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Biblioteca

Los fundamentos

Lazarsfeld, Merton,

Total

de las ciencias del hombre

Lowenthal, Halloran, Wiebe, Morin, Block de Behar

La comunicación de masas

Introducción y selección de textos:

Heriberto

Muraro

Centro

Editor de

América

Latina

O 1977

Centro Editor de América Latina S. A. Junín 981 - Buenos Aires. Hecho el depósito de ley Libro de edición argentina.

L

A Norberto

Rodríguez

Bustamante

Comunicación

introducción

y teoría

sociológica

 

1. Definiciones

básicas

Toda acción

de cualquier

organismo

presenta

 

dos

direc-

ciones

fundamentales:

hacia

el

ambiente

natural

o

su

en-

torno,

y

hacia

otros "organismos,

especialmente

 

los

de

su

misma

especie.

Asimismo,

pueden

distinguirse

en

la

con-

ducta

otros dos

aspectos

básicos

que, siguiendo

a

Giorgio

Braga, denominaremos

aquí

el

"energético"

y

el

"formal",

respectivamente'. El aspecto energético no es difícil de definir: correspon- de a fenómenos caracterizables por un gasto relativamente grande de energía, destinado a lograr modificaciones in- mediatas del entorno y, en general, ligadas a la satisfac- ción de necesidades primarias del organismo. En cambio, el proceso formal presenta una propiedad más compleja:

su característica fundamental no reside en el monto de ener- gía que consume —habitualmente muy bajo— sino en la organización temporal o espacial de sus elementos, es de- cir, en su forma. Los fenómenos formales apuntan más que a modificar el entorno a controlar las conductas del organis- mo como un todo y, por extensión, la de los otros orga- nismos. En todas las especies de animales se han observado procesos de percepción y en la mayoría de ellos formas de conducta destinadas a expresar estados amorosos o agre- sivos que difieren del ataque y el contacto sexual.

Las cuatro categorías arriba esbozadas (hacía el am- biente/hacía los otros) y (aspectos energéticos/aspecto for- mal) se complican entré sí dado que la conducta, si bien no es nunca exclusivamente formal (o energética), o solamente orientada hacia el entorno (o hacia otros organismos), puede mostrar la prevalencia de uno de esos momentos o polos sobre los otros. G. Braga ha simplificado estas relaciones con el siguiente esquema: 2

1 Braga,

Braga,

3

Giorgio:

La

comunlcazione

sociale,

Turín,

1969,

p.

183.

Giorgio:

Op.

cit.,

p.

184.

Sobre

las

definiciones

anteriores

de los aspectos energéticos y formales

de

Norbert:

(compilador):

Cibernética

y

sociedad,

y

Buenos

vol.

Comunicación

cultura,

la

conducta,

Aires,

1,

1969,

Buenos

véase:

y

Smith,

Wiepner,

Alfred

Aires,

1972

Orientación

de

la conducta

Aspecto

prevalente

 

Energético

Formal

Hacía el

ambiente

Acción

pro! ,a-

Percepción-

mente dicha

Representación

Hacia los otros

 

Interacción

Comunicación

Desde este punto de vista la comunicación es una varie- dad de acción energética, puesto que toda acción implica un consumo de energía por mínimo que sea. Pero también es un aspecto de toda conduota en general y, a la vez,

un tipo particular de acción diferenciable de otras. Esta 'ss una de las cualidades conceptuales más difíciles de aprehen- der de la comunicación que, según veremos más adelante, tiene suma importancia cuando se examine el problema de

la significación. La noción de comunicación supone algo

diferente de ella misma y este productos, así como el entorno

nicación porque existe frente a ella una práctica diferente

aunque comunicarse sea, también, una actividad práctica coexistente con las demás. Ahora bien: ¿Cuál es el límite, la diferencia específica, que separa a la comunicación de otras actividades prácti- cas? Al parecer, lo característico del proceso comunica- cional humano es que éste no puede ser reducido a meras conductas reflejas formulables en términos de estímulo y respuesta. A pesar de que no hay comunicación sin la

ocurrencia paralela de fenómenos físicos (ópticos, sonoros

u electromagnéticos) lo que importa de esto es algo que

pertenece al plano de la subjetividad y que podríamos lla- mar "estados mentales". 3

"algo" es el trabajo y sus natural. O bien, hay comu-

La comunicación, por lo menos la humana, es fundamen- talmente la transmisión a través de simbolos físicos, de un "estado mental" de un sujeto a otro. Aunque esta referen- cia a la subjetividad pueda ahora parecer poco científica (dado el behaviorismo prevalente en los medies académi- cos), no hay otra forma de fijar las cualidades específicas que diferencian la comunicación de otros procesos orgáni- cos que haciendo referencia a las ideas, a la conciencia

o

al

pensamiento.

Esto nos conduce

a otra

estructura

profunda

del concep-

to

de comunicación;

asi como

supone,

por

un lado,

el

tra-

bajo

o la práctica

en general,

por

el otro

lado,

nos

remite

a

la

subjetividad

y

a

los

procesos

cognitivos.

 

Un

Daniel:

5

10

análisis

Psicología

metodológico

de

la

de

este

comunicación,

tema

se

Buenos

encontrará

Aires, 1S70.

en

Steward,

Sin embargo, nuestra definición se hace más comple-

ja cuando advertimos que la comunicación no sólo es una

categoría particular de acción sino que, en tanto no hay sociedad humana sin lenguaje, es la condición de ia exis- tencia de la cultura. Lógicamente, la comunicación es con respecto a la práctica algo tan curioso como una conclu-

sión que funda sus propias premisas. Hasta !a teoría lin- güistica soviética —a pesar de su rígida separación en- tre base y superestructura— se vio obligada a reconocer que el lenguaje no es exactamente ni una cosa ni otra,

o bien ambas a la vez, en tanto que parece algo eminen-

temente superestructura! y, no obstante, hace posible !a organización de la base, cuando no su misma existencia. Desde este punto de vista es comprensible que algunos lingüistas —entre ellos por ejemplo, el norteamericano Ben- jamín Whorf—: hayan imaginado al mundo como una espe- cie de creación libre, instaurada solamente por el lenguaje que institucionaliza formas específicas de la percepción de los objetos y genera las prácticas sociales. 4

Pero el proceso de comunicación no puede agotarse apelando solamente a las ideas y los fenómenos cognitivos, aunque ellos sean postulados aquí como su cualidad dife- rencial. Hay niveles de la comunicación así como hay nive- les y diferencias en el ámbito de los discursos, según pue- de observarse comparando un texto científico con una bre- ve charla cotidiana. Ciertas formas de la comunicación son meros intercambios de señales a los cuales se responde automáticamente y cuya explicación puede realizarse satis- factoriamente sin tener que ir más allá de la teoría de los reflejos condicionados.

2. La comunicación como forma de acción social

Una

tradición

que

se

remonta

explícitamente

a

Max

Weber, indica que para formular de manera significativa un problema dentro del contexto teórico de la sociología, es imprescindible referirlo a la llamada "acción social". Ésta sería, al parecer, él objeto propio de dicha ciencia, de la misma manera que los procesos inconscientes lo son

4

Whorf,

1971.

Benjamín

L.:

Lengua/e,

pensamiento

y

realidad,

Barcelona,

11

del psicoanálisis o el comportamiento de los electrones de la electrónica. ¿Qué entienden los sociólogos por acción social? Se trata —a diferencia de las conductas rígidamente predeter- minadas por el instinto que se observan en una colonia de animales— de un tipo de acción dotada de mayores grados de libertad, mucho menos previsible. Como en el caso de la comunicación, la acción social es indefinible sin hacer referencia a ciertos estados internos de los ac- tores. La acción social supone la memoria y la considera- ción de alternativas, es decir, el juicio." Una de sus cualidades fundamentales es que ella no se agota en los procesos que la impulsan en cada momento, es decir, en sus motivaciones, sino que es acción dirigida

a un objetivo. La acción social es, por ende, acción inten-

cional y supone que el actor obra a partir de una "antici- pación" subjetiva de los fines hacia los cuales tenderá con su conducta.

Sin embargo, la conducta basada en la consideración de diversas alternativas anticipadas y la elección de una de ellas no es aún sino un rudimento de acción social. Para

alcanzar plenamente esa jerarquía es necesario no sólo que

el individuo anticipe sus fines sino también que fije a ellos

en relación a los demás individuos, imputándoles también estados internos que dan sentido a su obrar similares a los suyos.

"La acción social —dice M. Weber— es una acción don- de el sentido mentado por su sujeto o sujetos está refe-

rido a la conducta de los otros, orientándose por ésta en su desarrollo". 6 Pero no basta con referirse al otro para determinar fines. Es imprescindible que esa referencia se establezca atribuyéndole a la acción de quienes rodean

al sujeto un sentido subjetivo que, por supuesto, puede o

no coincidir con lo que aquellos sienten o piensan. La mera imitación de la conducta ajena no es acción social. 7 Pero hay, además, otra característica fundamental de la acción social: ésta no es uíi agregado informe de procesos, como cabría suponer si nos centráramos exclusivamente en los fenómenos subjetivos de evaluación y determinación

resumen

ss.

6

y

Weber,

7 Weber,

cial'

sentido

por

deben

esa

que

Max:

Max:

supuestos

encontrarse 1 en: Verón,

Buenos Aires, 1968, capítulo V: J 'EI sentido

90

5

Un

sistemático

Economía

Opus

y

de

los

Elíseo:

de

estructura

la

acción

y

de

la

acción

p.

5.

"Por

varios—

referida,

1964,

autor:

—de

Conducía,

cit.,

una

sociedad,

21.

conducta

p.

Dice

se

presenta

México,

este

entenderse

encierra,

reciprocidad".

plural

recíprocamente

12

social

puede

comunicación,

social",

p.

'relación

por

so-

que,

orientándose

el

de fines de cada individuo. Por el contrario, ella presenta regularidades significativas. La acción social es, en buena parte, acción institucionalizada y sigue un orden, menos rígido e históricamente más cambiante que el.orden natu- ral, pero de todas maneras también fundado en la reitera- ción. 6 La existencia de éste es la condición de la acción social y también de la comunicación —que no es sino una forma de la primera—: sin un mínimo de regularidad el lenguaje mismo sería algo errático y carente de signifi- cación.

y

la comunicación hacen posible no sólo la existencia de la

sociedad sino la constitución del sujeto individual

que, como es obvio, es algo radicalmente diferente a un organismo interactuando atómicamente con los demás. El individuo es un "yo", un ego, sólo en tanto pertenece a un "nosotros" no informe que lo preordena; de allí que el cálculo del sentido de la conducta ajena, que cada sujeto suele realizar según Weber antes de actuar, tenga una base relativamente sólida aunque, como es sabido, con frecuencia puede fallar.

Como señalara al respecto Elíseo Verón, el sentido de la conducta propia y ajena es algo supraindividual, colecti- vo. 9 Pero —habría que agregar a esa formulación— también el individuo es, en un sentido profundo, algo constituido por el grupo social y, por ende, algo supraindividual. El in- dividuo fuera del sistema social es un punto de partida demasiado abstracto como para poder fundar sobre él teo- ría alguna de la sociedad, En este aspecto, la teoría socio- lógica de la Alemania anterior a la segunda Guerra —repre- sentada por Weber y Simmel— padece aún de la ilusión ilurñinista de suponer que es posible deducir las categorías básicas de la sociedad de alguna hipotética interrelación entre Robinson Crusoe y Viernes. 10

mismo

Dicho

conjunto

de

regularidades

de

la

acción

social

 

El mundo

humano

presenta

así

des dimensiones

básicas

y

dos

polos

en cada

 

una

de

ellas. En

el

plano de

 

la

ac-

ción,

tenemos

el

contraste

entre

la

conducta

individual

(o

grupal)

y el sistema social

basado en fas instituciones.

En

 

8 Weber,

Max:

Op.

cit.,

p

21.

"l a

reiacién

íooial

cansiste,

pues,

ple-

na

y

exclusivamente,

en

la

probabilidad

de

que

se

actuará

sociaimen-

te

en

una

forma

(con

sentido)

indícatele".

 

* Verón,

Elíseo:

op.

cit.,

p.

93.

10 Sobre

el

Individuo

cerno

categoría

supraindividual,

véase:

Adorna,

Theodor:

La

sociedad,

Buenos

Aires,

H89 ,

p.

«3

a

SS.

Setore

la

socio-

logía' d© Georg

Simmel,

véase:

Wsíff,

Kut:

 

The

soc/otoyy

« /

Qeorg

Sim-

mel,

Illinois,

1958.

13

el

plano

de

la

comunicación

—la

segunda

dimensión—

aparece

la

tensión

permanente

entre

los

discursos

parti-

culares de

cada

sujeto

(o

grupo)

y

un

sistema

de

sím-

bolos

preexistentes.

 

Sin embargo, la realidad del mundo de la acción no se agota en el discurso social —salvo para un sujeto absoluto sincrónico, que ni siquiera fue postulado por la filosofía hegeliana— en tanto que, en ei otro extremo, el discurso y los pensamientos pueden no sólo anticipar sino también postular realidades sociales antes no dadas, en el sentido fenoménico de! término. Acción y comunicación se fundan recíprocamente, pero no se agotan una en la otra. Dicho dualismo de acción y comunicación nos conduce directamente a las nociones convencionales en teoría so- ciológica de "normas" y "pautas", sumamente conocidas pero aún controvertidas. Una pauta es una regularidad efec- tiva de la acción social en tanto que, por el contrario, una norma es una formulación simbólica .que establece como obligatorio comportarse de una manera determinada en ciertas condiciones. Las normas pertenecen al terreno de ia comunicación y como tales establecen una regla que puede no cumplirse. Én cambio, una pauta pertenece al terreno de acción social propiamente dicha. Por definición las pautas dejan de ser tales cuando no "se cumplen en el terreno de los hechos. Las normas se "comprenden" en tanto que las pautas, a lo sumo, deben inferirse mediante la observación estadística de las conductas de los sujetos de un grupo determinado.

mayor

parte de ¡as pautas observables en un grupo tienen un correlato ideacional de tipo normativo que las refuerza, ello no ocurre en todos los casos. Hay formas standarizadas del actuar que el sujeto repite de manera inconsciente, sin poder a veces formular explícitamente sus reglas. Así, por ejemplo, la mayor parte de los individuos aceptan las re- glas de la sintaxis en sus diálogos cotidianos sin tener

conocimiento gramatical alguno.

La tensión y disparidad existente entre normas y pautas —ofra manera más de confrontar la acción con la comu- nicación— es el supuesto del cambio social. La comuni- cación trabaja fundamentalmente en esta brecha, entre uno y otro intermundo. La necesidad de la mutación social está determinada —según la formulación de Durkheim— por el hecho de que las pautas, aunque no hayan sido explícita-

Es

importante

tener

en

cuenta

que,

aunque

la

14

mente

formuladas,

no

son

por

eso

menos

obligatorias

en

el

terreno

práctico.

Todo

hecho

social

^-manifestaba

ese

autor— es, ante todo, de carácter

coactivo."

3. El problema

del

significado

y ei desarrollo

histórico

Conviene profundizar un poco más el problema del sig- nificado o, retomando una fórmula elaborada hace ya va- rias décadas por dos lógicos norteamericanos, el problema del "significado dei significado". 12 El lenguaje, la comunicación, es —según hemos visto—

el mediador (y el supuesto) entre las cosas y nuestros esta-

dos mentales y, más profundamente, entre la práctica y las acciones sociales. Pero esta mediación no se establece pun-

tualmente entre cosas, palabras y actividades. Tanto la ac- ción social como ei lenguaje son algo sistemático, poseen un orden propio, inmanente y relativamente autónomo. Lo importante para el sociólogo— es que la significación no puede separarse de la organización institucional de la so- ciedad y que las crisis o tensiones sociales no sólo afec- tarán a tal o cual región del simbolismo, sino también al status de la totalidad de la comunicación. Dicho de otra manera: hay significado del significado porque existe el contexto social, un orden institucional tejido por normas

y pautas, ligado

Señalemos que el lenguaje mismo —según formulara Saussure a partir de las teorías de Émile Durkheim— es

otra institución social y reposa, en última instancia, en un consenso social.' 3 Desde este punto de vista, resulta com- prensible que el proceso comunicacional no pueda ser ajeno

al

orden de

las ideas

y

los

significantes.

a

las fuerzas que impulsan a un grupo hacia la integración

o

la

desintegración

institucional.

 
 

"

Durkheim,

Emile:

Las

reglas

del

método

sociológico,

Buenos

Ai-

res,

1959,

p.

37.

"U n

hecho

social

—dica

autor—

se

reconoce

en

el

poder

de

coerción

externa

que

ejerce

o

es

susceptible

de

ejercer

sobre

los

individuos;

y

la

presencia

de

este

poder

se

reconoce

a

su

vez,

ya

sea

por

la

existencia

de

una

sanción

determinada,

ya

por

ia

resistencia

que

el

hecho

opone

a

toda

empresa

individual

que

tienda

a

hacerla

violenta".

 

12 Ogd'en, C.

K.

y

Richards

I.

A.:

£/

significado

 

del

significado,

Bue-

nos

Aires,

1964.

 

13 Doroszewski,

W.:

Algunas

observaciones

sobre

las

relaciones

de

la

sociología

con

lía lingüística,

artículo

incluido

en: Varios: Teoría

dei

len-

guaje

y lingüistica

 

general,

Buenos

Aires,

1972,

p.

66

y

ss.

15

Ahora bien, si el significado del significado reside, como hemos expuesto, en la íntima ligazón existente entre sim- bolismo y contexto social, en las sociedades contempo- ráneas éste es necesariamente inseparable de la concep- tualización del cambio social. De hecho, ellas se caracte- rizan por la velocidad y aun violencia de sus transforma- ciones económicas, tecnológicas, políticas y morales. Pero el cambio social, no es otra cosa que la irrupción de lo no- sistemático en el seno del sistema, es decir, una colisión entre normas y pautas, la no-realización de los valores o la emergencia de otros nuevos. Naturalmente, estos fenó- menos repercutirán sobre el sistema mismo de la comuni- cación y su status dentro del contexto de la acción social. Aquí se impone plantear una paradoja inherente al siste- ma de comunicación, que además afecta a la lingüística:

si el sistema de la comunicación es realmente un sistema, éste excluirá lo nuevo, lo no repetitivo. Pero, de hecho, en las sociedades modernas la comunicación sólo puede so- brevivir, es decir, retener el significado, admitiendo la mo- dificación. Pero, por otra parte, si aquél admite el cambio toda variación que se le introduzca lo afectará en su tota- lidad ya que se define a un sistema por la estrecha inter- dependencia de sus partes. El proceso comunicacional capaz de "movilizar" al indi- viduo, de alcanzar cierta regularidad es, en verdad, el pro- ducto de una paradoja histórica. Formalmente se dice que la posibilidad de que A "comprenda" a B depende de que ambos compartan el mismo código. Pero esa afirmación puede valer solamente para los estratos más primarios del discurso social. ¿Cómo hacer que A comparta exactamente el código de B cuando éste último procura hablar sobre una realidad, experiencia o propuesta normativa nueva, es decir, sobre aquello que pertenece a los hechos fronterizos del mundo humano? Cualquiera que sea la manera en que prefiramos resol- ver teóricamente esas aporías, lo que aquí interesa observar es que, si el significado está ligado al contexto social, éste debe girar en torno al cambio social. O bien: puesto que la comunicación tiene sentido sólo en tanto y en cuanto se digan cosas significair'^s y éstas, necesariamente, de- ben referirse a los confiicíos, a las utopias, al incumpli- miento de normas, es decir, debe ser crítica. En dichas condiciones históricas, el proceso comunicacio- nal —fundado en la refación entre su estructura y la de la acción social— es significativo sólo cuando trata de violar ambos sistemas para expresar lo a-sistemático. Pero lo no-

16

sistemático es, obviamente, lo no repetitivo, es decir, lo histórico y lo particular. Lo cual nos conduce a formular un nuevo corolario: no hay significación sino en la expre- sión de lo histórico; todas las demás formulaciones son lenguajes técnicos o bien, "lenguajes muertos" (de esos que ¡os porteños suelen denominar despectivamente, "sa-

nata'¿"). Solamente en el terreno del conflicto, el proceso de conceptualización alcanza su máxima tensión y con ella,

la significación

se genera

en su sentido

más

pleno.

A nuestro juicio, ésta es la razón de las limitaciones in- herentes al llamado método estructuralista, por lo menos, cuando se lo aplica al contenido de los medios masivos y, muy especialmente, de la literatura o los discursos políticos. Sus análisis, preocupados por retener sólo los aspectos sistemáticos de los mensajes, dejan de lado los aspectos particulares de la comunicación que son, justamente, los críticos y, por ende, los que asignan significación al con- junto. Lo anterior no implica que dichos procedimientos sean inútiles, sino que tienen solamente un valor técnico. La formalización del sistema es necesariamente el paso pre- vio para detectar los aspectos no sistemáticos de la co- municación. Pero, a su vez, la aprehensión del significado de las desviaciones observadas con respecto a la norma nos obliga a remitirnos a las contradicciones internas del sistema social y no al orden quieto de las estructuras for- males. 14

4. El proceso de

comunicación

de cambio

en las sociedades

La organización, o desorganización, de las relaciones so- ciales fijan —según hemos dicho— el estatus de la comu- nicación como un todo. En este sentido, debe observarse que el proceso tecnológico se manifiesta en términos ge-

nerales en un creciente desarrollo relativo de las activi- dades comunicacíonaies a expensas de las energéticas. El trabajo humano es, cada vez más, una conducta comuni- oacional (comunicación de hombre a hombre y de hombre

a máquina)

Este proceso social es aún más evidente si consideramos las actividades de los sectores sociales económicamente

y

menos

una

actividad

energética.

magnífica

turalista, puede encontrarse

y

i4

Una

la

critica

exposición

Buenos

marxista,

de

las

limitaciones

del

en: Luporini,

Romano:

El

Aires,

1968.

método

estruc-

estructuralismo

17

más

favorecidos.

El

trabajo

manual

del

artesano

del

siglo

 

XVI

dio

lugar

 

al

empresario

 

del

siglo

XIX

—dedicado

a

ra en los individuos de manera similar a las fuerzas físicas

supervisar

a

su

personal

y

la

contabilidad

más

que

a

la

sobre las partículas elementales. Un empobrecimiento, o'

producción

en

misma—

hasta

llegar

al moderno ejecu-

desconceptualizacicn, similar se produce también en el cam-

tivo que destina el grueso

de su tiempo

a redactar

memo-

po de ¡a teoría matemática

de la información y, por "re-

randa

y

concurrir

a

juntas.

Las

tareas

del

dirigente

son

hoy,

casi

exclusivamente,

las

de

manipular

símbolos.

En esas condiciones no debe resultarnos extraño que el mundo que nos rodea aparezca ante los ojos de nuestros contemporáneos como fundamentalmente opaco y, a la vez, como un producto del simbolismo radicalmente separado de las tareas productivas. La hipertrofia del simbolismo concluye en la tesis de que "todo es lenguaje" pero, ai mismo tiempo, la comunicación pierde su significación trans- formándose en un intermundo cosificado. Dicha ilusión ha

penetrado profundamente en el cuerpo mismo dé las mo- dernas teorías de la comunicación y de la psicología, teorías

que, en realidad, no hacen sino sistematizar lo que la con-

ciencia posible de los sectores dirigentes elaboró espon- táneamente hace ya mucho tiempo.

Pero, además, dicha hipertrofia de la actividad comuni- cacional está acompañada de un creciente vaciamiento del

sentido, es decir, de una suerte de enajenación del len- guaje con respecto a sí mismo. Tal como señalara Henri Lefevbre, el campo semántico de las sociedades contem- poráneas "retrocede" en forma acelerada de la comunica-

ción por medio de señales. O para decirlo en términos más

amplios: la función cognitiva de la comunicación es cre- cientemente subordinada a su eficacia instrumental. 15

Con relación al fenómeno anterior el lógico norteameri- cano Daniel Steward señaló que es más que sintomático

que la mayoría de los estudios sobre "efectos" de la co-

municación —tema cuya síntesis encontrará el lector en el articulo de Halloran incluido en esta antología— se hayan realizado sin prestar mayor atención a aquello que los suje- tos entendieron o sintieron de los mensajes a los que fue- ron expuestos. 16 De hecho, el diseño experimental de esos estudios da por sentado que la comunicación humana ope-

15 Lefebvre,

Henri:

Lenguaje

y

sociedad,

Buenos

Aires,

1987

y

Crí-

tica

de

la

vida

cotidiana,

Buenos

Aires,

1967.

 

'* Steward,

Daniel;

Op.

cit.

p.

159

y

ss.

Este

autor

no

vacila

en

atribuir

la

omisión

de

los

aspectos

conceptuales

 

de

ia

comunicación

humana

a

dos

causas,

fundamentales:

ei

deterioro

de

las

relaciones

institucionales

y

sus

simbolismos

en

las

comunidades

modernas

y,

por

el

otro

lado,

los

efectos

de

las

demandas

de

la

"comunidad

de

ios

negocios"

"que

se

plantean

 

diversas

actividades

comerciales

den-

tro

de

la

industria

de

la

comunicación"

sobre

las

comunidades

ac&-

démicas

excesivamente

conformistas

(p.

72).

18

bote", en las teorías políticas, económicas o sociológicas fundadas en "modelos cibernéticos". u Sociológicamente, no hay dudas de que la instrumenta- lización de la comunicación —y su pérdida correlativa de significación— está íntimamente unida al proceso de buro- cratización de las actividades sociales, característico de esta etapa de desarrollo de ¡as sociedades de cambio. Las grandes organizaciones que controlan la actividad comer- cial y estatal prestan particular atención a la difusión de información sobre sus actividades. Según estudios al res- pecto, ellas son particularmente sensibles a cualquier difu- sión de sus planes o secretos técnicos, ya sea porque pue- dan ser utilizados por otras organizaciones competitivas o bien, por la así llamada "opinión pública", es decir, por las entidades políticas que representan ios intereses de los sectores medios y trabajadores. ' 8 En consecuencia, es razonable que esas organizaciones apelen a diversos recursos para evitar la filtración de infor- mación o la difusión de críticas hacia su gestión, tales co- mo: la apropiación progresiva de los medios de comunica- ción masiva; el uso de las inversiones en publicidad como instrumento de control; la concentración de Información en círculos muy reducidos acompañada de la aplicación de normas estrictas sobre secreto estatal o comercial y la censura más o menos directa de los medios. Estos procesos se ven favorecidos por el hecho de que buena parte de la industria cultural —como cualquier otra rama del comercio— también ha tendido a la monopollza-

 

17

Hassensteln,

Berhard:

en

Varios:

La

comunicación,

de

comunicación

—dice

este

concepto

corriente,

un

"Información

autor—"

"

h

y

incluido

Caracas, 1970. E| concepto matemático

a experimentado respecto del

no

noticia",

una

artículo

empobrecimiento

y

.matematlzación.

Ya

está

ligado

al

concepto

de

noticia".

La

Interesante

es

observar

que

este

concepto

empobrecido

—formalmente

válido

dentro

del

campo

ma-

temático,

pero

limitado

psra

dar

cuenta

de

la

naturaleza

de

fenómenos

sociales

o

políticos—,

no

tardó

en

ser

considerado

por

los

teóricos

de

ciertas

ramas

de

la

sociología

política

norteamericana

como

una

categoría

clave.

Al

respecto,

véase:

Deutsch,

Karl:

 

Los

nervios

del

go-

bierno:

modelos

de

comunicación

y

control

políticos,

Buenos

Aires,

1971.

18 Véase: C.

W.

Mills:

Poder,

política

y

pueblo,

México,

1965;

Skornia,

Harry:

Televisione

e

soc/efá

in

USA,

Turín,

1969

y

Brady,

Robert:

La

riqueza

tras

el

poder,

México,

1945.

Una

reseña

de

estos

trabajos

pue-

de

encontrarse

en

mi

trabajo:

Murare-,

Heriberto:

Neocapitalismo

y

co-

municación

de

masas,

Buenos

Aires,

1974.

Sobre

el

control

del

flujo

de

informaciones

en

grandes

organizaciones

burocráticas,

ver:

Merton,

Robert:

Reader

in

bureaucracy,

Illinois,

1952;

Crozler,

Miohel:

The

bu-

reaucratic

phenomenon,

Chicago,

1964.

19

ción y concentración, según prueba el extenso collage fie opiniones sobre la TV norteamericana pubíicado en esta antología.

Como es obvio, el secreto afecta profundamente la es- tructura de la comunicación como un todo, ya que la trans- misión de información de boca en boca no puede com- pensar sino en muy pequeña medida a los vacíos que los sistemas de control imponen a los medios. En una sociedad altamente burocratizada la parcela de realidad social que

a cada individuo le toca experimentar es muy pequeña y,

por ende, cada vez más intensa su dependencia con res- pecto a la circulación masiva de información. Al respecto el investigador sobre comunicaciones masivas, Hans Mag-

nus Enzensberger, señalaba en uno de sus trabajos que el control de los medios masivos por parte de las estructuras burocráticas es en realidad un control destinado más a evitar la irrupción en ellos de determinada información

o esquemas ideológicos que dirigido a cumplir un plan

coherente de movilización de las masas en favor de sus intereses." Las organizaciones burocráticas (de cualquier tipo) se- gún la teoría sociológica se distinguen por el carácter es- trictamente repetitivo de sus operaciones. Luego, éstas necesariamente desalientan la comunicación sobre temas críticos y, en consecuencia, generan la pérdida del signifi- cado del discurso social. Retomando formulaciones ante- riores señalemos que la significación no supone solamente una actitud y una teoría crítica, sino también la manipula- ción de información pertinente.

Una buena muestra de esos procesos lo constituyen los procedimientos de standarización y estereotipia del men- saje estudiado por diversos autores y que tienen su origen en las imposiciones propias de la producción en gran es- cala de mensajes para divertir o con fines publicitarios. O bien, para citar otro caso, la acelerada transformación de los mensajes informativos en material destinado a divertir. 20 Dicho estado de cosas explica, a su vez, las paradójicas conclusiones a las que han arribado hasta el presente los estudios sobre efectos de los medios realizados por la es- cuela funcionalista norteamericana. Tal como lo señalara Gerhart Wiebe —en un artículo incorporado en esta anto- logía— los medios no parecen ser capaces de mucho más

19 Enzensberger,

Hans:

Elementos

para

una

teoría

de

los

comunicación, Madrid,

Heriberto:

20 Muraro,

folleto

mimeograflado,

1972,

p.

16.

Ideología

en

eh periodismo

de

TV

en

San

José

de

Costa

Rica,

1972.

20

medios

de

Argentina,

alguna

marca a expensas de las otras. En otros aspectos más im- portantes de la vida de los individuos —tales como las normas sexuales o las ideologías políticas— su papel es sumamente reducido, para desesperación no sólo de sus críticos de izquierda, sino también de derecha. Más aún: es probable que la desconceptualización del proceso comunicacional tienda a producir una actitud en ios receptores que no es de franco conformismo y tampoco de crítica, sino más bien característica de las llamadas "personalidades anómicas", es decir, propia de sujetos con- fusos, que fluctúan entre el ritualismo más obstinado y la rebeldía confusa, siempre decepcionados con respecto al valor de las normas sociales y la cultura en general. 2 ' Arribamos así a un hecho básico del proceso comunica- cional y de los medios en particular: estos no tienen otra posibilidad de existir más que extrayendo sus materiales básicos —temas, imágenes, etc.— del entorno social que les rodea y, por ende, no pueden sustraerse plenamente a

que

de

convencer

a

la

gente

de

las

bondades

de

los procesos de cambio social. Pero, en tanto escamotean la crítica conceptual, la profundización del conflicto, se trans- forman, de realidades culturales activas, en sujetos pasivos de la crisis. Reflejan el conflicto sin poder superarlo. Por contrapartida, producen en sus receptores una sen- sación inmediata de bienestar acompañada de esa tensión

y desesperanza que caracteriza los rostros de esos seres

humanos que la TV y el cine suelen mostrarnos-cotidiana- mente con sus primeros planos, la más de las veces con- versando sobre cosas insignificantes. Pero, aun la insignificancia del discurso social es signi-

ficante o, por lo menos, significativo. Tal como lo señalara acertadamente Watzlawick y sus colaboradores psicólogos de

la

comunicación humana: "Es imposible no comunicarse"."

 

Heriberto

Muraro

 

11 Merton,

Ftobert:

Teoría

y

estructura

sociales,

México,

1964,

p.

130

v

SF

También

puede

consultarse: ; Scott,

Marvin

B.:

The

social

sources

ot

alienation,

en

Horowitz,

Irving

(compilator):

The

new

socíology,

 

Nue-

va York,

1965,

p.

239

y

ss.

 

w- Watzlawick,

Paul;

Helmick,

Janet

y

Beavin,

Don:

Teoría

de

la

co-

municación

humana,

Buenos

Aires,

1970,

p.

19.

21