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Boletín del Club de Lectura EL GRITO

Temporada 6 / nov. 2008. Número 80 http://clubelgrito.blogspot.com http://www.clubelgrito.com

La pelirroja
Fialho de Almeida

Un portugués todo la historia de una muchacha empa-


pada de miseria, crecida en ambiente de
crítico y valiente sepulturas y vinazo, y también la historia
de su enamorado, con más oportunida-
MIGUEL BAYÓN 08/04/2006 des de sobrevivir simplemente porque es
hombre, y varias historias de personajes
José Valentim Fialho de Almeida (1857- sórdidos, de alcahuetas y pendencieros.
1911) es eso que en toda literatura se Fialho narra tanto a lo posromántico co-
conoce como un raro. Fue portugués, de mo con morbosidad modernista, pero
cuna rural, vivencias inequívocamente nunca renuncia, en su deriva casi esper-
lisboetas y literatura péntica, al naturalis-
cosmopolita. Su existen- mo, incluso al deter-
cia consistió en una minismo social. Con
constante lucha contra una maestría insólita,
la miseria y en una apa- le casan los altos vue-
sionada relación con la los con el fogonazo
bohemia, el lado mefíti- chabacano. En estas
co de las cosas, la nece- páginas no se elude
sidad de que en el mun- la tensión erótica, la
do lata la ternura. La in- explotación y la espe-
terpretación más freu- ranza que acarrea el
diana de su universo lite- sexo en una sociedad
rario le vincula con una hipócrita y corrupta;
infancia de mancebo de la pintura de la degra-
farmacia y noches pasa- dación de los pobres
das estirado o encogido y el contraste con el
en un tablón, pero sobre escaparate de los ri-
todo una infancia repleta cos nunca es dema-
de gentes nimbadas por gógica, sólo irrebati-
la pobreza, que se le po- ble.
nían incesantemente de-
lante. Con Fialho, estamos lejos de la ironía lím-
pida de un Eça de Queiroz, pero no tanto
En Portugal es un nombre que suena a de esa apelación a que el espíritu redima
todo el familiarizado con la literatura, pe- de la ruina. Estamos lejos del arrebato
ro el tiempo le ha privado de lectores. Un sentimental de Camilo Castelo Branco,
poco como sucede con escritores como pero no tanto de ese mirar cara a cara la
Afonso Duarte o Faure da Rosa. Tiempo fatalidad. Fialho, visto ahora, fue un pre-
hubo en la vida de Fialho en que su libro cursor de muchas cosas; pero leído lo
Os gatos formaba parte de los estudios más directamente posible, obviando en
escolares. También alcanzó repercusión lo posible los datos retrospectivos, nos
O país das uvas. A ruiva (La Pelirroja) impregna del encanto del coraje, de la
apareció en una revista en 1978, y le re- imperfección, del escribir como ahora ya
trata perfectamente como alguien a ca- no se quiere escribir: en la cuerda floja.
ballo de la tradición y la modernidad.
El estilo de esta obra de juventud es ya http://www.elpais.com/
muy suyo: siempre veloz, inesperado; lo
impulsa una compasión afilada. Es sobre
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La Pelirroja cuenta menes de artículos: Os gatos (que reúne
la fascinante histo- textos publicados entre 1889 y 1894) y Pas-
ria de una joven, quinadas, de 1890; así como los libros de
hija de un enterra- ficción Contos (1881), A cidade do vício
dor, víctima de sus (1882) y O país das uvas (1893). Tras su
deseos de amor, muerte vieron la luz varios títulos que re-
prosperidad y pasio- copilaban otros artículos suyos y un buen
nes. Es, sin duda, número de crónicas de viajes.
una de las novelas La Pelirroja fue publicada por primera vez
más singulares y en 1878 en las páginas de la revista Museu
atrevidas, por su Ilustrado.
contenido erótico y
su crítica social, de http://www.editorialperiferica.com/
la literatura portu-
guesa del XIX, y fue la primera obra maestra,
inédita en español hasta hoy, de Fialho de LA PELIRROJA
Almeida, cuyos libros producían en Fernando
Pessoa, según nos cuenta en el Libro del de-
Fialho de Almeida
sasosiego, «un placer intangible». traducción de Antonio Sáez Delgado
Algunos críticos consideran a Fialho el Dic- periférica. Cáceres, 2006
kens portugués, otros el reverso de Eça de
Queiroz, y todos el mejor retratista de la Lis-
153 páginas, 11 euros
boa popular. Desde niño, antes de estudiar
Medicina, trabajó en una mísera farmacia, en La pelirroja es una de esas pequeñas joyas literarias que
la que pasó día y noche, durmiendo sobre de no ser por el empeño de un modesto editor ?cosa que
una tabla. Allí conoció a muchos de los per- afortunadamente empieza a ser habitual? seguirían en
sonajes recreados en estas páginas. ese limbo literario sólo frecuentado por los más avisa-
La Pelirroja ha sido definida, al ser rescatada dos lectores, y aún así. Fialho de Almeida seguiría sien-
en Portugal recientemente, como parte de
do un desconocido, a pesar de que Fernando Pessoa lo
una «histología social» similar a la que des-
arrollaría más tarde en sus novelas el tam- citara en su Libro del desasosiego.
bién médico y escritor Louis-Ferdinand Céli- Lo importante es que el portugués Fialho de Almeida
ne. (1857-1911) fue un lúcido cronista de su tiempo, como
lo demuestran las varias colecciones de sus estimables
José Valentim Fialho de Almeida nació en
artículos y crónicas sociales (mucho más que costum-
Vila de Frades en 1857. Estudió medicina
bristas) que vieron la luz a finales del siglo XIX.
en la Universidad de Lisboa y tuvo, según
sus biógrafos, una vida llena de sinsabores La pelirroja es una novela corta, escrita por un médico
debido a las dificultades económicas que que para serlo luchó contra viento y marea, y conoció de
sufrió su familia y que le obligaron a traba- cerca, tanto por devoción como por oficio, los bajos
jar desde muy joven como ayudante de bo- fondos lisboetas. Fue publicada en 1878, en las páginas
tica. Fue un excelente cronista de su tiem- de una revista. Tuvo que chocar a la fuerza, y mucho, en
po y reflejó como pocos la miseria que tan aquella época.
bien conoció; a veces de un modo sarcásti-
La pelirroja es una novela escrita con un lenguaje llama-
co y cruel, pero sin olvidar nunca el sufri-
tivo (por la fuerza de las imágenes y la fortuna de las
miento de los demás. Todavía hoy se le
considera un escritor clave para compren- descripciones) que tiene pasajes turbadores, tanto por lo
der la compleja transición de los siglos XIX truculento y morboso, como por el contenido de las
al XX en Portugal. Trató en su obra temas afortunadas descripciones de la vida y la extrema pobre-
por lo general controvertidos, y muy ade- za del proletariado portugués en la Lisboa de esa segun-
lantados a su época, muchos de ellos califi- da mitad del XIX. La historia de una mujer joven, sin
cados de «morbosos». Renovador de la pro- suerte ni talento alguno, carente de cualquier tipo de
sa portuguesa, introdujo, además, numero-
educación, con marcadas tendencias necrófilas (por ser
sos neologismos que pronto fueron adopta-
hija de un espantoso sepulturero y haber tenido el depó-
dos por otros escritores. Murió en 1911.
Destacan en su obra dos interesantes volú- sito de cadáveres como cuarto de juegos), que acaba
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nos, inéditos o poco difundidos en caste-
llano.
Uno de esos clásicos recuperados con
que Periférica inicia su andadura es La
pelirroja, una novela del portugués
Fialho de Almeida (1857-1911).
Rescatada en 2005, la edición portugue-
sa de Assírio & Alvim tuvo una buena
acogida de crítica y público. Ahora apa-
rece por primera vez en castellano con
traducción de Antonio Sáez Delgado.
Fialho de Almeida ocupa en la literatura
portuguesa del último tercio del XIX un
lugar semejante al de Blasco Ibáñez en
España. Lo que este supone respecto de
Galdós lo significa Fialho de Almeida res-
pecto de Eça de Queiroz. Identificado al-
guna vez con Dickens por su visión de la
infancia desvalida y callejera, me parece
que la crudeza con la que se refleja la
realidad, el interés por destacar sus as-
pectos más sórdidos, el regodeo en la
miseria, la crítica social, el anticlericalis-
mo, el erotismo lo aproximan, incluso en
una obra temprana como esta, a la radi-
calidad naturalista más que a otras for-
dando de manera estúpida y dramática en la prostitu- mas templadas de realismo.
ción.Al hilo de la vida de la pelirroja Carolina, Almeida La pelirroja se publicó en 1878, muy po-
pinta una turba callejera, que celebra sus fiestas entre las co después que La taberna de Zola y an-
tumbas, compuesta por desgraciados, perversos sólo por tes que Nana. Fialho era entonces un jo-
idiocia, degenerados, alcohólicos, que es tratada a la vez ven de extracción humilde y estaba to-
con severidad y piedad, con escaso sentimentalismo (que davía muy marcado por una larga convi-
redunda en la fuerza narrativa) y con mucha eficacia. vencia con la pobreza. Estudiante de Me-
Hay denuncia severa y redentora en las páginas de Al- dicina como Pío Baroja y Felipe Trigo,
meida y hay también fatalismo de quien ignora las cau- conoció como ellos la frecuencia con la
sas de la depravación de su época. que se mezclan en los pobres el dolor y
la miseria. Y, como ocurre con las nove-
Será raro que el lector no mire con asombro la fecha de
las de aquellos, esta narración es tam-
publicación de la novela, porque en esas páginas, todo lo
bién una disección del tejido social del
decimonónicas que se quiera, hay una estimulante mez-
Portugal atrasado de finales del XIX.
cla de furia y libertad de lenguaje, una necesidad de Inevitablemente, esas experiencias las
nombrar la realidad con total crudeza, que era desconoci- habría de reflejar Fialho en sus artículos
da en otras latitudes. y crónicas. También aquí, como en sus
Publicado originalmente en www.abc.es cuentos, la crítica social atraviesa la
novela en la visión de los estamentos
La pelirroja representativos de la sociedad tradicio-
Santos Domínguez
nal (militares, ricos, curas hipócritas y
http://santosdominguez.blogspot.com/ lascivos) y en el reflejo de la prostitución
como paradigma de la explotación.
En su partida de nacimiento, la editorial Junto con esa voluntad de denuncia,
Periférica anuncia que una de sus lí- aparecen en La pelirroja la pura busca
neas fundamentales consistirá en ofrecer del escándalo sicalíptico o la incursión en
una amplia selección de clásicos moder- la necrofilia. Y un erotismo turbio que
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se confirma, como en toda la literatura eu- Dicen sus biógra-
ropea como una de las ramificaciones pre- fos que los escritos
de José Valentim
ferentes del naturalismo.
Fialho de Almeida
Quizá el único defecto técnico de esta no- (1857-1911), teni-
vela sea el papel del narrador, su perspec- dos por una especie
tiva, que oscila entre la indefinición y la de reverso a la no-
incoherencia del narrador omnisciente y el velística de E§a de
testigo. Es, digámoslo ya, un narrador Queiroz, por el
perfil oscuro de ese
abusivo, que probablemente procede más
mismo ángel claro,
de la torpeza del principiante que de las llegaban a conmo-
trampas del ventajista. ver medularmente
Tiene Fialho otros valores que nos lo a Fernando Pessoa.
muestran como un renovador de la prosa Y, puedo fedatarlo,
narrativa y periodística portuguesa, como su prosa sigue con-
moviendo hoy en
uno de los maestros reconocidos por Pes-
día.
soa.
Novela escrita con prosa consistente y efi- Alcanza nuestras
cacia narrativa, las brillantes descripciones fibras por su hondura y sinceridad, por su desgarrado talen-
de una Lisboa suburbial, más agria que to, la lectura de La pelirroja, una de las mejores novelas de
Fialho de Almeida, inexplicablemente inédita hasta el mo-
pintoresca, de bajos fondos y prostitución,
mento en nuestro país.
tienen una enorme fuerza por el talento
del autor, pero sobre todo porque esa vi- La brillante traducción de Antonio Sáez Delgado, para la
sión Lisboa nocturna, parda y lóbrega vie- editorial Periférica, ha permitido conservar buena parte de
ne de lo vivido. Como esos personajes que la riqueza estilística y lingüística del texto original. Se trata
de una novela decimonónica, desde luego, folletinesca o
completan un ambiente que los explica y
melodramática, pero concebida desde una enorme audacia,
que queda expuesto en ellos. y por medio de una mentalidad ciertamente avanzada para
La traducción, ágil y eficiente, de Antonio su época.
Sáez tiene una virtud fundamental: le qui-
ta al texto la vieja capa de barniz, el des- La historia nos cuenta la peripecia de una prostituta portu-
guesa, bonita y pelirroja, desde sus primeros escarceos en
agradable toque arcaico que había en al- el mercado de la carne hasta su caída final, víctima de las
gunos rasgos de su estilo. enfermedades, el alcohol, la pobreza y el hambre.
Vale la pena leer esta Pelirroja, buena lite-
ratura menor en una edición cuidada que Carolina es el nombre de este extraordinario personaje.
presagia nuevas sorpresas tan agradables Hija de un enterrador, eróticamente imaginativa y precoz,
la joven trabará muy temprano contacto con sus primeros
como esta. amores. Que no serán señoritos del Chiado ni de la Baixa,
sino los bustos mortuorios, blancos y rígidos, de los cadá-
veres que su padre, el enterrador, trasteaba en el depósito
del cementerio antes de proceder a su inhumación. Frente a
FIALHO DE ALMEIDA esos marchitos caballeros, recorriendo con mano doncel la
Con un siglo de retraso se traduce al fin ´La piel fría de sus flancos, Carolina experimentará sus prime-
pelirroja´, una obra clave en el tránsito de la ras y enfermizas calenturas. Esa escena en la que la mucha-
cha pugna por despertar a los muertos, para que la abracen
novelística portuguesa hacia la modernidad. y le hagan el amor, sigue siendo hoy francamente audaz, de
25/09/2006 JUAN Bolea manera que imagínense leyéndola hace más de cien años.

Fialho de Almeida, no en vano había transcurrido con fre-


cuencia por las cloacas de la sociedad portuguesa, sabía
Parece un Max Estrella, y recuerda a un Pedro Luis de
muy bien de lo que escribía. Vástago de una familia de Vila
Gálvez. de Frades venida a menos, sufrió estrecheces económicas y
El autor de Os gatos, Pasquinadas, O pais das uvas, o, frecuentó la vida golfa de los cafés lisboetas. Sus inquietu-
ahora, de La pelirroja (A Ruiva) debió de ser, además del des literarias, la potencia de su estilo renovador, su extraña
niño terrible de las letras portuguesas de finales del XIX y capacidad de incorporar neologismos, o una visión interna-
principios del XX, un bohemio, un alma atormentada y cional de los problemas de su tiempo, combinando esos
lúcida en la Lisboa del cambio de siglo. Un gran caricatu- recursos europeístas con un naturalismo de raíces sórdidas,
rista literario, a la manera de Dickens, y un fino analista de estéticas, y de escenarios góticos, le convierten en un narra-
la sociedad de su tiempo, en la época en el que el novelista dor clave en la moderna novela portuguesa.
debía necesariamente practicar la crítica social. www.elperiodicodearagon.com

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