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La huelga metalúrgica de 1954

Fabián L. Fernández

La huelga metalúrgica de 1954 Fabián L. Fernández Departamento de Historia Cuaderno de Trabajo Nº 51
La huelga metalúrgica de 1954 Fabián L. Fernández Departamento de Historia Cuaderno de Trabajo Nº 51

La huelga metalúrgica de 1954

Fabián L. Fernández

Enero de 2005

Fabián L. Fernández es investigador miembro del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA).

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN

EDICIONES DEL INSTITUTO MOVILIZADOR DE FONDOS COOPERATIVOS

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Índice general

Introducción

7

Imágenes sobre el hecho investigado

9

La huelga metalúrgica en relación al período y momento en que se localiza

17

La renovación de los convenios y el ciclo de huelgas de 1954

27

La huelga metalúrgica de abril-junio de 1954

34

Resultados provisionales alcanzados en esta etapa de la investigación

70

Bibliografía

74

INTRODUCCIÓN

Este trabajo se centra en un hecho histórico puntual: la huel- ga llevada adelante por los trabajadores metalúrgicos argen- tinos durante los meses de abril a junio de 1954. Lucha que no se desarrolla en forma aislada, sino que forma parte de un ciclo de conflictos que se enmarca en el contexto de nego- ciaciones paritarias entre las organizaciones económico-cor- porativas obreras y patronales. Aunque otorgamos prioridad al relato del hecho y a la deter- minación de sus rasgos principales (momento necesario en el proceso de construcción del conocimiento) nuestra in- vestigación no pretende detenerse aquí, sino avanzar luego en el análisis de la relación entre la huelga metalúrgica (y el conjunto de huelgas de 1954 en general) y la situación de crisis que la alianza peronista atraviesa durante el segundo gobierno de Juan D. Perón (1952-1955). 1 En este sentido, el problema más general que da origen a la investigación refiere a la génesis de situaciones de crisis en alianzas de clases con participación obrera, en momentos en que éstas detentan el gobierno del estado. Partimos de la proposición teórica según la cual las clases sociales se constituyen en los enfrentamientos que libran entre sí; enfrentamientos que a la vez imponen a los grupos contendientes la necesidad de establecer relaciones de alian- za en pos de la acumulación de fuerzas. En la historia de la clase obrera argentina ocupa un lugar central su participación, a partir de mediados de la década de 1940, en la alianza social que toma la forma política de peronismo; participación que permite la realización de una estrategia (predominante en el movimiento obrero por lo menos desde mediados de la década de 1930) que se plantea como meta la democratización del régimen político y social vigente, en el sentido de poder influir sobre el gobierno y el conjunto del sistema institucional. 2 La mayor parte de la clase obrera ingresa en esa fuerza social en el marco de la lucha interburguesa y bajo la iniciativa del

1 En una etapa posterior del trabajo profundizaremos en el análisis del resto de los movi-

mientos que conforman el conjunto de huelgas de 1954, con el objetivo de fundamentar su relación con la situación de crisis de la alianza peronista.

2 Sobre el desarrollo de esa estrategia en el movimiento obrero argentino durante las décadas

de 1930 y 1940, véase Iñigo Carrera, Nicolás; «Lucha democrática de la clase obrera argentina en las décadas de 1930 y 1940», en Crítica de nuestro tiempo, año II, Nº 6, julio-agosto- septiembre de 1993;La estrategia de la clase obrera. 1936;BuenosAires,LaRosaBlindada/ PIMSA, 2000.

capital industrial, fracción burguesa que detenta la hegemonía en su interior, y que necesita acumular fuerzas para enfrentar a otras frac- ciones burguesas: el gran capital agrario, comercial y financiero. Es- tas fracciones no sólo aparecen enfrentadas al capital industrial, sino a la misma clase obrera, en tanto su interés específico es contradicto- rio con la inserción de esta última en el sistema institucional. La lucha interburguesa, entonces, constituye el eje de los conflictos políticos en el seno de la sociedad argentina; y como tal determina la formación de la alianza peronista. Sin embargo, esta constatación no debe ocultar la existencia de contradicciones al interior de esa misma alianza. Estas contradicciones son de dos tipos: una, de carácter económico, refiere a la lucha de los obreros contra el conjunto de la burguesía, incluyendo al capital industrial; la otra, de carácter político, refiere a la formulación de políticas propias por el movimiento obrero, lo que implica una disputa con el capital industrial por mantener y ampliar su posición en la alianza de la que ambos forman parte, y por extensión, en el conjunto del sistema institucional. Ambos tipos de contradicciones plantean la existencia de situacio- nes de crisis dentro de alianzas sociales con participación obrera. El objeto de nuestro trabajo refiere, precisamente, al estudio de dichas situaciones de crisis, en momentos en que esas alianzas controlan el gobierno del estado a través de las fuerzas políticas que las expresan. En síntesis, y como lo señalamos más arriba, este trabajo, resultado de una etapa de la investigación, refiere a la descripción de los suce- sos ocurridos durante la huelga metalúrgica de abril-junio de 1954 y a la determinación de sus rasgos más característicos. Por otra parte, y como el conocimiento del hecho investigado necesita de su ubica- ción en un contexto temporal más amplio, haremos mención del perío- do general y de la coyuntura política y económica en los cuales trans- curre la huelga metalúrgica.

IMÁGENES

SOBRE EL

HECHO

INVESTIGADO

El conocimiento acerca de esta huelga requiere del relevamiento de las fuentes secundarias que hagan referen- cia a la misma. Ninguna de dichas fuentes se aboca a un análisis en profundidad del hecho, aunque en ellas encon- tramos una serie de imágenes que contrastamos en el curso del trabajo empírico. Hemos discriminado a los distintos autores consultados en dos categorías, según provengan del ámbito académico o del político y sindical. Comencemos con los que provienen del ámbito académico:

Samuel Baily 1 considera a la huelga metalúrgica en tanto muestra del descontento creciente de los obreros durante los últimos años de Perón en el gobierno. Ese malestar en- cuentra su origen en el cambio de la política económica ofi- cial operado a partir de 1949, con su secuela de recorte del ingreso de los asalariados, a través de la aplicación de la contención salarial. De todas maneras, la oposición de los trabajadores no se dirige contra Perón mismo, cuyo liderazgo no es discutido, pero sí contra la dirigencia sindical «some- tida» a aquél, según Baily. Con lo que las medidas impulsa- das por Perón terminan siendo impugnadas de manera indi- recta por los obreros. De todo esto se desprende que, para Baily, considerar el ali- neamiento de los diversos grupos en la dirección de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) frente al conflicto (tanto a nivel de la cúpula como de las organizaciones locales y a nivel de plan- ta) es fundamental para comprender el desarrollo de la huelga. Iniciada a partir del rechazo de los trabajadores metalúrgicos a los aumentos ofrecidos por los empresarios de la rama en el marco de la negociación del convenio colectivo de trabajo, la huelga culmina con un triunfo para los primeros, en tanto ob- tienen el aumento salarial por ellos propuesto y el desplaza- miento de la dirección nacional de la UOM, encabezada por Abdala Baluch, a quien desconocen por haber acordado con la patronal un incremento menor al esperado. Louise Doyon 2 contextualiza la huelga metalúrgica en el mar- co del ciclo de luchas obreras ocurrido durante la negocia- ción de los convenios colectivos; pero además, avanza en una periodización del hecho tomando como criterio la suce-

1 Véase Baily, S;Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina;BuenosAires,

Paidós, 1984. Capítulo 7.

2 Véase Doyon L.; «Conflictos obreros durante el régimen peronista (1946-1955)», en Torre, J.C. (comp.); La formación del sindicalismo peronista; Buenos Aires, Legasa, 1988.

sión de medios empleados por los obreros. Así, distingue dos mo- mentos: el primero, hasta fines de mayo, caracterizado por el recurso al trabajo a reglamento; el segundo, hasta principios de junio, por la huelga general por rama. Por otra parte, Doyon se diferencia de Baily al cuestionar el «aisla- miento» de la dirección nacional de la UOM (y del conjunto de los sindicatos en general) respecto a los obreros a quienes dicen repre- sentar. Sin dejar de lado su vinculación profunda con el gobierno, esos dirigentes deben colocarse al frente de la huelga en determinado momento para conservar la capacidad de gestión de la organización sindical: esto muestra para la autora la representatividad, aunque fue- ra limitada, de esos dirigentes, y su rol de «intermediarios» entre el estado y el movimiento obrero. Otra diferencia con Baily es que, mientras éste afirma que la huelga metalúrgica (y otras del mismo ciclo) no tienen un carácter exclusiva- mente económico, toda vez que cuestionan explícitamente la autoridad de los dirigentes nacionales de los respectivos sindicatos, Doyon sos- tiene que los conflictos se limitan específicamente al reclamo salarial. Una mirada distinta sobre la huelga metalúrgica se encuentra en un trabajo de Daniel James: 3 la crisis económica que llega a su punto culmi- nante en 1952 plantea al conjunto del empresariado industrial el proble- ma de incrementar la producción sin poder renovar el parque de maqui- naria vía importaciones, debido a la reducción del flujo de divisas como consecuencia de la caída de los precios de los bienes primarios expor- tados por nuestra economía. Entonces, para los empresarios no queda otra alternativa que intensificar el trabajo con la tecnología disponible; sin embargo esto requiere, entre otras medidas, modificar la organiza- ción de la jornada laboral, instalar formas de trabajo multifuncional, vincular los aumentos salariales al incremento de la productividad y recortar las atribuciones de las comisiones internas de fábrica, de las que puede esperarse el rechazo a estos cambios. En la consecución de estos objetivos los industriales, parte de ellos organizados desde 1953 en la Confederación General Económica (CGE), cuentan con el apoyo del gobierno: sin embargo, éste es incapaz de concretarlo en hechos, en tanto debe recurrir al movimiento obrero para poder llevar adelante el giro en la política económica expresado en el Segundo Plan Quinquenal, primero; y enfrentar la ofensiva opo- sitora de 1954-55, después. En este contexto, lo relevante de la huelga metalúrgica reside en la resistencia de los trabajadores («explícita», según James) a las refor-

3 Véase James, D.; «Racionalización y respuesta de la clase obrera: contexto y limitaciones de la actitud gremial en la Argentina». En Desarrollo Económico; v. 21; Nº 83, octubre- diciembre de 1981.

mas que la patronal quiere impulsar en el proceso de trabajo, más que en el reclamo salarial. Scott Mainwaring 4 destaca la huelga metalúrgica (y otras que forman parte del mismo ciclo de luchas) en tanto plantean de hecho el proble- ma de la autonomía política del movimiento sindical frente al estado. Para Mainwaring no puede hablarse de una completa «subordina- ción» del primero al segundo, en tanto al constituirse como «enlace institucionalizado entre los trabajadores y el Estado», la dirigencia sindical logra preservar cierto margen de iniciativa propia al necesitar incorporar las demandas de las «bases» obreras. Éstas, al presionar por la realización de huelgas (finalmente exitosas) tras el objetivo del aumento salarial, terminan por cuestionar al conjunto de la política económica que el gobierno peronista impulsa a partir de 1952.

Veamos ahora a los autores provenientes del ámbito político y sindical:

Desde una posición de crítica liberal al peronismo, Félix Luna 5 ubica la huelga metalúrgica en el contexto de la negociación de los convenios colectivos de trabajo, iniciada a principios de 1954: aunque el gobier- no anuncia su prescindencia respecto al resultado de las tratativas obrero-patronales impulsa, como ya vimos, un mecanismo de aumen- to salarial vinculado al incremento de la productividad del trabajo. El intento de la patronal metalúrgica de instalar este mecanismo en el convenio y su rechazo al porcentaje de aumento (un 40%) exigido por el sindicato, lleva a los trabajadores a iniciar, desde el mes de abril y de manera «espontánea», paros de brazos caídos y luego una huelga general por rama. Presionada, la dirección de la UOM declara formal- mente la huelga general el 21 de mayo, que continúa aún después de la firma del convenio el 1 de junio, ya que los empresarios se niegan a pagar los jornales caídos. Las movilizaciones de los obreros metalúr- gicos (sobre todo, la asamblea de la plaza Martín Fierro) y los cho- ques frente a la planta de La Cantábrica (Morón), dan pie al gobierno para lanzar una campaña de detenciones de militantes del gremio me- talúrgico, con el pretexto de poner fin a la «infiltración» comunista en la UOM. Luna relativiza la participación de los comunistas en la huelga: aun- que tengan influencia, no poseen la capacidad organizativa para con- ducirla. El balance de la huelga es, a corto plazo, positivo para los obreros, quienes logran obtener en el nuevo convenio aumentos sa-

4 Scott Mainwaring; «El movimiento obrero y el peronismo, 1952-1955"; en Desarrollo Económico, vol. 21, Nº 84, enero-marzo de 1982. 5 Véase Luna, F.; Perón y su tiempo. El régimen exhausto. 1953- 1955; Buenos Aires; Editorial Sudamericana; 1990. Capítulo 2.

lariales «excepcionalmente altos»; más importante es, para el autor, el desprestigio en el que incurre la dirección de la UOM frente a los trabajadores y el ascenso de «dirigentes de base» que toman a su cargo la dirección del sindicato tras la caída del gobierno peronista.

Identificado con la llamada «izquierda nacional», Horacio Maceyra 6 considera, al igual que Luna, que la huelga metalúrgica posee un alto grado de espontaneidad, expresado en la realización de asambleas en donde los trabajadores desconocen la autoridad de la dirección de la UOM. De todos modos, este conflicto entre las «bases» y sus repre- sentados culmina gracias a la intervención de un sector de la propia dirección, encabezado por Hilario Salvo, ex secretario general del sin- dicato. También coincide Maceyra con Luna al señalar el desprestigio del conjunto de la dirección sindical, la cual aparece comprometida con una política económica que el autor califica de «restrictiva», aun- que los trabajadores no ponen en cuestión su identidad política ni el liderazgo de Perón, en tanto ambos elementos son percibidos por ellos como garantía de preservación de las conquistas sociales.

Desde la izquierda peronista Rodolfo Walsh 7 sostiene que la huelga metalúrgica, aunque limitada en principio a la demanda por mayores sala- rios, cobra importancia en tanto expresa la creciente influencia de la UOM en el movimiento sindical (consecuencia de las transformaciones en la estructura industrial argentina) y el ascenso de una nueva dirección que aprovecha el descrédito de los dirigentes en funciones para hacerse del control del sindicato a partir de 1955; de esta forma, la huelga de 1954 se constituye en antecedente directo del futuro «vandorismo».

La huelga metalúrgica también es mencionada por una serie de auto- res vinculados con el Partido Comunista (PC). Así, Leonardo Paso 8 sostiene que el ciclo huelguístico del que forma parte la huelga meta- lúrgica no se circunscribe a la demanda de aumento salarial, sino que cuestiona la identificación creciente del gobierno de Perón con la «élite oligárquico-imperialista», manifestada en una política económi- ca que tiende a beneficiar a los terratenientes a expensas de los asala- riados, y al mismo tiempo reclama por una mayor «democracia» den- tro de los sindicatos. Incluso, y en oposición a lo señalado por auto- res como Luna, para Paso el resultado inmediato de la huelga metalúr-

6 Véase Maceyra, H.; Las presidencias peronistas. La segunda presidencia de Perón;

Buenos Aires; Centro Editor de América Latina; 1984. Capítulos III-V.

7 Véase Walsh, R; ¿Quién mató a Rosendo?; Buenos Aires; Ediciones de La Flor; 1987.

Tercera parte, capítulo 1.

8 Véase Paso, L.; Del golpe de Estado de 1943 al de 1955; Buenos Aires; Centro Editor de América Latina; 1987. Capítulos X-XI.

gica es negativo para los obreros en tanto el convenio consagra la aplicación de «métodos de racionalización» y la limitación de las ac- ciones de las comisiones internas. Si hay un aspecto positivo a desta- car, es el de la «experiencia» de los trabajadores en «formas de parti- cipación democráticas», tales como las asambleas y la elección del Comité de Huelga, organización que tuvo a su cargo la efectiva con- ducción del conflicto.

Por su parte, Rubens Iscaro 9 afirma que el rechazo de las «masas peronistas» al giro en la política económica iniciado a partir de 1952 llega al punto de cuestionar su «ciega confianza» en el propio Perón. Coincide con Paso en que la huelga metalúrgica no se limita al reclamo salarial por parte de estas «masas», sino que las conduce a enfrentar la autoridad de los «jerarcas» sindicales desde las «conducciones unitarias» centralizadas finalmente en el Comité de Huelga Central. Dentro de éste, Iscaro resalta la influencia del Movimiento Pro Demo- cratización e Independencia de los Sindicatos, nucleado en torno al PC, cuyo objetivo es impulsar la formación de una «dirección alterna- tiva» a la de los sindicatos nacionales y la Confederación General del Trabajo (CGT), que agrupase a diversas formaciones político-ideoló- gicas presentes en el movimiento obrero, inclusive sectores del peronismo, tras las consigna de la «democracia sindical». Siempre según Iscaro, la huelga metalúrgica pone de manifiesto una «fractura horizontal» entre los trabajadores y los dirigentes que dicen representarlos, pero que en realidad se encuentran subordinados al estado; en este aspecto, también coincide Iscaro con Paso al conside- rar que el balance positivo de la huelga estriba en la «experiencia» de lucha de las «bases» contra dirigentes desprovistos de legitimidad, y en la profundización de la unidad de las primeras tras las «direcciones alternativas».

Un tercer autor inscripto en la corriente que mencionamos es Jorge Correa 10 , quien sostiene, diferenciándose en esto de Paso e Iscaro, que es la propia dirección de la UOM la que habría impulsado en un principio el trabajo a desgano para canalizar el descontento de los trabajadores ante la negativa de la patronal a conceder los aumentos solicitados. En un momento posterior, la dirección trata de poner fin al conflicto, argumentando que no pueden obtenerse otras mejoras que

9 Véase Iscaro, R.; Origen y desarrollo del movimiento sindical argentino; Buenos Aires; Editorial Anteo; 1958. Y del mismo autor: Historia del movimiento sindical; Buenos Aires; Editorial Fundamentos; 1973. Tomo II. 10 Véase Correa, J.; Carlos Ons, un dirigente metalúrgico clasista; Buenos Aires; Editorial Anteo; 1975, y Los jerarcas sindicales; Buenos Aires; Editorial Obrador; 1974. Segunda Parte: «La jerarquía peronista».

las que figuran en los acuerdos previos con los empresarios; la pre- sión de los trabajadores, empero, obliga al Congreso de la UOM, realizado el 17 de mayo, a declarar la huelga general por rama. A partir de aquí, los «jerarcas» de la UOM intentan quebrar la huelga por la fuerza, utilizando grupos de choque contra los obreros que participan en las movilizaciones y asambleas. Sin embargo, el enfrentamiento entre las «bases» y la dirección no hace más que profundizarse, y así el 5 de junio los partidarios de la continuidad de la huelga, reunidos en asamblea, constituyen el Comité de Huelga, enfrentado a la direc- ción formal de la UOM y con activa participación de militantes comu- nistas. En la interpretación de Correa queda muy claro que la huelga metalúrgica dista de ser un movimiento espontáneo.

Por último, nos encontramos con un conjunto de autores marxistas no vinculados al PC. En primer lugar, Carlos Echagüe 11 también desta- ca la ruptura «horizontal» al interior de la UOM, impulsada por la huelga misma, cuando los obreros, «pasando por encima de la cúspi- de dirigente del sindicato», constituyen una dirección auténticamente representativa (el Comité de Huelga Central) y posibilitan el desplaza- miento de la Comisión Directiva del sindicato, al fracasar su intento de poner fin a la huelga.

Por su parte, Ernesto González, Héctor Palacio y Milcíades Peña 12 coinciden en afirmar en que el giro favorable al imperialismo norte- americano y al conjunto de la burguesía local impulsado desde 1950 por el gobierno de Perón tiende a debilitar el apoyo sin fisuras que el movimiento obrero le presta hasta entonces. Un indicador de la nue- va situación se encuentra en las huelgas del período, caracterizadas por el «desborde» de las bases respecto a la «burocrática» dirección de los sindicatos y la CGT. La respuesta oficial consiste en promocio- nar a una nueva dirección, que aparezca mejor identificada con los trabajadores, y que al mismo tiempo pueda evitar el fortalecimiento de los comunistas dentro del movimiento sindical. Según González, el propio Baluch es uno de los representantes de este esfuerzo de reno- vación de la dirección sindical peronista. También coinciden los tres autores en afirmar que la huelga metalúrgi- ca, conflicto económico en sus inicios, pronto cambia de carácter, al expresar el descontento de los trabajadores del gremio respecto de la

11 Véase Echagüe, C.;Las grandes huelgas; Buenos Aires; Centro Editor de América Latina;

1971. Capítulo V.

12 Véase González, E.; Qué fue y qué es el peronismo; Buenos Aires; Editorial Pluma; 1974,

capítulo III; Palacios, H.; Historia del Movimiento Obrero Argentino; Buenos Aires; 1993,

tomo 2, capítulos XXI y XXII; Peña, M.; Masas, caudillos y élites. La dependencia argentina de Yrigoyen a Perón; Buenos Aires; Ediciones Fichas; 1973, capítulo IV.

dirección oficialmente reconocida. González y Palacios sostienen que en esta lucha, como en otras del período, es fundamental la interven- ción de los militantes sindicales vincuados al PC 13 , aunque de todas maneras éstos son incapaces de plantear una alternativa política de largo plazo al peronismo, a causa del «atraso político y sindical de la mentalidad obrera». En cambio, Peña prefiere resaltar una oposición entre el conjunto de los obreros y una dirección que califica de «rom- pehuelgas»; aunque esta indiferenciación, en lo que a los obreros respecta, no implica para él que el conflicto sea espontáneo. Por otra parte, González, Palacios y Peña coinciden en calificar el re- sultado de la huelga metalúrgica (y de otras del mismo ciclo) como una derrota, provocada por la represión estatal, los «errores» de la dirección comunista y el bajo grado de conciencia política de la clase obrera. Palacios, por su parte, rescata como elemento positivo el des- cubrimiento por parte de los trabajadores de la supuesta función de la dirección cegetista, «representante del Estado en el seno del movi- miento obrero»; aunque este aprendizaje no asume la forma de una nueva dirección de carácter clasista. Resumiendo todas las afirmaciones citadas, podemos extraer las si- guientes conclusiones:

Todos los autores mencionados coinciden en vincular la huelga meta- lúrgica, y otras del mismo ciclo, con el cambio de dirección en las políticas económicas del gobierno peronista a partir de 1950-52, efec- to de las nuevas condiciones imperantes en el mercado mundial. También existe acuerdo en caracterizar a la huelga, al menos en sus inicios, como una lucha de carácter económico tendiente a recuperar el valor del salario en un momento en el cual la economía argentina está superando la crisis que había llegado a su punto culminante en 1952. Otra coincidencia entre todos los autores reside en señalar como ras- go importante del conflicto metalúrgico (y de otros contemporáneos) la «fractura horizontal» al interior del sindicato, y la consolidación de «direcciones alternativas». Este conflicto interno manifestaría no sólo el descontento de los trabajadores frente a la ausencia de mecanis- mos «democráticos» de renovación dirigencial, sino también la opo- sición a una capa de dirigentes extremadamente solícitos con respec- to a las iniciativas del gobierno peronista, pero reacios a canalizar la protesta obrera frente a la situación socioeconómica y el gradual aban- dono de los principios político-ideológicos que han orientado la ac- ción de ese gobierno a partir de 1946. Pero al mismo tiempo, y en esto también hay consenso general, la sucesión de conflictos huelguísticos a lo largo de 1954 no termina de

13 En esta afirmación, González y Palacios coinciden con Nahuel Moreno; véase El golpe gorila de 1955. Las posiciones del trotskismo; Buenos Aires; Ediciones Pluma; 1974

asumir la forma de un cuestionamiento explícito a la pertenencia de la mayoría de la clase obrera al peronismo en tanto fuerza política, ni al liderazgo de Perón. En cambio, pueden encontrarse interpretaciones disímiles entre los autores consultados en lo que respecta al balance de los resultados de la huelga (en términos de victoria o derrota, en relación al logro o no de demandas concretas), y a su caracterización, ya fuere como un movimiento «espontáneo» (desborde de las «bases», retroceso de la capa dirigente), u organizado. En este último caso, hay quienes desta- can el papel de los militantes comunistas y quienes le suman un sec- tor «disidente» peronista, desplazado poco antes de la dirección de la UOM. La caracterización de la participación de este último sector varía según los autores: para algunos, es manipulado por el propio gobierno para debilitar a la dirección comunista y poner fin a la huel- ga; para otros, intenta encabezar la huelga misma.

LA HUELGA METALÚRGICA EN RELACIÓN AL PERÍODO Y MOMENTO EN QUE SE LOCALIZA

La huelga metalúrgica y el conjunto de las luchas obreras de

1954 se localizan en el final de un período iniciado en 1945 y que

se extiende a lo largo de una década. Aunque su análisis no es

objeto de este trabajo, es necesario señalar algunos de sus rasgos fundamentales. La huelga general con movilización de masas de octubre de

1945 constituye un enfrentamiento diferido entre las alianzas

sociales que toman la forma de peronismo y antiperonismo; su resolución se concreta en las elecciones del 24 de febrero de 1946, que permiten a la primera llegar a detentar el gobierno del estado. 1 Visto desde el proceso de formación de la clase obrera argentina, esto implica la realización de la estrategia que condu- ce a la inserción de la mayor parte de aquélla en el sistema institucional (proceso de ciudadanización), democratizando el régimen político y social vigente. Manifestación de lo que afirmamos es la emergencia de espacios de influencia al interior del gobierno nacional controlados por el movimiento obrero organizado sindicalmente, no sólo a través de su participación en la formulación de diversas políticas, sino en el acceso a toda clase de cargos, tanto aquellos que son electi- vos (gobernaciones, senadurías y diputaciones en el congreso nacional y en las legislaturas provinciales, intendencias, concejalías), como los que no lo son (ministerios, secretarías, agregadurías laborales, etc.). A esto debe sumarse la formulación de todo un profuso cuerpo de normas legales que consagran la vigencia de los derechos sociales (capacidades reconocidas a los obreros en tanto propietarios aparentes de su fuerza de traba- jo) y la regulación de las relaciones obrero-patronales; y asimis- mo, la extensión de los derechos políticos a amplias capas de la población (mujeres y habitantes de los territorios nacionales). El desarrollo del proceso de ciudadanización de la mayor parte de la clase obrera profundiza y consolida la contradicción peronismo- antiperonismo como el eje de las luchas políticas en el período 1945-1955. A la vez, y tal como lo señalamos en la introducción, el objetivo de las fracciones obreras que forman parte de la alianza peronista en mantener y ampliar sus espacios al interior de la última da lugar a una lucha, de carácter político, entre ellas y la fracción burguesa hegemónica: el capital industrial no monopólico. 2

1Sobrelaconceptualizacióndelahuelgageneralconmovilizacióndemasascomoun«enfrentamiento

diferido», véase Iñigo Carrera, Nicolás; «Lucha democrática de la clase obrera argentina en las décadas de 1930 y 1940», en Crítica de nuestro tiempo, año II, Nº 6, julio-agosto-septiembre de 1993. 2 Un objetivo a concretar en una etapa posterior de la investigación es el de establecer la articulación entre la lucha interburguesa (peronismo-antiperonismo) y la lucha al interior de la alianza peronista en el período 1945-1955.

Un análisis preciso de esa contradicción al interior de la alianza social en

el gobierno requiere de un examen exhaustivo del conjunto del período

(lo que no nos proponemos hacer aquí). Por el momento, mencionamos una serie de hechos que indican la formulación de políticas propias por parte del movimiento obrero entre 1945 y 1955: la formación del Partido Laborista (1945-46); el Cabildo Abierto del Justicialismo del 22 de agosto

de 1951, donde la CGT intenta imponer la candidatura de Eva Perón a la vicepresidencia; el ciclo de huelgas desarrollado a lo largo de 1954, en el contexto de la negociación de los convenios colectivos de trabajo; el Congreso de la Productividad y el Bienestar Social de 1955, donde la CGT

se opone a las reformas en el proceso de trabajo impulsadas por la bur-

guesía industrial con el apoyo del gobierno; y los insistentes reclamos del movimiento obrero para la creación de milicias obreras tras los inten- tos de golpe de estado de septiembre de 1951 y junio de 1955.

La formulación de tales políticas, por otra parte, no debe considerarse en abstracto: los efectos a considerar serán distintos si nos referimos

al momento de formación de la alianza, que si lo hacemos en relación

a los momentos de desarrollo y crisis. Precisamente, las huelgas de 1954 se producen en un momento en que la alianza peronista atraviesa un momento de crisis que reconoce como uno de sus ejes las opuestas posiciones planteadas por las organizaciones económico-corporativas del capital industrial y de la

clase obrera alrededor del intento de las primeras de imponer reformas en la organización del proceso de trabajo fabril con el objetivo de incrementar la productividad. Esta línea de conflicto coincide a la vez,

y desde fines de 1954, con la ofensiva política de la alianza

antiperonista, iniciada a partir del enfrentamiento abierto entre el go- bierno nacional y la jerarquía de la Iglesia Católica. Ahora bien: el impulso patronal a los planes de «racionalización» en las fábricas puede ser considerado, en hipótesis, como manifestación de un proceso más amplio, cuya génesis se ubica en los inicios de la década de 1950. Diversos autores caracterizan ese momento como una transición entre la aplicación de políticas económicas «populistas» a otras de signo «liberal» según algunos, o «desarrollista», de acuerdo a otros. A la vez, el cambio en la política económica suele vincularse al pasaje hacia un nuevo «modelo de acumulación», centrado en el desa- rrollo de las ramas de la industria intensivas en capital. En realidad, el proceso más amplio al que hacemos referencia remite a un cambio de dirección en el capitalismo argentino: es decir, de una dirección predominantemente en extensión (de las relaciones socia- les capitalistas a nuevos territorios sociales), a otra predominante-

3 Para una introducción a esta problemática, véase Iñigo Carrera, Nicolás, y Podestá, Jorge; Las nuevas condiciones en la disposición de fuerzas objetiva. La situación del proletariado; PIMSA, Documentos y Comunicaciones, 1997.

mente en profundidad (desarrollo del proceso de producción en terri-

torios sociales donde ya son dominantes las relaciones capitalistas). 3

Y

justamente, uno de los indicadores de la dirección en profundidad

lo

constituye la consolidación de la gran industria en tanto tipo social

de explotación, lo que implica un incremento en la productividad del trabajo vía su extensión e intensificación. 4

Dicho esto en relación al período más general, vayamos ahora al mo- mento en el que se ubica la huelga metalúrgica y otras que conforman

el conjunto de luchas obreras de 1954. Este momento se caracteriza,

en lo económico, por la resolución de la crisis cíclica iniciada hacia 1949 y que llega a su punto culminante en 1952; y en lo político, por la

aparición de los primeros síntomas de crisis de la alianza social que detenta el gobierno del estado.

Lo dicho nos lleva a señalar dos aspectos cuya explicación requiere un análisis del período 1945-55 en su conjunto. En primer lugar, la aparente discontinuidad entre crisis económica y crisis política; en segundo término, el inicio de la crisis al interior de la alianza cuando el gobierno que constituye su expresión parece reforzar su control so- bre el sistema político-institucional tras el amplio triunfo del peronismo en las elecciones de abril de 1954. Comencemos por la situación económica. Desde febrero de 1952 la política del gobierno peronista se centra en la adopción de medidas las cuales, alentando las exportaciones de materias primas agropecuarias, restringiendo el gasto público, impulsando las inver- siones (preferentemente de origen externo) en los sectores de pro- ducción de bienes intermedios y de capital, e impulsando cambios en

el proceso laboral en la industria local tendientes a incrementar la

productividad del trabajo, buscan incidir en la salida de la crisis eco- nómica a través de la expansión de las reservas de divisas, la reduc- ción de la inflación y el déficit fiscal y el aumento de los volúmenes de producción y la reestructuración del sector industrial. 5

Todo este conjunto de medidas se articula en dos programas: uno, de

corto plazo (Plan Económico); el otro, de media y larga duración (Se- gundo Plan Quinquenal). Nos detendremos en el primero, por ser de especial relevancia para la comprensión del conflicto que alrededor de

la renovación de los convenios colectivos surge a comienzos de 1954. 6

4 Y, como consecuencia, la ampliación de la población obrera sobrante con respecto a las

necesidades del capital, ya que ahora puede expandirse el volumen de producción con un número menor de trabajadores.

5 Supera los límites de este trabajo analizar la vinculación de la crisis de 1949-1952 con el

cambio de dirección en el desarrollo del capitalismo argentino.

6 Para una descripción y análisis de la crisis cíclica 1949-1952 y de las políticas económicas a ella asociadas, véase Ferrer, Aldo; La economía argentina; Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1974; Maceyra, Horacio;La segunda presidencia de Perón;BuenosAires,Centro

19

El Plan Económico (también conocido como Plan de Emergencia), pre-

parado por el equipo encabezado por el ministro de Finanzas Alfredo Gómez Morales y difundido por el propio Perón el 18 de febrero de 1952,

no representa una innovación en materia de política económica: en realidad, constituye una sistematización y extensión de medidas que se vienen llevando adelante desde principios de 1949.

El Plan dispone el establecimiento de tipos de cambio favorables a las

exportaciones agropecuarias y restricciones a las importaciones (para superar el déficit de la balanza comercial), aumento de la tasa de interés (con el objetivo de incrementar el ahorro interno y limitar la emisión monetaria causante de la inflación) y reducción del gasto del estado (en especial, prolongación de plazos o postergación de obras públicas).

Pero especialmente el Plan establece un congelamiento de salarios, precios y tarifas de servicios públicos; además, se prorrogan los con- venios colectivos vigentes por un plazo de dos años.

El objetivo explícito e inmediato del congelamiento de las mencionadas

variables es contener, y a posteriori reducir, el proceso inflacionario, fijando un límite político a la disputa por el ingreso nacional entre obre-

ros y capitalistas. Sin embargo, la iniciativa del gobierno no puede sostenerse si no se establece un acuerdo entre las fracciones obreras y burguesas que componen la alianza peronista: a las primeras se les garantiza que la reducción de la inflación y el aumento de la reserva de divisas no se realizará a través de políticas depreciatorias del salario real; a las segundas (y a la burguesía en general) se les promete la vinculación de los futuros aumentos salariales al incremento de la pro- ductividad del trabajo, lo que implica en primer lugar asegurar a los capitalistas el pleno control del proceso laboral en las fábricas en des- medro de la creciente influencia que las comisiones internas han veni- do ganando desde fines de la década anterior.

Y es así que a partir del lanzamiento del Plan Económico el discurso

oficial, manifestado tanto en las campañas de propaganda como en las frecuentes referencias de Perón al tema, comienza a hacer hincapié

en la necesidad de incrementar la producción de bienes para operar luego una más justa distribución del ingreso. En este esfuerzo el gobierno cuenta con la inspiración y el apoyo de las fracciones burguesas presentes en la propia alianza, y especial-

Editor de América Latina, 1984; Gerchunoff, Pablo, y Llach, Lucas; El ciclo de la ilusión y el desencanto; Ariel, Buenos Aires, 1998; Rapoport, Mario;Historiaeconómica,políticaysocial de la Argentina; Buenos Aires, Ediciones Macchi, 2000; Gerchunoff, Pablo, y Antúnez, Damián; «De la bonanza peronista a la crisis de desarrollo»; en Torre, Juan Carlos (comp.); Nueva Historia Argentina. Los años peronistas (1943-1955);BuenosAires,EditorialSudame- ricana, 2002. Un análisis alternativo, centrado en las formas que el proceso de acumulación de capital asume en la sociedad argentina, puede encontrarse en Peralta Ramos, Mónica;Acumu- lación de capital y crisis política en Argentina (1930-1954); Méjico, Siglo XXI, 1978.

mente del empresariado industrial organizado de forma económico- corporativa en la CGE, constituida de manera definitiva, luego de un proceso que demora un año y medio, en agosto de 1953. 7 La CGE nace expresando su adhesión a la política económica sinteti- zada en el Segundo Plan Quinquenal y muy especialmente a las con- signas referidas al aumento de la producción y de la productividad organizando su propia campaña de propaganda, la cual llega a su punto culminante poco después del hecho que nos ocupa, al cele- brarse el Primer Congreso de Organización y Relaciones del Trabajo, en agosto de 1954. 8 Es significativo, por otra parte, que uno de los sectores más comprometidos con la mencionada campaña sea el de los industriales metalúrgicos, quienes además intentan aplicar o pro- fundizar «esquemas de incentivación» que contemplan premios sala- riales por ahorro de tiempo de trabajo 9 . Ahora bien. El programa de medidas económicas del gobierno logra cumplir varias de las metas propuestas a comienzos de 1952. Así, el ahorro interno se incrementa en un 17% promedio entre 1953 y 1955, mientras que el Producto Bruto Interno (PBI), que experimenta una reduc-

7 Aunque suele señalarse que el surgimiento de la CGE se debe exclusivamente a la iniciativa

política del gobierno peronista, lo cierto es que su aparición en el sistema político-institucional

es el resultado de un proceso de reorganización de la fracción industrial de la burguesía

argentina iniciado con la intervención de la Unión Industrial Argentina (UIA) en junio de 1946. Un primer paso es la fundación de la Asociación Argentina de la Producción, la Industria

y el Comercio (AAPIC), reemplazada en 1949 por la Confederación Económica Argentina

(CEA). Tanto la AAPIC como la CEA cuentan con la activa promoción de empresarios que ocupan cargos en el gobierno peronista, como Miguel Miranda y Rolando Lagomarsino, y

agrupan en primer lugar al gran capital industrial de Capital Federal y provincia de Buenos Aires. Mientras tanto las fracciones industriales de las burguesías provinciales se dan su propia organización corporativa, consagrada en diciembre de 1950 con la aparición de la Confederación Argentina de la Producción, la Industria y el Comercio (CAPIC). Pronto la CAPIC y el CEA establecen estrechas relaciones entre sí, que culminan con la fundación de

la CGE. Si bien este proceso ha sido descrito en líneas muy generales, no se ha abordado hasta

ahora un análisis completo de las relaciones entre el conjunto de la fracción de burguesía industrial y el gobierno peronista, ni mucho menos de las relaciones de fuerza entre diferentes grupos de empresarios industriales al interior de la CGE.

8 Para un análisis de la posición del empresariado industrial respecto a la cuestión de la

productividad en el período 1952-1955, véase Giménez Zapiola, Marcos, y Leguizamón, Carlos M.; «La concertación peronista de 1955: el Congreso de la Productividad»; en Torre, J.C. (comp.); La formación del sindicalismo peronista;BuenosAires,Legasa,1988.También Bitrán, Rafael; El Congreso de la Productividad. La reconversión económica durante el segundo gobierno peronista; Buenos Aires, El Bloque Editorial, 1994; y James, Daniel; Racionalización y respuesta de la clase obrera: contexto y limitaciones de la actitud gremial en la Argentina»; en Desarrollo Económico; v. 21; N* 83 (octubre-diciembre 1981).

9

James; op. cit. Para una breve descripción de la relación entre los industriales metalúrgicos

y

el gobierno peronista, véase Brennan, James; «El empresariado: la política de cohabitación

y oposición»; en Torre, J.C. (comp.); Nueva Historia Argentina. Los años peronistas (1943- 1955). Brennan personaliza dicha descripción en la figura de Aquiles Merlini, propietario de los Talleres Merlini en la Capital Federal (planta cuyos obreros cumplen un papel importante

21

ción del 0,55% en su tasa de crecimiento anual en el período 1949-1952, aumenta un promedio de 5,49% en los tres años siguientes. Las exporta- ciones también comienzan un proceso ascendente; por ejemplo, las de 1953 superan en un 60% a las del año anterior. La inflación y el déficit fiscal, por el contrario, tienden a la baja: si la tasa de crecimiento anual de la primera es de 33,03% en 1949-1952, en 1953-1955 llega a sólo 6,70%; mientras que el déficit fiscal, que en relación al PBI experimenta un valor promedio de 8,2% en 1945-1949, mide apenas un 2,9% en 1950-1954. Todo esto, sin reducir los niveles de consumo, el salario real o la partici- pación de los trabajadores en el ingreso, que de un porcentaje del 46,52% en 1949-1952 sube muy levemente, a 46,72%, en 1953-1955. 10 Sin embargo, el programa económico deja algunos saldos pendientes; entre ellos, el vinculado al congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, que al no generar recursos tiende a tornarlos obsoletos, o el no resuelto problema del autoabastecimiento de combustible. En esta columna del debe, además, hay que incluir el incumplimiento de las metas propuestas tanto por el gobierno como por la burguesía indus- trial respecto de la implementación de reformas en la organización del proceso laboral tendientes a incrementar la productividad del trabajo. Este fracaso (más allá de ciertos intentos, de concreción parcial, en algunas grandes empresas 11 ) se explica en primer lugar por una rela- ción de fuerzas que, a nivel de planta, señala fuertes límites al despo- tismo del capital por obra e influencia de las comisiones internas, cuya acción, precisamente por no estar del todo reglamentada por los convenios colectivos de trabajo firmados en años anteriores, tiene amplios alcances. A la vez, esta relación de fuerzas se encuentra de- terminada por otra, de carácter político: el gobierno peronista en- cuentra en el movimiento obrero organizado sindicalmente su princi- pal sostén, tal como sucesos recientes lo han demostrado. Entre agosto de 1951 y mayo de 1953 (período que corresponde al momento más agudo de la crisis económica y al comienzo de su supe- ración) se produce una fuerte división en los cuadros políticos y militares del régimen. 12 Algunos de los que encabezan la alianza

durante la huelga de 1954) y titular de la Cámara Argentina de Industrias Metalúrgicas. Merlini, estrechamente vinculado a Miranda y Lagomarsino, encabeza en la UIA, hacia 1946, a un sector que apoya con condiciones al flamante gobierno de Perón. Luego preside la Confederación General de la Industria (CGI), fundada en diciembre de 1951 por acuerdo de la CEA y la CAPIC como paso previo a la formación de la CGE, de la que Merlini es tesorero entre 1953 y 1955. La filiación política de este empresario no es clara: mientras Brennan lo caracteriza como «properonista» y señala que sólo en los últimos meses del segundo gobierno de Perón comienza a distanciarse de éste, otras fuentes, por el contrario, lo definen como antiperonista; véase Seoane, María; El burgués maldito; Buenos Aires, Planeta, 1998.

10 Véase Gerchunoff, P. y Antúnez, D.; op. cit., y Maceyra, H.; op. cit.

11 James, D.; op. cit.

antiperonista, alentados por la situación de crisis abierta en la alianza enemiga -manifestada en el intento frustrado de la CGT por imponer la candidatura de Eva Perón a la vicepresidencia-, comienzan a inclinar- se hacia la opción del golpe de estado, considerado por ellos como el único medio viable para desalojar del gobierno a una fuerza política que, como el peronismo, incrementa paulatinamente su base electoral. Recordemos que en septiembre de 1951 un sector del ejército y de la fuerza aérea, liderado por el general (RE) Benjamín Menéndez, con apoyo de dirigentes de los partidos radical, demócrata nacional, demócrata pro- gresista y socialista, así como de militantes del movimiento estudiantil universitario, intenta llevar adelante un golpe de estado que finalmente fracasa por no recibir el respaldo del grueso de la oficialidad. 13 El gobier- no responde con la declaración del estado de guerra interno y la deten- ción de más de cien cuadros militares, mientras comienza a plantearse por vez primera la formación de «milicias obreras». 14 El 11 de noviembre se realizan las elecciones generales, las que otor- gan un amplio triunfo a la fórmula oficialista Perón-Hortensio Quijano, con 4.475.000 votos (62%), frente al binomio radical Ricardo Balbín- Arturo Frondizi, que obtiene 2.415.000 (32%). El triunfo electoral del peronismo, si por un lado lleva a algunos cua- dros políticos de la alianza antiperonista, particularmente socialistas, a iniciar un acercamiento al gobierno, 15 por otro reafirma a cuadros políti- cos y militares de la misma alianza en la necesidad del golpe de estado. En febrero de 1952 es descubierta una conspiración liderada por el coronel (RE) José F. Suárez, con participación de oficiales retirados del ejército y la armada y apoyo de dirigentes y militantes de partidos políticos, especialmente del radicalismo. Junto con las detenciones del caso el gobierno reacciona con la formulación de un plan (final-

12 Utilizamos el concepto de «régimen» en el sentido que le da Marx enLas luchas de clases

en Francia.

13 Sobre la participación de militantes estudiantiles de los «grupos de choque de la FUBA»

en la intentona de Menéndez, véase Almaraz, Roberto; Corchon, Manuel y Zemborain, Rómulo; ¡Aquí FUBA! Las luchas estudiantiles en tiempos de Perón (1943-1955); Buenos Aires, Planeta, 2001.

14 Poco después del intento golpista un sector del gobierno, encabezado por Eva Perón, y

algunos dirigentes de la Confederación General del Trabajo acuerdan adquirir en Europa cinco

mil pistolas automáticas y mil quinientas ametralladoras las cuales, después de la muerte de la esposa del presidente, son depositadas en un arsenal del ejército.

15

Así, el dirigente socialista Enrique Dickmann se entrevista el 1 de febrero de 1952 con

el

propio Perón para solicitarle la libertad de los presos políticos vinculados a su partido,

y

la reapertura de los talleres del diario La Vanguardia. Esta decisión motiva la expulsión

del Partido Socialista de Dickmann, quien al año siguiente, junto con otros dirigentes socialistas, organiza el Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), en el que confluyen además sectores provenientes de la izquierda nacional y del trotskismo.

mente no concretado) de represalias en la forma de atentados contra destacados dirigentes de la oposición; y con el despliegue de un programa de adoctrinamiento ideológico, en base a los principios del «justicialismo», en las filas del ejército («peronización»). El 4 de junio Perón inicia su segundo período presidencial; la muerte de su esposa, cincuenta y dos días después, da lugar a un reacomodamiento al interior de la burocracia política y de la capa dirigente del movimiento obrero organizado sindicalmente, que impli- ca el desplazamiento de figuras vinculadas a Eva Perón. Tal es el caso del secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), José Espejo, quien debe renunciar a su cargo tras recibir muestras de rechazo en el momento de pronunciar su discurso en el acto del 17 de octubre en la Plaza de Mayo. 16 Lo reemplaza Eduardo Vuletich, diri- gente de la Federación de Trabajadores de Farmacia. Este proceso continúa en abril de 1953, cuando una investigación en- cabezada por oficiales del ejército, pertenecientes a la Casa Militar de la Presidencia, descubre una maniobra vinculada al desabastecimiento de carne en la que están involucrados Juan Duarte, hermano de Eva y secretario privado de Perón, y otras figuras del gobierno. Duarte es obligado a renunciar a su puesto, y el 9 de abril aparece muerto en su domicilio, supuestamente por propia mano. Por su parte, la CGT resuel- ve convocar a una huelga general con movilización a Plaza de Mayo para el 15, en apoyo al gobierno. Ese día, mientras Perón pronuncia su discurso frente a la multitud, estallan dos bombas en la Plaza provocan- do siete muertos y más de cien heridos. En respuesta, grupos de mani- festantes comienzan a desplazarse por el centro de Buenos Aires, ata- cando e incendiando edificios sedes de partidos y organizaciones opo- sitoras: tal es el caso de la Casa del Pueblo socialista, la Casa Radical, el Comité de la provincia de Buenos Aires de la Unión Cívica Radical (UCR), el Comité Nacional del Partido Demócrata Nacional (conserva- dor) y el Jockey Club. 17 De inmediato, el gobierno inicia una campaña de detenciones que alcanza primero a jóvenes militantes radicales y conservadores apa-

16 Según algunas fuentes, el desplazamiento de Espejo se debe a una campaña organizada

por el ministro de Educación, Armando Méndez San Martín, junto con dirigentes sindicales pertenecientes a la «nueva generación», entre los cuales se cita a Abdala Baluch, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica en 1954. Véase Maceyra; op. cit.

17 Aparentemente, entre quienes protagonizan estos hechos se destacan miembros de los

servicios de inteligencia y de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), que fungía como grupo de choque del gobierno. La necesidad oficial de deslindar responsabilidades encontran- do una víctima propiciatoria sería, según ciertas fuentes, el principal motivo del violento desplazamiento del jefe de la ALN, Juan Queraltó, reemplazado por Guillermo Patricio Kelly poco después del 15 de abril. Véase Luna, Félix; Perón y su tiempo. El régimen exhausto; Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1990.

rentemente vinculados a los atentados del 15 de abril y a otros que se han producido con anterioridad; luego, en el mes de mayo, prosigue contra algunos de los principales cuadros de las fuerzas políticas que forman parte de la oposición. 18

A partir de entonces se inicia un proceso inverso al que se viene

desarrollando, iniciado por contactos establecidos entre el ministro del Interior, Ángel Borlenghi, y dirigentes conservadores, demócra- tas progresistas, así como socialistas y comunistas disidentes, ten-

dientes a obtener la libertad de los presos políticos. Paulatinamente,

la mayor parte de los detenidos sale de la cárcel, y en el mes de diciem-

bre el Congreso Nacional vota el proyecto oficial de ley de amnistía, la

que no alcanza a los cuadros militares implicados en las conspiracio- nes de 1951 y 1952. 19 Puede suponerse, en principio, que el establecimiento de una «tre- gua» entre buena parte de los cuadros políticos del régimen se en- cuentra determinada por un cambio en las relaciones de fuerza inter- nacionales caracterizado por la búsqueda de mejores relaciones con los Estados Unidos; condición fundamental, desde la perspectiva del gobierno, para alentar las inversiones externas necesarias para poder superar la crisis económica. 20 La «tregua» impone la resolución de los conflictos políticos en el

terreno electoral. Sin embargo, cabe aclarar que para una parte consi- derable de los cuadros de la alianza antiperonista (en la que podemos incluir a los dirigentes del sector unionista del radicalismo y a los del Partido Socialista) los comicios distan de ser la mejor opción, en tanto

en ellos el predominio del Partido Peronista es indiscutible; de ahí que propongan la abstención, y con ello, se reserven el papel de sostén civil de cualquier nuevo intento de golpe de estado.

El 25 de abril de 1954 es la fecha elegida para la realización de eleccio-

nes a vicepresidente de la nación y legisladores nacionales. 21 En es- tos comicios (realizados mientras se negocia la renovación de los convenios colectivos de trabajo) el candidato peronista a la vicepre- sidencia, Alberto Tesaire, obtiene 4.990.000 votos (62,5%) contra

18 Entre ellos, los radicales Balbín y Frondizi, los socialistas Nicolás Repetto, Alfredo

Palacios y Carlos Sánchez Viamonte, y los conservadores Reynaldo Pastor y Adolfo Vicchi.

19 Como tampoco a los acusados de «terrorismo» o a dirigentes sindicales enfrentados al

gobierno, como Cipriano Reyes.

20 Recordemos que en julio de 1953 Perón recibe a Milton Eisenhower, hermano del presidente

norteamericano y enviado especial de su gobierno a varios países de América Latina; y que en agosto el Congreso Nacional vota el proyecto oficial sobre inversiones externas, que otorga toda una serie de ventajas a los capitales que quieran radicarse en la Argentina.

21 Hortensio Quijano, compañero de fórmula de Perón en las elecciones de 1951, había

muerto el 3 de abril de 1952.

2.490.000 (32,5%) del radical Crisólogo Larralde; mientras se amplía la ventaja oficialista en el Congreso. 22 La consolidación del Partido Peronista como primera fuerza electoral manifiesta, entre otros aspectos, que el grueso del movimiento obrero continúa identificado políticamente con el peronismo, incluso en un contexto en donde el gobierno aparece respaldando la ofensiva pa- tronal en pos del incremento de la productividad y comienzan a suce- derse toda una serie de movimientos huelguísticos motivados por cuestiones salariales. 23 Esto no sólo se debe a que ese gobierno aparece como garante polí- tico de las conquistas materiales obtenidas durante los diez años anteriores (aspecto que suele ser resaltado en los análisis sobre el período), sino que además el respaldo al gobierno constituye la con- dición para obtener nuevos espacios en el sistema político- institucional y sobre todo en el gobierno mismo. Particularmente importante es la participación de legisladores de ori- gen sindical en las cámaras legislativas provinciales y nacional: se- gún datos proporcionados por Rubén Rotondaro, en 1955 seis sena- dores nacionales provienen del movimiento obrero, así como cin- cuenta y siete diputados nacionales, cincuenta y tres senadores pro- vinciales y ciento sesenta diputados provinciales. 24

22 Si bien a nivel nacional el peronismo retiene el mismo porcentaje de votos que en las

elecciones de 1951, algunos análisis señalan que en la Capital Federal el crecimiento electoral del oficialismo llega a un techo y, por el contrario, se incrementa el total de votos de los partidos de la oposición. Véase Luna; op. cit.

23 El sistema de partidos en la Argentina de los años 1946-1955 puede ser caracterizado,

según la teoría política, como de «partido predominante». La competencia electoral entre las diversas fuerzas políticas tiende a tomar forma «bipolar», o sea que las orientaciones en términos de «oficialismo» u «oposición» se manifiestan en dos fuerzas o conglomerados de ellas (alianza de partidos que apoyan a Perón y Unión Democrática en 1946, Partido Peronista y Unión Cívica Radical después), pero conservando la fuerza oficialista un predominio electoral tan amplio que se cierran las posibilidades de un recambio constitu- cional del gobierno. Para la clasificación de los sistemas de partidos, véase Sartori, Giovanni; Partidos y sistemas de partidos; Alianza, Madrid, 1980.

24 Sin embargo, hay que destacar que el número total de legisladores de origen sindical se

incrementa muy poco a partir de 1952, lo que lleva a preguntarse si este fenómeno tiene alguna implicancia en términos de relaciones de fuerza al interior de la alianza peronista. Para los datos citados, véase Rotondaro, Rubén;Realidad y cambio en el sindicalismo;BuenosAires, Editorial Pleamar, 1971. Capítulo IV.

LA RENOVACIÓN DE LOS CONVENIOS Y EL CICLO DE HUELGAS DE

Como dijimos en el comienzo del punto anterior, en febrero de 1954 el gobierno convoca a las organizaciones económi- co-corporativas de trabajadores y empresarios a negociar la renovación de los convenios colectivos.

1954 El marco legal para las tratativas lo otorga la ley 14.250, san- cionada por el Congreso Nacional el 29 de septiembre de 1953, promulgada por el poder ejecutivo al mes siguiente y reglamentada por el decreto 6582 de abril de 1954. 1 La norma legal dispone que las convenciones colectivas de- ben ser negociadas entre asociaciones profesionales de pa- trones y trabajadores (artículo 1), y refrendadas por el estado

a través del mecanismo de homologación dispuesto por el

Ministerio de Trabajo y Previsión (artículo 3). Una vez satisfe-

cho este requisito, el convenio es de cumplimiento obligatorio en su «zona de aplicación» para el conjunto de empleadores y asalariados, estén o no afiliados a sus respectivas organiza-

ciones gremiales (artículos 8 y 9). Por otra parte, la ley 14.250 establece que, al vencer el plazo de una convención colectiva, las normas laborales por ella sancionadas siguen vigentes hasta la firma de un nuevo convenio (artículo 5). Rige además

el principio de la condición más favorable para el trabajador, la

cual no puede ser modificada ni por un contrato individual de trabajo ni por la misma convención colectiva (en el caso de que esa condición haya sido establecida en un contrato indi- vidual) (artículo 7). En fin, la ley permite la formación de comi- siones paritarias, integradas por representantes de obreros y patrones y presididas por un funcionario del Ministerio, para analizar la interpretación de un aspecto de la convención o resolver diferencias surgidas de la puesta en práctica de la misma (artículo 15).

Resulta interesante destacar que la normativa reconoce de hecho el retraso en el proceso de organización económico- corporativa de fracciones de burguesía al establecer la capa- cidad del Ministerio de Trabajo para designar representan- tes patronales en la negociación del convenio de no existir una asociación profesional que los agrupe (artículo 9). Su- ponemos que esto refiere al caso de los pequeños y media- nos empresarios, fundamentalmente del interior. También debe señalarse que amplias fracciones obreras que- dan fuera del marco de las convenciones; en primer lugar, los

1 Los textos de la ley 14.250 y del decreto 6582 han sido tomados de Nápoli, Rodolfo;Manual de Derecho Sindical; Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1962.

empleados de la administración pública nacional, provincial y munici- pal (artículo 19 del decreto 6582). Junto con la convocatoria a la negociación de los convenios, el go- bierno anuncia su intención de no intervenir en el establecimiento de nuevas escalas salariales, confiando en los acuerdos entre trabajado- res y empresarios. Si bien algunos autores visualizan esta decisión como una «abdicación» por parte del estado de su responsabilidad de arbitraje en las relaciones obrero-patronales, 2 podemos por nues- tra parte interpretarla como un intento del gobierno de no involucrarse en forma evidente en la disputa que se avizora, ni con las demandas del movimiento obrero ni con las de la burguesía industrial. Sin embargo y de manera simultánea el gobierno, por boca del mismo Perón, insiste, ya desde fines de 1953, en la necesidad de que los aumentos a consagrar en los nuevos convenios no rompan el «equi- librio» entre precios y salarios que el programa económico ha logrado establecer desde principios de 1952, con la consiguiente baja de la inflación. Según el discurso oficial, los incrementos salariales sólo pueden concretarse a partir de la expansión de los niveles de produc- ción y productividad.

Por lo que sabemos, Perón se refiere al tema por primera vez en no- viembre de 1953, en una asamblea de dirigentes sindicales realizada en la Capital Federal. A partir de entonces, volvería a repetir los mis- mos conceptos una y otra vez, en general frente al mismo auditorio. Por ejemplo, el 13 de enero de 1954, en el acto de clausura del Congre- so Ordinario y Extraordinario de la CGT el presidente, luego de elogiar

a los dirigentes sindicales por su alto grado de organización (que

contrasta a su entender con la debilidad de sus pares empresariales) afirma: «No es el actual «standard» [de vida] el suficiente, pero, des- graciadamente, nuestro «standard» de vida no es el que nosotros queremos tener, sino el que nosotros podemos alcanzar. Esto tiene un límite; para poder repartir más hay que producir más y hay que produ- cir mejor». 3

Dos meses después, a fines de marzo, en un discurso en el teatro Colón ante dirigentes de la CGT y la CGE, Perón advierte: «Señores: el problema del equilibrio [entre precios y salarios] tiene frecuentemen-

te mucho que ver con la economía. Los desequilibrios de orden eco-

nómico traen, generalmente, los desequilibrios de orden social. El

estado social de los pueblos es directamente proporcional, en su equilibrio, con el factor económico». 4

2 Véase, por ejemplo, Luna; op. cit.

3 Fuente: CGT; 16/1/1954.

4 Fuente: CGT; 27/3/1954.

Y sobre la fijación de salarios, agrega: «Dentro de estas ideas genera-

les expuestas, la posición actual nuestra es bien simple: nosotros pensamos que deben mantenerse los términos ya fijados hace mucho

tiempo, es decir, un salario vital, que el gobierno tiene interés en man- tener para que por debajo de él no quede ningún argentino. Es el

punto de partida que para nosotros es irreversible. (

podría discriminar, entre los siete u ocho millones de argentinos que trabajan cuál ha de ser el salario que deben ganar, porque eso está en relación con la empresa de que se trata, con lo que esa empresa produ- ce, con el rendimiento del trabajo y aún con las condiciones de admi- nistración de la propia empresa». 5

) El gobierno no

El

mensaje es claro: los convenios deben establecer una escala basa-

da

en un salario mínimo (garantizado por el gobierno), y a partir de allí,

fijar aumentos de acuerdo a las capacidades de producción y adminis- tración de cada empresa, y de «rendimiento» por parte de sus obre- ros. Más aún: en otra parte del mismo discurso Perón anuncia que ha terminado el «ciclo de imposición» de salarios acordes con un eleva- do «standard de vida», y que ahora son los «sistemas racionales», basados en la administración eficiente de las empresas y el «esfuer- zo» y «sacrificio» de los obreros, los que garantizarán el incremento progresivo del nivel de vida de la población. Esto implica que el gobierno no asistirá en sus demandas al movi- miento obrero organizado sindicalmente tal como lo hizo durante la firma de los anteriores convenios a fines de la década de 1940; más aún, que la fijación del salario dependerá de las condiciones imperantes en cada lugar de trabajo. Los patrones, sin embargo, deben enfrentar dos problemas: el carácter general de los convenios (que además abarcan al conjunto de la rama) y, sobre todo, la fortaleza de las orga- nizaciones obreras a nivel de planta (comisiones internas), sobre las que el discurso oficial nada dice.

Queda por determinar cuál será el monto del salario mínimo, o «vital», mencionado por Perón. A principios de abril, en el Congreso Nacional Peronista de Trabajadores Agrarios, aquél se refiere en primer lugar a

la relación entre «sueldos emergidos» y «sumergidos», según se en-

cuentren por encima o por debajo del nivel del costo de vida, y luego analiza la evolución de los salarios en general durante los últimos cinco años. Determinando un «índice cien» a partir de una «satisfac- ción mínima» de necesidades básicas, señala que en 1949 el índice salarial es 125; en 1952, 86; y en 1953, 104. Ahora la meta es elevar el

índice a 115, para lo cual aconseja, con su natural modestia: «Como primer trabajador argentino yo indicaría la necesidad planificada y la posibilidad económica, comprobada con nuestra información, de que

5 Ibíd.

es posible para lo sucesivo establecer un salario ponderado medio de 900 pesos por persona». 6 Al mismo tiempo, la dirección del movimiento obrero organizado sindicalmente parece acoger los tópicos del discurso oficial acerca de la cuestión de la productividad. Así, un editorial del periódico CGT,

órgano de la central sindical, señala que: «El Presidente de la Nación, General Perón, dirigiéndose a los representantes de las organizacio- nes gremiales, ha reiterado una vez más, la consigna fundamental de la hora: producir. Es imperativo mantener el ritmo de trabajo, aumen- tando día a día los índices de producción como factor esencial para el mantenimiento del equilibrio social conquistado en el país, merced a la acción del Estado justicialista, con una satisfactoria relación de

Al incrementar el trabajo,

elevando los índices de producción, se posibilita la formación de saldos exportables que, dada la demanda existente de nuestros pro- ductos en todos los mercados del nuevo y viejo mundo equivalen a la acumulación de divisas, instrumentos indispensables para completar la evolución industrial que está experimentando el país». 7 Pero de manera simultánea, y en reiteradas ocasiones, la dirección sindical expresa su objetivo de incrementar en la mayor medida posi- ble los niveles salariales, y denuncia a las organizaciones empresaria- les por su intransigencia y las dilaciones que imponen en la negocia- ción de los convenios. Por ejemplo, el 2 de abril el secretario general de la CGT reclama la pronta finalización de los convenios, al tiempo que insiste en el estable- cimiento de un salario mínimo de 900 pesos y aumentos promedio del 20%. Y si bien reconoce la necesidad de incorporar a los convenios cláusulas que alienten una mayor productividad del trabajo, advierte que éstas deben garantizar «condiciones de trabajo humanas». 8

equidad entre los precios y los salarios. (

)

6 Fuente: CGT; 3/4/1954. Podemos complementar estos datos oficiales con los siguientes, referidos a la remuneración de los obreros industriales:

SALARIOS REALES DE LOS TRABAJADORES INDUSTRIALES, 1949-1955 (en %)

1949 105.0

1950 100.0

1951 92.6

1952 82.0

1953 86.3

1954 97.1

1955 97.0

Fuente: Baily, Samuel; Movimiento obrero, nacionalismo y política en la Argentina. Cap.7.

7 Fuente: CGT; 13/2/1954.

8 Fuente: Clarín; 2/4/1954.

Nos encontramos aquí con los dos límites que el movimiento obrero organizado sindicalmente se dispone a fijar a las pretensiones patro- nales: la vigencia de las condiciones de trabajo sancionadas en ante- riores convenios y la fijación de un salario mínimo y un porcentaje promedio de incremento salarial. La política a llevar adelante frente a la renovación de los convenios es debatida en una sesión del consejo directivo de la CGT a princi- pios de marzo. En su transcurso, Vuletich señala al resto de los diri- gentes el compromiso del gobierno de impedir aumentos de precios, y propone como objetivo principal establecer un salario mínimo acor- de al costo de vida. Se trata de elevar los salarios «sumergidos» a ese piso y atar el aumento de los «emergidos» a «las circunstancias particulares de cada caso»; en caso de ausencia de acuerdo, debe ser la patronal la que aparezca como irreductible a los reclamos sindi- cales y por lo tanto promotora de los conflictos. Por el contrario, advierte, una actitud confrontativa de parte de los representantes de los trabajadores «redundaría no sólo en perjuicio de la CGT, sino del propio Estado». 9 Queda claro que la capa dirigente no limita sus reclamos al terreno económico, sino que además tiene en cuenta el alineamiento de la mayor parte del movimiento obrero con respecto al gobierno y la necesidad de preservar la estabilidad política. El gobierno ha establecido la fecha del 10 de abril para el cierre de las negociaciones; ante la perspectiva de incumplimiento del plazo, ese mismo día la CGT y la CGE solicitan una ampliación que, de diez días iniciales, se extenderá de hecho mucho más tiempo. Mientras tanto, desde comienzos de abril se vienen sucediendo una serie de conflictos en varios gremios, a partir de demandas salariales que los empresarios no están dispuestos a contemplar en las nego- ciaciones colectivas. 10 De acuerdo al trabajo de investigación realizado por Louise Doyon 11 sabemos que, además de la metalúrgica, otras ramas en donde sepro- ducen protestas laborales son: textil, calzado, vidrio, industria privada del petróleo, cemento, caucho, industria láctea, servicio de transporte

9 Actas del Consejo Directivo de la CGT; 6/3/54.

10 Tanto en la información periodística como en el recuerdo de los participantes en la huelga

metalúrgica de 1954 aparece como exclusivo el problema salarial para explicar el origen de los movimientos huelguísticos de aquel año. Esto también es señalado por investigadores como Louise Doyon. Para una interpretación distinta, que plantea como hipótesis la centralidad del problema de la «racionalización» en el desarrollo de esos conflictos, véase James, D.; op. cit. Según el Boletín del Comité Obrero de Acción Sindical Independiente de Argentina (COASI), las luchas obreras comienzan en el mes de marzo; véase Boletín del COASI número 19, suplemento, marzo de 1954.

11 Doyon, Louise; «Conflictos obreros durante el régimen peronista (1946-1955)», en Torre,

J.C. (comp.); La formación del sindicalismo peronista; Buenos Aires, Legasa, 1988.

urbano, puertos, sanidad y seguros. Doyon señala que las formas de lucha predominantes son el trabajo a reglamento y la huelga de brazos caídos (cuyo número se incrementa notablemente respecto de años anteriores), seguida de la huelga general por rama, que como tal se lleva adelante en los gremios metalúrgico y del tabaco. Con respecto a este último, digamos que a raíz de la prolongación de la huelga (de casi tres meses de duración, entre el 3 de mayo y el 30 de julio), la Federación Obrera del Tabaco es intervenida por la CGT a mediados de julio. 12 También es intervenida por los mismos motivos la Federación Obrera del Caucho, Anexos y Afines, a principios de junio. 13 Frente a estos hechos, la dirección sindical reacciona en un doble sen- tido: por un lado, responsabiliza a las organizaciones patronales de haberlos provocado por negarse a atender los reclamos de aumento salarial; por otro, comienza a alertar sobre la presencia de «infiltrados» que intervienen en la protesta con el objetivo de crear «desorden».

Esta posición se encuentra resumida en el discurso de Vuletich en el programa radial de la central obrera: «Llevamos cuarenta y cuatro días de discusiones en los cuales, salvo muy raras excepciones, la irreductible posición, no ya de los patrones, sino de las organizaciones que según se dice los representan, han evitado la justa cristalización de nuestros anhelos y creado en la masa trabajadora un desconcierto que pareciera provocado para contrarrestar la unidad de los trabajadores y los diri-

Pueden ser estas maniobras, especialmente algunos actos

gentes.(

de fuerza dentro de los establecimientos, no siempre indicados por los propios dirigentes, hechos producidos para crear un ambiente de in- tranquilidad nacional. No debemos olvidar, por otra parte -y esto es de especial interés para los trabajadores, especialmente los dirigentes- que una cantidad de elementos extraños al movimiento sindical argen- tino y aún a la propia tranquilidad de la nación han de seguir intentando provocar desórdenes y crear situaciones artificiosas mediante la pro- vocación de conflictos injustificados». 14

)

12 Doyon, L.; op. cit., y La Mañana (Santa Fe); 17/7/1954.

13ElsecretariadoyConsejoDirectivodelaCGTjustificanlaintervencióndelaFederaciónObrera

del Caucho «por la situación irregular a que se ve abocada, en su aspecto gremial y laboral, la masa proletaria aglutinada en la Federación Obrera del Caucho como corolario de la posición inorgánica asumida por sus actuales autoridades en la consideración y dilucidación de los distintos problemas a que ha sido llevadaen el normal desenvolvimiento de su función específica como entidad sindical reconocida legalmente, que son de pública notoriedad.» Agregan que «La C.G.T., como entidad rectora del movimiento obrero argentino así lo entiende al apreciar que los conflictos acaecidos recientemente adolecen de fallas fundamentales que niegan la existencia, en el desarrollo de las tramitaciones tendientes a obtener la concreción de los anhelos y aspiraciones que sustentan sus afiliados, del necesario sentido común que debe ejercer primacía indubitable, como principio general de conveniente observancia» Fuentes: Clarín; 4/6/1954, y CGT; 5/6/1954.

14 Fuente: CGT; 15/4/1954.

Los primeros convenios se firman a mediados de abril; son los de la Unión Obrera de la Construcción y del Sindicato de Obreros y Em- pleados de Barracas de Lana. 15 La mayor parte, de todos modos, ter- minan de concretarse en los meses de mayo y junio. Los análisis del período no coinciden en una caracterización acerca de los resultados de las negociaciones: si para algunos los aumentos de salarios son insuficientes o no alcanzan a romper el «equilibrio entre precios y salarios», otros prefieren señalar el fuerte aumento del salario real frente a los niveles que ostenta hacia 1952. 16 Queda claro, entonces, que éste es un aspecto que deberá ser objeto de una investigación más minuciosa.

15 Fuente: CGT; 17/4/1954.

16 Así Gerchunoff y Antúnez afirman que, como resultado de los convenios, el salario real

promedio de 1954 se ubica un 12% por arriba del registrado dos años antes. Véase Gerchunoff y Antúnez; op. cit., pág. 190.

LA HUELGA

METALÚRGICA

DE ABRIL-JUNIO

DE 1954

Un paso necesario en la conceptualización del hecho inves- tigado es la formulación de un relato, lo más preciso posible, de los sucesos que lo constituyen. Hasta ahora hemos rele- vado una serie de fuentes primarias y secundarias que nos permiten iniciar una descripción de la huelga metalúrgica de abril-junio de 1954. Las fuentes primarias a las que hemos recurrido son diarios (Clarín, Democracia, La Nación, La Prensa, La Capital de Rosa- rio, La Mañana de Santa Fe, La Gaceta de Tucumán, y Córdo- ba), 1 publicaciones de organizaciones sindicales (periódico CGT, Actas del Consejo Directivo de la CGT, Actas del Comité Central Confederal de la CGT), político-sindicales (Boletín del COASI, o Comité Obrero de Acción Sindical Independiente de Argentina, vinculado al Partido Socialista, editado en Monte- video) y políticas (Nuestra Palabra, órgano del Partido Comu- nista). También hemos relevado relatos de y entrevistas a mi- litantes y dirigentes de la huelga misma. 2 En cuanto a las fuentes secundarias, ya citadas en el aparta- do referido a las visiones sobre el hecho investigado, se trata de descripciones o análisis del período más general, aunque ninguna se detiene en la huelga en sí. En un paso posterior de la investigación profundizaremos la búsqueda y selección de fuentes primarias en el registro de otros diarios de Capital Federal y el interior, actas de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), publicaciones de otras fuerzas políticas y político-sindicales, y nuevas entrevistas. En tanto todo hecho es un proceso, su descripción debe contemplar una periodización de los distintos momentos que lo conforman: en este caso, hemos periodizado la huelga metalúrgica de acuerdo a dos criterios: las formas que asume la lucha y las direcciones que encabezan el movimiento.

a) Los antecedentes. Fundada en 1943 por un sector del gremio descontento con la dirección comunista del Sindicato Obrero de la Industria Metalúrgica (SOIM) por su papel en la huelga de la rama llevada adelante el año anterior, la UOM recibe desde su

1 La búsqueda de información en diarios relativa a la huelga metalúrgica se encuentra con un

obstáculo: la censura de prensa impuesta por el gobierno, que de hecho alcanza a todo el conjunto de conflictos laborales de la época. En los diarios del interior, sin embargo, la cobertura de éstos es un poco más amplia.

2 Puede encontrarse una recreación literaria de la huelga metalúrgica de 1954 en la novela de José Murillo, Los traidores; Buenos Aires, Editorial Pespir, 1999.

origen el apoyo de parte de la burocracia política organizada en la Secretaría de Trabajo y Previsión. 3 Este sustento le permite a la UOM erigirse en exclusiva re- presentación institucional de los trabajadores de la rama, lo que se manifiesta en el rápido crecimiento de su membresía

de afiliados (de unos cuatro mil a cerca de cien mil entre 1944

y 1946). Muy pronto, la UOM ocupa un lugar destacado en

las luchas entre diversos alineamientos al interior del movi- miento obrero organizado sindicalmente; así, algunas fuen- tes le otorgan importante influencia en el desplazamiento de Aurelio Hernández de la secretaría general de la CGT y en su reemplazo por Espejo, en 1948. 4 Luego de la huelga de noviembre de 1947, la UOM obtiene no sólo un aumento salarial, sino un convenio que contem- pla las demandas de los trabajadores en lo que respecta a escalas de «calificación» del trabajo y limitación de las fun- ciones de control y dirección del capital a través de la acción de las comisiones internas. 5

A partir de 1946, y luego de una breve intervención del sindi-

cato decidida por la CGT, ocupa la secretaría general de la UOM Hilario Salvo, descripto por Walsh como «un guita- rrista que en sus ratos de ocio se dedicaba al contrabando». 6 Sea cierto esto o no, según algunas fuentes Salvo es uno de los dirigentes que se opone a la disolución del Partido Labo- rista a mediados de 1946 y al desplazamiento de Luis Gay al frente de la secretaría general de la CGT a principios del año

3 Sobre la fundación de la UOM, véase Belloni, Alberto; Del anarquismo al peronismo;

Buenos Aires, Peña Lillo Editor, 1960. Desde el ámbito académico se destaca el trabajo de Roberto Elisalde: «Sindicatos en la etapa preperonista. De la huelga metalúrgica de 1942 a la creación de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM)»; en Realidad Económica, Nº 135, octubre-noviembre de 1995. Para un relato de la huelga de 1942 y un análisis de la relación entre este hecho y la lucha entre diversas formaciones político-ideológicas al interior del gremio metalúrgico, véase Gurbanov, Andrés y Rodríguez, Sebastián; Trabajadores y sindi- catos en los orígenes del peronismo: la huelga metalúrgica de 1942 y su relación con la crisis de la dirigencia comunista del movimiento obrero argentino; mimeo.

4 Véase Walsh, Rodolfo;¿Quién mató a Rosendo?; Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1987; y Torre, J.C.; introducción a Senén González, Santiago, y Bosoer, Fabián; El hombre de Hierro; Buenos Aires, Corregidor, 1993.

5 En un paso posterior de la investigación avanzaremos en el análisis de los convenios

metalúrgicos de 1947 y 1954, a fin de compararlos entre sí. Para las huelgas metalúrgicas en 1946-1954, véase Doyon, L.; op. cit.

6 Walsh, R.; op. cit. Según Torcuato Di Tella, Salvo tiene destacada participación en la

movilización de los trabajadores metalúrgicos el 17 de octubre de 1945; véase Perón y los

sindicatos. El inicio de una relación conflictiva; Buenos Aires, Ariel, 2003.

siguiente; y de acuerdo a esas mismas fuentes, estas actitudes de «in- dependencia» frente a la política del gobierno le costarán la dirección del gremio. 7 Salvo es desplazado de la dirección de la UOM a fines de 1951, siendo sustituido por Abdala Baluch, un dirigente proveniente de la izquier- da. 8 Según el testimonio de un militante no peronista del gremio meta- lúrgico, mientras Salvo responde a la caracterización de «caudillo» sindical, Baluch «había entrado, como directivo, por la ventana»; es decir, con apoyo político externo al sindicato mismo. 9 Poco después Salvo es electo diputado nacional, cargo que ocupa hasta 1954. 10 Sin embargo, conserva su influencia sobre un sector de la UOM que busca retomar el control de la organización. El 26 de septiembre de 1952 un grupo de militantes partidarios de Salvo intenta apoderarse por la fuerza de la sede central del gremio mientras se desarrolla una reunión de delegados, con el propósito de forzar la renuncia de Baluch y la comi- sión administrativa, a la que acusan de prácticas fraudulentas. Utilizando un camión como ariete, los atacantes derriban la puerta y se tirotean con los ocupantes del edificio; luego de un enfrentamiento que, según una de las fuentes, deja ocho muertos y veinticuatro heridos, los primeros deben retirarse. 11 Mientras tanto la seccional Rosario, en donde tienen peso tanto la línea de Salvo como los comunistas, desconoce a la con- ducción de Baluch e intenta separarse de la UOM. La situación del gremio metalúrgico es tratada en el seno del consejo directivo de la CGT el 1 de octubre. 12 Luego de criticar la actitud de Salvo por suponerla «fomentando el descontento entre los trabaja- dores del gremio y creando un clima de violencia que necesariamente debía hacer crisis en cualquier oportunidad, como así ocurrió», Espe-

7 Véase Baily, S.; op. cit. Baily fundamenta esta interpretación en la entrevista que él mismo hiciera a Salvo en 1963. Sin embargo, es menester comprobar si las posiciones políticas de Salvo en 1946 y 1947 son asumidas públicamente por la UOM.

8 Según Baily, Salvo le atribuye «simpatías trotskistas»; de acuerdo a dos de nuestros

entrevistados, Baluch proviene del Partido Comunista (entrevistas a A.C. y B.).

9 Fuente: entrevista a S. Uno de los problemas más importantes a encarar en la próxima etapa

de la investigación refiere a la caracterización de las formaciones político-ideológicas y los alineamientos presentes en la UOM durante el período. En particular, nos detendremos en el análisis de los sectores en que se divide el peronismo dentro del gremio. ¿Encuentra dicha división una base objetiva en el proceso de producción mismo? ¿Refiere sólo a disputas por el control del aparato sindical? ¿O se encuentra determinada por las políticas postuladas en relación al gobierno y a las otras fracciones sociales que constituyen la alianza peronista?

10 Según Baily, ese año es expulsado del Partido Peronista acusado de «deslealtad»; véase

Baily, op. cit.

11 Véase Boletín del COASI número 2, octubre de 1952. Las actas del consejo directivo de

la CGT no hacen mención a bajas como consecuencia del hecho; véase Actas

12 El debate está registrado en las Actas

; 1/10/52.

; 1/10/52.

jo propone la intervención de la UOM como único medio posible de restaurar el orden en la organización. Discutida la moción en el conse- jo, es finalmente aprobada con el voto de la mayoría de sus miembros, designándose como interventores, por el plazo de sesenta días, a Hugo Di Pietro y Héctor Brown. 13 Al debatirse la intervención, y a propuesta de David Diskin (dirigente de la Confederación General de Empleados de Comercio), el secretario general de la CGT plantea a los miembros de la comisión administrati- va de la UOM que sean ellos mismos quienes soliciten el recurso de intervención, como forma de legitimar la medida. Sin embargo, los metalúrgicos rechazan la sugerencia, «por cuanto el reciente Congre- so realizado le ha ratificado [a la comisión administrativa] la confianza y sería incomprensible que ella misma pidiera la intervención que, por otra parte está en los planes del grupo que ha provocado el desor- den». 14 De todos modos, la intervención consolida la posición de Baluch y le permite reorganizar el gremio bajo su dirección. 15 En 1954 la UOM tiene cerca de 165.000 afiliados; 16 cuenta además con un servicio de asistencia social que incluye el sanatorio Eva Perón y el policlínico del mismo nombre, una proveeduría de farmacia, un ho- tel en Córdoba y una colonia de vacaciones en Luján. 17

b) De la huelga de brazos caídos a la huelga general de la rama (9 de abril - 21 de mayo) En la negociación por la renovación del convenio metalúrgico, inicia- da formalmente a fines de marzo de 1954, la UOM exige a los empresa- rios un aumento salarial cuyo porcentaje varía según las fuentes que hemos registrado. Así, según el periódico La Vanguardia, el incremen- to en cuestión es del 30%; mientras que Augusto Vandor, futuro se- cretario general de la UOM-Capital, afirma en una entrevista posterior

13 Cabe acotar que Armando Cabo, miembro del consejo directivo y dirigente de la UOM,

se opone a la intervención, por considerar que «sería a su juicio un mal procedimiento que se sentará por el hecho de que un grupo pretendiendo usurpar un local provocará la intervención del gremio y la renuncia de la Comisión directiva» del mismo. En la votación, Cabo decide abstenerse.

14 Véase Actas

15 Queda como tarea pendiente elaborar un relato detallado acerca de la transición del

liderazgo de Salvo al de Baluch dentro de la UOM.

16 Fuente: Clarín; 2/6/1954. Por ese entonces acompañan a Baluch en la comisión adminis-

trativa de la UOM Roberto Ruiz (secretario adjunto); Santiago González (secretario admi- nistrativo), Francisco J. Brizuela (secretario de actas y correspondencia), Juan Albertone y Domingo Drago (tesoreros); Luis José Rams (secretario de prensa, cultura y asistencia social). Fuente: CGT; 30/1/1954.

17 Fuente: CGT; 30/1/1954.

;

1/10/52.

que es del 56%. 18 Un porcentaje distinto menciona el dirigente Ciriaco Barainca en su relato de la huelga: cerca del 45%. 19 Por su parte el Comité de Huelga Central de los obreros metalúrgicos, en su «Carta Abierta» publicada el 7 de junio de 1954, ofrece más precisio- nes. Según el convenio anterior (marzo de 1952) el sueldo promedio de los trabajadores de la rama ronda los $ 700-800 mensuales; el proyecto presentado en las negociaciones con la patronal por la dirección de la UOM propone elevar dicho término medio a $1.000-1.200 mensuales, monto que de todos modos no alcanzaría a cubrir el aumento del costo de vida. 20 También en el Boletín del COASI se menciona la pretensión del gremio de llevar el promedio salarial a $1000-1200 mensuales. 21 Hasta donde sabemos, las demandas presentadas por la dirección de la UOM refieren exclusivamente a salarios. La cuestión de la produc- tividad no aparece mencionada, y esto es refrendado por la memoria de algunos participantes entrevistados. 22 Esto no quiere decir que en la rama metalúrgica esa cuestión no esté planteada en los hechos. El periódico comunista Nuestra Palabra re- coge información referida al descontento de los obreros en fábricas metalúrgicas y textiles ante el intento patronal de imponer reformas en la organización del proceso de trabajo o «normas de superexplotación». 23

18 Ambos citados por Baily, S.; op. cit.

19 Barainca, Ciriaco; La gran huelga metalúrgica de 1954; mimeo. Coincide en el mismo

porcentaje Rubens Iscaro (Historia del movimiento sindical; Buenos ires, Editorial Funda-

mentos, 1973), mientras que Scott Mainwaring lo reduce al 40% (op. cit.).

20 Véase el «Resumen de la Carta Abierta del Comité de Huelga Central de los Trabajadores

Metalúrgicos, del 7 de Junio», enNuestra Palabra; 14/6/54. Según el mismo documento, una

familia obrera debe gastar entre $1.500-1.700 para adquirir los medios de subsistencia indispensables.

21 Véase Boletín del COASI; Nº 20, junio de 1954.

22 «[Los reclamos abarcan] Fundamentalmente salarios. Condiciones de trabajo

Sí, habría ahí alguna

poníamos el acento en la cuestión del salario». «Yo no me acuerdo bien, pero la reivindicación principal que se hizo en ese momento era [de] un aumento de salarios». (Fuente: entrevistas

a A.C. y J.C.M.).

23 Por ejemplo, se menciona el caso de la planta metalúrgica de la empresa Galileo Argentina,

en Avellaneda: allí sus propietarios, «capitales fascistas escapados de Italia» según el citado periódico, pretenden que cada obrero supervise el funcionamiento de cuatro máquinas, y ofrecen en compensación el pago de «premios de producción»; véase Nuestra Palabra; 16/ 2/54. Además, este periódico recoge una denuncia de obreros metalúrgicos según la cual la patronal busca imponer, para todo el gremio, la «tarjeta de producción», en donde conste

el rendimiento de cada obrero; véaseNuestraPalabra; 4/5/54. Para un estudio de caso referido

a la implementación de cambios en el proceso laboral y las formas que toma la «resistencia

no son

yo no me acuerdo bien. Realmente

las condiciones de trabajo de ahora

obrera» frente a las «estrategias del capital» en la planta de la empresa SIAM, véase el trabajo de Roberto Elisalde: «El mundo del trabajo en la Argentina: control de la producción y resistencia obrera. Estudios sobre el archivo de la empresa Siam Di Tella (1935-1955)»; en Realidad Económica Nº201, enero-febrero de 2004. Elisalde sostiene que la «oposición a las

La pregunta que en este punto podemos formularnos es ¿por qué la dirección de la UOM no plantea demandas relativas a los cambios que se introducen o buscan introducirse en el proceso de trabajo? ¿Se trata de una actitud que sólo puede explicarse en términos de acata- miento a orientaciones establecidas por la cúpula de la CGT o el go- bierno nacional? ¿O forma parte de una política de la dirección de la mayor parte del movimiento obrero organizado sindicalmente, que en la coyuntura en la que se plantea la renegociación de los convenios busca no confrontar con un aspecto relevante de la política económi- ca oficial, centrando sus reclamos en lo específico salarial? De hecho, quienes sí plantean el problema del incremento de la pro- ductividad del trabajo son los empresarios metalúrgicos, lo que es coherente con la campaña que el conjunto de la burguesía industrial viene llevando a cabo desde hace dos años. Scott Mainwaring recoge sus propuestas: rechazo de aumentos salariales retroactivos a la firma del convenio, negativa a incrementar los haberes de los trabajadores que cobraran más de $900 pesos por mes y, sobre todo, vinculación de toda suba salarial al incremento de la productividad. 24 En lo que respecta a las remuneraciones, la oferta patronal ronda apenas el 5%, 10% o 15% de aumento, según las fuentes. 25 La oposición patronal a las demandas salariales crea en diversas fá- bricas de Capital Federal y Gran Buenos Aires una disposición favo- rable de los obreros a la huelga. En lo que respecta a Capital, es importante el trabajo de organización y agitación llevado adelante por delegados y ex delegados de comisiones internas vinculados al Parti- do Comunista y al Movimiento Pro Democratización e Independencia de los Sindicatos (MPDIS), organización políticosindical ligada a aquél. El MPDIS es fundado en 1949 con el objetivo de organizar a los traba- jadores, más allá de su pertenencia política, en la lucha «por sus jus- tas reivindicaciones», «traicionadas» por la «deserción» de los «jerarcas sindicales» peronistas. El MPDIS logra constituir agrupaciones en varios sindicatos, especial- mente de obreros de industria: metalúrgicos, textiles, frigoríficos, papeleros, azucareros y gráficos; también incluyen a trabajadores marí-

demandas del capital respecto del mejoramiento sobre el ritmo de productividad» es, junto al reclamo salarial, uno de los motivos más importantes de la huelga metalúrgica de 1954, aunque no aporta sustento empírico a esta tesis.

24 Mainwaring, S.; op. cit. Según el Boletín del COASI (número 19, suplemento, marzo de

1954), «la implementación del pago salarial por productividad significa el regreso del trabajo

a destajo».

25 El primer porcentaje es mencionado por el Boletín del COASI, número 19, suplemento,

mayo de 1954; el segundo, por Luna, Héctor Palacios (Historia del Movimiento Obrero Argentino; Buenos Aires, 1993, tomo 2, capítulo XXI) y Bitrán; finalmente, el tercero es citado por Iscaro.

timos, bancarios y municipales. Estas agrupaciones participan en algu- nos de los conflictos laborales desarrollados entre 1949 y 1954. 26 En lo que respecta al gremio metalúrgico, la actividad de los militantes del MPDIS se ve obstaculizada por la aplicación del artículo 5º del Estatuto de la UOM, que prohíbe la participación de los comunistas en las instancias electivas de la organización sindical. Esto lleva a la expulsión de muchos delegados de comisiones internas, los que sin embargo en algunos casos conservan el liderazgo entre sus compa- ñeros de lugar de trabajo por lo menos en lo que respecta a la conduc- ción de la lucha económica, tal como se comprueba en el transcurso de la huelga metalúrgica. 27 En Capital, la actividad del MPDIS en el gremio metalúrgico se con- centra sobre todo en cuatro zonas, que abarcan barrios del oeste (Parque Chacabuco y Flores), sur y sudoeste (Parque Patricios, Nue- va Pompeya y Villa Soldati), noroeste (La Paternal, Villa del Parque y Villa Devoto) y norte (Chacarita, Núñez y Saavedra) de la ciudad. En el Gran Buenos Aires, fundamentalmente en Avellaneda, Morón, Munro (entonces Presidente Perón), Villa Martelli y Béccar. 28 La presión de los obreros sobre la dirección de la UOM, para que ésta lleve adelante medidas de fuerza frente a la negativa patronal a aten- der sus demandas, es organizada no sólo por el MPDIS, sino también por delegados peronistas. 29

26 Acerca del MPDIS, véase Iscaro, R.; Historia del movimiento sindical.

27 Como ejemplo de la expulsión de delegados podemos citar el testimonio de un entrevis-

tado, quien en 1954 es obrero metalúrgico en una fábrica de Munro y militante comunista:

«Entonces el sindicato me convocó para que yo renuncie; yo me negué a renunciar, porque

fui designado por los obreros. Dije: ‘si no están de acuerdo, que me saquen ellos’. Y ellos, confiados, dijeron: ‘bueno, vamos a convocar a una asamblea del sindicato, para que los obreros lo saquen’. Y se armó una gran discusión; la asamblea se hizo un sábado a la tarde,

y no pudieron obtener el consentimiento. Pero siguieron hablando, hablando y hablando

hasta que la gente se fue cansando y se fue yendo. Me pedían disculpas a mí; tenían que hacer

y no tenían la presunción de que durara tanto. Entonces, se fueron yendo de a poco, hasta

que se agotó el quórum y lo dieron por aprobado ellos. Así que le comunicaron a la empresa que no era más delegado. La tontería mía fue haber pedido el pase de San Martín, porque era de San Martín, y en San Martín tenía antecedentes también». (Fuente: entrevista a J.C.M.).

28 Fuentes: Barainca, C.; op. cit., y entrevistas.

29 Respecto a la participación de dirigentes peronistas en la organización de la lucha un

entrevistado, militante comunista, afirma: «El trabajo de la militancia sindical es muy eficaz;

yo creo que fue uno de los ejemplos que nosotros tratamos de resaltar en cada una de las

oportunidades que hemos tenido, porque había comisiones de distintas fábricas

jaba en esa época en Merlini; algunos trabajaban en zona sur, en provincia. Salían a visitar

las comisiones internas para ir preparando la posibilidad de una oposición. No fue una huelga

espontánea que se dio en un Congreso, ahí en la calle Castro Barros

visitamos nosotros a los de Volcán, Catita, a un montón de fábricas, con el propósito de ir preparando la posibilidad de un paro, de una huelga. Un proceso largo, de varios meses. Y

comisiones internas, donde participaba

teníamos reuniones a nivel sindical, a través de (

mucha gente que estaba enrolada en el peronismo». (Fuente: entrevista a A.C.).

Yo traba-

De ahí, de Merlini,

)

Advirtiendo al gobierno de la posibilidad cierta de una huelga general de hecho de la rama, la dirección del sindicato convoca a huelgas de brazos caídos, las cuales comienzan el 9 de abril. 30 El objetivo de esta decisión es doble: por un lado, legitimarse frente a los trabajadores y neutralizar la acción de la oposición sindical; por otro, presionar a los empresarios para responder en forma favorable a sus reclamos. Suspendidas las negociaciones hacia el 20 de abril, a la espera de los resultados de las elecciones a realizarse días después, su reanuda- ción no implica ningún resultado concreto. 31 Ya el 22 de abril se realiza un congreso de delegados de la UOM en donde muchos de los presentes (representantes de los trabajadores de empresas como Catita, Merlini y Philips) se pronuncian a favor de una última advertencia a la patronal para que haga lugar a los recla- mos sindicales, y en caso contrario, iniciar de inmediato la huelga. Según la crónica periodística, una delegada de Philips reconoce que no puede «contener» a los obreros dispuestos a ir al paro. Por su parte, Baluch aconseja no adoptar medidas de fuerza ante la proximi- dad de las elecciones del 25, lo que motiva la respuesta de un delega- do: «¡Entonces que los paros comiencen el lunes 26 a primera hora!». De todas formas, la dirección de la UOM logra imponer en el congreso su criterio según el cual la declaración de la huelga corresponderá a la comisión administrativa cuando ésta «lo considere oportuno». 32 La no resolución de las tratativas crea las condiciones para que la presión de una parte de los obreros metalúrgicos sobre la dirección

30 Mainwaring, S.; op. cit. La responsabilidad de la dirección metalúrgica en la convocatoria

a la medida de fuerza es confirmada por Barainca y Correa. Resulta interesante contraponer

dos interpretaciones acerca de los objetivos tras su aplicación: mientras Doyon sostiene, a partir de la evidencia disponible, que su propósito es obtener mejoras salariales, James supone que también debe tenerse en cuenta la resistencia de los obreros a los «planes de productividad», aunque no aporta ningún apoyo a esta hipótesis. Véase Doyon, L.; op.cit.;

y James; op. cit. Conviene aclarar en qué consiste la huelga de brazos caídos: se trata de una

medida de fuerza consistente en limitar el rendimiento «normal» de la actividad laboral, con

el objetivo de provocar una baja en la producción. En algunas fuentes hemos encontrado

asociados huelga de brazos caídos y trabajo a reglamento (acatamiento riguroso de todas las normas que regulan las tareas, a fin de reducir al mínimo posible la intensidad del trabajo). Queda por ver si en el caso de la huelga metalúrgica de 1954 el trabajo a reglamento se lleva

a cabo, y en caso afirmativo, si se lo hace por disposición de la dirección de la UOM o de las organizaciones sindicales a nivel de fábrica.

31 Según NuestraPalabra, durante la segunda mitad de abril «la movilización cunde en Tamet,

Catita, Impa, etc.»; aunque no aclara qué forma toma la lucha de los obreros en esas fábricas;

véase Nuestra Palabra; 19/4/54.

32 Nuestra Palabra; 4/5/54. Suponemos que el congreso de delegados al que el periódico

comunista hace referencia es de la UOM-Capital.

del sindicato se profundice a través de la adopción de una nueva forma de lucha: los paros progresivos. 33

Estos paros empiezan a llevarse a cabo desde la primera semana de mayo en varias fábricas de la Capital Federal, sin autorización previa de la jefatura gremial. 34 Entre las plantas en donde se cumple esa medida de fuerza se encuentran las de las empresas Decker, Storer, Caige, Cemac, Febo, Silvania y Merlini. 35

Y aquí surge un interrogante: si bien diversas fuentes, tanto primarias

como secundarias, insisten en que la organización de los paros en la industria metalúrgica es privativa de la oposición sindical, hemos

registrado paros progresivos en ciudades del interior que a partir de

la misma fecha, aproximadamente, son convocadas por las direccio-

nes de las seccionales respectivas de la UOM. En Tucumán, por ejemplo, la seccional convoca a paros de una, una y media, dos y cuatro horas por turno, a partir del día 7 y hasta el 12, cuando se levantan por «avances en la negociación paritaria». 36 Más aún: según la información periodística, la dirección local llama a parar por decisión de la dirección «central», y levanta la medida de fuerza por la misma razón. En cambio, en Rosario se aplica a partir del 2 de mayo el trabajo a desgano; pero siempre por decisión de la UOM nacional. 37 . Dos días después, comienzan a cumplirse en la ciudad paros progresivos de una hora de duración, 38 que se prolongan hasta el 13 inclusive, ampliándose hasta durar cuatro horas. 39 En la ciudad de Santa Fe, culminan un día antes. 40

33 Al hablar de «paro» nos referimos a la interrupción de la actividad sin abandono del lugar

de trabajo; su carácter de progresivo deviene del hecho de que su extensión en el tiempo se

va ampliando según el plan fijado por la dirección sindical.

34 Véase Barainca, C. y Boletín del COASI; mayo de 1954, y Nuestra Palabra; 19/4 y 4/

5/54. Según Mainwaring, S.; op. cit., los paros progresivos comienzan en el gremio meta- lúrgico el 4 de mayo, y forman parte de un plan coordinado por «sectores disidentes» de diversos sindicatos, incluyendo, además de la UOM, a los de trabajadores textiles, del caucho, del vidrio, del cemento y del tabaco.

35 Nuestra Palabra; 11/5/54.

36 Fuente: La Gaceta (Tucumán); 8-9 y 11-13/5/1954.

37 Fuente: La Capital; 4/5/1954. El trabajo a desgano es una medida de fuerza consistente

en la exclusiva realización de aquellas operaciones contempladas en el contrato laboral, con «aplicación y dedicación mínimas». Encontramos otra referencia al cumplimiento del trabajo a desgano en la localidad bonaerense de Vicente López, aparentemente a partir de un «planteo de la directiva [de la seccional local]». (Fuente: entrevista a S.).

38 Según La Capital, el 4 se realiza un paro de una hora en todo el país, convocado por la

dirección nacional de la UOM. Fuente: La Capital; 5/5/1954.

39 Fuente: La Capital; 2, 4-6, 8, 11 y 13/5/1954.

40 Fuente: La Capital; 13/5/1954.

En Córdoba la situación es menos clara. El diario Córdoba menciona

la firma de un convenio, se supone que de alcance provincial, en su

edición del día 5; y contrasta esta situación con la imperante en el resto del país, en donde persiste el conflicto «a raíz del desacuerdo en las tratativas del petitorio formulado en la Capital Federal por esa organización obrera» (o sea, la UOM nacional). 41

Sin embargo, parece que al menos una parte de los obreros metalúrgi- cos no está conforme con el resultado, que los paros prosiguen y que

el convenio debe ser renegociado, puesto que el 11 la UOM-Córdoba

publica el siguiente comunicado: «La Unión Obrera Metalúrgica Seccional Córdoba comunica a sus afiliados, que habiéndose iniciado en el día de la fecha las tratativas de nuestro petitorio y siendo éste el objetivo que nos proponíamos lograr con nuestro movimiento; se ha resuelto normalizar las tareas en el día de mañana a la hora habitual». 42

También en Tandil se realizan paros progresivos entre el 3 y el 20 de mayo, con alto acatamiento. 43

A partir de los datos mencionados nos preguntamos: ¿a qué se debe

esta discrepancia en la información provista por distintas fuentes? ¿Puede suponerse que la dirección nacional llama a realizar paros en aquellas seccionales en donde tiene asegurado el control sobre la organización y no en aquellas donde la oposición tiene mayor presen- cia? ¿O la convocatoria parte de la dirección, y la oposición se monta sobre ella para presionar a esta última?

Como fuere, la intransigencia de los empresarios y el anuncio de la aceptación por parte de la comisión administrativa de la UOM de un aumento del 15% profundizan el descontento de los trabajadores y llevan a una gran cantidad de delegados a exigir a la dirección la convocatoria a una huelga general de la rama. La situación de la dirección de la UOM no es fácil: si por un lado

soporta la presión de los delegados en pro de la defensa de las de- mandas salariales, por otro debe tener en cuenta las directivas de la cúpula de la CGT orientadas a «normalizar las tareas y la producción» y continuar las negociaciones en base a los criterios anunciados por

el gobierno.

El 11 de mayo se realiza en la sede de la central obrera una reunión entre el consejo directivo y los secretarios generales de las principa- les organizaciones sindicales: en su transcurso, Vuletich exige el le- vantamiento de las medidas de fuerza, compromiso que habría con-

41 Fuente: Córdoba; 5/5/1954.

42 Fuente: Córdoba; 12/5/1954.

43 Véase Dicósimo, Daniel; Más allá de la fábrica; Buenos Aires, Editorial La Colmena/

Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 2000. Capítulo I.

traído en un encuentro anterior con el propio Perón y los dirigentes de la CGE. Al día siguiente, la dirección de la UOM convoca a delega- dos de empresas metalúrgicas de la Capital Federal a la sede del sindi- cato para informarles acerca de la posición de la CGT. El propósito es anunciar la «orden» cegetista no a todos los delegados en conjunto, sino por grupos: sin embargo, la protesta de aquéllos obliga a Baluch

y los suyos a organizar una virtual asamblea en la calle. El esperable rechazo de los delegados se prolonga, en la misma tarde del 12, con una manifestación de obreros provenientes de fábricas metalúrgicas porteñas, quienes exigen la convocatoria a una asamblea general del gremio para debatir los pasos a seguir, al tiempo que repudian a los dirigentes de la UOM al grito de «¡Vendidos!», «¡Traidores!», «¡Que renuncien!». 44 Al mismo tiempo, se realizan asambleas de personal en plantas como

las de Volcán, Silvania, Merlini, Talleres Coghlan, Caige, Ferrometal, Fanal, Storer, Jones, etc.; en casi todas ellas se decide la persistencia de los paros -que comienzan a ser totales- y la formación de delega- ciones encargadas de convocar a los trabajadores para que adhieran

al movimiento. 45

En la planta de Tamet, en Avellaneda, el 13 de mayo se realiza un paro total; cuando Santos y otros dirigentes de la seccional local de la UOM se hacen presentes en la fábrica con la aparente intención de poner fin a la medida de fuerza, son rechazados por grupos de traba- jadores al grito de «¡Váyanse!». Similar recepción tiene en SIAM el secretario general de la UOM-Avellaneda, Roberto Puricelli. 46 Según Nuestra Palabra, a lo largo de las dos primeras semanas de mayo funcionarios, grandes empresarios y dirigentes sindicales (la «santísima trinidad antiobrera») intentan por varios medios impedir la continuidad de la lucha: los empresarios amenazan con despidos y no pago de las jornadas de trabajo a desgano y paro; los dirigentes sindicales «presionan» a los delegados y denuncian ante patrones y policía a los «más honestos militantes gremiales» para lograr su des- pido y posterior detención; por su parte, funcionarios del Ministerio

44 Nuestra Palabra; 18/5/54. A esta manifestación parece referirse Iscaro (Historia del

movimiento sindical) al mencionar a «una delegación de 300 obreros de varias fábricas [que] concurrió al sindicato y solicitó asamblea general». Según Nuestra Palabra, durante el 12

de mayo se producen movilizaciones de trabajadores de otros gremios hacia los locales de sus respectivos sindicatos, también en rechazo de las presiones provenientes de la CGT y en reclamo de la continuidad de las medidas de fuerza.

45 Ibíd.

46 Nuestra Palabra; 25/5/54. En 1954 Puricelli y Santos son, además, diputados provinciales

bonaerenses (Nuestra Palabra; 14/6/54). Según una fuente, Puricelli disputa la dirección de la UOM a Baluch en 1951 (Fuente: entrevista a S.).

de Trabajo recorren las fábricas con el objetivo de obligar a los dele- gados a levantar las medidas de fuerza. 47 Lo cierto es que la presión de los trabajadores metalúrgicos en favor de la profundización de la lucha vuelve a expresarse en el congreso extraordinario de delegados de la UOM-Capital, realizado el 17 de mayo. Oficialmente es la dirección metalúrgica porteña la que organiza el congreso, para «informar sobre las tratativas del convenio de traba- jo». También se convocan asambleas similares y por el mismo motivo en las seccionales Avellaneda, Morón, Ciudadela, San Martín, Vicen- te López, Matanza, Quilmes, San Miguel, Eva Perón (La Plata), Cam- pana y Rosario. En Capital, el congreso se realiza en la Federación de Box, en el barrio de Almagro. Allí, Baluch presenta un informe sobre las tratativas del convenio e insiste en la «unidad» del gremio y en el apoyo incondi- cional al gobierno. Similares conceptos sostiene el delegado gestor de la CGT, Roberto Rubba: «Es necesario que sepamos respetar el mandato del gremio, porque cuando no se acata una decisión, esta- mos quemando a la organización». 48 La intención de la dirección de la UOM es apoyar lo actuado por sus representantes en la comisión paritaria y delegar en la comisión admi- nistrativa del sindicato cualquier resolución, tanto acerca de la adop- ción de medidas de fuerza como de la aprobación del convenio colec- tivo. Sin embargo, la presión de buena parte de los tres mil delegados presentes obliga a los dirigentes a inclinarse en favor de una huelga general de la rama, previa resolución de la comisión administrativa de la cúpula de la UOM nacional. 49 En Avellaneda el congreso se realiza con la presencia de quinientos dele- gados, quienes rechazan la propuesta de algunos dirigentes de aceptar el

47 Nuestra Palabra; 25/5/54. En un artículo aparecido en Nuestra Palabra con motivo de

la celebración del 1 de mayo, Rubens Iscaro, secretario general del MPDIS, caracteriza a la entente formada por el gobierno, los «jerarcas» sindicales y los monopolios como un «aparato corporativo-fascista». Y agrega: «Hay que romper ese aparato a través del cual el gobierno trata de liquidar no sólo la libertad sindical sino también y totalmente, la independencia de clase del movimiento obrero, al cual niega abiertamente todo derecho a luchar por sus reivindicaciones y en defensa de sus intereses». VéaseNuestra Palabra; 26/4/54 (suplemen- to dedicado al 1 de mayo).

48 La Prensa; 18/5/54.

49 Para el congreso de delegados del 17 de mayo en Capital, véase Clarín y La Prensa; 18/

5/1954, y Nuestra Palabra; 25/5/54. Ninguno de los dos diarios mencionados hace alusión a la convocatoria a la huelga, lo que puede entenderse en virtud de la censura impuesta por el gobierno. Barainca, en cambio, sostiene que en el congreso la dirección desconoce la «voluntad mayoritaria» de ir a la huelga y pone fin, en forma abrupta, a la sesión. Su testimonio es contradicho por Correa, Iscaro y también por Mainwaring.

porcentaje de aumento salarial propuesto por la patronal. En vista de la situación, Puricelli plantea como alternativa la presentación de una nue- va demanda exigiendo el 25% de aumento; de no mediar una respuesta favorable de los empresarios en 72 horas, el gremio queda habilitado para declarar la huelga general. Su moción es finalmente aprobada. 50 En el congreso de la seccional Vicente López el apoyo a la convocato- ria a la huelga es contundente: pero a diferencia de lo que sucede en Capital y Avellaneda, en este caso la dirección local (encabezada por Julio Etchevarne) manifiesta desde el inicio del debate su adhesión a la medida de fuerza. Según el testimonio de uno de nuestros entrevis- tados: «Bueno, la huelga, como todos saben, se concretó en el tiempo del congreso de delegados, y en el nuestro [Vicente López] hubo una inmensa mayoría, desde luego, por una medida respecto de ir a la huelga. Y hay que tener en cuenta que uno de los pocos movimientos de esa época, junto con el de bancarios y de ferroviarios, que se animaron a hacer una huelga; desde luego, con la diferencia [de] que la huelga nuestra venía auspiciada ya por los dirigentes, que eran en su inmensa mayoría adictos al gobierno. Distinto a los bancarios y a los ferroviarios que lo hicieron a través del comité de huelga. Enton- ces, ésa es una diferencia que hay que notar; si bien nosotros, la inmensa mayoría de la masa metalúrgica, estaba, sí, por la huelga, [permanecía] bajo la conducción de la comisión directiva». 51 Finalmente el 20 de mayo la comisión administrativa de la UOM nacional, reunida en la sede de la seccional Morón, y frente a la posición patronal intransigente en la negativa a conceder un aumento superior al 10%, decide oficializar «las resoluciones de huelga tomadas por los congresos de delegados de sus distintas seccionales» convocando a huelga gene- ral de la rama a nivel nacional a partir del día 21 a las 12 horas. 52

c) La huelga general por rama (21 de mayo - 12 de junio). c1) La disputa por la conducción del movimiento entre la dirección de la UOM y la de los comités de huelga (del 21 de mayo al 4 de junio). La convocatoria oficial a la huelga general de la rama metalúrgica impul- sa aun más la movilización de los obreros en aquellas fábricas donde la oposición sindical tiene presencia. Esta oposición en donde los comu- nistas ocupan, como dijimos, un lugar destacado, se organiza en una

50 Nuestra Palabra; 25/5/54.

51 Fuente: entrevista a B.

52 Nuestra Palabra; 25/5/54. Es interesante destacar que según el órgano del PC los pequeños

y medianos industriales son más proclives a atender las demandas sindicales, mientras que los «grandes pulpos de la industria» (Tamet, Catita, Siam, Acindar, La Cantábrica, etc.), adoptan la actitud opuesta.

serie de «comités de huelga», en ocasiones estrechamente imbricados con las comisiones internas. 53 De hecho la participación en ellos de delegados de planta junto a otros que han dejado de serlo por su

militancia política es protagónica, como lo refleja uno de los entrevista- dos: «[Los comités de huelga] eran un poco los delegados sindicales;

no era la gente que salió a la calle. Claro, por delegados

izquierda, porque había otros que eran peronistas

acerca de si hubo participación de delegados peronistas en los comités, otro entrevistado reafirma: «Donde había comité de huelga, y donde predominaba el ánimo de lucha, había [delegados peronistas] y estu- vieron dispuestos. No es que hicieron la división: ‘nosotros somos peronistas, vamos a trabajar’. En ese aspecto, hubo una unidad. En general, hubo unidad y hubo combatividad». 54 Ahora sabemos que el proceso de formación de los comités no sólo es anterior a la huelga metalúrgica, sino que se extiende por otras ramas de la actividad: el análisis en profundidad de dicho proceso es una meta a cumplir en otra etapa de la investigación. Por lo pronto, podemos afirmar que al menos desde inicios de 1954 se registra la formación de tales organizaciones a nivel de planta en los gremios del caucho (Pirelli) y textil (Campomar de Belgrano, Productex de Vicente López). A partir del mes de abril, la renegociación de los convenios y la generalización de la protesta a través de las formas de trabajo a reglamento, a desgano y paros progresivos extiende la for- mación de los comités a los gremios de panaderos, trabajadores de frigoríficos, Luz y Fuerza, obreros del vidrio, ferroviarios, trabajado- res del cuero, químicos, madereros, papeleros, obreros agrícolas, etc. 55 En el gremio metalúrgico, y hasta donde sabemos, la formación de los comités se circunscribe a Capital Federal y Gran Buenos Aires. En Capital, aparecen en fábricas como Merlini, Camea y Volcán (Parque Chacabuco-Flores); Federal, Longvie, Aurora y Klokner (La Paternal- Villa del Parque); Catita, Centenera y Decker (Parque Patricios-Nueva Pompeya-Villa Soldati); Silvania (Boca-Villa Soldati-Palermo) y Silver, Gillette y Philips (Chacarita-Núñez-Saavedra). 56 En el Gran Buenos Aires se constituyen comités en fábricas de Avellaneda, Lanús, La Matanza y Vicente López. En Avellaneda, y ya durante el mes de abril, los comités de SIAM y SIAT convocan a

no te digo de

». Ante la pregunta

53 Constituye un interrogante a responder en otra etapa de la investigación el de qué interés

expresa dicha forma de organización, y cuál es su relación con las comisiones internas previamente existentes.

54 Fuentes: entrevistas a A.C. y J.C.M.

55 Nuestra Palabra; 26/4/54.

56 Fuente: Barainca, C.; op. cit.; y Nuestra Palabra; 18/5/54.

paros exigiendo un aumento salarial general no menor al 50%; en Vicente López, los comités llegan incluso a editar un periódico, titula- do «El Acero». 57 Estas organizaciones, que nuclean a obreros de una misma empresa, surgen a partir de la lucha y centran sus demandas en la mejora de los salarios y de las condiciones de trabajo. Su desarrollo se ve impulsa- do por el cuestionamiento a las direcciones de la UOM nacional y de las seccionales de Capital y Gran Buenos Aires por parte de un sector de los obreros metalúrgicos. Según una fuente tal cuestionamiento se hace evidente, en algunos casos, inclusive antes de la huelga. De acuerdo a Nuestra Palabra, a principios de febrero de 1954 la patronal de TAMET despide a cinco delegados de su planta de Avellaneda. En respuesta, 300 trabajadores de esa empresa marchan hacia la sede de la UOM-Avellaneda exigiendo la convocatoria a una asamblea de la seccional para resolver las medi- das a adoptar. Los dirigentes no sólo se niegan a convocar la asamblea, sino que además solicitan protección policial ante la presencia de los trabajadores. 58 La presión de éstos logra que la reunión se realice de todas maneras: en su transcurso los dirigentes deben soportar acusa- ciones e insultos de toda clase, y finalmente comprometerse a iniciar gestiones ante el Ministerio de Trabajo para lograr la reincorporación de los delegados. En Capital Federal, el intento de la dirección de la UOM de despedir a un delegado de la empresa Ferrometal identificán- dolo como «comunista» recibe el explícito rechazo del resto de los delegados y de los trabajadores de la planta -«peronistas y no peronistas»-, expresado en sendas asambleas. 59 Los comités incluyen a cuadros sindicales situados en la oposición a las direcciones local y nacional de la UOM. Sobre el enfrentamiento entre los dirigentes de los comités y los del sindicato, podemos ofrecer el siguiente testimonio, tomado del relato de Barainca: «En Paternal- Devoto estaban Alejandro Yasqueliof [o Jaskalioff], Reneé Dana, Abraham Rakosky entre otros, quienes junto con sus compañeros de trabajo se unieron a los obreros de la Federal (120 obreros), Longvie (250), Cocinas Aurora (400) y otras empresas, en las cuales se habían constituido Comisiones de Lucha, desembocando en una movilización en las puertas de Klokner (1200 obreros), la empresa más grande de la zona, cuyo personal, confundido y presionado por algunos de sus delegados, se hallaba trabajando. En esos momentos salió al paso de los obreros un grupo de matones armados comandado por González, secretario adjunto del sindicato, quien los increpó en forma amenaza-

57 Nuestra Palabra; 26/4/54.

58 Nuestra Palabra; 2/3/54.

59 Nuestra Palabra; 16/2/54.

dora. Se le contestó como se merecía, recordándole que los dueños del sindicato eran los trabajadores, y que tenían pleno derecho a organizar la lucha por el convenio, cosa que ellos no hacían. Mientras tanto, a los gritos, los más de 1.000 compañeros y compañeras pedían conversar con la Comisión Interna y le reprocharon el triste papel que estaban jugando. Los compañeros -Oscar Martínez, Ernesto Blanco y Armando Ricci- dentro de la empresa llamaban a una asamblea del personal. Poco después los compañeros de Klokner se nos unían en la calle». 60 El MPDIS se postula como dirección del proceso de formación de los comités de huelga: algunos de sus más importantes referentes participan en ellos. Por otra parte, desde tiempo antes esta organización convoca a la formación de «comisiones unitarias de lucha» por empresa, que agru- pen a los obreros sin distinción de adscripciones político-ideológicas, y cuyo objetivo sea «conquistar la satisfacción de las reivindicaciones obreras». 61 Y esas reivindicaciones son, en primer lugar, económicas:

«[Las comisiones] son la garantía de triunfo para la conquista de las mejoras que la patronal se resiste a satisfacer. De estas mejoras es hoy la primera el aumento de sueldos y salarios, reivindicación a la cual ha vuelto a oponerse el general Perón en su charla del 24 [de febrero] en Olivos [con dirigentes de la CGT y de los sindicatos]». 62 Hasta donde sabemos no se plantea, desde las comisiones, la lucha contra la política del gobierno, ni mucho menos la lucha contra el gobierno mismo. En un plazo más largo, las comisiones deben apuntar a «democrati- zar» los sindicatos y a asegurar su «independencia» frente al estado; es decir, a disputar su conducción a la dirección peronista existente. En este sentido, es interesante destacar que el MPDIS no propone una alternativa a la forma sindical de organización de los obreros:

ante la «traición» de los «jerarcas», «estas comisiones independien- tes -que no luchan contra la CGT ni contra los sindicatos, sino para rescatarlos de manos de los patrones y el Estado capitalista-, son las que decidirán la conquista de los salarios». 63 Junto a las movilizaciones a las fábricas mencionadas en el relato de Barainca, es probable que sean estos comités quienes organizan la movilización de los obreros a la sede de la UOM nacional el 12 de mayo y la que, según una fuente, es la primera movilización hacia la

60

Ibíd. No queda claro, en el relato de Barainca, si este hecho ocurre antes o después del

21

de mayo. Suponemos que antes, ya que una vez convocada la huelga general por parte

de la dirección de la UOM, es difícil imaginar que su acatamiento (sobre todo en una gran

empresa como Klokner) sea parcial.

61 Véase el discurso de José Bonano, secretario del Centro Chacarita del PC, en la Convención

Electoral porteña de ese partido; Nuestra Palabra; 9/3/54.

62 Ibíd.

63 Nuestra Palabra; 25/5/54.

Casa de Gobierno, el 28; movilización esta última que es disuelta por la policía. 64 Mientras se prolonga la huelga el gobierno, a través del ministro de Trabajo y Previsión, Alejandro Giavarini, intensifica la presión sobre la dirigencia de la UOM a fin de obtener la pronta firma del convenio. El 1 de junio se anuncia finalmente que éste ha sido suscripto por la UOM y la Federación Argentina de la Industria Metalúrgica ante las autoridades del Ministerio de Trabajo y representantes de la CGT y la CGE. Entre otros aspectos, en el acuerdo se establece:

-una escala de aumentos salariales que va de $0,95 por hora para los peones y operarios, a $0,85 para los calificados y los medio oficia- les y a $0,80 para los especializados y los oficiales; por su parte, los empleados de la rama reciben un único aumento de $160 (artículo 3). -el reconocimiento formal por parte de la UOM de la implementación de premios salariales por productividad y la capacidad de la patronal para reajustarlos si resultan «antieconómicos». A la vez, el sindicato se compromete a garantizar la no intervención de los delegados en sentido contrario (artículo 4). 65 Además, tanto la UOM como la fede- ración patronal comprometen su mutua colaboración «para asegurar una mayor productividad y una mejor calidad de los artículos manu- facturados, en un todo de acuerdo con los objetivos del Gobierno de la Nación» (artículo 10). -el pago de los aumentos correspondientes a los meses de marzo, abril y mayo, en tres cuotas sucesivas, a abonarse en septiembre, octubre y noviembre (artículo 6). -la distribución del aumento correspondiente a marzo en aportes a la Fundación Eva Perón (50%), a la UOM (40%) y a la CGT (10%) (artículo 7). -el descuento, por parte de los empresarios, del 1% sobre el «jornal real» y sobre los aguinaldos, para su posterior giro a la UOM (artículo 8). -el compromiso de los empresarios a la no toma de represalias contra los trabajadores una vez se normalicen las tareas (artículo 9).

64 Sobre la movilización a Casa de Gobierno, véase Boletín del COASI; número 19, mayo

de 1954. No aparece en esta fuente mención acerca de quiénes organizan esta marcha, ni de cuáles son sus objetivos.

65 El artículo cuarto del convenio expresa: «La UOMRA se compromete a que sus repre-

sentantes, en las diferentes fábricas, no presentarán inconvenientes a los reajustes justifi- cados de las tarifas o bases de premios, en aquellos casos en que dichas tarifas o bases resulten antieconómicas y/o contrarias a la decencia del premio por aplicación de los aumentos convenidos»; véase Ministerio de Trabajo y Previsión-Dirección Nacional de Trabajo y Acción Social Directa-Registro General de Convenios Colectivos y Laudos. Acta número 12 (1 de junio de 1954); Biblioteca del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación; Buenos Aires.

Al mismo tiempo, se establece la duración del acuerdo salarial en dos años (hasta el 28 de febrero de 1956), y la prórroga de las cláusulas del convenio colectivo de la rama entonces vigente. En el curso de nuestra investigación hemos comprobado la ausencia de referencias, en los testimonios de los participantes entrevistados,

a las cláusulas del nuevo convenio que abren el camino al reconoci-

miento de reformas que se vienen llevando a cabo en la organización del proceso de trabajo, tendientes a incrementar la productividad. El hecho es que tales cláusulas existen, contenidas en los artículos cuar- to y décimo del acuerdo. Su inclusión significa un éxito para la campa- ña que el gobierno nacional y la patronal vienen llevando a cabo.

¿Cuál es, en este sentido, la posición que adopta la dirección de la UOM? Puede suponerse, en principio, que ésta acepta la incorpora- ción de las cláusulas no por convencimiento acerca de su necesidad, sino como medio para obtener los aumentos salariales reclamados y para no confrontar con un elemento destacado de la política económi- ca del gobierno en el marco del Segundo Plan Quinquenal. Además esa dirección sabe que una cosa es consagrar de manera formal una nueva normativa, y otra muy distinta la relación de fuerza real existen- te al interior de las fábricas, la que en definitiva determinará la capaci- dad de los capitalistas para imponer o no esa normativa. Ahora bien: el hecho de que en la memoria de los entrevistados no quede registrado el reconocimiento de los «métodos de racionalización del trabajo» en el convenio metalúrgico, puede deberse a que en la práctica dichos métodos no pudieron concretarse por el momento, de- bido a la exitosa oposición de la organización sindical a nivel de planta. En cuanto al aumento salarial, su porcentaje real varía según las fuen- tes citadas: mientras que el Boletín del COASI cita denuncias de obreros metalúrgicos que afirman que el incremento no supera el 10%, Barainca e Iscaro lo fijan en alrededor del 15%, Mainwaring lo hace en

el 21% y Baily en el 25%. 66 En las entrevistas no se recuerda el porcen-

taje, y sólo se limita a caracterizarlo de «irrisorio». El mismo 1 de junio la dirección de la UOM presenta el convenio ante una asamblea de delegados reunida en el Salón Augusteo. El cóncla- ve no se desarrolla tal como la jefatura metalúrgica lo espera: lejos de aprobar de forma inmediata el convenio, una parte de los presentes lo rechaza caracterizándolo como un «convenio de la traición» y acu- sando de «vendidos» y «traidores» a los miembros de la comisión administrativa. 67

66 Barainca, C.; op. cit.; Iscaro, R.; Historia del movimiento sindical; Mainwaring, S; op.

cit., y Baily, S.; op. cit.

67 Sobre la asamblea en el Salón Augusteo, véase Clarín; 2/6/1954 yNuestra Palabra; 31/

5-7/6/54.

La situación obliga a pasar a cuarto intermedio hasta el día siguiente:

ante la presencia de una gran cantidad de obreros que presionan por la continuidad de la huelga, descontentos con el monto de los aumen- tos, esta vez tampoco se logra la aprobación del acuerdo. 68 Finalmen- te, la comisión administrativa convoca a un nuevo congreso de dele- gados, a realizarse el día 4. No contamos, por el momento, con información acerca de lo que su- cede en forma simultánea en otras seccionales de la UOM en el inte- rior, a excepción de Tucumán, Rosario, Córdoba yVicente López (pro- vincia de Buenos Aires).

En Tucumán, el 2 de junio se realiza una asamblea general extraordinaria de delegados que aprueba el convenio y decide el retorno al trabajo a partir del día siguiente. Luego, una columna de obreros metalúrgicos realiza una manifestación frente a la Casa Histórica, la sede de la CGT local y la Casa de Gobierno provincial, «expresando su alegría» por el acuerdo. 69 El mismo día se realiza en Rosario un congreso de delegados que decide rechazar el convenio. Sin embargo, dos días después los dele- gados revierten su posición y votan por la afirmativa cuando José Ruiz, secretario general de la seccional local, informa (al regresar de una reunión en Buenos Aires con la dirección nacional) que 111 de las 113 seccionales de la unión han aprobado el convenio. 70 En Córdoba, mientras tanto, el 4 de junio los obreros metalúrgicos retornan a su trabajo. 71 Similar resolución adopta el congreso de dele- gados de la seccional Vicente López. Según el testimonio de uno de los entrevistados: «Entonces, el congreso, en el cual yo participo, levanta,

decide la vuelta al trabajo y nosotros, en Vicente López

la seccional

empieza a trabajar. El congreso de Capital decide continuar la huelga.

Entonces, yo veía una injusticia: nosotros estamos trabajando

Muy distinta es la situación en Capital Federal. La asamblea de dele- gados de la UOM-Capital, reunida el 4 de junio en la Federación de Box, reúne a unos 3000 trabajadores, a los que se suman muchos otros frente a las puertas del estadio. 73 Entre estos últimos se encuen-

».

72

68 Nuestra Palabra; 31/5-7/6/54.

69 Fuente: La Gaceta; 3/6/1954.

70 Fuente: La Gaceta; 3 y 5/6/1954. La decisión del congreso de delegados no implica que

en Rosario la huelga no haya continuado. De hecho, en su edición del 9 de junio, La Nación informa que el día anterior se reanuda la actividad en las fábricas metalúrgicas «después de varios días de paralización» (La Nación; 9/6/1954). Agreguemos que, según uno de nuestros entrevistados, José Ruiz es un dirigente estrechamente vinculado a Baluch (entrevista a A.P.).

71 Fuente: La Capital; 5/6/1954.

72 Fuente: entrevista a S.

73 Se trata de 6000, según los relatos de Barainca e Iscaro; de 1500, según la crónica delBoletín

del COASI (número 22, agosto de 1954).
52

tran los organizados en los comités de huelga, ahora centralizados en una Comisión de Huelga. 74 Entre las consignas coreadas por los obre- ros concentrados, se escuchan: «¡Asamblea general!», «¡Viva la huel- ga!», «¡Abajo los traidores!», «¡Comité de Huelga!». También exigen la instalación de parlantes para saber lo que está sucediendo dentro del local, y amenazan con entrar por la fuerza si no son satisfechos. 75 La intención de la dirección es obtener la aprobación del convenio de manera definitiva. Por ello Baluch insiste en la asamblea en que el aumento pactado con los empresarios constituye la única alternativa posible, no sólo porque estos últimos no están dispuestos a conce- der un monto mayor, sino también porque más allá de las reivindica- ciones del gremio, es necesario no romper el «equilibrio» entre pre- cios y salarios establecido por el gobierno. De allí que proponga el retorno al trabajo a partir de la primera hora del lunes 7. Mientras una parte de los delegados lo apoya, entonando «conoci- dos estribillos partidarios», muchos se oponen: Barainca, presente en

la asamblea como delegado, exige la renuncia de Baluch y de toda la

comisión administrativa de la UOM, la constitución de un comité de huelga y la continuidad de las medidas de fuerza. 76 Se suceden

enfrentamientos con golpes de puño entre los delegados presentes, mientras se anuncia el fin de la huelga.

Enterados de la noticia, los obreros concentrados en la calle Castro Barros intentan entrar en la Federación de Box, para revertir esta deci- sión; algunos logran su propósito, pero otros son repelidos por un grupo que les dispara con armas de fuego desde el interior del edificio

y desde un automóvil (o camión, según otra versión). Los atacados

responden arrojando a sus agresores palos, botellas, baldosas y «has-

ta sifones obtenidos en un bar vecino». 77 Los incidentes dejan un saldo de varios heridos. 78

En el interior del estadio, los delegados opuestos a la dirección acusan

a ésta de haber provocado los incidentes en la calle. Mientras Baluch y

74 Fuente: Barainca, C; op. cit.

75 Fuente: Nuestra Palabra; 31/5-7/6/54.

76 Fuente: Barainca; op. cit.

77 Boletín del COASI, número 19 (suplemento al ejemplar de mayo de 1954).

78 Según elBoletín del COASI (número 19, suplemento), como consecuencia del enfrentamiento

se producen seis muertos. Esto, sin embargo, no es mencionado por Barainca, Correa e Iscaro. En referencia a los que balean a los obreros, Barainca afirma que son «matones y pistoleros del Sindicato, entre los que lamentablemente se contaban algunos delegados de grandes empresas»; véase Barainca, C.; op. cit. Por su parte, Nuestra Palabra señala: «Fue entonces cuando una veintena de matones, elementos conocidos por los obreros como confidentes policiales y sirvientes de las empresas, desataron desde las puertas del local un violento tiroteo contra la multitud. Era un baleo a mansalva, de resultas del cual varios obreros quedaron heridos, muchos de gravedad, temiéndose por la vida de algunos»; Nuestra Palabra; 31/5-7/6/54.

los otros miembros de la comisión administrativa deciden retirarse del lugar, aquéllos se constuyen en improvisada asamblea y deciden:

Dar por renunciada a la Comisión Administrativa. Seguir la huelga. Recha- zar el convenio de la traición. Denunciar el crimen públicamente y castigar a los asesinos. Ir en manifestación a Plaza Mayo. 79

El objetivo de la movilización a Plaza de Mayo es entrevistarse con Perón y solicitar su intervención favorable en el conflicto. Así relata Barainca los sucesos: «Se escuchó un solo grito: ¡TODOS

A PLAZA DE MAYO! Varios delegados arrancaron banderas argenti-

nas de edificios vecinos, que se mezclaron con sangre de luchadores. Al frente de la manifestación se enarbolaron banderas de lucha prole- taria; esto recordaba los tiempos de la Semana Trágica, al decir de viejos compañeros. Por el camino se sumaban trabajadores de otros gremios y público que acompañaba solidariamente nuestra marcha. Se completaban nombres para el Comité de Huelga, que también de- bería actuar como Comisión Directiva Provisoria». 80 Además, los obre- ros difunden por escrito los nombres de quienes los atacaron en la calle Castro Barros: entre otros, se menciona a Castaño, Rufino, Mansilla, «Carrington», Zacanino, Fassano, Hinojosa, Coria, Lozano, Rissuto y el dirigente Santiago González.

La columna metalúrgica marcha por la Avenida Rivadavia en direc- ción al centro; al llegar al cruce de José Evaristo Uriburu, a cuatro cuadras del Congreso, se encuentra con un cordón policial que le impide el paso, exigiendo «orden y tranquilidad». Un grupo de obre- ros, quienes según el Boletín del COASI son detenidos por la policía

y según Barainca y Nuestra Palabra forman parte de una comisión

elegida en el lugar, se traslada al Departamento Central de Policía, donde los recibe el jefe de la Policía Federal, comisario Miguel Gamboa. 81 . A él le transmiten su intención de entrevistarse con el presidente, y el funcionario los exhorta a retornar al trabajo y dejar en sus manos la gestión ante Perón.

Mientras tanto, los trabajadores que continúan concentrados en Con- greso eligen comisiones encargadas de difundir la noticia de lo ocu- rrido en la Federación de Box en fábricas metalúrgicas y en los con- gresos de la Unión Ferroviaria y La Fraternidad, que se encuentran sesionando en esos momentos.

79 Fuente: Nuestra Palabra; 31/5-7/6/54.

80 Fuente: Barainca, C.; op. cit. No queda claro cuántos obreros participan de esta marcha.

El Boletín del COASI se contradice con las cifras que aporta: en el suplemento al número 19 afirma que se trata de 5.000; en el número 22 (agosto), reduce el total a 800.

81 Fuentes: Boletín del COASI (número 19, suplemento), Barainca, C.; op. cit., y Nuestra

Palabra; 31/5-7/6/54.

Conocido el resultado de la reunión con Gamboa, los obreros deci- den, previa asamblea, transformar a la comisión que se ha reunido con aquél en Comisión Provisoria. Ésta, a su vez, convoca a una nueva asamblea a realizarse frente a la sede de la UOM de la calle Moreno 2033 a las 8 horas del día siguiente, 5 de junio. En previsión de lo que puede ocurrir en pocas horas, y según una de las fuentes, la dirección de la UOM toma ciertas previsiones: dispone la instalación de un grupo (que alcanza a 300 personas) frente al edi- ficio en cuestión, distinguido por sus brazaletes y provisto de armas de fuego, cachiporras y barras de hierro. 82 Frente a los hechos del 4 de junio los medios de prensa, sobre todo los vinculados con el gobierno, hacen un cerrado silencio; así, el diario Democracia informa: «La asamblea extraordinaria de delegados de la UOM, celebrada en la Federación de Box el 4 de junio entre las 8 y las 11, resolvió la aceptación del convenio y la normalización de las tareas en todos los establecimientos del ramo a partir de las cero hora del 7». 83

c2) La huelga bajo la conducción del Comité de Huelga Central (4 al 12 de junio). En la mañana del 5 de junio unos 3.000 obreros se concentran frente al local central de la UOM; su objetivo es, como dijimos, realizar una asamblea en el lugar, pero encuentran sus puertas cerradas y ningún dirigente presente. 84 En relación a estos últimos, hay quienes buscan su destitución, mientras otros exigen que se pongan al frente de la lucha: «La idea de la gente era dialogar con ellos; algunos llevaban la renuncia; otros, exigían que se pusieran al frente. Es decir, no era un motivo uniforme. No, no fuimos a los sindicatos con la idea de tomar- los, tampoco». 85 En improvisada asamblea callejera, los trabajadores resuelven formar un Comité de Huelga Central, a partir del antecedente de la Comisión de Huelga mencionada más arriba. Como los comités de huelga por fábrica, de los que es continuidad organizativa, el Comité Central tam- bién está constituido principalmente por delegados: « funcionába- mos como Comité de Huelga, incorporando a delegados de las distin- tas zonas, de las distintas fábricas». 86 Aunque militantes comunistas juegan un importante papel en su inte- rior (empezando por Barainca, electo secretario general), también par-

82 Fuente: Boletín del COASI, número 22, agosto de 1954.

83 Fuente: Democracia; 5/6/1954.

84 Las crónicas acerca de lo sucedido el 5 de junio frente a la sede de la UOM no mencionan

qué actitud toma el grupo de choque supuestamente instalado en el lugar desde el día anterior.

85 Fuente: entrevista a A.C.

86 Fuente: entrevista a A.C.

ticipan dirigentes provenientes de otras formaciones político-ideoló- gicas. En palabras de Correa: «Los obreros eligieron sus propios diri- gentes sin preguntarles de qué partido eran: había peronistas, comu- nistas, socialistas y de otras ideas». 87 . El Comité decide desconocer a la comisión administrativa de la UOM, continuar la huelga, enviar delegaciones a fábricas de Capital y de Avellaneda para invitar a sus obreros a plegarse al paro, y convocar a una nueva asamblea a realizarse el 7 en la plaza Martín Fierro, en el barrio de Boedo. En Avellaneda existe una importante concentración de fábricas meta- lúrgicas que, en el caso de Tamet, Ferrum y Siam, ocupan a cientos o miles de trabajadores, muchos de los cuales han retomado sus tareas; según la oposición sindical, al ser «mal informados» por la dirección oficial. 88 . Hacia allí se dirige, una vez finalizada la asamblea y encabe- zada por el Comité de Huelga Central, una columna de obreros que alcanza a sumar entre 2.000 y 3.000 personas. 89 Al llegar a la planta de Tamet, a pocas cuadras de la estación Avellaneda del Ferrocarril Roca, los manifestantes se enfrentan con un grupo con- ducido por dirigentes de la seccional metalúrgica local (entre ellos Puricelli y Santos), quienes los balean. Según el relato de Barainca, dicho grupo debe soportar a su vez una lluvia de bulones arrojados por las obreras de Tamet desde la azotea de la fábrica. Finalmente se retira cuando un marinero de la Prefectura, cuyo hermano trabaja en la fábri- ca, lo amenaza con su arma. Obreros de Tamet se suman entonces a la marcha, para luego dirigirse a las cercanas plantas de Ferrum y Siam. 90 Al mismo tiempo, cerca de 1.500 metalúrgicos se concentran en la esquina de Rincón y Adolfo Alsina, en la zona de Congreso, donde denuncian la «traición» de la CGT y protestan por la supuesta deci- sión empresaria de no pagar los días de huelga. Además, reafirman la convocatoria a la asamblea a realizarse en la plaza Martín Fierro. 91 Durante el transcurso del mismo día 5 se producen intentos de orga- nizar a los trabajadores para continuar con la huelga en varios parti- dos del oeste y norte del Gran Buenos Aires. Tal es el caso de La Matanza, Morón, San Martín, San Isidro y Vicente López. En Vicente López hemos registrado la formación de comités de huelga en distintas fábricas y luego de un Comité centralizado a nivel local, enfrentado a la dirección de la seccional. 92 . En este partido, la activi-

87 Correa, J.; op. cit.

88 Fuente: Barainca, C.; op. cit.

89 Véase Barainca, C.; op. cit., Iscaro, R.; op. cit. y el «Resumen de la Carta Abierta del Comité de

Huelga Central de los Trabajadores Metalúrgicos, del 7 de Junio» en Nuestra Palabra; 14/6/54.

90 Fuentes: Barainca, C.; op. cit.; y Nuestra Palabra; 14/6/54.

91 Fuente: Boletín del COASI, número 22, agosto de 1954.

92 Fuente: entrevistas a J.C.M., S. y B., y diarios Clarín y Democracia; 16/6/1954.

dad de los obreros favorables a la continuidad de la medida de fuerza es especialmente intensa en las localidades de Presidente Perón (hoy Munro) y Villa Martelli. A partir del lunes 7 se intensifican las accio- nes de agitación en favor de la prolongación de la huelga en las puer- tas de fábricas y talleres. En palabras de uno de los entrevistados:

«Así fue que nosotros quisimos mantener el paro en las fábricas; los obreros al sindicato no podían ir, entonces iban a las puertas de las fábricas. Entonces, yo fui a las puertas de las fábricas para tratar de parar, y qué se yo; seguro que algún alcahuete de la misma empresa avisó, vinieron de la policía, y tuvimos que salir rajando». Sin embargo, otro testimonio señala que buena parte de los trabajadores

acatan la decisión de la directiva de la seccional de volver al trabajo: «De

todos sabíamos que la Capital

estaba parada: pero la seccional Vicente López había levantado el paro, discutiendo, un congreso que fueron cuatro o cinco seguidos; dos por día, uno a la mañana y uno a la tarde, ¿no? Finalmente se acató; entonces, lo que correspondía era volver al trabajo, como hicimos nosotros». 93

En las primeras horas de la tarde del 7 de junio comienza la asamblea convocada por el Comité Central de Huelga en la plaza Martín Fierro, lugar cargado de simbolismo por encontrarse en el solar que fuera de la empresa Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena, epicentro de la Sema- na Trágica de 1919. Los organizadores son conscientes de esto y por ello disponen al inicio de la asamblea, junto a la entonación del Himno Nacional, la realización de un minuto de silencio en homenaje a los trabajadores caídos durante aquellas jornadas. 94 Una gran cantidad de obreros metalúrgicos debate en ese lugar la marcha de la huelga, la ratificación de los miembros del Comité y los pasos a seguir. 95 Las consignas contra la dirección del gremio meta- lúrgico son predominantes. 96

repente, la información que tuvimos

93 Fuente: entrevistas a J.C.M. y S.

94 Fuente: Barainca, C.; op. cit.

95 La cantidad de obreros presentes en la plaza Martín Fierro varía según la fuente de que

se trate: el Boletín del COASI (número 22, agosto de 1954) la fija en 2.000;Nuestra Palabra (31/5-7/6/54), en 25.000; por último, Correa, Iscaro y Carlos Echagüe (Las grandes huelgas; Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1971) sostienen que alcanza a cerca de 30.000 personas. Los diarios Clarín,Democracia y Córdoba, en sus ediciones del día 8, mencionan la asamblea, pero no señalan el número de participantes. Además de Barainca, forman parte de la dirección del Comité de Huelga Central Balestra, Mario Pierucci, Abel Caballero,

Valentín Golzman y Alejandro Jaskalioff, entre otros. Cabe aclarar que la mayor parte de ellos son dirigentes de peso en la Capital Federal: «Yo, a los que conocía, eran Barainca, Acosta

a Caballero no lo conocía

Y después el grupo de Pompeya, de Patricios: había fuerza ahí; había

en la calle Empedrado

Toda esa gente de Paternal armó un grupo fuerte, ¿no?; estaban

fuerza, y los comités habían funcionado». (Fuente: entrevista a S.).

96 «Predominó un carácter antiburocrático: contra Baluch, tildado de ‘traidor’, ¿no? Mi

opinión es que Baluch no resistió la presión del gobierno; ésa es mi opinión personal. Lo

apretaron, ¿no?: ‘o firmás’

sí o sí, o le intervenían el gremio». (Fuente: entrevista a S.).

También participan representantes de otros sindicatos que están en huelga, vecinos y organizaciones estudiantiles; la Federación Sindi- cal Mundial (FSM), organización obrera de carácter internacional orien- tada por los comunistas, hace llegar una «donación solidaria». 97 Acerca del clima reinante en la asamblea, describe Correa: «Las asam- bleas generales, realizadas en la plaza Martín Fierro, frente a la legenda- ria Vasena -donde en 1919 se había originado la Semana Trágica -, fueron entusiastas. A nadie se le negaba allí la palabra. También los vecinos, los estudiantes, los partidos, pudieron expresar su solidari- dad, traer su óbolo moral y material para la causa de los huelguistas» 98

A propuesta de Barainca, se aprueba el inicio de negociaciones con

los empresarios por parte del Comité (desplazando de hecho a la di- rección oficial de la UOM) y la realización de una marcha hacia Plaza

de Mayo para exigir una entrevista con Perón e informarle de «las

resoluciones aprobadas». 99

Asimismo, el Comité da a conocer una «Carta Abierta», dirigida «a los trabajadores y al pueblo en general», en la cual expone las demandas salariales del gremio y denuncia la intransigencia de la patronal, que no sólo se niega a otorgar mejoras en ese sentido, sino que además preten- de «un aumento de la productividad, intensificando la explotación y suprimiendo la organización sindical en las fábricas». Resalta que el inicio del trabajo a desgano, a partir del 4 de mayo, resulta de la «impo- sición» de los obreros sobre la dirección de la UOM, la que intenta poner fin a la medida de fuerza el 12, cuando anuncia la supuesta buena

disposición de los empresarios para «discutir el convenio». Y es otra vez la presión de los trabajadores, ejercida a través de los delegados, la que impone en los congresos de seccionales la declaración de la huel-

ga general el 17 de mayo. La huelga general «fue el único medio que nos

quedaba frente a la obstinada intransigencia patronal, que se sentía fortalecida por el silencio del gobierno y la complicidad de los dirigen-

tes de la Unión Obrera Metalúrgica y de la CGT, complicidad que cada día era más evidente para todos nosotros». La «traición» de los «falsos dirigentes» de la UOM se manifiesta, según el Comité, en el apoyo prestado a los despidos de los trabajadores más comprometidos con la huelga, en acciones de violencia contra obreros metalúrgicos y contra todos aquellos que quieren hacer llegar su solidaridad, y finalmente en

el intento de hacer aprobar un convenio con «míseros aumentos» en el

97 Barainca, C.; op. cit.; Correa, J.; op. cit.; y entrevista a A.C.

98 Correa, J.; op. cit.

99 Fuente: Barainca, C.;op. cit. Según el ya citadoBoletín del COASI, al iniciarse la asamblea

un orador denuncia que los dirigentes de la UOM son responsables del secuestro, la noche anterior, de seis miembros del Comité, cuyo paradero es desconocido. No hemos podido hasta el momento confirmar esta versión.

congreso del 4 de junio. El ataque a delegados y trabajadores reunidos en la Federación de Box crea las condiciones, siempre según el Comité, para que el gremio constituya «una nueva dirección, firme y combativa», electa «democráticamente» en la asamblea del día 5. Es de destacar que el Comité prioriza, en el orden de sus demandas, las específicamente salariales, en el marco de un discurso que no se dife- rencia del que podría enunciar la denostada dirección peronista de la UOM: «Las grandes empresas pueden dar el aumento de salarios sin elevar los precios, con sólo mermar un poco sus enormes ganancias (ejemplos: Siam pesos 48.544.000; La Cantábrica $18.907.000; etc.). El aumento de salarios no perjudica sino que beneficia a todo el país pues amplía el mercado interno, reactiva el comercio y la industria, etc.». Y si bien es cierto que en la Carta se contempla la necesidad de luchar por la «democracia» y la «independencia sindical» y por demandas de carác- ter político como la vigencia de las libertades públicas, el derecho de prensa, de reunión y de asamblea, lo cierto es que no se confronta directamente con el gobierno (más allá de señalar su «silencio» frente al conflicto gremial) ni con algún aspecto particular de su política. 100 Luego de convocar a una nueva asamblea a realizarse al día siguiente en el mismo lugar y a la misma hora, los obreros concentrados en la plaza Martín Fierro inician una marcha que se dirige en principio a la sede central de la UOM, con el propósito de destituir a la comisión administrativa y formar una «dirección provisoria». 101 Durante el desarrollo de la manifestación, que según Barainca recibe continuas adhesiones de «vecinos y otros trabajadores», se produce un hecho que refleja la disputa entre sectores peronistas dentro de la UOM. Hilario Salvo, que aspira a canalizar el descontento de los obre- ros en huelga para desplazar a su adversario Baluch, aparece sorpresivamente e intenta encabezar la columna. Su actitud genera la respuesta violenta de algunos obreros, que lo obligan a retirarse rápi- damente: la «intervención de algunos miembros del Comité apenas logró impedir que varios obreros lo estrangularan». 102

100 Para un «Resumen» de la Carta Abierta», véase Nuestra Palabra; 14/6/54.

101 Véase Iscaro, R., op. cit., Boletín del COASI (número 22, agosto de 1954) y Nuestra

Palabra; 14/6/54.

102 Fuente: Barainca, C.; op. cit. Contrástese este hecho con la afirmación de una supuesta

alianza entre Salvo y los comunistas contra Baluch; véase Baily, S.;op. cit., capítulo 7. Según Correa, Salvo forma parte de un «equipo de relevo» organizado por el gobierno peronista para el caso en que fuera necesario reemplazar a la dirección de la UOM. Véase Correa, J.; Los jerarcas sindicales, Segunda Parte.

Al llegar a la esquina de las calles Moreno y Pasco, a una cuadra del sindicato, los trabajadores se encuentran con un cordón policial que les impide el paso. Allí la columna se divide: grupos de obreros deci- den retirarse, atendiendo a los «reclamos de la policía para que depu- sieran su actitud»; otros, por el contrario, prosiguen su avance hacia Plaza de Mayo. 103

Nuevamente en Avenida de Mayo, entre Luis Sáenz Peña y San José, la columna ve obstaculizada su marcha por la policía, que ha colocado tanquetas en el lugar. En principio, los obreros no intentan seguir adelante: improvisan una asamblea en la que Barainca informa al nu- meroso público presente sobre los motivos que llevaron a la huelga, denuncia los «crímenes» de los dirigentes sindicales y las grandes ganancias acumuladas por los empresarios del sector, critica la políti- ca económica del gobierno (y en especial la Ley de Inversiones Ex- tranjeras) y llama a la solidaridad del resto del movimiento obrero. 104 Los trabajadores, entretanto, corean consignas tales como «Uno, dos, tres, cuatro; queremos el sindicato». 105 Luego comienzan los incidentes: según una versión, un grupo de obreros intenta agredir a un inspector de la policía; ésta responde arrojando gases lacrimógenos sobre aquéllos. 106 Una parte de los manifestantes, entonces, hace a un lado a una de las tanquetas y avanza finalmente hacia Plaza de Mayo. 107 Una vez llegados allí, los obreros se concentran alrededor del monu- mento a Manuel Belgrano, frente a la Casa de Gobierno, con el propó- sito explícito de «entrevistar a Perón». 108 No todos los que participan en la asamblea de la plaza Martín Fierro están de acuerdo con la propuesta de presionar a Perón para obligarlo a involucrarse en el conflicto gremial. Según uno de los entrevistados, en ese entonces delegado en Vicente López: «Yo no estuve en el con- greso de la Federación Argentina de Box; sí estuve en la plaza Martín

Fierro, hicimos la marcha hacia la Plaza de Mayo

un error: era un planteo contra la dirección sindical, buscaban el apoyo

de Perón, ¿y qué les iba a decir? Toda la noche pasamos en la Plaza de

A mi juicio se cometió

103 Fuente: Clarín; 8/6/1954. Correa señala que las columnas obreras que se movilizan hacia

la sede de la UOM son reprimidas «brutalmente» por la policía. Véase Correa, J.; op. cit.

104 Fuente: Barainca, C.;op.cit. Según su propio relato, al terminar su discurso «fue rodeado

por obreros que procedieron a cambiarle la ropa para evitar su identificación por la policía».

105 Fuente: Boletín del COASI, número 22, agosto de 1954.

106 Ibíd.

107 Barainca, quien relata el incidente de la tanqueta, no menciona el ataque con gases

lacrimógenos.

108 Fuente: entrevista a A.C.

109 Fuente: entrevista a S.

Mayo, se perdió un tiempo, en vez de ir a la base

un planteo de la gente que dirigió Caballero, Barainca, Acosta

gente del grupo de Patricios; Patricios estaba muy fuerte

Lo cierto es que, llegados a la Plaza, algunos grupos de trabajadores marchan hacia la sede del diario La Prensa, «expresando de viva voz su repudio hacia su función antiobrera». 110 . También se dispone el envío de delegaciones a fábricas de Capital Federal y Gran Buenos Aires para informar a los obreros sobre la persistencia de la huelga y la convocatoria a una nueva asamblea a realizarse al día siguiente en ese lugar, modificando de esta forma la directiva planteada horas an- tes en la plaza Martín Fierro. Cerca de la medianoche un pequeño grupo de cuatro universitarios, todos ellos pertenecientes al centro de estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires y a la vez miembros de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), se acerca a uno de los miembros del Comité de Huelga y le ofrece una contribución solidaria de ochocientos pesos. La policía, apostada en las cercanías desde el inicio de la concentración, detiene a los estudiantes y obliga a los trabajadores a retirarse de la Plaza. 111

Yo creo que ahí hubo

toda la

».

109

La jornada del 7 de junio también registra hechos de importancia en el Gran Buenos Aires. Comencemos por la zona norte. En las localidades de Villa Martelli, Florida y Munro (Presidente Perón), la convocatoria a la asamblea en la plaza Martín Fierro impulsa a un grupo de delegados de fábricas y talleres -nucleado en comités de huelga a nivel de planta, a su vez centralizados en el mencionado Comité de Huelga local- a organizar una manifestación a la sede de la UOM en Munro, para realizar una asamblea en el lugar y marchar después hacia la plaza Martín Fierro. El propósito de la manifestación aparece reseñado en el testimonio de uno de los participantes, trabajador en una planta de Villa Martelli:

«Se presentaban condiciones de tomar la seccional también, pero ése no era el objetivo. El objetivo era que la población conociera cuál era la situación, que los trabajadores fundamentalmente se dieran cuenta

». 112 Con ese

de la traición que existía de parte de los dirigentes

objetivo comienzan a recorrer las plantas fabriles, llamando a los obre- ros que han retornado al trabajo a continuar la huelga y a plegarse a la

columna que avanza hacia la seccional. Así relata los hechos uno de los entrevistados, obrero en una fábrica de Munro por ese entonces: «Entonces llegó la huelga del ’54 y yo,

110 Nuestra Palabra; 14/6/54. Recordemos que La Prensa es el medio vocero de la CGT

desde su expropiación por el gobierno en 1951.

111 Fuente: Clarín; 9/6/1954. El hecho es mencionado también por Almaraz, R., Corchon,

M. y Zemborain, R; op. cit.

112 Fuente: entrevista a B.

como ex delegado, a medida que entraban los obreros los paré en la

puerta y les dije qué les parecía la situación que había, y que dejar a la

Capital sola en esa pelea

ese aumento miserable. No, me dijeron que no, y coincidieron conmi- go en parar. Entonces recorrimos fábricas, paramos en la puerta, les explicábamos la situación y se plegaban los obreros, completamente de acuerdo. Entonces fuimos juntando gente de fábrica en fábrica y caminamos a la seccional de Munro para hacer una asamblea sindi- cal». 113 Según otro de los entrevistados, los obreros que participan en la movilización son fundamentalmente de grandes fábricas. 114 La manifestación se acerca al sindicato atravesando el «interior» de Villa Martelli, Florida y Munro, es decir, la zona de mayor implanta- ción fabril. Cuando se encuentra a pocas cuadras de aquél, aparece un camión de la empresa metalúrgica EMA (parte de cuya comisión interna se opone a la huelga) en el cual se traslada un grupo de partidarios de la dirección de la seccional, quienes comienzan a balear a los obreros, obligándolos a dispersarse. 115

Tal vez a la misma manifestación se refiere otro testimonio, éste de un obrero de la construcción que milita por entonces en la organización sindical local del PC. Según este entrevistado, obreros de fábricas metalúrgicas de Villa Martelli marchan por la Avenida de los Constitu- yentes convocando a compañeros de otros establecimientos a unírseles para dirigirse luego a la asamblea de la Plaza Martín Fierro. Cuando se acercan a la estación Munro del Ferrocarril Belgrano Norte grupos de militantes del sindicato (identificados por el entrevistado como «matones») los atacan a balazos: «ahí se dispersan, pero igual se juntan algunos en Florida, otros en Munro, y van [a la mencionada asamblea]». 116 Es en el marco de esta manifestación, en Munro, cuando un grupo de obreros intercepta y se apodera de un automóvil propiedad de la UOM: «Los del sindicato tenían un Chevrolet ’51, prácticamente mo-

derno, pintado de verde, y se metió en una calle

todas las calles transversales por las empresas. Se metió en una calle ahí, no tenía salida. Entonces le rodeamos de atrás, por otra calle lo cerramos, y le sacamos el coche al sindicato. Le sacamos el coche; iban cuatro armados. A dos los dejamos de rehenes, sentados atrás, y

si nosotros estábamos disconformes con

Esa calle cerraba a

113 Fuente: entrevista a J.C.M.

114 Fuente: entrevista a F.A.

115 Fuentes: entrevistas a J.C.M. y B., y Barainca, C.; op. cit. No hemos podido registrar

la cantidad de participantes en la manifestación; mientras que un testimonio afirma que cubre cien metros de extensión, otro le adjudica «cinco cuadras largas», mientras que un tercero señala que los trabajadores que se movilizan son unos quinientos.

116 Fuente: entrevista a O.S.

a los otros dos los largamos». 117 Luego, el vehículo es utilizado para

recorrer las fábricas de la zona, arrojando volantes que llaman a conti-

nuar la huelga: «

a las fábricas que quedaban más lejos. Y varios compañeros suben al

hacen todo el

recorrido. Y se van haciendo cerrar las puertas, y toda la gente se dirige

a la plaza Martín Fierro». Según tres de los entrevistados, el vehículo es llevado después como «trofeo» a la plaza Martín Fierro. 118 Mayor trascendencia tendrán los sucesos ocurridos frente a la planta de la empresa La Cantábrica, en la localidad de Haedo, partido de Morón, en la zona oeste del Gran Buenos Aires. En la mañana del mismo día 7, un grupo de obreros que trabaja en el lugar decide interrumpir sus tareas e instala un piquete frente a la puerta de la fábrica, convocando

a sus compañeros a plegarse a la medida de fuerza. Según los medios de

prensa reciben el apoyo de otros trabajadores, todos ellos vinculados

al PC. 119

En ese momento se hace presente Roberto Ruiz, secretario adjunto de la comisión administrativa de la UOM, quien intenta disolver el pique- te; su intervención origina un tiroteo, por causa del cual mueren el propio Ruiz y Homero Blancá, obrero pintor «de filiación comunista», mientras que resulta herido Viro Palmiro Bagnasco, obrero de La Cantábrica, señalado como «peronista». 120 Los incidentes de Haedo no resultan claros: según Barainca comienzan cuando Ruiz, revólver en mano, dispara sobre los trabajadores matan- do a Blancá, y siendo muerto a su vez por aquéllos; Nuestra Palabra adjudica la muerte de Ruiz a los disparos que sus mismos compañeros hacen para cubrir su retirada; por último, Democracia denuncia que un

coche y de ahí van a parar a Santos Vega, a Autoar

la gente que iba en el coche, sale en el coche para ir

117 Fuente: entrevista a F.A.

118 Fuentes: entrevistas a A.S., J.C.M y F.A. Según uno de los testimonios citados, hasta

su secuestro el automóvil es conducido por «jerarcas» armados; según Democracia (9/6/ 1954), se trata de tres obreros. El mismo diario afirma que los nuevos ocupantes se tirotean con trabajadores que no quieren plegarse a la huelga. Al día siguiente son detenidas dos personas, sindicadas como miembros del PC, acusadas de apropiarse del vehículo (La Nación, 9/6/1954).

119 Fuente: Clarín; 12/6/1954.

120 Fuente: Clarín; 9/6/1954. Ruiz ha sido en años anteriores obrero de La Cantábrica,

ocupando los cargos de delegado de sección y miembro de la comisión interna. En 1949 es electo secretario general de la UOM-Morón, cargo que retiene al alcanzar la secretaría adjunta de la UOM nacional y una de las vocalías de la UOM ante el Congreso Central Confederal de la CGT. Además, desde fines de 1951 ocupa una banca en el concejo deliberante del partido de Morón. También ejerce durante un tiempo la intervención de la UOM rosarina. Fuentes:

Clarín, 9/6/1954; CGT, 12/6/1954; CGT-Memoria y Balance-Ejercicio XXI (septiembre de 1950-septiembre de 1951) y Nuestra Palabra, 14/6/54.

121 Fuentes: Barainca, C; op. cit.; Nuestra Palabra, 14/6/54, y Democracia, 9/6/1954.

grupo de personas, armadas con «palos y armas de fuego», es la que inicia el ataque, cuya primera víctima resulta ser Ruiz. 121 Los episodios de Federación de Box y de La Cantábrica son interpre- tados por los partidarios de la continuidad de la huelga como sendos ejemplos del «matonaje» de las direcciones nacional y de seccionales de la UOM. A través de la lectura de Nuestra Palabra y de las entre-

vistas realizadas registramos una serie de hechos referidos a ataques

y secuestros de obreros y militantes sindicales de los que son

responsabilizados grupos de choque organizados por la UOM. Tales hechos suceden tanto en Capital Federal como en algunos partidos del conurbano, fundamentalmente Vicente López, Avellaneda y San Martín.

En relación a esta última seccional, afirma el periódico comunista: «Los jerarcas y matones de la seccional San Martín de la UOM secuestraron

a tres jóvenes metalúrgicos. Tras soltar a dos de ellos después de

golpearlos, encerraron al tercero, Carlos Schenk, en el local del sindica-

to, donde el secretario Moraski, el adjunto Robello (concejal peronista) y otros lo martirizaron bestialmente, pretendiendo asesinarlo, propósi-

to que no llevaron a cabo por la firme resistencia que el joven obrero

opuso al intento de hacerle escribir y firmar una carta dirigida al juez en

la que debía anunciar su suicidio por motivos de salud. La campaña

solidaria que unió a los obreros y vecinos de la zona asustó a los jerarcas, que abandonaron a Schenk en el camino a San Isidro y huye- ron cobardemente del local del sindicato». Con respecto a Vicente López, se afirma que los dirigentes Etchevarne,

Bramati, Vasili y otros «han convertido a la seccional sindical de Vicen-

te López en una sucursal de la Sección Especial, secuestrando y tortu-

rando a dos trabajadores por defender la causa de la huelga y de la solidaridad». 122 Estos hechos, que según parece ocurren antes del 4 de junio, son confirmados por uno de los participantes entrevistados:

«Cuando se inicia la huelga, a mí el sindicato me hace responsable del turno de las seis de la mañana a dos de la tarde. Yo, a las seis de la mañana me presentaba en el sindicato, y tenía el auto del sindicato y dos colaboradores para recorrer la zona, a ver cómo iba la huelga. ( )

Entonces un día, yo llego a las seis de la tarde al sindicato, me para un delegado en la calle y me dice ‘Están en cana’. Entonces, Etchevarne

había tres detenidos. Y me pregun-

tan a mí: ‘¿Son afiliados del gremio?, ¿qué están haciendo?’. ‘Están

no estaba todavía, yo averiguo

colaborando con la huelga’, digo, ‘así que se vayan a sus casas’. Y que no, que no, y que no. Si yo insisto, no los largan pero cobran.

122 Sobre ambas denuncias, véase Nuestra Palabra; 31/5-7/6 y 14/6/54.

Agarran el auto y lo van a buscar a la casa a Etchevarne, que vivía del lado de San Martín. Se hace una reunión, y yo digo: ‘Bueno, acá les están pegando a compañeros. Nosotros no podemos convertirnos en

policías, ni nada de eso. Es una porquería

quieren desmentir que les daban cachetazos, algunas trompadas

rectamente al sindicato (primero fui a hacer el recorrido) a decirle a Etchevarne (él me había llamado a colaborar con la huelga; él ya había visto que la huelga venía en serio) que yo no podía aceptar que les pegaran a los compañeros del gremio; por equivocados que estuvie-

ran, no les podíamos pegar nunca

nían su carné; que eso, jamás». 123 Pero los hechos de La Cantábrica, como dijimos, cobran mayor tras- cendencia en ese momento porque le otorgan pretextos al gobierno para iniciar una campaña de detenciones en relación a la huelga meta- lúrgica y a la prensa para denunciar un plan de «infiltración comunis- ta» en los sindicatos. La primera reacción gubernamental frente a la huelga consiste en una declaración del ministro Borlenghi, quien afirma que si hasta ahora el gobierno no ha intervenido en el desarrollo de conflictos laborales, ante «el apasionamiento de los más exasperados» que «ha provoca- do actos de violencia con las consiguientes víctimas», ha resuelto dar «instrucciones a la policía a efectos de que sin usar la fuerza, pero sí de su gran prestigio como policía peronista y del pueblo, evite en la vía pública todo acto que pueda conducir a la violencia»; al mismo tiempo, llama a los obreros «a resolver sus diferencias sindicales por las vías normales y pacíficas». 124 Es así que a partir del 8 de junio comienzan las detenciones, tanto de delegados y militantes del gremio metalúrgico, como de militantes liga- dos al PC, señalado desde el gobierno como el responsable político de los incidentes del día anterior. Algunos son detenidos cuando instalan piquetes frente a las fábricas, convocando a una nueva asamblea en la plaza Martín Fierro; otros lo son en su trabajo, en sus domicilios, en los sitios en donde se hallan ocultos, o en ocasión de celebrarse una reunión clandestina para supervisar la marcha de la huelga. Al respecto podemos citar el testimonio de un militante comunista, ex obrero metalúrgico y en ese momento propietario de un taller de repa- ración de motos en la localidad de Florida, que colabora con la huelga:

«Nos reunimos en la casa de un compañero, S., que era de Villa Adelina. Nosotros estuvimos esperando a M. en Florida, en San Martín y Mitre,

(

)

Los largan, pero

En realidad, les dieron algunos

)

Y a la mañana siguiente fui di-

(

eran compañeros del gremio, te-

123 Fuente: entrevista a S.

124 Fuente: Clarín; 8/6/1954.

y no apareció. No apareció. Y la demás gente se fue para la reunión,

en Villa Adelina. Y como M. no apareció, nosotros nos fuimos hasta la calle 3 de Febrero, para averiguar qué había pasado. La madre nos dijo

que no; que había venido ahí, [y] nosotros dijimos `bueno, a lo mejor

lo detuvieron en Carballo`. (

ran a nosotros también. Porque cuando fuimos a la casa de este com-

pañero S., donde era la reunión, había venido la policía. Los siguie-

ron, una denuncia

la compañera de él [de S.] nos dijo: `andá porque recién acaba de venir la policía`. 125 La policía dispone, el mismo 8, la ocupación de la plaza Martín Fierro (donde detiene a un grupo de diez o doce obreros que intenta reunir-

se en el lugar 126 ) y la instalación de guardias en ciertas empresas y en

la sede de la UOM-Avellaneda, para evitar nuevas manifestaciones. 127

De forma simultánea, algunas empresas metalúrgicas despiden a de- legados y obreros «combativos». El 8 comienza a registrarse también un retorno a la actividad normal en fábricas de Avellaneda como TAMET y Ferrum; 128 este proceso con- tinúa al día siguiente, registrándose sólo un incidente en la plaza Martín Fierro, en donde segúnDemocracia «algunos agitadores que pretendían todavía aprovechar la disidencia surgida entre un grupo de obreros metalúrgicos y las autoridades del Sindicato» intentan realizar una asamblea en el lugar, siendo detenidos por la policía. 129 Podemos considerar formalmente finalizado el conflicto metalúrgico el 12 de junio, cuando el Comité de Huelga Central difunde un docu- mento denunciando la «campaña periodístico-policial» contra la huel- ga, e informando que: «En esta situación de persecución, con la crea- ción artificial de este clima público de terror policial, a que tanto con- tribuyó la prensa oficialista, el gremio retorna al trabajo forzado por todas estas circunstancias, pero con el espíritu de lucha intacto, alta la moral combativa». Agrega, por último, que el Comité «ha iniciado gestiones ante la patronal» para «continuar las tratativas por el con- venio» y convoca a los trabajadores a continuar y profundizar la organización de comisiones de lucha en todos los establecimientos. 130

Eso nos salvó de que no nos detuvie-

)

vino la policía. Y nosotros justo llegamos tarde, y

125 Fuente: entrevista a F.A.

126 Fuente: Clarín; 9/6/1954.

127 Fuentes: Barainca, C.;op. cit.;Clarín, 9-11 y 16/6/1954;Democracia, 9-12 y 16/6/1954;

Nuestra Palabra, 14/6/54; y entrevistas. Información sobre las detenciones aparece también en los diarios La Nación, La Prensa y La Mañana de Santa Fe en las mismas fechas.

128 Fuente: La Nación; 9/6/1954.

129 Fuente: Democracia; 10/6/1954.

130 Nuestra Palabra; 22/6/54.

Como dijimos más arriba, la campaña de detenciones organizada por el gobierno busca justificarse a partir de las denuncias sobre una supuesta «infiltración comunista» en los sindicatos. En realidad, el tópico de la «infiltración» aparece mencionado repetidas veces en las sesiones del Consejo Directivo de la CGT desde el inicio del ciclo huelguístico. En la reunión del 5 de junio, el secretario adjunto Di Pietro señala que algunos conflictos laborales han escapado al «con- trol» de los dirigentes, signo de la implementación de «un plan per- fectamente preparado y desarrollado por el Partido Comunista». En la siguiente sesión, realizada tres días después, y en respuesta a los sucesos de La Cantábrica, Di Pietro insiste en que «la Central Obrera debe fijar una posición, la cual ante la evidencia de un movimiento desunionista debe ser de solidaridad con la Comisión Directiva del gremio, por ser éstas las autoridades orgánicamente constituidas, ele- gidas por la propia masa metalúrgica»; aunque no deja de acotar que esto «no quita que si ellos [la dirección de la UOM] no tienen el dominio actual ni apoyo posterior de la masa, tengan que irse». 131 En la prensa escrita, las denuncias acerca de la «infiltración» comien- zan a aparecer el día 9. Citamos al respecto la información provista por La Prensa. Según este diario, el «plan perturbador descubierto en el gremio metalúrgico» es organizado por el PC a través del Movimiento Pro Democratización e Independencia Sindical [sic], que a principios del mes de mayo transmite a sus militantes una serie de «consignas» cuyo objetivo es impedir la aprobación del convenio metalúrgico a través de diversos medios. Entre éstos se cuentan: la formación de «comisiones por abajo» a nivel de fábrica que convoquen a la huelga en asambleas reunidas a tal efecto, la instalación de piquetes en las puertas de las fábricas, la distribución de volantes y «boletines por empresa», el envío de delegaciones a los lugares en donde no se acata la huelga para lograr la adhesión de los obreros, y una activa campaña de propaganda entre las familias de los trabajadores. 132 Las referencias a la «infiltración» aparecen asimismo en dos comuni- cados relativos a la huelga, provenientes éstos de la central sindical y de la UOM. Así, la CGT «se dirige a los trabajadores metalúrgicos a los efectos de poner en evidencia una maniobra perfectamente definida y localizada de elementos perturbadores que responden a directivas de ideas exó- ticas, repudiadas ampliamente por el pueblo argentino». Insiste en que «se ve en la imperiosa necesidad de dirigirse al gremio metalúrgi- co para dejar claramente establecida su posición frente a la obra de perturbación y anarquía que pretenden crear elementos al servicio del

131 Actas del Consejo Directivo de la CGT; 5 y 8/6/54.

132 Fuente: La Prensa; 9/6/1954.

comunismo, y, por lo tanto, se hace un deber solidarizarse con las autoridades constituidas del gremio y repudiar públicamente el ale- voso crimen que costara la vida del secretario adjunto de la comisión

directiva de dicha organización y concejal peronista por el partido de Morón, compañero Roberto Ruiz, hecho que indica a las claras cuáles son las intenciones y los propósitos de quienes con toda clase de maniobras, y rumores alarmantes, pretenden perturbar la tranquilidad del país». Finalmente, «exhorta al gremio a reintegrarse de inmediato

a sus tareas, con la absoluta seguridad de que la Central Obrera no

abandonará nunca su posición de lucha, que es la de la defensa inte- gral de los trabajadores». 133

Del mismo modo la Comisión Administrativa de la UOM, luego de

anunciar que el congreso de delegados del día 4 ha resuelto la vuelta

al trabajo a partir del 7, previa aprobación del convenio, «se hace un

deber de denunciar todos los rumores y los hechos provocados por elementos provocadores y al servicio de ideas extrañas al sentimiento argentino, que sólo buscan debilitar la fuerza y unidad de nuestro gremio, para de esta manera hacerlo servir a sus fines políticos e

intereses personales». Al igual que la CGT, condena la muerte de Ruiz

y convoca «a todos los compañeros metalúrgicos a retomar sus ta-

reas con la más absoluta disciplina y tranquilidad, teniendo la seguri- dad de que esta Comisión sabrá defender y dilucidar sus problemas como corresponde en defensa de los legítimos derechos de la masa que representa». 134

Otras organizaciones sindicales condenan la «violencia» y la «inge- rencia» de «elementos extraños al gremio» en la huelga metalúrgica. Tal es el caso de la Asamblea General de Delegados Peronista 25 de Abril de la Unión Ferroviaria, el Sindicato Capital de Luz y Fuerza, La Fraternidad, la Asociación Trabajadores del Estado, la Unión Tranviarios Automotor, y el Sindicato Único de Portuarios Argenti- nos. Por su parte, la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS) condena el «movimiento imperialista» de la FSM y la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), «tendiente a someter a los trabajadores al yugo soviético». 135 La huelga tiene además cierta repercusión en el movimiento estudian- til: la Asociación de Estudiantes de Ingeniería, adherida a la Confede- ración General Universitaria (CGU), organización que nuclea a un sec- tor del estudiantado que forma parte de la alianza peronista, «repudia públicamente la intromisión del Centro de Estudiantes de Ingeniería

133 Fuente: Clarín; 9/6/1954.

134 Ibíd.

135 Fuentes: Democracia, 10-11/6/1954; CGT; 12/6/1954.

136 Fuente: Democracia; 10/6/1954.

‘La Línea Recta’ en el gremio de los obreros metalúrgicos; donde a espaldas del estudiantado, ofrecían en su nombre apoyo y dinero, tratando de crear un clima artificial de desorden e intranquilidad de acuerdo con las directivas comunistas». 136 También se pronuncia al respecto la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), que ordena a sus miembros mantenerse «ajenos y al margen de hechos sindicales y políticos que estén en contra de la clara línea trazada por la Doctrina Nacional». 137 Finalmente, el propio Perón se refiere a la huelga metalúrgica, y en especial a la movilización del 7 a Plaza de Mayo, durante un discurso pronunciado el 23 de junio en el Primer Congreso Argentinista, con- vocado por el Sindicato de Obreros y Empleados del Ministerio de Educación de la Nación (SOEME), en la sede de la CGT. Entre otros conceptos, afirma: «¿Ahora qué es lo que quieren los infiltrados? Ellos dicen que yo he abandonado a los obreros y piden que yo intervenga, diciéndoles cuáles deben ser los salarios de cada uno. Claro, si yo hago eso, ¿para qué servirían los dirigentes? Ellos creen que son vivos, y todos los días hacían una manifestación hasta la estatua de Belgrano gritando: ‘Queremos a Perón’. Creían que yo iba a ir allí para decir que los salarios debían ser tales y cuales y, de esa manera, desautorizaba a los dirigentes que desde hacía tres meses estaban luchando para conseguir mejoras. Si yo hubiera hecho eso, me hubiera prestigiado ante algunos, pero hubiera desautorizado a los dirigentes». En relación a la «infiltración» sindical misma, la considera un fenóme- no patológico, al cual deben oponerse anticuerpos: «Es un fenómeno nuevo en las organizaciones de orden gremial, que se ha dado en

llamar ‘infiltración`. Es una cosa así como la infiltración, generalmente por contagio, de todo orden de microbios en el organismo humano, al

Pero si uno se encuentra con una

que siempre descomponen. (

serpiente en el camino, no le va a hacer frente caballerescamente. Se le pega un golpe en la cabeza y se termina el problema». 138

)

137 Ibíd.

138 Fuente: Clarín; 24/6/1954.

RESULTADOS PROVISIONALES ALCANZADOS EN ESTA ETAPA DE LA INVESTIGACIÓN

Como ya lo señalamos en la introducción a este trabajo, rea- lizaremos aquí un señalamiento de los rasgos más destaca- dos del hecho estudiado:

- Se trata de una lucha que comienza tomando un carácter

económico, centrada en la demanda de mayores salarios. 1 Si bien puede señalarse la existencia de un sentimiento de des- contento entre los obreros en relación a los proyectos patro- nales de imponer reformas en el proceso de trabajo tendien- tes a incrementar la productividad, lo cierto es que no se articulan demandas explícitas en ese sentido ni de parte de la UOM ni del Comité de Huelga Central. Este último, en la Carta Abierta mencionada arriba, denuncia la intención em- presaria de obtener «un aumento de la productividad, inten- sificando la explotación y suprimiendo la organización sindi- cal en las fábricas», pero en el mismo documento hace exclu- sivo hincapié en las mejoras salariales. 2 De cualquier manera, ésta es una cuestión que debe ser reconsiderada a la luz de nuevos datos que podamos seleccionar al respecto. Conta- mos, por lo pronto, con un testimonio que confronta con lo dicho y que señala que en Vicente López los reclamos contra la «racionalización» del proceso de trabajo surgieron efecti- vamente de los comités de huelga, aunque no fueron consi- derados en el congreso de delegados. 3

- La huelga comienza bajo la iniciativa de la dirección nacio-

nal de la UOM, que empieza a convocar a huelgas de brazos caídos y, aparentemente, a paros progresivos (desde el 9 de abril) y luego a una huelga general de la rama (entre el 21 de mayo y el 7 de junio). En este sentido, y frente a las visiones que unilateralizan la «colisión entre la élite y la base», 4 los dirigentes de la UOM se revelan, en principio, capaces de canalizar el descontento obrero frente a la demora en la ne- gociación del convenio; al mismo tiempo, sólo la convocato- ria a la huelga general por parte de la UOM garantiza la cen- tralización y extensión de la lucha a nivel nacional.

La prueba de esto es que después del 4 de junio, y hasta donde sabemos, el conflicto se limita a Capital Federal y

1 Para una conceptualización acerca de las direcciones de la lucha, véase Engels, Federico; Las guerras campesinas en Alemania.

2 Nuestra Palabra; 14/6/54.

3 Fuente: entrevista a B.

4 Véase Correa, J.; Los jerarcas sindicales.

parte del Gran Buenos Aires, e incluso aquí no cuenta con la adhesión total de los trabajadores. 5

- Lo dicho en el ítem anterior sirve asimismo para comprobar que el

movimiento no tiene nada de espontáneo: las huelgas son convoca- das por la organización sindical, en principio desde sus más altas instancias, y cuentan con el protagónico papel de las comisiones internas. Incluso los comités de huelga por fábrica se forman como una suerte de prolongación de las comisiones internas, siendo parte de ellos muchos delegados o ex delegados. La conducción de las acciones, entonces, recae en todo momento en direcciones constitui- das antes de la huelga misma (y esto vale tanto para los dirigentes de la UOM nacional y de seccionales como para los que se agrupan en el Comité de Huelga Central).

- Una parte de los obreros metalúrgicos, descontenta con la marcha

de las negociaciones por el convenio, se agrupa en formas de organi- zación que se sitúan por fuera del sistema institucional, como lo son los comités de huelga; después de los sucesos del 4 de junio prosi- guen con la lucha, ahora bajo una forma que también se encuentra por fuera de dicho sistema, pero que implica mayor centralización (Comité de Huelga Central). Quienes encabezan estas organizaciones siguen privilegiando demandas salariales y reclaman negociar directamente con la patronal y plantear sus problemas al gobierno (e incluso al propio Perón), desconociendo a la dirección de la UOM.

- El congreso de delegados del 4 de junio y la formación del Comité de

Huelga Central ponen de manifiesto la ruptura de la unidad en las acciones que hasta entonces caracteriza al movimiento huelguístico y el surgimiento de una nueva línea de conflicto, ésta de carácter intrasindical, expresada en el enfrentamiento entre dos formaciones político-ideológicas organizadas en la dirección sindical oficialmente reconocida y en la de los comités de huelga y del Comité de Huelga Central.

- La lucha de los obreros metalúrgicos recibe la solidaridad de trabaja-

dores de otros sindicatos que se encuentran en conflicto, tal como lo demuestran las adhesiones recibidas en la asamblea de la plaza Mar- tín Fierro. Hemos podido registrar el apoyo prestado a los metalúrgi- cos por trabajadores del frigorífico Swift y jaboneros de Rosario, y de los frigoríficos Wilson y La Blanca y de la construcción de Avellaneda,

5 Barainca sostiene que en muchas fábricas los obreros retornan al trabajo por estar «mal informados», es decir, engañados por los delegados afines a la dirección de la UOM. Sin embargo, si existiera disconformidad general con el convenio y teniendo en cuenta la previa constitución de una dirección «alternativa» organizada en los comités de huelga por fábrica primero y en el Comité Central de huelga después, es difícil imaginar por qué el conflicto no se extiende.

así como de los obreros de las plantas de las empresas Danubio y Papini. 6 En cambio, más allá del apoyo prestado por el Partido Comu- nista, por los «vecinos» que menciona Barainca en su relato, por militantes de la Unión de Mujeres Argentinas (UMA) de Capital y Gran Buenos Aires y por el grupo de estudiantes de la Facultad de Ingeniería, no se registran alineamientos favorables a la huelga pro- venientes de organizaciones no sindicales.

- El gobierno se declara en principio prescindente no sólo en la nego-

ciación entre obreros y empresarios, sino frente al conflicto intrasindical mismo. 7 En ocasión de movilizaciones callejeras, la poli- cía intenta disuadir a los obreros de seguir marchando, o es rebasada por ellos, tal como sucede el 7 de junio. Es significativo, además, que los hechos de violencia que arrojan un saldo de muertos consistan en enfrentamientos entre los obreros mismos. La acción policial comien- za luego de los hechos de La Cantábrica y se focaliza en dirigentes sindicales o en militantes del PC vinculados a ella. 8

Cierto es que la intervención del gobierno a través de la policía contri- buye a otorgarle al conflicto un carácter político, pero esto sucede cuando gran parte de los obreros metalúrgicos, no sólo en el interior sino también en Capital Federal y Gran Buenos Aires, ha retornado al trabajo tras el levantamiento oficial de la huelga. A partir del 7 el final del conflicto se acelera: ¿esto se debe a la acción policial o al «matonaje» sindical, o a que los obreros que continúan movilizados constatan su aislamiento social y político?

- En ningún momento queda puesta en cuestión la pertenencia políti-

ca peronista de la mayor parte de los trabajadores metalúrgicos. 9 La movilización a Plaza de Mayo el 7 se realiza con la intención de obte-

6 En la empresa Siat, los metalúrgicos logran que obreros de la construcción que realizan tareas en la planta lleven adelante un paro de solidaridad con la huelga; Nuestra Palabra; 31/5-7/

6/54.

7 Véase las declaraciones de Borlenghi citadas más arriba. Agreguemos, de paso, que uno de

los objetivos inmediatos de nuestra investigación consiste en establecer qué relación existe

entre el desenlace de la huelga y la renuncia de Baluch, acaecida poco tiempo después.

8 No contamos con un número preciso del total de detenidos a raíz de la huelga metalúrgica.

El diario Clarín publica los nombres de cuarenta y cinco personas en esa condición, que Nuestra Palabra eleva, en principio, a noventa y nueve. Con el correr de los días el periódico comunista agrega nuevos nombres, y en el mes de agosto señala la existencia de doscientos presos políticos y, más tarde, de trecientos. De lo que se trata de saber es si todos ellos han sido detenidos en relación al conflicto metalúrgico. Véase Clarín; 9-11 y 16/6 y Nuestra Palabra; 22/6 y 3/8/54.

9 Esto es reconocido incluso por aquellos entrevistados que en ese momento militan en el

Partido Comunista. De hecho, en una de las entrevistas un participante sugiere que la huelga comienza a debilitarse cuando los trabajadores advierten que el movimiento toma un carácter político de confrontación con el gobierno (entrevista a A.H.).

ner una entrevista con Perón, lo que significa una reafirmación para unos, y aceptación para otros, de su liderazgo. La participación de muchos delegados y/o militantes comunistas se realiza exclusivamen- te en función de su papel como dirigentes en la lucha económica. Como afirma uno de los entrevistados, metalúrgico y militante del PC en aquellos años: «Es decir que nosotros teníamos relaciones con la

masa peronista; una relación muy fluida, fraternal. Desde el punto de vista [de la] clase, no había mayores diferencias; había discusiones políticas, por supuesto. Pero en la lucha gremial, coincidíamos. No

había esa división que al peronismo le hubiera venido bien

movimiento de unidad que hacíamos los comunistas era realmente ser honestos, honrados, donde hacíamos relaciones fraternales con

los peronistas». 10

- Finalmente un balance de la huelga metalúrgica puede arrojar, como primer resultado, la imagen de una transacción. Los obreros obtienen un aumento salarial menor al esperado (sobre todo teniendo en cuenta los reclamos de la oposición sindical), y el acuerdo avala los cambios en el proceso de trabajo tendientes a incrementar la productividad. Pero al mismo tiempo, se habilita una recuperación parcial del salario luego del congelamiento imperante en el bienio 1952-1954; y a la vez -e insistimos en ello- la articulación entre las relaciones de fuerza al interior de las unidades de producción (donde la influencia de las organizaciones de base, incluyendo comisiones internas y «comisiones unitarias», es considerable, tal como la propia huelga lo demuestra) y el peso político del movimiento obrero en su conjunto, impone un límite difícil de tras- pasar a los planes de «racionalización». Pero además, consideramos que el balance de la huelga no puede cerrarse sin antes avanzar en el análisis del ciclo de huelgas de 1954 y de la situación de crisis abierta dentro de la alianza peronista, que se prolonga hasta el golpe de estado de septiembre de 1955. En un próximo paso de nuestro trabajo ubicaremos la huelga metalúr- gica en el proceso de luchas más amplio de la que forma parte, e incluiremos un avance en la sistematización del conjunto de proble- mas que guía la investigación.

Ese

(

)

10 Fuente: entrevista a J.C.M.

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concertación peronista de 1955: el Congreso de la Productividad»;

en Torre, J.C. (comp.); La formación del sindicalismo peronista; Buenos Aires, Legasa, 1988.

González, Ernesto; Qué fue y qué es el peronismo; Buenos Aires, Editorial Plu- ma, 1974. Gurbanov, Andrés y Rodríguez, Sebastián; Trabajadores y sindicatos en los orígenes del peronismo: la huelga metalúrgica de 1942 y su relación con la crisis de la dirigencia comunista del movimiento obrero argentino; mimeo.

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Palacios, Héctor; Historia del Movimiento Obrero Argentino; Buenos Aires, s/d,

1993.

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Walsh, Rodolfo; ¿Quién mató a Rosendo?; Buenos Aires, Ediciones de La Flor,

1987.

Fuentes primarias.

a) Relatos de protagonistas de la huelga:

Barainca, Ciriaco; La gran huelga metalúrgica de 1954; mimeo.

b) Diarios:

Clarín, Democracia, La Nación, La Prensa, La Capital de Rosario, La Mañana de Santa Fe, La Gaceta de Tucumán, y Córdoba; mayo-agosto de 1954.

c) Publicaciones de organizaciones sindicales:

CGT; enero-diciembre de 1954.

d) Documentos de organizaciones sindicales:

Actas del Consejo Directivo de la CGT; octubre de 1952 - septiembre de 1955. Actas del Comité Central Confederal de la CGT; 1951-1954. CGT-Memoria y Balance-Ejercicio XXI (septiembre de 1950-septiem-bre de 1951)

e) Publicaciones de organizaciones político-sindicales:

Boletín del COASI (Comité Obrero de Acción Sindical Independiente de Argenti- na); Montevideo, octubre de 1952-septiembre de 1954.

f) Publicaciones de organizaciones políticas:

Nuestra Palabra, publicación periódica del Partido Comunista; enero-agosto de

1954.

g) Documentos oficiales:

Ministerio de Trabajo y Previsión-Dirección Nacional de Trabajo y Acción So- cial Directa-Registro General de Convenios Colectivos y Laudos. Acta número 12 (1 de junio de 1954); Biblioteca del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación; Buenos Aires.

h) Entrevistas a militantes sindicales y políticos participantes de la huel-

ga metalúrgica.

CUADERNOS PUBLICADOS

S ERIE CUADERNOS DE TRABAJO

1. Departamento de Ciencias Sociales: Prevención y promoción de la salud integral

en la Ciudad de Buenos Aires. Organizaciones de la Sociedad Civil. Natalia Bauni

y

Julieta Caffaratti.

2.

Departamento de Ciencias Sociales: Cooperativa de recuperadores de residuos.

Exclusión social y autoorganización. Julio Gabriel Fajn.

3. Unidad de Información: Racionalización y democracia en la escuela pública. La

educación durante el período 1916-1930. Daniel Campione y Miguel Mazzeo.

4. Departamento de Cooperativismo: La cooperación y los movimientos sociales.

Consideraciones sobre el papel del cooperativismo en dos movimientos sociales. Trabajo colectivo (MTD Matanza, MOI, Mario Racket y Gabriela Roffinelli).

5. Departamento de la Ciudad del Tango: El tango en el teatro (parte 1). Liliana

Marchini.

6. Departamento de la Ciudad del Tango: El tango en el teatro (parte 2). Liliana

Marchini.

7. Departamento de Economía y Política Internacional: El petróleo en la estrategia

económica de EE.UU. Valeria Wainer, Andrea Makón y Carolina Espinosa.

8. Departamento de Economía y Política Internacional: La globalización neoliberal

y las nuevas redes de resistencia global. Dolores Amat, Pedro Brieger, Luciana Ghiotto, Maité Llanos y Mariana Percovich.

9. Departamento de Estudios Políticos: La construcción del ejército de reserva en

Argentina a partir de 1976. La población excedente relativa en el área metropolitana de Buenos Aires, 1976-2002. Javier Arakaki

10. Departamento de Ciencias Sociales: La parte de los que no tienen parte. La

dimensión simbólica y política de las protestas sociales: la experiencia de los piqueteros

en Jujuy. Maricel Rodríguez Blanco.

11. Departamento de Cooperativismo: FUCVAM. Una aproximación teórica a la

principal experiencia cooperativa de viviendas en Uruguay. Analía Cafardo.

12. Unidad de Información: La Calle. El diario de casi todos. Octubre a diciembre de

1974 (Parte 1). Gabriel Vommaro.

13 Departamento de Cooperativismo: El cooperativismo agrario en cuba. Patricia Agosto.

14. Unidad de Información: La Calle. El diario de casi todos. Octubre a diciembre de

1974 (Parte 2). Gabriel Vommaro.

15. Departamento de Estudios Políticos: Las nuevas organizaciones populares: Una

metodología radical . Fernando Stratta y Marcelo Barrera.

16. Departamento de Cooperativismo: Empresas recuperadas. Aspectos doctrinarios,

económicos y legales. Alberto Rezzónico

17. Departamento de Economía y Política Internacional: Alca y apropiación de recursos. El caso del agua. María de los Milagros Martínez Garbino, Diego Sebastián Marenzi

y Romina Kupellián

18. Departamento de Cooperativismo: Género y Cooperativas. La participación

femenina desde un enfoque de género (Parte 1) Teresa Haydée Pousada.

19. Departamento de Cooperativismo: Género y Cooperativas. La participación

femenina desde un enfoque de género (Parte 2) Teresa Haydée Pousada.

20. Departamento de Cooperativismo: Dilemas del cooperativismo en la perspectiva

de creación de poder popular. Claudia Korol.

21. Departamento de Cooperativismo: El zapatismo: hacia una transformación

cooperativa “digna y rebelde”. Patricia Agosto.

22.

Departamento de Economía Política: Imponernos. Progresividad y recaudación en el

sistema tributario argentino (Parte 1). Rodrigo M. G. López.

23. Departamento de Economía Política: Imponernos. Progresividad y recaudación en el

sistema tributario argentino (Parte 2). Rodrigo M. G. López.

24. Departamento de La Ciudad del Tango: Laburantes de la música. Apuntes de su

historia sindical. Mario A. Mittelman.

25. Departamento de Cooperativismo: Debate sobre Empresas Recuperadas. Un aporte

desde lo legal, lo jurídico y lo político. Javier Echaide.

26. Departamento de Ciencias Sociales. Asambleas barriales y mitologías: Una mirada

a partir de las formas de intervención político cultural. Hernán Fernández, Ana Enz, Evangelina Margiolakis y Paula Murphy.

27. Departamento de Cooperativismo. Autogestión obrera en el siglo XXI: Cambios en

la subjetividad de los trabajadores de empresas recuperadas, el camino hacia una nueva sociedad. Analía Cafardo y Paula Domínguez Font.

28. Departamento de La Ciudad del Tango: La escuela de todas las cosas. Tango:

acercamiento a los modos de transmisión de la música popular a través de la

reconstrucción oral. María Mercedes Liska.

29. Departamento de Historia: Las primeras experiencias guerrilleras en Argentina.

La historia del «Vasco» Bengochea y las Fuerzas Armadas de la Revolución Nacional. Sergio Nicanoff y Axel Castellano.

30. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los ‘60 y

‘70 en Argentina. Parte I: El PRT-ERP: Nueva Izquierda e Izquierda Tradicional. Eduardo Weisz.

31. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los ‘60 y

‘70 en Argentina. Parte II:Militancia e historia en el peronismo revolucionario de

los años 60: Ortega Peña y Duhalde. Ariel Eidelman

32. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los ‘60 y

‘70 en Argentina. Parte III: Historia en celuloide: Cine militante en los ‘70 en la

Argentina. Paula Halperín.

33. Departamento de Historia: Estudios críticos sobre historia reciente. Los ‘60 y

‘70 en Argentina. Parte IV: Mujeres, complicidad y Estado terrorista. Débora C. D’Antonio.

34. Departamento de Economía Política: Deuda externa: verdades que encandilan.

Colectivo del Departamento.

35. Departamento de Comunicación: Los dueños de la palabra. La propiedad de los

medios de comunicación en Argentina. Luis Pablo Giniger.

36. Departamento de Ciencias Sociales:Los discursos de la participación: Una mirada

hacia la construcción de la figura del ciudadano en la prensa escrita de la Ciudad de Buenos Aires. Matías Landau (coord), Alejandro Capriati, Nicolás Dallorso, Melina Di Falco, Lucas Gastiarena, Flavia Llanpart, Agustina Pérez Rial, Ivana Socoloff.

37. Departamento de Educación: Reformas neoliberales, condiciones laborales y estatutos docentes. Analía Jaimovic, Adriana Migliavacca, Yael Pasmanik, M. Fernanda Saforcada.

38. Departamento La Ciudad del Tango: Los tangos testimoniales. Julio César Páez.

39.Departamento de Comunicación: Espectáculos de la realidad. Cecilia Rovito.

40. Departamento de Literatura y Sociedad:Serie El sujeto social en algunas obras

narrativas argentinas del siglo XX. Parte I: Acerca de La Forestal. La tragedia del

quebracho colorado (ensayo de Gastón Gori).Pablo Marrero.

41. Departamento de Literatura y Sociedad:Serie El sujeto social en algunas obras

narrativas argentinas del siglo XX. Parte II: Rodolfo Walsh. Hacia una nueva épica. Nancy Denise Javelier.

42.

Departamento de Cooperativismo: La gestión en las empresas recuperadas. C.

Roberto Meyer; José E. Pons

43. Departamento de Historia: La formación de la conciencia de clase en los

trabajadores de la carne desde una perspectiva regional. Zárate 1920/1943. Christian Gastón Poli.

44. Departamento de Literatura y Sociedad:Griselda Gambaro: exilio textual y textos

de exilio. María Cecilia Di Mario.

45. Departamento de Economía Política: Un análisis del acuerdo con el FMI: ¿un

nuevo rumbo o el mismo camino?. Diego Mansilla, Lucía Tumini.

46. Departamento de Educación: ¿Qué regulan los Estatutos Docentes? Trabajadores

de la educación, relaciones sociales y normativa. Analía Ivanier, Analía Jaimovich, Adriana Migliavacca,

Yael Pasmanik, M. Fernanda Saforcada.

47. Departamento La Ciudad del Tango:Tango. Los jóvenes y el tango. Roxana Rocchi;

Ariel Sotelo

48. Departamento de Literatura y Sociedad: Otra cara del mundo. Literatura juvenil

popular en los márgenes de la ciudad. Diego Jaimes y Pablo Provitilo.

49. Departamento de Historia: Historia de una militancia de izquierda. Las socialistas

argentinas a comienzos de siglo XX. Bárbara Raiter.

50. Departamento de Ciencias Sociales: El trabajo, las subjetividades y los movimientos

sociales en la Argentina contemporánea: el caso del MTD de Solano. 51.Departamento de Historia: La huelga metalúrgica de 1954. Fabián Fernández.

52.Departamento de Estudios Políticos: Presupuesto Participativo:¿Herramienta legitimante o construcción de poder popular? Pablo A. Ladizesky; Claudio Casparrino.

53. Departamento de Cooperativismo: La experiencia cooperativa del Movimiento

de Campesinos de Santiago del Estero (MOCASE). Patricia Agosto, Analía Cafardo, María Julieta Calí.

54. Departamento La Ciudad del Tango: Detrás del sonido. Los estudios de la música

como construcción social. María Merces Liska.

55. Departamento de Derechos Humanos: La configuración del enemigo interno

como parte del esquema represivo argentino. Décadas de 1950/60. Héctor Barbero y Guadalupe Godoy.

56.Departamento de Derechos Humanos: Los Usos de la Inseguridad. Reorganización neoliberal y mafias policiales. Leonardo Fernández y Matías Scheinig.

57. Departamento de Comunicación: Mediados. Sentidos sociales y sociedad a partir

de los medios masivos de comunicación. Martín E. Iglesias.

S ERIE CUADERNOS DE CRÍTICA

1. Departamento Artístico: Los Macocos: Lecturas críticas de Continente Viril. Coordinador: Jorge Dubatti.

SERIE CUADERNOS DE D EBATE

1. Departamento de Derechos Humanos: la representación del genocidio en los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención durante la última dictadura. El debate de la ESMA.

Las ilustraciones de tapa están realizadas por jóvenes becarios del Departamento de Ideas Visuales del Centro Cultural de la Cooperación, coordinado por el artista plástico Ernesto Morales

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN

EDICIONES DEL INSTITUTO MOVILIZADOR DE FONDOS COOPERATIVOS

Av. Corrientes 1543 - C1042AAB - Ciudad de Buenos Aires - Argentina http://www.cculturalcoop.org.ar e-mail: uninfo@cculturalcoop.org.ar Director fundador: Floreal Gorini Director del CCC: Profesor Juan Carlos Junio Departamento de Historia

Coordinador: Miguel Mazzeo

ISSN: 1666-8405