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INSTITUTO SAGRADO CORAZON – Crespo. E.R.

PROFESORADO EN EDUCACIÓN TECNOLÓGICA

CATEDRA:
Tecnologías de la información
y la comunicación I
Ciclo lectivo 2003
Tecnologías de la información y la comunicación I

Prof. Daniel Richar

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Tecnologías de la información y la comunicación I

TEORÍA DE LAS COMUNICACIONES


Para tratar de comprender con mayor profundidad el campo de la significación, es
necesario incursionar en la teoría de los signos, semiótica o semiología, que constituye el
núcleo central de la teoría de las comunicaciones.

Teoría de los signos

La Semiótica es una ciencia que trata sobre la teoría general de los signos,
entendiendo por signo a toda cosa que substituye a en cierta medida y para ciertos efectos. Se
considera signo a aquello que tienda a organizarse bajo la forma de un lenguaje Verbal o No
Verbal.
La Semiología estudia la unidad significado - significante, implícita en los signos
verbales
La Semiótica es útil para establecer las relaciones entre un código y otro código, entre
uno y otro lenguaje, para leer el mundo no verbal. La semiótica se opone a la idea de que las
cosas adquieren significado cuando son traducidas bajo la forma de palabras.

Lengua y habla
La lingüística es la ciencia que estudia los lenguajes Verbales (Naturales)
Saussure estableció un nuevo concepto al plantear la diferencia existente entre la
lengua y el habla.
En términos generales la lengua estaría representada por el vocabulario y la gramática,
y el habla por la parte puramente individual del lenguaje (emisión de sonidos, cumplimiento de
reglas y combinaciones de palabras).
La lengua sería, pues, el lenguaje menos el habla, una institución social, un sistema de
valores. La lengua escapa a todo acto intencional, el individuo no puede crearla por su mismo
pues es realmente un contrato colectivo al que se debe someter para poder comunicarse.
Utilizando el código de lengua, el individuo, mediante selección y combinación de
signos, puede elaborar mensajes de distintos tipo y, en consecuencia, comunicarse con otros
individuos del mismo grupo social.
Lengua y habla se definen mediante el proceso que los une: no hay lengua sin habla y
no puede existir habla fuera del sistema impuesto por la lengua.
Por otra parte, el habla, en el transcurso del tiempo, modifica a la lengua
incorporándole nuevos términos o nuevas formas combinatorias adoptadas por el grupo social.

Funciones del mensaje lingüístico

La función de los signos consiste en permitir la comunicación de ideas por medio de


mensajes elaborados con ellos.

Para que exista un mensaje es necesaria la presencia de un emisor (que emite el


mensaje), un código compuesto de signos que se emplean para hablar, un referente (objeto del
mensaje), un canal por el que se vehiculiza el mensaje y un receptor que lo recibe. Al emisor
del mensaje se le atribuye una función emotiva, pues es él quien expresa su actitud con
respecto al objeto del cual habla: bueno o malo, bello feo, deseable o detestable, respetable o
ridículo.
El receptor cumple una función conativa, pues toda comunicación tiene por objeto
obtener una reacción del mismo, tendiendo a hacerlo cambiar de estado, intelectual o
emocional.
Esta función ha adquirido una gran importancia en la publicidad, en la cual el contenido
del mensaje pierde importancia ante los signos que apuntan a una motivación del destinatario,
ya sea condicionándolo pro repetición o desencadenando reacciones afectivas subconscientes.
La función referencial es la base de toda comunicación. Define las relaciones entre el
mensaje y el objeto al que hace referencia y su función esencial consiste en evitar toda
confusión entre el signo y la cosa, entre el mensaje y el objeto, mediante el uso de códigos
claros y concretos. La función referencial y la función emotiva son las bases complementarias
de la comunicación.
Una es cognoscitiva y objetiva, la otra afectiva y subjetiva.

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Un código científico tienen por objeto evitar las variantes subjetivas de interpretación
del mensaje, mientras que los códigos estéticos las desarrollan planteando variaciones
estilísticas.
La función poética o estética se define como la relación del mensaje consigo mismo.
En las artes, el referente (objeto del mensaje), es el mismo mensaje que deja de ser
instrumento de comunicación para transformarse en su propio objeto.
Las artes crean mensajes objetos, no se aplican códigos conocidos, sino que se crean
nuevos códigos no establecidos con anterioridad.
La función fáctica se cumple en el canal de comunicación y tiene por objeto esencial
establecer, prolongar o interrumpir la comunicación.
Esta función desempeña un importante papel en todos los modos de comunicación:
ritos, ceremonias, discursos, convenciones, etc., donde el contenido del mensaje tiene menos
importancia que el hecho de verificar la presencia del emisor y receptor. Se repiten palabras y
gestos, se repiten historias, el referente del mensaje fáctico es la propia comunicación, así
como el referente del mensaje poético es el propio mensaje y el del mensaje emotivo el emisor.
Por último la función metalingüística tiene el objeto de explicar los propios signos
pertenecientes al código empleado, para tener la seguridad de que son comprendidos por el
receptor.
Es necesario dejar bien claro que las distintas funciones explicadas son concurrentes y
que dependiendo del tipo de mensaje están presentes con mayor o menor peso en todas las
comunicaciones.

Lenguajes
Lenguajes Naturales: Lenguajes Artificiales
Verbales: Palabras Habladas y Escritas Técnicos: Destinados generalmente a
Son reflexivos, requieren de intelecto y no son comunicar
universales. forma, flujo, interrelación, estructura, etc.
No Verbales: Gestos, Expresiones, Sonidos, Todos los gramas, Diseño en gral.,
Imágenes Sistemas de Representación, etc.
Son directos, elementales, rápidos y
universales Formales:
Ciencias que estudian entes abstractos
Matemática, Geometría, etc.

El código

Cuando el receptor recibe un mensaje debe decodificarlo, es decir, reconstruir su


significado a partir de los signos que lo componen y que pertenecen a un código conocido: el
empleado en la elaboración del mensaje.
Cuando más significante es un código será más restringido y estructurado y lo contrario
sucederá en la medida en que los signos tengan significados menos precisos.
Las ciencias y las técnicas utilizan códigos cerrados y las artes sistemas de códigos
abiertos o inexistentes.

Signo

Un signo es un estímulo que debe poder ser persibible por nuestros sentidos y así
haber evocar la cosa material o inmaterial a la que reemplaza.
Todo signo implica dos términos: un significante y un significado.
El significado es el concepto, idea o cosa a la que se refiere el signo, mediante una
señal que llamamos significante y que reemplaza al primero.
Las relaciones entre significante y significado son siempre convencionales y esto es
válido para todos los sistemas de comunicación.
Estas convenciones pueden ser más o menos fuertes, más o menso unánimes, son
muy fuertes y absolutas en un correcto código de señales camineras, en la notación química o
en la algebraica y también es posible codificar signos mediante el uso, aun no habiendo sido
originalmente demasiado explicitados.

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Para poder establecer códigos y elaborar mensajes valiéndose de éstos es necesario


definir las relaciones entre significante y significado de cada signo y para ello conocer en qué
medida y hasta donde el hombre es capaz de percibir sensaciones dado que toda señal, para
ser captada, debe producir cierto estímulo que actúen sobre alguno de los diversos sistemas
perceptores del ser humano.

Tipos de Signos
Icónico Relación Directa con el objeto referido:

 Ej: Un ícono de una bicicleta refiere al objeto


bicicleta
Simbólico Relación Indirecta con lo referido, se requiere

 de una convención particular


Ej: Este símbolo de Avesimboliza la libertad.
Indicativo Infieren un mensaje:

 Ej: El signo de nubes y rayos infiere qie habrá


tormenta.

Significante y significado

Volvamos ahora al concepto de significante y significado y tratemos de analizar la


función del diseño desde este punto de vista.
Cuando un diseñador concibe un producto definiendo su significante (forma, textura,
colores, etc.), también lo hace actuando sobre su significado, es decir, sobre los aspectos
simbólicos que lo caracterizan.
Pero, si admitiéramos que la función última del diseñador es actual sobre un
significante para obtener u significado, llegaríamos a la conclusión de que el diseño tienen
como fin último, precisamente, ese significado, es decir, todo aquello que excede a la
clarificación de la función utilitaria, objetiva del producto.
Por otra parte, al margen del significado que pueda querer dársele a un producto en el
momento en que se concibe, pueden agregarse más tarde otros significados incorporados al
objeto por el consumidor mismo, que hacen que un determinado grupo social se identifique y
reconozca por el uso de un producto de cierta marca, generando en todas personas la creencia
de que el solo uso de ese mismo producto los convertirá en integrantes de aquel.
Si ese mundo simbólico existe y el diseñador es en gran parte responsable de las
características que pueda adquirir, cabrá preguntarse hasta qué punto deberá desarrollarse y
bajo que orientación se debería desarrollar, para que no termine por anular, desvirtuándolo, al
mundo real.

Los objetos y sus mensajes

Para comprender la importancia de los aspectos perceptuales del objeto, es necesario


remontarse a los orígenes del hombre.
Analizando los objetos creados por él, puede observarse que desde los tiempos más
remotos y hasta llegar a nuestros días, estos objetos han poseído siempre características
perceptuales que exceden a la función esencial para cumplir la cual han sido construidos, esto
responde a la necesidad intrínseca del hombre de expresarse y comunicarse con sus
semejantes por medio de signos que, a su vez, forman parte de ciertos códigos establecidos en
distintas épocas y regiones.
En este sentido, cuando el hombre construye su propio objeto, lo personaliza
incorporándole determinados signos o características formales que, respondiendo a un cierto
código establecido por su grupo social, en cierto modo lo definen en sus gustos, apetencias,
jerarquía, etc., frente a los demás constituyentes del grupo. Basta recordar, en este sentido, el
uso de signos que se verifica, por ejemplo, en los integrantes de las tribus indígenas.
Cuando el hombre no fabrica sus propios objetos, en cambio, hace una selección de
signos al elegirlos entre los muchos similares que le ofrece la industria valiéndose
conscientemente o inconscientemente de códigos mediante el uso de los cuales también se
define y comunica.

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Un ejemplo bastante extremo de esta situación lo da el caso de la moda en el vestido,


donde signos y códigos son hábilmente impuestos y sustituidos cíclicamente para mantener en
funcionamiento el aparato productivo de la industria indumentaria, haciendo rápidamente
obsoletas las prendas puestas de moda en una temporada y obligando a la adquisición de sus
reemplazantes, dotadas de nuevos significados.
Puede decirse que todos los objetos creados por el hombre son portadores de un cierto
"mensaje" que trasciende el capo específico de su utilidad este mensaje puede estar expresado
en los objetos por voluntad del diseñador al caracterizarlos formalmente o a veces, surgir
espontáneamente a partir de un hábito de consumo que hace que se le adjudique a un
determinado producto un significado que no le fue conferido originariamente.
Cabe citar aquí a Gert Selle, que dice en su libro Ideología y utopía del diseño:
"En la esfera con consumo y el uso, los objetos actúan como signos, como elementos de una
especie de lenguaje cuyas leyes y cuyos efectos no siempre pueden reconocerse con claridad."
"Puede hablarse de un lenguaje de los productos en la medida en que los objetos de
diseño no sólo son portadores de una función sino, también de información. Por un aparte
transmiten enunciados sobre su función técnica, por otra, toda la serie de enunciados que
rebasan con mucho esta función."
"Los usuarios y consumidores a su vez, comunican algo a su ambiente, a través de los
objetos que les rodean, en tanto que portadores de información y reciben, por otra parte, las
señales correlativas de los usuarios y consumidores de otros objetos, sean éstos semejantes o
no".

El mensaje publicitario

En ese sentido, puede ser analizado el mensaje publicitario, que es el que


generalmente manipula ese mundo de significados, al informar sobre los productos.
En algunos casos, puede verse al publicitar algunos productos, que en lugar de
hacerse referencia al significante de los mismos se hace referencia a un cierto significado
totalmente ajeno al de la función específica.
Así, por ejemplo, al referirse a un automóvil, muchas veces no se hace referencia a su
utilidad como medio de transporte, sino a una especie de promesa del logro de ciertos objetivos
como el de adquirir prestigio social, libertad, éxito con el sexo opuesto, etc. Todo ello sugerido
por imágenes hábilmente manejadas o dicho explícitamente en los correspondientes textos.
Para lograr este fin la publicidad se vale de un conocimiento profundo de los
mecanismos motivacionales de las personas que componen el grupo social al que está dirigida.
En otros casos, cuando se publicita un objeto de buen diseño esa cualidad se repite en
la calidad de diagramación del aviso, en la abientación del producto en un entorno especial y
en u texto que generalmente subraya también otros aspectos. Aquí ya no se hace referencia a
un significado extraño al producto, sino que se desarrolla una función metalingüística
remitiendo el objeto-signo al código del cual extrae su significación.
Es interesante observar cómo el nivel del significado social de un producto varía de
acuerdo con su propia historia, verificándose generalmente que los valores mas bajos aparecen
en aquellos períodos en que fue necesario hacer conocer su existencia y sus posibilidades de
uso a un público masivo, y los más altos en la medida que le consumo de ese producto se
convirtió en hábito.
Este es un fenómeno de carácter netamente comunicacional y para comprenderlo es
necesario analizarlo bajo el aspecto de la producción seriada de bienes de consumo, dirigidos a
un gran sector de público, llamado mass media.
Cuando hablamos de los aspectos simbólicos implicados en los objetos creados por el
hombre, nos referimos a la existencia de éstos aun en las culturas más primitivas.
En este último caso la selección de rasgos simbólicos por parte del constructor de un
objeto se hace para responder a un código muy comprensible, utilizado por los miembros de
una comunidad limitada, incluso pensado en sí mismo cuando el objeto es destinado al uso
personal ya que él forma parte de la misma comunidad y se encuentra comprendido con el
código de significación social. En la medida en que el hombre amplió la producción de
objetos, el manejo de estos valores simbólicos se hizo cada vez más arduo, ya que al productor
le fue cada vez más difícil conocer a cada uno de los usuarios en particular y ya fue totalmente
imposible en el caso de la producción seriada del mundo industrial.
Por tal motivo, ante la imposibilidad de conocer las apetencias y motivaciones de cada
usuario y responder a cada una de ellas con un producto distinto, fue necesario detectar

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apetencias y motivaciones generales que expresaran un promedio a satisfacer con un


producto repetido idénticamente en grandes cantidad. En otros casos, en lugar de detectar
esas apetencias lo que se hizo fue crearla.
Si hay un producto que a lo largo de la historia de los productos industriales ha
constituido y constituye un verdadero símbolo, éste es el automóvil.
Sin embargo, este valor simbólico no ha sido el mismo en todas las épocas, ni ha
estado relacionado siempre con los mismos tipos de significados.
En sus comienzos, el automóvil presentaba un aspecto derivado directamente del
coche de caballos, que era su antecesor como vehículo de transporte. Si bien en ese momento,
habiéndose inventado una máquina que era capaz de producir traslación se recurrió a su
aplicación en un vehículo conocido, por resultado el método más directo de hacerlo, esto
también significó el uso de cierta simbología.
En este sentido observamos que, luego de los planteos de diseño automovilístico,
todos los vehículos de alto precio seguían manteniendo los rasgos formales de los carruajes
lujosos de caballo, manteniendo aún en uso denominaciones propias de ellos como berlina,
limousine, landaulette, que en algunos casos han llegado a nuestros días.
Es notable como en la generalidad de los vehículos de ese tipo, previstos para ser
conducidos por chofer se utilizan rasgos formales distintos para simbolizar la zona ocupada por
el chofer y la ocupada por los pasajeros: la parte anterior y el puesto de conducción son
tratados así de una manera sumamente austera aun pobre para el sentido formal de la época,
mientras que la mitad posterior es resuelta mediante el uso de todos los recurso formales
distintivos en la carrozas de lujo.
Indudablemente, este era un planteo que simbolizaba claramente las diferencias de
rango social entre chofer y pasajeros.
Casi simultáneamente surgen también vehículos automotores livianos de precio
relativamente económicos cuyas imágenes son mucho más propias.
En este caso ya no se plantea la diferencia entre chofer y pasajeros y por lo tanto, el
tratamiento forma es más integral y unitivo.
Este tratamiento de la forma, que en los casos más primitivos provenía de la industria
ciclística y en los más elaborados alcanzaban un nuevo significado automóvil era entre otras
cosas, el resultado de un nuevo hábito de uso: el placer y la sensación de libertad que
otorgaba el conducir un vehículo automotor.
El progreso alcanzado en poco tiempo en los aspectos técnicos y en las posibilidades
de los automóviles pronto encontró un nuevo y poderoso elemento que generó una nueva
significación: la velocidad.
La capacidad de desarrollar altas velocidades fue simbolizada de diversas maneras el
diseño de los automóviles ya sea relacionándola con el tamaño y potencia del motor en un
principio y más adelante con los aspectos aerodinámicos. Esta cualidad, por otra parte, hizo
que comenzara a ampliarse la tipología del automóvil al distinguirse los vehículos de paseo de
los de tipo deportivo, vehículos que además de poseer diferencias estructurales básicas, eran
resueltos en términos de diseño totalmente distintos, que les otorgaban un significado especial
en cada caso.
Hasta principios de siglo, sin embargo, el automóvil fue un objeto en general de muy
alto precio, reservado a un sector sumamente limitado de la sociedad.
Cuando en EE.UU. Henry Ford introduce la modalidad de la producción seriada en una
cadena de montaje, se inicia una nueva etapa de la difusión masiva.
Ford se propone crear el hábito del uso del automóvil en una población que, hasta ese
momento no había tenido mayor contacto con este tipo de producto, en especial cuando se
trataba de grandes masas de población que habitaban el medio rural.
Estas personas no estaban habituadas ni a la imagen del automóvil ni a la de los
lujosos carruajes, que eran corrientes en el contienen europeo, estando en cambio mucho más
familiarizados con los vehículos de caballo de tipo más utilitario. Por este motivo, y aún
reconociendo el propósito de Ford de minimizar los costos del vehículo, los primeros
automóviles producidos en serie por esta fábrica no incorporaban en su diseño mas de un
cierto parecido con los carruajes de uso corriente en EE.UU. sin recurrir a ningún significado
ajeno al de la propia función.
Precisamente, en este caso, más que plantear una relación simbólica ulterior por el uso
de la forma, lo que se planteaba -y esa era la verdadera necesidad- era la valorización de las
posibilidades utilitarias, que apuntaba a crear un nuevo hábito de uso, apoyado por una gran
economía de costo del producto.

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Aparentemente, si analizamos en particular el caso expuesto, daría la impresión de que


para que un producto sea ampliamente aceptado por un grupo social no es imprescindible
actual sobre el significante con el objeto de cargarlo deliberadamente de significado, de rasgos
simbólicos que exceden a los utilitarios, sino que esa aceptación de la verdadera utilidad del
producto, utilidad que una vez reconocida se convierte naturalmente en significado del mismo.
Si hacemos una distinción entre el significado emergente de la utilidad del producto y el
significado relacionado con aspectos ajenos a esa utilidad, veremos que estos últimos tienen
origen, por lo general, un encadenamiento histórico de todo un universo de motivaciones,
particular para cada grupo social, y que cuando ese encadenamiento se debilita, se corta o
simplemente no se verifica pasan a ocupar un lugar preponderante los significados funcionales.
A partir de los años 30, el styling, se hizo presenta cada vez con mayor fuerza en el
proyecto de los automóviles, lo que comenzó siendo un simple agregado de elementos
ornamentales sobre la carrocería alcanzó entre los años 50 y 60, a producir una verdadera
degeneración del producto, dando como resultado una fisonomía muy particular al automóvil
norteamericano típico, y aun produciendo una influencia estilística en la producción de
vehículos en todo el mundo.
Estos automóviles, con sus grandes dimensiones y peso, con enormes aletas
posteriores extraídas de la imaginería aeronáutica, con profusión de adornos y faltos en general
de luna coherencia formal, eran el resultado del seguimiento indiscriminado de las tendencias
del público, que hacían apartarse al producto cada vez más de su función específica, ya que el
valor de su significado excedía en mucho el de su utilidad práctica.
Ciertamente, se había llegado a ese estado de cosas dada la necesidad de acrecentar
el mercado consumidor, ya que para ese entonces el automóvil era un objeto de uso corriente
para una gran parte del pueblo norteamericano, y por la necesidad de forzar el reemplazo
periódico por nuevos modelos, con el fin de mantener en funcionamiento una industria frente a
un mercado que llega casi a saturarse.
Puede decirse que esta situación repita el esquema de la moda en el vestido, al crear
una obsolescencia planificada.
Si bien el ejemplo del desarrollo del automóvil típico norteamericano es bastante
extremo, en general puede decirse que la historia del automóvil es la historia del rediseño.
En términos muy estrictos se habla de diseño cuando se concibe y desarrolla un
producto inédito, mientras se entiende como rediseño la creación de un nuevo producto a partir
de un planteo conocido, es decir, un nuevo automóvil, un nuevo televisor, etc., o, también,
cuando se plantean modificaciones sobre un producto existente.
Por lo tanto, puede decirse que el automóvil ha sido continuamente rediseñado e
innegablemente perfeccionado, pero el seguimiento de un plateo básico inicial, es decir, el
mantenimiento de esa cadena de relaciones simbólicas, vinculada íntimamente a intereses
comérciale, no ha permitido hasta ahora un replanteo profundo, no ya del objeto automóvil sino
de lo que podría llamarse el sistema de transporte en general.
Esta adecuación ciega a las motivaciones del consumidor y su correspondiente
explotación, han llevado a este objeto industrial a una situación de crisis que e posible verificar
en las sociedades mas industrializadas, donde el automóvil se convierte ya en un elemento
negativo, modificando la estructura de la ciudades, dificultando el desplazamiento y creando un
sinnúmero de problemas.
Recién ante la verificación de esta crisis, se está replanteando en casi todos los países
industrializados este producto, como asimismo su modalidad de uso futuro.
El ejemplo de automóvil, si bien es uno de los más críticos puede extenderse,
prácticamente a todos los productos industriales, en especial a los de consumo masivo, pro lo
que cabe preguntarse cuál ha sido la responsabilidad del diseño industrial ante esa situación y
cuál debería ser su acción futura.
BIBLIOGRAFÍA
Estudio de Diseño, editorial emece.
El diseño Industrial, E. taboada - R Napoli , Ctro editor A. Latina
Diseño y tecnología, Autor J. Garrat Editorial Akal.

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