1

LOS ECOS DE LA VERGÜENZA PASADO Y PRESENTE DE LA EXCLUSIÓN SOCIAL EN CHILE

FERNANDO ROBLES

2

A mi querida hija Isabel

3

Tabla de contenidos Introducción

Página

1. LA MATRIZ AUTOPOIETICOS

FRAGMENTADA

DE

LOS

SISTEMAS

El Por Qué de los sistemas Sistemas psíquicos y sistemas sociales La co-determinación de las funciones de la conciencia 2. ORDEN EPISTEMOLOGÍA DE LA OBSERVACIÓN DE SEGUNDO

La puesta en uso de las distinciones Una crítica imprudente al CF de George Spencer Brown Quién es y cómo opera el observador Once Tesis sobre la observación de segundo orden El tiempo y policontexturalidad la circularidad: sistemas observadores y

La postura sistémica La policontexturalidad o el tiempo contextual. “kronos y kairos” El factor r de la comunicación de entrelazamiento y la “idealización” del teorema de la identidad de la etnometodología Corrigiendo el teorema de la identidad de la EM Metódica circular en la observación de 2º orden La circularidad

4
El uso de las descripciones estadísticas como observaciones de primer orden El paradigma normativo como fundamento de las descripciones estadísticas 3. LA DISGREGACIÓN FRACCIONADA DE LA INCLUSIÓN Y LA EXCLUSIÓN La historicidad de la diferenciación de la sociedad Complejidad e hiperautonomía en la diferenciación funcional De la hipocresía del pudor al cinismo de la desvergüenza. La exclusión social en el mundo de hoy La necesidad de la vergüenza. Cuatro tesis rupturistas

4. LA OBSERVACIÓN DE LA EXCLUSIÓN Y LA CENTRALIDAD DE LOS INDIVIDUOS AFECTADOS La forma de inclusión versus la forma de la exclusión La conciencia excluida. Inclusión/exclusión primaria y secundaria. El mundo de la vida Individualización e Individuación El Yo como máquina no-trivial Algunas tipologías de Individualización e Individuación A) Las tipologías de individualización B) Las tipologías de individuación Un ejemplo. El mundo de la vida popular en Venezuela. ¿Qué significa inclusión y exclusión en la práctica? La observación de la especificidad de los roles La trampa de la apariencia y la seducción del simulacro en la observación de la exclusión

5

Sensibilidad contra –intuitiva El uso del medio lenguaje

5. LA DIFERENCIACIÓN DE LA SOCIEDAD CHILENA Algunos atributos generalizados de la conquista y la colonización hispánica Tres fases de diferenciación en la sociedad chilena La sociedad colonial estratificada El modelo dual de estratificación y clases sociales La sociedad capitalista funcionalmente diferenciada.

6. EPIFANÍAS DE LA AUTOPOIESIS DE LOS SISTEMAS FUNCIONALES El sistema político. Del coitus interruptus a la abstinencia sin ayuno El sistema económico. De la expansión del patología del desarrollo salitre a la psico-

El mercado de trabajo. El enigma de la desocupación, el misterio de la informalidad y flexibilización como precariedad. La redistribución de los ingresos La miseria del concepto de pobreza en la sociedad chilena El sistema de los medios de difusión. Del diario para analfabetos a la televisión para todos 7. EPIGRAMAS CHILENA. DE LA DIFERENCIACIÓN FUNCIONAL

la

Las exclusiones horizontales. La semántica de la posesión de cultura

6
Demarcaciones, exclusión territorial dominios y agrupaciones. La forma de la

8. LA APOLOGÍA DE LAS MÁQUINAS TRIVIALES. EL SISTEMA EDUCACIONAL COMO FORMADOR DE INDIVIDUOS DÓCILES. 8.1. Morfología de las paradojas. Las antinomias del sistema educacional “Hacer lo que se debe, añorando lo que no se puede” – Las paradojas del sistema educacional El sistema educacional como una máquina trivial ¿Es el educacional? curriculum vitae el medio emergente del sistema

Del recurso de la persuasión a la apología de los valores 8.2. Epifanías del sistema educacional chileno. Breve reseña de sus orígenes y fundamentos El ausentismo como parásito destructor de la expansión La revolución educacional del régimen militar. 8.3. Del entusiasmo en la ingenuidad al desengaño en el fracaso. Por qué la Reforma Educacional chilena es un fiasco La ilusión necesaria del optimismo. Primer contrapunto. imposibilidad de la equidad La paradoja de la igualdad o la

Segundo contrapunto. La educación chilena: ¿un sistema dual y segregado? Tercer contrapunto. La mitología de la técnica y el aprendizaje de competencias La construcción de los domicilios sociales El sistema educacional como máquina no-trivial

7

8

Introducción La sociología se enfrenta a un serio dilema. Efectivamente, cuando trata de explicar la desigualdad social entre ámbitos o “mundos de la vida” heterogéneos, pareciera apretar demasiado fuerte, pues las disparidades se subsuman en categorías tan homogéneas como sea el concepto de estratificación que se use. Por otro lado, pareciera apretar demasiado flojamente cuando se trata de historias de vida o biografías individuales, elevando a la categoría de hipóstasis las particularidades de las “formas de vida”.1 Las categorías funcionalistas sustentadas en valores, jerarquía e integración parecen ya no ser de tanta relevancia, aún sobre la base de la revisión de la teoría de la estratificación de Parsons2. Por otro lado, las posturas no-funcionalistas sobre la base de normas, dominación y conflicto, parecieran sucumbir ante al liberalismo de Dahrendorf3. Por otra parte, el intento de síntesis entre necesidades, plusvalía y poder pareciera desde un principio destinado al fracaso4. Otros numerosos paradigmas desde D. Lerner5 y los trabajos empíricos de P. Flora6, sucumbieron ante el categórico pasus de Ulrich Beck: el redescubrimiento de la individualización7. El acierto del opúsculo “Más allá de la capa y de la clase…” de 1983, señala que a fin de cuentas las desigualdades sociales recaen sobre los individuos, quienes deben manejarlas, resolverlas y manipularlas, con lo que rompe con el prejuicio funcionalista que los ordenamientos de estatus, los rangos de rol y prestigio e ingresos desigualmente distribuidos según la contribución funcional del sujeto al orden social, condicionan la posición del sujeto, atado éste a una movilidad social inmanejable. También se ponía fin a la dogmática marxista según la cual, la clase (en sí o para sí) convertía a las individualidades en meros productores de plusvalía. Que la exclusión social opera según categorías ajustadas a la diferenciación funcional de la sociedad, pero que ya no necesitan integrase en torno a nada ni a nadie, son categoría históricas que corresponden a la naturaleza (naturwüchsig) que la sociedad específica experimenta y vive.

1

Weim, E.: Theorien der sozialen Schichtung. Eine kritische Diskussion, Pieper. München, 1968 2 Parsons, T.: A Revised Analytical Approach to the Theory of Social Stratification, In: R Bendix and S, M, Lipset: Class, Status, and Power. Glencoe, Ill, 1960 3 Dahrendorf, R: Gesellschaft und Demokratie in Deutschland, München, 1965 4 Lenski, G.: Power and Privilege. A Theory of Social Stratification, NY, 1966 5 Lerner, D.: Die Modernisierung des Lebesstils: Eine Theorie. En : Wofgang Zapf (ed.) : Theorien des sozialen Wandelns. Kiepenheuer und Witsch, Stuttgart, pp. 362-381 6 Flora, P: Modernisierungsforschung, Westdeusche Verlag, Opladen, 1974 7 Beck, U.: Jenseits von Stand und Klasse? Soziale Ungleichheit, gesellschaftlicher Inividualisierungsprozesse und die Entstehung neuer soziale Formationen und Indentitäten, en: Krekel, R: (ed.) Soziale Ungleichheiten, Soziale Welt, Nº 2 , Göttingen, 1983

9
Hay instancias de decisión y afectados8: existen peligros que son atribuidos a causas externas y riesgos que son el resultado de decisiones: “hay instancias de decisiones y hay afectados. Las decisiones generan la condición de afectado. Ser afectado representa el concepto contrario al de la decisión, o por lo menos esta posición explica la carrera semántica actual de la palabra”9. De lo anterior resulta una conclusión bastante simple: en los conflictos de riesgo las decisiones las toman los incluidos y los afectados son los excluidos. ¿Fue siempre así en la sociedad, es decir existió desde siempre la exclusión? No, esta es una novedad que nos presenta la sociedad capitalista funcionalmente diferenciada. Tan importante es el concepto de diferenciación que la sociología no puede prescindir de su sostén. Con Georg Simmel es usado como categoría de análisis del dinero, Durkheim lo utiliza para explicar las trasformaciones en las formas de la solidaridad moral, en Max Weber lo encontramos como la noción de racionalización de las distintas formas de vida como la religión, la economía y la política. Pero curiosamente la dominancia del concepto de diferenciación lo localizamos sobre todo en las teorías que subrayan la individualidad de los individuos. La diferenciación es necesaria para la conservación de la cohesión y de la integración social. Por esto, es que es fundamental en Parsons para el ordenamiento diverso de los roles10. En sociedades estatificadas era imposible que hubiese exclusión porque su basamento era la desigualdad de acuerdo al rango de los sistemas parciales. Se pertenece al rango específico y por lo tanto se está per naturam excluido del resto. Pero el bajo pueblo y la aristocracia constituyen un sistema relativamente inestable en el caso chileno, mucho más firmes son, por ejemplo, el sistema de castas en India. En cualquier caso puede aseverarse que la estabilidad depende de que la sociedad se componga de individuos, los que se integran automáticamente en las familias de un estrato específico11. Bajo el alero de la Ilustración, el resultado más importante de la Revolución Francesa, la sociedad le ofrece a todos los individuos las mismas posibilidades de inclusión: Igualdad, Reconocimiento y Éxito. Lo contrario es cierto. Ciertamente que la semántica de la inclusión total se confunde con los derechos humanos a fines del siglo 18. Con ello se justifican “derechos” para “sujetos” mientras se condenan crímenes sustentados sobre el diagnostico de una patología. La terapia del Dr. Tissot en relación con la masturbación es solo un burlesco ejemplo de ello: según las teorías del Dr. Tissot12, la masturbación produce calvicie, idiotez y

Luhmann, N.: Sociología del Riesgo, Universidad Iberoamericana, México, 1991, pp. 147 Luhmann: op., cit. pp. 152 10 Parsons, T.: El Sistema Social, Revista de Occidente, Madrid, 1961 11 Luhmann, N.: La diferenciación de la sociedad en: N. Luhmann: Complejidad y modernidad. De la unidad a la diferencia, Trotta, Madrid, 1998, pp. 71-130 12 Tissot, S.A.: Enfermedades de nervios producidas por el abuso de los placeres del amor y los excesos del Onanismo, Madrid, 1928
9

8

10
locura. La ciencia se pone al servicio de la exclusión: el pecador nefando de ayer es el enfermo de hoy. La exclusión surge con la expansión del capitalismo funcionalmente diferenciado, acompañado de una semántica que propaga justamente lo contrario. Es decir, concomitantemente con la emergencia de los sistemas parciales, los individuos son catapultados al entorno de la sociedad, a ella dejan de pertenecer las individualidades de los sistemas psíquicos, los que se incluyen sólo en calidad de roles, parcialmente, temporalmente, territorialmente. La sociedad se divide entre los que asumen las decisiones y los afectados, “el que se ve amenazado por decisiones que él mismo no puede activar, desactivar ni controlar. Una auto-atribución se encuentra, en su caso, excluida”13 El riesgo de la exclusión es el más probable de la sociedad contemporánea14. No es posible excluir máquinas cuyo tiempo de vida se haya consumado, hay que desecharlas. Tampoco es admisible excluir el mobiliario de un matrimonio fracasado, hay que deshacerse de él, no es posible ni válido excluir objetos de nuestro entorno ecológico porque probablemente nos pueden ser de utilidad, tampoco nos es plausible excluir “herramientas” en el sentido de Heidegger15 porque, quien sabe, mañana nos pueden servir. Los sistemas sociales evolucionan des-diferenciándose, desintegrándose algunos y otros siendo privilegiados, por ello es que la distinción entre variedad/posibilidad deja espacios de enorme holgura en la diferenciación funcional. Excluidas sólo pueden estar personas. Únicamente es posible excluir a los entornos de la sociedad, a los individuos, a las individualidades, a sus domicilios sociales, a las vidas de las personas. Curiosamente, esta es una conquista que se inicia con la diferenciación funcional de la sociedad. Antes con la pertenencia a un estrato social se excluía a otro por la pertenencia a éste. En las sociedades arcaicas, sólo el ostracismo y la expulsión condicionaban la separación de colectivos sociales, pero la exclusión no existía. La ruptura de la simetría entre la razón y la locura que termina con la relegación de la demencia del tráfico social y con el triunfo del discernimiento sobre el desvarío se consolida el encierro de los enfermos mentales en sitios desplegados especialmente para ellos: la distinción entre locura y razón se transforma en oposición jerárquica con el nacimiento de las instituciones totales 16. Pero hay otra gran oposición, la que se afianza el 1494 con el en- cubrimiento de la Alteridad, esta destinación como distinción es
13 14

Luhmann: Op. cit. pp. 154 Luhmann, N.: Sociología del Riesgo, UIA, México, 1991 15 Heidegger, M: Ser y Tiempo, Universitaria, Santiago, 1997, pp. 127 y sig. 16 Foucault, M.: Wahnsinn und Gesellschaft, Frankfurt a.M. 1984

11
relevante, porque ella y sólo ella da origen a la modernidad 17. El estado de infantilismo de la humanidad y el alcance de la madurez, es una orgía de sangre, saqueo, improperio y fatalidad. Así se financia la modernidad. Desde Kant 18, Hegel19, Max Weber 20 y Habermas 21, se muestra una indecible intranquilidad por las consecuencias inesperadas de la modernidad, pero ninguno de éstos insignes teóricos ha sido capaz de sentir la más mínima agitación por las condiciones históricas que hicieron posible tal hazaña. La respuesta el tal vez demasiado simple: España, la primera Nación “moderna” logra unificar la península, con la centralización del poder se crea un consenso nacional, con el poder militar logra conquistar Granada, con la edición de la Gramática Castellana de Nibrija en 1492 y la Iglesia dominada por el Estado gracias el Cardenal Cisneros, se logra acumular tanta riqueza mediante el saqueo de las minas de plata de Potosí y Zacatacas (descubiertas en 1545-1546) se cristianizan en poder militar suficiente como para vencer a los Turcos en Lepanto, veinticinco años después de dicho hallazgo (1571). Con ello se marca la retirada definitiva de los moros de la península ibérica 22. Con la marcha del capitalismo mercantilista se asienta la necesidad de la diferenciación funcional de la sociedad. Ella, no obstante, no transcurre homogéneamente, sino que disgregada y desunida, se trata de un desarrollo recombinado y policontextural. De partida la diferenciación de la sociedad excluye a los indígenas, incluso vale la pena mencionar que en los escritos de los críticos ilustrados de la sociedad de aquél entonces, sólo se mencionaba a los pobres, pero no a los indios-pobres 23. De las propuestas políticas ilustradas, la mayoría de la población permanecía segregada. La exclusión es un mecanismo que designa quién no es domiciliado como interlocutor competente y valido de la comunicación. Como la sociedad capitalista funcionalmente diferenciada catapulta a los individuos de un lugar fijo y afianzado en la estructura social, se convierten paulatinamente en entornos de los sistemas parciales y únicamente pueden ser incluidos en calidad de rol especificado y temporal. Esto convierte en atrayente esta peculiar novedad porque rearticula la desigualdad social de un modo completamente diferente, la profundiza, la recombina con formas de estratificación e individuación. Por otra parte, la función de este
17

Dussel, E.: 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la modernidad, Nueva Utopía. Madrid, 1984 18 Kant, I.: Was heisst Aufklärung?, Fischer, Munich. 1974 19 Hegel, W.: Lecciones de Filosofía de la historia. Antalya, Madrid, 1986 20 Weber, M.: Sociología de la religión, Istmo, Madrid, 1997, pp. 9- 65 21 Habermas, J. : Der philosofische Diskurs der Moderne. Suhrkamp, Frankfurt a. M. pp,. 27 22 Dussel, E.: Europa, modernidad y eurocentrismo, en: Edgardo Lander (ed.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Fases, Venezuela, 2000, pp. 11-59 23 Bilbao F.: La Sociabilidad Chilena,

12
mecanismo condiciona quién debe ser tratado como persona: persona es la unidad de la diferencia entre persona y no-persona24. El tratamiento de la “persona” covaría con la forma de la diferenciación de la sociedad; en la alta modernidad, no-personas son los niños, los enfermos mentales y los criminales alevosos, pero también se puede dejar de ser persona con el ingreso a una institución total, como los hospitales 25. La identidad de la persona con nombre y apellido es suprimida y sustituida por una categoría que anominiza: el paciente. Entonces el paciente debe ser infinitamente resignado, obediente y sumiso; además debe ser respetuoso y llamar doctores a los meros Licenciados en Medicina chilenos 26. La identidad de antaño es sustituida por una nueva, las comunicaciones con el exterior se reducen a breves visitas, los teléfonos celulares se requisan y cualquier alimento proveniente del entorno externo está sancionado27 La exclusión social finaliza con la muerte. Sí bien “la muerte en un problema para los vivos. Los muertos no tienen problemas” 28 a menudo la fase final de la vida en la tierra es la peor y la más grande y tortuosa de las crueldades: la soledad de los moribundos. Con el riesgo de la muerte, a los desahuciados se les esconde, se les aísla, se les estigmatiza. El mero vocablo “muerte” es un tabú más grande de la sociedad. El moribundo enfermo se convierte se convierte en murtuus semianimis, en una extraña mixtura de muerto en vida: de eso la sociedad moderna se avergüenza. Por eso, cuando se deja de vivir, se inventan todo tipo de rituales para poner de manifiesto que la realidad la muerte se ha rutinizado, sobre todo en la realidad de los hospitales: ”Tu abuelito ahora está es el Cielo”. “Tu mamá te está mirando desde el cielo”. “Tu hermanita es ahora un ángel”. Empero, todo esto es una escenificación ridícula que oculta que “en cuanto poder-ser, el Dasein es incapaz de superar la posibilidad de la muerte…La condición de ser arrojado en la muerte se la hace patente en la forma más originaria y penetrante en la disposición afectiva de la angustia” 29 En las sociedades más avanzadas el problema es aún más candente. Paradójico resulta constatar que el último trecho de la vida para muchos deba ser el de mayor sufrimiento, amargura y exclusión.

24

Luhmann, N.: La Forma “Persona” en N. Luhmann: Complejidad y Modernidad…, pp.231-244 25 Goffman, E.: Asyle. Uber die soziale Situation psychiatrische Patienten und anderer Insassen, Frankfurt, 1974 26 En Chile los médicos se titulan como “Médico Cirujano”. No existen en rigor el grado académico de Dr. Med,, como en otros países. 27 De Marinis, P.: Überwachen und Aussschliessen. Centaurus, Pfaffenweiler, 2000. Foucault, M.: Mikrophysik der Macht. Uber Strafjustiz, Psychiatrie und Medizin, Merve, Berlin, 1976 28 Elias, N.: La soledad de los moribundos, FCE, México.1987, pp. 8 29 Heidegger, M.: Ser y Tiempo, Universitaria, Santiago, 1997, pp. 271

13
Este libro habla de los excluidos. De los mendigos, de los que han perdido el trabajo y deben subsistir de las formas más insólitas, de los que en una carrera hacia abajo no encuentran la manera de salir a flote, de los que se encuentran aprisionados en túneles negros, de los que deambulan por las calles inventando el trabajo que no tienen, hablo de los que por matrimonios divorciados han caído en un boquete negro. En una palabra, este libro trata de la sociedad de la exclusión. A medida que aumenta la comunicación de la pobreza, el hambre y la discriminación que acarrea la desigualdad social, la sociedad mundial que conoce de ellos por los medios de comunicación pareciera observarlos con mayor indiferencia. Este trabajo observa la paradoja de la desigualdad social. Todas las formas que asuma la desigualdad social ocurren en el sistema de la sociedad. Al exponer, discutir y evaluar la observación de la desigualdad social, ponemos en marcha las potencialidades de la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann y sus contribuciones posteriores, vale decir, desde los conceptos de exclusión e inclusión. Desde la postura de observación sistémica, inclusión y exclusión no son conceptos ontológicos y menos aún categorías “objetivas” independientes de la operación basal mediante la cual accedemos al mundo: la observación que ejecutan sistemas observadores30. Tampoco se trata de universales funcionales abstractas a la usanza de Parsons, o lo que Hegel llamaría la totalidad concreta llamada sociedad31. Inclusión y exclusión es la forma que asume la desigualdad social en sociedades diferenciadas funcionalmente. La forma de ambos mecanismos depende de la configuración históricamente específica que asume la diferenciación de sociedades concretas, como por ejemplo de la historicidad de la temporalidad destemporalizada que conforma la emergencia y el despliegue de los sistemas parciales de la sociedad chilena32. Por lo tanto, para hablar de inclusión – y en nuestro caso en especial de exclusión – hay que comprender previamente el concepto de diferenciación funcional y especificar su historicidad. Como ninguna teoría sociológica puede prescindir del concepto de diferenciación, explicitando la observación de la diferenciación funcional desde la teoría de sistemas, removemos un cúmulo de malos entendidos que falsean los conceptos de inclusión y exclusión. Si estas permanentes falsificaciones se inspiran en que el “padrino” de ambos términos no es precisamente un sociólogo, sino un filósofo de la estatura de Michel Foucault, es algo que no trataremos aquí. Quiero agradecer a la Prof. Alejandra Brito por su consejo oportuno en temas históricos, al Prof. Miguel Urrutia quien me animó a escribir este Luhmann, N.: Ökologische Kommunikation, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1986 Hegel, Georg W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulstein, Berlin, 1974, pp. 107-137 32 Koselleck, R.: Vergangene Zukunft. Zur Semantik geschichtliche Zeiten, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1979, pp. 211 y sig.
31 30

14
libro, al Prof. Enrique Fernández quien con su experiencia en historia de Chile, me apoyó desinteresadamente, al Prof. Eduardo Aquevedo quien tuvo la paciencia de leer mis manuscritos. Y muy especialmente a la Prof. Gladys Valdés, quien leyó cada línea de este trabajo, asumiendo así voluntariamente el sustentáculo de este libro.

15

16

1. LA MATRIZ AUTOPOIÉTICOS

FRAGMENTADA

DE

LOS

SISTEMAS

“Los sistemas ordenan, para un observador, la relación entre la libertad, la ceguera y la dependencia: los sistemas son libres en el establecimiento de su distinción de partida; ciegos en sus consecuencias; y en el triunfo de su estabilización independientes de todo lo que excluyen” Dirk Baecker El Por Qué de los sistemas Aclaremos previamente lo que entendemos por sistemas. De la manera más abstracta posible, un sistema es la resultante de la recombinación de sólo dos componentes: elementos y relaciones33. No obstante, la abstracción algo exagerada de esta definición puede confundirse con un apriorismo escencialista que fácilmente conduciría a definir a los sistemas como independientes de la operación de observación, que es la premisa básica y elemental de la reflexión sistémica porque sólo mediante ella accedemos al mundo y cuyos fundamentos asentó Heinz von Foerster refiriéndose a la “second order cybernetics”34. La observación es un proceso cerrado, circular y altamente discriminatorio y selectivo. Para la teoría sociológica de sistemas, la primacía de la observación, en lugar de configurar un bloqueo epistemológico, indica que los sistemas son siempre sistemas observados y que además, al ser el producto de operaciones recursivas de indicación-distinción, la observación es siempre una forma-sentido que se comunica como descripción en el medio lenguaje. Pero además, la comunicación de esas descripciones (de observaciones) adquiere sentido sólo mediante la operación de observación. Por lo tanto, no sólo los sistemas son sistemas socialmente designados, también los individuos son individuos socialmente designados, el cuerpo es cuerpo socialmente designado. En síntesis, la sociedad es la sociedad de la sociedad. No es entonces una casualidad que la obra más importante de Luhmann lleve justamente ese título35. Ningún sistema puede prescindir de elementos y relaciones entre elementos observados. Cualquier observación empieza con el trazado de una distinción, lo que significa que indicando el lado marcado de la distinción, lo podemos llamar sistema, el lado no marcado de la distinción sería lo que llamamos entorno36. No hay sistemas sin entornos, sistema y entorno son igualmente importantes, pero como la distinción es una asimetría que marca al sistema y se esfuerza por describir su operar,
33 34

Luhmann, N.: Soziale Systeme. Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1996. pp. 30 Von Foerster, H.: Las semillas de la cibernética, Gedisa, Madrid, 1986 35 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1997 36 Luhmann, N.: Sistemas Sociales. Lineamientos para una teoría general, Anthropos, UIA, México, 1998, pp. 140 y sig.

17
reduciendo su complejidad hasta poder incluso pensarla como “complejidad ordenada”, el entorno es el lugar más indefinido, de mayor contingencia, donde sucede lo que sucede y donde no existe ningún orden. Por lo tanto, la complejidad – entendida como medida de indeterminación – es siempre mayor en el entorno que en el sistema. Este gradiente de complejidad del que Luhmann deriva su teorema de reducción de complejidad, hay que entenderlo nuevamente en el contexto de la operación de observación, la que sólo es posible trazando distinciones, que son resultantes de observaciones37. Por lo tanto los sistemas son distinciones operando. Sin duda el concepto de sistema es en sí metafórico, más aún, se trata de una metonimia, pues recombina un realismo científico radical con un cierto misticismo poético38. Lo gravitante de los sistemas sociales es que operan, y la observación de su operar obedece a que su hacer consiste en que trabajan con tres distinciones selectivas basales: función – lo que se observa como las operaciones propias, exclusivas y excluyentes del sistema -, prestación, la observación de los intercambios recíprocos de complejidades reducidas con otros sistemas, que cada sistema a su vez observa como entorno, y reflexión – que es la posibilidad de poder generar una imagen de sí mismo (auto-observación) y de sí mismo con su entorno: la hetero-observación sistema/entorno Haciendo re -entrar la unidad de la diferencia de la imagen sistema/ entorno en el sistema mismo, la complejidad del sistema aumenta considerablemente. Esta operación de re-entry hay que entenderla así: los sistemas no acceden a los entornos y menos aún interactúan con ellos, sino que sólo pueden pensarlos y producir figuraciones de ellos, las que son los productos de las operaciones del propio sistema. Además, los sistemas tampoco acceden a sí mismos sino que operan por autocontacto, sólo construyen y comunican auto- descripciones complejas de su operar, pero que jamás coinciden exactamente con lo que efectivamente realizan; en estricto rigor, los sistemas operan ciegamente. Si nos remitimos nuevamente a la operación elemental de observación, se supone que la puesta en uso de la distinción autoreferencia /heteroreferencia cataliza una observación especializada llamada observación de segundo orden, la que trataremos por separado. En cualquier caso, el concepto de sistema es impensable sin un observador que se involucre en cualquier fenómeno que lo haga emerger. Tanto en su intransparencia e impenetrabilidad, los sistemas operan ciegamente, es decir por autocontacto: distinguen lo que no ven de lo que ven, pero no ven que no ven, con lo que pasamos al tema del “punto ciego”, el que por lo general ha sido derivado de la epistemología de Maturana. Los sistemas “son artefactos nebulosos” y opacos39.
37

Luhmann, N.: Sistemas Sociales. Lineamientos para una teoría general, Anthropos, UIA, México, 1998 38 Baecker, D.: Wozu Systeme?, Kadmos, Hamburg, 2000 39 Fusch, P.: Das psychische System und die Funktion des Bewusstseins, en http://fen.ch/texte/gast_fusch_psyche.htm

18

En lugar de tematizar las derivaciones del “punto ciego”, prefiero remitirme, en el sentido de Spencer Brown40, a la postura de observación del observador, es decir, a la distinción entre el “marked state” y el “unmarked state” del cálculo de la forma. El cálculo de la forma invalida toda posibilidad de observación total, aún si en la observación de segundo orden se quieren observar ambos lados de la forma y el observador pudiera cruzar (cross) la distinción, su limitación de omnipresencia convierte a esta observación en una de primer orden, por lo que otro observador (de “tercer orden”) debiera esclarecer lo que el observador de observaciones no pudo observar, y así sucesivamente. En apretada síntesis: i) todo sistema es un sistema en un entorno ii) por la manera de coordinar sus estados con los estados del entorno, el sistema se convierte en inteligente iii) prescindiendo de sistemas y entornos, se encuentra el mundo, acerca del cual nada puede decirse, pues lo que se diga sería nuevamente algo relacionado con el sistema iv) usando el medio sentido, el sistema no se comunica ni interactúa con el entorno, sino sólo acerca de él Sistemas psíquicos y sistemas sociales Abordaremos el tema de la distinción ecológica entre sistemas sociales y sistemas psíquicos. La propiedad de los sistemas sociales es que realizan una sola operación basal, la de comunicar. A diferencia de las teorías lineales y extrínsecas de la comunicación, la teoría de sistemas opta por una teoría contructivista e intrínseca. La comunicación obedece a la ligazón de tres operaciones distintivas – información, forma de comunicar y comprensión. Si por información se entiende cualquier evento que suceda y puede ser percibido mediante la operación de una diferencia, que presupone a la cognición realizada de forma completamente clausurada en las redes neuronales del sistema nervioso41, la forma de comunicar indica la manera, el estilo, el medio y la postura de comunicarlo haciéndolo público y convirtiéndolo en social y por lo tanto en observable. La comprensión obedece a la distinción entre información y forma de comunicar. El concepto de comunicación que antes describimos escuetamente, se distancia de las teorías objetivistas y extrínsecas de la comunicación; poner en marcha este entrelazamiento selectivo de tres distinciones elementales equivale a la observación intrínseca de la operación comunicativa. En el contexto de lo anterior y teniendo presente la co-determinación condicionante que caracteriza la vinculación ecológica de oscilación entre sistemas psíquicos y sociales – la que más abajo abordamos en detalles – en estricto rigor sólo la
40 41

Spencer Brown, G.: Gesetze der Form, Bohmeier, Lübeck, 1997 Maturana, H.: Biology of Cognition en: Autopoesis and Cognition: The Realization of the Living. Bio. Comp. Labor. Research, University of Illinois, 1970, pp. 10

19
comunicación comunica pues sólo por medio de la comunicación las opciones (potencialidad) se transforman en sucesos de la sociedad. La lógica de los sistemas de sentido, es contra-intuitiva y la propiedad elemental de los sistemas en que son sistemas autopoieticos: 1)Los sistemas vivos, los sistemas neurofisiológicos, los sistemas de la conciencia y los sistemas sociales tienen una característica en común. Son sistemas auto-producidos o autopoieticos, que usan sus propias operaciones para poder reproducir sus operaciones propias. Esto significa que son sistemas operativamente clausurados, que con sus operaciones no operan en el entorno y no pueden intervenir en él; 2)Los sistemas de este tipo son sistemas determinados estructuralmente. No pueden ser determinados mediante o a través del entorno, sino que deben fijar sus propios estados mediante sus propias estructuras, que producen mediante sus propias operaciones; 3)Debido a su cerradura operativa estos sistemas deben estar en condiciones de diferenciarse por sí mismos del entorno. En este sentido se puede hablar de auto-observación. Como ellas no puede sino realizarse como operación, éstos sistemas no pueden fijar su identidad como objeto del conocimiento, sino que la deben comprobar permanentemente, en relación a un entorno siempre cambiante: 4)La clausura operacional no excluye interdependencias causales entre sistemas y entorno, pero frente al eterno problema de la atribución causal, cada denominación supone causas o efectos determinados en un observador, el que ejecuta ésta selección. Las observaciones con la ayuda de esquemas causales, son siempre atribuibles a un observador, que por su parte funge como un sistema operativamente cerrado; 5)Cada cognición supone a la autopoiesis funcionando, o la cerradura operativa. La cognición sólo es posible debido a la cerradura operativa, sólo posible porque el sistema no tiene ningún contacto con el entorno. Al mismo tiempo, la realidad no se define en antigua forma mediante experiencia y resistencia; pero no se puede tratar de la resistencia de un mundo externo, sino sólo de la resistencia de las operaciones del sistema contra de las operaciones del mismo sistema, por ejemplo de la resistencia de comunicaciones contra las comunicaciones. Para que la cognición se realice se requieren otras condiciones, sobre todo la memoria en el sentido de un constante examen de consistencia basada en identidades de uso reiterado. 6)Bajo la condición de la cerradura operativa asume la relación entre sistema y entorno la forma del acoplamiento operativo – así como el cerebro se irrita mediante un minúsculo aspecto de cosas físicas o la comunicación sólo a través de minúsculos espectros del mundo puede actualizar estados de conciencia. El acoplamiento estructural significa, en otras palabras, indiferencia frente a casi todo e la canalización de

20
dependencias específicas, determinantes. pero que actúan como estructuralmente

7)Por ello asume el correlato sistémico del acoplamiento estructural la forma de irritación. El concepto describe un puro estado interno del sistema pero que en el curso del procesamiento de irritaciones son concebidas tanto internamente (en las estructuras) como externamente. El entorno no se irrita jamás a sí mismo. Un sistema operativamente cerrado debe para poder experimentar y disolver irritaciones, distinguir entre autoreferencia y hetero-referencia. Y lo hace con la ayuda de bucles instalados de reflexión. Se puede observar fácilmente que la “materialización” de la comunicación es un momento de externalización que se realiza entrelazado a la selección de la forma de comunicar desde la intransparencia situada en el dominio de la conciencia. La realización de esta selección consiste en la proyección de una distinción (hasta entonces opaca) entre información y forma de comunicar, transportándola a la superficie de lo social – y por lo tanto convirtiéndola en observable42. De lo anterior se desprenden dos consecuencias insólitas para el pensamiento sociológico convencional: (a) la comunicación es la única operación genuinamente social posible y es el sustrato de los sistemas sociales, o metafóricamente, su estructura profunda; (b) el entrelazamiento en redes polifórmicas de comunicaciones comprendidas articuladas en múltiples formas de comunicar es lo que llamamos sociedad, (c) si comprender obedece a la distinción entre información y forma de comunicar, no hay comprensiones correctas, incorrectas, ni amarillas ni rojas ni negras – cualquier clasificación en ese orden u otro es un problema de convenciones43. La sociedad es un tipo muy particular de sistema social, que engloba a todas las comunicaciones posibles. Sólo hay comunicación en la sociedad – no hay en el entorno ecológico ni tampoco en los sistemas psíquicos contenidos en nuestras individualidades. En la visión de la teoría de los sistemas sociales representada fundamentalmente por la Escuela de Bielefeld, la distinción ecológica entre sistemas psíquicos y sistemas sociales se caracteriza porque en éstos últimos, las conciencias individuales, sólo pueden pensar. A su vez, la sociedad no piensa sino que sólo comunica. Por consiguiente, los sistemas sociales no piensan, y los sistemas psíquicos no comunican. Si nos imaginamos que entre comunicar y pensar hay una relación profundamente ecológica, entonces, (a) detrás de cada comunicación, en principio, hay siempre una conciencia pensante que opera de acuerdo a la vieja

42 43

Fuchs, P.: Die Grammatik sozialer Systeme, manuscrito del 28.3.2006 Fuchs, P.: Die konditionierte Koproduktion von Kommunikation und Bewusstsein, manuscrito inédito, 2003

21
distinción husserliana 44 entre noema y noesis, la que Luhmann transpone por analogía en la distinción autoreferencia/heteroreferencia y que (b) en el caso de los sistemas psíquicos – la conciencia en los que reside nuestra individualidad insustituible, ellos pueden ser sólo perturbados (irritados) por la comunicación de la sociedad entendida como el entorno de los mismos. A su vez, la conciencia se irrita, por ejemplo, inspirando a la comunicación. Aquello que aúna a los sistemas autopoieticos sociales y psíquicos es que hacen uso del mismo sustrato medial: el sentido. “En el medio ato-construido sentido las operaciones deben orientarse a distinciones. Sólo de este modo, las recursiones correspondientes permiten la construcción de selectividades. El sentido significa que lo que se designa como actual siempre implica y engloba a otras posibilidades distintas. Esto significa también – lo que contradice la experiencia de las cosas – que la cosa desaparece cuando se pierde de vista y la atencionalidad se dirige a otras cosas” 45 No obstante, debido a la cerradura operativa de las operaciones cognitivas ejecutadas en las redes neuronales del sistema nervioso y a que nuestras percepciones no necesitan convertirse en comunicaciones, nunca se podrán observar las formas en que las irritaciones del entorno comunicativo de la sociedad influencian a las conciencias. De todos modos, las percepciones son resultados de las capacidades de externalización del sistema neuronal, el que configura las percepciones, pero que a su vez no puede ser percibido por sí mismo. De allí que la oscilación ecológica entre sistemas psíquicos y sistema sociales, asuma la forma de una coproducción condicionada 46. De esta oscilación ecológica sistema/entorno resulta que lo que pensemos no necesita comunicarse y por otro lado, lo que se comunica tampoco deba corresponder a lo que pensamos. Podemos imaginarnos lo que podríamos llamar el super-medio que unifica y separa a la comunicación de la conciencia, este medio es el medio sentido, un recurso que comparten los sistemas psíquicos y sociales, a pesar de que ambos sólo pueden suponer la manera en que el otro lo usa. El sentido oscila entre comunicación y conciencia. Por ello es que los sistemas sociales recurren a una especie de “psicología” elaborada para comunicar sus presunciones sobre los sistemas psíquicos. Por otra parte, los sistemas psíquicos, al ser irritados por la comunicación, la convierten en percepción, construyendo de este

44

Husserl, E.: Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie, Niemayer, Tübingen, 1980, pp. 179-200 45 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit, pp. 49 46 Fuchs, P.: Das psichische System und die Funktion des Bewusstseins, en : http://fen.ch , pp. 2

22
modo una imagen, un tono, un olor o un sabor a objeto de configurar el sentido de lo que la comunicación les presenta. Pero hay otro recurso que ambos sistemas comparten: el cuerpo47. La percepción del propio cuerpo – como lo visible de la invisibilidad del mundo – pone a disposición una distinción identitaria entre el sí mismo y el resto del mundo. De la fenomenología sabemos además que podemos hablar del cuerpo sólo si hablamos del sentido48, pero además que el cuerpo es siempre un cuerpo socialmente designado. Si pensamos en el contexto implícito, la primera y frágil re-entry de la distinción sistema/entorno en el espacio aún indefinido del sistema, se entiende que el carácter oscilante del sentido, es el fundamento de la ecología profunda entre sistemas psíquicos y sociales. Por otro lado, el cuerpo es un organismo que corresponde a una instancia paradójicamente “superior”, es una máquina que despliega sentidos idiosincrásicos y que está en condiciones de sabotear tanto a la conciencia como a los sistemas sociales asumiendo la forma de sintomatologías destructivas: la máquina- cuerpo se convierte en algo indeciblemente demoníaco. En las semánticas de la sociedad, basta recordar la relevancia de los esquemas cuerpo/alma o la diferencia cuerpo/espíritu. El cuerpo es el referente de la conciencia y de los sistemas sociales, pero esta referencia no alcanza al cuerpo, el que se auto-indica únicamente como un signo o como distintos momentos significativos. El cuerpo no es un observador49. Los sistemas psíquicos y los sistemas sociales poseen una característica básica en común, ambos son sistemas auto-reproductivos, sistemas autopoiéticos. Hacen uso de sus propias operaciones para reproducir sus propias operaciones. Son sistemas operativamente clausurados, que por tanto no operan en sus entornos, tampoco pueden intervenir en ellos y menos aún interactuar con ellos. Los sistemas autopoiéticos no están determinados por sus entornos, sino por sus propias estructuras, produciendo estados propios y estructuralmente específicos, co-evolucionando con sus entornos50. Por ello, el correlato interno del sistema acoplado estructuralmente, asume la forma de irritación. Este concepto indica únicamente hacia un estado del sistema, lo que lo obliga al procesamiento interno de las irritaciones. El entorno no puede irritarse jamás a sí mismo. Para que un sistema operativamente cerrado detecte irritaciones, significa que debe poder distinguir entre autorrefrencia y heteroreferencia. No obstante, los sistemas no son objetos y tampoco substancias en el sentido aristotélico. Tampoco son sujetos, los que como objetos puedan ser observados por otros sujetos, los que a su vez serían objetos para otros sujetos observadores. Por lo tanto, si no son ni objetos ni sujetos, serían “ni esto ni lo otro”. Los sistemas autopoéticos son artefactos
47 48

Baecker, D.: Wozu Systeme?, Kadmos, Berlin, 2002, pp. 10 Husserl, E.: La crisis de la ciencia europea y la fenomenología trascendental, Crítica, Barcelona, 1982, pp. 138 y sig. 49 Fuchs, P.: Die Form des Körpers, manuscrito, 2004 50 Luhmann, N.: Sistemas Sociales, op. cit., pp. 300 y sig.

23
idiosincrásicos y por consiguiente (–)jetos,51 un concepto emparentado con el de nonentity de William James. Estos sistemas deben estar en condiciones de diferenciarse de sus entornos, de allí su cerradura operativa. Mediante la operación de autoobservación, los sistemas psíquicos y los sistemas sociales no establecen su identidad como objeto de conocimiento, sino que deben revisarla permanentemente en relación al entorno en permanente transformación. La cerradura operativa no excluye las interdependencias causales entre sistema y entorno. Pero frente al eterno problema de la evaluación de las casualidades, cada relación causa-efecto presupone la existencia de un observador que realiza dicha operación de selección. Cada observación sustentada sobre esquemas causales debe ser atribuida a un observador, el que a su vez opera como un sistema operativamente clausurado. A pesar que en su autopoiesis, los sistemas dependen de ruidos – específicamente del principio del “comando por ruido” los que convertidos en irritaciones significativamente procesadas generan oscilaciones que impulsan la continuidad auto-recursiva, se trata de sistemas silenciosos. La autopoiesis no anuncia los estados secuenciales del sistema, los que sólo pueden ser observados en las estructuras de la auto-referencia basal del mismo. La teoría de sistemas no posee un acceso privilegiado a la “realidad”. Más que eso, la teoría de los sistemas autopoieticos no está preparada para prohibirle al otro que es exprese, sino que espera y está ansiosa de las voces discrepantes.

La co-determinación de las funciones de la conciencia. En la teoría de los sistemas sociales – en especial en la llamada “Escuela de Bielefeld”52 – se ha considerado a los sistemas psíquicos como los entornos relevantes de los sistemas sociales, en el supuesto que en ellos “reside” la conciencia. Así, la observación del ductus sistémico anterior se dirige principalmente a la observación de la observación de sistemas sociales, mientras que los sistemas psíquicos ocupan un lugar subsidiario. Respecto de los sistemas psíquicos, cada cognición presupone el funcionamiento de la autopoiesis del sistema nervioso53. La cognición no sólo es posible debido a la cerradura operativa del sistema nervioso, sino
51 52

Fuchs, P.: Das psychische System und die Funktion des Bewusstseins en : http://www.fen.ch Fuchs, P.: Das psychische System und die Funktion des Bewusstseins, en : http://www.fen.ch 53 Maturana, H.: Biología del fenómeno social, en: Humberto Maturana: La realidad ¿objetiva o construida?, Tomo I, Anthropos, Barcelona, 1995, pp. 3-19

24
porque el sistema no tiene ningún contacto con el entorno. Bajo la condición de la cerradura operativa, la relación sistema - entorno asume la forma del acoplamiento estructural. El acoplamiento estructural significa la aparición de la indiferencia frente a la canalización de dependencias específicas, por lo que los sistemas operativamente cerrados no operan como estructuralmente determinados54. La cognición es un fenómeno biológico y sólo puede ser entendido como tal; cualquier argumentación epistemológica en el dominio del conocimiento requiere de ésta comprensión55. Conviene señalar que en la obra de Luhmann se ocupó siempre más y más de la conciencia como el genuino origen de los sistemas sociales, un hecho que lo vincula obligatoria y profundamente a la filosofía de la conciencia. Lo anterior es notable en el ductus y la temática de Sistemas Sociales en comparación al compositum intellegens de La Sociedad de la Sociedad. Usando la distinción medio/forma, Fusch argumenta que en principio todos los sistemas de sentido se pueden diferenciar internamente y que el concepto de diferenciación conlleva el de especificación, por lo que los sistemas psíquicos se distinguen de la conciencia. En tal sentido, la conciencia sería una constelación de operaciones de observaciones especificadas y decididas selectivamente, en el contexto de un torrente de operaciones inespecíficas y no-decididas. La distinción medio/forma indicaría que el medio-sentido separa selectivamente a las observaciones del entorno contingente de las destemporalizaciones inespecíficas. La conclusión es la siguiente: Las operaciones decididas de la conciencia son observaciones. Y las observaciones son siempre operación explícitas o, en el sentido de la autopoiesis, encadenamientos de operaciones explícitas. Si en el ductus de la teoría de sistemas se tiende a identificar a los sistemas psíquicos con la conciencia, esto resulta problemático. Un quiebre de incompletitud y ambivalencia indicaría a la identidad entre la conciencia y la mónada de Leibnitz, pues en medio de un procedimiento en extremo abstinente, la conciencia es definida como un sistema circularmente cerrado compuesto de unidades elementales llamadas ideas, las que realizan una dinámica de estabilidad por medio de la distinción autorreferencia/heteroreferencia. Sin embargo, si su operatividad depende del modo de temporalización de la autopoiesis entendida como aislamiento monádico56 debido a que la conciencia sólo es diferenciable en sí misma, entonces la supuesta identidad entre conciencia y sistema psíquico (en singular) resulta tan opaca como insostenible: los sistemas psíquicos no son la conciencia. Si la singularidad de la operación de observación consiste que en medio de una corriente de sentido que indica hacia lo que está sucediendo,
54

Luhmann, N.: Gesellschaftstruktur und Semantik, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1995, Bd. 4, pp. 60-62 55 Maturana, H.: Biology of Cognition, en: Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living, D. Riedel Publishing Co., 1970, pp. 8 56 Leibnitz, G.W.: Monadologie, Reclam, Stuttgart, 1979.

25
se marca decidiendo lo que es separándolo de lo que (no) es o (aún) no está-siendo, entonces la observación es una operación explícita. Más aún, en el contexto de la auto-recursividad los sistemas autopoieticos, las observaciones de la conciencia serían concatenaciones de operaciones explícitas, secuénciales y significativas (sinnhaft). Además, si tenemos delante la imposibilidad de negación del sentido formulada por Luhmann, el sentido (actualidad/potencialidad) puede operar aún sin presión de selectividad; es decir, sin la representación de un esquema horizonte-tema, que sea condicionante. Por lo tanto, no hay nada que incapacite a la conciencia para poder observar. El sentido no es posible sin sistema y si esto es así, el sentido les procura a los sistemas de sentido la estabilidad de su volatilidad, porque de un sentido surge otro. Por lo cual el sentido no es persistente. No es jamás “lo mismo”57 La conciencia no sería entonces “algo que piensa”, sino que realiza una función propia, única e insustituible, lo que por un lado la distingue de los llamados sistemas psíquicos y por el otro la define potencialmente como el entorno relevante de los sistemas sociales. En la terminología de Fuchs, esta función consiste en la desagregación de una corriente analógica de percepciones difusas para convertirlas en eventos relacionados entre sí; su función sería la construcción de unidades entendibles como secuencialmente ordenadas; o la configuración de secuencias que parecieran componerse de eventos separados para que sean tratados como tales. En síntesis, la función de temporalización que se atribuye a los sistemas psíquicos, adquiere sentido sólo si se especifica la función de la conciencia. Lo anterior se puede resumir del siguiente modo: i.la producción de un ordenamiento secuencial, en el cual los recursos se actualizan mediante la referencia a acontecimientos pasados o futuros (retenciones y protecciones en el sentido de Husserl58) ii.la forma de la temporalización autopoietica que no permite observar operaciones como singularidades y tampoco la identificación de operaciones de inicio o de término, lo cual correspondería a la tesis fenomenológica, en el sentido de que no existen operaciones o acontecimientos absolutos. iii.la forma de desplazamiento de sentido o deslizamientos significativos de diseminación, para lo cual se recomienda el concepto manigfáltico de différance59. Lo cual significa que también los sistemas sociales, que operan con el medio sentido, no logran satisfacción significativa, pues carecen de mecanismos que les permita alcanzar teleologías significativas.
57 58

Fuchs, P.: Die Grammatik sozialer Systeme, manuscrito del 28.03.2006, pp. 4 Husserl, E.: Investigaciones Lógicas II, Altaya, Madrid, 1997, pp. 473- 524 59 Derrida, J.: La Différance, op. cit.

26
iv.la necesidad de autocontrucción de la secuencia referida a los acontecimientos, pero sin ninguna opción para conseguir soportes externos en dicha producción de acontecimietos. v.la inevitabilidad de aprovechar la observación como tipología de operación; vale decir que las denominaciones decididas se acoplan a denominaciones decididas. Si la función de la conciencia consiste en la conformación del tiempo plausible al ordenamiento, entonces sin esa función no podría sostenerse nada parecido al tiempo, pues sin la temporalización el tiempo de la corriente de la conciencia dejaría de existir la intersección entre el tiempo “externo” y la “duración”, se bloquearía el re-entry de la distinción dentro/fuera en “dentro”, con lo que la forma-tiempo sería irrealizable. Fusch postula también la existencia de una identidad formal entre la estructura triádica de la comunicación –las informaciones (por heteroreferencia) indicadas y exteriorizadas y acopladas a la forma de comunicar (por autoreferencia) que escenifica e informa y la operación siguiente, la selección denominada comprensión – con la estructura de la función de la conciencia. En efecto, las informaciones (percepciones, intenciones, protenciones, retenciones), al ser procesadas tienen que representarse, de tal manera que la operación siguiente a la información (heteroreferencia) se interpreta como otra distinta, aún realizando lo mismo. Por otro lado, el postulado llevado a la hipóstasis que señala que ni la sociedad ni los sistemas sociales piensan, conduce a la siguiente interrogante: ¿Cómo se realiza la operación de síntesis distintiva final de la comunicación, la comprensión?. Aún más, si la comprensión implica la puesta en uso de hermenéuticas entrelazadas al medio sentido, por el carácter interpretativo de la observación, no pueden ser ejecutadas por sistemas de sentido en los que no haya intervención de la conciencia observadora. Si la distinción actualidad/potencialidad indica la forma del medio sentido, las operaciones de decisión observadora presuponen la variedad redundante de la ejecución del medio de realización practica y observable. Este medio del medio sentido es el lenguaje, son los signos. En efecto, la indeterminabilidad del medio sentido es el complemento ideal de la vaguedad intrínseca al uso del lenguaje. La conciencia, usando acoplamientos de unidades de signos (lenguaje) opera como el medio de acoplamiento que transforma las operaciones comunicativas que se caracterizan por estar mediadas por acoplamientos laxos, en acoplamientos fuertes. No cabe duda que el lenguaje es el “motor” de las distinciones del lenguaje, pues ofrece una pregnancia fenoménica. “El lenguaje habla”60

60

Heidegger, M.: Unterwegs zur Sprache, Pfullingen, 1979, pp. 12

27
Si los sistemas de sentido son sistemas en-marcha-ejecutando signos, justamente por su indeterminabilidad regeneran su puesta en uso, de lo cual resulta que los sistemas carentes de signos no son sistemas de sentido. El lenguaje sostiene un vínculo de isomorfía con la autopoiesis de los sistemas de sentido, por ello es que la puesta en uso del lenguaje es el medio de acoplamiento de las concatenaciones temporalizadas que configura, ya que las operaciones decididas de observación, son operaciones que también usan el lenguaje. Por eso, la función de la conciencia asume la forma de lenguaje. Las observaciones son operaciones decididas porque en la exploración del sentido y en la producción de eventos, usan signos distintivos. Así designamos algo como algo. No hay conciencia sin lenguaje, por lo que la eliminación del uso del lenguaje equivale a la eliminación de la conciencia. Los sistemas sociales desaparecerían, tampoco serían posibles las ataduras temporales ni ninguna estructura temporal: el mundo observado se desmoronaría. De allí que las teorías de la conciencia remitidas a la problematización de las anomalías portadoras de dolencias psíquicas, definan la estructura profunda de las distintas formas de neurosis como estructuras descompuestas del lenguaje61. En consecuencia, la conciencia habita en el lenguaje, pero no tiene su residencia en el lenguaje. La conciencia no es un “Uno”62. Se puede denominar así – conciencia - porque emerge en el acoplamiento entre sistemas psíquicos y sociales, surge de la oscilación co-determinada entre dos formas de observación. En los sistemas psíquicos, la conciencia es genuinamente no-psíquica, sino la alteridad incorporada. De allí la dificultad para identificar al cerebro con la conciencia. Ciertamente que el sistema nervioso no habla, pero para los sistemas psíquicos, la conciencia es lenguaje-funcionando. Lo que hasta ahora se ha llamado conciencia equivale al “formateo” lingüístico del contacto con el mundo de los sistemas psíquicos. Por lo tanto, el sistema psíquico no es el entorno relevante de los sistemas sociales, sino que la conciencia es el concepto clave en la oscilación ecológica con los sistemas sociales. En el momento en que los sistemas de sentido realizan su autopoesis, se despliega una doble temporalidad, que se bifurca en un tiempo de la naturaleza, que es el tiempo de la indiferencia y donde no sucede absolutamente nada, y un tiempo que podríamos llamar en tiempo del sentido, que es el tiempo de la autopoiesis, que no se encuentra en la naturaleza, sino en la vida. El tiempo de la indiferencia, de la inapetencia y el desgano implica un desinterés a causa del carácter sobreentendido que posee el mundo de la vida. Lo característico de la “actitud natural” es que se considere presupuestos el mundo y sus objetos hasta que se establezca la prueba de lo contrario. En la medida en que funciona este esquema de referencia “no nos interesa comprobar
61

Lorenzer, A: Sprachzerstörung und Rekonstruktion; Frankfurt, 1882. También Lorenzer, A.: Zur Begründung einer materialistische Sozialisatiostheorie, Suhrkamp, Frankfurt a. M. 1972 62 Heidegger, M.: Ser y Tiempo, Santiago, Universitaria, pp. 190

28
si este mundo realmente existe o si sólo es un sistema coherente de apariencias compatibles unas con otras. No tenemos ninguna razón para dudar de nuestras experiencias garantizadas.” 63 Las operaciones de los sistemas autopoiéticos son actos, hechos. La construcción de acciones es su problema fundamental, desde el punto de vista de la sociología. Pero la acción (social) no es una categoría ontológica o antropológica, por ello los sistemas autopoiéticos no están ligados a la física cartesiana64. Esto se observa cuando se comprende la operación de acoplamiento operativo. Éste concepto indica el enlace de proyecciones en el tiempo mediante el tiempo 65. Todo el mundo, desde los movimientos del cuerpo hasta los espacios de luz en un monitor, se construye por medio de acoplamientos operativos, mediante la différance 66. “La estructura del retardamiento, impide en efecto que se haga de la temporalización una simple complicación dialéctica del presente vivo como síntesis originaria e incesante, constantemente reconducida a sí, concentrada en sí, concertante, de rastros que retienen y de aperturas protencionales. Con la alteridad del ‘inconsciente’ entramos en contacto no con horizontes de presentes modificados – pasados o porvenir – sino con un ‘pasado’ que nunca ha sido presente y que no lo será jamás, cuyo ‘por-venir’ será la producción o la reproducción en la forma de la presencia. El concepto de trazado es, pues, inconmensurable con el de retención, de devenir-pasado de lo que ha sido presente. No se puede pensar el trazado – y así la différance – a partir del presente, o de la presencia del presente” 67 Cualquier suceso social o psíquico tiene la forma de una epifanía, lo mismo es válido para la reversibilidad del tiempo de la naturaleza. Podemos incluso afirmar que el sistema es el tiempo, el tiempo del sentido, y el acoplamiento operativo indica exactamente ese comportamiento 68. El acoplamiento operativo permite el entrelazamiento de proyecciones en el tiempo mediante el tiempo, dando lugar a la inversión del tiempo. La conversión del tiempo de la

Schütz, A.: Sobre realidades múltiples, en: Alfred Schütz: El problema de la realidad social, Amorrortu, B.A., pp. 214 64 Aristóteles.: Física. Libros I y II, Biblos, B.A., 1993, pp. 79 65 Husserl, E.: Vorlesungen zur Phänomenologie des inneren Zeitbewusstseins, Niemayer, Tübigen, 1980, pp. 382 y sig. 66 Derrida, J.: La retirada de la metáfora, En: Jacques Derrida: la deconstrucción de las fronteras de la filosofía, Piados, Barcelona, 1997. Derrida, J.: La Différance. En: http://personales.ciudad.com.ar/Derrida/la_différance.html pp. 9 67 Derrida, J.: La Différance, (conferencia de 1968), en: Derrida, J.: Márgenes de la filosofía, http://personales.ciudad.com-ar , pp. 17 68 Fuchs, P.: Autopoiesis, Mikrodiversidad, Interaktion, manuscrito, 1998, pp. 4

63

29
indiferencia en el tiempo del sentido. Y se asemeja al “acoplamiento sincrónico de asambleas neuronales” de Varela 69. Las reflexiones de Fuchs contribuyen, por un lado, a enriquecer el horizonte de observación de la autopoiesis de la conciencia, ayudando por el otro a resolver una de las carencias más significativas de la teoría de sistemas. Esclarece que la conciencia realiza una operación sui generis de observación, insustituible en la ejecución práctica de la operación basal de comunicación al codeterminar la forma de la comprensión, que trasciende a la temporalización. Además, si los sistemas sociales carecen de conciencia temporal interna, sin la función de temporalización secuencial de la conciencia complementada por la determinabilidad de las formas de duración del tiempo 70, la intersección entre el tiempo social caracterizado por la fragmentación lineal y el tiempo interno, se derrumbaría bloqueando la realización de la re-entry dentro/fuera en el lado marcado de la distinción. Los sistemas de sentido de la conciencia son silenciosos. Más importante aún resulta destacar la relevancia de las operaciones de observación de la conciencia en el contexto de las formas que asume la exclusión social. En efecto, si como la resultante de la transformación lenguajeada de la cognición en percepción, la conciencia temporaliza secuencialmente produce eventos dispersos y disparatados, la observación de la exclusión social no puede conformarse con la observación de las observaciones de los sistemas, sino que debe observar cómo observan los que en la condición de afectados, transforman las operaciones de la conciencia en operaciones de comunicación efectivamente y prácticamente observables. Se podría objetar que los argumentos anteriores quiebran la opacidad inobservable de la autopoiesis de la conciencia, dando lugar a que la especificidad de sus observaciones pueda ser observada. El contrapunto anterior desconsidera que las operaciones de los sistemas autopoieticos no se asemejan ni se vinculan a categorías ontológicas y tampoco configuran precondicionamientos antropológicos de la sociedad. En efecto, los sistemas sociales autopoieticos no son domiciliables, tampoco tienen residencia ni número telefónico, se exponen a la observación por la diseminación de sus efectos, pero la temporalización de su operar bloquea cualquier posibilidad de observación sincrónica. De allí que la observación pueda ser únicamente una forma de reconstrucción fragmentaria de operaciones que ya sucedieron, porque la autorecursividad de los sistemas se desacoplan del “tiempo de la naturaleza”; más aún, se podría sostener que son la inversión del tiempo natural del mundo. Los sistemas autopoieticos no realizan desplazamientos espaciales.

Varela, F.: El Fenómeno de la Vida, Dolmen, Santiago, 1990, pp. 329 Bergson, H.: La Evolución Creadora, Espasa-calpe, 1973. También Bergson, H.: Memoria y Vida, Alianza, Madrid, 1977
70

69

30
Justamente porque son sistemas inaccesibles a sí mismos, se caracterizan por su incompletitud. Su auto-accesibilidad consiste en abreviaturas, condensaciones, imaginaciones, o más sofisticadamente, como epigrama71. Se trata de sistemas fragmentados y nebulosos, sin centro. Los sistemas de la conciencia pueden percibir: en efecto, sólo los individuos dotados de un cuerpo y una conciencia son capaces de ver, oler, palpar y degustar. Los sistemas sociales no pueden hacerlo, pero sí están en condiciones de comunicar acerca de percepciones. Como las percepciones son habitualmente idiosincrásicas, individuales y no necesariamente comunicables, se someten a la sospecha de la falsificación, pues si bien la función de la conciencia se define como la externalización de la percepción en el mundo, el productor de las percepciones cubre de invisibilidad su autoría y responsabilidad respecto de ellas. Con ello, el individuo se convierte en el “uno” de Heidegger72. Por otro lado, si los sistemas funcionales de la sociedad están configurados de forma manifiestamente diversa a los sistemas de interacción y a los sistemas organizacionales, es justamente la aparición del individuo como irritador y productor de anomalías contaminantes, el que redefine la diferencia entre auto-ordenamiento y microdiversidad. Si los sistemas de interacción realizan una autopoiesis propia, la que impide que dichos sistemas puedan ser instruidos por otros sistemas de la sociedad, resultan ser los más indicados para operar con microdiversidad incontrolable. En lugar de producir ordenamiento por medio de microdiversidad, los sistemas de interacción operan como interruptores de interdependencias. Al producir distorsiones en la operatividad de la distinción código/programa de los sistemas parciales y ser potenciales catalizadores de inclusiones, operan como el reverso de los sistemas funcionales. Incluso la auto-movilidad y la presión de microvidersidad conversacional, los convierte en la antítesis de los sistemas parciales que son tautológicos por naturaleza73.

Markowitz, J.: Verhalten im Systenkontext. Zum Begriff des sozialen Epigramms, Frankfurt, 1986 72 Heidegger, M: Ser y Tiempo, Universitaria, Santiago, 1998 73 Robles, F.: Sistemas de Interacción. Observando a la sociedad desde el otro lado de la diferenciación funcional, manuscrito, 2004

71

31

32

2. ORDEN.

EPISTEMOLOGÍA DE LA OBSERVACIÓN DE SEGUNDO

“¡Traza una distinción¡” George Sprencer Brown Se ha escrito más que suficiente acerca de las propiedades abstractas de la observación de segundo orden; que se trata de una observación de observadores, que se propone describir cómo se observa en observaciones ajenas, que es una operación compleja y contingente que no produce ni pretende producir certezas o verdades 74, etc. Todo este enorme y costoso trabajo de reflexión epistemológica y metodológica, ha sido de gran utilidad para confrontar a la sociología con sus propias limitaciones e ingenuidades. No obstante, nosotros pensamos que aún no se ha esclarecido suficientemente cómo opera prácticamente la observación del observador de segundo orden, pues si se trata de una operación social y comunicativa, hay que tener claro al menos en qué consiste su carácter práctico. Más aún, si no se clarifican las metódicas operativas que permiten su puesta en uso, todo este esfuerzo de construcción teórica puede convertirse en una metafísica social tan retóricamente refinada como inservible. Y justamente las más sofisticadas observaciones presentadas como de segundo orden, son tan solo vulgares esquematismos de primer orden. Que hasta ahora no se haya descrito qué se entiende por observación de segundo orden destacando sus propiedades practicas, no significa que se deba elaborar una especie “manual de comportamiento” del observador de segundo orden que privilegie el método por sobre la teoría, con lo “que el método amenaza tanto con fetichizar su objeto como degenerar el mismo en un fetiche”75. Si la sociología de la comprensión jamás produjo recetarios para poder investigar, no se debe a que no se puedan redactar, sino porque su contenido eliminaría de facto la autenticidad fenoménica de la producción del sentido, confundiéndolo con el epifenómeno construido en los laboratorios del pensamiento, tomando al pie de la letra lo que Véase Pintos, J.L.: La nueva plausibilidad. La observación de segundo orden en: Niklas Luhmann, en: Revista Anthropos, 173-174, Barcelona, 1997, pp. 126-132. Arnold, M.: Cambios epistemológicos y metodologías cualitativas, en: Sociedad Hoy, Nº 2-3, Concepción, 1999, pp. 25-34. Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, Anthropos, México, 1997. Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1997, pp. 766 y sig. 75 Adorno, Th.: Sociología e investigación empírica, en: Th. Adorno y otros: La disputa del positivismo en la sociología alemana, Grijalbo, Barcelona, 1972, pp. 85
74

33
es, para identificarlo con lo que supuestamente se observa. No en vano fue Max Weber quien ya en 1913 advirtió que “en nuestra disciplina prevalece algo parecido a una pestilencia metodológica. Es casi imposible encontrar un simple trabajo empírico cuyo autor – en interés de su propia reputación – no crea necesario plantear algunas consideraciones ‘metodológicas’. Esto puede ser comparado a un estado de cosas que nos recuerda al ‘flagelo de las ranas’. Para caminar no es preciso conocer la anatomía de las propias piernas” 76 No obstante, de sus contenidos se puede obtener una conclusión tan simple como vergonzosa para la sociología: buena parte del pensamiento sociológico contemporáneo, parece haberse encerrado en sus propios dogmas decimonónicos, no precisamente por autología y/o autoreferencialidad, sino dando lugar a una curiosa forma de autismo. Por las razones que sea, la sociología convencional que se enseña y reimparte en las instituciones académicas, se ha encerrado en sí misma, no ha tomado conocimiento de las reflexiones e investigaciones de la lógica, la neurociencia, la psicología o la epistemología contemporáneas. La observación de segundo orden que nosotros proponemos, no es una teoría científica de la observación, o al menos no lo es en la acepción convencional de ciencia; obviamente que vamos a dejar de lado la argumentación absurda e ingenua del racionalismo “crítico”77 de inspiración popperiana, que desecha la observación como vía de obtención de conocimiento, aunque si la exclusividad del método deductivo se observara desde las leyes de la forma de George Spencer Brown, la “lógica de la ciencia” del racionalismo neopositivista, no es sino un manejo – a veces bastante burdo – de distinciones que configuran observaciones. En un primer paso, nos ocupamos de la teoría de las distinciones contenida en las leyes de la forma, de George Spencer Brown. El un segundo paso, formulamos la pregunta por el observador y su observar, destacando los esfuerzos del constructivismo operativo de Luhmann y la teoría de la cognición de Maturana. La puesta en uso de las distinciones

El fenomenólogo Thomas Luckmann señaló una vez lo siguiente: “Algo así como una sociología fenomenológica no existe. Incluso quisiera
76

Weber, M.: Gutachten zur Werturteilsdiskussion in Anschluss des Vereins für Sozialpolitik, en: E. Baumgarten: Max Weber. Werk und Person, Mohr, Tübingen, 1964, pp. 139 77 Popper, K.: La lógica de las ciencias sociales, en: Th. W. Adorno y otros: La disputa del positivismo en la sociología alemana, Grijalbo, Madrid, 1972, pp. 101-120

34
sostener que algo así tampoco puede existir”78. Respecto de la posibilidad de una metodología de las distinciones, se podría argumentar algo similar. Si una operación que llamamos distinción consiste en designar algo como distinto de otro algo - por ejemplo, una mesa es distinta de una silla, una vaca es distinta de una oveja, una mujer es distinta de un hombre, etc. -, es decir, distinguir sería indicar la mismidad usando una otredad como referente, y si esto es algo que cotidianamente hacemos con la mayor naturalidad, ¿cómo podríamos inventar una metodología para las Ciencias Sociales desde esas operaciones tan mundanas y evidentes? Es cierto que desde las investigaciones de Foucault, sabemos que los sistemas de distinciones de la ciencia, los ordenamientos de clasificación, no son fortuitos79. Por otro lado, sociólogos como Oscar Guasch, han desocultado el “mito de la heterosexualidad”, que obedece a la distinción masculino/femenino, pues ni en las llamadas propiedades secundarias de los cuerpos de los seres humanos, ni en sus propiedades primarias, ni en la codificación de sus cromosomas, y menos en la estructura de los genes, hay características distintivas suficientes como para argumentar que los sexos son dos y sólo dos: el masculino y el femenino. Como es consabido, este es el sustento de la heterosexualidad80. Aquí habría un motivo de escándalo para toda la tradición que proviene de San Pablo y que imputa la existencia de un “plan divino” en la naturaleza81 y para la Ilustración que prescinde del pecado, pero lo sustituye por el delito y la enfermedad82. Pero como también la filosofía está plagada de escándalos – Wolfgang Stegmüller escribió que a su juicio la teoría de los actos del habla de Austin y Searle era un escándalo vergonzoso para todos los que durante los últimos 2500 años se habían ocupado del lenguaje83 - uno de ellos es el que protagonizó un excéntrico inglés de nombre James Keys, quien con el seudónimo George Spencer Brown, publicó en 1969 un extraño libro titulado “Laws of Form”84. Se trata de un libro tan exótico como fascinante. En la presentación de la edición internacional, leemos lo siguiente: “Todos los establecimientos actuales de educación del mundo civilizado se ocupan del gigantesco fraude HI: la gran estafa de la Habladuría y la Interpretación: la doctrina completa y absolutamente falsa de que alguien pueda saber algo, cuando se le relata”85. Enseguida, Spencer Brown Luckmann, T.: Phänomenologie und Soziologie, en: W. Sprondel y R. Grathof (ed.): Alfred Schütz und die Idee des Alltags in den Sozialwissenschaften, Enke, Stuttgart, 1979, pp. 196206 79 Foucault, M.: Die Ordnung der Dinge, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1978, pp. 165-210 80 Guasch, O.: La crisis de la heterosexualidad, Laertes, Barcelona, 2000, pp. 17-37 81 Ariès, Ph.: San Pablo y los pecados de la carne, en: P. Ariès et al.: Sexualidades Occidentales, Paidós, Barcelona, 1987, pp. 65-69 82 Horkheimer, M y Adorno, Th.: Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1997 83 Stegmüller, W.: Hauptströmungen der Gegenwart-Philosophie, Tomo II, Kröner, Stuttgart, 1979, pp.64-65 84 Spencer Brown, G.: Laws of Form. Gesetze der Form (traducción alemana), Bohmeier, Lübeck, 1997 85 Ibídem, pp. X.
78

35
comunica su dirección y número telefónico, en el caso de que el lector no desee seguir siendo un imbécil, o para que sus hijos no continúen siendo sometidos a la estupidización progresiva de los establecimientos educacionales. Las leyes de la forma no son descripciones, sino comandos y órdenes. Spencer Brown muestra que el famoso misterio formulado por Wittgenstein en el sentido de que el mundo que conocemos está construido de tal manera que es capaz de verse a sí mismo y que “las reglas de la sintaxis lógica deben ser inteligibles por sí mismas con sólo conocer cómo cada signo designa”86, no es tal, sino algo que simplemente no podemos evitar. Esta constatación que parece abstacta e irrelevante, tendrá consecuencias decisivas para la construcción del conocimiento. La primera instrucción operativa de las leyes de la forma ordena: “Traza una distinción”, lo que en realidad no tendría mayor trascendencia, sin la clave del operador multifuncional

Esta marca es el signo del trazado de una distinción, tal como donde no hay nada que pueda distinguirse de nada, o como si en una hoja de papel en blanco, alguien dibujara un círculo, o lo que sea. El operador señala que con el trazado de la distinción se efectuó una operación doble y recursiva: indicación distinción. Cuando se distingue se indica y cuando se indica se distingue. La asimetría entre la parte interior del operador y la parte exterior, es la que entrega la posibilidad de la forma. Pero antes de la orden de trazar una distinción, o de marcar algo como una “fractura” donde antes no había nada, Spencer Brown entrega dos definiciones y dos axiomas preparatorios. Las definiciones nos dicen: a) que una vez que se ha trazado la distinción, se pueden designar y marcar los espacios, los estados o los contenidos en cada uno de los lados de la línea divisoria; b) que no pueden haber distinciones sin motivos y que no puede haber ningún motivo sin que los contenidos de cada una de las partes se hayan designado como diferentes en sus valores. Luego, cuando un contenido tiene un valor, se puede escoger un nombre para designar ese valor. Por lo que lo nombrado con el nombre, se puede identificar con el valor del contenido.

86

Wittgenstein, L.: Tactactus Logico-Philosophicus, Rev. de Occidente, Madrid, 1957, pp. 6162

36

Los axiomas son los siguientes: “Axiom I. The law of calling. The value of a call made again is the value of the call. That is to say, if a name is called and then is called again, the value indicated by the two calls taken together is the value indicated by one of them. That is to say, for any name, to recall is to call” Axiom II. The call of crossing. The value of crossing made again is not the value of the crossing That is to say, if it is intended to cross a boundary and then it is intended to cross it again, the value indicated by the two intentions taken together is the value indicated by none of them. That is to say, for any boundary, to recross is not the cross”87 La notación del primer axioma es designada como la forma de la condensación:

La notación cancelación:

del

segundo

axioma

como

la

forma

de

la

Antes de continuar, queremos resumir algunas consecuencias

de lo anterior. La forma para Spencer Brown es una-forma-de-dospartes. Se trata de una distinción que tiene una parte interna y una externa, que se encarga de expresar el operador. La forma es el resultado de una operación que corresponde al axioma II, o del cruce desde la parte exterior de la distinción, el “unmarked state”, a la parte interior, el “marked state”. Por lo tanto, la forma es una asimetría o mejor dicho está construida sobre un fundamento asimétrico. La forma es el resultado de una operación, esta operación permite dos conexiones: una que es la confirmación del lado marcado, la forma de la condensación, y con la segunda la cancelación, que porque regresa al lado no marcado, elimina la distinción.

87

Spencer Brown, G.: The Laws of Form, op. cit, pp. 2. Uso el original en inglés.

37
Ahora bien, en la concepción del cálculo de la forma, se introducen varios cánones. El primero se refiere a la función de la señal, es decir del indicador. La función es un acuerdo que recuerda que lo que no está permitido, está prohibido (pp. 3) El segundo canon permite contraer las referencias. El tercero, que se refiere a los acuerdos de sustitución, define con el signo la dirección del cambio, o también paso. Con el quinto canon, Spencer Brown describe las cuatro operaciones del cálculo de la forma. Como el cálculo, se ordena denominar un procedimiento con el cual, mediante pasos, una forma se transforma en otra y como un cálculo, en un sistema de construcciones y acuerdos que permiten la calculación (pp. 9-10) Cada una de las operaciones tiene una operación inversa. De la forma de la distinción se obtienen la condensación y la cancelación; junto a sus operaciones inversas, hacen que se pueda expandir la referencia. La operación inversa de la condensación es la confirmación, o sea la ratificación de un crossing mediante otro que le sigue. La operación inversa de la cancelación es la compensación, es decir, la introducción de una distinción que se cancele, en lugar del “unmarked state”. Las operaciones de condensación y confirmación son operaciones numéricas, mientras que la cancelación y la compensación son operaciones de orden. Por ejemplo, las dos operaciones del primer axioma (law of calling), son numéricas, y las del segundo axioma (law of crossing) son de orden. Únicamente con estas cuatro formas, Spencer Brown construye su cálculo y puede expandirlo de las maneras más bizarras, construyendo acuerdos de formas, que siempre pueden ser reducidos a la situación original de partida, al marked state y el unmarked state, los dos lados de la distinción. Deliberadamente, excluimos aquí la mayor parte de las consecuencias que para las matemáticas y el álgebra se derivan del cálculo de la forma88. Pero conviene recordar que el Cálculo de le Forma (CF), no es una simple reconstrucción; lo que realiza exitosamente G. SpencerBrown es evadir la prohibición de autoreferencialidad formulada por Wihtehead y Russell en 192789. Como es sabido, ya en 1931 Kurt Gödel90 había cuestionado el álgebra tradicional. Spencer-Brown se apoyara en buena parte del trabajo de Gödel.91 De entre los acuerdos más comentados del CF, se destaca el paso de los acuerdos finitos a los acuerdos infinitos. Esto lo consigue Spencer Brown con la observación de la figura del re-entry (pp. 60) Esta figura se sustenta en la auto-similitud de una expresión infinita, o sea en la similitud entre una parte de una expresión con toda la expresión. Por lo tanto, reentry significa la indicación de la distinción misma: dicho de otra manera, la observación de la forma de la distinción en el lado interno de la
88

Simon, F.: Mathematik und Erkenntnis: Eine Möglichkeit, die ‘Law of Form’ zu lessen, en: Baecker, D. (ed.): Kalkül der Form, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993, pp. 38-57 89 Whitehead, A. y Russell, B.: Principia Mathematica, Tomos I y II, Cambridge, 1927 90 Gödel, K.: Monatshefte für Mathematik und Physik, 38, 1931, pp. 172-198 91 Spender-Brown., G.: op. cit., pp. xxviii

38
distinción. De especial importancia son las palabras finales del capítulo respectivo: “El valor de la dimensión de un círculo con relación al espacio externo debe ser el valor de la marca, porque la marca sólo distingue ese espacio. Un observador es del mismo modo una marca, porque distingue el espacio que ocupa”92. Esta relativización radical del observador hasta el extremo de la invisibilidad es de gran relevancia para la construcción de cualquier teoría de la observación93. La observación es la que determina lo observado y no a la inversa, pero sólo se puede observar estando-en-el-espacio-mundo para ser sólo una marca e idéntico a la forma. Una marca que se confunde con el espacio, significa que el observador “no ve que no ve”, es decir, que su observación tiene un punto ciego94, que corresponde exactamente a la juntura de la distinción que construye. Todo el cálculo de la forma está destinado a que se pueda leer formalmente el punto ciego de la observación del observador. Pero con ello, el mismo observador es idéntico no sólo con la marca, sino también con la primera distinción; es decir, con la marcación de un lado como el marked state, y con la forma. Con la operación de re-entry, se introduce un nivel tal de indeterminabilidad, que compromete cualquier posibilidad de observaciones “precisas”, pero al mismo tiempo se establece en el CF una propiedad central. Si consideramos que la definición elemental de la forma es “The form ist perferct continence” y si the law of crossing señala: “The value of crossing made again is not the value of the crossing”, entonces tienen que haber dos maneras de cruzar el límite de la distinción: a) si se cruza desde afuera hacia adentro, se traza la distinción (esta es una operación que podemos repetir de acuerdo a the law of calling, cuantas veces queramos), pero, b) si se cruza desde dentro hacia afuera, entonces la distinción se elimina. Por lo tanto, el concepto de la forma tiene sólo sentido, si se opera desde afuera hacia adentro y no a la inversa. “Nosotros construimos una existencia en la medida en que sus elementos son descompuestos en una identidad triádica. La existencia se extingue cuando se unifica. Cada connotación implica dualidad, no podemos reproducir una cosa, sin coproducir algo que no es, y cada dualidad implica triplicidad: lo que la cosa es incluye lo que no es, es el juntura del medio, entre lo que es y lo que no es” 95 Ahora bien, todas las expresiones entrelazadas que se guían por los dos axiomas-leyes (calling y crossing) pueden expandir referencias o
92 93

Spencer Brown, G.: Laws of Form, op. cit., pp. 65-66 Winter, W.: Theorie des Beobachters. Skizzen zur Architektonik eines Metatheoriesystems, Neue Wissenschaft, Frankfurt.a.M. 1999. 94 Maturana, H., Varela, F.: El árbol del conocimiento, Universitaria, Santiago, 1984, pp.6 95 Spencer-Brown, G: Gesetze der Form, Lübeck, 1997, pp. xviii

39
simplificarlas (pp.9) Las simplificaciones se ejecutan con las formas de condensación y cancelación, mientras que las expansiones siguen la fórmula de la confirmación y compensación. Si consideramos los argumentos anteriores, desde la observación sociológica, se desprenden una serie de consecuencias fundamentales. i) La primera de ellas es que el mundo permite tantas observaciones como distinciones sean posibles y que todas las descripciones del mundo obedecen al uso (nos demos cuenta o no) de distinciones. La tradición de la filosofía, por lo menos en el pensamiento occidental, nos enseñó a pensar distinciones designando a la forma como uno de los lados intercambiables y referidos a contraconceptos binarios, por ejemplo materia/forma (Kant), forma/substancia (Hegel), contenido/forma (HegelMarx), pero no a observar que la indicación de esas formas junto al otro lado de la distinción, implicaban la construcción de una forma asimétrica de dos lados. El mérito del CF de Spencer Brown consiste en adiestrar al observador en el uso de distinciones como operaciones propias de su propio observar. Los modos de expansión y compresión de referencias, que corresponden a operaciones específicas de distinción, configuran modos de reducción de complejidad diferentes, pero no hay ningún criterio metasocial para definir a las simplificaciones como privilegiadas respecto de las expansiones o viceversa96, todo depende del observador. Además, con el uso de un solo operador (la marca), Spencer Brown hace posible la contención de uno o dos argumentos contradictorios; no es necesario agregar otro en el caso de que un objeto sea negado o afirmado, pues en ambos casos se trata de una operación de observación, lo que es una negación para una lectura del paso, puede ser una afirmación para otra lectura del paso. Lo más interesante de la law of crossing es, sin embargo, que la configuración de la forma corresponde a una externalidad. Esto significa que en el uso y manejo de distinciones, se puede hacer uso de ellas sin percatarse de ello, o se pueden observar las distinciones con las que se opera – de eso tratan justamente las leyes de la forma. Pero en cualquier caso, Spencer Brown deja en claro que el conocimiento que se obtiene mediante el uso de distinciones, es un entrelazamiento de procedimientos operativamente cerrados, completamente clausurados y que no tienen ninguna correspondencia con el entorno, análogamente al argumento de Wittgenstein en 3.333 del Tractactus: “Una función no puede ser su propio argumento porque el signo de la función contiene ya el prototipo de su propio argumento y no puede contenerse a sí mismo”97 Por ello es que las distinciones son construcciones que no tienen ninguna correspondencia con un entorno que se le impute alguna realidad independiente.

96

Luhmann, N.: Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general, Anthropos, México, 1998, pp. 48-50 97 Wittgenstein, L.: Tractactus Logico-Philosophicus, Rev. de Occidente, Madrid, 1957, pp. 59

40
ii) Segundo, si cualquier observación puede ser transformada, mediante una descripción que el propio observador considere adecuada y correspondiente, en un argumento, habría que formular dos interrogantes. (i) ¿Es posible que el propio observador se percate que detrás de su argumento hay una descripción, que a su vez resulta de una observación y que la observación arranca de un manejo más o menos complejo de distinciones? (ii) ¿Cómo pueden ser observadas las operaciones de observación? La primera pregunta ha sido respondida de muchas maneras. Para Husserl, la cualidad fundamental de la existencia humana es “el a priori del mundo de la vida”, “este mundo es el constante suelo de la validez, es una fuente siempre lista de autoevidencias, una fuente a la que recurrimos sin más ni más, bien en tanto que hombres prácticos, bien en tanto que científicos”98, por lo que los pobladores de cualquier mundo de la vida, no se pueden percatar de las operaciones de observación auto-contenidas en sus descripciones, sean estos legos o científicos, trátese de descripciones de objetos o de auto-descripciones – como ha demostrado Lacan99. Por ello es que Spencer Brown argumenta que el observador es sólo una marca, idéntica a la distinción, nada menos y nada más. Mientras tanto, se podría obedecer la instrucción de Spencer Brown: “stay were you are”, que corresponde la forma de la compensación (pp.12). iii) Tercero, ¿cuál es la significación de la marca, o que CF se realice con un solo operador ? Heinz von Foerster ha celebrado con especial ironía el ingenio que implica esta “mark of distintion”100 y compara a las leyes de la forma con una máquina de afeitar eléctrica transistorizada marca “Spencer Brown”, la que sin esfuerzo acaba con dos mil años de maleza semántica imponente y obstinada. Pero el operador no es cualquier signo como los de la aritmética, sino que lleva implicada la posibilidad del cruce y la distinción entre la parte interior y la parte exterior y de poder indicarlas. El cruce del límite tiene dos y sólo dos consecuencias: la confirmación de la distinción o su eliminación. Las formas law of calling y law of crossing (condensación y cancelación), las denomina Spencer Brown “ecuaciones primitivas”. Por lo tanto, es el operador , el que permite distinguir entre el lado interno (marked state) y el externo (unmarked state). Consecuentemente, las instrucciones-base del CF son solamente dos: 1) ¡Cruza! – expresada en la marca, y 2) ¡Quédate donde estás! – expresada mediante el unmarked state101. De tal manera que el operador
98

Husserl, E.: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Crítica, Barcelona, 1991, pp. 128 99 Lacan, J.: Die Ausrichtung der Kur und die Prinzipien ihrer Macht, en: J. Lacan: Schriften 1, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1973, pp. 171-239 100 Von Foerster, H.: Die Gesetze der Form en: D. Baecker (ed.): Kalkül der Form, op. cit., pp. 9-11 101 Baecker, D.: Im Tunnel, en: D. Baecker (ed.): Kalkül der Form, op. cit., pp. 12-37. Esposito, E.: Ein zweiwertiger nicht-selbständiger Kalkül, en: D. Baecker (ed.) : Kalkül der Form, op. cit., pp. 96-111

41
sería, como señala Torres Nafarrate, “el sustento universal de toda construcción de formas”. Además, la fascinación del operador no consiste sólo en su “soledad” – es decir en la paradoja de su unicidad y multiplicidad -, sino que además su influencia en la teoría de la sociedad de Luhmann, se refleja en el impulso de búsqueda de una sola operación que pueda considerarse como genuinamente social, una especie de forma fundacional, de la cual se puedan expandir más y más referencias. Esta operación es para Luhmann la comunicación102. iv) Cuarto, el CF rompe definitivamente con el esquema sujeto/objeto. Por un lado, suprime las cualidades ontológicas y altamente paradójicas con las que se había investido hasta ahora al “sujeto”, por lo tanto el observador no es ningún sujeto que se distingue de un “objeto”, sino que la distinción sujeto/objeto es observada como una construcción más hecha por un observador. El observador es un sistema observador, tal como lo describe la cibernética de segundo orden, que distingue-indica mediante el trazado de distinciones que se observan como formas. Si la forma se obtiene mediante el cruce del límite de la distinción, entonces para ello se necesita tiempo, es decir, una distinción entre antes y después103. Por otro lado, distinguir- indicar, es decir trazar una distinción implica, presupone, como señala Spencer Brown, un motivo. Este motivo por el cual se traza esa distinción (y se excluye otra), corresponde exactamente al imperativo de selectividad de los sistemas sociales. No obstante, el motivo no debe confundirse con la forma y su cálculo, que es el que “la unidad de la diferencia” entre el marked state y el unmarked state, pueda observarse justamente mediante la forma. v.) Quinto, lo que produce una distinción o muchas interconectadas por operaciones de confirmación ( ) o condensación ( ) o interrumpidas por medios de cancelación o compensación, no corresponde necesariamente a la forma verdad/falsedad, sino que origina una multiplicidad de formas, cuyas distinciones, según Varela, revelan las capacidades cognitivas del “distinctor”104. La forma verdad es una construcción que a juicio de Von Foerster constiruye una especie de adaequatio intellectus et reí, el camaleón de la filosofía, que según el usuario va cambiando de color105. Además, si las distinciones fueran simétricas, como sostiene Rodrigo Jokisch106, o si su condición de posibilidad fuera la simetrización del marked state y del unmarked state, Torres Nafarrate, J.: In memoriam. El legado sociológico de Niklas Luhmann, en: Sociológica, año 14, nº 40, México, 1999, pp. 89-108 103 Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, op. cit., pp. 64 104 Gougen, J. y Varela, F.: Systems and distinctions: Duality and Complementarily, en: IJGS, 5, 1979, pp. 31-43 105 Von Foerster, H.: Wahrheit ist die Erfingung eines Lügners, Carl Auer Systeme, Heidelberg, 1998, pp.29 106 Jokisch, R.: Lógica de las distinciones. Una Prototípica para una teoría de la sociedad (resúmenes de los capítulos I a V), documento de Internet. http://www.\Jokisch_GB_Inhalt.htm
102

42
entonces tendríamos que ver sólo con una sola forma de distinciones, las que producen las descripciones por contraste, como describe Garfinkel como una condición para el éxito de las ceremonias de degradación107 VI) Sexto, nosotros pensamos que en las definiciones y los axiomas de George Spencer Brown previos a la instrucción: “Traza una distinción”, se formula un principio de abstención explícito. En efecto, ¿por qué la instrucción básica se formula recién en el capítulo 2. del libro? Aquí no se trata de modificar esta exigencia por otra precedente, sino de dar cuenta de la propiedad elemental de la distinción, a saber: “Distinction is perfect continence”108, que leemos en el capítulo 1. Si la distinción es continencia perfecta y recién en el capítulo 2 bajo el título “Construcción”, aparece la instrucción “Traza una distinción”, entonces lo que significa que la distinción sea continencia perfecta, es “that is to say, a distinction is drawn by arranging a boundary with separstes sides so that a point on one side cannot reach the other side without crossing the boundary” (pp. 1), y es sólo una definición previa, de la que desprende la enunciación de las dos leyes: “the law of calling” y “the law of crossing” (pp. 2) Pero todavía no se ha trazado ninguna distinción. Nosotros entendemos todo el contenido del capítulo 1 como una serie de pasos instructivos preparatorios al trazado de la distinción. Con un poco de imaginación, el capítulo 1. puede leerse como “No traces (todavía) ninguna distinción”. Por ello es que Dirk Baecker sostiene que “la abstención total de la distinción es una construcción, que precede a todo lo posible y que por lo tanto se dirige a poder observar ‘todo lo posible’”109. Pero ¿qué significa poder observar “todo lo posible?”. ¿Cuál es la significación práctica de esta operación de abstención e inhibición, si consideramos que la observación es una operación social, comunicativa, empírica y práctica? En el sentido de Von Foerster, esta es una pregunta legítima, porque no tiene una respuesta definitiva, o bien puede tener varias respuestas. Nosotros quisiéramos ensayar una posible respuesta. En el tercer acápite de la definición de la distinción, en el capítulo 1, (“Distinction is perfect continence”), leemos lo siguiente: “Sin motivo no puede haber ninguna distinción y no puede haber ningún motivo sin que los contenidos sean vistos como diferentes en valor” (pp.1) ¿Qué contenidos y qué valor? . Respuesta: “Si se ha trazado una distinción, pueden ser designados los espacios, los estados o los contenidos en cada una de las partes del límite, en la medida en que sean diferentes”. Pero nunca antes. De las reflexiones anteriores se puede extraer una conclusión simple y al mismo tiempo inaudita: Mientras no haya nada sino abstinencia, desmotivación, desinterés e indiferencia – todas propiedades que se obtienen de la conservación registrada de acontecimientos – se realiza en la práctica la instrucción “No traces (todavía) ninguna distinción”. Este sistema en “estado de espera” es, tal como Luhmann describe a los sistemas sociales
107

Garfinkel, H.: Condiciones para el éxito de ceremonias de degradación, manuscrito traducido por F. Robles en discusión con O. Barriga, UDEC, Concepción, 1996 108 Spencer Brown, G.: Laws of Form. Gesetze der Form, Bohmeier, 1997, pp. 1 109 Baecker, D.: Im Tunnel, en: D. Baecker (ed.): Kalkül der Form, op. cit., pp. 19

43
en doble contingencia, una condición para distinciones. la observación de las

La ejecución de reentrada de la forma en la forma, si termina en una cancelación, la distinción se simplifica por eliminación, pero si sigue la forma de una compensación se expande. No obstante, la operación de reenty que Spencer Brown describe mediante cuatro experimentos realizados usando círculos en lugar del operador, nos dice que a pesar de que el concepto de la forma consiste en la demanda de distinguir, aún “suponiendo esa exigencia, no podemos escapar de la forma, a pesar de que la podemos ver del modo que nos guste”110. Por ello es que el resultado de la operación de reentry es aparentemente insólito: la primera distinción (el círculo trazado en un espacio vacío), la marca y el observador no sólo son intercambiables (=), sino, en la forma, idénticos. En el comentario del capítulo 12 al que nos referimos, se describe mediante tres ejemplos, que cualquier forma es completamente dependiente de la observación, y el hecho de que la distinción y la forma sea el fundamento de la observación, es precisamente lo que convierte en un misterio que el mundo descubra sus capacidades de verse a sí mismo. “Frente a la forma, en la que nosotros mismos aceptamos que existimos, el misterio aparece probablemente de nuestra perseverancia por formular una pregunta, donde en realidad no hay nada que preguntar”111. “De acuerdo al CF, donde aparezca esa capacidad del mundo, el estado y la condición que de ello resulte, son absolutamente inevitables, por lo que en realidad no hay ningún misterio. Como actores universales, podemos registrar la ley universal tan ampliamente como para decir: etcétera, etcétera, etcétera, … construirás el universo con cada detalle y potencialidad, tal como lo has hecho hasta ahora”112. Nosotros formulamos la siguiente pregunta: ¿Si el observador es la marca, donde está entonces el límite (marca) de la forma?. Desde una lectura matemático-cognitiva de las leyes de la forma, Fritz Simon formula la siguiente respuesta: “El límite que se configura mediante la piel del observador, construye la distinción dentro-fuera”113. Si marca la parte exterior de la distinción, su entorno, el mismo se convierte en el lado no marcado y construye junto al lado marcado el espacio, el estado y el contenido del mundo, pero - recalcando lo que aquí hemos sostenido - si marca el lado marcado, será retratado únicamente como una parte de la forma completa del mundo.
110 111

Spencer Brown, G.: Laws of Form, op. cit., pp. 60 (cursivas nuestras) Spencer Brown, G.: Laws of Form, op. cit., pp. 91 112 Ibídem, pp. 92 113 Simon, F.: Mathematik und Erkenntnis; Eine Möglichkeit, die ‘Laws of Form’ zu lesen, en: D. Baecker (ed.): Kalkül der Form, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993, pp. 56 (cursivas mías). La piel del observador singulariza sutilmente los fundamentos de la filosofía de Heidegger, en especial la espacialidad de lo a la mano (Zuhandensein):”El Dasein como estar-en-el-mundo, se mueve esencialmente en un desalejar. Esta des-alejación, es decir, la lejanía de lo a la mano del Dasein mismo, el Dasein jamás puede cruzarla”. Heidegger, M.: Ser y Tiempo, Universitaria, Santiago, 1997, pp. 133

44

La primera alternativa es creativamente paradójica y fascinante, la segunda es mucho más cómoda porque no puede conducir a paradojas, pero al ser la “mismidad de lo mismo”, es también para la sociología el camino más seguro a la estupidez. Una segunda consecuencia apunta a la dependencia contextual de las distinciones. Trátese del operador o de un círculo, cada uno de ellos por separado no es todavía ninguna distinción, por lo que no puede existir algo como la forma del círculo o la forma de la marca. Esto significa que un círculo o el operador no tienen forma sin su contexto implícito, por ello es que la instrucción: ¡Marca!, no puede ser confundida con que el círculo o el operador ya sean distinciones “en sí”, porque así fácilmente estaríamos reeditando la antigua distinción entre materia y forma. Probablemente por ello es que Spencer Brown señala que el comando “traza una distinción”, puede expresarse también como: deja ahí una distinción encuentra una distinción reconoce una distinción describe una distinción define una distinción o, deja trazar una distinción114

Si observamos con un poco de imaginación las traducciones que el propio Spencer Brown ofrece para la instrucción activa elemental de la distinción, es decir trazarla, podemos postular que ninguna de ellas puede realizarse extra-contextualmente. En efecto, deja ahí una distinción es equivalente a quédate donde estás, o no traces (todavía) ninguna distinción propia, tal como hemos venidos sosteniendo con el principio de abstinencia en la observación de segundo orden. Encuentra una distinción, significa que no hay ni puede haber ninguna distinción “a priori” y que tal como hay distinciones que se pueden dejar como están, hay otras que hay que buscar y encontrar. El observador de segundo orden se propone precisamente encontrar una distinción donde hay opacidad, latencia, caos y sólo observaciones de primer orden. Reconoce una distinción, quiere decir que hay distinciones que trazamos sin poder ni querer reconocerlas como tales, o porque no nos interesa o simplemente debido a que nadie en su sano juicio se pone a escarbar, tras verter una expresión en una conversación cualquiera, cuál fue la distinción que usó. Y el que desee probar a qué resultados arriba imputándole distinciones a cada una de las expresiones de sus interlocutores, emulando la causalidad cotidiana “dime con quien andas y te diré quién eres”, de manera tal que resulte algo así como “háblame de algo y yo te diré la distinción que usaste”, probablemente no llegue muy lejos.
114

Spencer Brown, G.: Laws of Form, op. cit., pp. 73

45

Describe una distinción tiene que ser necesariamente el resultado de una observación, de la que arranque la descripción, porque no se puede describir nada que no se haya observado, de la manera que sea. No obstante, quien describe distinciones puede abarcar sólo el lado marcado, con lo cual la distinción no se distingue (explícitamente) de nada, o procurar marcar los dos lados de una distinción ajena mediante el intrincado procedimiento que hemos venido describiendo. Dejar trazar una distinción es lo realmente novedoso de todas estas equivalencias. Esta paridad significa que con la distinción que antes trazamos entre distinción propia y distinción ajena - lo que no es muy original pues se deriva fácilmente del concepto de comprensión ajena (Fremdverstehen) de la teoría de la comprensión – no solamente apuntábamos a una cuestión de procedimiento. A nuestro entender, si dejamos únicamente que se tracen las distinciones y no las podemos ni queremos observar, entonces cualquier teoría de la observación perdería completamente su razón de existencia. En la comunicación de la sociedad, y en particular en los sistemas sociales de interacción, pero además cuando el observador se propone la observación de sistemas funcionales parciales de la sociedad, no se puede reconocer, definir, encontrar ni describir ninguna distinción ajena sin acceder a la forma específica que asume y demuestra asumir el contexto en uso de quienes las producen, comunican y hablanconversan. Dicho más claramente aún: todas las distinciones ajenas, y obviamente también las de la observación de segundo orden, por estar acopladas a contextos, de origen indexical. El CF ha sido criticado sobre todo desde la lógica policontextural del discípulo de Gothard Günther, Rodolf Kaehr115. Teniendo en cuenta que la objeción fundamental al CF es su binariedad y por lo tanto la exclusión del tertium non datur, con lo que se ubica dentro de la lógica aristotélica, es innegable que las críticas a la forma del CF sólo confirman la expresión de Spencer-Brown en el sentido que en última instancia la forma se puede observar como al observador le guste. Si confrontamos la claridad y sencillez del CF con el grado de abstracción, el lenguaje negativo (Hegel), la kenogramática y la teoría de los números cualitativos, todo esto sumado a una horripilante pretensión de racionalidad de Günther116 y su predilección por los esquemas incomprensibles, explicados en un lenguaje tan misterioso y contradictorio como el del mismo Hegel, entonces podemos entender que, “La ventaja del CI (CF) frente a la kenogramática fue su sencillez, por eso fue de inmediato bien recibido e intensivamente desarrollado
115

Kaer, R.: Disseminatorik: Die Logik der “Second Order Cybernetics”. Von den Gesetzen der Form zur Logik der Reflexionsform, en: D. Baecker (ed): Kalkül der Form, Frankfurt, 1993, pp. 152 y sig. 116 Günther, G.: Identität, Gegenidentität und Negativsprache en: Vordenker, marzo de 2000

46
por el BCL…Ese motivo y el hecho que la kenogramamática no fue considerada en la recepción alemana”117 determinaron que uno realmente se pregunte luego de torturarse durante largas horas de lectura, las primeras obviamente comprendiendo bien poco, ¿para qué sirve todo este aparato? Que el CF haya sido privilegiado por un pensador tan excepcional y atrevido como Luhmann, debe darnos que pensar. Tan flexible es el CF que ha inspirado artículos como “La forma de la Universidad”, “La temprana forma de la moneda”, “El otro lado de la enfermedad”, “El lado oscuro de la carrera” otros tantos118 Una crítica imprudente al CF de George Spencer Brown Elena Esposito ha querido demostrar que con el aparato policontextural y el CF, se puede obtener mucho más que lo que uno pueda imaginarse, probablemente se trate de un efecto tardío de su doctorado119. En efecto, la figura del reentry, que aparece en los capítulos once y doce del libro, es decir, cuando el CF ya se ha descrito suficientemente, establecen un grado de indeterminabilidad incalculable, tanto que la posibilidad de observaciones diferentes se transforma en completamente imprecisa e indefinida, nivel de indeterminabilidad con en que el propio Luhmann cateteriza la inestabilidad de los sistemas de sentido120. Ya no es posible remitirse a la aritmética, “sino que debieran definirse nuevas reglas de procedimiento, cuestión que Spencer Brown deja en suspenso”121. Algo diabólicamente similar sucede con las paradojas, pues la “solución” de Spencer Brown se asemeja a la de Gödel, quien demuestra que en todo sistema formal y acabado se genera al menos una paradoja, Spencer Brown muestra cómo se hace: basta con construir una función de sí misma, que contenga su mismo argumento, para provocar una negación, una paradoja cuya solución implica tal grado de indeterminabilidad, como en el caso anterior. Lo que permitiría calificar a la segunda argumentación como “falsa” en el sentido de Wittgenstein. “El mundo debe, por lo tanto, aún cuando aparezca como universo físico en nosotros, sus representantes, despertar la apariencia

op.cit, pp. 164-165 Baecker, D. (ed.): Probleme der Form, Frankfurt, 1993 119 Esposito, E.: L’ operazione di osservacione: Construttivismo e teoria dei sistema sociali, Milano, Angeli, 1976 120 Luhmann, N.: Die Politik der Gesellschaft, Frankfurt, 2000 121 Esposito, E.: Ein zweiwertiger nicht-selbständiger Kalkül, en D. Baecker (ed), op. cit., pp 98.
118

117

47
que juega consigo mismo a las escondidas. Aquello que se revela, se nos encubrirá, pero lo que es encubierto, nos será revelado”122 Spencer Brown se da por satisfecho con una creativa forma de desmitificación, argumentando que no hay ningún misterio en ellas, por lo cual no son interesantes. “Enfrente de la forma, en la cual nosotros mismos presumimos existir, tal vez el misterio se debe a nuestra propia persistencia, de formular preguntas cuando en realidad no hay nada que preguntar”123. Lo contrario es verdad, y eso convierte, con la reentry, al CF precisamente en atractivo. Günther sostiene que cualquier cálculo que implique un nivel superior de observación, debe ser polivalente. El CF de Spencer Brown es estrictamente bivalente. Las distinciones tienen únicamente dos lados y la bivalencia de la aritmética y de álgebra no se cuestiona en absoluto. ¿Debiera entonces ser desechado, como argumenta Kaehr? Para la lógica podrá no ser de interés, pero no así para el constructivismo. En efecto: con la observación de observaciones se supone que se supera la observación de 1º orden. Pero ello, como antes hemos demostrado, no significa que no exista o que sea mermada en interés y relevancia. Si en la observación de 1º, en estricto orden se observan objetos, quien quiera observar deberá algo más, deberá observar el modo en que ellos son observados. En estricto rigor, el comportamiento del observador de 2º orden no difiere del de 1º orden. El problema, según Esposito, está en los objetos no-observados, si se considera que la observación como tal es una operación restrictiva y discriminatoria. Lo que redunda en suponer que los objetos pueden ser distintos a los que son, es decir, en medio de una alta contingencia, nos obliga a hablar de “objetos secundarios” no observados. La alta contingencia significa que junto a los “objetos primarios” hay también “objetos secundarios”. En realidad, este es el resultado evidente de la operación de observación, que se caracteriza por ser inexacta, parcial y altamente discriminatoria: Esposito ha descubierto el huevo de Colón. En esa bivalencia (unos al lado de los otros, al lado izquierdo los objetos de la lógica aristotélica y a la derecha las reyecciones de la lógica policontextutal, según la kenogramática de Günther) en que se fundamenta la trans-lógica de Günther o mejor dicho su kenogarmática. La multivalencia no consiste en que entre 0 y 1 haya algo probablemente entre medio, sino en la multiplicación de la bivalencias. Los observadores polivalentes se observan estrictamente separados de los observadores bivalentes124. La multiplicación de los

122 123 124

Spencer Brown, G.: op.cit., pp. 92 Spencer Brown, G.: op.cit., pp. 91

Günther, G.: Beiträge zur Grundleung einer operationsf¨higen Dialektik, tres Tomos, Hamburgo, 1976-1979

48
valores de una variable, obedece a la inversión de una función lógica; es decir: y = f (x) se convierte en y=x² Por lo tanto x=±√y Ese es todo el misterio de la policontextutalidad125 La relación con el mundo es la del observador de primer orden y su única lógica posible es bivalente. Si se opera en un nivel de observación de orden más alto, la observación de primer orden aparece como la más pobre de condicionamientos. El significado fundamental del CF consiste el que ofrece una formalización para la observación de 1º orden. Le reentry es únicamente el punto en que se explicita ese orden de observación. Pero dicha reentry no sería posible nada, sin la serie idiosincrásica de propiedades del CF. Dicha propiedades que supone la reentry signigican, por un lado: que una observación de primer orden que renuncia a su estatus privilegiado, debe estar en condiciones de indicar lo que no ve, lo que completamente imposible. Por ello es que en el campo de una relación más amplia, la debilidad del CF es su fortaleza. Y que efectivamente se trata de una fortaleza, se puede constatar en los comentarios de Bertrand Russell: el CF rinde lo que otros cálculos también, pero con simpleza, calidad y elegancia126 Otra de las particularidades del CF consiste en que usa un solo y único operador, con el cual se realizan todos los cálculos. Estos cálculos contienen siempre un operador de negación y vincula a muchas fórmulas entre sí. En Spencer Brown un solo operador acepta uno o dos argumentos, en ambos casos se trata de operaciones de observación, en decir, la observación y la no observación contextualizada y aceptando además ese contexto como implícito127 En otras palabras, en el CF la negación no es el primer operador, porque de acuerdo al constructivismo primero hay que construir para poder negar. La negación presupone una operación básica: la cesura que lleva a un

125

Günther G. y Von Foerster, H.: The logical Structure of Evolution and Emanation, op.cit., pp. 10 126 Russell, B: Lancelot Law Whryte, Review of the Laws of Form, en: Britisch Journal of the Philosophy of Science, 23, 1972, pp. 291-292 127 Varga, M y Matzka. R: Motive und Grundgedanken der “Gesetze der Form, en D. Baeker (Ed.): op, cit., pp. 58- 85

49
objeto respecto de otros se distinga y se indique, expresado en la marca, el la que se sustenta el cálculo de Spencer Brown128. La reentry que se representa mediante la fórmula a = f (a) corresponde al juicio que algo no es lo que es (o es, lo que no es). Si la función f no representa la igualdad entonces la fórmula muestra que a es el resultado de una manipulación. Que esta reflexión no es el resultado de especulaciones abstractas, lo demuestra el caso de las operaciones binarias en un computador. Los computadores no presuponen la diferencia entre 0 y 1 y trabajan, sin embargo, binariamente. Pero ellos no representan absolutamente nada, sólo hay operaciones. Todos los programas computacionales trabajan con la operación del paso siguiente que posibilita que un algoritmo pueda pasar el otro siguiente. Con la fórmula siguiente. i = i + 1. Se trata de una típica función de sí misma. El valor de la variable i es dependiente del valor de i. En todos los lenguajes computacionales primero se calcula la expresión del lado derecho de la ecuación y luego el resultado del lado izquierdo de la ecuación. La expresión del lado derecho se calcula antes que la orden se ejecute. El tiempo secuencial contribuye a la desparadojización. Los programas computaciones se basan implícitamente en una secuencia temporal de operaciones. Los lenguajes computacionales no permiten la asimetría entre verdadero y falso, de lo verdadero resulta sólo lo verdadero, mientras que de lo falso resulta cualquier cosa129. A Spencer Brown le interesa sólo la articulación de operaciones, es decir la indicación de los estados que resultan de la primera distinción. La distinción es absolutamente simétrica y la negación incluida las posibles asimetrías es un operador derivado. Hasta aquí todo parece ser correcto, con la excepción de los “objetos primarios” y “secundarios”, lo cual constituye un absurdo. Pero Esposito agrega que otra consecuencia de la mayor importancia se refiere a la circularidad, tema que le preocupa sobre todo a la cibernética de segundo orden130, y que ha sido desatendido por Spencer Brown. Para Spencer Brown el punto de partida es la marca de la indicación, que tiene dos lados y esta, ante la existencia de un unmarded space, tiene que ser él mismo que se distingue como forma. ¿Qué tiene que ver esta opción y sus consecuencias con la circularidad?

Spencer Brown, G.: Gesezte der Form, op. cit., pp. 30 Kelly-Bootle, S.: Logic Is Not Enough, en Computer Language 7, 1990, pp. 135-139 130 Von Foerter, H: Cybernetics and Circularity, en: H.V.F, mayo 1995, pp. 17-21. Maturana, H: Biology of cognition, op. cit.. Glanville, R.: Das Erforschen und das Ertwerfen der Forschung, Massaschusetts Institute of Technology. 1999.
129

128

50
Con esta aparente inconsecuencia ha cosechado una serie de críticas que sería largo enumerar, según Esposito131 . Varela trató de transformar en cálculo del la indicación en un cálculo de al autoreferencia, lo que implica un cambio de operador. El signo de la distinción ( ) lo transforma en un signo del Uroborus132.

En tal sentido, con todo en respeto que me merece la memoria de Varela, creo que los argumentos de Varga y Matzka, son convincentes, quienes además de la contextualidad de las distinciones exponen el “contexto implícito”. Lo que obviamente Esposito no acepta.133 Para trivializar un poco la pregunta: cuando se parte de una perspectiva de observación, no hay nada que justifique la decisión de privilegiar la perspectiva del sistema que se observa de sí mismo, frente de otras. ¿Y por qué no? De tal manera que quien desee probar un modelo teórico está constreñido a las reglas que estime y consideren convenientes la joven italiana Elena Esposito. Una manifestación tan pobre y arrogante es difícil de encontrar, sobre todo en una sociología que se dice constructivista. Por otro lado, la conciencia que se distingue de otras, está explícitamente presente en Spencer Brown134. Cada una de las operaciones particulares distinguen algo a lo que refieren, pero generan al mismo tiempo la distinción entre el sistema operando y aquello a lo que se refieren. Las dos distinciones, dice Esposito, no son correspondientes. La distinción entre el objeto designado y aquello de lo cual se distingue, no corresponde a la distinción entre la operación del sistema y aquello que es externo. Esposito propone llamar a esa ultima distinción autoreferencia/heteroreferencia (A/H), la que se distingue de la operación básica indicación/distinción (I/D). La forma, en estricto rigor, obedece a la distinción I/D, todas las otras distinciones son distinciones entre A/H. Lo anterior es una treta que no tiene nada que ver con la circularidad, sino con un sofisma. En efecto ¿cuál es la diferencia entre el objeto designado y lo que se distingue? No vale siquiera la pena seguir con esta serie de absurdos tan ilógicos como estúpidos. Esposito, E.: Zwei-Seiten-Formen in der Sprache en Dirk Baecker (Ed.) op. cit, pp.88 Varela, F.: A Calculus for Self-Reference, in: International Journal of General Systems, 1975, pp. 5-24 133 Varga, M y Matzka. R: Motive und Grundgedanken det “Gesetze der Form, en D. Baeker (Ed.): op, cot., pp. 58- 85 134 Spencer Brown, G.: op.cit. pp.7 y pp. 69
132 131

51

Pero antes una última cita de la socióloga italiana. Para Luhmann se indica la forma de una distinción “en la medida en que la distinción mediante sí misma se distingue. Esta primera definición denota la circularidad de todo el trabajo” 135. Debo confesar mi estupefacción, porque algo que se distingue de sí mismo, eso no tiene nada que ver con la circularidad. Hagamos memoria, Luhmann jamás nunca se ocupó de la circularidad. Nunca escribió un artículo que se ocupara del tema y en los contenidos tanto de Sistemas Sociales como de La Sociedad de la Sociedad, no hay ninguna palabra que se llame circularidad. En consecuencia, el reproche a Spencer Brown valdría también para Luhmann. Además, luego de revisar atentamente los trabajos de Glanville, que se caracteriza por ser muy caballeroso, a diferencia de la socióloga italiana, tanto el que aparece editado por Dirk Baecker como en otro aquí citado, no constato referencias de reproche al problema de la circularidad. Es más, en el trabajo “Das Erforschen des Erwerfens und das entwerfen der Forschung” ni siquiera cita a G. Spencer Brown. Estamos ante una muestra clara de deshonestidad académica. Quienes si argumentaron incontables veces acerca de la circularidad fueron Von Foerster, por un lado: “La cibernética de segundo orden o cibernética de la cibernética es circular. Se aprende a comprender que somos una parte del mundo. Eso es lo que observamos” 136. Ahora bien, nosotros esbozamos más abajo la distinción entre comprensión propia/comprensión ajena (P/A). Sin desconocer las sofisticaciones de Esposito, muy cercanas a la distinción significado/significante de Sassuere. Al final de su trabajo, se propone describir una serie de propiedades y aspectos de la autopoiesis de la observación. Las notaciones nuestras se pueden perfectamente considerar como reyecciones (¬ ) a sus argumentos, los que anotan a la derecha. (i) Distinción A/H: AUTONOMÍA REFLEXIVIDAD: la figura circular de la reflexividad es valida cuando procesos, se atan a procesos del mismo tipo. Ejemplos: la percepción de la percepción, la observación de la observación, el amor del amor. Una autonomía sistémica puede existir solo en la autopoiesis, que es inobservable. Los sistemas son ciegos e incapaces siquiera de acceder a sí mismos,

135 136

Luhmann, N.: Zeichen al Form, en: Dirk Baecker (Ed.): Probleme der Form, op cit., Von Foerster, H.: Wahrheit ist die Erfindung eines Lügners, Carl Auer Systeme, Heidelberg, 1998, pp. 115

52
operan exclusivamente por autocontacto ASIMETRÍA ENTRE OBSERVADOR OBJETO OBSERVADO OBSERVACIÓN: Con la figura circular colapsa la distinción entre sujeto y objeto. No existen los “objetos” porque se ha construido en la cognición, que es completamente clausurada y se realiza en las redes neuronales del sistema nervioso, y cada cual observa como le parezca. ¿Por qué no presenta Esposito a Günther como un buen hegeliano, que piensa que en los contextos habitan sujetos? ¿O es que hay un escape en el sujeto? DIVERSIDAD EN LA AUTOREFERENCIA: La autoreferencia se presenta de maneras diversas, según el “self”específico. En la forma de autoreferencia basal se refiere a un elemento del sistema; en su forma procesual a la reflexividad de un proceso; y en la forma de la reflexión a la autoreferencia sistémica. ¿A cuál se refiere la autora?

Y

PROBLEMAS DE AUTOREFERENCIA

(ii) distinción I/D CAPACIDAD CONEXIÓN DE TIEMPO: El tiempo es dependiente del observador. Los sistemas temporalizados se someten a la descomposición y a la presión permanente de reproducción. Los sucesos se relacionan a sucesos, las comunicaciones a las comunicaciones, pero ningún sistema sobrevive al tiempo de la observación si prometen estabilidad, esta se convierte en casualidad. Porque todo lo que sucede, sucede al mismo tiempo y Todo sucede una vez y nunca más. ¿De que le sirve a un sistema una excelente capacidad de conexión, si no es observado? TAUTOLOGÍA/PROGRAMA: Los sistemas binariamente codificados son tautológicos porque su operar es “el más de lo mismo”, son negligentes, repelentes e irresponsables. Además, son demasiado abstractos y no reconocen individualidades. Por consiguiente es valido preguntarse: ¿Los códigos, emulan a la Reina Isabel II de Gran Bretaña, que reina pero no gobierna? REYECCIONES: El uso simétrico de reyecciones sólo puede opera intra-contextualmente – es decir en

PROBLEMAS DE CODIFICACIÓN

USO SIMÉTRICO DE NEGACIONES

53
estructuras jerárquicas. Si las negaciones se simetrizan, dan lugar a identidades negativas. Su uso intercontextual y heterárquico es absurdo, pues significaría definir las identidades heteráquicas (cognición y volición) como transitivas.

Por último, voy a policontexturales de Esposito

prescindir

de

comentar

las

apologías

54

¿Quién es y cómo opera el observador? “El observador genera una descripción hablada de su dominio cognitivo (el que incluye sus interacciones a través de sus instrumentos). Cualquier descripción que él haga, sin embargo, corresponde a un conjunto de estados permitidos de la actividad relativa de su sistema nervioso personificando las relaciones dadas en sus interacciones… la lógica de la descripción es la lógica del describir (viviendo el sistema (y su dominio cognitivo)” Humberto Maturana

En su conocido trabajo “Biology of Cognition”, del año 1970, Humberto Maturana – “en los hechos un genial diseño de ser y del mundo, comparable sólo con el Tractactus logico-philosophicus”137 - señala que “la cognición es un fenómeno biológico que puede sólo entenderse como tal. Cualquier visión epistemológica en el ámbito del conocimiento, presupone esta apreciación”138. Pareciera haberse olvidado de la circularidad implícita de su construcción. Glanvile señala que “las acciones del experimentador son circulares. Como resultado de su circularidad se puede observar lo inesperado, lo que lleva a un nuevo círculo bajo condiciones cambiantes. Hay circularidades en la configuración y puesta en marchas del experimento, en la evaluación del hallazgo y en su integración. También existen circularidades de repetición. Todo el proceso está profundamente vinculado a circularidades, especialmente en las mas grandes circularidades científicas: la participación activa de experimentador, del observador”139 “i.todo lo dicho es dicho por un observador. En su discurso el observador habla con otros observadores, el que puede ser él mismo; lo aplicado a uno de ellos, se aplica del mismo modo al otro. El observador es un ser humano, es decir un sistema vivo, y cualquier aplicación al sistema vivo se aplica también a él. ii.el observador ve simultáneamente la entidad que él toma en consideración (un organismo, en nuestro caso) y el universo en el cual habita (el entorno del organismo). Esto le permite interactuar con ambos independientemente y realizar interacciones que son necesarias fuera del dominio de interacciones de la entidad observadora. Roth, G.: Autopoiese und Kognition: Die Theorie H. Matuturana und die Notwengikeit ihrer Weiterententwiclung, en: S. Schmidt (ed.): Der Diskurs des Radikalen Konstruktivismus, Frankfurt, 1987, pp. 257 138 Maturana, H.: Biology of cognition, en: Autopoiesis and Cognition. The realization of the Living, Dordecht: D. Reidel Publishing Co., 1980, pp. 33 139 Glanville R.: op.cit, pp. 5
137

55

iii.es un atributo del observador ser capas de interactuar independientemente con la entidad observadora y con sus relaciones, que para ambos son unidades de interacción (entidades) iv.para el observador una entidad es una entidad cuando puede describirla. Describirla significa enumerar el potencial actual y las relaciones de la entidad descrita. Por lo tanto, el observador puede describir una entidad sólo si es más pequeña que otra entidad que él pueda distinguir y a la cual pueda observar interactuando o relatando. Esta segunda entidad que le sirve como referencia para la descripción puede ser cualquier entidad, pero la última referencia para toda descripción es el observador mismo. v.el conjunto de todas las interacciones en la cual una entidad puede entrar es su dominio de interacciones. El conjunto de todas las relaciones (interacciones a través del observador) en la cual una entidad puede ser observada es su dominio de relaciones. Este último dominio es el límite del dominio cognitivo del observador. Una entidad es una entidad si tiene un dominio de interacciones, y si ese dominio incluye interacciones con el observador el que puede especificarlo como dominio de relaciones. El observador puede definir una entidad especificando el dominio de las interacciones; de esta manera parte de una entidad o de un grupo de entidades o de sus relaciones, puede configurar unidades de interacción (entidades) con el observador. vi.el obsevador se puede definir a sí mismo como una entidad especificando su propio dominio de interacciones; el puede siempre permanecer como observador de dichas interacciones, a las cuales puede invitar como entidades independientes. vii. el observador es un sistema vivo y comprende la cognición como un fenómeno biológico que debe estar disponible para el observador y su rol en ella.”140 La organización de los seres vivos es entendida como un proceso autopoietico. Los seres vivos son sistemas autopoieticos en los cuales se producen circularmente las macromoléculas y las células orgánicas, si se trata de células únicas, o las células, los tejidos y los órganos, en el caso de las células múltiples. Un sistema autopoietico es autónomo respecto de su entorno141, pero material y energéticamente abierto. Maturana describe la organización funcional del sistema nervioso como el fundamento de la cognición. Por su determinación estructural y su cerradura operativa, el sistema nervioso el sistema autopoietico en el que se ubica el cerebro, primordial para la organización de la cognición. El observador es un ser
140 141

Maturana, H.: Biology of cognition, op.cit., pp. 8-9 Maturana, H. Varela, F.: De máquinas y seres vivos, Universitaria, Santiago, 1998

56
humano, es decir, un sistema vivo. Todo lo que se dice es dicho por un observador. Y su discurso de observación se dirige a otro observador. Ser un observador significa operar en un ámbito meta-lingüístico, y ejecutar distinciones de distinciones. Un observador opera, por lo tanto, en un dominio consensual, y fuera de ese dominio es imposible que exista142. Un observador puede constatar con la ayuda de sus sentidos, que el cerebro recoge informaciones del entorno y correlativamente dirige su comportamiento, pero para el cerebro existen sólo transformaciones en sus estados internos143. Otra de las propiedades de los sistemas vivos es el acoplamiento estructural, el que puede existir no sólo entre un organismo y su entorno, sino también entre dos sistemas autopoieticos, los que pueden seleccionar mutuamente la forma de realización de su autopoiesis. Debido al acoplamiento estructural del sistema nervioso con la existencia de su organismo, sólo puede admitir los cambios estructurales que conduzcan a comportamientos que sean adecuados para la supervivencia. El aprendizaje no es la recepción de informaciones del entorno, sino que “un continuo acoplamiento ontogénico de las estructuras del organismo con su medio”144. El sistema nervioso, como una red neuronal cerrada, se intersecta con superficies efectoras sensoriales internas y externas. La parte neuronal de cada sensor y efector participa en la operación del sistema nervioso como un sistema cerrado de relaciones cambiantes, mientras que la parte orgánica de sensores y efectores, participa en las interacciones del organismo, y no con el sistema nervioso145. Ahora bien, el principio de la codificación no diferenciada significa que la respuesta de una célula nerviosa no corresponde a la naturaleza física de la causa sensorial de irritación (o perturbación), porque lo único que se codifica es la “cantidad” de la excitación: un cuanto, pero no un qué específico. Un cono que absorbe la radiación electromagnética de la luz, hace que se modifique el potencial electroquímico del cono, lo que genera descargas eléctricas en el tejido neuronal interconectado (detrás de la retina). Por su frecuencia, las Maturana, H.: Kognition, en: S. Schmidt (ed.): Der Dirkurs des Radikalen Konstruktivismus, Frankfurt, 1987, pp. 110 143 El cerebro humano posee alrededor de 10.000 millones de neuronas, se trata de neuronas individuales altamente especializadas que se diferencian anatómicamente en: dentritas, cuerpo celular (o bulbo) y el axón, una fibra lisa ramificada. Las ramificaciones del axón terminan en las dentritas de otras neuronas o en la misma. La membrana que encierra el cuerpo celular forma también vainas tubulares en torno a las dentritas y el axón; la membrana produce una distinción eléctrica de un décimo de voltio respecto al entorno. Si esta medida se supera, la neurona transmite irritaciones a lo largo del axón, es decir, se produce la sinapsis. En la unificación sináptica, el axón activo que transmite los impulsos, genera un engrosamiento separado por la llamada “cisura sináptica” de la protuberancia de la neurona de destino. La composición química de la substancia transmisora determina el efecto que el impulso ejercerá en la neurona (inhibidor o facilitador) Von Foerster, H.: Construyendo la realidad, en: P. Watzlawick et al. (ed.): La realidad inventada, Gedisa, Barcelona, 1995, pp. 46 y sig. 144 Ibídem, pp. 54 145 Maturana, H.: La realidad: ¿objetiva o construida?, I, Anthropos, México, 1995, pp.47
142

57
descargas corresponden a la intensidad de las radiaciones que absorbió el cono, pero no dicen nada de lo que fue la radiación que lo excitó146. El dominio operacional del organismo y el dominio operacional del sistema nervioso son completamente distintos, y por consiguiente no se intersectan. El sistema nervioso en su operar no usa representaciones del medio, como los símbolos o las imágenes. Ya que el sistema nervioso sólo genera relaciones cambiantes de actividad en una dinámica clausurada, las únicas relaciones entre el sistema nervioso y el organismo se realizan en las superficies efectoras y sensoriales del organismo. Si todo lo que sucede en un sistema viviente está especificado por su estructura y si los sistemas vivos sólo pueden existir en estados de autopoiesis, porque de otra manera se desintegraría y su vida terminaría, entonces el fenómeno de la cognición, que un observador observa como un comportamiento exitoso en un medio, significa en realidad la realización de la autopoiesis de ese sistema viviente en ese medio. Para un sistema vivo, vida significa cognición, y su dominio cognitivo es congruente con el dominio de los estados posibles de su autopoiesis. Lo que hace el sistema nervioso es expandir el dominio cognitivo del organismo, pero no crea la cognición. Mediante el concepto de acoplamiento estructural, Maturana describe las posibilidades de cambio en las relaciones entre los componentes del sistema sin modificarse la unidad de su articulación y sin que cambie su organización, como un cambio de primer orden147, propio de los sistemas plásticos. El medio puede perturbar a un sistema plástico provocando modificaciones en sus estados, si las perturbaciones no son específicas. En este caso, las perturbaciones operan como selectores de los cambios estructurales de la unidad perturbada, de lo que resulta una correspondencia entre la unidad específica y el medio, lo que un observador puede describir como adaptación o acoplamiento estructural. Pero los límites de la forma de los cambios y por lo tanto del acoplamiento estructural, se especifican mediante la estructura del organismo del que se compone la unidad, la que en el caso de los sistemas vivos corresponde a su organización autopoietica. Mediante el concepto de recursividad operativa, Maturana describe un caso de acoplamiento estructural, en el que la configuración de los estados internos de una unidad articulada, opera como una parte del medio. En los sistemas vivos, es la organización cerrada del sistema nervioso, especialmente apropiada para este tipo de recursividades. Si el sistema nervioso opera como una red neuronal, que produce actividades neuronales determinadas por su estructura, la dinámica completa de sus estados es un flujo continuo de relaciones de intercambio de actividades neuronales, las que son moduladas por las perturbaciones del medio; las perturbaciones contribuyen a la producción y estabilización de las actividades neuronales.
146

Maturana, H.: Neurophysiology of Cognition, en: P. Garvin: Cognition: A multiple View, Spartan, N.Y, 1970, pp. 3-53 147 Maturana, H.: Kognition, en: S. Schmidt (ed.): Der Diskurs des radikalen Konstruktivismus, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1987, pp. 89-118

58

El dominio de la percepción, desde la perspectiva del observador, constituye la división de los ámbitos de perturbaciones del sistema nervioso. Desde la perspectiva del observador, el organismo influye en el entorno, pero en lo que respecta a las dinámicas de sus estados, el organismo y el sistema nervioso operan exclusivamente como sistemas cerrados, que producen estados estructurales específicos, tal como se comporta un piloto frente a sus instrumentos de vuelo, que aterriza con neblina exclusivamente con los instrumentos de que dispone y que es celebrado por sus destrezas profesionales. Solo un observador describe algo como comportamiento o como una señal de tránsito, pero lo que sucede en el sistema nervioso sólo son modificaciones de estados en la dinámica de una red neuronal. Por lo tanto, la percepción pertenece al dominio de las descripciones de observadores. De la argumentación de Maturana resulta que toda operación cognitiva, es el resultado de operaciones de interacción dinámica, realizada en una red neuronal cerrada, el sistema nervioso. Lo que realiza la otra estructura autopoietica compuesta de sensores (los órganos sensoriales) y efectores, el sistema orgánico, es modular mediante acoplamientos y recursividades, los cambios de estado de la red neuronal polimórfica del sistema nervioso. El núcleo gravitante de esta argumentación es la identidad entre autopoiesis y cognición, y que la cognición sería igual a la vida. Nosotros pensamos, siguiendo la argumentación de Roth148, que ambas identificaciones consiguientes son discutibles. La primera depende de la amplitud con que se entienda el concepto de autopoiesis. Si se la entiende como Maturana, y también Varela149, es decir como un principio de auto-organización y auto-reproducción específica y por lo tanto reservada exclusivamente para los sistemas vivos, entonces podría hablarse de cognición autopoietica, pero si por autopoiesis se entiende el fundamento de una teoría general de sistemas, los que auto-construyen cíclicamente sus componentes, se trate de los que se trate, por cognición ya no pueden entenderse únicamente los cambios operados en una red neuronal cerrada, como el sistema nervioso. Probablemente esto pudiera ser remitido a las operaciones sensoriales, pero ¿qué sucede con las operaciones de auto-descripción de los observadores? ¿Qué se podría argumentar respecto de la intencionalidad de las operaciones de la conciencia, o de la distinción entre noema y noesis de Husserl150? ¿O de la distinción entre protenciones y retenciones como fenómenos de la conciencia temporal? ¿Qué relación existiría entre tales niveles de abstracción, el acoplamiento estructural sistema nerviosocuerpo y la cognición, en el sentido de Maturana?

Roth, G.: Autopoiese und Kognition: Die Theorie H. Maturanas und die Notwendigkeit ihrer Weiterentwickung, en: S. Schmidt, 1987, op. cit. pp. 256-286 149 Varela, F.: El fenómeno de la vida, Dolmen, Santiago, 2000, pp. 440 150 Husserl, E.: Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischer Philosophie, Niemayer, Tübingen, 1980, pp.179-200

148

59
En nuestra opinión, lo decisivo es si es posible una cognición significativa (productora de sentido), o no. Si la cognición no puede configurar congruencias precisas con en entorno, los interactuantes tienen que poder al menos especificar temas conversacionales; en este sentido, la cognición debe poder generar basamentos para producir tanta redundancia como sea posible, para que se puedan construir concordancias que “hagan sentido” entre las operaciones de los sistemas de comunicación y el entorno. Para Maturana hay una diferencia radical entre el dominio de la autopoiesis y el dominio de las observaciones de observadores. De ahí que las propiedades del observador se sintetizan de la siguiente manera: a) el observador está siempre en correspondencia estructural con sus dominios de existencia, fuera de su praxis de vida no puede hacer distinciones. b) si el observador opera con la objetividad con paréntesis, puede observar que no hay distinciones erradas, sino que dominios operacionales distintos y está consciente de que el objeto se construye en la operación de distinción. Si opera con la objetividad sin paréntesis, el observador observa que la distinción es la errónea. c) el observador conversa a través de su corporalidad, el modo de intersección de todas sus conversaciones. Por lo que nos movemos del leguajear al emocionar, en congruencia estructural con el medio. d) la relación generativa entre el lenguajear y las dinámicas estructurales de los observadores, no puede ser observada por un “observador cándido”, el que no ha tomado conciencia por medio del lenguaje del camino explicativo de la objetividad con paréntesis. Si el observador observa en otro observador un cambio inesperado de un dominio a otro del lenguajear, y no puede proponer el mecanismo a través del cual el segundo dominio surge del primero, entonces es un observador cándido151.

Queremos sintetizar brevemente los argumentos anteriores, a modo de allanar la formulación de algunas propuestas referidas a la observación. Si tomamos en serio los argumentos anteriores, y además consideramos las enormes potencialidades del CF de Spencer Brown, debemos reconocer que en lo que a la observación de la sociedad respecta, la sociología, al
151

Maturana, H.: La objetividad. Un argumento para obligar, Dolmen, Santiago, 1997, pp. 7677 (cursivas mías)

60
menos hasta hace poco tiempo, se ha movido en un terreno de inexplicable ingenuidad. O en el sueño de que los sistemas “interactúan” con sus entornos, que es posible “participar” en la observación de entornos extraños, etc. Probablemente una de las razones de sus auto-limitaciones sea que aún permanezca atada a la distinción sujeto/objeto, propia del pensamiento eurocéntrico de la filosofía veteroeuropea. El problema endémico de la filosofía clásica del sujeto, es que debe apoyarse siempre en operaciones sub-objetivas, con lo cual ha fracasado rotundamente152. Pero si a pesar de todo, se desestiman estos fracasos y se insiste en el esquema sujeto/objeto, no hay que extrañarse si lo que resulte de ello, sea una sociología de fracasos y fracasados. Desde este esquema sujeto/objeto es relativamente fácil revitalizar la antigua dicotomía verdad/falsedad, y desde esta dicotomía a la observación de la sociedad desde la moral, hay un trecho demasiado corto. Como Marcelo Arnold y yo hemos expuesto en otro lugar, si la moral es la medida de la observación sociológica de la sociedad, entonces lo más honesto sería extenderle el certificado de defunción a la sociología y fundar en su lugar una secta religiosa, que podría ser también “laica”153. En la lógica sujeto/objeto, habría observaciones sólo desde un sujeto definido como quien guiado por un interés de conocimiento, se aproxima a un objeto existente fuera de él, una externalidad, o res extensa, en el sentido cartesiano. A la res cogitans le correspondería desprender confiando en sus capacidades propias, las propiedades específicas e idiosincrásicas de la externalidad. La actualización de esta lógica, la “intersubjetividad”, no es ninguna solución, la intersubjetividad es una fata morgana de la sociología, una construcción tan infeliz como improductiva, porque nunca se puede observar si los sistemas psíquicos participan o no de la comunicación, y menos aún cómo lo hacen – como ha quedado en claro en los experimentos de Garfinkel154. En mayor o menor medida, víctimas de esta gigantesca patraña epistemológica no han sido sólo las teorías y técnicas de la observación participante155, sino también la antropología, la sociología de la comprensión, el realismo crítico, el empirismo pretendidamente a-teórico, la sociología del conocimiento y el marxismo.

Ver Paul, J.: Werke, Tomo 2, Munich, 1959, pp. 641 Robles, F. Arnold, M.: El lugar del sujeto en la sociedad. ¿Es posible una sociología reflexiva?, en: Metapolítica, México, Vol. 5, Nº 20, 2001, pp. 68-89 154 Garfinkel, H.: Studies in Ethnomethodology, Engelwood Cliffs, N.J., 1967 155 Ver Legewie, H.: Feldforschung und teilnehmendene Beobachtung, en: U. Flick et al. (ed.): Handbuch qualitative Sozialforschung, Belz, München, 1995, pp. 189-192
153

152

61
Once Tesis sobre la observación de segundo orden

Nosotros no estamos interesados en destacar las formas de proceder de las teorías de la observación que hasta hoy se conocen, sino en desplegar esfuerzos en pro de una teoría de la observación que de cuenta de las argumentaciones anteriores. Vale decir, que considere el cálculo de la forma de Spencer Brown y la epistemología biológica de Maturana y se entienda como una teoría acoplada a la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann. 1. La primera reflexión que guía este propósito es la siguiente: observar no implica ningún acceso a una realidad ubicada en el “exterior”. La distinción interior/exterior es una construcción, producida por un observador y equivale a la re-entry de la forma interior/exterior en el “marked state” interior. No hay absolutamente nada que sostenga la posibilidad de un mundo “externo”, “realista”, por lo que los argumentos de Searle no sólo son insostenibles, sino que además denotan ignorancia156. Esta constatación no sólo es válida para la distinción anterior, sino que confronta a cualquier observación con la siguiente paradoja: todo lo que se observe tiene que considerar que el observador ya estuvo presente. Por consiguiente, la observación no puede ser sino la construcción de un observador más. Si en el lugar de la internalidad/externalidad se colocan distincionesindicaciones, es decir, la producción de la forma, se distingue lo que sucede de lo que no sucede. Si esta operación se va reiterando, se despliega un límite de un sistema que encierra lo que observa en sí mismo y con sus propios medios, análogamente a la configuración del “borde autónomo”, una membrana que regula activamente el intercambio metabólico y que constituye la unidad física y la identidad del organismo157. Por ello, el observador debe ser un sistema necesariamente clausurado y autopoietico. Dicho claramente, el sistema observa como observa y observa como puede. 2. Todo lo observado depende de la distinción que el observador utilice. Por lo tanto, se puede distinguir, en principio, cualquier “cosa” de cualquier “cosa”. Esta relatividad de la observación se entiende sólo como un manejo de distinciones, e incluye por supuesto a las operaciones clausuradas del sistema nervioso. Sin embargo, si consideramos que en el cálculo de la forma de Spencer Brown, para que haya distinción hay que definir espacios y valores a cada uno de los lados de la distinción, el
156

Searle, J.: Die Konstruktion der gesellschaftlicher Wirklichkeit, Rowohlt, Reibeck, 1997, pp. 162-170 157 An der Heiden, U.: Ordnung und Chaos, en: Dialektik, 12, 1986, pp. 154-167

62
marked state se identificaría con el valor (x) y la magnitud asimétrica del unmarked state con el no-valor (y), o por lo menos con algo distinto del valor marcado. La asignación del valor es completamente arbitraria, como la letra F de una función, que no significa nada158.Como la observación directa e inmediata no se puede observar a sí misma, porque para eso tendría que poner en uso otra distinción, la distinción que produce la observación tampoco es objeto de la observación. Cuando se observa un objeto físico, no se observa la distinción entre observación y objeto, sino que al objeto como distinto de otro, o simplemente de cualquier otredad. 3. Las observaciones no pueden ser exactas, sino que se caracterizan por su arbitrariedad e indeterminabilidad. En principio, una observación no puede auto-observarse. Las observaciones son sin embargo operativamente autónomas y la distinción es la base de la observación, porque de otro modo se observaría algo que sería “otro”. La restricción de cualquier observación consiste entonces en que no se puede introducir una distinción de manera auto-implícita, porque la distinción es siempre una forma de dos lados159. No se puede distinguir sin antes haber distinguido. En otras palabras, no se puede distinguir sin indicar (sobre esto último volvemos más adelante) 4. La distinción no puede distinguir entre verdad y falsedad, sino que sólo opera como opera. Si la distinción es el fundamento de la observación, y la distinción no se observa a sí misma, entonces, esto significa que no ve que no ve. En otras palabras, la distinción es ciega respecto de sí misma, la observación pone en uso su propia distinción como su propio punto ciego, lo hace disponible sin ninguna necesidad de explicarlo. Por ello, todas las observaciones son ingenuas, o cándidas, en su nivel operativo. “Truth: the invention of a liar”160 Nosotros queremos reformular el tema de la posibilidad de la observación de observaciones o también llamada observación de segundo orden: ni la observación de una distinción se libra de la ingenuidad, trátese de la propia o de una ajena. Por ello es necesario remarcar una distinción que opera independiente de la distinción operación/observación, que indica sólo que la autopoiesis de la comunicación de la sociedad funciona. Se trata de la distinción observación propia/observación ajena, la que tampoco se vincula a la distinción autoreferencia/heteroreferencia,
158 159

Wittgenstein; Tractatus Logico-Philosophicus, op. cit., pp. 59 Husserl ha demostrado que ni siquiera en las estructuras noésico-noemáticas de la “conciencia pura” es posible la exclusión de una distinción. Ver: Husserl, E.: Ideen zu einer reinen Phänomenologie…, op. cit., pp. 194 y 197 160 Von Foerster, H.: Cybernetics and circularity, en: The Cybernetics Society, noviembre 2003

63
porque ella está contenida en cada una de las distinciones, tanto en la propia como en la ajena. Por distinción propia entendemos todas las operaciones de distinción e indicación que un observador efectúe independientemente de otros observadores; o el uso de valores propios para marcar uno o ambos lados de la distinción, sin que interesen las distinciones de otros observadores. Por distinción ajena entendemos todas las operaciones de distinción e indicación que efectúe un observador observando las distinciones de observadores ajenos. La diferencia fundamental entre la distinción propia y la ajena es que la primera no se entrelaza con otras observaciones, o si lo hace, el observador no se percata de ello, mientras que la segunda se propone deliberadamente la observación de las distinciones que no son las suyas, pero para lo cual no puede dejar de operar con las suyas, aún cuando su observación se entrelace exitosamente con las observaciones ajenas. Independientemente de la complejidad del entramado de distinciones de las observaciones, en el caso de arquitecturas de distinciones más complejas, la observación ajena como observación de la observación no conduce a conclusiones definitivas, como las de derivar de un dominio que produce una distinción, la propiedad generativa de un segundo que brota de improviso161. 5. Las distinciones no dicen nada sobre las capacidades cognitivas de quien opera distinguiendo.162Si a pesar de la imposibilidad de exclusión del punto ciego y de la ingenuidad operativa, se pueden observar observadores, es decir, se pueden observar las distinciones con las que operó una observación, no es suficiente poner atención a las distinciones que usa. Por supuesto que quien se proponga observar distinciones debe usar distinciones propias y distintas de las que observa. Pero si así procede, ¿cómo lo hace para poder observar las ajenas? La distinción entre observación de primer y segundo orden es hasta cierto punto, una ficción. Si el observador de segundo orden opera con distinciones diferentes a las de los observadores de primer orden, no tiene ninguna posibilidad de observarlas, por lo que, en primer lugar, tiene que abstenerse, inhibirse, guardarse, invisibilizarse, y apoyarse en la instrucción: “No traces (todavía) ninguna distinción”, después adquiere validez la recomendación de Luhmann: o se participa en la observación o no se observa.163 Las posiciones “neutrales” no existen, pero para que el sistema de observación sea efectivamente cerrado en sus operaciones, hay que saber esperar. ¿Qué es lo que tenemos que esperar? Obviamente que no tenemos que esperar a Godot, ni al observador avezado de Maturana,
161 162

Maturana, H.: La objetividad. Un argumento para obligar, Dolmen, Santiago, 1998, pp.77 Gouden J. Varela, F.: Systems and distinctions: Duality and Complementary, IJGS, 5, 1979, pp. 31-43 163 Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, Anthropos, México, 1996, pp. 67

64
que ha entendido, o ha “tomado conciencia” de que hay que operar con la objetividad sin paréntesis164. La respuesta es muy simple: tenemos que esperar hasta tener valores-datos-registros, que nos permitan marcar como distintos ambos lados de la distinción que observamos. En la observación de segundo orden, es probable que esto no se consiga nunca, porque los datos-valores mutan rápidamente. Pero los valores (m) del lado marcado los podemos obtener de lo que el observador de primer orden dijo-comunicó, la incógnita es la otredad, porque la magnitud del valor (n) del lado no marcado es desconocida y justamente allí se ubica el observador de segundo orden, por lo que el unmarked state de la observación de primer orden tiene que ser su propio marked state. Por ello es que la forma sólo tiene asidero en la observación de segundo orden. Además, no hay que caer en la equivocación fatal de analogizar los lados de la distinción con el gradiente de complejidad sistema/entorno, porque los dos lados de la forma son el sistema que observa. Entretanto, antes del crossing, podemos perfectamente apoyarnos en la instrucción básica de Spencer Brown: “Quédate donde estás”. En la observación de segundo orden, el observador no puede conformarse con ilusiones, con alimentar quimeras, por lo que está obligado a esperar. Si de fantasías se tratara, lo más honesto sería dedicarse a la ficción declarada y tomar a Borges como modelo ejemplar. 6. La observación opera sobre distinciones temporalizadas. En este sentido, hay que considerar que si hay una diferencia elemental entre la observación de primer y de segundo orden, es que la observación de segundo orden es siempre posterior, se retrasa, llega atrasada, es destemporalizada respecto de la observación de primer orden. Esta es la différence, la no-simultaneidad del presente consigo mismo, que tematiza Derrida165. Esta asincronía mundana es el recurso que la observación de segundo orden, se debe usar para reconstruir-deconstruyendo la observación de primer orden, pero a su tiempo, cuando se hayan podido minimizar las posibilidades de que la operación de observación de distinciones sea sólo una quimera. Esto significa que la observación de segundo orden no es sólo restrictiva de por sí, sino que debe intensificar metódicamente su restrictividad.

164

Nosotros formulamos la siguiente pregunta: ¿No era la conciencia según el mismo Maturana una observación de un observador del sistema nervioso (llamada comportamiento), que es también autopoietico y que sólo se acoplaba al entorno neurofisiológicamente, es decir únicamente por medio de las interacciones neuronales que ni el observador avezado puede observar? Derrida, J.: Die Schrift und die Differenz, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1972

165

65
La deconstrucción se enlaza a la observación de latencias. Pero ¿dónde están las latencias? Habitualmente, las latencias se ocultan en los trozos de conversaciones más insospechados, en las miradas, en los olores, en los gestos de la cara, y en las estructuras de ordenamiento que no se dejan observar como tales, como ya expuso Simmel en 1908166. A diferencia de la postura de Luhmann, nosotros pensamos, en aproximación a Simmel, que la latencia no tiene su origen en la imprenta y en la literatura, cuando el lector de novelas puede imaginarse los motivos de los personajes167. La latencia nace de la oralidad, de la gesticulación ininteligible desde fuera de las distinciones observables, del silencio, de la cerradura operativa de los sistemas de interacción conversacional, de la posibilidad de las inferencias indexicales168. Por lo general, las descripciones “elegantes” de las latencias terminan en fantasías, como las “psicopatologías de la vida cotidiana” de Freud – una muestra agria de la pobreza de la imaginación austriaca para entrelazar lapsus liguae con traumas del inconsciente169. O en “Tótem y Tabú”, una grotesca legitimación de los complejos edípicos que supuestamente aquejan a la humanidad170. 7. La observación de segundo orden debe ser una operación práctica, empírica, ejecutable y ejecutada en la sociedad. Si toda observación ocurre realmente y se produce operando con distinciones, entonces hay que indagar en las operaciones de comunicación de la sociedad, en los sistemas funcionales de la sociedad y en los sistemas de interacción de la sociedad. Por eso es que las teorías cognitivas pueden ser de gran utilidad, pero no reemplazan el imperativo de argumentar y describir una teoría de la observación que de cuenta de la facticidad de la observación de primer orden y de las potencialidades de la observación de 2º orden, como una metódica empírica para las ciencias sociales. Nosotros pensamos que la supuesta paradoja distinción-indicación es una ficción. No se puede indicar algo que no se pueda distinguir de la otredad; lo que sucede es que la otredad es el unmaked state, es lo que el observador de primer orden no nos dice, sino que tenemos que desocultarlo. Esta es una condición de posibilidad para que se pueda ejecutar la observación de segundo orden, porque el trazado de la distinción, de acuerdo a las leyes de la forma, se realiza desde afuera hacia adentro, desde adentro hacia fuera se elimina la distinción (law of crossing) Por lo tanto, el lado que el observador de segundo orden debe marcar para “entrelazarse” con la observación de primer orden, es el unmaked state, y desde ahí tiene que cruzar el límite

Simmel, G.: Soziologie. Untersuchungen über die Formen der Vergesellschaftung, Dunker y Humbolt, Berlin, 1908, pp. 483-493 167 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 1119 168 Albaladejo, T.: Retórica, tecnología, receptores, en: Revista de Retórica y Teoría de la Comunicación, año 1, Nº 1, 2001, pp. 9.18 169 Freud, S.: Psichopathologie des Alltagslebens, Fischer, Frankfurt a.M., 1956 170 Freud, S.: Tótem und Tabu, Fischer, Frankfurt.a.M., 1956

166

66
de la forma hacia adentro. Esto que parece evidente, es, sin embargo, no sólo dificultoso, sino además improbable. 8. Las paradojas de la observación son dos. Primero, que antes de la observación ya estuvo operando el observador, por lo que quien observe la observación y marque el unmarked state, marcará la otredad, el lado excluido – que el observador de primer orden no vio, y probablemente tampoco verá, es su punto ciego o la demostración de que no ve que no ve; o lo que el observador de primer orden pone-en-uso “hace accountable” sin necesidad de ir más allá. Esto convierte a la observación en paradójicamente reconstructiva, pero la observación de segundo orden puede re-tempotalizar secuencialmente el cómo de la observación, su contextualidad y su indexicalidad. Segundo, la observación de segundo orden, al obligarse a entrelazarse a la observación de primer orden, pero también simplemente porque es una observación que obedece al manejo de distinciones, es también ciega, no ve que no ve. Esta es una paradoja que en realidad no tiene salida. En nuestra opinión, la posibilidad de desparadojización operando el observador por autología, es decir la autoimplicación reflexiva, arrastraría consigo la paradoja original. Como argumenta Luhmann: “Cuando se ensaya una reflexión tal, se castiga con una paradoja: lo distinguido es lo mismo. Y esto es valido, para repetirlo nuevamente, para el conocimiento y la acción y para el observador de primer orden como para el observador de segundo orden”171 9. Si la observación de segundo orden es una actividad práctica, el observador debe poder observar su propio observar con la distinción esperar/volver. Antes describimos al sistema de observación en estado de espera, mediante el uso de la paciencia, algo similar a la “serenidad” (Gelassenheit) de Heidegger172 – más adelante vamos a explicar cómo se realiza la paciencia en la práctica, este es en realidad el tema central de este libro. Lo vamos a formular de la siguiente manera: El observador debe poder observar la unidad de la diferencia esperar/volver, en su propio observar, esperando hasta poder seguir el hilo de las conversaciones temporalizadas de los observadores de primer orden y volviendo siempre a los registros originales, que son grabaciones, filmaciones, combinaciones video-audio o cualquier material reconstructor frío, desinteresado, indiferente que le permita congelar la temporalización de lo que-se-dijo.

171 172

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1997, pp. 1134 Heidegger, M.: Filosofía, Ciencia y Técnica, Universitaria, Santiago, 1978

67
Esto es valido al menos para el nivel de los sistemas de interacción, que aquí nos interesan primordialmente. En otras palabras y esta vez siguiendo a Luhmann, el observador de segundo orden “tiene que observar cómo el observador observado maneja su paradoja; cómo resuelve su paradoja, cómo desparadojiza la paradoja de la observación”173. La respuesta teórica a esta pregunta fundamental la entrega el mismo Luhmann con su teorema de la doble contingencia174. La respuesta efectiva, real, práctica, se obtuvo haciendo de la observación de segundo orden una praxis investigativa. En efecto, la etnometodología de Garfinkel indica que los observadores-interactuantes de primer orden le dan una solución práctica a sus paradojas poniendo en uso la vaguedad, la ambigüedad, dándose por satisfechos con explicaciones parciales que mantengan abiertas las expectativas recíprocas de la comunicación, y manteniendo un acuerdo mínimo entre ellos, pero sabiendo de lo que están hablando. Por lo tanto, hay que operar exactamente a la inversa de la recomendación subsiguiente de Luhmann. Jamás hay que abandonar la pregunta por el cómo, hay que permanecer indiferente respecto de qué, y rechazar categóricamente todas las interrogantes que inquieren sobre los por qué. Además, hay que evitar las reconstrucciones históricoretrospectivas, y en su lugar se debe cautelar estrictamente la temporalidad de lo-que-realmente-se-dijo. Ahora podemos ofrecer otra salida a la segunda paradoja de la observación, la contingencia. El reconocimiento explícito de que el mundo, o mejor dicho las comunicaciones de la sociedad, se ubican en el terrero de lo que no es necesario ni imposible. Por lo que todo podría ser diferente175. Sin embargo, el argumento de la contingencia no puede ser una excusa barata para que el observador de segundo orden describa lo que se le ocurra como la observación de las observaciones ajenas. 10. La observación de segundo orden debe incluir los intereses de los observadores de primer orden, los que tienen que haber sido registrados como intensivamente contextuales. Tienen que ser conversados, comunicados, debatidos, negociados y todo esto tiene que poderse mostrar con el material empírico de registro. Nosotros entendemos que tanto el principio “No traces (todavía) ninguna distinción” así como la recomendación de saber esperar, como la instrucción de Spencer Brown “Stay were you are”, deben imposibilitar que el observador de segundo orden trate de escapar de la indexicalidad de la comunicación de la sociedad, usando estrategias de sustitución y escogiendo el camino de la metodología, o simplemente “sanando” la indexicalidad reemplazando loque-se-dijo, por conceptualizaciones sociológicas y confundiendo
173 174

Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, op. cit., pp. 75 Luhmann, N.: Sistemas sociales, op. cit. pp. 113-139 175 Sobre la contingencia volvemos en detalle más adelante.

68
fatalmente las observaciones de primer orden con los “grandes problemas de la sociología”. 11. El observador de segundo orden, situado en el unmarked state de la observación de primer orden, aunque sea incómoda y desagradable, tiene que buscar en las redes polifórmicas y contextuales de la comunicación de la sociedad, en lo que como forma de comunicar, se comunica-hablaconversa Allí tiene que buscar el observador de segundo orden para obtener datos-valores que le permitan poder observar observaciones ajenas. Por lo tanto, la observación de segundo orden también debe ser una operación social de comunicación, pues si no lo fuera, permanecería encerrada en la clausura operativa del sistema psíquico del observador de segundo orden. Lo que no se comunica, no existe. El observador de segundo orden se enfrenta siempre al problema del tiempo, porque es el eterno atrasado. Por otro lado, debe enfrentar la temporalización propia de las comunicaciones de la sociedad, de los sistemas sociales y de los sistemas de interacción y la destemporalización de su propia observación respecto de la primera. El observador de segundo orden debe poder “congelar” la temporalización de las conversaciones de los hablantes de primer orden, para lo cual debe usar recursos audiovisuales. ¿Por qué debe usar estos recursos y no las narraciones, las narraciones de narraciones o los libros, las revisiones bibliográficas o las novelas? La respuesta es simple: las observaciones de los observadores de primer orden, comunicadas y conversadas, se ejecutan audiovisualmente. Esto no tiene nada que ver con una “ontología del conversar”176, ni con la realización de coordinaciones consensuales, sino con los métodos y técnicas mundanas que los mismos observadores de primer orden despliega para observarse mutuamente como entornos conversadores.

El tiempo y policontexturalidad

la

circularidad:

sistemas

observadores

y

Un aspecto de fundamental importancia es el tiempo. El tiempo a disposición es quien decide si se realiza la selectividad y cómo. El mundo de la vida, las actividades cotidianas, es el priori “espaciotemporal de las cosas tal y cómo las experimentamos en nuestra vida pre- y extra-científica y tal como las sabemos como experimentables,

Maturana, H.: La realidad: ¿objetiva o construida?, Tomo 1, Anthropos, México, 1995, pp. 19 y sig.

176

69
más allá que de hecho sean experimentadas” 177 que el horizonte mundano configura el mundo de las experiencias posibles. Este es aparentemente un mundo compartido (Husserl no conoció los avances de la neurociencia), pero desde que sabemos de la cognición y la percepción podemos hablar también de irritabilidad selectiva 178 de un entorno contingente. Como sabemos, la preocupación central de Husserl era la estructura del tiempo “interior” de la conciencia yoica, o del tiempo inmanente del flujo de la conciencia. “Mediante el análisis fenomenológico no se considerará en lo más mínimo el tiempo objetivo” 179. Husserl señala que a pesar que el mundo de la vida posee una estructura general, se necesita una doble escisión sistemática de estas estructuras universales: entre el a priori mundano y vital y el a priori “objetivo” universal, o otra entre los planteamientos universales según la forma cómo el a priori objetivo se fundamenta en el a priori subjetivo-relativo o según la forma cómo la evidencia matemática tenga su fuente de sentido y legitimidad en la evidencia mundanovital 180. La postura sistémica El tiempo existe cada vez que un sistema psíquico experimenta sentido, “el tiempo es entonces una dimensión de la determinación del sentido. Esto quiere decir que un suceso no sólo es un suceso que se realiza en sí, sino que en la medida de su relevancia forma nuevamente en su estructura un pasado y un futuro”181. Tiempo y sentido están íntimamente ligados. El tiempo es el producto individual y colectivo de la construcción del sentido. El tiempo es un concepto dependiente del observador. Los observadores producen constantemente tiempo, porque en la observación se gasta tiempo. Pero no están obligados a denominar el tiempo como tiempo. El producto entendido por tiempo se produce a través de un acto reflexivo de distinción entre actualidad e inactualidad, ahora y no-ahora, presente y futuro. Las categorías temporales tienen sólo sentido mediante las distinciones que las producen y las marcas de tiempo que deponen. 182

177

Husserl, E.: Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie, Niemayer, Tübingen, 1980, pp. 146 178 Maturana, H.: La realidad ¿objetiva o construida?, Anthopos, México, Tomo I, 1995 179 Husserl, E.: op. cit, 1980, pp. 370 180 Husserl, E.: op. cit, 1980, pp. 147 181 Luhmann, N.: Temporalisierung von Komplexität: Zur Semantik neuzeitliche Zeitbegriffe, en: N. Luhmann: Gesellschafts-Struktur und Semantik, Tomo I, 1980, pp. 242 182 Luhmann, N.: Beobachtungen der Moderne, Opladen, 1992, pp. 614

70
Los sistemas de sentido necesitan tiempo para la construcción de la complejidad sistémica. Constituyen tiempo a través de la aplicación de distinciones, y deciden las definiciones del tiempo mediante el grado de complejidad temporal, respecto de cosas, y social, respecto de acontecimientos. Con la ayuda de diferenciaciones temporales los sistemas de sentido pueden especificar diagnósticos del presente, así como sobre la base de detalladas interpretaciones están capacitados también construir copias del pasado y realizar análisis de futuro. Cuando la complejidad es suficiente, es reconocible la “contingencia de los horizontes temporales”, esto quiere decir que al pasado, el presente y los futuros posibles se interpretan de forma diferenciada. Los horizontes temporales se van modificando con el tiempo. El tiempo se convierte en reflexivo. “Dentro del presente pasado y del futuro son pensables pasados presentes o futuros presentes, que con lo presente del presente no comparten la misma perspectiva temporal, a pesar se que se trata siempre de tiempo”183. La contingencia del tiempo lleva a problemas de orden práctico, que comienzan en cada presente; en efecto, en cada presente se debe decidir sobre la expansión del horizonte de tiempo, porque el presente debe dotarse constantemente de nueva identidad y forma. El tiempo está siempre presente cuando hablamos del tiempo. El tiempo resalta la paradoja se su propia “falta de comienzo”, es decir, el principio del tiempo - como se construye - , es un tiempo que corre, que fluye. No hay un principio del tiempo sin la predisposición a la distinción temporal del principio y del final. No podemos preguntar: ¿Qué vendrá después del comienzo? ¿Como se sigue? ¿Cuándo será el final? La paradoja del tiempo consiste también, en que el tiempo para su actualización siempre debe co-presentar algo inactual. En el momento, debe ser actual y simultáneamente inactual. “En el momento es sólo el momento actual, pero con aquello que ha dejado ser el momento; un antes y un después” 184. El presente actual es, bajo esa condición “no un espacio de tiempo, que pudiera introducir el pasado, el presente y el futuro, en algo móvil; sino que el presente es el límite que se sitúa cuando se trata de diferenciar como distintos el pasado y el futuro” 185. El tiempo es el producto de la observación. Por lo tanto es el efecto del uso de distinciones, y como tal es una forma de dos lados. Aquí también se hace notable la paradoja del tiempo pues,”estructuralmente visto existe la forma de los lados en el modo de la simultaneidad. Operacionalmente visto es actualizable sólo una secuencia de operaciones, porque la operación de un lado excluye la
183 184 185

Luhmann, N.: Gesellschaft-Struktur und Semantik, Tomo III, Frankfurt, pp. 106 Luhmann, N.: Gesellschat-Struktur und Semantik, Tomo III, Frankfurt, pp. 106

Luhmann, N.: “De qué se trata el caso” y “qué es lo que se esconde detrás” en: N. Luhmann: Introducción a la teoría de sistemas, Anthopos, México, 1996, pp. 252-260

71
operación del otro lado. La forma es la simultaneidad de lo que deviene” 186. Para invisibilizar la paradoja se inventó en tiempo lineal. El tiempo es leído como una unidad significativamente neutral, homogénea y transitiva. El tiempo se divide en partes iguales entre sí. Esta forma temporal es una secuencia de hechos, que se ubican como secuencia solamente en un sentido, de izquierda a derecha. El tiempo lineal escapa a la observación del momento, que decide sobre el principio y el final, sobre un antes y un después. Esconde la paradoja del tiempo porque se ahorra la mirada a la paradoja, por ello es tan exitoso. Sirve para la igualación de lo desigual. Con la ayuda de la dotación de la agenda no se pueden representar las diferencias de la historia del sistema, sino que tales diferencias aparecen en cada punto de un horizonte temporalmente individualizado. La fecha sirve igualmente como sustituto para el punto del tiempo individualizado 187. Antonny Giddens ha resaltado que el desacoplamiento del espacio y en tiempo es la propiedad fundamental de la modernidad, porque permite la aceleración de las coordinaciones y se desentiende de la interacción cotidiana en la cual se comparte un espacio que es común a los interactores, y reflexiva porque se percatan de ello. 188 El tiempo es no tan sólo observable, sino que es dependiente de la observación. El “crossing” y el “crossing again”, consume y gasta tiempo. Cuando la distinción de un micro-elemento de la observación, en esa observación está siempre el tiempo implicado. Pero las distinciones en el momento en que se realizan la observación no se pueden observar. Se necesitan otras distinciones, para poder distinguir distinciones. Y para cambiar de una distinción a otra se necesita tiempo. Es imposible huir del tiempo. La observación es un proceso en alto grado cambiante y por lo tanto lleno de conturas y sucesos paradójicos. La observación se compone de sucesos transitorios y pasajeros. La indicación, la distinción y las descripciones surgen sólo momentáneamente y con su aparición se desvanecen, se esfuman. No tienen manera de mantenerse como existentes. Y son sustituidas siempre por otras, tan pasajeras como las anteriores. El pulso del tiempo golpea al ritmo de las distinciones. Los sistemas observados como sistemas diferentes son siempre sistemas
186 187

Luhmann. N.: op. cit., 1996, pp. 257 Luhmann, N.: Soziologische Aufklärung, Tomo II, Opladen, 1975, pp. 115 188 Giddens, A.: Más allá de la izquierda y la derecha, Cátedra, Madrid, 1994, pp. 157 y sig.

72
temporales. El tiempo es su basamento, aún cuando usen conceptos propios para entender lingüísticamente sus estructuras y procesos. Podemos distinguir entre sistemas que operan y usan en tiempo en cada operación, el tiempo de la operación (como producto no entendido) y sistemas observados que operan con un tiempo “entendido”. El tiempo obliga necesariamente a cada operación, se observe o no. Esto implica tanto a los sistemas psíquicos como a los sistemas sociales están sometidos en su operar, a la temporalidad. Todo lo que sucede, sucede una vez y nunca más. En el microcosmos del sentido domina la ley de la de troboscopía del sentido. Esto es valido para las observaciones como para el entendimiento de las observaciones, la comunicación. Cada uno de las informaciones comunicadas, cada distinción informada, cada uno de las expresiones de sentido brilla sólo una vez, e inmediatamente se apaga. La diferencia entre sucesos y su permanencia no es ni estable ni absoluta, sino sólo dependiente de la observación del observador. Metafóricamente podemos comparar a la sociedad como un inmenso espacio donde emergen luces de distintos colores y dimensiones, pero donde ninguna permanece brillando más tiempo que es necesario para la observación 189. Los sistemas temporalizados se someten a la descomposición y la presión permanente de reproducción. Los sucesos se relacionan con sucesos, las relaciones con relaciones, la comunicación a la comunicación. Pero ninguno de estos elementos sobrevive el momento de su utilización. Por ello los sistemas que desean sobrevivir su momento actual, están obligados a relacionar sus elementos, sus comunicaciones. Los sistemas deben sustituir los elementos de que se componen. En eso justamente consiste su autopoiesis. “Estructural y semánticamente la auto-sustitución es la única posibilidad, en última instancia, para postergar la destrucción esperada” 190. Si a pesar de la dinámica del sentido, en sistemas de sentido se realiza la construcción de estructuras y patrones, eso sucede sólo en la forma de la repetición improbable, es decir, en la forma de la repetición y utilización de las distinciones ya usadas. Las formas de la repetición y de reexcursión. La realidad individual y social se construye a través de casualidades y no permite la construcción de un orden estable. También las formas aparentemente estables y sus estructuras son en realidad “rayos en el círculo de los acontecimientos” que prometen
189 190

Luhmann: Sociología del Riesgo, UIA, México, 1992, pp. 59 Luhmann, N.: La ciencia de la Sociedad, op. cit., pp. 104

73
algo durante un instante, lo que al fin no lo pueden sostener. Todas las formas que prometen duración y estabilidad, son constructos que con la ayuda de operaciones de observación, en el momento de su utilización, y pasado éste, no son capaces de sobrevivir. Este es el principio de la estructura procesal de los sistemas de sentido. El tiempo no es algo quieto, ni siquiera es un flujo, similar al del agua. El tiempo es imprevisible, lleno de estados de ánimo cambiante, es caprichoso. En forma sistemática se desencadena de pronto una turbulenta intranquilidad. Todo cambia de un momento a otro y el observador no puede dejar de percibirlo. Se desarrollan estados caóticos, que de pronto se transforman en orden. Cuando se trata de encontrar si a éstos cambios repentinos obedecen a una lógica, solo opera la de la casualidad. Y todo lo que sucede, sucede simultáneamente. Los observadores están obligados a un Ahora. Nadie puede escapar del tiempo y nadie puede desde el presente, huir el pasado. Tampoco es posible predecir el futuro porque es el lugar más inseguro, allí sólo reina el riesgo y la contingencia. Estas dos leyes tienen sus consecuencias. Marx fue el primero en iluminar el desvanecimiento de los sistemas, aún sin siquiera nombrar al observador, pero si la sociedad funcionalmente diferenciada. “Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado, y los hombres al fin se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” 191. Más aún “La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo es, por lo tanto, el secreto que se esconde detrás de estas oscilaciones aparentes de los valores relativos de las mercancías. El descubrimiento de este secreto destruye la apariencia de la determinación puramente casual de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero no destruye, ni mucho menos, su forma material”192. Todo lo que la burguesía construye, es construido para ser destruido, todo está hecho para ser aplastado y desgarrado, pulverizado y disuelto, para poder ser reciclado o reemplazado a la semana siguiente, para que todo el proceso recomience una u otra vez, es de esperar que para siempre193. Sólo aquello que es destruido tiene la posibilidad de ser renovado como algo nuevo. Las dos leyes anteriores tienen consecuencias relevantes:

191 192

Marx, K.: Manifiesto Comunista, Aldana, Madrid, 1990, pp. 38 Marx, K.: El Capital, I, FCE, México, 1975, pp. 40 193 Berman, M.: Todo los sólido se desvanece en el aire, Siglo XXI, México, 1988, pp. 95

74
1.Con ellas se niega la constancia de los objetos. Los objetos se disuelven en lo actual de las operaciones del observador. Observar es “siempre una operación actual de un sistema, que se compone sólo se operaciones actuales, solamente de eventos, que con su aparición se desvanecen”194. La permanencia de los objetos debe realizarse “sobre la base de diferencias de tiempo, y esto es realizable sólo en las operaciones actuales de los sistemas, que con su aparición se esfuman”195. 2.La realidad, que el constructivismo sustenta en la realidad del observador, en una teoría sistémica además es la realidad del momento. Como sea, se trata de una realidad construida sin referencia a una realidad ontológica, su referencia se encuentra más bien en las operaciones de observación que ya han sucedido. Y las operaciones las ha realizado en observador. 3.La ley de la simultaneidad torpedea cualquier principio de causalidad porque en el momento de un presente encogido cualesquiera, en el cual todo sucede a la vez, no puede existir una cuestión que tenga efectos sobre otra 196. La causa y el efecto serían imposibles de separar. 4.Con ello el principio clásico del control, es simplemente demolido. Los controles son siempre simultaneidades de control, que no aceptan causas y efectos lineares y jerárquicos, sino que heterárquicos y policontextutales. El tiempo es controlable e incontrolable a la vez. Con la teoría expuesta antes no se formula la pregunta: ¿Qué es el tiempo?, sino que ¿Cómo se construye el tiempo? o en medio de la circularidad más claramente dicho ¿Cómo en tiempos distintos, se escogen, estabilizan y transforman las distintas formas de temporalidad?. La extremadamente dinámica teoría del tiempo de la teoría de sistemas y el constructivismo, en una sociedad acostumbrada a ser por momentos cambiante, sometida al cambio y a desarrollos discontinuados, acostumbrada a las regresiones y progresos, gana en plausibilidad u fuerza de convencimiento. La originalidad temporal de la sociedad moderna y funcionalmente diferenciada es tratada con conceptos como los de escasez de tiempo y con el siguiente riesgo: Se sabe que no se sabe cómo será el futuro, y se sabe que a pesar de todo, se tiene que decidir. No se trata de las decisiones a corto plazo, sino de aquellas progresivamente impredecibles, las de espacios de tiempo prolongados. Se debe asumir la responsabilidad como decidor en
194 195

Luhmann, N.: Die Wissenschaft der Gesellschaft, Opladen, 1992, pp. 104 Luhmann, N.: Soziologische Aufklärung, Tomo 5, Opladen, pp. 42 196 Luhmann, N.: Observaciones de la Modernidad, Paidos, Barcelona, pp. 131

75
un tiempo, en el cual no hay más tiempo. Así la acción se convierte en progresivamente riesgosa. El tiempo lineal significa no solamente el ocultamiento de las paradojas del tiempo mediante la sincronización, sino que además la copia del ritmo. “Con el desarrollo en las técnicas de maquinación se trata de alcanzar con un paso rítmico de detener la regresión, donde sea posible, de los movimientos horizontales y verticales para convertirlos en movimientos circulares, de modo que se evite la pérdida de fuerza. En el lugar de la prensa de velocidad se impone la prensa de rotación rápida”197. La primacía del tiempo lineal es celebrada especialmente por la técnica. Las unidades iguales de tiempo ofrecen la posibilidad del ajuste igualado, pues en oposición al tiempo naturalmente rítmico y la experiencia de la tranquilidad contemplativa, el tiempo lineal basado en medidas y espacios de tiempo abre paso a las concertaciones y a las fechas de entrega de productos. Con la masificación de los relojes de mano, se abre paso a la distinción entre puntualidad/impuntualidad. 198 . La policontexturalidad o el tiempo contextual. La complejidad debe ser temporalizada y ésta es una función que le corresponde a la autopoiesis de los sistemas psíquicos, los sistemas sociales no pueden pensar ni tienen conciencia y por lo tanto tampoco son capaces de procesar tiempo. El tiempo es la distinción pasado/futuro – antes /después, ya que el presente el imposible de retener. Las decisiones pueden crear la quimera de la inversión del tiempo, pero su carácter contingente es tan irremediable que cualquier decisión pudo ser distinta. ¿Quién toma las decisiones, quien decide que en Chile haya en corto plazo energía nuclear? El observador, por lo que el tiempo es tiempo observado. El observador usa por lo general dos metáforas: el círculo y la línea. El observador se relaciona con eventos y su función es la temporalización, la construcción de antes/después de ese evento específico. En la presión de selectividad a la que se somete, imagina que invierte el proceso del tiempo, porque trata de calcular el futuro. La circularidad del tiempo significa que gastamos tiempo mientras lo usamos, por ejemplo hablamos del tiempo y volvemos a gastarlo. Pero no todo lo que fluye en la corriente de la conciencia es temporalizado. Por ejemplo, la reproducción de objetos temporales, llamada por Husserl recuerdo secundario (una melodía) pertenece al
197 198

Büchner, K.: Arbeit und Rhyhmus, Leipzig, 1896, pp. 23 Wendorf, R.: Zeit und Kultur, WV, Opladen, 1980, pp. 548

76
ámbito de las retenciones, no puede ser recordada por completo199 y corresponde al nivel de las percepciones inadecuadas 200. De tal manera que del flujo de objetos noeísico-neomáticos que fluyen en la conciencia, deben revelarse como una relevancia selectiva y una escisión por asombro, para que sea temporalizada. Supongamos que en este momento hubiera un terremoto: esta sería la unificación de la relevancia y la sorpresa, la sorpresa es lo inesperado y la relevancia obligada significa la angustia de la muerte. Este problema fue tratado en detalle por Schütz201. De tal manera que lo que arranca de nuestras existencias del mundo de la vida es justamente lo que se nos aparece como la différance, lo que establece un trazado que significa al mismo tiempo espaciamiento y temporalización 202. Los sucesos que acaecen en este tiempo, en el tiempo de la indiferencia, son similares a la condición de ser arrojado y a la caída, a los fenómenos de la tranquilidad, de la alienación y del enredarse en sí mismo. Esta movilidad la llamamos despeñamiento. Se proyecta en el torbellino del vacío, ese es el tiempo se la absoluta apatía, del desgano, el aburrimiento. El ver se convierte en un no-ver203. El tiempo del sentido es equivalente al ingreso a la corriente de la duración de la conciencia, eso es lo que permite la transformación de opciones en sucesos, es decir la autopoiesis del sistema. Y eso se realiza cuando saliendo de la caída se puede hablar, cuando se pueden componer frases, si es posible el relato y la disponibilidad de los signos es usada. Es decir, si se convierte a la conciencia en un sistema observador. Goldamer 204 sostiene que la mayor parte de los intentos por problematizar el tiempo usan categorías independientes de los contextos o mejor dicho se empeñan en construir un lenguaje extracontextual, así opera la física – que describe objetos muertos – y la ingeniería informática, que una el lenguaje binario (0/1) o (1/2). En las ciencias físicas ha cambiado tantas veces el concepto de tiempo que la discusión actual tiende a considerar “al tiempo como un parámetro vacío de sentido” 205. Que en la vida cotidiana acostumbramos a decir que “no pierdas el tiempo” o “que las carreras dependen del tiempo”, se debe a la dominación del mundo newtoniano, que somete nuestro comportamiento – en cuya cosmovisión el tiempo es una categoría

199 200

Husserl, E.: Vorlesungen…, 1981, pp. 395 Husserl, E.: Vorlesungen…, 1981, pp. 478 201 Schütz, A.: Das Problem der Relevanz, Frankfurt, 1970, pp. 224 202 Derrida, J.: La Differace, 1968, conferencia, pp. 11 203 Heidegger, M.: Ontología. Hermenéutica de la facticidad, Alianza, Madrid, 1982, pp. 125 204 Goldamer, E.: Betrachtungen über eine bekannte Unbekannte: die zeit, manuscrito, 2002 205 Goldamer, E.: op. cit, pp. 8

77
cuantificable 206. Una teoría cualitativa del tiempo es impensable, al menos desde las matemáticas y la física. La independencia del contexto y la cuantificación se condicionan mutuamente. Pero una teoría de las cualidades jamás puede ser independiente del contexto. Una teoría de las cualidades debe incluir a la subjetividad y no desecharla. Pero por otro lado, en la informática se usa exclusivamente un lenguaje libre de contextos. ¿Dónde se encuentran las dificultades? La respuesta es relativamente simple. El acoplamiento a contextos y los argumentos respectivos no pueden ser formulados en la lógica clásica y en las matemáticas sin arribar a contradicciones y paradojas. Pero una teoría cualitativa del tiempo tampoco se puede construir con la ayuda 207 extracontextualmente aún con la ayuda de la máquina de Turing . Goldamer procede radicalmente: para modelar dependencias de contextos, el algoritmo de la TM se debe auto-organizar, es decir, tiene que transformarse por sí solo. ¿Cómo se consigue esto? El problema se puede ejemplificar en la estructura de la definición de los verbos. Mientras que la estructura jerárquica corresponde a la figura de una pirámide: gorrión (1) Si se representan en un árbol, los verbos pueden verse de manera completamente diferente: [culebra < golpear, pegarse, pulsar > { ( pegar, golpear, …) ( pegar, apalear, sacudir ) } Pájaro animal organismo objeto

(2)

Todo esto es posible de describir en un modelo metalingüístico de jerarquías R (x) = R (1) [R(2)[R(3)[R(4)….[R(n) (x)]]] En otras palabras, se pueden representar estas relaciones de manera distinta a la forma jerárquica. Esta es una estructura heretárquica. Y esto no es solamente válido para los verbos. El concepto de heretarquía fue introducido por McCulloch208 y asumido
206

Por ejemplo Saavedra, I: Tiempo, Espacio, Movimiento. Los Pricipia de Newton. Universitaria, Santiago, 1987. Freyman, R.: El carácter de las Leyes Físicas, Universitaria, Universitaria, Santiago, 1965 207 Alan Tuning (1912-1954) describió en el año 1936 una máquina matemática simple que era capaz de ejecutar todos los algoritmos. La Maquina de Tuning se compone de un mecanismo de control con una cantidad fija de estados, un rollo infinito como almacenador y una punta de escritura y lectura. El rollo se mueve hacia la derecha o hacia la izquierda. 208 McCulloch y Pits, W: A logical Calculus of the Ideas Immanent in Nervous Activity in: Bulletin of Mathematical Biophysics, Vol. 5, pp. 115-133, Chicago, 1943

78
por G. Günther. Sus teorías echan las bases para el tratamiento formal del cambio de estructuras jerárquicas a procesos heterárquicos. Estos son los procesos que caracterizan a los sistemas vivos, a los organismos y organizaciones de los sistemas vivos. Günther hablará entonces de cognición y volición para caracterizar los principales procesos mentales. Para describir la cognición se apoya principalmente en Maturana, mientras que la volición como la capacidad de poder operar de los seres vivos 209 El problema del cambio de contexto, la construcción de “relaciones de relaciones…”, es un proceso heterárquicamente estructurado, en el cual una máquina debe ser capaz de estructurar operaciones lógicas y paralelas y simultáneamente de analizar cada paso del proceso y situar en una relación de intercambio los resultados del análisis con cada uno de los pasos, y si es necesario también de corregirlos, es decir transformarlos. El problema reside en que en el caso de los sistemas vivos, la suma de las partes es desigual al todo.

kronos y kairos Se trata de una Persistente Máquina de Tuning. Esta PLM (desarrollada por Wegner). Esta máquina contiene un ensamblaje de máquinas TM interactuando paralelamente, de tal manera que intercambien datos. El soft- y el hardware de la PLM es una unidad dialéctica. La dialéctica no es una acción sino que existe solamente en el pensamiento, y el pensar es un proceso y ningún estado en el sentido de la física. El pensar y la dialéctica se producen en el tiempo. Todo esto se consigue con la lógica policontextural. Al lado de los valores m, que siempre representan algo y son el signo de aquello, se sitúa el managament de contexturas, lo que Günther llama Kenogramática. De las Kenoestructuras resulta una malla, esta es una estructura en la cual los dos valores de la lógica aristotélica, que a su vez reflejan contexturas, sin que coincidan, colapsan. Según la diferenciación de las categorías de iteration y de la posición de una secuencia, resultan tres distinciones kenogramáticas fundamentales, que se designan como Proto- Deutero- y Tritio- estructura. Por lo tanto, el tamaño del Morfograma no está determinado por los cuatro kenos (símbolos vacíos). Sobre la base de Keno-estructuras se fundamenta la Kenoaritmética, una teoría de los números cualitativos. Estos son números “planos”, en los cuales lo decisivo no es el valor, sino la estructura. Estos números tienen por lo general muchos números siguientes y no sólo uno.
209

Günther, G.: Erkennen und Wollen en: Das Bewutssein der Maschinen, AGIS, Baden Baden, 2002, también en Vordenker (formato pdf)

79

Lo fundamental es que las contexturas particulares con la ayuda de los números cualitativos se pueden indexar. Estos son números en los cuales lo decisivo es la estructura, el pattern. Con ello las contexturas mismas se convierten en objeto de cálculo y permiten recordar que calcular es almacenar y almacenar calcular.

En el cuadro de arriba se muestran 15 morfogramas que corresponden a 16 funciones lógicas de la lógica binaria. Las estructuras: en la mitad izquierda se encuentran los dos símbolos correspondientes a la lógica de dos valores. En la mitad derecha se encuentran las estructuras correspondientes a los dos símbolos. Si se observa el cuadro 3 y se observan las contexturas, los tránsitos entre ellas, los tránsitos inter-contexturales, desde el punto de vista lógico no son afirmaciones, sino que describen negaciones (reyecciones), por ello se habla de un lenguaje negativo en la lógica policontextural. Esta descripción tiene sentido sólo como descripción de procesos, pero no de estados. Los estados se describen sólo y únicamente intra-contexturalmente. Con otras palabras, intracontextural se describen los objetos de la física, inter-contextural se los describen procesos mentales, es decir, las cogniciones y las voliciones. Por ello, intra-contexturalmente es valido el enunciado de la identidad. Inter-contexturalmete es decir entre las contextutas no se puede hablar de identidades distributivas, porque es un absurdo. Las descripciones intra-contexturales son estructuras siempre jerárquicas, mientras que las inter- contexturales son procesos estructurales heterárquicos. La concepción policontextutal del tiempo contiene lógicamente cada una de las concepciones pensable en la física. Pero son los

80
tránsitos inter-contexturales y su resultante estructura y procesualidad heterárquicas (no-transitivas), los que conducen a la concepción de tiempo de la filosofía o en general al tiempo subjetivo o temporalidad, tal como se describe en la fenomenología de Husserl. En una descripción policontextural el tiempo puede interpretarse como el cambio de designación de la pseudo-objetividad de los procesos mentales hacia el dominio de los objetos bona fide. “El tiempo es, desde el punto de vista teórico-estructural, no otra cosa que la activación de una relación de discontextualidad entre el pasado y el futuro” 210. En síntesis se puede afirmar que un sistema vivo, se caracteriza por que sincroniza sus operaciones y procesos con el entorno. Para ello tiene que poder percibirlo. Es decir, tiene que tener un lugar y desde ese lugar, poder observar al entorno. Para ello debe ser un sistema operativamente cerrado, pero cognitivamente abierto a las irritaciones provenientes del entorno. La cognición es circular, y es la cognición la que garantiza esa sincronización. La cognición es incontrolable desde la sociedad 211. Cuando hablamos más arriba de la circularidad de los contextos en los cuales insoslayablemente el mundo se produce y se observa, el contexto es una estructura social primordial, que se construye mientras se construye, es decir representa el acoplamiento rígido de los signos indexicales que se sitúan en el sustrato medial externo y opera como medio y forma a la vez. Esto es posible sólo por su carácter circular, el de estarse haciendo mientras se está haciendo. Es la forma del medio de los signos indexicales, y es la forma de las explicaciones prácticas, lo que configura el leguaje normal. Por ello es que la circularidad del tiempo tiene la forma de una intercontexturalidad y no la forma de dos lados, como en Spencer Brown. Bajo la hegemonía del tiempo lineal la circularidad de la cognición y del tiempo se invisibilizan. Precisamente en el cambio de la jerarquía a la heterarquía, se describe que el sustrato medial – la indexicalidad de los signos – que obedece justamente a los fundamentos de la Kenoaritmética, solo que en la Kenoaritmética de trata de números cualitativos, de los cuales importa sólo la estructura y no el valor de los algoritmos. ¿Dónde “se domicilia” el signo indexical, o dicho de otra manera, donde adquiere estructura? En la inter-contextualidad del contexto. El acoplamiento laxo de signos indexicales es invisible, es el medio en la forma del contexto. Pero la construcción del contexto no usa una sino que múltiples signos indexicales, luego es policontextural, circular, y su estructura
210

Günther, G.: Time, Timeless and Self-Referential Systems, en: N.Y. Acd. Sci. 138 (1967) pp. 397-406. 211 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 126

81
temporal obedece exactamente a la definición de Günther: es la activación de una relación de discontextualización entre pasado y futuro. El presente continúa siendo inasible. Goldamer arriba a la conclusión que el tiempo es contextual. Se realiza circularmente: se hace mientras se hace. La supuesta independencia de contextos significa la limitación de descripciones formales, reducidas a cuantidades y objetos y es, por lo tanto, errónea. Una teoría de las cualidades nunca puede ser independiente de los contextos. Las frases dependientes de contextos en el campo de la lógica clásica y en las matemáticas son contradictoras, sólo producen dificualtades. Por ello es que Günther desarrolla sobre la base de la lógica de Hegel, una lógica operativa diferente en sus axiomas de la lógica binaria aristotélica. Estos axiomas aristotélicos son: Primer axioma. Enunciado de la Identidad. “Todo es en sí idéntico y distinto de lo otro” Ejemplo: Si alguien dice que es católico, entonces no puede ser protestante o musulmán. Segundo axioma. Enunciado de la contradicción. “De dos expresiones, que dicen lo contrario una de la otra, una debe ser falsa” Ejemplo: El señor X es protestante. El señor X es católico Tercer axioma. Enunciado del tercero excluido o del tertium non datur. “De dos frases, una de las cuales expresa el contrario perfecto de la otra, una de ellas debe ser correcta” Ejemplo: El señor X es católico. El señor X no es católico Cuarto axioma. Enunciado de la razón suficiente.”Todo tiene una razón, por qué es así y como es”

Por ejemplo, algunas muestras sobre el tiempo: i.la reacción a un chiste de doble sentido, en el cual hay décimas de segundo para reaccionar 212 ii.un relato: alguien en bicicleta va por el otro lado de la calle y grita en ese mismo momento “Cállate la boca”

Von Foerster, H. : Time and Memory, en: Annales of the New York Academy of Sciences, 1967, pp. 866-873

212

82
iii.el tiempo para ordenar en un restaurante es coro. Hay que encomendarse a Dios cuando se ordena. iv.el que camina por el espacio de rayado de cebras debe elegir el momento preciso para atravesar la calle, porque será ignorado por el conductor del coche que viene, sino será atropellado (señalización del ausente conciente) v.el que tiene que contestar rápido una pregunta, para no aparecer como sordo, debe calcular el tacto del tiempo Todas estas son situaciones de alta complejidad, en las que se debe encontrar en un tiempo en extremo corto, la decisión correcta y oportuna (kairos). El método adecuado consiste en organizar sistemáticamente las capacidades de procesamiento de información, es decir el sentido y operar volitivamente en su oportunidad (kairos). Esto significa que la capacidad de procesamiento de información del propio comportamiento debe ser una ayuda a la construcción del sentido. Estos procedimientos interpretativos dejan en claro que los actores sociales en la vida cotidiana, con la ayuda de la razón práctica, se comportan como teóricos prácticos y como metodólogos prácticos. Si “el tiempo, observado estructural y teóricamente, no es otra cosa que la activación de una relación de descontextualización ente pasado y futuro” 213 , entonces un concepto policontextural del tiempo incluye intracontextualmente cualquier concepción físicamente pensable del tiempo. Pero se trata de transiciones inter-contexturales, de las que resultan estructuras de procesualidad heterárquicas, las que conducen a una concepción del tiempo práctico y vivo. En la filosofía es equivalente al tiempo subjetivo o temporalidad, un concepto que para ingenieros sería demasiado ambiguo. Pero no para lo sociología. El Kenograma consiste en la “inversión” de una función lógica. Esta inversión se deriva de la inversión de una función matemática. La inversión de funciones tiene dos propiedades. El primer punto se remite a la conservación del dominio de x y a su rango antes y después de la inversión. El segundo punto se refiere a la posibilidad de que una función única le pueda ser asignados valores múltiples. Con la emergencia de la inversión Kenográfina, la variable dependiente se convierte en independiente. Por eso recibe el nombre de lógica policontextural. Una secuencia particularidad de los kenogramas es llamada por Günther morfograma M. Sin embargo, M no es invariable a permutaciones en el arreglo secuencial de los valores de la variable independiente. Es decir 214 y = f (x) se convierte en y = x ²
213

Günther, G.: Cognition and Volition, en: Beiträge zur Grundlegung einer operationsfähigen Dialektik, Tomo II Meiner Verlag, Hamburg, 1979 214 Von Foerster, H y Günther, G.: The logical Structure of Evolution and Emanation, en: Am. N.Y. Acad. Scie. 183 (1967) pp. 874- 879

83

Por lo tanto Y

y = x x = ±√ y

Las estructuras de los kenogramas son dependientes de la estructura del tiempo en la realidad. Para ello Günther desarrolló dos conceptos, las estructuras emanativas y evolutivas. Por supuesto que existe incertidumbre si el universo es emanativo o evolutivo, por consecuencia se trata de considerar ambos conceptos como complementarios. “But as far as they do not agree, we like point out that we do not consider emanation and evolution as mysterious processes with properties per se. exactly the contrary is the case. We stipulate certain properties and say afterwards, this is what we call emanation and that we call evolution. In fact, we have already done so by levelling the relations between shorter and longer kenogramic sequences evolutive and the relation emerging from horizontal order of sequences emanative” 215. Si con Gotthard Günther se puede exponer la relación entre las dos distinciones del lenguaje como una forma “proemial relationship”, esto quiere decir que una distinción no puede tener una relación simétrica de intercambio sino una relación tiene de ordenamiento porque singulariza la condición de posibilidad de distinguir, entonces una “relación de …relaciones” permite exponer las cualidades del tiempo como multi- contextuales: a) a un relator con b) un relatum (un observador y un objeto) bajo condiciones de auto-referencialidad, lo que implica siempre 4 “relata” como mínimo (dos distinciones). Se trata, en el caso del tiempo, de relaciones complejas que presuponen al observador, y que exponen al tiempo como multi-contextual 216. Con ello el proyecto del Goldhamer resulta perfectamente plausible que las variables E (energía) y p (impulso) pertenecezcan a la realidad ficticia y que las dimensiones t (tiempo) y r (lugar) son al contrario las variables con las cuales se forman el cuadro de la realidad. Para formar un cuadro de tal naturaleza deben acoplarse la realidad al cuadro descrito. Esto quiere decir, que las variables E, p, t, r deben entrelazarse entre sí, lo que por lo general se hace a través de la siguiente fórmula: f (E,t,p,r) = 0 1.Una contextura es un dominio en el cual todas las reglas conocidas de la lógica encuentran total aplicación. Una Günther, G y Von Foerster, H.: The Logical Structure of Evolution and Emanation, en www.vordenker.de 216 Günther, G., op. cit., 1979; Esposito, E.: Ein zweiwertiger nicht-selbständiger Kalkül en: Dirk Baecker (ed): Kalkül der Form, Frankfurt, 1993, pp. 96-111
215

84
contextura es un ámbito en el cual tanto la lógica de 2- valores o bien la lógica policontextural podrían ser descritas. Entonces, 2.En el segundo caso el operador Ō y el operado Ο circulan heterárquicamente y la heterarquía se construye intercontexturalmente. Se trata entonces de una relación proemial. 3.Partiendo de Hegel, la diferencia del ser y el no-ser da lugar a la negación de la negación. Porque, como el tiempo, todo lo que es, es. Y en la medida que es, no-es. De allí se desprende el lenguaje negativo desarrollado por Günther. 3.Una kenogramática es el lenguaje de la policontexturalidad, en la cual el cálculo de la indicación de Spencer Brown (CI) está implicado. Solo que se distingue entre distinción cognitiva y volitiva (distinción – indicación). En el llamado “drow a distintion” hay una distinción implícita: la distinción entre decisión y distinción, pues nada se puede distinguir sin antes decidir. De estos escondrijos se llega a la concreción técnica del CI (CF) a) Las leyes del principio, calling y crossing b) La abstracción de la simetría y asociatividad de las operaciones c) De la unicidad del espacio y del observador, de la cual surge la reflexividad d) Y la convención, de que los signos vacíos no deben ser notados 217. En síntesis, una ciencia policontextural presupone mucho, tanto en racionalidad científica, como la más de las más complejas teorías de la física. Probablemente sea ese el motivo por el cual los trabajos de Günther ni en la filosofía ni en la sociología, incluido Luhmann, hayan encontrado eco. En efecto, al margen de algunas líneas en La Ciencia de la Sociedad en las que señala que:”entre otras cosas, la policontexturalidad es una condición para vivir lo históricamente nuevo. En nuestro concepto policontextural quiere decir que la sociedad crea numerosos códigos binarios y los programas que dependen de éstos, y que además empieza con creaciones de contextos que tienen diferenciaciones muy distintas (últimamente, de nuevo: hombres/mujeres). La lógica tampoco se escapa a esta regla, sin embargo, puede entender su contexto específico como la simplificación de la policontexturalidad” 218.

Kaehr, R.: Kalkül für Selbstreferentialität oder selbstreferentielle Kalküle? En: Forschungsberichte 228, pp. 16-36. FB Informatik Universität Dortmund, 1990 218 Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, Antropos, México, 1996, pp. 468

217

85
El problema es determinar la relevancia empírica de los kenogramas, realizando el ideal de Günther, la unidad entre idea y número. Esa es la pregunta del millón por que entonces tendríamos una lógica y unas matemáticas cualitativas. La policontexturalidad de Günther es de tal complejidad e insuficiencia práctica, que su recepción ha sido hasta ahora prácticamente tangencial. Sería una empresa imposible tratar de abarcar los conceptos del tiempo hasta hoy existentes. Sobre todo, dejamos de tratar (por ahora) el trabajo de Varela “Conciencia del tiempo presente” 219 Goldammer ha tratado de fundamentar una Teoría de sistemas policontextual 220. Consideramos estrictamente necesario describirla y comentarla la policontexturalidad (PLK), y esto es lo que la diferencia de otros cálculos lógicos, en un cálculo lógico en redes, en el que la relación de las contexturas particulares y sus y sus proposiciones se regulan con la ayuda de múltiples negaciones, juntores y transyuncciones. La transyunción es un acto lógico de reyección. En el mundo cuya realidad es des-contextual, debemos suponer que hay contexturas de mayor y menor cohesión en contenido, y que los valores de contexturas más fuertes en el espacio de contexturas más débiles, pueden introducirse como perturbares. Por consiguiente, la auto-referencia por ejemplo, de procesos cognitivos y volitivos se puede modelar sin contradicciones. En cada lógica mono-contextural es válida la expresión: A = ¬ A ( ¬ significa negación, por lo tanto A_es igual_NO_A) de tal manera que A no es ninguna expresión. Una expresión lógica es o verdadera o falsa. Es lo no o lo otro, no puede aceptar valores (principio de la contravención de la contradicción), tampoco puede aceptar un tercer valor (prohibición del TND). Aquí se encuentra justamente el problema, en que la descripción formal de los sistemas y procesos vivos no pueden ser expresados nono-contexturalemente, salvo que se acepten las expresiones lógicas circulares de la cibernética de segundo orden, de los sistemas observadores, cuestión a la cual se niegan los PLK. Ahora bien, vamos a elegir un ejemplo, para retratar cual es fa forma de modelar de una teoría de sistemas de este tipo: el de la auto-referencia y la cognición. El proceso de percepción es un ejemplo clásico de auto-referencialidad. Junto a los proceso cognitivos existen también procesos volitivos, que con los anteriores se condicionan de manera interdependiente221. Nos remitimos a los procesos cognitivos, que configuran la propiedad fundamental de los sistemas autopoieticos, tal como los entiende Maturana, autónomos y operativamente cerrados. Por lo tanto

219

Varela, F.: Conciencia del tiempo presente, en: El fenómeno de la Vida, Dolmen, Santiago, pp. 317-363 220 Goldammmer, E.: Eine ply-contexturale Systemtheorie und deren Konsequenzen, en Vordenker, mayo de 2000 221 Günther, G.: Erkennen und Wollen, : http://www,vordenker.de

86
“La cognición es la capacidad de un sistema por sus propios medios, de realizar una distinción entre sí mismo y su entorno” 222 Se trata obviamente de una definición discutible, pero que en general puede aceptarse. Esta capacidad supone necesariamente la existencia de un entorno (desde el punto de vista del sistema) y no solamente desde el punto de vista del observador del sistema. Entonces se formula la interrogante, si en punto de vista del sistema en distinto el del observador ¿cómo es que lo podemos saber, ya que vivimos en mundo observado y la misma observación de Goldhammer no puede ser sino la observación del observador? Agrega el autor “como hoy por regla general en concepto de ‘entorno’ ingenuamente se acepta”(¿). Goldammer olvida que la cerradura operativa significa precisamente que el sistema no posee ningún contacto con el entorno, salvo el que, mediante la cognición que opera en el dominio del sistema nervioso, percibe en la forma de la irritación. En todo caso el modelo resulta de la descripción esquemática de los procesos cognitivos:

El operador O_ se convierte en el operando O y viceversa. La primera línea simboliza el sistema percibiendo con el objeto y en la segunda línea se encuentra el sistema con la imagen del sistema y el objeto simbólicamente descritos. Debo confesar mi estupefacción. En primer lugar se anuncia que se tratará de la cognición, luego por obra de magia ya no se trata de cognición sino que de percepción. En segundo lugar ¿cómo aparece la “imagen” del sistema en la segunda línea? La repuesta en el sentido que los dos procesos no deben separarse, me parece francamente insuficiente. En seguida, como simplificación del esquema anterior, se presenta uno circular, gobernado por una máquina fantástica que une operador u operando. Estas inconsistencias y otras que opcionalmente omito, dan la impresión de que la propuesta de una Teoría de sistemas policontextural no tiene la más mínima posibilidad de funcionar. No es posible reducirlo todo a la lógica, si la teoría se propone describir procesos mentales, debe por lo menos esclarecer la diferencia entre cognición y percepción, conceptos que pertenecen a dominios diferentes y son radicalmente distintos en su operar. Si esas condiciones mínimas no se cumplen, aún menos será posible contar con ella para procesos socio-lógicos.

222

Goldammmer, E.: Eine ply-contexturale Systemtheorie und deren Konsequenzen, op. cit., pp. 6

87
Una teoría de sistemas que permanece atada a la lógica de los sistemas observados, no tiene cabida en el mundo de hoy. ¿Quién construye la imagen del sistema? A simple vista se trata de idealizaciones que en absoluto rigurosas.

El factor r de la comunicación de entrelazamiento y la “idealización” del teorema de la identidad de la etnometodología En el marco de la ejecución práctica de la observación de segundo orden, más adelante hemos descrito la necesidad de entrelazamiento entre ella y la observación de primer orden. En este sentido, Baecker, en aproximación a uno de los acuerdos finitos del cálculo de Spencer Brown, define identidad como un acuerdo entre dos o más participantes en la comunicación incluyendo observadores de primer y segundo orden. El observador de primer orden indica lo que es de su interés, mientras que el de segundo orden mira la distinción que usó éste para identificar la indicación e incluye todo lo que al observador de primer orden no consideró porque no fue de su interés, es decir, el “unmarked state”. El observador de segundo orden comunica entonces sus observaciones como objeciones de contingencia considerando la indicación del observador de primer orden y los casos de su posible interés, en orden a definir el contenido del “unmarked state”. Recordemos que contingencia significa una modalidad que redunda en que cualquier indicación pudo ser distinta. Contingencia es lo que no es necesario ni imposible. La identidad es un argumento que se ofrece en la fase de contingencia, en la que los interlocutores pueden acordar o ponerse de acuerdo en torno a ella. “Thus, identity concludes a three-spet sequence of comunication: (1) indication, (2) racing of an objection, (3) agreement upon an identity that settles the contingence of both the indication and the objection”223. Como el lado no marcado no existe para el observador de primer orden, y para el de segundo orden sólo como marca de indefinición, “the second-oder observer, himself becoming a first order observer, would have to indicate the unmarked state, thus transforming it into a marked state exhibiting an unmarked state as well”224 r sería entonces la indicación de un “state” que consiste en el lado marcado y el comienzo contingente del lado no marcado, por ahora marcado de una distinción. Si asumimos que la comunicación consiste en
223 224

Baecker, D.: Lenins Twist, or the R-Factor of Comunication, manuscrito, 2003, pp. 3 Ibídem, pp.4

88
el intercambio de una identidad que marca a otra identidad (“the difference to make the difference”)225, en la que tanto el observador de primer orden como el de segundo coinciden en indicar cómo se configuran el lado marcado y el no marcado de la distinción. Usando la figura del re-entry, el factor r se podría exponer como arriba. Ahora bien, Baecker expone el factor r de la comunicación para describir la estrategia de Lenin, que consistió fundamentalmente en persuadir a los observadores de primer orden induciéndolos que r debía ir cambiando según las etapas de la revolución. Por lo tanto se trata, en el discurso de Baecker, r consiste en la consecución de identidades que destacan la asimetría del cross a objeto de obtener nuevas formas de control en la comunicación, por lo que el uso de r puede ser activo o pasivo. Este entrelazamiento puede ser entendido también de forma fuertemente restrictiva, tal como recomienda la metódica empírica del análisis conversacional etnometodógico, en cuyo caso ya no se trata de un modelo de management estratégico para asaltar el poder del Estado como en Lenin y los bolcheviques, sino de algo bastante distinto: de las potencialidades empíricas de la teoría de sistemas. Si tenemos delante las once tesis acerca de la observación, en ese mismo sentido, Nassehi ha esbozado la siguiente propuesta para precisar las potencialidades empíricas de la teoría de sistemas: Si una metodología empírica en la teoría de sistemas debiera consistir en un procedimiento interpretativo, que no se autolimite a formas de atribución no-causales, entonces la pregunta central consiste en definir para qué tipología de problemas puede ser útil esa praxis como estrategia de investigación. El marco de referencia de los problemas es probablemente siempre la superación de la contingencia. En cambio, lo más relevante es describir el marco de referencia de cada uno de los problemas empíricos y sus interrogantes, y esta es una tarea de investigación. Ella no se resuelve desde la naturaleza del “material” fáctico, sino que proviene de observaciones sociológicas que con relación a soluciones prácticas, explore constelaciones problemáticas equivalentes. La perspectiva de investigación de la teoría de sistemas debiera ser, entonces, a) Una perspectiva hermenéutica-interpretativa, que similarmente al mentado círculo hermenéutico, configure una especie de círculo funcionalista y que en la configuración de dicho círculo aprenda y trabaje las potencialidades del tema y ámbito de investigación específico; b) Por otro lado, se trata de una perspectiva etnometodológica, que se interese por las prácticas en uso de la realidad en construcción y que se distinga tanto de la sociología del conocimiento, como de la autolimitaciones de una etnometodología encuadrada en la estrechez de los contextos (indexicales) de observación, y que considere a la sociedad
225

Bateson, G.: Cultura y comunicación, Amorrortu, B.A., 1986

89
en la que emergen esos contextos. La investigación etnometodologica – así Nassehi - frente a dichos contextos, carece de la confianza suficiente en su propia autosuficiencia226. Justamente en esta misma perspectiva, es que hemos venido trabajando desde hace algún tiempo227, lo que no significa que el esbozo de Nassehi resulte extemporáneo, sino que demasiado amplio y por lo tanto ambiguo, sobre todo si se tiene en cuenta que la observación de segundo orden que opera en medio del uso del factor r de la comunicación de Baecker, debe ser una operación empírica. Es de esperar que el “círculo hermenéutico funcionalista” deje de ser una incógnita, sobre todo si el reproche de Schütz a la obra de Parsons – su indiferencia por la “perspectiva subjetiva”228 de los actores sociales – hasta ahora no se ha respondido satisfactoriamente. En la enumeración de los diversos parentescos del acuerdo de identidad que codetermina al factor r, Baecker , propone asumir “that such an identity enfolding a distinction into a realm of the distinguished may be conceived as an eigen-value of recursive comunication, as the in-formation of a social system, and as a product and precondition of comunications”229. De allí su parecido con un “frame” “of any given message as one selecyed from a set of possible messages”, en aproximación a Goffman230. La identidad trabajaría como el discurso de Foucault o como el comodín de Serres. Corrigiendo el teorema de la identidad de la EM Siguiendo cuidadosamente la propuesta de Nassehi, en nuestra opinión, el factor r de la comunicación sólo tiene significación empírica en el marco del teorema de la identidad de la etnometodología. Según el teorema EM de la identidad, los sucesos (no las acciones en el sentido de Parsons) y sus explicaciones prácticas no configuran dos dimensiones separadas una de la otra, por lo que tampoco pueden ser aisladas. Las explicaciones prácticas como descripciones y descripciones de descripciones prácticas que producen y reproducen autorrecursivamente un orden significativo en el mundo social. La transformación de opciones en sucesos es plausible sólo por el carácter “prácticamente descriptivo” de

Nasehi, A.: Rethinking Funktionalism. Zur Empiriefähigkeit systemtheoretische Soziologie. Bielefeld, Mayo 2005 227 Robles, F.: Sistemas de Interacción, manuscrito, 2005. También Robles, F.: El análisis conversacional desde la etnometodología, manuscrito, 2003 228 Schütz , A y Parsons, T.: Zur Theorie sozialen Handelns. Ein Briefweschsel, Suhrkamp, Franturt a.M., 1977 229 Baecker, D.: Lenin’s Twist, or the R-Factor of comunication, op. cit, pp. 4 230 Goffman. E.: Frame Analysis, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1980

226

90
“las descripciones recíprocas de lo que pasó, de lo que está pasando y de lo que pasará (o no) en el futuro”231. Los eventos de la sociedad no adquieren sentido únicamente en el acoplamiento a los contextos en los que se realizan232. Las estructuras significativas de una constelación de eventos deben ser entendidas en su ejecución práctica como un proceso de auto-organización. Sólo de este modo es posible cautelar la autorecursividad (accountability)233 de los sistemas de interacción. Tipos de eventos tales como los exámenes de grado, los juegos de azar, las cátedras universitarias y otros tantos asumen un carácter auto-explicativo en la medida que la secuencia del entrelazamiento de sus sucesos parciales se convierte en razonable y reconocible: es decir, prácticamente descriptible. No es que los sucesos y eventos sean distintivos porque necesiten accounts de justificación y disculpa, como en los trabajos de Scott y Lymann234, sino que la actividad del suceso es idéntica con su explicación/definición de la misma, y es esta representación figurativa la que corresponde describir por la sociología. El teorema EM de la identidad significa que la realización de sucesosacciones sociales siempre va acompañada de la comunicación de “explicaciones prácticas”, que deben ser socialmente observables. Las propiedades más importantes de las explicaciones prácticas se pueden resumir de la siguiente manera: 1. Las explicaciones prácticas están provistas de una reflexividad esencial. Esta función reflexiva elemental manifiesta a su vez dos aspectos complementarios: a) Por una parte, sirve para construir y demostrar el orden y la estructuración de una situación en un entorno específico; como tal, es un recurso de mantenimiento del ordenamiento autopoiético de la interacción. Las explicaciones prácticas no importan recursos, sino que los generan autónomamente. b) Por otra parte, las explicaciones prácticas al ser un componente de esa situación, obtienen su sentido e inteligibilidad como “evidencia-del-orden-social” cuando se vincula precisamente a esa situación. Es decir, se trata de fenómenos de auto-referencia basal en la medida en que crean sus propias estructuras.

231

Wieder, L y Zimmerman, D.: Regeln im Erklärungsprozess. Wisenschaftliche und etnomethodologische Soziologie, en: Weingarten y Sack: Ethnomethodologie. Beiträge su einer Soziologie des Alltagshandelns, Suhrkamp, Franfuurt a.M., 1976, pp. 105-129 232 Wloff, S.: Ethnomethodologie und Konversatiosanalyse, manuscrito, 2004, pp. 17 233 Garfinkel, H.: Studies in Ethonomethodology, NJ, 1967, pp. 33 234 Scott, M y Lymann, M.: “Verantwortungen”, en: Steinert, H. (ed.): Symbolischer Interaktion, Klett, Stuttgart, 1973, pp. 294-315

91
2. El carácter reflexivo de las explicaciones prácticas es usado permanentemente por los miembros de la sociedad para hacer visibles las propiedades racionales de sus decisiones y de sus acciones coordinadas. Pero de la misma manera como ocupan la reflexividad, los miembros de la sociedad ignoran el acoplamiento estructural de sus explicaciones al contexto; más claramente expresado: consideran esta función de otorgamiento de racionalidad como evidente y no tienen interés en indagar en su reflexividad. Con ello, la reflexividad es el punto ciego de las explicaciones prácticas. 3. Este desinterés esencial por la reflexividad de las explicaciones prácticas (Garfinkel), remite directamente a las propiedades del fenómeno de la indexicalidad. Debido a que las imprecisiones y ambigüedades indexicales no pueden suprimirse completamente, la prueba de validez de una proposición o sus “pretensiones de racionalidad” (Habermas) sólo puede alcanzarse con relación a objetivos y fines prácticos. En este sentido, todas las explicaciones son explicaciones prácticaspara-todas-las-propuestas-prácticas involucradas en cada una de ellas, cuya validez se obtiene en última instancia del acoplamiento reflexivo al contexto respectivo de acción. La racionalidad de las explicaciones prácticas es una racionalidad que depende del observador. 4. El hecho de que las explicaciones sean siempre explicaciones prácticas deja entrever las razones de la inexactitud congénita del lenguaje. De este fenómeno da cuenta de forma particularmente radical la obra de Wittgenstein. La propia constatación de inexactitud de Garfinkel no exime ni siquiera a sus propias formulaciones; efectivamente, cuando Garfinkel identifica “account” con “to make accountable” – “explicación práctica” con “hacer prácticamente explicable” – pareciera ser ilógico. Una salida a este círculo incoherente puede encontrarse en la siguiente constatación: dondequiera que se ejecuten, las explicaciones prácticas no explican el sentido de su “objeto” porque en estricto rigor no pueden ni deben hacerlo, sino que únicamente lo “hacen explicable” en la medida en que ponen de manifiesto una marca, una cesura, trazan una distinción y esta distinción es transformada y “ofrecida” en calidad de entre quienes mediante imputaciones indicación 235 consensuales vagas, ponen es uso algo que es la explicación. Una explicación práctica no manifiesta una distinción: es una distinción. Por lo tanto, una explicación práctica es únicamente la promesa de una explicación, pero una promesa que el
235

Spencer Brown. G.: Gesetze der Form. Op. cit. pp. 10

92
destinatario, para no parecer mal intencionado ni incompetente, tiene que avalar con credibilidad manifiesta y que el remitente (ego y alter respectivamente) obligadamente debe considerar como provisoriamente aceptada236. 5. El pulso de las explicaciones es coherente con el ritmo de las distinciones. Quien auto-explique una acción, del tipo que sea, usa y maneja distinciones, esto lo convierte en observador. Las explicaciones prácticas son el espejo de la temporalización de los sistemas de interacción. Los sistemas temporalizados se someten a su permanente descomposición y a una constante presión de reproducción y reiniciación. Si de este modo, mediante explicaciones prácticas recíprocas, se construye un mundo “real y compartido” de observaciones de primer orden, ellas deben ser visibilizadas en sus condiciones de constitución sin dejarse seducir por sus resultados superficiales. La observación de segundo orden presupone que el observador domina a la perfección el uso del lenguaje de los observadores de primer orden y por ello dispone de las competencias comunicacionales necesarias para participar de la observación de los contextos indexicales y comprender el sentido de las explicaciones prácticas237. Sin estos requisitos, de r resulta sólo una de las tantas explicaciones prácticas contingentes de los eventos de la sociedad. Por otro lado, si las explicaciones prácticas son descripciones de observaciones de primer orden, su ordenamiento indexicalmente construido, es el material que expone los contenidos de los “marked state” de los observadores de primer orden. Si en la puesta en uso de r, la objeción en medio de la contingencia debe generar resultados empíricamente plausibles, el observador de segundo orden debe impedir que un aumento de inseguridad (en medio de situaciones de doble contingencia) termine con el rechazo de la comunicación. Por ello, el observador de segundo orden debe incluirse en las metódicas de mantenimiento de la continuidad de la interacción. Una de las posturas metodológicas más importantes que guían la práctica de investigación de los EM es el principio de la indiferencia etnometodológica. Si faltan esos requisitos fundamentales por parte del observador de segundo orden, lo más probable es que el factor r produzca simulacros carnavalescos de la observación de observaciones. Por ejemplo, descripciones resultantes de la subjetividad incontrolada del observador, descripciones de presuntas “motivaciones” de parte de los observadores observados, o narraciones que implícitamente se aproximan al paradigma constructivo inaugurado por Durkheim, que dogmatiza la quimera de que los fenómenos sociales son objetivos y se denominan
236 237

Véase Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, op. cit., pág. 82 Wolff, S.: Ethnomethodologie und Konversatiosanalyse, manuscrito, 2004, pp. 16

93
“cosas” en su sociología. Es por ello que, en nuestra opinión, la idea de un círculo interpretativo de inspiración neo-funcionalista – como propone Nassehi – es incompatible con una observación de segundo orden que se identifique con el paradigma constitutivo de la sociología, como propuso Alfred Schütz238. El funcionalismo de Parsons pertenece al paradigma constructivo de la sociedad. Nuestras objeciones apuntan al fondo del teorema de la identidad. Sobre todo si tenemos en cuenta que la autopoiesis de la conciencia adquiere sentido de modo distinto a la autopoiesis de los sistemas sociales y el tiempo. Percibir y pensar sólo pueden realizarlo los sistemas psíquicos, mientras que los sistemas sociales sólo pueden comunicar. Los sistemas sociales son capaces de diferenciarse, las conciencia primordialmente de temporalizarse. En estricto rigor, solo la comunicación comunica. Para ello no se requiera un observador pensante, basta con la selección tripartita de la comunicación. La correspondencia entre “percepción” y “comunicación” está siempre sometida a la sospecha de la mentira y el engaño 239. De esta manera, los contextos de acción son entendidos por la EM como auto-explicables y auto-referenciales en la medida en que se organizan como auto-validados como un aspecto primordial del mundo significativamente articulado. Así por ejemplo, un hospital puede ser considerado como una constelación de acciones, que se auto-organiza como un encadenamiento de actividades, es decir, como un sistema organizacional de comunicaciones. Una conversación entre enamorados que se auto-temporaliza es auto-referencial no porque ambos se aíslen del mundo, sino porque ambos le otorgan sentido al mundo (al de cada uno de ellos, al de ambos, al de los otros, al de la sociedad en la que “construyen que habitan”) y autoconfiguran la recursividad de sus operaciones comunicativas. Las explicaciones prácticas, dice la EM, que se comunican en calidad de instrucciones de anuncios, o accounts, no son sucesos lingüísticos que se producen y perciben más allá o divorciados de los acontecimientos enmarcha. Esto significa que los miembros de una sociedad no entablan conversaciones entre sí y además separadamente hacen explicable su comportamiento y la situación respectiva mediante actos sui generis de “conversación” según la EM. Pero este es justamente su error. Basta recordar “el manejo de las impresiones y la interacción de etiqueta” de Goffman240. Respecto de lo anterior, Garfinkel insiste que las actividades cotidianas mediante las cuales se producen y reproducen las constelaciones de acción y comunicación y la estructura social (por ejemplo, la familia, la capa social, etc.) son idénticas con los métodos que
238 239

Schütz, A.: La construcción significativa del mundo social, Paidós, B:A., 1987 Goffman, E.: La presentación de la persona en la vida cotidiana, Buenos Aires, 1971 240 Gofman, E.: Ritual de Interacción, Buenos Aires, 1970

94
los miembros de la sociedad ponen en uso precisamente para hacer explicables, observables y comunicables dichas constelaciones de acciones, lo cual es impreciso. No es posible presuponer una estructura social desde las descripciones de los observadores que unifique dos ámbitos absolutamente divorciados, como son, por un lado, la cognición y la percepción y la comunicación correspondiente a la descripción de los mismos. En efecto, la cognición opera en el dominio operativamente cerrado del sistema nervioso241, mientras que el dominio de las descripciones pertenece al observador, quien opera en dos dominios operativos superpuestos: como sistema vivo opera en el ámbito de la autopoiesis, pero como observador opera en los ámbitos consensuales, en interacción con otros organismos242. Algunas de las fuentes de inspiración de este teorema de la identidad en la EM son las investigaciones de Edmund Husserl, quien sostiene que para los seres humanos que habitan en la “actitud natural” de la cotidianeidad y que dirigen su atencionalidad a objetos y acontecimientos del “mundo de la vida”, este mundo se presenta en calidad de experiencia pre-predicativa; de esta manera, se reproduce permanentemente la existencia del mundo como tipificado y conocido. Pero Husserl subrayó también la estructura cerrada de la conciencia, sobre todo el la forma de estar-siendo de la noesis 243 La tesis de la EM en el sentido de que los seres humanos hacemos explicable el mundo en la simultaneidad de percepciones apropiadas corresponde a la tesis de la fenomenología que sostiene que la experiencia de los objetos de cualquier especie siempre implica su tipificación, por lo que no existen experiencias que no estén mediadas por interpretaciones. La referencia a Husserl en débil. Bastaría recordar la distinción entre noema y noesis 244. Pero trascendiendo la tesis fenomenológica de la tipificación, el teorema de la identidad de la EM agrega que en la ejecución misma de las acciones siempre se incluyen además explicaciones e interpretaciones prácticas para nuestro comportamiento. Precisamente en estas explicaciones prácticas se objetiva adicionalmente una comprensión subjetiva; por lo que dichas explicaciones no se ejecutan en calidad de explicaciones “al desnudo”, sino que se incrustan en los motivos pragmáticos de determinadas acciones. Las reflexiones anteriores nos obligan a las siguientes conclusiones. En la EM, las proposiciones acerca de la realidad social son posibles únicamente como propuestas acerca de cómo los miembros de una sociedad construyen en sus vidas cotidianas y en medio de la acción cotidiana, un mundo real, objetivo y compartido.
241 242

Maturana, H.: Kongition, op. cit., pp. 89 Maturana, H.: Biology of Cognition, op. cit., pp. 53 243 Husserl, E.: Ideen…, op. cit., pp. 205 244 Husserl, E.: Ideen…, op. cit., pp. 179-199

95
Formulado paradójicamente, para la EM es valida la máxima metodológica siguiente: Como científico social se accede a la realidad en la medida en que uno se aleja de ella. ¿Compartimos realmente el mundo? ¿Vivimos efectivamente en un mundo compartido? ¿Los mundos de la vida tienden a unificarse o a disociarse hasta la segregación? En realidad, se necesita una buena porción de indiferencia para creer que la obscena opulencia converge con la miseria; lo contrario es verdad, por ello es que la extrema pobreza es segregada territorialmente. El super- código que cruza a todos los sistemas funcionales es la exclusión, y este es el principio axial de la diferenciación funcional de la sociedad. Los pobres, los cesantes, los que viven del trabajo ocasional y precario hablan distinto a los acomodados, a los ricos. La EM ha abandonado definitivamente el postulado que sostiene la posibilidad de abordar directamente los fenómenos sociales; con ello, se aparta definitivamente del interaccionismo simbólico y de otras teorías afines y abre una posibilidad aún insospechada de enganche con el constructivismo sistémico de Niklas Luhmann y con la cibernética de segundo orden que fundara Heinz von Foerster245. En su lugar, la EM formula la pregunta respecto de las estructuras constitutivas que los miembros de la sociedad construyen en sus acciones, en contextos de permanente intercambio. Enseguida, se formula interrogantes respecto de la objetivación de dichas estructuras y de las condiciones de posibilidad de la certeza cotidiana, la que se reproduce “intersubjetivamente” o haciendo-como-si. Por otro lado, si la EM y el AC conservan la secuencia de la acaecida en el pasado. Por lo tanto lo que el AC realiza (a) es una capitulación frente a la hegemonía del tiempo lineal y (b) lo que construye el observador de conversaciones es un pasado presente, de una interacción imposible de reeditar tal como se realizó. Simplemente porque el pasado no se puede volver lo que el AC construye es únicamente un pasado presente 246, que es una realización del observador, que no tiene ninguna relación con el entorno, representado por las grabaciones y las transcripciones. El observador opera con distinciones. El sometimiento al tiempo lineal se manifiesta en el propio programa del AC: se debe cautelar la secuencia de los datos y está estrictamente prohibido leer las transcripciones atemporales. El tiempo es dependiente del observador, es paradójico, caprichoso e imprevisible. Dos leyes caracterizan el tiempo (1) todo lo que sucede,

245 246

Von Foerster, H.: Observing Systems, Intersystem Publication, Seaside, California, 1982 Kosselek, R.: Vergangene Zukunft. Frankfurt, 1987

96
sucede simultáneamente; (2) todo lo que sucede, sucede una vez y nunca más. Pero la paradoja del tiempo consiste en que para actualizarse, debe co-presentar algo no actualizable, puede presentar la actualidad, pero para hacerlo debe co-presentar un antes (pasado) y un después (futuro). De lo contrario no se podría ubicar en la actualidad una hecho cualquiera. Para convertir en invisible esta paradoja se inventó el tiempo lineal, cuyos acontecimientos corren el un solo sentido, se izquierda a derecha y el tiempo de divide en partes iguales. Nada existe o se problemática como circular el en programa del AC, por lo tanto su estrategia es una acatamiento a la linearidad del tiempo. La “estrategia” de la congelación del AC es sólo metafórica. ¿Hay en las grabaciones de audio y video algo que sea sometido a la temperatura de la congelación? Las cintas se arruinarían como una consecuencia lógica de “congelar”. En realidad, (a) el observador construye un pasado-presente de una interacción en la cual seguramente no participó; (b) el observador o el grupo de observación observa manejando distinciones-indicaciones que se aproximen al máximo a “lo que sucedió”, lo que nunca se logrará, debido a la différance. (c) una observación destemporalizada (o aún realizada “in vivo”) sólo producirá la descripción del observador, quien es irritado por el entorno (interno y externo) configurado por las transcripciones; (d) la paradoja de su observación consiste en que mientras observa ve sólo un lado de la distinción de la observación de 1º orden, en este caso transcrita, es imposible observar el otro. Con ello sólo se confirma que la observación es parcial y discriminatoria. (e) no hay ninguna razón atendible para la prohibición de circularidad, ya que los mismos observadores de 1º orden, al construir el (sus) contextos mientras los están construyendo, operan circularmente; (f) las interrogantes y las observaciones circulares son enormemente productivas, pero sólo en caso de la interacción “in situ”, por lo que los observadores de 2º orden deberán pelear por reconstruirlas. Construyendo un orden secuencial sólo se consigue eliminarlas. (g) hay que establecer con absoluta claridad que la interacción se realizó en un pasado al cual es imposible volver y que a pesar de la supuesta experiencia del observador, jamás logrará reconstruirla “in vivo”, por lo general las “baias” se encuentran en extremo ocultas y latentes; (h) por supuesto que en el presente de la interacción “pareciera” que percepción, acción y descripción se confundieran, pero aquello es absolutamente imposible, pues el dominio de la percepción (y de la cognición con mayor razón) es operativamente

97
clausurado, mientras que el dominio de las descripciones mediante lenguaje es el de las interacciones, pero que también son circulares. En síntesis, el teorema de la identidad de la EM es nada más que una “idealización”. Para comprender a cabalidad el significado de “idealización”, tenemos que referirnos a las tipificaciones, que expresan “el sedimento de la experiencia mundana” y que por lo tanto son modificables según las transformaciones de la experiencia. No obstante, las idealizaciones tienen un fundamento más sólido: asumen el carácter de Tesis Generales así como la “Tesis general de la Reciprocidad de las perspectivas”, que resulta de dos idealizaciones básicas: (a) la idealización de la intercambiabilidad de los puntos de vista y (b) la idealización de la congruencia de los sistemas de relevancia247. No es que se las idealizaciones se deban tomar el pie de la letra, sino que los actores sociales actúan “como-si”. Otro ejemplo importante es el de Husserl, es el “de la certidumbre empírica hasta que se pruebe lo contrario”248 La idealización implica una construcción muy especial. Cuando se realiza la idealización “Yo puedo como siempre” me interesan solamente sus aspectos típicos, no la situación C o S, que operarían como índices de la idealización. Se trata de una supresión de los índices, que apuntan hacia la anonimización de los mismos249. Una idealización no sólo es teóricamente imposible de ser realizada en la práctica, sino que significa abandonar la circularidad como alternativa frente el tiempo lineal. La circularidad se manifiesta, por ejemplo, en que mientras hablamos de tiempo lo gastamos. Pero fundamentalmente implica que la construcción circular de los contextos se realiza en la construcción de contextos. Es decir, circularmente. Metódica circular en la observación de 2º orden: una propuesta. En términos muy generales, la metódica de esta secuencia o los pasos que correspondería aplicar serían los siguientes:

Paso Nº 1. El observador de primer orden (M) marca sólo un lado de la distinción. El lado no marcado le es indiferente. Es decir, el observador habla describiendo su observación al observador de segundo orden o a otros interlocutores, en medio de sistemas de interacción.

Schütz, A.: El problema de la realidad social, op. cit., pp. 42 Husserl, E.: Erfahrung und Urteil, Den Haag, 1971, pp. 170 249 Natanson, M.: Das Problem de Anonymität im Denken von Alfred Schütz, en: Sprondel y Grathoff (ed.): Alfred Schütz und die Idee des Alltags in den Sozialwissenschaften, Enke, Stuttgart, 1979, pp. 81
248

247

98

Paso Nº 2. El observador de segundo orden (N) se ubica en el entorno del “unmarked state” de la observación del observador de primer orden, el que es un contexto implícito e indefinido, descrito como una línea de puntos.

Paso Nº 3. El observador de segundo orden (N) cruza la marca, se sitúa en el “unmarked state” (antes indefinido) y le otorga contenido, al mismo tiempo establece el acuerdo r, el que es ahora un entorno implícito250 y redundante. Cautelar el uso de la objeción contingente de r, significa que el observador de segundo orden (N) se somete a una serie de metódicas restrictivas; algunas de ellas se denominan metódicas de delimitación y control de subjetividad y otras se refieren a la temporalización de la operación de distinción por autología

250

Acerca del contexto implícito véase: Varga, M. y Matzka, R.: Motive und Grundgedanken del “Gesetze del Form”, en: D. Baecker: (ed.) Kalkül der Form, Frankfurt, 1993. pp. 58-85

99

Paso Nº 4. Construida la forma como un acuerdo común en suspenso entre M y N, r permanece como su entorno relevante. El reentry de la forma en la forma, por la permanencia de R, es un recurso de continuidad de la comunicación en contextos distintos y contenidos diversos. Como de la operación autológica de la observación de segundo orden por medio de sí misma es la paradoja de desconcierto que el observador N debe experimentar, sólo existe una manera de salir del desconcierto pero sin dejar de asumir la paradoja. Para ello, el observador de segundo orden N debe poner a prueba la consistencia de la forma de su observación, averiguando mediante el uso de interrogantes circulares, si el observador está “de acuerdo” con ella, cuál es la medida de sus discrepancias, si de la objeción del observador de primer orden a su observación aumenta su adecuación, lo que es posible de proponer sólo mediante el material empírico disponible. La experiencia del análisis conversacional etnometodologico ofrece las mejores alternativas metódicas al respecto. Por lo general, si en el medio de las respuestas vagas y condicionantes, el acuerdo es en apariencia total, significa para el observador de segundo orden que la objeción de su interlocutor es de mucho mayor magnitud que la interpretada por él. A la objeción de la objeción de r, la denominamos S. La objeción de la objeción significa que en el acuerdo del acuerdo, el observador de primer orden observa como observador de segundo orden.

Paso Nº 5. El paso siguiente es una forma por construirse. Se trata de una tarea de “cooperación” comunicacional, en la medida en

100
que posibilita que la comunicación pueda continuar. ¿Cuál será la forma de la comunicación siguiente?. La respuesta es simple, sólo los observadores pueden responderla. Recientemente, Baecker ha formulado la obligatoriedad de autoimplicación como contrapartida de la liberación de autoreferencialidad que implica el CF. El argumento es sumamente débil, si se piensa en Marx – dejando a Comte, el hijo de la contrarrevolución francesa – porque jamás Marx pensó en una “autoimplicación” de la sociología para realizar la utopía de la sociedad humana y la construcción del socialismo. En lo que le damos toda la razón a Baecker es en que “en principio no existe en la sociología más metodología que la etnometodología, pero que le resulta difícil, sopesar sus teorías así como sus métodos de investigación social empírica, mientras no disponga de una teoría de la sociedad, que por sobre su propio punto de observación informe acerca de la sociedad”251, porque este es justamente el punto de vista que hemos venido sosteniendo desde hace algún tiempo 252. Lo que no podemos aceptar es su incongruencia con posturas anteriores, como por ejemplo, la del factor R de la comunicación, que nos pareció y nos parece correcto. En efecto, ahora resulta que el observador de 2º orden se debe situar justamente en el “marked state” de la distinción, cabe entonces preguntarse ¿cómo observará desde la tautología de lo mismo el unmarked state de la distinción ajena, que son las únicas interesantes en la investigación social empírica, la auto-observación no es ninguna solución?

251 252

Baecker, D.: Die Natur der Gesellschaft, julio de 2006, pp. 16 Robles, F.: Hablo contigo si tú hablas conmigo. Metódica y análisis de los sistemas de interacción, Escaparate, Concepción, 2006

101

Nos parece que el esparcimiento de la auto-implicación no conduce a ningún lado, como no sea la observación de lo mismo, porque nadie puede garantizar el estado itinerante de f . De allí sólo pueden resultar incongruencias, y eso sí que no tiene nada que ver con la investigación etnometodológica, que impone máximas restrictivas del mayor rigor al investigador. Además, me parece que la referencia a Geerz está completamente fuera de lugar. La circularidad La circularidad es una propiedad elemental del pensamiento sistémico, por desgracia olvidada por Luhmann 253. Las figuraciones circulares se diferencian de las lineares por que la dirección de la flecha, en lugar de apuntar en una sola dirección, se ubica en relación a dos posiciones diferentes y vuelve sobre sí misma. No se debe confundir la circularidad con el carácter cíclico de los procesos temporales. La circularidad es auto-causación 254. Es decir, A C B A C

En efecto, la concepción cíclica del tiempo es muy anterior. En su libro La ciudad de Dios, Agustinus apoya el concepto cíclico del tiempo la concepción con la esperanza escatológica255. Esta concepción del tiempo se conserva durante todo la Edad Media, junto a las visiones escatológicas del cristianismo. Esta idea del tiempo se basa en la percepción intensa de procesos de la naturaleza y sus ritmos 256 La circularidad, en la teoría de sistemas es una alternativa al pensamiento lineal, lo cual es valido para los sistemas autopoieticos de sentido, psíquicos y sociales. Esto es especialmente valido para la construcción de la categoría innegable del sentido, ya que el sentido como distinción entre actualidad/posibilidad en la medida en que se auto-construye 257 y se distingue casi per definitionem de su entorno, en cual el sentido no existe. El sentido el la actualización permanente de posibilidades. El carácter innegable del sentido se consigue negando su representación trascendental. Si en sentido opera como
253

Esta es, sin duda, una aseveración atrevida. Personalmente, tengo la impresión que Luhmann subsuma el concepto de circularidad el los concepto, sin duda bien trabajados, de autorefencia, auto-organización y autonomía. 254 Arnold, M y Osorio, F.: Introducción a los Conceptos de la Teoría General de Sistemas, en La Cintra de Moebio, abril de 1998 255 Agustinus: Von Gottesstatt. Libro 20, cap. 19. Übertragen von Wilhelm Thimme, Zürich, pp. 637 256 Wendorf, R.: Zeit und Kultur, W.V., Opladen, 1980, pp. 174 257 Luhmann, N.: Soziale Systeme, Frankfurt, 1987, pp. 92 y sig.

102
reductor de complejidad ¿pueden los sistemas sociales, que no piensan, construir sentido? La respuesta en no, por lo cual el sentido como supermedio oscilante entre sistemas psíquicos y sociales, significa que se trata de una oscilación asimétrica y distinta en su forma. Mientras que las conciencias involucradas (de la manera que sea) en la comunicación, auto-construye el sentido y lo articula en la forma del lenguaje, los sistemas sociales sólo y únicamente pueden comunicar acerca del sentido. No obstante, la circularidad del sentido no se construye especulativamente. Respecto del proceso de investigación subraya Glanville lo siguiente: “La acción de experimentador en circular. Como un resultado de su circularidad puede observarse la novedad (lo inesperado), lo que conduce a un nuevo proceso circular en condiciones diferentes. Las circularidades existen en la construcción y ejecución del experimento, en el peso de lo encontrado y en su integración. También existen circularidades de repetición, de tal manera que todo el proceso, se encuentra profundamente vinculado a la circularidad, especialmente a las grandes circularidades científicas y en la actividad del experimentador – el observador” 258

Con la figura del pensamiento circular colapsa la diferencia entre un sujeto que observa de un objeto. Si el observador quiere experimentar algo del mundo, debe comenzar por autoobservarse y distinguirse a sí mismo del resto del mundo. El observador circula en su propia observación y en ese círculo, trata de buscar una salida a la circularidad, mediante: - la relación entre puntos de partida y llegada (linearidad del tiempo) - la suposición de causas y efectos (causalidad) - la convicción de un mundo externo (realidad) y - la construcción de un Alter Ego (doble contingencia)

258

Glanville, R.: Das Erforschen…, op. cit., pp. 4

103

La operación de observación se construye circularmente. Recordemos la frase de Maturana y Varela en el sentido de que “cualquier hacer es un conocer y cualquier conocer es un hacer”259 y la de Luhmann: “sólo la comunicación comunica”260. De tal manera que el observador no se encuentra fuera del mundo, sino que es una parte del mundo que observa. El mundo es el resultado de la observación, se construye mediante la aplicación reflexiva de observaciones sobre la base del resultado de observaciones pasadas, las cuales relaciona. Por lo tanto, la observación del mundo es la más refinada de las autoobservaciones. La observación es una operación paradójica. “un observador de segundo orden observa una diferencia doble: él observa primero a un observador y observa con ello que observa a ese observador. Como cualquier operación, la observación traza una distinción en lo que hace. Se diferencia a sí misma. Pero además opera con una distinción, para poder distinguir e indicar. O más exactamente dicho: es una distinción que se distingue. O en la terminología de Bateson, produce una información como “difference that makes a difference”. Mientras que el observador de primer orden usa… la distinción que subyace a su observación solamente la usa, el observador de segundo orden hace de ella el tema para las distinciones siguientes. El observa a ese observador, y nada más”261 Lo anterior en valido también para la distinción entre observación de 1º orden y de 2º orden y para la reentry. Es decir, para la reentrada de la distinción (sistema/entorno) en un lado de la distinción: el sistema. Ello lleva a una paradoja: la distinción de salida es y no es, es lo mismo y no es lo mismo. Pero como se trata de sistemas, el sistema puede volver circularmente a la primera distinción como un acoplamiento entre autoreferencia/heteroreferencia. Y no necesita considerar que la diferencia entre sistema y entorno se construye precisamente de este modo.

259 260

Maturana, H y Varela, F.: El Árbol del Conocimiento, Universitaria, Santiago, pp. 32 Luhmann, N.: Sthenographie, en: N. Luhmann et al.: Beobachter. Konvergenz der Erkenntnistheorien?, Fink, München, 1990 261 Luhmann, N.: Sthenographie, en: N. Luhmann et al.: Beobachter. Konvergenz der Erkenntnistheorien?, Fink, München, 1990, pp. 127

104

En la observación de 2º orden la externalidad se vincula circularmente a la externalidad del entorno y la internalidad se observa como tal, mientras que la distinción entre externo e interno del observador de 1º orden circula auto-referencialmente, en medio de la contingencia. En estricto rigor, el observador de 2º orden es únicamente un observador de 1º orden que intenta dar un pequeño, pero importante paso, en el sentido del acrecentamiento de su perspectiva de observación. El carácter circular de una tautología se reconoce a primera vista. Un juicio tautológico se implica a sí mismo, o a un sistema en el mismo sistema. En ese sentido permanece siendo informativo. El círculo de la paradoja es un poco más difícil de reconocer. Un juicio paradójico existe cuando las condiciones de una aseveración al mismo tiempo constituyen las condiciones de su negación, es decir, cuando un juicio es verdadero y falso a la vez, sin necesidad de ser contradictorio. La teoría de sistemas, con la distinción sistema/entorno se basa en una paradoja en extremo informativa, a condición de dejarse llevar por dicha paradoja.

105
La circularidad del tiempo en un “ahora” que significa el instante, es una resultante de un antes y un después. Por lo tanto, el pasado y el futuro son construcciones del presente, que el tiempo lineal borra e impide observar. Debido al punto de encuentro del presente el pasado y el futuro se encuentran sujeto a modificaciones, con el tiempo se modifica el círculo del tiempo, con lo cual se convierte en reflexivo262. El pasado es un pasado presente, que con el presente pasado no guarda ninguna relación. El pasado se modifica retrospectivamente con la diversidad de los presentes presentes. Entonces, el círculo del tiempo debe modificarse. El tiempo es dependiente de la observación.

Los sistemas complejos deben relacionar sus elementos selectivamente. Las selecciones y las selecciones de las selecciones, es decir, la selectividad pudo ser siempre diferente. Por ello es que los sistemas complejos se caracterizan por ser contingentes. En los sistemas de interacción aparece también la contingencia de Ego y Alter como relacionalidad Ego/Alter Ego. La relación circular de la contingencia hacia la contingencia (doble contingencia) genera comunicación263, y en la relación circular de comunicación a comunicación, da lugar a las estructuras en el sentido de la vinculación de las expectativas (Ego) dirigidas a las expectativas de Alter (Alter Ego), visibles en la contingencia264. Vale decir, en la última posibilidad de lo posible. La figura de la reflexividad se constata cuando se acoplan procesos a procesos del mismo tipo. Desde el punto de vista de la cibernética, se habla de reflexividad “cuando el resultado de las operaciones de un sistema prepara la siguiente operación de ese sistema”265. Von Foerster expone este proceso con la operación de extracción de raíces cuadradas. Se parte de un número cualquiera y se extrae la raíz cuadrada. El resultado de esa operación se somete a la siguiente, si se repite en
262

Nassehi, A.: Die Zeit de Gesellschaft. Auf den Weg zu einer soziologischer Theorie der Zeit, Opladen, 1993 263 Luhmann, N.: Soziale Systeme, Franfurt, 1987, pp. 148 y sig. 264 Luhmann. N.: Los medios generalizados y en problema de la contingencia, en: N. Luhmann: Teoría de los sistemas sociales, UIA. México, 1998, pp. 7- 65 265 Von Foerster, H.: Wissen und Gewissen. Versuch einer Brücke, Frankfurt, 1993, pp. 146

106
mismos procedimiento suficientemente, se obtiene como resultado final el 1. Todos los sistemas autopoieticos operan exclusivamente en relación a los resultados de sus propias operaciones

La circularidad se constata también en al proceso de la comunicación, en la medida en que las comunicaciones se entrelazan. Para ello sólo basta recurrir a la operación tripartita de la comunicación. La comprensión no es un procedimiento psíquico, sino la forma de comunicar de una información. Pareciera que la comunicación se aparta estrictamente de la conciencia266. No es que las ideas se acoplen a las ideas, sino que la información se construye mediante percepciones de la conciencia que asumen la forma del lenguaje267. Y dichas percepciones sólo puede realizarlas una conciencia, los sistemas sociales sólo comunicaran acerca de ellas. Por ello no posible postular la absoluta independencia de comunicación, ella se encuentra íntimamente ligada a la autopoiesis de la conciencia.

266

Fuchs, P.: Die konditionierte Koproduktion von Kommunikation und Bewusstsein, manuscrito, 2000 Fuchs, P.: Autopoiesis, Mikrodiversität, Interaktion, manuscrito 1998

267

107

268

La circularidad es el paradigma perdido de la reflexión sistémica. Es tiempo de recuperarlo. Maturana señala lo siguiente: “Los sistemas vivos que existen en el mundo de hoy se caracterizan por poseer una metabolismo exergónico, que organiza el crecimiento y la reproducción molecular interna, es un proceso cerrado y circular que permite el cambio evolutivo manteniendo el modo de la circularidad, pero no para la pérdida de la circularidad misma…Esta organización circular constituye un sistema homeostático determinado por sus componentes cuya función es producir y mantener la misma organización circular asegurado el mantenimiento específico. Más allá, esta organización circular define a un sistema vivo como una unidad de interacciones y es esencial para el mantenimiento de dicha unidad; la cual no es exterior. La organización circular en la cual los componentes especifican que en esa síntesis de mantenimiento aseguren de esta manera que el producto de este funcionamiento sea el mismo de la organización funcional que lo produce, sea la organización viva”. “Es la circularidad de esta organización la que hace de un sistema vivo sea una unidad de interacciones, y es esa circularidad la que debe mantener el orden para que el sistema vivo permanezca siendo un sistema vivo manteniendo su identidad mediante diferentes
268

Todos los dibujos fueron extraídos de Bardmann, Th. y Lamprecht, A.: Systemtheorie Vestehen, software.

108
interacciones. Todos los aspectos peculiares de los diferentes tipos de organismos están subordinados a esta circularidad basal y dependen de ella, asegurando su continuidad mediante interacciones sucesivas en un entorno siempre cambiante. Un sistema vivo define esa organización el dominio de todas las interacciones posibles sin perder su identidad, y el mantenimiento de esa identidad se efectúa sólo a través de la circularidad basal que define que esa unidad de interacciones permanezca irrompible…”269 “El aprendizaje que consiste en la transformación del comportamiento de un organismo a través de la experiencia de manera que está directa o indirectamente subordinado al mantenimiento de la circularidad básica”270 Es más: “La organización de la vida es una organización circular que asegura la producción o el mantenimiento de sus componentes específicos, de modo que el producto de su funcionamiento es la misma organización que los produce…Para cada sistema vivo corresponde un caso particular de organización autoreferente y circular como dominio clausurado de interacciones que es su dominio cognitivo, y la no-interacción es posible para él si no se encuentra proscrito de dicha organización”271 Edgar Morin agrega que “en conocimiento del conocimiento es un título que nos conduce al nucleus mismo de nuestra empresa reflexiva enfrentándonos a esa paradoja clave: el operador del conocimiento debe convertirse al mismo tiempo en el objeto del conocimiento…Efectivamente, el método es auto-producido” 272 Verificación Refutación

El uso de las descripciones estadísticas como observaciones de primer orden La puesta en práctica de r como un acuerdo contingente configurado por la distinción indicación/objeción entre observaciones de primer orden y observaciones de segundo orden, pone de manifiesto que la policontexturalidad de las observaciones sociológicas obliga a la observación de segundo orden que resulta del paradigma de la teoría de sistemas a poner en práctica la centralidad de la primacía del concepto de observación. En efecto, si los sistemas son invariablemente sistemas observados por sistemas observadores, el entrelazamiento de la observación de segundo orden con las observaciones de primer orden
269 270

Maturana, H.: Biology of Cognition, op. cit. pp. 10 y 11 Maturana, H.: Biology of Cognition, op. cit. pp. 36 271 Maturana, H.: Biology of Cognition, op. cit., pp. 49 272 Morin, E.: El Método. El conocimiento del conocimiento, Cátedra, 1988. pp. 36-37

109
impone definir la vinculación paradigmática implicada en ambas formas de observar. Cibernética de 1º Orden: los sistemas observados son abiertos y tratados como “objetivos, verdaderos y reales” (Von Bartalanffy, Katz y Kahn, Easton) Cibernética de 2º Orden: los sistemas observadores son autopoieticos y su operar es circular, se constituye la primacía del observador y la observación, no incumbe la verdad, la objetividad es el olvido del observador y la realidad es construida. (Von Foerster, Maturana, Spencer Brown) Dicha necesidad esclarece la relevancia del uso de datos cuantitativos de carácter estadístico así como descripciones de observaciones que por carecer del “unmarked state”, en estricto rigor no son formas sino unidades discursivas dicotómicas de carácter ontológico. Sólo retratan el marked state del fenómeno. Las descripciones estadísticas son observaciones de primer orden sustentadas sobre los principios del paradigma normativo de la sociología273. De acuerdo a los postulados de dicho paradigma, la sociedad se compone de actores sociales o sujetos dotados de disposiciones adquiridas (o disposiciones de necesidad, en el lenguaje de Parsons), como las actitudes, las expectativas de estatus y rol, que se asientan sobre sanciones y recompensas. Los actores sociales disponen de alternativas de selectividad en el horizonte de un sistema cultural compartido, compuesto de símbolos y significados debidamente internalizados mediante las diversas fases de la socialización y articulados en patrones normativos de comportamiento, a los que subyacen compromisos de valor entendidos como mecanismos de integración social, es decir, como la interpenetración entre el sistema de la sociedad y el sistema de la personalidad. Las expectativas de estatus y rol operan como imperativos que condicionan comportamientos similares o coherentes en situaciones debidamente conocidas, este comportamiento se institucionaliza y evita una permanente adaptabilidad en situaciones temporalmente diversas. Estos argumentos permiten el tratamiento colectivo de los sujetos reordenados de acuerdo a categorías coherentes con los conceptos de estatus, rol, diferencias de estrato, nivel de educación, remuneraciones diferenciadas, pertenencia a grupos familiares diversos, etc. La operacionalización de éstos y otros conceptos y la construcción de las variables correspondientes, es el fundamento de las descripciones estadísticas que se desprenden del modelo explicativo de carácter normativo antes descrito. Habitualmente, en tal sentido, es el uso del
273

Wilson, T.: Theorien der Interaktion und Modelle der soziologischer Erklärung, en : Arbeitsgruppe Bielefelder Soziologen: Alltagswissen, Interaktion und gesellschaftliche Wirklichkeit, Rowolh, 1973, pp. 54-80

110
modelo explicativo deductivo-nomológico el que inspira las construcciones estadísticas. Las construcciones estadísticas son observaciones de primer orden. No sólo por la prohibición de autorefencialidad implicada en las reglas de uso de dichas técnicas, sino porque universalizan los factores determinantes del comportamiento humano y los convierten en probabilidades predecibles, dan por entendida la validez de un consenso cognitivo que desatiende la singularidad irrepetible de la “definición de la situación”, una capacidad distintiva de los actores sociales que invalida su tratamiento como “promediable”. Este “unmarked state” singulariza que la sociedad es una sociedad construida por la misma sociedad, impide que las estadísticas puedan ser formas. Las descripciones estadísticas son informaciones que exponen segmentos parciales de la sociedad, de allí su importancia. Un ejemplo relevante de la imputación de que el objeto de la sociología serían “cosas” dotadas de una especie de independencia fantasmagórica, las que ejercen presiones sobre las estructura de la sociedad, son las estadísticas acerca de suicidios en el célebre trabajo de Durkheim. Como el fantasma de las cosas debe ser promediable, el carácter de cada muerte por suicidio representa una especie de continuidad sobre al base de los datos disponibles. Según la formulación de Garfinkel “the existence of suicide and its associated rates consist only and entilery of the likelihood that socially organized measures for the detection of suicide can be enforced”274 La contextualidad de las observaciones de segundo orden y su definición como resultados de distinciones-indicaciones las sitúa en medio del paradigma interpretativo de la sociología. Este paradigma es ejemplificable teniendo delante el método de la interpretación documental de la EM, que consiste en que el observador de segundo orden debe “dejarse llevar” por los métodos y técnicas mundanas que los mismos individuos ponen en uso para dotar de significación al mundo de la vida en el que habitan275. No obstante, en la observación de la observación de los sistemas, en cuyo contexto ponemos en uso el factor r de la comunicación, la hermenéutica (objeción) que inspira el tratamiento de la información estadística consiste en la observación de las observaciones de los sistemas parciales, destacando la especificidad de sus mecanismos de exclusión social. El paradigma normativo como fundamento de las descripciones estadísticas. En las posturas sociológicas convencionales más relevante de
274 275

Garfinkel, H.: Studies in Ehnomethodology, NJ, 1967, pp. 217 Garfinkel, H.: Studies in Ehnomethodology, NJ, 1967, pp. 17

111
la actualidad, trátese de la microsociología o de la macrosociología 276 el actor social aparece como un sujeto dotado de disposiciones adquiridas (o de disposiciones de necesidad, en el lenguaje de Parsons) como las actitudes, las reacciones condicionadas y las necesidades estructuradas y que se encuentra inmerso en un universo de expectativas que se asientan mediante sanciones positivas o negativas. Por otro lado, se supone que los actores sociales tienen a disposición un sistema culturalmente universal de símbolos y significados comprendidos en un lenguaje común. Por el otro, que los actores sociales están interesados en maximizar recompensas y minimizar sanciones negativas y que, por lo tanto, tenderán a repetir aquellas acciones que hayan sido gratificadas y a evitar aquellas que hayan sido castigadas277. Uno de las premisas elementales del paradigma normativo es la siguiente: la acción de los seres humanos se desenvuelve en el contexto de sistemas de símbolos y significados comunes que garantizan que las expectativas y las disposiciones adopten relevancia situacional: por lo tanto, dichas expectativas adoptan el carácter de imperativos que impulsan a los sujetos a comportarse en situaciones específicas de manera que dicho comportamiento pueda ser previsto. Por ello es que la fórmula de oro del paradigma sería f (S→ A) donde S es una situación específica y A la acción concreta de un sujeto activo, donde → es una implicación. Por lo tanto f (S ∧ A) si ∧ es una conjunción de carácter general 278. Ello implica que la disposición activada se convierta en una regla que se institucionaliza en medio de un sistema social y como las situaciones Helle H.J., Eisenstadt,S. (ed.): Micro- Sociological Theory, Perspectives on sociological theory, Bristol, UK, 1985
277 276

normativo

Llama la atención que a pesar de los furibundos ataques entre funcionalistas y neoconductistas, intercambiando todo tipo de acusaciones, a la hora de otorgar fundamento a sus explicaciones de la acción y el comportamiento, ambos recurran a argumentos similares. Véase Homans, G.: El conductismo y después del conductismo, en: A. Giddens (ed.): Sociología Hoy, Alianza, Madrid, 1991, pág. 81-112 . 278 Lorenzer, P.: Einführung in die Operative Logik und Mathematik, Springer Verlag, Berlin, 1955

112
deben ser repetitivas y estables, para que la regla tenga aplicabilidad, los actores sociales deben definir la situación del mismo modo, conjuntamente. De tal manera que en una situación específica S', el actor que ejecuta la acción A' debe ser capaz de reconocer la regla que se desprende de una definición compartida de la situación. En el lenguaje de Russell esto significa identidad posible de identificar, por lo tanto si x debe ser idéntico a y, esta identidad se logra si la propiedad P de x igualmente es la propiedad de y, y viceversa: (x y) = Def (P) [ P (x) P (y) ] 279

Pero esto puede y debe ser relativizado en cuanto se trate de situaciones relativamente supuestamente idénticas. “P” es lo que debe identificar una persona que construya sus expectativas de rol, a partir de la “identidad” de dos situaciones (x, y). Como ambas no pueden se recurre a las propiedades, cuya clasificación se sustenta sobre propiedades que los miembros competentes consideran sobreentendidas en una comunidad científica. Aquello que permite relativizar la necesidad de identidad, es la existencia de un consenso cognitivo que sea común a todos los seres humanos, y la diversificación de la estructura de los valores. Por lo tanto: f [S ∧ A] [ S’(x) ∧ P’ (y) ]

Thomas Wilson ha llamado, en aproximación a Garfinkel, consenso cognitivo 280 a la base de sustentación de situaciones y definiciones comunes garantizado por la existencia de una cultura común entre los actores sociales. Esto no significa que no existan definiciones de situaciones que difieran entre sí, pero si éste es el caso, ellas deben ser aludidas como subcultura o como desviación idiosincrásica respecto del consenso cognitivo generalizado. Las teorías que en particular adhieren a estos fundamentos paradigmáticos han desarrollado cuerpos conceptuales de la personalidad del sujeto que recurren al psicoanálisis o a la existencia de sistemas de condicionamiento y refuerzo, mientras que Peter Blau se concentra en el tema del poder, de la presión y la legitimación del intercambio social 281 .

279

Von Goldammer, E.: Eine poly-kontexturale Systemtheorie und deren Konsequenzen, en: Vordenker, Mayo de 2000, pp. 12 280 Wilson, T.: Theorien der Interaktion und Modelle soziologischer Erklärung en: Arbeitsgruppe Beilefelder Soziologien: Alltagswissen, Interaktion und gesellschafliche Wirklichkeit, Rowohl, Reibeck bei Hamburg, 1973, pp. 54-80 281 Blau, P.: Intercambio y Poder en la vida social, Hora, 1982, Barcelona

113

En particular, el paradigma es compatible con la lógica de la explicación nomológico-deductiva 282. Como es sabido, la explicación deductivo nomológica corresponde al modelo explanans-explanandum que operan de la siguiente manera:

283

El paradigma normativo se apoya en el procedimiento de la explicación deductiva de "hechos sociales existentes" que sostiene que ellos pueden ser (a) derivados de las premisas teóricas existentes y (b) de las condiciones empíricas dadas. El concepto de un argumento deductivo se basa en la premisa de que el significado de una aseveración que el argumento contenga debe ser independiente de las condiciones de su uso, y, por lo tanto, independiente del contexto, vale decir, debe tratarse de una constatación y no de una expresión indexical, como sabemos, esto es imposible pues no existen, ya que al ser convertidas en constataciones verificables se transforman nuevamente en indexicales. Algo similar es válido para los niveles de universalidad de la teoría de la falsación de Sir Karl Popper y en especial para el “modus tollens” de dicha teoría denominado realismo crítico 284. Además, cualquier descripción debe satisfacer los criterios de la verificación intersubjetiva, en el sentido de que cualquier descripción debe ser un reflejo fiel del hecho que se está investigando. Los criterios para la formulación de descripciones en el marco de referencia del paradigma normativo son el punto fundamental para la verificación de resultados de la investigación
282 283

Popper, K.: La Lógica de la Investigación Científica, Tecnos, Madrid, 1945, pp. 73 Hempel, C.: Aspects of Scientific Explanation, NY, 1965 284 Popper, K.: La Lógica de la Investigación Científica, Tecnos, Madrid, 1945, pp. 72-74

114
sociológica. Ahora bien, como en el contexto del paradigma normativo, el problema de la construcción de descripciones de acciones es tratado bajo el prisma de la existencia de un sistema compartido y universal de símbolos y significados, sólo este postulado esencial es el que permite la formulación de descripciones independientes de los contextos de uso e indiferentes respecto de las situaciones en que se desenvuelven. El problema (del paradigma normativo) es que las descripciones de interacciones son forzadamente descripciones interpretativas y si el único camino posible que puede seguir un observador para identificar una interacción es el de la interpretación documental, entonces las interpretaciones que el paradigma normativo postula ya no pueden ser verificadas intersubjetivamente, porque las interpretaciones independientes de individuos diferentes sólo pueden ser coincidentes en la medida en que compartan una realidad común lo cual equivale a decir que dichas descripciones son siempre dependientes de los contextos circulares.

115
3. LA DISGREGACIÓN FRACCIONADA DE LA INCLUSIÓN Y LA EXCLUSIÓN “Del primado de una forma de diferenciación, se habla cuando se puede constatar que una forma es la que regula la aplicación de las posibilidad de las otras” Niklas Luhmann.

La historicidad de la diferenciación de la sociedad ¿Qué es la diferenciación funcional? De la forma más abstracta, la diferenciación de la sociedad opera si un sistema repite la distinción sistema/entorno dentro de sí mismo. Este proceso de reproducción por disyunción (o esto o lo otro) implica únicamente un incremento de selectividad, nada tiene que ver con la distinción entre un todo y sus partes o con el crecimiento cuantitativo incidiendo sobre la cualidad de las relaciones entre elementos285. En principio, todos los sistemas de sentido son diferenciables, con muchas mayores dificultades los sistemas psíquicos. Ciertamente que sólo la operación de comunicación, al retomar otras comunicaciones con las que entrelaza las que realiza, se convierten en públicas, sociales y por lo tanto en observables. La exclusividad condicionante de comunicar sólo es posible en los sistemas sociales; es decir, en las sociedades, las organizaciones y en los sistemas de interacción, los que en la forma del acoplamiento estructural hacen posible la construcción de entornos internos286

285

Luhmann, N.: Complejidad y Modernidad. De la unidad a la diferencia, Trotta, Madrid, 1998, pp. 71-98 286 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 597

116
Mientras que en las conciencias, que realizan un acoplamiento operativo, que hace posible su temporalización. Mediante la desagregación escogida de ciertas percepciones del carácter difuso de la corriente de la conciencia, la conciencia convierte en un ordenamiento secuencial el desorden destemporalizado. La forma del acoplamiento operativo lleva implícita la forma de los signos287 No obstante, si el fundamento de la comunicación es la observación y todos los sistemas son sistemas observados, la conciencia debido a que también es un sistema observador, no comunicando temporaliza secuencialmente el torrente de percepciones, retenciones, protenciones y a-presentaciones generando el tiempo interno, el que intersectado con la linealidad del tiempo externo, permite el re-entry de la distinción interno/externo en el lado interno de su forma288. La diferenciación más elemental que conoce la sociedad es la de sexo, tal como señala Engels289. Por cierto que la diferenciación acarrea la especialización de entornos y sistemas parciales internos, pero si el entorno se diferencia y cómo, escapa a las posibilidades de observación del sistema290. La diversificación estructural que acompaña a la especialización de funciones, o lo que Durkheim y Marx llaman la división social del trabajo, sólo son componentes de la diferenciación de la sociedad en el sentido de la observación sistémica. La diferenciación de la sociedad, en efecto, no se encuentra en una relación de incremento unilineal con la complejidad de los sistemas parciales. Por ello es que la forma basal de la diferenciación y sus mutaciones históricas en el contexto de la evolución de la sociedad, no transite ni de la homogeneidad hacia la heterogeneidad, como en el evolucionismo de Spencer, y tampoco obedece al mito del orden y progreso de Comte. En la diferenciación de la sociedad no hay ninguna racionalidad ni ordenamiento posible. Los parámetros según los cuales se diferencia la sociedad son dos: la distinción sistema/entorno y la distinción igualdad/desigualdad291. En términos muy generales y teniendo presente las tipologías más abstractas de diferenciación, se supone que hay al menos tres formas abstractas de diferenciación292.
287

Fusch, P.: Autopoiesis, Mikrodiversität, Ineraktion, en: http://oasl.unimuenchen.de/discuss/lisforen/pfuchs.htm 288 Hurssel, E.: Ideen zu einen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie, Niemayer, Tübingen, 1980 289 Engels, F.: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Gedisa, Barcelona, 1967 290 Luhmann, N.: La diferenciación de la sociedad, en: Josetxo Beriaín y José M. García Blanco (ed.): N. Luhmann: Complejidad y modernidad, de la unidad a la diferencia, Trotta, Madrid, pp. 71 y sig. 291 Ibídem, pp. 640 292 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 593 y sig.

117

a) la diferenciación segmentaria, prototipo de las sociedades arcaicas, se se caracteriza por que los individuos están incluidos según la inserción a un segmento determinado, de acuerdo a dos lineamientos esenciales: en las comunidades de descendencia o en las de residencia. La exclusión del otro segmento opera como mecanismo de inclusión en el propio; no se puede sobrevivir fuera de algún segmento. La sociedad se divide en partes iguales. En la línea de residencia, la sociedad se diferencia en casas, aldeas, pueblos, ciudades. Del lado de la descendencia, en familias, clanes y tribus. El condicionamiento de la línea de residencia diferencia a las sistemas en matrilocales y uxorilocales, mientras que las relaciones de parentesco dan origen a dos formas fundamentales de intercambio de mujeres (a) el intercambio restringido que se caracteriza por la oscilación, y (b) el intercambio generalizado que se configura como una forma de circulación293. Lefebvre agrega que los procesos de las sociedades arcaicas son de carácter cíclico “y sus ciclos permanecen en las cercanías de los ritmos cósmicos de la naturaleza”294. Es por ello que sus procesos son no-acumulativos, pues pertenecen a la dinámica de la reproducción simple. Esto cambiará sustancialmente con el advenimiento de la modernidad. b) la diferenciación centro/periferia indica hacia la desigualdad entre ciudad y campo. En los centros urbanos que finalizan convirtiéndose en islas en las cuales la ruptura de las reciprocidades da lugar a la estratificación que divide a la sociedad en partes desiguales, mientras que en el campo se despliega la continuidad de la segmentación. Si bien esta dualidad propia de la diferenciación centro/periferia es el resultado de la expansión territorial concomitante con la existencia de los grandes imperios que emergen del quiebre de la diferenciación segmentaria, esta distinción se extiende hasta más allá de la diferenciación funcional. La forma de reproducción que asume corresponde exactamente a la repetición de la distinción sistema/entorno en el sistema, generando entornos internos no sólo en el llamado "sistema-mundo”295, sino además distinciones centro/periferia entre los centros urbanos convertidos en metrópolis, y el campo que opera como su periferia. Pese a la hipóstasis que algunos teóricos de la teoría de la dependencia han hecho de esta forma de diferenciación, es indudable que en el curso del tiempo, se trata de la forma de diferenciación que más continuidad y mutabilidad ha demostrado296. c) en las sociedades estratificadas el estrato es lo que sanciona la pertenencia a la sociedad, se pertenece al estrato mediante el tronco de origen y la exclusión se reproduce y opera mediante la clausura endogámica del estrato superior. De este modo permanece constante quién es digno de ser incluido en la comunicación y quién debe ser tratado Levi-Strauss, C.: Las estructuras elementales del parentesco, Paidós, Madrid, 1980 Lefebvre, H.: Kritik des Alltagsleben, Tomo III, Athäneum, Kronberg, 1977, pp. 152 295 Wallenstein, E.: Crítica del sistema-mundo, Siglo XXI, México, 1990 296 Stichweh, R.: Zentrum/Peripherie-Differenzierungen und die Soziologie der Stadt: Europäische und globale Entwicklung, manuscrito, 2005
294 293

118
de manera diferente. El principio de la estratificación es la verticalidad, la que se especifica como la cúspide de la desigualdad. Las posibilidades de sobreviviencia fuera de algún estrato o de la vida familiar son pocas; las excepciones son los mendigos, los soldados, los monjes, las monjas y los piratas. Pero en todos estos casos se observa una ruptura de las reciprocidades, con lo que las expectativas de comunicación se desestabilizan. El caso del vagabundaje durante el período de la Colonia en Chile es prototípico. Con el agotamiento de la estratificación vertical, en la cual los estratos superiores monopolizan todas las formas de la cultura y controlan por descentralización en el caso del feudalismo o por la centralización propia del absolutismo, la masificación de la exclusión aglutinada en los estratos inferiores, abre paso al advenimiento de las clases sociales. Por un lado su emergencia es paralela a la hegemonía del capitalismo como el modo de producción y forma de existencia, y por el otro, al asentamiento de la diferenciación funcional que arrastra consigo el principio elemental de desigualdad de la estratificación.297 d) con la diferenciación funcional las diferencias de rango de la estratificación pierden relevancia primaria, se re- entra a la sociedad desde el supuesto que en principio todos pueden participar de la comunicación. Por ello es que la semántica de auto observación de la modernidad describe que cualquiera puede ser económicamente activo, que todos tienen derecho a educarse, de formar una familia o ser iguales frente a la ley. Las semánticas de la modernidad son por ello las de la libertad y la igualdad, las banderas de lucha de la ilustración. La libertad se traduce en la necesidad de las clases asalariadas de vender su fuerza de trabajo y la igualdad se traduce en la complejización y profundización de la desigualdad. No obstante, en la retórica de la Ilustración: a) la igualdad es la premisa para los contratos sociales o el postulado de la ausencia de discriminaciones a priori. b) la libertad indica que dichos contratos de realizan en virtud de decisiones libres por parte de individuos. La igualdad y la libertad son los correlatos semánticos de la inclusión que la modernidad proclama desde Kant y en especial con Hegel, por ello niegan la estructura de la exclusión. La semántica de la modernidad, al marcar el lado positivo de la forma y al inventar el concepto de sujeto, una fantasmagoría del romanticismo alemán, describe exactamente el reverso de la exclusión, la que ciertamente aborrece298. Lefebvre indica que la reproducción simple (procesos no-acumulativos) continúa siendo la condición necesaria de la vida social. Pero en Europa, desde fines de la Edad Media, se abre espacio para un proceso diferente: la acumulación ampliada de capital. La introducción de los procesos acumulativos no logra, sin embargo, aniquilar los movimientos cíclicos. Un proceso en forma de
297 298

Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Piados, Barcelona, 1997, pp. 87 y sig. Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 874. Foucault, M.: Die Ordnung der Dinge, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1978, pp. 404 y sig.

119
espiral ascendente, cruzada por miles de accidentes cobija al proceso circular y lo protege por medio de la periodicidad. Es el tiempo lineal que anuncia la igualación de lo desigual299. Se abre paso a la racionalidad europea que “se puede describir como la historia de la disolución de un continuo de racionalidad que había unido al observador del mundo con el mundo. Si el observador es visto como ser pensante (animal racional), de lo que se trata es de la convergencia de pensar y ser”300

Justamente el mérito de la escuela de los “estudios culturales”301 pero sobre todo de la obra de Enrique Dussel302, consiste en haber derrumbado el constructo vergonzoso y eurocéntrico de mentiras históricas en torno a la llamada modernidad autónoma de Europa, expansión imposible sin el sistemático saqueo de las colonias, en las que según Hegel no podían habitar sujetos, un privilegio de los europeos303. La autonomía de la modernidad eurocéntrica como la entrada en la madurez de los sujetos ilustrados, es el producto más enajenado del pensamiento kantiano. La modernidad se financió con el saqueo de las riquezas de las colonias, en especial de las minas de Zacatecas y Potosí que posibilitaron el triunfo en la batalla de Lepanto304. Ahora bien, al extirparse las diferencias típicas de la jerarquía piramidal, en la cual los estratos superiores monopolizan los recursos materiales y simbólicos, la sociedad moderna inventa una solución alternativa equivalente. Con el asentamiento de la centralidad del “sujeto”, se observa a las personas como biografías, la temporalización de la persona se construye entonces como carrera observada como individual. Por ello, las expectativas que se dirigen a las personas y que describen las ofertas de inclusión, por ejemplo, en una organización que intercambia trabajo por remuneraciones, se basan en la diferencia entre pasado y futuro, teniendo a la biografía en el centro. Los factores adscriptivos, al Lefevbre, H.: Kritik des Alltagsleben, Tomo III, Athäneum, Kronberg, 1977, pp 158 Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Paidós, 1997, pp. 51 301 Verse RALEA. Revista Latinoamericana de Estudios Avanzados, Nº 10. 302 Dussel, E.: Europa, Modernidad y Eurocentrismo, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, Fases, Caracas, 2000, pp. 59-78 303 “Los indígenas, desde el desembarco de los europeos, han ido pereciendo al soplo de la actividad europea. En los animales mismos se advierte igual inferioridad que en los hombres la fauna tiene leones, tigres, etc...son embargo, en todos los sentidos son más pequeñas, más débiles más impotentes. Aseguran que los animales comestibles no son en el Nuevo Mundo tan nutritivos como en el viejo..Estos pueblos de débil cultura perecen cuando entran en contacto con pueblos de cultura superior y más intensa” G.W.F. Hegel: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Altaya, Madrid, 1989, pp. 171 304 Dussel, E.: Ibídem, pp. 65
300 299

120
menos en la descripción semántica, deberían entonces jugar un rol marginal. Si esto no es así, es una muestra (entre tantas) de que la diferenciación funcional arrastra consigo reminiscencias de segmentación y estratificación. Si en las dos primeras formas de diferenciación, la estructura social y la construcción de las individualidades transcurren paralelamente, la diferenciación funcional tiene como consecuencia que la estructura social y la individualidad se ubican ortogonalmente, disociándose irreversiblemente305. La inclusión en la sociedad moderna significa que la individualidad de los individuos debiera manifestarse en la conectividad incluyente de cada una de las comunicaciones de los sistemas parciales, una quimera que evoca los ideales parsonianos. En efecto, si esto lo transponemos a la expresión más nítida de la individualidad, la biografía, la incanjeabilidad de las identidades de los entornos de la sociedad se construye más allá del alcance de los sistemas funcionales. Cualquiera que sea la observación del esquema primario de diferenciación de la sociedad, más allá de las semánticas de la ilustración y del progreso, desde el punto de vista de la evolución de la sociedad, se plantean una serie de interrogantes. Algunas de ellas son: la existencia y estabilidad de líneas de demarcación entre sistema-entorno, la existencia de tamaños sistémicos observables, las estructuras temporales de la diferenciación y los niveles de expectativas y las formas de selectividad que acarrea el cambio estructural, sobre todo en torno a la diferenciación funcional de la sociedad. Si la diferenciación de la sociedad es discontinuada e históricamente específica, aún destacando la flexibilidad con que se han descrito las tres (o cuatro) formas de diferenciación por las que han atravesado las sociedades y si se tiene delante a una sociedad como la chilena, éstos modelos resultan claramente insuficientes. Sobre todo ante la redefinición de la génesis de la modernidad y su carácter eurocéntrico, en especial los trabajos de la escuela de “estudios culturales”, que obliga a repensar completamente el concepto de diferenciación desde países originalmente coloniales como Chile, considerando las destemporalización de la emergencia de los sistemas parciales y que, por las razones que sea, en la evolución de la sociedad chilena, hay sistemas que se degradan o modifican y otros, que se privilegian y despliegan desdibujando los límites de sus comunicaciones y códigos. Sin la menor intención de profundizar en el CF de Spencer Brown, me voy a servir de él para exponer hipotéticamente algunas de las posibles formas que habría asumido la diferenciación de la sociedad chilena306.

305

Nassehi, A.: Inklusion, Exklusion, Integration, Desintegration, en: Varios: Was halt die Gesellschaft zusammen?, Frankfurt. 1997, pp. 113-148 306 Spencer Brown, G.: Law of Form: Gesetze der Form, Bohmeier, Lübeck, 1997

121
Como interludio, interesa mostrar algunas de las particularidades de la diferenciación, y en especial de la diferenciación funcional, desde la obra de Luhmann y sus desarrollos posteriores. i) una consecuencia inevitable de la estabilización de la diferenciación funcional como esquema primario de la evolución de la sociedad, es la conversión de la operación de observar en observación de segundo orden. Por supuesto que esto no es privativo de esta forma de diferenciación, pero si antes existió, fue sólo encajonada en programas específicos. Durante la Colonia, la enseñanza de la escolástica demostraba que respecto de los errores de otros o con relación al pecado y a la culpa, en la tradición aristotélico-tomista debía describirse y tratarse como error. Esta premisa ontológica se quiebra con la diferenciación funcional, entonces puede ser sustituida por la ejecución real de la observación de observadores. Todos los sistemas observan sus operaciones propias en el nivel de la observación de segundo orden307. Sin embargo, la observación recíproca de segundo orden de los sistemas parciales opera únicamente en los límites de su propia autopoiesis, de tal manera que si el operar de los sistemas se encuentra estructuralmente determinado por su código de instrucción respectivo, esta observación es el medio de las formas de intercambio de complejidades reducidas que los sistemas necesitan en la ejecución de sus acoplamientos de prestación. Se trata, por lo tanto, de observaciones teleológicas. Llamamos a estas operaciones, operaciones fragmentadas de segundo orden. ii) algunos ejemplos: en el sistema económico, los observadores observan entre sí como observan con la ayuda del mercado y de los precios; el sistema político, escenifica sus actividades ante el espejo de la “opinión pública sufragante”, etc. Es decir, los mismos sistemas tienen que configurar oportunidades para la auto-observación y la observación externa observando cómo observan los observadores que observan. Mientras más dependan los sistemas de la observación de observadores, aumentará su irritabilidad; se registrarán más interrupciones, molestias, las que debe procesar de acuerdo a su operar estabilizado. No es una casualidad que la forma cultura de modernidad chilena tienda al cultivo de las maneras de autocontrol tendientes a la autodisciplina que oculten las observaciones de la conciencia. No es un misterio que la conciencia moderna es fragmentaria, descompuesta, sin que sus fragmentos puedan reunificarse como un objeto que en sí mismo y a sí mismo pueda existir308. iii) la transformación de la construcción de la realidad y su transposición al nivel de la observación de segundo orden no se limita a los sistemas parciales, sino que se generaliza como el modo fundamental de la

307 308

Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Piados, Barcelona, 1997 Fuchs, P.: Die Form des Körpers, manuscrito, en: http://www.fen.ch/texte/gast_fuchs_koerper.htm

122
evidencia social309. Que la observación de segundo orden alcanza hasta a los sistemas de interacción, hay múltiples datos fácticos. En el Chile de principios del siglo XX, justamente por ello es que la elite de los médicos, premunidos del “ojo clínico” y del manejo de técnicas instrumentales únicas e inaccesibles, configura el único segmento social en Chile que puede convertir la influencia en poder y represión. Su prestigio aumenta si “defienden a la raza chilena” contra las amenazas de degeneración. Son llamados Doctores cuando sólo los médicos cirujanos son únicamente Licenciados en Medicina, muchos poseen un séquito de “pacientes” que antes de hacer nada, les consultan. Muchos juegan a ser apóstoles de la moral310. iv) la sociedad se ha divorciado de la razón hegeliana y prescinde de un centro directriz, no reconoce rangos entre los sistemas y tampoco configura vértices de estabilidad: Nuevamente tomando el caso de Chile, a medida que van cayendo los vetustos “centros” de la sociedad, la primacía de la economía es custodiada como la más valiosa reliquia del más conservador de los Partidos, la UDI – emulando a Jorge Alesssandri, quien acostumbraba a elogiar a Stalin por el éxito obtenido en la industrialización de la URSS. El Estado moderno es licitador de ejecuciones de ejecutores, el anciano Estado productor ya fue sepultado tiempo atrás con los honores propios de su rango. La Iglesia católica en Chile se asemeja a la reina Isabel II, reina pero no gobierna – patalea y se indigna por el divorcio, pero calla si se le recuerda que en el catolicismo la anulación del sagrado vínculo es una de las instituciones más antiguas (Cecilia Bolocco apeló para su anulación a incapacitas cuiunde). En fin, ni El Mercurio, ni Ratzinger, ni el Presidente Lagos pueden integrar a la sociedad, porque la diferenciación funcional no necesita de integración alguna. De las descripciones anteriores resulta una conclusión elemental. En la observación de segundo orden, ningún sistema puede observar sin ser observado.

Complejidad e hiperautonomía de la diferenciación funcional En aproximación a la ley de la variedad como requerimiento elaborada por Ross Ashby311,éste señala que un sistema tiene que ser capaz de reducir la complejidad del entorno para poder sobrevivir, de la que Luhmann deriva su conocido teorema de la reducción de

309

Fuocault, M.: Die Geburt der Klinik, eine Archeologie des ärztlichen Blickes, Ulstein. Berlin, 1972 310 Illanes, M.A.: En el nombre del pueblo, del Estado y de la ciencia, CAP, Santiago, 1993, pp. 207 311 Ashby, R.: Principles of the Self-Organizing Dynamic System, en: Journal of General Psychology 37 (1974), pp. 125-128

123
complejidad312, entendemos justamente la complejidad de la desigualdad social de la sociedad contemporánea como una medida de indeterminación, que en términos prácticos, significa que hay siempre más posibilidades de desigualdad de cuantas pueden actualizarse observando las operaciones de absorción (recurrencia al valor + de la codificación binaria) y repelencia (recurrencia al valor – de la codificación binaria) en los sistemas sociales. Si la función del sistema de la conciencia – la temporalización del ordenamiento secuencial de percepciones – es una condición sine qua non para la estructuración del tiempo que posibilita las coordinaciones de los sucesos de la sociedad, la disociación de los sistemas funcionales de las conciencias los obliga a construir tiempos propios, extra-situacionales y vagabundos carentes de espacio. Que estas operaciones de los sistemas parciales se disocien progresivamente de las conciencias, es decir de los individuos, es una “novedad” que se inaugura con la diferenciación funcional de la sociedad actual que invalida definidamente las visiones ingenuas y utópicas que, por un lado, predican la centralidad del “Sujeto”, mientras por el otro, promueven la diferenciación funcional identificándola con el progreso, la eficiencia y la efectividad. Este epifenómeno definido como la hiperautonomía de los sistemas funcionales de la sociedad moderna, no debiera sorprendernos313. En efecto, ya desde la obra de Karl Marx314 y Max Weber315, quien caracterizara metafóricamente la resultante final de la racionalización inevitable de toda la vida social sin excepción alguna de la modernidad como una jaula de hierro en la que todos estamos encerrados, pero nadie tiene la llave para abrirla, observamos argumentos similares que anuncian la creciente deshumanización del mundo moderno. También en la obra de Simmel, Durkheim y Mead hay un cúmulo de constructos teóricos análogos, de allí por ejemplo su profundo contenido político de la dialéctica entre el Yo y el Mi316 en este último. No hay duda que, en este mismo sentido, los argumentos más radicales están contenidos en la obra de Horkheimer y Adorno317 - la modernidad es equivalente a la barbarie - y sobre todo en la filosofía de Heidegger318 - la técnica es la gran amenaza de decadencia porque sabotea el pensar. Además, quien relea desde la teoría de la diferenciación funcional la obra de Marx, desechando obviamente las desafortunadas interpretaciones estructuralistas de la década del 60, constatará que según Marx uno de los efectos de la hegemonía del capital expulsa a los individuos de la sociedad, los aliena y descompone y que la dominación irreversible del tiempo sobre Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellscahft, op. cit., pp. 134 Fusch, Peter: Das seltsame Problem der Weltgesellschat, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1999 314 Marx, K.: El Capital, FCE, México, 1975, Tomo I, pp. 44 y sig. 315 Weber, Max: Sociología de la religión, Istmo, Madrid, 1997, pp. 65-88 316 Habermas, J.: Pensamiento Postmetafísico, Taurus, Madrid, 1988, pp. 188 y sig. 317 Horkheimer, M. y Adorno, Th.: Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1997 318 Heidegger, M.: La pregunta por la técnica, en: M. Heidegger: Filosofía, Ciencia y Sociedad, Universitaria, Santiago, 113-151
313 312

124
el espacio, sumada al desacoplamiento entre el trabajo socialmente necesario y las necesidades humanas, catapultan a los individuos portadores de la fuerza de trabajo a la miseria de la exclusión. Además, que el dominio de la mercancía que sobrepasa la reproducción simple y sólo obtiene valor en la reproducción ampliada, hace que la sociedad no pueda describirse como un entrelazamiento de interacciones. Karl Marx fue probablemente el primer teórico que describió a la sociedad capitalista moderna como un sistema operativamente clausurado319. Si su interés eran los “sujetos” y no el sistema clausurado operativamente del capitalismo ¿cómo es que su obra más importante no se llamó Los Capitalistas en lugar de El Capital? La argumentación de Luhmann, específicamente la conceptualización de la desigualdad con los conceptos de inclusión y exclusión, trae consigo el desencantamiento más radical de la sociedad que la sociología conozca. En efecto, el sistema de la sociedad se compone únicamente de constelaciones comunicativas, donde los sucesos comunicativos específicos, las acciones, son tratados como eventos de esa única operación basal. La sociedad es entonces un sistema operativamente clausurado, que se autoreproduce en los contextos secuencialmente temporalizados de sus operaciones. Lo más importante, es que nada de lo anterior es posible sin la inclusión de los individuos, es decir, sin que sean tratados como personas. Pero tampoco sin su exclusión, es decir que la sociedad construya y soporte no-personas, individuos que no sean absorbidos por los valores positivos de los sistemas parciales. La resultante de los argumentos anteriores es hasta cierto punto obvia. La desigualdad social hipercompleja hay que observarla en el contexto de creciente hiperautonomía de los sistemas funcionales, los que operan excluyendo a las conciencias y por lo tanto a los individuos. Por ejemplo, el sistema económico es absolutamente indiferente respecto de las opiniones que los individuos tengan de él, el sistema de la ciencia de despliega sobre el entendido de que sus resultados “ayudan” a la sociedad, por lo que no se interesa por las percepciones evaluativas de los individuos, dado que la sociedad considera incuestionable que la educación tiene siempre “buenas intenciones”, el sistema educacional tampoco debiera interesarse por las conciencias. Menos aún el sistema de la religión, pues la distinción inmanencia/trascendencia opera con el medio de la fe, de tal modo que las opiniones que contradigan su operar debe provenir necesariamente de individuos que por no tener fe, son irrelevantes para el sistema: son los excluidos. En otras palabras, significa que la hiperautonomía de los sistemas los inmuniza respecto de irritaciones relevantes, con lo que refuerzan su función de catalizadores de exclusiones, aunque su autodescripción señale justamente lo contrario. Además, como los códigos binarios respectivos, es
319

Marx, K.: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (1857-1858), Siglo XXI, Santiago, 1972, en especial: pp. 138-169. Tambien ;Dussel, E: Leyendo Los Grundrisee desde la teoría de la diferencia, Manuscrito, 2002

125
decir las instrucciones basales abstractas de su operar, han demostrado una estabilidad inesperada para arrojar al vacío sin destino a los valores negativos excluidos, se trata de sistemas negligentes, que con el eterno retorno del “más de lo mismo”, colonizan a sus propios programas prácticos que le confieren vida y mundaneidad, sobre todo si al ejecutarse, necesitan a los sistemas de interacción320. Por ejemplo, en el caso del sistema de atención de salud, cuyo código operativo es sano/enfermo, la inclusión de los enfermos en roles de público especificados por programas como los de Isapre o Fonasa – que grafica la distinción público/privado no serían ejecutables sin la interacción médico-paciente; sólo así se puede articular, por un lado, la observación de primer orden del paciente que comunica sintomatologías de dolor, malestar y sufrimiento, con la observación de segundo orden, de diagnóstico y terapia del médico, por el otro. En los sistemas de interacción médico/paciente el medio sentido opera entonces desplegando la ejecución de los programas del sistema, incluyendo en él al paciente si es caracterizado como enfermo, y haciendo confluir el diagnóstico y la terapia con las prestaciones del sistema respectivo, o bien excluyéndolo si es considerado sano, o si el tratamiento terapéutico no coincide con las prestaciones que contrató. De allí que los sistemas de interacción pueden tanto ejecutores como interruptores de programas, pero no sólo del lado del sistema de salud, sino también por los pacientes, en caso de negligencias médicas, daños resultantes de incompetencia profesional321, etc. No obstante, aún cuando la comunicación terapeuta/enfermo se proponga deliberadamente alcanzar la conciencia de éste último para poder observarla, como en el caso del dolor de las enfermedades psíquicas, tanto por la necesidad de profesionalización de las observaciones psicoterapéuticas y su inevitable disparidad con las formas de comunicar del paciente, así como por la discrepancia de expectativas inherentes a ambos roles, hace que las conciencias individuales operativamente clausuradas jamás podrán incluirse en los sistemas sociales. La diferenciación funcional permite sólo la inclusión de los individuos en la ejecución de roles debidamente codificados y programados en los sistemas parciales322, pero esta especificación de sus comunicaciones rechaza y bloquea cualquier posibilidad de inclusión de individualidades323. Si la sociedad moderna diferenciada en sistemas parciales, que por lo demás todos aceptamos a piori como existentes y de los cuales
320

Luhmann, N.: Selbstorganization und Mikrodiversität: Zur Wissensessoziologie des neuzeitlichen Indidividualismus, en: Soziale Systeme, 3, Nº 1, 1997, pp. 23-32 321 Illanes, M.A.: Política social y modelos de desarrollo: puntos de saturación histórica. Chile 1924 – 2003, manuscrito, 2004 322 Willke, H.: Systemtheorie II: Interventionstheorie, G. Fischer, Stuttgart, 1994, pp. 92 y sig. 323 Simon, F.: Die andere Seite der Krankheit, en D. Baecker (ed.): Probleme der Form, op. cit., pp.266 y sig.

126
hablamos, no se compone de individuos sino que podría ser descrita como una enorme red polifórmica de fenómenos multifacéticos que tienen base la ejecución de una sola operación, la única genuinamente social, la comunicación, entonces, los individuos no pertenecen a la sociedad, son sólo entornos individualmente contingentes, máquinas no triviales, estructuralmente determinadas, imprevisibles, no programables, históricas, con conciencias operativamente clausuradas y por lo tanto inobservables e inaccesibles. Que argumentado así se niegue la existencia de los individuos y se les menosprecie, es un lamentable malentendido. Lo que se niega por superfluo e irrealizable, es el idilio funcionalista que postula que los sistemas individualizados de la conciencia (los sistemas de la personalidad) deban ser integrados por interpenetración a la sociedad a través de mecanismos ilusorios, teóricamente inconsistentes y trivializantes como la “internalización” de valores y normas, por la socialización exógena de pautas de comportamientos y contenidos aprendidos324. En una palabra, lo que rechazamos como una gran mentira, es que la sociología convencional trate a los individuos como “estúpidos culturales”, como apuntara Garfinkel325. Es probable que el paradigma de la integración social, cuya expresión más acabada es sin duda la teoría de la acción social de Parsons, sea apropiado para tematizar a la sociedad diferenciada de acuerdo a la jerarquía piramidal de la estratificación, pero para comprender la complejidad que la diferenciación funcional inaugura, es completamente inadecuado.

De la hipocresía del pudor al cinismo de la desvergüenza. La exclusión social en el mundo de hoy No cabe duda que la sociedad jamás ha tenido ni tendrá conciencia. Porque tampoco puede tener sentimientos, emociones o afectos, la sociedad no ha sido ni será jamás “humana”. La sociedad es una observación de la sociedad misma. Por ello es la descripción de sí misma, por resultar de las distinciones de observadores heterárquicas, convierte a la sociedad observada en policontextural, polivalente y descriptible de infinitas maneras. Pero los seres humanos, los entornos de la sociedad, porque observamos usando los recursos del sistema conciencia, sí podemos sentir, emocionarnos, conmovernos, indignarnos, justificarnos, disculparnos, ofender, amar, odiar o ser indiferentes326.

324 325

Parsons, T.: El sistema social, Revista de Occidente, Madrid, 1961 Garfinkel, H.: Studies in Ethonomethodology, New Jersey, 1966 326 Maturana, H.: La realidad: ¿objetiva o construida?, Anthropos, México, 1995, pp. 19 y sig.

127
Nuestra interrogante es la siguiente: ¿Cómo se comportan las individualidades de la sociedad mundial de hoy frente a la masificación de la exclusión social?. Particularmente en las dos últimas décadas, ¿Qué cambios se han operado en los sentimientos de los individuos frente a la expansión de la comunicación de la exclusión social y de qué manera podrían describirse? Ninguna de las preguntas anteriores puede responderse satisfactoriamente en el contexto de este trabajo. Por lo que únicamente bosquejaremos algunos signos de demarcación. Ahora bien, si existe una transformación incuestionable al menos en el curso de los tres últimos decenios, es que la fisonomía de la llamada “modernidad” ha ido modificando su trayectoria, por lo menos en tres sentidos. I. La expansión de la comunicación sin interacción. La extensión y el ensanchamiento de la comunicación, acompañado a la multiplicación de medios tecnológicos que a su vez aumentan linealmente las opciones de comunicar sin necesidad de copresencia, se podrían comparar a la infinidad de la extensión del universo. La comprensión de la magnitud auténtica de este fenómeno y la relevancia de sus consecuencias, es algo que recién se inicia327. La emergencia de un nuevo sistema de la sociedad, insólito e inexplorado como la WWW, es sólo una muestra de ello328. La exploración de las consecuencias y riesgos de este fenómeno que Giddens llama “disembedding”329 y que Luhmann describe como la diferenciación entre interacción y sociedad330 desemboca en dos fenómenos aparentemente dicotómicos: (i)por un lado, la conectividad del mundo lo convierte en similar a la “aldea global” de McLuhan, porque sin la necesidad de interacción articulada por la intersección espacio – tiempo que escenifican al menos dos comunicadores en doble contingencia – pero asumiendo la forma de la tríada por la existencia del tertuim non datur - el espacio pareciera “encogerse” convirtiéndose en invisible. El rol sustitutivo de las coordenadas espaciales es asumido por la pantalla de una máquina de procesamiento y transferencia de informaciones interconectada a una red, que a su vez se conecta con otra y así sucesivamente hasta componer una forma inestable similar a un tamizado polifórmico y transversalizado de elementos que operan análogamente a los entrelazados neuronales Torres Nafarrate, J.: In memoriam. El legado sociológico de Niklas Luhmann, en: Sociológica, año 14, Nº 40, México, 1999, pp. 89-10 328 García Blanco, J.M.: Hipertextualidad, comunicación y memoria social. Apuntes para una sociología de la WWW, manuscrito, 2003 329 Gidddens, A.: Consecuencias de la modernidad, Alianza, Madrid, 1993 330 Luhmann, N.: Soziale Systeme, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1984
327

128
activados por los intercambios múltiples de la sinapsis. Entonces, el tiempo en el tiempo, operaría como único medio en el medio que operando por autología en la forma de “redes de redes”, “Netzwerke”, o el network de la globalización, es a su vez el padrino del big world y de las posibilidades ilimitadas de comunicación del mundo de la “navegación” operando en el browser respectivo. Este es el big world al que pertenece el network, que incluye indistantamente al que lo desee, pero en el anonimato más completo. El hipervínculo del hipervínculo permite que frente a la pantalla, el navegante se sienta como una réplica en miniatura del aventurero del siglo XIV, a la caza de algo deliberadamente planificado o a la expectativa esperando la sorpresa de las sorpresas, que le permita capturar un botín informatizado relevante. Probablemente éste sea el mundo de las relaciones personales desterritorializadas, el único que permite la inclusión global de todas las domiciliariades sin excepción.331. El big world no puede condicionar descontextualización alguna, no posee contexto alguno (ii)por otro lado, las opciones de conectividad en medio de la comunicación que suprime la copresencia., revierte la extensión ilimitada en el tiempo de la comunicación del hipervínculo, generando “espacios globales de relevancia” delimitados de acuerdo al manejo de competencias compartidas332. Este es el small world, el de los múltiples network entre personas. El teorema del small world esclarece el funcionamiento de grandes redes en el contexto de dos propiedades aparentemente contradictorias: alta densidad local o construcción de clusters y las posibilidades de conectividad global. Estas formas de reducción y delimitación de la comunicación reducen el tamaño de los espacios interactivos entrelazados, sólo algunos se incluyen o pueden incluirse en ellos y se acopan a una vasta gama de temas, los que operan como generadores de motivaciones en el entorno de los usuarios. Así se estructuran los foros y los grupos de discusión, desde las opciones de ayuda para la auto-ayuda de quienes se incluyen por una enfermedad específica, hasta el intercambio de pornografía, pasando por los numerosos link destinados a discutir la obra de Luhmann o Bordieu. Forum y groups son el componente más laxo y público del reverso del big world. Por supuesto que además los foros destinados a la intriga, el chisme, la infamia y la humillación del otro en las sombras del anonimato del Nickmane, como el bananacorp made in Chile, abren un acceso privilegiado a las formas – cultura de la Educación superior chilena, que son el resultado inevitable del modelo de la máquina trivial del sistema educacional. La forma más restringida de éste small world es el uso personalizado del correo electrónico, sus límites de expansión no se vinculan a temas o
331 332

Anderson, B.: Imagined Communities, Verso, Londres, 1991 Stichweh, R.: Kulturelle Produktion in der Weltgesellschaft, en; K. Kruschkova y N. Lipp (ed).: Tanz anderswo: intra und interkulturell, en; http://www.unibielefeld.de/soz/iw/apaters.htm

129
propiedades físicas compartidas, sino que obedecen a intereses individualizados altamente contingentes. No obstante, el uso del correo puede ser “glocalizado”333 densamente y suprimir el Nickmane o bien convertirse en el vehículo de inclusión en foros y grupos de discusión de identidad encubierta. (iii)Pero uno de los small world de mayor significación es además el Chat, la emulación más ingeniosa de las conversaciones cotidianas de copresencia e interacción; el Chat es la escenificación melodramática sin copresencia que más se asemeja a los sistemas de interacción, entendidos como las formas de realización de la sociedad. Algunos se emparientan con la cultura de la telenovela, otros son la copia fiel del hedonismo indiferente de los grupos etarios adolescentes, porque son los espacios posteriores de los espacios anteriores334 de la interacción cotidiana del hogar, sujeta a reglas que invitan a la simulación de la obediencia a la autoridad familiar superior y a las del Colegio, convertido en púlpito de predicadores de la educación en valores. En la comunicación de esos espacios posteriores, análogamente al camarero que escupe en la comida de los comensales antes de servirla deseándoles un buen provecho, el Chat ha desarrollado un lenguaje propio, ha desplegado creativamente la puesta en uso de todas las anomalías posibles de la ortografía, la sintaxis y hasta del alfabeto del español. A diferencia del foro, en el Chat los Nickname de los entornos comunicantes son recíprocamente conocidos; la autenticidad del reverso de la máquina trivial, en la observación de la comunicación del Chat, se convierte en transparente. Entre otras formas cultura entendidas como el frame de identidades autónomas, el Chat de los escolares es una forma de reflexividad individual que desobecede a los intentos de la máquina trivial Educación, que se propone convertirlos también a ellos en máquinas triviales. La operación de reflexividad es inobservable, se trata del acoplamiento laxo de elementos aún indefinidos y contingentes. Pasa a ser el medio en la forma, cuando en el uso del lenguaje y las transgresiones distintivas de autonomía, la forma se configura como una comunidad reflexiva como el Chat escolar: a ella, los alumnos se “arrojan así mismos” porque quieren; la comunidad puede extenderse libremente en un “espacio abstracto; se plantea el problema de su creación como una práctica constante de reinvención; sus “herramientas” y sus productos no son materiales, sino abstractos y culturales – parafraseando los argumentos de Lash335. Las comunidades reflexivas como las del Chat escolar no se proponen descomponer a la máquina trivial sistema educacional, tampoco Robertson, R.: Globalization, en: M. Festherstne (ed.): Global modernity, London, 1995 Goffman, E.: La presentación de la persona en la vida cotidiana, Amorrortu, B.A. 1997 335 Lash, S.: La reflexividad y sus dobles: estructura, estética, comunidad, en: U. Beck, A. Giddens, S. Lash(ed); Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el mundo moderno, Alianza, Madrid, 1994, pp. 200
334 333

130
están interesadas en decontruir su lógica operativa mediante la “crítica”. Pero al poner en marcha una alteridad contrapuesta a la teología pedagógica que legitima y apuntala al sistema educativo como máquina trivial, ese “ruido” se convierte en un “comando por ruido”336, su resonancia desemboca en la máquina trivial no porque los alumnos se lo propongan sino al revés. Como el sistema educacional colonizado por la trivialidad no puede soportar anomalías como las prácticas de creatividad, la alteridad como una forma de vida, la autonomía llevada a la práctica, todas ellas productos del fundamento de los seres humanos, el que sean máquinas no – triviales, las comunidades reflexivas escolares como el Chat, comunican que el proyecto educacional destinado a formar individuos dóciles, programables y predecibles, a históricos, sumisos y manipulables, está condenada al más estrepitoso de los fracasos. II. La segunda mutación se refiere a la función de los medios de los nuevos medios de comunicación, o “empresas de construcción de realidades”, para usar la expresión de Juan Luis Pintos. Todo lo que sabemos del mundo lo sabemos a través de los medios de comunicación. Los medios de difusión realizan una compleja auto-observación de la sociedad, es un sistema autopoiético que opera con el código informar/noinformar337 El encogimiento del mundo y la eliminación del espacio, que opera como el sustrato de la simultaneidad temporal de sucesos informables espacialmente disgregados, son reabsorbidos por los medios de comunicación y su observación altamente selectiva, promueve que se masifique la cotidianización indiscriminada del horror de la guerra, de las catástrofes que se comentan con expresiones tales como “¡Qué horror!”, del genocidio étnico, de los efectos mortales de las explosiones nucleares de testeo, etc. La rutina es lo contrario del asombro. Sólo el asombro es capaz de atraer la atención del sistema de la conciencia y convertir al suceso sorpresivo en información. Es decir, el sistema de sentido conciencia, del acaecer de acontecimientos del entorno, externaliza selectivamente los que emergen a la superficie del flujo de la corriente de la conciencia, el resto son (fueron) meras opciones338. Esta transformación de opciones en eventos, es la función de observación fundamental de la conciencia; los eventos decididos como informaciones se ordenan en secuencias temporales que exponen que son novedosos. El asombro irrita al sistema, Von Foerster, H.: Observing Systems, Wien, 1984 Luhmann, N.: La realidad de los medios de comunicación, Anthropos, México, 1998, pp. 10 y sig. 338 Fuchs, P.: Die konditionierte Koproduktion von Kommunikation und Bewusstsein, en: VerScheide der Kultur, Aufsätze zur Kippe kulturanthropologischen Nachdenken, Universität Berlin, 2002
337 336

131
el que ordena como percepción lo que sucedió como asombro y no rutinario, suceso que convertido en expresiones lingüísticas comprensibles (medio/forma) es una información plausible de comunicarse339. En la observación mediática de autoobservación de la sociedad no sólo hay implicada una frivolidad abismaste en la medida en que las noticias ocupan sólo un trazo del tiempo dedicado sobre todo a la TV (se entra y sale además mediante en zapping) porque sólo es digno de comunicarse como información, lo que provoca asombro en el entorno de las conciencias. El sistema de los medios de comunicación no tiene conciencia, no puede pensar y por lo tanto es incapaz de percibir; en otras palabras, no puede distinguir entre lo que provocaría la sorpresa del asombro y lo que no sería así. Pero construye, a pesar de todo, la distinción informable/no informable, porque detecta operando por autoreferencia, lo que ya fue informado y no puede generar asombro, de lo nuevo y no informado. En medio de una alta inseguridad, el sistema operando con la distinción autoreferencia/hetero-referencia, construye una imagen de sí mismo y el entorno, en la re-entry de la distinción sistema/entorno, se remite a su código instructivo basal informar/no informar y rechaza todo lo que ya se informó como no informable340. Como los sistemas parciales de la sociedad no piensan ni tienen conciencia, tampoco pueden dejarse irritar por la atribución del pudor, el cinismo o la desvergüenza. Los atributos anteriores sólo son imputables a los individuos, o mejor dicho a los sistemas de conciencia, las que sí pueden comprender341. Si en el voyerismo de los medios de difusión, la muerte se cotidianiza y se justifican las guerras, el uso de armas de aniquilación masiva y en nombre del combate al terrorismo internacional se aceptan como una necesidad las invasiones territoriales y el mantenimiento de ejércitos de ocupación, entonces, si en los entornos relevantes de una sociedad no-humana funcionalmente diferenciada, los individuos, tampoco se dejan irritar ante dichos fenómenos, eso significa que la muerte, las guerras y sus efectos catastróficos no son fenómenos respecto de los cuales puedan impresionarse, acongojarse o entristecerse. La conclusión de lo anterior significa que sistema y entorno coevolucionan en medio de coordinaciones sorprendentes. Lo anterior equivale a la configuración de una pseudo estabilidad diabólica, es decir, a la observación de la eliminación del gradiente de complejidad sistema/entorno. Sólo las conciencias individuales situadas en el entorno del sistema son capaces de irritarlo, algunas de estas formas son, por ejemplo, la comunicación de la indignación, y las protestas que sean sus eventos.
339

Maturana, H.: Kognition, en; Schmidt, J. (ed.): Der Diskurs des radikalen Konstruktivismus, Suhrkamp, Frankfurt a. M., 1988 340 Luhmann, N.: La realidad de los medios de comunicación, Anthropos, México, 1998 341 Fuschs, P.: Wer hat wozu und weiso überhaupt Gefühle?, en: Soziale Systeme, Zeitschrift für soziologische Theorie, Año 10, 2004

132

Pero si ante la barbarie se frunce el ceño y su respuesta es la indiferencia, ¿Por qué debiera extrañarnos que ante el carácter masivo de la exclusión social, la indiferencia sea aún más justificable? ¿Debiera sorprendernos que ante las imágenes de los efectos catastróficos de la exclusión como el hambre, la miseria y el dolor (de otros y lo más lejos posible), se les consideren implícitamente como el fragmento de una película más? Por otro lado, si la fascinación de la técnica conduce hasta la atribución de potencialidades omnipotentes a los aparatos de cálculo y procesamiento de datos, esto resulta coherente con el efecto mágico de atencionalidad de los algoritmos, sobre todo si se trata de datos estadísticos, pero también – por ejemplo – al número de víctimas en el caso de catástrofes. Luhmann denomina “efecto ¡Oh!”342 a la inusitada atención, relevancia y credibilidad de las cifras comunicadas en los medios de comunicación. Curiosamente, conceptos poco efectistas como la exclusión social en el mundo de hoy generan desatención y como máximo indiferencia.

La necesidad de la vergüenza. Cuatro tesis rupturistas I. Primero. La forma de la exclusión depende de la forma histórica y fáctica de la diferenciación de la sociedad. De ello se desprenden una serie de conclusiones: La sociedad mundial se caracteriza por la masificación creciente y sostenida de la exclusión, sumando aquellas como las raciales y étnicas, las generadas como efecto colateral de guerras, las de género, las de trasgresión como la homosexualidad, las exclusiones territoriales, etc. No todas obedecen al operar de los sistemas parciales de la sociedad. Quién esté excluido del acceso a los sistemas funcionales, no lo está necesariamente de la sociedad, de allí la importancia de los sistemas de interacción y la relevancia de la inclusión secundaria a los sistemas de interacción343. La confianza en las capacidades de los sistemas funcionales en el contexto de estrategias de modernización no ha llevado a disminuir la exclusión, sino a aumentarla. El caso de Chile es paradigmático, si se contrasta, por ejemplo, por un lado la inversión social creciente y el
342 343

Luhmann, N.: La realidad de los medios de comunicación, Anthropos, México, 1998 Robles, F.: Hablo contigo si tú hablas conmigo. Metódica y análisis de los sistemas de interacción, Escaparate, Concepción, 2006

133
aumento del crecimiento económico, y por el otro con las exclusiones del sistema educacional o de atención de salud. Además, al crecimiento económico corresponde un abismo entre altos y bajos ingresos. Justamente en los llamados “barrios peligrosos” de la sociedad que a menudo no se pueden observar ni sospechar, es decir en la exclusión territorial inaccesible para extraños, en los grupos de género o en las organizaciones dedicadas al delito, surgen verdaderos sistemas funcionales alternativos, cuyas propiedades pueden ser el germen de otra diferenciación funcional diversa y alternativa. Un ejemplo en Santiago es la “Población La Legua”. Los ejemplos del Brasil y las guindas de la torta que exhiben los teóricos del capital social son un ejemplo vivo344. Hay sin embargo otros como las loterías clandestinas de los barrios caraqueños, las organizaciones de seguridad ciudadana de las fabelas brasileñas, etc. II. Segundo. Tal como la exclusión total de la sociedad es imposible, la exclusión de los sistemas funcionales puede significar formas distintas de inclusión en la exclusión y de individuación. Una razón para lo anterior puede ser que el postulado de la lógica de los sistemas funcionales se pone de cabeza: prometen inclusión y realizan exclusión. Es decir, que en las semánticas de autodescripción de los sistemas parciales se encuentre la clave para observar que justamente su operar corresponde a lo contrario, y que esto sea observado por los individuos. Ejemplo: el sistema de educación superior chileno, las evaluaciones de los maestros de los colegios privados, la distribución de los fondos estatales destinados a la investigación. Se supone que el talón de Aquiles de la teoría de la diferenciación funcional, aún valorando como fundamentales los avances de Luhmann, consiste en que los valores negativos de los códigos binarios no son minusválidos, sino justamente al revés. En efecto, las identidades individuadas pueden demostrar mayor autonomía, creatividad y fortaleza del Yo, antes que en el Mi. Menos aún se puede sostener que en la exclusión habitan cuerpos que torpedean el operar de los medios de comunicación simbólicamente generalizados. Las razones de estos malos entendidos residen justamente en considerar que ambos conceptos configuran una forma, así opera justamente la observación de primer orden. Que los valores negativos se concentren en grupos específicos, resulta de que la imposibilidad de pago (economía) sólo se masifica donde exista la injusticia en el derecho o donde el sistema político sea
344

Kliksberg, B.: Capital social y Cultura. Las claves olvidadas del desarrollo, BID, INTAL, Buenos Aires, 2000.

134
nulo en influencia, es decir, allí donde el carácter acumulativo de la exclusión se estabiliza y masifica. III. Tercero. No hay que confundir inclusión con igualdad y menos con equidad. Tampoco hay que confundir exclusión con pobreza o indigencia. Al contrario, los sistemas funcionales son los que generan exclusión, y no como un efecto colateral, sino como una realización exitosa. Los sistemas no pueden ni deben producir “equidad” – entendida como la generalización de opciones de inclusión - ello quebraría el acoplamiento estructural y las prestaciones con los entornos y sabotearía su propia autopoiesis, generaría códigos paralelos, programas paradójicos, abriendo brechas para la introducción de sistemas de interacción amenazantes. Si los sistemas funcionales debieran ayudar al “crecimiento con igualdad”, realizarían justamente la perfecta cuadratura del círculo, cometiendo sabotaje contra sí mismos. El éxito de los acoplamientos estructurales, consiste en que las discriminaciones excluyentes en el ámbito de un sistema funcional conlleven otras en otros sistemas: Quien es discriminado en lo económico, probablemente no obtendrá justicia por falta de medios, tampoco acceso a la educación de alto nivel. La razón de estos acoplamientos estructurales exitosos da cuenta de su coherencia implícita, porque sólo de este modo se reproduce el carácter restrictivo de la inclusión. IV. Cuarto. La desigualdad social y las individualidades excluidas no corren paralelamente, sino que se ubican ortogonalmente con la diferenciación de la sociedad 345. La naturaleza explosiva de la desigualdad social y la desestabilización de las individualidades consiste en que las desigualdades culturales y estéticas (nivel horizontal), así como las desigualdades materiales (nivel vertical), no son diferenciaciones sistémicas del sistema de la sociedad, sino que se ubican transversalmente respecto de la forma de la diferenciación. La individuación de identidades descompuestas – incluibles en el sistema del trabajo y la ayuda social – es específicamente biográfica. Por ello es que la desigualdad social es un parásito de la diferenciación funcional.346

345

Nassehi, A.: Inklusion, Exklusion, Integration, Desintegration, en; W. Heitmeyer (ed.): Was hält die Gesselschaft zusammen?, Suhrkamp, Fankfurt, pp. 113-148 346 Serres M.: Der Parasit, Frankfurt, 1987

135
La explosividad de la desigualdad social y la complejidad que asume desde la acumulación de exclusiones, se alimenta de la observación recíproca de los sistemas parciales en calidad de entornos operativos que ejecutan prestaciones, por lo que la exclusión masiva no es siquiera una molestia inmediata, sino a veces su condición para poder operar. La sociedad soporta niveles altísimos de exclusión. Observando la desigualdad de este modo, la estratificación pierde su carácter explicativo, porque las discriminaciones asumen caracteres individuales, a pesar de la “objetividad” de la cuantofrenia empirista. Los grupos de iguales tratados desigualmente no se perciben como grupo, a pesar de las estadísticas. La CASEN es el mejor ejemplo. De allí que la exclusión no deba confundirse con la pobreza. Se piensa que la desigualdad social obedece a la descoordinación de los sistemas parciales, las que habría que corregir, pero es precisamente al contrario: el éxito de los sistemas funcionales consiste en que la situación de inclusión de las personas se comporte indiferentemente respecto de la estabilidad de las condiciones de reproducción de la sociedad. Ninguna lógica de la diferenciación funcional busca un centro operativo, desde donde se distribuyan las funciones diferenciadas. Al contrario: cada una de las lógicas culturales se diferencian entre sí, sólo así pueden estabilizarse los medios de comunicación simbólicamente generalizados, que aumenten las posibilidades de aceptación de comunicaciones y acciones específicas. En la semántica de la sociedad, sólo así se diferenció la lógica de la economía de la del arte, de la ciencia o de la religión347. Este proceso evaluado unánimemente como emancipatorio que refuerza la diferenciación, legitima hasta hoy la semántica del progreso y de la historia como superación del pasado. La sociología ha sido una de las disciplinas que mayor responsabilidad carga en este sentido, pues en la mitología de la modernidad que promete libertad, igualdad, emancipación y prosperidad se esconde justamente lo que no puede soportar, que las desigualdades sociales aumenten exponencialmente en lugar de disminuir. Pasada la fiebre ilustrada, el progreso y la historia se han convertido en mitos perversos, que no alcanzan a describir en lo más mínimo las formas de operar de los sistemas parciales: la historia es lineal y sirve de semántica y el progreso debe rememorar eternamente la idea de superación348. Tal como la integración no es una cuestión de estructura, sino una semántica, a cuyo servicio ha estado buena parte de la sociología. Luhmann, N: Gesellschaftstruktur und Semantik; Tomo I, Frankfurt a. M., 1993, pp. 72 y sig. 348 Giddens, A.: Consecuencias de la Modernidad, Alianza, Madrid, 1990, pp. 59
347

136

Los sistemas funcionales codificados no poseen criterios externos ni internos que limiten sus operaciones, es decir, que introduzcan una medida de autolimitación, de abstinencia o de prescindencia. El “éxito” de la diferenciación funcional consiste en que excluye cualquier coordinación vinculante como función central. Sólo hay coordinaciones puntuales, pero ellas no afectan en lo más mínimo los efectos paradójicos de la diferenciación, por ejemplo que el código pago/no pago del sistema económico subordine al sistema de educación superior. Históricamente, el efecto paradójico elemental de la diferenciación en sistemas codificados pareciera ser: la limitación original de las opciones a una y a una sola función ha llevado a una des-diferenciación de la independencia de los sistemas, de tal manera que también las limitaciones internas se han perdido paulatinamente. Este problema del “aumento de las opciones”, se generado un desensamblaje de los límites entre sistemas parciales. En términos muy generales, por ejemplo, en el paso del capital industrial al capital financiero-bursátil, el sistema económico se ha desacoplado definitivamente de la función de compensación de la escasez, en lugar de disminuirla la acrecienta349. La sofisticación de los sistemas de atención de salud remunera bien a los protagonistas, pero excluye con eficacia a los beneficiarios, las contralorías de Isapres dictamina sobre licencias y no reabsorbe los gastos en medicamentos. Estos efectos de hiperautonomía de los sistemas funcionales significan, por ejemplo, que las AFP disponen de las cotizaciones de los afiliados, sobrecargando escandalosamente los gastos de administración, que aún los afiliados a Isapres habiendo cotizado años preparando las condiciones para ser atendido en caso de enfermedad (valor positivo del sistema de atención de salud), no obtenga atención de urgencia en clínicas de propiedad de la misma sin un cheque en blanco. El aumento de las opciones en la ciencia - en especial en el caso de la biotecnología y la medicina - , pone de cabeza las habitualidades culturales de las personas, algo similar sucede con la política y la religión350. Aún así, sigue vigente la letanía de la integración (¿en torno a qué?), a las preferencias políticas, o al Papa Benedetto, el insatisfactorio. Hay que dejar de observar a la diferenciación de la sociedad como una opción quimérica de integración, más bien hay que leerla como lo que produce: el peligro de desacoplamiento de las lógicas de exclusión y las situaciones de vida. Entonces sí que se podría formular

349 350

Beck, U.: Perspektiven der Weltgesellschaft, Frankfurt. 1998 Nassehi, A.: Geklonte Debaten, manuscrito, 2000

137
la hipótesis de que los sistemas funcionales son principalmente catalizadores de exclusión.

138
4. LA OBSERVACIÓN DE LA EXCLUSIÓN Y LA CENTRALIDAD DE LAS INDIVIDUALIDADES PERJUDICADAS “Un sistema es (para un observador) una forma, por cuanto excluye algo como entorno” Niklas Luhmamm

La forma de inclusión versus la forma de la exclusión. En otro lugar hemos sostenido que los sistemas de interacción operarían justamente como el reverso de las organizaciones, debido a que por su estructura fugaz y altamente temporalizada, por su necesidad de poder sostenerse temporalmente únicamente alrededor de la comunicación vagabunda, en las interacciones la exclusión es más dificultosa. En realidad, los sistemas de interacción son potenciales interruptores de programas y códigos, porque la co-presencia del otro con el que se vivencia un tiempo público compartido, dificulta la realización de la forma no-persona, el arquetipo de la exclusión351. Debe esclarecerse, sin embargo, que las personas son artefactos comunicativos, no entes trascendentales y que la aparición de estas direcciones sociales, son el fundamento de la existencia de los interlocutores, de las domicialiaridades sociales, que son estructuras sociales, no propiedades de las conciencias352. La forma persona y sus propiedades surgen de la circularidad inestable de la doble contingencia.353 Si pensamos que dos comunicantes A y B se observan como entornos y al ser recíprocamente observados tienden a estabilizar los rasgos personales que en la comunicación pueden ser objeto de expectativas, el modo cómo son observados en la reciprocidad de sus propias perspectivas condiciona el tipo de escenificación que puede representarse en la comunicación. La persona es la unidad de la distinción persona/no persona, reentrada en el lado persona354. El resultado colateral de la inclusión es ser tratado como persona, que es un concepto exclusivamente comunicativo. En la modernidad, las no-personas son los niños, los portadores de enfermedades mentales, los que han perdido sus derechos ciudadanos, los portadores de estigmas, etc.,

Robles, F.: Hablo contigo si tú hablas conmigo. Metódica y análisis de los sistemas de interacción, Escaparate, Concepción, 2006 352 Fuchs, P.: Vom Zögling zum Formen-Topf. Die Adresse der Erziehung, manuscrito, 26.2.2006 353 Luhmann, N: Sistemas Sociales, Anthropos, UIA, Mexico, pp. 113 354 Luhmann, N.: La forma “persona”, en : N. Luhmann: Complejidad y Modernidad. De la unidad a la diferencia, op. cit., pp. 231 y sig,

351

139
Una de las formas fundamentales de marcar la distinción entre inclusión y exclusión en la práctica, arranca de la función de los sistemas organizacionales acoplados a los sistemas parciales específicos. La comunicación en la organización en torno al principio elemental de pertenencia, despliega mecanismos casi automáticos de inclusión y exclusión. Por ejemplo, el sistema económico sólo puede reproducirse si existen empresas en su interior, del lado de la complejidad sistema; tampoco el sistema de educación puede existir sin colegios, escuelas y universidades; menos aún el sistema de atención de salud sin hospitales y consultorios. Las organizaciones regulan sus mecanismos de exclusión e inclusión por las decisiones que les pueden ser atribuidas; este es el único tipo de sistemas social que expresa las formas de exclusión usando una manera de comunicar explícita – el mensaje evidente – con lo cual puede otorgarle a exclusión el carácter de acontecimiento social355. Las organizaciones son máquinas de exclusión.356 La pregunta por la exclusión y la exclusión se refiere a la observación de las relaciones entre personas en un sistema social. Con exclusión tenemos que ver cuando ésta relación no se realiza, es decir, cuando la persona carece de domicilio social. Mientras que la inclusión es observable e identificable por una secuencia no lineal de acontecimientos, la exclusión puede caracterizarse como la aparición de una secuencia de no- sucesos, lo cual dificulta su observación. Como la aparición de una cadena de no- sucesos que se inician con la comunicación de la exclusión; por ejemplo con la comunicación del despido, de la expulsión de la escuela o la universidad. Ésta es la última de las comunicaciones posibles, con ella se expresa que de parte del sistema respectivo ésa persona en el futuro no recibirá ninguna comunicación específica que la defina como destinatario de comunicaciones, en ninguno de sus roles. Por lo general, esa “última comunicación” se expresa en forma explícita, pero en los sistemas de intimidad puede revestiste a menudo una forma curiosa e implícita, y por consiguiente de no- suceso. Para la constatación de la exclusión, por su carácter negativo, se requiere una secuencia de nosucesos, o una acumulación de situaciones relacionadas entre sí, caracterizadas por su negatividad. En los sistemas de interacción la exclusión es mucho más difícil, debido a la co-presencia corpórea del Otro. Sin embargo, cuando el Otro aparece como la figura del desconocido, en el extranjero, el Otro se transforma en lo Otro. “Lo otro del intelecto moderno es la polisemia, la disonancia cognitiva, las definiciones polivalentes, la contingencia; los significados encubiertos en el mundo de las pulcras clasificaciones y archivos acumulados. Con la soberanía del intelecto moderno, sobre él recae el poder de realizar y establecer las definiciones - y todo aquello que elude una asignación inequívoca es una anomalía y un desafío. Lo otro es

355

Stichweh, R.: Leitgesichtpunkte einer Soziologie der Inklusion und Exklusion, manuscrito, 2006 356 Luhmann, N.: Organization und Entscheidung, manuscrito, 1990

140
la violación de la ley del tercio excluso”357. Los trabajos de Goffman ponen de manifiesto las formas de comportamiento que acarrean éste tipo de exclusiones sutiles, implícitas o subrepticias358. No obstante, para nosotros son de fundamental importancia los sistemas funcionales de la sociedad. No solamente por su gran tamaño, sino por su complejidad ininteligible y su carácter global, y por que significan la imposibilidad para todos los seres humanos de convertirse en direcciones sociales de inclusión. En tal sentido, la modernidad cambia los criterios de inclusión en un aspecto central: estar incluido en un sistema parcial no significa estar incluido en otro. Si en la sociedad estratificada la inclusión a un estrato implicaba la exclusión del resto de ellos, en la sociedad moderna las conexiones son mucho más lentas, tardías, esforzadas, como inestables son las inclusiones. Por ejemplo, una alta instrucción no significa estar incluido en la economía (código: pago/no pago) o en otro sistema, muchas veces puede ser una desventaja. Del mismo modo, ocupar roles incluyentes de decisión justamente por la especialización profesional, no tiene por qué significar inclusión en sistemas de intimidad y menos que la pertenencia a las elites de decisión sea estable en el tiempo, más bien lo contrario. Tener una relación de pareja que nos genere el ensueño del ideal kantiano de la felicidad, a la que todos aspiramos, no tiene por qué significar inclusión en el sistema de atención de salud, u otro semejante; además, los sistemas de intimidad más sofisticados como los que realizan la comunicación pertinente de los sistemas familiares, son también inestables por su acoplamiento estructural al nicho de los sistemas de interacción. Summa sumarum, las formas modernas de inclusión, que no obedecen a ninguna lógica y que por lo tanto tampoco pueden ser observadas con criterios de racionalidad, sólo implican una dilación ad infinitum de la llamada “integración social”, porque la inclusión en un sistema no significa la inclusión en otro, sino que al contrario. Desde la observación de configuración de las individualidades, cualquier escenificación de conectividad como inclusión en muchos sistemas funcionales, a menudo indica hacia expectativas frustradas o etiquetas arribistas. Ahora bien, con una precisión sospechosamente perversa, del lado de la exclusión opera el fenómeno inverso, en el sentido siguiente. Si la inclusión es inestable, la exclusión pareciera ser tan férrea como persistente. La exclusión de un sistema parcial entendido como entorno hasta periférico de un individuo, genera habitualmente una cadena de exclusiones acumulativas, un verdadero efecto dominó, que conducen a que los individuos se vayan convirtiendo en irrelevantes como personas, a que no sean reconocidos y tratados como tales y sean sistemáticamente
357

Baumann, Z.: Modernidad y ambivalencia, en: J. Beriain (comp.).: Las consecuencia perversas de la modernidad, Anthropos, Barcelona, 1996, pp. 83 358 Goffman, E.: Ritual de Interacción, B.A., 1970, pp. 13 y sig.

141
excluidos de la comunicación de la sociedad, es decir, se convierten en identidades descompuestas, en artefactos invisibles, en domicilios dañados La exclusión del sistema económico acarrea cesantía o trabajo precario, imposibilidad de educación, analfabetismo gradual, descomposición familiar, etc. Sin embargo, en el pensamiento sociológico convencional habituado a la preeminencia de atributos colectivos inspirados en “los promedios” de Durkheim359, se construyen casi ex ante ordenamientos de rango entre los sistemas parciales, en los cuales obviamente se privilegia al sistema económico y por consiguiente se convierte en omnipotente el tema de los ingresos, la estabilidad de las fuentes de empleo, a las inclusiones en el mercado con el medio dinero. Los trabajos de Sen360 y otros dejan en claro que justamente el reduccionismo económico en la observación de la desigualdad social, es uno de los grandes bloqueos teóricos y empíricos para entender la complejidad y el carácter multifacético de estos fenómenos. Ejemplo 1: se pierde el trabajo ⇒ se pierde la vivienda ⇒ pérdida de asistencia médica ⇒ los niños deben abandonar la educación privada ⇒ separación matrimonial ⇒ allegamiento ⇒ Ejemplo 2: no se paga una deuda ⇒ se es registrado en DICOM ⇒ se pierde el acceso al crédito ⇒ no se pueden girar cheques ⇒ descienden las posibilidades de asistencia médica ⇒ los niños salen del colegio privado⇒ abandono de la familia ⇒ allegamiento ⇒ tratamiento psiquiátrico ⇒ estigmatización ⇒ No obstante, también la exclusión de los sistemas de intimidad desencadena un efecto dominó de exclusiones secuenciales e incluso de acumulaciones simultáneas. Ejemplo 3: separación familiar ⇒ síndrome depresivo ⇒ imposibilidad de trabajar ⇒ pérdida de empleo ⇒ alcoholismo ⇒ descomposición de la identidad⇒ fracaso de tratamiento psiquiátrico⇒ retraimiento ⇒estigmatización⇒ Ejemplo 4: renuncia al sacerdocio ⇒ reentrada desprotegida al mundo profano ⇒ abandono y ausencia de grupo de referencia ⇒ incapacidad de aprendizajes mundanos⇒ estigmatización... Otros ejemplos: Ejemplo 5: se pierde una carrera universitaria ⇒ expulsión del hogar⇒ruptura del noviazgo⇒ síndrome depresivo ⇒alcoholismo ⇒ trabajo precario⇒

359 360

Durkheim, E.: Regeln der soziologischen Methode, Luchterhand, Damstadt, 1976 Sen, A.: Nuevo examen de la desigualdad, Alianza, Madrid, 1990

142
Ejemplo 6: aborto ⇒ síndrome depresivo ⇒ expulsión de la familia ⇒ expulsión del colegio ⇒ ruptura de la relación de intimidad ⇒ intento de suicidio ⇒ estigmatización ⇒ traslado de ciudad ⇒ encuentro de otros grupos de referencia ⇒ 361

Dejando de lado por el momento los ejemplos 3 y 4, interesa subrayar que la exclusión de vastas capas de la población del acceso a los sistemas parciales conduce a que los individuos sean considerados cada vez menos como interlocutores de la comunicación de la sociedad, la posibilidad de inclusión en la exclusión ofrece otras posibilidades. En el caso de las mujeres jefas de hogar chilenas por ejemplo, esto pueden configurar tres fenómenos paradójicos: Se puede dar lugar a redes de autoayuda centrada sobre la necesidad de solución a necesidades específicas basadas en la precariedad recíproca – un buen ejemplo de la tesis de la reciprocidad de las perspectivas de raigambre fenomenológica. Este es el caso de las Mujeres Jefas de Hogar en Chile, quienes lideran grupos familiares monoparentales. Según el Censo del 2002, en los últimos años, el porcentaje de hogares con jefatura femenina, ha experimentado un aumento inusitado. Incluso en el área urbana, de un 26,9% en 1992 aumentó a 33,0 % en el 2002362 (A)se puede dar lugar a una ruptura de las reciprocidades y a formas de reproducción de la exclusión, es decir a lo que Beck (con la boca llena) llama “atomización”, una ridiculez sólo posible en el eurocentrismo ilustrado germano.363 (B)puede ser que desde la inclusión, los individuos excluidos sean observados como cuerpos y no como personas, es decir que la inclusión en la exclusión, nuevamente, nada tiene que ver con la integración – mundos de la vida disociados, operativamente cerrados incluso en la segmentación territorial En las sociedades modernas, la inclusión y la exclusión operan como un meta-código doble y separado uno del otro, que cruza a todos los sistemas de la sociedad, sin que puedan existir criterios universales que regulen sus operaciones. Una de las estrategias de “control” a la exclusión de la sociedad moderna, en medio de la diferenciación funcional, es la diferenciación de un sistema funcional especializado como el trabajo social, pero que como tal nuevamente debe excluir para poder operar (con el Oscar Meza en la Tesis de Grado “Procesos de autoconstrucción identitaria desde la marginalidad social” (2003) relató las Historias de vida de cuatro jóvenes delincuentes menores de 18 años. Se trata de un trabajo que se caracteriza por su rigurosidad. Pero además, se trata de relatos conmovedores. 362 Censo 2002, Síntesis de los resultados, pp. 46 363 Beck, U.: Origen como utopía. La libertad política como fuente de sentido de la modernidad, en: U. Beck: Hijos de la libertad, FCE, Buenos Aires, 1997, pp. 377.
361

143
código  ayuda/no ayuda ⇒ caso/no caso) tampoco puede dejar de ser una forma364. Actualmente, el trabajo social es el tema predilecto de la teoría de sistemas. Reiteramos que se puede incluso ejemplificar la inclusión y la exclusión con una pantalla de computador cargado de programas, por ejemplo, apoyo crediticio a futuros universitarios y donde el entorno operativo arranque de un código binario en el cual el valor positivo signifique “poder pagar” y el negativo “no poder pagar”. Entonces los postulantes al programa que sea y que “puedan pagar”, serán los que alcancen los domicilios en la pantalla, porque satisfacen los requisitos de los programas de los códigos +/- que operan en la cotidianeidad lejos de la abstracción de las instrucciones abstractas y por lo tanto aparecen en ella. En cambio los postulantes que “no pueden pagar” como los negativos no pueden aparecer en ninguna pantalla y son habitualmente arrojados al vacío, excluidos pero amablemente por supuesto. Sintetizando, la inclusión es lábil improbable y restrictiva, mientras que la exclusión es altamente probable, estable y acumulativa. Teniendo delante los breves ejemplos de exclusión anteriores y si efectivamente inclusión y exclusión operan en la sociedad moderna con lógicas claramente disociadas, no configuran una forma. Es decir, la exclusión no disminuye reduciendo cuantitativamente la exclusión, tal como la inclusión no aumenta extendiendo la exclusión a las capas desposeídas de la población. Stichweh, en tal sentido, distingue cuatro formas básicas de inclusión en las sociedades funcionalmente diferenciadas, que también se pueden leer como formas de exclusión: i)Inclusión como atención profesional: diferenciado en roles de realización (protagónico) y rol de público, son las personas que como profesionales o clientes se incluyen en un sistema funcional, por ejemplo en el sistemas de atención de salud, en el sistema educacional, en el sistema del derecho y la religión. El problema inmediato es el entorno particular del sistema, es decir, el entorno de los roles de público: quien debe ser atendido, se convierte en paciente, el que estudia es estudiante, etc. Excluido del sistema de atención de salud es el que no tiene previsión, del sistema de la Educación Superior, el que no la puede pagar. ii) Inclusión sobre opciones de exit/voice: aquí las comunicaciones del rol de público no son registradas como acciones individuales, sino que amontonadas cuantitativamente. Esto es valido para los pagos del sistema económico, para la opinión pública en el Fuchs, Peter: Systemtheorie und Sozialer Arbeit, en: Roland Merten (ed.): Systemtheorie Sozialer Arbeit, Lenke y Budrich, Opladen, 2000. pp. 157-175
364

144
sistema político y para las noticias en el sistema de los medios de difusión. Como problema inmediato figura aquí la comunicación misma, es decir, el trato anónimo rol de público y por lo tanto la hiperautonomía de los sistemas funcionales. Excluidos del sistema económico son los que cuentan con mínimas o ninguna posibilidad de pago (y consumo), los que no votan en las elecciones populares y los que prescinden de la información de los medios de comunicación. iii) Inclusión en roles intercambiables de realización y público: esta es la forma de inclusión en familias y relaciones íntimas, en las que las personas se orientan a las acciones y vivencias de otros y su cambio de rol espontáneo se realiza aparentemente sin problemas. Pero existen problemas en la personalidad específica de las personas involucradas. Excluido es quien ha sido expulsado de dicha relación de intercambio de pertenencia: los separados, los que viven solos, los expulsados de la interacción familiar. iv) Inclusión indirecta: aquí se piensa en el caso especial del sistema de la ciencia. En efecto, partes importantes de la población son afectadas por los conocimientos de la ciencia, pero que no se convierten en clientes de la ciencia: por ejemplo, en el uso de aparatos electrónicos, en el consumo de alimentos transgénicos, con todas sus consecuencias, se encuentran indirectamente incluidos, aunque ni siquiera lo sepan 365.

El observador de 1º orden podrá observar y describir sólo los lados marcados (incluidos), los lados no marcados (excluidos) situados fuera del lado cóncavo de los cross, no le interesarán o aparecerán en su observación como turbios y opacos. Con toda seguridad, el diseño de las políticas públicas, tanto las de focalización de la pobreza como las orientadas a aminorar lo que se observa como indigencia, así como los programas del sistema de ayuda social (Chile Barrio, Chile Solidario, CONACE etc.) se sustentan este tipo de observaciones de primer orden366. En ellas, la exclusión es observada desde la distancia, como un ideal de inclusión puntual. No es digna de ser observada como el unmaked state de la forma. No sólo el análisis de dichos programas muestra una serie de ejemplos que corroboran lo anterior, sino que además es notable por lo siguiente: toda forma es una paradoja o necesariamente se convertirá en paradójica, sobre todo si se observa en el tiempo, es decir si la distinción se expande temporalizándose, por lo que ello debiera poder leerse en las autodescripciones de los programas sociales. No obstante, justamente porque se trata de observaciones de primer orden, es que los informes de ejecución y evaluación de dichos programas son tan “limpios”, carentes de
365 366

Stichweh, R.: Inklusion in Funtionssyteme der modernen Gesellschaft. N.Y. 1988 CEPAL: Focalización y Pobreza, UN, 1995

145
cualquier contradicción, ausente de cualquier paradoja que obedezca, por ejemplo, a respuestas a interrogantes circulares como por ejemplo: ¿qué dirían los beneficiarios si supieran o les dijéramos cómo estamos elaborando el informe de evaluación para que no nos evalúen mal a nosotros? Por supuesto que se privilegian los datos cuantitativos, que provocan casi automáticamente un efecto “¡Ohh!”367 Retomando la importancia del trabajo de Spencer Brown, la “trampita” del CF, es que no consiste en la indicación de contra-conceptos como “materia” y “forma”, o “esencia” y “existencia”, sino que se remite a una diferencia interna que se argumenta auto-referencialmente, con lo que Spencer Brown evade la estricta prohibición de auto-referencialidad de Russell y Whitehead368, que es el fundamento de la aritmética y del álgebra elementales y que encontramos, por ejemplo, en todos los programas estadísticos (como el SPSS). Ciertamente que la permisibilidad de un cálculo auto-referente es de gran ventaja, no en vano Luhmann entendió perfectamente que sólo una arquitectura teórica sustentada sobre el cálculo de la forma permitía salir del callejón sin salida de la epistemología de Maturana369. Escribe Luhmann: “Maturana opta por la congruencia al tomar la resolución de que con el concepto de conociendo se debe tomar en cuenta que la autopoiesis, aunque de manera ciega, opera en un campo adecuado de interacción. De esta manera se define el observador por su capacidad de disponer de lenguaje. Yo, por el contrario, quiero definir el concepto de conocimiento en forma más estrecha y, para ello, parto del concepto de observar, para lo cual los términos distinguir y designar (distinguir/indicar) ofrecen las bases de una definición. En lo que sigue se hará reconocible lo que es posible alcanzar por éstos caminos”370 La forma surge cuando se ha realizado una distinción/indicación. A Spencer Brow le bastan sólo cinco símbolos para expresarlo: 1) el lado marcado (el cóncavo de abajo); 2) el lado no marcado (el lado de afuera de abajo); 3) la distinción misma (o “call” y “cross”, o las dos leyes elementales);
367 368

Luhmann, N.: La realidad de los medios de masas, Anthropos, UIA, México, 2000, pp. 153 Whitehead, Alfred N., y Russell, Bertrand: Principia mathematica, Tres Tomos, Cambridge, University Press, 1910-1913. También Simon, Fritz B.: Mathematik und Erkenntnis: Eine Möglichkeit, die “Law of Form” zu lesen, en: Dirk Baecker (ed): Kalkül der Form., Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1995, pp. 38-57 369 Luhmann, N.: El conocimiento como construcción, en: Niklas Luhmann: Teoría de los sistemas sociales II, UIA, Universidad de Los Lagos, 1998, pp. 69 y sig. 370 Luhmann, N.: El conocimiento como construcción, en: N. Luhmann: Teoría de los sistemas sociales II, UIA, Universidad de Los Lagos, 1998, pp. 73

146

4) el signo igual (cuando algo se confunde con algo); 5) el signo de la figura de reentrada de la distinción en el espacio marcado de la distinción misma (re-entry):

Law of colling = Law of crossing =

Re- entry

La primera ley llamada “calling” significa que el valor de un calling made again, es el mismo valor del calling. La segunda llamada crossing significa que el valor de un crossing made again, no es el mismo valor del crossing. Lo relevante del CF371, consiste en que permite reconstruir el estado del esquema primario que se marca en la sociedad como determinante en su evolución histórica: 1) en relación al sentido propio o a la cualidad de ese estado específico; 2) en relación a una observación que desde el exterior de la distinción, porque permite marcar lo que es o debiera ser;

371

Spencer Brown, G.: Gesetze der Form, Braunaschweig, 1997 (uso la traducción al alemán)

147
3) en relación a la operación de distinción (cross), que muestra a la diferenciación en construcción como su reconstrucción, desde la destemporalización del presente. Nosotros sostenemos que el cálculo de la forma es de gran utilidad para las ciencias sociales. También para una sociología de la exclusión. De tal manera que la forma de la lentitud, no-interconectividad, inestabilidad e improbabilidad de la inclusión correspondería a la siguiente forma:

INCLUSIÓN =

Programas de Códigos: Aprobación/Rechazo Aprobación (+) Rechazo (-)

A la inversa, la forma de acumulación, interconectividad, alta probabilidad y estabilidad de la exclusión correspondería a la siguiente forma:

EXCLUSIÓN =

Programas de Códigos: Aprobación/Rechazo Aprobación: (+) Rechazo: (-)

148

La distinción código/programa es de fundamental importancia para caracterizar las formas de inclusión y exclusión, tal como la distinción que implica al código mismo. El código es la forma que funge como la instrucción primaria en los sistemas funcionales. Esta instrucción es jerárquica, binaria y se orienta según el principio del tercero excluido 372. La codificación binaria es una compresión drástica que opera como el principio restrictivo expresable en la reducción de las probabilidades de interferencia entre los sistemas parciales. Los códigos funcionan análogamente al lenguaje; en efecto, la versión “Si” de la ejecución de la comunicación con el medio lenguaje opera como una afirmación a la apertura de alternativas de selectividad de Ego respecto de Alter, mientras que “No” opera drásticamente como la versión de rechazo de la comunicación 373. Los códigos, a pesar de las muestras de estabilidad evolutiva que presentan, son distinciones con las que el sistema reconoce qué operaciones le son propias y cuales debe rechazar por impropias. Pero el código no reconoce qué individualidad del entorno puede ser incluida en dicha comunicación propia, y en qué rol debe ubicarse, pero tampoco cuales deben ser repelidas. Los códigos son demasiado abstractos para ejecutar por sí solos estas operaciones de selectividad en los entornos internos (incluidos) y externos (excluidos). Por el carácter rígido que excluye un tercer valor en la codificación binaria, no están capacitados para reconocer individualidades selectivamente. Al confrontarse a ellas en medio de la interacción por ejemplo, pueden oscilar en exceso hasta convertirse en paradójicos si se aplican sus propios códigos a sí mismos, es decir si operan por autología. Estas paradojas por autología inmovilizan a los sistemas. Por ejemplo, si el sistema educativo acoplado a la ciencia (verdadero/no verdadero) se les aplicara a todos los contenidos curriculares científicos se aplicara al programa mismo, el sistema se sobrecargaría de dudas, hasta no poder distinguir qué es lo verdadero y cuál es lo no verdadero. Los códigos abstractos deben aplicar criterios prácticos y mundanos de atribución a cada uno de sus valores: orientándose el sistema hacia ellos, se dota de instrucciones de acción, lo que no puede el código por sí solo. De esta manera, en la distinción código/programa el código opera como el entorno de los programas. Los programas diversifican los valores del código, los hacen
372 373

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, o. cit., pp. 225 y sig. Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, o. cit., pp. 595 y sig.

149
comprensibles para los individuos (entornos), los que se transforman en identificables para el sistema, quien los procesa. En los programas tiene cabida el tercero excluido, hasta se pueden introducir criterios importados de otros programas u otros códigos. Por lo tanto, sólo en la mundaneidad de los programas opera como el mecanismo decisivo de reconocimiento o repelencia del sistema, que en la diferenciación funcional determina la especificidad de la inclusión y la exclusión. La distinción general y específica aceptación/rechazo es la que enfrentan los individuos para ser visibilizados (o no) por el monitor del sistema. La observación de 1º orden puede observar sólo los contenidos/requisitos de programas, le es completamente indiferente qué código los dirige o si los programas son atribuibles a dos códigos diferentes. Para el observador de primer orden interesado en visibilizarse en el monitor del sistema, el entorno del programa (código) es invisible. La distinción programa/código pueden observarse como los lados de la forma si observando a la observación de observadores, que se propone identificar el valor del lado no marcado de la distinción. Hay que subrayar que el observador de primer orden se confronta únicamente a programas, por lo que en definitiva los criterios para la inclusión y la exclusión en los sistemas funcionales – en última instancia – dependen de la aceptación o el rechazo de los programas. Los individuos ni siquiera conocen el o los códigos que operan en el lado no marcado de los programas. Hay otra distinción tanto o más importante que código/programa, se trata de la distinción medio/forma, que Luhmann deriva de la psicología de Fritz Heider374. El principio es relativamente simple: tal como la percepción de objetos presupone la existencia de medios, como la luz y el aire, los olores y el tacto, porque en completa oscuridad no podemos ver, así como tampoco podemos percibir cuál será el sabor de una cena sin su olor, tampoco hay forma posible sin un medio. Mientras que las formas son densidades voluminosas – por lo que se caracterizan por el acoplamiento rígido de sus elementos – los medios son sutiles, casi imperceptibles, mantienen una relación volátil entre sus elementos, por lo que se caracterizan por su acoplamiento laxo. De allí que los programas y por ende los códigos de los sistemas, necesiten de medios – los medios de comunicación simbólicamente generalizados375 – para catalizar motivaciones, las que se ejecutan en escenarios de interacción Alter y Ego.

374

Luhmann, N.: Zeichen als Form, en: Dirk Baecker (ed.): Probleme der Form, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993, pp. 45-68 375 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, o. cit., pp. 190 y sig.

150
La ventaja de los programas reside en su carácter fáctico, por lo que se acoplan fácilmente al sentido de las observaciones prácticas de primer orden y retratan exclusivamente las observaciones cotidianas de los observadores. Más arriba hemos apuntado que los sistemas – y por ende sus directrices codificadas – no poseen criterios de ningún tipo que autolimiten sus operaciones y las remitan a los contornos que se supone les otorgan los códigos, los que son difusos y permeables. Tampoco hay criterios de abstención que puedan constreñir sus operaciones. En este sentido, la diversidad y el diseño de los programas, al operar con atribuciones laxas a los códigos, introducen en los requisitos de aceptación de aplicaciones mundanas de códigos exógenos, los que contribuyen a restringir la inclusión y facilitar la exclusión. Los programas no son laxos en sí, pero permeables porque aceptan múltiples valores en sus contenidos. Por ejemplo, la programación del sistema de educación superior chileno requiere del puntaje necesario en el rendimiento de los instrumentos de evaluación, pero también que se pueda/no se pueda pagar la matrícula y las colegiaturas de los estudios. Ciertamente que ésta programación reduce las posibilidades de inclusión, a pesar de las semánticas de endulzamiento bajo el lema “educación con igualdad” y otras, como la destemporalización de los pagos mediante el otorgamiento de créditos, becas y otros. Únicamente por esa razón, la introducción del código pago/no pago y de la programación de aranceles según universidad y carrera, debiera aumentar la exclusión del sistema de educación superior. No obstante, del efecto de exclusión del que debiera dar como resultado que disminuya la cantidad de alumnos universitarios, ha resultado exactamente lo contrario. ¿Cuál es la razón de esta paradoja? La programación doblemente restrictiva al acceso a la educación superior permitió la proliferación de universidades privadas, las que al elevar significativamente la disponibilidad de cupos y diversificar la oferta de carreras, de todo esto ha permitido a fin de cuentas que en los dos últimos decenios la cantidad de universitarios se haya quintuplicado. Si embargo, si observamos algo aproximadamente similar en el sistema de atención de salud (estar enfermo/estar sano) – es decir las consecuencias de la ausencia de criterios de abstinencia o autolimitación – las consecuencias han sido catastróficas debido a la introducción del código pago/ no pago. La transferencia de miles de usuarios del sistema privado de Isapres al sistema público Fonasa, la cantidad de escándalos y casos de enfermedad no atendidos que finalizan con la muerte por el incumplimiento del requisito vinculado al código pago/no pago del sistema económico, la arbitrariedad en los

151
rechazos de licencias, etc., han aumentado la exclusión y constreñido las opciones de inclusión. Concluyendo, no existe mecanismo alguno que garantice programas “puros”, abstinentes y constreñidos únicamente al código respectivo. Sería un error garrafal sostener que los códigos se intervienen entre sí hasta confundirse y sabotear su propia autopoiesis. Privilegiando los acoplamientos laxos entre sistemas, se activan por un lado los medios de comunicación simbólicamente generalizados pues aumentan las opciones de selectividad. Pero las lógicas de inclusión y exclusión no serán jamás los lados de una forma, sino transitarán oblicuamente respecto de la diferenciación funcional. No hay sistemas intervenidos, sino programas que comparten códigos inaugurando formas novedosas y perversas de acoplamiento. Los efectos de estos acoplamientos son altamente paradójicos. No obstante, como tanto la exclusión como la inclusión son fenómenos multifacéticos e individualizados, desde la exclusión habría que formular las siguientes interrogantes: ¿Quién es excluido de qué sistema y cómo? ¿Cuál es el modo de acumulación y la secuencia que siguen las exclusiones? ¿Se concentran esas acumulaciones en espacios de vida, en grupos heterogéneos u de identidades parcialmente compartidas? ¿Cómo observan los observadores y se identifica con su “exclusión”? ¿Cuáles son las formas observables de diferenciación funcional alternativa que despliegue inclusión en la exclusión? Inclusión y exclusión son conceptos en sí multidimensionales, que además sólo pueden ser observables partiendo del principio de la necesidad de la observación de las observaciones de observadores. Además, la inclusión no deben ser confundida con la igualdad – la bandera de lucha de la ilustración, hoy combinada en el desarrollo (desarrollo con igualdad) lo cual es la perfecta cuadratura del círculo , pero tampoco con equidad, como la progresión de igualdad de oportunidades. La conciencia excluida. Exclusión/inclusión primaria y secundaria ¿Son las conciencias de los excluidos, núcleos deteriorados o entes estropeados pertenecientes a seres minusválidos? Si consideramos estrictamente el argumento de Stichweh en el sentido que la exclusión se caracteriza por la primacía de no- sucesos, debiéramos concluir que las conciencias excluidas están incapacitadas para realizar la forma del acoplamiento operativo, es decir, que se encuentran inutilizadas para realizar la conversión del tiempo en el tiempo de la abulia en el tiempo de la autopoiesis de la vida. Se subentiende que tampoco logran convertir las opciones en acontecimientos, pues en las conciencias son inexistentes en

152
los excluidos. De allí a argumentar que en la exclusión sólo habitan cuerpos, como señala Luhmann376 y buena parte de la Escuela de Bielefeld, hay un trecho muy corto. Así por ejemplo, en un esquema desarrollado por Markus Schroer de acuerdo a las propuestas de Robert Castell “junto a la inclusión y exclusión crecientes y decrecientes, se representan en el esquema los valores persona/cuerpo y visibilidad/invisibilidad. Tal como Luhmann ve también Schroer a los individuos en espacios de exclusión como reducidos a cuerpos y en los espacios de inclusión como personas”377. Otros como Nassehi, Fuchs y Baecker son más cuidadosos cuando argumentan respecto de la exclusión. Stichweh apunta que “el acto de la exclusión se estabilice dramáticamente y que no sea un efecto colateral indeliberado del operar de los sistemas, no invalida que el interés analítico se concentre en mostrar, cómo las instituciones a pesar de las buenas intenciones que persiguen, la exclusión inclusiva que se proponen realizar, alcanza barreras insalvables entre exclusión y exclusión y por lo tanto las direcciones comunicativas correspondientes, también como direcciones reincluidas las marcan para siempre con un estigma”378. En primer lugar, el argumento de que en la exclusión habitan sólo cuerpos – sin conciencia – es tan absurdo e inadmisible, como el que en la inclusión habiten conciencias fantasmagóricas sin cuerpo. Ese no es el problema, sino el que el bloqueo al acceso a las prestaciones de los sistemas parciales, en cualquiera de sus gradaciones y sentidos, al negar la calidad de personas a los excluidos, de ninguna manera los excluye de la sociedad379. Los sistemas de interacción son ingobernables e imposibles de colonizar por los sistemas funcionales de la sociedad, por su microdiversidad, por su auto-movilidad y porque operan con comunicación vagabunda. Nosotros hemos desarrollado los conceptos de individualización/individuación y el de exclusión/exclusión primaria y secundaria. Por inclusión primaria entendemos una forma vasta y amplia de acceso a los sistemas parciales de la sociedad, lo cual significa habitar en el entorno interno del sistema respectivo y ocupar un rol protagónico o de público. Al mismo tiempo, esto significa acceso a un mundo de la vida caracterizado por la jerarquía del sistema – nosotros, sin efectuar de ningún modo formas de prioridad entre ellos – escogemos (a) el acceso al sistema económico (pago/no pago) y en particular un estatus que garantice remuneraciones estables (ganar dinero/no ganar dinero); (b) el Luhmann, N.: Inclusión y Exclusión, en: N. Luhmann: Modernidad y Complejidad. De la Unidad a la Diferencia, op. cit., pp. 193 377 Wehe, G.: Die Unsichtbarkeit von Exklusion – ist Exklusion beobachtbar?, manuscrito, 2004 378 Stichweh, R.: op. cit., pp. 5 379 Nassehi, A.: Inklusion, Exklusion, Integration, Desintegration, en: Heitmayer, W.(ed.): Was halt die Gesellschaft zusammen?, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1997
376

153
sistema educativo que permite obtener educación superior completa; (c) el sistema de atención de salud que garantiza prestaciones suficientes (enfermo/no-enfermo). Estas inclusiones funcionales significan que en el marco de temporalidades correspondientes, la instrumentalidad es el valor propio fundamental. Por lo tanto, la inclusión es binaria, excluye el TND, es jerárquica e instrumental. Por inclusión secundaria entendemos el acceso de interacciones heterárquicas contextuales de mundos de la vida excluidos, las vivencias propias del habitar en el entorno externo de los sistemas parciales. Evidentemente que para caracterizar la inclusión secundaria usamos los mismos parámetros sistémicos que de la inclusión primaria. Las interacciones heterárquicas significan que las vivencias de Alter se acoplan a las experiencias de Ego, pero en un sentido heterogéneo, forzado por la obligatoriedad de la existencia. La conciencia asume la forma del lenguaje, pero de un lenguaje idiosincrásico, concreto, nacido de la experiencia. Las operaciones decididas que desagregan de la corriente de la conciencia percepciones relevantes, llevan el sello de un mundo desconocido para la sociología – maniatada a la observación de la exclusión desde el ideal grotesco de la inclusión. La transformación de opciones en eventos, en lugar el estigma de la atomización, conllevan el sentido de mundos disociados de la inclusión. No obstante, su transparencia es sorprendente. El acoplamiento operativo, es decir la operación del tiempo en el tiempo se realiza bajo el signo del regocijo, aquella que induce fortaleza: la conversión del tiempo de la naturaleza en el tiempo del sentido y la autopoiesis no se realiza en estados deprimentes, sino en la forma de la alegoría y la familia: “cualquiera fuese la experiencia de vida que registrara, el registro me conducía siempre a un punto que al principio siempre sospechaba: la familia”380. Por lo menos así lo dice la experiencia – y mi experiencia – en Venezuela y los países caribeños. En ese sentido, hasta se podría hablar de una reflexividad estética y hermenéutica381. El excluido experimenta el tiempo del instante, la utopía de los que pretenden quebrar la hegemonía del tiempo lineal382, por ello es que vive el futuro siempre como riesgo. No se trata de una abstracción ontológica, sino de la inestabilidad del tiempo en el futuro, por eso de la sumatoria de los instantes resulta un tiempo corto, breve, discontinuado. El excluido necesita relacionarse con el otro y es la antítesis del incluido que no necesita a nadie porque lo tiene todo.

Moreno, A.: El aro y la trama, op. cit., pp. 394 Lash, S.: La reflexividad y sus dobles: estructura, estética, comunidad, en: U. Beck, A. Giddens, S. Lash(ed); Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el mundo moderno, Alianza, Madrid, 1994, pp. 200 382 Fuchs, P.: Das psychische System und die Funktion des Bewusstseins, op. cit
381

380

154
Vivir en el entorno externo de los sistemas no es una desdicha sino un aumento creciente de libertad. La sentencia de Francisco de Asisis “Mientras más pobre, mas libre”, encuentra expresión en sistemas funcionales alternativos, de los que daremos cuenta más tarde. Por supuesto que por mundos de la vida disociados no entendemos, como Habermas, las acciones comunicativas orientadas al consenso, con el pavor a la “colonización”. Tampoco identificamos a los mundos de la vida con ninguna ridiculez inter-subjetiva, sino como interacciones de convivencia que sostienen un Aro y una Trama, símbolo de una episteme de relación con-vival. Con el mundo de la vida tenemos en mente El mundo de la vida popular. La búsqueda de una relación ausente. “Estamos ante una episteme que consiste en conocer no por individuos sino por relaciones. La relación no es un derivado construido del individuo sino el individuo un derivado de la relación. La relación no es un arte-facto necesario sino el fundamento de todo conocer”383, que unifica doxa y episteme. Esta forma de inclusión secundaria genera sus propios mecanismos de exclusión, que no tienen tanto que ver con los clanes familiares de antaño, pero sí a las relaciones intra-familiares. Por supuesto que estas reminiscencias de segmentación así como las formas que asume la clausura de estratos, familias, tribus y clanes, por el lado de la descendencia, así como las formas que asume la línea de residencia, son altamente complejas. Por lo que uno debe ser cuidadoso cuando solo por observación simple de 1º orden se ejemplifica equívocamente a este mundo. Estas redes no pueden prescindir de operar como sistemas de interacción. Este es el basamento de lo que llamamos inclusión secundaria.

Moreno, A.: El aro y la trama. Episteme, Modernidad y Pueblo, CIP, Caracas, 1995, pp. 475

383

155

Inclusión y exclusión secundarias no sólo se reproducen y sedimentan, sino que además de co- condicionarse aparentemente, originan formas propias de conectividad y auto-recursividad. Ejemplos de inclusión secundaria son las organizaciones dedicadas al hurto, las barras “bravas”, los grupos de esquina, los grupos de intercambio de reciprocidades en las mujeres jefas de hogar, los grupos poblacionales de protesta puntual en torno a objetivos específicos, los grupos dedicados al cultivo del tráfico de influencias, etc384. Si se observa con detención la obra sociológica de Gabriel Salazar se encontrarán datos relevantes acerca de estas formas de organización social alternativa385.
384

Valdés, T.: Venid, benditas de mi padre. Las pobladoras, sus rutinas y sus sueños, FLACSO, Santiago 1988. Grainza, A., et al.: Futuro y angustia, Sur, Santiago, 1997 385 Salazar, G.: Transición ciudadana: de la auto-justicia al tribunal de la historia (Chile, siglo XXI), en: Sociedad Hoy, Departamento de Sociología, Universidad de Concepción, Nº 8-9, 2005, pp. 9 y sig.

156

Inclusión/ exclusión primaria y secundaria son conceptos caracterizados por su permeabilidad. Esto no significa que no sea posible cruzar de una a la otra parte de la distinción sino que al contrario, la situación prototípica de exclusión es un deambular entre lapsos de inclusión seguidos de otros períodos de exclusión, como antes hemos expuesto. La forma del cruce es la oscilación y el proceso es la temporalización destemporalizada. En el caso del las Mujeres Jefas de Hogar, esta destemporalización obedece fundamentalmente a la manipulación y el uso del dinero: la habituación a los tiempos cortos bloquea su uso mensual.

El mundo de la vida Nosotros entendemos el mundo de la vida en estricto enlace a la tradición fenomenológica de Husserl, Schütz, Marleau-Ponty386, y no en la interpretación de Habermas 387 y otros. El mundo de la vida consiste en el ámbito espacio-temporal que incluye los objetos culturales, naturales y sociales, de “la ingenua auto-evidencia en que cada uno ve las cosas y el mundo en general tal y como éstas y éste se le presentan, (y) encubre – como advertimos – un gran horizonte de notables verdades que en su peculiaridad y en su conexión sistemática nunca entraron en el círculo visual de la filosofía”388. Incorporamos también para ello las observaciones de Schütz, en el sentido de que ese inmenso mundo de lo experimentado se configura como en “entorno de la vida” (Lebensumwelt) al cual pertenece mi vida y la vida de los otros y los que pertenecen a las
386 387

Merleau-Ponty, M.: Phänomenologie der Wahrnehmung, De Gruyter, Berlin, 1966 Habermas, J.: Zur Logik der Sozialwissenschaften, Frankfurt, 1977, pp. 188 y sig. 388 Husserl, E.: La crisis de la ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Critica, Barcelona, 1980, pp. 174

157
comunidades de pares (Vergemeinschaftungen), a los que viviendo y sufriendo, le dan forma a este entorno de la vida como un mundo de formas culturales” 389. A ese entorno de la vida no sólo pertenecen los objetos de mis vivencias, sino también, como alter ego, es decir las subjetividades que como yo, están dotados de una conciencia. Todos los objetos de la cultura demuestran tener su origen y sentido en concordancia con sujetos externos y la constitución activa de sus intencionalidades, poseen pero un sentido de la experiencia paracualquiera-que-esté-ahí, evidentemente sentido sólo para aquellos que pertenezcan a la comunidad cultural respectiva. Este entorno es a su vez “el mundo de la actitud natural”, el que experimentamos como históricamente predeterminado; en efecto, antes de nuestro nacimiento el “mundo de la vida” ya existía. Por ello, en el contexto de sus estructuras aprendemos el lenguaje, que en principio no es más que la manifestación concreta de interpretaciones y tipificaciones 390. También el conocimiento-receta y los procedimientos y formas de comportamientos que nos permiten concebir al mundo como (relativamente) incuestionable. Pero el mundo de la vida, como es suelo de cualquier praxis vital, no sólo se estructura como tipificación, sino que se presenta como estructuras inmanentes de relevancia 391. Estas relevancias no son per naturam inmanentes, sino que son el resultado de la selectividad interpretativa de los hombres, en su observación de la naturaleza y la sociedad. El mundo de la naturaleza, de la física y de la química, tiene la particularidad que los descubrimientos humanos, por ejemplo del átomo y el DNA, no tiene la más mínima importancia para los átomos y los DNA. Pero el campo de observación de la sociedad, la estructuración de las relevancias posee, en su calidad de objetos de sentido, una importancia decisiva. Rememoremos que los objetos de las ciencias sociales son objetos significativos que resultan de la estructuración de las experiencias cotidianas, y por ello son construcciones de segundo orden, construcciones de construcciones. Para Schütz es imposible comprender el sentido de dichos constructos, sin el análisis del mundo de la vida. Para ello, debe partirse de la “situación biográfica” de los individuos, la que está construida egocéntricamente. Justamente son las construcciones de segundo orden y a la situación biográfica, las que abren paso a las interpretaciones interpersonales.

Schütz. A.: Gesammelte Aufsätze, 1, Das Problem der sozialen Wirklichkeit, Den Hag, Nijhhoff, 1971, pp. 144 390 Kokelmans, J.: Descriptive oder interpretierende Phänomenologie in Schütz’ Konzeption der Sozialwissenschaften, en: W. Sprondel (ed.): Alfred Schütz und die Idee des Alltags in den Sozialwissenschaften, Enke, Stuttgart, 1979, pp. 28 391 Schütz, A.: Das Problem der Relevanz, Frankfurt, 1971

389

158
Ahora bien, la pluralidad de civilizaciones, culturas y mundos de la vida que conocemos deja en claro que las organizaciones, sistemas parciales de la sociedad y las instituciones no pueden ser derivados ónticamente de la fenomenología trascendental. Esto es realizable mediante dos estrategias: la reespecificación de los tipos ideales de Max Weber y la construcción de una sociología fenomenológica constitutiva de la actitud natural. “La contribución magnífica de Husserl para las ciencias sociales no se agota en su esfuerzo fallido de encontrar la solución al problema de la intersubjetividad en la esfera reducida a lo egológico, como tampoco en su concepción ambigua de la empatía como fundamento de cualquier comprensión, y tampoco en sus concepciones de las comunidades y sociedades como subjetividades de orden superior, cuya naturaleza puede ser descrita mediante procedimientos eidéticos; la contribución de Husserl consiste más bien en la riqueza de sus análisis referidos a los problemas del mundo de la vida y que apuntan hacia una antropología filosófica, a desarrollar” 392. Es por eso que nosotros, en aproximación al trabajo ejemplar de Lazarsfeld, Jahoda y Zeisel393 entendemos el acceso a una estructura jerárquica donde prima la instrumentalidad (inclusión primaria) y la estructura hererárquica de las interacciones interpersonales (inclusión secundaria) como mundos de la vida disociados, desunidos y separados entre sí. La jerarquía se opone a la heterarquía, como la instrumentalidad a la interacción. En el caso de las inclusiones primarias la relevancia se presenta como relevancia motivacional 394, lo que es conexo con la relevancia temática de los intereses y la aceptación de la instrumentalidad. Mientras que el caso de la exclusión primaria, la estructura de las relevancias es por lo general impuesta. No se accede a la educación superior completa no porque no exista motivación (relevancia motivacional), sino porque predomina la relevancia impuesta, la que a su vez determina la relevancia temática. Los tres tipos de relevancia, impuesta, motivacional y temática son interdependientes. ¿Cuál es la forma que asumen estas interdependencias? Es lo que mostramos en el cuadro siguiente.

392

Schütz. A.: Gesammelte Aufsätze, 1, Das Problem der sozialen Wirklichkeit, Den Hag, Nijhhoff, 1971, pp. 172-173 393 Lazaersfeld, P., Jahoda, M., Zeisel, H.: Los Parados de Marienthal, La Piqueta, Madrid, 1966 394 Schütz, A.: Das Problem der Relevanz, Frankfurt, 1971, pp. 78

159

En aproximación a Schütz entendemos la aparición de la relevancia temática “cuando algo en medio del campo no estructurado y no-problemático de lo confiable, se convierte en un problema, el cual se estructura en un horizonte. Llamamos a esto una relevancia temática” 395.

395

Schütz, A.: Das Problem der Relevanz, op. cit., pp. 56

160
Existe también el caso el cual “cómo una experiencia extraña precisamente por su extrañeza se nos impone como estupefacción. Esta experiencia no la convertimos en temática mediante una acción volitiva. Por ello llamamos a ese tipo de relevancia, ‘relevancia impuesta’” 396. Abordemos ahora el tema de la relevancia interpretativa.”Este tipo de relevancia se nos presenta en una extraña doble función. No es únicamente relevante que nuestro acerbo de conocimiento a la mano tenga algo ‘que ver’ con el objeto temático actual, sino que uno actu contienen el objeto percibido momentos particulares del carácter de una relevancia interpretativa de grandes o menos voluminosos momentos para el conocimiento y la interpretación urgentemente actual de una parte experimentada del mundo” 397 En cualquier caso, las estructuras de relevancia son una interrupción del acervo de conocimiento a la mano. En este sentido, Schütz distingue varias formas de interrupción: (A)la interrupción definitiva, que se presenta como interrupción concluyente del flujo de la experiencia o cuando la capacidad de conocimiento es sobrepuesto mediante otro problema, lo que formula, por lo tanto, la existencia de un problema nuevo. (B)la interrupción temporal del acervo de conocimiento. En este caso se constatan disyunciones en el ritmo de la corriente de la conciencia. Lo que puede suceder si en el cambio repentino de un segmento independiente del mundo, se traspone rápidamente a otro 398. Enfrentemos ahora en problema de la relevancia desde la perspectiva de la inclusión/exclusión. Si la exclusión primaria en su forma explícita significa una comunicación mediante la cual se anuncia que en el futuro el destinatario no recibirá otras comunicaciones; como es el caso de la expulsión del colegio, o el despido del trabajo, entonces nos enfrentamos al tipo de relevancia impuesta y a la interrupción definitiva de las comunicaciones. Esta es obviamente una estructura de relevancia que implica sorpresa y que condiciona a las relevancias interpretativas y motivacionales. Este caso de paro colectivo fue descrito por el trabajo ejemplar “Los Parados de Marienthal” 399. Srubar sostiene que “mediante el cambio provocado en la sociedad se induce un desplazamiento en un complejo de condiciones de acción, lo que para los actores sociales y su acción es relevante como desplazamiento en el sistema de las necesidades. Las
396 397

Schütz, A.: Das Problem der Relevanz, op. cit., pp. 58 Schütz, A.: Das Problem der Relevanz, op. cit, pp. 70 398 Schüz, A. y Luckmann, T.: Strukturen der Lebenswelt, Bd. I, Frankfurt, 1979, pp. 162 399 Lazarsfeld, Jahoda y Seizel: op. cit.

161
necesidades, tratadas en ese contexto, significan a pesar de su internalización como “imágenes interiores”, un sistema de estructuras impuestas de relevancia, pues sus posibilidades materiales y objetivas se encuentran fuera de las eventos de influencia del sujeto y son el resultado de prácticas de aculturación y socialización…Si el tenor de la argumentación marxista señala que con el desplazamiento estructural también el sistema de las necesidades (de las estructuras de relevancia) se modifica, entonces esto significa que con ello se indica que las modificaciones de acceso al mundo así como los motivos de acción tipificados también son objeto de modificaciones” 400 Como en la inclusión primaria las relevancias impuestas son inexistentes, entonces se puede hablar de un intercambio aproblemático entre relevancias motivacionales e interpretativas. Como las interrupciones en la construcción del acervo de conocimiento tampoco existen, el carácter constitutivo de la conciencia funciona sin problemas. El mundo de la vida, en su calidad de praxis vital está estructurado en Tipificaciones y Estructuras de Relevancia401. Nuestro interés consiste en cultivar los inmensos conocimientos de la fenomenología y vincularlos al fenómeno de la inclusión/exclusión. Para eso hemos desarrollado la siguiente descripción topológica.

400

Srubar, I.: Konstruktion sozialer Lebens-Welten bei Marx, en: B. Waldenfels (ed.): Phänomenologie und Marxismus, Bd. 3, Frankfurt, 1978, pp. 198 401 Schüz, A. y Luckmann, T.: Strukturen der Lebenswelt, Bd. I, Frankfurt, 1979

162

Individualización e Individuación En mis sostenidos esfuerzos por precisar los contenidos de los conceptos de individualización e individuación, espero haberlos mejorado al menos parcialmente La exclusión es una operación sistémica como antes se describe y simultáneamente además una constelación política suficientemente legitimada que conduce a la ruptura de las reciprocidades entre las personas. De tal manera que en las sociedades periféricas, llamémoslas países en desarrollo o como se quiera, el abismo entre la inclusión y la exclusión asume la función primaria en la diferenciación funcional y es el

163
principio axial de la articulación de los sistemas parciales, lo que significa que una parte de la población sea excluida del acceso a los sistemas funcionales, que sea posible el acceso sólo a algunos de ellos, o que la inclusión a cada uno de ellos se realice en condiciones de alta temporalización o esporádicamente. Desde la observación de la semántica de la sociedad y su contraste con la estructura social, la exclusión es observada como uno de los efectos colaterales del reverso de la operación auto-descriptiva, de la que es su sombra lógica e histórica. Hay que tener en cuenta que la semántica de la sociedad, por ejemplo de la historia de los sistemas, describen casi con meridiana exactitud, lo que los sistemas no hacen ni hicieron lo que cuentan. El ejemplo monumental de Foucault es la simultaneidad de la aparición de las maneras más sofisticadas de mantenimiento del biopoder productor de la sumisión con el advenimiento de la centralidad de las autorías y la invención del “sujeto”402. Por lo tanto, hay que olvidarse de las ilusiones de las semánticas oficiales e institucionalizadas de inclusión, o sea, desechar los equivalentes de la metafísica de la felicidad, porque en ellas la exclusión se observa desde el “ideal” de inclusión; algunas de estas semánticas son “la igualdad” y la “equidad”. Estas semánticas son resultantes de observaciones de 1º orden y desde un ideal de inclusión, el que por supuesto es tan utópico como engañoso. La distinción que subyace a ella convierte en invisible al lado no marcado, que es justamente la exclusión, para subsumirla en el ideario de la inclusión. Mediante toda esta batería de argumentos de “superación”, la modernidad deja entrever la más perversa de sus paradojas: No puede ser lo que no es, pero es justamente lo que no puede ser. La pregunta por la exclusión y la exclusión atraviesa, pues, por la pregunta siguiente: ¿excluido o incluido de qué? Para intentar una satisfactoria, suponemos: respuesta adecuada y medianamente

(a) que la inclusión primaria significa que se puede acceder a los programas de sistemas funcionales, y si no a todos ellos, por lo menos a los que aseguran beneficios que otorgan confianza y proyecto de futuro (aún a los de mayor hiperautonomía) y que dan lugar a la configuración de una tipología de identidad que llamaremos individualización. Ella es jerárquica, binaria, e instrumental. Su divisa es:

402

Robles, F., y Arnold, M.: El lugar del sujeto en la sociedad, en: Metapolítica, Vol. 5, Nº 20, 2000, pp. 68-89

164

“Haz de tu vida lo que te parezca”. (b) que la inclusión secundaria significa que se puede acceder a sistemas de interacción (intra y extra-familiares) vinculadas a los medios dinero, influencia y amistad, a la reciprocidad de favores de los que se obtengan provecho, desde la red de apoyo poblacional condicionado a mínimas alternativas de selectividad, al joint venture entre política y criminalidad, hasta la ayuda del hurto y el asalto para acceder al consumo, pasando por la organización política. Ella es heterárquica, policontextural (permite el TND) y se basa en interacciones. A esta tipología de identidad la llamaremos individuación. Su divisa es: “Arréglatelas como puedas”.

¿Por qué sostenemos que la disociación entre individualización e individuación es tan radical como irreconciliable? La inclusión (primaria) significa entrar en un mundo de la vida jerárquico e instrumental. Nos aferramos a esa tesis partiendo del concepto de “acumulación reflexiva”, que “pone el acento en que el saber y la información son los ejes de las economías contemporáneas. Pero no un saber que se reduzca a una intensidad informativa para desenvolverse en un ambiente económico complejo e inseguro”403. La reflexividad a la que se refieren Lash y Urry opera con una hermenéutica compleja y es parcialmente estética porque no incluye solamente capacidades para el procesamiento de información, sino que poseen la capacidad para elaborar símbolos, es decir, tanto significantes informativos y estéticos como otros símbolos no informacionales. Por otra parte, la reflexividad en la acumulación reflexiva se aplica también al consumo reflexivo. Por tales se entienden la masificación de los estilos, de los cuales el más importante es el diseño. La decadencia de la tradición que abre paso a la individualización donde los grupos como la familia, los grupos corporativos y la pertenencia a una clase social no determinan las decisiones de consumo. El individuo es liberado, los estilos de vida se pluralizan y los individuos se ven forzados a decidir. Por último, en los servicios, las comunicaciones y la información, los productos nomateriales entran crecientemente en economía reflexiva. El núcleo son las estructuras comunicacionales al interior de las empresas, y los productos finales. La rapidez del flujo de las comunicaciones permite cambios rápidos en la línea de producción.

403

Lash, S. y Urry, J.: Economías de signos y espacio, Amorrortu, B.A., 1998, pp. 92

165
La modernización aumenta la complejidad de la división social del trabajo, proliferan las tareas de coordinación para reunir a muchos procesos laborales separados. Reflexividad se entiende así: “el proceso de trabajo de unos pasa a ser el objeto del proceso de trabajo de otros”. Existe una jerarquía cibernética de sistemas, la que se corona con los llamados meta-sistemas de procesamiento de información, los que serían un ejemplo de meta-reflexividad. Si los sistemas de información controlan los sistemas de producción, estos otros meta-reflexivos, los intensivos en información, regulan y gobiernan las actividades productivas. Pero también regulan los intercambios entre los sistemas de trabajo y sus entornos, uno de los cuales es la educación. Cada uno de los sistemas regula la comunicación de las comunicaciones. Hay una creciente informatización. Esto significa también tres etapas básicas. (a) el intercambio directo de energía por materia en los sectores agrícolas y mineros; (b) la mediación maquinista donde la materia es un medio, objeto y resultado de la producción; (c) el intercambio por la mediación de los símbolos. La modernización reflexiva consiste en un aumento de la autorregulación, en el sentido de que el propio proceso de trabajo se hace objeto de sí mismo. Los autores distinguen tres modelos de reflexividad: el (J) del Japón incluye una reflexividad colectiva; el (G) de Alemania que corresponde a la reflexividad práctica; y el (A) que corresponde a los países anglosajones, al de la reflexividad discursiva404. La acumulación reflexiva es en sí contradictora. Desde Hegel que la reflexividad es cultural, la acumulación es económica. Pero su uso permite abordar el acoplamiento entre economía y símbolo. En cada uno de los modelos, se pone de manifiesto que la post-modernidad es una parte integral de la acumulación reflexiva, y su extensión405. En la disyuntiva entre el yo (individualizado) y el nosotros (individuado) señala Lash que “para poder tener acceso al ‘nosotros’, a la comunidad, no debemos reconstruir, sino interpretar hermenéuticamente y evitar de este modo las categorías de agencia y estructura, de sujeto y objeto, de control frente a la contingencia y de lo conceptual frente a lo mimético. Este tipo de interpretación es la que dará acceso a los fundamentos ontológicos, en las Sitten , en las costumbres, en las praxis de base del individualismo cognitivo y estético. Al mismo tiempo, nos proporcionará cierta comprensión de los significados compartidos de la comunidad”406. No podemos más que manifestarnos de acuerdo con esta postura, pues el paso a las comunidades excluidas, en este caso a la episteme de una comunidad excluida, sólo es posible desde la afirmación de que “desde el Yo, el Otro es inaccesible”407 Obviamente que no trataremos aquí cada uno de los modelos en particular. Lash, S.: Sociología del postmodernismo, B.A., 1997 406 Lash, S.: La reflexividad y sus dobles: estructura, estética, comunidad, en: U. Beck, A. Giddens y S. Lash: Modernización reflexiva, op. cit., pp. 179 407 Moreno, A.: El aro y la trama…op. cit., pp. 257
405 404

166

La organización, el recipiente de todo este intrincado argumento, se distingue de la sociedad. El diseño de la organización formula la pregunta acerca de la separación y coordinación de las tareas específicas. Es decir, de la oscilación entre tareas que definen la “cultura organizacional” contemporánea. Todas las culturas organizacionales se fundamentan en la jerarquía408, es decir, en el manejo de coordinaciones y cooperación. (a)la organización y su diseño formula la pregunta entre éste y los sistemas psíquicos situados en el entorno. (b)el creciente interés por las organizaciones formula la pregunta por la individualización de sus individuos. Individualización significa “una re-especificación de la relación entre comunicación y conciencia en cada caso individual y con ello una creciente posibilidad de desviación en cada comunicación, en discusión con cada conciencia individual y un incremento de la orientación recíproca entre comunicación y conciencia, porque es sabido que la imitación (inclusive de la imitación de desviaciones), obliga a la incertidumbre”409. Las culturas son rutinas. Y las rutinas que caracterizan la cultura organizacional son tres: (i)la introducción y el uso de la computadora. (ii)la asunción de riesgos en la red (iii)la significación de compromisos morales (commitmens) el la relación entre individuo y organización. Ad (i) la computadora. Sabido es que la tradición administrativa se empeña en establecer una relación entre fines y ocasiones410. Con la introducción de la computadora, las organizaciones se empeñan en la pseudo-interacción hombre/máquina. La computadora no es más que una máquina trivial que por la cantidad de opciones que pone a disposición, simula burdamente al “compañero de trabajo”. La computadora es un medio de control mediante una memoria externa. La forma a que el medio da lugar, es el proyecto, y “cultivar un proyecto, significa en el medio una forma de organización la improbabilidad de realizar un balanceo entre los métodos de producción disponibles y no disponibles”411 Ad (ii) la contrapartida de la computadora son los riesgos, el riesgo principal es precisamente la función de la organización: la toma de
408 409

Baecker, D.: Organization und Gesellschaft, manuscrito, 2005 Baecker, D.: Organization und Gesellschaft, manuscrito, 2005, pp. 13 410 Luhmann, N.: Zweckbegriff und Systemrationalität, Frankfurt, 1974, pp. 101 411 Baecker, D.: Organization und Gesellschaft, manuscrito, 2005, pp. 21

167
decisiones. Se deben asumir los riesgos, para poder evitarlos412. Ni hablar de los peligros como un corte de electricidad – ese sería un peligro, pero en estricto rigor es un riesgo. Los riesgos dan cuenta de la contingencia del futuro, luego son tomados por el management con Serenidad413. Pero las organizaciones tratan por todos los medios de hacer de los riesgos una categoría calculable, luchando desesperadamente con la contingencia de sus decisiones414. Ad (iii) los compromisos tienen que ver con la motivación. Los compromisos son artefactos sociales, en los cuales las personas se dirigen a organizaciones y viceversa, y donde tratan por todos los medios de entretejer un tejido social que en realidad es inexistente. Con la existencia de estas tres rutinas, se tiende a reproducir el antiguo modelos de la burocracia de Weber al tiempo que aparecen mundos de la vida que no reproducen los modelos los modelos del obrero, del funcionario o del manager, sino que a juicio de Baecker, probablemente su descripción más precisa sería la del “Hitchhiker”, la del viajante a dedo. El viajante a dedo, es la figura social, que logra sólo el fracaso de la teoría crítica, de la inclusión universal, que ya no está decepcionado, sino que ofensivamente entiende y acepta su inestabilidad, e incluso su condición su debilidad para incluirse. La figura del viajante a dedo expresa la entrada y salida temporal de situaciones de inclusión, a la exclusión. La pertenencia a organizaciones en el sentido de la acumulación reflexiva es jerárquica y la cultura de las organizaciones es instrumental, en las tres formas descritas. Entendemos la puesta en uso de la acción instrumental como la prolongación natural de la acción racional con arreglo a fines de Max Weber: “Por comportamiento racional con arreglo a fines ha de entenderse aquel que se orienta exclusivamente hacia medios representados como adecuados para fines aprehendidos de manera unívoca”415. Teniendo en cuenta que “en la civilización moderna casi toda acción grupal está ordenada, al menos parcialmente, mediante ordenamientos racionales- la comunidad doméstica, por ejemplo, lo está de manera heterónoma mediante el derecho familiar estatuido por el Estado”416. La crítica de la razón instrumental se entiende como una crítica a la cosificación, con la cual Lukács417 se orienta a la recepción de Weber. Nosotros compartimos en lo fundamental la postura de Habermas respecto de Adorno y Horkheimer y que la idea de la cosificación ha sido
412 413

Luhmann, N.: Sociología del Riesgo, UIA, México, 1996 Heidegger, M.: Gelassenheit, en;… 414 Senté, R.: The Corrosion of Character. The Personal Consequences of Work in the New Capitalism, N.Y., Norton, 1998 415 Weber, M.: Ensayos sobre sociología metodológica, B.A., 1993, pp. 176 416 Weber, M.: Ensayos sobre sociología metodológica, B.A., 1993. pp. 215 417 Lukács, G.: Historia y conciencia de clase, Grijalbo, México, 1969

168
desmentida por la sociedad contemporánea418. No así su tesis del desacoplamiento del mundo de la vida y el sistema, en el cual deshace los Medios de Interacción de Parsons de tal manera que el poder y el dinero pertenecerían al sistema y la influencia y los commitmens al mundo de la vida419. Para nosotros el mundo de la vida es uno y muchos disociados y el fundamento tanto para la actividad de la ciencia como para la realización de la vida cotidiana y el sentido común. Es por ello que el mundo de la individualización – jerárquico e instrumental – está separado del de la individuación – heterárquico y compuesto de interacciones. Es heterárquico porque no tiene una forma piramidal y ordenada. La acumulación reflexiva de información computarizada está bloqueada. Así, la interacción se convierte en la antítesis de la acción instrumental, manifiesta en la cultura organizacional del presente y en la acumulación reflexiva. Las interacciones son interacciones de convivencia y es ella la que condiciona la identidad, es una verdadera nueva episteme que nace al otorgarle al dinero al sentido exactamente inverso al de la economía incluida. Se trata de sistemas funcionales alternativos nacidos en la exclusión, en los cuales los individuados ocupan indistintamente roles protagónicos y de público. Ocupan el entorno interno del sistema. Las entradas y salidas del mundo de la vida popular no comprometen la identidad con-vival de los individuos en su estructura. La reflexividad no es acumulativa, sino que pertenece a la categoría de procesos no-acumulativos420. No se trata sólo de símbolos, sino de estilos de vida, de formas de relacionarse. “Si la ciencia plantea cuestiones y las responde, entonces se trata desde el comienzo, y del mismo modo necesariamente con posterioridad, de preguntas planteadas a partir del suelo y de la consistencia de este mundo previamente dado, mundo al que se atiene su praxis vital, al igual que se atiene toda otra praxis vital. En esta praxis vital, en conocimiento en tanto que conocimiento precientífico ya juega constante con sus metas, a las que alcanza suficientemente en el sentido que esta praxis vital menta, y también promediadamente para la posibilidad de la vida práctica en su totalidad”421 De modo que ni el uso del lenguaje binario de la informática, en el contexto de la acumulación reflexiva, puede suplantar la riqueza y la espontaneidad del lenguaje cotidiano. El lenguaje binario se contradice con el lenguaje policontextural y heterárquico de la cotidianeidad, que permite el tertium non datur422. Basta con enumerar los numerosos trabajos

418 419

Habermas, J.: Theorie des kommunikativen Handelns, Bd. I, Frankfurt, 1981, pp. 489 y sig. Habermas, J.: Theorie des kommunikativen Handelns, Bd. II, Frankfurt, 1981, pp. 229 y sig. Serrano, E.: Legitimación y Racionalidad, Anthropos, México, 1994, pp. 137 y sig. 420 Lefebvre, H.: Kritik des Alltagsleben, Athenäum, 1977, Bd. III, pp. 156 421 Husserl, E.: La Crisis…, op. cit., pp. 127 422 Günther, G. y Von Foerster, H.: The logical Structure of Evolution and Emanation, Ann. N.Y. Acad. Sci. 138, 1967, pp. 874.891

169
empíricos de la etnometodología423. Por lo tanto, la llamada “atomización”, con la que Beck caracteriza a la individuación, no existe en el mundo de la vida popular, sino que es una propiedad aberrante de la individualización, que él lleva hasta la hipóstasis. En efecto, más del 58% de los “hogares” en Alemania Federal son de un ambiente, habitados por personas incomunicadas y solas. Los llamados “singles son en Alemania ya alrededor del 12 Millones en los antiguos Bundes-Länder, y esta cifra tiende a aumentar. En un 58% ha aumentado la cantidad de los que viven solos, en los últimos 17 años”424. En una estadística oficial para describir el desarrollo de los hogares unipersonales se usan dos medidas comparativas; (a)la proporción de los hogares unipersonales respecto del porcentaje de los hogares privados en su totalidad. Hay que reconocer que éste indicador es ampliamente conocido y usado, aunque deja dudas acerca de su validez. (b)la proporción de los hogares unipersonales respecto de la suma total de los miembros de los hogares. Este indicador es usado relativamente poco. Si se considera la totalidad de la población, y los niños menores de 18 años, entonces viven solos el 19, 2% del total de la población425. El resultado de Micro-censo de 2006 registra para el año 2005, de un total de 24.483 de hogares multi-personales, un total de 39.178 hogares privados, y 14.695 hogares uni-personales426 Frente a estos datos, uno se pregunta cuán errático, eurocéntrico y limitado es el sociólogo Ulrich Beck cuando señala que “hablar con sentido de la individualización sólo es posible bajo las condiciones del Estado de derecho y del Estado social existente y funcionando. La idolatría del mercado, el neoliberalismo cada vez más agresivo, por el contrario, engendra la atomización”427 ¿Quién es el atomizado, aislado y solo, el poblador de una barrio venezolano o el alemán que en la soledad de su apartamento de un ambiente se obliga a rumiar su incomunicación? No necesita al otro porque lo tienen todo, hasta un Estado Benefactor que presta ayuda en casos de exclusión. ¿Se sabe cuánto tiempo debe transcurrir para que dos conocidos se tuteen?

423 424

Garfinkel, H.: Studies of Work, N.J, 2002** Der Spiegel, 1994, pp. 25 425 Alleinlebende in Deutschland, en http://www.singlegeneration.de/thema_einpersonalhaushalte_2.htm 426 Statistische Ämter des Bundes und der Länder, 20.06.2006 427 Beck, U.: Hijos de la libertad, op. cit., pp. 375

170
Este proceso de “aculturación de la sociedad”, desarrollado por Lefebvre comprende ésta situación altamente paradójica de la manera siguiente y en parte explica este fenómeno: “El proceso acumulativo se quiebra y se somete a lo que se había resistido: a las restricciones de los grupos, a la franja directa de las antiguas estructuras sociales…La segregación social se sostiene en la división del trabajo, por no se reduce a ello, porque implica la intromisión de la razón analítica, que tiende a quebrar, a separar, a dicotomizar. Ella se diferencia de la razón entendida como una función de la acumulación, pero al mismo tiempo le es servicial. Activa y eficiente como es (la burguesía), desarrolla la razón analítica para convertir el mundo de hoy, el social y el individual, en su gran obra. El análisis toma y descompone todo lo que se deja descomponer, hasta que termina por arruinar el todo social atomizándolo en apariencia. En nuestra sociedad contemporánea todo ha sido separado, divorciado y atomizado: los aspectos del trabajo, las funciones sociales, las actividades especializadas, las artes, las ciencias, las generaciones, los géneros, las clases, las categorías de la vivienda en las ciudades, y especialmente la vida cotidiana en relación a todo lo que no es”428. Lash trata de salvar ésta situación de irremediable atomización de la inclusión primara en los países altamente desarrollados, introduciendo en concepto de “comunidades reflexivas”429 , que sería el eslabón de acoplamiento entre acumulación y reflexividad, pero las “comunidades” con toda su reflexividad y hedonismo, no consiguen debido justamente a la “atomización” de la individualización en condiciones de capitalismo en desorden, lograr su cometido. La propiedad central de la co-vivencia es que siendo comunitaria, no es necesariamente reflexiva, sino práctica. Los mundos de la vida de la individualización se describen como una interiorización de la jerarquía instrumental y una externalización como un producto de la acumulación reflexiva, es decir como mercancía. Los mundos de la vida de la individuación se describen como la interiorización de relaciones de convivencia y como la externalización de ellas en sistemas funcionales alternativos. Existen en Chile estos sistemas funcionales alternativos, como en el Caribe. La pregunta es de gran importancia. Probablemente la desconfianza de los chilenos – como lo demuestran Valenzuela y Cousiño – son un poderoso impedimento para ello. Resultados contradictorios hacen dudar de una respuesta positiva430.

Lefebvre, H.: Kritik des Alltagsleben, Athenäum, 1977, Bd. III, pp, 166 Lash, S.: La reflexividad y sus dobles…, op. cit, pp. 198 y sig. 430 Valdés, T.: Venid benditas de mi Padre, FACSO, Santiago, 1988; Sabatini, F.: Barrio y participación, SUR, Santiago, 1985; Gainza et al.: Futuro y Angustia, SUR, Santiago, 1997
429

428

171
La confianza es una propiedad de la libertad de acción que poseemos los individuos en el entorno de la sociedad. Por consiguiente, “no es sorprendente que la confianza se extienda primero a otro ser humano, en el que se presume que posee una personalidad para construir un centro ordenado y no arbitrario de un sistema de acción, con el cual se puede llegar a un acuerdo”431. Si la disposición a la confianza está faltando o si es deliberadamente negada, con el propósito de evitar riesgos – como la decepción de la confianza – este es un problema sin solución. Cualquier sistema social, es imposible evitar la desconfianza, por lo tanto necesita de mecanismos que impidan que la desconfianza se imponga y escale, transformándose en una fuente destructiva. En realidad, me es difícil comprender por qué Parsons no incluyó la confianza entre sus Medios de Interacción, pues aparece a menudo el la opacidad de los unmarked state de sus distinciones432. Ello destaca la labor de Luhmann. Si ni la confianza ni la desconfianza pueden ser eliminadas del todo, entonces co-varían con la forma histórica de la diferenciación funcional y con la cultura – como concepto histórico – de la sociedad433. En un estudio comparativo de los EEUU y Chile434, Valenzuela y Cousiño señalan que “el promedio histórico norteamericano en los últimos treinta años alcanza un 42% de confianza (…), mientras que la tasa chilena no supera el 15%, según varias mediciones concordantes”435. Sostienen los autores que “la debilidad de las relaciones de amistad y vecindad que definen el anillo más próximo de la relación con extraños se comprensa, entre nosotros, con la fortaleza de los vínculos familiares”436. Sin embargo, la atadura a las relaciones de familia es específicamente dependiente de los estratos, en los cuales la religión ocupa un lugar preponderante. El trago está íntimamente a la idea de la masculinidad, y su exceso a deseos verbalizados de autodestrucción, en especial en la juventud. El evangélico, mayoritariamente los miembros de la iglesia adventista pentecostal, rompen con todo ello y lo sustituyen por la asistencia al templo en familia. El templo es el sustituto del apoyo y las emociones de pertenencia que se efectúan en las fiestas. Mientras que la pertenencia formal al catolicismo no compromete a nada, por lo que se es “más o menos católico” o simplemente “creyente”, la pertenencia a la iglesia evangélica impone deberes mucho más estrictos: rechazo de las bebidas alcohólicas, acatamiento de la honradez y vida familiar en unidad. A diferencia de los católicos, establecen un vínculo causal entre la religiosidad y el éxito económico, en armonía con la interiorización de una
431 432

Luhmann, N.: Confianza, UIA, Antrhopos, Barcelona, 1996, pp. 65 Parsons, T.: Zur Theorie der sozialen Interaktiosmedien, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1980 433 Luhmann, N.: Kultur als historischer Begriff, en: N. Luhmann: Gesellschafsstruktur und Semantik, Tomo 4, Frankfurt, 1995, pp. 31-50 434 Valenzuela, E. y Cousiño, C.: Sociabilidad y Asociatividad. Un ensayo del Sociología Comparativa, en: Revista de Estudios Públicos, 77, Verano de 1977 (disponible en Internet) 435 Valenzuela, E. y Cousiño, C.: Sociabilidad y Asociatividad. Un ensayo del Sociología Comparativa, op. cit., pp. 322 436 Valenzuela, E. y Cousiño, C.: Sociabilidad y Asociatividad, op. cit, pp. 325

172
“ética de la convicción”, equilibrada con una “ética de la responsabilidad”437. Pareciera que el evangelismo atrae sin duda a los pobres y excluidos de la sociedad chilena. Por lo tanto, es insostenible la tesis “compensadora” de Valenzuela y Cousiño. Y si tiene alguna validez, entonces únicamente en las familias evangélicas.

El estudio le entrega correctamente contenido a una serie de aforismos populares que ilustran el estudio: “más vale diablo conocido que santo por conocer” y “Líbrame, Señor, de mis amigos, porque de los enemigos me libro yo”. La debilidad de las relaciones de amistad y entre vecinos (en los edificios de departamento ni siquiera se conocen los del piso y tampoco es una costumbre generalizada saludarse en el ascensor) con la fortaleza de los vínculos familiares, lo que ponemos en duda por que la pregunta es: “Estar frecuentemente con…”, lo que puede significar que la obligatoriedad de los almuerzos familiares, sea simplemente una rutina. Al respecto una anécdota narrada por el historiador Gonzalo Vial Correa, quien señala que las peleas a gritos entre Arturo Allesandri y su hijo Jorge Allesandri Rodríguez durante sus almuerzos, no debían llevarse a efecto nunca más – a juicio de los amigos de Don Arturo – por el peligro que éste corría de sufrir un infarto cardíaco de consecuencias fatales. Conocidas son también las airadas discusiones entre los hermanos Saldívar Larraín, Adolfo y Andrés, lo que habría obligado a su Señora Madre a “rogarles que se pusieran de acuerdo”. De tal modo que a los dichos de los autores quisiera agregar modestamente uno bien conocido: “las apariencias engañan” y la familia es algo muy distinto a un océano de paz. Frente a la historia bastante distinta de ambos países, EUU y Chile me parecen importantes el pasado histórico-religioso y la disposición a la asociatividad, ambos aspectos son, por supuesto, interdependientes.

437

Weber, M.: Sociología de la Religión, ISTMO, Madrid, 1997, pp. 252

173
El carácter asociativo de la religiosidad norteamericana se contrapone a la religiosidad católica, aunque los católicos son en EEUU minoritarios, su asociatividad alcanza al 12% mientras que en las diversas religiones protestantes, al 38%. Lo especial de la Reforma “lo absolutamente nuevo era considerar que el más noble contenido de la propia conducta moral consistía justamente en sentir como un deber el cumplimiento de la tarea profesional en el mundo. Tal era la consecuencia inevitable del sentido, por así decirlo, sagrado del trabajo y lo que engendró el concepto ético-religioso de profesión: concepto que traduce el dogma común a todas las confesiones protestantes”438, como señala Max Weber. Martin Luther estima que se perfila cada vez más la idea de que el ejercicio de una determinada profesión concreta constituye un mandamiento que Dios dirige a cada uno de los hombres, obligándole a permanecer el ella por voluntad de la divida providencia439. Por lo tanto, todas las profesiones se deben un respeto recíproco. Es decir, justamente al contrario de la oligarquía católica chilena, caracterizada por su holgazanería y su desprecio por el trabajo, especialmente del ajeno440. En Chile, en el año 1970, los evangélicos representaban un 6.18% y en 1992 llegaron al 13,6% en 1992. Pero lo más significativo es su influencia en las zonas más empobrecidas y excluidas de la población. En poblaciones del sector La Pintana, llegan a configurar el 66% de la población.441 En el caso opuesto de la sociedad chilena, los integrantes católicos de las órdenes religiosas, como el Opus Dei, Schöntatt y los Legionarios de Cristo, que son movimientos que reclutan a empresarios y a los incluidos de la sociedad. Son profundamente elitistas y reaccionarios442. “Hace algún tiempo, en uno de sus seminarios colgaba un lienzo con la leyenda “La ética es rentable”443 Figuras destacadas de esta “generación empresarial”, nacida y alimentada durante la dictadura militar, ocupan sendas columnas en los periódicos de COPESA y EL Mercurio, los que aceparan el 90% de las comunicaciones escritas. La iglesia católica pareciera no tener mucho interés por los excluidos, pero sí por los políticos, los empresarios y sobre todo los medios de comunicaciónEsas son algunas de las razones históricas de las discrepancias en la asociatividad. Las referencias a Toquevilles están en realidad fuera de lugar. Weber, M.: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Barcelona, 1969, pp. 89-90 Lutero, M.: Escritos Políticos, Altaya, 1998, pp. 55 440 Robles, F: Hablo contigo si tú hablas conmigo. Metódica y análisis de los sistemas de interacción, Ediciones Escaparate, Concepción, 2006, pp. 123 y sig. 441 Fontaine, A.: Consumo y Movimientos Religiosos, rasgos de una rápida transición, marzo de 2002, en: http://www.expansiva.cl 442 Fontaine, A.: Consumo y Movimientos Religiosos, rasgos de una rápida transición, marzo de 2002, en: http://www.expansiva.cl 443 Fontaine, A.: Consumo y Movimientos Religiosos…, op. cit.
439 438

174

El cuadro que entrega realmente información valiosísima es el que compara en número de amigos de norteamericanos y chilenos. Ciertamente que se puede discutir la profundidad y el carácter de la tipificación de la amistad, pero en cualquier caso, es muy dudable que las expectativas de los chilenos sean tan altas y selectivas, como para que arrojen esos porcentajes. En el siglo XVII, en Chile un “pasado humilde se podía ocultar exitosamente gracias a la ostentación de nuevas riquezas, los honores obtenidos en la conquista militar y, sobre todo el hecho de ‘valer más’, de vivir noblemente”444. Tanto es así que el gran drama de los hidalgos era su calidad de nobles y la imposibilidad de vivir como grandes señores, como señala Villalobos445. Nace entonces el “arribismo”, es decir, la “apariencia de ser no siendo”. El chileno es “muy mirador en menos”446. En los Cabildos es notable la presencia de los primeros arribista, antes el estupor y el rechazo de los nobles, se trataba de comerciantes enriquecidos en su mayoría. La pregunta que queda sin responder, es si la aristocracia que se ve forzada a abrirse a estos “hombres nuevos” como los llama Góngora, no asume al arribismo precisamente por la imposibilidad de “ser lo que deben parecer”, mientras que los advenedizos “aparentan ser lo que no son”. Sea como sea, el arribismo termina siendo una propiedad de las clases acomodadas chilenas.
444

Valenzuela, J.: Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia, en: Sagredo, R y Gazmuri, C.: Historia de la vida privada en Chile, Tomo I, op.cit, pp. 71 445 Villalobos, S.: Historia del pueblo de Chile, Zig-Zag, Santiago, 1980, pp. 122 446 Márquez, F.: Estigma y apariencias en un Chile desigual, en Debate VIII, Chile el país que viene. ¿De qué país estamos hablando?, Marzo de 2002

175

Por otro lado, es indudable para quien ha visitado EEUU, que la cortesía y la amabilidad de los norteamericanos llama nuestra atención, pero es una amabilidad no fingida. Contrata lo anterior si contamos la cantidad de empellones que uno recibe a diario sin ningún “Perdón”, o “Disculpe”. Al respecto es útil remitirse a los trabajos de la etnometodogía. Que el 30% de los chilenos digan no tener ningún amigo y que sólo el 17% tenga seis o más, es algo que no debiera sorprendernos. Al fin y el cabo “más vale solo que mal acompañado”. Para nosotros no vacilamos en describir las relaciones de amistad como sometidas al tipo de racionalidad con arreglo a fines con que Weber caracteriza cada ámbito de la sociedad moderna: “actúa racionalmente con arreglo a fines quien oriente su acción por el fin, medios y consecuencias implicadas en ella y para lo cual sopese racionalmente los fines con los medios, los fines con las consecuencias implicadas y los diferentes fines probables entre sí.”447. La primacía de un estilo de vida orientado así, es decir sometido a un solo tipo de acción racional, no sólo es privativo de la racionalización omniabarcante del mundo moderno, sino determinante para las relaciones interpersonales de amistad y confianza. Que prevalezcan las amistades utilitarias y aprovechadoras, es en el Chile del arribismo y la desconfianza, un hecho indiscutible. Si no fuera así no florecería los moteles donde se practica la infidelidad – sobre todo el la “hora de la colación” – entre secretarias y jefes (una peculiaridad chilensis) , y tampoco serían las Notarías un negocio altamente lucrativo, donde, desde la compraventa de un perro hasta el arriendo de un apartamento, se firma solemnemente ante al Notario – “no vaya a ser que el otro me vaya a engañar”. ¿Se trata del 28% de “asociales molestos” del que nos habla el PNUD-2001, una categoría que recuerda a Estigma448 de Goffman? Que los chilenos somos un pueblo desconfiado inter-personalmente, no quiere decir que desconfiemos de la eficiencia de los Cajeros Automáticos, lo que significa que existe seguridad ontológica frente a los sistemas informatizados es obvia, no así en las interacciones. Lo que vale la pena preguntarse es si el entendimiento instrumental, es decir, la amistad fingida por interés, o usada como medio para alcanzar un fin, el que procura mantenerse en secreto, no configuren un clima de decepción y extremo rechazo a las amistades. La confianza, según Simmel, es un conocimiento inductivo débil, de tal forma que si alguien en la ingenuidad no se da cuenta que será engañado, termina por destrozar esa fragilidad. En la obra de Garfinkel esa fragilidad se vuelve evidente449. ¿Pero qué significa hoy en día ser amigo de alguien, significa a priori que recibirás ayuda cuando la necesites, personifica la amistad una relación de con-vivencia como en la episteme del mundo de la vida popular? La respuesta es un rotundo no. Alfred Schütz señala que “la
447

Weber, M.: Economía y Sociedad, FCE; B.A., 1964, pp. 21. También Blau, P.: Intercambio y Poder en la vida social, Hora, Barcelona, 1982, pp. 80 448 Goffman, E.: Stigma, Frankfurt, 1968 449 Garfinkel, H: Studies in Ethomethodology, N.J, 1967

176
propiedad típica en relación a cada persona en particular es anónima. En consecuencia, el contemporáneo, como hemos demostrado, que sea captado mediante una tipificación así, será en ese sentido anónimo de igual modo”450

“El 2 de agosto de 1824 se reunieron los conspiradores. El país estaba maduro para la rebelión, sin embargo, fallaba siempre: algún traidor había en el cónclave. Fergus Kilpatrick había encomendado a James Nolan el descubrimiento de ese traidor. Nolan ejecutó su tarea: anunció en pleno cónclave que el traidor era el propio Kilpatrick. Demostró con pruebas irrefutables la verdad de la acusación; los conjurados condenaron a muerte a su presidente. Este firmó su propia sentencia, pero imploró que su castigo no perjudicara a la patria. Entonces Nolan concibió un extraño proyecto. Irlanda idolatraba a Kilpatrick; la más tenue sospecha de su vileza hubiera comprometido la rebelión; Nolan propuso un plan que hizo de la ejecución del traidor el instrumento para la emancipación de la patria. Sugirió que el condenado muriera en manos de un asesino desconocido, en circunstancias deliberadamente dramáticas, que se grabaran en la imaginación popular y que apresuran la rebelión. Kilpatrick juró colaborar en ese proyecto, que le daba ocasión de redimirse y que rubricaría su muerte. Kilpatrick fue ultimado en un teatro, pero de teatro hizo también la entera cuidad, y los actores fueron legión, y el drama coronado por su muerte abarcó muchos días y muchas noches”451 En este breve relato de Borges ¿quién es el traidor y quién el héroe? ¿Quién es el “amigo” y cuál es el “enemigo”?

450 451

Schütz, A y Luckmann, T.: Strukturen der Lebenswelt, Bd. I, Frankfurt, 1979, pp. 110 Borges, J.L.: Tema del traidor y del héroe, en: Ficciones, Alianza, Madrid, pp. 144-145

177
El Yo como máquina no trivial Importa definir lo que se entiende por Identidad del Yo. Para ello, voy a usar los argumentos de Giddens al respecto, por su simplicidad y exactitud452. Partimos de la base de que todos nosotros disponemos de un Yo, algo que al diferenciarnos del Otro, nos caracteriza como por tener una identidad implícita, como señala Goffman453. i) el Yo está vivo y es un proyecto contenido (por no decir encerrado en la terminología de Heidegger454) en el cuerpo del individuo, es decir en el cuerpo, la conciencia y el sistema nervioso455. ii) el Yo no es esencia, sino existencia – es lo que es por lo que hace es y se muestra como tal. Pero para mostrase como tal debe desocultarse456. iii) el Yo transcurre en una trayectoria entre el pasado el futuro, que trata de prever. La trayectoria del Yo es coherente con la conciencia de autoobservación de las diversas fases del tiempo. Este “cuadro de vida” es una constelación selectiva que opera en medio de las temporalizaciones de la conciencia. iv) la reflexividad del Yo es continua y generalizada. El individuo puede volver sobre sí mismo auto confrontándose consigo y aprovechando esa opción para mejorar sus competencias. Se trata siempre de procesos intencionales y prácticos de auto-observación circular. v.) la identidad del Yo supone un relato. Llevar un diario y redactar una autobiografía son formas sofisticadas de relatos. Las exigencias de la modernidad obligan a la construcción de currículos específicos, ellos son segmentos de la identidad del Yo, en relación con el tiempo. En realidad, constituyen una manipulación del tiempo457. vi) la identidad del Yo es temporalizada. La autoobservación implica la vivencia en un tiempo personal (la duree de la que habló Bergson), el que se entrecruza con el tiempo público, lineal, divisible en partes iguales, es transitivo y vinculante. El tiempo lineal iguala lo desigual y es el resultado de una observación vii) la reflexividad del Yo involucra al cuerpo. En el Yo, la identidad se unifica oscilando usando como medios al sentido y el cuerpo, conciencia
452

Giddens, A.: Consecuencia de la Modernidad, op. cit.; Giddens, A: Más allá de la izquierda y la derecha, op. cit; Giddens, A.: Modernidad e Identidad del Yo, op. cit. 453 Goffman, E.: Los momentos y sus hombres, Piados, Madrid, 1991, pp. 169 y sig. 454 Heidegger, M.: Ser y Tiempo, op. cit., pp. 127 455 Maturana, H.: Biology of Cognition, op. cit, pp. 29 456 Heidegger, M.: Ser y Tiempo, op. cit., pp. 155 457 Luhmann, N.: Ziechen als Form en: D. Baecker (ed.): Probleme der Form, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993, pp. 45-69

178
y comunicación potencial, actualidad y potencialidad. La experiencia del cuerpo cohesiona al Yo y al individuo e indica a su morada: al lugar del que puede salir con la seguridad ontológica de poder regresar458. viii) la realización del Yo oscila entre confianza y riesgo. El mundo de nuestras constelaciones significativas libera hábitos de confianza implícita – un conocimiento inductivo débil – lo que oculta la conciencia del riesgo459 Los individuos no somos sistemas, pero a pesar de ello, la Identidad nuestra es insustituible, única e irrepetible, lo que nos diferencia de entornos sociales, ecológicos y de otros individuos, a los que en medio de los sistemas de interacción, observamos como entornos recíprocamente contingentes. Los individuos estamos determinados estructuralmente, somos no-programables, impredecibles en nuestro comportamiento, inobservables en calidad de sistemas psíquicos, y modificables sólo por medio de operaciones de auto-transformación. Somos, en las palabras de Von Foerster, máquinas no triviales idiosincrásicas460. Las máquinas triviales poseen las siguientes propiedades: (I) Son sintéticamente determinadas; (II) Son históricamente independientes; (III) Son analíticamente determinadas; (IV) Son predecibles en su comportamiento. Es decir, las máquinas triviales son calculables en sus resultados (y) denominados output, los que dependen del cálculo de f ( y x ), en la cual (x) es el input . Las máquinas triviales tienen la estructura que a continuación se describe:

En cambio las máquinas no triviales se caracterizan por las siguientes propiedades: (I) Son sintéticamente determinadas; (II) Son dependientes de su historia; (III) Son analíticamente indeterminables; (IV) Son impredecibles. Esto significa que las máquinas no triviales
458 459

Fuchs, P.: Die Form des Körpers, manuscrito, 2002 Véase: Giddens, A.: Modernidad e identidad del Yo, Península, Barcelona, pp. 103-104 460 Von Foerster, H.: Construyendo la realidad, en: op. cit., pp. 40

179
realizan sus estados no dependiendo de estímulos externos, sino mediante operaciones propias, realizan comportamientos propios impredecibles, poseen valores operativos únicos y propios. Además, son sistemas autoorganizados y autorecursivos. De acuerdo a la descripción de Von Foerster, las máquinas no triviales se pueden graficar de la siguiente manera461. Las líneas de puntos describen la auto recursividad de estos sistemas, mientras que la función (f) de las máquinas triviales es un black box operativamente cerrado y circularmente auto recursivo que cambia de estado mediante operaciones de co-producción condicionadas, es decir de co-evolución con el entorno. En el entendido que los individuos son máquinas comunicativas no triviales, enfocamos el tema de la identidad.

Ciertamente que la teoría sociológica conoce muchas teorías de la identidad, yo prefiero –casi por razones de simpatía y coherencia – la teoría del “Self” = identidad de George H. Mead462. En apretada síntesis, Mead pregunta ¿cómo designamos algo en el mundo con lo que nos identificamos? Esta es una pregunta compleja que implica toda una teoría de la evolución del ser humano desde que emerge del vientre de su madre, hasta que configura su madurez, pasando por la emergencia del “otro significante” hasta la configuración del “otro generalizado”. Mead señala que nuestra identidad o Self tiene dos componentes elementales. El primero es el Yo (I, en inglés), que es nuestra íntima individualidad, es decir, el cómo-estamos en el mundo, el cómo autoobservamos la simbiosis cuerpo-sentido en nosotros, el relato temporalizado de lo que nos proponemos ser y de cómo deseamos ser observador – muestra autoestima – y nuestra manera de ser perseverantes y vehementes con nuestro proyecto de futuro en las constelaciones de vida que son nuestras. Esto es incanjeable e irrepetible.

461

Von Foerster, H: Entdecken oder Erfinden. Wie lässt sich Vertehen vertehen? En: Varios autores: Einführung in den Konstruktivismus, Piper, München. 1998, pp. 41 y sig. 462 Mead, G.H.: Geist, Identität und Gesellsschaft, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1982

180
El segundo componente es el “Me”, que corresponde a nuestra evaluación de las expectativas que la sociedad – padres, hermanos, esposas, hijos, parientes, novias, superiores – nos formula. Es decir, se trata de la observación y consiguiente evaluación en nosotros mismos e relación a lo que se espera que seamos y del cómo nos comportemos con esas expectativas de expectativas. Esto es muy importante, porque tiene que ver con el “ser-así” en el mundo. Ciertamente que idealmente debiera existir un sano “equilibrio” entre I y el Me. Ciertamente que la configuración del Me puede experimentar cambios relevantes en el curso de nuestras existencias, pero lo que más importa es la evaluación propia de las expectativas de rol y comportamiento que percibimos del entorno social463. Pero como sabemos que la asunción de roles, por lo menos en los sistemas funcionales no pueden jamás incluirnos como personas, sino como ejecuciones de roles diferenciados y que las expectativas de la sociedad y la observación de ella hacia nosotros abarcan también sistemas de intimidad, lo habitual es que entre I y Me no existan siempre coherencias co-evolutivas. Mead es en este sentido categórico, una sociedad de conformistas, sumisos e individuos manipulables es aquella donde las identidades están dominadas por el Me. Entonces no somos más que existir como ejecutores autómatas de roles, hacemos lo que los otros esperan que hagamos y obviamente somos persistentes en obtener un rango más alto y/o en ganar más prestigio, cuestiones que obviamente van ligadas a las remuneraciones. En cambio, una sociedad de seres autónomos, rebeldes, atrevidos, inconformistas y críticos, esa es la auténtica sociedad reflexiva, éstas son las identidades en las cuales predomina en Yo, sin que el Me deba ser completamente olvidado. Al fin de cuentas, la identidad es una paradoja. Es el cómo del por qué no se es lo que no es. Es la unidad de una distinción en la que ella misma reaparece. Por ello es que ésta es una distinción intransparente, pero potencialmente indeterminada, no-programable y dispuesta a ponerse a prueba. A someterse al rigor de las vivencias.

Habermas, J: Individualización por vía socialización. Sobre la teoría de la subjetividad de George Herbert Mead, En: Pensamiento Postmetafïsico; Taurus, Madrid, 1990, pp. 188

463

181
Con un poco de imaginación, podemos leer la relación entre Yo y Mi como algo que se distingue, como una indicación que de acuerdo a la reentry, significa (a) que el Yo y el Mi son la unidad de una diferencia y (b) que ésta reentry se repite nuevamente se considera el entorno social, en el que el “Self” se auto-socializa. Es decir, que en el curso de este proceso no se educa en comportase, sino se auto- educa en cómo no comportarse. Partiendo de la base “que la desviación ofrece, típicamente, mayores oportunidades de individualización que la conformidad”464 Mas adelante hemos adelantado que la construcción de la identidad como proceso donde la individualidad oscila entre la seguridad ontológica y el riesgo, necesariamente se construye privilegiando lo conocido y debidamente tipificado y dudando de lo desconocido. Ahora estamos en condiciones de definir individualización e individuación.

Algunas tipologías de individualización e Individuación La individualización es el resultado y producto de la identidad en medio de las redes del estado de bienestar o alternativamente en medio de la protección de la familia o equivalente, que garantizan y permiten el acceso a la inclusión primaria. Es decir, al sistema educacional completo, al sistema de atención de salud, al sistema económico del trabajo remunerado estable, con altas opciones de consumo y estatus. Algunos ejemplos de individuación: estudiantes universitarios de proveniencia adinerada, beneficiarios del Estado benefactor, alumnos de familias de altos ingresos, jóvenes de familias con “cultura” y medios, presbíteros, sacerdotes, jerarcas y purpurados de la Iglesia Católica chilena, descendientes de la fenecida aristocracia que conserva medios suficientes, privilegiados usufructuantes de favoritismos desde el poder, la influencia o el estatus político465. La individuación es el resultado de la identidad individual construida en la exclusión primaria, es decir, sin acceso a los sistemas funcionales básicos como trabajo estable, educación completa, salud, protección jurídica, familia incluyente y protectora, etc. Los ejemplos sobran: postulantes a las universidades de Liceos fiscales rurales y sin medios, alumnos provenientes de familias sin recursos, ciudadanos de grupos familiares de ingresos bajos, jóvenes de hogares descompuestos, domicilios con identidades desarticuladas por la cesantía crónica, el alcoholismo y la violencia,466 etc. Luhmann, N.: Socialización y Educación, en N. Luhmann: Complejidad y Modernidad. De la unidad a la diferencia, op. cit., pp. 248 465 Barros, L y Vergara, X: El modo de ser aristocrático. El caso de la oligarquía chilena hacia el 1900, Santiago, Aconcagua, 1987 466 Sen, Amartya: Nuevo examen de la desigualdad, Alianza, Madrid, 1990.
464

182

Considerando la argumentación anterior y sobre todo la disposición al riego/ carencia de seguridades. ¿No sería pensable que la individuación desencadene mayores potencialidades en el Me que la individualización donde todo se obtuvo sin esfuerzo alguno y donde las cuestiones fundamentales relacionadas con el curriculum vitae ya están resueltas de antemano, como postula Salazar? ¿No sería posible que en las redes de autoayuda motivada por la solidaridad – que no es más que el resultado de una dramática restricción en las opciones de selectividad – se desplieguen potencialidades insospechadas, alternativas, creativas, innovadoras, autónomas y transformadoras?. El concepto de individualización desarrollado por nosotros se asemeja al de Beck, quien señala que se puede reconocer “en la medida en que los hombres, en virtud de las condiciones sistémicas de derechos fundamentales protegidos, están en principio en condiciones de dominar las contradicciones de la modernidad en la organización y orientación d su propia vida...”467. En cambio el concepto de individuación nuestro, lo llama peyorativamente “atomización”, el que según Beck “apunta al caso exactamente contrario en el cual no se puede (dominar las contradicciones de la modernidad en la organización y la orientación de su propia vida) o apenas puede ser logrado a partir de las condiciones sistémicas”468 . Llama la atención que con la descalificación de las individualidades que viven exclusión primaria, este “izquierdista” alemán privilegie precisamente a los mimados de su “segunda modernidad”. Pareciera ser que la sociedad de la abundancia contribuye a embriagar o nublar la observación sociológica de la alteridad. Las opciones de inclusión (alternativa o no) o de reinclusión de los domicilios individuados, ¿no aumentarían significativamente si en lugar de rechazar lo desconocido, los riesgoso, lo extraño, lo desconfiable y lo extranjero, marcaran justo ese lado de la distinción en la observación de observadores? Que la sociedad pacata de la inclusión y del “más de lo mismo” le tema a la alteridad porque echa de menos los “valores” que inspiren sus pautas de comportamiento, se ha demostrado desde la estigmatización de sus críticos – como Joaquín Edwards Bello, “el taimado”, “el inútil” – hasta el “horror” con que excluye a las canciones de “Los picantes”, segrega de sus espacios de exclusividad a los bares sospechosos de inmoralidad (como en Las Condes), prohíbe el entretenimiento nocturno y hace de este país modelo del neoliberalismo, una lacra aún más aburrida que la fenecida República Democrática Alemana. Individualización e individuación no son conceptos que correspondan a sociedades específicas, ni tampoco pueden ser identificados o congruentes con grupos sociales específicos, son más bien el resultado de
467 468

Beck, U.: Origen como utopia...op. cit. Pp. 372. Ibídem, pp. 373

183
la observación de tipologías acumuladas históricamente y cotidianizadas en las semánticas de las sociedades y que apuntan hacia distintas formas y expresiones de exclusión o inclusión. En la exclusión no sólo se gestan domiciliaridades descompuestas, sino también identidades fortalecidas y transformadoras.

a) Algunas tipologías de individualización. La tipología I de inclusión en la inclusión, que se puede denominar inclusión total generalizada es la que usualmente se denomina integración al sistema social, este no es sin embargo el ideal parsoniano de congruencia interpenetrada entre sistema de la personalidad y sistema social o de integración e interpenetración, sino una configuración híbrida dotada de fuertes mecanismos auto referentes, en este arquetipo no están presentes ni la exclusión primaria y tampoco la exclusión secundaria, por lo que se puede acceder hipotéticamente “a todo”. El riesgo de exclusión es bajo y por lo general “la condición de ser afectado sigue siendo el otro lado de la forma”469. Cuan relativo es este modelo lo demuestra la amenaza ambiental, es decir la imposibilidad de la exclusión del aire que respiramos. El smog de Santiago es entonces altamente democrático, pero también que las acumulaciones de exclusiones se inician no necesariamente en el sistema económico, sino en uno de los sistemas que excluye más frontalmente excluye, el sistema de la familia (pertenencia/no pertenencia), uno de los más paradójicos e insustituibles, pues en efecto, se supone que todos pertenecemos a una familia, pero no puede existir una familia mundial. En cualquier caso, es difícil imaginarse una inclusión total y homogénea en todos los sistemas funcionales. En el tipo II la inclusión en la exclusión en A, que se acostumbra a llamar inclusión parcial segmentada preferimos hablar de paradigma y no de arquetipo: grafica la inclusión a sistemas funcionales de los que resultan trabajo, educación completa, matrimonio formal, salud, recreación, remuneración suficiente, etc. pero no inclusión a redes de favores, influencias y reciprocidades de conveniencia, a menudo autoexclusión del uso del medio poder. Se supone que precisamente el carácter híbrido de este paradigma lo convierte en sintomáticamente permeable a posturas “críticas” respecto de situaciones observadas como injustas o insoportables, pero esto puede también catalizar impulsos de inclusión secundaria a cualquier precio. El prototipo de ésta tipología es la del solitario relativamente exitoso, que vive habitualmente solo, se pertrecha de todos recursos para el logro de vivencias significativas, no está dispuesto a comprometerse con relaciones personales vinculantes, etc.470 Este tipo ha sido retratado por la literatura471: es el que sin mayores problemas afirma que el gobierno militar “fue la última opción de orden”, votar por la Democracia Cristiana e interesarse poco o nada por política.
469 470

Luhmann, N.: Sociología del Riesgo, op. cit., pp.152 Schulze, G.: Die Erlebnis-Gesellschaft, Campus, Frankfurt, 1993 471 Donoso, J.: Naturaleza muerta con cachimbra, Mindadori, Madrid, 1990

184

El paradigma III, la inclusión en la exclusión B, que se acostumbra a denominar inclusión parcial temporalizada, de la tabla que acompaña, es sin duda el más interesante desde una sociología de la inclusión, pues retrata al tipo empresarial que a pesar de vanagloriarse de planificar el futuro con la precisión del ingeniero experto en riesgos, no prevé las formas elementales de riesgo vinculadas con la seguridad social o con su salud. Por lo general, se trata de quienes fueron exitosos cuando Chile era atacado por el comunismo internacional y sus aliados. Las profesiones que se ordenan en este paradigma son las del ingeniero, experto en cálculos pero algo incapaz en la reflexión donde los números no tienen cabida. El paradigma IV C, que se acostumbra a llamar inclusión parcial desmembrada denominado exclusión en la exclusión describe al tipo solitario práctico. Se trata del que se ufana de ser lo que es y de haber logrado tanto, pese a no haber estudiado (porque no pudo), es el que desde la cabecera de la mesa de su familia, les recuerda a los presentes que las competencias y el esfuerzo se recompensan adecuadamente si se cuenta con condiciones innatas. Por lo general, quien se ordena en esta tipología aprendió a auscultar de tal manera sus entornos de interacción que en presencia de sus superiores es derechista en lo político, argumenta que los indígenas son minusválidos, que la dictadura militar fue necesaria y que los comunistas son seres despreciables; en cambio, en las tertulias de nivel algo más informado es el eterno hippie de los sesenta, que se rebela por los horrores del pasado dictatorial, designa títulos de libros que alguna vez intentó leer y en su decencia, es muy progresista y por lo tanto, rígidamente autoritario con sus hijas.

185

b) Algunas tipologías de Individuación. En caso i., la exclusión parcial temporalizada, corresponde casi exactamente a las Mujeres Jefas de Hogar de la VIII Región chilena. Esta “exclusión que no es” o esta “inclusión que tampoco es” significan simultáneamente que a pesar de la imposibilidad de acceso a sistemas funcionales básicos, existe acceso a redes de interacción y autoayuda, que configuran a veces un verdadero sistema funcional alternativo. Las redes de apoyo sobre todo circunscritas a espacios públicos pero también respecto de apoyo interfamiliar e inter género (sobre todo entre mujeres) ha sido expuesta como acción solidaria en medio de la comunicación de interacción. No obstante, la solidaridad obedece a una limitación gravitante de los grados de libertad para efectuar selecciones debido a la exclusión primaria, esto no significa, por ejemplo, que no se tenga ni se obtenga trabajo, sino que la inestabilidad en el empleo conduce a una permanente incertidumbre en la entrada y salida de las fuentes de remuneración, de la

186
salud, etc.472 Esto obliga a considerar a la inclusión en la exclusión como inclusión ocasional primaria pero compensada por la inclusión secundaria473. Inclusión en la Exclusión ii. Corresponde al trabajador y a la trabajadora temporera de exclusión parcial segmentada. El trabajo depende de las estaciones del año, de las posibilidades que el trabajo esporádico pueda obtenerse “de oídas”, por supuesto que no existe ningún tipo de cotización social que asegure prestaciones en caso de enfermedad y menos aún pagos de seguro de cesantía. Esta tipología de identidad puede corresponder también a una larga carrera de informalidad, es decir, de existencia y formas simbólicas de vida configuradas en uno de los polos marginales de la sociedad: el polo marginal. Inclusión en la Exclusión iii. De exclusión parcial fraccionada se puede ejemplificar esta tipología de identidad con grupos etarios mayores que a pesar del riesgo de exclusión y la precariedad temporalizada en el trabajo, cuentan con una red familiar de existencia que hace las veces de un verdadero sistema alternativo de prestaciones. Esto es posible de describir el la asunción de distintos jobs, pero no separados en espacio del día, sino que dependiendo del tipo de encargo que se presente. Exclusión en la Exclusión iv. De exclusión total generalizada. Esta situación es una situación límite de las llamadas instituciones totales como las cárceles, los hospitales psiquiátricos, las situaciones de autoexclusión voluntaria, etc. Sin embargo, desde Goffman sabemos que una exclusión en la exclusión en sentido estricto en realidad es muy difícil de realizarse, aún sosteniendo que el ingreso a determinadas organizaciones totales signifique un cambio radical de la identidad pasada. Si en países como Alemania se acostumbra a decir “si todo falla, por último está la pensión de vejez”, en Chile nos vamos de allegados a la familia a la que pertenecemos, pero si tampoco hay sistema familiar, la persistencia en el abandono es comparable a la existencia en una institución total. Pero sin institución. Esta forma de exclusión se acostumbra también a llamar exclusión somática474. Las tipologías anteriores son desuniones del esquema basal: Inclusión/exclusión primaria y secundaria e Individualización/Individuación

472

Familia y Jefatura de Hogar, INE; Censo de población y Vivienda, 1982 ; Díaz A., Estrella. Mujeres Jefas de Familia: Algo más que una realidad oculta. Movimiento: Revista Laboral. (Santiago, Chile), Año 1, Nº 4, Marzo-Abril, 1990. p. 28-30.

473

Robles, F.: Inclusión, Exclusión y construcción de identidad. En caso de las Mujeres Jefas de Hogar en Chile, En: Los sujetos y la cotidianeidad..., Talcahuano, 1999, pp.290 474 Zieman, A.: Die eiengeschlossenen Ausgeschlossenen, en : Soziale Systeme, 4, 1998, pp. 31-57

187
Pero si las enfocamos desde la translógica de G. Günther475 resultan una serie de reflexiones interesantes. En primer lugar, al aceptar en TND, las tipologías de exclusión se definen intercontextualmente como dotadas de identidad propia, sin perjuicio a que puedan ser complementadas como se quiera476. En segundo lugar, la lógica bivalente y la estructura jerárquica de la inclusión (y de los sistemas parciales), prevalece como pobre y limitada. Más aún, esta lógica convencional colapsa con las reyecciones de las desuniones del sistema basal 477. En tercer lugar, queda en claro que debido a la policontexturalidad de la exclusión y la inclusión, es correcto describirlas como dos formas distintas, la inclusión de acuerdo al CF binario de G. Spencer Brown y la heterarquía de la exclusión de acuerdo a la translógica de G. Günther. Por lo cual se ubicarías a los lados de una línea divisoria. En cuarto lugar, se abre la posibilidad, mediante la descripción de cogniciones y voliciones, de reconstruir un kenograma que considerando los procesos subjetivos como las percepciones elegidas de la conciencia excluida, también den cuenta de la circularidad basal de la dinámica de los sistemas de complejidad ordenada478.

475

Goldammer, E: Eine poly-contexturale Systemtheorie und deren Konsequenzen, en: Vordenker, mayo 20 476 Günther, G.: Identität, Gegenindentität und Negativsprache, en Vordenker, marzo 2000 477 El valor de reyección es el índice de subjetividad en un cálculo transclásico. 478 Günther, G.: Cognition und Volition – Erkennen und Wollen. Ein Beitrag zu einer kybernetischen Theorie de Subjuktivität, en Vordenker , 2002

188

Individualización e individuación no son conceptos remitidos a localizaciones geográficas específicas, sino a modelos de identidad distintos. Interesa, en tal sentido recalcar que si la construcción de ambas formas de identidad individual transcurre en el entorno de los sistemas funcionales, algunos de los cuales no pueden prescindir de los sistemas de interacción y observan a la comunicación codificada de cada uno de ellos como entornos suyos, entonces es estrictamente necesario caracterizar brevemente a dichos sistemas peculiares479. En la sociedad de riesgo en que vivimos, los ricos sueñan con comprarse la seguridad total a cualquier precio, para la satisfacción de las Empresas de Seguros. No obstante, esta quimera únicamente puede alimentarse con la acumulación de pólizas inocuas, porque en la sociedad de riesgo, los riesgos transitan sin control alguno con el aire, los alimentos, el vestuario y la vivienda480. Incluso el lugar geográfico incide sobre el riesgo de enfermedades cancerígenas, como los horrendos porcentajes de cáncer a la vejiga y los pulmones en la II Región, debido a la

479

Robles, Fernando, Sistemas de Interacción. Observaciones de la sociedad desde el otro lado de la diferenciación funcional, MAD, Universidad de Chile, Santiago, 2004, 480 Beck, U: La sociedad del riego, Piados, Madrid, 1990.

189
contaminación del aire con el arsénico necesario para la extracción del cobre481. Hay múltiples ejemplos de inclusión en la exclusión. Por ejemplo, las que la metateoría del “capital social” convierte en hipóstasis. Otras como la organización de programas jurídicos alternativos que regulen la seguridad social en las fabelas, los bancos de préstamo y las loterías de los barrios venezolanos, etc.482 No es difícil imaginarse que con el avance y el desarrollo de la diferenciación funcional y el aumento consecuente de los sistemas organizacionales acoplados a un sistema o intermediando entre más, genera una especialización creciente en los mecanismos de exclusión, al sofisticarse progresivamente los mecanismos de pertenencia/no pertenencia. Con ello, los sistemas funcionales se convierten en catalizadores de exclusión, efecto apoyado por la creciente hiperautonomía de su operar auto-referente. Este es un tema que no trataremos aquí, señalizando la importancia de los roles. Los conceptos de individualización e individuación son en sí paradójicos si se les confronta con biografías individuales concretas483. En primer lugar, ya que la inclusión o la exclusión de individuos en la sociedad es imposible en la diferenciación funcional, sino únicamente en calidad de roles tipificados como tales y especificados en los programas de los sistemas, las biografías oscilan entre individuación e individualización, en un esquema de contingencia incontrolable, (a) debido a la temporalización y ubicación opuesta de las formas de la inclusión y la exclusión y (b) sobre todo porque ambos conceptos, individuación e individuación, se proyectan ortogonalmente respecto de las forma (o el eje geométrico de proyección) que configura la diferenciación funcional.

Robles, F.: El desaliento inesperado de la modernidad, RIL, Santiago, 2000 Lindenboim, J.: La precariedad como forma de exclusión, manuscrito, 2000. Fassio, A.: Redes solidarias entre pares.¿Una alternativa e inclusión para personas de edad?, Universidad de Buenos Aires, 2001 483 O con historias de vida. Por ejemplo: Alejandro Moreno y otros: Historia de vida de Felicia Valera, CONICIT, Caracas, 2001.
482

481

190

La forma de la diferenciación funcional condiciona pero no especifica la inclusión y la exclusión en cada uno de los sistemas parciales de la sociedad, por ello es que las formas de identidad se deben ubicar ortogonalmente respecto de las inclusiones primarias y secundarias. Estas paradojas se configuran sólo en una esforzada observación de segundo orden, más todavía si ella se ejecuta en medio de la contingencia de los sistemas de interacción484. Es por esto que no todas las identidades individuadas desembocan en domiciliaridades descompuestas, posibles de ser incluidas en el sistema del trabajo social485. La individuación permite romper con las interdependencias que desembocan en las expectativas de inclusión primaria, despliega formas de creatividad y éxitos en la alteridad idiosincrática respecto de las individualizaciones incluidas que todo lo tienen. Esta cultura de la alteridad no tiene por qué manifestarse colectivamente, sino en formas histórico-culturales de comportamiento “organizacional”. Por ello es que a la pregunta “¿O inclusión o muerte?”486, la respuesta debe ser un NO/SI.

Robles, F.: Sistemas de Interacción, en : Francisco Osorio (ed.): Ensayos sobre Socioautopoiesis y epistemología constructivista, MAD, Universidad de Chile, 2004. pp. 46-87 (hay una edición revisada) 485 Robles, F.: Opciones de reinclusión para domicialiaridades dañadas, en: Espacio Abierto, Maracaibo, vol. 11, nº1, marzo 2002, pp. 9-26 486 Moreno, Alejandro: Superar la exclusión, conquistar la equidad: reformas, políticas y capacidades en el ámbito social, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber, op. cit., pp. 231

484

191
En el llamado “mundo-de-vida popular”, muy distante del mundo de la vida de Habermas, que desde la opulencia de la sociedad de la abundancia los observa como “colonizados” por los sistemas487, operan relaciones económicas no sometidas a ninguna regla del sistema económico, pero exitosamente “desreguladas” como en el caso de los barrios venezolanos, donde se ha desarrollado un sistema de préstamos de dinero sostenido en interacciones “de pana a pana”, cuyas contraprestaciones no son necesariamente económicas: “de hecho se presta ya con la disposición, que viene del mismo mundo-de-vida, al perdón de la deuda”488. En este contexto entran en juego enormes loterías populares que mueven grandes cantidades de dinero, prestaciones de ayuda real en inversiones en seguridad y a los más necesitados, etc. Se trata de un sistema económico alternativo que no compite con el sistema bancario mundializado que por su contextualidad, tampoco implica la obligatoriedad de utilidades, sino más bien la recuperación de la función de paliar escasez temporalizada, la que dice cumplir el sistema económico de la sociedad capitalista, de la que se ha desacoplado completamente. ¿Es el mundo-de-vida popular489 excluyente? Por supuesto, las formas de conectividad de sus exclusiones rescatan a la oscilación unificadora sentido-cuerpo propia de los sistemas de interacción, los que por su plasticidad no pueden ser intervenidos por ningún sistema parcial490. La inclusión en estos tipos de economía tiene su espacio en la población marcada por lo que desde la inclusión (o exclusión del mundode-vida popular) se denomina pobreza. La mismidad de ser-conviviendo es la que marca la exclusión de la Otredad491.

Un ejemplo: el mundo de la vida popular en Venezuela Abordaremos a modo de ejemplo valido para la región del Caribe, las propiedades fundamentales del mundo de la vida popular venezolana. 1. Desde la vida misma. Hay tres preguntas elementales a formular: a) ¿Existe otra episteme, distinta del mundo moderno?

b) ¿Tienen una existencia real los mundos marginados y reprimidos por el triunfo de la modernidad? Habermas, J.: Teoría de la Acción Comunicativa, Suhrkamp, Frankfurt a.M, 1982, Tomo II. Moreno, A: Superar la exclusión, conquistar la equidad: reformas, políticas y capacidades en el ámbito social, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber, op. cit., pp. 240 489 Moreno, A.: El aro y la trama. Episteme, Modernidad y Pueblo, CIP, Caracas, 1995, pp. 397-444 490 Robles, F.: Sistemas de interacción, op. cit 491 Moreno, A.: El aro y la trama. Episteme , modernidad y pueblo, CEP, Caracas, 1999.
488 487

192

c) ¿Cuál es este mundo de la vida popular, cómo es vivido, cual es su praxis-vida? 492 El punto de partida para responder estas preguntas es la descripción fenomenológica de la familia en el mundo popular, resultado de doce años de vida del autor en un barrio (“población marginal”) de los alrededores de Caracas. Todos los caminos condujeron a un mismo nudo: la familia y en ella a un único centro: la madre. En la familia venezolana, aunque esté físicamente presente, no hay padre, sino convivencia de una madre con sus hijos. Su ausencia es equivalente a que no ejerza ninguna función familiar. Este modelo excede la existencia de las clases populares; este modelo se extiende por el Caribe hasta otros lugares 493. El modelo familiar-cultural popular es matricentrado, matrifocal o matricéntrico; mejor dicho, la familia es matricentrada. La madre es el punto de confluencia y de producción de los vínculos, la matriz generadora de la estructura familiar y lugar humano del sentido. Esta visión no es adscribe a concepto teórico alguno, pero es definida como cultural, pues se funda sobre una praxis vital, que trasciende las estructuras sociales y económicas, tiene que ver con la distinción entre ser humano y naturaleza. El modelo familiar se articula como episteme, como habitud a la realidad. Por ello, sostiene una cultura, es su núcleo “matriarcal” energético. La familia matricentrada no significa familia matriarcal, pues el matriarcado se describe como poder, mientras que si bien el poder está presente en la familia matricentrada, no la define ni constituye su característica fundamental. 2. La madre

La historia ha hecho de la madre popular una mujer-sin– hombre o una mujer-sin pareja. La pareja no ha sido producida en nuestra cultura. La pareja implica una convivencia continuada por un tiempo largo, compartir responsabilidades y funciones, la pareja cumple funciones de protección y seguridad y satisface necesidades materiales y afectivas. Se requiere que los que la componen, el hombre y la mujer, se auto-perciban como orientados a vivir en común. En los hechos, las necesidades de la mujer no se satisfacen por esta vía.
492 493

Moreno, A.: El aro y la trama. Episteme , modernidad y pueblo, CEP, Caracas, 1999. Hurtado, S.: Matrisocialidad, FASES, Caracas, 1998

193

La orientación frustrada en la pareja se orienta hacia el hijo, solo en él se podrán cumplir las necesidades básicas de seguridad, afecto y protección: comunicación e intercambio. La trama de la existencia le asigna una función dominante a la mujer: la de mujer-madre. La mujer y su hijo son una unidad de destino y de sentido. La mujer realiza su sentido en la madredad que la define. Este es un vínculo inevitable, impuesto por la existencia de ambos. La madredad es el vivir de la mujer, el sentido y su esencia existente. Mujer se vive como vivir-madre. En nuestra cultura no acontece la mujer, acontece la madre. La feminidad, pertenecer al sexo femenino, sucede como vivirse-cuerpomaterno. El vínculo con el hijo adquiere rasgos incestuosos, pero no en el sentido genital. La mujer forma al hijo para que sea siempre su-hijo. Esta delimitación describe la socialización por género. 3. El hijo

El niño que nace establece una vinculación variada con el mundo familiar, múltiples modelos, variadas experiencias abren un espacio de libertad y elección vinculante. El niño crece en la trama de hilos variados y elásticos, de una rigidez originaria los hilos se van haciendo más tenues, algunas cualidades se van acentuando y otras se van extinguiendo hasta el momento en que el niño pasa a ser adulto. Entonces el sujeto deja de ser hijo y comienza a ser hombre. Este es el caso ideal. En la familia matricentrada, el niño aprende y experimenta una vinculación matricéntrica. Los hilos de la trama están en la madre. La rigidez del vínculo es una necesidad. Este es el vínculo necesitado por la madre, que ella misma convierte en necesitante. Así, el varón está destinado a la madre: la madre lo necesita como la posibilidad de realización de su propia humanidad, lo vincula indisolublemente a sí; esto puede flexibilizarse, pero los hilos fundamentales del cable permanecen inmutables. Por ello, cuando el niño sea hombre, será siendo hijo, en una hijidad cualitativamente idéntica a la filiación infantil. El varón de nuestro pueblo nunca se vivencia como hombre, su identidad es la del hijo. La hijidad sin cambios define la identidad del varón: no sucede el hombre sino el hijo. No hay hombres, solo hijos. Las necesidades afectivas del varón están canalizadas por una vía de satisfacción: la madre. Toda otra será transitoria y superficial y por lo tanto prescindible. Por

194
ello, la relación con otra mujer será inestable y marcada por el componente genital, el único que la madre no satisface. Lo mismo vale para la paternidad. El hijo para el padre no significa nada parecido a lo que significa para la madre. Es una prueba de masculinidad. Por ello, la compañera será “la madre de mis hijos”. Siempre madre. La paternidad se reduce a los aportes económicos, caricias, una comunicación más o menos amistosa. La ausencia del hombre en el hogar matricentrado, la falta de experiencia de pareja, las relaciones entre madre e hijo, componen una red de relaciones que afectan la identificación sexual del varón. En los ambientes populares, la homosexualidad no es más frecuente que en otros ambientes. ¿Cómo se contrabalencean o neutralizan las predominancias femeninas del modelo matricentrado?. Primero, debido a numerosos hermanos de ambos sexos, lo que permite la diferenciación sexual por comparación – impulsadas además por la propia madre. Segundo, debido a la presencia de padres de sustitución de orden circunstancial. Tercero, debido al machismo como mecanismo de control. La sexualidad del varón es confusa. La hijidad no especifica un sexo determinado, pertenece a ambos sexos. La mujer desarrolla una hijidad abierta a la matredad; el hijo está abierto a la paternidad, pero sigue atado a una hijidad permanente, la de su madre. Su identificación sexual es machista, lo que lo distingue de la homosexualidad. Pero el machismo venezolano se diferencia de otros machismos. Hay dos componentes del machismo. Machismo-poder y machismo-sexo. El primero es predominante en las estructuras familiares donde priman las asimetrías; hay un desbalanceo a favor del padre, el que concentra el poder. Este poder implica el derecho a la libertad sexual; este machismo reproduce parcelas masculinas. El segundo es de origen materno. En él, el factor poder está presente pero subordinado a la dispersión sexogenital; este machismo cumple la función de manifestar públicamente que se pertenece al sexo masculino. En la estructura familiar matricentrada, el machismo es impulsado por la madre, primero para hacer imposible el incesto donde las posibilidades son altas; segundo, para hacer imposible la homosexualidad del hijo. El machismo asegura la estabilidad de la hijidad del hijo, su vinculación estrecha a la madre. Al dispersar el ejercicio de la sexo-genitalidad, la madre evita la configuración de vínculos competitivos que amenazarían su exclusividad.

195
Hay otro mecanismo que merece mencionarse: el desprecio y la descalificación de la homosexualidad en el imaginario colectivo, vinculado al temor de verse imaginado como homosexual. 4. La hija.

El vínculo madre-hija opera como un duplicador de la mujermadre. La madre se perpetúa en la hija, así se reproduce la cultura y las relaciones afectivas: la hija formará una nueva familia. Para la hembra “mi familia son mis hijos”. Además, ocupa un rol de reserva cuando el varón falla en su función de hijo-esposo. La hija suplirá esta función, poniendo siempre por delante su propia maternidad. Entones, la madre-abuela asumirá el rol de madre de dos generaciones (y hasta tres). Las acumulaciones de identificaciones siguen siempre la línea de la mujer-madre, no de la mujer-mujer. La mujer tiende a cumplir su función en la trama de la cultura. El ser-madre consiste en ser madre-sin esposo, una madre criadora total de hijos. 5. La pareja.

El espacio de posibilidades de la pareja está cerrado por el vínculo madre-varón y por el de hembra-hijo. No hay lazos que puedan atados ambos vínculos. El compañero, para la mujer, no va más allá de ser un medio-instrumento para hacerla madre, del que se puede prescindir cuando haya cumplido su función. En el extremo, cualquier hombre es bueno para dicha función. Para el hombre, la mujer que le da un hijo lo confirma como varón: los hijos son como condecoraciones de una larga marcha en pro de una identidad paradójica. En las batallas por la identidad, el hombre obtiene su triunfosexo, la mujer la maternidad. La mujer gana además un hogar. El hogar es propiedad de la mujer, ella fija las condiciones de entrada y salida. Es ella quien expulsa al hombre. Complementariamente, el hombre necesita y desea ser expulsado. Este es otro mecanismo de reproducción de la trama matricentrada. En lugar de pareja, hay que hablar de cuerpos apareados, de complementariedades múltiples que cuando se actualizan pierden su funcionalidad. Muchas relaciones aparentemente estables no son sino ciclos de apareamiento. La familia popular se caracteriza por sus múltiples vinculaciones, frágiles y transitorias. No hay horizonte ni espacio para la familia nuclear. La columna vertebral de la familia son los fuertes vínculos de mujeres atadas por generaciones. La relación madre-hijo es un universo cerrado sin apertura a horizontes. Mientras que el modelo de pareja y familia aportado por la cultura exógena toma el

196
problema de la pareja como elemental, la familia matricentrada la hemos tenido durante nuestra historia y no ha producido los males que se le atribuyen. El problema de este modelo familiar es la ausencia del padre, vacío que no se llena con la autosuficiencia de la estructura madre-hijo. El vacío hecho de dolor, abandono y rabia producido por el padre ausente, revive en la personalidad de los hijos. La muestra de la insatisfacción es la necesidad del padre. El reverso de esta carencia se manifiesta en la ancianidad: no hay madres abandonadas, mientras que los ancianos, padres de numerosos hijos dispersos, son el caso más frecuente. Quienes culpabilizan a la familia matricentrada jamás han intentado comprenderla desde dentro. Esta familia está amenazada, y la amenaza recae sobre su sostén: la madre. Ella está siendo golpeada por la economía, en el mundo el trabajo y por la ideología dominante. 6. Hermanos.

Los hermanos provienen de distintos padres; cada uno de ellos está hermanado con los hijos del padre propio. Ante todo, cada hermano está vinculado en una relación diádica y personal con la madre. Ella es el vértice de una pirámide donde confluyen las variadas díadas del hogar. Cada uno es hermano del otro debido a la madre común. Cuando hay fraternidad entre hermanos, ella está mediada por la madre. Con los hermanos de padre la vinculación es más directa: como el padre en realidad no cuenta, no hay otra referencia que la de saberse hermanos. Los verdaderos hermanos son los de la madre. 7. El padre.

“Probar padre”: la mayoría del pueblo prueba padre transitoriamente. Con el padre suyo y con el padre sustituto. En la vida de Pedro hay una secuencialidad, “el último de los sustitutos soy yo”. El padre es un vacío no colmado, una ausencia. Pedro lo dice a su manera. 494. La posición del padre en la familia es ex-céntrica. Porque lo verdaderamente constitutivo de la familia es la relación madrehijo. Este es el centro cerrado y autosuficiente, por ello el padre es innecesario, prescindible y peligroso. Porque si logre entrar, el centro debe sr compartido. La madre no puede tener rivales en la centralidad de la familia. La matredad es omniabarcante.

494

Moreno, A.: El aro y la trama. Episteme , modernidad y pueblo, CEP, Caracas, 1999.. pp. 424

197
El sentido es matrial. El origen no es estar-en-el mundo sino que se es ser en-lamadre, si se considera al ser como algo concreto. Esta experiencia es originaria del sentido. Vivirse como madre de hijos es vivirse como relación. En la experiencia, primero es el hijo, luego el yo. La relación-hijo se crece a la relación-yo. El sistema de parentesco prevalece sobre el sistema de clases o de estratificación. La estructura social del barrio se sustenta sobre vínculos familiares, los que configuran el mundo de la vida, desacoplado del sistema. Sólo se puede comprender esta estructura desde dentro: el pueblo no revela el secreto de su ser a los otros. Ello resulta secreto para quien no-es de-dentro. Los códigos del pueblo no se interpretan, se viven, se co-viven en el plano de las vivencias. La gente de los barrios se auto-percibe como distinta a los demás. Se marca la diferencia en la mediad en que se niega la intromisión de la Iglesia y su adoctrinamiento, aceptar esta moral significaría condenar a la madre. Homo convivalis. El principio es: las cosas son menos importantes que las personas. Lo que en la vivencia cotidiana se con-figura sobre el fondo de lo real es la persona y no la cosa. La pobreza de los barrios no es propiamente carencia de recursos sino minusvaloración de los recursos. Por ello, el economiscismo de los “modos de producción” es inadecuado para comprender el mundo de la vida del pueblo. El habitante del barrio no es un homo economicus ni un homo faber, lo cual no significa que no se maneje en la vida económica. La producción no es su mundo, su mundo es la vida entre los hombres, que se realiza en la vecindad y en la familia. Puede salir de él para ingresar el mundo de la producción, como necesidad inevitable . En este contexto, la matricentralidad de la familia es el centro del sentido. Este sentido es sólo pensable como una trama de relaciones. La mujer no es madre, sino que vive madre, el hombre no es hijo, vive hijo. Vivir el verbo que hace posible el lenguaje popular. Vivir relación es el ejercicio básico, la practicación fundamental del hombre popular. Esta es una practicación anterior a toda práctica. Este registro hermenéutico de la relación es lo que revela a la comunidad popular como mundo-de-vida. La familia matricentrada en esta trama de relaciones produce el homo convivalis. Por ello, la pregunta por el ser (¿quién es?) se responde

198
inusualmente: relaciona. A la pregunta por la sustancia se responde con un verbo en forma personal. Al romperse la lógica de las esencias, se abre paso a una forma distinta de racionalidad. Esto significa que existe en este mundo de vida una postura precomprensiva externa a la modernidad. En otras palabras: no se puede eludir el tema de las vivencias, porque el pueblo no vive en un mundo de cosas sino en un mundo-de-personas. En contraposición al estar en la riqueza, el proyecto del mundo popular es estar-en-la-relación. Esto significa que estamos frente a una episteme radicalmente distinta a la moderna. No interesa si esta es descrita como premoderna, rural, medieval o como se quiera. Es distinta, despreciada, marginada, pero puede ser una comprensión del todo-real fecundo. Síntesis. Modernidad y pueblo practican practicaciones distintas que son externas una a la otra. La historia ha sido una serie de encontronazos entre estas dos practicaciones, el primero fue el de la conquista La modernidad es la continuación de la polis griega, que se reivindica en la Ilustración. A este proyecto subyace una concepción del hombre como individuo que se plasma en voluntad común, lo que aquí, en esta episteme, queda determinada por las experiencias comunes. Un moderno no puede conocer sino en cuanto moderno, por la razón y el ojo. La modernidad se auto-reproduce como modo de conocer y producir sentido. Así se conoce al pueblo desde fuera. Queda abierta la posibilidad del conocer desde dentro. Pero como el ojo me pone irremediablemente fuera, hay que buscar otros sentidos mediadores. No los sentidos de las distancias, sino los sentidos del contacto, el tacto y el oído. Habrá que tactar y escuchar al pueblo. Hay que sumergirse en él. Ya dentro, se tocan y escuchan humanos vivientes en la vida que ellos viven. Se palpa y escucha un espacio no espacial sino que viviente. Allí se encuentra la familia. El hombre no es el individuo de la modernidad sino relación. Está dotado de convivencialidad que se sustenta sobre la relacionalidad del sentido materno: la matri-relacionalidad. Desde allí serán pensadas la libertad y la razón. Hay un desencuentro estructural que atraviesa la sociedad. El desencuentro entre el proyecto de sociedad moderna y el

199
proyecto relacional del pueblo. Este último no está elaborado en términos de razón. Este desencuentro puede ser un encontronazo. Hemos presentado deliberadamente un modelo de modernidad tan radicalmente diferente al chileno, para destacar (a) la heterogeneidad de las sociedades de habla hispana; (b) las diferencias primordiales que existen entre el modelo caribeño y el modelo de diferenciación del cono sur de América Latina. En el aspecto puramente personal, he estado muchas veces en Venezuela. Durante mis primeras estadías, confieso que no entendí absolutamente nada de esta sociedad, creo que mi incapacidad de comprensión equivalía a no comprender el lenguaje. Poco a poco fui entendiendo más, pero aún insuficientemente como para hablar de Venezuela con competencia. En uno de sus últimos trabajos, Moreno enumera algunas de las propiedades de esta episteme495. 1)En el pueblo existe un sistema de relaciones económicas fuera del mercado moderno y no sometido a ninguna regulación. Se trata de un verdadero sistema funcional alternativo. 2)Es el mundo-de-la-vida popular el que condiciona las funciones, los campos de acción, y la puesta en práctica de este sistema. 3)La circulación del dinero no tiene nada que ver con el sistema bancario. Todo un sistema de préstamos funciona de persona a persona, mueve con gran rapidez grandes pero no calculables cantidades de dinero. Este sistema se sostiene sobre una relación personal. Y sobre la base de una confianza, pero se trata de una confianza diferente. Se le presta a alguien por que necesita, no por que tiene, la confianza consiste en ciertas características (a) pertenece a una trama de relaciones establecidas y quien recibe el préstamo ya está incluido; (b) es fiable en cuanto se sabe que quiere pagar; (c) existe la posibilidad de mediar la confianza, es decir que el receptor no está en la misma trama de quien presta, pero es avalado personalmente, por otro que sí pertenece a ella. El resultado no es estrictamente económico, en cuanto el deudor a veces no puede pagar en los plazos acordados. De hecho se presta con la disposición (que es un componente del mundo de la vida) al perdón de la deuda. De manera que según los parámetros estrictamente económicos, el acreedor pierde, pero en realidad gana porque no ha invertido en dinero, sino en relación, lo que le abre las puertas a ser deudor cuando lo necesite. Esta forma de circulación del dinero no produce acumulación personal, sino comunitaria. 4)Se invierte de manera relacional. Este tipo de inversión es tan material como la inversión en dinero, pero es material-humana. En este contexto entran en juego las loterías populares, al margen de la
495

Moreno, A.: Superar la exclusion, conquistar la equidad: reformas, políticas y capacidades en el ámbito social, en: E. Lander (ed): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, UNESCO, FASES, Caracas, 2000, pp. 227 y sig.

200
oficial pero sobre la base de los números de la oficial. Esto mueve grandes cantidades de dinero fuera del mercado legal de los juegos de azar. Toda la economía “ilegal” está incluida en la legalidad alternativa de un sistema que opera de acuerdo a reglas distintas. Si se le mira desde el maked state de la inclusión, pareciera que el venezolano es un jugador. Pero desde el unmarked state de la inclusión en la exclusión, no tiene un sentido económico en términos de mercado. 5)No son conocidos actos de violencia por deudas. El que el dinero no pueda recobrarse, fortalece la relación. Violencia existe en el mundo del tráfico de drogas, que está excluido del mundo de la vida popular. 6)Parece ser un sistema económico alternativo y de una “economía solidaria”, pero no a partir de un imperativo ético externo, como señala la teoría del llamado “capital social”496, asiduamente promovida por el BID. Pero no se excluye que en su origen esté enraizado un sentido cristiano de la vida. 7)Es una economía que tiene su espacio en la población pobre, pero porque sus actores sean pobres, sino excluidos, en el sentido de la externalidad, es decir, son los Otros, desde la mismidad de la inclusión.

¿Qué significa inclusión y exclusión en la práctica? De la manera más abstracta posible, la inclusión es un mecanismo que señala cómo aparecen los individuos como actores o como copartícipes en la comunicación de la sociedad497. Es decir, la inclusión trata de cómo se alcanza visibilidad en la observación binariamente codificada de los sistemas parciales, de qué forma se construyen e identifican domicilios sociales específicos. Usando la metáfora del computador, la inclusión significa aparecer visiblemente en la pantalla de los sistemas parciales, lo que equivale a ser aceptado por el valor (+) del código respectivo498. La inclusión no es un estado sino un proceso, porque en las cadenas complejas compuestas de comunicación y acción, los individuos aparecen siempre en un presente-evento de propiedades contextualizadas, es decir, como nadando en la autopoiesis indexical de lo que hablan y conversan. Por ello, si se quiere saber cómo opera la inclusión, hay que preguntar,

Klikberg, B.: Capital social y cultura. Claves olvidadas del desarrollo; BID, B.A., 2000 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 618-633. Nasehi, A.: Endlich den Menschen endeckt?…op. cit., pp. 3 498 Fuchs, P.: Adressabilität als Grundbegriff der soziologischen Systemtheorie, en : Soziale Systeme, 1, pp. 57-79
497

496

201
quién, cuando, cómo y por quién es indicado como interlocutor de comunicaciones. Si tenemos en cuenta que cada uno de los sistemas parciales opera con códigos dotados de valores (+) y (-), la inclusión consiste en la absorción de individuos en los valores (+), porque son reconocidos como domiciliaridades sociales; pero como los valores binarios de cada uno de los códigos son excesivamente abstractos, se diversifican acoplados a programas que regulan los requisitos de absorción en el valor (+) y por lo tanto la inclusión. Estos programas son los que en última instancia articulan las condiciones de posibilidad de relacionalidad con los entornos de la sociedad. No obstante, como la configuración de las individualidades de identidad transcurre ortogonalmente respecto de la diferenciación de la sociedad, en las últimas décadas como un efecto colateral del indiscutible distanciamiento de los sistemas parciales y sus funciones, se ha configurado progresivamente una semántica colateral, cuyo efecto es que la diferenciación funcional dirige expectativas paulatinamente descoordinadas a las personas incluidas, se trata de expectativas que no obedecen a ningún esquema comprensible. El carácter paradójico de esta colateralidad exige, por ejemplo, la multi-inclusión como una meta emparentada con la integración a la sociedad, pero al mismo tiempo bloquea las posibilidades de su realización499. Por ejemplo, en la antípoda de cualquier lógica de coordinación, la diferenciación funcional de la sociedad chilena formula la necesidad de actualizar las destrezas y los saberes profesionalizados mediante capacitaciones permanentes, pero también que seamos buenos padres y madres y tengamos tiempo para la interacción con nuestros hijos, además que sepamos “escucharlos” y comprenderlos, pero sin concesiones respecto de sus expectativas de consumo, las que deben obedecer al cálculo que hagamos de sus rendimiento escolar, que dominemos las tareas hogareñas: cómo saber usar la lavadora, cocinar y limpiar y lavar la loza, pero que también no abandonemos la preocupación de innovación y entretenimiento creativo con muestras esposas y maridos. Todo esto si poder descuidar nuestro trabajo remunerado. ¿Cómo podemos satisfacer todas estas expectativas, hacer felices a nuestras familias, a nuestro empleador y quién sabe a quién más?500 Ahora bien, la distinción entre inclusión y exclusión indica el modo en el cual una sociedad permite o no que los individuos sean tratados como personas y sean visualizados como interlocutores de la comunicación, en contextos acoplados laxamente a los sistemas funcionales. Digo laxamente porque los sistemas de interacción son los únicos que al realizar comunicación vagabunda y poder desacoplarse de los Beck, U.: Macht und Gegenmacht im globalen Zeitalter, Suhrkamp, Frankfurt a. M., 2002, pp. 347 y sig. 500 Kaufmann, J.C.: La ropa sucia, en: Ulrich Beck (ed.): Hijos de la libertad, FCE, Buenos Aires, 1997, pp. 211-146
499

202
sistemas parciales, y porque generan microdiversidad auto-organizada, ejecutan justamente el reverso de la diferenciación funcional. De allí que sean los únicos sistemas sociales capaces de operar como interruptores de códigos y sobre todo de programas, porque además son auto- móviles.501 El concepto persona no indica a la conciencia y no tiene nada que ver con el llamado humanismo, pero tampoco indica al cuerpo de los individuos, sino que es una construcción estrictamente comunicacional. Un contenido indeterminado no es persona, sino que una “otredad” extraña. En cambio, la personalización de las visibilidades corpóreas comienza con la indicación del nombre, la personalización surge cuando se correlaciona con la comunicación. Es decir, el proceso de personalización emerge cuando el comportamiento del otro se convierte en imaginable y puede ser influenciado por el propio502. Las sociedades no sólo usan el lenguaje, sino que conservan sedimentaciones tipificadas en forma de nombres, proverbios, recetas para situaciones específicas, metáforas, relatos, etc. A estas formas de condensación las llama Luhmann semánticas503. Si su historicidad se desprende de la forma que asume la diferenciación de la sociedad, ser persona equivale a un ser-tratado-cómo; es decir, resulta de la observación de los sistemas y de nuestra propia auto observación504. Pensando con Kant, no se es persona per naturam porque los seres humanos seamos capaces de formular juicios sintéticos a priori; la impureza de la conciencia humana fundada en la intuición no garantiza ser persona505. Si fuese así, entonces podríamos incluir nuestras conciencias en la sociedad, lo que es absurdo e imposible. Que las conciencias no sean incluidas en la sociedad y que por consiguiente no puedan ser observadas ni manipuladas, es una gravitante garantía de libertad y autonomía. Esto significa que la persona es una forma en el sentido de Spencer Brown506, que como tal tiene dos lados, los que indican hacia la inclusión y exclusión, pues la indicación de las personas significa que hay también nopersonas, es decir, valores negativos descritos semánticamente como minusválidos, inapropiados, impertinentes, incompetentes, y todo lo que a uno se le pueda ocurrir. Sin embargo, en estricto rigor si consideramos la premisa del constructivismo operativo, que la persona sea o no una forma depende de la observación (o del modo de la observación de observadores). En nuestra observación, la exclusión y la inclusión son siempre (pero no exclusivamente) productos resultantes del modo en que se articula la Robles, Fernando: Sistemas de Interacción, op. cit. Douglas, M.: Ritual. Tabú und Körpersymbolik, Suhrkamp, Frankfurrt a.M, 1976 503 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 642 t sig. 504 Luhmann, N: Gesellschaftstruktur una Semantik, Tomo I, Suhrkamp, Frankfurt a.A, 1993, pp. 9 y sig. 505 Kant, E.: Crítica de la razón práctica, Alianza, Madrid, 1976 506 Spencer Brown G: op. cit, pp. 20
502 501

203
especificidad histórica de la diferenciación de la sociedad, por lo que inclusión y exclusión no son necesariamente los lados de una forma. Sino que dos formas distintas. En la forma de la diferenciación estratificada, debido a que la inclusión en un estrato implica automáticamente la exclusión en el resto, se realiza efectivamente una relación de complementariedad asimétrica entre el “marked state” y el “unkmarked state”, lo que corresponde exactamente a los requisitos de “continencia perfecta” de dos valores obligadamente diferentes, que formula Spencer Brown507. Sin embargo, en la diferenciación funcional no existe ni puede existir relación alguna de complementariedad entre inclusión y exclusión, porque sus lógicas respectivas no sólo marchan disociadas una de la otra, sino que corresponden a formas completamente diversas. En efecto, una simple representación geométrica de inclusión/exclusión indicaría que de trata de vectores opuestos, sin posibilidad de relación ortogonal alguna. Por lo demás, mientras que la inclusión es jerárquica, binaria e instrumental, la exclusión es heterárquica e interaccional. Volviendo a las notaciones anteriores, vamos a centrarnos en la exclusión. 1). La exclusión marca una distinción

2). La observación de ambos lados de la distinción indica que el lado exterior debe ser observado como indeterminado.

3). La forma de la exclusión (y de la inclusión) dependen del carácter de la diferenciación funcional. En la observación de la exclusión,
507

Spencer Brown: Law of Form, op. cit, pp. 9

204
es su contexto implícito508, el que por la contextualidad de las distinciones, es nuevamente un concepto dependiente de la observación.

4). Inclusión y exclusión no son fenómenos expresables como contra -conceptos que se condicionan mutuamente, como sería pensable en el caso de los estratos que se componen de grupos familiares de individuos. Quiero argumentar puntualmente de la siguiente manera: a. si Inclusión y exclusión son procesos entrelazados de absorción o rechazo, de visibilidad e invisibilidad altamente temporalizada, b. y si en el primer caso la visibilidad equivale a la acreditación de una dirección identificable a la que el sistema se dirige por una coherencia puntual entre biografía de identidad y el operar de la distinción código/programa, c. entonces desde la individualidad que forma la identidad (individualización) incluida que se ubica ortogonalmente respecto de la diferenciación funcional, el otro lado de la forma sería la exclusión sólo si el sistema específico incluye para excluir – como el sistema del trabajo social – lo cual no sucede con todos ellos; d. si en la diferenciación por estratos la inclusión en uno de ellos implica automáticamente la exclusión de otro, en la diferenciación funcional sucede al revés, pues la inclusión en un sistema no implica la inclusión en otro, e. por lo tanto, en la diferenciación funcional tanto las discriminaciones verticales (de ingresos) y horizontales (culturales y estéticas) transcurren destemporalizadas y se

508

Varga, M., Matzka, R.: Motive und Grundgedanken der “Gesetzte der Form”, en: Dirk Baecker (ed.) Kalkül der Form, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993 pp. 58-86

205
ubican transversalmente respecto de la forma de la diferenciación; f. si además la construcción de la identidad individual se construye con absoluta indiferencia respecto de la diferenciación funcional, entonces inclusión y exclusión son una forma sólo en la observación de primer orden, que al retratar sólo un lado de ella, tiende a dar por descontado que el otro lado es el contraconcepto; g. mientras que la inclusión implica la entrada en una jerarquía de roles (exceptuando a los sistemas de intimidad), se obliga a la intrumentalización de mundos de la vida. h. y la exclusión significa la permanencia en la heterarquía polivalente de interacciones ingobernables.

Concluyendo, la diferenciación funcional desacopla la inclusión de la exclusión, por lo que respectivamente el lado no marcado debiera ser el (o los) códigos (+) o (-) del sistema o los sistemas funcionales respectivos, lo que sin embargo tampoco es así, por la necesidad de la operatividad de la distinción código / programa, que más adelante explicamos.

206
Hay varios ejemplos que a mi entender obedecen a este lamentable malentendido. No se trata de una confusión irrelevante, pues redunda en que la observación de segundo orden se confunda con la observación de primer orden - uno de esos ejemplos lo encontramos en textos del propio Luhmann509. En síntesis este error de esquematismo impide que el observador que se propone ejecutar una observación de segundo orden se deba esforzar por observar la observación de observadores, pues da por descontado que el lado no marcado es el opuesto al que retrata la observación de primer orden510. Por lo tanto inclusión y exclusión no son los lados de ninguna forma, sino formas diferentes. Esto es así sobre todo si se toma en serio en carácter autoreferencial del cálculo de la forma y las propiedades de la diferenciación funcional. Se trata de dos formas diferentes. La forma de la inclusión es la disociación de formas (re-entry) desvinculadas entre sí, cada una de ellas posee un medio diverso, los que operan disgregados entre sí. Lo anterior es valido tanto para la inclusión primaria como para la inclusión secundaria. La inclusión primaria es jerárquica e instrumental. La forma de la exclusión es la acumulación de formas dotadas de medios revinculados entre sí, los que son observables como causalidades secuenciales discontinuadas. Aún cuando la exclusión secundaria implica la aniquilación de medios como el amor, las creencias y otros codeterminantes de inclusiones/exclusiones a diversos sistemas de interacción, esta eliminación se subordina al carácter compacto de la exclusión. La exclusión primaria es hererárquica e interaccional511. Por ello es que las identidades individualizadas por su inmanente inclusión primaria, pueden hasta prescindir de inclusiones secundarias estables o tratarlas como subordinadas a las diversas inclusiones primarias fragmentadas. Todo esto en la medida en que el carácter disociado de las inclusiones primarias bloquea potencialmente los efectos acumulativos propios de la exclusión. Por esta razón es que mientras en medio de la individualización propia de las sociedades post-industriales del occidente europeo sumergido en la llamada “segunda modernidad”, formar una familia y tener hijos constituye un dilema de riesgo equivalente a descifrar la fórmula de la cuadratura del círculo512. Mientras que en las “sociedades en vías de desarrollo”, en particular en los segmentos excluidos de la población, dichos dilemas de selectividad entre carrera, individualización como “realización del Yo” al alero del Estado de Bienestar que convierte a Luhmann, N.: Inclusión y Exclusión, en: Josetxo Beriaín y José M. García Blanco (ed.): N. Luhmann: Complejidad y modernidad, de la unidad a la diferencia, Trotta, Madrid, pp. 193194 510 Arnold, M.: Recursos para la investigación sistémico constructivista, en: Francisco Osorio (ed.): Ensayos sobre autopoiesis y epistemología constructivista, op. cit., pp. 16-25 511 Goldammer, E: Eine poly-contexturale Systemtheorie und deren Konsequenzen, en: Vordenker, mayo 20, pp. 7 512 Beck-Gernsheim, E y Beck, U.: El normal Caos del Amor, Madrid, 1998
509

207
las reciprocidades solidarias en superfluas, casarse y tener hijos, no son necesariamente un problema, sino más bien un alero de seguridad. Por ello es que “Haz de tu vida lo que quieras” no significa necesariamente la inclusión del Otro en una relación de intimidad. Al contrario, por el carácter compacto y acumulativo de la exclusión, las inclusiones secundarias operan habitualmente como interruptores de “carreras de exclusión”. Pero del mismo modo, el catalizador de las acumulaciones de exclusiones, puede ser justamente la exclusión de uno de los sistemas de intimidad que excluye destructivamente, como el sistema de la familia. En efecto, como dicha exclusión acarrea la extirpación de la comunicación de pertenencia y siendo el sistema de la familia un sistema de interacción que alcanza a la conciencia, la nopertenencia descompone el medio de conversión de las percepciones en sucesos temporalizados, el lenguaje, desfigurando las funciones básicas de la conciencia513. Pero puede ser exactamente al revés, siendo en el caso de los sistemas de intimidad una forma colectiva alternativa de sistema funcional514. Exagerando un ápice, este malentendido de que inclusión e inclusión son una forma, nos llevaría incluso a sostener que a un aumento de la inclusión debiera corresponder menos exclusión, o que aumentando numéricamente las personas incluidas – por ejemplos los llamados niveles cuantitativos de cobertura de cada sistema la exclusión debiera disminuir. Siguiendo esta argumentación, la observación de la desigualdad social en el contexto de la diferenciación funcional se agotaría en la observación de primer orden, se suprimiría su complejidad y se pasaría por alto su carácter multidimensional, la observación se auto limitaría impidiendo tematizar las exclusiones espaciales, horizontales, estéticas, temporales y aquellas realizadas en los sistemas de interacción, las exclusiones secundarias. Si cualquier descripción es una observación que actualiza diversas distinciones y, por lo tanto, diversas indicaciones, la consideración del mundo como el “unmarked space” tiene un efecto triple. Primero, la operación de observación (y con ello la del observador realizando la observación), es hasta cierto punto impracticable sin paradojas; al contrario, hay que buscarlas . Segundo, la primera ceguera está contenida en las descripciones del mundo como unidad trascendental. Tercero, la segunda ceguera es la del mismo observador ubicado en un espacio (¿cuál) o postura de observación y en un tiempo (¿cuál?). La superación de la primera ceguera es posible si la observación se dirige a las semánticas que sedimentan la trascendencia y con ello ocultan la inmanencia. En otras palabras: ¿cuáles son las mistificaciones que hacen que no se vea que no se vea lo que no se ve?515
513 514

Lorenzer, A.: Die Wahrheit der psychoanalitischen Erkenntnis, Frankfurt, 1976 Castro, G.: El asalto del Plural: complejidad social, contextualizacion teórica y control empírico en la investigación social, Fases, Caracas, 1999 515 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 1112 y sig.

208

El desocultamiento de la inmanencia, de la mundaneidad del mundo tiene que empezar por la observación de primer orden, sobre todo si su forma obedece a la de la lógica dicotómica. El esquema de las dicotomías es el de la moralización de la exclusión (es mala y debe ser buena), la de la culpabilidad y las confabulaciones (si se modifica el modelo económico, habrá más inclusión), o bien se manifiesta en el reduccionismo numérico (aumentando la cantidad de incluidos, disminuye la exclusión). Siendo la observación de segundo orden – la observación de las observaciones del observador – también sería una observación de primer orden, debido a que cualquier observación implica una indicación (aún cuando ella corresponda a la simplificación de los dos lados de la forma que se observa), el observador de segundo orden está obligado a la conducción autológica516; es decir, a la auto-aplicación de la distinción de la observación que realizó a la distinción en uso, con lo cual obviamente que desplegará una alta inseguridad. Con ello, es arrojado al mundo y pierde cualquier privilegio a accesos “distintos” y mejores al mundo. De allí que el observador pase a ser idéntico a la “marca”517 , e incluso que sus límites no sean otros que la piel de su cuerpo. Pero para conseguir entrelazar la observación de segundo orden con la observación de primer orden debe el primero de ellos servirse de los acuerdos del factor r de la comunicación. Esto significa que debe desontologizarse en torno a las siguientes operaciones: a) indicación; b) objeción contingente; c) acuerdo en torno a una forma de identidad indagatoria que “ponga en orden” la contingencia ente indicación y objeción. Nada de lo anterior es posible sin el uso del teorema de la identidad de la etnometodología. Al observar cómo observa el observador, el observador de segundo orden puede realizar esta operación observado con qué distinciones operativas observan los sistemas observadores - por ejemplo, cada uno de los sistemas parciales de la sociedad. Por ejemplo, puede observar analizando estructuras latentes, constatando regularidades en la disyunción entre semánticas de auto-descripción y formas de operar, etc., incluyendo el componente de auto-corrección y de auto-limitación por autología. En este sentido, por lo menos el observador de segundo orden observa de manera distinta al observador observado, para el cual el mundo se le aparece como “entendido en sí mismo y entregado obviamente” – como sostiene Husserl518 – o como un “nicho”, usando el lenguaje de Maturana519. Por ello es que mientras el observador de primer orden observa con “valores”, el observador de segundo orden se formula la pregunta por la función de la función de esos valores ónticos, tematizando en la mundaneidad de su observar, es decir, la interrogante respecto de la función de la función de esos “valores propios”.
516 517

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 144 Spencer Brown, G.: Law of Forms, op., cit., pp. 76 518 Hurssel, E.: La crisis de la ciencia europea y la fenomenología trascendental, Crítica, Barcelona, 1982, pp. 167 y sig. 519 Maturana, H.: La realidad ¿objetiva o construida?, op. cit., pp. 63 y sig.

209

El observador debe observar principalmente la observación de la observación de la observación de los sistemas observadores. ¿A quiénes debe dirigirse esa observación? El observador debe observar cómo observan las identidades individuadas el observar del observar de los sistemas observadores, la observación debe concentrarse en las formas de comunicar de las domiciliaridades excluidas – descompuestas o no. Es decir, el observador de observaciones debe sumergirse en la indexicalidad de la comunicación de micro - diversidad de los sistemas de interacción, debe atender a la forma de comunicar520 (vagabunda y/o auto-móvil) de las voces de la exclusión. El observador de observaciones, unificando sentido y cuerpo, como los medios que configuran los acoplamientos laxos de las formas más sutiles de comunicar – aún en la no-simultaneidad inherente a toda observación – debe reconstruir individuaciones excluidas521. Habiendo observado el observar del “más (o menos) de lo mismo” de los sistemas funcionales, debe observar sistemas de interacción, pues en el observar de su micro- diversidad, realizan el reverso del operar de los sistemas parciales. En mi modesto parecer, sólo sumergiéndose en ésta observación de tercer orden, sin abandonar su equivalencia con la “marca”, el observador puede visibilizarse en los límites de su cuerpo, asumiendo restrictivamente que “quien observa no puede evitar ser observado”. A la luz de lo anterior, se esclarece que el uso, descripción y comentario de las observaciones de primer orden de los sistemas parciales, en particular las descripciones estadísticas y de las semánticas de autodescripción de la sociedad, indican sólo el comienzo de la problematización de la exclusión en Chile.

La observación de la especificidad de los roles

Hay que detenerse en el tema de los roles de inclusión y exclusión que la sociedad demanda en forma de expectativas, partiendo de la base que la inclusión de las personas-individuos, en calidad de sistemas psíquicos, es obviamente imposible. Asumiendo lo que Goffman ha desarrollado acerca del carácter práctico e indexical522 de la construcción de los roles, muy gruesamente Robles, F.: El Análisis Conversacional desde la Etnometodología, Documento de Trabajo, Departamento de Sociología, UDEC, 2003 521 Robles, F.: Distinguir, Observar, Conversar, manuscrito inédito, 2003-2004 522 Goffman, E.: Rituales de Interacción, Madrid, 1987
520

210
distinguimos entre roles protagonistas y roles de publico-espectadores basado en “la distancia de rol”: por un lado, se refería a la señal publica, de parte del actor, de la diferencia existente entre sí mismo y su rol, para resaltar la diferencia entre la imagen de sí mismo y si identidad do rol; por el otro, resaltando la distancia “soberana” respecto de sus obligaciones y los requerimientos del rol523. Más abajo se especifican algunos casos con sus respectivas denominaciones, también de roles auxiliares, tangenciales y subsidiarios. El mismo Goffman entrega ejemplos con los que además ubica los espacios anteriores y posteriores, contextos en los cuales se “producen” los roles, se moldean sus propiedades y se coordina el comportamiento de acuerdo a la intuición de aceptabilidad (o no) que se despliegue en el curso de la interacción. Para la mayoría de los roles – y menos aún para sus contextos – no existen pautas predeterminadas. Asumir un rol equivale a “one role making” y entonces “the role taking” se prueba hasta que se pueda tener “una idea” de que satisface las expectativas del otro y además hace posible que podamos ser observados como queremos, es decir que conservemos “la cara”. Y, por lo tanto, demos cuenta que mantenemos una “distancia” del rol respectivo. Considerando lo anterior, nosotros preguntamos, ¿cómo se constituye el domicilio social de un sistema psíquico en cada uno de los sistemas parciales de la sociedad? Esta pregunta obliga a concretizar los efectos de los sistemas funcionales de la sociedad. Inspirado en G.H.Mead, Ralph Turner524 desarrolla una teoría del rol social diametralmente opuesta a la del paradigma normativo, en la que niega la existencia de roles asignados a priori y subraya la importancia del rol como proceso de interpretación y construcción. El actor no asume sencillamente el lugar que se le asigna desde el exterior y tampoco acepta y se comporta según reglas estructuradas sino que percibe la acción del otro como una acción dotada de sentido y significado y sobre la base de dicha percepción de lo que el otro hace o señala que hace, el actor bosqueja la dirección y los pasos de la acción propia. Por lo tanto, el rol del otro no es nunca completamente accesible sino que únicamente tentativamente interpretable mediante la forma en que se anuncia y se da a entender en gestos y símbolos significantes, de tal manera que, por lo tanto, el diseño de la propia acción sólo puede tener carácter tentativo y provisorio y deberá ser revisada constantemente. De allí entonces que aquello que pareció ser definitivo y estable, se ve constantemente sometido a la inestabilidad, a la
523

Goffman. E.: Encounters: Two Studies in the Sociology on Interaction, Indianapolis, pp. 85152

Turner, R.: Unanswered questions in the convergence between structuralism and interactionist role theories, pp. 22-37 en: Helle y Eisenstadt, S. (ed.): MicroSociological Theory, Perspectives on sociological theory, Bristol, UK, 1985

524

211
fluctuación, a una permanente negociación entre sociales 525. Por lo que la construcción de los roles, los actores

a. antes de estar sometida a la presión de la conformidad de las expectativas, configura un proceso donde la interacción es abordada como la construcción significativa de interrelaciones orientadas al futuro 526; b. no concibe la colocación de roles como el resultado fijaciones institucionalizadas sino un como proceso permanente e in-interrumpida negociación; de de

c. las relaciones de entrelazamiento de roles no es ni puede ser considerada como simétrica, sino como básicamente asimétrica; d. la socialización de los seres humanos es comprendida como un proceso de aprendizaje de roles y no como uno de internalización de reglas 527. Turner coincide en definir a la interacción como un proceso de interpretación en cuyo curso los actores sociales dan lugar, revisan, reformulan y consideran tentativamente como válidos un conjunto de significados comúnmente construidos, sobre la base de la vaguedad del lenguaje. Por lo tanto, mientras el paradigma normativo considera que las competencias de interacción de los actores se encuadran en sistemas de determinación preestablecidos los cuales se actualizan de acuerdo a la situación (definida extra- situacionalmente), el paradigma interpretativo sostiene que la adquisición de competencias en un proceso de permanente cuestionamiento y de negociación de reglas situacionales.

Primero. El tema de la distinción de los roles acentúa los puntos de oscilación de las expectativas de cada individualidad específica y las expectativas generalizadas del sistema funcional respectivo. En efecto, es el sistema quien describe (en lo formal) las expectativas de rol de su

Turner, R.: Unanswered questions in the convergence between structuralism and interactionist role theories, en: Helle y Eisenstadt , 1985, (ed.), op. cit., pp. 31 Turner, R.: Unanswered questions in the convergence between structuralism and interactionist role theories, en: Helle y Eisenstadt, 1985, (ed.), op. cit., pp. 27 Turner, R.: Unanswered questions in the convergence between structuralism and interactionist role theories, en: Helle y Eisenstadt , 1985, (ed.), op. cit., pp. 35
527 526

525

212
operar en el contexto de sus programas operativos. La diferenciación funcional se impone con la especificación de cada uno de los roles, pero sería ridículo sostener que las expectativas de los sistemas puedan ser absolutamente congruentes con la ejecución cotidiana ellos, entendiéndose la obligatoriedad del “currículo” como síntesis unificadora de pasado y futuro. En cualquier caso, si lo posible es sólo la inclusión de roles, hay que preguntar: de qué roles se trata y cómo se ejecutan. La diferenciación funcional no puede soslayar el proceso de tipificación de roles que involucra a la sociedad moderna. No obstante, como un efecto colateral de la diferenciación funcional, se tiende a desplegar una enorme compatibilidad entre el desorden contingente del entorno y el desorden acéntrico de la sociedad catalizado por la cerradura operativa y la autonomía autopoietica de los sistemas parciales. Al aumentar el desorden de la sociedad, los sistemas tienden sistemáticamente a inmunizarse frente a las irritaciones de los entornos; por un lado porque dichas anomalías irritantes no son lo suficientemente novedosas como para ser detectadas como tales y porque sus mecanismos semánticos de mantenimiento de la contingencia contribuyen a que se aproximen al autismo: los sistemas empiezan a distanciarse del mundo528. Sólo la observación de segundo orden y la obligatoriedad de la auto aplicación de observaciones por autología puede detener esta “pseudohomeostasis”, pero al costo de que cada sistema deba operar en un entorno intrasocial incontrolable. Si alguna vez existió un ordenamiento intra-sistémico vinculante sustentado sobre acoplamientos estructurales, éste se ha disuelto por completo. Por lo que cada sistema dependa sólo de su cerradura operativa y necesite también cada vez más de su autopoiesis, sea la que sea y esté cómo esté. La diferenciación funcional se convierte con ello en la negación de la división del trabajo. La sociedad se convierte en una forma intransparente e incalculable en sus condiciones de reproducción. La cerradura operativa provoca intranquilidad, y la intranquilidad produce cerradura operativa529 Si en otras condiciones el carácter normativo del comportamiento lo garantizaba la distinción entre comportamiento y Ethos, los puntos de identificación entre ambos se han divorciado por completo. Desde el punto de vista de las instrucciones normativas, debe distinguirse entre “valores” obligadamente válidos, y los programas que cada uno de los sistemas codificados binariamente identifica de forma distinta (y hasta contradictoria). Por otro lado, desde el punto de vista de las reglas – guías del comportamiento, debe distinguirse entre personas y roles, por la sencilla razón de que tampoco las personas pueden ser identificadas por su estatus social o una pertenencia invariable, sino por profesiones, membresías, preferencias de interacción, etc.

528 529

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 770 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit, pp. 773

213
Luhmann sostiene que la diferenciación funcional acarrea una novedosa diferenciación en las estructuras, que no afecta tan sólo a los sistemas parciales, sino que se impone en toda la vida social, trayendo consigo toda clase de posibilidades de enajenación en las familias. Los roles de público se anonimizan al máximo, con lo que las personas dejan de serlo, convirtiéndose en “pacientes”, “beneficiarios”, “consumidores”, “votantes”, etc. A la inversa, los roles protagónicos se personalizan hasta poder malversar influencias y co-determinar situaciones dramáticas al borde de la exclusión. La hiperautonomía de los sistemas abandona para siempre la microdiversidad, la que administran únicamente los sistemas de interacción operando como interruptores entre programas y roles de beneficiarios530. Segundo. La distinción de una cantidad de roles tipificados como protagónicos y de público, es un momento central del concepto de inclusión, mientras que los roles subsidiarios operan como funcionalmente oscilantes. Este es el factor que describe en qué medida un sistema funcional opera como catalizador de exclusión. No obstante, si se considera el carácter acumulativo de la exclusión, esto significa que una gran cantidad de personas caen en el rol del público potencial o incluso ni de ello. Mientras menos roles público absorba un sistema, más excluyente será. En la diferenciación funcional, el público se generaliza. Así, los atributos de la individualidad se sumergen en el anonimato, sólo cuentan las cualidades funcionalmente relevantes (valores positivos de la codificación binaria). Pero también el rol se universaliza y especifica en las organizaciones, partiendo de la base que la semántica de la igualdad o de la equidad, propaga que todos pueden salir de la pobreza, que nadie debe ser analfabeto, que todos pueden encontrar trabajo, etc. Tercero. La escenificación de un rol destaca que el momento decisivo de su ejecución – por ejemplo en la perspectiva de la inclusión que sea – es la forma de comunicar, la segunda operación distintiva de la comunicación. En ella se amalgaman tanto la interacción focalizada como la no focalizada531, los recursos sentido y cuerpo se unifican en el momento de la comunicación contextual de la información implicando que se detiene la oscilación entre conciencia y comunicación, acoplándose de tal manera que la primera tome cuerpo se aproxime a la forma de comunicar. La ejecución indexical de roles es única y temporalmente irrepetible. Goffman subraya que los sistemas de interacción, el mantenimiento de la cara y la observación aguda de las expectativas del otro (to tacke the role of the other), especialmente en situaciones altamente ritualizadas, que son las más sensibles, es un recurso de ayuda a su escenificación exitosa.

530 531

Joas, H.: El Pragmatismo y la teoría de la Sociedad, CIS, S. XXI, Madrid, 1998 Goffman, E.: Ritual de Interacción, op., cit., pp. 120

214
Si los sistemas de interacción pueden fungir como interruptores de programas, también operan ser catalizadores de unicidad y coordinación de expectativas. Quinto. La relevancia de la distinción de roles destaca la relevancia del medio organizaciones. La sofisticación de las organizaciones formales modernas permite además una dotación enorme de mecanismos doble o triplemente selectivos de inclusión. Como el fundamento basal de las organizaciones es la comunicación de decisiones, sólo algunos pueden tomarlas, de tal manera que si el sistema parcial respectivo no tiene motivo alguno para excluir a alguien de sus prestaciones, vale decir, de su comunicación, las organizaciones hacen que sólo algunas personas participen en ellas. En última instancia, la distribución de roles es un problema organizacional. En los dos esquemas siguientes podemos observar cómo se articulan los roles fundamentales de los sistemas funcionales más importantes de la sociedad, los protagónicos y los “de público”, así como los excluidos de cada uno de los sistemas.

La trampa de la apariencia y la seducción del simulacro en la observación de la exclusión Una reciprocidad fantasmagórica identifica al turista europeo que por primera vez viaja a un país latinoamericano, con el latinoamericano primerizo que viaja a un país como Alemania, sea con la expectativa de trabajar ilegalmente o porque abriga la esperanza de una vida mejor. El europeo se sentirá conmovido por la visibilidad de la exclusión social y perplejo ante quienes piden limosna, duermen a la intemperie y deambulan con vestimentas raídas. Por su parte, el latinoamericano se preguntará – o interrogará a sus interlocutores - a más tardar antes de su tercer día de permanencia: ¿dónde están los pobres, o es que no existen porque no se ven por ningún lado?. En estas sociedades, ¿es invisible la exclusión social? Esta reciprocidad de los asombros pone de manifiesto la discrepancia innegable entre las formas de la exclusión social en sociedades altamente industrializadas del antaño llamado “primer mundo” y la exclusión masiva en naciones irónicamente llamadas “en vías de desarrollo”. No hay un solo mundo globalizado, sino que perdedores y ganadores de la globalización532. Que en los países de la EU existan formas profundas y complejas de exclusión social, es innegable. A primera vista, al alero del Estado de
532

Beck, U.: Der Kosmopolitische Blick, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 2004

215
Bienestar aún en paulatina descomposición533, - entre otros factores igualmente relevantes – la exclusión se convierte en invisible y por lo tanto no se puede observar. Las marcas de la exclusión acopladas a la escenificación cotidiana de cuerpos e identidades menoscabadas, discriminadas y ofendidas, son irreconocibles o tan sutiles son sus escenificaciones, que se niegan a ser observadas. Tampoco es plausible que el tratamiento como no-persona atribuida a especificaciones individuales determinadas pueda ser constatable a primera vista. En las sociedades de riesgo del capitalismo de la “segunda modernidad”, la exclusión social operaría como una especie de función latente, sólo descriptible mediante una complicada la observación de segundo orden534. Sin embargo, algunas de las evidencias observables de exclusión son, por ejemplo, los emigrantes que huyendo de las cruentas guerras como la de los Balcanes y de los horrores de las “limpiezas étnicas”, se observan como la otredad excluida535, los trabajadores ilegales principalmente en rubros como la construcción y la gastronomía, etc. Conviene mencionar además que a ésta invisibilidad de la exclusión se suma la cultura de extrema privacidad de las capas adineradas de la población, articulada en formas de autoexclusión en espacios exclusivos y clausurados. También la descomposición de las relaciones de intimidad y la ruptura de los vínculos familiares es un fuerte factor de exclusión en el norte de Italia536. Según la Agencia Federal Alemana de Estadísticas, la cantidad de los destinatarios de la Ayuda Social ascendió de 0,58 Millones de personas en 1963, a 2,76 Millones a fines del año 2002. De esos beneficiarios de la Ayuda Social 1,68 millones (el 61%) eran personas en edad de trabajar, es decir, entre 15 y 64 años de edad537. Según la misma agencia, que establece las estadísticas oficiales de los Estados Federales, 732.000 personas se encontraban cesantes, es decir, el 44% de la fuerza de trabajo del país. Ninguno de los argumentos anteriores niega que estas sociedades funcionalmente diferenciadas sean sociedades de clase, caracterizadas por desigualdades sociales complejas e intrincadas. Que la desocupación alcance un promedio del 14% de la población activa, que en términos de remuneraciones las mujeres sean discriminadas, que el sistema de atención de salud haya eliminado prestaciones fundamentales para los beneficiarios, que el déficit fiscal bloquee cualquier posibilidad de recomposición del Estado benefactor de hace tres décadas, que la cantidad de “los sin techo”, de los cesantes sin opciones de reinclusión y de los Beck, U.: Was ist Globalisierung?, Suhrkamp, Frankfurt a .M., 1997 Luhmann, N.: ¿Cómo se pueden observar estructuras latentes? En: N. Luhmann: Teoría de los sistemas sociales II, UIA, 1999, pp. 125-136 535 Wehe, G.: Die Unsichtbarkeit der Exklusion – ist Exklusion beobachtbar?, manuscrito, 2004. 536 Miglione, E. Morlicchio, E.: New Forms of Urban Poverty in Italy: Risk Path Models in the North and the South, International Journal of Urban and Regional Research, 17, 1993, oo. 413-427 537 JWD: 40 Jahre Sozialhilfe in Deutschland, en: http://dbsh.de/redsys/soztop/userpages/Sozialhilfe40.html
534 533

216
beneficiarios de la Ayuda Social (Sozialhilfe) vaya en aumento, estos y otros factores tampoco significan que la exclusión social sea asequiblemente palpable y observable. Que en países como Chile, al contrario, la visibilidad de la exclusión sea tan evidente como innegable, obedece una serie de factores que interesa especificar, dejando de lado que la idea del Estado benefactor como el amortiguador de los conflictos de clase surgió justamente en el viejo continente. El despliegue de la diferenciación de la sociedad chilena, representa precisamente la otra cara de la medalla. a)Retomando la distinción medio/forma que Luhmann538 deriva de la psicología de Heider y que Baecker 539 reformula de manera radical, los argumentos anteriores tienden a confirmar (i) que la inclusión y la exclusión no sólo configuran dos formas distintas, sino que además que la configuración de cada una de ellas usa medios distintos; (ii) que la observación de la exclusión entendida como la observación de las observaciones de individualidades perjudicadas y discriminadas es contextual y depende de las formas de la diferenciación funcional. b)si inclusión y exclusión son especies de “super códigos” que cruzan transversalmente a los sistemas parciales de la sociedad y que operan con lógicas disociadas y hasta contradictorias, ambos fenómenos no son ni pueden ser una forma de dos lados. Tampoco es sostenible que la inclusión y la exclusión sean descriptibles como sistema/entorno, pues así la inclusión debiera ser idéntica a los sistemas (¿a cuáles?) y operar como un mecanismo de autosustitución de cada uno de los sistemas parciales, ya que la primacía de la codificación binaria de cada uno de ellos se convertiría en superflua. En principio, los medios se reconocen y observan por la contingencia de construcción de las formas; por supuesto que el medio no es la causa de la forma, sino que una dimensión que reduce las posibilidades de lo que puede ser forma. Sin embargo, si la forma se convierte en inobservable, el medio se convierte en una incógnita. Mutatis mutandis, el medio puede considerarse como una especie de entorno del sistema, pero entonces se debe situar en la contingencia el entorno, por lo que sería un medio externo. c)si se extraen radicalmente las consecuencias del condicionamiento de la exclusión a la forma específica de la diferenciación de la sociedad, entonces frente a formas de diferenciación tan dispares como la chilena y, por ejemplo, la de la sociedad británica, tal como no existen formas únicas de exclusión –
538 539

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit. Pp. 320 y sig, Baecker, D.: Wozu Systeme, op. cit., pp. 40 y sig.

217
como lo demuestra la invisibilidad de una y la visibilidad observable de la otra – entonces tampoco es sostenible una generalización a priori de los medios. d)dejamos de lado a las sociedades europeas porque nos interesa en primer lugar la exclusión de la sociedad chilena. En primer lugar, si la exclusión es observable en el desamparo de cuerpos dolientes, entonces el medio externo de la exclusión es el cuerpo observado como dolor y abandono. No obstante, La observación del medio cuerpo no es suficiente para poder observar cómo observa una individualidad excluida, porque el cuerpo no es un sistema observador. Se necesita un segundo medio, éste es el lenguaje distintivo de las identidades excluidas. Para alguien que domine el español chileno es indiscutible que el uso del lenguaje de los excluidos es radicalmente diferente a las selectividades lexicales de los incluidos. El carácter idiosincrásico de la puesta en uso contextualizada del lenguaje no corresponde tampoco a la diferenciación de códigos como el generalizado y el restringido de Bernstein 540. Las diferencias entre el hablar del “roto” y el de la “gente bien” ha sido desde décadas un tema recurrente del arte literario y si nos remitimos a la sociología del humor, hace tres décadas se generalizaron los chistes de un personaje llamado “Pepe Pato”, que personificaba el siutiquierío de la descendencia bastarda de la oligarquía plutocrática chilena. Usando la distinción medio/forma podemos obtener una imagen mucho más precisa de la inclusión/exclusión. En efecto, la inclusión se ubica en el entorno interno de los sistemas funcionales, independientemente del rol que el “dividuo” ocupe, se trata de alguien que está incluido en la estructura jerárquica del proceso inclusivo. Mientras que los excluidos se encuentran en el entorno externo del sistema. De allí que se sepa tan poco de ellos.

540

Bernstein, B.: Studien über sprachliche Sozialization, Ulstein, Frankfurt a.M., 1981

218

La duplicidad de los medios cuerpo visible/lenguaje idiosincrásico corresponde exactamente a la especificación de los medios que oscilan entre conciencia y comunicación y que por lo tanto unifican y separan a las conciencias de los sistemas sociales. Por lo cual, esta potencialidad oscilante no hace necesario ubicar a priori cada uno de ellos en el sistema y/o en el entorno. Si el medio se define como un acoplamiento laxo de una cantidad de elementos, al entrelazarse establecen una serie de relaciones entre sí, este entrelazamiento es el medio en la forma. La forma es un acoplamiento rígido del mismo tipo de elementos presentes en el medio como acoplamientos laxos. Los elementos del medio lenguaje son los sociolectos, las expresiones condicionantes y el “hablar” del que sufre, la observación de ese medio en la forma supone las competencias necesarias de comprensión de la idiosincrasia indexical de su puesta en uso. Entonces, el medio en medio lenguaje son las dispersiones de un lenguaje de difícil acceso541. Si el cuerpo es siempre cuerpo observado, la observación de cuerpos necesita de otro tipo de competencias. Se trata del sentimiento de sensibilidad ante la visibilidad de la carencia. Se trata del aprendizaje de selectividades de percepción sutiles y de incalculable importancia. Por ejemplo, se acostumbra a decir que la miseria tiene su olor, así como la enfermedad (perceptibles en los hospitales), que la locura se siente porque

541

Goffman, E.: Forms of Talk, University of Pennsylvania Press, 1987, en especial Radio Talk, pp. 197 y sig.

219
pareciera alcanzar la piel542. El aprendizaje del uso especializado de emperador de los sentidos, el ojo desde Aristóteles, es falaz. Pero la sensibilidad de la co-presencia de la alteridad es mucho más precisa. Esto lo podemos representar de la siguiente manera: e)la exclusión no es un sistema sino que un recurso que cada sistema especifica y usa. En principio, dicho uso en cada de uno de los sistemas es independiente del uso que otros hagan, por lo que la exclusión asume formas múltiples y polifacéticas. Pero de cualquier modo, los efectos excluyentes de su operar recaen en los entornos de los sistemas parciales, en los cuerpos, y en las conciencias de individualidades. A los procesos y a los resultados que configuran las identidades perjudicadas y excluidas, los hemos llamado individuación. La exclusión debe ser observada en las individualidades, es decir, en las comunicaciones ejecutadas en los sistemas de interacción, en los cuales los individuos articulan su observar. Sus observaciones son observaciones de primer orden que por consiguiente no son formas. Si nos imaginamos a los entornos individuados de los sistemas parciales de la sociedad tratando de incluirse sin lograrlo, los individuos se enfrentan a una cantidad de programas que establecen requisitos condicionantes de aprobación/rechazo. Por la especificidad individual que distingue los grados de complejidad de los programas, el carácter acumulativo de la exclusión es una interrogante que debe esclarecerse empíricamente. Por ello es de acuerdo al cálculo de la forma de Spencer Brown nos representamos el medio de la exclusión – el hablar y el cuerpo – en el “umarked state” de la observación de primer orden. Este es el espacio en el que se ubica el observador de observaciones para entrelazar suya con la de la individualidad excluida. Dos consecuencias resultan de lo anterior: a) el acuerdo de identidad en el medio cuerpo – hablar significa que el observador de segundo orden interactúa con el de primer orden; b) el factor r significa poner empíricamente en práctica los recursos metódicos de uso del teorema etnometodológico de la identidad.

543

Sensibilidad contra – intuitiva

La visibilidad de la exclusión en sociedades como las de América Latina es un arma de doble filo. La plausibilidad de observación de la penuria de la carencia no es siempre una ventaja comparativa respecto de la invisibilidad de la exclusión en las Synnott, A.: Sociología del olor, en: Revista Mexicana de Sociología, año 65 Nº, Junio 2003, p. 431-464 543 Krause, D: Luhmann- Lexikon, Enke, Stuttgart, 1996, pp. 60-61 , modificado
542

220
naciones altamente industrializadas 544. En efecto, porque la presencia del dolor encarnada en la figura de cuerpos hambrientos enfrenta a la observación con la presencia del cuerpo ajeno, las condiciones de posibilidad de la observación operan como el reverso de la reconstrucción del leguaje idiosincrásico de las individualidades excluidas. La dignidad de la miseria, se articula como la presentación de la individualidad ausente de suciedad, de allí que la apariencia de visibilidad y la generalización de fenómenos como la petición de limosna, pueden conducir fácilmente a confusiones y malos entendidos. “Pobre pero limpio” – dice el refrán popular. ¿Qué necesitamos para que en medio de la co-presencia de cuerpos, el uso de una metódica de adecuación ayude a la observación?. Si bien vale la pena destacar la distinción básica de Max Weber entre observación simple, por un lado, y observación motivacional en vías a la comprensión explicativa el contexto de la sociología de la comprensión545, relativizada sólidamente por Schütz546, hay que recalcar que nuestra meta no es en lo fundamental la “comprensión del sentido pensado de la acción social” aún cuando las interpretaciones de las acciones-eventos de la sociedad y su adecuación significativa son un componente inextirpable de cualquier metodología de investigación. La observación de la exclusión en el medio cuerpo necesita del aprendizaje y ejecución de una metódica distinta y específica. Quisiera denominar sensibilidad contra-intuitiva a la posesión y al despliegue de estas competencias de observación. Para ello partimos del supuesto que el comportamiento de los sistemas sociales es altamente contraintuitivo, como sabemos de la obra de Forrester547 y de la teoría de la intervención de Willke548. Por ellos tienden a confundir a la gente, se trata de un comportamiento inesperado y absolutamente insólito. Forrester señala tres comportamientos contraintuitivos especialmente peligrosos. (a)los sistemas sociales son completamente insensibles a los cambios que la gente elige en una esfuerzo por alterar el comportamiento de los sistemas. De hecho, una consecuencia radical debiera llevarnos a pensar que es inútil intervenir. En los sistemas simples está relacionada directamente, en tiempo y espacio, con la sintomatología del problema. Sin embargo, en los sistemas dinámicos complejos, las causas son de tal complejidad, que no tienen relación en tiempo y espacio, con los síntomas del problema. El sistema puede ser tan indeterminado y confuso, que aúna causas aparentes similares a la obviedad de las causas de los sistemas simples.

Fuchs, P.: Adressabilität als Grundbegriff der soziologischen Systemtheorie, en : Soziale Systeme,3, cuaderno 1, 2000 545 Weber, M.: Economía y Sociedad, FCE, México, 1964, pp. 6 546 Schütz, A.: La construcción significativa del mundo social, Paidós, Barcelona, pp.73 547 Forrester, J. W.: Comportamiento contraintuitivo de los sistemas sociales, en: World Dynamics, Productivity Press, Pórtland, Oregon 548 Willke, H.: Systemtheorie II. Interventiostheorie, Fischer, op. cit., pp. 76

544

221
(b)los sistemas sociales tienen aspectos influyentes con los cuales pueden cambiar de comportamiento. Pero estos aspectos influyentes contradicen las expectativas de la gente. “Además, cuando se identifica una política altamente influyente, existen más probabilidades de que las personas se guíen por intuición o por su juicio, desviarán el sistema en la dirección equivocada”549. Willke agrega que los sistemas de complejidad organizada poseen “puntos de presión o tensión” a los re reaccionan con externa sensibilidad. “Pero para poder identificarlos se requiere un examen exhaustivo de la dinámica del sistema”550 (c)los sistemas complejos no están entrelazados linealmente. Con esto se quiere manifestar que causa y efecto no están vinculadas directamente, ni en el espacio ni en el tiempo. Pero existen al respecto, desde los estudios en “system dynamics” (Forrester) principalmente en áreas urbanas de gran diversidad, dos aspectos de especial importancia. Primero, el aumento de la autonomía de los sistemas en su dinámica propia hacia la cerradura operativa. Con ello se quiere expresar que con la construcción de complejidades propias, estos sistemas tienden a reaccionar respecto de sí mismos y a ocuparse (casi) únicamente de los procesos suyos, y por lo tanto, a ocuparse selectivamente de las irritaciones del entorno. Por ello es que estos sistemas reaccionan letárgicamente a las intervenciones explícitamente a puntos insensibles. Como esta competencia necesita, a nuestro entender, de rigurosidad y precisión, valgan dos advertencias preliminares: (a) la sensibilidad no es un afecto, en el sentido de la teoría de los medios de interacción de Parsons551. En ese contexto, los afectos se vinculan a una articulación de una presión moral en medio de acciones específicas y sería un vehículo de catalización para el medio “compromisos morales de valor”. Por su parte, Goffman tiende a enmarcar los afectos como el sustrato de las impresiones y sus posibilidades de manejo en situaciones específicas; las impresiones obtienen un gran valor moral en el sentido práctico del término, porque son maleables y manipulables552. Por otro lado, en la epistemología biológica de Maturana, cualquier coordinación consensual del lenguajear, se realiza en el flujo de nuestra capacidad de emocionarnos. Las emociones son disposiciones dinámicas corporales que especifican a los dominios de las acciones, de tal manera que la emoción bajo la cual actuamos en cualquier dominio operacional define lo que hacemos en ese momento553. Si el fenómeno de la vida transcurre en el emocionar y en el lenguajear, al entrelazamiento de ambos dominios lo denomina Maturana, el dominio de las conversaciones. Más adelante abordaremos este tema en detalle, desde el presupuesto que
549 550

Forrester, Y.: op. cit., pp. 13 Willke, H.: op. cit, pp. 72 551 Parsons, T.: Social Structure and Symbolic Media of Interchange, en T. Parsons: Social Systems and the Evolution of Action Theory, NY, Free Press, 1977 552 Goffman, E.: La presentacióon de la persona en la vida cotidiana, op. cit., pp. 178 y sig. 553 Maturana, H.: La realidad: ¿objetiva o construida?, Anthropos, México, 1995, pp. 69

222
la sensibilidad metódica que tenemos delante es un sentimiento y no pertenece, por lo tanto, al dominio de las emociones antes esbozado. Las emociones no juegan un papel preponderante en la obra de Luhmann. En relación con los sentimientos, sostiene además que para la sociología, sólo la comunicación de los sentimientos puede ser un tema de reflexión, pero no los sentimientos en sí554. Se tiende a sostener que en su obra tardía, Luhmann modificó su postura, convencido de la necesidad de esbozar una teoría de la autopoiesis de la conciencia desde la teoría de sistemas. Ciertamente que la teoría de sistemas no se incapacita para indagar en el fenómeno de los sentimientos, si ellos son considerados como fenómenos endógenos enmarcados en el ámbito psíquico555. No así desde la diferencia fundamentalmente ecológica, el acoplamiento estructural o la co- producción condicionada de la unidad de la diferencia entre sistemas psíquicos y sistemas sociales556. La sustitución de causalidades e interdependencias entre sistemas sociales y sistemas psíquicos por el concepto de oscilación – unificación y disociación – permite el uso de la distinción medio/forma: ambos sistemas operan con un “super medio”, llamado sentido557. Porque el medio es innegable y no pueden prescindir de él, permite que la negación del sentido pueda ser formulado en el medio mismo. Esto significa que para los sistemas de sentido, los sentimientos asumen ésta forma de sentido y ninguna otra. Por la presión de selectividad de ambos, los sistemas psíquicos y sociales procesan selecciones, pues lo que marcan (pensando o comunicando) sucede en el tiempo irrepetible de un momento, en el horizonte de otras posibilidades alternativas. Por ello es que los sentimientos también son el resultado de operaciones. La temporalidad de esas operaciones está marcada por su inevitable atraso, o por lo que se define como différance. De tal manera que sólo tiene sentido el Después, de tal manera que los sentimientos no son “anunciaciones” sino únicamente operaciones558. Trátese de duelo, melancolía o depresión, siempre se trata de la operación de observación que abre paso a su configuración: es decir, de indicación y distinción. Esta operación es la que escenifica el patrón temporal de lo venidero. Desde cada actualización, el pasado se construye como presente. Los sentimientos no son permanencias duraderas, sino “estados” que no serían observables ni posibles sin el uso del sentido. Pareciera ser que lo que el observador marca cuando designa sentimientos, obedece a la distinción difuso/claro.

554 555

Luhmann, N.: Soziale Systeme, op. cit., pp. 370 Fuchs, P.: Wer hat überhaupt Gefülle?, manuscrito, 2006 556 Baecker, D.: Die Unterscheidung zwischen Kommunikation und Bewusstsein, en: Krohn, W y Küppers, G (ed.): Emergenz. Die Entstehung von Ordnung, Organization und Bedeutung, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1992, pp. 217-268 557 Fuchs, P.: Wer hat wozu und wieso Gefühle?, en: Soziale Systeme, Jh. 10, 2004 558 Derridá, J: Die Differance, en J. Derridá: Randgänge der Philosophie, Wien, 1988, pp. 2952

223
En extremo, el topos de la difusidad se articula en aquellas formulaciones que cobijan aspectos del mundo en bloque, sin conceptos, sin que hayan distinciones precisas detrás. El presente de los sistemas psíquicos se vincula a las percepciones, que especifican el modo primario de la existencia de información. Se trata de externalizaciones neuronales, que a pesar de que para el sistema no son accesibles, despliega impresiones compactas que no se pueden negar pero que carecen de imprecisión analítica. Las percepciones son inconfundibles, pero no idiosincrásicas, porque se basan en el uso de signos559. Por un lado, la conciencia se realiza en medio de percepciones ligadas a cuerpos y atribuibles individualmente. Pero por otro lado, le entrega a ese medio una posibilidad de indicar que sólo funciona porque no se sitúa en un cuerpo individual, sino que presupone muchas conciencias corporeizadas, que componen el entorno de los sistemas sociales. Cada operación consciente (una idea, intención o lo que sea) se reindica doblemente: es una percepción sostenida en una corporalidad y al mismo tiempo, (vía signos) es una percepción socialmente formateada. El sistema psíquico procesa estados corporales percibidos, nunca al cuerpo como un factum. No son los órganos del cuerpo los que gritan de dolor, porque no pueden sentir dolor. Sólo en la forma de la percepción duele el hambre, pero sólo si la percepción en un sistema psíquico tiene forma-sentido, es decir lenguaje. Cada forma-sentido en la percepción implica la potencialidad de excedentes. En cada una de esas copercepciones de no-indicaciones de la percepción se pone a disposición la indicación del sentimiento. El sentimiento no es una energía que sea propia de la psiquis. El sentimiento es únicamente la indicación de la co-percepción en una descripción. El que designe amor, odio, miedo (internamente o a objeto de comunicarlo) se abstrae de lo compacto. Entonces, la conciencia no ama, odia etc. sino que paga ese precio por sus observaciones pero ganando más autonomía en aras de la autoreferencia. El sentimiento es la expresión para el registro paralelo de la pérdida de sentido. La palabra sentimiento es autológica. Es una indicación en sí misma. Los sistemas sociales no disponen ni de percepciones ni de conciencia para realizar su autopoiesis. Todo esto lo presuponen en el entorno interno, pero no pueden ver, oír ni sentir nada. Sólo comunica y reproducen comunicación y para ello deben usar el medio lenguaje. La expresión sentimiento indica en la comunicación que las percepciones no pueden ser indicadas por completo. Lo que se indica es un defecto, un déficit. Cada defecto abre la posibilidad de la amplificación de posibilidades de observación. (b)bajo el punto de vista de la posibilidad de intervención de sistema vivos, surgen dos preguntan fundamentales: 1.¿Cuál es la forma de circularidad basal que permite la auto-preservación de un sistema?
559

Fuchs, P.: Das psychische System und die Funktion des Bewusstseins, op. cit

224
2.¿Existen posibilidades de variación en el modo de la preservación de ese circularidad basal? Con ello volvemos a destacar la importancia elemental de la circularidad, explicada más arriba, porque a un aumento de autoreferencialidad (con extrema selección de las irritaciones del entorno) la única forma de conservación de un sistema que opera con complejidad organizada, es el carácter recursivo de la circularidad560. Ahora bien, las reflexiones que anteceden desatienden la existencia de un segundo medio que unifica y separa a los sistemas sociales de los sistemas psíquicos: el cuerpo. El cuerpo es un recurso que significa la opción de visibilidad en medio de la invisibilidad del mundo. El cuerpo es un medio silencioso, enigmático y estructuralmente determinante para la función y operatividad de los sistemas psíquicos561. Ciertamente que no es posible comunicar sobre el cuerpo sin conciencia y que la percepción del cuerpo implica la existencia de irritaciones, las que ciertamente no son propiedades del cuerpo, sino que percepciones comunicadas como dolor o placer. Pero sin un cuerpo existente y vivo, no hay ni conciencia ni percepción posible. El cuerpo es el recurso hermético que se ubica en el trasfondo de los sistemas psíquicos, pero tan destructivamente relevante, que es capaz de sabotear cualquier percepción y cualquier sentimiento. Sin cuerpo, además, tampoco es posible comunicar en la co-presencia, tampoco en el network que puede prescindir de la co-presencia. Por ello es que interesa invertir las reflexiones anteriores que iluminan a los sentimientos como defectos de la percepción que acaecen ocasionalmente (como resultante de la cognitio confusa) en medio de la claridad de la cognitio clara. (a)En primer lugar, que las percepciones de dos conciencias sean inconfundibles, no se debe a que las conciencias sean identificables como tales, sino a que a cada una de las comunicaciones de percepciones se le atribuya un comunicador distinto, con cuerpos distintos: en la copresencia, los cuerpos son el punto de quiebre entre Alter y Ego562. Sin ellos, la situación de doble contingencia, la estructura basal del orden social, no sería posible. (b)Segundo, por cierto que en el paso de la diferenciación segmentaria a la estratificada a la funcional, los cuerpos-individualizados son sustituibles, porque sólo si opera esta función de recambio por reproducción, la sociedad garantiza su continuidad, sobre todo teniendo en cuenta que a pesar de la existencia expansiva de la comunicación sin copresencia, sistemas como familia, intimidad o atención de salud, no operan exclusivamente en el big world de la virtualidad.

560 561

Willke, H.: op. cit., pp. 84 Baecker, D.: Wozu Systeme?, op. cit, pp. 33 562 Simmel, G.: Grundfragen der Soziologie, Göschen, Berlin y Leipzig, 1917, pp. 103

225
(c)Tercero, la espacialidad del mundo del Zuhanden-sein563 y la función de des-alejamiento del área de manipulación sólo es plausible debido a que irremediablemente la conciencia está encerrada en el cuerpo. El carácter residual que se le asigna a los sentimientos en la argumentación de Fuchs– lo que evoca a la vetusta sociología de Pareto – como un excedente de percepción reflejado en la escasez de comunicabilidad, es altamente discutible. Es una enorme equivocación describir una frase como “te amo” como algo poco original y que no dice nada. Entonces habría que preguntar: ¿Lo mismo sucede si se percibe el olor a la pobreza, el aliento del hambre, la forma del cuerpo propio de una individualidad dañada? La exteriorización de percepciones de sentimientos es el “paradigma perdido” de la sociedad post tradicional, altamente individualizada y sumida en la estrechez del hedonismo ansioso de vivencias que operen como la irritación del asombro si el tedio de la opulencia564; entonces, en efecto, los sentimientos le restan sentido a las percepciones. Entonces, si la comunicación de los sentimientos es la excepción deficitaria de una “racionalidad” implícita volcada a los MCSG, su comunicación se somete al carácter instrumental de la “racionalidad con arreglo a fines” y es la expresión más tangible de la represión y el olvido de la sensibilidad. El adiestramiento de una sensibilidad contra-intuitiva basada en la observación de cuerpos en el medio sentimientos debe permitir trascender invirtiéndolo, el recurso elemental del conocimiento metódico, la intuición – debe ser contra-intuitiva. Sólo así puede indagar en la circularidad basal se los sistemas. Por ello es que la observación en la co-presencia compartida de cuerpos en el uso de esa sensibilidad, es el adiestramiento del medio sentido que ausculta en el hablar idiosincrásico. En este mismo sentido, la observación del cuerpo hetero-referente es una fuente relevante de información. Ahora bien, si la comunicación se ejecuta en el medio de la información dotada de sentido, el segundo medio en la forma comunicación (el cuerpo)565 entendida como observación de segundo orden con vistas a la descripción de la observación de observaciones de las individualidades excluidas, es imposible de suprimir en la interacción de co-presencia, más claramente, en los sistemas de interacción. Son una condición sine qua non.

563 564

Heidegger, M.: Ser y Tiempo, Universitaria, Santiago, 1998 Schulze, G.: Die Erlebnis – Gesellschaft, Campus, Frankfurt a.M., 1994 565 Baecker, D.: Wozu Systeme?, op. cit, pp.114

226
El uso del medio lenguaje. Con mediana justicia566, se ha reprochado a la teoría de la sociedad de Luhmann, una cierta subestimación del lenguaje, pero sin razón una sobrestimación de la comunicación. Tal como ha descrito Torres Nafarrate, la comunicación asume en la teoría de la sociedad de Luhmann, una función similar al operador en las leyes de la forma de Spencer Brown. Sólo que para Luhmann la comunicación corresponde a una síntesis tripartita de selecciones distintivas acopladas y en lugar de configurar una inevitabilidad, como la distinción, se trata de una operación improbable. La aseveración errática de Watzlawick en el sentido de que es imposible no comunicar567, es sustituida, entonces, por la premisa de que la comunicación siempre puede ser rechazada568. Si en la observación de sociedad, ella no es más (ni menos) que una red altamente abstracta de comunicaciones, esta observación resulta de la distinción comunicar/nocomunicar, que Luhmann observa como la unidad de la diferencia de la posibilidad de existencia de la sociedad. Comunicar es análogo al Ser de Heidegger569, a la apertura de las posibilidades, y no-comunicar comparable con la Nada, con la posibilidad entrópica que imposibilita la existencia de la sociedad. El lenguaje es el medio que hace posible y probable la comunicación570. En efecto, por un lado, el lenguaje posibilita la autopoiesis de la sociedad, haciendo posible la primera selección distintiva que caracteriza a la comunicación, información/forma de comunicar; esta distinción permite que algo que sea seleccionado como distinto de lo otro, es decir que la información, se pueda articular comunicativamente de múltiples maneras. Un evento público como la guerra de Afganistán, o un evento “privado” como un dolor de estómago, se puede comunicar de muchas maneras, sólo si el observador distingue entre comunicación y forma de comunicar, aunque no se percate de ello. Pero ello es imposible sin la autopoiesis de la conciencia, que desagregando de un conjunto desordenado y difuso de apercepciones, escoge algunas y las somete al acoplamiento operativo y desde principio a fin, asume la forma del lenguaje. Por otro lado, el uso del lenguaje adoptando una forma específicamente seleccionada para comunicar, incide en la conectividad de la comunicación, vale decir, en si (y de qué manera) la información se acopla a la forma específica de comunicar, se conectará a otras comunicaciones, o no. Todos los sistemas complejos de comunicación, como los de la comunicación hablada de las conversaciones reflexivas
566

Luhmann dedica un extenso capítulo al tema del lenguaje en: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 205-230 567 Watzlawick, P.: Teoría de la comunicación humana, Herder, Barcelona, 1995, pp. 49 568 Luhmann, N.: Sistemas sociales, op. cit., pp. 110 y sig. 569 Heidegger, M.: Introducción a la Metafísica, Nova, B.A., 1936. pp. 77 570 Luhmann, N.: Ziechen als Form en: D. Baecker (ed.): Probleme der Form, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1993, pp. 45-69

227
capaces de autoobservarse, denotan una alta probabilidad de conectividad. Otras, como los saludos fugaces que son respondidos con un contrasaludo, no se conectan y se esfuman en segundos571. Por otro lado, el uso del lenguaje se puede observar como un medio de acoplamiento estructural entre la conciencia y la comunicación, o entre los sistemas sociales (que se componen de comunicación) y la conciencia, que realiza funciones específicas. El lenguaje tiene la capacidad de prensar pensamientos y de formular la comunicación. No obstante, el uso del lenguaje no siempre involucra a la conciencia. Los sistemas psíquicos ubicados en la individualidad de la conciencia, son inobservables mediante la comunicación y menos observables aún desde una conciencia que no sea la propia. Esta autopoiesis distintiva de la conciencia, nos permite comunicar algo que no pensamos o simplemente mantener encerrados los pensamientos en la conciencia. Por lo que la conciencia puede dejarse seducir o fascinar por la comunicación, pero también puede permanecer indiferente frente a formas específicas de comunicación. Aprisionar los pensamientos en la conciencia es distinto de callar. El que en un diálogo guarda silencio “’da a entender’, es decir (puede) promover la comprensión, con más propiedad que aquel a quien no le faltan las palabras…Al contrario, el prolongado discurrir sobre una cosa la encubre, y proyecta sobre lo comprendido una aparente claridad, es decir, la incomprensión de la trivialidad”572. Garfinkel es quien con mayor claridad ha expuesto que lo-que-se-dijo-con-muchas-palabras, no puede dejar de estar atado a la indexicalidad del uso del lenguaje573. Heidegger agrega que todo discurso, el fundamento ontológico-existencial del lenguaje, tiene el carácter de expresarse. Lo expresado es precisamente el estar fuera y el índice lingüístico de ese momento constitutivo del discurso, “la notificación del estar-en afectivamente dispuesto lo que hallamos en el tono de voz, la modulación, el tempo del discurso, en ‘la manera de hablar’”574. Respecto de la exterioridad del lenguaje, Maturana va aún más allá, e indica que “el lenguaje como proceso no tiene lugar en el cuerpo (sistema nervioso) de los participantes en él, sino en el espacio de las coordinaciones conductuales consensuales que se constituyen en el fluir de los encuentros corporales recurrentes”575. Por eso es que yendo más allá, se queda demasiado corto porque entiende a la sociedad sólo como un sistema de interacciones. La forma del lenguaje es única. Sus lados son, según Luhmann, tono/sentido, quien no pueda operar con esta distinción, no puede hablar; el tono no es el sentido y tampoco viceversa. La especificidad del lenguaje consiste en que se diferencia en sí mismo, por lo que la comunicación con
571

Goffman, E.: Ritual de Interacción, Tiempo contemporáneo, Buenos Aires, 1970, pp. 103122 572 Heidegger, M.: Ser y Tiempo, Universitaria, Santiago, 1999, pp. 187 573 Garfinkel, H.: Studies in Ethonomethodology, op. cit., pp. 76 y sig. 574 Ibídem, pp.18-186 575 Maturana,. H.: La realidad ¿objetiva o construida?, op. cit., pp. 20

228
el medio lenguaje es equivalente al procesamiento del sentido mediante el medio de las tonalidades. El lenguaje se puede sub-especificar mediante las repeticiones y la estabilización de convenciones dinámicas. Las palabras adoptan algún sentido cuando se tonalizan, pero no se puede anticipar qué palabra se combinará con cual. Con la ayuda de esa diferencia, a la que hay que agregar que el lenguaje construye sus propios tiempos, se puede decir siempre algo que no ha sido dicho576. A nuestro entender, el aporte más revelador del argumento de Luhmann, consiste en que el uso del lenguaje produce una codificación binaria, que consiste en que para todo lo que se diga, se pone a disposición una versión positiva y una versión negativa, sin que las versiones negativas sean contradictoriamente lógicas. Esto hace que en las conversaciones se pueda maniobrar con lo indefinido, de tal manera que los interactuantes-hablantes, sabiendo de lo que hablan, se puedan dar por satisfechos con promesas prácticas de explicación en el lugar de una explicación definitiva; el genial concepto de account de la etnometodología, da cuenta de este recurso de conectividad de la comunicación577. Consecuentemente, la codificación del lenguaje no contiene ningún tipo de preferencias por la versión negativa o la positiva, pero conecta al uso del lenguaje con el procesamiento del sentido. Es decir, convierte la actualidad en potencialidad. Nosotros queremos destacar la importancia del uso práctico del lenguaje. Por uso práctico entendemos la puesta en uso del lenguaje, la ejecución del lenguaje para hacerlo disponible social y públicamente. Con ello se le otorga un sentido práctico a su función de medio de ejecución de la autopoiesis de la sociedad578. A continuación, formulamos algunas tesis que desarrollaremos en el curso del trabajo. i)El uso práctico del lenguaje es indexical, está irreparablemente acoplado a contextos, los que son producidos por hablantes-conversadores en la puesta a de “explicaciones prácticas” (o accounts). El uso indexical del lenguaje es el fundamento de la autopoiesis de los sistemas conversacionales de interacción. ii) La puesta en uso del lenguaje es una operación reflexiva, el lenguaje opera sobre sí mismo, sobre la base de distinciones inobservables para los usuarios (hablantes y oyentes). La reflexividad del uso del lenguaje opera sobre la base de esquemas incorregibles, los que son estabilizados por el uso repetitivo de construcciones auxiliares. Algunas de las distinciones que producen estos esquemas articulados como afirmaciones incorregibles son: constancia / inconstancia, causa / efecto, estabilidad /fragilidad.

576 577

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 200. Garfinkel, H., Sacks, H.: Über formale Strukturen praktischer Handlungen, en: E. Weingarten, F. Sachs (ed.): Etnomethodologie, Sukrkamp, Frankfurt a.M., 1976, pp. 130-176 578 Ten Have, P.: Methodological Issues in Conversation Analysis, en: Bulletin de Méthodologie Sociologique, Nº 27, 1995, pp. 23-51

229
iii) La puesta en uso del lenguaje lo transforma en permeable, poroso y vago. Esta vaguedad inherente al uso del lenguaje opera como el recurso fundamental de su puesta en uso. El uso práctico del lenguaje es multifacético, incluye la oralidad, la escritura, la cara, las partes del cuerpo y los sentidos. La obra tardía de Wittgenstein está dedicada a demostrar que es la ambigüedad del lenguaje un fundamento de la vida social.579 Desde la perspectiva de la teoría de la observación, la cuestión central es: ¿Cómo observa el observador de segundo orden, cómo se pone en uso el lenguaje en los sistemas de interacción conversacional? La respuesta tautológica indicaría que el medio de uso de la comunicación, el lenguaje, tiene que ser observado con y en el lenguaje. Sin embargo, ¿de qué lenguaje estamos hablando, del lenguaje oral, de la escritura, del lenguaje del cuerpo, del lenguaje de los sentidos, del lenguaje de las señales de las manos, del lenguaje de los silencios? Curiosamente, tanto en la “ontología del lenguajear” de Maturana, como en la teoría de la comunicación de Luhmann, pero también en el llamado “constructivismo radical”580, no se observa como problemático que la ejecución de la comunicación sea un dominio separado de la autopoiesis del sistema orgánico. El mecanismo de compensación señala que la comunicación presupone un cuerpo vivo, es decir, la autopoiesis del “cuerpo” sería una condición para la autopoiesis de la sociedad, a pesar que en la forma de la diferenciación funcional los cuerpos y los individuos no pertenecen a la sociedad, son entornos de ella581. Lo que sin embargo se ha desatendido hasta ahora es que la forma de la comunicación se realiza con el cuerpo como medio, si atendemos a la distinción medio/forma que Luhmann deriva de psicología de Fritz Heider582. No sólo la modulación de las palabras sería imposible sin un mecanismo orgánico que emite sonidos, sino que también se comunica con el cuerpo. Haciendo uso específico de la observación de las gesticulaciones corpóreas, Goffman analiza los tipos básicos del trabajo con la cara, la evitación y los procedimientos correctivos, así como el “desafío”, el “ofrecimiento”, los “medios de satisfacción” y el “empleo agresivo de la cara”, como las órdenes ópticas583. Bastaría remitirse a la distinción de G.H. Mead, entre conversación de gestos y conversación de símbolos584: previamente al uso del lenguaje simbólico, el niño se comunica con el “otro significante” únicamente
579 580

Wittgenstein, L: Philosophischer Untersuchungen, op. cit, Köck, W. K.: Kognition – Semantik – Kommunikation, en: S. Schmidt (ed.): Der Diskurs des radikalen Konstruktivismus, Suhrkamp, 1987, pp. 340-373 581 Luhmann, N., De Giorgi, R.: Teoría de la Sociedad, UIA, Triana, México, 1998, pp. 338352 582 Heider, F.: The psychology of interpersonal relations, Wiley, N.Y., 1958 583 Goffman, E.: Ritual de interacción, Tiempo Contemporáneo, B.A., 1970, pp. 13-47 584 Mead, G.H.: Geist, Identität und Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1973, pp. 90 y sig.

230
mediante gestos – o no se comunica. Se podría argumentar que la conversación de gestos y/o el uso de los gestos pertenecen a la fase denominada pre-simbólica de la evolución del Yo, pero ¿significa esto que como adolescentes o adultos abandonamos la comunicación de gestos? Es obvio que no. Curiosamente, con los gestos y el cuerpo, en la teoría de la sociedad de Luhmann sucede algo similar al tratamiento del fenómeno de la indexicalidad del uso del lenguaje; al sostener que el uso de la indexicalidad corresponde a las sociedades llamadas “orales” que no conocían la escritura, ¿se quiere también argumentar que el uso práctico del lenguaje en la comunicación de los sistemas de interacción, no es indexical, lo que constituye un error garrafal y de un argumento 585 insostenible ? Que en la exclusión los excluidos no se tratan como personas sino como cuerpos, si no domina el lenguaje que hablan, tampoco sabe cómo comunican, y no puede saber con qué distinciones operan? Al no poder salir del propio marked state, el observador permanece atado a uno de los lados de la forma, la que en realidad no es ninguna, porque la asignación de los valores y los espacios del unmarked state de su propia distinción, son sólo invenciones del observador Luhmann, el que no siguió sus propias instrucciones: o se participa en la observación o no se observa586. No pudo observar los dos lados, por las razones que sea. Elena Esposito ha formulado esta limitación del observador de primer orden de la siguiente manera: “el observador de primer orden no tiene nada que decir sobre la existencia de los objetos, porque esto supondría la capacidad de conectarse a las circunstancias de la observación”587. Si el observador no puede salir de la observación de primer orden y lo único que puede decir es que siente su cuerpo más de lo ordinario, esto es demasiado poco para una observación de segundo orden, y por consiguiente debiera abstenerse de formular conclusiones tan grotescas como que el desplazamiento de la sociabilidad hacia el cuerpo bloquea la comunicación simbólica y reduce “extremadamente” su interés informativo. Además, Armin Nassehi recientemente ha descrito que “la acción de la fuerza física consiste en que acorta el tiempo, en su efecto inmediato temporalmente cortos espacios de tiempo, y largos cuando les necesita. Y lleva a argumentos que no se pueden retractar”588 b) La segunda interrogante, respecto de la distinción comunicación/cuerpo, resulta mucho más gravitante, porque revitaliza, con modificaciones mínimas, las taras más infelices del pensamiento veteroeuropeo. En particular el dualismo cartesiano cuerpo/no cuerpo, en virtud de la cual el cuerpo no tiene (o no debiera tener) vínculos con la
585 586

Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 883 Luhmann, N.: La ciencia de la sociedad, op. cit., pp. 67 587 Esposito, E.: Ein zweiwertiges nicht-selbständiger Kalkül, en: D. Baecker (ed.): Kalkül der Form, op. cit, pp. 106 588 Arnin Nassehi: Gaklonte Debatten. 2002

231
razón y por lo tanto es un lastre de animalidad en la existencia del mundo de la razón589: “la percepción de los sentidos y de la imaginación es propia de los animales y es más imperfecta que la inspección del espíritu”590. En síntesis, con el cuerpo se puede comer, defecar, copular y “satisfacer necesidades instintivas primarias”, pero paradójicamente no se podría comunicar. Además, resulta altamente curioso el argumento de que la sexualidad no sea una forma de comunicación, o que no la presuponga. Este es un argumento tan inocuo, que no merece ser comentado. Nosotros pensábamos que “Descartes, como el protofundador, tanto de la idea moderna del racionalismo objetivista, como del motivo trascendental llamado a hacerla estallar”591, como señala Husserl, había sido dejado atrás desde Heidegger y Merleau-Ponty, si no fuera por que otro observador (también de primer orden), Ulrich Beck, quien después de una breve estadía en Brasil, no llegará a conclusiones similares. Beck textualmente: “Hace poco tiempo estuve en Brasil y tuve un primer anticipo de lo que nos aguanta en el futuro. En lugar de muchos análisis, contaré una pequeña anécdota. El director del Goethe-Institut nos llevó a conocer, a mi mujer y a mí, el Río de Janeiro nocturno. Nuestro amable conductor desatendió con una persistencia apenas disimulable la luz roja del semáforo. La suposición de que era daltónico no resolvía, realmente, el problema; de modo que tras algunos segundos de pánico y de reflexión acerca de si era más embarazoso abusar de la hospitalidad que numerar los propios huesos para facilitar luego el trabajo de reconstrucción, opté por la defensa propia y le pregunté si él, por casualidad, no había visto allí (en las ocasiones anteriores) el semáforo en luz roja. La respuesta llegó pronto: ‘En Río, todos cruzan por la noche con el semáforo en rojo. El que se detiene, corre peligro de ser asaltado’… De estas diferenciaciones y reflexiones puede inferirse una clara consecuencia: hablar con sentido de la individualización sólo es posible bajo las condiciones del Estado de Derecho y del Estado Social existente y en funcionamiento. La idolatría del mercado, el neoliberalismo cada vez más agresivo, por el contrario, engendra la atomización”592. Es decir, en la observación de Beck, el neoliberalismo y el mercado (¿?) alentarían el peligro de ser asaltado en las metrópolis, y lo que resulta aún más extraño, acaba con la individualización y genera la atomización de las personas, mientras que el Estado de derecho y el Estado social sería un catalizador de individualización y, como en el milagro de la multiplicación de los panes, además produciría solidaridad. A estas alturas, uno que habita y trabaja en sociedades de la periferia moderna, ya no sabe a qué atenerse. O es Brasil una sociedad tan plagada de latencias inobservables e inaccesibles, una fuente mítica inagotable para alimentar las fantasías de
589

Descartes, R.: Méditations et Description du corps humain, en: R. Descartes: Oeuvres Philosophiques, Editions Alquie, Paris, 1963 590 Descartes, R.: Meditaciones Metafísicas, Universitaria, Santiago, 1996, pp.52 591 Husserl, E.: La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Crisis, Barcelona, 1991, pp. 77 592 Beck, U.: Los hijos de la libertad, FCE, B.A., 1998, pp. 375 (cursivas mías)

232
los sociólogos extranjeros, o los sociólogos alemanes tienen una especial debilidad para extraer de las propias anécdotas, conclusiones y argumentos claramente erráticos e irrisorios, disfrazados con un barniz sociológico. ¿Es la observación de 2º orden un fraude, un invento inservible, una patraña de la sociología del “norte” para celebrarse nuevamente a sí misma? Nosotros pensamos que no es así. No obstante, pareciera confirmarse, al menos parcialmente, la sospecha de que “la Ilustración, que tiende a la cosificación y a la objetualización del saber, hace callar el mundo de lo fisiológico”593, pero no quiere acallar a cualquier fisiología, sino precisamente la de las partes del cuerpo, negándole propiedades comunicativas, y las de una sexualidad que sólo se reconoce como la negación del ars erotica. Esta exclusión explícita o implícita del cuerpo y en particular del uso social de los sentidos, es inexplicable, pues donde convergen dos sistemas de observación que comparten presencia, de facto se produce el encuentro de las corporalidades. Si estamos interesados en observar cómo observan los observadores de primer orden, y con el uso de qué distinciones lo hacen, necesitamos entonces, explorar senderos que nos conduzcan a la observación de sentidos en el mundo de los otros, como se reclama desde hace tiempo desde la antropología594. Necesitamos una sociología de la observación de las sensaciones y de los sentidos, como procuró formular Simmel en 1908. En la Parte 4 de “Sociología. Investigaciones sobre las formas de la sociabilidad”, bajo el título “Excurso sobre la sociología de los sentidos”595, Simmel señala que la sola percepción sensorial de la copresencia, despliega una especie de “forma de dos partes”: Aceptación o aversión. En el ojo se encuentra contenida una realización sociológica particular, que reside en el entrelazamiento y la interacción de los individuos que se miran mutuamente. Mientras que la palabra dicha tiene que ver son la significación y la forma objetiva del significado, el intercambio altamente vivo y sensible de las miradas, se desacopla de toda objetivación. Nada puede tomarse mediante el ojo, sin dar al mismo tiempo: el que mira, no puede evitar ser mirado. Esto hace comprensible que la vergüenza mira hacia el piso, y evite la vista del otro, no sólo para ahorrarnos la constatación de la mirada del otro, sino que el motivo profundo, es que la bajada de la vista le roba al otro la posibilidad de constatarme. Si la esencia del ojo es no poder tomar sin dar al mismo tiempo, el oído es el órgano de por sí egoísta, el que toma sin necesidad de dar. Pero paga su egoísmo con la imposibilidad de direccionalizarse o de cerrarse. Recién con la boca y el lenguaje, el oído puede realizar el acto unificador de tomar-dar, pero en medio de la alternación siguiente: no se puede hablar bien mientras se oye, y no se puede oír mientras se habla. El Sloterdijk, P.: Crítica de la razón cínica, Tomo I, Taurus, Madrid, 1989, pp. 192 Stoller, P.: The Taste of Ethnographic Things: The Senses in Anthropology, University of Pennsylvania Press, Filadelfia, 1989 595 Simmel, G.:Exkurs über die Soziologie der Sinne, en: Soziologie. Untersuchungen über die Formen der Vergesellschaftung, Dunker und Humbolt, Berlin, 1908, pp. 483-493
594 593

233
escuchar es sin embargo un acto supra-individual. Pero el oído obliga a una forma de exclusión; sólo puede dirigirse a una cantidad limitada de oyentes, por lo que excluye a los que no oyen. Simmel agrega que la cara, como el lugar geométrico del conocimiento sensitivo, es el símbolo de todo lo que el individuo inserta en la sociedad como la condición de su vida. Si se la asigna a la cara tal significación, en el intercambio de la interacción hay siempre incluido un elemento supra-práctico: la cara hace que el individuo sea comprendido ya desde su “ser visto”, y no en primer lugar por su acción. Como órgano de expresión, la cara asume una naturaleza teórica, no actúa, como las manos o los pies o como el cuerpo en movimiento y tampoco conlleva el comportamiento interior o práctico de la persona, sino que sólo nos cuenta de ella. La interdependencia entre ver y oír se rearticula en la metrópolis de la modernidad. Hasta el siglo XIX, antes de la masificación de los buses, los tranvías y los trenes, las personas no estaban en condiciones de permanecer horas mirándose, sin tener que hablarse. La modelación directa de construcciones sociales tan abstractas como no específicas, se verá favorecida por la proximidad del ver, acompañada de la carencia conversacional. Esta constelación ha ayudado a la aparición del concepto moderno del “obrero”, para diferenciarlo del trabajador de la Edad Media. Sólo cuando fue posible ver a una cantidad innumerable, sin oírlos, se pudo realizar la abstracción de lo que tienen en común; es decir, cuando se excluye o se impide la concreción, la individualidad y la variabilidad que permite el oído. Frente a la significación sociológica de la cara y el oído, se repliega aparentemente la de los llamados sentidos inferiores, como el olor. No obstante, la capa de olores que perfuma de manera característica a cada ser humano, pareciera ser decisiva para la construcción de la forma aceptación/aversión. Del mismo modo, el efecto y la impresión del olor del otro, perece ser determinante, no para la construcción de un objeto, sino que permanece encadenada a la actividad de un sujeto, por lo que cuando se dice “huele agrio”, significa sólo que algo huele, como sabe lo amargo. Las sensaciones del olor, escapan, de esta manera, a las descripciones verbales. Por ello es que las antipatías y las simpatías que se acoplan a las esferas del olor, encuentran tan poca resistencia en el pesar y el querer. La recepción de la gente de color en las altas esferas sociales de los Estados Unidos, se excluye debido a los olores del cuerpo de los de color y lo mismo podría decirse de la aversión mutua entre judíos y germanos. La cuestión social no es sólo ética, sino también una cuestión de nariz. Sin embargo, con el refinamiento de la civilización, disminuye la agudeza de la percepción de todos los sentidos, mientras se acentúa la distinción aceptación/aversión. La cultura debilita la observación del uso de los sentidos, no se trata de que nos convirtamos en miopes – señala Simmel – sino que en cortos de sentido. No obstante, esto no cambia en nada que cuando olemos algo, la impresión de tal o cual objeto penetre con tal profundidad que se asimile estrechamente a la respiración. Por ello, cuando olemos la atmósfera de otro, en la medida en que aumente la

234
irritabilidad sensitiva, el olor opere como un selector de la distancia que caracteriza la individualidad moderna596. Si a la argumentación de Simmel, le agregamos la obra de LeviStrauss597, Walter Org598, McLuhan599 y las investigaciones recientes de Constance Classen600, es imposible desconocer que de entre las prácticas comunicacionales de las sociedades, tanto el uso de los sentidos, así como la comunicación mediante el cuerpo, obedecen también a la praxis histórica de una binariedad si/no. Michel Foucault agrega que la hegemonía de la vista sobre los demás sentidos se estabiliza apenas entre el siglo XVIII y XIX, cuando se le asocia al florecimiento de la ciencia: la mirada penetrante del científico se convirtió no sólo metafóricamente en el sustituto de la hermenéutica de la Inquisición, sino que en los hechos, con la observación clínica se cierra el círculo que transforma el pecado nefando en la clasificación de las enfermedades: el ladrón se convierte en cleptómano, el sodomita en degenerado, y a la clasificación del enfermo corresponde la descripción de la observación de la mirada experta601. La visión considerada analítica y racional de occidente, contribuye a afianzar la inferioridad de las sociedades “animales” del olfato, el tacto y el gusto. La leyenda revolucionaria de la Ilustración cambia de sentido ya desde sus inicios: la igualdad se convierte en lucha de clases, la fraternidad en el más brutal de los colonialismos, y la libertad en liberalismo. El psicoanálisis de Freud, sigue considerando que la masturbación, el coito anal, el sexo oral y la homosexualidad, son problemas de salud mental; señales inequívocas de que la persona, por los motivos que sea, no ha llegado aún a la madurez sexual, es decir, a la heterosexualidad. A finales del siglo XX, tanto las características básicas de la heterosexualidad – ser coitocéntrica y reproductiva, definir lo femenino como subalterno e interpretarlo en perspectiva masculina, perseguir a los que se apartan de ella – como sus consecuencias sociales - ser sexista, misógina, adultista y homófoba -, todas estas propiedades, en mayor o en menor medida, comienzan a ser cuestionadas602. Luego de este extenso desvío, volvamos a la observación de segundo orden. ¿Por qué razón tiende a ejemplificarse el fenómeno de la codificación no diferenciada, que antes hemos descrito, como el que un observador no ve que no ve, y no como que no oiga que no oiga, que no
596 597

Simmel, G.: Exkurs über die Soziologie der Sinne, op. cit., pp. 491. Levi-Strauss, C.: Mitológica, Tomo I, Lo crudo y lo cocido, Siglo XXI, Madrid, 1976. LeviStrauss, C.: El pensamiento salvaje, FCE, 1964, pp. 11-59 598 Ong, W.:The Presence of the World, New Haven, Yale University Press, 1967 599 McLuhan: La comprensión de los medios como las extensiones del hombre, Diana, México, 1969. 600 Classen, C.: Fundamentos de una antropología de los sentidos, en ISSJ. Revista de la UNESCO, 2000. 601 Foucault, M.: Die Geburt der Klinik, Ullstein, Frankfurt a.M., 1973, pp. 121 y sig. También Guasch, O.: La crisis de la heterosexualidad, Alertes, Barcelona, 2000 602 Guasch, O.: La crisis de la heterosexualidad, op. cit., pp. 116

235
huela que no huele, que no saborea que no saborea o que no toca que no toca? El gran mérito de Spencer Brown consiste, en este sentido, en sostener que como de todos modos el uso de los sentidos tiene que ver con la indexicalidad de la sociedad, pero que además la confiabilidad que le otorgamos es un problema vinculado a las semánticas de la sociedad – por ejemplo a las de la estética, a las de la coherencia dentro/fuera, etc. - hay que remitirse a lo que se hace cuando se observa, es decir, a las operaciones de distinción-indicación. Por otro lado, si la observación de segundo orden es realmente una operación práctica, social y comunicativa dedicada a poder leer la clave de las observaciones de primer orden, ¿qué pasaría si la observación de segundo orden debiera atravesar por aprender a escuchar no únicamente lo que dicen los observadores de primer orden, sino además cómo lo dicen y cómo van articulando interactivamente la distinción tono-sentido? ¿Qué sucedería si tenemos que aprender a tocar, escuchar, a convivenciar los espacios reales del unmarked state de la observación de segundo orden? ¿Qué sucedería si la observación de segundo orden se propone describir el entramado de relaciones de vecindad convival y el entrelazamiento de la observación de observaciones y las observaciones de primer orden, se convierte en “urdir una trama”, que desoculte la otredad acallada en una espisteme desconocida603? Este camino que proponemos no atraviesa por la búsqueda de “universales”604 constructivistas y tampoco necesariamente por la revitalización del llamado “pensamiento débil” de la post-modernidad605, sino más bien por la realización práctica de una hermenéutica empírica de la recuperación del cuerpo y de los sentidos, que contribuya a enriquecer una teoría de la observación de segundo orden.

Moreno, A.: El aro y la trama. Episteme, modernidad y pueblo, CIP, Caracas, 1995, pp. 447 y sig. 604 Hejl, P.: Kostruktivismus, Belibigkeit, Universalien, en: Rusch. G. (ed): Wissen und Wirklichkeit. Beiträge um den Kostruktivismus. Eine Hommage an Ernst Von Glassersfeld, Carl Auer Systeme, Heidelberg, 1999, pp. 163-197 605 Vattimo, G.: El fin de la modernidad, Alianza, Madrid, 1980

603

236
5. LA DIFERENCIACIÓN DE LA SOCIEDAD CHILENA “No llores, clase obrera, reconstruye tu obra y sigue tu camino sin volver a mirar a los Bárbaros, porque de ellos sólo es el pasado. El porvenir es tuyo” Luis Emilio Recabarren, 1919

Algunos atributos generalizados de la conquista y la colonización hispánica ¿ Cuál es el contexto del período de la conquista y la colonización?. Aún cuando resulte excesivamente abstracto hablar de un solo contexto generalizable para América Latina que describa las propiedades más generales de la conquista y la colonización hispana, y por lo tanto la emergencia de la forma de la sociedad colonial, apunta Quijano que en el período de la conquista y colonización, dos procesos se vinculan y convergen en esta producción espacio/tiempo: a) la codificación de la asimetría entre conquistadores y conquistados plasmada en la idea de raza (supuesta estructura biológica y “natural” distinta); esta es la idea fundacional de las relaciones de dominación de la conquista y b) todas las formas históricas de control del trabajo se ordenan en torno al capital y al mercado mundial. La expansión de este imaginario conduce a la elaboración eurocéntrica del conocimiento, a la elaboración teórica de la raza como naturalización de relaciones coloniales y a la distinción europeo/noeuropeo= superioridad/inferioridad. La raza es el primer criterio de distribución de rangos y roles a escala mundial606. Las relaciones de explotación y desigualdad en el trabajo se articulan en torno a la relación capital/trabajo y en el mercado mundial incluyen la esclavitud, la servidumbre, la producción mercantil. La generalización de la relación capital/trabajo que consolida el capitalismo es tardía y heterogénea. La nobleza india es eximida de la servidumbre mientras los negros son reducidos a la esclavitud, sobre todo en el último siglo de la colonia. Entre los dominadores también se asientan relaciones estratificadas y jerárquicas. La distribución racial del trabajo se mantiene hasta muy avanzada la colonia.

606

Dussel, E.: Europa, Modernidad y eurocentrismo, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales, op. cit., pp. 11-50

237
Con ello, se coloniza también cognitivamente, se coloniza la producción del sentido y la intersubjetividad, los imaginarios y la cultura. Se da lugar al eurocentrismo, como la justificación abstracta de la clasificación racial de la población. La operación mental que fundamenta esta postura consiste en que los europeos generan una perspectiva temporal de la historia, reubican a los colonizados en el pasado de una trayectoria de la cual son sus protagonistas. Al ser los conquistados inferiores, también son anteriores (atrasados) con respecto a los europeos. Por otro lado, se reprimen las formas de producción de conocimiento de los colonizados, junto a sus patrones de producción de sentido; la represión en este sentido fue extremadamente dura. Se fuerza a los colonizados a aprender en parte la cultura de los dominadores en lo que sea útil a la dominación (religión y tecnología) Racionalidad y modernidad son imaginarios exclusivamente europeos. La codificación de estas relaciones se resume en: occidente/oriente, primitivo/civilizado, mágico-mitico/científico, irracional/racional, tradicional/moderno = Europa/No-Europa. El dualismo de esta perspectiva se impone como binariedad, la que configura la semántica de la conquista triunfante, sustrato de la diferenciación estratificada que sostiene el principio de la raza como eje central. Por su parte, Dussel profundiza aun más en el “mito de la modernidad” 608. Por su contenido primario y conceptual, la “Modernidad” es una emancipación racional. Emancipación que es entendida por Kant como la salida de la inmadurez por un esfuerzo de la razón crítica que abre paso a un nuevo salto de madurez para la humanidad 609. Pero al mismo tiempo, la definición de ese mito trae consigo por lo menos algunas consecuencias relevantes: 1) la superioridad de la civilización europea, obliga a desarrollar a los más rudos, primitivos y bárbaros; 2) dicho camino educativo debe ser el de Europa (nace entonces la “falacia desarrollista”); 3)como el bárbaro ofrece resistencia, se debe recurrir a la conquista; 4) para el europeo, el bárbaro tiene “la culpa por no aceptar la modernidad “. Por lo tanto, le modernidad debe se estudiada desde “la otra cara”, la cara que aborrece y que no acepta. En efecto, en el siglo XV Quijano, A.: Colonialidad del Poder, eurocentrismo y América Latina, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, FASES, Caracas, 2000, pp. 281-348 608 Dussel, E.: 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del “Mito de la modernidad “. En http://sala.clacso.org.ar 609 Por su parte Habermas concede en Der Philosofische Diskurs der Moderne, Surkamp, Frankfurt a.M, 1988, pp. 130 eine Art Mytos, el que sin embargo no puede aceptar.
607

607

238
hasta 1452, lo que hoy llamamos “Europa occidental” era un mundo periférico y secundario respecto del mundo musulmán. Europa occidental no se extendía más allá de Viena por el lado del Este ya que en 1681 los turcos estuvieron junto a sus muros, y de Sevilla por el lado oeste. La totalidad de sus habitantes no se sumaba más de 100 millones, inferior a la de un solo imperio chino. Era una cultura aislada, las cruzadas habían caído en el mas estrepitoso de lo fracasos, con lo cual se cerraban las rutas comerciales que iban da Antioquía hasta China. Hablar en esta situación de Europa como el centro, comienzo y fin de la historia mundial, como argumentaba Hegel es simple y sencillamente caer en la miopía eurocéntrica. Habrá que esperar hasta 1494 para que su centralidad empírica sea una experiencia palpable. Fundamentalmente hasta que el saqueo de las colonias llegue hasta Lepanto. Dussel señala que la palabra modernidad es ambigua. Por un lado, conceptualmente la modernidad significa emancipación racional: salida de la inmadurez610. Por el otro, por su contenido mítico, la modernidad justifica la praxis irracional de la violencia. “La modernidad nace realmente en 1492: esa es nuestra tesis. Su real superación (como subsunción y no meramente como la Aufhebung hegeliana) es subsunción de su carácter emancipador racional europeo trascendido como proyecto mundial de liberación de su Alteridad negada: la “Trans-Modernidad”611 Una fundamentada crítica de la crítica a la epistemología y al pensamiento occidental formula Edward Said: “El curioso resultado es que las teorías de la acumulación a escala mundial, o del estado del capitalismo mundial o a los linajes del absolutismo dependen a)del mismo observador desplazado e historicista que ha sido un orientalista o un viajero colonial desde hace tres generaciones; b)dependen de un esquema histórico universal que al homogeneizar e incorporar también asimila desarrollos asincrónicos, historias, culturas y pueble, y; c)bloquean y mantienen subyugadas las críticas epistemológicas latentes de los instrumentos disciplinarios institucionales y culturales ligándose así a la práctica incorporativa de la historia universal con conocimientos parciales como el Orientalismo por un lado, y por el otro, permiten la continuación de la hegemonía occidental sobre el mundo periférico no europeo” 612

610 611

Kant, E.: Was heisst Aufklärung? Alianza, Madrid, 1988, pp. 481 Dussel, E.: 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del “mito de la modernidad”, Plural, La Paz, 1994, pp. 178 612 Said, E.: Orientalism Reconsidered, en: Barrer et al. (Ed.): Literature, Politics and Theory, Methuen, London, 1986. pp. 223-224

239
Con ello, parecen colapsar no sólo las teorías613 de Amin, sino también la totalidad de las teorías de la “dependencia”, víctimas del mito desarrollo = progreso, manifestación no sólo de los estereotipos y prácticas de sociedades no-occidentales “sino que dicho privilegio está íntimamente conectado con el despliegue del poder global de occidente” 614. Fernando Coronil recoge la crítica de Said y propone tres modalidades de representación del occidentalismo: 1)La disolución del Otro en el Yo. 2)La incorporación del Otro en el Yo. 3)La desestabilización del Yo por el Otro. Yo estoy interesado principalmente en desplegar una heurística que permita determinar con transparencia a cual de éstos modelos de representación corresponde la diferenciación de la sociedad chilena. Para ello utilizaré los modelos de Coronil. Ad 1) En esta modalidad las culturas occidentales y nooccidentales se presentan como opuestas radicalmente. La respuesta es la asimilación de lo no-occidental al Occidente triunfante y expansivo. Para ello es de utilidad el uso de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel y la obra de Todorof. La dimensión geopolítica del pensamiento hegeliano para vincular la dialéctica del amo (Yo) y del esclavo (Otro), con la práctica de le historia se encuentran en sus famosas Lecciones sobre la filosofía de la Historia615. En la Fenomenología del Espíritu, Hegel argumenta el sentido de la dialéctica que se sustenta sobre el reconocimiento. “Se reconocen, como recíprocamente reconocidos. Este concepto puro del reconocimiento, de duplicación de la autoconciencia en su unidad debe observarse como un proceso que aparece para la auto-conciencia. Primero expondrá el lado de la desigualdad de ambos, o la retirada de la mitad en los extremos, los cuales como extremos se contradicen, y sólo lo reconocido del otro es lo que se está reconociendo” 616 En sus Lecciones agrega que “Entre los negros es, en efecto, característico el hecho de que su conciencia no ha llegado aún a la intuición de ninguna objetividad (…) Es un hombre en bruto”617. Además “El Espíritu germánico es el Espíritu del Nuevo Mundo, cuyo fin es la
613

Amin, S.: La acumulación a escala mundial, Siglo XXI, Argentina, 1974. Cardoso, H. y Faletto, E.: Abhängigkeit und Entwicklung in Lateinamerika, Frankfurt, 1976. Y tantos otros. 614 Coronil, F.: Más allá del occidentalismo: hacia categorías geo-históricas no-imperialistas, en: Castro-Gómez, E. y Mendieta, E.(ed.) : Teorías sin disciplina. Latinoamericanismo, postcolonialidad y globalización en el debate, Porrua, México, 1998, pp. 130 615 Hegel, G.W.F.: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Tomo I, Altaza, Barcelona, 1997 616 Hegel, G.W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulltein, Frankfurt, 1973, pp. 114 617 Hegel, G.W.F.: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Tomo I, Altaza, Barcelona, 1997, pp. 231-234 y pp. 198-201

240
realización de la verdad absoluta, como auto-determinación infinita de la libertad, que tiene por contenido su propia forma absoluta”618. Y “Este despliegue de relaciones ofrece también el medio de la colonización a la cual, bajo forma sistemática o esporádica, una sociedad civil acabada es impulsada. La colonización le permite que una parte de su población, sobre el nuevo territorio, retome el principio de la propiedad familiar, y, al mismo tiempo, se procure a sí mismo una nueva posibilidad y campo de trabajo”619 Pero la dialéctica del amo y el esclavo es sumamente paradójica, y sobre todo contradictoria con las Lecciones: “El amo es para sí la conciencia siendo, pero no más solamente el concepto de la misma, sino para sí la conciencia siendo, la cual es medida por otra conciencia, mediante una a la que pertenece su esencia, que con el Ser independiente o con la cosa se halla sintetizada…La conciencia irrelevante es para el amo el objeto, lo que constituye la verdad de la certeza de sí mismo. Pero él descubre que ese objeto no corresponde a sus conceptos, sino que es aquello que el amo ha realizado, se ha transformado en otra cosa y no en la conciencia independiente. No algo así es para él, sino más bien algo dependiente; el no es el Ser-para-sí, cierto de la verdad, sino que su verdad es más bien la conciencia irrelevante, y lo irrelevante de su hacer. La verdad de la conciencia independiente es, por consiguiente, la conciencia esclavizada.”620 La auto-conciencia de la esclavitud es puramente negativa: “En primer lugar, es la esclavitud del amo la esencia; entonces la conciencia independiente y siendo-para-sí es la verdad, pero que para si no es todavía para-sí. Esa verdad posee la negatividad y el Ser-para-sí en los hechos en sí misma; pues ha experimentado esa esencia…El formarse tiene solamente ese significado positivo, que la conciencia servil que será como el Serpara-sí convertido en Siendo; sino también lo negativo, el sercontra del primer momento, el temor. Porque en la construcción de las cosas ellas devienen en su propia negatividad. Su Ser-para-sí, son sólo así objeto, que siendo la forma contraria se supera (aufhebt). Pero esa negatividad objetivada es precisamente una esencia extraña”621 Años más tarde, será este el argumento que Marx usará para su concepto humanista de emancipación de toda la humanidad: la
618

Hegel, G.W.F.: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Tomo II, Altaza, Barcelona, 1997, pp. 25 619 Hegel, G. W. F.: Rechtsphilosophie, F. Meiner, Hamburg, 1969, & 246 620 Hegel, G.W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulltein, Frankfurt, 1973, pp. 119 621 Hegel, G.W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulltein, Frankfurt, 1973, pp. 119-120

241
negatividad convertida en positividad622. Pero para Hegel la realidad tiene una esencia negativa: así lo reitera en la Lógica de 1818623. Obviamente éste no es el camino que ha seguido la historia, pero tampoco el de “la desmesura europea”624 como definiera Kierkeggard la postura hegeliana en las Lecciones. Ad 2) Más bien la humanidad ha seguido el camino de la asimilación y de la incorporación, de la desestabilización del Yo por el otro, no vale la pena abordarla, baste recordar que los que algún día creímos en la emancipación y en el socialismo, observamos con lágrimas en los ojos la caída del muro de Berlin, porque se ponía fin a un régimen autoritario, totalitario y gobernado por una elite de ancianos vetustos – políticos y militares. En los archivos del Kremlin dice haberse encontrado una carta de despedida de Josef Stalin que dice: “Compañeros, sed optimistas. Si contrariamente a lo esperado no el capitalismo sino el comunismo se desintegrara por sus contradicciones, entonces disuelvan La Unión Soviética, unifiquen Alemania y preparen el ingreso de Moscú a la NATO. Porque de ese golpe el Occidente no se recuperará jamás”625 El resultado de los cambios de las últimas décadas, muestra que lo que tenemos es un capitalismo desorganizado y caótico, las categorías espaciales (incluso las familiares) son desarraigadas, la historia ya ni puede ser anclada a territorios fijos. El materialismo histórico no es más que la auto-observación de la sociedad capitalista.626 Chile no registra una crisis cultural, como señala el PNUD-2001. Su cultura es la cultura del mito del desarrollo (y el progreso). Todo tiene que ver con desarrollo, las Políticas Públicas, las denominaciones de las ofertas académicas, los “proyectos de desarrollo”, los nombres de las instituciones (Instituto Libertad y Desarrollo). Históricamente, esto guarda relación con la gran influencia del positivismo en nuestro país tendencia que encuentra su continuación en el estructuralismo marxista de la década del 60. El gigantesco mito del desarrollo = progreso ya fue anunciado por Furtado en la década del 70627 y seguido en la misma línea de argumentación por Quijano y otros. Por supuesto que la clase política de la Concertación se niega a volver a sus orígenes, porque ha perdido la memoria. Hasta lingüísticamente hablan todos estandarizadamente. ¿Ese es el lenguaje del desarrollo? Responde Furtado:
622 623

Marx, K y Engels, F.: Die deutsche Ideologie, en: Werke, Bd. III, Dietz, Berlin 1969, Hegel, G.W.F.: Lógica I, Folio, Madrid, 1999 624 Adorno, T. W.: Kierkeggard, Frankfurt, 1974, pp. 190 625 Citado por Beck, U.: Renaissance des Politischen – oder Wiedersprüche des Konservativismus, en: Leggewie, K. (ed.): Wozu Politikwissenschaften?, Darmstadt, 1994, pp. 34 626 Lukács, G.: Historia y conciencia de clases, Grijalbo, México, 1969, pp. 242 627 Furtado, C.: El desarrollo económico. Un mito, Siglo XXI, México, 1974

242

“El PIB es la vaca sagrada de los economistas. Ese concepto ambiguo, amalgama un considerable número de definiciones más o menos arbitrarias, se ha trasformado en algo tan real para el hombre de la calle como lo fue el misterio de la Santísima Trinidad para los campesinos de la Edad Media. Más ambiguo aún es el concepto de crecimiento del PIB”628 Y continúa Quijano. El desarrollo ha cambiado muchas veces de identidad y apellido: desde el reduccionismo economicista hasta todas las dimensiones de la existencia social: entre muchos intereses de poder. Las promesas del desarrollo arrastraron a todos los sectores de la sociedad, encendieron muchos debates hasta eclipsarse en el desencanto. El “discurso del desarrollo” parecía hasta hace poco desprestigiado e ilusorio. Hoy, se trata de volver a buscarlo en la nueva configuración del poder: la globalización. La pregunta central: ¿podrá ser el desarrollo una bandera de lucha en las futuras contiendas de la historia? ¿O se trata de la reedición de un fantasma desvencijado y simplemente histórico. Hay que enfocar el desarrollo desde supuestos distintos, porque la reedición de los viejos debates lleva a un callejón sin salida. ¿Qué es lo que se desarrolla? Lo que de desarrolla no son países o territorios, sino un patrón de poder en una sociedad. El patrón de poder hoy vigente es el capitalismo y la sociedad con la que tenemos que ver es la sociedad capitalista. El patrón capitalista de desarrollo (dominación/explotación/conflicto) se configura desde América desde hace 500 años como estructura mundial de poder. Desintegra los patrones previos de poder y reabsorbe lo útil y necesario. Se impone sin alternativas reales.Este patrón de poder se ejerce en todo el planeta, pero de modo heterogéneo. El capitalismo articula muchos espacios-tiempos y contextos desiguales. Existe así pero se desarrolla de modos diferentes y en múltiples contextos históricos. En el debate desarrollo/subdesarrollo, es posible diferenciar el mundo capitalista desarrollado y los países en vías de desarrollo de los que son simplemente subdesarrollados. Hay una doble cuestión en debate: a) las condiciones históricas que explican trayectorias tan diferentes del patrón de poder capitalista y b) si es todavía realista para A. Latina intentar el desarrollo capitalista. Las diferencias centrales que trazan la espacio-tiempos, hay que constatar lo siguiente: diferencia central

628

Furtado, C.: El desarrollo económico. Un mito, Siglo XXI, México, 1974, pp. 140

243
1. el patrón de poder capitalista es más fuerte donde el moderno Estado-Nación es más democrático y más nacional. 2. en todos los países de capitalismo avanzado, el desarrollo ha sido precedido por el Estado-Nación, y no al revés La emergencia de la sociedad capitalista ha llegado a ser desarrollada donde hay Estados-Nación modernos. No hay excepciones en los últimos 500 años. Por ello, el Estado es fundamental para el capitalismo. ¿Por qué en algunas áreas se ha configurado el Estado-nación y por qué en otras no? ¿Qué ha pasado en A. Latina? Punto de partida: el Estado-Nación moderno es el producto de la distribución democrática de recursos (control de la producción) y de la creación de instituciones de autoridad en un territorio determinado. Se trata de la democratización del capitalismo en sus propios espacios de dominación. La dominación en un territorio y espacio implica desigualdad de recursos, sobre todo de la violencia. Por ello, la democracia no puede ser sino relativa. A pesar de ello, la práctica real de la democracia es una condición fundamental del Estado consolidado. La democratización de la sociedad es el punto de llegada de las luchas de los explotados para institucionalizar relaciones cotidianas de ordenamiento capitalista. En Europa, esto se consigue con el colonialismo y la colonialidad impuestas sobre el resto del mundo. La democracia se extiende dentro de condiciones que obligan a las burguesías a ceder posiciones de poder en nombre de la conservación del patrón elemental de poder.En el resto del mudo, el colonialismo y después la colonialidad hay trabado estas posibilidades de negociación. El Estado es tanto más fuerte en cuanto más democrática es la sociedad, en todos los niveles de vida. Ausentes del debate sobre el desarrollo ha estado la pregunta por las condiciones que han llevado a la configuración del Estado. Se ha sustituido esta pregunta por la unicidad del desarrollo, como es el caso de la CEPAL. El debate desarrollo/subdesarrollo es posterior a la Segunda guerra mundial. Una expresión de la re-configuración del poder capitalista, en el marco de la lucha por la descolonización de áreas importantes del globo. La aspiración del desarrollo se convierte en una real idea-fuerza. Pero el supuesto de toda esta discusión era que el desarrollo se remitía a países, no a un determinado patrón de poder. Se confunde al patrón con el Estado, la perspectiva mundial de la obra de Marx pasa a ser minoritaria. Se trataba de identificar los obstáculos al desarrollo y la forma de superarlos. Para el caso de A. Latina se trataba de dos paradigmas principales:

244

1. 2. histórico.

La teoría de la modernización 629 y La teoría del imperialismo, desde el materialismo

El primer paradigma parece haberse impuesto. Este le otorga a la cultura la fuente de explicación sobre el desarrollo o sus impedimentos. Por ello, los desarrollados eran modernos, racionales y protestantes. Los subdesarrollados tradicionales, premodernos y primitivos. El desarrollo pasa a ser un sinónimo de modernización. El segundo paradigma achacaba al imperialismo y luego a la dependencia externa o estructural, la explicación para el subdesarrollo. Lo que se decía del imperialismo tenía que ver con naciones y relaciones de dominación entre países: así se lleva el debate sobre la dependencia. El resultado fue el siguiente: una categoría mistificada de cultura (1º paradigma) se confronta a otra no menos mistificada de la omnipotencia del capital (2º paradigma). Con esta perspectiva cognitiva, se oscurecen aspectos centrales del poder capitalista mundial. Lo fundamental es: el debate desarrollo/subdesarrollo es practicado dentro del patrón eurocéntrico de conocimiento, que desde el siglo XVIII es uno de los instrumentos de poder fundamentales del patrón de poder capitalista. En este mismo marco, parecen ubicarse las categorías emergentes de desarrollo humano y desarrollo sustentable. Con ello no se vislumbra una emancipación de la vieja prisión eurocentrista. Si ella es difícil pensar el desarrollo como sustentable. La alteridad desde los ámbitos dominados ha terminado por poner en tela de juicio los principios del eurocentrismo. Con América y el capitalismo se arma un patrón de poder mundial, cuyo instrumento de mayor dominación es la idea de raza como estructura biológica que divide a la población en superiores e inferiores. De allí que las relaciones entre superioridad e inferioridad se naturalicen; durante cinco siglos, la población mundial es clasificada en función de razas superiores e inferiores. Desde allí se ejerce el control del trabajo, la autoridad y la subjetividad. Nacen nuevas identidades sociales que se conforman como un eje para la articulación del trabajo/explotación/conflicto. El colonialismo es el escenario donde sucede todo esto. Así se expande el patrón mundial de poder capitalista como colonial y moderno.

629

Medina, E., J.: Consideraciones Sociológicas sobre el desarrollo económico, Solar/Hachete, B.A., 1964

245
Pero cuando se elimina el colonialismo, la relación colonial entre las razas no se extingue ni elimina, sino que se desplaza hacia la institucionalidad, rearticulándose a nivel mundial. A esto se refiere la colonialidad del poder. Ella es determinante para el eurocentramiento del poder capitalista mundial. Es este eurocentramiento del control del capital y de la producción lo que da lugar a la relación centro/periferia. Europa se convierte en el centro de la elaboración intelectual de la experiencia colonial/moderna. Su resultado es el eurocentrismo: una perspectiva cognitiva dedicada tanto a las necesidades del capitalismo como a la desmitificación del pensamiento sobre el universo y a las necesidades de los blancos para naturalizar las formas de dominación. Sobre todo, el eurocentrismo se dedica a imponer una distorsión que implica que los dominados se vean con el ojo del dominador. Aunque cuestionando desde dentro y fuera, el eurocentrismo ha sido extraordinariamente exitoso. La clasificación racial de la gente el lo único que lleva a cimentar el monopolio del blanco. Por ello, la versión europea de la modernidad es la otra cara de la colonialidad del mundo. Esta modernidad/colonialidad es la expresión de la clasificación de la población en torno a la idea de raza. Los procesos de clasificación social de la población operan por un doble canal: 1. en Europa, en términos del capital, y en medio de la homogeneidad de la raza blanca. 2. en el resto del mundo, en relaciones de esclavitud, servidumbre, reciprocidad, producción mercantil, salario. En Europa, se tiende a la mercantilización de las relaciones sociales cotidianas, a la secularización de las relaciones intersubjetivas. Por ello convergen la organización y la diferenciación de los intereses, los antagonismos y las divergencias. Expandir el marcado no sólo implica lucha de los dominados contra las burguesías, sino apoyo de éstos contra las clase señoriales obsoletas. En este contexto se gestan los procesos de distribución del poder, del control de los recursos y la génesis de las instituciones y la autoridad pública. Sobre estas bases se construye la noción de ciudadanía, como representación jurídico-política entre desiguales. Las identidades nacionales que implican espacios estables de dominación, relaciones inter-subjetivas particulares, espacios-tiempo, etc., se lleva a cabo en este contexto, por ello es que la democratización de la sociedad resulta tan coherente con el fortalecimiento de los estados-nación. En cambio, en las regiones donde se impone la colonialidad del poder, sucede algo muy diferente. La colonialidad del poder, la

246
clasificación racial de la población, imposibilita la democracia, el reconocimiento de los unos a los otros como de la misma naturaleza. Por ello, los estado-nación en A. Latina no pueden ser sino precarios. Es la parte incompleta de nuestras biografías. Quienes en A. Latina conquistan el poder para independizarse eran los blancos de la sociedad. Siendo una ínfima minoría, dominaron sin contrapeso en nuestras sociedades. La Colonia se encargó de desarticular todo vestigio articulado de poder alternativo. Dominando el control de los recursos, los blancos no sólo se sentían superiores al resto de la sociedad, sino que además europeos. Esto, la superioridad material y subjetiva, bloquea toda posibilidad de esferas comunes entre los intereses de los dominados con los grupos dominantes. La imposibilidad de la democracia dada la colonialidad del poder, hacía imposible también la nacionalización de la sociedad. Al no existir siquiera un espacio simbólico de convergencia, una comunidad. Toda posible democratización por incipiente y tímida que fuera, ponía en peligro la colonialidad de las relaciones de poder y la validación de la idea de raza como mecanismo de clasificación de la población. En nuestros países, la fronda dominante no siquiera configuraba mayorías, como en el caso de los Estados Unidos. Por ello, el Estado que nace de las independencias es el Estado de una de las razas, no de toda la sociedad. De esta manera, hasta entrado el siglo XIX, los grupos dominantes comparten intereses exclusivamente entre ellos; los dominados de sociedad son los grandes y mayoritariamente excluidos. No se trata de la subordinación de la burguesía al centro dominante, sino de comunidades de intereses sobre la base de la colonialidad del poder. La subordinación sobrevino después. Que las burguesías independizadas fueran siempre los socios menores del centro, se explica porque durante tres siglos, los países de A. Latina fueron literalmente saqueados y explotados, sin configurarse infraestructura alguna que preparara el camino a la construcción de nacionalidades en el sentido europeo. La colonialidad del poder impedía a los blancos el desarrollo del capital como relación social, cuya contrapartida era el trabajo asalariado. Los negros e indios eran siervos o esclavos. Por ello es que la producción industrial fue durante tantos siglos inexistente en A. Latina, con todas sus implicaciones subjetivas y cognitivas. Cuando los mestizos ganan participación en el poder, se hace visible el peso del eurocentrismo. Desde la crisis mundial de 1870, que inaugura la hegemonía del capital financiero, se consolida la dependencia estructural de las sociedades latinoamericanas.

247
La dependencia histórico-estructural es en realidad un componente de la colonialidad del poder. Las revoluciones como la mexicana no fueron lo suficientemente estables y radicales como para romper con este elemento. El patrón de poder capitalista, desde esta perspectiva en nuestros países, no tiene ninguna posibilidad de desarrollo distinta que la que produce la concentración del poder, de desdemocratización de las relaciones sociales. Toda otra imagen es engañosa 630.

Tres fases de diferenciación en la sociedad chilena

Como nuestro programa de trabajo no es ni ansía ser histórico y su autor no es tampoco historiador sino sociólogo, me interesa fundamentalmente establecer las principales etapas de diferenciación primaria por las que ha atravesado la sociedad chilena, sirviéndome del material histórico que he sido capaz de procesar. Los parámetros por los cuales se establece la diferenciación de la sociedad son dos: la distinción sistema/entorno y la distinción igualdad/desigualdad631. Todo esto entendido en el marco de referencia del super-código inclusión/exclusión632. A nuestro entender, la sociedad chilena ha transitado desde el inicio de la Colonia, por tres modelos recombinados de diferenciación.

I. La sociedad colonial estratificada. El primero de ellos estratificada (1550-1818). corresponde a la sociedad colonial

En el siglo XVI, los estratos sociales dispuestos en la forma de una pirámide, eran “compartimientos herméticos”. Una forma elemental de exclusión del estrato específico del entorno del resto
630

Quijano, A.: El fantasma del desarrollo en América Latina, en: Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, Vol: 6; 2000, Nº 2, pp. 73-91 (síntesis) 631 Luhmann, N.: La diferenciación de la sociedad, op. cit., pp. 73 632 Luhmann, N.: Jenseits von Barbarei, en: Gesellschaftsstruktur und Semantik, Tomo IV, Frankfurt, 1999, pp. 138-150

248
eran los “prejuicios” (Real Pragmática de 1776) y la garantía bajo penalización del cierre operativo por “endogamia”, que prohibía los enlaces sobre todo entre estratos de distinta procedencia y oficio. En efecto, siguiendo el Edicto denominado Real Pragmática de Carlos III, en 1703 se constatan los siguientes prejuicios institucionalizados: la sangre africana, la sangre indígena y los oficios viles, debidamente clasificados por rango. El más vil de ellos consistía en cuidar de la cola de las damas de la aristocracia, menos viles los de carnicero, herrero o carretero 633. No obstante, la exogamia existió en el norte y el centro, pero únicamente en los estratos bajos. La real cédula de 1692 autoriza además los matrimonios entre caciques y españolas y de indias que contrajeron matrimonio en el inicio del período colonial.634. El cierre por endogamia del estrato aristocrático, así como de los estratos medios, se intensificaba por la “endogamia geográfica”, de tal manera que eran habituales los matrimonios tía-sobrino, tío-sobrina, entre primos hermanos e hijos de primos hermanos de procedencia patrilineal o matrilineal. 635. Llama la atención que el intercambio de reciprocidades endogámicas en el contexto de las restricciones geográficas en el Chile colonial, de lugar a la forma-límite del intercambio restringido 636 - la relación consanguínea tío-sobrina o tía-sobrino – más allá del cual se transgredía la prohibición de incesto. Esta articulación idiosincrásica del principio de oscilación del intercambio restringido de mujeres, practicado en las sociedades tribales del centro de Australia, es un indicador de la carencia de motivación social en la práctica de la exogamia. Aún excluyendo el período de la pre-conquista y la heterogeneidad de las etnias originarias, la diferenciación segmentaria que divide a la sociedad en parte iguales según los principios de residencia y parentesco jamás existió en Chile como en la sociedad medieval europea, completamente irreal a principios del 1500, no obstante en el campo se desarrolla una forma sui generis de segmentación, bajo la dominación de la hacienda. No se constata una ruptura de la cosmovisión teocéntrica del mundo y los albores del antropocentrismo renacentista, del que España permaneció excluida. En Chile, la fundación de ciudades en la guerra de la conquista se subordinó a la expansión de territorio de la frontera en guerra desde el sur del Maule hasta el Bío Bío, cuyo centro operativo era Concepción, residencia de las autoridades políticas, militares y eclesiásticas. El norte y el centro pacificados era el espacio de influencia de la Gobernación con
633 634

Vial Correa, G.: Los prejuicios en el Chile colonial, manuscrito, 1978 Muñóz, J.G.:.Mujeres y vida privada en el Chile colonial, op.cit., pp. 100 635 Salinas, René.: op. cit, pp.18 636 Levi-Strauss, C.: Die elementare Strukturen der Verwantschaft, Suhrkamp, Frankurt a.M., 1976

249
asiento en Santiago, en ésta región florece el mestizaje étnico y cultural, lo que en el siglo XVIII configurará la “capa popular” chilena, a los que se sumarán negros, zambos, mulatos y blancos pobres. La sociedad colonial fue rígidamente jerarquizada, estamental y organizada de forma piramidal, cruzada por el concepto central de la diferenciación de razas. El estrato superior de la aristocracia articulaba las formas simbólicas de interacción, monopolizaba la cultura, se reservaba la configuración de una sola semántica de auto-descripción de la sociedad, a pesar de que los cronistas de la época centran su atención en la “eterna guerra de Arauco”637. En el espíritu guerrero y soldadesco del sur, mucho más pobre y riesgoso que el norte, se genera también un intenso mestizaje, sobre todo por las “entradas” sin autorización del ejército en tierra de indios638. Con la ratificación del Tratado de Tapihue en 1774, entre el Gobernador Jáuregui y la elite de las etnias tribales capitulantes, los Caciques Gobernadores Leviant (pehuenche) y Curiñancu, Curilemu, Curipil (mapuches y costinos) y otros, se establece un consenso fronterizo que delimita un territorio autónomo entre el Bío Bío y el Toltén regido por los Caciques Gobernadores, “en Tipahe terminó la guerra hispano-mapuche y comenzó el tiempo de paz”639 Durante la colonia, la aristocracia descendiente o emparentada con los conquistadores configuraba el estrato superior, resguardada su hegemonía económica por las encomiendas y los mayorazgos. Se sumaba un sector medio difuso que configuraba los oficios viles y otros, que crece sobre todo en las ciudades emergentes. Mestizos, negros, mulatos y zambos excluidos por ley, configuraban el más bajo de los estratos. La sociedad estamental de estratos se cruzaba con la clasificación de inferioridad y superioridad de razas que permanecería por más de un siglo en el mundo europeo, sobre la base del autoconvencimiento de la mentira de una modernidad lograda autónomamente. En la colonia y en medio de estratificación férrea e inquebrantable, en lo político se despliega una incipiente diferenciación funcional a la usanza del centro hegemónico español. Al interior del Estado del sistema político, la mayor relevancia formal era el Consejo de Indias (1524). La delegación del poder real era estrictamente jerárquica: Virreyes, Gobernadores, Corregidores. La Real Audiencia fue la cúspide del sistema jurídico. El sistema económico centrado en el comercio y el contrabando genera Véase Góngora, M.: Ensayo histórico sobre la noción de Estado en el siglo XIX y XX, Universitaria, Santiago, 1987, pp. 29 y sig. 638 León, Leonardo.: Entre la alegría y la tragedia. Los intersticios del mundo mestizo en la frontera, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagrado (ed.): Historia de la Vida privada en Chile, op. cit., pp. 269-308 639 León, Leonardo: Apogeo y Ocaso del Toqui Aillapangui de Malleco, Chile, 1969.1776, Dibam, Santiago, 1999, pp. 201
637

250
tendencias autónomas que se estabilizan en el último siglo de Colonia, el más importante. Durante la Colonia, el sistema educativo era excluyente y elitista. A la pobreza escolática contribuía la Iglesia, no el Estado 640. No es el Estado-Gobernación, sino los cabildos y las órdenes religiosas quienes abrieron los primeros establecimientos educativos, en ellos se enseñaba aritmética y catecismo, en 1548 se registra el primero de ellos. Existían también las escuelas de gramática, a cargo de dominicos y jesuitas. Las órdenes religiosas construyeron un sistema intermedio de educación superior, las Universidades Pontificias, que ofrecían grados en Filosofía y Teología, orientadas al sacerdocio. Las ciencias exactas prácticamente no existieron en el Chile colonial. El último siglo de la Colonia es decisivo. Primero, porque marca la Ruptura definitiva del monopolio de comercio con la Corona. En efecto, ante la inminencia de la desaparición de la fuerza de trabajo forzada, se declara la abolición de la encomienda (1789). Lentamente se despliega una mixtura entres salario mixto y servidumbre. Segundo, se constata además una apertura del cierre por endogamia de la aristocracia, ante el auge económico de los sectores medios. Los antecedentes de estos procesos de movilidad social son dignos de mencionarse. La mayor parte de los hispanos llegados a Chile fueron plebeyos, villanos y campesinos, muy pocos eran hidalgos. En la configuración de la elite aristocrática chilena se entrelazan tres procesos: la adquisición del linaje fundacional, la posesión de la encomienda, lo que distinguía a los vecinos feudatarios de los moradores y la posesión de tierras y dinero. Cuando las prácticas de la aristocracia así constituida, se convierten en el modelo que asienta la movilidad social de otros grupos, sobre todo comerciantes enriquecidos (los arribistas), el cierre del estrato superior se abre y diversifica 641. A fines de la colonia, las pugnas entre aristócratas y criollos sientan los gérmenes de los primeros partidos políticos: pelucones y pipiolos. Por otro lado, la masificación del “bajo pueblo” desarrolla una cultura autónoma y formas de vida que abarcan desde la alimentación hasta el baile642. “La elite se escandalizó ante los rituales cómicos relacionados con la muerte”643

Villalobos y otros: op. Cit., pp. 194 Valenzuela, J.: Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagredio (ed.): Historia de la Vida Privada en Chile, op. cit., pp. 73-77 642 Subercaseaux, B.: Historia de las ideas y de la cultura en Chile, Tomo I, Universitaria, Santiago, 1990 643 Salinas, M.: Comida, música y humor. La desbordada vida popular, en: R. Sagredo y C. Gazmuri (ed.): Historia de la vida privada en Chile. El Chile moderno. De 1840 a 1925, Taurus, Santiago, 2006, pp. 98
641

640

251
La configuración del sistema económico desacoplado del Imperio Hispano es anterior a la Independencia, el que se desploma con la hambruna generalizada que sucede al nacimiento de la República. En efecto, el último siglo de Colonia, inaugura de facto con las Reformas de los Borbones, los procesos de independencia en todo el continente. Que este período fue sólo colonial en lo político y formal, lo atestigua el rompimiento de facto del monopolio del comercio con España, el auge del contrabando y la masificación de la trata de esclavos644. Las rivalidades con Lima ponían en desventaja el comercio chileno hasta que “en 1746, el virrey Manso de Velasco, pese a las prohibiciones entonces existentes, autorizó el despacho de un barco de El Callao para Centro América con vino, aceite y 200.000 pesos en dinero para comprar cacao y añil; la empresa tuvo éxito y sirvió de ejemplo para que el Gobernador de Chile don Domingo Ortiz de Rosas intentase promover igual negocio” 645 El comercio intercolonial y la relajación de las trabas de la exclusividad económica centro-periferia, marcan en la segunda mitad del siglo XVIII, el desacoplamiento definitivo del sistema económico del sistema político bajo la tutela de la Gobernación colonial. El atraso de la economía colonial basada en la producción agrícola, ganadera y minera, experimenta innovaciones importantes. La elite intelectual liderada por Manuel de Salas y los impulsos del Gobernador Ambrosio O’Higgins, el político más relevante de la Colonia, formulan un “proyecto país” que desplegara las potencialidades de los recursos naturales, reformara la educación escolástica administrada por el clero y estableciera la comercialización de las yerbas exóticas chilenas. Una generación de comerciantes quiebra la fijación de los precios (sobre todo del trigo) desde el Perú 646. Se despliega un auge inesperado de la artesanía, las obras públicas y la edificación liderada con el arquitecto Toesca, se une a la construcción de caminos entre las ciudades principales. La crisis de la encomienda desemboca en formas denigrantes de miseria, hasta que Ambrosio O’Higgins ordena su abolición en 1789. Al atraso generalizado de la economía de subsistencia selectiva, se une la servidumbre por endeudamiento del peón hacia el patrón, a pesar de la generalización del salario mixto dinero-especies 647. La supervivencia fuera de los estratos era difícil en el período colonial, cuya excepción era el vagabundaje masificado y de rasgos exóticos, sobre todo en la región del valle central. El bandidaje
644 645

Villalobos, S.: El comercio y la crisis colonial, Universitaria, Santiago, 1968 Villalobos, S.: El comercio y la crisis colonial, Universitaria, Santiago, 1968, pp. 227 646 Villalobos, Sergio: El comercio y la crisis colonial, Universitaria, Santiago, 1968, pp. 161y sig. 647 Salazar, Gabriel: Labradores, Peones y Proletarios, Lom, Santiago, 2000, pp. 21-100

252
configura una de las primeras formas de exclusión en la exclusión en la sociedad estratificada. Con ello se logra la ruptura de las reciprocidades de adscripción y obligación de obediencia frente a la superioridad de estrato sancionado por gracia divina. Los dos grandes centros de atracción del llamado “genuino vagabundaje” eran la Araucanía y la cordillera 648. ¿Quiénes eran los vagabundos? Los indios fugitivos empujados por la crisis de la encomienda, los mestizos, mulatos y zambos, impedidos de posibilidades de ascenso social por la tacha de ilegitimidad eclesiástica y estigmatizados como “vagos”, y los soldados desertores reclutados forzosamente al Ejército en la zona de la frontera. El pillaje y el hurto de caballos, el símbolo de estatus del mapuche, a la usanza de las “malocas”, las entradas de grupos de la soldadesca al territorio araucano con fines de robo, rapto, violación. El principio básico del último siglo de la Colonia “se acata pero no se cumple”, no se suprime con la Independencia, sino que se refuerza. La sociedad republicana independiente es la continuación aproximada de las relaciones de poder coloniales, las que a pesar de la inspiración ilustrada de la elite de recambio, continúan casi incólumes. Por lo tanto, el Estado independentista que emerge como la continuación del Estado colonial, corresponde a la sociedad de los blancos y mestizos, a pesar de los decretos que proclamaban la igualdad de los indios, del término definitivo de la esclavitud (1823), la abolición de los mayorazgos (1828), lo que se logra forzosamente es una apertura muy parcial en el cierre de los estratos más altos. El proyecto republicano progresista e ilustrado se convierte paulatinamente en arbitrariedad y autoritarismo, desde que los militares y la elite intelectual no logran resolver la gravísima situación del país 649. La diferenciación segmentaria existió en la inclusión en la familia y en la exclusión social y geográfica al sur del Bio-Bio: mapuches, pehuenches, etc. Esta forma de diferenciación se reproduce en la exclusión territorial autónoma. No obstante, aún con el lucrativo y asiduo comercio más allá de la frontera de San Carlos, sería erróneo hablar de una diferenciación centro/periferia sólo por la existencia del territorio autónomo mapuche – pehuenche impuesto a la aristocracia toda ya desde 1670 por el Gobernador Jáuregui. Sí existió tal diferenciación centro/periferia en relación al campo y a las familias campesinas: en ellas no hubo espacio para la construcción de individualidades, la socialización se realizaba por inclusión en el grupo familiar. Mientras que en las ciudades incipientes prevalecía la
648

Góngora, Mario: Vagabundaje y sociedad fronteriza en Chile (siglos XVII y XVIII), en: Cuadernos del Centro de Estudios socioeconómicos, 2, Universidad de Chile, 1966 649 Villalobos et al.: Historia de Chile, Universitaria, 1974, pp. 204 y sig.

253
estatificación, teniendo como pavoneaba de su flojera. cúspide a una oligarquía que se

Si bien La Independencia implica la supresión formal de los rasgos estratificados de la sociedad, esto no sucede a pesar de que militares e ideólogos son los catalizadores del desplazamiento paulatino de la aristocracia tradicional más arcaica. Podemos representar la forma de la sociedad colonial estratificada de la siguiente manera:

254

650

La forma de la diferenciación de la Sociedad Colonial Estratificada 1550-1818 – síntesis esquemática

650

Las dos primeras formas, de la jerarquía piramidal y clasificación de raza, corresponden al quinto canon – la expansión de la referencia - de la concepción del cálculo de la forma, en cuyo caso la referencia correspondería a la última forma, que llamamos síntesis esquemática. V Spencer Brown, G.: Law of Form, op. cit., pp. 8-10

255

II. El modelo dual de estratificación y clases sociales

El segundo de los modelos recombina la estratificación jerárquica con el surgimiento del capitalismo y la sociedad de clases. Se trata de un modelo de dualidades y abarca los dos períodos en los cuales se periodiza habitualmente la historia chilena: desde 1818-1864, fase marcada por el presidencialismo y de 1864 – 1925, período marcado por el parlamentarismo

La sociedad republicana aristocrática presidencialista.

estratificada.

La

plutocracia

La Independencia inaugura el período revolucionario más importante de la historia chilena. Por primera vez la lucha por la reorganización del Estado incluye conceptos como soberanía popular, representatividad, derechos ciudadanos y régimen constitucional. Si el proyecto revolucionario ilustrado colapsó a causa de su excesivo elitismo inspirado en el eurocentrismo europeo, o si la misma aristocracia y sus aliados contribuyen a demoler la frágil economía existente, provocando una hambruna generalizada en la población, escapa a los objetivos de este trabajo. Pasada ya la fiebre revolucionaria y el reformismo de los Carrera, Portales, el caudillo de la reacción aristocrática, pone fin a la llamada “infancia mental” o al “ambiente a manicomio” – como señala el historiador racista Francisco A. Encina - de Chile, que desde 1820 tendía hacia la construcción de una sociedad ilustrada y de clases. Lo que significa la reafirmación del autoritarismo, la arbitrariedad y la petrificación de la estructura social con la hegemonía de una aristocracia plutocrática. Con el auge y primacía del medio dineropropiedad, la aristocracia chilena se convierte definitivamente en plutocracia. El ideario de entonces es el de un individuo arbitrario, con sed insaciable de poder y represión. Su nombre es Diego Portales, el retrato del chileno de doble estándar, mediocre, ignorante, doctrinario y vengativo 651.

651

Villalobos, S.: Sugerencias para un enfoque del siglo XIX, en: Colección Estudios CIEPLA, Nº 12, 1984, pp. 12-14

256
Los movimientos intelectuales revolucionarios desaparecen bajo el peso del régimen portaliano (Bilbao, Arcos). Los críticos de la mojigatería, la iglesia y de pelucones y pipiolos terminan encarcelados o exiliados, sus escritos son quemados en público. Por todo el país se asienta la reafirmación del autoritarismo, la arbitrariedad y el endurecimiento de la estructura social cuya dominación se había asegurado la aristocracia plutocrática 652. La aristocracia de antaño aliada al clero, los opositores de la independencia, se habían encargado de hacer colapsar el proyecto ilustrado independentista liderado por militares e intelectuales. La restauración 653 contrarrevolucionaria no se haría esperar . La represión portaliana no permitía disenso alguno, arrogándose el diseño de la caricaturesca arquitectura de un Estado ineficaz, corrupto y servil. El sistema político institucional se consolida y estabiliza recién con Bulnes y Montt. Junto con él, se sientan las bases para el sistema educacional, que experimenta su primer auge a fines de la 2º mitad del siglo 19 y el más importante en la segunda a mitad del siglo XX, durante los tres gobiernos radicales. La fe ciega en el progreso de la elite ilustrada, inspirada en los ideales rousseauneanos, le asigna cualidades omnipotentes a la educación. El ya emergente sistema del arte se vuelca a las letras con la proliferación de revistas literarias. La poesía de Blest Gana, Lillo y Matta se ajusta al modelo romanticista 654. En 1843 se funda la Universidad de Chile, justo cuando Andrés Bello redacta la gramática castellana dedicada al lustre del lenguaje de las clases altas, exageradamente pacata e inspirada en la idea de “la sociedad del buen decir” y con el fin de “evitar las prácticas viciosas del habla popular”, por ello es que la gramática que regula la forma correcta de hablar opera como un mecanismo de control de las diferencias 655. Además, Bello exhortó a las señoras a preocuparse por el problema de la educación femenina cuando expresaba que “el servicio importante que con ello harían a la sociedad redundaría en derecho propio desde luego; su servidumbre doméstica, y aún a las nodrizas de sus hijas, no pertenecerían en adelante a la clase mas vil y abyecta, tendían personas de probidad e inteligencia, para los cargos de confianza de que carecen ahora, y verían alrededor de sí, un pueblo de artesanos u obreros activos, industriosos y morales, prontos a prestar sus servicios a la clase acomodada y a llenar con exactitud las obligaciones contraídas”656
652

Joselyn – Holt, Alfredo: El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica, Ariel, Santiago, 1997 653 Villalobos, S.: Sugerencias para un enfoque del siglo XIX, en: Colección Estudios Cieplan, Nº 12, marzo de 1984, pp. 9-36 654 Subercseaux, B.: Historia, Literatura y Sociedad, Cesoc, Santiago, 1991, pp. 11-41 655 Castro Gómez, S.: Ciencias Sociales, violencia epistémica y el problema de “la invención del otro”, en: Edgardo Lander (ed): La colonialidad del saber, op. cit, pp. 151 656 Bello, A.: citado en Egaña, M y Mosalve, M.: Civilizar y moralizar el la escuela primaria popular, en Sagredo y Gazmuri, op. cit., pp. 123

257

El Instituto Nacional y el Seminario, junto a la fundación de la Escuela de Artes y Oficios y de Arte, estabilizan el sistema educacional chileno. Si el Estado del sistema político fue el centro de la sociedad, es algo discutible. Pero sin duda que la discusión o Estado o Nación es tan inocua que recuerda a la paradoja del huevo y la gallina. La propiedad elemental de la estratificación aristocrática republicana, es el aumento progresivo de la contingencia del entorno de exclusión de la sociedad, haciendo que las crecientes oscilaciones del sistema social y los sistemas psíquicos de los individuos, sean observables en las semánticas de autodescripción de la sociedad como rebeliones, movimientos de protesta y descontento manifiesto. Durante el régimen portaliano se gobernó con el estado de sitio y las facultades extraordinarias, en la carta fundamental de 1833 se consagró un sistema presidencialista similar a una zatrapía. A su muerte en 1835, en medio del ambiente liberal, se diversifican las auto-descripciones heterogéneas de la sociedad hasta el extremo de convertir al gobierno y a la oposición en bandos irreconciliables, lo que abre paso a una época de cuartelazos y rebeliones armadas como el alzamiento de Copiapó liderado por Pedro León Gallo, el movimiento revolucionario de la Serena y Concepción. La plutocracia aristocrática que se inicia con el ciclo portaliano, alcanza agonizante hasta el liberalismo aristocrático ya en la sociedad débilmente estratificada hacia 1864. La guerra civil de 1891 sucedida por los últimos intentos restauradores del Parlamentarismo, no consiguen detener el colapso definitivo de la republica aristocrática aproximadamente en 1925, que conservando los principios de jerarquía y verticalidad, abre paso a la instalación definitiva del capitalismo, reforzado por los impulsos de los gobiernos radicales venideros. La generalización de las relaciones de producción capital – fuerza de trabajo se instalan junto al predominio de la diferenciación funcional de la sociedad, cuyos sistemas parciales, marcados por la discontinuidad, la alternación de acoplamientos laxos y férreos, su emergencia destemporalizada, se venían desplegando desde las reformas que se inauguran con la Independencia. Aún considerando el ocaso del cierre por endogamia de los estratos en el largo y heterogéneo período republicano, las mutaciones que experimenta la aristocracia y sus alianzas con los extranjeros emigrantes y estratos medios, es decir la exclusión en la inclusión al estrato superior, aumentando la presión de complejidad de la sociedad, encuentra su correlato del lado de los estratos inferiores excluidos, los que a su vez se diferencian actualizando formas híbridas y transversales de inclusión en la exclusión.

258
La forma de la diferenciación estratificada correspondiente al modelo plutocrático aristocrático corresponde a la siguiente expansión de la referencia:

Expansión de la forma de estratificación plutocrático-aristocrática (1818-1864)

La república liberal aristocrática y la sociedad de clases. La sociedad liberal es una compleja retórica de su propia autodescripción. Es decir, se define prometiendo lo que hará, pero hace justamente lo contrario. Es profundamente individualista, pero excluyente y en tal sentido revive la estratificación vía jerarquía y raza; hasta cierto punto, realiza el punto de vista de Encina. Consolidará una sociedad libertaria como utopía o mentira, pero hegemonizada por la aristocracia en transformación aliada a los sectores medios, la burguesía emergente y los extranjeros. Pero a fin de cuentas, la aristocracia desaparece mutando en una burguesía emergente. El período comprendido entre 1864 y 1924 es paradójico en extremo. El autoritarismo presidencialista se trastoca desde 1964 en autoritarismo parlamentarista, según el modelo británico. El liderazgo de los liberales, herederos de la mentalidad ilustrada propugnan un exacerbado anticlericalismo. Proliferan los Liceos Fiscales y las Escuelas Públicas. Es la inspiración de Santa María la que origina la creación, en 1883, de la Sociedad de Fomento Fabril y la Sociedad Nacional de Agricultura. En 1842 se pone en marcha la Escuela Normal de Preceptores, bajo la dirección de Domingo Faustino Sarmiento. Durante la crisis de

259
1891, el progresismo liberal comete sabotaje contra sí mismo. Al clausurar las sesiones del Congreso, Balmaceda es víctima de la “fronda parlamentarista” obstruccionista y reaccionaria, que termina con la sublevación del capitán de navío Jorge Montt, inaugurando una cruenta y brutal guerra civil, que termina con la victoria de los insurgentes en la batalla de Placilla y el suicidio del Presidente constitucional657. En este período se consolidan las relaciones capitalistas de producción en el Norte Salitrero. Se abre el segundo ciclo de expansión decisivo de la economía chilena, el que gracias a los aciertos de las políticas estatales, conseguirá reducir el daño que el colapso del capitalismo desencadena en 1929658. “Chile salió de la guerra del Pacífico fortalecido y enriquecido. En casi todos los círculos se daba por descontado que, al igual que había ocurrido en el fugaz conflicto con España, se volvería rápidamente a la convertibilidad”659. La guerra civil de 1891 paralizó todo el avance hacia una reforma e involucró, por el contrario, un incremento considerable de las emisiones, en un año el circulante aumentó en un 60%. Recién en 1931 se produce un único salto al papel moneda, retrasando innecesariamente la autopoiesis del sistema económico. A la república aristocrática parlamentarista que surge de la guerra civil de 1891, sobreviene la llamada autocrítica de Chile. Con ello muere el liberalismo laico de la sociedad culta, anticlerical y progresista. A la orden del día se ubica la ironía del despertar tardío: Chile se había alimentado de fantasías, quimeras, cifras torcidas de crecimiento, del amaneramiento que encubría la corrupción y de la injusticia social disfrazada de promesas incumplidas 660. La generación del 20 y el surgimiento de la FECH y su revista Claridad, fustigan a la “canalla dorada” oligárquica. A juicio de Góngora, surge en las batallas ideológicas y a garrotazos, la tipología del futuro intelectual de izquierda, el “upeliento del 70”. La demolición retórica y práctica del orden del engaño, inaugurará la violencia popular que no cesará hasta fines de siglo, como señala Salazar 661. El resurgimiento de la cuestión social ya inaugurada en 1844 por “La sociabilidad Chilena” 662 apunta al descalabro de la estratificación. La proletarización y protesta estudiantil se unifican para desenmascarar al Estado corrupto e inepto. Se denuncia e
657

Ramírez Necoechea, H.: Balmaceda y la contrarrevolución de 1891, Universitaria, Santiago, 1972 658 Furtado, Celso: La economía Americana desde la Conquista hasta ka Revolución cubana, Universitaria, Santiago, 1969, pp. 54 y sig. 659 Pinto, A.: Chile. Un caso de desarrollo frustrado, Universitaria, Santiago, 1973, pp. 91 660 Góngora, M.: Ensayo histórico sobre la noción del Estado en Chile en los siglos XIX y XX, op. cit, pp. 73 y sig. 661 Salazar, G.: Violencia popular en las “grandes Alamedas”, Sur, Santiago, 1990 662 Bilbao, F.: La sociabilidad chilena, en: Sergio Grez Toso (ed.): La cuestión social en Chile. Ideas, debates y precursores (1804-1902), Dibam, Santiago, 1996, pp. 63-92

260
ironiza la corrupción y el autoengaño. Con el golpe militar de septiembre de 1924, cae el parlamentarismo y la república aristocrática – en un principio plutocrática, luego liberal y laica. El respeto del Presidente Montt a las normas institucionales parlamentaristas convirtió a su gobierno en la cúspide de la inestabilidad ministerial. Por otro lado, el bipartidismo conservador – liberal era tan insostenible, que la inminencia de una tercera fuerza, el partido Radical, laico y secular, aglutinaba a las logias masónicas, los sectores medios y profesionales y la intelectualidad positivista. En medio del pesimismo reinante ante el fracaso del gobierno de Montt, surge el nacionalismo pragmático. Bajo la inspiración de Nicolás Palacios, defensor de los mapuches y del “roto”, el 1912 se publica “Nuestra inferioridad económica” de Francisco Antonio Encina, una extraña mixtura entre causalismo determinista y la defensa del “egoísmo colectivo”, motor de la prosperidad y el engrandecimiento propios. La proliferación de las Mutuales (más de 400 con 65.000 afiliados en 1910) y de los Círculos obreros, marca el advenimiento de las organizaciones proletarias. Luis Emilio Recabarren, liderando el ala izquierda del Partido Demócrata, funda en 1911 el Partido Obrero Socialista, precursor del Partido Comunista de Chile. La sociedad chilena se convierte en una sociedad de clases, dotada de organizaciones y partidos burgueses, de la clase media y del proletariado urbano. Con la instalación definitiva de las relaciones salariocapital y la concentración de los medios de producción en la nueva burguesía, parcialmente heredera de la aristocracia liberal, el asentamiento de la diferenciación de la sociedad se consolida definitivamente. En este mismo sentido, mutatis mutandis, la programación de los sistemas atraviesa por innumerables reformas y modificaciones organizacionales, estabilizando la persistencia de los códigos binarios autónomos, exclusivos y autorreferenciales. El colapso del régimen populista de Arturo Alessandri en 1924 marca el derrumbamiento irreversible de la obsoleta aristocracia y de su suporte, la jerarquización por estratos de la sociedad. Al inusitado desarrollo económico durante los gobiernos radicales, se suma la extracción del cobre como la principal fuente de ingresos de la Nación. No obstante, el estrepitoso fracaso del gobierno de facto de Ibáñez, que hace regresar a Alessandri en gloria y majestad, reinicia la época del caudillismo populista.663. La decadencia de las formas amaneradas y afrancesadas de la vida aristocrática, son el resabio carnavalesco de un masivo reajuste educacional y de la consolidación de la cultura escrita. El triunfo del periódico y la radiotelefonía iniciada por la radio Chilena en 1923, marcan

663

Gongora, M.: Ensayo histórico..., op. cit, pp. 127 y sig.

261
la estabilización del sistema de los medios de difusión; cobra enorme relevancia el concepto de opinión pública. Con la “generación del 50” y el cultivo de la música y las primeras orquestas sinfónicas, el ballet y el teatro apadrinados por las Universidades de Chile y Católica, proliferan las revistas de la intelectualidad como Mensaje, Política y Espíritu y Atenea. El sistema del arte, diversificado y libre, surge como uno de los más importantes sistemas de la sociedad. ¿Puede sostenerse que la burguesía chilena en algún momento de su historia, configuró una ética propia semejante a la que Max Weber describe en el período de la acumulación de capital en Europa664 o en Chile la expansión del modo capitalista de producción obedeció más bien a la dionisíaca fusión entre lujo y capitalismo, como describe Werner Sombart665? A juzgar por el dominio de la holgazanería, el despilfarro, la farsantería y la desvergüenza sumada al cultivo de la doctrina de la ignorancia, que caracterizó su forma de vida, no es de extrañar que fueran justamente ingleses los que forzaran el auge económico del segundo ciclo expansivo. Que los herederos de esta cultura de la vergüenza, ayer imitadores de los europeos, luego fanáticos pro-americanos y hoy de todo un poco y justamente lo contrario, hayan demostrado su incapacidad para liderar el desarrollo capitalista en Chile, a nadie debe extrañarle666.

Expansión de la forma de la diferenciación estratificada Período aristocrático burgués (1864-1925)
664

Weber, M.: Die protestantische Ethtik und der Geist des Kapitalismus, Enke, Stuttgart, 1982 665 Sombart, W.: Lujo y capitalismo, Alianza, Madrid, 1979 666 Marini, Ruy Mauro: Dialéctica de la dependencia, Era, México, 1974

262

La sociedad capitalista funcionalmente diferenciada. El tercer modelo, tan abstracto como su alcance histórico, describe a las relaciones de producción capitalistas empujadas por la industrialización de Chile desde 1930 y a la configuración de las grandes clases sociales como el entorno del asentamiento definitivo de la diferenciación funcional de la sociedad chilena. La sociedad aristocrática y antaño fuertemente estratificada se había desplomado estrepitosamente hacia 1925. Esto abre paso a que, arrastrando fuertes componentes estratificadores, la diferenciación funcional de la sociedad se imponga concomitantemente con el desarrollo del capitalismo (salario-capital), junto al crecimiento del movimiento obrero, estudiantil e intelectual. Las semánticas de auto-descripción de la sociedad se pluralizan. Las auto-descripciones se multiplican. Se prepara el terreno para la gran distinción capitalismo/socialismo a partir de la década del 50. Mucho antes de la industrialización incipiente de Chile (1930), y el período de expansión hacia afuera de la economía salitrera (1880- 1930) comienza a imponerse la diferenciación funcional de la sociedad. La autodescripción de la sociedad como “de clases”, indica el carácter combinatorio e híbrido de la estructura social. Las clases sociales del capitalismo son la resultante del descalabro de los últimos resabios de estratificación obsoleta y el asentamiento destemporalizado e incipiente pero irreversible de sistemas parciales relevantes, en cuyo contexto se asientan las relaciones de producción salario-capital. Sobre todo en la renta de la tierra, la acumulación primitiva coherente con la forma simple de circulación, es posible por la sobreexplotación de la fuerza de trabajo. La masificación de las relaciones productivas capital-trabajo marcan el avance de la organización proletaria urbana, igualmente el surgimiento de los primeros sindicatos, mutuales y otros, mientras que en la periferia rural, el peonaje, el parroquialismo y el apadrinamiento del patronato mantienen incólume la estratificación en crisis. El cuidadoso cultivo de las formas de vida del refinamiento siútico y holgazán de la aristocracia, propietaria de vastos predios agrícolas, con su habitual ausentismo, termina por ser desplazada por la manufactura incipiente de emprendedores. “El roto” (1920) pero sobre todo “La chica del Crillón” (1935) de Joaquín Edwards Bello, son el retrato fiel y deprimente de la sociedad de la época. El sistema del arte se refuerza con la “generación del 50”, inspirada por Kafka y Joyse; la calidad de su obra junto al movimiento surrealista marcan

263
un hito sin parangón en la producción del arte chileno, al que se sumará Donoso, Neruda y Mistral. Más preciso aún sería describir los lados de la forma como oscilantes, más aún si el cálculo de la forma en el reverso del cross, permite invertir los valores desiguales intercambiándolos. En el entorno del primer re-entry, que sintetiza y abstrae a la sociedad, se encuentran los individuos que perdiendo su adscripción a los estratos de antaño aún teniendo la opción de pertenencia a una de la clases sociales, para los efectos posteriores a la destrucción de las organizaciones de la clase obrera durante de la dictadura militar y el fin de las luchas de clases y el olvido de las semánticas en pugna socialismo/capitalismo hasta la década del 70, difícilmente se identificarían hoy con la burguesía o con el proletariado. Este modelo se esfuerza en excluir de sus descripciones a las semánticas de auto-descripción de la sociedad, lo que ante la primacía de la observación en la observación descriptiva de los sistemas, no lo consigue por completo. El contexto implícito País indica a una reducción galopante del sentido de pertenencia a la Nación o a la Patria. Que hoy en día se hable de “éste país” no debiese extrañar a nadie. Este modelo da cuenta además del fenómeno de despido de los individuos de la sociedad funcionalmente diferenciada, cuyas individualidades son sus entornos contingentes. Al desaparecer la centralidad de los estratos compuestos por individuos, esto no significa que en la forma de la diferenciación estratificada haya dejado de existir. Al contrario, si los individuos ya no son posibles de incluir como cuerpos y conciencia, se incluyen en la sociedad perteneciendo a su entorno interno, los excluidos, por el contrario, ocupan el entorno externo667. La gigante evidencia de la sociedad capitalista funcionalmente diferenciada es la dinámica de cerradura que arrastra consigo, se piensa con ello en la naturaleza del cuerpo. El cuerpo opera como recurso de inmediatez, es la vida real, el sustrato de realidad que el auto-entendimiento cultural olvidó. El cuerpo es la autenticidad que expresa lo inmediato de nuestra existencia668. La atractividad del cuerpo no es únicamente de carácter estético; esa estética consiste más bien en que representa una ontología simple, a un simple Ser, que se preocupa por la negación de su Ser. La atracción de la fuerza corporal consiste en que acorta el tiempo, que produce la respiración corta que anhela el largo aliento. Produce efectos en lugar de argumentos y escapa a la codificación Si/No del lenguaje. Esa es la dinámica del sentido del encierro, en ese sentido Alois Hahn habla con certeza de la “Yo-extraño de nuestro cuerpo”669 porque nos permite contar con esa confianza extraña de lo que quizás ni se pueda explicar o dotar de

Stichweh, R.: Inklusion/Exclusión, funktionale Differenzierung und die Theorie der Weltgesellschaft, en: Soziale Systemem 3, 123-136, 1997. 668 Nassehi, A.: Geklonte Debaten, manuscrito, 2002 669 Hahn, A.: Eigenes durch Fremdes. Warun wir anderen unsere Identität verdanken, en: Huber, K. (ed.) Konstruktionen, Suchtbarkeiten, Inerventionen, Berlin, 2000, pp. 68

667

264
sentido: sonrojarse, ira, hacerse e la cama, impotencia, tartamudeo, afectos. Si la característica fundamental de la modernidad es la definitiva escisión entre el espacio el tiempo670, el efecto que acarrea la posibilidades de coordinación a alta velocidad, tiene como consecuencia que el actor y su autoría se desacoplan. El resultado es la comunicación de la ignorancia. “La comunicación de la ignorancia libera de responsabilidades. Quien comunica saber absorbe incertidumbre y tiene en consecuencia que asumir de que su saber es cierto y no incierto. Quien comunica ignorancia queda disculpado ya por eso mismo”671. Las propiedades básicas de esa, la modernidad actual, son (a) la contingencia como el imperio de la incertidumbre; (b) la imposibilidad de saber cómo será el futuro, el que se nos presenta universalmente como riesgo; (c) la discontinuidad del tiempo, como efecto colateral de una crisis epidémica en la estructura del tiempo lineal; (d) la inclusión/exclusión como supercodificación transversal de los sistemas parciales. La diferenciación funcional aumenta y complejiza las desigualdades sociales e un grado inconmensurable. El ocaso de los vínculos de pertenencia a las clases en pugna en la década de 1960-1970 que culmina con el Golpe de Estado y las reformas del gobierno militar, termina por consolidar también la desvinculación de las individualidades desiguales, a la sociedad diferenciada en sistemas funcionales parciales. Hasta la década del 70, en la sociedad chilena ardía la lucha de clases; tampoco faltaron opciones para abrir una brecha socialista idiosincrásica y con perspectivas de estabilidad. No obstante, con una burguesía deficiente y atrincherada en lo superficial, en la época en “que los rotos estaban sublevados”, ni las elites políticas ni la intelectualidad orgánica aliada a la clase obrera, supieron emanciparse de sus propios lastres. El apego elevado a la categoría de una fe incuestionable en el marxismo-leninismo en sus más variadas versiones, el economiscismo de las ciencias sociales embelesadas por el mito del desarrollo, las organizaciones partidarias articuladas al modo de los cuadros insurreccionales del bolchevismo antes del cuartelazo de noviembre de 1917, una interpretación simplista de la historia de Chile (en mi caso, mi supina ignorancia de ella por aquél entonces), todo esto convirtió al liderazgo de las luchas populares, en tanto más incapaz y limitado que la misma burguesía chilena. Por ello es que una sociedad capitalista funcionalmente diferenciada sin referentes de clase para los asalariados, los convierte en una muchedumbre solitaria672, más individualista que individuada, sin el más mínimo interés en la organización sindical, defensora incluso de las negociaciones individuales, desconfiada, egoísta, llena de complejos – prueba de ello es que uno de los tabúes de la sociedad chilena es el monto
670 671

Giddens, A.: Modernidad e identidad del Yo, Península, Madrid, 1999, Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Paidós, Barcelona, 1997, pp, 165 672 Riesman, D.: La muchedumbre solitaria, siglo XXI, México, 1968

265
de las propias remuneraciones, tal como las top- models, como Claudia Schiffer, nunca revelan su edad. Chile no es sólo un caso de desarrollo frustrado, como señalara Pinto, sino que una enorme frustración en pleno desarrollo. Las reformas del gobierno militar desembocaron en la descomposición del movimiento obrero y sindical, con el imaginario de una difusa pertenencia a la omniabarcante “clase media”, el fin de las negociaciones colectivas entre las organizaciones patronales y los sindicatos de antaño, la rearticulación de los partidos políticos y la obligatoriedad de las alianzas ante el sistema binominal de recambio en el sistema político, en el contexto del derrumbamiento de los “socialismos reales”. El partido de los que no votan gana todas las elecciones. La diferenciación funcional no es siempre sincrónica respecto de la expansión del capitalismo. El proletariado industrial emerge ya en 1830, pero se consolidará como clase dotada de organizaciones, partidos y programas-proyectos de sociedad, a partir de 1910, casi un siglo después. La burguesía, el camaleón de la sociedad chilena, pareciera gozar de buena salud incluso en los albores del siglo XXI, mientras que la clase obrera como referente de identificación, como aglutinador de identidades, se ha desmembrado dejando atrás toda una semántica alternativa de autodescripción que por más de tres decenios, fue el lado marcado de la distinción socialismo/capitalismo. Componentes de esa semántica son vocablos en desuso como “internacionalismo”, “proletarización”, “compromiso partidario”, “unidad obrero-estudiantil”, “hacer la revolución”, “conciencia de clase”, “movilización de masas” y muchas otras.

El Informe del PNUD-2001, dedicado a la transformación cultural de Chile, formula siete tesis al respecto

266
1)Chile está viviendo un profundo cambio cultural. 2)La imagen heredada de lo chileno se ha vuelto difusa y poco creíble para la mayoría de los chilenos. 3)La producción de experiencias significativas es nueva. 4)Hay una diversificación de los modos de vida, pero se trata de una diversidad disociada. 5)La vida personal en Chile se caracteriza por la individualización. 6)Se constata un déficit cultural. 7)En la perspectiva del Bicentenario, se trata de elaborar un “proyecto país”673. Independientemente de sus resultados, es loable que los teóricos de esa institución de las Naciones Unidas hayan descubierto que las identidades se individualizan, asunto del que ya se preocupó Simmel en 1901. ¿Deberán trascurrir otros cien años para que descubran la individuación?. No interesa discutir el concepto de cultura, tan ambiguo como estrictamente histórico, sí es de interés el siguiente gráfico:

IMÁGENES DE LA SOCIEDAD

Fuente: elaborado sobre la base de Encuesta Nacional PNUD 2001 Es curioso que el Mapa de los modos de vida de los chilenos, el tipo del “marginado descreído”, muy similar al del “asocial molesto” sea sólo de un 10%, mientras que los “asociales molestos” componen la mayoría de los encuestados con un 25%. ¿Quién es el “asocial molesto” una denominación bastante estigmatizante si se tiene en cuenta que un
673

PNUD-2001. Sinopsis. Disponible en Internet.

267
“asocial” es una persona descompuesta que tiende a la delincuencia, sólo que el “chileno” esos son los “antisociales”- una categoría tan ambigua como absurda, porque no se puede “estar contra la sociedad”?. Se supone que es un tipo que vive en la exclusión, que su mundo privado está compuesto por personas similares y que se auto-describe como perdedor. A diferencia del “crítico desilusionado” que critica con seguridad las injusticias sociales, pero que también pertenece a la categoría de los perdedores. Se supone que la diferencia entre el “triunfador económico” y el “individuo cívico” consiste el que el primero es inescrupuloso y a se abre camino a codazos, mientras que el segundo es también ganador, pero realiza sus éxitos con respeto por la institucionalidad. Hay que ser especialmente cuidadoso con los rótulos estigmatizadores, basta recordar la investigación de Young “El rol de la policía como promotor de la desviación, constructor de realidades y traductor”674. Por otra parte, resulta paradójico que el tipo del “vecino utilitarista” sólo componga el 19%, en circunstancias que “la razón instrumental” – o el uso de las personas para obtener provecho (“el gomeo”, que es el fingimiento del amor con motivos ilícitos, por ejemplo) o en términos más científicos y en aproximación a Max Weber “la acción racional con arreglo a fines”, entre los chilenos funciona, con absoluta seguridad, mejor que en cualquier parte del mundo. Yo opto, aún cuando no se trata de un libro de sociología, por remitirme al opúsculo de Jorge Sacia675. El autor distingue una serie de malas costumbres en la sociedad chilena, de las cuales quisiera destacar algunas: (a)”el qué dirán” – históricamente se podría vincular la posibilidad de que los otros se formen una mala imagen nuestra, en los orígenes de la oligarquía chilena. En la perspectiva de una movilidad ascendente, “el qué dirán” es pariente del arribismo. Se evita “el qué dirán” aparentando lo que no se es676. (b)”gravedad” – se diría también ser serio sin necesidad. Esta es una propiedad muy chilena, así como “hacerse el chistoso”. ¿Se deberá a que este es un país aburrido, sin carnavales ni fiestas que reúnan cuerpos felices? Si observamos con detención la obra anterior, vamos a constatar que de los cientos de porteé que se muestran, no encontraremos ni una sola cara sonriente, al estilo de Rodin, por ejemplo. (c)”alcohol” – Chile es una país de alcohólicos, es uno de los pocos países del mundo que se bebe alcohol sin motivo alguno. La imagen del ebrio botado en la calle es casi exclusivamente chilena. Históricamente, la mayor parte de las riñas matrimoniales tuvo (y tiene) como causa al
674

Young, J.: The Police as Amplifiers of Deviancy, Negotiators of Reality and Translator of Fantasy. Some Consequences of our Present System of Drug Control as Seen in Noting Hill, en: Cohen, St. (ed.): Images of Deviance. Penguin, London, 1971 675 Sasia, J.: Guía de las malas costumbres chilenas, Ediciones Cerro Santa Lucía, Santiago, 1983 676 Valenzuela, J.: Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia. En: Sagredo, R. y Gazmuri, C: op. cit., Tomo I, pp. 71-93

268
exceso de alcohol677. En la juventud de hoy, los mismos afectados hablan de un comportamiento auto-destructivo. (d)”indolencia” – fue Benjamín Vicuña Mackena quien hace más de cien años advirtió que si talábamos indiscriminadamente la palmera chilena, se extinguiría. Así sucedió. Igual cosa sucede con el pinus radiata con el plaguicida que mata la oruga, pero además a todo insecto que se le acerque. Chile se convertirá en el mercado ideal para alimentos transgénicos, con consecuencias catastróficas para la composición mineral del suelo. A nadie le importa678. (e)”titulitis” – “es una enfermedad grave que afecta principalmente a los padres, quienes con el mayor cariño la traspasan a sus querubines”679. No consiste en la lucha por la obtención de un título profesional, como la sociedad y el mercado de trabajo lo exigen, sino de la ostentación que se hace de ello. A los médicos los llamamos “Doctores”, en circunstancias que se trata de un Licenciado en Medicina, las Universidades Chilenas, a excepción de la Universidad Católica de Santiago, no otorgan tal grado académico. (f)”el auto” – el auto es el objeto de prestigio de los chilenos. Si usted involuntariamente provoca un accidente, se encontrará con una lluvia de groserías, cuando no de golpes. Los objetos de prestigio otorgan estatus, y el estatus hace suponer altas remuneraciones, de allí que despierten con tanta facilidad el “paradigma de la indignación”. Es como cometer un pecado nefando que debe ser castigado. (g)”la burocracia” – Max Weber definió a la burocracia como el atributo privativo de la modernidad, por su capacidad de decisión, su eficiencia y su rapidez. Exactamente al revés de la guerra de papeles completamente innecesaria en nuestro país. A diferencia de otros países, en Chile florece al negocio de las Notarías, cuya actividad consiste la mayor parte del tiempo en atender bagatelas. Los chilenos desconfiamos hasta de nuestra sombra. De acuerdo a estándares internacionales, Chile es uno de los países con menos confianza interpersonal. Por otro lado, si uno entra a una tienda de lámparas, por ejemplo, elige la lámpara que desea comprar, entonces (i) recibe un boleto con el cual debe dirigirse a la caja para poder “cancelarla” (¿), es decir pagarla; (ii) en seguida debe dirigirse al empaque, donde deberá esperar hasta que se la entreguen. Los puntos anteriores se refieren realmente a la vida cotidiana. No a “la cultura”, desde donde el PNUD extrae sus tipologías erráticas. Menos mal que desde Weber sabemos que la sociología en una disciplina idealtípica680, que construye tipologías unificando elementos que en la vida real aparecen disociados, por lo que no tienen existencia efectiva.

677

Salinas, R.: La pareja: comportamientos, afectos, sentimientos y pasiones, en: Sagredo, R. y Gazmuri, C: op, cit. Tomo II, pp. 59-84 678 Tappeser, B. y Vogel, B.: Der Einfluss von Risikodiskussion und Risikoforschung auf die Genehmigungsverfahren zum Inverkehrbrigen trangener Oflanzen, Öko- Institut e.V. , Freiburg, 2000 679 Sasia, J.: op. cit, pp. 39 680 Weber, M: Economía y Sociedad, FCE, México, 1964, pp. 9

269
El carácter policontextural, discontinuado y destemporalizado de la diferenciación funcional de la sociedad chilena es observable marcando hitos de emergencia, y algunos de los eventos más relevantes de su evolución y los que marcando la estabilización de su autoreferencia basal. Esto es lo que mostramos en el cuadro siguiente.

270

271
6. EPIFANÍAS DE LA AUTOPOIESIS DE ALGUNOS SISTEMAS FUNCIONALES “Si se describiera a la sociedad moderna como un conjunto de sistemas funcionales autónomos que entre sí no se deben ningún respeto, sino que siguen a las presiones de reproducción de su propia autopoiesis, resultaría un cuadro en extremo unilateral. Sería entonces difícil de entender, como es que ésta sociedad dentro de poco no explote o se desintegre” Niklas Luhmann

Más arriba argumentamos que la observación de los sistemas autopoieticos sólo es posible cuando la diseminación de sus efectos secuencialmente temporalizados permite la identificación de sucesos relevantes. El ordenamiento de una serie de sucesos remitidos a esferas específicas, cuyo fundamento implica que de un conjunto de opciones contingentes sólo una de ellas emerge como un hito temporalizado y que el entrelazamiento de esos sucesos da lugar a una constelación emergente, nos permite hablar de la Epifanía del sistema. El sistema emergente marca hitos que indican la marcación relevante de su autopoiesis 681. Si el desacoplamiento entre espacio y tiempo es el suceso más destacado y trascendente en la observación de lo moderno de la modernidad porque estabiliza la hegemonía del tiempo y constriñe el espacio a las coordinaciones temporales682 en una incontrolable expansión, entonces el “desenclave de los sistemas abstractos” (Giddens) o la “diferenciación funcional de la sociedad” (Luhmann) 683 y la emergencia de los sistemas operativamente clausurados suprime la identificación espacial de los sistemas parciales, los que al invertir el tiempo de la naturaleza, componen temporalidades propias, operan con comunicaciones que sólo se orientan hacia la simultaneidad de las coordinaciones temporales. Si la modernidad es una gigantesca paradoja, ella se presenta como la imposibilidad de identificar sistemas con lugares específicos, por lo que la autopoiesis de los sistemas es invisiblemente observable.

681 682

Fuschs, P.: Die soziologische Betrachtung der Erzeiehungswissenschaft, manuscrito, 2003 Giddens, A.: Modernidad e Identidad del Yo, op. cit. 683 Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Paidós, Madrid, 1992

272
Si los sucesos del sistema son acoplamientos entrelazados temporalmente, hitos que marcan a la epifanía684, la observación de la emergencia de ellos necesita entrelazar las observaciones de primer orden - es decir las mediciones numéricas, los relatos fragmentados, la secuencialidad de las descripciones historiográficas, etc.- con la observación de segundo orden, tal como más arriba expusimos al discutir el factor r de la comunicación. Y además recordando no sólo que la operación de observación de 2º es imposible sin la observación de 1º orden, sino que además la observación de segundo orden es una operación de primer orden, sólo que algo distinta. Por consiguiente, ante la necesidad de acuerdos de identidad r, - consistentes en la indicación del lado marcado y en el inicio del lado no marcado – mediante la objeción a la indicación, se buscará un acuerdo que dé cuenta de la contingencia de la indicación y de la objeción, pero sin que necesariamente entre la observación de primer y segundo orden se acepte r como una supuesta identidad de argumentos. Antes bien, lo que buscamos, es configurar un campo hermenéutico-interpretativo encaminado a la identificación de la idiosincrasia de las Epifanías de algunos de los sistemas funcionales de la sociedad chilena. El sistema político abstinencia sin ayuno chileno. Del coitus interruptus a la

Nos interesa enfocar el despliegue del sistema político chileno desde el sustrato de sus comunicaciones, las que desembocan en decisiones. La existencia del sistema político presupone que ha logrado monopolizar la codificación del poder, por lo que su código binario - superioridad de poder/inferioridad de poder - pueda ser meta-codificado mediante la distinción gobierno/oposición. Si bien es cierto que el sistema político realiza su autopoiesis con el acuerdo o consenso de los roles protagónicos, los que se esfuerzan por coevolucionar con un entorno hipercomplejo y altamente contingente, pareciera ser que en los últimos decenios, dichos entornos de beneficiados o perjudicados por sus decisiones han ido desapareciendo definitivamente del monitor del sistema, por lo que los sistemas políticos operarían con una creciente hiperautonomía. Que el discurso de la teoría política que dogmatiza la co-evolución de la autonomía individual, la soberanía popular y la representatividad institucional jamás haya podido justificar satisfactoriamente sus argumentos, da cuenta que el sistema político opera disociado de las conciencias 685.
684

Fuchs, P.: Die konditionierte Koproduktion von Kommunikation und Bewusstsein, manuscrito, 2000 685 Luhmann, N.: Die Politik der Gesellschaft, Suhrkamp, Franfurt a.M., 2000

273

El sistema político chileno pareciera ser formalmente estable: “desde 1831 hasta el año 2000, Chile ha tenido sólo tres constituciones políticas (1833, 1925 y 1980). Su funcionamiento democrático ha sido interrumpido en escasas ocasiones y, con excepción de la dictadura del General Pinochet (1973-1990), por breves períodos de tiempo: la revolución de 1891 que terminó con el gobierno del presidente Balmaceda; los golpes militares de septiembre de 1924 y marzo de 1925; la dictadura del Ibáñez de 1927 a 1931 (que podría incluso no ser considerada tal, ya que fue elegido por una abrumadora mayoría en una elección democrática)…Las “revoluciones “ de 1851 y 1859 fueron rápidamente reprimidas y sólo hubo declaraciones de estados e emergencia, previstas por la Constitución respectiva: además, existió el período que se conoce como de “anarquía”: desde la caída de Ibáñez en julio de 1931, hasta el regreso de Arturo Alessandri a la presidencia de la república, en diciembre de 1932” – escribe el historiador Enrique Fernández 686. Pese a todo, el sistema político es el que experimenta la mayor cantidad de modificaciones en la diferenciación de la sociedad chilena. Para entender las formas de inclusión y exclusión en el sistema político hay que remitirse a la distinción entre rol de público y protagónico. Es posible distinguir modelos generales de inclusión y exclusión, que corresponde describir. No obstante, hay que esclarecer que el “deporte” de la política, consistente en establecer una especie de monopolio privativo de lo que se daba en llamar Estado, hasta principios del siglo XX regulaba quienes podían participar en política y en qué roles, sobre todo con el voto censitario masculino y reservado para los poseedores de bienes y que supieran leer y escribir y la “gratuidad” del trabajo parlamentario 687. En ningún momento el porcentaje de votantes alcanzó al 10% de la población del país, por lo menos hasta 1932 688. De ahí que hasta la última década del siglo XIX, el sistema político chileno fue tan elitista como excluyente.

686

Fernández, E.: La institucionalidad jurídico-política chilena entre 1831 y 1931; las bases de su estabilidad, en: Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, Band 40, Böhlau, Köln, 2003, pp. 251-252 687 Fernández, E.: Estado y Sociedad en Chile. 1981-1931, Lom, Stgo., 2005 688 Fernández, E.: Estado y Sociedad en Chile. 1981-1931, Lom, Stgo., 2005, pp. 41

274

689

Es posible distinguir a lo diferenciación en el sistema político:

menos

cuatro

modelos

de

a) El primer modelo es aristocrático y plutocrático y corresponde a la sociedad postcolonial estratificada. El renacimiento de la hegemonía pelucona es su versión reeditada, inaugura una magra democracia presidencialista y centralizada, el derecho a voto es altamente restrictivo y excluye el sufragio femenino (hasta 1943), el cohecho, el fraude electoral y la presión por parte de los partidos aristocráticos, son la tónica de los procesos eleccionarios. Este modelo se especifica institucionalmente en la Constitución de 1833. Desde Portales, el concepto de Nación prima sobre todo, la semántica del Estado propaga una inclusión imaginaria y produce exclusión generalizada. La represión de las ideas liberales y la persecución de cualquier forma de crítica se manifiesta en los Estados de Sitio y el uso de las facultades extraordinarias del Ejecutivo. El contexto implícito y unificador de Nación sustituirá la idea de Patria. Si la carta fundamental le otorgaba poderes plenipotenciarios al Presidente, la reglamentación de los procesos electorales se llevaba a cabo sobre la base de las calificaciones, es decir, los ciudadanos – excluidas las mujeres, los analfabetos y los menores de 30 años – debían comparecer ante las juntas calificadoras, que les entregaba las boletas de calificación, imprescindibles para votar 690 b) El modelo republicano aristocrático y liberal se recombina con el anterior, el que incluye a las capas medias de la población. Excluidas están todavía las mujeres, el bajo pueblo y los viles de la sociedad. No obstante, el modelo republicano se democratiza paulatinamente desde 1925, con la inclusión paternalista de la “chusma” con el gobierno de Alessandri Palma. La fronda aristocrática a la que se suman los extranjeros, se levanta como la burguesía emergente, mientras surge el proletariado urbano691, sobre todo Fernández ,E.: Estado y Sociedad en Chile 1891-1931, Op. Cit., pp. 41 Villalobos et al. : Historia d e Chile, op. cit, pp. 532 691 Collier, S.: From Independence to the War of The Pacific, en: Leslie Bethell (ed.): Chile since Independence, Cambridge University Press, 1993, pp. 24
690 689

275
desde el ciclo expansivo salitrero a partir de 1880692. La Constitución de 1925, junto a las profundas reformas sociales durante en gobierno de Ibáñez (1927-1931) marcan el punto de partida del auge del capitalismo y la inclusión paulatina de la clase obrera en el sistema político. c) El tercer modelo es el democrático republicano, que opera hasta mediados de la década del 60. Este modelo se caracteriza por la presión creciente de inclusión de segmentos hasta entonces desconocidos (pobladores, estudiantes, proletariado semi- industrial). Es el tiempo de la necesidad de grandes reformas. En la década del 70, se procura reeditar el modelo republicano, abriendo paso a “la vía chilena al socialismo”. Lo que resulta es la dictadura y la muerte del modelo democrático republicano y de la democracia en sí durante la dictadura militar. d.) El modelo siguiente a la dictadura es el de la democracia a secas. A diferencia del modelo antecesor, este cuarto modelo ya no se sustenta en la actividad, sino en la pasividad de los ciudadanos. La libertad política significa libertad de no participación, libertad de exclusión. El cuadro del ciudadano pasivo, que vota solo de vez en cuando, se ocupa de sus asuntos privados o bien el que articula su protesta contra el sistema no inscribiéndose en los registros electorales o no concurriendo a votar. La inclusión en el sistema político significa que se dispone del derecho a voto pasivo. Desde el siglo 19 que esas posibilidades de inclusión se vinculan al concepto de ciudadanía, una estratagema altamente discutible. Lo cierto es que en esa constelación el sistema político parece incluir mejor que ninguno. Desde 1945 que la política consigue una división entre los países del mundo, es decir entre los Estados de las naciones. Ya que los Estados están divididos por fronteras deliberadas, no queda ni un centímetro de espacio incontrolado. Las anomalías de este sistema comienzan con los menores de edad, con los enfermos psíquicos y los presos en las cárceles o los que se les ha eximido de votar. Por lo tanto, parece indiscutible, que este modelo de la doble inclusión, colapsa cuando se homogeniza el concepto de cuidadanía y se le codifica. Observamos entonces una desterritorialización de la política y una despolitización del territorio, aunque en los últimos años se busque la ayuda de la globalización y en meta-concepto de regionalización. Si la política tiene que ver con decisiones vinculantes colectivamente, aparece con claridad cual es la unidad colectiva que se vincula a esas decisiones. Hay un doble proceso que conviene clarificar: todo Estado tiene que vivir con la realidad de que una parte de la población habita fuera de su territorio: el Paris viven 30.000 alemanes693. Al revés, una parte de la población habita en el territorio sin ser ciudadanos: turcos en Alemania, peruanos en Chile. Los ilegales se detienen (teóricamente) en las fronteras. La preocupación, tanto de liberales, socialistas o conservadores,
692

Cariola, C. y Sunkel, O.: Un siglo de historia económica de Chile. 1830-1930, op. cit., pp. 63 y sig. 693 Stichweh, R.: Zur Theorie der politischen Inklusion, en: Berl. J.Soziol. 4, 1998, pp. 545

276
es justificada en el sentido de que la política ya no tiene la soberanía suficiente para otorgar qué derechos a quien. Y para ello busca (desesperadamente) los acoplamientos con otros sistemas parciales694. Se justifica entonces, hablar de una crisis de inclusión en el sistema político. Porque el sistema que mejor incluye, no es capaz de lograr la inclusión de los individuos, porque no dispone de un modelo estable de inclusión. Su problema es entonces el de la exclusión política, a pesar de las ecuaciones de Huntington, que dejan entrever que una crisis en la política justamente se produce cuando son muchos los que votan695. Huntington expresa señala que “el impacto de la modernización sobre la estabilidad política es mediado a través la interacción entre movilización social y desarrollo económico, frustración social y oportunidades de movilización no-políticas, y participación e institucionalización políticas. Lo que se expresa en las siguientes ecuaciones”:

696

Por ejemplo, una abstención del 13.7% sobre los inscritos, en la Parlamentaria del año 1997, ascendente a un millón cien mil votos, agregada al millón doscientos mil de nulos y blancos totalizan 2.3 millones los que en su conjunto representó el 29% de los inscritos, una cifra digna de ser evaluada frente a 5.7 millones de votos válidos emitidos Todo ello sin considerar 1.9 millones de personas con derecho a voto que se han marginado de la obligación de inscribirse y que configuran la abstención oculta.
694 695

Luhmann, N.: Die Politik der Gesellschaft, Franfurt, 2000 Trilateral Comisión: The Crisis of Democracy, NY, 1975. También Huntington, S: Politische Etwicklung und politische Verfall, en: M. Jänicke (ed.): Politische Systemkrisen, Kiepenheuer, Köln, 1973, pp. 261 696 Huntington, S.: The Change to Change, en: Comparative Politics, abril de 1971, pp. 314

277

La auto-exclusión del sistema político chileno tiene una larga historia. “En las décadas del 60 y 70 la abstención registrada en las elecciones Municipales y Parlamentarias fluctuaba entre un 22% y 28%. En un escenario de tres tercios, propio del período, podía representarse como un partido más, poderoso y silencioso, con comportamientos correlacionados con hechos políticos relevantes. Lo demuestran las repercusiones que produjeron las bajas significativas al 14%, 17 % y 18% en eventos políticos trascendentes y confrontacionales, como lo fueron las elecciones Presidenciales de 1964 y 1970 y las Parlamentarias de 1973”697.

En este último modelo, los roles activos, de público y complementarios se convierten en obtusos. La ocupación de los roles ministeriales ya no implican profesionalizaron sino lealtad política y “capacidades de ejecución”. Esta es una distinción importante respecto del modelo democrático republicano anterior a 1973, que por tradición exigía una profesionalización especializada. El Estado democrático se auto-describe como social, influyente y promotor de igualdades. Se refuerza la metafísica de la felicidad. El medio poder opera con desorden. Si la inclusión democrática necesita ser doble (pasiva y activa), la retórica del Estado benefactor subraya el lado de los roles complementarios. Por ello se procede a reforzar la administración de los roles de rendimiento. El Estado chileno es un Estado licitador. Ambas formas de inclusión (activa y pasiva) se vinculan a la ciudadanía y sus mutaciones. Siendo este un concepto antiguo, se convierte en relevante ante la masificación de las migraciones. El sistema político chileno pareciera incluir mejor que cualquier sistema funcional. Las anomalías se ponen de manifiesto cuando se trata de Wihelm, R.: Efecto político de la abstención y los votos nulos, manuscrito, 2004. en http://www.electoral.cl
697

278
menores de edad, enfermos mentales o presidiarios, que la ciudadanía restringe y anula. En estricto rigor y teniendo delante el concepto de cuasi- tecnificación del código correspondiente a la programación democrática (gobierno/oposición), el sistema político chileno debiera observarse como dotado de una autopoiesis consolidada desde la Constitución de 1833. Un somero vistazo a la representación parlamentaria de los principales partidos en las elecciones de diputados entre 1957-1973 contribuye a mostrar la evolución del sistema político chileno.

Sin embargo, el despliegue del sistema es altamente parasitario, en el sentido paradójico del concepto. A los períodos de democracia – aún altamente excluyente y restrictiva – se suceden los cuartelazos, los golpes de Estado, la cruenta guerra civil de 1891 y los 15 años de duración de la dictadura militar del General Pinochet. Que el sistema se haya desmoronado en 1973 y se haya degradado paulatinamente en los años anteriores, sin jamás existir alternativa alguna a la programación democrática de sus operaciones, permite hablar de un autobloqueo de su autopoiesis. La tan celebrada estabilidad institucional así como la continuidad democrática del sistema se asemeja a un permanente coitus interruptus. El mito de las Fuerzas Armadas obedientes y no deliberantes por lo menos hasta 1931 no

279
tiene el más mínimo asidero histórico. Antes de considerar a los gobiernos militares como la excepción y a los civiles como la regla, se puede hablar de un cúmulo de gobiernos cívico-militares en el sistema político chileno 698. En 1891 una fracción de las Fuerzas Armadas derroca al Presidente Balmaceda, con lo que la endémica subsistencia del factor de distorsión parasitaria, la insubordinación del monopolio de las armas en manos de la jerarquía militar – más aún cruentamente dividida – quiebra la autorreferencia basal del sistema. A lo anterior se suman los golpes de Estado de 1924 y 1925, la dictadura de Ibáñez de 1927 a 1931 y la dictadura de Pinochet entre 1973 y 1990. A partir de 1973, las Fuerzas Armadas barren con las organizaciones de representación democrática y abren paso la revolución social de mayor trascendencia en el pasado; en 15 años la sociedad chilena transformó sus basamentos económicos, culturales, educacionales, en atención de salud, previsión, etc. Todos estos eventos estuvieron orientados a ocupar, con la fuerza de las armas, el gobierno del sistema político, quebrando su programación democrática. No obstante, en el caso de los gobiernos de Ibáñez y Pinochet, se realizaron programas alternativos de enorme importancia. Se trató de gobiernos profundamente revolucionarios. En estricto rigor, la observación de segundo orden del sistema político se inicia con la existencia operante de una oposición, considerando que el período dictatorial portaliano la aplastó. Es decir, a partir de la cuarta década del siglo XIX, durante los gobiernos el Bulnes y Montt, en la medida que el espectro de los partidos se diversifica paulatinamente. En 1849 se divide en Partido conservador dando lugar al Partido Liberal, en 1857 se forma el Partido nacional de Montt y Varas, en 1863 se funda el Partido Radical, escindido de una fracción de izquierda del partido Liberal. Surgen los partidos populares, el primero de ellos, el partido demócrata de Malaquías Concha. En 1912 se separa el ala izquierda con Luis Emilio Recabarren, quien en 1922 funda el Partido comunista. Desde 1874, el derecho a voto se masifica para todos los hombres mayores de 21 años alfabetos, pero sólo en 1858 se impone el voto por lista, lo que hace imposible el cohecho, las mujeres obtienen el derecho a voto sólo en 1949. La inscripción obligatoria en los registros electorales existe desde el gobierno del Presidente Alessandri Rodríguez. Por lo tanto, desde siempre, la programación del sistema fue altamente excluyente, por lo que jamás existió en Chile una democracia de masas. Además, la pasividad y el abstencionismo han sido desde siempre la tónica de las votaciones,
698

Fernández, E.: La institucionalidad jurídico-política chilena entre 1831 y 1931: las bases de su estabilidad, manuscrito inédito, 2005, pp. 3

280
desde que en el plebiscito de 1925 destinado a sancionar Constitución Política, la abstención superó a la cifra de votantes699 la

PARTIDOS POLÍTICOS EXISTENTES EN 1890-1900

700

El incremento de las alternativas de selectividad y la pluralidad de las cosmovisiones articuladas en comunicación y lenguaje (si/no), inducen a la codificación gobierno/oposición y a la permanencia del medio poder hasta el operar de la comunicación de decisiones; la liturgia de la segregación de poderes, irrestrictamente coherente con las organizaciones del Estado, jamás permitió la regulación del poder mediante el derecho. Tal como la autonomía semi- parasitaria de la sub-clase militar se reproduce desde la Independencia probablemente para jamás fenecer. Recién en la última década del siglo XIX puede hablarse de autopoiesis del sistema político chileno, pero de una extravagante e idiosincrásica. Desde la distinción basal superioridad de poder/inferioridad
699

Góngora, M.: Ensayo histórico sobre la Noción de Estado en Chile en los siglos xix y xx, op. cit., pp. 244 700 Fuente: Subercaseaux, B.: Historia de las ideas..., op. cit., pp.77

281
de poder, el meta-código gobierno/oposición se instala sin que pueda ser emulado, la función de administración del poder, articulación de metas colectivas se fundamenta en una semántica que implica la competitividad de cosmovisiones divergentes del mundo y de la sociedad. Por otro lado, los partidos políticos demuestran una alta mutabilidad y el acoplamiento de sus programas a los medios de comunicación, pone de manifiesto que la observación de segundo orden – el “análisis político” - se impone como una necesidad ineludible701. Sin embargo, la programación del modelo vigente tiende a distorsionar el meta-código gobierno/oposición, debido a que el 20% del Senado es ocupado por “senadores institucionales” designados por la cúspide del sistema jurídico y de las Fuerzas Armadas y Carabineros, por lo que la binariedad ganador/perdedor en los mecanismos de sustitución periódica del gobierno, tiende a desdibujarse. Por otro lado, el carácter presidencialista de la Carta de 1980, equilibra dicha dis-funcionalidad. La diferenciación del sistema se recupera una vez superado el carácter monolítico del poder impuesto por el último gobierno militar, que bloqueaba la existencia y resolución de conflictos como inherentes al sistema. Con ello aumenta substantivamente su complejidad. Cuando los sistemas políticos, de la forma que sea, operan monolíticamente, la comunicación se oprime, la monopolización del poder en el lado de la superioridad del mismo, hace que quienes lo detentan deban cargar con todo su peso. Por ello es que la codificación del poder sólo es posible si las opciones de selectividad de los que están en inferioridad de poder aumentan702. La forma de descripción y resolución de conflictos implica la existencia del esquema derecha/izquierda, el que por lo general no tiene en principio ningún correlato en el entorno. No obstante, el caso chileno parece demostrar lo contrario703. En ningún sistema como en el político, los roles de público “ciudadano” se convierten tan nítidamente en impersonales. El sistema debe enfrentarse a un entorno tan contingente como impredecible, lo que obliga a las organizaciones partidarias, compuestas por elites remuneradas de funcionarios y membresías en detrimento (sobre todo en los estratos juveniles) a contrastar propuestas, realizaciones y proyectos exclusivamente a través de los medios de comunicación. A la mediatización de los temas políticos, se suma la desaparición del modelo del “militante comprometido” con proyectos contrapuestos de sociedad, se disipa el antiguo modelo “amigo-enemigo” en la caracterización de Carl Schmidt704 y es sustituido por un electorado permeable, desinteresado y abstinente. En la observación del entorno contingente de individuos, los partidos de clase de antaño también han
701 702

Osorio, J.: Raíces de la democracia en Chile, 1850-1970, UAM, México, 1990, pp. 150 Luhmnann, N.: Poder, Anthropos, México, 1990 703 Garretón, M.A.: Hacia una nueva política, FCE, Santiago, 1995, pp. 195 704 Schmitt, C.: Das Konzept des Politischen, München, 1930

282
desaparecido junto a la disolución de las antiguas identidades entre militante-partido-clase705. La articulación del entorno interno del sistema, el sistema parcial de las organizaciones partidarias, se realiza en torno a propuestas que dan cuenta de la desaparición de los referentes de clases. La lucha por el significado de las propuestas gira en torno a la omnipotencia de una difusa “clase media” identificada con los contornos de varios centros: “centro izquierda”, “centro derecha” y hasta “centro centro”706. Las denominaciones de los Partidos obedecen sólo parcialmente a sus propuestas-programas, los que co-evolucionan en diversas coordinaciones vinculadas a la contingencia con el entorno. En efecto, difícilmente podría sostenerse que el Partido Socialista persigue la construcción de una sociedad de este tipo, a lo más de un capitalismo de estilo social-demócratata, para el cual, sin embargo, faltan los sindicatos y el movimiento de trabajadores. Algo parecido sucede con el Partido Comunista. Al menos el primero de ellos tendría cabida en la clasificación de partidos “escoba” o partidos “toma-todo”707. El partido que ha conseguido una alta coordinación con el sistema político actual, es sin duda la Democracia Cristiana: su ambigüedad en postulados y programas se coordina con la volatilidad estructural del entorno, la frecuencia con que sus diversas fracciones van cambiando de forma y la alternancia de sus directivas en el mando del partido, han contribuido incluso a sobrecargarlo de contingencia respecto de la del entorno. Este nivel desmesurado de inseguridad es un enorme riesgo de identidad. Los empeños de la DC por ampliar su espectro de influencia en el entorno de los votantes, han desembocado en un aumento del riesgo de desconfianza708. La personalización del sistema político no debe ser confundida con una “dominación carismática” en el sentido weberiano del concepto709. Antes bien, se trata de una lucha sistemática por la hegemonía mediática, lo que antes de garantizar las probabilidades de aprobación en el entorno, aumenta el riesgo de rechazo a las personalidades notables, arrastrando consigo a las imágenes públicas de los partidos. Los partidos chilenos han demostrado un altísimo grado de irritabilidad y disposición a las coordinaciones programadas con el entorno, casi en detrimento de sus identidades discrepantes, las que – a falta de diferencias ideológicas o programáticas – nuevamente deben articularse entre diferencias notables.
705 706

Vuskovic, P.: Una sola lucha, Femusal, Madrid, 1978 Sartori, G.: Teoría de la Democracia 1, El debate contemporáneo, Alianza, Madrid, 1987, pp. 261 707 Kirchheimer, O.: El camino hacia el partido de todo el mundo, en: Lenk, K.: Teoría y sociología críticas de los partidos políticos, Anagrama, Barcelona, 1989 708 Tironi, E.: La Torre de Babel, Sur, Santiago, 1984 709 En efecto, la dominación carismática es para Weber el arquetipo del cambio “de adentro hacia fuera”. Véase: Momsen, W.: Max Weber, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1978

283
Este fenómeno de personalización tiende a confundirse con una creciente homogeneización de las organizaciones partidarias, proceso que apocaría o borraría la antigua distinción derecha izquierda, acercándose todos a un centro tan imaginario como el mito de la vetusta polaridad, existente desde los orígenes del sistema hasta la década del 70. Curiosamente, este esquematismo dicotómico cobra vigencia más en el entorno que en el sistema; está muy lejos de desaparecer la tipología del “hombre de derecha” (no-político, cauto respecto al pasado de la dictadura, partidario de los derechos humanos, etc.) así como del “hombre de izquierda” que jamás votaría por un candidato de las filas contrarias, aunque sin vacilaciones lo haría por un candidato del PPD. Sin lugar a dudas que éste es el partido que más se aproxima a la tipología del “partido toma todo” de Kirchheimer o del “partido profesional electoral” de Panebianco710; en efecto, su ideología es tan difusa como el “progresismo” (no ilustrado), su composición es tan heterogénea como fuertes sus apegos a las estructuras de administración del poder. Es el partido ideal para cualquier gobierno porque a costa de compartir poder y usarlo, es indolente a cualquier acusación de oportunismo y corrupción. El PPD es el partido postmoderno y post-ideológico de la sociedad chilena711. Estas características idiosincrásicas del sistema organizacional partidario afectan por igual a las rememoraciones de la antigua derecha chilena, rearticulada también en torno a la existencia de personalidades notables, añorando que el paso del tiempo emule su futuro al del actual Partido Popular español. No cabe duda que los dos partidos de la derecha chilena repetirán la experiencia de unificación de pelucones y fracciones del pipiolismo, la fusión de liberales y conservadores y el experimento fundacional de rearticulación de Renovación Nacional durante el gobierno militar. También la propiedad de ambos partidos existentes hoy, es su maleabilidad y su enorme amplitud de compromiso y negociación en torno al escenario del Congreso y a las necesidades de aprobación de parte del gobierno. Lejos ha quedado el viejo lastre de “partidos electoralistas” que se articulan sólo para ganar elecciones. El sistema eleccionario binominal, que fuerza a los partidos a las alianzas, pactos y sub-pactos ante la amenaza de desaparecer del Parlamento, es el catalizador de todos los mecanismos imaginables de compensación a la pérdida de sus identidades712 al desaparecer del Parlamento. Desde la escenificación de los escándalos mediáticos con las recíprocas acusaciones de culpabilidad, hasta la disgregación de las fuerzas electorales con la presentación del caos y la disidencia (inexistente), son algunos de los recursos puestos en uso para evitar la pérdida de presencia mediática en el entorno de los votantes.

710 711

Panebianco, A.: Modelos de Partidos, Alianza, Madrid, 1990 Brunner, J.J.: Globalización cultual y Postmodernidad, FCE, Santiago, 1998 712 Lipset, M.S. y Rokkan, S.: Estructuras de división, sistemas de partidos alineamientos electorales, en: Diez Textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 231 y sig.

284
Que el sistema político se encuentre ad portas de una crisis de legitimidad debido a la abstención acompañada de la acumulación de votos nulos y blancos en las elecciones en aumento es erróneo, tanto desde los teoremas de las crisis de legitimación de Habermas713, como desde las ecuaciones de Huntington, que postulan que justamente un bajo nivel de votación bajo condiciones específicas, contribuye más bien a generar legitimidad eficiente en los sistemas políticos714. Ante la ausencia de movimientos sociales de protesta relativamente estables, sumada a la desarticulación e intrascendencia de los sindicatos y a la volatilidad de los movimientos estudiantiles, los partidos en pugna por la superioridad de poder y la conquista del Gobierno concentran su irritabilidad en los sondeos de opinión y en las mediciones permanentes de aceptabilidad en el entorno de la sociedad. Tanto la inclusión de los roles de público- electorado como la auto exclusión por no inscripción, abstención (incluyendo la metódica del voto nulo y blanco), indican que el eje- guía de las opciones de selectividad del entorno no sea la expectativa de la obtención de beneficios frente a la opción electoral715, sino que evitar desmedros en las condiciones de vida individuales. La memoria de la política se ha modificado paulatinamente en los últimos años. Si ella trabaja con un pasado reconstruido y su función es el olvido, la represión se ha suspendido temporalmente para recordar, aumentando las posibilidades de aprendizaje del sistema. Mutatis mutandis, en lo que respecta a la existencia del poder oculto e independiente de las FFAA, tesis sostenida por Mann716, sobre todo desde el Informe Rettig y Valesch, y el resurgimiento del tema de los detenidos desaparecidos, en los últimos años el sistema político chileno parece repetir la ejemplar experiencia de la tristemente célebre dictadura militar argentina. En efecto, si la transición a la democracia se cerró definidamente con el desafuero y procesamiento del General Pinochet, más que la obediencia al poder civil de parte del monopolio de las armas, lo que caracteriza a esta problemática relación entre civilidad y uniformados, es una figura de compromiso con ventajas recíprocas compartidas. Esta debilidad endémica y parasitaria en el sistema político chileno, parece puntualmente resuelta con una política de abstinencia de deliberaciones de incompetencia por parte de la cúpula uniformada, lo que ha contribuido a mejorar su dañada imagen pública, asegurando legitimidad suficiente y la realización de sus costosos Programas de Modernización. Por otro lado, que las FFAA agreguen a su presupuesto el 10% de los ingresos de Codelco, les asegura la estabilidad financiera de la
713 714

Habermas, J.: Legitimatiosprobleme im Spätkapitalismus, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1975 Huntington, S.: The Change of Change, en: Comparative Politics, 1976, 715 Mosca, G.: La clase Política, en: Diez Textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 23-36 716 Mann, M.: Las fuentes sociales del Poder, Alianza, Madrid, 1986, pp. 42 y sig.

285
que carecieron en el caso de los golpes de Estado del pasado. Estas características confirmarían las tesis centrales de Mann, pero con resultados inversos a los que en general pronostica. En todo caso, la tónica de los últimos años marca la desaparición de los “enclaves autoritarios”717. Además, a partir del 2006, la Carta Fundamental se modificará introduciéndose los siguientes cambios: desaparecen los senadores designados y vitalicios, el Presidente puede remover por decreto a los Jefes de las FFAA, el período de gobierno será de 4 años en lugar de seis, se rebaja la edad necesaria para postular a la Presidencia a 35 años; a lo anterior se agrega la derogación del delito de la difamación y mejoran las medidas legales de protección de la privacidad718 El desacoplamiento radical del sistema político respecto del sistema económico, que pone fin a las interdependencias recíprocas entre ambos en las postrimerías del Estado empleador (1968-70) se profundiza con el abstencionismo estatal ejecutado por el gobierno militar. La última de las mutaciones del Estado del sistema político es el Estado licitador, heredero y sustituto del modelo de administración estatal del modelo mono exportador del cobre (antes del salitre). El Estado licitador es el que garantiza la acumulación de capital garantizando su auto- reproducción por la vía de las tributaciones. La paradoja de las paradojas consiste en que la intención del gobierno militar de entonces, menoscabar la importancia del Estado alejándolo de cualquier injerencia en la sociedad y remitiéndolo al rol de mero licitador, se ha convertido justamente en lo contrario. En efecto, El Estado licitador, al distribuir en el amplio espectro del empresariado sus antiguas funciones de ejecución, ha pasado a convertirse en el socio fundamental del empresariado, promoviendo el crecimiento económico y posibilitando un aumento sustantivo del gasto social mediante el incremento de las posibilidades de control de los ingresos determinantes para el cálculo de las tributaciones. Que el impacto de dichas inversiones sociales corresponda o no al monto que el gobierno argumenta, nada tiene que ver con la ejecución de medidas contra- inflacionarias exitosas en beneficio de la acumulación de capital719. El sistema político chileno ha logrado una notable concentración del poder, la centralización de su administración en función de la jerarquización de los roles funcionales gobierno/oposición, es indiscutible. Esta jerarquización ha permitido la codificación del medio poder en medio de un exacerbado centralismo administrativo en las instancias de decisión. El cierre operativo del sistema es el que permite la generación de sus propias recursividades, la producción de temporalidades propias, la comunicación de decisiones remitidas a su propia codificación, etc. Por supuesto que el sistema opera con hiperautonomía creciente –legitimada por su programación presidencialista basada en la democracia representativa. En la práctica, esto significa que las operaciones del sistema –a pesar de los altos niveles de irritabilidad de los partidos – opere sobre la base de la vieja política de los hechos consumados.
717 718

Garretón, M.A.: Hacia una nueva política, FCE, Santiago, 1995 El Mercurio, 17 de Julio de 2005. 719 Offe, C.: Contradicciones en el Estado de Bienestar, Alianza, México, 1988

286

Los partidos, aún los que debieran ser el “soporte” del gobierno, se han convertido en meros entornos inconsultos de la administración del Estado. La jerararquización de las funciones designa personas y quien las designa es un Presidente revestido con poderes plenipotenciarios. Una vez más, se deja entrever la inspiración portaliana de la Carta de 1980, la que diseñada como la continuación de la dictadura, al fin de cuentas redundó en beneficio sus contrincantes de entonces. En las semánticas de auto-descripción de la sociedad sedimentadas en las estructuras de la cotidianeidad de los sistemas de interacción pero también en las de los medios de comunicación, persiste la caracterización del Estado del sistema político como la cabeza de la sociedad, por ello es que se acostumbra a culparlo de todo lo que se observa como pernicioso o dañino para grupos sociales desprivilegiados o tratados injustamente. Antes de ser una desventaja, la presunción de responsabilidad del Estado, configura una constelación de opciones de ordenamiento en la comunicación de decisiones y en el control de la circulación del medio poder. Esta observación de primer orden que sobreestima las responsabilidades del gobierno del Estado, desconoce que en el contexto de la sociedad mundial globalizada, el espectro de influencia de las decisiones estatales se ha restringido considerablemente. Las resonancias con que se tematizan las irritaciones incontrolables de los mercados mundiales – como por ejemplo los efectos inesperados de la repentina aparición de la crisis asiática en 1995 – articuladas en las fluctuaciones del precio del petróleo o la valorización del dólar, así como los trasfondos del movimiento del capital financiero, sobre todo del especulativo, escapan al control e influencia del Estado contemporáneo. Que, independientemente de voluntades, programas y diseños estadísticos de predicción, vivimos en la intransparencia de la sociedad mundial del riesgo, lo demuestra el diletantismo de las protecciones de crecimiento económico, las que una vez formuladas deben ser sistemáticamente corregidas – por lo general hacia abajo720. De igual manera, los riesgos ambientales y los efectos de las guerras focalizadas en el planeta son fenómenos que escapan al control y la influencia de cualquier democracia en el mundo. A ello podemos agregar el tráfico subrepticio de OGM, de pesticidas prohibidos en otros países del mundo y los movimientos migratorios de habitantes de las regiones más pobres del mundo. No cabe duda que el Estado no es ni ha sido jamás el centro directriz de la sociedad, pero a menudo asume y comunica decisiones – en el ámbito de la ciencia y la tecnología – en nombre del progreso y la modernidad que resultan altamente perniciosas para la sociedad. Un ejemplo son las decisiones zigzagueantes respecto de la política energética del país y las permanentes vacilaciones respecto de los
720

Estamos muy lejos de lograr la democracia cosmopolita de Held. Held, D.: La Democracia y el orden global, Paidós, Barcelona, 1997

287
problemas ecológicos, como el destino de los desechos denominados basura (industrial y familiar), entre otros.

El sistema económico. De la expansión del salitre a la psico-patología del desarrollo. Nos interesa sobre todo abordar el sistema económico en la actualidad, entes que emprender el estudio de su desarrollo histórico. Al sistema económico no sólo le es completamente indiferente lo que las conciencias individuales piensen, no así la sociabilidad del mercado, el que usando el medio dinero está operando como el escenario gigante de sus programas. El paso del capital industrial al capital bursátil y la imposibilidad de identificar las alianzas de propiedad y disponibilidad de los consorcios, refuerza lo anterior 721. Siguiendo a Sunkel y Cariola 722, entre 1830 y 1930, la economía chilena transitó por dos ciclos expansivos de fundamental importancia a la hora de abordar la autopoiesis del sistema económico. Esto no es necesariamente concomitante con la instalación definitiva de relaciones capitalistas de producción, sino más bien coincidente con el modelo de “desarrollo hacia afuera”723 Durante el primer ciclo expansivo la riqueza privada se concentra en el Norte chico, el empuje de este período es la minería de plata y oro, favorecida por las medidas liberales del Presidente Pérez. Las obras públicas y en particular la construcción del ferrocarril fueron de gran importancia. No obstante, fue durante el gobierno de Montt que se lograron los avances más relevantes. Se redacta el Código Civil y la Gramática castellana de Bello. En 1494 Domingo Faustino Sarmiento es nombrado director de la Escuela Normal de Preceptores, el sistema educacional se fortalece notablemente. El segundo ciclo de expansión (1880-1930) es sin duda el más relevante, pues se sustenta en la actividad salitrera. La temida guerra del Pacífico, al significar la anexión de un gran territorio del norte, trajo ventajas comparativas importantes para el país. En 1884 se crean los Ferrocarriles del Estado, ese mismo año la Sociedad nacional de Minería, en 1883 la SOFOFA y en 1887 el Ministerio de Industria y obras públicas. Durante el gobierno de Balmaceda, el sistema económico estaba en plena expansión. Derrocado aquél, Thomas North se convertirá en el rey del salitre: ese será el motor de la “expansión económica”. ¿Qué había sucedido? En
721 722

Lash, S. Y Urry, J.: Economía de signos y espacio, Amorrortu, B.A., 1994, pp. 263 y sig. Cariola, C. Y Sunkel, O.: Un siglo de historia económica de Chile, op. cit., pp. 9-57 723 Véase Salazar, G. y Pinto, Julio: Historia contemporánea de Chile III, op.cit., pp. 29-33

288
junio de 1881 se redacta un decreto que ordena que los establecimientos salitreros de Tarapacá comprados por el gobierno del Perú, mediante la extensión de certificados de pago no cubiertos, serán devueltos a terceros que depositen las tres cuartas partes de los certificados emitidos por el valor de cada salitrera. Las consecuencias no se hicieron esperar: los bonos entregados por el gobierno peruano, ya sin valor, comenzaron a ser solicitados por compradores misteriosos. De tal manera que al consumarse la decisión del gobierno de Chile, los nuevos tenedores pasaron a ser dueños de la valiosa industria. “Figura central en este drama tan absurdo como sospechoso fue en casi legendario John T. North quien, para colmo de las ironías, realizó la fantástica especulación que lo transformó en el rey del salitre con capitales chilenos provistos por el Banco de Valparaíso”724. La corrupción había jaguado un rol fundamental y con ello el principio de las frustraciones. Surge el proletariado industrial sobre los hombros del trabajador salitrero, mientras la apertura de las minas de Chuquicamata, Potrerillos y Sewell, dan lugar a la extracción masiva el cobre, luego de la crisis de 1914, que termina con el modelo de desarrollo hacia afuera y el cierre de las principales oficinas salitreras. El sistema económico chileno es básicamente mono-exportador y dependiente. Además, pasa a ser un verdadero laboratorio de experimentación en políticas monetarias. Desde el bimetalismo oroplata (1851-74), el monometalismo en plata (1974-78), inconvertibilidad de billetes bancarios (1878-79), imposición de moneda fiscal (1979-95), vuelta al monometalismo en oro (1985-98), hasta que por fin desde 1898 en adelante se impone la moneda única fiscal. Aunque Aníbal Pinto sitúa la fecha del medio de intercambio único en 1931 725 Hasta ese momento, el proceso de sistemática desmonetarización, desdibujó la especificación monetaria del medio dinero, bloqueando la realización del programa del sistema, los precios, e impidiendo la configuración del entorno interno del sistema, el mercado. Pero a principios del siglo XX, junto a la industria salitrera y las minas carboníferas de Concepción se estabiliza la conformación del proletariado. Con ello nacen los partidos populares, el primero de ellos, el partido demócrata de Malaquías Concha. En 1912 se separa el ala izquierda con L. E. Recabarren, quien en 1922 funda el Partido comunista. A diferencia de otros historiadores, Sunkel y Cariola discrepan de quienes se empeñan en exagerar el carácter dependiente del capitalismo en auge durante esa época – nosotros hacemos nuestra
724 725

Pinto, Aníbal: Chile, un caso de desarrollo frustrado, Universitaria, Santiago, 1973, pp. 85 Pinto, Aníbal: Chile, un caso de desarrollo frustrado, Universitaria, Santiago, 1973, pp.98

289
esa tesis. En efecto, la industria salitrera significó un potente proceso de inversión de capitales, la creación de infraestructura de transportes, telégrafos y puertos y la consolidación de un precario pero naciente mercado en el norte desértico. En efecto, es la expansión salitrera, la que desencadena una serie de procesos dinámicos, como cambios en la tenencia de la tierra, innovaciones técnicas, flujos migratorios urbano-rurales, despliegue de la infraestructura caminera, de transporte y comunicaciones, redes comerciales y financieras y un fortalecimiento de las organizaciones del Estado 726 Por otro lado, el crecimiento de la demanda de alimentos, hace despertar la agricultura en la región de Concepción. Por lo tanto, la expansión salitrera de exportación – aún controlada por capitales foráneos – fue el motor del desarrollo del capitalismo en Chile. El Estado jugó un rol mediador, que junto al mercado de trabajo, consumo e insumos, marcaron el ritmo de las importantes transformaciones socioeconómicas del país. El rol del Estado, que logra recaudar hasta el 50% de las ganancias al capital extranjero, es fundamental 727. Bajo la presión de la cuestión social, los Ministerios de Justicia, Educación y Bienestar social (1929), provocan un estallido de la educación fiscal antes de 1930. En 1925, el número de establecimientos fiscales crecieron de 500 en 1880 a 1300 en 1895. Si hasta 1860 la educación fiscal no era tan importante como la privada, experimenta un crecimiento inesperado. La evolución de las exportaciones de harina y trigo dan cuenta de una gran expansión en el agro. Se consolida en los últimos años del siglo XlX la sociedad capitalista de clases junto al asentamiento de la autopoiesis del sistema económico, reforzada por la instalación de la moneda única fiscal. La función del sistema se desprende de la interdependencia estatal, ya que la industria salitrera estuvo en manos privadas inglesas, de tal manera que el aumento del presupuesto es invertido en infraestructura de enorme valor a futuro: la circulación del dinero no interrumpe la consolidación de la función de no-escasez. La paradoja contenida en la función del sistema – disminuir la carencia de mercancías (satisfacción de necesidades) aumentando la carencia del dinero que se gasta se cumple a pesar del parasitismo de la corrupción y las ideas proteccionistas y nacionalistas. Por otro lado, el código pago/no pago desagregado en el siglo XX en una variable gama de subcodificaciones, mantiene una estabilidad aceptable debido a la masificación del medio dinero. El dinero es el medio generalizado del sistema, por lo que el sub-código Pinto, Aníbal: Chile, un caso de desarrollo frustrado, Universitaria, Santiago, 1959 Collier, S.: From the Independence to the War of the Pacific, en: Leslie Bethell(ed.): Chile Since Independence, Cambridge University Press, 1993, pp. 3-33.
727 726

290
de pago/no pago es: tener (dinero)/no tener (dinero). Por ello es que la realización de la función del sistema – disminuir la escasez vinculada a necesidades – en es sí paradójico, porque redunda en que para satisfacerlas se necesita dinero y porque el dinero se gasta, en la medida en que las satisfagan, se genera nuevamente escasez. El programa del sistema económico son los precios, si ellos se desestabilizan, colapsa el entorno interno del sistema, el mercado 728. Por otro lado, la propiedad del medio dinero no sólo es limitada y desigual, sino que la posibilidad de usarlo depende de las disponibilidades del mercado, por ello es que el programa (los precios) debe ser tan dinámico que aumenten las alternativas de selectividad del consumo, es decir, de los comportamientos de los entornos del sistema. El parásito degradador, des-diferenciador y catalizador de un nivel incontrolable de contingencia en el sistema económico, ha sido y es la inflación. La inflación descompone al programa de la economía y termina por degradar al mercado. Los reiterados intentos masivos de control del circulante y destinados a contener la contingencia de la espiral inflacionaria – la primera, entre el año 1956-58, la segunda de 1959-62, la tercera de 1965-67 – fracasaron estrepitosamente. Por otro lado, hasta los avances teóricos de la macroeconomía y la influencia de las teorías monetaristas que desplazaron a la ortodoxia anterior 729, el riesgo de inflación amenazó al sistema económico con ser descompuesto. Vamos a describir dos mecanismos de exclusión del sistema económico chileno en las condiciones actuales. (a) El primero se refiere al acceso al dinero, es decir al medio de la forma tener/no tener dinero.(b) El segundo se refiere a la estructura de propiedad del medio dinero y por lo tanto de su disponibilidad de inclusión en el mercado. El primero de estos mecanismos se actualiza en el estado del mercado de trabajo y por lo tanto a la variabilidad de las opciones para obtener pagos que sirven para pagar: ocupación, desocupación, informalidad, precariedad de trabajo. El segundo mecanismo tiende a definirse como la redistribución del ingreso. El mercado de trabajo. El enigma de la desocupación, el misterio de la informalidad y flexibilización como precariedad. Según cifras oficiales, la desocupación en Chile alcanza al 10,5 % de la fuerza de trabajo.

728 729

Luhmann, N.: Die Wirtschsaft der Gesellschaft, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1998 Sierra, E.: Tres ensayos de estabilización en Chile, Universitaria, 1970

291
Sin embargo, las cifras “negras” del mercado de trabajo son sorprendentes. Existen más de 400.000 trabajadores sub-contratados, el 70% de los trabajadores con jornada parcial no cotiza en el sistema provisional, sólo el 17% de los trabajadores sin contrato es cotizante, el 34,6% de los empleos temporales generan ingresos inferiores a los $80.000, el 50% de los trabajadores reciben ingresos inferiores a $ 161,900, monto que no alcanza a llegar a los $110.000 para el 40% de la población. El sector informal representa aproximadamente el 38% de los empleados 730. La emergencia y función del sector informal ha sido enfocada desde una doble perspectiva. La primera observación tiene que ver con la lógica de la supervivencia; el sector informal es el resultado de la presión del excedente de oferta de mano de obra por empleo, el que además se convierte en progresivamente escaso. Frente a esta situación de escasez e insuficiencia, la generación de remuneraciones mínimas consiste en producir y/o vender “algo” que permita subsistir. Por supuesto que esta situación se ha visto agravada por las drásticas reducciones del empleo público en América Latina; en efecto, el tamaño del sector público ha disminuido a un 13% de la ocupación no agrícola 731. La segunda observación tiene que ver con la lógica de descentralización productiva. Este proceso de des-localización orientado a la maximización de ventajas comparativas en términos de salarios, obligaciones sociales y tributaciones, recompone el proceso productivo, de marketing y de distribución introduciendo la más variada gama de arreglos de subcontratación y servicios, la evasión de las legislaciones laborales y la configuración de una nueva modalidad de semi-exclusión en los procesos productivos. En torno a todos estos procesos se construye la hipóstasis empresarialgubernamental de la llamada “flexibilización” del trabajo, cuyos efectos son – entre otros – los espacios ingobernables habitados por la nueva infraclase y los guetos inmovilizados, pero también la emergencia de los llamados “sujetos móviles” 732. Hasta hace unos años, parecía razonable privilegiar la observación de la lógica de la subsistencia en el caso de los países latinoamericanos. No obstante, la incidencia inesperada del capital especulativo y de las economías bursátiles en la generación (y eliminación) del empleo y en la estructura de los mercados de oferta y demanda de trabajo, en el contexto de una sociedad altamente globalizada, hacen necesario redefinir por completo los enfoques convencionales.
730

Fundación Terram: Análisis de Coyuntura social, Nº 17, junio de 2004, pp. 3. (cifras recogidas según datos de la Dirección General del Trabajo, la OIT y Mideplan.) 731 Tokman, V.: La informalidad en los noventa: situación y perspectivas, en: J. Carpio y I. Novacovsky (ed.): De Igual a Igual. El desafío del Estado ante los nuevos problemas sociales, FCE, B.A., 1999, pp. 81 732 Lash, S. y Urry, J.: Economía de signos y espacio, Amorrortu., B.A., 1998, pp. 201-260

292

El poder y el contra-poder en las temporalidades globalizadas, la emergencia de la dominación de “los efectos colaterales” en la sociedad mundial del riesgo, la dominación de las “inseguridades manufacturadas” de los proyectos lineales de modernización, la emergencia de quiebres significativos en la confianza depositada en el cálculo (incalculable) de riesgos y la aparición insólita de catástrofes del estilo “dominó” como la llamada crisis asiática de mediados de la década del 90 733 sumada a la comunicación de la amenaza ambiental – todos éstos procesos obligan a reformular profundamente la observación del trabajo informal. Alrededor del 56% de la ocupación en las ciudades de América Latina se ubica en el sector informal. Entre el 75 y el 80% de los informales se encuentran en una situación de semi-exclusión y/o exclusión del sistema económico y de posibilidades dignas de vida y consumo, dos tercios de los indigentes trabaja por cuenta propia o en empresas muy pequeñas734. Por lo general, la informalidad opera fuera de la legalidad tributaria, se trata de un mundo altamente complejo y heterogéneo, cuya caracterización por supuesto que trasciende las mediciones de pobreza e indigencia que postula la encuesta CASEN. Ella se ubica en el centro de la mitología del progreso ilustrado de la modernidad y no produce más que distorsiones completamente distanciadas de los mundos de la vida de los que subsisten en la exclusión de la informalidad. El Estado licitador se auto-describe como el promotor del “crecimiento con igualdad”, lo que significa generar crecimiento económico estable, produciendo además empleo e ingresos. Se trata además “de integrar a los pobres a la dinámica del progreso...por ello, se requiere un Estado activo, que resguarde el bien común y permita reducir eficientemente los graves problemas de desigualdad” 735 Paradójicamente, la generalización de la práctica de la subcontratación y del trabajo temporero, ejes fundamentales de la flexibilización del trabajo, promovida y/o tolerada por los mecanismos de “regulación” del sistema jurídico, redunda sólo en menoscabos para la parte laboral, aumentando desmedidamente el riesgo de exclusión.. Por ejemplo, en el sector agro - exportador, donde más del 60% de las trabajadoras son mujeres, renunciar a derechos laborales elementales es una condición sine qua non para obtener
733

Beck, U.: Weltrisikogesellschaft, Weltöffentlichkeit und globale Subpolitik, Picus, Wien, 1996 734 Tokman, V.: La informalidad en los noventa: situación y perspectivas, en: J. Carpio y I. Novacovsky (ed.): De Igual a Igual. El desafío del Estado ante los nuevos problemas sociales, FCE, B.A., 1999, pp. 81 735 Schkolnik, M.: Chile: Un instrumento para la evaluación del impacto de los progras sociales... en: CEPAL: Focalización y pobreza, UN, Santiago, 1995, pp. 63-101 (cursivas nuestras)

293

trabajo, los “enganchadores de empleo” se quedan con una parte del salario diario de las mujeres. El ejemplo de los trabajadores de la industria de la salmonicultura, es paradigmático porque debido a las constantes infracciones de los empresarios, a las condiciones irregulares de trabajo y a la generalización de las subcontrataciones, denunciadas en un video del 2003, Chile fue acusado de dumping. Sobre todo, la cadena de contrataciones de contrataciones de la que resulta que ninguna de estas instancias de contratación asuma responsabilidad contractualmente vinculante, fue objeto de airadas críticas 736. En una encuesta de ENCLA, se constata que en 2002 existirían en Chile 175.000 trabajadores “suministrados”, distribuidos en 32,7% de las empresas nacionales. Respecto del trabajo de temporada, asociada a la fruticultura, la encuesta señala que un 31,6% de las empresas contrata directamente trabajadores por temporada. Los niveles más elevados se encuentran en la agricultura (65,5%) y la construcción (62,7%). Es en las grandes empresas donde se contrata el 60% del trabajo temporal. La subcontratación significa desprotección e inestabilidad laboral, incertidumbre y un alto riesgo de exclusión del mecanismo generador del medio dinero de parte del asalariado. Desde los intereses inmediatos del empleador, resulta altamente beneficioso pues abarata costos; no obstante, las explotaciones abusivas de la fuerza de trabajo degradan el entorno interno del sistema al contraer la demanda, reducirla o eliminarla parcialmente. Aún tratándose de modelos sistémicos exportadores de durabilidad probada, como Alemania, la inexistencia de entornos internos alternativamente fortalecidos y capaces de hacer circular el medio dinero, es un riesgo de consecuencias imprevisibles en vista de la alta contingencia de los entornos externos737.

El desmontaje deliberado de segmentos importantes del entorno interno del sistema equivale a la destrucción sistemática del
736 737

Fundación Terram: Análisis de Coyuntura, Nº 14, Marzo 2004, pp. 7-8 Luhmann, N.: Die Wirtschaft der Gesellschaft, op. cit.

294
medio directriz del sistema. En efecto, si se tolera que la generación de caídas sistemáticas en los ingresos produzca contracciones irreparables en la generación y estabilidad de los precios, su consecuencia – sobre todo para los sectores empresariales – es que auto-eliminan la opción de selectividad más importante en períodos de crisis de expansión, el mercado interno. Pareciera ser un chiste de mal gusto que confrontado el empresariado a cualquier posibilidad de descenso en el salario mínimo, esperen impacientes esa posibilidad para reducir de inmediato las remuneraciones de los trabajadores. Pareciera que la ingeniería de la autodestrucción opera en el sistema económico chileno a las mil maravillas. La “cultura” empresarial del pillaje, el engaño y la evasión de obligaciones protegidos por la retórica de la “flexibilidad” laboral, sólo es comprensible como una reminiscencia actualizada de la estratificación excluyente que desprecia el trabajo y considera que el management y la gerencia empresarial son sinónimos de negligencia, irresponsabilidad y ausentismo.

La discusión en torno a la necesidad, conveniencia y monto del sueldo mínimo, confirma los argumentos anteriores. En contra de las opiniones de economistas de países con un amplio mercado de trabajo interno, en Chile se ha formulado la necesidad de fijar un salario mínimo. Según cifras de la Dirección del Trabajo, éste asciende en la actualidad a 122.000 pesos mensuales para una jornada de trabajo de 45 horas semanales y para las personas entre 18 y 64 años. Para los menores de 18 años y mayores de 64 años, dicho salario es de

295
90.327 pesos. A pesar de que la encuesta CASEN 2000 informa que el 25% de quienes trabajan jornada completa reciben el sueldo mínimo. Estas cifras son altamente discutibles, ya que la Superintendencia de AFP, señala que entre octubre del 2002 y diciembre del 2003 se crearon más de tres millones de contratos indefinidos y a plazo fijo, de los cuales el 40% correspondía a una renta imponible inferior al monto del salario mínimo. Se trata de aproximadamente un millón de contratos 738. En A.L., la tasa de desempleo se elevó en los últimos trece años a cifras sin precedentes: del 6,9% en 1990 a un 10,6% en 2003. En relación con el trabajo informal, si en el ‘80 había un 42,8 de personas ubicadas en este segmento, en el 2002 la cifra ha aumentado a un 46,5%. Y, en cuanto a pobreza, si en 1980 en la región había cerca de 40%, en el 2003 esta cifra alcanza al 44,4%. Debido a la nueva relación entre competitividad y trabajo, los procesos de apertura trajeron nuevos riesgos sociales. Disminuyó la estabilidad laboral y aumentó la incertidumbre vinculada al empleo739. Sobre la base del Censo 2002, Adimark creó el primer mapa socioeconómico de Chile, que incluye elementos importantes en torno a la exclusión de los espacios. Las variables de corte que se usaron para categorizar a los más de 4 millones de hogares, fueron: los años de escolaridad del jefe de hogar y la posesión de 10 de los 20 bienes del Censo: ducha, TV color, refrigerados, lavadora, calefón, microondas, automóvil, TV cable, computador e internet. Mediante el diseño de una matriz que combina las dos variables básicas, se genera el modelo de Nivel Socioeconómico (NSC). El primer grupo ABC1 posee prácticamente todos los bienes y el Jefe de Hogar tiene educación universitaria completa o más, mientras que el último de los cinco, el E corresponde a los hogares en los que el Jefe de familia tiene educación básica incompleta y máximo 4 de los 10 bienes. La distribución del NSE en hogares en el país es la siguiente:

738 739

Superintendencia de AFP, Unidad de seguro de Cesantía, 2003 Pey, Coral: Aumento de la inequidad social en Chile y América Latina, en: http://www.eclac.cl / http://www.comerciojusto.cl

296

Poco más del 7% de los hogares controlan más de un tercio del total de los ingresos del país (Grupo ABC1), los que son 20 veces mas altos de los de las familias E, que son el 20% de la población. En Vitacura habita el 58,6% del nivel ABC1, sólo el 0,5% de este grupo vive en La Pintana. La desocupación y la cesantía prolongada en el tiempo es el catalizador de domicilios sociales dañados 740, las que requieren de apoyo profesionalizado que inspirado en sensibilidades especializadas, contribuyan a su reinclusión. Las individuaciones descompuestas afectan sobre todo a quienes carecen de capacitaciones adecuadas; la cesantía es, por lo tanto, el parásito más nocivo del sistema económico, pues al negar fuentes de remuneración por el medio trabajo, recurren a la obtención de dinero usando el medio hurto, robo, asalto, etc. La indignación moral de los pudientes y la estigmatización de la pobreza como causante de delincuencia, resulta poco convincente a la vista de los periódicos escándalos de corrupción en las esferas de la administración de fondos públicos. Por otro lado, la informalidad en el trabajo destemporaliza el mundo de las individuaciones, obliga a opciones de selectividad que resultan nuevamente precarias, insuficientemente remuneradas y bloqueadoras de autoestima. La masividad del trabajo informal transforma las estructuras familiares, el uso del medio dinero es altamente paradójico y las estructuras temporales de los mundos compartidos de intimidad se desordenan definitivamente – todo esto lo sabemos ya desde el estudio acerca de los cesantes de Marienthal 741, de las primeras décadas del siglo XX. Las formas de individuación que se articulan en la informalidad son múltiples, Fuchs, P.: Adressabilität als Grundbegriff der soziologischen Systemtheorie, en: Soziale Systeme, 3, 1997, pp. 57-79 741 Lazarsfeld, P., Jahoda, M., Zeisel, H.: Los Parados de Marienthal, la Piqueta, Madrid, 1996
740

297
afectan sobre todo a mujeres trabajadoras de la industria pesquera, frutícula, etc. Las condiciones de trabajo infrahumanas con jornadas hasta de 17 horas acompañada de sueldos por debajo de lo mínimo, la falta de seguros de enfermedad la inexistencia de vacaciones y la exposición a plaguicidas y pesticidas altamente dañinos a la salud, configuran identidades muy distintas a las de la individualización. Una vez más, constatamos que la observación de observaciones remitidas a las distinciones con las que opera el sistema económico, resulta completamente insuficiente para observar la multidimensionalidad de las exclusiones individuadas, si la observación no observa cómo observan esas individualidades el observar del observar del sistema. No existirá una sociología de la exclusión sin quebrantar la observación sociologista de segundo orden para alcanzar las formas de individuación correspondientes. O se participa de esa observación, o no se observa. La miseria del concepto de pobreza en la sociedad chilena

Desde los enfoques más diversos, el concepto de pobreza ha estado siempre presente en el pensamiento sociológico. Dejando de lado el interés de Comte por construir una sociedad basada en la ciencia positiva y los intentos de Saint-Simon por difundir las ideas positivistas entre los proletarios. Spencer es quien tematiza las políticas sociales destinadas a paliar los efectos retardatarios de la revolución industrial como el empobrecimiento de las familias. Tanto para Marx como para Weber, la desigualdad es un fenómeno relacional; es decir, la posición de una clase o de un estrato y por lo tanto el lugar de los individuos en la estratificación de la sociedad, no pueden comprenderse sino en el contexto de la estructura social No es nuestra intención describir la variedad y específica 742. especificidad de direcciones teóricas y empíricas que se han desprendido del tronco fundacional de ambos sociólogos, sino que develar la génesis implícita del concepto de pobreza hoy vigente en la sociedad chilena. A fines de los años sesenta, en plena crisis del paradigma estructural-funcionalista 743, al tiempo que la sociología americana
742

De Venanzi, A.: El concepto de pobreza en el pensamiento sociológico, en: Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura, 1996, Vol 2, Nº1, pp. 187-241. Para Marx, la “clase en sí” define la posición de los grupos sociales en la estructura social, tanto en la base o realización de las relaciones de producción condicionadas por las relaciones de propiedad de los medios productivos, y la “clase para sí” corresponde a la autorreflexión colectiva que refleja el despliegue de la autoobservación activa. 743 Gouldner, A.: La crisis de la sociología occidental, Amorrortu, Buenos Aires, 1979

298
retoma la vieja tradición del interaccionismo simbólico, reeditado en la originalidad irrepetible de la sociología de Goffman y el surgimiento de la etnometodología, algunos sociólogos como S. M. Miller, centran su interés en la pobreza y sus efectos devastadores en los bajos estratos de la sociedad americana744. La pobreza es para Miller un problema de ingresos, por lo que sobre la base de un ingreso anual mínimo de $ 2.500 para una familia de cuatro personas, llega a la conclusión que la pobreza en los EEUU es de un 16%. Si las estimaciones se focalizan en regiones afectadas por la desocupación o en las zonas rurales, la pobreza aumenta según región y situación geográfica. Miller agrega que los pobres no deben ser observados como sujetos inactivos, apáticos o incapaces. El paradigma etnográfico de la pobreza retomado por la obra de Lewis 745, reeditado por los estudios sobre drogadicción, demencia y exclusión de estatus de la etnometodología, colisiona con la visión socio biológica y el renacimiento del “pobre culpable” en los EEUU, sobre todo en la década del 80. Algunas teorías deterministas del fenómeno, desde el cual se explican la criminalidad, la violencia, las desviaciones sexuales y otras anomalías, llegan al extremo de atribuirle a la gente de color, una serie de dificultades innatas para manejar sus vidas 746. En Europa, la discusión acerca de la “nueva pobreza” como efecto colateral del Estado benefactor, no ha logrado opacar el trabajo de la sociología en la búsqueda de indicadores de la desigualdad social que permitan un acceso adecuado a la problemática747. Desde los trabajos de Beck, Bonss, Hradil, Bolte y otros, los conceptos de capa social y de estratificación social auxiliada únicamente por variables cuantificables, ha abierto paso a un amplio debate en torno a las diversas formas de segmentación étnica de la sociedad, al avance de la sociedad mundial multicultural, al calidoscopio de fenómenos de marginalidad, sub-contratación, informalidad y a las recombinaciones trabajo-tiempo, hasta la de la auto-descripción de la sociedad desde la sociología usando extrapolaciones como “sociedad de la vivencia”, “sociedad del riesgo”, “sociedad del conocimiento”, “sociedad postmoderna” 748, etc. Esta breve reseña del concepto de pobreza en el pensamiento sociológico, permite comprender las razones por las cuales el tema de la pobreza no jugó un papel preponderante en la teoría de la dependencia, influenciada por el marxismo y marcada por el Miller, S.M.: Pobreza, Raza y Política, en: Irving Horowitz (ed.): La nueva sociología, Amorrortu, B.A., 1969 745 Lewis, O.: Antropología de la pobreza, FCE, México, 1967 746 Tortosa, J.: La pobreza capitalista, Tecnos, Madrid, 1993 747 Bourdieu, P.: Kulturelle Reproduktion und soziale Reproduktion; Giddens, A.: Staadtsozialismus und Klassenstrukturierung, en: Karl H. Hörning (ed.): Soziale Ungleichheit. Soziale Strukturen und Prozesse sozialer Schichtung, Luchterhand, Darmstadt, 1976, 748 Nassehi, Knerr et al (ed).: Soziologische Gesellschaftsbegriffe, UTB, Berlin, 2005
744

299
reduccionismo económico. En ese contexto, el empobrecimiento del proletariado, como fenómeno masificado y sistemático es atribuido al subdesarrollo dependiente de las sociedades del continente, sea desde el enfoque centro – periferia modificado de su tronco funcionalista 749 o entendido como una dialéctica que al bloquear el desarrollo económico autónomo, pone de manifiesto la incapacidad de las burguesías nacionales para sacar a la sociedad del atraso semifeudal, pre-capitalista o de capitalismo dependiente 750. El desarrollo no capitalista liberado de las trabas de la dependencia es la fórmula de oro que imponiéndose, acabará con la miseria y la super-explotación de la fuerza de trabajo. Sólo algunos pensadores desarrollan un concepto de marginalidad o de “polo marginal” o de “masa marginal” - en oposición al llamado “ejército de reserva” con el que Marx describe la marginalización y la existencia de un “lumpen-proletariado” en el capitalismo occidental. De manera muy restrictiva, este concepto de marginalidad se aproximaría a lo que hoy entendemos por exclusión social. ¿Qué es el polo marginal? Lo más sintéticamente posible, el polo marginal es el resultado de la heterogeneidad estructural de las economías dependientes de América Latina, lo que genera una franja paralela de actividad económica que se caracteriza por: 1. ocupaciones de mínima productividad, que usan recursos residuales de producción, que requieren calificaciones de significación obsoleta 2. ocupaciones desligadas de la producción directa de bienes, que exigen ninguna o baja calificación y que tienden a ser inestables. Ambos tipos de ocupaciones tienden a ser marginales 3. por que estas ocupaciones no sólo se remiten a un mercado reducido de trabajo, sino que su amplitud es decreciente e inestable 4. y porque las relaciones de trabajo en este contexto son de estructuración precaria y los ingresos limitados no incluyen prestaciones sociales (vacaciones y seguros de enfermedad) Los productos que de allí resulten se supone que están destinados a ser consumidos por las capas más pobres de la población. La mano de obra marginalizada no es expulsada del sistema y tampoco redunda en el llamado dualismo estructural. Se trata de una acentuación de los desequilibrios entre los niveles del sistema productivo 751.
749 750

Gunder Frank, A.: Sobre el subdesarrollo capitalista, Anagrama, Barcelona, 1971 Costa Pinto, L.A.: La sociología del cambio y el cambio de la sociología, Universitaria de B.A., 1968 751 Quijano, A.: Dependencia y marginalidad. El concepto de polo marginal, en : Ruy Mauro Marini y Márgara Millan (ed.): La Teoría Social Latinoamericana. Textos escogidos, II, UNAM, México, 1994, pp. 181-210

300

Las relaciones de producción entre el polo marginal y el núcleo dominante del sistema son fragmentarias e indirectas, pero la relación es directa con los bajos niveles de la estructura productiva, ya que la minina plusvalía producida es apropiada por la pequeña burguesía – para la gran burguesía, esta ínfima plusvalía es irrelevante 752. No cabe duda que el concepto de marginalidad desarrollado en el contexto de la teoría de la dependencia, es el precursor de lo que hoy se conoce como “la economía informal “, tema que abordaremos más tarde.

La redistribución del ingreso Los resultados son coincidentes. Usando el coeficiente Gini, el Informe de Desarrollo Humano 2004 sitúa a Chile entre las diez economías con el mayor grado de desigualdad en el planeta. Además, en cuento a la concentración del capital, el 10% más rico de la población acapara el 47% del ingreso. Pese a las elevadas tasas de crecimiento económico, con un promedio de 55,5 en promedio anual ¿Quiénes son los principales beneficiarios? Según los resultados de 548 compañías para el ano 2003, las utilidades de las empresas se elevaron en un 83%. Se destacan Copec, del grupo Angelini (519 millones de US$), el holding del grupo Luksik (300 millones de US$). El crecimiento es pésimamente mal distribuido. El 60% de los chilenos cuenta con menos de $100.000 para satisfacer sus necesidades. Por otra parte, sólo 27 empresas concentran el valor total de las exportaciones. Sólo cuatro bancos dominan el sector financiero.

752

Nun, J.: La marginalidad en América Latina. El concepto de masa marginal. En : Ruy Mauro Marini y Márgara Millán, op. cit, pp. 139-180

301
Iansa controla el 795 del azúcar, Lever domina el 75 del mercado de los detergentes, etc. 753 Según la CASEN 2003 el 20% más rico recibe ingresos 14,5 veces más altos que el decil más pobre. Al ver los resultados en pesos, quedan al descubierto los vergonzosos niveles de desigualdad. Una persona que pertenece al decil más pobre cuenta sólo con $14.818, una persona perteneciente al 10% más rico de la población recibe $769.345, es decir, 52 veces más.

Chile se encuentra entre los diez países con la peor distribución del ingreso en el mundo:

753

Análisis de políticas públicas, Serie APP, Nº 29, agosto de 2004

302

¿Explica la enorme desigualdad galopante abstencionismo político?

en

los

ingresos

el

El sistema de los medios de difusión. Del diario para analfabetos a la televisión para todos El sistema de los medios de difusión importa más aún si todo lo que sabemos del mundo lo sabemos a través de los medios de y desde la imprenta hasta la comunicación comunicación 754, autónoma por hipervínculo. Ni siquiera en los reportajes de los periódicos puede identificarse el texto con algún autor. Los medios de comunicación se han convertido en empresas de construcción de realidades. En Chile, el medio de difusión fue por excelencia escrito y tuvo desde antes de los albores de la república portaliana, una gran importancia. Que los medios de comunicación fueran escritos, beneficiaba la reproducción de la estratificación, que excluía automáticamente del sistema a los analfabetos, durante siglos la enorme mayoría de la población. En 1854, el 85 % de los chilenos era analfabeto, en 1907, el 60% 755. La pluralización de las autodescripciones de la sociedad es tardía, pero aún interrumpida por la censura de la dictadura de Ibáñez y por supuesto durante la dictadura de Pinochet, no se anula sino que se fortifica. ¿Cómo se especifica el código información/no información de los medios de comunicación?. Si nos remitimos a la estructura triádica de la comunicación, los medios realizan una compleja operación de observación de segundo orden: exploran el entorno a la búsqueda de coordinaciones con los programas, por un lado, pero haciendo uso de sub-codificaciones como aceptable /no aceptable, preciso/impreciso. Esa coordinación es la expresión de la coordinación del procesamiento de la información del entorno consigo mismo. Los medios realizan una auto-observación de la sociedad. Los medios de comunicación no persiguen la comunicación de la verdad, sino que informar sobre ella – la verdad es su auto-limitación, porque si se generaliza la información de la no información, el medio respectivo oscila hasta mutar. Si seguimos a Luhmann, la autopoiesis del sistema de los medios de comunicación en Chile se consolida definitivamente en la década 1890-1900, a pesar de la exclusión automática del 60% de la
754 755

Luhmann, N.: Die Realität der Massenmedien, Westdeutsche Verlag, Opladen, 1996, pág. 9 Vial Correa, G.: Un siglo de educación chilena (1879-1973), en: Revista Academia, UMCE, nº 12, 1985, pp. 107

303
población por analfabetismo. Esta estabilización resulta de la pluralización de las auto-descripciones de la sociedad que aumenta las opciones de selectividad y la programación diferenciada de noticias, reportajes, publicidad y entretenimiento, es decir, con la existencia de diversidad en las formas de comunicar. En la década mencionada circularon 186 periódicos por año. En Santiago, sin contar a la prensa obrera popular, había siete periódicos 756.

757

Que la propiedad de los medios corresponda a los partidos políticos de la época, denota la exacerbada relevancia de lo político que ha caracterizado desde siempre a la sociedad chilena, pero además testimonia el asentamiento de las clases sociales del capitalismo. Son los medios de comunicación los que construirán comunicando las dos autodescripciones contrapuestas de la sociedad chilena a principios del 70: socialismo o capitalismo. Con el auge de la radiotelefonía y la proliferación de radios a partir de 1923 y la masificación de la televisión en la década del 60, el sistema inicia una expansión que conlleva un aumento de contingencia que arrastra consigo inclusiones sistemáticas. El sistema genera entornos de coordinación, las antiguas secciones – deporte, política, economía, cultura, exterior, etc. La hiperautonomía de los medios se forja a la inversa de otros sistemas, con el aumento sofocante de las opciones de selectividad, no siempre reguladas por la retroalimentación del rating.

756

Subercaseaux, B.: Historia de las ideas y de la cultura en Chile, II, Universitaria, Santiago, 1997, pp. 82 757 Fuente: Ibídem. Subercaseax, op. cit., pp. 82

304
El sistema de los medios de comunicación son un medio en sí, por lo que para autoactivarse produce, construye temas que en la distinción autorreferencia/heteroreferencia, activando el de los sistemas psíquicos que componen la “opinión pública”, medios como la verdad, valores, poder, usando la comunicación del subcódigo de la ética, la moral: lo bueno y lo malo, irritando la observación de lo ilícito y lo lícito (el derecho), etc. Que los medios alcancen a los sistemas psíquicos, no significa que sepamos cómo, con qué resultados, si con rechazo o aceptación. La dádiva de que los medios tienen poder y manipulan a las personas es absurda 758. Si todo lo que sabemos del mundo lo sabemos a través de los medios de comunicación, se trata de un sistema que cataliza exclusiones de proporciones inimaginables. Su permeabilidad y el uso de la moral (bueno/malo) que induce la observación de la sociedad desde la codificación de la ética (aprecio/desprecio), o del medio valores, le otorga capacidades singulares de degradación y estigmatización, así como de otorgamiento de prestigio y estatus. Pareciera ser que el peor de los estigmas en la cultura masculina es la homosexualidad759, a la que actualmente se suman la pedofilia. Los medios de comunicación activan el paradigma de la indignación social. Ciertamente que como el disenso respecto de la repugnancia que justifica la indignación despierta la sospecha de complicidad, es riesgoso estar contra los “valores”, como recordar que durante el Imperio Romano era lícito y saludable que los niños impúberes fuesen penetrados mientras eran lampiños760, a propósito que la sociedad chilena se considera occidental y por lo tanto heredera de la cultura greco-romana. Desde 1923 con la introducción de la radiotelefonía, disminuye el número de excluidos de facto por analfabetismo, el 60% de la población en 1907 761. El auge acelerado de los medios de comunicación – y también de la telefonía inalámbrica, es decir, de la comunicación simultánea a distancia sin interacción – se puede observar en la tabla siguiente.

758

Von Foerster, H.: Wissen und Gewissen: Versuch einer Brücke, Frankfurt a.M., 1993, pp. 103-105 759 “No importa lo que digan de mi, mientras no me cuelguen que soy maricón”. 760 Veyne, Paul: Homosexualität in der antiken Rom, en: Philippe Aries el al.; Die Masken des Begehrens und die Metamorphosen der Sinnlichkeit, Fischer, Franfurt a,M., 1982, pp. 9-24 761 Nuñez, I.: El desarrollo de la educación chilena , Santiago, PIIE, 1982, pp.118

305

Fuente: Censo Nacional 2002, Gobierno de Chile
El “triunfo del periódico” que marcó la autopoiesis del sistema, ha significado la obsolescencia de los diarios. La contingencia del sistema se ha convertido además en incontrolable desde la comunicación de Internet. El sistema de los medios de comunicación (MC) es uno de los mecanismos de exclusión más eficientes. Pero una parte, recogen selectivamente una auto-descripción de la sociedad (mundial). Por la otra, escogen a personas para convertirlas en la observación en nopersonas. Es decir, los medios de comunicación estigmatizan, discriminan y mienten. A nivel mundial tenemos en caso de Sadam Hussein, en el nivel nacional el caso Spiniak es un ejemplo prototípico. Además, la CNN, la voz del Pentágono762, se preocupó especialmente de informar del Plebiscito en Venezuela en el año 2003, hasta que todos – los que no conocían el país – estaban completamente convencidos del que la oposición derrotaría al Presidente Chávez. Sucedió todo lo contrario. Además, la CNN en sus espacios publicitarios, destaca la misión humanitaria de CARE, de Médicos para el Mundo y otras. Estas ONG son financiadas por el gobierno norteamericano: por supuesto que donde hay guerra y devastación, tienen accesos privilegiados para reconstruir la devastación que sus mecenas provocan. Tanto es así, que las ONG italianas han denunciado estos hechos y se han organizado independientemente. También la exclusión, sobre todo la que nada tiene que ver con los sistemas funcionales de la sociedad, puede ser muy lucrativa. La autopoiesis de los MC realiza una construcción de la realidad y por lo tanto opera como observación de segundo orden. Al código informar/no informar, se agrega la necesidad de la novedad, las noticias no pueden repetir lo que ya se informó, sino que tienen que
762

Ducrot, V. E.: El color del dinero; Ed. Norma, B.A.; 1999

306
recoger en lo posible toda la contingencia del mundo para poderla representar – en lo posible in vivo, es decir mientras está sucediendo. El MC de comunicación debe ofrecer a su audiencia fenómenos extracotidianos. En tal sentido, los MC se proponen irritar conciencias763, si lo logran o no, no es posible saberlo. Los MC producen un efecto ¡Oh! si la audiencia se confronta con cifras comparativas, mientras que la lejanía le confiere peso a la referencia local. Una especial atención adquiere la transgresión de normas, esto es valido para el derecho como para la política, para darlas a conocer y que el auditor se forme su propia opinión, los MC se las arreglan para articular procesos de atribución. En todo caso, se trata de activar la memoria social, mediante la exteriorización de las opiniones 764. Los MC no están en condiciones de manipular a las conciencias. Eso es completamente imposible, debido a la cerradura operativa de la conciencia. Hans M. Enzensberger desarrolló una teoría de los MC que contradice radicalmente la tesis del engaño y la manipulación de Adorno y Horkheimer 765. En ella critica duramente a la izquierda alemana pues su postura es defensiva, ingenua y masifica la experiencia de la impotencia. Remitiéndose a la obra de W. Benjamin, agrega que los MC pueden asumir una función movilizadora, por la fascinación que ejercen. Desde la teoría marxista, pero reconociendo explícitamente loa avances de la teoría de sistemas designa a los MC como una fuerza productiva de sentido “que en su estructura son igualitarios. Los programas mismos son inmateriales y reproducibles como uno quiera. Con ello los medios electrónicos se contradicen a los medios más antiguos, como el libro y la pintura, cuya exclusiva estructura de clase es evidente”766. Mientras en 1970, poseer un televisor era estar entre el 10% más rico de Chile (era la época de “A esta hora se improvisa”, programa que lograba un alto rating en el 10% educado del país), hoy lo tiene cada familia. La usanza chilena es tener el TV en el dormitorio, a diferencia de otros países en que el aparato de encuentra en centro de la casa, permitiendo que toda la familia pueda ver. Antes eran más notorias las diferencias de clase, hoy son las discrepancias generacionales el punto álgido. Los partidos políticos es cada vez más un conjunto de personas que se ven en la televisión, y en la que se emite desde Santiago767. Las teleseries en general se ven en ambientes de clase media. Los Luhmann, N.: Die Behandlung con Irritationen: Abweichung oder Neuheit?, en: N. Luhmann: Gesellschaftsstruktur und Semantik; Bd. 4, Frankfurt, 1995, pp. 55 764 Luhmann, N.: La realidad de los medios de masas, Anthropos, UIA, México, 2000 765 Adorno, T. W.: y Horkheimer, M.: Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1997, pp. 165 i sig. 766 Enzensberger, H. M.: Baukasten für eine Theorie de Medien, en: Kursbuch, 20, marzo de 1970, pp. 167 767 Fontaine, A.: Consumo y movimientos religiosos…op. cit.
763

307
escenarios, los autos y las casas corresponden a las expectativas de consumo de la sociedad capitalista, los personajes son latinoamericanos, pero diseñados a la medida norteamericana.

308
7. EPIGRAMAS FUNCIONAL CHILENA. DE LA DIFERENCIACIÓN

“El rico come cuando quiere, el pobre cuando puede” Proverbio Popular

El concepto de epigrama grafica una repercusión del sistema frente a sus diferencias, las que formulan como auto-simplificaciones, respecto, por ejemplo, a su auto-transparencia y a sus auto-descripciones. En los sistemas, estas fórmulas de abreviación operan como un mecanismo de compensación frente a su imposibilidad para poder reconstruir su propia complejidad768. Entendiendo el concepto de epigrama de la manera más laxa posible, nos interesa describir cómo la operatividad de los MCSG como aceleradores de la imposibilidad de la comunicación, redundan en epigramas de abreviación simplificante. Nos interesa describir cómo el concepto de pobreza simplifica la complejidad de la exclusión social reduciéndola a valores numéricos y por último, cómo el manejo del concepto de cultura opera como el mecanismo de compensación frente a la complejidad de las exclusiones sociales. No existe ninguna fórmula universal que permita establecer en la historia – y con exactitud – en qué espacio de tiempo ocurre la autopoiesis de cada uno de los sistemas parciales de la sociedad, abriendo paso a su autosuficiencia recursiva y a su autoreferencia basal. No obstante, la realización de la auto-recursividad y de los acoplamientos estructurales presupone no sólo la existencia de programas, organizaciones, infraestructura, obras públicas, rendimientos puestos a prueba, etc. Los requisitos insoslayables para la autopoiesis769 de un sistema se encuentran en la primacía de su función específica, la que debe ser diferente de todas las otras posibles y por lo tanto inconfundible. Como ella se ensambla con la resolución de problemas del sistema de la sociedad, y por lo tanto con requisitos funcionales articulados en forma de expectativas referidas a necesidades, la estabilidad en el tiempo de la función primaria del sistema parcial y su auto-descripción necesita una codificación propia. Ya hemos insistido en la necesidad de que esa codificación debe ser binaria y excluir por fuerza a un tercer valor. Si el código debe ser exclusivo y único como propiedad del sistema, ningún otro sistema de sus entornos internos puede servirse de él, ni emularlo. Ambos conceptos, función y código, configuran un esquema de contingencia, pero desdoblado de la siguiente manera: la función permite
768

Markowitz, J.: Verhalten im Systemkontext. Zum Begriff des sozialen Epigramms, diskutiert am Beispiel des Schulunterrichts, Frankfurt a.M., 1986 769 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 748

309
la comparación con posibles equivalentes funcionales y el código posibilita la oscilación entre su valor positivo y negativo y por lo tanto la aceptación y procesamiento de las comunicaciones propias de su operar y el rechazo de aquellas que le sean repelentes. En medio de la contingencia de estas evaluaciones, el sistema se puede orientar aumentando sus capacidades de selectividad. No obstante, hay que subrayar que los sistemas jamás son teleológicos. La oscilación del sistema entre sólo dos valores propios impide la intromisión de parásitos que paralicen su operar. Por ejemplo, si el sistema económico opera con el código pago/no pago, y usa el MCSG dinero como báscula entre sus operaciones y los espacios de su operar, enclavados necesariamente en organizaciones y define su función como la disminución de la escasez material para asegurar abastecimiento, entonces deberá además dotarse de los programas necesarios que siguiendo la instrucción basal de su código, les permitan realizar su función. Para ello el sistema opera necesariamente por autoreferencia y heteroreferencia. Ningún sistema puede asumir la función de otro, los sistemas funcionales son auto- sustitutivos. Por lo tanto, tampoco pueden existir maniobralidades intercambiables. Los sistemas autopoieticos sin imposibles de intervenir o instruir exógenamente. La autopoiesis es siempre un principio si/no. En otras palabras, o hay sistemas y son autopoieticos o no los hay. No obstante, la interrogante por la expansión que la diferenciación funcional origina en el sistema de la sociedad y si un excesivo aumento de la contingencia por expansión sea soportable por la sociedad, formula las siguientes disyuntivas. Por un lado, hay que formular la pregunta por las consecuencias de desdiferenciaciones, degradaciones y depreciaciones en caso de desmonetarizaciones, procesos inflacionarios incontrolables, ruptura del monopolio de las armas y existencia de dos ejércitos en pugna, desprogramación a causa de usurpación del poder del Estado, etc. Por el otro, si la estabilidad del esquema de contingencia que antes mencionamos contribuye a identificar la autopoiesis de un sistema, su coevolución con la mundaneidad de los programas (distinción código/programa) la que debe traducirse en un procedimiento ligado a los MCSG que fungen como facilitadores de selecciones en el contexto de la eventual no-aceptación de la comunicación. En efecto, si el medio oscila entre sí mismo y su negación y permite el cruce de un lado a otro de la distinción y si además aumenta la contingencia porque el medio se rechaza, esta cuasi- tecnificación, al contribuir a la interrupción de las interdependencias, asienta la autopoiesis del sistema acrecentando las posibilidades de comunicación770. El poder se acrecienta con el aumento de las opciones de selectividad771. El dinero posibilita la imposibilidad de problemas porque aumenta las opciones de selectividad, pero para ello hay
770

Luhmann, N.: Die Paradoxie der Form, en : Dirk Baecke(ed): Kalkül der Form, Suhrkamp, Franfurt a.M., 1993, pp. 197-212 771 Luhmann, N.: Poder, Anthropos, Barcelona, 1995, pp. 10

310
que gastarlo772. El amor oscila entre la pasión de la vivencia y la desestabilización de las expectativas, por lo que al catalizar situaciones de doble contingencia, aumenta las posibilidades de comunicación773. La representación topográfica de la emergencia de algunos de los sistemas funcionales de la sociedad chilena muestra que a pesar de los ejes condicionantes de la diferenciación – es decir de la distinción sistema/entorno e igualdad/desigualdad/ - corresponden a la evolución de la estratificación piramidal cerrada, abierta o al modelo dual que recombina la jerarquía piramidal con la sociedad capitalista de clases, los sistemas parciales que se cristalizan y se convierten en observables aproximadamente en las primeras décadas del siglo XX, a pesar de que surgen discontinuados mucho antes del advenimiento de la sociedad capitalista llamada “moderna”. En la discusión acerca de la pobreza en Chile, se reconoce que se trata de un fenómeno complejo, multi-dimensional y relativo 774. Se agrega además que la pobreza “no es sólo carencia.” En el mundo de los pobres existen potencialidades, desconocidas incluso por los mismos pobres, negadas y a veces rechazadas por la sociedad. Por tanto una concepción de pobreza que no vea los aspectos positivos, enriquecedores para el conjunto de la sociedad, que hay en los pobres, atenta contra la dignidad de los mismos” 775 No obstante, se parte de la base de que “el método de ingresos, con todo, sigue siendo utilizado mayoritariamente en todos los países, principalmente debido a su mayor simplicidad para identificar a los pobres y, a partir de ello, para cuantificar la extensión de la pobreza en una sociedad determinada. Además, el método de ingresos permite establecer comparaciones entre distintos períodos de tiempo, entre países y entre regiones de un mismo país” 776. A pesar que con esta opción no se obtiene una imagen completa del fenómeno, la exigencia para operar con él es que la pobreza deba ser cuantificable, por lo que se trata de un concepto operacionalizable. De allí que se opte por “el método de la línea de la pobreza”. “La definición de una “línea de pobreza” expresa la idea de que puede estimarse un nivel de ingreso o consumo bajo el cual se estima que una persona o familia no ha alcanzado el nivel de bienestar mínimo y es, por lo tanto, pobre” 777

772 773

Luhmann, N.: Die Wirtschaft der Gesellschaft, Suhrkamp, Franfurt a.M., 1988 Luhmann, N.: Liebe als Passion, Suhrkamp, Franfurt a.M., 1986 774 Fundación Nacional para la Superación de la Pobreza: Informe sobre Pobreza, Santiago, 1996 775 MIDEPLAN: Pobreza y distribución del Ingreso en la Región del Bió Bío en CASEN 2002, pp. 5 776 Ibídem, pp. 5 777 Ibídem.

311
La línea de pobreza absoluta, que es la utilizada en Chile por la encuesta CASEN, expresa el nivel de ingreso o consumo mínimo que una persona o familia necesita para la subsistencia. Este nivel de subsistencia mínimo esta básicamente determinado por las necesidades alimentarias mínimas; es decir, el consumo de calorías y proteínas mínimas necesarias para mantener la actividad física y por la estructura y costo de una canasta básica de alimentos que satisfaga este requerimiento calórico y proteico. En Chile, mayoritariamente se usa la línea de pobreza absoluta basada en ingreso. Si el elemento clave para definir esta línea de pobreza son las necesidades alimentarias, a partir de ellas se define la línea de indigencia y luego la línea de pobreza, que considera adicionalmente necesidades no alimentarias. Toda familia o persona con ingresos inferiores al señalado por esas líneas es caracterizada como pobre o indigente según corresponda. En la construcción de la línea de pobreza se dan las siguientes etapas: 1. Definir el requerimiento de proteínas y calorías que satisface la necesidad alimentaria mínima. 2. Definir una Canasta Básica de Alimentos, basada en el consumo real de la población, que satisfaga los requerimientos calóricos y proteicos 3. Calcular el costo de la Canasta Básica de Alimentos, basada en los precios de mercado. Este cálculo arroja la Línea de Indigencia. 4, Estimar el costo de satisfacción de las necesidades mínimas no alimentarias. El costo total de satisfacción de las necesidades mínimas alimentarias y no alimentarias arroja la línea de pobreza. Así la argumentación que sirve de soporte a las políticas públicas llamadas de focalización, destinadas a la reducción de la pobreza e indigencia. En síntesis, la complejidad del fenómeno, tal como su carácter multifacético y relativo, se reduce a una cuestión de más o menos ingresos, separados por la definición de una “línea” de demarcación tanto para la pobreza, como para la indigencia, o extrema pobreza. Siempre en el ámbito de la necesidad de mediciones cuantificables, la metodología de las CASEN optan por el esquema de distribución individual del ingreso nacional, y no por el de la distribución familiar del mismo, que se ocupa en países como Alemania y en toda la EU para el cálculo del índice del costro de la vida, pero no para la medición de la pobreza. La diferencia de resultados en el caso de Chile es enorme. Por un lado, la medición individual de la pobreza arroja el siguiente resultado, según la CASEN 2003: del total de la población

312
chilena, la pobreza descendió de un 20,6 % en el 2000 a un 18,8% en el 2003. La indigencia descendió de un 5,7% en el 2000 al 4,7% en el 2003. Para el cálculo de los ingresos por familia, la metodología CASEN agrega sencillamente los subsidios estatales en salud, vivienda y educación, y los prorratea porcentualmente en cada uno de los quintiles de ingreso menor, de lo cual resulta:

Es decir, el ingreso real de $ 63.866 del decil I aumenta a $ 164.595, mientras que el del decil X permanece prácticamente invariable en 2.177,24 Pesos. Es decir, los subsidios focalizados se dan por evaluados en su impacto por decil, como si se tratase de una obviedad que su impacto fuese del 100%. Este método

313
altamente discutible que tiende a distorsionar las cifras de pobreza e indigencia, ha sido arduamente criticado 778. Respecto del impacto real y cualitativo de los subsidios, en un estudio del Servicio Nacional de Salud779 se constata, por ejemplo, que los usuarios pagan de su bolsillo alrededor del 71% de las prestaciones y el Estado sólo el 28,8%. Por lo tanto, la cobertura de FONASA no puede considerarse como absoluta, menos aún si todos los subsidios y pensiones asistenciales se financian las recaudaciones tributarias resultantes del IVA, que paga proporcionalmente quien consuma. Chatán, por ejemplo, arriba a resultados completamente discrepantes a los de Mideplan si se considera el IVA en el esquema de distribución del ingreso aún agregando el valor absoluto de los subsidios, pero descontando el porcentaje prorrateado del 19% de IVA por decil. De esta manera, el ingreso real del decil I aumenta a 69.220 Pesos y el del X desciende a 1.593.000 Pesos. Por otro lado, si se eliminan los subsidios, el ingreso del decil I corresponde a 14.818 pesos y el del X a 769,345 Pesos al mes, de tal manera que el decil más alto concentra el 41,2% del ingreso nacional y el más bajo el 1,2%. Esta escandalosa desigualdad en la distribución del ingreso significa que en el cálculo de la pobreza en Chile se tiende a distorsionar los datos empíricos ocultando los resultados que debieran informarse 780.

778 779

Chatán, J.: Distribución del ingreso y pobreza en Chile, CENDA, Santiago, 2004 El Mercurio, 2 de noviembre de 2004 780 Chatán, op. cit pp. 16

314

Por otra parte, resulta altamente incoherente y especulativa la argumentación con la que se construyen las líneas de pobreza e indigencia, las que a continuación se describen:

Pareciera que los parámetros tienen solamente una utilidad, la de realizar comparaciones internacionales, pues los valores anteriores resultan para cualquier persona en su sano juicio, el intento frustrado de una broma de mal gusto, o el resultado de mentes enfermizas. Por

315
otro lado, de la construcción de la canasta se excluyen todas las expectativas subjetivas como recreación, uso vagabundo del tiempo libre, fumar o beber alcohol, así como el equipamiento de las viviendas o sus costos de refacción, etc., además, los constructores de la encuesta parecieran valorizar los ítems con precios de hace por lo menos 5 años. La canasta familiar y las líneas de pobreza e indigencia son una vergüenza imperdonable, tal como el argumento de que en “el campo chileno hay menos dinero” para justificar la dicotomía urbano- rural con líneas por debajo de las urbanas. ¿Cómo se manifiesta la incorrección de los datos CASEN?. Si se tratara únicamente de un simulacro estadístico o un ejercicio de pizarra, ni siquiera valdría la pena considerarlos. Pero estos datos son determinantes para la definición, el diseño y la ejecución de las políticas sociales públicas, por lo tanto sus resultados son vinculantes para lo que se define como el logro de la equidad, fundamentalmente en dos sistemas funcionales, los que se pretende intervenir por medio de focalizaciones específicas: Uno de estas formas de intervención en el sistema educacional es la reforma de la educación chilena. En el sistema de atención de salud mediante la reforma a la salud y la introducción del Plan AUGE. Nos ocuparemos brevemente del primero de los intentos de Sin mayores cometarios, la reforma masiva al “intervención” 781. sistema educacional se propone terminar con la brecha entre la educación privada – cuyos costos en mensualidades y matrículas corresponden aproximadamente al doble del costo de los colegios municipalizados subvencionados – y la educación municipalizada en los niveles básico y medio. Por otro lado, se propone el logro de equidad en el último tramo decisivo del sistema educacional, la educación superior, que abordamos en un acápite por separado. En los establecimientos municipales estudia más de la mitad de la población escolar, en estos establecimientos 7 de cada diez alumnos pertenecen al 40% más pobre de la población. Además, el promedio de escolaridad del decil más pobre es de 7,5 años y el 80 % de los alumnos de colegios municipales pertenecen a hogares de adultos en los que el Jefe de Hogar no ha alcanzado el cuarto medio. Por otro lado “si un cupo en la sala de clases de un colegio privado puede bordear los $ 3 millones entre matrícula, mensualidad, cuota de incorporación, y otros” 782, eso significa que el gasto privado en educación equivale a aproximadamente a US$ 2.700 anuales por alumno mientras que el gasto público en educación aproximadamente a US$ 700, justamente al 3,9% del PIB, por alumno. A pesar de que el gasto ha aumentado en términos absolutos, en el ranking mundial,
781

Cox, C.: Reforma educativa: Resultados y desafíos en su etapa presente, Mineduc, DEG – CPEIP_ UDE; Santiago, 2003 782 El Mercurio, 27 de marzo de 2003

316
de 134 países, Chile se encuentra en el lugar 83 con el 3.9% de inversión en educación 783 El año 2004 se aplicó por primera vez un nuevo instrumento de evaluación para ingresar de la enseñanza media a la educación superior, la PSU. Como la reforma educacional lleva varios años en vigencia, debiera hacerse notar el impacto positivo produciendo más equidad, es decir, disminuyendo la brecha entre educación media privada y educación municipal. No obstante, sucedió justamente al revés. Los alumnos de los colegios privados acapararon el 75% de los puntajes más altos (63% en el 2003), mientras que la participación de los colegios municipalizados en los puntajes más altos, descendió al 9,8% el 2004 (20,5% en el 2003) 784. También la aplicación de la prueba del Sistema de Calidad de la Educación (SIMCE) aplicada el 2004 a 243.151 alumnos de Segundo Medio de 2117 colegios del país, arrojó resultados catastróficos para la reforma educacional que lleva casi seis años de vigencia, pues sus resultados fueron similares o aún peores en términos del logro de la equidad. En efecto, la brecha entre la educación particular pagada y la educación municipal o subvencionada se profundizó, como lo muestra en cuadro siguiente. La diferencia entre los colegios municipales y los privados alcanza a los 60 y 87 puntos en matemáticas y lenguaje respectivamente, mientras que en la medición anterior la brecha

correspondía a 58 y 79 puntos. Por otro lado, la aplicación del SIMCE demostró que la calidad de la educación chilena en términos comparativos, es deficiente. Frente a las pretensiones ilusorias del
783 784

UNO: Informe Mundial sobre desarrollo humano, 2004 Beyer, Harald: Reflexiones preliminares sobre la Prueba de Selección a la Universidad, Centro de Estudios Públicos, enero 2004

317
Ministerio de Educación en el sentido de convertir a Chile en un país bilingüe, el informe Pisa 2003 señala la necesidad del establecimiento de prioridades 785, en vista que más del 50% de los alumnos de más de 15 años no alcanza el mínimo de capacidad de lectura. 786 A los sofisticados esfuerzos de “hermoseamiento” de estos y otros catastróficos resultados de parte de la autoridad responsable, subyace un obcecado aferramiento a conceptos y métodos obsoletos a la hora de tematizar, describir y comprender la desigualdad social en Chile. Un rechazo injustificado y patético a la discusión de fondo en torno al concepto de exclusión, que en otros lados se despliega desde hace ya 30 años, resulta incomprensible. A más tardar desde la obra de Randall Collins 787, el concepto de estratificación por ingresos se considera limitada, obsoleta e inadecuada, aún más considerando el concepto de “subclase” de Myrdal788, diseñado para las regiones subdesarrolladas del mundo que señala que la tendencia al reduccionismo económico es la peor forma de conservadurismo. La observación de la desigualdad social que aquí desarrollamos rompe con el conservadurismo compensatorio de la vergüenza con cancioneros románticos como el discurso de “los valores”, que encarnan las teorías de la estratificación ideadas por Parsons y modificadas por Davis, Levy y Simpsons 789 y valora las investigaciones de Valdés sobre pobladoras y las de Sepúlveda y otros sobre consumo de pasta base en jóvenes chilenos790, entre otros tantos. ¿Qué tendría que ver la teoría de sistemas con la desigualdad social? ¿Cuáles son las ventajas del concepto de exclusión social? Una primera ventaja y al mismo tiempo la fuerza del concepto de exclusión social reside en su carácter multidimensional. Una segunda ventaja consiste en que la exclusión se observa siempre en relaciones de interacción, que nada tiene que ver con distribuciones estadísticas. Un tercer aspecto que se remite al contenido de este trabajo es el siguiente: las relaciones de interacción de las que se trata, parecieran asumir en la sociedad funcionalmente diferenciada, la forma de diferenciaciones de espacios. Pues justamente como en Santiago, una parte de la población masivamente excluida habita en espacios separados, en ciertos casos tan fuertemente extraterritoriales como vedados para los extraños.
785 786

Análisis de Políticas Públicas, Serie APP, Nº 27, abril de 2004 Informe PISA 2003 787 Collins, R.: The Credential Society. An Historical Sociology of Education and Stratification, Academic Press, N.Y., 1979 788 Myrdal, G.: Ökonomische Theorie und unterentwickelte Regionen, Fisher, München, 1974 789 Véase: Wieh, E.: Theorien der sozialen Schichtung, Piper, München, 1974 790 Valdés, T.: Venid, benditas de mi Padre, FACSO, Santiago, 1988. Sepúlveda, M. el al. : Futuro y angustia, Sur, Santiago, 1997

318
Sólo exagerando un ápice, podría compararse esta situación con una sutil expresión de apartheid. Tal como, al revés, en ciudades como Caracas, la paranoia de la “seguridad ciudadana” se observa en los intramuros de los condominios que evocan a la más deleznable de las instituciones totales, los campos de concentración nacionalsocialistas. Las exclusiones horizontales. cultura. La semántica de la posesión de

Hemos sostenido que si la centralidad de la diferenciación funcional no elimina las formas asumidas en la segmentación ni en la estratificación sino que las arrastra consigo, y que si además a cada una de éstas formas históricas corresponden observaciones de la exclusión desde la inclusión, las expresiones de la forma de operar de la inclusión en forma de discriminaciones generando exclusión pueden ubicarse tanto en el nivel vertical de las configuraciones biográfico- individuales (ingresos, remuneraciones, etc), como en nivel horizontal de las distinciones estéticas y culturales791. El argumento según el cual la estabilización de la diferenciación funcional arrastra consigo resabios, reminiscencias o estructuras actualizadas propias de la estratificación y algo similar se sostiene respecto de la segmentación, entonces es de suponer que la estructura profunda792 de la diferenciación funcional, es compatible con cualquier forma que produce exclusión, aún pasada, tal como la sociedad soporta mantiene y legitima niveles inimaginables de acumulaciones de exclusión social. La diferenciación funcional es únicamente la forma resultante de la articulación que asume la sociedad en la actualidad. Por ello es que a la pregunta respecto del por qué la sociedad se diferencia de este u otro modo, jamás será posible formular una respuesta taxativa y satisfactoria, sobre todo si la naturaleza de los sistemas sociales es la cerradura operativa de su operar; al operar únicamente por auto-contacto sólo pueden hacerlo ciegamente793. Por otro lado, al carácter altamente temporalizado de las distinciones operando que llamamos sistemas, corresponde a que carecen de espacios identificables con instituciones domiciliables. Por supuesto que el sistema político no reside en el Parlamento ni el sistema económico en la Bolsa de Valores. No obstante, en la forma en que la sociedad se auto-describe y conserva su pasado, en la especificidad de sus semánticas, se ocultan los mitos de “la estructura profunda de su espíritu”, parafraseando a Levi-

791

Nasehi, A.: Endlich die Menschen entdeckt? Über einige Unschärfen im Diskurs um “Inklution und Exklution”, conferencia, Mannheim, 2000 792 Geertz, C.: La interpretación de las culturas, Gedisa, Barcelona, 1997, pp. 43 y sig. 793 Luhmann, N.: Gesellschaftstruktur und Semantik, Suhkamp, Frankfrt a.M., Bd. I., 1990, pp. 20

319
Strauss794. Por supuesto que en la diferenciación estratificada el estrato superior monopoliza la auto-observación y la semántica de autodescripción, descripción y comunicación de la semántica son monofónicas en la sociedad. Si Luhmann define a las semánticas como un conjunto de premisas selectivas de sentido dignas de conservarse, la construcción del sentido semántico obedece a operaciones de tipificación de tipificaciones, es decir a la sedimentación de unidades significativas que se vinculan a la acción y a los eventos cotidianos, generalizados en calidad de idealizaciones o convertidos en familiares, obvios y conocidos795. El interés nuestro se distancia de las semánticas elegantes, lineales y elaboradas, a las que por lo general corresponde la comunicación reconstruida de la superficie de las estructuras comunicativas. Al contrario, nos interesa la semántica de los proverbios, de los chistes, de las groserías, del folklore, de los relatos informaría con más detalle acerca de los de la oralidad796. Ello solapamientos temporalizados de ejecución de las formas semánticas de la diferenciación estratificada que así se conserva y se pone a disposición para actualizarse indexicalmente en la puesta en uso de las conversaciones cotidianas. La primera forma de estratificación en la sociedad colonial, al estabilizar la pertenencia a una raza como el criterio axial de clasificación entre los seres humanos, no sólo generó discriminaciones a causa del tronco de origen 797. En efecto, tratándose de la aristocracia conquistadora, la que obviamente puso en práctica la penalización de los matrimonios entre los estratos, fuese por motivos raciales o por tratarse de personas pertenecientes a oficios deleznables, con el apoyo de la Iglesia Católica convirtió esas desigualdades en parte del plan divino. Si observamos el esquema anterior, éste corresponde a la observación de la sociedad desde el lado no marcado correspondiente a la práctica y convencimiento de la superioridad racial de la aristocracia, productora de racismo y xenofobia. Que en especial durante el fin de la colonia se haya generalizado la esclavitud en Chile, es una muestra fiel de lo anterior 798. Existen suficientes datos para argumentar que en la sociedad colonial, la identidad de mujeres y hombres era volátil. Reinaba la más absoluta anarquía en el uso de apellidos y nombres de pila, hasta el punto que un mismo individuo suele aparecer en un mismo documento con dos apellidos distintos. Muñóz supone una cierta Levi-Strauss, C.: Mytologica III, Der Ursprung der Tischsitten, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1974, pp. 52 y sig. 795 Schütz, A.: Der sinnhafte Aufbau der sozialen Welt, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1974, pp. 245 y sig. 796 Robles, F.: Observar, distinguir, conversar, 2004, manuscrito inédito. 797 Salinas, R.: Población, habitación e intimidad en el Chile tradicional, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (ed.): Historia de la vida privada en Chile, Aguilar, Santiago, 2005, pp. 11-48 798 Villalobos: El comercio y la crisis colonial, op. cit., pp. 90
794

320
relación entre el uso de un nombre unido con el apellido de un antepasado. Era común que tanto las hijas mujeres como sus hermanos varones usaran apellidos de antepasados y al transferírselos a sus hijos escogieran otro o varios de los dos árboles genealógicos de procedencia. Incluso llevaban el mismo nombre de pila variando el apellido 799; esta costumbre se fue perdiendo paulatinamente a mediados del siglo XVII e incluso hasta más tarde. Es difícil sostener que el sustrato de este fenómeno residía en la inexistencia de la auto-identidad social. En cambio, el uso de varios nombres y apellidos simultáneamente o la usanza de cambiárselos en el curso de sus vidas, y la aceptación social de estos procedimientos, indican que en la sociedad colonial aún no existía en concepto de individuo, tal como su uso masificado y aplicable a todos(as) se generaliza en Europa recién a principios del siglo XVII 800. Por ello es que la identificación del Yo con el nombre (y el apellido) era tan ambivalente y la indicación del destinatario de la comunicación fluctuaba según programas de regulación idiosincrásica. La ausencia del concepto de individuo se confirma desde la observación de la estructura de la sociedad colonial: a) la articulación de los espacios de vida colonial bloqueaba cualquier forma de intimidad: hasta el siglo XVIII, las casas coloniales no tenían puertas 801; b) hasta muy tardíamente, el sistema de la familia era prioritariamente un asunto de intercambio de intereses materiales 802, que daba origen a una sociedad conyugal productiva y reproductiva, pero sin obligadamente involucrar a las afectividades; c) la desaparición muy temprana de los hijos, en especial de los recién nacidos, contribuía a relativizar el amor filial. De otra parte la trivialización de la negligencia paterna y materna acentuaba el aumento de la mortalidad infantil 803. A excepción de la Summa Tomás de Aquino y las Confesiones de Agustinus, la mayor parte de los libros existentes en el siglo XVII eran epistolarios, homilías, colecciones universales de bulas y otros, que no consignaban el nombre del autor. La unificación de autoría y obra, tal como la atribución de un texto a un autor son fenómenos relativamente recientes, que según Foucault se ubica a fines del siglo XVI y principios del XVII en Europa 804. Muñóz, J.G.: Mujeres y la vida privada en Chile colonial, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (ed.): Historia de la vida privada en Chile, Aguilar, Santiago, 2005, pp. 96 800 Luhmann: Individuum, Individualität, Individualismus en: Niklas Luhmann: Gesellschaftastruktur und Semantik, Tomo III, op. cit. pp. 149 y sig. 801 Goicivic, I.: La sociabilidad de los niños y jóvenes populares en el Chile tradicional, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagredo (ed). Historia de la vida privada en Chile, op. cit, pp.240 802 Salinas , R.: Población, habitación e intimidad en el Chile tradicional, op. cit., pp. 222 803 Ibídem, pp. 232 804 Foucault, M.: Que’est qu’un auteur?, en: Bulletin de la Societé francaise de Philosophie, 1969, 3, pp.73-104
799

321

Si la inexistencia de autorías y menos de conceptos tales como el de “la buena madre” 805 emergen con las primeras figuraciones modernas, menos aún podría existir en el Chile colonial, el concepto de individuo. Levi-Strauss sostiene que para develar la estructura de los sistemas de designación y sus codificaciones complejas remitidas a la estructura del parentesco, el individuo debe ser tratado como especie 806 La diferenciación de la sociedad chilena estuvo marcada por la segregación de la cultura del bajo pueblo y por la exclusión territorial de la cultura campesina. La hegemonía de los centros urbanos a pesar de su precariedad infraestructural – hasta 1925 se discutía si dotar o no de alcantarillado a Santiago y a las ciudades más grandes807 – que monopolizaron las instancias de decisión, indica que el sustrato de la diferenciación de la sociedad desde la Colonia, pasando por la república desde 1818 hasta muy poco tiempo, obedeció a la forma centro-periferia, la que se va repitiendo hasta aproximarse al “colonialismo interno” 808. Por ello es que en medio de la diferenciación funcional de la sociedad, ortogonalmente la reproducción biológica de las individualidades en la inclusión continúa siendo endogámica en lo básico. La aristocracia de la república portaliana ha desaparecido, también la “oligarquía” liberal químicamente pura, junto a la incorporación de extranjeros dignos destacando el medio dinero y poder, ha abierto paso a la burguesía chilena, pero lo que jamás desaparecerá es el velado cierre endogámico de la sociedad de la “gente bien”809. Muchos historiadores y cronistas señalan que distinciones elementales como decente/roto, son una herencia mutable pero bien conservada de la semántica colonial. Una expresión de la “cultura del ocio” de la burguesía chilena del siglo XIX fue el “Álbum de vanidades” de las señoritas de alta alcurnia. En el cultivo de las tertulias, en las cuales no sólo se cultivaba el arte de la conversación, sino además la lectura de poemas y tocar el piano, aparecía algún Álbum “y no era raro que la dueña pusiese a un invitado en el compromiso de escribir alguna cosa. Pero las colaboraciones más pensadas o poéticas requerían de tranquilidad”810 Hasta hoy la condición funcional de la existencia de cuerpos vivos que se reproduzcan biológicamente mediante las relaciones heterosexuales, encuentra en Chile un correlato endogámico de “ricos” que se casan entre “ricos”, así como de “pobres” que se casan con “pobres”. Y también en la existencia de una “mesocracia” difusa de los
805 806

Salinas, R.: Ibidem, pp. 346 Levi-Strauss: El pensamiento salvaje, FCE, México, 1962, pp. 278 807 Villalobos et al.: Historia de Chile, op. cit, pp. 687 808 González Casanova, P.: Sociología de la explotación, Siglo XXI, México, 1966 809 Véase Subercaseaux, B.: Historia de las ideas y de la cultura en Chile II, op. cot., pp. 29 810 Villalobos, S.: Álbum de Vanidades, en: Dimensión Histórica de Chile, Mujer Historia y Sociedad Nº 13/14, 1998-1998, UMCE. Santiago, pp. 34

322
“fulanos” que se casan con “fulanas” “de medio pelo”. ¿Sería imaginable en las páginas de la “vida social” del Mercurio, el anuncio del enlace entre una señorita portadora de uno de los apellidos “aristocráticos”811 con un señor de apellido cualquiera domiciliado en Cerro Navia? Del mismo modo, la paradoja de la exigencia de “integración” de mapuches y pehuenches como condición de inclusión básica en la abstracción de la ciudadanía, a contrapelo con la emergencia de las protestas étnicas en el último decenio, ha hecho reflotar las semánticas del “indio flojo y borracho”, reeditando la unidad territorial de la Nación ante el riesgo de segregación812. Con ello resurge también la semántica de la superioridad racial frente a la subrepticia alegría ante el desmoronamiento de Argentina – “ahora podremos tener “nanas” argentinas” - , y sobre todo con la indignación silente ante los movimientos migratorios de peruanos y peruanas en la capital. Pareciera que la xenofobia se autoargumenta siempre con la amenaza de la invasión813 – ya sea territorial si los extraños ocupan viviendas y espacios públicos, o reclamando el derecho a la endogamia en el caso de matrimonios entre etnias, hasta que se invente que los extraños “nos vienen a robar trabajo a los chilenos”. El racismo pareciera ser por regla general un fenómeno insólito. La seducción de la masa por el poder814asume la forma de la más horrenda de las paradojas: la barbarie nacionalsocialista surge en Alemania, el país más desarrollado, culto y supuestamente más “metafísico” de Europa, según Heidegger815, la xenofobia y el crimen racista de la década del noventa nace de las ruinas del primer Estado Obrero y Campesino en suelo alemán, la ex República Democrática Alemana, hasta la década del sesenta en los Estados del sur de los EEUU predominó una sociedad abiertamente racista. Curiosamente, la exclusión del sentido y cuerpo y las discriminaciones horizontales – estéticas y culturales – frente a la observación de la alteridad inferior y empobrecida, resurge como xenofobia cruzando a toda la sociedad chilena sin distinciones políticas, de pertenencia a capas sociales o de religión. Pareciera ser un motivo de irritación en la cognición autopoietica de las individualidades, las que justamente de la cerradura de la conciencia inspiran racismo, tal como el poeta que pensando se inspira para componer su obra 816. Karl Löwith señala que “el concepto de progreso

811

Como los citados por Villalobos en: Villalobos, S.: Auge y ascenso de la burguesía chilena, Universitaria, Santiago, 1982 812 Bengoa, J.: Historia de un conflicto. El Estado y los mapuches en el siglo XX, Planeta, Santiago, 1999, pp. 25 -44 813 Arendt, H.: Eichmann en Jerusalén, Grijalbo, Madrid, 1990 814 Canetti, E.: Masa y Poder, Muchnik, Hamburgo, 1960 815 Heidegger, M.: Introducción a la Metafísica, Nova, B.A., 1936, pp.76 816 “Nuestra inferioridad económica”, la obra errática, ideológica y racial de Francisco Antonio Encina quien procura explicar esa inferioridad en el equívoco garrafal de los defectos de españoles agrega además que los primeros habitantes del nuevo Mundo

323
camina subrepticiamente sobre el de desarrollo. Nosotros hablamos de países “subdesarrollados” pensamos con ello en aquellos que todavía tienen que desarrollarse, en la medida en que aprendan del progreso de la civilización occidental”817. Y el desarrollo es justamente el mito de nuestras sociedades, es el añadido infaltable de cualquier discurso. Por otro lado, en las semánticas de la oralidad de la interacción conversacional hay un caudal de patrones que admiran hasta la genuflexión a los “colonizadores” alemanes siguiendo la mitología de su presunto “trabajolismo” y “orden” – hasta hace poco, llegando al extremo de justificar los ilícitos de la “Colonia Dignidad” “porque hacen el bien” - , por lo que la xenofobia chilensis respecto de la alteridad es altamente selectiva: reprueba a la alteridad supuestamente inferior, pero admira y añora la alteridad presuntamente superior. Siguiendo a Nietzsche, el discurso xenofóbico chileno articularía así subrepticiamente el convencimiento reprimido de auto-inferioridad de quien lo articula 818. Tal como la colonización cognitiva clavó la idea de progreso, resultante de la distinción adelanto/atraso, la modernidad chilena conlleva la hipóstasis de “los valores” y el mito casi maníaco del “desarrollo” que supone la posibilidad de alcanzar a los “avanzados” convirtiendo a la pobreza en un hecho “natural”, análogamente a la naturalización de la superioridad racial de la alteridad dominante819. Del mismo modo, se transpone la miseria a la auto-culpabilidad de los pobres “porque son flojos”, tal como durante el período de la dictadura el repertorio de disculpas y justificaciones 820 incluía la autoculpabilidad de encarcelados y torturados e incluso la justificación de que “hay que torturar porque ellos también lo hacen “, o que “si no los matábamos, nos mataban ellos”. En la base de la interpretación específica de las oligarquías respecto del “deber ser” de la sociedad chilena, se encuentra el “modo de ser aristocrático”. Se trata de una constelación significativa de visiones compartidas “que les permitía identificarse como iguales” 821. El fundamento pretérito de este “modo de ser” era por cierto la herencia hispánica, pero – así Fernández - la matriz racial y fueron presidiarios, prostitutas, aventureros, analfabetos (como Pizarro), o estafadores como Cortés y otros. Löwith, K.: Das Verhängnis des Fortschritts, en: Varios : Die Idee des Fortschritts, Beck, Munchen, 1963. pp.17 818 Neitzsche, F.: Más allá del bien y del mal, RBA, Barcelona, 2002, pp. 41 819 Quijano, A.: Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, en E. Lander (comp): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, CLACSO, B.A., 1993, pp. 201-246 820 Scott, M. y Lyman, S: Verantwortungen, en: H. Steinert (ed.): Symbolische Interaktion, Klett, 1973, pp. 294-314 821 Fernández, E.: Estado y Sociedad en Chile. 1891-1931, Lom, Santiago, 2005. pp. 68
817

324
económica del sentido de la dominación se sustentaba hasta adentrado el siglo XX, en dos elementos claves. Por un lado, el sentimiento de superioridad moral de las oligarquías, que se manifestó en su auto denominación como “clases superiores”. Por otro lado, una concepción patrimonial de las prácticas políticas, administrativas y legales, como si fueran una mera prolongación de sus intereses personales822. Que en medio de la desobediencia y el desorden, las elites oligárquicas crean haber perdido el “ascendiente moral “sobre los “rotos”, obedece a su decadente y limitada observación del mundo, sesgada en las versiones modificadas y corregidas de la semántica de la dominación que consagró los largos siglos de dominación colonial; a saber, el principio de la obediencia como necesidad racional y la superioridad de la raza blanca sobre el resto. Exagerando un ápice, el discurso aparentemente “consensual” de la superioridad de la cultura y el ascendiente moral fueron probablemente el remedo irónico de resonancia de la clase “gobernada”, todavía incapaz de rebeliones efectivas contra la minoría gobernante, parafraseando a Gaetano Mosca. Por ende, sería absurdo hablar de crisis de legitimación en un sistema político dominado por partidos de “patrones”, eficaces sólo en los breves períodos eleccionarios. Los estudios que describen los métodos para realizar “matanzas sin remordimientos” 823, tal como el estudio de clasificación de “disculpas y justificaciones” 824, ambas investigaciones inspiradas en el interaccionismo simbólico y la etnometodología, articulan métodos insólitamente similares a las semánticas anteriores825. Frente a lo inacabado de la inferioridad por “incultura” que promueve la repugnancia, también el paradigma de la compasión encuentra salida en la ideología del “hacer el bien”. A principios de la década del 60, la sociedad chilena era la perfecta ecuación de Filantropía - hoy se diría www.filantropia.com La omnipotencia de la educación – desde Rousseau vigente en Manuel de Salas pasando por Aguirre Cerda, Eduardo Frei Montalva y el empresariado chileno, los paladines de la modernidad - y la posesión de la cultura conserva una inesperada vigencia en las semánticas que codeterminan las condiciones de posibilidad de los programas –temas de los sistemas conversacionales de interacción. Sin embargo, en la idea de superación vinculada al progreso lineal de las individualidades ajenas, la posesión de la cultura opera duplicando el sentido de su uso en el lenguaje; por un lado, la superación ajena se argumenta con “la falta de cultura” – por hetero-observación (Fremdbeobachtung) y comprensión del Fernández, E.: Estado y Sociedad en Chile. 1891-1931, Lom, Santiago, 2005. pp. 69 y sig. Duster, T.: Bedingungen für Massenmord ohne Schuldgefühl, en: Heinz Steinert (ed.): Symbolische Interaktion, Klett, Stuttgart, 1973, pp. 76 824 Scott, M y Lyman, S.: Verantwortungen, en: Heinz Steinert (ed.), op. Cit., pp. 294 825 Robles, F.: Los sujetos y la cotidianeidad, Dirección de Investigación, U. de C., Talcahuano, 1999
823 822

325
sentido ajeno (Fremdvertehen) - , por el otro, la posesión propia de la cultura es la condición de superioridad de estatus y el argumento basal de la hetero-observación, validada por auto-observación. Procuraremos describir cómo la forma de la transformación del concepto de cultura hasta la actualidad, contribuye a catalizar la autoreproducción de las semánticas de exclusión antes esbozadas. En el sentido cibernético, los sistemas autopoieticos disponen de memoria; por supuesto que no se trata de una memoria neurofisiológica, sino que de un recurso autoproducido y operativo de los sistemas826. Construir y hacer uso de una memoria, es una capacidad especializada de un sistema, se trata de un producto colateral de la autopoiesis basal de su forma de operar. Siguiendo la argumentación de Glanville827, Von Foerster828 y otros, la función de la memoria consiste en afirmar los límites de los exámenes de consistencia que realice el sistema, manteniendo al mismo tiempo abiertas las capacidades de procesamiento de informaciones del sistema, para que permanezca sensible a nuevas irritaciones. Por lo tanto, los sistemas se confrontan sistemáticamente a dos alternativas: recordar u olvidar. Si aparece algo desconocido, dicha situación puede ser evaluada como única y situacionalmente condicionada, lo que facilita el olvido829, pero por repetición tipificante, se recuerda lo relevante. Un sistema en posesión de una memoria, puede discriminar selectivamente entre recordar y olvidar. No obstante, para permitir el ingreso de nuevas informaciones, el sistema está siempre obligado a olvidar. Si pudiese recordarlo todo, esta operación conduciría a su autobloqueo830. No obstante, la presión del olvido por razones estructurales, se puede inhibir mediante la condensación de identidades, las que pueden actualizarse si es necesario. Por ello, recordar es una actividad reflexiva o equivale a la represión de la represión. El olvido es la función elemental (y compensable) de la memoria. Ahora bien, ¿en qué consisten las identidades? La identidad obedece a la distinción entre Mismidad y Otredad. Es decir, entre lo confiable y lo sospechoso, entre lo conocido y lo desconocido, entre el lugareño y el extranjero. Las semánticas de la sociedad afirman, por ejemplo, la identidad de “patria”, “nación”, marcando el lado de lo conocido y propio y excluyendo el lado de lo desconocido, lo extraño y

826

Schmidt, S.: Vom Text zum Literatursystem, en: Peter Hejl y Siefried Schmidt (ed.): Einführung in den Konstruktivismus, Piper, München, 1998, pp. 147-165 827 Glanville, G.: Das Selbs und das Andere: Der Zweck der Unterscheidungen, en: Dirk Baecker (ed.): Kalkül der Form, op. cit., pp. 86-94. 828 Von Foerster, H: Time and Memory, manuscrito, 2002 829 Von Foerster, H.: Das Gedächnis, Wien, 1948 830 Luhmann, N.: Gesellschaftstruktur und Semantik, Bd. 4, Op. Cit, pp. 48

326
sospechoso831. Tanto Schütz como Bauman832 abordan el tema de la alteridad en “el forastero”. Schütz señala que el forastero, en la observación del lugareño, se caracteriza por (a) pertenecer a un mundo en el que su vida cotidiana no es homogénea; (b) es incoherente en sus acciones e ideas; (c) su conocimiento no es consistente; (d) está lleno de contradicciones. “Desde la mirada del grupo al cual se acerca, es un hombre sin historia”833

En el sentido de la construcción de identidades mediante la memoria, la cultura es un concepto histórico. La cultura de los sistemas sociales es la memoria, sobre todo del sistema de la sociedad. Dicho de otra manera, la cultura es la forma del sentido de la recursividad de la comunicación social834. Nos interesa fundamentalmente un concepto de cultura que se actualiza en las semánticas de la sociedad chilena. Es decir, su comprensión como una atribución de no-identidad dotada de “valor propio”. Esto nos remite directamente a la forma de comunicar, es decir, a la escenificación de la comunicación, al trabajo con la cara, al manejo de las impresiones, como ha explicado Goffman, de programas-tema externalizados que marquen el lado ausencia del sistema de interacción, en otras palabras, a la exteriorización del sentido, por un lado, pero además a la rearticulación entre sentido, lenguaje y cuerpo, por el otro, justamente los medios compartidos por la conciencia y la comunicación que dan lugar a su oscilación ecológica. La posesión de la cultura adquiere una doble significación: escenificarla en forma “cultivada” de comunicar y vestir, desplazar y usar el medio implícito cuerpo con el refinamiento de quien está en posesión ella835.

Schütz, A.: Der Fremde, en: Gesammelte Aufsätze. Studien zur soziologischer Theorie 2, Nijhoff, Den Haag, pp. 53-68 832 Bauman, Z: Modernidad y ambivalencia, op. cit, 833 Schütz, A.: Der Fremde, en: Gessamelte Aufsätze 2, Nijhoff, Den Haag, 1972, pp. 60 834 Luhmann, N.: Kultur als historischer Begriff, en: Gesellschftstruktur und Semantik, Tomo 4, Suhrkamp, Frankfurt a.M., pp. 30 835 Luhmann: Kultur als historischer Begriff, en: Gesellschftstruktur und Semantik, Tomo 4, Suhrkamp, Frankfurt a.M., pp. 31-54

831

327
Este primer concepto moderno y hoy vigente de cultura, heredero y primogénito del negocio de la Ilustración, que se sustenta sobre la operación de comparación. Se supone que este concepto, que permite la asimilación, el parangón, el cotejamiento y la igualación, sustituye a la distinción entre civilización y barbarie y supone la posibilidad del tráfico “civilizado” entre culturas, teniendo en cuenta las diferencias de “identidad” de las culturas desconocidas, distintos idiomas, formas desconocidas de comportamiento y vestimenta, etc. La dramatización de estas diferencias lleva a la distinción entre “pueblos” y “naciones”, conceptos que hasta antes de principios del siglo XX eran prácticamente desconocidos836. El contraconcepto de comparación es el de civilización, lo que en el lenguaje ilustrado significa que “en principio”, tanto los pueblos como las naciones pueden llegar a ser civilizadas, pero que al compararlas con la propia civilización, algunas están más cerca y otras más lejos de la civilización.

Entendida de este modo, la cultura sería un concepto que opera como “un valor en sí mismo”, a veces vacío de contenido, pero cargado de condiciones que aseguren una escenificación correctamente “culta”, la cultura es un proceso de cultivo, el de las maneras. Si entendemos que el concepto de cultura es exclusivamente histórico, que está vacío en contenido pero lleno de maneras educadas y altamente socializadas de hablar y de condiciones específicas de escenificación, en la diferenciación funcional, la posesión de cultura opera como un mecanismo de inclusión; todo esto observado desde la posesión resultante de la comparación. Por lo tanto, el concepto de posesión/no posesión de la cultura es como un producto implícito de la identidad, la posesión de cultura se identifica con el poseedor, el desconocido, el forastero carece de ella 837. La distinción mismidad/otredad sometida a la operación de autología, es la perfecta paradoja. Si se autoaplican ambos lados de
836 837

Baecker, D.: Die Form der Kultur, (manuscrito), en: www.uni-wh.de/baecker Mignolo, W.: Diferencia colonial y razón post-occidental, en: Santiago Castro- Gómez (ed.): La reestructuración de las ciencias sociales en América Latina, Pensar, Bogotá, 2000, pp. 3-28

328
la distinción a la forma, por ejemplo de los convencidos que son los mismos, ante la aparición de la otredad no podrán distinguir si son lo que creen ser, si sólo aparentan serlo, o si convendría más ser la otredad. Por ello es que la oscilación entre “ser y parecer” es el principio que posibilita la movilidad social más allá del Chile colonial 838. Nace el arribismo, la enfermedad crónica del chileno medio. Por ejemplo, el patriota que desprecia a los extranjeros, si atraviesa la frontera de la patria, se convierte él mismo en la imagen su desprecio, porque es un extranjero más. Que el mestizaje sea el mecanismo de constitución de los chilenos, pone de manifiesto que la mismidad extrema inmoviliza y que la oscilación entre mismidad y otredad es altamente productiva. El principio del orden colonial “se acata pero no se cumple” convirtió en imposible el mantenimiento de un orden estratificado con la rigidez de las ordenanzas, lo que nada aminora su función excluyente 839. En la ejecución de la cultura se plasma la dimensión práctica del sentido. En la forma de la cultura, se reconoce la distinción entre el comportamiento correcto e incorrecto, este vacío de contenido se compensa con un código de costumbres, convenciones y comportamientos, cuyos valores se diferencian claramente, porque justamente pertenece a la cultura que algunos individuos sepan distinguirse como “distinguidos” y otros no. Por ello es que la reinvención de la civilización opera como la semántica discriminatoria de lo correcto y lo incorrecto, porque en última instancia se trata del cultivo de la posibilidad de poder operar con esa distinción.

Es en este contexto que la dimensión temporal de la configuración del sentido, juega un papel central en la observación de cada uno de los lados. Sobre todo mientras en Chile existió la cultura

838

Valenzuela, J.: Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia, op. cit., pp. 74 839 Retamal, J.: Fidelidad conyugal en el Chile colonial, en: Cristian Gazmuri y Rafael Sagredo: Historia de la vida privada en Chile, Tomo I, op. cit., pp. 49-70

329
y la comunicación del “orgullo de trabajador”840 articulada como “la nueva música chilena”, “la cultura de la protesta”, “lo correcto” fue sinónimo de ridículo, siútico, cursi, amanerado, momio, retrógrado y deficitario. Los códigos de comportamiento que obedecían a esta distinción (hasta que se invirtieron), la comunicación de la cultura de la “autenticidad” arrancó de plano la antaño hegemónica forma de comportarse del llamado Manual de Carreño. Singularmente, con la desaparición de los referentes de clase que ineluctablemente sobrevino a la dictadura militar, una curiosa reedición del cultivo de los modales parece sobrevenir a la presuntamente fenecida cultura popular alternativa. Se confirmaría entonces que, en el contexto de las semánticas brevemente descritas, los sistemas de interacción que inspiren o condicionen sus programas-tema en ellas, operan como interruptores de programas acoplados a códigos específicos, se desvinculan de todo para que todo valga cuando se conversa, una buena conversación es selección en plena contingencia. No obstante, lo que más abajo llamamos inclusión secundaria, asume en este caso la función de guía o manual de decisiones si se trata de un fenómeno en absoluto privativo de los chilenos: el arribismo. 841 Por supuesto que la vigencia plena de esta semántica de la cultura en Chile obedece a la vieja distinción “gente bien” /”roto”. La gente tiene cultura, los rotos no. Esta distinción ha demostrado una enorme estabilidad en el curso de la historia. Incluso en el uso indexical de ella se habla del “buen pelaje” de la gente, y del mal pelaje del “roterío”, que hasta pueden “no tener pelaje”. Agregando algunos vocablos equivalentes pero sin contraconcepto, habría que describir el uso indexical de: “picante”, “huachaca”, “camboyano”, “rotito”, “charcha” y otros por el estilo. Las expresiones indexicales que estigmatizan son un 842 que pueden operar componente de “las ceremonias de degradación” recíprocamente. Desde 1890 que se usa el vocablo “siútico” y” pituco”, más tarde “momio”, “cuico”, “palta”, “aweonao” y otras. Las distinciones estéticas y culturales son de enorme importancia. Son la memoria del sistema operando de forma implícita. Por ejemplo, un ejecutivo preferirá a una ingeniero comercial que corresponda a sus preferencias estéticas y culturales, a una que “sea gorda, hable como rota y se vista mal”, aún si demuestra infinitamente más capacidades que la primera. Del mismo modo, en muchos Colegios privados, Universidades y en carreras de moda como Sociología, las preferencias de los alumnos por sus profesores no se Salazar, G., Pinto, J.: Historia contemporánea de Chile, III, Lom, Santiago, 2002, pp. 177 y sig. 841 Covacevich, A: La hipocresía en Chile, Tiempo Nuevo, Santiago, 1985 842 Garfinkel, H.: Condiciones para el éxito de ceremonias de degradación, (inédito, traducción de F. Robles )
840

330
orientan de acuerdo a sus competencias y dominio de los conocimientos especializados, sino por la laxitud de sus evaluaciones, al valor agregado de regalo que incluye a la hora de poner notas, su apego irrestricto a una curiosa ley de la física de los cuerpos llamada “la ley del menor esfuerzo”, a su flexibilidad con los ausentismos y por su simpatía sonriente para con ellos. Las selectividades estéticas y culturales canalizan decisiones determinantes a la hora de poner a prueba la forma de comunicar – la distinción selectiva determinante de la construcción de domiciliaridades sociales - tanto del lado del que debe tomarla y se encuentra sometido a una presión de selectividad, como por parte del aspirante a portador del rol que aspira a la reabsorción del lado positivo del programa respectivo – aceptación. Si esta semántica de la cultura es “un valor en si”, usa como medio de comunicación simbólicamente generalizado a los valores, que por carácter ambiguo y difuso, han colonizado la semántica de las distinciones, expectativas, auto-descripciones de identidades, proyectos políticos, etc. Quien rememore someramente la “discusión” de mayo de las precandidatas presidenciales de la Concertación, concluirá que el sistema político chileno ha sufrido una extraña mutación, se ha convertido en metafísico y extra-mundano843. Bastaría con el siguiente citado de Heidegger acerca de los valores: “El pensar contra los “valores” no sostiene que todo aquello que se considera como “valores”, la “cultura”, el arte, la ciencia, la “dignidad humana”, “mundo”, y “Dios” – carezca de valor. Más bien, se trata de comprender – por fin que precisamente al caracterizarse algo como “valor” lo así evaluado pierde su dignidad. Esto quiera decir: al tasar algo como “valor” solamente se acepta lo avaluado como objeto para el aprecio del hombre. Mas aquello que es en su ser no se agota en su objetividad, y máxime no allí donde la objetividad tiene el carácter de “valor”. Todo valorar es – aún allí donde valora positivamente – una subjetivación. No deja que el ente sea, sino que al valorar deja únicamente que el ente, como objeto de su actuar, valga. El extravagante afán por demostrar la objetividad de los valores so sabe lo que hace. Si se pregona a Dios como “el supremo valor”, es esto rebajar la esencia de Dios. El pensar en valores es aquí – y en general – la más grande blasfemia que se pueda pensar frente al ser. Pensar contra los valores no significa tomar partido por la ausencia de valores y nulidad de los

Los órdenes discursivos de ambas aspirantes a la Primera Magistratura se articularon sobre ejes aglutinantes, Alvear aspira a que Chile sea “una sociedad con valores” y Bachelet a que “sea una sociedad con “igualdad”. Antes de la elección primaria, Soledad Alvear renunció a competir con su contrincante.

843

331
entes, sino traer - contra la subjetivación del ente como mero objeto – el despajo de la verdad del ser ante el pensar”844 En la semántica de la sociedad chilena, por consenso comunicacional y en discurso de los “opinólogos” y en los medios de comunicación, incluso se le ha encomendado a un sistema funcional específico, al sistema de la religión, el monopolio del tratamiento y resolución de la comunicación de conflictos y temas “valóricos”. Por lo tanto, los valores no se vincularían a la ética y al subcódigo de la moral: aprecio/desprecio, bueno /malo, como se repite, sino que a la salvación del alma, desde la inmanencia terrenal. Luhmann piensa que los valores compensan la pérdida de realidad que existe en el paso de la observación de 1º orden a la observación de 2º orden. “Los valores son socialmente estables, porque son lábiles psíquicamente”845 Al parecer, se pone en uso la posibilidad más difundida de la religión y de Dios: se pone en paralelo la distinción inmanencia/trascendencia con lo profano y lo sacro y se conceptualiza poniendo en disputa que no hay a Dios como trascendente846, salvación fuera de la fe y de la Iglesia. Si esto es así, entonces ¿qué tiene que ver la Iglesia Católica con el uso de un medio de comunicación simbólicamente generalizado como los valores? A pesar de todo, se habla incluso de contravalores o de personas que tal como no tienen cultura, tampoco tienen valores. Seguramente es por ello que el medio del código inmanencia/trascendencia del sistema de la religión usa el medio valores para auto-catalizar su operar y vincular sus programas a las vivencias asimétricas de Alter y Ego, para acrecentar otro medio de interacción: la influencia. Sobre todo en los medios de comunicación, donde aparecen preferentemente sacerdotes hablando del divorcio, del aborto y de otros tabúes de la sociedad chilena, por supuesto que se omite el alcoholismo, porque es una lacra socialmente aceptada. Las desigualdades estéticas y culturales son un parásito de la diferenciación funcional. Parasitismo acentuado ante la imposibilidad de auto-limitación de los sistemas parciales acoplados entre sí, pero que los límites de las comunicaciones codificadas se desdibujen no es, sin embargo, un factor que desvirtúe los acoplamientos. Es justamente al contrario, sólo con eventos que ayuden al aumento de opciones de selectividad, se consigue asentar el acoplamiento laxo entre dos sistemas, que es más cómodo y estable. Así lo demuestra el uso del medio valores por una organización específica como la Iglesia Católica.

844 845

Heidegger, M: Carta sobre el humanismo, Peña Hermanos, México, 1998, pp. 107 Luhmann, N.: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op, cit, pp. 343 846 Luhmann, N.: La distinción: Dios, en Niklas Luhmann: Teoría de los sistemas sociales II, op. cit.., pp. 171

332
El concepto de parásito de Michel Serrés es un concepto exclusivamente cibernético, y no biológico y menos antropológico 847. En este sentido, el parásito es una anomalía, una molestia inherente al operar de los sistemas. No hay sistemas sin parásitos, el parásito es una especie de tercero encerrado y excluido, cuya irritación pone al sistema en estado de alerta, lo obliga a que oscile y potencialmente a que genere mutaciones importantes. El parásito no tiene una connotación negativa. Fríamente dicho, porque nosotros somos entornos de los sistemas, al irritarlos, molestarlos, obligarlos a mutar, los individuos somos parásitos potenciales de los sistemas sociales. Del mismo modo, la desigualdad social es el parásito de la diferenciación funcional, si en forma de una exclusión masificada y concentrada en grupos territoriales que organizan movimientos de protesta, le sirve a un sistema inteligente para dejarse irritar, para decodificar las perturbaciones aprendiendo de ellas, abriéndose cognitivamente a la comprensión de la comunicación de la protesta, y estando dispuesto a mutar. La gran ventaja de la comunicación de irritaciones 848 es que justamente porque comunica invita a la inclusión del interlocutor incluyéndolo. Si el sistema es estúpido, desechará la comunicación del parásito usando el cinturón de protección de sus auto-descripciones. Un sistema sin perturbaciones se momifica, despilfarra sus posibilidades de coordinación con el entorno contingente, de autoreferente enferma de autismo. Ha perdido la memoria. Que la comunicación del conflicto es el parásito necesario de los sistemas de intimidad, se puede ilustrar con múltiples ejemplos. Suprimiendo al parásito, los sistemas de intimidad pierden sus potencialidades de auto contacto, las máquinas comunicantes individualizadas enmudecen. ¿Puede existir una forma más radical de exclusión que la no-comunicación y la indiferencia? De allí la relevancia de la observación de las desigualdades horizontales –estéticas y culturales – catalizadores de exclusión. Si la exclusión se reduce a un problema de más o menos ingresos, jamás podrá entenderse la complejidad del fenómeno, y menos observar su carácter individual.

Demarcaciones, dominios y segregaciones. Las formas de la exclusión territorial.

847

Serrés, M.: Le parasite, citado por Luhmann: Die Gesellschaft der Gesellschaft, op. cit., pp. 661 848 Luhmann, N.: Die Behandlung von Irritationen. Abweichung oder Neuheit?, en N.Luhmann: Gesellschatsstruktur und Semantik, Bd, 4, Frankfurt, 1995, pp. 55- 100

333
Excluir se puede sólo a los individuos, a las personas. A una máquina no se la excluye, se la desecha. Las conciencias ajenas son imposibles de excluir porque ni siquiera son observables. No se puede excluir a los sistemas, porque no son ubicables y tampoco tienen domicilio, son inubicables849. Tampoco el entorno ecológico es excluible, podemos negar su existencia pero la confirmamos al respirar hablando, se puede pensar como inexistente pero no es posible suprimirlo850. En cambio, como los individuos observados tenemos una domicialiaridad social, habitamos en un espacio y transcurrimos en el tiempo, sólo nosotros somos excluibles. De allí que cualquier exclusión sea obligadamente un proceso que lleva implicada la transformación del espacio territorial que ocupamos y una ruptura temporal insoslayable del mismo. Desde el rechazo de la comunicación encarnada en la indiferencia que acaece en un sistema de interacción de intimidad que nos lleva a la búsqueda de cualquier territorio de ensimismamiento, hasta el desalojo masivo de etnias condenadas a la diáspora y la opción del trashumante que deambula deliberadamente porque así lo decidió, no hay exclusión social que no involucre a la dimensión del entorno territorial. Siguiendo la descripción de Goffman, en el sentido de que con cada movimiento llevamos al entorno con nosotros851, las exclusiones que asumen la forma de segregación forzosa, ese entorno somos a menudo nosotros mismos. Explícita y manifiesta es la exclusión del encierro de las cárceles, la de los que habitan en monasterios, de los observados como anomalías y son internados en hospitales psiquiátricos – todas las instituciones totales comprenden una dimensión de exclusión territorial852. Habitualmente, se excluye a la Otredad, porque de la manera que sea constituye una amenaza para la Mismidad. Por ello es que las formas más distantes de exclusión que Chile conozca, sean las de los perdedores de guerra de Arauco, que obtienen en 1774 y en compensación por la paz, un territorio delimitado pero lo suficientemente extenso como para subsistir, del que son expulsados en 1864 por el ejército del Chile independentista. La exclusión territorial de los desposeídos en la capital chilena ya es notable desde principios del siglo XIX. Con la intensificación de los movimientos migratorios campo-ciudad, que explotan ya en la primera década del siglo XX, se agrupan incontables poblaciones “callampa” en los márgenes de la ciudad. Con una rapidez inusitada, este proceso de “marginalización” se va repitiendo en la mayor parte de las ciudades del país. No obstante, con anterioridad al recrudecimiento de las luchas sociales principalmente en la década del sesenta, los estratos adinerados y la pequeña burguesía nacional, no veía necesariamente en la emergencia
849

Luhmann, N.: Individuum, Individualität, Individualismus, en: Gesellschaftstruktur und Semantik, Tomo 3, Suhrkamp. Frankfurt a. M., 1989, pp. 149-258 850 Luhmann, N.: Ökologiche Kommunikation, Westdeutsche Verlag, Opladen, 1986 851 Goffman, E.: Relaciones en público. Microestudios del orden público, Alianza, Madrid, 1979, pp. 110 y sig. 852 Goffman, E.: Internados, Amorrortu, B.A., 1980

334
de estas poblaciones marginales una amenaza inminente. Al contrario, sobre todo en las ciudades de provincia, se desarrolló un intercambio en la forma del trabajo informal entre los vecinos asentados de la ciudad y éstos sectores, las mujeres se convirtieron en lavanderas, costureras y remendonas, los gáfiter, mueblistas, zapateros y en general el género de los “maestros”, era constantemente requerido para ser ocupado como fuerza de trabajo. Esta es una relación que puntualmente se conserva intacta en muchas ciudades del país. Por supuesto que las “empleadas domésticas”, que durante el gobierno de Frei Montalva alcanzan el estatus de “asesoras del hogar” y a las que hoy con el paternalismo displicente, herencia bastarda de la dictadura militar, se las llama “Nanas”, eran reclutadas entre habitantes de éstos territorios. Si las segregaciones territoriales son una consecuencia de la exclusión social o uno de los factores que la reproducen y refuerzan, es una disyuntiva que oculta las propiedades recursivas de los fenómenos sociales en la diferenciación funcional. La sociología europea de la exclusión, desde la argumentación sistémica o no, acepta como incuestionable la errática observación de Luhmann, en el sentido de que en la exclusión habitan cuerpos y no personas. En la exclusión, Luhmann, sólo cuenta la percepción intuitiva, la atención se centra en cuerpos, la comunicación se degrada en el contenido de la información y por añadidura, la sexualidad, la violencia física y la satisfacción de los impulsos primarios, bloquean cualquier comunicación rica en contenidos853. Esta observación de primer orden es la de un turista europeo que se sitúa en el centro de una megametrópolis brasileña, tiembla de temor ante la otredad desconocida y se deja seducir por la percepción de su propio cuerpo, en un tiempo que obviamente no comprende. Esta observación, que Luhmann describe en el párrafo final de su trabajo Inclusión Exclusión, no arruina su contenido sino que da cuenta de la complejidad de la exclusión social y de lo dificultoso que resulta su observación. A pesar de su innegable visibilidad, la que hasta amenaza con convertirse en una desventaja para la observación sociológica de segundo orden, la exclusión se presenta como una heterogeneidad inexplicable. Es probable que el extranjero interprete erráticamente las miradas cuyas significaciones desconoce. Es sabido que los hindúes usan un tono de voz muy rudo para articular el lenguaje, el que sin embargo nada tiene que ver con manifestaciones de enemistad. No obstante, quien sostenga que en la exclusión habitan cuerpos de individuos deficientes y/o comunicativamente incompetentes, desconoce la existencia y las potencialidades de la inclusión en la exclusión, y sus múltiples formas de articulación práctica, de cuya complejidad tratamos de dar cuenta en las tipologías antes expuestas. Por experiencia propia, si en el desamparo de una sociedad inconmensurablemente excluyente es posible encontrar calor humano, es allí, en los excluidos.
853

Luhmann, N.: Inclusión y exclusión, en: Luhmann, N.: Complejidad y Modernidad. De la unidad a la diferencia, Trotta, Madrid, 1998

335

Pero añadidura, la significación de este reduccionismo de la exclusión a cuerpos y su contraposición con la forma – persona, entendida casi como un monopolio de los incluidos, no sólo pone de manifiesto el eurocentrismo llevado casi al nivel de la estigmatización, el que resulta indignante. Lo más importante, a nuestro juicio, es que pone de manifiesto que la exclusión social despliega diversas formas de segregación territorial. Siguiendo la argumentación de Nassehi, estos llamados “agujeros negros”, son observados como tales del lado de los incluidos, pues para ellos se trata de espacios territoriales peligrosos, inseguros, en los que se sienten desprotegidos y expuestos a ser agredidos y asaltados854. En cambio, para quienes habitan en ellos, son espacios de dominio, seguridad y donde se despliegan actividades cotidianas con la mayor naturalidad. Los “barrios” caraqueños, las favelas brasileñas, las poblaciones campamentos chilenos, tal como las poblaciones callampa, como se les llamaba hace algunas décadas, son tan inseguros por no- pertenencia a ellos, como seguros para sus habitantes. En tal sentido, se subentiende que la tarea de un sociólogo consiste en esforzarse por comprender la otredad y minimizar así su ignorancia respecto de ella. Por otra parte, la condición de aceptación que condiciona la sensación de “seguridad”, opera mediante los mecanismos de conectividad de la inclusión secundaria: es suficiente conocer a alguien que habite en esa marca territorial, para acceder a sus delimitaciones sin mayores problemas. El Chile urbano y en especial su capital Santiago, son espacios territoriales profundamente delimitados por segregación. En el caso de Santiago, dicha separación territorial surge con el relegamiento de los más pobres y excluidos a la periferia del centro de la ciudad. Con la disminución significativa de la población que habita en el Santiago central, propio de la recomposición de la estructura territorial de las sociedades post-tradicionales, los segmentos de altos ingresos se concentran en territorios que en comparación a las edificaciones tradicionales de inspiración europea del “viejo” Santiago, se pueden observar como habitando en “otro mundo”. Si la Plaza Baquedano fue tradicionalmente la marca que indicando hacia “arriba”, al oriente, anunciaba el comienzo del espacio territorial llamado “barrio alto”, hacia “abajo” en dirección poniente, comenzaba el espacio habitacional de las clases medias, de los pobres y de los excluidos. Sobre la base del Censo 2002, Adimark creó el primer mapa socioeconómico de Chile, que incluye elementos importantes en torno a la exclusión de los territorios. Las variables de corte que se usaron para categorizar a los más de 4 millones de hogares, fueron: los años de escolaridad del jefe de hogar y la posesión de 10 de los 20 bienes del Censo: ducha, TV color, refrigerados, lavadora, calefón, microondas, automóvil, TV cable, computador e Internet. Mediante el diseño de una Nassehi, A.: Die paradoxe Einheit von Inklusion und Exclusion, en: Bude, H.,y Willisch, A.: (ed): Ausgegrenzte, Entbehrliche, Überflüssige, Hamburg, 2004
854

336
matriz que combina las dos variables básicas, se genera el modelo de Nivel Socioeconómico (NSE). El primer grupo ABC1 posee prácticamente todos los bienes y el Jefe de Hogar tiene educación universitaria completa o más, mientras que el último de los cinco, el E corresponde a los hogares en los que el Jefe de familia tiene educación básica incompleta y máximo 4 de los 10 bienes. En algunas comunas del Gran Santiago siguientes, la distribución del NSC por hogar es la siguiente: Tal como el cuadro anterior describe una concentración territorial de la exclusión en comunas como La Pintana, Cerro Navia y Renca, ubicadas al poniente de la ciudad, los espacios territoriales incluidos se concentran

en las tres primeras comunas. La composición territorial de las tres primeras comunas configuran el polo extremo de identidad entre inclusión y territorio, mientras que las tres últimas serían el polo extremo de identidad entre exclusión y territorio. El Estudio de Adimark indaga además en la distribución del NSE por Región y ciudad. En tal sentido, es observable que tanto el crecimiento económico de, por ejemplo, la VIII Región, así como el aporte significativo de ésta Región al PIB, es directamente proporcional al nivel de exclusión social, articulada en las dos variables de corte que el estudio considera.

337
855

Algo similar se observa en ciudades como Los Ángeles, que en los últimos años han duplicado su población, convirtiéndose en una de las capitales de la expansión forestal chilena. En dicha ciudad, sólo el 5,2 % de la población pertenece al quintil ABC1, mientras que el 63,4% de sus habitantes se ubican en los quintiles D y E. Estos datos nos obligan a sostener que el crecimiento económico local y regional en lugar de disminuir la exclusión social, tiende a aumentarla. Esta paradoja es tan sencilla como factible, en la medida que dicho crecimiento económico se realiza en condiciones de flexibilización del trabajo, en otras palabras, de precariedad y en condiciones de subcontratación temporal. Es decir, en la medida de las necesidades empresariales se contrata fuerza de trabajo, la que se despide inmediatamente si ya no es útil. Desde el punto de vista de los perjudicados, este modelo de contratación corresponde exactamente al tipo de individuación que llamamos inclusión en la exclusión. En un esquema que obedece a la distinción cuerpo/persona, Schroer llama a este deambular entre inclusión y exclusión inclusión parcial/exclusión parcial856. En este trabajo como en otros, la exclusión territorial se identifica con la segregación en el encierro de las cárceles, de los asilos o la existencia de ghetos. Esta caracterización confirma que si los excluidos son sólo cuerpos, debieran ser también incompetentes e incapaces de realizar comunicación de contenidos, pues se ocupan sólo del sexo, la violencia y la satisfacción de necesidades elementales. Nosotros observamos éstas observaciones de primer orden como el producto de una grosería eurocéntrica que sustituye la observación de la exclusión por estigmatizaciones vergonzosas. La sociedad chilena tiene una larga historia de conflictos en el medio de los espacios territoriales. Sirvan de ejemplo la tradición de las “tomas de terrenos” y/o de previos agrícolas, aún vigente a pesar de haber perdido la fuerza que demostró en las décadas del 60 y 70. En su lugar, se mantienen y despliegan las “tomas” de Universidades y Facultades de Universidades, como un método de presión en vistas a la negociación de reivindicaciones estudiantiles. La lucha por el territorio es comparable a la lucha por el sentido, aún cuando sus efectos no sean siempre los deseados. El talón de Aquiles del enfoque de la desigualdad social como inclusión/exclusión desde la teoría de sistemas originaria de la teoría de los
855 856

Todos los datos de http://adimark.cl Schroer, M.: Die im Dunkeln sieht man doch. Inklusion, Exklusion und die Entdeckung der Überflüssigen, en: Mittelweg, Hamburg, 2001

338
sistemas sociales de la llamada Escuela de Bielefeld, parece mostrar debilidades constatables en una serie de ejes resquebrajados: 1. el primero de ellos es el dogma de que inclusión y exclusión son una forma de dos lados. Esto conduce directamente a eliminar la complejidad cualitativa e interaccional del concepto, pues entonces se trataría de contraconceptos antinómicos, por lo que a mayor cantidad de incluidos en un sistema parcial, debiera resultar una disminución de la exclusión. En el lenguaje de la CASEN, se trataría de aumentar masivamente los niveles de cobertura en salud, educación y vivienda para disminuir los índices de pobreza. Si inclusión y exclusión son una forma, entonces ¿no sería conveniente dejar de “reformar” y “maquillar” sistemáticamente el vetusto y obsoleto concepto de pobreza manteniéndolo artificialmente con vida? 2. el segundo es el tratamiento de las identidades excluidas como minusválidas, tal como Beck los menosprecia como “atomizados”. La interpretación del metacódigo conocer/no – conocer, del código presencia/ausencia de los sistemas de interacción no es identificable solamente con criminalidad, corrupción y carteles de tráfico de estupefacientes. Al contrario, la corrupción es una propiedad parasitaria de la inclusión y si de criminalidad se trata, es decir de criminalidad de muchos millones de Euros, las naciones de la EU serían los campeones de la creatividad, logrando corromper hasta el fútbol profesional. Las redes de las identidades individuadas son por lo general redes de autoayuda solidaria, ente la limitación gravitante de las opciones de selectividad que conlleva la exclusión. Las experiencias más conocidas de acumulación de “capital social” así lo demuestran. 3. las redes de inclusión en la exclusión son parásitos productivos de sistemas funcionales negligentes, irresponsables y repetitivos y no de instituciones y organizaciones respetables. En tal sentido, sería recomendable recordar que buena parte de los sociólogos germanos, se identificaron con el argumento que justificaba la política intervencionista de los EEUU, sosteniendo que sólo la elite militar era capaz de detener el “desorden” social en América Latina. La experiencia demuestra que las redes construidas en la inclusión de la exclusión, están en condiciones de configurar verdaderos sistemas funcionales alternativos, sobre la base de la interacción de la confianza y la convivencia, como lo demuestran las experiencias venezolanas. Estos sistemas de reciprocidad en la convivencia de la interacción operan paralelamente a la

339

autopoiesis de los sistemas funcionales catalizadores de exclusiones, configuran mundos de la vida alternativos, autorrecursivos y alternativamente autopoiéticos. ¿Desde qué lado de la forma y quienes observan a los excluidos como únicamente cuerpos?. ¿Es la observación desde la inclusión y quienes así observan parecieran haberse embriagado en la abundancia? El renacimiento de la diferenciación centro – periferia.

Pareciera tratarse de una fábula o simplemente de un chiste de mal gusto. Es de dominio público que la medición de la pobreza según la encuesta CASEN, se rige según “el costo de las necesidades básicas” y que para ello se elabora una canasta familiar de dudosa procedencia; esta canasta de la vergüenza no considera ni un solo gasto en recreación, además, se les niega a los pobres el derecho a fumar y a beber alcohol, a llamar por teléfono y a equipar sus casas .Pero lo más curioso de esta metodología de la desvergüenza, es que en el cálculo de la llamada línea de la pobreza, en el sector urbano de las ciudades deja de serlo si dispone de más de 43.720 Pesos, pero si habita en el sector rural, ya no es pobre si dispone de 29.473 Pesos. Análogamente, en las ciudades es indigente el que disponga de menos de 21.865 Pesos, pero en el campo es indigente quien disponga de menos de 16.842 Pesos. Explicación para esta diferencia: “en el campo chileno hay menos dinero”857. Con lo que el gobierno, o deliberadamente falta a la verdad, o sus instancias de decisión han sido ocupados por insanos mentales. Lo que
857

Gobierno de Chile –Mideplan: CASEN 2003

340
sucede es que en el campo hay mucho más carencia de ingresos, no pobreza sino miseria en términos de ingresos. Y si es así, el sentido común de quienes desean lograr equidad, les indica que como los que habitan en el campo ya son mucho más pobres, deben seguir siéndolo por lo que se trata de una especie humana sui géneris, que necesita mucho manos recursos para sobrevivir que los habitantes de las regiones urbanas. El gráfico siguiente lo deja en claro. Los porcentajes marcados con rojo corresponden a los hogares rurales, de tal manera que el 50,7 de dichos grupos familiares se ubican en el quintil E, que se caracteriza por el bajo nivel de educación del jefe de familia y por la posesión de máximo cuatro de los bienes de consumo considerados858. Que en el diseño de la encuesta CASEN, las líneas de pobreza e indigencia en las familias rurales sean considerablemente más bajas que en los sectores urbanos, es inexplicable. Obviamente que una encuesta es incapaz de revitalizar el modelo centro-periferia, pero sí las políticas sociales que de allí se extraigan. Es obvio que con esta discriminación débilmente argumentada, su profundiza la exclusión del 13% de la población que vive en el campo.

858

Datos obtenidos de Adimark: http://www.adimark,cl

341

5. LA DIFERENCIACIÓN DE LA SOCIEDAD CHILENA “No llores, clase obrera, reconstruye tu obra y sigue tu camino sin volver a mirar a los Bárbaros, porque de ellos sólo es el pasado. El porvenir es tuyo” Luis Emilio Recabarren, 1919

Algunos atributos generalizados de la conquista y la colonización hispánica ¿ Cuál es el contexto del período de la conquista y la colonización?. Aún cuando resulte excesivamente abstracto hablar de un solo contexto generalizable para América Latina que describa las propiedades más generales de la conquista y la colonización hispana, y por lo tanto la emergencia de la forma de la sociedad colonial, apunta Quijano que en el período de la conquista y colonización, dos procesos se vinculan y convergen en esta producción espacio/tiempo: a) la codificación de la asimetría entre conquistadores y conquistados plasmada en la idea de raza (supuesta estructura biológica y “natural” distinta); esta es la idea fundacional de las relaciones de dominación de la conquista y b) todas las formas históricas de control del trabajo se ordenan en torno al capital y al mercado mundial. La expansión de este imaginario conduce a la elaboración eurocéntrica del conocimiento, a la elaboración teórica de la raza como naturalización de relaciones coloniales y a la distinción europeo/noeuropeo= superioridad/inferioridad. La raza es el primer criterio de distribución de rangos y roles a escala mundial859. Las relaciones de explotación y desigualdad en el trabajo se articulan en torno a la relación capital/trabajo y en el mercado mundial incluyen la esclavitud, la servidumbre, la producción mercantil. La generalización de la relación capital/trabajo que consolida el capitalismo es tardía y heterogénea. La nobleza india es eximida de la servidumbre mientras los negros son reducidos a la esclavitud, sobre todo en el último siglo de la colonia. Entre los dominadores también

859

Dussel, E.: Europa, Modernidad y eurocentrismo, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales, op. cit., pp. 11-50

342
se asientan relaciones estratificadas y jerárquicas. La distribución racial del trabajo se mantiene hasta muy avanzada la colonia. Con ello, se coloniza también cognitivamente, se coloniza la producción del sentido y la intersubjetividad, los imaginarios y la cultura. Se da lugar al eurocentrismo, como la justificación abstracta de la clasificación racial de la población. La operación mental que fundamenta esta postura consiste en que los europeos generan una perspectiva temporal de la historia, reubican a los colonizados en el pasado de una trayectoria de la cual son sus protagonistas. Al ser los conquistados inferiores, también son anteriores (atrasados) con respecto a los europeos. Por otro lado, se reprimen las formas de producción de conocimiento de los colonizados, junto a sus patrones de producción de sentido; la represión en este sentido fue extremadamente dura. Se fuerza a los colonizados a aprender en parte la cultura de los dominadores en lo que sea útil a la dominación (religión y tecnología)
860

Racionalidad y modernidad son imaginarios exclusivamente europeos. La codificación de estas relaciones se resume en: occidente/oriente, primitivo/civilizado, mágico-mitico/científico, irracional/racional, tradicional/moderno = Europa/No-Europa. El dualismo de esta perspectiva se impone como binariedad, la que configura la semántica de la conquista triunfante, sustrato de la diferenciación estratificada que sostiene el principio de la raza como eje central. Por su parte, Dussel profundiza aun más en el “mito de la modernidad” 861. Por su contenido primario y conceptual, la “Modernidad” es una emancipación racional. Emancipación que es entendida por Kant como la salida de la inmadurez por un esfuerzo de la razón crítica que abre paso a un nuevo salto de madurez para la humanidad 862. Pero al mismo tiempo, la definición de ese mito trae consigo por lo menos algunas consecuencias relevantes: 1) la superioridad de la civilización europea, obliga a desarrollar a los más rudos, primitivos y bárbaros; 2) dicho camino educativo debe ser el de Europa (nace entonces la “falacia desarrollista”); 3)como el bárbaro ofrece resistencia, se debe recurrir a la conquista; 4) para el europeo, el bárbaro tiene “la culpa por no aceptar la modernidad “. Quijano, A.: Colonialidad del Poder, eurocentrismo y América Latina, en: Edgardo Lander (ed.): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, FASES, Caracas, 2000, pp. 281-348 861 Dussel, E.: 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del “Mito de la modernidad “. En http://sala.clacso.org.ar 862 Por su parte Habermas concede en Der Philosofische Diskurs der Moderne, Surkamp, Frankfurt a.M, 1988, pp. 130 eine Art Mytos, el que sin embargo no puede aceptar.
860

343

Por lo tanto, le modernidad debe se estudiada desde “la otra cara”, la cara que aborrece y que no acepta. En efecto, en el siglo XV hasta 1452, lo que hoy llamamos “Europa occidental” era un mundo periférico y secundario respecto del mundo musulmán. Europa occidental no se extendía más allá de Viena por el lado del Este ya que en 1681 los turcos estuvieron junto a sus muros, y de Sevilla por el lado oeste. La totalidad de sus habitantes no se sumaba más de 100 millones, inferior a la de un solo imperio chino. Era una cultura aislada, las cruzadas habían caído en el mas estrepitoso de lo fracasos, con lo cual se cerraban las rutas comerciales que iban da Antioquía hasta China. Hablar en esta situación de Europa como el centro, comienzo y fin de la historia mundial, como argumentaba Hegel es simple y sencillamente caer en la miopía eurocéntrica. Habrá que esperar hasta 1494 para que su centralidad empírica sea una experiencia palpable. Fundamentalmente hasta que el saqueo de las colonias llegue hasta Lepanto. Dussel señala que la palabra modernidad es ambigua. Por un lado, conceptualmente la modernidad significa emancipación racional: salida de la inmadurez863. Por el otro, por su contenido mítico, la modernidad justifica la praxis irracional de la violencia. “La modernidad nace realmente en 1492: esa es nuestra tesis. Su real superación (como subsunción y no meramente como la Aufhebung hegeliana) es subsunción de su carácter emancipador racional europeo trascendido como proyecto mundial de liberación de su Alteridad negada: la “Trans-Modernidad”864 Una fundamentada crítica de la crítica a la epistemología y al pensamiento occidental formula Edward Said: “El curioso resultado es que las teorías de la acumulación a escala mundial, o del estado del capitalismo mundial o a los linajes del absolutismo dependen a)del mismo observador desplazado e historicista que ha sido un orientalista o un viajero colonial desde hace tres generaciones; b)dependen de un esquema histórico universal que al homogeneizar e incorporar también asimila desarrollos asincrónicos, historias, culturas y pueble, y; c)bloquean y mantienen subyugadas las críticas epistemológicas latentes de los instrumentos disciplinarios institucionales y culturales ligándose así a la práctica incorporativa de la historia universal con conocimientos parciales como el Orientalismo por un lado, y por el otro, permiten la continuación de la hegemonía occidental sobre el mundo periférico no europeo” 865

863 864

Kant, E.: Was heisst Aufklärung? Alianza, Madrid, 1988, pp. 481 Dussel, E.: 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del “mito de la modernidad”, Plural, La Paz, 1994, pp. 178 865 Said, E.: Orientalism Reconsidered, en: Barrer et al. (Ed.): Literature, Politics and Theory, Methuen, London, 1986. pp. 223-224

344
Con ello, parecen colapsar no sólo las teorías866 de Amin, sino también la totalidad de las teorías de la “dependencia”, víctimas del mito desarrollo = progreso, manifestación no sólo de los estereotipos y prácticas de sociedades no-occidentales “sino que dicho privilegio está íntimamente conectado con el despliegue del poder global de occidente” 867. Fernando Coronil recoge la crítica de Said y propone tres modalidades de representación del occidentalismo: 1)La disolución del Otro en el Yo. 2)La incorporación del Otro en el Yo. 3)La desestabilización del Yo por el Otro. Yo estoy interesado principalmente en desplegar una heurística que permita determinar con transparencia a cual de éstos modelos de representación corresponde la diferenciación de la sociedad chilena. Para ello utilizaré los modelos de Coronil. Ad 1) En esta modalidad las culturas occidentales y nooccidentales se presentan como opuestas radicalmente. La respuesta es la asimilación de lo no-occidental al Occidente triunfante y expansivo. Para ello es de utilidad el uso de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel y la obra de Todorof. La dimensión geopolítica del pensamiento hegeliano para vincular la dialéctica del amo (Yo) y del esclavo (Otro), con la práctica de le historia se encuentran en sus famosas Lecciones sobre la filosofía de la Historia868. En la Fenomenología del Espíritu, Hegel argumenta el sentido de la dialéctica que se sustenta sobre el reconocimiento. “Se reconocen, como recíprocamente reconocidos. Este concepto puro del reconocimiento, de duplicación de la autoconciencia en su unidad debe observarse como un proceso que aparece para la auto-conciencia. Primero expondrá el lado de la desigualdad de ambos, o la retirada de la mitad en los extremos, los cuales como extremos se contradicen, y sólo lo reconocido del otro es lo que se está reconociendo” 869 En sus Lecciones agrega que “Entre los negros es, en efecto, característico el hecho de que su conciencia no ha llegado aún a la intuición de ninguna objetividad (…) Es un hombre en bruto”870. Además “El Espíritu germánico es el Espíritu del Nuevo Mundo, cuyo fin es la
866

Amin, S.: La acumulación a escala mundial, Siglo XXI, Argentina, 1974. Cardoso, H. y Faletto, E.: Abhängigkeit und Entwicklung in Lateinamerika, Frankfurt, 1976. Y tantos otros. 867 Coronil, F.: Más allá del occidentalismo: hacia categorías geo-históricas no-imperialistas, en: Castro-Gómez, E. y Mendieta, E.(ed.) : Teorías sin disciplina. Latinoamericanismo, postcolonialidad y globalización en el debate, Porrua, México, 1998, pp. 130 868 Hegel, G.W.F.: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Tomo I, Altaza, Barcelona, 1997 869 Hegel, G.W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulltein, Frankfurt, 1973, pp. 114 870 Hegel, G.W.F.: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Tomo I, Altaza, Barcelona, 1997, pp. 231-234 y pp. 198-201

345
realización de la verdad absoluta, como auto-determinación infinita de la libertad, que tiene por contenido su propia forma absoluta”871. Y “Este despliegue de relaciones ofrece también el medio de la colonización a la cual, bajo forma sistemática o esporádica, una sociedad civil acabada es impulsada. La colonización le permite que una parte de su población, sobre el nuevo territorio, retome el principio de la propiedad familiar, y, al mismo tiempo, se procure a sí mismo una nueva posibilidad y campo de trabajo”872 Pero la dialéctica del amo y el esclavo es sumamente paradójica, y sobre todo contradictoria con las Lecciones: “El amo es para sí la conciencia siendo, pero no más solamente el concepto de la misma, sino para sí la conciencia siendo, la cual es medida por otra conciencia, mediante una a la que pertenece su esencia, que con el Ser independiente o con la cosa se halla sintetizada…La conciencia irrelevante es para el amo el objeto, lo que constituye la verdad de la certeza de sí mismo. Pero él descubre que ese objeto no corresponde a sus conceptos, sino que es aquello que el amo ha realizado, se ha transformado en otra cosa y no en la conciencia independiente. No algo así es para él, sino más bien algo dependiente; el no es el Ser-para-sí, cierto de la verdad, sino que su verdad es más bien la conciencia irrelevante, y lo irrelevante de su hacer. La verdad de la conciencia independiente es, por consiguiente, la conciencia esclavizada.”873 La auto-conciencia de la esclavitud es puramente negativa: “En primer lugar, es la esclavitud del amo la esencia; entonces la conciencia independiente y siendo-para-sí es la verdad, pero que para si no es todavía para-sí. Esa verdad posee la negatividad y el Ser-para-sí en los hechos en sí misma; pues ha experimentado esa esencia…El formarse tiene solamente ese significado positivo, que la conciencia servil que será como el Serpara-sí convertido en Siendo; sino también lo negativo, el sercontra del primer momento, el temor. Porque en la construcción de las cosas ellas devienen en su propia negatividad. Su Ser-para-sí, son sólo así objeto, que siendo la forma contraria se supera (aufhebt). Pero esa negatividad objetivada es precisamente una esencia extraña”874 Años más tarde, será este el argumento que Marx usará para su concepto humanista de emancipación de toda la humanidad: la
871

Hegel, G.W.F.: Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Tomo II, Altaza, Barcelona, 1997, pp. 25 872 Hegel, G. W. F.: Rechtsphilosophie, F. Meiner, Hamburg, 1969, & 246 873 Hegel, G.W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulltein, Frankfurt, 1973, pp. 119 874 Hegel, G.W.F.: Phänomenologie des Geistes, Ulltein, Frankfurt, 1973, pp. 119-120

346
negatividad convertida en positividad875. Pero para Hegel la realidad tiene una esencia negativa: así lo reitera en la Lógica de 1818876. Obviamente éste no es el camino que ha seguido la historia, pero tampoco el de “la desmesura europea”877 como definiera Kierkeggard la postura hegeliana en las Lecciones. Ad 2) Más bien la humanidad ha seguido el camino de la asimilación y de la incorporación, de la desestabilización del Yo por el otro, no vale la pena abordarla, baste recordar que los que algún día creímos en la emancipación y en el socialismo, observamos con lágrimas en los ojos la caída del muro de Berlin, porque se ponía fin a un régimen autoritario, totalitario y gobernado por una elite de ancianos vetustos – políticos y militares. En los archivos del Kremlin dice haberse encontrado una carta de despedida de Josef Stalin que dice: “Compañeros, sed optimistas. Si contrariamente a lo esperado no el capitalismo sino el comunismo se desintegrara por sus contradicciones, entonces disuelvan La Unión Soviética, unifiquen Alemania y preparen el ingreso de Moscú a la NATO. Porque de ese golpe el Occidente no se recuperará jamás”878 El resultado de los cambios de las últimas décadas, muestra que lo que tenemos es un capitalismo desorganizado y caótico, las categorías espaciales (incluso las familiares) son desarraigadas, la historia ya ni puede ser anclada a territorios fijos. El materialismo histórico no es más que la auto-observación de la sociedad capitalista.879 Chile no registra una crisis cultural, como señala el PNUD-2001. Su cultura es la cultura del mito del desarrollo (y el progreso). Todo tiene que ver con desarrollo, las Políticas Públicas, las denominaciones de las ofertas académicas, los “proyectos de desarrollo”, los nombres de las instituciones (Instituto Libertad y Desarrollo). Históricamente, esto guarda relación con la gran influencia del positivismo en nuestro país tendencia que encuentra su continuación en el estructuralismo marxista de la década del 60. El gigantesco mito del desarrollo = progreso ya fue anunciado por Furtado en la década del 70880 y seguido en la misma línea de argumentación por Quijano y otros. Por supuesto que la clase política de la Concertación se niega a volver a sus orígenes, porque ha perdido la memoria. Hasta lingüísticamente hablan todos estandarizadamente. ¿Ese es el lenguaje del desarrollo? Responde Furtado:
875 876

Marx, K y Engels, F.: Die deutsche Ideologie, en: Werke, Bd. III, Dietz, Berlin 1969, Hegel, G.W.F.: Lógica I, Folio, Madrid, 1999 877 Adorno, T. W.: Kierkeggard, Frankfurt, 1974, pp. 190 878 Citado por Beck, U.: Renaissance des Politischen – oder Wiedersprüche des Konservativismus, en: Leggewie, K. (ed.): Wozu Politikwissenschaften?, Darmstadt, 1994, pp. 34 879 Lukács, G.: Historia y conciencia de clases, Grijalbo, México, 1969, pp. 242 880 Furtado, C.: El desarrollo económico. Un mito, Siglo XXI, México, 1974

347

“El PIB es la vaca sagrada de los economistas. Ese concepto ambiguo, amalgama un considerable número de definiciones más o menos arbitrarias, se ha trasformado en algo tan real para el hombre de la calle como lo fue el misterio de la Santísima Trinidad para los campesinos de la Edad Media. Más ambiguo aún es el concepto de crecimiento del PIB”881 Y continúa Quijano. El desarrollo ha cambiado muchas veces de identidad y apellido: desde el reduccionismo economicista hasta todas las dimensiones de la existencia social: entre muchos intereses de poder. Las promesas del desarrollo arrastraron a todos los sectores de la sociedad, encendieron muchos debates hasta eclipsarse en el desencanto. El “discurso del desarrollo” parecía hasta hace poco desprestigiado e ilusorio. Hoy, se trata de volver a buscarlo en la nueva configuración del poder: la globalización. La pregunta central: ¿podrá ser el desarrollo una bandera de lucha en las futuras contiendas de la historia? ¿O se trata de la reedición de un fantasma desvencijado y simplemente histórico. Hay que enfocar el desarrollo desde supuestos distintos, porque la reedición de los viejos debates lleva a un callejón sin salida. ¿Qué es lo que se desarrolla? Lo que de desarrolla no son países o territorios, sino un patrón de poder en una sociedad. El patrón de poder hoy vigente es el capitalismo y la sociedad con la que tenemos que ver es la sociedad capitalista. El patrón capitalista de desarrollo (dominación/explotación/conflicto) se configura desde América desde hace 500 años como estructura mundial de poder. Desintegra los patrones previos de poder y reabsorbe lo útil y necesario. Se impone sin alternativas reales.Este patrón de poder se ejerce en todo el planeta, pero de modo heterogéneo. El capitalismo articula muchos espacios-tiempos y contextos desiguales. Existe así pero se desarrolla de modos diferentes y en múltiples contextos históricos. En el debate desarrollo/subdesarrollo, es posible diferenciar el mundo capitalista desarrollado y los países en vías de desarrollo de los que son simplemente subdesarrollados. Hay una doble cuestión en debate: c) las condiciones históricas que explican trayectorias tan diferentes del patrón de poder capitalista y d) si es todavía realista para A. Latina intentar el desarrollo capitalista. Las diferencias centrales que trazan la espacio-tiempos, hay que constatar lo siguiente: diferencia central

881

Furtado, C.: El desarrollo económico. Un mito, Siglo XXI, México, 1974, pp. 140

348
1. el patrón de poder capitalista es más fuerte donde el moderno Estado-Nación es más democrático y más nacional. 2. en todos los países de capitalismo avanzado, el desarrollo ha sido precedido por el Estado-Nación, y no al revés La emergencia de la sociedad capitalista ha llegado a ser desarrollada donde hay Estados-Nación modernos. No hay excepciones en los últimos 500 años. Por ello, el Estado es fundamental para el capitalismo. ¿Por qué en algunas áreas se ha configurado el Estado-nación y por qué en otras no? ¿Qué ha pasado en A. Latina? Punto de partida: el Estado-Nación moderno es el producto de la distribución democrática de recursos (control de la producción) y de la creación de instituciones de autoridad en un territorio determinado. Se trata de la democratización del capitalismo en sus propios espacios de dominación. La dominación en un territorio y espacio implica desigualdad de recursos, sobre todo de la violencia. Por ello, la democracia no puede ser sino relativa. A pesar de ello, la práctica real de la democracia es una condición fundamental del Estado consolidado. La democratización de la sociedad es el punto de llegada de las luchas de los explotados para institucionalizar relaciones cotidianas de ordenamiento capitalista. En Europa, esto se consigue con el colonialismo y la colonialidad impuestas sobre el resto del mundo. La democracia se extiende dentro de condiciones que obligan a las burguesías a ceder posiciones de poder en nombre de la conservación del patrón elemental de poder.En el resto del mudo, el colonialismo y después la colonialidad hay trabado estas posibilidades de negociación. El Estado es tanto más fuerte en cuanto más democrática es la sociedad, en todos los niveles de vida. Ausentes del debate sobre el desarrollo ha estado la pregunta por las condiciones que han llevado a la configuración del Estado. Se ha sustituido esta pregunta por la unicidad del desarrollo, como es el caso de la CEPAL. El debate desarrollo/subdesarrollo es posterior a la Segunda guerra mundial. Una expresión de la re-configuración del poder capitalista, en el marco de la lucha por la descolonización de áreas importantes del globo. La aspiración del desarrollo se convierte en una real idea-fuerza. Pero el supuesto de toda esta discusión era que el desarrollo se remitía a países, no a un determinado patrón de poder. Se confunde al patrón con el Estado, la perspectiva mundial de la obra de Marx pasa a ser minoritaria. Se trataba de identificar los obstáculos al desarrollo y la forma de superarlos. Para el caso de A. Latina se trataba de dos paradigmas principales:

349

3. 4. histórico.

La teoría de la modernización 882 y La teoría del imperialismo, desde el materialismo

El primer paradigma parece haberse impuesto. Este le otorga a la cultura la fuente de explicación sobre el desarrollo o sus impedimentos. Por ello, los desarrollados eran modernos, racionales y protestantes. Los subdesarrollados tradicionales, premodernos y primitivos. El desarrollo pasa a ser un sinónimo de modernización. El segundo paradigma achacaba al imperialismo y luego a la dependencia externa o estructural, la explicación para el subdesarrollo. Lo que se decía del imperialismo tenía que ver con naciones y relaciones de dominación entre países: así se lleva el debate sobre la dependencia. El resultado fue el siguiente: una categoría mistificada de cultura (1º paradigma) se confronta a otra no menos mistificada de la omnipotencia del capital (2º paradigma). Con esta perspectiva cognitiva, se oscurecen aspectos centrales del poder capitalista mundial. Lo fundamental es: el debate desarrollo/subdesarrollo es practicado dentro del patrón eurocéntrico de conocimiento, que desde el siglo XVIII es uno de los instrumentos de poder fundamentales del patrón de poder capitalista. En este mismo marco, parecen ubicarse las categorías emergentes de desarrollo humano y desarrollo sustentable. Con ello no se vislumbra una emancipación de la vieja prisión eurocentrista. Si ella es difícil pensar el desarrollo como sustentable. La alteridad desde los ámbitos dominados ha terminado por poner en tela de juicio los principios del eurocentrismo. Con América y el capitalismo se arma un patrón de poder mundial, cuyo instrumento de mayor dominación es la idea de raza como estructura biológica que divide a la población en superiores e inferiores. De allí que las relaciones entre superioridad e inferioridad se naturalicen; durante cinco siglos, la población mundial es clasificada en función de razas superiores e inferiores. Desde allí se ejerce el control del trabajo, la autoridad y la subjetividad. Nacen nuevas identidades sociales que se conforman como un eje para la articulación del trabajo/explotación/conflicto. El colonialismo es el escenario donde sucede todo esto. Así se expande el patrón mundial de poder capitalista como colonial y moderno.

882

Medina, E., J.: Consideraciones Sociológicas sobre el desarrollo económico, Solar/Hachete, B.A., 1964

350
Pero cuando se elimina el colonialismo, la relación colonial entre las razas no se extingue ni elimina, sino que se desplaza hacia la institucionalidad, rearticulándose a nivel mundial. A esto se refiere la colonialidad del poder. Ella es determinante para el eurocentramiento del poder capitalista mundial. Es este eurocentramiento del control del capital y de la producción lo que da lugar a la relación centro/periferia. Europa se convierte en el centro de la elaboración intelectual de la experiencia colonial/moderna. Su resultado es el eurocentrismo: una perspectiva cognitiva dedicada tanto a las necesidades del capitalismo como a la desmitificación del pensamiento sobre el universo y a las necesidades de los blancos para naturalizar las formas de dominación. Sobre todo, el eurocentrismo se dedica a imponer una distorsión que implica que los dominados se vean con el ojo del dominador. Aunque cuestionando desde dentro y fuera, el eurocentrismo ha sido extraordinariamente exitoso. La clasificación racial de la gente el lo único que lleva a cimentar el monopolio del blanco. Por ello, la versión europea de la modernidad es la otra cara de la colonialidad del mundo. Esta modernidad/colonialidad es la expresión de la clasificación de la población en torno a la idea de raza. Los procesos de clasificación social de la población operan por un doble canal: 3. en Europa, en términos del capital, y en medio de la homogeneidad de la raza blanca. 4. en el resto del mundo, en relaciones de esclavitud, servidumbre, reciprocidad, producción mercantil, salario. En Europa, se tiende a la mercantilización de las relaciones sociales cotidianas, a la secularización de las relaciones intersubjetivas. Por ello convergen la organización y la diferenciación de los intereses, los antagonismos y las divergencias. Expandir el marcado no sólo implica lucha de los dominados contra las burguesías, sino apoyo de éstos contra las clase señoriales obsoletas. En este contexto se gestan los procesos de distribución del poder, del control de los recursos y la génesis de las instituciones y la autoridad pública. Sobre estas bases se construye la noción de ciudadanía, como representación jurídico-política entre desiguales. Las identidades nacionales que implican espacios estables de dominación, relaciones inter-subjetivas particulares, espacios-tiempo, etc., se lleva a cabo en este contexto, por ello es que la democratización de la sociedad resulta tan coherente con el fortalecimiento de los estados-nación. En cambio, en las regiones donde se impone la colonialidad del poder, sucede algo muy diferente. La colonialidad del poder, la

351
clasificación racial de la población, imposibilita la democracia, el reconocimiento de los unos a los otros como de la misma naturaleza. Por ello, los estado-nación en A. Latina no pueden ser sino precarios. Es la parte incompleta de nuestras biografías. Quienes en A. Latina conquistan el poder para independizarse eran los blancos de la sociedad. Siendo una ínfima minoría, dominaron sin contrapeso en nuestras sociedades. La Colonia se encargó de desarticular todo vestigio articulado de poder alternativo. Dominando el control de los recursos, los blancos no sólo se sentían superiores al resto de la sociedad, sino que además europeos. Esto, la superioridad material y subjetiva, bloquea toda posibilidad de esferas comunes entre los intereses de los dominados con los grupos dominantes. La imposibilidad de la democracia dada la colonialidad del poder, hacía imposible también la nacionalización de la sociedad. Al no existir siquiera un espacio simbólico de convergencia, una comunidad. Toda posible democratización por incipiente y tímida que fuera, ponía en peligro la colonialidad de las relaciones de poder y la validación de la idea de raza como mecanismo de clasificación de la población. En nuestros países, la fronda dominante no siquiera configuraba mayorías, como en el caso de los Estados Unidos. Por ello, el Estado que nace de las independencias es el Estado de una de las razas, no de toda la sociedad. De esta manera, hasta entrado el siglo XIX, los grupos dominantes comparten intereses exclusivamente entre ellos; los dominados de sociedad son los grandes y mayoritariamente excluidos. No se trata de la subordinación de la burguesía al centro dominante, sino de comunidades de intereses sobre la base de la colonialidad del poder. La subordinación sobrevino después. Que las burguesías independizadas fueran siempre los socios menores del centro, se explica porque durante tres siglos, los países de A. Latina fueron literalmente saqueados y explotados, sin configurarse infraestructura alguna que preparara el camino a la construcción de nacionalidades en el sentido europeo. La colonialidad del poder impedía a los blancos el desarrollo del capital como relación social, cuya contrapartida era el trabajo asalariado. Los negros e indios eran siervos o esclavos. Por ello es que la producción industrial fue durante tantos siglos inexistente en A. Latina, con todas sus implicaciones subjetivas y cognitivas. Cuando los mestizos ganan participación en el poder, se hace visible el peso del eurocentrismo. Desde la crisis mundial de 1870, que inaugura la hegemonía del capital financiero, se consolida la dependencia estructural de las sociedades latinoamericanas.

352
La dependencia histórico-estructural es en realidad un componente de la colonialidad del poder. Las revoluciones como la mexicana no fueron lo suficientemente estables y radicales como para romper con este elemento. El patrón de poder capitalista, desde esta perspectiva en nuestros países, no tiene ninguna posibilidad de desarrollo distinta que la que produce la concentración del poder, de desdemocratización de las relaciones sociales. Toda otra imagen es engañosa 883.

Tres fases de diferenciación en la sociedad chilena

Como nuestro programa de trabajo no es ni ansía ser histórico y su autor no es tampoco historiador sino sociólogo, me interesa fundamentalmente establecer las principales etapas de diferenciación primaria por las que ha atravesado la sociedad chilena, sirviéndome del material histórico que he sido capaz de procesar. Los parámetros por los cuales se establece la diferenciación de la sociedad son dos: la distinción sistema/entorno y la distinción igualdad/desigualdad884. Todo esto entendido en el marco de referencia del super-código inclusión/exclusión885. A nuestro entender, la sociedad chilena ha transitado desde el inicio de la Colonia, por tres modelos recombinados de diferenciación.

I. La sociedad colonial estratificada. El primero de ellos estratificada (1550-1818). corresponde a la sociedad colonial

En el siglo XVI, los estratos sociales dispuestos en la forma de una pirámide, eran “compartimientos herméticos”. Una forma elemental de exclusión del estrato específico del entorno del resto
883

Quijano, A.: El fantasma del desarrollo en América Latina, en: Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, Vol: 6; 2000, Nº 2, pp. 73-91 (síntesis) 884 Luhmann, N.: La diferenciación de la sociedad, op. cit., pp. 73 885 Luhmann, N.: Jenseits von Barbarei, en: Gesellschaftsstruktur und Semantik, Tomo IV, Frankfurt, 1999, pp. 138-150

353
eran los “prejuicios” (Real Pragmática de 1776) y la garantía bajo penalización del cierre operativo por “endogamia”, que prohibía los enlaces sobre todo entre estratos de distinta procedencia y oficio. En efecto, siguiendo el Edicto denominado Real Pragmática de Carlos III, en 1703 se constatan los siguientes prejuicios institucionalizados: la sangre africana, la sangre indígena y los oficios viles, debidamente clasificados por rango. El más vil de ellos consistía en cuidar de la cola de las damas de la aristocracia, menos viles los de carnicero, herrero o carretero 886. No obstante, la exogamia existió en el norte y el centro, pero únicamente en los estratos bajos. La real cédula de 1692 autoriza además los matrimonios entre caciques y españolas y de indias que contrajeron matrimonio en el inicio del período colonial.887. El cierre por endogamia del estrato aristocrático, así como de los estratos medios, se intensificaba por la “endogamia geográfica”, de tal manera que eran habituales los matrimonios tía-sobrino, tío-sobrina, entre primos hermanos e hijos de primos hermanos de procedencia patrilineal o matrilineal. 888. Llama la atención que el intercambio de reciprocidades endogámicas en el contexto de las restricciones geográficas en el Chile colonial, de lugar a la forma-límite del intercambio restringido 889 - la relación consanguínea tío-sobrina o tía-sobrino – más allá del cual se transgredía la prohibición de incesto. Esta articulación idiosincrásica del principio de oscilación del intercambio restringido de mujeres, practicado en las sociedades tribales del centro de Australia, es un indicador de la carencia de motivación social en la práctica de la exogamia. Aún excluyendo el período de la pre-conquista y la heterogeneidad de las etnias originarias, la diferenciación segmentaria que divide a la sociedad en parte iguales según los principios de residencia y parentesco jamás existió en Chile como en la sociedad medieval europea, completamente irreal a principios del 1500, no obstante en el campo se desarrolla una forma sui generis de segmentación, bajo la dominación de la hacienda. No se constata una ruptura de la cosmovisión teocéntrica del mundo y los albores del antropocentrismo renacentista, del que España permaneció excluida. En Chile, la fundación de ciudades en la guerra de la conquista se subordinó a la expansión de territorio de la frontera en guerra desde el sur del Maule hasta el Bío Bío, cuyo centro operativo era Concepción, residencia de las autoridades políticas, militares y eclesiásticas. El norte y el centro pacificados era el espacio de influencia de la Gobernación con
886 887

Vial Correa, G.: Los prejuicios en el Chile colonial, manuscrito, 1978 Muñóz, J.G.:.Mujeres y vida privada en el Chile colonial, op.cit., pp. 100 888 Salinas, René.: op. cit, pp.18 889 Levi-Strauss, C.: Die elementare Strukturen der Verwantschaft, Suhrkamp, Frankurt a.M., 1976

354
asiento en Santiago, en ésta región florece el mestizaje étnico y cultural, lo que en el siglo XVIII configurará la “capa popular” chilena, a los que se sumarán negros, zambos, mulatos y blancos pobres. La sociedad colonial fue rígidamente jerarquizada, estamental y organizada de forma piramidal, cruzada por el concepto central de la diferenciación de razas. El estrato superior de la aristocracia articulaba las formas simbólicas de interacción, monopolizaba la cultura, se reservaba la configuración de una sola semántica de auto-descripción de la sociedad, a pesar de que los cronistas de la época centran su atención en la “eterna guerra de Arauco”890. En el espíritu guerrero y soldadesco del sur, mucho más pobre y riesgoso que el norte, se genera también un intenso mestizaje, sobre todo por las “entradas” sin autorización del ejército en tierra de indios891. Con la ratificación del Tratado de Tapihue en 1774, entre el Gobernador Jáuregui y la elite de las etnias tribales capitulantes, los Caciques Gobernadores Leviant (pehuenche) y Curiñancu, Curilemu, Curipil (mapuches y costinos) y otros, se establece un consenso fronterizo que delimita un territorio autónomo entre el Bío Bío y el Toltén regido por los Caciques Gobernadores, “en Tipahe terminó la guerra hispano-mapuche y comenzó el tiempo de paz”892 Durante la colonia, la aristocracia descendiente o emparentada con los conquistadores configuraba el estrato superior, resguardada su hegemonía económica por las encomiendas y los mayorazgos. Se sumaba un sector medio difuso que configuraba los oficios viles y otros, que crece sobre todo en las ciudades emergentes. Mestizos, negros, mulatos y zambos excluidos por ley, configuraban el más bajo de los estratos. La sociedad estamental de estratos se cruzaba con la clasificación de inferioridad y superioridad de razas que permanecería por más de un siglo en el mundo europeo, sobre la base del autoconvencimiento de la mentira de una modernidad lograda autónomamente. En la colonia y en medio de estratificación férrea e inquebrantable, en lo político se despliega una incipiente diferenciación funcional a la usanza del centro hegemónico español. Al interior del Estado del sistema político, la mayor relevancia formal era el Consejo de Indias (1524). La delegación del poder real era estrictamente jerárquica: Virreyes, Gobernadores, Corregidores. La Real Audiencia fue la cúspide del sistema jurídico. El sistema económico centrado en el comercio y el contrabando genera Véase Góngora, M.: Ensayo histórico sobre la noción de Estado en el siglo XIX y XX, Universitaria, Santiago, 1987, pp. 29 y sig. 891 León, Leonardo.: Entre la alegría y la tragedia. Los intersticios del mundo mestizo en la frontera, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagrado (ed.): Historia de la Vida privada en Chile, op. cit., pp. 269-308 892 León, Leonardo: Apogeo y Ocaso del Toqui Aillapangui de Malleco, Chile, 1969.1776, Dibam, Santiago, 1999, pp. 201
890

355
tendencias autónomas que se estabilizan en el último siglo de Colonia, el más importante. Durante la Colonia, el sistema educativo era excluyente y elitista. A la pobreza escolática contribuía la Iglesia, no el Estado 893. No es el Estado-Gobernación, sino los cabildos y las órdenes religiosas quienes abrieron los primeros establecimientos educativos, en ellos se enseñaba aritmética y catecismo, en 1548 se registra el primero de ellos. Existían también las escuelas de gramática, a cargo de dominicos y jesuitas. Las órdenes religiosas construyeron un sistema intermedio de educación superior, las Universidades Pontificias, que ofrecían grados en Filosofía y Teología, orientadas al sacerdocio. Las ciencias exactas prácticamente no existieron en el Chile colonial. El último siglo de la Colonia es decisivo. Primero, porque marca la Ruptura definitiva del monopolio de comercio con la Corona. En efecto, ante la inminencia de la desaparición de la fuerza de trabajo forzada, se declara la abolición de la encomienda (1789). Lentamente se despliega una mixtura entres salario mixto y servidumbre. Segundo, se constata además una apertura del cierre por endogamia de la aristocracia, ante el auge económico de los sectores medios. Los antecedentes de estos procesos de movilidad social son dignos de mencionarse. La mayor parte de los hispanos llegados a Chile fueron plebeyos, villanos y campesinos, muy pocos eran hidalgos. En la configuración de la elite aristocrática chilena se entrelazan tres procesos: la adquisición del linaje fundacional, la posesión de la encomienda, lo que distinguía a los vecinos feudatarios de los moradores y la posesión de tierras y dinero. Cuando las prácticas de la aristocracia así constituida, se convierten en el modelo que asienta la movilidad social de otros grupos, sobre todo comerciantes enriquecidos (los arribistas), el cierre del estrato superior se abre y diversifica 894. A fines de la colonia, las pugnas entre aristócratas y criollos sientan los gérmenes de los primeros partidos políticos: pelucones y pipiolos. Por otro lado, la masificación del “bajo pueblo” desarrolla una cultura autónoma y formas de vida que abarcan desde la alimentación hasta el baile895. “La elite se escandalizó ante los rituales cómicos relacionados con la muerte”896

Villalobos y otros: op. Cit., pp. 194 Valenzuela, J.: Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia, en: Cristián Gazmuri y Rafael Sagredio (ed.): Historia de la Vida Privada en Chile, op. cit., pp. 73-77 895 Subercaseaux, B.: Historia de las ideas y de la cultura en Chile, Tomo I, Universitaria, Santiago, 1990 896 Salinas, M.: Comida, música y humor. La desbordada vida popular, en: R. Sagredo y C. Gazmuri (ed.): Historia de la vida privada en Chile. El Chile moderno. De 1840 a 1925, Taurus, Santiago, 2006, pp. 98
894

893

356
La configuración del sistema económico desacoplado del Imperio Hispano es anterior a la Independencia, el que se desploma con la hambruna generalizada que sucede al nacimiento de la República. En efecto, el último siglo de Colonia, inaugura de facto con las Reformas de los Borbones, los procesos de independencia en todo el continente. Que este período fue sólo colonial en lo político y formal, lo atestigua el rompimiento de facto del monopolio del comercio con España, el auge del contrabando y la masificación de la trata de esclavos897. Las rivalidades con Lima ponían en desventaja el comercio chileno hasta que “en 1746, el virrey Manso de Velasco, pese a las prohibiciones entonces existentes, autorizó el despacho de un barco de El Callao para Centro América con vino, aceite y 200.000 pesos en dinero para comprar cacao y añil; la empresa tuvo éxito y sirvió de ejemplo para que el Gobernador de Chile don Domingo Ortiz de Rosas intentase promover igual negocio” 898 El comercio intercolonial y la relajación de las trabas de la exclusividad económica centro-periferia, marcan en la segunda mitad del siglo XVIII, el desacoplamiento definitivo del sistema económico del sistema político bajo la tutela de la Gobernación colonial. El atraso de la economía colonial basada en la producción agrícola, ganadera y minera, experimenta innovaciones importantes. La elite intelectual liderada por Manuel de Salas y los impulsos del Gobernador Ambrosio O’Higgins, el político más relevante de la Colonia, formulan un “proyecto país” que desplegara las potencialidades de los recursos naturales, reformara la educación escolástica administrada por el clero y estableciera la comercialización de las yerbas exóticas chilenas. Una generación de comerciantes quiebra la fijación de los precios (sobre todo del trigo) desde el Perú 899. Se despliega un auge inesperado de la artesanía, las obras públicas y la edificación liderada con el arquitecto Toesca, se une a la construcción de caminos entre las ciudades principales. La crisis de la encomienda desemboca en formas denigrantes de miseria, hasta que Ambrosio O’Higgins ordena su abolición en 1789. Al atraso generalizado de la economía de subsistencia selectiva, se une la servidumbre por endeudamiento del peón hacia el patrón, a pesar de la generalización del salario mixto dinero-especies 900. La supervivencia fuera de los estratos era difícil en el período colonial, cuya excepción era el vagabundaje masificado y de rasgos exóticos, sobre todo en la región del valle central. El bandidaje
897 898

Villalobos, S.: El comercio y la crisis colonial, Universitaria, Santiago, 1968 Villalobos, S.: El comercio y la crisis colonial, Universitaria, Santiago, 1968, pp. 227 899 Villalobos, Sergio: El comercio y la crisis colonial, Universitaria, Santiago, 1968, pp. 161y sig. 900 Salazar, Gabriel: Labradores, Peones y Proletarios, Lom, Santiago, 2000, pp. 21-100

357
configura una de las primeras formas de exclusión en la exclusión en la sociedad estratificada. Con ello se logra la ruptura de las reciprocidades de adscripción y obligación de obediencia frente a la superioridad de estrato sancionado por gracia divina. Los dos grandes centros de atracción del llamado “genuino vagabundaje” eran la Araucanía y la cordillera 901. ¿Quiénes eran los vagabundos? Los indios fugitivos empujados por la crisis de la encomienda, los mestizos, mulatos y zambos, impedidos de posibilidades de ascenso social por la tacha de ilegitimidad eclesiástica y estigmatizados como “vagos”, y los soldados desertores reclutados forzosamente al Ejército en la zona de la frontera. El pillaje y el hurto de caballos, el símbolo de estatus del mapuche, a la usanza de las “malocas”, las entradas de grupos de la soldadesca al territorio araucano con fines de robo, rapto, violación. El principio básico del último siglo de la Colonia “se acata pero no se cumple”, no se suprime con la Independencia, sino que se refuerza. La sociedad republicana independiente es la continuación aproximada de las relaciones de poder coloniales, las que a pesar de la inspiración ilustrada de la elite de recambio, continúan casi incólumes. Por lo tanto, el Estado independentista que emerge como la continuación del Estado colonial, corresponde a la sociedad de los blancos y mestizos, a pesar de los decretos que proclamaban la igualdad de los indios, del término definitivo de la esclavitud (1823), la abolición de los mayorazgos (1828), lo que se logra forzosamente es una apertura muy parcial en el cierre de los estratos más altos. El proyecto republicano progresista e ilustrado se convierte paulatinamente en arbitrariedad y autoritarismo, desde que los militares y la elite intelectual no logran resolver la gravísima situación del país 902. La diferenciación segmentaria existió en la inclusión en la familia y en la exclusión social y geográfica al sur del Bio-Bio: mapuches, pehuenches, etc. Esta forma de diferenciación se reproduce en la exclusión territorial autónoma. No obstante, aún con el lucrativo y asiduo comercio más allá de la frontera de San Carlos, sería erróneo hablar de una diferenciación centro/periferia sólo por la existencia del territorio autónomo mapuche – pehuenche impuesto a la aristocracia toda ya desde 1670 por el Gobernador Jáuregui. Sí existió tal diferenciación centro/periferia en relación al campo y a las familias campesinas: en ellas no hubo espacio para la construcción de individualidades, la socialización se realizaba por inclusión en el grupo familiar. Mientras que en las ciudades incipientes prevalecía la
901

Góngora, Mario: Vagabundaje y sociedad fronteriza en Chile (siglos XVII y XVIII), en: Cuadernos del Centro de Estudios socioeconómicos, 2, Universidad de Chile, 1966 902 Villalobos et al.: Historia de Chile, Universitaria, 1974, pp. 204 y sig.

358
estatificación, teniendo como pavoneaba de su flojera. cúspide a una oligarquía que se

Si bien La Independencia implica la supresión formal de los rasgos estratificados de la sociedad, esto no sucede a pesar de que militares e ideólogos son los catalizadores del desplazamiento paulatino de la aristocracia tradicional más arcaica. Podemos representar la forma de la sociedad colonial estratificada de la siguiente manera:

359

903

La forma de la diferenciación de la Sociedad Colonial Estratificada 1550-1818 – síntesis esquemática

903

Las dos primeras formas, de la jerarquía piramidal y clasificación de raza, corresponden al quinto canon – la expansión de la referencia - de la concepción del cálculo de la forma, en cuyo caso la referencia correspondería a la última forma, que llamamos síntesis esquemática. V Spencer Brown, G.: Law of Form, op. cit., pp. 8-10

360

II. El modelo dual de estratificación y clases sociales

El segundo de los modelos recombina la estratificación jerárquica con el surgimiento del capitalismo y la sociedad de clases. Se trata de un modelo de dualidades y abarca los dos períodos en los cuales se periodiza habitualmente la historia chilena: desde 1818-1864, fase marcada por el presidencialismo y de 1864 – 1925, período marcado por el parlamentarismo

La sociedad republicana aristocrática presidencialista.

estratificada.

La

plutocracia

La Independencia inaugura el período revolucionario más importante de la historia chilena. Por primera vez la lucha por la reorganización del Estado incluye conceptos como soberanía popular, representatividad, derechos ciudadanos y régimen constitucional. Si el proyecto revolucionario ilustrado colapsó a causa de su excesivo elitismo inspirado en el eurocentrismo europeo, o si la misma aristocracia y sus aliados contribuyen a demoler la frágil economía existente, provocando una hambruna generalizada en la población, escapa a los objetivos de este trabajo. Pasada ya la fiebre revolucionaria y el reformismo de los Carrera, Portales, el caudillo de la reacción aristocrática, pone fin a la llamada “infancia mental” o al “ambiente a manicomio” – como señala el historiador racista Francisco A. Encina - de Chile, que desde 1820 tendía hacia la construcción de una sociedad ilustrada y de clases. Lo que significa la reafirmación del autoritarismo, la arbitrariedad y la petrificación de la estructura social con la hegemonía de una aristocracia plutocrática. Con el auge y primacía del medio dineropropiedad, la aristocracia chilena se convierte definitivamente en plutocracia. El ideario de entonces es el de un individuo arbitrario, con sed insaciable de poder y represión. Su nombre es Diego Portales, el retrato del chileno de doble estándar, mediocre, ignorante, doctrinario y vengativo 904.

904

Villalobos, S.: Sugerencias para un enfoque del siglo XIX, en: Colección Estudios CIEPLA, Nº 12, 1984, pp. 12-14

361
Los movimientos intelectuales revolucionarios desaparecen bajo el peso del régimen portaliano (Bilbao, Arcos). Los críticos de la mojigatería, la iglesia y de pelucones y pipiolos terminan encarcelados o exiliados, sus escritos son quemados en público. Por todo el país se asienta la reafirmación del autoritarismo, la arbitrariedad y el endurecimiento de la estructura social cuya dominación se había asegurado la aristocracia plutocrática 905. La aristocracia de antaño aliada al clero, los opositores de la independencia, se habían encargado de hacer colapsar el proyecto ilustrado independentista liderado por militares e intelectuales. La restauración 906 contrarrevolucionaria no se haría esperar . La represión portaliana no permitía disenso alguno, arrogándose el diseño de la caricaturesca arquitectura de un Estado ineficaz, corrupto y servil. El sistema político institucional se consolida y estabiliza recién con Bulnes y Montt. Junto con él, se sientan las bases para el sistema educacional, que experimenta su primer auge a fines de la 2º mitad del siglo 19 y el más importante en la segunda a mitad del siglo XX, durante los tres gobiernos radicales. La fe ciega en el progreso de la elite ilustrada, inspirada en los ideales rousseauneanos, le asigna cualidades omnipotentes a la educación. El ya emergente sistema del arte se vuelca a las letras con la proliferación de revistas literarias. La poesía de Blest Gana, Lillo y Matta se ajusta al modelo romanticista 907. En 1843 se funda la Universidad de Chile, justo cuando Andrés Bello redacta la gramática castellana dedicada al lustre del lenguaje de las clases altas, exageradamente pacata e inspirada en la idea de “la sociedad del buen decir” y con el fin de “evitar las prácticas viciosas del habla popular”, por ello es que la gramática que regula la forma correcta de hablar opera como un mecanismo de control de las diferencias 908. Además, Bello exhortó a las señoras a preocuparse por el problema de la educación femenina cuando expresaba que “el servicio importante que con ello harían a la sociedad redundaría en derecho propio desde luego; su servidumbre doméstica, y aún a las nodrizas de sus hijas, no pertenecerían en adelante a la clase mas vil y abyecta, tendían personas de probidad e inteligencia, para los cargos de confianza de que carecen ahora, y verían alrededor de sí, un pueblo de artesanos u obreros activos, industriosos y morales, prontos a prestar sus servicios a la clase acomodada y a llenar con exactitud las obligaciones contraídas”909
905

Joselyn – Holt, Alfredo: El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica, Ariel, Santiago, 1997 906 Villalobos, S.: Sugerencias para un enfoque del siglo XIX, en: Colección Estudios Cieplan, Nº 12, marzo de 1984, pp. 9-36 907 Subercseaux, B.: Historia, Literatura y Sociedad, Cesoc, Santiago, 1991, pp. 11-41 908 Castro Gómez, S.: Ciencias Sociales, violencia epistémica y el problema de “la invención del otro”, en: Edgardo Lander (ed): La colonialidad del saber, op. cit, pp. 151 909 Bello, A.: citado en Egaña, M y Mosalve, M.: Civilizar y moralizar el la escuela primaria popular, en Sagredo y Gazmuri, op. cit., pp. 123

362

El Instituto Nacional y el Seminario, junto a la fundación de la Escuela de Artes y Oficios y de Arte, estabilizan el sistema educacional chileno. Si el Estado del sistema político fue el centro de la sociedad, es algo discutible. Pero sin duda que la discusión o Estado o Nación es tan inocua que recuerda a la paradoja del huevo y la gallina. La propiedad elemental de la estratificación aristocrática republicana, es el aumento progresivo de la contingencia del entorno de exclusión de la sociedad, haciendo que las crecientes oscilaciones del sistema social y los sistemas psíquicos de los individuos, sean observables en las semánticas de autodescripción de la sociedad como rebeliones, movimientos de protesta y descontento manifiesto. Durante el régimen portaliano se gobernó con el estado de sitio y las facultades extraordinarias, en la carta fundamental de 1833 se consagró un sistema presidencialista similar a una zatrapía. A su muerte en 1835, en medio del ambiente liberal, se diversifican las auto-descripciones heterogéneas de la sociedad hasta el extremo de convertir al gobierno y a la oposición en bandos irreconciliables, lo que abre paso a una época de cuartelazos y rebeliones armadas como el alzamiento de Copiapó liderado por Pedro León Gallo, el movimiento revolucionario de la Serena y Concepción. La plutocracia aristocrática que se inicia con el ciclo portaliano, alcanza agonizante hasta el liberalismo aristocrático ya en la sociedad débilmente estratificada hacia 1864. La guerra civil de 1891 sucedida por los últimos intentos restauradores del Parlamentarismo, no consiguen detener el colapso definitivo de la republica aristocrática aproximadamente en 1925, que conservando los principios de jerarquía y verticalidad, abre paso a la instalación definitiva del capitalismo, reforzado por los impulsos de los gobiernos radicales venideros. La generalización de las relaciones de producción capital – fuerza de trabajo se instalan junto al predominio de la diferenciación funcional de la sociedad, cuyos sistemas parciales, marcados por la discontinuidad, la alternación de acoplamientos laxos y férreos, su emergencia destemporalizada, se venían desplegando desde las reformas que se inauguran con la Independencia. Aún considerando el ocaso del cierre por endogamia de los estratos en el largo y heterogéneo período republicano, las mutaciones que experimenta la aristocracia y sus alianzas con los extranjeros emigrantes y estratos medios, es decir la exclusión en la inclusión al estrato superior, aumentando la presión de complejidad de la sociedad, encuentra su correlato del lado de los estratos inferiores excluidos, los que a su vez se diferencian actualizando formas híbridas y transversales de inclusión en la exclusión.

363
La forma de la diferenciación estratificada correspondiente al modelo plutocrático aristocrático corresponde a la siguiente expansión de la referencia:

Expansión de la forma de estratificación plutocrático-aristocrática (1818-1864)

La república liberal aristocrática y la sociedad de clases. La sociedad liberal es una compleja retórica de su propia autodescripción. Es decir, se define prometiendo lo que hará, pero hace justamente lo contrario. Es profundamente individualista, pero excluyente y en tal sentido revive la estratificación vía jerarquía y raza; hasta cierto punto, realiza el punto de vista de Encina. Consolidará una sociedad libertaria como utopía o mentira, pero hegemonizada por la aristocracia en transformación aliada a los sectores medios, la burguesía emergente y los extranjeros. Pero a fin de cuentas, la aristocracia desaparece mutando en una burguesía emergente. El período comprendido entre 1864 y 1924 es paradójico en extremo. El autoritarismo presidencialista se trastoca desde 1964 en autoritarismo parlamentarista, según el modelo británico. El liderazgo de los liberales, herederos de la mentalidad ilustrada propugnan un exacerbado anticlericalismo. Proliferan los Liceos Fiscales y las Escuelas Públicas. Es la inspiración de Santa María la que origina la creación, en 1883, de la Sociedad de Fomento Fabril y la Sociedad Nacional de Agricultura. En 1842 se pone en marcha la Escuela Normal de Preceptores, bajo la dirección de Domingo Faustino Sarmiento. Durante la crisis de

364
1891, el progresismo liberal comete sabotaje contra sí mismo. Al clausurar las sesiones del Congreso, Balmaceda es víctima de la “fronda parlamentarista” obstruccionista y reaccionaria, que termina con la sublevación del capitán de navío Jorge Montt, inaugurando una cruenta y brutal guerra civil, que termina con la victoria de los insurgentes en la batalla de Placilla y el suicidio del Presidente constitucional910. En este período se consolidan las relaciones capitalistas de producción en el Norte Salitrero. Se abre el segundo ciclo de expansión decisivo de la economía chilena, el que gracias a los aciertos de las políticas estatales, conseguirá reducir el daño que el colapso del capitalismo desencadena en 1929911. “Chile salió de la guerra del Pacífico fortalecido y enriquecido. En casi todos los círculos se daba por descontado que, al igual que había ocurrido en el fugaz conflicto con España, se volvería rápidamente a la convertibilidad”912. La guerra civil de 1891 paralizó todo el avance hacia una reforma e involucró, por el contrario, un incremento considerable de las emisiones, en un año el circulante aumentó en un 60%. Recién en 1931 se produce un único salto al papel moneda, retrasando innecesariamente la autopoiesis del sistema económico. A la república aristocrática parlamentarista que surge de la guerra civil de 1891, sobreviene la llamada autocrítica de Chile. Con ello muere el liberalismo laico de la sociedad culta, anticlerical y progresista. A la orden del día se ubica la ironía del despertar tardío: Chile se había alimentado de fantasías, quimeras, cifras torcidas de crecimiento, del amaneramiento que encubría la corrupción y de la injusticia social disfrazada de promesas incumplidas 913. La generación del 20 y el surgimiento de la FECH y su revista Claridad, fustigan a la “canalla dorada” oligárquica. A juicio de Góngora, surge en las batallas ideológicas y a garrotazos, la tipología del futuro intelectual de izquierda, el “upeliento del 70”. La demolición retórica y práctica del orden del engaño, inaugurará la violencia popular que no cesará hasta fines de siglo, como señala Salazar 914. El resurgimiento de la cuestión social ya inaugurada en 1844 por “La sociabilidad Chilena” 915 apunta al descalabro de la estratificación. La proletarización y protesta estudiantil se unifican para desenmascarar al Estado corrupto e inepto. Se denuncia e
910

Ramírez Necoechea, H.: Balmaceda y la contrarrevolución de 1891, Universitaria, Santiago, 1972 911 Furtado, Celso: La economía Americana desde la Conquista hasta ka Revolución cubana, Universitaria, Santiago, 1969, pp. 54 y sig. 912 Pinto, A.: Chile. Un caso de desarrollo frustrado, Universitaria, Santiago, 1973, pp. 91 913 Góngora, M.: Ensayo histórico sobre la noción del Estado en Chile en los siglos XIX y XX, op. cit, pp. 73 y sig. 914 Salazar, G.: Violencia popular en las “grandes Alamedas”, Sur, Santiago, 1990 915 Bilbao, F.: La sociabilidad chilena, en: Sergio Grez Toso (ed.): La cuestión social en Chile. Ideas, debates y precursores (1804-1902), Dibam, Santiago, 1996, pp. 63-92

365
ironiza la corrupción y el autoengaño. Con el golpe militar de septiembre de 1924, cae el parlamentarismo y la república aristocrática – en un principio plutocrática, luego liberal y laica. El respeto del Presidente Montt a las normas institucionales parlamentaristas convirtió a su gobierno en la cúspide de la inestabilidad ministerial. Por otro lado, el bipartidismo conservador – liberal era tan insostenible, que la inminencia de una tercera fuerza, el partido Radical, laico y secular, aglutinaba a las logias masónicas, los sectores medios y profesionales y la intelectualidad positivista. En medio del pesimismo reinante ante el fracaso del gobierno de Montt, surge el nacionalismo pragmático. Bajo la inspiración de Nicolás Palacios, defensor de los mapuches y del “roto”, el 1912 se publica “Nuestra inferioridad económica” de Francisco Antonio Encina, una extraña mixtura entre causalismo determinista y la defensa del “egoísmo colectivo”, motor de la prosperidad y el engrandecimiento propios. La proliferación de las Mutuales (más de 400 con 65.000 afiliados en 1910) y de los Círculos obreros, marca el advenimiento de las organizaciones proletarias. Luis Emilio Recabarren, liderando el ala izquierda del Partido Demócrata, funda en 1911 el Partido Obrero Socialista, precursor del Partido Comunista de Chile. La sociedad chilena se convierte en una sociedad de clases, dotada de organizaciones y partidos burgueses, de la clase media y del proletariado urbano. Con la instalación definitiva de las relaciones salariocapital y la concentración de los medios de producción en la nueva burguesía, parcialmente heredera de la aristocracia liberal, el asentamiento de la diferenciación de la sociedad se consolida definitivamente. En este mismo sentido, mutatis mutandis, la programación de los sistemas atraviesa por innumerables reformas y modificaciones organizacionales, estabilizando la persistencia de los códigos binarios autónomos, exclusivos y autorreferenciales. El colapso del régimen populista de Arturo Alessandri en 1924 marca el derrumbamiento irreversible de la obsoleta aristocracia y de su suporte, la jerarquización por estratos de la sociedad. Al inusitado desarrollo económico durante los gobiernos radicales, se suma la extracción del cobre como la principal fuente de ingresos de la Nación. No obstante, el estrepitoso fracaso del gobierno de facto de Ibáñez, que hace regresar a Alessandri en gloria y majestad, reinicia la época del caudillismo populista.916. La decadencia de las formas amaneradas y afrancesadas de la vida aristocrática, son el resabio carnavalesco de un masivo reajuste educacional y de la consolidación de la cultura escrita. El triunfo del periódico y la radiotelefonía iniciada por la radio Chilena en 1923, marcan

916

Gongora, M.: Ensayo histórico..., op. cit, pp. 127 y sig.

366
la estabilización del sistema de los medios de difusión; cobra enorme relevancia el concepto de opinión pública. Con la “generación del 50” y el cultivo de la música y las primeras orquestas sinfónicas, el ballet y el teatro apadrinados por las Universidades de Chile y Católica, proliferan las revistas de la intelectualidad como Mensaje, Política y Espíritu y Atenea. El sistema del arte, diversificado y libre, surge como uno de los más importantes sistemas de la sociedad. ¿Puede sostenerse que la burguesía chilena en algún momento de su historia, configuró una ética propia semejante a la que Max Weber describe en el período de la acumulación de capital en Europa917 o en Chile la expansión del modo capitalista de producción obedeció más bien a la dionisíaca fusión entre lujo y capitalismo, como describe Werner Sombart918? A juzgar por el dominio de la holgazanería, el despilfarro, la farsantería y la desvergüenza sumada al cultivo de la doctrina de la ignorancia, que caracterizó su forma de vida, no es de extrañar que fueran justamente ingleses los que forzaran el auge económico del segundo ciclo expansivo. Que los herederos de esta cultura de la vergüenza, ayer imitadores de los europeos, luego fanáticos pro-americanos y hoy de todo un poco y justamente lo contrario, hayan demostrado su incapacidad para liderar el desarrollo capitalista en Chile, a nadie debe extrañarle919.

Expansión de la forma de la diferenciación estratificada Período aristocrático burgués (1864-1925)
917

Weber, M.: Die protestantische Ethtik und der Geist des Kapitalismus, Enke, Stuttgart, 1982 918 Sombart, W.: Lujo y capitalismo, Alianza, Madrid, 1979 919 Marini, Ruy Mauro: Dialéctica de la dependencia, Era, México, 1974

367

La sociedad capitalista funcionalmente diferenciada. El tercer modelo, tan abstracto como su alcance histórico, describe a las relaciones de producción capitalistas empujadas por la industrialización de Chile desde 1930 y a la configuración de las grandes clases sociales como el entorno del asentamiento definitivo de la diferenciación funcional de la sociedad chilena. La sociedad aristocrática y antaño fuertemente estratificada se había desplomado estrepitosamente hacia 1925. Esto abre paso a que, arrastrando fuertes componentes estratificadores, la diferenciación funcional de la sociedad se imponga concomitantemente con el desarrollo del capitalismo (salario-capital), junto al crecimiento del movimiento obrero, estudiantil e intelectual. Las semánticas de auto-descripción de la sociedad se pluralizan. Las auto-descripciones se multiplican. Se prepara el terreno para la gran distinción capitalismo/socialismo a partir de la década del 50. Mucho antes de la industrialización incipiente de Chile (1930), y el período de expansión hacia afuera de la economía salitrera (1880- 1930) comienza a imponerse la diferenciación funcional de la sociedad. La autodescripción de la sociedad como “de clases”, indica el carácter combinatorio e híbrido de la estructura social. Las clases sociales del capitalismo son la resultante del descalabro de los últimos resabios de estratificación obsoleta y el asentamiento destemporalizado e incipiente pero irreversible de sistemas parciales relevantes, en cuyo contexto se asientan las relaciones de producción salario-capital. Sobre todo en la renta de la tierra, la acumulación primitiva coherente con la forma simple de circulación, es posible por la sobreexplotación de la fuerza de trabajo. La masificación de las relaciones productivas capital-trabajo marcan el avance de la organización proletaria urbana, igualmente el surgimiento de los primeros sindicatos, mutuales y otros, mientras que en la periferia rural, el peonaje, el parroquialismo y el apadrinamiento del patronato mantienen incólume la estratificación en crisis. El cuidadoso cultivo de las formas de vida del refinamiento siútico y holgazán de la aristocracia, propietaria de vastos predios agrícolas, con su habitual ausentismo, termina por ser desplazada por la manufactura incipiente de emprendedores. “El roto” (1920) pero sobre todo “La chica del Crillón” (1935) de Joaquín Edwards Bello, son el retrato fiel y deprimente de la sociedad de la época. El sistema del arte se refuerza con la “generación del 50”, inspirada por Kafka y Joyse; la calidad de su obra junto al movimiento surrealista marcan

368
un hito sin parangón en la producción del arte chileno, al que se sumará Donoso, Neruda y Mistral. Más preciso aún sería describir los lados de la forma como oscilantes, más aún si el cálculo de la forma en el reverso del cross, permite invertir los valores desiguales intercambiándolos. En el entorno del primer re-entry, que sintetiza y abstrae a la sociedad, se encuentran los individuos que perdiendo su adscripción a los estratos de antaño aún teniendo la opción de pertenencia a una de la clases sociales, para los efectos posteriores a la destrucción de las organizaciones de la clase obrera durante de la dictadura militar y el fin de las luchas de clases y el olvido de las semánticas en pugna socialismo/capitalismo hasta la década del 70, difícilmente se identificarían hoy con la burguesía o con el proletariado. Este modelo se esfuerza en excluir de sus descripciones a las semánticas de auto-descripción de la sociedad, lo que ante la primacía de la observación en la observación descriptiva de los sistemas, no lo consigue por completo. El contexto implícito País indica a una reducción galopante del sentido de pertenencia a la Nación o a la Patria. Que hoy en día se hable de “éste país” no debiese extrañar a nadie. Este modelo da cuenta además del fenómeno de despido de los individuos de la sociedad funcionalmente diferenciada, cuyas individualidades son sus entornos contingentes. Al desaparecer la centralidad de los estratos compuestos por individuos, esto no significa que en la forma de la diferenciación estratificada haya dejado de existir. Al contrario, si los individuos ya no son posibles de incluir como cuerpos y conciencia, se incluyen en la sociedad perteneciendo a su entorno interno, los excluidos, por el contrario, ocupan el entorno externo920. La gigante evidencia de la sociedad capitalista funcionalmente diferenciada es la dinámica de cerradura que arrastra consigo, se piensa con ello en la naturaleza del cuerpo. El cuerpo opera como recurso de inmediatez, es la vida real, el sustrato de realidad que el auto-entendimiento cultural olvidó. El cuerpo es la autenticidad que expresa lo inmediato de nuestra existencia921. La atractividad del cuerpo no es únicamente de carácter estético; esa estética consiste más bien en que representa una ontología simple, a un simple Ser, que se preocupa por la negación de su Ser. La atracción de la fuerza corporal consiste en que acorta el tiempo, que produce la respiración corta que anhela el largo aliento. Produce efectos en lugar de argumentos y escapa a la codificación Si/No del lenguaje. Esa es la dinámica del sentido del encierro, en ese sentido Alois Hahn habla con certeza de la “Yo-extraño de nuestro cuerpo”922 porque nos permite contar con esa confianza extraña de lo que quizás ni se pueda explicar o dotar de

Stichweh, R.: Inklusion/Exclusión, funktionale Differenzierung und die Theorie der Weltgesellschaft, en: Soziale Systemem 3, 123-136, 1997. 921 Nassehi, A.: Geklonte Debaten, manuscrito, 2002 922 Hahn, A.: Eigenes durch Fremdes. Warun wir anderen unsere Identität verdanken, en: Huber, K. (ed.) Konstruktionen, Suchtbarkeiten, Inerventionen, Berlin, 2000, pp. 68

920

369
sentido: sonrojarse, ira, hacerse e la cama, impotencia, tartamudeo, afectos. Si la característica fundamental de la modernidad es la definitiva escisión entre el espacio el tiempo923, el efecto que acarrea la posibilidades de coordinación a alta velocidad, tiene como consecuencia que el actor y su autoría se desacoplan. El resultado es la comunicación de la ignorancia. “La comunicación de la ignorancia libera de responsabilidades. Quien comunica saber absorbe incertidumbre y tiene en consecuencia que asumir de que su saber es cierto y no incierto. Quien comunica ignorancia queda disculpado ya por eso mismo”924. Las propiedades básicas de esa, la modernidad actual, son (a) la contingencia como el imperio de la incertidumbre; (b) la imposibilidad de saber cómo será el futuro, el que se nos presenta universalmente como riesgo; (c) la discontinuidad del tiempo, como efecto colateral de una crisis epidémica en la estructura del tiempo lineal; (d) la inclusión/exclusión como supercodificación transversal de los sistemas parciales. La diferenciación funcional aumenta y complejiza las desigualdades sociales e un grado inconmensurable. El ocaso de los vínculos de pertenencia a las clases en pugna en la década de 1960-1970 que culmina con el Golpe de Estado y las reformas del gobierno militar, termina por consolidar también la desvinculación de las individualidades desiguales, a la sociedad diferenciada en sistemas funcionales parciales. Hasta la década del 70, en la sociedad chilena ardía la lucha de clases; tampoco faltaron opciones para abrir una brecha socialista idiosincrásica y con perspectivas de estabilidad. No obstante, con una burguesía deficiente y atrincherada en lo superficial, en la época en “que los rotos estaban sublevados”, ni las elites políticas ni la intelectualidad orgánica aliada a la clase obrera, supieron emanciparse de sus propios lastres. El apego elevado a la categoría de una fe incuestionable en el marxismo-leninismo en sus más variadas versiones, el economiscismo de las ciencias sociales embelesadas por el mito del desarrollo, las organizaciones partidarias articuladas al modo de los cuadros insurreccionales del bolchevismo antes del cuartelazo de noviembre de 1917, una interpretación simplista de la historia de Chile (en mi caso, mi supina ignorancia de ella por aquél entonces), todo esto convirtió al liderazgo de las luchas populares, en tanto más incapaz y limitado que la misma burguesía chilena. Por ello es que una sociedad capitalista funcionalmente diferenciada sin referentes de clase para los asalariados, los convierte en una muchedumbre solitaria925, más individualista que individuada, sin el más mínimo interés en la organización sindical, defensora incluso de las negociaciones individuales, desconfiada, egoísta, llena de complejos – prueba de ello es que uno de los tabúes de la sociedad chilena es el monto
923 924

Giddens, A.: Modernidad e identidad del Yo, Península, Madrid, 1999, Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Paidós, Barcelona, 1997, pp, 165 925 Riesman, D.: La muchedumbre solitaria, siglo XXI, México, 1968

370
de las propias remuneraciones, tal como las top- models, como Claudia Schiffer, nunca revelan su edad. Chile no es sólo un caso de desarrollo frustrado, como señalara Pinto, sino que una enorme frustración en pleno desarrollo. Las reformas del gobierno militar desembocaron en la descomposición del movimiento obrero y sindical, con el imaginario de una difusa pertenencia a la omniabarcante “clase media”, el fin de las negociaciones colectivas entre las organizaciones patronales y los sindicatos de antaño, la rearticulación de los partidos políticos y la obligatoriedad de las alianzas ante el sistema binominal de recambio en el sistema político, en el contexto del derrumbamiento de los “socialismos reales”. El partido de los que no votan gana todas las elecciones. La diferenciación funcional no es siempre sincrónica respecto de la expansión del capitalismo. El proletariado industrial emerge ya en 1830, pero se consolidará como clase dotada de organizaciones, partidos y programas-proyectos de sociedad, a partir de 1910, casi un siglo después. La burguesía, el camaleón de la sociedad chilena, pareciera gozar de buena salud incluso en los albores del siglo XXI, mientras que la clase obrera como referente de identificación, como aglutinador de identidades, se ha desmembrado dejando atrás toda una semántica alternativa de autodescripción que por más de tres decenios, fue el lado marcado de la distinción socialismo/capitalismo. Componentes de esa semántica son vocablos en desuso como “internacionalismo”, “proletarización”, “compromiso partidario”, “unidad obrero-estudiantil”, “hacer la revolución”, “conciencia de clase”, “movilización de masas” y muchas otras.

El Informe del PNUD-2001, dedicado a la transformación cultural de Chile, formula siete tesis al respecto

371
1)Chile está viviendo un profundo cambio cultural. 2)La imagen heredada de lo chileno se ha vuelto difusa y poco creíble para la mayoría de los chilenos. 3)La producción de experiencias significativas es nueva. 4)Hay una diversificación de los modos de vida, pero se trata de una diversidad disociada. 5)La vida personal en Chile se caracteriza por la individualización. 6)Se constata un déficit cultural. 7)En la perspectiva del Bicentenario, se trata de elaborar un “proyecto país”926. Independientemente de sus resultados, es loable que los teóricos de esa institución de las Naciones Unidas hayan descubierto que las identidades se individualizan, asunto del que ya se preocupó Simmel en 1901. ¿Deberán trascurrir otros cien años para que descubran la individuación?. No interesa discutir el concepto de cultura, tan ambiguo como estrictamente histórico, sí es de interés el siguiente gráfico:

IMÁGENES DE LA SOCIEDAD

Fuente: elaborado sobre la base de Encuesta Nacional PNUD 2001 Es curioso que el Mapa de los modos de vida de los chilenos, el tipo del “marginado descreído”, muy similar al del “asocial molesto” sea sólo de un 10%, mientras que los “asociales molestos” componen la mayoría de los encuestados con un 25%. ¿Quién es el “asocial molesto” una denominación bastante estigmatizante si se tiene en cuenta que un
926

PNUD-2001. Sinopsis. Disponible en Internet.

372
“asocial” es una persona descompuesta que tiende a la delincuencia, sólo que el “chileno” esos son los “antisociales”- una categoría tan ambigua como absurda, porque no se puede “estar contra la sociedad”?. Se supone que es un tipo que vive en la exclusión, que su mundo privado está compuesto por personas similares y que se auto-describe como perdedor. A diferencia del “crítico desilusionado” que critica con seguridad las injusticias sociales, pero que también pertenece a la categoría de los perdedores. Se supone que la diferencia entre el “triunfador económico” y el “individuo cívico” consiste el que el primero es inescrupuloso y a se abre camino a codazos, mientras que el segundo es también ganador, pero realiza sus éxitos con respeto por la institucionalidad. Hay que ser especialmente cuidadoso con los rótulos estigmatizadores, basta recordar la investigación de Young “El rol de la policía como promotor de la desviación, constructor de realidades y traductor”927. Por otra parte, resulta paradójico que el tipo del “vecino utilitarista” sólo componga el 19%, en circunstancias que “la razón instrumental” – o el uso de las personas para obtener provecho (“el gomeo”, que es el fingimiento del amor con motivos ilícitos, por ejemplo) o en términos más científicos y en aproximación a Max Weber “la acción racional con arreglo a fines”, entre los chilenos funciona, con absoluta seguridad, mejor que en cualquier parte del mundo. Yo opto, aún cuando no se trata de un libro de sociología, por remitirme al opúsculo de Jorge Sacia928. El autor distingue una serie de malas costumbres en la sociedad chilena, de las cuales quisiera destacar algunas: (a)”el qué dirán” – históricamente se podría vincular la posibilidad de que los otros se formen una mala imagen nuestra, en los orígenes de la oligarquía chilena. En la perspectiva de una movilidad ascendente, “el qué dirán” es pariente del arribismo. Se evita “el qué dirán” aparentando lo que no se es929. (b)”gravedad” – se diría también ser serio sin necesidad. Esta es una propiedad muy chilena, así como “hacerse el chistoso”. ¿Se deberá a que este es un país aburrido, sin carnavales ni fiestas que reúnan cuerpos felices? Si observamos con detención la obra anterior, vamos a constatar que de los cientos de porteé que se muestran, no encontraremos ni una sola cara sonriente, al estilo de Rodin, por ejemplo. (c)”alcohol” – Chile es una país de alcohólicos, es uno de los pocos países del mundo que se bebe alcohol sin motivo alguno. La imagen del ebrio botado en la calle es casi exclusivamente chilena. Históricamente, la mayor parte de las riñas matrimoniales tuvo (y tiene) como causa al
927

Young, J.: The Police as Amplifiers of Deviancy, Negotiators of Reality and Translator of Fantasy. Some Consequences of our Present System of Drug Control as Seen in Noting Hill, en: Cohen, St. (ed.): Images of Deviance. Penguin, London, 1971 928 Sasia, J.: Guía de las malas costumbres chilenas, Ediciones Cerro Santa Lucía, Santiago, 1983 929 Valenzuela, J.: Afán de prestigio y movilidad social: los espejos de la apariencia. En: Sagredo, R. y Gazmuri, C: op. cit., Tomo I, pp. 71-93

373
exceso de alcohol930. En la juventud de hoy, los mismos afectados hablan de un comportamiento auto-destructivo. (d)”indolencia” – fue Benjamín Vicuña Mackena quien hace más de cien años advirtió que si talábamos indiscriminadamente la palmera chilena, se extinguiría. Así sucedió. Igual cosa sucede con el pinus radiata con el plaguicida que mata la oruga, pero además a todo insecto que se le acerque. Chile se convertirá en el mercado ideal para alimentos transgénicos, con consecuencias catastróficas para la composición mineral del suelo. A nadie le importa931. (e)”titulitis” – “es una enfermedad grave que afecta principalmente a los padres, quienes con el mayor cariño la traspasan a sus querubines”932. No consiste en la lucha por la obtención de un título profesional, como la sociedad y el mercado de trabajo lo exigen, sino de la ostentación que se hace de ello. A los médicos los llamamos “Doctores”, en circunstancias que se trata de un Licenciado en Medicina, las Universidades Chilenas, a excepción de la Universidad Católica de Santiago, no otorgan tal grado académico. (f)”el auto” – el auto es el objeto de prestigio de los chilenos. Si usted involuntariamente provoca un accidente, se encontrará con una lluvia de groserías, cuando no de golpes. Los objetos de prestigio otorgan estatus, y el estatus hace suponer altas remuneraciones, de allí que despierten con tanta facilidad el “paradigma de la indignación”. Es como cometer un pecado nefando que debe ser castigado. (g)”la burocracia” – Max Weber definió a la burocracia como el atributo privativo de la modernidad, por su capacidad de decisión, su eficiencia y su rapidez. Exactamente al revés de la guerra de papeles completamente innecesaria en nuestro país. A diferencia de otros países, en Chile florece al negocio de las Notarías, cuya actividad consiste la mayor parte del tiempo en atender bagatelas. Los chilenos desconfiamos hasta de nuestra sombra. De acuerdo a estándares internacionales, Chile es uno de los países con menos confianza interpersonal. Por otro lado, si uno entra a una tienda de lámparas, por ejemplo, elige la lámpara que desea comprar, entonces (i) recibe un boleto con el cual debe dirigirse a la caja para poder “cancelarla” (¿), es decir pagarla; (ii) en seguida debe dirigirse al empaque, donde deberá esperar hasta que se la entreguen. Los puntos anteriores se refieren realmente a la vida cotidiana. No a “la cultura”, desde donde el PNUD extrae sus tipologías erráticas. Menos mal que desde Weber sabemos que la sociología en una disciplina idealtípica933, que construye tipologías unificando elementos que en la vida real aparecen disociados, por lo que no tienen existencia efectiva.

930

Salinas, R.: La pareja: comportamientos, afectos, sentimientos y pasiones, en: Sagredo, R. y Gazmuri, C: op, cit. Tomo II, pp. 59-84 931 Tappeser, B. y Vogel, B.: Der Einfluss von Risikodiskussion und Risikoforschung auf die Genehmigungsverfahren zum Inverkehrbrigen trangener Oflanzen, Öko- Institut e.V. , Freiburg, 2000 932 Sasia, J.: op. cit, pp. 39 933 Weber, M: Economía y Sociedad, FCE, México, 1964, pp. 9

374
El carácter policontextural, discontinuado y destemporalizado de la diferenciación funcional de la sociedad chilena es observable marcando hitos de emergencia, y algunos de los eventos más relevantes de su evolución y los que marcando la estabilización de su autoreferencia basal. Esto es lo que mostramos en el cuadro siguiente.

375

376
6. EPIFANÍAS DE LA AUTOPOIESIS DE ALGUNOS SISTEMAS FUNCIONALES “Si se describiera a la sociedad moderna como un conjunto de sistemas funcionales autónomos que entre sí no se deben ningún respeto, sino que siguen a las presiones de reproducción de su propia autopoiesis, resultaría un cuadro en extremo unilateral. Sería entonces difícil de entender, como es que ésta sociedad dentro de poco no explote o se desintegre” Niklas Luhmann

Más arriba argumentamos que la observación de los sistemas autopoieticos sólo es posible cuando la diseminación de sus efectos secuencialmente temporalizados permite la identificación de sucesos relevantes. El ordenamiento de una serie de sucesos remitidos a esferas específicas, cuyo fundamento implica que de un conjunto de opciones contingentes sólo una de ellas emerge como un hito temporalizado y que el entrelazamiento de esos sucesos da lugar a una constelación emergente, nos permite hablar de la Epifanía del sistema. El sistema emergente marca hitos que indican la marcación relevante de su autopoiesis 934. Si el desacoplamiento entre espacio y tiempo es el suceso más destacado y trascendente en la observación de lo moderno de la modernidad porque estabiliza la hegemonía del tiempo y constriñe el espacio a las coordinaciones temporales935 en una incontrolable expansión, entonces el “desenclave de los sistemas abstractos” (Giddens) o la “diferenciación funcional de la sociedad” (Luhmann) 936 y la emergencia de los sistemas operativamente clausurados suprime la identificación espacial de los sistemas parciales, los que al invertir el tiempo de la naturaleza, componen temporalidades propias, operan con comunicaciones que sólo se orientan hacia la simultaneidad de las coordinaciones temporales. Si la modernidad es una gigantesca paradoja, ella se presenta como la imposibilidad de identificar sistemas con lugares específicos, por lo que la autopoiesis de los sistemas es invisiblemente observable.

934 935

Fuschs, P.: Die soziologische Betrachtung der Erzeiehungswissenschaft, manuscrito, 2003 Giddens, A.: Modernidad e Identidad del Yo, op. cit. 936 Luhmann, N.: Observaciones de la modernidad, Paidós, Madrid, 1992

377
Si los sucesos del sistema son acoplamientos entrelazados temporalmente, hitos que marcan a la epifanía937, la observación de la emergencia de ellos necesita entrelazar las observaciones de primer orden - es decir las mediciones numéricas, los relatos fragmentados, la secuencialidad de las descripciones historiográficas, etc.- con la observación de segundo orden, tal como más arriba expusimos al discutir el factor r de la comunicación. Y además recordando no sólo que la operación de observación de 2º es imposible sin la observación de 1º orden, sino que además la observación de segundo orden es una operación de primer orden, sólo que algo distinta. Por consiguiente, ante la necesidad de acuerdos de identidad r, - consistentes en la indicación del lado marcado y en el inicio del lado no marcado – mediante la objeción a la indicación, se buscará un acuerdo que dé cuenta de la contingencia de la indicación y de la objeción, pero sin que necesariamente entre la observación de primer y segundo orden se acepte r como una supuesta identidad de argumentos. Antes bien, lo que buscamos, es configurar un campo hermenéutico-interpretativo encaminado a la identificación de la idiosincrasia de las Epifanías de algunos de los sistemas funcionales de la sociedad chilena. El sistema político abstinencia sin ayuno chileno. Del coitus interruptus a la

Nos interesa enfocar el despliegue del sistema político chileno desde el sustrato de sus comunicaciones, las que desembocan en decisiones. La existencia del sistema político presupone que ha logrado monopolizar la codificación del poder, por lo que su código binario - superioridad de poder/inferioridad de poder - pueda ser meta-codificado mediante la distinción gobierno/oposición. Si bien es cierto que el sistema político realiza su autopoiesis con el acuerdo o consenso de los roles protagónicos, los que se esfuerzan por coevolucionar con un entorno hipercomplejo y altamente contingente, pareciera ser que en los últimos decenios, dichos entornos de beneficiados o perjudicados por sus decisiones han ido desapareciendo definitivamente del monitor del sistema, por lo que los sistemas políticos operarían con una creciente hiperautonomía. Que el discurso de la teoría política que dogmatiza la co-evolución de la autonomía individual, la soberanía popular y la representatividad institucional jamás haya podido justificar satisfactoriamente sus argumentos, da cuenta que el sistema político opera disociado de las conciencias 938.
937

Fuchs, P.: Die konditionierte Koproduktion von Kommunikation und Bewusstsein, manuscrito, 2000 938 Luhmann, N.: Die Politik der Gesellschaft, Suhrkamp, Franfurt a.M., 2000

378

El sistema político chileno pareciera ser formalmente estable: “desde 1831 hasta el año 2000, Chile ha tenido sólo tres constituciones políticas (1833, 1925 y 1980). Su funcionamiento democrático ha sido interrumpido en escasas ocasiones y, con excepción de la dictadura del General Pinochet (1973-1990), por breves períodos de tiempo: la revolución de 1891 que terminó con el gobierno del presidente Balmaceda; los golpes militares de septiembre de 1924 y marzo de 1925; la dictadura del Ibáñez de 1927 a 1931 (que podría incluso no ser considerada tal, ya que fue elegido por una abrumadora mayoría en una elección democrática)…Las “revoluciones “ de 1851 y 1859 fueron rápidamente reprimidas y sólo hubo declaraciones de estados e emergencia, previstas por la Constitución respectiva: además, existió el período que se conoce como de “anarquía”: desde la caída de Ibáñez en julio de 1931, hasta el regreso de Arturo Alessandri a la presidencia de la república, en diciembre de 1932” – escribe el historiador Enrique Fernández 939. Pese a todo, el sistema político es el que experimenta la mayor cantidad de modificaciones en la diferenciación de la sociedad chilena. Para entender las formas de inclusión y exclusión en el sistema político hay que remitirse a la distinción entre rol de público y protagónico. Es posible distinguir modelos generales de inclusión y exclusión, que corresponde describir. No obstante, hay que esclarecer que el “deporte” de la política, consistente en establecer una especie de monopolio privativo de lo que se daba en llamar Estado, hasta principios del siglo XX regulaba quienes podían participar en política y en qué roles, sobre todo con el voto censitario masculino y reservado para los poseedores de bienes y que supieran leer y escribir y la “gratuidad” del trabajo parlamentario 940. En ningún momento el porcentaje de votantes alcanzó al 10% de la población del país, por lo menos hasta 1932 941. De ahí que hasta la última década del siglo XIX, el sistema político chileno fue tan elitista como excluyente.

939

Fernández, E.: La institucionalidad jurídico-política chilena entre 1831 y 1931; las bases de su estabilidad, en: Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, Band 40, Böhlau, Köln, 2003, pp. 251-252 940 Fernández, E.: Estado y Sociedad en Chile. 1981-1931, Lom, Stgo., 2005 941 Fernández, E.: Estado y Sociedad en Chile. 1981-1931, Lom, Stgo., 2005, pp. 41

379

942

Es posible distinguir a lo diferenciación en el sistema político:

menos

cuatro

modelos

de

a) El primer modelo es aristocrático y plutocrático y corresponde a la sociedad postcolonial estratificada. El renacimiento de la hegemonía pelucona es su versión reeditada, inaugura una magra democracia presidencialista y centralizada, el derecho a voto es altamente restrictivo y excluye el sufragio femenino (hasta 1943), el cohecho, el fraude electoral y la presión por parte de los partidos aristocráticos, son la tónica de los procesos eleccionarios. Este modelo se especifica institucionalmente en la Constitución de 1833. Desde Portales, el concepto de Nación prima sobre todo, la semántica del Estado propaga una inclusión imaginaria y produce exclusión generalizada. La represión de las ideas liberales y la persecución de cualquier forma de crítica se manifiesta en los Estados de Sitio y el uso de las facultades extraordinarias del Ejecutivo. El contexto implícito y unificador de Nación sustituirá la idea de Patria. Si la carta fundamental le otorgaba poderes plenipotenciarios al Presidente, la reglamentación de los procesos electorales se llevaba a cabo sobre la base de las calificaciones, es decir, los ciudadanos – excluidas las mujeres, los analfabetos y los menores de 30 años – debían comparecer ante las juntas calificadoras, que les entregaba las boletas de calificación, imprescindibles para votar 943 b) El modelo republicano aristocrático y liberal se recombina con el anterior, el que incluye a las capas medias de la población. Excluidas están todavía las mujeres, el bajo pueblo y los viles de la sociedad. No obstante, el modelo republicano se democratiza paulatinamente desde 1925, con la inclusión paternalista de la “chusma” con el gobierno de Alessandri Palma. La fronda aristocrática a la que se suman los extranjeros, se levanta como la burguesía emergente, mientras surge el proletariado urbano944, sobre todo Fernández ,E.: Estado y Sociedad en Chile 1891-1931, Op. Cit., pp. 41 Villalobos et al. : Historia d e Chile, op. cit, pp. 532 944 Collier, S.: From Independence to the War of The Pacific, en: Leslie Bethell (ed.): Chile since Independence, Cambridge University Press, 1993, pp. 24
943 942

380
desde el ciclo expansivo salitrero a partir de 1880945. La Constitución de 1925, junto a las profundas reformas sociales durante en gobierno de Ibáñez (1927-1931) marcan el punto de partida del auge del capitalismo y la inclusión paulatina de la clase obrera en el sistema político. c) El tercer modelo es el democrático republicano, que opera hasta mediados de la década del 60. Este modelo se caracteriza por la presión creciente de inclusión de segmentos hasta entonces desconocidos (pobladores, estudiantes, proletariado semi- industrial). Es el tiempo de la necesidad de grandes reformas. En la década del 70, se procura reeditar el modelo republicano, abriendo paso a “la vía chilena al socialismo”. Lo que resulta es la dictadura y la muerte del modelo democrático republicano y de la democracia en sí durante la dictadura militar. d.) El modelo siguiente a la dictadura es el de la democracia a secas. A diferencia del modelo antecesor, este cuarto modelo ya no se sustenta en la actividad, sino en la pasividad de los ciudadanos. La libertad política significa libertad de no participación, libertad de exclusión. El cuadro del ciudadano pasivo, que vota solo de vez en cuando, se ocupa de sus asuntos privados o bien el que articula su protesta contra el sistema no inscribiéndose en los registros electorales o no concurriendo a votar. La inclusión en el sistema político significa que se dispone del derecho a voto pasivo. Desde el siglo 19 que esas posibilidades de inclusión se vinculan al concepto de ciudadanía, una estratagema altamente discutible. Lo cierto es que en esa constelación el sistema político parece incluir mejor que ninguno. Desde 1945 que la política consigue una división entre los países del mundo, es decir entre los Estados de las naciones. Ya que los Estados están divididos por fronteras deliberadas, no queda ni un centímetro de espacio incontrolado. Las anomalías de este sistema comienzan con los menores de edad, con los enfermos psíquicos y los presos en las cárceles o los que se les ha eximido de votar. Por lo tanto, parece indiscutible, que este modelo de la doble inclusión, colapsa cuando se homogeniza el concepto de cuidadanía y se le codifica. Observamos entonces una desterritorialización de la política y una despolitización del territorio, aunque en los últimos años se busque la ayuda de la globalización y en meta-concepto de regionalización. Si la política tiene que ver con decisiones vinculantes colectivamente, aparece con claridad cual es la unidad colectiva que se vincula a esas decisiones. Hay un doble proceso que conviene clarificar: todo Estado tiene que vivir con la realidad de que una parte de la población habita fuera de su territorio: el Paris viven 30.000 alemanes946. Al revés, una parte de la población habita en el territorio sin ser ciudadanos: turcos en Alemania, peruanos en Chile. Los ilegales se detienen (teóricamente) en las fronteras. La preocupación, tanto de liberales, socialistas o conservadores,
945

Cariola, C. y Sunkel, O.: Un siglo de historia económica de Chile. 1830-1930, op. cit., pp. 63 y sig. 946 Stichweh, R.: Zur Theorie der politischen Inklusion, en: Berl. J.Soziol. 4, 1998, pp. 545

381
es justificada en el sentido de que la política ya no tiene la soberanía suficiente para otorgar qué derechos a quien. Y para ello busca (desesperadamente) los acoplamientos con otros sistemas parciales947. Se justifica entonces, hablar de una crisis de inclusión en el sistema político. Porque el sistema que mejor incluye, no es capaz de lograr la inclusión de los individuos, porque no dispone de un modelo estable de inclusión. Su problema es entonces el de la exclusión política, a pesar de las ecuaciones de Huntington, que dejan entrever que una crisis en la política justamente se produce cuando son muchos los que votan948. Huntington expresa señala que “el impacto de la modernización sobre la estabilidad política es mediado a través la interacción entre movilización social y desarrollo económico, frustración social y oportunidades de movilización no-políticas, y participación e institucionalización políticas. Lo que se expresa en las siguientes ecuaciones”:

949

Por ejemplo, una abstención del 13.7% sobre los inscritos, en la Parlamentaria del año 1997, ascendente a un millón cien mil votos, agregada al millón doscientos mil de nulos y blancos totalizan 2.3 millones los que en su conjunto representó el 29% de los inscritos, una cifra digna de ser evaluada frente a 5.7 millones de votos válidos emitidos Todo ello sin considerar 1.9 millones de personas con derecho a voto que se han marginado de la obligación de inscribirse y que configuran la abstención oculta.
947 948

Luhmann, N.: Die Politik der Gesellschaft, Franfurt, 2000 Trilateral Comisión: The Crisis of Democracy, NY, 1975. También Huntington, S: Politische Etwicklung und politische Verfall, en: M. Jänicke (ed.): Politische Systemkrisen, Kiepenheuer, Köln, 1973, pp. 261 949 Huntington, S.: The Change to Change, en: Comparative Politics, abril de 1971, pp. 314

382

La auto-exclusión del sistema político chileno tiene una larga historia. “En las décadas del 60 y 70 la abstención registrada en las elecciones Municipales y Parlamentarias fluctuaba entre un 22% y 28%. En un escenario de tres tercios, propio del período, podía representarse como un partido más, poderoso y silencioso, con comportamientos correlacionados con hechos políticos relevantes. Lo demuestran las repercusiones que produjeron las bajas significativas al 14%, 17 % y 18% en eventos políticos trascendentes y confrontacionales, como lo fueron las elecciones Presidenciales de 1964 y 1970 y las Parlamentarias de 1973”950.

En este último modelo, los roles activos, de público y complementarios se convierten en obtusos. La ocupación de los roles ministeriales ya no implican profesionalizaron sino lealtad política y “capacidades de ejecución”. Esta es una distinción importante respecto del modelo democrático republicano anterior a 1973, que por tradición exigía una profesionalización especializada. El Estado democrático se auto-describe como social, influyente y promotor de igualdades. Se refuerza la metafísica de la felicidad. El medio poder opera con desorden. Si la inclusión democrática necesita ser doble (pasiva y activa), la retórica del Estado benefactor subraya el lado de los roles complementarios. Por ello se procede a reforzar la administración de los roles de rendimiento. El Estado chileno es un Estado licitador. Ambas formas de inclusión (activa y pasiva) se vinculan a la ciudadanía y sus mutaciones. Siendo este un concepto antiguo, se convierte en relevante ante la masificación de las migraciones. El sistema político chileno pareciera incluir mejor que cualquier sistema funcional. Las anomalías se ponen de manifiesto cuando se trata de Wihelm, R.: Efecto político de la abstención y los votos nulos, manuscrito, 2004. en http://www.electoral.cl
950

383
menores de edad, enfermos mentales o presidiarios, que la ciudadanía restringe y anula. En estricto rigor y teniendo delante el concepto de cuasi- tecnificación del código correspondiente a la programación democrática (gobierno/oposición), el sistema político chileno debiera observarse como dotado de una autopoiesis consolidada desde la Constitución de 1833. Un somero vistazo a la representación parlamentaria de los principales partidos en las elecciones de diputados entre 1957-1973 contribuye a mostrar la evolución del sistema político chileno.

Sin embargo, el despliegue del sistema es altamente parasitario, en el sentido paradójico del concepto. A los períodos de democracia – aún altamente excluyente y restrictiva – se suceden los cuartelazos, los golpes de Estado, la cruenta guerra civil de 1891 y los 15 años de duración de la dictadura militar del General Pinochet. Que el sistema se haya desmoronado en 1973 y se haya degradado paulatinamente en los años anteriores, sin jamás existir alternativa alguna a la programación democrática de sus operaciones, permite hablar de un autobloqueo de su autopoiesis. La tan celebrada estabilidad institucional así como la continuidad democrática del sistema se asemeja a un permanente coitus interruptus. El mito de las Fuerzas Armadas obedientes y no deliberantes por lo menos hasta 1931 no

384
tiene el más mínimo asidero histórico. Antes de considerar a los gobiernos militares como la excepción y a los civiles como la regla, se puede hablar de un cúmulo de gobiernos cívico-militares en el sistema político chileno 951. En 1891 una fracción de las Fuerzas Armadas derroca al Presidente Balmaceda, con lo que la endémica subsistencia del factor de distorsión parasitaria, la insubordinación del monopolio de las armas en manos de la jerarquía militar – más aún cruentamente dividida – quiebra la autorreferencia basal del sistema. A lo anterior se suman los golpes de Estado de 1924 y 1925, la dictadura de Ibáñez de 1927 a 1931 y la dictadura de Pinochet entre 1973 y 1990. A partir de 1973, las Fuerzas Armadas barren con las organizaciones de representación democrática y abren paso la revolución social de mayor trascendencia en el pasado; en 15 años la sociedad chilena transformó sus basamentos económicos, culturales, educacionales, en atención de salud, previsión, etc. Todos estos eventos estuvieron orientados a ocupar, con la fuerza de las armas, el gobierno del sistema político, quebrando su programación democrática. No obstante, en el caso de los gobiernos de Ibáñez y Pinochet, se realizaron programas alternativos de enorme importancia. Se trató de gobiernos profundamente revolucionarios. En estricto rigor, la observación de segundo orden del sistema político se inicia con la existencia operante de una oposición, considerando que el período dictatorial portaliano la aplastó. Es decir, a partir de la cuarta década del siglo XIX, durante los gobiernos el Bulnes y Montt, en la medida que el espectro de los partidos se diversifica paulatinamente. En 1849 se divide en Partido conservador dando lugar al Partido Liberal, en 1857 se forma el Partido nacional de Montt y Varas, en 1863 se funda el Partido Radical, escindido de una fracción de izquierda del partido Liberal. Surgen los partidos populares, el primero de ellos, el partido demócrata de Malaquías Concha. En 1912 se separa el ala izquierda con Luis Emilio Recabarren, quien en 1922 funda el Partido comunista. Desde 1874, el derecho a voto se masifica para todos los hombres mayores de 21 años alfabetos, pero sólo en 1858 se impone el voto por lista, lo que hace imposible el cohecho, las mujeres obtienen el derecho a voto sólo en 1949. La inscripción obligatoria en los registros electorales existe desde el gobierno del Presidente Alessandri Rodríguez. Por lo tanto, desde siempre, la programación del sistema fue altamente excluyente, por lo que jamás existió en Chile una democracia de masas. Además, la pasividad y el abstencionismo han sido desde siempre la tónica de las votaciones,
951

Fernández, E.: La institucionalidad jurídico-política chilena entre 1831 y 1931: las bases de su estabilidad, manuscrito inédito, 2005, pp. 3

385
desde que en el plebiscito de 1925 destinado a sancionar Constitución Política, la abstención superó a la cifra de votantes952 la

PARTIDOS POLÍTICOS EXISTENTES EN 1890-1900

953

El incremento de las alternativas de selectividad y la pluralidad de las cosmovisiones articuladas en comunicación y lenguaje (si/no), inducen a la codificación gobierno/oposición y a la permanencia del medio poder hasta el operar de la comunicación de decisiones; la liturgia de la segregación de poderes, irrestrictamente coherente con las organizaciones del Estado, jamás permitió la regulación del poder mediante el derecho. Tal como la autonomía semi- parasitaria de la sub-clase militar se reproduce desde la Independencia probablemente para jamás fenecer. Recién en la última década del siglo XIX puede hablarse de autopoiesis del sistema político chileno, pero de una extravagante e idiosincrásica. Desde la distinción basal superioridad de poder/inferioridad
952

Góngora, M.: Ensayo histórico sobre la Noción de Estado en Chile en los siglos xix y xx, op. cit., pp. 244 953 Fuente: Subercaseaux, B.: Historia de las ideas..., op. cit., pp.77

386
de poder, el meta-código gobierno/oposición se instala sin que pueda ser emulado, la función de administración del poder, articulación de metas colectivas se fundamenta en una semántica que implica la competitividad de cosmovisiones divergentes del mundo y de la sociedad. Por otro lado, los partidos políticos demuestran una alta mutabilidad y el acoplamiento de sus programas a los medios de comunicación, pone de manifiesto que la observación de segundo orden – el “análisis político” - se impone como una necesidad ineludible954. Sin embargo, la programación del modelo vigente tiende a distorsionar el meta-código gobierno/oposición, debido a que el 20% del Senado es ocupado por “senadores institucionales” designados por la cúspide del sistema jurídico y de las Fuerzas Armadas y Carabineros, por lo que la binariedad ganador/perdedor en los mecanismos de sustitución periódica del gobierno, tiende a desdibujarse. Por otro lado, el carácter presidencialista de la Carta de 1980, equilibra dicha dis-funcionalidad. La diferenciación del sistema se recupera una vez superado el carácter monolítico del poder impuesto por el último gobierno militar, que bloqueaba la existencia y resolución de conflictos como inherentes al sistema. Con ello aumenta substantivamente su complejidad. Cuando los sistemas políticos, de la forma que sea, operan monolíticamente, la comunicación se oprime, la monopolización del poder en el lado de la superioridad del mismo, hace que quienes lo detentan deban cargar con todo su peso. Por ello es que la codificación del poder sólo es posible si las opciones de selectividad de los que están en inferioridad de poder aumentan955. La forma de descripción y resolución de conflictos implica la existencia del esquema derecha/izquierda, el que por lo general no tiene en principio ningún correlato en el entorno. No obstante, el caso chileno parece demostrar lo contrario956. En ningún sistema como en el político, los roles de público “ciudadano” se convierten tan nítidamente en impersonales. El sistema debe enfrentarse a un entorno tan contingente como impredecible, lo que obliga a las organizaciones partidarias, compuestas por elites remuneradas de funcionarios y membresías en detrimento (sobre todo en los estratos juveniles) a contrastar propuestas, realizaciones y proyectos exclusivamente a través de los medios de comunicación. A la mediatización de los temas políticos, se suma la desaparición del modelo del “militante comprometido” con proyectos contrapuestos de sociedad, se disipa el antiguo modelo “amigo-enemigo” en la caracterización de Carl Schmidt957 y es sustituido por un electorado permeable, desinteresado y abstinente. En la observación del entorno contingente de individuos, los partidos de clase de antaño también han
954 955

Osorio, J.: Raíces de la democracia en Chile, 1850-1970, UAM, México, 1990, pp. 150 Luhmnann, N.: Poder, Anthropos, México, 1990 956 Garretón, M.A.: Hacia una nueva política, FCE, Santiago, 1995, pp. 195 957 Schmitt, C.: Das Konzept des Politischen, München, 1930

387
desaparecido junto a la disolución de las antiguas identidades entre militante-partido-clase958. La articulación del entorno interno del sistema, el sistema parcial de las organizaciones partidarias, se realiza en torno a propuestas que dan cuenta de la desaparición de los referentes de clases. La lucha por el significado de las propuestas gira en torno a la omnipotencia de una difusa “clase media” identificada con los contornos de varios centros: “centro izquierda”, “centro derecha” y hasta “centro centro”959. Las denominaciones de los Partidos obedecen sólo parcialmente a sus propuestas-programas, los que co-evolucionan en diversas coordinaciones vinculadas a la contingencia con el entorno. En efecto, difícilmente podría sostenerse que el Partido Socialista persigue la construcción de una sociedad de este tipo, a lo más de un capitalismo de estilo social-demócratata, para el cual, sin embargo, faltan los sindicatos y el movimiento de trabajadores. Algo parecido sucede con el Partido Comunista. Al menos el primero de ellos tendría cabida en la clasificación de partidos “escoba” o partidos “toma-todo”960. El partido que ha conseguido una alta coordinación con el sistema político actual, es sin duda la Democracia Cristiana: su ambigüedad en postulados y programas se coordina con la volatilidad estructural del entorno, la frecuencia con que sus diversas fracciones van cambiando de forma y la alternancia de sus directivas en el mando del partido, han contribuido incluso a sobrecargarlo de contingencia respecto de la del entorno. Este nivel desmesurado de inseguridad es un enorme riesgo de identidad. Los empeños de la DC por ampliar su espectro de influencia en el entorno de los votantes, han desembocado en un aumento del riesgo de desconfianza961. La personalización del sistema político no debe ser confundida con una “dominación carismática” en el sentido weberiano del concepto962. Antes bien, se trata de una lucha sistemática por la hegemonía mediática, lo que antes de garantizar las probabilidades de aprobación en el entorno, aumenta el riesgo de rechazo a las personalidades notables, arrastrando consigo a las imágenes públicas de los partidos. Los partidos chilenos han demostrado un altísimo grado de irritabilidad y disposición a las coordinaciones programadas con el entorno, casi en detrimento de sus identidades discrepantes, las que – a falta de diferencias ideológicas o programáticas – nuevamente deben articularse entre diferencias notables.
958 959

Vuskovic, P.: Una sola lucha, Femusal, Madrid, 1978 Sartori, G.: Teoría de la Democracia 1, El debate contemporáneo, Alianza, Madrid, 1987, pp. 261 960 Kirchheimer, O.: El camino hacia el partido de todo el mundo, en: Lenk, K.: Teoría y sociología críticas de los partidos políticos, Anagrama, Barcelona, 1989 961 Tironi, E.: La Torre de Babel, Sur, Santiago, 1984 962 En efecto, la dominación carismática es para Weber el arquetipo del cambio “de adentro hacia fuera”. Véase: Momsen, W.: Max Weber, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1978

388
Este fenómeno de personalización tiende a confundirse con una creciente homogeneización de las organizaciones partidarias, proceso que apocaría o borraría la antigua distinción derecha izquierda, acercándose todos a un centro tan imaginario como el mito de la vetusta polaridad, existente desde los orígenes del sistema hasta la década del 70. Curiosamente, este esquematismo dicotómico cobra vigencia más en el entorno que en el sistema; está muy lejos de desaparecer la tipología del “hombre de derecha” (no-político, cauto respecto al pasado de la dictadura, partidario de los derechos humanos, etc.) así como del “hombre de izquierda” que jamás votaría por un candidato de las filas contrarias, aunque sin vacilaciones lo haría por un candidato del PPD. Sin lugar a dudas que éste es el partido que más se aproxima a la tipología del “partido toma todo” de Kirchheimer o del “partido profesional electoral” de Panebianco963; en efecto, su ideología es tan difusa como el “progresismo” (no ilustrado), su composición es tan heterogénea como fuertes sus apegos a las estructuras de administración del poder. Es el partido ideal para cualquier gobierno porque a costa de compartir poder y usarlo, es indolente a cualquier acusación de oportunismo y corrupción. El PPD es el partido postmoderno y post-ideológico de la sociedad chilena964. Estas características idiosincrásicas del sistema organizacional partidario afectan por igual a las rememoraciones de la antigua derecha chilena, rearticulada también en torno a la existencia de personalidades notables, añorando que el paso del tiempo emule su futuro al del actual Partido Popular español. No cabe duda que los dos partidos de la derecha chilena repetirán la experiencia de unificación de pelucones y fracciones del pipiolismo, la fusión de liberales y conservadores y el experimento fundacional de rearticulación de Renovación Nacional durante el gobierno militar. También la propiedad de ambos partidos existentes hoy, es su maleabilidad y su enorme amplitud de compromiso y negociación en torno al escenario del Congreso y a las necesidades de aprobación de parte del gobierno. Lejos ha quedado el viejo lastre de “partidos electoralistas” que se articulan sólo para ganar elecciones. El sistema eleccionario binominal, que fuerza a los partidos a las alianzas, pactos y sub-pactos ante la amenaza de desaparecer del Parlamento, es el catalizador de todos los mecanismos imaginables de compensación a la pérdida de sus identidades965 al desaparecer del Parlamento. Desde la escenificación de los escándalos mediáticos con las recíprocas acusaciones de culpabilidad, hasta la disgregación de las fuerzas electorales con la presentación del caos y la disidencia (inexistente), son algunos de los recursos puestos en uso para evitar la pérdida de presencia mediática en el entorno de los votantes.

963 964

Panebianco, A.: Modelos de Partidos, Alianza, Madrid, 1990 Brunner, J.J.: Globalización cultual y Postmodernidad, FCE, Santiago, 1998 965 Lipset, M.S. y Rokkan, S.: Estructuras de división, sistemas de partidos alineamientos electorales, en: Diez Textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 231 y sig.

389
Que el sistema político se encuentre ad portas de una crisis de legitimidad debido a la abstención acompañada de la acumulación de votos nulos y blancos en las elecciones en aumento es erróneo, tanto desde los teoremas de las crisis de legitimación de Habermas966, como desde las ecuaciones de Huntington, que postulan que justamente un bajo nivel de votación bajo condiciones específicas, contribuye más bien a generar legitimidad eficiente en los sistemas políticos967. Ante la ausencia de movimientos sociales de protesta relativamente estables, sumada a la desarticulación e intrascendencia de los sindicatos y a la volatilidad de los movimientos estudiantiles, los partidos en pugna por la superioridad de poder y la conquista del Gobierno concentran su irritabilidad en los sondeos de opinión y en las mediciones permanentes de aceptabilidad en el entorno de la sociedad. Tanto la inclusión de los roles de público- electorado como la auto exclusión por no inscripción, abstención (incluyendo la metódica del voto nulo y blanco), indican que el eje- guía de las opciones de selectividad del entorno no sea la expectativa de la obtención de beneficios frente a la opción electoral968, sino que evitar desmedros en las condiciones de vida individuales. La memoria de la política se ha modificado paulatinamente en los últimos años. Si ella trabaja con un pasado reconstruido y su función es el olvido, la represión se ha suspendido temporalmente para recordar, aumentando las posibilidades de aprendizaje del sistema. Mutatis mutandis, en lo que respecta a la existencia del poder oculto e independiente de las FFAA, tesis sostenida por Mann969, sobre todo desde el Informe Rettig y Valesch, y el resurgimiento del tema de los detenidos desaparecidos, en los últimos años el sistema político chileno parece repetir la ejemplar experiencia de la tristemente célebre dictadura militar argentina. En efecto, si la transición a la democracia se cerró definidamente con el desafuero y procesamiento del General Pinochet, más que la obediencia al poder civil de parte del monopolio de las armas, lo que caracteriza a esta problemática relación entre civilidad y uniformados, es una figura de compromiso con ventajas recíprocas compartidas. Esta debilidad endémica y parasitaria en el sistema político chileno, parece puntualmente resuelta con una política de abstinencia de deliberaciones de incompetencia por parte de la cúpula uniformada, lo que ha contribuido a mejorar su dañada imagen pública, asegurando legitimidad suficiente y la realización de sus costosos Programas de Modernización. Por otro lado, que las FFAA agreguen a su presupuesto el 10% de los ingresos de Codelco, les asegura la estabilidad financiera de la
966 967

Habermas, J.: Legitimatiosprobleme im Spätkapitalismus, Suhrkamp, Frankfurt a.M., 1975 Huntington, S.: The Change of Change, en: Comparative Politics, 1976, 968 Mosca, G.: La clase Política, en: Diez Textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 23-36 969 Mann, M.: Las fuentes sociales del Poder, Alianza, Madrid, 1986, pp. 42 y sig.

390
que carecieron en el caso de los golpes de Estado del pasado. Estas características confirmarían las tesis centrales de Mann, pero con resultados inversos a los que en general pronostica. En todo caso, la tónica de los últimos años marca la desaparición de los “enclaves autoritarios”970. Además, a partir del 2006, la Carta Fundamental se modificará introduciéndose los siguientes cambios: desaparecen los senadores designados y vitalicios, el Presidente puede remover por decreto a los Jefes de las FFAA, el período de gobierno será de 4 años en lugar de seis, se rebaja la edad necesaria para postular a la Presidencia a 35 años; a lo anterior se agrega la derogación del delito de la difamación y mejoran las medidas legales de protección de la privacidad971 El desacoplamiento radical del sistema político respecto del sistema económico, que pone fin a las interdependencias recíprocas entre ambos en las postrimerías del Estado empleador (1968-70) se profundiza con el abstencionismo estatal ejecutado por el gobierno militar. La última de las mutaciones del Estado del sistema político es el Estado licitador, heredero y sustituto del modelo de administración estatal del modelo mono exportador del cobre (antes del salitre). El Estado licitador es el que garantiza la acumulación de capital garantizando su auto- reproducción por la vía de las tributaciones. La paradoja de las paradojas consiste en que la intención del gobierno militar de entonces, menoscabar la importancia del Estado alejándolo de cualquier injerencia en la sociedad y remitiéndolo al rol de mero licitador, se ha convertido justamente en lo contrario. En efecto, El Estado licitador, al distribuir en el amplio espectro del empresariado sus antiguas funciones de ejecución, ha pasado a convertirse en el socio fundamental del empresariado, promoviendo el crecimiento económico y posibilitando un aumento sustantivo del gasto social mediante el incremento de las posibilidades de control de los ingresos determinantes para el cálculo de las tributaciones. Que el impacto de dichas inversiones sociales corresponda o no al monto que el gobierno argumenta, nada tiene que ver con la ejecución de medidas contra- inflacionarias exitosas en beneficio de la acumulación de capital972. El sistema político chileno ha logrado una notable concentración del poder, la centralización de su administración en función de la jerarquización de los roles funcionales gobierno/oposición, es indiscutible. Esta jerarquización ha permitido la codificación del medio poder en medio de un exacerbado centralismo administrativo en las instancias de decisión. El cierre operativo del sistema es el que permite la generación de sus propias recursividades, la producción de temporalidades propias, la comunicación de decisiones remitidas a su propia codificación, etc. Por supuesto que el sistema opera con hiperautonomía creciente –legitimada por su programación presidencialista basada en la democracia representativa. En la práctica, esto significa que las operaciones del sistema –a pesar de los altos niveles de irritabilidad de los partidos – opere sobre la base de la vieja política de los hechos consumados.
970 971

Garretón, M.A.: Hacia una nueva política, FCE, Santiago, 1995 El Mercurio, 17 de Julio de 2005. 972 Offe, C.: Contradicciones en el Estado de Bienestar, Alianza, México, 1988

391

Los partidos, aún los que debieran ser el “soporte” del gobierno, se han convertido en meros entornos inconsultos de la administración del Estado. La jerararquización de las funciones designa personas y quien las designa es un Presidente revestido con poderes plenipotenciarios. Una vez más, se deja entrever la inspiración portaliana de la Carta de 1980, la que diseñada como la continuación de la dictadura, al fin de cuentas redundó en beneficio sus contrincantes de entonces. En las semánticas de auto-descripción de la sociedad sedimentadas en las estructuras de la cotidianeidad de los sistemas de interacción pero también en las de los medios de comunicación, persiste la caracterización del Estado del sistema político como la cabeza de la sociedad, por ello es que se acostumbra a culparlo de todo lo que se observa como pernicioso o dañino para grupos sociales desprivilegiados o tratados injustamente. Antes de ser una desventaja, la presunción de responsabilidad del Estado, configura una constelación de opciones de ordenamiento en la comunicación de decisiones y en el control de la circulación del medio poder. Esta observación de primer orden que sobreestima las responsabilidades del gobierno del Estado, desconoce que en el contexto de la sociedad mundial globalizada, el espectro de influencia de las decisiones estatales se ha restringido considerablemente. Las resonancias con que se tematizan las irritaciones incontrolables de los mercados mundiales – como por ejemplo los efectos inesperados de la repentina aparición de la crisis asiática en 1995 – articuladas en las fluctuaciones del precio del petróleo o la valorización del dólar, así como los trasfondos del movimiento del capital financiero, sobre todo del especulativo, escapan al control e influencia del Estado contemporáneo. Que, independientemente de voluntades, programas y diseños estadísticos de predicción, vivimos en la intransparencia de la sociedad mundial del riesgo, lo demuestra el diletantismo de las protecciones de crecimiento económico, las que una vez formuladas deben ser sistemáticamente corregidas – por lo g