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El estallido del 27 y 28 de Febrero de 1989.

El 27 y 28 de febrero del año 1989 posee una gran relevancia histórica, no sólo por la
importancia que el mismo tiene dentro del escenario del protagonismo popular en
Venezuela, sino también, porque se convertirá en referencia para el desencadenamiento
de otros procesos tanto en el campo civil como en el político-militar.
Durante todo el período democrático previo a los sucesos de febrero del 89 habían
estado acumulándose las condiciones que permitirían la gestación del estallido y aunque
existieron factores detonantes específicos e inmediatos que provocaron la protesta
popular, es necesario recordar que estos factores estaban contenidos dentro de un
contexto nacional de crisis orgánica que, en un nivel más profundo, los contenía y
explicaba. En efecto, el paquete de medidas económicas que se implementa a partir del
16-02-89, como búsqueda neoliberal de reordenar el modelo de acumulación para
adaptarlo al proceso de transnacionalización del capital, sería el detonante inmediato
que explicaría el estallido popular.
Ya para el momento de implementación del paquete económico los niveles
socioeconómicos de la población se aproximaban a los niveles de los años 40. En este
contexto, las masas populares percibieron los nuevos aumentos como intolerables dada
su ya mermada capacidad adquisitiva. Así lo expresó Héctor Silva Michelena:
La explosión social se debió a un tratamiento de “choque” aplicado a una sociedad
empobrecida, con una cúpula altamente enriquecida gracias al privilegio y la
corrupción. No hay que olvidar que en Venezuela un 40 por ciento de la población vive
en condiciones de extrema pobreza (y otro 40% en pobreza relativa). El alza
indiscriminada de precios, la especulación, el acaparamiento o desabastecimiento
artificial de los productos de la dieta básica, permitieron la explosión y los motines
populares. El 27 de febrero fue un terremoto social. (El Diario de Caracas, 11-03-89:
16).
La insurrección popular queda inexorable e históricamente unida, al igual que en otros
países latinoamericanos como Argentina, República Dominicana y Brasil, a la puesta en
práctica del paquete de medidas neoliberales exigido por el F.M.I. como “única vía
posible” para el otorgamiento de nuevos préstamos. Así quedó establecido en la Carta
de Intención que firmó Venezuela en Washington.
En un sucinto trabajo que publicó la Socióloga Miriam Kornblith se especifican las
causales primarias y secundarias que confluyeron en la materialización de los sucesos
del 27-Febrero:
Como factores detonantes, se considera el alza de las tarifas del transporte público. Los
usuarios reaccionaron con indignación en contra de los conductores, a partir del cual se
desataron los actos de violencia contra vehículos y establecimientos comerciales. Entre
las causas inmediatas se incluye: el programa de ajuste económico ajustado el 16 de
febrero de 1989, diseñado para reorientar la economía y obtener recursos financieros de
organismos multilaterales y 2) los procesos de especulación, acaparamiento y
desabastecimiento de productos de primera necesidad que venían ocurriendo desde
finales de 1988. Entre las causas mediatas se consideran 1) las condiciones
socioeconómicas post 1983 y 2) el clima político generado en la campaña electoral y la
toma de posesión del nuevo gobierno. Con la devaluación drástica del bolívar, debido al
descenso de los precios del petróleo, la fuga de capitales y los pagos de la deuda
externa, se evidenciaron varios signos de debilidad en la economía del país, y se
frustraron expectativas de superación socio-económica de la gran mayoría de la
población. (CENDES, Nº 10: 17)
El 29 de octubre de 1988 14 pescadores son asesinados en Caño La Colorada, cerca de
la población de El Amparo, Edo. Apure, por 19 funcionarios adscritos al Comando
Específico José Antonio Páez (CEJAP) del Ministerio de la Defensa...el gobierno de
Jaime Lusinchi justificó los hechos afirmando que se había tratado de un enfrentamiento
con guerrilleros armados, aunque la evidencia siempre apuntó hacia la masacre, pues
¿cómo podía justificarse la versión de enfrentamiento cuando las experticias médico-
forenses dan cuenta de disparos con orificios de entrada por la espalda y la parte
posterior de la cabeza con distancias que oscilan entre uno y 50 cm. (Bolívar, Ligia,
Rev. Sic., Nº 545: 226-228).
La impunidad institucionalizada, pretendió presentar ante la opinión pública los hechos
disfrazados de manera que, una vez más, el estado de indefensión jurídica en el que se
encontraba la población padeció la frustración colectiva de saber que, otra vez, los
inocentes eran perseguidos y los culpables amparados. La masacre del Amparo sólo era
la repetición, en otro tiempo y con otras victimas, de la eterna vulnerabilidad del Estado
de Derecho en Venezuela.
En el mes de noviembre de ese mismo año (1988) el atropello policial cobra una nueva
víctima, esta vez fue una niña en la población de Tejerías, Estado Aragua, quizá este
hecho, por lo “común” del mismo no hubiera trascendido más allá de una simple nota
de prensa si la protesta de los pobladores de Tejerías no lo hubiera convertido en un
precedente importante del 27-F:
El estallido de Las Tejerías es sintomático porque constituye una manifestación de ese
nuevo espíritu. No es la primera vez que un cuerpo policial mata a una niña como
ocurrió en la población aragüeña. Las arbitrariedades son características...en un país
como el nuestro. Pero jamás una masa pobladora había reaccionado ante el crimen con
la instantánea reacción de protesta que estuvo presente en Tejerías. El Amparo ha
abierto otro capítulo en esa nueva mentalidad que parecía destinado a desencadenar una
etapa distinta en la vida nacional. La insurgencia de los habitantes de esa ciudad ha
tenido rasgos inusitados, de nacimiento o gestación de algo nuevo en el país...El
Amparo y Tejerías podrían ser los síntomas de una nueva actitud de los venezolanos en
la defensa de sus derechos y en el repudio paralelo a los atropellos con que la trata las
autoridades. (Rangel, D.A., Ultimas Noticias, 08-12-1988: 64).
Por otra parte, el sistema capitalista, por su propia esencia, niega la posibilidad a las
mayorías marginadas del bienestar económico a participar en el usufructo de las
riquezas que el país genera, pero paralelo a esta exclusión, exige el sacrificio y aporte de
esta masa excluida de toda posibilidad de bienestar, para que asuma el “costo social y
económico” de un modelo de crecimiento que paradójicamente es la negación de sus
intereses como clase. Es la paradoja indisoluble del capital.