Ética, Cultura y Educación.
sucesivamente. Si queremos movilizar a una
Las éticas humanas siempre son la expresión del
masa de hombres, luchar contra los prejuicios,
ethos cultural de un pueblo. La imposición de
combatir la miseria psicológica provocada por el
proyectos éticos y educativos ajenos a nuestro
paro o la discriminación, sin duda alguna mayor
mundo cultural, impiden tanto las relaciones
que la miseria económica, siempre nos encon-
entres estas tres dimensiones, como posibilitan
traremos ante lo individual y lo colectivo solida-
nexos contradictorios entre ellas. Tanto el des-
rios, incluso indiscernibles. La psicología social
conocimiento de una de estas tres dimensiones,
nos enseña a observarlos de esta manera, per-
como su separación, termina convirtiendo todo
esfuerzo en estéril o descontextualizado (Subi- maneciendo fiel a su vocación entre las ciencias
ría, 1998: 54). (Moscovici, 1988: 27).
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [53]

De esta manera, la explotación parcial de algunas (1981ª), Mugny ha argumentado que los indivi-
herramientas de la psicología se pueden explicar a duos elaboran una representación de la fuente
través de la categoría Influencia, estudiada, entre de influencia (y de sí mismos) como pertene-
otros, por Serge Moscovici y que pretende –bási- ciendo a categorías sociales especificas a las que
camente– ahondar en las cuestiones que llevan al atribuyen ciertas características estereotipadas.
sujeto a cambiar su percepción individual de la rea- Se afirma que cuando un individuo es influido
lidad y su relación con el mundo exterior, influido adopta no sólo la posición mantenida por la
por su interacción con el otro. La influencia ejer- fuente, sino también las características estereo-
cida sobre el sujeto puede manifestarse de diferen- tipadas atribuidas a esta fuente en función de
tes maneras, según Moscovici: la conformidad y la su pertenencia y de sus categorías. Esto tendría
obediencia. como consecuencia que cuando los individuos
piensen que son parecidos a la fuente, la influen-
En los inicios del psicoanálisis ya Freud hablaba de cia de ésta será mayor que cuando piensen que
la trascendencia del ser social para el sujeto y resal- son diferentes de ella. Se cree que esto se debe
taba la fuerza de la influencia colectiva cuando hay al coste psicológico que puede representar la
homogeneidad. Freud denota de manera paralela autoatribución de las características estereo-
los mecanismos de apego afectivo y de identifica- tipadas de un grupo percibido como diferente
ción que influyen sobre los individuos para resol- (Martín, 1982)17.
ver la necesidad de integración. La homogeneidad
es integración. De esta manera se pretende cons- Estas y otras corrientes y disciplinas de pensa-
truir el propio yo en analogía al otro tomado como miento han servido para –entre otras– preguntar-
modelo. Serge Moscovici lo explica de manera nos por la influencia que actores armados como
contundente: los paramilitares ejercen sobre poblaciones como
las de Bogotá, aclarando –nuevamente– que no
En el origen del vinculo social encontramos se trata aquí de realizar un estudio psicoanalítico,
identificaciones muy exigentes, que marcan a sino más bien sociocultural de dicha problemática.
los individuos de por vida. Estas identificaciones
se incorporan al aparato psíquico como la auto- Situar a algunos grupos poblacionales de la ciudad
ridad externa; así el aparato psíquico se divide de Bogotá como objeto de influencia de grupos
en un yo individual y un yo social que lo domina armados paramilitares, puede sonar incongruente
(Moscovici, 1988: 57). con la imagen y el perfil que tenemos del bogotano
(a): influenciado por el posicionamiento de una cul-
Robin Martin, por ejemplo, estudia la influencia tura ciudadana y urbana que le ha permitido mejo-
minoritaria y las relaciones entre grupos. Al res- rar sus índices de percepción de aumento de segu-
pecto sostiene: ridad y el aumento de denuncias por delitos18. Este
análisis apunta a que como objeto de “influencia
El análisis en términos de procesos intergrupales social referencial”, los centros urbanos no son tan
sólo empieza a ser pertinente cuando los grupos apáticos a prácticas y discursos propios del para-
tienen un interés propio idéntico… Aplicando a militarismo. Uno de los ejemplos más contunden-
la influencia minoritaria el concepto de “influen- tes e impactantes se desarrolla a partir de la “Gran
cia social referencial”, propuesto por Turner encuesta sobre la para-política” contratada por la

17
La idea central de este modelo es el concepto de redefinición de la identidad social. Los individuos influidos redefi-
nen su identidad social autoatribuyéndose las características estereotipadas asociadas al grupo de pertenencia de la
fuente de influencia.
18
Fuente: Encuesta de percepción y victimización en Bogotá. Cámara de Comercio de Bogotá. Diciembre de 2006.
Según la encuesta los niveles de denuncia por delito han bajado y se ha incrementado la percepción de aumento de
inseguridad. Sin embargo, los indicadores son aceptables en comparación con años anteriores.
[54] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

revista Semana, la cual concluía: (Bogotá tuvo el sinatos son justificables. La imagen negativa de
mayor número de encuestas realizadas junto a Cali los paras llega a un 89 por ciento, un poco más
–106– de las 718 realizadas en siete centros urba- alta que la que tenían hace cinco años y apenas
nos de Colombia). unos puntos por debajo del rechazo que genera
la guerrilla. Un 60 por ciento está en desacuerdo
Los paras ni siquiera figuran en primer lugar a la con la frase según la cual el paramilitarismo ha
hora de definir quiénes son los culpables por la sido una especie de ‘mal necesario’ para aca-
violencia. El primer puesto se lo lleva la guerrilla, bar con la guerrilla. Qué pesa más: ¿el 75 por
con un distante segundo lugar para el gobierno, ciento que rechaza a los paras o el 25 que los
e incluso están por delante los narcotraficantes tolera?
y la delincuencia común. Parecería que la opi-
nión pública considera que la responsabilidad Hay un núcleo pro-para. Es decir, que soporta a
recae en los principales actores enfrentados en las AUC por razones como la necesidad de con-
el conflicto interno: el Ejército y las Farc. tar con mecanismos de defensa frente a la gue-
rrilla. Un conjunto muy amplio, por ejemplo, de
Y no es porque desconozcan las acciones come- 58 por ciento (¡tres de cada cinco colombianos!)
tidas por los paras, o la atrocidad de las mismas. considera justificable que ante la ausencia del
La encuesta indagó acerca de las reacciones que Estado, los ganaderos y terratenientes se hayan
produjo un impactante informe publicado hace defendido por sí mismos, incluso con las armas.
dos semanas en El Tiempo sobre la existencia de La participación de militares en el trabajo sucio
fosas comunes, las torturas que les hicieron a de los paras divide a la gente casi en bloques
las víctimas, y la sevicia de asesinatos, que van iguales19.
entre 10.000 y 30.000 colombianos, y encontró
que todas estas prácticas macabras, cometidas Como bien resalta la propia encuesta, no se trata
por los paras, eran conocidas por la opinión aquí de señalar que la mayoría de los colombianos
pública. A pesar de lo anterior, las opiniones o de los bogotanos –para nuestro caso– simpati-
se dividen por partes casi iguales sobre si esas cen o sean miembros de organizaciones de corte
informaciones empeoraron la imagen de los gru- paramilitar, sino mas bien de hacer notar la conver-
pos paramilitares (42 por ciento) y aquellos para gencia de un discurso y de un imaginario de corte
quienes siguió igual (38 por ciento). Incluso para elitista orientada a la defensa y a la restauración20
un inexplicable 9 por ciento, la imagen mejoró. con una cultura política que si bien podríamos afir-
mar, se mueve entre la legalidad y la ilegalidad,
No se trata de afirmar que la mayoría de los se caracteriza por responder a una personalidad
colombianos de las siete ciudades investiga- autoritaria21.
das sea paramilitar o simpatice con su causa.
Amplios sectores, cercanos a las dos terce- En esta vía, uno de los elementos más importan-
ras partes, los cuestionan. Consideran que ni tes que nos permiten desnudar dicha convergen-
siquiera en medio de un conflicto interno como cia es la influencia, por cuanto aparte de la apro-
el que golpea a Colombia, las masacres y los ase- piación de tierras y riqueza y un accionar violento

19
La gran encuesta de la para-política, Revista Semana. 5 de mayo de 2007, Nº 1305.
20
De esta manera Ingrid Bolívar caracteriza a las Autodefensas Unidas de Colombia AUC, cuando recoge algunos de los
discursos emocionales que producen sobre sí mismas y que según ella le han permitido definirlas como una forma-
ción elitista orientada a la defensa y a la restauración.
21
La personalidad autoritaria será tema a tratar más adelante. Para profundizar en el análisis de nuestra personalidad
y construcción cultural ver 2 obras de Rubén Jaramillo Vélez quien nos describe como “conformes”, “superficiales” y
marcadamente “autoritarios”: Moralidad y modernidad en Colombia. ESAP, Cátedra de Colombia. 5 de noviembre de
1998; y La modernidad postergada. Bogotá. Temis Argumentos. Primera parte. 1994.
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [55]

indiscriminado contra la población civil, ejecutado debate político y consagrarlo como una verdad,
por los actores armados, éstos son responsables como algo que se impone por “naturaleza”. El
–de manera parcial– en la construcción de ima- carácter emocional del discurso proviene en
ginarios e identidades que son importantes de este punto, precisamente, de la consagración de
cara a la definición de nuestras formas de vivir y la defensa como un derecho, como algo propio
pensar. e indiscutible en el ser humano.

Por esta misma vía, el que Un conjunto muy amplio, Las AUC insisten “solo nos hemos defendido”
por ejemplo, de 58 por ciento (¡tres de cada cinco pero a renglón seguido glorifican tal comporta-
colombianos!) considera justificable que ante la miento como algo que se hace “al servicio de la
ausencia del Estado, los ganaderos y terratenientes patria” y que los convirtió en quienes proveen de
se hayan defendido por sí mismos, incluso con las seguridad a millones de “colombianos honestos
armas, como lo sostiene la revista Semana, no sólo y de buena voluntad” (AUC 59). Incluso en sus
se debe al impacto en la sociedad del “discurso producciones verbales afirman que ni siquiera
paramilitar” sino –y entre otras causas más– a la el cese de hostilidades los exime de la “respon-
cultura política colombiana, aquella que convive sabilidad de defender a las poblaciones y regio-
con la legalidad y la ilegalidad y que entre sus ele- nes de los ataques de la guerrilla” (ibíd.) y que
mentos predominantes cuenta con el autoritarismo la realidad de la confrontación les impone “un
y el conservadurismo. compromiso con las comunidades más allá de
la seguridad que les brindamos” (Bolívar, 2005:
En una entrevista realizada al líder paramilitar Sal- 68-69).
vatore Mancuso en 1998 al periódico regional El
Meridiano se lee: Si bien el discurso paramilitar es uno de los vehí-
culos que junto con el accionar militar de estos
Lo que pasa es que el derecho a la legítima grupos ha forjado la construcción de un imagina-
defensa individual y colectiva, es natural y uni- rio o al menos la defensa de éste, dicho discurso o
versal. Está incluso por encima de la ley positiva. su defensa habría surgido con dificultad mientras
Y como el Estado no cumple debidamente con su nuestra cultura política no se perfilará como con-
obligación, nos ha tocado ejercer este derecho. servadora y autoritaria.
Además, el monopolio de las armas que debe
ser exclusivo del Estado, no lo es. Porque hay un De esta forma la construcción de sujetos no sólo
enemigo nacional que está armado, entonces, la se debe a la escuela, la familia, el Estado, etc., sino
sociedad civil ante la ineficiencia del Estado y el también a discursos y prácticas propios de acto-
carácter de la agresión hace respetar su derecho res del conflicto armado como los paramilitares,
a la defensa y se arma proporcionalmente al ata- encaminados a la formación elitista orientada a
que para defender su vida, honra y bienes; este la defensa y a la restauración (el reverdecimiento
es el origen de las autodefensas. de la ley y la moral, de la responsabilidad social,
de la obediencia debida, del respeto a la propie-
Al analizar estas y otras formas de construcción del dad privada, un “renovado” conformismo frente al
discurso paramilitar Ingrid Bolívar concluye: ordenamiento social, político y económico, etc.),
que sin duda tienen algún grado de influencia en
…Es muy reveladora la articulación que ambos el cuerpo social.
comandantes (Mancuso y Carlos Castaño) esta-
blecen entre el derecho a la legítima defensa y De esta manera, podríamos reconocer esta influen-
un orden natural, anterior al Estado y al derecho cia a través de herramientas como la conformidad
positivo. No se habla aquí de lo que se siente y la obediencia. Aquí, cuando las AUC ejercieron
pero cuando se define algo como “natural” o algún tipo de influencia a través de la conformidad,
“universal”, se pretende sacarlo de cualquier la presión de esta influencia fue indirecta y hasta
[56] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

voluntaria, mientras que si fue a través de la obe- cia como formas de influencia social); más sin
diencia, la coacción de esta influencia fue directa y embargo, dicha influencia no sería tan persistente
seguramente impuesta22: y sólida –como lo demuestran estudios y sondeos
como los realizados por la revista Semana– (no es
Si bien la conformidad y la obediencia son dos una encuesta para demostrar una verdad absoluta,
formas de influencia social, difieren de manera pero sí un indicador que permite rastrear algunas
importante en varios aspectos (Milgram, 1974). de nuestras características socio-culturales en la
Antes que nada, la presión a conformarse es percepción sobre los paramilitares en Colombia)
ejercida de manera típica por pares que disfru- si no contáramos con una dinámica sociocultural
tan del mismo status que el sujeto, mientras que que se mueve entre lo legal e ilegal y una perso-
la presión a obedecer es ejercida por una auto- nalidad que se perfila como autoritaria o que al
ridad de elevado status. Además, la obediencia menos tiene algunos elementos y matices que la
presupone que la autoridad desee ejercer una identifican23.
influencia y vigile la sumisión del subordinado
a sus órdenes. Por el contrario, la conformidad En razón a este argumento, puede ser que la pro-
puede producirse sin que el grupo desee ejercer puesta de Mockus al armonizar ley, moral y cultura,
una influencia o vigilar al individuo, basta con sea y haya sido viable. El problema consiste en
que la persona conozca la posición del grupo y excluir las lógicas paramilitares, como parte y pro-
desee estar de acuerdo con ella… (Moscovici, ducto de regulaciones jurídicas, morales y cultu-
1988: 43). rales. Así como la influencia en la psicología social
puede actuar con éxito en el acatamiento de las
Entonces, hablar del mutuo impacto entre las lógi- normas y reglas estatales, puede quedar latente
cas culturales del paramilitarismo y las lógicas cul- con la conformidad y la obediencia en las regula-
turales del buen ciudadano se debe –entre otras ciones ilegales o legítimamente aceptadas.
causas a que las formas de vivir y pensar, es decir,
aquellas que conviven armónicamente con la lega- 5. Una explicación posible
lidad y la ilegalidad, han tenido la influencia de
una(s) psicología(s) social(es) que tienden a asimi- A modo de conclusión, se trata de comprender las
lar procesos y comportamientos, que en ocasiones razones por las cuales persisten en el tiempo y en
no tienen en cuenta límites culturales, jurídicos y el espacio formas culturales, que en un deber ser
morales. tendrían que excluirse, pero que han logrado con-
vivir, sin afectarse la una de la otra.
En resumen, el ciudadano bogotano (a) –así como
el colombiano en general, con todo y sus matices– Al hacer el rastreo, la explicación no satisface por
ha sentido el rigor de la influencia del discurso e completo los objetivos planteados por el grupo,
imaginario propios de la construcción simbólica pues se teme quedar presos de referentes concep-
y discursiva los grupos paramilitares a través de tuales que limiten el análisis, que nos devuelvan
vías directas o indirectas (conformidad y obedien- a lo criticado en páginas anteriores, es decir, a un

22
De manera general se podría decir que la obediencia es más frecuente en zonas afectadas de manera directa por
el conflicto y el accionar de los paramilitares, mientras que la conformidad ronda los espacios menos afectados por
el accionar directo del paramilitarismo. Las dos situaciones, sin embargo, se viven en Bogotá, donde algunas de sus
localidades cuentan con la presencia física de este actor armado y otras con una aceptación implícita o explícita de
sus modos de ordenamiento social, cultural, político y económico.
23
Esto no quiere decir que todos los bogotanos y los colombianos seamos conservadores conscientes o 100% conser-
vadores, ni que ser conservador implique un prejuicio político. Sin embargo, habría que reconocer que nuestra per-
sonalidad tiene rasgos retardatarios, que a través de nuestra historia han estado imbricados en nuestro desarrollo
como nación y como sociedad.
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [57]

problema exclusivo de excepcionalidades sociales aislarse jamás de la totalidad social dentro de la


que producen una “Institucionalización paramili- que se desenvuelve (Adorno, 1965: 31).
tar” o una “Cultura mafiosa”.
Para describir nuestra personalidad de manera
Pero pasar de la excepcionalidad a la generaliza- breve, debemos citar a autores como Rubén Jara-
ción, es un ejercicio que también quedaría estan- millo, quien describe al colombiano como en gene-
cado en el impacto semántico y en la pobreza ral pasivo, conformista, superficial, y tiende a com-
pragmática. Por eso al acuñar el término de la per- portarse preferentemente en forma heterónoma,
sonalidad autoritaria, se intenta trazar el posible autoritaria (Jaramillo, 1998: 37).
mapa de rastreo para futuras interpretaciones a
la indagación sobre el impacto mutuo de lógicas Remontándose a las raíces de la construcción de la
sociales y culturales entre centros urbanos como identidad del colombiano, para poder describirlo,
Bogotá y grupos paramilitares. Jaramillo afirma:

desde sus comienzos nuestras sociedades se


5.1. Personalidad autoritaria: cemento
vieron afectadas a lo largo de su historia por
para la construcción de culturas armónicas,
la prolongación de un ethos medieval, de un
pero ambiguas
arquetipo de comportamiento característico
Según Adorno de un individualismo premoderno, épico, igual-
mente por unas elites españolas “dominadas y
…la personalidad es una organización más o moldeadas, en contraste con las de las naciones
menos permanente de las fuerzas internas del del norte, por los ideales propios de una cultura
individuo. Estas fuerzas persistentes de la per- militar-burocrática premoderna” Es así como la
sonalidad contribuyen a determinar la respuesta sociedad y la vida publica española y latinoa-
del sujeto ante distintas situaciones, y, por lo mericana se caracterizan por: la dependencia
tanto, es a ellas que se debe atribuir en buena del puesto publico, la vocación burocrática. En
parte la constancia del comportamiento, sea fin la herencia idiosincrática española se podría
verbal o físico. Pero, aunque constante, el com- sintetizar en: “una ideología sustentada en la
portamiento no es lo mismo que la personali- indiscutida legitimidad del privilegio, del predo-
dad; ésta se encuentra detrás de la conducta y minio de la nobleza de sangre, de la casta, de la
dentro del individuo (Adorno, 1965: 30). aristocracia, que había triunfado sobre el tercer
estado y sobre los plebeyos en la batalla de Villa-
…puesto que admitimos que las opiniones, las lar” (Jaramillo, 1998: 17-18).
actitudes y los valores dependen de las necesi-
dades humanas24 (tendencias, deseos, impulsos Jaramillo también resalta la simbiosis entre un
emocionales), y que la personalidad es esencial- discurso republicano importado de la revolución
mente una organización de necesidades, pode- francesa y el peso en la práctica de costumbres
mos considerar la personalidad como un factor ancestrales todavía premodernas (Jaramillo, 1998:
0 de las preferencias ideológicas. Sin embargo, 31), lo cual nos ha llevado hacia el camino de la
sería erróneo atribuirle el papel de determi- “modernización” del país, lo que no es equivalente
nante último. Lejos de estar formada desde un al desarrollo de la modernidad en el país: un avance
principio, de ser algo invariable que actúa sobre espiritual, una maduración en los hábitos, en las
el mundo que la rodea, la personalidad evolu- prácticas, en la mentalidad de las gentes, en parti-
ciona a impulsos del ambiente social y no puede cular de la clase dirigente y de la clase política.

Adorno afirma que las fuerzas de la personalidad son esencialmente necesidades humanas.
24
[58] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

Otras lecturas de nuestra identidad y personalidad acríticamente a las normas y mandatos del
son las de Salomón Kalmanovitz, cuando habla de la poder investido por el sujeto de autoridad.
debilidad del Estado colombiano al afirmar que ésta Desde el punto de vista individual, los autorita-
rios son personas que invariablemente se hallan
reside entonces en la gran desigualdad entre dispuestas a coincidir con las autoridades por-
dominantes y dominados, desigualdad que se que necesitan la aprobación o la supuesta apro-
expresa también en el nivel formal de las leyes bación de éstas como un alivio de su ansiedad
y ordenanzas, y que priva al Estado de una base personal (Bay)26 (Adorno, 1965: 5).
susceptible de ser movilizada en contra de los
atropellos imperialistas. Aquí la vida civil es El sujeto autoritario parece debatirse entre lo
gobernada por el dogma y la jerarquía vertical, moderno y lo premoderno, entre prácticas moder-
no por la razón, la igualdad y la participación nas y prácticas tradicionales, en palabras de Max
(Kalmanovitz, 2003: cap. 4). Horkheimer, el tipo humano autoritario

Asimismo Andrés López afirma que a partir del es, a un mismo tiempo, un ser ilustrado y
periodo de la “Regeneración”25 los parámetros supersticioso, orgulloso de su individualismo
delineados por el ideario conservador continua- y constantemente temeroso de ser diferente a
ron su carrera por delimitar la formación de valo- los demás, celoso de su independencia y pro-
res y actitudes de los colombianos en un espíritu clive a someterse ciegamente al poder y a la
que él mismo caracteriza como antimodernista y autoridad.
retardatario:
De manera paralela a la evolución de nuestra per-
Este espíritu sirvió de filtro y obstáculo para la sonalidad autoritaria, hemos visto como el desa-
penetración de nuevas ideas en boga en el resto rrollo de nuestra cultura le ha permitido moverse
del mundo, como el marxismo, el psicoanáli- en los escenarios de la legalidad y la ilegalidad. Por
sis o las modernas corrientes de la sociología esta razón –entre otras–, Rubén Jaramillo afirma:
y economía que representaban una influencia …en Colombia se acepta la trampa con facilidad:
modernizante. Igualmente, el contexto antimo- todos somos más o menos tramposos (Jaramillo,
derno tamizó los efectos de los cambios sociales 1998: 31). Es así como la trampa, lo legal y lo ilegal,
producidos por la irrupción del proletariado y la conformidad, la superficialidad, etc. se entrete-
las capas medias en ascenso en la vida nacional jen para dar como resultado una cultura política
(López, 1988: 112). compleja, que parece poseer diversas aristas y
contradicciones:
Descrita de manera superficial y breve nuestra
identidad, encontramos un punto en el que pare- …Esta trilogía de problemas –profunda supedi-
cen converger la mayoría de las opiniones: el auto- tación de lo público, arraigada deslegitimidad
ritarismo. Pero ¿qué es y cómo podemos identifi- y desinstitucionalización del Estado y precaria
car este complejo fenómeno?: convivencia ciudadana– íntimamente relacio-
nados entre sí, caracteriza un proceso de “des-
Diremos entonces que autoritarismo significa trucción social” en el contexto de las exigen-
una predisposición defensiva a conformarse cias del mundo de hoy, que tiene como raíz

25
Período que va desde 1880 a 1930, cuando se destacó la hegemonía conservadora, ya que se excluyó al Partido Libe-
ral del gobierno.
26
El autoritarismo, desde el punto de vista psicológico, es una tendencia general a colocarse en situaciones de domi-
nación o sumisión frente a los otros como consecuencia de una básica inseguridad del yo. El sujeto autoritario –diría
Adorno– está dominado por el miedo de ser débil.
Lógicas culturales del paramilitarismo y lógicas culturales en la construcción del ciudadano(a)... [59]

central la preeminencia de lo privado sobre lo reconocidas suficientemente por el conjunto de


público o el bien común, contraviniéndose el los ciudadanos.
propósito de alcanzar una sociedad moderna
organizada. La capacidad de nuestra cultura política para des-
plazarse de la legalidad a la ilegalidad y viceversa,
La enraizada fragmentación del tejido social, la muestra como la pasividad, la trampa y la superfi-
deslegitimación del Estado y la pérdida de con- cialidad, propias de nuestra identidad ha dado pie a
vivencia ciudadana se manifiestan no sólo en el la aparición de conceptos como los del anfibio cul-
deterioro de comportamientos y conductas ciu- tural representado en quien se desenvuelve solven-
dadanos sino en las relaciones políticas, econó- temente en diversos contextos y al mismo tiempo
micas, sociales y culturales, al hacerlas proclives posibilita una comunicación fértil entre ellos.
a la configuración de lo que se puede denominar
como un proceso de “aculturación de la ilegali- Esta aculturación de la ilegalidad y problemáticas
dad” –y en ciertos campos, hasta de una “acul- como el anfibio cultural han servido como motivo
turación mafiosa”– a cargo de grupos poderosos y justificación de iniciativas y políticas como las de
que van supeditando y condicionando paulati- la cultura ciudadana, donde Antanas Mockus nos
namente actitudes e inclusive algunos valores propone reemplazar una cultura de la ilegalidad,
de otros grupos y estratos de la sociedad. Lo que sólo trae impactos negativos al cuerpo social,
que, entre otras cosas, va afectando la misma a la convivencia ciudadana y a la construcción de
cultura cívica o la civilidad en amplios sectores un “buen ciudadano”, a cambio una cultura de
de la sociedad. la legalidad, amparada en la norma, la moral y la
cultura.
Aquí se entiende por aculturación el proceso de
formación práctica de un conjunto de valores, La propuesta de Mockus en lo que se refiere a la
principios y fundamentos que rigen conductas categoría de anfibio cultural nos permiten enten-
y comportamientos de algunos grupos ciudada- der como de manera paralela al concepto de acul-
nos en una sociedad. Y por aculturación de la ile- turación de la ilegalidad que maneja Garay, los
galidad, el enraizamiento progresivo en distintos bogotanos nos hemos vuelto grandes intérpretes
ámbitos de la sociedad de la imposición de inte- para poder movernos como anfibios en la superfi-
reses privados individuales de grupos poderosos cie finita de la legalidad, pero también en las con-
–de orden tanto legal como ilegal– al margen fusas aguas de la ilegalidad, donde las economías
de normas y procedimientos del ordenamiento mafiosas y los grupos al margen de ley –como los
jurídico y político, y a través de la violencia o paras– hacen presencia física y simbólica.
de su poder de imposición e intimidación sobre
otros grupos de la sociedad, e incluso del Estado Esto no quiere decir que la cultura ciudadana y el
(Garay, 1999: 3-4). fenómeno paramilitar en ciudades como Bogotá
tengan una relación causa-efecto, tan sólo que es
Este proceso de aculturación de la ilegalidad que la misma dinámica entre estructura-sujeto (y no
se ha posicionado de manera sólida en la sociedad su ligera desviación) la que permite el arraigo y la
colombiana no conlleva la destrucción de un marco evolución de políticas públicas del buen ciudadano
jurídico y político, sino que puede convivir con y el desarrollo de organizaciones armadas que en
éste, ya que un proceso de aculturación –según lo el caso de los paramilitares se han insertado de
define Garay– no implica en lo absoluto el imperio manera profunda en los parajes legales-ilegales
de comportamientos y conductas como de nuestra cultura sin que estos se hayan visto
amenazados o confrontados por el despliegue de
prácticas societales generales, en sentido estricto políticas públicas que pretendían ganarle el pulso
del término. Sólo alcanzarán este estatus en la a la ilegalidad a través de la exaltación de la ley, la
medida en que tales prácticas sean adoptadas y moral y la cultura.
[60] Paramilitarismo, cultura y subjetividad en Bogotá (2000-2006)

Al plantear, entonces, que nuestra cultura política según la presencia física y el impacto directo de los
se mueve en la legalidad-ilegalidad, afirmamos grupos paramilitares.
que las lógicas culturales del paramilitarismo pue-
den convivir con políticas como las de cultura ciu- No se quiere aquí decir que tanto la cultura ciuda-
dadana que exaltan la concepción del sujeto obe- dana como el discurso paramilitar traman o encu-
diente y tolerante. bren estrategias preconcebidas para la consecu-
ción de sus objetivos. Aunque los planteamientos
Al hablar, entonces, de cultura ciudadana hablamos de uno y otro lado puedan alejarse o acercarse, lo
de ciudadano cumplidor de deberes, con lo cual cierto es que por acción u omisión ambos fenó-
elementos como la ley y la moral, la obediencia menos llegan al mismo punto: la marginación del
debida, el respeto a la propiedad privada, el con- debate y el planteamiento de alternativas de cara
formismo frente al ordenamiento social, político y a las problemáticas de nuestra sociedad.
económico cobran fuerza. Lo que prima, en último
término, es que los comportamientos se ajusten a En este último punto se debe recalcar las pregun-
la ley y que, en consecuencia, exista congruencia tas estructurales y subjetivas que están en mora
entre ley y cultura. de formularse ¿Cómo podremos atacar dichas pro-
blemáticas? ¿Cómo podríamos falsear las lógicas-
De esta manera se propicia no sólo la legitimación prácticas que defiende el paramilitarismo y con las
del actual orden de cosas, sino que se eluden alter- cuales se identifican muchos ciudadanos? ¿Cómo
nativas serias a problemáticas vitales para la ciu- podríamos revertir la influencia y la retroalimen-
dad, como la pobreza, la exclusión, la corrupción o tación que éste ha tenido en la sociedad?, ¿Cómo
las raíces autoritarias de nuestra cultura política. generar un proceso de reflexión social que vaya
más allá del repudio o la moralización permisiva?
Además de esto, habría que decir que tanto la cul-
tura ciudadana como los discursos e imaginarios En suma, las políticas del buen ciudadano no
impulsados por los paramilitares tendrían el mismo podrán desprenderse de esta relación armónica,
fundamento y/o recurso a explotar: una personali- pero ambigua, mientras no tengan impacto en los
dad autoritaria –una básica inseguridad del yo–, la factores estructurales y subjetivos que se manejan
cual según Adorno está afincada en aquel que está en ámbitos ilegales-privados de la vida cotidiana.
dominado por el miedo de ser débil. Claro está, sin descuidar la importancia que tiene
el posicionamiento de sujetos respetuosos en la
Evitar esta paranoia a la debilidad generada por el esfera pública.
miedo, requiere plantear la discusión en torno a la
aplicación real en los distintos espacios y lugares ¿Podremos mirar al futuro con la cabeza erguida
de Bogotá de la cultura ciudadana, así como plan- en este escenario, entre los tantos que nos plantea
tear la diferencia entre conformidad y obediencia, la compleja realidad colombiana?
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