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ENFOQUE DE GENERO.

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Enfoque de género

2005

Avalado por BANMUJER


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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN 5

I. ENFOQUE DE GÉNERO 7
1. El sexo no es el género 7
1.1. Características de la construcción social del género 7
1.2. Estereotipos de género 8
II. PATRIARCADO 11
1. División sexual del trabajo y de la vida social 12
III. FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA 13
IV. LAS MUJERES Y EL TRABAJO: LA DOBLE Y TRIPLE JORNADA 14
V. PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES Y EMPODERAMIENTO 18
1. Dimensiones del empoderamiento 19
VI. COOPERATIVAS CON EQUIDAD E IGUALDAD DE GÉNERO 21
1. ¿Cómo se expresa la inequidad de género dentro de una cooperativa? 24
2. Recomendaciones prácticas para promover una perspectiva de 24
género en las cooperativas

VII. POR UN LENGUAJE INCLUSIVO 25


VIII. LA SALUD: FACTOR FUNDAMENTAL PARA EL DESARROLLO 26
1. Salud sexual y reproductiva 27
1.1. Los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos 29
2. Violencia doméstica 30
IV. APÉNDICE: LEGISLACIÓN NACIONAL E INTERNACIONAL 33
QUE GARANTIZAN LOS DERECHOS DE LAS MUJERES

BIBLIOGRAFÍA 39
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INTRODUCCIÓN

Para darle un giro a la situación desventajosa de las mujeres en la sociedad, es


necesario que cada quien, desde su ubicación y sus posibilidades, dé contenido
a lo que aquí sólo se propone como un estímulo para alentar consideraciones y
comenzar a entrever una realidad dentro de la familia, la cooperativa, la comuni-
dad y el proyecto de país que nos proponemos.

Enfoque de género es, antes que nada, un recurso de iniciación en el camino de la


construcción del socialismo del siglo XXI en Venezuela. Esta edificación requiere que
las mujeres (y los hombres, quienes también padecen las consecuencias del patriar-
cado) se organicen y tracen estrategias para no quedar relegadas, una vez más.

Las demandas de las mujeres han sido históricas. A través de arduas luchas con-
quistaron el voto, el salario, el divorcio, la patria potestad compartida, las leyes
que prohíben la violencia intrafamiliar, el acceso a la educación formal.
Adquirieron libertades y derechos que el sistema les vedaba y reservaba única-
mente para los hombres. En nuestro país muchas de estas conquistas se alcanza-
ron tempranamente y actualmente contamos con un marco jurídico favorable.

Sin embargo -y este es nuestro asunto principal- la inequidad entre hombres y


mujeres sigue existiendo y no ha podido ser superada ni siquiera en los países
más avanzados, en los cuales se siguen diseñando leyes para disminuir la des-
igualdad entre los géneros. Por su parte, en los países pobres siguen muriendo
más mujeres que hombres por motivos relacionados con la pobreza: desnutrición,
enfermedades curables y partos mal atendidos. Según la Cepal, en toda América
Latina y el Caribe las mujeres ganan 30 y 40% menos salario que los hombres,
aún cuando realizan los mismos trabajos.

De manera que se trata de una batalla impostergable que ningún movimiento


popular organizado debe soslayar. Con seguridad, las prácticas excluyentes que
van en detrimento de cualquier persona o grupo, por motivo de raza, religión,
sexo, género u orientación sexual, deben ser erradicadas en una sociedad que se
encamina hacia la democracia participativa y la justicia social, para ello hace
falta fomentar la conciencia para el cambio. En ese sentido, este texto propone
algunas herramientas básicas para cuestionar y transformar las normas culturales
relacionadas con la manera en que concebimos los roles de las personas según
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su género, en la cual siguen primando prejuicios injustos y discriminatorios. Entre


esas herramientas hemos incluido en primer lugar la diferencia entre sexo y géne-
ro, crucial para comenzar este recorrido iniciado por el movimiento feminista
hace más de 150 años. Luego arribamos al concepto de patriarcado, fundamen-
tal para comprender el sistema que genera la desigualdad entre hombres y muje-
res; la división sexual del trabajo como uno de sus ejes básicos y la estrecha alian-
za entre sistema patriarcal y sistema capitalista: fuentes de opresión y explotación.

Se ha prestado especial atención al fenómeno de la feminización de la pobreza,


que por sí misma da cuenta de cómo la brecha económica entre los sectores
empobrecidos está marcada por el sexismo.

Se identificó la dinámica de doble y triple jornada de trabajo que desempeñan las


mujeres como actividad invisibilizada. Analizamos la participación de las muje-
res y las dimensiones del empoderamiento como medio para protagonizar una
vida plena. Una de estas dimensiones es la vida cooperativista y sus valores soli-
darios y democráticos, válidos para todas y todos sus integrantes.

Posteriormente, abordamos la salud de las mujeres en dos vertientes principales:


salud sexual y reproductiva y violencia intradoméstica, directamente relacionadas
con la discriminación por género.

Como apéndice se presenta una compilación de la legislación nacional e interna-


cional que garantiza los derechos de las mujeres.

Es inherente a todo proyecto que se plantea modificar la realidad para el benefi-


cio social, profundizar el enfoque de género, por lo que se espera que los inci-
pientes instrumentos de análisis ofrecidos sean tomados como punto de partida.

Por último, debemos dejar en claro que pensar y actuar con visión de género no sig-
nifica la búsqueda de la superioridad de las mujeres sobre los hombres, como
muchas veces se ha querido hacer creer; se trata de luchar por la igualdad: la asig-
nación equitativa de tareas, responsabilidades, recursos y ventajas, y es una meta
que debemos perseguir todas y todos, tomando en cuenta que el adversario es un
sistema de dominación y un modo de pensar, no un grupo específico de personas.

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I. ENFOQUE DE GÉNERO

Todas las sociedades tienen un modelo muy arraigado de cómo debe ser una
mujer y de cómo debe ser un hombre. Nuestra cultura fomenta estos modelos y
enseña determinadas actitudes, conductas, valores, creencias y necesidades,
mientras que otras son condenadas y sancionadas limitando finalmente nuestra
forma de ser, pensar, evaluar, sentir y actuar. Con ello genera un sistema jerárqui-
co, desigual y discriminatorio de relación entre hombres y mujeres.

Estos modelos se han ido formando con el tiempo y, en general, no son cuestio-
nados, lo que nos lleva a comprender que es en la aceptación de estos modelos,
como parte de nuestra concepción del normal desarrollo de la vida en sociedad,
en donde residen su éxito y permanencia.

Lo primero que haremos será diferenciar los conceptos de sexo y género y luego
veremos con mayor profundidad qué son los estereotipos de género para recono-
cerlos y desafiarlos.

1. El sexo no es el género

Se utiliza la palabra sexo para designar características estrictamente biológicas y


anatómicas de las personas. El sexo define las diferentes funciones y formas que
adquieren los órganos sexuales de las mujeres y los hombres.

En cambio, género es un conjunto de características sociales y culturales de lo


femenino y lo masculino. Está relacionado con los comportamientos, valores,
actitudes y sentimientos que la sociedad considera como propios de los hombres
o de las mujeres, y que colocan a unas y otros en posiciones desiguales.
1
1.1. Características de la construcción del género :

Es un fenómeno histórico: esto significa que se construye a lo largo del tiempo y


se transmite de generación en generación, pero que no es igual en cada época y
por lo tanto es cambiante.

Jerárquico: implica relaciones de poder asimétricas que oponen lo masculino
a lo femenino, a través de un sistema de dominación que promueve la subor-

1
www.e-mexico.gob.mx/wb2/eMex/ eMex_El_principio_o_erase_una_vez

Enfoque de género 7
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dinación y la exclusión de la mayoría de las mujeres, y de algunos hombres.



Se reproduce en lo cotidiano: se siente, se piensa y se vive en función del
género durante todo el día: en la calle, la escuela, el trabajo, en casa, en
compañía de nuestra familia, amigos y amigas, con personas conocidas o
desconocidas.

Variable: según la cultura, etnia, edad, grupo social, religión, relaciones
familiares y comunitarias, mujeres y hombres vivimos de manera diferente
el "deber ser" masculino y femenino. No es lo mismo ser mujeres u hombres
si somos personas jóvenes o adultas, si vivimos en la ciudad o en el campo,
si somos indígenas, afrodescendientes o mestizas/mestizos, o si nacimos en
Francia, Perú, México o Venezuela.

Relacional: es decir, involucra tanto a hombres como mujeres en relación
unos con otros, no de manera separada. Las diferencias de género se eviden-
cian cuando interactuamos.

Modificable: como toda construcción social y cultural, de la misma forma
que se construye y se aprende también se puede desconstruir y desaprender,
eligiendo ser y vivir como hombres y como mujeres de manera diferente a los
modelos tradicionales establecidos.

1.2. Estereotipos de género

Llamaremos estereotipos de género


a las creencias o pensamientos que
“etiquetan” las conductas y
características de mujeres
y hombres. Estas creen-
cias son fruto del apren-
dizaje en la familia, la
escuela, los centros
de trabajo, las religio-
nes y las sostenidas por
los medios de comunica-
ción, y son entendidos como
“normales” por las personas que
forman parte de ese grupo social.

8
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Sabemos que la idea de género es una construcción cultural que desde el princi-
pio de los tiempos ha distinguido lo masculino de lo femenino. Pero lo central de
esto es que siempre lo ha hecho de una manera desigual y jerárquica que ha
resultado desventajosa para las mujeres. Esto ha influido en toda nuestra cultura,
el lenguaje y el conocimiento.

Lo masculino quedó asociado a: la ciencia, lo racional, la inteligencia, la activi-


dad y la fuerza. Lo femenino quedó asociado a: la naturaleza, las emociones, los
afectos, lo maternal, lo emotivo y lo intuitivo.

Diferencias entre

Sexo Género

Dado por los genes Es aprendido

No puede cambiarse Puede cambiarse

Ej. Sólo las mujeres pueden parir y Ej. Mujeres y hombres pueden cuidar
amantar de niños y niñas y de su alimentación
2
Cuadro 1. Diferencias entre Sexo y Género

A la mayoría de los hombres, cuando eran niños les dijeron que para ser un
“varón de verdad” debían hacerse cargo de su familia económicamente. Que serí-
an jefes del hogar, y que como buenos jefes deberían tomar las riendas de su fami-
lia, decidir lo importante, y tener la autoridad sobre su esposa y sus hijas e hijos.

Se les enseñó que deberían velar por mantener la moral familiar, cuidar la conduc-
ta de sus integrantes y sancionar cuando algo se descarriara. Es decir, que eran los
representantes casi únicos de mantener su casa y llevar a su familia hacia adelante.
Se les exigió seguridad, fuerza, responsabilidad, capacidad de trabajo y de mando.

Se les dijo que los hombres no lloran, que para emocionarse están las mujeres, y que
debían mantener esa conducta rígida de por vida, para no parecer “debiluchos”.

Por su parte, a la mayoría de las mujeres se les enseñó que la única y mayor aspi-
ración de su vida pasaba por ser madres, que debían ser buenas, honestas, y hacer
caso a lo que les dijeran sus padres, sus hermanos y, cuando se casaran, sus espo-

2
INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. Los Derechos Humanos de las
Mujeres: Fortaleciendo su promoción y protección Internacional. 2004. Pág. 75.

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sos. Fueron persuadidas de que no había mayor placer que servir a los demás y
sacrificarse por su familia sin importar lo que ellas necesitaran; que ellas serían
las “reinas del hogar” y ése sería el ámbito en el cual se moverían. Se les educó
para ser amables, obedientes y cuidar de su familia las 24 horas, inculcándoles
que su lugar era el de apoyar a su esposo, manteniéndose en segundo lugar y que
si salían de su casa para trabajar o estudiar estas actividades no debían interferir
en su responsabilidad hogareña.

Como podemos apreciar, estas ideas artificiales de que hay una “naturaleza” de la
mujer y del hombre, sólo han limitado las condiciones de vida de las personas que
deben cumplir con estas pautas. Debemos mencionar que tales condiciones son
injustas para ambos, ya que impiden el desarrollo de sus potencialidades y capaci-
dades individuales coartando la libertad de manifestarse, expresarse y reconocer sus
verdaderas necesidades; pero debe tenerse claro que a quien afecta es a las mujeres.

El problema no es la diferencia.
3
La diferencia se produce sola; la igualdad hay que construirla

El problema no es que hombres y mujeres sean diferentes (que lo son), el proble-


ma es que esta diferencia se ha traducido en desigualdad social y política.

La opresión hacia las mujeres está profundamente arraigada en nuestra cultura.


Mujeres y varones finalmente somos víctimas de estos valores impuestos que con-
dicionan nuestras relaciones personales, laborales, sociales y políticas.

Cuando se habla de opresión de la mujer no se pueden


utilizar sólo categorías económicas.

La opresión es un conjunto de actitudes que involucra también


categorías psicológicas, emocionales, culturales e ideológicas.

Frente a tal inequidad histórica surgieron el feminismo y el movimiento amplio de


mujeres, como movimientos de liberación que abarcaron a:

(...) personas y grupos, reflexiones y actuaciones orientadas a acabar con la


subordinación, y opresión de las mujeres y lograr, por tanto, su emancipa-

3
LAMAS, Marta (1997): La perspectiva de género: una herramienta para construir equidad entre
mujeres y hombres. Editorial Dif. México.

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ción y la construcción de una sociedad en la que no tengan cabida las dis-


4
criminaciones por razón de sexo .

El feminismo y el movimiento amplio de mujeres tienen como objetivo


irrenunciable la superación de las diferencias de género.

El feminismo también tiene una importante dimensión teórica de gran relevancia


en las ciencias sociales. Es una teoría crítica que busca entender y explicar la
sociedad en la que nace para poder cambiarla. Los estudios feministas fueron uno
de los primeros en señalar en profundidad las causas sociales y culturales de la
opresión por razón de género, y en demostrar que estas causas están sustentadas
por un sistema de dominación conocido como patriarcado.

II. PATRIARCADO

Llamamos patriarcado al sistema basado en la apropiación, concentración y


monopolización del poder y la autoridad por parte de los hombres sobre las
mujeres y otros hombres, existente en las sociedades antiguas y modernas.

El patriarcado, como sistema, se encuentra presente en los actos aparentemente más


privados y personales, y condiciona la forma en que se establecen relaciones inter-
personales en todas las dimensiones: sexual, familiar, económica, cultural y política.

El patriarcado no es una condición natural, es una organización social o un con-


junto de prácticas que generan desigualdad y sometimiento. Es necesario decir
que el poder patriarcal también genera relaciones de subordinación de unos hom-
bres hacia otros hombres.

No hay un fundamento real y filosófico que legitime el patriarcado. Decir que se


trata de un sistema político, implica que éste puede transformarse a partir de la toma
de conciencia de la desigualdad dentro de las relaciones entre hombres y mujeres.

Comprometerse con la transformación social, política, económica y productiva del


país implica luchar por un sistema justo e igualitario, que incluya de manera equita-
tiva a hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida.
El patriarcado, como base de organización de la vida social,
aún está presente en las relaciones humanas de hoy en día.
Hacerlo visible es el primer paso para poder transformar esta realidad.

4
COGAM. Políticas y reivindicaciones. Madrid, 2000

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1. División sexual del trabajo y de la vida social

Uno de los aspectos más contundentes del sistema patriarcal es la universal divi-
sión sexual del trabajo.

El patriarcado impulsó la asignación de diferentes tareas para hombres y mujeres,


y posteriormente, a través de numerosos mecanismos, hizo creer que esta adjudi-
cación de tareas a ambos sexos era “natural”

Esa división, aún hoy vigente, no es neutral ni igualitariamente valorizada; de


hecho, el sistema ha impuesto una organización jerárquica en la cual histórica-
mente los hombres han ocupado los lugares de poder; y aunque las mujeres han
desarrollado actividades fundamentales en la historia de la humanidad, esto ha
quedado invisibilizado.

La historia universal está protagonizada por hombres: escritores, pensadores, filósofos,


presidentes, científicos, militares y estrategas, médicos, químicos, astronautas y mate-
máticos. Esto no se debe a que los hombres sean más inteligentes, más hábiles, más
aptos o más capaces, sino a que las mujeres han estado históricamente relegadas a
funciones secundarias y desvalorizadas socialmente. En los numerosos casos en que
las mujeres desarrollaron y ocuparon lugares de supremacía, la historia oficial, domi-
nada por el pensamiento patriarcal, se encargó de ocultar los nombres y los actos de
estas protagonistas. Por lo tanto, el trabajo de científicas, médicas, matemáticas, escri-
toras, luchadoras sociales, estrategas militares, líderes, artistas, investigadoras y astró-
nomas es una parte de la historia de la humanidad que aún permanece silenciada.

A partir de la división sexual del trabajo, los hombres pasaron a cumplir la fun-
ción productiva, teniendo a su cargo la manutención económica de la familia. A
las mujeres se les adjudicó la función reproductiva, el cuidado de hijos e hijas y
adultos mayores, las tareas domésticas y la atención del hogar, lo cual determinó
la división de espacios públicos y privados.

Debemos mencionar esta atribución tradicional de los espacios, en la que todas


y todos se encuentran inmersos:

Espacios públicos: ocupados mayoritariamente por hombres
(fuera del ámbito doméstico).

Espacios privados: ocupados mayoritariamente por mujeres
(en el hogar y con la familia).

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Esta separación de roles, funciones y espacios opera en forma limitante, ya que es


impuesta y no tiene en cuenta la elección de cada persona. A esto se suma que estas
tareas son jerarquizadas, dado que se otorga más valor a los roles, funciones y espa-
cios de los hombres que al de las mujeres, quienes quedan en un lugar secundario.

Hay quienes dicen que la división sexual del trabajo apareció antes que el capi-
talismo, que ya existía en otros modos de producción y que la organización jerár-
quica del sistema capitalista se benefició (y se beneficia) con la preexistente divi-
sión sexual del trabajo.

Otra corriente de pensamiento dice que hace su aparición con el capitalismo, y


que a partir de su desarrollo y la división laboral y de clases, las mujeres se vie-
ron relegadas a tareas de bajo nivel o absolutamente alejadas de la vida econó-
mica. El patriarcado utilizará una y otra vez el argumento del “orden natural de
las cosas”, según el cual la función de las mujeres deberá quedar confinada al
ámbito del espacio privado, es decir, subordinadas al orden social.

Lo fundamental es tener en cuenta que patriarcado y capitalismo han sido y son


aliados en la conformación de un sistema opresivo y excluyente, generadores de
miseria, explotación y desigualdad.

III. FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA


5
Un logro importante de la Conferencia de Beijing ha sido el reconocimiento, por
parte de los gobiernos, de que muchos aspectos de la pobreza están vinculados al
género. Según las Naciones Unidas, “la brecha que separa a los hombres de las muje-
res atrapados en el ciclo de la pobreza ha seguido ampliándose en el último dece-
6
nio” , fenómeno que ha llegado a conocerse como la "feminización de la pobreza".

En los últimos años se ha producido en todo el mundo un incremento del núme-


ro de hogares encabezados por mujeres. Se ha comprobado que estos hogares
(que no cuentan con ingresos que aporte el hombre) soportan una mayor pobre-
za, por lo tanto su vulnerabilidad es mayor.

Las siguientes cifras hacen evidente la discriminación social y económica hacia


7
las mujeres, producto de la eficaz alianza entre patriarcado y capitalismo :

5
Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeres: Acción para la Igualdad, el Desarrollo y la Paz realiza-
da en Pekín, China en septiembre de 1995, llamada informalmente Conferencia de Beijing.
6
Ibidem
7
UNPFA, Fondo de Población para las Naciones Unidas, Informe Año 2004.

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La mayoría de los 1.500 millones de personas que viven con 1 dólar diario,
o menos, son mujeres. En todo el mundo, las mujeres ganan como promedio
8
cerca de la mitad de lo que ganan los hombres .

Las mujeres de menores recursos deben trabajar desde muy jóvenes, son las
que más hijos tienen, las que menos ganan y las que más tarde se retiran del
mercado laboral.

Las mujeres se ocupan de la casa y de las niñas y los niños en 82% de
los hogares.

En todo el mundo, según las Naciones Unidas, las tres cuartas partes del tiempo
trabajado corresponde a las mujeres, quienes reciben por eso 3% del salario que
se paga en el mundo, y son poseedoras de sólo 1% de la propiedad de la tierra.

Las mujeres que viven en la pobreza a menudo se ven privadas del acceso a
recursos de importancia crítica, como los préstamos, la tierra y la herencia.

El desarrollo y fortalecimiento del papel económico de la mujer son


determinantes a la hora de contar con recursos y estrategias para
salir del circuito de pobreza y hambre en el que se encuentran
millones de personas en el mundo.

IV. LAS MUJERES Y EL TRABAJO: LA DOBLE Y TRIPLE JORNADA

Definiremos el trabajo como el esfuerzo físico y mental que tiene


por resultado la transformación de un bien o un servicio.

La supervivencia de los grupos más pobres sólo es posible gracias al trabajo que
realizan las mujeres. Su trabajo invisibilizado garantiza el bienestar del hogar y
de su familia y la mayoría de las veces no se tiene en cuenta su agotamiento físi-
co y emocional por la sobrecarga de tareas.

Cuando la mujer, además de garantizar el funcionamiento doméstico debe salir al


mercado de trabajo, se origina la llamada doble jornada. Y desde el momento en
el cual también se incorpora al trabajo comunitario, se origina la triple jornada.

Su día comienza con las tareas del hogar y el cuidado de su familia, continúa en
su empleo remunerado y termina nuevamente asumiendo la carga del trabajo

8
La Feminización de la Pobreza, material de las Naciones Unidas, Conferencia de Beijing.

14
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doméstico; y en muchas ocasiones el comunitario.

Si bien se menciona el trabajo doméstico como un valioso aporte al funciona-


miento familiar, esto no se reconoce desde una perspectiva socioeconómica, ni
aparece en las estadísticas económicas de la población. No se sabe con exactitud
cuál es la cantidad de personas que se dedican a las tareas dentro del ámbito
doméstico, ni cuántas horas dedican a éste.

Tomemos el ejemplo de la alimentación familiar: si la familia consumiese


comidas ya preparadas en
comercios como restauran-
tes, el gasto mensual sería
inabarcable. Los alimentos
al ser preparados por las
mujeres dentro del hogar,
reducen su costo sustancial-
mente. No se paga ni mano de
obra, ni horas extras, ni trabajo
especializado, ni impuestos,
ni un porcentaje de ganan-
cia, ni gastos relativos a
la manutención de un
comercio. Esta diferen-
cia es el valor agregado
que genera el trabajo
doméstico.

Igual situación revisten el cuidado de los niños y adultos mayores, la higiene de


la casa, el lavado y planchado de la ropa, entre otros.

Cada día aumenta el ingreso de mujeres al ámbito público, no así el ingreso de


los hombres al ámbito privado. Esto constituye un fuerte desequilibrio que se
observa en el núcleo familiar. La modificación de esta situación depende de la
inclusión del resto de la familia en el trabajo doméstico. La sistemática división
existente entre lo público y lo privado es el mayor obstáculo para la construcción
de una sociedad igualitaria y justa.

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¿Acaso no hemos escuchado que en el siglo XX han salido las mujeres masiva-
mente a trabajar?

Sabemos que las mujeres han trabajado siempre y han trabajado mucho. Por un
lado han realizado las tareas más rudas en los campos, en las minas, y como ope-
rarias desde los albores de la era industrial hasta el momento. Pero además han
trabajado en sus casas, también realizando los trabajos más pesados y exigentes,
cuidando a las hijas e hijos, a las personas enfermas, y garantizando la subsisten-
cia de toda la familia.

Lo justo sería decir que en el siglo XX las mujeres accedieron al mercado de tra-
bajo y recibieron una remuneración por esto. Desde luego que por su condición
de mujeres recibieron los salarios más bajos. “Igual salario por igual trabajo” ha
sido una demanda histórica de las obreras en el mundo, que sólo desde hace
pocos años fue incluida en las leyes y contratos laborales de muchos países.

Por otra parte, el trabajo doméstico es una actividad invisibilizada que esconde
su valor productivo y no se lo considera como tal. Pero lo llamativo es que las
mismas mujeres no lo llaman trabajo. Cuando se le pregunta a un ama de casa si
trabaja y dice que no, en realidad lo que sucede es que no trabaja en una tarea
remunerada, pero sí realiza un trabajo dentro de su casa.

¿Qué pasaría...

... si un día las mujeres decidieran que no se ocupan más de


las tareas domésticas?

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La mayoría de las mujeres está de guardia las 24 horas. Tiene doble o triple jor-
nada cuando además de realizar las tareas domésticas sale a trabajar fuera de su
casa, y realiza actividades para la comunidad. Debemos reconocer el trabajo
doméstico por su valor productivo y admitir que no es remunerado, lo cual cons-
tituye una injusticia de índole social.

Art. 88 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela

El Estado garantizará la igualdad y equidad de hombres y mujeres en el


ejercicio del derecho al trabajo. El Estado reconocerá el trabajo del
hogar como actividad económica que crea valor agregado y produce
riqueza y bienestar social. Las amas de casa tienen derecho a la segu-
ridad social de conformidad con la ley.

V. PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES Y EMPODERAMIENTO

Según la Organización Panamericana de la Salud, el empoderamiento se consi-


gue una vez que se desafían las estructuras opresoras y se logran relaciones socia-
les que habilitan a la gente para tener control sobre sus vidas.
9
Para el profesor canadiense Ronald Labonte , el empoderamiento “es un proceso
transformador de hombres, mujeres y clases sociales por medio del cual el poder
sobre la gente se transforma en poder con la gente”.

En el caso de las mujeres el empoderamiento se logra cuando se modifican las


relaciones de poder que limitan las opciones de vida, le impiden tener autonomía
y afectan su salud y su bienestar. En la medida en que éstas toman conciencia de
las condiciones de desigualdad imperantes pueden comenzar a revertirlas.

Decir que se trata del “poder para” implica que no es el poder de la dominación,
sino de aquel que permite poder ser y hacer. Que haga posible generar los cam-
bios necesarios para acceder a una vida más justa y más plena siendo cada per-
sona protagonista de este cambio.

9
LABONTE Ronald. (1996) Empoderamiento Comunitario, Journal of Leisurability 23(1): 4 -
20. Profesor canadiense, es uno de los más prestigiosos sociólogos expertos en salud públi-
ca y promoción de la salud, con amplia experiencia en participación social y desarrollo
comunitario.

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1. Dimensiones del empoderamiento


El proceso de empoderamiento abarca cuatro dimensiones: la personal, la del
hogar, la de la comunidad y la macrosocial. A su vez, éste se puede constatar
en las áreas económica, sociocultural, familiar-interpersonal y político-legal.
Personal: El proceso que sigue una persona para llegar a empoderarse comienza
por una o uno mismo. Es la parte personal o interna que aparece una vez que toma-
mos conciencia de la opresión y consideramos la posibilidad de hacer algo para
liberarnos de ella. Es necesario tener confianza en uno o una misma y atrevernos a
desafiar determinadas reglas impuestas que nos impiden nuestro desarrollo.
El hogar: La dimensión del hogar implica establecer relaciones interpersonales
igualitarias, no subordinadas con respecto a los roles y funciones que desempeña-
mos a nivel doméstico. Tener un igualitario control de los ingresos económicos, y
un total acceso a los recursos familiares. Libertad de movimientos, opción de deci-
dir libremente acerca de la planificación prenatal, igualdad del acceso a la educa-
ción y a los derechos económicos y políticos de todos los miembros de la familia.
Favorecer el desarrollo de relaciones familiares equitativas, libres de violencia
doméstica y con democracia en la toma de decisiones.
En la comunidad: Interactuando en la comunidad tendremos la posibilidad de
descubrir que no somos las únicos o los únicos, y que no estamos solas ni solos
en las situaciones de opresión que atravesamos. La posibilidad de unirnos o
asociarnos con pares determinará la creación de estrategias de lucha colectiva
en pos de nuestros derechos, ya que nos permite aunar nuestras capacidades,
esfuerzos y potencialidades practicando la solidaridad. Así se podrá garantizar
un igualitario acceso al crédito, al trabajo y la posesión de tierras. Incursionar
en el espacio público, y trabajar en los cambios de las normas del sistema
patriarcal. Valorar la autonomía de las mujeres, conocer y ejercer los derechos
en la participación política.
Macrosocial: A nivel macrosocial, el empoderamiento implica poder gerenciar
proyectos sin discriminación por género, luchar por el acceso a la adecuada
atención de la salud sexual y reproductiva, conociendo las normativas nacio-
nales e internacionales que protegen a las mujeres, aumentar la participación
política y lograr que las mujeres accedan a cargos locales, regionales y nacio-
nales dentro de los organismos privados y del Estado.
Podemos decir que este proceso de empoderamiento es exitoso cuando se logra
actuar e influir positivamente sobre los cambios sociales.

Enfoque de género 19
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 20

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

La participación masiva de las mujeres no implica su empoderamiento. Para ello


deberemos realizar un esfuerzo diario por lograr espacios de poder y autonomía
dentro de la comunidad y con el colectivo.

En la Misión Robinson, que tiene como objetivo eliminar el analfabetismo en


el país, 63% de las personas que participan son mujeres; 55% en la Misión
10
Ribas y 56% en la Misión Sucre . En la Misión Vuelvan Caras, las mujeres que
cursan estudios técnicos y se incorporan para su inserción laboral abarcan
63% del total de integrantes.

Con estas cifras, un avance impostergable en el proceso de transformación políti-


ca del país es lograr que la participación social de las mujeres esté acompañada
de un proceso de empoderamiento que implique el acceso igualitario a los espa-
cios de toma de decisiones.

Cuando hablamos de poder entendemos que el ejercicio negativo de éste es lo


que debemos cuestionar, ya que el poder también es “la facultad o medio para
11
hacer, crear o realizar cualquier cosa y por cualquier persona “; y de su ejercicio
positivo depende tener en cuenta los intereses de hombres y mujeres para un des-
arrollo pleno de sus potencialidades.

Siempre que hablamos del ejercicio negativo del poder su resultado será la exis-
tencia de relaciones e instancias de jerarquía, asimétricas y basadas en la opre-
sión de un grupo sobre otro.

Por el contrario, el poder en su práctica positiva hace posible trabajar en pos de


una sociedad en la que todas y todos tengan igualdad de condiciones, respeten
sus diferencias, gocen de iguales derechos, reconocimiento y trato.

El primer objetivo tendente a establecer una verdadera equidad de género, es la


visibilización de las situaciones de opresión evidentes, aun las más sutiles. Ésta es
una tarea de conciencia que deberán asumir tanto las lanceras y los lanceros como
sus familias, para trabajar de manera conjunta en la búsqueda de la igualdad.

Una muestra de ello será la realización de las tareas dentro del ámbito domés-
tico en forma compartida, es decir, lograr la inclusión de los hombres en el
trabajo del hogar, para repartir la gran responsabilidad y el esfuerzo que sig-
nifican estas tareas.

10
INAMUJER. Plan de Igualdad para las Mujeres. Venezuela 2004-2009.
11
Acerca del género: http://www.e-mexico.gob.mx/

20
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 21

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

En el ámbito público, se debe comenzar el cambio con la real incorporación de


las mujeres en la toma de decisiones y los cargos de responsabilidad dentro de
las cooperativas, sin ningún tipo de discriminación.

Uno de los beneficios de incluir la perspectiva de género en todos los ámbitos


de la vida, es que obtendremos más elementos para ver la realidad y generar
cambios beneficiosos para hombres y mujeres. Podremos detectar esas des-
igualdades que han sido construidas artificialmente y, por lo tanto, tendremos
la posibilidad de modificarlas.

Se obtendrá un mejoramiento general de la calidad de vida de las mujeres, los


hombres y la familia democratizando las relaciones entre los sexos y abriendo
camino para superar la desigualdad de género. De esta manera formaremos parte
de procesos de realizaciones más justas y humanas.

La persistencia de la opresión de un grupo sobre otro opera como limitante a la


hora de encarar políticas de transformación y desarrollo, lo cual incide en los
resultados y la calidad del trabajo.

VI. COOPERATIVAS CON EQUIDAD E IGUALDAD DE GÉNERO

Los principios y valores universalmente adoptados por el cooperativismo se basan


en la solidaridad, la cooperación, la democracia, la responsabilidad social, la
igualdad y la equidad entre sus integrantes. Como hemos visto, tanto hombres
como mujeres padecen las limitaciones y distorsiones que generan los estereoti-
pos de géneros impuestos por la cultura patriarcal; por lo tanto, es posible que en
el funcionamiento de las cooperativas se presenten situaciones de inequidad deri-
vadas de esos estereotipos.

La perspectiva de género no es un medio,

sino un fin en sí mismo

Si las mujeres no se encuentran representadas a la hora de tomar decisiones es


probable que sus necesidades, opiniones e intereses no se estén tomando en
cuenta en forma igualitaria, por lo tanto cabría reflexionar acerca de la legitimi-
dad de tales decisiones.

Esto no depende de la cuestión numérica (mayoría de hombres o mujeres), sino

Enfoque de género 21
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 22

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

de la adjudicación de funciones y responsabilidades. Puede darse el caso de que


el acceso y control sobre los recursos, los activos, las tierras y aspectos de la pro-
ducción y comercialización de sus productos no sea equitativo.

Aun en los casos en que la formación para los cooperativistas sea igual para todas
y todos, se debe reflexionar acerca de las posibilidades reales que tienen las muje-
res de acceder a ellas, debido a la doble o triple jornada de trabajo que muchas
de ellas soportan.

Se ha mencionado extensamente la desigual participación de los hombres dentro


de las tareas del ámbito doméstico. Los principios de solidaridad entre las y los
integrantes de la cooperativa no siempre tienen en cuenta este aspecto, si bien se
indica en forma expresa que se debe apoyar y cooperar en la solución de los pro-
blemas de sus asociadas y asociados, la familia y la comunidad.

22
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 23

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

Existen necesidades básicas y otras de suma importancia que son las estratégicas.
Dentro de la categoría de las necesidades básicas se encuentran las que corres-
ponden a las necesidades de los otros, de la familia, la sociedad. Pero, sólo cuan-
do se empiezan a considerar las llamadas necesidades estratégicas nos encontra-
mos ante un cambio estructural que implica construir la igualdad entre hombres
y mujeres dentro del proceso revolucionario.

Las necesidades estratégicas de las mujeres incluyen la existencia de un


tiempo libre para sí mismas sin la sobrecarga doméstica permanente, la inde-
pendencia económica, social y psicológica. En la propuesta de Enfoque de
género, es un primer gran paso que las mujeres descubran y planteen cuáles
son sus propias necesidades e intereses como personas que forman parte de
un colectivo.

En la medida en que los procesos de formación y capacitación incluyan el


enfoque de género, posibiliten un mayor acceso de las mujeres a la educación
y a la actividad laboral, y se logre aumentar su participación en los diferentes
espacios, se estará construyendo un sólido puente hacia la igualdad entre los
hombres y las mujeres cooperativistas.

Las mujeres organizadas deben identificar que su lucha


no es contra los compañeros,

es una lucha para lograr la igualdad; por lograr una


sociedad justa y amante de la paz para todas y todos.

Es importante encarar en forma colectiva la elaboración de estrategias y planes


que permitan tener en cuenta las necesidades específicas de las mujeres de la
cooperativa. Este ejercicio de inclusión y conciencia de que la atención del
hogar y la familia es una tarea de todas y todos, permitiría planificar horarios
y turnos rotativos para efectuar en forma colectiva las tareas de limpieza, ali-
mentación de la familia y del grupo de trabajo, cuidado de niñas, niños y per-
sonas mayores, la administración de guarderías comunitarias, las compras
colectivas de alimentos, entre otros.

Siempre será beneficioso entender que introducir el enfoque de género dentro de


la cooperativa redunda en mejores condiciones laborales e interpersonales.

Enfoque de género 23
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 24

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

1. ¿Cómo se expresa la inequidad de género dentro de una cooperativa?

A veces a través de una discriminación directa, cuando no se les permite a las


mujeres (o a los hombres) participar en funciones directivas o se les excluye de
la toma de decisiones.

¿Qué otras condiciones de vida generan un desigual acceso a los puestos de res-
ponsabilidad y toma de decisiones fundamentales dentro de la cooperativa?

La pesada carga de la doble jornada de las mujeres influye directamente en el


tiempo que puede dedicar a esas funciones laborales, y termina siendo determi-
nante a la hora de decidir su posibilidad de participación.

Recordemos que la situación de desigualdad que puede darse dentro de las


cooperativas es el reflejo de lo que vivimos cotidianamente, expresado en hábi-
tos, costumbres, comportamientos, que forman parte de un aprendizaje que
puede y debe ser modificado.

2. Recomendaciones prácticas para promover una perspectiva de género


12
en las cooperativas .

Para lograr que cambie la perspectiva dominante, es importante crear las condi-
ciones para que los grupos marginados dejen de serlo y participen activamente
en "la corriente principal". En primer lugar, se necesita pensar que las mujeres
son la mitad de la población mundial y las cuidadoras de la especie humana.

Para promover cooperativas que funcionan "con perspectiva de género", es
necesario incentivar una mayor participación (cuantitativa y cualitativa) de
las mujeres y garantizar que llegue hasta las más marginadas.

Las reuniones de los comités de las cooperativas deben ser físicamente acce-
sibles a las mujeres. Los lugares de reunión no deben encontrarse demasiado
alejados de sus respectivos hogares, ya que algunas no podrían afrontar el
gasto de viajar y otras tal vez vean restringidos sus desplazamientos por su
marido o sus padres. Las reuniones han de programarse en horarios que les
resulten convenientes y tienen que ser conducidas de manera efectiva para
no desperdiciar su tiempo.

Las reuniones deben celebrarse en sitios que presenten ciertas facilidades para
las mujeres y hombres que tienen responsabilidades familiares (Ej. guarderías).
12
DAEREN, Lieve. Experta Asociada en Género OIT/ETM: Cooperativas, democracia, recursos
humanos y género: ¿Qué tiene que ver el uno con el otro? San José de Costa Rica, 1997.

24
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E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A


Es preciso garantizar que las mujeres realmente reciban información pertinente a
su participación. Deben emplearse canales de información accesibles para ellas.

En las cooperativas mixtas debe ponerse el acento en el derecho igualitario
de la mujer a participar, así como en su derecho a votar y contribuir activa-
mente en un proceso democrático de toma de decisiones.

En el caso de muchas mujeres, la falta de confianza puede constituir una
importante limitación para que se integren, especialmente cuando son anal-
fabetas. Por ende, los programas de formación deben ser accesibles y conce-
birse con el propósito de reforzar su seguridad y autoestima.

Se ha de difundir información y nuevas ideas en boletines, programas radia-
les y otros medios de comunicación alternativos. Constituyen un medio sig-
nificativo en la sensibilización acerca de las dificultades que atraviesan las
mujeres, y pueden conducir gradualmente a modificar las normas y actitudes
que las discriminan.

La Declaración del Milenio de las Naciones Unidas insta a la comunidad mun-


dial a "comprometerse a promover la equidad de género y el empoderamiento
de las mujeres como formas eficaces para combatir la pobreza, el hambre y la
enfermedad, así como para estimular un desarrollo verdaderamente sostenible.

La Declaración del Milenio de las Naciones Unidas insta a la comunidad mun-


dial a "comprometerse a promover la equidad de género y el empoderamiento de
las mujeres como formas eficaces para combatir la pobreza, el hambre y la enfer-
medad, así como para estimular un desarrollo verdaderamente sostenible.

VII. POR UN LENGUAJE INCLUSIVO

Cada sociedad transmite su forma de pensar, sentir y actuar a través del lenguaje.

La manera de hablar no es neutra y refleja la relación de los sexos en la socie-


dad y la posición de la mujer en esa relación. El lenguaje ha contribuido a ela-
borar una imagen negativa –superficial y secundaria- de la mujer y ha reforza-
do la situación de desigualdad. Es fundamental revisar la manera de expresar-
se y escuchar a los demás, incluyendo los medios de comunicación, para
detectar que la mayoría de las veces hablamos en plural, utilizando sólo la
palabra “los” para referirnos a los dos géneros, masculino y femenino (“los

Enfoque de género 25
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E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

doctores del hospital”, “los trabajadores”, “los asociados”, etc.) y no se nom-


bra a “las doctoras”, “las trabajadoras” “las periodistas”. En los casos mixtos lo
adecuado sería emplear ambas denominaciones: “doctoras y doctores”, “traba-
jadores y trabajadoras” y “asociados y asociadas”.

Incluso en los diccionarios encontramos la definición de las profesiones sólo


en masculino, por ejemplo: médico, ingeniero, abogado, soldado, bombero,
herrero, fresador, fogonero, alfarero, como si no hubiera mujeres que ejercie-
ran esos oficios. El lenguaje sexista es el instrumento por el cual se las hace
invisibles y se las excluye.

También los refranes o dichos populares, tan conocidos y repetidos frecuente-


mente sostienen la idea de inferioridad de las mujeres, o su supuesta astucia
para engañar: “Palabra de mujer no vale un alfiler”; “gallinas y mujeres entre
cuatro paredes”; “la mujer y la mentira nacieron el mismo día”; “dos hijas y una
madre, la perdición de un padre”, entre otros. A veces se las presenta como
mentirosas, criticonas o dominantes: “cuaima”, “arpía”, “zafia”. De esta mane-
ra muchas veces se descalifica a las mujeres que demuestran carácter, energía
o comunicación abierta o que han logrado imponerse.

Además de los refranes existen las novelas, las películas, los juegos, los jugue-
tes y la publicidad. En los cuentos infantiles aparece la madrastra como mujer
perversa y maliciosa o la muchacha tierna, inexperta o sumisa. Ejemplo de esto
son los famosos: Blancanieves, La Bella Durmiente o La Cenicienta. También
las canciones infantiles como “María Moñitos” y “Arroz con leche” muestran
las labores del hogar como algo inevitablemente femenino.

Por otro lado tenemos el sexismo a través del humor, últimamente usado por la
publicidad: “Mujer que piensa es hombre”; “Hombre que traiciona o que miente
es mujer”; “La diferencia entre una esposa y una amante son 30 kilos”.

VIII. LA SALUD: FACTOR FUNDAMENTAL PARA EL DESARROLLO

Las mujeres en edad reproductiva son parte de la fuerza de trabajo de este país.
Si queremos tener una fuerza de trabajo productiva y sana para lograr el desarro-
llo endógeno, tenemos que darle tiempo a la salud sexual y reproductiva
13
Nora Castañeda .

13
Presidenta de Banmujer. Revista desdedentro No 1. Septiembre 2005, Pág. 40.

26
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E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

La violencia y el maltrato que a menudo padecen las mujeres se reproduce en


todos los ámbitos: familiar, educacional, laboral y de la salud.

El difícil acceso a los servicios de salud para los sectores populares y las posibles
prácticas discriminatorias que enfrentan una vez que acceden a ellos, es más grave
en el caso de las mujeres; ya que muchas veces el sistema médico ejerce prácticas
discriminatorias y violentas sobre ellas en las diferentes etapas de su vida, especial-
mente en las relacionadas con el proceso reproductivo (antes, durante y posterior al
embarazo).

Existen dos importantes aspectos de la salud directamente relacionados con la dis-


criminación por género: la salud sexual y reproductiva y la violencia doméstica.

1. Salud sexual y reproductiva

Las cifras que se conocen dan cuenta de las graves deficiencias en la atención de la
salud sexual y reproductiva a escala mundial. Según el informe de la Organización
Mundial de la Salud de 2004, hasta el año 2000 morían anualmente más de 650
mil mujeres (más de una por minuto) por complicaciones inherentes al embarazo,
14
el parto o el puerperio . Igualmente, los abortos sépticos generaron una cifra de más
15
de 6.000 muertes anuales en América Latina .

Esto indica una estrecha relación entre la pobreza y la salud sexual y reproducti-
va. La situación se agrava en la medida en que las mujeres son las únicas respon-
sables de los cuidados familiares y atención del hogar, soportando la mayor parte
de las veces doble y hasta triple jornada (cuando se suma a sus tareas domésticas
un empleo remunerado).

La igualdad de género demanda la toma de conciencia y eliminación de los meca-


nismos que finalmente relegan a las mujeres a una mera función reproductiva. La
suma de tareas excede la del cuidado de la alimentación y salud de su familia.
Deben cumplir con la responsabilidad social y cultural que la historia le ha otorga-
do: convertir a ese hijo o hija en un ser autónomo, mediante la educación y la trans-
misión de los valores sociales y culturales de la sociedad.

14
OMS, OPS, PNUD, UNPFA.
MSDS- Informe Alerta Año 2004.
id.
Según la OMS, se estima que anualmente 6.000 mujeres latinoamericanas pierden la vida
por un aborto practicado en malas condiciones, cuando en Europa sólo 100 tienen este
trágico desenlace. http://www.celsam.org/home/manual.asp?cve_manual=8
15
Id.

Enfoque de género 27
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 28

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

Muchas veces ni el Estado ni el cónyuge ofre-


cen las mínimas garantías para hacer de la
procreación un acto más allá de lo estricta-
mente biológico.

El desafío que existe por delan-


te es lograr que las mujeres
puedan asumir su materni-
dad sin perder su condi-
ción de seres humanos
integrales, ni que esto
afecte su participación
igualitaria. La
maternidad
debe ser
una elec-
ción y no
un destino
inevitable.

Para luchar contra estas condiciones adversas se debe:



Impulsar el respeto de los derechos humanos logrando la equidad de género,
y generar condiciones de acceso igualitario a la salud y la educación para
todas las mujeres.

Promover su cambio socioeconómico.

Mejorar la calidad y cobertura de la atención en salud, garantizando a las
mujeres su acceso a la planificación familiar, la atención prenatal y una asis-
tencia adecuada del parto y el puerperio.

Debido a su función reproductiva las mujeres sufren una alta tasa de morbilidad
y mortalidad. Esto no se debe solamente a la falta de conocimientos médicos, sino
a la constante violación de sus derechos.

La República Bolivariana de Venezuela posee una normativa de avanzada en rela-


ción con los derechos de la salud sexual y reproductiva.

28
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 29

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

Se debe informar adecuadamente acerca de las leyes y normas que garantizan la


salud como un derecho social, regida por los principios de universalidad y equi-
dad a fin de que todas las mujeres accedan en igualdad de condiciones a los ser-
vicios de salud que brinden un tratamiento integral y de calidad, especialmente
en lo concerniente a su salud sexual y reproductiva.

Las mujeres tienen garantizados los derechos para poder decidir acerca de su anti-
concepción, su maternidad y de recibir atención integral por parte de los servi-
cios de salud. Su empoderamiento en todos los aspectos de su salud individual, y
su participación a fin de hacer cumplir esos derechos, significarán un mejora-
miento de su calidad de vida.

1.1. Los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos


16
Todas las mujeres tienen derecho a :

La salud y, específicamente, a la salud sexual y reproductiva.

No morir por causas evitables relacionadas con el parto y el embarazo.

A la libertad, seguridad e integridad personal.

A la autonomía reproductiva, que incluye decidir el número e intervalo de
hijos y un plan de procreación con asistencia médica.

Gozar de la privacidad y confidencialidad con respecto a su salud sexual.

A la no discriminación en la esfera de la vida y de la salud sexual y reproductiva.

A contraer o no matrimonio, a disolver el matrimonio.

A la protección legal de la maternidad en el ámbito laboral, a no ser discri-
minada por embarazo y a no ser despedida por causa de embarazo.

A la educación sexual y reproductiva y la no discriminación en el ejercicio y
disfrute de este derecho.

A la información adecuada y oportuna sobre su estado de salud, sobre sus dere-
chos y responsabilidades en materia de sexualidad y reproducción, y acerca de los
beneficios, riesgos y efectividad de los métodos de regulación de la fecundidad.

A modificar las costumbres discriminatorias contra la mujer, que incluyen las
16
“Asegurando el futuro” Alda Facio, Venezuela.

Enfoque de género 29
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 30

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

prácticas discriminatorias en materia de salud sexual y reproductiva de las


mujeres y las niñas.

A disfrutar del progreso científico en el área de la reproducción humana y no
ser objeto de experimentación en ese campo.

2. Violencia doméstica

Habíamos dicho que el problema no es la diferencia, sino que ésta se convierta


en desigualdad. Cuando esta desigualdad se transforma en inferioridad aparece la
violencia. Quien ejerce la violencia es porque piensa que el otro es inferior. Esta
violencia puede ser visible, concreta o sutil.

Socialmente se considera que las mujeres están obligadas a obedecer y a hacer


lo que dice su pareja masculina (esposo, concubino). Que su responsabilidad
consiste en hacerse cargo de las necesidades de su familia. Se les exige vivir para
los demás. Estas responsabilidades les son asignadas a las mujeres sin tener en
cuenta su elección personal.
La violencia de género es la que refleja la asimetría existente en las
relaciones de poder entre hombres y mujeres y que perpetúa la
dominación y desvalorización de lo femenino frente a lo masculino.

La diferencia entre este tipo de violencia y otras formas de agre-


sión y coerción estriba en que en este caso el factor de riesgo o
17
de vulnerabilidad es el sólo hecho de ser mujer .

Una de las formas más frecuentes en que los hombres ejercen su supuesta “auto-
ridad” sobre las mujeres es a través de la violencia. Una de las creencias sosteni-
das por el sistema patriarcal es que “el hombre tiene todos los derechos sobre su
mujer”. Bajo esta premisa muchos hombres no encuentran límites en su manera
de relacionarse con las mujeres: gritan, golpean, humillan y descalifican.

La violencia es un delito.
El Estado debe castigar a toda persona que cometa un
acto violento contra otra, inclusive los actos cometi-
dos dentro del hogar, como la violencia doméstica.

17
CEPAL, Informe Anual 2003, UN.

30
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E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

La violencia no sólo niega los derechos y la condición humana de quien la sufre, sino
que afecta igualmente a quien la ejerce contra otra persona, pues le impide tener la
oportunidad de una relación y una comunicación enriquecedora para sí mismo.

La violencia contra la mujer tiene lugar en todas las sociedades del mundo,
en todos los niveles. La idea de que las mujeres les pertenecen a los hombres
es tan antigua como falsa. Las mujeres tienen el derecho fundamental de
vivir libres de violencia o control sobre su persona. La libertad significa
poder tomar decisiones sobre la propia vida, sin amenazas o manipulaciones
de la familia o la pareja.

La violencia es responsabilidad de quien la ejerce,

no de quien la recibe.

La Ley sobre la Violencia contra la Mujer y la Familia


menciona y define tres tipos de violencia: violencia físi-
ca, violencia psicológica y violencia sexual.

La violencia ejercida en cualquiera


de sus formas es delito y debe ser
sancionada.

La causa fundamental para que


exista violencia está determi-
nada por las relaciones
desiguales entre hom-
bres y mujeres, y la falsa
creencia de que la
mujer es “posesión” del
marido y le pertenece.

Para la Constitución de la
República Bolivariana de
Venezuela hombres y
mujeres son iguales
ante la ley y tienen los
mismos derechos.

Enfoque de género 31
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 32

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

La mujer golpeada se ve atrapada en una situación de la cual


sólo podrá salir con ayuda externa.

El material difundido por el Centro de Investigación sobre la Mujer menciona


una serie de conceptos sobre los cuales se hace necesario reflexionar:

A la mujer se le enseñó desde chica que el hombre es de la calle y la mujer
de la casa.

A la mujer se le enseñó que es incompleta sin un hombre al lado.

A la mujer se le enseñó que debe atender al hombre olvidándose de sí misma.

A la mujer se le enseñó que la felicidad del hogar depende de ella solamente.

A la mujer se le enseñó a ser una buena esposa y madre sacrificada y a sen-
tirse egoísta si se ocupa de ella misma.

32
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E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

IX. APÉNDICE: LEGISLACIÓN NACIONAL E INTERNACIONAL QUE


GARANTIZA LOS DERECHOS DE LAS MUJERES

1. Marco jurídico internacional

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) reafirma principios de


no-discriminación al establecer en su artículo 1º que “todos los seres humanos
nacen libres e iguales en dignidad y derechos...” y garantiza en el artículo 2º “que
toda persona tiene los derechos y libertades proclamadas en esta Declaración, sin
distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cual-
quier otra índole...”

De manera particular, la Convención Internacional para la Eliminación de todas


las Formas de Discriminación contra la Mujer - CEDAW (1979), establece que la
discriminación contra la mujer viola los principios de igualdad de derechos y el
respeto de la dignidad humana.

Define a qué se considera “discriminación” y los patrones de vulneración del


derecho a la igualdad.

En su artículo 2º, apartado d, indica que los Estados Partes se comprometen a


“abstenerse de incurrir en todo acto o práctica de discriminación contra la
mujer y velar porque las autoridades e instituciones públicas actúen de acuer-
do con esta obligación”.

Más específicamente en el tema de la salud, en su artículo 12º, apartado 1 determina:

“Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer en la esfera de la atención médica a fin de ase-
gurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, el acceso a los
servicios de atención médica, inclusive los que se refieren a la planificación
de la familia”.

Y en su apartado 2 menciona que “sin perjuicio de lo dispuesto en el párrafo 1.


supra, los Estados Partes, garantizarán a la mujer servicios apropiados en relación
con el embarazo, el parto y el período posterior al parto, proporcionando servi-
cios gratuitos cuando fuere necesario, y le asegurarán una nutrición adecuada
durante el embarazo y la lactancia”.

En su artículo 16º, apartado e, se garantizan “los mismos derechos a decidir libre

Enfoque de género 33
ENFOQUE DE GENERO.doc 13/2/06 16:05 Página 34

E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

y responsablemente el número de sus hijos y el intervalo entre sus nacimientos, y


a tener acceso a la información, la educación y los medios que le permitan ejer-
cer estos derechos”.

La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia


contra la Mujer (Convención de Belem do Pará), es el único instrumento interna-
cional que trata expresamente el problema de la violencia a la mujer.

En sus considerandos parte de reconocer como base la Declaración Americana


de los Derechos y Deberes del Hombre y la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.

Caracteriza la violencia contra la mujer como “una violación a los derechos


humanos y las libertades fundamentales”.

Entiende que la violencia contra la mujer es una ofensa a la dignidad humana y


una manifestación de las históricas relaciones de poder desiguales entre hom-
bres y mujeres.

En su artículo 1, define la violencia contra la mujer como “cualquier acción o


conducta basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico,
sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como privado”.

En el artículo 2, apartado b, menciona que se entenderá como violencia contra la


mujer la que tenga lugar... “en establecimientos de salud” entre otros ejemplos.

1.1. Otros instrumentos internacionales



Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos

Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales

Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención Americana de
Derechos Humanos

Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo en 1994 (conclusio-
nes sobre salud reproductiva).

Protocolo Adicional a la Convención Americana en materia de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales o Protocolo de San Salvador (Artículo 10º)

Estatuto de la Corte Penal Internacional (Estatuto de Roma), aprobado en 1998.

34
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E J E D E F O R M A C I Ó N S O C I O P O L Í T I C A

2. Algunos instrumentos legales dentro del marco jurídico nacional

Los artículos 3º, 60º, 83º, 84º, 85º y 86º, de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela establecen el derecho a la salud como un derecho
social fundamental, que el Estado debe garantizar. El acceso a la salud es para
todos los ciudadanos por igual, regidos por lo principios de integralidad, univer-
salidad, gratuidad, equidad social y solidaridad.

Asimismo, el Estado tiene el deber de destinar los fondos necesarios como para
garantizar el cumplimiento de este derecho y se plantea promover y desarrollar
junto a las universidades y centros de investigación, la formación de profesiona-
les, técnicas y técnicos y una industria nacional de insumos para la salud.

La República Bolivariana de Venezuela posee un marco legal de avanzada que


garantiza la equidad de género y la protección de las mujeres jóvenes y adultas,
en las áreas de la salud sexual y reproductiva. Podemos decir que la mujer vene-
zolana se encuentra efectivamente visibilizada en la Constitución de 1999.

El artículo 76º dice específicamente: ... “Las parejas tienen derecho a decidir libre y
responsablemente el número de hijas e hijos que deseen concebir y a disponer de la
información y de los medios que les aseguren el ejercicio de este derecho. El Estado
garantizará la protección integral a la maternidad, en general a partir del momento
de la concepción, durante el embarazo, el parto y el puerperio, y asegurará servicios
de planificación familiar integral basados en valores éticos y científicos...”

En este artículo se otorga el derecho a las mujeres a disponer libremente acerca


de su salud sexual y reproductiva, lo cual evidencia un avance sustancial en cuan-
to al reconocimiento de su derecho a la salud como un derecho fundamental y la
posibilidad de exigibilidad de su cumplimiento efectivo.

La Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer (1999), regula el ejercicio de


los derechos y garantías, basada en la Ley Aprobatoria de la Convención sobre la
eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.

En su artículo 6º, apartado b, dice que se entenderá como discriminación contra


la mujer: “La existencia de circunstancias o situaciones fácticas, que desmejoren
la condición de la mujer y, aunque amparadas por el derecho, sean producto del
medio, la tradición o la idiosincrasia individual y colectiva”.

Ley de Violencia contra la Mujer y la Familia, (1998) menciona su objeto en el

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artículo 1º, “prevenir, controlar, sancionar y erradicar la violencia contra la


mujer y la familia, así como asistir a las víctimas de los hechos de violencia pre-
vistos en esta ley”.

En su artículo 2º abarca la protección del derecho al respeto de la dignidad e inte-


gridad física, psicológica y sexual de la persona, y la igualdad de derechos entre
el hombre y la mujer.

Artículo 4°: Definición de violencia contra la mujer y la familia. Se entiende por
violencia la agresión, amenaza u ofensa ejercida sobre la mujer u otro integrante
de la familia, por los cónyuges, concubinos, ex cónyuges, ex concubinos o per-
sonas que hayan cohabitado, ascendientes, descendientes y parientes colaterales,
consanguíneos o afines, que menoscabe su integridad física, psicológica, sexual
o patrimonial.

Artículo 5º: Definición de violencia física. Se considera violencia física toda
conducta que, directa o indirectamente, esté dirigida a ocasionar un daño o sufri-
miento físico sobre la persona, tales como heridas, hematomas, contusiones,
escoriaciones, dislocaciones, quemaduras, pellizcos, pérdida de dientes, empujo-
nes o cualquier otro maltrato que afecte la integridad física de las personas.
Igualmente se considera violencia física a toda conducta destinada a producir
daños a bienes que integran el patrimonio de la víctima.

Artículo 6º: Definición de violencia psicológica. Se considera violencia psico-
lógica toda conducta que ocasione daño emocional, disminuya la autoestima,
perjudique o perturbe el sano desarrollo de la mujer u otro integrante de la fami-
lia a que se refiere el artículo 4º de esta ley, tales como las conductas ejercidas en
deshonra, descrédito o menosprecio al valor personal o dignidad, tratos humillan-
tes y vejatorios, vigilancia constante, aislamiento, amenaza de alejamiento de los
hijos o la privación de medios económicos indispensables.

Artículo 7º: Definición de violencia sexual. Se entiende por violencia sexual
toda conducta que amenace o vulnere el derecho de la persona a decidir volun-
tariamente su sexualidad, comprendida en ésta no sólo el acto sexual sino toda
forma de contacto o acceso sexual, genital o no genital.

Norma oficial para la atención integral de la salud sexual y reproductiva, (2003),


es fundamental para dar los instrumentos y líneas directrices que garanticen el
pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos en el país, en el marco

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de la Política Pública de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud y


Desarrollo Social (MSDS).

Su creación ha tomado como base la orientación transdisciplinaria y los precep-


tos establecidos en las Conferencias de El Cairo (1994) y Beijing (1995).

Ésta se presenta en tres tomos independientes con las siguientes especificidades:

1) Lineamientos estratégicos para la Promoción y el Desarrollo de la Salud Sexual


y Reproductiva.

2) Reglamento Técnico-Administrativo.

3) Manual de Procedimientos.

Ley Orgánica para la Protección del Niño y del Adolescente (Lopna) (1998), otor-
ga ciudadanía y plena protección a los niños, niñas y adolescentes.

Precisamente en sus artículos 33º, 41º, 44º, 45º, 48º, y 50º, garantiza los derechos
sexuales y reproductivos a través del derecho a la salud, a la información, a la
educación, protección de la maternidad, protección ante el abuso y la explota-
ción sexual.

El artículo 124º de la Lopna, establece y define la articulación de programas de asis-


tencia, apoyo, orientación, prevención, capacitación y socioeducativos entre otros.

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General N° 19: Violencia contra las Mujeres.

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