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Nelson Ortiz Pinilla. Ley, autoridad y norma: reflexiones sobre la responsabilidad penal de los adolescentes. Medellín, 1999.

LEY, AUTONOMIA Y NORMA:

Reflexiones en torno a la Responsabilidad de los niños y adolescentes

Nelson Ortiz Pinilla Oficial de Proyectos UNICEF 1

"Hay una frase repetida de los adultos, a quienes les gustan los lugares comunes: "el niño es el ciudadano del futuro". Si en el mundo de la ciudadanía el niño será algo solo en el futuro, surgen las preguntas. Qué es hoy el niño?, es un ser sin identidad social?, sin un yo propio ?, sin la autonomía de los sujetos sociales?" Edson Seda, 1999.

La situación de los adolescentes vinculados a la comisión de actos violatorios de la ley penal ha sido, sin lugar a dudas, uno de los temas más recurrentes en las noticias de los medios de comunicación de latinoamerica durante muchos años. No obstante, tal como plantea el eminente pedagogo Antonio Carlos Gomes da Costa la atención al adolescente infractor, como

el electrocardiograma de un muerto, ha permanecido siempre igual a lo largo

de casi todo el siglo xx .

1. Psicología, Pedagogía o derecho ?:

La relación entre estas tres disciplinas ha estado a la base del debate. Unos

y otros se posicionan en el extremo de sus dominios, pareciera que se

1 Los planteamientos desarrollados en este documento son responsabilidad del autor, no comprometen la perspectiva de UNICEF aunque se acoge la perspectiva de derechos y de protección integral promovida por esta Organización.

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tratara de decidir sobre a quien le corresponde la poseción de los saberes, el conocimiento y las herramientas para salvar o condenar a este grupo humano. O mejor salvar al resto de la humanidad de la povorosa influencia de los niños y adolescentes que desestabilizan el orden social porque están perdidos, carecen de valores, viven una crisis en su proyecto de vida o no lo tienen. En síntesis, porque son angeles o son demonios, condenados para siempre por su maldad intrinseca o por la nostalgia o el sufrimiento de sus años de infancia, o salvados para siempre porque son pobres, inmaduros e incapaces y la sociedad generó todas las condiciones para su comportamiento delectivo.

Tengo la sospecha de que a la base de este debate, se hallan profundas ignorancias generadas en el diálogo de sordos entre los profesionales de las diversas disciplinas, un ansia de poder en la imposición de los saberes y la incomprensión total de lo que significa el abordaje interdisciplinario para afrontar el reto de aplicar con sentido ético el conocimiento científico en el proceso de humanización . No se trata de ganar o perder una disputa, se trata de afrontar con responsabilidad la puesta del conocimiento al servicio y para el beneficio de todo el conjunto de la humanidad. No se trata simplemente de condenar o salvar a los adolescentes, sino de sentar las bases para la convivencia de todos los seres humanos. De reconocer de una vez y para siempre, que a pesar de las diferencias y la maravillosa heterogeneidad de los seres humanos, nuestro tardío reconocimiento de los derechos como base de la igualdad de todos, es la base para avanzar en la conquista de la dignidad, la justicia y la igualdad de oportunidades como máximo reto y utopía de la modernidad.

2. Que hemos aprendido de la psicología?

No deja de ser un atrevimiento pretender atribuir a una sola disciplina la generación o posesión del conocimiento sobre el desarrollo de los seres humanos. Quizás sea más justo decir simplemente que en la literatura de esta disciplina suelen encontrarse más sistemáticamente planteados los principios explicativos o comprensivos sobre el proceso de desarrollo psicosocial que sirven hoy como herramientas para la aproximación explicativa de la conducta humana, quizás porque la psicología debido a la

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complejidad de su objeto de estudio se ha visto obligada como ninguna otra ciencia al diálogo interdisciplinario y ha incorporado el conocimiento de muchas otras disciplinas (principalmente de la sociología, y la antropología).

No quisiera estimular la disputa entre las diferentes teorías psicológicas, por ello me limitaré modestamente a enumerar algunos principios de carácter general que hoy tienen suficiente aceptación universal:

- El Desarrollo humano no puede ser analizado al margen del funcionamiento biológico, como proceso vital tiene lugar porque existe un organismo con determinadas características anatómicas y funcionales, y especialmente con un determinado nivel de evolución de su sistema nervioso, que hacen posible la aparición de comporta- mientos cualitativamente diferentes a los de otras especies. Este principio pone de presente la necesidad de atender todas las necesidades básicas relacionadas con la viabilidad de la vida y la supervivencia en las mejores condiciones de salud, nutrición y cuidado.

- El Desarrollo infantil es un proceso determinado fundamentalmente por la interacción entre la maduración biológica, la interacción social y las experiencias de aprendizaje. No basta con satisfacer independientemente cada una de las necesidades derivadas del carácter biológico y social del hombre, cada momento del desarrollo plantea un conjunto integral de necesi- dades biológicas y psicológicas que deben ser satisfechas oportuna- mente.

- El Desarrollo humano es fundamentalmente un proceso social y cultural. Desde el mismo momento de la concepción, el niño comparte y es afectado por todo un conjunto de creencias, valores, lenguaje, objetos, situaciones, expectativas; en una palabra, por todo aquello que define y materializa la cultura del grupo social en el cual está inmerso. Por tanto, la expresión de sus potencialidades y particularmente de aquellas que hacen del hombre un ser capaz de producir conocimiento y transformar su medio físico y social, será

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cualitativamente distinta dependiendo de las expectativas y las expe- riencias de aprendizaje que el medio sociocultural le proporciona. Este principio invita al análisis de las características y condiciones del contexto físico y social de la comunidad, y más concretamente de los factores de riesgo más comunes en dicho contexto.

- El Desarrollo Infantil no puede ser comprendido ni intervenido fuera de contexto; como todo proceso humano ocurre en un tiempo y espacio que lo tipifican como un proceso histórico, afectado por las condiciones políticas y económicas de cada sociedad y por la situación económica mundial que determina ordenamientos y priori- dades para la inversión social. Es evidente que las condiciones de vida de la población en general son el contexto que engloba todos los factores de riesgo 2 que afectan el desarrollo de la infancia. Por tanto, promover el desarrollo social en general es una condición ineludi- ble para poder esperar logros y garantizar efectos positivos perdurables de cualquier acción centrada en el desarrollo de los niños.

- Como proceso social, el desarrollo infantil ocurre en interacción y mediación con otros seres humanos. Esta interacción es cualitativamente diferente en las distintas etapas, el niño y el adolescente son agentes activos que afectan y son afectados por las interacciones con sus padres, su familia y demás miembros de la comunidad. La relación social directa es el principal mecanismo de la socialización y la humanización, la satisfacción de las necesidades básicas de supervvencia debe estar mediada por relaciones sociales estables y positivas entre el niño y sus cuidadores, así como también

2 El término "factor de riesgo" se utiliza en el contexto de este trabajo para referirnos a la presencia de variables o condiciones específicas que aumentan la posibilidad de efectos negativos sobre el crecimiento y desarrollo psicosocial de los niños.

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con todos los demás agentes de socialización que entran en contacto con él en su vida cotidiana.

- El Desarrollo humano es un proceso gradual que depende de las oportunidades y experiencias de aprendizaje que el medio le proporciona a los niños y niñas, es preciso que a la maduración biológica que posibilita diferentes y cada vez más complejos niveles de conducta, se añada el ejercicio y la actividad en interacción con el medio. Esta interacción no se produce en una sola dirección, no es solamente el niño quien resulta afectado, el entorno que le rodea también es modificado por su actividad.

- Los niños y niñas como seres humanos se desarrollan como totalidad, tanto el organismo biológicamente considerado, como sus potencialidades de aprendizaje y desenvolvimiento comportamental funcionan como un sistema compuesto de múltiples subsistemas (motriz, perceptivo, intelectual, de lenguaje, etc.), el funcionamiento particular de cada uno, determina el comportamiento posible del niño en sus distintas etapas de desarrollo. Desde un punto de vista integral ninguno de estos subsistemas es más o menos importante que otro, puesto que los avances o estancamientos específicos afectarán de una u otra forma su desempeño total como persona. La evolución del niño se realiza en varias áreas o procesos a la vez, pero estos desarrollos no son independientes sino complementarios.

Este principio plantea la importancia de proporcionar las oportunida- des de estimulación y aprendizaje necesarias para el adecuado desenvolvimiento de todas y cada una de las áreas y procesos del desarrollo. No basta satisfacer los requerimientos para la supervivencia, salud y nutrición,es indispensable involucrar acciones que le posibiliten al niño el desarrollo armónico de su personalidad; la estimulación no puede restringirse a la facilitación de procesos cognitivos o perceptuales, es necesario tener en cuenta con igual énfasis los procesos de socialización,expresión de sentimientos, habilidades comunicativas y creativas, y las necesidades que surgen de los intereses y motivaciones propios de cada etapa del desarrollo.

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La conceptualización sistémica del entorno físico y sociocultural implica reconocer que todos los espacios y los tiempos que comparten las personas son instancias de aprendizaje, el niño está inmerso en un sistema cambiante de múltiples interacciones que conforman todas su espacio vital. Por tanto, para poder lograr una perspectiva integral en los programas de atención a la infancia, no basta con actuar sobre el círculo estrecho de sus padres y cuidadores inmediatos, es necesario afectar a la comunidad en general, incidir sobre las expectativas y creencias de los pobladores, afectar positivamente la cultura sobre la infancia para que los cambios en las páutas de crianza puedan ser perdurables y generalizados.

-

El

reconocimiento del carácter sociocultural del desarrollo infantil y sus

factores determinantes es una condición necesaria para decidir y

orientar adecuadamente las acciones tendientes a prevenir, neutralizar

o

recuperar posibles desviaciones o retardos, con respecto a lo

esperado de acuerdo a la edad y a las condiciones y expectativas cul-

turales sobre el niño. Pero es necesario estar prevenidos contra definiciones de "normalidad" que se establecen a partir de criterios ajenos al contexto cultural en donde el niño se desenvuelve, estos parámetros deben ser establecidos regionalmente, con instrumentos y/o procedimientos adecuadamente diseñados y probados en el contexto.

-

Dado el carácter sociocultural del desarrollo infantil, difícilmente pueden proclamarse programas rígidos de aplicabilidad general para todas las comunidades y regiones. Una cosa son las políticas direc- trices y otra la forma como éstas se operacionalizan dependiendo de las condiciones y la idiosincrasia de cada region. Si se tienen objetivos de desarrollo claramente formulados, conviene admitir flexibilidad en los procedimientos, esto permitirá una mejor adecuación a las diversas situaciones y facilitará la participación de la comunidad.

Muchos de los factores y/o condiciones del desarrollo infantil son resultado de la interacción entre creencias, actitudes y

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comportamientos que los padres y adultos de la comunidad tienen con relación al niño, su educación, crianza y sus derechos y necesidades como ser biológico y social. Esta concepción del niño, de sus necesidades y derechos forma parte principal de la cultura regional. Por tanto, independientemente de las acciones y estrategias que sean desarrolladas por los diferentes programas, para poder propiciar cambios favorables y duraderos en favor de los niños, es necesario afectar estos aspectos fundamentales de la cultura: los conocimientos sobre el niño y sus condiciones de vida, la concepción que se tiene del desarrollo humano y sus factores determinantes, las actitudes y los comportamientos específicos que se asumen en la relación diaria con los niños, las políticas y programas sociales en beneficio de los niños.

- Es particularmente importante analizar la influencia de los procesos de socialización de género en la determinación y consolidación de patrones diferenciales de desarrollo entre niños y niñas. La eliminación de todo tipo de discriminación en los patrones de crianza y la genera- ción de una real igualdad de oportunidades para el desarrollo integral de la niña, debe ser uno de los fundamentos prioritarios de los programas de atención a la infancia.

- Toda política y/o programa en beneficio de la infancia debe mantener y priorizar la Promoción del Desarrollo infantil como meta y objetivo principal. Por tanto, la selección de los indicadores para los procesos de evaluación debe obedecer a su capacidad para reflejar las condiciones de salud, nutrición, desarrollo psicosocial y cuidado de los niños, y la mediación de procesos culturales y/o socioeconómicos en la modificación de dichos indicadores.

- Más que homogeneidad y estandarización en los programas es razonable esperar diversidad y heterogeneidad en la programación de actividades, estrategias de implementación y características de las poblaciones objetivo. De hecho las alternativas y modalidades de atención deben responder a la diversidad de condiciones y nece- sidades de los niños y sus familias; por tanto, la caracterización de las

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familias usuarias forma parte indispensable de todo proceso de programación y evaluación.

Desde un punto de vista programático toda evaluación debe

identificar y analizar los factores condicionantes de la efectividad

e impacto de las acciones emprendidas; esta información aportará

valiosos elementos para emprender los ajustes y correctivos a que haya lugar.

- No obstante la diversidad de características y condiciones de los usua- rios, así como de los enfoques y modalidades de atención, para pro- pósitos de la evaluación es de fundamental importancia seleccionar un conjunto de indicadores básicos que permita establecer el impacto de los programas sobre el desarrollo infantil. Estos indicadores son cri- terios de referencia para establecer el cumplimiento de los derechos universales de la infancia.

La evaluación de programas implica necesariamente la

consideración de su proceso de implementación, el análisis de sus condiciones de operación y la identificación de sus fortalezas

y debilidades, esta información es un valioso recurso para la toma de

decisiones orientada a optimizar sus posibilidades de éxito para el logro de los objetivos y las metas propuestas.

He dejado para responder al final de este aparte la pregunta que todos Uds. esperan responderse: qué hemos aprendido de la psicología en relación con la constitución de la norma y la autonomía?. La psicología como toda disciplina científica mal podría responder la pregunta en términos de verdadero o falso. Quisiera proponer una respuesta, en los siguientes términos:

- La psicología aporta conocimiento y evidencias para sostener la convicción de que la comprensión de la norma y el logro de la autonomía son procesos y conquistas construídas en el curso del desarrollo, conquistas del sujeto a través de su contínua interacción consigo mismo y con el mundo social.

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- Que hoy ya no es sostenible, la presunción de la vieja psicología: la "incapacidad" de los adolescentes para establecer relaciones entre sus actos y sus consecuencias, o entre las intenciones y los resultados de su comportamiento. La moderna psicología del desarrollo nos permite concluir con muy bajo riesgo de error, que los niños y adolescentes mucho más temprano de lo que antes suponíamos juicios morales y éticos fundamentados en el reconocimiento de su responsabilidad por las consecuencias de sus propios actos:

-El acto es bueno porque las consecuencias me son favorables, -el acto es malo porque las consecuencias me son desfavorables, -el acto es malo porque las intenciones eran malas independientemente de las consecuencias; -el acto es bueno porque las intenciones eran buenas independientemente de las consecuencias; -el acto es es bueno o malo depeniendo de las intenciones y las consecuencias.

- Obviamente, este proceso de argumentación ético-moral, obedece a un desarrollo progresivo y dependerá de la madurez ético-moral de su contexto familiar y social. Pero de algo podemos estar seguros: que a partir de aproximadamente los 12 años hoy, la mayoría de los adolescentes están en capacidad de juzgar la responsabilidad de sus actos con niveles de argumentación insospechables.

3. Qué sabemos desde la pedagogía?

Los desarrollos de la moderna pedagogía están muy lejos de la perspectiva instruccional y la tecnología educativa que privilegió a ultranza el rol del maestro como poseedor y transmisor de saberes y conocimientos, y consideró a los "educandos" como pasivos aprendices.

De acuerdo con la vieja pedagogía el educando es un receptáculo en el cual

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el educador introduce conocimientos, habilidades, hábitos, valores y actitudes

Hoy, más que nunca, se reconoce que el educando es un sujeto activo del proceso educativo, un protagonista de acciones, iniciativas, gestos, actitudes en el contexto de sus espacios de socialización (la familia, la escuela, el trabajo, la comunidad). También una fuente de compromiso, por ser él responsable de las consecuencias de sus actos; y fuente de libertad desde el momento en que sus actos van siendo, cada vez en mayor medida, consecuencia de sus propias elecciones.

En esta concepción, las plenas garantías procesales tienen un valor y una innegable naturaleza pedagógica. El proceso mismo, sus prácticas y vivencias, constituyen un espacio para la maduración ética y moral de los sujetos. Pero también es cierto que un proceso sin garantías, sin el debido proceso, donde se impone la medida a discreción y las reglas del juego cambian a discreción de quien decide, constituye una nefasta pedagogía que afianza la creencia de que la violencia, el poder y el sometimiento del otro, son la mejor herramienta para dirimir lo conflictos. Honestamente yo pienso, que el falso dilema de decidir sobre uno u otro sistema de justicia, está a la base de las violencias que hoy afronta nuestro país.

4. Qué sabemos desde el derecho?

En este aparte se sobredimensiona mi atrevimiento, porque soy un intruso en el derecho, apenas si logro balbucear unos pocos principios tomados en préstamo de algunos eminentes tratadistas que se han ocupado recientemente del tema de la Responsabilidad Penal de los niños y adolescentes.Tal como plantea Carlos Gomes da Costa, " cuando encaramos al adolescente como sujeto de derechos exigibles contemplados en la ley, tenemos que admitir que los derechos implican también deberes, o sea, que existe una relación de reciprocidad entre unos y otros. Dentro de esta perspectiva, la des-responsabilidad del adolescente corresponde, en realidad, a su objetivacón, a la negación de hecho, de su condición de sujeto de derechos".

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Cuando se trata de analizar el conocimiento aportado por el Derecho, a la construcción y ordenamiento de la sociedad, es necesario plantear en primer término que no se trata de alimentar un debate disciplinar sobre los estatutos epistemológicos de esta ciencia. Este debate , como plantea el eminente jurista Luigi Ferrajoli.

De entrada debo confesar que por principio y convicción, me acojo a las perspectiva y a los principios garantistas, porque estoy convencido que este enfoque tiene como horizonte y racionalidad, asegurar el máximo de confiabilidad posible en el juicio penal, limitar la potestad punitiva del juez y garantizar la tutela de la persona contra la arbitrariedad.

Como bien lo plantea el eminente jurista español Perfecto Ibañez en su articulo sobre garantismo y proceso penal: " este derecho constituye un sistema artificial de garantías constitucionalmente preordenado a la tutela de

el sentido de la garantía propio de un

los derechos fundamentales

derecho que no proclama sólo sus formas de producción de normas a través de reglas procedimentales sobre la formación de las leyes y demás

disposiciones, sino, además los contenidos substanciales de ellas

No se

trata de garantizar únicamente reglas del juego, sino sobre todo el respeto real y profundo de los valores en juego, con los que ahora ya no cabe jugar".

"Las garantías deben operar tanto en la puesta en marcha del proceso como dentro de éste y miran a la protección de quien podría llegar a ser y de quien ya es sujeto pasivo/objeto de actos de poder por ese innevitable componente de la violencia. Es decir, protección del ciudadano frente a la eventual imputación y del imputado frente al proceso mismo y frente al poder del juez, como forma de asegurar que nadie será sometido a aquel sino en presencia de determinadas condiciones, un trato humano y digno durante el curso del mismo, y la justicia en la imposición de la pena. (Ibañez, 1999,

pág.32).

Cuando se trata de juzgar y comprobar si un determinado acto humano ha tenido realmente lugar en la realidad empírica, no cabe duda que el saber, la obtención de conocimiento, la acumulación y valoración de las pruebas debe ocupar un lugar central en la economía del proceso. Pero el sistema de

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justicia, no puede indefinidamente jugar al cambio de las reglas de juego:

creerle a todos para decidir al final de cuentas por la incredulidad y la confusión, y terminar condenando de todas formas.

Es precísamente por esta razón, que no podemos aceptar la discresionalidad como criterio de decisión y por ello mismo que reclamos para los adolescentes un sistema de justicia con plenas y mejores garantías:

Que reconozca al sujeto procesado como persona aún en formación, que reconozca su dignidad como persona, y en consecuencia reaccione con penas y medidas atenuadas en relación con los adultos, que se niegue a recluir a los adolescentes en las cárceles ordinarias. Pero que no los prive de su derechos so pretexto de "protegerlos".

Ya es hora de cambiar el paradigma: superar las leyes que inducen a las personas y a las autoridades a considerar a los niños y adolescentes como incapaces (Teoría de la Situación irregular). Para acceder a leyes que

reconozcan a los adolescentes con capacidad, como sujetos sociales, éticos

y jurídicos en sí mismos y no meras extensiones de los padres, o del Estado

cuando faltan los padres. Un nuevo paradigma donde lo padres, tutores y autoridades no hacen lo qu quieren en sus relaciones con los niños y adolescentes, sino que pasan someterse a reglas claras y consensuadas, porque todos ellos hacen parte del mundo de la ciudadanía. (Doctrina de la protección Integral) (Edson Seda).

En este nuevo paradigma la sociedad debe proponer mecanismo sociales que hagan de los niños, niñas y adolescentes, personas incluidas en el sistema de convivencia social, no porque son ciudadanos del futuro, sino por ser ciudadanos aquí y ahora. En la vieja doctrina asistencialista se reclamaba por una sociedad justa para combatir la exclusión. En la nueva doctrina se propone combatir la exclusión social como camino más seguro para construir una sociedad justa.

" Si se quiere una nueva ética, hay que luchar contra las tradiciones que

crearon los vicios de la sociedad que no reconoce a las personas como sujetos, mantener las tradiciones que ayudan a vivir mejor: con equidad, respeto y equilibrio entre los derechos y las obligaciones. Sin programas y

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políticas organizados para tal fin, jamás nos apartaremos de las tradiciones que vulneran los derechos."

Pero no olvidemos que existe un principio jurídico que afirma que a todo derecho corresponde una acción que lo asegura. Por tanto, quien no tiene derecho a la acción, en verdad no tiene derecho a nada.

Quien tiene derechos, automáticamente tiene deberes, incluir a los niños y los adolescentes en el mundo del Derecho garantista, los tranforma en sujetos de derechos y de obligaciones. Lo cual parece una buena manera para fundamentar y ejercer una pedagogía que contribuya a la formación de las personas y ciudadanos

5. A manera de conclusiones:

A partir de este somero análisis del conocimiento acumulado por las

diferentes disciplinas quisiera arriesgar una propuesta sobre la intervención

de los diferentes campos de saber en el afrontamiento de la problemática de

la infracción a la ley penal por parte de los niños y adolescentes.

Para ello quisiera proponer tres momentos claramente diferenciables:

1. La prevención de la delincuencia.

2. El juzgamiento de los niños y jóvenes infractores de le Ley penal.

3. La aplicación de las sanciones o medidas.

* En relación al primer momento (prevención) , para todos debe ser obvio que cuando se trata de prevenir el delito el conocimiento acumulado por todas las ciencias deberá ser puesto al servicio de la promoción y consolidación de las mejores condiciones posibles para el sano y armónico desarrollo de todos los seres humanos. En términos de la pregunta que dió apertura a los planteamiento de este documento: desde una perspectiva ética, Psicología, Pedagogía , Derecho, y todo el conjunto de las ciencias y saberes deberá ponerse al servicio de los seres humanos. El reto de todos es construir una sociedad justa, donde la convivencia, el respeto a la diferencia, los

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derechos y la dignidad humana sean posibles para todas las personas, sin discriminaciones de ninguna clase.

* En el momento del juzgamiento de los infractores a la ley penal, sería absurdo someter a los jóvenes infractores al criterio infinitamente abierto de todos los saberes. La interdisciplinariedad incontrolada no es el espacio apropiado para la aplicación de una justicia pronta y eficaz, los cuidadanos no pueden ser sometidos a un foro de decisiones discrecionales múltiples y permanentes.

El momento del juicio corresponde a los jueces, a jueces preparados y formados en la Doctrina de la Protección integral y la perspectiva garantista. A jueces de un sistema de responsabilidad penal especial, que recoja y sistematice el conocimiento acumulado. A un sistema de justicia respetuoso de la dignidad humana, que no confunde el asistencialismo con la garantía de derechos.

El proceso ha de permitirle al adolescente reconocer que si es condenado, no es la víctima de un acto antojadizo, que tiene condiciones y oportunidades para defenderse en el juicio, y por tanto la respuesta de la sociedad no es arbitraria. El juicio con plenas garantías es una dura pera eficaz oportunidad para comprender la justicia como un valor concreto que cruza y afecta las vidas de todos los ciudadanos.

Las garantías procesales tienen una innegable naturaleza pedagógica, el conjunto de vivencias y prácticas, le posibilitan reconocer la gravedad de sus actos. Al oir las acusaciones y el proceso defensa, el joven se enfrenta a una experiencia educativa que supera el discurso - por el curso de los acontecimientos como una inolvidable experiencia de vida.

Las prácticas y vivencias del juicio deben expresar el riguroso cumplimiento de los dispositivos legales en términos de plazos, ritos, etapas. La ley deberá estar por encima de todos los involucrados en el proceso, incluso del magistrado mismo. Solo así podrá cumplirse con

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la condición pedagógica y el adolescente tendrá la oportunidad de reconocer que no está siendo sometido a un engranaje opaco y arbitrario, sino a la severidad y transparencia de una justa reacción de la sociedad frente a un hecho delictivo. Por ello los juristas deben estar abiertos al entendimiento pleno de la dimensión educativa de las garantías procesales

* El momento de aplicación de las penas o medidas deberá ser un reto interdisciplinar donde todos estamos llamados a construir condiciones que respondan a dos requisitos fundamentales: contribuir al desarrollo del adolescente como persona y como ciudadano, y constituir una reacción sancionatoria acorde con la gravedad del delito cometido.

Se trata de usar la pena o la medida como un recurso educativo. Si los pedagogos y los juristas comprenden la responsabilidad entre la pedagogía y la justicia, todos salimos ganando: la justicia, la pedagogía, el adolescente y la sociedad toda. Por ello, las instituciones para la privación de libertad, cuando ella sea necesaria, deberán estar llenas de educadores concientes de su responsabilidad en la aplicación de medidas socio-educativas, pero abiertos también a la dimensión jurídica de su trabajo.

La medida socio-educativa es una medida impuesta, que deriva de una decisión judicial. Por lo tanto, es fundamental que el educador, además del conocimiento específico relativo a su área de actuación, tenga también una consistente y sólida formación legal básica que le permita comprender que su función es comprender y apoyar, pero no absolver. Su función es apoyar el proceso de desarrollo personal y social del joven en conflicto con la ley y el proceso de confrontación con su propia realidad, y en ella, por supuesto están incluidos sus delitos.

Se trata de crear condiciones para que el adolescente se sienta responsable, no solo de su pasado, sino principalmente de su presente y su futuro. Y por tanto, la dimensión pedagógica de la

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responsabilidad debe ser una extensión de su dimensión jurídica.

Permítanme, por último proclamar a viva voz una preocupación personal:

Tenemos el conocimiento psicológico y pedagógico básico para comprender la conducta humana, hoy hemos dejado de creer a ciegas en los determinismos a ultranza y reconocemos que las dimensiones psicológica, pedagógica y jurídica de la responsabilidad no son antagónicas ni divergentes sino convergentes y complementarias. No obstante, por algunas razones a veces oscuras, todavía nos falta para el caso del afrontamiento de la problemática de la delincuencia juvenil, la consolidación de una perspectiva conceptual y práctica coherente con este conocimiento.

Seremos capaces de generar leyes coherentes con este conocimiento?, El proceso de ajuste y reforma legislativa que ya toma más de cinco años en Colombia, culminará en la adecuación legislativa coherente con el espíritu de la Convención ?

No olvidemos que la Convención nos involucra a todos a responder con dignidad a 4 compromisos: 1. Educar, 2. Movilizar, 3. Administar y 4. Legislar. La ley es apenas un cuarta parte de este reto.

Todos tenemos la palabra!. Los niños y adolescentes esperan una respuesta que supere los discursos y las intenciones para traducirse en hechos concretos. Tal como plantea Antonio Gomes da Costa "Mientras el nuevo derecho no salga activamente del papel, será muy difícil silenciar el coro de los equivocados y detener la marcha de la insensatez". Estoy seguro que este paso será necesario para que en el próximo milenio podamos decirle sin verguenza, como padres y agentes de socialización a nuestros propios hijos y todos los niños y adolescentes colombianos:

A mis hijos

No deberás rendirte en la batalla que te presenta la vida como reto,

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ármate de valor y de esperanza para librar tu propia reconquista. Si se desvanece la f de tu fuerza tómate un descanso pasajero

y bebe la savia de tus propios sueños

para recuperar el valor de tus anhelos.

Eres a la vez el capitán y el grumete

y tendrás el timonel en tus manos,

tu mapa es el honor y la gloria de ser tú mismo a pesar de los tiempos. Ama con la verdad de la ternura

y lucha con amor contra tus egoismos

para que lo más noble de tí mismo marque la ruta de todos tus afectos. Ama la vida sin pretextos ni exclusiones

y reconoce el valor de sus diferencias,

conservarla es tu primera responsabilidad

y hacerla grande tu máximo reto.

Fracasar es una palabra no un destino

podrás perder una batalla pasajera pero te levantarás y seguirás de nuevo, no te entregarás a ti mismo en la derrota ni humillarás al otro para clamar tu victoria. Sólo con honor tendrás derecho a la gloria, pero la gloria deberá ser humilde para que se conserve en el tiempo

y en la historia!

Muchas Gracias!

Nelson Ortiz Pinilla

V Seminario Institucional sobre Ley, autoridad y norma Medellín, octubre de 1999.