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Endelopedia Latinoamericana

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de Sociocultura y Comunicación

LA NARRACIÓN

Usos y teorías

María Eugenia Contursi y Fabiola Ferro

Grupo Editorial Norma

Fabiola Ferro Grupo Editorial Norma http://www.flonnC/_com Guatemala. Urna, Mtxico. Panamá, San Sah·adm:

Guatemala. Urna, Mtxico. Panamá, San Sah·adm: l1ogotd, Santiago

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Primera edICIón: agosto de 2000 <92000. Derechos reservad.ls por Grupo Editorial Norma Apartado aéreo 53550, Bogotá

Diseño de tapa: Ariana Jenik Fotografía de Lapa: Eduardo Rey Diagramación: Daniela Coduto

lmpreso en Cargraphics S.A. - Red de Impresión Digital Printcd in Colombia

lmpresión: junio de 2006

ce: 24804 ~BN: 958-04-6002·7 Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin penniso escrito de la editorial

Tabla de contenidos

Agradecimientos

9

Introducción

11

Primera parte: Las teorías de la narración

21

1. Los procedimientos textuales

21

I.a. Las estructuras narrativas

n. El discurso narrativo

Il.a. Discurso/relato n.b. Autor, narrador, narratarío, lector

II.e. Narración, tiempo y sujeto

Segunda parte: Los usos de la narración IlI. Un uso particular: el discurso histórico

lIl.a.

lII.b.

La operación escrituraria

Explicación e inteligibilidad

lIl.c. El efecto de realidad

IV Hacia una reflexión sobre los usos de la narración

IVa. La narración Jolklórica

lV.b. La narracíón etnográJka

IV.e. La narración de casos ¡Vd. Los usos de la narración

Bibliografía

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Agradecimientos

Escribir un libro no es una tarea fácil, en particular en un contexto como en el que vivimos actualmente en Argentina yen América Latína. Por eso queremos agra­ decer especialmente al Prof. Aníbal Ford. por el apoyo y la confianza que nos brindó tanto cuando nos convocó para trabajar en su cátedra de la Universidad de Bue­ nos Aires como cuando nos posibiHtó un espacio y una guía para la realización de este trabajo. También queremos agradecer a la universidad públi­ ca argentina, muy especialmente a quienes la sostienen y defienden, porque a ella y a sus integrantes debemos nuestra formación. En este senLido, queremos destacar la tarea que realizan desde hace años la Prof. Elvira Ar­ nou" y el ProL Roberto Bein, quienes nos iniciaron en la docencia y la investigación académicas y quienes siempre nos alentaron a continuar con nuestra labor, aun en momentos adversos. Por último, pero no por ser menos importantes en su contribución, queremos agradecer y dedicar este libro a nuestros familiares, quienes han soportado ausencias y convivencias (a veces, excesivas). En orden alfabéti­ co, para evitar ofensas: Aníta Contursi, Graciela Rotger, Guillermo Darré, lrma Cusac, José Luis Chiappa, Luis Rodolfo Ferro, Paola Ferro y Sofía DalTé ContursL

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1ntraducción

La narración es una forma comunicacional que atra­ viesa los más diversos ámbitos. Cuando nos introducimos en su estudio, nos encontramos, por lo menos, con dos problemas contrarios: la diversidad de consideraciones acerca de qué es una narración y el hecho de que se ha­ ya naturalizado cierto sentido. asociado a ella. Por un la­ do, no todas las teorías acuerdan a la hora de catalogar un discurso o texto como narrativo; tampoco coinciden siempre las clasificaciones cotidianas que hacen los suje­ tos sobre ella, Pero, por otro lado, esas incoincidencias no son tantas, por lo que es posible suponer que hay un cierto grado de naturalización (teórica y cotidiana) sobre la concepción de narración y que la reflexión sobre ella, sistemática o no, es importante en "nuestra" cultura, Índice de esa importancia es el hecho de que, entre otras, exista una disciplina en la que el término narración aparece tematizada. Así, la narratología se propone como la teoría de los textos narrativos, en especial de los litera­ rios, aunque no exclusivamente. Una importante repre­ sentante de este campo de estudios es Mieke Bal (1998). Esta autora sostiene que

"Un texto es un todo finito y estnlcturado que se compone de signos lingtt1sticos. Un texto narrativo

11

MARÍA

ElIGENl" CONT1JRSl -

FAl:110lA FERRO

será aquel en que un agente relate una historia. Una historiel es una fábula presentada de cierta ma­ nera. Una fábula es una serie de acontecimientos lógica y cronológicamente relacionados que unos actores causan o experimentan. Un acontecimientQ es la transición de un estado a otro. Los actores son agentes que llevan a cabo acciones. No son necesariamente humanos. Actuar se define aquí como causar o experimentar un acontecimiento. "1

Esta cita merece algunos comentarios. Si bien las definiciones que presenta son un tanto esquemáticas, lienen la ventaja de brindarnos un punto de partida para discutir la noción de narración, que aparece vin­ culada a las siguientes cuestiones:

• la narración se presenta bajo una forma material que supone el uso de un lenguaje (Ba1 restringe la narración al1enguaje verbal, pero podernos ampliarla él otros tipos de lenguaje, como el del dn~);

• la narración está indisolublemente lígada a una no­ ción de tiempo que transcurre. que avanza; y,

• la narración, para ser tal, necesita de actores que

produzcan o sufran cambios. Sí bien esta caracterización es útil inicialmente, no es sundente. La primera característica es la más evi­ dente. Sin embargo, las dos siguientes (que refieren tiempo y a los a.ctores) brindan una importante "pista" para establecer algunas hipótesis.

1 N.B.: las cursivas son un agregado nuestro. En todas las citas bibliográficas seguimos un sistema de rderencia ¡memo en e\ que el año que consignamos no siempre remite al de la primera publicación, sino al indicado Cll el listado bibliográÍico anexo.

II

La narración, Usos y teorías

Según Fran~oisJullien!, las culturas de lo que habi­ tualmente se denomina Occidente conciben que el tiem­ po es progresivo y medible. La unidad que permite dar cuenta de que el tiempo avanza y es suceptible de ser segmentado es la de ocasión, entendida como la coin­ cidencia (estratégica) entre el tiempo y la acción'. Esta estrecha relación entre tiempo y acción, más precisa­ mente. entre el tiempo y las acciones de los hombres, ha marcado la noción de temporalidad en la cultura ocddenta1 4 Podemos sostener, al menos a modo de hi­ pótesis, que, si la narración se define como discurso construido sobre una linea temporal, no resulta extraño que la noción de actor sea necesaria. Y esta correlación entre tiempo progresivo y acción puede ser una de las

2 Frnncois Jullien es Presidente del Colegio Intemaciollill de Fi­

losorta y Director de Lengua y Civilización de Asia en la Universidad de Palis VIL En octubre de 1997 díctó, en Buenos Aires. el seminario "Reglmenes de temporalidad en. China y Occidente". en el marco

del Seminario Internacional y Programa de Actualización "Regíme­ nes de Temporalidad en las Ciencias Humanas". Hemos asistido a

ese seminario y la exposición que sigue es producto de la refoffilU­

ladón de lns notas que hemos tomado durante el curso. Lamenta­ blemente, 110 nos ha sido posible conseguir publicaciones de este autor concemientes a esta temátíca.

3 El pensamiento griego antiguo tiene como gran lugar común

la reflexión sobre la ocasión (1((ltpOC;), sobre el aprovechar estraté­ gicamente las ocasiones y; en contrapartida, sobre el error de desapro­ Homero, Plndaro, Sófocles. Platón, Aristóteles, entre otros, gran parte de sus reflexiones al problema del I('().\PO¡; 4- Un ejemplo de cómo se ha naturalizado esta concepción de la temporalidad es el de las metáforas cotidianas sobre el tiempo. En la frase "hay que calcular el tiempo". aparece una metáfora ("calcular el tiempo") que hace hincapié tanto en su posible medi­ ción como en su aprovechamiento. Otros ejemplos son "aprove­ char el tiempo", "perder el tiempo", "actuar a tiempo", "no dejar pasar el tiempo".

char el tiempo", "perder el tiempo", "actuar a tiempo", "no dejar pasar el tiempo". 13

13

MARIA

EUGfNlr\ CONTtlRSI " ['An1tH.,\ H'RRO

razones por las que se producen coincidencias en las clasiricadones: el sustrato de las teorizaciones sobre la

nurraCÍón y de sus clasificaciones coUdianas es, en pnrte,

nuestra concepción cultural del tiempo, que incluye la noción de actor. Es decir, la naturalización del sentído sobre qué es narración podría ser el producto de la na­ turalización de qué es el tiempo y de nuestra posición respecto de él. Si esto es cierto, aunque sea en alguna medida, po­ dríamos encontrar que las culturas ajenas a Occidente}

o las que tienen una concepción diferente de la tempo­

ralidad, también tienen otra concepción de la narración

o hacen usos diferentes de ella. Además, la importancia

que ha adqujrído el tiempo en nuestra mentalidad y vida cotidiana podría explicar el hecho de que la narración, en tanto representación de la temporalidad, haya cobrado un valor central en nuestra cultura y se haya transforrn~do en una práctica cultural generálizada'", Así. posturas como ]a de Roland B:.uthesl', que sos­ tienen que la narrativa tiene un carácter dominante, casí tautológico, se basan en ]a afírmación de que no existe ni ha existido nunca un pueblo sin relatos; el relato es internacional, transhistórico, transcultural, es decir, uni­ versaL Sin embargo, esta afirmación ha sido puesta en lli discusión. Por ejemplo, Jack Goody (d. 1999) ha ex­ plicado que no existen en África relatos extensos como

5 CL el desarrollo de diferentes fOfilas de medir el tie~npoa través

de calendarios (ef. Ewing Duncan, (1999), cuya temática central es "el esfuerzo épico de la humanidad para medir el tiempo") y la conse­ cuente tmsposición metonlmica emre el tiempo y su representación. 6 eL "introducción al análisis estructural de tos relatos". En Niccolini (1977).

La narración. Usos y tenrias

los registrados en los pueblos de la parle sudoccidental de los Estados Unidos o como en los europeos. En el mis­ mo sentido, sostiene que no en todas las culturas las personas se presentan ante un desconocido constru­ yendo relatos de su vida cotidiana. Estas son muestras de que la narraCÍón no siempre se usa bajo los mismos modos y con idénticos valores. Este autor plantea que no se ha comprendido hasta qué punto la narrativa, entendida como largas secuen- \ cias con un valor símbólico dentro de una sociedad, en nuestra cultura, está íntimamente relacionada con la alfabetización. Podemos agregar que, aunque existen narraciones orales y narraciones escritas, en sociedades como las llamadas occident~les, tan fuertemente mar­ cadas por la racionalidad de la escritura, ésta ha dado forma a los esquemas narrativos y a sus valores asocia­ dos en función de su propia lógica. 7 Por otro lado, la perspectiva de la psicología cogniti- va estudia la narración en tanto forma de conocimíento. Por ejemplo,Jerome Brune¡8 sostiene que la narración es una de las dos modalidades fundamentales del funcio­ ) (l

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namiento cognitivo (la otra es la forma paradígmática 9 o .

7 Cf. infra capitulo 111.

8 Citado por Goody, (1999).

9 La distinción entre relaciones paradigmáticas o asociativas y

relaciones sintagmáticas es obra de F de Saussure (1994). Según este lingüista. la paradigmática es una relación en ausencia (de los signos, almacenados en la mente de los hablantes) que [arma una serie mnemónica virtual entre los signos lingüfsticos que componen el repertorio de una lengua. Por ejemplo, las asociaciones de grupos de sinónimos o de palabras que tienen aspectos fonéticos símiJares en su pronunciación. En oposición, las relaciones sinlagmálicas se dan en presencia de los signos lingüísticos, regulando su combinación.

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MARíA EUGENIA CON1 URSl - FABIOLA fERRO

lógico-científica). Donald Polkinghorne W ha definido la

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a la experiencia

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humana. Entonces, el significado narrativo resulta de '(-/

un proceso cognitivo que organiza la experiencia en episodios temporahnente significativos. ¡Jo- Desde una perspectiva tanto cognitiva como socio~

histórica,

industrial y la modernidad se han reducido las concep­ ciones del tiempo y de la temporalidad a las grandes estmcturas y procesos socioeconómicos, que han redun­ dando en la construcción de falsos binarismos (como el de tiempo subjetivo/ti,empo objetivo) y de la noción de tiempo instrumental, que obtura la comprensión de dispositivos de conocimiento "elementalmente huma­ nos". Así, el tiempo objetivo. medible, administrable, lineal, secuencial, instrumental, ubicado en el centro de la modernidad, se opone al tiempo de la memoria, de los sueños, de los recuerdos, del desorden cronológico, de la focalización, de la corriente de la conciencia, que ha sido expulsado a la pedrería.

Aníbal Ford " sostiene que en la revolución

"Sería absurdo negar que la modernidad y la re- d volución industrial le dieron una o varias vueltas de tuerca a la noción instrumental delliempo, y con esto a las formas de conocer, de dar semido

Así, cualquier combinación de signos como "líls casas" o "el nene co­

rre" (compárese estas constmcciones con *"1a casas" o ·"'la nene corre")

constíwyen sintagmas. 10 Cit;ldo por Good)~ (999). II "Mientras hablo huye el tiempo, Temporalidad: dispositivos cognílivos e historia" (Forrl. 1999).

16

La narración. Usos y teorías

-no de construir-, de percibir, de organizar la vida cotidiana: "Pagos cronometrados, contratos cronometrados, trabajo cronometrado, comidas cronometradas: a partir de este período nada es­ taba completamente libre del calendario o el reloj, El desperdicio del tiempo se convirtió para los predicadores protestantes, como Richard Baxter, en uno de los más horribles pecados", dice Lewis Munford (1987). Time Ís money. Pero también es salvación. terror por el ocio. (Desvío: nec-otÍum ge~ lleró "negocio")." (Ford, 1999)

Este autor agrega que, si bien no todas las culturas procesan el tiempo del mismo modo, si consideramos la producción de se;ntído, el hombre parece haber ne­ {j

,

cesitado siempre de alguna concepción del tiempo y de su medición. Así los cieJos de la naturaleza y las activi­ dades asociadas a ellos, como las cosechas, fueron uno de los primeros marcadores objetivos de la temporalidad. Desde la posíción de este autor, existen dos niveles de objetivar el tiempo y, por lo tanto, de medirlo: por un lado, el tiempo propio de los procesos de conocimien- ¿4 to, por el otro, el tiempo instrumental, reificado. El ( primero es tan viejo como el hombre, mientras que el segundo ha aparecido con el desarrollo del capitalismo industrial. Retomando el problema de la narración, éste ocupa un lugar de privilegio en las ciencias sociales (si se sostie­ ne una distinción entre éstas y las humanidades, también en estas últimas) porque pennite dar cuenta de nume~ rosos procesos, prácticas y fenómenos que exceden lo meramente narrativo.

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MARIA

EUl~ENIA

• MARIA EUl~ENIA l-;AIHOLA FE¡~RO En el siglo XX, han sido muchos los esfuerzos por la

l-;AIHOLA FE¡~RO

En el siglo XX, han sido muchos los esfuerzos por

la narración, Así, se han

constru ido diversas que intentan <:nal.i~~l_~_as­

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bC;lks que en una deter"ffiTñ;aa'Tengua se utilizan, para

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narrat:,;.J~lli--ªspectos

PI.Q,º!! ~5.ión

la relación

entre el objeto de la narraCÍón y la construcción lin­

güística; los usos sociales de la narras:JQn; la narración

literaria;

En la medida en que las teorías sobre la narración constituyen más un conjunto que un sistema, puesto que unas veces se superponen, olras se desconocen, etc., hemos optado por presentar una se1ección de teorías de la segunda mitad del siglo xx bajo la organización de

dos ejes que constituye!! Ja, flf.\rte. En el primer

y la recepc~~_[.l_9.~Jª,

naII.íl.c;i2.D":

lallm-rac16n-e;'la vida~~'Údiana, etc.

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hemos d~~oinlnádo

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daremos cuenta de lo que clasificamos como "di?,!,';,nrso

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aSQ~~t9 co~t¡lCdesde-slLP-I9duccióri.

Allí estudiaremos la oposición entre discurso y relalo, la construcción del narrador y del narratario, y las rela­ ciones entre narración, tiempo y sujeto. Obviamente. la

distinción entre procedimientos textuales y discurso narrativo es sólo un intento taxonómico realizado úni­

./ 1 camente para organizar ese conjunto al que.hacíamos referencia.

nos ocuparemos de los diferen­

te~l~?9~_c.klª.,f.l--ª!!~. En capírulo tercero, abordare­ mos el problema del discurso hístórico, a través de su

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"_,, En la segunda pa.ne

18

La narración, Usos y teorías

operación escrituraria, sus eSlrategías de explicación y construcción de intelígibilidad y el efecto de realidad que produce. Por último, en el cuarto capítulo, proble­ matizaremos algunos de los diferentes usos de la narra­ ción, ejemplificando con los del folklore, la etnografía, y la casuística, para así dar cuenta de su carácter comu­ nicacional y sociocultural.

19

PRIMERA PARTE:

LAS TEORÍAS DE LA NARRACIÓN

I. Los procedimientos textuales

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I La narración interesó a la lingúística en tanto es una de las formas típicas y principales en la que aparecen los textos, es decir, las producciones lingüísticas de los

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sujetos hablantes de una lengua. En un primer momento, la gramática textual abordó su estudio desde las perspectivas estructuralista-fonnalis­ ta, generativista y de la lógica, focalizando sus teolizacio­ nes en la estructura interna del texto, su segmentación en unidades mínimas, la distribución de la información, la progresión temática y las propiedades textuales de la cohesión y la coherencia como inmanentes al texto, en­ I tre otros conceptos fundamentales. Subyace en estos in­ tentos la concepción saussureana de que el único objeto I de estudio plausible para la lingüística es la lengua, en tanto sistema formal y relacional. Es por esto que la gramática textual intentó expandír el objeto de estu­ dio de la lingüística en la dirección que aparecía como más natural: de la oración al texto, visto como un con­ junto de oraciones relacionadas entre A este fonnalísmo le siguió otro con mayor poder ex­ plicativo que superó los límites de la oración al conside­

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MARÍA EUGEN11\ CüNTURSI - FAIlIOLA FERRO

La narracil'ln. Usos y teorías

rar el texto como la unidad primordial de análisis, la lin­ lstíca del texto, que apareció en Europa a mediados de la década de 1960 gradas a los desarrol1os de la prag­ mática Hngüístka '2 : asi como ésta se preocupó por la relación entre uso de lengL1<-~je y contexto, la lingüistica dellexto incorporó -en realidad, al comienzo sólo te­ matizó- la relacíón entre texto y contexto, pero prjnci­ palmente se interesó por desarrollar una tipología que diera cuenta, desde distintos criterios clasificatorios, de todas las manifestaciones discursivas: "La irrupción y el auge de la pragmática, el convencimiento científico 1:,

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general acerca ele tanecesidad de los estudios interdis­ cíplinarios así como la tendencia a la ampliación de los objetos de estucho en las ciencias sociales y humanas favorecieron el interés por las tipologías textuales, desde distintas perspectivas, con diferentes herramientas y obje­ tivos". (Ciapuscio, 1994). Al mismo tiempo, especialmen­ te en Franci.a, se desarrollaba la corriente denominada análisis del discurso que, si bien comparte con la lin­

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güísüca textual la necesidad de la clasificación de las producciones verbales. centra su interés en la relación ¡I; entre la instancia de enunciación y el enunciado, yen las hl características formales que permiten dar cuenta de ella en los discursos (d. Benveniste. 1993, 1987). Así, del es­ tudio los significados y las formas se pasó al eSludío

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de la producción social de sentido.

A partir de estos desarro4tos;-scrrgieron tendencias que ponen en relación el uso de la lengua. fundam€:ntalmente

la escrita, con la situación de comunicación, ya que el

12 En realidad. la pragmátka ]e debe mucho a la teoría de los actos de habla. fundada por el fíJósofo del lenguaje J. Austin. (eL Austin, 1980).

1,

texto es visto como un evento comunicativo particular en el que participan miembros de una comunidad lingüísti­ ca que desempeñan papeles sociales Cellunciador-enun­ ciatario/narrador-narratario) y entre los cuales existen relaciones sociales también determinantes (por ejemplo, de formalidad o informalidad). En esta línea, M. A. K. Halliday (eL 1982), además de los aspectos anteriores, incluye, en el estudio de la situación comunicativa, el tema del que se habla que, por su parte, incide en el uso ele la lengua determinando la forma y el contenido de las producciones lingüísticas. "Actualmente predominan los enfoques de varios niveles, capaces de considerar rasgos internos y externos de los textos, y se admite, en términos generales, la imposibilidad de tipologías tex­ tuales basadas en un criterio de clasificación único." (Ciapuscio, 1994) Los estudios literarios también se ocuparon, mucho antes, por cierto, de establecer distinciones entre los textos. Así, Mijail Bajtín (d. 1978), drca 1930, define el concepto de géneros discursivos como "los lipos re­

~ lativamente estables de enunciados" que "cada esfera del uso de la lengua elabora" y cuya "riqueza y díver­ sidad" se corresponde con las múlLiples posibilidades de la praxis humana. Si bien la teoría bajtíniana no se

ocupa de la especificidad formal de los textos para su clasificación. puesto que surge como una teoría de la novela, su vigencia ha obligado a los lingüislas a esta­ blecer ciertas precisiones terminológicas, como la di­ ferenciación entre género y tipos discursivos: "en tanto que los géneros discursivos se relacionan con una di­ mensión histórico-cultural más general que incluye la (;;ompetencia sobre los tipos discursivos, estos últimos

22

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MARIA r.Ur.ENIA CONTUR5\ - FABIOLA FERRO

• MARIA r.Ur.ENIA CONTUR5\ - FABIOLA FERRO hacen referencia a una dimensión estrictamente lingüís­ tica".

hacen referencia a una dimensión estrictamente lingüís­ tica". (Cíapuscio, 1994) La lingüística del texto hace la distinción entre tipos y clases textuales: los primeros son categonas construidas desde un intento científico de tipologización textual, mientras que las segundas se refieren al conocimiento intuitivo que tienen los miembros de una comunidad lingüística sobre las estructuras textuales globales que

emplean en

Pero nos ocupa aquí el enfoque que las teorías textua­

¡ - les aplicaron al estudio de la narración. Para dar cuenta de

los modelos más representativos, tomaremos como ejem­ plos la tipología textual de Egon Werlich (d. 1975), ]a propuesta secuencial de Jean-Miche1 Adam (cL 1992), la teoría superestructural de Teun van Dijk (cf. 1978) Yla clasificación textual de Roben Longacre y Stephen Le­ vinsohn (d. 1978).

su vida cotidiana. lJ

l.a. Las estructuras narrativas

E. Werlich (d. 1975) sostiene que es esperable que)a coherencia y completitud de los textos estén decisiva­ mente determínadas por la presencia o ausencia de lazos referenciales de los elementos textuales (es decir, conexio­ nes dentro del texto).

13 Ce. Gülich. E.: "Textsorten in del' Kommunikationspraxis". En Kallmeyer (19B6). La autora explica que la diferenciación de cla­ ses text\1ales es relevante para los participantes de la comunicación ya que el conocimiento de sus características es parte de su.saber cotidiano. Afirma que en la. interacción social hay una cantidad de géneros que fonnan ciertamcllte el budget comunicativo de una so­ ciedad. Es así que las clases textuales o los conceptos de clases tex' tuales no están dados objetivamente. sino que se constituyen en la

interacción comunicativa.

24

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La narración. Usos y teürlas

DenornltHl hases textuales tI las Ul1.idttdes eSlrUtlllra­

les elegibles como inicio de texto que son parte de un texto potencial, que tienen la extensión de un grupo de palabras (especialmente en títulos manifestados con­ cretamente) o de oraciones o unidades más amplias (parágrafos introductores, secciones, etc.) y que pue­ den ser desplegados en textos a través de secuencias

sucesivas, En tanto esas bases textuales estructurales

se forman en textos concretos con lexemas que tienen referencia, y que, por lo tanto, se refieren a determi­

nados recortes del modelo de realidad común de ha­ 1 1: 1 blante y oyente, representan bases temáticas. Las bases I! temáticas (textuales) introducen, por su parte, los ini­ ciadores obligatorios para el desarrollo temático de un texto en secuencias, las que caracterizarán al texto como uno de los cinco tipos textuales básicos: descríp­ tívo, narrativo, expositivo, argumentativo, ínstrucdonaL Un inicio típico de texto narrativo es la fórmula "había "

o "érase una vez, en un reino lejano

" 0, en la comunicación cotidiana, "una "

~ La base textual temática típica narrativa es seleccio­ nada para expresiones textuales sobre ocurrencias y
I cambios en el tiempo. Según este autor, se trata de una estructura simple sujeto-predicado-adverbio. El verbo núcleo del predicado. en imperfecto o perfecto, señala cambio y los adverbios de lugar y tiempo funcíonan co­ mo complementos. El adverbio de tiempo, con referencia deíctica o no deíctica, establece un marco referencial temporal en el que el/los sujeto/s oracional/es apare­ ce/n como cambiante/s o activo/s, gracias a la forma verbal. Justamente, a raíz de su efecto referencial, es­

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una vez una niña

un pastorcito

vez me pasó que

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l\1ARiA EUGENIA CONTl1RSl

FABlOLA FERRO

pecíficamente temporal, 'vVálich denomina a este tipo de oración "denotadora de cambios/acciones". Esta tipología, generada en el marco de la gramática textual -o de la incipiente lingüística del texto-, tiene el inconveniente de no trascender los límites oracionales. No obstante, aporta una dimensión cogni.tiva al análisis textual, ya que sostiene que Jos tipos textuales, en tanto normas ideales para la estructuración textual, sirven al hablante como matrices preexistentes para su produc­ ción lingÜística frente a su experiencia. Desde una perspectiva similar, Jean-Michel Adam (d. 1992) tralx~ia¡os diferentes planos de organización textual y también define ellexto como una estructura compuesta de sewencías. ASÍ, la secuencia es uno de los planos de organización de la textualidad, sobre el que va a construir su tipología. La hipótesis de base de este autor es que existe un número reducido de tipos de reagrupamiento de proposiciones elementales a las que denomina secuendas l'rototipicas. , La secuencia es una estructura, una red relacional jerárquica, una entidad relativamente autónoma, dota­ da de una organización interna que le es propia y en relación de dependencia/independencia con el conjun­ to más vasto del que forma parte. Ellexto, a su vez, es una estructura secuencial. La secuencia es la unidad cons­ titutiva del texto, conformada, a su vez, por grupos de proposiciones (macroproposidones), integrados por un número indefinido de proposiciones. La proposi­ ción, por su parte, es una unidad ligada según el mo­ vimiento doble complementarío de la secuencialidad y la conexidad, que la hace, dado un conjunto de pro­ posiciones, conformar un texto. La primera propiedad

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La narración. Usos y teor[as

textual Csecuencialidad) se refiere a la estructura jerár­ quica en la que se integran las proposiciones y la se­ gunda (conexidad) al modo de sucesión líneal de esas proposiciones. Las secuencias elementales se reducen a algunos tipos

básicos de ~.!!!f

genera las .se~:uenciauro_totíp~s: narración, descrip­

ción, argumentación, explicación y diálogo. En el nivel textual, la combínación de secuencias es compleja, de ahí que la heterogeneídad pueda aparecer antes que la regu­ laridad (como planteaba Bajtín en su noción de géneros discursivos). Lo más frecuente es la ocurrencia de estruc­ turas secuenciales heterogéneas, en las que se dan los

casos de inserción y de dominancia secuencial.

articulación

u]ació.JUk.prQJ29,?,t<;i.9.E:~:Esta

Si en un tex~secuencia narrativa, se trala de un texto narrativo. La secuencia narrativa se articula en (undón de sus aspectos constitutivos en tanto re1ato 14 , y se puede esquematízar del siguiente modo:

situación

complicación

secuencia narrativa

re(acdón)

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resoludón

situación

final

"'1

moraleja

14 Las fuentes que menciona Adam son la Poétka aristotélica y la Logiquc' du récit de Claude Bretnond.

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MARÍA EUGENIA CONTURSI

- FABIOI.A FERRO

Los elementos narrativos son: la sucesión de even­ tos, la unidad temática (por 10 menos un actor sujeto), los predicados que indiquen transformación, un pro­ ceso I ransformadonal de unidad de acción compuesto por una situación iniciaL una transformación (medio) y una situación final -que permite precisar la tempo­ 1 raHdad de la sucesión de eventos-, la causalidad na­

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rrativa (la tensión de la puesta en intriga, que domina el proceso transformacional o acción), y la evaluación

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o moraleja.

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La especificidad de la narración está dada pO~~!J2~~. ti. " saje de la simple sucesión lineal y temporal a la lógica , singuliirda relato que, por su parle, se caracterrz;po~--· rJntroducir un rroblema por medio de la inserción de una

" ~Hcacíón ~aresclución entre la situación inicial y

~

la final (como parte de la

transformación del proceso)

Uno de los aportes de la propuesta de Adam no es su originalidad descriptiva, sino el hecho de caracterizar las secuencias como herramientas cognitivas y comu­ nicativas. Tal es así que la narración se vincul~ con las actividades cognitívas de diferenciación y relación de percepciones y experiencias en el espacio y el tiempo y con su expresión. También desde una perspectiva textual. Teun van Dijk (cf. 1978) propone la noción de superestructura para dar cuenta de que los diferentes tipos de textos se distinguen entre sí no sólo por sus funciones comuni­ calÍvas y sociales, sino por la estructura de su cons­ trucción. Define la superestructura como la estructura global que caracteriza el tipo de un texto, es decir. co­ mo un tipo de forma de texto. Así, en las diferentes si­ tuaciones comunicativas, utiliz;amos diferentes formas

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28

La narraCÍÓn. Usos y teorías

textua]t;.s, aún cuando nos refiramos al mismo suceso (es decir, cuando el contenido semántico, la macroestruc­ tura, sea el mismo) < Es preciso señalar que, según este autor, tanto las superestructuras como las macroestnlcturas son pro­

piedades globales del texto en

que no se trata de fenómenos oracionales o locales. Las superestructuras, además, determinan el or­ den global de las partes del texto. En este sentido, la superestructura es una especie de esquema abstrac­ to al que el texto se adapta, independientemente del

contenido. Una persona puede hablar y entender su lengua sin estar, por dIo, necesariamente capacitada, por ejem­ plo, para narrar o entender narraciones. Es decir que la capacidad língüística y comunicativa no incluye só- /' lo el conocimiento de la gramática y el léxico, sino'q" también el dominío de las reglas combinatorias en las 7"~t que se basan las superestructuras. Estas reglas superes- '~ ./ tructurales son de carácter convencional y es por es- .

su conjl.mto l5 , vale decir

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to que la mayoría de los hablantes de una comunidad lingüístíca las conoce o reconoce y puede aplicarlas adecuadamente. Las mismas superestructuras, es decir, los mismos

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esquemas, ~~. pueaen niáulfestar en diferentes siste- ,

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15 Con esto Van Díjk no afinna que necesariamente todo texto deba responder a una superestluctura ya dada, El mismo autor sos­ tiene que el problema teórico de sí todos los textos tienen superes­ tructura es, sobre todo, emptrico.

29

MARÍA EUGENIA CONIUR:,I - FAHIOLA FERRO

Por su parle, los Lextos narrativos son formas bási­ cas globa1es la comunicación textual. Ejemplos de

textos narrativos son las narraciones que 'se"producén " en la vida cotidiana, en la literatura, entre otros campos:

chísles, mitos, cuentos populares, sagas, leyendas, cuen­ tos, novelas, biografías, memorias, etc. La característica fundamental del texto narrativo es que éste se refiere, ante todo, a accíones de personas, de

manera que las descripcion,~?.º~,círcunstancia, objetos u

olros sucesos qlledar(~~bordin~d~$. Esta característica semántica se combina~r;:-Otiáde orden pragmático:

en general, un hablante explicará unos sucesos u accio­ nes que en cierLO modo resulten interesantes. Esto pre­ supone que solamente se dará cuenta del suceso o de las acciones que, hasta cieno punto, se desvían de una norma, de expectativas o costumbres. No se narra una historia adecuada sobre el almuerzo, el peinado del ca­ bello, etc., sin que ésta no esté unida a algún suceso es­ peciaL Un texto narrativo debe poseer como referente un suceso o una acción que cumplan con el criterio de susci tar el .-----··--'De este criterio interés se obtiene una primera categoría de la superestructura narrativa: ]a COmlJlicacíón. Esta complicación puede ser un suceso en el que no in­ tervíenen personas, como un terremoto, pero debe invo­ lucrarlas, en tanto, como ya se explicó, sus acciones (incluidas sus reacciones) frente al suceso son el nú­ cleo de toda narración. Esta acción podría os~entar el carácter de una dilución de la complicación. La cate­ goría la narratología tradicional que caracteriza esa dilución es la de resolución, que puede ser tanto nega­ tíva como positiva.

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30

La narración. Usos y teorías

La complicación y la resolución constituyen, enton­ ces, el centro del texto narrativo. 1. van Dijk denomina su.ceso al conjunto de esas dos categorías. Cada suceso tiene lugar en una situación determinada (en tiempo y circunstancia) a la que llama marco. Por su parte, el mar­ co y el suceso conforman un episodio. Hay que tener en cuenla que dentro de un marco se pueden dar varios

sucesos. Además, los sucesos pueden tener lugar en situaciones diferentes. Esto conformará una serie de

episodios que se deHne como trama.

Junto a estas categorías superestructurales (compli­ cación, resolución, suceso, marco, episodio y trama), que, según este autor, constituyen la parte más impor­ tante de un t.exto narrativo, existen otras categorías

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que, si bien aparecen regularmente, son accesorias. En muchos textos, los narradores aportan su opinión, su valoración, es decir, una evaluación de la trama. Al conjunto conformado por trama y evaluación se lo de­ nomina historia lti

Muchos textos poseen también conclusiones prác­ ticas a las cuales se llama moraleja, como por ejemplo fábula, en la que al final aparece una lección.

f. 16 er. ínrra el cap[tulo 1lI. En ese apartado se estudia Jos pro­ blemas concernientes al discurso histórico. Si tenemos en cuenta la

superestructura propuesta por Van Dijk, para que haya una histo­

ria. en tantD estructura verbal. no basta con una tr;lma (es condición

necesaria pero no suficiente), sino que debe aparecer una evaluación por parte del narrador, quien, en el caso del discurso históríco, se fusiona con la figura del historiador. 17 En el esquema, la tipografla negrita sirve para categorías necesarias (en el sentido de indispensables).

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31

MARIA EUGENIA CONTUR51 - FABIOLA FERRO

En sínlesis, la superestructura de un texto n~[rativo

se puede esquematizar(7 del si gu"leñtemocl(): .

Narración

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historia

moraleja

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trama

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episodio'!

evaluación

marco

suceso

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complicación

resolución

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Con una concepción semántíco-generatívista I9 Ro~ bert Longacre y Stephen Levinsohn (eL 1978) proponeri una clasificación de textos a partir de dos parámetros primarios. concebidos en términos.de oposiciones bi­ mirias que se construyen por l~resencia(indicada por el signo +) o la ausencia (sefiálada ~ot1"un-:')de rasgos.

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18 Los episodios pueden ser más de uno. Cada episodio, por su parte, incluirá un suceso y un marcO. 19 El generativismo, corriente fundada por Noam Chomsky (d. sU plimera producción, Estructuras sintácticas, escrito en 1957). distingue una estnlctura profunda y una estructura superficial en toda producción verbal. Según este autor, la estructura profunda co* rresponcle a universales sintácticos innatl)S, que se rastrean en todas las lenguas. La estmctura de superficie corresponde, en contra~ar­ tida, a la fonna idiosincráUca que cada lengua particular asigna a las estructuras subyacentes. El generativismo, como coniente, luego se expandió al campo de la semántica, manteniendo esta distinción entre profundidad y superficie, pero, naturalmente. ocupándose de los problemas concernientes al significado.

32

narración. Usos y t.eorías

Los parámetros son +/-,_~~.q,q,4_<;.n~.~.~~ntocronológico (que

se refiere al marco de "sucesión tel~porarerte1 cual al­ gunos eventos se encadenan con hechos previos) y +/­ orientación hada el agente (que concierne a la identidad, "míni~~-m~;t~'-p~i¿ral,de la referencia del agente a lo largo del discurso). Estos parámetros 1es permiten djstin­ guir c:-~a(ro.~E~edlscurs~s2o:narrativo, procedural, de ( conducta y expositivo. Desde esta perspectiva, el discurso narrativo es el úni- ~ co que está marcado positivamente con respecto de ) ambos parámetros. Es decir, en la narración hay un en- ( cadenamíento de sucesión temporal y, además, exísten J referencias a los participantes. A estos dos parámetros principales, los autores agre­

gan dos secu~.?arios, +I~e~jQ!.t~~en~ól1, para ca­

racterizar~~);" dentro de esos cuatro tipos básicos.

El rasgo tenslOñ se refiere a la expHcitacíón de un conflic­

to o a la polarización de concepciones. Básicamente, la categoría "+ tensión" da cuenta del discurso polifónico, aquel en el que se incluye más de un punto de vísta (el caso por excelencia es el de la polémica). mientras que la marca "- tensión" clasifica los textos en los cuales hay una manera objetiva de presentar los puntos de vista. 21 El rasgo proyección hace referencia a si una situación

o acción es contemplada, ordenada o anticipada pero

20 Sí bien estos autores utilizan la categorla de discurso, prefe­

limos incluir su teorta entre las textuales porque centran su interés

en los procedimientos narrativos más que en la relación entre las

producciones lingÜísticas y la instancia de enunciación.

21 N.B.: Longacre y Levínsohn no sostienen que haya una ob­

jetividad real, sino un modo de presentación que es considerado

objetivo.,

33

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MARiA [UGEN1A CONTURSI - FABIOLA FERRO

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1)

1.

no realizada. El tipo narrativo puede

dividirse de acuer­

do con este p-arárrle't;¿;~'p-oreJemplo, la pr~f~,~.~aJ.que

cumple con Jos dos parámetros básico~ de l~ narración, también contiene el rasgo "+ proyección", mientras que una, crón~~a se caracteriza por poseer "- proyección". rasgo merece una atención espe­ cial, ya que tiene la particularidad de desarticular la concepción tradicional que hace equivaler "narración" a "referencia a un pasado" (ya sea éste real o irreal). !; Pero, para explicar la narración, ¿alcanza con analizar estos procedimientos textuales? Desde un punto de vista comullicacional, la respuesta necesariamente, no, puesto que esta perspectiva no toma en consideración la relación entre narración context~

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Il. El discurso narrativo

El análisis discursivo de la narración permite ver las re1aciQ!1es entre texto y contexto ~ás ampliamente que los enfoques puramente textuales. Umberto Eco (cL 1996) retoma la clásica distinción entre fabula y sjuz.ct (trama) dd formalismo ruso (d. Todorov, 1991), una de las maneras más reconocidas por los especialistas de abordar la especificidad del dis­ curso narrativo. La fábula procede de manera lineal desde un momen­ to inicial (Tiempo 1) hada un momento final (Tiempo x). Esquemáticamente:

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Tiempo 1

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Tiempo 3

Tiempo x

Fábufa

La narracÍón. Usos y Leorlas

Por su parte, la trama se forma con los saltos tempo­ rales (prolepsis y analepsis, como se verá más adelante en la explicación sobre la diferencia entre discurso y relato que postula Gérard Geneue) a través de los cua­ les aparece )a fábula en el discurso narratívo. En este sentido, la trama es la forrn.a del contenido, la fábula es la sustancia del contenido y el discurso narrativo es la

expresión de trama y fábula. u El esquema correspondiente a la trama es el siguiente:

Tlem.o-3 _Tl.mpo-LTI.mpOo'

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Tiempo 0/1_Tiempo 2_Tiempo 3_liempox

Trama

las relaciones entre fábula, trama y díscurso narrativo se representan en el diagrama, propuesto por este autor. que reproducimos a continuación:

22 Esta distinción entre plano de la expresión y pla.110 del conteni­

do y entl'e contenido y forma de cada uno de ellos se debe al lingüista danés Louis Hjelmslev (eL 1971).

35

MARIA

EUGENIA CONTURSI

f'ABlOLA

FERRO

Eco dice que fábula y trama no son una cuestión de lenguaje, sino que son estructuras casi siempre tradu­ cibles a otro sistema semiótico, ya que se puede contar la misma fábula de, por ejemplo. la Odisea, organizada según la misma trama o no, a través de una paráfrasis lingüística, de una película o de una historieta. Además, mientras en un texto narrativo puede no haber una trama particular, no pueden faltar la fábula y el discurso. El autor da el ~jemplo de la fábu)a de Ca­ perucita Roja, que nos ha negado a través de discursos diferentes: el de Grimm, el de Perrault, o el de nues­ tra madre. En cuanto a la construcción del discurso narrativo, Eco presta especial atención a las técnicas de ,lilaóón o moderación del ritmo, que concibe como estrategias del autor y que son las que deben permitir allecLOr paseos inJerendclles. Con esta metáfora da cuenta de las opera~ ciones de razonamiento que son necesarias para cons­ truír la intehgibiHdad del texto:

"En la narrativa sucede que el texto presenta verdaderas señales de suspense, casi como si el discurso moderara el paso o ínc1uso frenara, y

como si el autor sugiriera: "y ahora intenta se­

guir tú

ciales me refería, en los términos de nuestra me­ táfora forestal, a paseos imaginarios fuera del bosque Inarrativo) : el lector para poder prever e1 desarrollo de la historia se remite a su expe-' riencia de la vida, o a su experiencia de otras historias." (Eco, 1996)

". Cuando hablaba de paseos inferen­

36

,

La namlción. Usos y teorías

Estas estrategias lienen que ver fundamentalmente con el man~jo de la temporalidad en la narración ya que se pueden distinguir tres tiempos diferentes: el tiempo de la fábula, el tiempo del discurso y el tiempo de la lectura. ) El tiempo de la fábula forma parte del contenido de la historia. Si el texto díce "pasaron mil años", el tiempo de la fábula es de mil años. Pero en el nivel de la expre­ sión lingüística, es decir, en el nivel del discurso narra­ tivo, el tiempo para escribir (y para leer el enunciado) es brevísimo. He ahí como acelerando el tiempo del discurso se puede expresar un tiempo de la fábula ]ar­ guísimo. Y viceversa. Los t.res tiempos (de la fábula, del discurso y de la lectura) pueden coincidir o no. Cuando coinciden, se puede dar el caso de que ]a finalidad sea "muy poco arUstica". No siempre la dilación tiene que ver con el goce estético en términos convencionales. Por ejem­ plo. el problema de cómo establecer científicamente si una película es pornográfica o no, que se plantea Eco, lo lleva a concluir que la dilación puede 'tener di­ ferentes efectos. En síntesis, el tiempo del discurso es, por lo tanto, el efecto de una estrategia textual en interacción con la respuesta del lector, al que impone un tiempo de lectura. También existe una manera de detenerse en el texto, 1. de perder tiempo en él, para traducir el espacio. Este J;)

procedimiento corresponde a una figura retórica poco

conocida: la hipotiposis, que consiste en dilatar el tiempo '>­

del discurso y el de la lectura en relación al de la fábula ~ para conseguir poner bajo nuestra mirada una configu­ ración espacial como si la estuviésemos viendo.

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37

I

MAl{iA EUGENIA

URSI

rATIlOLA FERRO

En relación con In polémica enLre rCí.llismo y anti­ realísmo H Eco sostiene que todo texto narrativo presu­

pone que el lector acepta, tácitamente, un pacto ficcíonal con el autor: la "suspensión de la incredulidad". Este

pal:to implica que todo relato es ficcional, y ficción, en s_u sentido etimológico, significa "construcción", en este ca­ so, lingüística, por lo que pertenece, inequívocamente,

, al terreno discursivo.

i I I El lector liene que saber que lo que se le cuenta es una historia imaginaria. construida, sin por ello pensar

que el autor está diciendo una mentira. Sencillamente, í. como dice John SearIe (d. 1975), el autor finge que ha hecho una afirmación verdadera.

"Nosotros aceptamos el pacto ficdonal y fingimos que 10 que nos cuenta ha acaecido de verdad. Los mundos narrativos son parásitos del mundo reaL No hay una regla que prescriba el nú~ero de los elementos ficclonales aceptables, es más, existe una gran flexibilidad sobre este tema. Formas como el cuento de hadas nos predisponen para aceptar a cada paso correcciones de nuestro cono­ cimiento del mundo reaL Pero todo aquello que el texto no nombra o describe expresamenle como diferente del mundo real, debe ser sobreentendido como correspondiente a las leyes y a la situación del mundo real." (Eco, 1996)

El problema de1 estatuto de realidad de los textos narrativos impone al autor la necesidad de reconsiderar

23 eL infra n.a.

38

r

La narración. Usos y leorlus

la distinción, bastante usada por los teóricos del texto,

entre narrativa natural y narrativa artificial (van DUk,

1974). Una narrativa se clasifica como natura) cuando se cuenta una secuencia de acontecimientos (reales o no, verdaderos o falsos), "es narrativa natural el relato que podría hacer sobre lo que me pasó ayer, una noticia de

un periódico o toda la Historia del reino ele Nápoles de

Benedetto Croce". Por su parte, la narrativa artifícia) es­ taría representada por la ficción narrativa, )a cual finge solamente, como se ha dicho, decir la verdad, o presume

decir la verdad,

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en un ámbito de discurso ficcignlAl!;1

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Pero no existe una marca inc~m:roverlibled~"fícciona- ?

lidad, a menos que intervengan dememos del paratexto, ) como el subtítulo "novela" o "cuento", que nos predispo­ nen a interpretar el texto asumiendo el pacto ficdona1.

En el mismo orden de cosas, Eco plantea que la na­

rración tiene funciones. En este sentido analoga, man­ teniendo la metáfora kinésica, el pasear por un mundo narrativo con el juego para un niño, ya que los niños juegan para familiarizarse con las leyes físicas y con las acciones que, en la edad adulta, deberán llevar a cabo seriamente. Entonces, leer relatos significa hacer un juego a partir del cual se aprende a dar sentido al mundo y a explicar nuestra posición en él, como diría Grams­ ci Cd. 1986).

Esta función de ta narrativa, según Eco, es terapéu­ tica, además de ser el motivo por e1 cual se cuentan historias desde los orígenes de la humanidad. Esto ex­ plicaría también la fundón de 105 mitos en tanto dan forma al desorden de la experiencia. En este orden de co­ sas, poco importa si una narración es artifidal o naturaL

39

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MARIA FlJ(~ENII\ CONTlJRSI - fABIOI.A FERRO

ll.a. Discu ¡-so/relato Según Émile Benveniste, existen dos planos de enun­ ciación14 diferentes: el del relato (o historia) y el discurso. El relato se caracteriza por ser un modo de enunciación que excluye LOda forma língüÍstica "auto:

biogrMica", es decir )05 deíclicos como "yo", "tú", "aquf', "ahora" \ los cuales forman parte del aparato formal de la enunciación. También el tiempo verbal presente estará excluido, salvo en el caso de que ese tiempo verbal usado con un valor atemporal (como el de las definicio­

~ nes). En contrapartida, el_~!.?E~o es una~ia<::i_~J:1.

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" deícticos de primera y segunda persona, sino también los tiempos verbales del presente y del futuro, los cuales, como ya se ha explicado, no forman parte de lo que Benvenislc denomina el sistema del plano de la enun­

ciación del re1ato

. Sobre la propuesta de Benveniste es posible hacer

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algunas consideraciones. podernos agregar que la dis­

tinción entre relato y discurso supera los límites de la referencia a la situación de enunciación: en la medida

24 Benveniste define. ]a enunciación como un acto individual por el cual un locntor se apropia de la lengua. Más específicamen­ te, cada locutor se apropia del aparato formal de la enunciación, es decir, enuncia su posíción de locutor mediante índices especificos (defcticos como "yo", "flhora") y a través de procedimientos acceso­ rios (fonnas modales). El producto de ese acto de enuncíací6n es el " enunciado. (Cf, Benveniste, 1993, 1987). 25 Una perspectiva similar a la de &nveniste es ]a Harald Weip­ tich (1975). quien distingue dos actitudes de locución según tiempos verbales utilízac1os: una en la que se horran las marcaS sub­ jetivas y otra en la que el enunciador se compromete en lo enunciado. A la primera actitud de locución la llama mundo narrado o relato y a la segunda. mundo wl11cntlldo Ó discurso.

40

La narración. Usos y teorías

en que hay un borrado de las marcas deícticas persona­ les, el relato se ínviste de una apariencia de objetividad, mientr~~que"lapresencia"Cie"esos' rasgos en el discurso, al relacionarlo con su enunciador, lo presentan como subjetivo. Por otra parte, Jenny Simonin-Grumbach2(" \ partiendo de la distinción que postula Benveniste entre enunciación y enunciado, sostiene que la distinción en­ tre relato y discurso no es la presencia o no de formas deícLicas, sino el hecho de que refieran a la situación de enunciación o al enunciado. Es decir, en la rnedída en que en el relato se conforma un sistema de referencias interno al enunciado (tanto en relación con la tempo­ ralidad como en relación con las personas), en el dís­ curso ese sistema remite a la situación de enunciación

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Desde urla"'pe~~"p"~~tiva-d~'i~;'~~-~~'di'~~'ii~'~~~~io's")

Tzvetan Todorov (cf, 1966) sostiene que la obra litera­ ria narrativa presenta dos aspectos al mismo tiempo:

una historia y un discurso. Por una parte, es historia en ]a medida en la que esa obra evoca una cierta realidad, en tanto los hechos y personajes de la obra se confun­ den con los de la vida reaL Pero esa misma hístoria po­ dría haber sido narrada a través de otros géneros y de otras materialidades, tales como una película, una his­

torieta, el testimonio oral de un testigo, etc. Por otra

parte, la obra literaria narrativa es también ~ puesto que existe un narrador que relata la hístoria y un destinatario de la misma. 'este nivel, no son 105/ . hechos y 105 personajes referidos lo que importa, sino ( la manera, el modo, en que el narrador los pone en co­ nocimiento del destinatario.

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26 a. "Pour une typologie des discours'·. En Kristeva (1975).

41

MARiA EUGEN1A CONTlIRSI - FAI>IOLA fERRO

Gérarcl Gen~ttc (d. 1(72), reLOmam.fp esa dis~ind{m

de TUUOfOV, explica que el unálisis ¡jeJ discurso llnrralivo

ímplica, constantemente, el estudio de las relaciones

entre ese discurso y Jos acont~dmi~ntosque relata, y en-

m' C~f 1l1i~mp d¡~~~u!'tiO y ~I t.lct.n ~IU~ lo pr~Jdl:I'.;C, indc."

pet1d lentemét1te d~ IL1 t111tufuleztl de eS~:1$ relaciones (es

dt."(:',ir, dé.jando de h'ldo él problema de si se. las categoriza

",-:(.1n'ltJ n~l,lIc$. Ik(:i~~nn1l!", VQI¡(}~illillt\~. tille.), Asr, proll,"In~

definir historia como el significado o contenido narra­ tivo; rdato como el significante, enunciado, discurso o texto narrativo; y; narración como el acto narraLÍvo pro­ ductor, y, por extensión, el conjunto de la situación (real o ficcional) que relata. Desde este punto de vista, el discurso narrativo es el único de los lres niveles que es plausible directamente un a.nálisis lextual. Así, historia y narración son me­

diados por el relato, y, a -su vez, el discurso narrativo

(relato) es tal en la medida en ]a que da cuenta de una historia (sin la cual no seria narrativo) y es referido por un productor (sin el cual no sería discurso). El relato es una secuencia temporal en dos sentidos:

conviven el tiempo de la historia narrada y el tiempo especifico del relato. El relato (ya sea oral o escrito, li­ terario o fílmico, etc.) sólo puede ser actualizado en el tiempo que dura ]a lectura (o la escucha, etc,)!7 Genette estudia tres tipos de rel,ª~iones entre el tiempo de la his­ toria y el tiempo del relat~l~~deOi:cIen;TiCkdUfaClOñ-y -­

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la--ae-rrecueñcia~-----

27 Aqui Aparece. para la escritura, la relación entre tiempo y es­ pado. El relato esclito existe en una dimensión espacial (50 hojas,

por ejemplo), yel atravesar eSe espacio o el reco~rlo supone el paso de \\0 tiempo (2 hOn:lS, pOT ejemplo).

42

La narración. Usos y teorfas

La relación entre el~_~den te.!!lpor~.1_de sucesión de los acontecimientos en la historia y el orden (seudo) temporal de su disposición en el relato aparece bajo di­ ferentes formas de discordancia. Esas diferentes formas

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(llamad~á$ narrativas) aparecen porque es im­

posible la existencia de un tipo de grado cero como el de un estado de perfecta coincidencia temporal entre relato e historia. Las anacronias narrativas pueden ser divididas en dos grandes categorías: las prolepsis (anti­ cipaciones) y las analepsis (retrospecciones). la prolepsis se refiere a toda estrategia narrativa que consista en evo­ car (incluso narrar) anticipadamente un acontecimiento ulterior al punto de la historia en el que se encuent,ra el relato y la analepsis denomina toda evocación de un acontecimiento anterior (también en referencia al punto de la historia en el que se encuentra el relato). La relación entre la duraóón variable de los aconte­ cimientos en la historia y la (seudo)duración (es decir, longitud del texto) del relato de los mismos será el re­ Süft:ádo de la diferencia entre la duración de la historia,

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m~dídaen sem!ndost.;t1i!lUtoS, hora.?~~!_~~~~~fi~~,_'y·­

la longitud del texto, medida en líneas y en págipas. Esa diferencia recibe el nombre de ~-;;íocida!L,0.nlli.po­

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tético grado cero de velocidad (llarnado~.!.~toisócro~ sería un relato sin aceleraciones ni disminUCIOnes de velocidad, en el que la relación de duración de la histo­ ria y longitud del relato permaneciera constante. Pero el relato isócrono no existe, salvo como experiencia de laboratorio, Las estrategias narrativas que afectan la re­ lación de duración pueden ser agrupadas bajo cuatro grandes grupos: las elipsís, las pausas descriptivas, las escenas dialogadas y el relato sumario (o resumen).

43

MARíA Ll)(.;ENIA CONTURSI - fARIOI.A

FERRO

El térmíno dípsis se usa para dar cuenta de los ca­ sos en los que ningún segmento de relato corresponde a una duración cualquiera de la historia, ya sea porque expli.cltamenle se da cuenta de la anulación (por ejem­ plo, "pasaron algunos añOS"), porque implícitamente se recuperan por alguna laguna cronológica (aparece un salto en la temporalidad, aunque no haya frase alguna que lo indique), o porque se alude a cierta duración en las retrospecciones, aunque no sea posible localizarla exactamente. Pausa de.scriptiva se refíere al caso en el que a un segmento cualquiera del relato no le corresponde ninguna duración en la historia. 1 i'\ El caso de la escena dialogada es particularmente interesante, porque se su­ pone que, convencionalmente, están igualados el tiem­ po de la historia y el tiempo del relato. Sin embargo, es sólo un efecto de sentido, puesto que de ningún modo, la escritura del diálogo puede restituir, por ejemplo, las velocidades de emisión que se utilizaron en el diálogo ni la extensión de los silencios. Por últim'o, el relato su­ mario o resumen es una estrategia variable según la cual se acelera el tiempo del relato (en relación con el de la historia). La relación de frecuencia, o sea, la relación entre las po­ sibilidades de repetición de la historia y las del relato, da

28 Si bien el caso tipico es la inclusión de descripciones en la

5 pausas son descriptivas (por

ejemplo. In intercalación de comentarios externos a la historia, co~no las intervenciones del autor, son pausas pero no describen, sino que

comentan) ni todas las descripciones son pausas (en la medída en la que aportan datos para \a comprensión del relato), eL, desde una perspectiva HICr<lTía, Lukacs, G,: "Narrate or Describe:?", En Kahn (1970), donde el autor propOllc una explicación pnrn las diferentes funciones que pueden cumplir las descripciones en la narradl'm.

narración, cabe adaral' que no todas \

44

mm'ación, Usos y teorías

cuenta de que entre las capacidades de "r{e:tición:: 2 \l de los acontecimientos narrados de la histori.a~y-d~1os enunciados narrativos del relato se establece un sistema de relaciones que se pueden reducir, a priori, a cuatro

tipos generales: el rdato singulativo. el rdato singulativo anaIóríco, el relato repetitivo y el relato iterativo. El relalo

singulativo es el que da cuenta una sola vez.~., .,.pas.lÍJ.l!'!!.Única_y'c]: (por ejemplo, "ayer me acosté tem­ prano"), El relato singulativo anafórico es el que da

cuenta n veces de lo que pasó n veces (por ejemp!o, "el \ lunes me acosté temprano, el martes me acosté tem­

prano, el miércoles me acosté temprano,

punto de vista de la frecuencia, este tipo de relato sigue siendo síngulativo, pero corresponde a una estrategia narrativa que, como veremos, se o'pone partíclllarmen­ te a la del relato iterativo. El relato repetitivo es el que

"). Desde el

cuenta n veces lo que sucedió un vez (por ejemplo,

"ayer me acosté temprano, ayer me acosté temprano,

ayer me acosté temprano

que también se trata de un relato repetítivo cuando el

mismo acontecimiento es contado con variantes estilístí­

cas y/o con variaciones de "punto de vista" Finalmente,

el relato iterativo es aquel que cuenta una vez 10 que ha!

sucedido n veces (por ejemplo, "todos los días de la se­ mana me acosté temprano").

"). Se debe tener en cuenta

que de "returl'encia del nüsmo acontecimiento" paro refelirse a ulla se­ rie de valios acontecimientos semejantes y considerados en su sola semejanza. Del mismo modo, explicita que habla de repeticíón de "un mismo enunciado" abstractamente, ya que, de ninguna mane­ ra, un enunciado es, ni material ni idealmente. idéntico a algún otro enunciado, puesto que la instancia de enunciación es siempre úni­ ca e irrepetible.

habla de "acontecimientos idénticos~ o

29 Genette

45

¡

,

.

MAHí,\ EUGEN1,\ CONTURSl

FABIOLA FERRO

Una síntesis de l<:ls relaciones entre el tiempo de la historia narrada y el tíempo del relato planteadas por

Genelte se expone en el siguiente cuadro:

Relaciones entre el tiempo de la historia narrada y el tiempo del relato

Subclasíficación de esas relaciones

orden

 

Prolepsis

 

------.

analepsís

 

-

 

-----

 

­

 

duración

 

pausa descriptiva

 

'---­

escena

relato sumario

frecuencia

 

relato singulativo

 

relato singulativo anafórico

!!Iato ~?etit.!:'o

relato iterativo

Existen otras posturas teóricas que oponen relato a discurso. En este sentido, Juan José Saer (cL 1999) sostiene que la transmisión verbal de un hecho con­ siste en una serie de signos convencionales que dan un equivalente artificial de es~ hecho. Al margen del modo de transmisión (oral o escrito) o del género (anécdota, crónica, epopeya, informe, novela, etc.), el producto resulta de una construcción hecha sobre la base de una serie de representaciones estilizadas por los signos arbitrarios del lenguaje y cierto número'de marcos convencionales que suministra el género ele­ gido. "Todo relato es construcción, no díscurso. En el discurso, son más bien series de universales las que se suceden, en tanto que en el relato desfila una

46

La narración. Usos y teorías

procesión incesante de figuraciones particulares, y cu­ yo carácter de particulares no varía aunque se preten­ da que esos hechos ocurrieron efectivamente o no" (Saer, 1999). El relato, entonces, reduce la situación por la que se produce y en la que se produce a un con­ junto de frases a partir de ciertos invariantes del género que tienen que estar presentes. Pero esos invariantes, en el relato, no son universales, sino que operan como mo­ delos para la expresión de los elementos particulares evocados. El relato es una simulación de 10 empírico: aun­ que se proclame verídico o ficticio, tenderá a consti­ tuirse como una forma de construcción sensible, es decir, reconocible por los sentidos. Sí la ficción tiene pretensiones de verosimilitud, no muestra una reali­ dad de discurso, es decir, de una concatenación de universales, El relato, según este autor, pretende ser una construcción sobre la realidad misma, no sobre la realidad que representa el discurso. El relato, en tér· minos semióticos, pretende ser una secundidad y no una terceridad. Intenta representar la experiencia del sujeto frente al objeto, sin invocar ninguna ley gene­ ral. A diferencia del relato, el discurso invoca esos universales, en el sentido de lo ya conocido, 10 dado de antemano. No obstante, desde una postura epistemológica y metodológica de los usos de la narración en las cien­ cias sociales, que también es semiótica, se puede poner en tela de juicio la oposición entre discurso y relato. La. base de este razonamiento es la distinción entre dos posiciones antagónicas frente a la relación entre narra­ tíva y realidad ontológica: la realista y la antirealista.

47

MARIA EU(,J::NIA CONTUR51 - FABIOLA FERRO

Lo que Alee McHoul'° ha denominado enfoque an­ se puede utilizar para contemplar tanto la et­ como el análisis de la conversación formal o la etnometodología. Se trata de un pumo de vista que abor­ dn el uso del lenguaje corno un medio y un resultado im­ portante en la consumación de la estructura social y de la acción socíaL Por el contrarío, el supuesto realista aparece clara­ mente en la tradición del análisis funCÍonalista y en el marxista. La correspondencia entre narración y realidad funciona lanto en las narrativas de revelación (marxismo) como en las de encubrimiento (así denominadas por el marxismo). En ambos casos, el objeto encubierto o re­ velado es la estructura socio-económica determinante de las relaciones sociales. entre otras. En los trabajos influidos por el marxismo, el mundo, en la teoría, se corresponde con su descripción sólo a través de un discurso de encubrimiento. Los mecanis­ mos de encubrimiento residen en un lenguaje secular y están orquestados por éste a través de los conceptos de conciencia mundana y la incapacidad de la razón práctica, tal como normalmente se constituye. para des­ pejar la oclusión, la opacidad y la conciencia falsa. Por otro lado. se puede pretender lograr que la teo­ ría se corresponda con el mundo empírico observable (con una visión particulannente restringida de éste), co­ mo en la metodología de Robert DahP 1, donde la teoría

dc11cngurlje y ellenglU.-qe de la teoría se limitan a aquell.o

y ellenglU.-qe de la teoría se limitan a aquell.o 30 Citado por Clegg, S.: "Narnuíva, poder

30 Citado por Clegg, S.: "Narnuíva, poder y teoria socia1"'. En

Murnhy (l993)

31 Ibidem.

48

narración. Usos y teorías

que se puede hacer corresponder por uno cerlificnción

más o menos refinada del método em.pirista y los pro­

tocolos conductistas y positivístas.

Como dijimos antes, el abordaje contrapuesto al fun­

damentado en térmil10s de encubrimiento o revelación

es el que supone una relación antirealista entre el "len­

guaje de las historias" y el mundo. Los análisis construidos sobre las líneas de un princi­ pio antirealista, de no-correspondencia o de no-reflejo, empiezan por una aproximación diferente de las histo­ rias de la vida cotidiana y de las historias de la teoría. Ambas deben ser interrogadas por la "impersonalidad"

de sus discursos y su operación, por las especificidades

o "particularidades locales" de su operación. Como dice

, este lenguaje es un lenguaje de poder

en el cual: según el antire:alismo, el lenguaje sibrnifica lo que significa en virtud de convenciones que conciernen a su uso. Nuestros enunciados adquieren sentido desde las condiciones bajo las cuales se los puede expresar

con propiedad.

Stewart Clegg

H

!

lT.b. AutOl; narrador; narratarío, lector

Existen dos aspectos que tradicionalmente se han considerado como específicos de la narración: la foca­ lización y el narrador. Mieke Bal (1998) sostiene que cuando se presentan acontecjmientos, siempre se lo hace desde un ángulo, desde un punto de vista, independientemente de que se trate de un discurso literario o histólÍco. Aunque se inten­ te eliminar todo comentario, toda evaluación, en tanto la

32 eL "Narrativa, poder y teona social", En Mumby (1993).

49

1'1

MARíA [UGE~IA CONn¡R~l - E~BIOLA FERRO

percepción es un proceso psícológíco que depende gwndemente de posición del cuerpo perceptor, es imposible eliminar factores como el grado de familiaridad con el objeto percibido. el ángulo de caída de la luz, la distancia, la actitud psicológica hacia el objeto, etc. Así,_

el térrniT1~lízacitÍ!1.gesigna la relación entre la percep­

ción y lo que se percibe}'. El sujeto de la focalización es denominado focalizador. Un aspecto importante de este último es que puede variar a lo 1argo de una narración, es decir, la focalización no tiene porqué recaer perma­

i nentemente en el mismo agente. Cuando el focalizador

I es un personaje que participa de la fábula como actor, se dice que hay una .{<Jwlizacídn interna. vez, se habla de fÓCCllización exlerna cuando un agente anónimo, situado fuera de la fábula, opera como focalizador. El focalizador no debe ser confundido con el narra­ dor. La misma autora plantea que existen tres estratos analiticos diferentes: el del actor, el.del focalizador y el del narrador. En la medida en que esta distinción sólo corresponde al análisis, es posible que en un texlo se

33 P"ra ver las diferentes formas en que las culturas perciben el mundo y generan sentido a partir de él, eL Classen, (199)). Esta au­

paradigmas que no requieren

del relevo la lengua para constmir significados/sentidos. Ofrece un interesante estudio de culturas ágTafas que han sido tradícionalmente tipificadas como orales/auditivas, la perspectiva dominante de la cultura escrituraria occidental, pero que, en realidad, ordenan el mundo a partir de paradigmas originados no en el sentido visual o en el audítivo sino. como en el caso de los Tzot:z:il de México, atlravés del sentido del tttcto, o los Ongee de la isla Little Andmnan, que COTIS­ lntyen un" cos111ovisión a pttnir del sentido del olfato. y también tos Desana de Colombia, que In hacen a través del color. Se debe notar que La mL'll11a palabra "cosmovisíón" implica la preeminencia del sen­ tido de la vista sobre los demás.

lom postula la existencía de

50

La narración. Usos y teorías

superpongan los tres. El narrador, en tanto sujeto lin­ güístico que se expresa en el texto, no es el autor bio­ gráfico, pero tampoco es necesariamente el focalizador. ya que bien puede dar cuenta de cómo los personajes han focalizado, percibido, determinadas acciones. Desde la perspectiva de Bal. en el momento en el que el narra­ dor expresa que un person::ye, por ejemplo, siente enojo frente a una situación, lo que hace es poner de manifies­ to la focalización de ese personaje, y no la suya como na­ rrador (si bien también es posible que se superpongan diferentes focalizaciones). Otro aspecto a destacar en cuanto al narrador es la diferencia que existe entre el narrador personaje (el que habla de sí mismo, el "yo" narr"tivo) y el narrador exter­ no (el que habla de otros). Esta clasificación propuesta por Bal es una reformulación de la de narrador en 1era.

persona y narrador en Jera. persona. La autora explica

que, en realidad, no existe tal distinción, porque en el momento en el que el narrador se nombra a sí mísmo, necesaríamente debe usar el sistema de la deixis de la primera persona. Por último, existen dos categorías más de narrador. la de testigo y la de omniscienle. Tradicionalmente, se ha llamado narradDr omnisciente al que tiene un conoci­ miento global y pleno de la fábula, es decir, de la serie de aconlecimientos lógica y cronológicamente relacionados que los actores causan o experi.menlan. En oposición, se ha denominado narrador testigo al que tiene sólo un conocimiento parcial de la fábula. Bal no sostiene esta diferenciación, sino que sólo se·ocupa del narrador tes­ tigo, al que define como un narrador personaje que no es un actanle de importancia desde el punto de vista de

51

MARIA

EUGENIA CONTURSI

-

FABIOLA FERRO

la acción. Así, en la medida en la que el narrador perso­ naje no se dedica sólo a narrar, sino que también actúa, d~ja d~ ser un narrador testigo. Tiempo antes, Waher Benjamin se ocupó especial­ mente de la fígura del narrador en un artículo muy di-_

fundido sobre la obra

que la experiencia del boca en boca es la fuente de la que han abrevado todos los narradores. DisÜngue dos grupos históricos de narradores, que constituyen un conjunto arcaico: el agricultor sedentario y el marino mercader. Ambos géneros de vida han producido, de algún modo, sus propias ramas de narradores, aunque se trata sólo de tipos básicos. La narración tiene siempre, explícita o implícitamen­ te, una utilidad que puede ser una moral, una recomen­ dación práctica, incluso puede consistir en un refrán o en una regla de vida. El narrador es el hombre que da un consejo a quien 10 oye, y ese consejo no es tanto respues­ ta a un interrogante, como una propuesta ligada a la secuencia de una historia que se narra~ Si bien hoy en día el narrador ya no se identifica con el autor empírico de los textos narrativos, esta ca­ racterización del mismo como consejero, que utilíza una narración para un propósito último, permite enten­ der que el narrador, en tanto estrategia discursiva, es el ¡} que asigna una coherencia global al discurso narrativo. JI Es decir, aunque haya digresiones, saltos temporales, etc.;'·

de Nicolai

Leslov 14. Dice este aULor

34 CL "El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nicolai Leskov". En Benjamin 099l).

3S cf. infra la exposición de la disti.nción entre autor empírico

y autor modelo propuesta por U. Eco (1981).

52

La narrac16n. Usos y teorias

hay un acuerdo por el cual se supone que todos esos recursos están al servicio del "consejo" que guía esa prác­ tica de naITar. Esta concepción nos lleva, por necesidad, a considerar la recepción de la narración como instancia importante. La eficacia de la narración no depende únkamente de la r construcción de la figura del narrador sino que supone l que el lector también cumple una función narrativa al / aceptar los pactos que el narrador le propone. ' Umberto Eco distingue cuatro dimensiones para comprender la dimensión discursiva de la narración: el autor empírico, el autor modelo (o narrador), el lector empírico y el lector modelo (o narratario). El autor modelo, que no es el autor empírico, con­ siste en una estrategia textual capaz de establecer corre­ laciones semánticas. Establece con el lector un pacto por el cual, con el término juego, se denotan 105 jue­ gos conocidos. Pero esta voz se abstiene de definir el término "juego". invitando al lector a definirlo por sí :-¡ mismo, o a reconocer que no se puede defínir satis­ factoriamente corno no sea en términos de "parecidos de familía". Por su parte, el lector modelo de una historia, se­ gún este semiólogo italiano, no es el lector empírico. El lecLor empírico coincide con los sujetos del mundo empírico, cuando leen un texto. Se trata de un lecto~ tipo que el texto no sólo prevé como colaborador, sin que incluso intenta crear. Además, como en el caso del narrador o autor modelo, el lector modelo constituye

un conjunto de instnlccfOñes-iextuale.~;:···qüe'se manlffes'­

i.

-tmen la supertTcíe'-ch~tTexfo:-Préa~nte en forma de

afirmaciones u otras señales.

53

MARIA EUl;EN1A

M A R I A E U l ; E N 1 A - ¡-;AnIOLA FERRO

- ¡-;AnIOLA FERRO

Así, la actividad del lector emplrico de un texto na­

rrativ9~~1tm-:_n?re1ar:-reiilizailéfo-;a~o~amientosinferen­

a partir de los senderos que dibuja el narrador. La narración es, para este autor, como

"Un bosque [quel es, para usar una metáfora de

Borges [

], un jardín cuyas sendas se bifurcan.

lncluso cuando en un bosque no hay sendas abiertas, todos podemos trazar nuestro propio recorrido decid icndo ir a la izquierda o a la dere­

cha de un cierto árbol y proceder de este modo, haciendo una elección ante cada árbol que encon­ tremos. En un texto narrativo, el lector se ve obli­ gado a efectuar una elección en todo momento. Es más, ~sta obligación de elegir se manifiesta en cualquier enunciado, cuando menos en cada ocurrencia de un verbo transitivo. Mientras el ha­ blante va a terminar la [rase, nosotros, aunque sea inconscientemente, hacemos una apuesta, an­ ticipamos su elección, o nos preguntamos angus­

tiados qué elección hará {

]." (Eco, 1996)

caso de las vanguardias literarias es especial ya que ellas han intentado, a menudo, no sólo poner en crisis las expectativas de los lectores, sino incluso crear un lector modelo que espera una totallíbertad de elección ínterpretativa del libro que está leyendo. Pero de esta bertad se goza precisamente porque -en virtud de una tradición milenaria, desde los mitos primitivos hasta la moderna novela policíaca- el lector está dispu~,.Sl.Q a hacer SUs propias el ecciones en el "bosque narrativo",

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'pTe5úrñfeñ:aoq~'~-~~as~~anmás razonables que otras.

54

La narración. Usos y teorías

No obstante, el hecho de "ser razonables" no equi­ para esas elecciones con el sentido común, ya que se­ ría trivial suponer que debemos seguirlo para leer un libro de ficción. En efecto, el sentido común,6 se vería incomodado cada vez que los relatos no se ajustaran a la realidad como la conocemos. Hay, pues, reglas del juego, yel lector moddo es el que sabe atenerse a esas reglas. El lector empírico es

'"

./

" )

quien puede resultar engañado, defraudado o perdido si no se adecua a esa imagen de narratario que constru­ ye el texto. De hecho, hay casos en los que autor modelo, autor empírico, y otras entidades discursivas se explicitan. se f,"1. ponen en escena en el texto narrativo, con el propósito f rJ de generar diversos efectos de sentido. Por ejemplo, cuan- '1 ()) do el narrador tiene en el texto el mismo nombre que el autor empírico en la tapa. En este caso se ponen en juego los conocimientos y expectativas del lector empírico:

"Cuál es el fonnato de la Enciclopedia [de)as com­ petencias, creencias, conocimientos previos] que se le pide al lector sigue siendo asunto de conjetu­ ra. Descubrirlo significa descubrir la estrategia del autor modelo, la regla a través de la cual muchas "figuras" se pueden localizar en la alfombra narra­ tiva." (Eco, 1996)

36 Como objeción a esta disquisición podemos decir que, en rea1idad. el pacto fiedanal que opera entre el n"rrador y el lector forma parte del semido común. Es más, el sentido común incluye tanto concepciones sohre la realidad como sobre qué es una fíccíón y qué se espera de ella.

i\V,RíA EUGENIA CONTURSI - FABtoLA FERRO

Autor empírico, autor modelo, lector modelo y lector empírico, constituyen analíticas que permiten explicar, al menos en la relación entre los sujetos y 1as narraciones.

ll.c. Narración, tiempo y sujeto

Enmarcado en la perspectiva filosófica de la herme­ néutica, Paul Ricreur (cL 1996) sostiene que el discurso es tm(verrt.QL-ªIgo que sucede cuando alguien habla. Pe­ ro también e~~1jcací6n,"en tanto dice algo. Además, en la medida en que es una articulación de una secuencia nnita de frases, el discurso es susceptible de ser consi­ derado como una obra. Es decir, el carácter articulado del discurso postula que no es un mero conjunto de frases aisladas. En la leorización de Riq:eur. la noción de discurso

está emparentada con la de texto, ya que éste es defi­ nido como la fijación del discurso por medio de la es­ critura. Así, la escritura fija la intenció,n de decir algo inherente al discurso, fija la significación. La noción de texto, tal como la postula Ricceur, conlleva algunos co­ rolarios importantes:

• el texto se vuelve autónomo respecto del horizonte

su autor, ~;decir, lo que el texto

---

intencional finito de

sígnifica no coincide más con lo que el autor ha queri­ do decir; y, • ellexto tiene, a diferencia dd diálogo1.la posibilidad ,~~edes-cont~rse de sus condicionesps1cológlcas. y sociológicas de producción y.Je-contextualizarse de otro modo a través del aclo de la lectura. Además, "el texto no tiene un destinatario determinado sino todo

aquel que sepa leer.

56

La

nE;f.~~!

de :r:!:?-

1.a narración. Usos y teorías

central de la obra de Ricceur parle de una correlaciona la actividad

con el carácter temporal de la

(t~9:.~~~I-ª1J?.hY.hJJratque

!!.-ªI

!;ma.his.toria

c;~te~.~~.ªJ.lU!!l.~~De estos sup~estos-se'aesprencteque

el tiempo se hace tiempo humano cuando se articula co­ mo narración y la narración sígnifica plenamente cuando es condición de la existencia temporal. Existe, según Rícceur, una correlación fuerte entre mímesís (entendida como actividad mimética, en el senti­

do aristotélico de imítación o representación de acciones)

y trama o mithos (la disposición sistemática de los he­

chos narrados).:37 Pero la mimesis, concepto eje de la tesis de Ricreur, no es sólo una acti~dad,sino que también es una media- )' dón (procesual) entre el tiempo y la narración y también entre la narración y la verdad. En tanto proceso, la mime­ sis contiene tres momentps: la prefiguración práctica (conocimiento previo), la configuración textual (el texto narratívo) y la refiguración receptiva (re-conocimiento, es decir, interpretación y apropiación por parte del lector). \\ La prefiguración práctica mimética atiende los rasgos de la acción práctica y se subdivide en tres dimensiones que operan en forma paradigmática:

~~~

37 Aristóteles detennina que la fábula o trama es el elemento más importante de l.a tragedia, y está en una jerarquía superior a los carac­ teres (personajes ° máscaras), la expresión, el pensamiento, el espectá­ y el canto, La trama es un hacer sobre el hacer, que es también un conocer, en el orden de la verosimilitud o la necesidad, en tanto univer- La trama no episódica o única describe hechos que no están uno a continuación del otro, sino que son lIno causa del otro. Y también una trama bien fOlmada produce peripecia (paso de la dicha al infortunio), agnición (paso de la ignorancia al conocimiento) y catharsis (emoción e instrucción -entendida como enseñanz.'1-). eL la Poética de Aristóteles.

57

M¡\R1A

EtJ(~ENJA CONTURSl -

FAB10LA FERRO

, • las estructuras inteligibles o redes conceptuales de la comprensión practica (fines,. tn~~, agentes, circuns­ landas, interacciones y result"Wos);

!:

,'1

,!

lq

,

I

• los recursos simbólicos, en tanto contexto de des­

cripción de acciones paniculares. Se trata de r~gl~.~de_~_ cripción de acciones paniculares. Se trata de dcscri rción e interpretación y también de normas pres­ dcscri rción e interpretación y también de normas pres­ --cripth~;sy'de valores;-y,­

• los caracteres temporales, que pertenecen al orden

de la intratemporalidad del sujeto. Esdecir, la preñg'ümcfón prácti¿a mimética hace refe­ rencia de la intratemporalidad del sujeto. Esdecir, la al momento en el cual entran en juego los al momento en el cual entran en juego los saberes ~ previos que permiten que el proceso mimético opere { en el plano cognilÍvo, Por su parte, la conjlgumción textual mimética supone

l'

­

el paso de ltn~.QLden pa~mátíco ~ uno si~~~gmátis:o

no como opuesta a la ver­

dad, sino en tanto construcción de la trama (o mithos), Se trata también de una mediación, 'en este caso entre

acontecimientos e historia (paso de la sucesión a la configuración); es integración de las estructuras inteli­ gibles de la prefiguración la sucesión a la configuración); es integración de las estructuras inteli­ gibles de la prefiguración práctica y de la configuración de caracteres temporales propios a la narración. Según Ricreur, con la configuración texlUal mimé­ tica (es decir, con la puesta en texto) se abre el espa­

"como si", en un proce~esquematizadón

yal momenlo de la ficción

cio del

denominado esquematismo de la función narrativa, No

-------:---­

se refiere a una mera reproducción imaginativa, sino a una imaginación productiva. El esquematismo es una capacidad sjntetizadora de la imaginación, que permi­ te "unir" las acciones, circunstancias, agentes, etc., de la prefíguración práctica mimética con los conceptos de la trama (propia de la configuración textual mimética).

58

La narradón. Usos y teorfas

Además. el tiempo es el hilo lógico trascendental pre­ sente en toda esquemalización. Pero el esquemalismo de la función narrativa opera también en otros niveles, como en el de la compren­ sión de la subjetividad humana, que, a través de la tra­ ma, localiza una triple mediación: entre el hombre y el mundo (referencialidad), entre el hombre y el hombre (comunicabilidad) y entre el hombre y su mísmo (comprensión de sO.

Por últímo, la refiguración receptiva mim. ética corres-

¡~

ponde a la intersección del mundo del texto con el del lector: c~~tuye el momento de l? le~tYIªy. 9~ su apli­ cac~~n".En tanto la actividad lectora sUEone la fusión de

"h~rizontes", es también el lTIqmento d-e·ti·'tians[o~'::--·

dón der~ lectura retoma la compresión práctica co"ñHgurao:a-en el texto y la sobredetermina produciendo un "aumento de realidad", Así, el proceso mimético contiene múltiples media­ ciones. La configuración narrativa es la mediación, en tanto temporalidad narrada, entre una prefiguración líga­ da a las acciones de la vida cotidiana y una refiguracíón que añade, a través de la lectura, nuevos significados e identificaciones existenciales.

Según Ricreur, l~erd

a~_en~~~~~Je_~.I!JÍ;lficción

a través de la actividad mimética, en tanto la fábula "da forma a c~-;;-~t~;-q~;-";;ninmanentesaI-ie-X="-"­

to per.o" 10 trascienden,

como nguiasae-ras"p~'~cticas

d~1.--Esias~ravés de la 'iectura:soñJ~~~~_~'~ndi-

das y transformadas en el texto mísmo y en el mis­ mo-deflecfor,quíeññO-süé1e ser"Iñmuñe-"~~~t~"j~ego ( de verdades que circula libre y reguladamente en la trama.

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59

MARTA EUGENIA CONTURSl

FABTOlA FERRO

Sl bien la teoría hermenéutica ha permitido repen­

sar la relación entre narración y mímesis, las críticas que ha recibido son numerosas. Desde el análisis del

discurso se le ha o~jetado, en

aparece descentrado, al punto tal que el texto parece "ha- ­ cerse" a sí mismo. En segunda instancia, desde la mi.sma

perspectiva, se ha sostenido que la hermenéutica no tie­ ne en cuenta que los individuos se transforman en suje­ tos cuando son interpelados por los discursos, los que, a su vez, son determinados por formaciones ide01ógicas, las que remiten, en defíniLíva, a posiciones de clase

primer lugar, que el sujeto

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60

SEGUNDA PARTE:

Los usos DE LA NARRACIÓN

IU. Un uso particular: el discurso histórico

En este capítulo nos ocuparemos de un género na­ rrativo particular, el discurso histórico. Éste se ha insti­ tuido como recurso para mantener la memoria de un pasado que se presenta como significativo para el pre· sente e incluso como su causa. Pero el interés que revis­ te el discurso histórico no sólo reside en su utilización como memoria artíficial, sino en que, al mismo tiempo, se convierte en una explicación convincente, justificado­ ra, "tranquilizadora", portadora de inteligibilidad, "com­ prensiva" del presente. la idea que subyace a este capítulo es que la narración cobra formas y reviste procedimientos singulares en fun­ ción del material que conforma la fábula. No es lo mismo narrar una experiencia personal que una anécdota que no nos tiene como protagonistas (no sólo en un sentído indi­ vidual, sino también en términos colectivos, nacionales, étnicos, culturales), No es igual hacer un "racconto" de un acontecimiento cercano al tiempo ele la enunciación que reconstruir lo que ocurrió hace, por ejemplo, dos siglos,38

38 En este sentido, tampoco es lo mismo relalar hechos ubicados en una fecha. por más antigua que sea, que dar cuenta de aconteci­ mientos perdidos en el "origen de los tiempos".

6]

M

,\RiA

EU(;EN 1A C:ONTUR5 1 -

FAIH O LA FI: RRO

Como ya hemos sel''lalaclo, na rración y tiempo son

dos calegOrLaS íntimamente relacionadas. La trama na­ rrativa s~ construye en una linea temporal que puede contener salLos, vu eltas atrás y anticipaciones . El hecho

d e que la L~bula de la narración histórica se base

"reconstrucción" del tiempo pasado y, a la vez, se insti­

tuya

Para e mpezar, los e ntrañados por el concepto mismo de historia . ¿Cuáles son los significados del término "historia", en términos generales, en las culturas de Occidente? Poclemos, por lo menos, ciar cuenta de dos: a) los pro­ cesos históricos reales y b) la narración de esos pro­ cesos históricos. Es decir, retomando a Tzvetan Todorov,9, podemos decir que los significados con los que se usa el término historia abarcan tanto la historia (una cierta realidad) como el di.scurso (o relato) que se re­ fiere a ella 40 . Esta polisemia del término historia no es un problema que preocupa únicamente él la lingüística 4I , sino que re­ fue·rza la ilusión que en nuestra cultura permite identifi­ car historia con discurso histórico. No nos ocuparemos

en la_

en sabe r, ofrece innumerabl es problemas teóúcos.

39 Todorov no se ocupa del problema del discurso histórico, si­

no del relato literario. Sin embargo, sus postulados también nos

p e rmiten explicar la diferencia entre historia y discurso histó rico. eL Todaro\!. (1.966) .

40 Este problc.ma no se encuentra necesaliamenle en todas las

lenguas. Por ejemplo , en inglés

c ia entre lo s vocablos "hislory" y "story". 4l Un estudio ubicéldo estrictamente en el campo de la

lingü ls ti­

ca se ocupará de d ar CllC!1l:l de los signifi cados :lsociaclos en la lengua (estudios semán ti cos) o de los se ntid os con los que se lisa (estudios pragm á tic os) el t~rll1ino ·' his to Ii a'·.

se resuelve, en parte, con la dif<!.rcl1­

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La narra c ión. Usos y teorIas

centralmente aquí del problema epistemológico de la historia (es decir, de cómo es posible conocerla y de hasta qué punto se la conoce), sino de cómo los relatos que se ocupan de ella se construyen en nuestra cultura. Para ello, analizaremos, en plimer lugar, la características ele la escritura de la historia; en segundo luga r, cuáles son las estrategias explicativas del relato histórico; y, por último, cómo escritura y explicación generan un efecto de realidad. Desde el nacimiento de la historiograrta moderna , la historia se comunica básicamente a travéS de relatos escritos. 12 Pero esa forma de comunicación y de cono­ cimiento no es fortuita, sino que está basada en la idea de una ligazón profunda entre la historia (como rderente) y su relato escrito. Algunas de 13s consecuencias de esta concepción cultural son las siguientes:

• tradicionalmente se ha sostenido que la diferen­ cia entre historia y prehistoria se remite a la aparición

de la escritura , lo cual alimenta que el vínculo entre historia y escritura de la historia se convierta finalmen­ te en una identidad; y,

• la escritura de la historia puede sólo asumir la for­

ma del relato, es decir, una forma narrativa. Estas afirmaciones, que circulan como parte del sa­ ber cultural sobre la historia, acarrean, entre otros,

algunos problemas:

a) no se puede sostener q~e un suceso real y su

son idénticos , porque

eso equivaldría a afirmar que el lenguaje es transpa­

relato (ya sea oral o escrito)

42 El p roblema de la hi storia oral es particular y en algunos

puntos díferenle del

de la histor ia escrita.

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Como ya hemos señalado, narración y tiempo son dos categorías íntimamente relacionadas. La trama na­ . ¡ rrativa se construye en una linea temporal que puede contener saltos, vueltas atrás y anticipaciones. El hecho de que la fábula de la narración histórica se base en la_ "reconstrucción" del tiempo pasado y; a la vez, se insti­ tuya en saber, ofrece innumerables problemas teóricos. Para empezar, los entrañados por el concepto mismo de historia. ¿Cuáles son los signíficados del térmíno "historia", en térmínos generales. en las culturas de Occidente? Podemos, por lo menos, dar cuenta de dos: a) los pro­ cesos históricos reales y b) la narración de esos pro­ cesos históricos. Es decir, retomando a Tzvetan Todorov w , podemos decir que los significados con los que se usa el término historia abarcan tanto la historia (una cierta realidad) como